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Theodor Adorno: televisión y cultura de masas

El efecto de la televisión no puede enunciarse debidamente en términos de éxito o fracaso, gusto o rechazo, aprobación o desaprobación. Más bien se debería hacer una tentativa, con ayuda de categorías de la psicología profunda y de un conocimiento previo de los medios para las masas, por concretar cierto número de conceptos teóricos mediante los cuales podría estudiarse el efecto potencial de la televisión, su influencia en diversas capas de la personalidad del espectador. Parece oportuno indagar sistemáticamente los estímulos socio-psicológicos que son típicos del material televisado tanto en un nivel descriptivo como en un nivel psicodinámico, analizar sus supuestos previos así como su pauta total y evaluar el efecto que es posible que produzcan. Cabe esperar que, en última instancia, este procedimiento traiga a luz una serie de recomendaciones sobre el modo de tratar estos estímulos a fin de producir el efecto más conveniente de la televisión. Al revelar las implicaciones socio-psicológicas y los mecanismos de la televisión, que a menudo actúan con el disfraz de un falso realismo, no sólo podrán mejorarse los programas sino que también -y esto es tal vez más importante- podrá sensibilizarse al público en cuanto el efecto inicuo de algunos de estos mecanismos. Seguir leyendo Theodor Adorno: televisión y cultura de masas

Cervantes, la España de su época y El Quijote

por Alan Woods//

“Dondequiera que ha conquistado el poder, la burguesía ha destruido las relaciones feudales, patriarcales, idílicas; ha desgarrado sin piedad las abigarradas ligaduras feudales que ataban al hombre a sus ‘seres superiores’, para no dejar subsistir otro vínculo entre los hombres que el frío interés, el cruel ‘pago al contado’”. (Marx y Engels. El Manifiesto Comunista. Madrid. Fundación Federico Engels. 1996. p. 41).

“España conoció períodos muy florecientes, períodos de superioridad sobre el resto de Europa y de dominio sobre América del Sur. El poderoso desarrollo del comercio interior y mundial iba venciendo el aislamiento feudal de las provincias y el particularismo de las regiones. La fuerza e importancia crecientes de la monarquía española estaban entonces ligadas estrechamente al papel centralizador del capital comercial y a la gradual formación de una ‘nación española’”. (Trotsky. La revolución española y las tareas de los comunistas. 24 de enero de 1931).

Este año se celebra el 400 aniversario de la primera publicación de Don Quijote, la mayor obra maestra de la literatura española. La clase obrera, la clase que tiene el mayor interés en la defensa de la cultura, debería celebrar entusiastamente este aniversario. Fue la primera gran novela moderna, escrita en un lenguaje que los hombres y mujeres corrientes podían entender. Era uno de los libros favoritos de Marx y que frecuentemente leía en voz alta a sus hijos. Seguir leyendo Cervantes, la España de su época y El Quijote

Breviario de Valparaíso

Por Historiador

 Este breviario de Valparaíso no tiene la pretensión de ser docto, de ahí que las crónicas son simples y lo único que procuran ser fáciles en su lectura. “Para quienes deseen investigar con más detenimiento mis fuentes y los temas tratados, he agregado una copiosa bibliografía al final”[1].

 

Antes de la llegada de Diego de Almagro, ya residía un español en nuestra región, y era Gonzalo Calvo de Barrientos[2], quien había entrado en conflicto por hurto con uno de los hermanos Pizarro, por lo que se vio afrentado con Francisco Pizarro, haciéndole cortar las orejas para escarnio público, motivo por el cual se le llamó el desorejado. En la prisión se hizo amigo y confidente de Atahualpa, cuyas órdenes eran obedecidas en todo su imperio, en los tambos y templos, Atahualpa dio a Calvo su insignia imperial, el alkamari, la borla y una malla de metal que le dio fama de inmortal y que no se sacaría ni para dormir, y le pidió que le enviase a la parte más remota de su reino. El Inca lo enviaba a la parte más retirada y escondida de sus dominios de lo que actualmente es Chile.

