Archivo de la etiqueta: Gustavo Burgos Velásquez

¿Que no habría más marchas?: enfrentar a Piñera unidos y movilizados

por Ibán de Rementería y Gustavo Burgos //

El piñerismo apostaba a consumar una derrota sobre el movimiento de masas. El esperpento que tiene por Ministro de Educación, vaticinó que había pasado el tiempo de las marchas y decenas de miles salieron contundentemente en todo el país a rechazar el lucro señalando un camino para enfrentar al gobierno del gran empresariado. Seguir leyendo ¿Que no habría más marchas?: enfrentar a Piñera unidos y movilizados

Frente al juicio de La Haya: Ni Piñera ni Evo Morales, el mar para los explotados chilenos y bolivianos

 

por Gustavo Burgos //

El desarrollo de los alegatos orales en la Corte Internacional de La Haya entre Chile y Bolivia, en pleno desarrollo en estos momentos, ha forzado a todos los sectores políticos a pronunciarse. No haremos una reseña completa de tales posiciones, pero sí una mención en orden a que en su conjunto, el régimen ha reflotado el inveterado chauvismo burgués con que se conduce nuestra política internacional respecto de los países limítrofes. La intangibilidad del Tratado de 1904 y, por él, de los tratados que dan cuerpo al Derecho Internacional Público como derecho de principios, constituye la médula de la posición de Estado, tras la cual se han alineado Bachelet y Piñera. La falta de interés de la población sobre el problema, más allá de lo que exhiben los medios de comunicación, parece una réplica del desinterés que marcó la visita del Papa Francisco en enero pasado. Ni Dios, ni la Patria, ni los héroes del 79, agitan las aguas en Chile, valga la metáfora. Seguir leyendo Frente al juicio de La Haya: Ni Piñera ni Evo Morales, el mar para los explotados chilenos y bolivianos

¿Cómo combatir a Piñera?

por Gustavo Burgos //

Demás está decirlo, una luna de miel supone sino amor, al menos deseo de hacer una vida juntos. La expresión se utiliza corrientemente para definir ese tono de gracia u oportunidad de que gozan los gobiernos recién electos, para materializar sus programas en un concierto de armonía social. Si revisamos el caso chileno actual, podemos decir que no alcanza para luna de miel, sí para una comedia de desconciertos, porque la falta de contenidos –a la prensa burguesa le gusta hablar de “relato”- impide cualquier tragedia. No podría ser de otra forma, los novios se conocen y la última vez terminaron bastante mal. Seguir leyendo ¿Cómo combatir a Piñera?

Castración y sexualidad burguesa: el pubis angelical

por Gustavo Burgos //

Vivencialmente, la medida más intensa de la dominación política se expresa en la sexualidad humana. No es simple perversión que las torturas, perpetradas por los aparatos represivos de los regímenes fascistas, se concentren en los órganos sexuales de sus víctimas. Por lo mismo, el incendio y la violación son actos expresivos de las profundas pulsiones del poder. Seguir leyendo Castración y sexualidad burguesa: el pubis angelical

Los problemas de la izquierda revolucionaria

por Gustavo Burgos //

El día de ayer los fiscales Gajardo y Norambuena renunciaron al Ministerio Público, en protesta por la política de impunidad que ha caracterizado a su institución respecto de los casos r de corrupción y financiamiento ilegal de la política. El Fiscal Nacional Abbott, en una pobre defensa de su proceder, indicó que su institución era “más que dos fiscales”. Seguir leyendo Los problemas de la izquierda revolucionaria

El PEM: La esclavitud durante la Dictadura

por Gustavo Burgos //

Se recuerda la expresión PEM (Programa de Empleo Mínimo) como quien recuerda una figura demoniaca de la infancia. Fue un plan creado por el Ministerio del Interior en 1974 en Chile y puesto en práctica en marzo de 1975, bajo la dictadura de Pinochet. Fue considerado como “un subempleo institucionalizado, mediante programas especiales de absorción de mano de obra.” Seguir leyendo El PEM: La esclavitud durante la Dictadura

Piñera, la bancarrota del reformismo burgués y las tareas de la izquierda

por Gustavo Burgos //

El triunfo de Piñera en la pasada elección presidencial debe ser considerado una derrota transitoria para los trabajadores. La burguesía ha logrado pasar a la ofensiva, ha retomado la iniciativa política y movilizado a todas las fuerzas de la reacción en defensa de su posición dentro del régimen. Seguir leyendo Piñera, la bancarrota del reformismo burgués y las tareas de la izquierda

La identidad de clase del Frente Amplio y las tareas de la izquierda

por Gustavo Burgos //

Raúl Zurita, uno de los más grandes poetas chilenos vivos e insigne figura de la izquierda criolla, ha difundido una carta en la que emplaza dramáticamente al Frente Amplio a votar por Guillier el próximo 17 de diciembre: “No son sólo cuatro años, son los próximos cien años, y la lucha de ahora es decisiva, si la partida la ganan ellos, los que no queremos, no serán cuatro años, no se equivoquen. No crean que pasado este “retroceso” serán ustedes los que estarán allí para remediarlo. No repitamos el error histórico de menospreciar al verdadero enemigo. No dejen que ellos les roben a ustedes el porvenir, no permitan que nosotros, sus padres, muramos en un país gobernado por los mismos que nos diezmaron, que nos exiliaron, que nos mataron”. Conmueve Zurita, se trata de los próximos cien años y de dejar morir a los padres. Seguir leyendo La identidad de clase del Frente Amplio y las tareas de la izquierda

Segunda vuelta electoral: Chile en la hora de la Izquierda

por Gustavo Burgos //

Pocas veces -no ocurría desde el Plebiscito de 1988- un acto electoral acompaña con tanta claridad el desarrollo de la lucha de clases, actuando como un catalizador de las fuerzas en pugna. En efecto, el proceso electoral en el que nos encontramos inmersos da cuenta de este hecho: un simple cambio en el sistema electoral originó un cambio en la composición del Congreso el cual comienza a reflejar de forma menos distorsionada que antes, la fuerza electoral de los partidos políticos legales. Así, cualquiera sea el resultado de la segunda vuelta el próximo 17 de diciembre, la derecha –oficialmente- es minoría en el parlamento. Seguir leyendo Segunda vuelta electoral: Chile en la hora de la Izquierda

Es imposible que gane Piñera

por Gustavo Burgos//

Aunque las encuestas lo estén dando como ganador desde hace más de un año, es imposible que Piñera gane las elecciones. Podrá imponerse en las urnas -que es algo que está por verse- pero lo que resulta ineludible es que el proyecto piñerista está derrotado y no hay forma que reflote las expectativas que generó su primer gobierno.  Seguir leyendo Es imposible que gane Piñera

El proyecto de reforma previsional de Bachelet busca proteger los intereses del sistema bancario

por Gustavo Burgos y Manuel Briones//

La reforma de pensiones del actual gobierno, propone un Consejo de Ahorro Colectivo, como órgano encargado de administrar los fondos provenientes del 5% de cotizaciones[i] destinadas al aporte intergeneracional[ii], bono compensatorio mujeres[iii], y al aporte intra generacional[iv]. Seguir leyendo El proyecto de reforma previsional de Bachelet busca proteger los intereses del sistema bancario

El discurso final de Allende y la revolución proletaria: Reforma o Revolución.

por Gustavo Burgos//

No debemos amar a los hombres, sino a la llama que no es humana y que los hace arder. No debemos luchar por la humanidad, sino por la llama que transforma en fuego a esta paja húmeda, inquieta, ridícula, a la que llamamos Humanidad.

Nikos Kazantzakis

El 11 de septiembre de 1973 no sólo tuvo lugar la más profunda derrota sufrida por el proletariado y los explotados de Chile, una derrota arquetípica, como la alemana del 23 o la española que culmina con el franquismo. Ese día culminó, además, la colisión entre la política reformista, de la vía pacífica (chilena) al Socialismo y los requerimientos históricos de la revolución proletaria: el choque abierto entre reforma y revolución. Seguir leyendo El discurso final de Allende y la revolución proletaria: Reforma o Revolución.

Circo electoral y lucha anticapitalista

por Gustavo Burgos//

Los demócratas alarmados por Venezuela, el Tribunal Constitucional y las tres causales del aborto, la ética de la DC y Rincón, parecen ser la pobre fanfarria que acompaña un proceso electoral anómalo y extravagante, en el que sin mayor despliegue y con una inminente justa en noviembre todo indica que –de no mediar algún imprevisto- Piñera de un lado, Guillier y Sánchez del otro son los principales oponentes. Seguir leyendo Circo electoral y lucha anticapitalista

¿Avanzamos a una nueva Tangentópolis?

por Gustavo Burgos//

La afiebrada campaña electoral ha terminado por desempeñar el papel de clase para el que ha sido concebida: la actividad de las masas, de los trabajadores y explotados en general, ha terminado sometida al espejismo democrático y orientada a actuar como pilar legitimador de la institucionalidad patronal. Seguir leyendo ¿Avanzamos a una nueva Tangentópolis?

