Archivo de la etiqueta: Palestina

¿Por qué la URSS apoyó al joven Estado de Israel?

por Dominique Vidal

De la política de la Unión Soviética en el Oriente Próximo y Medio se recuerda, con razón, que fue pro árabe, en diferentes grados. Salvo en la inmediata post Segunda Guerra Mundial: entonces se puso al lado de las fuerzas judías de Palestina y luego al lado del joven Israel. Esta página poco conocida de la acción de la URSS merece ser recordada, pues explica en gran medida que el Estado judío naciente derrotara a sus vecinos y evidentemente a los palestinos en la primera guerra.

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Palestina, entrevista con Ahmed Saadat, Secretario General del FPLP «Reconstruir la resistencia mediante el movimiento popular»

por Stefano Mauro //

 

[Entrevista de Stefano Mauro con el secretario general del FPLP, encarcelado en Israel, en colaboración con el diario italiano Il Manifesto y la red de presos y presas de dicha organización palestina.]

Encarcelado en Jericó por la Autoridad Palestina tras el asesinato de un ministro israelí como represalia al de Abou Ali Mustafa, entonces secretario general del FPLP, Ahmed Saadat fue secuestrado por las tropas israelíes en 2006 y condenado a treinta años de prisión. Una campaña internacional demanda su liberación Seguir leyendo Palestina, entrevista con Ahmed Saadat, Secretario General del FPLP «Reconstruir la resistencia mediante el movimiento popular»

Netanyahu, el veneno de Israel

por Higinio Polo //

Israel nació de la ocupación militar y el robo de tierras ajenas, acompañados de una feroz limpieza étnica que comportó la expulsión de centenares de miles de palestinos de sus poblaciones, de la destrucción de sus aldeas y de matanzas como la de Deir Yassin. Fueron los laboristas judíos del Mapai, con Ben Gurion, quienes expulsaron a los palestinos de su tierra, en 1948, y quienes expropiaron sus propiedades por la fuerza militar. Esa política se mantuvo después, durante dos décadas, procurando hacer irreversible la ocupación, y cuando el Mapai fundó, con otras organizaciones menores, en 1968, el Partido Laborista, sus dirigentes siguieron defendiendo el expolio. Referirse hoy a la invasión de nuevos territorios en 1967, rechazada por la ONU, y reclamar el fin de la ocupación es justo, pero olvida que el origen del conflicto se situa en 1948, en la Nakba. Seguir leyendo Netanyahu, el veneno de Israel

Estado de Israel: la Constitución de Netanyahu consagra la discriminación racial

por Francesco Merli //

Se está armando un gran escándalo por lo que se puede y no se puede decir sobre el Estado de Israel. Especialmente virulenta es la campaña contra el supuesto «antisemitismo» de Jeremy Corbyn en Gran Bretaña. En realidad, se trata de un intento flagrante de silenciar cualquier crítica a Israel y a sus políticas discriminatorias contra el pueblo palestino. A la luz de todo esto, Francesco Merli examina la nueva ley que discrimina abiertamente a los palestinos que viven en Israel, reduciéndolos oficialmente a la condición de ciudadanos de segunda clase. Seguir leyendo Estado de Israel: la Constitución de Netanyahu consagra la discriminación racial

Entrevista a la doctora Samah Jabr : Palestina detrás de los frentes

por  Selim Nadi //

 

Selim Nadi ha hablado para Contretemps con la doctora Samah Jabr, psiquiatra psicoterapeuta y escitora palestina, sobre su trayectoria, su trabajo en Palestina, las relaciones entre la colonización y la psiquiatría, y sobre la figura de Frantz Fanon Seguir leyendo Entrevista a la doctora Samah Jabr : Palestina detrás de los frentes

La complicidad silenciosa de la prensa estadounidense con la masacre israelí en Gaza

por Jean Shaoul y Barry Grey //

Los principales medios de comunicación estadounidenses, encabezados por el New York Times, están tratando como algo intrascendente el asesinato masivo de manifestantes palestinos en Gaza sin armas por parte del ejército israelí. Seguir leyendo La complicidad silenciosa de la prensa estadounidense con la masacre israelí en Gaza

