Archivo de la etiqueta: Fascismo

Las elecciones italianas de marzo de 2018: Suicidio de la izquierda, recrudescencia del fascismo, caos.

por Samir Amin //

1.

Las elecciones italianas de marzo de 2018 abren un período caótico cuya salida permanece incierta. El país, que hace pocos años era conocido por ser uno de los más “eurófilos” es ahora “euroescéptico” en un 50% o más; la extrema derecha, abiertamente nostálgica del fascismo ha regresado con fuerza, y la derecha parlamentaria clásica imagina sin dificultad su alianza con ella (como en Austria, por ejemplo); el “populismo” (en este caso el Movimiento 5 Estrellas) se caracteriza por una confusión sin precedentes que impide saber cuál es su verdadero programa, si es que tiene alguno; la izquierda está claramente en declive. Seguir leyendo Las elecciones italianas de marzo de 2018: Suicidio de la izquierda, recrudescencia del fascismo, caos.

El gobierno derechista de Hungría intenta destruir el archivo de Georg Lukács y su legado.

por Róbert Nárai //

Acababa de ponerse el sol el viernes por la noche cuando sonó el teléfono. Miklós Mesterházi del Lukács Archívum en Budapest se enteró de que la Academia Húngara de Ciencias (MTA) confiscaría toda la colección de manuscritos y correspondencia que se encontraban allí Seguir leyendo El gobierno derechista de Hungría intenta destruir el archivo de Georg Lukács y su legado.

Muertes luminosas, vidas en la oscuridad. Heroísmo y traición en la militancia revolucionaria de los setenta en la Argentina y Chile

por María Olga Ruiz*

Introducción

Este artículo se aproxima a la experiencia de tres organizaciones políticas que en la década de los sesenta y setenta de la segunda mitad del siglo XX adoptaron la lucha armada como principal estrategia para conquistar el socialismo: Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile (en adelante MIR) y el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (en adelante PRT-ERP) y Montoneros de la Argentina. Seguir leyendo Muertes luminosas, vidas en la oscuridad. Heroísmo y traición en la militancia revolucionaria de los setenta en la Argentina y Chile

EEUU: El discurso del estado de la Unión de Trump, un espectáculo de reacción y militarismo

por Patrick Martin //

El primer discurso sobre el estado de la Unión del presidente estadounidense, Donald Trump, pronunciado el martes por la noche, fue un festival de reacción e inmundicia política. El discurso se prolongó durante más de 80 minutos, interrumpido por las ovaciones de los miembros reunidos del Senado y la Cámara de Representantes. Estaba lleno de himnos a la policía y a los militares (que obtuvieron el aplauso particular de los demócratas), ataques fascistas contra los inmigrantes e invocaciones a la religión, al patriotismo y a la bandera estadounidense, que culminaron al cierre en gritos de “¡USA! ¡USA!”. Seguir leyendo EEUU: El discurso del estado de la Unión de Trump, un espectáculo de reacción y militarismo

El PEM: La esclavitud durante la Dictadura

por Gustavo Burgos //

Se recuerda la expresión PEM (Programa de Empleo Mínimo) como quien recuerda una figura demoniaca de la infancia. Fue un plan creado por el Ministerio del Interior en 1974 en Chile y puesto en práctica en marzo de 1975, bajo la dictadura de Pinochet. Fue considerado como “un subempleo institucionalizado, mediante programas especiales de absorción de mano de obra.” Seguir leyendo El PEM: La esclavitud durante la Dictadura

2018: el mundo al revés

por Alan Woods //

Donald Trump dio la bienvenida al Año Nuevo a su manera inimitable: rodeado por su clan social y político en los alrededores opulentos de su exclusivo club Mar-a-Lago en Florida, acompañado por un grupo representativo de todos los segmentos de la sociedad estadounidense, desde estrellas de cine a multimillonarios. Seguir leyendo 2018: el mundo al revés

Tony Cliff: la clase trabajadora y los oprimidos

¿Por qué Carlos Marx daba tanta importancia al papel de la clase trabajadora? No fue por la cantidad de personas que la componían. De hecho, cuando Marx escribió el Manifiesto Comunista, los únicos dos países donde se había completado la Revolución Industrial eran Inglaterra y Bélgica. Seguir leyendo Tony Cliff: la clase trabajadora y los oprimidos

La Iglesia en la guerra civil española: memoria histórica, asesinatos y beatificación

por Jaume Botey //

La beatificación masiva de religiosos, religiosas y sacerdotes fusilados durante la Guerra Civil en la zona republicana constituye, objetivamente, una nueva humillación a los fusilados por los franquistas, que durante más de 70 años han sido silenciados. Franco los castigó con la condena y la muerte y la Transición los castigó con el olvido. El pretexto era no reabrir heridas. Quienes gestionaron la Transición temieron que poner a la luz pública lo que ocurrió podía poner en cuestión el alzamiento, la guerra, el franquismo y la misma Transición, es decir, los cimientos de la España actual. Porque todo el mundo desea que los “suyos” desempeñen el papel de víctimas y no el de victimarios. Seguir leyendo La Iglesia en la guerra civil española: memoria histórica, asesinatos y beatificación

Navidad trágica: la matanza de comunistas en Vallenar.

 por Iván Ljubetic Vargas //

“Con el hambre y el plomo
el Gobierno civilista
asesina al proletariado”
(Bandera Roja, Santiago, 25-12-1931) Navidad

Volodia Teitelboim en “Un Muchacho del Siglo Veinte” escribió: “Un compañero nortino del Central entró de súbito, anunciando que había llegado la noticia de una matanza en Copiapó y Vallenar: la represión no cesaba… El relato del compañero nortino, que entró sin aviso en aquella noche de Pascua a la casa, era enredado y tremendo. Detalló la provocación. Un plan sintético para asaltar el batallón del Regimiento Esmeralda de Antofagasta apostado en Copiapó, a fin de atribuirlo a los comunistas que pretendían establecer en Chile el régimen proletario. Tramaron el asalto jefes de carabineros, que dirigieron a los conspiradores. Embaucaron a dos o tres entre los pobres y trataron de comprometer al doctor Osvaldo Quijada Cerda, un intelectual con simpatías marxistas… Así a las dos de la mañana del 25 de diciembre, dos grupos llegaron hasta la guarnición. Un soldado les abrió la puerta. Entraron y los recibieron amablemente con fuego de artillería. Por orden del capitán Villouta detuvieron a varios ‘conspiradores’ y los mataron. Se inventó una batalla. En aquella noche se calcula que fueron disparados entre 6 a 8 mil tiros de fusiles y ametralladoras… Seguir leyendo Navidad trágica: la matanza de comunistas en Vallenar.

Fulgor y muerte de la revolución

por Manuel Gari //

Pocas veces un triunfo político tan deslumbrante y esperanzador como la toma del poder por los soviets en la Rusia zarista tuvo un desenlace tan dramático y devastador para la conciencia del movimiento popular en todo el mundo. Este es el meollo de la cuestión que intentan explicar buena parte de los artículos de Espacio Público del debate titulado “Hablemos de la Revolución de Octubre”. Pero es pertinente hacerse algunas preguntas. ¿Tiene algún interés reflexionar sobre acontecimientos ocurridos en Rusia hace un siglo? ¿Por qué se han publicado más de 11.000 artículos en el mundo durante los meses de setiembre y octubre de 2017 y se han realizado centenares de seminarios y conferencias sobre la “revolución bolchevique”? ¿Podemos rescatar algo de aquel legado? ¿Acaso cabe aprender algo de la experiencia Seguir leyendo Fulgor y muerte de la revolución

La Revolución de Octubre y la guerra de las interpretaciones

por Pepe Gutiérrez-Álvarez //

1. Introducción

Estas notas se inscriben en el espacio de la “gran derrota” del “desafío soviético”, pero también en el inicio de una nueva coyuntura en la que el “pensamiento único” sobre Octubre del 17 está siendo contestado, de una réplica que se está manifestando en la propia amplitud que el centenario está logrando en muchas partes. De alguna manera, este combate por la historia está resultando como una reedición de otras “resurrecciones”, solamente que esta vez el pozo de la derrota ha sido infinitamente mayor. También sucede que después de todo lo que ha caído, la explicación del siglo ha perdido en homogeneidad y ha ganado, si acaso, en matiz, ahora ya no solamente hay debate entre las escuelas, es que cada escuela representa puntos de mira bastante diversificados Seguir leyendo La Revolución de Octubre y la guerra de las interpretaciones

Un 29 de noviembre de 1941: el fascismo asesinaba a la partisana soviética Zoya Kosmodemyanskaya, “Tania”

La joven de solo 18 años participo en sabotajes contra los jerarcas nazis y tras su arresto fue torturada. Antes de ser ahorcada por los nazis Zoya gritó: “rendíos antes de que sea tarde, podréis ahorcar a muchos de nosotros, pero nunca a 170 millones”.

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Ted Grant: ¿por qué Hitler llegó al poder?

La inminente derrota de Hitler suscita muchas preguntas sobre el pasado y futuro de Alemania. Según los informes de la Conferencia de Québec [1], Qué hacer con Alemania, cuando ésta sea derrotada puede convertirse en un problema tan grande que incluso está ya preocupando al portavoz del imperialismo anglo-americano. Lo consideran un problema tan grave y espinoso como la destrucción de la misma potencia imperialista alemana. Sus temores ante la posibilidad de mantener el control de Alemania por medio de los ejércitos aliados de ocupación, han llevado a los imperialistas a lanzar una virulenta campaña de odio. Ahora, a la cabeza de la brigada, vomitando alocadas doctrinas de racismo y nacionalismo, azuzando el odio indiscriminado contra los alemanes como nación, y de esta forma imitando las peores características de la doctrina racista nazi, se encuentra la dirección del llamado Partido Comunista. En la parte trasera, con más cautela por temor a su propia militancia, se encuentran los dirigentes laboristas que fielmente se hacen eco de las enseñanzas de Vansittart [2], su maestro imperialista.

 

Pero el destino actual de Alemania, como ocurre desde hace décadas, es todavía una cuestión clave para el destino de Europa. La insistencia de la clase dominante y de Stalin en la fórmula de la rendición incondicional, refleja su temor a la revolución socialista que tan rápidamente está madurando en Alemania. Cuando hayan desaparecido la Gestapo y las SS no dispondrán de una fuerza organizada capaz de mantener la represión sobre las masas alemanas. Durante el dominio de Hitler, los nazis han perpetrado crímenes y represiones monstruosas que han engendrado un odio sin precedentes en la historia. Se está preparando una enorme explosión social que amenaza no sólo con golpear al Partido Nazi, también amenaza al propio sistema capitalista. Todo trabajador alemán sabe que los cartel, los monopolios, los trusts y los grandes capitalistas, son los que organizaron y llevaron a Hitler al poder. Como Rauschning [3], el ex–nacionalista y ex-Gauleiter nazi de Danzing ha señalado, la expropiación de los judíos inevitablemente plantea el problema de la expropiación de todos los capitalistas. No es casualidad que Hitler haya intentado dar a su demagogia tintes “socialistas”. Esto refleja las aspiraciones, no sólo de los trabajadores alemanes, también de la aplastante mayoría de la población alemana. En las últimas décadas se han puesto a prueba todas las formas de explotación y dominio político capitalistas, por esa razón, después de la caída de Hitler, la revolución socialista surgirá de forma automática.

 

Pero la clase dominante de Gran Bretaña y EEUU —junto a los traidores del Kremlin— teme a esto más que a cualquier otra cosa. El espectro de la revolución alemana ¾ pero ahora triunfante¾ de 1918 es su principal preocupación ahora que el militarismo alemán ha quedado reducido a cenizas.

