Archivo de la etiqueta: Cuarta Internacional

Del trotskismo peruano: contribución a un balance del Morenismo

por Sergio Bravo // 
El morenismo es una de las principales corrientes centristas tradicionales que se reivindican trotskistas. Aparecida durante los años ‘50, se sumó a la creación oportunista del llamado Secretariado Unificado de la IV Internacional en 1963. Este es un texto acerca del morenismo en los años ’80 Seguir leyendo Del trotskismo peruano: contribución a un balance del Morenismo

2018: el mundo al revés

por Alan Woods //

Donald Trump dio la bienvenida al Año Nuevo a su manera inimitable: rodeado por su clan social y político en los alrededores opulentos de su exclusivo club Mar-a-Lago en Florida, acompañado por un grupo representativo de todos los segmentos de la sociedad estadounidense, desde estrellas de cine a multimillonarios. Seguir leyendo 2018: el mundo al revés

Tony Cliff: la clase trabajadora y los oprimidos

¿Por qué Carlos Marx daba tanta importancia al papel de la clase trabajadora? No fue por la cantidad de personas que la componían. De hecho, cuando Marx escribió el Manifiesto Comunista, los únicos dos países donde se había completado la Revolución Industrial eran Inglaterra y Bélgica. Seguir leyendo Tony Cliff: la clase trabajadora y los oprimidos

Guillermo Lora: ¿qué es el populismo? (1993)

ORIGENES DEL POPULISMO

Con no poca frecuencia se olvida que el populismo apareció en el escenario mundial como un fenómeno típicamente ruso y que el marxismo en esas latitudes se formó en franca lucha contra él.

Para evitar el confusionismo tenemos obligadamente que referirnos al populismo ruso y establecer sus características; únicamente así podremos tener idea exacta de lo que significa ese término, en oposición del supuesto “populismo” boliviano.En Rusia hizo su aparición en los años sesenta y setenta del siglo XIX y fue tipificado por los marxistas como una “ideología pequeño-burguesa, idealista”. Más concretamente, para Lenin “representaba los intereses de los productores desde el punto de vista del pequeño productor, del pequeño-burgués”. Seguir leyendo Guillermo Lora: ¿qué es el populismo? (1993)

Ernest Mandel: por qué Keynes no es la respuesta y el ocaso del monetarismo (1992)*

Al volverse aparentes las desastrosas consecuencias de las políticas de libre mercado, se levantan voces en círculos capitalistas y socialdemócratas pidiendo la intervención del estado para revivir la economía. Pero, ¿es realmente una alternativa? ¿Tendría una nueva ronda de intervención estatal en la economía y crecimiento financiado por deuda efectos beneficiosos para los trabajadores? Aquí ERNEST MANDEL argumenta que las políticas reflacionarias del keynesianismo tradicional deben ser distinguidas de las políticas de déficit presupuestario de Thatcher y Reagan; y que la reflación capitalista trae solo ventajas a corto plazo para la clase trabajadora, e inevitablemente desemboca en una nueva recesión Seguir leyendo Ernest Mandel: por qué Keynes no es la respuesta y el ocaso del monetarismo (1992)*

El movimiento trotskista internacional y las revoluciones de posguerra: un análisis de sus (re) lecturas teóricas y programáticas (1944-63)

por Marcio Lauria Monteiro

La Cuarta Internacional fue fundada en 1938 por León Trotsky, luego del abandono de la condición de la fracción externa que la Oposición de Izquierda Internacional mantuvo ante la Comintern hasta 1933 y su opción de tornarse un nuevo partido internacional. Mas, desde su fundación, ella se encontraba bastante frágil, una vez que prácticamente toda la dirección de la antigua Oposición fuera asesinada por los stalinistas a lo largo de la década de 1930, teniendo León Trotski el mismo destino en 1940. Así, sumando un frágil liderazgo a las duras condiciones impuestas por la Segunda Guerra Mundial, la nueva internacional, en la práctica, dejó de existir durante el comienzo de los años 1940, viniendo a ser reorganizada entre los años 1944-48, a partir de la suma de los esfuerzos de una nueva generación de jóvenes militantes europeos con los del liderazgo del Socialist Workers Party (SWP) de los EEUU y otros veteranos. Seguir leyendo El movimiento trotskista internacional y las revoluciones de posguerra: un análisis de sus (re) lecturas teóricas y programáticas (1944-63)

León Trotsky:Manifiesto de la Cuarta Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundia

Publicamos este manifiesto en conmemoración al luctuoso asesinato del último de los clásicos del marxismo, León Trotsky. Un 20 de agosto de 1940, México, Coyoacán, el líder bolchevique, el militante, el teórico y el genio militar, caía asesinado por el stalinismo contrarrevolucionario. Trotsky -como todo revolucionario- muere en su ley y precisamente por eso, le recordamos con un texto profético, de mayo de 1940, en plena Segunda Guerra Mundial, en cuyas líneas se anticipa la post guerra que en muchos sentidos seguimos viviendo hoy. Honor y gloria, hasta el socialismo, siempre!!!

