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Inmigración y neoliberalismo

por Pablo Pulgar Moya //

La bullada disputa entre Judith Butler y Nancy Fraser sobre tópicos como justicia y equidad social y el reconocimiento como elementos que aparecen o no diferenciados entre la política en general y el marxismo fue síntoma de la denuncia de una falta de análisis profuso que sea convergente tanto de la luchas económico-políticas, como de aquellas calificadas como “meramente cultural”. Las luchas políticas que remarcaron la necesidad de una superación de las contradicciones de clase tendieron a dejar de lado petitorios enmarcados como marginales a las consignas de los trabajadores. Sin embargo, este panorama ha tomado nuevos ribetes en la consideración de partidos revolucionarios y organizaciones de izquierda a través de la necesidad de comprehender tanto política como económicamente aquellos fenómenos sociales meramente culturales. La inmigración aparecería, en este sentido, no como mero factor colindante, sino como elemento estructural de la composición económica actual, la cual es fuente rica para fenómenos metasupersticiosos como el racismo y la xenofobia entre otros conflictos de interacción social. Estos mismos conflictos no se hacen comprensibles sin una crítica al modo de producción capitalista y, modernamente, de su versión neoliberal.

            La inmigración como un fenómeno que se repite a lo a largo de la historia toma nuevos ribetes dentro del imperialismo del capital, por lo menos desde el siglo XIX,  marcado por los movimientos poblacionales ya sean por causas bélicas, ya sean en búsqueda de mejora de condiciones laborales. En Chile el fenómeno migratorio se da bajo un los contextos de una crisis estructural de sistema en Haití, una crisis político económica en Colombia y Venezuela (con argumentos muy diferentes), sumado a ello a inmigrantes provenientes de Perú y Bolivia. Esta singularidad ya la analizaba Rosa Luxemburg en tanto la inmigración de fuerza de trabajo dirigido provee sustento a la superpoblación relativa. La movilidad que representa la población migrante regional se produce por un fenómeno geopolítico de reproducción del capital, donde el trabajador, el explotado migrante busca paliar sus condiciones de vida en la oferta laboral de la variante capitalista en Chile. El gran capital extrae de ello, por supuesto, tajadas de beneficio bajo la forma de explotación directa debido al bajo costo de pensiones, nula inversión en educación, así como la rápida multiplicación de mano de obra barata, una variante express del aumento de tasa de ganancia de la burguesía local.[1]

            La tendencia a la catástrofe del ascenso de una derecha, calificada por Enzo Traverso – de modo casi irónico – como “posfascismo”, ha llevado a poner a la inmigración como tema número uno de la mayoría de las agendas políticas de los nuevos aspirantes guberbernamentales del globo. En ese sentido, Chile no se escapa de una realidad tendenciosa de un populismo de derechas que viene dictada desde este nuevo panorama, donde el resurgimiento del autoritarismo y el reposicionamiento de discursos xenófobos hace coherente la pregunta por el rol de los protagonistas de izquierda en el posicionamiento del problema de la inmigración dentro del marco de una lucha de clases. Al fin y al cabo, la gran masa migratoria es, a su vez, masa trabajadora, explotada y precarizada. La importancia de tomar posición satisfactoria al respecto nos permitirá sortear el problema de manera consistente. Como preámbulo podemos advertir que Marx ya planteaba el problema de la movilidad de la fuerza de trabajo asalariada nacional e internacional como un síntoma dentro de la economía-política, no adyacente, no colateral, sino entendida como constante de flujo producto de la acumulación originaria. Sin embargo, este proceso, en el caso chileno, no responde a un modo de maquinización de su economía o proletarización de sus capas medias, sino se sustenta en base a la monetarización de su economía, flexibilidad cambiaria e inestabilidad de sus relaciones laborales. Es decir, bajo la forma de su neoliberalismo local – el cual, sin embargo, mantiene una postura conservadora restrictiva respecto a unalibrecirculación.

            Esto último no es casual ni meramente caprichoso. La descomunal transferencia de capital productivo al sector financiero ha inyectado fuerza al sector comercial, volviéndose atractivo para una masa trabajadora en aún peores condiciones que la existente en la economía chilena. El caso haitiano es especialmente digno de ser analizado, pues representa el fracaso de un mismo modelo intervencionista (a través del BM y el FMI) y neocolonizador (militarizado por EEUU). La liberación de la economía de Haití en 1981 y los intentos de convertir al país en el “Taiwán del Caribe” terminaron finalmente por acelerar el asentamiento de una fuerte burguesía local frente a un campesinado extremadamente precarizado, el cual, con aún más desfortuna, fue azotado por un terremoto en 2010 – el cual terminó por pulverizar el ya alicaído sector agrario. Noam Chomsky ha hecho eco numerosas veces que este seísmo solo terminó de demostrar el carácter de clase de este desastre natural.[2]La fuga de capitales se traduce en fuga de masa trabajadora hacia países receptores, tal como sucede en Europa, tal como sucede en EEUU. En ese contexto, la medianía de la economía chilena representa la vía de escape para un problema provocado por el mismo sistema de capitalización en Haití y representa un desafío para la concretización discursiva de la integración de la crítica anticapitalista local.

            La aceleración de la inmigración hace reflotar problemáticas metasupersticiosas. Una problemática que es central del llamado posfascismo. Este término quiere caracterizar un discurso que puede ir aparejado desde un conservadurismo clásico, pasándo por un patriotismo capitalista hasta un identitarismo proteccionista anti-stablishment, aunque no necesariamente representando una posición liberal o neoliberal. En este contexto, Acción Identitaria Chile se alza como el ejemplo más claro de una posición etno-diferencialista que de manera soterrada, sin identificarse a sí mismos como racistas, se ha ido instalando en diversos discursos que coquetean con la forma de capitalismo local. Se etablece, de esta manera, un discurso antiinmigración que o bien i) interferiría con una concepción de patria, sea carnal, histórica o civilizacional, o bien ii) interferiría con un estado civilizatorio nacional (asociando problemáticas como delincuencia, etnicidad, enfermedad, etc). Sin embargo, no solo desde posiciones alt-right, sino desde sectores centro-izquierda se han atrevido, poco a poco, a apropiarse de este relato. Esto nos permite entender desafortunadas declaraciones antiiinmigrantes de Fulvio Rossi en la pasada campaña electoral e, incluso, entender el bullado caso de las declaraciones sobre contro migratorio de Sarah Wagenknecht, dirigente cabecilla de Die LINKE en Alemania.

            Teniendo en cuenta todas estas variables aún nos queda por formular una pregunta ¿Por qué la inmigración tiene como destinos países con un sistema altamente neoliberalizado como el caso chileno? La pregunta es ineludible si queremos establecer un vínculo entre fenómeno migratorio y sistema capitalista. Si bien argumentos para migrar hay muchos (ambientales, médicos, por fenómenos naturales, etc), nos centramos acá en algunos que son troncales, aquellos que recorren causas políticas, jurídicas, económicas e históricas. La extansión del capitalismo y su penetración en países periféricos ha desencadenado desequilibrios tales que generan un gran éxodo que se hace extremadamente complicado de gestionar. El nuevo mercado tiene a sus pies no solo capitales globalizados, sino personas, donde migración de mano de obra se transforma en la expresión más latente de las hegemonías de clases, las cuales expresan – a su vez – “jerarquías migratrorias”: mientras que el migrante de países ricos tiene derechos casi irrectrictos, la gran mayoría de la mano de obra migrante de países pobres ve constreñidos sus derechos mínimos. El así llamado “capital humano” se ve limitado por las políticas de “capital económico”. Por ello mismo es necesario integrar este gran conjunto conflictivo de estandarización comercial, segregación, xenofobia, etc. no desde un punto de vista meramente moralizante (como ha sido llevado desde el mayor conjunto de la discursividad), sino integrada dentro del conflicto de un modelo económico globalizado. Andrés Cabrera, en una columna hace pocos días publicada en El Mostrador,[3]formulaba los puntos para entender al fenómeno migratorio como el nuevo rostro de la lucha de clases. Esto último solo es explicable de manera suficiente si es analizado como fenómeno enmarcado dentro de la economía-política y no meramente instrumentalizado dentro del espectro político. Es decir, una solución al fenómeno migratorio respondería no solo a criterios o eventos contingentes, sino que se hace necesario retomar el problema dentro de contradicciones producidas por el capitalismo financiero. Desempleo en países semicolonizados crea condiciones de competencia que se traduce en una migración masiva. El debate por tanto no debe estar regido simplemente por criterios productivistas, ni mucho menos normativistas, sino que es menester entender que la masa migrante en Chile se está conviertiendo rápidamente en una nueva capa oprimida desregulada, como nuevo sujeto bajo condición de superexplotación. Como formulara Luxemburg y, modernamente, Žižek y Souza dos Santos, esta denuncia entonces se vuelve no solo un argumento sólido para explicar la exclusión social del migrante, sino que dota de elementos para su inclusión dentro del panoráma político como sujeto ligado a la lucha de clases.

 

[1]Es interesante ver el principismo liberal (no solo economicista) sobre el fenómeno migratorio. Existe un general apoyo al derecho a migrar en autores como Friedrich Hayek o Julian Simon, en tanto, por una parte, potencia la productividad y, por otro, no contradice el principio de libre movimiento. Tanto economistas liberales, como defensores de derechos humanos se permiten una postura a favor de libertad de migración, pero donde pocas veces se cuestionan las condiciones estructurales de reclutamiento de mano de obra migrante como síntoma de un neoliberalismo globalizante.

 

[2]https://www.aporrea.org/internacionales/a96511.html

[3]http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2018/03/07/inmigracion-el-nuevo-rostro-de-la-lucha-de-clases/

 

¿El neoliberalismo funciona?

Noah Smith es un blogger habitual de economía de la principal corriente keynesiana y escribe regularmente para Bloomberg. Hace poco, titulaba un artículo “Los mercados libres han mejorado más vidas que cualquier otra cosa antes”. Y defendía el argumento bastante habitual de que el capitalismo ha sido en realidad un gran éxito a la hora de mejorar la vida de miles de millones de personas en comparación con cualquier modo de producción y de organización social anterior y que, hasta donde alcanza a ver, seguirá siendo el ‘mercado líder’ para los humanos seres.Smith está dispuesto a refutar la ‘economía mixta’, las ideas anti libre comercio que se han colado en la economía dominante desde la Gran Recesión, a saber, que el ‘neoliberalismo’ y el libre mercado son malos para los niveles de vida de la gente. En su lugar, sería necesario una pequeña dosis de proteccionismo comercial (Rodrik) e intervención estatal y regulación (Kwak) para ayuda a que el capitalismo funcione mejor.Pero no, dice Smith. El neoliberalismo funciona mejor. ¡Y cita el fenómeno del crecimiento de China como su principal ejemplo! En China, “el cambio de una economía dirigida y controlada rígidamente a una que combina enfoques estatales y de mercado – y la liberalización del comercio – ha sido, sin duda, una reforma neoliberal. A pesar de que las reformas de Deng se realizaron principalmente en una red ad-hoc, aplicando el sentido común, invitaron al famoso economista neoliberal Milton Friedman para que les aconsejase“ Seguir leyendo ¿El neoliberalismo funciona?

Recomposición, sociedad y malestar.

por Patricio Quiroga//

En un mundo en crisis las ideas de la izquierda también entraron en crisis. Durante años, los sucesivos embates de la ortodoxia (m-l), del eurocomunismo, del posmodernismo, y otros, descalabraron la teoría crítica. Así, en Chile, independientemente de su pertinencia, desaparecieron como instrumentos de análisis social, el marxismo, la teoría de la dependencia, la propuesta de la CEPAL, el nacionalismo de izquierda y la teología de la liberación. Seguir leyendo Recomposición, sociedad y malestar.

G20 de Hamburgo: fin del orden neoliberal global por el G3 (EE.UU/Rusia/China)

por Alfredo Jalife-Rahme//

Si se toman como parámetros de medición los conceptos de estabilidad estratégica, en materia nuclear (https://goo.gl/ePVvCw), y del triángulo estratégico de EU/Rusia/China (https://goo.gl/fdqwMA), la primera semana de julio de 2017 parece haber significado un punto de inflexión metahistórico que se encamina a un nuevo orden tripolar entre las dos grandes superpotencias nucleares (EU y Rusia) y la máxima superpotencia geoeconómica (China).
Lo relevante del primer encuentro exitoso del zar Vlady Putin y el presidente empresario Trump fue: 1) que haya ocurrido y haya durado cinco veces más de lo programado; 2) que haya detenido el deterioro estrepitoso de la relación bilateral de Estados Unidos (EU) y Rusia que legó la dupla Obama/Hillary, y 3) más allá de los supuestos avances de la agenda abordada, lo primordial radicó en los acuerdos secretos que catalizaron la química entre ambos mandatarios y su postura constructiva, en particular, el contencioso nuclear de Norcorea, en el que irrumpió con fuerza Rusia para intermediar entre Trump y el mandarín Xi.

El gran triunfador de la cumbre bilateral, y hasta del G20, fue el zar Putin, quien rompe su supuesto aislamiento por el mundo occidental.

Suena paradójico que Trump haya sido aislado por los 19 integrantes del G20 por el tema del cambio climático y del libre (sic) comercio, mientras Putin se haya brincado las sanciones occidentales de EU y Europa.

Nunca he escuchado algo más absurdo que el término propagandístico y ahistórico de Occidente que incorpora a Japón (país oriental) y a Israel (artefacto medioriental), mientras exorciza a Rusia: cuando San Petersburgo, capital occidental por antonomasia, fue fundada 73 años antes que la independencia de EU.

Si seguimos la dinámica de los vectores y los conceptos de los atractores físicos y del centro de gravedad, la primera semana de julio exhibió un G2 de Rusia y China (https://goo.gl/YFpXDR), que la cumbre entre Trump y Putin lo está jalando, por lo menos con la ausencia de belicosidad mutua, a un G3.

En un abordaje multidimensional de hipercomplejidad no-lineal, en la misma primera semana de julio, Trump llegó aislado a Hamburgo: tanto por la cumbre geoestratégica de Rusia y China, como por el imponente acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea (UE) y Japón (https://goo.gl/CJY3jz). Putin rescata así a Trump, quien al final de cuentas consigue un empate.

A juicio de Ray McGovern –oficial del ejército de EU y ex analista de la CIA durante 30 años–, el gran giro de las superpotencias ya se dio: es la “alianza de Rusia y China (https://goo.gl/pQ4wGN)”.

Después de que la atribulada canciller alemana Angela Merkel advirtió que Europa debe tomar su destino con sus propias manos, toda la fauna globalista trasatlántica ha entrado en pánico con la política proteccionista trumpiana de Primero EU, lo cual, a juicio del fanático neoliberal global Wolfgang Schäeuble, de 74 años y ministro de Finanzas, significa la destrucción del orden (sic) neoliberal global que otorgaría gran influencia a China y a Rusia.

En su metahistórica conferencia en la Academia Estadunidense (sic) en Berlín, Schaeuble, totalmente encapsulado en su disfuncional gueto mental, sentenció que “duda si EU verdaderamente cree que el orden mundial será igualmente sano (sic) si China o Rusia llenasen el vacío dejado por EU, y si a China y Rusia les fueron sencillamente (sic) otorgados una mano libre para dominar las esferas de influencia que han definido para sí mismos (https://goo.gl/7EYBTS)”.

En mi entrevista con Sputnik y Radio Uruguay aduje que “un G3 puede terminar con el orden mundial neoliberal (https://goo.gl/eA1gJn)”, cuando Merkel ha sido la gran perdedora –la tercera derrota mundial en más de 100 años, esta vez geoestratégica, de Alemania, máxima potencia geoeconómica de la UE–, mientras Peña era humillado por enésima vez por Trump (https://goo.gl/7jhVds).

Sin contar su estéril santa alianza con Obama, Merkel cometió varios errores que no habrían cometido sus lúcidos antecesores –Adenauer, Willy Brandt, Helmut Schmidt, Helmut Kohl y Gerhard Schröder, tanto del partido conservador como del Partido Socialdemócrata–, al pretender posicionarse como lideresa del orden neoliberal global a los dos lados del noratlántico y al chocar con las dos máximas superpotencias nucleares del planeta: con Trump, en materia geoeconómica, y con Putin, en geopolítica, desde la Cumbre del G20 en Brisbane (https://goo.gl/vzzYth).

La geopolítica, que tanto desprecia Merkel, la aniquiló.

Peor: independientemente de que un servidor apoye el acuerdo climático de París, Merkel hizo de ello un casus belli contra Trump, lo cual augura mayores atentados terroristas en una UE fracturada.

Como si lo anterior fuera poco, y en vísperas del G20, la UE pactó un colosal acuerdo de libre comercio con Japón que deja fuera al proteccionismo de Trump. Resultado: Trump se aleja de Alemania, mientras se acerca a Rusia.

La orfandad geoestratégica de Alemania y Japón, perdedoras de guerras mundiales y reconstruidas por EU, es que carecen de dientes nucleares y confunden la suprema geoestrategia con el vulgar mercantilismo neoliberal, no se diga con el plausible cambio climático –curiosamente apoyado por Rusia y China– que no es suficiente para operar el nuevo orden multipolar del siglo XXI.

En mero suelo polaco y en Hamburgo, Merkel sufrió dos afrentas de Trump: en Varsovia, antes de arribar a Alemania, el polémico presidente empresario arremetió contra la ocupación nazi en la icónica plaza Krasinski, mientras, con total desprecio al protocolo, en la cumbre del G20 cedió su lugar a su hija Ivanka, una frívola socialité sin conocimientos diplomáticos.

Una foto del portal Deutsche Welleexhibe con toda crudeza cómo Merkel se cubre el rostro con sus manos frente a la impetuosidad de Trump (https://goo.gl/8TyRpu).

En forma interesante –más que nada por haber sido reportado por el portal chino Global Times–, el viceministro de Finanzas ruso, Alexei V. Moiseev, reportó que Trump culpa a todos (sic) los otros 19 países por el déficit de EU. Mientras “los otros países peroran sobre el libre comercio, Trump exige trato justo para EU (https://goo.gl/DjNcLo).”

Me gustó el comentario al respecto del lector chino LHRTAT: “En un mundo de salarios injustos para diferentes categorías de trabajadores, injustas tasas de cambio de las divisas y el resultante precio desigual de los productos, ¿qué significa comercio ‘justo’?”

Según Bloomberg, Merkel practica un juego electorero muy arriesgado de cara a la elección del 24 de septiembre, al distraer a los alemanes de sus aflicciones domésticas al fustigar a EU (https://goo.gl/yygt7d)”.

A mi juicio, el formato economicista del G20, ahora trasmutado en ambientalista, quedó sepultado en Hamburgo y será gradualmente sustituido por el G3 de EU/Rusia/China.

En espera del resultado el segundo encuentro de Xi y el presidente empresario Trump, al margen de la Cumbre del G-20 en Hamburgo, no hay que subestimar el gran escollo de un sector del Deep State de EU para descarrilar el G3.

Fotografía:Protesta performática en Hamburgo de las “1000 figuras”.

