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La derecha chilena gana las elecciones mientras el Frente Amplio de “izquierda” se incorpora a la élite política

por Andrea Lobo //

Desde que el expresidente multimillonario de Chile, Sebastián Piñera (2010-2014) , consiguió su segundo mandato el 17 de diciembre, la prensa burguesa internacional ha aplaudido su victoria contra Alejandro Guillier de la coalición socialdemócrata y estalinista, Nueva Mayoría, como si fuese una necesaria señal de estabilidad del dominio burgués. Seguir leyendo La derecha chilena gana las elecciones mientras el Frente Amplio de “izquierda” se incorpora a la élite política

Y ahora ¿por quién votar?

por Osvaldo Costa

Tenemos una contienda entre los dos perdedores de la primera vuelta. Mientras, el conglomerado perdedor de la primera vuelta, ha quedado como el gran triunfador y toma distancia señalando que no da lo mismo quien gane, que Piñera es un retroceso, pero que no apoya explícitamente a Guiller, dejando en libertad de acción a sus bases para votar en conciencia. Una propuesta que tras su aparente novedad, muestra la misma política que aplicó sistemáticamente el PC durante la mal llamada transición. Todo ha cambiado para que no cambie nada.

Luego de la primera vuelta de las elecciones, se constata una serie de paradojas. Para empezar, el Frente Amplio resulta el gran triunfador, luego de perder en las urnas, mostrando la emergencia de una tercera fuerza en la arena política, y quedando de hecho en sus manos la llave del triunfo en la segunda vuelta. Mientras, Piñera primera minoría con un 36% de los votos emitidos, ve como se disipan sus posibilidades de alcanzar el sillón presidencial, dado que la votación combinada de la derecha –que aparentemente ya alcanzó su techo- no supera la votación combinada de la Nueva mayoría y el FA, enfrentándose así a su más que probable derrota. El otro triunfador –Guiller- contempla como las organizaciones que lo apoyan se van cayendo a pedazos, y tiene como única alternativa de alcanzar el poder, tener que adoptar el programa del frente amplio, programa completamente opuesto al defendido por la NM durante 30 años.

Pero aquí no terminan las paradojas. Luego de las modificaciones a la ley electoral, y el fin del sistema binominal, termina la primera vuelta de la contienda presidencial, una vez más con los representantes del duopolio enfrentados, como en los viejos tiempos. Y una vez más como en los viejos tiempos de la Concertación, la lucha por el voto se remite casi exclusivamente a tratar de impedir que la derecha alcance el poder. Para esto el FA practica el apoyo por omisión, deja a sus militantes libres para “votar en conciencia”, la misma política que el PC practico durante todo el periodo de la mal llamada transición.

 ¿Qué hacer?

Esta situación pone a los trabajadores ante un problema, votar alguno de los dos candidatos que defienden el sistema y el modelo neoliberal o abstenerse y dejar que otros decidan por ellos.

El problema es que la gran mayoría de los trabajadores tienen claras sus necesidades, pero no ven por parte alguna, una organización que las levante sistemáticamente.

La cuestión de fondo es entonces cual es el proyecto político que se debe apoyar, aquí se debe precisar, no se trata de votar por el menos malo, sino por el que levante el programa que representa las necesidades de los trabajadores.

El programa se puede esquematizar en una serie de puntos, Asamblea constituyente soberana, realizada en base a las organizaciones sindicales y sociales. No más AFP, por un sistema de reparto solidario y estatal independiente del gobierno de turno. Educación Pública gratuita en todos los niveles, eliminación y condonación del CAE. No más ISAPRES, Salud Pública gratuita. Derogación de la legislación laboral, por una nueva legislación laboral elaborada por los propios trabajadores, negociación por rama. Recuperación de los recursos naturales incluido el agua y el litio. Derogación de la ley de pesca. Derogación de la legislación antiterrorista. Territorio y autonomía para los pueblos originarios. Todo esto financiado con un Impuesto a los súper ricos y un Royalty minero.

Resulta claro que si alguno de los candidatos levanta este programa la mayoría de los trabajadores lo no solo lo apoyaríamos, sino que haríamos campaña por él.

Sin embargo no vivimos en un mundo de fantasía. Sino en una sociedad dividida en clases, y sabemos perfectamente que los dos candidatos son representantes del empresariado, y tomar estas medidas, especialmente terminar con las AFP y realizar una asamblea constituyente soberana, se traducen en el fin del modelo neoliberal y en una crisis del sistema capitalista chileno. Por eso ninguno de los candidatos tomara estas tareas que son las necesidades urgentes de la sociedad chilena.

Así las cosas, la única alternativas que se presenta en el contexto electoral a los trabajadores y a los socialistas revolucionarios en Chile, se reducen a  votar nulo.

Pero las tareas de los socialistas revolucionarios no se reducen de modo alguno a los eventos electorales, la tarea actual es organizarse para avanzar en estas tareas. Nunca la consecusión de los reclamos democráticos y sociales ha sido el fruto del pacífico funcionamiento de las instituciones del régimen burgués. La historia nos demuestra que es en el terreno de las movilizaciones y la acción directa en donde hemos obtenido nuestras conquistas. Ni la jornada laboral, ni el sufragio universal, ni en su momento el sistema previsional o el acceso a la educación y la salud han sido graciosas prebendas otorgadas por los patrones. Los derechos democráticos, en su conjunto, son el resultado de décadas de lucha y organización de los trabajadores.

Votar nulo, porque ni Piñera ni Guillier resuelven en ninguna medida las tareas democráticas del período y porque al hacerlo se afirma la independencia de clase, bajo cuyas banderas hemos de vencer: No aceptamos el chantaje y la cantinela de que si no se vota por Guillier se apoya a la derecha pinochetista, al piñerismo y su ralea de piratas. Y es precisamente porque no lo aceptamos, ni aceptamos las medias tintas frente a cualquier alternativa patronal.

Se trata de luchar y de luchar para vencer, se trata de agrupar a la izquierda en torno a la perspectiva del socialismo y del gobierno de la clase trabajadora.

Entrevista a Franck Gaudichaud: elecciones presidenciales, una primera vuelta llena de sorpresas

 

por Stéfanie Prezioso //

Los sondeos y los medios dominantes afirmaban rotundamente que las elecciones presidenciales chilenas confirmarían el giro a la derecha en América Latina. La vuelta a la presidencia del Berlusconi local, el expresidente Sebastián Piñera estaba asegurada tras una segunda presidencia de Michelle Bachelet muy decepcionante.

¡Caramba! ¡Otro error! Si en 2009, Sebastián Piñera había obtenido 3,6 millones de votos, el 19 de noviembre solo ha obtenido 2,4 millones (36,62%). Incluso con los votos (8%) del pinochetista José Antonio Kast, su victoria no está forzosamente asegurada de cara al 17 de diciembre.

Del lado del candidato socialista Alejandro Guillier, el resultado no es excelente: el 22,67% de los votos. En efecto, Beatriz Sánchez -candidata de una nueva formación de izquierdas, el Frente Amplio- obtiene un resultado del 20,27%. Y el Frente Amplio obtiene 20 escaños en el Parlamento y un senador (contra 2 en el precedente Parlamento).

Para analizar esta situación imprevista, publicamos el análisis de Franck Gaudichaud, autor en particular de Chile 1970-1973: mil días que estremecieron al mundo, Sylone Editorial 2017, y del libro colectivo Chile actual. Gobernar y resistir en una sociedad neoliberal (l´Harmattan, Paris, 2016) y miembro de la redacción de Contretemps.

Varios sondeos daban como vencedor de las próximas elecciones a la presidencia de Chile al expresidente Sebastián Piñera. ¿Porqué esa posible vuelta del representante de una derecha antosocial?

Se dice a menudo, parafraseando a Marx, que las ideas dominantes en la sociedad son precisamente las de las clases dominantes. En el caso chileno, hay que recordar lo que significó el período de la dictadura (1973-1989): una transformación contrarrevolucionaria radical y la implantación a sangre y fuego del neoliberalismo en ese país, que ha sido el país del mundo que lo ha vivido de forma más larga.

La derecha pudo finalmente difundir sus ideas por todas las capas de la sociedad, rompiendo la solidaridades, la fuerza del movimiento obrero y el Estado social de la época de Allende (1970-1973). Los 20 años de los gobiernos de la Concertación [ndlr: coalición de la socialdemocracia y de la democracia cristiana 1990-2010] no han hecho sino reforzar ese proceso. Finalmente, la vuelta de la derecha en 2010 -con el primer mandato presidencial de Piñera- ha confirmado el peso de las ideas y de los puntos de vista neoliberales en Chile.

¿Porqué esta vuelta de una derecha antisocial tras el segundo mandato de Michelle Bachelet?

Piñera ha puesto el eje de toda su campaña en el escaso crecimiento y las fuertes desilusiones producidas por el mandato de la presidente saliente. Ha mantenido un discurso que funciona entre una parte de la población, centrado en la empresa, el desarrollo económico y la ascensión individual. La sociedad chilena sigue siendo en gran medida conservadora, pero este modelo se fisura cada vez más. La derecha chilena es efectivamente reaccionaria, pero recordemos que es todo el sistema político heredado de la dictadura el que lo es y que, en el plano macroeconómico, el centro izquierda de la ex-Concertación y la derecha llevan a cabo más o menos la misma política (neoliberal). En fin, a la derecha de Piñera se encuentra un candidato abiertamente pinochetista, José Antonio Kast (que de todas formas ha obtenido ¡el 8% de los votos!), y que hay también nostálgicos de la dictadura incluso en el seno de la coalición de Piñera que comenzó su fortuna a la sombra de los militares y de su propio hermano, importante ministro de Pinochet…

¿Cuál es el balance del mandato de Michelle Bachelet y del gobierno de la “Nueva mayoría” (los partidos de la Concertación -PS y PDC- más el Partido Comunista)?

La elección del segundo gobierno de Michelle Bachelet resultó de una campaña realizada en una época en la que la actual presidenta era aún muy popular y gracias a la recuperación -en parte- de las reivindicaciones de los movimientos sociales de 2011, en particular el movimiento estudiantil por una educación gratuita, pública y de calidad. Estas demandas fueron, por decirlo así, digeridas y “neoliberalizadas”. Bachelet ganó así las elecciones de 2013 prometiendo reformas de la educación, de la fiscalidad y de la Constitución.

Ya se puede hacer el balance de su mandato: Michelle Bachelet encarna un progresismo “transformista” social-liberal. Ha realizado una reforma fiscal indolora para el gran capital (minero en particular) y los más ricos; en cuanto a la reforma de la educación, solo el 28% de los y las estudiantes tienen por el momento acceso a la enseñanza superior gratuita: de hecho se trata esencialmente de una subvención del Estado a los establecimientos privados (el objetivo era llegar al 80% de gratuidad de aquí a 2020).

El proyecto de reforma de la Constitución fue efectuado gracias a parodias de “consulta ciudadana”, y debe ser aprobado por el Parlamento y no por una Asamblea Constituyente. Recordemos que sigue en pie la Constitución (enmendada) de la dictadura… Sin hablar de las grandes movilizaciones realizadas, estos últimos años, contra los fondos de pensiones y por una reforma en favor de un fondo público y por reparto: no ha habido ningún avance sobre este tema, de donde se produce una gran desilusión entre la propia base electoral de Bachelet.

Se asiste más en general a una crisis de legitimidad de la “casta” política chilena y del modelo “democrático” instalado desde 1990, con unos niveles de represión social que siguen siendo elevados. Esto se traduce también en una tasa de abstención electoral: este escrutinio confirma que la primera mayoría de Chile es la abstención (el 54%, lo que es considerable). Es muy fuerte entre las clases populares, que no se sienten representadas, sin que esto se traduzca no obstante en una politización antisistema, sino muy al contrario, lo que se produce es más bien la inversa.

¿Existe una alternativa de izquierdas a la Nueva Mayoría? ¿Hay una recomposición política creíble de la izquierda radical chilena?

La (buena) sorpresa de esta primera vuelta son los resultados del Frente Amplio, cuya candidata, Beatriz Sánchez, supera el 20% y pisa los talones al candidato apoyado por Bachelet, Alejandro Guillier, que alcanza menos del 23% de los votos. Beatriz Sánchez ha estado a punto de pasar a la segunda vuelta, cuando solo se le concedía entre el 8% y el 10% en los sondeos. Es por tanto una bofetada para los medios dominantes. Se ve que el Frente Amplio ha logrado movilizar -lo que no es poca cosa- en ciertas grandes comunas populares como Puente Alto y Maipu, en Santiago. Ha logrado disputar este electorado a la derecha, fuerte en esos territorios. Esto en algunos meses, puesto que el Frente Amplio (FA) nació el pasado mes de enero. A ojos de varios centenares de miles de personas, ha logrado encarnar una alternativa de izquierdas creíble en el plano electoral.

Recordemos que el FA viene en parte de sectores que dirigieron el movimiento estudiantil de 2011 con, en particular, dos jóvenes convertidos posteriormente en diputados, Gabriel Boric y Giorgio Jackson: reagrupa un espectro amplio y heterogéneo, que va del centro liberal hasta varias organizaciones de izquierda radical como Igualdad o Izquierda Libertaria. Se trata de una coalición globalmente antineoliberal, que representa una especie de Frente de Izquierdas (Francia) o de Podemos (España) a la chilena, con verdaderas dificultades para implantarse verdaderamente en el seno de las clases populares.

Varios pequeños colectivos de la izquierda revolucionaria critican por otra parte la orientación, que juzgan como electoralista, del FA o la composición de su dirección, esencialmente proveniente de las clases medias. Beatriz Sánchez, periodista llegada tarde a la política, ha sido candidata tras haber vencido en unas primarias a un candidato más claramente posicionado a la izquierda, el sociólogo crítico Alberto Mayol. Pero, globalmente, el Frente Amplio ha tenido éxito en transformarse en fuerza alternativa nacional. Con estas elecciones, gana también 20 escaños en el Parlamento y un senador (de 155 escaños), es decir, más diputados y diputadas que el Partido socialista (el partido de Bachelet) y más de dos veces los del Partido Comunista (integrado en la mayoría presidencial). Es algo histórico.

La recomposición en la izquierda va por tanto a acelerarse. Queda por saber si se tratará esencialmente de una sorpresa electoral, que desemboque en una integración institucional de un nuevo centro-izquierda, lo que esperan las clases dominantes y élites tradicionales, o si el Frente Amplio logrará apoyarse en las resistencias “de abajo”, incluso acercarse a los sectores anticapitalistas que no pertenecen a esta coalición. Ahora bien, hay en el seno del FA grandes contradicciones estratégicas, y la mayoría de los parlamentarios elegidos provienen de fuerzas marcadas por un reformismo “light”, algunos de ellos son cercanos al PS y han trabajado incluso en los ministerios del gobierno saliente. Es a las bases del FA y a su izquierda a quienes corresponde llevar a cabo las batallas de orientación, y desde ahora mismo.

Para ganar en la segunda vuelta, Alejandro Guillier -candidato de la “Nueva Mayoría” tiene absolutamente necesidad de los votos de Beatriz Sánchez. Tiene también que recuperar el hundimiento de un partido esencial del sistema político tradicional -la democracia cristiana- que va, con certeza, a reintegrarse en la “Nueva Mayoría”. El FA puede ya presionar sobre Guillier para que éste se comprometa públicamente a poner fin al sistema de fondos de pensiones, a favor de una transformación de la educación, del control público de los recursos naturales y a favor de una verdadera Asamblea Constituyente.

Pero sin mantener ninguna ilusión sobre este candidato que es alguien verdaderamente producto del establishment y, sobre todo, sin entrar en negociaciones de aparato y de posible mayoría de gobierno, con riesgo de perder de entrada todo el capital político. Ahí también algunos dirigentes del FA (en particular de Revolución Democrática) son poco claros en su posicionamiento. Sin embargo, son numerosos los y las militantes del FA que desean no llamar a votar por Guillier y los herederos de la vieja Concertación (un “ni un voto por Piñera” sería en efecto suficiente en el plano táctico)…. Entre los grandes ausentes, están sin duda alguna los trabajadores movilizados que han permanecido en gran medida al margen de esta campaña electoral, en un momento en que el movimiento sindical está revitalizándose poco a poco.

Pero estas elecciones y el surgimiento inesperado del FA marcan una inflexión y una apertura del campo de lo posible. Habrá que seguir lo que ocurra en la segunda vuelta: si Piñera es finalmente capaz de ganar el 17 de diciembre, inscribiéndose en la ola del “giro a la derecha” actual de América del Sur o si la recomposición en curso permite a Alejandro Guillier gobernar en el centro izquierda, esperando de todas formas que haya -y esto cualquiera que gane- una ampliación de las luchas sociales pues hay aún un largo camino para la construcción de alternativas reales en Chile. Y es aún y como siempre la digna resistencia del pueblo Mapuche la que podría mostrar la vía, igual que las numerosas resistencias -aún dispersas- ecoterritoriales, salariales y feministas.

Entrevista realizada por Stéfanie Prezioso para el periódico SolidaritéS (Suiza).

Más allá de la obnubilación frenteamplista: entre la abstención, el rejuvenecimiento de la élite y la derrota de las tesis SurDas

por Francesco Penaglia //

Transcurridos algunos días de las elecciones y luego de oír a diversos analistas y politólogos hablando de lo novedoso de los resultados, es necesario, con más calma, entregar algunas observaciones que vayan más allá de señalar que el Frente Amplio se constituyó como una nueva fuerza política, que la DC hizo un pésimo negocio,  que Piñera no tenía la elección tan ganada y que las encuestas fueron un fracaso. Al respecto, la columna se centra en tres puntos que considero claves.

 

  1. La abstención, aunque invitada de piedra, sigue ganando

Es importante señalar que, pese a que muchos festejaron, no hubo un aumento en la participación electoral. Es cierto, tampoco hubo una debacle, como algunos temían luego de las municipales, pero las cifras hablan: la abstención sigue tan alta como en las elecciones presidenciales pasadas.

Este elemento naturalmente hay que estudiarlo con mayor detención y, si bien aún no hay información que permita comparar las características de los votantes (geográficas, etarias, de género) para poder inferir con mayor seguridad que los que votan son exactamente los mismos o que hubo un recambio significativo, en términos agregados, las cifras siguen siendo demasiado similares a otros años.

En la primera vuelta del 2014, votaron 6.699.011 personas y, en las presentes elecciones, 6.699.627, es decir, 616 personas más. Esto, debido al aumento del padrón electoral, representa proporcionalmente un 2,66% menos. De esta forma, pese a las campañas y a la amplia oferta electoral, la abstención sigue siendo elevada, lo que, de mantenerse en la tendencia, nuevamente provocará que se elija a un nuevo Presidente en segunda vuelta con menos del 25% del electorado.

Ante ello, a pesar de la “diversidad” de candidaturas, estas no lograron movilizar ni siquiera al 59,10% que votó en primera vuelta en las presidenciales del 2009 o al 63,14% que lo hizo el 2005 (votantes vs. universo de electores posibles). De esta forma, a pesar del crecimiento poblacional y, por tanto, del número de electores habilitados (cifra que ha aumentado en 3 millones en 12 años), el número de votantes en términos tanto absolutos como proporcionales sigue disminuyendo. Y esto no solo porque “apáticos jóvenes”, que antes no se inscribían, hoy no votan; sino también porque cerca de 1 millón de personas que anteriormente si estaban inscritas y sufragaban –y que por ello aparentemente tenían una “cultura cívica”–, hoy no lo hacen.

El fenómeno es interesante, pues en el mismo periodo en el que se observa un aumento de la conflictividad social y de las luchas populares, es decir, el mismo periodo donde 1 millón de personas protesta contra las pensiones, o años atrás a favor de la gratuidad estudiantil, cohabita simultáneamente una alta abstención electoral.

Un gran número de personas no vota por decisión y convicción política –basta con revisar las apuestas de algunas organizaciones que se desenvuelven en el espacio social, quienes se abocan a construir desde las bases–. Otro tanto, con mayor o menor nihilismo, se encuentra descontento, decepcionado y con rabia “contra los políticos”. Pero también –y en eso no hay que engañarse– hay un importante y posiblemente mayoritario sector de personas que no vota por apatía y por una subjetivación profunda de lo que Moulian describía a fines de los 90. Es el mismo sujeto del consumo, hedonista, individualista, que no se organiza, no se sindicaliza ni participa territorialmente de nada; el mismo sujeto que provoca que hace años, en la mayoría de las elecciones a federaciones estudiantiles, no se alcancen los cuórums o que estos sean muy bajos, el mismo que no va a asambleas ni reuniones, ni le interesa nada. Hay que asumir que lo que algunos llaman “crisis de representatividad” afecta tanto a la esfera de la política como a la esfera social.

Con ello, el conflicto sigue abierto y acentúa su tendencia. Ninguna de las opciones presentadas ha sido capaz de capitalizar el descontento y conseguir el “cierre discursivo”, construir proyecto o una adhesión movilizadora; seguimos en el mismo escenario de crisis y vacío (llamado de distintas maneras: crisis de representatividad, legitimidad o política); elemento que, a nivel global –aunque con particularidades–, se vincula a una crisis del capitalismo, de la socialdemocracia-tercera vía y de la democracia representativa.

Ante este “vacío” es de una mayoría compleja e inexpresiva, vale la pena recordar algunos hallazgos que dejó el informe 2015 del PNUD, los que, transcurridos dos años, siguen entregando posibilidades de interpretación de la sociedad chilena. Al respecto, el informe señalaba algunas afirmaciones: 1) Chile está más politizado en discursos, pero hay malestar con la política (y lo político), lo que se traduce en un rechazo y desmotivación a participar y organizarse, por lo tanto, es un malestar principalmente pasivo; 2) los chilenos sienten esperanzas y deseos de cambios profundos, pero hay miedo al conflicto y una valoración alta del orden;  3) hay desconfianza a todo lo que represente, principalmente políticos, pero también líderes sociales.

Es decir, de ser cierto y vigente el estudio, estaríamos ante una sociedad compleja, con deseos de cambios pero aún con una orientación al orden; con desconfianza pero con esperanzas; con rabia y malestar, pero todavía pasiva.

 

  1. El Frente Amplio es más una tendencia mediática novedosa que una nueva fuerza político-social

Otro aspecto señalado sobre las elecciones es el aparente cambio en la correlación de fuerzas. Diversos analistas y partidarios han estado tentados a señalar que el “fenómeno” Frente Amplio indica la irrupción de una nueva fuerza político-social, sin embargo, este elemento puede ser sumamente cuestionable.

En primer lugar, como señalábamos –y habría que confirmarlo con el estudio de los votantes– se trata del mismo universo de las últimas elecciones, es decir, no hay una nueva fuerza social que se haya embarcado masivamente hacia la apuesta electoral. En otras palabras, es la misma “torta” pero con distintos cortes. Pero ¿si la torta (número de votantes) es la misma, como se modificaron las preferencias?

Si se analiza la serie de las últimas tres elecciones, se podría advertir que, junto con existir un voto duro de derecha (que ronda entre 2 millones y medio y 3 millones) y un voto “concertacionista” (que ronda los 2 millones), existe un voto laxo, “independiente”, que generalmente respalda candidaturas “progresistas” o, en algunos casos, el “factor” sorpresa, en otras palabras, este es un votante con alta sensibilidad mediática. Al comparar las tres últimas elecciones, es posible identificar que un gran número de personas (cercano al 20%) votó por los candidatos que planteaban una alternativa “ciudadana y diferente”, es decir, por la novedad de las elecciones. El 2009 fueron 1.405.124 votos para Marco Enríquez-Ominami; el 2013 fueron 1.389.557 personas que votaron por la sumatoria del mismo Enríquez-Ominami y Parisi; en estas elecciones, 1.336.622 votaron por Beatriz Sánchez.

Esto, además, puede constatarse con otro elemento: el Frente Amplio adolece de carencia de construcción social o esta es marginal, más allá de algunas experiencias como el Colegio de Profesores, UKAMAU y espacios estudiantiles. A su vez, el Frente Amplio en su conjunto posee mucho más adherentes y simpatizantes que cuadros militantes. Su militancia no se compara, por ejemplo, con los 67 mil militantes del PC, de los cuales un gran número es adherente o funcionario, pero otro tanto no menor son militantes de base, insertos socialmente y con capacidad de despliegue nacional; o con organizaciones pequeñas de la izquierda revolucionaria que con algunas decenas de militantes poseen una inserción alta –en comparación con la cantidad de militantes–, logrando en ocasiones conducir movimientos populares. Es decir, más allá de las orientaciones políticas, hay una diferencia cualitativa y cuantitativa en la militancia.