Bolchevismo, Balfour y sionismo: relato de dos centenarios

por Roger D. Markwick //

En noviembre de 2017 se conmemoró el centenario de dos de los acontecimientos más decisivos del siglo XX: la revolución dirigida por los bolcheviques en Rusia y la declaración Balfour en Gran Bretaña. La Revolución rusa la llevaron a cabo los bolcheviques en nombre de la paz y del socialismo internacional; la declaración Balfour fue un compromiso del gobierno británico de apoyar la creación de un “hogar nacional para el pueblo judío” en Palestina. No fue simplemente una notable coincidencia, sino una contraposición de dos objetivos políticos mutuamente excluyentes: uno para impulsar la revolución mundial antiimperialista; el otro, para reforzar los intereses imperiales británicos en Oriente Medio. Seguir leyendo Bolchevismo, Balfour y sionismo: relato de dos centenarios

Palestina, la dualidad del proyecto sionista: huir de la opresión racista y reproducirla en un contexto colonial

 

por Gilbert Achcar //

La dualidad entre la posición del oprimido y la del opresor no es rara en la historia. Se observa en particular en el caso de los movimientos nacionales que encarnan la lucha de una nación oprimida por liberarse del colonialismo al tiempo que esa misma nación oprime en su propio país a una minoría –sea esta nacional o racial o religiosa o perteneciente a cualquier otra identidad– y que el movimiento nacional no reconoce esta última opresión o, peor aún, la justifica con algún pretexto, como la acusación a la minoría de constituir una “quinta columna” del colonialismo 1/ Seguir leyendo Palestina, la dualidad del proyecto sionista: huir de la opresión racista y reproducirla en un contexto colonial

Centenario de la Declaración Balfour: un siglo de desposesión y de resistencia en Palestina

por Julien Salingue y Razmi Baroud//

El 2 de noviembre de 1917, el ministro británico de Asunto Exteriores, Arthur Balfour, dirigía una carta a Lionel Walter Rotschild, miembro eminente de la comunidad judía en Gran Bretaña y gran patrocinador del movimiento sionista. Esta carta, conocida con el nombre de «declaración Balfour» es un momento clave de la historia de Palestina, puesto que por primera vez el gobierno de una gran potencia se comprometía a apoyar al movimiento sionista, entonces ultraminoritario entre las comunidades judías. La declaración Balfour sella la alianza entre sionismo e imperialismo, al mismo tiempo que sella la suerte de las y los palestinos que son simbólicamente desposeídos de su tierra por una potencia colonial que la atribuye a un movimiento del que numerosos dirigentes no ocultan su intención de desposeerles de ella físicamente. Para el escritor Arthur Koestler, con la declaración Balfour, «una nación prometió solemnemente a una segunda el territorio de una tercera».


La declaración Balfour: una desposesión simbólica que abre la vía a la desposesión física

Julien Salingue

El 2 de noviembre de 1917, el ministro británico de asuntos exteriores, Arthur Balfour, dirigía una carta a Lionel Walter Rotschild, miembro eminente de la comunidad judía de Gran Bretaña y gran patrocinador del movimiento sionista.

Mediante esta carta, Balfour aportaba el apoyo oficial del gobierno al proyecto de establecimiento de un «hogar nacional para el pueblo judío» en Palestina, entonces bajo administración otomana: «El Gobierno de Su Majestad contempla con beneplácito el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, entendiéndose claramente que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina, o los derechos y el estatus político de los judíos en cualquier otro país. Estaré agradecido si usted hace esta declaración del conocimiento de la Federación Sionista».


Un siglo de desposesión

Esta promesa, conocida con el nombre de «Declaración Balfour», es un momento clave de la historia de Palestina, puesto que por primera vez el gobierno de una gran potencia se comprometía a apoyar al movimiento sionista, entonces ultraminoritario en las comunidades judías. La declaración Balfour sella la alianza entre sionismo e imperialismo, al mismo tiempo que sella la suerte de las y los palestinos, que son simbólicamente desposeídos de su tierra por una potencia colonial que la concede a un movimiento muchos de cuyos dirigentes no ocultan su intención de desposeerles de ella físicamente. Para el escritor Arthur Koestler, con la declaración Balfour, «una nación prometió solemnemente a una segunda el territorio de una tercera».

Recordar, 100 años más tarde, la promesa británica, es recordar que para las gentes palestinas la lucha contra la desposesión no comenzó en 1967, tras la ocupación de Cisjordania y la franja de Gaza, ni siquiera en 1948, en el momento de la creación del Estado de Israel. El proceso de desposesión se extiende a lo largo de un siglo y, contrariamente a la mitología mantenida por el movimiento sionista y sus aliados, la resistencia palestina es anterior a las primeras guerras israelo-árabes, en particular la gran revuelta de 1936, aplastada conjuntamente por los británicos y las milicias armadas sionistas.


