Archivo de la etiqueta: Emmanuel Jean-Michel Frédéric Macron

¿Cuál es el camino por seguir de las protestas de los “chalecos amarillos” en Francia?

por Alex Lantier //

Después del cuarto sábado de manifestaciones de los “chalecos amarillos” contra el presidente Emmanuel Macron, un movimiento de masas está emergiendo de forma clara entre los trabajadores contra el sistema capitalista. La decisión de Macron de retirar el regresivo impuesto sobre la gasolina que detonó inicialmente las protestas no resolvió nada. Entre los “chalecos amarillos”, están surgiendo a un primer plano las demandas de igualdad social, importantes aumentos salariales, la salida de Macron, la eliminación de los privilegios de los superricos, un fin al militarismo, huelgas generales y una revolución. Seguir leyendo ¿Cuál es el camino por seguir de las protestas de los “chalecos amarillos” en Francia?

Francia en el umbral de una situación revolucionaria

de Révolution //

La situación social y política en Francia evoluciona a una velocidad vertiginosa. En menos de un mes, el desarrollo del movimiento de los chalecos amarillos ha puesto al país en el umbral de una crisis revolucionaria. En los próximos días, dicho umbral puede ser traspasado.  Seguir leyendo Francia en el umbral de una situación revolucionaria

Imparables los Chalecos Amarillos: Francia en estado de insurrección

por Joe Attard //

Las protestas de los Gilet Jaunes (chalecos amarillos) en Francia están en un punto de inflexión. Enfrentado a la creciente radicalización de la protesta, que ahora amenaza la supervivencia de su gobierno, Macron cambió su tono desafiante y prometió “suspender” el aumento de los impuestos sobre los combustibles que provocó el movimiento. Este paso atrás se produjo después de las batallas callejeras del fin de semana entre miles de manifestantes y la policía que dejaron más de 200 heridos solo en París y resultó en al menos una muerte. Seguir leyendo Imparables los Chalecos Amarillos: Francia en estado de insurrección

Francia y los chalecos amarillos: cómo doblegar a Macron

de Révolution //

El discurso de Macron del martes por la mañana fue una larga e interminable provocación. Mientras que los chalecos amarillos exigen, como mínimo, medidas inmediatas contra la carestía de la vida, el Presidente habló sobre todo de la situación mundial en el horizonte 2050. No nos ahorró ninguna consideración de “método” ni de “pedagogía”. Pero no anunció ni una sola medida concreta. La modulación de los impuestos en función del precio del petróleo no es una medida concreta: es una vaga hipótesis, sin coste y sin plazos. Seguir leyendo Francia y los chalecos amarillos: cómo doblegar a Macron

Cumbre del G20 eclipsada por la tripolaridad de EE.UU. / Rusia / China

por Alfredo Jalife-Rahme //

La irrelevante Cumbre del G20, esta vez en Buenos Aires, creada a raíz de la grave crisis financiera de EE.UU. en 2008, desde ahora ha sido eclipsada por las reuniones tangenciales y trascendentales de Trump respectivamente con el presidente ruso, Vladímir Putin, y con el mandatario chino, Xi Jinping, a quien invitó a cenar. Seguir leyendo Cumbre del G20 eclipsada por la tripolaridad de EE.UU. / Rusia / China

Francia: movilización popular de los chalecos amarillos

por Léon Cremieux //

 

Desde hace casi un mes se desarrolla en Francia un movimiento que no tiene precedentes. El 17 de noviembre, a lo largo y ancho de Francia se produjeron no menos de 2500 bloqueos de carreteras y de peajes de autopistas, en una movilización que aglutinó a 300.000 chalecos amarillos (porque los manifestantes se colocan el chaleco amarillo obligatorio en los vehículos). Durante toda la semana posterior se han seguido manteniendo numerosos bloqueos en ciudades de tamaño medio. Y el sábado 24, de nuevo, se han desarrollado multitud de acciones en las que han participado más de 100.000 personas, de las cuales 8.000 a Paris en los Campos Elíseos, provocando más de 1.600 bloqueos Seguir leyendo Francia: movilización popular de los chalecos amarillos

Macron visita Grecia: la “Izquierda Radical” de Tsipras le da la bienvenida al exbanquero devenido en presidente de Francia

por Alex Lantier//

Emmanuel Macron viajó la semana pasada a Grecia para aplaudir las medidas de austeridad impuestas por el Gobierno de la “Coalición de la Izquierda Radical” o Syriza y para discutir el futuro de la Unión Europea.