El Frente Amplio discursivamente cumple el rol que las juventudes socialistas y PPD no realizaron en 27 años, es decir, un discurso socialdemócrata de recambio. Es por esto que se podría interpretar que los votantes de la vieja Concertación, cansados de Escalona, Andrade, Zaldívar, Lagos, Walker (perdedores emblemáticos en esta pasada), aburridos de esperar la jubilación de los líderes de la alianza democrática y la medida de lo posible, vieron en el Frente Amplio una “esperanza”. No más revolucionario ni transformador que eso, es decir, los hijos de los derrotados “autoflagelantes” concertacionistas, construyendo un proyecto socialdemócrata desde fuera de los partidos de la transición o, quizá, ni tan afuera. Esto es algo no muy lejano a lo que fueron los jóvenes que se salieron del partido conservador para formar la DC o, posteriormente, los jóvenes que se salieron de esta misma para formar el MAPU o, ulteriormente, IC.

Tanto por los lazos familiares como por las trayectorias militantes de varios frenteamplistas, otrora militantes de juventudes DC o PS, podría interpretarse que el electorado del Frente Amplio son principalmente los huérfanos de la Concertación-Nueva Mayoría.

Por ejemplo, en las elecciones 2017 el Frente Amplio obtuvo 989.353 votos (350 mil menos que Beatriz Sánchez). Al ser una coalición nueva, no es posible compararla más que con los 400 mil votos que obtuvieron los humanistas, ecologistas y liberales (hoy parte de FA) en las elecciones a diputados anteriores. Viendo la trayectoria global, podría señalarse que el número de votos obtenido actualmente por el FA es igual a lo obtenido por las organizaciones nombradas en las elecciones pasadas, más los cerca de 90 mil votos que perdieron el PRO, los 300 mil del PPD y los 100 mil del PS. Definitivamente, misma torta.

En síntesis, sin convocar a más personas a las elecciones, sin una construcción nacional de cuadros militantes, sin mayor inserción y organización popular, el Frente Amplio difícilmente podría considerarse una nueva fuerza político-social, siendo, a lo sumo, una nueva tendencia electoral, una nueva fuerza parlamentaria o una renovación etaria de la misma Concertación.

El mérito del FA radica en la capacidad de haber articulado una lista nacional, en un escenario de cambio de sistema electoral, que facilitó la llegada numerosa al Parlamento. Sin embargo, al no ser una fuerza político-social y más bien una tendencia mediática novedosa, su capacidad de generar transformaciones (las que sean: liberales, socialdemócratas, antineoliberales, anticapitalistas, etc.) es baja, por no decir inviable.

 

  1. Los grandes perdedores de las elecciones

No cabe duda, los principales perdedores de las elecciones fueron los de la izquierda del Frente Amplio. Con ello, ¿cuál es el futuro de estas fuerzas políticas?

La vieja tesis de la democracia antipopular de la SurDa (renombrada, con los años, por otras organizaciones como Ruptura Democrática y otros nombres) tiene como una de sus hipótesis que los avances institucionales y la desactivación del neoliberalismo permitiría el ascenso de las masas populares. Para ello, requerían un crecimiento como fuerza al interior de Frente Amplio. Sin embargo, ante los paupérrimos resultados electorales, ¿cuál va a ser el rol de Nueva Democracia o Izquierda Libertaria dentro del espacio político?, ¿cuánta incidencia pueden tener frente a fuerzas como el Partido Humanista o Revolución Democrática, que lograron una gran cantidad de diputados?

Por otro lado, la apuesta por conseguir inserción parlamentaria también pudo haber tensionado a sus propias bases y sus posibilidades de inserción social. Disputar los espacios sociales con discursos “transformadores” y banderas rojinegras, luego de haberse centrado por largos meses en compartir fotos y discursos de una “moderada” Beatriz Sánchez, no es cosa fácil. Por la trayectoria histórica de algunas de estas organizaciones políticas, la apuesta del Frente Amplio puede resultar altamente costosa.

Para las bases y dirigentes sociales de esas organizaciones y sus cercanos (que aún levantan discursos anticapitalistas), debe ser difícil explicar lo siguiente: 1) para los desafíos de largo plazo, se debía cambiar y suavizar el discurso electoral, construyendo un espacio más amplio, ciudadano, socialdemócrata, liberal y progresista; 2) que esto era con la finalidad de acumular fuerzas que les permitieran inserción parlamentaria, para tener existencia dentro del Frente Amplio e ir izquierdizándolo; 3) que esto permitiría implementar la estrategia de transformaciones en Chile.

Para esos sectores, quedarse sin representación fue solo pagar los costos, recursos, tiempo, quiebres y tensiones, para terminar sin obtener buenos resultados. Con ello, las fuerzas derrotadas (izquierda del FA) se quedan en tierra de nadie y sin mucho margen, ya que, para convencer a los sectores populares con una vocación más transformadora y radical, existen otras organizaciones a la izquierda del Frente Amplio, y, para construir una alternativa institucional ciudadana y socialdemócrata, están otras organizaciones, como Revolución Democrática.

Restará evaluar con el tiempo cómo se estructura el Frente Amplio, qué rol cumplen las organizaciones políticas, y si transita a ser una fuerza político-social antineoliberal, como pretendían las tesis de la vieja SurDa, o se conforma como una renovación y rejuvenecimiento de la élite política socialdemócrata, formando una Concertación 2.0. De momento, dada la correlación de fuerzas interna poselecciones, todo apunta más hacia lo segundo.

 

(fotografía: Emin Osmen, Magnum)

Resultado electoral: los tres tercios o la cuadratura del círculo.

por Leonardo Troncoso//

Las recién pasadas elecciones presidenciales han dado lugar al planteo de la hipótesis de que la sociedad chilena se ha reordenado en los tradicionales tres tercios, la derecha, el centro y la izquierda. Esta hipótesis se basa en considerar la información electoral exclusivamente en función de los votantes, y en agruparlos en los tradicionales ejes de derecha, centro izquierda. Esta es la información que se entrega en los medios de prensa oficiales. Tabla y gráfico N° 1.

Si se distribuye los datos de acuerdo a los ejes Antisistema (nulos, blancos), derecha (Piñera, Kast), Centro (Guiller, Goic), Izquierda (Sánchez, Enríquez, Artes y Navarro) queda así: Tabla y grafico N° 2.

A partir de la cual se puede elaborar una distribución en tres tercios, ya que los sectores antisistema quedan en una posición marginal, despreciable, estadísticamente hablando.

Sin embargo esta hipótesis presenta una serie de reparos, a los que pasaremos revista. El primero, es que supone que efectivamente la población se distribuye en tres tercios, lo que es correcto si se considera exclusivamente los datos de los votantes. Sin embargo, si tomamos los votos obtenidos por los candidatos en relación al universo votante, los resultados quedan como se aprecia en la tabla y en el grafico N° 3.

Si agrupamos la información de acuerdo al criterio Los que rechazan al sistema (abstención, blancos y Nulos), La derecha (Piñera y Kast), El Centro (Guiller y Goic), y la Izquierda (Sánchez, Enríquez, Navarro y Artes). La información queda como se ve en la tabla y grafico N° 4.

Como se puede apreciar esta visión dista bastante de los tres tercios, lo que se aprecia es una distribución en cuatro cuartos del electorado, de los cuales la mayoría, no participa del sistema, y de los participantes casi la mitad corresponde a la derecha. Es decir, en base a los datos existentes no es posible hablar de una estructura de tres tercios en la política chilena.

Por debajo de esta aparentemente inocente evaluación estadística de los datos electorales, de donde surge la hipótesis de los tres tercios, subyace una posición política. Y cuando se habla de política, se habla de poder. La cuestión es que para conseguir el poder, en una situación en que la derecha tiene la mayoría de los votos, pero no la mayoría absoluta, se requiere establecer una alianza entre la izquierda y el centro. Como en la realidad chilena los que han pasado a segunda vuelta son la derecha y el centro, se concluye sin mayor esfuerzo que de lo que se trata es que la izquierda apoye al centro, esta es la misma política que estructuro todo el periodo concertacionista.

Aquí surge un problema, las categorías de derecha, centro e izquierda, son categorías topológicas, definidas en torno a que tan progresistas son unos conglomerados o aparatos políticos respecto a los otros, donde los de derecha no son progresistas, la izquierda es progresista y el centro ocupa una situación intermedia. Por ejemplo si evaluáramos los resultados solo entre los candidatos que pasaron al “Ballotaje”, tendríamos que Piñera es la derecha, y Guiller la izquierda.

Estas categorías tienen el grave déficit de carecer de un contenido de clase. Cuando se utiliza la categoría de clase, surge un ordenamiento muy diferente. La sociedad hasta el día de hoy, permanece dividida en clases, Burguesía (o empresariado) y Trabajadores. El sistema capitalista es un sistema político- económico, que está diseñado para mantener y preservar la estructura económico-social donde la producción se realiza socialmente y la apropiación de los beneficios se realiza en forma individual, por la burguesía. Por lo tanto es de un interés central para la clase burguesa el mantener el sistema capitalista, y por contrapartida es de interés de la clase trabajadora el terminar con ese sistema.

El sistema capitalista puede ser desarrollado a través de múltiples formas o modelos, liberal, keynesiano, neoliberal, pero todos estos modelos mantienen el sistema capitalista. Al aplicar estos contenidos de clase a las candidaturas presentes en la última contienda encontramos que hay un sector –claramente identificado con Piñera y Kast que están por mantener el sistema capitalista manteniendo y profundizando el modelo neoliberal. Un segundo sector, el de Guiller y Goic, la Nueva Mayoría, también defiende el orden capitalista y solo pretende hacer ajustes al modelo neoliberal, darle un rostro humano. Finalmente el sector progresista del Frente Amplio, que aunque está por eliminar el modelo neoliberal, cambiándolo por otro, aunque no está claro cuál sería ese nuevo modelo, lo que sí está claro es que buscan mantener el sistema capitalista. En conclusión, pese a las diferencias existentes en cómo se expresa concretamente el sistema capitalista, las principales candidaturas presentes en la última elección presidencial son pro capitalistas.

El sector mayoritario de la población –el 54,78%- que no voto, o voto blanco y nulo carecen de peso en la discusión política en general, y particularmente en la electoral, y ello se debe a que los trabajadores carecen de una organización que represente directamente sus intereses, esa es la conclusión más importante que se debe sacar de la reciente elección. Esta carencia de representación se vuelve más aguda en la segunda vuelta, donde los dos sectores burgueses que se disputan el sillón presidencial, sacaran cuentas e intentaran atraer votos prometiendo solucionar algunos problemas, como el CAE, pero siempre asegurándose de mantener el sistema capitalista en el que vivimos.

Es por esto que la pretensión de hacer aparecer, a través del constructo de los tres tercios algún tipo de avance para la clase trabajadora a través del triunfo de alguna de las candidaturas es tan ilusorio como el intento de la cuadratura del círculo.

Elección presidencial y parlamentaria, un análisis necesario

por Natalio Steinmayer //

En primer lugar tenemos que señalar que existe en nuestro país, región, comuna y nuestra localidad una baja participación, según datos del SERVEL 66%, este hecho nos demuestra que millones de personas no creen o no confían, en este sistema, puede ser un cuestionamiento a los políticos, las medidas económicas y sociales, por la corrupción, las continuas alzas, la falta de atención en salud o falta de trabajo, pensiones miserables o todas ellas juntas.

Quienes idearon este sistema de participación, no buscaban compromiso de la mayoría trabajadora, estudiantes o jubilados, buscaban y buscan, que una elite, sea la que decida por la inmensa mayoría.

Pero existe otro fenómeno, que ellos, los que deciden, han ocultado nuevamente. La elección parlamentaria, fue y ha sido presentada, como “un nuevo sistema, que termina con el sistema binominal”, esto es absolutamente falso. El nuevo sistema electoral, no es proporcional es de arrastre por lista, en otras palabras, podemos decir que es ” sistema binominal 2.0″.

¿Cómo es posible, que este sistema, sea presentado como proporcional y sean electos personas con un porcentaje inferior a otros?

¿Seguirán los derrotados, defendiendo ésta mentira?

En relación a nuestra comuna, Página Digital de Laguna Verde, no fue neutral, como lo debiesen ser todas las organizaciones sociales, creemos firmemente en la organización, la participación activa y la toma de decisiones en la base.

Nuestra candidata, fue la dirigente sindical Mabel Zúñiga Valencia, quien fue en el pacto Frente Amplio, en el cupo de Revolución Democrática, como independiente, ha obtenido sobre los 9000 votos, y no fue electa, desde éstas líneas queremos agradecer la confianza y el apoyo, a quienes entendieron lo que significa una propuesta desde la base y a mantener la organización lograda.

En relación a la segunda vuelta es una discusión que debiese darse en todo ámbito y decidir, tiene una premura, ya que la elección será en un mes más, votar, anular o abstenerse, debe ser una decisión colectiva.

Sobre la elección parlamentaria el Frente Amplio obtuvo el 16% a nivel nacional, en nuestra región obtuvo 1 senador, 2 diputados y una Core. Saludamos su elección, pero esperamos cumplan con su compromiso “escuchar a las organizaciones de base, respetar el medio ambiente y entregar los recursos para el desarrollo de la comunidad y no para los negociantes y depredadores de todo pelaje”.

Desde esta página llamamos a todos y todas a ser parte activa en la defensa de Laguna Verde de la voracidad de las mafias inmobiliarias, que ya han desatado una campaña del terror y desinformación, organizarnos para la planificación territorial y la lucha contra la intención de imponernos una cantera en Laguna Verde.

El viernes 24 de Noviembre está convocada una marcha en Valparaíso, bajo el lema “Ni una menos”, la defensa de la vida y contra el machismo, visto incluso como el candidato empresarial, por televisión, a codazos sacó a su esposa de su lado, esa es una muestra del ninguneo y la utilización de las mujeres, las convocamos a ser parte de esta marcha.

Por otra parte la Coordinadora Nacional de Trabajadores No + AFP ha convocado a una manifestación, para el 30 de Noviembre, por un nuevo sistema de pensiones, al cual están todos y todas convocados, porque es posible tener pensiones dignas y terminar con el robo que son las AFP.

 

(periodista del consejo de redacción de Prensa Digital de Laguna Verde).

Rechazo a las elecciones presidenciales y parlamentarias

por Maximiliano Cortés//  

Las actuales elecciones presidenciales y parlamentarias se dan en un contexto donde el imperialismo norteamericano busca reajustar su política hacia Latinoamérica, la que considera como su “patio trasero”. Los alineamientos de distintas fracciones patronales en la región dan cuenta de una orientación marcada por políticas que tienden hacia un mayor ataque sobre las condiciones de vida de los trabajadores y el pueblo. Este alineamiento de los grupos empresariales es el que marca la pauta de todos los candidatos que postulan a ser los próximos verdugos del pueblo.

El programa del candidato oficialista Alejando Guillier busca una continuidad de las políticas del actual gobierno junto con una propuesta de “diversificación de la economía”. Sin embargo este programa se enfrentará a las condiciones de dependencia que impone el capital financiero sostenida por medio de la reprimarización de la economía chilena. Su base de sustento, al igual que del conjunto de los partidos concertacionistas, es la capa de parásitos empresariales  que viven de los negocios que otorga el gran capital como las subcontrataciones, las asesorías, las concesiones o pitutos del Estado que, disciplinados a la gran burguesía, desean mantener sus privilegios de explotadores medianos de la fuerza de trabajo. Esta es la base del proyecto de “diversificación” que desea los auspicios del aparato estatal para obtener la financiación y venia de los grandes capitalistas para el desarrollo de estos dudosos “nichos” de negocios.

Por su parte Sebastián Piñera, el  candidato predilecto del empresariado,  plantea  derechamente pasar a un ataque a rajatabla contra los funcionarios públicos, una mayor flexibilidad laboral, una intensificación del aparato represivo para  “ordenar la casa” ante los desequilibrios del capitalismo.

Uno y otro representan las dos fracciones burguesas que se dejan ver en la región y que traen consigo mayores penurias para la clase trabajadora y el pueblo. Son dos caras de la misma clase explotadora que postula a la moneda.

A la vera de estos candidatos tenemos al Frente Amplio, que extraídos del medio universitario, pretenden representar a la pequeña burguesía y a los sectores de la “nueva clase media”. Su programa enarbola la realización de reformas dentro de los márgenes del capitalismo que le otorguen mejores condiciones a esta capa intermedia en una pelea por una “distribución de la renta” que promueva a los explotadores de las pymes y otorgue una perspectiva de ascenso social ante la pauperización creciente de la pequeño burguesía. Una y otra vez su programa de libre concurrencia y democratización se disciplinará ante las lógicas impuestas por el gran capital y la explotación imperialista.

Por su parte el estalinista Artés, que reivindica a la corriente contrarrevolucionaria que se esforzó por liquidar todas las conquistas de la primer revolución obrera de la historia, plantea una “democracia popular” basada en la alianza con los explotadores y negreros de las pymes.

El resto de los candidatos MEO/Navarro/Goic, se diferencias sólo en matices de cinismo. No está en el programa de estos personeros, y no puede estarlo dado que sólo se desarrollará mediante la lucha de clases, planteos tales como la necesidad de un salario acorde a la canasta familiar, la eliminación del código del trabajo, el acceso irrestricto a la salud y la educación, el fin a la desocupación, el control de los principales medios de producción, la expropiación de la clase capitalista, etc.

Este tipo de elecciones en el capitalismo sólo expresa la “voluntad” democrática de la clase dominante para que las masas elijan a su verdugo cada cierto tiempo, una renovación del comité de administración de sus negocios. Una vez más hay que señalar que las elecciones burguesas son un terreno hostil para la clase obrera, y un escenario de intervención ultra táctica para los revolucionarios. Partimos de tomar las lecciones que dejó la Internacional Comunista en su periodo revolucionario partiendo de que el parlamento en la actual época “se ha convertido en instrumento de la mentira, del fraude… las reformas…, desprovistas de espíritu de continuidad y de estabilidad y concebidas in un plan de conjunto, perdieron toda importancia práctica para las masas trabajadoras (…)

El comunismo debe tomar como punto de partida el estudio teórico de nuestra época…. Las formas de las relaciones políticas y de las agrupaciones pueden diferir en los diversos países, pero la esencia de las cosas sigue siendo la misma en todas partes: para nosotros se trata de la preparación inmediata, política y  técnica, de la sublevación proletaria que debe destruir el poder burgués y establecer el nuevo poder proletario…”1

En estas elecciones ante la ausencia de un programa de independencia de clase llamamos a votar nulo o blanco o no votar. Se hace más necesario que nunca unificar las filas obreras para prepararse para  los ataques patronales.

Ante un escenario en la región de ataques contra el proletariado podemos impulsar un Congreso Obrero Latinoamericano cuyo programa tenga como corolario la consigna de lucha por los Estados Unidos Socialistas de Latinoamérica y el Caribe.

 

  1. Segundo Congreso III Internacional, 1920

(El autor milita en la Corriente Obrera Revolucionaria, COR)

(Imagen: Toro y cóndor, O. Guayasmín)

 

 

 

Chile: implosión electoral y explosión política

por Ibán de Rementería//

La actual implosión electoral bien expresada en la afirmación cotidiana “ni se siente que estamos en elecciones” anuncia una explosión política  de gran magnitud, cuyas expresiones anunciadoras más gravitantes son el temor de la derecha a la unificación de la centro izquierda, expresada por Chadwick cuando afirma: “Para ganar en la segunda vuelta es indispensable sacar la mayor distancia posible entre Piñera y Guillier. Solo así podemos ganar, desmotivar la reunificación de la izquierda y debilitar al PC como eje de una futura oposición”; así como el temor de la centro izquierda a no lograr tal unidad, bien expresada por Ottone quien prevé: “Sea cual sea el resultado, quedará pendiente la reconstrucción de una centro izquierda reformista y serena a la vez…”. Pues bien, de aquello que prescinden ambos temores es que la nueva situación política nacional está ahora, nuevamente, constituida por tres tercios: la derecha UDI,  RN y otros, el centro, llamado “centro izquierda”, conformada por el PS, el PPD, el PC, otros, y la DC que corre por cuerda separada con la finalidad de recuperar para sí el centro político, sin mayor éxito. Además, el otro tercer tercio de la política nacional es el  Frente Amplio (FA) que constituye la izquierda actual. Ante a ese “papagallo de multiples colores” que puede ser en este momento el FA, es bueno  volver a recordar que en 1934 entre medio de la dispersión de toda la izquierda no o ex bolchevique surgió el Partido Socialista para unificarla, los que han sido hasta ahora, junto con el PC, los representantes de los intereses de los trabajadores y los estructuradores ideológicos de sus luchas; bueno, justo hasta ahora solamente.

Los tres tercios han sido la realidad política nacional desde que la era contemporánea quedó delineada con la Constitución de 1925; la derecha con el Partido Conservador y el Partido Liberal, éste último incapaz de representar a los sectores medios urbanos crecientes y demandantes, dejó el espacio al crecimiento del Partido Radical y, luego, los “cristianos viejos”  tocados por la lectura vaticana de “la cuestión social” se constituyen en el Partido Demócrata Cristiano, conformándose así el centro político; antes, a inicios del siglo XX el crecimiento de la clase obrera y sus organizaciones sindicales dieron origen al Partido Comunista, luego,  surge la necesidad de diferenciar la ideología y la organización de los trabajadores de la hegemonía bolchevique-estalinista con la fundación del Partido Socialista en 1934, como ya se ha dicho, conformándose así la izquierda chilena.

Desde la Constitución de 1925 se consolida la hegemonía del centro político encabezado por el Partido Radical, con diversas alianzas y vicisitudes varias, lo cual culminó a inicios de la guerra fría con el gobierno de González Videla que rompe el esquema de la alianzas de centro izquierda, debido a las doctrinas de la Guerra Fría, dando paso al gobierno populista de Carlos Ibáñez, como remedo del peronismo, y luego vendrá el Gobierno de derecha de Jorge Alessandri que derrota a Salvador Allende y a la izquierda y le abre el espacio al nuevo centro que es la DC, la cual derrota nuevamente a Allende y la izquierda con el triunfo de Eduardo Frei Montalva, pero este no logra como lo habían hecho los gobiernos radicales consolidar la nueva hegemonía del centro político.  Entonces, se hace posible un gobierno de izquierda con el triunfo de Salvador Allende y la Unidad Popular en 1970. La imposibilidad de pactar una alianza con el centro político que conducía la DC  generó las condiciones para el golpe y la instauración de la Dictadura Militar en 1973. Se cumplía así la doctrina del poder de la derecha que si no accede a este por la vía democrática recurrirá a la violencia extrema –el terrorismo de estado- cuando sus intereses están amenazados y no se tenga con quién pactar su protección, eso que eufemísticamente se llama “la política de los acuerdos”. Solo el acuerdo entre el PS y la DC permite en 1989 desplazar del Poder Ejecutivo a la dictadura militar. El resto es historia conocida, pero  hoy el centro político no tienen convocatoria, ni Lagos Escobar ni Goic han superado el 3% o 5 % en las encuestas.

En la historia moderna y contemporánea en los países desarrollados la derecha ha logrado establecer en alianza con sectores sociales medios rurales y urbanos partidos consolidados  ideológica y orgánicamente, los partidos de orden, pero en momentos de crisis económicas, sociales y políticas recurre al populismo autoritario, como lo fue el bonapartismo dos veces, luego fueron los caso del fascismo y en nacismo en  Italia y Alemania o a la Guerra Civil como en  España, después de la crisis económica mundial de 1929. En general, en los países en desarrollo la derecha se expresa  como populismo, es decir con discursos y acciones que representan los intereses populares, pero concentrando el poder económico en el sector financiero y la extracción de los recursos naturales, siempre en asociación con el gran capital internacional. Tal es el caso del peronismo en Argentina, el varguismo en Brasil o el “priismo” en México.   

