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Aula segura: la guerra contra los niños malos

por Ibán de Rementería //

 

En julio pasado, en relación a los sucesos del Liceo de Aplicación dos importantes sostenedores  de la educación pública, el alcalde de Santiago, Felipe Alessandri, y el de la Comuna Independencia, Gonzalo Durán, opinaron frente a frente sobre como asumir los daños causados por las tomas estudiantiles de los establecimientos educativos.

Mientras el Alcalde Alessandri evalúa como el impacto más grave de las tomas escolares a: “la pérdida de respeto hacia la autoridad, la normalización de la violencia y la legitimación de la destrucción de mobiliario y recursos públicos como elemento de protesta”. Para confrontar este problema desarrolla el concepto de: “el Rompe-Paga. Dos palabras que sintetizan el sentido común y la máxima fundamental de una sociedad democrática basada en los derechos y deberes”[1].

Por su parte el Alcalde Durán tienen un enfoque del asunto completamente distinto, plantea que: “No podemos hablar de tomas estudiantiles sin poner en contexto de que se trata, porque ellas son la expresión de que se ha quebrado el diálogo”…entonces: “cómo generamos mejores y más eficientes mecanismos de diálogo con los actores sociales”. Ante lo cual establece que: “Las tomas sólo se pueden evitar en la medida en que se trabaje con y para las comunidades escolares…”. El Alcalde Durán concluye definiendo su proyecto de intervención así: “Por ello es que en nuestra comuna hemos apostado por dar relevancia a los consejos escolares (órganos en el que participan académicos, estudiantes, apoderados, directivos y asistentes de la educación)”[2].[3]

Lo que se tematiza aquí son dos modelos de interpretación y gestión de las causa de la violencia escolar: para una, la falta de autoridad, para la otra, la falta de participación. Para una la solución está en castigar a los infractores, para la otra el asunto se resuelve escuchando y dialogando con las partes.

Veamos algunos antecedentes sobre la violencia escolar en el país, hace 10 años se informaba que al comparar la I y II encuestas de violencia en el ámbito escolar realizados por Adimark GFK a petición del Ministerio del Interior entre los años 2005 y 2007 se revelaba una gran disminución de la violencia escolar del 45,2% al 26,3%, tanto la física como la psicológica, esta inusitada variación a la baja del  58% en la violencia escolar en dos años no tienen ninguna explicación en el informe, pero es constatable que el gran acontecimiento que afectó la vida escolar entre las dos fechas de los estudios fue la “marcha de los pingüinos” donde los estudiantes reclamaban profundas reformas escolares de contenidos, pedagógicas, de gestión y accesibilidad universal (gratuidad) para la educación nacional [4], esto, a no dudarlo, fue un gran procesos de participación estudiantil, cuya frustración llevara a su repetición en 2011.

Por su parte, el Premio Nacional de Educación 2017, Abraham Magendzo, preguntado sobre la violencia escolar responde que: “La violencia está instalada en la sociedad y no solamente en Chile”… “Y en las escuelas, en la educación se reproduce esta violencia que hay en la sociedad”. Preguntado sobre qué hacer entonces, propone: “…que frente a algunos temas ciudadanos se invite a los estudiantes a dialogar en torno a estos temas…”. Diagnostica una falla pedagógica principal: “Yo creo que hay poco dialogo en las escuelas, no hay pedagogía del diálogo, hay una pedagogía del dictar, hacer las pruebas para ver si el niño aprendió”. Inquirido sobre el proyecto “Aula Segura” responde: “Yo pienso que la exclusión no soluciona los problemas”. Y en cambio recomienda: “…hay que escucharlos y saber por qué se comportan así, cuál es el fin, por qué no usan otros métodos para manifestar su descontento”. En esto concuerda con las prácticas del Alcalde Durán.

Al terminar las fiestas patrias el Presidente Piñera presentó su proyecto de ley “Aula segura” afirmando que esta tiene por propósito expulsar a “delincuentes y violentistas disfrazados de estudiantes”[5], bueno si están disfrazados de estudiantes entonces no lo serían y no es necesario expulsarlo para aplicarles todo el rigor de la ley, como lo han manifestado varios expertos hay normas penales y administrativas vigentes que permiten perseguir y castigar esas conductas inaceptables.