Discriminaciones estructurales

La declaración Balfour inscribe en el lenguaje diplomático internacional la negación de los derechos nacionales de los y las palestinas, puesto que solo son mencionados sus derechos «civiles y religiosos», y que son calificados, mediante un eufemismo destinado a negar su identidad, de «colectividades no judías». Las y los 700 000 árabes de Palestina (más del 90% de la población) son reducidos al estatus de residentes sin derechos políticos, lo que valida a posteriori la tesis de dirigentes sionistas según la cual Palestina sería una «tierra sin pueblo». 50 años más tarde, la dirigente israelí Golda Meir declarará, a propósito de los territorios ocupados por Israel: «¿Cómo podríamos entregar esos territorios? No hay nadie a quien entregárselos».

Recordar 100 años más tarde la promesa británica es, así, comprender que la opresión y las discriminaciones coloniales sufridas por el pueblo palestino no son algo accidental sino producto de una larga historia. La resistencia palestina a este proceso de larga duración no ha cesado jamás, aunque haya que reconocer que el movimiento nacional atraviesa hoy una crisis histórica y que los y las palestinas hacen frente a una correlación de fuerzas considerablemente deteriorada. Una cosa es cierta: el apartheid israelí es un fenómeno estructural, que solo podrá ser abolido si los fundamentos mismos del Estado de Israel y su papel de puesto de vanguardia del imperialismo occidental en la región son analizados, denunciados y combatidos.

https://npa2009.org/idees/histoire/la-declaration-balfour-une-depossession-symbolique-ouvrant-la-voie-la-depossession

Hebdo L´Anticapitaliste -403 (02/11/2017)

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur


Mi patria nunca fue propiedad de Balfour y éste no tenía ningún derecho a dársela a nadie

Razmi Baroud

Cuando era un niño que crecía en un campo de refugiados de Gaza, esperaba el 2 de noviembre. Ese día, cada año, miles de estudiantes y de habitantes del campo bajaban a la plaza principal, blandiendo banderas palestinas y pancartas, para condenar la declaración Balfour.

Para ser sincero, tengo que decir que mi impaciencia estaba motivada sobre todo porque las escuelas cerraban ese día y que después de un corto pero sangriento enfrentamiento con el ejército israelí, volvería pronto junto a mi querida madre, comería algún chuche y vería los dibujos animados.

Entonces no tenía ninguna idea sobre lo que era realmente Balfour, y cómo su «declaración» de hacía tantos años había cambiado el destino de mi familia y, además, mi vida y la de mis hijos.

Todo lo que sabía, es que Balfour era una mala persona y que a causa de su terrible fechoría sobrevivíamos en un campo de refugiados, rodeados por un ejército violento y un cementerio, en perpetua expansión, lleno de «mártires».


Ningún derecho a entregar mi patria a nadie

Decenios más tarde, el destino me llevaría a visitar la iglesia de Whittingehame, una pequeña parroquia en la que está enterrado Arthur James Balfour.

Mientras que mis padres y mis abuelos están enterrados en un campo de refugiados, un espacio cada vez más reducido, víctima de un asedio perpetuo y sufriendo inconmensurables dificultades, el lugar de reposo de Balfour es un oasis de paz y de calma. La pradera vacía alrededor de la iglesia sería suficientemente grande como para acoger a toda la gente refugiada de de mi campo.

Finalmente, he tomado plenamente conciencia de las razones por las que Balfour era una «muy mala persona».

Primer Ministro de Gran Bretaña, luego Ministro de Asuntos Exteriores a partir del año 1916, Balfour prometió mi patria a otro pueblo. Una promesa realizada el 2 de noviembre de 1917 en nombre del gobierno británico, bajo la forma de una carta enviada al dirigente de la comunidad judía de Gran Bretaña, Walter Rothschild.

Entonces Gran Bretaña no controlaba Palestina, que formaba parte del imperio otomano. De todas formas mi patria jamás fue propiedad de Balfour y éste no tenía ningún derecho a entregársela tan negligentemente a nadie (…).


De los acuerdos Sykes-Picot a la declaración Balfour

Evidentemente, Balfour no actuaba a título personal. Ciertamente, la declaración lleva su nombre, pero él era en realidad el fiel agente de un imperio que tenía intenciones geopolíticas a gran escala, no solo para Palestina, sino para Palestina en tanto que parte de un entorno árabe más amplio.

