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Triunfo del No, Aula Segura y la muerte de Alejandro Castro (Porteño en Portales Nº6)

Sexta entrega del programa radial de la revista El Porteño, “El Porteño en Portales”, 89.5 FM Radio Portales.  Los 30 años del triunfo del No en el Plebiscito de 1988; la cuestión de la violencia y la política piñerista de represión en la Educación; el crimen político y la muerte del dirigente de Quintero, Alejandro Castro.

Los 30 años del triunfo del No en el Plebiscito de 1988 (2´30” Hasta 28´15”min.)

Tema musical: Violeta Parra, Arauco Tiene una Pena (29´40” Hasta 33´29” min.)

la cuestión de la violencia y la política piñerista de represión en la Educación;(33´30” Hasta 46,30”min.)

El crimen político y la muerte del dirigente de Quintero, Alejandro Castro. (47´49”min.)

Etiqueta: Macarena Valdés, Suicidio, Dirigente, Quintero, Asesinato, Alejandro Castro, Constitución del Ochenta, Saqueo de Chile, Litio, Cobre, Explotación, Empresas Privadas, Concesiones Pesqueras, Litigio de la Haya, Educación Privada, Salud, Privatización, Estado, Servicio Público, No +AFP, Corrupción, No+CAE, Manuel Araya, Ley de Aula Segura, Colegio de Profesores, Política de Estado, Dictadura, Lucha Sociales, Trabajadores, Apatía, Clase Política, Reformas Electorales, Eduardo Galeano, Engaño Social, Gatopardismo, Visión Crítica, Sebastián Piñera, Celebraciones, Aniversario, Derecha, Augusto Pinochet, Historia, Concertación de Partidos por la Democracia, Iván Bustamante, Republicano, Negociaciones, Alternativa Obrera y Popular, Democracia, Régimen Burgués, Electoralismo, Historia, Extractivismo, Recursos Naturales, Mercenarios, Empresas de Seguridad, Imperialismo, Terrorismo Empresarial, Terrorismo Estatal, Desnaturalización del Movimiento de Quintero, Revista El Porteño, Alcaldía, Contraeducación, Derecho Penal del Enemigo, Mal, Ciudadano, Propiedad de Privada, Civilidad, El enemigo Interno.

Conduce: José Miguel Bonilla

Panelistas: Ibán de Rementería y Gustavo Burgos

Invitados: los profesores Manuel Araya e Iván Bustamante Seguir leyendo Triunfo del No, Aula Segura y la muerte de Alejandro Castro (Porteño en Portales Nº6)

La descomunal huella de carbono de las poderosas corporaciones de la carne y los lácteos

por GRAIN

Tres compañías de producción de carne —JBS, Cargill y Tyson— emitieron más gases con efecto de invernadero el año pasado que toda Francia, y casi tanto como algunas de las mayores compañías petroleras, tales como Exxon, BP y Shell. Pocas compañías de carne y lácteos calculan o publican sus emisiones climáticas. Así que, por primera vez en la historia, hemos calculado las emisiones de las corporaciones relacionadas con la cria de animales utilizando la metodología más abarcadora creada hasta la fecha por la Organización de Naciones Unidas de la Agricultura y la Alimentación (FAO). Seguir leyendo La descomunal huella de carbono de las poderosas corporaciones de la carne y los lácteos

La participación del trabajo en la renta nacional

por Michael Roberts//

Los principales blogueros keynesianos han estado analizando una vez más las causas de la desigualdad. En particular, han puesto de manifiesto la aparente disminución de la participación del trabajo en la renta nacional en la mayoría de las economías capitalistas avanzadas desde principios de la década de 1980.

De acuerdo con un informe de la OIT, en 16 países desarrollados, el trabajo tenía una participación del 75% del ingreso nacional a mediados de la década de 1970, pero se redujo al 65% en los años previos a la crisis económica. Subió en 2008 y 2009 – pero sólo porque el ingreso nacional se contrajo en esos años, antes de reanudar su curso descendente. Incluso en China, donde los salarios se han triplicado en la última década, el porcentaje de los trabajadores en la renta nacional ha disminuido.