 

El instinto de la clase obrera en los países aliados es, al mismo tiempo que mantienen su odio implacable hacia el fascismo, distinguir entre las bandas fascistas y el trabajador alemán normal. Aprovechando su experiencia después de la última guerra mundial, cuando todos los ejércitos de ocupación confraternizaron con las masas alemanas (rápidamente se convencieron de que no había deferencias entre ellos), la clase dominante está intentado poner barreras en el camino de su reocupación. Los Estados Mayores, tanto el británico como el estadounidense, han apoyado la campaña ideológica chovinista con órdenes estrictas de castigar a cualquier soldado que confraternice con los civiles alemanes.

 

La actitud de los trabajadores británicos y estadounidenses ante los trabajadores alemanes puede decidir el futuro de la próxima revolución alemana y al hacer esto, también decidirá si aparece una nueva versión del fascismo y con ella una tercera guerra mundial imperialista. En estas condiciones, una de las tareas más importantes es la necesidad de enseñar la historia a las masas británicas y el significado de los acontecimientos alemanes, al menos desde la pasada guerra mundial. Es necesario reafirmar las proposiciones más elementales del marxismo. Hoy, aquellos traidores que señalaban con desprecio a los trabajadores alemanes, dicen que Hitler llegó al poder por culpa de los trabajadores alemanes. Intentan eludir su propia responsabilidad histórica ante esta catástrofe. Al comentar el asesinato de Thaelmann [4] el Daily Worker dice cínicamente que él luchaba por el frente único en Alemania con las demás organizaciones obreras para destruir el fascismo. Por esa razón es aún más necesario explicar a los trabajadores británicos, y a los del resto del mundo, que ocurrió exactamente. En particular, la nueva generación, si quieren comprender el papel actual del estalinismo deben comprender el papel que jugó éste en los acontecimientos alemanes antes de la llegada al poder de Hitler.

 

Thaelmann fue asesinado por los nazis junto a otra decenas de miles de víctimas de los bárbaros fascistas. Pero es necesario decir la verdad si no queremos más victimas del sistema creado por Hitler. Ahora los estalinistas quieren utilizar el martirio de Thaelmann para encubrir sus crímenes contra el pueblo alemán. Es necesario demostrar el papel que jugó el estalinismo en la llegada de Hitler.

 

La verdad es que los estalinistas dedicaron la mayor parte de sus energías a ridiculizar el peligro de los nazis y concentraron toda su atención en la lucha contra los socialdemócratas, a quienes consideraban su “principal enemigo”. Lucharon violentamente contra la sugerencia de Trotsky del frente único como la única forma de aplastar a Hitler y preparar el camino para la victoria de la clase obrera. De los labios del propio Thaelmann salieron las siguientes palabras: “Trotsky, con toda seriedad quiere una acción común de los comunistas con el asesino de Liebknecht, Rosa (Luxemburgo) y otros, con Zoergiebei [5] y aquellos jefes policiales a quienes el régimen de Papen dejó en el puesto para oprimir a los trabajadores. Trotsky ha intentado varias veces en sus escritos apartar a la clase obrera exigiendo negociaciones entre los líderes del Partido Comunista Alemán y el Partido Socialdemócrata. (Discurso final de Thaelmann en el 12º plenario, septiembre 1932. Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista”. (Communist International nº 17-18, p. 1.329)

 

Los estalinistas fueron más allá, incitaron abiertamente a los trabajadores comunistas para que golpearan a los trabajadores socialistas, rompieran sus reuniones, etc., ¡incluso llevaron la lucha al patio del recreo de la escuela! Thaelmann incluso planteó abiertamente la consigna: “Cazar a los social-fascistas en sus empleos, en las fábricas y en los sindicatos”. Siguiendo las directrices del líder, el órgano de la Juventud Comunista La joven guardia, propuso la consigna: “Cazar a los social-fascistas en las fábricas, las oficinas de empleo y las escuelas de aprendices”.

 

Pero había que llevar esta política hasta el final. En el órgano de los Jóvenes Pioneros que abastecían a los niños comunistas, el Drum, la consigna ‘unificada’ era: “Golpear a los pequeños zoergiebels en las escuelas y patios de recreo”.

 

Thaelmann denunció el frente único

 

Thaelmann, indignado, repudió la idea del frente único con el Partido Socialdemócrata. En un artículo publicado en Die Internationale (noviembre, diciembre de 1931, p. 488) decía lo siguiente: “Amenaza [el Partido Socialdemócrata] con hacer un frente único con el Partido Comunista. El discurso de Breitscheid [6] (su asesinato se anunció al mismo tiempo que el de Thaelmann) en Darmastadt con ocasión de las elecciones de Hesse y los comentarios de Worwaerts a este discurso, demuestran que la socialdemocracia con esta maniobra quiere recurrir al demonio del fascismo de Hitler y de esta forma ocultar a las masas la verdadera lucha contra la dictadura del capital financiero. Estos mentirosos… esperan presentarse de una forma más aceptable con esa supuesta amistad hacia los comunistas (contra la prohibición del PC alemán) y ser así más agradables para las masas”.

 

Y de nuevo un ataque violento contra Trotsky:

 

“En su panfleto sobre esta cuestión, ¿Cómo se derrotará al nacionalsocialismo? Trotsky da siempre la misma respuesta: ‘El PC alemán debe formar un bloque con la socialdemocracia…’ Trotsky ve en este bloque la única forma de salvar completamente a la clase obrera del fascismo. O el PC forma un bloque con la socialdemocracia o la clase obrera alemana está perdida durante los próximos diez o veinte años.

 

“Esta es la teoría de un fascista y contrarrevolucionario completamente acabado. Ésta es la peor de las teorías, la más peligrosa y la más criminal que Trotsky ha formulado durante los últimos años de su propaganda contrarrevolucionaria”. (Thaelmann, discurso de clausura del 13º plenario, septiembre 1932. Communist International, Nº 17-18, p. 1.329).

 

No se puede engañar a la gente. La fuente de esta política criminal fue Joseph Stalin. Él planteó la teoría sin sentido de que el Partido Socialista y los fascistas eran la misma cosa:

 

“El fascismo”, decía Stalin, “es la organización de lucha de la burguesía, que se basa en el apoyo activo de la socialdemocracia. Objetivamente, la socialdemocracia es el ala moderada del fascismo. No hay razón alguna para admitir que la organización de lucha de la burguesía podría conseguir éxitos decisivos en las luchas o en el gobierno del país sin el apoyo activo de la socialdemocracia… Hay pocas razones que lleven a admitir que la socialdemocracia puede obtener un éxito decisivo en las luchas o en el gobierno del país sin el apoyo activo de la organización de lucha de la burguesía. Estas organizaciones son mutuamente excluyentes, pero lo contrario es mutuamente complementario. No son las Antípodas, son gemelos. El fascismo es el bloque disforme de estas dos organizaciones. Sin este bloque la burguesía no podría permanecer al timón. (Stalin. Citado en Die Internationale, febrero 1932).

 

Para poner en práctica esta teoría el sabio Manuilsky [7] explicó lo siguiente en el XI Plenario de la Internacional Comunista de abril de 1931:

 

“Los socialdemócratas, para engañar a las masas, proclaman deliberadamente que el principal enemigo de la clase obrera es el fascismo… ¿No es verdad que toda la teoría del ‘mal menor’ descansa sobre la presuposición de que el fascismo de Hitler representa el principal enemigo?” (The Communist Parties and the Crisis of Capitalism, p. 112).

 

Con esta revisión de todas las enseñanzas de Lenin, el Partido Comunista de Alemania, con la ayuda de la socialdemocracia, confundió y paralizó a los trabajadores y les entregó sin luchar a las manos del ejecutor fascista.

 

Los hipócritas británicos que ahora calumnian a los trabajadores alemanes, en su momento aplaudieron esta política de traición, cuando los socialistas revolucionarios estaban alzando la voz en todo el mundo intentando evitar la tragedia que se cernía sobre Alemania. ‘Resulta significativo’, se mofaba el Daily Worker del 26 de mayo de 1932, ‘que Trotsky haya salido en defensa del frente único entre los partidos comunista y socialdemócrata frente al fascismo. Posiblemente, es la consigna más perjudicial y contrarrevolucionaria que se ha dado hasta ahora’.

 

Justo antes de la llegada de Hitler al poder, Ralph Fox escribía en el Communist Review de diciembre de 1912:

 

“El Partido Comunista de Alemania ha conseguido ganar a la mayoría de la clase obrera en las zonas industriales, donde ahora es el primer partido de Alemania. Las única excepciones son Hamburgo y Sajonia, pero incluso aquí, el voto del partido ha aumentado enormemente a expensas de los socialdemócratas.

 

Estos éxitos se han conseguido sólo siguiendo la línea del partido y la Comintern. Insistiendo en todo momento en que la socialdemocracia es el principal apoyo social del capitalismo, el partido ha realizado una lucha intensa e incesante contra el Partido Socialdemócrata Alemán y el nuevo ‘Partido Socialista Obrero Independiente’, y también contra la derecha y los renegados trotskistas que querían que el partido del proletariado formase un frente único con el social-fascismo para luchar contra el fascismo”.

 

Esta es la política suicida del estalinismo contra la que Trotsky y la Oposición Internacional de Izquierdas libraron una intensa batalla durante los críticos años de 1930-1933, cuando el destino de Alemania pendía de un hilo. Las obras de Trotsky sobre Alemania permanecerán para siempre como libros de texto sobre el problema del frente único. Servirán como modelo para el movimiento revolucionario en el futuro. Por esa razón, en Gran Bretaña empezamos con la publicación del material, hasta ahora inédito, de Trotsky sobre esta cuestión, tiene que servir de reflexión para el movimiento revolucionario británico. Todo estudiante que desee comprender la degeneración del estalinismo debe estudiar cuidadosamente este material.

 

Aunque el artículo Alemania: la clave de la situación internacional fuera escrito en 1931, en la actualidad, mantiene toda su vigencia. La descripción de la situación, no sólo en Alemania, también en los demás países de los que se ocupa el artículo, demuestra claramente la profunda comprensión que tenía Trotsky del proceso político que se está desarrollando en nuestra época. Sólo Trotsky y la Cuarta Internacional advirtieron de la catástrofe que supondría la llegada de Hitler al poder, y lo que significaría para los trabajadores de Alemania, Europa y la Unión Soviética. Cuando los estalinistas se negaron a aprender la lección de los acontecimientos y, de la forma más cobarde, entregaron sin luchar a las masas alemanas a Hitler, sin ni siquiera un disparo; cuando incluso llegaron a calificar de victoria para la clase obrera la llegada de Hitler al poder —porque eso expresaba la crisis del capitalismo y su victoria era simplemente la victoria antes de la crisis final—, jactándose al proclamar ‘nuestro próximo giro’, fue entonces cuando Trotsky proclamó el final de la Comintern como un instrumento para conseguir el socialismo mundial.

 

Cuando se analizan acontecimientos históricos reales, qué lamentables, qué despreciables resultan los escritos sobre Alemania de las plumas a sueldo del Kremlin. Los Dutts [8], Rusts, Ehrenburgs, no satisfechos con haber traicionado a los trabajadores alemanes en manos de los nazis, ahora sistemáticamente diseminan el veneno chovinista ante los trabajadores “aliados” para ayudar al imperialismo anglo-americano y esclavizar al pueblo alemán. Después de haber demostrado su incapacidad para dirigir a los trabajadores alemanes hacia la victoria, ahora se oponen activamente a la revolución socialista en Alemania. De este modo, como siempre ocurre en política, la ineptitud y la estupidez, si no se corrigen, se transforman en traición.

