Archivo de la etiqueta: Feminismo

Entrevista a Silvia Federici: “El sexo para las mujeres ha sido siempre un trabajo”

por Nuria Alabao //

 

En sus charlas en España o Argentina llega a reunir a miles de mujeres que siguen a esta veterana historiadora y activista, hoy una verdadera referencia del feminismo autónomo. En su último libro publicado este año, El patriarcado del salario, Críticas feministas al marxismo (Traficantes de Sueños, 2018) Silvia Federici dialoga o más bien actualiza el marxismo a partir de los análisis feministas de la reproducción social. Tema que ya trabajó en la que es probablemente su obra más conocida: Calibán y la bruja: mujeres, cuerpo y acumulación originaria (Tinta Limón Ediciones, 2016), donde hace una aproximación histórica al despegue del capitalismo poniendo el foco en el trabajo no remunerado de las mujeres Seguir leyendo Entrevista a Silvia Federici: “El sexo para las mujeres ha sido siempre un trabajo”

Llamamiento de Hélène Brion contra la guerra en julio de 1914 “A las feministas, a las mujeres”

[Este artículo fue publicado en La Bataille syndicaliste, diario oficioso de la CGT, el 30 de julio de 1914. Hélène Brion fue una enseñante sindicalista, feminista y socialista. Y durante la guerra, militante pacifista “zimmerwaldiana” (reclamándose de la Conferencia Internacional de Zimmerwald) y participó en el Comité por la Recuperación de las Relaciones Internacionales 1/.

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El feminismo y la mujer trabajadora (El Porteño en Portales Nº9)

Discusión sobre la situación de la mujer trabajadora y el papel de ésta en las transformaciones sociales. Las movilizaciones que se han desarrollado y lo que viene. Un enfoque de la liberación femenina como parte de la lucha contra explotación.

Conducción: Cynthia Burgos;

Panelistas: Janet Santibáñez y Marcela Bustamante;

Invitada: Gislaine Barría. Seguir leyendo El feminismo y la mujer trabajadora (El Porteño en Portales Nº9)

EEUU: el nombramiento de Kavanaugh, el #MeToo y la furia pequeño burguesa

por David Walsh //

Hace poco, el diario neoyorquino New York Times, publicó un comentario de la periodista Rebecca Traister intitulado “La furia es un arma política que las mujeres necesitan empuñar” (Fury Is a Political Weapon. And Women Need to Wield It). El artículo se fundamenta en los testimonios contrarios de Christine Blasey Ford y del Juez Brett Kavanaugh, nombrado por Donald Trump a la Corte Suprema estadounidense, el 27 de septiembre ante el Comité Judicial del Senado. Ford acusa a Kavanaugh de asalto sexual en su contra a principio de los 1980. Seguir leyendo EEUU: el nombramiento de Kavanaugh, el #MeToo y la furia pequeño burguesa

Aborto libre y gratuito: nuestro derecho a decidir

por Verónica Molina //

El Senado argentino rechazó esta madrugada el proyecto que buscaba despenalizar el aborto hasta la semana 14 de gestación con 38 votos en contra, 31 a favor, dos abstenciones y una ausencia. La iniciativa no podrá ser votada, sino hasta después de marzo 2019. Uno de los principales argumentos de quienes apoyan que el aborto sea “seguro, legal y gratuito” eran  los alrededor de 500.000 abortos clandestinos que se estima se producen al año en Argentina son la principal causa de muerte materna en 17 de las 24 provincias. Seguir leyendo Aborto libre y gratuito: nuestro derecho a decidir

Que lo discursivo se vuelva real: “Experiencias y apuestas hacia el feminismo de clase”

por Constanza Cruz //

 Como Bloque de Organizaciones Populares hace un par de años tomamos la decisión de comenzar a trabajar e incorporar el feminismo de clase en nuestro proyecto de construcción territorial, el cual lo entendemos como una elaboración y creación permanente, al calor de la praxis concreta. Seguir leyendo Que lo discursivo se vuelva real: “Experiencias y apuestas hacia el feminismo de clase”

Inessa Armand: la obrera en la Rusia soviética

(Traducido directamente de: Bulletin Communiste, 1er año, no 17, 8 de julio de 1920, páginas 12-15. Bibliothèque Numérique du CERMTRI . Firmado como Helène Blonina, pseudónimo de Inessa Armand, revolucionaria rusa, dirigente del Departamento de la Mujer del Secretariado del Comité Central del Partido Bolchevique.)

El poder soviético ha sido el primero en crear las condiciones en la que la mujer podrá coronar, finalmente, la obra de su propia emancipación.

En el curso de los siglos, ha sido esclava. Al principio, bajo el reino de la pequeña producción, lo fue de la familia; después, con el desarrollo del capitalismo, pasó a serlo por triplicado: en el Estado, en la fábrica, en la familia Seguir leyendo Inessa Armand: la obrera en la Rusia soviética

Educación no sexista más allá de la miseria de lo posible

por Bárbara Brito //

Estos días fue publicada en El Mostrador una columna titulada “educación no sexista es educación pública democrática” escrita por dos militantes de Izquierda Autónoma, Javiera Toro y Valentina Saavedra. Llama la atención pues son pocos los análisis que comparten hoy la necesidad de ampliar el programa de la movilización. El problema es, ¿hacia dónde?

La agobiante violencia sexual hizo estallar movilizaciones en todo el mundo donde las mujeres dijimos “ya no más”. El movimiento #MeToo de las actrices de Hollywood, las huelgas de mujeres trabajadoras y de trabajadores el 8M de 2017 en diversos lugares del mundo: señales de la vitalidad de un nuevo movimiento de mujeres que llegó para quedarse. En Chile, este año la rabia se asentó principalmente en las universidades y liceos emblemáticos cuestionando el sexismo en la educación. Seguir leyendo Educación no sexista más allá de la miseria de lo posible

Entrevista a Luciano Lutereau, escritor y psicoanalista: “Desconfío del feminismo de varones”

Hablemos de psicoanálisis. En Edipo y violencia: por qué los hombres odian a las mujeres (Letras del Sur, 2017) decís que el psicoanálisis es una psicología comunitaria. ¿Fue una provocación?

—Dentro del mundo de la psicología hay una tensión entre el psicoanálisis y la psicología comunitaria. Se piensa que el psicoanálisis es una práctica encerrada en el consultorio, individual, y la psicología comunitaria es social, y cuando dije que era una psicología comunitaria es porque estoy cuestionando esa idea que no es fiel a ninguna de las dos prácticas: el psicoanálisis es una práctica interesada en los lazos sociales. No piensa al individuo en el aislamiento. Quizás esa frase es un poco vieja, pero hoy en día pasa con cuestiones de género. Hace poco en un artículo hice el chiste de que el psicoanálisis es la primera teoría de género. No hace falta agregarle teoría de género al psicoanálisis porque el psicoanálisis es, desde su fundación, una teoría de género. Pero claro, ahí tenemos un problema porque muchas veces los críticos del psicoanálisis no hablan de psicoanálisis sino de lo que escriben los psicoanalistas. Siempre lo que escribamos los psicoanalistas va a ser muy cuestionable. Tenemos nuestra práctica y la práctica es mucho más interesante que lo que podemos decir. Criticar a Freud, decir que era un machista y misógino del siglo XIX porque en un texto dice tal cosa es un argumento muy trivial. Es como cuestionar el peronismo porque Perón, no sé, era de Racing. Seguir leyendo Entrevista a Luciano Lutereau, escritor y psicoanalista: “Desconfío del feminismo de varones”

Las masivas movilizaciones de mujeres

por Carlolina Olmedo y Luis Thiellemann //

El denominado “mayo feminista” que estalló en Chile este año (véase Brecha, 1-VI-18) traspasó la frontera temporal con manifestaciones que se continúan en este mes de junio, y ya se ha convertido en la movilización feminista más grande de la historia de Chile y en una de las más grandes del mundo. Es todo un acontecimiento en la historia de las luchas sociales, sin duda, pero también en la pelea por la emancipación de las mujeres en Chile y el continente. Se trata de un movimiento que ha sido capaz de hacer mutar el escenario político y social chileno y a sus participantes en su totalidad. Un movimiento que ya ningún actor social o político puede obviar. Seguir leyendo Las masivas movilizaciones de mujeres

Protocolos contra la violencia sexual: entre lo punitivo y lo progresivo

por Yamila Urrutia y Joseffe Cáceres //

La irrupción de tomas y paros de mujeres en universidades y liceos ha protagonizado el debate nacional este último tiempo y no ha dejado a nadie indiferente. La violencia machista que vivimos las mujeres en todo el mundo ha llenado de fuerza al movimiento feminista, gritando “basta”, organizándonos y movilizándonos. Este movimiento, que toma mayor ímpetu, expresa el profundo hastío ante el machismo, sentimiento legítimo y progresivo luego de siglos de ser oprimidas y silenciadas. Sin embargo, como ante todo movimiento que busca transformaciones, no está ajeno de contradicciones, y el debate de sus perspectivas es fundamental para quienes buscamos realmente acabar con la violencia machista. Seguir leyendo Protocolos contra la violencia sexual: entre lo punitivo y lo progresivo

Feminismo en Chile: una crítica sistémica desde el Sur

por Carolina Olmedo Carrasco //

 

Dentro de la oleada de movilizaciones de masas que propiciaron el mayo feminista experimentado las últimas semanas en distintos puntos de América Latina y Europa, sin duda una de las experiencias de mayor proyección sistémica e irrupción ideológica afín al campo de la política anticapitalista es la movilización feminista chilena, que en poco menos de un mes ha instalado y estimulado un intenso debate público acerca del rol y la potencia del feminismo actual en la refundación de una izquierda para el siglo XXI. De este proceso da cuenta su acelerado trayecto político, que -a partir de una movilización universitaria contra el abuso y el acoso en las instituciones educativas iniciada en Valdivia el pasado 17 de abril- ha logrado entroncarse y conducir a una importante franja organizada de fuerzas sociales de cambio en las ciudades más importantes de Chile, interpretando en clave feminista la precarización de la vida devenida de un sistema económico de mercado y privatizador de derechos sociales. La intensidad de esta movilización, la proliferación de tomas y paros de mujeres en las principales universidades del país, ha llegado al punto en que incluso el presidente Sebastián Piñera, connotado referente de la derecha empresarial chilena, ha declarado haber “cometido errores” como hombre y ser feminista en la medida que esta denominación implica “creer en una plena y total igualdad de derechos, deberes y dignidad entre hombres y mujeres”. Y es que a su cierre, las prolongaciones de este inédito alzamiento de mujeres del sur se extienden como pequeñas rupturas que agrietan en su totalidad al mercado de la educación chileno: un campo empresarial en el cual convergen toda serie de actividades lucrativas (servicios, inmobiliaria, tecnología), que a su vez se ha convertido en uno de los principales espacios de producción de nuevas subjetividades juveniles Seguir leyendo Feminismo en Chile: una crítica sistémica desde el Sur

Enfrentadas al patriarcado: ola feminista en Chile

por Horacio Blum //

 

“Pink Lady usará Facebook e Instagram para conquistar a las mujeres chilenas (…) se enfocará en el público femenino y se vinculará con conceptos como coquetería y glamour.” Esta noticia de una campaña de venta de manzanas se publicó en El Mercurio, el diario más importante de Chile, mientras más de una docena de facultades universitarias de todo el país se encuentran tomadas por las estudiantes en lo que los medios han bautizado como “la ola feminista”, al tiempo que el gobierno trata de sacar todos los trucos de la manga para contenerla Seguir leyendo Enfrentadas al patriarcado: ola feminista en Chile

La utopía reformista del Frente Amplio, el peligroso encanto del punitivismo y la lucha por la total emancipación de las mujeres

por Bárbara Brito //

La ilusión de un movimiento de mujeres homogéneo
 
El 18 de mayo el Frente Amplio redacta una declaración titulada “El Frente Amplio valora la lucha del Movimiento Social Feminista”, planteando una unidad homogénea del movimiento, pasando por alto que conviven distintos intereses en su seno. Sin embargo, las socialistas sabemos que el movimiento de mujeres no es homogéneo. La principal diferencia en su interior es su división en clases sociales. Así como todas las mujeres vivimos la opresión de un sistema machista que nos trata como propiedad, cosificando nuestras vidas y cuerpos; no todas vivimos por igual esta opresión. Un sector de mujeres, su minoría, son a la vez parte de la clase explotadora: gerentas, propietarias –como la “matriarca” Iris Fontbona de los Luksic, primera fortuna nacional, o Liliana Solari Falabella–, accionistas, es decir, las mujeres de la clase capitalista. No es casual que dichas mujeres, son las que en muchos casos lideran las voces femeninas de las ideas dominantes. Su clase social, dueña de la riqueza, domina todas las esferas de la vida económica, social, cultural y política, producto de la apropiación privada del trabajo de millones de personas, la clase trabajadora, que para vivir debe vender su fuerza de trabajo, y encuentra en las mujeres el eslabón más débil de esa cadena. ¿Somos iguales las mujeres obreras, las empleadas de casa particular, las trabajadoras del comercio, minería; a las mujeres de la clase capitalista? Claramente no. Seguir leyendo La utopía reformista del Frente Amplio, el peligroso encanto del punitivismo y la lucha por la total emancipación de las mujeres

¿Qué es lo que nos une, el género o la clase?

por Asociación Intersindical de Trabajadoras y trabajadores Clasistas AIT.

“Mientras que para las feministas la consecución de la igualdad de derechos con los hombres en el marco del mundo capitalista actual representa un fin lo suficientemente concreto en sí mismo, la igualdad de derechos en el momento actual para las mujeres proletarias es solo un medio para avanzar en la lucha contra la esclavitud económica de la clase trabajadora” (Alexandra Kollontai, Los fundamentos sociales de la cuestión femenina)

Aportes para la construcción de un feminismo clasista al servicio de la mujer trabajadora

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Un siglo con Simone

por Higinio Polo //
La derecha nos arrebató primero las palabras (un ejemplo: ahora se llama modernizar a regresar a las condiciones laborales del siglo XIX) imponiendo un nuevo lenguaje. Después, está tratando de destruir nuestras referencias de siempre. Como a Simone de Beauvoir, una mujer cuya obra ha sido una contribución fundamental, entre otras cosas, en la lucha para la liberación de la mujer.

