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Colombia: primera elección presidencial tras la firma del acuerdo de paz con las FARC

de Partido Obrero Revolucionario (Argentina) //

 

El Acuerdo de Paz con las FARC ha impulsado la esperanza e ilusión de cambio y progreso a través de la democracia burguesa en Colombia. La propuesta nacionalista burguesa de Petro arrastró tras de sí a sectores que comienzan a dejar de sentir miedo y se movilizan tras la ilusión de la transformación del país en el que viven. Seguir leyendo Colombia: primera elección presidencial tras la firma del acuerdo de paz con las FARC

Colombia: El partido político de las FARC será democratizante desde su nacimiento

El diario El Espectador de Colombia publicó un artículo haciendo referencias al documento denominado con pretensión “tesis de abril” ya que recuerda obligadamente las famosas tesis de Lenin de 1917. También Página 12 de Argentina publicó un artículo similar.

Es de importancia conseguir el texto completo para hacer una valoración precisa de todos sus planteos. Pero ya podemos anticipar algunos comentarios partiendo de los extractos publicados. Se trata de las tesis preparatorias del Congreso fundacional del partido de las Farc.

No es una organización cualquiera, ha tenido influencia de décadas en Colombia (54 años) y en todo Latinoamérica, se trata de una de las organizaciones guerrilleras más antiguas del continente.

Hubiéramos querido tener la oportunidad de debatir directamente con los compañeros este documento ya que las cuestiones que abarca son de interés estratégico para la clase obrera del Continente.

No hay citas que hagan referencia al balance de su experiencia de tantas décadas, que es fundamental debatir. Para entender las razones de su derrota política, antes que militar. Para evitar que vuelvan a ser derrotados, ahora por las ilusiones en las vías legales, porque las consecuencias serán nefastas.

Las tesis están siendo discutidas, por casi “8.000 hombres en armas en los 26 territorios transitorios de normalización”, en las zonas veredales y puntos de normalización, expuestas por los comandantes políticos, y estudiadas por grupos o células según instrucción del Secretariado.

Según se dice, es el trabajo preparatorio para las asam- bleas que se están llevando a cabo desde mayo, para en agosto convertirlas en principios de su nuevo partido polí- tico. Las tesis serían continuidad de lo acordado en la últi- ma Conferencia en 2016, en los Llanos del Yarí.

Los periodistas interpretan que se señalan las ideas que los conducirán al poder, dicen, esta vez por la vía legalesperanza de miles de mujeres y hombres que han dejado de disparar para soñar un país sin guerra y luchar por él en el terreno político. Así, paso a paso, cada amanecer trae nuevas tesis, nuevas dudas, pero también renovados compromisos de los ex combatientes con una sociedad futura sin guerra.

El documento afirma que EL PARTIDO SE FUNDA- MENTARÁ EN “EL MARXISMO, EL LENINISMO, el pensamiento emancipatorio bolivariano y en general, en las fuentes del pensamiento crítico y revolucionario de los pueblos”.

Eso puede leerse en la tesis 47 que detalla, además, que “la construcción partidaria que iniciamos, al tiempo que da continuidad a nuestra larga trayectoria de lucha y a nuestra ideología (…) deberá comprender esfuerzos por nuevos desarrollos que posibiliten ganar el corazón de los humil des, los expropiados y los desposeídos”.

No es suficiente definirse marx-leninista para serlo real- mente, pero muestra una definición ideológica de gran importancia, ya que de ella reniega hoy gran parte de la izquierda.