El Frente Amplio y de cómo superar el neoliberalismo desde un mirada territorial y prefigurativa

por Claudio Pulgar//

Para superar el neoliberalismo, no bastan sólo los votos, ni las campañas electorales, ni las primarias, aunque claramente pueden ayudar en la tarea compleja y de largo aliento que comenzamos con el Frente Amplio. Incluso si se ganan elecciones, no basta. Para superarlo se necesita dar una lucha contrahegemónica, desde una mirada gramsciana, capaz de avanzar, como lo hemos hecho desde 2006, y sobre todo desde 2011, desde los diversos movimientos sociales y populares, desnaturalizando el sentido común que instaló el neoliberalismo (el famoso TINA o “no hay alternativa” de Thatcher), entendido éste como una racionalidad globalizante y normativa, y no sólo cómo una ideología o un mero sistema económico, siguiendo la tesis de Dardot y Laval. Seguir leyendo El Frente Amplio y de cómo superar el neoliberalismo desde un mirada territorial y prefigurativa

Claudio Katz: un balance gramsciano del ciclo progresista en Sudamérica

[En el marco de las Jornadas Gramsci y América Latina, organizadas en la ciudad de Buenos Aires a fines de abril por el Seminario “Teoría y praxis política en el pensamiento de Gramsci” y el Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (IEALC/UBA), se entrevistó a Claudio Katz, uno de los conferencistas del encuentro, quien destacó que uno de los principales legados de Gramsci para la región es”la necesidad de forjar identidades políticas propias de la izquierda, con nítidos perfiles anticapitalistas”]

¿Cuál es el significado de estas jornadas en la actual coyuntura latinoamericana?

Nos permite evaluar la situación de la región a la luz de algunos conceptos de Gramsci. No cabe duda que el principal dato del momento es la restauración conservadora que presenta tres modalidades. Primero los gobiernos derechistas continuados, que en países como México, Perú o Colombia llevan muchos años aplicando políticas neoliberales de expansión del desempleo, la precarización y la desigualdad.

Segundo los nuevos mandatarios derechistas que lograron cortar el ciclo progresista con sus victorias electorales. Es el caso de Macri que implementa un proyecto reaccionario sin las mediaciones tradicionales. Encabeza la gestión estatal de una Ceocracia embarcada en la demolición de conquistas populares.

Finalmente, en otros países la derecha accedió al gobierno por medio de golpes institucionales. Una banda mixta de parlamentarios corruptos, jueces y dueños de de los medios de comunicación consumaron en Brasil, la misma asonada que en pasado perpetraban los militares. A toda velocidad recortan planes sociales, flexibilizan el empleo y desfinancian las jubilaciones.

Esta modalidad golpista se inició en Honduras en el 2009 y continuó en Paraguay en el 2014. Sigue un modelo de imponer el cambio por la fuerza para convalidarlo luego en los comicios. Introduce además todas las manipulaciones imperantes desde hace décadas, en el sistema político mexicano.

¿Pero qué implicancias tiene ese proceso desde una mirada gramsciana?

Supone un mayor peso de las formas coercitivas de dominación, en comparación a las modalidades persuasivas de hegemonía que utiliza la clase dominante.

En algunos regímenes derechistas simplemente persiste el autoritarismo y el terror. Más de un centenar de luchadores ambientalistas han sido ultimados junto a Berta en Honduras. También supera el centenar el número reciente de militantes sociales asesinados en Colombia y en nueve años se contabilizan 253 muertos en Perú por represión a las protestas.

En México persiste la impunidad. En lugar de esclarecer los crímenes de Ayotzinapa, el gobierno respondió con ocho nuevos muertos a las manifestaciones de los docentes. Con estos modelos en mente Macri tantea acciones represivas apaleando maestros, desalojando piqueteros y adiestrando gendarmes para actuar en las calles. Temer trabaja en la misma dirección.

¿Es factible ese curso represivo en un contexto económico tan adverso?

Lo intentan. La prosperidad de la década pasada quedó atrás y desde el 2012 impera un ciclo recesivo. Brasil padeció en los últimos dos años el peor retroceso económico desde la crisis del 30. Los precios de las materias primas oscilan entre nuevas caídas y leves recuperaciones, sin recuperar el elevado promedio de la década anterior. Las remesas y la inversión externa retroceden y el previsible repunte de la tasa de interés estadounidense disuade la llegada de capitales.

Además, al cabo de un intenso proceso de expansión del agro-negocio retrocede la industria local y crece el desempleo. Como los gobiernos derechistas retoman la ortodoxia neoliberal se agrava la pobreza, la desigualdad y la precarización. Ahora buscan acuerdos de libre-comercio con la Unión Europea y aceptan la agenda china de invasión importadora y saqueo de los recursos naturales. También reactivan las privatizaciones inconclusas o fracasadas de los años 90 e implementan un brutal recorte de los derechos populares, con mayor flexibilización laboral y contra-reformas en el sistema de jubilaciones.

Esa cirugía agrava el escenario social y ahonda la división por arriba. En la nueva reorganización neoliberal se afianza el capital financiero, despuntan problemas en las actividades primarias y la industria se desmorona.

En términos de Gramsci se podría afirmar que la reestructuración por arriba potencia las divisiones en las elites y obstruye la conformación de un bloque estabilizado de las clases dominantes.

¿Por eso pierden legitimidad los gobiernos derechistas?

Es otro rasgo compartido por regímenes signados por un alto grado de corrupción. En la república de delincuentes que impera en Brasil se acrecienta el número de ministros y congresistas involucrados en malversaciones de fondos. Macri es un presidente off shore, al frente de una cleptocracia de millonarios que se enriquece endeudando al Estado. El sistema de coimas organizadas que destapó el caso de Odebrecht ensucia a varios presidentes y ministros de Perú, Colombia y Panamá.

Como la restauración conservadora combina fragilidad económica con ilegitimidad política se afianza un escenario de gran turbulencia. Pero si recordamos las distinciones que establecía Gramsci entre distintos tipos de crisis (corto y largo plazo, dominación, dirección), convendría precisar que el contexto actual es de enorme inestabilidad pero no de crisis orgánicas. No se observa aún el tipo de colapso que conocimos a principio del milenio en Argentina, Bolivia o Ecuador.

Me parece que el dato de la ilegitimidad es clave. Ya no rige el marco de los años 80, cuando Gramsci era leído para explicar la novedad de los sistemas constitucionales pos-dictatoriales. Las discusiones sobre esa forma de dominación de la burguesía han quedado atrás. Las elecciones son habituales y las expectativas en los políticos, el parlamento o las instituciones han decaído al mismo nivel que el resto del mundo.

Sin embargo mencionaste en el panel que la movilización callejera de la derecha es un nuevo y preocupante dato

Si efectivamente las derechas han comenzado a reinventarse en las calles, con el padrinazgo de los medios de comunicación y un sofisticado manejo de las redes sociales. Construyen su propio imaginario político combinando ideas liberales y antiliberales. Por un lado enaltecen el individualismo y la consiguiente fantasía de actuar por decisión propia sin ningún condicionante. Por otra parte retoman el discurso de hostilidad a la política por la impotencia de esa actividad para resolver el flagelo de la inseguridad o la corrupción.

Los vimos en la marcha del 1 de abril en Argentina. Ponderan la “plaza republicana” y desprecian la “plaza populista”. Despliegan un gran revanchismo y un desenfrenado odio de clase. En un clima de 1955 retoman los mitos del gorilismo tradicional, descalificando a los morochos “arreados” a las marchas por un simple choripán.

Pero a diferencia de los cacerolazos de los últimos años, los derechistas ya no gritan sólo contra Venezuela y Cuba. Ahora insultan a los docentes y exigen represión de los piquetes o prohibición de las huelgas. Repiten un libreto acorde al giro conservador de los intelectuales mediáticos decepcionados con el progresismo que han copado la pantalla.

Un proceso semejante se observó en Brasil en los manifestantes que el año pasado determinaron la caída de Dilma. Ese beligerante grupo social desplegó la bandera de la anti-política y opera como sostén de la cirugía conservadora que motoriza el Juez Moro.

El mismo sentido reaccionario tiene el movimiento de Uribe, que logró el triunfo del No en el plebiscito de Colombia o las fuerzas callejeras, que desde el 2015 gestaron la candidatura de Lasso en Ecuador. La diabolización del chavismo es el guión común de esas campañas reaccionarias.

La presencia callejera de la derecha recién despunta y afronta muchas limitaciones. Se sostiene exclusivamente en las clases medias y altas. En pocos casos logran superar en número a las marchas rivales de la izquierda o el progresismo. Pero configura el dato más peligroso del momento. Si se afianza podría aportar un sostén más consistente a la restauración conservadora.

¿Como el fascismo en la época de Gramsci?

Sólo en cierta medida y primero tienen que ganar. Pero tu analogía nos advierte sobre los casos más extremos. Por ejemplo en Venezuela, el sanguinario elemento pinochetista está muy presente en todo el conglomerado antichavista.

En cualquier caso me parece que las teorías del revolucionario italiano nos permiten entender el enorme peso de la ideología conservadora, en la irrupción callejera de la derecha. Esas creencias reaccionarias retoman el modelo de temor al comunismo que se forjó durante la guerra fría, pero con una inédita incidencia de los medios de comunicación.

Cuando en los 80 las teorías de Gramsci recobraron influencia se debatía intensamente cuál era el canal de transmisión predominante de la ideología burguesa: las ilusiones en el sistema constitucional, la mercantilización de la sociedad o la radio y la televisión. Una respuesta actual sin duda enfatizaría la primacía de los medios.

En tu exposición también subrayaste la centralidad de la resistencia popular. ¿Cuál es la gravitación de esa lucha?

Enorme y decisiva. Hay una batalla social en curso en toda la región con movilizaciones gigantescas en Argentina. En marzo pasado hubo un millón de personas en las manifestaciones de los sindicatos y el paro general tuvo un nivel de efectividad que corroboró la gran capacidad de acción de la clase trabadora.

Lo mismo comienza a observarse en Brasil. Este año no sólo los movimientos sociales sustituyeron a la derecha en la ocupación de las calles. Se realizó la primera huelga general en décadas con un gran acatamiento. En México el gasolinazo marcó un punto de giro, luego de las intensas luchas de los maestros y las víctimas de Ayotzinapa. En Chile la batalla contra los Fondos de Pensión congrega multitudes y en Colombia se acrecientan las protestas de los movimientos sociales.

Es necesario subrayar la gravitación de estas acciones por abajo, si queremos retomar el énfasis asignado por Gramsci a la voluntad y a la subjetividad en la transformación de la sociedad. Ese es el sentido de su filosofía de la praxis, en contraposición al fatalismo o la resignación.

Y también un aliento a la militancia…

Por supuesto. Hay nueva generación luchadores que resiste la restauración conservadora. Participaron activamente en la experiencia política de la década pasada, sin padecer las frustraciones y derrotas que afectaron a sus antecesores de los años 70.

Actúan en un marco también distinto al escenario de entre-guerra que vivió Gramsci. Pero hay ciertas batallas políticas en el contexto latinoamericano que actualizan los planteos del revolucionario italiano. Gramsci trabajó para unir el campo popular en un bloque histórico, forjando alianzas de la clase obrera con los campesinos. Esa misma política supone en la actualidad hermanar a los asalariados con los informales y la clase media.

La derecha sólo puede prevalecer imponiendo una desgarradora guerra de pobres contra pobres. Por eso alienta la hostilidad contra las huelgas. Coloca en toda la región muchas fichas, en la erosión de la solidaridad con los combativos movimientos de la docencia. Frente a situaciones de ese tipo Gramsci sugeriría actuar con radicalidad y audacia.

Pero en el plano político situaste el eje de la resistencia en la batalla de Venezuela. ¿Por qué razón?

Porque ahí se define el resultado de toda la etapa latinoamericana. No cabe la menor duda que hay un golpe reaccionario en marcha, que combina el sabotaje de la economía con la violencia callejera y las provocaciones diplomáticas. En un plazo más prolongado es lo mismo ocurrió con Salvador Allende.

El trasfondo obvio de esa agresión es el petróleo. Venezuela es la principal reserva continental de crudo y provee el 12 % del combustible importado por Estados Unidos. Para confiscarlo el Departamento de Estado promueve una situación de caos, tendiente a repetir lo operativos de Irak, Libia o Panamá. Saben queuna vez derrocado el gobierno ya nadie se acordara dónde queda Venezuela.

En ese operativo la hipocresía de los medios no tiene límite. Transmiten en cadena escenarios terminales con denuncias macabras del país, luego de silenciar el golpe de Brasil, Paraguay u Honduras. No le asignan ni cinco minutos a los crímenes en Colombia y México o al fraude electoral de Haití. Legitiman a los golpistas, ocultando que Leopoldo López estaría condenado a perpetua en Estados Unidos por su responsabilidad en las muertes de las guarimbas. Acusan al gobierno de cualquier tropelía, omitiendo que el grueso de los asesinatos afecta a militantes del chavismo.

La derecha ha provocado el desastre actual intentando tumbar una y otra vez al gobierno desde la Asamblea. Cuenta con la descarada complicidad de las clases dominantes de la región. Esos gobiernos se amoldan a Trump conspirando desde la OEA contra Venezuela.

En términos de Gramsci esta batalla presenta un doble significado. En el plano moral definirá un resultado de confianza o resignación en el movimiento popular. Si gana la derecha se creará un escenario de derrota y una sensación de impotencia frente al imperio.

En otro terreno Venezuela sintetiza una lucha antiimperialista, directamente conectada a los anhelos nacionales que subrayaba Gramsci. Es controvertible su interpretación de esa dimensión pero no la centralidad que le asignaba. Hoy Venezuela es la principal trinchera contra Trump. Su programa de avasallar la región empezando por el muro en México, transita por la confiscación del petróleo venezolano.

Igualmente señalarse críticas al gobierno bolivariano

Ciertamente y en varios planos, aunque en el marco de la gran decisión de Maduro de resistir. A diferencia de Dilma o Lugo no se entrega. Esa firmeza explica el odio de los poderosos de la región.

Pero hasta ahora el gobierno ha priorizado el enfrentamiento con la derecha en términos burocráticos de un poder del Estado contra otro. El Ejecutivo o Judicial versus el Legislativo. Reacciona por arriba y responde a un golpe de la Asamblea con una acción del Tribunal de Justicia. Apuntala más el sostén del ejército que el respaldo por abajo. Por eso en la durísima confrontación del último año no apeló al poder comunal y en ausencia de ese basamento el pueblo tomará distancia.

Lo más grave es la tolerancia de la corrupción y sobre todo de la fuga de capitales. No expropian a los empresarios que provocan el colapso de la economía con manipulaciones de las divisas y los bienes importados.

Pero estamos en medio de la batalla y no está escrito el resultado final. Hubo una interesante reactivación de los mecanismos para paliar el desabastecimiento y se adoptó la excelente iniciativa de retirar al país de la OEA. La única forma de vencer a la derecha es transformar en hechos el discurso socialista. En las situaciones límites y frente al abismo el proyecto bolivariano puede renacer con un perfil más radical.

La aplicación de Gramsci a Venezuela implicaría hoy asumir decisiones revolucionarias. El líder comunista convocaba a adoptar esas decisiones sin ninguna vacilación. Por eso ponderó la acción de los bolcheviques como una “revolución contra El Capital”, en el sentido de procesos que vulneran todas las prescripciones previas. Subrayó la inexistencia de un curso predeterminado de la historia. Aplastar el sabotaje de los capitalistas con el poder comunal sería el equivalente a la acción de los soviets que reivindicaba Gramsci.

Hay otro tema que discutiste en las jornadas, al conectar el legado del pensador italiano con los debates sobre el ciclo progresista

Si efectivamente es un problema clave. Yo creo que el ciclo progresista en Sudamérica fue un resultado de rebeliones populares que tumbaron gobiernos neoliberales, modificaron las relaciones de fuerza, evitaron los brutales ajustes aplicados en otras regiones y permitieron mejoras sociales o conquistas democráticas.

Pero no fue un periodo pos-liberal. Las transformaciones no tuvieron la solidez requerida para dejar atrás el neoliberalismo. No se alteró la estructura primarizada de las economías y se mantuvieron los privilegios de los grupos dominantes. La restauración conservadora determina el declive de ese período, aunque la derrota de la derecha en Ecuador indica una indefinición. La disputa final se define en Venezuela.

Cualquiera sea el diagnóstico es indiscutible el retroceso del ciclo progresista. Especialmente en Brasil y Argentina ese declive obedece a las inconsistencias económicas de un modelo neo-desarrollista, que renunció a implementar las transformaciones básicas para superar la dependencia de las exportaciones primarias. En el terreno político mantuvieron el viejo sistema de alianzas y corrupción de los grupos dominantes y cuando aparecieron las protestas sociales se asustaron y facilitaron la demagogia de la derecha. Sufrieron el desgaste que sobreviene a la ausencia de radicalización.

En tu presentación contrapusiste este balance con el expuesto por los teóricos del progresismo.

Si. Es un debate importante porque muchos de ellos se auto-definen como marxistas y gramscianos. Pero exponen un balance idílico de Kirchner o Lula, estimando que fueron gobiernos exitosos. A lo sumo destacan la existencia de errores en la connivencia con los bancos, las disputas con los medios de comunicación o la batalla cultural para aproximar a una clase media atada al consumismo.

Yo creo que esa lectura es superficial y elude reconocer que los gobiernos progresistas declinaron por su adaptación a la agenda de las clases dominantes. Esa mirada repite los mismos desaciertos que cometieron los gramscianos socialdemócratas de los 80, cuando presentaban al constitucionalismo burgués como un nuevo camino hacia la emancipación.

Al igual que en ese momento el gramscismo liberal considera indispensable acotar cualquier cambio a lo marcos del capitalismo. Se guían por el principio de impedir el desborde de ese sistema y olvidan que una política antiliberal consecuente exige transitar por senderos anticapitalistas. Ese estrecho vínculo entre Gramsci y Lenin es desconocido por los socialdemócratas.

La consecuencia política de esta postura es la promoción de una estrategia exclusivamente centrada en el retorno electoral a la presidencia en el 2018 y 2019. Ese objetivo tiene total prioridad frente a la resistencia social. Dan por seguro el fracaso de la derecha y suponen que todo puede recomenzar como si nada hubiera ocurrido. Recrean a futuro la misma fantasía de un capitalismo humanitario y redistributivo que propagaron en la última década.

Pero ese no es el único balance del ciclo progresista.

Ciertamente. Hay una interpretación opuesta que niega la existencia de ese proceso o supone que concluyó hace mucho tiempo. Considera que los gobiernos centroizquierdistas o radicales coincidieron con sus pares derechistas en la primarización extractivista y estima que finalmente adoptaron un perfil autoritario y populista.

Esta mirada considera que Lasso y Moreno expresaron en Ecuador dos vertientes complementarias del neoliberalismo y que en Venezuela la burguesía derechista confronta con sus pares chavistas.

Es una errónea simplificación de la realidad latinoamericana. La continuada dependencia de las exportaciones agro-mineras no equipara a gobiernos tan contrapuestos. La centralidad del petróleo, el gas o el litio no asemeja a Maduro, Evo Morales o Raúl Castro con Lula o Correa y menos aún con Peña Nieto o Macri. Es equivocado, además, impugnar a los gobiernos progresistas con los mismos razonamientos de vago republicanismo que utilizan los liberales.

¿Pero no sería acertado observar esos procesos con la óptica de la “revolución pasiva” que estudio Gramsci?

Es una idea interesante pero de dudosa aplicación a lo ocurrido en la última década. El contraste entre jacobinismo y bismarkismo no tiene correspondencia con lo sucedido en Sudamérica y es muy discutible la propia concreción de una modernización conservadora. Esta noción choca con la primacía del agro-negocio y la ausencia de transformaciones económicas significativas. El período estuvo signado además por importantes conquistas populares. Igualmente es un tema abierto y todo depende de la interpretación asignada a la noción de revolución pasiva.