Justo un año antes, había sido elaborado otro documento siniestro, aunque en secreto. Había sido aprobado por otro diplomático británico de alto rango, Mark Sykes y, en nombre de Francia, por Fançois Georges-Picot. Los rusos fueron informados del acuerdo, pues recibían también una parte del pastel otomano.

El documento indicaba que cuando los otomanos fueran aplastados, sus territorios -entre ellos Palestina- serían divididos entre las futuras partes victoriosas.

El acuerdo Sykes-Picot, igualmente conocido con el nombre de Acuerdo para Asia Menor, fue firmado en secreto hace un siglo, dos años después del comienzo de la Primera Guerra Mundial. Revelaba la naturaleza brutal de las potencias coloniales, que consideraban raramente la tierra y sus recursos relacionados con quienes vivían sobre esa tierra y poseían esos recursos (…).

Los mandatos británicos y franceses fueron establecidos sobre entidades árabes divididas, mientras que Palestina fue entregada al movimiento sionista un año más tarde, cuando Balfour transmitió la promesa del gobierno británico, condenando a Palestina a un destino hecho a base de guerra y de inestabilidad perpetuas.

Promesas condescendientes y mentiras

La idea de los «pacificadores» y «honrados negociadores» occidentales, omnipresentes en todos los conflictos de Medio Oriente, no es nueva. La traición británica a las aspiraciones árabes remonta a hace decenios. Los británicos han utilizado a los árabes como peones en su gran juego contra sus rivales coloniales, para luego traicionarles a la vez que se presentaban como amigos cargados de regalos para ellos.

Esta hipocresía no ha sido jamás tan puesta en evidencia como en el caso de Palestina. Desde la primera ola de migración judía sionista a Palestina en 1882, los países europeos facilitaban la instalación de los colonos y de sus recursos, mientras que se establecían numerosas colonias, grandes y pequeñas. Cuando Balfour envió su carta a Rothschild, la idea de una patria judía en Palestina era por tanto ya creíble.

Sin embargo, se habían hecho numerosas promesas condescendientes a los árabes durante los años de la Gran Guerra, cuando la autoproclamada dirección árabe tomaba partido favorable a los británicos en su guerra contra el imperio otomano. Se prometió entonces a los árabes una independencia inmediata, incluso para los palestinos.

La idea dominante entre los dirigentes árabes era que el artículo 22 del pacto de la Sociedad de Naciones debía aplicarse a las provincias árabes dirigidas por los otomanos. Se les había dicho a los árabes que sus derechos serían respetados en tanto que «misión sagrada de civilización», y que sus comunidades serían reconocidas como «naciones independientes».

Cuando las intenciones de los británicos y sus lazos con los sionistas se hicieron demasiado evidentes, los palestinos se rebelaron, una rebelión que, un siglo más tarde, no ha cesado, pues las atroces consecuencias del colonialismo británico y de la toma de control total de Palestina por los sionistas siguen presentes tras todos estos años (…).


Una desigualdad original que se perpetúa

De hecho, esta historia continúa actualizándose cada día: los sionistas han reivindicado Palestina y la han denominado «Israel»; los británicos continúan apoyándoles, sin dejar nunca de halagar a los árabes; el pueblo palestino sigue siendo una nación territorialmente fragmentada: en los campos de refugiados, en la diáspora, bajo ocupación militar o tratados como ciudadanos de segunda en un país en el que sus antecesores han vivido desde tiempo inmemorial.

Si Balfour no puede ser hecho responsable de todas las desgracias que han golpeado al pueblo palestino desde que hizo pública su corta pero tristemente célebre carta, la idea que su «promesa» encarnaba -un desprecio total de las aspiraciones del pueblo árabe palestino- ha sido transmitida de una generación de diplomáticos británicos a otra, de la misma forma que la resistencia palestina al colonialismo es transmitida de generación en generación.

En un texto publicado en el Al-Ahram Weekly y titulado «Verdad y reconciliación», el añorado profesor Edward Said escribió: «Nunca la declaración Balfour ni el mandato concedieron específicamente a los palestinos derechos políticos en Palestina, solamente derechos civiles y religiosos. La idea de una desigualdad entre judíos y árabes fue así construida inicialmente por la política británica, luego por las políticas israelíes y estadounidenses».

