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El análisis de Marx de las leyes del capital y la crisis bursátil

por Nick Beams

A lo largo de los años, uno de los ataques más persistentes contra Karl Marx por los sumos sacerdotes de la economía burguesa –los guardianes ideológicos del sistema de lucro— ha sido contra su argumento de que, en última instancia, el capitalismo depende del empobrecimiento de la clase trabajadora. Seguir leyendo El análisis de Marx de las leyes del capital y la crisis bursátil

Industria petrolera: los balances de las multinacionales se derrumban

por Manuel Peinado Lorca //

Las multinacionales petroleras más grandes del mundo están en serios problemas porque sus balances económicos acusan los mayores costes de producción, la caída de los beneficios y el aumento vertiginoso de la deuda financiera acumulada tras años de pérdidas. Castigados por la cada vez más baja Tasa de Retorno Energético (EROI), los días de gloria de los gigantes petrolíferos altamente rentables han llegado a su fin. Todo lo que queda ahora es una sombra de la que una vez fuera una poderosa industria que, como comenté en un artículo anterior, se verá obligada a continuar canibalizándose para extraer la última gota de petróleo. Seguir leyendo Industria petrolera: los balances de las multinacionales se derrumban

Las dimensiones financieras del impasse del capitalismo

por François Chesnais //

En febrero publiqué en la web de A L’Encontre un artículo 1/en el que avanzaba la hipótesis de un modo de producción que se encuentra en una situación histórica en la que ya no consigue superar sus límites «inmanentes», tal como fueron explícitamente definidos por Marx 2/, ni los correspondientes a las relaciones del capitalismo con el entorno, de los que se ha tenido conciencia sólo mucho más tarde. En el artículo de febrero no se abordaban las dimensiones financieras del impasse del capitalismo. El objeto de este artículo es llenar esta laguna y continuar un trabajo que es también de clarificación personal. Sólo se abordan las dimensiones económicas de la financiarización y no las de carácter social que son al menos igual de importantes. Seguir leyendo Las dimensiones financieras del impasse del capitalismo

Treinta años desde el “Lunes Negro” de Wall Street

por Nick Beams

Hace treinta años, el 19 de octubre de 1987, la Bolsa de Valores de Nueva York experimentó lo que sigue siendo su mayor caída de un día en la historia. En “Black Monday” (“Lunes Negro”), el índice de la Bolsa de Valores de Nueva York Dow Jones cayó 22,6 por ciento con el índice S&P 500 28,5 por ciento del 14 al 19 de octubre.

La pérdida total de riqueza financiera durante la crisis se ha estimado en alrededor de US$ 1 billón. Pero a diferencia de 2008, la crisis financiera no precipitó una crisis económica más profunda y terminó relativamente rápido debido a una importante intervención de la Reserva Federal de los EE. UU., que operaba directamente y por la presión que forzaba sobre los principales bancos para extender la liquidez a las firmas financieras.

Pero eso no quiere decir que sus efectos fueran transitorios o simplemente representaran algún tipo de mal funcionamiento breve en un sistema financiero por lo demás seguro. De hecho, lo que se puede ver, tanto en el crac como en la respuesta, son los orígenes inmediatos de los procesos que han llevado a la serie de tormentas financieras en las últimas tres décadas, la más grave, hasta ahora, siendo la crisis de septiembre de 2008.

El período previo al Lunes Negro fue uno de gran transición en la economía y el sistema financiero de los Estados Unidos, así como a nivel mundial. Áreas enteras de la industria estadounidense fueron devastadas por el régimen de altas tasas de interés, iniciado por Paul Volcker como presidente de la Reserva Federal en 1979 bajo la presidencia Carter, una política que continuó y profundizó durante los primeros años de la administración Reagan en la década de 1980.

Fue un proceso que se repitió en todo el mundo a medida que las secciones clave de la industria, construidas durante el boom económico de la posguerra, se echaron a perder en lo que, hasta ese momento, era la recesión más grave desde la década de 1930.

A medida que la industria se estaba destruyendo, las regulaciones que se habían introducido para restringir las operaciones financieras comenzaron a desmantelarse a fin de abrir el camino para la acumulación de ganancias a través de operaciones especulativas.

Este fue el comienzo de la era de las adquisiciones apalancadas, utilizando los llamados bonos basura de dudosa calidad, en los que empresas enteras podían ser engullidas en adquisiciones hostiles y luego desmanteladas y vendidas con grandes ganancias. Se desarrollaron nuevos instrumentos financieros para facilitar la especulación financiera que jugarían un papel importante en la crisis de 1987.

En el período previo al Lunes Negro, el índice Dow Jones había avanzado a un ritmo vertiginoso, aumentando un 44 por ciento en los siete meses hasta fines de agosto, lo que generó expresiones de preocupación de que se estaba creando una burbuja financiera. Pero a pesar de estas advertencias, la especulación continuó.

En 1985, las principales naciones industriales del G6 —Francia, los EE. UU., Gran Bretaña, Canadá, Alemania Occidental y Gran Bretaña— llegaron a un acuerdo (el acuerdo “Plaza”) para permitir que el dólar estadounidense se deprecie. Pero dos años después, esto estaba causando preocupaciones sobre la inflación, lo que condujo a un nuevo acuerdo, el acuerdo del “Louvre”, en febrero de 1987, cuyo objetivo era tratar de detener la caída del dólar y estabilizar las alineaciones monetarias.

Sin embargo, en octubre de 1987, Alemania, que acordó mantener las tasas de interés bajas, se movilizó para aumentarlas debido a los temores inflacionarios, lo que provocó que la Fed elevara su tasa de descuento al 7 por ciento y la tasa de los bonos del Tesoro estadounidense a 10,25 por ciento. El cambio en las tasas de interés fue el desencadenante inmediato del colapso de los mercados que iba a seguir.

Con el anuncio de un déficit comercial mayor al esperado, una caída en el valor del dólar y el temor de que las tasas de interés suban, los mercados comenzaron a caer desde el 14 de octubre. Al final de la operación del viernes 16 de octubre, el Dow bajó un 4,6 por ciento en el día y el S&P 500 había caído un 9 por ciento en la semana anterior, preparando el escenario para lo que iba a suceder.

Cuando los tipos de cambio internacionales se abrieron el lunes, antes de que abriera la bolsa Nueva York, fue un baño de sangre en Asia y el Pacífico donde los mercados cayeron en picada: el mercado de Nueva Zelanda cayó en un 60 por ciento.

El mercado bursátil estadounidense se desplomó desde la campana de apertura en lo que fue la primera liquidación financiera global. La caída se vio agravada por una serie de innovaciones financieras que se habían introducido en los años anteriores para facilitar la especulación.

Las empresas de inversión estadounidenses habían desarrollado nuevos productos financieros conocidos como “seguro de portafolio”. Supuestamente fueron diseñados para proteger a los inversores de los efectos de una recesión mediante el uso de opciones de futuros y otros derivados. El problema, sin embargo, era que todos operaban fundamentalmente del mismo modelo, de modo que cuando comenzó el choque hubo un apuro simultáneo por las salidas.

Otro factor fue la introducción del comercio electrónico en el que se vendieron grandes cantidades de acciones, nuevamente sobre la base de modelos matemáticos y financieros similares. Tal era el volumen de los intercambios que muchos de los sistemas de informes simplemente se vieron desbordados. En la Bolsa de Valores de Nueva York, las ejecuciones comerciales fueron reportadas hasta con un retraso de una hora tarde, causando una gran confusión.

Al final del Lunes Negro, había grandes temores sobre lo que sucedería al día siguiente. Antes de que se abrieran los mercados, el recién nombrado presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, que había reemplazado a Paul Volcker el agosto anterior, emitió una declaración que se convertiría en la base de la política de la Fed desde entonces hasta el presente.

“La Reserva Federal, en consonancia con sus responsabilidades como banco central de la nación, afirmó hoy su disposición a servir como una fuente de liquidez para apoyar al sistema económico y financiero”, se lee en el comunicado.

Fue el comienzo de lo que posteriormente se conoció como el “Put de Greenspan”, entendiendo que el banco central siempre estaría disponible para intervenir y apoyar a los mercados financieros.

En 1990, Ben Bernanke, el subsiguiente presidente de la Reserva Federal, señaló que hacer esos préstamos debe haber sido una estrategia para perder dinero desde el punto de vista de los bancos; de lo contrario, la persuasión de la Fed no habría sido necesaria, pero fue una buena estrategia para la “preservación del sistema como un todo”.

El alcance de la intervención puede medirse por el hecho de que el préstamo de Citigroup a las empresas de valores aumentó de un nivel normal de US$ 200 a US$ 400 millones por día hasta llegar a US$ 1400 millones el 20 de octubre, luego de que el presidente del banco recibió una llamada del presidente de la Fed de Nueva York.

La política de intervención de la Reserva Federal continuaría durante la década de 1990 y hasta el nuevo siglo. Sin embargo, las contradicciones fundamentales del sistema financiero capitalista no se superaron sino que se intensificaron. En consecuencia, cuando estalló la crisis de 2008, la política de la Fed de apoyarse en los principales bancos fue completamente inadecuada porque fueron los propios bancos los que se habían arruinado o estaban al borde del colapso.

El Fed y otros bancos centrales de todo el mundo intervinieron con rescates masivos y han sostenido a los mercados financieros desde entonces a través de sus políticas de compras de activos financieros (flexibilización cuantitativa) y tasas de interés ultrabajas e incluso negativas.

El resultado no ha sido restaurar el crecimiento económico ni crear estabilidad financiera. Las evaluaciones de la relación precio-ganancias —el ratio PE— de los mercados de EE. UU. han descubierto que se encuentran en niveles elevados, superados solo en 1929 y en la burbuja de las puntocom de principios de la década de 2000. Esto ocurre en condiciones en las que el crecimiento económico, la productividad y las medidas comerciales internacionales de la economía real permanecen por debajo de sus tendencias anteriores a 2008.

En 1987, las empresas de valores financieros fueron rescatadas por los bancos. Poco más de dos décadas después, los bancos mismos tuvieron que ser rescatados. Pero en otra crisis financiera, los propios bancos centrales estarían directamente involucrados debido a sus tenencias masivas de decenas de billones de dólares en bonos del gobierno y otros activos financieros.

Al evaluar la situación actual, vale la pena recordar un análisis hecho por el medio australiano, la cadena mediática ABC, del vigésimo aniversario del Lunes Negro, sin duda típica de muchos.

En medio de un período de crecimiento económico —el FMI había notado en 2006 que la economía mundial se estaba expandiendo a su ritmo más acelerado durante tres décadas—, citó a los analistas financieros que sostenían que era improbable que se repitiera un colapso similar a 1987. No hubo la misma estructura de tasas de interés y “tenemos un sistema bancario mucho más coordinado internacionalmente que en 1987”, según uno de ellos.

“Dado que se espera que el rápido crecimiento económico continúe en Asia”, concluyó el artículo, “el consenso del mercado parece ser que la tendencia alcista todavía tiene mucho camino por recorrer”.

Solo 11 meses después, en septiembre de 2008, el mundo se sumió en la crisis económica y financiera más profunda desde la Gran Depresión de la década de 1930.

Marx, ¿un economista del siglo XIX?

por Michel Husson//

Acaba de publicarse la traducción francesa de la biografía de Jonathan Sperber,1/ titulada Karl Marx, homme du XIXe siècle. Es la ocasión, 150 años después de la publicación del Libro I de El Capital, de preguntarnos si hay que considerar a Marx un economista del siglo XIX.2/

La biografía de Sperber está consagrada esencialmente a la vida privada de Marx y a su relación con las corrientes de pensamiento de su época. La tesis central –Marx es una “figura del pasado” (a backward-looking figure)– tiene al menos la ventaja de librar a Marx de toda responsabilidad sobre la práctica ulterior del “marxismo-leninismo” con salsa estalinista. Pero en sentido inverso, remite a Marx a la historia de las ideas, carente en el fondo de todo interés de cara a la interpretación del mundo contemporáneo, por no hablar ya de los proyectos encaminados a transformarlo. Esta tesis, evidentemente, es discutible y al respecto nos remitimos a las reseñas críticas sobre el conjunto de la obra, para examinar aquí el capítulo que habla de Marx como economista.3/ Este aspecto de la obra de Marx solo ocupa, por cierto, un espacio singularmente reducido: una cuarentena de páginas de un total de 500.

Sobre el método

Sperber propone una lectura “heguelianizada” de Marx. Por ejemplo, escribe que “Marx solamente fue capaz de mostrar cómo la apariencia del sistema depende de las lógicas asociadas a sus funcionamientos internos recurriendo al trabajo hegueliano de desarrollo conceptual”. Lenin afirmó que “no se puede comprender plenamente El Capital de Marx, y en particular su capítulo I, sin haber estudiado mucho y sin haber comprendido toda la Lógica de Hegel”.4/

No obstante, sin entrar en un debate que va más allá de las competencias de un economista, no hay que olvidar que Marx no fue únicamente discípulo de Hegel y que criticó el idealismo de este. Sperber cita su célebre fórmula, según la cual, en Hegel, la dialéctica “se halla cabeza bajo; basta colocarla sobre los pies para descubrir en ella la fisionomía plenamente razonable”.5/ Sin embargo, si se recuerda que la redacción del Libro I es posterior al grueso de los manuscritos que darán lugar a la publicación por Engels de los Libros II y III, se constata que Marx partió de los aspectos más concretos del funcionamiento del capitalismo antes de derivar de ello los conceptos más abstractos. El orden de la exposición que siguió es entonces inverso al orden de la investigación, como él mismo explica con toda claridad:

El procedimiento de exposición debe distinguirse formalmente del procedimiento de investigación. Con la investigación de trata de apropiarse de la materia en todos sus detalles, de analizar sus diveras formas de desarrollo y de descubrir su vínculo íntimo. Una vez realizada esta tarea, y solamente entonces, se puede exponer el movimiento real en su conjunto. Si se consigue, de manera que la vida de la materia se refleje en su reproducción ideal, este milagro puede hacer creer que se trata de una construcción a priori.6/

Esto es asimismo lo que expresa la primera frae de El Capital:

La riqueza de las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista se presenta como un “enorme cúmulo de mercancías”, y la mercancía individual como la forma elemental de esa riqueza. Nuestra investigación, por consiguiente, se inicia con el análisis de la mercancía.

El caso es que Sperber no es fiel a su lectura “hegueliana” en un punto importante. Hace de la dicotomía entre valor de cambio y valor de uso una de las cinco “distinciones conceptuales” que según él estructuran la teoría económica de Marx. Sin embargo, esta “distinción conceptual” no debe entenderse, evidentemente, como una pura oposición binaria. Ahora bien, en esta cuestión fundamental, Sperber comete un error –ya clásico, por cierto– consistente en sostener que Marx no concede ningún papel a la “utilidad” (el valor de uso) en la formación de los precios de las mercancías. Esta es incluso, según Sperber, una de las razones por las que los marginalistas pudieron imponerse sobre la tradición clásica (de la que formaría parte Marx): su enfoque “combinaba el valor de uso y el valor de cambio, que Marx había separado con tanto esmero”. Así, la “distinción conceptual” se convierte en una “sepración” poco dialéctica y que no se corresponde en nada con el planteamiento de Marx.

Una pequeña frase habría bastado para suscitar de entrada la duda sobre la comprensión de Marx por parte de su biógrafo: “el Libro I de El Capital estaba consagrado a la distribución”, escribe. Esta es una sandez reveladora: el Libro I está consagrado principalmente a la teoría del valor y no trata del reparto, sino del análisis del “laboratorio de la producción”, por retomar la expresión del propio Marx.

Sobre la caída tendencial de la tasa de beneficio

Sperber no arroja ninguna luz realmente nueva sobre esta cuestión ampliamente debatida. Recuerda que la ley de la caída tendencial de la tasa de beneficio era para Marx “la ley más importante de la economía”, pero que esta proclamación, efectuada en los Grundrisse, vino sin duda un poco pronto. En efecto, Marx volvió “constantemente sobre este problema y escribió ecuaciones por última vez en 1882, un año antes de su muerte, proponiendo numerosas explicaciones y soluciones, de las que ninguna le parecía del todo satisfactoria”. A este respecto se hace referencia a los trabajos de Michael Heinrich, quien propone una demostración análoga, basada en particular en una nota manuscrita de Marx que apunta en sentido contrario al de la famosa ley.7/

Los argumentos de Sperber sobre esta cuestión son, en efecto, bastante deshilvanados. Por ejemplo, según él, Marx planteó que los aumentos de productividad podían “incrementar la tasa de plusvalía, la tasa de beneficio y el salarios de los obreros al mismo tiempo”, pero “semejante desarrollo, añadía Marx, solo sería posible en una economía comunista, nunca en una economía capitalista”. Me pregunto dónde habrá ido Sperber a buscar este argumento descabellado. Mejor que hubiera meditado sobre una de esas “causas que contrarrestan la ley” y que basta para poner en tela de juicio su existencia como ley:

La misma evolución que hace que aumente la masa del capital constante en comparación con el capital variable hace que disminuya el valor de sus elementos debido al aumento de la productividad del trabajo e impide así que el valor del capital constante, que sin embargo crece sin cesar, no aumente en la misma propoción que su volumen material. En algún que otro caso, la masa de los elementos del capital constante puede incluso aumentar, mientras que el valor permanece igual o incluso disminuye.8/

Sperber menciona asimismo la idea de que “los capitalistas son reacios a introducir una maquinaria más productiva y formas más eficaces de producción porque esto haría que sus equipos existentes se volviern obsoletos y se redujera la tasa de beneficio”. Existe efectivamente un pasaje en el que Marx plantea esta conjetura:

Ningún capitalista empleará de buen grado un nuevo modo de producción, independientemente de la proporción en que aumente la productividad o la tasa de plusvalía, si con ello se reduce la tasa de beneficio.

Esta idea se teorizará más tarde con el nombre de “teorema de Okishio”.9/ Sin embargo, esta hipótesis es contradictoria con el conjunto del análisis de Marx de la competencia, que, una página más adelante, concluye así su comentario: “En una palabra, este fenómeno es un efecto de la competencia; ellos también tienen que adoptar el nuevo modo de producción”.10/

Sobre la transformación de los valores en precio

Sperber tampoco aporta nada nuevo en este terreno y se contenta con repetir la doxa dominante: “Como han señalado los discípulos de Sraffa, la solución que da Marx al problema de la transformación es formalmente inexacta”. No obstante, tiene razón cuando menciona que la perecuación de la tasa de beneficio no se produce mediante transferencia “de los sectores más mecanizados a los menos mecanizados”, cosa que ya nadie sostiene (o no debería sostener).

Podría haber indicado que esta línea de crítica se remonta de hecho a Eugen Böhm-Bawerk, a quien cita en relación con otras cuestiones. Aunque señalemos de paso que esta es una referencia sorprendente, pues Böhm-Bawerk, el mismo que reprochaba a Marx sus errores de cálculo, cometió a su vez uno, y bastante gordo, en su cálculo de la “duración media del periodo de producción”. Esto es lo que subrayó Paul Samuelson en un artículo en que hizo balance del debate sobre la teoría del capital (y en el que capituló ante sus adversarios): Böhm-Bawerk confunde interés simple e interés compuesto y por tanto su medición “ya no merece que nos refiramos a ella”.11/

No es extraño que Sperber no mencione el enfoque TSSI (Temporal Single-System Interpretation), que elimina los supuestos errores de Marx. La clave de esta “solución” la resume así Ernest Mandel:

Los insumos de un ciclo de producción son datos disponibles al comienzo de este ciclo que no tienen efecto alguno en la igualación de las tasas de beneficio en los distintos sectores de producción durante este ciclo. Basta suponer que ya han sido calculados en precios de producción y no en valores, y que estos precios de producción resultan de la igualación de las tasas de beneficio en el transcurso del ciclo de producción precedente, para que desaparezca toda incoherencia.12/

Por lo demás, Mandel se limita a seguir esta indicación de Marx:

El coste de producción de la mercancía está determinado; representa un dato independiente de la producción del capitalista, mientras que el resultado de su producción es una mercancía que contiene la plusvalía, que es un excedente de valor con respecto a su coste de producción.13/

Sobre la renta

El libro contiene una exposición bastante amplia dedicada, con razón, a la teoría de la renta. No carece de interés, pero se contradice con la tesis general de Sperber, ya que este –además de no discernir correctamente el vínculo con la teoría del valor– no ve que esta teoría puede extenderse a otros terrenos distintos de la renta de la tierra. “¡Todos rentistas!”, proclama por ejemplo Philipe Askenazy en un libro reciente.14/ El análisis de la renta inmobiliaria o petrolera es perfectamente posible empleando el marco teórico de Marx y de los clásicos. Lo mismo podemos decir del debate que acaba de iniciarse en EE UU sobre los superbeneficios de las grandes empresas a partir de un estudio de su “poder de mercado”.15/ Todas estas cuestiones deben abordarse a partir del principio metodológico de Marx, que establece que la renta es una captación de la plusvalía producida en los demás sectores. Es esta una aportación fundamental que permite, por ejemplo, evitar el error consistente en pensar que existen fuentes de creación de valor distintas del trabajo (por ejemplo, las “finanzas”).

La lectura de Sperber, que declara a Marx un hombre del siglo XIX, es, en el fondo, coherente con su representación de que la supremacía de la economía marginalista (o neoclásica) es el fruto de un progreso lineal de la ciencia económica. Ahora se trata de criticar esta lectura mostrando cómo las problemáticas marxistas tienen prolongaciones –y no únicamente entre los marxistas– a lo largo de los 150 años que nos separan de la aparición de El Capital.

Marx, ¿un economista del siglo XIX?

La clave del análisis de Sperber es coherente con su tesis más general. Podemos resumirla así: Marx es el último de los economistas clásicos (en el linaje de Smith y Ricardo), pero, por desgracia para él, en el momento en que Engels publica los Libros II y III de El Capital, la economía está a punto de bifurcarse y de romper con esta línea de pensamiento. Dejemos de lado la cuestión de saber si Marx se sitúa en la prolongación/superación de Ricardo o en ruptura total con él para captar esta clave de la lectura de Sperber, quien al menos podría haberse preguntado por qué el subtítulo de El Capital es “Crítica de la economía política”. De ortodoxo (sic), Marx habría pasado así bruscamente a devenir obsoleto:

Cuando sus ideas se difundieron finalmente entre un público más amplio (…), todo esto había cambiado. Lo que antaño había sido la ortodoxia económica se había convertido, para la corriente dominante, en obsoleta y no científica o, si se prefiere, en disidente y no ortodoxa.

De ahí la conclusión radical de Sperber:

Encontramos en la obra de Marx pocas cosas que interesen a las tendencias de la economía o de la teoría económica de finales del siglo XIX y del siglo XX.

Esta visión es de un simplismo desconcertante. Olvida que la teoría marginalista no se tornó dominante en virtud de su superioridad intrínseca, sino porque ofrecía una alternativa a las implicaciones subversivas de la teoría de Marx. Es preciso reproducir de nuevo lo que escribió en 1899 John Bates Clark, uno de los fundadores de la teoría neoclásica del reparto:

Los trabajadores, nos dicen, se ven desposeídos permanentemente de lo que producen (…). Si esta acusación estuviera fundada, toda persona dotada de razón debería hacerse socialista, y su voluntad de transformar el sistema económico no haría más que medir y expresar su sentido de la justicia.

Para responder a esta acusación –que hace referencia claramente a la teoría marxista de la explotación– hace falta, explica Clark, “descomponer el producto de la actividad económica en sus elementos constitutivos, con el fin de ver si el juego natural de la competencia lleva a no a atribuir a cada productor la parte exacta de las riquezas que contribuye a crear”.16/

Piero Sraffa dedujo una constatación amarga de lo que llamó la “degeneración” de la teoría del valor:

Con el ataque frontal de Marx, la aparición de la Internacional y la Comuna de París, hacía falta una línea de defensa mucho más resuelta (…), había que pasar a la utilidad, de ahí el éxito de los Jevons, Menger y Walras. La economía clásica tomada en su conjunto resultaba demasiado peligrosa: había que dar al traste con ella como tal. La casa estaba en llamas y amenazaba con incendiar toda la estructura y los cimientos de la sociedad capitalista: la economía clásica fue inmediatamente suplantada.17/

Marx, fundador de la macroeconomía moderna

En el Libro II de El Capital, Marx expone los esquemas de la reproducción que distinguen dos grandes secciones: la sección I, que produce los bienes de equipo, y la sección II, que produce los bienes de consumo. Describe las condiciones de reproducción, o dicho de otro modo, las relaciones que han de existir entre la producción de las empresas y sus mercados. Estas relaciones se expresan en valor, pero Marx insiste también en el hecho de que la estructura de esta oferta debe corresponder a la de la demanda social en términos de valor de uso. Es este un punto importante que permite no ver en Marx tan solo al teórico exclusivo del valor-trabajo que habría despreciado así las “preferencias de los consumidores”, por retomar la terminología moderna.

El enfoque de Marx se inspira a todas luces en el famoso Cuadro de Quesnay18/ (otra “figura del pasado”), que era según él un “planteamiento tan simple como genial para su época”.19/ El sistema de los fisiócratas representaba a ojos de Marx “la primera concepción sistemática de la producción capitalista”, por mucho que los “límites de su horizonte” llevaran a Quesnay a postular que “la agricultura constituye la única esfera de inversión en que el trabajo humano produce plusvalía”.20/ En una carta del 6 de julio de 1863, Marx muestra a Engels un esquema en que se ve cómo “traduce” el cuadro de Quesnay a su propio sistema conceptual.