Pero el mayor problema no radica en la aplicación de ese concepto gramsciano, sino en la mirada general de los teóricos autonomistas. Renuevan la estrategia de soslayar la batalla por el manejo del Estado. Retoman la idealización de los movimientos sociales y la fascinación con el ámbito defensivo de la territorialidad.

Me parece que la promoción de metas anticapitalistas debe ser complementada con la definición de políticas socialistas para alcanzarlas. Gramsci postulaba esa conexión y por eso compartía la prioridad asignada por Lenin a la transformación de la sociedad mediante la conquista del poder.

Pero la lectura de Gramsci ha servido para subrayar la complejidad de ese camino que es ignorada por muchas corrientes…

Sin duda. Esa omisión salta a la vista entre quiénes simplemente proclaman que todos los gobiernos de América Latina son indistintamente burgueses. Las consecuencias extremas de esta ceguera se han observado recientemente en Ecuador, entre las vertientes de izquierda que llamaron a votar a Lasso con argumentos insólitos.

Afirmaron que el banquero facilitaría un mayor respeto de la democracia o que sería más fácil desenvolver la lucha por mejoras populares. Hay que remontarse varias décadas para encontrar algún precedente de semejante miopía.

Yo creo que el mayor peligro actual de las posturas sectarias se verifica en Venezuela. Algunos hacen causa común con la derecha en la crítica a Maduro. Repiten las mismas acusaciones de los medios de comunicación hegemónicos o recurren a despistadas comparaciones con Gadafi y Hussein. No exponen sus cuestionamientos desde un terreno de lucha común contra el golpe.

Aquí conviene recordar el rechazo total de Gramsci a la teoría del social-fascismo, que en su época equiparaba a Hitler y Mussolini con los adversarios socialdemócratas. Al igual que Trotsky promovía estrategias de frente único contra la derecha, que son vitales en el contexto actual de Venezuela.

A escala regional es el momento de la solidaridad. Tal como ocurrió con Cuba durante el periodo especial hay que poner el hombro en las circunstancias más difíciles de acoso, demostrando que la izquierda se ubica en el campo opuesto de la reacción.

¿El trasfondo de los problemas que señalas no es la atadura al modelo revolucionario de 1917 que Gramsci comenzó a renovar?

Puede ser. Pero yo evitaría cualquier sugerencia de contraposición entre Lenin y Gramsci. Me parece que existe una complementariedad, derivada de la incorporación de temporalidades más largas a la vertiginosa experiencia soviética de doble poder. Hay complementariedad y no antagonismo entre la “guerra de posición” y la “guerra de maniobra”. Son momentos sucesivos de una misma estrategia

Los procesos de China, Vietnam o Cuba ya demostraron en condiciones bélicas la preeminencia de períodos revolucionarios prolongados. También los escenarios institucionales vigentes en las últimas décadas obligar a reconsiderar las temporalidades. Exigen replantear la tradición que concibe al gobierno de los trabajadores, la captura del estado y la transformación de la sociedad como procesos simultáneos. Actualmente son válidas las hipótesis de gobiernos populares, estados en disputa y grandes fracturas en la sociedad a lo largo un periodo significativo.

¿Cuál sería entonces el principal legado de Gramsci para la coyuntura latinoamericana actual?

No hay una sola faceta, pero quizás conviene resaltar lo más obvio: la necesidad de forjar identidades políticas propias de la izquierda, con nítidos perfiles anticapitalistas. Como ese cimiento supone la reivindicación abierta de nuestras tradiciones socialistas, antiimperialistas y revolucionarias, una actitud gramsciana actual se contrapone con la fascinación que despierta el Papa Francisco.

Resalto este dato porque Bergoglio fue elogiado primero como eventual sustituto de Chávez y ahora como una alternativa mundial progresista a Trump. Es asombrosa la falta de realismo de esta actitud, que confunde necesidades de supervivencia de los procesos radicales con expectativas favorables hacia la institución más reaccionaria del planeta.

¿Pero cuál es la conexión con Gramsci?

Su crítica frontal al Vaticano. Gramsci fue un militante comunista empeñado en revolucionar la conciencia de los oprimidos para que actuaran al servicio de sus propios intereses. En cambio la Iglesia recluta fieles y no quiere protagonistas. Rechaza a los militantes y disuade la lucha. Busca apaciguar o disciplinar a los rebeldes. Con ese propósito elaboró una doctrina social contra el ideal comunista.

La filosofía de la praxis apunta hacia la dirección opuesta de expandir la conciencia socialista. Actualmente ya no interesa tanto el ámbito elegido por los intelectuales orgánicos para enlazar la teoría con la práctica. Retomar a Gamsci implica priorizar la vigencia y primacía del proyecto socialista.

 

La dominación del capital financiero: ¿quién gobierna el mundo?

por Nick Beams//

Un artículo publicado la semana pasada en la página web de noticias australiana The Conversation ha puesto en dominio público algunos hallazgos importantes sobre el alcance de la dominación global del capital financiero.

Basado en una investigación llevada a cabo en el 2009, el artículo de David Peetz y Georgina Murray, académicos de la Universidad Griffith en Queensland, Australia, sintetiza su análisis del control ejercido por el capital financiero sobre las 299 mayores corporaciones muy grandes del mundo (corporaciones muy grandes o CMGs).

A pesar de que la investigación ya tiene más de siete años, los autores señalan que, “desde entonces hemos descubierto que la tendencia es de creciente concentración en varios países en las últimas tres décadas”.

Su artículo comienza disipando el mito de que las grandes corporaciones públicas son propiedad de una gran cantidad de accionistas —una ilusión promovida continuamente en los medios de comunicación para potenciar el argumento de que los trabajadores tienen un “interés” en la bolsa de valores.

“Cuando una sola organización [el fondo de inversión estadounidense Black Rock] controla más del 6 por ciento de las acciones en las corporaciones muy grandes del mundo y 30 controlan más de la mitad de todas las acciones en estas corporaciones, eso representa una concentración muy alta”.

“Nuestro estudio del 2009 descubrió que varias formas de capital financiero controlaban la gran mayoría (68,4 por ciento) de las acciones en las grandes corporaciones del mundo. Los individuos o familias poseían sólo una proporción mínima (3,3 por ciento), y las compañías industriales poseían relativamente poco”.

La investigación está basada en una base de datos compilada por Bureau van Dijk, que combina información de alrededor de 100 fuentes, cubriendo casi 63.000 compañías en todo el mundo.

En un trabajo de investigación publicado en el 2009, titulado “ Quién gobierna el mundo —propiedad y el capital financiero”, ambos autores informaron que unas 30 organizaciones, bancos e instituciones financieras poseían o controlaban entre ellas el 51,4 por ciento de las 299 CMGs en su base de datos.

Es decir, sólo el 1,5 por ciento de los accionistas controlaban más de la mitad de las acciones.

Este informe señalaba cuál es el mecanismo principal mediante el cual el capital financiero ejerce su control sobre las compañías en las que posee acciones.

Las instituciones financieras ejercen su poder “no a través de la voz”, es decir, teniendo directivos en las empresas, sino “a través del retiro” —la amenaza continua de retirar fondos de las acciones de las CMGs “si no llegan las ganancias adecuadas”. Mediante el uso de su poder en los mercados financieros y la presión que ejercen sobre los gerentes para mejorar “el valor para los accionistas”, el capital financiero es capaz de dictar los términos.

En efecto, le hace entender a la gerencia a través de los mercados financieros: “Si no haces todo lo posible para maximizar las ganancias —ya sea a través de una mayor productividad, una expansión a gran escala o la reducción de costos—, venderemos nuestra participación financiera o, de lo contrario, los desplazaremos como gerentes”.

Este modo operativo lleva a una conclusión importante que los autores logran sacar. Desde el punto de vista de la lógica esencial del sistema, la distinción entre capital industrial y capital financiero es engañosa.

“Esto es porque, al final, el capital industrial es el capital financiero. Si alguna vez hubo un tiempo en el que el mundo era dominado por grandes corporaciones poseídas por unas pocas familias e individuos cuyos valores personales, caprichos y preferencias definieron el comportamiento de las corporaciones, ese tiempo ha pasado. El mundo es dominado por corporaciones que siguen la lógica del capital financiero—la lógica del dinero—porque eso es lo que son. Su lógica no es la lógica de los individuos, sino la lógica de una clase”.

Los datos sobre el país de origen de las grandes corporaciones y de las instituciones financieras que las controlan permiten una lectura interesante y políticamente significativa.

El mayor número de las CMGs, 86 en total, o el 29 por ciento, es originario de Estados Unidos. Los siguientes cuatro países en la lista son: Japón con 48; Gran Bretaña con 23; Francia con 23; Alemania con 20. Luego vienen en orden Corea, China, Italia y Australia.

La concentración de propiedad en las mayores potencias capitalistas es aún más pronunciada cuando se trata de corporaciones financieras. De las 10 principales corporaciones financieras que dominan a las CMGs, 6 tienen su origen en EE.UU., 3 en Francia y 1 en Gran Bretaña. EE.UU. es el país de origen de 10 de las principales 21 entidades financieras. Fuera de este grupo, 18 tienen acciones en por lo menos 100 de las 299 corporaciones más grandes.

Dos instituciones financieras de EE.UU. se destacan—Black Rock y Capital Group. Ambas tienen el mayor número de acciones en una importante cantidad de compañías. En el caso de Black Rock, es el principal accionista de 42 o el 13 por ciento de sus participaciones. En el 55 por ciento su participación accionaria, Black Rock está entre los 5 accionistas principales, al igual que Capital Group con el 45 por ciento de sus participaciones.

El significado político de estos hallazgos es que refutan las afirmaciones hechas por virtualmente todos los grupos de pseudoizquierda de que Rusia y China son potencias imperialistas. No basan estas definiciones en ningún análisis económico, ya que ni las instituciones chinas ni las rusas figuran entre las principales entidades financieras que controlan las grandes corporaciones.

Como Lenin dejó claro en su obra El imperialismo, la época imperialista se caracteriza por la dominación global del capital financiero, controlado por un puñado de grandes potencias.

Este punto también fue subrayado por Trotsky cuando se opuso a varias tendencias que argumentaban que la Unión Soviética era “capitalista de Estado” y que la expansión territorial que la burocracia estalinista buscaba en relación con Europa del Este era “imperialista”. Un gran número de grupos de pseudoizquierda surgieron de esta corriente.

“En la literatura contemporánea, por lo menos la literatura marxista, el imperialismo se entiende como la política expansionista del capital financiero, que tiene un contenido económico muy bien definido”.

Decir otra cosa es sembrar la confusión, continuó Trotsky. Este es exactamente el objetivo de la pseudoizquierda. Dejando de lado cualquier análisis económico científico, ellos usan la palabra “imperialista” como un epíteto. Esto surge de sus motivaciones políticas, ya que se alinean detrás de sus “propias” potencias imperialistas, sobre todo EE.UU., en la cada vez más intensa campaña de guerra contra Rusia y China.

Además, la investigación de Peetz y Murray es una confirmación sorprendente del análisis entero de Lenin en El imperialismo .

Él insistió en que el imperialismo no era una política preferida que podía ser reemplazada por alguna otra orientación, sino que éste surgió de una fase definida del desarrollo capitalista, su fase superior y final, reemplazando al capitalismo de libre competencia del siglo XIX.

Lenin enfatizó que el capital financiero buscaba la dominación económica no sólo de los países coloniales y sus recursos, sino de todo el mundo, tanto de países avanzados como oprimidos. Su política fluía de su economía —dando fin a la democracia liberal y la libertad e imponiendo reacción “en toda la línea”.

Él estaba escribiendo al comienzo de la época imperialista, que anunció su llegada con la erupción de la Primera Guerra Mundial, el 4 de agosto de 1914.

Muchas cosas han cambiado desde el siglo pasado, pero lo sorprendente es que las tendencias básicas de desarrollo económico han seguido el curso esbozado por Lenin. Por ejemplo, él enumeró cinco países —EE.UU., Gran Bretaña, Francia, Alemania y Japón— como el núcleo del sistema imperialista. Como deja claro el análisis de Peetz y Murray de los datos sobre las CMGs y las instituciones financieras más prominentes, esas potencias permanecen en lo más alto de la lista.

Lenin identificó al conflicto entre las grandes potencias como la fuerza motriz objetiva de la guerra, en la medida en que cada una lucha por el dominio del mundo y entra en conflicto violento con las demás.

El desarrollo de corporaciones e instituciones financieras globales llevó a un punto crítico la contradicción fundamental del modo capitalista de producción: entre el desarrollo de la economía a nivel mundial y el modelo de Estado nación en el que está arraigado el sistema de lucro privado.

Como explicó León Trotsky, en el análisis final, la guerra fue una “revuelta de las fuerzas productivas contra la forma política de Estado y nación”. El imperialismo buscó resolver este problema de forma militar para decidir “cuál país debe transformarse de una gran potencia a ser la potencia mundial”.

En oposición al imperialismo, la clase trabajadora tenía que avanzar su propia resolución e impedir el paso de la civilización al barbarismo a través de la revolución socialista mundial —el derrocamiento del sistema de lucro privado capitalista y del Estado nación— con el fin de sentar las bases para establecer una organización socioeconómica superior a nivel global

Lenin hizo hincapié en el mismo tema en El imperialismo. La transformación del capitalismo competitivo del siglo XIX en imperialismo, o capitalismo monopólico, no sólo creó las condiciones para la guerra. También sentó las bases objetivas para una economía socialista mundial planificada. La dominación del capital financiero, el crecimiento de las corporaciones que organizan la producción a escala mundial, la interrelación de las participaciones de los bancos y las corporaciones implicaron una transformación en las relaciones sociales de la producción—la enorme socialización de la producción y la mano de obra.

Durante el boom económico de la posguerra, muchos observadores miopes—economistas burgueses y también algunos que afirmaban ser marxistas—sostuvieron que el análisis de Lenin y Trotsky se había vuelto obsoleto.

Ha sido reemplazado, dijeron, por desarrollos políticos y económicos. Las colonias de las potencias imperialistas habían logrado la independencia—no sin una lucha considerable—y estaban buscando un desarrollo económico nacional.

En el frente económico, el capital financiero, sobre el que el movimiento marxista puso un gran énfasis, había pasado a un segundo plano ya que actuó como siervo de las grandes corporaciones industriales que llegaron a dominar el panorama económico.

Pero dentro del marco del desarrollo económico e histórico más amplio, este fue un episodio corto. El auge económico de la posguerra duró sólo un cuarto de siglo, terminado a inicios de la década de 1970. La profundización de la crisis de la rentabilidad que puso fin al boom fue la fuerza motriz detrás de una vasta reestructuración del capitalismo mundial, basada en la globalización de la producción para aprovechar fuentes de mano de obra barata, alcanzando un grado de explotación más allá de lo logrado en la era del colonialismo directo y de la expansión del capital financiero.

El resultado es que la tendencia de desarrollo ha retornado, a un nivel superior, al camino trazado por Lenin. Y el avance cada vez más profundo hacia la guerra ha sido su resultado inevitable.

Al mismo tiempo, la integración de la producción ha sentado las bases objetivas para el desarrollo de una economía socialista mundial planificada. Esto se refleja no sólo en los hallazgos del estudio de Peetz y Murray, sino también en la investigación llevada a cabo en 2011.

Un artículo publicado en la revista internacional científica New Scientist e n septiembre de ese año, titulado “La red de control corporativo global”, detalló tanto la enorme socialización de la producción como la dominación del capital financiero.

Mostró que en el corazón de la red de 43.000 corporaciones transnacionales había una “súper-entidad” de 147 empresas unidas más estrechamente, que controla una gran porción de la riqueza de toda la red.

Según James Glattfelder, uno de los tres coautores del informe, “En efecto, menos del 1 por ciento de las compañías fue capaz de controlar el 40 por ciento de la riqueza total de la red”.

Las 20 principales compañías de este grupo estaban controladas por el capital financiero, como Barclays Bank, JPMorgan Chase y Goldman Sachs.

En la conclusión de su informe del 2009, escrito inmediatamente después de la crisis financiera global, Peetz y Murray apuntan que los Estados necesitan ejercer “cierto control sobre el capitalismo”, argumentando que “permitirle libertad sin restricciones es invitar nuevas crisis”.

Pero la posibilidad de algún tipo de reforma del capitalismo y de sus mandos en el capital financiero es una ilusión.

De hecho, el análisis de los dos autores es por sí mismo una refutación de su perspectiva política. Como señalan significativamente, la lógica del sistema es la lógica del dinero mismo.

La lógica del dinero, como la expresión material del capital, es decir, el valor que se expande sobre sí mismo, es derribar todas las barreras para su crecimiento.

El capital financiero no sólo domina y rige sobe las corporaciones. Como aclaró Lenin, también determina las políticas de Estados nominalmente independientes, incluso los más poderosos. Hoy, dicta todas las políticas gubernamentales, atacando servicios sociales vitales como la educación y la salud, exigiendo la reestructuración del mercado laboral de acuerdo a la necesidad de mayores ganancias.

Las experiencias de los últimos 30 años demuestran este hecho económico. A principios de la década de 1980, cuando el presidente francés, François Mitterrand, trató de poner algunos controles sobre los bancos, sus políticas fueron dinamitadas a través de las operaciones de los mercados financieros.

Otra experiencia importante ocurrió en 1992, cuando el capital financiero, en forma del fondo de inversión perteneciente a George Soros, forzó la devaluación de la libra esterlina al vender en corto la moneda británica y embolsarse alrededor de 2.000 millones de dólares en el proceso, a expensas del Banco de Inglaterra.

Cada gobierno vive ahora con miedo a una retirada masiva de su moneda y al veredicto de las agencias de calificación crediticia sobre sus políticas.

A fines de 1993, cuando el rendimiento de los bonos se elevó debido a la preocupación sobre el nivel de déficit del gobierno de EE.UU., el gobierno de Clinton implementó una serie de medidas para imponer recortes significativos en asistencia social a fin de satisfacer las exigencias del capital financiero. En su momento, James Carville, asesor político de Clinton, comentó: “Solía pensar que si existía la reencarnación, quería regresar como el presidente de EE.UU. o el Papa o como un gran bateador de béisbol. Pero ahora me gustaría regresar como el mercado de bonos. Puedes intimidar a todos”.

Hay dos cuestiones básicas a tener en cuenta aquí.

En primer lugar, el capital financiero no es una figura extraña de la economía capitalista, alguna serpiente diabólica que se las ha arreglado para deslizarse en el auténtico Jardín del Edén de la ganancia y la propiedad privada, sino que surge de los cimientos de este sistema.

Al inicio de su trabajo preparatorio para El Capital, Karl Marx se enfrentó a los conceptos adelantados por el socialista pequeñoburgués Pierre-Joseph Proudhon, quien sostenía que era posible frenar los estragos financieros conservando la propiedad privada y el mercado capitalista de dónde surgió.

Como Marx señaló, esto era como tratar de acabar con el Papa conservando la Iglesia Católica.

En segundo lugar, lo esencial para el análisis de Lenin, confirmado por la investigación de Peetz y Murray y otros, es que el aumento y la dominación del capital financiero, que traen consigo la privación social y el peligro siempre creciente de una guerra mundial, no es una política u opción preferida, sino el resultado de una fase o etapa definida en el desarrollo del sistema capitalista en sí.