Esta situación de desigualdad prosigue, y con ella la perpetuación del conflicto. Lo que los británicos, los primeros sionistas, los americanos y los gobiernos israelíes siguientes no han comprendido nunca y continúan ignorando, para su desgracia, es que no puede haber paz en Palestina sin justicia y sin igualdad, y que las y los palestinos continuarán resistiendo mientras sigan en pie las razones que estuvieron en los orígenes de su rebelión hace cerca de un siglo.

https://npa2009.org/idees/histoire/ma-patrie-na-jamais-ete-propriete-de-balfour-et-il-navait-aucun-droit-de-la

Artículo publicado originalmente en inglés en http://www.aljazeera.com/indepth/features/2016/11/britain-destroyed-palestinian-homeland-161102054348710.html

 


Entrevista con Michèle Sibony, de la Unión Judía Francesa por la Paz (UJFP).

Colonialismo y antisemitismo asociados prometieron un hogar nacional judío en Palestina

Julien Salingue

Estamos en noviembre de 2017, es decir, 100 años después de la declaración Balfour. ¿Cómo comprender, con perspectiva, esta decisión del gobierno británico?

En 1917, la Primera Guerra Mundial y la revolución rusa inquietaban a Gran Bretaña. Los acuerdos Sykes-Picot firmados en 1916 ratifican el reparto del Medio Oriente otomano entre Francia y Gran Bretaña, y prevén un estatus internacional para Palestina. Gran Bretaña cree en el «poder judío»: numerosos textos de políticos de la época dan fe de ello. Satisfacer a los judíos estadounidenses permitiría obtener la ayuda militar americana rechazada a la Triple Entente, satisfacer a los judíos rusos muy presentes en la revolución permitiría a Rusia seguir en guerra, se reforzaría la posición de Gran Bretaña en el Oriente árabe, en particular sobre el Canal de Suez, frente a una Francia que reivindica también Palestina como parte de la Gran Siria. La promesa Balfour se presenta por tanto como un mensaje enviado a los judíos del mundo entero siendo a la vez una forma de acuerdo de subcontratación propuesto a los sionistas judíos para mantener o posicionar sus intereses imperialistas.

Por otra parte, Balfour igual que Lloyd George crecieron en un entorno evangelista, a la vez antisemita y mileranista: la llegada mesiánica pasa por la vuelta de los judíos a la tierra bíblica. En fin, como para todas las potencias coloniales de la época, los «indígenas» no tienen estrictamente ninguna importancia a ojos de la potencia imperial. Colonialismo y antisemitismo asociados harán así la promesa de un hogar nacional judío en Palestina. Lord Montagu en su «memorándum sobre el antisemitismo actual del gobierno británico» no se engaña, y asume que «los turcos y los demás musulmanes serán mirados en Palestina como extranjeros, exactamente de la misma forma que los judíos serán, tras esto, tratados como extranjeros en todos los países salvo en Palestina».

¿En qué contribuyó la declaración Balfour a legitimar y desarrollar el movimiento sionista?

En realidad, en 1917 el sionismo era un movimiento ultraminoritario en el mundo judío, tanto en el europeo como en el ruso o el americano. Los judíos asimilacionistas, igual que los religiosos ortodoxos y los judíos revolucionarios estaban totalmente opuestos al sionismo. Los religiosos rechazan el nacionalismo que quiere reemplazar a la religión: a sus ojos, solo el mesías puede dar a los judíos la tierra de Israel. El Bund, sindicato judío en Rusia, Lituania y Polonia, primer partido judío en Polonia, reivindica el doy kait, es decir la lucha por la mejora de su condición en los países en los que las y los judíos se encuentran, y una antonomía nacional y cultural pero no territorial en un imperio ruso que desean que se transforme en una federación de los pueblos. Así, el sionismo es en primer lugar un colonialismo europeo y el antisionismo es en primer lugar un anticolonialismo judío. Los primeros y los más numerosos antisionistas fueron judíos… hasta la Segunda Guerra Mundial. Y no hablaremos aquí de los judíos orientales o del Magreb, ni reconocidos, ni concernidos, ignorados por el sionismo de aquella época. Cinco años después de la declaración Balfour, el mandato sobre Palestina confiado por la SDN en 1922 a Gran Bretaña, retoma íntegramente los términos de la promesa, y da una validación, en el derecho internacional, del sionismo como implantación «nacional» judía en Palestina. Por otra parte, la carta de la OLP de 1964 situaba el inicio del sionismo de Estado en la declaración Balfour, considerando de hecho que los judíos llegados antes de esa fecha a Palestina eran inmigrantes con vocación de convertirse en palestinos. Es lo que plantea su artículo 20, según el cual «la declaración Balfour, el mandato para Palestina, y todo lo que está fundado en ellos, son declarados nulos y sin efectos…»..