 

Los trabajadores alemanes y británicos tienen que ajustar cuentas no sólo con sus opresores imperialistas, también con sus traidores en las filas de la clase obrera. Cuando la clase obrera se de cuenta de la profundidad de su traición, como los difamadores de la Comuna, serán despreciados para siempre en la memoria de la clase obrera.

 

Era imposible concebir cómo elementos qué pretenden representar a la clase obrera puedan caer a niveles tan bajos como han caído los estalinistas. De los socialdemócratas no se puede esperar otra cosa, permanecieron fieles a su pasado de traición reformista. Los estalinistas a menudo en el pasado han hecho referencia al asesinato de Liebknecht, Luxemburgo y a la traición de la revolución de 1918. Pero nada es comparable a la larga lista de crímenes en el libro de cuentas del estalinismo.

 

Seguramente, los dioses se deben haber reído del espectáculo protagonizado por los dirigentes estalinistas que solemnemente entonaban la necesidad de ‘reeducar’ a los trabajadores alemanes, ¿y a sus educadores? ¡El imperialismo Aliado y el estalinismo! Sí, ¡es necesario reeducar! Reeducar a las bases de la clase obrera en el papel que debe jugar la dirección de las organizaciones que pretenden representarla. Reeducar a la clase obrera en como acabar con el cáncer del estalinismo y el reformismo que sólo llevará a los trabajadores a nuevas catástrofes. Para llevar a cabo la tarea de ‘educar’, no sólo a los alemanes, también a los británicos y a los trabajadores de todo el mundo, es necesario formar y armar a la vanguardia con el conocimiento del método marxista y la historia de las derrotas pasadas. Es necesario que los trabajadores estudien conscientemente las obras de Trotsky como un medio indispensable para comprender la situación alemana actual. Alemania todavía es la clave de la situación internacional, con la comprensión y el conocimiento de las tareas pasadas y futuras, conseguiremos avanzar en la construcción de un nuevo mundo socialista.

 

Diciembre 1944

 

 

 

 

 

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NOTAS

 

[1] Al final de la guerra se celebraron varias conferencias, una de ellas fue en Québec (1943), entre Churchill y Roosevelt, donde se discutieron los problemas a los que se enfrentaría el imperialismo al final de la guerra, especialmente en los Balcanes, Europa central y Alemania.

 

[2] Robert Vansittart, jefe del Foreign Office, se opuso a la política de entreguismo hacia Hitler, pero lo hacía desde una postura antialemana, mientras prestaba de boquilla un servicio al antifascismo.

 

[3] Hermann Rauschning era un capitalista que al principio apoyó a los nazis en la medida que se oponían a la clase obrera organizada, pero cambió su posición cuando los nazis se escaparon a todo control y publicó un libro titulado: We Never Wanted This. En la Alemania nazi un Gauleiter era un ‘dirigente’ de distrito.

 

[4] Ernst Thaelmann se unió al Partido Comunista Alemán en 1920, se convirtió en su dirigente con el apoyo de Stalin en 1925. Arrestado por los nazis en 1933 fue asesinado en 1944.

 

[5] Karl Zoergiebel era un comisario socialdemócrata de la policía de Berlín. Fritz von Papen fue nombrado Canciller el 1 de junio de 1932. El 20 de julio fue destituido del gobierno socialdemócrata de Prusia. Se convirtió en vicecanciller con Hitler.

 

[6] Rudolf Breitscheid (1876-1945) era un diputado socialista en el Reichstag. Huyó a Francia cuando Hitler llegó al poder y fue entregado a los nazis por el régimen de Vichy. Vorwaerts era el órgano central del SPD.

 

[7] Dimitri Manuilski fue secretario de la Comintern 1931-43.

 

[8] Destacado publicista estalinistas, Dutt y Rust del PC Británico y Ehrenberg de la burocracia rusa.

 

Fecha: 1944
Primera vez publicado:  Socialist Appeal, vol. 6 no. 9 (diciembre 1944).
Tradución al castellano: Fundación Federico Engels.
Esta edicion: Marxists Internet Archive, 2014.

 

Tribunal popular internacional para castigar a Pinochet (1998)

 

por Raúl Bengolea//

            Las últimas dos semanas han constituido una verdadera prueba para todos los sectores, tendencias y corrientes políticas. Efectivamente, el país se ha polarizado, han emergido las verdaderas posturas de algunos, otros han guardado un hermetismo “bastante parecido a la estupidez”, y en el centro de todo una vez más Pinochet. Su imprevista y sorpresiva detención en Londres ha puesto de manifiesto la verdadera cara del régimen.

            Un hecho como la detención del Dictador, de profundas raíces en la política chilena, y mundial, nos entrega en una primera lectura algunas cuestiones fundamentales:

1.- Que Chile es una semicolonia, cuya burguesía es enteramente impotente para desarrollar una política antiimperialista, así sea le toquen a la “madre”;

2.- Que Pinochet sigue siendo el único dirigente indiscutido de la burguesía criolla, y que su Dictadura se prolonga hasta nuestros días, bajo un manto civil que emerge exclusivamente de las elecciones. Por lo mismo, la derecha, la Concertación y el PC, desde distintas perspectivas se ubican hoy día en la extrema derecha de la política mundial, el pinochetismo es la piel de la burguesía chilena, así como para la burguesía israelita lo es el sionismo;

3.- Que la resolución de un reclamo democrático elemental, tan primario como el castigo a los genocidas, no puede ser resuelto en el marco de dominación burguesa. Las decadentes democracias imperialistas, y su podrido “Derecho Internacional Público” no escapan a esta caracterización, lo que se probará con la segura liberación de Pinochet.

4.- Que pese al alza de la lucha de los explotados en las metrópolis y en las semicolonias, cuestión que explica la detención de Pinochet, y plantea la formación de un Tribunal Popular Internacional, no emerge una nítida dirección política internacional que permita canalizar la lucha como acción directa internacionalista, como lucha revolucionaria.

 

POR QUÉ ES DETENIDO EN LONDRES

            La noche del 16 de Octubre, el embajador chileno en Gran Bretaña, Mario Artaza, había convenido con la comitiva de Pinochet que éste abandonara Inglaterra a la brevedad el próximo martes 20. Esta medida se tomó por cuanto se pensaba que las diligencias seguidas por el juez Garzón en España, podrían repercutir en la regularidad de la gira que realizaba el senador vitalicio y que tenía entre otros objetivos interceder en negociaciones gubernamentales vinculadas a la compra de armamento, industria en la que Pinochet es un gran inversionista. Una señal, que enturbiaba la tradicional hospitalidad con que Pinochet es recibido por los gobiernos de casi todo el mundo, la dio la Cancillería francesa que se negó a visar su pasaporte.

            Para el Gobierno esta gira era muy importante, al punto que se le designó en forma casi clandestina como “embajador plenipotenciario en misión especial”, categoría que perseguía exclusivamente garantizar la “impunidad” diplomática del genocida confiriéndole las prerrogativas de Jefe de Estado. Es necesario subrayar en este punto, que tanto Aylwin como Frei, en reiteradas y diversas oportunidades tomaron estos resguardos que permitían al genocida gozar internacionalmente del mismo trato que recibe en Chile. Con el amparo de la Concertación, Pinochet ha recorrido el mundo en muchas oportunidades utilizando documentación adulterada, registrándose bajo nombres supuestos (en Holanda fue sorprendido como el “Sr. Escudero”) y rodeado de un aparato de seguridad que pasea ametralladoras y explosivos por donde quiera, todo ello por supuesto costeado por el erario nacional.

            Si Pinochet estaba en Inglaterra y se disponía a otra de sus giras, lo hacía no sólo con el beneplácito sino que con la complicidad de la Concertación. Esto no es ninguna novedad, ya que es el simple reflejo de lo que ocurre en el país: la Concertación se limita a seguir el derrotero señalado por la Dictadura Militar.

            Por eso, cuando Scotland Yard irrumpe en la ya mítica “London Clinic”, desarma y detiene a sus guardaespaldas, acordona el edificio e incomunica a Pinochet por dos horas, el sudor helado no se apodera del decrépito asesino (que a su idiotez tradicional sumaba el embotamiento post operatorio) sino que principalmente del Gobierno concertacionista, el que construyó su imagen durante años de “defensor de los DDHH”, “antipinochetista”, “democrático”, “de plena inserción internacional”. La Concertación, la del arcoiris, la que sirve de modelo de estabilidad, la alianza ejemplar, el “non plus ultra” de la tolerancia, debió ante estos hechos a salir a defender a su aliado y lo hizo con el destemple y virulencia común en los tránsfugas: señalaron que estaba en juego la soberanía del país y que no permitirían bajo ningún respecto que se enjuiciara a un genocida que es su principal sostén político, que es quien en definitiva cohesiona a la burguesía chilena.

            La imagen del Canciller José Miguel Inzulza vociferando desesperado en defensa del General que lo torturó, encarceló y exilió, no es sino la patética caricatura de la maniobra gubernamental orientada al salvataje no sólo físico, sino que principalmente político que se hizo de la figura de Pinochet. El Gobierno puso a Pinochet como la encarnación de la soberanía nacional, haciendo de su defensa un asunto de principios, “de Estado” como gustan decir los voceros del pinochetismo. Los fascistas de la UDI y RN captaron esto rápidamente y ocuparon un inmejorable lugar explotando demagógicamente el antiimperialismo. Los huevos en la Embajada Británica, la supresión de los estacionamientos de la Embajada Española, y otras manifestaciones “contra el colonialismo”, son expresión de esta formidable campaña que durante la primera semana paralizó por completo a los partidos de gobierno.

            Esta idea de hacer de la liberación de Pinochet un problema de respeto a la soberanía nacional, constituye una impostura, una falsificación. La bandera antiimperialista es demasiado grande -aún para jugar con ella- para quienes han hecho de la defensa de los intereses del capital transnacional una cuestión de principios. El propio pinochetismo, que emergió autoevidente como LA política de los partidos del régimen, es esencialmente eso: la sumisión de los intereses nacionales en beneficio del imperialismo. Clara demostración de ello es que a pesar de las bravatas nacionalistas, ni el gobierno, ni los fascistas fueron capaces de promover una auténtica medida antiimperialista en contra de los intereses españoles y británicos presentes en Chile.

            Mientras gobiernistas y pinochetistas simulaban una postura antiimperialista, aprobaban un presupuesto ajustado a las necesidades del capital transnacional, reprimían al magisterio que luchaba en contra de la reforma educativa imperialista, a los miles portuarios despedidos en el proceso de privatización de los puertos, a los mineros del carbón cesantes para beneficio de compañías británicas. El “antiimperialismo” de estos connotados agentes del capital imperialista, no pasa de ser una mueca impotente, porque en la práctica siguieron -aún en los momentos más graves de la crisis de Pinochet- defendiendo la “economía abierta”, los tratados de sumisión militar, económica y política al imperialismo. Cuestiones elementales como la ruptura de relaciones diplomáticas con España e Inglaterra y la expropiación de sus capitales en Chile ni siquiera fueron insinuados, por ninguno de los histéricos huerfanitos de Pinochet, ni Piñera ni Lavín, ni Zaldívar, ni mucho menos Lagos.

            La burguesía chilena, no por un problema racial o religioso, sino que por un problema estructural que arranca de la formación capitalista chilena, del papel del Estado, de su ubicación en la división internacional del trabajo, es incapaz de realizar la más mínima tarea antiimperialista. Esta realidad pone en evidencia la absoluta subordinación de los partidos -desde la UDI al PC- al proyecto e intereses imperialistas. Ello es expresión de la sumisión de la burguesía chilena al gran capital, que se desprende del carácter atrasado y semicolonial de nuestra formación social y al mismo tiempo de su papel de semicolonia.