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Cincuentenario 1968: el feminismo revolucionario en las empresas

por| Annick Coupé, Christine Poupin

 

Prólogo al libro de Fabienne Lauret

Annick Coupé

Cuando Fabienne Lauret me hizo el honor de proponerme escribir el prólogo de su libro, he aceptado inmediatamente por dos razones.

La primera razón es que Fabienne y yo somos de la misma generación; las dos estamos comprometidas desde hace mucho tiempo con los movimientos sociales y su historia debía necesariamente interesarme. La segunda razón es que no ha habido (según mi conocimiento) libros de mujeres implantadas en las fábricas; ¡como si esa cuestión de la implantación de militantes de extrema izquierda en los años setenta solo hubiera concernido a los hombres Seguir leyendo Cincuentenario 1968: el feminismo revolucionario en las empresas

Simone Weil: lucidez y delirio

por Antonio García Vila //

Como a menudo se ha afirmado Simone Weil es una mística del siglo XX. Algo aparentemente contradictorio, pues el pasado siglo ya no parecía una época propicia para tales devaneos con el más allá –o el más acá, según se mire–, pero lo cierto es que Simone Weil tampoco es un personaje “normal”. Seguir leyendo Simone Weil: lucidez y delirio

Virginia Woolf: diario de una escritora

1922

Viernes, 23 Je junio

Jacob está siendo pasado a máquina por la señorita Green, y cruzará el Atlántico el día 14 de julio. Entonces comenzará mi temporada de dudas y de altibajos. Me voy a proteger de la siguiente manera. Procuraré tener adelantado un relato para Eliot, vidas para Squire, y Reading; de manera que pueda darle la vuelta a la almohada, según sea mi suerte. Si dicen que se trata de un inteligente experimento, me dedicaré a producir, en calidad de producto acabado, «La señora Dalloway en Bond Street». Si dicen, su narrativa es inverosímil, yo diré, y qué me dicen de la fantasía de la señorita Ormerod. Si dicen; «Ni uno de sus personajes consigue importarnos un pimiento», les diré que lean mis críticas. Pero ¿qué dirán del Jacob? Una locura, supongo; una rapsodia inconexa; no lo sé. Para formarme una opinión sobre este libro confiaré en volverlo a leer. Sobre volver a leer novelas es el título de un artículo muy trabajado, pero notablemente inteligente, destinado al Supt. Seguir leyendo Virginia Woolf: diario de una escritora

Simone de Beauvoir: la mujer y el materialismo histórico

La teoría del materialismo histórico ha sacado a la luz verdades importantísimas. La humanidad no es una especie animal: es una realidad histórica. La sociedad humana es una anti-physis: no sufre pasivamente la presencia de la naturaleza, la toma por su cuenta. Esta recuperación no es una operación interior y subjetiva, sino que se efectúa objetivamente en la praxis. De este modo, no podría ser considerada la mujer, simplemente, como un organismo sexuado; entre los datos biológicos, tienen importancia sólo los que adquieren en la acción un valor concreto; la conciencia que la mujer adquiere de sí misma no está definida por su sola sexualidad: refleja una situación dependiente de la estructura económica de la sociedad, estructura que traduce el grado de evolución técnica alcanzado por la humanidad. Hemos visto que, biológicamente, los dos rasgos esenciales que caracterizan a la mujer son los siguientes: su aprehensión del mundo es menos amplia que la del hombre; está más estrechamente esclavizada a la especie. Pero estos hechos adquieren un valor del todo distinto según el contexto económico y social. En la historia humana, la aprehensión del mundo no se define jamás por el cuerpo desnudo: la mano, con su pulgar aprehensor, ya se supera hacia el instrumento que multiplica su poder; desde los más antiguos documentos de la historia, el hombre siempre se nos presenta armado. En los tiempos en que se trataba de blandir pesadas clavas, la debilidad física de la mujer constituía una flagrante inferioridad: basta que el instrumento exija una fuerza ligeramente superior a la de la que ella dispone para que aparezca radicalmente impotente. Mas puede suceder, por el contrario, que la técnica anule la diferencia muscular que separa al hombre de la mujer: la abundancia no crea superioridad más que ante la perspectiva de una necesidad; no es preferible tener demasiado a tener suficiente.  Así, el manejo de un gran número de máquinas modernas no exige más que una parte de los recursos viriles: si el mínimo necesario no es superior a la capacidad de la mujer, ésta se iguala en el trabajo con el hombre. En realidad, hoy pueden desencadenarse inmensos despliegues de energía simplemente oprimiendo un botón. En cuanto a las servidumbres de la maternidad, según las costumbres, adquieren una importancia sumamente variable: son abrumadoras si se imponen a la mujer numerosos partos y si tiene que alimentar sin ayuda a los hijos; si procrea libremente, si la sociedad acude en su ayuda durante el embarazo y se ocupa del niño, las cargas maternales son ligeras y pueden compensarse con facilidad en el dominio del trabajo. Seguir leyendo Simone de Beauvoir: la mujer y el materialismo histórico

Los bolcheviques y las reivindicaciones feministas: una relación tumultuosa

Marijke Colle //

Fue una manifestación de mujeres la chispa que, en febrero de 1917, hizo estallar la revolución rusa. No obstante, las reivindicaciones feministas estaban lejos de ser una de las principales preocupaciones de los dirigentes revolucionarios de la época. El torbellino de la revolución trajo la emancipación de las mujeres rusas… antes de un rápido retorno al modelo tradicional de la familia Seguir leyendo Los bolcheviques y las reivindicaciones feministas: una relación tumultuosa

Alexandra Kolontái: la feminista bolchevique que se convirtió en la primera mujer en un Gobierno

por Santiago Mayor //

Aunque sus líderes más conocidos fueron Lenin, Trotsky y Stalin, hubo una mujer que sobresalió en un mundo hegemonizado por los hombres: Alexandra Kolontái, la primera mujer que formó parte de un Gobierno en la historia, al frente del Comisariado del Pueblo [Ministerio] para el Bienestar Social. Seguir leyendo Alexandra Kolontái: la feminista bolchevique que se convirtió en la primera mujer en un Gobierno

Es hora que Construyamos una Fuerza de Trabajadores, nuestra propia representación político social

por Patricio Guzmán//

La casta política, y la élite empresarial están profundamente desprestigiadas. Las instituciones están deslegitimadas, eso es lo que explica los ejercicios desde el gobierno de pirotecnia constitucional no convocante, el “proceso constituyente”, al tiempo que se asegura que no habría una Asamblea Constituyente, pero también explica el fracaso que cosechó con muy baja participación ciudadana. El 40% de abstención electoral y las dificultades de los grandes aparatos políticos – a lo que no les faltan los recursos – para cumplir con la ley de refichaje que ellos mismos aprobaron en el congreso nos hablan de una desafección profunda de la gente. Seguir leyendo Es hora que Construyamos una Fuerza de Trabajadores, nuestra propia representación político social

Las mujeres de 1917

En el Día Internacional de la Mujer de 1917, las trabajadoras del textil del barrio de Vyborg, en Petrogrado, se declararon en huelga, abandonaron las fábricas y fueron de taller en taller, en piquetes de cientos de personas, para extender la huelga y enfrentarse violentamente a la policía y el ejército. Poco cualificadas, mal pagadas, obligadas a trabajar durante 12 o 13 horas por jornada en un entorno sucio e insalubre, las mujeres pedían solidaridad y reclamaban a los hombres que actuaran, especialmente a aquellos trabajadores cualificados que trabajaban en empresas de maquinaria y metalúrgicas, que se consideraban los más conscientes políticamente e influyentes socialmente de la mano de obra de la ciudad. Las mujeres lanzaron palos, piedras y bolas de nieve contra las ventanas de las factorías y forzaron la entrada en los centros de trabajo, exigiendo el fin de la guerra y el retorno de sus hombres del frente.

De acuerdo con numerosos coetáneos e historiadores, aquellas mujeres que se manifestaban para exigir pan –con métodos de protesta consagrados y primitivos para reclamar demandas puramente económicas y guiadas más por la emoción que la preparación teórica– desencadenaron sin saberlo la tempestad que acabó con el zarismo, antes de desaparecer tras los grandes batallones de trabajadores masculinos y partidos políticos dominados por hombres. Desde el comienzo de las huelgas de febrero, en las manifestaciones se corearon consignas contra la guerra. La audacia, la determinación y los métodos de las mujeres ponían de manifiesto que ellas sabían cuál era la raíz de sus problemas, la necesaria unidad de la clase obrera y la importancia de convencer a los soldados de que dejaran de proteger el Estado zarista y apoyaran la revuelta. Trotsky explicó más tarde:

Las mujeres trabajadoras desempeñan un papel importante en la relación entre obreros y soldados. Se acercan a los cordones militares con más atrevimiento que los hombres, sujetan los rifles, suplican, casi ordenan: “Bajad las bayonetas y uníos a nosotras”. Los soldados están nerviosos, avergonzados, intercambian miradas inquietas, vacilan; alguno es el primero en decidirse y entonces las bayonetas se alzan abochornadas por encima de los hombros de la multitud que avanza.

Al término del 23 de febrero, los soldados que habían estado haciendo guardia ante las cocheras del tranvía acudieron al llamamiento de las trabajadoras del tranvía a que se les unieran dentro, y los tranvías pasaron a utilizarse como barricadas contra la policía. El convencimiento de los soldados para la causa no fue simplemente resultado de la pesada carga de la guerra para la tropa o la espontaneidad infecciosa de las protestas. Las trabajadoras del textil se habían relacionado desde 1914 con gran número de soldados, en su mayoría campesinos, en Petrogrado. Los hombres en los cuarteles y las mujeres en las fábricas que habían acudido a la ciudad procedentes de las mismas zonas entablaron conversaciones y establecieron relaciones, difuminando la divisoria entre obrero y soldado y permitiendo a las trabajadoras percatarse claramente de la necesidad de un apoyo armado.

Las mujeres trabajadoras estuvieron a pie juntillas en la primera línea de la Revolución de Febrero, que culminó con la caída del zarismo. No fueron meramente la chispa, sino el motor que la impulsó adelante, a pesar de los recelos iniciales de muchos trabajadores y revolucionarios masculinos. Suele calificarse la Revolución de Febrero de espontánea, y en cierto sentido esto es cierto: no fue planeada ni llevada a cabo por revolucionarios. Pero la espontaneidad no equivale a falta de conciencia política. Las experiencias de las mujeres que asaltaron las fábricas de Petrogrado cuando tanto los trabajadores como los cabezas de familia les obligaban a hacer cola durante horas para conseguir alimentos para sus hogares, suprimió la distinción entre la demanda económica de pan y la reivindicación política de poner fin a la guerra. Las circunstancias materiales hicieron que se culpara por el hambre y la miseria a quien correspondía: a la guerra y a los políticos que la dirigían. Estas demandas no podían satisfacerse sin un cambio político radical.

Además, las mujeres bolcheviques desempeñaban un papel crucial en la huelga, habiendo dedicado muchos años de esfuerzo a organizar a las trabajadoras no cualificadas, a pesar de ciertas actitudes entre algunos hombres de su propio partido, que decían que organizar a las mujeres era, en el mejor de los casos, distracción de la lucha contra el zarismo y, en el peor, hacer el juego a las feministas de las clases altas que alejarían a las mujeres de la lucha de clases. Muchos hombres en el movimiento revolucionario pensaban que las manifestaciones del Día Internacional de la Mujer eran prematuras y que las trabajadoras debían esperar a que los trabajadores cualificados estuvieron listos para emprender la acción decisiva. Fueron militantes femeninas, una minoría en el partido, quienes abogaron por convocar una reunión de trabajadoras en el barrio de Vyborg para hablar de la guerra y de la inflación y fueron activistas femeninas quienes convocaron una manifestación contra la guerra en el Día Internacional de la Mujer. Una de ellas fue Anastasia Deviátkina, una bolchevique y trabajadora industrial que después de la Revolución de Febrero construyó un sindicato de esposas de soldados.

Después de febrero, las mujeres desaparecen casi totalmente de la crónica como parte integrante del desarrollo de la revolución a lo largo de 1917, aparte de algunas revolucionarias destacadas como Alexandra Kollontái, Nadeshda Krúpskaia e Inessa Armand, citadas a menudo tanto por su vida privada como esposas y amantes como por su actividad práctica y sus aportaciones teóricas.

En los órganos administrativos surgidos de las cenizas del zarismo casi no había mujeres. Algunas estaban presentes en consejos municipales, como delegadas a la Asamblea Constituyente o diputadas de un sóviet. Los comités de fábrica estaban dominados por hombres, incluso en centros en que la mayoría de la plantilla eran mujeres. Los motivos de ello eran dobles y estaban relacionados: las mujeres todavía tenían la tarea de alimentar a sus familias en circunstancias difíciles y carecían de confianza y educación, así como de tiempo, para dar un paso adelante o comprometerse mucho en la actividad política. La vida que habían llevado las trabajadoras en Rusia a lo largo de siglos, la realidad material de su opresión, condicionaban su capacidad de compatibilizar el aumento indudable de su conciencia política con el compromiso político.

Antes de 1917, Rusia era una sociedad predominantemente campesina; la autoridad absoluta del zar estaba consagrada y era reforzada por la iglesia y se reflejaba en la institución de la familia. El matrimonio y el divorcio estaban sometidos al control religioso; las mujeres estaban subordinadas legalmente, consideradas una propiedad e infrahumanas. Proverbios rusos comunes incluyen expresiones como esta: “Pensaba que veía a dos personas, pero no era más que un hombre con su mujer.” El poder del hombre en el hogar era absoluto y se esperaba de la mujer que fuera pasiva en condiciones brutales, entregada del padre al marido y a menudo víctima de la violencia autorizada. Las mujeres campesinas y trabajadoras se enfrentaban a castigos y a trabajos pesados en los campos y las fábricas, con la importante carga añadida del cuidado de los hijos y las responsabilidades domésticas en una época en que los partos eran difíciles y peligrosos, no existían los anticonceptivos y la mortalidad infantil era elevada.

Sin embargo, la implicación política de las mujeres en 1917 no vino de la nada. Rusia era una contradicción: paralelamente a la profunda pobreza, la opresión y la tiranía que sufría la mayoría de la gente, la economía rusa estuvo en auge durante las décadas anteriores a 1905. Enormes fábricas modernas producían armas y ropa, el ferrocarril conectaba las ciudades en rápido crecimiento y las inversiones y técnicas de Europa dieron lugar a fuertes incrementos de la producción de hierro y petróleo. Estos drásticos cambios económicos generaron una inmensa transformación social en los años que precedieron a la primera guerra mundial: cada vez más mujeres campesinas iban a trabajar a las fábricas en las ciudades, empujadas por la pobreza y animadas por empresarios que, gracias a la mecanización, generaban más puestos de trabajo no cualificado y cuya preferencia por una mano de obra dócil dio lugar a un enorme aumento del número de mujeres empleadas en la producción de lino, seda, algodón, lana, cerámica y papel.

