Archivo de la etiqueta: EE.UU.

El 68 comenzó en Vietnam: ofensiva del Tet, solidaridad, radicalidad

por Pierre Rousset //

En febrero de 1968, las fuerzas de liberación impulsaron en Vietnam del Sur la ofensiva del Têt (es decir del Año Nuevo). De una enorme amplitud, se desarrolló sobre todo el territorio sud-vietnamita, Saigón incluido. Su trascendencia internacional fue considerable, reactivó el movimiento anti-imperialista, el de liberación nacional y aceleró la radicalización de la juventud en Japón y Estados Unidos, pasando por Europa. Representó un giro en la guerra y en el auge de las resistencia, también en el interior del propio ejército de Estados Unidos. Seguir leyendo El 68 comenzó en Vietnam: ofensiva del Tet, solidaridad, radicalidad

EEUU: El discurso del estado de la Unión de Trump, un espectáculo de reacción y militarismo

por Patrick Martin //

El primer discurso sobre el estado de la Unión del presidente estadounidense, Donald Trump, pronunciado el martes por la noche, fue un festival de reacción e inmundicia política. El discurso se prolongó durante más de 80 minutos, interrumpido por las ovaciones de los miembros reunidos del Senado y la Cámara de Representantes. Estaba lleno de himnos a la policía y a los militares (que obtuvieron el aplauso particular de los demócratas), ataques fascistas contra los inmigrantes e invocaciones a la religión, al patriotismo y a la bandera estadounidense, que culminaron al cierre en gritos de “¡USA! ¡USA!”. Seguir leyendo EEUU: El discurso del estado de la Unión de Trump, un espectáculo de reacción y militarismo

El darwinismo social recurrente o la propuesta de esterilizar a las personas desempleadas

por Daniel Raventós //

Un amigo me envía una nota periodística sobre las declaraciones de un diputado conservador del Reino Unido en las que propone esterilizar  a los desempleados para que dejen de cobrar ayudas por hijos. El tipo, un tal Ben Bradley, asegura que “Hay cientos de familias en el Reino Unido que ganan más de 60.000 libras en beneficios sin mover un dedo porque tienen tantos hijos (¡y para el resto de nosotros ese es un salario de más de 90.000 libras antes de impuestos!)”. Este simpático pimpollo tiene solamente 28 años. Parece algo horrible y desvergonzado. Pero hay precedentes espectaculares mucho más sonados. La nota enviada por mi amigo me recordó un artículo escrito para Sin Permiso hace casi 8 años al que voy a desempolvar un poco. Seguir leyendo El darwinismo social recurrente o la propuesta de esterilizar a las personas desempleadas

El Foro Económico Mundial se reúne en Davos bajo la sombra de la crisis y la guerra

por Bill Van Auken  //

El martes, el Foro Económico Mundial (WEF) abrió sus puertas en el exclusivo centro turístico alpino suizo de Davos, con unos 3.000 ejecutivos corporativos, funcionarios gubernamentales y famosos convocados con el ostensible propósito de debatir el tema de este año de “crear un futuro compartido en un mundo fracturado”. Seguir leyendo El Foro Económico Mundial se reúne en Davos bajo la sombra de la crisis y la guerra

Entrevista a Miriam Lang y Edgardo Lander: ¿fin de una edad de oro en América Latina?

por  Franck Gaudichaud //

Después de su participación en el coloquio internacional que coordinamos en junio pasado sobre “Gobiernos progresistas y postneolibneralismo en América Latina: ¿el fin de una edad de oro?” en la Universidad de Grenoble (Francia) 1/, nos pareció interesante volver sobre la coyuntura latino-americana e internacional con los sociólogos Edgardo Lander (Venezuela) y Miriam Lang (Ecuador). Tanto ella como él tienen una aguda mirada crítica, y muy a menudo a contrapelo sobre el panorama actual, ambos han participado activamente en los últimos años de los debates sobre el primer balance de los gobiernos progresistas del periodo 1998-2015, en particular desde la Fundación Rosa Luxemburgo de Quito 2/ en el caso de Miriam y desde el Transnational Institute 3/ para Edgardo. Es así que se han adentrado y han escrito sobre temáticas como la problemática del desarrollo y del Estado, el neocolonialismo y el extractivismo, de las izquierdas y de los movimientos, e igualmente han abordado la dificultad de pensar los caminos de la emancipación en momentos en que la humanidad atraviesa una profunda crisis civilizatoria y ecosistémica, retos que significa –entre otros- volver a inventar la izquierda y el (eco)socialismo en el siglo XXI.

Franck Gaudichaud: En el último periodo, han habido muchos debates sobre el fin de ciclo de los gobiernos progresistas y nacional-populares en América Latina, o más bien su posible reflujo y perdida de hegemonía política. ¿Qué les parece este debate? A estas alturas, ¿podemos pensar que se está superando este debate sobre fin de ciclo? Y, ¿cómo llamar la coyuntura actual de cara a la experiencia progresista 1999-2015?

Edgardo Lander: Efectivamente, este es un debate muy intenso, sobretodo en América Latina, porque se habían producido muchas expectativas sobre las posibilidades de transformación profunda en estas sociedades a partir de la victoria de Hugo Chávez en Venezuela en el año 1998. Este el punto de partida de un proceso de cambio político que llevó a que la mayoría de los gobiernos de América del Sur fuesen identificados con algo llamado progresista, o de izquierda, en alguna de sus versiones. Estas expectativas de transformaciones que condujeran a sociedades post-capitalistas plantearon severos retos, tanto por la experiencia negativa de los socialismos del siglo pasado, como por nuevas realidades como el cambio climático y los límites del planeta Tierra que era necesario enfrentar. Pensar en la transformación hoy significa necesariamente algo muy diferente a lo que significaba en el siglo pasado. Cuando el discurso del socialismo había prácticamente desaparecido de la gramática política en buena parte del mundo, reaparece en este nuevo momento histórico en América del Sur. Especialmente a partir de las luchas de los pueblos indígenas, en algunos de estos procesos parece incorporarse de una forma muy central un profundo cuestionamiento de aspectos fundamentales de lo que había sido el socialismo del siglo XX. Se hacen presentes en forma medular, en parte de los imaginarios de la transformación, temas como la pluriculturalidad, otras formas de relación con el resto de la redes de la vida, nociones de derechos de la naturaleza y concepciones del buen vivir, que apuntaban a una posibilidad de transformación que fuese capaz de dar cuenta de las limitaciones de los procesos anteriores y abrir nuevos horizontes para abordar las nuevas condiciones de la humanidad y del planeta.

FG: Entonces, estás hablando del periodo inicial, de arranque, al inicio de los años 2000, cuando se combinaron resistencias desde abajo y la creación de dinámicas sociopolíticas más o menos rupturistas y postneoliberales según los casos, que incluso lograron emeger en el plano electoral nacional gubernamental.

EL: Sí, de un período en el cual se generaron extraordinarias esperanzas de que se iniciaban transformaciones radicales de la sociedad. En los casos de Ecuador y de Bolivia, los nuevos gobiernos fueron consecuencia de procesos de acumulación de fuerzas de movimientos y organizaciones sociales en lucha contra gobiernos neoliberales. La experiencia del Levantamiento Indígena en el caso ecuatoriano y de la Guerra del Agua en Bolivia, fueron expresiones de sociedades en movimiento en las cuales sectores sociales que no eran los más típicos de la acción política de la izquierda jugaron papeles protagónicos. Se trata de una emergencia plebeya, sectores sociales antes invisibilizados, indígenas, campesinos, populares urbanos, que pasan a ocupar un lugar central en la arena política. Esto generó extraordinarias expectativas.

Sin embargo, con el tiempo fueron apareciendo severos obstáculos. A pesar de los discursos altisonantes, sectores importantes de la izquierda que tuvieron papeles de dirigencia en estos procesos de lucha no habían sometido la experiencia del socialismo del siglo XX a una reflexión suficientemente crítica. Muchas de las viejas formas de entender el liderazgo, el partido, la vanguardia, las relaciones del Estado con la sociedad, el desarrollo económico, las relaciones con el resto de la naturaleza, además del peso de las cosmovisiones eurocéntricas monoculturales y del patriarcado, se hicieron presentes en estos proyectos de cambio. Se profundizaron las históricas formas coloniales de inserción en la división internacional del trabajo y de la naturaleza. Es evidente que todo proyecto que pretenda superar el capitalismo en el mundo actual tiene necesariamente que confrontarse a los severos retos que plantea la profunda crisis civilizatoria que hoy vive la humanidad, en particular la lógica hegemónica del crecimiento sin fin de la modernidad que ha llevado a sobrepasar la capacidad de carga del planeta y está socavando las condiciones que hacen posible la reproducción de la vida.

La experiencia de los denominados gobiernos progresistas se da en momentos en que se está acelerando la globalización neoliberal y China se está convirtiendo en la fábrica del mundo y principal economía planetaria. Esto produce un salto cualitativo en la demanda y precio de los commodities: bienes energéticos, minerales y productos de la agroindustria como la soja. En estas condiciones, cada uno de los gobiernos progresistas opta por financiar las transformaciones sociales planteadas por la vía de la profundización del extractivismo depredador. Esto tiene no solo las obvias implicaciones de que la estructura productiva de estos países no es cuestionada, sino que es profundizada en términos de las formas neocoloniales de inserción en la división internacional de trabajo y la naturaleza. Acentúa igualmente el papel del Estado como receptor principal del ingreso de las rentas que se producen a través de la exportación de commodities. Con ello, más allá de lo que digan los textos constitucionales sobre la plurinacionalidad y la interculturalidad, prevalece una concepción de la transformación centrada prioritariamente en el Estado y en la identificación del Estado con el bien común. Esto conduce inevitablemente a conflictos entorno a los territorios, los derechos indígenas y campesinos, a luchas por la defensa y el acceso al agua y resistencias a la megaminería. Estas luchas populares y territoriales han sido vistas por estos gobiernos como amenazas al proyecto nacional representado, diseñado y dirigido por el Estado como representante del interés nacional. Para llevar adelante sus proyectos neo-desarrollistas, a pesar de estas resistencias, los gobiernos han recurrido a la represión y van asumiendo tendencias crecientemente autoritarias. Al definir desde el centro cuáles son las prioridades y ver como amenaza todo aquello que enfrenta a esa prioridad, se va instalando una lógica de razón del Estado que requiere socavar las resistencias.

En el caso de Bolivia y Ecuador esto condujo a cierta desmovilización de las principales organizaciones sociales, así como a divisiones promovidas desde el gobierno de los movimientos que generaron fragmentaciones de su tejido social y que fueron debilitando la energía transformadora democrática que los caracterizaba.

FG: Frente a este análisis, y en particular en cuanto a la razón de Estado, las y los militantes e intelectuales que participan en estos procesos desde los gobiernos y las filas de los partidos oficialistas progresistas afirman que, finalmente, la única manera de construir un auténtico camino postneoliberal en América Latina era recuperar el Estado primero, gracias a las movilizaciones sociales-plebeyas que desplazaron a las viejas elites partidarias y, después de contundentes victorias electorales anti-oligárquicas, desde el Estado (pero con lazos hacia los de abajo), comenzar a distribuir y a reconstituir la posibilidad de una alternativa al neoliberalismo “real”.

Miriam Lang: Antes de comenzar a abordar esto, quisiera retomar un poco lo que dice Edgardo, porque el término fin de ciclosugiere un poco que se mira toda la región a partir de la experiencia argentina y brasileña donde efectivamente volvió la derecha. Sin embargo, la lectura más adecuada sería la de mirar cómo ha cambiado el proyecto de transformación durante los progresismos y por qué ahora de todas maneras estamos en otra coyuntura que hace 10 o 15 años, también en los países donde todavía hay progresismos en el gobierno, como Bolivia o Ecuador. Me refiero a lo que algunos llaman la transformación de los transformadores, y también a la diversidad de tendencias políticas que componen estos gobiernos, donde realmente las izquierdas transformadoras ya no son necesariamente hegemónicas. Sino que estos procesos se han convertido en proyectos de modernización exitosos de las relaciones capitalistas y de la inserción al mercado mundial.

FG: Al fin y al cabo, ustedes tienen una clara postura crítica sobre la división internacional del trabajo, los commodities, el uso del extractivismo, sobre el problema del Estado (a menudo autoritario y clientelar hasta hoy), fenómenos que, por cierto, no desaparecieron e incluso se consolidaron en varios planos con los progresismos. Pero no mencionaron aquí las bolsas familia, la importante reducción de la pobreza e incluso de la desigualdad, la incorporación de clases sociales subalternas a la política, la reconstrucción de los sistemas de servicios básicos, de salud pública, el espectacular crecimiento de las infraestructuras, etc., durante la década de la edad de oro de los progresismos. En resumen, si me hago portavoz de la lógica del vice-presidente boliviano García Linera, ustedes serian estos intelectuales críticos de cafetín 4/ que Linera denuncia por no tener una real empatía hacia los sectores populares y sus condiciones de vida cotidianas. Es por lo menos un clásico de la argumentación de los progresismos y del debate actual frente a la izquierda crítica.

ML: O sea, eso depende un poco del lente con el que cada uno mira la realidad. Hay que ver, por ejemplo, en la constitución bolivariana y en la constitución ecuatoriana el proyecto de transformación delineado ahí que iba mucho más allá de la reducción de la pobreza. Todo el acumulado de las luchas sociales anteriores iba mucho más allá de un poco de distribución de la renta, Con eso yo no quiero desconocer que pueda haberse hecho más fácil el día a día de muchas personas, al menos en los años de precios altos de los hidrocarburos. Pero también hay una mirada que va más allá de las estadísticas de pobreza. Podemos decir que según la línea de pobreza, tantas personas han salido de allí y eso está perfecto; pero también podemos mirar un poco más de cerca y decir: ¿de qué tipo de pobreza estamos hablando? En América Latina prima aún la medición de pobreza por ingresos y por consumo, eso es un dato que evalúa en qué medida un hogar participa del modo de vida capitalista y, posiblemente, dice poco sobre la calidad de vida que hay en este hogar. Invisibiliza las dimensiones de las economías de subsistencia, las dimensiones de la calidad de las relaciones humanas, etc. ¿En qué medida la gente pudo expresar realmente sus necesidades acorde a su contexto? ¿En qué medida esas políticas redistributivas han fortalecido o expandido territorialmente las lógicas del mercado capitalista en países donde buena parte de la población, por la enorme diversidad cultural que existe, aún no vivía completamente bajo preceptos capitalistas?

Podríamos decir que esta diversidad de modos de vida constituía un potencial transformador importante para los horizontes de superación del capitalismo. Incluso si miramos las condiciones ecológicas del planeta, en lugar de ser etiquetadas como pobres y subdesarrolladas, muchas comunidades campesinas, indígenas, negras o urbano-populares a lo mejor hubieran podido ser vistas como ejemplo de cómo se puede consumir menos y ser satisfecho mejor. En cambio, lo que pasó es justamente lo que yo llamo el “dispositivo del subdesarrollo” 5/; en el contexto de la “erradicación de la pobreza” se les dice: su modo de vida que requiere de tan poco dinero es indigno, ustedes tienen que asemejarse a la población urbana, capitalista, consumidora, tienen que manejar dinero, y la forma de intercambio es el mercado capitalista, no hay otras formas de intercambio válidas. La llamada alfabetización financiera, que formó parte de la política progresista contra la pobreza, ayudó al capital financiero a establecer nuevos mercados de crédito para los más pobres, a unas tasas de interés muchas veces altísimas. Y la famosa inclusión al consumo suele darse en condiciones de tercera. Entonces, al final, tenemos poblaciones endeudadas por consumo, a las que se les han generado necesidades que quizás antes no tenían. O sea, depende un poco de donde una mira estos temas. Es un problema de valores y de perspectiva, de cómo queremos que vivan las generaciones futuras. No se trata solamente de democratizar el consumo, sino que la apuesta era construir un mundo que sea sostenible para al menos 5, 6, 7 generaciones más adelante, y yo tengo serias dudas si esta forma de erradicación de la pobreza ha contribuido a estos fines.

EL: En el caso venezolano, la utilización de la renta petrolera en una forma diferente de como se había utilizado históricamente tuvo enormes consecuencias durante la primera década del gobierno de Chávez. El gasto social llegó a representar algo así como el 70 por ciento del presupuesto nacional. Este gasto público en salud, educación, alimentación, vivienda y seguridad social significó efectivamente una transformación profunda en las condiciones de vida de la mayoría de la población. Venezuela que, como el resto de América Latina, ha sido históricamente un país de profundas desigualdades, no sólo redujo muy significativamente los niveles de pobreza (medidos por ingreso monetario), igualmente logró reducir la desigualdad en forma notoria. La CEPAL señaló que Venezuela llegó a ser, junto con Uruguay, uno de los dos países menos desiguales del continente. Se trata de una transformación muy importante y que se expresa en asuntos tan vitales como la reducción de la mortalidad infantil y el aumento del peso y la talla de los niños. No son de modo algunas cuestiones secundarias.

Por otra parte, esto estuvo acompañado desde el punto de vista político con procesos de organización popular de base extraordinariamente amplios en los que participaron millones de personas. Algunas de las más importantes políticas sociales fueron diseñadas de tal manera que para funcionar requerían la organización de la gente. El mejor ejemplo de esto fue laMisión Barrio Adentro, servicio primario de salud de amplia cobertura en los sectores populares de todo el país, llevado a cabo con participación prioritaria de médicos cubanos. Un programa que representó la posibilidad de otras formas de entender las políticas públicas en una forma no clientelar que exigía la participación de la gente.

Se iniciaron, con la Misión Barrio Adentro, pasos importantes en la transformación del sistema de salud en el país. Se pasa de un sistema médico que era fundamentalmente hospitalario a un régimen descentralizado con servicios primarios ubicados en los propios sectores populares. De una situación en que, por ejemplo, un niño deshidratado en un barrio de Caracas en la mitad de la noche tenía que ser trasladado, fuera del horario del transporte público, al hospital más cercano, donde tenía la familia que confrontarse a las dramáticas escenas de las salas de emergencia, se pasa a una situación en la cual el módulo de atención primaria, donde vive el médico, está a poca distancia de su casa y a la hora que sea se puede tocar la puerta y ser atendido.

Barrio Adentro fue concebido como un proyecto que para funcionar requería la participación de la comunidad. El médico por sí mismo, especialmente si se trataba de un médico cubano que no conocía ni el barrio ni la ciudad, sólo podía trabajar con apoyo de la comunidad. Esto implicaba, entre otras cosas, un censo de la comunidad, la identificación de las mujeres embarazadas, de los niños con problemas de desnutrición, los ancianos, y en general la gente con requerimientos especiales. Esto constituye una concepción de política social completamente diferente a una dádiva que viene desde arriba porque hace a la comunidad coparticipe de su funcionamiento. Había en esta dinámica una potencialidad extraordinariamente rica.

FG: Entonces ¿esta potencialidad constituyente y disruptiva del proceso se fue agotando? ¿Es lo que estás diciendo?

EL: Durante los años del proceso bolivariano no sólo no se alteró la estructura productiva del país, sino que el país se hizo más altamente dependiente de las exportaciones petroleras. Las políticas públicas dirigidas hacia los sectores populares se han caracterizado en todo momento por su carácter distributivo, con un muy limitado impulso de procesos productivos alternativos al extractivismo petrolero. Esta dependencia de los altos ingresos petroleros le impuso severos límites al proceso bolivariano 6/.

El carácter dinámico, incentivador de procesos organizativos populares de las políticas públicas, se fue agotando por diferentes razones. En primer lugar, porque no en todas las Misiones (nombre genérico de las diferentes políticas sociales), se dio la riqueza que tuvieron en algunas áreas como en los programas de alfabetización y Barrio Adentro. Pero también por el hecho de que los procesos organizativos de mayor escala que se fueron organizando, hasta llegar a los Consejos Comunales y las Comunas, fueron procesos en los cuales se produjo siempre una fuerte tensión entre las tendencias de autogobierno, autonomía, de auto-organización etc., y el hecho de que casi todos los proyectos que se podían realizar desde estas organizaciones han dependido de transferencia de recursos que vienen desde arriba, desde alguna institución del Estado. Esto ha generado una recurrente tensión entre el control político-financiero desde arriba y las posibilidades de auto-organización más autónoma. Estas tensiones operaron de forma muy diversa, dependiendo de las condiciones existentes en el lugar: de la presencia o no de liderazgos locales previos; de la existencia o no de experiencias político organizativas de la comunidad antes del proceso bolivariano; así como de las concepciones políticas de los funcionarios y militantes del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) responsables de las relaciones entre las instituciones del Estado y estas organizaciones. El hecho es que ha habido una extraordinaria dependencia de la transferencia de recursos desde el Estado. No hubo posibilidad de autonomía de la mayoría de las organizaciones populares de base porque éstas no tenían capacidad productiva propia. Cuando, con la actual crisis económica que se inicia en el año 2014, se reducen las trasferencias de recursos a estas organizaciones populares, éstas tienden a debilitarse y muchas de ellas entran en crisis. Otro factor de este debilitamiento ha sido la creación de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) como mecanismo para la distribución de alimentos básicos altamente subsidiados a los sectores populares de la población. En la práctica, estos se han convertido en modalidades organizativas clientelares dedicadas exclusivamente a la distribución de alimentos y carentes de autonomía que tienden a reemplazar a los Consejos Comunales.

Las políticas de solidaridad y cooperación latinoamericanas han sido igualmente altamente dependientes de los ingresos petroleros. Para llevar a cabo políticas internacionales como los programas de entrega subsidiada de petróleo a países centroamericanos y del Caribe, apoyo financiero a Bolivia y Nicaragua, y otras diversas iniciativas que tomó el gobierno venezolano en el terreno latinoamericano, era necesario garantizar a corto y mediano plazo un incremento de los ingresos petroleros. Cuando Chávez fallece en el año 2013, el petróleo representa un 96 por ciento del valor total de las exportaciones, haciendo que la dependencia del país en el petróleo fuese más elevada que nunca antes.

En la historia petrolera venezolana, la primera década del siglo fue el momento en el que se dieron las mejores condiciones posibles para debatir, reflexionar y comenzar a experimentar en otras prácticas y otros futuros posibles para la sociedad venezolana más allá del petróleo. Un momento privilegiado para abordar los retos de la transición hacia una sociedad post-petrolera. Fue una coyuntura en la que Chávez contaba con un extraordinario liderazgo y legitimidad. Tenía capacidad para darle un sentido de rumbo a la sociedad venezolana y, con precios del petróleo que llegaron hasta 140 dólares por barril, existían recursos para responder a las necesidades de la población y dar, aunque fuesen iniciales, los pasos de una transición más allá del petróleo. Ocurrió todo lo contrario. Se repite en esos años la intoxicación en la abundancia, el imaginario de la Venezuela saudita que se había dado en la época del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez en la década de los setenta del siglo pasado. Nadie en Venezuela pensó que era posible que por decreto se cerrasen todos los pozos de petróleo de un día para otro. Pero las políticas gubernamentales lejos de tomar pasos, aunque fuesen tímidos e iniciales, para superar la dependencia del petróleo, lo que hicieron fue profundizar esa dependencia. En condiciones de sobreabundancia de divisas y con el fin de intentar frenar la fuga de capitales, se estableció una paridad cambiaria controlada absolutamente insostenible. De esta manera, se acentuó la llamada enfermedad holandesa que contribuyó al desmantelamiento de la capacidad productiva del país.

Las políticas distribucionistas y las iniciativas políticas del Estado lograron mejorar las condiciones de vida de la población y fomentaron el fortalecimiento de los tejidos sociales, con amplias experiencias de participación popular. Sin embargo, esto no estuvo acompañado de un proyecto de transformación de la estructura productiva del país. Esto marcó los límites del proceso bolivariano como proyecto de transformación de la sociedad venezolana. Esto quiere decir que los procesos organizativos de base amplios que han involucrado a millones de personas, estuvieron basados en la redistribución y no en la creación de nuevos procesos productivos.

FG: Ahora, siguiendo de nuevo a García Linera (pues resume a veces más inteligentemente lo que otros opinólogos, seguidores y lo que llamo yo intelectuales de palacio intentan decir y escribir en esta línea de argumentación): según el sociólogo y estatista boliviano, esta tensión entre Estado y autoorganización, entre gobierno y movimientos, entre reivindicación del buen vivir y extractivismo a corto plazo son tensiones normales y creativas de un proceso largo de transformación revolucionaria en América Latina. Para él, los críticos de la izquierda radical hacia los procesos progresistas no entienden que son tensiones necesarias y, supuestamente, quieren proclamar el socialismo por decreto.

ML: Un problema es que los gobiernos progresistas, en la medida en que sus integrantes venían de procesos de movimientos sociales y de protesta con una identidad política de izquierda, han asumido una suerte de identidad de vanguardia. Como si ellos ya supieran qué necesita la gente. De esta manera, se han perdido los espacios de interlocución real, donde la gente diversa puede proponer efectivamente. Y la participación política se ha vuelto una especie de aclamación al proyecto del ejecutivo. Ahí es donde se empobrece precisamente. Hay muchos ejemplos en la historia europea que me hacen pensar en que se trata de una dinámica inevitable, que solemos subestimar mucho. Las izquierdas que llegan a manejar los aparatos del estado finalmente están inmersas en poderosas dinámicas propias de estos aparatos y se transforman como personas, a través de los espacios nuevos en los que se mueven, porque las lógicas del cargo les brindan otras experiencias y comienzan a moldear sus horizontes políticos y su cultura también. Se transforma su subjetividad, incorporan el ejercicio del poder. Y entonces, si no hay un correctivo por parte de una sociedad organizada fuerte, que puede reclamarles, que puede corregir, protestar, y también criticar, esto tiene que desviar obligatoriamente el proyecto.

Por otro lado, no se trata tanto de criticar los tiempos en los que se cambian las cosas –porque en eso estoy de acuerdo, en que las transformaciones profundas necesitan mucho tiempo, necesitan de un cambio cultural e incluso pueden ser generaciones. Se trata de mirar la direccionalidad que toma un proyecto político de transformación– o sea, si va en la buena dirección o no, al ritmo que sea. Y allí creo que la cuestión de profundizar el extractivismo y de rematar la naturaleza de un país simplemente anula otras posibilidades de transformación a futuro. Si estamos cerrando ciertas opciones de futuro que nos importaban por cálculos más cortoplacistas, o también por dificultades que se presentan en el momento, pues no podemos decir que es una cuestión de temporalidad; es una cuestión de direccionalidad. Tú puedes mercantilizar o desmercantilizar, pero si dices primero voy a mercantilizar todo para después desmercantilizar, no me parece que hay mucha lógica; si dices: estoy desmercantilizando pero me va a tomar más tiempo, sin embargo ahí pueden ver que estoy dando pasos en la dirección indicada, estaría bien. Entonces, por ahí creo que hay una diferencia fundamental en la lectura de los procesos.

EL: En los debates críticos sobre el extractivismo uno de los asuntos que yo creo medular es ¿qué entendemos por extractivismo? Si concebimos al extractivismo solo como un modelo económico, o como dice Alvaro García Linera como “una relación técnica con la naturaleza” compatible con cualquier modelo de sociedad, se podría concluir que es necesario profundizar el extractivismo no solo para responder a las demandas sociales, sino igualmente con el fin de acumular los recursos necesarios para invertir en actividades productivas alternativas que permitan superar el extractivismo. Pero si uno entiende el extractivismo en unos términos más amplios, si entiende que el extractivismo es una forma de relación de los seres humanos con la naturaleza; que forma parte de un patrón de acumulación del capital global; que es una forma específica de inserción en el sistema capitalista mundial y en la división internacional del trabajo y de la naturaleza; si se entiende que el extractivismo genera y reproduce unas determinadas institucionalidades, unos modelos de Estado, unos patrones de comportamiento de su burocracia; si se entiende que el extractivismo genera sujetos sociales y subjetividades; que construye cultura, necesariamente se llega a otras conclusiones.

Basta con ver los cien años de extractivismo en Venezuela. Tenemos profundamente instalada una cultura de país rico, país de abundancia. Como tenemos las reservas petroleras más grandes del planeta nos merecemos que el Estado satisfaga no sólo todas nuestras necesidades, sino igualmente, nuestras aspiraciones de consumo. Nos imaginamos que es posible una sociedad con derechos, pero sin responsabilidades. Nos merecemos que la gasolina sea gratis. Estos patrones culturales, una vez firmemente arraigados en el imaginario colectivo constituyen un severo obstáculo para la posibilidad de una transformación no sólo para superar el capitalismo sino para afrontar la crisis civilizatoria que hoy vive la humanidad. Sirven estos imaginarios de abundancia material siempre creciente de sustento a concepciones economicistas/consumistas de la vida que dejan afuera una amplia gama de los asuntos fundamentales que tendríamos que confrontar hoy. Ello bloquea la posibilidad del reconocimiento de que las decisiones que se están tomando hoy tienen consecuencias a largo plazo en un sentido absolutamente divergente de lo que proclama el discurso oficial como horizonte de futuro para la sociedad venezolana.

Desde este imaginario del Dorado, de tierra de abundancia infinita, se asume como necesario, por ejemplo, la explotación minera en gran escala en el denominado Arco Minero del Orinoco. Mediante un decreto presidencial, Nicolás Maduro a comienzos del año 2016, decidió abrir 112 mil kilómetros cuadrados, un territorio del tamaño de Cuba, el 12 por ciento del territorio nacional, a las grandes empresas mineras transnacionales. Se trata de una zona que forma parte de la selva amazónica (con la importancia que ésta tiene en la regulación de los sistemas climáticos globales); una zona donde habitan diversos pueblos indígenas diferentes cuyo territorios debían haber sido demarcados de acuerdo a la Constitución del año 1999 y cuya cultura, incluso su vida, está hoy severamente amenazadas; un territorio donde están buena parte de las cuencas de los principales ríos del país; las principales fuentes de agua; un territorio de una extraordinaria diversidad biológica; un territorio donde están las represas hidroeléctricas que producen el 70 por ciento de la electricidad que se consume en el país. Todo esto está amenazado en una apertura que se ha iniciado con la convocatoria a 150 empresas transnacionales. Está concebido como una zona económica especial donde aspectos fundamentales de la Constitución y las leyes de la República, como los derechos de los pueblos indígenas y las legislaciones ambientales y laborales no tienen que cumplirse. Esto con el fin de crear las condiciones más favorables posibles para atraer la inversión extranjera. Se están así tomando decisiones que están diseñando un proyecto de país que posiblemente tenga consecuencias durante los próximos 100 años.

FG: Otro tema esencial, según mi entender, para la discusión es la problemática geopolítica, y en este caso los avances en el plano de la integración regional conectado a la evaluación de las nuevas estrategias del imperialismo y su injerencia en el continente. Muy a menudo se critica a los críticos de izquierda (sean marxistas, eco-sociales, feministas, etc.) diciendo ustedes menosprecian y no miden correctamente el impacto de la injerencia o desestabilización de los Estados Unidos, centrándose esencialmente en una crítica interna de los procesos y de los gobiernos. Es lo que afirma el sociólogo argentino Atilio Borón entre otros: varios de sus textos insisten en el hecho que hay que entender que por moderados que sean los gobiernos progresistas, abrieron una nueva ola de integración sin los EE UU y que eso representaría un paso gigantesco en la historia regional en perspectiva bolivariana. Entonces, ¿qué pensar del estado de la integración latinoamericana, cuál son los avances y limites hoy en día en este plano?

M.L: Hace diez años, realmente hubo impulsos y propuestas interesantes y esperanzadoras a nivel mundial desde América Latina, en el sentido de que se planteó la integración regional en otra dirección que la de la Unión Europea con su constitución neoliberal, sobre todo en términos de lo que fue el Banco del Sur que iba a impulsar proyectos de soberanía y sustentabilidad y no de desarrollo en términos clásicos, o con el proyecto del SUCRE. Lamentablemente no han prosperado estas iniciativas a lo largo de los 10 años, sobre todo por la resistencia de Brasil, que obviamente tiene un rol importante en la región y que se orientó más hacia sus copaíses BRICS y priorizó sus intereses de potencia mundial.

E.L: Al final, Brasil estaba de acuerdo con el Banco del Sur con tal de que fuese un banco de desarrollo más…

FG: Si vemos ahora el caso de la honda crisis venezolana, tema y drama que ha polarizado mucho los intelectuales (como también la sociedad venezolana obviamente), hemos presenciado la traducción de esta polarización en torno a dos llamados internacionales. Primero el llamado que se realizó (con participación activa de Edgardo) desde Venezuela, “Llamado internacional urgente a detener la escalada de violencia en Venezuela. Mirar a Venezuela, más allá de la polarización” 7/ que ustedes firmaron y, segundo, la respuesta titulada ¿Quién acusará a los acusadores?”, que dan los miembros dela “Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad” REDH 8/, que es una respuesta bastante hostil. Uno de los argumentos centrales de los miembros de la REDH es afirmar que la crisis de Venezuela es, según ellos, ante todo producto de una agresión imperialista y de una insurrección de la derecha neoliberal así como también de una “guerra económica”. Insisten que estamos en un contexto regional de retorno de las derechas, después del golpe en Brasil, y que eso obliga la izquierda a cerrar filas detrás de los gobiernos que enfrentan esta agresión, dejando de lado “contradicciones secundarias”. Al contrario, el llamado que firmaron ustedes dos dice: “no creemos, como afirman ciertos sectores de la izquierda latinoamericana, que hoy se trate de salir a defender a un gobierno popular anti-imperialista. Este apoyo incondicional de ciertos activistas e intelectuales no sólo revela una ceguera ideológica sino que es perjudicial, pues contribuye lamentablemente a la consolidación de un régimen autoritario”. A esta altura, como leen ese debate que significó varios otros textos e intercambios a veces claramente ofensivo de ambas partes.

ML: Hace poco una colega me decía que las miradas geopolíticas invisibilizan a los intereses y las voces de los pueblos. Y yo no sé si eso es una contradicción secundaria. A mí me parece muy deplorable la forma en la que se ha dado esta confrontación, porque más bien cerró espacios de reflexión en lugar de abrirlos. Creo que lo que necesitamos en este momento es justamente una reflexión más profunda, son espacios de debate y no de cerrazón, para poder encontrar alguna solución a la crisis venezolana. Y tengo la sensación de que mientras más lejos la gente está del proceso venezolano, más necesidad tiene de afirmar una suerte de identidad solidaria, que es más bien una suerte de reflejo anti imperialista bastante abstracto, desvinculado de lo que sucede en el día a día en Venezuela. Yo creo que las solidaridades que necesitamos construir son diferentes. No deberían girar alrededor de nosotros mismos, de nuestras necesidades de afirmar una identidad política tal como una profesión de fe, sino ser más un buscar caminos conjuntamente, entre pueblos concretos. La solidaridad debería ser con la gente realmente existente, que muchas veces no tiene los mismos intereses que un gobierno.

Y esto me lleva a una autocrítica: Recientemente regresé a Venezuela y tuve la oportunidad de conversar con algunos sectores del chavismo crítico, y sólo en este momento fue que entendí como este campo se ha transformado en los últimos años. Y lo complicado que es solidarizarse, incluso de manera crítica y diferenciada, en el escenario hiperpolarizado que existe hoy. La carta que yo firmé a lo mejor debió pensarse más, discutirse más antes de circularla, y yo misma debí tomarme más tiempo para interlocutar con los diferentes sectores del chavismo crítico antes de firmar; justamente para ser coherente con mi propio planteamiento. Aunque sigo pensando que es necesario defender la institucionalidad democrática y ciertos valores liberales, como lo hace la carta, o sea, que hay que ampliarlos y profundizarlos pero al mismo tiempo defenderlos, como resultados de luchas pasadas. Y sobre todo, pienso que una agresión exterior no puede justificar nunca los errores que se hacen al interior.

Esta polarización que se ha producido en Venezuela y en otros países también, que no permite tonos grises más allá del blanco y negro, es muy negativa y muy nociva a la transformación. Hace muy difícil solidarizarse sin causar daño por un lado o por el otro. Como feminista, también siento que la forma en la que se da todo este debate es extremadamente patriarcal, plagada de binarismos simplificadores, de lógicas bélicas y de egos que se autoalimentan, mientras lo que deberíamos hacer es construir lazos y otras formas de hacer política, es decir acompañarnos en caminos de búsqueda de alternativas.

FG: Efectivamente parece que se ha perdido cierta dialéctica del pensamiento crítico en ese debate 9/. En cuanto a la polarización en Venezuela, los defensores incondicionales de Maduro subrayan que la polarización es sobre todo entre la derecha aliada del imperialismo versus el “pueblo” y el gobierno bolivariano. Tal análisis se basa, obviamente, en elementos concretos de las coordenadas del conflicto actual, pero no deja espacio para entender las tensiones, diferenciaciones y contradicciones internas al chavismo y también dentro del campo popular.

ML: Hay una especie de construcción artificial de una unidad entre gobierno y pueblo, como también sucedió mucho en relación a Cuba, por ejemplo. O sea el pueblo cubano es uno solo y el que habla por el pueblo cubano es necesariamente su gobierno. Como si no hubiese relaciones de dominación y conflictos de intereses en la sociedad cubana. Entre hombres y mujeres, pero también entre Estado y sociedad, o entre negros, mestizos y blancos, o entre campo y ciudad. Desde esta perspectiva que unifica gobierno y pueblo en un solo bloque simbólico no puede nacer nada emancipatorio, realmente. Finalmente, a lo que apostamos es reducir o superar esas relaciones de dominación, si entiendo bien la tarea. En esta construcción dicotómica, de polarización, se reactualizan lógicas de guerra, que son un legado cultural que las izquierdas acarrean desde la guerra fría, y que ya en aquel momento histórico nos permitieron evitar muchos aprendizajes necesarios. Legado que tal vez fue superado parcialmente por la revuelta del ’68 con sus impactos culturales sobre las sociedades, pero está sufriendo una reactualización ahora que yo siento bastante dolorosa.

FG: Edgardo sobre las lógicas bélicas y la situación en Venezuela. ¿Cómo intentar enfrentar abajo y a la izquierda la crisis venezolana? Personalmente, no firmé ninguno de los dos llamados internacionales, porque realmente sentí que ninguno respondía a la vez a la urgencia de la situación, a la necesaria denuncia de la agresión imperialista, de la derecha y sus sectores abiertamente golpistas, y, al mismo tiempo, en la otra mano, que fuera capaz de emitir un análisis crítico abierto y claro sobre las derivas autoritarias del madurismo; pero no sólo desde la defensa formal de la Constitución de 1999, pero también desde el necesario rescate de las formas de poder popular, de las experiencias de auto-organización, del proyecto comunal que sobreviven, a pesar de todo, en los intersticios del proceso…

EL: Obviamente, ha habido una ofensiva sostenida por parte del Imperio, por parte de Estados Unidos. Desde el inicio del gobierno de Chávez existieron tentativas por parte del gobierno de Estados Unidos para socavar este proceso, tanto por razones geopolíticas como económicas. Sabemos que tanto las reservas petroleras de Venezuela, como el oro, el coltán, el uranio y demás abundantes reservas de minerales existentes en el sur del país son esenciales para Estados Unidos, ya sea para sí mismo o para limitar el acceso a éstas por parte de sus rivales globales. Desde 1999, Venezuela representó un punto de entrada para los cambios en el continente, y por eso también EE UU apoyó el golpe militar de 2002 y el paro petrolero lock-out empresarial de 2002-2003 que paralizó el país durante dos meses, con la intención expresa de derrocar al gobierno del presidente Chávez. Sabemos que grupos y partidos de la extrema derecha venezolana han contado con el asesoramiento y financiamiento permanente por parte del Departamento de Estado. El bloqueo financiero y las explícitas amenazas de intervención armada formuladas por Trump no pueden de modo alguno ser tomadas a la ligera. Ha habido igualmente injerencias importantes del uribismo y el paramilitarismo colombiano. Este tipo de agresiones hacen parte del panorama de la crisis actual en Venezuela, y nadie desde la izquierda puede eludirlo o ponerlo en un segundo plano.

Ahora el problema del proceso bolivariano es: ¿Qué es lo que queremos defender? y ¿Cómo hay que defenderlo? ¿Tenemos que defender cualquier gobierno por tener un discurso enfrentado con EE UU? O ¿tenemos que defender un proceso colectivo de carácter democrático, anticapitalista y antiimperialista, que apunte a un horizonte que responda a la profunda crisis civilizatoria que atravesamos? ¿Tenemos que defender al gobierno cada vez más autoritario de Maduro, o tenemos que defender el potencial transformador que surgió en el año 1999? Hoy para la preservación del poder para el gobierno de Maduro juegan un papel mucho más importante el clientelismo y las amenazas de cortar el acceso a los bienes básicos subsidiados (en condiciones en que para una elevada proporción de la población esta es la única forma de tener acceso a la comida), que la apelación a la participación popular. Y ahí, en el fondo, un tema del debate es ¿qué entendemos hoy por izquierda? ¿Podemos pensar la izquierda sin el cuestionamiento de lo que ha sido el socialismo del siglo pasado? Cuando fuerzas que pretendieron superar la democracia burguesa terminaron siendo regímenes autoritarios, verticales, de carácter totalitario… Hoy, en Venezuela, tenemos que preguntarnos si estamos caminando en la dirección de la profundización de la democracia o si se están cerrando las puertas a la participación directa de la gente en la orientación del destino del país.

En Venezuela, en el año 1999 se realizó una Asamblea Constituyente (AC) con altísimos grados de participación, se organizó un referéndum para decidir si se iba a realizar una AC, se eligieron los constituyentes con elevada participación, se aprobaron los resultados con una mayoría del 62% de los votos, se gastaron enormes recursos para modernizar el régimen electoral, estableciendo un sistema totalmente digitalizado, transparente y con múltiples mecanismos de control, y auditoría. Un sistema electoral confiable, prácticamente a prueba de fraude como ha sido reconocido por numerosos organismos internacionales y expertos electorales en todo el mundo. Pero, en diciembre del 2015, la oposición gana las elecciones parlamentarias con una amplia mayoría, y el gobierno se encuentra ante la disyuntiva de respetar dichos resultados electorales y permanecer fiel a la constitución del año 1999, o por el contario, hacer todo lo posible por permanecer en el poder, aunque ello implicase desconocer la voluntad de la mayoría de la población o sacrificar el sistema electoral que había conquistado tan altos niveles de legitimidad. Opta claramente por permanecer en el poder a como dé lugar.

Paso a paso se van tomando decisiones que van definiendo una deriva autoritaria. Se impide la realización del referéndum presidencial revocatorio en el año 2016, se postergan inconstitucionalmente las elecciones de gobernadores de diciembre del mismo año, se desconocen las atribuciones de la Asamblea Nacional y éstas son usurpadas entre el Tribunal Supremo de Justicia y el Poder Ejecutivo. A partir de febrero 2016 el Presidente comienza a gobernar por la vía de un estado de excepción (“emergencia económica”), violando expresamente las condiciones y límites temporales establecidos en la Constitución del año 1999. Asumiendo atribuciones que de acuerdo a la Constitución corresponden al pueblo soberano, Maduro convoca a una Asamblea Nacional Constituyente y se definen mecanismos electorales destinados a garantizar el control total de esa asamblea. Se elige una Asamblea Nacional Constituyente monocolor, sus 545 integrantes están identificados con el gobierno. Esta asamblea, una vez instalada, se autoproclama como supraconstitucional y plenipotenciaria. La mayoría de sus decisiones son adoptadas por aclamación o por unanimidad sin debate alguno. En lugar de abordar la tarea para la cual supuestamente fue elegida, la redacción de un nuevo proyecto de Constitución, comienza a tomar decisiones referidas a todos los ámbitos de los poderes públicos, destituye funcionarios, convoca elecciones en condiciones destinadas a impedir o hacer muy difícil la participación de quienes no apoyan al gobierno, aprueban lo que denomina leyes constitucionales con lo cual de hecho se produce la abolición de la Constitución del año 1999. Aprueban leyes de carácter retroactivo, como la decisión de ilegalizar a los partidos que no participaron en las elecciones de alcaldes de diciembre del 2017. Se impide la participación de candidatos de izquierda diferentes a los decididos por la cúpula del PSUV. Mientras tanto, el Consejo Nacional Electoral realiza un fraude para bloquear la elección de Andrés Velázquez como gobernador del Estado Bolívar…

Lo que está en juego aquí no es la defensa formal de la Constitución del año 1999, sino de la defensa de la democracia, no una democracia formal burguesa, sino la apertura hacia la profundización de la democracia que representó la Constitución del año 1999. Sin que se haya producido un hito único que defina una ruptura del orden constitucional democrático creado en el año 1999, como un salami, ese orden democrático constitucional viene siendo rebanado paso a paso, sucesivamente, hasta encontrarnos en la situación actual en que ya éste no es reconocible.

FG: Entonces, después de este panorama muy complejo donde los progresismos conocen reveses bruscos o graduales, donde las izquierdas críticas o radicales no logran surgir como fuerza popular masiva, donde las fuerzas electorales de recambio realmente existentes son, de momento, derechas neoliberales agresivas, hasta insurreccionales en algunos casos como Venezuela, ¿cómo pensar alternativas concretas en este fin de hegemonía de los progresismos y repunte de una neoliberalismo tardío? Desde la perspectiva del buen vivir y del ecosocialismo, desde la crítica a los límites y contradicciones de los gobiernos progresistas, desde el feminismo popular o decolonial, ¿cómo pensar utopías con perspectivas concretas para Nuestramérica?

EL: En Venezuela, la única fuente de optimismo para mí en este momento es el hecho de que ha sido tan profunda la crisis y ha golpeado de tal manera la conciencia colectiva que es posible que el encanto del petróleo, del rentismo y del Estado Mágico benefactor proveedor comience, lentamente, a disiparse. Todo el debate político izquierda-derecha en las últimas décadas ha operado al interior de los parámetros del imaginario petrolero, al interior de esta noción de Venezuela país rico, dueño de las mayores reservas petroleras del planeta. La política ha girado en torno a las demandas que diferentes sectores de la sociedad le hacen al Estado para acceder a estos recursos. Yo empiezo a ver señales, todavía lamentablemente débiles, de un reconocimiento de que no es posible seguir en ese rumbo. Comienza a asumirse que un ciclo histórico llega a su fin. La gente empieza a rascarse la cabeza, ¿y ahora qué? Yo tengo relaciones desde hace años con lo que es el proceso de organización popular más continuo y más vigoroso en Venezuela, CECOSESOLA 10/. Es esta una red de cooperativas que operan en varios estados del centro y occidente del país que relaciona una amplia red de productores agrícolas y artesanales con consumidores urbanos, además de un estupendo centro de salud cooperativo y una cooperativa funeraria. Me ha impactado la presencia de temas como el rescate y el intercambio de semillas en las conversaciones cotidianas. El reconocimiento de un antes y un después del inicio de la actual crisis. Hace poco, cuando en alguna comunidad agrícola alguien bajaba de una población cercana se le decía acuérdate de traerme una lata de semilla de tomate. Eso era lo cotidiano. Esas eran semillas de tomates importadas, seleccionadas e hibridas que no se reproducían, no necesariamente transgénicas, pero si estériles después de la primera siembra. Con la crisis económica, ese acceso a las semillas se corta abruptamente. Se retoman prácticas campesinas ancestrales. Comienzan reuniones entre campesinos en las que se plantea ¿quién tiene semillas de qué? Semillas autóctonas que estaban solo preservadas en pequeña escala empiezan a intercambiarse, semillas de papas, semillas de tomates, etc. Se abren así nuevas posibilidades. Vamos a despertarnos de este sueño (que resultó ser una pesadilla) y pensar en la posibilidad de que estamos en otra parte, en otro país, en otras condiciones y la vida sigue pero ahora va por nuevo camino.

FG: Miriam, lo que dice Edgardo es interesante pero describe, por el momento, embriones muy pequeños de poder popular, que pueden parecer poco operativos frente a los inmensos desafíos regionales, la mundialización financiera, el caos mundial….

ML: Claro, o sea, depende un poco desde donde ves la cosa, yo creo que aquí por ejemplo en Europa, lo que toca hacer es empezar a tomar conciencia de los efectos que causa en otras partes del mundo el modo de vida de consumo intensivo que todos asumen con una naturalidad casi absoluta. Me parece que las dimensiones de la destrucción que esto ocasiona, no solamente en términos ambientales sino también de tejido social, de subjetividades, son mucho más importantes de lo que se presume en Europa, donde todo esto permanece prácticamente invisible, camuflado por entornos de consumo agradables y anestesiantes.

EL: O la creencia de que el nivel de vida del Norte no depende del extractivismo en el Sur.

ML: Algunos denominamos esto el modo de vida imperial, que asume automáticamente que los recursos naturales y el trabajo barato o esclavizado de todo el mundo son para el 20 por ciento más acomodado de la población mundial que vive en los centros capitalistas o las clases medias y altas de las sociedades periféricas. Y si es barato, qué bueno. Da la sensación de que el planeta va a colapsar ecológica y socialmente por la enorme cantidad de gadgets que se producen, que nadie necesita realmente excepto “los mercados”, por todo lo que el capitalismo sugiere como necesidades artificialmente construidas. Entonces, aquí en los centros capitalistas hay una tarea muy importante de reducir la cantidad de materia y de energía que se gasta. Por ejemplo, los movimientos alrededor del decrecimiento tienen una buena perspectiva en términos de transformación cultural, donde por los malestares con el neoliberalismo que tú mismo mencionaste antes, la gente redescubre otras dimensiones no materiales de la calidad de vida, y también la riqueza de autoproducir ropa, o miel, u otras cosas.

FG: Sí, aquí también en Francia, hay actualmente un montón de redes alternativas campesinas, experiencias colectivas autogestionadas, zonas que defender (ZAD), monedas alternativas, etc. pero son todavía muy pequeñas.

ML: Claro, son redes pequeñas por ahora, sin embargo lo importante es contagiar a más gente con estos imaginarios de bienestar diferentes, para que el cambio se haga no por la fuerza, o no por la crisis, sino por el propio deseo. Que la gente pueda sentir, experimentar en carne propia que hay otras dimensiones de buena vida que fácilmente pueden compensar el tener menos materialmente, y que un decrecimiento no tiene por qué vivirse como pérdida.

EL: No como un sacrificio de dejar de tener cosas…

FG: De hecho, aquí, se habla cada vez más de la necesaria conquista de una sobriedad feliz y austeridad voluntariafrente al despilfarro consumista, es un concepto interesante, potente, que se puede conectar al buen vivir y al ecosocialismo.

ML: Yo siento cada vez que voy a Europa que hay muchísimo malestar con este modo de vida superacelerado que prima aquí, tengo muchos amigos que se enferman, si no físicamente se enferman psicológicamente, el stress, la depresión, los burnouts, los ataques de pánico. Las dimensiones que esto adquiere se ocultan bastante sistemáticamente en los discursos dominantes que siguen asociando bienestar a crecimiento económico, y mucho más aún en lo que se percibe desde el Sur global. Visto desde América Latina, aquí en los países centrales, todo es necesariamente una maravilla. Entonces, visibilizar estos malestares y visibilizar las otras formas de vida que ya resultan de ellos, sería un paso importante. Porque en el Sur, curiosamente todo el mundo cree que es mejor vivir en la ciudad, mientras que en Alemania o en España al contrario se multiplican las comunidades ecológicas que van al campo. O sea, sería un paso para contribuir a quebrar esa hegemonía del desarrollo imitativo, que obliga al Sur a repetir todos los errores que ya se han hecho en las sociedades del Norte, como el atascar las ciudades con autos, por ejemplo. Pero algunas de ellas aquí en el Norte se están superando también desde las nuevas generaciones, como en la división del trabajo entre hombres y mujeres. Ahora, en las generaciones de la mía para abajo, el compartir las tareas del cuidado no solamente en la pareja sino más allá de la pareja, tal vez en el edificio, en la comunidad que se pueda generar en un espacio reducido de convivencia, ya se ha vuelto más normal.

Eso también es otro elemento importante, el construir comunidad contra la individualización forzada, tanto en el campo como en la ciudad. No me refiero a la comunidad entendida como el pequeño pueblo campesino, ancestral, fijado en el tiempo, sino a comunidades políticas en movimiento, que incorporan sus tareas de cuidado como unas tareas colectivas y entonces reorganizan la vida alrededor de lo que reproduce la vida, y no alrededor de lo que demandan el mercado o el capital. Y creo que habría que visibilizar todos los esfuerzos que ya se están haciendo en este sentido, donde la gente vive relativamente bien, tanto en el Norte como en el Sur. En el Sur en parte serán comunidades ancestrales, pero también hay otras de nueva creación, mientras en el Norte suelen ser recientemente constituidas. Se trata de cambiar un pensamiento único y mirar las cosas que existen, no hay que inventar todo de cero.

Por ejemplo, existe una visión de que los barrios periféricos urbanos son un infierno, en el Sur global sobre todo. Pero si vas a mirar desde más cerca, hay muchas lógicas ahí que son absolutamente anticapitalistas, la de no trabajar, la de dar prioridad a la fiesta, la de intercambios no mediados por la lógica del dinero… Tal vez no es el modelo, de todas maneras no hay ningún modelo y no debería haber, eso es muy importante recalcar. No vamos a tener, después del socialismo del siglo XX, una nueva receta única en la que vamos a inscribirnos todos y seguirla, sino más bien se trata de permitir esa diversidad de las alternativas, para que desde cada cultura y contexto puedan construirse, desde la gente que está involucrada en ellas. Los buenos vivires en plural.

También tenemos que generar una cultura de alternativas que nos permite errar, equivocarnos, aprender de los errores. Estos espacios de experimentación social donde decimos bueno vamos a intentar eso, no funciona, vamos a intentar otra cosa, pero en cohesión y sin competir, según el principio de cooperación y no de competencia. Un libro que se llama “The future of development” 11/ afirma que el porcentaje de la población mundial realmente inserta en los circuitos del mercado globalizado neoliberal es apenas la mitad, y que el resto todavía está en lo que llamaríamos los márgenes. Eso da esperanzas, también quiere decir que la mitad de la población mundial está en otra cosa, más allá del modelo dominante, entonces deberíamos empezar a mirar por ahí.

FG: Muy bien, muchas gracias.

Transcripción de la entrevista realizada por Alejandra Guacarán (Master LLCER – Universidad Grenoble-Alpes), revisión, corrección y actualización por FG, EL y ML.

1/ Se puede consultar parte de las comunicaciones y ver los videos de las conferencias magistrales de Pierre Salama, Miriam Lang y Edgardo Lander aquí: https://progresismos.sciencesconf.org.

2/ www.rosalux.org.ec.

3/ https://www.tni.org.

4/ Ver: Álvaro García Linera, “Conferencia Magistral en el Teatro Nacional de la Casa de la Cultura Ecuatoriana” Quito, Ecuador, 2015: https://www.youtube.com/watch?v=DeZ7xtBJT8U.

5/ Ver: Miriam Lang y Dunia Mokrani (comp.), Más allá del desarrollo, Fundación Rosa Luxemburg/Abya Yala, Quito, 2012, www.rosalux.org.mx/docs/Mas_alla_del_desarrollo.pdf.

6/ Edgardo Lander, La implosión de la Venezuela rentista, TNI, 2016, https://www.tni.org/es/publicacion/la-implosion-de-la-venezuela-rentista.

7/ http://llamadointernacionalvenezuela.blogspot.fr/2017/05/llamado-internacional-urgente-detener_30.html.

8/ www.resumenlatinoamericano.org/2017/06/01/la-red-de-intelectuales-redh-responde-a-una-declaracion-en-la-que-se-ataca-al-proceso-bolivariano-de-venezuela/.

9/ Para un primer balance sobre la crisis Venezolana, desde opiniones plurales, ver: Daniel Chávez, Hernán Ouviña y Mabel Thwaites Rey (comp.), Venezuela: Lecturas urgentes desde el Sur, CLACSO, 2017, www.biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/…/Venezuela_Lecturas_Sur.pdf.

10/ http://cecosesola.net.

11/ Gustavo Esteva, Salvatore Babones, and Philipp Babcicky, The Future of Development: A Radical Manifesto, Policy Press, Bristol, 2013.

La alerta de misil en Hawái: treinta y ocho minutos de caos

por Patrick Martin //

La falsa alarma sobre un inminente ataque de misil balístico el sábado hizo que más de un millón de personas buscaran refugio, con muchos creyendo que tenían tan solo minutos de vida antes de ser incinerados por un impacto nuclear. Las personas buscaron refugio en los túneles de las autopistas, en parqueos subterráneos, sótanos e incluso bajaron a sus niños por pozos de cloacas. Las conversaciones por teléfono eran desgarradoras, con los presentes pensando que podía ser su última llamada a sus seres queridos.

La alerta fue emitida por la Agencia de Manejo de Emergencias de Hawái, que envió un impactante mensaje a la mayoría de los celulares en las islas: “Alerta de emergencia: AMENAZA DE MISIL BALÍSTICO EN DIRECCIÓN A HAWÁI. BUSQUE REFUGIO DE INMEDIATO. ESTO NO ES UN SIMULACRO”. La alerta fue retransmitida inmediatamente por los canales de televisión y las estaciones de radio locales, de acuerdo con viejos convenios que ponen a los medios de comunicación al servicio del ejército en caso de guerra.

Según los oficiales estatales, la alarma fue el resultado de un empleado de emergencia apretando el botón equivocado en un ejercicio que se lleva a cabo durante el cambio de turno cada ocho horas. El Gobierno de Trump buscó restarle importancia al evento, describiéndolo como un “ejercicio estatal” que no involucra a las fuerzas armadas federales, mientras que la prensa estadounidense lo desestimó como un mero accidente.

Este supuesto accidente está bajo investigación y es muy improbable que los detalles reales se hagan públicos. Sin embargo, la información disponible ya suscita interrogantes políticas críticas.

Si un técnico encargado del manejo de emergencias presionó el botón equivocado, es posible que haya estado utilizando un equipo nuevo y poco familiar. El simulacro en sí fue puesto a prueba hace apenas unas cuantas semanas. Los oficiales estatales han estado realizando preparativos frenéticamente ante la posibilidad de un ataque nuclear sobre Hawái, a medida que se empeoran las tensiones entre el Gobierno de Trump y Corea del Norte. La legislatura estatal ordenó en abril la restauración de los refugios nucleares construidos durante la Guerra Fría, y las sirenas por ataques aéreos fueron puestas a prueba el mes pasado por primera vez en más de 70 años.

Bajo otras circunstancias, una alerta sin sirenas de emergencia habría sido reconocida como una equivocación y descartada por la población. Sin embargo, hoy día, ese no es el caso, particularmente después de que el presidente Trump amenazara varias veces con arrasar a Corea del Norte con “fuego y furia”, y en medio de advertencias de que el territorio estadounidense, particularmente Hawái, podría ser blanco de un ataque nuclear norcoreano.

Tan solo la semana pasada, el exjefe del Estado Mayor Conjunto, el almirante retirado Michael Mullen, dijo en televisión nacional que el mundo estaba “más cerca, desde mi punto de vista, a una guerra nuclear con Corea del Norte y en esa región de lo que jamás habíamos estado”. El mismo Trump incitó al líder norcoreano, Kim Jong-un, a comparar el tamaño de sus “botones nucleares”, jactándose de que el estadounidense “es mucho más grande y poderoso que el suyo, y ¡mi Botón funciona!”.

Cuando los residentes de Hawái recibieron la alerta estatal, asumieron que la guerra que Trump amenazaba estaba comenzando.

Quizás el aspecto más perturbador del incidente en Hawái es que pasaron 38 minutos entre la alarma inicial, a las 8:07 a.m. hora local, y el mensaje de texto oficial cancelándola.

Según la cronología de los eventos presentada por las autoridades estatales, el Comando del Pacífico de EUA, cuya sede se encuentra en Pearl Harbor, le comunicó al servicio de emergencia a las 8:10 a.m., tres minutos después de la alerta, que no hubo ningún lanzamiento de misil. La agencia de emergencias se lo comunicó inmediatamente al Departamento de Policía de Honolulu y canceló la alerta a las 8:13 a.m., comunicándolo por Twitter y Facebook a las 8:20 a.m. Sin embargo, no se envió un mensaje de texto hasta las 8:45 a.m. para informarle al más de un millón de personas que recibió la advertencia inicial de que era una falsa alarma.

Los oficiales estatales todavía no han explicado este retraso, pero un reporte en la prensa sugiere la respuesta. El Los Angeles Times, citando al portavoz de la agencia de emergencias estatal, Richard Rapoza, escribió, “Tomó 38 minutos para cancelar la alerta porque… la agencia tuvo que recibir la autorización de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias [FEMA, siglas en inglés] para poder dar la señal de que había pasado el peligro y poder utilizar el sistema de alerta civil para enviar el mensaje de que había sido una falsa alarma”.

Esto sugiere que el Gobierno federal pudo haber retrasado la cancelación de la alerta deliberadamente, quizás para aprovechar la ocasión y probar la respuesta pública al posible desastre.

La cobertura mediática del incidente ignoró completamente el impacto alrededor del mundo de la alerta en Hawái. ¿Cuál fue la respuesta de Rusia, China y Corea del Norte a un anuncio transmitido alrededor del mundo de que se había disparado la alerta de un misil balístico en un estado de EUA? ¿Se pusieron en contacto Washington, Beijing y Moscú? ¿Hubo órdenes en preparación para una anticipada represalia nuclear estadounidense contra Pyongyang? ¿Fueron alistadas las fuerzas nucleares de estos países para tomar acción?

Cabe plantear otras preguntas. Si tal “error” hubiese ocurrido dentro del comando militar, en vez de una agencia de emergencias civil, ¿cuánto habrían tardado en ser lanzados los misiles estadounidenses en dirección a Corea del Norte en respuesta al supuesto ataque contra suelo americano? También, si hubiese ocurrido algo similar en Corea del Norte o Rusia, ¿cómo habría respondido EUA a tal alerta?

Los acontecimientos en Hawái dan muestra de los primeros minutos de una guerra nuclear. Pese a toda la bravuconería de la Casa Blanca, el Pentágono y la prensa, el anuncio de la eventual llegada de un misil resultaría inmediatamente en pánico y un resquebrajamiento generalizado de la sociedad. Un país cuya infraestructura no puede soportar una tormenta de nieve, no puede hacer frente a un ataque nuclear.

Sobre todas las cosas, los 38 minutos de terror en Hawái comprueban que el peligro de una guerra nuclear es real y está aumentando. Este peligro no es simplemente un producto de la imprudencia personal y el belicismo chauvinista del presidente Trump. Si Hillary Clinton hubiese sido elegida en el 2016, el lugar de la crisis militar podría ser otro —Siria o talvez Ucrania, en vez de Corea del Norte—, pero la campaña del imperialismo estadounidense a recurrir a su poderío militar para contrarrestar su declive económico y estratégico seguiría en marcha.