Esto significa que la única perspectiva viable y realista para finalizar la marcha hacia la guerra, para asegurar la paz e igualdad genuinas —el tema de la celebración de este año del Día Internacional del Trabajador de parte del Comité Internacional de la Cuarta Internacional— es la lucha por el programa de la revolución socialista mundial de la clase trabajadora internacional, cuya situación objetiva la coloca en oposición al capital.

 (Fotografía: Isla Teja, Valdivia, Chile, 1938)

Jean-Luc Melenchón: la remontada

Por Manolo Monereo// 

 

 

A mí me asombra. De las personalidades que más me interesan en la izquierda europea tres son socialdemócratas que, por serlo, abandonaron los partidos socialistas oficiales, devinieron defensores a ultranza de los derechos sindicales y laborales y son críticos muy duros de la Unión Europea. Me refiero a J. P. Chevenement, a Oskar Lafontaine y, sobre todo, a J-L. Mélenchon. A Jean-Luc lo vi hace pocas semanas en Roma en un debate sobre la UE y su futuro; como siempre, claro y preciso. Si llegara a la Presidencia de Francia, su propuesta sería reformar los Tratados y poner fin a las políticas de austeridad. Si esto no fuese aceptado, iniciaría el proceso de salida del euro. Es más, en una conversación privada me dijo que él no aceptaría un acuerdo con Hamon y que arriesgaría. Él creía que el pacto con los socialistas significaría el fin de cualquier proyecto alternativo en Francia, dejando las manos libres a Marie Le Pen.

La biografía de Mélenchon es conocida. Nacido en Tánger –habla un excelente español con acento del Sur– desciende de españoles por ambos progenitores. Hizo una larga carrera en el Partido Socialista francés y fue ministro con Lionel Jospin. Abandonó el Partido Socialista y creó el Partido de la Izquierda. En las elecciones presidenciales de 2012 quedó en 4º lugar (11,1%) encabezando el Front de Gauche junto al Partido Comunista y otras fuerzas. En 2015 anunció que quería ser candidato a la Presidencia de Francia sin el Front de Gauche, fuera del marco de los partidos y apostando por una Francia insumisa. Ni más ni menos.

Seguramente el dato más característico de la personalidad política de Mélenchon es su conocimiento preciso de la crisis del sistema de partidos en Francia, combinado con una alta dosis de audacia que muchas veces deja a su equipo fuera de juego. Jean-Luc cree que poco o nada se puede hacer en el marco del sistema dominante y que es necesario innovar y arriesgar. Ha aprendido mucho de América Latina, de las izquierdas europeas, de Podemos y, sobre todo, de la compleja realidad de Syriza. Se podría decir, sin temor a equivocarse, que ha ido a estas elecciones en base a una enorme confianza en sí mismo, a un proyecto claramente alternativo y al convencimiento de que había una posibilidad ligada a él. Captó con inteligencia que el candidato Hamon no tendría demasiado recorrido, que una parte significativa del Partido Socialista terminaría apoyando a Macron y que solo él podría encabezar una alternativa democrática. Entendió que la línea divisoria izquierda/derecha (los socialistas siguen gobernando Francia) nada o poco dice y que el problema real era construir una alternativa nacional-popular al proyecto de Marie Le Pen. Para decirlo de otra forma, en momentos de excepción, hay que arriesgarse y tomar también medidas excepcionales; más allá de los partidos existentes y con una firme voluntad de gobierno y de poder.

El programa de Mélenchon es diáfano: poner fin a las políticas neoliberales desde un punto de vista republicano, ecosocialista y pacifista. El candidato de la Francia insumisa promueve, es la parte más polémica de su programa, un proceso constituyente en la perspectiva de la VI República; la defensa intransigente de los derechos de las personas, del Estado social y de la reindustrialización de Francia, apostando por un proteccionismo solidario a la altura de los desafíos de nuestra época. El ecosocialismo es tomado en serio convirtiéndose en el horizonte de un nuevo modelo de sociedad, Estado y de poder. Antes se ha dicho: la Francia insumisa no acepta las reglas neoliberales de la UE y apuesta por cambiarlas; si esto no fuese posible, iniciaría un proceso de salida de UE. Esto lo ha dejado claro una y otra vez. Su política internacional estará marcada por la paz, por la seguridad y un nuevo orden económico internacional más justo e igualitario. La prioridad es la defensa de la soberanía popular y de la independencia nacional con relaciones equilibradas con Alemania y la búsqueda de acuerdos equitativos con Rusia y con Eurasia.

La remontada de Mélenchon ha sido enorme, ha cambiado la agenda de la campaña electoral francesa y aparece, cada vez más, como alternativa democrática, no solo a Marie Le Pen sino al neoliberalismo que representan Macron y Fillon. Hay similitudes formales con las elecciones norteamericanas, en un sentido muy preciso: las élites eligen a un centrista neoliberal para derrotar al populismo de derechas. La diferencia es que Mélenchon es un Bernie Sanders que puede ganar, que quiere ganar. En todas partes lo mismo: solo se puede derrotar a las derechas extremas y a la extrema derecha desde una democracia económica, social y cultural comprometida con los derechos, defensora del Estado social, protectora de las mayorías y promotora de una res pública de hombres y mujeres libres e iguales. Jean-Luc se ha jugado todo, todo, a una carta. El pueblo francés se lo merece.

España: el PSOE, entre el inmovilismo y la alianza con Podemos

por Jaime Pastor//

La crisis del PSOE –de identidad, de proyecto y de liderazgo- sigue abierta. Como ya hemos analizado en otros artículos 1/, tiene rasgos comunes con la que afecta a la socialdemocracia europea, debida principalmente a los límites estructurales de las políticas social-liberales en el marco de la crisis sistémica y de la Unión Europea austeritaria y a la creciente pérdida de apoyos en su base social tradicional. A éstos se suman los que han ido debilitándole como pilar principal de un régimen en crisis, tanto en el plano social como en el nacional-territorial, convirtiéndole en un partido con una base social envejecida y concentrada principalmente en el sur, bajo el control de una nomenclatura que sigue aferrada a los intereses del régimen y el bloque de poder dominante. Un conjunto de factores a los que se añade otro que no se da con tanta fuerza en otros países: el ascenso de una coalición de fuerzas encabezada por Podemos que le sigue amenazando, pese a sus dificultades actuales, con superarle en votos y que ya gobierna con su apoyo en ayuntamientos emblemáticos de grandes ciudades.

Ahora, la convocatoria por el Comité Federal del PSOE de elecciones primarias para elegir Secretario/a General el 21 de mayo y del próximo Congreso los días 16 al 18 de junio marca la conversión en oficial de la mayor confrontación que vamos a ver en este partido desde el famoso Congreso de Suresnes de 1974. En realidad, esa batalla interna está abierta desde las elecciones de junio de 2016 y, sobre todo, desde el 1 de octubre pasado. Fue ése el funesto día en el que se produjo la defenestración programada como “operación de Estado” (en acertada definición de Pérez Tapias) contra Pedro Sánchez como Secretario General de este partido, con el fin de poder garantizar la investidura de Mariano Rajoy como presidente del gobierno mediante la abstención del grupo parlamentario socialista. Desde entonces, la hostilidad entre la nueva Gestora y un amplio sector de la militancia socialista no ha dejado de crecer.

Tres candidaturas, las de Susana Díaz, Patxi López y Pedro Sánchez, van a pugnar ahora por hacerse con el puesto número 1 del PSOE y su primera prueba de fuerzas va a estar en torno a quién consigue mayor número de avales, con la líder andaluza dispuesta ya a imponerse por goleada. Díaz cuenta para ello con el apoyo de la Gestora actual y de la mayoría de quienes han formado parte de la elite de este partido desde al menos 1982, mientras que Sánchez amenaza con el apoyo de la mayoría de la militancia y López con su esperanza en aparecer como el único capaz de recomponer la unidad interna y evitar el “choque de trenes”.

¿Habrá debate político?

Hasta ahora, sin embargo, poco debate de proyectos hemos podido ver, si bien el primero que intentó abrirlo fue Pedro Sánchez con un documento que, elaborado por un equipo en el que han participado desde ex “guerristas” hasta miembros de Izquierda Socialista, fue presentado en febrero con el lema “Por una nueva socialdemocracia”. En el mismo, y en los discursos que ha ido prodigando en mítines que han contado con una asistencia masiva, aparece una voluntad de conectar tímidamente con los nuevos vientos que corren en algunos partidos afines como el británico o el francés con la irrupción de Jeremy Corbyn y Benoit Hamon. Encontramos, por ejemplo, una crítica radical del rumbo que están tomando el capitalismo neoliberal y, con él, el conservadurismo del PP, junto con una apuesta por renovar un proyecto socialdemócrata que incluya principios como igualdad de género, sostenibilidad ecológica y democracia social. También es significativo, por ejemplo, que asuman explícitamente críticas como la del PIB como criterio de riqueza (apuntando, se supone, contra economistas como José Carlos Díez, coautor de la ponencia marco) y un mayor esfuerzo por reformular el concepto de trabajo, incluyendo el de cuidados.

En sus propuestas programáticas destacan algunas novedades como el reparto del trabajo asalariado, un salario mínimo de 1 000 euros, el debate sobre la Renta Básica Universal, o la reforma de la Constitución para blindar derechos y libertades, si bien se limitan a pedir la modificación del artículo 135 “para garantizar la estabilidad presupuestaria y la estabilidad social”. Sin embargo, poco nuevo respecto a la cuestión catalana: reivindicación de la Declaración de Granada de 2013 para avanzar hacia el “perfeccionamiento federal” del Estado autonómico, si bien en alguna entrevista Sánchez se ha atrevido a decir que reconocería a Catalunya como una “nación”. En el plano interno, destaca una defensa de los procesos “de abajo arriba” frente a los procedimientos de la Gestora (y del propio Sánchez en el pasado, cuando destituyó a Tomás Gómez como Secretario General del partido en la Comunidad de Madrid) e incluso una mención explícita a la necesidad de acabar con los aforamientos y las “puertas giratorias”.

¿Qué es lo que en realidad diferencia a este documento y a esta candidatura de las otras? En realidad, es la disposición a no considerar a Podemos como el principal adversario cuando expresa, por ejemplo, su rechazo a “entrar en colisiones frontales y sistémicas con otras formaciones de la izquierda ni mimetizarse con ellas”. La simple referencia implícita a una posible futura alianza con Podemos y las confluencias para llegar al gobierno del Estado echa chispas dentro del aparato del partido y convierte a Sánchez en el enemigo a abatir para quienes forman parte, como se dice en la introducción de este documento, de “una elite profesionalizada del partido”.

Posteriormente, hemos podido conocer el documento presentado por Patxi López (“Con Patxi ganamos tod@s”), prolijo en algunos puntos pero con una tesis muy clara, tal como la ha resumido él mismo: “Entre Hollande y Corbyn nos quedamos con Martin Schulz”, queriendo apuntarse a quien aparece como posible “caballo ganador”, si bien en un contexto muy distinto del español. López aspira así a “atraer a la centralidad política a la izquierda” y recuperar la deseada autonomía frente al PP y a Podemos. Una “tercera vía” que responde más bien a querer mantenerse en la ambigüedad respecto a la política de alianzas futura para poder así agrupar a un amplio espectro del partido que, sin embargo, parece cada vez más polarizado. Pese a ello, en el plano programático ha optado por colaborar en la ponencia marco recientemente aprobada por el Comité Federal este 1 de abril, con lo que difícilmente va a ganar credibilidad como alternativa a Díaz y a Sánchez, más allá de su vocación de ejercer de “casco azul”.

La ponencia marco oficial, pendiente todavía de las enmiendas que se puedan presentar en el Congreso, difícilmente puede ocultar su alineamiento con las tesis defendidas por la coalición de intereses agrupada en torno a Susana Díaz. Basta simplemente observar que comienza con una firme reivindicación del papel jugado a partir del 1 de octubre en “el desbloqueo institucional de nuestra democracia”, o sea, en permitir gobernar al PP de Rajoy. A partir de ahí y de la definición de la ultraderecha y “el populismo” como sus principales adversarios, se desliza una firme voluntad de rechazar “la deslegitimación populista de la Transición” 2/ y una reafirmación de “la democracia representativa como una forma óptima de democracia”, identificada ésta en realidad con el régimen actual, libre, eso sí, de lo que definen como “riesgos de corrupción”…

Será desde la firme defensa de ese régimen, con “ambición reformista” (sic), como el PSOE buscará recuperar a los votantes socialistas que votaron a otros partidos, siempre mediante la búsqueda del consenso y evitando la polarización de la sociedad. O sea, apostando por el deseado e imposible “centro” político. Respecto a la Unión Europea y a la globalización, si bien se reconoce que “el descontento social con la gestión de la crisis alimenta el populismo europeo”, se apunta una crítica moderada de una política económica considerada “errónea” y se incluyen propuestas repetidas muchas veces pero nunca llevadas a la práctica cuando han gobernado, como la Tasa Tobin o la eliminación de los paraísos fiscales. En cambio, su apología del libre comercio internacional les lleva a justificar su apoyo al CETA.

Empero, lo que más parece preocupar a la elite dirigente es la amenaza que supone la “democracia asamblearia” frente a la “representativa” (o sea, la de las “baronías” que ven su oligopolio amenazado por las bases): de ahí que pretendan acotar las consultas a la militancia en el futuro frente a la exigencia de obligatoriedad de consultar a la militancia los acuerdos de gobierno, como propone el documento de Sánchez.

¿”Gran Coalición” o confrontación con el PP y la austeridad neoliberal?

Con todo, más allá de las diferencias, en todos estos documentos es fácil comprobar rasgos comunes: una reivindicación acrítica del legado de la Transición y de los gobiernos socialistas (que lleva incluso a obviar no solo el papel pionero de Felipe González en los inicios de la onda larga neoliberal sino, más recientemente, el giro austeritario de Rodríguez Zapatero en mayo de 2010), junto con la de la tradición de la socialdemocracia europea (la de Bad Godesberg para adelante, claro); un cuestionamiento de algunas de las políticas de la Unión Europea, pero queriendo echar toda la responsabilidad de las mismas en la derecha conservadora y evitando cualquier mención a la crisis griega; un intento de puesta al día programática, haciendo los consiguientes guiños al ecologismo y al feminismo, sin por ello renunciar al fetichismo del “crecimiento económico”; y una defensa común, en fin, de la Declaración de Granada 3/ como respuesta al soberanismo catalán, así como un rechazo compartido a cualquier tentación de abrir un proceso constituyente.

En resumen, es en torno a la disyuntiva entre una u otra forma de “Gran Coalición” con el PP y Ciudadanos, por un lado, y la alianza con Podemos y las “confluencias” para hacer frente común contra el PP y la austeridad neoliberal, por otro, que va a girar el debate interno en los próximos meses. La nostalgia por la hegemonía en la izquierda convencional preside el discurso de una Susana Díaz empeñada en mantener la ilusión de extrapolar su liderazgo andaluz -ya debilitado y condicionado por el apoyo de Ciudadanos- a todo el Estado, mientras que Pedro Sánchez y su equipo dan por cerrada esa etapa y apuestan por mirar a su izquierda, conscientes además de que la dirección de Podemos también ha llegado a la conclusión de la difícil “pasokización” del PSOE.

Siendo conscientes de los límites en que se mueve esta confrontación –en realidad, los de la búsqueda de la mejor táctica para volver a ser “alternancia” del PP en el gobierno, asociados a su lucha por el poder y a su supervivencia respectiva como parte del régimen-, no por ello se puede ser indiferente a su desenlace. Porque, como bien demuestran el PP y la gran mayoría de los medios de comunicación, su apoyo innegable a Susana Díaz deja bien a las claras que lo que está en juego es la resolución en un sentido u otro de la crisis de gobernabilidad que afecta al régimen y, con ella, la posible agravación o no de la misma en los próximos tiempos 4/.

Por eso mismo deberíamos aprovechar este debate para, desde el respeto a la autonomía de este partido, abrir la oportunidad de, como se decía en el documento político de Podemos En Movimiento presentado en la Asamblea de Vistalegre II, “dialogar con toda esa gente que se referencia en el ‘socialismo’ por razones históricas o de identidad. Es fundamental que ese diálogo no se base en tratar de reproducir la socialdemocracia, sino en superarla en un horizonte de ruptura poscapitalista, dándole un cierto sentido de reconocimiento a aquéllos que se sienten socialistas de corazón, a sus esperanzas en un mundo más igualitario, permitiendo hacer balances críticos de manera conjunta”. Tarea, sin duda, inseparable del trabajo en común en los movimientos sociales y en los espacios públicos de lucha en los que podamos encontrarnos en los próximos meses.

Notas:

1/ Por ejemplo: “En la permanente crisis de la socialdemocracia”, Brais Fernández y Jaime Pastor, ctxt, 12/10/2016.

2/ Llama la atención, no obstante, que pese a esa reivindicación de la Transición, se mencione en esta Ponencia que a lo largo de la historia de este régimen ha habido “tres momentos dominados por la desafección” (p. 39), reconociendo que el primero fue el que se produjo a finales de los años 70 del pasado siglo, el “desencanto”, justamente frente a los frutos amargos de esa Transición “modélica”. ¿En qué quedamos?

3/ Para una crítica del contenido de esa Declaración me remito a mi artículo “Ni federalismo plurinacional ni derecho a decidir. A propósito del documento del PSOE”, viento sur, 09/07/2013. Disponible en www.vientosur.info/spip.php?article8144 .

4/ El calendario establecido permite, además, la hipótesis de que los resultados de las primarias puedan entrar en contradicción con el documento político que llegue a ser aprobado en el Congreso, con lo cual el conflicto de legitimidades estaría servido.

Los espejos del Partido Socialista de Chile

por Ibán de Rementería

La resolución del Comité Central, el pasado el 1 de abril, de denegarle a las bases del Partido Socialista de Chile así como a sus seguidores y simpatizantes la posibilidad de escoger entre sus militantes al precandidato presidencial del Partido en la próximas elecciones primarias de la Nueva Mayoría, marca todo un hito en la historia de la decadencia ideológica y política de este caracterizado partido de la política nacional y regional, mal que mal es el partido de Salvador Allende, el partido de la Unidad Popular, el primer intento de construir el socialismo por la vía democrática y pacífica, por lo cual paradójicamente fue arrasado a sangre y fuego, el partido del frente de trabajadores, etc.

A decir verdad la decadencia del PS se inicia en su práctica con la recuperación de la democracia, en la conformación de la Concertación de los Partidos por la Democracia, su concepción se inició antes con el arrepentimiento de las ideas insurreccionales fantasiosas –no hubo propiamente autocrítica-, la característica fue la aceptación primero y luego la asunción como práctica política del neoliberalismo, como modelo de gobierno político, social y económico, consistente esencialmente en transferir a la reproducción ampliad del capital privado las funciones públicas esenciales de las obras públicas en la conectividad –carreteras, puentes, puertos, vías urbanas, etc.-, producción de energía, comunicaciones, explotación de los recursos naturales y el agua, transfiriendo al capital nacional y transnacional las gigantescas rentas que la explotación de esos recursos y servicios generan; además,  procediendo a entregar a la reproducción ampliada del capital la realización de los servicios públicos que garantizan el cumplimiento de los derechos sociales que son la base del pacto constituyente entre la ciudadanía y el estado nacional, tales como la salud, la educación, la seguridad social, la vivienda y el desarrollo urbano, la recreación, etc.