Inversiones del PS: el hundimiento del ideario socialdemócrata

por Gustavo Burgos//

Ponemos término a una época. Se repite insistentemente, una catástrofe azota a la izquierda tradicional chilena y la hunde de forma irremisible. La prolongada reacción democrática con la que el régimen viene conteniendo el accionar de las masas, ha terminado en la descomposición de sus partidos, poniendo en evidencia el carácter patronal, burgués de nuestra democracia y república. Seguir leyendo Inversiones del PS: el hundimiento del ideario socialdemócrata

El Frente Amplio y la inviabilidad de la democracia burguesa en Chile


por Gustavo Burgos  // 

 

El legendario óleo de Manuel Antonio Caro, La abdicación de O`Higgins, fija una imagen de trascendente significación: el líder militar de la gesta libertadora es derrotado por la fronda aristocrática y aquello que obtuvo en el campo de batalla, lo pierde ante la obsecuencia política de la oligarquía frente al imperialismo. Seguir leyendo El Frente Amplio y la inviabilidad de la democracia burguesa en Chile

Trabajadores Minera Escondida en pie de guerra: ¡vencer o morir!

por Gustavo Burgos

La huelga de los trabajadores el sindicato de Minera Escondida ha sacudido el mercado del cobre a nivel mundial, subiendo el precio de cotización del metal rojo a precios del 2015.

 

La Escondida produce más de un millón de toneladas métricas del metal al año, 679.000 toneladas de concentrado y 312.000 toneladas de cátodos de cobre, y responde por el 5% de la producción mundial. Así que la huelga de una diez días de duración de 2.500 trabajadores ya ha costado unas 30.000 toneladas, suficiente para cablear un millón y medio de automóviles. Esta caída en la producción colisiona con las necesidades chinas y el programa de obras públicas de Trump.

 

Durante estos diez días los 2500 trabajadores movilizados han acampado a la entrada de la mina –a 3100 metros de altura en el desierto de Atacama- con la finalidad de evitar la intromisión de rompehuelgas, ladrones y provocadores de la patronal. Las charlas con los compañeros, las pantallas de televisión gigantes instaladas en una sala improvisada en una gran carpa protegida del clima inclemente del desierto y la participación en los bloqueos de los accesos al yacimiento permiten mantenerse ocupado a los trabajadores en conflicto.

 

La participación en la huelga se hace siguiendo los turnos de trabajo, de diez horas diarias/siete días a la semana y descanso otra semana. En total, 1250 trabajadores participan en cada turno. Se trata de una medida elemental para garantizar que la paralización de faenas presione a la multinacional, australiana-británica, BHP Billiton a negociar.

 

Los trabajadores reunieron un fondo de $280.000.000.- para sustentarse durante el tiempo que dure la huelga, exigen un reajuste salarial de 7% y un bono de unos $28.000.000.- También acusan a la empresa de intentar reducir sus sueldos e implementar cláusulas discriminatorias en los contratos de los nuevos trabajadores.

La empresa, que rechaza estas demandas, paralizó sus operaciones por 15 días y conformó una comisión de emergencia para resguardar las instalaciones y el personal externo que aún opera en la mina, quienes se encargan de labores de mantenimiento y limpieza.

 

La línea de la empresa ha sido inflexible y ha reducido su participación en la negociación a cuestiones de orden formal –como su concurrencia a los “buenos oficios” en la Inspección del Trabajo- poniendo en evidencia de que se dispone a quebrar al movimiento. Los planes patronales son reducir los beneficios que conquistaron los trabajadores en los tiempos de bonanza del cobre, cuando una tonelada se pagaba casi al doble del precio actual, descargando la crisis sobre las espaldas de los mineros.

 

En tono desafiante, Carlos Allendes, vocero de los huelguistas, planteó que “la huelga no se depone, porque no le creemos a la compañía”. Aseguró que “la empresa me hizo levantar el fusil y yo lo voy a mantener cargado” refiriéndose a que la huelga no se baja hasta firmar el acuerdo que ellos demandan.

 

Sin embargo, el viernes 16 recién pasado, el Juzgado del Trabajo de Antofagasta dio lugar a una medida cautelar que ordena a los trabajadores a disponer de 80 trabajadores, distribuidos en cuatro turno, para equipos de emergencia ante “la existencia de daños actuales en los bienes del empleador por la huelga y otros inminentes que pueden poner en riesgo la salud o integridad de las personas, y/o bienes que se encuentren en las dependencias de Minera Escondida”, según se lee en la resolución judicial. La empresa se ha anotado un triunfo y con ello se juega a contraponer a los huelguistas con el resto de los trabajadores subcontratados, difundiendo la especie de que las demandas de los movilizados son desmedidas.

 

Patrones y trabajadores saben que se trata de un conflicto de largo aliento. Esta huelga es una pelea de fondo y que se ubica al inicio de un conjunto de negociaciones colectivas que durarán, según informa la página del Consejo Minero, todo el año en la gran minería: Zaldivar julio 2017; Glencore Altonorte septiembre 2017; Anglo American, Glencore, Collahuasi octubre 2017; Teck Resources Ltd. Quebrada Blanca noviembre de 2017; Lundin Mining Corp. Candelaria diciembre 2017.

 

Por todo lo expuesto, la huelga de Minera Escondida ha sacudido el mercado del cobre, pero no sólo eso, esta huelga sacude también a la sociedad en su conjunto, por ser una aguda expresión de lucha de clases.

 

Veamos. BHP Billiton no quiere negociar, los trabajadores hablan de una huelga que podría llegar fácilmente a abril. Aún resuena en la memoria de las partes la huelga de 25 días del 2006. La empresa cuenta con tres poderosas herramientas para imponerse: la legislación y los tribunales de justicia que están concebidos para aislar y debilitar al movimiento obrero como movimiento de clase; la institucionalidad, los partidos políticos del régimen (Derecha y NM) y el Gobierno, que observan el conflicto con imparcialidad por tratarse de un asunto privado; los medios de comunicación, que difunden la idea de que los mineros son una aristocracia obrera cuyas desmedidas pretensiones amenazan la economía nacional.

 

En resumen, los piratas de BHP Billiton cuentan a su haber con el aparato estatal burgués en su conjunto, mientras el conflicto logre encauzarse legalmente y, si por alguna razón la institucionalidad no fuese suficiente dispondrán de Carabineros, sus Fuerzas Especiales e inclusive del Ejército, si fuese necesario la declaración de un estado de excepción constitucional.

 

Hasta este punto, desde el siglo XIX, después de las masacres del tiempo del salitre, después de la dictadura de Pinochet, el movimiento obrero hasta nuestros días (tenemos en la memoria a Rodrigo Cisterna asesinado en el anterior gobierno de Bachelet), enfrenta -cada vez que sale al combate- a la burguesía en su conjunto, sus políticos, sus jueces y los matarifes de siempre. Por más que los reformistas, los cultores de la sociedad de derechos y los ciudadanistas, pretendan hacernos creer que los antagonismos sociales pueden resolverse mediante el accionar legislativo del Estado burgués, la realidad nos enseña una y otra vez que las normas jurídicas no resuelven los conflictos sociales, sino que se limitan a atemperarlos con la única finalidad de afirmar el dominio de la minoría explotadora sobre el conjunto de la sociedad.

 

Muy distinta es la situación del movimiento obrero, sin partidos de masas que expresen sus intereses de clase, sin organizaciones sindicales de alcance nacional, con la burocracia sindical usurpando la dirección de la CUT, los trabajadores vienen desde hace décadas protagonizando un lento despegue en sus movilizaciones. En efecto, como decíamos, la huelga de 25 días en Minera Escondida del 2006, marcó una inflexión para los trabajadores del sector y que importara –especialmente- el agrupamiento de los subcontratados del cobre y el inicio de un ascenso en la luchas del movimiento obrero. Por lo mismo, hablar de la huelga de la Minera Escondida es hacer referencia, una década después, de un movimiento que marca un camino y que obliga a quienes militamos en la clase obrera a apoyarla e instar por su triunfo. De la misma forma, la patronal, los medios de comunicación y el Gobierno, se van a jugar por el aislamiento y la derrota de este movimiento.

 

No se trata simplemente de expresar solidaridad. Es necesario que este movimiento sea impulsado como tendencia política, unificándose al conjunto de los reclamos de los trabajadores hoy en día. En estos momentos son miles más, en pequeños conflictos como los de Storage en Valparaíso, Buses Vule en Santiago o Molynor en Antofagasta, miles de trabajadores que salen a la huelga sin mayor herramienta que su coraje y disposición a enfrentar a los explotadores.

