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España: ETA víspera del punto final

por Petxo Idoiaga //

 

Viernes 20 de abril, “ETA al pueblo vasco: declaración sobre el daño causado”

La declaración comienza así: “ETA, organización socialista revolucionaria vasca de liberación nacional, quiere reconocer mediante esta declaración el daño que ha causado en el transcurso de su trayectoria armada, así como mostrar su compromiso con la superación definitiva de las consecuencias del conflicto y con la no repetición. Seguir leyendo España: ETA víspera del punto final

Continuidades y discontinuidades en la historia “judía”

Didier Epsztajn//

El libro de Ilan Halevi 1/, es a la vez un libro erudito y un libro político. El autor, periodista y político judío palestino, y uno de los pocos miembros judíos de alto rango de la Organización para la Liberación de Palestina.

Trata siglos y situaciones sociales diferentes. Analiza, a menudo con humor, siempre con una buena pluma, las relaciones sociales y sus contradicciones, las reescrituras históricas y míticas, las cristalizaciones ideales…

De este conjunto, sin retomar las grandes líneas presentadas por Enzo Traverso, yo me fijaría en algunos elementos.

Para los periodos históricos más antiguos, y las referencias a los textos bíblicos, sin pretender tener los conocimientos que permiten discutir los detalles, me apoyaría en los trabajos de arqueólogos e historiadores llamados “nuevos” 2/. Aquellos que afectan a las historias y las geografías de una región que hoy llamamos Palestina. “Aquí se derrumban y se disuelven, al servicio de opciones prácticas que se excluyen completamente, toda una serie de morales de la historia tanto más incompatibles en cuanto que llaman a los mismos símbolos, se expresan en el mismo lenguaje”.

Ilan Halevi reflexiona sobre la historia, su escritura: “las cuestiones dependen de quien las plantea y también de aquellos a los que van dirigidas”. Parte del presente y del pasado reciente, de los reasentamientos del siglo XX, de Europa y de la cuestión del emplazamiento de las poblaciones judías, de los desplazamientos entre la cuestión europea y la cuestión oriental, de las imágenes y de los mitos. Propone releer de otra forma esta historia: “Para ello, no es necesario inventar, solo descubrir. Solo es necesario no haber olvidado nada, no censurar, aproximar las omisiones a las convergencias, de coincidir y aclarar”.

Sobre la primera mitad del siglo XIX, durante la inestabilidad general de los imperios, el autor insiste particularmente en el sistema otomano, en el romanticismo de la emancipación burguesa, en la imaginería heredada de las cruzadas, las violentas contradicciones locales, el derecho a la autodeterminación, las identificaciones sociales, la comunidad judía Yishouv palestina… Las idas y venidas, esas expresiones de no linealidad del tiempo social, forman parte del esclarecimiento, de las preguntas sobre las situaciones reales.

Los tres primeros capítulos del libro están consagrados a las tres nociones que designan los subtítulos del libro: la tribu, la ley, el espacio. Ilan Halevi analiza los fundamentos y los funcionamientos de las comunidades, “la autonomía reconocida de la comunidad judía como tal” bajo la administración otomana, las relaciones entre comunidades judías y sus entornos, las migraciones, el judaísmo árabe, las relaciones intercomunitarias bajo el derecho islámico, la fluctuación de los estatus (poblaciones judías y/o cristianas), las persecuciones. “Esta persecución -explica- solo es religiosa porque las entidades socio-políticas afectadas se definen por la religión”. Y también la comunidad y los individuos, los asentamientos mayoritariamente urbanos, el derecho anterior al islam y la autodefinición de la comunidad por ella misma. “no tal como es sino tal como ella se imagina”. Para ser exactos, las consecuencias de este punto me parecen subestimadas por el autor. Las autodefiniciones de los grupos sociales conllevan efectos materiales concretos para las poblaciones afectadas. Es de esto de lo que hay que discutir, no de las diferencias, que siempre existen, entre la percepción y la realidad. Dicho en otras palabras: las percepciones de sí mismo forman parte de la construcción de la realidad.

El autor sigue con una relectura del relato bíblico, los mitos y las historias codificadas en términos de derecho. Habla del “divorcio de la profecía y el poder”. Del tiempo y de la definición del tiempo cero, de la reorquestación del tiempo, de la espera mesiánica: “todavía nada ha acontecido, el tiempo gramatical de la profecía y el futuro”. Este ángulo de profecía versus poder es especialmente seductor. Cabe destacar, como lo hace el autor, que el año cero no es el de la revelación de la ley sino más bien el de su reescritura…

Sea lo que sea, la biblia que conocemos está “reescrita, expurgada, anotada y completada”. Hay en ella una verdadera invención del judaísmo: “ el momento de transición: separar el antes y el después. Pero para el texto mismo, solo existe el presente de la lectura” y de la cristalización de “una casta de sacerdotes”. El autor insiste, con razón, en el tiempo babilónico, el arameo, la competencia ritual, la obsesión en la pureza alimentaria, las prácticas de autosegregación. Las reglas de la vida no son las de la Torá de Moises sino aquellas definidas época a época, “por los rabinos que comentan, interpretan y enmiendan”. Ahí también convendría estudiar las diferencias, los tiempos de la adopción y sedimentación de los rituales.

Ley del desierto, “afirmación terrorista de la Ley”, invención de itinerarios migratorios o de lazos de familia, genealogía caprichosa tenida por historiográfica. ¿Debemos sostener como el autor que “ninguna esencia étnica separa a los buenos de los malos”? Este continúa con el lugar del sacrificio, el control del estado y las percepciones fiscales en especie “mediante el rodeo de una administración policiaca del control de la carne y de la pureza de la vida, la tribu de Levi despliega el ritual de su hegemonía”. Las realidades materiales incluyen dimensiones ideales. La eficacia de la ley dispensa al estado. En su lugar, la teocracia: “la violencia viene de Dios, y del pueblo, nunca de una categoría social particular”. Hay que destacar las páginas de “Profecía y sacerdocio”, el lugar y el impulso de los profetas, la administración persa, el “dominio confesional extraterritorial”, las sectas y las escuelas (y sus prolongaciones cristianas o islámicas), la constitución del poder rabínico… Y la desnacionalización del mesianismo, la comunidad y la coherencia de la Ley, el Talmud, la cristalización de un “sentimiento de irreductible alteridad entre el “nosotros” colectivo judaico y el resto de la humanidad en bloque -las naciones, los goyim”, el conservadurismo “etnocéntrico”, la desterritorialización de las comunidades autónomas…”

El espacio, las migraciones, los intercambios, la unidad lingüística de lo que denominamos Próximo o Oriente Medio, “resultado del contacto, del mestizaje, del intercambio y de la aculturación”, los mitos y sus adaptaciones, el “mito judío del origen ismaelita de los árabes se convertía con el Islam en el mito de los propios árabes”, el espacio de las tres religiones, la Ciudad de Dios y los infieles (“Es decir, a los paganos: no a los judíos o a los cristianos”), la revelación islámica, la Meca y la Medina, los cambios políticos 3/ y el cambio de posiciones en relación a las comunidades judías que, sin embargo, no revela una “contestación teológica del judaísmo por parte del Islam”. Así mismo, el derecho tribal de la guerra, la posición de las poblaciones judías a lo largo de la época del Islam, la revolución abasida, “con esta revolución que abolió en la práctica las restricciones impuestas a la libre circulación de los judíos en el espacio geográfico y social de la nueva civilización, las comunidades judías del mundo musulmán van a transformarse y alcanzar pleno desarrollo”. Y aún los califas y la autoridad centralizada de un rabinato único, “del judaísmo, desde ahí, no se sale más…-…y tampoco se entra más”. Migraciones hacia el nuevo occidente y España, a las puertas del occidente cristiano. “No obstante, esta migración que encamina a los judíos hacia otra historia, no se basa en la lógica interna, social o ideológica, del judaísmo”. Un cambio notable, un “doble movimiento institucional y espacial”.

Ilan Halevi detalla las transformaciones, la apertura de las “puertas del poder profano”, el terreno del comercio que es también el terreno de la comunicación, las mutaciones lingüísticas y religiosas, las relaciones entre filosofía y fe, la circulación de las ideas…

Aborda al talmudista Maimonides, la refutación mística de la filosofía. La recomposición de las instituciones religiosas y comunitarias, la problemática religiosa, la dhimma, el intermedio del latín, la historia de los marranos, la cultura rabínica floreciente a la sombra de los príncipes castellanos, el Libro del esplendor (Sefer ha-Zohar), la lengua talmúdica (el arameo), el desciframiento de los textos, la ciencia cabalística, el entorno de los poderes… Son destacables las hermosas páginas sobre el mesianismo: “Este mesianismo se nutre de la persecución: humillaciones, inseguridad, explosión de violencia, expulsiones”, las otras simbiosis europeas del judaísmo, la expulsión de la tierra, los colores de la infamia. “Empujados por los mismos factores que prácticamente habían eliminado a los judíos de Francia, los judíos de Italia del Norte y de Bohemia, de Renania y de Prusia, van a afluir hacia el reino de Polonia, donde los príncipes católicos les van a ofrecer una protección sin parangón”.

Europa

El tiempo askenazi, la cristalización de un judaísmo en el interior del área lingüística germánica, los desplazamientos forzosos en esta zona, el yidis, “el mundo askenazi de Europa del Este va a dominar pronto todos los puntos de la diáspora”. Ilan Halevi detalla las condiciones y las organizaciones judías, la sociedad rabínica. Discute de la Horda, de los Jázaros 4/, del crecimiento geográfico, de la elasticidad de las fronteras, de la geopolítica de las nacionalidades, de las autonomías singulares, de las revueltas campesinas, del campesinado ucraniano, del fenómeno cosaco, de los abusos contra las poblaciones judías, “Pueblos, clases, órdenes, castas…tantas aproximaciones para formaciones cambiantes o inacabadas, cuya historia y configuración se bifurcan en función de los azares de la guerra, y que no son nada distinto a lo que son en tal o cual momento de esos destinos cambiantes, cualquiera que sea, por otra parte, la idea que ellas tienen de sí mismas. En realidad, hay una dificultad en utilizar términos que no tienen la misma significación en las configuraciones diferentes de las relaciones sociales.

El autor continua con la “constitución del judaísmo” en Polonia, su protección por parte de la monarquía, los “mazazos” sufridos “por las contradicciones sociales, religiosas, nacionales – económicas, ideológicas y étnicas”.

Ilan Halevi habla de la religión como signo de reconocimiento “para grupos al mismo tiempo nacionales y sociales”. Hace la crítica de los límites de la teorización de Abraham Leon y su reducción de la historia de la sociedad a un mecanismo económico.

Separación social, concentración comunitaria, espacio geográfico autónomo, densidad de la autonomía, protección real y modelo rabínico propio. Sin embargo, es una pena que el autor no aborde las contradicciones generadas por estas formas de organización. Ilan Halevi habla de “creación de las condiciones materiales de la existencia nacional”, de la particular implantación en el territorio, de sociedad dispersa, de aldea judía, exclusivamente judía, de Shtetl, de yuxtaposición y no aculturación , de lazos sagrado-legal-privado y de las lenguas hebreo-arameo-yidis, de la ortodoxia y de los debates, del dogmatismo y ritualismo exacerbado, de la Misnha y de la Halakha. Así que el universo cultural y mental del Shtetl, del sabatismo, del hassidismo, de la glorificación de los conocimientos y de la institucionalización de la ignorancia, de los Tsaddiq, del desarrollo de la contestación, de la Cabala, de la división entre “judíos y no judíos” y del concepto de separación (havdalah) de crisis interna del Shtetl, de las transformaciones y de las fisuras en la unidad del judaísmo askenazi…

En diferentes grados, la cuestión de la emancipación de los judíos (la emancipación de las mujeres es un agujero negro) se convierte en una cuestión europea, especialmente, al oeste del continente. Asimilación y antisemitismo, masacres y pogroms, exclusión social, grandes movimientos de población y oleadas migratorias que “hacen pasar al oeste a varios millones de ostjuden , niños y nietos de la civilización del Shtetl en crisis”, modificación de las miradas sobre sí mismos… Sin duda, se trata de historia. Sin embargo, permanece el mito “de una unidad étnica” propagada no solamente por los antisemitas. Destaco las páginas del autor sobre las diferentes formas del odio, del anti-judaísmo cristiano al antisemitismo racial. También es necesario insistir en las transformaciones: “En el espacio de dos generaciones, el estatus y el lugar de los judíos en Europa había sufrido modificaciones de una amplitud inigualable”. Al modificar una parte significativa de las condiciones materiales de las comunidades se produce la “desintegración de la problemática social judía separada” de la que hay que hablar. Queda para una parte de ellas, en el imperio ruso, en la zona de residencia, la conservación de concentraciones territoriales, el desarrollo de una pequeña industria, de un proletariado judío. El autor insiste con razón en las transformaciones que son “increíbles”. Nacimiento de una burguesía judía, de un proletariado judío y de una organización de obreros judíos, el Bund…

Si el “marco de identidad judaica” se rompe efectivamente, hablar como lo hace Ilan Halevi de”pueblo-testigo es puro anacronismo etnográfico y religioso” me parece impropio y dudoso y al descuidar las reconfiguraciones en las que las poblaciones judías se consideran como judías, a menudo separadamente, o al menos en parte, de sus creencias religiosas. Pero hay una clara contradicción en el ámbito socio-religioso-rabínico, “la imposibilidad para la vieja Ley de sobrevivir en las nuevas condiciones”.

El autor vuelve a la historia, especialmente la de los marranos, la diáspora marrano-sefardí y a Espinoza, para analizar mejor “el movimiento judío de las Luces, la Haskala, y la reforma del rabinismo”. Mendelssohn, la Haskala, yidis o hebrea, cultura judía laica, revuelta interna contra el “modelo rabínico de la protección”. Partiendo de las líneas de emancipación de la Haskala y del Yidisland, líneas opuestas y, sin embargo, emparentadas, sin duda es de la libertad, de la autonomía de los individuos de lo que se trata. Dos líneas históricas que se han opuesto y mezclado… Como el autor, destaco las dimensiones revolucionarias del ideal universalista del socialismo como el “sobrepasar y al mismo tiempo culminar la misión social de los profetas”. Queda que la emancipación individual y colectiva se enfrentan a las dimensiones “ideales” o “nacionales” que no desaparecen ni se disuelven en lo abstracto y el futuro de la universalidad no concreta.

Más allá de lo que dice el autor, cuya apreciación se limita a una crítica del “nacionalismo cultural”, creo que aún tenemos mucho que aprender de los análisis del Bund como el de los austriaco-marxistas.

Sea lo que sea, hubo otras profundas rupturas ligadas a las lejanas migraciones. “La marcha hacia América o hacia Australia representa la más clara ruptura con el Shtetl, incluso si más tarde, es en Estados Unidos donde se recompone la vida judía más comunitaria”.

También es la época de la “reorganización imperialista del mundo”. Ilan Halevi analiza, bajo múltiples facetas, el/los sionismo/s, el mito del trabajo de la tierra, los Amantes de Sion, Theodoro Herzl, el territorialismo, el sionismo político, la “utopía nacional judía”, la idea de una normalización de los judíos mediante un estado judío, las prácticas colonizadoras de masas, la reformulación secular del tema de elección. “El núcleo del consenso sionista afecta al destino judío, la naturaleza del estado de Israel y la esencia del rechazo árabe: fundamentalmente, el sionismo es un tipo de mirada puesta sobre el antisemitismo”. Estamos aquí lejos de la simple reducción del sionismo únicamente al colonialismo operado por algunos. “No se trata de considerarlos al mismo nivel, sino al contrario, de mostrar cómo el sionismo produce el antisemitismo y la reacción frente al antisemitismo, se funda y se consolida con el antisemitismo. Y aún habiendo renunciado al mesianismo que hacia del fin de las naciones el objetivo de su historia, o del declive del estado, el futuro de las sociedades, no se puede pensar en un judaísmo eternamente basado en un antisemitismo eterno”.

Masacres, pogroms, caricaturas, discriminaciones, humillaciones antes de la guerra, política nazi de exterminio junto con las poblaciones consideradas inútiles, parásitas, razas inferiores, en especial, las poblaciones judías y gitanas. La amplitud de esta ruptura no debería ser subestimada pues afecta a toda la humanidad le guste o no al tierno revisionismo de algunos.

Otra cosa es su reescritura ideológica a lo largo de los años, en la ocultación “de la lucha de los partisanos judíos no sionistas contra la máquina de guerra nazi, y en el hecho de que el estado de Israel “se considere único heredero de los muertos”.

La vuelta a Palestina. Una historia y no un complot

Ilan Halevi tiene razón al destacar que las clases o los estados-nación no son los únicos sujetos de la historia, que la “nación-estado homogénea y burguesa” no tiene la configuración social más extendida que hay una “multiplicidad de formaciones sociales transitorias entre la tribu (el clan) y los imperios multinacionales”. Sin embargo, esto no valida la utilización de “tribu” o de “clan” de manera trans-histórica. Si nada autoriza a reducir las construcciones institucionales en el siglo XX a las formas institucionales expandidas en una parte de Europa y en algunas otras regiones del mundo, nada justifica tampoco hablar de clan o tribu. Aquí se trata más bien de historia, de construcciones sociales siempre cambiantes, imbricadas y no aisladas, en contacto e interferencia permanentes con otras construcciones sociales. El autor prosigue con “la red de lealtades prácticas e ideológicas “ (fórmula que hace caso omiso a otras relaciones sociales, especialmente, las de explotación y de dominación), o “el carácter inestable, inacabado y fluctuante de los círculos discordantes de la identidad colectiva y de los contornos del “Nosotros”, esa es, sin duda, la verdadera normalidad” que no zanja la cuestión de las instituciones construidas. Centrar los análisis en las identidades siempre es reduccionista y poco propicio para pensar la historia y las contradicciones engendradas por las diferentes relaciones sociales.

Ilan Halevi destaca con razón “una falsificación esencialista de la historia de los judíos” por los sionistas que “afirman la existencia de una nación judía eterna y orgánica”. No obstante, es necesario nombrar esta “comunidad de destino(s)” que las personas que se consideran judíos y judías siguen percibiendo, más allá de la secularización y el abandono mayoritario de las prácticas religiosas. El problema sigue entero o rehecho después del genocidio, después de la destrucción del Yidisland y de la nación yidis”.

Hay que empezar con una crítica fuerte: “ninguna esencia está actuando en esta trayectoria en la que una formación antigua cambia de fisonomía y de configuración según las transformaciones sociales a las que está sometida” (esto es verdad para todas las poblaciones) y analizar sus concreciones históricas…

Como ya he indicado, los análisis del sionismo de Ilan Halevi son muy ricos. Especialmente habla de los núcleos de irreductibilidad de la especificidad del colonialismo sionista en la lógica del capitalismo moderno, de la lógica estatal-territorialista del sionismo político, de las miradas sobre los paisajes humanos y de la percepción del mundo “de ellos mismos pioneros”, de la negación de los palestinos, de “la necesidad universal de los colonizadores de borrar las huellas de la historia precolonial y de transformar los exterminios en decadencia natural… El autor analiza, entre otros, el sionismo obrero, la compra de tierras, los kibutz, la conquista militar que “va a hacer de la apropiación -expropiación de las tierras de Palestina una realidad masiva”, la Histadrout “(Confederación General de los Trabajadores Hebreos en Tierra de Israel)”, el “producir judío, consumir judío, boicotear y a veces destruir- la producción indígena”, los traslados forzosos de poblaciones “resultado de una acción continua y concertada”, el lugar de la matanza de Deir Yassine, las reestructuraciones sociales…

llan Halevi continua con el análisis de la sociedad israelí. Es particularmente interesante el análisis del traslado de los judíos árabes, los mitos sobre la situación de la población judía bajo el islam (para unos, una constante opresión y humillación, para otros, un encadenado de periodos oscuros: persecuciones, expulsiones, masacres), la negación de la arabicidad y la preeminencia del judaísmo, el control social y el lugar de la militarización y la escolarización, la “nueva nación israelí” (dimensión negada a menudo en los apoyos a los justos derechos de los palestinos), el racismo judío del Bloque de la Fe, el “rechazo a reconocer el hecho nacional palestino en el corazón de un espacio colonizado”…

A modo de conclusión, Ilan Halevi reafirma que “la historia no es una fatalidad sino en encadenamiento de contingencias y de libertades”. Habla de “desionización” del fin del apartheid, de democracia para las dos comunidades, de ficción étnica. “El rechazo nacionalista árabe a reconocer a Israel como hecho nacional no árabe e independientemente de cualquier cuestión de estructura aquí es eco a la negación de los derechos de los kurdos en Irak o de los azaníes en Sudán: una vez más, en un enfoque global en el que los judíos israelíes no son las únicos objetivos”.

Como ya lo he indicado, no me parece que el judaísmo se haya convertido en una “simple denominación religiosa”. El aumento o la reformulación del antisemitismo en las sociedades europeas, ligado o no a otras formas de racismo, muestra que “la cuestión judía, como entre otras, la cuestión gitana, siguen de actualidad.

 

Notas

1/ Question juive – La tribu, la loi, l’espace. Ilan Halevi. Prólogo de Michel Warschawski y de Enzo Traverso. Syllepse. París, 2016.

2/ En particular, los libros de Isra‘l Finkelstein y Neil Asher Silberman, La Bible dŽvoilŽe et Les rois sacrés de la Bible, À la recherche de David et Salomon, https://entreleslignesentrelesmots.wordpress.com/2010/04/05/archeologie-mythes-et-histoire

3/ Para profundizar sobre este tema Maxime Rodinson: Mahomet, o el reciente Suleiman Mourad: La mosaïque de l’Islam. Entretien sur le Cotran et le djihadisme con Perry Anderson, http:// http://entrelignesentrelesmots.wordpress.com/2016/09/26//le-wahhabisme-et-le-salafisme-comme-coupure/

4/ Ver el prólogo de Enzo Traverso

 

¿Qué hay detrás de la “conferencia antifascista” de Podemos en España?

por Alejandro López

 
En medio de las protestas internacionales contra las políticas migratorias del “América primero” de la nueva administración de Trump, y las llamadas de defender Estados Unidos contra “los estragos de otros países”, el partido seudoizquierdista español Podemos está pidiendo una conferencia internacional antifascista .
Detrás de ésta apelación está el intento de bloquear la aparición de un movimiento independiente de la clase obrera y la juventud, y canalizar el sentimiento anti-Trump detrás de las facciones defensoras de la Unión Europea (UE) de la burguesía española.

Al igual que sus homólogos europeos, la burguesía española está dividida sobre cómo reaccionar ante el régimen de Trump. Su elección marca el final definitivo del papel que jugó Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial como ancla de la integración europea y garante, a través de la OTAN, de los intereses imperialistas de Europa. Trump ha declarado a la UE un rival económico liderado por Alemania ante Estados Unidos y ha predicho que otros países se marcharían y seguirían el liderazgo del Reino Unido.

Tales sentimientos ya son expresados por Marine Le Pen del Frente Nacional, pronosticada para ganar la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas en abril. Por otra parte, en Holanda el Partido de la Libertad de Geert Wilders lidera las encuestas con un 31 por ciento para las próximas elecciones parlamentarias de marzo, con un discurso similar al del Frente Nacional.

Sin embargo, Podemos no ofrece ninguna alternativa al surgimiento de la derecha nacionalista. De hecho, Podemos lo facilita.

Las dos principales facciones que compiten por el poder en Podemos en el congreso del partido de este fin de semana -la facción mayoritaria encabezada por el secretario general Pablo Iglesias y el ala Errejonista dirigida por el portavoz de Podemos en el parlamento y secretario de Política y Área de Estrategia y Campaña de Podemos, Íñigo Errejón- apoyan la convocatoria de una “conferencia antifascista”. Además, se ha apuntado la facción Anticapitalistas de Podemos encabezada por Miguel Urbán y Teresa Rodríguez.