Volviendo a la situación política de hoy aquí, el temor  ante la implosión electoral y la explosión política lo expresa claramente  el núcleo pensante del empresariado, el Centro de Asuntos Públicos (CEP) cuando al atribuir la crisis política actual a una crisis del aparato del Estado –Gobierno y Parlamento- expresa que: “que la brecha entre las expectativas sociales y la capacidad estatal de satisfacerlas puede crecer a niveles peligrosos para sostener la gobernabilidad y la confianza social en las instituciones de la democracia representativa”, si bien el documento referenciado, sugerentemente llamado “Un Estado para la ciudadanía” – en el cual participaron prominentes expertos de la Nueva Mayoría como José Pablo Arellano, Ernesto Ottone, Paulina Veloso, Oscar Guillermo Garretón y José Joaquín Brunner, entre otros-,  contiene una propuesta que pretende resolver  esta crisis con medidas técnico administrativas, con estricto control del gasto público y mucha innovación digital, claro está; para nada se tocan los ineludibles asuntos públicos de la gestión de la distribución de la riqueza, la economía nacional, y la gestión de distribución del poder, la política –La Constituyente-, en la cual aquella reposa.  Lo importante es que ese pensamiento empresarial reconoce que el eje de la crisis está en la incapacidad del estado para resolver las demandas sociales, pues  como lo ha puesto en claro las ciencias políticas desde Maquiavelo a Bauman: un estado que no es capaz de darle protección a todas y todos sus ciudadanos no merece existir. Por ahora la implosión electoral se expresa como abstencionismo, que si se convierte en insurrección social puede llegar a ser explosión política.

El temor de la derecha y su centro lo expresa ante la situación electoral que se anuncia compleja si consideramos el estudio electoral de Criteria Research de octubre, al iniciarse la veda de publicaciones de predicciones electorales -dado que parece ser la empresa menos comprometida con algunos de los incumbentes-, en la primera vuelta pronostica entre los votantes probables, por una parte, que Piñera obtendrá un 39% de respaldo electoral y Kast un 6%, por otra, Guillier obtendría un 24%, Goic un 6%, MEO un 5%, Artes un 1% y Sanchez el 15%; para la segunda vuelta ajustando esos resultados al trasvasije de votos que se ha identificado, los resultados totalizados serían un 44,9% para Piñera y un 45,4% para Guillier. Este es un empate técnico donde se muestra que el candidato de la derecha no logra superar su techo electoral y que no tiene la elección ganada.

El temor de la derecha es doble, temor a la derrota y temor a la unificación de la centro izquierda, en cambio, el temor de la Nueva Mayoría (en liquidación) es no mantener la unificación de la centro izquierda, el temor de la DC es una centro izquierda que pretenda incluir al PC y, peor aún, también al FA.

Como ya se ha dicho cualquiera que sea el resultado electoral de la segunda vuelta, sean los escenarios del triunfo de Piñera, Guillier o, incluso Sánchez, la coyuntura de efervescencia  social ya  sea para defender los derechos alcanzados, sea para mantenerlos o profundizarlos, así como su mal manejo por el poder político puede llevar a la explosión política, ya que dado por terminado el sistema electoral binominal y  el duopolio político, “la política de los  acuerdos” ya no será posible o tendrá un carácter completamente distinta con la presencia del FA.

La última estrategia comunicacional de la derecha en esta incertidumbre electoral es la recurrencia al individualismo popular, por el cual lo aconsejable para los consumidores-emprendedores impulsados por la pasión consumista, que conformarían las grandes mayorías nacionales, es que estos se identifiquen,  o suponer que se identifican, o hacer que se identifiquen con un emprendedor exitoso: Sebastián Piñera. En esto está jugando un rol central el Rector Carlos Peña con su libro de sugerente título: “Lo que el dinero si puede comprar”, quien ha calificado a la campaña electoral de “silente, escasa de ideas y plagada de rencillas entre los candidatos”, lo cual, según él, le otorgaría el triunfo al liderazgo más consolidado.

(el autor de esta nota milita en el Núcleo Valparaíso Socialista, del PS regional)

(Imagen: Dirigible LZ-129 Hindenburg en llamas, a las 19:25 del 6 de mayo de 1937, Lakehurst, New Jersey)

En los cien años de la Revolución Rusa y en el Chile de hoy

por Ibán de Rementería//

A cien años de la Revolución de Octubre la pregunta que tienen que ser hecha es porque ésta  termina en los gobiernos de Gorbachov, Yeltsin y Putin, todos ellos productos políticos de esa revolución. ¿Cómo esa revolución política que realizó una revolución social terminó como ya sabemos? ¿Cómo el saber de los bolcheviques convertido en poder soviético –poder de consejos de obreros, campesinos y soldados-, transformaron ese país agrario y feudal, en un país estatista e industrial, para convertirlo finalmente en un país capitalista, extractivista e industrial retrasado?.

Si bien las revoluciones son políticas, son procesos vertiginosos de redistribución del poder, de crecimiento de la democracia, sus propósitos son siempre de redistribución de la riqueza que colectivamente toda la sociedad produce. La Revolución Francesa fue principalmente una reforma agraria, la Revolución Rusa fue una reforma agraria y la estatización de los principales medios de producción, lo que le aseguraba al estado la apropiación del excedente económico y el poder discrecional para hacer uso social y económico de él.  

Cuando en la historia occidental se habla de revolución se refiere a la Revolución Francesa (1789) y a la Revolución Rusa (1917), se consideran como revoluciones también a la Revolución Inglesa (1630) y la Revolución Americana (1774), pero  sólo en aquellas los pueblos francés y ruso –en lo concreto los pueblos de París y Petrogrado – respectivamente, tomaron la iniciativa y mantuvieron el protagonismo hasta que el orden político institucional se los apropio. Allí el Consulado y el Imperio, allá el Estado Soviético.

La Revolución  Rusa se asumió como terror rojo con los bolcheviques en su conducción desde la toma del Palacio de Invierno hasta las purgas estalinistas de 1937-1938, de igual manera como la Revolución Francesa  se asumió como el Terror, a secas, cuando los jacobinos radicalizados se tomaron el poder en el momento de mayor peligro para ella, aplicándole la guillotina a todo el que representara la aristocracia, incluidos el Rey y la Reina, como a cualquiera que se opusiese a ella o no mostrase suficiente lealtad con ella,  el líder de este procedimiento de salvación nacional, Robespierre terminará él mismo aguillotinado para tranquilidad tanto de sus enemigos como de sus asociados, la mayor hazaña del jacobino Napoleón Bonaparte fue la represión del pueblo de Paris, el 18 de brumario, luego Napoleón le podrá orden institucional a la revolución y en su intento de volverla así universal –europea imperial- terminará su aventura en la derrota militar de Waterloo. Pero las cosas nunca volvieron a ser las de antes, los pueblos siguieron intentado librarse de la dominación y luchando por la emancipación en 1830, 1848 y de manera radical el pueblo de Paris en 1871. Los desacuerdos sobre la distribución del poder político, territorial y de la riqueza en Europa más o menos se resolvieron mediante dos guerras mundiales (1914 y 1939), movilizando a grandes masas de población como en la revolución.

La Unión Soviética fue una invención política de un partido político, el Partido Comunista, un partido con una ideología estructurada, en lo concreto representar los intereses políticos,  económico y sociales de los trabajadores asalariados –los proletarios- frente a la burguesía industrial, comercial y financiera que los explota para hacer reproducción ampliada del capital, por lo tanto contaba con un proyecto político específico para representar en cada momento y lugar los intereses de aquellos.

No se necesita ser un avezado científico político para cerciorase que el jacobinismo radicalizado de la facción bolchevique –la mayoría- del Partido Obrero Social Demócrata de Rusia terminó absorbido en el autoritarismo organizativo e ideológico instalado por el estalinismo, conduciendo a sus militantes y cuadros a la despolitización. Como es sabido el  “poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. El  intento democratizador de Gorbachov fue derrotado por la fracción burocrática del Partido Comunista de la Unión Soviética y ambos anulados entre sí fueron desplazados por la facción neo liberal encabezada por Yeltsin, hecho internacionalmente celebrado, quien puso fin a la Unión Soviética, asunto no previsto ni por la CIA ni por la KGB, y dejó al Partido Comunista en la oposición donde no es una amenaza para nadie, vive de la nostalgia y la celebración de Stalin como fundador de la Rusia moderna. 

La Revolución Rusa nos ha dejado dos lecciones históricas fundamentales, primero, que para hacer una revolución política, la toma del poder, y realizara una revolución social, económica, cultural y tecnológica se necesita una organización política y una ideología de clases, en este caso de los trabajadores, se requiere un partido político revolucionario; segundo, que la revolución debe ser democrática, constantemente redistribuidora del poder, o merece ser puesta en una jaula con otros objetos políticos curiosamente perversos, ya que de lo contrario indefectiblemente terminará en manos de líderes personalista como Napoleón o Stalin y así el poder retornará a las clases dominantes.

Aquí, después de 17 años de dictadura militar y 27 años de democracia tutelada por la constitución Pinochet-Guzmán, regida por la economía neoliberal extractivista y rentista con un estado socialmente subsidiario, produjo un modelo de control político y social altamente privatizador y concentrador de la riqueza, conocido como la exitosa transición, conducida por los partidos de la Concertación. Pero este modelo manifiesta sus primeros signos de crisis con la derrota de Lagos Escobar por Joaquín Lavin en la primera vuelta presidencial en 1999, no obstante aquel logra triunfar en la segunda vuelta convocando al PC y al resto de la izquierda no institucionalizada en la Concertación, constituyéndose su gobierno en el paradigma de cooperación público privada y el reformismo político, luego la elección de la carismática  Michel Bachelet en 2006 salva la situación. Pero, ese modelo de control social y político despolitizador de la ciudadanía –medido en abstencionismo creciente- fracasará estruendosamente con la elección presidencial de Sebastián Piñera en 2010. Entonces, en el año 2011 el movimiento social se expresa a lo largo de todo el país protestando por las consecuencias locales inaceptables del modelo económico extractivista y rentista, ahí “la calle” pone en jaque al gobierno y en crisis de representación al conjunto de los partidos políticos, el liderazgo del movimiento social lo asumen los estudiantes, quienes establecen que la principal causa de la desigualdad es el acceso selectivo o negado a la educación en general y a la superior en particular, en ese momento el movimiento social estableció el programa mínimo de gestión de la distribución del poder y la riqueza, constituido por el derecho al acceso universal, gratuito y de calidad a la salud, la educación y la seguridad para todas y todos los habitantes del país; además para hacer ese proceso de redistribución de la riqueza estableció que es absolutamente necesario hacer un proceso de  redistribución del poder político mediante una Asamblea Constituyente. En 2014 la candidata indiscutible de la Concertación para recuperar el poder es nuevamente Michelle Bachelet,  que más el Partido Comunista conforman la Nueva Mayoría, quien hace suyo como programa presidencial la demanda de la calle por la plena satisfacción de los derechos sociales fundamentales en salud, educación y seguridad social. El nuevo gobierno para financiar esas reformas acomete la reforma tributaria y mejorará la capacidad negociadora de los trabajadores con la reforma laboral, pero las negociaciones cupulares intra y extra Nueva Mayoría no dejan conforme ni a beneficiarios ni afectados: ni a trabajadores ni a empresarios; la reforma tributaria vuelve al conocimiento tributario en una ciencia compleja; la reforma educativa no convoca ni satisfaces a estudiantes, ni a docentes, ni a rectores, ni a propietarios de las instituciones educativas; la constituyente y la regionalización se diluyen entre los intereses de los incumbentes tanto en el Gobierno como en el Parlamento; la reforma del sistema de seguridad social, pese a ser demandada por el segundo movimiento social masivo luego del estudiantil, con la consigna: “No más AFP”, es remitida a “comisiones” especializadas.

Lo anterior y la situación electoral actual plantean tres escenarios y una sola coyuntura. La mayor novedad política es que el movimiento social conducido por los estudiantes se configura como un tercer actor político, el Frente Amplio, conformado por un conjunto de 15 partidos y movimientos políticos originados entre los estudiantes y diversos proyectos de izquierda frustrados.

Cada escenario queda definido por la propuesta política que se propone realizar cada uno de los contendientes presidenciales en relación a la satisfacción de los tres derechos sociales fundamentales, propuestos por el movimiento social  y que intentó implementar el Gobierno de la Presidenta Bachelet.

El primer escenario es el eventual triunfo de Sebastián Piñera, quien se propone dar marcha atrás en esas tres reformas, eso generará movilizaciones sociales de resistencia tanto más fuertes cuan profundas sean las contra reformas, todo lo cual provocará una creciente polarización social y política. Una primera manifestación de esto fue que José Antonio Kast, candidato presidencial de la extrema derecha conservadora en lo valórico y neo liberal en lo económico social,  fue aplaudido 17 veces en la última  ENADE (Encuentro Nacional de la Empresa), mostrando así el profundo carácter reaccionario del empresariado nacional.

El segundo escenario es el posible triunfo de Alejandro Guillier, quien se ha comprometido a continuar las reformas iniciadas por la Presidenta Bachelet, pero dado que su programa no prevé la recuperación para el Estado de las rentas y utilidades proveniente de la explotación de los recursos naturales concesionados a los privados, como tampoco de las que producen las obras públicas sobre los bienes nacionales, ni los servicios públicos que constituyen monopolios naturales, está claro entonces que no se contará con los recursos suficientes para profundizar esas reformas, lo cual le otorga un carácter demagógico y populista a esa propuesta programática, es decir no se tiene voluntad de hacerlas e irresponsabilidad fiscal en caso de hacerlo. Esto generará frustraciones en el movimiento social y aumentará la perdida de legitimidad política de la  Fuerza de Mayoría  lo cual a su vez aumentará las movilizaciones sociales y la polarización política.

El tercer escenario es el no descartable triunfo de Beatriz Sánchez y el Frente Amplio, ellos no tan solo se han comprometido a dar cumplimiento a la satisfacción de los derechos sociales en salud, educación y seguridad social, también se proponen la recuperación de la explotación de los recursos naturales o al menos de una renegociación sobre sus rentas con los actuales concesionarios, también sobre algunos servicios públicos, incluso han valorizado el costo anual de dar cumplimiento a sus promesas en unos US$ 13.000 millones anuales, incluido entre otros poner fin a la privatización de la seguridad social de la población civil, lo cual se aproxima a los US$ 12.000 millones anuales que las mineras privadas del cobre se han llevado como sobre ganancias en los últimos diez años –más allá de sus utilidades, costos de riesgo, costos tecnológicos, etc.-, según la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile. Aquí lo claro es que el empresariado nacional e internacional no se dejará quitar esa parte de la riqueza nacional que les ha cedido graciosamente el Estado de Chile durante la Dictadura Militar, los gobiernos de la Concertación, la Coalición por el Cambio y la Nueva Mayoría. En este escenario la polarización política es un claro proyecto y amenaza política por el empresariado y sus partidos políticos, incluidos sectores de la Democracia Cristiana y de los partidos de la Fuerza de la Mayoría, aquí el discurso explicativo y de advertencia es la venezolanización de la política nacional.

Es obvio que los dos escenarios dos y tres pueden producir una variedad de variantes según sean los acuerdos o desacuerdos a los cuales lleguen los diversos actores políticos para realizar sus respectivos proyectos de gobierno. Igual cosa acontece en el escenario uno donde la gobernabilidad del eventual  Gobierno de Piñera dependerá de los aliados que logre sustraer de la DC, poniendo en duda la integridad de esta, la experiencia pasada resultó un fiasco; también la gobernabilidad de ese eventual gobierno dependerá de los aliados que obtenga en algunos partidos de la Fuerza de la Mayoría.

Cualquiera de los tres escenarios electorales previsibles generará la misma coyuntura política nacional marcada por grandes movilizaciones sociales en pro de las reformas por los derechos sociales fundamentales y la resistencia política de las organizaciones empresariales y políticas que se oponen a las mismas. Aquí, entonces, la pregunta a cien años de la Revolución de Octubre es: ¿existe un partido político con una coherencia ideológica suficiente y una capacidad organizativa competente, socialista y democrático, para convertir al movimiento social creciente en una alternativa de poder ante el previsible vacío de poder que la actual coyuntura electoral está produciendo?  Eso que los opinólogos llaman “las aburridas elecciones”.

 

 

(el autor milita en el Núcleo Valparaíso Socialista del PS)

 

Es imposible que gane Piñera

por Gustavo Burgos//

Aunque las encuestas lo estén dando como ganador desde hace más de un año, es imposible que Piñera gane las elecciones. Podrá imponerse en las urnas -que es algo que está por verse- pero lo que resulta ineludible es que el proyecto piñerista está derrotado y no hay forma que reflote las expectativas que generó su primer gobierno. 

La polarización ha hecho volar en pedazos cualquier proyecto que apueste a salidas de compromiso social y la idea de generar un polo de “centro derecha liberal” como se planteó el 2009, se encuentra agotada del todo. Para ganar en una segunda vuelta Piñera necesita reeditar su capacidad de copar el centro político, de disputar la masa electoral de lo que fue la Concertación, con este objetivo cuenta exclusivamente con la dispersión electoral de lo que fue la Nueva Mayoría.

De alguna forma, en las presidenciales la cena parece estar servida para el controversial especulador financiero. Pero sólo si se trata de hacer apuestas a corto plazo. Hasta ahora, si el curso de la campaña sigue el adormilado ritmo que han tenido hasta el día de hoy, y no se logra despertar una verdadera lucha electoral, lo más probable es que se imponga Piñera. Curiosamente, la “politización” de la campaña no ha venido del sector que podríamos presumir se siente amenazado por la Derecha, la centroizquierda. Por el contrario, ha sido Kast emblema fascista, cuyo capital electoral se encuentra tras las rejas en Punta Peuco, quien se ha encargado de agitar las aguas, proclamando –hasta donde su inteligencia se lo permite- que la salida a los problemas nacionales pasa por el aplastamiento militar al movimiento de masas.

La penosa polémica iniciada hace un par de días a partir de la legítima defensa y el porte privado de armas, se inició con Kast diciendo: “Si entran a mi casa, les voy a disparar. Sé usar mi arma”. Piñera, para no ser menos, en términos más dramáticos replicó: “Si un delincuente mata a mi hija, agarro un martillo y se lo quiebro en la cabeza”, haciendo un fuerte énfasis en el verbo “quiebro”.

La derecha está hablando de pistolas y martillos, en parte por su prosaica y tradicional campaña de terror, porque necesitan cohesionarse, dotarse de un discurso que de sentido a su intervención electoral, pero principalmente porque se siente amenazada. Si fuera por el discurso de quien perciben como una amenaza, Guillier, gran campaña no deberían realizar. A su turno, la campaña de Sánchez tampoco debería quitarles el sueño, más por su aparente menor peso electoral que por sus posturas, que han emergido con permanente vaguedad.

La derecha en realidad le teme a la intervención de las masas, a aquello que han anatemizado como “la calle”. Así las cosas, de forma unánime, los medios de comunicación han sumergido en el silencio un hecho político de primera magnitud y esto es que la Coordinadora No+AFP –la principal organización de trabajadores en el país- convocó para su consulta nacional a más de un millón de personas, superior a cualquiera de los candidatos que se presentaron a las primarias y superior, por lo mismo, a los ochocientos mil y tantos votos que obtuvo el propio Piñera en las primarias de Chile Vamos.

Con todas sus limitaciones, la convocatoria del Plebiscito No+AFP, es el mayor hecho político en lo que va corrido del año, tiene lugar a menos de dos meses de las presidenciales y constituye –ahora sí- un mazazo al sistema de ahorro forzado y de subvención a la banca privada, que el régimen “ideológicamente” insiste en llamar “sistema previsional”. Se trata de una movilización política que logró hacerse camino contra toda la prensa burguesa y a pesar de la indolencia de la izquierda.

Este potencial movilizador -cuyos objetivos no pueden ser asimilados por el régimen como ocurrió con la demanda universitaria de gratuidad- da cuerpo a un obstáculo mayúsculo a los planes de ajuste y a la política reaccionaria del régimen en su conjunto. La envergadura de este obstáculo está dada por la catástrofe con que termina el gobierno de Bachelet.

Contra lo que dicen los escribas de la derecha, el gobierno de Bachelet –desde el punto de vista patronal- fue un gobierno exitoso porque estabilizó al régimen: desactivó al movimiento estudiantil casi por completo y logró destruir las principales organizaciones de trabajadores ya sea quebrándolas o quitándoles todo peso, como ocurrió con la ANEF, la CUT y los trabajadores del cobre. Bachelet no sólo desactivó los principales movimientos que tenía en frente, sino que además plasmó una institucionalidad que debe permitir al régimen manejar estos conflictos y así lo hizo con la reforma educativa –que consolidó el modelo privado de subvención a la demanda- y con la reforma laboral que, en la práctica, pone cotas más altas para la sindicalización y entorpece el derecho a huelga, consolidando por lo mismo el Plan Laboral de cuño pinochetista.

Bachelet cumplió su labor, no se puede negar, pero lo hizo a un costo muy alto, desfondó y terminó de liquidar a los partidos que con cuya influencia de masas, sostuvieron al régimen durante estos 27 años de “transición”. En efecto, la DC terminó siendo barrida en la administración pública, quedando reducida a una fuerza política insignificante para una organización oficialista; a su turno, el PC y el PS, a pesar de sus esfuerzos organizativos desplegados durante el refichaje, vieron como su dirigencia en el movimiento obrero colapsó bajo el derrumbe de la CUT y sobrevive hoy en sus ruinas sin ninguna identidad política.

El estado actual del PC, merece una mención especial, aunque su análisis excede con creces los marcos de esta nota. El Partido Comunista, particularmente desde la fase de ascenso de masas antidictatorial en los 80, se transformó en el eje articulador de toda la izquierda, la transición habría sido del todo imposible sin su dilecta colaboración. El democratismo “antipinochetista”, la disciplina social expresada en la fórmula de “todas las formas de lucha”, la unidad pluriclasista contra la Dictadura y –a partir de los 90- la profundización de la democracia, son conceptos políticos fundamentales sin los cuales la llamada transición democrática habría sido del todo imposible. Sólo a vía ejemplar, resulta importante recordar el papel del stalinismo en las movilizaciones de la FENATS y Lota a comienzos de los 90; el apoyo a Lagos en la segunda vuelta; su papel articulador de la burocracia de la CUT, en el CONFECH, Trabajadores del Cobre, etc.

Este papel político, llamémoslo de válvula de escape a la presión de las movilizaciones, fue fundamental para ejercer el control social, nítidamente hasta el año 2011. Desdibujada la imagen de Pinochet y quebrada la Concertación o devenida en fuerza de oposición al primer gobierno de Piñera, el Partido Comunista pierde su rol auxiliar y el ímpetu del movimiento de masas se expresa en toda su intensidad directamente, contra el régimen. El punto más alto de este proceso lo constituyó el Paro Nacional de agosto de 2011, movimiento que no fue exclusivamente estudiantil universitario y secundario, sino que tuvo múltiples expresiones coetáneas regionales (Punta Arenas, Freirina, Coyhaique).

Pero este movimiento no logra generar nuevas direcciones políticas que lo expresen. Un sector de las direcciones -Revolución Democrática- ingresa al Gobierno como fuerza secundaria; los Autonomistas al Congreso y finalmente el PC se incorpora a la Nueva Mayoría, como fuerza de Gobierno, con Bachelet. Más allá de los devaneos sobre si tendría un pie en la Moneda y otro en la calle, lo concreto es que desde el Gobierno, el PC retoma su papel de control social como articulador del proceso de reformas.

Este escenario de incorporación del PC al Gobierno, resistido siempre por la Democracia Cristiana, puso al régimen en el actual entredicho. Lograron en lo inmediato estabilizar el régimen, pero al costo de destruir los instrumentos para ejercer ese control social. La política de reacción democrática, que está en el ADN concertacionista, de contener, neutralizar y desmontar a los movimientos sociales, la verdadera “retoexcavadora”, ha tocado –como la conocíamos- a su fin. Un león sin dientes, como Ricardo Lagos, es la viva manifestación de esta crisis política de primera magnitud para la burguesía.

Este proceso político hace imposible la victoria de Piñera, porque aunque logre ganar estas elecciones, la misma sería un triunfo a lo Pirro, irrelevante, intrascendente a los efectos de ejercer algún control social como lo requiere el régimen, simplemente porque no tiene herramientas políticas para materializar esta tarea. En una palabra, la visibilidad política de Piñera tiene como única explicación, la derrota y la crisis de las direcciones tradicionales de masas la DC, el PS y el PC.