 

Esta tendencia debe fortalecerse y conformarse como movimiento. Precisamente la llamada “crisis de representatividad” de los partidos políticos del régimen y la baja participación en las elecciones, son una expresión aún pasiva de la ruptura de las masas con la democracia burguesa. La atomización del movimiento obrero, cuya mayor expresión es la descomposición de la CUT, sólo puede ser superada políticamente recuperando las organizaciones para las bases y desplegando un plan de lucha de alcance nacional cuyo punto de partida sea precisamente la nacionalización del cobre en base a la expropiación -bajo control obrero- de toda la gran minería del cobre. La lucha contra el capital monopólico financiero, responsable de las colusiones, de la corrupción, de los desastres ambientales, de la destrucción del agro, es una lucha de alcamce nacional. En esta perspectiva, la jornada de protesta del 26 de marzo convocada por el Movimiento NO+AFP debe transformarse en un resumidero de todas las luchas en curso: la madre de todas las batallas.

 

Cuando Carlos Allendes, vocero de los trabajadores de Minera Escondida, dice que su lucha es “vencer o morir” no está vociferando, está planteando en concreto la profundidad del problema político que enfrenta el movimiento obrero en nuestro país. Los nubarrones de la crisis económica internacional, que amenaza con hacernos volver al 2008, van a obligar a la burguesía chilena y al gran capital a declarar la guerra a los trabajadores y a descargar la crisis sobre la clase obrera.

 

Mientras buena parte de la izquierda aparece atrapada en cálculos electorales, formando frentes de una amplitud en la que tiene espacio hasta Patria y Libertad, resulta imprescindible abrir un debate de clase, de clase contra clase. Es imprescindible la articulación política de la militancia de izquierda y la formación de la misma, en el seno de la lucha de los trabajadores. La crisis no se resuelve con reformas al régimen burgués, máxime que el capitán del imperialismo –el payaso Donald Trump- ha declarado la guerra a los trabajadores de todo el orbe. No hay salida keynesiana para la catástrofe que se avecina, no hay otra alternativa que la revolución socialista. Los huelguistas de Minera Escondida tienen toda la razón, es vencer o morir.

 

(Fotografía: marcha huelguistas Minera Escondida, Tarapacá On Line)

 

Un paso al frente: un llamado a la Lucha Revolucionaria

por Gustavo Burgos

 

Recientemente editado, “Un paso al frente” de Mauricio Hernández Norambuena, es un texto político imprescindible y de gran valor para el debate de la izquierda revolucionaria. Es, además, un manifiesto contundente de ética revolucionaria, en palabras de su autor: “Para mí ser rodriguista y haber participado en el Frente, ha significado lo que ahora soy. Yo me considero un sobreviviente que no puede olvidar a todos los hermanos y las hermanas que lucharon, que cayeron, toda esa fraternidad que me une con los que murieron, y con los que están vivos, los que sobrevivieron y que son personas íntegras, que siempre se la jugaron. Nunca me voy a dar vuelta la camiseta. No voy a traicionar eso, ni toda la memoria del Frente”.

Las inhumanas condiciones de aislamiento de Hernández Norambuena, rotado por las más horrorosas mazmorras brasileñas a voluntad de los gobiernos patronales de Lula y Rousseff, obligaron a sus editores –Laurence Maxwell y Jorge Pavez- a transcribir de memoria, durante años los relatos del autor, porque hay prohibición de grabarlo o de tomar nota de lo que diga. Hernández Norambuena tiene prohibición de mirar a los ojos a sus celadores, bajo castigo de privarlo de las pocas horas diarias de patio aislado que durante quince años ha debido soportar.

El régimen brasileño y sus gobiernos entreguistas del PT, torturan institucionalmente al revolucionario con la finalidad de escarmentar a todos a quienes se alzan en contra del orden establecido. Durante las cruzadas, los Templarios solían cortar la cabeza de un turco y exhibirla clavada en una lanza, significando en ella la venganza por las afrentas sufridas por los cristianos en Tierra Santa. Tal es el sentido del encarcelamiento brutal del que este libro es una luminosa superación.

Sólo por estos conceptos este libro merece ser leído y difundido, máxime que la costumbre autobiográfica de la izquierda chilena resulta propensa a la vergonzosa capitulación y a la derrota. La afirmación que hace Hernández de sus convicciones contrastan con la mediocridad y el oportunismo de aquellos que pasan “a retiro”.

El texto, apartándose de otras ediciones referidas al accionar del FPMR, deja de lado la anécdota –con la excepción del apartado referido a la fuga de la Cárcel de Alta Seguridad- y se concentra en la reflexión política. Los hechos pasan en una fácil lectura y el esfuerzo sostenido por su autor está en develar la naturaleza y el contenido de la política del FPMR.

Uno de los análisis más interesantes es que Hernández Norambuena caracteriza la llamada división del FPMR, como una división del Partido Comunista. Esta división se originaba en el choque de la corriente que excepcionalmente logró imponerse en el PC el 82, entre quienes sostenían la tesis de la Rebelión Popular, más adelante Sublevación Nacional y los reformistas institucionales que históricamente han comandado al stalinismo criollo. Expresión de este aserto lo constituye –según el autor- que la internación de armas en Carrizal Bajo se vio frustrada por la voluntad del PC de excluir al FPMR de esta operación, encargándola a compañeros sin ninguna preparación para llevarla adelante. De la misma forma, miles de fusiles ingresados al país en esa época nunca llegaron a manos del Frente, precisamente por la voluntad del ala reformista pro negociación con la Dictadura e interesada en pactar con la DC.

Lo expresado da contenido a la autocrítica que expone en cuanto a las limitaciones estratégicas –no resueltas- del FPMR. El FPMR nace del llamado Frente Cero que agrupaba a los encargados de agitación dentro del PC, por lo mismo su objetivo político era exclusivamente poner fin a la Dictadura y restablecer el orden democrático burgués quebrantado por el Golpe Militar. Sin embargo, en el propio desarrollo de la lucha, el FPMR se radicaliza y aspira a lo que él llama, en una parte, un nuevo orden social y también una democracia profundizada, al estilo Nicaragua. La máxima expresión política  de esta concepción fue la llamada Guerra Patriótica Nacional, que buscaba implantar –bajo el paradigma de la Guerra Popular Prolongada- focos guerrilleros en el campo. Trágica expresión del fracaso de esta concepción lo constituye la muerte en combate de Raúl Pellegrin y Cecilia Magni.

Como decíamos, el libro es intenso y tiene la virtud –por sobre todo quizá- de abrir espacio para un tema que es fundamental para toda la izquierda revolucionaria: la cuestión militar. La vía pacífica, institucional y electoral, ha demostrado a la altura de una catástrofe su fracaso y derrota. Sin embargo hoy día en Chile nuevos sectores de izquierda parecen atraídos gravitacionalmente a reproducir estas archiderrotadas concepciones, que reducen a la izquierda a la tarea de acumular caudal electoral y luego cruzar los dedos para que la burguesía respete su propia institucionalidad.

En este contexto, resulta fundamental abrir un debate sobre las perspectivas de la movilización de masas y la acción directa. Si –como la historia lo ha demostrado- es sólo mediante la lucha y la movilización que los explotados impondrán sus reclamos y accederán al poder, se hace ineludible debatir sobre las formas concretas que asumirá este enfrentamiento al Estado burgués. El FPMR marcó un camino foquista que resultó del todo inconducente y se sumó, en grado operativo superior a cualquier otra organización que haya existido en Chile, a una tradición guerrillera que en su nombre alude a la guerra de independencia. Esta experiencia, por lo mismo, debe ser rigurosamente estudiada, debemos aprender de sus errores y apoyarnos en sus conquistas, para enriquecer el arsenal político de los explotados.

Este es el valor del libro de Hernández Norambuena. Es el testimonio directo, consecuente y honesto de un revolucionario que ha consagrado su vida a la lucha y que ahora nos regala esta narración que en la lucha, en el debate y en el estudio nos vemos obligados a honrar. Aún tenemos patria, ciudadanos. Libertad para Mauricio Hernández Norambuena.

La marcha más grande de la historia

por Gustavo Burgos //

Este 26 de marzo el Coordinador Nacional de Trabajadores NO+AFP, integrado a nivel nacional por la CONFUSAM, FENPRUSS, Unión Portuaria, Federación Walmart, Confederación Bancaria y el Colegio de Profesores, ha convocado para la que se espera sea la más grande movilización contra el sistema previsional. En palabras de su vocero, Luis Mesina, se trata de una convocatoria decisiva, en un año en el que este movimiento se ha impuesto acabar con las AFP, llevando a las calles a tres millones de trabajadores.

Creemos que esta convocatoria resulta de la mayor importancia para el desarrollo no sólo del movimiento NO+AFP, sino que para el conjunto del movimiento obrero y especialmente para la izquierda revolucionaria que espera dar una respuesta de poder a los problemas que presenta la lucha de clases hoy en día.

El significado de este movimiento es parte de un largo proceso de desarrollo histórico. Que la clase obrera vuelva a llenar las avenidas, organizados, encolumnados por sectores, fue la expectativa de la militancia revolucionaria de los últimos cuarenta años. La heroica huelga de la Textil Panal el 80, las Protestas Nacionales convocadas por la CNT desde el 83, se expresaban en la penosa reorganización durante la dictadura. Luego, en democracia, la FENATS, los trabajadores del Carbón en los 90, la ANEF, Profesores, Subcontratados del Cobre en los 2000.