El último Informe Económico Mundial del FMI considera que “después de haber sido bastante estable en muchos países desde hace décadas, la proporción del ingreso nacional pagado a los trabajadores ha disminuido progresivamente desde la década de 1980”.

El FMI continua: “la parte del trabajo en la disminución de los ingresos, cuando los salarios crecen más despacio que la productividad, o la cantidad de producción por hora de trabajo. El resultado es que una fracción cada vez mayor de las ganancias de la productividad ha estado yendo al capital. Y como el capital tiende a concentrarse en los extremos superiores de la distribución de los ingresos, la disminución de la parte de los ingresos del trabajo tiende a aumentar la desigualdad de ingresos“.

El blogger keynesiano Noah Smith escribió en un artículo: “durante décadas, los modelos macroeconómicos asumieron que el trabajo y el capital se repartirían proporciones más o menos constantes de la producción: el trabajo un poco menos de dos tercios de la tarta, el capital de poco más de un tercio . Hoy en día la proporción es 60%-40%”. ¿Qué ha ocurrido? Smith reconoce que hay cuatro posibles explicaciones: 1) China, 2) robots, 3) monopolios y 4) propietarios.

Por China quiere decir que la globalización y la deslocalización de la fabricación de productos por las multinacionales a las llamadas economías emergentes ha hecho que el trabajo en las economías avanzadas pierda puestos de trabajo y sus salarios se estanquen a pesar de que la productividad ha aumentado. Sin embargo, como señala Smith, la participación del trabajo ha caído también en China y (hasta hace poco) la desigualdad de ingresos aumentó considerablemente.

En cuanto a la sustitución acelerada de trabajadores por máquinas, gracias a los robots y la inteligencia artificial, lo que parece estar sucediendo es que las empresas más eficientes, de alta tecnología están creciendo rápidamente, dejando atrás a las empresas ineficientes que utilizan más mano de obra. Estas empresas menos eficientes pierden cuotas de mercado y comienzan a emplear menos trabajadores también.

Esa es más o menos la tendencia en la acumulación capitalista desde una perspectiva marxista, por lo que no debería sorprender. De hecho, el informe del FMI respalda este punto de vista: “En las economías avanzadas, aproximadamente la mitad de la disminución de la participación del trabajo se puede atribuir al impacto de la tecnología. La disminución fue impulsada por la combinación de un rápido progreso en la tecnología de la información y las telecomunicaciones, y una alta proporción de trabajos que podrían ser fácilmente automatizados”.

La teoría económica convencional solía defender que las desigualdades eran el resultado de cualificaciones diferentes de la fuerza de trabajo y que la proporción de la renta nacional del trabajo dependía de la carrera entre la mejora de la formación y la educación de los trabajadores y la introducción de máquinas para reemplazar cualificaciones anteriores.

De hecho, otro destacado keynesiano, Brad Delong todavía apoya esta respuesta. En una nota reciente, sugiere que Smith y Krugman están equivocados. “Permítanme sugerir que no hay ningún misterio que explicar”. Si nos fijamos en la participación del trabajo en el PIB neto, es decir, después de deducir la depreciación (la cantidad de producción necesaria para reemplazar las plantas y maquinaria desgastada), la tasa del trabajo en realidad no ha caído, excepto durante la Gran Recesión.

 

Delong concluye que la redistribución de ingresos habida ha tenido lugar dentro de la tasa del trabajo, de los trabajadores de bajos ingresos a los de altos (CEOs, ejecutivos, médicos y dentistas, etc.) y no entre el trabajo y el capital.