Los sionistas acabaron por volverse contra su padrino británico, hasta el punto de que hay quien ha hablado de una guerra de independencia como la que tuvo lugar en los Estados Unidos. ¿Es oportuna esta comparación?

El nacimiento del nacionalismo judío es uno de los fundamentos del sionismo, pero no forzosamente estatal. El sionismo estatal, que asume la concepción europea de la época sobre el Estado-nación, ignora los derechos indígenas como movimiento colonial europeo que es. Esto va a ocultar parcialmente, o en cualquier caso dar un carácter secundario, a la colonización de Palestina que se deriva de ello: cada pueblo en su tierra, un pueblo sin tierra en una tierra sin pueblo. La naturaleza colonial de sionismo será entonces invisibilizada para muchos (pero no para los pueblos árabes), y el sionismo será considerado como un nacionalismo local que entra en competencia con el nacionalismo palestino. Es así como lo que será presentado por el movimiento sionista como la guerra de independencia contra Gran Bretaña va a ocultar y borrar literalmente al ya activo movimiento indígena palestino de independencia, como esconde y borra la Naqba, la gran expulsión de 1948. De hecho, la retirada de Gran Bretaña deja en pie una nueva potencia colonial, Israel, que continuará defendiendo los intereses occidentales sobre los que no ha dejado de apoyarse. Se puede también recordar que 1947, el año del plan de reparto de Palestina, es tambén el de la partición de la India tras la retirada de Gran Bretaña… Y que ya en 1917 Balfour respondía a un Montagu que le preguntaba sobre la suerte que reservaba a Palestina: «Quiero crear un pequeño Ulster».

100 años más tarde, recordar la declaración Balfour, es recordar que los problemas no comenzaron en 1967, ni siquiera en 1948. ¿Porqué es importante para comprender las realidades actuales?

La declaración Balfour constituye un momento clave en la inscripción del sionismo en el derecho internacional, cuyas etapas posteriores serán el mandato confiado por la SDN, luego el plan de división de 1947 de la ONU. El desprecio colonial que ha presidido a estas diferentes etapas ha permitido el desenraizamiento de un pueblo y la no toma en consideración de sus derechos. Si se considera el proceso de Oslo, difunto desde hace ya casi veinte años como el último avatar de esta gestión bajo tutela, se puede constatar que los derechos elementales del pueblo palestino no han sido preservados o defendidos, ni el derecho al retorno de los refugiados garantizado por la ONU, ni el estatus de Jerusalén-Este, ni siquiera la apariencia de reparto (muy desigual) referida al precedente plan de reparto de 1947. Todo esto mientras que la colonización de los territorios ocupados en 1967 prosigue, ante la indiferencia de las mismas naciones que impulsaron la creación del hogar nacional judío, iniciado por Gran Bretaña y la declaración Balfour. Si la declaración Balfour nos recuerda algo, es que el único proceso en curso desde la promesa, renovado constantemente, es el de la colonización continua del territorio palestino. La «solución» de hoy pasa por la descolonización de Israel como régimen colonial y el reconocimiento de derechos iguales a todos los habitantes actuales de Palestina.

Hebdo L´Anticapitaliste 403 (02/11/2017)

https://npa2009.org/idees/histoire/colonialisme-et-antisemitisme-associes-ont-donne-la-promesse-dun-foyer-national-juif

Traducción: Faustino Eguberri

Operación Plomo Sólido: la última matanza de Israel

por Higinio Polo//

En la madrugada del 5 de junio de 1967 Israel inició la Guerra de los 6 días al atacar por sorpresa a Egipto, Jordania y Siria. Empezaba así el Libro Negro de la ocupación de los territorios palestinos, uno de cuyos episodios narra aquí Higinio Polo.

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Continuidades y discontinuidades en la historia “judía”

Didier Epsztajn//

El libro de Ilan Halevi 1/, es a la vez un libro erudito y un libro político. El autor, periodista y político judío palestino, y uno de los pocos miembros judíos de alto rango de la Organización para la Liberación de Palestina.