En este contexto, el desafío para la izquierda revolucionaria, aquella que reivindica el socialismo como alternativa superadora a la crisis social por la que atraviesa nuestro país, es máximo. La respuesta no provendrá de la burguesía ni de la clase media (ni aún la frenteamplista), es en las movilizaciones de la clase obrera, de los trabajadores que se hace visible una salida a la situación que vive el país. La politización generada por el proceso electoral, aún sin referentes políticos que interpreten a la clase trabajadora, debe ser aprovechada al máximo para ayudar a unificar a los grupos de izquierda. No podemos dar la espalda al proceso electoral, es necesario intervenir en él para ayudar a las masas a superar sus ilusiones puestas en la democracia burguesa explicitando que es el socialismo la respuesta a los grandes problemas democráticos, nacionales y sociales.

La construcción, en esta fase, de un partido revolucionario constituye la mayor de las prioridades. En la vereda opuesta, la de la burguesía, la derrota es un hecho de la causa y –por supuesto- es imposible que gane Piñera.

 

Argentina: Votar al FIT y organizar unitariamente la resistencia al ajuste

Ponemos a disposición de nuestros lectores la convocatoria para las parlamentarias del próximo 22 de octubre, efectuada por el grupo Socialismo Revolucionario que -en el interior del FIT que agrupa a la izquierda trasandina- agita la perspectiva revolucionaria socialista. 

por Fernando Armas//

Los trabajadores atravesamos un período difícil y adverso. Nuestro salario va cayendo, y crecen los despidos y la desocupación de la mano de una mayor precariedad laboral. Los desastres ecológicos persisten, siguen los tarifazos y cuestiones tan básicas como el derecho a la salud, a la educación, a la vivienda, y al trabajo, retroceden día a día. Sigue creciendo la deuda externa, hipotecando la vida de varias generaciones futuras de argentinos. Para agravar la cosa, se ratifica el curso represivo, emblematizado con la desaparición de Santiago Maldonado.

Como lo hemos señalado sistemáticamente, esto no es sólo el resultado del accionar del actual Gobierno de Macri, sino de la lógica del capitalismo como sistema y de su régimen político como ejecutor, llevado adelante por los distintos gobiernos (nacionales, provinciales y municipales), desde hace décadas. Las conquistas logradas en el período de crecimiento económico, de “vacas gordas” (2003/2010), ya se han perdido o van en ese camino.

La resistencia del pueblo trabajador ha sido desigual, dispersa, sectorial, y en general hemos sufrido derrotas parciales importantes (Lear, Liliana, Pepsico, AGR Clarín, etc.). Las manifestaciones de masas en defensa de las libertades democráticas fueron (y seguramente serán),  muy importantes, pero no configuran un plan de lucha que integre, en programa y en acción política, la resistencia al ajuste en curso. Por eso no hemos logrado frenar la ofensiva del gobierno actual en complicidad con los partidos de la oposición burguesa.

La línea de conciliación de clases y con el Gobierno de la mayor parte de la burocracia sindical no ha generado, lamentablemente, un movimiento de rebelión antiburocrática basado en asambleas de base que pueda articular las luchas.

Este contexto político general favorece la muy probable victoria de CAMBIEMOS a lo largo y ancho del país, incluida la provincia de Buenos Aires. El kirchnerismo, con cuya militancia compartimos espacios de resistencia, no parece querer liderar una lucha en el plano de la acción directa, y su apuesta electoral de “UNIDAD CIUDADANA” apunta más a la interna del peronismo que a enfrentar de conjunto al Gobierno de Macri.

La derechización reinante nos afecta claramente a los partidos, grupos y militantes de la izquierda. Sin ser una mala elección, los resultados de las PASO estuvieron muy por debajo de las expectativas, y todo indica que esto va empeorar el 22 de octubre. Lejos de leer esta realidad (que exigiría mayor unidad y fraternidad), advertimos que los partidos tradicionales de nuestro espacio siguen profundizando el exitismo delirante y su sectarismo burocrático y divisionista. Alejados de la carta fundacional del FIT, cada uno hace su mezquina campaña electoralista, convocan a encuentros sindicales por separado, y se niegan a todo paso asambleario que pueda integrar en su seno a miles de simpatizantes y votantes, EN UN ESPACIO DE IZQUIERDA FRATERNAL Y DEMOCRATICO QUE PERMITA UN DEBATE ABIERTO JUNTO CON ACCIONES UNITARIAS.

A pesar de todo esto, nuestro voto y nuestra modesta campaña es y será a favor de la independencia política de los trabajadores, contra las distintas alternativas patronales que se nos ofrecen. VOTAREMOS Y LLAMAMOS A VOTAR AL FIT, señalando con claridad que estas elecciones son, más que nunca, un recurso para legitimar el ajuste capitalista. Hacemos nuestra propaganda socialista revolucionaria, contra este sistema basado en el mercado, la tasa de ganancia y el consumismo. Y CONTRA ESTE REGIMEN POLITICO, DONDE TODOS SUS ESTAMENTOS EJECUTIVOS, LEGISLATIVOS Y JUDICIALES ESTAN AL SERVICIO DE LAS GRANDES PATRONALES. Pero también les decimos a todos los luchadores: ¡Que el voto no nos divida a la hora de la lucha concreta contra el ajuste en curso y contra su segura profundización post-electoral! Que la unidad de acción lograda en el campo democrático (¡aparición con vida de Santiago Maldonado!) se traslade y se potencie en todos los terrenos.

14-10-17 –     SOCIALISMO REVOLUCIONARIO

La crisis política en La Cocina del poder

por Ibán de Rementería//

 

La actual crisis política tiene su expresión más dramática y generalizada en la probabilidad previsible que la participación en las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias sea aún menor que las pasadas elecciones municipales, que sólo llegaron al 35%, esta es una crisis de convocatoria política y por lo tanto de legitimidad de la democracia.

La otra expresión más particularizada de la crisis política que padece el país, es la crisis de las organizaciones partidarias de la institucionalidad del poder, la cual reposa más en esas organizaciones que en las mismas instituciones de las organización política de la república: Presidencia de la República, el Congreso de la República y los Municipios, principalmente. Nos referimos a los partidos políticos. No es necesario repetir aquí las diversas encuestas que indican niveles mínimos de aprobación a estas instituciones de gestión de la distribución del poder que es la tarea de la política, de la organización del poder. Según el CEP, en julio del año 2014 el respaldo a la Nueva Mayoría era del 30% y a Chile Vamos solamente el 20%, ahora en agosto de 2017 el respaldo a Chile Vamos cayó al 16% pero la Nueva Mayoría solo consigue el 10%, mientras que el Frente Amplio tendría un 11% de respaldo, entonces, la Fuerza de la Mayoría se muestra más bien como la fuerza de una minoría.

Intentemos no al estilo de Foucault un análisis de la micro física del poder, sino que al estilo de Zaldívar de la pequeña cocina del poder, de la microfísica culinaria del poder.  A poco de iniciado el actual gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet  con la crisis ministerial que causa el caso CAVAL, el cual compromete gravemente el entorno familiar  inmediato de la Presidenta,  pone de manifiesto que ella está acompañada de un entorno político despolitizado, mediocre y sin liderazgo que es incapaz hacerse cargo de los asuntos públicos en medio de una crisis de esa envergadura. Además,  aparece claro en ese momento que los partidos políticos constituyentes de la coalición  de Gobierno, la Nueva Mayoría, no tienen ninguna participación en el manejo de esa crisis, como resultado del hecho de que sólo habían tenido una participación meramente nominal en la constitución del equipo de gobierno.  ¿Qué había pasado?  la candidata, dada su mala experiencia con los partidos en su primer gobierno decidió conformar su propio equipo de confianza tanto para conducir la campaña como para conducir el Gobierno, lo que aceptaron gachamente los partidos por el triunfo asegurado, con el oportunismo político que los caracteriza.

El equipo político de gobierno estaba constituido por quienes habían sido los principales operadores de la campaña presidencial, eran militantes pero no miembros de las direcciones de los partidos de la Nueva Mayoría, ni pertenecientes a los entornos de los “príncipes electores”  de la Concertación: Girardi, Lagos y Bitar del PPD, Frei, Walker y Zaldívar de la DC, Escalona, Núñez  y Solari del PS, etc. Habían sido en lo personal de la confianza exclusiva  de la candidata y habían llegado a los máximos cargos del poder ejecutivo como personas de confianza de la Presidenta. El poder de ejecución residía en los ministros  Rodrigo Peñailillo, Ministerio del Interior,  y Alberto Arenas, Ministerio de Hacienda, pero el poder propiamente tal lo tenía y tiene la Presidenta, ellos fueron defenestrados con su absoluta mudez, sin defensa ni lágrimas de nadie, mientras sus sustitutos, Rodrigo Valdés en Hacienda, un conocido operador de las finanzas internacionales, y Mario Fernández DC opus dei, pero no de derecha,  son bien vistos y recibidos por los sectores más dialogantes de la Nueva Mayoría y Chile Vamos. En la gestión de Gobierno, que no puede ser analizada aquí en profundidad,  imperó más que desprolijidad técnica y administrativa la indefinición y carencia de propósitos políticos –de poder-, la política seguía siendo la de los acuerdos, los resultados, dicho de manera alegórica, han sido el conocido camello producido por un equipo de expertos estadounidenses, nadie entendió nada ni se sintió representado en nada por lo reformado, pero la derecha y un sector importante de la DC logró articular una mayoría opuesta a ellos  juntando los trozos de todo aquello que no convenía a los diversos sectores involucrados: estudiantes y docentes, universidades públicas y privadas, trabajadores y empleadores, grandes y pequeños contribuyentes, etc. Finalmente, “el conflicto entre el crecimiento y el medio ambiente” derrumbó el equipo económico de ese gabinete, pero eso es otra historia. Lo cierto es que el intento bonapartista de la Presidenta careció del liderazgo apropiado y de los oficiales eficientes para llevarlo a cabo, ella no obstante conserva su carisma y estaría dedicada a preparar su legado.

Tampoco hay aquí espacio para hacer el análisis en profundidad de las vicisitudes que han llevado a la Nueva Mayoría a constituirse en la Fuerza de la Mayoría (FM) en torno a la candidatura presidencial de Alejandro Guillier. Pero si podemos hacer un análisis comparativo como micro cocina del poder entre esa candidatura y lo acontecido con la Presidenta Bachelet. La situación general de contexto político es la misma, más agravada ahora, que la situación de crisis de la Concertación como proyecto de centro izquierda puesto de manifiesto en las elecciones presidenciales de 1999, donde en la primera vuelta el candidato de la derecha Joaquín Lavín derrota a Ricardo Lagos Escobar, quien sólo logró sobreponerse en la segunda vuelta gracias al respaldo del PC y el resto de la izquierda alternativa. Por eso mismo en el año 2006 la candidatura de la carismática ex Ministra Michelle Bachelet se impone sobre los liderazgos conocidos de los partidos de la Concertación. En el año 2010 la persistencia en carencia de propuestas políticas y liderazgos en los partidos de la Concertación lleva al oportunismo de una marca conocida, con Eduardo Frei Ruiz Tagle, que conduce a una estrepitosa derrota ante la derecha liderada por Sebastián Piñera.    

Ahora, el Senador Alejandro Guillier, ex periodista y comentarista político que llegó a ser la opinión mejor evaluada de los medios de comunicación,  levanta con éxito inicial su candidatura presidencial independiente  por la Nueva Mayoría pero ajena a sus partidos, excepto su relación funcional con el PR en tanto es senador independiente por ese partido, al reafirma su independencia política y programática de aquellos estuvo llegando a alcanzar a Piñera en respaldo popular en los inicios de la campaña a comienzos de año. Luego la inconsistencia política de sus propuestas, su error forzado por los partidos de no participación en las elecciones primarias presidenciales, los conflictos más de estilo y formas que de confrontaciones programáticas y políticas con las otras candidaturas de su sector, el nutrido fuego amigo, el ninguneo de los medios de comunicación; pero, sobre todo, la aparición de una candidatura de izquierda alternativa encabezada por la periodista política, también de alto reconocimiento profesional, Beatriz Sánchez,  va aumentando en las encuestas su distancia con Piñera y acortando hasta el empate sus diferencia con aquella.

En lo concreto la microfísica culinaria del poder en la campaña de Guillier se está manifestando como un conflicto entre la organización de campaña y su entorno político más cercano.  El “petit comité” de Guillier está conformado por Juan Forch (ex PC), Harold Correa (PPD), Luis Conejeros (ex DC), Enrique Soler (PPD) y Osvaldo Rosales (ex PPD). Correa conoció a Guillier en 2005 como jefe de gabinete de Sergio Bitar, cuando este era ministro de Educación, Bitar y Harold Correa le habrían presentado, a su vez, al ex diplomático Enrique Soler, su actual jefe de gabinete. Este “petit comité” tiene serios conflictos con el Comando de la Campaña que encabeza Osvaldo Correa Generalísimo del Comando y Secretario General del PR.

Lo que aflora nuevamente aquí con la campaña de Guillier, como en el caso de la campaña y el gobierno de la Presidenta Bachelet,  es tanto carencia de propuestas programáticas que sean coherentes con las demandas sociales básicas fijadas por sus movimientos en derechos universales, gratuitos y de calidad en salud, educación y seguridad social, lo que despectivamente los expertos y la gran prensa  llaman “la calle”, que estalló allí en 2011 como respuesta a los intentos contra reformistas del Gobierno de Piñera. En esta campaña también aflora la ausencia de una capacidad organizativa de los partidos para hacer creíbles la realización política de esas propuestas. Lo claro, ahora, es que sólo un liderazgo bien construido ya no produce convocatoria entre los sectores sociales que serían sus eventuales beneficiarios. Para decirlo brevemente, la sociedad civil en clave de poder ya no está dispuesta a embarcarse en propuestas populistas. Pero el fantasma del populismo recorre la campaña de la FM, mientras Rosales dice que se debe satisfacer las demandas de salud, educación y seguridad social, mediante crecimiento no más, la derecha acusa a esas propuestas de demagógicas, impracticables, y de populistas conducentes a la destrucción de la economía nacional como en Venezuela, Argentina, Brasil, Ecuador, etc.

Mientras la campaña presidencial de la Fuerza de la Mayoría (FM) no prende ni se despliega, a la vez, la campaña parlamentaria se pierde, en aquello que en tiempos de “ascenso revolucionario” se llamó el cretinismo parlamentario, con altos niveles de conflictividad en las campañas senatoriales y las otras, entre el PS y el PC y “bellos gestos” amistosos entre la DC y el PS, donde la torpe y silenciosa dirección nacional del  PS, que nada dice de lo político y ni de lo programático, trata de resolver  vía disciplinaria los descontento locales  mediante sanciones de zarzuela con mucho canto y baile pero meramente entretenidas. A su vez la IS permanece en la mudez programática y política que domina al conjunto del PS y a la FM. Por su parte el FA, no obstante ser una coalición debutante de amplio espectro e inmadurez, muestra mucha coherencia discursiva, propuesta política explícita y eficiente despliegue territorial, pese a sus escasez de recursos. Lo claro es que la Fuerza de la Mayoría y el Frente Amplio se están disputando palmo a palmo pasar a la segunda vuelta, donde triunfará el que mejor logre sacar de la abstención  a la ciudadanía.

(el autor milita en el Núcleo Valparaíso Socialista, del PS de Valparaíso)

(Imagen: Bodegón de aves y liebres, Rembrandt) 

El desfonde ético del Frente “Amplio” y los costos de una política sin política

por Daniel Giménez//
El reciente culebrón del Frente Amplio dejó en evidencia varias cosas relevantes para la política chilena de los próximos meses. Lo primero y más fundamental es que, según dictaminaron sus tribunos supremos, un hombre no podrá volver a hacer llamadas a una mujer por motivos políticos, puesto que, por el solo hecho de hacerlas, incurre en un acto de violencia de género (sic). Lo segundo y, ciertamente, menos relevante es que las jerarquías y funciones al interior del conglomerado están claras: Yioryio manda, Echecopar ejecuta y Boric obedece sin cuestionar ni pedir audios. ¿Y el resto de las siglas que, se supone, forman parte del tinglado? Bueno, son como las bolitas de los árboles de navidad: adornan, hacen volumen, pero pesan lo que pesan. Lo que, en definitiva, hizo el culebrón fue develar que el Frente “Amplio” tiene un dueño, un accionista mayoritario. Y vaya qué dueño… nada más ni nada menos que el del “colaboracionismo crítico”, un dato fundamental para entender por qué esta aventurilla política de la pequeña burguesía “progre” tiene fecha de vencimiento: el 20 de noviembre.Pero más allá de lo político, el culebrón puso en el foco un asunto un tanto más peliagudo y delicado para el estado actual de lo público en Chile: el real compromiso ético del Frente “Amplio”, que ha hecho de esta bandera, la ética, el centro del relato que le ofrece en estas elecciones a la sociedad chilena. Alberto Mayol fue vetado como candidato no por motivos políticos, sino porque, según reza el comunicado anunciando el veto, habría “cruzado límites éticos”.

Una declaración así de tremendista lleva inevitablemente a preguntas obvias: ¿quiénes son estos/as paladines/as de lo correcto como para dictaminar a nombre de la ética? ¿Qué estándares éticos encarnan y representan? ¿Qué consecuencia política tiene que, tras el affaire del distrito 10, el Frente “Amplio” hubiera sufrido un desfonde ético?

A responder esas preguntas está dedicada la presente columna. Pero antes de entrar en materia, y ya que hablamos del tema, por ética corresponde un “disclosure”: me une una profunda amistad a Alberto Mayol; somos amigos desde el año 1995, cuando nos conocimos como estudiantes en los pasillos de la Escuela de Sociología de la Universidad de Chile. Desde entonces Alberto es una persona cercana y de profunda confianza. Prácticamente forma parte de mi familia. Ha estado en grandes momentos y en momentos difíciles, sin arrugar. También ha sido un gran maestro; mucho de lo que sé de investigación social se lo debo a los años que trabajamos juntos y bajo su conducción después de egresar y titularnos.

¿Afecta esto a cómo pueda ver o juzgar el reciente affaire del Frente “Amplio”? Por supuesto. Primero, por lealtad, cualquier cosa que tenga que decir sobre el papel de Alberto claramente no será ventilado en una columna de opinión. Pero, en segundo lugar, respecto a uno de los problemas “éticos” más importantes del conflicto –quién dice la verdad sobre lo conversado en la reunión privada entre él y Natalia Castillo– mis más de 20 años de amistad me bastan y me sobran para un veredicto inapelable: Alberto es una persona intachable, incapaz de una mentira tan pequeña y miserable para sacar ventaja política. Algo que no se puede decir precisamente de la militancia de RD.

¿Significa nuestra amistad que no puedo juzgar objetivamente lo que haga o diga Alberto Mayol? Bajo ningún concepto. Paralelamente a la amistad que nos une, tenemos una distancia analítica que se ha transformado en política y que es cada vez más insalvable. Su lectura de lo ocurrido desde el 2011 a la fecha en Chile me parece sociológicamente insostenible (lo que demuestro en un libro que terminé de escribir en febrero de este año y que, por motivos obvios, no publicaré sino hasta después del 19 de noviembre). Y como las decisiones y acciones políticas tomadas y realizadas por Alberto se sustentan en dicha lectura, me parecen a todas luces inconducentes, o al menos inadecuadas para el propósito que persigue. En suma, mi lealtad y eterna gratitud por su gran amistad no son un obstáculo para evaluar críticamente sus postulados o sus conductas cuando es necesario. No es, por lo tanto, una apología de Alberto Mayol lo que se leerá en las próximas líneas.

Pues bien, hecho el “disclosure”, volvamos a entrar en materia. El culebrón del Frente “Amplio”, decía, deja abiertas algunas preguntas importantes. Las más significativa es: si su “mesa electoral” se arroga la potestad de juzgar la cualidad ética de la conducta ajena, ¿cuáles son sus credenciales en esta materia?

Y bueno, tristemente, los antecedentes de conocimiento público y no tan público muestran que el Frente “Amplio” no sólo no tiene credenciales de conducta ética, sino que algunos de sus principales integrantes tienen prontuario en lo contrario.

Para empezar, el Frente “Amplio” está integrado por agrupaciones políticas –que además firman el comunicado de veto a Alberto Mayol– en las que se han realizado acciones con posibles consecuencias penales en la gestión de los recursos públicos transferidos por el SERVEL en cumplimiento de la ley para el financiamiento de partidos políticos. Según ha descubierto una comisión revisora de cuentas, ha tenido lugar en una de esas agrupaciones actos de malversación de recursos y entrega de información contable no veraz al SERVEL. Y por lo que se deduce de que aún conserve su personalidad jurídica, el informe de dicha comisión revisora tampoco ha llegado a conocimiento de las autoridades fiscalizadoras, lo que, probablemente, también constituya al menos una falta. Por si fuera poco, responsables de esos actos integran la lista de candidaturas parlamentarias del Frente “Amplio”. Así que en el terreno del manejo de recursos (fiscales, además), la lista del conglomerado de Yioryio no pasa la prueba de la blancura.

En materia de honestidad y veracidad, el Frente “Amplio” tampoco pasa de curso. Ya Alberto Mayol mostró que cuando la comisión encabezada por Echecopar fue a su casa a informarle del veto, le mintieron al decirle que la decisión había sido unánime. Ya Nueva Democracia desmintió que hubiera suscrito el comunicado que informó del veto (lo que, además, supone un acto de falsedad documental, según ha sido tipificada en los artículos 193 y 194 del Código Penal). Pero esto de “gambetear con la verdad” es una tradición de larga data para algunos de los actores “frenteamplistas”, muy anterior, de hecho, a la conformación del conglomerado.

Tómese el ejemplo de Doris González Lemunao, actual candidata a diputada en el distrito 8 por el Frente “Amplio”. El 4 de julio de 2013, ella y otros militantes renunciaron al Partido Igualdad porque decidieron sumarse a la candidatura de Marcel Claude (en serio, no es chiste: la candidatura de Marcel Claude). Para amplificar el efecto de la renuncia, redactaron una carta que quisieron instalar en los medios de comunicación pero que sólo tuvo eco en uno de ellos.

Más allá de los graves equívocos conceptuales en que incurre la carta (por ejemplo, llama “capitalismo tardío periférico” al régimen de acumulación vigente en Chile; no es chiste: ¡capitalismo tardío!), alberga una grave falta a la verdad y, por su intermedio, una grave falta ética: Doris González firma la carta como “Encargada Frente Territorial” del Partido Igualdad. Sin embargo, ella había sido destituida de ese cargo en el Quinto Encuentro Nacional de Comunales de dicho partido, que se había celebrado los días 18 y 19 de mayo de 2013. Al momento de firmar y publicar la carta, por lo tanto, llevaba 46 días fuera del cargo que se atribuye en ella. ¿El propósito de esta mentira? Simple: darle un peso político a la renuncia que en realidad no tenía. O sea, una falta ética con fines pequeños, casi insignificantes y más bien burdos.

En el terreno ético de la consecuencia, al Frente “Amplio” tampoco le va mejor. El argumento usado para vetar a Alberto Mayol por haber “cruzado una línea ética” fue un supuesto acto de violencia verbal cometido por él en contra de la candidata RD Natalia Castillo. Es decir, el veto fue una declaración de principios en rechazo a la violencia. Y claro, también un desvarío cantinflesco respecto a las relaciones de género, el orden patriarcal y el machismo. Pero dejemos esto último para el recuerdo con humor del affaire. Concentrémonos en la violencia. Lo curioso de todo esto es que entre quienes firmaron el comunicado informando del veto se encuentra el Partido Poder, cuya directiva está conformada fundamentalmente por ex-militantes del MAS y, por ende, por ex seguidores/as de Alejandro Navarro. Sus dos o tres integrantes ocuparon roles fundamentales y estratégicos en la campaña presidencial de Marcel Claude en 2013. La ex-MAS Karina Oliva, presidenta del Partido Poder, fue la coordinadora programática; Jorge Ramírez, pareja de Oliva, fue jefe de campaña; Andrés Hidalgo, “coordinador político” del partido, fue vocero de la candidatura. Como es de conocimiento público, sobre Marcel Claude pesan denuncias por violencia intrafamiliar y por violencia física contra sus trabajadores de Diario Uno. Ahí, sin embargo, la violencia no fue un problema para estos paladines de la ética. Mientras tenían la manija de un comando presidencial, lo ético y el rechazo a la violencia valieron menos que la seta más insignificante.