Algunos aspectos centrales que definen la orientación ideológica marx-leninista son: a) definir con la mayor precisión el objetivo estratégico: el socialismo, el comunismo, la dictadura del proletariado (gobierno obrero-campesino) (porque corresponde a la definición del Estado por su con- tenido de clase), la destrucción del Estado burgués; b) la única vía para alcanzar ese objetivo estratégico es la revolución social, (no hay ninguna otra vía); c) para que esa revolución social sea realmente popular, la clase obrera debe dirigir al resto de los oprimidos, a la mayoría de la población; d) se debe definir que los principales medios de producción serán expropiados y puestos en funcionamiento bajo control colectivo de los trabajadores, que se realizará una revolución agraria; e) lo que corresponde con estos principios es la construcción de un partido obrero, comunista, basado en el centralismo democrático, un verdadero estado mayor de la clase obrera; f) propagandizar permanentemente la desconfianza en las instituciones del Estado burgués, sus leyes, su Justicia, las elecciones; g) señalar que la burguesía es incapaz de resolver las tareas democráticas y nacionales, que sólo la clase obrera en el poder podrá resolver esas tareas combinándolas con las tareas socialistas; etc.

Estas cuestiones vitales, nos parece que aparecen difusas en los textos que se conocen del documento.

Por ejemplo, cuando se dice en la nota: “Campesinos en su mayoría con escasos años de escolaridad hacen parte de las filas guerrilleras convencidos y comprometidos con lo que sus comandantes les han dicho: que la dejación de armas no es el fin de su lucha revolucionaria sino una transición para continuar su camino al poder ahora por la vía política.”

Este comentario aparece contradictorio. El camino al poder para la clase obrera, para los campesinos, para la mayoría oprimida, es la revolución social. No hay otra vía para alcanzar el poder. La historia nos ha dado numerosos ejemplos en este sentido.

¿Cómo debe entenderse la idea de la vía política? ¿Como un camino electoral, parlamentario, pacífico? Si así fuera sería el abandono de toda perspectiva revolucionaria.

UN PARTIDO PARA LOS TRABAJADORES

Según el documento conocido por GeneracionPaz.Co las Farc se proponen fundar un partido “que logre representar y expresar las aspiraciones históricas de la clase tra- bajadora en los centros urbanos y las zonas rurales”. Las aspiraciones de la guerrilla van incluso hasta conquistar a la clase media. En la tesis 47 se lee que “además de ser un partido de la clase trabajadora, nuestro partido deberá tener la capacidad de dialogar con otros sectores de la población particularmente de las llamadas capas medias e interpretar sus intereses y aspiraciones. En ese sentido, su estructura, manteniendo la solidez y coherencia debidas, deberá contener una capacidad adaptativa a los cambios que registre la formación socioeconómica y sociopolítica en su conjunto a fin de preservar sus posibilidades de respuesta y de elaboración de su línea polí- tica en la búsqueda de sus propósitos del orden táctico y estratégico”.

“la situación de la clase trabajadora demanda una alternativa política que contribuya a mejorar sus vidas presentes, al tiempo que ofrece perspectiva histórica de cara a las futuras generaciones”.

La construcción del partido, dicen las Farc, debe estar basada en “el ejercicio pleno de la democracia interna” el cual “construirá sus decisiones basado en la más amplia deliberación y tomará decisiones que comprometiendo al conjunto de la organización establecerán reglas de reco- nocimiento y regulación frente a quienes se encuentran en posición minoritaria”

…. principios para continuar su transformación de ejército ilegal a partido político.

De la tesis 46 a la 61, la final, se profundiza sobre la comprensión del partido “en el nodo del campo revolucionario”. La tesis 48, por ejemplo, se titula “un partido para la superación del orden social capitalista y la construcción de una nueva sociedad” y más adelante se refieren al comunismo como fundamento de su futura lucha política sin armas.

Esta es una cuestión esencial, aparecen planteadas muchas ideas.

cuando dice “un partido para la superación del orden so- cial capitalista y la construcción de una nueva sociedad” y más adelante se refieren al comunismo como fundamento de su futura lucha política sin armas.

Aparece confusamente la cuestión estratégica, lo que indicaría que no hay un balance correcto de la experiencia guerrillera. No hay, ni puede haber, superación del orden social capitalista por medios pacíficos. Hay que decirlo con total claridad para evitar confundir o engañar a la militancia. Sólo se puede superar el orden social capitalista por medio de una revolución social, que expropie a los grandes capitalistas y transforme su propiedad en propiedad social (de todos en general y de nadie en particular).