            El alegato antiimperialista, que tan mal queda a los sirvientes del imperio, sólo fue esgrimido con la intención de movilizar a sectores de masas en la defensa de un objetivo reaccionario: la liberación de Pinochet en Inglaterra, la impunidad del genocida para garantizar la estabilidad del régimen chileno.

            Algunos, quizás desde las filas de la propia izquierda, podrían caer en la tentación de comparar el apresamiento de Pinochet con el de Noriega el 89. Sin embargo, debemos señalar que las diferencias son abismales: Chile no ha sido invadido por un ejército metropolitano, ni ha sido secuestrado su Presidente por el mismo; como en el caso de Noriega, que hoy día purga crímenes por narcotráfico en una cárcel de Miami. El apresamiento de Noriega, además de expresar la política invasora y genocida del imperialismo, manifestaba la necesidad de los yanquis de oprimir a las masas caribeñas. Muy por el contrario, Pinochet ha sido detenido en territorio británico, fuera de la jurisdicción chilena, por lo que no cabe alegar violación a la soberanía nacional; si bien es cierto la detención fue por orden de la justicia española, es fruto a su vez del accionar multitudinario de activistas y organizaciones defensoras de los DDHH, que forman parte de un movimiento aún mayor de luchas que sacuden de cabo a rabo el orden “democrático” de las decadentes potencias europeas.

            Mientras el apresamiento de un asesino como Noriega a manos de un ejército invasor constituye una agresión imperialista, la mera detención en el exterior de un genocida como Pinochet constituye un pequeño pero significativo triunfo de las masas del mundo entero que se encaminan a castigar a sus verdugos.

 

¿QUIÉN ES EN REALIDAD PINOCHET?

            A no pocos, en Chile y el exterior, podría resultar sorprendente la actitud asumida por el Gobierno de Frei, el que sustenta su prestigio ante las masas por encabezar una alianza que ha hecho del antipinochetismo, de su democratismo, su principal capital político. El Gobierno actual es lo que fuera la “Oposición” a la Dictadura Militar. Aún en el marco de la transición, (recordemos el acto de asunción de Aylwin en el Estadio Nacional, en el que se “purificó” el recinto con una liturgia ecuménica en defensa de los DDHH), la Concertación se presentó como la redentora de la libertad, la justicia, la tolerancia, la democracia, etc..

            En este marco la cuestión del genocidio quedó como un reclamo moral, vigente cuya resolución era imposible habida cuenta de la Ley de Amnistía cuya vigencia se consideró esencial para viabilizar el traspaso del mando militar al civil opositor. En esta época se acuñó la expresión pusilánime de Aylwin, de “hacer justicia en la medida de lo posible”. Este elemento es clave, y distingue por ejemplo a la transición chilena de la paraguaya que fue de militares a civiles stroessneristas; o de la argentina en la que los civiles opositores no establecieron claramente amnistía a los genocidas el 83, la que finalmente hubo de establecer Menem con su Punto Final y la liberación de Videla y Cía.

            La Ley de Amnistía del 79, marca y funda el proceso de institucionalización de la Dictadura que hasta ese momento era comandada, en forma un tanto invertebrada, por una Junta Militar. Esta Ley establece la impunidad para los crímenes perpetrados por los golpistas y marca una tendencia al orden y a la resolución de la crisis interna de la burguesía chilena que sumó al Golpe del 73, la violenta conmoción -a partir del 74- de la llamada crisis del petróleo.

            EE.UU. bajo la administración demócrata de Carter, observando el descontrol internacional que comenzó a generar Pinochet y la DINA, con su operación Cóndor (Coordinación de las policías políticas del Cono Sur) y con los atentados a Prats, Letelier y Leighton, impuso a Pinochet un boycot internacional que tuvo como mayor exponente la Enmienda Kennedy, que cortó el suministro de armas a la Dictadura chilena. Estas presiones, que eran expresión de la repulsa internacional que generaban los crímenes de los militares en contra de la vanguardia obrera y de izquierda en nuestro país, tuvieron como resultado la disolución de la DINA, la dictación de la Amnistía (que exceptuaba de su aplicación expresamente a los crímenes cometidos fuera de Chile, como el caso Letelier) y la llegada del equipo económico de Friedman, los lúgubres “Chicago Boys”.

            En este momento el régimen chileno se encontraba extraordinariamente aislado, aislamiento que buscaba romperse precisamente con la institucionalización, lo que ocasionó un nuevo quiebre en la burguesía. La marginación definitiva de los democristianos del gobierno dio lugar a un viraje muy violento, al punto que connotados funcionarios de la propia Dictadura -como el actual precandidato Zaldívar, en ese entonces Vicepresidente de CODELCO- fueron al exilio. En esa etapa los propios militares comienzan a pensar en su transición a una forma gubernamental civil. Se da cuerpo a la Comisión Ortúzar -cuyo cerebro fue el ajusticiado Jaime Guzmán- , que comienza a elaborar la nueva Constitución Política de la República, teniendo como principal modelo la anticomunista Ley Fundamental de Alemania Federal.

            Hasta 1978, los bloques políticos seguían armados tal y como se conformaron para el Golpe del 73. De un lado el CODE (Derecha y DC), del otro la UP (PC, PS, Radicales), esto era expresivo a su vez de un quiebre en la propia burguesía que fue precisamente el que posibilitó la instauración de la Dictadura. La Democracia Cristiana rompe este cuadro y pasa a integrar la “oposición” a la Junta Militar, lo que polariza a su vez al bloque gobernante que ve definitivamente en Pinochet, más allá de la Junta, el único elemento capaz de dar coherencia al régimen.

            El 78, año clave en el desarrollo del proyecto de “Reconstrucción Nacional” en que se encontraba envuelta la Dictadura, es el año a su vez de Pinochet, quien tuvo la capacidad de asumir el liderazgo de importantes sectores de la burguesía. Pinochet, un simple gorila sanguinario que ganó espacio político por su determinación genocida, a la hora de reprimir y regimentar al país, era el dirigente que necesitaba la patronal. Aquél que clausuró las instituciones parlamentarias y sumió a las masas en un baño de sangre, era el hombre del momento.

            Un hombre mediocre, vulgar, astuto, de escasa inteligencia; un hijo de la arruinada clase media rural del centro del país, no un aristócrata de las castas militares de tradición familiar, ni mucho menos un refinado orador de la propia burguesía, se fue transformando en una institución del régimen político chileno.

            El discurso de Pinochet, cuya extraordinaria simpleza y claridad ha maravillado a más de algún filólogo con pretensiones científicas, es simple precisamente porque se sustenta no en la demagogia democrática, sino que en la amenaza pura y simple. Su escasa cultura, su filiación casi infantil con la religión (él mismo reconoció la imagen de la Virgen del Santísimo Socorro en las trizaduras provocadas por un misil Low,  en la ventana blindada de su automóvil, con motivo de su  el frustrado atentado del 86), lo liberaron de las trabas morales y prejuicios democráticos de un Schneider, por ejemplo. Pero por otro lado, su carácter advenedizo lo hacía al mismo tiempo que inescrupuloso, en un disciplinado y servil instrumento de la burguesía.

            La ambición de Pinochet estuvo siempre subordinada a los intereses generales de la burguesía, esto lo distinguía de los típicos caudillos militares y personalistas, como por ejemplo Viaux Marambio. Prueba palpable de ello es que escoltó a Fidel en su vista a Chile durante la UP; emergió en Junio del 73 como un general “constitucionalista” que frenó la intentona del “tancazo” de Supper, lo que le valdría a la postre ser designado Comandante en Jefe del Ejército por el propio Allende; y -todos concuerdan- fue el último en sumarse al Golpe en cuya conspiración no participó.

            El anticomunismo de Pinochet que es parte de la tradición de las FF.AA. chilenas, toma cuerpo teórico en la geopolítica,  que es la ideología de origen prusiano según la cual se ha de regimentar la sociedad con un criterio organicista, diríase biológico, que entiende que un cuerpo político sano requiere de un Estado disciplinado, sin disensiones internas.

            Dentro de las tendencias “geopolíticas” del Ejército, Pinochet se encuentra en su ala más moderada que adhiriendo a la idea de que el Estado es el organismo vivo de la nación, rechaza no obstante la visión belicosa de que esta “vida” se traduciría en una actitud expansionista, el “espacio vital” del Tercer Reich. Esta postura implica en este caso concreto la sumisión política frente al imperio opresor, frente al cual Pinochet adopta una postura colaboracionista, pugnando con la línea dominante, “dura”, de gran peso dentro del Ejército que pregona el concepto de “frontera móvil” que supone que la responsabilidad militar llega allí donde se encuentren comprometidos los intereses económicos de la nación.

            Dotados de estos precarísimos rudimentos ideológicos, la Junta Militar se prepara para barrer con las masas mediante una operación de terror generalizado. En esta tarea contrarrevolucionaria, Pinochet gana espacios dentro de la burguesía por corresponderse a una concepción institucional, despersonalizada, más profesional de la Dictadura, encarnaba a los “blandos”. Por oposición en la misma Junta Gustavo Leigh, Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea (FACH),  representaba una línea “dura” reacia a componendas con los civiles, y de mayor autonomía de los mandos militares (tipo Junta de Videla , en Argentina). Esta última línea, de escasa proyección política, termina finalmente abandonando la escena el 78 con la salida del propio Leigh de la Junta Militar.

            Nada más lejano a la concepción pinochetista que enfrentarse al imperialismo. La inequívoca vocación pro-imperialista de Pinochet, única expresión política posible de la burguesía criolla, obligaba a hacer abandono de cualquier postura de corte nacionalista, ello ha quedado marcado a fuego con la política de “restitución” de capitales y mediante el Estatuto del Inversionista Extranjero, carta blanca a las transnacionales para saquear al país. Por ello el viraje del 78-79, la institucionalización, si bien es cierto da lugar a una nueva crisis interburguesa (ruptura de la DC con los militares), en ella ambas fracciones pugnan por servir los intereses norteamericanos. Las diferencias estribaban en los plazos, no en los métodos ni en los objetivos.

            Por lo anotado, Pinochet fue transformado y elevado, por el proceso histórico, en el único elemento que en medio de la aguda descomposición de las instituciones burguesas, fue capaz de ponerse a la altura de las exigencias de la contrarrevolución. Por esto la burguesía chilena es pinochetista, como lo son también sus partidos políticos, aún cuando las circunstancias exijan que para contener a las masas deba recurrirse al discurso democrático “antipinochetista”. Con Pinochet la burguesía se une, pasó por encima de una revolución obrera en curso, pero para gobernar necesita atacarlo en el discurso. He aquí la paradoja de este régimen del transfugio político que tanto sorprende a algunos reformistas. Ya lo hemos señalado el pinochetismo es el “sionismo” chileno, se podrá ser de derecha,  socialista o comunista pero la defensa de su régimen es una cuestión esencial. Del mismo modo que laboristas y conservadores, discuten en el parlamento israelí construido sobre una montaña de cadáveres palestinos.

            Finalmente cabe preguntarse: ¿ encarnó Pinochet efectivamente un régimen fascista?. En esta materia debemos ser claros, la dictadura pinochetista NUNCA LOGRÓ CONSTITUIRSE COMO FASCISTA, A PESAR DE TODA LA BASURA ANTICOMUNISTA Y NAZI-FASCISTA QUE LLENABA LA CABEZA DE LOS GENOCIDAS. El régimen no fue fascista por cuanto tras su movimiento contrarrevolucionario, la burguesía no logró arrastrar a amplios sectores de la población para darle sustento de masas a su accionar. Mientras los camisas pardas de Hitler apaleaban comunistas y judíos en las calles, con el apoyo de importantes sectores de las masas alemanas; Pinochet debió salir a las calles de Santiago en medio del terror y de la soledad: era la Junta Militar, las FF.AA., aplastando a las masas. La burguesía chilena se impuso por medio de las armas, no de la demagogia delirante de algún “caudillo”.