Finalmente, un ámbito ético fundamental en el que el Frente “Amplio” reprueba inapelablemente es en el del uso de la influencia. En efecto, como también es de conocimiento público, la madre de Yioryio Jackson, Carmen Gloria Drago, Ingeniera en Alimentos, se hizo no con uno, sino con dos cargos públicos de altos ingresos justo y precisamente cuando su hijo jugaba al “colaboracionismo crítico” con la Concertación/Nueva Mayoría. El primero de esos cargos fue el de Jefa del Departamento de Finanzas de la Dirección de Salud Municipal de Maipú (DISAM), dependiente directamente del municipio en ese entonces a cargo del DC Alberto Undurraga, quien posteriormente llamaría a votar por Jackson para las parlamentarias del 2013. Drago trabajó ahí desde septiembre de 2011 y percibía un salario bruto mensual de 2.502.563. Su paso por Maipú dejó sobre todo una acusación de maltrato laboral y una crítica por ineficiencia en el desempeño de sus funciones, en la administración financiera de los recursos destinados a salud en la comuna .

El segundo cargo que por puro mérito (nadie vaya a pensar mal) “obtuvo” Carmen Gloria Drago es el de Directora de Recursos Financieros de la JUNJI. Llegó a ocuparlo, sin concursos ni sorteos, en calidad de subrogante a principios de abril de 2014 (¡curiosa coincidencia! A tres semanas de la instalación del gobierno aliado del partido del hijo diputado). En abril del 2015, exactamente un año después, se realizó el concurso que la dejaría como titular a partir de julio de 2015… Alejad por favor la malaintención de vuestras mentes: parece un concurso “a medida”, como los muchos de Alta Dirección Pública que se realizan para blanquear y legitimar a posteriori nombramientos a dedo. Pero sólo parece, nada más. A no pasarse de roscas.

En las mejores liquidaciones de sueldo de Drago se registran salarios brutos mensuales que alcanzan los $5.596.918 pesos. Y, era que no, también en esta función fue acusada de decisiones negligentes, como comprar equipamiento con demasiada antelación respecto a la fecha de término de la construcción de jardines infantiles licitados, lo que le supuso al Estado onerosos gastos en bodegas para guardarlo sin ocuparlo. Y claro, este patrón de que una jefa de administración de finanzas sea objeto de denuncias constantes precisamente por administrar ineficiente las finanzas no es nada más que un detalle si hay un poco de “colaboracionismo crítico” sobre la mesa.

Al hacerse pública la información de la llegada “casual” sin concursos ni sorteos de Drago al cargo directivo que hoy ocupa, Yioryio Jackson sólo ha respondido que “mejor peleen con él”. Nunca, sin embargo, ha desmentido que hubiera llegado ella a su cargo como resultado de haber sido él y su partido “colaboradores críticos” del gobierno.

Y bien, todos los casos reseñados hasta acá muestran de forma fehaciente un hecho incontrovertible: el Frente “Amplio”, salvo honrosas y muy valiosas excepciones, brilla sobre todo por un gravísimo déficit de ética. Y aunque gran parte de los antecedentes que así lo prueban eran de conocimiento público, es con el culebrón por el distrito 10 y gracias a que la mesa electoral emite su fallo de la forma en que lo emite que la evidente falta de tesitura “ética” frenteamplista se convierte en problema, pues queda en evidencia que su proyecto no se trata en verdad, como quisieron hacer ver sus principales voceros, de crear el sequito del Septón Supremo. En pocas palabras, con el affaire del distrito 10 (con las pasadas de máquina, con las mentiras de Echecopar, con esa especie de falsificación de la firma de Nueva Democracia en la declaración pública inicial, con los arreglines entre el movimiento autonomista y RD), el Frente “Amplio” sufrió un grave desfonde ético.

Y un desfonde ético en el caso del Frente “Amplio” es prácticamente lapidario, puesto que, por diseño o por desidia, lo único que han ofrecido de forma coherente, homogénea y unánime a la sociedad chilena en estas elecciones es un camino de salvación, una narrativa ética: o se está con ellos/as para purificar la política o se está con los/as otros/as y se la mantiene emporcada, como hasta ahora. De proyecto político el Frente “Amplio” no tiene nada. Nada de nada. O nada coherente y creíble. Algunos/as frenteamplistas, con más buena intención y candidez que con sentido de realidad, dicen que apuestan a terminar con el neoliberalismo. Pero su candidata presidencial lanza tales porras en favor de la subsidareidad (“…no creo en un estado totalitario, pero sí en uno robusto, que pueda emprender y mover la economía si no la mueve el privado …” dijo Beatriz Sánchez en la famosa entrevista aquella) que lo que pueda ofrecer el Frente “Amplio” en la papeleta en nada se aleja ideológicamente a las ideas de José Piñera o de Sergio De Castro.

En este escenario, no haber hecho la pega dura, engorrosa, a veces agotadora pero fundamental de pensar colectivamente en un proyecto político; el mantener una indefinición ideológica intencional; el querer agarrar cualquier tipo de voto aprovechando el clima de indignación contra “las elites” (sic) sólo por “vocación de mayoría” (¿?); el mantenerse sin un relato del Chile a crear y construir; en definitiva, el haber desarrollado una política sustentada en la ética y no en la política… todo eso supone que, tras el desfonde ético, el Frente “Amplio” queda vacío, sin nada. Apostaron todo a la carta ética, a ser la vía de salvación, y con el affaire del distrito 10 simplemente perdieron la apuesta.

La DC y Carolina Goic estuvieron casi en el mismo lugar en el que se encuentra hoy el Frente “Amplio”. Desde el discurso que la presidenta falangista pronunciara para los funerales de Patricio Aylwin hasta su proclamación como candidata presidencial, la apuesta clara también fue por la carta ética. El affaire Rincón estuvo al borde de producir el mismo desfonde ético que el affaire del distrito 10. Pero Goic entendió, correctamente, que cuando se apuesta todo a una carta, hay que defenderla a cómo dé lugar. Su decisión de bajar a “Tyson” Rincón y de crear una comisión que revisara el cumplimiento de estándares mínimos (ridícula e inverosímilmente mínimos) para ser candidato/a falangista bastaron para no perder la apuesta. La propuesta de la DC hoy carece de relato político, pero conserva su relato ético.

La maquinita de RD contra Alberto Mayol hizo que el Frente “Amplio” sumara un vacío de relato ético al ya grosero vacío de relato político que, intencionalmente o por desidia, arrastra el conglomerado desde su creación. Y tras esto, penoso es el final que les espera cuando el accionista mayoritario decida que en la segunda vuelta tendrán que apoyar a Guillier. A la marca “Frente Amplio” no le quedará más alternativa que ocupar un sitial de honor en el baúl de los olvidos, justo al lado de “Todos a la Moneda” y “Juntos podemos más (o algo)”. Ésa parece la tragedia, el fatum de las aventuras políticas emprendidas por la pequeña burguesía “progre” en Chile…



El autor es Sociólogo. Investigador del Centro de Estudios para la Igualdad y la Democracia – CEID. Académico de la Universidad de Santiago. Twitter: twitter.com/ego_ipse

 

El fracaso del Frente Amplio y la generación de expectativas

Ya con las cifras en la mano y según los objetivos y resultados auto impuesto por el Frente Amplio este fracasó.

Durante la campaña sus dirigentes señalaron que el FA debería obtener 500.000 votos o la mitad de la votación que obtendría la derecha, esto es, 677.067 votos (la derecha obtuvo 1.354.134 votos). Fueron los mismos dirigentes quienes señalaron que la obtención de una cifra de votos menor sería un FRACASO.

Los 322.198 votos del FA es la misma cantidad, aproximadamente, que obtuvo Revolución Democrática en la última elección municipal, vale decir, no hubo aumento de la votación. La cantidad de votos del FA es la misma cantidad que obtuvo EVOPOLI de Felipe Kast e inferior a la obtenida por Manuel José Ossandón. Resulta particularmente importante constatar la superioridad en votos de Ossandón por sobre el FA porque esto señala la ausencia de trabajo territorial del FA y su incapacidad de representar a sectores populares y no tan sólo a la pequeño burguesía o a quienes se definen como parte del sector aspiracional de la sociedad.

El FA se verá amenazado y perderá su calidad de NOVEDAD a medida que la carrera presidencial comience. El nicho y la cantidad de votos obtenido en ningún caso es cautivo sino será disputado por Eduardo Artés de UPA/PCAP, por MEO del PRO, y por Alejandro Navarro de PAIS, directamente, y por Carola Canelo si es que logra cumplir con la cantidad de firmas para ser candidata. Esto sin tomar en cuenta los que desde la derecha aparecerán como José Antonio Kast y Franco Parisi (independientes). Por ultimo, la votación del FA es más o menos la misma que ha obtenido siempre la izquierda que se construyó en los 90 y 2000 desde fuera de la Concertación y de la Nueva Mayoría, como el Mida y Juntos Podemos. El FA sabe que le será imposible romper el nicho histórico de la izquierda no concertacionista y aumentar sustancialmente su votación. Sabe que lo único que le queda es negociar y sobrevalorar lo obtenido.

IMPORTANTE RECORDAR
1992:
El PC / MIDA obtiene 4,7% en las elecciones municipales

1993:
El PC/Alternativa Democrática de Izquierda obtiene 4,7 con el candidato a presidente, el cura Eugenio Pizarro y 6,7% en las parlamentarias.

1999
El PC y la izquierda obtiene 3,19% con Gladys Marín como candidata a presidenta.

2001
El PC/Juntos Podemos obtiene 5,22% en las elecciones parlamentarias.

2004
El PC / Juntos Podemos obtiene 5,89% en las elecciones municipales.

2005
El PC/Juntos Podemos obtiene 5,4% al apoyar al humanista Tomas Hirch como candidato a presidente.

2009
El PC/Juntos Podemos obtiene 6,21% con el candidato presidencial Jorge Arrate.

Cabe señalar que en la última elección presidencial la izquierda progresista se presenta dividida entre Roxana Miranda, Marcel Claude, Sffeir y MEO no pasando el promedio de votación de la la izquierda de las elecciones anteriores. Hoy la dispersión de esta “izquierda” continúa.

Pero en política todo sirve y todo se puede sobrevalorar.

Ni el Frente Amplio ni la Nueva Mayoría le pueden ganar por sí solos a Sebastián Piñera. Ambos se necesitan siendo la Nueva Mayoría la alianza mayoritaria en votos. Desde antes de las primarias las negociaciones ya comenzaron entre el FA y NM para producir el acuerdo necesario entre ellos. En esta negociación no importa que los 322.198 votos del FA sean escuálidos o insuficientes sino lo que importa es esa cantidad de votos los necesita la NM para ganar, por lo tanto, en esa negociación el FA sobredimensionará el peso de su votación con la finalidad de obtener algún PACTO DE OMISIÓN en las elecciones parlamentarias con la finalidad de obtener algún diputado más. Esta misma táctica fue la que permitió acceder al parlamento a Giorgio Jackson y al Partido Comunista obtener 5 diputados y querer aumentarlos a 8 o 9 con su escuálido apoyo electoral. Sobrevalorar y sobredimensionar pareciera ser la vía del FA para sobrevivir. Ya el Partido Comunista ha avanzado en incorporar al PRO de MEO a la futura plantilla parlamentaria.

El discurso que levantará el FA en la carrera presidencial será el discurso de la OPORTUNIDAD Y LA A GENERACIÓN DE EXPECTATIVAS.

A) DISCURSO DE LA OPORTUNIDAD

Este se centrará en la premisa que los mismos han gobernado desde los 90s con la misma política y que han sostenido el mismo modelo. Llamarán a la población a darles la oportunidad para hacer algo diferente sin especificar que es eso DIFERENTE y sin levantar un programa realmente de izquierda sino amplio y ciudadano sin especificar tampoco que significa eso tampoco.

B) DISCURSO DE LA GENERACIÓN DE EXPECTATIVAS

La novedad y el saber que no ganarán les permitirá elevar al máximo las expectativas y prometer el oro y el moro con un discurso centrado en la crítica moral evitando levantar un programa de izquierda y con vocación del poder alejándose tanto de Salvador Allende al cual se considera totalitario (Beatriz Sánchez) o de los modelos dictatoriales como Cuba (Beatriz Sánchez /Alberto Mayol) o de quienes violan los derechos humanos como Venezuela (Beatriz Sánchez). Con esa nube indefinida el discurso se centrará en la pequeña burguesía aspiracional, en la “agenda valórica” (matrimonio igualitario, consumo de marihuana, aborto, etc) y en las demandas propias de la clase media que se siente golpeada y excluida de los beneficios del modelo y que se representaron en su momento en la Marcha de Todas las Marchas que fue convocada básicamente por ONGs y que se ha centrado en la lucha de los estudiantes. (La demanda estudiantil y sus organizaciones Confech/Aces/Cones se han centrado en los colegios emblemáticos sin poder incorporar a los sectores de la periferia a esta demanda para darle así un contenido real de clase).

En definitiva, el FA es la emergencia de la pequeña burguesía, de los aspiracionales que se pretenden organizar e incidir bajo sus propias visiones e ideología pero en ningún caso es la emergencia de un referente popular y democrático que lleve en su vientre una posición anti capitalista, anti imperialista y revolucionaria. No lo puede llevar en su vientre por cuanto su proyecto es reformista y representa a una facción de la burguesía. Por eso le es más fácil llegar a acuerdos con la NM o con MEO que con los sectores populares que son más radicales en sus demandas y protestas: formas de luchas.

En todo este escenario el gran ausente son precisamente los sectores populares que por un lado se encuentran intervenido por el clientelismo de las derechas que operan desde el Estado y el gobierno y por otro se encuentran huérfanos de una izquierda revolucionaria que no ha logrado territorializarse y conformar un referente unitario que los convoque. Se corre el riesgo que la historia siga pasando por el costado de las poblaciones sin que estas sean parte de ella. Se corre el riesgo que la burocracia sindical sea reemplazada por otra burocracia más rosada y bonachona sin que el sindicalismo revolucionario o clasista aparezca. Se corre el riesgo que la izquierda revolucionaria sea incapaz de tomar las riendas de la historia y que siga sin dar la lucha ideológica como producto y consecuencia de la ausencia de una estrategia revolucionaria de poder.

 

(tomado de FB Raul Pellegrin Libertad para Ramiro//.)

Una primaria de miedo

por Ibán de Rementería//

Las primarias presidenciales del domingo pasado fueron de miedo. De miedo fue la sorpresa por la alta participación no prevista por nadie, 1,8 millón de votantes, tampoco por el Servel que en una errónea unificación de mesas generó largas colas, demoras y tumultos en los lugares de votación más conspicuos, pese a que partido de futbol para la definición final por la copa de Confederaciones entre Alemania y Chile hacía prever gran ausentismo.

De miedo ha sido la alta votación obtenida por la derecha y en particular por Piñera, Chile Vamos obtuvo el 80% de los votos de esta primaria y el Frente Amplio solamente el 20%, él consiguió el 58% del respaldo de su sector. El 1.4 millón de votantes de Chile Vamos, con 830 mil a Piñera lo ubican como líder electoral indiscutido de la derecha, entretanto los 330 mil votos del Frente amplio con un 77% para Beatriz Sanchez confirman su liderazgo y, que si bien es un éxito llegar a esa votación en menos de tres meses, eso es sólo la cuarta parte de la votación de la derecha, menos que la votación de Ossandon, quien aparece así como el voto de protesta. Bien se debe argumentar que gran parte de la votación probable del Frente Aamplio podía venir de los desilusionados y díscolos de la Nueva Mayoría sobre todo del PS como del PPD, también algunos de la DC y el PC, no obstante aquellos que no se habían reinscrito en esos partidos pero que no habían hecho renuncia expresa ante el SERVEL seguían impedidos de votar en estas primarias, lo cual no había sido bien informado y difundido, lo que no hizo posible expresar esa voluntad electoral, pero afirmar que esos votantes frustrados llegaron a 400 mil es una exageración, pero si puede ser un número entre 100 a 200 mil electores impedidos de ejercer su derecho. Este impacto es verificable indirectamente en las encuestas electorales publicadas hoy, antes estaba prohibido hacerlo, estas indican según CADEM: Piñera 22%, Guillier 9% y Sánchez 11%; según Adimark: Piñera 31%, Guillier 15% y Sánchez 13%; según CERC-Mori: Piñera 33%, Guillier 30% y Sánchez 16%.

Pero, en lo cual el miedo en estas primarias no es ninguna figura retórica fue en la exitosa votación de la derecha en la zona Nororiente de la Región Metropolitana, en lo que antes constituía el Distrito electoral 23, su plaza fuerte, allí Vitacura, Lo Barnechea, Las Condes, Providencia, Ñuñoa y La Reina, junto con Pirque, así como Concón, Santo Domingo y Zapallar en la Región de Valparaíso fueron las comunas con más participación y con más votos en el país, queda así claro que los votantes de las comunas de más altos ingresos se movilizaron en reacción a la amenaza que para ellos significa el Frente Amplio, eso expresa el miedo de la derecha.

De la misma manera que este exitoso desempeño electoral de la derecha pone de manifiesto su miedo, este “máximo esfuerzo” también pone de manifiesto su techo electoral, que según las encuestas antes referidas están entre 22% a 33% de votación. Lo cual de alguna manera expresa los últimos resultados electorales municipales en las votaciones por concejales, la más realista, donde la Nueva Mayoría obtuvo el 47% y Vamos Chile sólo el 40%.

La renuencia de la Nueva Mayoría a participar en estas primarias, lo cual la dejó por fuera del debate electoral y político, pese a la tesis del “triunfo por ausencia” de Eugenio Tironi, ha tenido un gran impacto en el desempeño de Guillier con un fuerte caída de sus preferencias y en la imposibilidad de despegue para Goic. Aquí la responsabilidad del Partido Socialista y de la Democracia Cristiana es evidente así como la renuencia de sus dirigentes a explicar la situación. Lo cierto es que si en tres meses Batriz Sánchez y el frente Amplio logró lo que ha obtenido, mucho más se puede esperar de ella y ellos en los próximos cinco meses.

 

Núcleo Valparaíso Socialista

Partido Socialista – Izquierda Socialista

Las elecciones británicas de crisis y las tareas de la clase obrera

por Chris Marsden//

Reino Unido fue a las urnas tras una campaña electoral sin igual. En el espacio de unas pocas semanas, una prevista victoria arrolladora por el Partido Conservador ha dado paso a especulaciones sobre una mayoría reducida, un Parlamento sin mayoría absoluta o incluso una victoria laborista.

Dos atentados terroristas brutales han dejado decenas de muertos y muchos más mutilados. Las calles son patrulladas por grandes contingentes de policías armados. El ejército fue desplegado a lugares estratégicos conforme a medidas secretas de emergencia.
La primera ministra Theresa May convocó anticipadamente los comicios porque la oligarquía financiera y el aparato militar y de inteligencia a quienes sirve decidieron que no podían esperar dos años más hasta las próximas elecciones programadas, en medio de grandes convulsiones políticas y sociales. Al parecer, apenas pudieron esperar dos meses.
May tenía la esperanza de poder utilizar la guerra interna en el Partido Laborista y la agresiva campaña mediática contra Jeremy Corbyn para garantizarse una dictadura parlamentaria de facto y poder intensificar su agenda de austeridad e intervenciones militares en Siria y otros lugares. En cambio, la campaña electoral ha visto una avalancha de muestras de odio hacia los tories y todo lo que representan por parte de los trabajadores y jóvenes, quienes han manifestado su apoyo a Corbyn y a sus promesas de poner fin a la austeridad.
El repulsivo intento de May de buscar capitalizar los atentados terroristas terminó perjudicándola. La abrumadora evidencia de que el servicio de inteligencia militar MI5 y la policía sabían sobre sobre el atacante de Manchester, Salman Abedi, y al menos dos de los tres asesinos de Londres comprueba que numerosos islamistas son activos protegidos para ser utilizados como fuerzas indirectas en las guerras libradas por Reino Unido y EE.UU. en Libia, Irak y Siria.
May apostó su propio futuro al prometer una salida “dura” de la UE pero, al hacerlo, alienó a amplios sectores corporativos y de la City de Londres. Las estimaciones de que, tras el brexit, caiga el comercio con la Unión Europea un 40 por ciento y la inversión extranjera un 20 por ciento, han provocado advertencias de un desastre financiero.
Su plan de depender en el gobierno de Trump para extraer concesiones de Alemania, Francia y otros en la UE ha tenido el efecto contrario. La respuesta de la canciller alemana, Angela Merkel, a las amenazas de Trump de poner a “EE.UU. ante todo” ha sido declarar que tanto EE.UU. como el Reino Unido pos- brexit no son de fiar como aliados. Ante el aumento en tensiones globales entre EE.UU. y Europa, la estrategia de toda la política exterior británica de atenerse al poder militar y económico de EE.UU. para avanzar su propia influencia ha colapsado.
Sin embargo, la brutal verdad es que un gobierno laborista encabezado por Corbyn tampoco representa una alternativa a las políticas de austeridad y de guerra de May.
Hay millones de trabajadores que quieren que los tories se vayan y están dispuestos a tolerar los constantes repliegues de Corbyn ante los partidarios del ex primer ministro Blair en su partido, con la esperanza de que al menos honre sus compromisos de defender el Servicio Nacional de Salud, aumentar el salario mínimo y construir nuevas viviendas. Pero los esfuerzos de su manifiesto para juntar reformas sociales mínimas con la agenda militarista del imperialismo británico es una combinación incompatible.
Reino Unido se está desestabilizando en el ámbito económico, político y social, mientras el capitalismo mundial entra en su peor crisis desde el final de la Segunda Guerra Mundial —una crisis que está reproduciendo todos los horrores del fascismo y la guerra asociados con la primera mitad del siglo XX. Cualquier intento para conservar la “competitividad global” del país bajo condiciones de guerra comercial y conflictos militares requiere profundizar la destrucción de puestos de trabajo, salarios y servicios esenciales.
Este proceso está cavando más el profundo abismo entre la clase obrera y los multimillonarios, llegando al punto de explosiones sociales. El choque de intereses entre la oligarquía y la clase obrera es tan agudo que no puede ser reconciliado a través de los llamados de Corbyn a “ser justos… para los muchos no los pocos”. Las políticas nacionalistas de los laboristas, de crear una forma de “patriotismo industrial” mediante la colaboración del gobierno “con las empresas y los sindicatos”, tienen como objetivo subordinar a los trabajadores al plan de guerra comercial de May, todo a costa de los empleos y niveles de vida de la clase obrera.
Han pasado casi dos años desde que Corbyn quedó electo como titular del Partido Laborista gracias a cientos de miles que ingresaron al partido con el fin de empujarlo hacia la izquierda. En cambio, Corbyn se ha trasladado cada vez más a la derecha.
Su oposición a expulsar a los parlamentarios laboristas de derecha que buscaron destituirlo, el permiso que dio a votar a favor de acciones militares en Siria y la renovación del sistema Trident de armas nucleares y luego la incorporación de estas concesiones en su manifiesto muestran cuál sería la función real de un gobierno laborista bajo su liderazgo.
La reacción de Corbyn a los atentados terroristas en Manchester y Londres se debe tomar como una clara advertencia.
Los conservadores buscaron utilizar los ataques para ganar las elecciones, intensificando su ofensiva para retratar a Corbyn como alguien indulgente hacia el terrorismo y una amenaza en sí para la seguridad nacional, basándose en sus declaraciones previas donde critica a la OTAN y se niega a asegurar categóricamente que autorizaría el uso de armas nucleares. Están preparándose para un giro brusco hacia la represión estatal después del 8 de junio.
La estrategia de cuatro puntos de May para “luchar contra el terrorismo” —incluyendo censura y vigilancia en Internet para eliminar “espacios seguros” para el “extremismo” en público— será utilizada para sofocar el descontento político, junto a la aplicación de medidas existentes para limitar aun más el derecho a la huelga. El núcleo autoritario de su programa fue caracterizado por la declaración: “Y si las leyes de los derechos humanos nos impiden hacerlo, vamos a cambiar las leyes para poderlo hacer”.
May también utilizó su discurso sobre los atentados de Londres para reafirmar su promesa de que intensificará la intervención militar en Irak y Siria.
Corbyn no dijo nada al respecto. En lugar de explicar que los atentados son consecuencias de las intervenciones criminales del imperialismo británico en Oriente Medio, optó por denunciar a May por recortar el número de policías, indicando que él está dispuesto a hacer “lo que sea necesario” en la lucha contra el terrorismo.
De esta manera, se posicionó como el candidato de la ley y el orden, no del cambio social. Su promesa a la élite gobernante de que no tienen nada que temer de un gobierno dirigido por él se refleja por el hecho de que su retórica de “izquierda” apenas sobrevivió una campaña electoral, ni hablar de cuando asuma su cargo.
Todos los grupos de pseudoizquierda británicos han intentado superar la profunda desconfianza de los trabajadores hacia el Partido Laborista explotando las ilusiones populares en Corbyn como individuo. El Partido Socialista de los Trabajadores (SWP; Socialist Workers Party) escribió, “No apoyamos a los que han intentado varias veces empujar al Partido Laborista hacia la derecha. Pero la única manera de mostrarle apoyo a Corbyn es votar por todos los candidatos laboristas”. El Partido Socialista, por su parte, evita toda mención de los laboristas y llama simplemente a formar “un gobierno liderado por Corbyn”.
Los acontecimientos han confirmado lo que el Partido Socialista por la Igualdad ha insistido: el Partido Laborista no puede ser cambiado mediante la instalación de un nuevo líder. Hoy día, el partido es el mismo que cuando lo encabezaban Tony Blair y Gordon Brown.
Sea cual fuere el resultado de las elecciones, la clase obrera británica, al igual que sus hermanos y hermanas en todo el mundo, se enfrenta a una lucha de vida o muerte en contra del descenso a la reacción social y política y el cada vez mayor peligro de guerra. La única manera de avanzar es mediante la adopción de una perspectiva nueva, socialista revolucionaria e internacionalista. La tarea de los trabajadores y jóvenes con una conciencia política más avanzada es unirse al Partido Socialista por la Igualdad y construirlo como la nueva dirección de la clase obrera.