Mucho menos se puede alcanzar el comunismo si previa- mente no hemos derrotado al capitalismo en todo el mundo, por la única vía posible. La lucha política no se divide en lucha con armas o sin armas. Se puede luchar con armas por un programa reformista o nacionalista y no por eso son revolucionarios.

Lo que define el carácter revolucionario es su programa, su estrategia de poder, cómo hace para ganarse a todos los oprimidos para esa estrategia, es decir cómo fusiona la teoría y la práctica. Sin teoría revolucionaria no hay práctica revolucionaria (Lenin).

La cuestión de las armas no se resuelve al margen de la lucha de clases, de la madurez política de la clase obrera y las masas. Las armas en sí mismas no son un programa, aunque pueden encubrir la ausencia de un programa revolucionario. Por el contrario, aquellos que reniegan de las armas, que reniegan de la violencia revolucionaria y se pontifican como pacifistas y partidarios de la legalidad burguesa, sabemos desde el principio que rechazan la estrategia de la revolución social, aunque no lo digan explícitamente.

La expresión “clase trabajadora” “partido de trabajadores” es ambigua. Es un tema delicado cuando se está debatiendo la constitución de un partido revolucionario por parte de miles de combatientes.

El partido que hay que construir en Colombia, y (en cada uno de nuestros países), es el partido revolucionario, el que encarne la estrategia. Un verdadero partido de clase, obrero, comunista.

El término trabajador incluye a sectores de las clases medias asalariadas, que trabajan, que perciben un salario, pero que no son obreros. Trabajador se considera también el artesano, el comerciante, el pequeño productor, que trabaja. Y hasta sectores de la burguesía pequeña que se considera trabajadora, y por supuesto también la clase obrera, es par- te de esa definición, sea de la ciudad o del campo. El obrero rural es hermano de clase directo del obrero urbano.

Como vemos el término “trabajador” incluye sectores de distintas clases y capas de la sociedad que no son obreras.

Esto no quiere decir que en su composición haya sólo obreros, quiere decir que el contenido de clase de ese partido no deja lugar a dudas, que su perspectiva política no puede ser otra que la lucha por el poder para destruir el Estado de la burguesía, instaurar la dictadura del proletariado, para comenzar a construir la nueva sociedad.

Esta no es la perspectiva de la pequeñaburguesía, de las clases medias del campo y de la ciudad, que tienen ataduras con el régimen de la propiedad privada, porque ellas mismas aspiran a tenerla o incrementarla.

Es muy saludable la preocupación por construir un partido y no un movimiento.

Esto se nota cuando se preocupan por la organización, por el debate interno, el centralismo, y cómo garantizar los derechos de las minorías dentro de la organización. Lo que asegura la mayor cohesión interna es el programa partida- rio. El partido es el programa. Lo esencial en este período es definir el programa, sus lineamientos principales.

Cuando habla de “… contener una capacidad adaptativa a los cambios que registre la formación socioeconómica y sociopolítica en su conjunto a fin de preservar sus posibilidades…”

La formación socioeconómica no modificará su estructura bajo el capitalismo, Colombia seguirá siendo semicolonia del imperialismo, atrasada y de desarrollo desigual y combinado hasta la toma del poder por el proletariado, que empezará a transformar la sociedad desarrollando las fuerzas productivas, llevando adelante las tareas que la burguesía no pudo, no supo y no quiso llevar adelante.

El proyecto de unidad latinoamericana que planteaba Bolívar solo podrá materializarse en los Estados Unidos Socialistas de América Latina, producto de las revoluciones triunfantes en nuestros países. Las recientes experiencias de unidad latinoamericana en manos de corrientes que defienden el orden capitalista han fracasado o han terminado sirviendo a los intereses de las multinacionales.