En esta última década la efervescencia huelguística ha destacado por su terquedad, inorganicidad y puesto en evidencia la descomposición de la burocracia del CUT, que hoy día se encuentra en coma, desprestigiada ante las bases por su connivencia con el Gobierno y el empresariado. Pero el movimiento obrero no termina de despegar, o al decir lo menos, ha sido un lento despegar, así lo revelan las derrotas parciales de SODIMAC y SERVIESTADO.

Este marco general, de retroceso y debilitamiento del movimiento obrero, dio la oportunidad -a los socialdemócratas del PS y a los sectores conservadores del PC- olvidar al movimiento obrero como referencia política del todo. Hasta en el lenguaje se dejó de hablar de trabajadores o del pueblo, para pasar a hablar de “la gente” y hoy día derechamente de “la ciudadanía”. Estos cambios no fueron fortuitos sino que fueron la expresión profunda de la transformación programática de la izquierda tradicional PS-PC desde su antigua ubicación socialdemócrata y estalinista, a una concepción liberal democrática, asentada en la reivindicación de los derechos individuales, de profundización democrática y ruptura de los enclaves autoritarios, resignificados hoy como “derechos económico-sociales”.

Muy por el contrario, en el otro extremo del arco, la dispersa izquierda revolucionaria se aferró durante este largo período a la expectativa de que el movimiento obrero, de los trabajadores, volviese a ocupar un primer plano en la escena política. Al revés de lo que hicieron el PS y el PC, estos pequeños grupos, incapaces de dar respuesta a las tareas políticas de la clase obrera y aislados casi por completo de su incidencia en ella, se aferraron a caracterizaciones catastrofistas que suponían la inminencia del colapso del régimen. En las universidades de la década del 80, aquellas del pinochetismo tardío, se discutía si el movimiento estudiantil era simplemente “detonante” o bien “explosivo”.

El movimiento obrero ha sido durante todo este tiempo –en definitiva- una figura espectral sin mayor contenido práctico. La triste figura de los sindicatos, aislados, resistiendo la ofensiva patronal sin mayor expresión política que la apelación pura a la solidaridad de sus hermanos de clase, es la impronta del período. En este contexto, la reciente reforma laboral de Bachelet, una verdadera contrarreforma, es un paso más para perpetuar el Plan Laboral de la dictadura y una expresión palmaria de la debilidad crónica del movimiento obrero chileno.

De alguna forma, la reformulación del liberalismo de izquierda en el naciente acuerdo electoral del Frente Amplio, es una manifestación extrema de la debilidad endémica del movimiento obrero chileno. Vale decir, colapsada la izquierda tradicional en sus antiguas estructuras partidarias, el activismo de izquierda se agrupa en torno a las banderas de la participación democrático burguesa sin ninguna referencia revolucionaria de contenido socialista. La cohabitación de autonomistas, RD, liberales y otras fracciones, se hace en el marco acotado de la intervención electoral sin que ello represente una perspectiva estratégica revolucionaria y anticapitalista, más allá del reclamo democrático, participativo y de derechos sociales.

Pero el proceso histórico, nacional e internacionalmente, apunta en un sentido diverso al del reformismo liberal y de la conciliación social. El proceso apunta a la polarización y Trump, el Brexit, Le Penn y los neofascistas que se alzan en distintas latitudes, son la expresión viva de que ante la agudización de los antagonismos de clase, la burguesía comienza a echar mano –una vez más- a los gorilas, a la policía y a la represión institucional. Ante este fenómeno el reformismo liberal no tiene nada que ofrecer, porque su discurso descansa en la idea de la conciliación de clases, en el entendimiento ciudadano y la resolución pacífica de los conflictos. Aquella política, en corto y mediano plazo, dejará sin espacio a los apologistas de la democracia burguesa, precisamente porque es la burguesía la que se dispone a echar abajo la estantería institucional de la “sociedad de derechos”. El Estado de Bienestar keynesiano es un lujo que la burguesía rentista parasitaria chilena no puede darse, precisamente porque a lo que se dispone es a acabar con cualquier vestigio de ella.

No se trata, por todo lo expuesto, del enfrentamiento entre neoliberales y demócratas sociales (por inventar una categoría). Lo que emerge en el horizonte político es la lucha de clases, el enfrentamiento entre explotados y explotadores y este enfrentamiento se expresa en el día de hoy, con total nitidez, en la marea inconmensurable del Movimiento NO+AFP. Aún sin dirección política organizada, el Movimiento NO+AFP, encarna de manera concreta el enfrentamiento entre la clase obrera y el capital monopólico financiero y el imperialismo. Con todas sus limitaciones y despolitización, es este el espacio en que debe desarrollarse la izquierda revolucionaria, en el seno de las masas, inserta en el movimiento obrero.

Si la convocatoria del 26 de marzo logra verificarse como una contundente acción de masas -para tomar las palabras de Mesina- será un golpe central en la arquitectura del modelo y el patrón de acumulación capitalistas. Si esta movilización logra imponerse frente al régimen y le arranca la imposición de un sistema de reparto previsional, así de directo, el movimiento obrero se habrá levantado nuevamente como un actor político de primera magnitud. En un escenario así las discusiones sobre candidatos, primarias y encuestas, pasarán al lugar secundario que les corresponde, porque este triunfo de las masas será el llamado, el reinicio de un nuevo proceso revolucionario.

Conocemos a compañeros honestos, de probada convicción revolucionaria, que dudan frente a este proceso argumentando que es despolitizado, que lo domina la pequeñaburguesía y que su objetivo en nada contribuye a la lucha contra el capital. Franjas de militantes que han esperado décadas el renacer del movimiento obrero hoy desconocen al Movimiento NO+AFP, porque al igual que Penélope, “no es quien esperan”. A todos ellos hemos de convocarlos a esta lucha, no podemos ceder un milímetro a quienes quieren hacer de esto una plataforma electoral o un espacio para neutralizar y domesticar las luchas en curso.

Tenemos la responsabilidad de preparar en los lugares de trabajo y estudio, la movilización del 26 de marzo porque es esta la convocatoria de los trabajadores, la convocatoria a la acción directa, a ganar las calles y a derribar uno de los pilares de la institucionalidad patronal, de los que día a día nos roban y esquilman de nuestro propio salario. El grado de desarrollo de las fuerzas productivas no sólo en Chile sino que a nivel mundial, ha madurado para que se plantee la necesidad de la transformación de la sociedad. La propiedad privada sobre los medios de producción propia del capitalismo –de la que el modelo de AFP es una expresión extrema- es el obstáculo para que las fuerzas productivas se puedan desarrollar libremente en provecho de la vida de todos los miembros de la sociedad y no de un puñado de explotadores.

Cuando hablamos de acabar con las AFP, hablamos también de eliminar el interés privado burgués por la ganancia sustituyéndolo por el interés colectivo de toda la sociedad. Esto sólo es posible eliminando la propiedad privada sobre los medios de producción, reemplazándola por la propiedad social sobre los mismos.

En eso consiste la revolución que se necesita. Revolución quiere decir establecer nuevas relaciones de producción que liberen a las fuerzas productivas de la camisa de fuerza de la propiedad privada, para dar nacimiento a la nueva sociedad diferente a la capitalista en la que los medios de producción serán de todos y de nadie en particular. Esa nueva sociedad será el socialismo.

Estas cuestiones no son abstracciones, no son difusas apelaciones morales. Cuando hablamos de la movilización de los trabajadores, hablamos en realidad del único camino para emanciparnos de la explotación capitalista y hablamos –al mismo tiempo- de la unidad de todos los sectores en lucha sin ningún tipo de sectarismos, porque es la propia lucha la viga maestra de nuestro accionar y la medida de validez de nuestra política.

Preparar la Marcha del 26 de marzo es un paso en esta tarea y es también una responsabilidad para con nuestra clase, para con nuestros padres y abuelos, para con nuestros hijos. Las banderas revolucionarias sólo pueden alzarse y tener significado, en cuanto se pongan al servicio de las luchas. En torno a estas banderas hemos de organizarnos como partido revolucionario y habremos de construir nuestro programa, la teoría de la revolución socialista en Chile. Las tareas son enormes, se aclara el horizonte.

