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Las tareas pendientes de los Trabajadores Públicos

Por Dionisio Escobar

Partido Socialista de los Trabajadores

Los trabajadores fiscales son el sector más organizado de la clase trabajadora chilena, más del 80% se encuentra afiliado a sus gremios, en comparación al exiguo 10% que lo está en el sector privado. Además los trabajadores públicos negocian todos juntos a lo largo del país, constituyéndose en la única negociación ramal en Chile, la cual, paradojalmente es ilegal. Mientras en el sector privado cada sindicato negocia en forma individual –por empresa- aunque formen parte de un mismo holding, incluso en una sola empresa pueden coexistir varios sindicatos, los que negocian por separado, para beneficio, por supuesto, de los empresarios. Pese a lo anterior el gobierno de Bachelet, el más débil e impopular de los últimos 26 años, cruzado por múltiples escándalos de corrupción, logro derrotar a los trabajadores públicos. La pregunta que surge es ¿Cómo pudo suceder esto en un contexto de ascenso de las luchas sociales y con el conglomerado Nueva Mayoría dividido en fracciones?

 

La respuesta no es simple, surge de una serie de elementos desigualmente desarrollados que se combinan de un modo particular. En primer lugar, el gobierno proimperialista de Bachelet, pese a su creciente debilidad, tiene una orientación estratégica clara, servir fielmente a los intereses del imperialismo y de la gran burguesía nacional. Y está dispuesto a sacrificarlo todo en función de cumplir su objetivo. Y con esto queremos señalar que está dispuesto a seguir bajando en las encuestas de opinión, a perder las elecciones parlamentarias y presidenciales del próximo año, a destrozar su conglomerado, a profundizar aún más el abismo que lo separa de los trabajadores y las masas que dice representar. Para ello utilizó toda la artillería legal de la que disponía, para servir fielmente los intereses de sus verdaderos representados la gran burguesía chilena.

Es importante señalar que la lucha por el reajuste fiscal, ritual que se repite anualmente en los meses de octubre y noviembre, es un referente para las negociaciones de reajuste salarial en el sector privado. Los empresarios usan este reajuste para fijar el techo del reajuste a los trabajadores del sector privado. Por ello presiona al gobierno por diversas vías para disminuirlo al máximo. Ahora los grupos económicos pueden respirar tranquilos, porque su gobierno cumplió con sus expectativas.

Pero hay otro factor que incide negativamente en el curso de la lucha que dieron los trabajadores públicos. Su dirigencia. Es público y notorio que la casi totalidad de los dirigentes de la ANEF y de la Mesa del Sector Publico son conspicuos militantes de los partidos que conforman la Nueva Mayoría. Y que aunque vociferen por la traición del gobierno y ejecuten un verdadero show en las graderías del Congreso, están cooptados por los partidos políticos que administran el Estado neoliberal. y, el dato no es menor, estos dirigentes deben su cargo al apoyo de sus aparatos políticos, por lo que su conducta está, a lo menos influida por estos. Y reciben una serie de prebendas por el hecho de ser dirigentes nacionales, el caso emblemático es el del ex tesorero nacional de la ANEF, Pedro Hernández (DC), quien fue denunciado por Gendarmería por recibir sobre-sueldos, y por marginar a su organización (Anfup) de una movilización de funcionarios en octubre del 2015. Quien, finalmente por presión de la base debió renunciar.

Si analizamos lo obrado por estos dirigentes, hay múltiples cuestionamientos. La negociación se llevó a cabo en el segundo semestre, cuando la movilización ya estaba encuadrada por la ley de reajuste, donde los márgenes de acción eran mínimos, en vez de negociar en una fecha en que efectivamente se pueda influir en el presupuesto de la nación. Así llevaron por segundo año consecutivo a los trabajadores públicos a un fracaso, al repetir la misma estrategia de comenzar a movilizar a los trabajadores en forma tardía.

Estos dirigentes generaron un petitorio a espaldas de sus propias organizaciones gremiales de bases, sin realizar ni la más mínima consulta con los trabajadores mostrando una conducta burocrática y cupular; inicialmente se planteó un 7,5% de reajuste, el que termino reduciéndose a un 3,5. En el origen de esos guarismos no hay ningún proceso de discusión y consulta con las bases implicadas. Lo que sí hay, y en abundancia, son reuniones a puerta cerrada con representantes de los partidos de la nueva mayoría y con el gobierno, antes y durante el conflicto. Esto explica que el gobierno durante todo el proceso, conozca con antelación cuáles serán los movimientos de los trabajadores. Es decir los dirigentes no representan a los trabajadores sino a sus partidos, y al gobierno los que de conjunto e individualmente han demostrado hasta la saciedad que defienden el modelo neoliberal imperante, y al sistema capitalista.

Los trabajadores sabe­mos que tratando de lograr me­joras a nuestro nivel de vida, chocamos contra la legislación y los planes económicos del gobierno, diseñados por el FMI para garantizar las ganan­cias de los patrones. Con la or­ganización y la movilización podemos enfrentar con éxito es­tos obstáculos. Esta gran ver­dad es la que ha llevado histó­ricamente a los trabajado­res a organizarse para combatir a los patrones y sus leyes. Pero una organización sólo es eficaz si es democráti­ca e independiente del gobierno de turno, y la dirección de la ANEF no lo es: ningún trabajador de base decidió en la elaboración del plan para enfrentar al gobierno,  ni tuvo participación en la definición de la cifra propuesta de reajuste, ni  mucho menos en su modificación.

