Archivo de la etiqueta: España

El presidente español del Partido Socialista nombra a un gabinete derechista

por Alejandro López

El primer ministro, Pedro Sánchez, ha elegido un Ejecutivo para su nuevo Gobierno minoritario del Partido Socialista (PSOE) que impondrá la austeridad que exigen las grandes empresas y las instituciones financieras internacionales, mientras persigue agresivamente una política exterior militarista. Seguir leyendo El presidente español del Partido Socialista nombra a un gabinete derechista

España: Rajoy ha caído. ¡Sí se puede!

de Izquierda Revolucionaria (España)

Se acabó. La caída de Rajoy tras la moción de censura de Pedro Sánchez refleja, por encima de todo, la profunda crisis del régimen del 78 y es el fruto directo de una contestación social masiva sin la cual hubiera sido imposible. Millones de trabajadores, jóvenes, mujeres y pensionistas sentimos una gran alegría por haber desalojado de la Moncloa a este reaccionario y a su partido corrupto. Seguir leyendo España: Rajoy ha caído. ¡Sí se puede!

España: Torturadores, las tenazas de la dictadura franquista

por  Acacio Puig //

 

El miércoles 30 de mayo, las casposas hazañas del policía jubilado Antonio G. Pacheco, alias Billy el Niño -torturador, miembro de la BPS, la policía política franquista- rebotaron por las paredes del Congreso de Diputados.

Ante la denuncia por Podemos de aquellas barbaridades (felicitadas de hecho por el ministro Zoido y el gobierno del PP, que niegan su veracidad) la derecha neofranquista reiteró que el torturador conservará “la medalla al mérito policial” (sic) concedida el 13 de junio de 1977. Tal distinción “por servicios extraordinarios” supone también un plus salarial del 15% que arrastra a su pensión Seguir leyendo España: Torturadores, las tenazas de la dictadura franquista

España: ETA víspera del punto final

por Petxo Idoiaga //

 

Viernes 20 de abril, “ETA al pueblo vasco: declaración sobre el daño causado”

La declaración comienza así: “ETA, organización socialista revolucionaria vasca de liberación nacional, quiere reconocer mediante esta declaración el daño que ha causado en el transcurso de su trayectoria armada, así como mostrar su compromiso con la superación definitiva de las consecuencias del conflicto y con la no repetición. Seguir leyendo España: ETA víspera del punto final

¿Por qué la clase trabajadora apoya a la derecha? Clase, identidad, cultura

por Ángel  Ferrero //

 

Este texto es la ponencia original que el autor tenía pensado presentar el pasado 14 de abril en la VI Escuela de Primavera de Anticapitalistes-Catalunya celebrada en el municipio de Begues (Barcelona). Debido a un cambio de formato –la mesa pasó a ser un debate con Marc Casanovas y Nuria Alabao (que finalmente no pudo asistir)– este texto fue adaptado. Viento Sur publica ahora el original Seguir leyendo ¿Por qué la clase trabajadora apoya a la derecha? Clase, identidad, cultura

2018: el mundo al revés

por Alan Woods //

Donald Trump dio la bienvenida al Año Nuevo a su manera inimitable: rodeado por su clan social y político en los alrededores opulentos de su exclusivo club Mar-a-Lago en Florida, acompañado por un grupo representativo de todos los segmentos de la sociedad estadounidense, desde estrellas de cine a multimillonarios. Seguir leyendo 2018: el mundo al revés

La OCDE y de nuevo los sofismas sobre las pensiones

por Juan Francisco Martín //

Me siento incómodo al escribir este artículo. Me resulta imposible decir nada nuevo sobre el tema de las pensiones. Nada que no haya escrito en otras muchas ocasiones. No obstante, el hecho de que por doquier se continúen repitiendo idénticas falacias me justifica de mis reiteraciones. Ante los mismos tópicos, no valen sino los mismos argumentos. Todos los medios de comunicación se han hecho eco la semana pasada de la publicación por parte de la OCDE de un informe acerca de las pensiones en los países que la integran. Es curioso que los organismos internacionales tengan una especial predilección por este asunto, revistiendo siempre sus informes de los tintes más catastrofistas. Digo que es curioso porque los funcionarios de todos estos organismos devengan espléndidas pensiones (esas sí que son generosas), sin que nadie se plantee si son o no sostenibles. Seguir leyendo La OCDE y de nuevo los sofismas sobre las pensiones

La Iglesia en la guerra civil española: memoria histórica, asesinatos y beatificación

por Jaume Botey //

La beatificación masiva de religiosos, religiosas y sacerdotes fusilados durante la Guerra Civil en la zona republicana constituye, objetivamente, una nueva humillación a los fusilados por los franquistas, que durante más de 70 años han sido silenciados. Franco los castigó con la condena y la muerte y la Transición los castigó con el olvido. El pretexto era no reabrir heridas. Quienes gestionaron la Transición temieron que poner a la luz pública lo que ocurrió podía poner en cuestión el alzamiento, la guerra, el franquismo y la misma Transición, es decir, los cimientos de la España actual. Porque todo el mundo desea que los “suyos” desempeñen el papel de víctimas y no el de victimarios. Seguir leyendo La Iglesia en la guerra civil española: memoria histórica, asesinatos y beatificación

Mañana elecciones en Cataluña, el 21-D: por la autonomía y la república

por Marti Caussa //

El 21-D se decidirá si se legitima el artículo 155, la jibarización de la autonomía y un régimen autoritario bajo la triple alianza de PP, C’s y PSC/PSOE o si se derrota este programa reaccionario y se legitima el camino hacia la República catalana que el 1-O abrieron dos millones de personas con empuje y determinación Seguir leyendo Mañana elecciones en Cataluña, el 21-D: por la autonomía y la república

Economía mundial: todo muy bien… Sra. Marquesa

por Eric Toussaint //

“Todo va muy bien, señora marquesa” (Tout va très bien, madame la marquise) 1/ es una canción de 1935 que conoció en Francia un gran éxito en plena crisis. Traducida a numerosas lenguas, esta frase se ha convertido en una expresión proverbial para designar una actitud de ceguera ante una situación desesperada Seguir leyendo Economía mundial: todo muy bien… Sra. Marquesa

Conflicto catalán: Catalunya, ¿qué movimiento?

por Joan Font //

Para nadie es ya un secreto que en Catalunya están pasando cosas. En una de sus frases célebres Mariano Rajoy, afirmo que “los catalanes hacen cosas”. Y en esta ocasión no era un error: en Catalunya existe desde hace ya algunos años un movimiento popular muy amplio. Intentaremos abordar algunas de sus características. Quizá así sea un poco más fácil comprender la situación actual de este pequeño país de la esquina nordeste del Mediterráneo Seguir leyendo Conflicto catalán: Catalunya, ¿qué movimiento?

Cataluña como paradigma del “terrorismo jurídico” del Estado español

por Germán Gorraiz//

El término distopía fue acuñado a finales del siglo XIX por John Stuart Mill en contraposición al término eutopía o utopía, empleado por Tomas Moro para designar a un lugar o sociedad ideal. Así, distopía sería “una utopía negativa donde la realidad transcurre en términos antagónicos a los de una sociedad ideal”. Las distopías se ubican en ambientes cerrados o claustrofóbicos enmarcados en sistemas antidemocráticos, donde la élite gobernante se cree investida del derecho a invadir todos los ámbitos de la realidad en sus planos físico y virtual e incluso, en nombre de la sacro-santa seguridad del Estado, a eliminar el principio de inviolabilidad (habeas corpus) de las personas, síntomas evidentes de una peligrosa deriva totalitaria del sistema democrático. Seguir leyendo Cataluña como paradigma del “terrorismo jurídico” del Estado español

Tribunal popular internacional para castigar a Pinochet (1998)

 

por Raúl Bengolea//

            Las últimas dos semanas han constituido una verdadera prueba para todos los sectores, tendencias y corrientes políticas. Efectivamente, el país se ha polarizado, han emergido las verdaderas posturas de algunos, otros han guardado un hermetismo “bastante parecido a la estupidez”, y en el centro de todo una vez más Pinochet. Su imprevista y sorpresiva detención en Londres ha puesto de manifiesto la verdadera cara del régimen.

            Un hecho como la detención del Dictador, de profundas raíces en la política chilena, y mundial, nos entrega en una primera lectura algunas cuestiones fundamentales:

1.- Que Chile es una semicolonia, cuya burguesía es enteramente impotente para desarrollar una política antiimperialista, así sea le toquen a la “madre”;

2.- Que Pinochet sigue siendo el único dirigente indiscutido de la burguesía criolla, y que su Dictadura se prolonga hasta nuestros días, bajo un manto civil que emerge exclusivamente de las elecciones. Por lo mismo, la derecha, la Concertación y el PC, desde distintas perspectivas se ubican hoy día en la extrema derecha de la política mundial, el pinochetismo es la piel de la burguesía chilena, así como para la burguesía israelita lo es el sionismo;

3.- Que la resolución de un reclamo democrático elemental, tan primario como el castigo a los genocidas, no puede ser resuelto en el marco de dominación burguesa. Las decadentes democracias imperialistas, y su podrido “Derecho Internacional Público” no escapan a esta caracterización, lo que se probará con la segura liberación de Pinochet.

4.- Que pese al alza de la lucha de los explotados en las metrópolis y en las semicolonias, cuestión que explica la detención de Pinochet, y plantea la formación de un Tribunal Popular Internacional, no emerge una nítida dirección política internacional que permita canalizar la lucha como acción directa internacionalista, como lucha revolucionaria.

 

POR QUÉ ES DETENIDO EN LONDRES

            La noche del 16 de Octubre, el embajador chileno en Gran Bretaña, Mario Artaza, había convenido con la comitiva de Pinochet que éste abandonara Inglaterra a la brevedad el próximo martes 20. Esta medida se tomó por cuanto se pensaba que las diligencias seguidas por el juez Garzón en España, podrían repercutir en la regularidad de la gira que realizaba el senador vitalicio y que tenía entre otros objetivos interceder en negociaciones gubernamentales vinculadas a la compra de armamento, industria en la que Pinochet es un gran inversionista. Una señal, que enturbiaba la tradicional hospitalidad con que Pinochet es recibido por los gobiernos de casi todo el mundo, la dio la Cancillería francesa que se negó a visar su pasaporte.

            Para el Gobierno esta gira era muy importante, al punto que se le designó en forma casi clandestina como “embajador plenipotenciario en misión especial”, categoría que perseguía exclusivamente garantizar la “impunidad” diplomática del genocida confiriéndole las prerrogativas de Jefe de Estado. Es necesario subrayar en este punto, que tanto Aylwin como Frei, en reiteradas y diversas oportunidades tomaron estos resguardos que permitían al genocida gozar internacionalmente del mismo trato que recibe en Chile. Con el amparo de la Concertación, Pinochet ha recorrido el mundo en muchas oportunidades utilizando documentación adulterada, registrándose bajo nombres supuestos (en Holanda fue sorprendido como el “Sr. Escudero”) y rodeado de un aparato de seguridad que pasea ametralladoras y explosivos por donde quiera, todo ello por supuesto costeado por el erario nacional.

            Si Pinochet estaba en Inglaterra y se disponía a otra de sus giras, lo hacía no sólo con el beneplácito sino que con la complicidad de la Concertación. Esto no es ninguna novedad, ya que es el simple reflejo de lo que ocurre en el país: la Concertación se limita a seguir el derrotero señalado por la Dictadura Militar.

            Por eso, cuando Scotland Yard irrumpe en la ya mítica “London Clinic”, desarma y detiene a sus guardaespaldas, acordona el edificio e incomunica a Pinochet por dos horas, el sudor helado no se apodera del decrépito asesino (que a su idiotez tradicional sumaba el embotamiento post operatorio) sino que principalmente del Gobierno concertacionista, el que construyó su imagen durante años de “defensor de los DDHH”, “antipinochetista”, “democrático”, “de plena inserción internacional”. La Concertación, la del arcoiris, la que sirve de modelo de estabilidad, la alianza ejemplar, el “non plus ultra” de la tolerancia, debió ante estos hechos a salir a defender a su aliado y lo hizo con el destemple y virulencia común en los tránsfugas: señalaron que estaba en juego la soberanía del país y que no permitirían bajo ningún respecto que se enjuiciara a un genocida que es su principal sostén político, que es quien en definitiva cohesiona a la burguesía chilena.

            La imagen del Canciller José Miguel Inzulza vociferando desesperado en defensa del General que lo torturó, encarceló y exilió, no es sino la patética caricatura de la maniobra gubernamental orientada al salvataje no sólo físico, sino que principalmente político que se hizo de la figura de Pinochet. El Gobierno puso a Pinochet como la encarnación de la soberanía nacional, haciendo de su defensa un asunto de principios, “de Estado” como gustan decir los voceros del pinochetismo. Los fascistas de la UDI y RN captaron esto rápidamente y ocuparon un inmejorable lugar explotando demagógicamente el antiimperialismo. Los huevos en la Embajada Británica, la supresión de los estacionamientos de la Embajada Española, y otras manifestaciones “contra el colonialismo”, son expresión de esta formidable campaña que durante la primera semana paralizó por completo a los partidos de gobierno.

            Esta idea de hacer de la liberación de Pinochet un problema de respeto a la soberanía nacional, constituye una impostura, una falsificación. La bandera antiimperialista es demasiado grande -aún para jugar con ella- para quienes han hecho de la defensa de los intereses del capital transnacional una cuestión de principios. El propio pinochetismo, que emergió autoevidente como LA política de los partidos del régimen, es esencialmente eso: la sumisión de los intereses nacionales en beneficio del imperialismo. Clara demostración de ello es que a pesar de las bravatas nacionalistas, ni el gobierno, ni los fascistas fueron capaces de promover una auténtica medida antiimperialista en contra de los intereses españoles y británicos presentes en Chile.

            Mientras gobiernistas y pinochetistas simulaban una postura antiimperialista, aprobaban un presupuesto ajustado a las necesidades del capital transnacional, reprimían al magisterio que luchaba en contra de la reforma educativa imperialista, a los miles portuarios despedidos en el proceso de privatización de los puertos, a los mineros del carbón cesantes para beneficio de compañías británicas. El “antiimperialismo” de estos connotados agentes del capital imperialista, no pasa de ser una mueca impotente, porque en la práctica siguieron -aún en los momentos más graves de la crisis de Pinochet- defendiendo la “economía abierta”, los tratados de sumisión militar, económica y política al imperialismo. Cuestiones elementales como la ruptura de relaciones diplomáticas con España e Inglaterra y la expropiación de sus capitales en Chile ni siquiera fueron insinuados, por ninguno de los histéricos huerfanitos de Pinochet, ni Piñera ni Lavín, ni Zaldívar, ni mucho menos Lagos.

            La burguesía chilena, no por un problema racial o religioso, sino que por un problema estructural que arranca de la formación capitalista chilena, del papel del Estado, de su ubicación en la división internacional del trabajo, es incapaz de realizar la más mínima tarea antiimperialista. Esta realidad pone en evidencia la absoluta subordinación de los partidos -desde la UDI al PC- al proyecto e intereses imperialistas. Ello es expresión de la sumisión de la burguesía chilena al gran capital, que se desprende del carácter atrasado y semicolonial de nuestra formación social y al mismo tiempo de su papel de semicolonia.

            El alegato antiimperialista, que tan mal queda a los sirvientes del imperio, sólo fue esgrimido con la intención de movilizar a sectores de masas en la defensa de un objetivo reaccionario: la liberación de Pinochet en Inglaterra, la impunidad del genocida para garantizar la estabilidad del régimen chileno.

            Algunos, quizás desde las filas de la propia izquierda, podrían caer en la tentación de comparar el apresamiento de Pinochet con el de Noriega el 89. Sin embargo, debemos señalar que las diferencias son abismales: Chile no ha sido invadido por un ejército metropolitano, ni ha sido secuestrado su Presidente por el mismo; como en el caso de Noriega, que hoy día purga crímenes por narcotráfico en una cárcel de Miami. El apresamiento de Noriega, además de expresar la política invasora y genocida del imperialismo, manifestaba la necesidad de los yanquis de oprimir a las masas caribeñas. Muy por el contrario, Pinochet ha sido detenido en territorio británico, fuera de la jurisdicción chilena, por lo que no cabe alegar violación a la soberanía nacional; si bien es cierto la detención fue por orden de la justicia española, es fruto a su vez del accionar multitudinario de activistas y organizaciones defensoras de los DDHH, que forman parte de un movimiento aún mayor de luchas que sacuden de cabo a rabo el orden “democrático” de las decadentes potencias europeas.

            Mientras el apresamiento de un asesino como Noriega a manos de un ejército invasor constituye una agresión imperialista, la mera detención en el exterior de un genocida como Pinochet constituye un pequeño pero significativo triunfo de las masas del mundo entero que se encaminan a castigar a sus verdugos.

 

¿QUIÉN ES EN REALIDAD PINOCHET?

            A no pocos, en Chile y el exterior, podría resultar sorprendente la actitud asumida por el Gobierno de Frei, el que sustenta su prestigio ante las masas por encabezar una alianza que ha hecho del antipinochetismo, de su democratismo, su principal capital político. El Gobierno actual es lo que fuera la “Oposición” a la Dictadura Militar. Aún en el marco de la transición, (recordemos el acto de asunción de Aylwin en el Estadio Nacional, en el que se “purificó” el recinto con una liturgia ecuménica en defensa de los DDHH), la Concertación se presentó como la redentora de la libertad, la justicia, la tolerancia, la democracia, etc..

            En este marco la cuestión del genocidio quedó como un reclamo moral, vigente cuya resolución era imposible habida cuenta de la Ley de Amnistía cuya vigencia se consideró esencial para viabilizar el traspaso del mando militar al civil opositor. En esta época se acuñó la expresión pusilánime de Aylwin, de “hacer justicia en la medida de lo posible”. Este elemento es clave, y distingue por ejemplo a la transición chilena de la paraguaya que fue de militares a civiles stroessneristas; o de la argentina en la que los civiles opositores no establecieron claramente amnistía a los genocidas el 83, la que finalmente hubo de establecer Menem con su Punto Final y la liberación de Videla y Cía.

            La Ley de Amnistía del 79, marca y funda el proceso de institucionalización de la Dictadura que hasta ese momento era comandada, en forma un tanto invertebrada, por una Junta Militar. Esta Ley establece la impunidad para los crímenes perpetrados por los golpistas y marca una tendencia al orden y a la resolución de la crisis interna de la burguesía chilena que sumó al Golpe del 73, la violenta conmoción -a partir del 74- de la llamada crisis del petróleo.

            EE.UU. bajo la administración demócrata de Carter, observando el descontrol internacional que comenzó a generar Pinochet y la DINA, con su operación Cóndor (Coordinación de las policías políticas del Cono Sur) y con los atentados a Prats, Letelier y Leighton, impuso a Pinochet un boycot internacional que tuvo como mayor exponente la Enmienda Kennedy, que cortó el suministro de armas a la Dictadura chilena. Estas presiones, que eran expresión de la repulsa internacional que generaban los crímenes de los militares en contra de la vanguardia obrera y de izquierda en nuestro país, tuvieron como resultado la disolución de la DINA, la dictación de la Amnistía (que exceptuaba de su aplicación expresamente a los crímenes cometidos fuera de Chile, como el caso Letelier) y la llegada del equipo económico de Friedman, los lúgubres “Chicago Boys”.

            En este momento el régimen chileno se encontraba extraordinariamente aislado, aislamiento que buscaba romperse precisamente con la institucionalización, lo que ocasionó un nuevo quiebre en la burguesía. La marginación definitiva de los democristianos del gobierno dio lugar a un viraje muy violento, al punto que connotados funcionarios de la propia Dictadura -como el actual precandidato Zaldívar, en ese entonces Vicepresidente de CODELCO- fueron al exilio. En esa etapa los propios militares comienzan a pensar en su transición a una forma gubernamental civil. Se da cuerpo a la Comisión Ortúzar -cuyo cerebro fue el ajusticiado Jaime Guzmán- , que comienza a elaborar la nueva Constitución Política de la República, teniendo como principal modelo la anticomunista Ley Fundamental de Alemania Federal.

            Hasta 1978, los bloques políticos seguían armados tal y como se conformaron para el Golpe del 73. De un lado el CODE (Derecha y DC), del otro la UP (PC, PS, Radicales), esto era expresivo a su vez de un quiebre en la propia burguesía que fue precisamente el que posibilitó la instauración de la Dictadura. La Democracia Cristiana rompe este cuadro y pasa a integrar la “oposición” a la Junta Militar, lo que polariza a su vez al bloque gobernante que ve definitivamente en Pinochet, más allá de la Junta, el único elemento capaz de dar coherencia al régimen.

            El 78, año clave en el desarrollo del proyecto de “Reconstrucción Nacional” en que se encontraba envuelta la Dictadura, es el año a su vez de Pinochet, quien tuvo la capacidad de asumir el liderazgo de importantes sectores de la burguesía. Pinochet, un simple gorila sanguinario que ganó espacio político por su determinación genocida, a la hora de reprimir y regimentar al país, era el dirigente que necesitaba la patronal. Aquél que clausuró las instituciones parlamentarias y sumió a las masas en un baño de sangre, era el hombre del momento.

            Un hombre mediocre, vulgar, astuto, de escasa inteligencia; un hijo de la arruinada clase media rural del centro del país, no un aristócrata de las castas militares de tradición familiar, ni mucho menos un refinado orador de la propia burguesía, se fue transformando en una institución del régimen político chileno.

            El discurso de Pinochet, cuya extraordinaria simpleza y claridad ha maravillado a más de algún filólogo con pretensiones científicas, es simple precisamente porque se sustenta no en la demagogia democrática, sino que en la amenaza pura y simple. Su escasa cultura, su filiación casi infantil con la religión (él mismo reconoció la imagen de la Virgen del Santísimo Socorro en las trizaduras provocadas por un misil Low,  en la ventana blindada de su automóvil, con motivo de su  el frustrado atentado del 86), lo liberaron de las trabas morales y prejuicios democráticos de un Schneider, por ejemplo. Pero por otro lado, su carácter advenedizo lo hacía al mismo tiempo que inescrupuloso, en un disciplinado y servil instrumento de la burguesía.

            La ambición de Pinochet estuvo siempre subordinada a los intereses generales de la burguesía, esto lo distinguía de los típicos caudillos militares y personalistas, como por ejemplo Viaux Marambio. Prueba palpable de ello es que escoltó a Fidel en su vista a Chile durante la UP; emergió en Junio del 73 como un general “constitucionalista” que frenó la intentona del “tancazo” de Supper, lo que le valdría a la postre ser designado Comandante en Jefe del Ejército por el propio Allende; y -todos concuerdan- fue el último en sumarse al Golpe en cuya conspiración no participó.

            El anticomunismo de Pinochet que es parte de la tradición de las FF.AA. chilenas, toma cuerpo teórico en la geopolítica,  que es la ideología de origen prusiano según la cual se ha de regimentar la sociedad con un criterio organicista, diríase biológico, que entiende que un cuerpo político sano requiere de un Estado disciplinado, sin disensiones internas.

            Dentro de las tendencias “geopolíticas” del Ejército, Pinochet se encuentra en su ala más moderada que adhiriendo a la idea de que el Estado es el organismo vivo de la nación, rechaza no obstante la visión belicosa de que esta “vida” se traduciría en una actitud expansionista, el “espacio vital” del Tercer Reich. Esta postura implica en este caso concreto la sumisión política frente al imperio opresor, frente al cual Pinochet adopta una postura colaboracionista, pugnando con la línea dominante, “dura”, de gran peso dentro del Ejército que pregona el concepto de “frontera móvil” que supone que la responsabilidad militar llega allí donde se encuentren comprometidos los intereses económicos de la nación.

            Dotados de estos precarísimos rudimentos ideológicos, la Junta Militar se prepara para barrer con las masas mediante una operación de terror generalizado. En esta tarea contrarrevolucionaria, Pinochet gana espacios dentro de la burguesía por corresponderse a una concepción institucional, despersonalizada, más profesional de la Dictadura, encarnaba a los “blandos”. Por oposición en la misma Junta Gustavo Leigh, Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea (FACH),  representaba una línea “dura” reacia a componendas con los civiles, y de mayor autonomía de los mandos militares (tipo Junta de Videla , en Argentina). Esta última línea, de escasa proyección política, termina finalmente abandonando la escena el 78 con la salida del propio Leigh de la Junta Militar.

            Nada más lejano a la concepción pinochetista que enfrentarse al imperialismo. La inequívoca vocación pro-imperialista de Pinochet, única expresión política posible de la burguesía criolla, obligaba a hacer abandono de cualquier postura de corte nacionalista, ello ha quedado marcado a fuego con la política de “restitución” de capitales y mediante el Estatuto del Inversionista Extranjero, carta blanca a las transnacionales para saquear al país. Por ello el viraje del 78-79, la institucionalización, si bien es cierto da lugar a una nueva crisis interburguesa (ruptura de la DC con los militares), en ella ambas fracciones pugnan por servir los intereses norteamericanos. Las diferencias estribaban en los plazos, no en los métodos ni en los objetivos.

            Por lo anotado, Pinochet fue transformado y elevado, por el proceso histórico, en el único elemento que en medio de la aguda descomposición de las instituciones burguesas, fue capaz de ponerse a la altura de las exigencias de la contrarrevolución. Por esto la burguesía chilena es pinochetista, como lo son también sus partidos políticos, aún cuando las circunstancias exijan que para contener a las masas deba recurrirse al discurso democrático “antipinochetista”. Con Pinochet la burguesía se une, pasó por encima de una revolución obrera en curso, pero para gobernar necesita atacarlo en el discurso. He aquí la paradoja de este régimen del transfugio político que tanto sorprende a algunos reformistas. Ya lo hemos señalado el pinochetismo es el “sionismo” chileno, se podrá ser de derecha,  socialista o comunista pero la defensa de su régimen es una cuestión esencial. Del mismo modo que laboristas y conservadores, discuten en el parlamento israelí construido sobre una montaña de cadáveres palestinos.

            Finalmente cabe preguntarse: ¿ encarnó Pinochet efectivamente un régimen fascista?. En esta materia debemos ser claros, la dictadura pinochetista NUNCA LOGRÓ CONSTITUIRSE COMO FASCISTA, A PESAR DE TODA LA BASURA ANTICOMUNISTA Y NAZI-FASCISTA QUE LLENABA LA CABEZA DE LOS GENOCIDAS. El régimen no fue fascista por cuanto tras su movimiento contrarrevolucionario, la burguesía no logró arrastrar a amplios sectores de la población para darle sustento de masas a su accionar. Mientras los camisas pardas de Hitler apaleaban comunistas y judíos en las calles, con el apoyo de importantes sectores de las masas alemanas; Pinochet debió salir a las calles de Santiago en medio del terror y de la soledad: era la Junta Militar, las FF.AA., aplastando a las masas. La burguesía chilena se impuso por medio de las armas, no de la demagogia delirante de algún “caudillo”.

            La etiqueta de “fascista” la acuñaron los stalinistas no porque correspondiera a la realidad, sino porque era funcional a su política de alianza con la DC, a la cual hasta nuestros días sigue lastimosamente llamando a formar un “Frente Antifascista”. El Golpe del 73, homologable a la intentona de Kornilov en Julio del 17 en Rusia, no logró generar un sólido régimen fascista, alcanzó a derrotar y desarticular a las masas pero fue incapaz de generar un movimiento social de amplio apoyo. En este sentido, el Movimiento de Avanzada Nacional de fines de los 70 impulsado por el propio Pinochet, podrá pasar a la historia como una de las más grandes operaciones de inteligencia de la historia (se catastró y caracterizó políticamente a millones de chilenos) pero fracasó estrepitosamente en cuanto capacidad de nuclear y dar apoyo de masas al régimen genocida.

            En último término, debe constatarse que no conocemos casos de auténticos regímenes fascistas en países semicoloniales. Perón, Vargas, como nacionalistas, Banzer, Stroessner, como simples gorilas, de seguro tuvieron en su mente el ideario fascista pero fueron incapaces de generar un amplio movimiento social de apoyo a su política contrarrevolucionaria, de aniquilamiento físico del movimiento obrero. Un auténtico movimiento fascista se basa además en una concepción expansionista, colonialista, requiere de una burguesía independiente, imperialista, capaz de ejecutar por sí misma sus intereses. Ni en Chile, ni en ninguna semicolonia (ni siquiera en Irak), se observa esta capacidad por parte de las burguesías criollas

 

¿POR QUÉ NI LA BURGUESÍA NI EL IMPERIALISMO PUEDEN JUZGAR Y CASTIGAR A PINOCHET?

            Hemos demostrado la inacapacidad de la burguesía chilena de desarrollar cualquier tarea que signifique un choque con el imperialismo. Con ello la defensa de Pinochet se explica no por un problema de defensa de soberanía nacional, sino por el papel central de Pinochet en la institucionalidad del régimen. Sin embargo, el problema de fondo del castigo al genocida es un problema democrático esencial, que muchos han creído se resolvería con el proceso seguido por el Juez Garzón en España.

            La socialdemocracia, los vestigios stalinistas y algunas organizaciones de DD.HH.  como Amnistía Internacional, han presentado la detención del genocida como un acto de justicia, que significaría una alerta para los violadores de los derechos humanos. Ellos señalan que sería una señal para los Husein, Milosevic, Videla, Massera, etc., acerca de lo que no se debe hacer.

            En nuestro país sectores del PS, DC y el PC, se han plegado a la idea de hacer de esta instancia judicial accidentalmente abierta, un camino de justicia y de fin a la impunidad. Con esta postura se siembran ilusiones en orden a que la justicia inglesa y española, podrían responder a la tarea democrática de juzgar y castigar al octogenario ex-Dictador. Como si de la noche a la mañana, imperios construidos sobre la base de las más grandes masacres que haya conocido la historia de la humanidad, comenzasen a preocuparse de castigar a uno de sus sirvientes ejemplares. Las “democracias” inglesa y española, ambas decadentes monarquías, no sólo en sus posesiones de ultramar, sino que dentro de sus propias fronteras han generado una Justicia que legaliza las muertes, torturas y encarcelamientos de irlandeses y vascos, por poner ejemplos groseros y de amplio conocimiento. Pero pareciera que la muerte en huelga de hambre dura de Bobby Sands, del IRA; o la formación de los GAL (Grupo Armado de Liberación) por parte del propio PSOE en España, son hechos que nunca existieron para los entusiastas adoradores de la Justicia imperialista. Nada se puede esperar de la mano de jueces genocidas como lo son los de Inglaterra y España, nada que importe un castigo a sus colegas genocidas.

            Ya lo hemos indicado, la detención de Pinochet es un triunfo de la lucha de las masas a escala mundial, pero como todo triunfo de las masas se trata inmediatamente de revertir y utilizarse en contra de sus propios intereses. En este caso, el imperialismo está jugando a prestigiar sus instituciones a un costo muy bajo: juzgar a un símbolo de la masacre y la represión capitalista, qué mejor que este genocida de los confines del mundo. A esta maniobra han contribuido los reformistas de todo pelaje, los que se han limitado a “celebrar”, es decir a esperar o en el mejor de los casos a “presionar” para que actúe la “justicia”.

            El juzgamiento de Pinochet por parte de cualquier tribunal burgués, sea inglés, español o argentino, de hacerse efectivo y de comenzar a aplicarse la demagógica legislación internacional contra el genocidio, conllevaría un desastre para el orden imperialista. Ello por cuanto deberían iniciarse procesos por genocidio en contra de la totalidad de los gobernantes vivos de las principales potencias imperialistas. Clinton, por ejemplo, debería purgar penas por su responsabilidad directa en la muerte de cientos de personas en los bombardeos sobre Sudán y Afganistán hace un par de semanas; no sólo Milosevic, sino que Kohl, Major, Yeltsin y toda la OTAN deberían responder por los crímenes cometidos en la ex-Yugoeslavia; las NU deberían responder por las recientes masacres en Panamá, Somalía e Irak, etc.. En resumen: el consecuente juicio y castigo a Pinochet plantea necesariamente una lucha contra el orden capitalista, bajo cuyos marcos es imposible esperar una efectiva resolución de cualquier reclamo democrático.

            Desde este punto de vista, el juicio a Pinochet es un negocio para regímenes tan desprestigiados como los europeos. Ello por cuanto mediante este expediente, pretenden contribuir mínimamente a embellecerse mientras dan rienda suelta a la brutal ofensiva contra las masas que significa el plan EURO. La figura de Pinochet, en este contexto resulta especialmente emblemática, ya que es presentado como un destructor de un orden democrático burgués, cuya estructura partidaria era y es típicamente europea. Es un General que organizó la sistemática eliminación de socialistas y comunistas, lo que es más claro a los ojos de las masas europeas que la persecución, por ejemplo, de los shiítas por parte de Saddam en Irak.

            En este minuto  resulta improbable realizar un pronóstico que corra en un solo sentido. El Gobierno inglés -las peroratas sobre la supuesta independencia del “Poder” judicial se las dejamos a los abogados- enfrenta una disyuntiva extraordinariamente compleja. Si determina la inmunidad de Pinochet y permite su regreso a Chile, perderá todo lo ganado hasta ahora con la detención; ello significará poner en evidencia a escala MUNDIAL la complicidad del imperialismo con los genocidas, y el carácter meramente decorativo de las instituciones del Derecho Internacional Público; liberar a Pinochet será una manifiesta confesión de que las Convenciones y Tratados Internacionales sobre defensa de los DD.HH., son sólo literatura cuya única finalidad es legitimar en determinados casos las intervenciones militares del imperio en sus colonias. Si, por el contrario, se decide dar curso a la extradición pedida por España, esto con justicia será percibido como un triunfo de las masas lo que podrá abrir paso a un torrente de reclamos de extradición que indudablemente pasarían a encarnarse como lucha antiimperialista. En definitiva, la capacidad de ponderar estos elementos, pero por sobre todo la potencia de las luchas que se desarrollen en Europa, decidirán este problema en uno u otro sentido.