Hannah Arendt y el castigo penal como expresión de poder político de clase

por Gustavo Burgos  //

Roberto Arlt cuenta en sus memorias que su padre le anunciaba que el día de mañana a primera hora, lo iba a castigar. Recuerda este hecho porque sentía que el castigo anunciado es la peor tortura, que dormirse esperando la mañana del castigo es, en sí mismo, una pena superlativa. Seguir leyendo Hannah Arendt y el castigo penal como expresión de poder político de clase

La Clase Media y la Revolución Socialista

por Gustavo Burgos

 

El jueves pasado, en su temperado estilo oficialista, The Clinic, el portavoz de la pequeña burguesía educada, visualiza la perspectiva del fascismo. “Furia y fascismo”, anticipa la editorial, son los elementos que erosionan el diálogo político republicano y preparan el terreno para liderazgos antidemocráticos. Con su impotencia proverbial nos propone la necesidad de que “todos juntos” podamos superar este momento. Seguir leyendo La Clase Media y la Revolución Socialista

Significado de la muerte del rock


por Gustavo Burgos //

“Soy una imagen de piedra. Sícilo me puso aquí,
donde soy por siempre, el símbolo de la evocación eterna”.

Epitafio de Sícilo para Euterpe, año 100 de nuestra era.

La reciente muerte, durante este año, de David Bowie, Prince, hoy de Greg Lake, y pronto no se sabe de quién, ha puesto en los medios de comunicación la cuestión de la muerte del rock, particularmente de la generación dorada de los 60/70, período en que esta forma de música popular adquirió sus más elevadas expresiones. Por una cuestión puramente biológica esta década y la próxima, será aquella en la que morirán Paul Maccartney, Mick Jagger, Pete Townshend, David Gilmour, Bob Dylan y Jimmy Page, por mencionar algunos. Es un hecho que esta generación morirá y que no hay recambio. No se trata solamente de la transformación de la industria discográfica, del desplazamiento de esta industria a la de los recitales en vivo, se trata en realidad de que el rock y su estética de rebelión popular se ha agotado como fenómeno de masas. La imagen de los Beatles aullando Don`t let me down en la azotea, deviene en evanescente. Seguir leyendo Significado de la muerte del rock

El misterio de la Asamblea Constituyente

por Gustavo Burgos//

El misterio como tal, es un instrumento de civilización. Etimológicamente, aunque no está del todo despejado, proviene del griego y está ligado al acto de cerrar de ojos y murmurar. El reconocimiento de lo misterioso parece entonces, desde la antigua Grecia, al “decir” sobre algo que no puede conocerse o –lo que es lo mismo- se encuentra reservado para los iniciados, otro de los conceptos ligados a la etimología del misterio.

En efecto, el pensamiento religioso y particularmente el judeocristiano, descansa sobre bases conceptuales también misteriosas, algunas absurdas como la idea de la trinidad y otras sobrecogedoras como el de la transubstanciación. Más adelante, en el desarrollo del pensamiento burgués, que es el de la subjetividad, Kant teoriza sobre la incapacidad humana del conocimiento de lo real, de lo que él llama “la cosa en sí” y reduce el conocimiento al formalismo, al fenómeno que el individuo puede percibir, tras cuyos muros se encuentra aquello que es.

Lo característico de la noción de misterio –por lo tanto- es la idea de que existe algo en la realidad, algo con vida propia, relevante para nuestra existencia, que no somos capaces de conocer. Freud llama a esto el inconsciente, el “ello”, el mundo ingobernable de los instintos.

Traemos a colación la idea del misterio y de la impotencia, porque parece expresivo de uno de los conceptos políticos más utilizados en la actualidad, el de Asamblea Constituyente. En ella parecen confluir todos los miedos de la pequeñaburguesía frente al capitalismo, transformándose a estas alturas en la piedra filosofal, el Santo Grial de quienes aspiran a cambios sociales por vías pacíficas.

La Asamblea Constituyente es un concepto en extremo utilizado hoy en día. Desde trincheras opuestas y contiguas, haciéndose su contenido indiscernible y por tanto, a estas alturas, misterioso. Desde los sectores liberal democráticos de la Nueva Mayoría, aquellos comprometidos con el cumplimiento del programa bacheletista -aún atemperado con el penoso mote de “Proceso Constituyente” como Atria y Martner- se pontifica sobre la capacidad de este instrumento político para conjurar las injusticias del capitalismo y tornarlo en uno participativo, “social” y de rostro humano. Pastan en estos parajes, más por oportunismo que por convicción, diversos sectores de lo que fuera el Foro de Sao Paulo y el PC.

Para este sector, la preocupación fundamental es la preservación de la institucionalidad por la vía de su legitimación. Los defensores del “proceso constituyente”, reclaman la participación ciudadana, desafían a quienes se abstienen y son muy cuidadosos a la hora de aclarar de que por esta vía no se atentará en contra de la propiedad privada y muy por el contrario, se afirmará la seguridad jurídica mediante un nuevo pacto social.

El propio Martner subraya esta idea indicando explícitamente que “La nueva Constitución no debe consagrar ningún modelo económico-social particular –que debe ser materia de deliberación periódica y ser definido en el ámbito de la ley y de la gestión pública- y en cambio debe consagrar un Estado democrático y social de derecho, en el que los derechos básicos y las libertades fundamentales sean considerados inherentes a todos los seres humanos, inalienables y aplicables en igual medida a todas las personas, en concordancia con la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948” (El Mostrador, 13.11.16) Bachelet también lo anunciaba: “daremos inicio al Proceso Constituyente abierto a la ciudadanía, a través de diálogos, debates, consultas y cabildos, que deberá desembocar en la Nueva Carta Fundamental, plenamente democrática y ciudadana, que todos nos merecemos”.(La Tercera, 28 de abril de 2015)

Sin embargo, existe otra concepción de la Asamblea Constituyente, que supera la versión “legitimadora” de los liberales, es la versión “revolucionaria”. Mediante ella se busca significar la revolución y la ruptura con el régimen capitalista y el imperialismo. Esta es una concepción en extremo desarrollada en grupos centristas del trotskismo como el PTR, stalinistas como el PC-AP, Igualdad, por mencionar a aquellos que han hecho un mayor desarrollo de esta política.

En Clase contra Clase (PTR), en abril de 2014 podemos leer: “una asamblea constituyente libre y soberana basada en la movilización para terminar con todas las herencias de la dictadura, en el camino de un Gobierno de los trabajadores y el pueblo basado en sus organismos de auto-organización”. A su turno, el PC-AP nos propone una

Asamblea Constituyente Auto-convocada construida desde las demandas concretas de los trabajadores y pueblos de Chile,paso necesario para un Estado, para un Estado Independiente, Democrático Popular y Socialista”.

Se trata, esta versión “revolucionaria” de la Constituyente, del opuesto a la concepción “legitimadora” liberal-socialdemócrata. Desde esta perspectiva, lo central es que la Asamblea Constituyente se autoconvoca y se conforma, apoyándose en los órganos de masas, sustentándose en la movilización, con independencia de la institucionalidad del régimen. En largos pasajes, estos grupos refieren la necesidad de barrer con el régimen pinochetista mediante este expediente.

Nos permitimos disentir de ambas concepciones. La concepción burguesa, “legitimadora” que impulsan sectores de la NM, que se plantea inclusive en una versión erosionada como “proceso constituyente”, enuncia por sí misma su carácter conservador del régimen y neutralizador de la lucha democrática. En realidad esa versión de la Asamblea Constituyente, en boca de sus sostenedores y parafraseando al propio Atria, es una trampa, una política tramposa, porque se persigue encauzar el reclamo democrático y estirilizarlo de forma de preservar los intereses que se afirman en la gran propiedad de los medios de producción. Resulta autoevidente, no merece mayor análisis.

Pero es en su versión de izquierda, como decíamos “revolucionaria”, en la que es necesario detenerse porque en su confusión impide ver con claridad la mecánica de clase que subyace a esta Constituyente. En efecto, sus defensores, nos presentan a la Asamblea Constituyente, autoconvocada, sustentada en la movilización, revolucionaria, como un órgano extraño al Estado burgués y que por lo mismo procedería a ejecutar las tareas democráticas, nacionales y socialistas que Chile requiere para terminar con el capitalismo, valiéndose de su propia institucionalidad.

Para ellos entonces, la Constituyente sería un sucedáneo de la toma del poder, en los mismos términos que el gobierno de la Unidad Popular se presentaba a sí mismo, como una etapa del proceso revolucionario, una etapa institucional en un camino pacífico al socialismo, el que tenía por especificidad la vía electoral. Esto último es lo que hace inviable la Constituyente revolucionaria, su ambigüedad de clase y su carácter frentepopulista.

Sostenemos esto porque la Asamblea Constituyente es un instrumento en la lucha revolucionaria de primera magnitud, a condición de que se utilice para fortalecer la lucha de clases, afirmar la identidad política de los explotados y permita a éstos superar sus ilusiones en la democracia burguesa. Los bolcheviques se valieron de esta consigna hasta el final y sólo la dieron por agotada una vez que los explotados se habían afirmado en el poder mediante los soviets o concejos (asambleas con poder resolutivo), porque entendían que la Asamblea Constituyente es, en esencia, un parlamento burgués, elegido por sufragio universal y que se convoca para “decir”, no para ejecutar medidas ni transformaciones sociales.