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¿Por qué estamos en huelga de hambre en las cárceles de Israel?

por Marwan Barghouthi//

[Más de 1600 prisioneros palestinos comenzaron el pasado lunes 17 de abril una huelga de hambre indefinida para exigir que se respeten los derechos básicos de los presos y se ponga fin a “la aplicación de la detención administrativa, la tortura, los juicios injustos, los tratos degradantes e inhumanos, las negligencias médicas, la detención de menores y la privación de derechos básicos como las visitas familiares o el derecho a la educación”.

Actualmente, hay 6500 presos palestinos, entre los que se incluyen 57 mujeres, 300 menores de edad, 13 parlamentarios y 18 periodistas. Además, 800 necesitan atención médica y cerca de 500 permanecen encarcelados en aplicación de la llamada «detención administrativa», figura que permite arrestar a una persona sin que se presenten cargos contra ella durante un periodo de seis meses prorrogable por otros seis meses.

La protesta, cuyo inicio coincidió con el Día Nacional de Solidaridad con los Presos Palestinos que se celebra cada 17 de abril desde 1974, está liderada por el líder encarcelado de Al Fatah, Marwan Barghouthi. Por ahora, la respuesta israelí ha consistido en suspender las visitas de todos los presos, aislar a Barghouthi, que ha sido trasladado a otra prisión, y reprimir las manifestaciones de apoyo a los presos.

Reproducimos a continuación la carta de Marwan Barghouthi, escrita en la prisión Hadarim, en Israel, publicada en The New York Times el martes 18/04/2017 ndt].

Habiendo pasado los 15 últimos años en una prisión israelí, he sido a la vez testigo y víctima del sistema ilegal israelí de detenciones colectivas arbitrarias y de malos tratos a los presos palestinos. Tras haber agotado todas las demás opciones, he decidido que la única opción para resistir a esos malos tratos era ponerme en huelga de hambre.

Unos 1000 presos palestinos han decidido participar en esta huelga de hambre, que comienza hoy, la jornada que celebramos aquí como el Día de los Presos. Hacer huelga de hambre es la forma más pacífica de resistencia que existe. Hace sufrir únicamente a quienes participan en ella y a quienes les son queridos, con la esperanza de que su estómago vacío y su sacrificio ayudarán a que el mensaje encuentre un eco más allá de los límites de su sombría celda.

Decenios de experiencia han probado que el inhumano sistema israelí de ocupación colonial y militar tiene por objetivo romper el coraje de los presos y de la nación a la que pertenecen, infligiendo sufrimientos a su cuerpo, separándoles de su familia y de su sociedad, haciendo uso de medidas humillantes para obligarles a someterse. A pesar de tal trato, no nos someteremos.

Israel, la potencia ocupante, ha violado el derecho internacional de múltiples maneras desde hace cerca de 70 años, y ha gozado sin embargo de la impunidad por sus actos. Ha perpetrado graves violaciones de las Convenciones de Ginebra en contra de los palestinos; los presos, entre los que hay hombres, mujeres y niños no constituyen una excepción.

No tenía mas que 15 años cuando fui detenido por primera vez. Tenía a penas 18 cuando un interrogador israelí me forzó a separar las piernas, cuando estaba en pie y desnudo en la sala de interrogatorios, antes de golpearme en los genitales. Me desmayé del dolor y la caída me ha dejado en la frente una cicatriz para el resto de mi vida. El interrogador se burlo luego de mí, diciendo que no procrearé jamás porque gente como yo no dan vida más que a terroristas y asesinos.

Algunos años más tarde me encontré de nuevo en una prisión israelí, realizando una huelga de hambre, cuando nació mi primer hijo. En lugar de los caramelos que repartimos habitualmente para celebrar tales noticias, repartí sal a los demás presos. Cuando tuvo a penas 18 años, fue a su vez detenido y pasó cuatro años en las cárceles israelíes.

El mayor de mis cuatro hijos es ahora un hombre de 31 años. Sin embargo, sigo aquí, prosiguiendo este combate por la libertad al mismo tiempo que miles de presos, millones de palestinos y con el apoyo de muchísimas personas en todo el mundo. La arrogancia del ocupante, del opresor y de sus partidarios les hace sordos a esta sencilla verdad: nuestras cadenas serán rotas antes de que lo seamos nosotros, porque está en la naturaleza humana responder a la demanda de libertad cualquiera que sea su precio.