Por tanto, incluso si no partió de cero (podríamos citar también a Sismondi entre sus fuentes de inspiración), se puede sostener que Marx es el fundador de la macroeconomía moderna. Así lo reconoció la keynesiana de izquierda Joan Robinson, que por lo demás era muy crítica con Marx21/: “partir de Marx le habría ahorrado [a Keynes] muchos problemas” (a lot of trouble). Habla de otro economista keynesiano, Richard Kahn, quien en un seminario en 1931 trató de “explicar el problema del ahorro y de la inversión imaginando una red que parte de los sectores que producen bienes de equipo y después estudiando sus relaciones con los sectores de bienes de consumo”. Con ello, sin embargo, añadió Robinson, no hacía más que “redescubrir los esquemas de Marx”.22/ Incluso Paul Samuelson, blanco favorito de las invectivas de Robinson y a su vez un crítico sumamente cáustico de Marx, admitió que “sin duda todos habríamos salido ganando si hubiéramos estudiado antes los cuadros de Marx”.23/

Pero el mejor homenaje es el que pronunció Wassily Leontief en 1937, durante un coloquio organizado por la American Economic Association sobre “el significado de la economía marxista”. Leontief es el fundador del análisis input-output, que describe las relaciones entre las distintas ramas de la economía, lo que los contables nacionales denominan hoy los consumos intermedios. Leontief fue a su vez alumno de Ladislaus von Bortkiewicz, cuya crítica de Marx sobre la cuestión de la transformación está en el origen de toda la literatura neoricardiana. Para Leontief,

Quien trate de comprender realmente la realidad de los beneficios y salarios en las empresas capitalistas puede encontrar en los tres volúmenes de El Capital informaciones de primera mano, más realistas y pertinentes que en diez volúmenes de la inspección de mercancías de EE UU, en una docena de manuales sobre las instituciones económicas contemporáneas e incluso, me atrevo a decir, en las obras completas de Thorstein Veblen.24/

Leontief subraya en particular que Marx “desarrolló el esquema fundamental que describe las relaciones entre los sectores de los bienes de consumo y de los bienes de equipo. Por mucho que no cierre el tema, el esquema marxista sigue siendo una de las raras propuestas en torno a las cuales existe un amplio consenso entre los teóricos del ciclo económico”, y añade que “el análisis contemporáneo del ciclo económico es claramente tributario de la economía marxiana. Sin suscitar la cuestión de la prioridad, no sería exagerado decir que los tres volúmenes de El Capital contribuyeron más que cualquiera otra obra a situar esta cuestión en el centro del debate económico”. Compárese este elogio con el juicio incongruente de Sperber, según quien “al Libro I de El Capital le falta una teoría explícita de los ciclos económicos y de las crisis comerciales. Y si bien el tema se desarrolla más en el Libro III, publicado a título póstumo, su contenido difiere sustancialmente de las afirmaciones del Libro I”.

Claro que Marx no utilizó el cálculo matricial, pero para András Bródy, otro experto de referencia para el análisis input-output, “lo esencial ya estaba ahí”. Bródy da como ejemplo un esquema estraído de los Grundrisse,25/ que según él resulta tanto más interesante cuanto que Marx parte de coeficientes técnicos para construirlo: “este podría ser muy bien el primer cuadro de entrada-salida (ficticio) en ciencia económica”.26/ En la misma onda, el marxista polaco Oskar Lange demostró la estrecha correspondencia que existe entre la matriz input-output de Leontief y los esquemas de Marx.27/

Tampoco está de más afirmar que los esquemas de la reproducción inspiraron el modelo de equilibrio general de John von Neumann28/ (que produce un esquema de crecimiento equilibrado). Para Nicholas Kaldor29/, este modelo es “en realidad una variante del enfoque clásico de Ricardo y Marx”. Como ya hemos señalado, los esquemas de reproducción de Marx le sirvieron para establecer las condiciones de esta reproducción, pero toda su lógica llevaba acto seguido a mostrar que las mismas no podían verificarse más que de modo excepcional debido a la competencia entre capitales y la presión constante sobre los salarios; de ahí la posibilidad de las crisis. Sin embargo, ciertos autores que se reclaman del marxismo, en particular Michel Tougan-Baranowski, realizaron un análisis “armonicista” de los esquemas de reproducción y abrieron un debate que de hecho no se ha agotado.30/

También podríamos citar a Martin Bronfenbrenner, para quien posiblemente Marx no sea el más grande de los economistas, pero sí, sin duda, “el más grande teórico de ciencias sociales (social scientist) de todos los tiempos”.31/ Acuñó esta bonita fórmula (que podría atribuirse a Piketty): “El Capital sigue siendo el libro más influyente aunque nadie lo lea”. Bronfenbrenner enumera las aportaciones “modernas” de El Capital, que “los economistas universitarios olvidaron casi totalmente hasta la década de 1930”. Menciona en particular “la articulación armoniosa y natural entre estática y dinámica”, deplorando al mismo tiempo que “el análisis estático se hubiera impuesto en la década de 1870 y que todavía no hayamos vuelto al nivel de Marx”.

El desempleo

La victoria de los marginalistas, que según Sperber convirtió a los clásicos en cosa del pasado, tuvo por efecto colateral la desaparición casi completa de toda teoría del desempleo. Tuvo que producirse la crisis de la década de 1930 para que la cuestión fuera abordada de nuevo por Keynes. No obstante, fue después de la segunda guerra mundial cuando reapareció la problemática de Marx en la forma extraviada de la “curva de Phillips”.32/ La idea es que existe una relación inversa entre la tasa de paro y la progresión de los salarios. Los economistas dominantes dedujeron de ello la noción de la tasa de paro “natural” que no debe rebasarse a la baja si se desea evitar un “patinazo salarial” descontrolado. La Comisión Europea calcula actualmente la NAWRU (non-accelerating wage rate of unemployment), o sea, la “tasa de paro que no acelera los salarios”. Pero también se podría hablar (como es demostrable) de una “tasa de paro que no hace descender los beneficios”.

A los economistas del sistema les habrá bastado invertir la teoría del “ejército industrial de reserva”, que Marx formuló de este modo:

Las variaciones de la tasa salarial general no responden por tanto a las de la cifra absoluta de la población; la proporción diferente según la cual la clase obrera se descompone en ejército activo y ejército de reserva, el aumento o la disminución de la sobrepoblación relativa, el grado en el que esta se halla ora “ocupada”, ora “desocupada”, en una palabra, sus movimientos de expansión y contracción alternativos corresponden a su vez a las vicisitudes del ciclo industrial, que es el que determina exclusivamente estas variaciones. (…) De este modo, la sobreproblación relativa, una vez convertida en el pivote sobre el que gira la ley de la oferta y la demanda de trabajo, solo le permite funcionar dentro de unos límites que dejan suficiente campo libre para la actividad de explotación y el espíritu dominador del capital.33/

El carácter cíclico de la economía política

Podríamos hablar de muchos otros aspectos. Por ejemplo, los análisis de Marx del capital portador de interés son de una actualidad asombrosa tras diez años de crisis y resultan muy útiles para rechazar concepciones erróneas según las cuales “las finanzas” son una fuente autónoma de valor y no un instrumento de captación del valor producido en la llamada esfera productiva.34/ Toda la tesis de Sperber se basa, como hemos visto, en el postulado de un progreso lineal de la ciencia económica que convertiría en progresivamente obsoletas las teorías superadas. Para él, interesarse por la economía de Marx no tiene más que un interés histórico, como el que puede tener el estudio de las concepciones precopernicanas o de la estimación de Newton, quien, a partir de una lectura de la Biblia, dató la creación del mundo en 3998 antes de Cristo.

Sperber lleva muy lejos este tipo de lectura, ya que sitúa incluso a Keynes o Minsky (el teórico de la inestabilidad financiera) entre los neoclásicos. Esta enormidad, proferida en el debate arriba mencionado, dice mucho del dogmatismo de este enfoque que se niega a cnsiderar la economía una ciencia social que avanza por ciclos, con un retorno periódico de las teorías antiguas, aunque sea con formas renovadas. Por ejemplo, resulta sumamente chocante señalar que la revolución neoclásica no hizo más que retomar las elaboraciones de autores anteriores a los clásicos de la economía política, como por ejemplo los abades Condillac (1714-1780) y Galiani (1728-1787).35/ Este tipo de constatación es molesto y constituye sin duda una de las razones de la obstinación de los economistas dominantes por expulsar de la universidad toda referencia a la historia del pensamiento económico. Sperber nos habrá brindado al menos la ocasión de hacer una breve incursión en ella y mostrar que las temáticas planteadas por Marx están llamadas a volver periódicamente, y no solo para celebrar el sesquicentenario de El Capital. (Artículo escrito para A l’Encontre)

 

https://alencontre.org/laune/marx-un-economiste-du-xixe-siecle-a-propos-de-la-biographie-de-jonathan-sperber.html

 

Notas

1/ Jonathan Sperber, Karl Marx, homme du XIXe siècle, Piranha, 2017. Traducción (de David Tuaillon) de: Karl Marx. A Nineteenth-Century Life, Liveright, 2013.

2/ El autor de esta reseña debatió con Sperber con motivo de la presentación de su obra en la Facultad de Ciencias Políticas de París, el 10 de octubre de 2017.

3/ Capítulo XI. L’économiste.

4/ Lenin, Cuadernos filosóficos, 1914-1915.

5/ Karl Marx, Posfacio de la segunda edición alemana, 1875. “Mi método dialéctico no solo difiere básicamente del método hegueliano, sino que incluso constituye exactamente su contrario. Para Hegel, el movimiento del pensamiento, que él personifica con el nombre de idea, es el demiurgo de la realidad, que no es más que la forma fenomenal de la idea. Para mí, en cambio, el movimiento del pensamiento no es más que el reflejo del movimiento real, transportado y transpuesto en el cerebro humano. Critiqué la vertiente mística de la dialéctica hegueliana hace casi treinta años, en una época en que todavía estaba de moda… Pero a pesar de que, debido a su error, Hegel desfigura la dialéctica a través del misticimo, ello no quita que él fue el primero en exponer el movimiento del conjunto. En él se halla cabeza abajo; basta colocarla sobre los pies para descubrir su fisionomía plenamente razonable. En su versión mística, la dialéctica se puso de moda en Alemania porque parecía glorificar las cosas existentes. En su aspecto racional, es un escándalo y una abominación para las clases dirigentes y sus ideólogos doctrinarios, porque en la concepción positiva de las cosas existentes incluye, al mismo tiempo, la inteligencia de su negación fatal, de su destrucción necesaria; porque al captar el movimiento mismo, del que toda forma realizada no es más que una configuración transitoria, nada podría imponérsele; porque es esencialmente crítica y revolucionaria.”

6/ Karl Marx, Posfacio de la segunda edición alemana, 1875.

7/ Michael Heinrich, “Crisis Theory, the Law of the Tendency of the Profit Rate to Fall, and Marx’s Studies in the 1870s”, Monthly Review, tomo 64, n.º 11, abril de 2013. La nota de Engels dice: “En el ejemplar manuscrito de Marx figura aquí, en el margen, la siguiente observación: ‘Anotar esto para más tarde: Si la ampliación [un aumento de la composición del capital] solo es cuantitativo, los beneficios, para un capital más o menos grande en el mismo sector industrial, seguirán las magnitudes respectivas de los capitales adelantados. Si la ampliación cuantitativa tiene un efecto cualitativo, la tasa de beneficio aumenta al mismo tiempo para el capital más grande.’” Heinrich también hace referencia a un manuscrito de 1875 titulado Tratamiento matemático de la tasa de plusvalía y de la tasa de beneficio (MEGA II/14), que no hemos conseguido consultar.

8/ Karl Marx, El Capital, Libro III.

9/ Nuobo Okishio, Technical Change and the Rate of Profit, Kobe University Economic Review, 7, 1961. Véanse también dos artículos de Shalom Groll y Ze’ev B. Orzech, interesantes desde un punto de vista metodológico, pero cuyas conclusiones no compartimos: “Technical progress and values in Marx’s theory of the decline in the rate of profit: an exegetical approach”, History of Political Economy 19:4, 1987; “From Marx to the Okishio Theorem: a genealogy”, History of Political Economy 21:2, 1989.

10/ Karl Marx, El Capital, Libro III.

11/ “It has no longer a presumptive claim on our attention”. Paul A. Samuelson, “A Summing Up”, The Quarterly Journal of Economics, vol. 80, n.º 4, 1966.

12/ Ernest Mandel, The Transformation Problem, extracto de su introducción a la edición inglesa del Libro III de El Capital, Penguin, 1981.

13/ Karl Marx, El Capital, Libro III.

14/ Philippe Askenazy, Tous rentiers! Pour une autre répartition des richesses, Odile Jacob, 2016.

15/ Jan De Loecker y Jan Eeckhoutz, The Rise of Market Power and the Macroeconomic Implications, 24/08/2017.

16/ John Bates Clark, The Distribution of Wealth. A Theory of Wages, Interest and Profit, 1899, p. 7.

17/ Cf. Michel Husson, La dégénérescence de la théorie de la valeur selon Sraffa, note hussonet n° 108, 13/10/2017.

18/ François Quesnay, “Analyse de la formule arithmétique du Tableau Economique”, Journal de l’agriculture, du commerce & des finances, junio de 1766.

19/ Karl Marx, en el capítulo “Sobre la historia crítica” del Anti-Dühring de Engels que escribió en su mayor parte.

20/ Karl Marx, El Capital, Libro III.

21/ Joan Robinson, An Essay on Marxian Economics, 1942. Véase también su Lettre ouverte d’une keynésienne à un marxiste, 1953.

22/ Joan Robinson, “Kalecki and Keynes”, en Essays in Honour of Michał Kalecki, 1964. Reproducido en Contributions to Modern Economics, 1978.

23/ Paul A. Samuelson, “Marxian Economics as Economics”, The American Economic Review, vol. 57, n.º 2, mayo de 1967.

24/ Wassily Leontief, “The Significance of Marxian Economics for Present-Day Economic Theory”, The American Economic Review, vol. 28, n.º 1, marzo de 1938.

25/ Karl Marx, Grundrisse der Kritik der politischen Ökonomie, Berlín 1953 (p. 353 del pdf).

26/ András Bródy, Proportions, Prices and Planning, Budapest, 1970. Bródy precisa que no ha hecho más que “modernizar la formalización” de Marx recurriendo a la álgebra matricial desarrollada y aplicada a la economía posterior a la época de Marx.

27/ Oskar Lange, “Some Observations on Input-Output”, The Indian Journal of Statistics, vol. 17, parte 4, febrero de 1957.

28/ John von Neumann, “A Model of General Economic Equilibrium”, The Review of Economic Studies, vol. 13, n.º 1, 1945.

29/ Nicholas Kaldor, Capital Accumulation and Economic Growth, en Lutz F.A. y Hague D.C. (editores), The Theory of Capital, Macmilllan, 1961.

30/ En los dos polos de este debate podemos situar a Michel Tougan-Baranowski, Les crises industrielles en Angleterre, 1894, y Rosa Luxemburg, L’accumulation du capital, 1913.

31/ Martin Bronfenbrenner, “Marxian Influences in ‘Bourgeois’ Economics”, The American Economic Review, vol. 57, n.º 2, mayo de 1967.

32/ Alban W. Phillips, “The Relation Between Unemployment and the Rate of Change of Money Wage Rates in the United Kingdom, 1861-1957”, Economica, vol. 25, n.º 100, noviembre de 1958.

33/ Karl Marx, El Capital, Libro I, capítulo XXV.

34/ Michel Husson, “Marx et la finance: une approche actuelle”, prefacio a Karl Marx, Le capital financier, Demopolis, 2012.

35/ Étienne Bonnot de Condillac, Le commerce et le gouvernement considérés relativement l’un à l’autre, 1776; Ferdinando Galiani, De la monnaie, 1751.

EEUU: Los demócratas buscan apuntalar al Gobierno en crisis de Trump

por Joseph Kishore//

Los líderes demócratas del Congreso estaodunidense declararon el miércoles por la noche que alcanzaron un acuerdo con el Gobierno de Trump sobre inmigración. El líder de la minoría demócrata en el Senado, Charles Schumer y la líder de la minoría demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, celebraron el acuerdo después de una cena con Donald Trump, quien ha presidido una escalada brutal de los ataques contra los trabajadores y jóvenes inmigrantes.

Evidentemente sin saber que estaba hablando frente a un micrófono prendido el jueves, Schumer develó el ánimo adulador de los demócratas hacia el presidente multimillonario, presumiendo: “Le caemos bien. Yo le caigo bien, en todo caso”.

Hasta ahora, ningún acuerdo concreto ha sido anunciado, pero los informes de la prensa indican que, sea cual fuere el trato, preservaría de alguna manera la ya dilapidada protección que reciben ochocientos mil jóvenes inmigrantes a través del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia o DACA (por sus siglas en inglés), después de que la Casa Blanca anunciara este mes su eliminación.

Los comentarios de Trump sobre un acuerdo variaron a lo largo del jueves, pero señaló que apoyaría una medida para proteger a los jóvenes, denominados “soñadores”, de ser deportados, pero sin permitirles la ciudadanía, a cambio de una “masiva” expansión de la vigilancia y militarización de la frontera sur del país.

Tal medida ampliaría las políticas antiinmigrantes del mandato de Obama, acompañadas de la militarización fronteriza que ha propuesto Trump. El diario New York Times citó a un “alto oficial demócrata”, quien “dijo que el acuerdo era específico, tomando los términos del presupuesto que propuso el Sr. Trump”. El diario continúa, “La propuesta incluía sensores para reforzar la vigilancia fronteriza, reconstruir caminos a lo largo de la frontera, drones y apoyo aéreo para un mejor cumplimiento”.

El programa DACA, promulgado por Obama en junio del 2012, fue en gran parte una maniobra electoral para los comicios presidenciales de ese año, diseñada para encubrir políticamente la deportación entonces en marcha de casi tres millones de inmigrantes durante sus ocho años en el poder —un ritmo más rápido que el del Gobierno de Trump hasta la fecha—.

En el 2013, ambos partidos respaldaron una medida que les ordenaba a los agentes federales asegurarse que el noventa por ciento de los cruces no autorizados de la frontera terminaran en arrestos y deportaciones. Según informes, este es el molde del acuerdo entre Trump, Schumer y Pelosi. La militarización de la frontera entre México y EUA, una alternativa del “muro” de Trump, ha obligado a que los inmigrantes tomen rutas cada vez más peligrosas para ingresar al país, algo que ha conllevado a una dramática alza en las muertes de aquellos que lo intentan.

Más allá de la política migratoria, hay cuestiones políticas más amplias detrás del respaldo demócrata a Trump. Los esfuerzos para solidarizarse con Trump tienen como fin estabilizar el Gobierno y el sistema político bipartidista en general, de manera que les permita intensificar la ofensiva contra la clase obrera y hacer preparativos para una guerra de mayores proporciones.

El Gobierno de Trump se encuentra en una profunda crisis política, estando dividido internamente y contando con una tasa de aprobación de sólo un 35 por ciento. Las catástrofes ocasionadas por los huracanes Harvey e Irma, incluyendo las horribles muertes de ocho residentes de un hogar de ancianos en Florida, están alimentando un amplio odio social y exponiendo la criminalidad de la negligencia e indiferencia del Gobierno hacia la crítica situación que vive la población.

Desde la inauguración de Trump hace ocho meses, la principal preocupación de los demócratas ha sido contener y desorientar la oposición popular al mandatario, mientras que los grupos de poder se disputan cuestiones principalmente de política exterior centradas en la demanda del aparato militar y de inteligencia de que Trump continúe las amenazas y provocaciones bélicas contra Rusia.

Los demócratas siempre han estado dispuestos a llegar a un acuerdo sobre cómo escalar los ataques contra la clase obrera, asegurar que Wall Street continúe siendo abonado y acelerar el desmantelamiento de la educación pública y el cuidado de salud. Todos estos fueron hitos de la Administración Obama. Al igual que el acuerdo de la semana pasada para levantar el techo de la deuda y refinanciar el Gobierno federal, un objetivo central del eventual trato sobre inmigración será abrir campo para el plato principal de la burguesía estadounidense: las reducciones de impuestos para los ricos.

El día en que Trump compartió su mesa con Pelosi y Schumer, también recibió a congresistas demócratas y republicanas para discutir la “reforma fiscal”, es decir el recorte de la tasa impositiva para las corporaciones. Mientras los huracanes Harvey e Irma ocasionaban una tremenda devastación, cuyos daños estimados son casi de $300 000 millones, Trump se apresuraba para encontrar una vía rápida para sus propuestas fiscales, generando una respuesta entusiástica por parte de los demócratas.

Existen otras áreas de acuerdo, como una guerra comercial con China. El menú para la cena entre Schumer, Pelosi y Trump era comida china (y pie de chocolate), supuestamente en referencia a las medidas económicas contra China que tanto Trump como Schumer apoyan. En cuanto a política sanitaria, el proyecto de ley de “Medicare para todos” presentado esta semana por el senador de Vermont, Bernie Sanders, tiene la intención de ser una mera pantalla para las discusiones entre los dos partidos sobre nuevas concesiones para las aseguradoras y recortes importantes en Medicare y Medicaid.

A pesar de que la política exterior no forma parte explícitamente del acuerdo entre Trump y el Partido Demócrata, sin duda es un factor significativo, si no subyacente de éste. Tras los elogios de Trump hacia los neonazis que participaron en los disturbios de Charlottesville, los demócratas presionaron para que la Casa Blanca fuese puesta más firmemente en manos de Wall Street y los generales y exgenerales que ya dominan el Gobierno —el jefe de personal, John Kelly, el secretario de Defensa, James Mattis, y el asesor en seguridad nacional, H. R. McMaster— .

Incluso mientras Pelosi y Schumer gozan de su nueva amistad, Estados Unidos está realizando enormes ensayos militares en Europa del Este, con Rusia en la mira. Mattis señaló el mes pasado que el Gobierno de Trump estaba planeando entregarle armas letales a Ucrania, uno de los puntos centrales de la plataforma electoral militarista de Clinton. Los demócratas del Congreso están trabajando estrechamente con los republicanos, encabezados por el senador John McCain, para impulsar un proyecto de ley que autorice un aumento masivo en el gasto militar estadounidense.

En junio, el World Socialist Web Site escribió que el encarnizado conflicto político en Washington reflejaba una marcada división dentro de la clase gobernante, sin un lado progresista ni democrático. “Si Trump fuese destituido por sus opositores en el ‘Estado profundo’ y el Partido Demócrata”, escribimos, “tal acto no representaría una victoria para la democracia ni mejoraría las condiciones de la clase obrera”.

Lo mismo resulta con una alianza entre los demócratas y Trump, sólo que de una forma diferente. Si se sienten seguros de que el aparato militar y de inteligencia se está encargando de los asuntos exteriores, considerarán que lo más importante es entonces contener y suprimir toda oposición social.

Todavía queda por ver si tal realineamiento sucede; sin embargo, lo que es claro es que el blanco principal del acuerdo al que lleguen los demócratas y el Gobierno de Trump será la clase obrera.

 

¿Brotes verdes en la economía?: algunas interrogantes

por Albert Recio//

I

Oficialmente, la crisis ha terminado. Al menos, es lo que argumenta la versión oficial sobre la base de considerar que el nivel alcanzado por el PIB del segundo semestre de 2017 supera al del segundo semestre de 2008, cuando se considera que empezó el desastre.

Pero ya se sabe que el PIB es una medida poco fiable de la realidad económica. Convertir toda la enorme variedad de actividades económicas en una sola cifra exige adoptar un número tan grande de convenciones técnicas (y decisiones políticas) que pueden hacer variar el volumen del PIB con relativa facilidad. Sin perder de vista las actividades sociales útiles que el PIB no contempla, así como su ignorancia de los efectos negativos de la actividad económica convencional sobre el fondo natural del planeta y sobre las condiciones de vida. Hay consciencia creciente de lo inadecuado de esta medida, pero el discurso oficial sigue aferrado a viejas ideas y por eso se sigue tomando está cifra mágica como eje de la evaluación económica. Y, como la cifra da ahora un nivel parecido al de hace nueve años, pues ya podemos decretar el final de la crisis.

Ante tamaño anuncio propongo un ejercicio simple, de corte convencional. Comparar una serie de estadísticas económicas del momento de inicio de la crisis (la culminación de un período de auge) con la situación actual. Y ver en qué medida podemos pensar que simplemente se ha salido de una crisis profunda, de la misma forma que una persona se considera restablecida de una enfermedad cuando una serie de análisis indican que ha recuperado los parámetros anteriores a la misma.

II

Podemos empezar por la crítica más conocida. La recuperación económica no ha recuperado los niveles de empleo y, además, el nuevo empleo creado es peor que el destruido en términos de condiciones laborales, salarios etc.

Basta tomar unas pocas variables para constatar que esta evaluación es cierta.

La Encuesta de Población Activa ofrece unos datos contundentes: entre el segundo semestre de 2008 y el segundo de 2017 la población activa (la que esta empleada o busca empleo) se ha reducido en 305 000 personas, se han destruido 1,83 millones de empleo y el número de personas desempleadas ha aumentado en más de un millón y medio. Es decir, más paro, menos empleo y más personas desanimadas que han dejado de buscar.

La destrucción de empleo se ha producido tanto en el empleo asalariado como en el no asalariado en proporciones parecidas. Al final del período, la tasa de asalarización ha crecido ligeramente, menos de un 1 por ciento (pasando de 82,5 a 83,4 %). O sea que en conjunto hay una ligera mayor proporción de asalariados que de no asalariados, algo que no se corresponde con la percepción extendida que estamos asistiendo a la explosión del empleo autónomo.

Si de la cantidad pasamos a la calidad, las dos medidas que podemos utilizar son el peso del empleo a tiempo parcial y el del empleo temporal. Aunque puede haber muchas razones por las que una persona decida trabajar pocas horas, en general el empleo a tiempo parcial va asociado a niveles de ingresos bajos y a empleos situados en la parte inferior de la pirámide ocupacional (en términos de salarios, reconocimiento, posibilidades de carrera etc.). El empleo a tiempo parcial ha crecido, pasando del 11,7 % de todos los empleos al 15,2 %. Pero aquí las diferencias se agudizan si se considera tanto el estatus profesional como el género. Mientras que, en conjunto, el empleo a tiempo parcial de los asalariados ha pasado del 12,1 % al 16,5 % del total, el de los no asalariados se ha reducido del 10% al 8,5 %. El empleo a tiempo parcial representa el 26 % del empleo asalariado femenino frente a solo el 7,8 % para los hombres, aunque en ambos casos se experimentan aumentos porcentuales parecidos.

Solo los datos del empleo temporal podrían indicar una mejoría en la calidad del empleo. El porcentaje de empleo temporal se ha reducido en 2,5 puntos entre los dos períodos estudiados (del 29,3 % al 26,8 %), pero hay que ser cautos con esta evaluación. Al principio de la crisis había mucho empleo en la construcción, el sector donde el empleo temporal es siempre más elevado. Más bien lo que muestran estos datos que el empleo temporal está enquistado en el mercado laboral español, y esto a pesar de las diversas reformas laborales que ha debilitado de forma sustancial la protección al empleo, que para los economistas y políticos neoliberales es la razón que explica el crecimiento del empleo temporal.

Analizar el impacto de estos cambios en los salarios es más complicado por las propias limitaciones de las estadísticas salariales. Ya me ocupé de ello en una nota anterior (“Empleo y condiciones de trabajo en la recuperación”, mientrastanto, febrero de 2017). Hay evidencias que indican no sólo que los salarios se han moderado sino que esta moderación se ha centrado fundamentalmente en los niveles salariales más bajos. Las huelgas de las subcontratas de los aeropuertos, el movimiento de las kellys o de los autónomos de Deliveroo es una respuesta combativa a esta degradación laboral que las estadísticas recogen sólo parcialmente.