Las reacciones ante la propuesta presidencial fueron variadas, pero considerando las más representativas, tenemos que Humberto Garrido,   Director del Liceo de Aplicación, institución emblemática por estos sucesos declaró que: “las comunidades educativas están ‘angustiadas’ por el clima de violencia”, y agregó “necesitamos rápidamente sacar a esos estudiantes, porque nuestra comunidad es la que corre peligro”, en esas opiniones fue secundado por Fernando Soto, Rector del Instituto Nacional  e Inés Aqueveque Directora del Liceo 1 Javiera Carrera.  La desaprobación a esta manera de asumir la violencia escolar, inesperadamente, provino de los padres organizados, así  Judy Valdés, Presidenta del Centro de Apoderados del Instituto Nacional y vocera de colegios como el Liceo 1, el Carmela Carvajal, Barros Borgoño, INBA, Aplicación y Liceo 7, manifestó: “No es llegar y expulsar, sino que también se tiene que apoyar a estos alumnos”, ya que según ella esta situación se inscribe en: “la crisis de la educación pública, que es por falta de recursos”[6].

Posteriormente los debates se han centrado en qué hacer con los escolares expulsados, lo cual por cierto hay que resolver, pero, lo evidente aquí es que las expulsiones motivadas por conductas inaceptables de violencia escolar no se hace cargo del origen del problema que es la falta de participación de los estudiantes, como de los otros estamentos educativos, en la gestión de las instituciones educativas, pese a que está prevista una institucionalidad como son los Consejos Escolares, esa es la instancia donde debe operar las recomendaciones del profesor Abraham Magendzo, quien ha dicho: “…hay que escucharlos y saber por qué se comportan así”, este por algo es Premio Nacional de Educación.

Las opiniones aquí vertidas en ningún caso pretender defender ni justificar el uso de bombas incendiarias en contra de profesores, personal asistente de la educación o carabineros ni en contra de persona alguna, tampoco en contra de los establecimientos educacionales y sus equipamientos, y los repudia firmemente, pero el autor de estas líneas defiende la toma de los establecimientos educativos  y de cualquier recinto público o privado como parte de la lucha social por mejores condiciones educativas de los escolares, los estudiantes, los maestros y profesores, en general, por mejorar las condiciones de vida de cualquier sector social. Tanto más cuanto que, el suscrito en 1962  fue uno de los cabecillas junto con otros compañeros de la toma por cuarenta días del Liceo Eduardo de la Barra de Valparaíso, en solidaridad con la huelga general del Magisterio en el Gobierno de Jorge Alessandri.

[1]La Tercera ¿Es adecuada la política del “rompe paga” para enfrentar los daños de las tomas? 21 julio 2018, p.10.

[2]Ibid.

[3]Según la Agencia de Calidad de la Educacióndel Ministerio de Educación los Consejos Escolares,creados en 2004, nacieron con la misión de promover la participación de las comunidades educativas a través del diálogo abierto entre todos los actores que las componen. Así, directores, sostenedores, profesores, estudiantes y apoderados tienen la oportunidad de reunirse en pro de un mismo fin: mejorar la calidad de la educación y los logros de aprendizajes en los establecimientos educacionales.

Estos consejos se llevan a cabo, por leyen todo colegio subvencionado por el Estado en Chile, y surgieron con el fin de resguardar la mirada de todos los miembros de la comunidad educativa, establecer un espacio de confianza y fomentar la participación activa y representativa de todos sus integrantes, además de fortalecer la sociedad civil y la posibilidad de que todos los miembros de un establecimiento puedan opinar con respecto a distintos temas.

[4]El Mercurio. Escolares se agreden menos, pero ataques son más violentos.5 diciembre 2008, p. C1.

[5]El Mercurio. Directores de liceos emblemáticos urgen por aprobación de proyecto de ley “Aula Segura”. 21 septiembre 2018, p. C5.

[6]Ibid.