Muchas mujeres habían participado en las huelgas del sector textil en 1896, en manifestaciones contra la leva antes de la guerra ruso-japonesa y, sobre todo, en la revolución de 1905, durante la cual trabajadoras no cualificadas de fábricas textiles, de tabaco y confitería, junto con empleadas domésticas y lavanderas, hicieron huelga e intentaron crear sus propios sindicatos en el marco de la revuelta masiva. El efecto de la primera guerra mundial contribuyó decisivamente al aumento del peso económico y político de las mujeres. La contienda destrozó las familias y alteró completamente la vida de las mujeres. Millones de hombres fueron destinados al frente, muchos fueron heridos o murieron, obligando a las mujeres a labrar los campos, sacar adelante los hogares y trabajar en las fábricas. Las mujeres representaban el 26,6 % de la mano de obra en 1914, pero casi la mitad (el 43,4 %) en 1917. Su proporción aumentó drásticamente incluso en los empleos cualificados: si en 1914 solo representaban el 3 % de la mano de obra en la industria metalúrgica, en 1917 la cifra había aumentado al 18 %.

En la situación de doble poder instaurada por la Revolución de Febrero, las acciones de mujeres no cesaron, pero pasaron a formar parte del proceso que supuso la pérdida del apoyo de la clase obrera por parte del gobierno a favor del sóviet y, en el interior de este, por parte de la dirección socialista moderada de los mencheviques y socialistas revolucionarios a favor de los bolcheviques en el mes de septiembre.

La esperanza de la clase obrera de que su vida mejoraría con la caída del zar se vio defraudada por el gobierno y la dirección del soviet, que decidieron continuar la guerra. En mayo, las manifestaciones antiguerra forzaron la caída del primer gobierno provisional formado por una coalición de los dirigentes mencheviques y socialistas revolucionarios del soviet con los liberales. La frustración de los trabajadores y trabajadoras dio pie a nuevas huelgas, encabezadas nuevamente por mujeres. Unas 40 000 lavanderas, miembras de un sindicato dirigido por la bolchevique Sofia Gonchárskaia, se declararon en huelga por un aumento salarial, la jornada de ocho horas y la mejora de las condiciones de trabajo: medidas de higiene y salud, prestaciones de maternidad (muchas trabajadoras ocultaban su embarazo hasta que daban a luz en la misma fábrica) y fin del acoso sexual. En palabras de las historiadoras Jane McDermid y Anna Hillyer:

Junto con otras activistas del sindicato, Gonchárskaia había ido de una lavandería a otra convenciendo a las mujeres a unirse a la huelga. Llenaron cubos de agua fría para apagar las estufas. En una lavandería, el propietario atacó a Gonchárskaia con una palanca; la salvaron las lavanderas que lo agarraron por detrás.

En agosto, ante los intentos del general Kornílov de aplastar la revolución, las mujeres se reunieron para defender Petrogrado, construyendo barricadas y organizando la asistencia médica; en octubre, mujeres del partido bolchevique participaron en la prestación de asistencia médica y en las cruciales comunicaciones entre localidades; algunas eran responsables de coordinar el levantamiento en distintas zonas de Petrogrado, y también había mujeres en la Guardia Roja. McDermid e Hillyer describen otra implicación de mujeres bolcheviques en octubre:

La conductora del tranvía A.E. Rodiónova había escondido 42 rifles y otras armas en su cochera cuando el gobierno provisional intentó desarmar a los trabajadores tras las jornadas de julio. En octubre se encargó de asegurar que dos tranvías con ametralladoras salieran de la cochera para asaltar el Palacio de Invierno. Tuvo que asegurar que el servicio de tranvía funcionara durante la noche del 25 al 26 de octubre para contribuir a la toma del poder y comprobar la situación de los puestos de la Guardia Roja en toda la ciudad.

La trayectoria de la revolución ensanchó la fisura entre las trabajadoras –para quienes la guerra era la causa de sus problemas y cuyos llamamientos a la paz se intensificaron a medida que avanzaba el año– y las feministas que seguían apoyando el derramamiento de sangre. Para la mayoría de las feministas liberales de clase alta que defendían la igualdad ante la ley y en la enseñanza y la reforma social, esas conquistas se obtendrían mostrándose leales al nuevo gobierno y apoyando el esfuerzo de guerra. Las muestras de patriotismo formaban parte del intento de obtener un asiento junto a la mesa. La Revolución de Febrero relanzó la batalla de las feministas por el sufragio universal, que supuso un importante paso adelante cuando se aprobó en julio. Sin embargo, para la mayoría de mujeres el derecho al voto no suponía una gran diferencia en su vida, que seguía sometida a la escasez, las largas jornadas de trabajo y la lucha por mantener a la familia unida. Tal como había escrito Alexandra Kollontái en 1908:

Por muy radicales que parezcan las reivindicaciones de las feministas, no hay que perder de vista el hecho de que las feministas no pueden, dada su posición de clase, luchar por el cambio fundamental de la estructura económica y social contemporánea sin el que la liberación de las mujeres no puede ser completa.

Para la mayoría de las mujeres trabajadoras y campesinas, las cuestiones de opresión e igualdad no se planteaban de forma abstracta, sino que surgían concretamente del proceso de lucha por la mejora de sus vidas y de las de sus hombres e hijos. Las que se politizaron abiertamente y adquirieron confianza, a menudo como afiliadas al partido bolchevique, lo hicieron a resultas de su propia acción colectiva contra la guerra y los políticos, acción que se centraba en la lucha contra el hambre, la guerra y por la propiedad de la tierra. Robert Service señala lo siguiente:

El programa político bolchevique resultó cada vez más atractivo para la masa de trabajadores, soldados y campesinos a medida que se agudizaba la agitación social y la ruina económica alcanzó un clímax en otoño. Pero solo con eso no podría haber habido una Revolución de Octubre.

Este proceso abarcó tanto a trabajadoras, campesinas y esposas de soldados como a sus homólogos masculinos. Sin el apoyo de la masa de mano de obra no cualificada en Petrogrado, en su mayoría mujeres, la insurrección de octubre no habría triunfado. El apoyo a los bolcheviques no fue ciego, sino el resultado, en palabras de Trotsky, de “un desarrollo cauto y doloroso de la conciencia” de millones de trabajadores, hombres y mujeres. Hasta octubre se había intentado todo: el gobierno provisional y los mencheviques los habían traicionado, las manifestaciones traían represión y escasos avances, que ya no satisfacían su esperanza de una vida mejor, y, sobre todo, el intento de golpe de Kornílov había puesto las cosas en su sitio: o sigues adelante o te aplastan. Un trabajador lo expresó de esta manera: “Los bolcheviques siempre habían dicho que ‘no somos nosotros quienes os convenceremos, sino la vida misma’. Y ahora los bolcheviques han triunfado porque la vida ha demostrado que su táctica es correcta.”

Fue un mérito de los bolcheviques tomarse en serio la cuestión de la mujer. Pese a que, visto desde hoy, las mujeres estaban muy infrarrepresentadas, dedicaron grandes esfuerzos a organizar y formar a las trabajadoras. El hecho de que los bolcheviques hicieran más que otros partidos socialistas por relacionarse con las mujeres no se debió necesariamente a un mayor compromiso con los derechos de las mujeres. Tanto mencheviques como bolcheviques eran conscientes de la necesidad de trabajar con las mujeres como parte de la clase obrera, pero los bolcheviques supieron integrar la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres en una estrategia basada en una acción de clase contra el gobierno y la guerra, mientras que los partidos que abogaban por la continuación de esta en virtud de sus pactos con los privilegiados y las empresas, no podían hacer mucho más que informar de las huelgas de las mujeres y hablar de los derechos políticos, sin poder ofrecer ninguna solución concreta a la presión material que sufrían las mujeres.

Los bolcheviques impulsaron cada vez más la organización y politización de las mujeres, en parte porque aprendieron del comienzo explosivo de Febrero y en parte gracias a la tenacidad de sus propias afiliadas. Destacadas mujeres bolcheviques como Kollontái, Krúpskaia, Armand, Konkordiya Samoilova y Vera Slútskaia, entre otras, llevaban tiempo batallando porque el partido dedicara un esfuerzo especial a organizar a las trabajadoras y desarrollar su educación política. Lucharon por convencer a sus camaradas masculinos de que las mujeres trabajadoras tenían una importancia crucial y no eran un elemento pasivo, conservador y atrasado que obstaculizaba la revolución. El periódico bolchevique Rabotnitsa (Trabajadora), publicado por primera vez en 1914 y relanzado en mayo de 1917, contenía artículos sobre la importancia de las guarderías y de una legislación que mejorara las condiciones de seguridad en los puestos de trabajo de las mujeres, y repetidamente subrayó la necesidad de la igualdad y de que las cuestiones de las mujeresincumbieran a todos los trabajadores.

El papel desempeñado por las mujeres en Febrero y su actividad como parte de la clase obrera de Petrogrado contribuyeron a cambiar el punto de vista de muchos hombres bolcheviques que decía que centrarse en las cuestiones de las mujeres daba pábulo a las feministas y de que la revolución la dirigirían los trabajadores (masculinos) más cualificados y políticamente conscientes. Sin embargo, fue una batalla ardua; cuando Kollontái propuso en abril una sección de mujeres dentro del partido, casi nadie le hizo caso, pese a que contaba con el apoyo de Lenin, cuyas Tesis de Abril no fueron recibidas con mucho mayor entusiasmo por la dirección bolchevique; de hecho, Kollontái fue la única que apoyó a Lenin en el comité central.

En los meses siguientes, sin embargo, quedó claro que tanto los argumentos de Lenin sobre la relación entre la revolución y el poder de los sóviets como la postura de Kollontái sobre la importancia de las mujeres trabajadoras se derivaban de la dinámica de la revolución y podían llevarla adelante. La prensa bolchevique, además de Rabotnitsa, afirmaba ahora que las actitudes machistas arraigadas ponían en peligro la unidad de la clase, y el partido batalló por que las mujeres estuvieran representadas en los comités de fábrica, criticó las actitudes de los hombres que consideraban que las mujeres eran una amenaza y trató de convencer a los hombres de que votaran por mujeres –especialmente en sectores en que estas eran mayoría– y las respetaran como compañeras de trabajo, representantes y camaradas.

Seis semanas después de la Revolución de Octubre, el matrimonio eclesiástico fue sustituido por el registro civil y el divorcio se concedía a petición de cualquier miembro de la pareja. Estas medidas se desarrollaron un año más tarde en el Código de Familia, que declaró a las mujeres iguales ante la ley. Se abolió el control religioso, poniendo fin de un plumazo a siglos de opresión institucionalizada; cualquier miembro de la pareja podía reclamar el divorcio sin tener que aportar ninguna justificación; las mujeres tenían derecho a administrar su propio dinero y ningún miembro de la pareja tenía derecho sobre las propiedades del otro. Se erradicó el concepto de ilegitimidad: si una mujer no sabía quién era el padre, se otorgaba la responsabilidad colectiva sobre el hijo a todos aquellos que habían mantenido previamente relaciones sexuales con ella. En 1920, Rusia fue el primer país en legalizar el aborto a petición de la mujer.

La revolución de 1917 fue iniciada y conformada por mujeres, y en el transcurso del año se pusieron en tela de juicio o eliminaron muchos prejuicios arraigados que consideraban a la mujer inferior, una propiedad, pasiva, atrasada, conservadora, no fiable y débil, gracias a la acción y al compromiso político de las mujeres. Sin embargo, al Revolución Rusa no abolió la dominación masculina ni liberó a las mujeres: las privaciones catastróficas de la guerra civil y las subsiguientes distorsiones del gobierno soviético lo impidieron. Las desigualdades se mantuvieron. Pocas mujeres ocuparon puestos de autoridad, pocas fueron elegidas a órganos administrativos y las ideas machistas no podían desaparecer sin más en las condiciones extremadamente adversas que siguieron a Octubre.

Durante la revolución, las mujeres no participaron en pie de igualdad con los hombres ni contribuyeron tan significativamente a los niveles superiores del proceso político, pero dentro de las limitaciones que les imponía su vida, desbordaron las expectativas y determinaron el devenir de la revolución. Como dicen McDermid e Hillyer:

Es cierto que la división del trabajo entre mujeres y hombres se mantuvo, pero en vez de concluir que las mujeres fracasaron a la hora de combatir el dominio masculino, podríamos tener en cuenta cómo maniobraron dentro de su esfera tradicional y qué significaba esto para el proceso revolucionario.

Las mujeres fueron parte integrante de la revolución de 1917, haciendo historia junto con los hombres, no como espectadoras pasivas o nulidades políticas, sino como participantes valerosas cuyo compromiso fue más significativo para el rechazo de la opresión arraigada. Ver la revolución con los ojos de las mujeres nos proporciona una lectura más rica de lo que sigue siendo el momento histórico más transformador para la vida de las mujeres.

Crítica a Federici: de la quema de brujas al trabajo productivo

por Guillem Murcia//

A Silvia Federici se la conoce por su conjugación del análisis marxista y feminista en su obra, con un énfasis en el fenómeno de la (así llamada por Marx) “acumulación primitiva” y la subyugación de las mujeres dentro de las sociedades capitalistas. Vaya por delante que una aportación que intenta incluir la perspectiva feminista en el análisis marxista es, en mi opinión, algo muy meritorio. Si podemos definir feminismo en un sentido amplio como el estudio de las causas, mecanismos y efectos de la desigualdad de las mujeres y hombres, y como la práctica/movimiento que busca la igualdad entre mujeres y hombres, parece claro que una situación de desigualdad evidente en muchos aspectos de la sociedad actual no puede ser ajena a una tradición teórica como el marxismo que busca analizar y cambiar esta misma sociedad: la desigualdad material, la desproporcionada presencia de precariedad laboral en las mujeres trabajadoras, la violencia de género o sexual, la mayor probabilidad de sufrir el trabajo a tiempo parcial no deseado, la posibilidad de ser víctimas de tráfico por redes de prostitución o de verse como meros objetos comerciales en la reciente iniciativa por legalizar el alquiler de vientres son algunos de un sinfín de problemáticas que afectan exclusiva o desproporcionadamente a las mujeres.