El argumento de Delong no es convincente. En primer lugar, no se puede definir la depreciación como beneficio, pero es claramente una deducción del beneficio bruto. En segundo lugar, aunque el gráfico anterior sí muestra una tendencia decreciente de la participación del trabajo en la renta después de su fuerte aumento a finales de 1960, lo que condujo a una intensificación de la caída de la rentabilidad en la mayoría de las economías capitalistas avanzadas desde mediados de la década de 1960 y en la lucha de clases que la acompaño. El descenso también fue significativo desde el año 2000, durante la burbuja crediticia en los EE UU (a diferencia de Europa, donde la participación del trabajo se mantuvo constante e incluso aumentó durante la Gran Recesión: lo contrario de lo que ocurrió en Estados Unidos).

Y en tercer lugar, los aumentos de los ingresos de los ejecutivos y los médicos, dentistas, abogados y otros “profesionales libres” son en realidad beneficios y no salarios. Ver el excelente trabajo de Simon Mohun en este sentido.

Paul Krugman ha vuelto al tema de la caída de la participación del trabajo en una reciente nota en su blog, en la que argumenta que es el poder de monopolio de empresas de capital intensivo como Google, Microsoft, etc., y las compañías de energía las que están detrás de la subida de los beneficios en la economía global. Es un viejo argumento en su caso. Como ya dijo en 2012: “¿Estamos volviendo a hablar de verdad del conflicto capital/ trabajo?¿No es una discusión vieja, casi marxista, obsoleta en nuestra moderna economía de la información?”

Krugman reconoce que las desigualdades de ingresos y riqueza en la sociedad estadounidense y la participación cada vez menor de los ingresos que perciben los trabajadores del sector capitalista no se deben al nivel de educación y cualificación de la fuerza de trabajo de Estados Unidos, sino a factores más profundos. En 2012, citó dos explicaciones posibles: “Una es que la tecnología ha dado un giro que coloca a la mano de obra en desventaja; la otra es que estamos ante los efectos de un fuerte aumento del poder de monopolio. Piense en estas dos historias haciendo hincapié en los robots, por un lado, y los ‘barones ladrones‘ (robber barons), por el otro”.

El primer argumento es que la tecnología moderna está ‘sesgada a favor del capital’, es decir, que tiene como objetivo reemplazar mano de obra por máquinas progresivamente. Krugman lo expresó así: “El efecto de los avances tecnológicos en los salarios depende del sesgo del progreso; si está sesgado a favor del capital, los trabajadores no compartirán plenamente los aumentos de la productividad, y si está lo suficientemente sesgado a favor del capital, su situación puede incluso empeorar”.

Esto no es nuevo en la teoría económica marxista. Marx lo explicó de manera diferente a la teoría económica de su tiempo. La inversión en el capitalismo se lleva a cabo con fines de lucro, no para aumentar la producción o la productividad como tal. Si no se puede aumentar el beneficio lo suficientemente mediante más horas de trabajo (es decir, más trabajadores y más horas) o intensificando los esfuerzos (velocidad y eficacia – tiempo y movimiento), la productividad del trabajo sólo puede aumentarse entonces con mejor tecnología. Por lo tanto, en términos marxistas, la composición orgánica del capital (la cantidad de maquinaria e instalaciones en relación con el número de trabajadores) se elevará secularmente. Los trabajadores pueden luchar para mantener la mayor cantidad del nuevo valor que han creado como parte de su ‘compensación’, pero el capitalismo sólo invertirá para crecer si esa participación no se eleva tanto que hace que la rentabilidad del capital caiga. Por lo tanto, la acumulación capitalista implica una caída tendencial de la participación del trabajo, o lo que Marx llamaría una tasa creciente de explotación (o plusvalía).

Y sí, todo dependerá de la lucha de clases entre el capital y el trabajo por la apropiación del valor creado por la productividad del trabajo. Y está claro que el trabajo ha ido perdiendo la batalla, sobre todo en las últimas décadas, bajo la presión de las leyes anti-sindicales, el fin de la protección del empleo y la contratación fija, la reducción de beneficios sociales, un creciente ejército de reserva de desempleados y sub-empleados gracias a la globalización de la fabricación industrial.