(El autor milita en el PSI, sección británica del Comité Internacional de la Cuarta Internacional)

Francia: el meteórico ascenso de Mélenchon en las elecciones presidenciales, la burguesía entra en pánico  

 

 por Jorge Martín//

Las últimas tres semanas han visto una rápida progresión del candidato de La Francia Insumisa en las encuestas para las elecciones presidenciales: de estar en el quinto lugar con alrededor del 11%, a estar tercero con más del 18% en la actualidad. Este rápido aumento se ha visto acompañado de una disminución lenta pero constante de la intención de voto para los dos candidatos mejor situados, la ultraderechista Le Pen (de un máximo del 28% hasta el 24%) y el liberal thatcherista Macron (de un máximo del 26% al 23%).

Esto significa que Mélenchon tiene una oportunidad de entrar en la segunda ronda. Esto ha llevado el pánico a la clase dominante, en Francia y a nivel internacional. Los pesimistas que sólo veían un “giro a la derecha” y el “peligro del fascismo” se han equivocado.

La posibilidad de una segunda ronda enfrentando a Le Pen con Mélenchon ha sido descrita por The Economist como la “opción de pesadilla”. Las encuestas muestran que Mélenchon derrotaría a Le Pen con el 57 por ciento contra 43. Como reflejo de los temores de la clase dominante, el diferencial entre los bonos franceses y alemanes se ha disparado hasta 75 puntos básicos (desde alrededor de 30 a finales del año pasado). El Financial Times señala que esta “elección es ya la más impredecible en una generación” y añade que “los tres principales candidatos en las urnas provienen ahora desde fuera de los principales partidos políticos.”

Uno de los principales periódicos burgueses franceses, Le Figaro dedica el conjunto de su portada alarmista a atacar a Mélenchon. “El proyecto delirante del Chávez francés” grita un titular. “Maximiliano Illich Mélenchon”, dispara el editorial. “Castro, Chávez… Mélenchon, el apóstol de los dictadores revolucionarios”. Los artículos compararan a Mélenchon con Maximiliano Robespierre, Lenin, Trotsky y Fidel Castro.

El ascenso de Mélenchon en las encuestas se puede atribuir a varios factores. El primero y más importante es el hecho de que su programa y discursos aparecen como un rechazo tajante a todo el orden de cosas existente. Esta es la forma en que lo describe, en términos de pánico, el FT: “él ha prometido aumentar el gasto en más de € 250 mil millones al año, reducir la semana laboral legal de 35 a 32 horas y un impuesto del 100 por ciento a los que tengan ingresos 20 veces mayores al ingreso medio. En política exterior, quiere que Francia abandone la OTAN y renegociar totalmente la relación del país con la UE. Si la negociación fracasa, él dice que será “el pueblo francés” quien decida si permanece en el bloque“.

La totalidad de la campaña electoral francesa está dominada por un estado de ánimo profundamente arraigado en el rechazo al orden establecido. Fillon fue un candidato sorpresa de la derecha, venciendo a los favoritos Sarkozy y Juppé en las primarias. Él mismo ha caído en desgracia por un escándalo de corrupción que lo ha empujado hacia abajo en las encuestas. El ganador de las primarias del Partido Socialista, Hamon, también venció al favorito Valls adoptando, en palabras, un programa que sonaba muy izquierdista, parte del cual fue copiado de Mélenchon.

De hecho, hace sólo unas semanas, el conjunto de la opinión pública “progresista” (incluyendo Owen Jones), estaba ejerciendo presión sobre Mélenchon para que se retirara de la carrera a favor de Hamon a fin de “no dividir el voto de izquierda” y “permitir que un izquierdista pasara a la segunda ronda”. Mélenchon, correctamente, se mantuvo firme y consistente en permanecer como el más radical de los candidatos de izquierda. Primero superó Hamon, y ahora ha alcanzado a Fillon, e incluso consiguió una estrecha ventaja sobre éste en algunas encuestas de esta semana.

Esto revela otro hecho importante que debe ser registrado: el colapso del apoyo al candidato oficial del PS que ahora languidece en torno al 8-9%. El gobierno del Partido Socialista, que fue elegido en 2012 con un programa que estaba nominalmente en favor de puestos de trabajo en oposición a la austeridad, pasó a aplicar un programa de recortes, ataques sin precedentes a los derechos democráticos (utilizando el terrorismo como excusa) y un asalto total sobre los derechos de los trabajadores en la forma de la contrarreforma laboral de la ministra el-Khomri. Esto último provocó un gran movimiento de protesta, uno de los más importantes desde mayo de 1968, en el que millones de trabajadores y jóvenes salieron a las calles y se declararon en huelga durante meses, hace un año. Al mismo tiempo vimos una rebelión de la juventud en el movimiento Nuit Debout, con la ocupación de las plazas. El movimiento no alcanzó sus objetivos de detener la contra-reforma, pero como hemos explicado, en ese momento se preparó el terreno para que los trabajadores se desplazaran desde el frente industrial al terreno electoral en un intento de encontrar una salida.

Toda la experiencia de los gobiernos de Hollande, con las jefaturas de gobierno de Ayrault primero y Valls después, crearon una profunda grieta entre el PS y una gran parte de su base de votantes tradicionales. Sólo el 24% de los que votaron por Hollande en 2012 votarían ahora por Hamon, el 26% votaría a Mélenchon y el 43% al liberal Macron (ex ministro en el gobierno “socialista”).

Como las posibilidades de Mélenchon para pasar a la segunda ronda aumentan, es probable que incluso una parte mayor de los partidarios de Hamon cambiarán su lealtad (el 46% indica que no está seguro de su voto y aún podría cambiar).

Su ascenso ha coincidido con los dos debates televisados en los que millones pudieron ver las distintas propuestas en curso sin la filtración habitual de los medios capitalistas. La noche del segundo debate televisado, el 4 de abril, una encuesta instantánea de ELABE mostró que los espectadores pensaban que Mélenchon había sido el candidato más convincente (25%) y también “quien mejor entiende a la gente como yo” (26%).

Otro factor en el ascenso de Mélenchon ha sido la manera en que su campaña ha sido capaz de movilizar a un gran número de gente en grandes mítines, mucho más grandes que cualquier otro partido, e incluso más grandes que los que vimos en la campaña presidencial anterior en 2012. El 18 de marzo, aniversario de la Comuna de París, reunió a 130.000 en la Plaza de la Bastilla de París. El domingo, 9 de abril, hubo un acto masivo con 70.000 en Marsella, un bastión tradicional del Frente Nacional, pero que también fue uno de los centros más radicales de protesta de los trabajadores contra la ley el-Khomri.

Estos actos no sólo permiten el candidato evitar el boicot y las mentiras de los medios capitalistas sino también dar a los presentes y a los que observan en las redes sociales y más allá, un sentido de su propia fuerza, de los números que hay detrás de la candidatura, y tienen un impacto multiplicador. Por otra parte, la campaña no se basa en los recursos de ningún partido en particular (el apoyo de las estructuras del partido comunista es, en el mejor de los casos, modesto, y el propio Partido de Izquierda de Mélenchon es muy pequeño), sino más bien en la movilización de las bases de decenas de miles a través organizaciones locales y de barrio, pertenecientes a la campaña de “La Francia Insumisa”.

Es significativo que el sector de la población donde el apoyo a Mélenchon es más alto es entre los jóvenes. Él es el principal candidato entre aquellos de entre 18 y 24 años de edad, con un 29%. Él también tiene un fuerte apoyo tanto entre los trabajadores de mono azul (18%) como de cuello blanco (20%), en los que ocupa el segundo lugar detrás de Le Pen. Ella es todavía la primera entre los trabajadores de mono azul, pero ha ido perdiendo algo de terreno, desde el 45% hasta 39%.

Hay que señalar que, en nuestra opinión, el programa de Mélenchon tiene una serie de deficiencias, que ya hemos hablado en otro lugar. La cuestión clave es que su programa de reformas sociales y económicas progresistas en los campos de la salud, educación, derechos de los trabajadores, etc. tiene que ser financiado. La derecha ha hecho un gran escándalo de este tema: no hay dinero para pagar todo eso, dicen. Mélenchon ha respondido con la presentación de un programa agresivo de impuestos a los ricos, del que incluso ha sacado un juego en línea (fiscal Kombat) en el que el propio candidato sacude a los ricos y poderosos (incluyendo Sarkozy, Lagarde, etc.) para obtener los fondos necesarios.

Por supuesto, los marxistas estamos a favor del sistema de impuestos más progresivo posible y de luchar contra la evasión fiscal. El problema es que esto llevaría inmediatamente a una fuga de capitales hacia otros países con regímenes fiscales más bajos (como vimos cuando Hollande aplicó su impuesto del 75% sobre la riqueza en 2014, que más tarde fue obligado a abandonar). Como vemos ya en los movimientos de pánico de los mercados de bonos, una victoria de Mélenchon llevaría inmediatamente a un asalto de “los mercados”. Al igual que ocurrió con Grecia, un gobierno Mélenchon sería puesto bajo una inmensa presión por la clase capitalista y sus instituciones (en particular la Comisión Europea y el Banco Central) para que capitule en todos los frentes, incluso en su propio programa limitado. La lección de Grecia es que, dentro de los límites del capitalismo, no es posible romper con la austeridad de una manera seria. O bien se hace que los trabajadores paguen la crisis del capitalismo o se rompe con el capitalismo y se les hace pagar a los grandes capitalistas. Eso significa que no sólo se trata de aumentar los impuestos a los ricos, sino que sobre todo hay que poner los medios de producción, distribución e intercambio que poseen, bajo propiedad y control democrático común, de manera que los recursos del país se puedan utilizar para el beneficio de la mayoría y no de una camarilla por arriba no elegida y que no responde ante nadie.

Por supuesto, una victoria de Mélenchon en Francia no sería exactamente igual que en Grecia. Después de todo, Francia es uno de los países centrales de la UE, con la segunda mayor economía de la zona euro. Una victoria de un candidato de izquierda en Francia tendría un enorme impacto en toda Europa, especialmente en su vecina Italia, que ya está sumida en una profunda crisis económica y política. Aceleraría grandemente todas las fuerzas centrífugas de la UE.

Lo más importante a entender es que esta es una escuela necesaria por la que tienen que pasar los trabajadores y los jóvenes de Francia, ya que una genuina alternativa revolucionaria no está presente en número e influencia suficientes. Lo que ven los cientos de miles de personas que miran hacia Mélenchon, no es tal o cual defecto en su programa, sino más bien, de una manera más o menos definida, un programa que expresa su ira y su rechazo a la totalidad del sistema. El 23 de abril tienen la oportunidad de descargarle un golpe.

¿Pasa algo en la CUT?

por Simón Salamanca//

El día martes 11 de abril a las 6.30 pm, el programa radial “El despertar de los trabajadores” organizó el conversatorio “Coyuntura Electoral de la CUT y La Lucha del Movimiento Sindical”. Participaron en él, como expositor, el Consejero Nacional de la Central Fabián Caballero, actual candidato a la presidencia, y Óscar Méndez, quien condujo la discusión en representación del medio radial.

Caballero, militante del MIR que presenta la lista “Trabajadores al Poder”, partió señalando como punto central de la discusión, lo que él llama una falsa crisis en la CUT. En primer lugar, a su juicio la CUT sólo sería una expresión concreta del estado del movimiento sindical y social en Chile, donde reina la despolitización y la baja conciencia que existe en las masas trabajadoras sobre sus condiciones de trabajo, la necesidad de sindicalizarse y las demandas democráticas. Esto es lo que el candidato lee a partir de las actuales cifras de sindicalización en el país y la alta abstención en las últimas elecciones.

En segundo término, lo sucedido en las pasadas elecciones (agosto, 2016) para él no es expresión de una crisis en la Central, sino que sería una manifestación del agotamiento del pacto formado por las fuerzas que nacieron con la Concertación (bloque PC-PS). De esta manera, la situación actual en la CUT no estaría ni cerca de ser peor que las vividas en Dictadura o las que significaron la formación de centrales sindicales paralelas.

En este sentido, Caballero marca distancia de los sectores de izquierda que actualmente acusan una seria crisis sindical, en la que la Central tendría una inmensa responsabilidad. Señala que las críticas desde la izquierda resultan exageradas, pues en ese análisis no habría una vinculación del problema sindical con la cuestión social general. Sectores como el Colegio de Profesores, la ANEF y la CONFUSAM, a su juicio, exigen hoy a la Central ciertos mínimos para su permanencia, sin reparar en la responsabilidad que les ha cabido a sus dirigentes en la actual coyuntura, quienes han permanecido en puestos clave durante todos estos años.

Para él, la CUT efectivamente ha administrado el movimiento sindical en complicidad con la burguesía, por lo que implicó la salida pactada con la Dictadura, pero la situación de la Central tendría solución si esta es capaz de constituirse en una organización que pueda promover mayor democracia en el mundo de los trabajadores y que tenga injerencia en la política nacional del país.

En este sentido, destacó que los principales ejes para la Central deberían ser bajar la confrontación existente en la interna, romper con la hegemonía política de la dirección histórica y evitar la dispersión orgánica, tareas que con la Lista D “Trabajadores al Poder” esperan concretar en el próximo período.

Debate sobre Cuba: mi respuesta a Beatriz Sánchez

 

Por Margarita Labarca Goddard//

Mire señora Sánchez –ya no la puedo llamar compañera- le voy a contestar lo que usted ha dicho sobre Fidel Castro, pero la respuesta tendrá que ser larga porque el tema lo es.
Pues usted, con mucho desparpajo, se permite hacer afirmaciones en las que descalifica al comandante Fidel Castro, sin tener idea de lo que está diciendo.

Parece evidente que usted se basa en la información de El Mercurio y otra prensa afín, ya que en Chile casi no hay prensa independiente. Pero eso no la exime de responsabilidad, porque uno puede informarse de muchas maneras, si quiere.

Me parece extraño que usted, que se las da de persona modesta e inexperta políticamente, se meta con Cuba y con Fidel con tanta falta de respeto.

Le diré que yo he vivido seis años asilada en Cuba con mi familia y conozco bastante bien la situación que prevalece allá, porque además me he preocupado de leer al respecto. Creo que usted no lo ha hecho y se permite insultar la memoria de uno de los hombres más ilustres de América.

Así no se va a ganar a los momios y en cambio va a perder a la poca gente de izquierda honesta que habría podido apoyarla. Lo que espero es que su postura sea a nivel individual y no la del Frente Amplio.

Bueno, voy a comenzar a contestarle.

1. Dice usted que Fidel Castro “resolvió” quedarse para siempre y se negó a las elecciones. El que resolvió que Fidel se quedara fue el pueblo de Cuba, que lo respetaba y amaba profundamente y con razón. Pero el hecho es que en Cuba se hacen elecciones periódicas, bastante más democráticas que en Chile y que en Estados Unidos.

Al respecto escribí un artículo en el número 867 de la revista Punto Final, de 23 de diciembre 2016, que le recomiendo leer. Lo encontrará en internet. No puedo reproducirlo aquí por lo largo que saldría esto, pero le voy a copiar algunos párrafos: “Trump quiere que Cuba avance en la democracia. Lo que más le interesa son las elecciones, y pone como ejemplo las de EE.UU., en que el que pierde, gana.

El señor Trump también quiere que en Cuba haya “prensa libre”. Por ejemplo, como en Chile, en que El Mercurio y Copesa reciben los avisos del gobierno, y la prensa de oposición nada”.
Bravo, doña Beatriz, veo que usted coincide en mucho con Trump.

También en ese artículo expliqué que en Cuba se ha establecido un sistema electoral cada vez más democrático. Primero se eligen las asambleas municipales del Poder Popular, en cuya elección votan todos los mayores de 16 años que vivan en un distrito, que es un territorio pequeño en que todos o casi todos prácticamente se conocen.

Los asistentes son gente sencilla, que se preocupa especialmente de los méritos laborales de los candidatos y de que éstos puedan plantear y defender los intereses del sector que los elige. He visto esas asambleas porque me invitaron.

No se hacen campañas electorales. En la propia asamblea, la persona que propone a un candidato tiene que dar sus razones. Si alguien no está de acuerdo o quiere oponerse, lo hace. Cada elector puede expresar su criterio en favor o en contra del compañero(a) propuesto(a).

El Partido Comunista Cubano no presenta candidatos. Los órganos representativos del poder del Estado son renovables; los elegidos tienen que rendir cuenta de su actuación y pueden ser revocados en cualquier momento de su mandato. Vota casi todo el mundo, hay muy poca abstención.

Los diputados y delegados no son profesionales, por tanto no cobran salario.
Deben seguir desempeñando su trabajo habitual, paralelamente con el cargo de delegado o diputado. La iniciativa legislativa la puede ejercer mucha gente, como las organizaciones sindicales, estudiantiles, de mujeres, organizaciones sociales en general, y los propios ciudadanos. En este último caso se requiere que ejerciten la iniciativa legislativa diez mil ciudadanos como mínimo.

Para la elección de los delegados a las Asambleas Provinciales del Poder Popular o de los diputados a la Asamblea Nacional, existen las comisiones de candidaturas, que se encargan de organizar el proceso y de remitir a las asambleas municipales las propuestas de unas y otras e, igualmente, organizan la elección de la Asamblea Nacional.

Estas comisiones de candidaturas están integradas por lo más granado de las organizaciones sociales del pueblo cubano: representantes de la Central de Trabajadores de Cuba, los Comités de Defensa de la Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas, la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media, y la Federación Estudiantil Universitaria.
Es como si en Chile, en lugar del Servel, las elecciones las organizaran y las supervisaran la CUT, la Anef, la Fech, la Federación de Estudiantes Secundarios, y otras.

La Asamblea Nacional del Poder Popular, que es el máximo órgano de poder, elije, de entre sus diputados, el Consejo de Estado y el presidente del mismo. El presidente del Consejo de Estado es jefe de Estado y jefe de Gobierno. El jefe del Gobierno cubano primero tiene que haber sido elegido diputado por la población.

El sistema electoral cubano se parece un poco al de algunos países europeos, es una especie de sistema parlamentario. En teoría, el primer ministro inglés podría ser reelegido durante 40 años o más, si la salud y la suerte lo acompañan.

¿Y cómo elegían a Fidel Castro? A Fidel lo proponían en su respectivo municipio o distrito, y era elegido. ¿Por qué? Porque Fidel era respetado y amado por su pueblo, pero nada obligaba a elegirlo.

2. Afirma usted que Fidel controlaba todos los poderes del Estado pero no dice en qué basa tan peregrina afirmación. Yo creía que los periodistas honestos tenían la obligación de fundamentar sus dichos. Pues nada de eso ha hecho usted. Pero fíjese que como le he explicado, el principal poder del Estado cubano es la Asamblea Nacional del Poder Popular, compuesta por 612 diputados, a la que ya me he referido.

Desde luego, no voy a negar que Fidel Castro era un hombre de tal nivel intelectual, moral y cultural, que con su sola presencia lo dominaba todo.
Cualquier persona de ideología absolutamente contraria que lo haya frecuentado, quedaba completamente subyugada por su inteligencia y personalidad, además de su encanto personal. Pero usted, no sé con qué autoridad, se permite ofender su memoria.
3. Que Fidel nombraba a sus herederos, y finalmente dejó a su hermano Raúl.

A Raúl Castro lo ha nombrado Presidente del Consejo de Estado y Jefe de Gobierno, la Asamblea Nacional del Poder Popular, igual que en cualquier país de sistema parlamentario, ya que él también es diputado elegido por el pueblo. ¿A Raúl lo elegían diputado porque era hermano de Fidel? No señora, Fidel Castro tiene varios otros hermanos y varios hijos, ninguno de los cuales es diputado ni ocupa ningún cargo de importancia, que yo sepa.

A Raúl lo han elegido porque participó en el asalto al Cuartel Moncada, estuvo en la Sierra Maestra desde jovencito, fue preso de la dictadura de Batista y luchó valientemente por la revolución junto con Fidel.

Y posteriormente fue el que se encargó de organizar el ejército de Cuba, una institución que funciona como un reloj en la isla. Raúl Castro es muy respetado por todo el mundo, lo puede comprobar cualquiera que vaya para allá.

4. Que Fidel no dejaba salir a la gente de Cuba ni tampoco dejaba entrar a quien quisiera. Me voy por lo más fácil: el gobierno cubano, como todos los gobiernos del mundo, deja entrar a su país a quien le parece y no deja entrar a quien no le parece. No me voy a extender en esto porque es una absoluta tontería.

¿No deja salir a la gente? Pues fíjese señora Sánchez que esto es absolutamente falso. Me voy a tener que extender un poco, desgraciadamente. La cosa es así: antes de la revolución, los cubanos tenían una relación muy estrecha con Estados Unidos. La gente con dinero viajaba casi semanalmente a Miami, y todo lo compraba allá, incluso la mantequilla.

Admiraban a Norteamérica, los autos, los mejores sueldos y todos los productos del mundo desarrollado. Mucha gente quería irse a vivir y trabajar allá, como quieren los mexicanos y como querrían la mayoría de los habitantes del tercer mundo.
Todos los años se ven transitar por México cientos de miles de migrantes y campesinos mexicanos, que tratan de pasar ilegalmente la frontera hacia el sueño americano, ahora convertido en pesadilla.

A los cubanos se les exigían visas desde antes de la revolución. Pues ya después se fueron acabando las visas y también los vuelos y los medios de transporte normales, puesto que comenzó el bloqueo.

Así es como se fue mucha gente en condiciones muy precarias y peligrosas, no porque el gobierno cubano no la dejara salir, sino porque no había cómo viajar.

Secuestraban aviones y transportes marítimos. Por supuesto que los aviones y barcos secuestrados los yanquis no los devolvían.

El gobierno cubano tuvo que tomar algunas medidas restrictivas para evitar estos secuestros, que generalmente eran con rehenes.

Mucha gente se iba por mar en balsas o botes inapropiados y si lograba llegar, eran bien recibidos y les daban rápidamente la Green card.

Pero si los capturaban las autoridades migratorias gringas antes de llegar, no los recibían y los regresaban a Cuba. Esa fue la cruel realidad de la Ley de Ajuste Cubano, llamada “pies secos/pies mojados” que al parecer ahora se ha derogado.

El gobierno cubano hizo muchos esfuerzos para que se regularizara esta situación. El presidente Reagan prometió dar 20.000 visas al año, pero si dio mil quinientas fue mucho.

Por eso la gente se iba en condiciones peligrosas. Así se van también los mexicanos y centroamericanos, pero allá no los reciben. Tienen que atravesar el desierto de Arizona que es tan hostil, que muchos mueren en la travesía.

La culpa de todo esto no la tiene por lo tanto el gobierno cubano. Naturalmente, trata de evitar que se vaya un grupo de personas, incluyendo niños, en una balsa que no es apta para la navegación en alta mar.

Así se produjo el famoso caso del niño Elián González, que la madre y otras personas lo subieron a una balsa para llegar a EE.UU.
La balsa naufragó, la madre y otros se ahogaron y el niño fue rescatado por los guardacostas norteamericanos, que se lo entregaron a su familia en Miami.
Después de una ardua lucha judicial, el padre, un revolucionario que estaba en Cuba, consiguió que le devolvieran a su hijo, que ahora es un joven estupendo que estudia en la Universidad de La Habana.