            En Chile las implicancias son parecidas, pero siempre tendrán como resultado la polarización. De resultar extraditado Pinochet, se debilitaría la postura gubernamental lo que obligaría a una extrema radicalización de la política “pinochetista” de la Concertación. Si, en contrario, es liberado, el regreso del Senador Vitalicio daría lugar a manifestaciones triunfalistas de la derecha que doblegarían la imagen democrática del Gobierno el que recibiría todo el descrédito y la ira popular ante tan infame resultado que confirmaría la impunidad internacional de Pinochet.

            Más allá de las variables, con o sin extradición, Pinochet no será castigado por ningún tribunal burgués. En el mejor de los casos Pinochet podría pasar una temporada detenido en España, tras la cual el franquismo se encargaría de liberarlo por razones humanitarias, haciendo uso de sus facultades ejecutivas. Lo que realmente preocupa a la burguesía y al propio imperialismo, es la forma de responder a la polarización social que este hecho está ocasionando. La Derecha sabe que su triunfo ha costado extraordinariamente caro al régimen, las ilusiones democráticas, “antipinochetistas” de las masas están muy golpeadas y para nadie es un misterio el carácter “pinochetista” al menos de la Concertación.

            Con una política legalista y servil al imperio, sólo logra salvarse el PC, pero resulta evidente que el stalinismo no tiene ninguna capacidad de conducción en términos de Gobierno, por lo que no es una alternativa de Gobierno para la burguesía, ello a pesar de la política liberal y colaboracionista de clases que desarrolla el PC, que lo ubican en sus períodos de mayor derechización.

            Foco de esta preocupación lo constituyen la naturaleza de las medidas que han de tomarse luego de resuelto el tema en Inglaterra. En este orden son numerosas las señales, y hasta contradictorias. La ultraderecha reclama la formación de un Gobierno Derecha-DC, de “Unidad Nacional”. Sectores más moderados, RN, la DC los socialistas comienzan a pensar en un proceso de Reconciliación que se base en dos cuestiones: 1.- que Pinochet haga un “gesto” de constricción y se retire de la vida política (ese es el sentido de la reciente norma que regimenta el retiro de los Parlamentarios); 2.- Que se entregue información sobre la ubicación de los detenidos-desaparecidos. Con estas medidas cosméticas, se pretende sepultar el problema de los DD.HH. y salvar esta crisis. Como hemos señalado en relación con el problema europeo, nuevamente la respuesta habrá de encontrarase en el grado de actividad y lucha que desplieguen las masas, actividad que puede medirse como patrón de referencia con la enorme envergadura que alcanzaron las movilizaciones contra la llegada de Pinochet al Senado en calidad de vitalicio.

            En definitiva, más allá de las variables que se impongan a la liberación de Pinochet una cosa es segura: el asesino será liberado, porque no hay tribunal burgués en el mundo con capacidad de dar resolución al problema del genocidio. La aplicación de esta medida exigiría dar vuelta atrás la rueda de la historia, y no hay maniobra política que pueda poner las instituciones imperialistas y burguesas, al servicio de los explotados y el conjunto de la humanidad. La burguesía, especialmente en medio de esta profunda crisis, sólo puede recortar libertades, aumentar la explotación y reprimir. Si incidentalmente se ve obligada a tomar una medida democrática, como es la detención del ex-Dictador, está obligada a retacearla y dejarla sin efecto. Las episódicas convulsiones sociales a que dan lugar las cíclicas crisis capitalistas, hacen que la más elemental de las conquistas de las masas tengan sus días contados mientras la burguesía siga en el poder.

 

EL PARTIDO REVOLUCIONARIO Y LA LUCHA POR LAS REIVINDICACIONES DEMOCRÁTICAS

            La lucha por las reivindicaciones de orden democrático, de conformidad a la metodología del Programa de Transición de Trotsky, en esta etapa de descomposición capitalista, adquiere un primer lugar en el orden de prioridades de la lucha revolucionaria. La estrategia proletaria, su propia revolución y dictaduras, presuponen que la clase obrera acaudille al conjunto de la nación oprimida en su lucha antiimperialista que sólo puede proyectarse como lucha de clases a condición que se exprese como lucha anticapitalista. Parte central de esta lucha la ocupan las reivindicaciones de orden democrático, como el castigo a los genocidas, la liberación de los presos políticos, cuestiones que aparecen bajo la etiqueta jurídica de “DD.HH.”

            Ello explica que el juicio y castigo a Pinochet, juegue un papel trascendental en la política proletaria, toda vez que sólo bajo su conducción, será posible resolver el problema del genocidio castigando a los asesinos e imponiendo la liberación de los presos políticos en Chile. Se trata de que reclamando una cuestión democrática como es el castigo de los criminales, como es la libertad de expresión política y el derecho a la organización de los trabajadores, se pase a golpear los aparatos represivos de la burguesía ajusticiando a sus militares asesinos, abriendo sus cárceles, consagrando la irrestricta libertad de organización y de lucha de los explotados por su liberación. Estos reclamos de orden democrático, de ser exigidos consecuentemente, sólo pueden ser impuestos vía acción directa de las masas lo que plantea la expulsión de la burguesía del poder.

            En consecuencia, este reclamo democrático del castigo a los genocidas, no puede ser resuelto dentro de los marcos burgueses, ni por sus tribunales, ni por sus leyes. Esta incapacidad se desprende de una realidad histórica del porte de una catedral: el capitalismo sólo puede sobrevivir a costa de la destrucción masiva de fuerzas productivas, del genocidio de millones. No otra cosa podemos concluir de este siglo, que registra los genocidios más gigantescos de la historia de la humanidad. En los últimos cien años millones y millones de seres humanos han sido eliminados en campos de concentración, en fusilamientos masivos, en explosiones atómicas, guerras bacteriológicas, etc.. Estas atrocidades no son el cumplimiento de profecías apocalípticas, sino que son la nítida corroboración del pronóstico científico del marxismo: el retraso en el triunfo de la revolución socialista conduce a la humanidad al pantano de la barbarie capitalista. La disyuntiva, hoy más que nunca, es: Socialismo o Barbarie.

            Sin embargo, la izquierda socialdemócrata, stalinista y reformista en general, tanto a nivel nacional como mundial, ha venido sosteniendo una política que va del cretinismo legalista al abierto pro-imperialismo. En Europa los partidos de izquierda se han diluido en las organizaciones de DD.HH. y otros frentes por el estilo, enfrentando el problema como una cuestión de aplicación de “tratados internacionales”; en Chile el PC y algunos sectores del PS e incluso la DC, han caracterizado al hecho como un triunfo de la justicia en que ha sido la “comunidad internacional”, la que ha tomado en sus manos una cuestión que los chilenos no hemos sido capaces de resolver. El PC remata esta capitulación a los tribunales europeos con una capitulación al orden jurídico nacional: para ellos el problema se resuelve convocando un Plebiscito para una Asamblea Constituyente, que se pronuncie sobre la Anulación de la Ley de Amnistía.

            En pocas palabras: la izquierda europea y la chilena (también sus colegas argentinos PC, PO, MAS, etc., no olvidemos que Garzón investiga también a la Junta de Videla) se ha limitado a saludar el accionar de la justicia burguesa, subordinándose una vez más a la legalidad y al Estado de los patrones. Con esto no han hecho más que seguir alimentando ilusiones en la democracia burguesa, que en el caso de la izquierda chilena y argentina constituye un postura además pro-imperialista, por atribuirle a la justicia imperial capacidad para resolver un problema como los genocidios de los 70 en el Cono Sur latinoamericano.

            Si en Chile, en Argentina y en Europa, no emerge un poderoso movimiento de masas que se proponga la lucha por el juicio y castigo a los genocidas; que es lo mismo que decir: un sólido movimiento anticapitalista y antiimperialista, se debe a la falta de una dirección política internacional que lidere la lucha de los obreros y explotados del mundo entero. Esta dirección política de los explotados en lucha es el Partido Mundial de la Revolución Socialista, la IV Internacional. La ausencia de esta dirección política internacional ha impedido a las masas del mundo entrar a desempeñar un papel trascendente en el hecho puntual de la detención de Pinochet en Inglaterra. Para nosotros, los trotskystas del POR, esta cuestión es esencial y fundamental en el análisis y desarrollo de una política frente al problema del genocidio. Sólo la revolución castiga a sus verdugos, para ello necesitamos las tres condiciones: “el partido, el partido y el partido”.

            La tarea de estructuración partidaria presupone la formulación de una línea nítidamente proletaria, pues sólo esta clase puede abordar consecuentemente esta lucha. El castigo a Pinochet, sólo podrá ser impuesto por un Tribunal Popular Internacional integrado por las organizaciones de base de clase obrera, entidad que centralizará y potenciará no sólo el castigo a Pinochet sino que servirá de punto de partida para el combate a la represión burguesa y el potenciamiento de la lucha revolucionaria. El Tribunal Popular ya ha condenado a Pinochet, lo ha hecho la conciencia lúcida de los explotados del mundo entero, como lo ha hecho con Hitler, Mussolini y otros carniceros por el estilo.

            La estructuración de este Tribunal Popular no se basa en la convocatria a “notables” de izquierda, ni a intelectuales “progre”, ni a distinguidos burócratas sindicales. Su formación dependerá de la capacidad del partido revolucionario de llevar la lucha por el castigo a los genocidas, al seno de las luchas que hoy se desarrollan en Chile y el mundo entero. Debe rechazarse la impostura del PC que dirigiendo abrumadoramente la heroica huelga docente, fue incapaz de incorporar la lucha por el Castigo a Pinochet al torrente movilizado del magisterio. Impulsar el castigo a Pinochet, pasaba fundamentalmente por el apoyo y potenciamiento de la Huelga del Colegio de Profesores y por la preparación de la Huelga General. El Castigo a Pinochet no es un problema de “delincuencia” como interesadamente plantean los reformistas, es de la lucha de clases de la que emergerá su resolución. Politizar la lucha del magisterio, la lucha por los DD.HH., por el castigo a los genocidas, por la inmediata e incondicional libertad de los presos políticos de Pinochet-Aylwin-Frei, significa construir con estos reclamos un puente para el poder de los explotados: un Gobierno Obrero y de los Explotados de la Ciudad y el Campo.

            El combate al legalismo, que deja la resolución del genocidio en manos de la patronal; el combate al gremialismo, que aisla la lucha contra la represión y el genocidio, de las demás luchas de masas; el combate al electoralismo, que pretende resolver con candidaturas de “izquierda”; todos estos combates, forman parte de la lucha de los revolucionarios. Legalismo, gremialismo, electoralismo, son todas expresiones de la política de la burguesía para doblegar a los trabajadores, es por eso que las convocatorias a Asambleas Constituyentes, a Plebiscitos y otras ingeniosas soluciones “jurídicas” son sólo eso: letra muerta en las páginas de la prensa reformista. Estas salidas, tantas veces planteadas por el PC, sólo son reveladoras de su impotencia frente al orden capitalista, del cual son sólo un engranaje.

            Ya lo dijimos en nuestro primer volante referido a la detención de Pinochet, a él lo queremos ver como a Mussolini: ahorcado en una Plaza Pública por resolución de un Tribunal Popular. Esa es nuestra lucha: acción directa, autodeterminación de las bases, poder para los explotados, la violencia multitudinaria de los obreros transformando revolucionariamente la sociedad. Cuando esta lucha se desate, una muralla caerá sobre pinochetistas, proburgueses y burgueses de toda calaña, esa muralla aplastará al capitalismo, sobre esos muros flameará orgullosa la bandera de la revolución proletaria.

 

Santiago, Octubre de 1998

 

Eduardo Galeano: 12 de octubre, el “descubrimiento” de América y la historia oficial

¿Cristóbal Colón descubrió América en 1492? ¿O antes que él la descubrieron los vikingos? ¿Y antes que los vikingos? Los que allí vivían, ¿no existían?

Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran ciegos?

¿Quiénes pusieron sus primeros nombres al maíz y a la papa y al tomate y al chocolate y a las montañas y a los ríos de América? ¿Hernán Cortés, Francisco Pizarro? Los que allí vivían, ¿eran mudos?

Nos han dicho, y nos siguen diciendo, que los peregrinos del Mayflower fueron a poblar América. ¿América estaba vacía?

Como Colón no entendía lo que decían, creyó que no sabían hablar.

Como andaban desnudos, eran mansos y daban todo a cambio de nada, creyó que no eran gentes de razón.

Y como estaba seguro de haber entrado al Oriente por la puerta de atrás, creyó que eran indios de la India.

Después, durante su segundo viaje, el almirante dictó un acta estableciendo que Cuba era parte del Asia.

El documento del 14 de junio de 1494 dejó constancia de que los tripulantes de sus tres naves lo reconocían así; y a quien dijera lo contrario se le darían cien azotes, se le cobraría una pena de diez mil maravedíes y se le cortaría la lengua.

El notario, Hernán Pérez de Luna, dio fe.

Y al pie firmaron los marinos que sabían firmar.

El descubrimiento de AméricaLos conquistadores exigían que América fuera lo que no era. No veían lo que veían, sino lo que querían ver: la fuente de la juventud, la ciudad del oro, el reino de las esmeraldas, el país de la canela. Y retrataron a los americanos tal como antes habían imaginado a los paganos de Oriente.

Cristóbal Colón vio en las costas de Cuba sirenas con caras de hombre y plumas de gallo, y supo que no lejos de allí los hombres y las mujeres tenían rabos.

En la Guayana, según sir Walter Raleigh, había gente con los ojos en los hombros y la boca en el pecho.

En Venezuela, según fray Pedro Simón, había indios de orejas tan grandes que las arrastraban por los suelos.

En el río Amazonas, según Cristóbal de Acuña, los nativos tenían los pies al revés, con los talones adelante y los dedos atrás, y según Pedro Martín de Anglería las mujeres se mutilaban un seno para el mejor disparo de sus flechas.

Anglería, que escribió la primera historia de América pero nunca estuvo allí, afirmó también que en el Nuevo Mundo había gente con rabos, como había contado Colón, y sus rabos eran tan largos que sólo podían sentarse en asientos con agujeros.

El Código Negro prohibía la tortura de los esclavos en las colonias francesas. Pero no era por torturar, sino por educar, que los amos azotaban a sus negros y cuando huían les cortaban los tendones.

Eran conmovedoras las leyes de Indias, que protegían a los indios en las colonias españolas. Pero más conmovedoras eran la picota y la horca clavadas en el centro de cada Plaza Mayor.

Muy convincente resultaba la lectura del Requerimiento, que en vísperas del asalto a cada aldea explicaba a los indios que Dios había venido al mundo y que había dejado en su lugar a San Pedro y que San Pedro tenía por sucesor al Santo Padre y que el Santo Padre había hecho merced a la reina de Castilla de toda esta tierra y que por eso debían irse de aquí o pagar tributo en oro y que en caso de negativa o demora se les haría la guerra y ellos serían convertidos en esclavos y también sus mujeres y sus hijos. Pero este Requerimiento de obediencia se leía en el monte, en plena noche, en lengua castellana y sin intérprete, en presencia del notario y de ningún indio, porque los indios dormían, a algunas leguas de distancia, y no tenían la menor idea de lo que se les venía encima.

Hasta no hace mucho, el 12 de octubre era el Día de la Raza.

Pero, ¿acaso existe semejante cosa? ¿Qué es la raza, además de una mentira útil para exprimir y exterminar al prójimo?

En el año 1942, cuando Estados Unidos entró en la guerra mundial, la Cruz Roja de ese país decidió que la sangre negra no sería admitida en sus bancos de plasma. Así se evitaba que la mezcla de razas, prohibida en la cama, se hiciera por inyección.

¿Alguien ha visto, alguna vez, sangre negra?

Después, el Día de la Raza pasó a ser el Día del Encuentro.

¿Son encuentros las invasiones coloniales? ¿Las de ayer, y las de hoy, encuentros? ¿No habría que llamarlas, más bien, violaciones?

Quizás el episodio más revelador de la historia de América ocurrió en el año 1563, en Chile. El fortín de Arauco estaba sitiado por los indios, sin agua ni comida, pero el capitán Lorenzo Bernal se negó a rendirse. Desde la empalizada, gritó:

—¡Nosotros seremos cada vez más!

—¿Con qué mujeres? –preguntó el jefe indio.

—Con las vuestras. Nosotros les haremos hijos que serán vuestros amos.

Los invasores llamaron caníbales a los antiguos americanos, pero más caníbal era el Cerro Rico de Potosí, cuyas bocas comían carne de indios para alimentar el desarrollo capitalista de Europa.

Y los llamaron idólatras, porque creían que la naturaleza es sagrada y que somos hermanos de todo lo que tiene piernas, patas, alas o raíces.

Y los llamaron salvajes. En eso, al menos, no se equivocaron. Tan brutos eran los indios que ignoraban que debían exigir visa, certificado de buena conducta y permiso de trabajo a Colón, Cabral, Cortés, Alvarado, Pizarro y los peregrinos del Mayflower.

Texto del libro Ser como ellos

España: Sólo la clase obrera puede derrotar a Rajoy y la monarquía.

por Alejandro Valenzuela y Alex Lantier/

Hay numerosos informes no confirmados de tropas siendo enviadas a Cataluña y regiones cercanas ante una posible declaración unilateral de independencia esta semana.

Los grupos de poder españoles están discutiendo abiertamente invocar el Artículo 116 de la Constitución del país, preparando el marco para imponer ley marcial.

Según fuentes militares citadas por el periódico derechista OkDiario, se movilizaron fuerzas a Aragón y Valencia, regiones adyacentes a Cataluña. Explica que el Gobierno español estima necesarias alrededor de 30 000 fuerzas de seguridad para tomar control de la región y “establecer el orden constitucional ante los insurrectos”. El periódico indica que esta es, “una cifra que en este momento no podría alcanzarse con la actual dotación en Cataluña: algo más de 8000 agentes de Policía Nacional y Guardia Civil”.

Según el artículo, las divisiones siendo desplegadas incluyen la División Castillejos (antigua Fuerza de Acción Rápida), que consiste en tres brigadas (la aerotransportable, paracaidista y la Legión) con un total de tres mil tropas, junto con el Regimiento de Infantería Acorazada Alcázar de Toledo de 300 tropas y 44 tanques. Además, se reporta que Madrid está movilizando los grupos de Operaciones Especiales de la Armada, análogos a los Navy Seal estadounidenses.

El número de tropas que otras fuentes estiman se encuentra entre 12 000 y 16 000.

La Tribuna de Cartagena señaló que el buque Navarra, escoltado por dos buques antiminas estaba en marcha hacia Barcelona completamente equipado y con tropas y llegaría al puerto de Barcelona el 8 de octubre, un día antes de la previamente programada declaración de independencia por el Parlament de Cataluña. Según un comunicado del Ministerio de Defensa, los buques están participando en el Show Internacional de Botes de Barcelona.

Al mismo tiempo, la OTAN ha organizado un ensayo de entrenamiento denominado “Ángel Guardián” con seiscientos policías militares de España y otros nueve Estados miembros de la OTAN. Según el sitio web del ejército español, estos ejercicios buscan entrenar a policías militares en la gestión de los puestos de comando durante operaciones y allanamientos, escoltar y proteger a las autoridades, neutralizar personal armado hostil dentro de las instalaciones militares y control de masas.

El artículo 116 involucra el despliegue de militares y permite la suspensión de varios derechos democráticos, incluyendo los derechos a la libre expresión y a la huelga. Además, permite arrestos preventivos. La suspensión de estos derechos armaría al Estado con poderes policiales vastos que el ejército podría utilizar para aterrorizar a toda la clase obrera, como el régimen franquista lo hizo entre 1939 y 1977.

La Asociación de Militares Españoles (AME) publicó una declaración defendiendo el discurso del rey Felipe VI en la que el monarca denunció el referéndum independentista catalán y demandó que el Estado español tomara control de la región. Este documento describe el discurso como “impecable” porque Felipe VI pudo comunicar “de manera clara, concisa, rotunda cuál es la línea a seguir en estos momentos difíciles y complejos”.

La AME le exige al presidente español del Partido Popular (PP), Mariano Rajoy “la defensa sin fisuras de la unidad de España, su integridad territorial y su soberanía nacional”.

La Unión Europea ha declarado su apoyo a las severas medidas militares siendo preparadas. Durante el debate el miércoles pasado en el Parlamento Europeo, el vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, declaró que es “un deber de todo Gobierno hacer valer el derecho y a veces esto requiere un uso de fuerza proporcional”.

Lo respaldaron dirigentes de tanto partidos conservadores, como socialdemócratas y liberales.

Las implicaciones de tales comentarios fueron destacadas por el comisionado de la Unión Europea de Alemania, Günter Oettinger, quien advirtió el viernes: “Hay una guerra civil imaginable ahora en el medio de Europa”. Sólo después pidió el siguiente deseo, “Uno sólo puede esperar que pronto se pueda ver una línea de conversación entre Madrid y Barcelona”.

La prensa española está desempeñando su parte en allanarle el camino a una intervención militar. Esto lo ha hecho mediante una campaña para deshumanizar a los nacionalistas catalanes y, en algunos casos, a toda la población catalana. No pasa ni un día en el que la prensa no describe los acontecimientos en Cataluña como una “insurrección”, un “golpe de Estado”, una “rebelión” o una “traición” que tiene que ser aplastada.

Los nacionalistas catalanes son acusados de indoctrinar a niños y enviarlos al frente de las protestas para ser atacados por las fuerzas policiales. La Policía Nacional y la Guardia Civil, quienes hirieron a ochocientos manifestantes pacíficos el domingo, están siendo retratados como oficiales indefensos y hostigados por protestantes frente a sus hoteles y residencias temporales. Al mismo tiempo, describen a la policía regional, los Mossos d’Esquadra, como traicioneros y desleales. El partido secesionista Esquerra Republicana de Cataluña y el secesionista pseudoizquierdista Candidatura d’Unitat Popular (CUP) están siendo atacados constantemente, con artículos describiéndolos como el “cáncer para la sociedad catalana” (ABC) y pidiendo su “decapitación… y su arrinconamiento en el basurero de la historia” (El Español).

Un lenguaje de tendencia fascista como tal fue empleado en vísperas de una manifestación instigadora el domingo llamada por el PP y la antisecesionista Sociedad Civil Catalana, una organización con vínculos con la extrema derecha. Respaldados tanto por Ciudadanos como por el Partido Socialista, y promovidos ampliamente por la prensa con sede en Madrid, fueron transportados nacionalistas anticatalanes y ultraderechistas de toda España a Barcelona.

El carácter ultraderechista de la demonstración fue reconocido por sus organizadores.

En una entrevista con El Confidencial, Javier Megino, vicepresidente del movimiento D’Espanya i Catalans, aceptó que iban a haber neofascistas y ultraderechistas presentes, como sucedió en una demonstración contra la independencia de Barcelona hace dos semanas. Cuando se le preguntó si generarían violencia, Megino respondió: “cuando juntas a tantas personas, es imposible controlarlos a todos”.

Esta protesta evidentemente no procura representar a la “mayoría silenciosa” de la población catalana que se opone al independentismo, como lo representa la prensa. En cambio, buscan provocar una confrontación entre fuerzas independentistas catalanas y fascistas que el Gobierno buscará explotar para justificar una represión.

El peligro político grave es que la clase trabajadora en España y alrededor del mundo no está siendo movilizada en contra de las medidas represivas siendo alistadas por Madrid.

En este punto de quiebre, los obreros catalanes y españoles tienen que evaluar las fuerzas políticas que dicen defenderlos.

El primer ministro regional, Carles Puigdemont, continúa llamando al diálogo, una opción rechazada por Rajoy, quien lo ha declarado un criminal. El viceprimer ministro, Oriol Junqueras, está preocupado primordialmente con los anuncios de varios bancos y compañías importantes, como el Banco Sabadell, CaixaBank, el gigante energético Gas Natural, Abertis, la firma de biotecnología Oryzom y la corporación de telecomunicaciones Eurona, de que se están yendo de Cataluña por temor ante lo que depare el impulso independentista en el futuro.

La legisladora de la CUP, Eulàlia Reguant, le comentó al diario catalán Nació Digital que su partido está trabajando en un plan para tomar control del territorio catalán, incluyendo puertos y aeropuertos, mediante la aprobación de un proyecto de ley que haga que los 17 000 Mossos “dejen de ser policía de la justicia española”.

El pseudoizquierdista Podemos insiste en sus llamados de diálogo, mientras crean ilusiones en un Gobierno conjunto con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) como alternativa para el PP, incluso cuando el PSOE decidió participar en la protesta ultraderechista del domingo y está colaborando con Rajoy en la preparación de una intervención violenta.

Basándose en una denuncia del Partido Socialista de Cataluña, la sección regional del PSOE, el Tribunal Constitucional de España prohibió la sesión del lunes en el Parlament, en el que se esperaba que los partidos secesionistas declararan la independencia unilateralmente.

Después de un cuarto de siglo de guerra imperialista y austeridad de la UE desde que la burocracia estalinista disolviera la Unión Soviética, la democracia europea está en su punto de ruptura. Una década de profunda austeridad desde el crack de Wall Street de 2008, que llevó el desempleo español al 20 por ciento, ha destrozado la economía española y ha desprestigiado a su élite gobernante. En medio de una crisis profunda del régimen post-franquista en España, y mientras la clase gobernante ataca salvajemente los derechos democráticos en diferentes países de Europa, la burguesía española está usando la crisis catalana para volver a un régimen autoritario.

Hay que oponerse a los planes de Madrid para un derramamiento de sangre en Cataluña. La cuestión crítica es la movilización políticamente independiente, revolucionaria, de la clase trabajadora, no solo en Cataluña sino en toda España y en toda Europa, en una lucha contra la amenaza de guerra civil y de dictadura de Estado policial y por el socialismo.

Para ello es necesario romper conscientemente con Podemos y con los nacionalistas catalanes, que han trabajado durante el período precedente para confundir y desarmar a la oposición de la clase trabajadora, a pesar del descontento social explosivo. Mientras las masas de la juventud y de los trabajadores participaron en la huelga de protesta de un día del martes en Cataluña, CCOO y UGT, cercanas a Podemos y al PSOE respectivamente, tuvieron cuidado de no movilizar en absoluto a los trabajadores españoles de fuera de Cataluña.

La crisis catalana ha expuesto en particular la bancarrota de Podemos. Alentó sin parar ilusiones en el PSOE, que rápidamente está pasando a respaldar la represión en Cataluña desde el discurso del rey, exigiendo al PSOE que forme un gobierno conjunto para desbancar a Rajoy. Ante la capitulación del PSOE a Rajoy, Podemos está ahora estimulando ilusiones en el propio PP —aunque se avecine una sangrienta represión militar, y aunque Rajoy indique que no tiene intenciones de negociar con Barcelona.

En cuanto a los nacionalistas catalanes, que han dirigido una serie de gobiernos austeros en Cataluña que aplastó varias huelgas de trabajadores del transporte y del aeropuerto, sus planes reaccionarios de entablar vínculos con la UE y negociar con Madrid la formación de un Estado capitalista catalán están en ruinas.

Ante la posibilidad de represión militar, se informa que el pánico está cundiendo entre los simpatizantes de Puigdemont. Entre los nacionalistas catalanes de Barcelona, el diario de esa ciudad La Vanguardia escribía, “Una fuerte sensación de vértigo recorre toda la sociedad, perforando los entusiasmos militantes, las visiones revolucionarias, las indignaciones mayúsculas, los ardores patrióticos…”. Añadió que “la severidad y la contundencia” del discurso del Rey “han acentuado esa sensación de vértigo: el temor a que la escalada en curso acabe en catástrofe”.

Incapaces de movilizar una más amplia oposición a la represión de Madrid en la clase trabajadora española, y hostiles a ello, la política pro-capitalista de los nacionalistas catalanes solo sirve para dividir a los trabajadores mientras es inminente un ataque sangriento desde Madrid. Está en la hora del día, la clase obrera catalana, apoyándose en el conjunto de la clase obrera española debe desplegar las banderas de la república y el socialismo, únicas divisas bajo las cuales podrá ser derrotarse la conjura burguesa y fascista que encabezan hoy Rajoy y Felipe VI. Los reformistas proburgueses del PSOE y Podemos han dejado a las claras que su política de “diálogo” sólo persigue ganar tiempo para viabilidad la derrota de la causa independentista y salvar a la burguesía española y por su intermedio a la Unión Europea.

A defender la causa catalana, la república y el socialismo.

 

Por qué todos los españoles deberían apoyar la revolución catalana

 

por El Robot Pescador//

En este artículo intentaremos exponer las razones por las que creemos que todos los ciudadanos españoles deberían apoyar el referéndum de autodeterminación en Cataluña y la rebelión popular que le rodea.

Como ustedes verán, las razones que se esgrimen, no tienen nada que ver con nacionalismo, independentismo o cuestiones de índole identitaria.

Lo que estamos viviendo, es una aparente “lucha de banderas”, que la mayoría de gente implicada vive como tal, pero que en realidad oculta algo más profundo.

Por esa razón, les pedimos que por unos instantes y mientras lean este artículo, dejen su bandera a un lado.

Ya la recuperarán después.


LA LUCHA CONTRA “EL RÉGIMEN”

Los lectores habituales de El Robot Pescador, habrán notado que en los últimos artículos en los que hemos tratado sobre el polémico tema del proceso independentista catalán, hemos hablado de las fuerzas que gobiernan España, refiriéndonos a ellas como “el Régimen”.

Cuando hablamos del RÉGIMEN, hacemos referencia a un conglomerado de poder que domina el país a su antojo, a través de una intrincada red de intereses.

El origen de este Régimen se remonta a la dictadura franquista (e incluso a mucho antes) e incluye a viejos poderes de la nobleza y la aristrocracia, la familia real, alto funcionariado del Estado de “carácter casi hereditario” que lleva manejando los mecanismos profundos del Estado desde hace décadas, y evidentemente, los altos poderes empresariales y financieros del país, encarnados en las empresas y grandes bancos del ÍBEX-35.

Esta red de poder, está por encima de los avatares políticos de España.

Son la ÉLITE DEL RÉGIMEN.

Ya estaban ahí durante el franquismo y siguen manteniendo exactamente la misma posición y el mismo poder durante la “democracia”.

La falsa socialista Gusana Díaz rendiendo pleitesia a uno de los amos del país (la presidenta del Banco de Santander) como corresponde a un buen esbirro del Régimen

Y eso es así porque básicamente fueron ellos los que dirigieron la falsaria transición española.

Esa transición “democrática” se produjo básicamente por una necesidad geoestratégica: debía construírse la Unión Europea, uno de los grandes proyectos de las élites mundiales para configurar la globalización, una UE inicialmente impulsada desde EEUU para obtener una Europa centralizada, sumisa y controlada en forma de gran colonia-mercado.

Pero para construir esa futura UE (con el paso previo del Mercado Común), era necesario eliminar las viejas dictaduras que había en el sur de Europa, básicamente por una cuestión cosmética. Las democracias avanzadas del norte de Europa no podían justificar un “hermanamiento” con dictaduras de corte fascista, que pronto quedarían obsoletas con la caída inminente del bloque soviético.
Así, a lo largo de los años 70, se permitió o se impulsó que cayeran las dictaduras en Grecia, Portugal y España.

Para realizar una transición política de una dictadura a una democracia en un país, hay dos opciones:

-La primera opción es cambiar el país de arriba abajo, eliminando a las élites que dominan el régimen dictatorial y empezando a partir de cero, lo que implicaría una revolución violenta o incluso una guerra civil para desalojar a los viejos poderes que dominan el Estado.

-La segunda opción es pactar con las élites que dominan el país para que sean ellas las que dirijan la transición; eso implica permitir a dichas élites que configuren a su gusto el “nuevo régimen democrático” para seguir manteniendo sus posiciones de privilegio, pero bajo una nueva apariencia, que permita la incorporación del país al nuevo marco geoestratégico.

Esto es lo que sucedió en España.

El heredero de Franco, el Rey Juan Carlos I, fue el encargado de encabezar simbólicamente la transición a la democracia simulada y se crearon líderes de nuevo cuño al servicio de los intereses norteamericanos, como el presunto socialista Felipe González, cuya primera misión en su servicio a los poderes externos que lo habían puesto como presidente, fue meter a España en la OTAN y posteriormente en la Comunidad Económica Europea.

Incluso se impulsaron “desde el poder”, supuestas revoluciones culturales (siempre indispensables en estos casos) que sirvieran de iconografía popular para que las masas pudieran “visualizar” el presunto cambio de régimen, como fue la “Movida Madrileña”.

Externamente hubo la apariencia de una transición hacia la democracia, pero en realidad, todo seguía igual: las Élites del Régimen seguían siendo las mismas y seguían manteniendo su misma cuota de poder.

Lo único que hizo falta fue reconfigurar, reestructurar, los escalafones inferiores de poder al servicio de estas élites, aquellos a los que podríamos calificar como los “lugartenientes” y los “esbirros”, para que se adecuaran a la nueva apariencia democrática del Régimen.

Jordi Pujol, jefe de un clan mafioso del Opus Dei; anti-independentista desde siempre. Este fiel esbirro al servicio del Régimen durante décadas, ha sido sacrificado por las Élites del Régimen cuando a éstas les ha convenido: el destino que merece una basura colaboracionista y traidora como él…aún esperamos a que lo metan en la cárcel…

Para ello se creó toda una nueva clase política (socialistas del PSOE al servicio del capital, ex-comunistas domados, sindicalistas apesebrados, nacionalistas regionales colaboracionistas, etc…), que permitiera montar el teatro de la democracia para mantener entretenidas y engañadas a las masas.

Si la corrupción moral más absoluta tuviera cara, sería la de esta basura humana

Evidentemente, estos lugartenientes mafiosos, se han estado peleando entre ellos por sus diversas cuotas de poder, es decir, por tener un pedazo de pastel más grande.

Las luchas políticas entre unos y otros han sido reales…pero siempre sin morder a las Élites del Régimen que lo dominaban todo y que eran, son y serán siempre sus AMOS.