Con todo, algunos datos son contundentes. El peso de las rentas salariales en el PIB ha decrecido en casi 3 puntos (pasando del 49,8 % al 46,9 % entre 2008 y 2017). Es notorio poner en relación este dato con la tasa de asalarización a la que me he referido anteriormente, y que indica un aumento del peso de los asalariados de 1 %. Es decir, que una proporción mayor de personas activas se reparten una proporción sustancialmente inferior de la renta total.

La Encuesta de Condiciones de Vida, por su parte, es un buen indicador de esta degradación de los ingresos y las condiciones de vida de una parte de la población, con el aumento a lo largo del período del porcentaje de población en riesgo de pobreza (del 19,8 % al 22,5 %) y del que está en riesgo de pobreza y exclusión (que pasa del 23,8 % al 27,9 %). Este último indicador suma a la pobreza monetaria la exclusión del mercado laboral. Quizás tan significativo como estos datos resulta el análisis de la distribución de la renta que incluye la encuesta. La población se clasifica por deciles, el primer decil lo forman el 10 % de personas con menores ingresos, mientras que el 10º decil lo forman el 10 % de los que ganan más. Una cuestión interesante es analizar en qué cantidad de ingresos se producen los cortes. Cuando se consulta este dato se observa que para los 8 primeros deciles (80 % de la población) el punto de corte se produce a un nivel de ingresos sustancialmente inferior al de hace 8 años. Por ejemplo en 2008 el 10 % más pobre eran personas cuyos ingresos no alcanzaban los 6255 € al año; en la última entrega (2016) el corte se sitúa en 5297 €, o sea casi mil euros menos que hace ocho años. El porcentaje de reducción es mayor en los deciles inferiores, pero sólo en el 9 y el 10 el punto de corte es superior. Más pobreza y más desigualdad. La recuperación sólo funciona para unos pocos.

III

El impacto social negativo de las políticas aplicadas en la crisis es evidente. Y justifica las críticas a las políticas de austeridad. Pero sus autores mantienen una posición que los hace inmunes a las mismas: gracias a estas políticas se ha producido la recuperación y se han sentado unas bases sólidas para seguir creciendo y recuperar también empleo de calidad. Por eso conviene ver si realmente esta recuperación es realmente tan sólida, si se han aplicado reformas que han reforzado las estructuras productivas del país. Cuando empezó la crisis, la economía española mostraba enormes problemas que en el plano macroeconómico se concretaban en un tremendo déficit exterior y en un consiguiente endeudamiento externo.

El déficit exterior es un reflejo en parte de la estructura productiva de un país y de su estructura de consumo. Un país autárquico equilibrado permitiría satisfacer todas sus necesidades sin intercambio con el exterior. No hay evidencias de que tales países existan, pues la mayoría de países tienen relaciones con el exterior y el equilibrio refleja que el país produce una serie de bienes y servicios que vende en parte fuera para comprar en cambio aquello que no produce. En la práctica, muchos países no logran este equilibrio, y aquí nacen problemas para ellos mismos y para el conjunto de la economía mundial. Cuando empezó la crisis, España tenía un enorme déficit exterior, del orden del 6 % del PIB (básicamente debido al enorme desequilibrio en la balanza de bienes). En cambio, en los últimos trimestres existe un superávit superior al 2 %. Esto parece justificar a los que han defendido que el ajuste salarial era imprescindible para ganar competitividad y que el sacrificio salarial es la base de la recuperación.

Analizadas al detalle, las cosas son bastante más complejas. De una parte, el superávit se ha producido fundamentalmente por dos cuestiones: la enorme caída del precio del petróleo —el elemento más importante en la creación del déficit comercial—, y el fuerte aumento de los ingresos por turismo. Es cierto que se han producido mejoras en todos los sectores de especialización, y que ha aumentado el volumen de exportaciones. Pero esto puede deberse a múltiples causas: desde una reducción de importaciones de productos extranjeros más caros por la crisis al simple relanzamiento del mercado automovilístico, que constituye el principal producto de exportación, y cuya dinámica depende de las lógicas productivas de las grandes multinacionales del sector (y donde los costes salariales españoles ya eran sustancialmente inferiores antes de la crisis). Cuando se analiza la evolución de la estructura del PIB y del empleo no se advierte que se haya producido un cambio estructural profundo en el área productiva. El sector manufacturero ha seguido perdiendo empleo y peso. El turismo se ha reforzado en cambio como la gran “industria” nacional que nos convierte en un exportador de “materias primas” particular. Que la situación no ha cambiado mucho lo expresan los datos de la estructura del PIB: en los últimos trimestres, a medida que la recuperación se acelera, se está debilitando el superávit exterior y crece el déficit comercial. Cualquier aumento serio de los precios de los combustibles puede volver a generar enormes dificultades.

El otro gran problema era el elevado grado de endeudamiento de la economía española. Al inicio de la crisis, éste era fundamentalmente privado, de las familias y sobre todo de las empresas. Parte del ajuste, especialmente el plan de salvamento del sector financiero, consistió en transformar deuda privada en pública. Las cifras de deuda exterior (pública y privada) y de deuda pública ofrecen un panorama peligroso. Las cifras del segundo semestre de 2017 indican que la deuda exterior de España ha alcanzado un record en términos absolutos (1,91 billones de euros) y se sitúa ligeramente por debajo de su máximo histórico en términos relativos (un 170 % del PIB frente a un 174,6 % de máximo en 2010). Aún en términos netos (descontando los activos financieros españoles en el exterior) se sitúa en el 86,5 %, lo que supone un nivel de endeudamiento elevado. Si esta situación no se traduce en una grave tensión es fundamentalmente por la política monetaria del Banco Central Europeo, que ha generado una enorme liquidez y ha comprado ingentes cantidades de deuda. Pero un cambio en las políticas del BCE por cualquier tipo de razón puede poner a España en una situación de alta presión y en nuevas exigencias de ajustes insoportables. Por su parte, la deuda pública, tras los generosos planes de ayuda al sector privado, se sitúa en el torno del 100 % del PIB, sólo soportable en el contexto de bajos tipos de interés. Las políticas de austeridad no se han traducido en una reducción sustancial de la deuda, como se ha propugnado, sino todo lo contrario. El endeudamiento es endémico en el capitalismo actual por los desajustes que genera el modelo y por la enorme proliferación de mecanismos financieros que promueven su expansión.

No hay por tanto ninguna evidencia sólida que indique que realmente se ha producido un cambio en profundidad en el modelo productivo que justifique la promesa de una recuperación sólida que acabe con la pobreza y la precariedad. Son sólo circunstancias favorables —como el bajo precio de los combustibles, la política monetaria expansiva o el hiperdesarrollo turístico— las que han permitido generar una sensación de mejoría que, cuando menos, se presenta potencialmente inestable.

IV

La crisis económica de 2007 ha tenido graves costes sociales en nuestro país. Toda crisis los tiene, y las políticas aplicadas (en parte impuestas por los organismos internacionales, en parte promovidas gustosamente por las clases dirigentes locales) no han hecho más que agravar sus costes. Y han provocado cambios estructurales (como la reforma laboral, la liquidación de un sistema financiero para-público, los ajustes en servicios públicos básicos, la reforma inconclusa del sistema de pensiones…) que conducen a un modelo social de elevadas desigualdades y problemas recurrentes para enormes masas de población. No sorprende que, para algunos, la crisis sea vista como una cortina de humo para justificar estas políticas. Aunque sea un razonamiento inadecuado: la crisis es un producto normal del funcionamiento de una economía capitalista con tendencias al caos. Lo que ocurre es que una vez planteado el problema y el desastre, ha sido fácil para las élites aplicar las políticas más adecuadas a sus intereses (y más próximas al “sentido común” de sus intelectuales orgánicos).

La crisis, en gran parte resultado por el modelo de globalización neoliberal, curiosamente ha provocado un reforzamiento (con variantes) de la misma. En parte porque las élites no se han tenido que confrontar con una oposición que tuviera tanto fuerza social como ideas y proyectos mínimamente sólidos y estructurados. Veníamos de un largo período de derrotas y debilitamiento de los movimientos sociales, de las clases subalternas, y hemos sido incapaces de reconstruir a corto plazo una alternativa.

Lo más dramático es que, además de imponer medidas de un coste social brutal, no parece que las mismas hayan permitido superar los problemas macro y microeconómicos que están en la base de los problemas económicos convencionales de la economía española (desempleo, precariedad, déficit exterior, etc.). Y, por eso, las demandas de ajuste volverán a reaparecer en cuanto cambien los factores coyunturales que ahora dan un cierto respiro.

Cambiar el modelo productivo es más fácil de decir que de hacer en economías capitalistas, donde existen poderes económicos muy consolidados, donde las grandes empresas tienen dificultades para transformarse, donde las instituciones y poderes internacionales ejercen una presión desmesurada sobre las políticas locales… Y también en sociedades que han tratado de salir de la lógica capitalista y que tienen enormes dificultades para salir de sus viejas líneas de especialización, no sólo por la presión de los bloqueos externos. Y esta dificultad de cambio choca con la persistencia de problemas económicos de todo tipo: desequilibrios macroeconómicos, endeudamiento insoportable, paro, pobreza, desigualdad, degradación ambiental… Problemas que exigen transformaciones radicales. Transformaciones que demandan políticas bien pensadas, ideas y fuerzas sociales capaces de salir del marasmo en el que, digan lo que digan los voceros del poder, seguimos atrapados.

 

 

La Larga Depresión. Entrevista a Michael Roberts

Por Mark Kilian

13/08/2016

 

Mark Kilian, redactor del periódico holandés de socialist , entrevista a Michael Roberts sobre su nuevo libro, el estancamiento económico actual, las perspectivas de una nueva recesión y como romper con el capitalismo. Este es el texto traducido al castellano de la versión inglesa editada por Roberts.

 

MK: Nuestro gobierno asegura que la economía se recupera. Al mismo tiempo, vemos que Grecia necesita de forma continua “paquetes de rescate” y ahora hay problemas en Italia. ¿Cuál es el estado de la economía mundial?

MR: El desarrollo de la economía mundial desde 1945 no ha sido armonioso, no ha crecido en línea recta. Ha habido una serie de auges y recesiones. Me refiero a una disminución del ingreso nacional o la producción nacional de un país por lo menos durante seis meses o más, antes de volver a recuperarse y crecer.

Pero lo específico de este último periodo, es que tuvimos una gran caída en 2008-9 después de la crisis financiera internacional. La Gran Recesión, que duró 18 meses, fue la mayor desde la década de 1930. Como resultado, todas las grandes economías del mundo, entre ellas la de los Países Bajos, experimentaron una fuerte disminución de su renta y producción nacional. Cada vez que sucede, millones de personas ven sus vidas arruinadas, pierden sus puestos de trabajo y, posiblemente, sus casas, porque no pueden pagar el alquiler o la hipoteca. Además, los gobiernos aplican toda una serie de medidas, de recortes en el estado de bienestar y en los servicios públicos, que afectan a la población también. Además, todo ese período de declive es una pérdida permanente. Si no hubiera habido caída, la producción y los ingresos habrían sido mayores, el volumen y la calidad del empleo hubieran sido mejor. Eso nunca se puede recuperar.

Y la diferencia esta vez en comparación con otras crisis es que la recuperación tras la Gran Recesión ha sido muy débil. Es la recuperación económica más débil desde los años 1930. Desde el final de la Gran Recesión, después de siete años, la mayoría de las economías apenas han recuperado el nivel que tenían en 2007. Eso muestra lo lento que ha sido.

Por ejemplo, Italia: el FMI ha presentado un informe que es verdaderamente sorprendente . No sólo Italia sufre una gran crisis bancaria que podría venirse encima de los bancos muy pronto, a menos que el gobierno pague su rescate, sino que el FMI calcula que el PIB y la producción de Italia no volverán al nivel del año 2007 ¡hasta el 2025! Eso supone dos décadas pérdidas de producción, ingresos, empleo y mejores condiciones de vida para el pueblo italiano. Tan débil ha sido la recuperación en Italia.

La producción, el empleo, y los ingresos de la gente en la mayoría de las economías y para la mayoría de las personas no se han recuperado hasta niveles de 2007. De acuerdo con un nuevo informe de McKinsey, consultores de gestión, dos tercios de los hogares en las 26 economías de la OCDE tenían menores niveles de vida en 2015 que ¡en 2005!

Así que es una recuperación muy débil y, en mi opinión, llena de  peligros antes de volver a los niveles que hemos visto antes, si alguna vez lo hacemos, de que la economía mundial caiga en otra recesión en el próximo uno o dos  años.

MK: En su nuevo libro se describen tres depresiones: la de los años 1873-1897, 1929-39 y la actual. ¿Hay algo que podamos aprender de ello?

MR: En mi opinión, esta no es una recesión normal, sino una depresión. Eso es diferente de las depresiones normales. No sucede muy a menudo. En la historia del capitalismo moderno, del siglo XIX hasta ahora, sólo ha habido tres grandes depresiones. En una depresión, la recuperación es tan débil que las economías no regresan a las mismas tasas de crecimiento o incluso al nivel de producción que existía anteriormente, excepto después de un periodo muy largo.

Hubo una gran caída en 1873 en Gran Bretaña, Alemania y los EE.UU., las principales economías capitalistas entonces. No hubo una recuperación verdaderamente fuerte después. Hubo una serie de crisis, que se extendieron durante los siguientes 20 años. Eso fue una depresión: un bajo nivel de crecimiento y una serie de crisis. Paso mucho tiempo antes de que fuera posible una recuperación sostenida.

La segunda depresión fue la Gran Depresión. Comenzó con el colapso de los mercados de valores en los EE.UU. en 1929, similar al colapso del mercado de la vivienda en los EE.UU. en 2007. Después de la crisis en 1929 los EE.UU., la economía capitalista más grande del mundo, entró en la depresión más profunda. Hubo desempleo masivo prolongado, y no hubo recuperación real durante la década de 1930. Solo cambio la situación cuando los EE.UU. entraron en la Segunda Guerra Mundial, junto con Gran Bretaña, contra las denominadas potencias del Eje. La producción pública se incrementó, lo que llevó al crecimiento económico y la recuperación. Así que sólo la guerra trajo la recuperación en la década de 1930. En mi opinión, estamos en un período similar. Se necesitarán algunos cambios drásticos para que el capitalismo vuelva a la recuperación.

MK: Su elección de palabras sugiere que la producción dirigida por el Estado puede ser diferente de la producción capitalista.

MR: Creo que hay una distinción que debe hacerse. Los economistas keynesianos creen que la solución a estas crisis es que el gobierno gaste más dinero en gasto social, o de dinero a las empresas para invertir, o lleve a cabo sus propios programas de producción y por lo tanto que la gente tenga trabajo. Esto impulsaría la economía capitalista y la pondría de nuevo en marcha. Esa es la solución keynesiana a estas crisis.

Se intentó brevemente y con poco entusiasmo en la década de 1930 por Roosevelt en los EE.UU. con el llamado New Deal. No se ha intentado realmente en la actual recuperación. La mayoría de los gobiernos han efectuado recortes en el gasto público. No estoy abogando por una solución keynesiana. Podría ayudar por un tiempo, pero también afectaría finalmente la rentabilidad del sector empresarial y de hecho podría, en ciertas circunstancias, empeorar las cosas.

Cuando hablo de la producción estatal, me refiero a que el gobierno tome el control de la mayor parte del programa de inversión de la economía. Las grandes compañías se convertirían en parte de una operación estatal, dirigida idealmente por el Estado. Fue lo que paso en la Segunda Guerra Mundial. Se dijo a las grandes empresas: “No pueden seguir produciendo coches, ahora hay que fabricar tanques”. Hubo un control directo del gobierno dirigido al esfuerzo de guerra. En cierto modo, se puso fin a la producción capitalista con fines de lucro y se reemplazó por la producción dirigida por el gobierno. Los capitalistas siguieron ganando dinero y teniendo beneficios, pero estaban completamente controlados y dirigidos por el estado militar con el fin de llevar a cabo la guerra. La analogía aquí es que el capitalismo ya no operaba sobre la base de los intereses del sector capitalista, sino de lo que se consideraba el interés de la sociedad en ese momento.

Una respuesta socialista, en lugar de una keynesiana, implica que los gobiernos se hagan cargo de los principales sectores de la economía para producir para las necesidades sociales en vez de con fines de lucro. Eso significa el control de la inversión y la propiedad de todos los principales bancos y otras grandes empresas. Algo drásticamente diferente de lo que los keynesianos proponen ahora y que iría aún más lejos de lo que ocurrió en tiempos de la guerra.

MK: Mucha gente ve la larga expansión a partir de 1945 como una situación “normal”. Pero ¿cómo se explica el boom?

MR: Esa es una parte importante de mi libro; por qué hay periodos de auge y crisis. El período de 1945 a mediados de los años 60 fue un período excepcional; se le llama la “edad de oro” del capitalismo. Había un crecimiento bastante alto, más o menos pleno empleo, muchos países desarrollaron un mejor estado de bienestar, educación gratuita hasta el nivel universitario, servicios de salud gratuitos, programas estatales de vivienda; mejores pensiones, etc.

Pero fue un período excepcional. ¿Por qué? Lo que impulsa el crecimiento en el capitalismo es la posibilidad de obtener beneficios. La salud de la economía capitalista depende de lo que ocurre con la rentabilidad del capital, la tasa de ganancia en cada inversión realizada por los capitalistas. Al final de la Segunda Guerra Mundial, como resultado de la destrucción física en Europa, de la mayor parte de la maquinaria, fábricas, etc., y una enorme cantidad de mano de obra disponible a precios baratos, la rentabilidad de las grandes empresas capitalistas se disparó en Europa en la medida que se iban recuperando. Y consiguieron crédito barato (incluso gratis) de los EE.UU. En los EE.UU. se había producido una devaluación del viejo capital, y el nuevo capital trajo una nueva tecnología que era muy rentable, y hubo una enorme expansión de la fuerza de trabajo. Lo mismo se aplica a Japón. En todo el mundo, el capitalismo tuvo un alto nivel de rentabilidad de la inversión.

Pero a mediados de los años 60 comenzó a caer la rentabilidad de forma considerable hasta la década de 1980. Este período se llama la crisis de rentabilidad. La teoría de las crisis en el capitalismo de Marx es que, si la rentabilidad es la fuerza impulsora del crecimiento, no puede aumentar continuamente. A medida que el capitalismo se expande y acumula capital, hay una tendencia de la rentabilidad a caer. Esta es una ley fundamental en la economía política que Marx percibió. Y en ese proceso de la tasa decreciente de ganancia, el capitalismo tiene problemas y las crisis se desarrollan con mayor frecuencia.

La edad de oro de los años 1950 y 1960 dio paso a las crisis. Yo era joven entonces y recuerdo que fue un período de grandes luchas del movimiento obrero en la medida en que la rentabilidad cayó y el capitalismo intentó estrujar a los trabajadores. Los trabajadores lucharon porque tenían una gran cantidad de conquistas que no querían perder y los sindicatos eran relativamente fuertes. Finalmente, los sindicatos fueron aplastados en las recesiones de principios de la década de 1980 y el movimiento obrero fue derrotado y sometido en muchas batallas. El capitalismo trató de aumentar la rentabilidad a través de recortes en el gasto público, privatizaciones, la explotación de la fuerza de trabajo, la eliminación de todas las protecciones de la fuerza de trabajo, la globalización, etc. Es el período neoliberal de los últimos 20 años del siglo XX.

Así que la “edad de oro”, fue un período especial, de rentabilidad muy alta debido a la guerra mundial, seguida de una gran disminución de la rentabilidad y, hasta el final del siglo XX, con grandes esfuerzos del capitalismo – con cierto éxito – para aumentar la tasa de ganancia de nuevo.

MK: ¿Lo que en realidad está diciendo es que la crisis de mediados de los años 60 valida la teoría de la tasa decreciente de ganancia de Marx y que el neoliberalismo movilizó algunas de las tendencias que la contrarrestan, que Marx también describe, con el fin de restaurar la tasa de ganancia?

MR: Esa es una buena manera de decirlo. La ley del beneficio de Marx sostiene que a medida que el capitalismo se expande, hay una tendencia de la tasa de ganancia a caer. Pero hay formas de contrarrestar eso, durante un tiempo. En la sociedad capitalista el valor sólo proviene de la explotación del trabajo, las personas que trabajan bajo control de los propietarios capitalistas para que puedan vender los productos en el mercado, y pueden obtener un beneficio. Estos utilizarán más maquinaria y plantas, y nuevas tecnologías, para mantener o reducir el coste de la mano de obra, pero al hacerlo, reducen la cantidad de ganancia por inversión. El beneficio, y el valor en general, según Marx, provienen sólo de las personas que trabajan, no viene de las máquinas. Las máquinas no producen ningún valor a menos que se las ponga a trabajar. Lo que requiere trabajo humano a menos que se tenga una sociedad únicamente de robots – pero eso es otra historia.

Hay una contradicción entre el aumento de la productividad del trabajo mediante una mayor inversión en tecnología y el mantenimiento de la rentabilidad mediante, trabajo más intenso, aumento de las horas de trabajo, introducción de nuevas tecnologías, expansión del comercio, desposeyendo los recursos de los países más pobres y otras formas de explotación. Estos factores actuaron con ímpetu durante los años 1980 y 1990, con el objetivo de revertir la baja tasa de ganancia a la que había llegado el capitalismo.

La rentabilidad se recuperó, pero nunca al nivel de la “edad de oro”. Desde finales de 1990 la ley marxista de la rentabilidad comenzó a funcionar de nuevo, y, a pesar de todos los intentos de los capitalistas, las principales economías empezaron a frenarse. Se crearon las condiciones para las nuevas crisis y depresiones del siglo XXI. Los capitalistas trataron de evitar la crisis con un enorme auge del crédito y la invención de nuevas formas de especulación en los mercados financieros, manteniendo los beneficios solo para un sector del capital. Pero la rentabilidad subyacente no se recuperó. Se puede especular en los mercados de valores, pero éstos no crean nada. Sólo tratan de pellizcar el dinero de los demás, por decirlo de alguna manera, y crear una mejora ficticia.

¿Qué ocurre hoy? Si observamos el crecimiento y la producción en las principales economías, es muy lento y, por tanto, las ganancias se estancan. Sin embargo, el mercado de valores, la bolsa, está en auge. Esta dicotomía entre el llamado por Marx “capital ficticio” y lo que realmente está pasando en la economía capitalista llegó en 2007 a un punto extremo.  La crisis se produjo por la brecha entre los precios del mercado de valores, los precios de la vivienda, la especulación en los mercados financieros y lo que, en realidad, ocurría con la rentabilidad del capital. Así se produjo la crisis.

Este es el proceso que trato de describir en mi libro. El libro intenta proporcionar algunos indicadores. Algunos economistas se centran en la financiarización: el aumento de ese sector en relación con los sectores productivos. Un argumento popular es que el sector financiero y los bancos deben ser regulados o restringidos. Pero eso no es suficiente, es un poco como tratar de controlar un tigre en una jaula con sólo una hoja de papel. No hay ninguna garantía de como los bancos se comportarán con la regulación. Recientemente, los reguladores financieros de Estados Unidos investigaron las actividades de HSBC, el gran banco del Reino Unido, que lavó dinero para los carteles mexicanos de la droga durante años. El Banco ganó miles de millones de libras con el lavado de dinero. A pesar de ser descubierto, las autoridades decidieron no intervenir ni imponer multas al HSBC, ya que, argumentaron, podría hacer caer al sistema bancario. Esto demuestra que la regulación de los bancos es totalmente inútil. No cambia nada; el sistema continuaría con las mismas prácticas.

La única manera de lidiar con esto es hacerse cargo de los bancos, convertirlos en propiedad pública a través del control de los trabajadores de la banca y de un amplio control democrático de la sociedad en su conjunto, para que los bancos se conviertan en un servicio público: proporcionando préstamos a la gente que lo necesita, a las pequeñas empresas para mejorar el potencial productivo de la economía. Los Bancos no podrán especular en los mercados financieros y participar de los escandalosos paraísos fiscales utilizados para el blanqueo masivo de dinero, tal como ha venido ocurriendo en las últimas décadas y continuará ocurriendo, incluso con la intervención de los reguladores.

Otro punto de esto es que la crisis financiera no es sólo una crisis bancaria. Una crisis financiera no está aislada de lo que está sucediendo en el sector productivo de la economía, de la producción, de la tecnología, de los mercados donde las cosas circulan, y con las que los bancos especulan. Los bancos no hacen dinero de la nada; el valor debe venir de otra parte. La crisis bancaria es realmente un síntoma de que los sectores productivos de la economía capitalista ya no son lo suficientemente rentables para apoyar este castillo de naipes. Los que argumentan que es sólo una crisis financiera y que la solución radica en el control del sector financiero ignoran la verdadera naturaleza de la crisis y, por lo tanto, no puede resolverla.

MK: ¿Se puede decir que el sector financiero contribuye a la inestabilidad del sistema?

MR: Es evidente, pues es más grande y más importante. A medida que la rentabilidad se redujo en los años 1960 y 1970 y se mantuvo relativamente baja en los sectores productivos en el periodo neoliberal, uno de los factores para contrarrestar esta tendencia fue trasladar la inversión al sector financiero, a los bancos y a otras instituciones, para obtener beneficios a costa de menores inversiones en el sector productivo.

La inversión productiva disminuyó en la mayoría de las economías en los años 1980 y 1990. Esto es una indicativo de la debilidad de la economía capitalista hacia el final del siglo XX y de la necesidad de desviarla a la financiación y a otros lugares. Así que sí, esto es una parte importante del proceso de la crisis. Pero, al mismo tiempo, es un síntoma de la incapacidad para aumentar la rentabilidad.

MK: ¿La gran recesión de 2007-2009 no fue prevista por los economistas?

MR: El libro tiene una sección que sería divertida si no fuera tan trágico. Los economistas profesionales, las instituciones económicas y otros ‘expertos’ no vieron venir la gran recesión que se aproximaba, sino todo lo contrario. Los bancos centrales y los gobiernos estaban convencidos de que todo iba bien, o como mucho que era un problema que podrían resolver fácilmente.

Cuando llegó la crisis, no fueron capaces de explicar por qué había estallado. Siguieron negando su gravedad y pensaron que terminaría rápidamente, lo que no fue así. No pudieron explicarlo. Hasta ahora no saben realmente qué hacer para que el sistema funcione de nuevo. Las instituciones, los bancos centrales y los gobiernos todavía están luchando para conseguir una recuperación por encima del débil nivel donde está, pero, como no entienden lo que pasó, no saben qué hacer al respecto.