EP

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León Trotsky: la industria nacionalizada y la administración obrera

 

En los países industrialmente atrasados el capital extranjero juega un rol decisivo. De ahí la relativa debilidad de la burguesía nacional en relación al proletariado nacional. Esto crea condiciones especiales de poder estatal. El gobierno oscila entre el capital extranjero y el nacional, entre la relativamente débil burguesía nacional y el relativamente poderoso proletariado. Esto le da al gobierno un carácter bonapartista sui generis, de índole particular. Se eleva, por así decirlo, por encima de las clases. En realidad, puede gobernar o bien convirtiéndose en instrumento del capital extranjero y sometiendo al proletariado con las cadenas de una dictadura policial, o maniobrando con el proletariado, llegando incluso a hacerle concesiones, ganando de este modo la posibilidad de disponer de cierta libertad en relación a los capitalistas extranjeros. La actual política (del gobierno mexicano, N. del T.) se ubica en la segunda alternativa; sus mayores conquistas son la expropiación de los ferrocarriles y de las compañías petroleras. Seguir leyendo León Trotsky: la industria nacionalizada y la administración obrera

Las elecciones británicas de crisis y las tareas de la clase obrera

por Chris Marsden//

Reino Unido fue a las urnas tras una campaña electoral sin igual. En el espacio de unas pocas semanas, una prevista victoria arrolladora por el Partido Conservador ha dado paso a especulaciones sobre una mayoría reducida, un Parlamento sin mayoría absoluta o incluso una victoria laborista.