Fue el presidente Obama que aprobó la renovación de $1,3 billones del arsenal nuclear estadounidense, el más intimidante del mundo. Además, el Partido Demócrata se ha dedicado a promover una campaña antirrusa a fin de crear un ambiente político propicio para una confrontación militar con Moscú, la cual colocaría una guerra nuclear de una vez en la agenda.

El 13 de enero en Hawái marca un antes y un después. Independientemente del consuelo y las garantías de la Casa Blanca y la propaganda mediática, la población mundial verá ahora la cuestión de la guerra bajo otra luz. La mayor urgencia consiste en construir un movimiento de las masas obreras internacionales contra la guerra, basado en el entendimiento de que la fuerza subyacente al peligro de la guerra es la crisis global del capitalismo. Solo la abolición del sistema de lucro y el establecimiento de una sociedad socialista a nivel global puede prevenir una catástrofe nuclear.

Facebook anuncia un importante plan para censurar las noticias

por Andre Damon //

El CEO de Facebook Mark Zuckerberg anunció el viernes que la mayor red social del mundo estará iniciando cambios importantes para relegar los contenidos políticos y de noticias en el muro de publicaciones y, en su lugar, priorizar los “momentos personales”. Este cambio constituye el paso más grande tomado hasta la fecha para censurar la información en línea.

Facebook es actualmente la principal fuente de noticias de cientos de millones de personas alrededor del mundo. El número de usuarios aumentó de 100 millones a 2.000 millones desde el 2008. Según una encuesta de Pew Research en noviembre, el 45 por ciento de los estadounidenses utiliza Facebook para leer noticias, más que cualquier otra plataforma social. Ha sido utilizado como un mecanismo importante para organizar protestas y divulgar información que usualmente no cubren los conglomerados mediáticos. Es precisamente esto con lo que Facebook, colaborando estrechamente con los Estados de las principales potencias capitalistas, quiere acabar.

En su anuncio de la decisión, Zuckerberg dijo que la compañía estará “realizando un cambio importante en cómo construimos Facebook… de enfocarnos en ayudarte a encontrar contenidos relevantes a ayudarte a tener interacciones sociales más significativas”.

El manifiesto está lleno de un lenguaje orwelliano propio de un régimen autoritario. Los cambios fueron motivados, según explica Zuckerberg, por un sentido “de responsabilidad para asegurarnos de que nuestros servicios no sean solo para diversión, sino que también sean positivos para el bienestar de las personas”. Al enterrar las noticias y, en cambio, enfatizar las publicaciones de amigos y familia, Facebook se asegurará de que los usuarios “se sientan más conectados y menos solos”, siendo su efecto subyacente “positivo para nuestro bienestar”.

En otras palabras, Facebook sabe qué es lo mejor para cada persona, y no son ni las noticias ni la información sobre la situación global. Tal “contenido público” dejará de aparecer gradualmente, mientras que las nuevas publicaciones “serán evaluadas bajo el mismo rubro —deberán promover interacciones significativas entre las personas—”.

En la dictadura prevista por Orwell en su libro 1984, el Gran Hermano y sus apologistas en la prensa utilizan la neolengua para encubrir el estado perpetuo de guerra y la dictadura refiriéndose a las cosas por su contrario: la guerra es paz. En la “lengua divertida” de Zuckerberg, la supresión de la habilidad de las personas a transmitir información es descrita como un esfuerzo para “acercar a las personas que nos importan más”. La censura en la forma de una tarjeta de felicitaciones de Hallmark.

Más allá, Zuckerberg indica que Facebook “comenzó los cambios en esta dirección el año pasado”, lo que es decir que la censura ya ha comenzado. El World Socialist Web Site ha observado durante los últimos seis meses que el contenido en Facebook, particularmente los videos, tienen un alcance mucho menor que anteriormente, mientras que los lectores han reportado que sus publicaciones con artículos del WSWS han sido marcadas como “no deseadas”.

El motivo político detrás de tal decisión —un giro de 180 grados en la estrategia de presentación de contenido de la empresa— es evidenciado por el hecho de que probablemente vaya a perjudicar sus ingresos. Zuckerberg reconoció que “el tiempo que las personas pasan en Facebook y otras formas de interacción caerán”. Esto, en combinación con una caída en los ingresos publicitarios, redujo el precio de las acciones de Facebook un 9 por ciento el viernes.

Sin embargo, hay cuestiones más importantes. Esta acción ejemplifica la estrecha relación entre las principales compañías tecnológicas y la censura corporativa-estatal. Han pasado de ser empresas cuyo principal servicio era propagar, compartir y diseminar información a ser instrumentos de supresión y control.

Hace un año, Zuckerberg habría tomado orgullo de que “los videos y otros contenidos públicos han estallado en Facebook durante el último par de años”. Ahora, como lo hace su comunicado, lo trata como algo peligroso.

Este giro es el resultado de la campaña encabezada por el Partido Demócrata y las agencias de inteligencia de EUA. En coordinación con los principales medios de comunicación como el New York Times y el Washington Post, han avanzado el argumento neomccarthista de que la influencia rusa en la política estadounidense, principalmente por medio de las redes sociales, ha corrompido la “democracia estadounidense” y “sembrado discordia” en el país, un argumento que Alemania, Francia y otros Gobiernos han reproducido.

En una serie de audiencias a fines del año pasado, los legisladores estadounidenses precisaron que esperan que Facebook, Twitter y Google implementen medidas amplias para atacar el discurso político en línea. La semana pasada, los demócratas en el Senado estadounidense publicaron un importante informe sobre la presunta intervención rusa en la política estadounidense y europea que concluye que “las plataformas de redes sociales son un medio clave para las campañas de desinformación que socavan las democracias”.

La verdadera inquietud de la burguesía no es la “injerencia” rusa, sino el crecimiento de la oposición social y política, tanto en Estados Unidos como internacionalmente. A medida que el Gobierno de Trump persigue su agenda reaccionaria, militarista y antidemocrática —que ha incluido la abolición de la neutralidad de la red— a los demócratas les aterra que las guerras interminables y los niveles insostenibles de desigualdad social produzcan una explosión social.

Hace cinco meses, el World Socialist Web Site advirtió que Google procuraba censurar los sitios web izquierdistas, progresistas y contra la guerra, como parte de un giro más amplio de las principales empresas tecnológicas hacia la censura. La ofensiva contra los derechos democráticos y la libertad de expresión han avanzado rápidamente en este último año. La velocidad de estas acciones de la clase gobernante corresponde a la anticipación de una gran guerra y la erupción del malestar social este año.

Ante este contexto, el seminario en línea “Organizando una resistencia a la censura del Internet”, con el presidente del WSWS y el periodista Chris Hedges, es sumamente oportuno. La transmisión en línea tendrá lugar el martes, 16 de enero, de las 7:00 a las 8:30 pm (horario del este de Norteamérica; EDT). Llamamos a nuestros lectores a registrarse hoy a través de endcensorship.org y a hacer planes para participar en este crítico evento internacional.

La diatriba racista de Trump contra los “países agujeros de mierda” expone la conspiración bipartidista contra los inmigrantes

por Barry Grey //

El presidente Donald Trump pronunció el jueves un discurso racista y fascista contra los inmigrantes de los “shithole countries” (países agujeros de mierda), como Haití y los estados de África, durante una reunión bipartidista de la Casa Blanca sobre la “reforma” de la inmigración.

El Washington Post informó por primera vez los comentarios de Trump, citando a dos personas no identificadas que fueron informadas sobre la reunión. Respondiendo a las preguntas más tarde en el día, la Casa Blanca no negó que Trump haya hecho las declaraciones.

El estallido de Trump fue una vergüenza para los demócratas del Congreso, quienes durante la semana pasada se apresuraron a llegar a un acuerdo con Trump que militarizaría aún más la frontera y ampliaría la represión contra los inmigrantes. En un editorial publicado menos de 24 horas antes de la declaración de Trump, el Washington Post alentó a los demócratas a aceptar gran parte de la política de inmigración de Trump, incluida la construcción de un muro a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México.

Trump hizo sus comentarios después de rechazar una propuesta acordada por un grupo de seis senadores republicanos y demócratas. El acuerdo restablecería la protección legal de la era de Obama, cancelada el año pasado por la Casa Blanca, para 800.000 inmigrantes que fueron traídos a los Estados Unidos como hijos por padres indocumentados, proporcionar miles de millones de dólares para contratar a más agentes fronterizos e intensificar la militarización fronteriza, reducir drásticamente visas para familiares de inmigrantes legales y sorteo de visas de diversidad para inmigrantes de África, América Central y otras regiones pobres del mundo.

Una parte del plan restauraría el estado de protección, rescindido por la administración, a los inmigrantes de países devastados por la guerra y devastados como Haití y El Salvador. El lunes, el Departamento de Seguridad Nacional anunció que estaba poniendo fin al estado de protección de más de 250,000 salvadoreños que han vivido en los Estados Unidos durante décadas.

“¿Para qué queremos a los haitianos aquí?”, preguntó Trump. “¿Por qué queremos que toda esta gente de África esté aquí? ¿Por qué queremos a todas estas personas de los países shithole?” Agregó, “Deberíamos tener más gente de lugares como Noruega”.

Estas declaraciones produjeron choques en los medios de información y denuncias indignadas de políticos demócratas. La postura de indignación dentro de los medios y el establecimiento político es hipócrita y deshonesto. El problema para la clase dominante es que, una vez más, Trump ha dicho en público lo que muchos en la oligarquía empresarial-financiera y el aparato estatal piensan y dicen en privado.

El arte de la política imperialista estadounidense es encubrir las actividades criminales de la clase dominante de los Estados Unidos en todo el mundo en una retórica humanitaria. La regla es: puedes matar a tantas personas como quieras, siempre y cuando se haga de una manera que rinda homenaje verbal a los ideales democráticos y humanitarios.

Trump, cuyo ascenso al poder es el producto de una guerra interminable y una desigualdad social masiva, prescinde de todo eso. Articula las políticas del imperialismo estadounidense en un lenguaje francamente fascista.

Estados Unidos está ocupado en todo el mundo invadiendo países, matando a sus habitantes y saqueando sus recursos. Amenaza a los países —China, Rusia, Irán, Corea del Norte— con la aniquilación nuclear. Tiene la abrumadora responsabilidad de aplastar la pobreza y la represión en Haití, ya que ocupó el país entre 1915 y 1934 y lo invadió repetidamente desde la última vez en 1996 (bajo Bill Clinton) y en 2004 (bajo George W. Bush).

Lideró la guerra de bombardeos que destruyó Libia y está librando una guerra de drones y una guerra encubierta en Somalia, Níger y otras partes de África.

Ha traído muerte y destrucción a El Salvador, incluso al respaldar a los escuadrones de la muerte en la guerra civil de 1980-1992 que asesinó a decenas de miles de civiles.

Ahora, los demócratas están uniendo esfuerzos con Trump y los republicanos para enviar a los pocos que escaparon de los campos de asesinatos de estos países y buscaron asilo en Estados Unidos para ser brutalizados y asesinados, mientras que sellan la frontera para bloquear a los muchos nuevos refugiados creados por agresión de Estados Unidos al ingresar al país.

Dos cosas exponen por completo la falsedad de la indignación oficial por el arrebato de Trump. Primero, lo hizo en el transcurso de una reunión a la que asistió el senador Demócrata “Whip” Richard Durbin, quien ha estado liderando a los Demócratas en las conversaciones de inmigración. Justo dos días antes, en las pláticas bipartidistas televisadas presididas por Trump, Durbin había sonado: “Nos sentimos honrados de ser parte de esta conversación”. Luego prometió el apoyo demócrata a “una frontera segura en el período estadounidense”.

Segundo, incluso cuando los conspiradores antiinmigrantes se reunían en la Casa Blanca, el Partido Demócrata estaba proporcionando los votos necesarios en la Cámara de Representantes para bloquear cualquier alteración de la ley FISA y extender su Sección 702, que autoriza a la Agencia de Seguridad Nacional a pinchar el teléfono y las comunicaciones electrónicas de millones de estadounidenses sin una orden judicial. Se espera que la ley de vigilancia masiva nacional e internacional atraviese el Senado con similar apoyo demócrata en los próximos días.

El New York Times, que articula las políticas del Partido Demócrata, alabó la votación de la Cámara, escribiendo:

“Efectivamente, la votación fue casi seguramente el final de un debate sobre la vigilancia y los derechos de privacidad del siglo XXI que estalló en 2013 después de las filtraciones del ex contratista de la NSA Edward J. Snowden

Las divulgaciones del Sr. Snowden en 2013 marcaron el comienzo de un período de intenso interés en la vigilancia. Los libertarios civiles y los escépticos conservadores del poder del gobierno trabajaron juntos para presionar por nuevos límites, mientras que las agencias de inteligencia y aplicación de la ley y sus patrocinadores en el Congreso de todas las líneas partidarias —tanto en las administraciones de Obama como de Trump— intentaron mantener la línea”.

Los medios de comunicación, los Demócratas y la clase gobernante en general están preocupados de que los comentarios de Trump puedan socavar un asqueroso “compromiso” inmigratorio y, en términos más generales, sigan desacreditando a los Estados Unidos a los ojos del mundo y del pueblo estadounidense. Son conscientes de cuán débil e inestable es este gobierno. Todo su enfoque es desviar, disipar y sabotear la oposición popular mediante campañas reaccionarias como la campaña anti-Rusia, la caza de brujas #MeToo y la campaña de “noticias falsas” sobre la libertad de expresión en Internet, de modo que para prevenir un movimiento político contra el capitalismo estadounidense.

Los trabajadores y los jóvenes no deberían apoyar a ninguna de las facciones dentro de la clase dominante y el establecimiento político y, sobre todo, no permitir que su oposición a Trump se canalice detrás del Partido Demócrata de derechas. La lucha contra Trump debe librarse como un movimiento independiente y unido de la clase trabajadora, en unidad con las crecientes luchas de los trabajadores a nivel internacional, contra la fuente de la guerra, la pobreza y el racismo: el sistema capitalista.

2018: el mundo al revés

por Alan Woods //

Donald Trump dio la bienvenida al Año Nuevo a su manera inimitable: rodeado por su clan social y político en los alrededores opulentos de su exclusivo club Mar-a-Lago en Florida, acompañado por un grupo representativo de todos los segmentos de la sociedad estadounidense, desde estrellas de cine a multimillonarios.

“Será un 2018 fantástico”, aseguró Trump a sus invitados, cuando ingresó en el salón de baile dorado de Mar-a-Lago, escoltado por la sonrisa permanente de la primera dama, Melania Trump, y el muñeco de sastre que es su hijo Barron, y predijo que el mercado de acciones continuaría creciendo y los negocios llegarían a Estados Unidos en “un abrir y cerrar de ojos”.

Todo esto fue música para los oídos de sus adinerados invitados que están babeando ante la perspectiva de las jugosas ganancias y los recortes de impuestos que generosamente su héroe se comprometió a ofrecer. Fue una escena verdaderamente inolvidable digna de una secuencia de El Padrino.

El año 2017

Sin embargo, antes de dar la bienvenida al nacimiento del Año Nuevo, examinemos primero el anterior con rigurosa atención. “Creo que este año es probablemente el año con mayor riesgo político desde el final de la Segunda Guerra Mundial”, declaró Brian Klaas, experto en Política Comparada de la Escuela de Economía de Londres, en una entrevista en la CNBC en enero del año pasado.

No estuvo muy desacertado. Pensemos por un momento en los acontecimientos ocurridos en los últimos 12 meses. El año que acaba de pasar a la historia fue testigo de otro cúmulo de terremotos políticos. Y, a pesar de los alardes del último ocupante de la Casa Blanca, es poco probable que el año 2018 sea mejor para el capitalismo mundial.

Trotsky describió la teoría como la superioridad de la previsión sobre la sorpresa. Pero el año 2017 sembró gran cantidad de sorpresas, y no menos entre los llamados expertos de la burguesía. Hace 12 meses, ¿quién hubiera pensado que los conservadores británicos quedarían tan mal en unas elecciones generales, partiendo de una ventaja de 20 puntos sobre los laboristas; y que el “inelegible” Jeremy Corbyn terminaría el año como el político más popular de Gran Bretaña?

¿Quién hubiera pensado que, para finales de año, los líderes proindependentistas catalanes estarían disputando unas elecciones desde una cárcel española, y que el presidente del gobierno catalán sería un exiliado político en Bruselas.

¿Quién hubiera pensado que los dos principales partidos en Francia ni siquiera estarían presentes en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales? ¿Y quién hubiera pensado que los Republicanos de Estados Unidos perderían una elección en Alabama: un bastión seguro de la derecha religiosa conservadora?

¿Quién hubiera pensado que Mugabe sería arrojado al basurero después de décadas de gobierno dictatorial, y que Jacob Zuma perdería el control del Congreso Nacional Africano?

Estos son sólo algunos de los terremotos políticos que han sacudido al mundo en solo 12 meses. Son sucesos altamente significativos en sí mismos. Pero desde una perspectiva marxista son síntomas de la crisis general del capitalismo mundial, que encuentra su expresión en la inestabilidad política en todas partes, incluida la nación capitalista más poderosa: los Estados Unidos.

Pesimismo de la burguesía

Los estrategas serios del capital a menudo llegan a las mismas conclusiones que los marxistas, aunque naturalmente desde su punto de vista de clase. La imagen de color de rosa pintada por el señor Trump no es compartida por ningún analista burgués serio sino, de hecho, todo lo contrario.

Según el Grupo Eurasia, una respetada consultora que asesora a los capitalistas sobre posibles riesgos a escala mundial, en su evaluación anual recientemente publicada sobre los principales riesgos geopolíticos, advierte de que el mundo se está moviendo hacia una crisis y un estado de “depresión geopolítica” y que la presidencia de Donald Trump está contribuyendo a la inestabilidad: acelerando las divisiones a nivel nacional e internacional, y desentrañando el orden global que se ha construido dolorosamente durante décadas.

El Grupo Eurasia expresa el temor de que las democracias liberales (es decir, burguesas) sufren un “déficit de legitimidad no visto desde la Segunda Guerra Mundial”, que los líderes están fuera de contacto con la realidad y que este colapso político crea condiciones en que cualquier acontecimiento importante podría tener un efecto devastador en la economía y el mercado global.

El informe comienza con una frase que podría verse como una respuesta a la evaluación entusiasta del señor Trump sobre la economía (excepto que debió de haberse escrito antes de su fiesta de Año Nuevo): “Sí, los mercados están subiendo y la economía no está mal, pero los ciudadanos están divididos. Los gobiernos no están gobernando mucho. Y el orden global se está deshaciendo.”

Y su conclusión no podría ser más diferente de la del Hombre de la Casa Blanca: “En los 20 años desde que comenzamos el Grupo Eurasia, el entorno global ha tenido sus altibajos. Pero si tuviéramos que elegir un año para una gran crisis inesperada, el equivalente geopolítico de la crisis financiera de 2008, sería 2018”.

El factor Trump

El año 2017 comenzó con la asunción del cargo como presidente de Donald Trump, el 20 de enero. Eso en sí mismo fue un choque político de enormes dimensiones. Es, por supuesto, incorrecto atribuir todos los males del mundo a un hombre. Si eso fuera cierto, entonces la solución a la crisis actual sería sencilla: deshacerse de Trump y reemplazarlo por un presidente más “responsable” (es decir, Demócrata). Pero no hay ninguna razón para creer que la situación sería mucho mejor bajo Hillary Clinton o cualquiera de los otros héroes del “centro”.

El intento de explicar los grandes procesos históricos en términos individualistas es una trivialización de la historia que no resiste siquiera el escrutinio más superficial. El marxismo busca los fundamentos de la historia humana en los procesos más profundos que se desarrollan muy por debajo de la superficie y constituyen el marco fundamental sobre el cual los actores humanos desempeñan sus roles. Pero este análisis básico, aunque finalmente decisivo, de ninguna manera agota la cuestión.

Si el intento de explicar la historia en términos de protagonistas individuales es demasiado simple para ser tomado en serio, el intento de negar el papel de los individuos en la historia es igualmente simplista y falso. Si seguimos la teoría de Marx, los hombres y las mujeres hacen su propia historia, aunque no actúan con total libertad y están limitados por factores objetivos que están más allá de su control e, incluso, son invisibles para ellos. Con sus acciones, los actores individuales pueden tener un efecto serio sobre las circunstancias, influyendo en el resultado de los acontecimientos de una forma u otra.

Donald Trump es un ejemplo interesante de este fenómeno. La clase dominante estadounidense no estaba satisfecha con Trump. Sigue descontenta e intenta deshacerse de él. Hay un número de razones para esto. Durante más de 100 años, la vida política de EE. UU. se basó en dos pilares fundamentales: los Republicanos y los Demócratas. La estabilidad del sistema dependía de este equilibrio.

Trump es multimillonario, pero también es un ególatra y un hábil demagogo. Paradójicamente, Trump se dirigió específicamente a los sectores más pobres de la sociedad. Habló mucho sobre la clase trabajadora, algo prácticamente inaudito en las campañas electorales de EE. UU. Todo era mentira, por supuesto, pero cuando habló de las fábricas y minas cerradas, despertó la esperanza en las mentes de las personas desesperadas. Esto tocó la fibra sensible de millones de estadounidenses hartos del sistema que los condena a la pobreza y el desempleo.

En realidad, Trump es sólo otro representante de las grandes empresas. De hecho, él es el rostro crudo y feo del capitalismo, mientras que el llamado centro es el capitalismo que intenta disfrazar su esencia detrás de una máscara sonriente. Trump se ha deshecho de la máscara, y es por eso por lo que la clase dirigente lo detesta.

El establishment se preguntó si podrían controlar a este inconformista multimillonario cuya victoria no desearon pero que no pudieron evitar. No tuvieron que preguntarse por mucho tiempo. El 45º presidente de Estados Unidos tenía prisa por dejar su huella. Hizo campaña con la promesa de “hacer las cosas de manera diferente”. Y así ha sido.

Ha logrado exacerbar todas las contradicciones a escala mundial: entre los Estados Unidos y China, entre los Estados Unidos y Europa y entre los Estados Unidos, Canadá y México. Ha intensificado el conflicto entre Israel y los palestinos y ha creado una atmósfera bélica frenética con Corea del Norte, que ha convertido a Corea del Sur y Japón en objetivos para el arsenal nuclear del “Hombre Cohete” de Pyongyang.

Las aventuras de Trump en el campo de los asuntos exteriores, ciertamente, no tienen precedentes en la historia de la diplomacia mundial. Se lo podría comparar a un elefante en una tienda de porcelana. Su continua emisión de escandalosos tweets proporciona una ruidosa música de fondo a la cacofonía de extravagantes, contradictorios y frecuentemente incomprensibles errores en materia de política exterior, que han conmocionado y consternado a grandes sectores de la clase dirigente del país y en el extranjero.

La doctrina de “América primero” es sólo una nueva versión del antiguo aislacionismo, que siempre fue parte de la tradición política estadounidense. Pero los aliados más cercanos de Estados Unidos están preocupados de que la promesa de “hacer a Estados Unidos grande otra vez”, se haga a su costa. Y no están equivocados. Si, previamente, había pequeñas grietas en la llamada alianza occidental, ahora se han ensanchado en un abismo enorme.

Ian Bremmer, presidente del Grupo Eurasia, y su presidente, Cliff Kupchan, advierten de que el poder global de Estados Unidos está “llegando a un punto muerto” y de que la filosofía de Trump de atrincheramiento y vía unilateral siembran confusión tanto entre sus aliados como en sus rivales. “‘América Primero’ y las políticas que se derivan de ello – dice el Grupo Eurasia- han erosionado el orden liderado por Estados Unidos y sus protecciones, mientras que ningún otro país o grupo de países está listo o interesado en reconstruirlo… aumentando significativamente el riesgo global”. Éste es un buen resumen de la situación.

Radicalización en los Estados Unidos

Éstos son logros realmente notables en tan sólo 12 meses en la Casa Blanca. La erupción de Trump en el escenario mundial sería suficiente para causar serias preocupaciones en la clase dirigente de los Estados Unidos e internacional. Pero hay otra razón por la cual la clase dominante no se muestra entusiasta con respecto a Donald Trump. La mecánica elemental nos informa de que cada acción tiene una reacción igual y opuesta. Las líneas de falla en la sociedad y la política estadounidenses ya estaban ahí. No fueron inventadas por Trump. Pero con sus discursos y acciones ha intensificado las divisiones agudas en la sociedad estadounidense y ha provocado un aumento notable de la radicalización.

La llegada de Trump a la Casa Blanca fue la señal de una oleada sin precedentes de manifestaciones masivas en todo el país. Las marchas de las mujeres probablemente representaron la mayor protesta en la historia de los Estados Unidos. Entre 3,3 millones y 4,6 millones de personas se manifestaron en Los Ángeles, Washington D.C., Nueva York, Chicago, Seattle y otras ciudades y pueblos de EE. UU. Ésta fue la primera de muchas más.

El año terminó con una asombrosa derrota Republicana en Alabama: un escaño conservador y fuertemente republicano que Trump había ganado con un margen del 30 por ciento en las elecciones presidenciales. Ése fue otro terremoto político, el cual no fue previsto por los “expertos” o las encuestas de opinión.

Es demasiado pronto para decir cuánto tiempo puede sobrevivir Trump. Su apoyo más importante se encuentra en la bancarrota de los Demócratas y la demora en un movimiento significativo de la clase trabajadora. La actual Administración puede prolongarse, a pesar del espectáculo sin precedentes de una división abierta en la clase dominante. ¿Cuándo en el pasado vimos un conflicto abierto entre un presidente estadounidense y los medios, el FBI, la CIA y todo el cuerpo de los Servicios de Inteligencia de los EE. UU.?

A pesar de las predicciones confiadas del Sr. Trump, el año 2018 verá muchos más trastornos de este tipo, que en el fondo son un reflejo de la inestabilidad que es una característica fundamental del presente período de la crisis capitalista mundial.

Francia y Gran Bretaña

Para los marxistas, el significado de estos trastornos políticos no es difícil de entender. La crisis del capitalismo se manifiesta en una inestabilidad general: económica, social y política. Han transcurrido diez años desde el colapso financiero de 2008 y la burguesía está lejos de resolver la crisis económica. Todos los intentos de los gobiernos para restablecer el equilibrio económico sólo han servido para destruir el equilibrio social y político.

Vemos esto en un país tras otro. Donald Trump y Bernie Sanders, aunque son muy diferentes, son manifestaciones del mismo fenómeno. También lo son Jeremy Corbyn en Gran Bretaña, Jean-Luc Mélenchon en Francia, Syriza en Grecia y Podemos en España. Todas estas cosas son reflejos del descontento general, la ira y la frustración que se agitan debajo de la superficie de la sociedad. Esto está causando alarma en las filas de la burguesía y sus estrategas.

El surgimiento de un “sentimiento antisistema cada vez más tóxico” está erosionando la confianza en las instituciones políticas de los países democráticos, así como en los medios de comunicación y el sistema electoral en los Estados Unidos. La debilidad en estas instituciones puede conducir a la inestabilidad, el autoritarismo, las políticas impredecibles y el conflicto.

Lo que estamos viendo en los Estados Unidos y en todos lados es el colapso del llamado centro. El pequeño grupo de élites no representativas que detentan el poder no está, naturalmente, satisfecho con esto. Ven correctamente la creciente polarización hacia la izquierda y la derecha como una amenaza a sus intereses.

Quedaron, comprensiblemente, encantados el pasado mayo, cuando un candidato poco conocido del ‘centro’, Emmanuel Macron, derrotó a Marine Le Pen para convertirse en el presidente más joven de Francia. Ninguno de los partidos tradicionales llegó a la segunda votación. Los medios hicieron mucho ruido al respecto. Afirmaron que Macron había conseguido una mayoría absoluta. Eso no es verdad. La mayoría absoluta fue, de hecho, el 70 por ciento de las personas que no votaron por él. Tampoco mencionaron los medios el hecho de que el político más popular en Francia era el izquierdista Jean-Luc Mélenchon.

En realidad, el centro político es una ficción. La sociedad se divide cada vez más entre un pequeño grupo de personas que controlan el sistema y una abrumadora mayoría que se está empobreciendo y se encuentra en abierta rebelión contra el sistema. “Conquistar el centro” fue una idea de Tony Blair (fundador del ‘Nuevo Laborismo’ y primer ministro británico de 1997 a 2007).

La idea es puerilmente simple: tratar de encontrar un acuerdo entre los partidos de las diferentes clases. Pero hay un pequeño problema. Tal acuerdo es imposible, porque los intereses de estas clases son completamente antagónicos, de hecho, incompatibles. Este antagonismo se puede disfrazar temporalmente en períodos de auge económico, pero se vuelve notoriamente obvio en situaciones como la actual, cuando el capitalismo se encuentra en una profunda crisis.

El voto a favor del Brexit de junio de 2016 fue el salto de Gran Bretaña a la oscuridad. Ése fue otro terremoto político, cuyos resultados apenas comienzan a sentirse ahora. En un intento desesperado por apuntalar la débil posición de negociación de Gran Bretaña la primavera pasada, Theresa May convocó elecciones anticipadas. Esta decisión fue tomada bajo el supuesto (compartido por todos) de que los conservadores no podrían perder.

Las encuestas de opinión daban a los conservadores una ventaja de 20 puntos sobre los laboristas. La prensa entera fue unánime en que, bajo el liderazgo del izquierdista Jeremy Corbyn, los laboristas nunca podrían ganar unas elecciones. Recordemos que el ala de derecha laborista, que tiene una aplastante mayoría en el grupo parlamentario del Partido Laborista, ha estado tratando de deshacerse de Corbyn de todas las formas posibles en los últimos dos años con el respaldo de los medios, que organizaron una campaña de vilipendio sin precedentes contra este líder laborista.

Sus esfuerzos fracasaron. Pero una vez más se preparaban para expulsarlo tan pronto como se anunciara la derrota del laborismo, que tanto deseaban fervientemente y confiadamente esperaban. Pero para asombro de todos, los laboristas lucharon en las elecciones con un programa de izquierda y avanzaron. El Partido Conservador perdió su mayoría parlamentaria y el presuntamente inelegible Jeremy Corbyn se convirtió en el político más popular de Gran Bretaña.

No hace mucho, Gran Bretaña era uno de los países más estables de Europa. Ahora es uno de los más inestables. El resultado del Brexit y el fermento en Escocia eran síntomas de profundo descontento, que existían pero no encontraban ningún medio para expresarse. En la persona de Jeremy Corbyn, este descontento masivo ha encontrado una expresión política que representa un gran giro hacia la izquierda y presenta grandes oportunidades para organizaciones como la que aquí representamos, la Corriente Marxista británica, que entendió este fenómeno que todos los grupos pseudo-trotskistas se negaron a ver durante décadas.

Cataluña

La crisis en Cataluña es un reflejo del callejón sin salida del capitalismo español y la consecuencia de las traiciones del estalinismo y del reformismo que llevaron al aborto de la Constitución de 1978. Esa traición permitió a la putrefacta clase gobernante española preservar partes importantes del antiguo régimen franquista detrás de una fachada “democrática”.

Ahora, 40 años después, las gallinas vuelven al gallinero. El pueblo de Cataluña experimentó la realidad de la democracia española cuando los golpes de porras policiales cayeron sobre las cabezas de ciudadanos desarmados e indefensos, hombres y mujeres, jóvenes y personas mayores, cuyo único “crimen” fue el deseo de votar sobre el futuro de su país.

Los líderes de este movimiento hicieron todo lo posible por persuadir al gobierno de derecha de Rajoy en Madrid de que, por supuesto, no se tomaban en serio la independencia. “Proclamaron” una Cataluña independiente, pero también declararon que “no se haría efectiva”. Se comportaron como generales que movilizan al ejército, lo colocan en pie de guerra y provocan al enemigo para que pase a la acción, para luego ondear la bandera blanca. No se puede imaginar una manera más segura de desmoralizar a las tropas.

Pero si los líderes catalanes imaginaban que esta maniobra los salvaría de la ira de sus enemigos, estaban tristemente equivocados. La debilidad invita a la agresión. Las fuerzas de Madrid detuvieron a los principales líderes del movimiento independentista, que fueron encarcelados acusados ​​de planear una insurrección, abolieron los poderes del gobierno autónomo catalán e impusieron el gobierno directo para aplastar el movimiento independentista. El presidente catalán, Carles Puigdemont, huyó al exilio en Bélgica.

Los nacionalistas burgueses catalanes imaginaban con seguridad que obtendrían el respaldo de la Unión Europea, pero pronto se curaron de esta ilusión. Bruselas y Berlín les dieron a entender en los términos más inequívocos que un Estado catalán independiente no sería reconocido por Europa. ¡Hasta aquí las credenciales democráticas de los líderes de la UE!

Si el partido gobernante del PP pensó que podría resolver el problema mediante el uso de la fuerza bruta, también se equivocó. Marx explicó que la revolución necesita el látigo de la contrarrevolución. El sábado, 21 de octubre, 450.000 personas se concentraron en Barcelona ​​y decenas de miles se manifestaron en otras ciudades de toda Cataluña para exigir la libertad de los líderes encarcelados.

Las elecciones catalanas del 21 de diciembre representaron una bofetada para el gobierno español. Estas elecciones tuvieron lugar en condiciones excepcionales, comenzando por el hecho de que fueron convocadas por el gobierno español después de inhabilitar al gobierno catalán y disolver su parlamento. Ocho candidatos prominentes de los partidos independentistas están en la cárcel o en el exilio y, por lo tanto, se les impidió participar en la campaña. Incluso fueron castigados por las autoridades de la prisión por enviar mensajes, que se leyeron durante los mítines electorales. Todo esto se hizo utilizando los poderes que se derivan del artículo 155 de la Constitución de 1978.

A pesar de todo, la participación del 81,94 por ciento fue la más alta, no sólo de las elecciones al Parlamento de Cataluña, sino también de las elecciones parlamentarias españolas en Cataluña y en toda España. El partido gobernante español (el PP) quedó reducido a tres escaños en Cataluña y el bloque independentista volvió a conseguir la mayoría absoluta en el Parlamento catalán. Por lo tanto, estamos exactamente en la misma situación que antes.

Pase lo que pase en los próximos meses, nada volverá a ser lo mismo en Cataluña ni en España. Se han desatado fuerzas que desgarrarán el falso e hipócrita “consenso” que engañó al pueblo acerca de una alternativa genuinamente democrática a la odiada dictadura de Franco. Rajoy y el PP son los verdaderos herederos de ese régimen, que pisoteó brutalmente a la gente en el pasado y continúa pisoteándola hoy.

Los movimientos de masas en Cataluña son sólo el primer síntoma de una revuelta contra esa dictadura. El mismo espíritu de rebelión se manifestará tarde o temprano en todo el país.

Riqueza y pobreza

El descontento que crece en todas partes es una expresión de la extrema polarización: la concentración de capital, que Marx predijo hace mucho tiempo y la cual se han empeñado en negar economistas y sociólogos desde entonces.

¿Quién puede hoy negar la verdad de la predicción de Marx? La concentración de capital ha tenido lugar en condiciones de laboratorio. En la actualidad, menos de 200 grandes corporaciones controlan el comercio mundial. La inmensa riqueza se concentra en manos de unos pocos. Sólo en 2017, los multimillonarios del mundo aumentaron su riqueza global combinada en un quinto.

Según Josef Stadler, director global de la división Ultra High Net Worth en UBS, hoy “la desigualdad de la riqueza está en su punto más alto desde 1905”. El 1% más rico del mundo posee la mitad de la riqueza del mundo, según un nuevo informe que destaca la creciente brecha entre los súper ricos y todos los demás.

Un informe del Crédit Suisse mostró que las personas más ricas del mundo vieron aumentar su riqueza del 42 %, en el punto álgido de la crisis financiera de 2008, al 50.1 % en 2017, es decir, 140 billones de dólares. El informe dice:

“La parte del 1% más rico ha seguido una senda ascendente desde [la crisis], pasando el nivel 2000 en 2013 y alcanzando nuevos máximos cada año a partir de entonces”. El banco también dice que “la desigualdad de la riqueza global ha sido ciertamente alta y ha aumentado en el período posterior a la crisis.”

El aumento de la riqueza entre los ya muy ricos llevó a la creación de 2,3 millones de nuevos millonarios durante el año pasado, alcanzando un total de 36 millones. “El número de millonarios, que cayó en 2008, se recuperó rápidamente después de la crisis financiera, y ahora es casi tres veces la cifra de 2000”.

Estos millonarios, que representan el 0,7 por ciento de la población adulta del mundo, controlan el 46 por ciento de la riqueza global total que ahora se ubica en la asombrosa cifra de 280 billones de dólares.

Ése es un lado de la balanza. En el otro extremo del espectro, los 3.500 millones de adultos más pobres del mundo tienen activos de menos de 10.000 dólares. En conjunto, estas personas, que representan el 70 por ciento de la población mundial en edad de trabajar, representan solo el 2,7 por ciento de la riqueza mundial. Para millones de personas, es una cuestión de vida o muerte.

En 2017, en 45 países, se calcula que 83 millones de personas necesitaron asistencia alimenticia de emergencia, más del 70 por ciento más que en 2015. Y en 2018, la cifra podría alcanzar los 76 millones.

Yemen es un caso particularmente escandaloso. Como resultado de la bárbara guerra de agresión librada por Arabia Saudita y sus aliados, 17 millones de yemeníes no tienen lo básico para comer, y más de 3 millones de niños y mujeres embarazadas y lactantes sufren de desnutrición aguda. La hipocresía de los medios occidentales ha hecho que se ignoren en gran medida estas atrocidades perpetradas por los mafiosos sauditas, que deliberadamente usan el hambre como arma de guerra.

Importancia del factor subjetivo

En los últimos años, Oriente Medio ha presentado una imagen de reacción atroz: guerra, guerra civil, derramamiento de sangre, fanatismo religioso, masacres y caos. La clave de esta situación se encuentra en tres países: Egipto, Turquía e Irán. Estos son los países donde el proletariado es más fuerte y tiene tradiciones revolucionarias. Si se hace un análisis superficial, en los tres países existe una reacción férrea. Pero tal evaluación es fundamentalmente defectuosa.

Las masas egipcias hicieron todo lo que estaba en su poder para cambiar la sociedad. Fue la ausencia de dirección, y sólo eso, lo que llevó al magnífico movimiento de 2011 a un callejón sin salida. Y como la naturaleza aborrece el vacío, Sisi y los demás generales del ejército reaccionario ocuparon el espacio vacío. Como resultado, los trabajadores y campesinos egipcios se han visto obligados a pasar una vez más a través de la dura escuela de la reacción. Pero, tarde o temprano, resucitarán. La dictadura de Sisi es una choza desvencijada construida sobre cimientos de barro. Su debilidad fatal es la economía. El pueblo de Egipto necesita pan, trabajo y vivienda, que los generales son incapaces de proporcionar. Las futuras explosiones son inevitables.

En Turquía también, el potencial revolucionario de las masas se demostró con el levantamiento de 2013. Fue finalmente aplastado, y Erdogan logró desviar la atención de las masas al jugar la carta del nacionalismo turco y desencadenar una guerra brutal contra los kurdos. Pero el nacionalismo no puede poner el pan en la mesa de los millones de turcos desfavorecidos. Tarde o temprano comenzará una reacción contra el régimen. Y hay señales de que ya ha comenzado. Debemos observar a Turquía de cerca en el próximo período como una de las claves de Oriente Medio.

La mayoría de la población mundial es joven. Y al menos el 60 por ciento de los jóvenes entre 15 y 24 años de edad están desempleados en todo el mundo. El descontento latente de estos jóvenes fue lo que provocó la revolución árabe hace unos años.

Ahora vemos el mismo fenómeno repetido en las calles de pueblos y ciudades de todo Irán. Como de costumbre, este movimiento surgió de repente, sin previo aviso, como una piedra pesada arrojada a las aguas de un estanque en calma. Sorprendió y asombró a todos los autodenominados expertos, especialmente, a los viejos, cínicos y cansados ​​analistas de la llamada izquierda, cuya principal marca es el escepticismo y una creencia muy arraigada de que nunca pasará nada y de que las masas nunca se moverán. Todas estas personas “inteligentes” se quedaron con la boca abierta ante este movimiento que, según ellos, nunca iba a suceder.

“Pero estas manifestaciones son más pequeñas que las de 2009”, los escépticos se apresuran a tranquilizarnos. Sí, más pequeñas pero mucho más radicales, más impetuosas, más audaces y menos cautelosas. Con la velocidad de la luz, las demandas de los manifestantes pasaron de demandas económicas a políticas, desde el desempleo y el alto costo de la vida hasta exigir el derrocamiento de todo el régimen. Los manifestantes derribaron carteles del Líder Supremo Ayatolá Jamenei, algo extremadamente peligroso y prácticamente inaudito en Irán. Incluso hubo algunos informes de ataques a retratos del difunto ayatolá Jomeini.

¿Quiénes eran estos manifestantes? Eran principalmente jóvenes, pobres, desempleados, no los estudiantes universitarios que predominaron en todas las protestas anteriores. No estaban organizados, no pertenecían a ningún grupo político y no tenían una idea guía, salvo el deseo ardiente de cambio. Ése es el punto de partida de cada revolución.

El régimen fue sacudido hasta sus cimientos. Este movimiento, precisamente por su contenido de clase, representa una amenaza potencialmente mucho más peligrosa que los millones de personas que salieron a las calles de Teherán en 2009. Sus vacilaciones parecen a primera vista incomprensibles. Dado el tamaño relativamente pequeño de las manifestaciones, el poderoso aparato represivo en manos de los mulás seguramente sería más que suficiente para haber sofocado esta protesta, como un hombre apaga una vela con dos dedos.

Y sin embargo, mientras escribo estas líneas, el régimen aún no ha lanzado una campaña seria de represión. El perro ladra pero no muerde. ¿Por qué? Hay dos razones principales. En primer lugar, el régimen está dividido y es mucho más débil de lo que era en el pasado. En segundo lugar, entiende que detrás de los jóvenes que se están manifestando hay millones de iraníes que están cansados ​​de años de pobreza extrema, desempleo y aumento de los precios de los alimentos.

Hace tiempo que perdieron la fe en los mulás que simulaban moralidad y honestidad, pero que son tan corruptos como lo fueron en el pasado los funcionarios del Sha. Cualquier movimiento en contra de los manifestantes provocaría una reacción violenta que volvería a ver a millones en las calles, sólo que esta vez serían trabajadores, no sólo estudiantes y gente de clase media.

En este momento, es difícil predecir exactamente cuál será el futuro de esta rebelión. Su principal debilidad es la falta de organización. Sin un plan de acción claro y una firme comprensión de las tácticas y la estrategia, el movimiento puede disipar sus energías en una serie de acciones descoordinadas que fácilmente pueden degenerar en simples disturbios. Eso es lo que el régimen espera ansiosamente. Una vez más volvemos a la pregunta central: la de la dirección revolucionaria.

En 1938, León Trotsky escribió que se podía reducir la crisis de la humanidad a la crisis de la dirección del proletariado. Ha habido muchos movimientos revolucionarios en el pasado reciente: en Egipto, en Turquía, en Irán, en Grecia. Pero en todos los casos, las masas se vieron frustradas por la falta del factor subjetivo: un partido y una dirección revolucionarios. Si en Egipto, en el momento del derrocamiento de Mubarak, hubiera existido incluso un pequeño partido revolucionario, la situación hubiera sido diferente.

Recordemos que en febrero de 1917 los bolcheviques contaban con tan sólo 8.000 miembros en un país enorme, principalmente campesino, de 150 millones. Sin embargo, en tan sólo nueve meses se transformaron en un poderoso partido capaz de conducir a los obreros y campesinos a la toma del poder.

Al ingresar en el Año Nuevo, podemos estar seguros de que nuevas posibilidades revolucionarias se presentarán en un país tras otro. Irán muestra que los cambios bruscos y repentinos están implícitos en toda la situación. Debemos estar preparados para aprovechar cada oportunidad para difundir las ideas del marxismo, construir nuestras fuerzas, conectarnos con las masas, comenzando por las capas más avanzadas, y construir las fuerzas del marxismo en todas partes.

En cuanto a los cobardes, los apóstatas y los escépticos que niegan la perspectiva de la revolución, sólo podemos encogernos de hombros y repetir las desafiantes palabras pronunciadas por Galileo Galilei: Eppur si muove [“Y sin embargo se mueve”].

Crece la oposición a la cacería de brujas sobre acoso sexual

por Joseph Kishore //

A medida que avanza la campaña de acusaciones sobre conductas sexuales inapropiadas, queda claro que lo que se está desencadenando es más grande de lo que parecía inicialmente, en el caso del productor de Hollywood, Harvey Weinstein. Ahora que comienza a ceder la primera oleada de la campaña, la oposición está creciendo entre algunos de los acusados.

El anfitrión del canal PBS (Public Broadcasting Service), Tavos Smiley, quien fue suspendido súbitamente el miércoles a raíz de acusaciones anónimas e inespecíficas, emitió una fuerte declaración denunciando a PBS por iniciar una “denominada investigación” sin siquiera contactarlo. Después de que Smiley fue informado al respecto por amigos que lo contactaron preocupados después de que fueran interrogados, amenazó con demandar a la empresa para que le permitan responder a las acusaciones.

“Si tener una relación consensual con una colega hace años es el tipo de cosas que conllevan a esta clase de humillación pública y destrucción personal, que el cielo nos salve”, escribió. “Los investigadores de PBS se rehusaron a tomar en consideración mi documentación personal, se rehusaron a hablar con mi personal actual y se rehusaron a ofrecerme hasta una semblanza de un proceso debido para defenderme contra las acusaciones de fuentes desconocidas”.

“Esto ha ido demasiado lejos”, concluyó. “Y yo, por lo menos, tengo la intención de luchar de vuelta”.

El viernes, ignorando los derechos democráticos de Smiley, Mills Entertainment anunció que estará cancelando su financiamiento para su dramatización teatral en 40 ciudades del último año de vida de Martin Luther King Jr., quien fue él mismo un blanco de una campaña orquestada por el FBI para atacar su conducta sexual como “antinatural” y “anormal”.

Smiley presentó su declaración pocos días después de que el actor australiano, Geoffrey Rush, un blanco de una campaña encabezada por el Daily Telegraph del multimillonario Rupert Murdoch para retratarlo como un “predador sexual”, anunciara que presentará una demanda contra el periódico “para compensar por los insultos, las insinuaciones y las hipérboles que han creado alrededor de mi reputación”. Rush agregó: “La situación es intolerable y tengo que intentar vindicar mi buen nombre en las cortes.”

A pesar de estas señales de oposición, la campaña continúa creciendo e implicando a cada vez más individuos y tipos de acciones. El viernes, la demócrata de Kansas, Andrea Ramsey, se convirtió en la primera mujer en ser acusada y anunció que estará cancelando su candidatura al Congreso. La prensa local reportó que la compañía con la que trabajaba resolvió una demanda presentada por un uno de sus empleados, quien la acusó de despedirlo después de que él rechazara sus avances sexuales. La dirección del Partido Demócrata dejó de respaldarla después de que salieran los reportes de las acusaciones, las cuales Ramsey asevera que son mentiras.

Bajo la categoría general de “acoso sexual”, se está criminalizando y asociando con el pavoroso crimen de una violación a un rango de actividades sumamente amplio, incluyendo aquellas que caben dentro de las relaciones interpersonales normales. El efecto es crear una situación en la que prácticamente cualquier persona puede ser escogida y calumniada con la acusación de “depredación sexual”.

Al mismo tiempo, tales concepciones se están adaptando a ley. A través de una carta enviada la semana pasada al New York Times, Carmelyn Malalis, la presidenta de la Comisión por los Derechos Humanos de la ciudad de Nueva York, se refirió con aprobación a leyes de la ciudad de Nueva York que definen acoso como cualquier acto por encima de “leves ofensas o inconvenientes triviales”. En las palabras de Malalis, esto incluiría, “cualquier comportamiento sexual no deseado, incluyendo comentarios, bromas, gestos, contactos, textos o correos electrónicos sexuales que produzcan un ambiente laboral hostil”.

Esto significa que una palabra o un gesto malinterpretados pueden resultar en un despido o ser puesto en una lista negra. Tal interpretación socava profundamente la protección de la libertad de expresión de la Primera Enmienda de la Constitución de EUA.

Desde que Donald Trump llegó al poder, los demócratas han buscado desviar la oposición popular a su Gobierno detrás de una agenda derechista basada en los intereses de los segmentos dominantes del aparato militar y de inteligencia. Esto es lo que explica la campaña sobre “noticias falsas”, ciberataques rusos y acoso sexual.

Thomas Edsall reconoce en una columna de opinión publicada esta semana, titulada “La política de #HeToo (Él también)”, reconoce que la campaña en marcha está siendo impulsada en gran medida por consideraciones políticas. El hecho de que este artículo aparece en el diario New York Times, el principal portavoz de la cacería de brujas sexual, llama todavía más la atención.

“La problemática de las conductas sexuales inapropiadas se ha convertido en el enfoque de la estrategia demócrata para hacer frente al presidente Trump y al Partido Republicano”, escribe Edsall. “Para los demócratas, quienes han tenido dificultades en encontrar la tracción en sus batallas contra el Gobierno, la explosión de acusaciones ha creado una oportunidad para poner el énfasis en Trump —un proceso reforzado por la debacle de Moore—”. Esto último se refiere a la derrota del republicano de tendencia fascista, Roy Moore, ante el demócrata derechista, Doug Jones, la semana pasada en las elecciones de Alabama para el Senado de EUA.

Este mes, los dirigentes demócratas, incluyendo a la líder de la minoría en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, votaron en contra de una moción para iniciar un proceso de destitución para Trump con base en sus políticas de carácter fascista y racista. No obstante, según otro artículo en el Times, “La Sra. Pelosi ha respaldado fuertemente los pasos para que haya nuevas audiencias relacionadas a las quejas por conducta sexual contra el presidente”.

Edsall cita los comentarios de varios individuos que han planteado claras inquietudes acerca de las implicaciones de la campaña sobre acoso sexual. Emily Yoffe de la revista Politico se preocupa que el “momento increíble” actual se “descarrille si todas las acusaciones se aceptan a punta de fe, y el proceso judicial debido es visto como un impedimento en vez de un requisito y fundamento de la justicia”. Paul Rosenberg advierte en la revista Salon de un “juicio precipitado demócrata, mandando el proceso debido a volar para dotarse con una pose virtuosa que sin duda se verá cada vez más oscura en los años venideros”. Elizabeth Bartholet, una profesora de la Facultad de Derecho de Harvard escribe sobre esta campaña como “otro momento que podremos recordar como un momento caracterizado por la locura y el pánico sexual”.

Sin embargo, Edsall concluye que tales consideraciones no tendrán ningún impacto en las operaciones políticas detrás de la campaña #MeToo en antelación a las elecciones del 2020.

La estrategia del Partido Demócrata hacia el Gobierno de Trump forma parte de un proceso político y social prolongado. Los últimos cuarenta años han visto una concentración extrema de la riqueza. Esto no solo ha involucrado la acumulación de enormes fortunas en manos de los multimillonarios en el país —tres de los cuales ahora controlan más riqueza que la mitad de la población—, sino que hay una brecha cada vez mayor entre el cinco o diez por ciento en la cima, que constituye la clase media-alta, y el 90 por ciento por debajo. Los intereses y las preocupaciones de esta capa superior son distintos y hostiles a los de la clase obrera.

Políticamente, el Partido Demócrata ha cortado todos sus lazos con el reformismo social. Es un partido de Wall Street, el aparato militar y de inteligencia y esta clase media-alta, y se basa en la política de identidad. Esta transición culminó en la campaña de Hillary Clinton, la cual buscó desviar la oposición de masas a la desigualdad social y la guerra a través de la promoción cuestiones de ley y orden como la demanda de una sentencia más draconiana en el caso del estudiante de la Universidad de Stanford, Brock Turner. Esto ha venido acoplado a la calumnia que los trabajadores que no apoyaron la campaña del Partido Demócrata estaban expresando sus “privilegios” blancos o masculinos. Esta reaccionaria estrategia está siendo revivida en el contexto del Gobierno de Trump.

La caza de brujas sexual se está librando contra el trasfondo de amenazas de guerra cada vez mayores que podrían detonar una catástrofe nuclear. Una proporción cada vez más grande de trabajadores y jóvenes enfrentan niveles impactantes de pobreza, incluyendo la falta de un trabajo digno, al mismo tiempo que el Congreso se apresura para imponer una enorme reducción en los impuestos para los ricos. Cada día, 115 trabajadores mueren debido a accidentes y padecimientos ocupacionales. La burguesía está tomando pasos para abolir los derechos democráticos y la libertad de expresión en línea, algo subrayado por la decisión reciente de la Casa Blanca de poner fin a la neutralidad de la red.

Todo esto está siendo ignorado por la campaña sobre acoso sexual. Las divisiones de clase están siendo tapadas por la insistencia en que todas las mujeres, independientemente de sus ingresos, comparten la misma “experiencia” de ser oprimidas por los hombres, quienes disfrutan de los beneficios de los “privilegiados”, especialmente si son blancos.

La campaña de acoso sexual es derechistas, antidemocrática y políticamente reaccionaria. No concierne del todo a los intereses de los trabajadores, sean hombres o mujeres.

La oposición al Gobierno de Trump y a todos los grupos de poder tiene que desarrollarse en forma de un movimiento independiente de la clase obrera que se dirija conscientemente en contra del capitalismo y todos los horrores producto de este sistema.

 

Economía mundial: todo muy bien… Sra. Marquesa

por Eric Toussaint //

“Todo va muy bien, señora marquesa” (Tout va très bien, madame la marquise) 1/ es una canción de 1935 que conoció en Francia un gran éxito en plena crisis. Traducida a numerosas lenguas, esta frase se ha convertido en una expresión proverbial para designar una actitud de ceguera ante una situación desesperada.

Las declaraciones de Mario Draghi, de Jean-Claude Junker, de Donald Trump… hacen pensar en esta canción. Se les puede imaginar participando en el diálogo entre el criado James y la señora marquesa.

La situación del capitalismo ne es desesperada. Lamentablemente, pues nos gustaría enterrar a este sistema mortífero. No obstante, se están reuniendo diferentes ingredientes de una nueva crisis financiera internacional.

A menudo, en víspera de una crisis financiera, todo parece ir bien. Algunas señales son por ejemplo completamente engañosas. El crecimiento económico parece alentador cuando en realidad está fundado en gran medida en una fiebre especulativa en ciertos sectores. Las quiebras son limitadas, los balances de las empresas parecen sólidos. Recordemos las notas triple A concedidas por las agencias de notación a la firma norteamericana Enron en 2000 antes de que la empresa quebrara, dando la señal de partida para la crisis de las punto-com de 2001-2002. Recordemos las notas triple A atribuidas a los productos estructurados ligados al mercado de las subprimes en 2006-2007. Recordemos las declaraciones tranquilizadoras de Alan Greenspan, director de la Reserva Federal de los Estados Unidos entre 1987 y 2006, en vísperas de la crisis de las subprimes. Afirmaba que los riesgos estaban tan bien diseminados en el sistema y tan bien cubiertos por los CDS (Credit Default Swap, especie de seguros contra los riesgos de impagos) que ninguna crisis estaba a la vista. El FMI, en su informe anual de 2007, pretendía que todo estaba tranquilo y que el crecimiento económico era sólido.

La situación en 2017 hace pensar en situaciones de precrisis en las que todo parece estar bajo control y durante las que los dirigentes políticos hacen declaraciones tranquilizadoras. La situación actual se parece de una cierta forma a lo que ocurrió en 1987. Se había conocido un alza fuerte de los mercados bursátiles y una subida importante de las obligaciones de empresas privadas (las obligaciones de empresas, corporate bonds en inglés, son títulos financieros emitidos por las empresas privadas para financiarse, son promesas futuras de reembolsos a cambio de fondos).

Hay sin duda una diferencia importante entre la situación actual y la de hace 30 años: algunos bancos centrales (el Banco de Japón, el BCE, el Banco de Inglaterra…) poseen una parte de las corporate bonds 2/ y es un elemento de estabilidad pues no corren el riesgo de vender catastróficamente en caso de comienzo de pánico en el mercado privado de obligaciones. La FED, por el contrario, no las ha comprado aún. El año pasado, viendo que el mercado de las corporate bonds corría el riesgo de implosionar en el futuro, su directora general anunció que la FED podría eventualmente ponerse a comprar pero no se ha tomado ninguna decisión hasta hoy. Ahora bien, es el mercado americano el más desarrollado y el que corre más riesgos.

Por otra parte, la FED posee una cantidad enorme de productos estructurados que ha comprado para ayudar a los bancos a afrontar las consecuencias de la crisis de 2008. La FED poseía en octubre de 2017, 1770 millardos de dólares de productos estructurados ligados al mercado inmobiliario (Mortage Backed Securities, MBS) 3/. La FED sabe muy bien que, en caso de intentar revender en un próximo futuro estos productos tóxico, correría el riesgo de provocar un hundimiento del valor de los títulos que tendría un efecto en cadena con quiebras como resultado.

MBS en manos de la FED- fuente: Board of Governors of the Federal Reserve System (US), Federal Reserve Bank of St Louis Economic Data


Los factores de la crisis: las deudas privadas en el corazón del problema

En 2017 asistimos a la prosecución de una importante subida de las capitalizaciones bursátiles que comenzó hace varios años. Se trata de una subida en gran medida especulativa estimulada por las recompras de acciones y la política de dinero fácil seguida por los bancos centrales. La burbuja bursátil acabará por estallar.

Asistimos igualmente a una fuerte subida del volumen de las deudas de las grandes empresas privadas (aumento de 7800 millardos de dólares de las deudas de las empresas privadas no financieras entre 2010 y 2017 en los Estados Unidos). Se desarrolla una burbuja especulativaen el mercado de los corporate bonds. Los junk bonds (obligaciones de empresa de alto riesgo) son muy buscadas pues producen un alto rendimiento.

Se añade el relanzamiento de una burbuja del crédito privado al consumo en el sector del automóvil en los Estados Unidos. El volumen de las deudas en el mercado del automóvil de ese país supera los 1200 millardos de dólares, un aumento del 70% desde 2010. El número de impagos ha comenzado a aumentar y ha alcanzado el 7,5% del total. En consecuencia, los grandes bancos que controlan el 30% de ese mercado intentan reducir su exposición a una burbuja que corre el riesgo de estallar 4/.

En los Estados Unidos, la deuda estudiantil ha superado los 1350 millardos de dólares en 2017 y el porcentaje de impagos alcanza a más del 11% 5/. Una burbuja inmobiliaria se ha formado en Canadá 6/. La deuda de las familias en los Estados Unidos ha superado a comienzos de 2017 el nivel que había alcanzado en 2008 antes de la quiebra de Lehman Brothers. El volumen total de la deuda de las familias se acerca a los 13 000 millardos de dólares. Sin embargo, los impagos son inferiores a lo que eran en 2008-2009.

A escala internacional, aunque el discurso dominante afirme que los bancos han saneado profundamente sus cuentas y que están preparadas para afrontar una degradación de la situación, hemos asistido estos últimos cuatro años a la prosecución de los rescates de bancos privados importantes, en particular en Europa (Austria, Portugal, Italia, España…). La solidez de su balance es completamente relativa y sus fondos propios reales no superan en general el 5% e incluso hay grandes bancos por debajo de esa ratio. La legislación está hecha para ayudar a los bancos a ocultar su situación real. Permite a los bancos declarar que alcanzan una ratio del orden del 10 al 12% y así aprobar los stress test que las autoridades de regulación organizan. Uno de los problemas más importantes de los bancos: el aumento de los impagos en su cartera de créditos (lo que se llama los NPL, los non performing loans). La importancia de los NPL lastra la situación de la mayor parte de los bancos italianos y ha provocado la quiebra en España del Banco Popular en mayo de 2017, uno de los principales bancos españoles.

Recordemos que antes de las quiebras de numerosos bancos en 2008-2009, el sector mostraba beneficios elevados. Lo mismo ocurre hoy.

La subida del endeudamiento privado en China es también un factor potencial de crisis. La prensa dominante que atrae la atención de la opinión pública en esta dirección no se equivoca completamente aunque está claro que prefiere desviar la atención de los elementos de crisis que afectan directamente a las economías occidentales.

Del lado de las grandes empresas privadas occidentales, como hemos mostrado en un artículo precedente, el recurso al endeudamiento es masivo. Desarrollan a fondo operaciones estrictamente financieras y especulativas endeudándose.

Por otra parte, a nivel mundial, las empresas del sector de la siderurgia se ven confrontadas a una sobreproducción. Las grandes empresas petroleras mundiales muestran una subida de sus beneficios pero hay que preguntarse si la subida del precio del barril de petróleo a 60 dólares (observada en octubre-noviembre 2017) no está también provocada en parte por una especulación sobre los stocks y compras futuras. El sector del automóvil conoce una sobreproducción aunque las ventas han recuperado un curso ascendente en gran medida favorecido por compras a crédito.

El coste de la protección contra el riesgo ha alcanzado un nivel históricamente muy bajo

Asistimos por parte de las grandes empresas capitalistas a tal apetito por correr riesgos que el coste para protegerse contra la posibilidad de un impago ha alcanzado un nivel extremadamente bajo. Es contrario al principio de precaución pero es completamente normal en la lógica capitalista. Dado que numerosos capitalistas (Apple y otros) buscan comprar títulos financieros de alto riesgo (junk bonds), las empresas frágiles que los emiten pueden proponer rendimientos más bajos que si la demanda de sus títulos fuera escasa. Así, los rendimientos ofrecidos sobre los junk bonds disminuyen, lo que no quiere decir en absoluto que tengan menos riesgos que antes. El precio de esos títulos deseados aumenta, el rendimiento ofrecido baja y el «mercado» considera que el riesgo disminuye, lo que es contrario a la realidad. En los Estados Unidos, en octubre de 2017, una empresa que quería protegerse contra un impago debía pagar un seguro (un Credit Default Swap, CDS) de un montante de 5,44 dólares para cubrir un riesgo de 1000 dólares en títulos financieros de riesgo. En 2008, en el momento de la crisis, había que pagar 27,80 dólares para cubrir el mismo riesgo.

Esto recuerda las triples A concedidas por las agencias de notación a los productos estructurados subprimes justo antes de la crisis.

Es también señal muy clara de una voluntad de asumir riesgos a fin de aumentar los rendimientos a corto plazo. Esta situación de seguridad aparente puede trastocarse rápidamente como nos enseña la historia del capitalismo.

Y en el caso de una crisis mayor, Jean-Claude Junker, Mario Draghi y Donald Trump podrán entonar juntos «Todo va bien, señora marquesa». A menos que seamos nosotras y nosotros quienes les cantemos esa copla.