Pero precisamente el que ésta sea una empresa meritoria y el respeto a la validez intelectual de quien hace aportaciones a ellas conlleva que se puedan realizar críticas a estas aportaciones igual de serias que las que se hacen en otros temas. Lo contrario sería paternalismo (pensar que es un tema en el que hay que tener permisividad) o una falta preocupación por la cuestión. En Federici en concreto hay dos aspectos que me parecen problemáticos cuando valoramos la utilidad de su obra.

La caza de brujas

El primero de ellos es una cuestión relativamente directa e histórica, que sustenta la argumentación de su obra “Calibán y la Bruja”. En este libro, Federici viene a desarrollar un análisis que fundamenta el surgimiento del modo de producción capitalista en la esclavización de nativos de tierras coloniales y al saqueo de éstas por parte de poderes imperiales (aclara que la trata de esclavos “fue una desgracia para los trabajadores europeos” p. 160), y en la separación de las mujeres de la esfera del trabajo productivo.

La primera cuestión es poco controvertida y es justamente la que toca Marx en el primer tomo de El Capital. En la segunda, Federici identifica como conditio sine qua non para el surgimiento y mantenimiento del modo de producción capitalista el aprisionamiento de las mujeres en el plano del trabajo reproductivo: el cuidar del hogar del varón, criar y educar a sus hijos, etc. sobre el que volveremos más adelante. La cuestión histórica aquí está en que en este proceso de destierro de las mujeres al ámbito del trabajo reproductivo Federici adscribe un papel fundamental a oleada de quema de brujas que asoló Europa y América del Norte entre los siglos XV y XVIII. Para ella, esta fiebre de caza de brujas tuvo una serie de efectos no sólo importantes, sino imprescindibles para el surgimiento del modo de producción capitalista. Así:

Se conjugó con el retrato de las mujeres como seres salvajes, “mentalmente débiles, rebeldes e insubordinadas”, lo cual abrió el camino para que durante la Revolución Industrial la visión se revirtiera, al considerárselas ahora relegadas al campo del trabajo reproductivo y por tanto “seres pasivos, asexuados, más obedientes y moralmente mejores que los hombres” (p. 160), es decir, el paradigma de la “buena esposa”.

Enfrentó a los proletarios (categoría con la que engloba a la población común en general) entre sí, en base a su género al hacer creer a los hombres que las mujeres eran seres temibles capaces de destruir al sexo masculino. Esta propaganda “separó a las mujeres de los hombres”; según la autora, “no hay duda de que los años de propaganda y terror sembraron entre los hombres las semillas de una profunda alienación psicológica con respecto a las mujeres, lo cual quebró la solidaridad de clase y minó su propio poder colectivo” (págs. 259-261).

Se fundamentaba en el ataque al pensamiento mágico a fin de pavimentar la vía hacia la disciplina de trabajo capitalista. Así, la “magia” era un obstáculo que “impedía la normalización del proceso de trabajo” porque se apoyaba en una “concepción cualitativa del espacio y del tiempo” (p. 195). Para Federici, esta concepción del cosmos que atribuía poderes especiales al individuo era incompatible con la disciplina del trabajo capitalista, ya que atribuía poderes “impredecibles” a sus practicantes, amén de admitir la posibilidad de que estableciera una relación privilegiada con los elementos naturales y la existencia de poderes a la que sólo algunos individuos tenían acceso (p. 238). La permisividad que existe en la actualidad para con la magia cotidiana es explicable para la autora porque ya no supone una amenaza a la disciplina laboral capitalista, que es dominante.

Estos elementos llevan a pensar al lector de “Calibán y la bruja” que la caza de brujas fue, como señalaba anteriormente, una pieza clave del desarrollo histórico de las sociedades occidentales que desembocó en el surgimiento del modo de producción capitalista. No fue un suceso histórico más o menos relevante, sino que fue esencial, paso previo y necesario para que surgiese el modelo económico en el que todavía nos hallamos inmersos, al encargarse de asignar a las mujeres un lugar en la reproducción del mismo (como buenas esposas y madres, imponiendo una “maternidad forzosa”, pág. 145), debilitar la solidaridad de clase (enfrentando a los proletarios entre sí, haciendo que una mitad desconfiase de la otra) y disciplinar a una población que desconocía hasta entonces la dinámica laboral capitalista (minando el “pensamiento mágico” que hubiese podido suponer un freno a la misma).

El problema que veo aquí es que para sostener la caza de brujas como clave de bóveda de transición hacia el modo de producción capitalista, los datos históricos que sustenten su desarrollo, alcance y magnitud deben estar muy claros. Federici otorga a este suceso histórico el rol de disciplinar a la mitad de la población trabajadora en el rol de reproductoras del capitalismo, algo que en mi opinión resulta interesante y a priori hasta razonable, puesto que puede servir para analizar con más detalle el origen y las causas de muchas problemáticas que, como señalaba al principio, afectan o exclusiva o desproporcionadamente a mujeres.

Y sin embargo, cuando uno busca los detalles de la magnitud de la caza de brujas a la que Federici otorga un papel tan crucial en el desarrollo histórico de este germen del capitalismo, Federici (pág 221-222) primero aclara que cree que los historiadores (incluso los marxistas, a los que se les presupondría un carácter más crítico) han olvidado el tema, “como si careciera de importancia para la lucha de clases”. E inmediatamente después afirma que las “dimensiones de la masacre” llegarían a suponer que “en menos de dos siglos cientos de miles de mujeres fueron quemadas, colgadas y torturadas”. Cuando leemos la nota al pie de página que acompaña este fragmento, en búsqueda de fuentes, encontramos lo siguiente:

“¿Cuántas brujas fueron quemadas? Se trata de una pregunta controvertida dentro la investigación académica sobre la caza de brujas, muy difícil de responder, ya que muchos juicios no fueron registrados o, si lo fueron, el número de mujeres ejecutadas no viene especificado. Además, muchos documentos, en los que podemos encontrar referencias a los juicios por brujería, aún no han sido estudiados o han sido destruidos. En la década de 1970, E. W. Monter advirtió, por ejemplo, que era imposible calcular la cantidad de juicios seculares a brujas que habían tenido lugar en Suiza puesto que frecuentemente éstos sólo venían mencionados en los archivos fiscales y estos archivos todavía no habían sido analizados (1976: 21). Treinta años después, las cifras siguen siendo ampliamente discrepantes.

“Mientras algunas académicas feministas defienden que la cantidad de brujas ejecutadas equivale a la de judíos asesinados en la Alemania nazi, Anne L. Barstow —a partir del actualizado trabajo de archivos— puede justificar que aproximadamente 200 000 mujeres fueron acusadas de brujería en un lapso de tres siglos, de las que una cantidad menor fueron asesinadas. Barstow admite, sin embargo, que es muy difícil establecer cuántas mujeres fueron ejecutadas o murieron por las torturas que sufrieron.

“Muchos archivos [escribe] no enumeran los veredictos de los juicios […] [o] no incluyen

a las muertas en presidio […] Otras llevadas a la desesperación por la tortura se suicidaron en la celda […] Muchas brujas acusadas fueron asesinadas en prisión […] Otras murieron en los calabozos por las torturas sufridas. (Barstow: 22-3) Tomando en cuenta además las que fueron linchadas, Barstow concluye que al menos 100 000 mujeres fueron asesinadas, pero añade que las que escaparon fueron “arruinadas de por vida”, ya que una vez acusadas, “la sospecha y la hostilidad las perseguiría hasta la tumba” (ibidem)”.

No parece que la nota respalde en absoluto la afirmación de Federici que situaría la cifra de mujeres víctimas de la caza de brujas en, como mínimo 200 000. No sabemos tampoco quienes son “algunas académicas feministas” que comparan la cifra de mujeres víctimas de la caza de brujas con la del exterminio nazi de los judíos pero, tal y como señalan en este hilo sobre la obra en Libcom, parece razonable suponer que una cifra de seis millones de muertes, habría dejado huella histórica que facilitara corroborarla: fosas comunes, restos humanos, registros, etc. Estamos hablando de que en la Europa del S.XVI, con una población de 70 millones, casi una de cada cinco mujeres habrían muerto en estas persecuciones.

Federici cita la obra de Anne L. Barstow, “Witchcraze: a New History of the European Witch Hunts” (Barstow 1994)⁠. Según Google Books, la obra narra el exterminio de “más de siete millones de mujeres de espíritu e inteligencia bajo la fachada de cazas de brujas en Europa”, aunque otro resumen muestra una versión diferente al afirmar que “durante tres siglos, aproximadamente cien mil personas, la mayoría de las cuales fueron mujeres, murieron bajo la mascarada de cazas de brujas, particularmente en la Europa de la Reforma”. Desconozco si los resúmenes pertenecen al libro, si se contradicen entre sí, o si ambas cifras se hallan en la obra corresponden a periodos o ámbitos geográficos distintos (y de ahí la disparidad). Otros estudiosos del tema, como Malcom Gaskill, estiman la cifra de víctimas de la caza de bruja entre 40 000 y 50 000 (Gaskill 2010), aclarando que en general sólo la mitad de las que eran sometidas a juicios bajo estas acusaciones acababan siendo condenadas (aunque esta proporción variaba mucho según el país; en Escocia llegaba al 80 % y en la caza de brujas de mayor magnitud que se dio en España, de 1900 acusadas sólo 11 fueron condenadas). Por supuesto estos números más reducidos que los asumidos por Federici no significan que el fenómeno no fuera horrible o que no estuviese entrelazado con cuestiones de misoginia, sexismo o persecución de las mujeres. Pero en ningún momento parece que las cifras se aproximen a las que Federici da por sentadas y que sirven para justificar la magnitud y por tanto la importancia del suceso histórico con respecto a la transición al capitalismo.

La cuestión del “pensamiento mágico” es un tema aparte, ya que hunde sus raíces en el libro “Wiches, Midwives and Nurses” de Barbara Ehrenreich y Deirdre English (Ehrenreich and English 2010), que defendía la centralidad de la condición de comadronas y sanadoras tradicionales de muchas de las mujeres víctimas de las cazas de brujas. La idea detrás del libro sería que la Iglesia y el Estado habrían buscado quebrantar el enorme poder y respeto que ejercían estas mujeres, acusándolas de brujas y mancillando su reputación. Esto habría desembocado en la devaluación del rol social de la mujer. Como he mencionado, Federici vincula esto con el desarrollo surgimiento del capitalismo, al señalar que el “pensamiento mágico” del que estas mujeres eran símbolo y faro, chocaba frontalmente con la necesaria disciplina de trabajo capitalista. La idea que desarrolla Federici en el texto (pág. 197) es, en resumen, que el la lógica capitalista necesita de un mundo inmutable y regular a fin de poder realizar su cálculo de probabilidades y por tanto anticiparse al futuro (imagino que aquí ella ubicaría el cálculo de futuros beneficios, riesgos empresariales, etc.). La magia sería una llave inglesa en las tuercas de esa lógica, un elemento que la dinamitaría, puesto que introduciría el azar, el caos y la imprevisibilidad y la indeterminación, y por tanto insubordinación ante la idea de que es necesario ir a trabajar al sitio X durante un número Y de horas.

La idea de que resultaba útil para el inicio del capitalismo el quebrantar una figura que encarnaba un espíritu pre-capitalista más libre e intuitivo suena plausible. Si además esta figura era mayoritariamente femenina, y se defiende que no sólo se atacó para desacreditarla, sino que se luchó para transformarla de sanadora y comadrona respetada en bruja aborrecida por la población, las piezas del puzzle parecen encajar: se trata de uno de esos pasos que Federici escribe que se darían a fin de subyugar a las mujeres a un puesto en la reproducción del orden capitalista. El problema es que los datos históricos no parecen apoyarla. En realidad según la historiadora Diane Purkiss no hay pruebas de que la mayoría de las acusadas de brujería fuesen sanadoras o comadronas y era más probable encontrar a las comadronas inglesas (y de algunos países continentales) ayudando a los cazadores de brujas en sus acusaciones a otras mujeres que como víctimas (Purkiss 2013). Y según el historiador de la medicina David Harley (no confundir con el famoso geógrafo), el ser una comadrona reducía las probabilidades de ser acusada de brujería (Harley 1990).

Trabajo productivo, improductivo y reproductivo

Creo que lo expuesto hasta ahora hace difícil defender algunos hechos y datos que Federici da por sentado en “Calibán y la Bruja”, y por tanto revela que los cimientos de su idea central son un poco más inestables de lo que pudiera parecer a primera vista. Sin embargo, no creo que deslegitime las ideas de esa obra. Supongo que es posible reformular lo que defiende en el libro incluso apoyándose en una revisión de los hechos. Por hacer una analogía: si uno piensa que existe una relación entre las ejecuciones durante una guerra y el clima de terror desatado para una posterior represión, el que se revisen las cifras de muertos en esa ejecución no necesariamente invalida la idea de que se buscase y consiguiese ese mismo clima de terror; podría defenderse que el efecto de un número más bajo pero más publicitado de ejecuciones consiguió el mismo efecto, por ejemplo.

Cuestión distinta es la crítica que realiza Federici a Marx en su “Revolution at point zero : housework, reproduction, and feminist struggle”. En la obra, Federici lanza un torpedo a la línea de flotación de buena parte del argumentario marxista que, si bien no la invalida por completo (hasta donde yo sé, tanto Federici como muchos de sus seguidores se consideran o marxistas o simpatizantes), sí que exigiría revisiones muy profundas del aparato conceptual del alemán. En concreto, me refiero a cuando afirma que (pág. 92):

“En el centro de esta crítica se halla el argumento de que el análisis del capitalismo de Marx se ha visto limitado por su incapacidad de concebir el trabajo productor de valor de otra forma que no sea la producción de mercancías y su consiguiente ceguera a la importancia del trabajo reproductivo de las mujeres en el proceso de acumulación capitalista. Ignorar este trabajo ha limitado la comprensión de Marx del auténtico alcance de la explotación capitalista y la función del salario en la creación de divisiones en la clase trabajadora, empezando por la relación entre mujeres y hombres. Si Marx hubiera reconocido que el capitalismo debe descansar tanto en una cantidad ingente de trabajo doméstico para la reproducción de la fuerza de trabajo, y la devaluación de estas actividades reproductivas a fin de rebajar el coste de la fuerza de trabajo, podría haber sido menos proclive a considerar el desarrollo capitalista como inevitable y progresista” (Federici 2012)⁠.