Unas pocas personas advirtieron de los peligros que acechaban en la primera década del 2000. Fueron capaces de ver que la enorme burbuja inmobiliaria de los EE.UU. no podía sostenerse; otros percibieron el enorme aumento de los créditos a particulares con un sector financiero altamente comprometido. Así que uno o dos economistas radicales, fuera del consenso, reconocieron los peligros reales. Y uno o dos marxistas plantearon la idea de que, a pesar del enorme auge de los precios inmobiliarios y del crédito, la rentabilidad estaba empeorando y se produciría una crisis.

Uno de ellos fue Anwar Shaikh. Predijo una gran crisis y una depresión subsiguiente. Hice un pronóstico similar en 2005-6. Sostuve que había un conjunto de ciclos que se cruzaban: disminución de los beneficios, un pico del mercado de la vivienda, y un ciclo depresivo general que lleva el nombre del economista ruso Kondratieff. Todos esos ciclos se acumulan en una crisis depresiva. Esto me sugirió que podría haber una crisis bastante grave y pensé que se produciría entre 2009 y el 2010. Pero llegó antes. En fin, solo un puñado de personas vieron la crisis que se avecinaba: el 99 por ciento de los economistas no lo hizo.

MK: Comparando la posición de los EE.UU. de hoy a la de Gran Bretaña durante la crisis de la década de 1930 se observa que Estados Unidos se aferra a su hegemonía y al mismo tiempo sigue carcomido económicamente. ¿Cómo funcionará esto en el próximo período, por ejemplo, qué papel jugará China?

MR: Los EE.UU., la mayor economía del mundo, ha tenido una recuperación algo mayor a la de Europa o Japón, y que muchas de las economías emergentes como Brasil, Rusia, África del Sur. Estas economías están en recesión y no se han recuperado del todo. Los EE.UU. está un poco mejor, pero todavía su crecimiento es sólo del 2 por ciento al año, cuando solía ser de un 3,5 por ciento en promedio desde 1945, y, a veces aún más alto en la “edad de oro”.

Es una recuperación muy débil y parece estar diluyéndose. Mientras que la depresión continúa, los países competidores desafían la hegemonía económica de los EE.UU. La economía de Estados Unidos ha disminuido, relativamente, en los últimos 30 años. Ya no tiene la misma capacidad de producción manufacturera, en comparación con Alemania o Japón, y por supuesto con China, que ha sido la economía de mayor crecimiento en los últimos 20 años y que se ha convertido en una gran potencia económica.

Incluso en otros segmentos del espectro económico – servicios, tecnología – los EE.UU. también tiene rivales importantes. Sin embargo, los EE.UU. siguen estando a la cabeza, ya que cuentan con un sector financiero que controla el capital en todo el mundo. Eso le da, junto con Gran Bretaña – otro gran centro del capital financiero – el control económico, pese a su débil posición productiva, como consecuencia del control del crédito. Una respuesta socialista, en lugar de una respuesta keynesiana, supone que los gobiernos se hagan cargo de los principales sectores de la economía para que produzcan y resuelvan las necesidades sociales, no con fines de lucro.

También es, con mucho, la mayor potencia militar, más grande que todas las otras potencias militares juntas. Y esto le da una posición de fuerza. Usando la analogía con el Imperio Romano, éste también comenzó con una decadencia – en relación con sus rivales externos- pero mantuvo la hegemonía durante cientos de años, porque tenía las legiones romanas y enormes recursos financieros. Estados Unidos está en una posición similar, pero ahora sí tiene rivales.

El capitalismo se enfrenta a algunos retos clave en los próximos 20 años. El primero es el cambio climático y el calentamiento global, que es un problema grave y sobre el que el capitalismo no está haciendo nada al respecto. Esto realmente pone en peligro el futuro de la raza humana y del planeta, a menos que se haga algo.

También existen enormes desigualdades en la riqueza y el ingreso en el mundo, lo que crea enormes tensiones sociales. Durante los últimos 25 años, la desigualdad en el ingreso y la riqueza en todo el mundo han llegado a un nivel que no se había visto probablemente en 150 años.

Y también la desaceleración de la productividad: el fracaso del capitalismo a la hora de expandir las fuerzas productivas para proporcionar lo que la gente necesita. La tecnología no se ha expandido al nivel de lo que es posible, y el crecimiento de la productividad es muy débil.

Todos estos factores ponen en peligro el futuro del capitalismo para satisfacer las necesidades de las personas y la capacidad de los EE.UU. para mantener su posición hegemónica. Así que la rivalidad entre las grandes potencias capitalistas se incrementa y también entre los EE.UU. y China, porque China es una amenaza importante en el comercio y la producción, y, probablemente, lo será en las finanzas y la tecnología en un futuro. Estas son las contradicciones crecientes que existen en el capitalismo, que incluso ponen en peligro la existencia del planeta.

MK: Usted dedica un capítulo aparte a la zona euro. Esto es particularmente relevante dado el Brexit. En los últimos 15 años hemos visto una agudización de la contradicción entre el Norte y el Sur, en particular Alemania, por una parte, y Grecia, España e Irlanda por otra. ¿Cómo lo explica?

MR: El proyecto de la Unión Europea fue el proyecto de los principales estrategas del capitalismo europeo después de 1945. El proyecto de la Unión Europea fue el proyecto de los principales estrategas del capitalismo europeo después de 1945. No querían otra guerra, ni la división de Europa. Querían desarrollar la base capitalista dentro de Europa como una fuerza unida, capaz de rivalizar a escala mundial con los EE.UU. y Asia, especialmente con Japón en ese momento. Querían acabar con las guerras entre las naciones – que se habían convertido en guerras mundiales – y utilizar los recursos de mano de obra y el capital europeos desarrollando su propio capitalismo para competir con el resto del mundo. Ése era el plan.

Primero, se introdujo la unión aduanera, terminando con los aranceles entre las tres o cuatro mayores economías, incluidos los Países Bajos. Más tarde, se desarrolló el Mercado Común (CEE), por lo que el comercio se expandió a otras áreas, no sólo en los aranceles sino en una regulación común, con tarifas y condiciones especiales para el comercio dentro de Europa. Y, luego, se creó la propia Unión Europea, que implicó la creación de instituciones políticas para integrar Europa como una sola fuerza. Otro avance fue la introducción de una moneda única, para aquellos países de la UE capaces de unirse al euro. El acuerdo estableció que el poderoso marco alemán se integraría en una moneda, “el euro” con Francia, Italia y otras economías, incluyendo los Países Bajos. En su momento fue visto como un paso necesario para reforzar la integración de Europa como una fuerza en el mundo.

Pero es muy difícil desarrollar una moneda bajo el capitalismo, cuando el capitalismo desarrolla sus fuerzas productivas produciendo un desarrollo desigual. Así, una unión capitalista lo que realmente consigue es que el débil se transforme en más débil con respecto al más fuerte. Así es como funciona el capitalismo.

En realidad, las economías más débiles dentro de este bloque, especialmente en la zona euro, estaban en mejores condiciones relativas antes de la creación del euro. Sus economías retrocedieron mientras que el ganador principal del euro fue el núcleo central del sistema, Alemania en particular.

La gran recesión expuesto estas fisuras en la zona euro. El proyecto del euro era como un tren que descarriló por la crisis económica. Es muy difícil poner el tren en sus raíles de nuevo debido a que muchos de los países más débiles entraron en crisis y los países más fuertes no estaban preparados para rescatarlos.

El proyecto del euro sólo habría funcionado si hubiera habido una unión fiscal completa, una unión federal completa, al igual que en los EE.UU. Pero recuerde que EE.UU. logró esa unidad después de una terrible guerra civil que aplastó a la oposición en el Sur esclavista. La idea de una unión fiscal completa, en el que todo el mundo paga los mismos impuestos, donde hay un solo gobierno y una moneda en todos los ámbitos no es posible en Europa en este momento, sobre todo después de la gran recesión. De hecho, el riesgo es que el proyecto del euro y todo el proyecto de la Unión Europea se fragmente, sobre todo si hay otra crisis en el futuro.

El Brexit es un ejemplo de esa tensión. Los estrategas capitalistas británicos nunca se habían interesado de verdad en la idea de la integración europea. Todavía tenían la ilusión de que Gran Bretaña era lo suficientemente potente como para no necesitar a nadie, o podría ser un socio menor del capitalismo estadounidense y por lo tanto no necesitaba integrarse en Europa para progresar. La clase dominante británica se dividió entre aquellos que pensaban que Europa era la respuesta y los que creían que era mejor estar solos o con los EE.UU…

Esa división alcanzó un punto crítico con la Gran Recesión, cuando Europa sufría una gran crisis producto de la deuda del euro. Grecia, España e Italia han caído en una profunda depresión y el liderazgo franco-alemán no ha proporcionado ayuda a estos países como parte del proyecto de la UE. Así que, algunos capitalistas británicos dijeron: “Bueno, en realidad no es en Europa donde podemos obtener beneficios; estamos mejor por nuestra cuenta“. Esta división política llegó a su punto álgido con el referéndum. En muchos sentidos, será un completo desastre para el capitalismo británico, porque sus estrategas no saben cómo van a salir de Europa.

MK: En el libro sugiere que la depresión no es permanente. ¿Hay una salida para el capitalismo?

MR: Algunos marxistas dicen que estamos en un estancamiento permanente o la depresión. No estoy de acuerdo. En el pasado, el capitalismo ha demostrado que se puede encontrar una salida, si se puede restablecer las condiciones para una mayor tasa de ganancia, como lo hizo después de la Segunda Guerra Mundial y al final del siglo 19 la depresión.

Algunos marxistas dicen que estamos en un estancamiento o depresión permanente. No estoy de acuerdo. En el pasado, el capitalismo ha demostrado que puede encontrar una salida si logra restablecer las condiciones para una mayor tasa de ganancia, como lo hizo después de la Segunda Guerra Mundial y al final de la depresión del siglo XIX.

¿Cómo lo consigue? La única manera de hacerlo es recuperar la rentabilidad. Eso significa destruir el capital que ya no es productivo. Significa directamente cortar las plantas viejas en su jardín y permitir que otras nuevas crezcan. Por supuesto, esto será a expensas de los puestos de trabajo y los medios de vida de todo el mundo. Estamos hablando de seres humanos que pierden su empleo como consecuencia del cierre de fábricas y empresas, fusiones y venta de activos, flexibilización del empleo y reducción de la producción, todo ello en aras de una mayor rentabilidad. Una crisis, tal vez una serie de depresiones, puede hacer eso. Entonces vamos a seguir con la actual depresión. El sistema tiene que deshacerse de una gran cantidad de deuda, aplastar una gran cantidad de bancos, cerrar un montón de viejas industrias y empresas. Eso es horrible, pero eso es lo que hace el capitalismo para resucitar.

El capitalismo podría obtener una nueva oportunidad con el uso de todas las nuevas tecnologías de las cuales todo el mundo está hablando – los robots, la automatización, Internet y también explotando nuevas áreas del mundo que todavía tiene grandes cantidades de mano de obra barata que puede utilizar en conjunción con estas nuevas tecnologías.

Tal vez las condiciones políticas y económicas para una nueva oportunidad del capitalismo se produzcan, digamos, en la próxima década como resultado de nuevas depresiones, pero sólo si las personas que trabajan en los países que las sufran no son capaces de cambiar el sistema de alguna manera, y los capitalistas y sus estrategas y representantes políticos permanecen en el poder.

Pero incluso si eso sucede, el capitalismo no va a resolver sus problemas de forma indefinida. De hecho, cada vez es más y más difícil para el capitalismo recuperarse y expandirse, con el calentamiento global, la baja productividad, el aumento de la desigualdad, y con áreas cada vez más pequeñas en el mundo que no está proletarizado, urbanizado y que es parte del sistema capitalista global. Hoy hay menos espacio para que el capitalismo se expanda. Se acerca su fecha de caducidad en términos históricos. Pero podría tener otro período de expansión en los próximos 20 años, incluso antes.

Ejército venezolano afirma que suprimió intento de golpe

por Bill Van Auken//

Los principales comandantes militares venezolanos declararon el domingo que las fuerzas armadas del país habían aplastado un intento de golpe de Estado protagonizado por “terroristas” y “mercenarios” vinculados a la oposición derechista del país y a gobiernos extranjeros.
El presunto intento de golpe aparentemente involucró no más de dos docenas de hombres armados que intentaron hacerse cargo de la base militar estratégica de Paramacay de la 41ª Brigada Blindada en la ciudad de Valencia, ubicada en la Zona Central de Venezuela.
El supuesto golpe ocurrió un día después de que la asamblea constituyente votara a favor de la destitución de la fiscal general del país, Luisa Ortega, una partidaria desde hace mucho tiempo del partido gobernante, que había cuestionado públicamente la legitimidad de las elecciones para la asamblea celebrada el domingo pasado.
Ortega había procesado a miembros de las fuerzas de seguridad por actos de represión llevados a cabo durante las manifestaciones contra el gobierno que fueron organizados por la oposición derechista. Cuatro meses de protestas han dejado más de 100 muertos, casi 2.000 heridos y más de 500 detenidos. Un número significativo de los muertos han sido miembros de las fuerzas de seguridad, ya que los elementos de la extrema derecha han empleado métodos cada vez más violentos.
Después de que la asamblea constituyente votara a favor de la destitución de Ortega, miembros armados de la guardia nacional rodearon sus oficinas en el centro de Caracas, bloqueando su paso cuando intentó entrar al edificio.
Ortega sostiene que la razón verdadera de su despido fueron los cargos que presentó contra miembros del gobernante PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) del presidente Nicolás Maduro por vínculos ilícitos con Odebrecht, el gigante brasileño de la construcción. La empresa admitió haber pagado 98 millones de dólares en sobornos para conseguir contratos en Venezuela, y Ortega imputó a la esposa y la madre de un exministro del PSUV el mes pasado en relación con estos planes.
En la misma sesión en que la asamblea votó por la expulsión de Ortega, Diosdado Cabello, un poderoso miembro de la dirección del PSUV y exoficial militar, anunció que el órgano legislativo permanecería en sesión por un periodo de dos años. Una asamblea constituyente convocada a través de un referéndum convocado por el fallecido predecesor de Maduro, Hugo Chávez, duró sólo cuatro meses.
El líder del supuesto intento de golpe de Estado en Valencia fue identificado como Juan Carlos Caguaripano, excapitán de la Guardia Nacional, quien fue destituido en el 2014 después de haber hecho declaraciones públicas contra el gobierno. Posteriormente, Caguaripano apareció en CNN en Español, denunciando a Maduro y, según los informes, se había exiliado en Estados Unidos.
Presentándose el domingo en un video subido a YouTube con una docena de hombres vestidos en uniformes de camuflaje, algunos armados con armas automáticas, Caguaripano declaró: “…este no es un golpe de Estado. Esta es una acción cívica y militar para restablecer el orden constitucional. Pero más aún, para salvar al país de la destrucción total”.
Entre los relatos contradictorios sobre la acción militar, se habla de elementos dentro de la brigada blindada que apoyaron la acción antes de que fuera aplastada por fuerzas leales al gobierno. El gobierno afirmó que el grupo armado fue inmediatamente reprimido por las tropas.
Según un comunicado difundido por el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, los hombres armados que fueron capturados admitieron haber sido reclutados por elementos de la “extrema derecha venezolana” actuando en colaboración con gobiernos extranjeros.
También hubo informes de un pequeño grupo de manifestantes civiles que salieron a las calles cerca de la base militar para apoyar el levantamiento antes de que fuera expulsado por las fuerzas de seguridad con gas lacrimógeno y balas de goma.
Sin embargo, los medios locales citaron a otras personas en Valencia que opinaron que todo el asunto había sido “organizado” por el gobierno para desviar el creciente enojo popular.
Se expresaron reacciones similares a finales de junio cuando un excapitán de la policía y ocasional actor de películas se apoderó de un helicóptero y lanzó granadas contra el edificio de la Corte Suprema de Venezuela.
En todo caso, el gobierno de Maduro se encuentra extremadamente sensible ante la amenaza de un levantamiento dentro del ejército, que ha servido como su principal pilar desde que Chávez, un excoronel de paracaidistas que lideró un golpe fallido y luego quedó electo por primera vez en 1999. Los oficiales y exoficiales militares ocupan aproximadamente un tercio de los puestos del gabinete del gobierno y comprenden casi la mitad de los gobernadores del país.
Los últimos acontecimientos sucedieron en un momento en que la Casa Blanca está considerando la imposición de sanciones más amplias contra el gobierno de Maduro, descrito por miembros del gabinete de Trump como un dictador. El gobierno estadounidense ha impuesto sanciones personales contra Maduro, convirtiéndolo en el quinto presidente en el poder que ha recibido tal penalización. Los otros cuatro incluyen al iraquí Sadam Huseín y el libio Muamar Gadafi, ambos asesinados, y el sirio Bashar al Asad y el norcoreano Kim Jong-un, ambos objeto de amenazas de guerra y cambios de régimen.
Aunque se han propuesto sanciones económicas más amplias, la crisis y reorganización en la Casa Blanca de Trump han demorado estas medidas. Según se informa, el jefe del gabinete de la Casa Blanca, John Kelly, un general recientemente retirado de la Marina y exjefe del Comando Sur de EE. UU. que supervisa las operaciones militares estadounidenses en América Latina, quiere dirigir personalmente la escalada de agresión estadounidense contra Venezuela.
La otra cuestión es que la imposición de sanciones contra el petróleo venezolano, la principal palanca económica al alcance del imperialismo estadounidense, sería un arma de doble filo. El año pasado, Estados Unidos importó cerca de 10 000 millones de dólares de petróleo crudo de Venezuela para alimentar a las refinerías estadounidenses. Si bien un bloqueo de estas importaciones probablemente obligaría a el estatal Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA), a incurrir en incumplimiento y hundir aún más la economía del país que ya está cayendo en picada, también implicaría un aumento en los precios de la gasolina en EE. UU.
La imposición de sanciones económicas estadounidenses significaría un mayor deterioro en las condiciones de vida de la clase obrera venezolana. La falta de ingresos por petróleo disminuiría aún más la capacidad de importar productos básicos como alimentos y medicinas. El 75 por ciento de los venezolanos informaron haber perdido un promedio de 19 libras en el 2016 debido a la escasez de alimentos, y las tasas de mortalidad infantil y materna en el país aumentaron en un 30 y 65 por ciento, respectivamente.
En el último año, la divisa nacional, el bolívar, ha perdido 94 por ciento de su valor en el mercado cambiario, reduciendo drásticamente los salarios reales de los trabajadores venezolanos, aun cuando la denominada boliburguesía, el sector de capitalistas que, junto con los militares, constituye la principal base de apoyo del gobierno de Maduro, se ha enriquecido a través de la especulación y la manipulación de divisas.

El Dow Jones en 22.000: Un nuevo récord de parasitismo

por Nick Beams//

El Promedio Industrial Dow Jones registró su séptimo récord consecutivo el día del 3 de agosto, después de llegar a 22.000 el miércoles, impulsado por un aumento de 4,7 por ciento en las acciones de Apple. El Dow ha casi triplicado su valor desde que alcanzó su punto bajo post-crisis financiera del 2008 de 6.547 en marzo del 2009.
El histórico auge bursátil ha continuado a pesar de la inestabilidad del gobierno de Trump y el aumento de las tensiones geopolíticas, con EE.UU. amenazando con guerra en Europa contra Rusia, en el Medio Oriente contra Irán, y en el este de Asia contra Corea del Norte y China. El mismo día del auge del Dow, Donald Trump promulgó nuevas sanciones contra Rusia, Irán y Corea del Norte. La Unión Europea se desmorona después del Brexit y la alianza entre los Estados Unidos y Alemania se está convirtiendo en hostilidad abierta y mutua. En medio del continuo estancamiento económico, las relaciones comerciales mundiales se están desintegrando, dando lugar a la guerra comercial y el proteccionismo.
Nada de esto ha puesto fin a la bonanza en Wall Street y las bolsas del mundo. En lo que va del año, el Dow ha subido un 11,5 por ciento. Una inversión de $10.000 hecha hace apenas una década ahora valdría $33.600. Estas enormes ganancias no llegan a toda la población —la Reserva Federal estima que sólo un 15 por ciento de los hogares posee acciones— sino que a la élite financiera.
En las primeras décadas del período post-Segunda Guerra Mundial, un alza en el mercado bursátil de los EE.UU. indicaba un fortalecimiento generalizado de la economía estadounidense, impulsada por las grandes corporaciones industriales que encarnaban la superioridad general de los métodos productivos del país. Esta época quedó en el pasado. El auge bursátil actual es una expresión de la inmensa y creciente distancia entre los mercados financieros y la economía real subyacente.
El júbilo de los directorios empresariales, Washington y la prensa por el alza del Dow por sobre los 22.000 coincide con escenas que recuerdan a la Gran Depresión. Decenas de miles trabajadores, viejos y jóvenes, en ciudades y pueblos económicamente devastados en todos los EE.UU, hacían cola para solicitar empleo con el minorista online Amazon con esperanzas de obtener puestos que pagan apenas $12,50 la hora.
Las verdaderas condiciones de millones de trabajadores quedaron en evidencia el mes pasado cuando Foxconn, el gigante taiwanés de la manufactura electrónica, decidió abrir una planta de ensamblaje en los Estados Unidos. Los salarios reales en el país ya son tan bajos que se volvió rentable trasladar la producción a los EE.UU, más cercano a la sede central de Apple y las otras empresas de alta tecnología a las que provee.
Con el hito del 2 de agosto, el Dow marcó un nuevo récord de rapidez en subir 1.000 puntos. El suceso fue bienvenido por la prensa financiera, comentando que el alza significaba un incremento en las oportunidades de ganancias de las empresas estadounidenses gracias al fortalecimiento de la economía de Estados Unidos y el mundo.
El New York Times citó a un ejecutivo empresarial que dijo que a nadie le importaba la “teleserie” en Washington y que lo que importaba era la mayor demanda mundial de las industrias pesadas y el dólar débil, que favorece las exportaciones estadounidenses.
El Wall Street Journal citó a un analista de capital de JPMorgan que afirmaba que la actual temporada de altas ganancias era “más evidencia de un repunte en las fortunas de la economía mundial” y que el crecimiento global acelerado mantendría las acciones en alza.
Estas afirmaciones no se sostienen en datos verdaderos. El Fondo Monetario Internacional proyecta un crecimiento mundial de 3,5 para este año. Mientras esto significa una leve alza respecto a las evaluaciones anteriores, está muy por debajo de los niveles anteriores a la crisis financiera mundial. Todas las principales instituciones económicas mundiales, como el FMI, el Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, indican que bajas tasas de inversión en la economía real siguen ralentizando el crecimiento de la productividad.
El mes pasado, el FMI modificó a la baja sus estimados de la expansión económica de los EE.UU. a 2,1 por ciento, comparado con su predicción de 2,5 por ciento de hace un año. La organización descartó que la economía estadounidense volvería a una tasa de crecimiento de 3 por ciento, lo que el gobierno de Trump afirma que logrará con su programa de recortes tributarios para las corporaciones, desregulación empresarial y bonos del gobierno disfrazados de inversión en infraestructura.
En lugar de reflejar la fuerza de la economía estadounidense, el auge en el mercado de valores es la consecuencia de las formas parásitas de acumulación de lucro que se han generalizado más y más en las últimas décadas, especialmente después de la crisis financiera mundial del 2008.
Estas diversas formas de parasitismo se reflejan en las principales fuerzas impulsoras detrás del alza perpetua del mercado bursátil. Una de las principales causas del alza del Dow ha sido la subida de las acciones bancarias anticipando el desmantelamiento de las mínimas normas impuestas por la Ley Dodd-Frank, que se aprobó el 2010 en respuesta a la crisis financiera. Los bancos recibieron otra ayuda cuando el mes pasado se anunció que habían aprobado las pruebas de esfuerzo organizadas por la Reserva Federal, lo que les permitió desplegar inmensas alzas en los dividendos y comprar sus propias acciones para inflar su valor.
Los motores clave del mercado ya no son las grandes corporaciones industriales, sino empresas como Facebook, Netflix, Google, Apple y Amazon, las cuales tienen acumulan lucro de manera muy distinta a los líderes del mercado del pasado. Amazon, por ejemplo, no produce nada. El alza de sus acciones, que la semana pasada convirtió brevemente a su dueño Jeff Bezos en el hombre más rico del mundo, proviene de su habilidad para inventar nuevas maneras de socavar a los gigantes minoristas tradicionales. Por tanto, el ascenso de Amazon ha venido de la mano de una ola de clausuras de tiendas minoristas y la pérdida de decenas de miles de empleos en todo los Estados Unidos.
Las empresas de alta tecnología Apple y Google, igual que las principales compañías farmacéuticas, aumentan sus ganancias monopolizando el conocimiento, protegidos por los llamados derechos de propiedad intelectual, de la misma manera que en una época pasada la posesión de tierras y la extracción de renta formaba un componente principal de la acumulación de riqueza.
Estas empresas reclaman que sus precios de monopolio son necesarios para financiar nuevas investigaciones. Pero en realidad, estos dineros se utilizan para financiar la recompra de acciones y así enriquecer groseramente a los grandes inversionistas. Apple es una de varias grandes empresas, apodadas “monstruos de la recompra” por el canal de economía CNBC, que han estado utilizando sus ganancias no para invertir en la producción, sino para aplicar “ingeniería financiera” e inflar el valor de sus acciones.
Una investigación reciente mostró que del 2006 al 2015, las 18 farmacéuticas en el índice S&P 500 gastaron $516 miles de millones en recompras y dividendos, un 11 por ciento más que lo que gastaron en investigación y desarrollo. En otras palabras, más de 500 mil millones de dólares que podrían haberse usado para mejorar la educación en salud y otros servicios sociales esenciales se gastaron en aumentar la riqueza de los ultra-ricos. Se estima que cada año las empresas del índice S&P 500 gastan entre $500 y $600 mil millones en recompra de acciones.
Estas operaciones, que mueven miles de millones de dólares directo a las manos de los ultra-millonarios, son financiadas por la Reserva Federal de los Estados Unidos. Ésta inyectó billones de dólares en los mercados financieros tras la crisis financiera del 2008, y bajó al mínimo histórico la tasa de interés de los dineros prestados para esta “ingeniería financiera”.
A contrario de lo que afirman los medios convencionales, el alza del Dow no indica que la salud de la economía estadounidense esté mejorando, sino que expresa la diseminación de la decadencia y el parasitismo.
En última instancia, este proceso de saqueo social debe ser pagado —a expensas de los empleos y el nivel de vida de la clase obrera, la misma que produce todo el valor a través de su trabajo. La enorme inflación de los activos financieros es como una pirámide invertida asentada sobre una base cada vez más estrecha de valores reales generados por la inversión productiva y la expansión de las fuerzas productivas.
Se requieren dos cosas para perpetuar esta burbuja financiera inestable e insostenible: la explotación cada vez más brutal de la clase obrera y la supresión de sus luchas. Para poner fin a lo primero hay que acabar con lo segundo, e infundir las luchas de la clase obrera con una conciencia revolucionaria y socialista.