Señora Sánchez, usted no sabe nada de Cuba. En la década de 1950 tenía tasas de analfabetismo que superaban el 70 %, sólo un 15% de la población disponía de agua corriente y sobre ella se abatían los parásitos y las enfermedades.

Además la mayoría de los campesinos no consumían proteínas y pocas veces disponían de verduras. En la Sierra Maestra, foco del movimiento revolucionario, las condiciones de vida del proletariado rural rayaban en la desesperación. Padecían la explotación, los robos y a menudo la brutalidad policial.

Y por otra parte le diré que Cuba es un país muy pobre en recursos naturales. No tiene petróleo ni caídas de agua ni ninguna fuente de energía suficiente.

Están ahora tratando de usar la energía solar, pero nadie les vende los elementos esenciales para fabricar los paneles solares y tienen que soldarlos a mano.

No tienen minerales valiosos como el cobre de Chile, ni otras riquezas parecidas. Su agricultura produce buenos frutos, pero trate usted de comprender que en un país tropical, la distribución de esos productos requeriría una gran flota de camiones refrigerados, que no pueden adquirir debido al bloqueo.
El precio del azúcar se ha desplomado debido a los edulcorantes artificiales y a que muchos otros países también comenzaron a producir y vender azúcar.

Y este pueblo, que después de la revolución y debido al bloqueo, dependía de su comercio con los países socialista, de la noche a la mañana se quedó sin proveedores y sin compradores, cuando la URSS y los países llamados socialistas del Este europeo se cayeron. Y sin embargo el pueblo siguió apoyando al gobierno revolucionario, aguantó y salió adelante.
Ya han superado en gran parte –solos- esa etapa tan dura llamada “periodo especial”, pero sin llegar a normalizarse.

La mayor riqueza de Cuba está en su pueblo, en sus científicos, en sus médicos que han logrado producir algunos de los medicamentos y tratamientos más importantes, como los del área neurológica, que es una de las mejores del mundo; una vacuna contra el cáncer de pulmón que no pueden comercializar en el extranjero porque el bloqueo se lo impide.
Y es obvia su preeminencia en las artes, particularmente en la música y en el ballet.

Mire algunos los resultados de la “dictadura” que según usted ha imperado en Cuba:

– Uno de los países con mayor índice de desarrollo humano (ONU)

-54% del presupuesto destinado a servicios sociales

-De los 200 millones de niños que duermen en las calles, ninguno es cubano.

-El mejor sistema educativo de América Latina

-Veinte estudiantes por docente

-El país que más aporta del PIB a la educación

-Único país de América sin desnutrición (UNICEF)

–Sistema de salud, un ejemplo para el mundo
-Tasa de mortalidad infantil más baja de América

.130.000 médicos graduados desde 1961

-Desarrollo de cuatro vacunes contra el cáncer

-Primer país en eliminar la transmisión del VIH de madre a hijo.

Y además, y quizás lo más importante de esa Cuba dirigida por el compañero Fidel Castro, es que es profundamente internacionalista, solidaria y generosa.

“Los rasgos más importantes de la Revolución Cubana son la dignidad y su “inagotable capacidad de solidarizar con el sufrimiento y las necesidades de “otros pueblos.

“Esa dignidad, fruto del coraje y patriotismo del pueblo y de sus dirigentes, se “ha demostrado en forma serena y resuelta en cada una de las muchas “circunstancias duras y riesgosas que le ha tocado enfrentar en su primer “medio siglo.

“Por otra parte, la solidaridad generosa e incondicional de Cuba con otros “pueblos es, quizás, el fruto más hermoso de una revolución que ha puesto el “acento en la transformación ética de la sociedad.
Es muy difícil encontrar a “otro pueblo que sea capaz, como el cubano, de renunciar a su propio pan “para aliviar el hambre y la necesidad de sus hermanos en lejanas tierras.

“Además, después del golpe de 1973, vino la enorme solidaridad con los “perseguidos por la dictadura chilena.

“No fuimos los únicos a los que Cuba brindó refugio en esa época tenebrosa “de América Latina. Estaban también las familias argentinas, uruguayas, “bolivianas, peruanas, nicaragüenses, salvadoreñas, haitianas, colombianas, “hondureñas, que huían del terror, la prisión y la muerte en sus países.
“Éramos miles de latinoamericanos refugiados en la isla mientras Cuba “enfrentaba los rigores del bloqueo norteamericano.

“Ser chileno era casi un privilegio que nos hacía sentir rodeados de amistad y “cariño, jamás solos o abandonados a nuestra suerte.”

“Cuba es uno de los países que más víctimas del terrorismo ha tenido (unos 3 mil 500 muertos) y que más ha sufrido de terrorismo en los últimos 60 años. Ante tanto y tan permanente ataque, las autoridades cubanas han preconizado, en el ámbito interior, la unión a ultranza.

Y han aplicado a su manera el viejo lema de San Ignacio de Loyola: “En una fortaleza asediada, toda disidencia es traición”. Pero nunca hubo, hasta la muerte de Fidel, ningún culto a la personalidad. “

Fidel Castro no sólo colocó a Cuba en el escenario mundial y les dio dignidad a todos los cubanos, sino que fue el artífice de la liberación de muchos países de África como Angola y Namibia; colaboró a la independencia de Etiopía y al término del apartheid en Sudáfrica.

“Bajo su dirección, su pequeño país (100 mil kilómetros cuadrados, 11 millones de habitantes) pudo conducir una política de gran potencia a escala global echando hasta un pulso con Estados Unidos, cuyos dirigentes no consiguieron derribarlo ni eliminarlo, ni siquiera modificar el rumbo de la Revolución Cubana. “

La Crisis del Partido Socialista

Por Osvaldo Costa

 

La política es una actividad frecuentemente dura y brutal, dado que es el lugar de confrontación de los intereses de las clases sociales, sin embargo, por regla general, los conflictos son maquillados con valores morales y presentados a la luz de intereses superiores, a fin de hacer digerible por la población las consecuencias de los enfrentamientos, que por lo general, en una sociedad burguesa, son adversas a las clases populares. Sin embargo ocasionalmente los ejecutores de la política de la burguesía, dejan entrever con meridiana claridad sus objetivos y métodos, fue el caso de Zaldívar y su famosa cocina. Y es el caso actual de la directiva del PS que dejando a un lado cualquier veleidad diplomática, pateo el tablero de la democracia interna del PS y mostrando su veta autoritaria asumió por sí y ante si la decisión de quien ungirá al precandidato de la colectividad.

En el comité central presidido por Isabel Allende, realizado el sábado 1 de abril se decidió –pasando por sobre los acuerdos democráticos tomados en el último congreso partidario- no realizar primarias en el PS, sacando del camino a los dos postulantes José Miguel Insulsa y Fernando Atria.

 

Las razones de una maniobra

Hay un cerrado acuerdo entre las tres facciones dominantes del PS; terceristas, renovados y el grupo de las Grandes Alamedas, quienes tienen claro que de realizarse la consulta a las bases, se le cierran las posibilidades a sus candidatos Lagos y Guillier. Las cúpulas de esta “troika” tienen claro que ni Lagos ni Guillier cuentan con un apoyo mayoritario de las bases, de ahí que la solución del problema sea sacar de la ecuación a las bases, y tomar una acuerdo cupular en el próximo comité central (el 23 de abril), donde pragmáticamente se tomara una decisión. Los cálculos son claros, Lagos no tiene posibilidades, mientras que Guillier que carece de un aparato sólido, esto lo hace un candidato ideal para el aparato del PS, que puede copar el equipo de campaña de Guillier y luego, en caso de triunfar copar el gobierno y el aparato administrativo del estado. Luego… vendría el negocio.

La maniobra ejecutada muestra claramente que el PS es una orgánica cuya única estrategia es la captura y gestión del poder. En la consecución de este objetivo carece de importancia el desarrollo de algún tipo de conexión con la estructura social, para empezar con su propia militancia. Para la actual directiva del PS la militancia no tiene el rol de ser un sujeto activo en la construcción política democrática, sino el de ser meros comparsas que tienen la función de validar y asentir lo que decidan los jerarcas de la organización. Lo único relevante es la captura de espacios de poder para los miembros de la cúpula del partido. Esto es lo que explica en ultimo termino porque el PS no tiene ninguna relación con las necesidades y las ilusiones de las masas, porque su nula participación en las demandas de los trabajadores, estudiantes, jubilados o pobladores. Es lo que explica que el PS se haya transformado en un partido clientelizado, al servicio de los grandes grupos económicos y en permanente contradicción con su propia historia.

Aunque cueste creerlo aún existe al interior del PS un segmento de honestos militantes y simpatizantes del PS, lo que se ha dado en llamar el pueblo socialista. Que sostienen hasta el día de hoy la ilusión de que es posible revertir el curso hacia la derecha y construir una izquierda antineoliberal y socialista dentro del PS. Es la hipótesis que sostiene (¿) Fernando Atria, construir a lo Jeremy Corbin, desde dentro del PS una nueva forma de hacer política con la participación de los trabajadores y las masas. Esta hipótesis ha sido destruida con ferocidad por los jerarcas actuales del PS. No somos los ingleses de Latinoamérica, el comité central del 1 de abril ha clausurado la posibilidad de acceder a ejecutar algún programa –no digamos socialista- progresista dentro del PS.

Sin embargo no todo está perdido, hay otra vía para los que piensan que es absolutamente imprescindible el cambiar el sistema capitalista neoliberal, es una vía no exenta de problemas y contradicciones a resolver, esa vía es la de construir nuevas orgánicas donde haya objetivos claros donde las decisiones se tomen de manera democrática, donde el centro del actuar político sean las necesidades de los trabajadores y las masas.

El ojo izquierdo (II)

Por Patricio Quiroga

Izquierda Socialista

I

Evidentemente, el tema coyuntural sigue siendo el de las recientes elecciones municipales y la reacción en cadena que ha suscitado.

El inédito 66% de abstención marcó la pauta, constituyéndose en el hecho central del análisis. En ese contexto el comportamiento electoral ha desatado una diversidad de opiniones que, tanto desde el análisis cualitativo como desde el cuantitativo, muestran decepción y alarma. Por eso, es necesaria la ponderación. Según el analista P. Altamirano, no obstante la pérdida de votación hay luces en el camino. Aunque, no puede perderse de vista que los votos válidos en la presidencial del año 2012 (5.542.069) bajaron en 2016 (4.753.747). Esto quiere decir que en cuatro años se perdió un 27% (788.322 votos). Ahora bien, pese a la fuga de votación se produjo un crecimiento de las posturas de izquierda, un decrecimiento de la derecha y de la centro-izquierda, y un decrecimiento extraordinario del centro.

Las conclusiones también son variadas: para El Mercurio la instalación de S. Piñera está a la vuelta de la esquina. La Tercera da por terminado el gobierno. La DC reaccionó de la manera tradicional: golpeó la mesa para capear el temporal y aumentar la posibilidad de levantar una candidatura presidencial. Los radicales vieron llegada su hora con un discurso de campaña presidencial. Por doquier aparecieron las aspiraciones personales con vista a la próxima elección parlamentaria, incluso ministros en ejercicio comienzan a demarcar circunscripciones. La inmensa mayoría pareciera condolerse con el descalabro de la Presidenta que intenta superar los traspiés con el cambio de autoridades de aquí al 19 de noviembre (Subsecretarios, Gobernadores y Ministros), Mientras tanto, variados sectores, miran con expectación la emergencia de una izquierda política ligada con movimientos sociales en Valparaíso.

En un contexto delicado que debería constituir un estímulo para la reflexión política, se han visto propuestas ramplonas e incluso delirantes, en circunstancias que está en juego la calidad de la democracia y de la representación. En ese sentido, la actitud de la derecha no puede extrañar por su tendencia histórica al recorte de la democracia, pero, ¿por qué se da la misma superficialidad en el reformismo liberal-socialdemócrata?

La explicación está en visualizar la línea de tiempo. Al abandonar la visión crítica de la sociedad las elites de la Concertación olvidaron que en 1989 la derecha logró casi el 50% de la votación. Esa adhesión reflejó la existencia de una cultura autoritaria que había que superar; pero, progresivamente la inserción sistémica fue relegando al olvido lo que significa la ideología transformada en modelo cultural, compitiendo solo por el voto ciudadano desprovisto de una estrategia de profundización democrática. La línea de trayectoria sería reforzada por la pertinaz mantención del modelo económico caracterizado por la concentración de la riqueza, bajos salarios e inequidades en la educación, salud, vivienda y jubilación, peligrosa conjunción que terminó por minar la captación de apoyo ciudadano. En otras palabras, no bastó la democracia restringida ni las políticas públicas neoliberales de carácter subsidiario. Agréguese, la aparición de nepotismo, la adopción de actitudes-comportamientos procedentes del modo-de-ser dominante, y se comprenderá la pérdida progresiva de votación en 2009, 2010, 2012, 2013 y 2016.

Por otra parte, el resultado electoral tiene explicación en la campaña del “fuego amigo”, estrategia que liquidó la figura presidencial desde la misma Nueva Mayoría. Al respecto debe tomarse en cuenta que, cuando desde la Revista QUE PASA se denunció el Caso CAVAL, aprovechando la ocasión, desde la derecha se inició una campaña para debilitar la figura presidencial. En el otro extremo político, en un principio, las críticas se interpretaron como una molestia de los sectores conservadores de la Democracia Cristiana por la participación comunista en el gobierno, otros analistas centraron la atención en el disgusto de los sectores y figuras socialistas desplazados, incluso el silencio del PPD fue interpretado como consecuencia de sus divisiones internas. Pero, finalmente, quedó claro que los objetivos eran la paralización de las reformas en que se había comprometido Bachelet, y poner en marcha el cálculo electoral de grupos de poder desafectos de la Nueva Mayoría y nostálgicos de la Concertación. Aunque, también ronda la sospecha que otro objetivo era precipitar la renuncia de la Presidenta.

En suma, la campaña del “fuego amigo” paralizó los cambios, afectó al gobierno, y posibilitó que la candidatura de R. Lagos iniciara su marcha. Dicho en otras palabras, los dirigentes de la transición no perdonaron el intento de Michelle Bachelet de gobernar con el apoyo de una fuerza externa al sistema de partidos, prestándose para ello el Caso CAVAL y los desaciertos políticos de la propia mandataria.

Finalmente, múltiples torpezas de última hora afirmaron la tendencia. Las desavenencias personales, la constatación de apetitos de poder, tráfico de influencias y la aceptación de dineros políticos proveniente del pinochetismo, pusieron en jaque al gobierno, a sus partidos y a sus representantes. Por otra parte, la poca idoneidad política de ministros claves fue determinante; allí están el caso de la reforma educacional, el sinsentido de la reforma laboral y la tragedia del SENAME. En otros términos, no se escuchó la demanda de la mayoría y se optó por la estrategia del silencio para esconder los conflictos. En efecto, la Concertación al renunciar desde el inicio de la transición a poseer medios de comunicación, no solo hizo una concesión estratégica al autoritarismo, también ocultó la crítica, introduciendo el perverso juego del olvido-del-reclamo por el paso-del-tiempo.

 

II

El resultado electoral pareciera cobrar vida propia en circunstancias que es expresión de un proceso que desde 2011 (a lo menos) está haciendo visible el Chile profundo. Las manifestaciones estudiantiles al copar la calle sacaron el conflicto político de los límites del parlamento mostrando la existencia de diferencias sociales.  Ahora bien, en las actuales condiciones, mientras los partidos políticos se enfrascaban en la reproducción de sus cuotas de poder, los movimientos sociales, los simples ciudadanos, las organizaciones político-culturales y las emergentes fuerzas políticas, detectaban las anomalías estructurales del país; aún más, descubrieron que la coyuntura era un muestrario de estas acompañadas de numerosas decisiones lesivas a los intereses de la mayoría.

Entonces, ¿cómo pedir el voto al estudiante universitario si había evidencias de la existencia de pugnas al interior del gobierno, porque mientras la mayoría de los chilenos claman por dar solución al tema del CAE, otros estaban por reducir la entrega de créditos?, ¿cómo pedir el voto al profesor universitario si aún no hay un diagnóstico de la reforma educacional?, ¿cómo pedir el voto a la mayoría femenina si un sector del PDC está enfrascado contra la despenalización del aborto?, ¿cómo pedir el voto si el feminismo burocrático-partidario sigue protegiendo a un congresista castigador?, ¿cómo pedir el voto para rescatar nuestro cobre si la Ley Reservada está congelada?, ¿cómo pedir el voto al viejo explotado en su vejez si el clamor de NO + AFP había sido desechado por el propio Ministro de Hacienda?, ¿cómo pedir el voto a los trabajadores manuales e intelectuales si el gobierno negaba un reajuste en concordancia con el alza del costo de la vida?

La derrota no es porque faltara trabajo “puerta a puerta” como concluyó el PC. El tema es, ¿cómo pedir el voto para un gobierno que paralizó las reformas quedando sin coherencia y rumbo?, ¿cómo pedir el voto para candidatos/candidatas que trasgredieron la ética popular? En conclusión, ¿cómo pedir el voto si se paralizaron o deformaron las reformas contenidas por 25 años?

El militante, despojado de su opinión y sujeto a las decisiones de las oligarquías partidarias, transformado en funcionario público y degradado a la calidad de cortesano gubernamental (sin opinión), también fue horadado por la duda, cundiendo una molestia aún mayor cuando sabía que, a pesar de sus esfuerzos, se perdería en numerosas localidades a causa de los errores cometidos por las cúpulas partidarias (Santiago, La Reina, Calama, Punta Arenas). Ahora bien, lo novedoso es que la molestia se expresó en el momento de la votación; de hecho, la Nueva Mayoría perdió 630.000 votos; de ellos: ¿cuantos militantes no votaron?, ¿cuántos endosaron sus votos a otras propuestas?, ¿cuantos anularon o votaron en blanco? Esto es muy grave, en el caso del PS, bajó en la votación en términos absolutos pasando de 547.102 votos en 2012 a 380.298 en 2016, es decir una baja de un 30% lo que implica preguntarse ¿cuantos parlamentarios podrían perderse en 2017 sin readecuaciones políticas? Pero, estas no se ven, por el contrario, lo que percibe la opinión pública es la lucha por el posicionamiento por los cupos parlamentarios. Y la autocrítica de los partidos y de los encargados electorales brilla por su ausencia.

Ahora bien, el análisis debe ser ponderado, tanto Chile Vamos como la Nueva Mayoría perdieron votos (221. 474 y 630.000 respectivamente), para la derecha el desastre no fue mayor por la votación de Evopolis (261.275) y Amplitud (51.365). El PDC perdió 225.224 votos, el PS 167.242, el PPD 126.962, el PC 57.750. La IC, el MAS y el PR suben a 118.380 votos. El PRO pierde 62.106.  Los independientes lograron 330.083 votos desglosados de la siguiente manera: Pacto Poder Ecologista 86.407, Partido Revolución Democrática 62.413, Pueblo Unido 58.292, Alternativa Democrática 108.538, Pacto Justicia y Transparencia, 14.433. Esto da un 8,54% lo que permite establecer tres conclusiones, a lo menos; i) el sistema binominal cedió su rol de contención, ii) si se reproduce la unidad que llevó a Sharp a la alcaldía, la izquierda emergente podría aspirar a lo menos a cinco o seis diputados y un senador (hay cálculos que hablan de 19 y 3), y iii) podría levantarse un presidenciable alternativo.

La molestia ciudadana se acrecienta también con el desate de las pasiones en la pugna presidencial.  Al respecto, solamente dos hechos puntuales. Primero, ¿qué sentirá en su fuero interno ese militante que vio abandonada a su Presidenta en la derrota? Recuérdese que, en el momento en que la mandataria iba a pronunciar el tradicional discurso, donde se da cuenta de los resultados, estaba sola, los partidos la habían dejado. Aún más, un grupo de dirigentes responsabilizó ipso facto al gobierno de los traspiés. Segundo, la ocasión dio lugar a un sinnúmero de propuestas simplemente ramplonas como las de los presidentes de ambas cámaras y delirantes como las del PDC. Proposiciones y actitudes inentendibles para quienes dejaron el alma en la campaña, escenario en que se renovó el intento de R. Lagos para asegurar su candidatura.

 

III

En efecto, actuando como eventual abanderado el ex presidente fue rostro visible de numerosos candidatos, luego el día mismo de la derrota, señaló que había que “rectificar” la actitud del gobierno y remató sus afanes pidiendo a I. Allende que bajara su candidatura con el propósito obvio de ser ungido por la alianza PS/PPD; grueso error de cálculo político que abrió las puertas al debate al interior del socialismo, aflorando ahora, desde múltiples instancias, la exigencia militante del respeto a los acuerdos del último Congreso que estipuló la realización de primarias abiertas para la elección de candidatos. En suma, no hubo proclamación, el socialismo alzó tímidamente la voz por el trato a su Presidenta, y se alzaron las candidaturas, de Insulza y Atria. Aún más, de acuerdo a ley de partidos políticos, las aspiraciones de R. Lagos deberían pasar por la prueba de elecciones internas. Difíciles circunstancias a las que debe agregarse una nueva baja en las encuestas poselectorales que dejaron reducidos sus sueños a un 5% ante el 16% con que irrumpe el senador A. Guillier.

En esta perspectiva, la responsabilidad del PS es enorme, durante las próximas semanas hasta el Pleno del Comité Central (26 de noviembre), los ojos ciudadanos estarán puestos en la limpieza de los procedimientos internos. El dilema, entonces, será el contrapunto entre elecciones abiertas con participación universal o definición cupular, aunque también es probable que la indefinición se prolongue hasta marzo.

Lagos es un hombre inteligente y tenaz, advertido de esta situación, se reposicionará (primero) denunciando la supuesta descalificación de que es objeto su persona, para (luego) volver a la maniobra política. Aunque, tiene un poderoso elemento a su favor, a diferencia de los otros (posibles) candidatos, posee Programa. Por eso, deberá entenderse que la crítica no es personal, sino a una propuesta-país que opera desde hace un cuarto de siglo. En ese sentido, ningún intento de explicación del proyecto del ex Presidente puede obviar el complejo problema de la transición y el rol de la elite dirigente por tanto tiempo.

Es hora de iniciar el balance.

Desde septiembre de 1973 la apuesta de la vieja izquierda fue la reconstrucción democrática; pero, el fracaso de la línea de Frente Antifascista, la irrupción de la “renovación”, la derrota de 1986 y la imposición de la estrategia PDC+ Renovación Socialista (a la que posteriormente se integró la ortodoxia, previo abandono de su antiguo ideario), permitió la aparición de una nueva tipología transicional. La concepción de los sectores adherentes a la teoría crítica, relacionada con la subversión del orden establecido, en vistas a la recuperación de una democracia sustantiva (sin recortes), dio lugar a una nueva concepción que basada en el funcionalismo sociológico viró hacia la transición negociada-institucional. Bajo estas condiciones esa izquierda renunció progresivamente (con o sin razón) al leninismo, al marxismo y, finalmente, al allendismo, cobijándose bajo el nuevo manto de una socialdemocracia que se acercaba al liberalismo político, operación que la diezmada izquierda no pudo contener.

Acto seguido, la transición se entendió como un cambio de régimen militar por uno civil, paso acompañado por un proceso de democratización de los enclaves autoritarios.

La llegada de P. Aylwin al gobierno fue el inicio de la construcción del Estado pos dictatorial (1990), un nuevo Estado que puso fin a los arbitrios del Estado de excepción. Pero, como el carácter de ese Estado no estaba fijado de antemano su construcción constituía todo un desafío; por eso, fue tan importante el abandono de lo que se denominaría como el Programa Abandonado, decisión que condujo al reemplazo de la movilización social por la democracia de los consensos, a la tesis de la importancia de los cambios incrementales, fundamento de la concepción del crecimiento con equidad y del abandono de las teorías del desarrollo o del cambio profundo, punto de partida de las políticas neoliberales que finalmente se impusieron y que condujeron, entre otros, a la apertura comercial, al Estatuto de la inversión extranjera (D.L. 600), a la exención tributaria del IVA y al abandono de la reforma fiscal. Esa línea, continuada por E. Frei, se manifestó en la transición de una agenda política a una socioeconómica orientada, entre otros aspectos, a la apertura de la inversión internacional (encuentro con el NAFTA y la Unión Europea), rebajas arancelarias y nuevas privatizaciones (agua, electricidad).