Obviamente, todo este gran montaje, vino aderezado con la generación de toda una constelación de colaboradores del Régimen que chupan de éste en propio beneficio y que hacen todo lo que sea posible por mantenerlo en pie para no perder sus privilegios: intelectuales, académicos, periodistas, artistas, etc…

Aquí tienen a un magnífico grupo de paniaguados del Régimen, próximos a la mafia corrupta del PSOE, defendiendo con uñas y dientes ese Régimen que les ha permitido chupar del bote durante décadas.
Su manifiesto ha sido publicado en El País, el periódico portavoz de Bilderberg en España. Con eso ya se explica todo.

Cada uno con su presunta afiliación política o ideológica, pero todos defendiendo el Régimen que los alimenta.

Esto es el Régimen Español en la actualidad.

UNA METÁFORA PARA ENTENDERLO TODO

Si en España hay un ejemplo claro y diáfano de lo que es el Régimen, lo tenemos en el Grupo Planeta, propiedad de la familia Lara y que controla el imperio mediático Atresmedia.

El iniciador de este imperio mediático fue José Manuel Lara (después convertido en marqués del Pedroso), un “señor muy amable” alistado en el bando fascista durante la guerra civil, y concretamente bajo el mando del General Yagüe (apodado “el carnicero de Badajoz” por sus crímenes de guerra).

Lara entró en Barcelona como capitán de la Legión, donde se afincó, “haciendo fortuna”.

¿Y cómo la hizo? Pues bien, tras la guerra civil y enmedio de una brutal represión contra la población catalana en la que él colaboró muy activamente, este “gran hombre” se dedicó a robar a punta de pistola en las diferentes editoriales catalanas, llevándose la escasa materia primera para editar e imprimir, que tras el conflicto podía encontrarse. Con ello y con el apoyo de la dictadura, se erigió en jefe del Sindicado Vertical de Artes Gráficas, eliminando a la competencia y construyendo su imperio editorial.

Así fue como se erigió en una pieza importante de las Élites del Régimen.

Con la falsa transición a la Democracia, el poder mediático de ese Grupo Planeta levantado a través de la extorsión, no solo no disminuyó, sino que aumentó considerablemente, hasta el punto de convertirse en accionistas mayoritarios del Grupo Atresmedia, que controla dos de los grandes canales de TV del país: la Sexta y Antena 3.

La Sexta, es un canal que se presenta como “de izquierdas”, “progresista” y fervorosamente contrario al Partido Popular.

Del otro lado, tenemos a Antena 3, un canal mucho más conservador y que en su línea editorial, se muestra más próximo al Partido Popular.

Matias Prats, la gran cara de Antena 3. Hijo de Matías Prats Cañete, la voz del Régimen Franquista, voz del NO-DO y de las corridas de toros durante la dictadura….y como no, el hijo bien enchufado gracias a la falsa transición democrática

Y he aquí donde encontramos la gran metáfora de lo que es el Régimen en realidad.

Su auténtica naturaleza.

Ante nuestros ojos tenemos la apariencia de unas izquierdas y unas derechas enfrentadas políticamente, reflejadas en dos canales de televisión de masas aparentemente opuestos ideológicamente, que en realidad son propiedad de las mismas Élites del Régimen.

La mejor manera de visualizarlo, es imaginar a un titiritero que nos entretiene con los enfrentamientos y luchas de dos marionetas, una en cada mano.

Y debajo, ante el teatrillo, un grupo de niños gritando; nosotros, la población, la masa sometida e idiotizada, tomando partido por una marioneta u otra, por la “azul” o por la “roja”.

Al titiritero no le importan los chillidos de los niños, ni a cuál de las dos marionetas le toque vencer en la “función de hoy”. Las marionetas y el teatrillo son de su propiedad y eso es lo único que importa.

De hecho, ante la evidencia de que los niños han empezado a aburrirse de las dos marionetas, la “roja” y la “azul”, el titiritero ha creado dos marionetas nuevas: la “naranja” y la “morada”.

En la realidad española, esas dos nuevas marionetas han sido los partidos políticos de nuevo cuño: Ciudadanos y Podemos, cuya única función es mantener en pie la función y seguir entreteniendo a la masa idiotizada.

¿Recuerdan ustedes que tanto Ciudadanos como Podemos fueron impulsados mediáticamente en esas televisiones y medios propiedad de las Élites del Régimen?

Que no les quede ninguna duda que ambos títeres fueron creados para interpretar un papel concreto en la función.

Básicamente, Ciudadanos se dedica a intentar acelerar los tempos represivos del Régimen a la vez que hace todo lo posible por reforzarlo y apuntalarlo; mientras que Podemos se centra en reunir a todos los descontentos y “revolucionarios” para hacerles perder el tiempo en un infinito bla,bla, bla y que no se echen a las calles a derribar el Régimen, bajo la promesa de que si les votan a ellos (en las próximas elecciones de aquí a x años), cuando lleguen al poder (es decir, nunca), lo cambiarán todo.

Por lo tanto, no importa en absoluto por quién tomen partido los niños, si por la marioneta roja, la azul, la naranja o la morada.

Todas hablan por boca del titiritero y cumplen con el rol encomendado…

LA INDEPENDENCIA CATALANA, ENEMIGA DEL RÉGIMEN

Y he aquí donde entra en contexto la Rebelión Popular que estamos viendo en Cataluña.

El proceso independentista lo cambia todo, porque no se circunscribe en el falso enfrentamiento democrático, sino que ataca directamente a la existencia del Régimen en sí.

Lo veremos más claramente si seguimos con la metáfora del titiritero y del teatrillo.

Resulta que de repente, enmedio de la obra de este gran teatro de marionetas, un niño revoltoso se ha levantado y ha dicho: “estoy harto de este teatrillo, me quiero ir a jugar a la pelota”.

¡Maldito niño!

No se pone a favor de una u otra marioneta…¡lo que quiere es irse!

Eso es lo que han hecho los catalanes cuando han dicho que quieren votar para decidir su futuro. Han advertido que están dispuestos a levantarse y marcharse de la función porque están hartos de la pantomima y de las puñeteras marionetas.

Están hartos del Régimen.

¿Y cuál ha sido la respuesta del titiritero?

Pues todos lo hemos visto: ante la protesta del niño, ambas marionetas, la roja y la azul, han dejado de pelearse entre sí interpretando su ridículo papelito y han empezado a insultar al niño, a ridiculizarle ante los otros niños y a tratar de conseguir que sus compañeros lo obliguen a sentarse para que siga mirando la obra.

Eso es lo que han hecho, EXACTAMENTE, todos los medios de comunicación al servicio del Régimen.

De repente, han dejado de ser de “izquierdas” o de “derechas”, y han empezado a trabajar al unísono y a decir lo mismo sobre lo que acontece en Cataluña, propagando los mismos insultos, manipulaciones y mentiras.

Lo hemos visto con la Sexta y Antena 3. Lo hemos visto, CON TODOS.

Ya no hay diferencia en las líneas editoriales de el Periódico, el País, el Mundo, el Español, OK diario, la Razón, el ABC, la Trece, la COPE, Onda Cero, TVE, Cuatro o Intereconomía…ya han olvidado si les toca interpretar a la marioneta roja o a la azul, porque ahora, el que habla directamente, es el titiritero, las Élites del Régimen.

Ahora lo único que importa, por encima de todo, es impedir que ese niño revoltoso e impertinente, se levante y se vaya a jugar a la pelota; otros podrían irse con él y se acabaría el teatrillo.

Se acabaría el control sobre los niños y por lo tanto, el negocio.

El Régimen se iría al traste y se llevaría por delante a todos los chupópteros que viven de él.

De hecho, ese titiritero que ve peligrar su negocio, ya ha convertido a sus marionetas en puños y enfurecido ha salido de detrás del escenario para propinarle una sarta de tortazos al niño impertinente y obligarlo por la fuerza a que se quede.

Y de hecho, está pidiendo a los otros niños a que colaboren con él, que le insulten por querer levantarse y que le peguen si trata de marcharse…

Con sus ridículas marionetas encasquetadas en las manos y vociferando con grotesca voz aflautada, ahora ronca por una rabia incontenible, ese titiritero intenta convencer a los otros niños de que ese chaval revoltoso es “malo”, que está “loco” y que es un delincuente que quiere decapitar a las pobres marionetas, porque un “genio maligno” le ha convencido para hacerlo.

Y al niño lo amenaza, diciéndole que si se levanta y se va, se perderá en el bosque para siempre y “se lo comerán los lobos”.

Esto es EXACTAMENTE lo que está sucediendo en España en estos momentos.

Tenemos a un Régimen que ha enloquecido al verse en peligro y que trata como terroristas a personas que solo quieren votar.

Y hemos visto como todas las caretas han caído y como todos los lugartenientes, matones, esbirros, chupópteros y aprovechados del Régimen de todo pelaje, han salido a defenderlo a capa y espada, desde Felipe González a Jose María Aznar, desde Pérez-Reverte a Serrat, desde Eduardo Inda a Jordi Évole.

Serrat, otro apesebrado del Régimen. Actuaba en los mítines de un traficante de armas y de un terrorista de estado…ahora se opone a la revolución catalana, como corresponde…

Por esta razón el Robot Pescador se ha posicionado en favor de esta Rebelión Catalana.

Nosotros no queremos formar parte de ese grupo de niños miserables y lameculos que reprimen al compañero por el simple hecho de que quiere abandonar la función.

No hemos nacido para servir al Amo.

A ningún Amo.

En el vídeo, despedida de las unidades de la Guardia Civil que salen de la Comandancia de Huelva para ir a reprimir a la población catalana que se levanta contra el Amo…y que solo pide VOTAR por su futuro.

Esta turba adoctrinada en el odio que vemos en el vídeo, son una vergüenza para todos aquellos andaluces que a lo largo de la historia y repletos de dignidad, SÍ lucharon contra amos, señoritos y terratenientes explotadores, en lugar de servirles con la cabeza gacha como hace esta gentuza…una gentuza que, por cierto, si ha llegado a tener derechos no es gracias a su vomitivo servilismo, sino gracias a todas esas personas con dignidad, que a lo largo de la historia del país, se han rebelado contra los Amos.

Por eso insistimos en que debemos comprender, desde todos los rincones de España, que en el fondo, esto no va de banderitas, sino de aprovechar que ese “niño revoltoso” se ha levantado, para irnos con él y acabar de una vez por todas con el Régimen, derrumbando así las estructuras de poder controladas por un conjunto de élites criminales y corruptas.

Es hora de crear un país nuevo.

No se dejen engañar ni manipular más por los medios de desinformación de esas élites que han convertido España en un cortijo privado para sus corruptelas y latrocinios.

Un Régimen que ha ROBADO 40.000 millones de euros del fondo de Reserva de la Seguridad Social, el que garantizaría el pago de pensiones para los jubilados, y los han regalado a los bancos, propiedad de las propias élites del Régimen.

Un dinero que esas élites corruptas del Régimen han ROBADO y cuya consecuencia principal es que el Gobierno se vea obligado a pedir un crédito urgente de 10.000 millones para pagar a los pensionistas (créditos que PAGAMOS TODOS), puesto que el Fondo de Reserva que han saqueado para salvar SUS BANCOS, no dispone de dinero suficiente para afrontar las mensualidades del año que viene.

Pues bien, a tenor de su reacción represiva, esa gentuza, corrupta, criminal y ladrona, sabe que la rebelión catalana los pone en peligro real, como nunca antes las había puesto nadie.

Y si no, fíjense bien: esas Élites del Régimen nunca habían reaccionado de forma tan represiva; ni tan solo cuando la banda terrorista ETA mataba a políticos, policias o militares en el País Vasco.

Furgonetas de la Policia Nacional enviadas a Barcelona para traer la democracia…concepto que recuerda mucho a los “bombardeos democráticos” de EEUU por el mundo…

Porque en realidad, ese terrorismo etarra no ponía en peligro al Régimen, sino que en el fondo, ayudaba a legitimarlo, como todos los movimientos terroristas.

Sin embargo, lo que sucede en Cataluña, con esos cientos de miles de personas dispuestas a desobedecer pacíficamente en las calles, sí lo pone en GRAVE PELIGRO.

Y por eso envían barcos repletos con miles de policías antidisturbios a reprimirlo como sea.

Nobles catalanes aseguran ser “fieles a Felipe VI” y estar totalmente en contra del proceso. Los aristócratas tienen miedo de perder sus títulos o dinero si acaba llegando la independencia.

Y si no lo creen, simplemente, observen como las élites bancarias y financieras han reaccionado ante la rebelión catalana, a través de las declaraciones altisonantes de la patronal española CEOE y su filial catalana de Fomento del Trabajo; como han reaccionado los grandes bancos y entidades financieras, desde el Banco Santander, hasta las élites financieras de Cataluña como La Caixa o el Banc Sabadell, enconadamente opuestas a la independencia catalana.

Ya en el año 1919, en un discurso pronunciado en el Ateneo de Madrid, Salvador Seguí, “el noi del sucre”, un destacado anarcosindicalista catalán, aclaró sintéticamente: “Estad seguros, amigos madrileños que me escucháis, que si se hablara seriamente de independizar Cataluña del Estado Español, los primeros que se opondrían serían los capitalistas de la Liga Regionalista (conservadores catalanes) y del Fomento del Trabajo Nacional (la patronal catalana)

100 años después, esa advertencia se ha convertido en profecía y se ha materializado. Todas las élites empresariales y bancarias de Cataluña están en contra de la independencia catalana, muestra clara de que la raíz de la rebelión arranca de abajo y es un movimiento auténticamente popular.

El que fuera presidente del Banco de Santander, Emilio Botín, declaró que “Solo me preocupa Cataluña” y entidades como Andbank (donde tenía escondido el dinero la familia Pujol, colaboracionista del Régimen desde siempre), advirtió que “el riesgo más grande para el Íbex-35 era el 1 de octubre”.

Sin hablar de la furibunda reacción del Grupo Prisa, encabezado por una de las piezas fijas del Grupo Bilderberg, Juan Luis Cebrián, que pide la suspensión de la Autonomía Catalana vía Artículo 155 de la Constitución, para aplastar de una vez por todas a esos revoltosos catalanes.

Y si aún no están convencidos, observen las reacciones de los altos poderes de la Unión Europea.

Silencio cómplice ante la represión policial contra personas que solo piden poder votar pacíficamente para decidir su futuro. ¡Claro que se apuntan a la represión! ¿Qué sucedería si las poblaciones de sus países tomaran ejemplo y también empezaran a salir en masa a la calle desobedeciendo ante cualquier atropello?

Muchos, intoxicados por las mentiras de la ultraderecha española del Régimen y sus cómplices pagados de la “conspiranoia alternativa”, hablan de “élites oscuras que han manipulado a los catalanes”…pues bien, que nos digan ¿dónde está el apoyo de esos presuntos poderes oscuros elitistas que impulsan el secesionismo catalán?

De momento, esas élites solo se manifiestan en contra de la independencia y de forma agresiva, desde The Economist, propiedad de la familia Rothschild, hasta JP Morgan y las grandes agencias de Rating financiero.

Así pues, dejen de creer en la obra de teatro, olviden lo que les están diciendo las marionetas con sus ridículas voces distorsionadas y observen la realidad tal y como es.

Salgan de la ficción teatralizada, miren al titiritero a los ojos y observen su reacción de ira descontrolada contra ese “niño revoltoso”, esa población catalana desobediente que quiere levantarse e irse.

Fíjense en cómo todo el Régimen al completo, de forma monolítica, ha reaccionado contra el movimiento independentista catalán y pregúntense por qué.

Y observen con vergüenza como la España servil, la adoctrinada durante siglos en la humillación ante el amo, la que no abre la boca cuando se lo roban todo, apoya entre vítores a los que irán a reprimir a los que osan levantarse.

Ahora es hora de decidir si todos nos levantamos contra este Régimen Criminal que ha secuestrado España, o si decidimos apoyar ciegamente al Amo y aplaudimos la represión, esta vez contra los sublevados catalanes y el día de mañana contra cualquier otro colectivo “revoltoso” que no obedezca.

Esta es la auténtica esencia de lo que está sucediendo…

 

 

España amenaza con una potencial toma de poder militar de Cataluña mientras el referéndum se acerca

por Alejandro López// 

El gobierno de España del conservador Partido Popular (PP) prosigue con sus medidas drásticas contra el referéndum sobre la independencia de Cataluña previsto para el primero de octubre. El presidente del gobierno Mariano Rajoy está amenazando con implementar una cláusula de emergencia en la Constitución española para impedir el voto.

El viernes, Rajoy viajó a Barcelona y dijo que los catalanes “están cometiendo un error, y nos estáis obligando a ir adonde no queremos ir”. La semana pasada, el portavoz de la bancada del PP, Rafael Hernando, y el Ministro de Justicia, Rafael Catalá, exigieron su invocación independientemente el uno del otro.

El Artículo 155, conocido ampliamente como la “opción nuclear”, dice que si un gobierno regional “no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno” puede asumir el control del gobierno regional para forzarlo a cumplir con sus “obligaciones” o a defender el “interés general”.

El artículo nunca ha sido invocado. Hasta hace poco, hasta Rajoy y el ejército español dudaban si invocarlo por miedo a que ello desencadenara una explosión social entre los trabajadores tanto de dentro de Cataluña como de fuera de esta.

El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) teme en igual medida tanto la posibilidad de la ruptura de España, como la de que la oposición a las amenazas dictatoriales de Rajoy se desarrolle fuera del marco de la política burguesa española. El líder del PSOE, Pedro Sánchez, respondió a los comentarios de Rajoy en Barcelona apoyándolo: “usted [Rajoy] hará lo que tenga que hacer”. Un editorial nervioso en El País del sábado, históricamente vinculado al PSOE, comentaba: “Es imposible que coexistan el orden democrático y el caos. No es estable. No es sostenible. Y sobre todo, no es aceptable. El gobierno no puede permitir que esa legalidad paralela se siga implantando…”.

El lenguaje y las acciones incendiarios de Madrid recuerdan la brutalidad de la dictadura franquista que gobernó España de 1939 a 1978. Esto solo aumenta la probabilidad de que el referéndum pase.

Madrid ha dado el paso sin precedentes de anunciar que se hará cargo de las finanzas de Cataluña esta semana para “garantizar que no se gaste ni un euro en actividades ilegales”, según el Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro.

El vicepresidente del gobierno catalán y de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), el dirigente Oriol Junqueras, ha dicho que esta medida es “una manera encubierta de liquidar las instituciones del país [es decir, de Cataluña] y una manera encubierta de implementar el Artículo 155 de la Constitución”. Los partidos independentistas —el Partido Demócrata Europeo Catalán (PdeCAT), la ERC, y las Candidaturas de Unidad Popular (CUP)— hasta ahora han seguido preparándose para el referéndum, haciendo actos públicos pidiendo el voto por el “sí”.

La policía militarizada, la Guardia Civil, se incautó de por lo menos 1,3 millones de folletos y pósters pro-referéndum en imprentas, cerró 10 sitios web que promocionaban el referéndum, y amenazó a los editores de noticias catalanes con querellas criminales si publicaban anuncios sobre el referéndum en sus periódicos o en sus sitios web. La policía local también está confiscando materiales pro-referéndum en las calles e identificando a cualquiera que tenga material pro-referéndum.

Los 700 alcaldes que permiten que espacios públicos en sus pueblos y ciudades alberguen urnas están siendo llamados a comparecer en los tribunales por apoyar abiertamente la votación. Se los amenazó con ser arrestados si se negaban a acatar.

Por el momento, el Poder Judicial no se ha propuesto arrestar al presidente catalán Carles Puigdemont. Sin embargo, el Fiscal General del Estado de España, José Manuel Maza, ha amenazado con hacerlo en una entrevista para el diario de derechas El Mundo, añadiendo que “no descarto de ninguna manera pedir sentencias de prisión”.

El único precedente que existe es bajo la Segunda República en octubre de 1934, sobre el que ahora se está discutiendo mucho. Estas amenazas constituyen una advertencia a la clase trabajadora sobre las enormes tensiones políticas que subyacen al presente conflicto. En 1934, en el contexto de la toma del poder del fascismo en Alemania, Italia y Austria, el gobierno conservador de España incluyó a ministros fascistas, provocando luchas revolucionarias en la clase trabajadora, especialmente en Asturias, donde los trabajadores intentaron establecer una comuna.

En Cataluña, las autoridades regionales proclamaron entonces un Estado Catalán dentro de la República Federal Española. La iniciativa fracasó debido a la falta de apoyo popular y al hecho de que la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) anarcosindicalista, respaldada por la mayoría de los trabajadores, no apoyó al gobierno catalán.

La represión que siguió llevó a la detención de miles de trabajadores y dirigentes políticos de izquierdas. Se cerraron centros políticos, se suprimieron periódicos y en Cataluña, el presidente regional Lluis Companys fue arrestado y se anuló el Estatuto que le daba a la región cierto grado de autonomía.

Se han referido a los acontecimientos de 1934 ambos Albert Rivera, el dirigente del partido Ciudadanos que se opone a la independencia catalana, y el antiguo Ministro de Exteriores del PP José Manuel García Margallo.

Hoy, la prensa de derechas está denunciando el impulso secesionista catalán en artículos tales como “La República ya suspendió la autonomía de Cataluña” (OkDiario), “El primer ‘Estado catalán’ duró once horas y terminó tras las rejas” (El Confidencial), “6 de octubre de 1934: el golpe que terminó en las alcantarillas” (Libertad Digital), o “La Cataluña del 34: de Companys a Puigdemont” (ABC).

Una vez más, como en los años ’30, la crisis del capitalismo ha sido testigo de ofensivas constantes contra la clase trabajadora en la forma de profunda austeridad, ataques a los derechos democráticos y un aumento del militarismo.

El asunto crítico es la movilización independiente de la clase trabajadora en oposición tanto a la élite gobernante de Madrid como a los independentistas burgueses en Cataluña y por la unidad de la clase trabajadora española con sus hermanos y hermanas de clase del resto del mundo. Ni la balcanización de España, ni el crecimiento de un aparato represivo policial centrado en Madrid, ofrecen nada a los trabajadores.

Los independentistas catalanes están reaccionando haciéndose pasar por defensores de los derechos democráticos. Las mismas fuerzas que han reprimido numerosas protestas y huelgas por parte de trabajadores y jóvenes a lo largo de los años contra sus sucesivas políticas de austeridad en la región se están presentando ahora como defensores de la “democracia” contra la “represión”. Puigdemont ha comparado la lucha de su movimiento independentista con Madrid con la Guerra Civil Española de 1936-39 e incluso con la Guerra de Vietnam, diciendo en una entrevista para la televisión, “Cada día es un Vietnam”.

El partido Podemos está profundamente dividido y, por ahora, permanece al margen. Aunque se opone al grado de represión de Rajoy, el partido afirma que este referéndum no es legal pero lo apoya como una “movilización ciudadana”. Como acérrimos defensores del imperialismo español y sus intereses geopolíticos en el mundo, se oponen al independentismo pero, como gran parte de la prensa burguesa europea y estadounidense, proponen hacer concesiones a los nacionalistas catalanes para frenar el impulso secesionista.

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, ha dicho que las medidas del PP están poniendo en peligro los intereses de España: “No solo nos gobiernan corruptos, también son inútiles y pirómanos que están llevando nuestra democracia a un estado de excepción”.

Podemos espera que el gobierno minoritario del PP se desgaste contra los secesionistas, abriéndole las puertas a un gobierno de coalición “progresista” entre el PSOE y Podemos que esté mejor capacitado para contener tanto la indignación social como el impulso secesionista catalán.

La crisis de España como marco de acumulación del capital. El derecho de España contra los derechos de los pueblos

por Iñaki Gil de San Vicente//

 

  1. Introducción
  2. Nacimiento, esplendor y decadencia histórica
  3. Escuela de Salamanca y controversia de Valladolid
  4. Felipe II y el nacionalismo español «prudente»
  5. Los Austrias menores y la ruptura en la clase dominante
  6. La casa de Borbón y la guerra contra los pueblos
  7. La casa de Borbón y la represión de los pueblos
  8. La dinámica de las contradicciones y sus formas
  9. Bibliografía básica consultada

 

  1. Introducción

Este texto tiene dos objetivos que en realidad son uno solo. El más inmediato es contextualizar el debate sobre Sobinaries, drets i autodeterminació que está a la orden del día en todas partes aunque de forma inmediata en el Principat de Catalunya; y el mediato, el de ayudar a la elaboración colectiva de una alternativa internacionalista de las naciones oprimidas por los Estados español y francés.

Al menos desde 2014 existía la propuesta algo borrosa entonces para que diversas fuerzas revolucionarias avanzásemos en la crítica radical del imperialismo en su conjunto pero sobre todo en la forma concreta que más nos destroza, la de los Estados español y francés. Dentro de esta dinámica el 24 de julio de 2017 se firmó el Manifiesto internacionalista de Compostela y el pasado 22 de agosto del mismo año el documento Con Catalunya y su derecho inalienable a la independencia nacional. Ni terrorismo yihadista ni terrorismo imperialista, ambos a libre disposición en la red.

Hace unos días se propuso un debate también en Catalunya sobre el sugestivo y crucial tema de Sobinaries, drets i autodeterminació. Bien mirado, el debate profundiza hasta las raíces de la crisis actual del Estado español, la más grave de todas las que históricamente han afectado al marco geoestratégico material y simbólico de acumulación de capital que denominan España. No es cierto que la crisis actual sea la del llamado «régimen del 78», esta es la forma político-institucional externa de las débiles bases del Estado español desde el fin del Medievo.

Lo que vuelve a estar en cuestión, o si se quiere en el punto de mira de la dialéctica como negación radical de lo existente, al menos para la minoría comunista, es la viabilidad histórica de España como espacio geoestratégico de acumulación ampliada de capital. Esta crisis estructural ha emergido de nuevo –nunca ha desaparecido del todo– porque el capitalismo mundial acelera la periferización del Estado multiplicando su dependencia. Semejante retroceso continuado desde el siglo XVII, que se intensifica como tenencia objetiva en la actualidad, genera nuevas y más graves diferencias y oposiciones en su bloque de clases dominante y en los partidos políticos que le representa, pero especialmente agudiza las contradicciones entre el marco estatal de acumulación o España, superado objetivamente, y las naciones trabajadoras oprimidas, contradicción que forma parte a su vez de la contradicción irreconciliable entre el capital y el trabajo que también se libra dentro de los pueblos oprimidos.

Simplificar tan simplonamente la aceleración de la obsolescencia del marco estatal de acumulación, reduciéndola a simple crisis de «legitimidad democrática» del «régimen del 78», decir que hay que abrir una nuevo «proceso constituyente» y avanzar en el «destituyente», etcétera, sin bajar a la sala de calderas que pierden presión por sus junturas, esta superficialidad solo beneficia al poder establecido ya que suaviza la hondura del problema, genera expectativas reformistas, oculta elaborar una estrategia de largo alcance basada en el internacionalismo y en la certidumbre de que ninguna opresión será superada mientras perdure la propiedad privada de las fuerzas productivas, mientras que el bloque de clases dominante se crea propietario de las clases y naciones explotadas.

Desde el siglo XV, por poner una fecha en la que ya se vislumbran algunas problemáticas que iremos viendo, fueron desarrollándose contradicciones que, en sinergia y respondiendo al agotamiento del imperio español, dieron cuerpo a la crisis estructural desde mediados del siglo XVII a comienzos del siglo XVIII. La destrucción de la Corona de Aragón y sobre todo Catalunya, más en concreto Barcelona, fueron el punto álgido de aquella crisis: no es casualidad que ahora sea Barcelona el punto álgido de su vuelta a escena en el capitalismo del siglo XXI.

Entonces chocaron dos derechos antagónicos, por un lado el de la Casa de Borbón como representante del absolutismo que buscaba compaginar los privilegios señoriales con los intereses de una burguesía cobarde y timorata, comparada con la holandesa e inglesa, por otro lado el de la Casa de los Habsburgo que mal que bien se había granjeado el apoyo de las fuerzas nacionales preburguesas de los Països Catalans y de Aragón, que defendían sus derechos históricos desde una perspectiva municipalista y de debates en cortes mucho más cercana a la experiencia inglesa que al verticalismo versallesco.

El debate sobre Sobinaries, drets i autodeterminació muestra cuánta razón tenía Marx al decir que cuando dos derechos chocan, decide la fuerza, y cuánta razón tenía Trotsky al decir aquello de que el Estado es el monopolio de la violencia, idea de la que se apropió Weber para desnaturalizarla, y, por no reiterarnos, cuánta razón tenía Mao al decir que el poder nace del fusil. Naturalmente, nos referimos a las contradicciones históricas, no a las divagaciones idealistas de la sopa ecléctica y del engrudo reformista del foucaultismo, laclausismo, negrismo, etc., de la «leal oposición de su Majestad».

Es la fuerza, el poder, la que decide el resultado de la incompatibilidad entre el derecho de España y el derecho del pueblo catalán y de todos los pueblos. La trágica experiencia del Imperio católico así lo había demostrado con mucha anterioridad. En el violento conflicto mantenido en sus dos fases, del siglo XIII al XV, y del XV al XVIII, la potencia vencedora, la que ahora se llama España, impuso sus derechos porque tenía más armas, muchas de ellas fabricadas por la burguesía vasca, tal como lo reivindicó con sinceridad inhumana el Cardenal Cisneros. Ahora sucede lo mismo, no nos engañemos, pero con la diferencia de que además de las armas de guerra, el Estado tiene las armas económicas, de propaganda y de manipulación, de cerco económico y financiero…

Cualquier debate sobre Sobinaries, drets i autodeterminació tiene que enfrentarse a esta realidad y ayudar a responder a esta pregunta: ¿cuáles son nuestras armas, nuestros poderes? Uno muy importante es el de la teoría, el conocimiento crítico de la realidad: el arma de la teoría y el poder de la praxis. Es su unidad la que cimenta el debate inmediato sobre Sobinaries, drets i autodeterminació y el debate mediato sobre los objetivos del internacionalismo, sus estrategias y sus tácticas.

  1. Nacimiento, esplendor y decadencia histórica

La segunda ofensiva cristiana contra al-Ándalus comenzó alrededor de 1227 y concluyó en 1262 con la destrucción de casi la totalidad de la muy superior cultura musulmana, el expolio de sus riquezas, la esclavización directa o indirecta de sus habitantes. Las mezquitas fueron derruidas o convertidas en iglesias, las lenguas árabes y judías marginadas o prohibidas. Ingentes latifundios fueron entregados como premio por los reyes a una reducidísima clase de incultos y sucios guerreros ennoblecidos. Como veremos, ya desde entonces las coronas de Castilla y Portugal eran «Estados depredadores».

De todos los reinos existentes en la península entre los siglos XIII y comienzos del XV, el mejor posicionado geoestratégicamente a medio plazo era el de Castilla y León formado en 1230, siguiéndole Portugal. Entre ambos se libra una áspera pugna inter imperialista por el control de Granada y la zona noroccidental de África, incluidas las islas Canarias, Azores y otras. Les seguía la Corona de Aragón, que se había formado en 1137, pero de manera tan descentralizada entre las tres cortes, Aragón, València y Catalunya, que llegado el momento decisivo a comienzos del siglo XVIII no podría responder con la misma centralidad de mando que la lograda por Felipe V.

Desde mediados del siglo XIV, sobre todo en el norte de Italia, en Florencia, etc., se extendían los choques entre nuevas fuerzas sociales y viejas estructuras de dominación que constreñían el crecimiento de las fuerzas productivas. También desde mediados del siglo XIV Catalunya va entrando en una crisis múltiple: demográfica, pestes, producción agraria, gran debilidad de la lucha campesina comparada con su fuerza en el siglo XIII y fortalecimiento del poder señorial, retroceso del comercio, caída de precios y deflación, y, por no extendernos, agudización de todas las contradicciones de manera que para la mitad del siglo XV se había recuperado la lucha campesina –las remensas– y estalla la guerra civil en 1462 y 1472 entre los bandos partidario del rey de Aragón en defensa de la nobleza y grandes comerciantes, o Biga, y el bando de Busca, los intereses populares, campesinos, burguesía urbana de Barcelona para mantener sus derechos municipales en un momento de expectativas de crecimiento económico.

La guerra civil catalana fue parte del choque que se inicia de manera irreversible a finales del siglo XV entras las fuerzas expansivas del joven capitalismo, a las que les faltaba aún el poder político-estatal, y los cada vez más estrechos márgenes de tolerancia del Medievo, como quedó claro en la rebelión de los Irmandiños de 1467-1469 en Galiza, una de las más fuertes de la península, que no consiguió derrotar del todo el nacionalismo medieval de los Irmandiños, de manera que pocos años después los reyes llamados Católicos consiguió el terrible sometimiento del pueblo galego conocido con el nombre de Doma y castración de Galiza, que lo dice todo. Castilla no podía dejar que existiera una facción de la nobleza con apoyo popular y burgués dispuesta a unirse con Portugal, así que la decapitó. Y anuló la oficialidad de la lengua galega, que además era la lengua culta en buena parte de la península, lo que aceleró la victoria del castellano sobre todas las demás.

Por esos mismos años, los límites del feudalismo ante la ascendente burguesía urbana causaron la Guerra de Bando en Vascongadas, que fue una especie de «pequeña revolución burguesa» sin la cual no se entienden los Fueros Vascos. En este contexto la pujante industria del hierro, armas, barcos, pesca y comercio rechazó en 1481 la propuesta de Castilla para que participara en la guerra contra el turco. Los informes negativos de los dos enviados castellanos sobre los vascos decía que «los moradores de aquella tierra son gente sospechosa» porque defienden sus libertades colectivas. Las negociaciones fueron arduas y al final se llegó a un acuerdo: Castilla obtuvo barcos de guerra y la industria vasca siguió creciendo potente sin merma para los derechos del país.