Aparte de la tecnología sesgada a favor del capital, Krugman considera que la caída de la participación del trabajo en la renta puede ser causada por el ‘poder de los monopolios’, o la dominación de ‘barones ladrones’. Krugman lo pone de esta manera. Tal vez la parte del trabajo en la renta está cayendo porque: “en realidad no tenemos una competencia perfecta” bajo el capitalismo; “el aumento de la concentración de las empresas podría ser un factor importante en el estancamiento de la demanda de mano de obra, ya que las empresas utilizan su creciente poder de monopolio para subir los precios sin pasar las ganancias a sus empleados”.

Lo que Krugman parece sugerir es que es un defecto en la economía de mercado lo que crea esta desigualdad y que si erradicamos esa imperfección (los monopolios) todo se corregirá. De esta manera, Krugman plantea el tema en los términos de la economía neoclásica.

Pero no se trata de la dominación de los monopolios como tal, sino del dominio del capital. Si, el capital se acumula a través de una mayor centralización y concentración de los medios de producción en manos de unos pocos. Esto asegura que el valor creado por el trabajo sea apropiado por el capital y que la proporción destinada al 99% se reduzca al mínimo. Pero no se trata de que los monopolios sean una imperfección de la competencia perfecta, como quiere Krugman: es el monopolio de la propiedad de los medios de producción por unos pocos. Ese es el funcionamiento real del capitalismo, con todos sus defectos.

La caída de la parte de la renta nacional que va al trabajo comenzó justo en el momento en que la rentabilidad empresarial de Estados Unidos estaba en su punto más bajo en la profunda recesión de la década de 1980. El capitalismo tuvo que restaurar la rentabilidad. Lo hizo en parte aumentando la tasa de plusvalía despidiendo trabajadores, congelando los aumentos salariales y recortando paulatinamente prestaciones sociales y pensiones. De hecho, es significativo que el colapso de la participación del trabajo se intensificó después de 1997, cuando la rentabilidad en Estados Unidos se recuperó y comenzó a reducirse de nuevo. El gráfico del FMI anterior muestra que se aplica a la mayoría de economías.

La participación del trabajo en el sector capitalista en los EE.UU. y otras economías capitalistas se ha reducido debido a la mayor tecnología y su ‘sesgo pro-capital’, la globalización y la mano de obra barata en el extranjero; la destrucción de los sindicatos; la creación de un ejército de reserva de mano de obra mayor (desempleados y sub-empleados); y el recorte de las prestaciones sociales y la reducción de los contratos fijos, etc. De hecho, esta parece ser la conclusión del FMI en su último informe en el capítulo 3 de la edición de abril de 2017 de Perspectivas Económicas, que cree que esta tendencia está impulsada por un rápido progreso en la tecnología y la integración global.

“La integración global -como se refleja en las tendencias del comercio final de bienes, la participación en las cadenas globales de valor, y la inversión extranjera directa-, también desempeñó un papel. Su contribución se estima en más o menos la mitad que la de la tecnología. Dado que la participación en las cadenas de valor globales normalmente implica la deslocalización de las tareas intensivas en mano de obra, el efecto de la integración es reducir la participación del trabajo en los sectores comerciables. hay que admitir que es difícil separar claramente el impacto de la tecnología del de la integración global, o de las políticas y reformas. Sin embargo, los resultados para las economías avanzadas son convincentes. En su conjunto, la tecnología y la integración global explican cerca del 75 por ciento de la disminución de la participación del trabajo en Alemania e Italia, y cerca de 50 por ciento en Estados Unidos”.

Tal vez el ‘sesgo pro-capital’ y la ‘globalización’ tengan menos efecto sobre la participación del trabajo en los EE.UU. debido al mayor crecimiento de los beneficios financieros y las rentas que en el resto de las economías avanzadas.