Sostenían esto por cuanto toda Asamblea Constituyente se reduce a un acto electoral en que se eligen representantes o diputados, quienes discutirán y votarán el régimen legal, constitutivo del Estado burgués. Vale decir, la Constituyente ayuda a los trabajadores a superar sus ilusiones en la democracia burguesa, le permite a los explotados desprenderse de su condición subordinada a la institucionalidad patronal.

No hacemos acá un alegato terminológico o doctrinario. No se trata de eso. De lo que se trata es de darle a la Asamblea Constituyente el sentido que las masas y el proceso social le han dado, en Chile y el mundo, a esta instancia. El incisivo historiador Sergio Grez, nos recuerda en un interesante trabajo sobre la desconocida “Asamblea Constituyente de Asalariados e Intelectuales de Chile” en 1925 -que se desarrolla en paralelo por la FOCH y el PC a la Asamblea oficial de Alessandri (de esta última surge plebiscitariamente la Constitución del 25)- que aquella Asamblea se autoconvocó y sesionó con la expresa voluntad de materializar sus acuerdos. En la misma concurrieron lo más granado de esa gloriosa generación que nos diera a Recabarren. Lo interesante es que habiendo concurrido y representado formidables organizaciones como la FOCH y el naciente Partido Comunista, apoyada en poderosas movilizaciones, la misma no tuvo ninguna significación. Alessandri hizo su Constituyente, aprobó su Constitución y la gesta –también llamada Constituyente Chica- pareció olvidada especialmente por los historiadores de izquierda.

Creemos que la Constituyente Chica, es un modelo de Asamblea “revolucionaria”. Es un modelo y lo revela su propio desarrollo: organizar a los trabajadores, autoconvocarlos, movilizarlos, para votar leyes que modifiquen el Estado burgués, deviene invariablemente en intrascendencia. Resulta intrascendente para los trabajadores –y los chilenos lo aprendimos trágicamente el 73- plantearse transformaciones sociales por medio de la vía institucional, y esto último es lo esencial de la variante “revolucionaria” de la Constituyente.

No puede colegirse de lo indicado que estamos con esto renegando de la lucha parlamentaria y del combate por las reformas. Muy por el contrario, es necesario ir al parlamento burgués, es necesario desplegar lucha por las reformas, pero esta lucha debe orientarse a la superación de las ilusiones democráticas y –como hemos dicho- a afirmar la identidad de clase de los explotados frente a los patrones, en definitiva a la construcción del partido revolucionario, la dirección política de los explotados.

En ese sentido, la Asamblea Constituyente sólo puede plantearse en esta vía, con la finalidad de contribuir al proceso revolucionario superando toda forma de pacifismo y electoralismo, por ese camino no se va al socialismo. En este proceso son los propios trabajadores los que irán construyendo su propia democracia, la que ejercen en sus órganos de lucha, la que proviene de las asambleas y aquella que se desarrolla con la explícita voluntad de construir el poder obrero contra el poder burgués. A esto los rusos llamaron “poder soviético” (asambleario, de concejo).

Este proceso se verifica como acción directa, como lucha de clases, como enfrentamiento directo entre trabajadores y patrones. La victoria obrera es –desde esta perspectiva- la única garantía de democracia efectiva, de libertad y autodeterminación nacional. De esto hablamos cuando hablamos de Asamblea Constituyente, siendo este un debate fundamental a estas horas en que la formación de una nueva dirección de izquierda y los trabajadores, en buena forma, se resolverá en la medida de que tengamos capacidad de dar respuesta a los problemas democráticos que están hoy en juego en el país.

Invitamos, en este sentido, a la izquierda que defiende la autorganización obrera a plantearla en términos de poder, no en términos de Asamblea Constituyente. Un ejemplo desastroso de los efectos de esta política se vivió en Argentina el 2001: el régimen en el suelo, el Congreso cercado por las masas, el surgimiento de asambleas en barrios, fábricas y lugares de trabajo. La izquierda fue incapaz de articular una política de poder y en un acto penoso se limitó a pedir la convocatoria a una Constituyente.

A todos estos problemas aludimos cuando hablamos del misterio que nos plantea la Asamblea Constituyente. Para terminar, parece oportuno citar a Trotsky, junto a Lenin, uno de los forjadores de la primera revolución obrera triunfante de la historia. El revolucionario ruso, en polémica con la burocracia stalinista en 1930, sostiene que: “Es un hecho histórico plenamente establecido y absolutamente indiscutible que en septiembre, octubre y noviembre de 1917, en virtud de una serie de condiciones particulares, la clase obrera de las ciudades, los soldados y los campesinos de Rusia estaban preparados de un modo excepcional para aceptar el régimen soviético y disolver el Parlamento burgués más democrático. Y pese a ello, los bolcheviques no boicotearon la Asamblea Constituyente, sino que participaron en las elecciones, tanto antes como después de la conquista del poder político por el proletariado… …incluso unas semanas antes de la victoria de la República Soviética, e incluso después de esta victoria, la participación en un Parlamento democrático burgués, lejos de perjudicar al proletariado revolucionario, le permite demostrar con mayor facilidad a las masas atrasadas por qué semejantes parlamentos merecen ser disueltos, facilita el éxito de su disolución, facilita “la caducidad política” del parlamentarismo burgués.

Ha muerto Fidel: viva la Revolución Cubana

por Gustavo Burgos

Para quienes militamos en las filas de la revolución socialista, despertar esta mañana con la noticia de la muerte de Fidel Castro, es un golpe, una llamada de atención y una advertencia. La prensa burguesa –hacemos abstracción de la prensa gusana que celebra- se ha solazado haciendo panegíricos al otrora líder de la guerrilla y figura señera de aquél proceso revolucionario que pariera la primera revolución latinoamericana, el primer territorio libre de nuestro continente americano. Seguir leyendo Ha muerto Fidel: viva la Revolución Cubana

Parar a Trump luchando contra el imperialismo

por Gustavo Burgos

La prensa burguesa ha enmudecido frente al triunfo electoral de Trump. Desde Valparaíso, hay un cierto deja vú, al analizar un nuevo resultado electoral inesperado, de aquellos que revuelven el naipe.

No nos puede sorprende que un gorila como Donald Trump haya llegado a la Casa Blanca. En la historia reciente, Nixon, Reagan y Bush Jr., se han distinguido por su incultura, su torpeza y brutalidad, por referirnos a sus atributos personales. En lo que no se distinguen ninguno de los Presidentes de EE.UU. -de forma unánime- es en haber encabezado el ataque la clase obrera y a las naciones oprimidas y haber perpetrado masivos crímenes de guerra que sólo la revolución podrá castigar.

No haremos –de ningún modo- un análisis de la conducta electoral norteamericana. Los más variados analistas, incluyendo algunos criollos muy relevantes, se permiten hacer atrevidas e intrincadas hipótesis distinguiendo entre los votantes del sur de Virginia, los latinos de Orlando, los cubanos jóvenes de Miami, el early voting y muchas más categorías de fantasía política. Nos parece que esos ejercicios categoriales y estadísticos son meramente especulativos y pretenden reemplazar el análisis político, que parte de la comprensión del proceso de lucha de clases, por el uso del ábaco y la calculadora. En la antigua Roma en lugar de las encuestas, leían las vísceras de las aves.

Pero tampoco creemos que sea ocioso evaluar el éxito de Trump amparándose en que él y la Clinton son lo mismo. Es verdad, representan lo mismo, son ambos instrumentos del imperialismo y la burguesía norteamericanas, como en su momento –y guardando las debidas distancias- las candidaturas de Lagos/Lavín, Frei/Piñera, Bachelet/Matthei, fueron candidaturas burguesas, de lo que de forma espeluznante se llama hoy “el duopolio”. Sí, es verdad, Trump y Clinton son funcionales a los mismos intereses de clase imperialistas, pero no son lo mismo, no expresan de la misma forma dichos intereses.

Toda democracia burguesa –aún la escandinava- no es más que la mascarada, la puesta en escena, de la inclemente dictadura del gran capital tendiente a garantizar la explotación de los trabajadores y si hay resistencia, la más bárbara de las represiones. A ese orden capitalista de explotación, al monopolio de la fuerza armada a manos de la burguesía, los políticos patronales llaman “institucionalidad” y “orden público”. Engels, con una buena cuota de humor negro, decía que el Estado no era más que una banda de matones al servicio del gran capital. La democracia burguesa yankee, el epítome, el modelo de toda democracia burguesa no escapa a este concepto. Con un sistema electoral que viene del siglo XVIII, el llamado a elecciones y la verificación del mismo, no expresan más que de forma muy deformada la voluntad popular. Esta deformación es tan extrema, tan inocua a los intereses de los explotadores, que sólo permite por su intermedio inferir, de modo indirecto, poco más que el estado de ánimo de los norteamericanos.