La crítica de Federici se dirige a la presunta incapacidad de Marx de evaluar uno de los aspectos cruciales para el mantenimiento de una economía capitalista: la reproducción de la fuerza de trabajo. Debido a que Marx basó buena parte de su obra, El Capital, alrededor de la centralidad del concepto de valor y plusvalor, sobre el cual se fundamenta su teoría de la explotación y la famosa Ley del Descenso Tendencial de la Ganancia. La lógica sería la siguiente: si no existe modo de producción capitalista sin reproducción de la fuerza de trabajo, y este trabajo (“reproductivo”) es realizado mayoritariamente por las mujeres, las mujeres también están siendo explotadas por el capitalismo, no sólo en tanto trabajadoras cuando el capitalista invierte dinero en pagarles a fin de ponerlas a trabajar, sino también como mujeres al estarles asignadas un lugar en la crianza, el cuidado y el mantenimiento de esa misma fuerza de trabajo.

 El “lugar” metafórico que ocuparían las trabajadoras en el capitalismo sería un lugar tanto como trabajadoras (en la producción) como de madres/esposas (de reproducción). Y este lugar metafórico se correspondería con un lugar físico: habitualmente el hogar, donde las mujeres cuidarían, limpiarían y cocinarían para sus maridos, pero también parirían, alimentarían y criarían a sus hijos. Todo este “trabajo doméstico no pagado” (en palabras de Federici) sería una super-explotación de las mujeres, una verdadera clave de bóveda de la reproducción del orden capitalista que Marx, por ignorancia, ceguera o sesgo, no habría sido capaz de ver.

A priori, la crítica parece razonable. Federici trata un tema que está en el centro de los roles de género en las sociedades, no sólo occidentales, sino en todo el globo: la asignación a las mujeres de las tareas de cuidados del hogar y crianza de los hijos, lo cual en muchos casos tiene vertientes en la estructura de clases y las desigualdades de género (como por ejemplo en la mayor proporción de mujeres en trabajo parcial).

 Entonces ¿dónde está el error de Federici? Gilles Dauvé dice que en realidad Federici elabora una teoría de las amas de casa y no de las mujeres (Dauvé 2015). Para el francés, la teoría deja de ser aplicable en los casos de mujeres que no cuiden de ningún familiar, o en aquellos en los que los hombres trabajadores vivan solos y por tanto no estén dependiendo de “super-explotar” a una mujer (pone el ejemplo de millones de asiáticos que dejan a sus familias para ir a trabajar durante largas temporadas en Oriente Medio). Pero esta crítica creo que no es demasiado contundente porque incluso aunque sea cierta en un sentido estricto, ello no invalida el hecho de que el rol de género asignado tradicionalmente a las mujeres es el de los cuidados y la crianza: aunque no se dé en todos los casos, es innegable que ha sido una característica histórica y que pervive en buena medida, y quizás la explicación de Federici sirve para explicar por qué esto ha sido así.

El problema con la argumentación de Federici es que simplemente, enturbia el significado de los términos y acaba criticando a Marx, no por algo que dijo o hizo, sino por no hacer algo que según ella debería haber hecho. Cuando Federici dice que “el análisis del capitalismo de Marx se ha visto limitado por su incapacidad de concebir el trabajo productor de valor de otra forma que no sea la producción de mercancías” está obviando el hecho de que en el marco teórico empleado por Marx en El Capital, la única producción de valor se deriva de la producción de mercancías. Esto no quiere decir que Marx no reconociera que hay numerosos objetos o servicios que pueden ser útiles para las personas y no ser mercancías, puesto que para ello es importante diferenciar valor de uso y valor, dos conceptos clave. Veamos el motivo y por qué esto hace que la crítica de Federici sea inválida.

Por qué Federici dispara sin apuntar

Una de las confusiones más frecuentes dentro del progresismo acerca de la tradición marxista es pensar que en El Capital, Marx pretendía explicar “todo sobre el capitalismo”. Así, algunos autores progresistas parecen mantener El Capital en la estantería como una suerte de libro sagrado que busca explicar todo lo que existe en las sociedades capitalistas. A la vez, y de forma contradictoria, suelen hacer poca referencia a sus conceptos centrales, prefiriendo el uso de citas aisladas, o de entronizarlo (y encuadrar a los que sí que se empeñan en insistir en ciertas ideas clave del texto como “ortodoxos”, “fosilizados” en contraposición a ellos, que serían librepensadores no limitados por corsés ideológicos). Esto mantiene El Capital rodeado de un aura mística: un libro enorme, complicado y confuso, obra de un señor con barba hace mucho tiempo, que contiene verdades reveladas, secretos del capitalismo. Y a su vez, desemboca en la desafortunada consecuencia de desanimar a la gente que podría leerlo y debatirlo, porque ya hay “expertos” que hablan del tema y lo entienden mejor que ellos. Contra esta actitud, el mejor antídoto es coger El Capital de la estantería y abrirlo, aunque sea para ver qué decía el autor, en sus propias palabras.

 Así se puede ver que en el mismísimo primer capítulo de El Capital distingue entre valor de uso (la utilidad que tiene un bien o un servicio para las personas, y que es condición sine qua non para que un bien o servicio sea una mercancía) y valor (la cantidad de trabajo socialmente necesaria dado un contexto social determinado, a fin de producir una mercancía y que servirá de fundamento último de otros dos elementos, valor de cambio con respecto a otras mercancías, y precio) (Marx 1986). Si bien el concepto de valor de uso es por tanto importante, no es el principal objeto de estudio de Marx ni de muchos de los economistas que han seguido su estela. A primera vista puede parecer absurdo que no sea el principal objeto de estudio (¡maldito Marx! ¿De que nos sirve estudiar la economía si no podemos entender cómo se genera la riqueza?). Esto se entiende mejor si se considera que se está analizando el modo de producción capitalista (MPC) y que éste no busca producir valores de uso para las personas como objetivo último, sino valor, a secas. O más concretamente, decimos que busca producir valor en una magnitud que exceda el que se retribuye al trabajador por la compra de su fuerza de trabajo: plusvalor. Ciertamente, al producirse valor mediante la producción de mercancías, también, por necesidad, se están produciendo valores de uso (puesto que como mencionábamos, el primer capítulo de El Capital ya apunta a estas dos cara de la mercancía: la del valor de uso y el valor).

Con un ejemplo se puede ver claramente: en febrero de 2009, durante la Gran Recesión, la producción automovilística en España se redujo en un 47,6 % respecto al año anterior. Si pensásemos que el MPC busca producir riqueza para las personas, como a menudo nos repiten muchos de sus más entusiastas defensores, esto no tendría sentido alguno. ¿Es que la gente dejó de verle utilidad a los coches? ¿Se incrementó el uso del transporte público de forma repentina por una concienciación masiva de los efectos contaminantes y sobre el cambio climático de los automóviles? No. Los fabricantes de coches (o de cualquier otra mercancía) no buscan producirlos para que tú puedas tener uno y hacer uso del mismo. Buscan obtener beneficios. Por supuesto, esos beneficios dependen en buena medida de que hagan un coche que puedas disfrutar. Pero lo que les interesa no es, de nuevo, la utilidad que tú obtengas del uso del vehículo, sino los beneficios. Y si de alguna forma pudiesen engañarte para venderte un coche defectuoso y que se cayera a pedazos por el mismo precio, aumentando su margen de beneficios de forma astronómica, lo harían. Lógicamente, el entramado legal en el que se mueve la economía (la existencia de derecho del consumidor, etc.) sirve de dique contra este tipo de abusos, pero no niega que la lógica subyacente es ésa. Se podría usar por tanto la metáfora de que el MPC es un modo de producción cuyo motor es la producción de mercancías, de valor, y su savia, el flujo de beneficios. Cuando en la tradición marxista se habla de la contradicción, o el antagonismo que encierra la mercancía, es porque contiene esos dos elementos: valor de uso (que es lo que como seres humanos buscamos, obtener una utilidad de bienes o servicios, disfrutar de la riqueza que constituyen) y valor (que es lo que busca el capitalista, aquel que invierte capital en el proceso de acumulación y al cual todo lo demás se le presentará como mero trámite para alcanzarlo, tu disfrute de la mercancía incluido). Y estos dos elementos entran en conflicto por ejemplo en el momento en que mediante la incesante búsqueda de mayor generación de valor, la competición entre capitalistas acaba por generar cortocircuitos en todo el proceso de producción (crisis) y por tanto disfunciones y problemas a la hora de producir bienes y servicios que podamos disfrutar las personas.

Pero volvamos a Federici: como hemos visto, no es que Marx fuera incapaz “de concebir el trabajo productor de valor de otra forma que no sea la producción de mercancías”, es que pensaba que el MPC descansaba de forma fundamental sobre la producción de mercancías, que para él era la producción de valor, que era lo que estudiaba. Es lo que él denominaba “trabajo productivo”. La crítica que Federici lanzaría sobre esta explicación es que Marx estaría padeciendo una ceguera ante otro tipo de trabajo, el “trabajo reproductivo”, igualmente necesario para el sostenimiento del MPC y que para Marx, sin embargo, sería “improductivo”. Al fin y al cabo, si no nacen y se crían trabajadores, no va a haber nadie que fabrique los coches, por muy rentable que sea hacerlo. Como ella afirma (pág. 29):

“Desde Lenin pasando por Gramsci hasta Juliet Mitchell, la tradición izquierdista al completo se ha puesto de acuerdo en la marginalidad del trabajo doméstico para la reproducción del capital y la marginalidad de la ama de casa a la lucha revolucionaria. […] Nuestro problema, al parecer, es que el capital ha sido incapaz de llegar hasta nuestras cocinas y dormitorios, con la doble consecuencia de que supuestamente permaneceríamos en un estadio precapitalista feudal, y de que cualquier cosa que hagamos en nuestros dormitorios es irrelevante para el cambio social. […] El por qué el capital permitiría sobrevivir a tanto trabajo no rentable, tanto trabajo no productivo es una pregunta que la izquierda nunca se formula, siempre confiando en la irracionalidad e incapacidad de planificar del capital” (Federici 2012)⁠ .

Una de los detalles que más a menudo suelen caer en el olvido de El Capital es algo que está en su mismo título completo, el que lee “El Capital: Crítica de la Economía Política”. Durante la obra Marx cita, a veces con deferencia y otras veces con una pluma crítica, a economistas clásicos como los famosos Adam Smith, Jean-Baptiste Say y David Ricardo y más. La clave aquí está en entender que la distinción de trabajo productivo/improductivo de Marx es una modificación del concepto, extraído de la economía clásica y adaptado a su marco teórico, y no implica aprobación o desaprobación alguna. Es simplemente una categoría que define el trabajo que es productivo para el capital. El propio Marx dice:

 “Un maestro de escuela será productivo no sólo cuando elabora las mentes de los niños, sino cuando moldea su propio trabajo para enriquecer al empresario. El que este último haya invertido su capital en una fábrica de enseñanza en vez de en una fábrica de salchichas no cambia en nada la relación” (Marx 1986).

Como se puede ver, Marx distingue entre trabajo productivo para el capital (trabajo que produce valor) y trabajo improductivo (el que no produce valor), porque está interesado en el concepto de valor y cómo éste tiene implicaciones importantes para analizar la dinámica de las economías capitalistas. Como explica Mick Brooks, un trabajador que produce misiles capaces de obliterar ciudades enteras para un contratista de defensa privado es un trabajador productivo. Los enfermeros y las médicas que salvan la vida de pacientes en un hospital público, no (Brooks 2005). Cuestión aparte sería la clase social a la que todas esas personas pueden pertenecer, ya que si no pueden mantenerse a sí mismos por encima de un nivel por debajo de la subsistencia a menos que tengan que trabajar, en mi opinión son trabajadores. Pero la ubicación específica en el MPC diferirá en base a si realizan trabajo productivo o no. Es cierto que la expresión nos puede sonar extraño en la actualidad, ya que acostumbrados a los mensajes de disciplina, asociamos el epíteto de “improductivo” como casi una amenaza. Pero de nuevo: esto no es una valoración o desaprobación de su trabajo, sino simplemente una categoría que es útil para explicar fenómenos de la economía capitalista, puesto que de acuerdo a la metáfora empleada anteriormente, el motor del MPC es la producción de valor y su savia vital, los beneficios.

Hemos visto que el valor en Marx es un concepto específico que se aplica con un sentido concreto y por tanto que no era “incapaz” de verlo en otros aspectos, sino simplemente que esos aspectos no entraban en la definición que él le daba en su marco teórico. También que la distinción entre “trabajo productivo” e “improductivo” es una categoría también relacionada con el concepto de valor y por tanto su uso sigue de esa lógica. Pero a Federici le queda una última bala en la recámara. En la página 93 escribe:

“Marx ignoró la existencia del trabajo reproductivo […] aún cuando exploró de forma meticulosa la dinámica de la producción de hilo y la valorización capitalista, fue escueto cuando trata la cuestión del trabajo reproductivo, reduciéndolo al consumo de los trabajadores de las mercancías que sus salarios podían adquirir y al trabajo que la producción de dichas mercancías requería. En otras palabras, como en el esquema neoliberal, en la versión de Marx, todo lo que se necesita para (re)producir la fuerza de trabajo es la producción de mercancías y el mercado. Ningún otro trabajo interviene para preparar los bienes que los trabajadores consumen o para restaurar física y emocionalmente su capacidad de trabajar. No hay diferencia entre la producción de mercancías y la producción de la fuerza de trabajo. Una línea de ensamblaje produce ambas” (Federici 2012).

Dicho de otra forma: bien, es posible que todo el tema de la producción de valor y de trabajo productivo tengan una lógica interna en el marco teórico de Marx. Pero su error reside en no ver que el MPC necesita del trabajo reproductivo de las mujeres que conscientemente elige ignorar. Como si fuera un economista burgués, deja fuera del ámbito de estudio el trabajo que realizan las mujeres. Por ejemplo: preparar el desayuno, comida y cena para que el trabajador pueda llegar al trabajo con fuerzas suficientes para apretar las tuercas o impartir las clases. O parir y educar a sus hijos para que no llegue exhausto al día siguiente por no haber dormido y a la vez, haya unos trabajadores el día de mañana que le puedan sustituir en el centro de teleoperadores o el bar. El que Marx cayera en esta omisión exhibe una fragilidad importante de todo su marco teórico expuesto en El Capital.