(el autor es ex alumno del Liceo Eduardo de la Barra, Valparaíso)

La farsa de las reformas educativas y el movimiento estudiantil

por Maxiimiliano Cortés//

El sistema de educación vigente, implementado en los 80 ́s por la dictadura se ha visto cues onado duramente tanto por estudiantes, que se han movilizado ac vamente, como por gran parte de la comunidad educa va, incluyendo profesores y funcionarios. Las masivas movilizaciones estudian les iniciadas el 2011 han instaurado un debate necesario sobre ejes puntuales que caracterizan la miseria que envuelve la educación hoy en Chile; la gratuidad o la desmunicipalización, han sido foco tanto de crí cas por parte de estudiantes y trabajadores de la educación, como también blanco de las reformas ar ciales del gobierno, que buscando bajar la agitación iniciada por las movilizaciones y conciliando los intereses capitalistas han cocinado bias reformas que no ofrecen ninguna respuesta ni a las demandas del movimiento ni a las necesidades de acceso a la educación Seguir leyendo La farsa de las reformas educativas y el movimiento estudiantil

Educación: la experiencia de la escuela soviética en la década de 1920

por Samuel Joshua//

En lo referente a educación, se puede retomar palabra a palabra lo que decía Rosa Luxemburgo a propósito de la Revolución Rusa en general: “Lenin, Trotsky y sus amigos fueron los primeros que dieron ejemplo al proletariado mundial; hasta ahora son los únicos que pueden exclamar con Hutten: ‘Yo me he atrevido!’”. En la Rusia soviética anterior a Stalin, se estableció una escuela revolucionaria durante varios años. ¡Ellos y ellas se atrevieron! Afectaba a millones de alumnas y alumnos lo que proporciona una base de discusión a partir de una experiencia sin equivalente a nivel mundial. Seguir leyendo Educación: la experiencia de la escuela soviética en la década de 1920

La OCDE promueve la mercantilización de la educación.

por Xavier Diez//

Si preguntamos a cualquier actor que participa en esa representación teatral cotidiana que es la escuela; esto es, alumnos, padres, madres, maestros, inspectores, personal de administración y servicios, académicos, políticos… expresarán cierta preocupación por la evolución de la educación en muchos sentidos. También muchos detectarán que uno de los problemas tiene que ver con la ausencia de un marco normativo mínimamente estable. Es más, detectaríamos una corriente de reformas que, al igual que sucede con otros sectores esenciales de la sociedad, parecen haber sido hechas con el ánimo de deteriorarla. En cierta medida, si existe un mínimo consenso entre la pluralidad de intereses y orientaciones políticas, es que la escuela tiene problemas, y que la evolución de los últimos años sólo hace que empeorarlos. Seguir leyendo La OCDE promueve la mercantilización de la educación.

¿Por qué socialismo?

Albert Einstein

Monthly Review, Nueva York, mayo de 1949.

 

¿Debe quién no es un experto en cuestiones económicas y sociales opinar sobre el socialismo? Por una serie de razones creo que si.

Permítasenos primero considerar la cuestión desde el punto de vista del conocimiento científico. Puede parecer que no hay diferencias metodológicas esenciales entre la astronomía y la economía: los científicos en ambos campos procuran descubrir leyes de aceptabilidad general para un grupo circunscrito de fenómenos para hacer la interconexión de estos fenómenos tan claramente comprensible como sea posible. Pero en realidad estas diferencias metodológicas existen. El descubrimiento de leyes generales en el campo de la economía es difícil por que la observación de fenómenos económicos es afectada a menudo por muchos factores que son difícilmente evaluables por separado. Además, la experiencia que se ha acumulado desde el principio del llamado período civilizado de la historia humana –como es bien sabido– ha sido influida y limitada en gran parte por causas que no son de ninguna manera exclusivamente económicas en su origen. Por ejemplo, la mayoría de los grandes estados de la historia debieron su existencia a la conquista. Los pueblos conquistadores se establecieron, legal y económicamente, como la clase privilegiada del país conquistado. Se aseguraron para sí mismos el monopolio de la propiedad de la tierra y designaron un sacerdocio de entre sus propias filas. Los sacerdotes, con el control de la educación, hicieron de la división de la sociedad en clases una institución permanente y crearon un sistema de valores por el cual la gente estaba a partir de entonces, en gran medida de forma inconsciente, dirigida en su comportamiento social.