Que en esta elección hayan sido convocados los norteamericanos a elegir entre dos variables de lo mismo (demócratas o republicanos), dos candidaturas con programas indiscernibles el uno del otro, no hace sino corroborar el carácter de clase del llamado orden democrático norteamericano, precisamente porque ese retaceado e inútil voto, esa episódica e impotente manifestación de voluntad política, se expresa condicionadamente en un marco institucional burocrático y dictatorial. El juego democrático en los EE.UU. y en Chile y en cualquier país capitalista, sólo opera en tanto legitime la gran propiedad privada de los medios de producción, el monopolio de la fuerza pública y consagre y fortalezca el fetiche electoral como si tal fuese la voluntad popular: es lo que llaman Constitución. Mediante el ejercicio electoral burgués, la patronal en el plano simbólico, expropia la voluntad de los explotados, como en el económico lo hace al apropiarse de la plusvalía.

¿Qué significa Trump, entonces? Todos lo sabemos: fascismo. El aspecto grotesco, el peinado su penosa torpeza comunicacional, expresa –con todas las limitaciones acotadas- que la miseria de grandes capas de la población norteamericana se ha agudizado a niveles superiores a lo habitual y que ella es la base material de un creciente descontento con el régimen. Sin embargo, este descontento, genuino, real, de la base social norteamericana de los obreros, campesinos y explotados en general, no encuentra expresión política propia, proletaria, revolucionaria, de izquierda. Ello precisamente porque la clase obrera norteamericana no tiene un partido o dirección política propia que exprese sus intereses históricos. Esta ausencia de dirección política revolucionaria ha terminado empujando el descontento político a los brazos del fascismo. Ocurre en el Reino Unido, en Austria, Francia, Alemania.

La candidatura de Donald Trump alberga en sus entrañas, más precisamente, los gérmenes del fascismo. De conjunto, el programa presentado se basa en la estrategia de nacional-imperialismo. Está ahí porque se fundamenta en algunas premisas de defensa de las fronteras nacionales de los Estados Unidos, de expansión económica por la fuerza de las armas, por la generalización de la xenofobia y el recrudecimiento del racismo. La confluencia de las tendencias fascistizantes de la mayor potencia con las de Europa Occidental, es un síntoma grave de la descomposición mundial del capitalismo que no encuentra salida progresiva para su crisis estructural. Todo indica que crecerán y fortalecerán las posiciones chauvinistas en el seno de las potencias.

La desintegración del orden capitalista, la transformación de las crisis políticas en conflictos armados en el Medio Oriente y la insaciable voracidad del capital financiero, son los motores de la lucha de clases en los EEUU y en el mundo entero. Abrigar esperanzas en que el capitalismo es reformable, que por intermedio de ajustes legales, institucionales o electorales, podremos parar esta ofensiva del gran capital, es abonar el camino hacia nuevas derrotas.

Parar a Trump y a todas las tendencias fascistas es una tarea para los trabajadores, para la izquierda y para los revolucionarios de todos los puntos del orbe. Parar a Trump significa redoblar nuestros esfuerzos por organizar a los trabajadores y fortalecer y ampliar las movilizaciones. Parar a Trump es acabar con las AFP, es imponer los reclamos de la ANEF, recuperar la educación gratuita y ponerla al servicio de la liberación social y nacional.

Parar a Trump es parar al imperialismo y al principal representante y protector de sus intereses en Chile: el régimen político del pinochetismo, sus partidos patronales y el Gobierno. No se trata de un ejercicio intelectual. Se trata contribuir a fortalecer la lucha de los trabajadores, instar por la construcción de  sus órganos de poder y verdadera democracia. Se trata de rescatar la tradición socialista, en este momento en que los trabajadores parecen en Chile y el mundo haber retrocedido a expresiones políticas primitivas de sumisión al orden democrático burgués. Se trata, en momentos en que el fantasma del fascismo parece enseñorearse en las metrópolis, de levantar las banderas de la liberación de los explotados: la revolución socialista.

 

Del triunfo de Sharp a la encrucijada

La sorpresiva noche del 23 de octubre, en TVN, en medio de la derrota electoral de la Nueva Mayoría, Francisco Vidal, el ex Ministro, analista y operador político de la Concertación, comparaba el triunfo electoral de Jorge Sharp con el “naranjazo” protagonizado por el socialista Oscar Naranjo en la elección complementaria de marzo de 1964, en la circunscripción de Curicó. El hecho es recordado por cuanto el éxito socialista en esa elección contribuyó a anticipar la idea de que la izquierda había crecido por sobre el tercio, lo que obligaba a la Derecha a declinar su propia opción electoral a favor de Eduardo Frei Montalva en las elecciones generales de septiembre de ese año, con la única finalidad impedir el triunfo de las “fuerzas marxistas”. El “naranjazo” fue un anticipo del triunfo de la Unidad Popular en 1970.

 por Gustavo Burgos

Aludir al “naranjazo” es, entonces, caracterizar el triunfo electoral de Sharp como la expresión subterránea de un movimiento mayor que hasta hora se nos presenta invisible. A diferencia de 1964, con un movimiento obrero y campesino en alza y un proceso de radicalización que cuestionaba al orden capitalista, en el 2016 este triunfo electoral, con un movimiento de masas iniciando un lento reagrupamiento, constituye una inflexión excepcional pero de un signo diverso.

Interpretar el triunfo de Sharp correctamente supone –en efecto- ubicar este hecho en el contexto general de enfrentamiento y agudización de los antagonismos de clase. Pretender simplificarlo y reducirlo al resultado de la unidad de los movimientos sociales o a la juventud del candidato, nos  conduce a observar el fenómeno, sus manifestaciones externas y no a su contenido de clase, que es lo que debe dominar nuestro análisis si queremos contribuir al desarrollo de los rasgos revolucionarios que evidencia el triunfo sharpista.

Lo primero que debemos subrayar es que Sharp logra un triunfo electoral en un contexto de derrumbe de las ilusiones democráticas, descalabro de los partidos del régimen y tendencias de movilización contra los símbolos del poder las AFP y el llamado TPP. En este contexto general, el comportamiento del electorado es una muestra más del proceso de desfonde de la transición, de quiebra del pinochetismo y de ruptura con la idea de que la defensa de la democracia pasa por la unidad contra la Derecha.

Este último elemento, que podríamos llamar antipinochetismo, pareciera haberse roto. De hecho en las principales ciudades se repitió la constante de que el oficialismo fue derrotado porque un importante sector del electorado prefirió votar en protesta por una tercera opción antes que votar por el oficialismo para impedir el triunfo de la derecha. Esto parece ser la tendencia, no la muerte del duopolio ya que la Derecha y la Nueva Mayoría siguen siendo abrumadoramente la mayor fuerza electoral, sino que importantes sectores ven la opción de organizarse, protestar y votar por quienes expresen la necesidad de romper con el régimen, sin importar la utilidad del voto, aun cuando ello importe el triunfo de la Derecha, porque se ha asimilado que Derecha y Nueva Mayoría representan lo mismo.

Aun así lo determinante en el triunfo de Sharp fueron circunstancias  particulares que hicieron remecer el escenario político. Jorge Castro, el candidato de la UDI, llega a las elecciones con su frente interno quebrado (el ex Diputado Ibáñez, UDI, llamó a votar por Méndez) y asediado por denuncias de corrupción y abandono de sus deberes. Por el otro lado, DJ Méndez de la Nueva Mayoría -impuesto por el aparato de Ricardo Lagos en una pulseada con los partidos de Gobierno- nunca logró concitar el apoyo de sus parciales y ya avanzada la campaña dirigentes del PS como Viñambres y de la DC como Gianini llamaron abiertamente a votar por Sharp. Se dice que al DJ Méndez lo dejaron caer al final de la campaña. En esa línea, la deserción de la histórica Paula Quintana vino a ser en este marco un tiro de gracia, al presentarse públicamente en apoyo al candidato del Pacto La Matriz.

El conjunto de estos elementos confluyeron para expresarse en la caída de la votación de los candidatos de la Derecha y la Nueva Mayoría y el vuelco de una parte importante del electorado de centro izquierda a favor de Sharp, en este sentido creemos que el apoyo de sectores de izquierda del Partido Socialista resultaron determinantes.

Hasta ese punto podemos observar la fortaleza del proceso que terminó con Sharp como Alcalde de la tercera ciudad del país. Pero estos rasgos son contenidos, atemperados, por sus limitaciones. La primera y la más evidente: dos tercios del padrón electoral no concurrieron a las urnas, siendo este el rasgo más poderoso de la jornada de elecciones municipales: la derecha alcanza una victoria a lo pirro y desplaza al oficialismo, en un contexto en que el descrédito de la institucionalidad y la protesta se toma el primer lugar. La principal protesta se expresó como abstención, no tras los “independientes”, ni tras el moribundo PRO, ni tras el Movimiento Autonomista. La protesta fue no votar, así de simple.

Agudizados los antagonismos sociales, deformados los intereses de clase en la arena electoral, el triunfo de Sharp es una manifestación –quizá la más nítida- de cómo las masas comienzan a superar sus ilusiones democráticas: dejando de votar por los partidos burgueses que condujeron la transición y dando la espalda a las elecciones a las que nos convocan las clases dominantes. Por lo expuesto, sostenemos que Sharp y su movimiento, el Pacto La Matriz, enfrenta una encrucijada, la misma que enfrentan aquellos que han accedido al poder proponiendo reformas: cede a las presiones de la burguesía y su institucionalidad (tribunales, Intendencia, la Armada, grandes grupos económicos tras TPS y el Mall Barón) o se apoya en la movilización de masas para viabilizar su programa.