La expansión castellana necesitaba armas, barcos, técnicos en navegación, etc., también para apoderarse de las islas Canarias, antes de que lo hiciera Portugal, y para asfixiar por mar al reino de Granada. La conquista de las islas fue dura y salvaje entre 1478 y 1496, exterminando a su población. A la vez, en lo que quedaba de al-Ándalus el pequeño reino independiente de Granada debía pagar exorbitantes tributos a Castilla dedicando casi la totalidad del resto de sus recursos al ejército para retrasar en lo posible la segura invasión castellana que se produciría entre 1482 y 1492. Pero casi de inmediato continuó la resistencia con formas de «bandolerismo social», de prácticas religiosas y culturales clandestinas, etc.

En estos siglos: «Portugal y Castilla eran, predominantemente, Estados depredadores que vivían de los recursos de la España musulmana»: para fines del siglo XV el 2 o el 3% de la población poseía el 97% de la tierra. Fue en 1492 cuando Nebrija explicó que lengua castellana e Imperio católico iban unidos. La persecución contra los moriscos, muchos de los cuales fueron esclavizados, y contra judíos e indios, se legitimaba mediante el racismo de la «pureza de sangre».

Muy probablemente la burguesía armera vasca estuviera al tanto de las necesidades que tenía Castilla de barcos, las aprovechó para subirle los precios y mantener las libertades de los territorios de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, que habían mantenido un estatus fluctuante entre el reino de León y el de Nafarroa, creado en 824. Castilla y Aragón tenían pactado desde el siglo XI el reparto de Nafarroa. En 1200 lograron arrancarle grandes territorios mediante la guerra y la negociación con las noblezas, aprovechando una situación de debilidad navarra. La nobleza conservó sus derechos incluido el de pernada, que dos siglos más tarde sería una de las causas de una fuerte rebelión popular. No fue hasta 1512 cuando comenzó la invasión definitiva realizada con una superioridad aplastante de medios y con una política cercana a la liquidación. A pesar de ellos, con altibajos e intentos fallidos de reconquista, la guerra se prolongó hasta la derrota última en Amaiur en 1521. La conquista fue facilitada por la traición interna de un sector de la nobleza de Nafarroa vendida al invasor porque así aumentaba mucho sus propiedades, también fue facilitada por el apoyo prácticos de tropas de las clases dominantes sobre todo de Gipuzkoa, que actuaban aliadas con el imperialismo porque este le suponía un inacabable mercado en el que vender sus productos, mientras que el Estado vasco de Nafarroa era pequeño y pobre. Ignacio de Loiola, fundador de la Compañía de Jesús, a la que volveremos por su papel en el mantenimiento del Imperio, fue uno de los invasores.

Comuneros, villanos, forajidos, homicianos, bandoleros, perayles, boneteros, freneros, celemineros… estos son algunos de los calificativos que daban los cronistas oficiales a las masas urbanas y campesinas que impulsaban la revolución de las Comunidades en Castilla y algunas otras zonas del reino en 1520-1521. Sus reivindicaciones e ideas difusas, pero moldeadas y llenas de contenido por los valores de una burguesía enfurecida, dieron a las acciones del pueblo comunero un contenido «radicalmente amenazador» para el orden establecido, y de aquí la extrema dureza de su exterminio porque, por ejemplo, la alta nobleza, la Iglesia y la Inquisición, el mismo Carlos I, no podían aceptar las tesis sobre el bien común, la libertad, el derecho a la rebelión, el principio del consentimiento popular, etcétera.

Desde hacía algunos años se oían quejas contra la corrupción y desidia del Consejo Real, contra el subdesarrollo económico como efecto del enriquecimiento de unos pocos y de las empresas extranjeras, contra la prepotencia de los consejeros flamencos del rey Carlos I, que al principio no sabía castellano, contra las trabas para crear negocios… Este movimiento aunaba al pueblo, despreciado por los cronistas, con la mediana nobleza y con la nueva burguesía comercial. La alta nobleza, la burocracia eclesial y la Inquisición se pasaron al bando de Carlos I, decidiendo la suerte de la revolución que fue aplastada en Villalar en 1521.

La depredación social fue una característica de todos los imperialismos desde Sumeria, pero con el tránsito del feudalismo al capitalismo adquirió características nuevas que se expresaban en la acumulación por desposesión, componente básico de la acumulación originaria de capital. Los reinos de Castilla y Portugal estaban esquilmando al-Ándalus, zonas de África, las Indias y zonas de Europa: una de ellas fue Roma, la supuesta Ciudad Santa o también llamada por los albigenses «la puta de Babilonia», saqueada por el imperial ejército de los católicos Habsburgo en 1527.

Desde la década de 1480 la burguesía de Castilla mantenía un esfuerzo expansivo, chocando frecuentemente con los reaccionarios poderes medievales. La derrota comunera de 1521 fue un golpe demoledor que envalentonó a la reacción medieval y arrasó las ideas progresistas para las condiciones de los siglos XVI y XVII que había crecido al amparo de la movilización general, todo lo cual precipitó el agotamiento burgués para la mitad de ese siglo XVI. A partir de ahí y conforme se suceden las bancarrotas, la burguesía va quedando arrinconada por el poder de la alta nobleza y de la Iglesia y la creciente influencia de la Inquisición que obturan cualquier intento de avance socioeconómico y cultural. Hay que tener en cuenta que, como ha dicho Pierre Vilar: «El imperialismo es también un hecho político […] en Castilla, hacia 1600, el feudalismo entra en agonía sin que exista nada a punto para reemplazarle».

En esta cita aparece la razón de la decadencia histórica del Imperio y luego de la Monarquía borbónica hasta el presente, con los muy cortos tiempos de las dos repúblicas. No incluimos a una hipotética «constitución democrática» desde 1978 como fase específica desde los siglos XIII y XV porque allí donde hay democracia no hay monarquía y, ahora, desde hace más de ocho centurias las clases y pueblos explotados seguimos bajo una monarquía. Los débiles intentos de crear un capitalismo estatal libre de las ataduras feudales, que son mucho más que interesadas supervivencias monárquicas, han fracasado una y otra vez por la simple razón de que los sucesivos bloques de clase dominante han comprendido siempre que su supervivencia depende de esa santa alianza entre primitivismo feudal y cobardía burguesa protegida por el Estado y su nacionalismo.

  1. Escuela de Salamanca y controversia de Valladolid

Antes de que la agonía fuera irreversible, se hicieron notar los efectos ideológicos de tanta efervescencia socioeconómica y política, tanto contraste cultural y filosófico entre tres grandes corrientes religiosas y la arrolladora entrada de la filosofía aristotélica, tantas innovaciones cotidianas provocadas por las noticias del resto del mundo y por los efectos sísmicos del dinero y del valor de cambio en sociedades en las que todavía el valor de uso y formas de intercambio simple regían muchas áreas de la cotidianeidad: acordémonos de Quevedo y su crítica del «poderoso caballero don dinero».

Recordemos que en 1499 el Cardenal Cisneros, arriba citado, creó la universidad de Alcalá de Henares y que el igualmente citado Nebrija, ideólogo del imperialismo cultural, era y es tenido como filósofo humanista. Estos dos ejemplos son suficientes para mostrar cómo la formación de la cultura oficial era inseparable de los intereses del poder, de la centralización estatal. La fundación de la Compañía de Jesús –«La araña negra» según Blasco Ibáñez– fue creada en 1534 como el instrumento por excelencia de la Contrarreforma tridentina: de este modo la Inquisición y los jesuitas se complementaban en la aplicación del terror material y moral.

La Escuela de Salamanca irrumpe en esta situación, lo que explica tanto su mérito como su límite y pronta caducidad. Sus logros iniciales fueron tremendos dadas las barreras insalvables de la época: elaboró los rudimentos de la ideología burguesa del derecho natural, de origen del poder del rey y de sus relaciones con el poder del pueblo, de la soberanía de los Estados y de su capacidad para declarar la guerra justa o injusta, de los primeros impactos de la economía mercantil y de la necesidad del «arbitrio» para controlar sus efectos negativos y para guiarla en la medida de lo posible, etc. La Escuela de Salamanca escribía acerca de la soberanía y el derecho sentada sobre los cadáveres de las luchas, masacres y torturas arriba vistas.

La Escuela de Salamanca, que se atrevió a decir que el poder del rey no venía directamente de dios sino que de alguna forma dependía de la voluntad del pueblo, había llegado al límite de la crítica posible en la época del tomismo anterior a la revolución científica del siglo XVII, adaptándolo a las necesidades de una elite culta y humanista que debía justificar su privilegiada forma de vida sin retroceder al feroz derecho medieval que, por ejemplo, fue combatido por motines populares y protoburgueses en tierras vascas, gallegas, andaluzas, etc., en el siglo XV si no antes, pero sin mancharse con las atrocidades españolas en Nuestra América y en otros lugares. Lo mismo sucedió en el intento de suavizar la explotación de las Indias en la famosa Controversia de Valladolid de 1550-1551 en la que chocaron dos visiones opuestas: la utópica que pedía el respeto de las naciones indias porque eran capaces de gobernarse a sí mismas y la imperialista que sostenía que debían ser gobernadas desde España porque eran incapaces de hacerlo por ellas mismas.

La figura del «protector de Indias» y algunas decisiones imperiales para detener el genocidio que estaba en marcha, así como las tesis de la Escuela de Salamanca, pueden utilizarse propagandísticamente para intentar avalar la idea del origen católico-español de los «derechos humanos». Pero una vez conquistado México, los invasores se lanzaron por toda Mesoamérica «como los godos tras el saqueo de Roma». La cristianización obligatoria bajo pena de tortura y muerte empezó de forma sistemática en 1525. Mientras que las religiones de Mesoamérica eran muy tolerantes, admitiendo que cada colectivo y persona adorase las diosas y dioses que quisiera, el cristianismo era autoritariamente monoteísta, bajo pena de excomunión con lo que esa condena acarreaba. Muchas de las expediciones llevaban por delante piaras de cerdos para que avisaran de posibles emboscadas y para que se comieran hasta las raíces de los sembrados para someter por hambre a los pueblos. En 1550 Carlos I obligó a los habitantes de las Indias a que se hispanizaran y aprendiesen castellano, y en la década de 1570 la Inquisición prohibió obras en lenguas nativas.

Dejando de lado los delirios fantasiosos sobre el milagroso origen hispano de los «derechos humanos», lo que sí es cierto es que no pudieron frenar el endurecimiento de la explotación, la tendencia imparable a la centralización administrativa en contra de los derechos de los pueblos, el fortalecimiento del poder del terror material y simbólico de la Inquisición, y sobre todo el deslizamiento de la economía imperial hacia las crisis.

Las buenas intenciones de la Escuela y de la Controversia de Valladolid también fueron barridas por el creciente poder de la Inquisición, mimada por Felipe II que la consideraba como un instrumento decisivo para el fortalecimiento del Imperio católico en el mundo: desde 1558 se agudizaron las tensiones entre Aragón y Castilla porque la primera se oponía al poder inquisitorial, tensiones que pasaron a ser conflictos graves en Catalunya. Los intereses centralizadores de Castilla iban unidos al poder de la Inquisición, no solo para luchar contra las herejías y el librepensamiento, sino también para imponer la lengua española. Hubo violentos ataques contra la Inquisición en Valencia en 1567, en Murcia y Mallorca en 1568 y en Catalunya en 1569. Este mismo año, Felipe II afirmó que sin la labor de la Inquisición en el imperio abundarían los herejes y el Estado español se encontraría más «damnificado».

La represión del librepensamiento, la censura editorial y los controles en la importación de libros, endurecida desde 1558-1559, afectaban a las lenguas catalana, aragonesa y vasca por su continuidad fronteriza con el reino de Francia. Cuando Felipe II supo en 1565 que había estudiantes navarros, aragoneses y catalanes en la ciudad francesa de Toulouse, mandó que los expatriaran al imperio, y en 1568 prohibió formalmente a los aragoneses que salieran a estudiar fuera. Pero la Inquisición se siguió quejando de que libros impresos en castellano y euskara cruzaban las porosas fronteras vascas provenientes de la calvinista Ginebra y los inquisidores en Catalunya también advertían de la facilidad del contrabando de libros prohibidos. La represión del pensamiento, que contradecía la esencia de la Escuela de Salamanca, empobrecía la producción cultural y reducía la cantidad y calidad de las imprentas. Felipe II sufrió este creciente atraso cuando en 1575 quiso montar la biblioteca de El Escorial teniendo que recurrir, paradójicamente, al extranjero.

  1. Felipe II y el nacionalismo español «prudente»

Las aportaciones económicas de la Escuela de Salamanca no evitaron las bancarrotas de 1557 y 1575 que solo fueron el anuncio de la crisis económica que estalló en 1580 cuando el imperio parecía más fuerte que nunca. La derrota de la invasión de Inglaterra en 1588 aceleró el declive y la bancarrota de 1596, y este retroceso explica el tratado de paz de Vervins de 1598 por el cual Felipe II reconoce tanto su incapacidad para dominar al reino de Francia, como la realidad del independentismo de los Países Bajos y de la superioridad naval inglesa.

Conforme se hundía la economía, Felipe II centralizaba más el poder imperial: en 1552 y 1567 ordenó ubicar en Simancas los archivos nacionales de Aragón e Italia junto a los de Castilla. Otra medida de Felipe II fue crear un servicio de inteligencia unificado que le permitía conocer los planes de sus enemigos para adelantarse y abortarlos. Las tablillas mesopotámicas ya hablan de los servicios de inteligencia. Felipe II tenía a su disposición el extenso sistema informativo de la Iglesia católica que se perfeccionaría aún más en el Concilio de Trento, pero le era insuficiente. Por la lógica misma del poder basado en la propiedad privada, información y planificación actúan de la mano. Los masivos y efectivos sistemas de información de la Iglesia y del Estado actuando conjuntamente en lo ideológico y con mucha frecuencia en lo práctico han sido y son una pieza clave en la formación del nacionalismo imperialista español y en el debilitamiento de las identidades de los pueblos oprimidos, excepción hecha de reducidas minorías de cristianos.

Felipe II estaba al tanto del insufrible malestar del pueblo morisco provocado por las represiones crecientes que sufría, como la ley de 1567 que fue un verdadero hachazo que generó la sublevación de las Alpujarras de 1568 como justa violencia defensiva. El llamado «rey prudente» persiguió sin piedad a cada uno de los moriscos sublevados. Tras expulsar de sus tierras a miles de ellos, las repobló con alrededor de 50.000 campesinos del antiguo reino de León con lo que lograba dos cosas: desnacionalizar esas zonas rebeldes de al-Ándalus, suprimiendo todo resto de cultura musulmana, y acabar con toda posibilidad de tensiones campesinas en la zona noroeste de la península al dar trabajo como colonos ocupantes a miles de campesinos potencialmente peligrosos en su país de origen.

En 1580 entró a cañonazos en Portugal para asegurar el dominio español, aplastó con extrema brutalidad la resistencia calle a calle y casa a casa del pueblo lisboeta durante días, y desde el Portugal ocupado Felipe II redactó un decreto en el que por primera vez se utilizaba el término «Hespaña» en singular, cosa que nadie había hecho antes. En realidad desde ese siglo XVI muchos autores castellanos empezaron a identificar Castilla con «España». De hecho, entre 1430 a 1580 Castilla dominaba «por la fuerza expansiva del número», porque su población era dos veces y media superior a la de Andalucía oriental o Catalunya. Con respecto a la Corona de Aragón, a mediados del siglo XVI la superioridad de Castilla era enorme: le cuadruplicaba en extensión y le quintuplicaba en población, más concentrada además; tenía una única ley y un único gobierno, mientras que la Corona de Aragón tenía tres Cortes y era mucho más descentralizada; y Castilla controlaba la totalidad del saqueo de las Indias, del comercio y de la representación internacional.

El contraste entre la apariencia de poder imperial y la realidad de empobrecimiento y retroceso estalló a partir de 1589 cuando se sucedieron graves motines en los ejércitos imperiales por impago de sueldos. En Catalunya varias de las contradicciones sociales adquirían la forma del llamado «bandolerismo social», grupos de supervivencia fuera de la ley, perseguidos como «criminales», pero que contaban con redes de apoyo popular. Ante la extensión de esta resistencia popular, además de otros problemas, un conocido fraile pidió en 1589 a Felipe II que anulara los fueros e impusiera las leyes castellanas. Se debate sobre hasta qué punto aquella persona representaba a un sector significativo de la clase dominante, dispuesta a ceder en su soberanía catalana para asegurar sus propiedades bajo la protección del ejército castellano. El rey no respondió a la petición porque todavía era fuerte el «austracismo», es decir la forma de gobierno central que respetaba aun a regañadientes un mínimo suficiente de derechos nacionales de los pueblos para así administrar mejor el imperio que, según se creía, estaba llamado a catolizar el mundo.

Desde 1590 estallaron una serie de revueltas y represiones que golpearon con mayor fuerza a la Corona de Aragón con torturas y ejecuciones públicas en Zaragoza y recortes en sus libertades. Hay que decir que en ese año Felipe II había provocado deliberadamente a los aragoneses al nombrar un castellano como virrey, en contra del fuero que decía que el virrey debía ser aragonés. Las protestas más conocidas se dieron en Sicilia entre 1590-1591, en Messina y Nápoles en 1592 y hasta en Quito, capital de Perú, en ese mismo año. La situación portuguesa empeoró hasta llegar a un grado en el que para 1596 los choques violentos entre los ocupantes castellanos y el pueblo portugués se producían casi a diario, según un testigo de la época.

Dos años más tarde, en 1598, moría Felipe II que no era un «hombre de grandes ideas», siendo coronado Felipe III, primero los «Austrias menores». Felipe III, Felipe IV y Carlos II han sido definidos como «pobres hombres» que delegaban sus decisiones en nobles, siendo la mayoría de ellos «mediocres intrigantes». El cambio de corona no supuso mejora alguna en el trato de los pueblos explotados. La riqueza increíble acumulada en al-Ándalus durante varios siglos de esplendor, prácticamente había sido transferida en su totalidad a la clase dominante castellana y a la Iglesia, pero ni la represión brutal de las Alpujarras, ni el repoblamiento, garantizaban la paz del opresor. Temiendo que los moriscos estrechasen lazos con los turcos para reforzar su derecho incuestionable a la autodefensa frente a la opresión, la Corona expulsó de la península entre 1609 y 1614 a un millón de musulmanes. Las ganancias para la alta nobleza y la Iglesia fueron grandes en un primer momento, pero al poco tiempo empezaron las consecuencias quienes contrataban la muy formada mano de obra campesina y artesana morisca al caer la calidad de la producción.

El pusilánime Felipe III dejaba pudrirse la corrupta política imperial y su declinante economía cediendo el poder a validos como el Duque de Lerma que intentó evitar guerras ruinosas, limitar algunos derechos de la nobleza, reducir el empobrecimiento social creciente, etc., pero que no dudó en utilizar sus cargos para enriquecerse al máximo en un contexto de traición e intriga, corrupción, nepotismo y simonía institucionalizadas, destacando especialmente sus desfalcos inmobiliarios durante el traslado de la capital del reino de Madrid a Valladolid en 1601 y que le convirtieron en el hombre más rico del imperio español. El imperio estaba oficialmente regido por un rey que delegaba su gobierno en un duque que, para enriquecerse ilegalmente, delegaba gran parte de su poder en un valido de confianza.

La situación económica a comienzos del siglo XVII era relativamente buena pero dependía de la regular llegada de la plata expoliada en Nuestra América. Si las remesas se retrasaban y se multiplicaban los gastos, podía sobrevenir una crisis además, según estudios del clima, entre 1600 y 1715 hubo una mini glaciación por la disminución de las manchas solares con efectos devastadores sobre la producción agropecuaria provocando sucesivas hambrunas con las tensiones sociales correspondientes. Luis XIV se ganó la confianza de París al ser coronado en 1638 porque mandó repartir pan para combatir el hambre. Se discute también si la proto industrialización en esta época fue un intento de superar la dependencia agropecuaria de los caprichos del clima.

En el caso español, la depredación de al-Ándalus y de los judíos fueron dos métodos muy rentables de enriquecimiento hasta finales del siglo XV, luego asegurada a lo largo del siglo XVI por el vaciamiento de los recursos de las Indias. Y desde inicios del siglo XVII se continuó presionando a los judíos para que pagasen sumas inmensas, como fue el caso de los 410 judíos portugueses que entre 1602-1604 negociaron el perdón mediante el pago de 1.860.000 ducados más el gran valor de los regalos hechos a los ministros. La expulsión de los moriscos en 1609 también fue rentable en un primer momento para las arcas del reino. Todos los métodos eran válidos con tal de sacar ducados.

Pero la política económica de Felipe III era ruinosa a medio plazo porque ni las remesas de Indias, ni el expolio de los judíos, ni los impuestos y otras medidas como la deflación y la manipulación de la plata, etc., rendían lo suficiente para mantener un sobregasto creciente y dilapidador. Al morir en 1621 el imperio necesitaría alrededor de cuatro años, hasta 1625, para pagar su deuda, y la guerra iniciada contra Holanda en ese año exigía más y más sacrificios e impuestos, tarea a la que se lanzó el Conde Duque de Olivares quien en una carta al nuevo rey Felipe IV en 1624 le explicó que su objetivo era convertirle en el rey de «España». El valido, empleaba ya el singular de «España» según había empezado a hacer cuarenta y cuatro años antes Felipe II desde la bombardeada Lisboa, como hemos visto.

Además de otras medidas, Olivares ideó tres grandes vías para salir de la crisis y unificar «España» según el criterio austracista todavía vigente aunque cada vez más recortado: uno era forzar a los reinos y territorios a que pagasen más a la Hacienda real, otro era que pagasen y dedicasen más tropas autóctonas al fortalecimiento militar y, el tercero, tomado en 1628 era reforzar el método de la «venta de gracia», que permitía que fueran las elites dominantes de cada zona las que se quedaran con parte de los impuestos recaudados por ellas en nombre de la Corona. Era un método que facilitaba la corrupción y el despilfarro, pero que así mismo facilitaba que al menos una parte de la recaudación llegase a la Corona; era un método común, también aplicado por Richelieu, incluso en sus ejércitos, y expresaba la fase de tránsito de la descentralización de la nobleza a la centralización del absolutismo. Pero un efecto directo de este método era que facilitaba la aparición del bandolerismo social, forma de autodefensa de sectores populares sobreexplotados.

Pese a las limitaciones de las leyes de Olivares, ya para entonces era claro que Hacienda, Ejército, Cultura y Estado formaban una unidad, y en los noventa años siguientes quedaría definitivamente demostrada su efectividad con la conquista de Barcelona en 1714, la destrucción de los derechos catalanes y el salto cualitativo en la incipiente unificación nacional-burguesa de «España» como posible espacio material y simbólico de acumulación de capital. Que la posibilidad no fracasase y se convirtiera en probabilidad, y luego ésta en realidad presente, este proceso inseguro dependía de la dialéctica de las luchas de clases y nacionales, también internacionales.

  1. Los Austrias menores y la ruptura en la clase dominante

Cuando la unificación militar-estatal se intentó aplicar en 1625 surgieron resistencias en casi todas partes, pero sobre todo en Catalunya, Valencia, las Illes y Aragón, dentro de la península. La oposición se siguió expresando en 1626 y 1632. Fue en este proceso de tensionamiento creciente que estalló la guerra con Francia en 1635 que, en lo que ahora nos atañe, tendría al menos tres grandes consecuencias: la primera fue condicionar negativamente a medio plazo la capacidad económica y militar el imperio al perderse el derecho de tránsito por Valtelina, derrota aceptada en el tratado de Milán de 1637 que rompía el vital corredor que comunicaba la rica y productiva Flandes con la península cruzando los Alpes, el denominado «Camino español». Recordemos que el puerto de Amberes todavía seguía siendo el principal nudo comercial de Europa noroccidental en el que confluían redes desde las Américas, Europa del nordeste y sureste, África y el Índico.

La segunda fue la expansión del nacionalismo católico castellano que, tras la liquidación del ideal comunero, tuvo espacio para crecer ya sin obstáculos. Era un nacionalismo viejo que se plasmaría en la trinidad de: «evangelizar, civilizar, españolizar». Su base social era, en primer lugar, la nobleza guerrera que durante la «reconquista» se apropiaba de inmensos terrenos.

No nos alargaremos en citas sobre la identificación entre lengua castellana y dios, que de algún modo también se argumentó en otras lenguas y culturas. Nos centraremos en el siglo XVII: en 1619 se sostuvo que era el pueblo elegido por dios, e incluso en 1625 el Conde Duque de Olivares declaró que «Dios es español» agradeciéndole victorias militares, etcétera. Con una visión mucho menos fanática en lo religioso, Quevedo decía en base al materialismo geográfico de la época que el clima hacía a los españoles tener buenos usos y costumbres, y ser leales y obedientes hacia el rey, mientras que negros e indios eran perezosos por el calor y flemáticos por el frío los alemanes.

Pero una de las razones de la obediencia hacia el rey español hay que buscarla en «el alto grado de militarización de la población desde la reconquista». Otro historiador no ha dudado en afirmar que: «Los extranjeros son así fundamentalmente los enemigos, que con sus taras y defectos permiten ensalzar, por oposición, las virtudes y superiores cualidades de los españoles». Militarización social con las leyes de leva militar de 1496 en Castilla, inquisición cultural y trasfondo estatal depredador… eran las bases del nacionalismo preburgués del Imperio. Hay que admirar, viendo este panorama, a quienes pese a todo defendieron valores y culturas progresistas en esta Castilla en la que nunca se apagó el rescoldo comunero.

Es cierto que todos los poderes cristianos, en mayor o menor medida se apropiaban de dios, enfrentándolo a los demás gobiernos. Pero desde 1635 esto se plasmó abiertamente contra la población francesa en la península no solo en la xenofobia cultural, sino también con persecuciones físicas. Felipe IV azuzó la xenofobia práctica antifrancesa apelando a la identidad católica, defensora de la justicia, contraria a los pactos de los franceses ateos, criminales e impíos con cualquier enemigo de España. Desde finales del siglo XV Francia había buscado expandirse por Italia chocando con las posesiones e intereses de Castilla, estableciéndose desde entonces una pugna abierta o soterrada por la hegemonía europea, pero estas tensiones históricas así como el rechazo a lo francés en el pueblo provocado por la Corona no debilitaban las relaciones de toda índole entre las élites de ambos Estados, de manera que debe hablarse de una manipulación descarada para movilizar al pueblo para que muriera en la guerra ocultándole las buenas relaciones entre las clases dominantes.

Una muestra de que dios empezaba a dudar sobre si era español y en qué grado, fue que permitió que Olivares fuera depuesto en 1643 por las intrigas de la nobleza no tanto por la marcha de la guerra sino porque las tibias reformas de Olivares querían regular sus privilegios. Aunque la derrota final en la guerra y el humillante Tratado de Wetsfalia de 1648 demostraron que dios no era español, o que lo era muy poco porque una de las escasas victorias que concedió al Imperio fue la derrota de la sublevación catalana de 1640, sí es cierto que el nacional-catolicismo español insiste en su origen divino. Sin duda, la Inquisición tuvo mucho que ver en el arraigo de tanta irracionalidad en el nacionalismo imperialista español.

Y la tercera fue el conjunto de revueltas y sublevaciones que estallaron o se endurecieron más a raíz del empeoramiento de la explotación imperial necesaria para sufragar una guerra masivamente rechazada. Frente a un poder putrefacto, estallaron movimientos secesionistas y batallas sociales en casi todo el imperio en las décadas centrales del siglo XVII: Portugal –ya en 1638 se sublevó la ciudad de Évora siendo masacrada–, y los Países Bajos lograron la independencia después de duras guerras de liberación que no podemos detallar aquí, en las que las mujeres arcabuceras tuvieron un papel decisivo en algunos momentos. Pero fracasaron la Revuelta de la sal en Bizkaia en 1634, Catalunya en 1640, Andalucía en 1641, Nápoles y Sicilia en 1647, Nafarroa y Aragón en 1648, por citar las más conocidas. De todas ellas, la catalana es la que ahora nos interesa.

La guerra dels segadors de 1640 es el nombre que se da a la sublevación que resistió en Barcelona hasta 1652. Como hemos visto, desde 1625 Catalunya retrasó todo lo que pudo sus obligaciones militares con Castilla: en 1638 se negó a enviar tropas autóctonas a Gipuzkoa contra los franceses. Sin embargo, el ejército catalán sí tuvo que defenderse cuando los franceses invadieron el Principat, sufriendo la derrota de Salses en 1639 con un costo de 7.000 muertos y la liquidación del 25% de la nobleza del país. Fue una entrada obligada en la guerra defensiva, pero con un fuerte rechazo a los abusos, atropellos y destrucciones que cometía el ejército imperial oficialmente «aliado» sobre la población catalana que, además, pagaba los costos de su mantenimiento y ponía muchos de los muertos.

La sublevación estalló en abril de 1640 en un inicio contra el ejército imperial pero se extendió pronto contra las clases ricas catalanas a las que acusaban de traidoras. El pueblo ejecutó al virrey español y asaltó edificios relacionados con la administración del poder y de la propiedad. Hay que destacar la participación de las mujeres en estas luchas. Para el verano de 1640 la sublevación se había convertido en revolución social. Madrid preparó otro ejército para entrar el Catalunya. Cogido entre dos fuegos: el ataque del Imperio y la revolución interna, la Diputació pidió ayuda a Francia en enero de 1641, deponiendo a Felipe IV como Conde de Barcelona para darle el título a Luis XIII. Las tropas catalanas y francesas, ahora aliadas, derrotaron el ataque del Imperio,

La suerte del conflicto cambió bruscamente al sumergirse Francia en la guerra interna de la Fronda, desde 1648, entre grandes familias nobles y la Casa de Borbón que tuvo que dejar de ayudar a Barcelona en un momento en el que surgían tensiones cotidianas entre franceses y catalanes, debilitando mucho la defensa. En 1650 la peor epidemia de peste del siglo causó 36.000 muertos solo en Barcelona. En 1651 Felipe IV, al tanto de esa triple debilidad, sitia Barcelona y la conquista después de un año de resistencia, en 1652. Sabedor del poder económico de Catalunya, de la conciencia social y nacional de su pueblo trabajador y de la conciencia nacional burguesa de su clase dominante, decidió respetar en 1653 sus fueros aunque ligeramente reducidos.

Pero el incremento de las arcas reales gracias a la mayor explotación de los Països Catalans y Aragón no logró detener la crisis del imperio español: en lo económico las bancarrotas de 1647, 1652 y 1666; en lo militar, la derrota de Rocroi de 1643 y la derrota ante Portugal en 1656 que son la parte externa del «desmoronamiento interno»; y en lo político la derrota total en el Tratado de Wetsfalia de 1648 y en el Tratado de los Pirineos de 1659 mediante el cual la Corona española cedió al reino de Francia una quinta parte del territorio y de la población de los Països Catalans. La crisis latente del sistema aparecía como crisis real, manifiesta, cuando estallaban motines populares que entre 1647 y 1652 se sucedieron en Andalucía, especialmente en Córdoba y Granada.

La incapacidad económica, militar y política era tal que el imperio español no pudo romper el bloqueo marítimo inglés entre 1656 y 1659, año en el que por fin arribó la flota de América con gran cantidad de plata que, empero, se dilapidó improductivamente como siempre. La bancarrota de 1666 mostró la gravedad del «cáncer monetario» que asfixiaba al Imperio. La alta nobleza y la Iglesia –un poder terrateniente enorme– hacían y deshacían a su gusto: no debe extrañarnos, por tanto, que en 1677 se propusiera en las Cortes de Aragón la supresión de la «potestad absoluta de la nobleza», una propuesta revolucionaria por las perspectivas que podría abrir, que también mostraba el antagonismo creciente entre los derechos parlamentarios aun sobrevivientes en algunas naciones y el poder fáctico español que necesitaba intensificar su centralismo.

La vida política del Conde de Oropesa es un ejemplo de la estulticia y corrupción política: sus reformas desde 1680 podrían haber insuflado nueva vida a la Corona, pero las envidias y egoísmo de la nobleza las hicieron fracasar y le obligaron a dimitir de sus cargos teniendo que ir al destierro, muriendo en 1708, cuando la Guerra de Sucesión iniciada en 1701 asolaba Europa, siendo una verdadera guerra mundial por la hegemonía en Europa y, sobre todo, por el control de los inmensos recursos de América mediante el control de la Corona española.

  1. La casa de Borbón y la guerra contra los pueblos

La muerte de Carlos II en 1700 sin dejar descendencia dio paso al reinado de Felipe V, que fue el detonante de una crisis total del bloque de clases dominante en el Estado que venía agravándose desde la catástrofe de Wetsfalia de 1648; crisis que a su vez reflejaba un choque frontal en Europa entre dos modelos imperiales opuestos: el de Casa de Borbón y el de la Casa de los Habsburgo. Durante este medio siglo, la clase burguesa había incrementado su poder en Europa. Para entonces la Escuela de Salamanca era ya un legajo de papales olvidados en un armario. La cultura española, castrada por la Inquisición y el atraso, no podía dar a luz mentes como las de Hobbes, Spinoza, Locke y otros que sobre la base de Bodin fueron capaces de desarrollar la filosofía de la resistencia y la ideología del derecho y la soberanía, del límite del poder del Estado, de la propiedad burguesa, etc., en sus interpretaciones particulares porque vivían la lucha entre burguesías en ascenso, dispuestas a muchos sacrificios, y el feudalismo en retroceso dispuesto a todos los crímenes para mantener su poder.

La Casa de Borbón terminó imponiendo un Estado con un único ejército, una única lengua, un único sistema fiscal, una única política económica, un único sistema represivo, etc., tal como se desarrollaban en Francia obteniendo el esplendor y poder del absolutismo versallesco. A grandes rasgos, Castilla se hizo borbónica no sin dudas al principio porque, además de otros factores como la represión del ideal comunero desde 1521 por ejemplo, también se había desarrollado el nacionalismo imperial que deseaba reaparecer como gran potencia tras el hundimiento de 1648; además, la ideología de obediencia al Rey y la influencia autoritaria de la Inquisición facilitaron el apoyo a la Casa de Borbón; por otra parte, el desprestigio de los «Austrias menores» por su corrupción e inutilidad, responsables de las continuas bancarrotas y caos económico no podía contrarrestar la fama de eficacia borbónica.