4/12/2017

http://www.cadtm.org/IMG/jpg/Fed-MBS.jpg

Traducción: Alberto Nadal

Notas

1/ Letra y música de Paul Miskari, publicado en las ediciones Ray Ventura. Se puede ver y oir con subtítulos en español en https://www.youtube.com/watch?v=EEO…

2/ El BCE tenía, en octubre de 2017, 357 millardos de euros de corporate bonds, de los cuales 236 eran covered bonds, es decir, los títulos menos seguros. Fuente consultada el 9 de noviembre de 2017:<href=”#cspp”>https://www.ecb.europa.eu/mopo/impl... El BCE tiene un tercio del mercado europeo de los covered bonds (ver Financial Times del 27/07/2017)</href=”#cspp”>

3/ Fuente consultada el 9 de noviembre de 2017: : https://www.federalreserve.gov/rele…

4/ Financial Times, “US consumer debt pile deters big banks from $1.2tn car-loan market”, 30 mayo 2017.

5/ Federal Reserve Bank of New York

6/ Financial Times, “Canada’s housing rally owes a debt to Europe”, 27 julio 2017

(Foto: Bruce Gilden, USA. New York City. 1990)

El uno por ciento más rico del mundo captura el doble del ingreso de la mitad más pobre

por Niles Niemuth //

El primer Reporte de la Desigualdad Mundial publicado el jueves por los economistas Thomas Piketty, Emmanuel Saez, Gabriel Zucman, Facundo Alvaredo y Lucas Chancel documenta el aumento en la desigualdad global de los ingresos y la riqueza desde 1980.

El estudio cubre hasta el año 2016 y, por lo cual, no incluye el despegue del mercado bursátil del último año, suscitado por la anticipación de recortes fiscales inmensos en Estados Unidos que produzcan otro gran aluvión de ingresos para los ricos.

Uno de los descubrimientos del reporte es que, entre 1980 y el 2016, el uno por ciento más rico de la población mundial capturó el doble de los ingresos de la mitad más pobre, contribuyendo así a un aumento significativo en la desigualdad social.

Participación en el ingreso nacional de Estados Unidos del uno por ciento más rico y el 50 por ciento más pobre (1980-2016)

Los datos muestran que el 0,1 por ciento en la cima tomó la misma tajada del crecimiento de ingresos que la mitad más pobre y que el 0,001 por ciento —solo 76 000 personas— recibió un 4 por ciento del total del aumento de ingresos.

Al mismo tiempo, aquellos en los percentiles 50 a 99 a nivel global, a los que el reporte se refiere como “el 90 por ciento inferior encogido de EUA y Europa Occidental” y que conforman la clase trabajadora de las economías avanzadas, vieron un aumento en sus ingresos anémico.

El estudio se basa en información financiera, incluyendo declaraciones de impuestos, recolectada en la Base de Datos Mundial de Ingresos y Riqueza por más de 100 investigadores en 70 países. Ésta indica que la desigualdad de ingresos ha aumentado o se ha mantenido sin cambios en todos los países.

Además, la concentración de la riqueza en manos del uno por ciento más pudiente ha aumentado en mayor medida en EUA, Rusia y China. La participación en la riqueza del uno por ciento en EUA se disparó del 22 por ciento en 1980 al 39 por ciento. En China, esta cifra subió del 15 al 30 por ciento, mientras que en Rusia pasó del 22 al 43 por ciento.

La participación en la riqueza del uno por ciento entre 1913 y el 2015

En términos de ingresos, el diez por ciento más pudiente recibió el 37 por ciento de los ingresos nacionales en Europa, 41 por ciento en China, 47 por ciento en Estados Unidos-Canadá, 54 por ciento en África subsahariana, 55 por ciento en Brasil e India y 61 por ciento en Oriente Próximo.

Cabe notar que Rusia, cuando formaba parte de la Unión Soviética, tenía el nivel más bajo de desigualdad en 1980. El 10 por ciento de mayores ingresos recogía el 20 por ciento del ingreso total. Pero, después de la disolución de la Unión Soviética en 1990-91, se dio un dramático aumento en la desigualdad. En menos de cinco años, el 10 por ciento en la cima ya recibía el 50 por ciento del ingreso nacional. En Rusia, no solo alcanzó los niveles de desigualdad de Estados Unidos, sino también los que prevalecían hace un siglo bajo el zarismo.

El estudio expone que ha habido una divergencia en los niveles de desigualdad de EUA y Europa desde 1980, cuando el uno por ciento controlaba alrededor del 10 por ciento en ambas regiones. Para el 2016, esta cifra en Europa era del 12 por ciento, pero en EUA se había duplicado al 20 por ciento.

El uno por ciento más rico y la mitad más pobre de EUA han prácticamente cambiado de posición. En 1980, recibían respectivamente el 10 y el 20 por ciento del ingreso nacional. Sin embargo, para el 2016, la tajada de la mitad más pobre pasó a 13 por ciento y del uno por ciento más rico al 20 por ciento.

La participación de ingresos del 10 por ciento alrededor del mundo (1980-2016)

El ingreso anual promedio, ajustado por la inflación, de esta mitad más pobre en EUA ha permanecido en $16 500 por los últimos 40 años. En este mismo periodo, el uno por ciento ha visto su ingreso triplicarse de $430 000 a $1,3 millones.

Los autores del reporte escribieron un artículo de opinión para el Guardian, donde indican que EUA ha vivido un importante auge en la desigualdad de ingresos y riqueza durante las últimas cuatro décadas, alcanzando niveles extremos para una economía avanzada y dando lugar a una “segunda época bañada en oro” (Gilded Age).

Los autores le atribuyen la dramática diferencia entre EUA y Europa a “una tormenta perfecta de cambios políticos radicales” en EUA, donde la desigualdad se ha exacerbado por varios factores, como una caída en la progresividad fiscal, un salario mínimo federa que se ha relegado detrás de la inflación, el decrecimiento de los sindicatos, la desregulación financiera y el acceso cada vez menos igualitario a la educación. Luego, advierten que los recortes fiscales republicanos serán un “turbocargador” para la desigualdad.

Si bien el estudio presenta hallazgos explosivos sobre la desigualdad, la prensa buscó esconderlo, recibiendo un pequeño titular en la sección de negocios del New York Times y siendo publicado al fondo de la página de noticias globales del Guardian. Los vastos y cada vez mayores niveles de desigualdad social alrededor del mundo son precisamente de lo que quieren hablar las clases gobernantes en EUA, Europa e internacionalmente.

La desigualdad social en Estados Unidos está siendo ignorada y encubierta por el sistema político. Los demócratas se han enfocado completamente en cuestiones de sexo y en la campaña antirrusa, mientras que los republicanos se han dedicado a intentar promulgar los recortes fiscales para las empresas y los ricos para antes de fin de año.

No obstante, detrás de la vida oficial, los conflictos de clases se intensifican. El Reporte de la Desigualdad Social devela que las contradicciones del sistema capitalista se están manifestando en todos los países.

En la conclusión de su reporte, los autores se refieren a las políticas que podrían ser adoptadas para revertir el aumento de la desigualdad social, promoviendo la ilusión de que una distribución justa de los recursos puede ser alcanzada dentro del sistema capitalista a través de algunas medidas reformistas y liberales y apelaciones a los Gobiernos capitalistas para que apliquen medidas fiscales más progresivas.

Sin embargo, no existe ninguna facción “reformista” dentro de la clase gobernante. El aumento de la desigualdad en EUA ha sido promovido por demócratas y republicanos con la ayuda y el consentimiento de los sindicatos. En Europa, la burguesía está profundizando sus pasos para alcanzar a EUA con la implementación de “reformas” laborales, la destrucción de los programas sociales y la redistribución de la riqueza de pobres a ricos.

La respuesta de las burguesías a la oposición social no serán reformas, sino represión. Un movimiento contra la desigualdad exige la construcción de un movimiento socialista de la clase obrera internacional con base en un programa socialista, incorporando la apropiación de las riquezas de la oligarquía corporativa y financiera, la transformación de los bancos y las gigantes corporaciones en utilidades públicas controladas democráticamente y la reorganización de la vida económica con base en atender las necesidades sociales.

(Fotografía:  A. Abbas  Sudáfrica. Durban. 1978. The Turf Club. Blacks, white and Indian).

Locura de Bitcoin: el gráfico de la fiebre de una crisis cada vez más profunda

por Nick Beams 

Según el escenario oficial, la economía mundial está disfrutando de su mejor período de crecimiento desde la crisis financiera mundial de 2008-2009, que marcó el comienzo de la peor recesión desde la Gran Depresión de la década de 1930.

Según un informe emitido por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico el mes pasado: “La economía mundial ahora está creciendo a su ritmo más rápido desde 2010, con el repunte cada vez más sincronizado entre los países. Este impulso largamente esperado al crecimiento mundial, respaldado por el estímulo de las políticas, se ve acompañado por sólidas ganancias de empleo, un aumento moderado de la inversión y un aumento en el crecimiento del comercio”.

Hubo un tiempo en que un “rebote” semejante habría generado un aumento de la inversión productiva, acompañado por un crecimiento económico real y salarios y niveles de vida en alza. Esos días, sin embargo, se han ido hace mucho tiempo.

Sintomático de la situación real es el hecho de que la mayor noticia económica y financiera esta semana ha sido el comienzo de la negociación de futuros en la criptomoneda bitcoin. Fue iniciado el domingo por la noche por Cboe Global Markets, un operador de bolsa de futuros con sede en Chicago. La próxima semana, el grupo CME, mucho más grande, comenzará a cotizar en futuros para bitcoin.

Si bien el comercio se describió como relativamente lento, tuvo que detenerse dos veces a medida que los precios subían, lo que provocó interruptores automáticos. Los contratos de enero de 2018 se negociaron a $17.420, en comparación con un precio de $16.250 por comprar bitcoin directamente en los intercambios de criptomonedas. En la última semana, el precio del bitcoin ha aumentado en un 50 por ciento. A comienzos de este año, se estimaba en unos 900 dólares, lo que hizo que en los últimos 11 meses su aumento fuera la mayor burbuja financiera de la historia económica moderna.

Los orígenes de bitcoin se encuentran en el desarrollo de un nuevo mecanismo en 2009 conocido como blockchain por un desconocido japonés llamado Satoshi Nakamoto, o un grupo de programadores de computadoras que usan ese nombre. La nueva tecnología pretende habilitar las transacciones monetarias directas a través de Internet utilizando bitcoins u otras criptomonedas que eludan las monedas nacionales y las autoridades reguladoras financieras.

La tecnología misma, que se basa en un sistema de contabilidad pública en el que la información se almacena simultáneamente en los sistemas informáticos de los participantes en lugar de centralizarse, puede tener aplicaciones más amplias que podrían facilitar transacciones más rápidas, acelerar los flujos de información y rastrear el flujo de bienes y servicios digitalmente.

Pero el aumento de bitcoin desde algo más que una curiosidad en sus primeros años de existencia a su explosión en la prominencia financiera durante el año pasado no tiene nada que ver con los posibles beneficios que puedan derivarse de la tecnología subyacente. Más bien, es la expresión más atroz de la especulación descontrolada que ha llegado a dominar la economía global.

Al informar sobre el establecimiento de operaciones de futuros de bitcoin, el Financial Times dijo que marcó un “momento fundamental para una criptomoneda diseñada como una alternativa al sistema monetario global”. Sin embargo, el efecto principal de la introducción del comercio de futuros no son las implicaciones que puede o no tener para el orden monetario global, pero permite a los principales fondos de cobertura y otros especuladores financieros sacar provecho de su creciente precio y obtener grandes ganancias de sus transacciones.

Inicialmente, bitcoin había sido considerado con cierto escepticismo en los principales círculos financieros. El CEO de JP Morgan Chase, Jamie Dimon, por ejemplo, dijo a principios de este año que despediría a cualquiera que estuviera tratando con él.

Pero como el famoso jefe de Citigroup, Chuck Prince, comentó en 2007 en medio de la especulativa burbuja de las hipotecas de alto riesgo, cuando la música suena, tienes que levantarte y bailar. Y la apertura de la negociación de futuros ofrece oportunidades para la entrada de grandes cantidades de dinero en esta última forma de especulación.

La manía de bitcoin forma parte de un desarrollo mucho más amplio en el sistema financiero mundial desde la crisis financiera de 2008-2009. La respuesta de la Reserva Federal y otros bancos centrales ante el colapso de la burbuja especulativa de hipotecas de alto riesgo y el colapso del sistema financiero mundial fue primero para rescatar a los bancos y casas de inversión y luego bombear billones de dólares y establecer tasas de interés en mínimos históricos récord para financiar el próximo.

El resultado ha sido subir los precios de los activos, los precios de las acciones y, en algunas áreas, la vivienda, a nuevos máximos, superando por completo el crecimiento muy limitado en la economía real subyacente.

Como señaló el comentarista del Financial Times, John Authers: “Las acciones parecen descaradamente sobrevaloradas. Los bonos se ven aún más. El arte nunca ha alcanzado precios tan altos. El bitcoin es solo un apéndice absurdo de lo que ya es una ‘burbuja en todo’”.

Uno de los principales factores para mantener la burbuja ha sido la promesa de grandes recortes corporativos y de impuestos a la renta para los ultra-ricos en los Estados Unidos, con la legislación de la administración Trump ahora en las últimas etapas de aprobación del Congreso.

Desde la elección de Trump, los precios de las acciones estadounidenses han aumentado en un 25 por ciento, llevando el aumento en el mercado a más de 350 por ciento desde su mínimo en marzo de 2009. Los recortes de impuestos no harán nada para promover la inversión en la economía real y el crecimiento económico. Están destinadas a proporcionar aún más fondos para la especulación, mientras que al mismo tiempo conduce a nuevos recortes en el gasto social para financiar la operación.

Apple es un buen ejemplo. Se ha calculado que, como resultado de la reducción de las tasas impositivas sobre los $250 mil millones en efectivo que posee en el extranjero, ganará unos $47 mil millones, más que el beneficio anual de una sola corporación estadounidense. Nada de este dinero se destinará a la inversión, sino que se utilizará para la “ingeniería financiera”, como las recompras de acciones, para aumentar aún más el valor de sus acciones, ya que se dirige a una valoración de mercado de $1 billón.

Escribiendo en el Financial Times y el Washington Post, el ex Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Lawrence Summers, dijo que la economía de los Estados Unidos estaba en un “nivel alto de azúcar”.

Señaló que el crecimiento económico de este año ha sido impulsado por un repunte bursátil que ha visto un aumento de más de $6 billones en riqueza de los hogares “capturados por una pequeña porción de la población”.

A pesar de que los costes del capital se hayan reducido, el crecimiento de la productividad ha sido muy lento y “las empresas innovadoras como Apple y Google no son inversiones de alto rendimiento y optan por participar en grandes recompras de acciones en escala”.

La implicación del diagnóstico de “azúcar elevado” de Summers es que los EUA y, por extensión, la economía mundial, se dirigen hacia un colapso.

Summers no extrajo explícitamente esa conclusión, emitiendo en su lugar un llamado vacío a “una nueva base económica que necesitamos desesperadamente”, pero el frenesí de bitcoin es la indicación más clara de que se están creando todas las condiciones para un debacle financiero masivo.

El reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel por parte de Trump genera ira y protestas

por Bill Van Auken //

Cambiando drásticamente el rumbo de siete décadas de política estadounidense hacia el Medio Oriente, el presidente Donald Trump dio un discurso el miércoles en la Casa Blanca en el que reconocía a Jerusalén como la capital de Israel y prometía que los EUA empezarían preparativos para mudar su embajada allí desde Tel Aviv, pasando a ser el primer país del mundo que lo haga.

La decisión fue recibida con una condena casi universal, de aliados de Washington y de sus enemigos por igual, junto con manifestaciones de palestinos en los territorios ocupados por Israel de la Franja de Gaza y Cisjordania, así como en otras partes del Medio Oriente.

En un discurso de 12 minutos, Trump arrojó la decisión como un “nuevo enfoque al conflicto entre Israel y los palestinos” y “un paso que había que dar hace mucho tiempo para promover el proceso de paz”.

En realidad, la medida representa una luz verde al gobierno israelí de extrema derecha del primer ministro Benjamin Netanyahu para acelerar la expansión y la creación de nuevos asentamientos sionistas e intensificar la limpieza étnica de palestinos de Jerusalén Este.

Al mismo tiempo, el presidente estadounidense se puso a auto-exaltarse como siempre, diciendo que aunque presidentes anteriores habían prometido mudar la embajada, “no lo habían cumplido”. Sugiriendo que el asunto era una falta de “valentía”, proclamó, “Hoy, estoy cumpliendo”.

Durante su campaña electoral de 2016, Trump prometió ser el “presidente más pro-israelí” de la historia estadounidense y mudar la embajada a Jerusalén. Esto era parte de una medida calculada para ganarse el apoyo de los cristianos evangelistas de derechas así como los mucho menos numerosos, pero financieramente críticos, del sector sionista de derechas, especialmente el multimillonario de los casinos Sheldon Adelson, quien donó unos $25 millones a la campaña de Trump.

Bajo condiciones en las que su administración está en una crisis cada vez más profunda, y el índice de aprobación pública de Trump está bajando hasta alcanzar niveles récord, el anuncio sobre Jerusalén, aunque amenaza con desencadenar una nueva oleada de derramamiento de sangre en el Medio Oriente y potencialmente más allá de la región, le brindó una manera barata de solidificar su “base”.

Se informó de que tanto su Secretario de Estado Rex Tillerson como el Secretario de Defensa General James Mattis se opusieron a la decisión. La acción de Trump, sin embargo, no fue meramente —como se está informando de manera generalizada, particularmente en Europa— un acto de irresponsabilidad o incluso locura. Más bien, tiene que ver con objetivos más amplios del imperialismo estadounidense para intensificar su intervención militar en el Medio Oriente, particularmente para retrotraer el aumento de la influencia iraní tras las sucesivas debacles sufridas por Washington en Irak, Libia y Siria.

Formalmente, Trump ha basado su cambio acerca de Jerusalén en una ley promulgada en 1995, la llamada Ley de la Embajada en Jerusalén, que fue aprobada con un apoyo bipartidista abrumador. Se incluía, sin embargo, en la ley, una exención que permite al presidente de los EUA postergar la mudanza de la embajada estadounidense por motivos de seguridad nacional. Cada presidente estadounidense desde Bill Clinton —incluyendo a Trump, hasta ahora— venía invocando esta exención cada seis meses tal como requiere la ley.

La decisión de Trump fue elogiada por destacados miembros de los dos partidos del Congreso. “Jerusalén ha sido, y siempre será, la capital eterna e indivisa del Estado de Israel”, dijo el presidente de la cámara, el republicano Paul Ryan en una declaración.

El principal demócrata del comité de relaciones exteriores del Senado, Ben Cardin de Maryland, respondió, “Jerusalén es la capital del Estado de Israel y la localización de la embajada estadounidense debería reflejar este hecho”. Aunque algunos demócratas expresaron reservas sobre lo oportuno del momento de la decisión de Trump, estas fueron minadas por el hecho de que apenas en junio el Senado estadounisense aprobó, sin un solo voto en contra, una resolución que reafirmaba la exigencia de mudar la embajada a Jerusalén.

Esta política bipartidista representa un repudio brutal de la ley internacional, respaldando la anexión ilegal de territorios por parte de Israel, incluyendo la mayor parte de la actual ciudad de Jerusalén, que ocupó militarmente durante la guerra árabe-israelí de 1967. Tales anexiones fueron declaradas ilegales bajo las Convenciones de Ginebra promulgadas tras la Segunda Guerra Mundial para impedir la repetición de acciones similares llevadas a cabo por el régimen nazi de Alemania.

Miles de palestinos protestaron en Gaza el miércoles adelantándose al discurso de Trump. Se informó también de protestas en escuelas en Cisjordania. El miércoles por la noche, grandes cantidades de jóvenes palestinos se volcaron a las calles de la capital jordana, Amán, uno de los mayores centros de refugiados palestinos. Coreando “¡Abajo Estados Unidos! ¡Estados Unidos es la madre del terror!” exigían a la monarquía hachemita del rey Abdullah que rompa su tratado de paz con Israel. Los palestinos también tomaron las calles en diferentes partes del Líbano. Varios centenares de manifestantes se congregaron también fuera del consulado estadounidense en Estambul, tirando monedas y otros objetos al edificio.

Organizaciones palestinas han hecho un llamamiento a tres “Días de Ira”, culminando el viernes, cuando se celebran servicios religiosos musulmanes. Intentos por parte de las fuerzas de seguridad israelíes de impedir el acceso de palestinos a la mezquita de al-Aqsa en Jerusalén han servido repetidamente para provocar enfrentamientos violentos. En 2000, una visita a ese sitio por parte del entonces primer ministro Ariel Sharon provocó una intifada, o levantamiento palestino, y también se encendió la violencia en 2015 a causa de intentos de colonos sionistas de derechas de atacar el lugar sagrado musulmán.

La reacción de Trump fue rotundamente condenada tanto por regímenes árabes como por los aliados de antaño de Washington en Europa occidental.

Una de las reacciones más elocuentes fue la del Ministro de Exteriores alemán Sigmar Gabriel, quien en vísperas del anuncio dijo que la decisión de Trump era un indicador de por qué la alianza entre Washington y Europa había empezado a “venirse abajo”. Añadió que la determinación del estatus de Jerusalén tenía que ser el producto de “negociaciones directas entre ambas partes” y que “Todo lo que empeora la crisis es contraproducente”. La decisión de Trump ha sido invocada por el establishment gobernante alemán para promocionar el rearme del país y la persecución más agresiva de sus intereses de gran potencia en la escena mundial.

Desafiada en el Parlamento en relación con la decisión de Trump, la Primera Ministra británica Theresa May la describió como “poco constructiva” y prometió hablar con el presidente estadounidense sobre el asunto. El presidente francés Emmanuel Macron tildó la decisión estadounidense de “lamentable”. Ambos reiteraron la posición de que el estatus de Jerusalén solo podría ser zanjado mediante negociaciones entre los israelíes y los palestinos.

La principal preocupación tanto de las potencias europeas, los regímenes árabes y la Autoridad Palestina basada en Ramallah es que la decisión de Trump ha tirado de la última alfombra de debajo del supuesto “proceso de paz”, una ficción diplomática que está cojeando desde hace más de un cuarto de siglo mientras el régimen israelí expandía con firmeza su sujeción de los territorios palestinos ocupados.

La perspectiva de una “solución de dos Estados”, que Trump dijo que los EUA apoyarían “si es acordada por ambos bandos”, ya ha sido rechazada por las capas gobernantes del gobierno israelí y se ha vuelto irrealizable por la continua transgresión y división de la tierra palestina que la han llevado a ser una colcha de retazos de territorios no contiguos. Esto solo ha sido también confirmado por el reconocimiento de Jerusalén como la capital de Israel, negando la exigencia palestina de que la misma ciudad fuera la capital de algún Estado palestino.

Los regímenes burgueses árabes, monárquicos, autocráticos y dictatoriales, todos los cuales han sido consultados de antemano por parte de la administración de Trump, lanzaron su condena pro forma al reconocimiento de Jerusalén como la capital de Israel.

El dictador egipcio, Gen. Abdel Fattah el-Sisi, advirtió de que las decisiones de Trump “socavarían las posibilidades de paz en el Medio Oriente”.

De manera semejante, el rey saudita Salman declaró que el cambio sobre Jerusalén “dañaría las negociaciones de paz y aumentarían las tensiones en la región”.

Según muchas noticias en los medios, sin embargo, Mohammed bin Salman, el príncipe heredero saudí quien en breve será rey, convocó al jefe de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas a Riad el mes pasado para informarle de las condiciones de Trump y ordenarle aceptarlas o someterse a la interrupción de la financiación saudí.

Siguiendo al discurso de Trump, Abbas emitió una respuesta grabada previamente advirtiendo de que, como resultado de las medidas del presidente estadounidense, “los grupos extremistas que intentan transformar el conflicto en nuestra región en una guerra religiosa que arrastrará a la región … hacia conflictos internacionales y guerras interminables.”

Al dirigente de la Autoridad Palestina, que hace de fuerza de seguridad adjunta para la ocupación israelí y de medio de enriquecimiento para una delgada capa de la burguesía palestina, le preocupa que el que la administración de Trump ponga fin a cualquier pretensión de que los asuntos esenciales en relación con el conflicto palestino-israelí serán dejados a la negociación, hará su posición insostenible.

Este llamamiento patético no encontrará simpatía en Washington. La perspectiva de que la provocación acerca de Jerusalén alimentará el terrorismo islamista ya está sin duda gestionada en los cálculos de Washington. Los atentados terroristas sirven como pretextos útiles para la guerra en el extranjero y represión en casa.

Al mismo tiempo, la administración de Trump claramente está calculando que Arabia Saudí, las otras monarquías petroleras del Golfo y los regímenes autocráticos suníes de la región no dejarán que ninguna preocupación por la suerte de los palestinos interfiera con su determinación de cimentar un eje anti-iraní junto con los EUA e Israel.

El primer ministro israelí Netanyahu transmitió su propia declaración grabada saludando la medida tomada por los Estados Unidos para reconocer a Jerusalén como la capital de Israel como “histórica” y elogiando a Trump por su “valiente decisión”.

La realidad, sin embargo, es que este reconocimiento representa un clavo más en el ataúd de la llamada “solución de los dos Estados”, disipando más cualquier ilusión que pudiera quedar en que el fin de la opresión de las masas palestinas se encontrará mediante acuerdos diplomáticos y negociaciones entre el imperialismo y los regímenes burgueses árabes. La única alternativa que queda es la de la lucha revolucionaria, que una a los trabajadores árabes y judíos en una lucha común por una solución socialista a los azotes de la guerra, la desigualdad y la explotación producida por el sistema capitalista.

Cuento de Agustín Torralba: “Bessie Emperatriz”

VENDRÁN CUATRO GATOS

I

La noche que Bessie nació una lluvia de meteoros surcaba los cielos del Sur de Francia, dejando platinotipias de galaxias remotas y estelas de estrellas fugaces apagadas hace millones de años. Quedaron en la piel de las uvas de la campiña de Avignon, en las piedras cansadas de sus puentes y en la retina de los búhos de ascendencia normanda. Dvorak andaba componiendo la Sinfonía del Nuevo Mundo. Y en Samoa, en la flor de la vida, Robert Louis Stevenson se sumergió en las aguas del Mar de Coral, rumbo al Trópico de Capricornio, para nunca jamás volver.

Quienes la oyeron lo saben, su voz exhalaba el vapor de todas las tristezas. La primera vez que tomó conciencia de sí misma estaba tirada en mitad de la calle embarrada. Intentaba hacerse con el recortable del valeroso capitán Grant impreso en el reverso de un paquete de arroz vacío. Lo cortaba con un fragmento de hoja de sierra oxidado, tarareando para sí una ancestral melodía de las tribus Aradas de África. Hambrienta y sucia, su carita de tres años y sus gestos de niña sin futuro traslucían la inseguridad y el miedo de quienes han sido educados a gritos, corregidos a golpes. En uno de sus viajes, mientras tomaban un trago en el vagón restaurante, Huxley le dijo: “Lo mejor de la escuela eran las ventanas”. Ella no supo qué responder, ni entonces, ni nunca.

La calle fue siempre su medio. Cuando entendió que el mundo no acababa en su barrio quiso descubrir el resto del decorado y se fue con las manos a la espalda, dando pequeños saltos de negrita, a recorrer la city. Era invisible entre el séquito de los músicos callejeros que al finalizar el pasacalles, con una mirada de ternura, siempre extendían su mano ofreciendo unas monedas y pellizcándole los mofletes. Ella ponía rumbo a su casa con un hormigueo en el estómago, esquivando los charcos donde se ahogaban las nubes sobre un fondo turquesa; los postes del tendido eléctrico y sus combados cables; y el hocico negro y redondo de los perros que perturbaban el agua con finas olas de mares diminutos. Bessie, miraba un cielo surcado por fugaces pájaros prestos a recogerse. Soñaba pianos y terciopelos con una inexplicable alegría en el corazón. Ajena por completo a cualquier péndulo. Tenía toda una vida por delante. Al llegar a su casa los ilusorios aplausos que le habían acompañado durante el trayecto enmudecían y los focos soñados de su éxito se apagaban. Blasfemias y mugre al otro lado de la puerta.

Pero hay talentos que no pueden dejarse ir por el sumidero de la inadvertencia. Aquella voz era un río quejumbroso y en sus aguas viajaban, como partículas en suspensión, el silbido de los látigos; la tropelía de los mercados de esclavos; el grito de los niños de color mutilados por las trilladoras; y ese llantito de viejo olvidado en el asilo con el que plañen los humillados. Como una pianola por los rincones de América con el rollo del alma en vilo de las madres negras, así era su voz.

Ma Reiny le mostró cómo habían de subirse las escaleras de un buen blues. “Mucho trabajo, pocas ganancias. Primer peldaño. En el segundo es más o menos igual que en el primero o que en el séptimo y así hasta llegar a la nubes, mi niña. Eso sí, no olvides cantar como si parieras todo el tormento de los hombres”.

Sin embargo, nada le dijo de los perros de caza que aguardan expectantes en el fondo de las botellas. Nada le dijo de aquel penúltimo peldaño, el de los pianos desdentados y las notas rotas, el de los pentagramas torcidos y las trompetas sin pulmones, nada del frío y la náusea de los amores sin amor. Tampoco le habló de cuán cambiantes eran las nubes a las iba a dirigirse.

Bessie se despidió de la robusta columna de agua que sostiene el firmamento. Cruzó el enorme puente azul sobre el Tennesse con un desportillado maletón cargado de miedos, estolas y lentejuelas. Se fue. La factoría de Candler producía sin descanso una negra medicina que vendía en los comercios a cinco centavos de dólar la botella.

 

II

Cuando pisó por primera vez el camino de baldosas amarillas de la Gran Manzana, un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Escuchó con erótica complacencia el jadeo de los fajadores del puerto, inmunes ya a los ahogados, y la saña de sus garfios penetrando los abultados vientres de pita de los costales. Percibió el hedor de los aceites refritos de los restaurantes y de las cafeterías. Vio el apresuramiento de los trajes y nada, nada en los ojos de aquella riada de gente que la vapuleaba en la acera de la enésima avenida, tan de mañana. Oyó la locura de cinco millones de minuteros desacompasados en los apartamentos sin ventanas y el grito de las parturientas asistidas por matronas con modales de camionero. Colonias de cucarachas atascaban las tuberías. Contempló una ciudad de exconvictos que se deleitaba con el borboteo de las zarpas de los osos cociéndose en las perolas como tarántulas panza arriba, sedientos de tradiciones con las que imprimir grandeza a la levedad de su historia. Bajo sus pies, pudo sentir la huída sísmica de mitológicos reptiles ciegos, que a tientas buscaban el sol. Intimidada por los edificios, llenó sus pulmones con aquel aire tan rico en metales pesados y pensó: “¡Dios mío, esto es un cementerio!”. Ningún pájaro salió a volar esa mañana.

Qué no habría en su voz para que incluso tamaña chusma de expoliadores de acres y asesinos de indios recibiese la patada en el corazón de aquel lamento. Hicieron un alto en sus insalubres vidas para agolparse en las distribuidoras de Columbia y adquirir uno de esos discos nuevos de doble cara donde la voz de Bessie dormía a la espera de que el pinchazo doméstico de una aguja la despertase.

Su vida se llenó de glamour efímero, caprichos caros y fiestas coloreadas por canallas diestros en licuar la suerte ajena, bebérsela y hasta tirarla, inservible ya, en el despreciable ritual del engaño. Cuerpos de hombres y mujeres con los que retozaría ante la mirada desencantada del mobiliario de las más variopintas estancias. Ningún rastro de amor quedó en ellas porque no lo hubo, porque ni los efluvios más íntimos ni la desmesura de los gemidos ni lo concurrido de la alcoba podrían siquiera invocarlo. Era la insomne orgía de la soledad.

Pero Bessie era buena. Corría siempre con la cuenta. Era una negra generosa con un desastre por infancia, que arrastraba el frío atrasado de muchos inviernos. Pagaba como nadie por que le susurrasen al oído dulces mentiras que habría deseado fuesen ciertas. La Gran Bessie era una frágil niña de tres años en mitad de la calle embarrada que pasó su vida mendigando cariño, viendo el cielo reflejado en los charcos… sufriendo por aquel caracol tierno y despistado que crepitó bajo su pie la tarde irrepetible y única en la que ambos descubrieron el arco iris.

 

III

Estaban rumiando dólares a dos carrillos en torno a la imponente mesa del capitalismo, sudando grasa de caballo, supurando la usura que les llevó a enriquecerse con la devastación de la Primera Gran Guerra. Pero aquel jueves no tenía buenas noticias para ellos ni para nadie. Por una vez en su historia Wall Street fue imparcial. “¡Ruina para todos!” gritó su espectro. Y quitó el seguro a las pistolas dormidas en los cajones de las casas y los despachos, trastornó el paso a nivel de los trenes, abrió con sus dedos famélicos las ventanas de los últimos pisos de todos los rascacielos. Un aquelarre de sirenas desdentadas llamaba a los hombres a las cornisas de los puentes desde los lodos podridos del Hudson. La desesperación hizo el resto.

Las terribles leyes de mercado dieron el tiro de gracia a la Edad Dorada del blues. Atrás quedaban las elegantes salas de baile, puertas cerradas de un tiempo mejor. Era la hora de los antros y las destilerías clandestinas, de los sótanos y los cuchitriles infectos donde el viejo blues, más demacrado que nunca, sollozaba para nadie.

Con Louis Armstrong

Bessie estuvo allí. Anduvo torpemente los desórdenes y la halitosis de las últimas resacas, los escombros de una época que poco a poco dejaba de pertenecerle. Y aún seguía allí cuando vio desde los bajos fondos de su delirium tremens la huida en procesión de los banjos buscando porches donde mecerse junto a enormes jarras de zarzaparrilla. Arpas melancólicas, contrabajos que miraban de soslayo embutidos en capas españolas, clavecines arrastrando penumbras y paredes de casas blasonadas, guitarras que veían el mundo por un ojo de cíclope, violonchelos gestando camadas de violines, pianos engreídos que hacían resonar deliberadamente sus cascos contra el asfalto. Y por el aire huían enjambres de armónicas con alitas de colibrí, el si bemol de las trompetas vestidas de blanco y pajarita granate en el zepelín de la última glorieta de Central Park. La tuba más vieja calentando el aire de aquel globo cargado de nibelungos agazapados por el vértigo. Bessie vio también un corro ingrávido de trompas, cuernos y caracolas buscando el mar por los cielos. Y a pie de calle, rezagado, picoteando colillas, con su enorme trasero de pavo de pascua, iba el trombón. Las percusiones pasaron en el remolque de un vehículo del ejército, diciendo adiós con esos ridículos barquitos de papel en la cabeza, camino de alguna nueva ofensiva.

IV

Bessie vivía afectada por ese desánimo que aborda a los artistas cuando las actuaciones se espacian y el caché baja sensiblemente. La noche de la tragedia acudía sin demasiado entusiasmo a un pequeño club de una población emergente en el estado de Memphis. Llovía a mares. Hacía cinco días que el verano dijo adiós ante la irrupción de un otoño que se anunciaba severo. Cuando salió de su casa y vio la manta de agua que estaba cayendo pensó: “Vendrán cuatro gatos”. Se inclinó un poco para abrir el paraguas y sus ojos repararon en el barro que salpicaba el aloe de su pequeño jardín. No iba a ser su noche.

El coche en marcha de su acompañante la esperaba fuera con los faros encendidos y los parabrisas trabajando a toda máquina. Abrió la puerta y percibió la cálida atmósfera del interior: humo de cigarrillo y ritmo de swing de alguna emisora de radio cercana. Lanzó al asiento de atrás su pequeña bolsa de viaje y puso el paraguas a escurrir sobre los esterillos. Se trataba de uno de esos coches de gama media al que sus altos y finos neumáticos conferían una vulnerabilidad de velociclo de Michaux. Pero en una tarde como aquella era el mejor refugio que dos negros del Sur podían soñar. Fuera, el viento en los árboles y la lluvia gris del firmamento invitaban al recuerdo. Bessie estaba triste. Al bajar la ventanilla el olor a tierra mojada se mezclaba con el del brezo y la caléndula. Habían llegado al cruce de caminos donde Robert Johnson vendió su alma al diablo por un puñado de canciones. Luego vino aquel frenazo. El coche del revés con sus ruedas girando en el aire…

Sombreros de copa, y una austera liturgia de saxofón, tomaron las calles al día siguiente. La noche cayó azul.

 

Cuento extraído del libro de relatos Náufragos del Rock and Roll

EEUU: Un año desde la elección de Donald Trump

por Patrick Martin//

Hace un año, el 8 de noviembre del 2016, el candidato republicano Donald Trump ganó las elecciones presidenciales de EUA. A pesar de perder el balotaje popular a nivel nacional por casi tres millones de votos, Trump derrotó a la candidata demócrata, Hillary Clinton, en el colegio electoral gracias a victorias estrechas en los estados industriales de Michigan, Wisconsin y Pensilvania.

El World Socialist Web Site publicó un análisis marxista de la Victoria de Trump horas después de que se contaran los votos. Escribimos:

La victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos es un terremoto político que ha expuesto ante el mundo entero la crisis terminal de la democracia estadounidense. La degeneración del gobierno burgués es tal que ha elevado a un charlatán obsceno y millonario demagogo al cargo más alto del país.

Sin importar las frases conciliadoras que pueda emitir en los próximos días, el presidente Trump dirigirá un gobierno de guerra de clases, chovinismo nacional, militarismo y violencia policiaca del Estado…

Bajo Trump, Estados Unidos no será “grande de nuevo”. Será aplastado hasta el suelo.

Los eventos tumultuosos de los últimos doce meses han confirmado plenamente esta evaluación. Trump seleccionó un gabinete de multimillonarios, generales e ideólogos ultraderechistas. Su principal meta a nivel doméstico ha sido enriquecer a su propia clase de parásitos pudientes a través de la desregulación y un recorte de impuestos para la élite empresarial estadounidense. Se empeñó en crear una base de apoyo para el autoritarismo, apelando a la policía, al ejército, a la Patrulla Fronteriza, al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) y a fascistas como los que se manifestaron con antorchas y realizaron disturbios en Charlottesville, Virginia. Al mismo tiempo, Trump avanzó una política exterior basada en el militarismo y en la amenaza de una guerra nuclear.

La prensa corporativa y los políticos demócratas han tratado a Trump como si representase un desvío de la norma de la política capitalista. Sin embargo, lejos de ser una aberración, su presidencia es el producto de ciertas tendencias que han continuado por décadas, principalmente el crecimiento colosal de la desigualdad social y económica y los 25 de guerras prácticamente ininterrumpidas. Estos dos hitos del capitalismo estadounidense y su sistema político bipartidista son incompatibles con la conservación de formas democráticas de gobierno.

Estados Unidos es una oligarquía, cuyo poder realmente lo maneja una camarilla de multimillonarios, oficiales de inteligencia y generales. Trump es un representante de estas fuerzas reaccionarias.

Ambos procesos —el rápido aumento de la desigualdad social y de un militarismo descontrolado— son característicos del capitalismo global en su totalidad. A pesar de no estar limitados a EUA, quizás encuentran su expresión más grotesca y destructiva en Wall Street y Washington.

Trump es parte de un proceso internacional. Los demagogos de extrema derecha han recibido mayores dividendos políticos gracias a la peor crisis económica del capitalismo desde los años treinta. Alternativa para Alemania, Le Pen en Francia, los partidos ultraderechistas en Austria, Holanda, República Checa e Italia, el protagonismo de UKIP en el voto de la salida británica de la Unión Europea son todos fenómenos de un carácter similar.

La aparente paradoja de la crisis capitalista es que haya fortalecido a la derecha y no a la izquierda nominal dentro del espectro de la política burguesa. Es crítico entenderla en términos de clase. Los partidos “izquierdistas” oficiales, llámense socialdemócratas, laboristas o el Partido Demócrata en EUA, le dieron la espalda desde hace mucho tiempo a todas las preocupaciones de la población trabajadora, adoptando en cambio políticas austeras que benefician a la élite financiera. Esto creó un enorme vacío político que ha sido ocupado inicialmente por elementos ultraderechistas y semifascistas por medio de demagogia populista dirigida a las reclamaciones por la caída en los niveles de vida y la pérdida de empleos decentes y de tiempo completo.

Las elecciones estadounidenses del 2016 registraron una desafección y un enojo masivos hacia todos los grupos de poder establecidos, expresados en el auge de candidatos “insurgentes” tanto en el Partido Republicano como el Partido Demócrata. Alrededor de 13 millones de personas, principalmente jóvenes y trabajadores, votaron por Bernie Sanders en las primarias demócratas porque Sanders se hacía llamar socialista y se autoproclamó el líder de una “revolución política” contra la “clase multimillonaria”. Su papel fue el de canalizar el descontento social de masas de vuelta hacia el callejón sin salida del Partido Demócrata, concluyendo su maniobra dándole su apoyo a Hillary Clinton.

Trump logró el apoyo de secciones de trabajadores devastadas por décadas de cierres de plantas y despidos masivos. Lo hizo presentándose como el líder de la oposición a los grupos de poder, explotando así el rechazo y la desilusión que resultó de la Administración Obama, la cual presidió la mayor transferencia de riqueza de los trabajadores a los ricos en la historia del país y escaló la agresión militar estadounidense en el exterior.

Clinton hizo campaña como la continuadora de Obama, la candidata del statu quo, permitiéndole a Trump beneficiarse del descontento de masas. El deseo de un cambio no pudo encontrar ningún canal progresista dentro de la camisa de fuerza del sistema bipartidista controlado por las corporaciones.

Este descontento, a su vez, se ha visto alimentado por el registro de Trump desde que llegó al poder. Su inauguración tuvo la bienvenida de las protestas más grandes en la historia de EUA, sucediendo en prácticamente todas las ciudades grandes del país. Cientos de miles se han opuesto a los ataques de Trump contra los inmigrantes, sus decretos mordaza contra los científicos ambientales, sus amenazas contra los programas sociales, incluyendo el cuidado de salud, y su apoyo abierto a racistas y fascistas. Las encuestas de opinión lo colocan como el presidente con la menor aprobación en su primer año en la historia moderna.

A cada paso, los demócratas se han dedicado a desviar la oposición a Trump detrás de demandas derechistas y militaristas, utilizando acusaciones falsas de injerencia rusa en las elecciones del 2016 para empujar al Gobierno hacia la adopción de una política más beligerante hacia Moscú y para demandar la censura del Internet a fin de suprimir toda expresión de disentimiento político.

Un año después de las elecciones, los dos partidos políticos que comparten y se alternan el poder en EUA se encuentran en crisis profundas. Varios senadores republicanos denuncian a Trump, llamándolo una amenaza para la democracia, mientras que los aliados de tendencia fascista de Trump como Stephen Bannon atacan de vuelta a la cúpula establecida del partido y se asocian con los actos de violencia perpetrados por supremacistas blancos y neonazis. El Partido Demócrata, por su parte, se encuentra dividido por conflictos entre sus facciones pro-Clinton y pro-Sanders. A fin de cuentas, ambos partidos son ampliamente odiados por los trabajadores por ser herramientas para los intereses corporativos.

Todo el espectro político burgués se ha trasladado drásticamente hacia la derecha en todos los mayores países capitalistas. Sin embargo, los sentimientos de las masas de trabajadores y jóvenes se mueven en la dirección contraria, hacia la izquierda. En mayo, la mayoría de la población entre los 18 y 35 años encuestada por la Unión Europea de Radiodifusión respondió que participaría en un “levantamiento de gran escala” contra el statu quo. En octubre, una encuesta similar en Estados Unidos encontró que más jóvenes estadounidenses apoyan al socialismo y comunismo que al capitalismo.

El sistema de lucro es incapaz de proveer empleos bien remunerados para la clase trabajadora ni servicios públicos decentes. Al contrario, va dirigido a atacar los derechos democráticos y engendrar sangrientas guerras regionales y, en última instancia, globales. Cientos de millones de personas ya perciben el conflicto entre la élite financiera mundial y sus propios intereses de clase. Conforme se recrudece la crisis, tendrán que volverse políticamente conscientes acerca de esta batalla y lucharla.

El día después de la elección de Trump, el World Socialist Web Site declaró: “El próximo periodo será uno de choque, indignación y luchas cada vez más amargas”.

La experiencia de este último año confirma lo acertado que fue esta predicción. La cuestión central que surge a partir de esta crisis política es la construcción de una dirección revolucionaria nueva de la clase obrera, en EUA y en todos los otros países, con líderes dedicados a desarrollar una lucha de masas por una perspectiva socialista e internacionalista.

 

EEUU: La burocracia sindical de AFL-CIO aliada de Trump

por Trévon Austin//

Del 22 al 25 de octubre, la Federación Estadounidense del Trabajo-Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO) celebró su convención cuatrienal en St. Louis, Missouri.

La reunión de los muy bien pagados ejecutivos sindicales pasó mayormente desapercibida para los trabajadores estadounidenses, que no miran a esas organizaciones, las cuales hace mucho tiempo abandonaron cualquier defensa de sus intereses y han perdido millones de miembros. El porcentaje de trabajadores en los sindicatos ha bajado a solo el 10,4 por ciento, comparado con el 20,1 por ciento en 1983 y el 32,5 por ciento en 1953.

En la medida en que la AFL-CIO juega algún papel significativo, este es apoyar al Partido Demócrata y promover los objetivos de la política doméstica y exterior del imperialismo estadounidense. Lejos de oponerse al ataque corporativo a la clase trabajadora, los sindicatos han pasado las últimas cuatro décadas suprimiendo la lucha de clases y reduciendo los estándares de vida de los trabajadores en nombre de hacer competitivo globalmente al capitalismo estadounidense.

Las principales figuras de la AFL-CIO, incluyendo al presidente Richard Trumka, tienen amplios antecedentes de traición a las luchas obreras y de confabular con la patronal para reducir la participación de los ingresos nacionales que va a los trabajadores. Durante los ocho años de la administración de Obama, los sindicatos limitaron el número de huelgas a su nivel más bajo en la historia estadounidense, facilitando una transferencia sin precedentes de la riqueza hacia arriba.

La creación de un sufrimiento indecible a la clase trabajadora, sin embargo, no ha socavado los intereses materiales de la burocracia de la AFL-CIO, que sigue prosperando gracias a su control de vehículos de inversión multibillonarios en pensiones y sanidad y una miríada de otros planes de negocios obrero-patronales. Las revelaciones de este año acerca de los sobornos multimillonarios a altos cargos de la United Auto Workers, que pasaron a través de los Centros de Formación Nacional de UAW-Chrysler, son solo la punta del iceberg.

La convención de St. Louis fue un asunto dirigido y burocrático de principio a fin. Los delegados seleccionados cuidadosamente votaron unánimemente la reelección de Trumka para un tercer mandato de cuatro años y reinstalar a la secretaria-tesorera Liz Shuler y al vicepresidente ejecutivo Tefere Gebre, que no tuvieron oposición.

De manera significativa, la AFL-CIO no invitó a demócratas destacados a su convención, como habían hecho en otras ocasiones. En sus comentarios de apertura, Trumka declaró, “Encontraremos esperanza y oportunidad para la gente trabajadora, no dentro de los partidos políticos principales, sino dentro de nuestro movimiento y nuestras comunidades…

No me importa si eres demócrata o republicano o algo intermedio, si eres justo con nosotros, seremos justos contigo”, dijo.

En realidad, las palabras del jefe de la AFL-CIO sobre la “independencia política” se refieren a los pasos que da una sección de los sindicatos para aliarse con la administración de Trump y secciones del Partido Republicano. Aunque los sindicatos tradicionalmente han subordinado a la clase trabajadora a las necesidades de la clase gobernante por medio de los demócratas, han visto en Trump un espíritu afín que abraza su programa de “comprar lo estadounidense, contratar a estadounidenses” para desviar hacia afuera la oposición social.

Tras su desastroso respaldo a Hillary Clinton en 2016, los sindicatos de la construcción, el United Auto Workers, el United Steelworkers (acereros unidos) y otros sindicatos se aliaron con Trump en base a los pasos que ha dado para renegociar o cancelar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, siglas en inglés), construir el oleoducto Keystone XL y aumentar el gasto en infraestructura.

Durante la convención de esta semana, el presidente de United Steelworkers Leo Gerard despotricó contra el “acero chino” y promocionó medidas de guerra comercial, que los sindicatos, junto con Trump y su antiguo asistente fascistoide Stephen Bannon afirman falsamente que defienden los empleos de los trabajadores estadounidenses y los estándares de vida. Gerard estaba al lado de Trump en el Despacho Oval este año cuando el presidente firmó una medida de guerra comercial declarando que las importaciones de acero de China y otros países estaba socavando la “seguridad nacional” estadounidense.

La aceptación abierta por parte de Trump de los neonazis, sin embargo, ha sido fuente de cierto bochorno, particularmente para los sindicatos minoristas y de servicios, que están intentando reclutar a trabajadores inmigrantes por poco dinero para aumentar el número de miembros. En agosto, Trumka decidió renunciar a la presidencia del Consejo Manufacturero después de que Trump defendiera a los neonazis y a los miembros del KKK detrás de los disturbios en Charlottesville, Virginia, que dejó a 19 personas heridas y se saldó con la muerte de la manifestante antifascista de 32 años de edad Heather Heyer. En aquel momento, Trumka dijo, “No puedo sentarme en un consejo para un presidente que tolera el fanatismo y el terrorismo doméstico”.

La consternación de Trumka por el descubrimiento de elementos fascistoides en la Casa Blanca fue enteramente fraudulento. Lejos de estar impactados por su presencia, los ejecutivos de la AFL-CIO tienen una afinidad natural por Trump y Bannon. Solo una semana después de renunciar al consejo, Trumka elogió los esfuerzos del presidente por renegociar el NAFTA.

Hablando sobre miembros del sindicato que apoyaban a Trump en 2016, Trumka declaró, “Mis miembros, como muchos estadounidenses, están enfadados porque el sistema no funciona para ellos. Que los relega cada vez más”, añadiendo, “aunque el país es el país más rico sobre la faz de la tierra”. Añadió también, “[los trabajadores] estaban dispuestos a asumir el riesgo de Trump porque él prometió un cambio de sistema radical”.

En la medida en que algunos sectores de los trabajadores dirigieron su mirada desesperadamente hacia el presidente billonario, es solo porque los sindicatos y los demócratas no han mostrado más que menosprecio hacia los trabajadores, que han sufrido un declive histórico en sus estándares de vida debido a décadas de desindustrialización, recortes sociales y pobreza crónica. Los sindicatos colaboraron en ello y fueron cómplices de ello, y arrojaron veneno nacionalista para bloquear cualquier lucha unificada por parte de los trabajadores estadounidenses y sus hermanos y hermanas de clase en el extranjero.

Lejos de oponerse a Trump, la AFL-CIO, junto con el Partido Demócrata, no temen a nada más que al surgimiento de un poderoso movimiento de la clase trabajadora contra la administración y su programa de recortes fiscales masivos para los ricos, la destrucción de la sanidad, y otros servicios sociales vitales, y su expansión del militarismo y amenazas de dictadura. Ello es así porque tal movimiento se volvería muy pronto una confrontación directa con todos los que defienden el dominio de la élite corporativa y financiera, incluyendo a los demócratas y la propia AFL-CIO.

 

(Imagen: Richard Trumka)

EEUU: Washington bulle con rumores de un “golpe palaciego” contra Trump

por Joseph Kishore//

Washington se encuentra sumido en una crisis política sin precedentes en la historia moderna de Estados Unidos. En medio de conflictos faccionales cada vez más enconados fracturando la cúpula del Estado, aumenta la especulación de que podría haber discusiones tras bastidores entre miembros del gabinete y altos funcionarios para forzar la salida del presidente Donald Trump.

La guerra política dentro del Gobierno de Trump y el Partido Republicano se intensificó esta semana después de que el senador Bob Corker, presidente del comité de relaciones exteriores del Senado, declarara que las amenazas de Trump contra Corea del Norte estaban conduciendo a EUA “por el camino de una Tercera Guerra Mundial”. Corker tuiteó que la Casa Blanca es “una guardería para adultos”, con el presidente siempre necesitando supervisión.

La cadena NBC reportó que el secretario de Estado, Rex Tillerson, llamó a Trump un “idiota” después de una reunión en junio entre el presidente y jerarcas militares, durante el cual el mandatario sugirió multiplicar por diez el arsenal nuclear de EUA. Trump respondió al reportaje amenazando a NBC con ser clausurada. “Es asquerosa la manera en que la prensa puede escribir lo que quiere”, manifestó.

Para la revista Vanity Fair, Gabriel Sherman escribió el miércoles que “una media docena de republicanos prominentes y asesores de Trump… todos describen a la Casa Blanca como en crisis, con los asesores batallando por contener a un presidente que pareciera estar cada vez más desenfocado y consumido por humores sombríos”. Presuntamente, Trump le señaló a su jefe de seguridad desde hace mucho tiempo, Keith Schiller, “¡Odio a todos en la Casa Blanca! Hay algunas excepciones, ¡pero los odio!”.

Sherman informa que el personal de alto rango de la Casa Blanca está preocupado de cómo responderá Trump ante dificultades internas, ejerciendo el control unilateral de enviar armas nucleares con Corea del Norte. “Un exoficial incluso especuló de que [el jefe de personal de la Casa Blanca, John] Kelly y el secretario de defensa, James Mattis, ya han discutido qué hacer en caso de que Trump ordene un primer ataque nuclear. ‘¿Lo confrontarían?’, dijo”.

Varios columnistas, probablemente reflejando discusiones que están tomando lugar dentro del Gobierno, han mencionado la posibilidad de destronar al mandatario utilizando la Vigesimoquinta Enmienda de la Constitución de EUA, la cual estipula que el presidente puede ser forzado a renunciar por medio de una mayoría de su gabinete si se llega a ser mental o físicamente “imposibilitado para ejercer los poderes y obligaciones de su cargo”.

Jennifer Rubin, que edita la sección conservadora “Giro a la derecha” del diario Washington Post, preguntó por medio de un titular en su última columna, “¿En qué momento entramos en territorio de la Enmienda XXV?”. Su conclusión: pronto. En otro artículo para el Post publicado el miércoles, declaró: “Una destitución probablemente no nos salvará de Trump. Pero, la Enmienda XXV podría hacerlo”. Ambas columnas siguieron un editorial del mismo Washington Post titulado “Qué hacer con un presidente no apto”, donde presentan la posibilidad de derrocarlo.

Detrás de estos conflictos hay divisiones profundas dentro de la burguesía por cuestiones críticas respecto a políticas tanto internacionales como nacionales. En particular, las imprudentes amenazas de Trump contra Corea del Norte han inquietado a secciones importantes del Departamento de Estado y el Pentágono. Una guerra con Corea resultaría en la destrucción de millones de vidas y conllevaría a una confrontación directa con China y Rusia, detonando así, como Corker lo puso, la Tercera Guerra Mundial. Pero incluso peor que la pérdida de vidas, desde el punto de vista de los oponentes de Trump, sería el daño irreparable que le ocasionaría una guerra a la reputación internacional del país.

Sean cuales fueren los motivos detrás de las discusiones secretas sobre la posibilidad de un golpe palaciego, tal conspiración —independientemente de su eventual éxito o fracaso— le martillaría el último clavo al ataúd de la democracia estadounidense.

Sin lugar a dudas, Trump se resistiría encarnizadamente a los pasos que se tomen para destituirlo. En el transcurso de un conflicto febril como este, tanto los simpatizantes como oponentes del mandatario apelarían a los militares y a las agencias de inteligencia por su apoyo.

Sin importar cuál facción prevalezca, el aparato militar y de inteligencia tomaría la última decisión en cuanto al destino político de EUA. Más allá, tras un derrocamiento, el archirreaccionario vicepresidente Mike Pence se convertiría en presidente.

Por su parte, los demócratas han respondido a la crisis profundizando su campaña neomccarthista sobre la presunta intervención rusa en la política estadounidense, la cual ha trasladado su enfoque de que Rusia impulsó a Trump en las elecciones a que está “sembrando discordia” en la sociedad estadounidense. De este modo, están desarrollando los argumentos para legitimar la censura y el control estatal del Internet y vilipendiar toda oposición social y política como un producto de la intervención nefaria de un “enemigo extranjero”.

Como lo advirtió el WSWS en junio, los métodos empleados por los oponentes de Trump dentro de la burguesía, “son fundamentalmente antidemocráticos, lo que implica una conspiración con grupos dentro de dicha facción de capitalistas y la élite militar y de inteligencia”.

Los críticos de Trump dentro de la élite corporativa y financiera están buscando desesperadamente alguna forma de responder a la amplia gama de crisis globales para las cuales no tienen una solución, sean geopolíticas, económicas, militares o sociales. Trump no es la causa, sino un síntoma extremo de la desorientación y desesperación de la clase gobernante.

Esta situación no puede extenderse por mucho tiempo más. La crisis de dominio burgués tiene como consecuencia la expansión de la lucha de clases. Como lo escribió el Partido Socialista por la Igualdad en su declaración de junio, “Un golpe palaciego o la lucha de clases: la crisis política en Washington y la estrategia de la clase obrera”:

Tanto en EE.UU. como internacionalmente, la interacción entre las condiciones objetivas de la crisis y la radicalización de la conciencia social de las masas está encontrando una expresión en la erupción de la lucha de clases. Las décadas en las que la lucha de clases ha sido reprimida por la burocracia sindical, el Partido Demócrata y los patrocinadores pudientes de diversas políticas de identidad están llegando a su fin. La contrarrevolución social de las élites gobernantes está a punto de tener que enfrentarse a un levantamiento de la clase obrera estadounidense. Las cuantiosas y distintas formas de protesta social —en los lugares de trabajo, las comunidades y de ciudades enteras— tomarán una identidad obrera, una orientación anticapitalista y un carácter socialista cada vez más distintos. Las luchas en fábricas, lugares de trabajo o comunidades individuales se podrán apoyar en luchas unificadas más amplias de la clase obrera.

La cuestión critica es impartirle a este movimiento de la clase obrera una consciencia acerca de sus objetivos, esto con el fin de construir una dirección política que pueda guiar estas luchas, en EUA e internacionalmente, hacia su conclusión lógica y necesaria: el derrocamiento del sistema imperialista y el establecimiento del socialismo.

 

EEUU: Los demócratas buscan apuntalar al Gobierno en crisis de Trump

por Joseph Kishore//

Los líderes demócratas del Congreso estaodunidense declararon el miércoles por la noche que alcanzaron un acuerdo con el Gobierno de Trump sobre inmigración. El líder de la minoría demócrata en el Senado, Charles Schumer y la líder de la minoría demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, celebraron el acuerdo después de una cena con Donald Trump, quien ha presidido una escalada brutal de los ataques contra los trabajadores y jóvenes inmigrantes.

Evidentemente sin saber que estaba hablando frente a un micrófono prendido el jueves, Schumer develó el ánimo adulador de los demócratas hacia el presidente multimillonario, presumiendo: “Le caemos bien. Yo le caigo bien, en todo caso”.

Hasta ahora, ningún acuerdo concreto ha sido anunciado, pero los informes de la prensa indican que, sea cual fuere el trato, preservaría de alguna manera la ya dilapidada protección que reciben ochocientos mil jóvenes inmigrantes a través del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia o DACA (por sus siglas en inglés), después de que la Casa Blanca anunciara este mes su eliminación.

Los comentarios de Trump sobre un acuerdo variaron a lo largo del jueves, pero señaló que apoyaría una medida para proteger a los jóvenes, denominados “soñadores”, de ser deportados, pero sin permitirles la ciudadanía, a cambio de una “masiva” expansión de la vigilancia y militarización de la frontera sur del país.

Tal medida ampliaría las políticas antiinmigrantes del mandato de Obama, acompañadas de la militarización fronteriza que ha propuesto Trump. El diario New York Times citó a un “alto oficial demócrata”, quien “dijo que el acuerdo era específico, tomando los términos del presupuesto que propuso el Sr. Trump”. El diario continúa, “La propuesta incluía sensores para reforzar la vigilancia fronteriza, reconstruir caminos a lo largo de la frontera, drones y apoyo aéreo para un mejor cumplimiento”.

El programa DACA, promulgado por Obama en junio del 2012, fue en gran parte una maniobra electoral para los comicios presidenciales de ese año, diseñada para encubrir políticamente la deportación entonces en marcha de casi tres millones de inmigrantes durante sus ocho años en el poder —un ritmo más rápido que el del Gobierno de Trump hasta la fecha—.

En el 2013, ambos partidos respaldaron una medida que les ordenaba a los agentes federales asegurarse que el noventa por ciento de los cruces no autorizados de la frontera terminaran en arrestos y deportaciones. Según informes, este es el molde del acuerdo entre Trump, Schumer y Pelosi. La militarización de la frontera entre México y EUA, una alternativa del “muro” de Trump, ha obligado a que los inmigrantes tomen rutas cada vez más peligrosas para ingresar al país, algo que ha conllevado a una dramática alza en las muertes de aquellos que lo intentan.

Más allá de la política migratoria, hay cuestiones políticas más amplias detrás del respaldo demócrata a Trump. Los esfuerzos para solidarizarse con Trump tienen como fin estabilizar el Gobierno y el sistema político bipartidista en general, de manera que les permita intensificar la ofensiva contra la clase obrera y hacer preparativos para una guerra de mayores proporciones.

El Gobierno de Trump se encuentra en una profunda crisis política, estando dividido internamente y contando con una tasa de aprobación de sólo un 35 por ciento. Las catástrofes ocasionadas por los huracanes Harvey e Irma, incluyendo las horribles muertes de ocho residentes de un hogar de ancianos en Florida, están alimentando un amplio odio social y exponiendo la criminalidad de la negligencia e indiferencia del Gobierno hacia la crítica situación que vive la población.

Desde la inauguración de Trump hace ocho meses, la principal preocupación de los demócratas ha sido contener y desorientar la oposición popular al mandatario, mientras que los grupos de poder se disputan cuestiones principalmente de política exterior centradas en la demanda del aparato militar y de inteligencia de que Trump continúe las amenazas y provocaciones bélicas contra Rusia.

Los demócratas siempre han estado dispuestos a llegar a un acuerdo sobre cómo escalar los ataques contra la clase obrera, asegurar que Wall Street continúe siendo abonado y acelerar el desmantelamiento de la educación pública y el cuidado de salud. Todos estos fueron hitos de la Administración Obama. Al igual que el acuerdo de la semana pasada para levantar el techo de la deuda y refinanciar el Gobierno federal, un objetivo central del eventual trato sobre inmigración será abrir campo para el plato principal de la burguesía estadounidense: las reducciones de impuestos para los ricos.