Sharp tiene un programa con 200 medidas. Al igual que quienes votaron masivamente por él el pasado 23 de octubre, las desconocemos en detalle pero entendemos que ellas se refieren a un especial compromiso democrático con la participación popular, con la transparencia, lucha en contra de la corrupción y una apuesta por el desarrollo armónico e integral de la ciudad. Estamos seguros que esas medidas no podrán aplicarse sin enfrentar al poder central y al poder económico responsable de la miseria, la corrupción y la decadencia de la otrora Perla del Pacífico. La más mínima de las tareas democráticas como las enunciadas, si se aplican consecuentemente, harán chocar a Sharp con el régimen. En este choque será necesaria la intervención de las masas, porque sólo apoyado en la movilización podrán materializarse las aspiraciones de los explotados del puerto.

Convocar esa movilización supone la formación de un frente amplio, como diversos sectores aparecen reclamando. Pero ese frente amplio nada puede tener que ver con la burguesía ni con el imperialismo ni con sus partidos y referentes electorales. De nada nos servirá construir un frente amplio que reedite a la Nueva Mayoría, al Frente Amplio uruguayo, PODEMOS español o el SYRIZA griego, todas estas expresiones políticas, algunas fenecidas y otras en ascenso, han desarrollado políticas liberales socialdemócratas que han concluido en derrota y en la apertura del camino a la Derecha.

El frente amplio que resulta necesario estructurar ha de convocar a los luchadores, al activismo, ha de extender su influencia más allá de las fronteras del Pacto La Matriz llegando al conjunto de los explotados, a los obreros sindicalizados o no, a los pescadores, a las organizaciones poblacionales y a todos aquellos que se han puesto en pie en defensa de sus derechos, desde mucho antes que el acto electoral pasado y que seguirán luchando después de él.

De lo que se trata compañeros, es de batallar por la unidad de la izquierda en torno a la movilización, a la lucha en contra del Gobierno de los explotadores y corruptos, una amplia unidad que se plantee acabar con el régimen de explotación y avanzar al poder obrero y al socialismo. En esta lucha estamos comprometidos, es la lucha de la encrucijada.

La invevitabilidad del Fanta

por Gustavo Burgos//

EL FANTA, historia de una traición, de Nancy Guzmán, Ediciones Ceibo, es un valioso texto que aborda un tema difícil para el periodismo político chileno. Hablar de delatores y de traición es un camino complejo, moral y políticamente.

El libro, de nutridas 380 páginas, trata el caso de Miguel Estay Reyno (el Fanta), destacado militante de las JJCC, responsable del aparato de inteligencia del PC, con formación en Moscú, en la propia KGB y que a partir de 1975, momento de su primera detención, comenzó primero a colaborar activamente con los aparatos de seguridad de la Dictadura, para rápidamente pasar a actuar como agente represivo, analista de inteligencia, feroz torturador y asesino, con la declarada misión de exterminar al Partido en cuyas filas se había formado.

Intencionadamente o no, el libro no hace referencias relevantes respecto del proceso histórico en que se desarrollan la revolución y contrarrevolución chilenas. En realidad, pareciera que su autora hubiese preferido el estilo lacónico de los informes de inteligencia del protagonista de su historia.
En primer lugar, la autora expone el conflicto entre la llamada “Comunidad de Inteligencia” -llamada más adelante Comando Conjunto- que agrupaba a los organismos represivos de las FFAA y Carabineros, de un lado y del otro la DINA/CNI, que respondían directamente a Pinochet. En su estudio, la autora descubre que si bien es cierto ambas alas de la policía política desplegaron una metódica y clandestina represión genocida, lo hicieron de forma distinta.

El Comando Conjunto trató de “extirpar el cáncer marxista” poniendo el horror y brutalidad represivas al servicio del exterminio político de las organizaciones de izquierda que habían sustentado la Unidad Popular. Por su parte, el aparato pinochetista -que fue el que termina imponiéndose- privilegió el terror hacia la población en general mediante acciones metódicas en las que lo que importaba era la estabilidad de la Dictadura.

Es la expresión, a nivel de aparatos represivos, del conflicto entre la línea pro DC de Bonilla y Leigh, con mayor compromiso con la embajada norteamericana y un modelo “argentino”, liviano si se quiere, de Dictadura que entregara el gobierno a Frei Montalva para convocar a elecciones generales, prontamente. Del otro lado, la línea “fundacional” y gremialista de Pinochet, que persigue atesorar la profunda derrota asestada al movimiento obrero y de masas, para construir el régimen que subsiste hasta nuestros días.

La historia le dio la razón a la jauría pinochetista. No alcanzaba con una represión metódica sobre las organizaciones de izquierda. Era necesario golpear además al movimiento de masas, hacer retroceder a todas las organizaciones de trabajadores hasta hacerlas desaparecer y para ello era imprescindible el terror fascista, la humillación de los campos de concentración, abrir las puertas a una democracia protegida y de Seguridad Nacional, el Reich de Jaime Guzmán.

En segundo lugar y quizá la reflexión más lúcida y de mayor significado, es la inevitabilidad del Fanta. Un traidor, por más despreciable y canalla que se nos presente, no es sino expresión de un proceso histórico muy particular. De las decenas de miles de torturados, hubo una cantidad muy menor, ínfima, de sujetos que se transformaron en colaboradores de los aparatos de seguridad. Y muy, pero muy pocos -el libro menciona a René Basoa, Carol Flores y muy pocos más- se transformaron en agentes represivos.

La autora hace referencia a la legendaria novela, La Orquesta Roja, que trata el caso de Leopold Trepper, un judío comunista que dirigió el servicio de espionaje soviético en la Alemania nazi, que prestó invalorables servicios a la de la URSS y que cuando cayó en manos de los alemanes contuvo a sus interrogadores entregando a parte de sus parciales. Terminada la guerra, Trepper regresa a la URSS como héroe nacional y al poco tiempo cae en las purgas de Stalin, acusado de traidor y fusilado por esa causa. La novela era una lectura obligada para los revolucionarios de la década del 60 y era un severo anatema para el stalinismo.

La respuesta a esta observación la encontramos, desordenadamente, en la página 149 del libro. En ella se lee con claridad la caracterización de Nancy Guzmán respecto del Partido Comunista: “Lo real es que el PC era la organización política menos peligrosa para el establishment, nunca tuvo la intención de tomar las armas para asaltar el poder, ni siquiera cuando fue proscrito y surgieron sectores de voces críticas a la pasividad con que asumía la represión. Nunca tuvo la intención política de disputar el poder al Estado para fundar otro orden social u otro Estado por la vía insurreccional. La creación de un organismo con formación militar no tenía como objetivo disputar militarmente el poder para hacer una revolución e imponer un Estado socialista, como la derecha solía acusar. Era un aparato pequeño, con formación básica en el uso de armas tradicionales, formado por hombres mayores, que tenía como curioso fin defender la democracia burguesa”.

Esta caracterización del stalinismo, como una corriente servil al orden burgués, aunque no lo explicita Nancy Guzmán, es determinante, mucho más que la cita reiterada a “La Orquesta Roja”, para comprender el por qué del origen de un monstruo como el Fanta. Estay Reyno no cayó de un platillo volador ni es una mera expresión de la falibilidad humana, como gustaría proclamar a los idealistas y fatalistas. No es así, el Fanta es producto necesario, cuando no inevitable como indicamos en el título de esta nota, del carácter contrarrevolucionario del PC chileno y su orientación stalinista, nacionalista, democratizante y colaboracionista de clases.

Un burócrata como Estay Reyno encontró en el aparato del PC la consumación de sus orígenes y aspiraciones pequeñoburguesas. Enemigo de la lucha ideológica, disciplinado cumplidor de órdenes, forjó su moral en el PC no en torno a la estrategia de la revolución obrera y la insurrección, sino que por el contrario, en la obsecuencia y la subordinación a sus superiores, ante los cuales competía por parecer el más eficiente. Nada, absolutamente nada de la formación política recibida por este cuadro stalinista tenía que ver con la revolución, todo era la puritana, ascética e irreflexiva obediencia al Partido. Un sujeto formado en este contexto, al margen de la lucha de clases y enclaustrado en las necesidades del buró, fue presa fácil de la represión. Fue cosa fácil de cambiarle de amo y el Fanta se transformó en una fría máquina represiva de otro signo, su carácter fue siempre el mismo: servir al orden burgués contra el accionar de las masas.

Interesante libro, una tragedia política cuya lectura es recomendable para todo revolucionario, pero muy especialmente para quienes hayan pasado por las filas del hoy partido de Gobierno, del Partido Comunista de Chile.