Se ha dicho con cierta base que la Casa de Borbón consiguió el apoyo de las llamadas clases medias y de la pequeña nobleza en el centro peninsular para frenar el poder de la Iglesia, de la alta nobleza y de la Inquisición. El atraso tecnocientífico «difícil de superar» del Imperio era innegable y las clases medias pagaban sus consecuencias cuando querían abrir nuevos negocios. El ejemplo de la decisiva producción de armas es aplastante: muchas y las mejores debían comprarse en el extranjero y aunque el famoso «secreto sueco» de la fundición de calidad fue utilizado en Cantabria, el atraso seguía sin superarse. La industria armamentista vasca sufría el estrangulamiento de tener que adquirir las llaves de percusión y otras piezas de calidad en Francia. El apoyo de la burguesía vasca a la Casa de Borbón tenía algo o bastante que ver con sus negocios industrial-armamentísticos, el papel de los puertos de mar, en la necesidad de adquirir tecnología francesa. Los borbones respetaron las leyes vascas durante unos años porque también dependían de su industria. Sea como fuere, París obtuvo enormes concesiones de Madrid.

Por su historia y estructura económica, los Països Catalans resultaron relativamente beneficiados en la segunda mitad del siglo XVII, a pesar del centralismo en ascenso de Carlos II que reinó en 1665-1700. Más que en Aragón, en los Països Catalans se había desarrollado una burguesía comercial muy activa gracias, entre otras cosas, a los avances en la técnica textil. Las relaciones mercantiles con el Mediterráneo y con las antiguas posesiones del Reino de Aragón facilitaron el crecimiento. Esta burguesía iba rompiendo sus lazos ideológicos con el imperio español en la medida en que este le seguía negando el acceso al comercio de las Indias. Además, el nacionalismo español no olvidaba que el pueblo catalán se había sublevado en 1640, por lo que vigilaba atentamente el auge del ideario catalanista en su burguesía y en su pueblo trabajador. Bajo estas presiones los Països Catalans desarrollaron efectivas formas casi paralelas de autogobierno fáctico.

Por ejemplo, en los 35 años de su reinado Carlos II nunca convocó las Cortes catalanas, torpedeando su accionar con el «derecho real» de prohibir a determinadas personas que no eran de su agrado a que participaran en los listados de insaculación de cargos catalanes, limitando así mucho la efectividad del Parlament. Fue esta política la que aceleró en València el estallido de la Segona Germania en 1693 contra el empobrecimiento y la explotación, y contra los abusos del centralismo de Madrid, y que en 1702 en las Cortes de Aragón debatieran de nuevo contra los privilegios de la nobleza. Por su parte, la respuesta catalana fue crear la Conferència del Comuns de 1703 para administrar ágilmente los intereses de las clases y capas propietarias –los «ciudadanos honrados»–, y de otras instituciones muy efectivas. La reacción del nuevo rey Felipe V desde Madrid fue aplicada por el virrey Velasco en 1704-1705 enseñando lo que ya empezaba a ser el centralismo borbónico, entre otros objetivos para reprimir la precipitada rebelión de 1704.

Por fin, en 1705 la mayoría de aragoneses y catalanes se posicionaron contra el Borbón y a favor de la Casa de Austria porque esta no atacaba tanto sus derechos nacionales. La propaganda nacionalista española falsea y ridiculiza la eficacia administrativa y las garantías civiles de los sistemas forales que, en líneas generales, limitaban el poder real, los privilegios de la nobleza y el terror moral y físico de la Inquisición; también reducían los impuestos, regulaban las tasas de salida y entrada de mercancías, y garantizaban al pueblo una influencia más cercana y casi directa al poder foral sobre todo en las hambrunas y crisis de abastecimientos por acaparación privada del grano y otros alimentos y productos necesarios, obligando al poder bajo presión de masas a prohibir el acaparamiento e imponer precios baratos; además las «constituciones», los fueros, las «leyes viejas», etc., controlaban sus propias unidades militares y podían negarse y se negaban a participar en guerras extranjeras.

Estas características explican por qué las naciones periféricas del Estado español defendieran tan desesperadamente sus leyes propias: porque sabían por experiencia que eran mejores, más justas y más democráticas –en el sentido preburgués de la época de entre las dos oleadas revolucionarias burguesas triunfantes– que las que imponía la Casa de Borbón por derecho de conquista. También explican el importante papel desempeñado por las mujeres en esa defensa, tanto que solo muy tarde, en verano de 1715, Felipe V empezó a perdonar a las mujeres austracistas por su «desafección o disidencia».

Tras la victoria del borbón en la batalla de Almansa de 1707 el centralismo destrozó los derechos de Valencia. Aragón todavía resistió hasta la derrota de Villaviciosa en 1710. El arzobispo de Zaragoza pidió a Felipe V que impusiera directamente la ley castellana, liquidando la aragonesa. Los pueblos conquistados sufrieron una política que tenía «un fuerte contenido punitivo». La guerra fue inclinándose a favor del centralismo borbónico, en buena medida gracias al ejército francés, y a pesar de los intentos catalanes de reconquistar Valencia con un desembarco coordinado con una sublevación campesina. Hubo un flujo de refugiados valencianos y aragoneses hacia el Principat para seguir luchando por sus derechos nacionales, sociales, culturales.

Felipe V dejo claro en el artículo XIII del Tratado de Utrecht de 1713 que una cosa era la amnistía que pensaba conceder presionado por las potencias extranjeras, pero que Barcelona y los territorios aún libres de los Països Catalans estarían bajo la ley castellana, como ya lo estaba el resto. Los defensores de Barcelona se enteraron por algún vericueto de este artículo XIII y decidieron resistir hasta el final.

  1. La casa de Borbón y la represión de los pueblos

En la Barcelona resistente de 1713-1714 se publicaron textos en los que se pedía al pueblo castellano que recordara los derechos que le habían arrancado brutalmente al perder la guerra de los Comuneros en Villalar en 1521, hundiéndole en la explotación, mientras que Catalunya aún conservaba esos mismos derechos que se habían practicado en 1701 y 1705 en las Cortes, la Diputació y los municipios «que daban voz al “hombre común”». Las y los barceloneses eran conscientes de esa especie de continuidad histórica porque, en las condiciones de 1713-1714, revivían en su contexto los mismos problemas esenciales del pueblo comunero castellano de dos siglos antes: derechos, autodeterminación desde la base y soberanía colectiva dentro del contexto sociohistórico objetivo, es decir, en el caso castellano la sociedad estamental minada por una incipiente burguesía y en el caso catalán la decadente sociedad estamental desbordada por una burguesía fuerte.

El andamiaje administrativo-institucional construido en los Països Catalans y en Aragón, demostró su solidez democrática en los muy duros momentos de decidir con votaciones sucesivas si se resistía al invasor o se claudicaba ante él. No fue una dirección política vertical, impuesta desde arriba a un pueblo obediente, sino un proceso muy horizontal para las condiciones de su época, desde luego cualitativamente mejor que el autoritarismo absolutista dominante entre las dos oleadas de revoluciones burguesas triunfantes, la de mediados del siglo XVII y la de finales del siglo XVIII. Del mismo modo, la dirección de la guerra defensiva y la excelente preparación de la oficialidad del ejército de Catalunya eran inseparables de esos métodos de autogobierno soberano que el pueblo catalán se había dado a sí mismo en base a su derecho a la libre determinación en la fase histórica anterior a la segunda oleada de las revoluciones burguesas. Sin esta base de participación es incomprensible entender la existencia de entre 20.000 y 30.000 soldados profesionales en 1705-1713, es decir, el 6% de la población catalana, una proporción comparable a la militarizada Suecia de Gustavo Adolfo.

Los invasores quedaron sorprendidos por la decisión de lucha del pueblo catalán. Creían que la apabullante demostración de fuerza realizada el 25 de julio de 1713 frente a las murallas de Barcelona por un ejército borbón de 20.000 soldados sería suficiente para que, aterrado, se rindiera. Pero Barcelona resistió más de un año. La dura fiscalidad y las atrocidades y crímenes del ocupante borbón contra la población que vivía fuera de Barcelona, fueron tales que desde finales de ese año y enero de 1714 estallaron motines y aparecieron guerrillas que para primavera de 1714 formaban una especie de ejército de extramuros de 4.000 soldados. La eficiencia de la soberanía preburguesa catalana se demostró en estos momentos críticos no solamente armando un ejército, sino también una flota que garantizaba los suministros desde Mallorca y otros puertos.

Pero las llamadas «Dos Coronas» de la Casa de Borbón, sumaban demasiados recursos frente a la heroicidad catalana, sobre todo en artillería, poliorcética e ingeniería militar lo que permitió a los invasores acercarse mucho a las murallas sufriendo muy pocas bajas. La suerte estaba echada. Una muestra de la raigambre del sentimiento nacional preburgués del pueblo lo encontramos en la mitad de la batalla desesperada del 11 de septiembre de 1714: en una brecha crítica abierta por la artillería franco-española los defensores se reorganizaron alrededor de la bandera de Santa Eulalia, patrona de Barcelona, contuvieron el ataque y contraatacaron hasta taponar la brecha. Las enseñas y banderas que simbolizaban el sentimiento nacional preburgués estuvieron al frente de los desesperados contraataques de una masa de guerra formada por soldados y por civiles armados de cualquier modo.

Ese último día el monasterio de San Pedro fue reconquistado once veces por los catalanes que al mediodía volaron una parte y se atrincheraron en ella por última vez. Los defensores sabían que Lleida y Xàtiva habían sido masacradas por el borbón, con escenas espantosas, y aprovecharon la oferta de rendición sin saqueos ni muertes hecha por el mando atacante, para salvar las vidas y las casas de la población civil, o de lo contrario la población sería pasada a cuchillo. La negociación fue realizada por Berwick que contravino las órdenes del rey no se sabe si para evitar una posible desbandada de su ejército agotado por la resistencia popular, o para facilitar la entrada de la caballería invasora por las estrechas calles de la ciudad.

Pero la caída de Barcelona y de la fortaleza de Cardona una semana más tarde no supuso el fin automático de la guerra porque Palma de Mallorca resistió hasta julio de 1715 y, a otra escala, se organizaron guerrillas catalanistas en los Pirineos durante al menos una década. Durante la guerra, decenas de miles de personas tuvieron que escaparse de los Països Catalans y de Aragón para no ser encarceladas o asesinadas. El rey borbón acabó con sus derechos aplicando el más fuerte derecho de conquista del Imperio, empezando en el acto un proceso de desnacionalización gradual. Catalunya fue sobrecargada de impuestos en comparación a los que pagaba Castilla, pero en realidad fue la Corona de Aragón –Valencia, las Illes, Aragón y Catalunya– la que, desde su derrota y ocupación militar desde 1707-1714, llenó el agujero fiscal español con la sobreexplotación económica. El Imperio necesitaba urgentemente cualquier aporte de fondos para taponar dos brechas mortales: el orden interno y la seguridad marítima. Ambas necesitaban dinero, mucho dinero, que fue sacado de la derrotada Corona de Aragón, además de otras formas y métodos. El preámbulo del decreto de Nueva Planta de enero de 1716 dejaba claro que la ley española impuesta se basaba en el derecho de conquista, lo mismo que dejó bien claro el ejército fascista español cuando logró conquistar Bilbao en 1937.

En orden interno se aseguró aumentando la movilidad del ejército para que pudiera trasladarse rápidamente por el Estado reprimiendo cualquier protesta: nada menos que 14.000 hombres a caballo y 59.000 a pie, una proporción de caballería muy alta para la época. En cuanto a la marina, la crisis era tal que tras la Guerra de Secesión dependía de la flota francesa para garantizar la llegada de la plata de Nuestra América. Debía, por tanto, construir una armada nueva o todo se hundiría. La experiencia burocrática del Borbón, su centralización extrema, fue aplicada en el Estado desde 1717 para crear la Marina de Guerra. Sin la sangría económica del aplastado Reino de Aragón, semejante recuperación imperialista hubiera sido mucho más difícil.

Para concluir, hemos dicho anteriormente que Hacienda, Ejército, Cultura y Estado formaban ya una unidad en el siglo XVII que se reforzaría en el XVIII. Hemos hablado del expolio fiscal de los Països Catalans y de Aragón para fortalecer el Estado y el Ejército español. Nos falta la Cultura: de la misma forma en que la aristocracia y la joven burguesía valenciana empezó a abandonar el uso del catalán al ser derrotada la rebelión de la Germania en 1520-1522 contra la nobleza, rebelión popular que se extendió a Mallorca, después de 1714 la burguesía catalana también giró hacia la lengua española. En ambos casos se trata de la necesidad de las clases dominantes de distanciarse del pueblo trabajador, de su cultura y lengua, para acercarse a las del ocupante. Decidido a extender no solo la lengua y la cultura española, Felipe V fundó en 1738 la Real Academia de la Historia para fijar la visión políticamente correcta de la historia española pero «con bastante ineficacia, por cierto». Y el rey Carlos III prohibió imprimir libros en euskera en 1766 y en 1768 ordenó que en Aragón se actuase y se enseñase en castellano.

  1. La dinámica de las contradicciones y sus formas

Los escasos intentos habidos en el Estado para impulsar un capitalismo con alta productividad del trabajo, con una política clara de subsunción real de las clases trabajadoras mediante una permanente modernización tecnocientífica, de modo que la inevitable resistencia obrera nunca diera el salto a la lucha política por la toma del poder, y con una deliberada integración de las burguesías de los pueblos oprimidos en un sistema democrático-burgués flexible e integrador, dentro de lo relativo de estos términos, tales intentos, además de haber sido muy pocos siempre han sido rápidamente cortocircuitados por la fiereza reaccionaria y la estulticia conservadora que vertebra el espinazo del bloque de clases dominante en el Estado.

Desde ese siglo XVIII en el que la crisis del feudalismo no encontró como salida el desarrollo de una forma «moderna» del modo de producción capitalista, sino a un engendro corrupto, violento y orgulloso de su ignorancia, desde entonces se han repetido una y mil veces determinadas crisis que apenas varían en su esencia aunque sí en sus formas. Pese a los puntuales y fugaces esfuerzos de acelerar y racionalizar el sistema productivo, social, cultural y político español para recortar distancias y reintegrarlo en la cada vez más distante cabeza hegemónica del capitalismo, ahora mismo nos golpea el torbellino de contradicciones que estallaron desde la mitad del siglo XVII hasta su definitivo triunfo reaccionario a comienzos del siglo XVIII.

Unos intelectuales que flotaban en las nebulosas de sus abstracciones, creyeron que la crisis de finales del siglo XIX era la definitiva porque, de rebote, insuflaría vida en el «alma española». El reaccionario Maeztu lloriqueó diciendo: «Me duele España», y ese sufrimiento derechista desencadenó una cadena de brutalidades fascistas que siguen atormentando la conciencia de los vivos y pudriendo el interior del sistema capitalista. Tal vez desesperado, Ortega y Gasset dijo aquello de que «España es el problema, Europa es la solución». Pero Europa no ha sido la solución pese a las promesas de ayuda, sino uno de los verdugos.

El atraso histórico en la productividad del trabajo y la indiferencia ensoberbecida hacia la ciencia y la técnica; la corrupción estructural, el amiguismo y el orgullo medieval por el corporativismo clientelar; el desprecio racista del nacionalismo gran-español y católico hacia las lenguas y culturas de los pueblos que oprime y el incumplimiento sistemático de los acuerdos pactados con las burguesías «regionales»; y la tendencia congénita, casi inquisitorial, hacia el recurso fácil a las soluciones represivas y violentas cuando las clases y naciones explotadas desbordan la flaca tolerancia del poder.

Las cuatro características descritas, que interactúan entre sus múltiples matices hasta formar una totalidad concreta vigente en cada crisis histórica, nos remiten en sus diversos inicios y con sus velocidades y autonomías relativas a finales del siglo XV. Esa totalidad concreta descrita nos conduce definitiva e irreversiblemente a la mitad del siglo XVI en adelante. En ese devenir, provocaban sucesivos estallidos de violencias varias, siendo las decisivas las que se expresaban en forma de guerras convencionales. Eran violencias decisivas porque, según sus resultados, fortalecían tendencias evolutivas reaccionarias o progresistas, especialmente las primeras.

A nivel estatal vencieron las reaccionarias y por eso el capitalismo resultante se caracteriza por las contradicciones arriba resumidas que, por ser estructurales, o mejor decir genético-estructurales, impiden ya definitivamente la «modernización» del capitalismo español. Las fuerzas reaccionarias dominantes en el bloque de clases en el poder sienten no solo como un ataque a su propiedad ese intento de «modernización», que también lo es, sino que encima se sienten ofendidas e insultadas en su cínica moral nacional-católica y de esta mezcla de orgullo herido y bolsa amenazada resurge siempre su añorante necesidad infantil de un padre protector, sea un rey o un dictador, o ambas cosas.

Pero el reformismo, sea blando o duro, no puede imaginar otra alternativa que no sea la de mantener lo esencial de la nación española, aunque sea recurriendo al imposible metafísico de la «nación de naciones» dentro del sistema capitalista. Y no puede hacerlo porque su sistema cognitivo está cimentado en el nacionalismo español.

Euskal Herria, 31 de agosto de 2017

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(Imagen: Rendición ante el emperador. Este óleo de Carle Vernet muestra a Napoleón en Chamartín, recibiendo a los delegados de la Junta de Defensa de Madrid para rendir la ciudad y a los que reprocha airado su resistencia).

¿Futuro del Frente Amplio en España?: Podemos se une a una coalición regional con el PSOE

por Paul Mitchell y Alejandro López//

Por primera vez, el partido de pseudoizquierda Podemos se ha unido a un gobierno de coalición regional con el Partido Socialista (PSOE). El acuerdo en Castilla-La Mancha es un modelo para otros acuerdos regionales y el posible precursor de un “gobierno de progreso” nacional que con ambos partidos.

La decisión de unirse a una coalición en Castilla-La Mancha se produce menos de un año después de que Podemos se viese obligado a retirar su apoyo de la administración minoritaria regional del PSOE encabezada por Emiliano García-Page, tras abandonar las medidas sociales que había prometido, lo que puso en una crisis a nivel nacional la orientación de Podemos hacia el PSOE.

García-Page fue una figura clave en el golpe interno que derrocó a Pedro Sánchez como líder del PSOE para que el Partido Popular (PP) pudiese formar un gobierno minoritario en Madrid. Sánchez representaba a secciones del PSOE que consideraban que un indefinido “giro a la izquierda” y unas relaciones más cercanas con Podemos controlarían el creciente descontento social y frenarían el colapso electoral del PSOE. García-Page se opuso amargamente a esto, acusando a Sánchez de querer “Podemosear” al PSOE.

Con la reelección de Sánchez como secretario general del PSOE a principios de este año, las esperanzas de los dirigentes de Podemos se elevaron de nuevo para nuevas discusiones sobre una alianza de izquierda. El 17 de julio, Sánchez y el líder de Podemos, Pablo Iglesias, se reunieron para establecer un comité de enlace a fin de discutir las áreas en las que pueden cooperar.

La oferta de García-Page a Podemos en Castilla-La Mancha debe ser vista en este contexto. Necesita que Podemos apruebe el presupuesto, bloqueado por el PP en el Congreso regional.

El PP tiene 16 diputados, el PSOE 15 y Podemos mantiene el equilibrio de poder con sus dos diputados, el secretario regional José García Molina, un aliado cercano de Iglesias, y David Llorente, destacado miembro del grupo pablista Anticapitalistas.

El 25 de julio, Iglesias fue coautor de un artículo para el diario en línea 20 Minutos con su exdiputado, Iñigo Errejón, el primero durante muchos meses. Los dos no estaba de acuerdo sobre la mejor manera de suprimir la oposición de la clase obrera, ya sea mediante protestas simbólicas en alianza con los sindicatos (Iglesias) o evitando movilizaciones sociales en favor de maniobras puramente electorales y parlamentarias orientadas al PSOE (Errejón).

Refiriéndose a la reelección de Sánchez como líder del PSOE Iglesias y Errejón declararon: “Si hoy es posible empezar a construir una colaboración mayor con el PSOE en el ámbito estatal, es precisamente por la victoria en este partido de los favorables a acercarse al polo del cambio asumiendo que no pueden gobernar solos y que no les conviene hacerlo con el PP y Ciudadanos”.

Concluyeron: “En Podemos nos marcamos el gobierno de las Comunidades Autónomas como nuestro principal objetivo estratégico en este ciclo político. Sabemos que ese camino no podemos hacerlo solos; necesitamos las fuerzas políticas hermanas que nos acompañan y a la sociedad civil y también necesitamos que el Partido Socialista siga dando pasos que le acerquen a ser antes un aliado del bloque del cambio que del bloque de la restauración”.

Al final, prevaleció la línea de Iglesias y Errejón. Nadie en el Consejo Ciudadano de Podemos, incluyendo a sus ocho miembros pablistas, votó en contra de entrar en el gobierno. Fue aprobado 26 a 0 con nueve abstenciones. Se les preguntó a los 15 000 seguidores de Podemos en Castilla-La Mancha: “¿Crees que Podemos Castilla-La Mancha debería votar sí a los presupuestos si con un acuerdo de gobierno se garantiza la puesta en marcha y el control de políticas propias como la Renta Garantizada o el Plan de Garantías Ciudadanas?”. El 78 por ciento votaron a favor.

García Molina declaró, “Se abre una nueva etapa en Podemos Castilla-La Mancha”. En respuesta a las acusaciones de que el presupuesto es el mismo que Podemos rechazó a principios de este año, respondió: “No hay que quedarse enredado en lo que pasó sino en lo que tiene que pasar”.

Como parte del acuerdo, el PSOE conjuró dos nuevos puestos que apestaban a las mismas “castas” bizantinas a las que Iglesias se opone. Molina ha sido colocado en un segundo puesto de vicepresidente y su compañera Inmaculada Herranz se convertirá en la nueva titular de la Consejería del Plan de Garantías Ciudadanas.

Llorente y los pablistas hicieron campaña para unirse al gobierno regional, insistiendo que, “La presión al Gobierno de Page hay que hacerla con los movimientos sociales, las organizaciones populares y sindicales”. Sin embargo, Llorente ha tranquilizado a todos de que acepta la decisión, pero intenta absolverse de cualquier responsabilidad personal por las consecuencias políticas de esta traición de Podemos –respondiendo con la réplica santa, “No aceptaré un cargo en el gobierno de Page”—.

Podemos es ahora indistinguible del PSOE en cómo persigue el poder a través de las instituciones burguesas y sobre un programa procapitalista y una política exterior imperialista.

En un artículo de opinión para El Confidencial, el periodista Ignacio Varela declaró: “Podemos se ha domesticado y ya es tan parte del sistema como el que más… El partido de Iglesias se va convirtiendo a gran velocidad en una fuerza que representa establemente a un importante sector de la sociedad, lo contiene dentro de los muros de la institucionalidad y, desde uno de sus espacios laterales [los pablistas], contribuye a mantener el equilibrio ecológico del sistema político…”.

Tales observaciones de figuras conservadoras como Varela, que hace tan sólo un año se enfrentaba a Iglesias y a Podemos como enemigos del Estado, son una exposición devastadora de Anticapitalistas y del Secretariado Unificado. Son responsables de este monstruo político que ayudaron a crear en el 2014.

Un boletín interno que se filtró en su momento explica cómo es que Anticapitalistas no iba a ser “demasiado explícito” en su nuevo proyecto, sino que estarían “a cargo” de promocionarlo “organizacional y políticamente”. Recurrieron a la creciente celebridad mediática y antiguo apparatchik del Partido Comunista, Pablo Iglesias, para que fuese la “cara pública” de Podemos.

Llorente deja claro el papel que desempeñó, explicando en su biografía para el sitio web de Podemos: “contribuimos a impulsar Podemos. Estoy en Podemos desde su inicio y creo firmemente en la potencialidad de este proyecto”.

En cada momento en que Podemos bota a la basura otro elemento de su vagamente radical manifiesto fundador, Anticapitalistas hace sus protestas obligatorias, antes de pasar al siguiente asunto. La integración de la dirigencia de Anticapitalistas a posiciones de alto perfil en las organizaciones locales, urbanas y regionales de Podemos continuó rápidamente.

Para desviar las críticas del papel de Anticapitalistas en Castilla-La Mancha, Isidro López y Raúl Camargo, pablistas líderes de Podemos en la comunidad de Madrid, escribieron un artículo para Público que fue reproducido en International Viewpoint el 8 de agosto, llamando el pacto un “error histórico”.

Haciendo sólo una referencia fugaz a su hombre Llorente, que ahora tiene el voto decisivo sobre la legislación en el Congreso regional, López y Camargo se quejan de que unirse al gobierno “a cambio de unos cuantos puestos en el aparato de estado” proporciona la “primera prueba experimental” de “un giro profundo en la dirección política de Podemos… hacia una dinámica de pactos de gobierno con el PSOE” y prefigura la formación de “un gobierno alternativo” a nivel nacional.

La reinvención de Sánchez como figura de oposición es “una hábil maniobra de marketing político”, añaden. Ellos advierten que Podemos se está transformando “en el ala izquierda de la regeneración del régimen”, condenándolo “a la irrelevancia política, y en el peor de los casos, su implosión…”.

Su única preocupación es evitar que la clase obrera y la juventud se conviertan en una alternativa revolucionaria, por lo que se centran en desarrollar el contrapeso de “un movimiento político suficientemente fuerte” como un supuesto control para la dirección de Podemos. Además, ponen de manifiesto que están a favor de la continua colusión con el PSOE, siempre y cuando no sea tan explícito como la formación de coaliciones. Declaran: “No se trata de mantener una posición meramente pasiva, se pueden explorar muchas vías de relación con otras fuerzas políticas, incluido el PSOE, que no pasan por entrar en gobiernos, desde los acuerdos puntuales hasta los acuerdos sectoriales en materias que se ajusten a los principios programáticos de Podemos”.

Tales giros patéticos no pueden ocultar cómo los pablistas se propusieron deliberadamente crear una versión española del partido Syriza, vocalmente de izquierda pero procapitalista, con el objetivo de desarmar a los trabajadores frente al desempleo masivo, los recortes de salarios y servicios, la pobreza y el crecimiento del militarismo.

España construyendo el pasado. La identidad del 18 de julio

por Ferrán Gallego//

La diversidad de experiencias políticas y culturales que convergieron en el 18 de julio no resta a esta fecha su carácter unitario, como precipitante y aglutinador de un fascismo tan heterogéneo y funcional como el que se desarrolló en las experiencias similares del continente. La guerra civil fue el proceso constituyente del fascismo español en un sentido fundamental: la asunción de un marco de violencia generalizada que no se destinaba solo a la represión de los adversarios, sino a la construcción de una comunidad nacional definida por la exclusión radical de los vencidos, tanto en sus personas concretas como en lo que su experiencia política individual y colectiva representaban.
El fascismo español no fue exclusivamente el predecesor, organizado en Falange de las JONS, de un movimiento nacional más amplio, que tomaría cuerpo en el decreto de unificación de 1937. Fue el resultado de la llegada masiva de la extrema derecha española al episodio de la contienda, a sus condiciones de radicalización de proyectos, de asunción de esquemas totalitarios, de realización de prácticas inéditas de control de masas, de disciplina militar en el propio bando y de liquidación violenta del campo adversario; a sus condiciones, sobre todo, de sincretismo político, de fusión y no mera coordinación de experiencias partidistas, que incluyó a quienes habían militado en una u otra organización y, de forma masiva, a quienes se incorporaban directamente al movimiento unificado.

La especificidad del fascismo español sólo puede explicarse por la experiencia de la guerra civil, trauma generacional y ocasión impecable para que la constitución política unitaria del bando que iba a vencer se convirtiera en una oportunidad y en una obligación. Una tendencia congruente con la extrema popularidad del fascismo en la derecha radical europea del momento, a su percepción como solución unificadora de las “fuerzas nacionales”, pero también como solución a la dispersión en que se habían encontrado estos sectores durante la Segunda República. Aquella dispersión había de servir para agudizar el sentimiento de indefensión en que se encontraban los valores que representaban. Aunque resulte paradójico, de esta dispersión inicial había de surgir el reforzamiento del proceso unitario, la radicalidad del proceso de integración disciplinada de los diversos sectores de la extrema derecha, en una dinámica que aceleró y dispuso las condiciones concretas de su fascistización.

Si podemos establecer como terreno de debate legítimo la naturaleza del régimen, no creo que pueda considerarse la percepción por los contemporáneos de que se integraban, de pleno derecho, en un movimiento fascista que podía recibir en su seno a quienes lo comprendían como la realización final de las diversas trayectorias de la extrema derecha española. Ese rasgo de unidad había de ser destacado, al plantear la identificación entre lo militar y lo civil en el 18 de julio por Juan Beneyto:

Ser militar es reaccionar sintiéndose parte de una unidad histórica, ligarse a un Destino. Por eso el pueblo se hizo milicia el 18 de julio, y sólo haciéndose milicia ha conseguido volver a ser pueblo. Ya no hay masas amorfas que se agiten con procedimientos electorales. Hay un pueblo: el viejo y eterno pueblo de España, constituido en comunidad nacional por obra de un Caudillo frente a una tarea. Vibra en una estructura social que refleja a la Patria y dispone de un Estado, no como dominador ni leviatán, sino como instrumento dirigido a servir conceptos y órdenes de valores patrióticos. El hombre militar vuelve a ser hombre civil precisamente por haber sido militar. En un país de productores y de defensores, en una organización de combatientes que luchen en todas las vanguardias y en todas las retaguardias, el Caudillo que ha dirigido las jornadas de la guerra es quien da cauce a los esfuerzos y fatigas de la paz: el único Caudillo de España, Franco. Ahora en la paz, como en la guerra ayer.1

Las divergencias ideológicas entre los integrantes del bando vencedor no fueron un elemento que pueda descartarse como un simple fenómeno cultural sin interés en la organización del poder político que empezó a dibujarse en la contienda. Sin embargo, no es este factor el que puede caracterizar el caso español frente a otros, sino precisamente el grado de cohesión logrado por la virulencia de la experiencia bélica, por la radicalidad de sus delimitaciones y la potencia de sus criterios unitarios.

He expuesto ya en otros lugares una línea de interpretación que puede ofrecer tal perspectiva comparada, en especial en lo que se refiere al nacionalsocialismo alemán.2 Sin embargo, cabe reiterar la necesidad de fijar, en un espacio más amplio que el de los debates de elite, cuáles eran los factores de fusión de un movimiento social, cuyas sutilezas no habrían de llegar a instalarse en los combatientes, en los que primaba un horizonte de unidad convertido en mito movilizador. A ello se sumaba el esfuerzo de comunicación intensa entre los diversos sectores de la extrema derecha del periodo republicano, que habrían de incrementar su definición católica o su integración en el fascismo como factores complementarios en la justificación del combate.

La adhesión generalizada a unos principios generales, congruentes con la crisis social y la devastación de la identidad liberal o “democristiana” burguesas, se produjo en un crecimiento heterogéneo de todas las experiencias fascistas. Su característica fue, precisamente, generar una dinámica de aglutinación entre quienes fueron abandonando posiciones políticas previas para instalarse en el territorio de una “revolución nacional”. Las experiencias diversas de las que se procedía pervivieron en la diversidad interna del movimiento, tanto entre los dirigentes como en la amplia base militante de la que disponían, por no hablar del consenso logrado más allá de las fronteras escuetas de la organización política, a través de los espacios de sociabilidad creados por el régimen, donde la subordinación, simpatía o neutralización cultural ejercida por el fascismo se vivía de manera heterogénea.

No creo que las discrepancias expliquen la naturaleza de ninguna de estas experiencias políticas: lo que verdaderamente permite comprenderlas es definir qué funcionalidad tenían en el desarrollo del fascismo, al ser factores no antagónicos, sino áreas complementarias que permitían obtener la cohesión social y cumplir con la ambición totalizadora del régimen. La auténtica unificación debía dotarse de espacios de discrepancia que se daban en el interior del partido, donde podemos llegar a observar proyectos distintos incluso en su análisis meramente ideológico –sin ir más lejos, lo que podía diferenciar el elitismo racial de Himmler o Rosenberg de la tecnocracia propuesta por Todt o Speer, o de los sistemas de integración popular generados por los gestores del Frente Alemán del Trabajo–. En todos ellos, resulta indispensable comprender el propio periodo constituyente, ajustado a ritmos distintos, pero siempre diferente a un mero reclutamiento de masas por un partido originario.

Esencial en la obtención de la identidad del 18 de julio había de ser la reflexión sobre la historia. Si cualquier revolución necesita construir una tradición que la justifique en una interpretación del pasado interrumpido por su acceso, el fascismo español precisaba con especial urgencia de este proceso de legitimación, al presentarse como recuperación de una España eterna que podía actualizarse en las condiciones políticas del siglo XX.

A la decadencia española provocada por la derrota de la monarquía universal, debía responderse con la reivindicación de la razón histórica de aquella comunidad católica e imperial, sometida por poderes extranjeros de mayor potencia, cuyo triunfo había provocado el desorden espiritual de la civilización y la caída de España en la pérdida de su identidad y el cautiverio de imitaciones ideológicas. Este factor podía dar respuesta a los interrogantes sobre las características culturales del nuevo régimen que se planteaban durante la guerra y en la posguerra inmediata sus intelectuales, porque el rescate de España había sido un factor indispensable de cohesión en sus propósitos.

Sin embargo, también había de ser el escenario de un debate, que hemos visto realizarse ya en la búsqueda de magisterios en los cincuenta años anteriores a la guerra civil, y que se plantearía en torno a la idea de modernidad: condenable para unos en su conjunto, salvada para otros como modernidad católica, contrarreformista, históricamente recuperada y actualizada por la revolución nacional.