De hecho, como Noah Smith dice: “el poder de los monopolios, los robots y la globalización podrían ser parte de un mismo fenómeno unificado: nuevas tecnologías que de forma desproporcionada ayudan a las grandes compañías multinacionales de capital intensivo”. Yo le llamo “capital moderno”, que, citando a Smith de nuevo, “proporciona una posible forma de unificar al menos algunas de las diversas explicaciones de esta preocupante tendencia económica”.

La relevancia contemporánea de Marx

por Claudio Katz//

Marx recupera interés. Su clarificación del funcionamiento del capitalismo contrasta con las simplificaciones neoclásicas y las ingenuidades heterodoxas. Indicó la lógica de la plusvalía que subyace en la agresión neoliberal y el tipo de superexplotación que prevalece en el trabajo precario. Esclareció el origen de la desigualdad y el sentido actual del beneficio. Seguir leyendo La relevancia contemporánea de Marx

La trama de Mariana Aylwin, Cuba y la crisis de la Nueva Mayoría

por Andrés Figueroa Cornejo

1. La política siempre es relaciones de fuerza, de clase, de poder. Tanto entre opresores y oprimidos, como entre las distintas facciones entre los propios opresores y los propios oprimidos. Seguir leyendo La trama de Mariana Aylwin, Cuba y la crisis de la Nueva Mayoría

Trabajadores Minera Escondida en pie de guerra: ¡vencer o morir!

por Gustavo Burgos //

La huelga de los trabajadores el sindicato de Minera Escondida ha sacudido el mercado del cobre a nivel mundial, subiendo el precio de cotización del metal rojo a precios del 2015.

La Escondida produce más de un millón de toneladas métricas del metal al año, 679.000 toneladas de concentrado y 312.000 toneladas de cátodos de cobre, y responde por el 5% de la producción mundial. Así que la huelga de una diez días de duración de 2.500 trabajadores ya ha costado unas 30.000 toneladas, suficiente para cablear un millón y medio de automóviles. Esta caída en la producción colisiona con las necesidades chinas y el programa de obras públicas de Trump. Seguir leyendo Trabajadores Minera Escondida en pie de guerra: ¡vencer o morir!

Incendio y crisis agraria

En un sociedad capitalista, los antagonismos de clase determinan la naturaleza y extensión de sus crisis. Aún hechos que se nos presentan como catástrofes naturales, como las tormentas de nieve y oleadas de hielo en Europa, los terremotos, inundaciones y –por supuesto- los incendios, son todos hechos que actúan sobre el tejido social mediando sus contradicciones de clase. Al decir del escritor Jaume Perich: “cuando el bosque se quema, algo suyo se quema, señor Conde”. Seguir leyendo Incendio y crisis agraria

Las tareas pendientes de los Trabajadores Públicos

por Dionisio Escobar //

Los trabajadores fiscales son el sector más organizado de la clase trabajadora chilena, más del 80% se encuentra afiliado a sus gremios, en comparación al exiguo 10% que lo está en el sector privado. Además los trabajadores públicos negocian todos juntos a lo largo del país, constituyéndose en la única negociación ramal en Chile, la cual, paradojalmente es ilegal. Mientras en el sector privado cada sindicato negocia en forma individual –por empresa- aunque formen parte de un mismo holding, incluso en una sola empresa pueden coexistir varios sindicatos, los que negocian por separado, para beneficio, por supuesto, de los empresarios. Pese a lo anterior el gobierno de Bachelet, el más débil e impopular de los últimos 26 años, cruzado por múltiples escándalos de corrupción, logro derrotar a los trabajadores públicos. La pregunta que surge es ¿Cómo pudo suceder esto en un contexto de ascenso de las luchas sociales y con el conglomerado Nueva Mayoría dividido en fracciones? Seguir leyendo Las tareas pendientes de los Trabajadores Públicos