Así se internó por el desierto atacameño hacia el sur, esto ocurría en 1533. Calvo llegaba hasta Los Vilos y prosiguió su viaje, siguiendo la línea costera hasta Concón, donde gobernaban los caciques Tangalonco y Michimalonco[3], quienes lo acogieron y le cambiaron su nombre a Gasco. Gonzalo Calvo se radicó en la zona de Quillota, en el valle de Aconcagua y adoptó la forma de vida indígena de la zona.

Pasarían tres años y en los primeros días de septiembre de 1536, bajaba por las tierras de Aliamapu[4] un grupo de aproximadamente 30 jinetes al mando del capitán Juan de Saavedra[5], era una avanzada enviada por Diego de Almagro, al encuentro de tres barcos que venían desde el Perú, como complemento a la expedición que por tierra había salido tras las riquezas, de ese país que iba a llamarse Chile.

Desde los altos de los cerros Saavedra y sus hombres avistaron en el medio de la bahía, como se balanceaba tranquilamente solo uno el “Santiaguillo”, llamado así por su pequeñez. De los otros, el “San Cristóbal” regresó al Perú y el “Santiago” zozobro en el norte. Junto con bajar al encuentro del barco, que traía víveres, equipo y herraje para los caballos de la expedición de Almagro. Saavedra descubría la caleta llamada Quintil[6] por los pescadores changos que la habitaban, y a la cual le pondría Valparaíso, en recuerdo a su pueblo natal de Castilla.

  1. Mercancías Internadas

Las primeras mercancías que se internaban a Chile, arribaban a Valparaíso siete años después de su descubrimiento y las portaba el “Santiaguillo”, barquichuelo viejo y desmedrado de unas cuarenta toneladas, que pertenecía a un marino siciliano, conocido por el nombre de Juan Alberto, y que transportó socorro para la ciudad de Santiago, destruida por el cacique Michimalonco.

Había sido fletado en Perú por el acaudalado comerciante Francisco Martínez, quien hizo, un gran negocio, vendiéndole a Pedro de Valdivia, las partidas de ropas, armas y víveres. Venía a cargo del capitán Diego García de Villalón, echaba anclas en la bahía en septiembre de 1543, en el surgidero que actualmente ocupa el edificio de la Aduana de Valparaíso. Además traía el primer cargamento de vino, un cronista consignaba: “Tal había sido la penuria que hacía cuatro meses que no se decía misa por falta de vino”. Ante esta situación Pedro de Valdivia envía una carta al rey Carlos V, fechada el 4 de septiembre de 1545, en que solicita “vides y vinos para evangelizar Chile”.

[1] Jacomet Pierre, Lucidez del Abismo, Editorial Universidad de Valparaíso, julio 2015.

[2] Gonzalo Calvo de Barrientos, “El Desorejado”. Nacido en Sevilla, España, soldado español, el primer  español  en pisar el territorio de Chile huyendo de un conflicto por robo, motivo por el cual le cortaron las orejas , y que antecedió con su presencia en el país a la expedición del adelantado Diego de Almagro quien, sin embargo, es reconocido oficialmente como el Descubridor del Reyno de Chile. Mencionado en las Crónicas de Jerónimo de Vivar, a Gonzalo Calvo de Barrientos se le conoce como el patriarca del mestizaje. Fallecido en Las Salinas, Perú, en abril de 1538.

[3] Michimalonco. En mapudungún “cabeza de antorcha”, de muchuy, “tizón”; ma, “ardiente”, y longko, “cabeza”, o “jefe de los mitimaes” de michima longko, nacido alrededor de 1500 y muerto en 1550, fue un cacique picunche.

[4] Voz araucana compuesta de ali = muy seco, caliente, quemado y mapu = tierra, país.

[5] Juan de Saavedra. Nacido en Valparaíso de Arribo (Campos del Paraíso), España, participó en la conquista del Perú y es el descubridor de Valparaíso. Regresó a España y está sepultado en la iglesia de San Miguel Arcángel de Valparaíso de Arriba. Fallecido en Cuenca, España.

[6] Quintil = designa a la planta bálsamo carpon brevifolium Clos, conocida vulgarmente con los nombres quintril, algarrobito, algarobillo.