La reflexión histórica, realizada fuera y dentro de los espacios académicos, planteada como ensayo o como investigación, resultaba indispensable para el régimen y es muestra de su capacidad de establecer el tipo de complicidad cultural que se estableció entre herederos de tradiciones intelectuales distintas, pero que habían confluido en el esfuerzo de denostar la democracia y en la decisión de derribarla por las armas. La multitud de trabajos dedicados a los problemas políticos de los siglos XVI y XVII que se publicaron en la década de los cuarenta nos da cuenta de un espacio de reivindicación imperial que desbordaba la retórica, para tener una funcionalidad indispensable para el régimen.

Los estudios sobre el periodo imperial permitieron que la reivindicación falangista no se atuviera –aunque formara parte crucial de ella– a la expansión territorial solicitada en textos como Reivindicaciones de España o el que, publicado también en la Revista de Estudios Políticos por García Valdecasas, había de servirle de prólogo.3 La España imperial en su perspectiva histórica se presentaba como modelo de gran potencia y como salvaguarda de aquella doctrina que legitimaba la hegemonía española: el catolicismo. La lucha por la preservación de la España eterna no podía ser más que la que se había manifestado en la etapa de Isabel y Fernando, en los Austrias mayores y en la derrota del siglo XVII.

El catolicismo había pasado a ser elemento integral del falangismo y su españolidad esencial –base de la universalidad hispánica– había fijado el carácter del movimiento. Los principios de unidad de la patria, de justicia social, de comunidad jerárquica, de actitud de servicio, de negación del liberalismo y del socialismo se plasmaron históricamente en un molde fascista con el que tenían congruencia política. Los conflictos que pudieron derivarse de ello en las áreas de autoridad de los dos componentes no fueron aceptados como inevitables por quienes, desde las asociaciones católicas o desde el partido –o desde ambos lugares al mismo tiempo– señalaban la síntesis establecida por el falangismo como forma cristiana de organización de la comunidad.

A diferencia de la experiencia fascista de otras naciones, el catolicismo servía como un factor de identificación de una España que había combatido en nombre de la fe contra los enemigos del cristianismo, especialmente cuando la Reforma escindió a los monarcas y pueblos europeos. Tal factor identificador permite comprender la adhesión al falangismo y al catolicismo de forma simultánea a partir de la guerra civil, presentándose el primero como un instrumento más eficaz que cualquier otro para mantener esa línea de salvación. La sacralización de la patria pudo ser realizada por los laicos, pero no tuvo nunca un carácter distinto al de la identificación entre la nación y el catolicismo, puesto que el movimiento y el régimen habían de ofrecer una consagración de la España martirizada en la contienda, redimida por la sangre de los caídos en combate por una revolución nacional inseparable de la restauración católica.

El valor histórico del catolicismo que había defendido Ledesma Ramos como impulso de la España imperial en Discurso a las juventudes de España ya había pasado, en el momento en que se desarrolló Falange como movimiento de masas, a identificarse con la reivindicación del futuro de los españoles, con el estilo de vida que se requería de ellos, con su aceptación de un orden moral o con su adhesión a las instituciones del régimen que se generaba en la guerra civil.

Este último elemento podía demostrarse en la primera de las Leyes Fundamentales, el Fuero del Trabajo, promulgado como renovación de “la tradición Católica de Justicia Social y alto sentido humano que informó nuestra legislación del Imperio” –factor que destacarían los numerosos trabajos dedicados a establecer la vinculación entre sus principios y el catolicismo, así como la eficacia del nuevo régimen para aplicar los principios de la doctrina social de la Iglesia–.

Exacta formulación de identidad católica del Nuevo Estado, sin contradicción alguna con los principios del nacionalsindicalismo –incluyendo su concepción totalitaria– habrían de plantear los teóricos iniciales del régimen, como Legaz Lacambra, aun cuando su formulación dejara en pie posibles conflictos en el control de áreas de sociabilidad, afirmando que “nuestra teología política es teología católica”4. Si esta afirmación radicalizaba, en un sentido de absorción de lo católico por el Estado, las que había expuesto el propio Legaz en la revista Jerarquía, y que habría de reiterar en la misma publicación Laín Entralgo, en sendas adaptaciones del personalismo y del existencialismo cristianos, Juan Beneyto detallaba la recuperación de las ceremonias religiosas propias de un régimen en el que gobernaba el nuevo partido, ya que “la Falange es católica y, siendo católica nuestra tradición, no podía dejar de serlo el nuevo Estado.”5

El marqués de la Eliseda, que había justificado su salida de Falange por considerar que el fascismo era un movimiento católico cuya integridad no parecía recogerse suficientemente en los puntos fundacionales, aseguró poco después de acabar la guerra que esta inserción había sido característica fundamental del Movimiento. Años después de acabarse la contienda, Laín comentaba el libro de Corts Grau Motivos de la España eterna afirmando lo inexplicable del ser nacional fuera de la teología.

El catolicismo había de desempeñar, con todo, otra función en los años en que se produjera la primera adaptación del régimen a las condiciones de la posguerra y a la coincidencia a la derrota del fascismo europeo. Podía presentarse como la opción de recambio en la continuidad, haciendo de la sustancia católica del Nuevo Estado la demostración de su especificidad, de la creación de un orden cristiano centrado en la defensa del individuo en una organización comunitaria de la verdadera libertad.

La reflexión acerca de temas como el maquiavelismo, la razón de Estado y el bien común como legitimación de la autoridad se ilustrarían con el rescate de la propia tradición contrarreformista española. Con ello, la intensa labor de recuperación de la historia política española de los siglos XVI y XVII ofrecía un tema al que se ha prestado mucha menos atención posteriormente: la crisis de la modernidad tras la catástrofe de los años de entreguerras, culminada en el triunfo del débil liberalismo y del amenazador comunismo soviético.

La actualidad del régimen español podía presentarse como una salida para la civilización cristiana amenazada, atenta ahora a las razones que asistían a España desde la derrota imperial hasta la victoria franquista. El notable impulso para hacer de España una reserva alternativa de verdadera democracia y una zona de custodia de la redención espiritual de occidente inspiró tanto a teóricos del Nuevo Estado, instalados en el Instituto de Estudios Políticos y en las cátedras de diversas ramas del derecho o historia del pensamiento político –como era el caso de Corts Grau, de Juan Beneyto, de Manuel Fraga Iribarne, de Legaz Lacambra, de Francisco Javier Conde, de Ignacio María de Lojendio, de Luis Díez del Corral, de José Antonio Maravall, entre tantos otros–, para articular una doctrina que llegara a plantearse el catolicismo como superación de las doctrinas contingentes del periodo de entreguerras.

La recuperación del ser histórico de España y del perfil trascendente de la España eterna vinculados por el 18 de julio había de ser compartido, con matices indiscutibles, por todos los componentes del Movimiento Nacional. El inicio de la guerra civil era el de la reinstauración española de acuerdo con las necesidades del siglo XX. Este iba a ser el marco de la reflexión en que la percepción del destino de los españoles había de encontrarse en la lealtad a sus realizaciones históricas, el campo en que podrían desarrollarse los debates sobre la interpretación de los objetivos del 18 de julio, sobre la función del catolicismo, el papel del Estado y la modernidad del nuevo régimen.

“Queremos en nuestros cursos hacer de la historia como una buena y sana incorporación a nosotros, como una conciencia de nuestra sangre.” Para Antonio Tovar, de ello trataba averiguar la “historia como sentido” y no como mera estudio erudito, apartado de las condiciones políticas que exigían su presencia como inspiración vital. Estas palabras se incluían en una recopilación de trabajos que desembocaban en un extenso repaso a la historia de España que no tenía desperdicio ni en la forma ni en el fondo, y en el que miembros de la Sección Femenina de Barcelona podían escuchar, en el verano de 1939, la encendida defensa de la Contrarreforma, la bondad liberadora de la Inquisición y la inquebrantable unión del destino de España y de la Falange a aquel catolicismo que los Austrias defendieron con más convicción que los pontífices. Para escuchar, además, la necesidad de volver, para completar la historia aplazada por la derrota en el siglo XVII que daba sentido al 18 de julio, lo que no podía identificarse con una anacrónica reiteración6.

Notas

1.- Beneyto, Genio y figura del Movimiento. Madrid, Afrodisio Aguado, 1940, pp. 10-11.
2.- F. Gallego, “Fascismo, antifascismo…”; id., “La realidad y el deseo. Ramiro Ledesma Ramos en la genealogía del franquismo”, en F. Gallego y F. Morente (eds.), Fascismo en España. Ensayos sobre los orígenes sociales y culturales del franquismo. Barcelona, El Viejo Topo, pp. 253-447. También puede verse este planteamiento en el análisis de la estrategia nacionalsocialista alemana realizada en De Munich a Auschwitz. Una historia del nazismo, 1919-1945. Barcelona, Plaza y Janés, 2001, y el examen de la heterogeneidad y cohesión del movimiento y el régimen nazi en Todos los hombres del Führer. La elite del nacionalsocialismo, 1919-1945. Madrid, Debate, 2006.
3.- J. M. de Areilza y F.M. Castiella, Reivindicaciones de España. Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1941. A. García Valdecasas, “Política exterior”, Revista de Estudios Políticos, 1 (1941), pp. 7-16.
4.- L. Legaz Lacambra, Introducción a la teoría del Estado Nacionalsindicalista. Barcelona, Bosch, 1940, p. 116.
5.- J. Beneyto, El Nuevo Estado español. El régimen nacional sindicalista ante la tradición y los demás sistemas totalitarios. Madrid, Biblioteca Nueva, 1939, p. 260.
6.- A. Tovar, El Imperio de España. Madrid, Afrodisio Aguado, 1941 (4ª).
Fragmento de la contribución de Ferran Gallego Construyendo el pasado. La identidad del 18 de julio en el libro Rebeldes y reaccionarios. Intelectuales, fascismo y derecha radical en Europa

Fotografía: Millán Astray sale del cuartel general de Franco en 1936

Parodia de los ruidos del tiempo. Charlando con Juan Goytisolo

Aviso al lector: esto no es exactamente una entrevista. Más bien es una charla improvisada en un café, entre dos viejos amigos, con una grabadora a mano. Goytisolo pasó por Barcelona con motivo de la presentación de su última novela, El exiliado de aquí y allá. Miguel Riera charló con él.

En 1980 aparecía en España, publicada por la editorial Montesinos, Paisajes después de la batalla, una novela que no fue muy bien comprendida entonces pero que anticipaba el disparatado mundo en el que muy pronto se vería sumergida la sociedad española. Su protagonista, el Monstruo del Sentier (por el barrio parisiense en el que vive), es un personaje extraño, solitario, que tiene unos misteriosos contactos con organizaciones terroristas, profetiza catástrofes ecológicas y tiene fantasías sexuales que lo acercan al mundo de Lewis Carroll. El Monstruo padece un doble exilio: de su país y de su tiempo, una característica que es fácil rastrear en otros textos de Goytisolo (en su edición de Blanco White, por ejemplo).

Doble exilio sufre también el protagonista de El exiliado de aquí y allá, protagonista que no es otro que el mismo Monstruo de Paisajes, enviado al otro mundo por una bomba lapa pero que no se resigna a estar ausente del todo, y desde su “más acá”, que es nuestro “más allá” –un parque virtual del que Internet es una pieza fundamental– trata de entender el mundo que tan forzadamente había abandonado. La novela, llena de guiños, es verdaderamente divertida, no con el chiste fácil propio de la literatura pretendidamente cómica, sino a través de múltiples alusiones y enlaces subterráneos en una trama difuminada, amén de las a veces hilarantes descripciones de los personajes y sus avatares. Antes de regresar a Marrakech, donde vive habitualmente, Juan Goytisolo paseó por el lugar que más ama de Barcelona: las Ramblas. Y es ahí donde charlamos.

Te voy a hacer una pregunta que ya te habrán hecho un millón de veces…

—No lo creo. La primera pregunta que me han hecho muchas veces es la siguiente: ¿es verdad que usted escribe con un bolígrafo de un euro? Ya ves, la noticia no está siempre en el libro que has escrito, sino en el bolígrafo que has empleado.

—Bueno, esa desde luego no era la que iba a hacerte. No, la pregunta es esta: ¿por qué has regresado a la novela después de haber anunciado que abandonabas ese género?

—Es que en realidad no fue un anuncio. Fue una frase que le dije en una entrevista a Javier Valenzuela y que se convirtió en un titular. Le dije que probablemente no escribiría más, porque en aquel momento no tenía nada que decir y como no escribo por obligación, si no tengo nada que decir me callo.

Personalmente me alegro. Este libro que acabas de publicar con el pertinente título de “El exiliado de aquí y allá” enlaza con “Paisajes después de la batalla”, donde estabas adelantándote al mundo que venía, y que tú habías detectado. Algunas personas comentaron entonces que te habías extraviado, que exagerabas, que el futuro no sería el que tú pintabas en la novela.

—Cuando apareció Paisajes, en España no existía aún la experiencia urbana que yo sí tenía. Era una sociedad homogénea, no había inmigrantes, las fantasías del Monstruo del Sentier parecían en este contexto meros disparates. Pero en realidad ahí estaba ya todo: el terrorismo, el incendio de las barriadas, el cambio climático, todo está en esa novela.

Juan Goytisolo entrevista—¿Y cuándo decidiste rescatar al Monstruo?

—Entre 2002 y 2004 estuve escribiendo textos que eran como discursos, voces, y pensaba publicarlos en forma de un librito pequeño que se llamaría A la escucha de las voces del tiempo. Luego me di cuenta de que en realidad esos textos no eran islas, sino que constituían un archipiélago. A partir de ellos, poco a poco, elaboré la novela. Ha sido un trabajo complejo porque he querido mantener el argumento en segundo plano y dejar hablar a los textos. Hay una frase de Boris Pasternak que he leído citada en un libro de Sánchez Robayna: Él sueña en una prosa en acción y no en relato. Creo que no hay mejor definición de El exiliado de aquí y allá, es una prosa en acción.

Te habrás divertido ridiculizando las grandes alienaciones del mundo de hoy…

—Pues sí. Es una parodia, que he intentado hacer lo más cruel posible, de los ruidos del tiempo. Y todo tiene su origen en la lectura de la prensa, en lo que se oye por ahí…

¿Hasta qué punto es real el mundo que nos pintan los medios?

—Obviamente existe un mundo que está en los medios, pero al margen de ese mundo hay centenares de millones de personas. Hoy las personas sólo existen como noticia, como decía Guy Debord. Esa es la realidad. Lo hemos visto en las elecciones norteamericanas: puro espectáculo. No hay más que ver la inmunda invasión de lo privado en el espacio público, bien patente en los programas de telebasura. Es horroroso.

Al parecer, la vida política y social actual no puede prescindir de la escenificación. Todo se escenifica, incluso la verdad.

—Ya había empezado a tratar ese asunto después de Paisajes en La saga de los Marx, introduciendo la televisión y el cine en la novela. Otros escritores lo hacen al revés: escriben una novela pensando ya en su posible adaptación al cine o la televisión. Es estúpido, para eso es mejor escribir directamente para el cine o la televisión. Claro, este tipo de novela burguesa existirá siembre, pero hay otra forma de narrar.

De todos modos está bien que se escriban todo tipo de novelas porque hay todo tipo de lectores. El problema surge cuando la crítica y los medios ensalzan novelas que no tienen talla literaria. Cuando los medios olvidan que la literatura es un Arte.

—El fallo más grande de la cultura española, y en esto Octavio Paz tenía toda la razón del mundo, es la ausencia de una crítica literaria y cultural de nivel. Este es el punto flaco de la cultura española. Y si se publican libros de análisis apenas tienen reseñas, aunque algunos sean muy buenos. El libro de Sánchez Robayna Deseo, imagen, lugar de la palabra es extraordinario, y nadie ha dicho nada.

Hablando de Guy Debord, ese elemento espectacular ha sido incorporado por todos los segmentos sociales, en tu novela incluso por los antisistema. Incluso el terrorismo se piensa desde el espectáculo, desde el poder y desde las organizaciones que lo practican.

—Sí, claro, se busca sobre todo el efecto mediático: “Han puesto una bomba en un edicificio em-ble-má-tico”.

Vaya, como explicitas en la novela, la has tomado con esa palabra, emblemático. ¿Por qué? Es una palabra de uso corriente en los medios de comunicación.

—No la soporto. Es como “entrañable”. Antes todo era “entrañable”, y ahora todo es “emblemático”. Hay palabras que se ponen de moda, y yo detesto las modas.

Tu obra literaria es una continua vuelta de tuerca. El extravío literario del que algunos habían hablado no es otra cosa que la plasmación de un inconformismo radical. ¿Cómo crees que está siendo recibida en España tu obra por parte de la crítica?

—Bueno, depende, hay para todos los gustos. Normalmente el escritor cambia de tema. Los novelistas que publican a menudo, lo hacen sobre la relación con su padre, o hablan de la infancia, de la guerra civil, etc. De temas distintos. Yo no cambio de tema, cambio de propuesta literaria. Cada libro es una propuesta literaria distinta. Y la novedad, claro, choca.

Juan Goytisolo entrevistaCuando recibes malas críticas, ¿cómo te lo tomas?

—Cuando recibo malas críticas me consuelo leyendo la co-rrespondencia de Flaubert con George Sand, en la que dice: “¿Ha visto usted cómo los críticos se ensañan conmigo y las alabanzas que reciben…” y entonces da una lista de nombres perfectamente desconocidos. Siempre ha sido así.

Peor es la ausencia de crítica, es decir, la incapacidad de la crítica –salvando excepciones, que siempre las hay– para abordar determinadas obras. Recuerdo que cuando publicaste “Las virtudes del pájaro solitario” se produjo un silencio tremendo, yo creo que porque la crítica no sabía cómo abordar el libro.

—Ya decía André Gide que lo que se comprende en un abrir y cerrar de ojos no suele dejar huella. Y a veces el crítico no pasa de la primera página. Claro que hay razones de otro tipo. Paisajes después de la batalla no fue entendido en España porque la realidad que evocaba no era conocida aún en España, y tampoco fue bien aceptada en Francia porque presentaba un París que no coincidía con el tópico que reflejaban los escritores extranjeros, que siempre hablaban del Quartier Latin, de Montparnasse, de los barrios aristocráticos, etc. Recuerdo que la responsable de cultura de Le Monde le dijo a un amigo que yo no tenía derecho a hablar así de París, lo consideraba como una agresión. En cambio la novela tuvo muy buena crítica en Londres y en Nueva York. Si hubiese escrito las mismas cosas sobre Londres posiblemente la crítica francesa la habría saludado y la inglesa la habría boicoteado.

Son visiones etnocéntricas, en realidad provincianas, de lo que debe ser la ciudad.

—No se dan cuenta de que las ciudades, como las personas, son mutantes. En mi novela todo es mutante, ya has visto que los personajes cambian. El personaje a veces se pone en la piel del rabino rasta, a veces se confunde con Alicia, Alicia es a la vez un imán y una señora que hace un número porno, o se transforma en la ratera encoñada… buscando la inverosimilitud, pero también la realidad que hay detrás de esa inverosimilitud

Las tres religiones del Libro quedan ahí sarcásticamente retratadas, por lo menos en sus versiones más integristas. ¿Qué relación tienes tú con la religión?

—Bueno, una cosa son las tradiciones religiosas, que me parecen respetables siempre que no opriman a la población… Y he tenido una relación muy intensa con san Juan de la Cruz y el sufismo árabe… De lo que estoy en contra es de la ideologización, la politización y la comercialización de la religión. Lo que desenmascaro es que cuando se habla de espiritualidad muchas veces lo que hay detrás es poder, riqueza y mando, eso es lo que están buscando

Yo te tenía por pretecnológico, y ahora pones a tu protagonista en el ciberespacio…

—En realidad y como todos vivo rodeado de gente que domina el mundo virtual… empezando por los dos chavales mayores que corren por mi casa y que están siempre en Internet… eso me ha ayudado a convertir el más acá del personaje en un enorme parque cibernético. Por cierto, el subtítulo de la novela es un homenaje a Machado de Assis.

Ah sí, claro, en “Memorias Póstumas de Blas Cubas” Blas escribe también desde el otro mundo.

—Es un homenaje a una de las más grandes novelas que se han escrito.

¿De que otra filiación literaria procede la novela, si es que puede hablarse en estos términos?

—Explícitamente hay una referencia al Quijote. Por ahí está Cándido de Voltaire, Jacques el fatalista de Diderot y sobre todo Bouvard y Pécuchet, que para mí es un libro de cabecera. Cuando estoy de mal humor abro sus páginas y en cinco minutos se me pasa. Yo desearía que la gente con sentido del humor y que esté momentáneamente de mal humor leyera esa novela.

En tus dos novelas está presente con fuerza el tema del terrorismo….

—El terrorismo es importante por sus consecuencias, y también por la alianza existente entre el terrorismo y el sistema. Desde el 11 de septiembre estamos atrapados entre la sociedad de consumo y la conversión del terror en mercancía.

Juan Goytisolo entrevistaUna mercancía con la que se comercia para conseguir tener a la sociedad domesticada.

—Claro, Orwell tenía razón. Si te paseas por el centro de Londres quedas fotografiado al menos trescientas sesenta veces. Una vuelta completa.

Una cosa lleva a la otra. Habrás visto que lo de Afganistán no lleva camino de solucionarse…

—Se han metido en un embrollo. Si uno ve la historia, con el fracaso del intento de ocupación inglesa en el siglo XIX, después la invasión de la URSS con el fracaso que conocemos… Se han metido en un barrizal del que no van a poder salir fácilmente. Y si a esto sumamos la situación de EEUU en Iraq, donde están empantanados… sin poder quedarse ni salir… Si salen lo harán desplumados y enseñando el trasero, si se quedan siguen prolongando una situación insostenible, y con Irán de por medio. ¿Cómo se le ocurre atacar Osetia del Sur a este loco de presidente de Georgia? Menudo disparate. Porque imaginar que EEUU iba a intervenir es absurdo, y acaba por hacerle el juego a Putin.

Has citado a Irán. ¿Crees que EEUU, directamente o a través de Israel, puede crear un nuevo conflicto en ese país?

—Parece imposible que EEUU vaya a enfangarse de nuevo, pero cabe la posibilidad de que Israel lo arrastre. Eso sería un desastre descomunal. Yo he defendido siempre el reconocimiento del Estado de Israel dentro de las fronteras internacionalmente aceptadas. Pero la política que está llevando a cabo, machacando a la población palestina con una brutalidad que no tiene nombre, a la larga es suicida. Hablando con Jean Daniel, él me dijo esta frase tan reveladora: Tengo miedo por Israel e Israel me da miedo. No se puede expresar mejor. Para cumplir el deseo de tener un estado como los demás, los sionistas han creado un estado que no es como los demás, un estado excepcional que ignora todas las resoluciones de la ONU, que hace lo que quiere.

Hace lo que quiere porque le apoya el gran patrón.

—El apoyo incondicional de EEUU me parece muy grave, tanto para EEUU como para el propio Israel.

—¿Qué opinas de eso que llaman intervención militar humanitaria?

—Que es muy selectiva. En Bosnia no hubo intervención humanitaria. En el genocidio de Ruanda tampoco. Me parece muy bien que se eviten todas las matanzas, pero los Derechos Humanos se les exigen a unos países y a otros no. En la prensa norteamericana se hablaba mucho de la situación en Guinea Ecuatorial, pero en cuanto apareció petróleo se acabó, desapareció del mapa de los países que vulneran los derechos humanos

Volviendo a Palestina: cuesta entender que Hamás y Al Fatah sigan a la greña y no puedan acordar una política conjunta ante Israel.

—La primera vez que estuve en la franja de Gaza fue durante el rodaje de la primera Intifada, Luego volví después de los acuerdos de Oslo, y me llamó la atención que todos, en el entorno de Arafat –los llamaban los tunecinos–, se habían construido unas villas suntuosas junto al mar, en un país que estaba en la miseria, y no encontré a nadie que me hablara bien de ellos. Había un descontento general… A mí no me sorprendió que Hamás ganara las elecciones, porque estaba creando una serie de instituciones caritativas, de ayuda a la gente, de promoción social, y los otros… en fin. Obviamente yo simpatizo más con Al Fatah que con Hamás, pero hay que ver la realidad tal como es.

Regreso a la literatura. Desde tu punto de vista, como escritor alejado de los ruidos españoles, ¿cómo se inserta tu obra en el conjunto de la literatura contemporánea española?

—Yo creo que todo escritor de verdad es una anomalía. Todos los escritores que me interesan son anomalías dentro del panorama cultural.

—¿Y qué escritores españoles contemporáneos te interesan?

—De mi generación, desde luego Sánchez Ferlosio. Tiene una actitud ética con respecto a la cultura, extraordinaria. Por mi parte confieso que leo mas poesía que narrativa, y con la poesía soy muy exigente. En la poesía encuentro lo que yo también busco, la concentración verbal, y no la gran extensión. Pero he leído a algunos novelistas jóvenes que me interesan: Javier Pastor, Juan Francisco Ferrer, José María Pérez Álvarez, que ha escrito tres extraordinarias novelas, Cabo de Hornos, Nembrot y La soledad de las vocales. Pero hay otros más, algunos que a veces colaboran en Quimera intentan hacer cosas nuevas, se les ve una voluntad de cambio, de renovación.

En las entrevistas, ¿qué es lo que te preguntan más veces?

—Casi siempre me preguntan por qué no me dan el premio Cervantes o el príncipe de Asturias. Siempre contesto que son los escritores los que honran los premios, y no los premios a los escritores. Sanchez Ferlosio honró el Cervantes cuando se lo dieron, y no al revés. Y un premio, en cambio, puede deshonrarse, como cuando se lo dieron a Francisco Umbral.

¿Cuál es el último premio que te han dado?

—El Juan Rulfo, en Guadalajara, el mismo año en que la literatura catalana fue la invitada de honor.

—¿Sabes que ahora hay dos premios Juan Rulfo, el de Guadalajara y uno nuevo que se da en Francia, creo que lo da “Le Monde Diplomatique”? Es extraño… Oí rumores de que la Generalitat de Catalunya iba a condecorarte con la Cruz de Sant Jordi.

—No sé. Me llamó alguien y me habló de que me daban esa cruz, pero le conteste que ya había llevado yo demasiadas cruces en la vida para tener que soportar otra.

Barcelona, mayo de 1937

El historiador Ferran Gallego acaba de publicar un libro, Barcelona, mayo de 1937 (Debate), que cuestiona o matiza las versiones más difundidas de lo que ocurrió en Cataluña, singularmente en Barcelona, del 3 al 7 de mayo de 1937. Con la publicación de este libro se abre de nuevo un debate sobre un tema que, a pesar de los setenta años transcurridos, sigue despertando pasiones sin que acaben de cerrarse las heridas (políticas) que se produjeron en aquellos acontecimientos.

—Como es sabido, el detonante de los hechos de mayo fue la toma de la Telefónica por los guardias de asalto. ¿Por qué decidió el Gobierno de la Generalitat arrebatar a la CNT, que se había hecho propietaria de esa compañía, el control de las comunicaciones telefónicas?

—Como bien has dicho, se trató del “detonante”, en una situación de crisis de las relaciones entre las fuerzas que constituían el Consell de la Generalitat –es decir, la ERC, CNT, la FAI, la UdR, la UGT y el PSUC– al que se sumaría el POUM, expulsado del gobierno en diciembre de 1936. La toma de la Telefónica, sin embargo, tiene un valor real y simbólico al mismo tiempo, porque implica hacerse con el centro de comunicaciones más importante que existía y porque implicaba un eslabón en una cadena funcional del debate de fondo: las relaciones entre el poder institucional y el poder de base de las distintas fuerzas sindicales y políticas. La disputa por el control de la Telefónica es un ejemplo claro de esta disputa por el poder o los poderes que está en el origen de los conflictos desde el verano de 1936. Un debate sobre control social de cada organización más relevante que lo que ha ido llegando hasta nosotros simplificado en términos de revolución y contrarrevolución.

—Pero la CNT estaba en el Gobierno, y no sólo en el de Cataluña, sino también en el de España. ¿Hemos de entender que hubo por parte del resto de los partidos del Frente Popular o del Consell de la Generalitat un intento de desalojar del poder a los anarquistas?

—Es posible que algunos sectores pudieran considerarlo así (y no me refiero a partidos enteros, sino a tendencias dentro de los mismos). Creo, con todo, que lo que explica mejor las cosas es que la CNT, sin rival en el movimiento obrero catalán antes de la guerra –a diferencia de lo que ocurre en el resto del territorio republicano– desea mantener una ambigüedad calculada sobre la configuración del poder político. No puede imponer el proyecto libertario, pero sí desea mantener ámbitos de independencia de gestión que se refieren, fundamentalmente, al control del Orden Público y al de algunas actividades económicas. Cuando se produce la consolidación de las instituciones y se precisa una cierta disciplina, que por lo menos vincule a quienes están en el gobierno como la propia CNT, ésta se resiste a abandonar esta versión difusa del poder. No es casualidad que la crisis gubernamental en Cataluña se produzca, el mes anterior a la crisis de mayo, como resultado de la aprobación de los decretos de orden público, que unificaban el mando y lo ponían en manos de sectores próximos al Conseller Aiguader, de ERC. El PSUC, en este conflicto, se orientaba claramente al reforzamiento de las instituciones, algo que le llevará a confluir con ERC aunque sin desear romper con la CNT. El PSUC sólo se había planteado la exclusión del POUM de la política catalana.

—¿Por qué el PSUC quería excluir al POUM? ¿Por qué este último partido fue expulsado del gobierno?

—La respuesta canonizada por una historiografía vinculada a la izquierda socialista y al trotskismo ha dado por sentado que se trataba de una respuesta a las presiones de la Internacional Comunista en una campaña contra el trotskismo que se iniciaría con el primero de los grandes procesos contra esta corriente, a comienzos de 1937. Las cosas son algo más complejas. Es indudable que para los “socialistas unificados”, el POUM aparece como un adversario político a batir, no como una fuerza con la que negociar, pero no únicamente como resultado de las presiones externas, sino por una dinámica de competencia de espacios en el interior de Cataluña que ya ha dividido a los marxistas en periodos anteriores. Tras la unificación de seis organizaciones de esta tendencia en el PSUC y el POUM en 1935-36, esta competencia pudo bipolarizarse con más comodidad. Sin embargo, el POUM pudo ser expulsado del gobierno con el acuerdo de la CNT y de ERC –de otro modo habría resultado imposible–, como resultado de las críticas que este partido lanzaba no sólo contra el Frente Popular, sino incluso contra los pactos firmados por la FAI, el PSUC, la CNT y la UGT en octubre de 1936. La expulsión fue, por tanto, un asunto de todas las fuerzas significativas en Cataluña y, según creo, un error táctico importante. El POUM no habría llegado a plantear una oposición tan radical al régimen –y no sólo al gobierno– si se le hubiera aceptado como hasta entonces.

—¿Podrías resumir brevemente la postura de las distintas formaciones políticas y sindicatos, amén de la reacción del gobierno de España, al producirse la insurrección de mayo tras la toma de la Telefónica? ¿Creyó el POUM que podía derribar al gobierno de la Generalitat y conseguir que los insurrectos tomaran el poder?

—Lo que podría indicarse, en primer lugar, es lo distintas que eran las posiciones de quienes levantan barricadas en las calles barcelonesas el 3 de mayo de 1937. Sectores con las Juventudes Libertarias, el POUM o Los Amigos de Durruti podían plantearse una sublevación contra el gobierno y la lógica de sus alianzas sociopolíticas: es decir, contra el conjunto de los grupos obreros y republicanos. Quien definió de forma más clara las cosas fue el POUM, que consideraba que la lucha contra el fascismo no podía desvincularse de la revolución socialista y, por tanto, había de pasar por la ruptura con las organizaciones que representaban a la burguesía. El POUM siempre expresó muy claramente que el antifascismo era una excusa para no hacer la revolución, que era históricamente adecuada y políticamente posible. Por ello, proponía la alianza entre su partido leninista y las organizaciones libertarias en un Frente Obrero Revolucionario. Sin embargo, la misma CNT que combatió en las calles de Barcelona no lo hizo con estos objetivos, sino para tratar de mantener las condiciones de poder adquiridas por el sindicato y evitar el deslizamiento del régimen hacia una acentuación de la disciplina, la homogeneidad gubernamental y la unidad del poder. Creo que las cuestiones socio-económicas tuvieron mucha menos relevancia que este aspecto. Lógicamente, entre el POUM y la CNT-FAI podía haber una unidad táctica inmediata, pero graves discrepancias estratégicas que permitieron, por ejemplo, que los negociadores de la CNT prescindieran tanto de las presiones del POUM para tomar el poder como de la representación de este partido en las negociaciones con el Consell de la Generalitat. La respuesta de los dirigentes de la CNT a escala española fue la de acudir a calmar el conflicto para tratar de negociar el mantenimiento de las condiciones existentes antes del asalto a la Telefónica. Sin embargo, por parte de socialistas, comunistas y republicanos, la insurrección fue contemplada como la prueba de la imposibilidad de seguir confiando en la capacidad de control de la CNT sobre su militancia y, por tanto, permitió abrir paso a nuevos gobiernos en Valencia y en Barcelona, que liquidaran la dirección de Largo Caballero en el ejecutivo central y la presencia de la CNT en ambos gobiernos. De igual forma, la insurrección se contempló, en especial por la prensa del PCE, como un movimiento que no iba dirigido contra el gobierno, sino contra el Frente Popular y el régimen republicano en su conjunto, lo que permitió establecer el mito de la colaboración entre el “trotskismo”, los “incontrolados” y “la quinta columna”.

—Un mito que, además de atentar gravemente a la verdad, ponía en el mismo saco a gentes que no siempre se llevaban bien. ¿Qué unía y que separaba a trotskistas, poumistas y cenetistas?