La visita a Grecia muestra claramente lo que Macron tiene en mente para la clase obrera francesa. Después de las elecciones generales alemanas del 24 de septiembre, Berlín y París pretenden utilizar la Unión Europea (UE) para liquidar los derechos sociales adquiridos por la clase trabajadora en Francia y en Europa a lo largo del siglo XX. En su asalto contra la clase obrera, la aristocracia financiera procura utilizar a la “izquierda radical” pequeñoburguesa como una herramienta política clave.

Tsipras en Twitter: “Apoyamos iniciativas para una nueva arquitectura económica y monetaria de la UE hacia una Europa más democrática y social”.

El cordial encuentro entre el exbanquero Macron y el primer ministro griego, Alexis Tsipras, también desenmascara la oposición nominal de la pseudoizquierda francesa contra Macron. Jean-Luc Mélenchon y el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), quienes pretenden oponerse a Macron, elogiaron la llegada al poder de Tsipras. Si tomaran puestos de poder bajo Macron, como Mélenchon ha propuesto hacer, la línea de clase que adoptarían no sería significativamente diferente de la de Tsipras.

En su primera reunión con el presidente griego, Prokopis Pavlopoulos, Macron aplaudió los dictados de austeridad de la UE en Grecia: “Deseo rendir homenaje aquí a las reformas que sus gobiernos han llevado a cabo y tendré la oportunidad en breve de tener un intercambio con el primer ministro Tsipras sobre este tema. Pero estas reformas deben ir de la mano con un compromiso colectivo para continuar permitiendo la reestructuración de la deuda de su país”.

Macron elogió el “coraje” que Syriza y la clase gobernante griega demostraron al imponer las políticas de austeridad contra el pueblo griego: “La resistencia que ustedes demostraron, el valor que tuvieron para llevar a cabo varias reformas, la voluntad para no olvidar sus principios, su gobierno y su primer ministro siempre se mostraron para mantener a Grecia en Europa, mientras que a su alrededor muchos extremistas los presionaban para que la abandonaran. Nos obliga a tener aún más ambiciones para esta Europa que seguimos queriendo”.

De hecho, el único “coraje” que poseían Tsipras y Syriza fue el que tuvieron para rechazar las promesas de oponerse a las medidas de austeridad y de cumplir servilmente las demandas de los bancos, esperando que el ejército y la policía antidisturbios los protegieran de la ira de las masas.

El impacto acumulado de los recortes a las pensiones y al salario mínimo de una serie de gobiernos griegos desde el 2008 ha sido una caída promedio del 40 por ciento en las pensiones y los salarios. Las quiebras y despidos de pequeñas empresas y una ola de despidos masivos en la fuerza laboral del sector público han llevado a una tasa de desempleo del 25 por ciento (60 por ciento entre los jóvenes).

Atenas y la UE utilizaron la catástrofe social que estaban creando –el PIB griego cayó en un cuarto, como en los países más afectados de la depresión de los años treinta— para desgarrar los derechos sociales básicos de los trabajadores. Estos ataques incluyeron una reducción de la pensión mínima a 384 euros por mes y la eliminación de los servicios públicos de salud para los desempleados.

Syriza quedó electo en enero del 2015, basando su campaña en falsas promesas que repudiaron rápidamente de poner fin a las medidas de austeridad de la UE. Incluso organizaron un referéndum para votar sobre la austeridad el 25 de julio, con la esperanza de obtener un voto del “sí” que les permitiera renunciar, culpando a la población de apoyar a la UE. Frente a un aplastante 62 por ciento por el “no”, en su mayoría de trabajadores, Syriza pisoteó la opinión pública e impuso el mayor paquete de medidas de austeridad desde el comienzo de la crisis.

Al igual que Mélenchon y el NPA en Francia hoy, Tsipras se negó a llamar a los trabajadores europeos a defender a los trabajadores en su país para oponerse a la austeridad. Como había advertido el WSWS, el rechazo de Syriza a la única estrategia viable de oposición a la UE se debía a su aprobación esencial, compartida por sus aliados en toda la UE, del programa social reaccionario de la UE.

Macron no viajó a Grecia sólo para legitimar los ataques contra la clase obrera, sino también para promover los intereses estratégicos y comerciales del imperialismo francés y europeo. Su visita estaba estrechamente ligada al creciente peligro de una guerra mundial. A medida que se ensanchan las divisiones entre Washington y Berlín tras la elección de Trump y aumenta el riesgo de una guerra entre Estados Unidos, China y Rusia por la península coreana, Grecia se está convirtiendo en un campo de batalla en una lucha por influencia entre las principales potencias.

“Para no ser gobernados por potencias más grandes como los chinos y los estadounidenses, creo en una soberanía europea que nos permita defendernos y existir”, dijo Macron en un discurso posterior en la colina del Pnyx, cerca del Partenón, en Atenas.

Al igual que con su política interna, la política exterior de Macron es una reaccionaria en toda la línea. Prometió presionar a la UE para que le ayude a Tsipras evitando que los refugiados huyan de las guerras de la OTAN en Oriente Medio hasta Grecia: “Necesitamos, por esta razón, avanzar una cooperación permanente y planificada que nos permita protegernos de grandes migraciones como a las que su país se enfrentó en años recientes”.

La principal política de refugiados de la UE ha sido negarles su derecho de asilo y limitar las operaciones de rescate en el Mediterráneo, lo que ha provocado miles de muertes por ahogamiento, mientras intensifican los patrullajes navales en la región.

Por otra parte, Macron aludió brevemente a los conflictos en el interior de la UE provocados por la crisis griega, diciendo: “Nuestra zona del euro tiene que renunciar a una especie de guerra civil interna por diferencias menores”. No sólo propuso reestructurar las deudas de Grecia, sino también impedir que el Fondo Monetario Internacional (FMI) desempeñe un papel en la formulación de las políticas de austeridad impuestas sobre Grecia.

Lo que está en juego no son diferencias en cuanto al grado austeridad, ya que las políticas de la UE son tan brutales como las del FMI, sino las explosivas rivalidades interimperialistas. A medida que Washington y la UE entran cada vez más abiertamente en conflicto, Macron buscará limitar más la influencia del FMI, que tiene su sede en Washington, mientras le exige concesiones financieras a Berlín para Grecia a cambio del apoyo francés contra Estados Unidos.

En su viaje, Macron trajo a su séquito una gran delegación de CEOs y altos directivos de las más grandes compañías francesas. Entre las empresas representadas estaba la operadora portuaria Terminal-Link, que participa en las negociaciones sobre la privatización del puerto de Tesalónica. Hay una creciente rivalidad con China, cuya compañía naviera COSCO ha adquirido una participación mayoritaria en el puerto del Pireo en Atenas y quiere convertirlo en un nodo importante en la red de infraestructura “Una cinturón, una ruta” del régimen chino que conecta China con Europa.

El New York Times citó al comentarista griego Coastas Iordanidis diciendo que Atenas espera que Macron reafirme su apoyo a la posición de Grecia en la UE y presione a los inversores franceses para “contrarrestar” las inversiones de Alemania y China en Grecia.

Francia: el triunfo de Macron expresa la crisis de la izquierda francesa

por Alex Lantier//

El ciclo de elecciones legislativas y generales de esta primavera en Francia ha culminado en la desintegración del Partido Socialista (PS) y la elección de Emmanuel Macron como presidente con una mayoría absoluta en la Asamblea Nacional. Seguir leyendo Francia: el triunfo de Macron expresa la crisis de la izquierda francesa

Francia: jóvenes protestan contra la segunda vuelta presidencial entre Le Pen y Macron

por Alex Lantier//

Miles de estudiantes de secundaria protestaron, bloquearon las entradas de sus escuelas y marcharon en ciudades a través de Francia el jueves en medio del creciente malestar ante una segunda vuelta de las elecciones presidenciales entre dos candidatos de derecha: el exbanquero, Emmanuel Macron, y la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen.
Millones de trabajadores comprenden que esta elección solamente les ofrece la elección de cuál presidente regirá sobre un gobierno militarista y autoritario en Francia. Le Pen es una neofascista. En cuanto a Macron, la juventud lo detesta ampliamente por su rol como ministro de economía en el actual gobierno del Partido Socialista (PS), el cual ha reprimido brutalmente las huelgas y las protestas masivas de jóvenes el año pasado contra la ley laboral regresiva del PS.
El jueves después de los comicios, miles de jóvenes marcharon, mientras que varias escuelas secundarias fueron bloqueadas en Paris, Rennes y Nantes. Las pancartas decían: “Una elección entre la plaga y el cólera” y “ni Marine ni Macron, ni la patria ni los empresarios”.
En Paris, veinte colegios fueron bloqueados o dañados por las protestas. Una manifestación no autorizada de miles de estudiantes irrumpió en la Plaza de la República en oposición a Le Pen y Macron bajo el eslogan “Ni el fascismo ni el capitalismo de libre mercado”. En la Plaza de la Bastilla, hubo enfrentamientos entre la policía y los estudiantes estallaron. Entre los estudiantes de secundaria que ya pueden votar, muchos declararon que tenían en mente votar en blanco.
Algunos estudiantes compararon la segunda vuelta este año con la del 2002, la única otra vez que el FN alcanzó esta ronda. Hace quince años, esto provocó protestas de masas espontáneas. Hoy, “estoy impactada de que nadie proteste”, declaró Elise. “Todos esperaban que Marine Le Pen llegara a la segunda vuelta, pero ese es el problema: ¡es horrible de que todos esperen eso! Decidimos que teníamos que hacer algo contra el FN para defender nuestros valores. Incluso si es que no tenemos la edad para votar, es nuestro futuro. Y no queremos a un partido racista y xenofóbico en el poder”.
Los grupos estudiantiles celebraron otra protesta el día siguiente en frente del Ayuntamiento de Paris.
En Rennes, miles se manifestaron pacíficamente antes de chocar con la policía cuando las fuerzas de seguridad intentaron bloquear la marcha para impedir que llegaran al centro de la ciudad y dispararon gas lacrimógeno. Los enfrentamientos entonces se esparcieron alrededor de la ciudad con jóvenes clamando, “Macron, Le Pen, no los queremos”. Con respecto a las afirmaciones demagógicas del FN de ser un partido “antisistémico”, los jóvenes cantaban: “Las verdaderas fuerzas antisistémicas somos nosotros”.
Otras manifestaciones tomaron lugar en ciudades como Lyon, Toulouse y Dijon. Cientos marcharon en Dijon con pancartas como “ni un banquero ni una fascista”.
Las protestas de jóvenes son indicaciones iniciales de un profundo enojo social en toda la población por las elecciones presidenciales, donde fueron eliminados los candidatos de los dos partidos tradicionales de Francia: el Partido Socialista en el poder y Los Republicanos (LR). Los votantes repetidamente cambiaron sus preferencias y expresaron su frustración con una campaña dominada por acusaciones de corrupción e histeria policial. Tanto Macron como Le Pen son ampliamente odiados.
El estallido de las protestas de jóvenes acentúa la puntualidad del llamado por el Parti de l’égalité socialiste (PES) a realizar un boicot activo de la segunda vuelta, para así movilizar la oposición política a ambos candidatos entre los trabajadores y la juventud y preparar una lucha política de la clase trabajadora contra cualquiera que sea el candidato reaccionario que gane las elecciones.
Después de años de guerra, desempleo masivo y un estado de emergencia que suspende los derechos democráticos básicos —todo esto bajo el gobierno del presidente del PS, François Hollande—, se ha desarrollado un explosivo enojo social en la clase trabajadora. A sólo unas semanas de la primera vuelta, estalló una huelga general en el departamento de ultramar de Guyana.
La cuestión crítica que confrontan los jóvenes opuestos a las elecciones es orientarse hacia la clase trabajadora, desafiando la reaccionaria propaganda pro-Macron de los medios, para movilizarla en una lucha política contra la clase gobernante.