Pero la tradición histórica es, como se dice, de ayer; en ninguna parte hemos superado realmente lo que Thorstein Veblen llamó “la fase depredadora” del desarrollo humano. Los hechos económicos observables pertenecen a esa fase e incluso las leyes que podemos derivar de ellos no son aplicables a otras fases. Puesto que el verdadero propósito del socialismo es precisamente superar y avanzar más allá de la fase depredadora del desarrollo humano, la ciencia económica en su estado actual puede arrojar poca luz sobre la sociedad socialista del futuro.

En segundo lugar, el socialismo está guiado hacia un fin ético-social. La ciencia, sin embargo, no puede establecer fines e, incluso menos, inculcarlos en los seres humanos; la ciencia puede proveer los medios con los que lograr ciertos fines. Pero los fines por si mismos son concebidos por personas con altos ideales éticos y –si estos fines no son endebles, sino vitales y vigorosos– son adoptados y llevados adelante por muchos seres humanos quienes, de forma semi-inconsciente, determinan la evolución lenta de la sociedad.

Por estas razones, no debemos sobrestimar la ciencia y los métodos científicos cuando se trata de problemas humanos; y no debemos asumir que los expertos son los únicos que tienen derecho a expresarse en las cuestiones que afectan a la organización de la sociedad. Muchas voces han afirmado desde hace tiempo que la sociedad humana está pasando por una crisis, que su estabilidad ha sido gravemente dañada. Es característico de tal situación que los individuos se sienten indiferentes o incluso hostiles hacia el grupo, pequeño o grande, al que pertenecen. Como ilustración, déjenme recordar aquí una experiencia personal. Discutí recientemente con un hombre inteligente y bien dispuesto la amenaza de otra guerra, que en mi opinión pondría en peligro seriamente la existencia de la humanidad, y subrayé que solamente una organización supranacional ofrecería protección frente a ese peligro. Frente a eso mi visitante, muy calmado y tranquilo, me dijo: “¿porqué se opone usted tan profundamente a la desaparición de la raza humana?”

Estoy seguro que hace tan sólo un siglo nadie habría hecho tan ligeramente una declaración de esta clase. Es la declaración de un hombre que se ha esforzado inútilmente en lograr un equilibrio interior y que tiene más o menos perdida la esperanza de conseguirlo. Es la expresión de la soledad dolorosa y del aislamiento que mucha gente está sufriendo en la actualidad. ¿Cuál es la causa? ¿Hay una salida?

Es fácil plantear estas preguntas, pero difícil contestarlas con seguridad. Debo intentarlo, sin embargo, lo mejor que pueda, aunque soy muy consciente del hecho de que nuestros sentimientos y esfuerzos son a menudo contradictorios y obscuros y que no pueden expresarse en fórmulas fáciles y simples.

El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social. Como ser solitario, procura proteger su propia existencia y la de los que estén más cercanos a él, para satisfacer sus deseos personales, y para desarrollar sus capacidades naturales. Como ser social, intenta ganar el reconocimiento y el afecto de sus compañeros humanos, para compartir sus placeres, para confortarlos en sus dolores, y para mejorar sus condiciones de vida. Solamente la existencia de éstos diferentes, y frecuentemente contradictorios objetivos por el carácter especial del hombre, y su combinación específica determina el grado con el cual un individuo puede alcanzar un equilibrio interno y puede contribuir al bienestar de la sociedad. Es muy posible que la fuerza relativa de estas dos pulsiones esté, en lo fundamental, fijada hereditariamente. Pero la personalidad que finalmente emerge está determinada en gran parte por el ambiente en el cual un hombre se encuentra durante su desarrollo, por la estructura de la sociedad en la que crece, por la tradición de esa sociedad, y por su valoración de los tipos particulares de comportamiento. El concepto abstracto “sociedad” significa para el ser humano individual la suma total de sus relaciones directas e indirectas con sus contemporáneos y con todas las personas de generaciones anteriores. El individuo puede pensar, sentirse, esforzarse, y trabajar por si mismo; pero él depende tanto de la sociedad -en su existencia física, intelectual, y emocional- que es imposible concebirlo, o entenderlo, fuera del marco de la sociedad. Es la “sociedad” la que provee al hombre de alimento, hogar, herramientas de trabajo, lenguaje, formas de pensamiento, y la mayoría del contenido de su pensamiento; su vida es posible por el trabajo y las realizaciones de los muchos millones en el pasado y en el presente que se ocultan detrás de la pequeña palabra “sociedad”.