El día en que Trump compartió su mesa con Pelosi y Schumer, también recibió a congresistas demócratas y republicanas para discutir la “reforma fiscal”, es decir el recorte de la tasa impositiva para las corporaciones. Mientras los huracanes Harvey e Irma ocasionaban una tremenda devastación, cuyos daños estimados son casi de $300 000 millones, Trump se apresuraba para encontrar una vía rápida para sus propuestas fiscales, generando una respuesta entusiástica por parte de los demócratas.

Existen otras áreas de acuerdo, como una guerra comercial con China. El menú para la cena entre Schumer, Pelosi y Trump era comida china (y pie de chocolate), supuestamente en referencia a las medidas económicas contra China que tanto Trump como Schumer apoyan. En cuanto a política sanitaria, el proyecto de ley de “Medicare para todos” presentado esta semana por el senador de Vermont, Bernie Sanders, tiene la intención de ser una mera pantalla para las discusiones entre los dos partidos sobre nuevas concesiones para las aseguradoras y recortes importantes en Medicare y Medicaid.

A pesar de que la política exterior no forma parte explícitamente del acuerdo entre Trump y el Partido Demócrata, sin duda es un factor significativo, si no subyacente de éste. Tras los elogios de Trump hacia los neonazis que participaron en los disturbios de Charlottesville, los demócratas presionaron para que la Casa Blanca fuese puesta más firmemente en manos de Wall Street y los generales y exgenerales que ya dominan el Gobierno —el jefe de personal, John Kelly, el secretario de Defensa, James Mattis, y el asesor en seguridad nacional, H. R. McMaster— .

Incluso mientras Pelosi y Schumer gozan de su nueva amistad, Estados Unidos está realizando enormes ensayos militares en Europa del Este, con Rusia en la mira. Mattis señaló el mes pasado que el Gobierno de Trump estaba planeando entregarle armas letales a Ucrania, uno de los puntos centrales de la plataforma electoral militarista de Clinton. Los demócratas del Congreso están trabajando estrechamente con los republicanos, encabezados por el senador John McCain, para impulsar un proyecto de ley que autorice un aumento masivo en el gasto militar estadounidense.

En junio, el World Socialist Web Site escribió que el encarnizado conflicto político en Washington reflejaba una marcada división dentro de la clase gobernante, sin un lado progresista ni democrático. “Si Trump fuese destituido por sus opositores en el ‘Estado profundo’ y el Partido Demócrata”, escribimos, “tal acto no representaría una victoria para la democracia ni mejoraría las condiciones de la clase obrera”.

Lo mismo resulta con una alianza entre los demócratas y Trump, sólo que de una forma diferente. Si se sienten seguros de que el aparato militar y de inteligencia se está encargando de los asuntos exteriores, considerarán que lo más importante es entonces contener y suprimir toda oposición social.

Todavía queda por ver si tal realineamiento sucede; sin embargo, lo que es claro es que el blanco principal del acuerdo al que lleguen los demócratas y el Gobierno de Trump será la clase obrera.

 

EEUU: La inundación de Houston, la anarquía del mercado capitalista y la lucha por la planificación socialista

por Niles Niemuth//

El desastre que vive la región del Golfo en Texas por el huracán Harvey se empeora cada vez más, y ahora la tormenta se traslada hacia Luisiana al este. La ciudad de Houston, la cuarta más grande del país, sigue bajo el agua por las inundaciones sin precedentes. La cifra de muertos es de 30 y sigue subiendo, mientras docenas más han desaparecido. Cinco días después de que Harvey tocara tierra, aun no se sabe cuántos necesitan ser rescatados.

Incluso mientras aumentan las víctimas mortales y la destrucción en el sureste tejano, se intenta negar que no se pudo hacer nada para minimizar el impacto de la tormenta.
El titular de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés), William “Brock” Long proclamó que era imposible prever el desastre. “No era posible ni soñar tales pronósticos”, dijo el lunes por la noche. El diario Washington Post lo citó acríticamente en la primera plana, bajo el titular “Oficiales de rescate indican que era imposible prepararse para la ferocidad del diluvio”.
El martes, el New York Times escribió que los esfuerzos de rescate iban “tan bien como se podía esperar”. Después, señaló que en vez de “lamentar no haber escuchado advertencias viejas”, el país debería “mirar hacia adelante”. Al igual que en Nueva Orleans después del huracán Katrina, sugirió ominosamente que puede que áreas enteras de Houston se dejen echar a perder, diciendo que los oficiales ahora tienen “que tomar decisiones difíciles en cuanto a qué reconstruir y cómo”.
Doce años después de Katrina, no se ha hecho nada para reforzar los controles contra inundaciones ni para mejorar la infraestructura social y limitar el impacto de tormentas grandes. Tampoco se ha hecho nada para planificar y preparar medidas de emergencia y seguridad pública para tratar con eventos climatológicos severos. Se hicieron advertencias repetidas y recomendaciones urgentes que fueron completamente ignoradas, como el reporte del 2014 de la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles titulado “Un llamado por una Estrategia Nacional de Gestión de Riesgos por Inundaciones”.
Robert Bea, un profesor emérito de ingeniería civil de la Universidad de California en Berkeley y experto en los riesgos por huracanes en la costa del Golfo de México, le indicó al Los Angeles Times que es “una mentira de 100 años” que el sistema de control de inundaciones de Houston podía proteger a la población para una tormenta que sólo pasa cada 100 años. Esta mentira, explicó, está basada en un máximo de 13 pulgadas de lluvia en 24 horas, algo que ha ocurrido más de ocho veces en los últimos 27 años.
No cuesta pensar en las razones detrás de tal grado de negligencia. Tanto la industria de bienes raíces, Wall Street y los monopolios petroleros se opusieron a acatar las advertencias. Su capacidad para bloquear la toma de medidas que pudieron haber protegido al pueblo estadounidense, mediante políticos pagados de ambos partidos, ejemplifica la subordinación completa de todas las necesidades sociales bajo el capitalismo al interés de acaparar una mayor riqueza e ingresos de la oligarquía corporativa y financiera.
El estado de Texas en general y Houston en particular han sido celebrados como modelos del “éxito” de la desregulación y del capitalismo del libre mercado. Siendo el hogar de la dinastía Bush y de las monstruosas compañías de petróleo y gas, Houston es la ciudad más grande del país sin legislación urbanística. No existen límites serios a lo que pueden hacer los especuladores de bienes raíces y desarrolladores, quienes han hecho caso omiso a las advertencias de ingenieros y científicos sobre las consecuencias de pavimentar por encima de humedales y pastizales, terrenos que absorben la lluvia, con concreto impermeable.
La extensión urbana de la ciudad ahora cubre 1500 kilómetros cuadrados. Desde el 2010, han sido construidos miles de hogares sobre planicies aluviales y los planificadores municipales han sabido que la ciudad está situada sobre una superficie muy propensa a inundaciones, pero no hicieron nada para detener la destrucción de las barreras naturales que alguna vez limitaban las inundaciones. Los miles de trabajadores que han perdido sus medios de vida son las víctimas de la negligencia criminal de los oficiales gubernamentales que representan los intereses de las inmobiliarias, magnates petroleros y banqueros.
Hubo una amplia gama de advertencias sobre una catástrofe por inundaciones. En el 2008, el huracán Ike pasó cerca, pero golpeó la ciudad de Galveston. Tres otras tormentas desde el 2015 han ocasionado inundaciones importantes en las áreas que FEMA había declarado en riesgo. Discusiones que se han estado llevando a cabo desde hace demasiado tiempo sobre ampliar y fortificar la infraestructura para proteger a Houston y otras ciudades costeras de mareas tormentosas nunca han pasado de sus etapas de planeamiento. Por mientras, los sistemas anticuados e inadecuados de control contra inundaciones que fueron construidos hace décadas ya están colapsados.
El presidente Donald Trump visitó Texas el martes, ejemplificando la descarada indiferencia de la élite gobernante estadounidense hacia la crítica situación que viven los trabajadores como resultado de su avaricia y negligencia. Al mismo tiempo, demostró un enorme grado de ignorancia hacia lo que están pensando las masas.
En un evento planificado en el centro de gestión de desastres en Corpus Christi, el mandatario, el gobernador de Texas, Greg Abbott y el jerarca de FEMA se dieron palmadas en la espalda por su supuestamente maravillosa respuesta a las desastrosas inundaciones. Presentaron el obsceno espectáculo de caos e incompetencia por parte de las autoridades, lo cual ha provocado gran impacto e ira alrededor del país y el mundo, como un modelo de compasión y eficiencia.
Abbott, un activo político de la industria petrolera, alabó servilmente a Trump, quien representa los intereses de las inmobiliarias que han saqueado y condenado a Houston a su estado actual.
Como sucedió en Nueva Orleans después de Katrina, ya se habla detrás de bastidores sobre cómo aprovechar la crisis para desmantelar aun más las regulaciones, privatizar bienes y recortar salarios.
Es crítico que la clase obrera y la juventud lleguen a las conclusiones políticas necesarias de este denominado “desastre natural”. La catástrofe en Texas no es, después de todo, la primera.
Los últimos doce años han visto una serie de eventos que han expuesto de forma más y más clara los niveles impresionantes de desigualdad y pobreza que caracterizan a la sociedad estadounidense, junto con la indiferencia y criminalidad de la oligarquía corporativa gobernante: Katrina en el 2005, el derrame de petróleo de BP en el 2010, la supertormenta Sandy en el 2012 y ahora Houston.
Todos estos desastres son de hecho crímenes sociales. Demuestran además la incompatibilidad de las sociedades complejas de la actualidad con un sistema económico obsoleto e irracional que está basado el afán de lucro personal de los oligarcas financiero. Miles de personas en Houston lo perdieron todo, muchos incluso sus vidas, y ¿para qué? Para que gánsteres multimillonarios como Trump puedan comprarse mansiones y yates más grandes y puedan mantener a políticos sobornados para que defiendan sus riquezas y poder.
Estos trágicos eventos demuestran de forma negativa la urgente necesidad de reorganizar toda la vida económica y social del país y el mundo con base en una planificación racional y científica, el control y manejo público de los recursos de la sociedad y la participación democrática de las masas.
Más allá, el despliegue de solidaridad y la organización de los esfuerzos de socorro por parte de gente ordinaria en Houston y alrededor del país ponen en evidencia el potencial para el desarrollo de tal sociedad. ¿Qué lo previene? Una oligarquía barbárica que se aferra a toda la riqueza y fuerzas productivas de la sociedad. La lección principal del huracán Harvey es que este obstáculo tiene que ser quitado del camino. La única fuerza social que lo puede lograr es la clase obrera.

La Revolución Rusa y el movimiento negro estadounidense

por James P. Cannon//

Durante todo el período de los primeros diez años del comunismo estadounidense, el partido estaba preocupado por la cuestión negra y gradualmente llegó a una política que era diferente y superior a la del radicalismo estadounidense tradicional. Sin embargo, en mis memorias publicadas concernientes a ese período, la cuestión negra no aparece en ninguna parte como tema de controversia interna entre las fracciones principales. La explicación era que ninguno de los dirigentes estadounidenses planteó alguna nueva idea sobre esta cuestión explosiva por cuenta propia; y ninguna de las fracciones como tal propuso ninguno de los cambios de política, actitud y forma de abordar la cuestión que se habían realizado gradualmente cuando el partido llegó al fin de su primera década.

Las principales discusiones sobre la cuestión negra ocurrieron en Moscú, y la nueva forma de abordar la cuestión fue elaborada allá. Ya en el Segundo Congreso de la Comintern en 1920, “Los negros en América” fue un punto en el orden del día y se realizó una discusión preliminar sobre esta cuestión. Las investigaciones históricas comprobarán decisivamente que la política del PC sobre la cuestión negra recibió su primer impulso de Moscú, y también que todas las siguientes elaboraciones de esta política, hasta incluir la adopción de la consigna de “autodeterminación” en 1928, vinieron de Moscú.

Bajo los constantes empujes y la presión de los rusos en la Comintern, el partido comenzó con el trabajo entre los negros durante sus primeros diez años; pero reclutó a muy pocos negros y su influencia dentro de la comunidad negra no llegó a mucho. De esto sería fácil sacar la conclusión pragmática de que toda la discusión y preocupación sobre la política en esa década, desde Nueva York hasta Moscú, era mucha preocupación sobre nada, y que los resultados de la intervención rusa fueron completamente negativos.

Esta es, quizás, la evaluación convencional en estos días de la Guerra Fría, cuando la aversión a todo lo ruso es el substituto convencional de la opinión considerada. Sin embargo, no es la verdad histórica ni mucho menos. Los primeros diez años del comunismo estadounidense son un período demasiado corto para permitir una evaluación definitiva de los resultados de la nueva forma de abordar la cuestión negra impuesta al partido estadounidense por la Comintern.

La discusión histórica de la política y la acción del Partido Comunista sobre la cuestión negra -y de la influencia rusa en la formación de éstas durante los primeros diez años de la existencia del partido- por exhaustiva y detallada que sea, no puede ser suficiente si la investigación no se proyecta hasta la década siguiente. El joven partido tomó los primeros diez años para lograr un buen comienzo en este terreno hasta ese entonces inexplorado. Los logros espectaculares de la década de los 30 no pueden ser entendidos sin referencia a esta década anterior de cambios y reorientación. Las posteriores acciones vinieran de esto.

  

* * *

  

Un análisis serio de todo el proceso complejo tiene que empezar con el reconocimiento de que los comunistas estadounidenses a principios de los años 20, tal como todas las otras organizaciones radicales de ese período y períodos anteriores, no tenían nada con qué empezar en cuanto a la cuestión negra sino una teoría inadecuada, una actitud falsa o indiferente y la adherencia de unos individuos negros con tendencias radicales o revolucionarias.

El movimiento socialista anterior, del cual surgió el Partido Comunista, jamás reconoció ninguna necesidad de un programa especial sobre la cuestión negra. Esta fue considerada pura y sencillamente como un problema económico, una parte de la lucha entre los obreros y los capitalistas; no se podía hacer nada sobre los problemas especiales de la discriminación y la desigualdad antes de la llegada del socialismo.

Los mejores de los socialistas del período anterior fueron representados por Debs, quien era amistoso a todas las razas y completamente libre de prejuicio. Sin embargo, lo limitado del punto de vista del gran agitador sobre esta compleja cuestión fue expresado en su declaración: “Nosotros no tenemos nada especial que ofrecer al negro, y no podemos hacer llamamientos separados a todas las razas. El Partido Socialista es el partido de toda la clase obrera, sea cual sea el color, de toda la clase obrera de todo el mundo” (Ray Ginger, The Bending Cross). Esta fue considerada una posición muy avanzada en ese entonces, pero no planteó el apoyo activo a la reivindicación especial del negro por un poco de igualdad aquí y ahora, o en el futuro previsible, en el camino hacia el socialismo.

Incluso Debs, con su fórmula general que hizo caso omiso del punto principal -la cuestión candente de la constante discriminación contra los negros en todo aspecto- fue muy superior en esta cuestión, tal como en todas las otras, a Víctor Berger, quien fue un racista abierto. He aquí un pronunciamiento sumario de una editorial de Berger en su periódico de Milwaukee, el Social Democratic Herald: “No cabe duda de que los negros y mulatos constituyen una raza inferior.” Este era el “socialismo de Milwaukee” sobre la cuestión negra, como fue expresado por su ignorante e insolente líder-jefe. Un negro perseguido y atacado no podría mezclar eso muy bien con su cerveza, inclusive si tuviera cinco centavos y pudiera encontrar una cantina de blancos donde pudiera tomar un vaso de cerveza, en la parte trasera del bar.

El chauvinismo abierto de Berger jamás fue la posición oficial del partido. Había otros socialistas, tales como William English Walling quien fue un defensor de la igualdad de derechos para los negros y uno de los fundadores de la National Association for the Advancement of Colored People [Asociación Nacional para el Avanzo de las Personas de Color] en 1909. Pero tales individuos fueron una pequeña minoría entre los socialistas y radicales antes de la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa.

La insuficiencia de la política socialista tradicional sobre la cuestión negra ha sido ampliamente documentada por los historiadores del movimiento, Ira Kipnis y David Shannon. Shannon resume la actitud general y prevaleciente del Partido Socialista hacia los negros de la siguiente forma:

“No eran importantes en el partido, el partido no hizo ningún esfuerzo especial para atraer a militantes negros, y el partido no estaba generalmente interesado en el esfuerzo de los negros por mejorar su posición dentro de la sociedad capitalista estadounidense, cuando no era en realidad hostil al mismo.” Y más adelante: “El partido mantenía que la única salvación del negro era la misma que la única salvación del blanco: el ‘socialismo’.”

Mientras tanto, no se podía hacer nada sobre la cuestión negra como tal, y mientras menos se dijera sobre esta cuestión, mejor; es decir, se la mantenía escondida bajo la alfombra.

Esta fue la posición tradicional que el joven Partido Comunista heredó del movimiento socialista anterior, del cual había surgido. La política y práctica del movimiento sindical fue aún peor. El IWW [Obreros Industriales del Mundo] no excluyó a nadie de la militancia por su “raza, color, o credo”. Pero los sindicatos predominantes de la AFL [Federación Estadounidense del Trabajo], con sólo unas pocas excepciones, fueron exclusivamente para los blancos de la aristocracia obrera. Estos tampoco tenían nada especial que ofrecer a los negros; de hecho, no tenían absolutamente nada que ofrecerles.

  

* * *

  

La diferencia -y fue una diferencia profunda– entre el Partido Comunista de los años 20 y sus antecesores socialistas y radicales fue mostrada por la ruptura de los primeros con esta tradición. Los comunistas estadounidenses de los primeros días, bajo la influencia y presión de los rusos en la Comintern, estaban aprendiendo lenta y dolorosamente a cambiar suactitud; a asimilar la nueva teoría de la cuestión negra como una cuestión especial de gente doblemente explotada y relegada a ser ciudadanos de segunda clase, que requería un programa de demandas especiales como parte del programa general; y a empezar a hacer algo sobre esta cuestión.

La verdadera importancia de este cambio profundo, en todas sus dimensiones, no puede ser medida adecuadamente por los resultados que ocurrieron durante la década de los 20. Hay que considerar a los primeros diez años principalmente como el período preliminar de reconsideración y discusión, y de cambio en la actitud y la política sobre la cuestión negra; como preparación para la actividad futura en este terreno.

Los efectos de este cambio y esta preparación en los años 20, producidos por la intervención rusa, se manifestarían explosivamente en la década posterior. Las maduras condiciones favorables para la agitación y organización radicales entre los negros, producidas por la Gran Depresión, encontraron al Partido Comunista preparado para actuar en este terreno como ninguna otra organización radical en este país había hecho anteriormente.

 

* * *

 

Todo de nuevo y progresista sobre la cuestión negra vino de Moscú, después de la Revolución de 1917 -y como resultado de la Revolución- no sólo para los comunistas estadounidenses, quienes respondieron directamente, sino para todos los demás que se interesaban en la cuestión. Por sí mismos, los comunistas estadounidenses nunca inventaron nada nuevo ni diferente de la posición tradicional del radicalismo estadounidense sobre la cuestión negra.

Esta, como muestran las citas ya dadas de las historias de Kipnis y Shannon, fue bastante débil en cuanto a la teoría y aun más débil en la práctica. La fórmula simplista de que la cuestión negra era meramente económica, una parte de la cuestión de capital contra trabajo, jamás inspiró a los negros, quienes sabían que no era cierto, aunque no lo decían abiertamente; ellos tenían que vivir con la discriminación brutal cada hora de cada día.

Esta discriminación no tenía nada de sutil ni disfrazada. Todo el mundo sabía que al negro le tocaba lo peor en todo momento, pero a casi nadie le importaba y casi nadie quería hacer algo para intentar moderarlo o cambiarlo. La mayoría blanca de la sociedad estadounidense, el 90 por ciento de la población, incluyendo su sector obrero, tanto en el norte como en el sur, estaba saturada con el prejuicio contra el negro; y a un grado considerable el movimiento socialista reflejaba este prejuicio, aunque -por deferencia hacia el ideal de la hermandad humana- la actitud socialista fue callada y tomó la forma de evasión. La vieja teoría del radicalismo estadounidense mostró en la práctica ser una fórmula para la falta de acción sobre la cuestión de los negros e -incidentalmente- una cobertura conveniente para los latentes prejuicios raciales de los mismos radicales blancos.

La intervención rusa cambió todo esto, y lo cambió de una manera drástica y benéfica. Aun antes de la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa, Lenin y los bolcheviques se distinguían de todas las otras tendencias en el movimiento socialista y obrero internacional por su preocupación por los problemas de las naciones y minorías nacionales oprimidas, y su apoyo firme a las luchas por la libertad, la independencia y el derecho a la autodeterminación. Los bolcheviques daban este apoyo a toda la “gente sin igualdad de derechos” de una forma sincera y honesta, pero no había nada “filantrópico” en esta posición. Reconocían también el gran potencial revolucionario en la situación de los pueblos y naciones oprimidos, y los veían como aliados importantes de la clase obrera en la lucha revolucionaria contra el capitalismo.

Después de noviembre de 1917 esta nueva doctrina -con un énfasis especial en los negros- empezó a ser transmitida al movimiento comunista estadounidense respaldada por la autoridad de la Revolución Rusa. Los rusos en la Comintern empezaron a enfrentar a los comunistas estadounidenses con la exigencia brusca e insistente de que se deshicieran de sus propios prejuicios no declarados, que prestaran atención a los problemas y quejas especiales de los negros estadounidenses, que trabajaran entre ellos y que se convirtieran en paladines de su causa dentro de la comunidad blanca.

A los estadounidenses, que habían sido educados en una tradición distinta, les tomó tiempo asimilar la nueva doctrina leninista. Pero los rusos seguían año tras año, apilando los argumentos e incrementando la presión sobre los comunistas estadounidenses hasta que éstos finalmente aprendieron, cambiaron, y empezaron a trabajar en serio. Este cambio en la actitud de los comunistas estadounidenses, que se efectuó gradualmente en los años 20, iba a ejercer una influencia profunda en círculos mucho más amplios durante los años posteriores.

  

* * *

  

La ruptura del Partido Comunista con la posición tradicional del radicalismo estadounidense sobre la cuestión negra coincidió con cambios profundos que estaban ocurriendo entre la misma población negra. La migración en gran escala desde las regiones agrícolas del sur hacia los centros industriales del norte se aceleró mucho durante la Primera Guerra Mundial, y continuó en los años posteriores. Esto produjo algunas mejorías en sus condiciones de vida en comparación con lo que habían conocido en el Sur Profundo, pero no fueron suficientes como para compensar el desencanto de encontrarse relegados a los guetos y sometidos todavía a la discriminación por todos lados.

El movimiento negro, tal como era en ese entonces, apoyó patrióticamente a la Primera Guerra Mundial “para hacer el mundo seguro para la democracia”; y 400 mil negros sirvieron en las fuerzas armadas. Regresaron a casa buscando un poquito de democracia para sí mismos como recompensa, pero no encontraron gran cosa en ningún lado. Su nuevo espíritu de autoafirmación fue respondido con cada vez más linchamientos y una serie de disturbios raciales a lo largo del país, tanto en el norte como en el sur.

Todo esto en conjunto -las esperanzas y las decepciones, el nuevo espíritu de autoafirmación y las represalias bestiales- contribuyó al surgimiento de un nuevo movimiento negro en vías de formación. Rompiendo así tajantemente con la tradición de Booker T. Washington de acomodación a una posición de inferioridad en el mundo del hombre blanco, una nueva generación de negros empezó a impulsar su reclamo por la igualdad.

  

* * *

  

Lo que el nuevo movimiento emergente de los negros estadounidenses -una minoría de diez por ciento [de la población de Estados Unidos]- más necesitaba, y de lo que carecía casi por completo, era apoyo efectivo dentro de la comunidad blanca en general y dentro del movimiento obrero, su aliado necesario, en particular. El Partido Comunista, defendiendo agresivamente la causa de los negros llamando por una alianza del pueblo negro y el movimiento obrero combativo, entró en la nueva situación como un agente catalizador en el momento preciso.

Fue el Partido Comunista, y ningún otro, el que convirtió a los casos de Herndon y Scottsboro en cuestiones de resonancia nacional y mundial y que puso a las turbas de linchamiento legal de los “Dixiecrats” [políticos racistas del Partido Demócrata en el Sur de los EE.UU.] a la defensiva, por primera vez desde el derrumbe de la Reconstrucción. Los activistas del partido dirigían las luchas y las manifestaciones para conseguir consideración justa para los negros desempleados en las oficinas de socorro, y para colocar nuevamente en sus departamentos vacíos los muebles de los negros echados a la calle por orden de desalojo. Fue el Partido Comunista el que en forma demostrativa presentó a un negro como candidato a vicepresidente en 1932, algo que ningún otro partido radical o socialista jamás había contemplado.

Por medio de tales acciones y agitación, y otras similares, en los años 30, el partido sacudió a todos los círculos más o menos liberales y progresistas de la mayoría blanca, y empezó a efectuar un cambio radical en la actitud sobre la cuestión negra. Al mismo tiempo, el partido se convirtió en un verdadero factor entre los negros, quienes avanzaron además en su condición y confianza en sí mismos; en parte como resultado de la agresiva agitación del Partido Comunista sobre la cuestión.

No se puede descartar estos hechos diciendo: los comunistas actuaron así porque tenían un interés creado. Toda agitación a favor de los derechos de los negros favorece al movimiento negro; y la agitación de los comunistas fue mucho más enérgica y eficaz que cualquier otra en ese entonc

Estos nuevos acontecimientos parecen contener un sesgo contradictorio, el cual, que yo sepa, jamás ha sido confrontado o explicado. La expansión de la influencia comunista dentro del movimiento negro durante los años 30 ocurrió a pesar del hecho de que una de las nuevas consignas impuestas sobre el partido por la Comintern nunca pareció adecuarse a la situación real. Esta fue la consigna de la “autodeterminación”, sobre la que se hizo el mayor alboroto y se escribieron muchas tesis y resoluciones, siendo inclusive pregonada como la consigna principal. La consigna de la “autodeterminación” encontró poca o ninguna aceptación en la comunidad negra. Después del colapso del movimiento separatista dirigido por Garvey, su tendencia fue principalmente hacia la integración racial con igualdad de derechos.

En la práctica el PC brincó encima de esta contradicción. Cuando el partido adoptó la consigna de la “autodeterminación”, no abandonó su agresiva agitación a favor de la igualdad y los derechos de los negros en todos los frentes. Al contrario, intensificó y extendió esta agitación. Eso era lo que los negros deseaban oír, y es lo que marcó la diferencia. La agitación y acción del PC bajo esta última consigna fue lo que produjo resultados, sin la ayuda -y probablemente a pesar- de la impopular consigna de la “autodeterminación” y todas las tesis escritas para justificarla. 

  

* * *

  

Durante el “Tercer Período” de ultrarradicalismo, los comunistas convertidos en estalinistas llevaron a cabo su actividad entre los negros con toda la deshonesta demagogia, exageraciones y distorsiones que les son propias y de las cuales son inseparables. Sin embargo, a pesar de esto, el llamado principal en torno a la igualdad de derechos se abrió paso y encontró eco en la comunidad negra. Por primera vez desde la época de los abolicionistas, los negros veían a un grupo agresivo, dinámico y combativo de gente blanca que defendía su causa. Esta vez no fueron unos cuantos filántropos y pálidos liberales, sino los tenaces estalinistas de los años 30, que estaban a la cabeza de un movimiento radical de gran alcance que, generado por la depresión, estaba en ascenso. Había una energía en sus esfuerzos en esos días y ésta fue sentida en muchas esferas de la vida estadounidense.

La respuesta inicial de muchos negros fue favorable; y la reputación del partido como una organización revolucionaria identificada con la Unión Soviética era probablemente más una ayuda que un obstáculo. La capa superior de los negros, buscando respetabilidad, tendía a distanciarse de todo lo radical; pero las bases, los más pobres entre los pobres que no tenían nada que perder, no tenían miedo. El partido reclutó a miles de miembros negros en la década de los 30 y se convirtió, por un tiempo, en una fuerza real dentro de la comunidad negra. La causa principal de esto era su política sobre la cuestión de la igualdad de derechos, su actitud general -la cual habían aprendido de los rusos- y su actividad en torno a la nueva línea.

  

* * *

  

En los años 30, la influencia y la acción del Partido Comunista no se restringían a la cuestión de los “derechos civiles” en general. También funcionaban poderosamente por darle nueva forma al movimiento obrero y auxiliar a los obreros negros a conseguir en éste el lugar que anteriormente les había sido negado. Los obreros negros mismos, quienes habían aportado lo suyo en las grandes luchas para crear los nuevos sindicatos, presionaban a favor de sus propias reivindicaciones más agresivamente que en ningún período anterior. Pero necesitaban ayuda, necesitaban aliados.

Los activistas del Partido Comunista empezaron a desempeñar este papel al punto crítico en los días formativos de los nuevos sindicatos. La política y la agitación del Partido Comunista en este período hicieron más, diez veces más, que cualquiera otra fuerza para ayudar a los obreros negros a asumir un nuevo status de, por lo menos, semiciudadanía dentro del nuevo movimiento obrero creado en la década de los 30 bajo la bandera del CIO [Congreso de Organizaciones Industriales].

  

* * *

  

Se suele atribuir el progreso del movimiento negro, y el cambio de la opinión pública a favor de sus demandas, a los cambios producidos por la Primera Guerra Mundial. Pero el resultado más importante de la Primera Guerra Mundial, el acontecimiento que cambió todo, incluyendo las perspectivas para los negros estadounidenses, fue la Revolución Rusa. La influencia de Lenin y la Revolución Rusa -aun degradada y distorsionada como lo fue posteriormente por Stalin, y después filtrada a través de las actividades del Partido Comunista en Estados Unidos- contribuyó más que ninguna otra influencia de cualquier fuente al reconocimiento, y la aceptación más o menos general, de la cuestión negra como un problema especial de la sociedad estadounidense; un problema que no puede ser incluido simplemente bajo el encabezado general del conflicto entre capital y trabajo, como hacía el movimiento radical precomunista.

Se añade algo, pero no mucho, al decir que el Partido Socialista, los liberales y los dirigentes sindicales más o menos progresistas aceptaron la nueva definición y otorgaron algún apoyo a las demandas de los negros. Eso es exactamente lo que hicieron; la aceptaron. No tenían ninguna teoría ni política independientes desarrolladas por ellos mismos; ¿de dónde iban a sacarlas? ¿De sus propias cabezas? Difícilmente. Todos iban a la zaga del PC sobre esta cuestión en los años 30.

Los trotskistas y otros grupos radicales disidentes -que también habían aprendido de los rusos- contribuyeron lo que pudieron a la lucha por los derechos de los negros; pero los estalinistas, dominando el movimiento radical, dominaban también los nuevos sucesos en el terreno de la cuestión negra.

  

* * *

  

Todo lo nuevo sobre la cuestión negra vino de Moscú, después de que empezó a retumbar a lo largo del mundo la exigencia de la Revolución Rusa por la libertad y la igualdad para todas las minorías nacionales, todos los pueblos sojuzgados y todas las razas, para todos los despreciados y rechazados de la tierra. Este trueno sigue retumbando, más fuerte que nunca, como atestiguan los encabezados diarios de los periódicos.

Los comunistas estadounidenses respondieron primero, y más enfáticamente, a la nueva doctrina que venía de Rusia. Pero el pueblo negro, y sectores significativos de la sociedad blanca estadounidense, respondieron indirectamente, y siguen respondiendo, lo reconozcan o no.

Los actuales líderes oficiales del movimiento por los “derechos civiles” de los negros estadounidenses, bastante sorprendidos ante la creciente combatividad del movimiento y el apoyo que está consiguiendo en la población blanca del país, apenas sospechan cuánto debe el ascendente movimiento a la Revolución Rusa que todos patrióticamente rechazan.

El reverendo Martin Luther King sí señaló, al tiempo de la batalla del boicot de Montgomery, que su movimiento formaba parte de la lucha mundial de los pueblos de color por la independencia y la igualdad. Debería haber agregado que las revoluciones coloniales, que efectivamente son un poderoso aliado del movimiento negro en Estados Unidos, obtuvieron su impulso inicial de la Revolución Rusa, y son estimuladas y fortalecidas día tras día por la continuada existencia de esta revolución en la forma de la Unión Soviética y la nueva China, la cual el imperialismo blanco súbitamente “perdió”.

Indirectamente, pero por ello más convincentemente, los más rabiosos antisoviéticos, entre ellos los políticos liberales y los dirigentes sindicales oficiales, atestiguan esto cuando dicen: el escándalo de Little Rock y cosas parecidas no deberían ocurrir, porque ayudan a la propaganda comunista entre los pueblos coloniales de piel morena. Su temor a la “propaganda comunista”, como el temor de dios en otras personas, los hace virtuosos.

Ahora resulta convencional que los líderes sindicales y los liberales -en el norte- simpaticen con la lucha de los negros por unos cuantos derechos elementales como seres humanos. Es lo que Se Debe Hacer, la seña de la inteligencia civilizada. Hasta los ex radicales convertidos en una especie de “liberales” anticomunistas -una especie muy miserable- son ahora orgullosamente “correctos” en su apoyo formal a los “derechos civiles” y en su oposición a la segregación de los negros y otras formas de discriminación. Pero, ¿cómo llegaron a ser así?

A los liberales actuales jamás se les ocurre preguntarse por qué a sus similares de una generación anterior -salvo algunas notables excepciones individuales- no se les ocurrió esta nueva y más ilustrada actitud hacia los negros antes de que Lenin y la Revolución Rusa pusieran patas arriba a la vieja, bien establecida y complacientemente aceptada doctrina de que las razas debían ser “separadas pero desiguales”. Los liberales y dirigentes sindicales anticomunistas estadounidenses no lo saben, pero algo de la influencia rusa que odian y temen tanto se les ha pegado.

  

* * *

  

Por supuesto, como todo el mundo sabe, a la larga los estalinistas estadounidenses estropearon la cuestión negra así como estropearon todas las demás cuestiones. Traicionaron la lucha por los derechos de los negros durante la Segunda Guerra Mundial -en servicio de la política exterior de Stalin- del mismo modo, y por la misma razón fundamental, que traicionaron a los obreros huelguistas estadounidenses y aplaudieron a la fiscalía cuando por primera vez se utilizó la Ley Smith, en el juicio en Minneapolis.

Ahora todo el mundo lo sabe. Al fin se cosechó lo que se había sembrado, y los estalinistas mismos se han visto obligados a confesar públicamente algunas de sus traiciones y acciones vergonzosas. Pero nada, ni el profesado arrepentimiento por crímenes inocultables, ni los alardes sobre virtudes pasadas que otros están poco dispuestos a recordar, parecen servirles de algo. El Partido Comunista, o mejor dicho lo que queda de éste, está tan desprestigiado y despreciado que hoy se le reconoce poco o nada de su trabajo en cuanto a los negros durante esos años anteriores; cuando tuvo consecuencias de largo alcance que, en su mayor parte, fueron progresistas.

No es mi deber ni mi propósito prestarles ayuda. El único objetivo de esta reseña abreviada es aclarar algunos hechos acerca de la primera época del comunismo estadounidense, para el beneficio de estudiantes inquisitivos de una nueva generación que deseen conocer la verdad íntegra, sin temor ni favor, y aprender algo de ella.

La nueva política sobre la cuestión negra, aprendida de los rusos durante los primeros diez años del comunismo estadounidense, dio al Partido Comunista la capacidad de avanzar la causa del pueblo negro en los años 30, y de extender su propia influencia entre los negros en una escala que nunca había sido alcanzada por ningún movimiento radical previo. Estos son hechos históricos; no sólo de la historia del comunismo estadounidense, sino también de la historia de la lucha por la emancipación de los negros.

  

* * *

  

Para aquéllos que miran hacia el futuro, estos hechos son importantes, una anticipación de las cosas por venir. Por medio de su actividad combativa durante los años anteriores, los estalinistas dieron un gran ímpetu al nuevo movimiento negro. Posteriormente, su traición a la causa de los negros durante la Segunda Guerra Mundial preparó el camino para los gradualistas proponentes del avance a paso de tortuga que han sido los dirigentes incontestados del movimiento desde ese entonces.

La política del gradualismo, de prometer liberar al negro dentro del marco del sistema social que lo subordina y lo degrada, no está dando resultado. No trata la raíz del problema. Grandes son las aspiraciones del pueblo negro y grandes también las energías y emociones expendidas en su lucha. Pero las conquistas concretas de su lucha hasta la fecha son lastimosamente escasas. Han avanzado unas cuantas pulgadas, pero la meta de la verdadera igualdad se encuentra a millas y millas de distancia.

El derecho a ocupar un asiento vacío en un autobús; la integración simbólica de un puñado de niños negros en unas cuantas escuelas públicas; algunos puestos accesibles para individuos negros en la administración pública y algunas profesiones; derechos de empleo justo en papel, pero no en la práctica; el derecho a la igualdad, formal y legalmente reconocido pero negado en la práctica a cada momento; éste es el estado de cosas en la actualidad, 96 años después de la Proclamación de la Emancipación.

Ha habido un gran cambio en la perspectiva y las demandas del movimiento de los negros desde la época de Booker T. Washington, pero ningún cambio fundamental en su situación real. El crecimiento de esta contradicción está llevando a un nuevo estallido y un nuevo cambio de política y dirigencia. En la próxima etapa de su desarrollo, el movimiento negro estadounidense se verá obligado a orientarse hacia una política más combativa que la del gradualismo y a buscar aliados más confiables que los políticos capitalistas del norte que se encuentran coludidos con los dixiecrats del sur. Los negros, más que nadie en este país, tienen derecho y razón para ser revolucionarios.

Un partido obrero honesto de la nueva generación reconocerá este potencial revolucionario de la lucha negra, y llamará por una alianza combativa del pueblo negro y el movimiento obrero en una lucha revolucionaria común contra este sistema social imperante.

Las reformas y las concesiones, mucho más importantes y significativas que las obtenidas hasta ahora, se derivarán de esta alianza revolucionaria. En cada fase de la lucha se luchará a favor de ellas y se las logrará. Pero el nuevo movimiento no se detendrá con las reformas, ni estará satisfecho con las concesiones. El movimiento del pueblo negro y el movimiento obrero combativo, unificados y coordinados por un partido revolucionario, resolverá la cuestión de los negros de la única manera que puede ser resuelta: mediante una revolución social.

Los primeros esfuerzos del Partido Comunista a este respecto, durante la generación pasada, serán reconocidos y asimilados. Ni siquiera la experiencia de la traición estalinista será desperdiciada. El recuerdo de esta traición será una de las razones por las que los estalinistas no serán los dirigentes la próxima vez.

 

Los Angeles,
8 de mayo de 1959.

 

EEUU: La Casa Blanca y los disturbios fascistas en Charlottesville

por Eric London//

Después de meses de planeación y coordinación deliberadas con la policía, la demonstración nazi “Unite the Right” (“Unamos a la Derecha”) en Charlottesville, Virginia, alcanzó su apogeo mortal el sábado por la tarde cuando un admirador de Hitler de 20 años, oriundo de Ohio, condujo su automóvil contra una multitud de manifestantes opositores, asesinando a la joven de 32 años, Heather Heyer, una partidaria de Bernie Sanders, e hiriendo a 14 personas más.
La prensa corporativa se ha centrado en el fracaso de Trump de condenar verbalmente la violencia de la extrema derecha. Este manejo de las declaraciones de Trump por parte de los medios no es sólo ingenuo, sino que encubre deliberadamente el grado de participación de la propia Casa Blanca en alentar, incitar e incluso planificar la movilización nazi en Charlottesville. La Casa Blanca está repleta de operativos profascistas. ¿Por qué condenaría Trump las acciones de los grupos que él y su compinche, Steve Bannon, ven como una base de apoyo clave?
El motín nazi no es ninguna anomalía en la política estadounidense. Es el producto de la estrategia de Donald Trump de construir un movimiento fascista, extraconstitucional y fuera del marco de los dos partidos principales, siendo a su vez una expresión de la putrefacción y el colapso de la democracia estadounidense bajo el peso de los niveles asombrosos de desigualdad social.
En las últimas tres semanas, Trump y sus asesores, Stephen Bannon, Stephen Miller y Sebastian Gorka, han escalado los esfuerzos de la administración para agitar los elementos fascistas que forman el núcleo de su base política.
Trump ha atacado al líder republicano de la mayoría del Senado, Mitch McConnell, desafiando así a una de las figuras legislativas más poderosas de su propio partido. Ha amenazado que EE. UU. está “en posición y cargado” para irse a la guerra contra Corea del Norte. Y ha llamado a sus partidarios multimillonarios, así como a la policía, a los agentes migratorios y fronterizos y a las fuerzas armadas a que apoyen sus políticas antiinmigrantes y de “severidad contra el delito”.
En este proceso, envalentonó a las fuerzas que el viernes tomaron control del campus de la Universidad de Virginia, cuya población estudiantil es de 22 000 personas. Los nazis llevaron a cabo un desfile de antorchas a través del campus —fundado y diseñado por el autor de la Declaración de Independencia, Thomas Jefferson— mientras cantaban “sangre y tierra”, “ Sieg Heil ” y “un pueblo, una nación”.
Al amanecer el sábado, decenas de uniformados fascistas armados con rifles de asalto y escopetas se desplegaron en el centro de la ciudad, estableciendo un control militar sobre el corazón de la ciudad de 50 000 habitantes. Después de que la milicia asegurara el área, sin interferencias de la policía, fueron vaciadas furgonetas llenas de gente de todo el país en el centro de la ciudad, descargando a cientos de nazis armados con cañones, cuchillos, cadenas, palos de metal, bates de béisbol y spray de pimienta.
Lo que ocurrió a continuación sólo puede describirse como un motín fascista. La policía se retiró de la escena y los nazis comenzaron a atacar a los manifestantes opositores en las calles, gritando insultos raciales y homofóbicos mientras clamaban “ Heil Trump”. Los que se manifestaron en contra quedaron atrapados en el tumulto de nazis, siendo golpeados sin piedad mientras que la policía sólo miraba.
Brian McLaren, un pastor que había viajado a Charlottesville para la contramanifestación, le dijo a la prensa que “la policía se quedó muy lejos” cuando los nazis lanzaron su ataque. Luego, a primera hora de la tarde, James Fields Jr., de Maumee, Ohio, cargó contra la multitud en su automóvil, lanzando cuerpos sobre el capó como bolos.
El gobernador demócrata de Virginia, Terry McAuliffe, respondió a las críticas diciendo el domingo que la policía hizo “un gran trabajo” durante el fin de semana. McAuliffe, exjefe del Comité Nacional Demócrata y destacado recaudador de fondos para Bill y Hillary Clinton, dijo que el asesinato de Heather Heyer no podría haber sido prevenido. “No puedes detener a un loco que vino de Ohio y usó su automóvil como un arma”, declaró.
El propósito de la violencia de este fin de semana era enviarles un mensaje a los detractores de Trump dentro del Partido Republicano y el Demócrata de que él tiene una base de apoyo alternativa a la que puede apelar. De este modo, los nazis celebraron su manifestación a sólo dos horas de la capital en Washington D.C.
Una cronología de las tres semanas que precedieron los disturbios de este fin de semana deja en claro la campaña sistemática y calculada de la Casa Blanca de Trump para movilizar a las fuerzas sociales más atrasadas y reaccionarias del país.
El 22 de julio, Trump dio un discurso militarista ante una audiencia del Cuerpo de Marines para celebrar la comisión de un portaaviones de $13 000 millones.
El 25 de julio, pronunció un discurso en Youngstown, Ohio, glorificando el extremismo religioso cristiano.
El 26 de julio, el Departamento de Justicia presentó un fallo en condición de amicus curiae o “amigo de la corte” indicando que las corporaciones privadas no tienen prohibido despedir a empleados por su orientación sexual. Ese mismo día, Trump tuiteó que su administración les prohibiría a las personas transexuales entrar en el servicio militar y nombró al gobernador antigay de Kansas, Sam Brownback, como el embajador del Departamento de Estado en el extranjero para la libertad religiosa internacional.
El 28 de julio, Trump proclamó ante fuerzas de la policía y agentes migratorios en Long Island, Nueva York, que le encantaba ver a los sospechosos ser “arrojados a la parte trasera de las patrullas”. Los instó a tratar bruscamente a los detenidos, diciendo: “Por favor, no sean demasiado amables”.
El 2 de agosto, Trump y los senadores republicanos Tom Cotton y David Perdue anunciaron la promulgación de la Ley de Reforma de la Inmigración Estadounidense para un Empleo Fuerte (RAISE, por sus siglas en inglés), que reduciría la inmigración legal a la mitad. En una conferencia de prensa anunciando el plan, el asesor de Trump, Stephen Miller, hizo eco del lenguaje antisemita del Partido Nazi alemán cuando denunció al periodista de CNN, Jim Acosta, por tener un “sesgo cosmopolita”. El mismo día, los medios informaron que el Departamento de Justicia estaba planeando demandar a las universidades por “discriminación contra los blancos”.
El 6 de agosto, Trump lanzó un programa de “Real News” en su página de Facebook para intentar construir un grupo personalista de seguidores que se mantengan fuera del ámbito de los principales medios de comunicación.
El 8 de agosto, el asesor de la Casa Blanca, Sebastian Gorka, miembro de la Orden de Vitéz, una organización fascista de Hungría, dijo que el bombardeo fascista de una mezquita cerca de Minneapolis, Minnesota, podría ser un “falso crimen de odio” propagado por la izquierda. Al día siguiente, Gorka le dijo a Breitbart News que “los supremacistas blancos” no son “el problema “, y que el terrorismo es producto del islam.
En los días que siguieron, Trump lanzó sus amenazas de guerra contra Corea del Norte y Venezuela y atacó nuevamente al líder republicano del Senado, Mitch McConnell.
La violencia nazi de este fin de semana carga la marca política de Bannon, Miller y Gorka. El líder de la demostración nazi, Jason Kessler, reconoció después del evento que los organizadores habían “hecho contacto con la policía” meses antes del acto de provocación “Unite the Right”.
Kessler también se reunió con varios funcionarios republicanos en preparación para la movilización nazi. Poco después de la inauguración de Trump, Kessler realizó una rueda de prensa con el candidato republicano de Virginia, Corey Stewart, para denunciar los planes de Charlottesville de quitar la estatua del general confederado Robert E. Lee.
En marzo, Kessler viajó a Washington D.C. para reunirse con el congresista de Virginia, Tom Garrett, quien representa el área de Charlottesville. Kessler publicó en Facebook que tuvo “una reunión muy productiva hoy con el congresista Tom Garrett”, y reconoció que mantuvo discusiones con Garrett sobre cómo es que los grupos nazis de Kessler podrían apoyar con las medidas antiinmigrantes de Trump: “Hablamos de RAISE y Stop Arming Terrorists [Paren de Armar a los Terroristas]: dos proyectos de ley geniales que apoyamos”, publicó Kessler.
Los acontecimientos en Charlottesville y los esfuerzos de Trump para desarrollar un movimiento fascista extraconstitucional constituyen advertencias para la clase trabajadora en EE. UU. y a nivel internacional. El programa de los fascistas en la Casa Blanca y en las calles de Charlottesville es de guerras genocidas en el extranjero y la internación y asesinato masivos de negros, inmigrantes, personas LGBT, judíos y socialistas en el país.
El fascismo es la excrecencia del decadente orden social del capitalismo estadounidense y mundial, el cual ha vomitado a la figura de Donald Trump como su expresión representativa. No se detendrá a través de llamamientos moralistas hacia el establecimiento político, sino sólo mediante la movilización de la clase obrera unida allende las líneas raciales, nacionales y étnicas y armada políticamente con un programa revolucionario para la reorganización socialista de la economía estadounidense y mundial.

Trump apela al discurso fascista

por Patrick Martin//

En medio de un recrudecimiento de la guerra política en Washington, el presidente Trump dio un discurso el jueves en Huntington, estado de West Virginia, en el que realzó un conjunto de temas fascistas que la Casa Blanca ha estado desarrollando durante las últimas semanas.
Proclamándose el defensor de los mineros y otros trabajadores en contra de los inmigrantes, ambientalistas y grupos de “intereses especiales” que no nombró, Trump elogió al gobernador demócrata del estado, el multimillonario empresario del carbón, Jim Justice, quien anunció en el mitin que se iba a pasar al Partido Republicano.
Trump exhortó a otros demócratas a apoyar sus políticas derechistas y abandonar la campaña, impulsada por el aparato militar y de inteligencia, sobre la supuesta interferencia rusa en las elecciones del 2016. “La razón por la cual los demócratas sólo hablan sobre la completamente inventada historia de Rusia es porque no tienen un mensaje, una agenda ni una visión”, exclamó.
Esta caracterización del Partido Demócrata es de hecho certera. La maniática obsesión de los demócratas con la investigación sobre Rusia crea un vació político, sin una oposición oficial a la ofensiva de Trump contra los derechos democráticos y los triunfos sociales de la clase obrera.
Trump tiene en mente aprovecharse de esto a través de una retórica demagógica sobre la (inexistente) resurrección de la industria del carbón y el (ficticio) auge de empleos manufactureros. El primer “logro” de su gobierno al que se refirió puso de manifiesto el verdadero contenido de su programa económico: “el tope histórico del mercado bursátil”, el cual ha enriquecido a multimillonarios como Trump y el mismo Justice, pero que se ha dado a costa de empleos y de los niveles de vida de los trabajadores.
Trump mezcla este tipo de mentiras de que está luchando por la gente trabajadora con declaraciones demagógicas contra los inmigrantes y a favor de la ley y el orden, en las que destaca a los villanos tradicionales: “los terroristas islámicos radicales”, “los traficantes de drogas”, “los traficantes de personas”, “las viciosas y violentas pandillas”. En cuanto a los verdaderos responsables de las terribles condiciones de vida en regiones como West Virginia —las enormes corporaciones y bancos que han presidido despidos en masa, agresivos recortes salariales y una epidemia de opioides que se sigue esparciendo—, Trump no tuvo nada que decir.
Su visita a Huntington se suma a una serie de apariciones en público que han sido parte de una campaña de la Casa Blanca para movilizar, paso por paso, el apoyo que tengan entre policías, militares, fundamentalistas cristianos, racistas blancos y fascistas.
Mientras que el gobierno de Trump ha dejado entrever su empuje autoritario desde su discurso inaugural, durante las últimas dos semanas, se ha desenvuelto de forma calculada una estrategia política definida que comenzó con su discurso el 22 de julio ante las fuerzas navales en la inauguración del nuevo portaaviones USS Gerald Ford.
Trump se pronunció la semana pasada en Long Island, Nueva York, ante una audiencia de policías en uniforme, urgiéndoles tratar “bruscamente” a los sospechosos que arresten, particularmente aquellos asociados con las pandillas de inmigrantes latinos.
Entre otros llamados al racismo y la homofobia, Trump tuiteó su decisión de prohibir que las personas transgénero “sirvan en cualquier capacidad en el ejército de EE. UU.”. El Departamento de Justicia además adoptó la postura de que la discriminación homofóbica de parte de los patrones no viola ningún derecho civil, mientras que han aparecido informes de que arremeterá contra las universidades que tengan programas de acción afirmativa por participar en discriminación “anti-blanca”.
El lunes pasado, el nuevo jefe de personal del gabinete de Trump, el exgeneral marine John F. Kelly, fue juramentado, reemplazando a Reince Priebus, expresidente del Comité Nacional Republicano. Por primera vez en casi medio siglo, el puesto más alto de la Casa Blanca será ocupado por un militar.
El asesor político de Trump, Stephen Miller, compareció en una rueda de prensa de la Casa Blanca el miércoles para anunciar el apoyo del mandatario a una legislación que cortaría a la mitad el número de inmigrantes legales en EE. UU., implementando una nueva norma racista que favorece a los angloparlantes y a aquellos que las empresas quieren, en vez de sus familias.
Los llamados políticos de la administración se han distanciado más y más de una agenda legislativa o electoral. El enfoque es uno personalista, basado en la figura de Trump y en la construcción de un movimiento político a su alrededor.
La reaparición de Miller el miércoles, después de haber sido apartado varios meses tras la debacle del veto antimusulmán de Trump, puso de vuelta a los asesores más explícitamente autoritarios de la Presidencia en primera línea frente al público y la prensa. Durante la rueda de prensa, en un debate luego ampliamente publicitado con el reportero de CNN, Jim Acosta, Miller develó sin querer la conexión directa de la Casa Blanca bajo Trump y la derecha fascista.
El intercambio tocó el tema del famoso poema de Emma Lazarus que está impreso en la Estatua de la Libertad (que dice “Dame tus exhaustas, empobrecidas y empuñadas masas ansiosas de respirar libremente”). Miller contendió que el poema, “fue añadido después y no es parte de la Estatua de la Libertad original”. Como lo señalaron el Washington Post y el Jewish Daily Forward, esa afirmación reproduce las posturas que han circulado en círculos fascistas y neonazis este mismo año, como Rush Limbaugh en la radio, el líder del Ku Klux Klan, David Duke y el supremacista blanco, Richard Spencer.
Trump y sus asesores más cercanos están buscando explotar el generalizado disgusto hacia el Partido Demócrata como partido de la élite económica liberal, incluyendo secciones de Wall Street, con una postura completamente fraudulenta de Trump como el defensor del “hombre olvidado”, como lo manifestó durante su campaña electoral y nuevamente el jueves por la noche. Trump no tiene un programa económico que siquiera aparente abordar el aumento de la pobreza y la miseria social en las masas.
Los demócratas no han dicho nada sobre los llamados de línea fascista de Trump. Al contrario, han reforzado la campaña antirrusa. Se informó el jueves que el fiscal independiente Robert Mueller convocó un gran jurado especial como parte de su investigación sobre la presunta interferencia rusa en las elecciones del año pasado y la colusión de Moscú con la campaña de Trump.
La publicación de filtraciones de información de la Casa Blanca y las agencias de inteligencia mantiene un ritmo sin precedentes. La más reciente fue del Washington Post, que hizo públicos transcritos de las conversaciones telefónicas de Trump con líderes mexicanos y australianos, dando una vergonzosa mirada al matonismo y doble juego que caracterizan sus comunicaciones con homólogos internacionales.
Estos ataques son el resultado de diferencias sobre política exterior dentro de la élite gobernante. Mientras que Trump ha buscado apaciguar a sus críticos, como con la aprobación reciente de nuevas sanciones contra Rusia, también busca movilizar a sus simpatizantes ultraderechistas y ejercer presión de vuelta contra sus opositores.
El Partido Demócrata no hará nada para oponerse a su movilización de elementos ultraderechistas y de tendencia fascista para atacar a los inmigrantes y deshacerse de los derechos democráticos. Las críticas de los demócratas se limitan al encasillamiento del aparato de seguridad nacional: es indulgente con Rusia y actúa erráticamente, se preocupa por los intereses financieros de su familia y no por los intereses de Wall Street y el imperialismo norteamericano en su conjunto.
Al mismo tiempo, están dispuestos a colaborar con Trump, particularmente en la “reforma fiscal”, la cual promete nuevas ganancias exorbitantes para la élite corporativa y financiera.
La batalla en contra de la ultraderecha y en defensa de los derechos democráticos es la lucha por unir a todos los sectores de la clase obrera —sean blancos, negros, hispanos, asiáticos, indios americanos o inmigrantes— con base en los intereses comunes de clase, en defensa de los empleos, los niveles de vida y en oposición a la creciente amenaza de otra guerra imperialista. Esto sólo es posible mediante la movilización independiente de la clase obrera contra ambos partidos de las grandes empresas, el demócrata y el republicano, y por un programa socialista e internacionalista.

EE.UU. tiene el más pobre cuidado a la salud y la más grande brecha entre ricos y pobres en cuestión de salud

por Kate Randall//

Un nuevo estudio revela descubrimientos que no sorprenderán a la mayoría de trabajadores estadounidenses: en EE.UU., tu nivel de ingreso define tu acceso al cuidado a la salud, la calidad de cuidado que recibes y si encontrarás una muerte prematura debido a ello. EE.UU. también tiene el nivel de cuidado a la salud más paupérrimo en los países de mayor ingreso.
El estudio “Espejo, espejo 2017: Comparaciones internacionales reflejan fallas y oportunidades para mejorar el cuidado a la salud en EE.UU.” del Commonwealth Fund, que usa data extraída de encuestas para medir y comparar experiencias de pacientes y médicos en 11 países, encuentra que EE.UU. yace mayormente último en otorgar un cuidado a la salud accesible y de buena calidad, sin importar el ingreso.
El reporte compara el rendimiento del sistema de cuidado a la salud en EE.UU. con aquél en los 10 otros países de mayor ingreso, haciendo un ránking de cinco áreas: proceso del cuidado, acceso, eficiencia administrativa, equidad y resultados de sistema a la salud. EE.UU. yace mayormente al final excepto en un área estudiada: proceso del cuidado, en el que sale quinto.
Si EE.UU. fuese una sociedad políticamente saludable, la publicación de este reporte haría sonar las alarmas en la Casa Blanca y el Capitolio. ¿Por qué, en el “país más grande del mundo”, está la ciudad de sus ciudadanos en un estado tan deplorable? ¿Qué puede hacerse para remediar lo que solamente puede describirse como una emergencia gravísima de salud?
En vez de ello, la publicación del estudio vino luego de que se desvelara el jueves la última versión de de los republicanos del Senado de su Acta de Reconciliación por el Mejor Cuidado a la Salud (BCRA, siglas en inglés), el cual propone recortar $772 mil millones del programa Medicaid, que es para los pobres, y la expansión de éste en la Acta de Cuidado a la Salud Asequible. La Oficina Presupuestal del Congreso estimó que una versión más temprana de la acta dejaría a 22 millones más de personas sin seguridad por el 2026 que bajo el actual sistema.

El estudio de Commonwealth indica que los fáctores que contribuyen a este desastroso reporte de la salud en EE.UU. serán empeorados bajo cualquier “reforma” de cuidado a la salud tramada en Washington. La expectative de vida, luego de que mejorara en años recientes, ha sido agraviada por la crisis de opioides. A medida que la generación “baby boom” envejece, más personas en EE.UU. se encuentran viviendo con enfermedades relacionadas con la edad, lo que coloca cada vez más presiones en el sistema de cuidado a la salud.
Estos son problemas que podrían ser confrontados con un adecuado y oportuno sistema de salud, pero estos servicios son lamentablemente inadecuados. En particular, el pobre acceso al cuidado primario ha contribuido a la prevención inadecuada y el control de enfermedades. Y en EE.UU. más que en otro país estudiado, es mucho más probable que personas con menor acceso no puedan acceder al cuidado a la salud aquesible y sufran y mueran debido a ello.
44 por ciento de la población de pocos recursos reportaron barreras financieras al cuidado a la salud, comparadas con el 26 por ciento de aquellos con ingresos más altos. En comparación, en el Reino Unido tan sólo el 7 por ciento de personas con ingresos menores y 4 por ciento con mayores ingresos reportaron que los costos le prevenían obtener cuidado a la salud.
Según el estudio, en la población estadounidense en total el año pasado:
• El 33 por ciento tuvo problemas de obtención por el costo del cuidado médico.
• El 32 por ciento evitó el cuidado dental o los controles debido a los costos.
• Se le negó el 27 por ciento pago de seguro para el cuidado a la salud o no recibió tanto como esperaba.
• El 20 por ciento tuvo serios problemas para pagar o no pudo pagar gastos médicos.
• El 60 por ciento de doctores reportó que sus pacientes usualmente tienen dificultad en pagar medicamentos o costos de desembolso.
• El 54 por ciento de doctores reportó que el tiempo gastado en reclamación de seguro es un problema importante.
• El 54 por ciento de doctores reportó como un problema mayor hacer que sus pacientes necesiten medicamentos o tratamiento debido a las restricciones de cobertura de seguro.
Estos problemas son peores en el segmento de bajos ingresos en la población estadounidense. Por ejemplo, el 44 por ciento de este grupo tenía un problema con respecto a los costos en el cuidado médico y 45 por ciento evadió el cuidado dental o una revisión debido a los costos. También hay una brecha de 24 por ciento entre los grupos de ingreso por encima y por debajo del promedio que evadieron cuidado dental debido a los costos.
El estudio usa ingreso “promedio”, el cual fue alrededor de $75.000 en el 2016, como la línea divisora entre ingreso mayor y menor. Sin embargo, los multimillonarios desfiguran esta medida promedio hacia arriba y debido a la creciente desigualdad de ingresos en EE.UU., los problemas del cuidado a la salud de aquellos que viven en la pobreza en el grupo del “promedio bajo” están en gran parte poco representados.
Algunas de las estadísticas más impactantes presentadas son las de mortalidad de población, en el cual EE.UU. ocupó el último lugar de cada categoría estudiada comparada con los otros países.
• Mortalidad infantil: 6 muertos por 1000 nacimientos, comparado con Suecia que tiene 2,2 (el más bajo).
• Expectativa de vida a la edad 60: 23,5 años en EE.UU., comparado a 25,7 en Francia (el más alto).
El estudio también examina “mortalidad susceptible al cuidado a la salud” o muertas consideradas prevenibles por un cuidado a la salud oportuno y efectivo. EE.UU. tiene 112 muertes por 100.000 personas que podrían haber sido prevenidas por un cuidado a la salud oportuno y efectivo. Esto es más del doble de la tasa en Suiza: 55 por 100.000.
EE.UU. también tuvo un declive mucho más bajo en estas muertes prevenibles en los últimos 10 años: estás fueron reducidas en 16 por ciento en comparación a 34 por ciento en Holanda.
EE.UU. gastó $9364 por persona en cuidado a la salud en el 2016, comparado a $4094 en el Reino Unido, el cual obtuvo el primer lugar en cuidado a la salud. En otras palabras, si bien gasta más por persona, las poblaciones de EE.UU. tienen un cuidado a la salud más pobre que los otros 10 países estudiados.
Tales figuras evocan los reclamos de ambos partidos del gran capital para recortar el gasto. Típicos son los comentarios recientes del Secretario de Servicios de Salud y Humanos de Trump Tom Price quién afirmó que si bien estaba comprometido a luchar contra la epidemia de opioides que mató 60.000 personas el año pasado en EE.UU., “no necesitamos estar tirando dinero”, a la crisis.
Lo que no es mencionado en tales declaraciones es la causa de raíz de la crisis en el cuidado a la salud en EE.UU.: un sistema de salud basada en el lucro capitalista. Las compañías de seguro que buscan el lucro, las farmacéuticas y las gigantescas cadenas de cuidado a la salud no están en el negocio para promover la salud del pueblo estadounidense, sino incrementar sus resultados finales.
Sea cual sea la legislación a la salud aprobada en el Congreso –sea por los republicanos o en un “compromiso” bipartidista con los demócratas– estará basada en este modelo capitalista. Las actas a la salud de los republicanos de la Cámara y del Senado están, en realidad, basadas en Obamacare, el cual incorpora las estructuras establecidas bajo la legislación democrática.
El propósito central de Obamacare fue colocar los costos del gobierno y las corporaciones sobre los hombros de la clase trabajadora, con el cuidado a la salud cada vez más racionado sobre una base clasista. Los descubrimientos de Commonwealth Fund sobre el cuidado a la salud en EE.UU., particularmente aquellos en la mortalidad, son una señal del resultado preliminar de esta estrategia bipartidista.
Detrás de las propuestas del BCRA para destripar Medicaid y otorgar a las aseguradoras privadas aún más espacio para aumentar sus costos por medio de coberturas mezquinas y de alto costo, yace un intento calculado para reducir la expectativa de vida para la clase trabajadora y para muchos de los ancianos, enfermos o discapacitados a una muerta temprana.