Es tarea de los mismos trabajadores públicos limpiar nuestras organizaciones de esos dirigentes, como desde hace unos años lo ha hecho el movimiento estudiantil, ellos son parte fundamental de esta derrota porque contienen la capacidad de lucha de los trabajadores e impiden el desarrollo de su organizaciones, pues en definitiva, solo obedecen las ordenes de sus respectivos partidos políticos, entregados al poder económico. La imposición del 3,2% en el reajuste de salarios del sector público, es el mejor ejemplo de la profundización de las políticas neoliberales y con ello, de la desigualdad social durante el gobierno de la Nueva Mayoría.

La ANEF y las organizaciones de la Mesa del Sector Publico son una conquista colosal de la clase trabajadora y es necesario arrancar­la de las manos de los burócra­tas de la Nueva Mayoría. Hoy, luego de la derrota, en la que tienen directa responsabilidad los dirigentes de la Nueva mayoría enquistados en las directivas de la MSP, se hace indispensable sacudirnos de los hombros a todos los dirigentes que no cumplen con uno de los principios esenciales del sindicalismo de clase, ser independientes del gobierno. Es el único camino para cum­plir con su rol de de­fender los intereses de los tra­bajadores. Los dirigentes que, elegidos por las bases, conducen las luchas de los trabajadores, son los in­dicados para ocupar la direc­ción de la organización de los trabajadores chilenos.

Aliada a la Derecha Bachelet derrotó a los trabajadores públicos

Finalmente Bachelet logro su objetivo, en una tensa jornada, tras múltiples carreras por los pasillos del congreso, donde se presionó al máximo a los parlamentarios oficialistas, mientras más de 1.500 trabajadores apostados en los alrededores del congreso coreaban sus demandas, logro imponer el 3,2% de reajuste. Sin embargo el triunfo no fue total, un porcentaje importante de los diputados de la nueva mayoría rechazaron nuevamente el proyecto, por lo que el gobierno debió recurrir en ambas cámaras al apoyo de la derecha.

Por Osvaldo Costa

Partido Socialista de los Trabajadores

 

El gobierno hizo gala de una extrema intransigencia ante los trabajadores, manteniendo durante todas las negociaciones el 3,2% de reajuste. Resulta notable esta intransigencia, tomando en cuenta que cuando se negoció el proyecto de reforma de la educación, la reforma laboral o la reforma tributaria, mostró una flexibilidad extrema. La diferencia, claro, se encuentra en que en un caso se negociaba con el empresariado, y en esta última negociación se trataba de los trabajadores.

Aunque Esteban Maturana dirigente de la CONFUSAM afirmo “… Bachelet ha traicionado los principios del socialismo… lo que constituye una clara traición a los trabajadores de chile” En la realidad Bachelet hace bastante tiempo que se ha distanciado de cualquier veleidad socialista, su figura, que viene cayendo en picada desde el destape de el escandalo Caval, ha quedado completamente desacreditada, aunque ha realizado el esfuerzo de ocultarse tras el Ministro de Hacienda.

Como planteó el diputado Macaya (UDI) “Se llega a la conclusión que la Nueva Mayoría se acabó como coalición política… tuvo que ser la oposición la que diera sus votos favorables para que el gobierno pudiera sacar su posición”. El conglomerado oficialista, luego de la lucha de los estatales profundiza su crisis, queda definitivamente fracturado, y el gobierno es incapaz de dirigirlo. De aquí en adelante deberá transar con la derecha cualquier iniciativa.

Por otra parte, la principal carta de recambio de la NM en la próxima contienda presidencial, Guillier, mostró cuan progresista es, disciplinándose con el gobierno… y con la derecha, votando contra los trabajadores estatales, dándonos un anticipo de lo que sería un gobierno suyo.

El principal damnificado en esta contienda fue, qué duda cabe, el PC, quien primero tuvo un desliz izquierdista, rechazando el proyecto en la histórica jornada del 97 a 0 contra el proyecto. Pero luego de ser duramente reprendido por la DC opto por volver a sus carriles habituales. Guillermo Tellier haciendo uso de la dialéctica explicó que primero votaron en bloque a favor del proyecto, porque no estaban de acuerdo ni con el porcentaje de reajuste, ni con los bonos propuestos, y luego cuando se votó el proyecto en particular se abstuvieron, porque es igual abstenerse que rechazar. Así que queda claro es que para el PC cuando hay que optar entre los trabajadores en lucha y un gobierno pro patronal, se abstiene.

El saldo de la jornada de lucha

Un triunfo pírrico del gobierno de Bachelet, para sacar su proyecto contra los trabajadores, debió aliarse a la derecha, cosa que por otra parte no parece molestarle mucho.

Las fracturas de la Nueva Mayoría se mantienen y profundizan, la incapacidad del gobierno para dirigir a sus huestes está reducida a casi cero, a menos que se trate de alguna ley dictada y financiada por los empresarios, donde el acuerdo es total.

Se profundiza el deterioro de la imagen del gobierno, que queda marcado como un gobierno contra los trabajadores. Lo que sin duda se reflejara en las votaciones a presidente y senatoriales del próximo año.

Un nuevo triunfo de la derecha, que desde las elecciones viene cosechando éxitos, gracias al gobierno de la NM.