            La etiqueta de “fascista” la acuñaron los stalinistas no porque correspondiera a la realidad, sino porque era funcional a su política de alianza con la DC, a la cual hasta nuestros días sigue lastimosamente llamando a formar un “Frente Antifascista”. El Golpe del 73, homologable a la intentona de Kornilov en Julio del 17 en Rusia, no logró generar un sólido régimen fascista, alcanzó a derrotar y desarticular a las masas pero fue incapaz de generar un movimiento social de amplio apoyo. En este sentido, el Movimiento de Avanzada Nacional de fines de los 70 impulsado por el propio Pinochet, podrá pasar a la historia como una de las más grandes operaciones de inteligencia de la historia (se catastró y caracterizó políticamente a millones de chilenos) pero fracasó estrepitosamente en cuanto capacidad de nuclear y dar apoyo de masas al régimen genocida.

            En último término, debe constatarse que no conocemos casos de auténticos regímenes fascistas en países semicoloniales. Perón, Vargas, como nacionalistas, Banzer, Stroessner, como simples gorilas, de seguro tuvieron en su mente el ideario fascista pero fueron incapaces de generar un amplio movimiento social de apoyo a su política contrarrevolucionaria, de aniquilamiento físico del movimiento obrero. Un auténtico movimiento fascista se basa además en una concepción expansionista, colonialista, requiere de una burguesía independiente, imperialista, capaz de ejecutar por sí misma sus intereses. Ni en Chile, ni en ninguna semicolonia (ni siquiera en Irak), se observa esta capacidad por parte de las burguesías criollas

 

¿POR QUÉ NI LA BURGUESÍA NI EL IMPERIALISMO PUEDEN JUZGAR Y CASTIGAR A PINOCHET?

            Hemos demostrado la inacapacidad de la burguesía chilena de desarrollar cualquier tarea que signifique un choque con el imperialismo. Con ello la defensa de Pinochet se explica no por un problema de defensa de soberanía nacional, sino por el papel central de Pinochet en la institucionalidad del régimen. Sin embargo, el problema de fondo del castigo al genocida es un problema democrático esencial, que muchos han creído se resolvería con el proceso seguido por el Juez Garzón en España.

            La socialdemocracia, los vestigios stalinistas y algunas organizaciones de DD.HH.  como Amnistía Internacional, han presentado la detención del genocida como un acto de justicia, que significaría una alerta para los violadores de los derechos humanos. Ellos señalan que sería una señal para los Husein, Milosevic, Videla, Massera, etc., acerca de lo que no se debe hacer.

            En nuestro país sectores del PS, DC y el PC, se han plegado a la idea de hacer de esta instancia judicial accidentalmente abierta, un camino de justicia y de fin a la impunidad. Con esta postura se siembran ilusiones en orden a que la justicia inglesa y española, podrían responder a la tarea democrática de juzgar y castigar al octogenario ex-Dictador. Como si de la noche a la mañana, imperios construidos sobre la base de las más grandes masacres que haya conocido la historia de la humanidad, comenzasen a preocuparse de castigar a uno de sus sirvientes ejemplares. Las “democracias” inglesa y española, ambas decadentes monarquías, no sólo en sus posesiones de ultramar, sino que dentro de sus propias fronteras han generado una Justicia que legaliza las muertes, torturas y encarcelamientos de irlandeses y vascos, por poner ejemplos groseros y de amplio conocimiento. Pero pareciera que la muerte en huelga de hambre dura de Bobby Sands, del IRA; o la formación de los GAL (Grupo Armado de Liberación) por parte del propio PSOE en España, son hechos que nunca existieron para los entusiastas adoradores de la Justicia imperialista. Nada se puede esperar de la mano de jueces genocidas como lo son los de Inglaterra y España, nada que importe un castigo a sus colegas genocidas.

            Ya lo hemos indicado, la detención de Pinochet es un triunfo de la lucha de las masas a escala mundial, pero como todo triunfo de las masas se trata inmediatamente de revertir y utilizarse en contra de sus propios intereses. En este caso, el imperialismo está jugando a prestigiar sus instituciones a un costo muy bajo: juzgar a un símbolo de la masacre y la represión capitalista, qué mejor que este genocida de los confines del mundo. A esta maniobra han contribuido los reformistas de todo pelaje, los que se han limitado a “celebrar”, es decir a esperar o en el mejor de los casos a “presionar” para que actúe la “justicia”.

            El juzgamiento de Pinochet por parte de cualquier tribunal burgués, sea inglés, español o argentino, de hacerse efectivo y de comenzar a aplicarse la demagógica legislación internacional contra el genocidio, conllevaría un desastre para el orden imperialista. Ello por cuanto deberían iniciarse procesos por genocidio en contra de la totalidad de los gobernantes vivos de las principales potencias imperialistas. Clinton, por ejemplo, debería purgar penas por su responsabilidad directa en la muerte de cientos de personas en los bombardeos sobre Sudán y Afganistán hace un par de semanas; no sólo Milosevic, sino que Kohl, Major, Yeltsin y toda la OTAN deberían responder por los crímenes cometidos en la ex-Yugoeslavia; las NU deberían responder por las recientes masacres en Panamá, Somalía e Irak, etc.. En resumen: el consecuente juicio y castigo a Pinochet plantea necesariamente una lucha contra el orden capitalista, bajo cuyos marcos es imposible esperar una efectiva resolución de cualquier reclamo democrático.

            Desde este punto de vista, el juicio a Pinochet es un negocio para regímenes tan desprestigiados como los europeos. Ello por cuanto mediante este expediente, pretenden contribuir mínimamente a embellecerse mientras dan rienda suelta a la brutal ofensiva contra las masas que significa el plan EURO. La figura de Pinochet, en este contexto resulta especialmente emblemática, ya que es presentado como un destructor de un orden democrático burgués, cuya estructura partidaria era y es típicamente europea. Es un General que organizó la sistemática eliminación de socialistas y comunistas, lo que es más claro a los ojos de las masas europeas que la persecución, por ejemplo, de los shiítas por parte de Saddam en Irak.

            En este minuto  resulta improbable realizar un pronóstico que corra en un solo sentido. El Gobierno inglés -las peroratas sobre la supuesta independencia del “Poder” judicial se las dejamos a los abogados- enfrenta una disyuntiva extraordinariamente compleja. Si determina la inmunidad de Pinochet y permite su regreso a Chile, perderá todo lo ganado hasta ahora con la detención; ello significará poner en evidencia a escala MUNDIAL la complicidad del imperialismo con los genocidas, y el carácter meramente decorativo de las instituciones del Derecho Internacional Público; liberar a Pinochet será una manifiesta confesión de que las Convenciones y Tratados Internacionales sobre defensa de los DD.HH., son sólo literatura cuya única finalidad es legitimar en determinados casos las intervenciones militares del imperio en sus colonias. Si, por el contrario, se decide dar curso a la extradición pedida por España, esto con justicia será percibido como un triunfo de las masas lo que podrá abrir paso a un torrente de reclamos de extradición que indudablemente pasarían a encarnarse como lucha antiimperialista. En definitiva, la capacidad de ponderar estos elementos, pero por sobre todo la potencia de las luchas que se desarrollen en Europa, decidirán este problema en uno u otro sentido.

            En Chile las implicancias son parecidas, pero siempre tendrán como resultado la polarización. De resultar extraditado Pinochet, se debilitaría la postura gubernamental lo que obligaría a una extrema radicalización de la política “pinochetista” de la Concertación. Si, en contrario, es liberado, el regreso del Senador Vitalicio daría lugar a manifestaciones triunfalistas de la derecha que doblegarían la imagen democrática del Gobierno el que recibiría todo el descrédito y la ira popular ante tan infame resultado que confirmaría la impunidad internacional de Pinochet.

            Más allá de las variables, con o sin extradición, Pinochet no será castigado por ningún tribunal burgués. En el mejor de los casos Pinochet podría pasar una temporada detenido en España, tras la cual el franquismo se encargaría de liberarlo por razones humanitarias, haciendo uso de sus facultades ejecutivas. Lo que realmente preocupa a la burguesía y al propio imperialismo, es la forma de responder a la polarización social que este hecho está ocasionando. La Derecha sabe que su triunfo ha costado extraordinariamente caro al régimen, las ilusiones democráticas, “antipinochetistas” de las masas están muy golpeadas y para nadie es un misterio el carácter “pinochetista” al menos de la Concertación.

            Con una política legalista y servil al imperio, sólo logra salvarse el PC, pero resulta evidente que el stalinismo no tiene ninguna capacidad de conducción en términos de Gobierno, por lo que no es una alternativa de Gobierno para la burguesía, ello a pesar de la política liberal y colaboracionista de clases que desarrolla el PC, que lo ubican en sus períodos de mayor derechización.

            Foco de esta preocupación lo constituyen la naturaleza de las medidas que han de tomarse luego de resuelto el tema en Inglaterra. En este orden son numerosas las señales, y hasta contradictorias. La ultraderecha reclama la formación de un Gobierno Derecha-DC, de “Unidad Nacional”. Sectores más moderados, RN, la DC los socialistas comienzan a pensar en un proceso de Reconciliación que se base en dos cuestiones: 1.- que Pinochet haga un “gesto” de constricción y se retire de la vida política (ese es el sentido de la reciente norma que regimenta el retiro de los Parlamentarios); 2.- Que se entregue información sobre la ubicación de los detenidos-desaparecidos. Con estas medidas cosméticas, se pretende sepultar el problema de los DD.HH. y salvar esta crisis. Como hemos señalado en relación con el problema europeo, nuevamente la respuesta habrá de encontrarase en el grado de actividad y lucha que desplieguen las masas, actividad que puede medirse como patrón de referencia con la enorme envergadura que alcanzaron las movilizaciones contra la llegada de Pinochet al Senado en calidad de vitalicio.

            En definitiva, más allá de las variables que se impongan a la liberación de Pinochet una cosa es segura: el asesino será liberado, porque no hay tribunal burgués en el mundo con capacidad de dar resolución al problema del genocidio. La aplicación de esta medida exigiría dar vuelta atrás la rueda de la historia, y no hay maniobra política que pueda poner las instituciones imperialistas y burguesas, al servicio de los explotados y el conjunto de la humanidad. La burguesía, especialmente en medio de esta profunda crisis, sólo puede recortar libertades, aumentar la explotación y reprimir. Si incidentalmente se ve obligada a tomar una medida democrática, como es la detención del ex-Dictador, está obligada a retacearla y dejarla sin efecto. Las episódicas convulsiones sociales a que dan lugar las cíclicas crisis capitalistas, hacen que la más elemental de las conquistas de las masas tengan sus días contados mientras la burguesía siga en el poder.

 

EL PARTIDO REVOLUCIONARIO Y LA LUCHA POR LAS REIVINDICACIONES DEMOCRÁTICAS

            La lucha por las reivindicaciones de orden democrático, de conformidad a la metodología del Programa de Transición de Trotsky, en esta etapa de descomposición capitalista, adquiere un primer lugar en el orden de prioridades de la lucha revolucionaria. La estrategia proletaria, su propia revolución y dictaduras, presuponen que la clase obrera acaudille al conjunto de la nación oprimida en su lucha antiimperialista que sólo puede proyectarse como lucha de clases a condición que se exprese como lucha anticapitalista. Parte central de esta lucha la ocupan las reivindicaciones de orden democrático, como el castigo a los genocidas, la liberación de los presos políticos, cuestiones que aparecen bajo la etiqueta jurídica de “DD.HH.”