Dos atentados terroristas brutales han dejado decenas de muertos y muchos más mutilados. Las calles son patrulladas por grandes contingentes de policías armados. El ejército fue desplegado a lugares estratégicos conforme a medidas secretas de emergencia.
La primera ministra Theresa May convocó anticipadamente los comicios porque la oligarquía financiera y el aparato militar y de inteligencia a quienes sirve decidieron que no podían esperar dos años más hasta las próximas elecciones programadas, en medio de grandes convulsiones políticas y sociales. Al parecer, apenas pudieron esperar dos meses.
May tenía la esperanza de poder utilizar la guerra interna en el Partido Laborista y la agresiva campaña mediática contra Jeremy Corbyn para garantizarse una dictadura parlamentaria de facto y poder intensificar su agenda de austeridad e intervenciones militares en Siria y otros lugares. En cambio, la campaña electoral ha visto una avalancha de muestras de odio hacia los tories y todo lo que representan por parte de los trabajadores y jóvenes, quienes han manifestado su apoyo a Corbyn y a sus promesas de poner fin a la austeridad.
El repulsivo intento de May de buscar capitalizar los atentados terroristas terminó perjudicándola. La abrumadora evidencia de que el servicio de inteligencia militar MI5 y la policía sabían sobre sobre el atacante de Manchester, Salman Abedi, y al menos dos de los tres asesinos de Londres comprueba que numerosos islamistas son activos protegidos para ser utilizados como fuerzas indirectas en las guerras libradas por Reino Unido y EE.UU. en Libia, Irak y Siria.
May apostó su propio futuro al prometer una salida “dura” de la UE pero, al hacerlo, alienó a amplios sectores corporativos y de la City de Londres. Las estimaciones de que, tras el brexit, caiga el comercio con la Unión Europea un 40 por ciento y la inversión extranjera un 20 por ciento, han provocado advertencias de un desastre financiero.
Su plan de depender en el gobierno de Trump para extraer concesiones de Alemania, Francia y otros en la UE ha tenido el efecto contrario. La respuesta de la canciller alemana, Angela Merkel, a las amenazas de Trump de poner a “EE.UU. ante todo” ha sido declarar que tanto EE.UU. como el Reino Unido pos- brexit no son de fiar como aliados. Ante el aumento en tensiones globales entre EE.UU. y Europa, la estrategia de toda la política exterior británica de atenerse al poder militar y económico de EE.UU. para avanzar su propia influencia ha colapsado.
Sin embargo, la brutal verdad es que un gobierno laborista encabezado por Corbyn tampoco representa una alternativa a las políticas de austeridad y de guerra de May.
Hay millones de trabajadores que quieren que los tories se vayan y están dispuestos a tolerar los constantes repliegues de Corbyn ante los partidarios del ex primer ministro Blair en su partido, con la esperanza de que al menos honre sus compromisos de defender el Servicio Nacional de Salud, aumentar el salario mínimo y construir nuevas viviendas. Pero los esfuerzos de su manifiesto para juntar reformas sociales mínimas con la agenda militarista del imperialismo británico es una combinación incompatible.
Reino Unido se está desestabilizando en el ámbito económico, político y social, mientras el capitalismo mundial entra en su peor crisis desde el final de la Segunda Guerra Mundial —una crisis que está reproduciendo todos los horrores del fascismo y la guerra asociados con la primera mitad del siglo XX. Cualquier intento para conservar la “competitividad global” del país bajo condiciones de guerra comercial y conflictos militares requiere profundizar la destrucción de puestos de trabajo, salarios y servicios esenciales.
Este proceso está cavando más el profundo abismo entre la clase obrera y los multimillonarios, llegando al punto de explosiones sociales. El choque de intereses entre la oligarquía y la clase obrera es tan agudo que no puede ser reconciliado a través de los llamados de Corbyn a “ser justos… para los muchos no los pocos”. Las políticas nacionalistas de los laboristas, de crear una forma de “patriotismo industrial” mediante la colaboración del gobierno “con las empresas y los sindicatos”, tienen como objetivo subordinar a los trabajadores al plan de guerra comercial de May, todo a costa de los empleos y niveles de vida de la clase obrera.
Han pasado casi dos años desde que Corbyn quedó electo como titular del Partido Laborista gracias a cientos de miles que ingresaron al partido con el fin de empujarlo hacia la izquierda. En cambio, Corbyn se ha trasladado cada vez más a la derecha.
Su oposición a expulsar a los parlamentarios laboristas de derecha que buscaron destituirlo, el permiso que dio a votar a favor de acciones militares en Siria y la renovación del sistema Trident de armas nucleares y luego la incorporación de estas concesiones en su manifiesto muestran cuál sería la función real de un gobierno laborista bajo su liderazgo.
La reacción de Corbyn a los atentados terroristas en Manchester y Londres se debe tomar como una clara advertencia.
Los conservadores buscaron utilizar los ataques para ganar las elecciones, intensificando su ofensiva para retratar a Corbyn como alguien indulgente hacia el terrorismo y una amenaza en sí para la seguridad nacional, basándose en sus declaraciones previas donde critica a la OTAN y se niega a asegurar categóricamente que autorizaría el uso de armas nucleares. Están preparándose para un giro brusco hacia la represión estatal después del 8 de junio.
La estrategia de cuatro puntos de May para “luchar contra el terrorismo” —incluyendo censura y vigilancia en Internet para eliminar “espacios seguros” para el “extremismo” en público— será utilizada para sofocar el descontento político, junto a la aplicación de medidas existentes para limitar aun más el derecho a la huelga. El núcleo autoritario de su programa fue caracterizado por la declaración: “Y si las leyes de los derechos humanos nos impiden hacerlo, vamos a cambiar las leyes para poderlo hacer”.
May también utilizó su discurso sobre los atentados de Londres para reafirmar su promesa de que intensificará la intervención militar en Irak y Siria.
Corbyn no dijo nada al respecto. En lugar de explicar que los atentados son consecuencias de las intervenciones criminales del imperialismo británico en Oriente Medio, optó por denunciar a May por recortar el número de policías, indicando que él está dispuesto a hacer “lo que sea necesario” en la lucha contra el terrorismo.
De esta manera, se posicionó como el candidato de la ley y el orden, no del cambio social. Su promesa a la élite gobernante de que no tienen nada que temer de un gobierno dirigido por él se refleja por el hecho de que su retórica de “izquierda” apenas sobrevivió una campaña electoral, ni hablar de cuando asuma su cargo.
Todos los grupos de pseudoizquierda británicos han intentado superar la profunda desconfianza de los trabajadores hacia el Partido Laborista explotando las ilusiones populares en Corbyn como individuo. El Partido Socialista de los Trabajadores (SWP; Socialist Workers Party) escribió, “No apoyamos a los que han intentado varias veces empujar al Partido Laborista hacia la derecha. Pero la única manera de mostrarle apoyo a Corbyn es votar por todos los candidatos laboristas”. El Partido Socialista, por su parte, evita toda mención de los laboristas y llama simplemente a formar “un gobierno liderado por Corbyn”.
Los acontecimientos han confirmado lo que el Partido Socialista por la Igualdad ha insistido: el Partido Laborista no puede ser cambiado mediante la instalación de un nuevo líder. Hoy día, el partido es el mismo que cuando lo encabezaban Tony Blair y Gordon Brown.
Sea cual fuere el resultado de las elecciones, la clase obrera británica, al igual que sus hermanos y hermanas en todo el mundo, se enfrenta a una lucha de vida o muerte en contra del descenso a la reacción social y política y el cada vez mayor peligro de guerra. La única manera de avanzar es mediante la adopción de una perspectiva nueva, socialista revolucionaria e internacionalista. La tarea de los trabajadores y jóvenes con una conciencia política más avanzada es unirse al Partido Socialista por la Igualdad y construirlo como la nueva dirección de la clase obrera.

(El autor milita en el PSI, sección británica del Comité Internacional de la Cuarta Internacional)