Cuando un sector del Partido Socialista, la Izquierda Socialista, se propone el desmonte del neoliberalismo en los ámbitos, económicos, sociales, culturales y políticos de la sociedad chilena, explicita entonces que el Partido Socialista fue incapaz de defender  los intereses de los trabajadores que dice representar así como el de las grandes mayorías nacionales. El gran argumento para sustraerse a la representación de los trabajadores fue el derrumbe del socialismo realmente (in)existente en la década de los 90 del siglo pasado, pese a que el eje de la diferenciación del Partido Socialista, desde su fundación, con la Tercera Internacional Comunista, había sido el carácter antidemocrático y autoritario de esos regímenes políticos, con absoluto desconocimiento de los derechos políticos de sus ciudadanos.

La mayor miopía ideológica y política de la conducción tradicional del PS desde el retorno de democracia es que ésta no se ha percatado que las tareas políticas pendientes son las conquistas  socialdemócratas para las y los trabajadores que ya habían sido alcanzadas durante el siglo pasado y que fueron arrasadas por la Dictadura Militar y consolidadas por la Concertación.

En lo inmediato el desmonte del neoliberalismo es  en el campo de salud poner término a las ISAPRES, donde la capacidad de ahorro de las y los chilenos no beneficie al capital, como empréstito forzoso barato, sino que aporten a un sistema nacional de salud de calidad y acceso universal; en el campo de la seguridad social es terminar con AFP donde estas también se benefician del empréstito forzoso y barato a que se obliga a las y los trabajadores, usando esa capacidad de ahorro en el aporte a un sistema nacional, solidario y digno de reparto de pensiones, que necesariamente debe ser complementado por los empleadores y el Estado ; en el campo de la educación es asegurar un sistema nacional de educación pública de cubrimiento universal y no la transferencia de esos recursos al capital privado para su reproducción ampliada, para hacer ganancias, obtener  utilidades, intereses  y rentas.

La otras medidas anti neoliberales concretas son atingentes a la recuperación de las rentas públicas por las explotación de los recursos naturales como los minerales, los recursos pesqueros y el agua, mediante el cobro de regalías o royalties –el antiguo quinto real-  es más el Estado debe invertir y emprender en empresas de explotación de esos recursos que agreguen a sus rentas las utilidades correspondientes, como acontece con CODELCO. En este caso la explotación del litio es promisoria y aún está en poder del yerno de Pinochet. Las obras públicas en la conectividad nacional es otra fuente de rentas en carreteras, autopistas, puentes,  túneles, puertos y aeropuertos –localizaciones geoestratégicas-, tanto es así que las grandes obras de las concesiones revertidas a los 30 años pasan íntegramente al Estado, ya que las rentas y utilidades obtenidas por el capital privado en ellas invertidos fueron tan extraordinarias que esas obras tienen un valor comparativamente poco significativo.  La explotación pública de los recursos hidráulicos –represas y sistemas de riego-  e hidroenergéticos –centrales de paso- sería otra importante fuente de rentas y utilidades para el presupuesto público.

La recuperación por el Estado de esas rentas y utilidades por la explotación de los recursos naturales y las localizaciones geoestratégicas bien puede financiar todas las necesidades nacionales de salud educción, seguridad social,  vivienda y desarrollo urbano; también para desarrollo social y medio ambiental, científico tecnológico, artístico cultural, etc. Como, por ejemplo, acontece con las rentas y utilidades petroleras en Noruega, o con la renta portuaria en Hamburgo. Como lo habría dicho Salvador Allende estos son los sueldos de Chile. La recuperación de las rentas y utilidades que le corresponden al Estado es la única manera de prevenir los discursos y evitar las prácticas populistas para dar cumplimiento a la satisfacción de los derechos sociales. Esas  medidas junto con mejorar el derecho de negociación de los trabajadores, así como haciendo pagar más impuestos a los que más tienen y menos a los que poco y nada tienen, son las tres maneras de redistribuir el ingreso, la riqueza nacional.

Finalmente,  todo lo anterior solo será posible si se cambia la Constitución Nacional de Pinochet y Guzmán, que en lo político asegura el poder de las minorías constituidas mediante los quórum calificados, si el asunto de la democracia es la distribución equitativa del poder entre los ciudadanos este sistema es la concentración del poder,  fundacional  y a perpetuidad. Constitución ésta que impide al Estado constituirse en empresas, que le asigna a este un papel subsidiario al sector privado en las prestaciones de los servicios de salud, educación, seguridad social, etc., que aseguran la garantía de los derechos sociales de las y los chilenos, que mediante el Tribunal Constitucional se inventa un supra poder del Estado por sobre los otros tres.

Sobre estos puntos programáticos, a no dudarlo, deben ser confrontadas las propuestas programáticas de la derecha expresada en el Chile Vamos y liderada por Piñera, también deben ser confrontadas las propuestas programáticas del actual Comité Central del Partido Socialista liderado por Elizalde, ¿cuáles serán sus propuestas para exigirle un “programa progresista” a la candidatura presidencial de Guillier, la más opcionada  de la NM? Por otra parte, las maneras específicas de dar cumplimiento a estas medidas anti neoliberales serán los criterios de diferenciación y aproximación con las propuestas que hagan sobre estos asuntos el Frente Amplio.

Los sectores conservadores –el partido del orden que llama a la Asamblea Constituyente  fumar opio-, y los sectores pragmáticos que solo les preocupa su reproducción clientelista y el “reparto de los negocios”, quienes se han constituido en una mayoría clientelar, espuria y temerosa de las bases militantes de Partido Socialista, pueden mirar el futuro al cual quieren conducir al Partido tanto en PASOK griego como en el Partido Social Demócrata Holandés.

El Movimiento Socialista Panhelénico, más conocido como PASOK, es  partido socialdemócrata de Grecia fundado en 1974 luego de la caída de la Dictadura Militar, gobernó el país durante los años ochenta y noventa, perdió el poder en 2004, en 2009 ganó de nuevo las elecciones por mayoría absoluta. Para las elecciones griegas del 2012 el partido sufrió un duro golpe quedando en el tercer lugar, en las elecciones de 2015 donde triunfó  el  partido Syriza representante de la otra izquierda, quedó con apenas un 4,7% de los votos.

El Partido del Trabajo (PvdA), formación socialdemócrata que ha gobernado en coalición con los liberales en Holanda los últimos cuatro años, ha sufrido una derrota histórica en las elecciones generales del pasado mes al pasar de 38 a 9 diputados, los socialdemócratas se quedó sin su suelo electoral, que estaba en los 22 escaños que consiguieron en las elecciones de 2002. Su derrota se ha convertido en el éxito de los Verdes (Groenlink )y de la política de movilización, con activismo en redes sociales y grupos de base; y un programa con amplias medidas sociales y no sólo medioambientales, esta ha sido la fórmula de éxito con lo cual que casi han triplicado su representación y se ha convertido en la primera fuerza de la izquierda, absorbiendo buena parte del voto joven socialdemócrata. El PASOK y el PvdA son los espejos en el cual debe mirarse la actual conducción del Partido Socialista de Chile.

LA LUCHA CONTINÚA Y OTRO PARTIDO SOCIALISTA SI ES POSIBLE

 

(Fotografía: Luis Weinstein,  junio del 79, Metro de Santiago)

Entrevista a Frank Gaudichaud: Entre el reflujo de los progresismos y experiencias alternativas

¿El regreso revanchista de los neoliberales a los gobiernos de algunos países de América Latina pone en entredicho las experiencias liberadoras de los últimos años ?

La realidad es más compleja, nos dice Franck Gaudichaud.

¿En qué se han convertido en realidad los « intentos de alternativas liberadoras locales o nacionales en marcha » que evocas en una entrevista en este mismo medio ? /1

Más que un « final de ciclo » en América Latina, tema de numerosos debates actuales, asistimos al regreso de una coyuntura sociopolítica. Y más exactamente al reflujo de fuerzas progresistas o nacionales-populares en varios países claves, especialmente en Venezuela donde la oposición ya domina el Parlamento y donde hay una enorme crisis económica y política. Y en Brasil, con el golpe parlamentario que permitió la destitución de Dilma Roussef, país donde existe un auténtico descontento de las clases populares y medias frente al balance del Partido de los Trabajadores (PT) y todavía más frente al corrupto Gobierno conservador actual. Otro símbolo de esos reflujos en curso es Argentina con la llegada del neoliberal Mauricio Macri, el hombre de la patronal y las multinacionales, tras el fracaso electoral de Cristina Kirchner en las elecciones presidenciales. Podríamos seguir así –pero en una medida mucho menor- con la derrota de Evo Morales en Bolivia en el último referéndum, aunque Morales todavía es popular, está muy arriba en los sondeos y aparentemente en condiciones de volver a presentarse a pesar de todo. Finalmente hay numerosas tensiones y conflictos abiertos entre los movimientos sociales-medioambientales, sindicalistas o indígenas y el Gobierno de Correa en Ecuador.

Esos reflujos políticos y electorales relativos, de lo que en dos palabras se podría denominar “progresismos gubernamentales”, y de las nuevas fuerzas políticas hegemónicas en una decena de países sudamericanos desde 2002-2005 vienen acompañados de un balance crítico de la cuestión del extractivismo y la utilización de los recursos naturales, de las formas de desarrollo y producción, de las nuevas dependencias y reprimatización de las economías, un debate impulsado por ciertos sectores de los movimientos sociales e indígenas, así como por las corriente de la izquierda anticapitalista (que permanece muy minoritaria). Balance que en el plano de los avances sociales y de reconstrucción de un Estado social en esos diferentes países es claramente positivo comparado con el período neoliberal anterior, como lo señalan regularmente el sociólogo brasileño Emir Sader y diferentes intelectuales próximos a los ejecutivos progresistas.

Sin embargo, no basta con ver el nivel estatal e institucional, también hay que mirar la efervescencia popular que continúa “por abajo”, y abajo a la izquierda, en términos de autoorganización, de creación de espacios autogestionados, de empresas recuperadas, de comunidades indígenas que recuperan su territorio y se oponen a las multinacionales (como los shuars en Ecuador), de medios comunitarios en los barrios populares urbanos o rurales como Radio Villa Francia o Canal Señal 3 en Santiago de Chile) /2. En esta ebullición está también la construcción zapatista que remonta en México, ya que el avance de la idea de la candidatura de una mujer indígena a las próximas elecciones presidenciales, apoyada por un consejo indígena, es una excelente noticia (después de años de retiro en sus tierras de Chiapas). También están los consejos comunales y las organizaciones cooperativas rurales existentes en el marco del proceso bolivariano, algunos todavía activos. La idea de la construcción comunal permanece a pesar de la profunda descomposición actual. Y a pesar de los ataques constantes a las empresas recuperadas en Argentina se puede hablar de conquista a largo plazo en decenas de ellas. En el Cauca, en Colombia o en Cuba se llevan a cabo experiencias innovadoras de agroecología, etc.

Así pues, a pesar de un reflujo real “por arriba” y la vuelta revanchista de las derechas, a pesar de la violencia neoliberal e imperialista, y también militar, paramilitar y el narcotráfico (en México, en Colombia, en Centroamérica), hay un conjunto de experiencias que restablece el debate estratégico sobre cómo transformar el mundo y distribuir el poder, sobre la necesidad de combinar la construcción por abajo sin abandonar la transformación radical del Estado. Pero los límites del movimiento progresista de la década muestran la dificultad que eso significa.

¿Hay una traducción política de los movimientos populares en los poderes instituidos, en las estructuras estatales de los diferentes países ?

Vuelve el debate (intenso desde finales de los años 90) sobre “cambiar el mundo sin tomar el poder” (de Estado) o, al contrario, tener como objetivo la conquista del Gobierno y del Estado a través de las urnas para forjar una contrahegemonía frente al neoliberalismo en conjunto con los movimientos sociales. Globalmente se trata de una falsa dicotomía. En todo caso los términos del debate –de momento- ya no son como en los años 70, “vía armada” contra “transición institucional”. Vemos que la mayoría de los nuevos movimientos políticos de izquierda, y antiguos como el PT, tomaron nota, a veces antes incluso de la caída del Muro, del peso de las instituciones y de los momentos electorales para intentar construir un espacio político propio. Pero eso no impide que el dilema siga ahí: ¿Si se consigue el Gobierno se consigue realmente el poder? El poder económico, militar, mediático, de clase, finalmente, está en gran parte en otro lado. El Estado “profundo” es mucho más amplio que solamente el Gobierno, e incluso que el Parlamento, las instituciones representativas. El poder real a menudo es difícil de conquistar y mucho más difícil de transformar. De ahí la importancia de insistir en la autoorganización, la capacidad de construir a nivel local, regional, nacional, de las formas de poder popular constituyente, que puede transformarse finalmente en poder popular constituido. Sin embargo el control de los Estados por parte de la izquierda ha permitido los avances sociales más importantes de la década en países como Ecuador, Bolivia o Venezuela. Y aunque la cuestión de la relación entre la institución y lo instituido, entre movimientos y partidos, permanece esencial, aprender las lecciones de los grandes procesos revolucionarios latinoamericanos del siglo XX en México, El Salvador, Cuba, Chile, Nicaragua, etc., es igual de importante. ¿La ruptura en un momento dado con las viejas formas estatales de organización en las fuerzas armadas ? Esa es toda la dificultad de la transformación social que está en curso, por ejemplo en Bolivia. Esto también ha sido objeto de las discusiones de izquierda durante la reciente campaña presidencial en Ecuador entre Alianza País y otros sectores que señalan un balance muy crítico de la gestión de tecnocrática de Correa con respecto a la frontera minera, la deforestación, la extracción masiva de los recursos en beneficio de las multinacionales. Ahí tenemos una verdadera cuestión directamente vinculada a los modos de producción, de acumulación y de explotación de la naturaleza que continúan.

¿Cómo han evolucionado las relaciones entre los países latinoamericanos y los esfuerzos de consolidación de asociación regional ?

Las integraciones regionales, en efecto, también son esenciales. No se puede hacer un balance de los diferentes gobiernos progresistas sin tener en cuenta sus márgenes de maniobra reales a nivel continental y frente a las potencias imperiales (empezando por Estados Unidos). Un “pequeño país”, un país empobrecido por el saqueo neocolonial, como Bolivia, difícilmente puede salir solo del intercambio injusto, de la dominación oligárquica interna y de las desigualdades. Para crear alternativas hacen falta socios, las asociaciones interestatales y también un internacionalismo activo entre movimientos populares. La experiencia cubana recuerda que el aislamiento (y el bloqueo) aceleran las involuciones internas.

El sueño de Bolívar que Hugo Chávez puso en medio del escenario, es decir, una perspectiva de integración bolivariana antiimperialista, es una apuesta de acuciante actualidad. Y el reflujo de los progresismos está también vinculado a su ausencia. Sin embargo la evolución regional ha conocido avances muy considerables. Por ejemplo el proyecto de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA) era totalmente original cuando fue impulsado por Chávez, es decir, la posibilidad del “trueque” entre países, de complementariedad asimétrica : por ejemplo, recibir el petróleo de Venezuela en contra de algunos productos agrícolas cuando se es una pequeña isla como La Dominica o incluso Cuba (que aportó una gran riqueza a Venezuela: sus médicos). El proyecto es interesante, pero enseguida entró en crisis al mismo tiempo que la crisis del proceso bolivariano y además se enfrenta a otros obstáculos (entre ellos los intereses contradictorios de la potencia brasileña).

También hay que señalar avances políticos y diplomáticos muy notables, como la construcción a partir de 2009 de UNASUR, Unión de las Naciones del Sur. Por primera vez los 22 países sudamericanos se agrupan en una entidad diplomática, y también de gestión y de arreglo de los conflictos, sin la OEA (Organización de Estados Americanos) y por lo tanto sin Estados Unidos. Después, en 2010, llega la CELAC, la Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Caribeños, que plantea una América Latina sin los gigantes del Norte, un progreso que ha permitido la reintegración de Cuba en el concierto latinoamericano. Antes incluso del restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

¿Cuál es la naturaleza de las fuerzas de oposición en los gobiernos progresistas todavía vigentes o de las que derrocaron a Dilma en Brasil ?

El panorama es muy sombrío en ese terreno con el regreso de las derechas neoliberales y conservadoras y la emergencia de nuevas derechas que presentan un aspecto un poco diferente al de las viejas oligarquías. Es el caso, por ejemplo, de Macri en Argentina y su movimiento “Compromiso para el Cambio”, que ha usado y abusado del marketing político para darse un aspecto “moderno”. Pero esas derechas, nuevas o viejas, siguen siendo socialmente violentas, marcadas por el punto de vista de la clase social y defienden el proyecto de la burguesía globalizada, con una visión ultraconservadora y represiva de los movimientos sociales en el plano social.

En Brasil el impeachment contra Dilma Roussef es una victoria de los sectores más reaccionarios, el de las “4 B” (balas, biblias, bueyes y bancos), es decir, el sector del armamento y la seguridad, los evangelistas, los terratenientes y el sector financiero… También son los más corruptos, empezando por Temer, el presidente ilegítimo actual, ya que aunque incluso la dirección del PT también está muy impregnada de la cultura de la corrupción clientelista no llega al nivel de los que están actualmente a la cabeza del Estado brasileño. Recordemos que la situación actual es también el producto de alianzas contra natura entre el PT y esos sectores y que en la actualidad son los antiguos aliados del PT los que han cambiado de chaqueta y se han aliado con la derecha más reaccionaria.

En Venezuela, la mayoría de la Asamblea Nacional está en manos de la oposición, la MUD (Mesa de la Unidad Democrática), coalición heterogénea, más que un núcleo duro abiertamente neoliberal, con dos tendencias : un sector “insurreccional” (los que apoyaron el golpe de Estado de abril de 2002 y las guarimbas /3 de 2014, es decir, la violencia en la calle, con Leopoldo López como líder, actualmente encarcelado y calificado de “preso político” por la oposición), y otro grupo de partidos que busca más la vía institucional, estimando que después de ganar el Parlamento, la exigencia de referéndum revocatorio en curso desde hace más de un año podría desembocar en la destitución de Maduro por las urnas. Lo que por otra parte es muy probable, visto el estado ruinoso del país, la amplitud de la crisis económica y la actitud de los reaccionarios autoritarios del Gobierno que han hecho de todo para impedir, hasta ahora, que se celebre el referéndum.

En general, nos encontramos frente a esas derechas duras, apoyadas por Washington, cuya remontada permite una realineación de los astros en el sentido de Estados Unidos y los dos grandes países aliados, a saber, México y Colombia. Y ahora también Argentina y Brasil, que presionan sobre los gobiernos “no alineados” como Venezuela, Ecuador y Bolivia.

¿Se puede hablar de un regreso hacia el neoliberalismo ? ¿Y quedan todavía potenciales poderes populares para contrarrestarla ?

A finales de los años 90 hubo un período de grandes luchas populares contra la “larga noche neoliberal” y esos movimientos sociales excepcionales, en conjunto con la crisis de legitimidad de los partidos tradicionales, desembocaron en que una decena de países sudamericanos pasaran a la izquierda con una cierta diversidad –centro izquierda, izquierda nacional popular, social-liberal o antiimperialista- Se podrían añadir a esa lista Nicaragua, especialmente, y Honduras antes del golpe de Estado. En muchos casos los partidos tradicionales de los burgueses fueron marginados (ya fueran socialdemócratas, demócratas cristianos o conservadores) y se abrió una ventana de oportunidades a los movimientos sociales para reforzar a las fuerzas políticas que parecían más abiertas a los cambios, por ejemplo el PT en Brasil, e incluso para crear nuevas fuerzas, como Alianza País (Ecuador), el MAS boliviano (Movimiento al Socialismo) o el Movimiento V República en Venezuela alrededor de Hugo Chávez, etc.

Las victorias electorales en cadena de esas izquierdas gubernamentales permitieron en particular la creación de varios programas sociales condicionados (no universales) en Brasil, Venezuela, Ecuador, Bolivia e incluso Uruguay. La pobreza retrocedió como nunca en el decenio 2000-2010 al mismo tiempo que avanzaban las conquistas de derechos sociales, los salarios, la educación, etc. Durante una década el elevadísimo precio de las materias primas permitió una redistribución de las rentas de los recursos naturales satisfaciendo a unos y otros, al capital y al trabajo, combinada en algunos casos con una perceptiva claramente neo-desarrollista (como en Bolivia o Ecuador). Con el barril a más de 100 dólares se podía, por ejemplo, redistribuir una parte de las rentas petroleras o del gas hacia programas sociales destinados a los más pobres sin desestabilizar, ni atacar los intereses de las clases dominantes. Así, el Estado rentista “mágico” venezolano funcionó a toda máquina, pero esta vez con redistribución real hacia abajo. De esta forma las desigualdades retrocedieron efectivamente, pero la estructura social de clases se mantuvo. Sin embargo las viejas oligarquías blancas (y racistas), las clases dominantes, vivieron muy mal el surgimiento y la victoria de actores hasta entonces marginales : indígenas, sindicalistas, mujeres o predicadores de la teología de la liberación que llegaban al centro de la política y, al mismo tiempo, incluían con ellos –aunque siempre de manera subordinada- a una parte de las clases subalternas cada vez más politizadas.

¿Estamos ahora frente a un regreso a la “larga noche neoliberal” ?

Un regreso tal cual a los años 90, no… Se hicieron cambios profundos que permanecen. Por ejemplo el espacio progresista nacional-popular está todavía en numerosos países, bien en el Gobierno o como principal fuerza de oposición. Permanece en el Gobierno en Venezuela; en Ecuador con una muy probable victoria de Lenín Moreno, el sucesor de Correa /4; en Bolivia, donde Evo Morales a pesar del fracaso del referéndum tiene un apoyo electoral suficiente para pensar en la reelección. En otros países ese espacio progresista es la principal fuerza de oposición : el peronismo y el kichnerismo en Argentina; el PT hoy está muy debilitado, marcado por los casos de corrupción (Petrobras, Odebrecht), criticado por una parte de la izquierda y de la juventud, de la clase obrera, de los movimientos sociales por su balance. Pero permanece como fuerza institucional de oposición frente a la derecha.

Lo que hay que ver en primer lugar es la capacidad de los movimientos populares, de la izquierda anticapitalista (como el FIT en Argentina) o ecosocialista, de sacar balances críticos del momento progresista nacional-popular, así como de construir frentes unitarios para oponerse a las derechas duras, violentas y neoliberales y a la agenda actualizada de Washington, en los próximos años. Algunos intelectuales críticos, como Massimo Modenesi (México), Raul Zibechi (Uruguay) o Maristella Svampa (Argentina), muestran que el progresismo ha desarmado en parte la autonomía y la capacidad de reacción de los movimientos sociales, que se hallan apresados en redes clientelistas, a veces incluso en las esferas de integración en el aparato de Estado (en Argentina, por ejemplo). Otro problema es el papel del caudillismo o del “hiperpresidencialismo” en estos distintos procesos, cuando si bien el “liderazgo carismático” o el “populismo de izquierda” pueden significar una repolitización de sectores subalternos también obstruye y dificulta la auto-organización y formas de poder popular. Estas gramáticas de “revolución pasiva” (en clave gramsciana) han limitado las capacidades de resistencia “desde abajo”, e incluso significado diferentes escenarios de criminalización de la protesta popular, feminista e indígena (como en Ecuador o Brasil). Alberto Acosta en Ecuador hablar incluso de “restauración conservadora” a propósito del Correismo y Pablo Dávalos de “democracias disciplinarias” en el momento de calificar las experiencias postneoliberales progresistas latinoamericanas…

No obstante, en la nueva coyuntura actual, se anuncian grandes luchas. Así, en Argentina, el movimiento sindical de clase se está organizando frente a la máquina de guerra que es el Gobierno de Macri, que ha despedido a más de 100 000 personas y ataca a los derechos laborales. En Venezuela un fracaso de Maduro marcará el regreso de una derecha clasista y revanchista que quiere desbaratar los logros y las conquistas del chavismo popular en términos de organización, así como de derechos sociales. En Perú reina una derecha neoliberal abierta con grandes niveles de represión en especial de las luchas indígenas en torno al proyecto minero Conga. Si miramos lo que pasa en México desde hace años, con un embrutecimiento permanente de la sociedad y de las luchas populares, el futuro puede aparecer efectivamente sombrío. Pero siempre con destellos de esperanza, como lo demuestran las actuales movilizaciones masivas desde hace algunas semanas contra las medidas del Gobierno Federal de peña Nieto.

Tenemos por lo tanto grandes retos en un escenario muy complejo. Si hay arranque y capacidad de resistencia entonces ahora la cuestión es la de las alternativas. ¿Se va a intentar recomponer con el PT o el kichnerismo ? ¿O quizá analizar los resultados y reconstruir una izquierda anticapitalista ecosocial, con todos los sectores sociales y políticos independientes que estén dispuestos ?

¿Qué mundo y qué geopolítica ahora, en la era Trump, para América Latina ?

Creo que este es el problema del momento. Ya hemos visto la relación violenta, racista y xenófoba de Trump con los chicanos y el conjunto de los latinoamericanos, con los trabajadores sin papeles en Estados Unidos y la amenaza y el inicio de deportaciones masivas. Hay que recordar que Obama también deportó a cientos de miles de personas sin papeles y tampoco intentó acabar con la política imperial y belicista de Estados Unidos, ¡muy al contrario ! Pero con Trump el peligro es todavía mayor. El anuncio de ampliar el muro con México es un símbolo fuerte de su política de odio. Trump anuncia su voluntad, incluido cuestionar el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba, y podría amenazar el proceso de paz en Colombia.

Vemos en esto efectos contradictorios. Recordemos que si el movimiento zapatista surgió públicamente a principios de 1994 en México fue también para luchar contra el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (ALENA). Actualmente es Trump quien denuncia ese Acuerdo… Es una paradoja de la historia. El populismo reaccionario y proteccionista de Trump se opone también a determinados acuerdos multilaterales, incluso bilaterales, neoliberales. Así, el multimillonario republicano acaba de volver a cuestionar el gran Tratado Transpacífico (TPP) en el que países como Chile, Perú y México también están implicados. Michèle Bachelet anunció finalmente que Chile también se retira del Tratado puesto que Estados Unidos ya no participa. Por lo tanto no han sido los movimientos sociales los que han hecho fracasar ese Tratado, sino una fuerza reaccionaria hegemónica del Norte, Estados Unidos. Algunos analistas se alegran de esas consecuencias inesperadas de la elección de Trump. ¡Me parece que no hay que confundirse de aliados!, porque si Trump vuelve a cuestionar esos tratados es para defender todavía más los intereses egoístas de Estados Unidos, imponer otros acuerdos aún más duros y en ningún caso para abandonar la hegemonía de Washington en América Latina (sobre los recursos naturales, el agua dulce, las tierras raras, las tierras de cultivo, el petróleo venezolano, el cobre chileno, etc.), aunque de momento nada hace presagiar que la región forme parte de sus prioridades inmediatas. Pero si el balance geopolítico de Obama es bastante terrible, el que se anuncia puede serlo todavía más en términos de caos mundial.

Hay pues grandes luchas que llevar a cabo y también la necesidad de reorganizar la solidaridad internacionalista con América Latina y sus movimientos populares. Es lo que nosotros intentamos hacer aquí –modestamente- a través de la asociación Francia América Latina (http://www.franceameriquelatine.org/) y aprovecho la oportunidad para invitar a los y las lectore/as a apoyarnos y a unirse a nosotros/as.

http://www.cetri.be/America-Latina-entre-el-reflujo-de?lang=fr

Transcripción M. Kiintz y Nadia Prison.

– See more at: http://vientosur.info/spip.php?article12435#sthash.qsi1npfM.dpuf

 

(Fotografía: Alex Webb, Mexicanos arrestados al tratar de pasar a EEUU, San Isidro, California, 1979)

Incendio y crisis agraria

En un sociedad capitalista, los antagonismos de clase determinan la naturaleza y extensión de sus crisis. Aún hechos que se nos presentan como catástrofes naturales, como las tormentas de nieve y oleadas de hielo en Europa, los terremotos, inundaciones y –por supuesto- los incendios, son todos hechos que actúan sobre el tejido social mediando sus contradicciones de clase. Al decir del escritor Jaume Perich: “cuando el bosque se quema, algo suyo se quema, señor Conde”. Seguir leyendo Incendio y crisis agraria

La consulta ciudadana y la derrota del neoliberalismo en el Partido Socialista

por Ibán de Rementería

La resolución del Comité Central del Partido Socialista el pasado sábado 21, que resuelve convocar a una consulta ciudadana para que los militantes, simpatizantes, amigos y simples ciudadanos puedan escoger el próximo 23 de abril el precandidato presidencial del Partido Socialista a competir en las primarias presidencial de la Nueva Mayoría el 2 de junio próximo, ha recibido variadas interpretaciones. Esta resolución fue aprobada por una contundente mayoría de 59 votos a favor, 24 abstenciones y ninguno en contra –para esconder la mano. Si bien esta resolución se muestra como un intento de la Dirección encabezada por Isabel Allende de impedir el quiebre del Partido, también se interpreta como una derrota de los partidarios de Ricardo Lagos dentro de él, o como un triunfo de la legalidad partidaria ya que así se daba cumplimiento a los acuerdos del XXX Congreso del Partido mes de abril pasado, al dictamen en días recientes del Tribunal Supremo y a la recomendación de la Mesa en igual sentido. Pero en términos políticos este ha sido un triunfo de las bases del Partido, de la Izquierda Socialista dentro de él, también de la izquierda y el movimiento social del país, pero sobre todo es una derrota del neo liberalismo y de quienes lo representan dentro y fuera del Partido Socialista.

Esta es una manifestación más, pero para nosotros fundamental, de que la globalización cruje – el TPP fue borrado de un plumazo, perdón de una Orden Ejecutiva del Presidente Trump- y el neo liberalismo está en vía de derrota, ya que se ve afrontado a su propia incapacidad de seguir creciendo, pues cuando al capital ya no le queda actividad económica o social de la cual apropiarse o privatizar y donde reinvertir para hacer su reproducción ampliada entra en crisis. El neo liberalismo, que es la etapa superior del capitalismo, consiste en la privatización de los principales servicios públicos, cuando el capital ya no puede invertir nuevamente sus utilidades en las actividades tradicionales de la producción, el comercio y las finanzas. Como los narcotraficantes cuando no pueden reinvertir en la provisión de drogas porque es un mercado muy estable y sensible a los precios, entonces reinvierten en “negocios legales”. También el capital se apropia de los recursos naturales –renovables, no renovables, agua, tierra, localizaciones geoestratégicas, etc. – para así privatizar la renta que estos generan, el neo liberalismo es extractivista y rentista.

En las sociedades modernas y contemporáneas, sean estas democráticas o autoritarias, capitalistas privadas o de estado, los servicios públicos son los que garantizan la aplicación efectiva de los derechos sociales fundamentales de las y los ciudadanos, como son: la salud, la educación y la seguridad social. La aplicación del neoliberalismo aquí, que se inició con la Dictadura Militar y se perfeccionó con los gobiernos de la Concertación, privatizó todas las empresas públicas de la producción, el comercio y las finanzas, las obras públicas, la vivienda social; además, la salud, la educación y la seguridad social. También fueron privatizados los recursos naturales y sus rentas. Bien sabemos que los pobres no pueden pagar una salud, una educación y una seguridad social hecha para los ricos, pues no importa pues el estado subsidia a los pobres, eso es el AUGE en salud o los vauchers en educación y la pensión mínima garantizada. En el caso de la seguridad social, el asunto adquirió una peculiaridad chilena, los pobres, los trabajadores fueron obligados al ahorro forzoso en favor del capital financiero, conformando así un mercado de capitales barato para salir de la crisis económica de 1982-1983, lo claro era que la finalidad de las AFP no fue una seguridad social digna.

La proyección de esta derrota del neoliberalismo propinada por los militantes a sus representantes en el Partido Socialista, solo será consolidada asegurando en las elecciones internas del Partido el triunfo de la Izquierda Socialista encabezada por el compañero Gonzalo Duran, así como logrando el triunfo del compañero Fernando Atria en la consulta ciudadana para que sea nuestro representante en las primarias de la Nueva mayoría y el próximo Presidente de la República, que ponga fin a las instituciones neo liberales en el país desde la Constitución Pinochet-Guzmán hasta la ley de pesca de Longueira, pasado por las AFP, la ley de aguas, la privatización del cobre, el litio, etc., etc., etc.

 

(Fotogarfía: Pasaje Quillota, Valpraíso, 1972)

2016: La Muerte del Centro Político y el Colapso del Reformismo

 

por Alan Woods

El año 2016 terminó con dos nuevos sucesos dramáticos y sangrientos: el asesinato del embajador ruso en Estambul y el brutal asesinato de personas en Berlín que estaban disfrutando tranquilamente de los preparativos para la Navidad. Estos acontecimientos estaban vinculados a la ciénaga sangrienta de Oriente Medio y más específicamente a Siria.

La caída de Alepo representó un giro decisivo en la situación. Rusia, que se supone había quedado aislada y humillada por la “comunidad internacional” (léase Washington) ahora controla Siria y decide lo que sucede allí. Se convocó una conferencia de paz en Kazajistán a la que no fueron invitados ni los estadounidenses ni los europeos, seguida de un acuerdo de alto el fuego dictado según los términos de Rusia.

De diferentes maneras estos desarrollos expresaban el mismo fenómeno: el viejo orden mundial está muerto y en su lugar nos encontramos ante un futuro de inestabilidad y conflicto, cuyo resultado nadie puede predecir. El año 2016 representó, por tanto, un punto de inflexión en la historia. Ha sido un año marcado por la crisis y la turbulencia a una escala global.

Hace veinticinco años, después de la caída de la Unión Soviética, los defensores del capitalismo estaban eufóricos. Hablaban de la muerte del socialismo y del comunismo, y hasta del final de la historia. Nos prometieron un futuro de paz y prosperidad gracias al triunfo de la economía de libre mercado y de la democracia.

El Liberalismo había triunfado y por lo tanto la historia había llegado a su expresión final en el capitalismo. Ese era el significado esencial de la frase, ahora notoria, de Francis Fukuyama. Pero ahora la rueda de la historia ha dado una vuelta completa. Hoy en día, no queda piedra sobre piedra de aquéllas confiadas predicciones de los estrategas del capital. La historia ha regresado con venganza.

De repente, el mundo parece estar afectado por fenómenos extraños y sin precedentes que desafían todos los intentos de los expertos políticos para explicarlos. El 23 de junio el pueblo de Gran Bretaña votó en un referéndum salir de la Unión Europea –un resultado que nadie esperaba, lo que provocó una conmoción a escala internacional. Pero esto no fue nada en comparación con el tsunami provocado por el resultado de las elecciones presidenciales estadounidenses –un resultado que nadie esperaba, incluyendo el hombre que ganó.

A las pocas horas de la elección de Donald Trump, las calles de las ciudades en todos los Estados Unidos se llenaron de manifestantes. Estos acontecimientos son la confirmación dramática de la inestabilidad que ha afectado al mundo entero. De la noche a la mañana han desaparecido las viejas certezas. Hay un fermento general en la sociedad y una sensación extendida de incertidumbre, que llena a la clase dominante y a sus ideólogos de una profunda aprensión.

Los defensores del liberalismo capitalista se quejan amargamente del auge de políticos como Donald Trump, que representan la antítesis de lo que se conoce como “valores liberales”. Para estas personas el año 2016 parece una pesadilla. Tienen la esperanza de que van a despertar y descubrir que todo fue un sueño, que el ayer retornará y que mañana verán un día mejor. Sin embargo, no habrá un redespertar para el liberalismo burgués ni ningún mañana.

Los comentaristas políticos hablan con pavor del auge de algo que llaman “populismo”, una palabra que es tan elástica que carece de cualquier significado. El uso de una terminología tan amorfa significa simplemente que los que la usan no tienen ni idea de lo que están hablando. En términos etimológicos estrictos, “populismo” no es más que una traducción latina de la palabra griega “demagogia”. El término se aplica con el mismo gusto con que un mal pintor revoca una pared con una gruesa capa de pintura para cubrir sus errores. Se lo utiliza para describir tal amplia variedad de fenómenos políticos que está completamente desprovisto de cualquier contenido real.

Los dirigentes de Podemos y Geert Wilders, Jaroslaw Kaczynski y Evo Morales, Rodrigo Duterte y Hugo Chávez, Jeremy Corbyn y Marine Le Pen –todos son barnizados con la misma brocha populista. Es suficiente comparar el contenido real de estos movimientos, que no son sólo diferentes sino radicalmente antagónicos, para darse cuenta de la futilidad de tal lenguaje. No está calculado para aclarar, sino para confundir, o más correctamente para encubrir la confusión de los estúpidos comentaristas políticos burgueses.

La muerte del liberalismo

En su editorial del 24 de diciembre de 2016 The Economist cantaba un himno de alabanza a su amado liberalismo. Los liberales, nos dice, “creen en las economías y sociedades abiertas, donde se fomenta el libre intercambio de bienes, capitales, personas e ideas y donde las libertades universales están protegidas contra el abuso del Estado por el imperio de la ley”. A tal bella imagen realmente se le debería poner música.

Pero a continuación, el artículo concluye con tristeza que 2016 “ha sido un año de reveses. No sólo por el Brexit y la elección de Donald Trump, sino también por la tragedia de Siria, abandonada a su sufrimiento, y el apoyo generalizado –en Hungría, Polonia y más allá– a la “democracia intolerante”. A medida que la globalización se ha convertido en un agravio, el nacionalismo, e incluso el autoritarismo, han florecido. En Turquía el alivio ante el fracaso de un golpe de estado fue superado por represalias salvajes (y populares). En Filipinas, los votantes eligieron a un presidente que no sólo desplegó escuadrones de la muerte, sino que se jactaba de apretar el gatillo. A la vez que Rusia, que dio de hachazos a la democracia occidental, y China, que justo la semana pasada se burló de EEUU al apoderarse de uno de sus drones marítimos, insisten en que el liberalismo no es más que una tapadera para la expansión occidental”.

El hermoso canto de alabanza a los valores occidentales y al liberalismo ha terminado con una nota agria. The Economist concluye con amargura: “Frente a esta letanía, muchos liberales (del tipo de libre mercado) han perdido los nervios. Algunos han escrito epitafios para el orden liberal y emitido advertencias sobre la amenaza a la democracia. Otros sostienen que, con un pellizco tímido a la ley de inmigración o con un arancel adicional, la vida simplemente volverá a la normalidad”.

Pero la vida no “retornará a la normalidad” simplemente –sino que, más correctamente, entraremos en una nueva etapa de lo que The Economist se refiere como una “nueva normalidad”: Un período sinfín de recortes, austeridad y caída de los niveles de vida. En realidad, hemos estado viviendo en esta nueva normalidad desde hace bastante tiempo. Y de esto se derivan consecuencias muy serias.

La crisis mundial del capitalismo ha creado condiciones que son completamente diferentes a las condiciones que existían (al menos para un puñado de países privilegiados) cuatro décadas después de la Segunda Guerra Mundial. Ese período fue testigo de la mayor fase de expansión de las fuerzas productivas del capitalismo desde la Revolución Industrial. Este fue el suelo sobre el que pudieron florecer los tan cacareados “valores liberales”. El auge económico proporcionó a los capitalistas ganancias suficientes para otorgar concesiones a la clase obrera.

Esa fue la época dorada del reformismo. Pero el actual período es la época, no de las reformas, sino de las contra-reformas. Esto no es el resultado de prejuicios ideológicos, como imaginan algunos tontos reformistas. Es la consecuencia necesaria de la crisis del sistema capitalista que ha alcanzado sus límites. Todo el proceso que se desarrolló durante un período de seis décadas está ahora desenrollándose.

En lugar de las reformas y del aumento de los niveles de vida, la clase obrera de todo el mundo se enfrenta a los recortes, a la austeridad, al desempleo y al empobrecimiento. La degradación de las condiciones de trabajo, de los salarios, de los derechos laborales y de las pensiones recae sobre todo en los sectores más pobres y vulnerables de la sociedad. La idea de la igualdad de la mujer está siendo erosionada por la búsqueda implacable de una mayor rentabilidad. A toda una generación de jóvenes se la está privando de un futuro. Esa es la esencia del presente periodo.

El momento María Antonieta de la élite

A la clase dominante y a sus estrategas les resulta difícil aceptar la realidad de la situación actual y son completamente ciegos a las consecuencias políticas que se derivan de ella. La misma ceguera se puede observar en cada clase dirigente que se enfrenta a la extinción y que se niega a aceptarlo. Como observó correctamente Lenin, un hombre que permanece al borde de un precipicio no razona.

El Financial Times publicó un interesante artículo de Wolfgang Münchau titulado “El momento María Antonieta de la élite”. Comienza como sigue:

“Algunas revoluciones podrían haberse evitado si la vieja guardia sólo se hubiera abstenido de la provocación. No hay ninguna prueba de un incidente del tipo “que coman tarta”.  Parece que esto lo dijo María Antonieta [La leyenda dice que ese fue el comentario de Maria Antonieta cuando le informaron que el pueblo salió a la calle exigiendo pan, NdT]. Suena real. Los Borbones eran difíciles de superar como la quintaesencia del establishment fuera de contacto con la realidad.

“Ellos tienen competencia ahora”.

“Nuestro Establishment democrático liberal mundial se comporta de la misma manera. En un momento en que Gran Bretaña ha votado salir de la UE, en que Donald Trump ha sido elegido presidente de Estados Unidos, y Marine Le Pen está marchando hacia el Palacio del Elíseo, nosotros –los guardianes del orden liberal mundial– seguimos poniendo todo en riesgo”.

La comparación con la Revolución Francesa es muy instructiva. En todas partes la clase dominante y sus “expertos” han demostrado estar completamente fuera de contacto con la situación real de la sociedad. Ellos asumían que el orden de las cosas que surgió del auge económico posterior a la guerra continuaría para siempre. La economía de mercado y la “democracia” burguesa eran los paradigmas incuestionables de la época.

Su complacencia petulante recordaba precisamente a la desafortunada María Antonieta, la reina de Francia. No es en absoluto cierto que su famosa frase fuera pronunciada alguna vez, pero refleja con precisión la mentalidad de una clase dirigente degenerada que no tiene interés en los sufrimientos de la gente común ni en las inevitables consecuencias que se derivan de ellos.

Al final María Antonieta perdió la cabeza y ahora la clase dominante y sus representantes políticos están perdiendo la suya. El artículo del Financial Times sigue:

“¿Por qué está pasando esto? Los macroeconomistas creen que nadie se atrevería a desafiar su autoridad. Los políticos italianos han estado desplegando juegos de poder desde siempre. Y el trabajo de los funcionarios de la UE es encontrar maneras ingeniosas de animar legislaciones y tratados políticamente complicados en las legislaturas nacionales pasadas. A pesar de la apetencia por el poder de la señora Le Pen, del Sr. Grillo y de Geert Wilders del partido de extrema derecha holandés Libertad, el establishment sigue actuando de esta manera. Un regente Borbón, en un momento inusitado de reflexión, se habría echado atrás. Nuestro orden capitalista liberal, con sus instituciones competentes, es constitucionalmente incapaz de hacer eso. Está programado para arriesgarlo todo.

“El curso de acción correcto sería dejar de insultar a los votantes y, más importante, resolver los problemas de un sector financiero fuera de control, de los flujos incontrolados de personas y capitales, y de la distribución desigual de los ingresos. En la zona euro, los líderes políticos encontraron apropiado improvisar con la crisis bancaria y luego con una crisis de la deuda soberana –sólo para encontrarse con que la deuda griega es insostenible y que el sistema bancario italiano está en serios problemas. Ocho años después, todavía hay por ahí inversores que apuestan a un colapso de la zona euro como la conocemos”.

En 1938, Trotsky escribió que la clase dominante se deslizaba por un tobogán hacia el desastre con los ojos cerrados. Las líneas anteriores son una ilustración gráfica de este hecho. Y el Sr. Münchau saca la siguiente conclusión:

“Pero si esto está sucediendo es por la misma razón por la que sucedió en la Francia revolucionaria. Los guardianes del capitalismo occidental, como los Borbones antes que ellos, no han aprendido nada, ni han olvidado nada”.

El colapso del centro

Contrariamente al antiguo prejuicio de los liberales, la conciencia humana no es progresista, sino profundamente conservadora. A la mayoría de las personas no les gusta el cambio. Se aferran obstinadamente a las viejas ideas, prejuicios, religión y moralidad con las que están familiarizadas, y lo que es familiar siempre es más reconfortante que lo que no lo es. La idea del cambio es alarmante, ya que es desconocido. Estos temores están profundamente arraigados en la psique humana y han existido desde tiempo inmemorial.

Sin embargo, el cambio es tan necesario para la supervivencia de la raza humana como lo es para la supervivencia del individuo. La ausencia de cambio es la muerte. El cuerpo humano cambia constantemente desde el momento del nacimiento; todas las células se descomponen, mueren y son reemplazadas por células nuevas. El niño debe desaparecer para que el adulto pueda nacer.

Sin embargo, no es difícil entender la aversión de la gente a cambiar. El hábito, la rutina, la tradición –todas estas cosas son necesarias para el mantenimiento de las normas sociales que sustentan el funcionamiento de la sociedad. Durante un largo período arraigan, condicionando las actividades diarias de millones de hombres y mujeres. Son universalmente aceptadas, al igual que el respeto de las leyes y costumbres, las reglas de la vida política y las instituciones existentes: en una palabra, el status quo.

Existe algo similar en la ciencia. En su profundo y penetrante estudio de La estructura de las revoluciones científicas, Thomas S. Kuhn explica cómo cada periodo en el desarrollo de la ciencia se basa en un modelo existente que es generalmente aceptado y que proporciona un marco necesario para el trabajo científico. Durante mucho tiempo este paradigma responde a un propósito útil. Pero finalmente las pequeñas contradicciones, aparentemente insignificantes, que aparecen conducen eventualmente a la caída del viejo paradigma y a su sustitución por otro nuevo. Esto, según Kuhn, constituye la esencia de una revolución científica.

Exactamente, el mismo proceso dialéctico se produce en la sociedad. Las ideas que han existido durante tanto tiempo y se han endurecido en prejuicios, entran finalmente en conflicto con la realidad existente. En ese momento, una revolución en la conciencia comienza a tener lugar. La gente comienza a cuestionar lo que parecía ser incuestionable. Ideas que eran cómodas porque proporcionaban certezas se hacen añicos sobre la roca de la dura realidad. Por primera vez, la gente comienza a sacudirse las viejas y cómodas ilusiones y a mirar la realidad de frente.

La verdadera causa de los temores de la clase dominante es el colapso del centro político. Lo que estamos viendo en Gran Bretaña, Estados Unidos, España y muchos otros países es una aguda y creciente polarización entre la izquierda y la derecha en la política, que a su vez es simplemente un reflejo de una creciente polarización entre las clases. Esto a su vez es un reflejo de la crisis más profunda que ha habido en la historia del capitalismo.

Durante los últimos cien años, el sistema político de los EE.UU. se basó en dos partidos –los Demócratas y los Republicanos– en el que ambos defendían el mantenimiento del capitalismo y representaban los intereses de los bancos y de las grandes empresas. Esto fue muy bien expresado por Gore Vidal quien escribió que “nuestra República tiene un partido, el partido de la propiedad, con dos alas de derechas”.

Esta fue la sólida base para la estabilidad y la longevidad de lo que los estadounidenses consideraban como “democracia”. En realidad, esta democracia burguesa no era más que una hoja de parra para ocultar la realidad de la dictadura de los banqueros y capitalistas. Ahora bien, este práctico dispositivo está siendo cuestionado y sacudido hasta la médula. Millones de personas están despertando a la realidad de la podredumbre del establishment político y al hecho de que están siendo engañados por aquellos que dicen representarlos. Esta es la condición previa para una revolución social.

Crisis del reformismo

Vemos una situación similar en Gran Bretaña, donde desde hace 100 años los Laboristas y Conservadores se alternaban en el poder, proporcionando el mismo tipo de estabilidad para la clase dominante. El Partido Laborista y el partido Conservador eran dirigidos por sólidos hombres y mujeres respetables en los que se podía confiar para manejar la sociedad en interés de los banqueros y capitalistas de la city de Londres. Pero la elección de Jeremy Corbyn lo ha puesto todo patas arriba.

La clase dominante teme que la llegada masiva de nuevos miembros al Partido Laborista pueda romper el dominio del ala derecha sobre el Laborismo. Eso explica el pánico de la clase dominante y el carácter virulento de la campaña contra Corbyn.

La crisis del capitalismo es también la crisis del reformismo. Los estrategas del capital se asemejan a los Borbones, pero los líderes reformistas son sólo una pobre imitación de los primeros. Ellos son los más ciegos de entre los ciegos. Los reformistas, tanto de las variedades de derechas como de izquierdas, no comprenden nada de la situación real. A pesar de que se enorgullecen de ser grandes realistas, son el peor tipo de utópicos.

Al igual que los liberales de los cuales no son más que un pálido reflejo, están suspirando por el pasado que ha desaparecido más allá de cualquier regreso. Se quejan amargamente de la injusticia del capitalismo, sin darse cuenta de que las políticas de la burguesía son dictadas por la necesidad económica del capitalismo mismo.

Es una ironía suprema de la historia que los reformistas hayan adoptado totalmente la economía de mercado, precisamente en un momento en el que se está desmoronando ante nuestros propios ojos. Habían aceptado el capitalismo como algo que está dado de una vez para siempre, que no puede ser cuestionado ni, ciertamente, derrocado. El presunto realismo de los reformistas es el realismo de un hombre que trata de persuadir a un tigre de que coma ensaladas en lugar de carne humana. Naturalmente, el realista que ha intentado realizar esta hazaña loable no tuvo éxito en convencer al tigre y terminó el interior de su estómago.

Lo que los reformistas no entienden es que si se acepta el capitalismo también deben aceptarse las leyes del capitalismo. Y en las condiciones modernas eso significa aceptar los recortes y la austeridad. En ninguna parte está la bancarrota del reformismo más claramente expresada que en el hecho de que ya no hablan de socialismo. Ni tampoco hablan de capitalismo. En su lugar, se quejan de los males del “neoliberalismo”, es decir, que no se oponen al capitalismo en sí, sino solamente a un modelo particular de capitalismo. Pero el llamado neoliberalismo no es más que un eufemismo para el capitalismo en el período de crisis.

Los reformistas que imaginan ser grandes realistas están soñando con un retorno a las condiciones del pasado, cuando ese pasado ya ha retrocedido en la historia. El período que ahora se abre será completamente diferente. En las décadas que siguieron a 1945, la lucha de clases en los países capitalistas avanzados se atenuó en cierta medida como consecuencia de las reformas logradas por la clase trabajadora a través de la lucha.

Trotsky explicó hace tiempo que la traición está implícita en el reformismo en todas sus variedades. Con esto no quería decir que los reformistas traicionaran conscientemente a la clase obrera. Hay muchos reformistas honestos, así como un buen número de arribistas corruptos. Pero el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. Si acepta el sistema capitalista –como lo hacen todos los reformistas, ya sean de derechas o de izquierdas– seguidamente deben obedecerse las leyes del sistema capitalista. En un período de crisis capitalista, esto significa la inevitabilidad de los recortes y ataques a los niveles de vida.

Esta lección tuvo que ser aprendida por Tsipras y Varoufakis en Grecia. Ellos llegaron al poder con un enorme apoyo popular con un programa anti-austeridad, pero muy rápidamente se les hizo comprender por Merkel y Schäuble que esto no estaba en la agenda. Al final capitularon y dócilmente llevaron a cabo el programa de austeridad dictado por Berlín y Bruselas. Vimos una situación similar en Francia, donde Hollande consiguió una masiva victoria prometiendo un programa anti-austeridad, y a continuación dio un giro de 180º y llevó a cabo recortes aún más profundos que el anterior gobierno de la derecha. El resultado inevitable ha sido el auge de Marine Le Pen y del Frente Nacional.

El capitalismo en un callejón sin salida

En países como los Estados Unidos cada generación desde la Segunda Guerra Mundial podía esperar una mejor calidad de vida que la que tenían sus padres. En las décadas de boom económico los trabajadores se acostumbraron a victorias relativamente fáciles. Los líderes sindicales no tenían que luchar mucho para obtener mejoras económicas. Las reformas fueron consideradas la norma. Hoy fue mejor que ayer y mañana sería mejor que hoy.

En el largo período de auge capitalista, la conciencia de clase de los trabajadores estuvo un tanto mitigada. En lugar de políticas socialistas de clase bien definidas, el movimiento obrero ha sido infectado con ideas extrañas a través de la correa de transmisión de la pequeña burguesía que ha apartado a un lado a los trabajadores y ahogado su voz con las declamaciones estridentes del radicalismo de la clase media.

La llamada corrección política con su mezcolanza de ideas a medio cocinar sacadas de la basura del liberalismo burgués, poco a poco ha sido aceptada incluso en los sindicatos, donde los dirigentes reformistas de derechas se aferran ansiosamente a ella como un sustituto de las políticas de clase y de las ideas socialistas. Los reformistas de izquierdas en particular, han jugado un papel nefasto en este sentido. Se necesitarán los golpes de martillo de los acontecimientos para demoler estos prejuicios que tienen un efecto corrosivo sobre la conciencia.

Pero la crisis del capitalismo no permite tales lujos. La generación actual de jóvenes se enfrentará por primera vez a peores condiciones de vida que las que disfrutaron sus padres. Gradualmente, esta nueva realidad está abriéndose paso en la conciencia de las masas. Esa es la razón del actual fermento de descontento que existe en todos los países y que está adquiriendo un carácter explosivo. Esta es la explicación de los terremotos políticos que han tenido lugar en Gran Bretaña, España, Grecia, Italia, Estados Unidos y muchos otros países. Es un aviso de que se están preparando acontecimientos revolucionarios.

Es cierto que en esta etapa el movimiento se caracteriza por una tremenda confusión ¿Cómo podía ser de otra manera, cuando esas organizaciones y partidos que deberían colocarse a la cabeza de un movimiento para transformar la sociedad, se han transformado en cambio en monstruosos obstáculos en el camino de la clase obrera? Las masas están buscando una manera de salir de la crisis, poniendo a prueba los partidos políticos, los líderes y los programas. Los que no pasan la prueba son arrojados a un lado sin piedad. Hay giros violentos en el frente electoral, tanto a la izquierda como a la derecha. Todo esto es el presagio de un cambio revolucionario.

En retrospectiva, el período de medio siglo que siguió a la Segunda Guerra Mundial será visto como una excepción histórica. Con toda probabilidad, nunca volverá a repetirse la concatenación de circunstancias peculiares que produjeron esa situación. Lo que nos enfrentamos ahora es precisamente a una vuelta al capitalismo normal. La cara sonriente del liberalismo, del reformismo y de la democracia va a ser echada a un lado para revelar la única fisonomía que tiene el capitalismo realmente.

¡Hacia un nuevo Octubre!

Un nuevo período se abre ante nosotros –un periodo de tormenta y tensión que será mucho más similar a la década de 1930 que al período posterior a 1945. Todas las ilusiones del pasado quedarán consumidas en la conciencia de las masas como en una plancha caliente. En un período como éste, la clase obrera tendrá que luchar duro para defender las conquistas del pasado, y en el curso de esta amarga lucha llegará a entender la necesidad de un programa revolucionario cabal. O el capitalismo es derrocado, o un terrible destino le espera a la humanidad. Esa es la única alternativa. Cualquier otro curso de acción es una mentira y un engaño. Es hora de mirar la verdad cara a cara.

Sobre la base del capitalismo enfermo no puede haber salida para la clase obrera y la juventud. Los liberales y reformistas están tratando con todas sus fuerzas de apuntalarlo. Ellos lloriquean sobre la amenaza a la democracia, ocultando el hecho de que la llamada democracia burguesa no es más que una hoja de parra tras la que se esconde la cruda realidad de la dictadura de los bancos y de las grandes empresas. Van a tratar de atraer a la clase obrera a alianzas para “defender la democracia”, pero esto es una farsa hipócrita.

La única fuerza que tiene un interés real en la democracia es la clase obrera misma. La llamada burguesía liberal es incapaz de reacción de combate, lo que se deriva directamente del sistema capitalista en el que basan sus riquezas y privilegios. Fue Obama quien pavimentó el camino para la victoria de Trump, tal como fue Hollande quien ha allanado el camino para el ascenso de Le Pen.

En realidad, el viejo sistema ya está descomponiéndose ante nuestros propios ojos. Los síntomas de su decadencia son evidentes para todos. En todas partes vemos las crisis económicas, la descomposición social, transtornos, guerras, destrucción y caos. Es una imagen terrible, pero se deriva del hecho de que el capitalismo ha llevado a la humanidad a un callejón sin salida.

No es la primera vez que hemos visto este tipo de cosas. Los mismos síntomas se pueden ver en el período de la decadencia y caída del Imperio Romano y en el período de decadencia de la sociedad feudal. No es casualidad que los hombres y las mujeres en esos días se imaginaran que el fin del mundo se acercaba. Pero lo que se acercaba no era el fin del mundo, sino sólo al final de un sistema económico social particular que había agotado su potencial y se había convertido en un monstruoso obstáculo en el camino del progreso humano.

Lenin dijo una vez que el capitalismo es horror sin fin. Ahora vemos la verdad literal de esta afirmación. Pero junto a los horrores producidos por un sistema decadente y reaccionario hay otra cara de la moneda. Nuestra época es un tiempo de nacimiento, y un período de transición de un período histórico a otro. Dichos períodos se caracterizan siempre por los dolores, que son los dolores de una nueva sociedad que está luchando por nacer, mientras que la vieja sociedad se esfuerza por preservarse estrangulando al niño en el vientre materno.

El viejo mundo se está desplomando. Que está tambaleándose para caer lo indican síntomas inequívocos. La podredumbre se está extendiendo en el orden establecido de las cosas, sus instituciones están colapsando. Los defensores del viejo orden están atrapados por un presentimiento indefinido de algo desconocido. Todas estas cosas presagian que hay algo más que se aproxima.

Este desmoronamiento gradual a pedazos se acelerará por la erupción de la clase obrera en la escena de la historia. Aquellos escépticos que descartaron a la clase trabajadora se verán obligados a comerse sus palabras. Están acumulándose fuerzas volcánicas debajo de la superficie de la sociedad. Las contradicciones se están acumulando hasta el punto que no pueden aguantarse mucho más.

Nuestra tarea es acortar este proceso doloroso y asegurar que el nacimiento se lleve a cabo con el menor sufrimiento posible. Con el fin de hacer esto, es necesario lograr el derrocamiento del actual sistema que se ha convertido en una terrible barrera para el desarrollo de la raza humana y una amenaza para su futuro.

Todos aquellos que están tratando de preservar el viejo orden, de ponerle parches, de reformarlo, para dotarlo de muletas que le permitan renquear durante unos años o décadas más, juegan el papel más reaccionario. Están impidiendo el nacimiento de una nueva sociedad, la única que puede ofrecer un futuro a la humanidad y poner fin a la pesadilla del capitalismo existente.

El Nuevo Mundo que está luchando por nacer se llama socialismo. Es nuestro trabajo asegurar que este nacimiento se lleve a cabo tan pronto como sea posible y con el mínimo posible de dolor y sufrimiento. La manera de lograr este objetivo es construir una fuerte corriente marxista en todo el mundo con cuadros formados y con fuertes vínculos con la clase obrera.

Hace cien años tuvo lugar un acontecimiento que cambió el curso de la historia mundial. En un país semifeudal atrasado en los confines de Europa, la clase obrera se movió para cambiar la sociedad. Nadie esperaba esto, sin embargo. Las condiciones objetivas para una revolución socialista en Rusia parecían ser inexistentes.

Europa estaba en las garras de una terrible guerra. Los trabajadores de Gran Bretaña, Francia, Alemania y Rusia estaban matándose entre sí en nombre del imperialismo. En tal contexto la consigna: “¡Proletarios de todos los países, uníos!” debía parecer una expresión de amargo sarcasmo. La propia Rusia estaba gobernada por un poderoso régimen autocrático con un gran ejército, una fuerza policial y una policía secreta cuyos tentáculos se extendían a todos los partidos políticos –incluyendo los bolcheviques.

Y, sin embargo, en esta situación aparentemente imposible los obreros de Rusia se movieron para tomar el poder en sus propias manos. Ellos derrocaron al zar y establecieron organismos de poder democráticos, los soviets. Sólo nueve meses después el Partido Bolchevique, que al comienzo de la revolución era una pequeña fuerza de no más de 8.000 miembros, llegó al poder.

Cien años más tarde, los marxistas se enfrentan a la misma tarea que Lenin y Trotsky se enfrentaron en 1917. Nuestras fuerzas son pequeñas y nuestros recursos son escasos, pero estamos armados con el arma más poderosa: el arma de las ideas. Marx decía que las ideas se convierten en una fuerza material cuando se apoderan de la mente de las masas. Durante mucho tiempo, estuvimos luchando contra una poderosa corriente. Pero la marea de la historia fluye ahora firmemente en nuestra dirección.

Ideas que son escuchadas por unos pocos hoy serán recibidas con entusiasmo por millones en el período que ahora se abre. Grandes acontecimientos pueden tener lugar con extrema rapidez, transformando toda la situación. La conciencia de la clase obrera puede cambiar en cuestión de días u horas. Nuestra tarea es preparar a los cuadros para los grandes acontecimientos que se ciernen. Nuestra bandera es la bandera de Octubre. Nuestras ideas son las ideas de Lenin y Trotsky. Esa es la máxima garantía de nuestro éxito.

Londres 5 de enero de 2017/tomado de Lucha de Clases.org, título original “La muerte del liberalismo”

(Fotografía: Juegos Mundiales del Nomad, Kirguistán)

Las tareas pendientes de los Trabajadores Públicos

Por Dionisio Escobar

Partido Socialista de los Trabajadores

Los trabajadores fiscales son el sector más organizado de la clase trabajadora chilena, más del 80% se encuentra afiliado a sus gremios, en comparación al exiguo 10% que lo está en el sector privado. Además los trabajadores públicos negocian todos juntos a lo largo del país, constituyéndose en la única negociación ramal en Chile, la cual, paradojalmente es ilegal. Mientras en el sector privado cada sindicato negocia en forma individual –por empresa- aunque formen parte de un mismo holding, incluso en una sola empresa pueden coexistir varios sindicatos, los que negocian por separado, para beneficio, por supuesto, de los empresarios. Pese a lo anterior el gobierno de Bachelet, el más débil e impopular de los últimos 26 años, cruzado por múltiples escándalos de corrupción, logro derrotar a los trabajadores públicos. La pregunta que surge es ¿Cómo pudo suceder esto en un contexto de ascenso de las luchas sociales y con el conglomerado Nueva Mayoría dividido en fracciones?

 

La respuesta no es simple, surge de una serie de elementos desigualmente desarrollados que se combinan de un modo particular. En primer lugar, el gobierno proimperialista de Bachelet, pese a su creciente debilidad, tiene una orientación estratégica clara, servir fielmente a los intereses del imperialismo y de la gran burguesía nacional. Y está dispuesto a sacrificarlo todo en función de cumplir su objetivo. Y con esto queremos señalar que está dispuesto a seguir bajando en las encuestas de opinión, a perder las elecciones parlamentarias y presidenciales del próximo año, a destrozar su conglomerado, a profundizar aún más el abismo que lo separa de los trabajadores y las masas que dice representar. Para ello utilizó toda la artillería legal de la que disponía, para servir fielmente los intereses de sus verdaderos representados la gran burguesía chilena.

Es importante señalar que la lucha por el reajuste fiscal, ritual que se repite anualmente en los meses de octubre y noviembre, es un referente para las negociaciones de reajuste salarial en el sector privado. Los empresarios usan este reajuste para fijar el techo del reajuste a los trabajadores del sector privado. Por ello presiona al gobierno por diversas vías para disminuirlo al máximo. Ahora los grupos económicos pueden respirar tranquilos, porque su gobierno cumplió con sus expectativas.

Pero hay otro factor que incide negativamente en el curso de la lucha que dieron los trabajadores públicos. Su dirigencia. Es público y notorio que la casi totalidad de los dirigentes de la ANEF y de la Mesa del Sector Publico son conspicuos militantes de los partidos que conforman la Nueva Mayoría. Y que aunque vociferen por la traición del gobierno y ejecuten un verdadero show en las graderías del Congreso, están cooptados por los partidos políticos que administran el Estado neoliberal. y, el dato no es menor, estos dirigentes deben su cargo al apoyo de sus aparatos políticos, por lo que su conducta está, a lo menos influida por estos. Y reciben una serie de prebendas por el hecho de ser dirigentes nacionales, el caso emblemático es el del ex tesorero nacional de la ANEF, Pedro Hernández (DC), quien fue denunciado por Gendarmería por recibir sobre-sueldos, y por marginar a su organización (Anfup) de una movilización de funcionarios en octubre del 2015. Quien, finalmente por presión de la base debió renunciar.

Si analizamos lo obrado por estos dirigentes, hay múltiples cuestionamientos. La negociación se llevó a cabo en el segundo semestre, cuando la movilización ya estaba encuadrada por la ley de reajuste, donde los márgenes de acción eran mínimos, en vez de negociar en una fecha en que efectivamente se pueda influir en el presupuesto de la nación. Así llevaron por segundo año consecutivo a los trabajadores públicos a un fracaso, al repetir la misma estrategia de comenzar a movilizar a los trabajadores en forma tardía.

Estos dirigentes generaron un petitorio a espaldas de sus propias organizaciones gremiales de bases, sin realizar ni la más mínima consulta con los trabajadores mostrando una conducta burocrática y cupular; inicialmente se planteó un 7,5% de reajuste, el que termino reduciéndose a un 3,5. En el origen de esos guarismos no hay ningún proceso de discusión y consulta con las bases implicadas. Lo que sí hay, y en abundancia, son reuniones a puerta cerrada con representantes de los partidos de la nueva mayoría y con el gobierno, antes y durante el conflicto. Esto explica que el gobierno durante todo el proceso, conozca con antelación cuáles serán los movimientos de los trabajadores. Es decir los dirigentes no representan a los trabajadores sino a sus partidos, y al gobierno los que de conjunto e individualmente han demostrado hasta la saciedad que defienden el modelo neoliberal imperante, y al sistema capitalista.

Los trabajadores sabe­mos que tratando de lograr me­joras a nuestro nivel de vida, chocamos contra la legislación y los planes económicos del gobierno, diseñados por el FMI para garantizar las ganan­cias de los patrones. Con la or­ganización y la movilización podemos enfrentar con éxito es­tos obstáculos. Esta gran ver­dad es la que ha llevado histó­ricamente a los trabajado­res a organizarse para combatir a los patrones y sus leyes. Pero una organización sólo es eficaz si es democráti­ca e independiente del gobierno de turno, y la dirección de la ANEF no lo es: ningún trabajador de base decidió en la elaboración del plan para enfrentar al gobierno,  ni tuvo participación en la definición de la cifra propuesta de reajuste, ni  mucho menos en su modificación.

Es tarea de los mismos trabajadores públicos limpiar nuestras organizaciones de esos dirigentes, como desde hace unos años lo ha hecho el movimiento estudiantil, ellos son parte fundamental de esta derrota porque contienen la capacidad de lucha de los trabajadores e impiden el desarrollo de su organizaciones, pues en definitiva, solo obedecen las ordenes de sus respectivos partidos políticos, entregados al poder económico. La imposición del 3,2% en el reajuste de salarios del sector público, es el mejor ejemplo de la profundización de las políticas neoliberales y con ello, de la desigualdad social durante el gobierno de la Nueva Mayoría.

La ANEF y las organizaciones de la Mesa del Sector Publico son una conquista colosal de la clase trabajadora y es necesario arrancar­la de las manos de los burócra­tas de la Nueva Mayoría. Hoy, luego de la derrota, en la que tienen directa responsabilidad los dirigentes de la Nueva mayoría enquistados en las directivas de la MSP, se hace indispensable sacudirnos de los hombros a todos los dirigentes que no cumplen con uno de los principios esenciales del sindicalismo de clase, ser independientes del gobierno. Es el único camino para cum­plir con su rol de de­fender los intereses de los tra­bajadores. Los dirigentes que, elegidos por las bases, conducen las luchas de los trabajadores, son los in­dicados para ocupar la direc­ción de la organización de los trabajadores chilenos.

NO + AFP Un sistema de reparto estatal y solidario

Por Osvaldo Costa

(PST – Cuarta Internacional)

 

El domingo 24 de julio un millón de personas en todo chile salieron a las calles a gritar lo que ya todo el mundo decía en voz baja; No más AFP. Es el comienzo del fin de uno de los pilares del modelo neoliberal adoptado por Pinochet y celosamente defendido por el gobierno de la Nueva Mayoría.

El sistema de AFP en aplicación en Chile es, estrictamente hablando, un sistema privado de ahorro forzoso. Diseñado como un traje a medida de los intereses de los grupos económicos emergentes. Se trata de un sistema que transfiere una masa colosal de capital en forma regular al sistema financiero, y, colateralmente entregar una fracción de lo recaudado a los trabajadores al fin de su vida productiva. Los montos recaudados –Aproximadamente 500.000 millones de pesos mensuales- van a un fondo de inversiones, de este fondo pagan 200.000 millones de pesos en pensiones. Quedan 300.000 millones de pesos la mitad del esto, por concepto de las pensiones vitalicias van a los administradores, compañías de seguros fundamentalmente, el resto se entrega a los grupos financieros, que son ellos mismos, propietarios de las AFP. A esta ingente masa de recursos hay que agregar que el fisco les transfiere anualmente 2 billones de pesos anualmente. Y esto ocurre desde que se inició el sistema y quieren seguirlo haciendo.

Pero esto no es todo, esa masa ingente de capital se entrega al sistema financiero a una tasa del 4% anual, para que desarrolle sus negocios, que son esencialmente rentísticos. Por ejemplo para que se la preste a los propios trabajadores a tasas promedio de un 40% anual.

Esto de ninguna manera puede ser considerado un sistema de seguridad social. Es prácticamente imposible que en algún lugar mínimamente democrático se pueda implementar un sistema similar, por ello se hizo en dictadura. Como mecanismo de transferencia de recursos al sistema financiero el sistema es todo un éxito, como sistema de pensiones un desastre.

En el año 81 Pinochet presionado por su entorno de economistas encabezados por José Piñera -hermano mayor de Sebastián Piñera- da el vamos al sistema de capitalización individual del sistema de pensiones promulgando el Decreto Ley 3.500. La propuesta fue severamente resistida por la plana mayor del ejército, lo que se dirimió dejando en el antiguo sistema a las FFAA y carabineros.

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El origen de la movilización

El sistema de reparto individual encontró resistencia prácticamente desde su instalación. Trabajadores, dirigentes sindicales y economistas se opusieron, bajo la dictadura, esta oposición fue silenciada. Al retorno de la “democracia”, este problema como tantos otros, fue primero dilatado y posteriormente, a medida que las cúpulas de la Concertación se entrelazaban más firmemente con la burguesía local y el imperialismo, el sistema de AFP se consolida como uno de los pilares del modelo neoliberal.

Fue bajo los gobiernos de la concertación que se realizaron algunas de las modificaciones más relevantes para la cada vez más exigente burguesía financiera, el sector más poderoso del país. El año 99 –bajo el gobierno de Eduardo Frei- se crea el surrealista concepto de rentabilidad negativa, y el año 2002 –bajo el gobierno de la “socialista” Michelle Bachelet- es cuando se crean los multifondos. El objetivo, trasladar el riesgo de las AFP a los trabajadores, que al poder cambiarse de fondo asumen en solitario el riesgo de la pérdida de rentabilidad.

Para paliar el desastre, y evitar que las masas entraran a escena, la misma Bachelet crea el 2008, el pilar solidario, que significa que el estado aporta en las pensiones de los sectores más pobres. Una pensión básica mínima de $93 mil para las personas que nunca han cotizado, y un aporte para aquellos que sacan una pensión menor a los $ 300 mil.

Llegamos así a la crítica situación actual que no da para más; según cifras de la superintendencia de pensiones un 78% de las pensiones es de $ 150.000, por debajo del salario mínimo, un 44% de las pensiones se encuentra por debajo de la línea de la pobreza.

Las premisas con las que se propagandizó el sistema resultaron completamente falsas. Se planteó que tendría una tasa de reemplazo de 70% (el trabajador obtendría al fin de su vida laboral un 70% de su último salario). El estado no tendría que invertir recursos públicos en el sistema previsional. Actualmente la tasa de reemplazo es de un 30% y se espera que sea menor. Un 60% de las pensiones se pagan con recursos del estado, el 75% de los trabajadores que recibe menos de $350.000 está condenado a al pilar solidario, el resto hasta el 85% incluyendo el cada vez menor segmento de los trabajadores que tienen trabajo estable, como los del sector público, gran minería, bancario. Tendrán salarios que no superan el 40% de tasa de reemplazo.

Las cifras, las duras cifras son claras, la densidad de cotizaciones –porcentaje de cotizaciones durante la vida laboral- es de 60% en hombres y 40% en mujeres. De los 9.400.000 trabajadores afiliados a las AFP casi un 47% no impone regularmente por que los empleadores se quedan con las cotizaciones.

En este escenario, a comienzos de julio se comienzan a aplicar las nuevas tablas demográficas que dan cuenta de cambio en las tasas de mortalidad y expectativa de vida. Como las personas viven más años los montos ahorrados deben prorratearse por más tiempo, lo que se tradujo en una disminución instantánea de las jubilaciones en un 2%.

Pero la guinda de la torta la pone –como no- un nuevo escándalo, Myriam Olate, ex esposa del presidente de la cámara, el “socialista” Jorge Andrade, goza de una pensión de 5 millones de pesos mensuales.

Ante este cumulo de eventos, y con la bronca contenida, se desencadena la movilización.

Las Respuestas

El fracaso del sistema de capitalización individual es tan evidente que ni siquiera los dueños de las AFP niegan el hecho. Pero esbozan una defensa desastrosa, plantean que algunos de los problemas centrales de las bajas jubilaciones se originan en los bajísimos salarios, y en la inestabilidad laboral, es decir se originan en el mercado laboral, deslindando su responsabilidad.

El gobierno mantiene su línea habitual ante las demandas de los trabajadores o cualquier sector social, no da ninguna respuesta hasta que el problema se transforma en crisis. Finalmente se apresura las conclusiones de la Comisión Bravo (tercera comisión en los últimos años, destinada a definir alguna solución al problema de las bajas pensiones), las que resultan en un empate técnico, 12 comisionistas proponen reformas cosméticas para mantener el sistema, y 12 proponen volver a un sistema de reparto (divididos en 11 que proponen hacerlo gradualmente y uno que propone hacerlo inmediatamente). Luego le llega el turno a Rodrigo Valdés, ministro de hacienda quien da un portazo planteando que no hay recursos. Finalmente Bachelet firma la ley para formar una AFP estatal, lo que debe pasar por el trámite legislativo, no sin antes advertir lo que todo el mundo sabe, que esa no es la solución para el problema.

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Las soluciones

A estas alturas, la inviabilidad de las AFP en su estado actual es un dato de la causa. Y los distintos actores comienzan a plantear las soluciones.

El gobierno de la Nueva Mayoría plantea una AFP estatal, consciente de que no es una solución al problema.

Los representantes de las AFP –representantes de la fracción más fuerte de la burguesía local. Indican una serie de medidas en las que el resto de la sociedad debe contribuir a que ellos no disminuyan sus gigantescas ganancias. Primero extender la edad de la jubilación a 70 años a los hombres y 65 años a las mujeres (el costo lo pagan los trabajadores), segundo “fortalecer” el pilar solidario (otra vez el costo para los trabajadores, esta vez vía impuestos), tercero incrementar los montos de las imposiciones, aquí hay un hecho inédito. Producto de ser el sector burgués dominante, proponen que los empresarios vuelvan a aportar a las cotizaciones de los trabajadores en un 4 o 5%. La fuerza de este sector es tal que hasta ahora ningún sector de la burguesía ha osado cuestionar la propuesta.

Los representantes políticos de la burguesía (Nueva Mayoría y Chile Vamos) conscientes de lo está en juego, no atinan a esbozar ninguna propuesta, a la espera de las decisiones de sus patrones.

Sin embargo hay una solución para esta debacle, volver al viejo sistema de reparto. Donde los trabajadores y los empresarios aporten a la seguridad social y el estado libere los recursos que ahora debe gastar.

En la actualidad, con un sistema de reparto sin aportar nuevos recursos, con la demografía chilena se puede jubilar a 300.000 pensionados que aún no lo han hecho por que obtendrían malas pensiones eso significa aumentar los pensionados por vejez en un 40%. Se pueden duplicar las pensiones actuales, las pensiones se puede reajustar hasta el fin de siglo de acuerdo al índice de sueldos y salarios. Finalmente se podría suspender de inmediato todo el beneficio fiscal al sistema de AFP y sostener esto hasta fin de siglo solo con las cotizaciones.

La grieta del sistema

Los empresarios tienen toda la razón cuando arguyen que una de las causas primordiales de las bajas pensiones son los bajos salarios y la inestabilidad laboral. Sin embargo la solución real para ese problema no se encuentra en ajustes económicos, ni en mejorar los aportes, la solución pasa por terminar con el modelo económico que genera estos bajos salarios y la inestabilidad laboral, y al que hemos estado alimentando con nuestros recursos mensualmente desde hace 46 años. Es a esta conclusión a la que realmente temen los dueños de Chile.