Luis Mesina: “Es muy legítimo que los movimientos sociales disputen el escenario político”

El vocero de la Coordinadora NO+AFP conversó con Juan Pablo Cárdenas sobre el plebiscito que convocó el viernes pasado en Casa Central de la Universidad de Chile. La instancia buscará que las personas voten la continuidad del sistema de AFP o el cambio a un sistema de reparto solidario.
El viernes pasado en la Casa Central, la Coordinadora NO+AFP convocó a un plebiscito nacional para decidir qué se hará con el sistema previsional actual, es decir, si continúan las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) o se cambia el modelo por un sistema de reparto solidario. Además, harán un llamado a un cacerolazo masivo el día 24 de julio. Seguir leyendo Luis Mesina: “Es muy legítimo que los movimientos sociales disputen el escenario político”

La teoría marxista de las crisis económicas en el capitalismo

por Michael Roberts//

En mayo pasado, en la Conferencia Marx ist Muss en Berlín, debatí con el profesor Michael Heinrich sobre si Marx tenía una teoría coherente de las crisis en el capitalismo que pudiese ser probada empíricamente. La posición de Heinrich esta recogida en un artículo que escribió para Monthly Review Press en 2014, defendiendo que Marx no tenía una teoría coherente de las crisis y que, de todos modos, no puede probarse ya que sólo tenemos estadísticas oficiales capitalistas.

En la primera parte de este artículo lidio con el hecho de si Marx tenía o no una teoría coherente de las crisis. Defiendo que la teoría de Marx se basa en su ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancias y que esta ley es realista y coherente. También sostengo que Marx no abandonó esta ley en sus obras posteriores, como algunos han afirmado y que sigue siendo la mejor y más convincente teoría de las crisis económicas periódicas y recurrentes en el capitalismo. En la segunda parte del artículo, voy a proporcionar algunas evidencias empírica de las economías capitalistas modernas para apoyar esta posición. Con ello llego al final de lo que en realidad sólo es un corto ensayo sobre la teoría marxista de las crisis económicas – como yo la entiendo – y quedan sin tratar muchos aspectos.

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¿Por qué nos preocupamos por la teoría de las crisis?

Quienes participan en las luchas de los trabajadores contra el capital internacionalmente pueden preguntarse por qué algunos dedicamos tanto tiempo a reflexionar sobre las ideas de Marx y otros sobre por qué el capitalismo tiene crisis regulares y recurrentes y crisis financieras. Sabemos que es así, por lo tanto luchemos por acabar con el capitalismo y dejemos a un lado las sutilezas de la teoría.

Pero hay buenas razones para entender la teoría, porque una buena teoría conduce a una mejor práctica. Sí, sabemos que el capitalismo tiene crisis económicas regulares y a menudo profundas. Crisis que causan enormes daños a los medios de vida de la gente y frenan la organización social humana en su avance hacia un mundo de abundancia, sin escasez ni sufrimiento. Y las crisis son indicios de la naturaleza contradictoria y derrochadora del modo de producción capitalista.

Antes del capitalismo, las crisis eran producto de la escasez, el hambre y los desastres naturales. Ahora son la consecuencia de una economía monetaria con fines de lucro; que son causadas por el hombre y, sin embargo, parecen escapar a su control; un fetichismo. Por encima de todo, las crisis demuestran que el capitalismo es un sistema con fallos, a pesar de los grandes avances en la productividad del trabajo que este modo de producción ha generado en los últimos 200 años aproximadamente. Si la Humanidad quiere progresar o incluso sobrevivir como especie, tendrá que ser sustituido. Así que es importante.

¿Tenía Marx una teoría coherente de las crisis?

¿Cual es? Se trata de un intenso debate entre los marxistas. Hay varias interpretaciones. Las crisis de producción capitalista se deben al “subconsumo”, a la falta de gasto de los trabajadores que no tienen suficiente para gastar; o al “desequilibrio”, a la anarquía de la producción capitalista que implica que la producción en varios sectores puede no estar en línea con los demás y la producción apenas puede superar a la demanda; o es la falta de rentabilidad en un sistema económico que depende del beneficio de los propietarios privados para que la inversión y la producción tengan lugar. En mi opinión, esta última interpretación es la que mejor se ajusta a la teoría de Marx, es lógica y se ajusta a los hechos.

Algunos argumentan que Marx no tenía una teoría coherente de las crisis económicas, y sobre todo en el caso de la ley de la rentabilidad de Marx. El argumento es que la lectura de las obras de Marx: El Capital, Teorías de la plusvalía y los Grundrisse, muestran que la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancias de Marx es incoherente e ilógica.

Por ejemplo, la ley sostiene que el valor de los medios de producción (maquinaria, oficinas y otros equipos), con el tiempo, aumenta en relación con el valor de la fuerza de trabajo (el coste de emplear una fuerza de trabajo determinada). Marx lo llamó la composición orgánica creciente del capital. Como el valor (y las ganancias), sólo son creadas por el poder de la fuerza de trabajo, el valor producido por la fuerza de trabajo, con el tiempo, disminuye en relación con el coste de la inversión en medios de producción y fuerza de trabajo. La tasa de ganancias tiende a caer.

Pero algunos críticos marxistas piensan que esto supone asumir que la tasa de plusvalía (la ganancia en relación con el coste de la fuerza de trabajo) será estática o crecerá menos que la composición orgánica del capital. Y no hay ninguna razón lógica para asumir esto – de hecho, el aumento de la composición orgánica implica un aumento de la tasa de plusvalía (para aumentar la productividad), por lo que la ley es muy imprecisa. No sabemos si conducirá a una caída o a un aumento de la tasa de ganancias.

Pero esto es no entender la ley y cómo Marx la planteó. La ley “como tal” es que un aumento de la composición orgánica del capital, suponiendo que la tasa de plusvalía es estática, hará caer la tasa de ganancias. Pero esto es sólo una “tendencia”, porque hay “contratendencias”, incluyendo una tasa de plusvalía que aumenta, el abaratamiento del valor de los medios de producción, salarios que caen por debajo del valor de la fuerza de trabajo, el comercio exterior y las ganancias ficticias de la especulación financiera. Pero estas son ‘contratendencias”, no forman parte de la “ley como tal”, precisamente porque no pueden cambiar (la tendencia de) la ley a la larga.

Como Marx dijo: “No abolen la ley general. Pero hacen que la ley actúe más bien como una tendencia, como una ley cuya acción absoluta es obstaculizada, retardada y debilitada por circunstancias contrarias … Estas últimas no anulan la ley, sino que merman su efecto. La ley actúa como una tendencia. Y es sólo en determinadas circunstancias y sólo después de largos períodos cuando sus efectos se hacen sorprendentemente pronunciados“.

Marx sostiene que la ley se basa en dos supuestos realistas: 1) la ley del valor opera, a saber, que el valor (y la plusvalía) sólo son creadas por el trabajo vivo y 2) la acumulación capitalista conduce a un aumento de la composición orgánica del capital. Estos supuestos (o “priores” en lenguaje estadístico moderno) no sólo son realistas: son evidentes.

En primer lugar, la ley del valor. La producción de lo que Marx llamó “valores de uso” (cosas y servicios que necesitamos) es necesaria para crear valor. Pero incluso un niño puede ver que nada se produce a menos que intervenga el trabajo vivo. “Todos los niños saben que una nación que deje de trabajar, no ya un año, sino incluso un par de semanas, perecería” (Marx a Kugelmann, 11 de julio de 1868).

La composición orgánica creciente del capital es también evidente. Desde las herramientas manuales a las fábricas, la maquinaria, las estaciones espaciales, hay un enorme aumento de la productividad del trabajo en el capitalismo como consecuencia de la mecanización. Que crea nuevos puestos de trabajo para el trabajo vivo, pero que es esencialmente un proceso de ahorro del trabajo vivo en términos relativos. Mientras que cada unidad de un nuevo medio de producción puede contener menos valor (debido al menor precio de la producción de esa tecnología) que una unidad de un medio de producción más antiguo, por lo general el viejo es sustituido por medios de producción nuevos y diferentes, o por un nuevo sistema de medios de producción que contiene más valor total que el valor de los medios de producción que ha sustituido.

Como explica Marx en los Grundrisse: “Lo que se abarata es la máquina individual y sus partes componentes, pero también se  desarrolla un sistema de maquinaria; la herramienta no es simplemente reemplazada por una sola máquina, sino por todo un sistema … A pesar del abaratamiento de los elementos individuales, el precio de todo el conjunto agregado aumenta enormemente“. Como dijo Marx: “Sería posible escribir toda una historia de las invenciones realizadas desde 1830, con el único propósito de suministrar al capital armas contra las revueltas de la clase obrera“. (Marx, 1967a, p 436.).

El objetivo de la inversión capitalista no es una mayor productividad; es un mayor beneficio. Y para lograr eso, el capital necesita una mayor productividad y nuevos medios de producción que ahorren trabajo. ¿Estaba Marx en lo cierto de que la inversión capitalista conduce a una mayor composición orgánica del capital con el tiempo? Si. Mire este gráfico.

Muestra un aumento constante del valor de los medios de producción (maquinaria, etc.) en relación con el valor del trabajo (medido en tiempo de trabajo) en los EE.UU. desde 1947. También muestra el aumento de la productividad (el tiempo de trabajo necesario para producir una unidad de producto o servicios). (Aquí para el Reino Unido desde 1855, según Esteban Maito). Así que tenemos una composición orgánica del capital (VKxH) que crece. un aumento de la productividad del trabajo y un declive de la tasa de ganancias en el tiempo (TDG). Esta es la ley tal como la definió Marx.

Hay contra-tendencias pero no superan la tendencia, la ley como tal, de forma indefinida. ¿Por qué? Bueno, primero, hay un límite a la tasa de plusvalía (24 horas) y no hay límite a la expansión de la composición orgánica del capital. En segundo lugar, hay un “límite social” al aumento de la tasa de plusvalía, en concreto, la resistencia de la mano de obra (las luchas obreras) y de la sociedad (legislación social y la costumbre) establecer un mínimo de trabajadores) que establecen un nivel de vida “social” mínimo estándar y las horas de trabajo etc. Esta se la esencia de la lucha de clases bajo el capitalismo.

¿Abandonó Marx su ley de la rentabilidad como teoría de las crisis?

En una carta a Engels en fecha tan tardía como 1868, más de diez años después del primer desarrolló de la ley, Marx afirma que la ley “fue uno de los mayores triunfos sobre el puente de asnos de todos los economistas anteriores“.

Pero muchos críticos marxistas creen que Marx abandonó esta ley tan relevante porque no parece referirse a ella después de su definición a finales de los años 1860 y se centró más en el papel del crédito en situaciones de crisis (como Keynes y los economistas heterodoxos modernos hacen ahora). Por otra parte, Engels, en la edición de los manuscritos de Marx después de su muerte en los volúmenes II y III de El Capital, habría llevado demasiado lejos la ley de Marx; de hecho distorsionó las opiniones de Marx al respecto.

Ya en 1978, Jerrold Seigel pudo mirar los manuscritos. Sí, Engels hizo cambios editoriales significativos a los escritos de Marx sobre la ley, así como al volumen III de El Capital. La aborda en tres capítulos, del 13 al 15; el 13 hasta dedicado a ‘la ley’; el 14 a las ‘influencias contrarias’ y el 15 describe las “contradicciones internas” (la combinación de la tendencia y las contratendencias). Engels pasó parte del texto de las notas de Marx al capítulo 13 sobre la ‘ley como tal ‘, cuando en el manuscrito de Marx aparecen después de los factores opuestos del capítulo 14. Pero al hacerlo, Engels no hace excesivo hincapié en la importancia de la ley. Por el contrario, Engels en realidad hace que parezca que Marx equilibra las contratendencias con la ley como tal, cuando la secuencia original del texto subrayaba que la ley se acaba imponiendo a las contratendencias. Así que, como Seigel lo resume: “Engels hizo que la confianza de Marx en el funcionamiento real de la ley de rentabilidad pareciese más débil que lo que lo que sugiere el manuscrito de Marx“. (Seigel, Marx’s Fate: The Shape of a Life, Princeton, Princeton University Press, 1978, p339 y nota 26).

Fred Moseley y Regina Roth han prologado recientemente una nueva traducción al inglés de los cuatro borradores de Marx para el Volumen 3 de Ben Fowkes, donde Marx desarrolla la ley de la rentabilidad y muestran cómo Engels editó esos manuscritos para El CapitalMoseley concluye que el tan denostado Engels hizo un buen trabajo de interpretación de los borradores de Marx y no hay ninguna distorsión real. “Se puede suponer, por lo tanto, que las intervenciones de Engels se hicieron sobre la base de que deseaba hacer las posiciones de Marx más nítidas y, de esta manera, más útiles para el debate contemporáneo político y social, por ejemplo, en el tercer capítulo, sobre la tendencia decreciente de la tasa de ganancias“.

A partir de 1870, Engels se había trasladado de Manchester a Londres. Así que Marx y él se reunían, rutinariamente, casi todos los días. Las discusiones podían continuar hasta la madrugada. La casa de Marx estaba a poco más de 10 minutos a pie … y siempre estaban los pubs Mother Redcap o Grafton Arms. Todavía en 1875, Marx estaba desarrollando diversas formas de calcular la tasa de plusvalía y la tasa de ganancias. Si Marx realmente hubiera abandonado la ley como su más importante contribución a la comprensión de las contradicciones del capitalismo, ¿no se lo habría mencionado a Engels?

¿La ley de Marx se ajusta a los hechos?

Algunos críticos marxistas de la ley de la rentabilidad de Marx creen que la ley no puede ser empíricamente probada o refutada porque las estadísticas oficiales no se pueden utilizar para mostrar el funcionamiento de la ley de Marx. Pero hay un montón de estudios de economistas marxistas que muestran lo contrario. Las pruebas claves de la validez de la ley en las economías capitalistas modernas sería demostrar 1) si la tasa de ganancia cae con el tiempo a medida que la composición orgánica del capital aumenta; 2) si la tasa de ganancias aumenta cuando la composición orgánica del capital se reduce o cuando la tasa de plusvalía aumenta más rápido que la composición orgánica del capital; 3) si la tasa de ganancias aumenta, si hay fuerte caída de la composición orgánica del capital como en una crisis. Estas serían las pruebas empíricas y hay un montón de evidencia empírica para las economías de los EE.UU. y mundial para demostrar que la respuesta es sí a todas estas preguntas.

Por ejemplo, Basu y Manolakos aplicaron el análisis econométrico a la economía de Estados Unidos entre 1948 y 2007 y encontraron que había una tendencia secular a la caída de la tasa de ganancia, con una disminución medible de alrededor del 0.3 por ciento al año “después de controlar las contra-tendencias”. En mi trabajo sobre la tasa de ganancias estadounidense,también encontré un descenso medio del 0,4 por ciento al año hasta el 2009. Y aquí está un cuadro de G. Carchedi sobre el aumento de la composición orgánica del capital (COC) en el sector industrial de los EE.UU. desde 1947 en comparación con la tasa media de ganancia (TMG). Cuentan la misma historia.

TMG y COC de EE.UU. (es decir, C / V)

Hay una clara correlación inversa entre el aumento de la composición orgánica del capital y una tasa decreciente de ganancias.

¿Puede la ley de Marx explicar las crisis?

¿Cómo funciona la ley de la rentabilidad de Marx como explicación y previsión de las crisis en las economías capitalistas? La ley lleva a una relación causal clara entre las crisis periódicas y recurrentes. Que se extiende de la caída de rentabilidad a la caída de las ganancias a la caída de la inversión a la caída del empleo y los ingresos. Acaba cuando hay destrucción suficiente de valores de capital (abandono de tecnologías obsoletas, quiebra de empresas, reducción de los costes salariales) para aumentar primero las ganancias y luego la rentabilidad. El aumento de la rentabilidad conduce a su vez al aumento de la inversión. El ciclo de auge recomienza y toda la “mierda” comienza de nuevo, para usar la colorida frase de Marx. Hay un ciclo de beneficios paralelo a la tendencia a largo plazo de la tasa de ganancia a caer.

La evidencia empírica de esta causalidad entre ganancia e inversión está disponible. José Tapia Granados, utilizando el análisis de regresión,considera que, en más de 251 trimestres de la actividad económica en EE.UU. a partir de 1947, las ganancias comenzaron a reducirse mucho antes que la inversión y que las ganancias antes de impuestos pueden explicar el 44% de todos los movimientos de inversión, mientras que no hay evidencia de que la inversión pueda explicar ningún movimiento en los beneficios. Encuentro una “causalidad de Granger” del 60% a partir de los cambios anuales en ganancias y la inversión (sin publicar) y una correlación de 0,67 para el período desde 2000. Y ver esta presentación de G. Carchedi ( Carchedi Presentation).

En el período previo a la Gran Recesión 2008-9, podemos ver la causalidad visualmente para las ganancias, la inversión y el PIB real en EE.UU. en el siguiente gráfico. La masa de ganancias corporativas alcanza su techo a mediados de 2006, la inversión y el PIB dos años más tarde. Las ganancias vuelven a recuperarse a finales de 2008 y la inversión un año más tarde.

Hay dos regularidades básicas de acuerdo con los datos: que un cambio en las ganancias tiende a ser seguido un año después por un cambio en la inversión en la misma dirección; y que un cambio en la inversión es generalmente seguida en pocos años por cambios en los beneficios en la dirección opuesta. Así pues, tenemos un ciclo. A partir de estos resultados, de la “regularidad” del ciclo económico, y del hecho de que la rentabilidad se estancó en 2013 y disminuyó en 2014 (y ahora la masa de ganancias en 2015) después de crecer entre 2008 y 2012, se puede concluir con cierta seguridad que una recesión de la economía estadounidense, que será también parte de una crisis económica mundial como la Gran Recesión, volverá a ocurrir en los próximos años.

Y la ley sobre la tendencia decreciente de la tasa de ganancias de Marx permite hacer una predicción aún más importante: que el modo de producción capitalista no será eterno, que es transitorio en la historia de la organización social humana. La ley de la tendencia predice que, con el tiempo, habrá una caída en la tasa de ganancia a nivel mundial, provocando más crisis de carácter devastador. Hay trabajos de análisis marxista modernos que confirman que la tasa mundial de ganancias ha caído en los últimos 150 años. Ver el gráfico siguiente (datos de Esteban Maito “cocinadas” por mí).

Los datos de Maito para el siglo XIX han sido cuestionados recientemente  (DUMENIL-LEVY sobre MAITO, pero en un reciente trabajo, utilizando diferentes fuentes y países, encuentro una tendencia similar para el período posterior a 1945 a nivel mundial (Revisiting a world rate of profit June 2015).Un trabajo pionero de  Minqi Li y colegas, así como otro de   Dave Zachariah,muestran una tendencia similar.

Como concluye Maito: “La tendencia decreciente de la tasa de ganancias y su confirmación empírica ponen de relieve el carácter históricamente limitado de la producción capitalista. Si la tasa de ganancias mide la vitalidad del sistema capitalista, la conclusión lógica es que se está acercando a su punto final. Hay muchas maneras como el capital puede intentar superar las crisis y regenerarse constantemente. Las crisis periódicas son específicas del modo de producción capitalista y permiten, en última instancia, una recuperación parcial de la rentabilidad. Este es un aspecto característico del capital y de la naturaleza cíclica de la economía capitalista. Pero la naturaleza periódica de estas crisis no ha detenido la tendencia decreciente de la tasa de ganancias a largo plazo. Así que los argumentos que afirman que existe una inagotable capacidad del capital para restaurar la tasa de ganancias y su propia vitalidad y que por lo tanto consideran el modo de producción capitalista como algo natural y un fenómeno ahistórico, son refutadas por la evidencia empírica“.

Así que la ley prevé que, en la medida en que la composición orgánica del capital crece a nivel mundial, la tasa de ganancias caerá pesar de los factores contrarios y pese a las sucesivas crisis (que ayudan temporalmente a restaurar la rentabilidad). Esto demuestra que el capitalismo como un modo de producción y de relaciones sociales es transitorio. El capitalismo no siempre ha existido y tiene límites en última instancia, en concreto, el propio capital. Tiene “fecha de caducidad”. Esa es la esencia de la ley de la rentabilidad de Marx.

Las teorías alternativas

Con ello no se pretende negar otros factores en las crisis capitalistas. El papel del crédito es una parte importante de la teoría marxista de la crisis y, de hecho, en la medida en que la tendencia de la tasa de ganancia a caer engendra contratendencias, una de las más importantes es la expansión del crédito y la utilización de la plusvalía en la inversión en capital ficticio en lugar de capital productivo, para elevar la rentabilidad temporalmente, pero con consecuencias desastrosas, finalmente, como ha demostrado la Gran Recesión. (La Gran Recesión; La deuda importa).

Las teorías alternativas de la crisis como la del subconsumo, o la falta de demanda efectiva, se han desarrollado a partir de las teorías del reaccionario Thomas Malthus y del radical Sismondi, ambos de comienzos del siglo XIX, que fueron recogidas por Keynes en la década de 1930 y por modernos teóricos de la desigualdad como Stiglitz y por los economistas post-keynesianos. Pero la falta de demanda y el aumento de la desigualdad no puede explicar la regularidad de las crisis o predecir la siguiente. Estas teorías no tienen tampoco un fuerte respaldo empírico (¿Provoca la desigualdad crisis?).

El profesor Heinrich, tras concluir que Marx no tenía una teoría de la crisis y había abandonado la ley de la rentabilidad, sí ofrece una vaga teoría propia: a saber, el capital acumula y produce más medios de producción a ciegas. Esto crea un desequilibrio con la demanda de consumo de los trabajadores. Así que aparece una “brecha” que tiene que ser rellenada con crédito, pero de alguna manera no basta para resolver el problema indefinidamente y la producción se derrumba. Bueno, es una teoría, pero más o menos la misma que la teoría del subconsumo (sobreproducción) que el propio Heinrich rechaza y que Marx descartó hace más de 150 años. Parece menos convincente y con menos apoyo empírico que la propia teoría de las crisis de Marx basada en la ley de la rentabilidad.

Ninguna otra teoría, ya sea de la economía dominante o de la economía heterodoxa, puede explicar las crisis recurrentes y regulares y ofrecer un fundamento objetivo claro del carácter históricamente determinado del sistema capitalista.

¿Por qué no la ley de la rentabilidad de Marx?

Por último, ¿por qué el profesor Heinrich y otros como los profesores  David Harvey, Dumenil y Levy y muchos otros economistas marxistas, quieren abandonar la ley de la rentabilidad de Marx como una teoría de las crisis?

Obviamente, piensan que esta equivocada. Pero todas estas teorías alternativas tienen una cosa en común. Sugieren una salida a las crisis dentro del sistemacapitalista. Si es debida al subconsumo, el gobierno tiene que gastar más; si es debido al aumento de la desigualdad, es necesaria una corrección redistributiva fiscal; si es debido al exceso de crédito o a la inestabilidad del sector financiero, hay que regularlos. Nada de ello implica políticas o acciones para sustituir al modo de producción capitalista, sino simplemente para corregirlo o mejorarlo. Conducen a estrategias reformistas, es decir, no hay necesidad de reemplazar el modo de producción capitalista con la propiedad común de los medios de producción y la planificación controlada democráticamente para la satisfacción de las necesidades (el socialismo).

El socialismo se convierte en una cuestión moral para poner fin a la pobreza y la desigualdad, no en una necesidad objetiva si la sociedad humana quiere abolir la explotación del trabajo. Esa es una visión reformista, pero no la de Marx. En realidad, incluso estos pequeños cambios para preservar el capitalismo pueden requerir una acción revolucionaria frente a la feroz oposición por parte del capital. ¿Por qué limitarse, por lo tanto, a reformas?

(Imagen de portada: Fragmento de los murales industriales del artista Diego Rivera pintados en Detroit por encargo de Edsel Ford para la comapanía. El personaje principal es Charles Sorensen que entonces era el jefe de producción de la planta, Rivera refleja la relación entre la patronal y los trabajadores).

Megafusiones agrícolas: quién decidirá lo que comemos

por Silvia Ribeiro//

Definitivamente, el futuro de la alimentación no es lo que era. Al menos en lo que agricultura industrial se refiere. Monsanto, el villano más conocido de la agricultura transgénica, podría pronto desaparecer del escenario con ese nombre, si se autoriza su compra por parte de Bayer –aunque sus intenciones serán las mismas.

Las fusiones Syngenta-ChemChina y DuPont-Dow siguen también bajo escrutinio de las autoridades antimonopolio en muchos países. Si se concretan, las tres empresas resultantes controlarán 60 por ciento del mercado mundial de semillas comerciales (incluido casi 100 por ciento de semillas transgénicas) y 71 por ciento de los agrotóxicos a nivel global, niveles de concentración que superan ampliamente las reglas antimonopolio de cualquier país.

Estas megafusiones tendrán muchas repercusiones negativas a corto plazo: aumento notable de precios de insumos agrícolas, más disminución de innovación y de variedades a disposición del mercado, mayores limitaciones al fitomejoramiento público y aumento de agrotóxicos en los campos –y por tanto en alimentos– para poder seguir vendiendo semillas transgénicas, aunque hayan provocado resistencia en decenas de plantas invasoras y haya que subir dosis y agregar mezclas con agroquímicos aún más tóxicos. Para esas empresas, su mayor negocio es vender veneno, o sea que si no se lo impiden, éste será el curso de acción.

Estas fusiones tendrán también fuertes impactos sobre las economías campesinas y de agricultores familiares, aunque éstos en su mayoría usan sus propias semillas y pocos o ningún insumo químico, porque el poder de presión de estas megaempresas frente a gobiernos e instancias internacionales aumentará con su tamaño y por monopolizar los primeros eslabones de la cadena agroalimentaria. Aumentarán la presión para obtener leyes de propiedad intelectual más restrictivas; para restringir o ilegalizar los intercambios de semillas entre campesinos –por ejemplo con normas fitosanitarias y obligación de usar semillas registradas–; para que los programas para el campo y los créditos agrícolas sean condicionados al uso de sus insumos y semillas patentadas; para que los gastos en infraestructura y otras políticas agrícolas beneficien a la agricultura industrial y desplacen a los campesinos.

Como si no fuera suficiente, hay otros factores muy preocupantes. La ronda de fusiones no finalizará con esos movimientos, sino que apenas empieza. Lo que está en juego a mediano plazo es quién controlará los 400 mil millones de dólares (mdd) de todos los insumos agrícolas. Actualmente, el valor conjunto del mercado comercial global de semillas y agrotóxicos es de 97 mil mdd. El resto, tres veces mayor, está controlado por empresas de maquinaria y fertilizantes, que también se están consolidando. Las cuatro empresas de maquinaria más grandes (John Deere, CNH, AGCO, Kubota) ya controlan 54 por ciento de ese sector.