En cuanto a las modificaciones sociopolíticas, el partido efectivamente debe poder adaptarse a los períodos de legalidad para hacer propaganda, y avanzar con su penetración en los movimientos de masas y también poder adaptarse a los momentos de mayor represión, para mantener en pie la estructura del partido. Esto se garantiza con la cohesión programática, la disciplina, la politización de todos los militantes.

Destacan en el documento “la necesidad de avanzar hacia una convergencia nacional, un gobierno nacional” y resaltan la necesidad de crear “un bloque popular alternativo”.

El documento se denomina “Tesis de Abril por un partido para construir la paz y la perspectiva democrática popular”

En este punto, la guerrilla es enfática en resaltar la cultura como escenario fundamental para la paz. En la tesis 22 “El papel central de la cultura” las Farc afirman que: “Se está frente a la perspectiva de emprender la transformación cultural más importante de la historia reciente: la construcción de una paz estable y duradera de cara a las generaciones futuras”. Luego, en el siguiente bloque “Acompañamiento internacional verificación y participación social” se incluye una tesis sobre el reconocimiento del gobierno de Donald Trump, en EE.UU., al acuerdo de paz.

El sexto y último capítulo está titulado “Transición Política y gobierno de transición”. Y sus artículos los ratifican:

Tesis 57. El gobierno de transición como necesidad de la transición política; Tesis 58. Naturaleza del gobierno de transición; Tesis 59. Contenidos básicos de un programa

de gobierno de transición; Tesis 60. La base política y social para un gobierno de transición; Tesis 61. Posibilidades de ampliación de la base política y social del gobierno de transición.

El “gobierno de transición” será un gobierno burgués si se basa en el respeto a la propiedad privada de los principales medios de producción y en la explotación del trabajo. Insistimos, el punto de partida para comenzar a construir el socialismo es terminar con la burguesía y su Estado por medio de la revolución social.

Es necesario desarrollar este tema, ¿convergencia con quién? ¿con qué sectores?, ¿para desarrollar qué política? No hay que colaborar con ningún partido burgués, ni con el Gobierno. Ni participar en gobiernos con sectores burgueses. Es contradictorio con desarrollar una política que cuestione la democracia burguesa y el régimen de propiedad.

“Perspectiva democrática popular” No hay etapas en la revolución. Para realizar las tareas democráticas y conquistar una verdadera democracia, hay que hacer una revolución social. La burguesía de nuestros países es una clase que se ha entrelazado con los terratenientes, con el capital financiero, y ha renunciado a las tareas que le hubieran correspondido, eso es irreversible. Las masas conquistarán la democracia cuando se apoderen de todos los medios de producción, cuando puedan decidir sobre ellos, cuando se autogobiernen, cuando construyan sus propias organiza- ciones de masas.

“Bloque popular alternativo”, lo mismo, ¿a quien va dirigido este planteamiento? cualquier acuerdo político tiene que incluir cuestiones estratégicas y debe aparecer la política revolucionaria, de la clase obrera. De lo contrario, como enseña la historia, esos bloques son dirigidos por la burguesía o la pequeño-burguesía.

Estas expresiones, “bloque popular alternativo” y “perspectiva democrática popular” no son originales, no provienen del marx-leninismo, por el contrario, su origen debe encontrarse en el revisionismo, en el stalinismo (de cuño castrista o maoísta). Son contrarias a la formulación de gobierno obrero-campesino, (dictadura del proletariado).

“Construir la paz”, “la construcción de una paz estable y duradera” es imposible mientras el imperialismo y el gran capital mantengan la dominación sobre nuestros países. Cuando el régimen burgués no logra contener a las masas dentro de su legalidad apela a la represión, más violenta cuanto más radicales son los movimientos. Es una ilusión peligrosa pensar que se puede alcanzar la paz en una época de descomposición avanzada del capitalismo, donde predominan las tendencias a la guerra, a la imposición violenta de las políticas del imperialismo.