            Ello explica que el juicio y castigo a Pinochet, juegue un papel trascendental en la política proletaria, toda vez que sólo bajo su conducción, será posible resolver el problema del genocidio castigando a los asesinos e imponiendo la liberación de los presos políticos en Chile. Se trata de que reclamando una cuestión democrática como es el castigo de los criminales, como es la libertad de expresión política y el derecho a la organización de los trabajadores, se pase a golpear los aparatos represivos de la burguesía ajusticiando a sus militares asesinos, abriendo sus cárceles, consagrando la irrestricta libertad de organización y de lucha de los explotados por su liberación. Estos reclamos de orden democrático, de ser exigidos consecuentemente, sólo pueden ser impuestos vía acción directa de las masas lo que plantea la expulsión de la burguesía del poder.

            En consecuencia, este reclamo democrático del castigo a los genocidas, no puede ser resuelto dentro de los marcos burgueses, ni por sus tribunales, ni por sus leyes. Esta incapacidad se desprende de una realidad histórica del porte de una catedral: el capitalismo sólo puede sobrevivir a costa de la destrucción masiva de fuerzas productivas, del genocidio de millones. No otra cosa podemos concluir de este siglo, que registra los genocidios más gigantescos de la historia de la humanidad. En los últimos cien años millones y millones de seres humanos han sido eliminados en campos de concentración, en fusilamientos masivos, en explosiones atómicas, guerras bacteriológicas, etc.. Estas atrocidades no son el cumplimiento de profecías apocalípticas, sino que son la nítida corroboración del pronóstico científico del marxismo: el retraso en el triunfo de la revolución socialista conduce a la humanidad al pantano de la barbarie capitalista. La disyuntiva, hoy más que nunca, es: Socialismo o Barbarie.

            Sin embargo, la izquierda socialdemócrata, stalinista y reformista en general, tanto a nivel nacional como mundial, ha venido sosteniendo una política que va del cretinismo legalista al abierto pro-imperialismo. En Europa los partidos de izquierda se han diluido en las organizaciones de DD.HH. y otros frentes por el estilo, enfrentando el problema como una cuestión de aplicación de “tratados internacionales”; en Chile el PC y algunos sectores del PS e incluso la DC, han caracterizado al hecho como un triunfo de la justicia en que ha sido la “comunidad internacional”, la que ha tomado en sus manos una cuestión que los chilenos no hemos sido capaces de resolver. El PC remata esta capitulación a los tribunales europeos con una capitulación al orden jurídico nacional: para ellos el problema se resuelve convocando un Plebiscito para una Asamblea Constituyente, que se pronuncie sobre la Anulación de la Ley de Amnistía.

            En pocas palabras: la izquierda europea y la chilena (también sus colegas argentinos PC, PO, MAS, etc., no olvidemos que Garzón investiga también a la Junta de Videla) se ha limitado a saludar el accionar de la justicia burguesa, subordinándose una vez más a la legalidad y al Estado de los patrones. Con esto no han hecho más que seguir alimentando ilusiones en la democracia burguesa, que en el caso de la izquierda chilena y argentina constituye un postura además pro-imperialista, por atribuirle a la justicia imperial capacidad para resolver un problema como los genocidios de los 70 en el Cono Sur latinoamericano.

            Si en Chile, en Argentina y en Europa, no emerge un poderoso movimiento de masas que se proponga la lucha por el juicio y castigo a los genocidas; que es lo mismo que decir: un sólido movimiento anticapitalista y antiimperialista, se debe a la falta de una dirección política internacional que lidere la lucha de los obreros y explotados del mundo entero. Esta dirección política de los explotados en lucha es el Partido Mundial de la Revolución Socialista, la IV Internacional. La ausencia de esta dirección política internacional ha impedido a las masas del mundo entrar a desempeñar un papel trascendente en el hecho puntual de la detención de Pinochet en Inglaterra. Para nosotros, los trotskystas del POR, esta cuestión es esencial y fundamental en el análisis y desarrollo de una política frente al problema del genocidio. Sólo la revolución castiga a sus verdugos, para ello necesitamos las tres condiciones: “el partido, el partido y el partido”.

            La tarea de estructuración partidaria presupone la formulación de una línea nítidamente proletaria, pues sólo esta clase puede abordar consecuentemente esta lucha. El castigo a Pinochet, sólo podrá ser impuesto por un Tribunal Popular Internacional integrado por las organizaciones de base de clase obrera, entidad que centralizará y potenciará no sólo el castigo a Pinochet sino que servirá de punto de partida para el combate a la represión burguesa y el potenciamiento de la lucha revolucionaria. El Tribunal Popular ya ha condenado a Pinochet, lo ha hecho la conciencia lúcida de los explotados del mundo entero, como lo ha hecho con Hitler, Mussolini y otros carniceros por el estilo.

            La estructuración de este Tribunal Popular no se basa en la convocatria a “notables” de izquierda, ni a intelectuales “progre”, ni a distinguidos burócratas sindicales. Su formación dependerá de la capacidad del partido revolucionario de llevar la lucha por el castigo a los genocidas, al seno de las luchas que hoy se desarrollan en Chile y el mundo entero. Debe rechazarse la impostura del PC que dirigiendo abrumadoramente la heroica huelga docente, fue incapaz de incorporar la lucha por el Castigo a Pinochet al torrente movilizado del magisterio. Impulsar el castigo a Pinochet, pasaba fundamentalmente por el apoyo y potenciamiento de la Huelga del Colegio de Profesores y por la preparación de la Huelga General. El Castigo a Pinochet no es un problema de “delincuencia” como interesadamente plantean los reformistas, es de la lucha de clases de la que emergerá su resolución. Politizar la lucha del magisterio, la lucha por los DD.HH., por el castigo a los genocidas, por la inmediata e incondicional libertad de los presos políticos de Pinochet-Aylwin-Frei, significa construir con estos reclamos un puente para el poder de los explotados: un Gobierno Obrero y de los Explotados de la Ciudad y el Campo.

            El combate al legalismo, que deja la resolución del genocidio en manos de la patronal; el combate al gremialismo, que aisla la lucha contra la represión y el genocidio, de las demás luchas de masas; el combate al electoralismo, que pretende resolver con candidaturas de “izquierda”; todos estos combates, forman parte de la lucha de los revolucionarios. Legalismo, gremialismo, electoralismo, son todas expresiones de la política de la burguesía para doblegar a los trabajadores, es por eso que las convocatorias a Asambleas Constituyentes, a Plebiscitos y otras ingeniosas soluciones “jurídicas” son sólo eso: letra muerta en las páginas de la prensa reformista. Estas salidas, tantas veces planteadas por el PC, sólo son reveladoras de su impotencia frente al orden capitalista, del cual son sólo un engranaje.

            Ya lo dijimos en nuestro primer volante referido a la detención de Pinochet, a él lo queremos ver como a Mussolini: ahorcado en una Plaza Pública por resolución de un Tribunal Popular. Esa es nuestra lucha: acción directa, autodeterminación de las bases, poder para los explotados, la violencia multitudinaria de los obreros transformando revolucionariamente la sociedad. Cuando esta lucha se desate, una muralla caerá sobre pinochetistas, proburgueses y burgueses de toda calaña, esa muralla aplastará al capitalismo, sobre esos muros flameará orgullosa la bandera de la revolución proletaria.

 

Santiago, Octubre de 1998

 

¿Por qué se está beneficiando la ultraderecha de la crisis del capitalismo?

por Alejandro Valenzuela y Barry Grey//

Las elecciones alemanas del domingo vieron el surgimiento de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD, siglas en alemán) y el colapso de la fuerza oficialmente de izquierda, el Partido Socialdemócrata (SPD). La votación de más de noventa diputados del AfD marca la primera vez desde el final del Tercer Reich que políticos explícitamente fascistas y racistas integrarán la legislatura nacional. Seguir leyendo ¿Por qué se está beneficiando la ultraderecha de la crisis del capitalismo?

Sobre el terror

por  Eduardo Luque//

Vuestra causa es noble y Dios está con vosotros”

Zbigniew Brzezinski asesor presidencial en EEUU.
(Discurso dirigido a los dirigentes de Al Qaida en Afganistan.)

Sólo era cuestión de tiempo. Todos barruntábamos que se produciría. El dónde y el cuándo, era solo cuestión de geografía y de momento. El terror se ha enseñoreado de una de las vías turísticas más conocidas del mundo. Barcelona y las Ramblas están de moda.

No será, desgraciadamente, ni el primer ni el último atentado. El ataque ha afectado a un gran número de nacionalidades diferentes, por eso ha tenido enorme repercusión internacional. Los medios deseosos de incrementar las audiencias, especialmente en época de estiaje veraniego, han cubierto profusamente los sucesos. El tratamiento informativo ha sido prácticamente unánime; la consigna, la descontextualización. El atentado no debe tener relación con nada de lo que pasa en Oriente Medio. Los cientos de españoles, especialmente de origen magrebí, que han marchado a combatir con los grupos terroristas en Siria, nada tienen que ver con el apoyo ofrecido por el gobierno español a la oposición armada en ese país. En 2013 y 2014, el ministerio de Asuntos Exteriores, dirigido por el señor Margallo, organizó sendas conferencias de los autodenominados “Amigos de Siria” en Madrid (mayo 2013) y Córdoba (enero 2014) respectivamente. En las dos reuniones estuvieron presentes la mayoría de los representantes políticos que daban cobertura a los grupos terroristas. Eran su cara amable. Entre esos personajes figuraba el “opositor sirio” Ussama Jandali, unos de los defensores desde las páginas de “Rebelión” de la “Revolución siria” asiduo, al parecer, al despacho del Ministro de Asuntos Exteriores. La financiación procedía en gran parte de la AECID (Agencia Española para la Cooperación Internacional), dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores. El gobierno Rajoy creó específicamente el programa MASAR para apoyar a la oposición siria. En 2014, parecía que los grupos terroristas armados y entrenados directamente por EEUU harían caer al gobierno de Basar Al-Assar.

Los sucesos de Barcelona no son obra de unos locos. En principio, los medios intentaron en principio atribuirlos a unos “supuestos lobos solitarios”. El número de los autores abatidos por la policía y la reivindicación del “Daesh” como implicado obligó a las autoridades a cambiar el discurso. Se habló entonces de una “célula terrorista” intentando separar, eso sí, la explosión en Alcanar, producida horas antes del atentado en las Ramblas, de los sucesos posteriores. Hoy sabemos que en esa localidad se preparaba un camión bomba con centenares de quilos de explosivos. Reconocer explícitamente ese hecho, es reconocer que no es obra de unos pocos “iluminados” sin más. Es hacer claro lo evidente. Detrás había especialistas en la fabricación y manipulación de explosivos. ¿De dónde vienen? ¿Dónde han aprendido? Es un atentado que requiere preparación y tiempo (más de 9 meses). ¿Quién ha financiado todo esto? ¿Dónde han conseguido el dinero? Estas son algunas de las preguntas que los medios no querrán hacerse.

Hay, como todos sabemos, una enorme red de intereses políticos, económicos y geoestratégicos retroalimentándose. Fue Zbigniew Brzezinski, el que reconocía, en 1998, que la creación de Al Qaida era su obra. Este siniestro personaje fue asesor de múltiples presidentes desde la época de Jimmy Carter. Su impronta ha quedado marcada en la historia reciente: desde las matanzas en Afganistán, hasta el intento destrucción del estado sirio, pasando por el genocidio libio. Mas tarde, Hillary Clinton reiteraba, en 2012 y 2013, que el Daesh era obra suya. Nadie ha pedido cuentas a ese malvado personaje, que estuvo a punto de ser presidenta de los EEUU. Otros nombres, igualmente siniestros, próceres y adalides de la democracia occidental como Sarkozy, Hollande, Netanyahu, Cameron o Theresa May han sido interlocutores directos en algunos casos de los líderes de los grupos terroristas que asolaron Libia y Siria.