Es evidente, por lo tanto, que la dependencia del individuo de la sociedad es un hecho que no puede ser suprimido — exactamente como en el caso de las hormigas y de las abejas. Sin embargo, mientras que la vida de las hormigas y de las abejas está fijada con rigidez en el más pequeño detalle, los instintos hereditarios, el patrón social y las correlaciones de los seres humanos son muy susceptibles de cambio. La memoria, la capacidad de hacer combinaciones, el regalo de la comunicación oral ha hecho posible progresos entre los seres humanos que son dictados por necesidades biológicas. Tales progresos se manifiestan en tradiciones, instituciones, y organizaciones; en la literatura; en las realizaciones científicas e ingenieriles; en las obras de arte. Esto explica que, en cierto sentido, el hombre puede influir en su vida y que puede jugar un papel en este proceso el pensamiento consciente y los deseos.

El hombre adquiere en el nacimiento, de forma hereditaria, una constitución biológica que debemos considerar fija e inalterable, incluyendo los impulsos naturales que son característicos de la especie humana. Además, durante su vida, adquiere una constitución cultural que adopta de la sociedad con la comunicación y a través de muchas otras clases de influencia. Es esta constitución cultural la que, con el paso del tiempo, puede cambiar y la que determina en un grado muy importante la relación entre el individuo y la sociedad como la antropología moderna nos ha enseñado, con la investigación comparativa de las llamadas culturas primitivas, que el comportamiento social de seres humanos puede diferenciar grandemente, dependiendo de patrones culturales que prevalecen y de los tipos de organización que predominan en la sociedad. Es en esto en lo que los que se están esforzando en mejorar la suerte del hombre pueden basar sus esperanzas: los seres humanos no están condenados, por su constitución biológica, a aniquilarse o a estar a la merced de un destino cruel, infligido por ellos mismos.

Si nos preguntamos cómo la estructura de la sociedad y de la actitud cultural del hombre deben ser cambiadas para hacer la vida humana tan satisfactoria como sea posible, debemos ser constantemente conscientes del hecho de que hay ciertas condiciones que no podemos modificar. Como mencioné antes, la naturaleza biológica del hombre es, para todos los efectos prácticos, inmodificable. Además, los progresos tecnológicos y demográficos de los últimos siglos han creado condiciones que están aquí para quedarse. En poblaciones relativamente densas asentadas con bienes que son imprescindibles para su existencia continuada, una división del trabajo extrema y un aparato altamente productivo son absolutamente necesarios. Los tiempos — que, mirando hacia atrás, parecen tan idílicos — en los que individuos o grupos relativamente pequeños podían ser totalmente autosuficientes se han ido para siempre. Es sólo una leve exageración decir que la humanidad ahora constituye incluso una comunidad planetaria de producción y consumo.

Ahora he alcanzado el punto donde puedo indicar brevemente lo que para mí constituye la esencia de la crisis de nuestro tiempo. Se refiere a la relación del individuo con la sociedad. El individuo es más consciente que nunca de su dependencia de sociedad. Pero él no ve la dependencia como un hecho positivo, como un lazo orgánico, como una fuerza protectora, sino como algo que amenaza sus derechos naturales, o incluso su existencia económica. Por otra parte, su posición en la sociedad es tal que sus pulsiones egoístas se están acentuando constantemente, mientras que sus pulsiones sociales, que son por naturaleza más débiles, se deterioran progresivamente. Todos los seres humanos, cualquiera que sea su posición en la sociedad, están sufriendo este proceso de deterioro. Los presos a sabiendas de su propio egoísmo, se sienten inseguros, solos, y privados del disfrute ingenuo, simple, y sencillo de la vida. El hombre sólo puede encontrar sentido a su vida, corta y arriesgada como es, dedicándose a la sociedad.

La anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal. Vemos ante nosotros a una comunidad enorme de productores que se están esforzando incesantemente privándose de los frutos de su trabajo colectivo — no por la fuerza, sino en general en conformidad fiel con reglas legalmente establecidas. A este respecto, es importante señalar que los medios de producción –es decir, la capacidad productiva entera que es necesaria para producir bienes de consumo tanto como capital adicional– puede legalmente ser, y en su mayor parte es, propiedad privada de particulares.

En aras de la simplicidad, en la discusión que sigue llamaré “trabajadores” a todos los que no compartan la propiedad de los medios de producción — aunque esto no corresponda al uso habitual del término. Los propietarios de los medios de producción están en posición de comprar la fuerza de trabajo del trabajador. Usando los medios de producción, el trabajador produce nuevos bienes que se convierten en propiedad del capitalista. El punto esencial en este proceso es la relación entre lo que produce el trabajador y lo que le es pagado, ambos medidos en valor real. En cuanto que el contrato de trabajo es “libre”, lo que el trabajador recibe está determinado no por el valor real de los bienes que produce, sino por sus necesidades mínimas y por la demanda de los capitalistas de fuerza de trabajo en relación con el número de trabajadores compitiendo por trabajar. Es importante entender que incluso en teoría el salario del trabajador no está determinado por el valor de su producto.

El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte debido a la competencia entre los capitalistas, y en parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan la formación de unidades de producción más grandes a expensas de las más pequeñas. El resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática. Esto es así porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes, para todos los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población. Por otra parte, bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados inevitablemente controlan, directamente o indirectamente, las fuentes principales de información (prensa, radio, educación). Es así extremadamente difícil, y de hecho en la mayoría de los casos absolutamente imposible, para el ciudadano individual obtener conclusiones objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos.

La situación que prevalece en una economía basada en la propiedad privada del capital está así caracterizada en lo principal: primero, los medios de la producción (capital) son poseídos de forma privada y los propietarios disponen de ellos como lo consideran oportuno; en segundo lugar, el contrato de trabajo es libre. Por supuesto, no existe una sociedad capitalista pura en este sentido. En particular, debe notarse que los trabajadores, a través de luchas políticas largas y amargas, han tenido éxito en asegurar una forma algo mejorada de “contrato de trabajo libre” para ciertas categorías de trabajadores. Pero tomada en su conjunto, la economía actual no se diferencia mucho de capitalismo “puro”. La producción está orientada hacia el beneficio, no hacia el uso. No está garantizado que todos los que tienen capacidad y quieran trabajar puedan encontrar empleo; existe casi siempre un “ejército de parados”. El trabajador está constantemente atemorizado con perder su trabajo. Desde que parados y trabajadores mal pagados no proporcionan un mercado rentable, la producción de los bienes de consumo está restringida, y la consecuencia es una gran privación. El progreso tecnológico produce con frecuencia más desempleo en vez de facilitar la carga del trabajo para todos. La motivación del beneficio, conjuntamente con la competencia entre capitalistas, es responsable de una inestabilidad en la acumulación y en la utilización del capital que conduce a depresiones cada vez más severas. La competencia ilimitada conduce a un desperdicio enorme de trabajo, y a ése amputar la conciencia social de los individuos que mencioné antes.

Considero esta mutilación de los individuos el peor mal del capitalismo. Nuestro sistema educativo entero sufre de este mal. Se inculca una actitud competitiva exagerada al estudiante, que es entrenado para adorar el éxito codicioso como preparación para su carrera futura.

Estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar estos graves males, el establecimiento de una economía socialista, acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales. En una economía así, los medios de producción son poseídos por la sociedad y utilizados de una forma planificada. Una economía planificada que ajuste la producción a las necesidades de la comunidad, distribuiría el trabajo a realizar entre todos los capacitados para trabajar y garantizaría un sustento a cada hombre, mujer, y niño. La educación del individuo, además de promover sus propias capacidades naturales, procuraría desarrollar en él un sentido de la responsabilidad para sus compañeros-hombres en lugar de la glorificación del poder y del éxito que se da en nuestra sociedad actual.

Sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es todavía socialismo. Una economía planificada puede estar acompañada de la completa esclavitud del individuo. La realización del socialismo requiere solucionar algunos problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, con una centralización de gran envergadura del poder político y económico, evitar que la burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante? ¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo y cómo asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia?