Archivo de la etiqueta: Huelga

Trabajadores de Walmart (Líder) votan la huelga

de Federación Nacional de Trabajadores Walmart //

Con un 96% a favor de la huelga, seguimos negociando, el ejecutivo nacional y la comisión negociadora reconocen con satisfacción el tremendo respaldo recibido. Sólo un 4 % de nuestras socias y socios aceptó la última oferta y un contundente 96% SE PRONUNCIÓ A FAVOR DE LA HUELGA Seguir leyendo Trabajadores de Walmart (Líder) votan la huelga

Honduras: del golpe de 2009 a la insurrección de 2017, lecciones

por  Comité Central del PST-Honduras//

Honduras experimenta un ascenso de la lucha de clases, como pocos en su historia reciente, el referente más cercano es la lucha contra el Golpe de Estado en 2009. Sin duda alguna, estos episodios no son rayos en cielo sereno. Al contrario, el golpe es la respuesta de la burguesía hondureña ante los avances y conquistas que venía obteniendo el movimiento obrero, popular y social. Seguir leyendo Honduras: del golpe de 2009 a la insurrección de 2017, lecciones

La crisis brasileña puede tener su segunda destitución en menos de un año

por Miguel Andrade //

La influyente Orden de Abogados de Brasil (OAB), ha exigido la destitución del presidente Michel Temer, aumentando las probabilidades de que la nación latinoamericana más grande viva su segundo cambio de mandato en menos de nueve meses. Seguir leyendo La crisis brasileña puede tener su segunda destitución en menos de un año

¿Por qué estamos en huelga de hambre en las cárceles de Israel?

por Marwan Barghouthi//

[Más de 1600 prisioneros palestinos comenzaron el pasado lunes 17 de abril una huelga de hambre indefinida para exigir que se respeten los derechos básicos de los presos y se ponga fin a “la aplicación de la detención administrativa, la tortura, los juicios injustos, los tratos degradantes e inhumanos, las negligencias médicas, la detención de menores y la privación de derechos básicos como las visitas familiares o el derecho a la educación”.

Actualmente, hay 6500 presos palestinos, entre los que se incluyen 57 mujeres, 300 menores de edad, 13 parlamentarios y 18 periodistas. Además, 800 necesitan atención médica y cerca de 500 permanecen encarcelados en aplicación de la llamada «detención administrativa», figura que permite arrestar a una persona sin que se presenten cargos contra ella durante un periodo de seis meses prorrogable por otros seis meses.

La protesta, cuyo inicio coincidió con el Día Nacional de Solidaridad con los Presos Palestinos que se celebra cada 17 de abril desde 1974, está liderada por el líder encarcelado de Al Fatah, Marwan Barghouthi. Por ahora, la respuesta israelí ha consistido en suspender las visitas de todos los presos, aislar a Barghouthi, que ha sido trasladado a otra prisión, y reprimir las manifestaciones de apoyo a los presos.

Reproducimos a continuación la carta de Marwan Barghouthi, escrita en la prisión Hadarim, en Israel, publicada en The New York Times el martes 18/04/2017 ndt].

Habiendo pasado los 15 últimos años en una prisión israelí, he sido a la vez testigo y víctima del sistema ilegal israelí de detenciones colectivas arbitrarias y de malos tratos a los presos palestinos. Tras haber agotado todas las demás opciones, he decidido que la única opción para resistir a esos malos tratos era ponerme en huelga de hambre.

Unos 1000 presos palestinos han decidido participar en esta huelga de hambre, que comienza hoy, la jornada que celebramos aquí como el Día de los Presos. Hacer huelga de hambre es la forma más pacífica de resistencia que existe. Hace sufrir únicamente a quienes participan en ella y a quienes les son queridos, con la esperanza de que su estómago vacío y su sacrificio ayudarán a que el mensaje encuentre un eco más allá de los límites de su sombría celda.

Decenios de experiencia han probado que el inhumano sistema israelí de ocupación colonial y militar tiene por objetivo romper el coraje de los presos y de la nación a la que pertenecen, infligiendo sufrimientos a su cuerpo, separándoles de su familia y de su sociedad, haciendo uso de medidas humillantes para obligarles a someterse. A pesar de tal trato, no nos someteremos.

Israel, la potencia ocupante, ha violado el derecho internacional de múltiples maneras desde hace cerca de 70 años, y ha gozado sin embargo de la impunidad por sus actos. Ha perpetrado graves violaciones de las Convenciones de Ginebra en contra de los palestinos; los presos, entre los que hay hombres, mujeres y niños no constituyen una excepción.

No tenía mas que 15 años cuando fui detenido por primera vez. Tenía a penas 18 cuando un interrogador israelí me forzó a separar las piernas, cuando estaba en pie y desnudo en la sala de interrogatorios, antes de golpearme en los genitales. Me desmayé del dolor y la caída me ha dejado en la frente una cicatriz para el resto de mi vida. El interrogador se burlo luego de mí, diciendo que no procrearé jamás porque gente como yo no dan vida más que a terroristas y asesinos.

Algunos años más tarde me encontré de nuevo en una prisión israelí, realizando una huelga de hambre, cuando nació mi primer hijo. En lugar de los caramelos que repartimos habitualmente para celebrar tales noticias, repartí sal a los demás presos. Cuando tuvo a penas 18 años, fue a su vez detenido y pasó cuatro años en las cárceles israelíes.

El mayor de mis cuatro hijos es ahora un hombre de 31 años. Sin embargo, sigo aquí, prosiguiendo este combate por la libertad al mismo tiempo que miles de presos, millones de palestinos y con el apoyo de muchísimas personas en todo el mundo. La arrogancia del ocupante, del opresor y de sus partidarios les hace sordos a esta sencilla verdad: nuestras cadenas serán rotas antes de que lo seamos nosotros, porque está en la naturaleza humana responder a la demanda de libertad cualquiera que sea su precio.

Israel ha construido casi todas sus prisiones en Israel más que en los territorios ocupados. Actuando así, ilegalmente y por la fuerza ha transferido civiles palestinos en cautividad y ha utilizado esta situación para restringir las visitas de las familias y para infligir sufrimientos a los prisioneros con largos viajes en condiciones dolorosas. Ha transformado derechos fundamentales que deben ser garantizados en aplicación del derecho internacional -incluso algunos obtenidos con gran esfuerzo por las huelgas de hambre precedentes- en privilegios que su servicio penitenciario decide concedernos o retirarnos.

Los prisioneros y los detenidos palestinos han sufrido torturas, tratos inhumanos y degradantes, negligencias médicas. Algunos han sido asesinados mientras estaban detenidos. Según el último balance del Club de Presos Palestinos, alrededor de 200 presos palestinos han muerto desde 1967 a causa de tales actos. Los presos palestinos y sus familias siguen siendo también un objetivo prioritario de la política israelí de imposición de castigos colectivos.

Mediante nuestra huelga de hambre, intentamos poner fin a tales malos tratos.

En el curso de los cinco decenios pasados, según la asociación Addameer de defensa de los derechos humanos, más de 800 000 palestinos han sido encarcelados o detenidos en Israel -es decir, el equivalente al 40% de la población masculina de los Territorios palestinos. Hoy, alrededor de 6 500 de ellos siguen encarcelados. Algunos de ellos tienen la lúgubre distinción de poseer los récords mundiales de más largos períodos de detención de presos políticos. Apenas hay familias en Palestina que no hayan soportado sufrimientos provocados por el encarcelamiento de uno o varios de sus miembros.

¿Cómo dar cuenta de este increíble estado de cosas?

Israel ha creado un doble régimen jurídico, una forma de apartheid judicial, que asegura una cuasi impunidad a los israelíes que cometen crímenes contra los palestinos, a la vez que criminaliza la presencia y la resistencia palestinas. Los tribunales de Israel son una parodia de justicia, y son claramente instrumentos de la ocupación colonial y militar. Según el Departamento de Estado, la tasa de condenas de los palestinos ante los tribunales militares es de casi el 90%.

Entre los centenares de miles de palestinos que Israel ha encarcelado hay niños, mujeres, parlamentarios, activistas, periodistas, defensores de los derechos humanos, universitarios, personalidades políticas, militantes, paseantes, miembros de la familia de los presos. Y todo esto con un solo objetivo: enterrar las aspiraciones legítimas de una nación entera.

En lugar de esto, sin embargo, las prisiones de Israel se han convertido en la cuna de un movimiento duradero por la autodeterminación palestina. Esta nueva huelga de hambre demostrará una vez más que el movimiento de los prisioneros es la brújula que guía nuestro combate, el combate por la Libertad y la Dignidad, nombre que hemos elegido para esta nueva etapa en nuestra larga marcha hacia la libertad.

Israel ha intentado marcarnos a fuego a todos nosotros como terroristas para legitimar sus violaciones del derecho, entre las cuales están las detenciones colectivas arbitrarias, las torturas, las medidas punitivas y las restricciones rigurosas. En la voluntad israelí de minar la lucha palestina por la libertad, un tribunal israelí me condenó a cinco penas de cárcel a perpetuidad y a 40 años de prisión en un proceso transformado en espectáculo político que fue denunciado por los observadores internacionales.

Israel no es la primera potencia ocupante o colonial que recurre a tales expedientes. Todo movimiento de liberación nacional en la historia puede recordar prácticas análogas. Por ello son tantas las personas que han luchado contra la opresión, el colonialismo y el apartheid que están a nuestro lado. La Campaña Internacional para la Liberación de Marwan Barghouthi y de todos los presos palestinos, que la figura emblemática de la lucha antiapartheid, Ahmed Kathrada, y mi esposa, Fadwa, lanzaron en 2013 desde la antigua celda de Nelson Mandela en la isla de Robben Island ha gozado del apoyo de ocho laureados del Premio Nobel de la Paz, de 120 gobiernos y de centenares de dirigentes, parlamentarios, artistas y universitarios del mundo entero.

Su solidaridad revela el fracaso moral y político de Israel. Los derechos no son conferidos por un opresor. La libertad y la dignidad son derechos universales inherentes a la humanidad, de los que deben disfrutar todas las naciones y a todos los seres humanos. Los palestinos no serán excepción. Solo el hecho de poner fin a la ocupación pondrá fina a esta injusticia y marcará el nacimiento de la paz.

Carta publicada en el New York Times el 18/04/2017, traducida de http://www.france-palestine.org/Pourquoi-nous-sommes-en-greve-de-la-faim-dans-les-prisons-d-Israel

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Registro Civil, Crónica de una movilización anunciada

Por Osvaldo Costa

A dos años, luego de que el 2015 los trabajadores del registro civil protagonizaran un paro de 39 dias, el gobierno aún no cumple con los acuerdos en materia de mejora de las condiciones laborales y de la gestión pública.

Los trabajadores llevan 6 meses denunciando algo que es una constante en las diferentes reparticiones públicas: el ingreso de operadores políticos con escasa o nula competencia, los cuales son colocados en cargos directivos, o son promocionados rápidamente pasando por encima de los funcionarios de carrera, y ganando sueldos millonarios. Esto se da en un contexto en que el gobierno plantea que no hay recursos y se debe ejecutar un ajuste fiscal.

Además hay denuncias de malos tratos constantes, y acoso hacia los trabajadores. Al respecto resulta significativo lo ocurrido con el director regional de Santiago Israel Chamorro (Demócrata Cristiano) el día miércoles 12, quien ordenó retirar lienzos y carteles de la ANERCICH (Asociación Nacional de Empleados del Registro Civil de Chile) donde se planteaban la oposición a la gestión de la dirección y los problemas de los usuarios. Los dias siguientes se produjeron paros de 15 minutos del servicio. Según la presidenta de la asociación se convocara en las próximas semanas a una jornada nacional de protesta.

Esta lucha es parte del proceso creciente de movilizaciones que se está desarrollando en la clase trabajadora chilena, a contrapelo del proceso electoral que tiñe la realidad nacional. Resulta relevante el que los candidatos y partidos en pugna se posicionen en el conflicto capital – trabajo, definan en cual campo se encuentran, mas allá de si se consideran de izquierda o “ciudadanos”.

Trotsky: El proletariado y los campesinos

// Capítulo III de la Historia de la Revolución Rusa//

El proletariado ruso había de dar sus primeros pasos bajo las condiciones políticas de un Estado despótico. Las huelgas ilegales, las organizaciones subterráneas, las proclamas clandestinas, las manifestaciones en las calles, los choques con la policía y las tropas del ejército: tal fue su escuela, fruto del cruce de las condiciones del capitalismo que se desarrollaban rápidamente y el absolutismo que iba evacuando poco a poco sus posiciones. El apelotonamiento de los obreros en fábricas gigantescas, el carácter concentrado del yugo del Estado y, finalmente, el ardor combativo de un proletariado joven y lozano, hicieron que las huelgas políticas, tan raras en Occidente, se convirtiesen allí en un método fundamental de lucha. Las cifras relativas a las huelgas planteadas en Rusia desde primeros de siglo actual son el índice más elocuente que acusa la historia política de aquel país. Y aun siendo nuestro propósito no recargar el texto de este libro con cifras, no podemos renunciar a reproducir las que se refieren a las huelgas políticas desatadas en el período que va de 1903 a 1917. Nuestros datos, reducidos a su más simple expresión, se contraen a las empresas sometidas a la inspección de fábricas. Dejamos a un lado los ferrocarriles, la industria minera, el artesano y las pequeñas empresas en general, y, mucho más naturalmente, la agricultura, por diversas razones en que no hay para qué entrar. Con esto no pierden el menor relieve los cambios que acusa la curva de huelgas durante ese período.

Huelgas políticas

Años Número de huelguistas
1903 87.000 (1)
1904 25.000 (1)
1905 1.843.000
1906 651.000
1907 540.000
1908 93.000
1909 8.000
1910 4.000
1911 8.000
1912 550.000
1913 502.000
1914 (primera mitad) 1.059.000
1915 156.000
1916 310.000
1917 (enero-febrero) 575.000
Nos hallamos ante la curva, única en su género, de la temperatura política de un país que albergue en sus entrañas una gran revolución. En un país rezagado y con un proletariado reducido -el censo de obreros de las empresas sometidas a la inspección fabril pasa de millón y medio de obreros en 1905, y unos dos millones en 1917- nos encontramos con un movimiento huelguístico que alcanza proporciones desconocidas hasta entonces en ningún otro país del mundo. Frente a la debilidad de la democracia pequeñoburguesa y a la atomización y ceguera política del movimiento campesino, la huelga obrera revolucionaria es el ariete que la nación, en el momento de su despertar, descarga contra las murallas del absolutismo. Nos bastaría fijarnos en la cifra de 1.843.000 huelguistas políticos de 1905 -claro está que los obreros que tomaron parte en más de una huelga figuran en esta estadística por diferentes conceptos- para poner el dedo a ciegas en el año de la revolución, aunque no tuviéramos más dato que éste sobre el calendario político de Rusia.

En 1904, primer año de la guerra ruso-japonesa, la inspección de fábricas no señalaba más que 25.000 huelguistas en todo el país. En 1905, el número de obreros que toman parte en las huelgas políticas y económicas en conjunto asciende a 2.863.000, ciento quince veces más que en el año anterior. Este salto sorprendente induce por sí mismo a pensar que el proletariado, a quien la marcha de los acontecimientos obligó a improvisar una actividad revolucionaria tan inaudita, tenía que sacar a toda costa de su seno una organización que respondiera a las proporciones de la lucha y a la grandiosidad de los fines perseguidos: esta organización fueron los soviets, creados por la primera revolución y que no tardaron en convertirse en órganos de la huelga general y de la lucha por el poder, tardaron en convertirse en órganos de la huelga general y de la lucha por el poder.

Derrotado en el alzamiento de diciembre de 1905, el proletariado pasa dos años -años que, si bien viven todavía el impulso revolucionario como la estadística de huelgas revela, son ya, a pesar de todo, años de reflujo- haciendo esfuerzos heroicos por mantener una parte, al menos, de las posiciones conquistadas. Los cuatro años que siguen (1908-1911) se reflejan en el espejo de la estadística e huelgas como años de contrarrevolución triunfante. Coincidiendo con ésta, la crisis industrial viene a desgastar todavía más el proletariado, exangüe ya de suyo. La hondura de la caída es proporcional a la altura que había alcanzado el movimiento ascensional. Las convulsiones de la nación tienen su reflejo en estas cifras.

El período de prosperidad industrial que se inicia en el año 1910 pone otra vez en pie a los obreros e imprime nuevo impulso a sus energías. Las cifras de 1913-1914 repiten casi los datos de 1905-1907, sólo que en un orden inverso: ahora, el movimiento no tiende a remitir, sino que va en ascenso. Comienza la nueva ofensiva revolucionaria sobre bases históricas más altas: esta vez, el número de obreros es mayor, y mayor también su experiencia. Los seis primeros meses de 1914 pueden equipararse casi, por el número de huelguistas políticos, al año de apogeo de la primera revolución. Pero se desencadena la guerra y trunca bruscamente este proceso. Los primeros meses de la guerra se caracterizan por la inactividad política de la clase obrera. Pero el estancamiento empieza ya a ceder en la primavera de 1915, y se abre un nuevo ciclo de huelgas políticas que, en febrero de 1917, produce la explosión del alzamiento de los obreros y los soldados.

Estos flujos y reflujos bruscos de la lucha de masas hacen que el proletariado ruso parezca cambiar de filosofía en el transcurso de unos cuantos años. Fábricas que dos o tres años antes se lanzaban unánimemente a la huelga con motivo de cualquier acto de arbitrariedad policíaca pierden de pronto su empuje revolucionario y dejan sin respuesta los crímenes más monstruosos del poder. Las grandes derrotas producen un abatimiento prolongado. Los militantes revolucionarios pierden autoridad sobre las masas. En la conciencia de éstas vuelven a aflorar los viejos prejuicios y las supersticiones aún no esfumadas. Al mismo tiempo, la penetración de los elementos grises procedentes del campo en las filas obreras hacen que se destiña -por decirlo así- el carácter de clase de ésta. Los escépticos menean irónicamente la cabeza. Tal fue lo que aconteció en los años 1907 a 1911. Pero los procesos moleculares se encargan de curar en las masas las lesiones síquicas. Un nuevo giro de los acontecimientos o un impulso económico subterráneo abre un nuevo ciclo político. Los elementos revolucionarios vuelven a encontrar quien les preste oídos, y la lucha se enciende de nuevo y con mayores bríos.

Para comprender las dos tendencias principales en que se escinde la clase obrera rusa, conviene no olvidar que el menchevismo cobra su forma definida durante los años de reacción y reflujo, apoyado principalmente en el reducido sector de obreros que habían roto con la revolución, mientras que el bolchevismo, sañudamente perseguido durante el período de la reacción, resurge enseguida sobre la espuma de la nueva oleada revolucionaria en los años que preceden inmediatamente a la guerra. «Los elementos, las organizaciones y los hombres que rodean a Lenin son los más enérgicos, los más audaces y los más capacitados para la lucha sin desmayo, la resistencia y la organización permanentes»; así juzgaba el Departamento de policía la labor de los bolcheviques durante los años que preceden a la guerra.

En julio de 1914, cuando los diplomáticos clavaban los últimos clavos en la cruz destinada a la crucifixión de Europa, Petrogrado hervía como una caldera revolucionaria. El presidente de la República francesa, Poincaré, depositó su corona sobre la tumba de Alejandro III en el mismo momento en que resonaban en las calles los últimos ecos de la lucha y los primeros gritos de las manifestaciones patrióticas.

¿Cabe pensar que, al no haberse declarado la guerra, el movimiento ofensivo de las masas que venía creciendo desde 1912 a 1914 hubiera determinado directamente el derrocamiento del zarismo? No podemos contestar de un modo categórico a esta pregunta. No hay duda que el proceso conducía inexorablemente a la revolución. Pero ¿por qué etapas hubiera tenido ésta que pasar? ¿No le estaría reservada una nueva derrota? ¿Qué tiempo hubieran necesitado los obreros para poner en pie a los campesinos y adueñarse del ejército? No puede decirse. En estas cosas, no cabe más que la hipótesis. Lo cierto es que la guerra marcó en un principio un paso atrás, para luego, en la fase siguiente, acelerar el proceso y asegurarle una victoria aplastante.

El movimiento revolucionario se paralizó al primer redoble de los tambores guerreros. Los elementos obreros más activos fueron movilizados. Los militantes revolucionarios fueron trasladados de las fábricas al frente. Toda declaración de huelga era severamente castigada. La prensa obrera fue suprimida; los sindicatos estrangulados. En las fábricas entraron cientos de miles de mujeres, de jóvenes, de campesinos. Políticamente, la guerra, unida a la bancarrota de la Internacional, desorientó extraordinariamente a las masas y permitió a la dirección de las fábricas, que había levantado cabeza, hablar patrióticamente en nombre de la industria, arrastrando consigo a una parte considerable de los obreros y obligando a los más audaces y decididos a adoptar una actitud expectante. La idea revolucionaria había ido a refugiarse en grupos pequeños y silenciosos. En las fábricas, nadie se atrevía a llamarse bolchevique, sí no quería verse al punto detenido e incluso apaleado por los obreros más retrógrados.

En el momento de estallar la guerra, la fracción bolchevique de la Duma, foja por las personas que la componían, no estuvo a la altura de las circunstancias. Se juntó a los diputados mencheviques para formular una declaración en la que se comprometía a «defender los bienes culturales del pueblo contra todo atentado, viniera de donde viniese». La Duma subrayó con aplausos aquella capitulación. No hubo entre todas las organizaciones y grupos del partido que actuaban en Rusia ni uno solo que abrazase la posición claramente derrotista que Lenin mantenía desde el extranjero. Sin embargo, entre los bolcheviques, el número de patriotas era insignificante: muy al contrario de lo que hicieron los narodniki y mencheviques, los bolcheviques empezaron ya en el año 1914 a agitar entre las masas de palabra y por escrito contra la guerra. Los diputados de la Duma se rehicieron pronto de su desconcierto y reanudaron la labor revolucionaria, de la cual se hallaba perfectamente informado el gobierno, gracias a su red extensísima de confidentes. Baste con decir que, de los siete miembros que componían el Comité petersburgués del partido en vísperas de la guerra, tres estaban al servicio de la policía. El zarismo gustaba, como se ve, e jugar al escondite con la evolución. En noviembre fueron detenidos los diputados bolcheviques y empezó la represión contra el partido por todo el país. En febrero de 1915, la fracción parlamentaria compareció ante los tribunales. Los diputados mantuvieron una actitud prudente. Kámenev, el inspirador teórico de la fracción, se desentendió, al igual que Petrovski, actual presidente del Comité Central Ejecutivo de Ucrania, de la posición derrotista de Lenin. Y el Departamento de policía pudo comprobar con satisfacción que la rigurosa sentencia dictada contra los diputados bolcheviques no provocaba el menor movimiento de protesta entre los obreros.

Parecía como si la guerra hubiera cambiado a la clase trabajadora. Hasta cierto punto, así era: en Petrogrado, la composición de la masa obrera se renovó casi en un 40 por 100. La continuidad revolucionaria se vio bruscamente interrumpida. Todo lo anterior a la guerra, incluyendo la fracción bolchevique de la Duma, pasó de golpe a segundo término y cayó casi en el olvido. Pero, bajo esta capa aparente y precaria de tranquilidad, patriotismo y hasta en parte de monarquismo, en el seno de las masas se incubaba una nueva explosión.

En agosto de 1915, los ministros zaristas se comunican unos a otros que los obreros «acechan por todas partes,, venteando traiciones y sabotajes en favor de los alemanes, y se entregan celosamente a la busca y captura de los culpables de nuestros fracasos en el frente». En efecto, durante este período, la crítica de las masas que empieza a resurgir se apoya, en parte sinceramente y en parte adoptando ese tinte protector, en la «defensa de la patria». Pero esta idea no era más que el punto de partida. El descontento obrero va echando raíces cada vez más profunda, sella los labios de los capataces, de los obreros reaccionarios y de los adulones de los patronos, y permite volver a levantar cabeza a los bolcheviques.

Las masas pasan de la crítica a la acción. Su indignación se traduce principalmente en los desórdenes producidos por la escasez de subsistencias, desórdenes que, en algunos sitios, toman la forma de verdaderos motines. Las mujeres, los viejos y los jóvenes se sienten más libres y más audaces en el mercado o en la plaza pública que los obreros movilizados en las fábricas. En mayo, el movimiento deriva, en Moscú, hacia el saqueo de casas de alemanes. Y aunque sus autores obren bajo el amparo de la policía y procedan de los bajos fondos de la ciudad, la sola habilidad del saqueo en una urbe industrial como Moscú atestigua que los obreros no están aún lo bastante despiertos para poder infiltrar sus consignas y su disciplina en la parte de la población urbana sacada de sus casillas. Al correrse por todo el país estos desórdenes, destruyen el hipnotismo de la guerra y preparan el terreno a las huelgas. La afluencia de mano de obra inepta a las fábricas y el afán de obtener grandes beneficios de guerra se traducen en todas partes en un empeoramiento de las condiciones de trabajo y resucitan los más burdos métodos de explotación. La carestía de la vida va reduciendo automáticamente los salarios. Las huelgas económicas se tornan en un reflejo inevitable de las masas, tanto más tumultuoso cuanto más se le ha querido contener. Las huelgas van acompañadas de mítines, de votación de acuerdos políticos, de encuentros con la policía y, no pocas veces, de tiroteos y de víctimas.

La lucha se corre, en primer término, por la región textil central. El 5 de junio, la policía dispara sobre los obreros tejedores de Kostroma: cuatro muertos y nueve heridos. El 10 de agosto, las tropas hacen fuego sobre los obreros de Ivanovo-Vosnesenk (2): dieciséis muertos, treinta heridos. En el movimiento de los obreros textiles aparecen complicados soldados del batallón destacado en aquella plaza. Como respuesta a los asesinos de Ivanovo-Vosnesenk, estallan huelgas de protesta en distintos puntos del país. Paralelamente a este movimiento, se va extendiendo la lucha económica. Los obreros de la industria textil marchan, en muchos sitios, en primera fila.

Comparado con la primera mitad de 1914, este movimiento representa, así en lo que se refiere a la intensidad del ataque como en lo que afecta a la claridad de las consignas, un gran paso atrás. No tiene nada de particular: es una huelga en la que toman parte principal las masas grises; además, en el sector obrero dirigente reina el desconcierto más completo. Sin embargo, ya en las primeras huelgas que estallan durante la guerra se pulsa la proximidad de los grandes combates. El 16 de agosto declara el ministro de Justicia, Ivostov: «Si actualmente no estallan acciones armadas es, sencillamente, porque los obreros no disponen de organización.» Pero todavía se expresaba más claramente Goremikin: «El único problema con que tropiezan los caudillos obreros es la falta de organización, pues la detención de los cinco diputados de la Duma se la ha destruido». Y el ministro del Interior añadía: «No es posible amnistiar a los diputados de la Duma (los bolcheviques), pues son el centro de la organización del movimiento obrero en sus manifestaciones más peligrosas.» Por lo menos, aquellos señores sabían muy bien dónde estaban sus verdaderos enemigos: en esto, no se equivocaban.

Al tiempo que el gobierno, aun en los momentos de mayor desconocimiento, en que se mostraba propicio a hacer concesiones a los liberales, creía imprescindible dirigir los tiros a la cabeza de la revolución obrera, es decir, a los bolcheviques, la gran burguesía pugnaba por llegar a una inteligencia con los mencheviques. Alarmados por las proporciones que iban tomando en las huelgas, los industriales liberales hicieron una tentativa para imponer una disciplina patriótica a los obreros, metiendo a los representantes elegidos por éstos en los comités industriales de guerra. El ministro del Interior se lamentaba de lo difícil que era luchar contra la iniciativa de Guchkov: «Todo esto se lleva a cabo bajo la bandera del patriotismo y en nombre de los intereses de la defensa nacional.» Conviene tener en cuenta, sin embargo, que la policía se guardaba muy mucho de detener a los socialpatriotas, en quienes veía unos aliados indirectos en la lucha contra las huelgas y los «excesos» revolucionarios. Todo el convencimiento de la policía de que, mientras durase la guerra, no estallarían insurrecciones, se basaba en la confianza excesiva que había puesto en la fuerza del socialismo patriótico.

En las elecciones celebradas para proveer los puestos del Comité industrial de guerra fueron minoría los partidarios de la defensa, acaudillados por Govosdiev, un enérgico obrero metalúrgico, con el que volveremos a encontrarnos más adelante de ministro del Trabajo en el gobierno revolucionario de coalición. Sin embargo, contaba no sólo con el apoyo de la burguesía liberal, sino también con el de la burocracia, para derrotar a los boicotistas, dirigidos por los bolcheviques, e imponer al proletariado de Petrogrado una representación en los organismos del patriotismo industrial. La posición de los mencheviques aparece expuesta con toda claridad en el discurso pronunciado poco después por uno de sus representantes ante los industriales del comité: «Debéis exigir que el gobierno burocrático que está en el poder se retire, cediéndoos el sitio a vosotros como representantes legítimos del régimen actual.» La reciente amistad política entre estos elementos, que había de dar sus frutos más sazonados después de la revolución, iba estrechándose no ya por días, sino por horas.

La guerra causó terribles estragos en las organizaciones clandestinas. Después del encarcelamiento de su fracción en la Duma, los bolcheviques viéronse privados de toda organización central. Los comités locales llevaban una existencia episódica y no siempre se mantenían en contacto con los distritos. Sólo actuaban grupos dispersos, elementos sueltos. Sin embargo, el auge de la campaña huelguística les infundía fuerza y ánimos en las fábricas, y poco a poco fue estableciéndose el contacto entre ellos y se anudaron las necesarias relaciones. Resurgió la actuación clandestina. El Departamento de policía había de escribir más tarde: «Los leninistas, a los que sigue en Rusia la gran mayoría de las organizaciones socialdemócratas, han lanzado desde el principio de la guerra, en los centros más importantes (tales como Petrogrado, Moscú, Jarkov, Kiev, Tula, Kostroma, provincia de Vladimir y Samara) una cantidad considerable de proclamas revolucionarias exigiendo el término de la guerra, el derrocamiento del régimen y la instauración de la República. Los frutos más palpables de esta labor son la organización de huelgas y desórdenes obreros.»

El 9 de enero, aniversario tradicionalmente conmemorado de la manifestación obrera ante el palacio de Invierno, que el año anterior había pasado casi inadvertido, hace estallar, en el año 1916, una huelga de extensas proporciones. En estos años, el movimiento de huelgas se duplica. No hay huelga importante en que no se produzcan choques con la policía. Los obreros hacen gala de su simpatía por los soldados, y la Ocrana apunta más de una vez este hecho inquietante.

La industria de guerra se desarrolla desmesuradamente, devorando todos los recursos a su alcance y minando sus propios fundamentos. Las ramas de la producción de paz languidecían y caminaban hacia su muerte. A pesar de todos los planes elaborados, no se consiguió reglamentar la economía. La burocracia era incapaz ya para tomar el asunto por su cuenta: chocaba con la resistencia de los poderosos comités industriales de guerra: no accedía, sin embargo, a entregar un papel regulador a la burguesía. No tardaron en perderse las minas de carbón y las fábricas de Polonia. Durante el primer año de guerra, Rusia perdió cerca de la quinta parte de sus fuerzas industriales. Un 50 por 100 de la producción total y cera del 75 por 100 de la textil hubieron de destinarse a cubrir las necesidades del ejército y de la guerra. Los transportes, agobiados de trabajo, no daban abasto a la necesidad de combustible y materias primas de las fábricas. La guerra, después de devorar toda la renta nacional líquida, amenazaba con disipar también el capital básico del país.

Los industriales mostrábanse cada vez menos propicios a hacer concesiones a los obreros, y el gobierno seguía contestando a las huelgas, fuesen las que fuesen, con duras represiones. Todo esto empujaba el pensamiento de los obreros y lo hacía remontarse de lo concreto a lo general, de las mejoras económicas a las reivindicaciones políticas: «tenemos que lazarnos a la huelga todos de una vez». Así resurge la idea de la huelga general. La estadística de huelgas acusa de modo insuperable el proceso de radicalización de las masas. En el año 1915, toman parte en las huelgas políticas dos veces y media menos obreros que las puramente económicas. Basta apuntar una sola cifra para poner de relieve el papel desempeñado por Petrogrado en este movimiento: durante los años de la guerra, corresponden a la capital el 72 por 100 de los huelguistas políticos.

En el fuego de la lucha se volatilizan muchas viejas supersticiones. La Ocrana comunica «con harto dolor» que, si se procediera como la ley ordena contra «todos los delitos de injurias insolentes y abiertas a su majestad el zar, el número de procesos seguidos por el artículo 103 alcanzaría cifras inauditas». Sin embargo, la conciencia de las masas no avanza en la misma medida que su propio movimiento. El agobio terrible de la guerra y del desmoronamiento económico del país acelera hasta tal punto el proceso de la lucha, que hasta el momento mismo de la revolución, una gran parte de las masas obreras no ha conseguido emanciparse, por falta material de tiempo, de ciertas ideas y de ciertos prejuicios que les imbuyeran el campo o las familias pequeño burguesas de la ciudad de donde proceden. Este hecho imprime su huella a los primeros meses de la Revolución de Febrero.

A fines de 1916, los precios empiezan a subir vertiginosamente a saltos. A la inflación y a la desorganización de los transportes viene a unirse la gran escasez de mercancías. El consumo de la población se reduce durante este período a más de la mitad. La curva del movimiento obrero sigue ascendiendo bruscamente. Con el mes de octubre, la lucha entra en su fase decisiva. Todas las manifestaciones de descontento se mancomunan: Petrogrado toma carrerilla para lanzarse al salto de Febrero. En todas las fábricas se celebran mítines. Temas: La cuestión de las subsistencias, la carestía de la vida, la guerra, el gobierno. Circulan hojas bolcheviques. Se plantean huelgas políticas. Se improvisan manifestaciones a la salida de las fábricas y talleres. Aquí y allá obsérvanse casos de fraternización de los obreros de las fábricas con los soldados. Estalla una tumultuosa huelga de protesta contra el Consejo de guerra formado a los marinos revolucionarios de la escuadra del Báltico. El embajador francés llama la atención del primer ministro, Sturmer, sobre el hecho de que unos soldados dispararan contra la policía. Sturmer tranquiliza a Paleologue con estas palabras: «La represión será implacable.» En noviembre envían al frente a un grupo numeroso de obreros movilizados en las fábricas de Petrogrado. El año acaba bajo un cielo de tormenta.

Comparando la situación actual con la de 1905, el director del Departamento de policía, Vasiliev, llega a esta conclusión, harto poco tranquilizadora: «Las corrientes de oposición han tomado proporciones excepcionales que no habían alcanzado, ni mucho menos, en aquel turbulento período a que aludimos.» Vasiliev no confía en la lealtad de la guarnición. Ni la misma policía le parece incondicionalmente adicta. La Ocrana denuncia la reaparición de la consigna de huelga general y el peligro de que vuelva a resurgir el terror. Los soldados y oficiales que retornan del frente dicen, refiriéndose a la situación: «¿A qué esperáis? Lo que hay que hacer es acabar de un bayonetazo con esa canalla. Si de nosotros dependiera, no nos pararíamos a pensarlo», y por ahí, adelante.

Schliapnikov miembro del Comité central de los bolcheviques, antiguo obrero metalúrgico, había del estado de nerviosismo en que se encontraban los obreros por aquellos días: «Bastaba con un simple silbido, con un ruido cualquiera, para que los obreros lo interpretasen como señal de parar la fábrica.» Este detalle es interesante como síntoma político y como rasgo sicológico: antes de echarse a la calle, la revolución vibra ya en los nervios.

Las provincias recorren las mismas etapas, sólo que más lentamente. El acentuado carácter de masa del movimiento y su espíritu combativo hacen que el centro de gravedad se desplace de los obreros textiles a los metalúrgicos, de las huelgas económicas a las políticas, de las provincias a Petrogrado. Los dos primeros eses de 1917 arrojan un total de 575.000 huelguistas políticos, la mayor parte de los cuales corresponden a la capital. Pese a la nueva represión descargada por la policía en vísperas del 9 de enero, el aniversario del domingo sangriento, se lanzaron a la huelga en la capital. 150.000 trabajadores. La atmósfera está cargada, los metalúrgicos van en la cabeza, los obreros tienen cada vez más arraigada la sensación de que ya no hay modo de volverse atrás. En cada fábrica se forma un núcleo activo que tiene casi siempre por eje a los bolcheviques. Durante las dos primeras semanas de febrero, las huelgas y los mítines se suceden sin interrupción. La policía, al aparecer el día 8 en la fábrica de Putilov, es recibida con una lluvia de pedazos de hierro y escoria. El 14, día de apertura de las sesiones de la Duma, se ponen en huelga en Petersburgo cerca de noventa mil obreros. También en Moscú paran algunas fábricas. El 16, las autoridades deciden implantar en Petrogrado los bonos de pan. Esta innovación aumentó el nerviosismo de la gente. El 19 se agolpa delante de las tiendas de comestibles una gran muchedumbre, formada principalmente por mujeres, pidiendo a gritos pan. Al día siguiente fueron saqueadas las panaderías en distintos puntos de la ciudad. Eran ya los albores de la insurrección que había de desencadenarse algunos días después.

La intrepidez revolucionaria del proletariado ruso no tenía su raíz exclusivamente en su seno. Ya su misma situación de minoría dentro del país indica que no hubiera podido dar a su movimiento tales proporciones, ni mucho menos ponerse al frente del Estado, si no hubiese encontrado un poderoso punto de apoyo en lo hondo del pueblo. Este punto de apoyo se lo daba la cuestión agraria.

Cuando en 1861 se procedió con gran retraso a emancipar a medias a los campesinos, el nivel de la agricultura rusa era casi el mismo que dos siglos antes. La conservación del viejo fondo de tierras comunales escamoteado a los campesinos en beneficio de la nobleza al implantarse la reforma, agudizaba automáticamente con los métodos arcaicos de cultivo imperantes la crisis de la superpoblación en los centros rurales, que era a la par del cultivo alterno de tres hojas. Los campesinos se sintieron cogidos en una celada, tanto más cuanto que esto no ocurría precisamente en el siglo XVI, sino en el siglo XIX, es decir, bajo un régimen muy avanzado de economía pecuniaria que exigía del viejo arado de madera lo que sólo podía dar de sí el tractor. También aquí volvemos a tropezar con la coincidencia de varias ases distintas del proceso histórico, que dan como resultado una exacerbación extraordinaria de las contradicciones reinantes.

Los eruditos, agrónomos y economistas sostenían que había tierra bastante con tal que se cultive de un modo racional, lo cual equivalía a proponer al campesino que se colocara de un salto en una fase más alta de técnica y de cultivo, pero sin tocar demasiado al terrateniente, al uriadnik (3) ni al zar. Sin embargo, no hay ningún régimen económico, y mucho menos el agrario, que se encuentre entre los más inertes, que se retire de la escena histórica antes de haberse agotado todas sus posibilidades. Antes de verse obligado a pasar a un cultivo más intensivo, el campesino tenía que someter a una última experiencia, para ver lo que daba de sí, su sistema de cultivo alterno en tres hojas. Esta experiencia sólo podía hacerse, evidentemente, a expensas de las tierras de los grandes propietarios. El campesino que se asfixiaba en su pequeña parcela de tierra y que vivía azotado por el doble látigo del mercado y del fisco no tenía más remedio que buscar el modo de deshacerse para siempre del terrateniente.

El total de tierra laborable enclavada dentro de los confines de la Rusia europea se calculaba, en vísperas de la primera revolución, en 280 millones de deciatinas. Las tierrascomunales de los pueblos ascendían a unos 140 millones, los dominios de la Corona a cinco millones, aproximadamente; los de la Iglesia sumaban, sobre poco más o menos, dos millones y medio de deciatinas. De las tierras de propiedad privada, unos 70 millones de deciatinas se distribuían entre 30.000 grandes hacendados, a los que correspondían más de 500 deciatinas por cabeza, es decir, la misma cantidad aproximadamente con que tenían que vivir unos 10 millones de familias campesinas. Esta estadística agraria constituía, ya de por sí, todo un programa de guerra campesina.

La primera revolución no había conseguido acabar con los grandes terratenientes. La masa campesina no se había levantado en bloque ni el movimiento desatado en el campo había coincidido con el de la ciudad; el ejército campesino había vacilado hasta que, por último, suministró las fuerzas necesarias para sofocar el alzamiento de los obreros. Apenas el regimiento de Semionov hubo sofocado la insurrección de Moscú, la monarquía se olvidó de poner la menor cortapisa a las propiedades de los grandes terratenientes ni a sus propios derechos autocráticos.

Sin embargo, la revolución vencida dejó profundas huellas en el campo. El gobierno abolió los antiguos cánones que venían pesando sobre las tierras en concepto de redención y abrió las puertas de Siberia a la colonización. Los terratenientes, alarmados, no sólo hicieron concesiones de monta en lo referente a los arriendos, sino que empezaron a vender una buena parte de sus latifundios. De estos frutos de la revolución se aprovecharon los campesinos más acomodados, los que estaban en condiciones de arrendar y comprar las tierras de los señores.

Fue, sin embargo, la ley de 9 de noviembre de 1906 la reforma más importante implantada por la contrarrevolución triunfante la que abrió más ancho cauce a la formación de una nueva clase de hacendados capitalistas en el seno de la masa campesina. Esta ley, que concedía incluso a pequeñas minorías dentro de los pueblos el derecho a desglosar, contra la voluntad de la mayoría, parcelas pertenecientes a los terrenos de comunas, fue como un obús capitalista disparado contra el régimen comunal. El presidente del Consejo de ministros, Stolipin, definía el carácter de la nueva política campesina emprendida por el gobierno como un «anticipo a los fuertes». Dicho más claramente se trataba de impulsar a los campesinos acomodados a apoderarse de las tierras comunales rescatando mediante compra las parcelas «libres» para convertir a estos nuevos hacendados capitalistas en otras tantas columnas del orden. Pero este objetivo era más fácil de plantear que de conseguir. Aquí, en esta tentativa para suplantar el problema campesino por el problema del kulak (4) fue precisamente donde se estrelló la contrarrevolución.

El 1 de enero de 1916 había dos millones y medio de labradores que tenían adquiridas e inscritas como de su propiedad 17 millones de deciatinas. Otros dos millones pedían que se les adjudicasen 14 millones de deciatinas en el mismo concepto. En apariencia, la reforma había alcanzado un triunfo colosal. Lo malo era que estas propiedades carecían en su mayoría de toda viabilidad y no eran más que materiales para una selección natural. En tanto que los terratenientes más atrasados y los labradores modestos vendían aprisa; unos, sus latifundios, y otros, sus parcelas de tierra, entraba en escena como comprador una nueva burguesía rural. La agricultura pasaba, indudablemente, a una fase de progreso capitalista. En cinco años (1908-1912), la exportación de productos agrícolas subió de 1.000 millones a 1.500 millones de rublos. Esto quería decir que las grandes masas de campesinos se proletarizaban y que los labradores acomodados lanzaban al mercado cantidades de trigo cada vez mayores.

Para suplir el régimen comunal obligatorio desplazado organizóse la cooperación voluntaria que, en el transcurso de pocos años, logró adentrarse bastante en las masas campesinas, y que no tardó en convertirse en un tema de idealismo liberal y democrático. Pero el hecho era que la cooperación no favorecía verdaderamente más que a los campesinos ricos, que era a los que, a fin de cuentas, querían servir. Los intelectuales populistas, al concentrar en la cooperación campesina sus principales esfuerzos, lo que hacían era encarrilar su amor al pueblo por los sólidos raíles de la burguesía. De este modo, se contribuyó muy eficazmente a preparar el bloque el partido «anticapitalista» de los socialrevolucionarios con el partido de los kadetes, capitalista por excelencia.

El liberalismo, guardando una actitud de oposición aparente frente a la política agraria de la reacción, no dejaba de contemplar, esperanzadamente, la destrucción capitalista del régimen comunal. «En los pueblos -escribía el príncipe liberal Trubetskoi- surge una pequeña burguesía potente, tan ajena por su formación y por su espíritu a los ideales de la nobleza como a las quimeras socialistas.»

Pero esta magnífica medalla tenía también su reverso. Del régimen comunal no sólo salió una «potente pequeña burguesía», sin que salieron también sus antípodas. El número de campesinos que habían tenido que vender sus parcela insuficientes llegaba, al comienzo de la guerra, a un millón, y este millón representaba, por lo menos, cinco millones de almas proletarizadas. También formaban un material explosivo bastante considerable los millones de labriegos pauperizados condenados a llevar la vida de hambre que les proporcionaban sus parcelas. Es decir, que se habían trasplantado al campo las mismas contradicciones que tan pronto torcieron en Rusia el desarrollo de la sociedad burguesa en su conjunto. La nueva burguesía agraria destinada a apuntalar las propiedades de los terratenientes más antiguos y poderosos demostró la misma enemiga irreconciliable contra las masas campesinas, que eran la médula del régimen agrario que los viejos terratenientes sentían contra la masa del pueblo. Lejos de brindar un punto de apoyo al orden, la propia burguesía campesina se hallaba necesitada de un orden firme para poder mantener las posiciones conquistadas. En estas condiciones, no tenía nada de sorprendente que la cuestión agraria siguiese siendo el caballo de batalla de todas las Dumas. Todo el mundo tenía la sensación de que la pelota estaba todavía en el tejado. El diputado campesino Petrichenko declaraba en cierta ocasión desde la tribuna de la duma: «Por mucho que discutáis, no seréis capaces de crear otro planeta. Por tanto, no tendréis más remedio que darnos éste.» Y no se crea que este campesino era un bolchevique o un socialrevolucionario; nada de eso, era un diputado monárquico y derechista.

El movimiento agrario remite, igual que el movimiento obrero de huelgas, a fines de 1907, para resurgir parcialmente a partir de 1908 e intensificarse en el transcurso de los años siguientes. Cierto es que ahora la lucha se entabla primordialmente alentada con su cuenta y razón por los reaccionarios en el seno de los propios organismos comunales. Al hacerse el reparto de las tierras comunales fueron frecuentes los choques armados entre los campesinos. Mas no por ello amaina la campaña contra los terratenientes. Los campesinos pegan fuego a las residencias señoriales, a las cosechas, a los pajares, apoderándose de paso de las parcelas desglosadas contra la voluntad de los labriegos del concejo.

En este estado se encontraban las cosas cuando la guerra sorprendió a los campesinos. El gobierno reclutó en las aldeas cerca de 10 millones de hombres y unos dos millones de caballos. Con esto, las haciendas débiles se debilitaron más todavía. Aumentó el número de los labriegos que no sembraban. A los dos años de guerra empezó la crisis del labriego modesto. La hostilidad de los campesinos contra la guerra iba en aumento de mes en mes. En octubre de 1916, las autoridades de la gendarmería de Petrogrado comunicaban que la población del campo no creía ya en el triunfo: según los informes de los agentes de seguros, maestros, comerciantes, etc., «todo el mundo espera con gran impaciencia que esta maldita guerra se acabe de una vez»… Es más: «por todas partes se oye discutir de cuestiones políticas, se votan acuerdos dirigidos contra los terratenientes y los comerciantes, se crean células de diferentes organizaciones… No existe todavía un organismo central unificador; pero hay que suponer que los campesinos acabarán por unirse por medio de las cooperativas, que se extienden por minutos a lo largo de toda Rusia». En estos informes hay cierta exageración; en ciertos respectos, los buenos gendarmes se adelantan a los acontecimientos, pero es evidente que los puntos fundamentales están bien reflejados.

Las clases poseedoras no podían hacerse ilusiones creyendo que los pueblos del campo dejarían de ajustarles las cuentas; pero esperaban salir del paso como fuera, y ahuyentaban las ideas sombrías. Por los días de la guerra, el embajador francés Paleologue, que quería saberlo todo, conversó sobre el particular con el ex ministro de Agricultura Krivoschein; con el presidente de la Duma, Rodzianko, con el gran industrial Putilov y con otros personajes notables. Y he aquí lo que descubrió: para llevar a la práctica una reforma agraria radical se necesitaría un ejército permanente de 300.000 agrimensores que trabajasen incansablemente durante quince años por lo menos: pero como en este plazo de tiempo el número de haciendas crecería a 30 millones, todos los cálculos previos que pudieran hacerse resultarían fallidos. Es decir, que, a juicio de los terratenientes, los altos funcionarios y los banqueros, la reforma agraria venía a ser algo así como la cuadratura del círculo. Excusado es decir que estos escrúpulos matemáticos no rezaban con el campesino, para el cual lo primero y principal era acabar con los señores, y después ya se vería lo que había que hacer.

Si, a pesar de esto, los pueblos se mantuvieron relativamente pacíficos durante la guerra, ello fue debido a que sus fuerzas activas se encontraban en el frente. En las trincheras, los soldados no se olvidaban de la tierra en los momentos que les dejaba libres el pensamiento de la muerte, y sus ideas acerca del porvenir se impregnaban del olor de la pólvora. Pero, así y todo y por muy adiestrados que estuviesen en el manejo de las armas, los campesinos no hubieran hecho nunca por su exclusivo esfuerzo la revolución agrario-democrática, es decir, su propia revolución. Necesitaban una dirección. Por primera vez en la historia del mundo, el campesino iba a encontrar su director y guía en el obrero. En esto es en lo que la revolución rusa se distingue fundamentalmente de cuantas la precedieron.

En Inglaterra, la servidumbre de la gleba desaparición de hecho a fines del siglo XIV; es decir, dos siglos antes de que apareciera y cuatro y medio antes de que fuera abolida en Rusia. La expropiación de las tierras de los campesinos llega, en Inglaterra, a través de la Reforma y de dos revoluciones, hasta el siglo XIX. El desarrollo capitalista, que no se veía forzado desde fuera, dispuso, por tanto, de tiempo suficiente para acabar con la clase campesina independiente mucho antes de que el proletariado naciera a la vida política.

En Francia, la lucha contra el absolutismo de la Corona y la aristocracia y los principios de la Iglesia obligó a la burguesía, representada por sus diferentes capas, a hacer, a finales del siglo XVIII, una revolución agraria radical. La clase campesina independiente salida de esta revolución fue durante mucho tiempo el sostén del orden burgués, y en 1871 ayudó a la burguesía a aplastar a la Comuna de París.

En Alemania, la burguesía reveló su incapacidad para resolver de un modo revolucionario la cuestión agraria, y en 1848 traicionó a los campesinos para pasarse a los terratenientes, del mismo modo que, más de tres siglos antes, Lutero, al estallar la guerra campesina, los había vendido a los príncipes. Por su parte, el proletariado alemán, a mediados del siglo XIX, era demasiado débil para tomar en sus manos la dirección de las masas campesinas. Gracias a esto, el desarrollo capitalista dispuso en Alemania, si no de tanto tiempo como en Inglaterra, del plazo necesario para sostener a su régimen, a la agricultura tal y como había salido de la revolución burguesa parcial.

La reforma campesina realizada en Rusia, en 1861, fue obra de la monarquía burocrática y aristocrática, acuciada por las necesidades de la sociedad burguesa, pero ante la impotencia política más completa de la burguesía. La emancipación campesina tuvo un carácter tal, que la forzada transformación capitalista del país convirtió inexorablemente el problema agrario en problema que sólo podía resolver la revolución. Los burgueses rusos soñaban con un desarrollo agrario de tipo francés, danés o norteamericano, del tipo que se quisiera, con tal de que, naturalmente, no fuera ruso. Sin embargo, no se les ocurría asimilarse la historia francesa o la estructura social norteamericana. En la hora decisiva, los intelectuales demócratas, olvidando su pasado revolucionario, se pusieron al lado de la burguesía liberal y de los terratenientes, volviendo la espalda a la aldea revolucionaria. En estas condiciones, no podía ponerse al frente de la revolución campesina más que la clase obrera.

La ley del desarrollo combinado, propia de los países atrasados -aludiendo, naturalmente, a una peculiar combinación de los elementos retrógrados con los factores más modernos- se nos presenta aquí en su forma más caracterizada, dándonos la clave para resolver el enigma más importante de la revolución rusa. Si la cuestión agraria, herencia de barbarie de la vieja historia rusa, hubiera sido o hubiera podido ser resuelta por la burguesía, el proletariado ruso no habría podido subir al poder, en modo alguno, en el año 1917. Para que naciera el Estado soviético, fue necesario que coincidiesen, se coordinasen y compenetrasen recíprocamente dos factores de naturaleza histórica completamente distinta: la guerra campesina, movimiento característico de los albores del desarrollo burgués, y el alzamiento proletario, el movimiento que señala el ocaso de la sociedad burguesa. Fruto de esta unión fue el año 1917.

1929-1932

https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1932/histrev/tomo1/cap_03.htm

Notas

1/ Los datos referentes a los años 1903 y 1904 abarcan todas las huelgas en general, aunque entre ellas predominen, indudablemente, las de carácter económico.

2/ El centro más importante de la producción textil al que, por esta razón, se ha llamado «Manchester ruso». [NDT.]

3/ Agente de la policía rural. [NDT.]

4/ Campesino rico. [NDT.]

 

Declaración Sindicato nº1 Minera Escondida al cumplir 36 días de huelga

Reproducimos la declaración pública de los trabajadores de Minera Escondida, los que llevan más de un mes de huelga, enfrentando la intransigencia de la patronal, que amenaza con el lock out o cierre patronal.

 

Declaramos a la opinión pública nacional e internacional:

1.- Nuestro Sindicato ha mantenido 36 días una lucha en contra la transnacional minera más grande del mundo, la que ha tenido por principal causa defender los beneficios y condiciones logrados durante 26 años de esfuerzo sindical, evitar la profundización de la explotación y también impedir la discriminación de los jóvenes de este país que a futuro llegarán a trabajar a esta empresa.

2.- Se nos ha acusado de intransigentes por resistir de manera firme y decidida una inédita ofensiva patronal que busca maximizar las utilidades para inversionistas extranjeros a costa de las condiciones de los trabajadores chilenos.

3.- Esta lucha es un símbolo para todos los trabajadores de Chile, ya que si se doblega al Sindicato más fuerte del país, no habrá esperanzas para el resto de los trabajadores de que a través de la organización sindical con sus pares, se puede obtener el mejoramiento de las condiciones laborales.

4.- Minera Escondida ante la férrea defensa de nuestras conquistas históricas, ha iniciado una campaña de amedrentamiento hacia los trabajadores y sus familias. En esa lógica se inscriben las declaraciones de Marcelo Castillo, quien actúa por ahora como presidente interino de la Compañía, por las que amenaza que la empresa podría declarar un lock-out o cierre temporal, cuando nuestra legislación sólo contempla esta posibilidad dentro de los primeros 30 días de huelga.

Así también se están produciendo llamados a los trabajadores advirtiéndoles de despidos masivos si se mantiene la huelga.

Ayer de forma agresiva ejecutivos trataron de despejar el piquete de huelguistas en Coloso. Los trabajadores no cayeron en la provocación y se han mantenido pacíficos en todo momento.

La unidad férrea de los trabajadores se mantiene. Estamos y nos mantendremos firmes, unidos y dignos. Hoy el trabajador minero es un hombre educado y consciente de sus derechos que no caerá en la campaña de terror de la empresa.

5.- La empresa ha realizado invitaciones a dialogar, pero sistemáticamente no ha dado respuestas mínimas a las tres condiciones básicas planteadas por el Sindicato, pero responsabilizándonos, con el despliegue y apoyo comunicacional de medios de comunicación que solo logra el dinero.

6.- El Directorio del Sindicato ha decidido dar una vez más la oportunidad que la Compañía rectifique su posición sobre los tres puntos basales que nos impiden llegar a un acuerdo. Para ello el Sindicato en horas de la tarde del día de hoy, ha cursado una invitación a la empresa para que se firme a la brevedad un acta de acuerdo, en donde se establezca que las partes se avocarán exclusivamente a discutir los tres puntos basales. Si tal acta se suscribe, podremos de inmediato iniciar la discusión de las tres materias en cuestión.

Por nuestra parte hemos comprometido en esta invitación, que el resultado de las
conversaciones sobre los tres puntos será llevado a las asambleas de socios para que ellos definan la suficiencia de la misma. Creemos que la respuesta de la empresa determinará el curso de la negociación colectiva, sin descartar ninguna de las opciones que contempla nuestro procedimiento legal.

Estimamos como fundamental que haya un compromiso formal por parte de la empresa a centrar estas conversaciones en los tres puntos, con la seriedad debida, ya que esos son los temas sobre los cuales se puede construir cualquier acuerdo.

Todos los otros puntos, incluido el Bono de Término, son materias en que el Sindicato ha tenido y tendrá la voluntad de encontrar un punto de encuentro, pero sólo si somos capaces de resolver los tres puntos que nos impiden avanzar a un acuerdo.

7.- Esperamos que la compañía, quien ha declarado sus supuestas intenciones de dialogar y resolver lo antes posible esta huelga, acepte la invitación en los términos planteados.

En Antofagasta, Chile, a 16 de marzo de 2017.

Directorio del Sindicato N° 1 de Trabajadores de Minera Escondida.

Este 8 de marzo: huelga internacional de mujeres

 

por Cinzia Arruzza

Organizaciones feministas, populares y socialistas alrededor de todo el mundo han llamado a la Huelga Internacional de Mujeres el 8 de marzo en defensa de los derechos reproductivos y contra la violencia hacia las mujeres, entendida como violencia económica, institucional e interpersonal.

La huelga tendrá lugar en al menos 40 países; será la primera coordinada internacionalmente a esa escala desde hace años: en términos de su tamaño y por la diversidad de organizaciones y países involucrados, será comparable a la manifestación internacional contra el ataque imperialista en Irak en 2003 y a las protestas internacionales coordinadas bajo la bandera del Foro Social Mundial y el movimiento por la justicia global a principios de los 2000.

Mientras que el movimiento Occupy, los Indignados, el Blacks Lives Matter logró tener un eco mundial y desencadenar manifestaciones, ocupaciones, y protestas en un número importante de países, hubo sin embargo, poca coordinación consciente internacional de coordinación entre varias organizaciones y grupos participantes. Por otro lado, las revoluciones árabes fueron también un extraordinario e histórico evento, pero las organizaciones sociales y políticas de otros países no construyeron una poderosa movilización coordinada internacionalmente en su apoyo.

Si esto sucede, la Huelga Internacional de Mujeres marcará un salto cualitativo y cuantitativo en un largo proceso de reconstrucción de una movilización social a nivel internacional contra el neoliberalismo y el imperialismo, a la cual varios movimientos de años recientes han dado forma, del Occupy a Gezi Park (en Turquía) de los Indignados al Standing Rock y el Blakc Lives Matter. Eso será señal también de una posibilidad concreta para un nuevo movimiento feminista, poderoso, anticapitalista e internacionalista.

¿Porqué lo llamamos “una huelga”?

Muchas discusiones sobre la huelga, particularmente en los Estados Unidos, se ha centrado en si es correcto llamar al 8 de marzo una “huelga”, en lugar de una manifestación. Esta crítica no tiene sentido. Las huelgas de mujeres siempre han sido más abarcadoras en sus objetivos y propósitos que las tradicionales huelgas sobre los salarios y las condiciones de trabajo.

En 1975, 90 % de las mujeres de Islandia estallaron una huelga en el lugar de trabajo y rechazaron hacer por un día el trabajo socialmente reproductivo no pagado para hacer visible el trabajo de la mujeres y su contribución a la sociedad en Islandia. Ellas exigían iguales salarios al de los hombres y el fin de la discriminación sexual en el trabajo.

En el otoño de 2016, las activistas polacas adoptaron la estrategia y el mensaje de la huelga de mujeres de Islandia y organizaron un huelga de mujeres masiva para detener un requerimiento en el parlamento que habría prohibido el aborto. Las activistas argentinas hicieron lo mismo en octubre para protestar contra la violencia machista hacia las mujeres.

Estos hechos – los cuales estimulan la idea para una amplia huelga en el Día de la Mujer – demuestran cómo una huelga de mujeres es diferente de una huelga general. Una huelga de mujeres surge de la reflexión política y teórica sobre las formas concretas del trabajo de las mujeres en las sociedades capitalistas. En el capitalismo el trabajo de las mujeres en el mercado de trabajo formal es sólo una parte del trabajo que ellas hacen; las mujeres son también las principales proveedores de mano de obra reproductiva: trabajo no pagado que es igual de importante para reproducir la sociedad y las relaciones sociales del capitalismo. Una huelga de mujeres es diseñada para hacer visible este trabajo no pagado y para enfatizar que la reproducción social es también un lugar de lucha.

Además, debido a la división sexual del trabajo en el mercado del trabajo formal, un basto número de mujeres mantienen trabajos precarios, donde no tienen derechos laborales, son desempleadas o trabajadoras indocumentadas.

Las mujeres trabajadoras en el mercado de trabajo formal e informal y en la esfera no pagada de la reproducción social, son todas ellas siempre trabajadoras. Esta consideración debe ser central para algunas discusiones acerca de la reconstrucción de un movimiento de la clase trabajadora no sólo en los Estados Unidos, sino también a nivel global.

Hacer énfasis en la unidad entre los lugares de trabajo y el hogar es clave, y un principio organizador central para la huelga del 8 de marzo. Una política que toma el trabajo de las mujeres seriamente debe incluir no sólo la huelga en los lugares de trabajo sino también una huelga del trabajo reproductivo no remunerado, huelga de tiempo parcial, llamado para reducir el tiempo de trabajo y otras formas de protesta que reconoce la naturaleza de género de las relaciones sociales.

La “huelga” se ha convertido en el término paraguas bajo el cual se incluyen estas diversas formas de acción porque es el término que mejor enfatiza la centralidad del trabajo de las mujeres y su autoidentificación como trabajadores, cualquiera que sea su forma de trabajo.

Reclamar el derecho a la huelga

Estados Unidos tiene quizá las peores leyes del trabajo entre las democracias liberales. Las huelgas generales y políticas están prohibidas, las huelgas están ligadas a exigencias económicas estrictamente dirigidas a los patrones, y los contratos a menudo tienen cláusulas explícitas contra la huelga, cuya violación puede hacer que el trabajador pierda su empleo y/o que el sindicato que organiza la huelga reciba fuertes multas. Además, varios estados, como Nueva York, tienen leyes que prohíben explícitamente a los empleados públicos hacer huelga.

La discusión acerca de cómo revertir esta situación y empoderar a las y los trabajadores ha sido el principal tema estratégico de la izquierda en EU en las últimas décadas. Aún ahora uno de los peligros en esta discusión es reducir la lucha de clases a la sola lucha económica, y confundir las relaciones sociales capitalistas con la economía formal, esto es una visión estrecha.

Una transformación de las relaciones de trabajo en los Estados Unidos requiere no simplemente una activación de la clase trabajadora sobre las bases de demandas económicas en el lugar de trabajo, sino su politización y radicalización – la capacidad de llevar a cabo una lucha política dirigida a la totalidad de las relaciones de poder, a las instituciones y a las formas de explotación.

Esto no puede ser alcanzado mejorando y expandiendo la organización de base en los lugares de trabajo solamente; uno de los problemas central que la organización laboral radicalizada enfrenta es su aislamiento político y social así como su invisibilización.

Establecer las bases para la revitalización del poder de la clase obrera requerirá operar a diferentes niveles – creando grandes coaliciones sociales actuando dentro y fuera de los lugares de trabajo y construyendo lazos de solidaridad y confianza entre trabajadores y activistas antirracistas, feministas, estudiantes, y anti-imperialistas. Esto también significa aprovechar la imaginación social a través de la creatividad, la intervención intelectual y teórica y la experimentación con nuevas prácticas y lenguajes.

En lugar de los estrechos enfoques sobre la lucha en el centro de trabajo, necesitamos conectar movimientos basados en el género, la raza, la etnicidad y la sexualidad junto con los sindicatos y el activismo ambiental. Sólo creando esta totalidad colectiva seremos capaces de dirigir la complejidad de temas y demandas planteadas por estas diversas formas de movilización.

Este es el camino que la huelga internacional de mujeres persigue, con su amplia plataforma y apertura.

Marzo 8 no será una huelga general. Pero será un importante paso hacia la relegitimación del derecho a la huelga contra la degradaciones del capitalismo sentidas en todas las esferas de la vida por toda la gente.

(Fotografía: Mujeres republicanas en el frente de Madrid, 1938)

Trabajadores Minera Escondida en pie de guerra: ¡vencer o morir!

por Gustavo Burgos //

La huelga de los trabajadores el sindicato de Minera Escondida ha sacudido el mercado del cobre a nivel mundial, subiendo el precio de cotización del metal rojo a precios del 2015.

La Escondida produce más de un millón de toneladas métricas del metal al año, 679.000 toneladas de concentrado y 312.000 toneladas de cátodos de cobre, y responde por el 5% de la producción mundial. Así que la huelga de una diez días de duración de 2.500 trabajadores ya ha costado unas 30.000 toneladas, suficiente para cablear un millón y medio de automóviles. Esta caída en la producción colisiona con las necesidades chinas y el programa de obras públicas de Trump. Seguir leyendo Trabajadores Minera Escondida en pie de guerra: ¡vencer o morir!

Matanza en la Mina de El Salvador, la primera de las tres masacres con que Frei Montalva comenzó a escribir la historia de la Democracia Cristiana

HISTORIA VIVA DEL MOVIMIENTO OBRERO:

 

La Democracia Cristiana es una organización de la burguesía, en cuya formación y financiamiento participó directamente la CIA norteamericana. Este partido, desde sus orígenes, ha tenido una clara estrategia contrarrevolucionaria sustentada en la concepción socialcristiana que busca penetrar en las organizaciones de masas, disputando el espacio político al comunismo.

A nivel mundial la Democracia Cristiana comparte filas con el franquismo español (Partido Popular) y el genocida salvadoreño José Napoleón Duarte, masacrador de campesinos en este país centroemericano y guaripola del imperialismo en la lucha antisubersiva en centroamérica.

Conocido es el papel desempeñado por la DC durante la Unidad Popular: articulador del CODE y principal instigador de la sedición imperialista que desembocara en el fascismo en septiembre de 1973.

Sin embargo, por una estudiada operación de lavado de imagen, el Gobierno de Frei Montalva (64-70) es considerado, incluso por sus actuales socios en la Nueva Mayoría, el PS y el PC, como un gobierno democrático. Parapetados detrás de un pequeño grupo de DC que rechazaron el golpe (Grupo de los 13), se ha pretendido ocultar que Frei Montalva y la DC como cuerpo, se fue a abrazar en televisión con los golpistas, brindando con champaña mientras en las calles de Santiago y todo Chile se fusilaba a los obreros en las calles.

Es más, destacados cuadros de la DC fungieron como autoridades de la Dictadura. Aylwin y Frei, hasta 1976 siguieron defendiendo a Pinochet en el exterior.

El Partido Comunista, que hoy alegremente se dispone a gobernar junto a la Democracia Cristiana en la Nueva Mayoría de Bachelet, ha concurrido también a este lavado de imagen que supone sepultar a los caídos en El Salvador el 11.03.66, en Santiago el 23.11.67 y en Puerto Montt el 9.03.69. Gobernar con la DC es hacerlo, finalmente, con los responsables de las primeras asonadas y razias en contra de la izquierda y las organizaciones obreras, los creadores del Grupo Móvil (antepasado de las FFEE de Carabineros). En una palabra gobernar con la DC es hacerlo con genocidas y declarados enemigos de la clase obrera y el conjunto de la nación oprimida.

Esta es la historia:

MATANZA EN LA MINA EL SALVADOR, ORDENADA POR FREI.

La región chilena, a lo largo de su historia y territorio, ha tenido una serie de hechos sangrientos, donde las relaciones entre el Estado y el Movimiento Obrero han sido complejas, cada vez que este se levanta o exige alguna reivindicación o derecho organizadamente. En el caso del movimiento obrero tales roces con el Estado pueden clasificarse en tres periodos: el primero durante los comienzos del siglo XX, culminando en 1907 con la matanza de la Escuela Santa María de Iquique. El segundo periodo de esta trágica historia se registra en los fines de la segunda década del siglo y la década del 30, donde nuevamente los obreros, pobladores y campesinos son asesinados por el estado chileno. Finalmente encontramos el último ciclo de matanzas, el cual comienza con la masacre de El Salvador y culmina con la de Puerto Montt el año 1969, donde por parte del gobierno de Frei, esta práctica se hace bastante cotidiana.

La coyuntura ocurrida en los años 1965 y 1966 en los diversos campamentos mineros cupríferos de Chile es un tema ausente en el estudio historiográfico y la memoria colectiva, esto debido a que en las diversas investigaciones que existen sobre la época, ninguna trata específicamente de estos hechos, centrándose mayoritariamente, en el ampliación que existía del movimiento social a nivel de pobladores, campesinos y obreros de los grandes polos industriales del Chile central. Además, la mayor parte de las veces que son mencionados los sucesos de El Salvador, se les trata de distintas formas, con errores en las fechas o en los protagonistas, como así también en la cantidad de víctimas que se señalan.

La historia que llevó a la masacre comenzó en octubre de 1965 con un paro indefinido de la Gran minería del Cobre, éste fue acogido por el personal de la Andes Copper Minning y de la Potrerillos Railway Company, entrando a las movilizaciones los campamentos de Sewell, El Salvador, Potrerillos y Chuquicamata, entre otros. El paro tenía por objetivo mejoras salariales para los trabajadores.

La movilización fue calificada por parte del gobierno como “huelga ilegal”, siendo caracterizada como un conflicto de carácter político, el cual había sido generado, en palabras del ministro de Minería, por parte de los enemigos del gobierno (La Izquierda). Pero no fue hasta el mes de noviembre que la huelga comenzó a tener un carácter más conflictivo, primero fueron los enfrentamientos entre obreros y krumiros, en las afueras de las faenas de producción, seguidos prontamente éstos, por enfrentamientos con carabineros. Es debido a esta situación, que el gobierno decide declarar “Zona de Emergencia” a los departamentos que se veían afectados por la huelga, El Loa, Chañaral, Tocopilla y Rancagua. Esto debido a que la movilización afectaba directamente un sector estratégico de la economía, sumándose a esto que dicho movimiento era ilegal frente a las autoridades.

Se detuvo a gran cantidad de dirigentes de los diversos sindicatos implicados en la huelga, por lo que finalmente durante la noche del día 30 de noviembre, al cumplirse 37 días de huelga, se decide poner fin a la paralización, esto debido a un acuerdo al que llegaron los mineros con el Partido Demócrata Cristiano (PDC), el cual se comprometió a desistir en las demandas contra los dirigentes que se encontraban presos, pacto que fue secreto. Entre los triunfos de los obreros y empleados se pueden señalar que se finalizó con las “zonas de emergencia” y se incluyó el veto presidencial al proyecto del cobre, lográndose bonificaciones compensatorias, gratificaciones extraordinarias y participación de las utilidades.

Comienza el año 1966 y el 3 de enero, mientras en el parlamento se discute la ley de Chilenización del cobre, se inicia una huelga legal en el sindicato de El Teniente, con ella la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC) hace un llamado a las demás mineras a la solidaridad con esta lucha, la cual pedía mejoras salariales de un 283,9%, muy por sobre lo que la compañía proponía que era un 125,5% y también bastante distante de la propuesta del gobierno de un 147,7%.

Los primeros dos meses de la huelga trascurrieron sin mayores hechos relevantes, no fue hasta el día 57 de la huelga, cuando los campamentos mineros de Potrerillos, El Salvador, Llanta y Barquito, paralizaron sus faenas en apoyo a sus compañeros de El Teniente (1 de Marzo), siendo este hecho calificado como una muestra de solidaridad de clase por parte de los diversos sectores obreros y mineros.

El mismo día en que se inicio el Paro en el norte, se declaró el estado de emergencia en el departamento de Chañaral, produciéndose gran cantidad de allanamientos de casas, ordenados por el Gobernador subrogante Coronel Roberto Viaux Marambio, respaldado por el Intendente Joaquín Vial, en los cuales se detuvieron a los dirigentes sindicales Julio Arancibia (Secretario del Sindicato de Potrerillos), Carlos Gómez (Presidente del sindicato de El Salvador), Jaime Sotelo (Secretario del sindicato de El Salvador), Pablo Gutiérrez y Hernán Carranza (Ambos dirigentes de los trabajadores de Barquito), los cuales fueron enviados a la cárcel de La Serena, donde también llegarían algunos dirigentes de Rancagua.

Al día siguiente de la detención de los dirigentes se realizarían las votaciones, por lo que esta acción del gobierno tenía el claro objetivo de descabezar el movimiento para que este perdiera fuerza y se votara en contra de la movilización. Además el gobierno toma otras medidas tales como allanar casas de trabajadores y expulsarlos de los campamentos. Tal fue el caso de El Salvador donde se expulsó a 300 trabajadores, los cuales fueron enviados a Pueblo Hundido (Actual Diego de Almagro), siendo obligados a dejar todos sus enseres en el campamento, además de ser separados de sus familias, las cuales quedaron en El Salvador. Y eran éstas las que principalmente acudían al local del sindicato, el cual funcionaba las 24 horas del día, para dar alimentación en ollas comunes y además para distraer a los obreros que ocupaban el local, con juegos tales como billar, cartas y dominó. Cabe mencionar que las medidas de presión no fueron efectivas, ya que el resultado de la votación fue un rotundo apoyo a la huelga, por lo que esta continuó.

Con el pasar de los días la situación se torna cada vez más tensa, hasta que el día 8 de marzo, los militares a cargo de la zona de emergencia de Chañaral, emiten la orden arbitraria de la reanudación de las faenas de El Salvador, Potrerillos y el puerto de Barquito, colocando a cargo de esta al Coronel del Ejercito Manuel Pinochet Sepúlveda. La orden fue escasamente acatada, en El Salvador llegan 30 obreros mientras que en Potrerillos llegan solo 10. Ante esta situación, la autoridad militar, al día siguiente, el 8 de marzo, intenta allanar el sindicato de obreros de Potrerillos, el cual se ve rodeado de militares con armamento de guerra, incluyendo una ametralladora, a muy temprana hora (5 AM), para de esta forma causar sorpresa a sus ocupantes y evitar apoyo de quienes no se encontraban en el local sindical. Ya estaba amaneciendo y fuera del sindicato, se encontraban militares y carabineros, formados y fuertemente armados con fusiles automáticos, la pieza de ametralladora fue ubicada frente a la puerta del sindicato, los 40 obreros que estaban dentro al ver el peligro, cerraron las puertas y esperaron, la situación fue vista por algunas mujeres la cuales comenzaron a correr la voz en todo el campamento, “Van a llevarse a los hombres del pueblo”“A lo mejor los van a balear”, repetían por cada rincón. En pocos minutos gran cantidad de mujeres y obreros llegaban a las cercanías del sindicato, acercándose cautelosamente, comprendiendo que cualquier movimiento mal pensado podría generar la balacera. Fue de esa forma hasta que un grupo de mujeres valientemente toma una bandera chilena y se coloca entre la tropa y el sindicato, éstas comenzaron a caminar lentamente hacia los militares, llegando hasta el frente de la ametralladora, rodeándola con la bandera. En este momento algunos carabineros y militares se abalanzan sobre la puerta del local e intentan derribarla, generándose una situación de completo pánico entre los obreros que estaban dentro y aquellos que observaban junto a sus mujeres y las de sus compañeros. El oficial a cargo conscientemente mide la situación y se acerca a las mujeres iniciándose un dialogo entre ambas partes, de no ser por esto en cosa de segundos se hubiese producido el choque entre militares y obreros. De la negociación se decide que las mujeres entrarían al local, pero en medio de toda la tensión una de estas pide que se lea la orden de allanamiento, ante lo cual el oficial procede y la lee en voz alta, diciendo al finalizar “bueno ¿y ahora?”, la mujer en medio de su temor y rabia le da la más insólita respuesta de acorde al momento, “Bueno ahora te la metís… esas son puras mentiras de ustedes. Es para llevarnos los hombres a Pueblo”(Hundido). El oficial comienza a hablar nuevamente con las mujeres, generando un nuevo dialogo, ante lo cual los militares allanaron el local de forma pacífica, no encontrando en este nada comprometedor. Una vez cumplida la orden se retiraron y las mujeres quedaron a cargo del sindicato, generando un sistema de turno para realizar las guardias.

Situación parecida se viviría días después en El Salvador, pero con un final muy distinto. Los trabajadores y sus familias, como era ya de costumbre, mientras estaban en huelga, se reunían en el sindicato de obreros, en el conversaban, hacían asambleas para evaluar la huelga y también ollas comunes. La detención el día 10 de marzo de varios periodistas y camarógrafos que se encontraban en el campamento cubriendo el conflicto, hacía presagiar que algo sucedería, ese mismo día “subieron” los militares que se encontraban en Pueblo Hundido, llegando a reforzar los que ya estaban en el campamento.

El día 11 de marzo, los obreros y sus familias se encontraban como de costumbre en el sindicato, a punto de almorzar cuando llega el rumor de que los camiones que se encontraban en la escuela pública, se estaban preparando para bajar a desalojar el sindicato. Los militares no tardaron en llegar a la comisaría que se encontraba a pocos metros del local, los obreros esperaban expectantes mirando desde dentro. A los pocos minutos baja el Teniente de Carabineros Luís Hald, en una camioneta militar, acompañado por el Suboficial Luís Abarzúa y un grupo de Militares, Carabineros y Detectives, que sumaban aproximadamente 85 hombres en tres camiones. Los trabajadores, pensaron que se realizaría algún tipo de dialogo, debido a que muchos conocían al uniformado a cargo, ya que compartían con él en diversas actividades deportivas que se llevaban a cabo en la ciudad, pero no fue así, al momento de estar ya cerca de la puerta, Hald lanza con su mano una bomba lacrimógena dentro del sindicato, generando gran caos y temor dentro, donde se encontraban mujeres y niños, además de los huelguistas. La lacrimógena golpea a uno de los trabajadores en la garganta, y comienza el escape de dentro del sindicato, a esta bomba la siguieron prontamente otras, las cuales hicieron aun más irrespirable el ambiente. Los obreros en su desesperación, rompieron una puerta en la partes posterior del sindicato y llegaron a un pasadizo que se encontraba entre este y el estadio, ahí algunos rompieron las calaminas escapando hacia dentro del recinto deportivo.

Muchos obreros corrieron hacia el lado norte del sindicato, siendo atacados por la ultima bomba lacrimógena, para posteriormente producirse en este momento la primera ráfaga de disparos, estos fueron de fogueo, por lo que muchos obreros al notarlo gritan que son armas de fogueo, por lo que se acercan hacia las fuerzas represoras con palos, sillas y piedras, ante lo cual los militares responden con balas de guerra, produciéndose los primeros caídos. En el momento de los disparos de fogueo, comenzó a bajar desde el campamento gran cantidad de gente la cual corría por las calles con banderas y gritando, llegando hasta la plaza y las cercanías del sindicato, donde se aglomeraron. Cuando comienza la primera ráfaga de balas de guerra, una mujer que corría con una bandera chilena gritando “`¡no los maten!”, es ametrallada, y según cuentan testimonios, “casi partida en dos”, la caída resulto ser Osvaldina Chaparro Castillo, ama de casa de 30 años de edad, quien era pareja de uno de los huelguistas y además tenía tres meses de embarazo, su causa de muerte fue una anemia aguda, ruptura del bazo y varias fracturas, al mismo tiempo se generaban disparos hacia el sindicato donde cae muerto Francisco Monárdez Monárdez, quien fallece por estallido de cráneo, producido por un disparo de grueso calibre en la cabeza, el cual le entró por la nuca, constatándose de esta forma que fue asesinado por la espalda. El tercer caído por esta ráfaga fue Mauricio Dubó Bórquez, un obrero soltero de 25 años, el cual fallece por anemia aguda, desgarro del hígado y fractura medular, producidos por 6 disparos en la región del abdomen, en el lugar quedan tendidos también gran cantidad de heridos. Durante esta primera ráfaga fue herido además, el Teniente de carabineros Luís Hald, quien recibió una pedrada en la cara, lo que le provoco sólo una herida leve, por lo que se reincorporó rápidamente a la represión.

El ruido que provocó la primera ráfaga de disparos, hizo que la gente que se encontraba a esa hora en el cine, saliera de este a ver qué sucedía, el cine se encontraba a poco menos de 30 metros de la comisaría y a unos 50 del sindicato, por lo que al salir de este los pobladores se encontraron de frente con la dantesca escena, corrieron muchos a ayudar a los heridos, los que también estaban siendo socorridos por sus mismos compañeros y mujeres que estaban dentro del sindicato, además de personas que habían bajado desde el campamento. Al ver que comenzaba a aglomerarse gran cantidad de gente, los militares disparan una segunda ráfaga, unos 15 minutos después de la primera, produciendo nuevamente gran cantidad de heridos, entre estos Manuel Contreras Castillo, obrero de 54 años, quien cae a pocos metros de la plaza, mientras observaba los hechos, debido a una anemia aguda, generado por una bala que le llega en el cuello. A pocos metros de él cae una segunda mujer Marta Egurrola Riquelme, dueña de casa de 39 años, quien muere por anemia aguda, rotura del bazo izquierdo y fractura de fémur, generadas por las fatídicas descargas. Mientras se generaba esta segunda balacera, se produce un hecho que generará una tercera ráfaga de disparos, y que será la más cruenta de todas: el capitán del ejército Alejandro Alvarado Gamboa, había caído herido por un disparo, el juicio ante este hecho es casi unánime, ya que sólo el gobierno (ni siquiera los militares), atribuye a que la bala salió de los trabajadores, debido al calibre de ésta. Incluso el médico que atendió al capitán cuando llegó al hospital, menciona en su relato que la herida correspondería a una munición de guerra. Concluyéndose de esta forma que la bala podría haber sido dispara accidentalmente por él mismo mientras resbaló y cayó debido a lo irregular del terreno donde yacía herido. Fuese cual fuese el motivo del balazo en la pierna del capitán, este tuvo una consecuencia muy clara, la acción descontrolada de la fuerza pública, la cual comenzó a disparar en todas direcciones.

La tercera ráfaga se disparó, generando nuevos heridos y tres nuevos trabajadores asesinados, Luís Alvarado Tabilo, obrero de 43 años, muerto por diversas lesiones en el tórax además de un impacto en el corazón. Ramón Contreras Pizarro, obrero de 22 años, fallecido por una anemia aguda y una lesión múltiple en el intestino y Delfín Galaz Duque, obrero de 37 años, con estallido del encéfalo. La masacre se interrumpió con la intervención de un médico del hospital salvadoreño de nombre Samuel Pantoja, además del sacerdote del campamento Jesús Oyarzábal, el cual dio la extremaunción a los muertos en medio de la balacera. Cabe mencionar que existió un militar que se negó a disparar, el fue Luís Covarrubias, un joven que se encontraba haciendo el servicio militar, en el regimiento de La Serena, oriundo de El Salvador, no aceptó la orden de disparar contra sus propios amigos y conocidos, entre los cuales incluso podría haberse encontrado su padre que era obrero en la mina.

Los cuerpos de los muertos (Monárdez y Dubó) quedaron ahí tendidos, a la espera de que llegase el Juez de Chañaral, el cual podía dar la orden para levantarlos, esto se produjo recién en horas de la noche, por lo que ambos cuerpos estuvieron durante toda la tarde tendidos fuera del sindicato, donde fueron cubiertos por las mismas calaminas que habían sido arrancadas del estadio. Fueron acompañados por sus compañeros y familiares, quienes les llenaron de flores y les encendieron velas, a lo largo de todo el día.

Los heridos mientras tanto fueron trasladados al hospital, en el murieron 5 de las victimas mas graves durante el transcurso del día, mientras que Luis Alvarado murió al día siguiente. El director del hospital, convocó a todos los médicos de Potrerillos y El Salvador, debido a que el hospital en ningún caso estaba preparado para recibir la gran cantidad de heridos que llegó. A cargo de esta misión estuvo el doctor Manuel Vidal, el cual designó 7 médicos para que hicieran las autopsias, junto con los restantes operó a 26 de los 37 heridos, intentando que el sistema no colapsara, dio de alta a variados pacientes que estaban de antes en el recinto, pidió donantes de sangre, ordenó que las ambulancias estuvieran en alerta y dispuso las salas del hospital para pacientes graves, menos graves y para intervenciones.

Al día siguiente, el médico pidió que aterrizara un avión para llevarse a los militares, con el objetivo de calmar los ánimos y por miedo a una nueva matanza. Esto fue llevado a cabo y, además, con ellos se fue el capitán herido de bala y algunos de los heridos de mayor gravedad (civiles). Los uniformados, a excepción de los militares con rango, que eran jóvenes que cumplían el servicio militar, se trasladaron a Copiapó, llegando al Regimiento de dicha ciudad, ahí se pudieron ver las caras desfiguradas de los jóvenes, los cuales en ningún momento estaban preparados para cometer tan asqueroso crimen, el cual fueron obligados a perpetrar.

Las reacciones ante la masacre no se hicieron esperar durante la tarde del día 12 en Santiago, un grupo de jóvenes se reunieron en las afuera de la oficina de El Mercurio, para protestar por la masacre, el mismo día luego de la sesión extraordinaria del Senado, a las afueras del Congreso Nacional, se registran protestas contra los senadores democratacristianos, los que son atacado verbalmente por jóvenes los cuales les adjudican culpabilidad en los sangrientos hechos del norte. Además desde el mismo 11 en la noche se registraron diversos rayados en las paredes de Santiago, en alusión a la masacre, culpabilizando a Frei de la violenta represión, pero fue durante el día 15 que se registraron diversas detenciones de parte de carabineros y detectives: se detuvo a 10 personas realizando rayados contra el Presidente y, además, apedreando la casa de un destacado político de la Democracia Cristiana (no se señala el nombre). Misma situación se registró en la Plaza Perú de Concepción, donde se detuvo a secundarios y universitarios, haciendo menciones a las acciones de Frei en las paredes. Finalmente el último caso de protesta espontánea que se encontró, fue el ocurrido en El Salvador, durante los primeros días de Abril. Los militares, pocos días antes de irse dejaron grandes bandera chilenas, en los principales cerros del campamento, estas sufrieron el “atentado” de ser rasgadas y destruidas, en memoria de los mineros y mujeres que habían sido asesinados por los mismos uniformados que las dejaron allí, viéndose de esta forma como se identifica al estado como el culpable, el que hacía gala de su nacionalismo, pero que ante esa misma bandera, asesinaba a trabajadores y mujeres.

Posteriormente a la masacre, la Central Única de Trabajadores de Chile, convocó a paro nacional para el día 15 de marzo, contando con los mineros de El Teniente, El Salvador y Potrerillos, aun paralizados (El Puerto de Barquito había vuelto a trabajar) y con una serie de gremios y organización las cuales día a día iban comprometiendo su participación en la movilización llamada a modo de solidaridad, con los obreros y mujeres asesinados, además de la larga huelga que los obreros del cobre llevaban a cabo.

El paro se separó en dos días, el primero el 14 de marzo donde detuvo sus faenas la minería a nivel nacional. Además de los campamentos que ya estaban paralizados, se sumaron la Disputada de la Condes, la pequeña y mediana minería del cobre, casi todos los Salitreros y los mineros del carbón de Lota y Schwager, el gran ausente de esta y la posterior jornada sería Chuquicamata, donde no se paralizara ni se emitirá declaración alguna durante los dos días de la manifestación solidaria.

El paro nacional, si bien fue mirado en menos y denostado por el gobierno y la prensa de derecha (El Mercurio, Las Últimas Noticias, El Sur, Etc.), fue bastante exitoso, pero no logró paralizar el país, ya que gran cantidad de gremios importantes, no acudió al llamado. Los que si paralizaron sus actividades de forma efectiva fueron los Profesores del Estado y de las universidades de Chile y Técnica, los obreros municipales, los obreros ferroviarios, los del cuero y el calzado, los de la construcción, los textiles, los de la Compañía Chilena de Electricidad, los cerveceros, los de Loza Penco, los lancheros de Tocopilla, los de la fábrica de explosivos de Calama, algunos panaderos, los de Licores Mitjans, los de la Compañía de Fósforos, los de Chiprodal, los de la Compañía de Acero del Pacifico (CAP) Huachipato, casi todos los salitreros, los mineros del carbón de las provincias de Concepción y Arauco, la pequeña y mediana minería, y naturalmente los de El Teniente, El Salvador y Potrerillos. Llegando gran cantidad de obreros y familias a la concentración de la Plaza de los Artesanos, donde se reunieron alrededor de 35.000 personas, cifra bastante más alta que la que reunió Frei en su acto el día anterior (3.500 personas).

Si bien no pudieron paralizar sus faenas, algunos gremios entregaron su solidaridad con los compañeros de El Salvador y El Teniente, estos fueron los trabajadores Bancarios y los de la salud que paralizaron parcialmente algunas horas y los de la Empresa de Transportes Colectivos del Estado, quienes enviaron una suma de dinero a las familias de las víctimas.
Para el día 16 de marzo, se reanudan las conversaciones en El Teniente, sin lograr frutos. En El Salvador mientras tanto, se produce un nuevo hecho de tensión cuando la empresa dejó a disposición del Coronel Pinochet, la contratación de nuevos trabajadores, esto debido a que el paro era acatado mayoritariamente. Este hecho generó gran resistencia en los trabajadores, quienes se opusieron tajantemente a la medida.
Finalmente fueron despedidos alrededor de 350 obreros al momento de finalizar la huelga.El fin de la huelga de El Salvador, seguía dependiendo del fin de la de El Teniente, a la cual se había sumado como nuevo requerimiento la liberación de los dirigente Salvadoreños, demanda que se sumó en agradecimiento a los compañeros por su valentía en esta batalla que ahora estaban peleando juntos.

Para el día 20 de marzo, al cumplirse 77 días de huelga en El Teniente, se comienzan a dar las primeras luces para finalizar el conflicto, llegando a un acuerdo económico los obreros con la empresa Braden Copper, sin embargo, pusieron como condición que para que este se llevara a cabo se debía cumplir por parte del gobierno la liberación de los dirigentes. Solo fue una semana después, el día 28, que se supo que la Corte de Apelaciones de La Serena había liberado bajo fianza a los dirigentes presos, culminando de esta forma los paros solidarios de El Salvador y Potrerillos. Pero aún continuaba en pie la huelga de El Teniente, la cual se solucionó el 31 de marzo, al día 87 de huelga, ganando por parte de los trabajadores y trabajadoras gran cantidad de demandas.

Las Zonas de Emergencia se mantuvieron hasta el día 17 de abril, cuando fueron derogadas, volviendo la tranquilidad nuevamente a los campamentos mineros. La huelga dejó pérdidas millonarias para el Estado chileno, 2 millones 737 mil dólares, en la huelgas solidarias del norte, mientras que la de El Teniente dejo perdidas por 27 millones 330 mil dólares. Además de las irreparables e incalculables pérdidas humanas que ocurrieron en El Salvador.
La masacre de El Salvador, entre el año 1966 y 1973 trajo consigo una serie de consecuencias, éstas fueron principalmente desilusiones respecto a varios ámbitos políticos y a vías que tomarán distintas organizaciones políticas en los años siguientes. Estas situaciones se vieron posteriormente confirmadas con los siguientes hechos sangrientos que ocurrirían durante el periodo de Frei, con la masacre en Santiago en 1967 durante una manifestación de la CUT, con 7 muertos y con la de Pampa Irigoin, Puerto Montt, con 11 pobladores muertos.

Rubricamos estas líneas con las palabras de Amador Ahumada, uno de los sobrevivientes de la masacre:

“Esto no es un hecho aislado corresponde a los mecanismos de un gobierno burgués que desea aplacar el avance de los explotados. Es bueno que todos los trabajadores entiendan que lo que hoy tenemos, lo hemos logrado con sacrificios y a costa de estos dolorosos hechos. Pero que sepan ahora estos señores de capa y balas que jamás volveremos atrás, nunca entregaremos el pedazo de historia que hemos recobrado para nuestro pueblo. Lo único que estamos decididos a lograr es el poder para nosotros los mineros, los obreros y campesinos”

21 de diciembre de 1907. La Masacre de Santa María

por Humberto Valenzuela

«En 1907, los obreros pampinos de la Provincia de Tarapacá solicitaron de los salitreros que sus salarios fueran pagados en oro, ya que éste se hacía en papel moneda y fichas, en circunstancias que el salitre se cotizaba en oro esterlino y el pago de los artículos de primera necesidad se hacía al cambio de nuestra moneda. Pidieron también que se estableciera el libre comercio en las oficinas, ya que existía el monopolio por parte de los salitreros, quienes eran a la vez dueños de las Pulperías, únicos centros de abastecimiento existentes. Solicitaron además, que se establecieran balanzas en las pulperías, pues las ventas eran “al reverendo lote”, y la abolición de las fichas, con las cuales se pagaba el trabajo de los obreros. Además, este sistema tenía el inconveniente de que las fichas de una determinada firma salitrera no tenían ningún valor en las oficinas de otras firmas y cuando los obreros debían ir a un pueblo cualquiera, o bajar al puerto, estas fichas no poseían ningún valor; entonces, los obreros tenían que verse en la necesidad de cambiar éstas fichas por dinero, en los mismas oficinas, con un cincuenta por ciento de descuento sobre su monto total, robándoles así la mitad de sus dineros. Los pampinos pedían también que cuando no se pagare una carretada de caliche por estimarla de baja Ley, ésta no fuera utilizada en la elaboración de salitre, como se estaba haciendo por parte de los administradores. Pedían además, que no se despidiera a los obreros que participaran en la huelga, o que se les indemnizara como corresponde, y que todos los acuerdos a los que se llegara fueran reducidos a Escritura Pública, firmada por los delegados obreros y los patrones. ¡¡ Y pensar que por pedir y defender todo esto, los mataron!!