Estados Unidos camino al fascismo: Corte Suprema aprueba órdenes antimusulmanas de Trump

por Tom Carter//

La decisión de la Corte Suprema del 26 de junio de permitir la imposición del veto antimusulmán promulgado por Trump es uno de los casos más importantes en la historia de la institución. Después de que algunos tribunales federales inferiores bloquearan la flagrantemente discriminatoria orden ejecutiva de Trump, la Corte Suprema intervino para regalarle una victoria.

La opinión escrita de la corte es de particular importancia, no porque exhiba un razonamiento jurídico brillante ni por su profunda reafirmación de algún principio democrático. Es un documento deslucido y desinteresado de tan sólo trece páginas. Se nota que constituye un compromiso político y que el “razonamiento jurídico” de la decisión fue una burda improvisación para justificar un resultado predeterminado.
El documento prescinde de todo sentimiento democrático reconocible. Anuncia simplemente que “la balanza se ha inclinado a favor de la obligación del gobierno de encargarse de la seguridad de la nación”.
La decisión de la Corte Suprema es una señal que, después de un largo atardecer, se avecina el ocaso de todo lo que aún pueda llamarse democracia estadounidense. La asociación histórica de la élite política estadounidense con una cierta cultura política, ciertas instituciones y tradiciones democráticas, heredadas de la Revolución Estadounidense y la Guerra Civil, ha pasado sobre el horizonte; ya no es una realidad.
Donald Trump, de forma estridente y de mal gusto, proclama cuál va a ser la nueva realidad. Con sus apelaciones a intolerancia y prejuicios, Trump expresa el estado de putrefacción del sistema social del país. Todo lo que se encuentra enfermo en el capitalismo estadounidense, incluyendo la delincuencia, la ignorancia, la rapacidad, el narcisismo y la cleptomanía de la clase gobernante, ha sido vomitado por el sistema en la forma de tan vulgar imbécil. La llegada de Trump al poder pregona una nueva era de guerras, represión, contrarrevolución social y lucha de clases.
La comparación de la decisión del lunes con la notoria decisión de la Corte Suprema de 1944 en el caso Korematsu v. Estados Unidos es totalmente justificada. En ese caso, una mayoría de los jueces, a raíz de consideraciones militares, ratificó la legalidad de las prohibiciones de residencia, los campos de internamiento y los toques de queda para las personas de ascendencia japonesa. Una vez más, la Corte Suprema ha autorizado la discriminación basada en la nacionalidad.
Pero a diferencia de Korematsu, hoy día, ni siquiera hay jueces disidentes que protesten tales injusticias contra una hostigada minoría. La decisión de Korematsu, al menos, contuvo la famosa disensión del juez Frank Murphy, quien llegó a la conclusión: “Estoy en desacuerdo, por lo tanto, con esta legalización del racismo. La discriminación racial, en cualquiera de sus formas y en cualquier grado, no tiene justificación alguna en nuestra forma democrática de vida. Es poco atractiva en todo entorno, pero es completamente repugnante en un pueblo libre que ha adoptado los principios enunciados en la Constitución de Estados Unidos”.
¿Dónde están los disidentes hoy? En el año 2017, la única disensión en la Corte Suprema proviene de la extrema derecha. La controversia es entre seis integrantes que permitirían que la prohibición contra los musulmanes entre en vigor excepto para aquellos con algún “relacionamiento bona fide [de buena fe]” en EE.UU. y tres jueces que lo buscaban aprobar sin restricciones.
No está claro si los decretos antimusulmanes son peores con o sin la salvedad de “relacionamientos bona fides”, respaldada por el ala supuestamente liberal del tribunal. Esta excepción les concede una autoridad aún más caprichosa a los funcionarios de inmigración de Trump. ¿Considerarían a un refugiado sirio, sin dinero, desesperado y con familiares en Los Ángeles alguien con “relacionamientos bona fides”? ¿Recibiría el mismo trato un empresario rico con socios en Wall Street?
La decisión de la Corte Suprema no se basa en leyes, sino en mentiras y prejuicios. Según los datos recopilados por el profesor de la Universidad de Carolina del Norte, Charles Kurzman, un gran total de cero de los extremistas musulmanes que han llevado a cabo ataques terroristas dentro de EE.UU. vinieron de los países incluidos en la orden ejecutiva de Trump.
Si bien los medios de comunicación prefieren utilizar el término “veto a viajes”, tanto los opositores como los que simpatizan con los decretos ejecutivos de Trump reconocen que fueron motivados por una intolerancia contra los musulmanes. Durante su campaña presidencial, Trump declaró que impondría un “cierre total y completo de EE.UU. para los musulmanes”, y se ha referido frecuentemente en sus mítines a una “selección extrema” de musulmanes. El asesor de Trump y exalcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, ha alardeado públicamente que él fue consultado en la redacción de un instrumento de persecución contra musulmanes que superara un escrutinio legal.
En enero, el anuncio del veto fue recibido con grandes protestas, mientras que la mayoría de los estadounidenses se opone a las medidas antimusulmanes. En estas manifestaciones, algunos de los mejores carteles decían cosas como: “Primero vinieron por los musulmanes”. Muchos de los que participaron en estas protestas expresaron un entendimiento de que esta prohibición contra musulmanes es más que un ataque a una minoría en particular, sino que constituye un ataque contra los derechos democráticos fundamentales en su totalidad, un intento para dividir y conquistar, y un precedente para represiones futuras.
En última instancia, el blanco del aparato represivo es la clase obrera, la gran mayoría de la población, la que está excluida de la vida política y está cada vez más enojada con las políticas al servicio de la oligarquía y sus riquezas.
Steve Bannon y Stephen Miller, los asesores de tendencias fascistas de Trump que redactaron los decretos antimusulmanes, tienen un método. Como los reaccionarios del siglo pasado, están fomentando deliberadamente el atraso, el oscurantismo y los prejuicios, y buscan canalizarlos en una dirección política reaccionaria. Trump mismo, según un artículo de 1990 en la revista Vanity Fair, mantenía un libro de discursos de Hitler en su mesa de noche.
Los comentaristas de “izquierda” y “progresistas” de Estados Unidos, quienes se encuentran en una negación completa acerca de la profundidad de la crisis, están llamando a la complacencia en respuesta al fallo de la semana pasada. Estos individuos, quienes están alineados con el Partido Demócrata, intentan ocultar la vergonzosa capitulación del “ala liberal” de la Corte Suprema, incluyendo a los jueces nombrados por Obama, Sonia Sotomayor y Elena Kagan.
El día después de que entrara en uso el veto, el New York Times, que funciona como portavoz del Partido Demócrata y la CIA, escondió la noticia, enfocándose en cambio, en el alboroto mediático sobre los tuits de Trump que atacan a los anfitriones del canal MSNBC, Mika Brzezinski y Joe Scarborough.
Estas son las mismas capas sociales que afirman cada otro año que votar por los demócratas es necesario para orientar a la Corte Suprema a la izquierda. Obsesionado con las políticas de identidades y ciego a la realidad social, el periódico celebró con entusiasmo el nombramiento en el 2009 de “la primera hispana y tercera mujer en integrar la Corte Suprema”, como comienza uno de sus artículos. Tras la decisión unánime a favor de Trump el lunes de la semana pasada, esta gente ahora sólo encoge los hombros y da excusas.
El propio Partido Demócrata, dedicado a su campaña reaccionaria contra Rusia, no tiene interés en alentar ninguna oposición popular a las órdenes ejecutivas antimusulmanes o antiinmigrantes de la Casa Blanca.
La decisión del Tribunal Supremo surge a raíz de décadas de continuos ataques contra los derechos democráticos y el estado de derecho, sea en gobiernos demócratas o republicanas. En particular, la decisión fue hecha posible principalmente por el empuje bipartidista de la última década y media para la librar la “guerra contra el terrorismo”, con asesinatos y tortura de Estado, rendiciones extraordinarias, poderes dictatoriales al ejecutivo, comisiones militares, policía militarizada, impunidad oficial, sitios de ciudades completas, espionaje interno, secretos de Estado, persecuciones de los denunciantes y xenofobia ultranacionalista. Este período también ha sido testigo de una contrarrevolución social dentro del país que ha aumentado dramáticamente la desigualdad social, además de las sangrientas aventuras militares estadounidenses en el extranjero.
Se deben tomar conclusiones acordes a la severidad de la decisión de la Corte Suprema de la semana pasada. Nuestra época no empatiza con acciones a medias o concepciones nebulosas. Quienes protesten contra las órdenes ejecutivas antimusulmanas de Trump se enfrentan a más que un multimillonario y su cuadrilla de asesores fascistas. Se enfrentan al aparato político podrido entero, a la clase dirigente capitalista y a sus sirvientes. La incipiente insurgencia contra el régimen de Trump tiene que unir las luchas contra las guerras imperialistas, la desigualdad y la represión como parte de un movimiento político de masas, independiente de los demócratas y los republicanos, y en contra del agónico sistema social, político y económico mundial enfermo.

Piñera no es el único: los ultra ricos ocultan el 25 por ciento de su riqueza en paraísos fiscales

por Gabriel Black //

Un estudio publicado el 28 de mayo por el economista de la Universidad de California en Berkeley, Gabriel Zucman, y dos colegas escandinavos, “Evasión fiscal y desigualdad”, demuestra que la desigualdad en la riqueza global está siendo subestimada drásticamente en las estadísticas oficiales debido a lo exitosos que son los multimillonarios para evadir impuestos.

De acuerdo con el documento, los ultra ricos en el 0.01 por ciento de ingresos más altos ocultan el 25 por ciento o más de su riqueza. Esto se debe principalmente a la explotación de paraísos fiscales extraterritoriales que les permiten evitar pagar impuestos sobre sus ingresos lejos de donde los devienen o de donde viven.

El estudio demuestra, una vez más, que los súper ricos viven bajo una ley propia, en un mundo completamente separado de la inmensa mayoría de la humanidad. A principios de este año, la organización Oxfam informó que sólo ocho hombres controlan tanta riqueza como la mitad más pobre de la humanidad. Sin embargo, los resultados de este nuevo informe sugieren que la concentración de riqueza es aun mayor.

Los autores del documento escriben: “Los muchos conjuntos de datos utilizados en este artículo pintan la misma imagen: la probabilidad de ocultar activos se eleva muy fuertemente relativamente con la riqueza, incluso dentro de los grupos más altos. Como resultado, la riqueza extraterritorial resulta estar extremadamente concentrada. Según nuestra estimación, el 0,01 por ciento de la distribución, posee cerca del 50 por ciento de ella [la riqueza en el exterior]”.

Concluyen “esto implica que el 0,01 por ciento oculta aproximadamente el 25 por ciento de su verdadera riqueza”.

Zucman le explicó a Los Angeles Times: “Hay una gran industria que brinda servicios de gestión patrimonial para los súper ricos de todo el mundo. … Una vez que se cruza un cierto umbral de más de $50 millones de dólares, se les ofrece estos servicios”.

Los autores del estudio, Annette Alstadsaeter, Niels Johannesen y Gabriel Zucman, se basan en varias fuentes para hacer su análisis. La primera y más importante proviene de los datos filtrados del HSBC Private Bank (Suisse), el brazo suizo de HSBC, el sexto banco privado más grande del mundo. Los datos del HSBC Private Bank (Suisse), develados en el 2015, muestran cómo es que el banco oculta miles de millones de dólares de dinero gravable perteneciente a corporaciones como Google y Amazon, así como de una variedad de clientes extremadamente ricos. El flujo de dinero sucio que fue expuesto a través de esta filtración de información alcanzó a figuras como el expresidente estadounidense, Bill Clinton, varios otros multimillonarios y figuras públicas.

Otra fuente que utilizan los investigadores son los datos de los Papeles de Panamá, la masiva filtración de archivos en el 2016 de la firma de abogados Mossack-Fonseca con sede en Panamá. Estos archivos mostraron cómo esta oficina de abogados hizo millones de dólares ayudándoles a políticos y a los súper ricos a ocultar su dinero para evadir impuestos.

Una tercera fuente que utiliza el estudio son los datos de las autoridades fiscales de Noruega, Dinamarca y Suecia que muestran los datos de hogares que voluntariamente revelaron activos previamente ocultos a cambio de una amnistía fiscal. Zucman y sus colaboradores fueron capaces de hacer concordar los activos expuestos por la filtración del HSBC del 2015 y los Papeles de Panamá con los datos gubernamentales de los países escandinavos. Este método les permitió entender la cantidad promedio de riqueza que los multimillonarios dijeron tener frente a lo que realmente tenían en cuentas no reveladas.

El estudio demostró que en Noruega, cuando se agregan los activos extraterritoriales, los súper ricos noruegos muestran un aumento del 30 por ciento en sus ingresos; es probable que el aumento sea mayor en otros países.

“Debido a que la mayoría de las economías latinoamericanas y muchas economías asiáticas y europeas poseen mucha más riqueza en el extranjero que en el caso de Noruega, los resultados encontrados en este país serán probablemente menores que en la mayoría de los países del resto del mundo”, señalaron los autores.

Zucman le comentó a Los Angeles Times, que “Hay buenas razones para creer que la pendiente tan inclinada [en la evasión fiscal de los ricos] también sea el caso de EE.UU.”.

De acuerdo con cifras conservadoras del Servicio de Rentas Internas de EE.UU. —las cuales no cubren los paraísos fiscales legales— no se pagan $406 000 millones en impuestos cada año. Una investigación sobre los datos filtrados de HSBC en el programa “60 Minutes” de CBS News , encontró que Swiss Bank, administrado por HSBC, tenía cuentas de unos 4000 contribuyentes estadounidenses que poseen una riqueza superior a los $13 000 millones de dólares.

La evasión fiscal individual que destaca el informe es, sin embargo, sólo parte de un fenómeno mucho más amplio. La evasión fiscal en EE.UU.es un fenómeno que ocurre literalmente a escala industrial y que está integrado en el modelo de negocios de las principales corporaciones estadounidenses.

Se ha estimado que las firmas estadounidenses tienen cerca de $2 billones de dólares en efectivo en valores en cartera extraterritoriales, en gran parte para escapar el pago de impuestos en Estados Unidos —una cantidad aproximadamente equivalente al 14 por ciento del producto interno bruto estadounidense.

El ejemplo más notorio es Apple, que tiene $240 000 millones de sus $256 000 millones en reservas de efectivo en el extranjero, a fin de evitar pagar impuestos sobre este dinero si lo llegare a repatriar. Al mismo tiempo, toma prestadas decenas de miles de millones de dólares en EE.UU., en gran parte con el fin de recomprar acciones y pagar dividendos para aumentar el valor de sus propias acciones.

La operación de esta lógica aparentemente perversa —tomar préstamos mientras tienen un océano de dinero en efectivo— es el resultado de las decisiones políticas de la Reserva Federal de Estados Unidos desde la erupción de la crisis financiera del 2008 dirigidas a impulsar el aumento de la riqueza de la élite financiera.

Su política de flexibilización cuantitativa, con la que han inyectado alrededor de $4 billones de dólares en el sistema financiero estadounidense, junto con el mantenimiento de tasas de interés muy bajas, significa que Apple sólo tiene que pagar intereses que oscilan entre el 1,6 y el 4,3 por ciento para financiar operaciones que aumentan el valor de sus acciones —esto es mucho menos de lo que tendrían que pagar en impuestos si decidieran repatriar los activos financieros que posee en el extranjero.

Como resultado de estas y otras maquinaciones financieras, el valor total de Apple en el mercado pasó los $800 000 millones a principios de este año y está bien encaminado a la marca del $1 billón, mientras que el costo social de estas operaciones lo sobrellevan millones de familias de la clase trabajadora que están privadas de servicios vitales porque se afirma que el gobierno no tiene dinero para pagar por estos servicios.

No obstante, Apple es sólo el mayor ejemplo de un proceso que se extiende por todo el mundo corporativo. Entre los otros grandes tenedores de reservas de efectivo en el extranjero están: Microsoft, con $113 000 millones; Cisco Systems, con $62 000 millones; Oracle, con $52 000 millones y la matriz de Google, Alphabet, con $49 000 millones de dólares.

Estas cifras subrayan el hecho de que la evasión fiscal y las ganancias obtenidas por los “malhechores con grandes riquezas” no son simplemente el resultado de sus acciones individuales, sino son el producto de un orden económico y político de, por y para los ricos.

Las elecciones británicas de crisis y las tareas de la clase obrera

por Chris Marsden//

Reino Unido fue a las urnas tras una campaña electoral sin igual. En el espacio de unas pocas semanas, una prevista victoria arrolladora por el Partido Conservador ha dado paso a especulaciones sobre una mayoría reducida, un Parlamento sin mayoría absoluta o incluso una victoria laborista.

Dos atentados terroristas brutales han dejado decenas de muertos y muchos más mutilados. Las calles son patrulladas por grandes contingentes de policías armados. El ejército fue desplegado a lugares estratégicos conforme a medidas secretas de emergencia.
La primera ministra Theresa May convocó anticipadamente los comicios porque la oligarquía financiera y el aparato militar y de inteligencia a quienes sirve decidieron que no podían esperar dos años más hasta las próximas elecciones programadas, en medio de grandes convulsiones políticas y sociales. Al parecer, apenas pudieron esperar dos meses.
May tenía la esperanza de poder utilizar la guerra interna en el Partido Laborista y la agresiva campaña mediática contra Jeremy Corbyn para garantizarse una dictadura parlamentaria de facto y poder intensificar su agenda de austeridad e intervenciones militares en Siria y otros lugares. En cambio, la campaña electoral ha visto una avalancha de muestras de odio hacia los tories y todo lo que representan por parte de los trabajadores y jóvenes, quienes han manifestado su apoyo a Corbyn y a sus promesas de poner fin a la austeridad.
El repulsivo intento de May de buscar capitalizar los atentados terroristas terminó perjudicándola. La abrumadora evidencia de que el servicio de inteligencia militar MI5 y la policía sabían sobre sobre el atacante de Manchester, Salman Abedi, y al menos dos de los tres asesinos de Londres comprueba que numerosos islamistas son activos protegidos para ser utilizados como fuerzas indirectas en las guerras libradas por Reino Unido y EE.UU. en Libia, Irak y Siria.
May apostó su propio futuro al prometer una salida “dura” de la UE pero, al hacerlo, alienó a amplios sectores corporativos y de la City de Londres. Las estimaciones de que, tras el brexit, caiga el comercio con la Unión Europea un 40 por ciento y la inversión extranjera un 20 por ciento, han provocado advertencias de un desastre financiero.
Su plan de depender en el gobierno de Trump para extraer concesiones de Alemania, Francia y otros en la UE ha tenido el efecto contrario. La respuesta de la canciller alemana, Angela Merkel, a las amenazas de Trump de poner a “EE.UU. ante todo” ha sido declarar que tanto EE.UU. como el Reino Unido pos- brexit no son de fiar como aliados. Ante el aumento en tensiones globales entre EE.UU. y Europa, la estrategia de toda la política exterior británica de atenerse al poder militar y económico de EE.UU. para avanzar su propia influencia ha colapsado.
Sin embargo, la brutal verdad es que un gobierno laborista encabezado por Corbyn tampoco representa una alternativa a las políticas de austeridad y de guerra de May.
Hay millones de trabajadores que quieren que los tories se vayan y están dispuestos a tolerar los constantes repliegues de Corbyn ante los partidarios del ex primer ministro Blair en su partido, con la esperanza de que al menos honre sus compromisos de defender el Servicio Nacional de Salud, aumentar el salario mínimo y construir nuevas viviendas. Pero los esfuerzos de su manifiesto para juntar reformas sociales mínimas con la agenda militarista del imperialismo británico es una combinación incompatible.
Reino Unido se está desestabilizando en el ámbito económico, político y social, mientras el capitalismo mundial entra en su peor crisis desde el final de la Segunda Guerra Mundial —una crisis que está reproduciendo todos los horrores del fascismo y la guerra asociados con la primera mitad del siglo XX. Cualquier intento para conservar la “competitividad global” del país bajo condiciones de guerra comercial y conflictos militares requiere profundizar la destrucción de puestos de trabajo, salarios y servicios esenciales.
Este proceso está cavando más el profundo abismo entre la clase obrera y los multimillonarios, llegando al punto de explosiones sociales. El choque de intereses entre la oligarquía y la clase obrera es tan agudo que no puede ser reconciliado a través de los llamados de Corbyn a “ser justos… para los muchos no los pocos”. Las políticas nacionalistas de los laboristas, de crear una forma de “patriotismo industrial” mediante la colaboración del gobierno “con las empresas y los sindicatos”, tienen como objetivo subordinar a los trabajadores al plan de guerra comercial de May, todo a costa de los empleos y niveles de vida de la clase obrera.
Han pasado casi dos años desde que Corbyn quedó electo como titular del Partido Laborista gracias a cientos de miles que ingresaron al partido con el fin de empujarlo hacia la izquierda. En cambio, Corbyn se ha trasladado cada vez más a la derecha.
Su oposición a expulsar a los parlamentarios laboristas de derecha que buscaron destituirlo, el permiso que dio a votar a favor de acciones militares en Siria y la renovación del sistema Trident de armas nucleares y luego la incorporación de estas concesiones en su manifiesto muestran cuál sería la función real de un gobierno laborista bajo su liderazgo.
La reacción de Corbyn a los atentados terroristas en Manchester y Londres se debe tomar como una clara advertencia.
Los conservadores buscaron utilizar los ataques para ganar las elecciones, intensificando su ofensiva para retratar a Corbyn como alguien indulgente hacia el terrorismo y una amenaza en sí para la seguridad nacional, basándose en sus declaraciones previas donde critica a la OTAN y se niega a asegurar categóricamente que autorizaría el uso de armas nucleares. Están preparándose para un giro brusco hacia la represión estatal después del 8 de junio.
La estrategia de cuatro puntos de May para “luchar contra el terrorismo” —incluyendo censura y vigilancia en Internet para eliminar “espacios seguros” para el “extremismo” en público— será utilizada para sofocar el descontento político, junto a la aplicación de medidas existentes para limitar aun más el derecho a la huelga. El núcleo autoritario de su programa fue caracterizado por la declaración: “Y si las leyes de los derechos humanos nos impiden hacerlo, vamos a cambiar las leyes para poderlo hacer”.
May también utilizó su discurso sobre los atentados de Londres para reafirmar su promesa de que intensificará la intervención militar en Irak y Siria.
Corbyn no dijo nada al respecto. En lugar de explicar que los atentados son consecuencias de las intervenciones criminales del imperialismo británico en Oriente Medio, optó por denunciar a May por recortar el número de policías, indicando que él está dispuesto a hacer “lo que sea necesario” en la lucha contra el terrorismo.
De esta manera, se posicionó como el candidato de la ley y el orden, no del cambio social. Su promesa a la élite gobernante de que no tienen nada que temer de un gobierno dirigido por él se refleja por el hecho de que su retórica de “izquierda” apenas sobrevivió una campaña electoral, ni hablar de cuando asuma su cargo.
Todos los grupos de pseudoizquierda británicos han intentado superar la profunda desconfianza de los trabajadores hacia el Partido Laborista explotando las ilusiones populares en Corbyn como individuo. El Partido Socialista de los Trabajadores (SWP; Socialist Workers Party) escribió, “No apoyamos a los que han intentado varias veces empujar al Partido Laborista hacia la derecha. Pero la única manera de mostrarle apoyo a Corbyn es votar por todos los candidatos laboristas”. El Partido Socialista, por su parte, evita toda mención de los laboristas y llama simplemente a formar “un gobierno liderado por Corbyn”.
Los acontecimientos han confirmado lo que el Partido Socialista por la Igualdad ha insistido: el Partido Laborista no puede ser cambiado mediante la instalación de un nuevo líder. Hoy día, el partido es el mismo que cuando lo encabezaban Tony Blair y Gordon Brown.
Sea cual fuere el resultado de las elecciones, la clase obrera británica, al igual que sus hermanos y hermanas en todo el mundo, se enfrenta a una lucha de vida o muerte en contra del descenso a la reacción social y política y el cada vez mayor peligro de guerra. La única manera de avanzar es mediante la adopción de una perspectiva nueva, socialista revolucionaria e internacionalista. La tarea de los trabajadores y jóvenes con una conciencia política más avanzada es unirse al Partido Socialista por la Igualdad y construirlo como la nueva dirección de la clase obrera.

(El autor milita en el PSI, sección británica del Comité Internacional de la Cuarta Internacional)

Ni Trump, ni Acuerdo de París: la solución al cambio climático es el socialismo

por Bryan Dyne//

La decisión de Trump de retirarse del acuerdo de París sobre el cambio climático es una más de una creciente lista de acciones que ejemplifica el carácter totalmente reaccionario de su administración.

Detrás de la retórica pseudopopulista de “EE.UU. ante todo” de su discurso el 1 de junio, el cual llevaba todas las marcas de tendencia fascista del jefe de personal de Trump, Stephen Bannon, se encuentra el mensaje de que no tolerará siquiera la fachada de algún límite a las operaciones rapaces de la aristocracia financiera y corporativa. Si la Tierra queda envenenada y quemada como resultado, que así sea.
Los rivales nacionales e internacionales de Trump aprovecharon la ocasión para presentarse como defensores del medio ambiente. Los editoriales en los diarios New York Times y Washington Post llamaron la acción de Trump “miope” y “contraproducente”. En Europa, el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Emmanuel Macron, emitieron un comunicado conjunto declarando que el acuerdo no será renegociado, llamándolo “un instrumento vital para nuestro planeta, sociedades y economías”.
Sin embargo, tales críticas tienen menos que ver con el tema del cambio climático —ni mencionar con medidas serias para frenar el calentamiento de la Tierra— que con disputas nacionales e internacionales entre diferentes facciones de la clase gobernante. Con Alemania a la cabeza, las potencias europeas han utilizado el abandono estadounidense del acuerdo de París para robustecer la defensa de sus propios intereses económicos y geoestratégicos ante el ahondamiento de la brecha transatlántica.
En EE.UU., la crítica de las acciones de Trump se confluye con la férrea contienda que está siendo librada dentro de los grupos de poder alrededor de cuestiones de política exterior. Samantha Gross del Instituto Brookings figuró esto cuando calificó la decisión como un “error de política exterior enorme” que socavaría la posición global de EE.UU. Manifestó esta inquietud: “¿Podría China buscar llenar el papel de liderazgo que está desocupando Estados Unidos?”.
El cambio climático es una amenaza real que requiere acciones urgentes. Se ha entendido desde el primer informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC; Intergovernmental Panel on Climate Change ) en 1990 que el calentamiento global es el resultado de las emisiones a la atmósfera terrestre de carbono (principalmente dióxido de carbono y metano) proveniente de la actividad industrial y agrícola humana. Desde entonces, los informes de un grupo científico tras otro han concluido de forma unánime que sólo es posible evitar consecuencias catastróficas con medidas inmediatas y del máximo alcance.
Los mismos problemas que fueron predichos hace treinta años ya se manifiestan. En el registro existente de 136 años, 16 de los 17 años más calientes son aquellos desde el 2001. Mayores sequías y olas de calor han interferido con la producción agrícola del mundo. La selva amazónica casi se incendia en 1998, el 2005 y el 2007 debido a un clima más seco y caliente. El nivel del mar ya ha comenzado a subir, causado por el calentamiento de los océanos y la expansión del agua al calentarse. Esto, a su vez, ha agravado las inundaciones que acompañan a los huracanes y tifones.
El blanqueo de corales —inducido en los corales por las temperaturas más cálidas del océano y la mayor acidez oceánica— ya ha matado casi la mitad de la Gran Barrera de Coral, una parte clave de la cadena alimentaria y el equilibrio ecológico en general. Los glaciares en la Antártida y Groenlandia están cayéndose al océano, lo que eleva inmediatamente los niveles del mar y altera los patrones climáticos en todo el mundo. Se están extinguiendo más especies conforme sus hábitats son transformados de forma repentina o se introducen nuevas enfermedades, las cuales prosperan en climas más calientes.
La gravedad de la situación se destaca muy por encima de las medidas acordadas por las potencias capitalistas. De hecho, el acuerdo de París, generalmente precedido con la palabra “hito” cuando se menciona en la prensa, es ineficaz. Consiste en promesas no vinculantes con el objetivo de mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 2 grados centígrados, un poco más de dos veces el nivel actual de calentamiento.
En el momento de su adopción en el año 2015, el reconocido climatólogo, James Hansen, lo caracterizó acertadamente como un “fraude” y una “impostura”. Que el acuerdo de París cuente con el apoyo de los principales gigantes corporativos, incluyendo empresas de energía como Exxon Mobil, lo dice todo sobre su verdadero carácter.
El protocolo de Kioto de 1997, que fue sustituido por el acuerdo de París, también era insuficiente y fracasó porque las grandes potencias capitalistas, lideradas por EE.UU., rechazaron sus objetivos vinculantes. En negociaciones antes del acuerdo de París, el entonces presidente Barack Obama, a quien le gustaba dar floridos discursos sobre el peligro del cambio climático, insistió en que EE.UU. no podía quedar legalmente obligado a tomar ninguna acción en el nuevo acuerdo climático.
Para encarar de verdad el cambio climático es necesaria una reorganización trascendente de la vida económica a escala mundial. La producción energética debe pasar de una que utiliza combustibles fósiles a otra que dependa de energías renovables. Esto, a su vez, requiere un esfuerzo internacional, con una inversión masiva en infraestructura, el desarrollo de las tecnologías actuales y la investigación de nuevas ideas, en vez de derrochar miles de millones de dólares en guerras y el enriquecimiento personal de multimillonarios alrededor del mundo.
Existe la tecnología para resolver estos problemas y aumentar el nivel y la calidad de vida de la población mundial. Sin embargo, no es posible hacerlo bajo el marco del sistema capitalista.
Los esfuerzos para enfrentar el cambio climático entran en conflicto con las dos contradicciones fundamentales del sistema capitalista mundial: la contradicción entre una economía mundial y la división del mundo en Estados nación y aquella entre una producción socializada y la subordinación de la vida económica a la acumulación de lucro privado.
El hecho que la humanidad haya llegado al punto en el que sus acciones tienen un profundo impacto en los patrones del clima global es una expresión del enorme desarrollo de las fuerzas productivas. Sin embargo estas fuerzas productivas siguen atrapadas dentro de un sistema socioeconómico anticuado e irracional. Su desarrollo futuro, con base en la razón y la ciencia, exige una reorganización completa de las relaciones sociales.
Las mismas contradicciones del sistema capitalista que bloquean un abordaje serio también producen las guerras imperialistas que amenazan a todo el planeta y el crecimiento de la pobreza, el desempleo y la desigualdad social. Al mismo tiempo, estas contradicciones están radicalizando políticamente a los trabajadores de todo el mundo.
Como todo otro problema importante que enfrenta la humanidad, el cambio climático es fundamentalmente una cuestión de clase. Es la clase obrera la que va a sufrir la peor parte del impacto del calentamiento global. Es la clase obrera la que es objetivamente una clase internacional y que cada vez más se define por ello. Son los intereses sociales de la clase obrera los que se concentran en derrocar el capitalismo, abolir la propiedad privada de los medios de producción y establecer un sistema económico basado en la satisfacción de la necesidad humana, incluyendo un medio ambiente seguro y sano.
Los peligros causados por el calentamiento global pueden encararse solamente a través de una lucha política por la clase obrera internacional contra el anárquico y atrasado régimen capitalista. Sólo de esta manera se podrá reorganizar racional y científicamente la economía mundial y evitar una catástrofe ambiental. En resumen, la solución al cambio climático es el socialismo.

Detrás de la campaña de guerra de EE.UU. contra Corea del Norte

Peter Symonds//

La prueba norcoreana de un misil de corto alcance el lunes, la última de una serie de ensayos similares, ha provocado otra ronda de reclamos y advertencias de parte de Washington y sus aliados, mientras que Estados Unidos continúa amontonando sus fuerzas militares alrededor de la península coreana. El Cuerpo de Marines de EE.UU. anunció la semana pasada que estará enviando el portaviones USS Nimitz y su grupo de batalla a la región, elevando a tres el número de portaaviones capaces de dirigir su enorme poderío contra Corea del norte.

El presidente Trump respondió a la prueba con un tuit. Corea del Norte mostró una “gran falta de respeto” hacia su vecino China, que “intento con fuerza” convencer a Pyongyang para que cediera a las demandas de EE.UU. de abandonar su programa nuclear y de misiles. Washington ha puesto una enorme presión sobre Beijing, sobre todo con la amenaza de una guerra frente a sus puertas, para que utilice su influencia económica y frene a Pyongyang.

El domingo pasado, en el programa “Face the Nation” de CBS, el secretario de Defensa estadounidense, James Mattis, dejó claro que China tenía un tiempo limitado. Declaró que Corea del Norte representa “una amenaza directa para Estados Unidos” y añadió: “No tenemos que esperar hasta que tengan un misil balístico intercontinental con una ojiva nuclear puesta”. Mattis luego advirtió que cualquier guerra con Corea del Norte sería “catastrófica” e involucraría “probablemente el peor tipo de combate en la vida de la mayoría de las personas”.

La campaña de guerra contra Corea del Norte ha sido acompañada por una incesante campaña mediática para vilipendiar al régimen de Pyongyang y presentar su diminuto arsenal nuclear como una supuesta amenaza. Mattis ha indicado que cualquier intento de Corea Norte para utilizar un arma nuclear incitará una respuesta “eficaz y abrumadora” —es decir, una aniquilación con el enorme arsenal nuclear de Estados Unidos.

Como ha sucedido con los conflictos instigados por EE.UU. en Oriente Medio, las “armas de destrucción masiva” de Corea del Norte y sus violaciones a los derechos humanos se han convertido en pretexto conveniente para preparar una guerra contra un país pequeño, aislado y económicamente atrasado. Sin embargo, el imperialismo estadounidense tiene en mente objetivos económicos y geoestratégicos predatorios. Primordialmente, una guerra para destruir al régimen en Pyongyang tendría como objetivo debilitar y socavar a China, que siempre ha considerado a Corea del Norte como una importante barrera ante EEUU. y sus aliados en el noreste de Asia —Japón y Corea del Sur—.

Asimismo, las recrudecidas tensiones en la península coreana no son sólo un resultado del gobierno de Trump y sus pretensiones militares. Más bien, la actitud agresiva y amenazante de Trump hacia Corea del Norte se debe a la rápida acentuación de rivalidades geopolíticas en Asia y el resto del mundo, a raíz de una desintegración capitalista agravada por la crisis financiera mundial del 2008.

Desde el colapso de la Unión Soviética en 1991, uno de los principales intereses estratégicos de EE.UU. ha sido evitar todo desafío económico o militar de parte de sus rivales y, en particular, prevenir que el continente euroasiática sea dominado uno o varios de sus competidores.

El exasesor de seguridad nacional estadounidense Zbigniew Brzezinski escribió este razonamiento en la revista Foreign Affairs en 1997: “La distribución de poder que se dé en la masa continental de Eurasia tendrá una importancia decisiva para la primacía global de EE.UU. y su legado histórico… En una Eurasia volátil, la tarea inmediata es asegurar que ningún Estado ni combinación de Estados sea capaz de expulsar a EE.UU. o siquiera disminuir su papel decisivo”.

Entre 1950 y 1953, EE.UU. libró una guerra criminal contra China en la península coreana, dejando a millones muertos para garantizarse para dominar el noreste de Asia. La actitud de Washington hacia Pyongyang, con quien nunca ha firmado un tratado de paz, ha sido una de continua hostilidad. Tras el colapso de la Unión Soviética, la estrategia estadounidense ha estado basada en buscar un cambio de régimen e incorporar a Corea del Norte a su esfera de influencia, a costa de China. Estados Unidos no ha cumplido con su parte de los acuerdos firmados en 1994 y 2007 con Corea del Norte, donde promete desnuclearizarse.

El mayor peligro de un ataque estadounidense contra Corea del Norte coincide con una guerra civil dentro del Estado y la élite política estadounidenses sobre cuestiones de política exterior. Las diferencias en disputa son, en realidad, tácticas: como parte de su campaña por dominar Eurasia, ¿debería Estados Unidos enfocarse primero en Rusia o China? La incesante lluvia de acusaciones contra el gobierno de Trump sobre presuntos vínculos con Rusia está siendo impulsada por sectores que se oponen a sus esfuerzos por reorientar la política exterior de EE.UU. contra Beijing, en lugar de Moscú.

La fuerte presión que está ejerciendo Washington sobre Beijing en relación con Corea del Norte es, en parte, una respuesta al cada vez más aparente fracaso del “pivote hacia Asia” del gobierno de Obama, cuyo fin era aislar y encercar militarmente a China. La orientación del presidente filipino, Rodrigo Duterte, de alejarse de Washington y estrechar sus relaciones con Beijing, es sólo el más evidente de otros realineamientos que están teniendo lugar en Asia e internacionalmente que buscan aprovechar las oportunidades económicas que ofrece China.

En Europa, EE.UU. también se enfrenta a importantes desafíos, más explícitamente de parte de Alemania. Después de la reunión del G7 el fin de semana pasado, la canciller alemana, Angela Merkel, declaró: “Nosotros, los europeos, verdaderamente necesitamos tomar nuestro destino en nuestras manos”, en lugar de depender de EE.UU. A principios de este mes, China lanzó formalmente su ambiciosa iniciativa “Un cinturón, una ruta” —el plan para una inversión masiva en carreteras, puertos, ductos, conexiones ferroviarias y enlaces de telecomunicaciones a lo largo de Eurasia, vinculando a China con Europa. Significativamente, Alemania y Reino Unido, los cuales han buscado impulsar sus relaciones económicas con China, enviaron una representación contundente a la reunión en Beijing.

Incapaz de mejorar las ofertas económicas de China, Estados Unidos está preparando su poderío militar para socavar a algún competidor potencial y alterar las relaciones de sus rivales con Beijing. Eta no es la primera vez que esto sucede. En el 2002, el presidente Bush desechó un acuerdo con Corea del Norte para desnuclearizarse y catalogó al país como parte de un “eje del mal”, junto con Irán e Irak. De esta manera, efectivamente saboteó la llamada “Política del Sol” (Sunshine Policy) de Corea del Sur, un plan para transformar a toda la península coreana, con el respaldo de China y las potencias europeas, en una ruta de transporte y oleoductos para unir a Europa con el este de Asia.

Quince años más tarde, los riesgos y la amenaza de una guerra son mucho mayores. Frente a una crisis política y tensiones sociales cada vez más agudas en el país, el gobierno de Trump está recurriendo a políticas más y más imprudentes para tratar de reafirmar la hegemonía de Estados Unidos. Ya sea en la península de Corea u otro punto álgido, como el mar de China Meridional, el imperialismo norteamericano se está viendo obligado a tomar medidas militares que amenazan con precipitar el mundo hacia una guerra catastrófica entre potencias nucleares.

 

Entrevista a Pierre Rousset: ¿A dónde va China?

por Francis Sitel//

En un momento en que Trump, nuevo presidente de EE UU, anuncia una ruptura con el libre comercio y un repliegue al unilateralismo nacionalista, en Davos, donde se reúne la cumbre del capitalismo globalizado, Xi Jinping se presentó como adalid del libre comercio. ¡Parece el mundo al revés! ¿Cómo valoras esta declaración, que rompe con todo lo que podíamos pensar que era China?

Pierre Rousset: Ruptura completa con la era maoísta, no cabe duda. Pero se inscribe dentro de la continuidad, claro que evolutiva, de las reformas de Deng Xiaoping desde que estas demostraron ser de naturaleza capitalista. En el plano simbólico, esta declaración de Davos es, en efecto, muy importante. Trump amenaza con un repliegue al unilateralismo, colocando en el alero instituciones de cooperación internacional que sirven de marco de negociación entre burguesías, así como de estructuras como la OTAN. Frente a él, Xi Jinping puede decir: “Si es así, estamos dispuestos a tomar el relevo…”. Un posicionamiento revelador de cómo China se proyecta a escala internacional, poniendo en entredicho la jerarquía y las relaciones de fuerza dentro del capitalismo existente.

También resulta interesante con respecto a Rusia. En el periodo reciente, este país ha sabido afirmarse con fuerza gracias a su capacidad militar (Crimea, Ucrania, Siria…). Sin embargo, Putin no puede permitirse hablar como Jinping. China ha desplegado, en el plano económico y financiero, una red internacional que le permite proponer, frente a unos EE UU que se retirarían o agravarían el conflicto con México, relevarlos y asumir sus inversiones. Se dedica asimismo a construir una red militar (refuerzo de su flota, acuerdos de defensa con diversos países, establecimiento de bases en el extranjero, sistema de vigilancia…), lo que todavía llevará mucho tiempo. De todos modos, esto confirma la talla internacional adquirida ya por China y su ambición de ser reconocida como potencia mundial de primera.

Es decir, ¿como la primera potencia mundial?

Es su ambición, pero del dicho al hecho hay un gran trecho. EE UU siguen siendo la única superpotencia. Sin embargo, en cierto modo esta posición privilegiada también es un hándicap. Su “zona de influencia” es el mundo entero, pero no tienen la capacidad de imponer por sí solos una pax americana mundial, y ningún otro imperialismo les ayuda de modo significativo a desempeñar este papel. Los ataques de Trump contra los europeos reflejan este problema: EE UU necesitan un imperialismo europeo, claro que subordinado, pero capaz de contribuir a la gestión del mundo. Y esto la Unión Europea es totalmente incapaz de hacerlo. No se ha constituido en una gran potencia, ni siquiera ha logrado construirse como un gran mercado regulado y se ve sumida en sus contradicciones. EE UU tienen motivos para considerar que no se les puede exigir que sigan pagando cuando a cambio no reciben nada.

Una superpotencia que ya no puede asumir plenamente su función de gendarme del mundo porque se enfrenta a conflictos demasiado numerosos, demasiado profundos, a una inestabilidad excesiva, se ve abocada a la parálisis. Lo que sucede en Asia Oriental refleja muy bien esta situación. Hace ya tiempo que Obama declaró que su política mundial pivotaba sobre la región Asia/Pacífico y que EE UU iban a operar su gran retorno al Pacífico. Pero nada de esto se ha concretado. EE UU siguen empantanados en Oriente Medio y no han contado con medios para actuar con rapidez en el mar de China. Es China quien ha tomado la iniciativa en el terreno económico y militar.

¿Cómo analizar lo que pone en entredicho, en Asia Oriental, la política actual de Pekín?

Podríamos comparar los procesos evolutivos de esta región con lo que representa Europa Oriental para los europeos. Los conflictos en esta zona bajo la influencia directa de China afectan a todos los países del sudeste asiático, Japón y EE UU. Este conjunto se subdivide en dos subzonas: la del mar de China Meridional y la del mar de China Oriental.

En el mar de China Meridional, la capacidad de iniciativa china ha cruzado un umbral cualitativo. Desde el punto de vista económico y diplomático se ha producido un aumento de la influencia china en un número importante de países: Birmania, Malasia, Filipinas tras la ruptura parcial de esta ex colonia estadounidense con la obediencia a EE UU… El capitalismo autoritario chino representa un modelo seductor a los ojos de muchas burguesías y aparatos militares de la región, incluida Tailandia.

En cambio, en el terreno militar las iniciativas chinas van en detrimento de estos mismos países. China ha construido un total de siete islas artificiales apoyadas en arrecifes e islotes, sobre las que ha instalado pistas de aterrizaje, bases de misiles tierra-aire y radares. Aunque no todas estas instalaciones estén funcionando todavía, la flota china navega en un entorno que se halla bajo control chino.

Pekín reivindica la soberanía sobre casi la totalidad del mar de China Meridional, invadiendo incluso zonas económicas exclusivas de los demás países ribereños, lo que provoca tensiones recurrentes, entre otros con el gobierno filipino. La hegemonía china choca con resistencias. Malasia y Singapur son centros económico-financieros muy importantes. Indonesia es un gigante demográfico. Pekín tendrá que transigir, pero no se retirará de la zona marítima en que se ha instalado. Es cierto que la 7ª flota estadounidense puede navegar en la zona y el tráfico marítimo internacional no está bloqueado (aunque China reclama del derecho a hacerlo). Sin embargo, si EE UU decide expulsar las tropas chinas del sistema insular creado, se generará un conflicto militar de gran envergadura.

Vietnam es actualmente el único país de la región que se enfrenta físicamente a China. Regularmente se producen choques entre navíos chinos y buques vietnamitas, en detrimento de estos últimos, vista la superioridad china. EE UU acaba de anular la última parte del embargo impuesto sobre Vietnam tras su derrota en la guerra indochina en 1975. Se trata del comercio de armamento, por lo que ahora los traficantes de armas pueden responder sin problemas a las demandas vietnamitas en la materia. Además, Washington está negociando el establecimiento de una base militar en Vietnam, sin duda en Danang, donde estuvo la gran base militar estadounidense durante la guerra de Indochina. ¡Gesto simbólico de completa inversión de la situación con respecto a este pasado! El problema es que Vietnam no controla los estrechos y se halla muy aislado de los demás países de la región. Para EE UU no es una gran baza, como lo era Filipinas (donde, dicho esto, los acuerdos de cooperación militar no han sido denunciados, pese al deterioro de las relaciones políticas).

En el noreste de Asia, la situación es más fluida y gira en torno a la crisis coreana. Allí, EE UU se esfuerzan por recuperar la iniciativa, para lo que no solo pueden apoyarse en sus propias bases militares, sino también en el ejército surcoreano y el japonés. Con el nombre de “fuerzas de autodefensa”, Tokio dispone de hecho de un ejército poderoso, reputado por su capacidad para librar en su entorno tanto una guerra submarina como aérea y de defensa antimisiles, gracias sobre todo a sus destructores y fragatas.

Por motivos políticos (como la propensión de la población al pacifismo), Tokio se contenta con participar, a escala internacional, en misiones de la ONU sin enviar unidades de combate (apoyo médico, ayuda a los refugiados, etc.) o en operaciones conjuntas contra la piratería. El país sigue estando estratégicamente subordinado a EE UU. Posee un portahelicópteros, pero no dispone de portaaviones ni de la bomba atómica y no puede desplegar submarinos estratégicos en los océanos. Sin embargo, Tokio está en condiciones de cambiar esta situación a corto plazo, con tal de amordazar la oposiciòn de la población a este rearme. Si comparamos Japón con Alemania, vemos que esta última está sometida a una presión creciente desde que el Reino Unido ha decidido salir de la Unión Europea, para que refuerce sus recursos militares, aunque también en este caso la opinión alemana se opone. En todo caso, se puede calcular que el camino hacia un ejército fuerte sería para Alemania, si decidiera emprenderlo, más largo que para Japón.

EE UU han retomado ahora la iniciativa en el noreste de Asia con miras a consolidar su posición, aprovechando con este fin la complejísima cuestión norcoreana. Por un lado, nadie controla al régimen de Corea del Norte. Pekín no puede propiciar su hundimiento por miedo a un caos considerable, pero tampoco desea que disponga de una capacidad nuclear independiente. Por otro lado, Corea del Sur apenas sale de una profunda crisis política tras la destitución de la presidenta Park Geun-hye, representante de la derecha dura en la línea del dictador que fue su padre. La política de Corea del Sur con respecto a Corea del Norte oscila entre la búsqueda de un entendimiento con vistas a la reunificación del país y la tentación del enfrentamiento. Mientras que el norte lanza sus misiles al mar de Japón, Corea del Sur prepara elecciones para el mes de mayo, en las que podría salir una nueva mayoria favorable a la moderación en las relaciones entre el sur y el norte.

¿Asistimos por tanto a un fuerte aumento de las tensiones militares en toda esta región asiática?

La cuestión nuclear se ha convertido en un problema central para la región. De creer a los principales medios de comunicación, la responsabilidad incumbe en exclusiva a la irracionalidad del dictador norcoreano. No cabe duda de que se trata de una dictadura burocrática y nepotista, pero la política de Kim Jong-un no es irracional. Su régimen se halla bajo amenaza permanente. Recordemos que las grandes maniobras aeronavales conjuntas entre EE UU, Japón y Corea del Sur simulan un desembarco en el norte. También nos dicen que se ha intentado “todo” con Pyongyang y que “todo” ha sido en vano. Esto es falso. Durante el mandato de Bill Clinton se firmaron acuerdos con Pyongyang que permitieron congelar el programa nuclear norcoreano. El gobierno de George Bush denunció estos acuerdos e incluyó al país en el “eje del mal”, política que mantuvo el gobierno de Obama. El poder norcoreano concluyó que únicamente el desarrollo de una capacidad nuclear podría garantizar su supervivencia en el plano internacional.

Ahora, EE UU han tomado la iniciativa de instalar una base de misiles antimisiles THAAD en Corea del Sur. Este sistema se presenta como un escudo frente a los misiles procedentes de Corea del Norte y disparados contra Japón, pero su radio de acción abarca lo esencial del territorio chino. Washington ha decidido acelerar el proceso de instalación de estas baterías antimisiles para que el sistema THAAD sea operativo antes de las elecciones surcoreanas. De este modo, la nueva mayoría no tendrá que pronunciarse sobre el establecimiento de dicha base, sino sobre su eventual desmantelamiento. ¡No es lo mismo! Esta política de hechos consumados revela la voluntad estadounidense de consolidar su hegemonía militar en la región. Esto afecta directamente a la relación de fuerzas militares entre EE UU y China.

Cabía considerar hasta ahora que para Pekín su condición oficial de potencia nuclear era suficiente, al margen del número de misiles disponibles. Su supremacía militar podía basarse entonces en su ejército regular. Por ejemplo, desde este punto de vista (ejército “clásico”), el ejército chino parece más poderoso que el ruso, por mucho que haya que tener en cuenta que las tropas chinas carecen del entrenamiento y de la experiencia del ejército ruso. No obstante, con el despliegue de un escudo antimisiles pasamos a otra dimensión: desbaratado el efecto de la disuasión militar, siendo ahora determinante el número de misiles disponibles. Si Rusia puede lanzar miles de misiles, de los que algunos atravesarán el escudo antimisiles estadounidense, este no es el caso de China. Este cambio relanza, por tanto, la carrera de armamentos, en este caso ¡de armas nucleares!

Asistimos aquí a un replanteamiento de las estrategias militares. En la época de Mao, China no se planteaba una despliegue exterior, sino que razonaba en función de una estrategia defensiva basada en el ejército de tierra. La China de hoy tiene necesidad de proyectarse hacia el exterior con el fin de asegurar sus rutas de transporte para los abastecimientos y las inversiones. El acceso a los océanos es para ella una cuestion vital. Por eso ha favorecido el desarrollo de su marina de guerra. Entre China y los oceános Índico y Pacífico existe un arco formado por penínsulas, islas y archipiélagos; además, en la península coreana, en Japón y Okinawa existen bases estadounidenses muy importantes, y la 7ª flota controla los estrechos.

Pekín desea garantizar a toda costa su acceso sin restricciones. La cuestión nuclear otorga a este conflicto una nueva dimensión. Pekín adoptó el año pasado la decisión de principio de redesplegar sus submarinos estrtatégicos en los océanos, para que no permanezcan atrapados en sus ubicaciones en el mar de China Meridional. Para ello necesita mejorar su tecnología, equiparlos con misiles nucleares de cabezas múltiples, resolver los difíciles problemas relativos a la cadena de mando… Esto, por tanto, no es cosa hecha, pero lo están encarrilando.

Desde el punto de vista militar, el mundo ha estado dominado durante mucho tiempo por la confrontación entre EE UU y Rusia. Ahora entra en liza China. Junto con Oriente Medio, Asia Oriental es una zona en vías de militarización creciente y acelerada. De modo más directo que en Oriente Medio, esta situación refleja la dinámica infernal de los conflictos entre potencias. Los movimientos progresistas de la región se movilizan para oponer a la concepción de la seguridad prevista por las potencias otra distinta, formulada desde el punto de vista de los pueblos; lo que incluye, en particular, la desmilitarización del mar de China.

Una China capitalista cuyo Estado está dirigido por un Partido Comunista. Un Partido Comunista de 88 millones de miembros, dirigido a su vez por un clan alrededor de Xi Jinping. ¿Cómo se sostiene este poder?

Cabe destacar varios factores. En China, la transición capitalista estuvo pilotada y no fue caótica como en Rusia. El Partido Comunista Chino (PCCh) había sido destruido en gran parte durante la Revolución Cultural, y bajo Deng Xiaoping fue reconstruido y modificado. En cuanto al ejército, es la única estructura que supo resistir a la Revolución Cultural. Este partido ha mantenido la unidad nacional, impidiendo que las fuerzas centrífugas se tornen destructivas. Es un hecho que reconoce la burguesía china expatriada, que vive en Taiwán y en EE UU, en Australia y otros lugares: dado que el PCC ha sabido evitar el caos, sería irresponsable querer desestabilizarlo.

Desde este punto de vista es espectacular cómo ha evolucionado la relación entre el Guomindang y el PCC. El primero representa a los restos del ejército contrarrevolucionario, que se instaló en Taiwán después de 1949 y estableció allí su dictadura, en perjuicio de la población local. Ambos son por tanto enemigos jurados. Sin embargo, con los años estos dos poderes, que integran –cada uno a su manera– burocracia y capitalismo, se han reconocido mutuamente y han colaborado. La población de Taiwán ha comprendido que este entendimiento condenaba su autonomía y que pondría en tela de juicio el proceso de democratización en curso. De ahí el movimiento de los Girasoles y la elección de una presidenta que, con toda la prudencia requerida, preconiza una vía independentista.

Esta situaciòn ilustra hasta qué punto la burguesía expatriada, que podríamos calificar de internacionalizada, no se sitúa en una lógica de revancha, sino, por el contrario, de entendemiento con el PCC. Con elementos de rivalidad, claro está, pero dentro de un marco controlado de común acuerdo.

Otro factor que cabe subrayar: entre la burguesía privada y la burguesía burocrática apenas hay diferencias parciales, no en vano gran parte de la primera está relacionada con la segunda por vínculos familiares. La ósmosis entre el capital privado y el capital burocrático se produce en el seno de la familia. Hay conflictos, como sucede en todas las familias, pero estos no desembocan en enfrentamientos.

Mientras tanto, Xi Jinping construye su poder con mucha brutalidad. Podemos decir que nunca –desde el proceso contra la “banda de los cuatro” en 1976– las luchas intestinas en el PCC habían alcanzado tal grado de violencia. Responsables de primera línea, de diferentes instituciones, del ejército, de grandes ciudades, son detenidos, encarcelados, algunos condenados a muerte. Xi Jinping está decidido a imponer a sus hombres y su control sobre el conjunto del partido. Claro que no siempre lo consigue y eso explica por qué en ocasiones se ve forzado a mantener a dirigentes que no son de su onda a la cabeza de regiones muy importantes. Si logra consolidar su dominio, será a costa de la acumulación de rencores y oposiciones. De ahí el endurecimiento del régimen, que ha metido en prisión a figuras del feminismo chino, que realmente no suponian una amenaza para el poder. Pero se trataba de enviar un mensaje a los potenciales contestatarios. Lo mismo ocurre con la detención y las torturas aplicadas a directivos de editoriales de Hong Kong. En este caso, el mensaje está destinado a calmar eventuales ardores irredentistas.

Por tanto, hay que tener en cuenta, por un lado, el éxito de la política económica e internacional, y por otro la dura represión en el partido, en su entorno y en la sociedad. Ello no quita que el tiempo en que los dirigentes proponían un gran proyecto para el país ha pasado a la historia. Muchos “hijos de” invierten sus capitales en el extranjero, o compran mansiones reservadas a los chinos ricos en la costa pacífica de Canadá, incluso adquieren una nacionalidad extranjera… Puesto que la corrupción campa a sus anchas en toda la sociedad, cunde el “sálvese quien pueda” e impera el cinismo, el de la globalización capitalista y la especulación financiera. Hay que decir que por el momento el edificio se mantiene en pie. No cabe duda de que el futuro traerá grandes cambios, aunque hoy por hoy el poder chino, y no solo los capitales, es capaz de actuar en el mundo entero, con un proyecto y con notables recursos.

¿No conoce la sociedad china múltiples tensiones sociales?

No pretendo tener una visión completa de todo lo que ocurre en China, pero al menos digamos que China es un país capitalista, que por consiguiente conoce y conocerá crisis, como todo país capitalista, esto está más claro que el agua. Otro elemento indudable es la sobreproducción. El Estado mantiene la actividad en empresas públicas por razones políticas y sociales, a fin de evitar una crisis social, de no perjudicar a un clan… Esto provoca que haya enormes capacidades de sobreproducción. Y burbujas de endeudamiento de estas empresas y en el sector inmobiliario, que pueden estallar en cualquier momento, sin que sea posible formular un pronóstico preciso.

Hasta ahora, las importantes reservas de divisas han permitido aplicar internamente medidas anticrisis. China necesita disponer de tierras cultivables, de minerales y petróleo, de puertos, con las consecuencias que esto conlleva en el terreno de los medios militares, lo que de acuerdo con la lógica de todo imperialismo en su fase de expansión conduce a exportar capitales para llevar a cabo estas inversiones indispensables.

Otro factor que se observa a gran escala, en África, es que para los contratos de obras de gran envergadura se exporta cemento, acero, trabajadores, de manera que estos mercados exteriores dan salida a la sobreproducción interior. Todo esto no está exento de riesgos. Los contratos en África están garantizados por bancos chinos, pero si un gobierno se niega a pagar sus deudas, no le resultará difícil suscitar revueltas antichinas. Estos riesgos políticos existen.

¿Y en lo que respecta más en particular a las movilizaciones obreras?

Durante un primer periodo, el poder utilizó el éxodo rural para crear un subproletariado, particularmente en las zonas francas. Hay que recordar la cuestión del permiso de residencia, cuya existencia se remonta a muchos años atrás. Bajo Mao, fue un instrumento para evitar el éxodo rural hacia las ciudades del litoral. Bajo Deng Xiaoping, unos 250 millones de campesinos y campesinas pasaron a ser migrantes indocumentados en su propio país: sin permiso de residencia, no tienen derecho a estar allí, no tienen derecho a la vivienda, ni a los servicios sociales, los niños no tienen derecho a la escolarización (son únicamente asociaciones de voluntarios las que aseguran la escolarización de estos niños). Una situación muy característica de la acumulación primitiva de capital.

Estos migrantes rurales se consideraban temporales y su idea era regresar un día a la aldea. La segunda generación comenzó a organizarse y a luchar, mientras que al mismo tiempo menguaba el ejército de reserva, lo que explica las victorias obtenidas y los aumentos salariales. Una situación sin duda muy diversa según las empresas, pero es indiscutible que ha habido un aumento real del nivel medio de los salarios. Esto lo corrobora el hecho de que ciertos capitales han abandonado el país para reinvertirse en otros países de nivel salarial más bajo.

En una tercera fase se han sistematizado las luchas. Por lo general son luchas duras, temporales, que a menudo finalizan con victorias. En su mayoría son de carácter local, contra la construcción de presas, por ejemplo. El número de locales públicos incendiados cada año es impresionante. El esquema clásico es que la autoridad local comprende que el descontento requiere alguna concesión: se sanciona a los cabecillas y se satisface una parte de las reivindicaciones. Por tanto, hay luchas, pero lo que está estrictamente prohibido es la organización duradera y la que abarque varias localidades.

Así, el movimiento choca con una doble imposibilidad. La primera es que los sindicatos oficiales (existe una única confederación sindical legal) se conviertan en instrumentos en manos de los trabajadores. Son la correa de transmisión del poder hacia los trabajadores, actualmente del poder y de la patronal. La segunda es la de crear sindicatos autónomos. Todo intento en este sentido desencadena una represión inmediata.

Hay una lucha destacada que ha roto con esta regla. ¿Es una fenómeno excepcional o anuncia un cambio? Habrá que verlo… Se trata de la lucha de Walmart. Walmart es una multinacional estadounidense especializada en la gran distribución. En 2013 pasó a ser la empresa más grande del mundo en términos de volumen de negocio. Un gigante, por tanto, que cuenta en China con 419 almacenes y 20 centros de distribución y emplea a más de 100 000 trabajadores (cifras de 2015). Esta empresa es internacionalmente conocida por los bajísimos salarios que paga y por su antisindicalismo. La lucha del personal de Walmart se organizó a partir de una página web, lo que permitió poner en marcha una movilización simultánea en cuatro almacenes, con recaudacion de fondos para pagar a abogados y ayudar a los huelguistas. Esta lucha sigue su curso.

Esto ha sido posible gracias a una circunstancia muy especial. Pekín quiso presionar a la empresa, y por eso autorizó la elección de estructuras sindicales de base. Salieron elegidos sindicalistas combativos. Después se llegó a un acuerdo entre el régimen y la direccion de Walmart, abriéndose el acceso a las “secciones sindicales” incluso a los mandos intermedios. De este modo, nada menos que el director de recursos humanos se puso a la cabeza del sindicato de empresa. Sin embargo, se había formado una generación combativa, que decidió proseguir con la lucha.

Otro factor es que esta multinacional es a su vez bastante peculiar: los sindicatos están prohibidos en todos sus centros y se organiza un culto en torno a la personalidad de su fundador. Se trata de crear una “conciencia Walmart”. “¡Soy Walmart!” Esto se ha vuelto en contra de la dirección cuando esta quiso imponer a todo el personal la flexibilidad total. Esta está autorizada en China, aunque solo en determinados casos. Las autoridades decidieron que Walmart no entraba dentro de esos supuestos. Este fue el elemento que desencadenó la movilización de los trabajadores.

Es esta una cuestión que se repite, a saber, que el posible estallido de luchas está relacionado con conflictos entre un aparato y otro poder, o entre fracciones de un mismo aparato. Esta no ha sido la primera gran lucha, pero las demás han sido siempre de caracter local, pese a que en ocasiones tenían lugar en nombre de los intereses del proletariado chino: en China existe cierta forma de identidad de clase, heredada de la revolución y de la época maoísta. Es interesante observar que muchos movimientos de solidaridad democrática en el plano internacional defienden expresamente los derechos de los trabajadores.