—Obviamente, tratar a la izquierda que no fuera partidaria del Frente Popular de ser filofascista o quintacolumnista es, como ya he dicho hasta la saciedad, una ignominia. La verdad es que me gustaría escuchar apreciaciones similares del mundo libertario, poumista o trotskista, cuando se acusa a los socialistas o comunistas españoles de ser simples agentes de Moscú. Para ir al meollo de la cuestión, lo que cabe destacar es la diferencia entre la CNT y cualquier versión del marxismo, sea poumista, trotskista, socialista o del PSUC. La CNT se plantea el comunismo libertario como objetivo, pero no será capaz de pasar a esa opción cuando se derrota al fascismo en Barcelona en julio de 1936. Por ello, decidirá aceptar el mantenimiento de las instituciones y la aceptación por éstas del poder alcanzado por el movimiento libertario. Tras la disolución del Comité de Milicias Antifascistas, la CNT aceptará la constitución del Consell de la Generalitat, formar parte del mismo y, además, acabará entrando en el gobierno central republicano. La tesis de muchos libertarios que han escrito sobre el tema es la existencia de una crisis de identidad de la CNT en unas condiciones inéditas: disponer del poder en la calle y no poder hacer la revolución anarquista. Sin embargo, creo que puede matizarse. Lo que se produce es, más bien, el deseo de hacer ambas cosas. Lo que quiere la CNT es ajustarse a una correlación de fuerzas en la que no puede desdeñar la existencia de ERC, UGT y PSUC, pero deseando sostener las zonas de poder ya obtenidas, en el ámbito del Orden Público o en la administración de la producción y los servicios. Lo importante es lo que no hay en la CNT. Y lo que no hay es una oposición al régimen republicano, sino una participación en el mismo en estas condiciones de poder difuso.

—¿Y en cuanto al POUM?

—En esto, la posición de la CNT no tenía nada que ver con la del POUM. A veces se olvida que el POUM es un partido bolchevique, leninista. No concibe más revolución que la toma del poder por la clase obrera y la ruptura de la República burguesa y el Frente Popular. Pero va más allá, y no lo digo yo sino los editoriales de La Batalla, el órgano del POUM: la formación de un frente unido con la FAI y la CNT, considerando que los “reformistas” –el PSOE, el PSUC, la UGT–, son enemigos de clase. La CNT, en Solidaridad Obrera, solicitará la formación de un gobierno CNT-UGT tras los hechos de mayo, lo cual significa no contar con el POUM, sino con la otra organización de masas existente en Cataluña y en el resto de España. Los trotskistas de aquel momento, agrupados en un pequeño grupo bolchevique-leninista y el propio Trotsky acusarán al POUM de ser un partido centrista, porque no han aceptado la unificación de la Izquierda Comunista de Nin con el Bloque Obrero y Campesino de Maurín. Y en 1937, un dirigente como Munis habrá de denunciar la incompetencia del POUM, que le impide hacerse con la vanguardia del movimiento y tomar el poder superando la República y el Frente Popular.

—¿Significa eso que el PSUC no era un partido leninista, dado que el PSUC no deseaba la ruptura del Frente Popular? ¿No estaba por la toma del poder por parte de la clase obrera?

—Naturalmente, el PSUC era un partido leninista. Pero he querido subrayar el carácter de partido leninista del POUM por la tendencia a confundirlo con una organización de izquierda socialista y apartarlo del espacio comunista. Aclarado este punto, nada secundario, lo que hay entre estos dos partidos –como ha ocurrido con el Bloque Obrero y Campesino antes– es una discrepancia acerca de la URSS y la III Internacional, cuyos carácter y estrategia son juzgados críticamente por el POUM, al contrario de lo que sucede con el PSUC. El PSUC es un partido peculiar, porque nace de un proceso de unificación obrera y socialista que comenzó a raíz de la ofensiva fascista en España desde 1934-1935 y que se realizó tras el estallido de la guerra civil. Siendo un partido de unificación entre socialistas y comunistas –su propio secretario general procedía de la Unió Socialista de Catalunya, muy moderada–, fue adquiriendo una posición más radical y se convirtió en sección catalana de la Internacional Comunista. El PSUC –contra lo que dice la historiografía vinculada al POUM sin dar pruebas documentales, más bien los especialistas han descubierto lo contrario– es un partido obrero en su composición, de clase en sus objetivos. Lo que ocurre es que la aparición del fascismo provoca una revisión estratégica que implica la necesidad de fijar la hegemonía de los trabajadores en un frente más amplio. Convendría recomendar las lecturas de los discursos de José Díaz, secretario general del PCE, cuando plantea en 1935 la idea de un Bloque Popular Antifascista que se vertebre a través de las Alianzas Obreras, y al que se sumen los grupos antifascistas de sectores populares. Lo que se defiende tras el estallido de la guerra y la correlación de fuerzas que ésta crea es, como es obvio, la defensa de una República contra la que se ha levantado el fascismo, pero que modificará su naturaleza, por la potencia adquirida por las organizaciones obreras y las transformaciones realizadas en el curso de la guerra, que se considera revolucionaria. El PSUC, podríamos decir, es un partido comunista con una estrategia de Frente Popular. Otra cosa será, como planteo en mi libro, la desviación gubernamentalista que el proyecto de democracia popular revolucionaria podrá crear a partir de mediados de 1937, cuando la guerra empieza a perderse con claridad.

—¿A qué te refieres exactamente al hablar de desviación gubernamentalista?

—El Partido Comunista defendió la idea de Frente Popular Antifascista como una estrategia que, a diferencia de lo proclamado por el PSOE y por Izquierda Republicana, no fuera simplemente un pacto electoral, sino un bloque cuya hegemonía debía corresponder a la clase más numerosa y cuya función histórica estuviera vinculada a la continuidad con la insurrección de 1934. Cuando se produjo la derrota del fascismo en lugares cruciales, los comunistas –que eran aún una fuerza minoritaria– aceptaron que la dirección política del proceso estuviera en manos de los republicanos y, más tarde, en el ámbito español, de los socialistas. Sin embargo, no renunciaron a las conquistas revolucionarias que ya se habían dado, y que fueron institucionalizadas con decretos como el de sindicación obligatoria o el de colectivizaciones. Creo, con todo, que a medida que la guerra empezó a ser desfavorable, en especial tras la pérdida del Norte, cuando la ayuda soviética comenzó a decrecer en la segunda mitad de 1937, al no poder competir técnicamente con el material alemán, se planteó básicamente ganar la guerra. Es decir, que hubo un desequilibrio en la ecuación guerra y revolución o, para decirlo en unos términos que superen este viejo debate, el PSUC –como el resto de las fuerzas republicanas y socialistas– empezó a considerar que los cambios debían realizarse desde el gobierno, creyendo que la imposición del orden exigía prescindir de las iniciativas de base, algo que es falso. Creo, además, que esta tendencia a considerar la gubernamentalización de la acción del partido como el objetivo a buscar, en esa lucha por el poder, es lo que acabaría provocando, incluso en la derrota del fascismo internacional, una tendencia a considerar que el área de acción de la izquierda revolucionaria debía priorizar las tareas de gobierno, ya fuera dentro de él o aspirando a regresar al mismo, tras la expulsión de los Partidos Comunistas de los gobiernos de Italia, Francia, Bélgica y Luxemburgo en 1947. Pero no creo que se trate de frenar la revolución económica –que estaba, en buena medida, realizada en los límites de lo aceptable por el Frente Popular–, sino de cómo lo que podía haber sido un doble espacio de acción pasa a ser, progresivamente, sólo uno.

—Volvamos a mayo del 37. Algunos historiadores han calificado la actuación de los comunistas de contrarrevolucionaria, y han visto la larga mano de Stalin detrás de la represión durante y después de la insurrección.

—Naturalmente, volver a mayo de 1937 significa haber establecido previamente cuáles son los análisis de las correlaciones de fuerzas, las estrategias y el carácter de cada una de las fuerzas en presencia. Sin ellas, lo que ocurre entre el 3 y el 7 de mayo carece de inteligibilidad, de la misma forma que no se comprende la actuación de los partidos antes de mayo y después del inicio de la guerra y lo que sucederá tras el fracaso del levantamiento contra el gobierno. Creo que hemos podido establecer que, con esta perspectiva, las motivaciones que llevan a la CNT-FAI y al POUM a participar en un movimiento contra el Consell de la Generalitat son distintas. Hemos podido establecer que las causas del movimiento no residen en la intervención de la Telefónica por las fuerzas de Orden Público –una expresión más adecuada que la de un asalto a manos del PSUC, considerando que la orden procede del Conseller de ERC responsable y, probablemente, del propio Companys–, no se refieren a una defensa de la revolución proletaria contra la reacción burguesa o estalinista. Por parte de la CNT, protagonista inicial del movimiento, se trataba de defender un ámbito de poder concreto en el mismo momento en que estaba discutiéndose qué hacer con los decretos de Orden Público que perjudicaban el margen de control social ejercido por los libertarios. Sólo por parte del POUM y de las Juventudes Libertarias ese acto de resistencia pudo convertirse en una primera fase desde la que poder asaltar el poder y establecer un gobierno de alianza entre libertarios y poumistas, estrategia que la dirección de la CNTFAI se negó a aceptar. El análisis de los acontecimientos realizado por la dirección del POUM después de aquella semana distribuye las responsabilidades entre la dirección de la CNTFAI y la del “reformismo” del PSUC. Si uno lee los editoriales de Mundo Obrero o Treball de aquellos días pueden verse las acusaciones dirigidas contra los encontrados y el “trotskismo”. Sin embargo, cuando vemos lo que dice El Socialista o La Humanitat, las condenas a la sublevación son similares, calificando de facciosos a sus inductores. No quiero ni podría negar que los mecanismos de poder dependientes de Stalin utilizaran la ocasión para descargar la represión sobre el POUM. Pero no ha podido demostrarse que los sucesos de mayo del 37 se prepararan por el estalinismo para poder hacerlo. Por el contrario, los documentos hallados por Angel Viñas muestran la sorpresa de los dirigentes españoles ante el levantamiento. Creo que, por otro lado, debe considerarse un contexto sin el que no entendemos el problema. Y es lo que era la URSS y la figura de Stalin para los trabajadores y antifascistas españoles en 1937, algo que nos resulta difícil de comprender en el 2007, pero que nos llevaría a un anacronismo si lo obviáramos. El mito de la URSS tenía la potencia suficiente como para penetrar incluso en sectores del socialismo y del republicanismo español y, sin duda, su posición en la guerra civil y la presencia de las Brigadas Internacionales había ayudado a incrementarlo. Una fuerza política cuya identidad se encontrara precisamente en la crítica al régimen imperante en la URSS, a su política interna y a la de la III Internacional podía encontrarse fácilmente aislada en el campo de la izquierda antifascista. Una cosa es el asesinato de Nin, que –según la hipótesis de Hellen Graham, que comparto aunque no estemos de acuerdo en la interpretación de los hechos de mayo, se debió mucho más a la fase soviética de la biografía de Nin que a la actuación del POUM– y otra el proceso abierto contra una fuerza que se había sublevado contra el régimen republicano en plena guerra civil, afirmando que deseaba su destrucción. En la represión del POUM, en la que hubo un proceso público, participaron fuerzas muy alejadas ideológicamente de los comunistas.

—Ya que has citado el asesinato de Nin efectuado por orden de Stalin, hablemos de otros asesinatos, éstos sí directamente ligados a los hechos de mayo, como los de Camillo Berneri y Francesco Barbieri.

—Creo que, al analizar los hechos de mayo debemos considerar dos elementos sin los que los hechos son una mera crónica de muertes anunciadas, inevitables, sin contexto de estrategias políticas y correlación de fuerzas alguno. Por un lado, se encuentra la necesidad de contrastar las posiciones políticas de cada fuerza con una claridad que ha sido ofuscada por la violencia y los crímenes. Decir, por ejemplo, que el POUM y la CNT no están en las mismas posiciones, y que el POUM no sólo está contra el Frente Popular, sino contra el régimen republicano, de cuya gestión no forma parte. Establecer cuál es la estrategia opuesta de socialistas, comunistas y republicanos. El antagonismo político que fue incapaz de crear un espacio de convivencia antifascista es el drama. La tragedia fue la liquidación física del adversario como resultado de una consideración política, que era la eliminación de las estrategias distintas a la propia. En este sentido, la muerte de los dos dirigentes anarquistas de los que hablas –cuya atribución aún no está clara del todo, por cierto, porque debería considerarse la intervención de los servicios secretos de Mussolini– es el resultado de lo que podía haber sido la muerte de Federica Montseny a manos de sectores anarquistas radicales o lo que fue el asesinato de Antoni Sesé, secretario general de la UGT, a manos de francotiradores de la FAI, cuando iba a tomar posesión de su cargo de conseller. Sin olvidar los importantes sucesos de La Fatarella, con enfrentamientos entre pequeños propietarios rurales y sectores libertarios, con muertos en ambos lados. Es decir, que la oleada de crímenes políticos, que no son un mero accidente de desorden callejero, es la prueba del nivel de confrontación al que se había llegado, pero que procedía de asesinatos políticos anteriores, como la muerte de Roldán Cortada a manos de la FAI en abril, de cuadros anarquistas en Puigcerdá y Bellver también en abril, el asesinato de Antonio López Raimundo en un control de carreteras a manos de la FAI… De lo que hablamos es de una progresiva incapacidad de convivir políticamente que lleva, como una aterradora consecuencia, a construir el arquetipo del contrarrevolucionario “objetivo”, que puede ser eliminado físicamente.

—¿Cómo se cerró –si es que realmente se cerró– la crisis? ¿La pacificación fue, como se ha dicho, el triunfo de la contrarrevolución e incluso la pérdida de la autonomía de Cataluña?

—La crisis difícilmente podía “cerrarse”, si por ello se entiende un acuerdo político de fondo. Esa divergencia de estrategias correspondía a formas tan distintas de entender el antifascismo e incluso la democracia y el socialismo, que era complicado que así fuera. Lo que debía establecerse era un mínimo común denominador, lo que había permitido luchar contra el fascismo hasta entonces en el mismo bando e incluso en el mismo gobierno. Lamentablemente, la confrontación que culminó en mayo de 1937 había llegado tan lejos como para que la desconfianza fuera insalvable, empezando por la que podía tener el gobierno republicano central con respecto a la propia capacidad de la Generalitat para mantener, sin una guerra civil de retaguardia, la lucha contra Franco. La lucha acabó con una negociación entre los dirigentes de la CNT y la FAI y el resto de fuerzas políticas catalanas. Solidaridad Obrera llamó a un gobierno sindical y, en todo caso, al levantamiento de las barricadas, mientras el PSUC, ERC y UGT hacían llamamientos similares a su militancia. Hubo, por tanto, un acuerdo en el que no participó directamente el POUM, cuya presencia no fue exigida por los libertarios, que podían haberlo hecho. Desde luego, un número considerable de la base cenetista no debió comprenderlo, pero la dirección que se había decidido por la colaboración y había recibido la confianza de la mayoría, sí. Por otro lado, el gobierno central, tras la caída de Largo Caballero, envió tropas que entraron en Barcelona gritando “UHP” (Uníos, hermanos proletarios; o Uníos, Hijos del proletariado), algo que demostraba que los sucesos de Cataluña se habían producido en el marco de la guerra civil española, algo que los cuadros del POUM, prácticamente inexistentes fuera de Cataluña, no desearon tener en cuenta en sus cálculos estratégicos, porque perdían cualquier capacidad de negociación e incluso de unidad revolucionaria con la CNT. Cataluña no fue invadida. Formaba parte de la República española, y las atribuciones en materia de Defensa y Orden Público habían sido obtenidas como resultado de la disolución del ejército en julio de 1936 y por la dispersión del poder estatal. Por otro lado, quienes habían combatido contra el POUM y la CNT en las jornadas de mayo eran también catalanes, del PSUC y de la UGT. Y ERC tuvo que contemplar como un efecto de aquel desafío a la República el proceso de centralización de poderes que siguió a los hechos. Desde el punto de vista nacionalista o independentista, podía considerarse que Cataluña perdía poder, pero no creo que ese punto de vista fuera el que estaba en las barricadas, ni en la militancia del PSUC-UGT ni en la del POUM, la CNT o la FAI, muy poco proclives a estos planteamientos. Finalmente, creo que no se inició la contrarrevolución –si hilamos tan fino, deberíamos colocar ese final en la reconstrucción de las instituciones en el verano de 1936, algo en lo que participan el POUM y la CNT–, sino que se mantienen las conquistas realizadas en un marco distinto, en el que la primacía de la guerra viene determinada por la aproximación del frente a Cataluña y el empeoramiento de las condiciones bélicas en la segunda mitad del año.

 

Entrevista  realizada por Miguel Riera para El Viejo Topo y publicada en junio de 2007

 

(Fotografía: sede blindada del POUM)

Trotsky: clase, partido y dirección ¿por qué ha sido vencido el proletariado español? (cuestiones de teoría marxista)

Este artículo está inacabado y ha sido reconstruido según las notas y los fragmentos encontrados en un dossier tras el asesinato de Trotsky en agosto de 1940. Fue publicado en New Internacional en diciembre de 1940. Lo ponemos a disposición de nuestros lectores por cuanto creemos que expone en profundidad el problema de la ausencia del partido revolucionario y su relación con la maduración de las masas. En Chile, la cuestión del “reflujo de masas” -que ha servido de taparrabos a muchos oportunistas de “izquierda”- transita por el tema abordado magistralmente por el revolucionario León Trotsky, teniendo como telón de fondo la derrota de la revolución española (EP). Seguir leyendo Trotsky: clase, partido y dirección ¿por qué ha sido vencido el proletariado español? (cuestiones de teoría marxista)

Andreu Nin: el proletariado español ante la revolución (1931)

por Andreu Nin//

I. LAS CAUSAS FUNDAMENTALES DE LA CRISIS ESPAÑOLA

Existe una tendencia, muy difundida, a considerar el 14 de abril de 1931, fecha de la proclamación de la República, como el coronamiento de una revolución que ha llegado a su fase definitiva. En realidad, el 14 de abril no ha sido más que una etapa (ciertamente importantísima) del proceso revolucionario que ya desde el siglo pasado se está desarrollando en nuestro país y que, empleando una frase de Karl Liebknecht, puede ser considerado como “un largo malestar”. Las etapas más importantes de este proceso han sido las guerras civiles, los alzamientos revolucionarios del siglo XIX, la aparición del movimiento nacionalista en Cataluña, la “semana trágica” de 1909, la tentativa de huelga general revolucionaria de 1911, la constitución de las Juntas de defensa, la revolución frustrada de 1917. Seguir leyendo Andreu Nin: el proletariado español ante la revolución (1931)

España: el PSOE, entre el inmovilismo y la alianza con Podemos

por Jaime Pastor//

La crisis del PSOE –de identidad, de proyecto y de liderazgo- sigue abierta. Como ya hemos analizado en otros artículos 1/, tiene rasgos comunes con la que afecta a la socialdemocracia europea, debida principalmente a los límites estructurales de las políticas social-liberales en el marco de la crisis sistémica y de la Unión Europea austeritaria y a la creciente pérdida de apoyos en su base social tradicional. A éstos se suman los que han ido debilitándole como pilar principal de un régimen en crisis, tanto en el plano social como en el nacional-territorial, convirtiéndole en un partido con una base social envejecida y concentrada principalmente en el sur, bajo el control de una nomenclatura que sigue aferrada a los intereses del régimen y el bloque de poder dominante. Un conjunto de factores a los que se añade otro que no se da con tanta fuerza en otros países: el ascenso de una coalición de fuerzas encabezada por Podemos que le sigue amenazando, pese a sus dificultades actuales, con superarle en votos y que ya gobierna con su apoyo en ayuntamientos emblemáticos de grandes ciudades.

Ahora, la convocatoria por el Comité Federal del PSOE de elecciones primarias para elegir Secretario/a General el 21 de mayo y del próximo Congreso los días 16 al 18 de junio marca la conversión en oficial de la mayor confrontación que vamos a ver en este partido desde el famoso Congreso de Suresnes de 1974. En realidad, esa batalla interna está abierta desde las elecciones de junio de 2016 y, sobre todo, desde el 1 de octubre pasado. Fue ése el funesto día en el que se produjo la defenestración programada como “operación de Estado” (en acertada definición de Pérez Tapias) contra Pedro Sánchez como Secretario General de este partido, con el fin de poder garantizar la investidura de Mariano Rajoy como presidente del gobierno mediante la abstención del grupo parlamentario socialista. Desde entonces, la hostilidad entre la nueva Gestora y un amplio sector de la militancia socialista no ha dejado de crecer.

Tres candidaturas, las de Susana Díaz, Patxi López y Pedro Sánchez, van a pugnar ahora por hacerse con el puesto número 1 del PSOE y su primera prueba de fuerzas va a estar en torno a quién consigue mayor número de avales, con la líder andaluza dispuesta ya a imponerse por goleada. Díaz cuenta para ello con el apoyo de la Gestora actual y de la mayoría de quienes han formado parte de la elite de este partido desde al menos 1982, mientras que Sánchez amenaza con el apoyo de la mayoría de la militancia y López con su esperanza en aparecer como el único capaz de recomponer la unidad interna y evitar el “choque de trenes”.

¿Habrá debate político?

Hasta ahora, sin embargo, poco debate de proyectos hemos podido ver, si bien el primero que intentó abrirlo fue Pedro Sánchez con un documento que, elaborado por un equipo en el que han participado desde ex “guerristas” hasta miembros de Izquierda Socialista, fue presentado en febrero con el lema “Por una nueva socialdemocracia”. En el mismo, y en los discursos que ha ido prodigando en mítines que han contado con una asistencia masiva, aparece una voluntad de conectar tímidamente con los nuevos vientos que corren en algunos partidos afines como el británico o el francés con la irrupción de Jeremy Corbyn y Benoit Hamon. Encontramos, por ejemplo, una crítica radical del rumbo que están tomando el capitalismo neoliberal y, con él, el conservadurismo del PP, junto con una apuesta por renovar un proyecto socialdemócrata que incluya principios como igualdad de género, sostenibilidad ecológica y democracia social. También es significativo, por ejemplo, que asuman explícitamente críticas como la del PIB como criterio de riqueza (apuntando, se supone, contra economistas como José Carlos Díez, coautor de la ponencia marco) y un mayor esfuerzo por reformular el concepto de trabajo, incluyendo el de cuidados.

En sus propuestas programáticas destacan algunas novedades como el reparto del trabajo asalariado, un salario mínimo de 1 000 euros, el debate sobre la Renta Básica Universal, o la reforma de la Constitución para blindar derechos y libertades, si bien se limitan a pedir la modificación del artículo 135 “para garantizar la estabilidad presupuestaria y la estabilidad social”. Sin embargo, poco nuevo respecto a la cuestión catalana: reivindicación de la Declaración de Granada de 2013 para avanzar hacia el “perfeccionamiento federal” del Estado autonómico, si bien en alguna entrevista Sánchez se ha atrevido a decir que reconocería a Catalunya como una “nación”. En el plano interno, destaca una defensa de los procesos “de abajo arriba” frente a los procedimientos de la Gestora (y del propio Sánchez en el pasado, cuando destituyó a Tomás Gómez como Secretario General del partido en la Comunidad de Madrid) e incluso una mención explícita a la necesidad de acabar con los aforamientos y las “puertas giratorias”.

¿Qué es lo que en realidad diferencia a este documento y a esta candidatura de las otras? En realidad, es la disposición a no considerar a Podemos como el principal adversario cuando expresa, por ejemplo, su rechazo a “entrar en colisiones frontales y sistémicas con otras formaciones de la izquierda ni mimetizarse con ellas”. La simple referencia implícita a una posible futura alianza con Podemos y las confluencias para llegar al gobierno del Estado echa chispas dentro del aparato del partido y convierte a Sánchez en el enemigo a abatir para quienes forman parte, como se dice en la introducción de este documento, de “una elite profesionalizada del partido”.

Posteriormente, hemos podido conocer el documento presentado por Patxi López (“Con Patxi ganamos tod@s”), prolijo en algunos puntos pero con una tesis muy clara, tal como la ha resumido él mismo: “Entre Hollande y Corbyn nos quedamos con Martin Schulz”, queriendo apuntarse a quien aparece como posible “caballo ganador”, si bien en un contexto muy distinto del español. López aspira así a “atraer a la centralidad política a la izquierda” y recuperar la deseada autonomía frente al PP y a Podemos. Una “tercera vía” que responde más bien a querer mantenerse en la ambigüedad respecto a la política de alianzas futura para poder así agrupar a un amplio espectro del partido que, sin embargo, parece cada vez más polarizado. Pese a ello, en el plano programático ha optado por colaborar en la ponencia marco recientemente aprobada por el Comité Federal este 1 de abril, con lo que difícilmente va a ganar credibilidad como alternativa a Díaz y a Sánchez, más allá de su vocación de ejercer de “casco azul”.

La ponencia marco oficial, pendiente todavía de las enmiendas que se puedan presentar en el Congreso, difícilmente puede ocultar su alineamiento con las tesis defendidas por la coalición de intereses agrupada en torno a Susana Díaz. Basta simplemente observar que comienza con una firme reivindicación del papel jugado a partir del 1 de octubre en “el desbloqueo institucional de nuestra democracia”, o sea, en permitir gobernar al PP de Rajoy. A partir de ahí y de la definición de la ultraderecha y “el populismo” como sus principales adversarios, se desliza una firme voluntad de rechazar “la deslegitimación populista de la Transición” 2/ y una reafirmación de “la democracia representativa como una forma óptima de democracia”, identificada ésta en realidad con el régimen actual, libre, eso sí, de lo que definen como “riesgos de corrupción”…

Será desde la firme defensa de ese régimen, con “ambición reformista” (sic), como el PSOE buscará recuperar a los votantes socialistas que votaron a otros partidos, siempre mediante la búsqueda del consenso y evitando la polarización de la sociedad. O sea, apostando por el deseado e imposible “centro” político. Respecto a la Unión Europea y a la globalización, si bien se reconoce que “el descontento social con la gestión de la crisis alimenta el populismo europeo”, se apunta una crítica moderada de una política económica considerada “errónea” y se incluyen propuestas repetidas muchas veces pero nunca llevadas a la práctica cuando han gobernado, como la Tasa Tobin o la eliminación de los paraísos fiscales. En cambio, su apología del libre comercio internacional les lleva a justificar su apoyo al CETA.

Empero, lo que más parece preocupar a la elite dirigente es la amenaza que supone la “democracia asamblearia” frente a la “representativa” (o sea, la de las “baronías” que ven su oligopolio amenazado por las bases): de ahí que pretendan acotar las consultas a la militancia en el futuro frente a la exigencia de obligatoriedad de consultar a la militancia los acuerdos de gobierno, como propone el documento de Sánchez.

¿”Gran Coalición” o confrontación con el PP y la austeridad neoliberal?

Con todo, más allá de las diferencias, en todos estos documentos es fácil comprobar rasgos comunes: una reivindicación acrítica del legado de la Transición y de los gobiernos socialistas (que lleva incluso a obviar no solo el papel pionero de Felipe González en los inicios de la onda larga neoliberal sino, más recientemente, el giro austeritario de Rodríguez Zapatero en mayo de 2010), junto con la de la tradición de la socialdemocracia europea (la de Bad Godesberg para adelante, claro); un cuestionamiento de algunas de las políticas de la Unión Europea, pero queriendo echar toda la responsabilidad de las mismas en la derecha conservadora y evitando cualquier mención a la crisis griega; un intento de puesta al día programática, haciendo los consiguientes guiños al ecologismo y al feminismo, sin por ello renunciar al fetichismo del “crecimiento económico”; y una defensa común, en fin, de la Declaración de Granada 3/ como respuesta al soberanismo catalán, así como un rechazo compartido a cualquier tentación de abrir un proceso constituyente.

En resumen, es en torno a la disyuntiva entre una u otra forma de “Gran Coalición” con el PP y Ciudadanos, por un lado, y la alianza con Podemos y las “confluencias” para hacer frente común contra el PP y la austeridad neoliberal, por otro, que va a girar el debate interno en los próximos meses. La nostalgia por la hegemonía en la izquierda convencional preside el discurso de una Susana Díaz empeñada en mantener la ilusión de extrapolar su liderazgo andaluz -ya debilitado y condicionado por el apoyo de Ciudadanos- a todo el Estado, mientras que Pedro Sánchez y su equipo dan por cerrada esa etapa y apuestan por mirar a su izquierda, conscientes además de que la dirección de Podemos también ha llegado a la conclusión de la difícil “pasokización” del PSOE.

Siendo conscientes de los límites en que se mueve esta confrontación –en realidad, los de la búsqueda de la mejor táctica para volver a ser “alternancia” del PP en el gobierno, asociados a su lucha por el poder y a su supervivencia respectiva como parte del régimen-, no por ello se puede ser indiferente a su desenlace. Porque, como bien demuestran el PP y la gran mayoría de los medios de comunicación, su apoyo innegable a Susana Díaz deja bien a las claras que lo que está en juego es la resolución en un sentido u otro de la crisis de gobernabilidad que afecta al régimen y, con ella, la posible agravación o no de la misma en los próximos tiempos 4/.

Por eso mismo deberíamos aprovechar este debate para, desde el respeto a la autonomía de este partido, abrir la oportunidad de, como se decía en el documento político de Podemos En Movimiento presentado en la Asamblea de Vistalegre II, “dialogar con toda esa gente que se referencia en el ‘socialismo’ por razones históricas o de identidad. Es fundamental que ese diálogo no se base en tratar de reproducir la socialdemocracia, sino en superarla en un horizonte de ruptura poscapitalista, dándole un cierto sentido de reconocimiento a aquéllos que se sienten socialistas de corazón, a sus esperanzas en un mundo más igualitario, permitiendo hacer balances críticos de manera conjunta”. Tarea, sin duda, inseparable del trabajo en común en los movimientos sociales y en los espacios públicos de lucha en los que podamos encontrarnos en los próximos meses.

Notas:

1/ Por ejemplo: “En la permanente crisis de la socialdemocracia”, Brais Fernández y Jaime Pastor, ctxt, 12/10/2016.

2/ Llama la atención, no obstante, que pese a esa reivindicación de la Transición, se mencione en esta Ponencia que a lo largo de la historia de este régimen ha habido “tres momentos dominados por la desafección” (p. 39), reconociendo que el primero fue el que se produjo a finales de los años 70 del pasado siglo, el “desencanto”, justamente frente a los frutos amargos de esa Transición “modélica”. ¿En qué quedamos?

3/ Para una crítica del contenido de esa Declaración me remito a mi artículo “Ni federalismo plurinacional ni derecho a decidir. A propósito del documento del PSOE”, viento sur, 09/07/2013. Disponible en www.vientosur.info/spip.php?article8144 .

4/ El calendario establecido permite, además, la hipótesis de que los resultados de las primarias puedan entrar en contradicción con el documento político que llegue a ser aprobado en el Congreso, con lo cual el conflicto de legitimidades estaría servido.

España: El cinismo del gobierno derechista del PP ante el desarme de la ETA

por David Rey//

La entrega incondicional por ETA de su arsenal de armas a un grupo de verificadores internacionales, anunciada para el 8 de abril, es un paso consecuente con su decisión manifestada hace más de 5 años de abandonar definitivamente la lucha armada. Con este acto, ETA y el conjunto de la izquierda abertzale insisten en reafirmar su voluntad de luchar por sus objetivos a través de medios puramente políticos.

Lo que llama la atención es que el gobierno del PP de Mariano Rajoy haya despreciado absolutamente los pasos dados por ETA desde hace 5 años, incluido este último, y se haya negado hasta la fecha a entablar ningún tipo de negociación o conversaciones con ella, o con representantes suyos, para encauzar un hecho tan relevante como es el fin definitivo de su actividad armada.

Esta situación contrasta vivamente con lo ocurrido en procesos similares en los últimos años en otras partes del mundo, donde los Estados se involucraron en negociaciones directas con los grupos armados (el IRA en Irlanda del Norte, las FARC en Colombia), para abordar el abandono de la lucha armada, la eliminación de su arsenal de armas, la reinserción en la vida civil de los activistas de dichos grupos y la situación de los presos. Esto es más llamativo aún cuando anteriores gobiernos del PP y del PSOE sí aceptaron sentarse y negociar con ETA años atrás, aun cuando esta organización ni siquiera había manifestado entonces su voluntad de renunciar definitiva e incondicionalmente a la actividad armada.

El gobierno español no sólo se ha negado a negociar con ETA su entrega de las armas, sino que la ha obstaculizado deliberadamente, en colaboración con el Estado francés. Así ocurrió, por ejemplo, con la detención en diciembre de 5 personas cerca de Bayona que estaban actuando como mediadores civiles para la entrega de armas que ahora se va a ejecutar.

El gobierno ni siquiera cumple la propia legalidad en el tema de los presos, negándose a su reagrupamiento en sus zonas de origen para facilitar el contacto con sus familiares, como está obligado, manteniendo a la gran mayoría de los presos de ETA en cárceles fuera de Euskadi y Navarra, obligando a sus familiares a desplazarse cientos y miles de kilómetros para poder visitarles, negando permisos y suspendiendo visitas con pretextos espurios. A lo largo de los años, 16 personas han fallecido en accidentes de tráfico cuando viajaban para visitar a sus familiares presos en las cárceles, según la organización Etxerat.

Los ardientes defensores de la retransmisión de la misa católica dominical en la TV pública, adalides de los supuestos valores cristianos de humanidad, reconciliación y perdón, no son solamente insensibles y vengativos ante la separación dolorosa de las familias respecto a sus familiares presos, demostrando con ello ser unos completos hipócritas en sus creencias religiosas, sino que incumplen flagrantemente la legalidad vigente, amparados por los tribunales españoles.