El sector maquinaria ya no es de simples tractores: han adquirido un alto grado de automatización, integrando GPS y sensores agrícolas a sus máquinas, drones para riego y fumigación, tractores no tripulados, así como un acúmulo masivo de datos satelitales sobre suelos y clima. A su vez, Monsanto y compañía, las seis grandes gigantes genéticas, también se han digitalizado y controlan una enorme base de datos genómicos de cultivos, microorganismos y plantas de agroecosistemas, además de otras bases de datos relacionados.

Ya existen entre ambos sectores contratos de colaboración y hasta empresas compartidas para la venta de datos climáticos y seguros agrícolas. Monsanto, por ejemplo, adquirió en 2012 la empresa Precision Planting, de instrumentos y sistemas de monitoreo para agricultura de precisión, desde siembra a riego y administración de agroquímicos. En 2013, compró The Climate Corporation, para registro y venta de datos climáticos. John Deere acordó en 2015 comprar Precision Planting a Monsanto, pero las oficinas antimonopolio de Estados Unidos y luego Brasil, objetaron la compra, por considerar que John Deere pasaría a controlar un porcentaje virtualmente monopólico del sector. Aunque finalmente la venta se canceló en 2017, es una muestra de la tendencia. Existen varias otras empresas de base digital-instrumental (Precision Hawk, Raven, Sentera, Agribotix) compartidas o en colaboración entre las trasnacionales de maquinaria agrícola con las de semillas-agrotóxicos. Ver al respecto el documento Software contra Hardware del grupo ETC (http://tinyurl.com/y9dnpano).

Todo indica que las grandes empresas de maquinaria se moverán para comprar a los gigantes genéticos, luego de finalizada la primera ronda de fusiones. Esta segunda ronda tiene el objetivo de imponer una agricultura altamente automatizada, con muy pocos trabajadores, que ofrecerá a los agricultores un paquete que no podrán rechazar: desde qué semillas, insumos, maquinaria, datos genómicos y climáticos hasta qué seguros tendrá que comprar, además de que buscarán que se condicionen los créditos agrícolas a la adquisición de este nuevo paquete, así como ahora ya se hace con semillas y agroquímicos.

Es fundamental entender y denunciar los impactos de las megafusiones desde ya. Muchas organizaciones se han movilizado para protestar en Estados Unidos, Europa, China y varios países de África y América Latina, incluso ante las oficinas anti-monopolio, lo que al menos ha retrasado su aprobación. De fondo se trata de impedir que los agronegocios se apropien de todo el campo y la alimentación, también una forma de proteger la producción campesina y agroecológica, la única forma para poder comer sano y para la soberanía alimentaria.

La crisis brasileña puede tener su segunda destitución en menos de un año

por Miguel Andrade //

La influyente Orden de Abogados de Brasil (OAB), ha exigido la destitución del presidente Michel Temer, aumentando las probabilidades de que la nación latinoamericana más grande viva su segundo cambio de mandato en menos de nueve meses. Seguir leyendo La crisis brasileña puede tener su segunda destitución en menos de un año

Para comprender la crisis de las AFP: el capital financiero y sus límites

por Michel Husson//

François Chesnais acaba de publicar un libro importante, Finance Capital Today/1. La conclusión de su trabajo amplía la temática a un cuestionamiento de los límites del capitalismo. Ha sido parcialmente traducido en francés /2 y ha sido objeto de un texto complementario publicado en esta misma página web /3. Esta contribución intenta esencialmente discutir sobre el libro y añade un breve comentario sobre la cuestión de los “límites”.

El libro de François Chesnais corona varios decenios de trabajo sobre la mundialización. Como indica el subtítulo, está principalmente consagrado al análisis de las relaciones entre empresas y bancos. Está, por tanto, evidentemente centrado en “las finanzas” pero su autor rechaza de entrada la idea de que la crisis actual sería una crisis del capitalismo “financiarizado”. No, dice, desde las primeras páginas de su introducción: se trata de una crisis del capitalismo tout court (en francés en el texto). Por consiguiente, Chesnais rechaza toda distinción simplista entre el “buen” capital productivo y el “mal” capital financiero, que sugiere que bastaría con regular las finanzas para devolver todo su dinamismo al capitalismo.

El mismo título del libro, Finance Capital Today evoca evidentemente El Capital Financiero de Rudolf Hilferding que, hace más de cien años (en 1910) estudiaba ya las relaciones entre bancos y empresas. El método de Chesnais consiste, en efecto, en confrontar los análisis y debates teóricos contemporáneos a los de los grandes clásicos, Marx evidentemente, pero también Hilferding, Lenín o Rosa Luxemburg. Para mejor especificar su objeto, Chesnais introduce una distinción entre finance capital y financial capital. El término de capital financiero –finance capital– designa “el proceso simultáneo y combinado de concentración y de centralización del capital dinero, del capital industrial y del capital comercial que resultan de las operaciones de fusiones y adquisiciones a nivel nacional o transnacional”. El financial capital corresponde a lo que se designa en francés como la finance, (en español se traduce por las finanzas, el sector financiero, etc., ndt) a saber, el conjunto constituido por los bancos y los fondos de inversión de todo tipo -lo que la contabilidad nacional llama sociedades financieras -un concepto que hay que ampliar a los segmentos financieros de las grandes empresas industriales.

Chesnais plantea otro principio de método, el de tomar “la economía mundial como un punto de partida”. Una postura así es lógicamente necesaria puesto que se trata de estudiar la mundialización, pero Chesnais reconoce con honradez que “es más fácil de decir que de hacer”. Su trabajo logra en cualquier caso no caer en un “USA-centrismo” y movilizar otros datos que los más fáciles de obtener, que tratan a menudo sobre los Estados Unidos. En el capítulo 4, propone por ejemplo una muy esclarecedora tipología de las relaciones entre bancos e industria en las principales potencias capitalistas (Alemania, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia).

¿Qué análisis de la crisis?

La definición de la crisis que propone Chesnais es clásica: es una “crisis de sobreacumulación y de sobreproducción agravada por una bajada de la tasa de ganancia”. Esta crisis estaba en gestación desde la segunda mitad de los años 1990 pero su estallido se ha retrasado “por la creación masiva de créditos y la plena incorporación de China a la economía mundial”.

Pero la bajada de la tasa de ganancia no explica todo, pues existe además un problema de realización: “las condiciones macroeconómicas que determinan las relaciones de fuerza entre el capital y el trabajo impiden la realización de la totalidad de la plusvalía producida a escala mundial. El capital está bloqueado en el punto C´ del proceso de acumulación completo”.

Chesnais señala en una nota a pie de página que “el hecho de que exista un ‘problema de realización’ además de una tasa de ganancia insuficiente es ahora reconocido, un poco a regañadientes, por Michael Roberts”. Pero Roberts, como buen representante de la ortodoxia marxista, no está de acuerdo: “de hecho, no estoy seguro de reconocer, siquiera a regañadientes, que haya un problema de realización tal como plantean Chesnais y otros” /4. Para Roberts, la insuficiencia de la demanda es una explicación tautológica, y la ley de la bajada tendencial de la tasa de ganancia es siempre y en todo lugar la causa “principal o última de la crisis”. Reprocha a Chesnais asumir la posición ecléctica defendida en particular por David Harvey, cuando afirma que “no existe teoría causal única de la formación de la crisis”. Se puede, al contrario, considerar con Chesnais que una explicación multidimensional de la crisis no implica un planteamiento ecléctico, sino que permite tomar en cuenta los rasgos específicos de cada gran crisis.

Uno de los aspectos más interesantes del libro es que Chesnais permanece estrictamente en el marco de la ley del valor: el sector financiero (la finance), cualquiera que sea la definición que se haga de él, es una enorme máquina de captar y reciclar la plusvalía pero no crea esa plusvalía que es producida por la explotación del trabajo. Este principio de método conduce a Chesnais a desmarcarse útilmente de extrapolaciones apresuradas.

Muestra cómo las firmas multinacionales han puesto en pie cadenas de valor globales que permiten poner en competencia a los asalariados del mundo entero, optimizar el desglose de los segmentos productivos, y absorber mejor la plusvalía. Estas formas contemporáneas de la mundialización productiva y su combinación con la financiarización están bien integradas en el análisis de Chesnais. Pero este último rechaza, con razón, las tesis defendidas en particular por Samir Amin o John Smith, de una renta imperialista que resultaría de una sobreexplotación. Igualmente, rechaza el análisis de Costas Lapavitsas para quien los bancos “explotarían” a los trabajadores a través de los cargos por intereses y harían así bajar el valor de la fuerza de trabajo.

¿Qué clase capitalista?

El libro de Chesnais contiene exposiciones muy esclarecedores sobre la estructura de clase de la dominación capitalista. Presenta “la interpenetración del capital bancario y del capital industrial” (por retomar una expresión de Bujarin citada favorablemente por Lenin) como un proceso que conduce a la “formación al nivel de los Estados de un bloque de poder unificado”. Pero, al contrario que Hilferding, Chesnais subraya que esos bloques de poder, que han resistido la crisis de 2008-9, no se encuentran “bajo la hegemonía de los bancos”.

Chesnais discute sobre la formación de una clase capitalista mundial y muestra los obstáculos para su constitución, que remiten fundamentalmente a la competencia entre capitales numerosos. Pero subestima quizás el papel activo de las instituciones internacionales como el FMI, el Banco Mundial o la OMC en la puesta en pie de un “terreno de juego” óptimo para el desarrollo de esta competencia. En este sentido, estas instituciones representan y defienden los intereses comunes de los grupos multinacionales.

En lo que se refiere a Europa, Chesnais tiene razón en subrayar que “la formación de una élite capitalista verdaderamente europea por medio de las fusiones intraeuropeas, tal como había previsto Mandel, no se ha producido”. Pero si es cierto que no hemos asistido a la constitución de un capitalismo europeo, las instituciones europeas también han puesto en pie, de forma muy consciente, las condiciones de una “competencia libre y no falseada”.

La cuestión de las finanzas depredadoras

Se ha señalado ya que Chesnais rechaza toda distinción entre un “buen” capital productivo y un “mal” capital financiero y que insiste al contrario en su imbricación creciente. Rechaza por tanto, lógicamente, la concepción de unas finanzas depredadoras que “absorberían” la plusvalía e impedirían que ésta se invirtiera.

Chesnais introduce sin embargo una distinción entre el “Capital como propiedad” y el “Capital como función” que corresponde a la constitución “de los accionistas y de los managers en grupos distintos”. Esta distinción es utilizada por los post-keynesianos para mostrar que el peso creciente de los accionistas va a conducir a decisiones que tienen por objetivo maximizar el beneficio a corto plazo en detrimento del crecimiento a medio plazo y por tanto de la acumulación del capital. Esta lectura se basa en una característica fundamental del capitalismo en su fase neoliberal: existe una separación creciente entre la tasa de ganancia que se restablece y la tasa de acumulación que se estanca o incluso retrocede.

Pero Chesnais rechaza toda noción de “desviación de las ganancias” y asume la tesis defendida por Andrew Kliman y Shanon Williams /5, según la cual la tasa de acumulación ha bajado en sintonía con la tasa de ganancia. Por consiguiente, según Chesnais, “las inversiones de las empresas no se han ralentizado por falta de fondos disponibles en los mercados financieros, o debido al cambio en el reparto de la ganancia entre ganancia retenida y dividendos, sino porque la tasa de ganancia ha bajado y las inversiones rentables se han reducido” (p 17).

Sin embargo existen muchos datos empíricos que muestran que la “tijera” entre ganancia y acumulación se ha abierto desde hace mucho en Europa y desde el comienzo de los años 2000 en los Estados Unidos, como ilustra el gráfico 1 /6.

Al volverse la inversión productiva “cada vez menos atractiva”, las ganancias deben “ir a alguna parte”, es decir, a los mercados financieros donde los servicios financieros de las empresas intentarán valorizarlos, en competencia con los demás fondos de inversión. Pero como “el montante de plusvalía decrece a pesar del aumento de la tasa de explotación (…) la financiarización se profundiza de forma acumulativa con las innovaciones financieras y el desarrollo de capital ficticio bajo sus nuevas formas contemporáneas” (p.18).

Gráfico 1

Inversión y posibilidad de ganancia

En % del PIB

Esta lectura no es totalmente convincente. En primer lugar, la idea de que la plusvalía global baja, de que existe, como dice Chesnais en su reciente contribución, una “situación de penuria creciente de plusvalía o sobrevalor”, es discutible. El gráfico 2 propone una estimación estadística, ciertamente poco “sofisticada” del volumen de la plusvalía /7. Muestra que no se puede hablar de la baja tendencial. El impacto de la crisis se ha borrado ya en los Estados Unidos donde el volumen de plusvalía así medido vuelve a subir, mientras que toca techo en Europa.

Gráfico 2

Una estimación del volumen de plusvalía

Base 100 en1960

En segundo lugar, esta presentación remite a una especie de “teoría de la cartera”: no siendo ya “atractiva” la inversión productiva, el beneficio va a optar por colocarse en los mercados financieros, como si la explotación del trabajo vivo y la especulación fueran dos formas alternativas de creación del valor.

¿Qué periodización?

En su libro, Chesnais propone una periodización según la cual la crisis actual marca el fin de “la más larga fase de acumulación en la historia del capitalismo, que no se ha interrumpido nunca, aunque progresivamente se haya ralentizado”. En su último artículo, insiste sobre este punto hablando de “una fase muy larga, setenta años por tanto sin paralelo en la historia del capitalismo, de acumulación ininterrumpida”. Las recesiones generalizadas de 1974-76 y de 1980-82 habrían “provocado un cambio de ritmo en los países capitalistas avanzados, pero no afectado a la dinámica de reproducción ampliada a nivel mundial”.

Este planteamiento es discutible y se puede preferir otro que distingue el capitalismo de la “Edad de oro”, de los “Treinta gloriosos” y el capitalismo neoliberal. Esto corresponde mejor a la diferencia creciente de la tasa de crecimiento entre estos dos períodos. A nivel de la Unión Europea, la tasa de crecimiento era del 5% antes de la recesión generalizada de 1974-76 y superaba a penas el 2% tras la de 1980-82 (gráfico 3).

Gráfico 3

Tasa de crecimiento del PIB 1960-2015

Fuente: Comisión Europea, base de datos Ameco.

La periodización de Chesnais no permite comprender que “la Edad de oro” es un paréntesis en la historia del capitalismo que se cerró a mediados de los años 1980 y ha conducido a la vuelta a la normalidad histórica. Esta diferencia creciente estuvo marcada por la irrupción de las políticas neoliberales y por la puesta en pie de un régimen de acumulación específica.

La periodización propuesta por Chesnais no es tampoco compatible con la trayectoria del capitalismo mundial: la mundialización y la financiarización tomaron su auge en los años 1980, como un medio de responder al agotamiento del capitalismo “fordista”. Lo muestra de forma espectacular el gráfico 4 /8. De forma general, se puede decir que el ascenso del “capital ficticio” es una característica propia del capitalismo neoliberal.

Gráfico 4

Stock de inversiones directas en el extranjero

En % del PIB mundial

La defensa del capital ficticio

Más allá de estos elementos de debate, hay que subrayar la fuerza de la tesis central del libro que permite comprender por qué la crisis dura. La financiarización de la economía equivale a una inflación de derechos de cobro potenciales sobre la plusvalía actual y la que venga, pero que exceden a la capacidad del sistema de producir tanta plusvalía. La crisis puede entonces interpretarse como un llamamiento al orden de la ley del valor: al no poder el capitalismo, sencillamente, distribuir más plusvalía de la que produce, una parte de ese capital ficticio debía ser desvalorizado. Pero, por retomar la fórmula de Chesnais, no se ha dejado a la crisis “seguir su curso” (run its course). Todas las políticas desarrolladas han apuntado, al contrario, a garantizar el capital ficticio y los derechos de cobro inherentes. Ese es uno de los elementos esenciales que influyen en el dinamismo del capitalismo y le mantienen en una fase duradera de débil crecimiento (lasting global slump).

La cuestión de los límites del capitalismo

En la conclusión de su libro, Chesnais plantea la cuestión de los límites del capitalismo de forma, por decirlo francamente, relativamente desconectada del corazón de la obra. Esta discusión está más desarrollada en su reciente contribución publicada en esta web (http://vientosur.info/spip.php?article12231), en la que Chesnais plantea así la cuestión: se trata de saber “saber si la crisis económica y financiera mundial de 2007-2008 puede ser vista simplemente como una “crisis muy grande” de un capitalismo capaz todavía de abrir una nueva fase larga de reproducción ampliada a escala del “finalmente constituido mercado mundial”, o es, por el contrario, el punto de partida del momento histórico en que el capitalismo encontraría límites que ya no podría ampliar”.

A la cuestión de saber si el capitalismo ha encontrado límites infranqueables, Chesnais sugiere una respuesta positiva alrededor de la idea que desarrolla desde hace ya varios años según la cual “la crisis climática va a combinarse con la crisis del capital” /9. Los dos límites o berreras contra las que el capitalismo debería llegar a chocar son por tanto la automatización y el medio ambiente.

La automatización es un proceso intrínsecamente contradictorio como explicaba Marx en un pasaje señalado por Mandel en su introducción al libro III de El Capital: “Un desarrollo de las fuerzas productivas que redujera el número absoluto de obreros, es decir, permitiera de hecho a la nación entera llevar a cabo en un lapso de tiempo menor su producción total, llevaría a una revolución, porque pondría a la mayoría de la población fuera del circuito. Aquí también aparece el límite específico de la producción capitalista (…). Para ella, el desarrollo de la fuerza productiva no es importante más que en la medida en que aumenta el tiempo de sobretrabajo de la clase obrera y no en que disminuye el tiempo de trabajo necesario para la producción material en general; así, se mueve en contradicciones” /10.

En su artículo de 1986 /11, Ernest Mandel evoca esta “nueva contradicción creciente entre la reducción de la cantidad absoluta de trabajo humano necesario para la producción misma de una masa creciente de mercancías y las posibilidades de realización de la plusvalía contenida en esta masa de mercancías”. Para él, “la solución, es la de una sociedad dual que dividiría al proletariado actual en dos grupos antagónicos: quienes continúan participando en el proceso de producción de la plusvalía (…); quienes son excluidos de ese proceso, y sobreviven por cualquier medio que no sea el de la venta de su fuerza de trabajo”.

El medio ambiente es evidentemente el segundo límite. Chesnais ha sido uno de los primeros marxistas en tomar conciencia y en hacer tomar conciencia del hecho de que la desregulación climática formaba parte de la crisis del capitalismo y que todo proyecto socialista debería tener en cuenta esta dimensión. Chesnais señala que “los efectos del cambio climático son ya desastrosos, entre otros, para los habitantes autóctonos del Ártico, de Groenlandia y del Himalaya, para los pastores del Este africano, los habitantes de las pequeñas islas Estado del Pacífico, para las poblaciones rurales del Delta del Gangesy subraya quelos primeros amenazados son los y las que están más alejados y son menos ‘beneficiarios’ de los mecanismos de despilfarro de la ‘sociedad de consumo’”.

Pero ¿se puede, no obstante, hablar de un límite absoluto, incluso de una “barrera inmanente”? La “catástrofe silenciosa en marcha”, por retomar la expresión de Daniel Tanuro /12, ¿conduce a un hundimiento concomitante del planeta y del capitalismo? Ese sería el “límite absoluto”, más allá del cual la especie humana se encontraría totalmente “fuera del circuito”. Pero, a pesar de todo, se puede imaginar un escenario progresivo hecho de “los conflictos violentos por los recursos de agua, las guerras civiles prolongadas por la intervención extranjera en los países más pobres, los enormes movimientos de refugiados provocados por la guerra y el cambio climático” evocados por Chesnais en su artículo de Inprecor. Se iría hacia una sociedad que se parecería a la del Talón de Hierro de Jack London o hacia un mundo tipo Mad Max, por tomar una referencia más reciente. Los dispositivos más bárbaros se pondrían en pie a medida que progresara el desastre climático.

Chesnais está de acuerdo con la crítica de la noción de “antropoceno” que sirve para designar el nuevo período abierto desde que las actividades humanas tienen un impacto global significativo sobre el ecosistema terrestre. Adopta sobre este tema los argumentos de Jason Moore que propone hablar de “capitaloceno”. Pero ¿estamos seguros de que la naturaleza sabrá hacer la distinción entre lo que tiene que ver con la actividad humana pura y lo que remite al capitalismo? Plantear la pregunta es ya responderla. Y la verdad es sin duda ésta: para evitar la catástrofe ecológica, por ejemplo, intentando cumplir los objetivos fijados por el GIEC, sería preciso una transformación profunda de los modos de vida a escala mundial que implicaría romper radicalmente con la “sociedad de consumo”. Es en cualquier caso lo que muestran los cálculos elaborados de Minqi Li /13 u otros más simplistas /14.

No es seguro finalmente que el análisis prospectivo de los desastres del capitalismo sea mejor esclarecido mediante la noción de límites absolutos, “infranqueables”, sobre los que vendrían a chocar la regresión social y el deterioro medioambiental. Lo que hay que comprender y explicar es la imbricación creciente de estos procesos en el seno de una “catástrofe silenciosa en marcha” que no tiene otro límite que las resistencias sociales (Escrito para A l´Encontre, febrero 2017).

http://alencontre.org/economie/le-capital-financier-et-ses-limites-autour-du-livre-de-francois-chesnais.html

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Notas

1/ François Chesnais, Finance Capital Today. Corporations and Banks in the Lasting Global Slump, Brill, Leiden, 2016.

2/ François Chesnais, “Le cours actuel du capitalisme et les perspectives de la société humaine civilisée”, Inprecor n° 631-632, septembre-novembre 2016.

3/ François Chesnais, “Le capitalisme a-t-il rencontré des limites infranchissables” A l’encontre, 4/02/2017.

4/ Michael Roberts, “Transformation and realisation – no problem”, November 14, 2016.

5/ Andrew Kliman, Shanon D Williams,. “Why ‘financialisation’ hasn’t depressed US productive investment”, Cambridge Journal of Economics, 39 (1), 2014.

6/ Patrick Artus, “Vis-à-vis de quoi l’investissement des entreprises américaines ou de la zone euro est-il aujourd’hui faible?”, Flash Economie, Natixis, 12 enero 2017.

7/ El volumen de la plusvalía está medido como el excedente bruto de explotación (gross operating surplus) del conjunto de la economía DEFLATÉ por el precio del PIB. Los datos provienen de la base de datos Ameco de la Comisión Europea.

8/ “The retreat of the global company”, The Economist, January 28th 2017.

9/ François Chesnais, “La crise climatique va se combiner avec la crise du capital”, Inprecor n°541-542, septembre-octobre 2008.

10/ Karl Marx, Le Capital, livre III, tome 6, Editions Sociales, Paris, 1957, pp.275-276.

11/ Ernest Mandel, “Marx, la crise actuelle et l’avenir du travail humain”, Revue Quatrième Internationale, n° 20, mai 1986.

12/ Daniel Tanuro, “Face à l’urgence écologique”, Inprecor n° 619-620 septembre-octobre 2015.

13/ Minqi Li, “The 21st Century Crisis: Climate Catastrophe or Socialis”, Review of Radical Political Economics 43(3), September 2011.

14/ Michel Husson, “Un abaque climatique”, note hussonet n° 89, 20 agosto 2015.

Portugal derrota la austeridad con aumento de salarios y pensiones

Por Orlando Lugo//

 

 

Semana informa que mientras “los griegos han estado inmersos…en una brutal terapia de austeridad económica que sigue sin reactivar la economía, los portugueses han logrado lo que a algunos equivale a la cuadratura del círculo: han rebajado el déficit fiscal al tiempo que han aumentado los salarios y las pensiones de los empleados y jubilados”.

Esta recuperación empieza en noviembre de 2015 cuando llega “al poder en Portugal el primer ministro socialista Antonio Costa, poco después de que Grecia hubiese escapado por muy poco a un derrumbe financiero absoluto”. Portugal había aplicado “un fuerte paquete de austeridad entre 2011 y 2014”, que condujo a que en “2014 el crecimiento del PIB era negativo y el desempleo llegaba al 15%”.

Citando a The Economist Semana apunta que “en 2016 Portugal redujo el déficit fiscal a la mitad hasta alcanzar el 2,1% del Producto Interno Bruto (PIB), el mejor resultado desde la transición a la democracia en 1974.” “Los salarios han regresado al nivel que tenían antes de la crisis”. O sea que “en menos de 24 meses tiene (Portugal) resultados tangibles a la vista”.

“El gobierno de Costa parece dar sustento a lo que muchos economistas heterodoxos venían advirtiendo sobre la respuesta a la crisis global: que, más que austeridad acérrima, lo que los países europeos necesitaban eran medidas que alentaran la demanda interna para impulsar el crecimiento.” “Es decir, si el gobierno gastaba más, reactivaría la economía, aumentaría la recaudación de impuestos y eventualmente reduciría el déficit fiscal existente”, comenta Semana.

Aunque The Economist señala que “la Comisión Europea sigue alertando de la fragilidad de los bancos portugueses,” “el Banco Central estima que para 2019 el desempleo habrá bajado al 7%, al tiempo que las exportaciones se incrementarán en un 6%.”

Estos resultados generan un “contraste entre la mejora de las condiciones sociales en Portugal con el deterioro de las mismas en otros países europeos”. Una consecuencia política inmediata es que “las encuestas colocan al gobernante socialismo con diez puntos porcentuales por delante de sus rivales.”

El Porteño ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

La Crisis del Partido Socialista

Por Osvaldo Costa

 

La política es una actividad frecuentemente dura y brutal, dado que es el lugar de confrontación de los intereses de las clases sociales, sin embargo, por regla general, los conflictos son maquillados con valores morales y presentados a la luz de intereses superiores, a fin de hacer digerible por la población las consecuencias de los enfrentamientos, que por lo general, en una sociedad burguesa, son adversas a las clases populares. Sin embargo ocasionalmente los ejecutores de la política de la burguesía, dejan entrever con meridiana claridad sus objetivos y métodos, fue el caso de Zaldívar y su famosa cocina. Y es el caso actual de la directiva del PS que dejando a un lado cualquier veleidad diplomática, pateo el tablero de la democracia interna del PS y mostrando su veta autoritaria asumió por sí y ante si la decisión de quien ungirá al precandidato de la colectividad.

En el comité central presidido por Isabel Allende, realizado el sábado 1 de abril se decidió –pasando por sobre los acuerdos democráticos tomados en el último congreso partidario- no realizar primarias en el PS, sacando del camino a los dos postulantes José Miguel Insulsa y Fernando Atria.