El problema es que, de nuevo, esto es simplemente incorrecto. Y lo más llamativo de todo es que en este caso ¡es Federici misma la que se contradice! En la página 94 escribe:

“Como era de esperar, aunque reconoce que “La conservación y reproducción constantes de la clase obrera siguen siendo una condición constante para la reproducción del capital”, Marx pudo añadir de forma inmediata “El capitalista puede abandonar confiadamente el desempeño de esa tarea a los instintos de conservación y reproducción de los obreros. Sólo vela por que en lo posible el consumo individual de los mismos se reduzca a lo necesario” (Federici 2012)⁠.

Es decir, ella misma reconoce, citando a Marx, que el alemán no hablaba de una “línea de ensamblaje produce ambas” (mercancías y fuerza de trabajo). Más bien al contrario, en la cita que la propia Federici aporta, Marx está hablando de que la reproducción de la fuerza de trabajo es un proceso en el que “el capitalista” no está involucrado directamente. Entendeos entonces que la reproducción de la fuerza de trabajo es algo diferente de la producción de mercancías. Y también que para llevarla a cabo, se necesita algo más que la producción y la venta de mercancías. Se necesita algo que “el capitalista puede abandonar […] a los instintos de conservación y reproducción de los obreros”. Federici estaría criticando un muñeco de paja, no lo que decía Marx.

Como explica Kliman, de este pasaje se deduce que para Marx hay por tanto dos procesos de producción en la sociedad capitalista. En uno proceso, el proceso de producción capitalista, el trabajo de los obreros junto a los medios de producción produce mercancías. En otro, que tiene lugar fuera de la esfera de producción capitalista, el trabajo doméstico reproduce la fuerza de trabajo (Kliman 2016) (y sí, es totalmente compatible con esta idea afirmar que bajo los roles de género tradicionales, éste es un trabajo que realizan desproporcionadamente las mujeres). Marx no está ignorando este segundo proceso, pero no es del que se ocupa en El Capital. La confusión que lleva a cabo Federici de los distintos conceptos en el análisis de Marx no tendría mayor relevancia si no fuera por el hecho de que la autora en realidad está tratando temas que, como he comentado al principio, me parecen muy relevantes y que merecen una crítica minuciosa. Y ello sobre todo desde posturas como las inscritas en la tradición marxista que haciendo honor a la máxima del alemán, no deberían contentarse con interpretar el mundo, sino que deberían aspirar a cambiarlo. Porque aunque parta de un análisis con el mejor de los objetivos (entender el por qué de la desigualdad de género, entre otros), el acabar enturbiando el significado de distintos conceptos usados por Marx, puede en última instancia ir calando de forma distorsionada entre quienes buscan tomar parte en ese mismo análisis, hasta que su tratamiento de problemas concretos y actuales de género adopte formas reaccionarias.

Como si fuera un bumerán, el empañamiento del análisis feminista con lugares comunes liberales (la sacralización del voluntarismo individual como supuesta expresión de la libertad) puede acabar volviéndose contra los objetivos que se perseguían. Un ejemplo es el debate actual sobre el alquiler de vientres. En la red se puede leer la legitimación de la práctica en la derecha, por parte de autoproclamados liberales que creen usar la lógica feminista para exponer contradicciones entre quienes se oponen a la misma. Y por eso, aún cuando la propia Federici haya firmado un manifiesto en contra de este negocio, sorprende leer idónea defensa de éste en el progresismo que haciendo uso de lógica liberal cubierta de un barniz “radical”, dice invocarla como inspiración y explicación.

Federici parece suponer que Marx intentaba explicar todo lo que ocurría en el capitalismo y por tanto, le acusa de ignorar un aspecto que resulta clave para el sostenimiento de éste: qué pasa en los hogares de los trabajadores, en sus cocinas, en sus dormitorios o en los paritorios. Pero como hemos visto, cuando Marx escribió El Capital, estaba centrado en elaborar una crítica de la economía política y por tanto, su atención se dirigía a un aspecto concreto: el proceso de producción de capital. Hay ejemplos y explicaciones de procesos históricos que apuntalan la teoría que se elabora en el texto, menciones de otros aspectos relevantes. Pero son eso, apoyos o menciones dentro del análisis concreto de un proceso particular (y extremadamente importante) inscrito en el modo de producción capitalista, así como de las consecuencias que se derivan del mismo. Por supuesto que es posible que Marx ignorase elementos importantes en su análisis o que cometiese errores, pero la crítica de Federici a Marx citada no acierta a señalar ejemplo alguno de ello.

 

 

Referencias:

Barstow, Anne Llewellyn. 1994. Witchcraze : A New History of the European Witch Hunts. Pandora. https://books.google.es/books/about/Witchcraze.html?id=knzm_3oe9TcC&redir_esc=y (July 20, 2017).

Brooks, Mick. 2005. “Productive and Unproductive Labour.” In Defence of Marxism. http://www.marxist.com/unproductive-labour1981.htm.

Dauvé, Gilles. 2015. “Federici versus Marx.” https://thecharnelhouse.org/2015/11/28/federici-versus-marx/.

Ehrenreich, Barbara., and Deirdre. English. 2010. Witches, Midwives & Nurses : A History of Women Healers. Feminist Press at the City University of New York. http://www.feministpress.org/books-n-z/witches-midwives-nurses-second-edition(July 20, 2017).

Federici, Silvia. 2012. Revolution at Point Zero : Housework, Reproduction, and Feminist Struggle. PM Press.

Gaskill, Malcolm. 2010. Witchcraft : A Very Short Introduction. Oxford University Press.

Harley, David. 1990. “Historians as Demonologists: The Myth of the Midwife-Witch.” Social History of Medicine 3(1): 1–26. https://academic.oup.com/shm/article-lookup/doi/10.1093/shm/3.1.1 (July 20, 2017).

Kliman, Andrew. 2016. “How Not to Evaluate the Relevance of Marx’s Capital.” Crisis & Critique 3(3).

Marx, Karl. 1986. 1 Capital: A Critique of Political Economy. The Process of Production of Capital. Progress.

Purkiss, Diane. 2013. The Witch in History: Early Modern and Twentieth-Century Representations. Routledge. http://www.citeulike.org/group/7813/article/3911315 (July 20, 2017).

El olvidado origen del Día de la Madre: la proclama pacifista contra las guerras quedó muy lejos de la celebración comercial

Aunque muchos crean que el Día de la Madre es una jornada simplemente comercial, cuyo origen es simplemente atribuible al afán de estimular las ventas, lo cierto es que fue una proclama antibelicista y una convocatoria a un congreso mundial de madres, lo que dio inicio a la fecha en cuestión. Seguir leyendo El olvidado origen del Día de la Madre: la proclama pacifista contra las guerras quedó muy lejos de la celebración comercial

Situación previsional de la mujer en Chile

Mujeres y pensiones, una realidad sólo corregible con la solidaridad de género e intergeneracional.-

  1. Las cifras de la previsión privada sobre la mujer trabajadora.

Las pensiones para las mujeres en el actual sistema privado resultan particularmente dañinas. Estos resultados ya se avizoraban deficitarios hacia el año 2002 por la DIPRES, de modo que no fue difícil proyectar las pensiones en base a un aporte estatal progresivo. Mesa Lago (et. al), mostraban lo que llamaban ‘tasa de sustitución en el sistema privado’, del 35 por ciento para las mujeres que se retiran a los 65 años, y del 46 por ciento para los hombres en igual edad. Agregaban que el 35 por ciento de las mujeres que tenían 40-45 años en el año 2004 percibiría una pensión inferior a la pensión asistencial, mientras que un 10 por ciento adicional recibiría una pensión mayor que la asistencial pero por debajo de la pensión mínima; por tanto, el 45 por ciento cobraría una pensión menor que la mínima[1].

Los cálculos desde la DIPRES si bien acertados, sin embargo fueron insuficientes.

La realidad es que un 66% de los trabajadores en Chile, con una gran mayoría de mujeres trabajadoras en ese universo, reciben pensiones bajo las 6 UF, vale decir, bajo la mitad de la PMAS, e incluso bajo las ya muy bajas tasas de reemplazo que se avizoraban para el sistema privado por los autores citados.

Entenderemos por Tasa de Reemplazo, el porcentaje del salario promedio de los últimos diez años de trabajo, que reemplaza la pensión.

La Comisión Presidencial de 2015, ratifica que tras los esfuerzos fiscales de carácter solidario, se encuadra una modalidad de pensiones totalmente deficitaria, diríase innecesaria, el Retiro Programado, lo que indudablemente cuestiona toda la columna vertebral del sistema privado, donde se radican las pensiones pobres especialmente de mujeres[2].

Esta verdad aplica incluso en los ingresos medios y altos, en salarios medio, pero especialmente en la población de bajos ingresos, donde el sistema golpea pagando bajos beneficios, incurriendo en los mismos altos costos de comisiones, que igualmente influyen en las bajas tasas de reemplazo en Chile.

No obstante, debemos decir que la TR de reemplazo en Chile es menor, cuanto mayor son los ingresos, y en los ingresos bajos y medios, golpea en silencio entregando la población al Pilar Solidario, donde se asigna un subsidio calculado de tal modo, que las pensiones decrecientes del Retiro Programado, al tocarla línea de la pobreza, sean mantenidas en ese límite por el subsidio estatal.

Para explicar estos antecedentes, partiremos por revisar la población trabajadora cotizante según tramos de ingresos definidos por la metodología de la OECD en el siguiente cuadro.

CUADRO Nº 1: NUMERO DE COTIZANTES POR NIVEL DE INGRESOS OECD

0,5 1 1,5 2 TOPE
HOMBRE 861.167 1.114.579 418.582 654.655 242.713
MUJER 571.342 900.996 320.328 177.862 99.887

 

SIENDO 1 NIVEL INGRESOS PROMEDIO BASE SP DE $ 735.000

ELABORACION PROPIA CONFORME DATOS DE SP y OECD [3]

 

Este resultado estadístico aplicado, lo expresaremos en base porcentual, para verificar el alcance de la metodología de la OECD, en término de totales de trabajadores cotizantes por tramo de ingresos.

GRAFICO N°1: DISTRIBUCION PORCENTUAL DE COTIZANTES POR NIVEL DE INGRESOS Y GENERO.

HOMBRES MUJERES

ELABORACION PROPIA CONFORME CUADRO ANTERIOR

Donde observamos que al aplicar la metodología OECD al promedio de ingreso salarial de la base estadística de la SP, confirmamos que el 60% de los trabajadores hombres en Chile se ubican bajo el promedio (1) de 735 mil pesos de ingreso; mientras en el caso de las mujeres, el 71% de las trabajadoras se encuentran bajo el nivel (1) promedio de ingresos de $ 622 mil pesos de la base estadística.

Esta base salarial, determina una TR, vale decir, un porcentaje de sustitución de ingresos salariales, por pensión, igualmente ya estudiada por la OECD para Chile, que expresamos a continuación.

CUADRO N° 18: TASA DE REEMPLAZO AFP EN PESOS, EUROS Y UF SEGÚN TRAMOS DE INGRESOS OECD 2015.

Relación            NIVEL INGRESO OECD
Ingresos con HOMBRES  (*)
T de R 0,5 0,75 1 1,5 2 3
$ (miles) 367 551 735 1.102 1.470 2205
EUROS 489 734 980 1.469 1.960 2940
UF 14,1 20,9 28,2 39,9 56,4 84
%TR OECD 39,4 33,9 32,8 32,9 32,9 32,9
PENSION UF 5,5 7 9,2 13,1 18,5 27,6
Pensión Euros 192 245 322 458 647 966
$ miles 144 183 241 343 485 724
MUJERES (**)
$ (miles) 311 465 622 933 1244 1.866
EUROS 414 620 829 1.244 1.658 2.488
UF 11,9 17,7 23,6 35,5 47,3 71
%TR OECD 36,7 31,1 28,8 28,8 28,8 28,8
PENSION UF 4,3 5,5 6,8 10,2 13,6 20,4
Euros 150 192 238 357 476 714
$ miles 112 144 178 267 357 535

INGRESO IMPONIBLE PROMEDIO:

HOMBRES (*)http://www.spensiones.cl/safpstats/stats/.si.php?id=inf_estadistica/aficot/trimestral/2016/03/33B.html

MUJERES (**)http://www.spensiones.cl/safpstats/stats/.si.php?id=inf_estadistica/aficot/trimestral/2016/03/34B.html

Elaboración propia a partir de cuadro anterior en relación a ingreso medio calculado conforme estos links asociados.

Donde observamos no sólo las pensiones pobres para mujeres, que en un 70% están bajo las 6,8 UF, o 178 mil pesos, sino también el deterioro de las pensiones en los rangos más altos de ingresos, siendo quienes tienen mayor daño previsional. El modelo, obtiene una alta ganancia de estos saldos. El retorno en estos tramos en torno a un tercio del salario del trabajador.

En los rangos medios y medios bajos, el sistema señala estar protegido por el subsidio estatal solidario decretado en la pomposa reforma del año 2008. Sin embargo, este subsidio ya resultó ser ineficaz, lo que obligó a citar a la comisión presidencial de expertos de 2015, y pese al aumento de cobertura solidaria desde la reforma de 2008, la población empobrecida por las bajas pensiones, se ubica en todos los tramos de ingresos.

No obstante, estas cifras de la OECD, son factores promedio, que nos sirven solo para explicitar una base de análisis, puesto que al llevar los datos promedio, a las cifras reales de comportamiento del sistema privado, nos encontraremos con sorpresas.

Veremos a continuación, cómo se expresan estos montos en ingresos efectivos por pensiones, en el “modelo” chileno.

Los siguientes son los rendimientos reales y estructurales del régimen de RP y RV según la base estadística de montos de pensiones de la SP (se excluyen, en ambos casos, los montos pagados por pensiones por invalidez, orfandad y viudez). Primeramente revisamos las pensiones pagadas por las AFP, de Retiro Programado (RP).

CUADRO N° 2: RETIROS PROGRAMADOS AFP A JULIO 2015 [4]

RP VEJEZ RP VEJEZ ANTICIPADA
TRAMOS DE PENSIONES HOMBRE MUJER HOMBRE MUJER TOTAL
+0.0-3.0 26.358 44.756 686 169 71.969
+3.0-4.0 27.117 75.175 1.422 468 104.182
+4.0-6.0 50.843 55.111 5.512 2.022 113.488
+6.0-8.0 4.214 3.038 1.597 501 9.350
+8.0-12.0 2.794 3.736 1.796 505 8.831
+12.0-42.0 6.603 5.559 7.450 818 20.430
+42.0 2.087 169 1.450 46 3.752
TOTAL 120.016 187.544 19.913 4.529 332.002

 

Donde podemos observar que la distribución de hasta 4 UF de pensiones, la mujer tiene la mayor distribución, que completa un 64% de pensiones. Agregado el segmento siguiente, de 4 a 6 UF, obtenemos un 93.3% de la mujer jubilada por AFP en Chile, tiene una jubilación menor a 6 UF (€ 210; $ 156.000).