A menudo se escuchan reacciones a los problemas ecológicos y a los temores derivados del envejecimiento demográfico…

Muchas luchas giran en torno a cuestiones ecológicas, contra la construcción de presas que engullen aldeas, contra la polución, que se ha convertido en un problema importante debido a su gravedad… Esta dimensión está muy presente en numerosos conflictos locales, pero parece que no necesariamente se la percibe como un asunto de naturaleza ecológica. No tengo la impresión de que exista en China un movimiento ecologista que se conciba como tal, aunque puedo equivocarme.

En lo que respecta a la demografía, en la época de Mao se desarrolló una política natalista. La política del hijo único no se impuso hasta más tarde. Las estadísticas están en parte falseadas, en la medida en que numerosos niños no están declarados. Sin embargo, el desequilibrio entre niñas y niños se ha agravado (con el aborto selectivo de niñas para que el hijo único sea un niño), lo que ha dado lugar en ciertas regiones a secuestros y ventas de mujeres. Ahora, esta política de hijo único se ha ido abandonando paso a paso, sin que esto haya provocado un fuerte aumento del número de nacimientos. La natalidad se ha estabilizado en un nivel bajo. Por tanto, no asistiremos a un rejuvenecimiento de la población, sino, por el contrario, a un aumento relativo del número de personas mayores. Y eso sin que se hayan mantenido las estructuras colectivas que existían en tiempos de Mao. La vejez se ve por tanto condenada a la soledad o a depender de la familia.

 

El ciberataque global y los crímenes de las agencias de espionaje estadounidenses

                                                                                                                                                   por Andre Damon//

Durante los últimos días, al menos 350.000 computadoras han sido infectadas por el programa maligno llamado “WannaCry”, incluyendo 70.000 dispositivos como escáneres para resonancias magnéticas, refrigeradores para el almacenaje de sangre y otros equipos utilizados por el Servicio Nacional de Salud (NHS; National Health Service) de Reino Unido. Como resultado del ataque, el NHS se vio obligado a rechazar a pacientes de emergencia y mandar ambulancias a otros centros, potencialmente resultando en un agravamiento de las condiciones de los pacientes y hasta muertes.
El virus es un ransomware o programa de secuestro que encripta documentos y datos de usuarios hasta que los atacantes reciban un pago. Este utiliza exploits —partes de programas que explotan las vulnerabilidades de un sistema— que fueron desarrollados por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, National Security Aagency) de EE.UU., sólo una pequeña muestra del arsenal de armas informáticas de la NSA.
Cuando los investigadores de la NSA descubrieron la vulnerabilidad en el sistema operativo de Windows que WannaCry aprovecha, se negaron a informarle a Microsoft. La compañía descubrió la existencia de dicha vulnerabilidad poco tiempo antes del público en general, cuando lo filtró un grupo de hackers llamado Shadow Brokers el 14 de abril de este año.
El sábado pasado, el presidente de Microsoft, Brad Smith, escribió secamente que el NSA debió informarles sobre la vulnerabilidad. “Este ataque es otro ejemplo de por qué el almacenamiento de vulnerabilidades por parte de los gobiernos es un problema”, escribió, añadiendo que “el ataque más reciente refleja un enlace involuntario pero igualmente desconcertante entre las dos amenazas más graves a la seguridad cibernética en el mundo de hoy: las acciones de los Estados nación y del crimen organizado”.
Finalmente concluye: “Necesitamos que los gobiernos consideren el daño que le causan a los civiles por acumular estas vulnerabilidades y emplear estos programas”.
Microsoft está lejos de ser inocente en lo que concierne a las operaciones de la NSA. Ha mantenido una política de informarle al gobierno estadounidense sobre errores antes de ser reparados y reconocidos públicamente para que la NSA utilice las vulnerabilidades de sus sistemas.
Pero más allá, la declaración de Smith constituye una acusación verdaderamente condenatoria sobre las operaciones de inteligencia de EE.UU., insinuando que sus acciones no se distancian mucho de las operaciones de las organizaciones criminales.
Las herramientas para ciberataques que emplea el programa WannaCry cumplen un propósito aun más funesto que un programa para secuestrar documentos: el espionaje ilegal de toda la población mundial como parte de actividades sistemáticas de subversión y ciberataques.
En mayo del 2013, el contratista de la NSA, Edward Snowden, reveló que el aparato de inteligencia estadounidense recopila, procesa, lee y cataloga una gran cantidad de comunicaciones privadas dentro de este país e internacionalmente. Snowden explicó que el objetivo de la NSA, el brazo de “inteligencia de señales” de la comunidad de inteligencia estadounidense, acceder sin restricciones a toda la información privada. De hecho, sus lemas, según una presentación interna que fue filtrada, son “Recolectarlo todo”, “Procesarlo todo”, “Explotarlo todo”, “Olfatearlo todo” y “Saberlo todo”.
Las operaciones ilegales de vigilancia nacional autorizadas por el gobierno de Bush después de los atentados del 11 de setiembre dieron lugar a una expansión enorme de espionaje estatal que fue expuesta por Snowden. Con la colaboración, tanto voluntaria como forzada, de las empresas de telecomunicaciones más importantes, Washington podía acceder a casi todas las conversaciones telefónicas, correos electrónicos y mensajes escritos en dispositivos digitales.
En los años siguientes, las plataformas comunes de comunicaciones mejoraron sustancialmente sus capacidades de seguridad, con casi todos los sistemas de comunicación vía Internet incorporando encriptaciones automáticamente. Estos desarrollos provocaron comentarios de funcionarios de inteligencia estadounidense quejándose de que el Internet se estaba “oscureciendo” para la NSA y la CIA, mientras que los políticos, incluyendo a la candidata presidencial demócrata, Hillary Clinton, comenzaron a pedir que se criminalizara el uso encriptación.
La NSA respondió ampliando enormemente sus “Operaciones de acceso a la medida”, la sección de la agencia dedicada a “la explotación de redes de ordenadores”, comúnmente conocido como hacking. La NSA adoptó un nuevo lema: “Sus datos son nuestros datos, su equipo es nuestro equipo —en todo momento y todo lugar”.
La NSA comenzó a expandir su lista de armas cibernéticas conocidas como exploits para entrar a la fuerza a casi cualquier dispositivo conectado al Internet. Un documento interno de la NSA del 2012 señala que la NSA estaba colaborando con las mayores compañías de tecnología y telecomunicaciones del mundo para “insertar vulnerabilidades en los sistemas de encriptación comerciales, sistemas informáticos, redes y dispositivos que sean receptores finales de comunicaciones utilizados por objetivos”.
El enorme equipo de investigadores de seguridad de la NSA —el más grande del mundo— también trabajó para descubrir y explotar vulnerabilidades en productos existentes, manteniéndolos en secreto de los fabricantes para que la NSA pudiese utilizarlos para acceder a computadoras, redes y dispositivos conectados a Internet antes de que otros en el campo los descubrieran y les recomendaran soluciones a los fabricantes.
Además de utilizar estas herramientas espionaje masiva, la NSA los ha convertido en armas para llevar a cabo ataques cibernéticos contra los adversarios geopolíticos de Washington. El más notorio de estos fue el lanzamiento del virus Stuxnet en el 2010, que arruinó alrededor de mil centrifugadoras nucleares iraníes. El ciberataque fue coordinado con una serie de asesinatos con coches bomba, atribuidos por la prensa a EE.UU. e Israel, con los que mataron a por lo menos tres físicos nucleares iraníes.
El hecho de que más del setenta por ciento de los afectados por el virus WannaCry fue en Rusia suscita la posibilidad de que haya sido parte de un ataque cibernético estadounidense al estilo de Stuxnet. El otro país que fue afectado desproporcionadamente fue China.
El lunes pasado en Beijing, el presidente ruso, Vladimir Putin, dijo, “En cuanto a la fuente de estas amenazas, los encargados de Microsoft declararon esto directamente. Dijeron que la fuente de este virus fueron los servicios especiales estadounidenses”.
El asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Tom Bossert, comentó que encontrar a los responsables de ciberataques es “algo que a veces se nos escapa. En este caso, puede ser difícil atribuirlo”.
La declaración de Bossert es notablemente diferente a lo que había dicho el director de Inteligencia Nacional en octubre pasado, que las agencias de espionaje estadounidenses tenían “certeza que el gobierno ruso dirigió… las filtraciones recientes” de correos electrónicos relacionados con la campaña electoral de Clinton.
Esa declaración fue parte de una amplia campaña del Partido Demócrata, los medios de comunicación y gran parte de la élite política para envilecer a Rusia afirmando que habían realizado un ciberataque contra las elecciones presidenciales del 2016. Como parte de esta ofensiva, la prensa, encabezada por el diario New York Times, ha presentado a Rusia como una líder mundial en hacking o ataques informáticos, vulnerando al honradísimo sistema electoral de Estados Unidos.
No hay duda de que si el programa maligno hubiese invertido los roles, afectando primordialmente a Rusia y dejando a EE.UU. prácticamente intacto, los medios habrían atacado a los hackers rusos y exigido al gobierno de Trump tomar represalias a través de sanciones, ciberataques de vuelta y más amenazas militares. Los demócratas se hubiesen puesto al frente de los llamados para promulgar nuevas resoluciones belicistas en el Congreso.
Al examinar los hechos que fueron expuestos por el virus WannaCry demuestran que la mayor banda de criminales cibernéticos del mundo, por mucho, tiene su sede en Washington, D.C.

La OCDE promueve la mercantilización de la educación.

por Xavier Diez//

Si preguntamos a cualquier actor que participa en esa representación teatral cotidiana que es la escuela; esto es, alumnos, padres, madres, maestros, inspectores, personal de administración y servicios, académicos, políticos… expresarán cierta preocupación por la evolución de la educación en muchos sentidos. También muchos detectarán que uno de los problemas tiene que ver con la ausencia de un marco normativo mínimamente estable. Es más, detectaríamos una corriente de reformas que, al igual que sucede con otros sectores esenciales de la sociedad, parecen haber sido hechas con el ánimo de deteriorarla. En cierta medida, si existe un mínimo consenso entre la pluralidad de intereses y orientaciones políticas, es que la escuela tiene problemas, y que la evolución de los últimos años sólo hace que empeorarlos.

Reformas educativas a escala planetaria

Ahora bien, uno de los problemas que tenemos en nuestro país en general, y nuestra educación en particular, es nuestra proverbial tendencia a mirarnos el ombligo. Preocupaciones y angustias similares están aconteciendo en varios países. Y reformas polémicas y estériles también marcan las agendas políticas de países como Francia, Portugal, Inglaterra y Gales, Suecia o Italia.

Precisamente en Italia, Silvio Berlusconi, hombre capaz de hacer groserías sublimes cuando de defender la última reforma educativa se trata, y en un ataque de sinceridad, sintetizó lo que debían ser las líneas políticas que tenían que transformar el sistema educativo italiano en la línea de eficacia empresarial que tanto entusiasmo causa entre sus afines. Decía que, la educación italiana debía fundamentarse en las tres “I”: “Inglese, Informatica e Impresa” o en otros términos, había que redefinir su orientación para adquirir competencias tecnológicas, usar el inglés como lengua vehicular, y utilizar el sistema educativo para esta tendencia cada vez más extendida, hacer “enaltecimiento del capitalismo”, que es la finalidad que persiguen en todas partes nuevas asignaturas y contenidos como “emprendimiento”. En cierta medida, las tres “I” italianas, sirven para resumir las prioridades de las políticas educativas de los próximos años.

Más allá de simplificaciones más o menos brillantes, lo cierto es que los sistemas educativos occidentales están pasando por una fase de homogeneización. Cada vez las reformas educativas se parecen más unas a otras.

Y estas pasan por elementos como la estandarización especialmente a partir de procesos de evaluación cada vez más homogéneos y cuantitativos, con la voluntad de reducir la complejidad del hecho educativo a estadísticas y la gestión de datos al más puro estilo big data, (y aquí los informes PISA tienen una importancia capital), a hacer auditorías propias del mundo empresarial para puntuar escuelas e institutos, a aplicar procesos industriales y empresariales en un trabajo, la docencia, de carácter esencialmente artesanal.

También encontramos la sustitución de contenidos convencionales, tradicionalmente asumidos como aquel conjunto de saberes que debe conocer la ciudadanía por competencias básicas. Estas son definidas por Nico Hirtt como una simplificación de conocimientos y el aprendizaje de habilidades para adaptarse al cambiante mundo laboral. Con cierta ironía, el filólogo Jaume Aulet, las ha traducido como “lo básico para competir”, es decir, que el cambio de contenidos por competencias busca sustituir la escuela, de espacio de aprendizaje, a espacio de adiestramiento.

Muy ligado a esto, y como ya denuncia la filósofa Martha Nussbaum, otro de los pilares de las reformas consiste en abolir las humanidades. Aquellos conocimientos que servían para comprender el mundo (y que Marx advertía que era condición necesaria para transformarlo) ahora pasan a ser reservados para la élite. Porque, efectivamente, en los grandes centros académicos reservados para los alumnos destinados a mover los hilos en la arena global (Oxford, Eton, Cambridge, las universidades de la Ivy League, la ENA francesa, el col • legi del Pilar de Madrid, Virtèlia en Barcelona) potencian en sus currículos la filosofía o la literatura. Incluso en las academias militares de West Point o Sandhurst recomiendan a sus futuros oficiales a graduarse en alguna rama de las humanidades. Con las humanidades es posible adquirir las habilidades para pensar y mandar. Con las competencias básicas, destinadas para los estratos inferiores, se adquieren las capacidades imprescindibles para trabajar y obedecer, sin tener recursos para cuestionar órdenes.

Otro de los hechos que acompañan las reformas son los procesos de privatización, que pueden ser endógenos (con servicios, comedores, formación permanente, personal educativo, …), que pasan a ser gestionados por empresas, a menudo muy vinculadas al poder político; o también exógenos, es decir, que directamente las escuelas pasan a ser gestionadas por empresas. Esto es lo que pasa en Chile, en Inglaterra, Estados Unidos o Suecia, por poner un ejemplo. De hecho, de ejemplos curiosos podemos encontrar a manos llenas. En Chile se privatizaron gracias al golpe de Estado de Pinochet en 1973; en Nueva Orleans se usó la destrucción ocasionada por el huracán Katrina para eliminar prácticamente la red pública y pasar las competencias educativas a varias “charter schools” e impulsar los “vouchers” o “cheques educativos” para que las familias buscaran escuelas privadas. En Inglaterra, las reformas en la época de Tony Blair permitieron cerrar aquellos centros con malos resultados y pasar su gestión a empresas como Ferrovial, aunque una parte importante fue adjudicada a varias empresas como SERCO, especializadas en defensa, gestión de centros penitenciarios o de internamiento de extranjeros.

Hay otros países, como es el caso de Catalunya, donde quizá resulte más difícil que pasen cosas como estas, porque ya disponen de sistemas duales, es decir, con una fuerte presencia de centros de gestión privada, mayoritariamente a cargo de órdenes religiosas, que reciben una generosa financiación pública. De hecho, allí donde hay presencia de una red concertada, coincide con una fuerte dualización educativa; escuelas de ricos y de pobres; sistemas basados ​​en competencia desleal, lo que acompaña procesos de dualización social y sociedades internamente rotas y descohesionadas.

Finalmente, y aquí entraríamos directamente en el “cui prodest”, asistimos a una abducción de los sistemas educativos por parte del mundo empresarial. Los diversos lobbies empresariales hace décadas que tratan de intervenir en la política educativa con la intención de poner escuelas e institutos al servicio de las empresas. Los laboratorios de ideas de la patronal, como puede ser la Fundación Catalunya Oberta o EduCaixa están obsesionados con arrebatar al Estado el control de la escuela para que ésta forme trabajadores solícitos, y eviten que en las aulas, los docentes formen ciudadanos críticos.

Todo ello se acompaña de una verdadera involución del mundo universitario. Las reformas han comenzado por la parte alta de la educación, en el sentido de que han adquirido e imitado las fórmulas de los sistemas universitarios globalizados de Estados Unidos. El Plan Bolonia (2009) ha sido el punto de inflexión en el que, de acuerdo con las directrices del empresariado global ha subvertido las formas y los objetivos de las universidades. De formar élites, a convertirse en negocio; de convertirse en pilar de la cultura, a vender humo a crédito, al más puro estilo de la economía financiera. Vamos a concretar. Todos los estados europeos adaptaron sus sistemas universitarios excepto tres: Reino Unido, Irlanda y Malta. ¿Por qué? Por que todos eran ya Bolonia; con su sistema de créditos, las posibilidades de comercialización de servicios, su conversión de autonomía universitaria en un formato empresarial, en su sometimiento a los intereses económicos, en su erosión, hasta el final, de sus antiguas prácticas democráticas y la imposición de una fórmula de gestión propia de una Sociedad Anónima.

También, y teniendo en cuenta que un título universitario sigue siendo una apuesta para competir en mejores condiciones en busca de mayor estatus económico y profesional, y por su condición de ascensor social, es lógico que la principal reforma universitaria haya consistido en un encarecimiento de las tasas. Esto responde a dos objetivos. El primero, serrar el cable del ascensor, evitar que personas de estratos modestos puedan subir y blindar la posición de los que ya ocupan los pisos superiores, en un momento en que las clases medias sufren un riesgo serio de derrumbe. El segundo, y de acuerdo con lo que ya está pasando en Estados Unidos, en Latinoamérica, el Reino Unido (y aquí empieza a suceder discretamente) para alimentar la nueva burbuja: la burbuja educativa. Millones de familias y estudiantes se están endeudando para ejercer el derecho a estudiar y formarse. Los bancos ven en esta necesidad básica una fórmula de negocio a la que no quieren renunciar. La mayoría de estadounidenses de clase media con grado universitario continúan pagando una deuda inflada de manera artificial. Una anécdota muy significativa es que el propio presidente Obama no terminó de pagar hasta que llevaba unos años en la Casa Blanca.

El papel de los organismos financieros y las estrategias educativas globales

Como decíamos, nosotros percibimos localmente lo que es un fenómeno global. Detrás de buena parte de las reformas educativas sincronizadas encontramos a la OCDE. Este organismo internacional de carácter mixto entre las Naciones Unidas y un club de países ricos, fue en sus orígenes una entidad surgida de los acuerdos de Bretton Woods en 1944 que, bajo la forma de Organización para la Cooperación Económica Europea, fue encargada de gestionar el Plan Marshall de reconstrucción del continente después de la Segunda Guerra Mundial. A partir de 1961 tomó su denominación actual, y se convirtió en uno de los organismos encargados de promover el desarrollo económico de varios países, de acuerdo con los parámetros de la economía capitalista. Esta alianza de países, trataba de perseguir el crecimiento económico a partir de promover la estabilidad financiera, el comercio, la tecnología o las buenas prácticas gubernamentales. Esto implicaba que uno de los principales pilares deviniera la inversión educativa. Y, de hecho, durante las décadas de los sesenta y buena parte de la de 1970 impulsó reformas educativas para mejorar la eficiencia de la industria.

Un buen ejemplo es que la OCDE, uno de los pocos organismos que admitía España como miembro en una época, la franquista, de aislamiento internacional, participó en la elaboración del libro blanco de educación que dio lugar a la Ley general de Educación de 1970. La OCDE quería que España tuviera un sistema educativo que permitiera extender la escolarización primaria y secundaria a millones de estudiantes marginados del sistema educativo con el fin de promover una mano de obra mejor formada. Esto, en cierta medida la hace responsable de la masificación de los sistemas educativos en los institutos y en las facultades universitarias que vivimos en los años ochenta y noventa del siglo pasado.

El problema fue que, a partir de inicios de la década de 1980, cuando el sistema industrial fordista parece que empieza a tener problemas de viabilidad, esta estrategia de expansión educativa empieza a ser corregida. A partir de 1973 los economistas clásicos, la tendencia ideológica del neoliberalismo, se apropia de las viejas organizaciones de Bretton Woods (el FMI, el BM, el GATT), y termina haciendo involucionar las intenciones primigenias para pasar a impulsar otro tipo de política económica. La OCDE que sobre todo hace estudios, confecciona estadísticas con gran competencia y elabora informes muy detallados y profesionales, pasa de considerar los sistemas educativos como medios para alcanzar el desarrollo económico, a objetivos en sí mismos. La escuela ya no será aquel espacio tradicional de ascensor social, sino que pasará a ser considerado como un espacio de adoctrinamiento capitalista y un objetivo de negocio. La transición de un sistema industrial, fordista, a uno de financiero hace que la escuela ya no tenga que formar trabajadores para las fábricas, sino un no-lugar, en términos de Marc Augé, un espacio indefinido que a menudo se convierte en un espacio de tráfico o confinamiento en un capitalismo en el que pasamos del humo de las fábricas a fabricar el humo de la especulación financiera.

A partir de este momento, cuando el paradigma económico se transforma radicalmente, la OCDE asume el neoliberalismo como religión. Como todo sistema de creencias, impulsa sin recelos los 10 mandamientos compilados por John Williamson en 1989 en lo que se conoce como el Consenso de Washington y que, como todo pensamiento religioso, construye una tríada que convertirá el mantra actual a acatar por todos los gobiernos: desregulación, recortes y privatización. A mí me gusta denominarlo el Triángulo de las Bermudas, porque allí donde pasa desaparecen los derechos sociales, concretamente, el derecho a la educación, que pasa a ser transformada en un negocio más.

El neoliberalismo transforma a fondo las sociedades. Sin el viejo sistema industrial, con la especulación como principal industria, desde un punto de vista sociológico, pasamos de ser una sociedad de clases (en lenguaje marxista) a una sociedad líquida (en términos de Zygmunt Bauman). Este es uno de los factores que ha causado una gran desorientación a la izquierda, que ahora parece incapaz de comprender el mundo, y, por tanto, de transformarlo.

Vayamos por partes. Si bien durante la época que los historiadores franceses llaman “los treinta gloriosos”, referido al periodo de crecimiento económico de 1945-1975, y los anglosajones denominan la era del Wellfare, entramos de lleno en lo que el economista y premio Nobel Joseph Stiglitz denomina como la gran divergencia. A partir de este momento, las diferencias sociales se ensanchan en una medida que recuerdan la era anterior a la Primera Guerra Mundial. Diferencias de renta, salariales, y también culturales y educativas hacen insostenible toda cohesión social. Ya no podemos hablar de clases integradas en una sola sociedad, sino de dos universos paralelos, de galaxias que se alejan de manera virulenta. Así, usurpando una expresión de Umberto Eco, la sociedad ya no se divide entre “los de arriba” y “los de abajo”, sino entre los integrados (que gozan de redes de protección y seguridad) y los apocalípticos (aquellos que no tienen nada más que a sí mismos, van perdiendo los derechos sociales, y son a menudo presentados como una especie de zombis): los pobres, los inmigrantes, los ni-ni, la gente refugiada, precaria, …

Esto se traduce en lo que el pensador recientemente fallecido, Zygmunt Bauman denomina la sociedad líquida. Bauman considera que el cambio de paradigma se fundamenta en que las personas, que antes se consideraban ligadas a sus comunidades pierden los referentes, las seguridades que antes otorgaban instituciones sólidas (Estado, nación, clase, pueblo, profesión, sindicato, familia,…). Nadie parece garantizar la seguridad personal, ni el hecho de tener una carrera profesional, ni un trabajo para toda la vida, ni una familia más o menos estable. Ante los azares de la existencia y la globalización negativa, el individuo queda solo, abandonado a su suerte, sin anclajes colectivos ni morales, dejado a su propia responsabilidad. Cualquier éxito del pasado no servirá de gran cosa en el futuro. Cualquier título académico, en una dinámica de cambio y transformación constante, será rápidamente caducable. Aquí, como recuerda Christian Laval, cada uno debe hacer de empresario de sí mismo. La suerte o la desgracia es atribuida a la acción individual: cada persona es culpable de sus fracasos mientras que cada éxito resulta efímero. Las consecuencias son demoledoras. El individuo ya no tiene ninguna referencia, se encuentra solo, abandonado, desprotegido, y eso no hace más que generar un malestar y un miedo, que como constatamos en la actualidad, será explotado por cualquier aventurero político o por algún aprovechado dispuesto a vender soluciones milagrosas (casi siempre utilizando formas de “coaching” y pensamiento positivo). la precariedad ya está convirtiéndose en el nuevo modo de vida, la epidémía del siglo XXI, como nos recuerda Guy Standing.

Y aquí entramos en lo que el pensador Ulrich Beck denomina “la sociedad del riesgo”. La ausencia de seguridades, de seguridad económica, de tener trabajo, carrera, familia, comunidad, sindicato, vecindario, hace que vivamos en una sociedad donde cada persona corre el riesgo de perder el tren, de ser relegado, de perder el estatus. Ya lo hemos visto: Los votantes de Marine Lepen o Donald Trump expresan este mundo en el que los perdedores son los mismos de siempre, porque los riesgos son siempre asimétricos: las élites blindan sus privilegios y disfrutan de sus tarjetas Black, mientras que el resto son desahuciados de sus hogares con la tarjeta roja de la globalización negativa. Aquí, el gueto es la imagen física, la metáfora del mundo globalizado. Cuando hablamos de gueto nos referimos, tanto el conformado por las élites o para aquellos sectores acomodados que se aíslan en urbanizaciones privadas o escuelas privadas, como el generado por los perdedores del sistema, que viven sin trabajo estable, en entornos degradados, precarios y empobrecidos, como las banlieux de Francia o como los barrios de favelas o escuelas con elevados porcentajes de pobreza.

El gueto, o con más precisión, el hipergueto (en términos de Loïc Wacquant) deviene la forma de vida actual y del futuro. De hecho, Ulrich Beck utiliza el término de “Brasilerización de occidente” para describir estos procesos de marginación social y cultural. Barrios privados, acomodados, ordenados y cerrados y protegidos por vigilantes privados, rodeados de masas amenazadoras de perdedores, peligrosos, desordenados, sin normas, deshumanizados que los rodean, como una nueva era medieval en que las ciudades parecen islas de prosperidad rodeados del desorden feudal. ¿Qué papel juega la educación en este proceso? De hecho, la erradicación de las humanidades, como comentábamos antes, y como se quejaba la pensadora Martha Nussbaum, impide tomar conciencia de la propia condición, quita el pensamiento y el lenguaje a la masa creciente de desposeídos y facilita la tarea de dominación a la minoría beneficiaria del sistema. Que víctimas de la globalización en Norteamérica apuesten por alguien como Donald Trump, que es uno de sus principales impulsores, dice mucho sobre el envenenamiento y degradación del sistema educativo (y comunicativo) estadounidense.

Sin pensamiento crítico, hay dominación y explotación asegurada. Y, de hecho, fenómenos como la “pos-verdad” no se explican a partir de la sociedad de la información, gobernada por élites hipe-ricas, se degenera sobre lo que el filósofo situacionista Guy Débord había denunciado hace medio siglo: la sociedad del espectáculo, en que todo debate sobre cuestiones sociales ha pasado a convertirse en un único y plural reality show en el que las clases populares, como denuncia Owen Jones, son demonizadas, a menudo por ellas mismas.

Para que haya sucedido esto, ha sido necesario subvertir el paradigma educativo. La escuela fordista no era nada del otro mundo. A pesar de que ofrecía la oportunidad de convertirse en un ascensor social, no dejaba de ser, esencialmente, un reproductor de las diferencias de clase. Ahora, con escuelas y sistemas educativos diferenciados según el gueto de referencia, no las reproduce, sino que las potencia y las hace insalvables. El mundo anglosajón, y especialmente Estados Unidos ven la coexistencia de experiencias e itinerarios educativos tan singulares que es dudoso que exista lo que podríamos denominar un único sistema educativo. Hay desde escuelas google, donde se trabaja por proyectos y seminarios, de una manera muy “innovadora”, home scooling que permite a los alumnos no mezclarse con nadie que no sea de sus círculos, hasta escuelas penitenciarias, con regímenes de semi internamiento y detectores de metales como los describe David Simon en su magnífica serie The Wire. El resultado, un archipiélago educativo insatisfactorio, y que genera grandes déficits en todos los niveles, incluso respecto a la obsesión mostrada por la OCDE de la “empleabilidad”.

Sin embargo, esto no es ningún problema: Estados Unidos puede reclutar toda la mano de obra de cualquier lugar del mundo: matemáticos indios, ingenieros alemanes, astrofísicos,…. Esta nueva regla del juego genera la reconversión de los debates educativos. Si, hasta hace unas décadas, la prioridad consistía en discutir sobre las finalidades de la educación, el “para qué” servía la educación, qué tipo de sociedad se quería construir a partir de las aulas, ahora nos encontramos con la neutralización de estas cuestiones. En cambio, ahora parecemos obsesionados por el “cómo”, debates metodológicos buscando las piedras filosofales que nos deberían permitir mejorar la educación cambiando la manera de trabajar. Sin embargo, como nos explica el sociólogo de la educación, y principal experto en fracaso educativo Saturnino Martínez, sólo un 6% de los resultados se explican en función de la organización o las metodologías. Los factores fundamentales tienen que ver con la cohesión social y el entorno de los centros (a parte de la propia motivación y capacidad de resiliencia de los estudiantes).

En Catalunya La Escola Nova 21, Ara és Demà pretenden hacer creer, con ciertas dosis de pensamiento mágico, que es posible mejorar la escuela adoptando el trabajo por proyectos o cambiando el nombre de diversas técnicas pedagógicas que hace décadas que se vienen practicando en las escuelas. Centrar el debate sobre estrategias en el aula sirve para camuflar que, hoy por hoy, la escuela está diseñada para potenciar las diferencias, para hacer de las aulas callejones sin salida, para justificar que no se ofrezcan los recursos necesarios que, efectivamente, como demuestra la literatura académica, es lo que puede mejorar las posibilidades de nuestros alumnos. Estudios como el Tenessee ya han constatado que reducir las ratios a la mitad, propician mejoras de un 28 % de rendimiento académico de media, y hasta un 40 % en los alumnos más desfavorecidos. Por qué, pues, estos debates que, como se está demostrando en la azarosa trayectoria del Ara és Demà no están yendo demasiado lejos: efectivamente, porque las propuestas en los términos de una administración educativa que actúa como correa transmisora de las políticas educativas globales, está destinada al fracaso. Y el fracaso es precisamente el objetivo, porque busca deslegitimar los sistemas educativos públicos a fin de preparar las opiniones públicas para aplicar reformas en el sentido de las que se hicieron en las décadas de 1980 y 1990 (y aún en la actualidad) en Inglaterra y Gales: desmantelar el sistema público, privatizar, alimentar burbujas y blindar los guetos acomodados de la competencia educativa de los sectores más modestos.

Las resistencias

Frente estas circunstancias, hay que articular las resistencias. Y las resistencias no funcionarán sin alternativas viables y protagonizadas por la propia comunidad educativa mancomunada (estudiantes, familias y docentes). Esto no será posible si no somos capaces de articular debates públicos abiertos y honestos, con una participación ordenada, rigurosa y disciplinada.

Para ello, será necesario rehacer el diagnóstico actual sobre la situación de la educación. La situación de la educación en nuestro país, y en buena parte de la Unión Europea, si bien es mejorable, es mejor de lo que describen los medios y los supuestos expertos. A base del esfuerzo de los docentes, los alumnos y de las familias, el sistema, a pesar de las amenazas, aguanta. Uno de los problemas es el de su vulnerabilidad debido a que las administraciones públicas ya no representan los intereses de la ciudadanía, sino que están sujetos a las políticas globales dictadas desde organismos como la OCDE o el FMI, y que además han de cumplir con los acuerdos comerciales de la OMC que obliga a liberalizar los servicios (también la educación) a fin de que el capital internacional (y también el local) pueda vampirizar dinero público a base de gestionar escuelas, institutos y universidades. Por lo tanto, es necesario un proceso de reapropiación, gestión directa, desprivatización y blindaje respecto a cualquier interés económico. Esto también nos obliga a repensar la escuela, no tanto respecto a metodologías, como a recursos y finalidades.

Por todo ello, además, hay que plantear alternativas. Si bien los proyectos de futuro guiados por los diferentes gobiernos y poderes extraterritoriales no son precisamente estimulantes, lo que teníamos en el pasado tampoco es demasiado atractivo. Hacen falta proyectos propios, mancomunados, discutidos, agradables e inspiradores. En este sentido, la experiencia reciente de la ILPEducació debería ser un buen punto de partida para definir cómo debería ser la escuela de todos.

Y esto sólo será posible si establecemos una unidad de la comunidad educativa fundamentada en el empoderamiento de la base. Soy consciente de que en este artículo he abusado demasiado de citas de varios autores y numerosas referencias. Permitidme una última, y ​​no precisamente laica. La prioridad número uno, hoy por hoy, es expulsar a los mercaderes de nuestros templos.

 

(Fotografía: Sala de clases lista para convivencia, I. Salesiano de Valdivia, 1957)

La viuda de los mártires de Chicago

Recordada por su gran oratoria, la mexicana Lucy González será recordada por ser viuda de Albert Parsons, uno de los cinco mártires de Chicago, pero tuvo por sí misma un gran protagonismo en la organización de las obreras, principalmente en las fábricas de textiles. Aún en 1920 la policía de Chicago la consideraba “más peligrosa que mil insurrectos”.

Nació esclava en 1853, en un poblado de Texas, territorio que cinco años antes había pertenecido a México. Fue hija de una negra mexicana y un indio de Alabama. Quedó huérfana a los tres años. Apenas pudo trabajar, ya que la enviaron a los campos de algodón.

Se casó a los 19 años con Albert Parsons, joven veterano de la Guerra de Secesión (1860- 1864). Casi eran una pareja ilegal: las «mezclas» raciales estaban prácticamente prohibidas en los estados sureños. La vida social no era fácil, y menos siendo de los pocos activistas por los derechos de los negros en tierras de racistas. Las amenazas constantes que recibían les obligaron a partir hacia Chicago, en 1873.

Aun no habían desempacado los pocos bártulos que poseían y ya participaban de la vida política. Para poder comer, Lucy se dedicó a elaborar ropa femenina en casa, y él trabajó en una imprenta. Ella empezó a escribir, de forma gratuita, en el periódico The Socialist. Luego ayudaron a fundar The Alarm, vocero de la Asociación Internacional de Trabajadores. Ella escribía sobre el desempleo, el racismo o la función de las mujeres en la política.

Lucy tuvo un gran protagonismo en la organización de las obreras, principalmente en las fábricas de textiles. Eran las más explotadas. Ni sus dos embarazos fueron impedimento: casi salió de reuniones en las factorías, a los partos. Con el apoyo de Albert se dedicó a colaborar en la creación de la Unión de Mujeres Trabajadoras de Chicago, organización que fue reconocida en 1882 por la Orden de los Nobles Caballeros del Trabajo, una especie de federación. Un gran triunfo: hasta ese momento no se aceptaba la militancia femenina.

Siempre contaba con Albert. Y Albert con ella. De él no sólo tenía el apoyo político, sino que compartían la atención a los hijos y al hogar.

Fue en ese momento cuando la lucha por la jornada de 8 horas se convirtió en la principal reivindicación nacional. Hasta entonces todos los trabajadores, incluidas niñas y mujeres, debían trabajar 15 o 18 horas para ganar apenas con qué comer. El presidente estadounidense Andrew Johnson había promulgado una Ley que establecía la jornada de ocho horas, pero en casi ningún estado se quiso aplicar. Los trabajadores llamaron a una huelga para el primero de mayo de 1886. La reacción de la prensa fue virulenta. El 29 de abril el Indianapolis Journal hablaba de “las fogosas arengas de truhanes y demagogos que viven de los impuestos de hombres honestos”.

Albert Parsons, uno de los mártires de Chicago, junto a su mujer Lucy González.

Como en otras ocasiones, Lucy y Albert marcharon junto a sus hijos. Los Parsons habían estado tensos y expectantes porque el Chicago Mail, en su editorial, había tratado a Albert y a otro compañero de lucha de “rufianes peligrosos en libertad”. Y exigía en sus páginas: “Señálenlos hoy. Manténganlos a la vista. Indíquenlos como personalmente responsables de cualquier dificultad que ocurra”.

En Chicago, donde las condiciones de los trabajadores eran peor que en otras ciudades, las huelgas y las movilizaciones continuaron. Para el día 4 se convocó a un acto en el Haymarket Square. Albert fue uno de los oradores.

El acto terminó en total orden. Habían participado unas 20 mil personas. Empezó a llover y los manifestantes se fueron marchando. Los Parsons decidieron tomar chocolate en el Salón Zept’s cuando quedaban unos 200 manifestantes. Fue entonces cuando un grueso contingente de policías cargó contra todos ellos. Una bomba de fabricación casera explotó matando a un oficial, y los uniformados abrieron fuego. Nunca se informó sobre la cantidad exacta de muertos. Se declaró el estado de sitio y el toque de queda. En los días siguientes se detuvo a cientos de obreros. Algunos fueron torturados.

De la bomba fueron acusadas 31 personas, de las cuales 8 quedaron incriminadas. El 21 de junio empezó el juicio. Después de discutir la situación con Lucy, Albert apareció ante la Corte exclamando: “Nuestras Honorabilidades, he venido para que se me procese junto a todos mis inocentes compañeros”. El juicio fue una burla a la justicia y a las normas procesales. La prensa se lanzó en una campaña condenatoria. Fue un juicio político porque no se podía comprobar nada. Fue un linchamiento. El Jurado declaró culpables a los ocho acusados: De ellos, tres fueron condenados a prisión y cinco a la horca. Parsons estuvo entre los condenados a muerte.

En la sala hizo presencia el periodista José Martí, futuro apóstol de la independencia de Cuba. El 21 de octubre, el diario argentino La Nación le publicó un artículo. En él describía la actitud de Lucy cuando se dictaba sentencia: “Allí estaba la mulata de Parsons, implacable e inteligente como él, que no pestañea en los mayores aprietos, que habla con feroz energía en las juntas públicas, que no se desmaya como las demás, que no mueve un músculo del rostro cuando oye la sentencia fiera […] Ella aprieta el rostro contra su puño cerrado. No mira; no responde; se le nota en el puño un temblor creciente…”.

Lucy, acompañada de sus hijos, empezó a recorrer el país durante casi un año. Explicaba el caso. Hablaba de noche y viajaba de día. Escribió centenares de cartas a sindicatos y distintas autoridades, tanto de Estados Unidos como de todo el mundo. La solidaridad que nació fue inmensa. Pero aún así, el 11 de noviembre de 1887 se cumplió la sentencia. Años más tarde, Lucy recordaría la mañana en que llevó a sus hijos hasta donde tenían a los condenados. Ella pidió que dejaran a los niños dar a su padre el último adiós, pero la respuesta fue retenerlos. “Nos quedamos encerrados en la estación de policía, mientras que el infernal delito se consumaba”, escribía.

Poco antes de que lo ahorcaran, Albert le escribió a Lucy: “Tú eres una mujer del pueblo y al pueblo te lego…”. El 1 de Mayo, como Día Internacional de los Trabajadores y Trabajadoras, fue acordado en el Congreso Obrero Socialista, celebrado en París en 1889. Era el homenaje a los cinco mártires de Chicago. Al año siguiente se conmemoró por primera vez. Lucy participó en la manifestación realizada en Chicago. Ya era conocida como «la Viuda Mexicana de los mártires de Chicago». Y los patrones ya aplicaban la jornada de 8 horas. El sacrificio no había sido en vano.

Tras el ahorcamiento de su esposo, Lucy siguió recorriendo el país, organizando a las trabajadoras y escribiendo en periódicos sindicales. En junio de 1905 estuvo presente en la constitución de la organización Trabajadores Industriales del Mundo, en Chicago. Solo 12 mujeres participaron, y ella fue la única que se atrevió a tomar la palabra. “Nosotras, las mujeres de este país, no tenemos derecho a ningún voto. La única manera de estar representadas es tomar a un hombre para representarnos […] y yo me sentiría rara al pedirle a un hombre que me represente […] Somos esclavas de los esclavos…”. Finalizó su discurso expresando: “¡No hay poder humano que pueda detener a los hombres y mujeres que están decididos a ser libres!”.

Siempre tuvo enfrentamientos con las feministas. Poco las soportaba. Catalogaba al feminismo como algo típico de la clase media. Sostenía que servía más para confrontar a mujeres contra hombres. Repetía que la liberación de las mujeres llegaría con la emancipación de la clase obrera de la explotación capitalista.

Con 80 años de edad, Lucy continuaba dictando discursos en la Plaza Bughouse de Chicago. Seguía asesorando, formando. En febrero de 1941, a sus 88 años, hizo la última aparición pública. Al año siguiente, el 7 de marzo, ya ciega, la muerte la sorprendió al incendiarse su casa. Aun muerta la policía la seguía considerando una amenaza: sus miles de documentos y libros fueron confiscados.

Este texto (modificado para su publicación un Primero de Mayo) forma parte del libro Latinas de falda y pantalón, de Hernando Calvo Ospina. Un recopilatorio de 33 breves historias de mujeres que cambiaron el curso de la historia.

Alarma de guerra: Trump convoca a todo el Senado a la Casa Blanca

por Andre Damon//

En una decisión sin precedentes en la historia de Estados Unidos, el presidente Donald Trump convocó a todos los miembros del Senado a la Casa Blanca para una reunión a puerta cerrada sobre una posible acción militar contra Corea del Norte. El evento es un evidente abandono de las normas constitucionales tradicionales que entraña consecuencias ominosas.

No es inusual que los miembros del ejecutivo, incluyendo los militares y agentes de inteligencia, les den informes a los miembros del Congreso tras bastidores. Pero, la doctrina constitucional de la separación de poderes entre las tres ramas coiguales del gobierno, la ejecutiva, la legislativa y la judicial, dicta que el poder ejecutivo debe presentarse ante los representantes electos del pueblo y no al revés.

Cuando el presidente Franklin D. Roosevelt solicitó una declaración de guerra contra Japón el 8 de diciembre de 1941, se pronunció ante el Congreso, el cual declaró guerra el mismo día. Este miércoles, 76 años después, es el Senado el que llegó a la Casa Blanca para recibir un informe de parte de los mandos militares sobre planes de guerra que procederán con o sin su autorización.

La sesión tuvo lugar en el auditorio del Edificio Eisenhower, adyacente a la Casa Blanca, que temporalmente se convirtió en “un centro de información confidencial compartimentada”. Los senadores no pudieron llevar sus teléfonos ni personal.

Se presentaron militares de alto rango y funcionarios de inteligencia, entre ellos el secretario de Defensa, el exgeneral de cuatro estrellas James Mattis; el general Joseph Dunford, el titular del Comité de Jefes del Estado; y el director de Inteligencia Nacional, Dan Coats. También estuvo presente el secretario de Estado, Rex Tillerson, ex-CEO de ExxonMobil.

En cuanto a la presencia de Donald Trump, el Washington Post escribió el lunes: “Los funcionarios del Congreso sugieren que la proximidad de la reunión a Trump le facilita ‘pasar’ por ahí y tal vez hacerse cargo de la sesión informativa”.

Al haber citado al Senado a la Casa Blanca, Trump ha vestido su gobierno con incluso otra práctica asociada con el autoritarismo y la dictadura. Durante su ceremonia de investidura, varios funcionarios de la Casa Blanca solicitaron tanques y otros vehículos armados para el desfile en Washington. Después, mientras daba su discurso inaugural, un grupo de soldados se alineó detrás del recién juramentado presidente, a plena vista de la cámara principal, antes de que aparentemente se les ordenara dispersarse. Hasta el momento, no se ha dado ninguna explicación oficial sobre dicha intromisión tan extraordinaria y sin precedentes de militares en la toma de posesión de un presidente.

Sobre todo, la reunión simboliza el poder que han alcanzado los militares sobre todo el Estado en su conjunto. Este es el resultado de más de un cuarto de siglo de guerras interminables, un proceso emparejado con el aumento en el poder e influencia política del ejército. Hoy día, una camarilla de conspiradores de la clase gobernante y los mandos militares está a cargo de decisiones cuyas consecuencias son del máximo alcance, incluyendo acciones militares que podrían desencadenar una guerra mundial.

Ni siquiera se pretende que haya una discusión pública ni que se reivindique el control y supervisión del Congreso. El llamado “Estado profundo” opera detrás de las espaldas de la población y con un desprecio total hacia los sentimientos antibélicos de la clase obrera y la juventud.

La reunión con el Senado se dio en medio de un recrudecimiento de las tensiones militares en el Pacífico, particularmente en Corea del Norte. La Casa Blanca ha amenazado por varias semanas llevar a cabo un ataque preventivo contra el empobrecido país, presuntamente para impedir la construcción de misiles nucleares capaces de llegar a EE.UU. La facultad de tomar decisiones de suma importancia —como el lanzamiento sobre Afganistán de la bomba llamada Munición de Explosión Aérea Masiva (MOAB; Massive Ordnance Air Blast ) a principios de este mes— ha sido transferida a los oficiales del ejército.

No hay ninguna “facción propaz” dentro de la élite gobernante. La política exterior agresiva y beligerante del gobierno de Trump ha sido plenamente acogida tanto por los demócratas como los republicanos. Más allá, durante los primeros dos meses del actual gobierno, los demócratas encabezaron una campaña histérica para retratar a Trump como un “títere” de Moscú. Pero cuando Trump decidió atacar con misiles de crucero a Siria, un aliado de Rusia, lo aclamaron universalmente, y los demócratas exigieron operaciones de cambio de régimen aun más agresivas.

Ni un solo senador ha expresado oposición a dicha reunión a puerta cerrada en la Casa Blanca, ni mucho menos anunció que no asistiría

Las guerras interminables y los niveles extremos de desigualdad social han socavado a un punto fatal todas las formas de democracia burguesa en Estados Unidos. El gobierno de Trump, con su explícito odio hacia los derechos democráticos y sus métodos autoritarios, materializa las décadas de descomposición de la democracia estadounidense. El mismo Congreso está compuesto por títeres pudientes y corruptos de los intereses corporativos y del aparato militar y de inteligencia, y eso va para ambos partidos.

La prensa, por su parte, sirve como instrumento de propaganda del Estado. Cualquier desconformidad es denunciada como “noticias falsas” y “una guerra de información” proveniente de enemigos en el extranjero.

La idea de que el Congreso tiene la responsabilidad de ejercer control sobre los poderes militares y la guerra ha desaparecido. Desde la Guerra de Corea de 1950, los presidentes estadounidenses han llevado a cabo decenas de intervenciones militares sin declaraciones de guerra del Congreso, estipuladas por la Constitución.

La Ley de Poderes de Guerra de 1973, la cual declara como obligatoria la autorización del Congreso para cualquier acción militar que dure más de sesenta días, ha sido violada una y otra vez en la práctica. El gobierno de Obama lo hizo en su guerra aérea del 2011 contra Libia.

La reunión en la Casa Blanca no es ningún ejercicio de supervisión por parte del Congreso, sino una sesión de representantes políticos de la clase gobernante para recibir órdenes de parte de los mandos militares. Es un síntoma del colapso de todas las formas democráticas de gobierno y de la marcha cada vez más agresiva hacia la dictadura.

 

(Fotografía: tropas norteamericanas desplegadas en Corea del Sur)

 

Cumbre del FMI refleja proximidad a una guerra comercial a nivel global

por Nick Beams//

En otro paso hacia el estallido de una guerra comercial a nivel global, el Fondo Monetario Internacional se convirtió este fin de semana en la segunda organización económica global en descartar su compromiso a “resistirse a todas las formas de proteccionismo”.

Ante el trasfondo de la decisión en marzo de los ministros de finanzas del G20 de retirar dicha promesa de su comunicado, el FMI adoptó el mismo curso de acción en sus Reuniones de Primavera en Washington. En ambos casos, abandonaron su postura oficial de “libre comercio” debido a la presión del gobierno de Trump, en consonancia con el programa de “EE.UU. ante todo” de la Casa Blanca.
Cambiando su tradicional postura, la declaración emitida por el Comité Monetario y Financiero Internacional de la institución (CMFI) ahora procura “promover la igualdad de condiciones en el comercio internacional”.
El actual presidente del CMFI, Agustín Carstens, gobernador del Banco de México, buscó restarle importancia a la decisión, sugiriendo que la redacción previa fue sacada porque “el uso de la palabra proteccionismo es muy ambiguo”.
En realidad, la omisión del rechazo al proteccionismo es una inconfundible expresión del aumento en las tensiones comerciales, impulsadas sobre todo por la administración de Trump.
Estos conflictos no pudieron mantenerse bajo la superficie. En su declaración ante el CMFI, el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, dijo que Alemania “se compromete a mantener la economía mundial abierta, resistirse al proteccionismo y mantener en marcha toda cooperación económica y financiera global”.
Esta declaración se contrapuso a la del secretario del Tesoro estadounidense, Steven Mnuchin, quien dijo que EE.UU. “promovería una expansión del comercio con aquellos socios comprometidos a una competencia basada en el mercado, mientras nos defendemos más rigurosamente ante prácticas comerciales desleales”.
Su intervención iba dirigida en particular a los dos países con el mayor superávit comercial con EE.UU. —China y Alemania—. Washington no reconoce a la economía china como de mercado, mientras que miembros del gabinete de Trump han acusado a Alemania de aprovechar ventajas injustas ya que el valor del euro es menor a lo que valdría su antigua moneda, el marco alemán.
Sin nombrar directamente a Alemania, la cual registró un excedente comercial récord el año pasado, Mnuchin dijo que “los países con grandes superávits externos y finanzas públicas firmes tienen una responsabilidad particular de contribuir a una economía mundial más robusta”.
La decisión del FMI de doblegarse ante la presión de EE.UU. tuvo lugar pocos días después de que el gobierno de Trump anunciara la intención de imponer extensas restricciones a las importaciones de acero que tendrían consecuencias de gran alcance para el mercado global de este producto.
Invocando una ley empolvada de 1962, Trump firmó una orden ejecutiva para investigar el impacto de las importaciones de acero en la seguridad nacional del país. Tras aclamar que el decreto marca “un día histórico para EE.UU.”, indicó que el acero es “fundamental para ambas, nuestra economía y las fuerzas militares”, y que no se trata de “un ámbito en el que podemos permitirnos depender de países extranjeros”.
Dicho enfoque en la “seguridad nacional” constata la clara agenda militarista del nuevo gobierno. Sin embargo, esta legislación es parte de una estrategia más amplia que fue detallada ante el Congreso por el secretario de Comercio, Wilbur Ross, y el titular del Consejo Nacional de Comercio creado por Trump, Peter Navarro.
El objetivo es utilizar leyes ya establecidas en EE.UU. para eludir las reglas de la Organización Mundial del Comercio, permitiéndole así imponer medidas proteccionistas con impunidad. Cabe notar que, en su informe, Ross y Navarro invocan la infame Ley Smoot-Hawley de 1930, considerada ampliamente como la responsable de desencadenar los conflictos comerciales de los años treinta que contribuyeron al estallido de la Segunda Guerra Mundial.
Comentando sobre esta última iniciativa de Trump en el diario Financial Times, Chad Brown, investigador del Instituto Peterson y un exconsejero del presidente Obama, dijo que recurrir a cuestiones de “seguridad nacional” para justificar restricciones a las importaciones de acero equivale a una “opción nuclear” en el comercio.
“Esta es otra evidencia más de la tendencia preocupante que Trump parece estar rebuscando cada rincón e investigando cada herramienta disponible bajo las leyes estadounidenses para detener el comercio”, dijo.
En los últimos años, EE.UU. ha impuesto 152 casos de antidumping contra el acero y 25 otros casos contra tubos de acero. Esta última iniciativa representa una escalada importante. Según el secretario de Comercio, el sistema actual es muy “poroso” y sólo permite quejas muy limitadas contra países determinados, que pueden evadir las regulaciones fácilmente.
Las nuevas medidas pretenden lograr una “solución más completa en una amplia gama de productos de acero y de países,” que podría “posiblemente llevar a una recomendación para medidas en todas las importaciones de acero”.
Esto generaría caos en los mercados internacionales ya que los exportadores de acero buscarían verter sus productos en otros mercados, resultando en acusaciones de dumping y la imposición de mayores aranceles y otras barreras —en efecto, una guerra comercial a gran escala—.
Dos fuerzas fundamentales están detrás de las acciones del gobierno estadounidense. En primer lugar, el constante declive económico de EE.UU., que intenta superar por medios políticos y militares, se ha acelerado a raíz de la crisis financiera del 2008, la posterior reducción en el crecimiento económico mundial y la contracción de los mercados mundiales.
En segundo lugar, el gobierno de Trump busca contener y encauzar las crecientes tensiones sociales causadas por los bajos salarios y las cada vez más profundas dificultades económicas a lo largo de posturas económicas nacionalistas y reaccionarias. En este sentido, Trump cuenta con el pleno respaldo de la burocracia sindical, cuyos principales líderes literalmente posaron con Trump mientras firmaba su decreto sobre el acero. Al mismo tiempo, los nacionalistas económicos del Partido Demócrata también le han dado su apoyo, más prominentemente por el autodenominado “socialista”, Bernie Sanders.
La lógica inherente y objetiva de estos procesos es la de una guerra económica y militar, a la que los políticos capitalistas no pueden ofrecer ninguna alternativa progresista, como lo demostró la impotencia del FMI ante lo que ha reconocido históricamente como el gran peligro del proteccionismo. Esto se debe al hecho que el auge en marcha del nacionalismo económico y el proteccionismo está arraigado en el sistema socioeconómico de lucro privado y la división del mundo en Estados-nación rivales.
Hace cien años, el mundo estaba sumido en la carnicería de la Primera Guerra Mundial. Esta no fue “la guerra para acabar con todas las guerras”, sino el comienzo de una lucha de más de tres décadas para definir cuál potencia imperialista alcanzaría la hegemonía global. Después de decenas de millones de muertes y horrores incalculables, incluyendo el Holocausto y el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre Japón, EE.UU. emergió con el papel dominante.
En la actualidad, el mundo se está enfrentando a las consecuencias aun más explosivas del declive económico de Estados Unidos.
Pero este año también marca el centenario del evento más importante del siglo XX, la Revolución Rusa y la toma del poder por parte de la clase obrera, liderada por Lenin, Trotsky y el Partido Bolchevique con base en el programa de la revolución socialista mundial. Esta debe ser la perspectiva que guie a la clase obrera internacional hacia adelante en las luchas que enfrenta ahora directamente.

Isaac Deutscher, el emigrante rojo

por Bruce Robbins//

En mayo de 1965, dos años antes de su muerte repentina a causa de un ataque de corazón, Isaac Deutscher habló en un mitin multitudinario contra la guerra en Berkeley, California. En una grabación de su intervención se le oye decir que dejará de lado el tema de Vietnam –que los oradores anteriores habían tratado tan bien– y que en vez de ello hablará de la guerra fría, que proporcionaba a los responsables de la política exterior de EE UU la coartada política que necesitaban para meterse en ese berenjenal. En su discurso, el ritmo pausado de Deutscher y su ligero acento polaco hacían pensar en un comediante judío, pero en gran medida su tono era grave y su entonación incluso tal vez un poco más sonora de lo necesario. Quizá le preocupaba que el público no se percatara de la relevancia de aquel acontecimiento histórico universal que guardaba relación con tantas otras cuestiones: la Revolución Rusa.

Nacido en 1907 en una pequeña aldea polaca, que por entonces formaba parte del moribundo Imperio Austro-Húngaro, Deutscher contaba diez años de edad cuando los bolcheviques tomaron el poder en Rusia. Más tarde escribiría la crónica de esa historia con un lujo de detalles increíblemente apasionante, en su monumental biografía en tres tomos de León Trotsky, pero sus preparativos para este trabajo comenzaron con la sensación de que muchas de las cosas sólidas que le rodeaban estaban a punto, o casi, de volatilizarse. Su familia judía ortodoxa era practicante estricta, y de niño (diríase que prodigio) le enviaron a estudiar con un rabino jasídico. A la edad de 13 años, Deutscher fue ordenado rabino a su vez, pero como revela el cautivador apunte biográfico que su mujer y habitual colaboradora, Tamara Deutscher, incluye en The Non-Jewish Jew –una recopilación de los ensayos de Deutscher que acaba de reeditar Verso Books–, su padre, que era impresor, también le heredó su gran pasión, escasamente acorde con la religión, por los escritores alemanes modernos, incluido el poeta Heinrich Heine. Si escribes en polaco, le advirtió repetidamente su progenitor, nadie te entenderá más allá de Auschwitz. En aquel entonces, Auschwitz no era más que el nombre de una ciudad cercana.

En noviembre de 1918, la primera semana de la independencia de Polonia trajo a la región en que vivían los Deutscher no uno, sino tres pogromos. Sin embargo, ahora que Polonia y otras naciones nuevas emergían de las ruinas de imperios destrozados al final de la primera guerra mundial, el joven Deutscher se convirtió en algo así como un patriota polaco. A los 14 años repudió el judaísmo de su familia calificándolo de vestigio del feudalismo. A los 16 comenzó a publicar poesía en polaco, influida por el misticismo judío y el romanticismo polaco, y tradujo poemas en alemán, yidish, hebreo y latín al polaco. A los 20 años ingresó en el Partido Comunista Polaco.

En 1931, el partido envió a Deutscher a la Rusia soviética para informar de los resultados económicos del primer plan quinquenal. Se enteró de más cosas sobre la trayectoria de la revolución que lo que el partido veía con buenos ojos que supiera. Más o menos un año después fue expulsado por “desviaciones democráticas”, entre otras cosas por su negativa a tratar a la socialdemocracia occidental como un equivalente moral del nazismo. Obtuvo un empleo en un periódico judío en Polonia y, en abril de 1939 lo enviaron a Londres, donde se puso a aprender inglés. El traslado le salvó la vida, pues los nazis invadieron Polonia unos cinco meses después; Deutscher no volvió a ver a sus padres nunca más.

El exilio marcó el fin de la etapa europeo-oriental de la carrera de Deutscher, pero este no dejó que marcara su pensamiento. En su opinión, echaba sus raíces –y lo decía con orgullo– en la tradición de Spinoza, Heine, Marx, Luxemburgo, Trotsky y Freud, los “judíos no judíos” de los que habla en el ensayo que da el título a la recopilación recién editada. También tenía raíces en el internacionalismo de izquierda, una tradición que le proporcionó un hogar dondequiera que viviera. Los compromisos políticos de Deutscher y su experiencia en el PCP también le infundieron como activista la idea de que el sentido de la oportunidad era por lo menos igual de importante que los principios, una idea que relativizó sutilmente sus juicios y que determinó claramente todo lo que iba a escribir, ya fuera en la prensa como comentarista rusoparlante sobre el Kremlin, ya en su crítica política o las obras históricas que más tarde le harían famoso.

Aunque en Inglaterra fue bien recibido, Deutscher permaneció ajeno al mundo de la universidad inglesa. A diferencia de muchos de sus coetáneos de izquierda, escribió sus voluminosos libros, ricamente documentados, sobre Trotsky y Stalin sin la comodidad de un cargo académico. Las posibilidades de Deutscher de obtener un puesto en la universidad y un ingreso estable fueron desbaratadas nada menos que por Isaiah Berlin, según cuenta Michael Ignatieff en su biografía del filósofo e historiador de las ideas ruso-británico, cuya opinión razonada cuando le consultaron sobre la posible contratación de Deutscher fue: por encima de mi cadáver. Tal vez esto se debiera a divergencias políticas, o quizá fue el resultado de una reseña mordaz sobre Berlin que Deutscher había publicado algunos años antes. Una vez Deutscher quedó descartado, Berlin insistió en que su evaluación no había sido decisiva, pero esta afirmación no resistió un análisis minucioso. El nombre de Deutscher también figuraba en la lista de simpatizantes comunistas que George Orwell entregó en secreto al ministerio de Exteriores británico en 1949, el año en que se publicó la biografía de Stalin escrita por Deutscher.

En Components of the National Culture (1968), Perry Anderson sostuvo que algunos de los intelectuales más influyentes que huyeron a Gran Bretaña de la violencia política en el continente –personas como Berlin, Karl Popper, Bronislaw Malinowski, Melanie Klein y Ludwig Wittgenstein– tenían afinidades electivas con la tradición británica –muy alejada de la experiencia continental– de la continuidad no violenta y la estabilidad social relativa. Una vez establecidos en Gran Bretaña, dijo Anderson, reforzaron y extendieron esta tradición, haciendo que Gran Bretaña fuera todavía más conservadora.

En opinión de Anderson, Deutscher fue la excepción más destacada de esta “emigración blanca”. Tal vez debido a la idiosincrasia de su radicalismo –que no encajaba en la política comunista o socialdemócrata británica–, Deutscher fue ninguneado por el mundo académico de la isla. O quizá esto se debiera a su independencia intelectual, su olfato periodístico y su estilo polémico, que no era compatible con la cultura universitaria enclaustrada y a veces aburrida de Inglaterra. En cualquier caso, Anderson nunca dejó de prestarle atención, y de hecho quien busque pruebas de la influencia intelectual de Deutscher no tiene más que contemplar los brillantes logros de Anderson como historiador y analista político.

Al igual que Deutscher, Anderson demostró con los años ser un erudito políglota; del mismo modo que aquel, no reconoce a ninguna autoridad por encima o más allá de lo que Gregory Elliott llama, en su libro sobre Anderson, “el implacable laboratorio de la historia”. Ambos fueron arrastrados al “universalismo olímpico” de Marx y Engels, aunque quizá no del mismo modo.

Anderson contó una anécdota que sugiere una pequeña pero significativa diferencia entre ambos. En la década de 1960, Anderson manifestó su indignación por la falta de dinamismo político de Inglaterra. ¿Por qué, preguntó, Francia podía alardear de tantas revoluciones, mientras que la Inglaterra moderna no había conocido ninguna? En un prólogo al volumen en que se ha reeditado Components, recordó que Deutscher le comunicó que no podía aprobar sin más la negación por parte de Anderson de las posibilidades políticas sobre el terreno, por imperfectas que pudieran ser. Tomando prestada una expresión de la negativa de Rosa Luxemburgo a apoyar la independencia de Polonia antes de la primera guerra mundial, Deutscher dijo que la postura de Anderson adolecía de “nihilismo nacional”.

Al oponerse al nihilismo incluso en el terreno del nacionalismo, al que no era proclive, Deutscher transmitía cierta sabiduría práctica, una sabiduría destinada en particular a quienes trataran de mantener el compromiso político más allá del entusiasmo embriagador de la juventud. Juzgar la política cotidiana en función del elevado listón de la revolución es condenarse a la desesperación, o por lo menos a la apatía. También puede ser contraproducente aplicar con calzador un conjunto de criterios abstractos a una comunidad que, aun siendo receptiva a los objetivos de una política, se siente confusa o alienada por el lenguaje con el que se persiguen dichos objetivos. Como revolucionario inveterado, Deutscher estaba bien pertrechado para insistir en que existen otros caminos hacia la justicia social.