Como de costumbre, los patrones rechazaron de plano estas peticiones; y los obreros decidieron la huelga. Esta se inició de inmediato en las oficinas San Lorenzo y en Jaspampa, extendiéndose rápidamente a toda la Pampa del Tamarugal y a los cantones Norte y Sur Lagunas. Paralizaron cerca de treinta oficinas con un total aproximado de 12 mil obreros. Era el día 10 de Diciembre de 1907.

El día 13, se realizó una concentración en el alto de San Antonio, un pueblito salitrero. Se había dicho que a ella concurría el Intendente, pero no fue así. Los obreros decidieron bajar al puerto, muchos alcanzaron a irse en tren, pero el resto tuvo que hacerlo a pie, por cuanto no cabía más gente en los carros. El día 15 aparecieron en los cerros de Iquique los primeros contingentes de huelguistas que formaban parte de la caravana que marchaba a pampa traviesa, la cual se había ido engrosando, ya que los patrones en un esfuerzo por impedir la bajada de los pampinos, había suspendido el tráfico ferroviario.

El día 15, habían en el puerto más de 16 mil huelguistas, pues a los pampinos se empezaron a sumar los gremios del puerto. La burguesía porteña y las autoridades estaban presas del pánico y hacían esfuerzos desesperados para que los pampinos no se juntaran con sus hermanos de clase del puerto, pues temían una acción de conjunto; a los pampinos los concentraron en el Sporting Club, lugar que abandonaron en una imponente columna, rodeados por los soldados de caballería e infantería. Los pampinos seguían invadiendo el puerto; nuevas columnas compuestas por hombres, mujeres y niños seguían llegando desde la pampa después de haber caminado kilómetros y kilómetros, durante más de 1 día.

Las autoridades trataron de hacer regresar a los pampinos, colocando varios carros planos para su vuelta. Algunos alcanzaron a subir, muy pocos, pero la gran muchedumbre logró persuadirlos y bajaron de nuevo. El Intendente subrogante les ofreció, como alojamiento, el Convento de San Francisco para los hombres y la Casa Correccional para las mujeres. Los huelguistas rechazaron de plano la oferta. Se les ofreció entonces, el cuartel del Regimiento Húsares, lo que también fue rechazado; finalmente, aceptaron la Escuela Santa María, en la cual días después serían masacrados.

El puerto estaba abarrotado no sólo de huelguistas sino también de soldados y marineros que habían desembarcado del Crucero Esmeralda y del Zenteno. Los huelguistas habían organizado piquetes que se turnaban en resguardo del orden; había que impedir la venta de vino y otras bebidas alcohólicas. El Ejército, había facilitado algunas cocinas y los huelguistas habían organizado el rancho; desayuno de 7 a 8, almuerzo de 12 a 1 y comida de 6 a 7. El Comité de Huelga estaba compuesto de la siguiente forma: Presidente José Brigg, vice‑presidente Manuel Altamirado, tesorero José Santos Morales, secretario Nicanor Rodriguez, delegados: José Santos Paz, Ignacio Monarde, Pedro Sotomayor, Juan Ordoñez, Francisco Sanchez, Luis Muñoz, Manuel Cáceres, Víctor Cerda, Manuel Toro, Manuel González y Luis Córdova. Además integraban este comando los compañeros Luis Olea y Manuel Aguirre. Los salitreros y las autoridades solicitaron ayuda al Gobierno y éste, que estaba presidido por Pedro Montt, quién también era salitrero, teniendo como Ministro del interior a Rafael Sotomayor, que andaba en amoríos con una viuda dueña de una oficina salitrera, respondió enviando más barcos de guerra y nuevos regimientos y designó como Jefe de Plaza al general Silva Renard. Por su parte, los huelguistas realizaron un plebiscito, cuyo resultado fue pedir al gobierno que los trasladaran al sur junto con sus familiares.

El día 20, se decretó el Estado de Sitio y Silva Renard, personalmente, dio a los huelguistas un plazo de 24 horas para abandonar la Escuela y regresar a la pampa. Los Cónsules de Argentina, Bolivia y Perú, pidieron a sus connacionales que hicieran abandono de la Escuela, pues el general iba a cumplir la orden de desalojo y querían evitar futuras reclamaciones diplomáticas, por las consecuencias que pudiera acarrear dicho acto. Nadie se movió, ni un solo hombre abandonó la Escuela. Mientras tanto en la pampa, en el Cantón de Negreiros, se había producido el primer choque entre los huelguistas y el regimiento Carampangue; la noticia llegó al puerto junto con los heridos; esto creó un clima de efervescencia entre los huelguistas. Se ordenó el desembarco de la marinería y del grupo de Artillería de Costa. Tropas del Ejército y Marinería rodearon estratégicamente la Escuela Santa María, procediéndose a emplazar ametralladoras. Las familias ricachonas pedían a las autoridades les permitieran refugiarse en los barcos surtos en la bahía. Tal era el clima el día 20 de Diciembre de 1907. El Sábado 21 de Diciembre a las 3.30 de la tarde el general Silva Renard se acercó de nuevo a la Escuela, acompañado del Corneta y dio un plazo de 5 minutos para que los obreros la abandonaran y se concentraran en el Sporting Club; cumplido el plazo, iba a proceder a desalojarla. Los obreros se mantuvieron firmes en sus posiciones y vino la primera descarga de fusilería, la que fue contestada por los obreros con algunos tiros de revólver. Se ordenó entonces, cargar a la bayoneta y como esto tampoco fuera suficiente para aplastar a los bravos pampinos, entraron en acción las ametralladoras, entonando una sinfonía trágica, cuyos acordes se dejaron sentir por espacio de cinco minutos. Terminado el fuego y entre doble fila de lanceros a caballo, se empujó a los que quedaron con vida hacia el Hipódromo, lugar hacia donde apuntaban los cañones de los barcos de guerra.

Al día siguiente, el gobierno y los salitreros, pusieron trenes para llevar de retorno a los huelguistas hacia la pampa, tratando de ésta manera de obligarlos a volver al trabajo.

Pero la masacre no había terminado. Faltaba la segunda parte de ella. Había que dar un duro escarmiento a los obreros; la burguesía y el gobierno no vaciló en hacerlo.

La mayor parte de los carros que se pusieron fueron los llamados carros planos, sin barandas, en los que se cargaban los sacos de salitre; allí iban hacinados hombres, mujeres y niños. La “pijería” del puerto, “los hijos de su papá”, habían organizado una milicia armada para ayudar a mantener el “orden”; cuando el tren iba saliendo del puerto rumbo a la pampa, los “pijes”, atrincherados en las calicheras abandonadas dispararon a mansalva sobre los obreros y sus familiares. A éste nuevo crimen, “los pijes” lo llamaron, “Palomear Rotos”. Muchos obreros que se negaron a ir en el tren, quizás presintiendo la nueva masacre, y los que abandonaron el tren sobre la marcha cuando eran baleados, emprendieron el camino de retorno a pie, con lo que quedaba de los suyos.

Hay que conocer la pampa para tener una idea aproximada de lo que significó el regreso de los pampinos junto con sus compañeras e hijos. Sin agua, a pleno sol y ¡como quema el sol en la pampa!, caminando kilómetros y kilómetros a pampa traviesa, por la arena, subiendo y bajando cerros, hasta llegar al puerto y luego el regreso, derrotados en sus aspiraciones, con el recuerdo de dos masacres mordiéndoles el corazón, con los puños apretados y las lágrimas corriéndoles por sus mejillas, como expresión de ira impotente, frente a la injusticia, al crimen contra ellos cometido.

Así fue la matanza de Santa María, cantada después en los versos de la canción “La Pampa” por Francisco Pezoa y en la que se cubrieron de “gloria” el presidente Montt, su ministro Sotomayor, el general Silva Renard y el Intendente Eastman.

El 28 de Diciembre, Rafael Sotomayor dirigía al Intendente Eastman la siguiente comunicación: “Señor Intendente, en estos momentos me percibo que no se ha enviado a Ud. el telegrama acordado, tan pronto como se tomó conocimiento del desenlace de la huelga, o mejor dicho, del motín, aprobando a nombre del gobierno sus procedimientos y la actitud del señor Silva Renard y demás jefes que cooperaron a su obra. La opinión pública comprende que el extremo ha sido doloroso, pero que lo imponía la necesidad ineludible de cumplir con el deber primordial de afianzar el orden y la tranquilidad pública. Hágalo así presente al señor General, a nombre del gobierno. Las voces aisladas de protesta que se han levantado, no han tenido eco como puede Ud. verlo por las apreciaciones de toda la prensa seria”.

Pero las banderas ensangrentadas de la Mancomunal Obrera y de las Asociaciones en Resistencia no se iban a arriar tan fácilmente. No, ellas siguieron flameando al viento de las luchas reivindicativas de las masas, empuñadas cada vez con mayor firmeza por las manos callosas de los trabajadores. Sin embargo, años más tarde, la agudización de la lucha interna entre las corrientes del “radicalismo obrero” y la “democracia proletaria”, fue minando poco a poco la existencia misma de la Mancomunal, extinguiéndose ésta a fines de 1912.

Al desaparecer la Mancomunal Obrera, desapareció con ella una de las más poderosas centrales sindicales que hayan tenido los trabajadores chilenos. Su trayectoria marca brillantes páginas de la historia del movimiento obrero. Junto con ser la primera central sindical de los trabajadores chilenos, y a pesar de la falta de principios doctrinarios definidos, supo imprimir a los movimientos reivindicativos un carácter centralizado y un accionar combatiente, a través de la acción directa, herencia que recogerán más tarde los cuadros de la Gran Federación Obrera de Chile, la Federación Obrera de Chile (F.O.CH.) y en cierta medida, los cuadros de la I.W.W. y la C.G.T.»

(de Historia del Movimiento Obrero Chileno).

[Imagen: Obreros dirigiéndose a la Escuela Santa María]

Huelga de Homecenter derrotada: a formar nueva dirección

En la madrugada del lunes 5 de diciembre se llevó a cabo la última negociación entre los representantes de los trabajadores del Sindicato Nacional de Homecenter Sodimac y los representantes del grupo Solari, los dueños de la empresa, uno de los grupos más ricos de Chile, que ostentó ganancias de más de 89 mil millones el 2015.

por Osvaldo Costa

En una dura reunión, la empresa planteó a los trabajadores su posición de no negociar más y ofreció solo un 2% de reajuste, menos que el ofrecido antes de la huelga (el 7 de noviembre) que había sido de un 5% de reajuste por sobre el IPC, el que había sido rechazado por el Sindicato que exigía un 7% por sobre el IPC.

La empresa, apeló al desgaste, al término de la huelga legal (de 15 días ya terminados) y a la amenaza de aumentar los despidos y contratar nueva gente, de modo que el Sindicato perdiera lo que le quedaba de fuerza. Las alternativas para los trabajadores no eran muchas tras 26 días de huelga; podían aceptar la oferta de la empresa o bien esperar el 50+1 para dar paso al descuelgue de la huelga de forma indefinida.

De esta forma y tras la serie de presiones, que incluyeron la exclusión de los hijos/as de los trabajadores/as en Huelga de la fiesta de navidad, reiteradas prácticas anti-sindicales, entre otros, la huelga, que inició oficialmente el pasado 9 de octubre, llegaba a su fin. Con la derrota de los trabajadores.

La firma del acuerdo generó desazón en los trabajadores, que resintieron el desgaste y las prácticas anti sindicales constantes de la empresa, además se ha manifestado la decepción por la forma en que el Sindicato llevó adelante la negociación.

Las causas fundamentales de esta lamentable derrota de los trabajadores a manos de uno de los principales grupos económicos de chile –el grupo Solari- que además de ser dueños de Homecenter son dueños de Falabella, Tottus, Mall Plaza, Mega, Latam, Isapre Colmena y Clínica Las Condes entre otras. Se debió principalmente a que la heroica lucha de los trabajadores de Homecenter careció de la necesaria solidaridad de los restantes gremios, los que dirigidos mayoritariamente por burócratas adscritos a la Nueva Mayoría, encabezados por la podrida dirigencia de la CUT, guardaron silencio durante toda la extensión de la lucha.

Por otra parte, como se mencionaba, trabajadores de base han cuestionado a los dirigentes sindicales por su complicidad con la empresa, en particular a Luis Ortega, cercano a la corriente PS de Arturo Martínez en la CUT.

Una de las lecciones que los trabajadores extraen de este proceso de lucha es la importancia de la organización y unidad de las bases, y lo fundamental que es recuperar los organismos sindicales para la conquista de demandas y reivindicaciones. Los trabajadores de Homecenter Sodimac aseguran estar firmes y seguros de fortalecer la organización interna del Sindicato, preparándose para futuras luchas.

Resulta imprescindible, en estos momentos de derrota, defender la organización sindical y atrincherarse en las asambleas de base que impidan a los burócratas de siempre traicionar la lucha desplegada.