En los hombres a su vez, el 89,2% equivalente a 104.318 trabajadores, de un total de 120.016, se pensionan con menos de UF 6 al mes.

En consecuencia, más de un 90% de pensiones pagas por las AFP son menores a 6 UF.

Si consideramos que la Pensión de Referencia PAFE, está en el rango sobre 12 UF, € 420, que superan el equivalente a la PMAS (UF 11,8), en consecuencia toda la población pensionada en Chile bajo esta modalidad, califica para Aportes Solidarios.

Por ello se requiere la reforma urgente de salida a esta crisis de las pensiones pobres, que, como ya sabemos, el gobierno demora, desde que en el actual sistema privado, no existe solución a este problema, que requiere por ello la urgente reforma de reparto que propone nuestro movimiento.

Pero sigamos revisando las pensiones privadas. El sistema, presenta un caballito de batalla como viable para su mantención, en las Rentas Vitalicias. Revisamos a continuación cual es la realidad en esta modalidad de pensión.

CUADRO N° 3: RENTA VITALICIA, MONTOS PENSION EN UF[5]

TRAMOS DE PENSIONES EN UF PENSIÓN DE VEJEZ EDAD PENSIÓN DE VEJEZ ANTICIPADA
HOMBRE MUJER TOTAL HOMBRE MUJER TOTAL
+0.0-3.0 419 216 635 785 62 847
+3.0-4.0 5.252 3.076 8.328 11.177 1.931 13.108
+4.0-6.0 20.942 11.955 32.897 59.915 10.124 70.039
+6.0-8.0 10.198 8.382 18.580 26.487 4.509 30.996
+8.0-12.0 9.395 11.659 21.054 24.824 4.425 29.249
SUBTOTAL 45.787 35.072 80.859 122.403 20.989 143.392
% 71,40% 75,30%
+12.0-42.0 14.602 14.288 28.890 39.076 5.314 44.390
+42.0 1.951 254 2.205 1.596 59 1.655
TOTAL 62.759 49.830 112.589 163.860 26.424 190.284

 

Donde podemos observar que en esta modalidad de pensión, también la mayor parte de las pensiones se encuentra bajo la PMAS, en un 71,4% por vejez edad, y en 75,3% en vejez anticipada.

Las pensiones por RV están castigando también las pensiones de los ingresos y saldos más altos en Chile, especialmente en la modalidad por vejez anticipada, que por financiar un período de tiempo mayor al de vejez edad, alcanzan los mayores SALDOS, constituyendo como hemos anticipado, el más suculento de los mercados de pensiones. Esta lógica hace altamente regresiva la pensión anticipada de RV, que va en contra de todas las recomendaciones de jubilar con mayor edad por la longevidad creciente en la Humanidad.

Todo lo contrario de lo propuesto por esta lógica de longevidad, el sistema privado chileno incentiva la jubilación anticipada, castigando fuertemente la calidad de la pensión de ese trabajador que, de seguir contribuyendo podría generar una pensión mejor.

La captación anticipada de saldos, antes de la edad legal de jubilación, demuestra que la intención de la ‘industria’, no va para nada en línea con la noción de envejecimiento de la población y la necesidad concomitante de elevar la edad de jubilación. Antes bien, según venimos relacionando, desde 10 años antes de la edad legal de jubilación se comienzan los estudios actuariales de jubilaciones anticipadas, que ignoran por completo todo el tinglado de estudios que las mismas entidades sugieren para el grueso de la población trabajadora, por cierto, ajena a este selecto grupo de las pensiones anticipadas.

  1. Los cálculos del subsidio estatal, Origen y actualidad.

Dos son los elementos que determinan una dependencia histórica del sistema privado respecto del primer pilar, estatal, o solidario como se le ha denominado en Chile.

Primero, el consabido costo de transición, que consiste en el costo fiscal de financiación de las pensiones, respecto de las contribuciones efectuadas por el trabajador durante su permanencia en las Cajas precedentes. Y segundo, el complemento de pensiones pagado por el Estado para alcanzar el monto de una pensión mínima de sobrevivencia, como línea de base de la pensión de un trabajador sin la densidad de cotizaciones suficiente para gestionar una pensión autofinanciada, y aún en este caso, cuando conforme a la ficha de protección social, su puntaje lo ubique dentro del 60% de quintiles de más pobreza en el país.

Iremos descomponiendo ambos elementos de soporte solidario o estatal, el costo fiscal de transición y el aporte solidario, especificando esta dependencia sistémica del modelo privado, y sus implicancias como tal modelo.

Al privatizar las pensiones, el Estado suprimió todas las corporaciones sin fines de lucro, denominadas Cajas de Previsión en Chile, creando al efecto un órgano público denominado Instituto de Normalización previsional, que fusiona todas las cajas, administrando en lo sucesivo, el erario de las mismas, con cargo al presupuesto fiscal.

Lo primero que resulta paradójico, es que teniendo estas cajas su propio patrimonio, no es este patrimonio fusionado el que se administra en lo sucesivo por el Estado para pagar las futuras pensiones de los trabajadores, sino que su costo se carga a impuestos generales, por lo que es un costo fiscal.

Este costo genera un déficit fiscal, que los agoreros del sistema, sin tapujos, se animan siempre a explicar. Schmidt Hebbel precisa “Este déficit tiene dos componentes: el déficit operacional, causado por la desviación de las contribuciones de los imponentes activos que cambian su afiliación al sistema de capitalización y el déficit de reconocimiento, causado por la transferencia de recursos estatales a los pensionados bajo el nuevo sistema de capitalización en reconocimiento de sus aportes históricos al sistema de reparto”[6].

Arenas de Mesa incorpora dos elementos adicionales a este cálculo, que preocupaban en la proyección fiscal al regreso de la democracia “La transición previsional –desde un esquema de reparto a otro de capitalización individual– dejó al Estado encargado tanto de la supervisión y fiscalización del sistema de pensiones de AFP como de un rol en la administración y pago de los beneficios del antiguo sistema público civil de pensiones; la administración, cálculo y pago de los Bonos de Reconocimiento; la administración y pago de las pensiones del esquema público previsional de las Fuerzas Armadas y de Carabineros; la administración y pago de la GEPM del sistema de AFP; y la administración del sistema público asistencial, que provee de pensiones no contributivas a los indigentes y personas carentes de previsión”[7].

La GEPM (Garantía Estatal de Pensiones Mínimas) proviene de una ley que se dirige exclusivamente a las pensiones de obreros en Chile, la ley 15.386, que estableció un Fondo de Revalorización de Pensiones para financiar un régimen de pensiones mínimas, el cual fue aprovechado por el sistema privado, en pro de que las pensiones privadas bajo el mínimo estatal, se hacen beneficiarias de los sistemas públicos[8]. Señala el artículo 26 de la norma: ” Artículo 1°-Créase el Fondo de Revalorización de Pensiones, que tendrá por objeto financiar un régimen de pensiones mínimas, compensar el deterioro sufrido por las pensiones de regímenes previsionales a causa de la desvalorización monetaria y mantener sus montos revalorizados de acuerdo con las disposiciones establecidas en esta ley[9]. [10].

Establecía la norma de reparto, un beneficio sólo a los obreros del SSS, cuyas cotizaciones no alcanzaban a cubrir la pensión de referencia exigida por ese régimen previsional, de manera que para no perder todas sus cotizaciones, se aprovechaban en lo que sirviera para financiar una pensión, cubriendo el SALDO hasta la PMGE, el Estado.

Esta norma propia, por su naturaleza de un sistema de reparto, se aplica directamente desde 1982 al sistema privado, según expresa la Circular N° 132, conjunta de la SAFP y la SVS, que en sus aspectos principales señala: “Ref.: Procedimientos para el pago de cuotas de garantía estatal por Tesorería General de la República. 1.- De acuerdo al D.L. 3.500 de 1980. y al D.S. N° 50 de 1981, ambos del Ministerio del Trabajo y Previsión Social, el Estado pagará la garantía estatal a la Administradora de Fondos de Pensiones o a la Compañía de Seguros que corresponda, en caso que las pensiones de invalidez, vejez y sobrevivencia determinadas de acuerdo a los cuerpos legales señalados, resultaren inferiores a la pensión mínima a que se refieren los incisos primero y segundo del Art.26 de la Ley 15.386”[11].

Estando esta norma adaptada desde temprano al sistema privado, hacia 1998 se reactualiza con permanentes ajustes desde la esfera administrativa del sistema, adaptándola a cubrir las pensiones mínimas que paga, mientras se opta desde la presidencia por liberalizar de modo definitivo la gestión de los fondos privados, como medio de paliar los déficits planteados al déficit operacional del Estado. Mientras, los déficits de dependencia con el Estado aumentan así su densidad, mientras tratan de mejorar su rendimiento vía inversión creciente de fondos en mecanismos aún más liberales.

La reforma solidaria del año 2008, abordó este futuro deterioro de pensiones pobres, concentrándose en los quintiles equivalentes al 60% más pobre de la población, como política de contención de extrema pobreza.

No avanzó sin embargo en precisar el porqué de la mala calidad de las pensiones en Chile, en notoria disonancia con una gran propaganda de grades rentabilidades de fondos en los mercados de dinero. Sin embargo, puso de relieve el deterioro de la calidad de vida de los pensionados, y de las pensiones propiamente tal en Chile.

Por un lado entonces, se sostiene el aparato privado subsidiando las pensiones más pobres con una pensión al límite de la línea de pobreza, indicador que no puede superar el país. Por otro, sin embargo, se destinan cifras que superan en diez veces la inversión estatal en corregir el modelo. Hay por ende espacio suficiente para sostener mejores pensiones sin recurrir a gravar al Estado y a los impuestos de la nación.

El uso de las pensiones garantizadas del régimen de obreros de la caja de seguro social precedente, Ley 15.836, para delinear las pensiones mínimas del régimen privado, actualmente, demuestra que no existe un sistema privado propiamente tal, sino que desde el inicio estableció una dependencia sistémica del régimen de reparto, la que sigue usufructuando con más fuerza cada vez, aprovechando la estructura del modelo de reparto presente.

Así, las pensiones privadas desde el tercer gobierno democrático de transición, quedan definitivamente asociadas a esta lógica de reparto, sin atender a los graves problemas estructurales que este sistema desarrollaba hacia estas fechas, subsidiando con las pensiones mínimas, por un lado, y perjudicando gravemente las pensiones de trabajadores de salarios medios altos y altos. Ello desde que asume, además, pagar las pensiones en un mercado laboral afectos a enormes presiones de flexibilidad laboral y por ende lagunas.

Los siguientes son los montos a la fecha pagados en Chile como pensiones estatales, garantizadas, asistenciales y solidarias, conforme a esta Ley 15.836, derivada del sistema de reparto, que regula el sistema solidario.

CUADRO Nº 26: PENSIONES ESTATALES: ASISTENCIALES, GARANTIZADAS, SOLIDARIAS Y DE REPARTO, JULIO 2015 [12].

PENSIONES MINIMAS del Art. 26 Ley Nº 15.386 Menores de 70 años 70 años y más, pero menores de 75 75 años de edad y más
Vejez, invalidez, años de servicios y otras jubilaciones $ 128.493.85 $ 140.498,14 $ 149.906,78
Viudez, sin hijos $ 83.384.14 $ 104.042,59 $ 104.042,59
Viudez con hijos $ 69.748.75 $   89.843,36 $   89.843,36
Orfandad y otros sobrevivientes $ 19.274.08 $   19.274,08 $   19.274,08
Madre de los hijos de filiación no matrimonial, sin hijos $ 50.030.47 $   69.335,65 $   69.335,65
Madre de los hijos de filiación no matrimonial, con hijos $ 41.849.28 $   60.816,24 $ 60.816,24
PENSIONES ASISTENCIALES del Art. 27 Ley Nº 15.386 Menores de 70 años 70 años y más, pero menores de 75 75 años de edad y más
Vejez e invalidez $   72.106,68 $ 140.498,14 $ 149.906,78
Viudez sin hijos $   41.692,09 $   41.692,09 $   41.692,09
Viudez con hijos $   34.874,39 $   34.874,39 $   34.874,39
Orfandad $     9.637,04 $     9.637,04 $     9.637,04
PENSIONES ESPECIALES Art. 39 Ley Nº 10.662
Vejez e invalidez $   40.988,81 $   99.595.41
Viudez $   28.354,14 $   42.965.10
Orfandad $     6.148,35 $     6.148,35
PENSIONES BÁSICAS SOLIDARIAS
(A partir del 1º de Julio de 2015)
Monto básico $     89.764
APORTE PREVISIONAL SOLIDARIO
(A partir del 1º de Julio de 2015)
Pensión máxima con Aporte Solidario $    291.778*
SUBSIDIO DISCAPACIDAD MENTAL
Monto básico a partir del 1º de Enero de 2016 $      64.272.82
CAJAS DE PREVISION – IPS
Monto Desahucio ex Caja de Empleados Particulares a partir del 1° de Enero de 2016 $    3.279.974
LIMITE MAXIMO INICIAL DE PENSIONES DE CAJAS DE PREVISION – IPS $    1.199.669
  • Asciende a $ 304.062 a septiembre de 2016[13]

 

La encuesta CASEN, instrumento cada vez mejor construido para caracterizar la pobreza, con metodología modificada el 2015, califica la ponderación sobre la línea de la pobreza como sigue: “El valor de la línea de pobreza obtenida al aplicar la metodología presentada alcanza $368.389 en abril de 2012, para el hogar promedio del grupo de referencia (de 4,43 personas). Por persona equivalente, la línea de pobreza era de $129,964 en abril 2012. En cuanto a la línea de pobreza extrema, su valor equivale a dos tercios de la línea de pobreza, lo que es cercano al gasto que realizan los hogares del grupo de referencia en alimentación, vivienda y vestuario. Se estima en $86.643 en abril 2012, para el hogar del grupo de referencia (de un tamaño promedio de 4,43 personas). La utilización de escalas de equivalencia implica, en vez de tener una única línea de pobreza y de pobreza extrema, expresada en valores per cápita, distintas líneas de pobreza y de pobreza extrema, cuyos valores dependen del tamaño del hogar”[14].