A diferencia de los críticos de la Rusia soviética más ensalzados en Occidente, Deutscher no fue un liberal. Era un firme defensor de la democracia y sus objeciones al régimen soviético coincidían en parte con las consabidas objeciones liberales, pero una de las cosas que apreciaba en Trotsky era la firme convicción de este de que, a pesar del atraso social y económico de Rusia, los revolucionarios rusos en 1917 no debían aspirar a un gobierno liberal que mantuviera intacta la propiedad privada. En vez de ello, como alegó Trotsky, creía que la revolución podía saltarse la etapa constitucional en su intento de satisfacer las demandas materiales y de los obreros y campesinos.

Por supuesto, nadie que reflexione sobre lo que finalmente ocurriría con la revolución bajo Stalin concluirá probablemente que esta cuestión se ha resuelto dando la razón a Trotsky. ¿Estaba Rusia demasiado atrasada para tumbar el capitalismo liberal? Y para concretar más, un sistema constitucional que protegiera los derechos de la burguesía ¿habría creado los obstáculos necesarios para impedir el terror que se produjo una vez Stalin consolidó su poder? El propio Trotsky cambiaría de opinión sobre estas cuestiones y Deutscher –cosa que le honra– no pretendió que poseyera un conocimiento mayor o privilegiado.

Las preguntas abiertas formuladas por Deutscher sobre el curso ulterior de la Revolución rusa –una revolución de la que nunca renegó– también ayudan a explicar su extraordinaria generosidad moral, cabría decir incluso la calidad tolstoyana de su obra histórica. La defensa estridente era algo de lo que al parecer Deutscher podía prescindir. Cada frase que escribió como historiador denotaba algo, aunque fuera muy vago, de un continuo debate consigo mismo.

Esto era así incluso cuando escribió sobre Stalin, y tal vez fuera esta una razón por la que muchos encontraron que su biografía de Stalin era tan desconcertante. Stalin había ordenado el asesinato de Trotsky, además de tantas otras personas, y en manos de Deutscher, Stalin es un monstruo, pero no sencillamente un monstruo, y Deutscher trató de comprender los motivos de Stalin. “No hace falta dar por hecho que actuó por pura crueldad o sed de poder”, escribió Deutscher en la biografía. “Tal vez halló el dudoso amparo en la convicción sincera de que lo que hacía servía a los intereses de la revolución y de que él era el único que interpretaba correctamente esos intereses.” Esto no supuso nunca una defensa de Stalin, sino más bien un argumento de que incluso sus actos más atroces no se situaban fuera de toda posibilidad de una explicación histórica. Colocarlos fuera de toda explicación histórica sería pretender que la revolución no encerraba sus propias contradicciones, que eran anteriores al periodo de dictadura monomaniaca de Stalin y (como Deutscher no dejó de señalar) también marcaron la carrera política de Trotsky.

Podría parecer que aceptar la existencia de estas contradicciones –contradicciones que Deutscher creía inherentes al alma misma del revolucionarismo de izquierda en general y de la Revolución rusa en particular– le llevaría a optar por el fatalismo. Sin embargo, de alguna manera no lo hizo. Deutscher fue capaz de sacar a la luz muy claramente esas contradicciones (y vivir una vida fuera del Partido Comunista) sin abandonar la esperanza en la propia revolución, tanto en Rusia como a escala planetaria, un objetivo que debía seguir sacando fuerza de los triunfos iniciales de 1917. Había que recordar a los pueblos de Occidente, pensaba Deutscher, que cuando los rusos combatieron a los nazis en la segunda guerra mundial, no solo lo hicieron animados por el mero patriotismo, sino que participaban en “una batalla por la existencia del movimiento obrero”. Había que recordar al público que le escuchaba en Berkeley en 1965 que la amenaza de agresión de la Unión Soviética, que supuestamente justificaba la misión de EE UU en Vietnam en plena guerra fría, era desde su punto de vista ridícula. No había equilibrio de poder entre EE UU y la URSS: uno era una superpotencia, mientras que la otra había surgido de la segunda guerra mundial “postrada y desangrada”.

Ahora el pueblo ruso trataba de sacudirse de encima esa pesadilla junto con el recuerdo de Stalin. Los progresistas de Occidente tenían la obligación de ayudarle. Esto suponía contemplar la guerra fría no solo desde el punto de vista occidental, sino también desde el del Este. La guerra de Vietnam exacerbaba la guerra fría, contribuyendo así a empeorar la vida en Rusia. Lo que Deutscher estaba tratando de ofrecer a la muchedumbre de manifestantes contrarios a la guerra en 1965 era una defensa centrada en Rusia frente a la guerra de Vietnam. Casi seguro que no era lo que el público estaba esperando oír, pero de alguna manera era al mismo tiempo inspirador políticamente y refrescante por su independencia con respecto a la simple dualidad moral en que parecía moverse el movimiento antiguerra.

En 1903, en el congreso de Bruselas en que bolcheviques y mencheviques pusieron de manifiesto por primera vez sus divergencias, Trotsky pronunció uno de los raros discursos en que se calificó a sí mismo de judío. Lo hizo con el fin de manifestarse con autoridad personal en contra del Bund judío, que reclamaba el derecho a la “autonomía cultural”, incluida la capacidad de elegir su propio órgano de gobierno y definir su propia política con respecto a la población judía. Por supuesto que los judíos debían tener el derecho a ser educados en yidish, explicó Trotsky, pero ¿cómo podía el socialismo –que pretendía superar las barreras que dividían a los países, las religiones y las nacionalidades– contribuir a erigir sus propias barreras frente a esta visión de emancipación universal?

Deutscher se había criado en el corazón mismo de la cultura yidish en la zona polaca del Imperio Austro-Húngaro y había desempeñado un papel activo y creativo en ella. En su opinión, el yidish era una lengua y una cultura que siempre había estado enraizada en el movimiento obrero. Al igual que Trotsky, solía considerarse primero un revolucionario y solo en segundo lugar un judío. Pero Deutscher también se consideraba un judío, y de una manera que propone una variación en torno a la cuestión formulada en el ensayo de Anderson: ¿Cuáles son los componentes de la identidad judía?

Como indica el título de su recopilación, le idea de Deutscher sobre la identidad judía está completamente desconectada de la religión judía. Siendo adulto proclamó su ateísmo sin apología al no hallar ninguna virtud en el jasidismo de su juventud y al calificar de kafkiana “la aspiración de moda entre los judíos occidentales de volver al siglo XVI”. No obstante, su laicismo no era únicamente negativo; también tenía un sentido positivo, activo, emancipatorio y sobre todo sociable. Para los judíos, suponía un gesto de confianza en los gentiles de su entorno, confianza en que ellos y los progresistas no judíos podían hacer causa común y compartir sus victorias.

Desde esta visión positiva, humanista, del laicismo, Deutscher afirmó que la identidad judía no podía implicar jamás el control judío sobre un territorio. “No tengo nada en común con los judíos, digamos, de Mea Shearim /1 ”, declaró, “ni con cualquier clase de nacionalistas israelíes”. La obsolescencia del Estado-nación había quedado demostrada en la matanza sin sentido de la primera guerra mundial. De ahí que a su juicio la creación de Israel encerraba una terrible ironía: los judíos estaban invirtiendo en un Estado-nación justo cuando este había entrado en lo que Deutscher creía (prematuramente) que era una fase de declive terminal.

Y ¿qué decir del Holocausto, que bien podría haber resquebrajado la confianza de Deutscher en la posibilidad de que los judíos hicieran causa común con el mundo de los gentiles? Aunque partió su vida más o menos en dos, el Holocausto no le llevó a desertar del bando de los laicos militantes y de los creyentes en la modernidad. Los nazis fueron después de todo la razón por la que la cultura judía de Europa Oriental en que se había criado había dejado de existir. Sin embargo, cuando Deutscher habla de esta cultura, menciona una conversación que mantuvo con el satírico yidish Moshe Nadir en la década de 1920. Nadir ya predecía entonces que el yidish dejaría de hablarse en el futuro, tal vez por el hecho de que los judíos, ahora felizmente asimilados, acabarían hablando polaco o ruso. Nadir contemplaba ese día con indiferencia, porque cuando el yidish se convirtiera en una lengua muerta como el latín, sus sátiras se leerían como a los clásicos, a la par que Horacio y Ovidio.

Al invocar esa antigua broma de Nadir, Deutscher parecía decir que la cultura yidish, que los nazis habían exterminado, habría sucumbido de todos modos bajo el peso de una historia que era al tiempo despiadada y progresista. Lo que había que lamentar, por tanto, no era la cultura, sino las vidas que habían desaparecido en las inmensas fauces de la segunda guerra mundial. En cuanto a la propia historia, que siempre había imaginado compartida entre judíos y no judíos, siguió confiando en que, a pesar de sus brutalidades, la humanidad saldría mejor parada. Una de las cualidades menos obvias que atribuye a la línea de los “judíos no judíos”, que iba de Spinoza a Freud, era el optimismo. Sí, consideraba que Freud también era un optimista.

Si Deutscher hubiera ido a Nueva York en vez de Londres, su izquierdismo antiestalinista, su brío literario y su viveza en el debate le habrían abierto sin duda las puertas de los círculos tertulianos de la intelectualidad neoyorquina. Trotsky tenía allí admiradores y Deutscher les hizo un par de visitas. No obstante, su permanencia en ese mundo tal vez hubiera exigido alguna negociación entre esa multitud rencorosa. Como muestran estos ensayos, Deutscher no se cortaba a la hora de manifestar su desprecio por los intelectuales judíos de Occidente, que en su opinión se habían vuelto conservadores durante la guerra fría, convertidos en campeones del llamado “estilo de vida” liberal de Gran Bretaña y EE UU, y también se habría sentido incómodo con quienes habían renunciado a los impulsos universalistas radicales de la cultura judía a favor de una visión más particularista.

Para Deutscher, las diferencias geográficas y de clase entre los judíos eran suficientemente profundas para que viera con escepticismo la idea de una “comunidad judía” existente o que podía surgir a medida que se desvaneciera la observancia religiosa. Durante su vida, la historia de la persecución todavía no había sustituido del todo al judaísmo en el núcleo de la identidad judía occidental, pero su propia concepción de la identidad judía estaba centrada en el Holocausto, tal vez inevitablemente. “Soy judío”, dice en un texto que comenta el Holocausto, “porque siento la tragedia judía como mi propia tragedia.” Fue el Holocausto el que llevó a Deutscher a inclinarse hacia el sionismo, aunque solo fuera ligeramente. “Si en vez de rebatir el sionismo en los años veinte y treinta”, escribió, “hubiera urgido a los judíos europeos a irse a Palestina, podría haber salvado algunas de las vidas que después fueron exterminadas en las cámaras de gas hitlerianas.” Pero incluso en esta tesitura tiene cuidado de dejar clara su aversión a toda forma de nacionalismo judío: “Sin embargo, ni siquiera ahora soy sionista.”

El libro contiene dos versiones de una famosa parábola de la fundación de Israel en la estela del Holocausto, una parábola que a veces es todo lo que la gente recuerda de Deutscher. En la primera versión, que data de 1954, un hombre salta de un barco en llamas a una balsa. Lo que quería señalar Deutscher es que todo Estado nacional no es más que una balsa, una solución temporal que no debería convertirse en un programa permanente (nacionalista), como parecía hacer Israel. En la segunda versión, de 1967, escrita en respuesta a la guerra de los seis días, el hombre salta de un edificio en llamas y sobrevive, pero aterriza sobre una persona que estaba en la acera (que representa, por supuesto, a los palestinos) y le rompe brazos y piernas. “Si ambos se comportaran racionalmente”, comenta Deutscher, “no acabarían siendo enemigos.” Pero no prevalece la racionalidad.

El hombre herido culpa al otro de su miseria y jura que le hará pagar por ello. El otro, temeroso de la venganza del lisiado, le insulta, lo patea y lo golpea cada vez que se encuentran. El hombre apaleado vuelve a jurar venganza y de nuevo recibe puñetazos y patadas.

Imagino que no muchos estarán del todo satisfechos con esta parábola. Sin embargo, ofrece una alternativa interesante a la idea de la colonización y no hizo que Deutscher dejara de criticar duramente a Israel, recordando a sus lectores que David Ben-Gurión calificó a los judíos no sionistas de “cosmopolitas desarraigados”, que era el eufemismo favorito de Stalin para referirse a los bolcheviques judíos que eliminó. Según el comentario de Deutscher sobre la guerra árabe-israelí de 1967, escrita dos meses antes de su muerte, en la “victoria” de Israel veía una profecía del desastre y en Moshe Dayan una especie de vicemariscal Nguyen Cao Ky, el entonces títere favorito de EE UU en Vietnam. Tampoco hizo que dejara de criticar la colusión de Israel con la política exterior de EE UU durante la guerra fría y su negativa a comportarse como un vecino con sus vecinos. El futuro de Israel depende, a juicio de Deutscher, de la capacidad de los israelíes “para encontrar un lenguaje común con los pueblos que les rodean”.

Deutscher no pregonaba fanáticamente la coherencia con los principios, sino que para él esta incoherencia se plasmaba de alguna manera en la política. Como historiador, creía que el sentido de la oportunidad siempre importaba, especialmente a la hora de formular la propia visión del mundo. Comprendió perfectamente el caos que describió tan bien después de 1917, cuando Trotsky adoptó las posiciones de Lenin (como la necesidad de la disciplina absoluta en el seno del partido) y Lenin adoptó las de Trotsky (como la necesidad de la Nueva Política Económica), y todo se movía con demasiada rapidez para que alguien se diera cuenta. La política, para Deutscher, implicaba en última instancia esta clase de flexibilidad de principios, una visión de la acción política que entendía que los compromisos de uno y sus condiciones se hallaban en mutua dependencia. Nada, ni siquiera la política, podía colocarse al margen del caos y la incertidumbre de la historia.

Como escribió Deutscher en el último ensayo de la recopilación, el Holocausto fue el único acontecimiento que trascendía toda explicación histórica. Al historizar su internacionalismo, cambió de opinión sobre su antisionismo programático, pero sin convertirse en sionista. Esto no alteró su profunda convicción de que, para los judíos, como para todo el mundo, la historia no reclama la pureza de una utopía etnocéntrica, ni cualquier clase de utopía en este sentido. En vez de ello, la historia reclama de nosotros la dura labor de cambio en el seno de las naciones en que vivimos y con los vecinos que nos ha tocado convivir. Esto también requiere prestar mucha atención al sentido de la oportunidad.

EE.UU. lanza el mayor arma no nuclear en Afganistán: un crimen contra la humanidad

por Bill Van Auken y David North//

El despliegue militar del mayor arma no nuclear en su arsenal en la frontera entre Afganistán y Pakistán es un crimen contra la humanidad. Aun cuando el gobierno de Estados Unidos y los medios de comunicación estaban realizando una campaña de propaganda mentirosa en la que denunciaban a Siria y Rusia por el uso de gas venenoso, el ejército estadounidense estaba colocando la bomba designada por el Pentágano como MOAB (Massive Ordnance Air Blast), o la “madre de todas las bombas”, para su uso en Afganistán.

Mientras que el Pentágono ha publicado pocos detalles sobre el impacto del bombardeo, uno puede estar seguro de que el número total de muertes resultantes de la MOAB es un masivo multiplicado del número de muertos en el presunto ataque de gas sirio, asumiendo -que esto no está seguro de que el ataque de gas haya tenido lugar.

Setenta y dos años después de la destrucción de Hiroshima y Nagasaki, el imperialismo americano se ha probado una vez más que es la fuerza más cruel y criminal del planeta.

El uso de la MOAB tiene implicaciones que van más allá de Afganistán. Demuestra -y éste es, de hecho, el objetivo principal del ataque- que no hay restricciones sobre lo que el ejército estadounidense está dispuesto a hacer en la búsqueda de los intereses del imperialismo estadounidense.

En el contexto de las tensiones militares aumentando desde la península Coreana y Siria hasta Europa del este, la detonación de la bomba masiva sobre Afganistán representa una advertencia para Rusia, Irán, Corea del Norte y cualquier país que se atreva a desafiar los intereses de Washington de que no hay límite para el nivel de violencia que el imperialismo estadounidense desatará contra ellos.

El arma MOAB, conocido oficialmente como “GBU-43 / B”, detonó cerca de 20.000 libras de explosivos en el aire, encendiendo la atmósfera y creando una conmoción masiva que elimina todo dentro de un radio de 1.000 yardas. Sus ondas de choque son capaces de matar gente en un radio de hasta 1,7 millas.

El impacto de la explosión es el equivalente a un arma nuclear para las personas atrapadas en la zona objetiva.

Diseñado para su uso en la campaña “shock and awe” desencadenada con la invasión estadounidense de 2003 en Irak, nunca fue utilizada en combate durante 14 años. Aun cuando el Pentágono llevó a cabo una guerra y ocupación que cobró un millón de vidas iraquíes, el arma fue vista como demasiado destructiva para servir a los propósitos estratégicos de Estados Unidos.

La planificación para el uso de esta espantosa arma en Afganistán comenzó bajo la administración de Obama.

Según el mando del Pentágono, esta auténtica “arma de destrucción masiva” fue lanzada por primera vez en un remoto distrito de la provincia de Nangarhar, en el este de Afganistán, para borrar las presuntas cuevas y túneles utilizadas por elementos de la filial afgana del Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS).

No hay una justificación táctica inmediata, mucho menos estratégica, para lanzar un arma tan masiva en una banda pequeña y poco armada de guerrillas islámicas – un grupo fundado con Pakistán que simplemente adoptó el logotipo de ISIS. En cambio, el ataque tiene todas las características de una calculada demostración del poderío militar estadounidense, el más espantoso que podría ser usado cerca de un ataque nuclear.

El bombardeo se produjo apenas una semana después de que Washington realizó un acto abierto de agresión militar contra Siria, disparando 59 misiles de crucero en una base aérea del gobierno y matando al menos a 15 sirios, la mayoría civiles.

Ese ataque se justificó en nombre de represalias por un presunto ataque con armas químicas atribuidas al gobierno sirio. Damasco negó el uso de tal arma y, a pesar de las interminables mentiras de los medios occidentales, toda evidencia objetiva apunta a una provocación protagonizada por la CIA y los combatientes vinculados a Al Qaeda que apoyan a los EEUU en Siria.

Incluso según el gobierno de Estados Unidos y los medios de comunicación producían propaganda de guerra sobre el ataque fabricado de “armas químicas” en Siria, Washington estaba preparado para lanzar su mayor arma no nuclear sobre Afganistán.

El Pentágono ha afirmado que “tomó todas las precauciones para evitar víctimas civiles con este ataque”. Tales promesas, hechas repetidamente según el ejército estadounidense ha matado a millones de personas en todo el Oriente Medio, carecen de valor. Según los informes iniciales, hay varias aldeas cercanas al área del objetivo y, con toda probabilidad, las muertes y lesiones de civiles serán enormes.

En este momento, nadie sabe cuál es el daño total de este ataque y, si se deja a los medios de comunicación de EE.UU., nadie se le dirá nunca. Los mismos editorialistas para los órganos de la Cámara de Representantes de la CIA, como el New York Times y las noticias televisadas donde hablan parlamentarios que han repetido denuncias del gobierno sobre el régimen de Asad de la provocación de armas químicas en Siria son completamente indiferentes a la pérdida de vidas provocadas por la bomba estadounidense lanzada en Afganistán.

Del mismo modo, los medios de comunicación ignoran en gran medida la continua matanza causada por las bombas y misiles estadounidenses sobre el pueblo de Irak y Siria. El miércoles, un ataque aéreo estadounidense en el oeste de Mosul mató a 13 civiles mientras dañando a otros 17, la mayoría de ellos seriamente. El mismo día, una agencia de la ONU describió la devastación provocada por el ataque estadounidense a la ciudad iraquí, donde cientos, si no miles de hombres, mujeres y niños han muerto: “Los hogares están siendo destruidos. Las escuelas y los centros de salud están dañados y la infraestructura pública crucial, incluida la electricidad y las estaciones de agua están en ruinas “, según el informe, con la destrucción convirtiendo a 300.000 personas en refugiados sin hogar.

Mientras tanto, en el norte de Siria, aviones de combate estadounidenses llevaron a cabo un ataque aéreo de “fuego amistoso” que mató a 18 combatientes kurdos, mientras que el gobierno sirio informó que una bomba estadounidense voló un depósito de armas de Al Qaeda, extendiendo agentes químicos que podrían haber matado a cientos de civiles. Ninguno de estos incidentes recibe una cobertura significativa; Y mucho menos anuncian el escándalo moral de aquellas lágrimas de cocodrilo que lloran sobre las víctimas del presunto ataque químico por el que se ha formulado al gobierno sirio.

¿Quiénes son esas personas para dar una conferencia sobre “derechos humanos” y mucho menos para posicionarse como opositores del “terrorismo”? Una vez más, el imperialismo estadounidense ha demostrado al mundo que no está sometido a ninguna restricción del derecho internacional y mucho menos a la moralidad. Sus acciones violentas y depredadoras en el escenario mundial son expresión directa del carácter criminal y parásito de la clase dominante capitalista estadounidense, personificada en la repugnante figura de Donald Trump.

Esta última atrocidad se produce quince años y medio después de que Estados Unidos invadió Afganistán, derrocando al gobierno talibán, instalando su propio régimen de títere y llevando a cabo una sangrienta guerra y ocupación desde entonces. Según cálculos conservadores, el número de muertos en el país desde 2001 es de unos 200.000, con cientos de miles de heridos y millones de refugiados. Desde el principio, el propósito de esta intervención fue subyugar al pueblo afgano a la dominación semi-colonial americana y al impulso del imperialismo estadounidense para afirmar su hegemonía sobre la región rica en energía de Asia Central.

El momento del bombardeo fue significativo. Se produjo en la víspera de las conversaciones convocadas para el 14 de Abril en Moscú sobre un acuerdo de paz en Afganistán. Rusia ha convocado la reunión con China y Pakistán, con la participación de otros nueve países, entre ellos India e Irán. El Talibán ha indicado que puede unirse a las conversaciones. Mientras estuvo invitado, Washington no confirmó si asistirá, y los comandantes militares estadounidenses han hecho repetidas acusaciones infundadas de apoyo ruso a los talibanes.

Ya sea que se produzca un enfrentamiento armado entre aviones de guerra estadounidenses y rusos en los cielos de Siria, en un ataque militar contra Corea del Norte o en una provocación en las fronteras occidentales de Rusia, el siguiente paso del arma lanzado contra Afganistán es el lanzamiento de misiles nucleares.

Trabajadores y jóvenes en los Estados Unidos e internacionalmente deben responder a estos eventos ominosos con la mayor seriedad y una determinación para detener el capitalismo estadounidense y global de envolver al planeta en una tercera guerra nuclear mundial.

Las protestas deben organizarse en todo Estados Unidos y en todo el mundo contra las últimas atrocidades cometidas en Afganistán, Siria e Irak como parte de la lucha por construir un movimiento contra la guerra en masa basado en la clase obrera y el programa del internacionalismo socialista. En el centro de esta lucha está la necesidad de construir el Partido de la Igualdad Socialista y el Comité Internacional de la Cuarta Internacional -los únicos opositores políticos consistentes del imperialismo mundial- como la dirección revolucionaria de la clase obrera.

Portaaviones estadounidense desplegado en amenaza directa a Corea del Norte

por Peter Symonds//

Apenas días después de lanzar su crucero contra Siria, el gobierno de Trump ha autorizado provocativamente al portaaviones estadounidense Carl Vinson, junto con su grupo completo de destructores de misiles guiados y un crucero, a las aguas de la Península Coreana. La medida es una amenaza militar directa contra Corea del Norte, que estaba en la parte superior de la agenda en conversaciones el pasado fin de semana entre los presidentes de Estados Unidos y China.

Un funcionario estadounidense no identificado dijo al Financial Times que el despliegue estaba diseñado para ser un “espectáculo de fuerza”. El grupo de ataque de transportistas había participado en juegos de guerra conjunta entre EE.UU. y Corea del Sur, pero se dirigía hacia el sur para las llamadas portuarias en Australia antes de ser ordenado al norte de Singapur. El Navy Times señaló que “anunciar los movimientos de los transportistas por adelantado es raro, y generalmente se hace para enviar un mensaje claro”.

El portavoz del Comando del Pacífico de los Estados Unidos, Dave Benham, declaró que la decisión era “una medida prudente para mantener la preparación y presencia en el Pacífico Occidental”, y luego criticó duramente a Corea del Norte. “La principal amenaza en la región continúa siendo Corea del Norte”, dijo, “debido a su imprudente, irresponsable y desestabilizador programa de pruebas de misiles y la búsqueda de una capacidad de armas nucleares”.

The Navy Times se jactaba de que “el grupo de ataque trae consigo una tonelada de poder de fuego, incluyendo las capacidades de combate aéreo y el ataque de los Hornets, los radares de alerta temprana, las capacidades de guerra electrónica y más de 300 acompañantes del transportista”.

El envío del Carl Vinson es una escalada deliberada de las tensiones en la península coreana después de la conclusión de la administración de Trump de una revisión larga de la estrategia de los EEUU hacia Corea del Norte. NBC reveló el Viernes pasado que tres opciones militares estaban bajo consideración activa: el regreso de las armas nucleares estadounidenses a la Península Coreana, ataques de “decapitación” para matar el liderazgo norcoreano y operaciones encubiertas dentro de Corea del Norte para sabotear objetivos nucleares, militares e industriales.

Hablando en “Fox News” el Domingo, el general H. R. McMaster, asesor de seguridad nacional del presidente Donald Trump, justificó el despliegue de Carl Vinson como “prudente”, y añadió: “Este es un régimen deshonroso que ahora es un régimen nuclear capaz. El presidente nos ha pedido que estén preparados para darle una gama completa de opciones para eliminar esa amenaza al pueblo estadounidense y a nuestros aliados y socios en la región “.

Citando a funcionarios estadounidenses, el Navy Times informó que “el Pentágono y el Comando del Pacífico de Estados Unidos han estado agudizando los planes para ataques militares en el Norte como una opción si el gobierno quiere llevar a cabo esa acción”.

Todas estas “opciones” altamente provocativas amenazan con desencadenar una guerra devastadora en la Península Coreana que podría matar a millones de personas. The NavyTimes sugirió que “un conflicto regional total” traería “a los EE.UU. y a sus aliados cara a cara con no sólo Corea del Norte, sino quizás con China”, es decir, un conflicto entre las dos economías más grandes del mundo, ambas con armas nucleares.

Trump sin duda explotó la amenaza de una acción militar contra Corea del Norte para presionar al presidente chino Xi Jinping para que tome medidas más duras contra el régimen de Pyongyang. Hablando después de las conversaciones entre Trump y Xi el pasado fin de semana, el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, dijo ayer a la cadena CBS “Face the Nation” que Xi “entiende claramente que la situación se ha intensificado y ha alcanzado cierto nivel de amenaza que la acción debe ser tomada.”

Tillerson descartó cualquier conversación con Corea del Norte en la actualidad, diciendo solamente que “podemos trabajar juntos con los chinos para cambiar las condiciones en las mentes del liderazgo de Corea del Norte”. Pero si Pekín no intimida a Pyongyang para que acepte las demandas de Washington, Tillerson no dejó ninguna duda de que Estados Unidos tomaría medidas agresivas contra Corea del Norte. Trump dijo sin rodeos al Financial Times la semana pasada: “Si China no va a resolver Corea del Norte, lo haremos nosotros”.

En una entrevista ayer con ABC “This Week”, Tillerson se preguntó si el desarrollo de un misil balístico intercontinental en Corea del Norte constituiría “una línea roja”. Respondió ominosamente: “Si juzgamos que han perfeccionado ese tipo de sistema de armas, entonces se convierte en una etapa muy seria de su desarrollo ulterior”. Dibujando un vínculo con el ataque de la semana pasada contra Siria, Tillerson dijo: “El mensaje que cualquier nación puede tomar si viola las normas internacionales, si viola los acuerdos internacionales, si no cumple con los compromisos, si te conviertes en una amenaza para los demás, en algún momento, es probable que se realice una respuesta”.

El régimen norcoreano denunció los ataques de misiles estadounidenses contra Siria como “un acto de agresión no perdonable”, y añadió que “Estados Unidos ha estado escogiendo sólo a países sin armas nucleares”. Un portavoz declaró: “La realidad de hoy demuestra que debemos ponernos de pie Contra el poder con poder y demuestra un millón de veces que nuestra decisión de fortalecer nuestra disuasión nuclear ha sido la correcta”.

En realidad, el limitado arsenal nuclear de Pyongyang sólo ha provisto al imperialismo estadounidense de un pretexto para una acumulación masiva de sus fuerzas militares en Asia, que no se dirigen principalmente contra Corea del Norte sino China. Trump está continuando y expandiendo el “pivote de la administración Obama a Asia” en un intento por asegurar el dominio continuo de Estados Unidos de la región de Asia Pacífico.

Si bien Corea del Norte no es lo mismo que Siria, los EE.UU. no dudarán en utilizar la fuerza militar contra Pyongyang para promover sus ambiciones estratégicas. El secretario de Defensa de Estados Unidos, James Mattis, ya ha advertido a Corea del Norte que cualquier intento de utilizar sus armas nucleares recibirá una “respuesta eficaz y abrumadora”. El grupo de ataque de Carl Vinson solo tiene la capacidad de transportar y suministrar suficientes armas nucleares para borrar las armas nucleares de Corea del Norte Industriales y militares.

Por otra parte, nadie debe concluir que los ataques en Siria evitarán un ataque estadounidense a Corea del Norte. Damasco y Pyongyang son sólo los objetivos indirectos de una estrategia mucho más amplia de subordinar a Rusia y China -y por lo tanto a la masa eurasiática- a la hegemonía del imperialismo estadounidense. Las amargas luchas dentro de los estrategas políticos, militares y de inteligencia estadounidense sobre las tácticas -ya sea para enfrentarse primero a Moscú o a Pekín- no descartan ataques tanto a Siria como a Corea del Norte, con consecuencias devastadoras para la humanidad.

Trump contra Siria: El mundo se tambalea al borde de la guerra

por Andre Damon//

El martes, varios funcionarios estadounidenses hicieron declaraciones extraordinarias y provocativas contra Corea del Norte, poniendo en manifiesto que el peligro de una gran guerra en el Pacífico es cada vez mayor.
“El tiempo se ha agotado y todas las opciones están sobre la mesa”, le comentó un oficial de Washington a la prensa, refiriéndose al conflicto con el país asiático. Después de que el gobierno norcoreano probara otro misil balístico disparándolo al mar de Japón la noche del martes, el secretario de Estado de EE.UU., Rex Tillerson, comunicó ominosa y superficialmente que, “EE.UU. ha dicho lo suficiente sobre Corea del Norte. No tenemos más comentarios”.
Las implicaciones de estas enigmáticas amenazas fueron dilucidadas por el exgeneral John “Jack” Keane, un importante asesor de la campaña de Hillary Clinton que rechazó en noviembre la oferta de Trump de convertirse en secretario de Defensa.
“Un ataque preventivo contra instalaciones de lanzamiento, instalaciones nucleares subterráneas, artillería y cohetes de respuesta y sitios de liderazgo del régimen podría ser la única opción que queda sobre la mesa”, le dijo Keane al diario London Times el martes. “Nos estamos acercando rápido y peligrosamente a una opción militar”.
El sábado pasado, el presidente estadounidense, Donald Trump, declaró estar dispuesto a ir “unilateralmente” a la guerra contra Corea del Norte.
El mismo fin de semana, el exsecretario de Defensa estadounidense, Ashton Carter, quien apoya la escalada militar estadounidense contra China y Corea del Norte, describió lo que implicaría una operación militar contra Corea del Norte, “cuya intensidad de violencia no hemos visto desde la última Guerra de Corea”. En esa guerra murieron casi tres millones de personas.
A pesar de que la Casa Blanca está amenazando con iniciar un conflicto militar de gran escala en el Pacífico, la prensa estadounidense ha reclamado una nueva escalada en Siria en respuesta a un presunto ataque con armas químicas por parte del gobierno de Bashar al Asad.
EE.UU., Reino Unido y Francia introdujeron una resolución en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas condenando el ataque prevista para una votación el miércoles. Trump condenó las “acciones atroces del régimen de Bashar al Asad” en un comunicado donde responsabiliza la “debilidad” de su predecesor, Barack Obama.
Actualmente, están siendo desplegados cientos de soldados adicionales a Irak y Siria, a pesar de que no ha habido ninguna discusión pública o debate al respecto. Un portavoz del Pentágono le indicó al periódico Los Angeles Times que, “La coalición no anuncia ni confirma rutinariamente la información sobre la capacidad, los números, la ubicación ni el movimiento de las fuerzas dentro o fuera de Irak y Siria”.
Trump recalcó este punto en una entrevista con el diario londinense Financial Times este fin de semana: “Yo no soy el EE.UU. del pasado cuando te decíamos dónde íbamos a atacar en Oriente Medio… ¿Por qué hablan? No hay por qué hacerlo”.
El violento conflicto en Siria y el posible “ataque preventivo” contra Corea del Norte son, de hecho, combates indirectos entre EE.UU. y sus principales adversarios geopolíticos, China y Rusia. Sin embargo, Washington ya está adoptando una postura militar más directa y agresiva contra ellos.
El fin de semana, llegaron 1.350 tropas más de la OTAN a Orzysz, en el noreste de Polonia. Según Tillerson, estas tropas, junto con las miles de otras que la OTAN ha estacionado a lo largo de Polonia, Estonia, Letonia y Lituania, han sido enviadas para contrarrestar “la agitación violenta de Rusia y la agresión rusa”.
En los próximos días, se espera que Trump intensifique aun más las tensiones con Rusia cuando anuncie su respuesta a presuntas violaciones rusas del Tratado de Fuerzas Nucleares de Distancia Intermedia, mientras los medios de comunicación como el New York Times piden a gritos que ésta sea la ocasión para recrudecer la escalada militar contra este país.
El viernes pasado, Trump también firmó dos órdenes ejecutivas que avanzan la agenda de guerra comercial de su administración contra China y manifestó que su reunión esta semana con el mandatario chino, Xi Jinping, será “difícil”.
Asimismo, la Casa Blanca ha agravado las tensiones con su aliado de la OTAN, Alemania. El viernes pasado, les exigió a todos los miembros de la OTAN aumentar sus gastos militares, a lo que respondió el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Sigmar Gabriel, acusando a EE.UU. de querer comenzar una “guerra comercial” y pidiéndole a la Unión Europea quejarse formalmente ante la Organización Mundial del Comercio.
Mientras que EE.UU. se encuentra en el centro de los preparativos para otra gran guerra, la crisis del orden mundial dominado por el país norteamericano está atizando las disputas militares en todo el mundo.
Pocos días después de que Reino Unido iniciara oficialmente su salida de la UE en virtud del Artículo 50 del Tratado de Lisboa, dicho país y España entraron en un conflicto sobre el territorio estratégico de Gibraltar. El exdirigente conservador, Michael Howard, sugirió fuertemente el domingo que Reino Unido estaría dispuesto a luchar una guerra por ese territorio. A su vez, el contraalmirante británico, Chris Parry, añadió: “España tiene que aprender de la historia que nunca ha valido la pena enfrentarse a nosotros y que todavía podemos chamuscarle la barba al rey de España”.
Mientras tanto, Japón se está rearmando rápidamente, poniendo en uso este mes su segundo portahelicópeteros. La semana pasada, el Partido Liberal Democrático (PLD) que gobierna Japón solicitó la adquisición de armas para “contraataques”, tales como portaaviones y misiles de largo alcance, a pesar de estar prohibidas por su Constitución.
India, según varios informes, ha estado modificando sigilosamente su programa nuclear. El New York Times reportó la semana pasada que el país “está considerando permitir ataques nucleares preventivos contra Pakistán en caso de una guerra”.
Como sucedió al inicio de la Primera Guerra Mundial hace un siglo, el mundo entero se ha transformado en un gran barril de pólvora. Cualquiera de estos e innumerables otros conflictos podría desencadenar una serie de acontecimientos que detone una guerra entre potencias nucleares, resultando en la muerte de cientos de miles, si no millones de personas en cuestión de horas.
El inmenso peligro de una nueva guerra mundial refleja el estado crítico en el que se encuentra el sistema del Estado-nación, desmoronándose bajo el peso de la profunda crisis del orden capitalista en su totalidad.
Las clases gobernantes capitalistas tienen una sola solución para esta irresoluble crisis: otra guerra mundial, con todos los horrores que implacaría. La clase obrera internacional debe oponerse a la guerra con su propio programa: la abolición del sistema del Estado-nación y del control privado de la producción, junto con la reorganización global de la economía en una federación socialista mundial.

Entrevista a Frank Gaudichaud: Entre el reflujo de los progresismos y experiencias alternativas

¿El regreso revanchista de los neoliberales a los gobiernos de algunos países de América Latina pone en entredicho las experiencias liberadoras de los últimos años ?

La realidad es más compleja, nos dice Franck Gaudichaud.

¿En qué se han convertido en realidad los « intentos de alternativas liberadoras locales o nacionales en marcha » que evocas en una entrevista en este mismo medio ? /1

Más que un « final de ciclo » en América Latina, tema de numerosos debates actuales, asistimos al regreso de una coyuntura sociopolítica. Y más exactamente al reflujo de fuerzas progresistas o nacionales-populares en varios países claves, especialmente en Venezuela donde la oposición ya domina el Parlamento y donde hay una enorme crisis económica y política. Y en Brasil, con el golpe parlamentario que permitió la destitución de Dilma Roussef, país donde existe un auténtico descontento de las clases populares y medias frente al balance del Partido de los Trabajadores (PT) y todavía más frente al corrupto Gobierno conservador actual. Otro símbolo de esos reflujos en curso es Argentina con la llegada del neoliberal Mauricio Macri, el hombre de la patronal y las multinacionales, tras el fracaso electoral de Cristina Kirchner en las elecciones presidenciales. Podríamos seguir así –pero en una medida mucho menor- con la derrota de Evo Morales en Bolivia en el último referéndum, aunque Morales todavía es popular, está muy arriba en los sondeos y aparentemente en condiciones de volver a presentarse a pesar de todo. Finalmente hay numerosas tensiones y conflictos abiertos entre los movimientos sociales-medioambientales, sindicalistas o indígenas y el Gobierno de Correa en Ecuador.

Esos reflujos políticos y electorales relativos, de lo que en dos palabras se podría denominar “progresismos gubernamentales”, y de las nuevas fuerzas políticas hegemónicas en una decena de países sudamericanos desde 2002-2005 vienen acompañados de un balance crítico de la cuestión del extractivismo y la utilización de los recursos naturales, de las formas de desarrollo y producción, de las nuevas dependencias y reprimatización de las economías, un debate impulsado por ciertos sectores de los movimientos sociales e indígenas, así como por las corriente de la izquierda anticapitalista (que permanece muy minoritaria). Balance que en el plano de los avances sociales y de reconstrucción de un Estado social en esos diferentes países es claramente positivo comparado con el período neoliberal anterior, como lo señalan regularmente el sociólogo brasileño Emir Sader y diferentes intelectuales próximos a los ejecutivos progresistas.

Sin embargo, no basta con ver el nivel estatal e institucional, también hay que mirar la efervescencia popular que continúa “por abajo”, y abajo a la izquierda, en términos de autoorganización, de creación de espacios autogestionados, de empresas recuperadas, de comunidades indígenas que recuperan su territorio y se oponen a las multinacionales (como los shuars en Ecuador), de medios comunitarios en los barrios populares urbanos o rurales como Radio Villa Francia o Canal Señal 3 en Santiago de Chile) /2. En esta ebullición está también la construcción zapatista que remonta en México, ya que el avance de la idea de la candidatura de una mujer indígena a las próximas elecciones presidenciales, apoyada por un consejo indígena, es una excelente noticia (después de años de retiro en sus tierras de Chiapas). También están los consejos comunales y las organizaciones cooperativas rurales existentes en el marco del proceso bolivariano, algunos todavía activos. La idea de la construcción comunal permanece a pesar de la profunda descomposición actual. Y a pesar de los ataques constantes a las empresas recuperadas en Argentina se puede hablar de conquista a largo plazo en decenas de ellas. En el Cauca, en Colombia o en Cuba se llevan a cabo experiencias innovadoras de agroecología, etc.

Así pues, a pesar de un reflujo real “por arriba” y la vuelta revanchista de las derechas, a pesar de la violencia neoliberal e imperialista, y también militar, paramilitar y el narcotráfico (en México, en Colombia, en Centroamérica), hay un conjunto de experiencias que restablece el debate estratégico sobre cómo transformar el mundo y distribuir el poder, sobre la necesidad de combinar la construcción por abajo sin abandonar la transformación radical del Estado. Pero los límites del movimiento progresista de la década muestran la dificultad que eso significa.

¿Hay una traducción política de los movimientos populares en los poderes instituidos, en las estructuras estatales de los diferentes países ?

Vuelve el debate (intenso desde finales de los años 90) sobre “cambiar el mundo sin tomar el poder” (de Estado) o, al contrario, tener como objetivo la conquista del Gobierno y del Estado a través de las urnas para forjar una contrahegemonía frente al neoliberalismo en conjunto con los movimientos sociales. Globalmente se trata de una falsa dicotomía. En todo caso los términos del debate –de momento- ya no son como en los años 70, “vía armada” contra “transición institucional”. Vemos que la mayoría de los nuevos movimientos políticos de izquierda, y antiguos como el PT, tomaron nota, a veces antes incluso de la caída del Muro, del peso de las instituciones y de los momentos electorales para intentar construir un espacio político propio. Pero eso no impide que el dilema siga ahí: ¿Si se consigue el Gobierno se consigue realmente el poder? El poder económico, militar, mediático, de clase, finalmente, está en gran parte en otro lado. El Estado “profundo” es mucho más amplio que solamente el Gobierno, e incluso que el Parlamento, las instituciones representativas. El poder real a menudo es difícil de conquistar y mucho más difícil de transformar. De ahí la importancia de insistir en la autoorganización, la capacidad de construir a nivel local, regional, nacional, de las formas de poder popular constituyente, que puede transformarse finalmente en poder popular constituido. Sin embargo el control de los Estados por parte de la izquierda ha permitido los avances sociales más importantes de la década en países como Ecuador, Bolivia o Venezuela. Y aunque la cuestión de la relación entre la institución y lo instituido, entre movimientos y partidos, permanece esencial, aprender las lecciones de los grandes procesos revolucionarios latinoamericanos del siglo XX en México, El Salvador, Cuba, Chile, Nicaragua, etc., es igual de importante. ¿La ruptura en un momento dado con las viejas formas estatales de organización en las fuerzas armadas ? Esa es toda la dificultad de la transformación social que está en curso, por ejemplo en Bolivia. Esto también ha sido objeto de las discusiones de izquierda durante la reciente campaña presidencial en Ecuador entre Alianza País y otros sectores que señalan un balance muy crítico de la gestión de tecnocrática de Correa con respecto a la frontera minera, la deforestación, la extracción masiva de los recursos en beneficio de las multinacionales. Ahí tenemos una verdadera cuestión directamente vinculada a los modos de producción, de acumulación y de explotación de la naturaleza que continúan.

¿Cómo han evolucionado las relaciones entre los países latinoamericanos y los esfuerzos de consolidación de asociación regional ?

Las integraciones regionales, en efecto, también son esenciales. No se puede hacer un balance de los diferentes gobiernos progresistas sin tener en cuenta sus márgenes de maniobra reales a nivel continental y frente a las potencias imperiales (empezando por Estados Unidos). Un “pequeño país”, un país empobrecido por el saqueo neocolonial, como Bolivia, difícilmente puede salir solo del intercambio injusto, de la dominación oligárquica interna y de las desigualdades. Para crear alternativas hacen falta socios, las asociaciones interestatales y también un internacionalismo activo entre movimientos populares. La experiencia cubana recuerda que el aislamiento (y el bloqueo) aceleran las involuciones internas.

El sueño de Bolívar que Hugo Chávez puso en medio del escenario, es decir, una perspectiva de integración bolivariana antiimperialista, es una apuesta de acuciante actualidad. Y el reflujo de los progresismos está también vinculado a su ausencia. Sin embargo la evolución regional ha conocido avances muy considerables. Por ejemplo el proyecto de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA) era totalmente original cuando fue impulsado por Chávez, es decir, la posibilidad del “trueque” entre países, de complementariedad asimétrica : por ejemplo, recibir el petróleo de Venezuela en contra de algunos productos agrícolas cuando se es una pequeña isla como La Dominica o incluso Cuba (que aportó una gran riqueza a Venezuela: sus médicos). El proyecto es interesante, pero enseguida entró en crisis al mismo tiempo que la crisis del proceso bolivariano y además se enfrenta a otros obstáculos (entre ellos los intereses contradictorios de la potencia brasileña).

También hay que señalar avances políticos y diplomáticos muy notables, como la construcción a partir de 2009 de UNASUR, Unión de las Naciones del Sur. Por primera vez los 22 países sudamericanos se agrupan en una entidad diplomática, y también de gestión y de arreglo de los conflictos, sin la OEA (Organización de Estados Americanos) y por lo tanto sin Estados Unidos. Después, en 2010, llega la CELAC, la Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Caribeños, que plantea una América Latina sin los gigantes del Norte, un progreso que ha permitido la reintegración de Cuba en el concierto latinoamericano. Antes incluso del restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

¿Cuál es la naturaleza de las fuerzas de oposición en los gobiernos progresistas todavía vigentes o de las que derrocaron a Dilma en Brasil ?

El panorama es muy sombrío en ese terreno con el regreso de las derechas neoliberales y conservadoras y la emergencia de nuevas derechas que presentan un aspecto un poco diferente al de las viejas oligarquías. Es el caso, por ejemplo, de Macri en Argentina y su movimiento “Compromiso para el Cambio”, que ha usado y abusado del marketing político para darse un aspecto “moderno”. Pero esas derechas, nuevas o viejas, siguen siendo socialmente violentas, marcadas por el punto de vista de la clase social y defienden el proyecto de la burguesía globalizada, con una visión ultraconservadora y represiva de los movimientos sociales en el plano social.

En Brasil el impeachment contra Dilma Roussef es una victoria de los sectores más reaccionarios, el de las “4 B” (balas, biblias, bueyes y bancos), es decir, el sector del armamento y la seguridad, los evangelistas, los terratenientes y el sector financiero… También son los más corruptos, empezando por Temer, el presidente ilegítimo actual, ya que aunque incluso la dirección del PT también está muy impregnada de la cultura de la corrupción clientelista no llega al nivel de los que están actualmente a la cabeza del Estado brasileño. Recordemos que la situación actual es también el producto de alianzas contra natura entre el PT y esos sectores y que en la actualidad son los antiguos aliados del PT los que han cambiado de chaqueta y se han aliado con la derecha más reaccionaria.

En Venezuela, la mayoría de la Asamblea Nacional está en manos de la oposición, la MUD (Mesa de la Unidad Democrática), coalición heterogénea, más que un núcleo duro abiertamente neoliberal, con dos tendencias : un sector “insurreccional” (los que apoyaron el golpe de Estado de abril de 2002 y las guarimbas /3 de 2014, es decir, la violencia en la calle, con Leopoldo López como líder, actualmente encarcelado y calificado de “preso político” por la oposición), y otro grupo de partidos que busca más la vía institucional, estimando que después de ganar el Parlamento, la exigencia de referéndum revocatorio en curso desde hace más de un año podría desembocar en la destitución de Maduro por las urnas. Lo que por otra parte es muy probable, visto el estado ruinoso del país, la amplitud de la crisis económica y la actitud de los reaccionarios autoritarios del Gobierno que han hecho de todo para impedir, hasta ahora, que se celebre el referéndum.

En general, nos encontramos frente a esas derechas duras, apoyadas por Washington, cuya remontada permite una realineación de los astros en el sentido de Estados Unidos y los dos grandes países aliados, a saber, México y Colombia. Y ahora también Argentina y Brasil, que presionan sobre los gobiernos “no alineados” como Venezuela, Ecuador y Bolivia.

¿Se puede hablar de un regreso hacia el neoliberalismo ? ¿Y quedan todavía potenciales poderes populares para contrarrestarla ?

A finales de los años 90 hubo un período de grandes luchas populares contra la “larga noche neoliberal” y esos movimientos sociales excepcionales, en conjunto con la crisis de legitimidad de los partidos tradicionales, desembocaron en que una decena de países sudamericanos pasaran a la izquierda con una cierta diversidad –centro izquierda, izquierda nacional popular, social-liberal o antiimperialista- Se podrían añadir a esa lista Nicaragua, especialmente, y Honduras antes del golpe de Estado. En muchos casos los partidos tradicionales de los burgueses fueron marginados (ya fueran socialdemócratas, demócratas cristianos o conservadores) y se abrió una ventana de oportunidades a los movimientos sociales para reforzar a las fuerzas políticas que parecían más abiertas a los cambios, por ejemplo el PT en Brasil, e incluso para crear nuevas fuerzas, como Alianza País (Ecuador), el MAS boliviano (Movimiento al Socialismo) o el Movimiento V República en Venezuela alrededor de Hugo Chávez, etc.

Las victorias electorales en cadena de esas izquierdas gubernamentales permitieron en particular la creación de varios programas sociales condicionados (no universales) en Brasil, Venezuela, Ecuador, Bolivia e incluso Uruguay. La pobreza retrocedió como nunca en el decenio 2000-2010 al mismo tiempo que avanzaban las conquistas de derechos sociales, los salarios, la educación, etc. Durante una década el elevadísimo precio de las materias primas permitió una redistribución de las rentas de los recursos naturales satisfaciendo a unos y otros, al capital y al trabajo, combinada en algunos casos con una perceptiva claramente neo-desarrollista (como en Bolivia o Ecuador). Con el barril a más de 100 dólares se podía, por ejemplo, redistribuir una parte de las rentas petroleras o del gas hacia programas sociales destinados a los más pobres sin desestabilizar, ni atacar los intereses de las clases dominantes. Así, el Estado rentista “mágico” venezolano funcionó a toda máquina, pero esta vez con redistribución real hacia abajo. De esta forma las desigualdades retrocedieron efectivamente, pero la estructura social de clases se mantuvo. Sin embargo las viejas oligarquías blancas (y racistas), las clases dominantes, vivieron muy mal el surgimiento y la victoria de actores hasta entonces marginales : indígenas, sindicalistas, mujeres o predicadores de la teología de la liberación que llegaban al centro de la política y, al mismo tiempo, incluían con ellos –aunque siempre de manera subordinada- a una parte de las clases subalternas cada vez más politizadas.

¿Estamos ahora frente a un regreso a la “larga noche neoliberal” ?

Un regreso tal cual a los años 90, no… Se hicieron cambios profundos que permanecen. Por ejemplo el espacio progresista nacional-popular está todavía en numerosos países, bien en el Gobierno o como principal fuerza de oposición. Permanece en el Gobierno en Venezuela; en Ecuador con una muy probable victoria de Lenín Moreno, el sucesor de Correa /4; en Bolivia, donde Evo Morales a pesar del fracaso del referéndum tiene un apoyo electoral suficiente para pensar en la reelección. En otros países ese espacio progresista es la principal fuerza de oposición : el peronismo y el kichnerismo en Argentina; el PT hoy está muy debilitado, marcado por los casos de corrupción (Petrobras, Odebrecht), criticado por una parte de la izquierda y de la juventud, de la clase obrera, de los movimientos sociales por su balance. Pero permanece como fuerza institucional de oposición frente a la derecha.

Lo que hay que ver en primer lugar es la capacidad de los movimientos populares, de la izquierda anticapitalista (como el FIT en Argentina) o ecosocialista, de sacar balances críticos del momento progresista nacional-popular, así como de construir frentes unitarios para oponerse a las derechas duras, violentas y neoliberales y a la agenda actualizada de Washington, en los próximos años. Algunos intelectuales críticos, como Massimo Modenesi (México), Raul Zibechi (Uruguay) o Maristella Svampa (Argentina), muestran que el progresismo ha desarmado en parte la autonomía y la capacidad de reacción de los movimientos sociales, que se hallan apresados en redes clientelistas, a veces incluso en las esferas de integración en el aparato de Estado (en Argentina, por ejemplo). Otro problema es el papel del caudillismo o del “hiperpresidencialismo” en estos distintos procesos, cuando si bien el “liderazgo carismático” o el “populismo de izquierda” pueden significar una repolitización de sectores subalternos también obstruye y dificulta la auto-organización y formas de poder popular. Estas gramáticas de “revolución pasiva” (en clave gramsciana) han limitado las capacidades de resistencia “desde abajo”, e incluso significado diferentes escenarios de criminalización de la protesta popular, feminista e indígena (como en Ecuador o Brasil). Alberto Acosta en Ecuador hablar incluso de “restauración conservadora” a propósito del Correismo y Pablo Dávalos de “democracias disciplinarias” en el momento de calificar las experiencias postneoliberales progresistas latinoamericanas…

No obstante, en la nueva coyuntura actual, se anuncian grandes luchas. Así, en Argentina, el movimiento sindical de clase se está organizando frente a la máquina de guerra que es el Gobierno de Macri, que ha despedido a más de 100 000 personas y ataca a los derechos laborales. En Venezuela un fracaso de Maduro marcará el regreso de una derecha clasista y revanchista que quiere desbaratar los logros y las conquistas del chavismo popular en términos de organización, así como de derechos sociales. En Perú reina una derecha neoliberal abierta con grandes niveles de represión en especial de las luchas indígenas en torno al proyecto minero Conga. Si miramos lo que pasa en México desde hace años, con un embrutecimiento permanente de la sociedad y de las luchas populares, el futuro puede aparecer efectivamente sombrío. Pero siempre con destellos de esperanza, como lo demuestran las actuales movilizaciones masivas desde hace algunas semanas contra las medidas del Gobierno Federal de peña Nieto.

Tenemos por lo tanto grandes retos en un escenario muy complejo. Si hay arranque y capacidad de resistencia entonces ahora la cuestión es la de las alternativas. ¿Se va a intentar recomponer con el PT o el kichnerismo ? ¿O quizá analizar los resultados y reconstruir una izquierda anticapitalista ecosocial, con todos los sectores sociales y políticos independientes que estén dispuestos ?

¿Qué mundo y qué geopolítica ahora, en la era Trump, para América Latina ?

Creo que este es el problema del momento. Ya hemos visto la relación violenta, racista y xenófoba de Trump con los chicanos y el conjunto de los latinoamericanos, con los trabajadores sin papeles en Estados Unidos y la amenaza y el inicio de deportaciones masivas. Hay que recordar que Obama también deportó a cientos de miles de personas sin papeles y tampoco intentó acabar con la política imperial y belicista de Estados Unidos, ¡muy al contrario ! Pero con Trump el peligro es todavía mayor. El anuncio de ampliar el muro con México es un símbolo fuerte de su política de odio. Trump anuncia su voluntad, incluido cuestionar el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba, y podría amenazar el proceso de paz en Colombia.

Vemos en esto efectos contradictorios. Recordemos que si el movimiento zapatista surgió públicamente a principios de 1994 en México fue también para luchar contra el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (ALENA). Actualmente es Trump quien denuncia ese Acuerdo… Es una paradoja de la historia. El populismo reaccionario y proteccionista de Trump se opone también a determinados acuerdos multilaterales, incluso bilaterales, neoliberales. Así, el multimillonario republicano acaba de volver a cuestionar el gran Tratado Transpacífico (TPP) en el que países como Chile, Perú y México también están implicados. Michèle Bachelet anunció finalmente que Chile también se retira del Tratado puesto que Estados Unidos ya no participa. Por lo tanto no han sido los movimientos sociales los que han hecho fracasar ese Tratado, sino una fuerza reaccionaria hegemónica del Norte, Estados Unidos. Algunos analistas se alegran de esas consecuencias inesperadas de la elección de Trump. ¡Me parece que no hay que confundirse de aliados!, porque si Trump vuelve a cuestionar esos tratados es para defender todavía más los intereses egoístas de Estados Unidos, imponer otros acuerdos aún más duros y en ningún caso para abandonar la hegemonía de Washington en América Latina (sobre los recursos naturales, el agua dulce, las tierras raras, las tierras de cultivo, el petróleo venezolano, el cobre chileno, etc.), aunque de momento nada hace presagiar que la región forme parte de sus prioridades inmediatas. Pero si el balance geopolítico de Obama es bastante terrible, el que se anuncia puede serlo todavía más en términos de caos mundial.

Hay pues grandes luchas que llevar a cabo y también la necesidad de reorganizar la solidaridad internacionalista con América Latina y sus movimientos populares. Es lo que nosotros intentamos hacer aquí –modestamente- a través de la asociación Francia América Latina (http://www.franceameriquelatine.org/) y aprovecho la oportunidad para invitar a los y las lectore/as a apoyarnos y a unirse a nosotros/as.

http://www.cetri.be/America-Latina-entre-el-reflujo-de?lang=fr

Transcripción M. Kiintz y Nadia Prison.

– See more at: http://vientosur.info/spip.php?article12435#sthash.qsi1npfM.dpuf

 

(Fotografía: Alex Webb, Mexicanos arrestados al tratar de pasar a EEUU, San Isidro, California, 1979)

Merkel y Trump sostienen conversaciones de crisis en Washington

                                                                                                                                                      por Johanes Stern//

Con las tensiones entre Alemania y Estados Unidos en su punto más alto desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el primer encuentro entre el presidente Donald Trump y la canciller alemana Angela Merkel tuvo lugar el Viernes en Washington.

El ambiente era tenso y frío. En una sesión fotográfica conjunta en la Oficina Oval, Trump apenas reconoció a Merkel y rechazó el apretón de manos acostumbrado solicitado por los fotógrafos.
En una conferencia de prensa conjunta después de una reunión de la Casa Blanca entre Trump y Merkel, otros funcionarios y líderes empresariales de ambos países, los dos jefes de Estado expresaron su acuerdo sólo en las cuestiones de aumentár el gasto militar y la guerra. Merkel prometió a Trump que Alemania aumentaría el gasto en defensa un dos por ciento más que el mínimo de la OTAN. A cambio, Trump prometió su compromiso con la OTAN. Acordaron “trabajar juntos de la mano en Afganistán y colaborar en soluciones de Siria e Irak”.

El conflicto entre los dos países, que se situarón en lados opuestos en dos guerras mundiales en la primera mitad del siglo XX, surgió con mayor intensidad en el tema de la política comercial. Trump se quejó de que el comportamiento pasado de los aliados estadounidenses a menudo habían sido “injustos” e insistió en una “política de comercio justo”.

Lo que Trump quiere decir con esto esta claro. Amenazó a Alemania con la guerra comercial en una entrevista que dio poco antes de asumir el cargo, advirtiendo específicamente de obligaciónes a la importación de hasta un 35 por ciento contra la industria automovilística alemana. Afirmar que el comportamiento de Alemania hacia Estados Unidos era “muy injusta”, dijo que se aseguraría de que esto terminará.

En la semana pasada, el asesor económico de Trump, Peter Navarro, se refirió una vez más al superávit comercial alemán como un “asunto serio” y lo calificó de “uno de los problemas más difíciles” para la política comercial estadounidense. Estados Unidos está preparando actualmente un llamado “impuesto al ajuste fronterizo” que reduciría sustancialmente los impuestos sobre las exportaciones estadounidenses y colocaría una pesada carga sobre las importaciones alemanas y otras importaciones europeas.

Los crecientes conflictos transatlánticos también se reflejaron en la cumbre de los ministros de Finanzas del G20 en Baden Baden, Alemania. La noche anterior, el ministro alemán de Hacienda, Wolfgang Schäuble, se reunió por primera vez con su nuevo homólogo estadounidense, Steven Mnuchin. El ex banquero de Wall Street insistió en que Estados Unidos no quería una guerra comercial, pero se negó a apoyar la inclusión en el comunicado de cierre del G20 de la aclarada declaración a favor del libre comercio y en contra del proteccionismo.

El proteccionismo de Trump es una catástrofe en particular para la economía alemana orientada a la exportación. En 2015, Alemania alcanzó un superávit récord de 260.000 millones de euros, lo que correspondía a más del ocho por ciento de toda su producción económica. El comercio con los Estados Unidos representó 54.000 millones de euros del superávit. En el año anterior, los EE.UU. proporcionaron el mayor mercado de exportación de productos alemanes, con un valor total de 107.000 millones de euros.

La delegación de Merkel incluyó a destacados representantes económicos alemanes, quienes fueron encargados de convencer a Trump de la importancia del libre comercio. Pero mientras el gobierno alemán lucha por desacelerar las tensiones con Estados Unidos, está preparando medidas de represalia no menos agresivas.

El vicepresidente de la facción parlamentaria del Partido Socialdemócrata (SPD), Carsten Schneider, amenazó con controlar los capitales. “En última instancia, Alemania está financiando una gran parte del déficit comercial de Estados Unidos con sus exportaciones de capital”, dijo Schneider. “Si Trump no cede, debemos estar listos para actuar”.

En una entrevista del Viernes por la mañana con la emisora alemana Deutschlandfunk, la ministra de Economía Alemana, Brigitte Zypries (SPD), dijo: “La otra posibilidad es simple. Vamos a presentar una demanda contra él ante la Organización Mundial del Comercio. Estó establece procedimientos. En la OMC, está claramente especificado en los acuerdos que se le permite no tomar más del 2,5 por ciento en impuestos sobre las importaciónes de automóviles”.
“Esta no sería la primera vez que el señor Trump fracasa en los tribunales”, añadió el político del SPD provocativamente.
El presidente de la Federación de Industria alemana (BDI), Dieter Kempf, preguntó a Merkel antes de su viaje para presentar a Trump “el punto de vista de una economía alemana, europea … con una autoconfianza apropiada”. Los puntos de vista de Trump sobre una politica economica simplemente “No valdrían”, insistió.
Con el fin de contrarrestar a Trump de la manera más eficaz, Berlín está llevando a cabo una estrategia de preparación para la guerra comercial entre los EE.UU. y toda la Unión Europea. El periódico Handelsblatt citó al ex economista jefe del Ministerio de Economía, Jeromin Zettelmeyer, diciendo que Alemania necesita “el respaldo del resto de Europa”. Él continuó diciendo: “Tendrán que hacer una guerra comercial si es posible”.

Según un informe de Der Spiegel, el objetivo del gobierno alemán es “aislar a los estadounidenses”. Para ello, la Comisaria del Comercio de la UE, Cecilia Malmstörm, ha sido encargada de negociar acuerdos comerciales “con otros países y regiones del mundo”. En la cumbre de la UE la semana anterior, los estados de la UE se hablarón contra “tendencias proteccionistas” en el comercio mundial y situaron a la economía europea en contrá de Estados Unidos, informó Der Spiegel .