El documento es coherente con su entrega de las armas, aunque introduce análisis correctos de la realidad, no acierta en precisar cuál es su política, su estrategia, lo cual desembocará, si no se corrige a tiempo, en una nueva derrota política para su militancia, ya que el nuevo partido será democratizante.

 

(artículo de Comité de Enlace por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional, CERCI)

 

España: El cinismo del gobierno derechista del PP ante el desarme de la ETA

por David Rey//

La entrega incondicional por ETA de su arsenal de armas a un grupo de verificadores internacionales, anunciada para el 8 de abril, es un paso consecuente con su decisión manifestada hace más de 5 años de abandonar definitivamente la lucha armada. Con este acto, ETA y el conjunto de la izquierda abertzale insisten en reafirmar su voluntad de luchar por sus objetivos a través de medios puramente políticos.

Lo que llama la atención es que el gobierno del PP de Mariano Rajoy haya despreciado absolutamente los pasos dados por ETA desde hace 5 años, incluido este último, y se haya negado hasta la fecha a entablar ningún tipo de negociación o conversaciones con ella, o con representantes suyos, para encauzar un hecho tan relevante como es el fin definitivo de su actividad armada.

Esta situación contrasta vivamente con lo ocurrido en procesos similares en los últimos años en otras partes del mundo, donde los Estados se involucraron en negociaciones directas con los grupos armados (el IRA en Irlanda del Norte, las FARC en Colombia), para abordar el abandono de la lucha armada, la eliminación de su arsenal de armas, la reinserción en la vida civil de los activistas de dichos grupos y la situación de los presos. Esto es más llamativo aún cuando anteriores gobiernos del PP y del PSOE sí aceptaron sentarse y negociar con ETA años atrás, aun cuando esta organización ni siquiera había manifestado entonces su voluntad de renunciar definitiva e incondicionalmente a la actividad armada.

El gobierno español no sólo se ha negado a negociar con ETA su entrega de las armas, sino que la ha obstaculizado deliberadamente, en colaboración con el Estado francés. Así ocurrió, por ejemplo, con la detención en diciembre de 5 personas cerca de Bayona que estaban actuando como mediadores civiles para la entrega de armas que ahora se va a ejecutar.

El gobierno ni siquiera cumple la propia legalidad en el tema de los presos, negándose a su reagrupamiento en sus zonas de origen para facilitar el contacto con sus familiares, como está obligado, manteniendo a la gran mayoría de los presos de ETA en cárceles fuera de Euskadi y Navarra, obligando a sus familiares a desplazarse cientos y miles de kilómetros para poder visitarles, negando permisos y suspendiendo visitas con pretextos espurios. A lo largo de los años, 16 personas han fallecido en accidentes de tráfico cuando viajaban para visitar a sus familiares presos en las cárceles, según la organización Etxerat.

Los ardientes defensores de la retransmisión de la misa católica dominical en la TV pública, adalides de los supuestos valores cristianos de humanidad, reconciliación y perdón, no son solamente insensibles y vengativos ante la separación dolorosa de las familias respecto a sus familiares presos, demostrando con ello ser unos completos hipócritas en sus creencias religiosas, sino que incumplen flagrantemente la legalidad vigente, amparados por los tribunales españoles.

De esto se deduce que la derecha española (PP, Ciudadanos) no tiene el más mínimo interés en la resolución del llamado “conflicto vasco” y que espera seguir sacando réditos políticos de la actividad etarra del pasado con dos fines. El primero, mantener en un primer plano el tema del “terrorismo” para desviar la atención de la población de los verdaderos problemas sociales provocados por la crisis del capitalismo y por la propia acción reaccionaria del gobierno del PP. Y el segundo, mantener su base electoral de apoyo entre las capas más atrasadas políticamente de la población, explotando y exacerbando demagógicamente el tema de las víctimas de ETA.