El terror, el terrorista, no nace: se hace. Se le prepara, se le financia, se le instruye. Se requiere tiempo, dinero y planificación. Los grandes medios nos inundarán con imágenes terribles, se repetirán hasta el hastío los mismos argumentos, se crearán héroes y villanos; ocultando como en un juego de trileros las respuestas y evitando las preguntas incómodas. ¿Por qué el gobierno español intervino en Libia? ¿Por qué apoyó a la oposición siria, responsable de tantos crímenes? La respuesta es terriblemente simple. Apunta, eso sí, al cinismo de la política occidental, en este caso la nuestra. El Daesh es obra de la CIA, el M16 y el Mossad; financiadores y reclutadores de parte de este ejército han sido Arabia Saudita y Qatar, reconocidos internacionalmente como las fuentes de financiación del terrorismo especialmente en Oriente Medio. Occidente (menos Italia) se ha negado a intercambiar información de inteligencia con el gobierno sirio durante años; España tampoco lo hizo, aunque consta el interés de los servicios de información, sobre todo los desplazados en el Líbano en desarrollar estos contactos. Parece ser que la oposición del anterior ministro del Interior fue clave para cortocircuitar esta línea de investigación. Para nuestros políticos era prioritario mantener las relaciones con Arabia Saudita, sobre todo porque nuestro gobierno y el monarca (el emérito y el actual) han hecho grandes negocios con sus socios árabes. Y, ¿qué decir de las relaciones económicas, estimuladas por la Casa Real y los sucesivos gobiernos (fueran del color que fueran) con el mayor financiador del terrorismo internacional, Arabia Saudita? Las jugosas comisiones recibidas por el rey emérito a cuenta del AVE a la Meca o la venta de 350 carros de combate a Arabia Saudita… Hasta el 14 de julio de este año, según informes de Greenpeace, la industria española había vendido 8656 toneladas de explosivos. En el 2016 se vendieron por valor de 4000 millones de euros a Riad, este año superaremos con creces esa cifra. Nadie va a morder la mano que te da de comer.

Pero no sólo ha sido Madrid quien ha coqueteado con estados patrocinadores del terrorismo internacional. El gobierno catalán ha sido durante décadas uno de los mejores aliados de Israel. Tel Aviv ha reconocido que, sólo en la actual guerra siria, se han lanzado más de 4000 terroristas contra Damasco, desde la zona controlada por Israel en los Altos del Golán. La aviación hebrea ha realizado más de 500 incursiones sobre Siria dando apoyo a estos grupos. Durante décadas, la relación entre el “Palau de la Generalitat” y Tel Aviv han sido intensas: desde la importación de los primeros sistemas informáticos para las escuelas catalanas (sistema TOAM) desarrollados por el ejército israelí para controlar a la población palestina y, posteriormente, adaptados al mundo educativo, hasta la dotación de sensores de movimiento en las escuelas catalanas, como resultante de los diseños realizados para controlar los “guetos palestinos” en Gaza y Cisjordania. En el extremo de este circo cínico, donde al final sólo pagan las gentes sencillas, el Barça (símbolo patriótico donde los haya) lucía la propaganda de unos de los países que financian la secta wahabita. La propaganda de Qatar ha estado incluida en las camisas de los astros del Futbol Club Barcelona hasta julio del 2017. Qatar necesitaba obtener una pátina de respetabilidad pública para ocultar su relación con los grupos extremistas y ¿qué mejor que las camisetas de uno de los clubs con mayor impacto mediático del mundo? Ahora se comienzan a destapar algunos escándalos en los organismos internacionales del fútbol para que ese país sea anfitrión del mundial en 2022 ¿Cuánto dinero se ha tenido que derramar en comisiones? Qatar es el segundo país, tras Arabia Saudita, en dinero invertido para apoyar los grupos terroristas en Siria y el Líbano, y el primer inversor en la financiación de la prédica de la “la guerra Santa“ a través de las redes. El papel y el valor ideológico de la emisora qatarí Al Jazeera es a estos efectos impagable.

Los atentados en Barcelona, generan y generarán más preguntas que respuestas.
¿Quién financia los videos, algunos de extraordinaria calidad, que circulan en la red? ¿Quién expande la ideología extremista en algunas mezquitas como en Francia donde el 70% de los imanes son argelinos financiados por Arabia Saudita? ¿Por qué no intervienen los gobiernos? Son preguntas a las que no se quiere responder. La islamofobia avanza y con ella el fascismo. Se pretende enfrentar a unos contra otros. Autóctonos contra extranjeros, pero ¿se puede llamar extranjero a jóvenes integrados, nacidos y educados en el país? El objetivo, lo adivinamos, es propagar el miedo al que es diferente, sobre todo si es pobre como nosotros. El jeque árabe no dejará de ser recibido en palacio por dignatarios que le brindarán pleitesía; en cambio veremos como competidor al extranjero que pide ayudas, mientras el gobierno recorta, una y otra vez, los presupuestos sociales. La expansión del miedo presupone aumentar los gastos en seguridad, sacar los ejércitos a la calle, aunque no eviten ningún atentado. Es, en definitiva, justificar las guerras de agresión para que unos pocos hagan pingües negocios, amparados en el terror de la mayoría.

EEUU: La Casa Blanca y los disturbios fascistas en Charlottesville

por Eric London//

Después de meses de planeación y coordinación deliberadas con la policía, la demonstración nazi “Unite the Right” (“Unamos a la Derecha”) en Charlottesville, Virginia, alcanzó su apogeo mortal el sábado por la tarde cuando un admirador de Hitler de 20 años, oriundo de Ohio, condujo su automóvil contra una multitud de manifestantes opositores, asesinando a la joven de 32 años, Heather Heyer, una partidaria de Bernie Sanders, e hiriendo a 14 personas más. Seguir leyendo EEUU: La Casa Blanca y los disturbios fascistas en Charlottesville

Conversaciones con la secretaria de Joseph Goebbels

por Bernd Reinhardt y Verena Nees//

Una vida alemana: La élite de poder Nazi en la mirada.

La película austríaca Una Vida Alemana (Ein deutsches Leben), dirigida por Florian Weigensamer, Olaf S. Müller, Christian Krönes y Roland Schrotthofer, que tuvo su premier en cines alemanes en abril es una cinta preocupante y chocante. Por esas razones merece una gran audiencia. El documental trata de Brunhilde Pomsel (1911 al 2017). Pomsel fue secretaria de 1942 a 1945 en la oficina del ministro nazi de propaganda, Joseph Goebbels.

Pomsel, mujer de 103 años de edad (cuando se produce el documental), habla calmadamente, deliberadamente, con mucho esmero. Las fotos de ella, en blanco y negro, muestran una cara surcada de arrugas. Una mente clara y una memoria nítida alumbran su viva mirada. Describe su labor con Goebbels como si hubiese ocurrido ayer.

No sólo está cerca la cámara; todo está cerca. De pronto cae en cuenta el público: aquí estamos ante alguien quien estuvo en el centro de poder nazi; quien hasta el fin trabajó en el bunker del ministerio de propaganda nazi y transcribía con su máquina de escribir, los documentos de uno de los más infames criminales nazis; quien luego se suicidó con toda su familia. No fue hace tanto tiempo.

Al finalizar su relato de ciento quince minutos, grabado en 2013 y 2014 (reproducido en un libro que acompaña el film —publicado en 2017 por la editora Europa-Verlag), Pomsel hace un resumen de sus opiniones: “Aun lo bello tiene imperfecciones, lo terrible sus rayos de sol. No todo es blanco y negro”. Rechaza cargar con ninguna culpa. No cometió ningún delito “fuera de transcribir para el señor Goebbels”.

“No, yo no me considero culpable; a menos que se ponga en el banquillo a todo el pueblo alemán, a toda la gente que ayudo a este régimen conquistar el poder”.

Pomsel se cria en un medio pequeñoburgués. Sin ser ricos, sus padres pudieron vivir en un barrio acomodado en la zona sur de Berlín, donde la educación hacía hincapié en la obediencia. No se fomentan intereses políticos, particularmente entre las niñas.

Luego, de muchacha Pomsel representaría el ideal femenino: bonita, prolija y un poco ingenua. Le agrada charlar con sus amigas en los cafetines. Heinz, su primer novio estudia derecho en Heidelberg. La invita al palacio deportivo de Berlín. Se decepciona cuando, en vez de un evento deportivo, llegan a un evento de propaganda del Partido Nazi (NSDAP), donde habla Goering; cosa que la deja aburrida en extremo.

El presidente Hindenburg nombra a Hitler canciller del Reich (Reichkanzler) el 30 de enero 1933. Pomsel lo saluda durante la marcha de antorchas en la Puerta de Brandenburg: “¿Porqué no?, un hombre nuevo”. Pomsel apenas tiene veinte años de edad.

“Nadie pensaba en los judíos antes de 1933”, cuenta Pomsel, “puro cuento de los nazis más tardíos”. Eva Löwenthal, su amiga judía, siempre era invitada a sus fiestas. Eva nunca tiene dinero y los otros la invitan. Pomsel nunca le cuenta, por tacto, que había ovacionado a Hitler.

Por un tiempo trabaja Pomsel de secretaria de un agente de seguro judío, un tal Hugo Goldberg. Tampoco a él le dice que había aplaudido a Hitler.

Luego de 1933, cuando le llegan menos clientes, Goldberg sólo puede contratarla a medio tiempo. Pomsel se las rebusca transcribiendo las experiencias en la Primera Guerra Mundial de Wulf Bley, ex teniente de vuelo y en ese entonces Sturmbannführer —comandante de unidad de asalto— de la SA (Sturmabteilung, tropas de asalto paramilitares nazis, las infames camisas pardas). Siguiendo los consejos de Bley, Pomsel, para avanzar su carrera, se une al partido Nazi; Bley le consigue un buen empleo en una estación de radio.

Cuenta Pomsel que su amiga Eva la visita con frecuencia en la estación de radio. Le agradan los periodistas de allí por ser tan “chistosos y despiertos”. Su lenguaje deja entrever los prejuicios de la pequeña burguesía del sur de Berlín. Eva era muy bonita: “de cabello rojo, pequeña y delicada, aunque con pico judío” [nariz].

En 1942 Pomsel es enviada al ministerio de propagando. Allí asciende hasta convertirse en la secretaria mecanógrafa de la oficina de afuera de Goebbels. Tanto gana que sus amigas la envidian. Varias veces explica que bien se sentía allí. La gente era amistosa, los muebles agradables. Su patrón, Goebbels, parece elegante; usa magníficos trajes y siempre se mantiene bien; “no hay ninguna razón para quejarse”.

Joseph Goebbels en 1932

De vez en cuando visitaban la oficina las lindas hijas de Goebbels, curiosas y con deseos de escribir a máquina.

Cuando Pomsel visita a Eva Löwenthal por última vez, ella se ha mudado; las cosas le van muy mal. Le avergüenza a Pomsel no haber traído alimento; sólo trajo cigarrillos; su amiga es una fumadora empedernida. Su familia carece casi por completo de muebles y vive hacinada, cuatro por cada cuarto. “De repente Eva desaparece. No pudimos impedirlo”. La habían deportado a Auschwitz en 1943, donde la asesinan en 1945.

“Para nada sabíamos lo que pasaba con Hitler en el poder”, dice Pomsel, a manera de justificarse a sí misma. En verdad “Saber demasiado no convenía; era un obstáculo innecesario”.