 

Las razones de una maniobra

Hay un cerrado acuerdo entre las tres facciones dominantes del PS; terceristas, renovados y el grupo de las Grandes Alamedas, quienes tienen claro que de realizarse la consulta a las bases, se le cierran las posibilidades a sus candidatos Lagos y Guillier. Las cúpulas de esta “troika” tienen claro que ni Lagos ni Guillier cuentan con un apoyo mayoritario de las bases, de ahí que la solución del problema sea sacar de la ecuación a las bases, y tomar una acuerdo cupular en el próximo comité central (el 23 de abril), donde pragmáticamente se tomara una decisión. Los cálculos son claros, Lagos no tiene posibilidades, mientras que Guillier que carece de un aparato sólido, esto lo hace un candidato ideal para el aparato del PS, que puede copar el equipo de campaña de Guillier y luego, en caso de triunfar copar el gobierno y el aparato administrativo del estado. Luego… vendría el negocio.

La maniobra ejecutada muestra claramente que el PS es una orgánica cuya única estrategia es la captura y gestión del poder. En la consecución de este objetivo carece de importancia el desarrollo de algún tipo de conexión con la estructura social, para empezar con su propia militancia. Para la actual directiva del PS la militancia no tiene el rol de ser un sujeto activo en la construcción política democrática, sino el de ser meros comparsas que tienen la función de validar y asentir lo que decidan los jerarcas de la organización. Lo único relevante es la captura de espacios de poder para los miembros de la cúpula del partido. Esto es lo que explica en ultimo termino porque el PS no tiene ninguna relación con las necesidades y las ilusiones de las masas, porque su nula participación en las demandas de los trabajadores, estudiantes, jubilados o pobladores. Es lo que explica que el PS se haya transformado en un partido clientelizado, al servicio de los grandes grupos económicos y en permanente contradicción con su propia historia.

Aunque cueste creerlo aún existe al interior del PS un segmento de honestos militantes y simpatizantes del PS, lo que se ha dado en llamar el pueblo socialista. Que sostienen hasta el día de hoy la ilusión de que es posible revertir el curso hacia la derecha y construir una izquierda antineoliberal y socialista dentro del PS. Es la hipótesis que sostiene (¿) Fernando Atria, construir a lo Jeremy Corbin, desde dentro del PS una nueva forma de hacer política con la participación de los trabajadores y las masas. Esta hipótesis ha sido destruida con ferocidad por los jerarcas actuales del PS. No somos los ingleses de Latinoamérica, el comité central del 1 de abril ha clausurado la posibilidad de acceder a ejecutar algún programa –no digamos socialista- progresista dentro del PS.

Sin embargo no todo está perdido, hay otra vía para los que piensan que es absolutamente imprescindible el cambiar el sistema capitalista neoliberal, es una vía no exenta de problemas y contradicciones a resolver, esa vía es la de construir nuevas orgánicas donde haya objetivos claros donde las decisiones se tomen de manera democrática, donde el centro del actuar político sean las necesidades de los trabajadores y las masas.

Aprender de la Gran Depresión

 por Michael Roberts//

Recientemente, el editor de economía del periódico británico The Guardian, Larry Elliott, hizo una comparación entre la Gran Depresión de los años 1930 y la actual. En efecto, Elliott defiende que la economía mundial atraviesa por una depresión similar a la de entonces. La depresión de los años 30 comenzó con un desplome del mercado de valores en 1929, seguido por un desplome global de la banca y después una caída enorme de la producción, el empleo y la inversión. En ese orden. El número de quiebras bancarias aumentó de un promedio anual de alrededor de 600 durante la década de 1920, a 1350 en la de 1930 y alcanzó su punto máximo en 1933, cuando quebraron 4000 bancos. Durante todo el período 1930-33, un tercio de todos los bancos estadounidenses quebraron. Pero lo primero que ocurrió fue el desplome del mercado bursátil.

La Larga Depresión, como me gusta llamar a la actual, comenzó con una crisis del mercado inmobiliario en los EEUU, seguida por una crisis bancaria que se extendió globalmente y que fue seguida por una enorme caída en la producción, la inversión y el empleo. Las secuelas en ambas depresiones fueron una recuperación económica larga, lenta y débil, y muchas economías nacionales aún no han recuperado los niveles previos al colapso de la producción, la inversión o la rentabilidad.

Por cierto, si alguien duda que las principales economías (G20) no atraviesan lo que yo llamo una Larga Depresión, definida como un crecimiento por debajo de la tendencia de la producción, la inversión, la productividad y el empleo, le sugiero que eche una ojeada al estupendo resumen de los economistas del Wells Fargo Bank de los indicadores clave desde el final de la Gran Recesión en 2009 para EEUU, la economía que se ha recuperado más después de la crisis.

Concluyen que durante el período 2008-2015, la reducción anual promedio del nivel del PIB real de la tendencia fue del 9,9 por ciento, del 9,8 por ciento para el consumo personal y del 10,7 por ciento para el ingreso personal disponible real. Durante el mismo período, la pérdida anual media de la inversión fija empresarial fue de 20,1 por ciento, 7,8 por ciento en el empleo y 6,9 por ciento en la productividad total de los factores. La reducción media de la fuerza de trabajo fue del 2,2 por ciento, el 7,9 por ciento de la productividad laboral y el 6,4 por ciento para los servicios de capital durante el período 2008-2015.

“Y ha habido daños de larga duración como consecuencia de la Gran Recesión en la medida en que el nivel (tendencia) de las series potenciales (para todas las variables) ha cambiado negativamente. Estos resultados son consistentes con el entorno económico general desde la Gran Recesión. Es decir, una recuperación económica dolorosamente lenta acompañada por un crecimiento más lento de los ingresos personales, el empleo, los salarios y la inversión fija empresarial”.

Elliott señala que muy pocos economistas o expertos predijeron la crisis de 1929 en el momento de auge de los mercados bursátiles y de expansión económica. Del mismo modo, muy pocos pronosticaron la crisis del mercado inmobiliario de EEUU y la posterior crisis financiera mundial. Pero algunos lo hicieron.

La parte más interesante del relato de Elliott son las causas alegadas de la Gran Depresión de los años treinta y si son las mismas de la actual Larga Depresión. Elliott cita al biógrafo de Keynes, Lord Skidelsky, en el sentido de que la causa principal fue y es la deuda excesiva. “La Gran Depresión fue provocada por las mismas causas que la crisis de 2008: una enorme montaña de deuda, la especulación en el mercado de valores, una inflación excesiva de activos y unas tasas de interés demasiado altas como para mantener unos niveles de inversión capaces de mantener el pleno empleo”.

Esta explicación es casi la convencional entre los economistas izquierdistas y heterodoxos. Skidelsky combina los puntos de vista de los economistas post-keynesianos (Steve Keen, Ann Pettifor) y de otros economistas convencionales (Mian y Sufi) que destacan los niveles -la gran montaña- de la deuda del sector privado (en particular la deuda de los hogares), siguiendo a Keynes, en el sentido de que “las tasas de interés eran demasiado elevadas para sostener el pleno empleo”.

Steve Keen, uno de los principales economistas postkeynesiano y discípulo de Minsky, publica un nuevo libro en el que argumenta que “los crecientes niveles de deuda privada hacen casi inevitable otra crisis financiera a menos que los políticos aborden la dinámica real que causa la inestabilidad financiera“. Irónicamente, Anne Pettifor acaba de publicar un nuevo libro que defiende que la impresión de más dinero (¿más deuda?) podría ayudar a sacar la economía capitalista de su depresión.

Hay mucho de verdad en el argumento de que la deuda excesiva (o el crédito, que es simplemente la otra cara del balance) es un indicador primordial de una crisis financiera inminente. La deuda fue alta en la década de 1920 antes de la crisis. Esto ha sido documentado por muchos estudios, incluyendo el trabajo pionero de Rogoff y Reinhart. Y Claudio Borio, del Banco de Pagos Internacionales también ha acumulado muchas pruebas para demostrar que es el nivel y la tasa de aumento o disminución del crédito (de hecho, el ciclo de la deuda) es mucho mejor indicador de posibles crisis financieras que la idea neo-keynesiana de un cierto estancamiento secular del crecimiento y un colapso de la “demanda agregada” (como Paul Krugman o Larry Summers).

Y no es casualidad que Steve Keen fuera uno de los pocos economistas que predijo la inminente crisis de 2008. En mi libro The Long Depression dedico todo un capítulo a esta cuestión de la deuda, lo que Marx llamó el capital ficticio. El crédito permite que la acumulación de capital se extienda más allá de la creación de valor real, por un tiempo. Pero también implica que cuando la eventual contracción de la inversión se produce, porque la rentabilidad en los sectores productivos cae, entonces el colapso es mucho mayor, ya que la deuda debe ser amortizada con la devaluación del valor del capital. El crédito actúa como un yo-yo, que sube para bajar. Así, la “deuda excesiva” es, sin duda, una “causa” de las crisis, en ese sentido. La pregunta es ¿cuando es “excesiva”? – ¿excesiva por qué? Borio cree que excesiva en relación con el crecimiento del PIB; pero, ¿qué lo determina?

El otro argumento que está vinculado a la causalidad de la deuda excesiva es el aumento de la desigualdad como causa de las crisis de 1929 y 2008. Como Elliott dice: “mientras que los asalariados vieron su trozo de la tarta económica reducirse, para los ricos y los poderosos, los “alegres veinte” fueron estupendos. En los EEUU, la reducción a la mitad de la tasa máxima del impuesto sobre la renta al 32% significó más dinero para la especulación en los mercados de acciones y bienes raíces. Los precios de las acciones subieron seis veces en Wall Street en la década anterior al colapso de Wall Street. La desigualdad fue alta y creciente, y la demanda sólo se mantuvo gracias a una burbuja de crédito”. Sí, parecido al período previo a la crisis de 2008.

Ahora bien, no creo que la creciente desigualdad haya sido la causa de la crisis de los años treinta o de 2008 y he expuesto mis argumentos en contra de esta opinión en varios lugares. La evidencia empírica no apoya una conexión causal entre desigualdad y crisis. De hecho, un nuevo estudio de JW Masonpresentado en Assa 2017 en Chicago añade más peso al argumento de que el aumento de la desigualdad y el consecuente (?) aumento de la deuda de los hogares no fue la causa del colapso financiero de 1929 o 2008. “La idea es que el aumento de la deuda es el resultado del aumento de la desigualdad en la medida en que los hogares de bajos ingresos piden préstamos para mantener los crecientes niveles de consumo a pesar del estancamiento de sus ingresos. Este consumo financiado mediante deuda fue fundamental para sostener la demanda agregada en el período anterior a 2008. Esta explicación se suele atribuir a Ragnuram Rajan y Mian y Sufi pero también es ampliamente aceptada por la izquierda. Se ha convertido en una explicación casi convencional entre los economistas poskeynesianos y marxistas. En mi artículo, sugiero algunas razones para el escepticismo”.

La esencia de mi punto de vista es que la desigualdad es siempre parte del capitalismo (y, por lo tanto, de las sociedades de clase, por definición) y la creciente desigualdad de la década de 1980 en el período neoliberal se prolongó durante décadas antes de que se produjera la crisis. Pero es más convincente como explicación que el aumento de la rentabilidad y la creciente apropiación por el capital de los beneficios del trabajo en el proceso de acumulación fue la causa del aumento de la desigualdad, no al revés. Así que la causa subyacente de la crisis debe buscarse en el propio proceso de acumulación capitalista y algún cambio en el mecanismo de la rentabilidad.

La tercera causa o razón ofrecida por Elliott para la Gran Depresión de los años 30 y la Larga Depresión actual es que no existe un poder hegemónico capaz de actuar como”prestamista de último recurso” para rescatar a los bancos y las economías nacionales con crédito y al mismo tiempo establecer las reglas para la recuperación económica mundial. Entre las dos guerras mundiales, el Reino Unido ya no era hegemónico, como lo había sido a mediados del siglo XIX y Estados Unidos no pudo o no quiso tomar su lugar. De modo que, en efecto, no existía un banquero global y, por lo tanto, se impuso la anarquía y el proteccionismo en la economía mundial.

Este fue el argumento principal del gran historiador económico, Charles Kindleberger, con su “teoría de la estabilidad hegemónica” en su libro, The World in Depression, 1929-1939. Esta teoría de las crisis internacionales ha sido seguida por historiadores económicos como Barry Eichengreen y el economista del HSBC Stephen King, citado por Elliott: “Hay similitudes entre la situación actual y la de los años treinta, en el sentido de que hay una superpotencia en declive“. Por lo tanto, el argumento es que los Estados Unidos ya no son hegemónicos y no pueden imponer normas internacionales de comercio como lo hizo después de 1945 con el FMI, el Banco Mundial y el GATT. Actualmente, existen potencias económicas rivales como China e incluso la Unión Europea que ya no se doblegan a la voluntad de EEUU. Y el FMI no está en condiciones de actuar como prestamista de último recurso para rescatar economías como Grecia, etc.

Esta posición también es defendida por economistas marxistas como Leo Panitch y Sam Gindin, quienes (a la inversa) argumentan que Estados Unidos sigue siendo un poder hegemónico y, por lo tanto, todavía lo decide todo en un “imperio informal americano” y esto explica la enorme recuperación económica del periodo neoliberal después de los años ochenta. Yanis Varoufakis argumenta algo similar en su libro, El Minotauro Global. A Skidelsky también le gusta el argumento de que la “recuperación” neoliberal se logró mediante la globalización bajo control imperial estadounidense. “La globalización permite al capital escapar del control nacional y sindical“. Considera que esta es explicación marxista: “Desde el inicio de la crisis la manera marxista de analizar las cosas me resulta mucho más atractiva“.

Pero, ¿la crisis del 2008 es el resultado de la debilidad del poder imperial estadounidense o de un excesivo poder estadounidense? De cualquier manera, dudo que la teoría hegemónica de la estabilidad sea una explicación suficiente de la Gran Depresión o de la Larga Depresión. Claramente, Estados Unidos ha sufrido un declive (relativo) como principal poder imperialista económico, aunque sigue siendo la principal potencia financiero y la potencia militar predominantemente– de manera similar al Imperio romano en su período de declive.

No cabe duda de que esto ha tenido algún efecto en la capacidad de todas las grandes economías capitalistas para salir de esta depresión y la creciente tendencia hacia el nacionalismo, el proteccionismo y el aislacionismo que ahora vemos en muchos países y en la propia América de Trump. Pero el fin de la “globalización” no ha sido provocado por el debilitamiento del poder estadounidense sino el resultado de la desaceleración de la inversión mundial, del comercio y, sobre todo, de la rentabilidad del capital que la evidencia empírica ha revelado desde finales de los años noventa. La “muerte” de la globalización fue acelerada por la crisis financiera mundial y el estancamiento del comercio mundial y los flujos de deuda desde 2008.

La Larga Depresión ha continuado no debido a la alta desigualdad o el debilitamiento de la hegemonía estadounidense o por el giro proteccionista (que apenas ha comenzado). Sigue, sostengo, por la incapacidad de una rentabilidad insuficiente a la hora de reactivar la inversión productiva y el crecimiento de la productividad; y la continua resaca del capital ficticio y de la deuda. De hecho, he demostrado que éstas son las mismas razones que prolongaron la Gran Depresión de los años treinta: baja rentabilidad, altos niveles de deuda y comercio débil.

En el artículo de Elliott también se nos ofrecen algunas diferencias entre los años treinta y ahora. La primera es que, a diferencia de los años treinta, en la actualidad los bancos centrales han actuado para impulsar la oferta monetaria y rescatar a los bancos con recortes de interés a cero y la flexibilización cuantitativa. En la década de 1930, según Adam Tooze en su libro El diluvio, las políticas deflacionarias se impusieron en todas partes. “La pregunta que los críticos han planteado desde entonces es por qué el mundo asumió con tanta ansia esta austeridad colectiva. Si los economistas keynesianos y monetaristas están de acuerdo en algo, es en las consecuencias desastrosas de este consenso deflacionista” (Tooze).

Y están de acuerdo sobre ello en la depresión actual. Como he mostrado en varias notas, el ex jefe de la Fed estadounidense Ben Bernanke es un experto en las causas de la Gran Depresión y una vez dijo en una reunión de economistas ortodoxos en conmemoración de su mentor, el gran monetarista Milton Friedman, que el error de la década de 1930 de no expandir la oferta monetaria no se repetiría. Pero aunque creen que la flexibilización cuantitativa y el dinero fácil han rescatado a los bancos y restaurado los ‘negocio como de costumbre‘, no han acabado con la actual Larga Depresión. En realidad, fue Keynes quién creyó en 1931 que ese dinero fácil y esa política monetaria no convencional terminarían con la Gran Depresión. Pero en 1936, cuando escribió su famosa Teoría General, se dio cuenta de sus limitaciones. Y, de hecho, la idea de que las cosas serían diferentes esta vez en comparación con la década de 1930 gracias a una política monetaria expansiva ha resultado ser falsa.

Los keynesianos, habiendo defendido en muchos casos el dinero fácil como salida de la depresión actual, ahora defienden los estímulos fiscales como la solución, como Keynes finalmente en 1936. Keynesianos como Skidelsky afirman que el Reino Unido tenía “estabilizadores automáticos” fiscales que se pusieron en marcha para amortiguar la crisis de los años 1930, pero que los gobiernos de entonces los bloquearon e impusieron la austeridad y fue eso lo que transformó la crisis en una depresión.

La mayoría de los gobiernos en la actualidad no han adoptado una política de gasto público masivo ni han recurrido a grandes déficits presupuestarios para impulsar la inversión y el crecimiento, principalmente porque temen un aumento masivo de la deuda pública y la carga que supondría su financiamiento por parte del sector capitalista. Pero escuchamos de la batería de economistas de izquierdas y keynesianos que la aplicación de la “austeridad” es la causa de la prolongada Larga Depresión actual. Es difícil probarlo de una manera u otra, pero en una serie de publicaciones y artículos, he expresado muchas dudassobre la explicación keynesiana de la Larga Depresión.

El New Deal no puso fin a la Gran Depresión. De hecho, el régimen de Roosevelt tuvo déficits presupuestarios consistentes de alrededor del 5% del PIB a partir de 1931, gastando el doble de sus ingresos fiscales. Y el gobierno contrató a muchos más trabajadores en sus programas – pero con pocos resultados.

Salir del patrón oro y devaluar las monedas no detuvo la Gran Depresión. De hecho, las devaluaciones competitivas, las tarifas proteccionistas y las restricciones al comercio internacional probablemente empeoraron las cosas.

Y la expansión monetaria no ha dado resultado esta vez y tampoco los estímulos fiscales (como las Abenomics en Japón han demostrado), de lo que volveremos a ser testigos si Trump es capaz de imponer déficits presupuestarios para reducir los impuestos de las empresas y aumentar la inversión en infraestructura.

El proteccionismo y las devaluaciones son cada vez más probables en este período post-Trump, post-Brexit de la Larga Depresión. De hecho, el últimodocumento de política económica para la próxima cumbre del G20 en Alemania la semana que viene ha eliminado su condena de las políticas proteccionistas. Como Elliott lo resume: “Hasta ahora, los mercados financieros han tenido una visión positiva de Trump. Se han concentrado en el potencial de crecimiento de sus planes de recortes de impuestos y mayores gastos de infraestructura, en lugar de su amenaza de construir una muralla a lo largo del Río Grande y de imponer nuevos aranceles a las importaciones mexicanas y chinas. Amenaza, sin embargo, una visión más oscura del futuro, si cada país intenta hacer lo mismo que Trump. En este escenario, una contracción de la economía mundial provocaría una contracción del comercio global, y la deflación implicaría que las deudas personales se vuelven más onerosas“.

La Gran Depresión sólo terminó cuando Estados Unidos se preparó para entrar en la guerra mundial en 1941. Entonces el gobierno asumió el control del sector privado para dirigir la inversión y el empleo y utilizar el ahorro y el consumo de la gente para el esfuerzo de guerra. La rentabilidad del capital se disparó y continuó después del final de la guerra. Mirando hacia atrás, la depresión de las décadas de 1880 y 1890 en las principales economías sólo terminó después de una serie de crisis que finalmente lograron elevar la rentabilidad del capital en los sectores y economías nacionales más eficientes y así asegurar una inversión más sostenida. Aunque al final agravó las rivalidades imperialistas sobre la explotación del planeta y acabó estallando la primera guerra mundial.

Merkel y Trump sostienen conversaciones de crisis en Washington

                                                                                                                                                      por Johanes Stern//

Con las tensiones entre Alemania y Estados Unidos en su punto más alto desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el primer encuentro entre el presidente Donald Trump y la canciller alemana Angela Merkel tuvo lugar el Viernes en Washington.

El ambiente era tenso y frío. En una sesión fotográfica conjunta en la Oficina Oval, Trump apenas reconoció a Merkel y rechazó el apretón de manos acostumbrado solicitado por los fotógrafos.
En una conferencia de prensa conjunta después de una reunión de la Casa Blanca entre Trump y Merkel, otros funcionarios y líderes empresariales de ambos países, los dos jefes de Estado expresaron su acuerdo sólo en las cuestiones de aumentár el gasto militar y la guerra. Merkel prometió a Trump que Alemania aumentaría el gasto en defensa un dos por ciento más que el mínimo de la OTAN. A cambio, Trump prometió su compromiso con la OTAN. Acordaron “trabajar juntos de la mano en Afganistán y colaborar en soluciones de Siria e Irak”.

El conflicto entre los dos países, que se situarón en lados opuestos en dos guerras mundiales en la primera mitad del siglo XX, surgió con mayor intensidad en el tema de la política comercial. Trump se quejó de que el comportamiento pasado de los aliados estadounidenses a menudo habían sido “injustos” e insistió en una “política de comercio justo”.

Lo que Trump quiere decir con esto esta claro. Amenazó a Alemania con la guerra comercial en una entrevista que dio poco antes de asumir el cargo, advirtiendo específicamente de obligaciónes a la importación de hasta un 35 por ciento contra la industria automovilística alemana. Afirmar que el comportamiento de Alemania hacia Estados Unidos era “muy injusta”, dijo que se aseguraría de que esto terminará.

En la semana pasada, el asesor económico de Trump, Peter Navarro, se refirió una vez más al superávit comercial alemán como un “asunto serio” y lo calificó de “uno de los problemas más difíciles” para la política comercial estadounidense. Estados Unidos está preparando actualmente un llamado “impuesto al ajuste fronterizo” que reduciría sustancialmente los impuestos sobre las exportaciones estadounidenses y colocaría una pesada carga sobre las importaciones alemanas y otras importaciones europeas.

Los crecientes conflictos transatlánticos también se reflejaron en la cumbre de los ministros de Finanzas del G20 en Baden Baden, Alemania. La noche anterior, el ministro alemán de Hacienda, Wolfgang Schäuble, se reunió por primera vez con su nuevo homólogo estadounidense, Steven Mnuchin. El ex banquero de Wall Street insistió en que Estados Unidos no quería una guerra comercial, pero se negó a apoyar la inclusión en el comunicado de cierre del G20 de la aclarada declaración a favor del libre comercio y en contra del proteccionismo.

El proteccionismo de Trump es una catástrofe en particular para la economía alemana orientada a la exportación. En 2015, Alemania alcanzó un superávit récord de 260.000 millones de euros, lo que correspondía a más del ocho por ciento de toda su producción económica. El comercio con los Estados Unidos representó 54.000 millones de euros del superávit. En el año anterior, los EE.UU. proporcionaron el mayor mercado de exportación de productos alemanes, con un valor total de 107.000 millones de euros.

La delegación de Merkel incluyó a destacados representantes económicos alemanes, quienes fueron encargados de convencer a Trump de la importancia del libre comercio. Pero mientras el gobierno alemán lucha por desacelerar las tensiones con Estados Unidos, está preparando medidas de represalia no menos agresivas.

El vicepresidente de la facción parlamentaria del Partido Socialdemócrata (SPD), Carsten Schneider, amenazó con controlar los capitales. “En última instancia, Alemania está financiando una gran parte del déficit comercial de Estados Unidos con sus exportaciones de capital”, dijo Schneider. “Si Trump no cede, debemos estar listos para actuar”.

En una entrevista del Viernes por la mañana con la emisora alemana Deutschlandfunk, la ministra de Economía Alemana, Brigitte Zypries (SPD), dijo: “La otra posibilidad es simple. Vamos a presentar una demanda contra él ante la Organización Mundial del Comercio. Estó establece procedimientos. En la OMC, está claramente especificado en los acuerdos que se le permite no tomar más del 2,5 por ciento en impuestos sobre las importaciónes de automóviles”.
“Esta no sería la primera vez que el señor Trump fracasa en los tribunales”, añadió el político del SPD provocativamente.
El presidente de la Federación de Industria alemana (BDI), Dieter Kempf, preguntó a Merkel antes de su viaje para presentar a Trump “el punto de vista de una economía alemana, europea … con una autoconfianza apropiada”. Los puntos de vista de Trump sobre una politica economica simplemente “No valdrían”, insistió.
Con el fin de contrarrestar a Trump de la manera más eficaz, Berlín está llevando a cabo una estrategia de preparación para la guerra comercial entre los EE.UU. y toda la Unión Europea. El periódico Handelsblatt citó al ex economista jefe del Ministerio de Economía, Jeromin Zettelmeyer, diciendo que Alemania necesita “el respaldo del resto de Europa”. Él continuó diciendo: “Tendrán que hacer una guerra comercial si es posible”.

Según un informe de Der Spiegel, el objetivo del gobierno alemán es “aislar a los estadounidenses”. Para ello, la Comisaria del Comercio de la UE, Cecilia Malmstörm, ha sido encargada de negociar acuerdos comerciales “con otros países y regiones del mundo”. En la cumbre de la UE la semana anterior, los estados de la UE se hablarón contra “tendencias proteccionistas” en el comercio mundial y situaron a la economía europea en contrá de Estados Unidos, informó Der Spiegel .

La UE “seguirá colaborando activamente con los socios comerciales internacionales”, decía la resolución final de la cumbre UE. Para ello, “se lograrán progresos decisivos en todas las negociaciones seguidas con respecto a acuerdos de libre comercio ambicioso y bien equilibrados, incluso con el Mercosur [un bloque subregional que incluye a Bolivia, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela] y México.” Las negociaciones con Japón están “cerca de una conclusión pronto” y “las relaciones comerciales con China deben fortalecerse sobre la base de un entendimiento común de beneficios mutuos y recíprocos”.
Berlín y Bruselas están ampliando sus relaciones económicas con precisamente aquellos países que están en la mira del gobierno de Estados Unidos. Trump está amenazando a México con la terminación del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN), y Washington está siguiendo un camino hacia la guerra contra China con mayor apertura. Los conflictos entre Alemania y Estados Unidos seguirán afilándose como consecuencia.