En esta estrategia de mantener “vivo” el tema de ETA también colaboran sectores importantes del aparato del Estado, fundamentalmente de los cuerpos policiales y de los servicios secretos, el actual CNI. La actividad etarra siempre fue utilizada, no sólo para incrementar la represión general y endurecer el código penal tan caro a la derecha española, sino para justificar la impunidad policial, los privilegios especiales para los altos mandos policiales, y la existencia de fondos reservados que escapan a todo control y con los que se han lucrado en oscuros negocios durante décadas numerosos mandos de la policía y la guardia civil (casos Perote, Roldán, Paesa, Villarejo, por nombrar algunos de los más conocidos).

El régimen del 78 no es sólo un régimen reaccionario y caduco al que es preciso superar, sino que es el régimen del doble rasero y de la hipocresía. Quienes, en la derecha, se muestran duros y vengativos en el tema de las víctimas de ETA, son los mismos que nunca condenaron el alzamiento fascista de Franco de 1936 ni el asesinato de las cientos de miles de personas causado por la represión posterior a lo largo de 40 años. No sólo no han sido juzgados ni han purgado sus crímenes los representantes políticos de la dictadura ni de su aparato de estado, sino que notorios ministros de Franco –como Fraga, Fernando Suárez, o Antonio Carro, entre otros– con las manos manchadas de sangre por firmar penas de muerte en los gobiernos del dictador, fueron diputados del PP en la “democracia”. No por casualidad, ETA nació en plena dictadura franquista y se nutrió en su primera década y media de existencia de los crímenes sangrientos del franquismo y de la represión practicada contra el pueblo vasco en los primeros años de la Transición. Todos los medios de comunicación destacan la cifra de las 800 víctimas causadas por ETA, pero ocultan que hubo 188 asesinados durante la Transición (obreros, estudiantes, nacionalistas vascos de izquierdas) en lo que fue una práctica de terrorismo de Estado a manos de la policía, la Guardia Civil y los pistoleros fascistas, entre 1976 y 1982. Muy pocos de sus asesinos fueron juzgados y condenados, y la mayoría de ellos a penas irrisorias. Otro tanto pasó con el terrorismo de Estado practicado por los GAL, bajo los gobiernos de Felipe González, que cometieron 24 asesinatos; por no hablar de los centenares casos de tortura a los detenidos (incluyendo violaciones y abusos sexuales) del entorno de la izquierda abertzale.

Esta política represiva continúa hasta el día de hoy, con torturas, ilegalización de organizaciones políticas y de solidaridad de la izquierda abertzale, cierre de medios de comunicación, etc. y que obliga a muchos jóvenes y activistas abertzales a vivir en condiciones de clandestinidad.

No solamente en Euskadi y Navarra. En los últimos años, los amantes de la democracia y la convivencia en paz en el gobierno del PP se han destacado por cercenar los derechos democráticos duramente conquistados con la criminalización generalizada en todo el Estado de todos aquellos que deciden luchar contra las lacras de este sistema o de quienes, desde posiciones de izquierdas, hacen canciones, chistes y comentarios en las redes sociales. Y se amparan para ello en la Ley Mordaza y las leyes antiterroristas aprobadas en años anteriores. Mientras, destacados dirigentes del PP, periodistas reaccionarios y fascistas pueden permitirse en los medios y en las mismas redes sociales proferir los insultos, amenazas y calumnias más depravados contra dirigentes de izquierdas y las víctimas de la represión franquista sin persecución alguna por la policía.

Lo más sangrante es que el viejo aparato de estado franquista se mantuvo intacto hasta nuestros días. Nunca fue purgado de fascistas y reaccionarios. Al frente del mismo siguieron los mismos jefes policiales y del ejército, los mismos torturadores y miembros de los servicios secretos, los mismos jueces y fiscales franquistas. Lo lamentable de todo esto es que los dirigentes del PSOE y del PCE tras la caída de la dictadura nunca levantaron la voz para exigir esa depuración, convirtiéndose en cómplices de este hecho, de la misma manera que fueron cómplices de la derecha postfranquista en la política de impunidad hacia los crímenes del franquismo y de la Transición.