Lagos continúo con lo que ahora se denominó como la “modernización económica”, logrando alianzas con el empresariado a raíz del impacto de una de las crisis que periódicamente asolan a la economía mundial. De esa manera se pospuso nuevamente la reforma tributaria y se impuso la regla del superávit estructural, prodigándose la firma de nuevos TLC. Por otra parte, para retomar el crecimiento inició la “segunda fase exportadora” que terminó transformando el país en una plataforma para las empresas transnacionales, acentuándose la explotación de los recursos naturales, consolidándose el modelo económico de libre mercado sin medidas reactivadoras sobre la base de la precarización laboral y la mantención de una baja cuota de sindicalización. En otras palabras, el rumbo trazado al inicio de los noventa continúo sin alteraciones, aunque ahora asomaron aspectos que iniciaron la molestia ciudadana; entre otros, el caso MOP-Gate, la aplicación de la Ley Antiterrorista, el cambio (formal) de la Constitución de 1980, etc.

Finalmente, debe señalarse que en un país afectado por la industrialización trunca, ahora el 10% más rico de la población captó el 42,3% del ingreso nacional, mientras que el 10% más pobre captó solo el 1,1%, medidas que en nombre de la modernización del Estado terminaron recortando su rol, premisa básica del neoliberalismo.

Luego vino una gran advertencia ciudadana. M. Bachelet debió pasar a segunda vuelta en la carrera presidencial.

La Presidenta, que contaba con mayoría en ambas cámaras, iniciando su primera gestión se pronunció por un gobierno ciudadano. Pero, no pudo abandonar la camisa de fuerza de los lineamientos anteriores en los precisos momentos en que comenzó a expresarse el descontento de los movimientos sociales. En otros términos, el intento de aplicar reformas fue resistido, lo que le obligó a paralizar la consulta ciudadana, al mismo tiempo, por consejo de sus asesores, acentuaba los aspectos asistenciales de su gobierno, afortunadamente el ciclo virtuoso del cobre generaba espacio para políticas de bonanza. Pero, los asesores no lograban advertir que algunas decisiones, heredadas del gobierno de Lagos, estaban causando tenciones (CAE, LEGE, Transantiago) y que el tema mapuche había pasado a mayores. Finalmente, la Presidenta logró remontar la baja en las encuestas a costa de paralizar las reformas, quedando latente la tensión entre su proyecto de reformar el Estado neoliberal y los puntos de vista de los sectores que se habían deslizado desde posiciones social cristianas y socialdemócratas al neoliberalismo corregido.

Entonces, el tema no es “recuperar la convicción”, como señala el ex mandatario en su nuevo libro, En vez del pesimismo.

¿Recuperar la convicción…para seguir con el neoliberalismo corregido?, porque en realidad el llamado a recuperar, las diez convicciones, es una propuesta que se sustenta en la teoría del crecimiento económico. O sea, más de lo mismo.

Pero, este no el único tema controversial.  Vivimos en un sistema mundial, afectado entre otros aspectos, por la triple crisis (agua, petróleo, alimentos), guerras, desplazamientos humanos, sobrecalentamiento global y una crisis económica que no logra remontarse desde 2008. Pero, este no ha sido tema para las elites gobernantes. No obstante vivir en la globalización vivimos en medio de una reflexión casi autárquica sobre la historia del tiempo reciente. En circunstancias que, para muchos autores estaría estallando una crisis mundial del capitalismo, para otros -como la canciller alemana- no es el capitalismo el que está en crisis, sino una variable de este, el modelo neoliberal. En ese contexto, el mérito de Bachelet fue haber intentado reformar un neoliberalismo de rasgos autoritarios, pero el resultado fue la ruptura del consenso establecido entre las elites de la Concertación y la derecha; además, atentó contra el sistema de partidos, agravando su situación cuando cundió la sospecha de haber recibido dineros ilegales para su campaña.

En ese mundo conflictuado operan poderes de enorme magnitud que van siguiendo la trayectoria de nuestros países, entre ellas una socialdemocracia derechizada que está atravesando gravísimos problemas. En efecto, la socialdemocracia está atravesando por una crisis histórica, dado que, está desapareciendo de la escena por el cambio mundial de los últimos cuarenta años, caracterizado por el retroceso de la sociedad industrial y la aparición de una nueva estructura social cuyos anhelos no tienen congruencia con la oferta socialdemócrata del pasado, ni mucho menos con la del actual maridaje con el neoliberalismo. Ahora bien, sin duda alguna, las tendencias chilenas deben ser examinadas atentamente por el rol que el país  viene jugando desde 1990 al promover la expansión de las ideas neoliberales a nivel continental, perspectiva en la que nuevamente juega un rol importante el sector liderado por R. Lagos, como lo demuestra la concurrencia, junto a F. González, a un seminario organizado por El Mercurio, tribuna en la que quedó diáfanamente expuesta la idea de que las crisis políticas se pueden convertir rápidamente en crisis sistémica (28 de septiembre).               .

En fin, es la enseñanza de anteriores crisis que terminaron con la explosión del PASOK, el partido de la socialdemocracia griega. Es el temor a los sucesos de Inglaterra. Es el temor a la revolución bolivariana y la lejanía con el PT brasileño. Es la explicación del cisma del PSOE que terminó con la caída de P. Sánchez en España, dando paso a M. Rajoy, para evitar la “crisis sistémica”. Se trata, entonces de detener una posible crisis sistémica, pero lo que está en juego en Chile no es una crisis del sistema sino reformas al capitalismo. Error de apreciación que explica el conservadurismo con que la vieja elite sigue apreciando nuestro país.

 

IV

Bajo las condiciones anteriormente enunciadas no es de extrañar que la convocatoria de las agrupaciones NO + AFP se trasformaran en una Jornada de Protesta Nacional (5 de noviembre). La confusa propuesta presidencial que convocaba a un acuerdo nacional para examinar el tema se diluyó por la resistencia empresarial y por las discrepancias al interior del gobierno. Los afectados, al constatar que durante dos meses no había respuesta a sus exigencias, nuevamente protestaron a través de todo el país exigiendo el fin del sistema. Ahora bien, objetivamente, en la jornada se articularon diversas formas de protestas (legales, semiilegales e ilegales), lo que exige estudios sociológicos muy precisos porque lo que está en juego es la presencia de nuevas formas de enfrentamiento de la violencia cotidiana. Lo otro, es deslizar la crítica para descalificar el movimiento con el consiguiente reposicionamiento de los dueños del capital.

Ahora bien, este tipo de errores se ha vuelto a repetir con la negativa del Ministro de Hacienda para otorgar un alza salarial, de acuerdo con el alza del costo de la vida a los trabajadores del sector público, denegación que ha terminado con la fuerza gubernamental dividida, con una declaración de todos los Frentes Sindicales de los partidos de gobierno que repudian tanto la actuación del ministro del ramo como la del Presidente de la cámara de diputados. No es todo, también se observa el desate de la represión, y el copamiento de la calle por más de dos semanas, con la consiguiente preocupación de poderes fácticos que han recordado que la exclusión de PC era parte del trato con que se inició la transición, razón de fondo de la ofensiva contra el comunismo chileno.

En cuentas resumidas: todo pareciera indicar que la confluencia de la crisis de representación con exigencias múltiples del movimiento social (NO + AFP, ANEF, Pescadores Artesanales, Estudiantes, etc.) está abriendo una brecha por donde pudiera irrumpir la reivindicación de cambios. Los últimos sucesos demuestran un alto grado de participación en la calle, politización de los movilizados, aparición de diversas formas de intervención y un reclamo generalizado por mayor participación en el producto y en la ampliación de la democracia. La ciudadanía está descontenta y tiene claro que para los actores del sistema político basta con la participación de un 34 % de la población para instalar un Presidente. Pero, también saben que esta posibilidad es antidemocrática porque restringe conscientemente la participación en beneficio del partido trasversal del orden, pero esto es jugar con fuego porque atiza el malestar que conduce a la diversidad de acciones que se ha observado recientemente. Por otro lado, poner trabas a la ampliación democrática y a la reforma, es facilitar la campaña de la derecha contra el rol de la política, es allanar el camino a la irrupción autoritaria por la vía de una participación electoral restringida a un tercio del electorado.

En ese sentido, el partido transversal del orden deberá enfrentar oposición. Los sectores pro reformas de la alianza de gobierno, a partir del reconocimiento de la gravedad de la situación, están obligados a exigir rectificaciones en el modelo económico a partir de la reforma estructural (bien hecha, por supuesto), revisar el tema de la participación, y considerar una nueva óptica en los fundamentos de la actual cultura de mercado, sacándola del rol de los gestores culturales. Esto es una vuelta al humanismo en el capitalismo. Por otra parte, no puede dejar de considerarse la aparición incipiente de una nueva fuerza en proceso de constitución. Allí está el ejemplo de Valparaíso, el “Naranjazo” actual. Pero, insistimos, este es un fenómeno incipiente.  Ahora bien, en tanto, no se constituya una tercera fuerza (dentro y fuera de la Nueva Mayoría,) las aguas pueden volver a su caudal. En ese sentido, la irrupción de nuevas categorías sociales, la consolidación de movimientos sociales, el triunfo de la izquierda emergente en la FECH, el de la NAU en la UC, y la reaparición del grito callejero “Dignidad”, un viejo lema de los humillados por el capital, podrían ser pasos promisorios para la construcción de una fuerza transversal de cambio (¿Frente Amplio?).En estos procesos de reacomodos y rearticulaciones políticas será significativo lo que suceda en el Partido Socialista para las posibilidades de transformación y fortalecimiento de la izquierda, proyecto que desde su interior vienen desarrollando fuerzas emergentes como Izquierda Socialista (IS).

En esta dimensión también hay que ser cuidadoso porque las izquierdas muestran una histórica tendencia a la fragmentación. En Valparaíso en 2012 los votos válidos fueron 87.449 y en 2016 alcanzaron 86.219, por lo tanto, la baja fue de 1.230 votos, es decir un 1%. Entonces, la candidatura alternativa paró la fuga de votos, la derecha bajó de 40.264 a 19.443, y la Nueva Mayoría perdió el 37% de su votación respecto a 2012 pasando de 30.766 a 19.316 votos. Esto significa que el candidato triunfante absorbió al centro, y gano votos en la derecha y la izquierda con un proyecto nuevo que los deja en una posición expectante para las futuras elecciones, siempre y cuando remonten la tendencia a la división.

Pero, ni el reformismo limitado, ni la aspiración del cambio tienen el futuro asegurado.

El inicio de la recomposición mundial del capitalismo (1974) precipitó con el paso del tiempo cambios profundos; entre otros, variaciones en el desarrollo del capitalismo mundial, en la forma de  la acumulación, modificaciones en las relaciones sociales, cambios en los modos de vida, alteraciones en el Estado, globalización y aparición de un mundo multipolar, etc. Por casi cuarenta años la hegemonía del capital financiero se impuso, pero la crisis de 2008 resquebrajó la economía mundial, afectando sucesivamente al centro, la periferia y la semiperiferia, al mismo tiempo que aparecían nuevos conflictos universales. Inmersos ahora (2016) en una crisis planetaria la salida está siendo con más neoliberalismo, con el recurso a la violencia y con racismo, como lo demuestran los casos de Turquía, Filipinas, Colombia y el reciente triunfo de D. Trump en Estados Unidos.

Una de estas transformaciones fue la ruptura del principio de la solidaridad humana, reemplazada por el más extremo individualismo. Lo que era una tendencia, luego se transformó en insularidad, soledad en compañía, pasos para la transformación del sujeto histórico en sujeto de consumo. Dicho de otra manera, la fábrica de consumo neoliberal término afectando la subjetividad por vía de la seducción a que conduce la realización individual que produce la acumulación de bienes materiales. La otra vía se logró a través de la combinación de la desinformación, la desorganización, el miedo y la imposición del tiempo-efímero La desinformación fue vital porque impidió comprender los vaivenes de la sociedad, de allí la irresponsabilidad de renunciar a medios de comunicación al inicio de la transición. Ahora queda claro que la falta de información iba de la mano con la des-organización de los afectados por el capital, así se comprende porqué languidece la organización de los partidos y de los movimientos sociales. Por otra parte, el miedo es un viejo conocido de la humanidad porque paraliza la acción. La Inquisición paralizó por miedo al oponente. Ante la pestilencia medieval la población huía. Entonces, ¿cómo comprender el sistema mundial actual si además el tiempo-efímero nos llena de imágenes que se desvanecen instantáneamente ante nuestros ojos (memes, chat, Facebook, fotos), impidiendo la comprensión de los fenómenos sociales?

Pero, el peso de los factores objetivos está mostrando el Chile profundo. Es imposible no visualizarlo, no obstante, el intento de ocultarlo por parte de una casta periodística que se ha dejado atrapar entre la seducción sistémica y la exigencia del patrón (habidas excepciones). En fin, sociedades complejas como la nuestra, donde coexiste el conflicto social y la lucha de clases, el contrapunto étnico, la descalificación racial, y el desdén de políticos que piensan por “la gente”. Existen condiciones objetivas a superar (exclusiones, pensiones, explotación) que están esperando por décadas ser resueltas, existiendo también entre los subalternos una memoria histórica que sabe que con información, organización y decisión política se logran romper los cerrojos subjetivos, que es lo que pareciera estar sucediendo, por lo que es posible que se esté iniciando un nuevo ciclo en nuestra historia política.

Noviembre, 2016.

Los resultados políticos de las Elecciones Municipales 2016

Los principales resultados electorales y las consecuencias políticas de las recientes elecciones municipales son: una gran abstención –el 65%- que expresa el profundo rechazo de la ciudadanía a los partidos políticos, la grave derrota política de la Nueva Mayoría y el Gobierno –no al revés-, la constatación de la consistente mayoría electoral de la Nueva Mayoría, la exitosa sobrevivencia de la UDI y, esto es lo importante, los primeros “brotes verdes” de la tercera fuerza política, los atisbos de los tres tercios.

Por Ibán de Rementería

Núcleo Valparaíso Socialista

Partido Socialista IS

 

La abstención es una manifestación electoral de gran impacto político ya que es el indicador efectivo de la desafección de la ciudadanía –individual y colectivamente expresada- con los partidos políticos primero, luego con el sistema y el régimen político. La abstención no es una anomia política, aunque puede haber individuos y grupos marginados y auto marginados, asimismo hay sectores históricamente marginados y auto marginados, por ejemplo las comunidades originarias o inmigrantes, o simplemente “los pobres de la ciudad y el campo”, lo cual es también una expresión política.

La abstención en estas elecciones muestra dos caras, mientras ella castiga a la Nueva Mayoría (NM) con la pérdida de importantes municipios y el número de ellas, porque su clientela es crítica y deliberativa, “díscola”, –uso aquí clientela en el sentido originario de perteneciente a una casa, no de un comprador habitual-, en cambio, Chile Vamos (CV) logra notables éxitos electorales en municipios emblemáticos como Santiago, Providencia, Maipú o Punta Arenas, donde lo más notable es el buen desempeño de la UDI, pese a las lúgubres predicciones que la afectaban debido a su alto compromiso en el contubernio entre la política y la empresa privada, debido esto a que su clientela es más acrítica, disciplinada y leal –el voto duro. Gran Bretaña es mayoritariamente laborista pero malos liderazgos y convocatorias mediocres han hecho posible el triunfo conservador. Estados Unidos de América es demócrata, pero los republicanos han gobernado varias veces el país, en estos días el mediocre liderazgo de Hillary Clinton desmoviliza a los sectores progresistas y educados del país y su partido Demócrata hasta convertirlos en una minoría electoral, en cambio el reaccionario y atrabiliario discurso de Trump está movilizando a los blancos racistas, machistas y xenófobos hasta convertirlos en una mayoría electoral

En breve, aquí en Chile la abstención afectó más a la NM que a CV. Pero, en el recuento electoral efectivo que es la votación por concejales la NM obtuvo el 47% de las preferencias y CV sólo el 39%, diferencia sustancial que muestra como el país es mayoritariamente de centro izquierda y minoritariamente de centro derecha. Entonces, para las próximas elecciones generales, presidenciales y parlamentarias, no olvidar que estas últimas son a la vez las “elecciones constitucionales”, la CV tiene la difícil tarea de movilizar al máximo su clientela hasta convertirla en una mayoría electoral, mientras que la NM tiene la compleja tarea de movilizar a un amplio arco político para conservar su mayoría que va desde la izquierda dura, pasando por una social democracia amorfa hasta unos liberal demócratas que siguen ensoñados con las promesas del neoliberalismo: mucho consumo y mucho trabajo, cuando hay. Hasta ahora, lo que tienen que resolver la NM es si es más movilizador de su clientela Lagos o Guillier. En cambio, CV si bien tiene la conciencia clara que su hombre es Piñera –él también-, igualmente sabe que su límite de crecimiento electoral –su profundidad estratégica- es mucho menor que el de la NM. Ya bien sabemos que en el 2.000 Lagos perdió en la primera vuelta ante Lavín pero lo derrotó en la segunda.

Hay dos elecciones municipales emblemáticas de los “brotes verdes” que anuncian y convocan a la tercera fuerza, la elección de Jorge Sharp en Valparaíso y de Juan Rozas en Pedro Aguirre Cerda, el primero perteneciente al Movimiento Autonomista –escisión pro electoral de la Izquierda Autónoma- encabezando un movimiento social y ciudadano, el Pacto Urbano la Matriz, surgido en medio de la descomposición económica, social, política y administrativa de la ciudad puerto, quien derrota tanto a la NM como a CV doblándolas en votación, con el 54% de las preferencias. En la Municipalidad de Pedro Aguirre Cerda un médico de izquierda, Juan Rozas Romero–“el doctor de los pobres”- hijo de vecinos, derrota a Claudina Núñez la dos veces Alcaldesa comunista de unos de los municipios más emblemáticos de lo popular y por su buena gestión política, que aparentemente no lo era tanto en lo municipal.  

La amenaza de una tercera fuerza, de una izquierda alternativa, hace aflorar nítidamente la lucha de clases, que en los hechos es la lucha por la apropiación más individual o social de la riqueza que es producida colectivamente, a partir de los recursos naturales disponibles en un territorio sobre la cual esa población ejerce su soberanía. En el caso de Valparaíso la lucha de clases se hace manifiesta cuando la localización geoestratégica de su borde costero es disputada entre su uso público o privado de tal manera de asegurar a uno u otro sector, a uno u otro actor económico, al capital o al trabajo,  el excedente que genera. De igual manera la “patrimonialización” de un territorio urbano, la declaratoria de sitio patrimonial de la humanidad por la UNESCO, genera la expectativa de una renta urbana para la inversión inmobiliaria que empleará todos los recursos que sean necesarios para hacerse de ella.

Por eso al momento que el Alcalde electo, Jorge Sharp, declara que se opondrá a la construcción del Mall Barón y del Terminal dos, así como a las autorizaciones de construcciones en altura y del Plan Regulador que las norma –el actual y el que está en proyecto-, reaccionan rápida y contundentemente en contra de aquello la Asociación de Industriales de Valparaíso (ASIVA) y la Cámara Chilena de la Construcción, asimismo la Empresa Portuaria de Valparaíso y la Intendencia de la Región, que muestran como el estado nacional y su delegación regional representan los intereses de los concesionarios y las inmobiliarias que hacen apropiación privada de la renta portuaria y la renta urbana asociada a aquella.

Lo que se está planteando aquí es una confrontación entre el Estado nacional, encarnado por el Gobierno Nacional y su Intendente, en representación de los intereses de las concesionarias portuarias (OHL) y comerciales (Falabella), así como de las inmobiliarias, en contra de la nueva Alcaldía de la Ciudad Puerto conducida por Jorge Sharp que representa los intereses de las vecinas y vecinos de Valparaíso y sus visitantes, que se pueden beneficiar mejor y más amigablemente de sus recursos geoestratégicos y de su patrimonio urbanístico.

Importantes sectores de la Nueva Mayoría, en particular del Partido Socialista, acompañaron y respaldaron la propuesta del Movimiento Valparaíso Ciudadano liderado por Jorge Sharp, otros más, después de las elecciones han manifestado su apoyo a la realización de ese proyecto de ciudad puerto para sus vecinas y vecinos. Mayoritariamente la clientela de la Nueva Mayoría, sobre todo del Partido Socialista, abandonó la propuesta del DJ Méndez y respaldó la de Jorge Sharp, por eso el Partido Socialista de Valparaíso pasó de haber obtenido 10.050 votos en las municipales en 2012 a solamente 2.433 en estas, perdiendo el único asiento de concejal que tenía en un candidato independiente del Partido Radical. Entretanto, la clientela porteña de CV se constituyó en la mayoría de la abstención que llevó a la apabullante derrota de Jorge Castro.

Los partidos de Nueva Mayoría en Valparaíso, en particular el Partido Socialista, se verán desgarrados por su compromiso, por una parte, con la nueva Alcaldía que representa los intereses mayoritarios de las y los vecinos de Valparaíso, así como, por otra parte, por su lealtad con la representación regional del Gobierno nacional, la Intendencia, que representa los interese minoritarios de las concesionarias y las inmobiliarias. De la decisión de estos partidos en Valparaíso, en particular del Partido Socialista, en sus políticas de alianzas dependerá la construcción de una tercera fuerza política, de otra izquierda, que termine con el duopolio.

Colombia, la paz herida. El triunfo “democrático” del autoritarismo.

Los resultados registrados en el plebiscito colombiano para ratificar los acuerdos de la Paz establecidos entre la guerrilla de la FARC-EP y el gobierno del presidente Santos, generaron sorpresa e incredulidad, pero, por, sobre todo, incertidumbre. Un 50.22% de las y los ciudadanos colombianos rechazaron los acuerdos, y votaron, por la opción NO.

Qué razones y motivaciones tuvieron para hacerlo, fundamentalmente, el rechazo a la incorporación de la FARC-EP, la guerrilla política, como un actor político, también los acuerdos referidos a la justicia transaccional, entre otras. La oposición al proceso de Paz y de los acuerdos, ha sido un movimiento social y político muy bien organizado y articulado por el expresidente Álvaro Uribe y su partido Centro Democrático, con una gran capacidad comunicacional y con un discurso radical y extremo en la defensa de las víctimas del conflicto, especialmente, de aquellas que sufrieron la violencia política guerrilla, del narcotráfico, etcétera. Logro movilizar a vastos sectores de la sociedad colombiana en contra del proceso de Paz. Y, triunfo en ese objetivo: provocarle una derrota política. Y, lo hizo con las armas de la democracia electoral: a través de un lápiz y papel. De esa forma una vez más en la historia, el autoritarismo triunfa electoralmente.

Lo ocurrido en Colombia, tal vez, no constituya una sorpresa para quienes conocemos las tendencias profundas que transitan por la historia de las sociedades latinoamericanas. En muchas ocasiones los autoritarios y antidemocráticos han logrado triunfos electorales que han frenado los procesos de democratización en las sociedades latinoamericanas. Por ejemplo, el 44% de votos que obtuvo el dictador Pinochet, en el plebiscito de 1988, porcentaje electoral que limitó hasta el día de hoy la efectiva democratización chilena. Los autoritarios latinoamericanos se organizan para ganar elecciones y, por lo general, las ganan, o las pierden ganando. La lista es larga.
Tengo la impresión que lo ocurrido el domingo 2 de octubre 2016 en Colombia, es un nuevo episodio del viejo y largo conflicto político latinoamericano entre las tendencias autoritarias y las tendencias democráticas. En efecto, bajo el contexto de un acto plebiscitario electoral ciudadano y democrático, dicho conflicto histórico-estructural latinoamericano se expresó ampliamente. Como he expuesto en otros lugares, este conflicto domina la política latinoamericana desde el siglo XIX hasta el día de hoy. En la larga duración el conflicto siempre ha favorecido a las tendencias autoritarias, que expresa en dictaduras militares y civiles, regímenes autoritarios, movimientos antidemocráticos, y otras expresiones políticas, sociales y culturales de larga data. Las tendencias autoritarias son heterogéneas y socialmente diversas. Sin embargo, ha sido una tendencia predominante en las elites de poder latinoamericanas. Las elites de poder colombianas han sido tradicionalmente autoritarias y, por ende, antidemocráticas. Una de esas expresiones es la que representa la doctrina de la Seguridad Democrática elaborada e implementada en Colombia por el presidente Álvaro Uribe