Para contener al creciente enojo social y preservar la frágil ventaja de Macron sobre Le Pen —las encuestas la muestran con un 40 por ciento de los votos, algo que nunca había alcanzado—, la prensa se ha dedicado a divulgar mensajes de propaganda hipócritos, calumniando a aquellos que se oponen a Macron desde la izquierda como aliados del neofascismo. El diario francés Libération publicó ayer una carta abierta por el periodista Johan Hufnagel. La carta, dirigida a “mis amigos en la izquierda que no votarán contra Le Pen”, se refirió a y desestimó los problemas que enfrentan los trabajadores de la planta de Whirpool en Amiens, quienes confrontan un inminente cierre de fábrica y la perdida de sus empleos.
“Contemplo todas las opiniones para poder entender su malestar por tener que votar por un candidato apoyado por la derecha, el gran capital, los neoliberales y que felizmente sacrificaría a los trabajadores de Whirlpool en aras de sus grandes y emocionantes planes. No puedo creer que no vayan a los centros de votación”, señaló, añadiendo que: “Emmanuel Macron les parece a algunos de ustedes como un adversario, pero él no es un enemigo. Sí lo es Marine Le Pen, quién es la enemiga de la democracia, de la República, la aliada de racistas, de antisemitas, de negadores del Holocausto, de grupos ultraviolentos y homofóbicos”.
Estas opiniones son un fraude político. Combinan dos características distintivas de los estratos “izquierdistas” de la clase media en bancarrota intelectual, los cuales han orbitado alrededor del PS desde su fundación en 1971. Estos aspectos son: su indiferencia hacia los derechos democráticos y su desprecio a la clase trabajadora.
En primer lugar, Macron también es un enemigo de la democracia. Como consejero de alto nivel de Hollande, apoyó al PS mientras éste imponía un estado de emergencia perpetuo que permite detenciones arbitrarias, incautaciones policiales y censura mediática. En cuanto a la cuestión del racismo y los principios republicanos, el mismo gobierno del PS en el que Macron tuvo un puesto ministerial impuso una política siniestra de deportación étnica de los romaníes que violó flagrantemente el principio republicano de neutralidad étnica.
En segundo lugar, el repudio casual de Hufnagel hacia la situación de los trabajadores de Whirpool ejemplifica las fuerzas de clase que impulsan el peligroso auge del FN. Las décadas de dominación sobre lo que es considerado como “izquierda” por parte de secciones de la clase media, a quienes les es totalmente indiferente si miles de trabajadores son tirados a las líneas de desempleo, les ha permitido a los populistas de la extrema derecha a posar como los verdaderos defensores de familias trabajadores.
El destino de los trabajadores de Whirpool en Amiens, cuya planta puede que sea trasladad a Polonia, es un ejemplo de ello. Macron tenía planeado encontrarse con los funcionarios sindicales de Whirlpool en un intento cínico de aprovecharse de la planta de Whirpool como publicidad. No obstante, no se atrevió a visitar la fábrica o hablar con los trabajadores, quienes lo denunciaron fuertemente ante la prensa. Uno de ellos le dijo a un delegado sindical que se iba a encontrar con Macron: “No le des la mano. De todas formas, no querrá tocar tus sucias manos de trabajador”.
Sybille, un trabajador de Whirlpool, declaró al WSWS: “Por supuesto, todos seremos despedidos. Todo está contra nosotros. Entonces no tenemos esperanzas en Macron. Él piensa que somos analfabetos, que nuestro CI no es suficiente alto como para votar por él”.
Un amigo de un trabajador retirado de Whirlpool añadió: “Somos clase trabajadora, por lo tanto no votamos por Macron”.
Le Pen tomó la oportunidad para eclipsar a Macron, aprovechándose de la conocida división de clase entre los trabajadores y las burocracias sindicales financiadas por el Estado. Realizó una visita sorpresa a la planta de Whirlpool para hablarle a los trabajadores y denunciar el comportamiento de Macron. “Pienso que demostró tanto desprecio por lo que están pasando los trabajadores de Whirlpool que he decidido venir a verlos”, declaró ella y se burló de Macron por comer “tortas elegantes” con los sindicatos.
La demagogia populista de Le Pen en Amiens es una advertencia: en medio del enojo explosivo en la clase trabajadora, aquellos que intenten suprimir la oposición hacia Macron desde la izquierda sólo terminarán fortaleciendo al FN. El PES no transigirá con asociarse de cualquier forma con Macron, sino movilizará a la oposición contra ambos candidatos de derecha con base en un programa socialista e internacionalista.