Israel ha construido casi todas sus prisiones en Israel más que en los territorios ocupados. Actuando así, ilegalmente y por la fuerza ha transferido civiles palestinos en cautividad y ha utilizado esta situación para restringir las visitas de las familias y para infligir sufrimientos a los prisioneros con largos viajes en condiciones dolorosas. Ha transformado derechos fundamentales que deben ser garantizados en aplicación del derecho internacional -incluso algunos obtenidos con gran esfuerzo por las huelgas de hambre precedentes- en privilegios que su servicio penitenciario decide concedernos o retirarnos.

Los prisioneros y los detenidos palestinos han sufrido torturas, tratos inhumanos y degradantes, negligencias médicas. Algunos han sido asesinados mientras estaban detenidos. Según el último balance del Club de Presos Palestinos, alrededor de 200 presos palestinos han muerto desde 1967 a causa de tales actos. Los presos palestinos y sus familias siguen siendo también un objetivo prioritario de la política israelí de imposición de castigos colectivos.

Mediante nuestra huelga de hambre, intentamos poner fin a tales malos tratos.

En el curso de los cinco decenios pasados, según la asociación Addameer de defensa de los derechos humanos, más de 800 000 palestinos han sido encarcelados o detenidos en Israel -es decir, el equivalente al 40% de la población masculina de los Territorios palestinos. Hoy, alrededor de 6 500 de ellos siguen encarcelados. Algunos de ellos tienen la lúgubre distinción de poseer los récords mundiales de más largos períodos de detención de presos políticos. Apenas hay familias en Palestina que no hayan soportado sufrimientos provocados por el encarcelamiento de uno o varios de sus miembros.

¿Cómo dar cuenta de este increíble estado de cosas?

Israel ha creado un doble régimen jurídico, una forma de apartheid judicial, que asegura una cuasi impunidad a los israelíes que cometen crímenes contra los palestinos, a la vez que criminaliza la presencia y la resistencia palestinas. Los tribunales de Israel son una parodia de justicia, y son claramente instrumentos de la ocupación colonial y militar. Según el Departamento de Estado, la tasa de condenas de los palestinos ante los tribunales militares es de casi el 90%.

Entre los centenares de miles de palestinos que Israel ha encarcelado hay niños, mujeres, parlamentarios, activistas, periodistas, defensores de los derechos humanos, universitarios, personalidades políticas, militantes, paseantes, miembros de la familia de los presos. Y todo esto con un solo objetivo: enterrar las aspiraciones legítimas de una nación entera.

En lugar de esto, sin embargo, las prisiones de Israel se han convertido en la cuna de un movimiento duradero por la autodeterminación palestina. Esta nueva huelga de hambre demostrará una vez más que el movimiento de los prisioneros es la brújula que guía nuestro combate, el combate por la Libertad y la Dignidad, nombre que hemos elegido para esta nueva etapa en nuestra larga marcha hacia la libertad.

Israel ha intentado marcarnos a fuego a todos nosotros como terroristas para legitimar sus violaciones del derecho, entre las cuales están las detenciones colectivas arbitrarias, las torturas, las medidas punitivas y las restricciones rigurosas. En la voluntad israelí de minar la lucha palestina por la libertad, un tribunal israelí me condenó a cinco penas de cárcel a perpetuidad y a 40 años de prisión en un proceso transformado en espectáculo político que fue denunciado por los observadores internacionales.

Israel no es la primera potencia ocupante o colonial que recurre a tales expedientes. Todo movimiento de liberación nacional en la historia puede recordar prácticas análogas. Por ello son tantas las personas que han luchado contra la opresión, el colonialismo y el apartheid que están a nuestro lado. La Campaña Internacional para la Liberación de Marwan Barghouthi y de todos los presos palestinos, que la figura emblemática de la lucha antiapartheid, Ahmed Kathrada, y mi esposa, Fadwa, lanzaron en 2013 desde la antigua celda de Nelson Mandela en la isla de Robben Island ha gozado del apoyo de ocho laureados del Premio Nobel de la Paz, de 120 gobiernos y de centenares de dirigentes, parlamentarios, artistas y universitarios del mundo entero.

Su solidaridad revela el fracaso moral y político de Israel. Los derechos no son conferidos por un opresor. La libertad y la dignidad son derechos universales inherentes a la humanidad, de los que deben disfrutar todas las naciones y a todos los seres humanos. Los palestinos no serán excepción. Solo el hecho de poner fin a la ocupación pondrá fina a esta injusticia y marcará el nacimiento de la paz.

Carta publicada en el New York Times el 18/04/2017, traducida de http://www.france-palestine.org/Pourquoi-nous-sommes-en-greve-de-la-faim-dans-les-prisons-d-Israel

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