La entrega incondicional por parte de ETA de todo su arsenal es también la constatación final del fracaso de los métodos de la llamada “lucha armada”, practicada durante 50 años por esta organización, sin haber conseguido –como en el caso del IRA en Irlanda del Norte– ni uno solo de sus objetivos. Es más, los métodos de ETA se han demostrado contraproducentes ya que han sido utilizados por los sucesivos gobiernos y el aparato del Estado para fortalecer ese mismo aparato del Estado, endurecer la represión y restringir los derechos democráticos contra todos (endurecimiento del código penal, restricciones al derecho a manifestación y a la libertad de expresión, ilegalización arbitraria de partidos políticos, cierre de medios de comunicación, etc.). La actividad armada de ETA jugó durante décadas un papel pernicioso en mellar las extraordinarias luchas del pueblo vasco por sus derechos democrático-nacionales, favoreciendo la estrategia de la reacción de introducir todo tipo de prejuicios nacionales y moralistas para aislar la lucha del pueblo vasco de sus hermanos de clase en el resto del estado. De hecho, la desaparición de la actividad armada de ETA y el avance de la lucha de masas –como se ha demostrado en Catalunya– era la precondición básica para que la defensa de los derechos democrático-nacionales de Euskadi, Catalunya y Galicia –como el derecho de autodeterminación– pudiera encontrar un eco favorable creciente entre la clase obrera y la juventud del resto del Estado español, como está sucediendo, tras ser demonizada durante décadas.

Celebramos que ETA y el conjunto de la izquierda abertzale apuesten por la vía política para luchar por sus objetivos, como muy claramente ha defendido el dirigente de EH Bildu, Arnaldo Otegi. Desde nuestro punto de vista, esa vía política debe estar basada en los métodos de la lucha y la agitación política de masas, las manifestaciones, las huelgas y, en un punto más elevado, a través de un movimiento revolucionario de masas. Sería un error encauzar la acción política a través de los métodos reformistas clásicos del cretinismo parlamentario, enclaustrando el programa político dentro de los límites del capitalismo, o mendigando un frente común con la burguesía vasca, siempre dispuesta a traicionar el movimiento ante la burguesía española para defender sus negocios e intereses de clase, como estamos viendo en relación al gobierno del PP, y como ha probado recientemente el apoyo del PNV al infame decreto del PP contra los estibadores, que incluye a los estibadores vascos.

La clase obrera y la juventud vasca han estado siempre a la vanguardia de las luchas y de la conciencia política en el Estado español, en los últimos 40 años. En el País Vasco fue donde la lucha contra la dictadura y durante la Transición llegó más lejos. Fueron Euskadi y Navarra los territorios del Estado español donde el voto favorable a la Constitución de 1978 tuvo el menor apoyo popular, y donde se produjo el mayor rechazo popular al ingreso en la OTAN en el referéndum de marzo de 1986. No es casualidad tampoco que en las elecciones legislativas del 20D y del 26J, Podemos y Unidos Podemos obtuvieran aquí su mayor porcentaje de votos de todo el Estado y resultaran, en el caso de Euskadi, las fuerzas más votadas.

La lucha por los derechos democrático-nacionales es inseparable de la lucha por el socialismo. Sólo la clase obrera está en condiciones de llevar hasta el final la lucha contra todo tipo de explotación y opresión, y en asegurar la plena satisfacción de los derechos democráticos más avanzados, comenzando por el derecho del pueblo vasco a decidir por sí mismo qué relación quiere mantener con los demás pueblos del Estado español, incluido el derecho a formar un estado independiente.

Para conseguir esto, juntos en la lucha somos más fuertes. De lo que se trata es de afianzar la unidad en la lucha de la clase obrera y de la juventud vasca con sus hermanos de clase del resto del Estado para derrotar a nuestro enemigo común, el capitalismo y sus sostenedoras –las burguesías española y vasca– para avanzar hacia el socialismo y resolver definitivamente la cuestión nacional vasca.