De esto se deduce que la derecha española (PP, Ciudadanos) no tiene el más mínimo interés en la resolución del llamado “conflicto vasco” y que espera seguir sacando réditos políticos de la actividad etarra del pasado con dos fines. El primero, mantener en un primer plano el tema del “terrorismo” para desviar la atención de la población de los verdaderos problemas sociales provocados por la crisis del capitalismo y por la propia acción reaccionaria del gobierno del PP. Y el segundo, mantener su base electoral de apoyo entre las capas más atrasadas políticamente de la población, explotando y exacerbando demagógicamente el tema de las víctimas de ETA.

En esta estrategia de mantener “vivo” el tema de ETA también colaboran sectores importantes del aparato del Estado, fundamentalmente de los cuerpos policiales y de los servicios secretos, el actual CNI. La actividad etarra siempre fue utilizada, no sólo para incrementar la represión general y endurecer el código penal tan caro a la derecha española, sino para justificar la impunidad policial, los privilegios especiales para los altos mandos policiales, y la existencia de fondos reservados que escapan a todo control y con los que se han lucrado en oscuros negocios durante décadas numerosos mandos de la policía y la guardia civil (casos Perote, Roldán, Paesa, Villarejo, por nombrar algunos de los más conocidos).

El régimen del 78 no es sólo un régimen reaccionario y caduco al que es preciso superar, sino que es el régimen del doble rasero y de la hipocresía. Quienes, en la derecha, se muestran duros y vengativos en el tema de las víctimas de ETA, son los mismos que nunca condenaron el alzamiento fascista de Franco de 1936 ni el asesinato de las cientos de miles de personas causado por la represión posterior a lo largo de 40 años. No sólo no han sido juzgados ni han purgado sus crímenes los representantes políticos de la dictadura ni de su aparato de estado, sino que notorios ministros de Franco –como Fraga, Fernando Suárez, o Antonio Carro, entre otros– con las manos manchadas de sangre por firmar penas de muerte en los gobiernos del dictador, fueron diputados del PP en la “democracia”. No por casualidad, ETA nació en plena dictadura franquista y se nutrió en su primera década y media de existencia de los crímenes sangrientos del franquismo y de la represión practicada contra el pueblo vasco en los primeros años de la Transición. Todos los medios de comunicación destacan la cifra de las 800 víctimas causadas por ETA, pero ocultan que hubo 188 asesinados durante la Transición (obreros, estudiantes, nacionalistas vascos de izquierdas) en lo que fue una práctica de terrorismo de Estado a manos de la policía, la Guardia Civil y los pistoleros fascistas, entre 1976 y 1982. Muy pocos de sus asesinos fueron juzgados y condenados, y la mayoría de ellos a penas irrisorias. Otro tanto pasó con el terrorismo de Estado practicado por los GAL, bajo los gobiernos de Felipe González, que cometieron 24 asesinatos; por no hablar de los centenares casos de tortura a los detenidos (incluyendo violaciones y abusos sexuales) del entorno de la izquierda abertzale.

Esta política represiva continúa hasta el día de hoy, con torturas, ilegalización de organizaciones políticas y de solidaridad de la izquierda abertzale, cierre de medios de comunicación, etc. y que obliga a muchos jóvenes y activistas abertzales a vivir en condiciones de clandestinidad.

No solamente en Euskadi y Navarra. En los últimos años, los amantes de la democracia y la convivencia en paz en el gobierno del PP se han destacado por cercenar los derechos democráticos duramente conquistados con la criminalización generalizada en todo el Estado de todos aquellos que deciden luchar contra las lacras de este sistema o de quienes, desde posiciones de izquierdas, hacen canciones, chistes y comentarios en las redes sociales. Y se amparan para ello en la Ley Mordaza y las leyes antiterroristas aprobadas en años anteriores. Mientras, destacados dirigentes del PP, periodistas reaccionarios y fascistas pueden permitirse en los medios y en las mismas redes sociales proferir los insultos, amenazas y calumnias más depravados contra dirigentes de izquierdas y las víctimas de la represión franquista sin persecución alguna por la policía.

Lo más sangrante es que el viejo aparato de estado franquista se mantuvo intacto hasta nuestros días. Nunca fue purgado de fascistas y reaccionarios. Al frente del mismo siguieron los mismos jefes policiales y del ejército, los mismos torturadores y miembros de los servicios secretos, los mismos jueces y fiscales franquistas. Lo lamentable de todo esto es que los dirigentes del PSOE y del PCE tras la caída de la dictadura nunca levantaron la voz para exigir esa depuración, convirtiéndose en cómplices de este hecho, de la misma manera que fueron cómplices de la derecha postfranquista en la política de impunidad hacia los crímenes del franquismo y de la Transición.

La entrega incondicional por parte de ETA de todo su arsenal es también la constatación final del fracaso de los métodos de la llamada “lucha armada”, practicada durante 50 años por esta organización, sin haber conseguido –como en el caso del IRA en Irlanda del Norte– ni uno solo de sus objetivos. Es más, los métodos de ETA se han demostrado contraproducentes ya que han sido utilizados por los sucesivos gobiernos y el aparato del Estado para fortalecer ese mismo aparato del Estado, endurecer la represión y restringir los derechos democráticos contra todos (endurecimiento del código penal, restricciones al derecho a manifestación y a la libertad de expresión, ilegalización arbitraria de partidos políticos, cierre de medios de comunicación, etc.). La actividad armada de ETA jugó durante décadas un papel pernicioso en mellar las extraordinarias luchas del pueblo vasco por sus derechos democrático-nacionales, favoreciendo la estrategia de la reacción de introducir todo tipo de prejuicios nacionales y moralistas para aislar la lucha del pueblo vasco de sus hermanos de clase en el resto del estado. De hecho, la desaparición de la actividad armada de ETA y el avance de la lucha de masas –como se ha demostrado en Catalunya– era la precondición básica para que la defensa de los derechos democrático-nacionales de Euskadi, Catalunya y Galicia –como el derecho de autodeterminación– pudiera encontrar un eco favorable creciente entre la clase obrera y la juventud del resto del Estado español, como está sucediendo, tras ser demonizada durante décadas.

Celebramos que ETA y el conjunto de la izquierda abertzale apuesten por la vía política para luchar por sus objetivos, como muy claramente ha defendido el dirigente de EH Bildu, Arnaldo Otegi. Desde nuestro punto de vista, esa vía política debe estar basada en los métodos de la lucha y la agitación política de masas, las manifestaciones, las huelgas y, en un punto más elevado, a través de un movimiento revolucionario de masas. Sería un error encauzar la acción política a través de los métodos reformistas clásicos del cretinismo parlamentario, enclaustrando el programa político dentro de los límites del capitalismo, o mendigando un frente común con la burguesía vasca, siempre dispuesta a traicionar el movimiento ante la burguesía española para defender sus negocios e intereses de clase, como estamos viendo en relación al gobierno del PP, y como ha probado recientemente el apoyo del PNV al infame decreto del PP contra los estibadores, que incluye a los estibadores vascos.

La clase obrera y la juventud vasca han estado siempre a la vanguardia de las luchas y de la conciencia política en el Estado español, en los últimos 40 años. En el País Vasco fue donde la lucha contra la dictadura y durante la Transición llegó más lejos. Fueron Euskadi y Navarra los territorios del Estado español donde el voto favorable a la Constitución de 1978 tuvo el menor apoyo popular, y donde se produjo el mayor rechazo popular al ingreso en la OTAN en el referéndum de marzo de 1986. No es casualidad tampoco que en las elecciones legislativas del 20D y del 26J, Podemos y Unidos Podemos obtuvieran aquí su mayor porcentaje de votos de todo el Estado y resultaran, en el caso de Euskadi, las fuerzas más votadas.

La lucha por los derechos democrático-nacionales es inseparable de la lucha por el socialismo. Sólo la clase obrera está en condiciones de llevar hasta el final la lucha contra todo tipo de explotación y opresión, y en asegurar la plena satisfacción de los derechos democráticos más avanzados, comenzando por el derecho del pueblo vasco a decidir por sí mismo qué relación quiere mantener con los demás pueblos del Estado español, incluido el derecho a formar un estado independiente.

Para conseguir esto, juntos en la lucha somos más fuertes. De lo que se trata es de afianzar la unidad en la lucha de la clase obrera y de la juventud vasca con sus hermanos de clase del resto del Estado para derrotar a nuestro enemigo común, el capitalismo y sus sostenedoras –las burguesías española y vasca– para avanzar hacia el socialismo y resolver definitivamente la cuestión nacional vasca.

Miguel Hernández en la Guerra

La valentía, la hombría de bien y el ejemplo moral de Miguel Hernández durante la guerra, y luego en las infectas cárceles franquistas, adquieren con el paso de los años categoría de auténtica heroicidad

Recordemos que el acercamiento del poeta al comunismo se había producido en 1935, cuando tenía veinticinco años, bajo la influencia de Rafael Alberti, María Teresa León, el argentino Raúl González Tuñón, Pablo Neruda y la amante de éste, Delia del Carril. Supuso para su vida y para su obra un cambio de dirección decisivo.

El 23 de septiembre de 1936 Hernández se alista en el Quinto Regimiento. No quiere ser un intelectual de retaguardia, dar recitales y arengas en el frente y volver por la noche a casa. Quiere luchar, con el fusil y con la pluma, al lado de su pueblo. Será fiel al compromiso a lo largo de toda la guerra, primero defendiendo a Madrid, luego combatiendo en otros escenarios de la contienda. A aquel Hernández habría que considerarlo sobre todo agitador y animador. Así lo demuestran sus prosas de urgencia, dirigidas a sus compañeros en armas. En ellas su compromiso político quedaba explícito. En «Para ganar la guerra», por ejemplo, donde pide castigo para los que, «faltos de austeridad, pretenden establecer una nueva burguesía, viciar y deshonrar con preferencias y halagos la moral de sencillez y hombría que impone el comunismo». A veces firma con seudónimo, para no herir la sensibilidad de los suyos. Es el caso de «Compañeras de nuestros días», donde evoca los sufrimientos de su humilde madre campesina, víctima toda la vida «del régimen esclavizador de la criatura femenina».

En 1937 asiste en Valencia al II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. Allí saluda con emoción a un Antonio Machado ya muy envejecido y conoce a Nicolás Guillén, que le evocó así unos meses después: «La voz cortante y recia; la piel tostada por el férreo sol levantino. Todo ello sepultado en unos pantalones de pana ya muy trabajada y unas espardeñas de flamante soga […] Este cantor de las trincheras, este hombre salido de la más profunda entraña popular, produce, en efecto, una impresión enérgica y simple».

Aquel septiembre estuvo invitado en Moscú. Cuando volvió a España sus amigos notaron que algo había cambiado. Y es que lo visto y oído en Rusia le había hecho reflexionar críticamente sobre la realidad del sistema soviético, al margen de idealismos y buenas intenciones. Parece que ya intuía que el estalinismo tenía un lado oscuro.

Por estas fechas está en la calle —y en las trincheras— Viento del pueblo. Poesía en la guerra, testimonio irrefutable de su compromiso político.

Cuando llegan los últimos meses de la guerra se está imprimiendo en Valencia un nuevo poemario, El hombre acecha, violenta condena de los vesánicos responsables de la ola de sangre que inunda España, en primer lugar Franco y Queipo de Llano. La edición fue destruida por los nacionales al tomar la ciudad, pero por suerte el original estaba a salvo.

Hernández está en Madrid cuando se produce el golpe de Casado. Algunos amigos le aconsejan que huya del país, para ponerse a resguardo tanto de los anticomunistas como, si triunfan, de los fascistas. Pero la única e ingenua preocupación del poeta es volver al lado de su mujer y su hijo, allí en Alicante. Y así lo hace.

El resto se puede contar en pocas palabras. La huida a Portugal, donde, detenido por la policía, es devuelto en la frontera, donde le muelen a palos. La conmuta de la pena de muerte por la de treinta años (Franco no quería otro Lorca). Los terribles tres años en distintas cárceles, sin una sola visita de su padre. La tuberculosis no tratada que se lo lleva el 28 de marzo de 1942.

Fue uno de los grandes de la lírica española contemporánea. Y un estoico de extraordinaria entereza que, para conseguir su liberación, se negó tercamente a entonar la palinodia. Estamos en vísperas del centenario de su nacimiento. Como poeta y como ser humano es hora ya de honrarle como se merece.

(de “Cuatro poetas en guerra”)

 

(Fotografía: Hernández en el frente de Extremadura)

Lo que los medios no dicen sobre las causas del Brexit

Vicenç Navarro


Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra

 

No hay pleno conocimiento y conciencia en las estructuras de poder político y mediático (que en terminología anglosajona se llama el establishment político-mediático) que gobiernan las instituciones de la Unión Europea, así como las que gobiernan en la mayoría de países que constituyen tal Unión, de lo que ha estado ocurriendo en la UE y las consecuencias que las políticas propuestas e impuestas por tales establishments han estado teniendo en las clases populares de los países miembros. Durante estos años, después del establecimiento de la Unión, se ha ido germinando un descontento entre estas clases populares (es decir, entre las clases trabajadoras y las clases medias de renta media y baja) que aparece constantemente y que amenaza la viabilidad de la UE.

 

El rechazo de las clases populares a la UE

Indicadores de tal descontento han aparecido ya en muchas ocasiones. Una de las primeras fue el resultado del referéndum que se realizó en varios países de la UE que, por mandato constitucional, tenían que hacer para poder aprobar la Constitución europea. En todos los países donde se realizó el referéndum, la clase trabajadora votó en contra. Los datos son claros y contundentes. En Francia, votaron en contra el 79% de trabajadores manuales, el 67% de los trabajadores en servicios y el 98% de los trabajadores sindicalizados; en Holanda, el 68% de los trabajadores; y en Luxemburgo, el 69%. Incluso en los países en los que no hubo referéndum, las encuestas señalaban que, por ejemplo en Alemania, el 68% de los trabajadores manuales y el 57% de los trabajadores en servicios hubieran votado en contra. Unos porcentajes parecidos se dieron también en Suecia, donde el 74% de los trabajadores manuales y el 54% de los trabajadores en servicios también hubieran votado en contra. Y lo mismo ocurrió en Dinamarca, donde el 72% de los trabajadores manuales hubieran también votado en contra.

 

El rechazo a la UE por parte de la clase trabajadora ha ido aumentando

Otro dato que muestra tal rechazo fue el surgimiento de partidos que explícitamente rechazaron la Unión Europea, partidos cuya base electoral fue precisamente la clase obrera y otros segmentos de las clases populares que antes, históricamente, habían votado a partidos de izquierdas, siendo el caso más conocido (pero no el único) el del partido liderado por Le Pen y que, según las encuestas, podría ganar las próximas elecciones en Francia. En realidad, la identificación de los partidos de izquierda tradicionales con la Unión Europea (y con las políticas neoliberales promovidas por el establishment de tal Unión) ha sido una de las mayores causas del enorme bajón electoral de estos partidos en la UE (y, muy en particular, entre las bases electorales que les habían sido más fieles, es decir, entre las clases trabajadoras). Para que baste un ejemplo, en Francia, si la mitad de los votos (predominantemente de la clase trabajadora) que habían apoyado al partido de Le Pen hubieran sido para la candidata socialista Ségolène Royal, ésta hubiera sido elegida Presidenta de Francia. En paralelo con la pérdida de apoyo electoral, los partidos socialdemócratas en la UE perdieron también gran número de sus militantes. El caso más dramático fue el del Partido socialdemócrata alemán que, junto con la pérdida de apoyo electoral, perdió casi la mitad de sus militantes, de 400.000 en 1997 a 280.000 miembros en 2008.

 

La evidencia es pues abrumadora que la identificación de tales partidos de izquierda (la mayoría de los cuales han sido partidos gobernantes socialdemócratas que han jugado un papel clave en el desarrollo de las políticas públicas promovidas por la UE) con la Unión ha sido una de las principales causas de su enorme deterioro electoral y de la pérdida de su militancia.

 

El rechazo a la UE ha ido aumentando más y más entre las clases populares, a la vez que ha ido aumentado el apoyo entre las clases más pudientes

Por desgracia, las encuestas creíbles y fiables sobre la UE (que son la minoría, pues la gran mayoría están realizadas o financiadas por organismos de la UE o financiadas por instituciones próximas) no recogen los datos de la opinión popular sobre la UE según la clase social. Sí que los recogen por país, y lo que aparece claramente en estas encuestas es que la popularidad de la UE está bajando en picado. Según la encuesta de la Pew Research Center, las personas que tienen una visión favorable de la UE ha bajado en la gran mayoría de los 10 mayores países de la UE (excepto en Polonia). Este descenso, desde 2004 a 2016, ha sido menor en Alemania (de un 58% a un 50%) pero mayor en Francia (de un 78% a un 38%), en España (de un 80% a un 47%). Grecia es el país que tiene un porcentaje menor de opiniones favorables a la UE (un 27%).

Ahora bien, aunque raramente se recoge información por clase social, sí que se ha recogido el distinto grado de popularidad que la UE tiene según el nivel de renta familiar. Y, allí, los datos muestran que hay un gradiente, de manera que a mayor renda familiar, mayor es el apoyo a la UE. Es razonable, pues, suponer que la parte de la población que tiene una visión más desfavorable de la UE es la clase trabajadora y otros componentes de las clases populares.

 

Y lo que también aparece claro en varias encuestas es que una de las mayores causas de tal rechazo es la percepción que las clases populares tienen del impacto negativo que tiene, sobre su bienestar, la aplicación de las políticas propuestas por el establishment político-mediático de la UE. Esta percepción es mucho más negativa entre las clases populares (clase trabajadora y clases medias, de renda media y baja) que no entre las clases más pudientes. En realidad, el rechazo, siempre especialmente agudo entre las clases populares, es claramente mayoritario entre la gran mayoría de la población. Ahí vemos que, según la encuesta Pew, el 92% de la población en Grecia desaprueba la manera como la UE ha gestionado la crisis existente en Europa; tal porcentaje es de 68% en Italia, el 66% en Francia y el 65% en España, países donde precisamente el descenso del porcentaje de población con la opinión favorable de la UE ha sido mayor.

 

Este rechazo a la UE existe también entre la clase trabajadora del Reino Unido

Es en este contexto descrito en la sección anterior, que debe entenderse el rechazo de las clases populares del Reino Unido, rechazo que ha ido claramente acentuándose en los barrios obreros de aquel país, y muy en especial en Inglaterra y el País de Gales. El voto de rechazo a la permanencia en la UE procede en su mayoría de las clases populares. Y ha sido un voto no solo anti-UE pero también (y sobre todo) un voto anti-establishment británico y, muy en particular, anti-establishment inglés, siendo este último el centro del establishment británico, pues concentra los mayores centros financieros y económicos del país. El establishment británico y el establishment de la UE habían movilizado todo tipo de presiones (por tierra, mar y aire) a fin de que el referéndum fuera favorable a la pertenencia. De esta manera, es un claro signo de afirmación y poder que las clases populares se opusieran y ganaran al establishment. Por otra parte, los datos mostraban que lo que ha ocurrido, iba a ocurrir. La popularidad de la UE en el Reino Unido pasó de ser un 54% (ya uno de los más bajos de la UE) en 2004 a un 44% en 2016 (según Pew). En realidad, el Reino Unido es el país donde el porcentaje de población opuesta a dar mayor poder a la UE es mayor (65%) después de Grecia (68%) Y, según otras encuestas, el sector menos entusiasta con la UE eran las clases populares, que gradualmente han ido transfiriendo su apoyo electoral del Partido Laborista al partido UKIP (el partido anti EU).

 

La supuesta excepcionalidad de España

Es un dicho común en los mayores medios de comunicación que España es uno de los países más pro-EU, lo cual es cierto, pero solo en parte (lo mismo era cierto con Grecia). Es lógico que Europa, percibida durante muchos años como el continente punto de referencia para las fuerzas democráticas, por su condición democrática y su sensibilidad social, se convirtiera en el “modelo” a seguir por países como España, Portugal y Grecia, que sufrieron durante muchos años dictaduras de la ultraderecha, seriamente represivas y con escasísima conciencia social. Para los que luchamos contra la dictadura, Europa Occidental era un sueño a alcanzar.

 

Pero, debido al control o excesiva influencia del pensamiento neoliberal en el establishment político mediático de la UE (muy próximo al capital financiero y al capital exportador alemán, que ha estado configurando las políticas públicas neoliberales que los establishment político-mediáticos de cada país de la UE han hecho suyas), este sueño se ha convertido en una pesadilla para las clases populares, particularmente dañadas por tales políticas neoliberales. Las reformas laborales que han dañado el estándar de vida de estas clases y los recortes de gasto público, con el  debilitamiento de la protección social y del estado del bienestar, así como la desregulación en la movilidad del capital y del trabajo, han sido un ataque frontal a la democracia y al bienestar de las clases trabajadoras, realidad muy bien documentada (ver mi libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante, Anagrama, 2015). La pérdida de soberanía nacional que conlleva la UE ha significado la pérdida de soberanía popular, causa del deterioro de su bienestar. La evidencia de que ello es así es contundente, clara y convincente. Es más que obvio que esta Europa no es la Europa de los pueblos, sino la Europa de las empresas financieras y de los grandes conglomerados económicos.

 

¡No es chauvinismo lo que causa el rechazo a la UE!

Ante esta situación, el establishment político-mediático europeo quiere presentar este rechazo como consecuencia de un retraso cultural de las clases populares, todavía estancadas en un nacionalismo retrógrado, que incluye un chauvinismo anti-inmigrante que merece ser denunciado. John Carlin, en el El País, 24.06.16, define este rechazo (Brexit) como resultado “de la mezquindad, ignorancia, carácter retrógrado, xenofobia y tribal” de los que votaron en contra de la permanencia. Y así se está interpretando, por parte de la mayoría de los medios de comunicación europeos, el voto de rechazo a la UE por parte de las clases populares británicas. Este mensaje intenta ocultar las causas reales de tal rechazo, causas que he descrito en este artículo. Olvidan que, si bien todos los xenófobos votaron a favor de la salida del Reino Unido de la UE, no todos los que así votaron eran xenófobos.

 

En esta manipulación están participando poderes de la socialdemocracia europea que no han entendido todavía lo que está ocurriendo entre lo que solían ser sus bases. No quieren entender que el rechazo que está ocurriendo es hacia esta Europa que la socialdemocracia ha contribuido a crear, una Europa que carece de vocación democrática y sensibilidad social. El maridaje de los aparatos dirigentes de las socialdemocracias con los intereses financieros y económicos dominantes en la UE (y en cada país miembro) ha sido la causa de su gran declive, que todavía no entienden porque no quieren entenderlo. Lo que pasa en Francia, dónde hay un gobierno socialdemócrata que está intentando destruir a los sindicatos (como la señora Thatcher hizo en el Reino Unido), o en España, dónde el PSOE fue el que inició las políticas de austeridad, son indicadores de esta falta de comprensión de lo que está ocurriendo en la UE, y que es el fracaso de las izquierdas para atender a las necesidades de las clases populares. De ahí la transferencia de lealtades que están ocurriendo, en lo que refiere a los partidos.

 

Es lógico y predecible que las políticas neoliberales y los partidos que las aplican sean rechazados por las clases populares, pues son éstas las que sufren más cada una de estas políticas, incluyendo la desregulación de la movilidad de capitales y del trabajo. Regiones enteras en el Reino Unido han sido devastadas, siendo sus industrias trasladadas al este de Europa, creando un gran desempleo en las regiones. Y la desregulación del mundo del trabajo, acompañada de la dilución, cuando no destrucción, de la protección social, ha creado una gran inestabilidad  y falta de seguridad laboral. En realidad, fueron las políticas del gobierno Blair y del gobierno Brown (1997-2010) las que sentaron las bases para este rechazo generalizado hacia la UE. Tales gobiernos de la Tercera Vía facilitaron la llegada de inmigrantes a los que los empresarios contrataron con salarios más bajos. Y así se inició el desapego con la Unión Europea (ver “Don’t blame Corbyn if Brexit wins”, Denis McShane).

 

En España, frente al descrédito del partido socialdemócrata (PSOE) debido, entre otras razones a su participación en la construcción de esta Europa, han aparecido una serie de fuerzas políticas, tanto en la periferia como en el centro (Unidos Podemos y confluencias), que están canalizando este desencanto popular acentuando, con razón, que esta no es tampoco nuestra Europa, y que se requieren cambios profundos para recuperar la Europa democrática y social a la que aspiramos y que debe construirse. Así de claro

 

(Fotografía, Bertrand Bigo)

¿Qué hay detrás de la “conferencia antifascista” de Podemos en España?

por Alejandro López

 
En medio de las protestas internacionales contra las políticas migratorias del “América primero” de la nueva administración de Trump, y las llamadas de defender Estados Unidos contra “los estragos de otros países”, el partido seudoizquierdista español Podemos está pidiendo una conferencia internacional antifascista .
Detrás de ésta apelación está el intento de bloquear la aparición de un movimiento independiente de la clase obrera y la juventud, y canalizar el sentimiento anti-Trump detrás de las facciones defensoras de la Unión Europea (UE) de la burguesía española.

Al igual que sus homólogos europeos, la burguesía española está dividida sobre cómo reaccionar ante el régimen de Trump. Su elección marca el final definitivo del papel que jugó Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial como ancla de la integración europea y garante, a través de la OTAN, de los intereses imperialistas de Europa. Trump ha declarado a la UE un rival económico liderado por Alemania ante Estados Unidos y ha predicho que otros países se marcharían y seguirían el liderazgo del Reino Unido.

Tales sentimientos ya son expresados por Marine Le Pen del Frente Nacional, pronosticada para ganar la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas en abril. Por otra parte, en Holanda el Partido de la Libertad de Geert Wilders lidera las encuestas con un 31 por ciento para las próximas elecciones parlamentarias de marzo, con un discurso similar al del Frente Nacional.

Sin embargo, Podemos no ofrece ninguna alternativa al surgimiento de la derecha nacionalista. De hecho, Podemos lo facilita.

Las dos principales facciones que compiten por el poder en Podemos en el congreso del partido de este fin de semana -la facción mayoritaria encabezada por el secretario general Pablo Iglesias y el ala Errejonista dirigida por el portavoz de Podemos en el parlamento y secretario de Política y Área de Estrategia y Campaña de Podemos, Íñigo Errejón- apoyan la convocatoria de una “conferencia antifascista”. Además, se ha apuntado la facción Anticapitalistas de Podemos encabezada por Miguel Urbán y Teresa Rodríguez.

La convocatoria se hará “contra la austeridad, el auge de la extrema derecha y por una revolución democrática en Europa”. Su objetivo es contrarrestar “un auge del racismo y el autoritarismo”, la “islamofobia” y una gestión “racista e insolidaria” de las instituciones europeas ante la llegada de refugiados. Del mismo modo, Trump es criticado por “reforzar el racismo”. En respuesta, Podemos pide una solución doble: primero, evitar que las personas se sientan atraídas por el populismo derechista y, en segundo lugar, formar un “nuevo bloque histórico” que sirva de “parapeto” contra el surgimiento del nacionalismo de extrema derecha.

El postureo de Podemos como oponente al nacionalismo de extrema derecha es un fraude político. Si la extrema derecha ha podido crecer es precisamente porque las fuerzas seudoizquierdistas como Podemos han buscado alianzas con los partidos socialdemócratas, o como en el caso de Syriza en Grecia, han formado directamente gobiernos, todos comprometidos con la austeridad. Esto ha permitido a las fuerzas de extrema derecha explotar el descontento social y alzarse como una oposición al poder establecido.

Podemos mismo ha legitimado la integración de las fuerzas de extrema derecha en la política burguesa europea dominante al alabar el nacionalismo como progresista y buscar reclutar a grandes sectores del cuerpo de oficiales del ejército español en sus filas. Su “nuevo bloque histórico” es un término consignado a encubrir el desarrollo de vínculos más profundos con otros partidos burgueses con el pretexto de una lucha contra la extrema derecha.
Esto se puso de manifiesto recientemente en la edición de diciembre de la revista mensual La Marea dedicada a “Antídotos de izquierdas contra el neofascismo” y que contenía entrevistas con una docena de líderes de la seudoizquierda

Pablo Iglesias, al ser preguntado por defensa del patriotismo por parte de Podemos, respondió que lo defendía “absolutamente”. Explicó que “la desgracia de perder una Guerra civil” quería decir que “ciertos significantes”, una referencia a las palabras como “España o patria”, quedaron “en manos del adversario político”. Preguntado si ante el auge de la extrema derecha no sería necesario una estrategia internacional, Iglesias respondió negativamente, declarando que “choca con la desgracia de que los escenarios políticos son de tipo nacional-estatal” – la fundación de la política reaccionaria de Podemos.

A Alberto Garzón, líder de los estalinistas de Izquierda Unida que son aliados parlamentarios de Podemos, cuando se le preguntó sobre el proteccionismo de Trump declaró abiertamente que “las propuestas económicas de Trump u otros partidos de extrema derecha, a veces, no difieren tanto de la izquierda nuestra”.

Igual de rotundo se mostró Iñigo Errejón, un defensor del “populismo de izquierdas”. Preguntado acerca de la posibilidad de que Podemos podría asimilar partes del discurso antiestablishment de la extrema derecha, Errejón respondió que los neofascistas y Podemos ocupan el mismo “espacio”.

Dijo que “la diferencia entre un populismo abierto y democrático o un populismo reaccionario es quién es el enemigo. La cosa es quién dote de sentido o quién construya esa comunidad nacional. Es verdad que el PP ha tapado los huecos del franquismo sociológico, el de la posibilidad de un pueblo construido contra los débiles, el de un populismo fascista, creo que lo tapamos nosotros”.

Otra entrevistada no fue otra que Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona y líder de Barcelona en Comú, un aliado político de Podemos, famosa por ordenar a la policía de la ciudad condal a perseguir vendedores ambulantes y su oposición a una huelga de trabajadores del metro. Al imponer un “servicio mínimo”, aseguró la derrota de la huelga.
Podemos no tiene intención ninguna de montar una lucha seria contra la extrema derecha, en España o en otros lugares. Más bien, pretende bloquear la oposición social a través de la contención, desviación, y finalmente, la dispersión de cualquier movimiento de la clase trabajadora en favor de los interese de clase de su base social de apoyo: la clase media alta.

El valor de Podemos para la clase dominante se expresa en el apoyo mediático que ha recibido su campaña de “vuelta a las calles” coordinada con la burocracia sindical, que consiste en escenificar bajo el foco de los medios de comunicación su apoyo a las huelgas. Los medios de comunicación retratan estas acciones como de oposición con el fin de desviar la creciente ira social detrás de la perspectiva nacionalista y decadente de Podemos.

La conferencia “antifascista” es la última manifestación de estas políticas. Fue propuesto por primera vez por los pablistas de Anticapitalistas y su líder Miguel Urbán, según la página web favorable a Podemos, cuartopoder.es: “La intención de Urbán es poder contar en Madrid con políticos de relevancia como el británico Jeremy Corbyn o el estadounidense Bernie Sanders, además de representantes de la izquierda europea, que está haciendo frente al avance de la extrema derecha.”

Sin embargo, tan pronto como la tinta se secó sobre las propuestas para la conferencia de Urbán, los dos principales “políticos relevantes” mostraron su verdadero rostro.

Bernie Sanders declaró que “Si el Presidente Trump se toma en serio una nueva política para ayudar a los trabajadores estadounidenses, estaría encantado de trabajar con él”. Después aprobó la designación del General James “Perro Loco” Mattis como secretario de Defensa de Trump, el mismo hombre que lideró el sangriento asalto a Fallujah en 2004, reduciendo la ciudad a escombros y matando a miles de civiles.

En cuanto a Jeremy Corbyn, recientemente dejó de lado su oposición a los controles migratorios, declarando que “el trabajo no está ligado a la libertad de movimiento de los ciudadanos de la UE como punto de principio” en las conversaciones de Brexit. Esto no es sino el último paso en su capitulación ante el ala derecha del Partido Laborista, que incluye la colocación de los belicistas blairistas en su primer gabinete a la sombra, la libertad de voto a los diputados laboristas en apoyo a los bombardeos contra Siria, la renovación del programa de armas nucleares Trident y el abandono de su oposición de toda la vida -basada en un programa de nacionalismo económico- a la UE.

La idea pablista de una conferencia antifascista desapareció y sólo se resucitó casi un mes más tarde, justo cuando surgían divisiones en la clase dominante española sobre la mejor forma de preservar y promover sus intereses nacionales. El principal dilema de España es si sumarse a Alemania y Francia en defensa de la UE, o con Estados Unidos, con la esperanza de convertirse en el nuevo socio estratégico de Washington en Europa.

Podemos ha intervenido, al menos por ahora, para defender a la facción de la UE. En el parlamento, Iglesias y Errejón se unieron al coro de voces, encabezado por el diario El País, criticando al gobierno del Partido Popular de Mariano Rajoy por su intento de continuar las relaciones con Estados Unidos como antes. Ambos condenaron la posición de Rajoy como “vergonzante” por ser uno de los pocos líderes europeos en no haber criticado a Trump.

Iglesias dijo: “La palabra tibieza es moderada, creo que es vergonzoso que cuando el señor Donald Trump es a todas luces un representante de un retroceso democrático sin precedentes y de un ataque descarnado a los derechos humanos, creo que nuestro Gobierno al menos debería decirlo.” Errejón dijo que Rajoy debe unirse al “clamor “de la sociedad civil y muchos líderes internacionales en contra de las políticas de Trump, de las cuales “me siento orgulloso”.

Cualesquiera que sean las suaves críticas que susciten contra Trump, lo que menosprecian de Trump y de las secciones de la clase dirigente estadounidense que representa es el hecho de que Estados Unidos esté repudiando su papel previo como supervisor de la UE y la OTAN, ambas defendidas por Podemos. Al mismo tiempo, el nacionalismo y el proteccionismo económico de Trump están sacando a la luz las consecuencias de la defensa de estas concepciones por parte de Podemos.

La verdadera amenaza para la clase trabajadora es que Podemos está creando un terreno fértil para la creación de un partido de extrema derecha genuino, que pueda usar más directamente el lenguaje de “patria”, “España”, y el nacionalismo para defender los intereses de la clase dominante.