Pues es este valor de línea de la pobreza el que se encarga de suplir el Estado hoy para las pensiones pobres del sistema privado, mientras este sistema se jacta de tener invertidos alrededor de US$ 170 mil millones, pagando sin embargo pensiones miserables, estando radicados estos enormes fondos en empresas que lucran con ellos, hablamos de bancos, inmobiliarias, las mismas afp y cias de seguros, y los grupos financieros del retail y la bolsa, que financian y refinancian sus proyectos de super explotación con estos fondos, mientras mantienen en la línea de la pobreza al 96% de la mujer trabajadora.

Sólo nuestro proyecto de reforma solidaria y de reparto, aplicado en toda la OECD menos México y Chile, es capaz de revertir esta maniobra de capitalismo extremo en Chile, y garantizar a su vez, un programa de desarrollo que termine con la desigualdad y explotación extrema en Chile.

[1] Ver MESA LAGO (2006) Protección social en Chile: Reformas para mejorar la equidad. Revista Internacional del Trabajo, vol. 127 (2008), núm. 4. P.23. En http://www.mesa-lago.com/uploads/2/7/3/1/27312653/proteccion_social_en_chile.pdf

[2] COMISION PRESIDENCIAL DE PENSIONES 2015: RESULTADO DEL SISTEMA DE PENSIONES. COBERTURA Y EFICIENCIA. ANTECEDENTES DEL INFORME FINAL: CAP. 4. En: http://www.comision-pensiones.cl/Documentos/Capitulo?nombre=fgAvAEMAbwBuAHQAZQBuAHQALwBJAG0AYQBnAGUAbgBlAHMALwBDAGEAcABpAHQAdQBsAG8AcwAvAEMAQQBQAF8ANAAuAHAAZABmAA%3D%3D

[3] http://www.spensiones.cl/safpstats/stats/.sc.php?_cid=14:HOMBRES OPCION Número de cotizantes hombres por ingreso imponible y AFP. MUJERES OPCION Número de cotizantes mujeres por ingreso imponible y AFP.

[4] http://www.safp.cl/safpstats/stats/.si.php?id=inf_estadistica/afipen/mensual/t096.html

[5] http://www.safp.cl/safpstats/stats/.sc.php?_cid=45 OPCION Número y monto promedio en U.F. de las pensiones pagadas por Rentas Vitalicias en el Sistema Previsional (anuales)

[6] SCHMIDT HEBBEL Klaus; BENNETT Hermann (2001) Déficit Previsional del sector público y garantía de pension minima. En http://si2.bcentral.cl/public/pdf/revista-economia/2001/dic2001/Notas_01diciembre2001.pdf P.3

[7] ARENAS DE MESA, Alberto (2005), “Historia de la Reforma Previsional chilena. Una experiencia exitosa de política pública en democracia”, OIT, en http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—americas/—ro-lima/—sro-santiago/documents/publication/wcms_178562.pdfCit. P.48

[8] Ley 15.386, Fondo de Revalorización de Pensiones http://bcn.cl/1mhzi

[9] http://www.leychile.cl/Navegar?idNorma=28172.

[10]“Fondo de reserva de pensiones. A continuación, el proyecto dispone la creación de un Fondo de Reserva de Pensiones destinado a complementar el financiamiento de las obligaciones fiscales derivados de compromisos con el sistema de pensiones, del decreto ley N° 3.500, de 1980, de la garantía estatal de pensiones mínimas de vejez, invalidez y sobrevivencia, regulada en dicha normativa y de las pensiones asistenciales a que se refiere el decreto ley N° 869, de 1975. El objetivo que se persigue al crear este Fondo, es aminorar el impacto generacional que demandará el otorgamiento futuro de la garantía estatal a pensiones del nuevo sistema y las pensiones asistenciales. El aporte anual deberá efectuarse hasta el año en que los recursos acumulados en el Fondo alcancen una cantidad equivalente en pesos a 900.000.000 de Unidades de Fomento. Asimismo, el Fondo podrá incrementarse producto de la rentabilidad que se obtenga por la inversión de los recursos del Fondo, así como por los demás aportes que establezca la ley” http://www.bcn.cl/histley/lfs/hdl-20128/HL20128.pdf, P. 4.

[11] http://www.spensiones.cl/files/normativa/circulares/CAFP132.pdf.

[12] http://www.ips.gob.cl/pensiones-y-tramites-96642/121-montos-de-pensiones-minimas-y-basicas-solidarias

[13] http://www.spensiones.cl/portal/orientacion/580/w3-article-5786.html

[14] Nueva Metodología de Medición de la Pobreza por Ingresos y Multidimensional Serie Documentos Metodológicos Nº28 Versión revisada: 26 de Enero de 2015. En: http://observatorio.ministeriodesarrollosocial.gob.cl/documentos/Nueva_Metodologia_de_Medicion_de_Pobreza.pdf P.17

 

(Fotografía, Mario de Biasi, Milán, 1954)

Este 8 de marzo: huelga internacional de mujeres

 

por Cinzia Arruzza

Organizaciones feministas, populares y socialistas alrededor de todo el mundo han llamado a la Huelga Internacional de Mujeres el 8 de marzo en defensa de los derechos reproductivos y contra la violencia hacia las mujeres, entendida como violencia económica, institucional e interpersonal.

La huelga tendrá lugar en al menos 40 países; será la primera coordinada internacionalmente a esa escala desde hace años: en términos de su tamaño y por la diversidad de organizaciones y países involucrados, será comparable a la manifestación internacional contra el ataque imperialista en Irak en 2003 y a las protestas internacionales coordinadas bajo la bandera del Foro Social Mundial y el movimiento por la justicia global a principios de los 2000.

Mientras que el movimiento Occupy, los Indignados, el Blacks Lives Matter logró tener un eco mundial y desencadenar manifestaciones, ocupaciones, y protestas en un número importante de países, hubo sin embargo, poca coordinación consciente internacional de coordinación entre varias organizaciones y grupos participantes. Por otro lado, las revoluciones árabes fueron también un extraordinario e histórico evento, pero las organizaciones sociales y políticas de otros países no construyeron una poderosa movilización coordinada internacionalmente en su apoyo.

Si esto sucede, la Huelga Internacional de Mujeres marcará un salto cualitativo y cuantitativo en un largo proceso de reconstrucción de una movilización social a nivel internacional contra el neoliberalismo y el imperialismo, a la cual varios movimientos de años recientes han dado forma, del Occupy a Gezi Park (en Turquía) de los Indignados al Standing Rock y el Blakc Lives Matter. Eso será señal también de una posibilidad concreta para un nuevo movimiento feminista, poderoso, anticapitalista e internacionalista.

¿Porqué lo llamamos “una huelga”?

Muchas discusiones sobre la huelga, particularmente en los Estados Unidos, se ha centrado en si es correcto llamar al 8 de marzo una “huelga”, en lugar de una manifestación. Esta crítica no tiene sentido. Las huelgas de mujeres siempre han sido más abarcadoras en sus objetivos y propósitos que las tradicionales huelgas sobre los salarios y las condiciones de trabajo.

En 1975, 90 % de las mujeres de Islandia estallaron una huelga en el lugar de trabajo y rechazaron hacer por un día el trabajo socialmente reproductivo no pagado para hacer visible el trabajo de la mujeres y su contribución a la sociedad en Islandia. Ellas exigían iguales salarios al de los hombres y el fin de la discriminación sexual en el trabajo.

En el otoño de 2016, las activistas polacas adoptaron la estrategia y el mensaje de la huelga de mujeres de Islandia y organizaron un huelga de mujeres masiva para detener un requerimiento en el parlamento que habría prohibido el aborto. Las activistas argentinas hicieron lo mismo en octubre para protestar contra la violencia machista hacia las mujeres.

Estos hechos – los cuales estimulan la idea para una amplia huelga en el Día de la Mujer – demuestran cómo una huelga de mujeres es diferente de una huelga general. Una huelga de mujeres surge de la reflexión política y teórica sobre las formas concretas del trabajo de las mujeres en las sociedades capitalistas. En el capitalismo el trabajo de las mujeres en el mercado de trabajo formal es sólo una parte del trabajo que ellas hacen; las mujeres son también las principales proveedores de mano de obra reproductiva: trabajo no pagado que es igual de importante para reproducir la sociedad y las relaciones sociales del capitalismo. Una huelga de mujeres es diseñada para hacer visible este trabajo no pagado y para enfatizar que la reproducción social es también un lugar de lucha.

Además, debido a la división sexual del trabajo en el mercado del trabajo formal, un basto número de mujeres mantienen trabajos precarios, donde no tienen derechos laborales, son desempleadas o trabajadoras indocumentadas.

Las mujeres trabajadoras en el mercado de trabajo formal e informal y en la esfera no pagada de la reproducción social, son todas ellas siempre trabajadoras. Esta consideración debe ser central para algunas discusiones acerca de la reconstrucción de un movimiento de la clase trabajadora no sólo en los Estados Unidos, sino también a nivel global.

Hacer énfasis en la unidad entre los lugares de trabajo y el hogar es clave, y un principio organizador central para la huelga del 8 de marzo. Una política que toma el trabajo de las mujeres seriamente debe incluir no sólo la huelga en los lugares de trabajo sino también una huelga del trabajo reproductivo no remunerado, huelga de tiempo parcial, llamado para reducir el tiempo de trabajo y otras formas de protesta que reconoce la naturaleza de género de las relaciones sociales.

La “huelga” se ha convertido en el término paraguas bajo el cual se incluyen estas diversas formas de acción porque es el término que mejor enfatiza la centralidad del trabajo de las mujeres y su autoidentificación como trabajadores, cualquiera que sea su forma de trabajo.

Reclamar el derecho a la huelga

Estados Unidos tiene quizá las peores leyes del trabajo entre las democracias liberales. Las huelgas generales y políticas están prohibidas, las huelgas están ligadas a exigencias económicas estrictamente dirigidas a los patrones, y los contratos a menudo tienen cláusulas explícitas contra la huelga, cuya violación puede hacer que el trabajador pierda su empleo y/o que el sindicato que organiza la huelga reciba fuertes multas. Además, varios estados, como Nueva York, tienen leyes que prohíben explícitamente a los empleados públicos hacer huelga.

La discusión acerca de cómo revertir esta situación y empoderar a las y los trabajadores ha sido el principal tema estratégico de la izquierda en EU en las últimas décadas. Aún ahora uno de los peligros en esta discusión es reducir la lucha de clases a la sola lucha económica, y confundir las relaciones sociales capitalistas con la economía formal, esto es una visión estrecha.

Una transformación de las relaciones de trabajo en los Estados Unidos requiere no simplemente una activación de la clase trabajadora sobre las bases de demandas económicas en el lugar de trabajo, sino su politización y radicalización – la capacidad de llevar a cabo una lucha política dirigida a la totalidad de las relaciones de poder, a las instituciones y a las formas de explotación.

Esto no puede ser alcanzado mejorando y expandiendo la organización de base en los lugares de trabajo solamente; uno de los problemas central que la organización laboral radicalizada enfrenta es su aislamiento político y social así como su invisibilización.

Establecer las bases para la revitalización del poder de la clase obrera requerirá operar a diferentes niveles – creando grandes coaliciones sociales actuando dentro y fuera de los lugares de trabajo y construyendo lazos de solidaridad y confianza entre trabajadores y activistas antirracistas, feministas, estudiantes, y anti-imperialistas. Esto también significa aprovechar la imaginación social a través de la creatividad, la intervención intelectual y teórica y la experimentación con nuevas prácticas y lenguajes.

En lugar de los estrechos enfoques sobre la lucha en el centro de trabajo, necesitamos conectar movimientos basados en el género, la raza, la etnicidad y la sexualidad junto con los sindicatos y el activismo ambiental. Sólo creando esta totalidad colectiva seremos capaces de dirigir la complejidad de temas y demandas planteadas por estas diversas formas de movilización.

Este es el camino que la huelga internacional de mujeres persigue, con su amplia plataforma y apertura.

Marzo 8 no será una huelga general. Pero será un importante paso hacia la relegitimación del derecho a la huelga contra la degradaciones del capitalismo sentidas en todas las esferas de la vida por toda la gente.

(Fotografía: Mujeres republicanas en el frente de Madrid, 1938)

¿Qué consiguió la Revolución Rusa y por qué degeneró?

por Alan Woods //

Independientemente de lo que se piense del bolchevismo, es innegable que la Revolución Rusa es uno de los mayores acontecimientos de la historia humana, y el gobierno de los bolcheviques un fenómeno de importancia mundial“. John Reed, 1 de enero de 1919. (J. Reed, Diez días que estremecieron al mundo).

El colapso de la URSS fue presentado por los defensores del capitalismo como el equivalente a la victoria final de la “economía de libre mercado” sobre el “comunismo”. Hace 25 años esto produjo una ola de euforia entre la burguesía y sus apologistas. Se habló del fin del socialismo, del fin del comunismo e, incluso, del fin de la historia y, desde entonces, hemos presenciado una ofensiva ideológica sin precedentes contra las ideas del marxismo a escala mundial. Esta exuberancia irracional no tuvo límites. Seguir leyendo ¿Qué consiguió la Revolución Rusa y por qué degeneró?

Una marcha, Saramago y dos intendentes

 por Carlos Güida //

Hace poco más de 10 años, los hombres marcharon por primera vez contra la violencia de género en la ciudad de Montevideo, convocados por el intendente de la capital uruguaya.

La particularidad de esta marcha, tuvo las características propias de lo glocal, es decir de un pensar global y de un actuar local. Merece unos párrafos, el origen de esta idea que se concretó en más de quinientos hombres marchando en contra de sus privilegios de género y a favor de la equidad. Seguir leyendo Una marcha, Saramago y dos intendentes

El obsceno regalo de ASEXMA

por Zenón Pereyra //

La palabra obsceno proviene del latín Obscenus, cuyo significado más antiguo era siniestro, funesto, de mal augurio, algo terrible y que, por tanto, no es grato de ver, se relaciona con la visión de sucias impurezas en los sacrificios y ritos augurales. Con el tiempo este adjetivo llegó a significar algo vergonzoso, inmoral o sucio, que no debe ser contemplado. Seguir leyendo El obsceno regalo de ASEXMA