(Fotografía: jóvenes antifascistas protestando en la Plaza de la Bastilla, París)

Jean-Luc Melenchón: la remontada

Por Manolo Monereo// 

 

 

A mí me asombra. De las personalidades que más me interesan en la izquierda europea tres son socialdemócratas que, por serlo, abandonaron los partidos socialistas oficiales, devinieron defensores a ultranza de los derechos sindicales y laborales y son críticos muy duros de la Unión Europea. Me refiero a J. P. Chevenement, a Oskar Lafontaine y, sobre todo, a J-L. Mélenchon. A Jean-Luc lo vi hace pocas semanas en Roma en un debate sobre la UE y su futuro; como siempre, claro y preciso. Si llegara a la Presidencia de Francia, su propuesta sería reformar los Tratados y poner fin a las políticas de austeridad. Si esto no fuese aceptado, iniciaría el proceso de salida del euro. Es más, en una conversación privada me dijo que él no aceptaría un acuerdo con Hamon y que arriesgaría. Él creía que el pacto con los socialistas significaría el fin de cualquier proyecto alternativo en Francia, dejando las manos libres a Marie Le Pen.

La biografía de Mélenchon es conocida. Nacido en Tánger –habla un excelente español con acento del Sur– desciende de españoles por ambos progenitores. Hizo una larga carrera en el Partido Socialista francés y fue ministro con Lionel Jospin. Abandonó el Partido Socialista y creó el Partido de la Izquierda. En las elecciones presidenciales de 2012 quedó en 4º lugar (11,1%) encabezando el Front de Gauche junto al Partido Comunista y otras fuerzas. En 2015 anunció que quería ser candidato a la Presidencia de Francia sin el Front de Gauche, fuera del marco de los partidos y apostando por una Francia insumisa. Ni más ni menos.

Seguramente el dato más característico de la personalidad política de Mélenchon es su conocimiento preciso de la crisis del sistema de partidos en Francia, combinado con una alta dosis de audacia que muchas veces deja a su equipo fuera de juego. Jean-Luc cree que poco o nada se puede hacer en el marco del sistema dominante y que es necesario innovar y arriesgar. Ha aprendido mucho de América Latina, de las izquierdas europeas, de Podemos y, sobre todo, de la compleja realidad de Syriza. Se podría decir, sin temor a equivocarse, que ha ido a estas elecciones en base a una enorme confianza en sí mismo, a un proyecto claramente alternativo y al convencimiento de que había una posibilidad ligada a él. Captó con inteligencia que el candidato Hamon no tendría demasiado recorrido, que una parte significativa del Partido Socialista terminaría apoyando a Macron y que solo él podría encabezar una alternativa democrática. Entendió que la línea divisoria izquierda/derecha (los socialistas siguen gobernando Francia) nada o poco dice y que el problema real era construir una alternativa nacional-popular al proyecto de Marie Le Pen. Para decirlo de otra forma, en momentos de excepción, hay que arriesgarse y tomar también medidas excepcionales; más allá de los partidos existentes y con una firme voluntad de gobierno y de poder.

El programa de Mélenchon es diáfano: poner fin a las políticas neoliberales desde un punto de vista republicano, ecosocialista y pacifista. El candidato de la Francia insumisa promueve, es la parte más polémica de su programa, un proceso constituyente en la perspectiva de la VI República; la defensa intransigente de los derechos de las personas, del Estado social y de la reindustrialización de Francia, apostando por un proteccionismo solidario a la altura de los desafíos de nuestra época. El ecosocialismo es tomado en serio convirtiéndose en el horizonte de un nuevo modelo de sociedad, Estado y de poder. Antes se ha dicho: la Francia insumisa no acepta las reglas neoliberales de la UE y apuesta por cambiarlas; si esto no fuese posible, iniciaría un proceso de salida de UE. Esto lo ha dejado claro una y otra vez. Su política internacional estará marcada por la paz, por la seguridad y un nuevo orden económico internacional más justo e igualitario. La prioridad es la defensa de la soberanía popular y de la independencia nacional con relaciones equilibradas con Alemania y la búsqueda de acuerdos equitativos con Rusia y con Eurasia.

La remontada de Mélenchon ha sido enorme, ha cambiado la agenda de la campaña electoral francesa y aparece, cada vez más, como alternativa democrática, no solo a Marie Le Pen sino al neoliberalismo que representan Macron y Fillon. Hay similitudes formales con las elecciones norteamericanas, en un sentido muy preciso: las élites eligen a un centrista neoliberal para derrotar al populismo de derechas. La diferencia es que Mélenchon es un Bernie Sanders que puede ganar, que quiere ganar. En todas partes lo mismo: solo se puede derrotar a las derechas extremas y a la extrema derecha desde una democracia económica, social y cultural comprometida con los derechos, defensora del Estado social, protectora de las mayorías y promotora de una res pública de hombres y mujeres libres e iguales. Jean-Luc se ha jugado todo, todo, a una carta. El pueblo francés se lo merece.

Francia: ¿cómo vencer a la derecha y al Frente Nacional?

por Juan García Brun

Al igual que en Chile, quienes previeron primero el inevitable duelo entre Lagos-Piñera, luego Guillier-Piñera, los “expertos”, en Francia los medios de comunicación repitieron inoficiosamente el “inevitable” duelo entre Sarkozy y Hollande (o Valls y Juppé, etc.), y luego sobre la victoria “casi segura” de François Fillon.

Lo que todos estos “expertos” no pueden o no quieren ver es la lógica subyacente a la volatilidad extrema que caracteriza no sólo la campaña, sino la política francesa en general. Lenin dijo: “la política es economía concentrada.” Precisamente, la crisis política en la que el país se hunde es la consecuencia de la profunda crisis del capitalismo y del incalculable sufrimiento que inflige a la masa de la población. Los recortes presupuestarios, el aumento del desempleo, la pobreza generalizada y la explosión de la desigualdad están rompiendo el equilibrio político en el que descansaba el poder de la clase dominante en las últimas décadas.

Es un fenómeno internacional. Los ritmos y las formas difieren según el país, por supuesto, pero las mismas causas producen los mismos efectos.El equilibrio político se ha roto –en diversos grados– en los Estados Unidos, España, Gran Bretaña, Grecia, Italia, Rumania y en otros lugares. Incluso Austria, ese parangón de la estabilidad política, evitó por poco la elección de un presidente de la extrema derecha en diciembre. Ningún país es inmune a este fenómeno. Ninguno se salvará.

Fillon y Macron

La clase dominante francesa necesita un gobierno capaz de infligir al país una austeridad sin precedentes. Pero eso es más fácil decirlo que hacerlo. Durante las primarias de la principal fuerza de la derecha, los Republicanos, el candidato vencedor Francois Fillon fanfarroneaba diciendo que había que cortar y barrer sin vacilar las movilizaciones sindicales. ¡Paradojas del destino! Unas semanas y varias revelaciones más tarde (como la de que contrató a su mujer con dinero público para hacer trabajos ficticios), lo redujeron a hacer una campaña semi-clandestina en medio de un concierto permanente de cacerolas y de burlas. Está ampliamente desacreditado incluso antes de ser elegido – lo que, por tanto, no es muy probable. En su desesperación, la cúpula de los Republicanos están maniobrando para forzar la salida de Fillon de la carrera presidencial, pese a haber ganado las primarias del partido, para sustituirlo por el candidato perdedor en las mismas, Alain Juppé.

En el orden de preferencia de la burguesía, el siguiente es Macron, un arribista procedente del ala más derechista del Partido Socialista (PS), que abandonó el partido hace algunos años y que ahora se postula para las elecciones presidenciales como independiente. Ofrece recortes un poco menos draconianos que los prometidos por Fillon, pero los que ha desvelado colman de satisfacción a los capitalistas. Éstos también saben que la dosis de políticas de austeridad puede ser modificada durante su mandato –y que Macron no pondría obstáculos para ello, ya que está dedicado en cuerpo y alma a los intereses del gran capital.

“La naturaleza no tolera el vacío”: el ascenso de Macron es una ilustración de esto. Se aprovecha de la grave crisis del Partido Socialista y de los Republicanos. Sin embargo, es difícil decir hasta dónde puede llegar. Él llena el vacío con su propio vacío. Numerosos medios de comunicación lo apoyan, pero la reputación de éstos es tan mala en la población, que es un arma de doble filo. Por si fuera poco, el hombre que pretende “renovar profundamente la política” recibe y acepta constantemente la adhesión de viejas glorias reaccionarias de los Republicanos, del PS, de los derechistas del Modem, y de otros.

La lucha contra el Frente Nacional

Todo esto no interfiere en absoluto en el mundo de Marine Le Pen, cuya demagogia “anti-sistema” resuena en millones de personas explotadas y oprimidas que quieren poner todo patas arriba. La mayoría de ellas no son racistas; están amargadas con los políticos de derecha y de “izquierda” que se sucedieron en el poder durante décadas sin cambiar nada, sino a peor.

La analogía entre Le Pen y Donald Trump es obvia. Las causas fundamentales de su ascenso son las mismas.Dicho esto, el éxito del FN no es inevitable. Este partido ultra-reaccionario puede ser combatido con eficacia. ¿Cómo?Defendiendo una alternativa de izquierda y radical al sistema. Un número significativo de votantes tentados por el voto al FN podría agruparse alrededor de un programa de izquierda, a condición de que proponga una ruptura clara con el orden establecido. De manera general, millones de votantes radicalizados –pero indecisos y confundidos– pueden ser ganados para un programa de este tipo.

Es poco probable que la campaña de Benoit Hamon –el candidato socialista– pueda jugar este papel. Además de que su programa es muy confuso y moderado, su partido sale destrozado de cinco años de gobierno de Hollande, de los que dos tuvo a Hamon como ministro. Por otra parte, su programa ya está obsoleto: una mayoría de diputados “socialistas” en el parlamento están en contra suya. Hamon finge no haberse dado cuenta.

El elemento clave de la ecuación es Jean-Luc Mélenchon. Su candidatura puede unir a millones de trabajadores y jóvenes indecisos, a condición de convencerles de que su movimiento político, “La Francia insumisa”, está decidido a terminar de una vez por todas con las políticas de austeridad. La lucha contra los recortes presupuestarios, el desempleo y la pobreza debe ser el eje central de las intervenciones públicas de Mélenchon y de los demás dirigentes de La Francia insumisa. Recordemos que en los Estados Unidos fue sobre estas líneas –y sobre el llamamiento a una “revolución política contra la clase multimillonaria”– que Bernie Sanders levantó el entusiasmo de decenas de millones de estadounidenses el año pasado. Todas las encuestas le daban ampliamente vencedor frente a Donald Trump. Hay aquí una lección importante para Mélenchon y La Francia insumisa.

Reforma y revolución

Révolution llama a sus lectores y seguidores a votar por Jean-Luc Mélenchon el 23 de abril, y a participar en la campaña de La Francia insumisa. Este movimiento constituye la única alternativa de izquierda de masas a un PS desacreditado. Cualquier éxito de La Francia insumisa será un paso en la dirección correcta.

Al mismo tiempo, hemos puesto de relieve periódicamente las limitaciones del programa de Mélenchon. Digámoslo en términos simples: las numerosas medidas progresistas de este programa no se pueden ejecutar en el marco del capitalismo en crisis. La clase dominante no lo permitiría.Se opondría con todas sus fuerzas, como ya en 2015 se opuso al programa progresista de Alexis Tsipras en Grecia. Y para privar a la burguesía de los medios para luchar contra un verdadero gobierno de izquierda hay que expropiarla, nacionalizar los grandes medios de producción y poner el socialismo a la orden del día.

A veces se nos dice: “¡Pero Francia no es Grecia!”. Por supuesto, Francia es más potente que Grecia y no está bajo la transfusión financiera de la troika.El chantaje y las presiones, por lo tanto, no tomarán exactamente las mismas formas. Pero de todos modos las habrá: no hay ninguna duda sobre esto. Esto es lo que demuestra toda la historia de la lucha de clases y de los diferentes gobiernos de izquierda, para empezar el de 1981 a 1983, en Francia.

Esto es aún más cierto cuando la crisis del capitalismo ha socavado la base material del reformismo. La clase dominante no está dispuesta a conceder más reformas; exige nuevas contrarreformas –y va a luchar con uñas y dientes para conseguirlas. La lucha por reformas progresistas serias no tendrá éxito más que a condición de transformarlas en una lucha revolucionaria contra el sistema capitalista mismo, en una lucha por la revolución proletaria.