La convocatoria se hará “contra la austeridad, el auge de la extrema derecha y por una revolución democrática en Europa”. Su objetivo es contrarrestar “un auge del racismo y el autoritarismo”, la “islamofobia” y una gestión “racista e insolidaria” de las instituciones europeas ante la llegada de refugiados. Del mismo modo, Trump es criticado por “reforzar el racismo”. En respuesta, Podemos pide una solución doble: primero, evitar que las personas se sientan atraídas por el populismo derechista y, en segundo lugar, formar un “nuevo bloque histórico” que sirva de “parapeto” contra el surgimiento del nacionalismo de extrema derecha.

El postureo de Podemos como oponente al nacionalismo de extrema derecha es un fraude político. Si la extrema derecha ha podido crecer es precisamente porque las fuerzas seudoizquierdistas como Podemos han buscado alianzas con los partidos socialdemócratas, o como en el caso de Syriza en Grecia, han formado directamente gobiernos, todos comprometidos con la austeridad. Esto ha permitido a las fuerzas de extrema derecha explotar el descontento social y alzarse como una oposición al poder establecido.

Podemos mismo ha legitimado la integración de las fuerzas de extrema derecha en la política burguesa europea dominante al alabar el nacionalismo como progresista y buscar reclutar a grandes sectores del cuerpo de oficiales del ejército español en sus filas. Su “nuevo bloque histórico” es un término consignado a encubrir el desarrollo de vínculos más profundos con otros partidos burgueses con el pretexto de una lucha contra la extrema derecha.
Esto se puso de manifiesto recientemente en la edición de diciembre de la revista mensual La Marea dedicada a “Antídotos de izquierdas contra el neofascismo” y que contenía entrevistas con una docena de líderes de la seudoizquierda

Pablo Iglesias, al ser preguntado por defensa del patriotismo por parte de Podemos, respondió que lo defendía “absolutamente”. Explicó que “la desgracia de perder una Guerra civil” quería decir que “ciertos significantes”, una referencia a las palabras como “España o patria”, quedaron “en manos del adversario político”. Preguntado si ante el auge de la extrema derecha no sería necesario una estrategia internacional, Iglesias respondió negativamente, declarando que “choca con la desgracia de que los escenarios políticos son de tipo nacional-estatal” – la fundación de la política reaccionaria de Podemos.

A Alberto Garzón, líder de los estalinistas de Izquierda Unida que son aliados parlamentarios de Podemos, cuando se le preguntó sobre el proteccionismo de Trump declaró abiertamente que “las propuestas económicas de Trump u otros partidos de extrema derecha, a veces, no difieren tanto de la izquierda nuestra”.

Igual de rotundo se mostró Iñigo Errejón, un defensor del “populismo de izquierdas”. Preguntado acerca de la posibilidad de que Podemos podría asimilar partes del discurso antiestablishment de la extrema derecha, Errejón respondió que los neofascistas y Podemos ocupan el mismo “espacio”.

Dijo que “la diferencia entre un populismo abierto y democrático o un populismo reaccionario es quién es el enemigo. La cosa es quién dote de sentido o quién construya esa comunidad nacional. Es verdad que el PP ha tapado los huecos del franquismo sociológico, el de la posibilidad de un pueblo construido contra los débiles, el de un populismo fascista, creo que lo tapamos nosotros”.

Otra entrevistada no fue otra que Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona y líder de Barcelona en Comú, un aliado político de Podemos, famosa por ordenar a la policía de la ciudad condal a perseguir vendedores ambulantes y su oposición a una huelga de trabajadores del metro. Al imponer un “servicio mínimo”, aseguró la derrota de la huelga.
Podemos no tiene intención ninguna de montar una lucha seria contra la extrema derecha, en España o en otros lugares. Más bien, pretende bloquear la oposición social a través de la contención, desviación, y finalmente, la dispersión de cualquier movimiento de la clase trabajadora en favor de los interese de clase de su base social de apoyo: la clase media alta.