Esta película bien demuestra su fuerza alternando la narración de Pomsel para con muestras de la realidad en que vivía. Se presenta material archivado y recien descubierto del Museo Estadounidense Conmemorativo del Holocausto (USHMM), que muestra la enorme destrucción de cadáveres en el Ghetto de Varsovia y los prisioneros famélicos de campos de concentración recién liberados por tropas estadounidenses, verdaderos esqueletos andantes. Finalmente hay largase escenas del campo de Buchenwald, donde, al acabar la guerra, se obligó a los habitantes de la vecina ciudad de Weimar tomar conciencia de las montañas de cadáveres y a enterrar a los prisioneros masacrados. También se presentan escenas de cintas propagandísticas de las principales naciones que participaron en la guerra.

De la matanza de judíos, otras minorías, o de comunistas, socialdemócratas y luchadores de la resistencia, Pomsel dice muy poco. Admite haber sabido “por mucho tiempo” de la existencia de los campos de concentración. Para ella era suficiente la verdad oficial de que esos campos eran de “reeducación” de enemigos y criminales.

No tenía sentido resistir; de todas maneras ya era demasiado tarde con Hitler en el poder. “Vivíamos todos en un gigantesco campo de concentración”.

Sophie Scholl

Llega a ocurrir que los archivos judiciales de Sophie Scholl y el grupo la “Rosa Blanca” (Weißen Rose) caen en sus manos. Recuerda lo orgullosa que se sintió a no ceder a su curiosidad y no leer en secreto ese archivo. Le remuerde la muerte de esos jóvenes. Admira la valentía de Sophie Scholl y sus compañeros. A la vez piensa que fue una “estupidez” arriesgar sus vidas “por un papel de mierda, un volante”.

Causa inquietud Una vida Alemana por ser tan normal, por las enormes banalidades con que Pomsel describe sus años con Goebbels. Le presenta al vidente una imagen totalmente rutinaria de algún buró de algún oficial de gobierno actual. A través de todo esto, Pomsel obedientemente transcribe a maquina todas las decisiones, instrucciones y protocolos justificando las matanzas y la guerra de exterminio.

Al fin de sus días, Pomsel sigue admirando su jefe por ser un “talentoso actor”; aunque si la llena de horror cuando Goebbels una vez en un infame discurso del Palacio de Deportes pregunta con furia: “¿Desean ustedes guerra total?” con el aplauso de todos sus oyentes —un hombre que había embrujado a las masas, un “fenómeno natural” inexplicable.

La ignorancia de Brunhilde Pomsel, setenta años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, que ella admita abiertamente que había apoyado a los Nazis por interés personal y su atrevida declaración de no haber visto nada, de no saber nada, asombra pero no sorprende —aparece en otro documental, sobre Traudl Junge, secretario de Hitler.

El Partido Nazi fue un movimiento pequeñoburgués, que contó con el apoyo de muchísimos oportunistas. Las justificación posteriores de éstos, de que nunca supieron nada, los ayuda en sus carreras en Alemania Occidental luego de la guerra. También logra Pomsel regresar a su antiguo puesto; pasados cinco años de prisión en Rusia, se transforma en la secretaria ejecutiva de la red alemana de radio difusoras (ARD), recomendada por el doctor Naumman, periodista nazi, quien también contaba con un nuevo empleo.

¡Cuán contemporánea es Una vida alemana! Por eso se nos enraíza en la médula de nuestros huesos. Los actuales aires de guerra, la miseria que encaran millones de refugiados, combinados con el auge del nacionalismo y del fascismo, despiertan los fantasmas del pasado. Es una horripilante advertencia para los tiempos actuales”, declaran los directores del film. “Hoy en día ya no se trata de un solo país, sino de todo un continente que se mueve a la derecha. Asusta ver que poco hemos aprendido de esa historia, que todavía existe en la memoria viviente”.

No se trata para los directores alumbrar la culpa de la señora Pomsel; cosa que es demasiado fácil. Se trata de que los videntes encaren “cuan rápido uno puede asociarse con tal empresa”; vuelve el agarre del conformismo, trayendo consigo “la indiferencia hacia los demás, la falta de empatía con el prójimo”.

El documentario termina con una dura advertencia ¡No nos olvidemos de los muertos del campo de Buchenwald! Esas imágenes de pilas de cadáveres nos traen a la memoria el reciente documental Fuocoammare —Fuego en el Mar— de Gianfranco Rosi, ganador del Oso de Oro, principal premio del Berlinale 2016 (el 66avo Festival de Cine de Berlín), una de cuyas escena muestra docenas de cadáveres de refugiados africanos entrelazados en un barco de refugiados.

El maldito: Wilhelm Reich y el psicoanálisis

por Juan García Brun//

Hijo intelectual y dilecto de Freud, luego disidente expulsado del círculo íntimo del maestro, Wilhelm Reich fue, para muchos, un psicoanalista maldito. Pionero de las terapias corporales, revolucionó la sexología con la teoría sobre la función del orgasmo. Desprestigiado y prohibido, murió en una cárcel de Estados Unidos a donde había llegado huyendo del nazismo para continuar sus investigaciones sobre la energía vital, que él llamaba orgón Seguir leyendo El maldito: Wilhelm Reich y el psicoanálisis

Parar a Trump luchando contra el imperialismo

por Gustavo Burgos

La prensa burguesa ha enmudecido frente al triunfo electoral de Trump. Desde Valparaíso, hay un cierto deja vú, al analizar un nuevo resultado electoral inesperado, de aquellos que revuelven el naipe.

No nos puede sorprende que un gorila como Donald Trump haya llegado a la Casa Blanca. En la historia reciente, Nixon, Reagan y Bush Jr., se han distinguido por su incultura, su torpeza y brutalidad, por referirnos a sus atributos personales. En lo que no se distinguen ninguno de los Presidentes de EE.UU. -de forma unánime- es en haber encabezado el ataque la clase obrera y a las naciones oprimidas y haber perpetrado masivos crímenes de guerra que sólo la revolución podrá castigar.

No haremos –de ningún modo- un análisis de la conducta electoral norteamericana. Los más variados analistas, incluyendo algunos criollos muy relevantes, se permiten hacer atrevidas e intrincadas hipótesis distinguiendo entre los votantes del sur de Virginia, los latinos de Orlando, los cubanos jóvenes de Miami, el early voting y muchas más categorías de fantasía política. Nos parece que esos ejercicios categoriales y estadísticos son meramente especulativos y pretenden reemplazar el análisis político, que parte de la comprensión del proceso de lucha de clases, por el uso del ábaco y la calculadora. En la antigua Roma en lugar de las encuestas, leían las vísceras de las aves.

Pero tampoco creemos que sea ocioso evaluar el éxito de Trump amparándose en que él y la Clinton son lo mismo. Es verdad, representan lo mismo, son ambos instrumentos del imperialismo y la burguesía norteamericanas, como en su momento –y guardando las debidas distancias- las candidaturas de Lagos/Lavín, Frei/Piñera, Bachelet/Matthei, fueron candidaturas burguesas, de lo que de forma espeluznante se llama hoy “el duopolio”. Sí, es verdad, Trump y Clinton son funcionales a los mismos intereses de clase imperialistas, pero no son lo mismo, no expresan de la misma forma dichos intereses.

Toda democracia burguesa –aún la escandinava- no es más que la mascarada, la puesta en escena, de la inclemente dictadura del gran capital tendiente a garantizar la explotación de los trabajadores y si hay resistencia, la más bárbara de las represiones. A ese orden capitalista de explotación, al monopolio de la fuerza armada a manos de la burguesía, los políticos patronales llaman “institucionalidad” y “orden público”. Engels, con una buena cuota de humor negro, decía que el Estado no era más que una banda de matones al servicio del gran capital. La democracia burguesa yankee, el epítome, el modelo de toda democracia burguesa no escapa a este concepto. Con un sistema electoral que viene del siglo XVIII, el llamado a elecciones y la verificación del mismo, no expresan más que de forma muy deformada la voluntad popular. Esta deformación es tan extrema, tan inocua a los intereses de los explotadores, que sólo permite por su intermedio inferir, de modo indirecto, poco más que el estado de ánimo de los norteamericanos.

Que en esta elección hayan sido convocados los norteamericanos a elegir entre dos variables de lo mismo (demócratas o republicanos), dos candidaturas con programas indiscernibles el uno del otro, no hace sino corroborar el carácter de clase del llamado orden democrático norteamericano, precisamente porque ese retaceado e inútil voto, esa episódica e impotente manifestación de voluntad política, se expresa condicionadamente en un marco institucional burocrático y dictatorial. El juego democrático en los EE.UU. y en Chile y en cualquier país capitalista, sólo opera en tanto legitime la gran propiedad privada de los medios de producción, el monopolio de la fuerza pública y consagre y fortalezca el fetiche electoral como si tal fuese la voluntad popular: es lo que llaman Constitución. Mediante el ejercicio electoral burgués, la patronal en el plano simbólico, expropia la voluntad de los explotados, como en el económico lo hace al apropiarse de la plusvalía.

¿Qué significa Trump, entonces? Todos lo sabemos: fascismo. El aspecto grotesco, el peinado su penosa torpeza comunicacional, expresa –con todas las limitaciones acotadas- que la miseria de grandes capas de la población norteamericana se ha agudizado a niveles superiores a lo habitual y que ella es la base material de un creciente descontento con el régimen. Sin embargo, este descontento, genuino, real, de la base social norteamericana de los obreros, campesinos y explotados en general, no encuentra expresión política propia, proletaria, revolucionaria, de izquierda. Ello precisamente porque la clase obrera norteamericana no tiene un partido o dirección política propia que exprese sus intereses históricos. Esta ausencia de dirección política revolucionaria ha terminado empujando el descontento político a los brazos del fascismo. Ocurre en el Reino Unido, en Austria, Francia, Alemania.

La candidatura de Donald Trump alberga en sus entrañas, más precisamente, los gérmenes del fascismo. De conjunto, el programa presentado se basa en la estrategia de nacional-imperialismo. Está ahí porque se fundamenta en algunas premisas de defensa de las fronteras nacionales de los Estados Unidos, de expansión económica por la fuerza de las armas, por la generalización de la xenofobia y el recrudecimiento del racismo. La confluencia de las tendencias fascistizantes de la mayor potencia con las de Europa Occidental, es un síntoma grave de la descomposición mundial del capitalismo que no encuentra salida progresiva para su crisis estructural. Todo indica que crecerán y fortalecerán las posiciones chauvinistas en el seno de las potencias.

La desintegración del orden capitalista, la transformación de las crisis políticas en conflictos armados en el Medio Oriente y la insaciable voracidad del capital financiero, son los motores de la lucha de clases en los EEUU y en el mundo entero. Abrigar esperanzas en que el capitalismo es reformable, que por intermedio de ajustes legales, institucionales o electorales, podremos parar esta ofensiva del gran capital, es abonar el camino hacia nuevas derrotas.

Parar a Trump y a todas las tendencias fascistas es una tarea para los trabajadores, para la izquierda y para los revolucionarios de todos los puntos del orbe. Parar a Trump significa redoblar nuestros esfuerzos por organizar a los trabajadores y fortalecer y ampliar las movilizaciones. Parar a Trump es acabar con las AFP, es imponer los reclamos de la ANEF, recuperar la educación gratuita y ponerla al servicio de la liberación social y nacional.

Parar a Trump es parar al imperialismo y al principal representante y protector de sus intereses en Chile: el régimen político del pinochetismo, sus partidos patronales y el Gobierno. No se trata de un ejercicio intelectual. Se trata contribuir a fortalecer la lucha de los trabajadores, instar por la construcción de  sus órganos de poder y verdadera democracia. Se trata de rescatar la tradición socialista, en este momento en que los trabajadores parecen en Chile y el mundo haber retrocedido a expresiones políticas primitivas de sumisión al orden democrático burgués. Se trata, en momentos en que el fantasma del fascismo parece enseñorearse en las metrópolis, de levantar las banderas de la liberación de los explotados: la revolución socialista.