La UE “seguirá colaborando activamente con los socios comerciales internacionales”, decía la resolución final de la cumbre UE. Para ello, “se lograrán progresos decisivos en todas las negociaciones seguidas con respecto a acuerdos de libre comercio ambicioso y bien equilibrados, incluso con el Mercosur [un bloque subregional que incluye a Bolivia, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela] y México.” Las negociaciones con Japón están “cerca de una conclusión pronto” y “las relaciones comerciales con China deben fortalecerse sobre la base de un entendimiento común de beneficios mutuos y recíprocos”.
Berlín y Bruselas están ampliando sus relaciones económicas con precisamente aquellos países que están en la mira del gobierno de Estados Unidos. Trump está amenazando a México con la terminación del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN), y Washington está siguiendo un camino hacia la guerra contra China con mayor apertura. Los conflictos entre Alemania y Estados Unidos seguirán afilándose como consecuencia.

En una movida significante, Merkel habló por teléfono con el presidente chino Xi Jinping inmediatamente antes de viajar a Washington. Aprovechó esta oportunidad para expresar su oposición al proteccionismo. De acuerdo con el portavoz del gobierno de Merkel, Steffen Seibert, Merkel y Xi afirmaron que “promoverían el libre comercio y abrirían los mercados juntos”. Además, los dos líderes acordaron “continuar su confianza en la colaboración, especialmente en el marco de la presidencia alemana del G20”.

Mientras tanto, los medios de comunicación alemanes están exigiendo “una declaración aún más clara contra el nuevo proteccionismo estadounidense” e instando a que “la mayoría de otros países se movilicen contra Trump”. Esto será “necesario” en el futuro, dijo un comentario en el Reinische Post. Alemania y la UE deben “oponerse con confianza a Trump” con “sus propios fines opuestos, en lugar de dejarse intimidar por Washington”. Las condiciones para esto son favorables, dijo el diario.
Siguió diciendo se había puesto claro en Baden Baden que Alemania tenia”no sólo a los demás Estados de la UE, sino también a casi todo el resto del mundo, sobre todo China, Brasil y Japón, a su lado en materias de política comercial”.

Las razones fundamentales del comportamiento agresivo de Trump hacia Berlín, así como los esfuerzos de Alemania para construir una coalición contra los Estados Unidos, se encuentran en las insolubles contradicciones del propio sistema capitalista. El capitalismo es incapaz de superar la contradicción entre el carácter internacional de la producción y el Estado nacional. Como en la víspera de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, los conflictos entre las potencias imperialistas sobre las materias primas, los mercados de exportación, las zonas de influencia y la mano de obra barata vuelven a conducir a la guerra comercial y al conflicto militar.

Este 8 de marzo: huelga internacional de mujeres

 

por Cinzia Arruzza

Organizaciones feministas, populares y socialistas alrededor de todo el mundo han llamado a la Huelga Internacional de Mujeres el 8 de marzo en defensa de los derechos reproductivos y contra la violencia hacia las mujeres, entendida como violencia económica, institucional e interpersonal.

La huelga tendrá lugar en al menos 40 países; será la primera coordinada internacionalmente a esa escala desde hace años: en términos de su tamaño y por la diversidad de organizaciones y países involucrados, será comparable a la manifestación internacional contra el ataque imperialista en Irak en 2003 y a las protestas internacionales coordinadas bajo la bandera del Foro Social Mundial y el movimiento por la justicia global a principios de los 2000.

Mientras que el movimiento Occupy, los Indignados, el Blacks Lives Matter logró tener un eco mundial y desencadenar manifestaciones, ocupaciones, y protestas en un número importante de países, hubo sin embargo, poca coordinación consciente internacional de coordinación entre varias organizaciones y grupos participantes. Por otro lado, las revoluciones árabes fueron también un extraordinario e histórico evento, pero las organizaciones sociales y políticas de otros países no construyeron una poderosa movilización coordinada internacionalmente en su apoyo.

Si esto sucede, la Huelga Internacional de Mujeres marcará un salto cualitativo y cuantitativo en un largo proceso de reconstrucción de una movilización social a nivel internacional contra el neoliberalismo y el imperialismo, a la cual varios movimientos de años recientes han dado forma, del Occupy a Gezi Park (en Turquía) de los Indignados al Standing Rock y el Blakc Lives Matter. Eso será señal también de una posibilidad concreta para un nuevo movimiento feminista, poderoso, anticapitalista e internacionalista.

¿Porqué lo llamamos “una huelga”?

Muchas discusiones sobre la huelga, particularmente en los Estados Unidos, se ha centrado en si es correcto llamar al 8 de marzo una “huelga”, en lugar de una manifestación. Esta crítica no tiene sentido. Las huelgas de mujeres siempre han sido más abarcadoras en sus objetivos y propósitos que las tradicionales huelgas sobre los salarios y las condiciones de trabajo.

En 1975, 90 % de las mujeres de Islandia estallaron una huelga en el lugar de trabajo y rechazaron hacer por un día el trabajo socialmente reproductivo no pagado para hacer visible el trabajo de la mujeres y su contribución a la sociedad en Islandia. Ellas exigían iguales salarios al de los hombres y el fin de la discriminación sexual en el trabajo.

En el otoño de 2016, las activistas polacas adoptaron la estrategia y el mensaje de la huelga de mujeres de Islandia y organizaron un huelga de mujeres masiva para detener un requerimiento en el parlamento que habría prohibido el aborto. Las activistas argentinas hicieron lo mismo en octubre para protestar contra la violencia machista hacia las mujeres.

Estos hechos – los cuales estimulan la idea para una amplia huelga en el Día de la Mujer – demuestran cómo una huelga de mujeres es diferente de una huelga general. Una huelga de mujeres surge de la reflexión política y teórica sobre las formas concretas del trabajo de las mujeres en las sociedades capitalistas. En el capitalismo el trabajo de las mujeres en el mercado de trabajo formal es sólo una parte del trabajo que ellas hacen; las mujeres son también las principales proveedores de mano de obra reproductiva: trabajo no pagado que es igual de importante para reproducir la sociedad y las relaciones sociales del capitalismo. Una huelga de mujeres es diseñada para hacer visible este trabajo no pagado y para enfatizar que la reproducción social es también un lugar de lucha.

Además, debido a la división sexual del trabajo en el mercado del trabajo formal, un basto número de mujeres mantienen trabajos precarios, donde no tienen derechos laborales, son desempleadas o trabajadoras indocumentadas.

Las mujeres trabajadoras en el mercado de trabajo formal e informal y en la esfera no pagada de la reproducción social, son todas ellas siempre trabajadoras. Esta consideración debe ser central para algunas discusiones acerca de la reconstrucción de un movimiento de la clase trabajadora no sólo en los Estados Unidos, sino también a nivel global.

Hacer énfasis en la unidad entre los lugares de trabajo y el hogar es clave, y un principio organizador central para la huelga del 8 de marzo. Una política que toma el trabajo de las mujeres seriamente debe incluir no sólo la huelga en los lugares de trabajo sino también una huelga del trabajo reproductivo no remunerado, huelga de tiempo parcial, llamado para reducir el tiempo de trabajo y otras formas de protesta que reconoce la naturaleza de género de las relaciones sociales.

La “huelga” se ha convertido en el término paraguas bajo el cual se incluyen estas diversas formas de acción porque es el término que mejor enfatiza la centralidad del trabajo de las mujeres y su autoidentificación como trabajadores, cualquiera que sea su forma de trabajo.

Reclamar el derecho a la huelga

Estados Unidos tiene quizá las peores leyes del trabajo entre las democracias liberales. Las huelgas generales y políticas están prohibidas, las huelgas están ligadas a exigencias económicas estrictamente dirigidas a los patrones, y los contratos a menudo tienen cláusulas explícitas contra la huelga, cuya violación puede hacer que el trabajador pierda su empleo y/o que el sindicato que organiza la huelga reciba fuertes multas. Además, varios estados, como Nueva York, tienen leyes que prohíben explícitamente a los empleados públicos hacer huelga.

La discusión acerca de cómo revertir esta situación y empoderar a las y los trabajadores ha sido el principal tema estratégico de la izquierda en EU en las últimas décadas. Aún ahora uno de los peligros en esta discusión es reducir la lucha de clases a la sola lucha económica, y confundir las relaciones sociales capitalistas con la economía formal, esto es una visión estrecha.

Una transformación de las relaciones de trabajo en los Estados Unidos requiere no simplemente una activación de la clase trabajadora sobre las bases de demandas económicas en el lugar de trabajo, sino su politización y radicalización – la capacidad de llevar a cabo una lucha política dirigida a la totalidad de las relaciones de poder, a las instituciones y a las formas de explotación.

Esto no puede ser alcanzado mejorando y expandiendo la organización de base en los lugares de trabajo solamente; uno de los problemas central que la organización laboral radicalizada enfrenta es su aislamiento político y social así como su invisibilización.

Establecer las bases para la revitalización del poder de la clase obrera requerirá operar a diferentes niveles – creando grandes coaliciones sociales actuando dentro y fuera de los lugares de trabajo y construyendo lazos de solidaridad y confianza entre trabajadores y activistas antirracistas, feministas, estudiantes, y anti-imperialistas. Esto también significa aprovechar la imaginación social a través de la creatividad, la intervención intelectual y teórica y la experimentación con nuevas prácticas y lenguajes.

En lugar de los estrechos enfoques sobre la lucha en el centro de trabajo, necesitamos conectar movimientos basados en el género, la raza, la etnicidad y la sexualidad junto con los sindicatos y el activismo ambiental. Sólo creando esta totalidad colectiva seremos capaces de dirigir la complejidad de temas y demandas planteadas por estas diversas formas de movilización.

Este es el camino que la huelga internacional de mujeres persigue, con su amplia plataforma y apertura.

Marzo 8 no será una huelga general. Pero será un importante paso hacia la relegitimación del derecho a la huelga contra la degradaciones del capitalismo sentidas en todas las esferas de la vida por toda la gente.

(Fotografía: Mujeres republicanas en el frente de Madrid, 1938)

Cine: Manchester junto al mar

 

por Carlos Bonfil

El arte de llorar en coro. El conserje Lee Chandler (Casey Affleck) es un hombre de 40 años, taciturno y enigmático, que cumple sus faenas diarias de modo disciplinado y metódico, pintando paredes y destapando caños, aun cuando a la menor provocación manifiesta un temperamento irascible, de consecuencias impredecibles, acompañado de fuertes dosis de intolerancia y violencia. Vive recluido en un modesto sótano en un barrio de Boston, gana apenas el sueldo mínimo, y se mantiene alejado de lo que aún le queda de familia.

La noticia de la muerte de su hermano Joe (Kyle Chandler), le obliga a regresar al pueblo portuario de Manchester, mismo que tuvo que abandonar años atrás por otro acontecimiento trágico que no ha terminado de amargarle la existencia.

Manchester junto al mar (Manchester by the Sea, 2016), tercer largometraje del dramaturgo, realizador y guionista neoyorkino Kenneth Lonergan (You Can Count on Me, 2000; Margaret, 2011), es un soberbio melodrama familiar construido en dos tiempos y centrado en la compleja figura de Lee Chandler. La narración en presente refiere el inesperado dilema moral a que se enfrenta el protagonista cuando por disposición testamentaria debe ocuparse de Patrick (Lucas Hedges), un adolescente temperamental, hijo de su hermano fallecido, en una responsabilidad tan inesperada como inoportuna para la cual no tiene, en su actual estado anímico, la menor paciencia.

Al tiempo que procura resolver esta situación enfadosa, surgen, a través de flashbacks reiterados, los recuerdos lacerantes de su pasado como un hombre armoniosamente casado con Randi (Michelle Williams), padre de tres niños, que por un lamentable descuido vuelto fatalidad irreparable pierde toda estabilidad emocional, se ve orillado al suicidio, y termina aceptando una suerte de muerte virtual y exilio autoimpuesto, alejándose por completo del universo familiar que hasta entonces había conocido.

Lee Chandler es, por decisión propia y por acuerdo tácito de toda una comunidad, el paria absoluto al que pareciera estarle negada, en su muy larga penitencia, toda posibilidad de una redención moral verdadera.

El dramaturgo Kenneth Lonergan maneja con delicadeza y sobriedad el intenso guión de una película casi novelada. La decisión de tomar distancias con un relato lineal y presentar los flash-backs de un modo tan imperceptible, sin fracturas muy definidas, confundiendo casi la experiencia pasada con el presente, puede desconcertar a un espectador acostumbrado a transiciones temporales más convencionales. Conviene por ello desenredar este relato fílmico como se suele descifrar un imbricado texto literario.

No es sino muy avanzada la trama cuando los espectadores descubren al fin los motivos del naufragio anímico de Lee Chandler, los pormenores agravantes de una pesadísima culpa, y las razones por las que a ese hombre misterioso, encerrado en un mutismo hermético, le cuesta tanto trabajo reconciliarse con su entorno social, y aceptar y compartir toda empatía y entendimiento afectivo con el sobrino Patrick que, a su modo muy peculiar, comparte con él la perturbadora experiencia de un duelo familiar.

Aunque en este relato tan marcadamente masculino las mujeres tienen una presencia episódica, con existencias difuminadas en largas elipsis narrativas, su importancia es capital. Son ellas las que con mayor dramatismo y contundencia expresan el dolor que sus pares masculinos reprimen ya sea en el silencio, como Lee Chandler, o, como Patrick, a través del expediente de un despreocupado sexo rápido.

Las mujeres viven aquí la pérdida afectiva sumiéndose en el desvarío mental o en el alcoholismo, cuando no en la larga frustración de una segunda vida sentimental al lado de compañeros apagados o mediocres. El director de la cinta observa con lucidez esta triste comedia de paradojas existenciales y desencuentros afectivos, combinando momentos de franco humorismo y desenfado con otros de un dramatismo vigoroso y cruel, como si deseara así mostrar hasta qué punto una fatalidad o una suerte irónica pueden sacudir las mayores certidumbres morales.

Manchester junto al mar cuenta con un guión formidable y actuaciones que le hacen enteramente justicia. Tiene toda la apariencia de un filme independiente y se cuela con facilidad entre las favoritas a los próximos premios hollywoodenses. Se arriesga, en su arrebato lírico, con los clichés musicales de Albinioni y su explotadísimo Adagio, para luego saltar a un Mesías o a una melodía de Ella Fitzgerald.

Es una cinta divertida y profundamente melancólica, con tintes también de tragedia griega. Como si la sombría parábola moral de El dulce porvenir (The Sweet Hereafter, Atom Egoyan, 1997) se hubiera cruzado de pronto con los destellos de ironía del mejor Woody Allen. Imperdible.

País: EEUU

Director: Kenneth Lonergan

Duración: 135 min

Año: 2016

Ocho millonarios concentran tanta riqueza como la mitad de la población mundial

por Nick Beams

Ocho millonarios, seis de ellos en Estados Unidos, tienen tanta riqueza en conjunto como la mitad más pobre de la población mundial, alrededor de 3.600 millones de personas, según el último informe sobre la desigualdad global de la organización británica Oxfam.

El informe fue presentado el lunes pasado, en vísperas del Foro Económico Mundial que se lleva a cabo cada año en la localidad alpina de Davos, Suiza, donde se reúne un importante número de las personas más ricas del planeta. El estudio de Oxfam pone de relieve el crecimiento asombroso de la desigualdad social, mostrando que la brecha de ingresos y de patrimonio entre una pequeña élite financiera y el resto de la población mundial se sigue abriendo a un ritmo acelerado.

Con nuevos datos a su disposición, Oxfam revela que la riqueza mundial está incluso más concentrada de lo que se preveía. El año pasado, la organización informó que 62 personas controlaban tanta riqueza como la mitad de la humanidad. En su último informe, la organización señala que “de haber tenido esta nueva información disponible el año pasado, habría mostrado que nueve multimillonarios son dueños de tanta riqueza como la mitad más pobre del planeta.”

Oxfam escribe que, desde el 2015, el 1 por ciento más rico de la población mundial ha controlado más riqueza que el resto del mundo en su conjunto, y que, durante el último cuarto de siglo, el 1 por ciento ha tenido más nuevos ingresos que el 50 por ciento al fondo.

“Lejos de filtrarse hacia abajo, los ingresos y la riqueza están siendo succionados hacia arriba a una velocidad alarmante”, indica el informe. Observa que los 1.810 individuos con patrimonios de más de mil millones de dólares listados por la revista Forbes en el 2016 concentran $6,5 billones, “tanta riqueza como el 70 por ciento de la población más pobre de la humanidad”.

En los próximos 20 años, unas 500 personas dejarán $2,1 billones a sus herederos, una cantidad mayor al producto interno bruto de India, un país con más de 1.300 millones de personas.
Oxfam cita la reciente investigación de Thomas Piketty y otros economistas que indica que, en EE.UU., los ingresos del 50 por ciento más pobre no han crecido en los últimos 30 años, mientras que los ingresos del 1 por ciento más rico han aumentado un 300 por ciento.

El mismo proceso se está dando en los países más pobres del mundo. Oxfam señala que el hombre más rico de Vietnam gana más en un día más que lo que gana la persona más pobre del país en 10 años.
El informe señala el carácter sistemático de dicha succión de riqueza hacia las alturas de la pirámide socioeconómica del mundo. El sector empresarial se dedica a rendirles “ganancias cada vez mayores a los ricos propietarios y altos ejecutivos”, mientras que las compañías “están estructuradas para evadir impuestos, reducir salarios y exprimir a los productores”.

Este proceso involucra prácticas barbáricas y criminales. Oxfam cita un informe de la Organización Internacional del Trabajo que estima que son 21 millones las víctimas del trabajo forzoso, generando alrededor de $150 mil millones en ganancias cada año. Todas las empresas más grandes de ropa están asociadas con hilanderías de algodón en India que utilizan rutinariamente el trabajo forzoso de niñas.

Los pequeños agricultores también están cayendo cada vez más en la pobreza. En la década de 1980, los agricultores de cacao recibieron 18 por ciento del valor de una barra de chocolate, en comparación con sólo el 6 por ciento hoy.
Las 69 entidades económicas más grandes del mundo ahora son empresas, no países, lo cual dictamina el grado de poder de las corporaciones. Otra cifra contundente es que las 10 empresas más grandes del mundo, incluyendo a compañías como Wal-Mart, Shell y Apple, tienen ingresos combinados superiores a la suma de los ingresos de 180 gobiernos.

A pesar de que los autores evitan condenar al sistema de lucro directamente, sus resultados dan un veredicto impresionante sobre el capitalismo. Resumen con datos y cifras dos procesos centrales detallados por Karl Marx, el fundador del socialismo moderno.

En El capital, Marx explica que la lógica objetiva del sistema capitalista, basándose en el afán de lucro, es concentrar cada vez más riqueza en un polo de la sociedad y pobreza, miseria y degradación en el otro. En el Manifiesto comunista, explica que todos los gobiernos no son más que los comités ejecutivos para los asuntos de la clase capitalista.

Las políticas fiscales y las otras medidas “favorables para las empresas” adoptadas por gobiernos alrededor del mundo son ejemplos de este hecho. El informe de Oxfam señala que el gigante de la tecnología Apple es acusado de haber pagado impuestos de tan sólo un 0,005 por ciento de sus ganancias en Europa.

Los países en desarrollo pierden alrededor de $100 mil millones al año como consecuencia directa de la evasión de impuestos y exenciones a empresas. Sólo en Kenia, el gobierno pierde $1.100 millones en ingresos cada año por exenciones fiscales, lo que equivale a casi el doble de su presupuesto anual para la salud.
Dichas políticas fiscales van mano a mano con la evasión fiscal y otras prácticas criminales. El informe cita al economista Gabriel Zucman, quien estima que actualmente hay $7,6 billones escondidos en paraísos fiscales. África pierde $14 mil millones en ingresos estatales por año debido a los paraísos fiscales: lo suficiente como para pagar por la atención médica de 4 millones de niños y para contratar a tantos docentes que ningún niño en África se quedaría sin ir a la escuela.

El documento de Oxfam sí omite algo muy importante sobre la aceleración de la desigualdad. No menciona lo claves que han sido las políticas de los gobiernos y bancos centrales de las economías más avanzadas en entregarles billones de dólares a los bancos, las corporaciones y las élites financieras a través de rescates bancarios y medidas de “expansión cuantitativa” desde el estallido de la crisis financiera mundial del 2008.

Una discusión sobre estos hechos expondría realidades políticas incómodas. El informe comienza con las palabras del presidente estadounidense, Barack Obama, dichas el año pasado ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde menciona que no es nada estable que el uno por ciento de la población posea tanto patrimonio como el otro 99 por ciento.

Las políticas de su gobierno, sin embargo, han jugado un papel crítico en la creación de un mundo tan desigual. Después de rescatar a la oligarquía financiera de la crisis, la cual resultó de las actividades criminales propias de esta élite, el gobierno de Obama y el banco central de EE.UU. continuó enriqueciendo a estas capas, convirtiéndose en una fuente de dinero extremadamente barato para inflar el valor de sus activos.

Bajo Obama, el crecimiento de la desigualdad que ya se venía dando por varias décadas se aceleró, al mismo tiempo en que la clase gobernante se sumergió en prácticas parasitarias y criminales. Su propio gobierno sentó los últimos bloques para que la oligarquía financiera tomara las riendas del poder directamente con la presidencia del magnate de casinos y bienes raíces, Donald Trump.

El informe fue primordialmente motivado por el miedo a las consecuencias políticas de los niveles cada vez más altos de desigualdad y por el deseo de desviar el enojo social por vías inofensivas. Por ende, propone la perspectiva de una “economía humana” con base en el mercado capitalista, bajo la esperanza de que las corporaciones y los gobiernos cambien su mentalidad.

Lo absurdo de esta perspectiva, proveniente del desacreditado fabianismo británico que ha dominado el pensamiento de la burguesía inglesa por más de un siglo, puede verse en el hecho de que el informe está dirigido a las élites financieras reunidas en el Foro de Davos, llamándolas a cambiar de actitud.

Esto no solo se ve reflejado en las cifras presentadas, sino que en la experiencia histórica también. Hace un cuarto de siglo, después de la disolución de la Unión Soviética, el triunfalismo capitalista colmó el ambiente. Al librarse de los obstáculos que presentaba la URSS y siendo capaz de dominar el mundo, la democracia liberal capitalista pretendió demostrarle a la humanidad lo que podía hacer.

Y sin duda lo hizo. Sumió al mundo en una desigualdad con niveles de riqueza verdaderamente obscenos, en opresión con formas cada vez más antidemocráticas de gobierno, en las actividades criminales desde las cúpulas económicas y políticas y en la cada vez más ominosa posibilidad de una tercera guerra mundial.

Este periodo histórico también pone de relieve la importancia del centenario de la Revolución Rusa. A pesar de la traición a manos de la burocracia estalinista, la Revolución Rusa demostró para el resto de los tiempos que un mundo más allá del capitalismo y sus males sociales es tanto posible como necesario. Sus lecciones tienen que guiar las inmensas luchas sociales que resultarán de las condiciones sociales detalladas en el informe de Oxfam.

(Fotografía, Alejandro Muñoz)

¿Qué hay detrás de la “conferencia antifascista” de Podemos en España?

por Alejandro López

 
En medio de las protestas internacionales contra las políticas migratorias del “América primero” de la nueva administración de Trump, y las llamadas de defender Estados Unidos contra “los estragos de otros países”, el partido seudoizquierdista español Podemos está pidiendo una conferencia internacional antifascista .
Detrás de ésta apelación está el intento de bloquear la aparición de un movimiento independiente de la clase obrera y la juventud, y canalizar el sentimiento anti-Trump detrás de las facciones defensoras de la Unión Europea (UE) de la burguesía española.

Al igual que sus homólogos europeos, la burguesía española está dividida sobre cómo reaccionar ante el régimen de Trump. Su elección marca el final definitivo del papel que jugó Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial como ancla de la integración europea y garante, a través de la OTAN, de los intereses imperialistas de Europa. Trump ha declarado a la UE un rival económico liderado por Alemania ante Estados Unidos y ha predicho que otros países se marcharían y seguirían el liderazgo del Reino Unido.

Tales sentimientos ya son expresados por Marine Le Pen del Frente Nacional, pronosticada para ganar la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas en abril. Por otra parte, en Holanda el Partido de la Libertad de Geert Wilders lidera las encuestas con un 31 por ciento para las próximas elecciones parlamentarias de marzo, con un discurso similar al del Frente Nacional.

Sin embargo, Podemos no ofrece ninguna alternativa al surgimiento de la derecha nacionalista. De hecho, Podemos lo facilita.

Las dos principales facciones que compiten por el poder en Podemos en el congreso del partido de este fin de semana -la facción mayoritaria encabezada por el secretario general Pablo Iglesias y el ala Errejonista dirigida por el portavoz de Podemos en el parlamento y secretario de Política y Área de Estrategia y Campaña de Podemos, Íñigo Errejón- apoyan la convocatoria de una “conferencia antifascista”. Además, se ha apuntado la facción Anticapitalistas de Podemos encabezada por Miguel Urbán y Teresa Rodríguez.

La convocatoria se hará “contra la austeridad, el auge de la extrema derecha y por una revolución democrática en Europa”. Su objetivo es contrarrestar “un auge del racismo y el autoritarismo”, la “islamofobia” y una gestión “racista e insolidaria” de las instituciones europeas ante la llegada de refugiados. Del mismo modo, Trump es criticado por “reforzar el racismo”. En respuesta, Podemos pide una solución doble: primero, evitar que las personas se sientan atraídas por el populismo derechista y, en segundo lugar, formar un “nuevo bloque histórico” que sirva de “parapeto” contra el surgimiento del nacionalismo de extrema derecha.

El postureo de Podemos como oponente al nacionalismo de extrema derecha es un fraude político. Si la extrema derecha ha podido crecer es precisamente porque las fuerzas seudoizquierdistas como Podemos han buscado alianzas con los partidos socialdemócratas, o como en el caso de Syriza en Grecia, han formado directamente gobiernos, todos comprometidos con la austeridad. Esto ha permitido a las fuerzas de extrema derecha explotar el descontento social y alzarse como una oposición al poder establecido.

Podemos mismo ha legitimado la integración de las fuerzas de extrema derecha en la política burguesa europea dominante al alabar el nacionalismo como progresista y buscar reclutar a grandes sectores del cuerpo de oficiales del ejército español en sus filas. Su “nuevo bloque histórico” es un término consignado a encubrir el desarrollo de vínculos más profundos con otros partidos burgueses con el pretexto de una lucha contra la extrema derecha.
Esto se puso de manifiesto recientemente en la edición de diciembre de la revista mensual La Marea dedicada a “Antídotos de izquierdas contra el neofascismo” y que contenía entrevistas con una docena de líderes de la seudoizquierda

Pablo Iglesias, al ser preguntado por defensa del patriotismo por parte de Podemos, respondió que lo defendía “absolutamente”. Explicó que “la desgracia de perder una Guerra civil” quería decir que “ciertos significantes”, una referencia a las palabras como “España o patria”, quedaron “en manos del adversario político”. Preguntado si ante el auge de la extrema derecha no sería necesario una estrategia internacional, Iglesias respondió negativamente, declarando que “choca con la desgracia de que los escenarios políticos son de tipo nacional-estatal” – la fundación de la política reaccionaria de Podemos.

A Alberto Garzón, líder de los estalinistas de Izquierda Unida que son aliados parlamentarios de Podemos, cuando se le preguntó sobre el proteccionismo de Trump declaró abiertamente que “las propuestas económicas de Trump u otros partidos de extrema derecha, a veces, no difieren tanto de la izquierda nuestra”.

Igual de rotundo se mostró Iñigo Errejón, un defensor del “populismo de izquierdas”. Preguntado acerca de la posibilidad de que Podemos podría asimilar partes del discurso antiestablishment de la extrema derecha, Errejón respondió que los neofascistas y Podemos ocupan el mismo “espacio”.

Dijo que “la diferencia entre un populismo abierto y democrático o un populismo reaccionario es quién es el enemigo. La cosa es quién dote de sentido o quién construya esa comunidad nacional. Es verdad que el PP ha tapado los huecos del franquismo sociológico, el de la posibilidad de un pueblo construido contra los débiles, el de un populismo fascista, creo que lo tapamos nosotros”.

Otra entrevistada no fue otra que Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona y líder de Barcelona en Comú, un aliado político de Podemos, famosa por ordenar a la policía de la ciudad condal a perseguir vendedores ambulantes y su oposición a una huelga de trabajadores del metro. Al imponer un “servicio mínimo”, aseguró la derrota de la huelga.
Podemos no tiene intención ninguna de montar una lucha seria contra la extrema derecha, en España o en otros lugares. Más bien, pretende bloquear la oposición social a través de la contención, desviación, y finalmente, la dispersión de cualquier movimiento de la clase trabajadora en favor de los interese de clase de su base social de apoyo: la clase media alta.

El valor de Podemos para la clase dominante se expresa en el apoyo mediático que ha recibido su campaña de “vuelta a las calles” coordinada con la burocracia sindical, que consiste en escenificar bajo el foco de los medios de comunicación su apoyo a las huelgas. Los medios de comunicación retratan estas acciones como de oposición con el fin de desviar la creciente ira social detrás de la perspectiva nacionalista y decadente de Podemos.

La conferencia “antifascista” es la última manifestación de estas políticas. Fue propuesto por primera vez por los pablistas de Anticapitalistas y su líder Miguel Urbán, según la página web favorable a Podemos, cuartopoder.es: “La intención de Urbán es poder contar en Madrid con políticos de relevancia como el británico Jeremy Corbyn o el estadounidense Bernie Sanders, además de representantes de la izquierda europea, que está haciendo frente al avance de la extrema derecha.”

Sin embargo, tan pronto como la tinta se secó sobre las propuestas para la conferencia de Urbán, los dos principales “políticos relevantes” mostraron su verdadero rostro.

Bernie Sanders declaró que “Si el Presidente Trump se toma en serio una nueva política para ayudar a los trabajadores estadounidenses, estaría encantado de trabajar con él”. Después aprobó la designación del General James “Perro Loco” Mattis como secretario de Defensa de Trump, el mismo hombre que lideró el sangriento asalto a Fallujah en 2004, reduciendo la ciudad a escombros y matando a miles de civiles.

En cuanto a Jeremy Corbyn, recientemente dejó de lado su oposición a los controles migratorios, declarando que “el trabajo no está ligado a la libertad de movimiento de los ciudadanos de la UE como punto de principio” en las conversaciones de Brexit. Esto no es sino el último paso en su capitulación ante el ala derecha del Partido Laborista, que incluye la colocación de los belicistas blairistas en su primer gabinete a la sombra, la libertad de voto a los diputados laboristas en apoyo a los bombardeos contra Siria, la renovación del programa de armas nucleares Trident y el abandono de su oposición de toda la vida -basada en un programa de nacionalismo económico- a la UE.

La idea pablista de una conferencia antifascista desapareció y sólo se resucitó casi un mes más tarde, justo cuando surgían divisiones en la clase dominante española sobre la mejor forma de preservar y promover sus intereses nacionales. El principal dilema de España es si sumarse a Alemania y Francia en defensa de la UE, o con Estados Unidos, con la esperanza de convertirse en el nuevo socio estratégico de Washington en Europa.

Podemos ha intervenido, al menos por ahora, para defender a la facción de la UE. En el parlamento, Iglesias y Errejón se unieron al coro de voces, encabezado por el diario El País, criticando al gobierno del Partido Popular de Mariano Rajoy por su intento de continuar las relaciones con Estados Unidos como antes. Ambos condenaron la posición de Rajoy como “vergonzante” por ser uno de los pocos líderes europeos en no haber criticado a Trump.

Iglesias dijo: “La palabra tibieza es moderada, creo que es vergonzoso que cuando el señor Donald Trump es a todas luces un representante de un retroceso democrático sin precedentes y de un ataque descarnado a los derechos humanos, creo que nuestro Gobierno al menos debería decirlo.” Errejón dijo que Rajoy debe unirse al “clamor “de la sociedad civil y muchos líderes internacionales en contra de las políticas de Trump, de las cuales “me siento orgulloso”.

Cualesquiera que sean las suaves críticas que susciten contra Trump, lo que menosprecian de Trump y de las secciones de la clase dirigente estadounidense que representa es el hecho de que Estados Unidos esté repudiando su papel previo como supervisor de la UE y la OTAN, ambas defendidas por Podemos. Al mismo tiempo, el nacionalismo y el proteccionismo económico de Trump están sacando a la luz las consecuencias de la defensa de estas concepciones por parte de Podemos.

La verdadera amenaza para la clase trabajadora es que Podemos está creando un terreno fértil para la creación de un partido de extrema derecha genuino, que pueda usar más directamente el lenguaje de “patria”, “España”, y el nacionalismo para defender los intereses de la clase dominante.

La diatriba fascista de Trump: en camino a la 3a Guerra Mundial

por Patrick Martin

El discurso pronunciado por Donald Trump el día de su inauguración presidencial no tiene parangón en la historia de los Estados Unidos. Fue una diatriba violenta y nacionalista, de matices inequívocamente fascistas. Trump proclamó que su programa es “América Primero,” amenazando con graves consecuencias a los que no se sometan a sus exigencias económicas y políticas.
El discurso fue todo menos “inaugural”, en el sentido de resumir las ideas generales en que se enfocará el nuevo gobierno y tratar de darles cierta importancia universal, sin importar cuán falso, torpe o hipócrita sea el intento.
En contados casos, el más famoso entre ellos el de Abraham Lincoln, el discurso inaugural ha perdurado y se ha transformado en un hito histórico. En la era moderna, Franklin Roosevelt declaró, en medio de la Gran Depresión, que el pueblo estadounidense “no tiene nada que temer, salvo el propio miedo.”
El mensaje de Trump fue justo lo contrario: “Tememos al mundo, pero todo el mundo deberá tenernos miedo.”
Las ilusiones de que Trump se volvería “presidencial” una vez que asumiera el cargo se desvanecieron ante el tono de sus declaraciones. Trump despotricó y lanzó miradas fulminantes. Usó un solo tono de voz: un grito furioso. El discurso fue una sacudida que alertó al mundo que el nuevo presidente de EE.UU. es un megalómano descontrolado.
A diferencia de los presidentes estadounidenses del siglo pasado que se posicionaron como los líderes del “mundo libre” o sugirieron que a los Estados Unidos le interesaba el desarrollo mundial, Trump trató a todos los países extranjeros de enemigos y los culpó por la crisis del capitalismo estadounidense. “Debemos proteger nuestras fronteras de la asolación de otros países que fabrican nuestros productos, se roban nuestras compañías y destruyen nuestros empleos,” afirmó.
Trump ganó las elecciones en los estados industriales económicamente devastados como Pennsylvania, Ohio, Michigan y Wisconsin aprovechándose cínicamente de los estragos sociales en pueblos industriales y zonas rurales, ofreciendo una solución reaccionaria y falsa a la crisis, basada en el nacionalismo económico.
Ésta era la temática principal de su discurso inaugural, en que afirmaba, “[Hemos] enriquecido la industria extranjera a expensas la de industria estadounidense… y gastado billones y billones de dólares en el extranjero mientras que la infraestructura de Estados Unidos se deteriora. Hemos enriquecido a otros países, mientras que los recursos, la fuerza y la confianza de nuestro país se ha dispersado más allá del horizonte.”
Trump resumió su perspectiva chovinista con la siguiente frase: “La riqueza de nuestra clase media ha sido arrancada de sus hogares y redistribuida por todo el mundo.” ¡No es verdad! La riqueza producida por la gente trabajadora en efecto ha sido robada y “redistribuida,” pero no por extranjeros. Se la han apoderado los capitalistas estadounidenses—la pequeña élite de aristócratas financieros como el mismo Trump y gran parte de su gabinete, los billonarios y multimillonarios.
La “gran mentira” de Hitler fue culpar a los judíos, no a los capitalistas, de las devastadoras consecuencias de la crisis del capitalismo que provocó la Gran Depresión de los 1930s. La “gran mentira” de Trump ofrece un chivo expiatorio distinto para desviar la indignación popular por la crisis económica que se desencadenó el 2008, pero es igual de falsa y reaccionaria.
Como en Alemania en los 1930s, la visión de restaurar la grandeza nacional por medio de la autarquía económica y la expansión militar lleva forzosamente a la guerra. El discurso de Trump es la comprobación directa de la perspectiva avanzada por el Partido Socialista por la Igualdad: el crecimiento del militarismo estadounidense durante el último cuarto de siglo se origina en los intentos de la élite económica de los EE.UU. por encontrar una solución violenta al prolongado declive económico de los Estados Unidos.
El discurso de Trump estaba impregnado de principio a fin con el lenguaje propio del fascismo, con la ayuda, sin duda, de su principal asesor político, Stephen K. Bannon, el ex jefe de Breitbart News, un refugio para los “nacionalistas blancos,” i.e., supremacistas blancos, antisemitas y neo nazis.
El nuevo presidente declaró, “Compartimos un corazón, un hogar, y un destino glorioso.” Exigió “una total lealtad a los Estados Unidos de América,” saludó a “los grandes hombres de nuestras fuerzas armadas y policiales,” llamó a “un nuevo orgullo nacional,” y concluyó que “todos sangramos la misma sangre roja de los patriotas.”
Su promesa espeluznante de destruir “el terrorismo islamista radical, el que erradicaremos de la faz de la Tierra” será interpretada como una amenaza, legítimamente, por las grandes mases del Medio Oriente y todo el mundo musulmán, unas 1.600 millones de personas. Trump ya declaró que se les prohibirá entrar a los Estados Unidos.
No hay duda de que el discurso de Trump será tomado como una declaración de guerra, no sólo en Beijing, Moscú y Teherán, sino que también en Berlín, París, Londres y Tokio. Cuando decía que “está en el derecho de todas las naciones el priorizar sus propios intereses,” estaba anunciando el comienzo de una lucha despiadada entre las principales potencias imperialistas por mercados, fuentes de materias primas y mano de obra barata, y posiciones estratégicas clave. La lógica inexorable de esta lucha lleva a la guerra mundial.
La política de expansión militar y nacionalismo extremo de Trump tendrá las consecuencias más funestas para los derechos democráticos del pueblo estadounidense. Habla en nombre de una oligarquía financiera despiadada que no tolerará ninguna oposición, externa o interna. Su propuesta de una Fortaleza América, movilizada en contra de cada país en el mundo, conlleva la represión de toda disensión doméstica.
Es notorio que el discurso de Trump desechó la retórica democrática típica de las inauguraciones. No se rindió tributo al proceso electoral, no se apeló a las decenas de millones que no votaron por él, no se calmó a los opositores asegurando que sus derechos serían respetados, no hubo una promesa de que sería el presidente de “toda la gente.” Ni siquiera se reconoció que recibió menos del 46 por ciento de los votos, casi tres millones de votos menos que su oponente Demócrata, Hillary Clinton.
Por el contrario, Trump denunció a “un pequeño grupo en la capital de nuestra nación,” nombrados a los “políticos” y “el establishment ,” en otras palabras, todos los que estaban sentados a su alrededor en la fachada oeste del Capitolio—diputados, senadores, ex presidentes. Afirmó que serían destituidos de todo poder porque “estamos transfiriendo el poder desde Washington, DC y dándoselo a ustedes, el pueblo” —con el mismo Trump, por supuesto, tomando el lugar del “pueblo.”
Sólo se puede sacar una conclusión política seria de esta inauguración: Trump busca desarrollar un movimiento fascista estadounidense, ofreciendo un falso enemigo a quien culpar por los crímenes y fracasos del capitalismo, tachando de cualquiera que se oponga a sus de desleal, y mostrándose como la personificación de la voluntad popular y el único que puede ofrecer una solución a la crisis.
Trump formó un gabinete de multimillonarios, ideólogos derechistas y ex generales. El gobierno de Trump irá mucho más lejos de lo que cualquiera imagina al implementar un programa de guerra, ataques a los derechos democráticos y la destrucción de los empleos y niveles de vida de los trabajadores.
El Partido Demócrata no hará nada en contra de Trump. Los líderes del Partido Demócrata, de Obama para abajo, escucharon la diatriba militarista y antidemocrática de Trump como si fuese un discurso político “normal.” Durante el período transitorio, Obama se ha ocupado de fomentar complacencia ante el nuevo gobierno, mientras que los demócratas del Congreso han prometido colaborar con Trump y adoptar su tóxico y reaccionario nacionalismo económico.
Le esperan grandes conmociones a la gente trabajadora. Cualquiera sea la confusión inicial, ya sea si votaron por Clinton, por Trump, o se rehusaron a elegir entre los dos, pronto aprenderán que este gobierno es su enemigo. El capitalismo estadounidense va encaminado al desastre y nada puede detenerlo más que el movimiento revolucionario de la clase trabajadora.

(tomado de World Socialista Web Stite)

Parar a Trump luchando contra el imperialismo

por Gustavo Burgos

La prensa burguesa ha enmudecido frente al triunfo electoral de Trump. Desde Valparaíso, hay un cierto deja vú, al analizar un nuevo resultado electoral inesperado, de aquellos que revuelven el naipe.

No nos puede sorprende que un gorila como Donald Trump haya llegado a la Casa Blanca. En la historia reciente, Nixon, Reagan y Bush Jr., se han distinguido por su incultura, su torpeza y brutalidad, por referirnos a sus atributos personales. En lo que no se distinguen ninguno de los Presidentes de EE.UU. -de forma unánime- es en haber encabezado el ataque la clase obrera y a las naciones oprimidas y haber perpetrado masivos crímenes de guerra que sólo la revolución podrá castigar.

No haremos –de ningún modo- un análisis de la conducta electoral norteamericana. Los más variados analistas, incluyendo algunos criollos muy relevantes, se permiten hacer atrevidas e intrincadas hipótesis distinguiendo entre los votantes del sur de Virginia, los latinos de Orlando, los cubanos jóvenes de Miami, el early voting y muchas más categorías de fantasía política. Nos parece que esos ejercicios categoriales y estadísticos son meramente especulativos y pretenden reemplazar el análisis político, que parte de la comprensión del proceso de lucha de clases, por el uso del ábaco y la calculadora. En la antigua Roma en lugar de las encuestas, leían las vísceras de las aves.

Pero tampoco creemos que sea ocioso evaluar el éxito de Trump amparándose en que él y la Clinton son lo mismo. Es verdad, representan lo mismo, son ambos instrumentos del imperialismo y la burguesía norteamericanas, como en su momento –y guardando las debidas distancias- las candidaturas de Lagos/Lavín, Frei/Piñera, Bachelet/Matthei, fueron candidaturas burguesas, de lo que de forma espeluznante se llama hoy “el duopolio”. Sí, es verdad, Trump y Clinton son funcionales a los mismos intereses de clase imperialistas, pero no son lo mismo, no expresan de la misma forma dichos intereses.

Toda democracia burguesa –aún la escandinava- no es más que la mascarada, la puesta en escena, de la inclemente dictadura del gran capital tendiente a garantizar la explotación de los trabajadores y si hay resistencia, la más bárbara de las represiones. A ese orden capitalista de explotación, al monopolio de la fuerza armada a manos de la burguesía, los políticos patronales llaman “institucionalidad” y “orden público”. Engels, con una buena cuota de humor negro, decía que el Estado no era más que una banda de matones al servicio del gran capital. La democracia burguesa yankee, el epítome, el modelo de toda democracia burguesa no escapa a este concepto. Con un sistema electoral que viene del siglo XVIII, el llamado a elecciones y la verificación del mismo, no expresan más que de forma muy deformada la voluntad popular. Esta deformación es tan extrema, tan inocua a los intereses de los explotadores, que sólo permite por su intermedio inferir, de modo indirecto, poco más que el estado de ánimo de los norteamericanos.

Que en esta elección hayan sido convocados los norteamericanos a elegir entre dos variables de lo mismo (demócratas o republicanos), dos candidaturas con programas indiscernibles el uno del otro, no hace sino corroborar el carácter de clase del llamado orden democrático norteamericano, precisamente porque ese retaceado e inútil voto, esa episódica e impotente manifestación de voluntad política, se expresa condicionadamente en un marco institucional burocrático y dictatorial. El juego democrático en los EE.UU. y en Chile y en cualquier país capitalista, sólo opera en tanto legitime la gran propiedad privada de los medios de producción, el monopolio de la fuerza pública y consagre y fortalezca el fetiche electoral como si tal fuese la voluntad popular: es lo que llaman Constitución. Mediante el ejercicio electoral burgués, la patronal en el plano simbólico, expropia la voluntad de los explotados, como en el económico lo hace al apropiarse de la plusvalía.

¿Qué significa Trump, entonces? Todos lo sabemos: fascismo. El aspecto grotesco, el peinado su penosa torpeza comunicacional, expresa –con todas las limitaciones acotadas- que la miseria de grandes capas de la población norteamericana se ha agudizado a niveles superiores a lo habitual y que ella es la base material de un creciente descontento con el régimen. Sin embargo, este descontento, genuino, real, de la base social norteamericana de los obreros, campesinos y explotados en general, no encuentra expresión política propia, proletaria, revolucionaria, de izquierda. Ello precisamente porque la clase obrera norteamericana no tiene un partido o dirección política propia que exprese sus intereses históricos. Esta ausencia de dirección política revolucionaria ha terminado empujando el descontento político a los brazos del fascismo. Ocurre en el Reino Unido, en Austria, Francia, Alemania.

La candidatura de Donald Trump alberga en sus entrañas, más precisamente, los gérmenes del fascismo. De conjunto, el programa presentado se basa en la estrategia de nacional-imperialismo. Está ahí porque se fundamenta en algunas premisas de defensa de las fronteras nacionales de los Estados Unidos, de expansión económica por la fuerza de las armas, por la generalización de la xenofobia y el recrudecimiento del racismo. La confluencia de las tendencias fascistizantes de la mayor potencia con las de Europa Occidental, es un síntoma grave de la descomposición mundial del capitalismo que no encuentra salida progresiva para su crisis estructural. Todo indica que crecerán y fortalecerán las posiciones chauvinistas en el seno de las potencias.

La desintegración del orden capitalista, la transformación de las crisis políticas en conflictos armados en el Medio Oriente y la insaciable voracidad del capital financiero, son los motores de la lucha de clases en los EEUU y en el mundo entero. Abrigar esperanzas en que el capitalismo es reformable, que por intermedio de ajustes legales, institucionales o electorales, podremos parar esta ofensiva del gran capital, es abonar el camino hacia nuevas derrotas.

Parar a Trump y a todas las tendencias fascistas es una tarea para los trabajadores, para la izquierda y para los revolucionarios de todos los puntos del orbe. Parar a Trump significa redoblar nuestros esfuerzos por organizar a los trabajadores y fortalecer y ampliar las movilizaciones. Parar a Trump es acabar con las AFP, es imponer los reclamos de la ANEF, recuperar la educación gratuita y ponerla al servicio de la liberación social y nacional.

Parar a Trump es parar al imperialismo y al principal representante y protector de sus intereses en Chile: el régimen político del pinochetismo, sus partidos patronales y el Gobierno. No se trata de un ejercicio intelectual. Se trata contribuir a fortalecer la lucha de los trabajadores, instar por la construcción de  sus órganos de poder y verdadera democracia. Se trata de rescatar la tradición socialista, en este momento en que los trabajadores parecen en Chile y el mundo haber retrocedido a expresiones políticas primitivas de sumisión al orden democrático burgués. Se trata, en momentos en que el fantasma del fascismo parece enseñorearse en las metrópolis, de levantar las banderas de la liberación de los explotados: la revolución socialista.

 

Si EE.UU. se hiciera comunista

 

Nos preparamos para conocer el resultado de las elecciones norteamericanas en las que los trabajadores de ese país son convocados para elegir al emperador. Se trata de un proceso, una farsa, en la que se dirime la cabeza del mayor gobierno, el mayor aparato militar y la mayor economía del orbe y de la historia. Para apreciar adecuadamente la naturaleza de este proceso, qué mejor que leer este brillante trabajo de 1934, de uno de los mayores líderes de la primera revolución obrera de la historia, la Rusa, el constructor del glorioso Ejército Rojo: León Trotsky. 

 

 

 

por León Trotsky

Si Norteamérica se hiciera comunista como consecuencia de las dificultades y problemas que el orden social capitalista es incapaz de resolver, descubriría que el comunismo, lejos de ser una intolerable tiranía burocrática y regimentación de la vida individual, es el modo de alcanzar la mayor libertad personal y la abundancia compartida.

En la actualidad muchos norteamericanos consideran el comunismo solamente a la luz de la experiencia de la Unión Soviética. Temen que el sovietismo en Norteamérica produzca los mismos resultados materiales que les trajo a los pueblos culturalmente atrasados de la Unión Soviética. (…)

Temen la inflación monetaria, la tiranía burocrática y tener que pasar por un intolerable papeleo “rojo” para obtener lo necesario para vivir. Temen la estandarización desalmada del arte y la ciencia, así como de las necesidades cotidianas. Temen ver la espontaneidad política y la supuesta libertad de prensa destruidas por la dictadura de una monstruosa burocracia. Y tiemblan ante la idea de tener que aceptar la volubilidad incomprensible de la dialéctica marxista y una filosofía social disciplinada. (…)

En realidad los soviets norteamericanos serán tan distintos de los rusos como lo son Estados Unidos del presidente Roosevelt1 del imperio ruso del zar Nicolás II. Sin embargo Norteamérica sólo podrá llegar al comunismo pasando por la revolución, de la misma manera como llegó a la independencia y la democracia. El temperamento norteamericano es enérgico y violento, e insistirá en romper una buena cantidad de platos y en tirar al suelo una buena cantidad de carros de manzanas antes de que el comunismo se establezca firmemente. (…)

Sin embargo, el costo relativo de la revolución comunista norteamericana, por grande que parezca, será insignificante comparado con el de la Revolución Rusa Bolchevique, debido a vuestra riqueza nacional y población. Es que la guerra civil revolucionaria no la realiza el puñado de hombres que está en la cúpula, el cinco o diez por ciento dueño de las nueve décimas partes de la riqueza norteamericana; este grupito sólo podría reclutar sus ejércitos contrarrevolucionarios entre los estratos más bajos de la clase media. Aún así, la revolución podría atraerlos fácilmente demostrándoles que su única perspectiva de salvación está en el apoyo a los soviets.

Todos los que están por debajo de este grupo ya están preparados económicamente para el comunismo. La depresión hizo estragos en vuestra clase obrera y asestó un golpe aplastante a los campesinos, ya perjudicados por la larga decadencia agrícola de la década de posguerra. No hay razón por la que estos grupos deban oponer alguna resistencia a la revolución; no tienen nada que perder, por supuesto siempre que los dirigentes revolucionarios se den hacia ellos una política moderada a largo alcance. (…)

El gobierno soviético norteamericano tomará firme posesión de los comandos superiores de vuestro sistema empresario: los bancos, las industrias clave y los sistemas de transporte y comunicación. Luego les dará a los campesinos, a los pequeños comerciantes e industriales, mucho tiempo para reflexionar y ver qué bien anda el sector nacionalizado de la industria.

Es en este terreno donde los soviets norteamericanos podrán producir verdaderos milagros. La “tecnocracia”2 sólo será real bajo el comunismo, que sacará de encima de vuestro sistema industrial las manos muertas de los derechos de la propiedad privada y las ganancias individuales. (…)

La industria nacional se organizará siguiendo el modelo de vuestras modernas fábricas de automotores de producción continua. La planificación científica se elevará del nivel de la fábrica individual al del conjunto del sistema económico. Los resultados serán estupendos.

Los costos de producción disminuirán en un veinte por ciento o tal vez más. Esto a su vez aumentará rápidamente la capacidad de compra de los campesinos.

Por cierto, los soviets norteamericanos establecerán sus propios gigantescos establecimientos agrícolas, que serán también escuelas voluntarias de colectivización. Vuestros campesinos podrán calcular fácilmente si les conviene seguir como eslabones aislados o unirse a la cadena general.

El mismo método se utilizaría para incorporar a la organización industrial nacional al pequeño comercio y a la pequeña industria. Con el control soviético de las materias primas, los créditos y los suministros estas industrias secundarias seguirían siendo solventes hasta que el sistema socializado las absorbiera gradualmente y sin compulsión.

¡Sin compulsión! Los soviets norteamericanos no tendrían que recurrir a las drásticas medidas que las circunstancias a menudo impusieron a los rusos. En EE.UU. la ciencia de la publicidad brinda los medios para ganarse el apoyo de la clase media, que estaba fuera del alcance de la atrasada Rusia, con su vasta mayoría de campesinos pobres y analfabetos. Esto, junto con vuestro aparato técnico y vuestra riqueza, será la mayor ventaja de vuestra futura revolución comunista. Vuestra revolución será más suave que la nuestra; luego de resueltos los problemas fundamentales no tendréis que derrochar energías y recursos en costosos conflictos sociales, y, en consecuencia, avanzaréis mucho más rápido. (…)

A las pocas semanas o meses de establecidos los soviets en Norteamérica el panamericanismo sería una realidad política.

Los gobiernos de Centro y Sudamérica se verían atraídos a vuestra federación como el hierro por el imán. Lo mismo ocurriría con Canadá. Los movimientos populares de estos países serían tan fuertes que impulsarían este gran proceso unificador en un brevísimo período y a un costo insignificante. (…)

La mayoría de los norteamericanos están desorientados por el hecho de que en la Unión Soviética hemos tenido que construir industrias básicas enteras partiendo de la nada. Una cosa así no podría suceder en EE.UU., donde ya os veis obligados a reducir las zonas cultivadas y la producción industrial. De hecho vuestro tremendo aparato tecnológico está paralizado por la crisis y exige ser puesto nuevamente en uso. El punto de partida del resurgimiento económico podrá ser el rápido aumento del consumo de vuestro pueblo.

Estáis más preparados que ningún otro país para lograrlo. En ningún otro lado llego a ser tan intenso como en EE.UU. el estudio del mercado interno. Entra en las existencias acumuladas por los bancos, los trusts, los hombres de negocios, los comerciantes, los viajantes de comercio y los granjeros.

Vuestro gobierno soviético simplemente abolirá el secreto comercial, combinará todos los descubrimientos de estas investigaciones realizadas en función de la ganancia privada y los transformará en un sistema científico de planificación económica. Para ello contará con la colaboración de una numerosa clase de consumidores cultos y críticos. La combinación de las industrias clave nacionalizadas, el comercio privado y la cooperación del consumidor democrático producirá rápidamente un sistema sumamente flexible para satisfacer las necesidades de la población.

Ni la burocracia ni la policía harán funcionar este sistema; lo hará el frío, duro dinero.

Vuestro dólar todopoderoso jugará un rol fundamental en el funcionamiento del nuevo sistema soviético. Es un gran error mezclar la “economía planificada” con la “emisión dirigida”. La moneda tendrá que ser el regulador que mida el éxito o el fracaso de la planificación.

Vuestros profesores “radicales” se equivocan mortalmente con su devoción a la “moneda dirigida”. Esta idea académica podría fácilmente liquidar todo vuestro sistema de distribución y producción. Esa es la gran lección a extraer de la Unión Soviética, donde la amarga necesidad se convirtió en virtud oficial en el reino del dinero.

La falta de un rublo de oro estable es allí una de las causas fundamentales de muchas de las dificultades y catástrofes económicas. Es imposible regular los salarios, los precios y la calidad de las mercancías sin un sistema monetario firme. Tener un rublo inestable en un sistema soviético es lo mismo que tener moldes variables en una fábrica que trabaja en serie. No funciona.

Sólo será posible abandonar la moneda de oro estable cuando el socialismo logre sustituir el dinero por un sistema de control administrativo. Entonces el dinero será un vale común y corriente, como el boleto del colectivo o la entrada al teatro. A medida que el socialismo avance también desaparecerán estos vales; ya no será necesario el control, ni en dinero ni administrativo, sobre el consumo individual; puesto que habrá suficientes bienes como para satisfacer las necesidades de todos!

Aún no estamos en esa situación, aunque con toda seguridad Norteamérica llegará antes que cualquier otro país. Hasta entonces, la única manera de alcanzar ese nivel de desarrollo será mantener un regulador y medidor efectivo del funcionamiento de vuestro sistema. (…)

La Norteamérica soviética contará con reservas de oro suficientes para estabilizar el dólar, lo que constituye una ventaja invalorable. En Rusia hemos aumentado la producción industrial en un 20 y un 30 por ciento anual; pero, debido a la debilidad del rublo, no pudimos distribuir efectivamente este aumento. Esto en parte se debe a que le permitimos a la burocracia subordinar el sistema monetario a las necesidades administrativas. Vosotros os ahorraréis este mal. En consecuencia, nos superaréis mucho, tanto en la producción como en la distribución, lo que llevará a un rápido avance en el bienestar y la riqueza de la población.

En todo esto no necesitaréis imitar nuestra producción estandarizada para nuestra pobre masa de consumidores.
Recibimos de la Rusia zarista una herencia de pobreza, un campesinado culturalmente subdesarrollado y con un bajo nivel de vida. Tuvimos que construir las fábricas y las represas a expensas de nuestros consumidores. Padecemos una inflación monetaria continua y una monstruosa burocracia.

Norteamérica soviética no tendrá que imitar nuestros métodos burocráticos. Entre nosotros la falta de lo más elemental produjo una intensa lucha por conseguir un pedazo extra de pan, un poco más de tela. En esta lucha la burocracia se impone como conciliador, como árbitro todopoderoso. Pero vosotros sois mucho más ricos y tendréis muy pocas dificultades para satisfacer las necesidades de todo el pueblo. Más aún; vuestras necesidades, gustos y hábitos nunca permitirían que sea la burocracia la que reparta la riqueza nacional. Cuando organicéis vuestra sociedad para producir en función de las necesidades humanas y no de las ganancias individuales, toda la población se nucleará en nuevas tendencias y grupos que se pelearán unos con otros y evitarán que una burocracia todopoderosa se imponga sobre ellos.

Así la práctica de los soviets, es decir de la democracia, la forma más democrática de gobierno alcanzada hasta hoy, evitará el avance del burocratismo. La organización soviética no puede hacer milagros; simplemente debe reflejar la voluntad del pueblo. Entre nosotros los soviets se burocratizaron como resultado del monopolio político de un solo partido, transformado el mismo en una burocracia. Esta situación fue la consecuencia de las excepcionales dificultades que tuvo que enfrentar el comienzo de la construcción socialista en un país pobre y atrasado.

Los soviets norteamericanos estarán llenos de sangre y vigor, sin necesidad ni oportunidad de que las circunstancias impongan medidas como las que hubo que adoptar en Rusia. (…)

Sin embargo, es no sólo concebible sino inevitable que se desate una gran lucha de intereses, grupos e ideas. Los planes de desarrollo económico anuales, quinquenales y decenales; los esquemas de educación nacional; la construcción de nuevas líneas básicas de transporte; la transformación de las granjas; el programa para mejorar la infraestructura tecnológica y cultural de Latinoamérica; el programa de comunicación espacial; la eugenesia, todo esto suscitará controversias, vigorosas luchas electorales y apasionados debates en los periódicos y en las reuniones públicas.

Pues en Norteamérica soviética no existirá el monopolio de la prensa por parte de los jefes de la burocracia como en la Rusia soviética. Nacionalizar todas las imprentas, las fábricas de papel y las distribuidoras sería una medida puramente negativa. Significaría simplemente que al capital privado ya no se le permite decidir qué publicaciones sacar, sean progresivas o reaccionarias, “húmedas” o “secas”3, puritanas o pornográficas. Norteamérica soviética tendrá que encontrar una nueva solución al problema de cómo debe funcionar el poder de la prensa en un régimen socialista. Podría hacerse sobre la base de la representación proporcional a los votos en cada elección a los soviets.

Así, el derecho de cada grupo de ciudadanos a utilizar el poder de la prensa dependería de su fuerza numérica; el mismo principio se aplicaría para el uso de los locales de reunión, de la radio, etcétera.

De este modo la administración y la política de publicaciones no la decidirían las chequeras individuales sino las ideas de los distintos grupos. Esto puede llevar a que se tenga poco en cuenta a los grupos numéricamente pequeños pero importantes, pero implica la obligación de cada nueva idea de abrirse paso y demostrar su derecho a la existencia.

La rica Norteamérica soviética podrá destinar mucho dinero a la investigación y a la invención, a los descubrimientos y experimentos en todos los terrenos. No dejaréis de lado a vuestros audaces arquitectos y escultores, a vuestros poetas y filósofos no convencionales. (…)

Hasta ahora en Norteamérica la conquista de la naturaleza ha sido tan violenta y apasionada que no habéis tenido tiempo de modernizar vuestras filosofías o de desarrollar formas artísticas propias. Hasta ahora habéis sido hostiles a las doctrinas de Marx, Hegel y Darwin. La quema de los trabajos de Darwin por los bautistas de Tennessee4 es sólo un pálido reflejo del rechazo de los norteamericanos a las doctrinas evolucionistas. Esta actitud no se limita a vuestros púlpitos. Todavía es parte de vuestra conformación mental.

Tanto vuestros ateos como vuestros cuáqueros son decididamente racionalistas. Y ese mismo racionalismo está debilitado por el empirismo y el moralismo. No tiene nada de la implacable vitalidad de los grandes racionalistas europeos. Por eso vuestro método filosófico es más anticuado todavía que vuestro sistema económico y vuestras instituciones políticas.

Hoy, bastante poco preparados para ello, os veis obligados a enfrentar las contradicciones que sin que se lo sospeche surgen en toda sociedad. Conquistasteis a la naturaleza con las herramientas que creó vuestro genio inventivo sólo para encontraros con que vuestras herramientas destruyeron todo excepto vuestras personas. Contrariamente a todas las esperanzas y deseos, vuestra riqueza sin precedentes produjo desgracias sin precedentes. Descubristeis que el desarrollo social no sigue una simple fórmula. Entonces os visteis arrojados en la escuela de la dialéctica, para quedaros allí. (…)

Dentro de un siglo, de vuestra mezcla de razas surgirá un nuevo tipo de hombres, el primero en merecer el nombre de Hombre.

Y una profecía final: ¡en el tercer año de gobierno soviético en Norteamérica, ya no mascaréis goma!

1 Franklin Delano Roosevelt, presidente de los EE.UU. durante 1933 y 1945 por el partido Demócrata.

2 La tecnocracia era un programa y un movimiento norteamericano muy difundido en los primeros años de la depresión, especialmente en la clase media. Proponía superar la depresión y llegar al pleno empleo en EE.UU. racionalizando la economía y el sistema monetario bajo el control de los ingenieros y técnicos, todo sin lucha de clases ni revolución. El movimiento se dividió en dos alas, una de izquierda y una de derecha, desarrollando, esta última, tendencias fascistas.

3 Desde 1920 a 1933 EE.UU. fue formalmente “seco”, es decir, estaba prohibida por una enmienda constitucional la venta de bebidas alcohólicas. En 1933 se suprimió la enmienda, y el país se volvió “húmedo”, nuevamente.

4 La quema de los trabajos de Darwin se refiere a las leyes que prohibían enseñar la teoría de la evolución en las escuelas públicas. El juicio Scopes de 1925 en Dayton, Tennessee, fue la más dramática de las protestas legales contra estas leyes represivas.