El valor de Podemos para la clase dominante se expresa en el apoyo mediático que ha recibido su campaña de “vuelta a las calles” coordinada con la burocracia sindical, que consiste en escenificar bajo el foco de los medios de comunicación su apoyo a las huelgas. Los medios de comunicación retratan estas acciones como de oposición con el fin de desviar la creciente ira social detrás de la perspectiva nacionalista y decadente de Podemos.

La conferencia “antifascista” es la última manifestación de estas políticas. Fue propuesto por primera vez por los pablistas de Anticapitalistas y su líder Miguel Urbán, según la página web favorable a Podemos, cuartopoder.es: “La intención de Urbán es poder contar en Madrid con políticos de relevancia como el británico Jeremy Corbyn o el estadounidense Bernie Sanders, además de representantes de la izquierda europea, que está haciendo frente al avance de la extrema derecha.”

Sin embargo, tan pronto como la tinta se secó sobre las propuestas para la conferencia de Urbán, los dos principales “políticos relevantes” mostraron su verdadero rostro.

Bernie Sanders declaró que “Si el Presidente Trump se toma en serio una nueva política para ayudar a los trabajadores estadounidenses, estaría encantado de trabajar con él”. Después aprobó la designación del General James “Perro Loco” Mattis como secretario de Defensa de Trump, el mismo hombre que lideró el sangriento asalto a Fallujah en 2004, reduciendo la ciudad a escombros y matando a miles de civiles.

En cuanto a Jeremy Corbyn, recientemente dejó de lado su oposición a los controles migratorios, declarando que “el trabajo no está ligado a la libertad de movimiento de los ciudadanos de la UE como punto de principio” en las conversaciones de Brexit. Esto no es sino el último paso en su capitulación ante el ala derecha del Partido Laborista, que incluye la colocación de los belicistas blairistas en su primer gabinete a la sombra, la libertad de voto a los diputados laboristas en apoyo a los bombardeos contra Siria, la renovación del programa de armas nucleares Trident y el abandono de su oposición de toda la vida -basada en un programa de nacionalismo económico- a la UE.

La idea pablista de una conferencia antifascista desapareció y sólo se resucitó casi un mes más tarde, justo cuando surgían divisiones en la clase dominante española sobre la mejor forma de preservar y promover sus intereses nacionales. El principal dilema de España es si sumarse a Alemania y Francia en defensa de la UE, o con Estados Unidos, con la esperanza de convertirse en el nuevo socio estratégico de Washington en Europa.

Podemos ha intervenido, al menos por ahora, para defender a la facción de la UE. En el parlamento, Iglesias y Errejón se unieron al coro de voces, encabezado por el diario El País, criticando al gobierno del Partido Popular de Mariano Rajoy por su intento de continuar las relaciones con Estados Unidos como antes. Ambos condenaron la posición de Rajoy como “vergonzante” por ser uno de los pocos líderes europeos en no haber criticado a Trump.

Iglesias dijo: “La palabra tibieza es moderada, creo que es vergonzoso que cuando el señor Donald Trump es a todas luces un representante de un retroceso democrático sin precedentes y de un ataque descarnado a los derechos humanos, creo que nuestro Gobierno al menos debería decirlo.” Errejón dijo que Rajoy debe unirse al “clamor “de la sociedad civil y muchos líderes internacionales en contra de las políticas de Trump, de las cuales “me siento orgulloso”.

Cualesquiera que sean las suaves críticas que susciten contra Trump, lo que menosprecian de Trump y de las secciones de la clase dirigente estadounidense que representa es el hecho de que Estados Unidos esté repudiando su papel previo como supervisor de la UE y la OTAN, ambas defendidas por Podemos. Al mismo tiempo, el nacionalismo y el proteccionismo económico de Trump están sacando a la luz las consecuencias de la defensa de estas concepciones por parte de Podemos.

La verdadera amenaza para la clase trabajadora es que Podemos está creando un terreno fértil para la creación de un partido de extrema derecha genuino, que pueda usar más directamente el lenguaje de “patria”, “España”, y el nacionalismo para defender los intereses de la clase dominante.