En una movida significante, Merkel habló por teléfono con el presidente chino Xi Jinping inmediatamente antes de viajar a Washington. Aprovechó esta oportunidad para expresar su oposición al proteccionismo. De acuerdo con el portavoz del gobierno de Merkel, Steffen Seibert, Merkel y Xi afirmaron que “promoverían el libre comercio y abrirían los mercados juntos”. Además, los dos líderes acordaron “continuar su confianza en la colaboración, especialmente en el marco de la presidencia alemana del G20”.

Mientras tanto, los medios de comunicación alemanes están exigiendo “una declaración aún más clara contra el nuevo proteccionismo estadounidense” e instando a que “la mayoría de otros países se movilicen contra Trump”. Esto será “necesario” en el futuro, dijo un comentario en el Reinische Post. Alemania y la UE deben “oponerse con confianza a Trump” con “sus propios fines opuestos, en lugar de dejarse intimidar por Washington”. Las condiciones para esto son favorables, dijo el diario.
Siguió diciendo se había puesto claro en Baden Baden que Alemania tenia”no sólo a los demás Estados de la UE, sino también a casi todo el resto del mundo, sobre todo China, Brasil y Japón, a su lado en materias de política comercial”.

Las razones fundamentales del comportamiento agresivo de Trump hacia Berlín, así como los esfuerzos de Alemania para construir una coalición contra los Estados Unidos, se encuentran en las insolubles contradicciones del propio sistema capitalista. El capitalismo es incapaz de superar la contradicción entre el carácter internacional de la producción y el Estado nacional. Como en la víspera de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, los conflictos entre las potencias imperialistas sobre las materias primas, los mercados de exportación, las zonas de influencia y la mano de obra barata vuelven a conducir a la guerra comercial y al conflicto militar.

La izquierda ante el colapso de la civilización industrial

Discutiendo la posibilidad de un colapso cercano de la civilización industrial, tema no sólo escasamente tratado por la izquierda tradicional, sino que además virtualmente ignorado en el campo de las luchas de los trabajadores, Manuel Casal nos introduce en una serie de debates de vital importancia de cara a la situación en la cual se encontraría actualmente el sistema capitalista.

Aunque rechazando la necesidad de la construcción de partidos revolucionarios para la toma del poder y la conquista de un Estado obrero, así como también diluyendo la necesidad de la expropiación de la burguesía internacional, pasos esenciales para prepararnos ante un posible escenario de colapso en el futuro próximo, las reflexiones de este escritor constituyen una sugerente invitación a un necesario (y ciertamente apremiante) debate al interior de las organizaciones de izquierda.

¿Qué es el cénit del petróleo y por qué se relacionaría a un posible colapso civilizatorio? ¿Cuál es el papel del cambio climático en este último? ¿En qué consiste el decrecimiento? ¿Cómo podemos prepararnos ante un escenario de colapso? Estas son algunas de las preguntas ante las cuales Casal Lodeiro nos entrega sus puntos de vista y nos advierte: debemos actuar ahora… antes de que sea demasiado tarde. M.F.]

¿Cuál es el nombre de tu reciente libro, que temáticas trata?

El título completo es “La izquierda ante el colapso de la civilización industrial. Apuntes para un debate urgente” y aborda la cuestión, crítica en este momento histórico, de hasta qué punto las izquierdas están reaccionando como deberían, o no, ante la situación de colapso civilizatorio en la que nos estamos adentrando. Es un trabajo que intenta dar un paso más allá de las obras de divulgación que explican por qué se está produciendo dicho colapso, y que intenta promover el debate urgente para pasar ya a la acción desde la política y desde los movimientos sociales.

¿Que significa para ti el término de colapso?

Esta es una cuestión terminológica importante que dejo clara desde las primeras páginas del libro, para que no quepa duda y sepamos de qué hablamos exactamente. Siguiendo al antropólogo Joseph Tainter, una autoridad mundial en la cuestión de los colapsos civilizatorios en la Historia, defino el colapso simplemente como una reducción brusca en el nivel de complejidad de una sociedad. Es decir, si nuestra sociedad, que es la más compleja de la historia humana, pierde su complejidad en un periodo breve —en términos históricos— de tiempo, entonces estamos en un proceso que denominamos “colapso”. Es decir, no tiene por qué ser un sinónimo de “apocalipsis”, sino una mera simplificación rápida de la sociedad a todos los niveles. Ni siquiera tiene que significar necesariamente una enorme tragedia a nivel social. De hecho, algunos queremos ver en él una oportunidad única en la historia, para realizar una revolución hacia una sociedad más justa y libre.

¿Por qué nuestra sociedad se dirige hacia el colapso?

Existen toda una serie de factores causantes de este colapso, que se realimentan entre sí y hacen difícil percibir el colapso, sobre todo porque este no es, como nos ha pintado Hollywood, un momento puntual, sino un proceso por etapas y que, para mayor dificultad de percepción, no se da simultáneamente en todos los lugares ni en todas las capas sociales. Entre todos esos factores considero que el declive energético causado por la llegada del petróleo a su nivel de extracción máxima (lo que llamamos el cénit del petróleo) y posterior declive, es uno de los que primero ha disparado el comienzo del proceso del colapso. No en vano nuestra sociedad depende en un grado increíble de esta fuente de energía tan especial (en sectores como el trasporte la dependencia es próxima al 100%). De hecho, la llamada “crisis económica” de 2007-2008 se considera que vino causada por el pico de precios del barril que se dio en esa época a consecuencia del cénit del petróleo convencional, lo que de acuerdo a la propia Agencia Internacional de la Energía se produjo en 2006. Esto no quita que haya otros factores adicionales gravísimos que están empujando hacia el colapso, a ritmos diferentes, como el caos climático, que en realidad no es sino la otra cara de la moneda del mismo problema histórico: la quema desaforada de los combustibles fósiles en busca del crecimiento permanente de la economía industrial y capitalista.

¿Es posible evitar el colapso, o bien es inevitable? ¿En que te basas para afirmarlo?

El colapso no lo podremos evitar en la medida en que no podremos paliar el descenso de energía disponible a partir del cénit de los combustibles fósiles. Es decir: si tenemos cada vez menos energía, no podremos mantener la complejidad social, pues su nivel es función directa de la disponibilidad (del flujo) de energía. Pensar que las energías renovables van a ser escaladas a tiempo y en la medida suficiente para cubrir la falta de petróleo es un autoengaño muy peligroso. Este tipo de energías hoy día apenas representan una fracción ínfima del consumo de energía global y presentan limitaciones enormes no sólo técnicas, sino que además de materiales, de inversión, etc., las cuales hacen muy dudoso que se puedan ampliar al ritmo necesario como para suplir al petróleo y las otras energías fósiles. Y el uranio también es un material finito, sometido a su propio cénit, aparte de lo delirante que pueda ser la apuesta por la energía nuclear por otros motivos. Hay científicos que han analizado muy bien todos estos límites, como Antonio Turiel, los cuales nos dan un baño de realismo muy necesario en este ámbito como para comprender que, si bien es obvio que las sociedades futuras van a ser “100% renovables” (porque ya no habrá otras), sería inviable pensar que puedan llegar a serlo con los niveles de consumo energético actuales. Tendremos que reducir nuestro consumo en torno a un 80-90% en los países más consumidores (los más industrializados) para poder sostenernos con la energía renovable, que será la única que nos quede en unas pocas décadas. Y eso es un colapso en toda regla, tal y como lo he definido anteriormente. Ahora bien, lo que está en juego es si hacemos esa reducción de consumo y complejidad de forma ordenada, de forma caótica, o bien dirigida por unas élites que sólo mirarán su propia supervivencia a costa de lo que sea. Aquí es donde cabe hablar de políticas y de qué piensa hacer la izquierda con el colapso, cómo lo piensa “gestionar”.

¿Cómo se relaciona el problema del agotamiento de los recursos fósiles y el cambio climático?

Como te decía antes, son problemas inseparables. Si hemos lanzado a la atmósfera tal cantidad de carbono es porque lo estamos quemando para alimentar la maquinaria mundial del crecimiento industrial, dirigido por la lógica capitalista de la acumulación de plusvalías y por el perverso mecanismo de creación de dinero en forma de deuda que nos obliga a crecer para poder devolver los préstamos más los intereses. Llegados al punto del agotamiento (o “declive”) de recursos como el petróleo, esto tiene un componente aún más grave, que es que se tenderá a quemar —para sustituirlo en algunos usos— más carbón (que emite aún más carbono a la atmósfera por unidad de energía) y más petróleos no convencionales (o pseudo-petróleos), con el resultado de acelerar el caos climático. A mí y a otros investigadores y divulgadores no nos gusta llamarlo “cambio” porque da la impresión de que simplemente pasaremos de un nivel estable a otro, también estable, sólo que más cálido. Pero no es así: estamos desestabilizando el sistema climático de tal manera que sólo podemos llamarlo “caos”, esto al punto de que aquel tardará miles de años en alcanzar de nuevo un estado más o menos estable. Algo también interesante es que abordar el problema climático permite abordar al mismo tiempo la necesidad de aprender a vivir sin petróleo. Es decir, debido al cambio climático tenemos que abandonar el petróleo y realizar profundas y rápidas trasformaciones sociales, y esto debido a su propio agotamiento también. En realidad, deberíamos parar las emisiones totalmente y ahora mismo, y eso obligaría a reformular radicalmente nuestras sociedades para vivir de manera menos compleja y menos consumidora, muchísimo menos consumidora. Así que ambas caras de la moneda nos empujan al mismo tipo de políticas, aunque quizás con ciertos matices y ritmos diferentes según dónde pongamos el énfasis, si en las consecuencias del caos climático, o en las derivadas del agotamiento energético.

¿Pueden superarse los problemas que mencionas en el marco de una sociedad capitalista?

Claramente no, en mi opinión. Y este es uno de los principales puntos de debate en los ámbitos de investigación y políticos ahora mismo. Considero que el capitalismo sólo sabe crecer, lo lleva inscrito en su ADN. Necesita crecer para generar las plusvalías y para acumular de este modo más y más capital. Y así ha sido históricamente, incluso antes de su etapa industrial. Por tanto, si el crecimiento económico es función del consumo de energía (y esto está sobradamente demostrado ya que existe una enorme correlación entre dichos ámbitos, siendo aquello de la “desmaterialización” de la economía nada más que una trampa contable), entonces en un contexto de contracción de disponibilidad energética sólo cabe decrecer y, por tanto, el capitalismo descarrila. Pero ¡ojo!, porque no podemos concluir que la desaparición del capitalismo (o su “mutación”, como la llamo en mi libro) traiga consigo automáticamente un sistema socialista, porque no es así. De hecho, lo que puede suceder al capitalismo puede ser aún peor. Y creo que estamos comenzando a ver algunas pistas de cómo esa trasformación ya está sucediendo, desembocando quizás en un sistema neo-feudal o de tipo nazi que mantendrá un control férreo de los recursos para la “salvación” de una minoría, de unos países a costa de la destrucción de otros, de unas clases sociales a costa de la dominación (ya no “explotación”) de otras. Esto es algo que la izquierda en general creo que no está comprendiendo, y me parece un fallo de análisis gravísimo. Las llamadas “democracias” actuales no se pueden sostener cuando falla la energía, el crecimiento y el pacto social que dicho crecimiento ha permitido entre la clase capitalista y el resto de la sociedad, y sólo cabe o derivar hacia auténticas democracias (socialistas o anarquistas, o ambas cosas) o hacia auténticas dictaduras. Ya estamos viendo que la clase media está desapareciendo, siendo esto un síntoma de un tipo de polarización social que nos retrotrae a las primeras épocas del capitalismo. Temo que, aunque el pasado es imposible que regrese de la misma forma, vamos a ver emerger muchas brutalidades que creíamos que nunca volverían.

¿Es posible detener el colapso, por ejemplo mediante el desarrollo de algún tipo de respuesta social autónoma?

Detenerlo no lo veo factible. Ahora sólo cabe, como dice Luis González Reyes, aprender a “navegar en aguas bravas”, evitando chocar contra las rocas, pero sin pretender determinar ni el rumbo de la balsa ni su velocidad. Cabe, como decía Dennis Meadows al cumplirse los cuarenta años del informe de “Los límites del crecimiento” publicado por el Club de Roma, abandonar el imposible objetivo de la “sostenibilidad” y cambiarlo urgentemente por la construcción de “resiliencia”, es decir, de la capacidad de resistir el gran golpe que se nos viene encima. Aquí sí que cabe la posibilidad de crear resiliencia y prepararnos a nivel social, de manera autónoma o bien coordinada con las administraciones públicas que vayan tomando conciencia de la gravedad del problema, esto para intentar minimizar el sufrimiento social. Porque si algo nos traerá claramente el colapso de la industrialización será la vuelta a un modo de vida más local, tanto en lo social como en lo económico, en la cultura, etc. Es decir, la mundialización sólo ha sido posible gracias a un petróleo abundante y barato y eso se está acabando. En la medida en que tendremos, por necesidad, que volver más a buscar la satisfacción de nuestras necesidades en nuestro entorno inmediato (en nuestro barrio, en nuestro pueblo, etc.) tendremos la oportunidad de ser más determinantes con nuestra acción local. Esto no quiere decir que haya que abandonar, claro está, la acción a nivel nacional o internacional, porque sólo desde esos niveles se puede luchar de manera efectiva contra ciertos aspectos muy graves de este colapso (conflictos bélicos por los últimos recursos, caos climático, etc.), y es por ello que hablo en el libro de las “estrategias duales”, es decir, de actuar al mismo tiempo desde la base social, y desde las instituciones estatales.

¿Crees que la Revolución Social, tal como se entendió en el siglo XX, puede ser una herramienta ya sea para frenar el colapso, o bien para prepararnos para resistir el derrumbe?

No sé si tal como se entendió entonces, porque las cosas han cambiado mucho, y ahora estamos en un contexto social y demográfico, y de recursos muy diferente. Pero sí que se pueden y deben rescatar sus elementos fundamentales, adaptados a los tiempos que nos ha tocado vivir, y convertirlos en motor de esa resistencia, de esa “resiliencia” social de la que hablaba. La izquierda debe perder el miedo a rescatar un discurso revolucionario y anti-sistema, porque ya vemos que la extrema derecha no se está moderando precisamente y está ganándole un terreno que históricamente le correspondería cubrir a la izquierda. Y, desde el otro lado, también movimientos sociales muy meritorios como las Transition Towns deberían perder el miedo a posicionarse políticamente, y ahí creo que por ejemplo apuestas más decididas que unen construcción local de resiliencia con revolución social, como la llamada Revolución Integral promovida inicialmente desde algunos colectivos catalanes, o la Vía de la Simplicidad del australiano Ted Trainer, o incluso el conocido movimiento por el Decrecimiento, son mucho más acertadas. No lo dudemos: en la medida en que seamos capaces de articular modos de vivir sin capitalismo y sin Estado (como proponen estos movimientos), estaremos siendo más “resilientes” y estaremos más preparados para resistir el colapso y para ayudar a otros a resistir. Hay que construir botes salvavidas para huir de este Titanic que se hunde ya sin remedio, por utilizar una recurrida metáfora.

¿Es necesaria una política anti-capitalista que se plantee la expropiación de la burguesía y la toma del poder de los trabajadores, esto como un paso necesario para enfrentar un escenario de colapso?

Hay muchos aspectos en tu pregunta, algunos de los cuales creo que deben ser pensados de manera reposada y con perspectiva crítica. Aunque claramente necesitamos reconocernos como anticapitalistas, ya que el capitalismo es el que nos ha llevado hasta aquí e intentar salvarlo o reformarlo sería la peor idea que podríamos tener en estos momentos. Quizás otro concepto sería el de “pos-capitalistas”, pues este término da por entendido que el capitalismo tiene fecha de caducidad y queremos ser proactivos construyendo lo que vendrá después. No tengo claro, sin embargo, que eso implique necesariamente la expropiación de la burguesía y la abolición de la propiedad privada. Está claro que se deben priorizar las necesidades sociales por encima del lucro, y que eso implica poner a la democracia por encima del mercado. Y que todo el mundo deberá tener cubiertas sus necesidades, en mi opinión por medio de una reforma agraria que permita el usufructo de un pedazo de tierra suficiente para todos. Por tanto, los medios de producción sí que deben estar en manos de las personas, así como la determinación de qué recursos se destinan a qué fines (democracia económica, primacía de la política). Por otro lado, la figura de la “Dictadura del proletariado” no me parece interesante. En primer lugar, porque reniego de cualquier forma de “dictadura” y, por otro, porque el proletariado (tal como se entiende desde la Revolución Industrial) no me parece el actor clave en esta revolución de la que hablamos. Esto lo explico en la primera parte del libro en donde intento desmontar algunos lugares comunes de la izquierda, y el papel de la clase obrera es uno de ellos. Fíjate que, si pensamos que la civilización industrial va a desaparecer, la clase trabajadora, o más bien el propio trabajo tal y como lo entendemos modernamente, siendo hijo de la industrialización, lo más lógico es que desaparezca con ella. ¿Cuál es el sujeto revolucionario, entonces? Yo hablaría del pueblo, en general, o de las clases desposeídas, o de los excluidos del sistema, lo cual abarca desde los campesinos sin tierra hasta los urbanitas sin empleo, pasando por millones de personas migrantes, etc. Somos “los que les sobramos”, según aquello que ya anticipaba el “Informe Lugano”, de Susan George.

¿Piensas que la Izquierda está discutiendo estos problemas, o bien integrándolos en sus respectivos programas?

Esta es la cuestión clave en estos momentos. Aunque en mi libro menciono algunos “pasos en la buena dirección”, creo que en general, salvo contadas excepciones, el debate no se está produciendo. Con todo, percibo que el momento histórico comienza a abrir por fin la posibilidad de que se discutan estas cuestiones, y cosas tan simples como esta entrevista o una presentación de un libro en el lugar adecuado, en un momento adecuado, puede permitir que las personas con conciencia del colapso y corazón de izquierda se activen en sus organizaciones y pongan la cuestión sobre la mesa. Esto está ya sucediendo en España con los partidarios del Decrecimiento y el Ecologismo Social. Mi modesta contribución puede servirles de herramienta para abrir las grietas en el discurso y prácticas anquilosadas en sus partidos, sindicatos, etc., esta para que se comience e perder el miedo a abordar la cuestión en sus verdaderos términos. Ya vemos que la extrema derecha está empezando a canalizar la frustración histórica producida por el amargo despertar de la sociedad de su sueño del progreso perpetuo, y algunas voces desde la izquierda están comenzando a gritar indignadas: “¡Deben ser nuestros valores los que canalicen esa frustración con objetivos de emancipación!”. Veremos si el debate logra cuajar a tiempo para evitar las peores consecuencias de la deriva actual hacia un colapso caótico o dirigido por el poder capitalista.

 

¿En el caso de las Izquierdas que se reivindican como marxistas y anti-capitalistas radicales: por ejemplo las organizaciones de cuño leninista, trotskysta o anarquista, piensas que este problema está siendo discutido con la importancia que merece?

No, creo que no. Quizás en estas izquierdas es donde más cueste, al menos en las marxistas. Y no porque no haya elementos en el propio Marx y en pensadores posteriores que permitan articular esto que llamamos “ecosocialismo”, y que sería el fundamento teórico desde el cual pensar, desde el marxismo, la respuesta ante la presente emergencia histórica, sino quizás porque existen además toda una serie de barreras no sólo ideológicas, sino que también culturales o incluso mentales, tal como apunto en “La izquierda ante el colapso…”, que son tremendamente difíciles de superar. Quizás en este sentido le costaría menos a la izquierda libertaria asumir el cambio necesario, aunque en su caso no logran superar la barrera de su anti-estatalismo, que sería —en mi opinión— necesario dejar aparcado como sucedió en España durante la Guerra Civil, esto para permitir poner en marcha, con su importantísima participación, el tipo de “estrategias duales” que mencioné anteriormente. Por eso reclamo en el libro la reconciliación de las ramas marxista y bakunista, es decir, que la excepcionalidad del momento histórico actual ponga fin al divorcio producido en la I Internacional. No podemos permitirnos la división cuando nos enfrentamos a una tragedia potencial de dimensiones planetarias.

En el caso de Chile ninguna organización de izquierda está discutiendo estos problemas: esto ya sea en el ámbito del llamado reformismo, o bien en el caso de las organizaciones anti-capitalistas: por ejemplo los grupos anarquistas que toman como referente a la ex presidente de la FECH Melissa Sepúlveda, o bien el PTR a nivel estudiantil. Una muestra de esto es que una perspectiva de colapso ni siquiera ha sido integrada en sus reflexiones ¿Que piensas de esto?

No conozco el caso chileno, pero creo que es un problema a nivel internacional. En general la socialdemocracia, o sea, la izquierda reformista, debe comprender que esa vía está agotada, debiendo además abandonar las ideas keynesianas como inviables en un contexto de fin del crecimiento económico. Por otro lado, las izquierdas más radicales o revolucionarias, deberían repensar tanto los plazos como los objetivos de su revolución, o incluso sus actores principales, esto a la luz de la situación de colapso que —no lo perdamos de vista— ya ha comenzado. Espero que mi libro pueda aportarles alguna perspectiva de interés y, sobre todo, que acudiendo a las referencias de autores que aporto (pues no pretendo ser más que un divulgador de las ideas de quienes saben más que yo y han pensado estos problemas antes), se pueda nutrir también en Chile y en toda América el debate necesario. Cada país tiene su ritmo dentro de este colapso, y también sus organizaciones tienen sus ritmos y sus bagajes históricos desde los cuales partir. Precisamente creo que desde Europa debemos mirar para el resto del mundo en la búsqueda de referentes de otras maneras de concebir la izquierda, y también a nuestro propio pasado, recuperando así mucho de la tradición histórica de las izquierdas. Así que espero que pronto en Chile tengamos referentes de un debate avanzado que nos realimenten nuestros propios debates en Europa y en otros lugares. Creo que es importante que los divulgadores sociales y científicos con una perspectiva más clara de la situación tengáis reuniones con estas organizaciones para compartir materiales para la reflexión, y un diálogo constructivo para promover su trasformación en esas “izquierdas post-industriales” que reclamamos. Mi libro plantea incluso un abanico de estrategias diferentes que podrían seguir, una serie de maneras diferentes de adaptarse.

¿Como puede la izquierda revolucionaria comenzar a discutir estos problemas, y prepararse para enfrentarlos?

Como te apuntaba en la respuesta anterior, los primeros pasos pueden darse en reuniones internas con finalidad pedagógica y de conocimiento mutuo. Por ejemplo en España están funcionando bastante bien estrategias puestas en marcha por colectivos sociales conscientes del problema, que están realizando ciclos formativos con activistas de base y, desde ahí, teniendo ya un diagnóstico compartido de la situación, promueven posteriormente candidaturas municipalistas para empezar a construir resiliencia en el nivel local, donde es más fácil. Dentro de lo que llamamos “estrategias duales”, esto se está combinando con otras organizaciones que tienen acceso a las cúpulas de los partidos para promover que se den pasos más allá de la mera firma de manifiestos anti-neokeynesianos como fue el Manifiesto “Última Llamada” en 2014, y que de una vez incorporen medidas por un decrecimiento controlado y a la altura de la emergencia histórica, aquello tanto en sus programas como en sus discursos. Y no es tan difícil, en realidad: una reciente investigación realizada en la Universidad Autónoma de Barcelona apuntaba a que más de un tercio de la población española está dispuesta a renunciar al crecimiento económico si eso es necesario para lograr ser sostenibles. Creo que esto desmiente muchos de los temores que nos expresan los partidos de izquierda con representación parlamentaria que cuando les explicamos la situación, la comienzan a comprender, pero se bloquean diciéndonos: “¡No podemos decirle esto a la gente!” Bien, pues la extrema derecha está diciendo cosas aún más chocantes, que además son falseadas, y está triunfando. ¿A qué espera la izquierda? Tienen ahí la verdad mostrada por la ciencia, tienen a una población más dispuesta de lo que creen a un discurso radical (y sobre todo, que sea sincero)… ¿Qué más quieren?

¿Donde es posible conseguir tu libro?

El libro está ya disponible en numerosas librerías del Estado español, en algunas de diversos países americanos, y también se puede adquirir por Internet desde cualquier lugar del mundo. Algunos fragmentos de la versión original (en gallego) también se pueden leer libremente en Internet. Toda la información sobre el libro la hemos reunido en el web http://esquerda.colapso.info. Espero que sea útil para todo el mundo que se acerque a la obra y que sirva como herramienta para poner en marcha este debate tan urgente y necesario.

 

Notas:

1/ Véspera de Nada, 2013 (Facilitado por Manuel Casal).

2/ Ídem.

3/ Is Global Collapse Imminent? An Updated Comparison of The Limits to Growth with Historical Data? (2014).

4/ NASA

5/ La izquierda ante el colapso de la civilización industrial. Apuntes para un debate urgente (Facilitado por Manual Casal).

6/ Ídem.

7/ Ídem.

– See more at: http://vientosur.info/spip.php?article12334#sthash.5OcyLZvF.dpuf

La trama de Mariana Aylwin, Cuba y la crisis de la Nueva Mayoría

por Andrés Figueroa Cornejo

1. La política siempre es relaciones de fuerza, de clase, de poder. Tanto entre opresores y oprimidos, como entre las distintas facciones entre los propios opresores y los propios oprimidos.

2. En Chile y el mundo existe una crisis del régimen democrático representativo liberal que se manifiesta de manera distintiva según cada sistema político de cada país. Fenoménicamente, en Chile, como no hay multas por no ir a votar, entonces el abstencionismo se aproxima al 70% de la población habilitada para sufragar. ¿Por qué? Porque las mayorías ya saben que las elecciones no cambian su vida concreta. Ello no significa que la población mágicamente ha cobrada estadios de auto-consciencia política, social, económica y cultural de sus intereses. Sólo significa que a la población chilena le da lo mismo quién administre el orden establecido. El malestar creciente existe y la corrupción del sistema político ha colaborado con su descrédito. Pero lo estructural como tendencia, es que ‘no vale la pena’ votar. De hecho, la caída de la participación electoral de la mayoría social es anterior a la revelación profusa de la corrupción. De todos modos, en la llamada “historia republicana” de Chile, el porcentaje de votación ha sido bajo. Por ejemplo, según el analista norteamericano Paul Drake (“Socialismo y Populismo en Chile 1936-1970”, Inst. de Historia de la UCV, 1992), en la elección de Pedro Aguirre Cerda en 1938, primer mandatario de los denominados “Frentes Populares”, bastó que el 5% de la población del país votará por él para que ganará.

La crisis de las democracias liberales se verifican cuando los poderes Ejecutivo y Legislativo se han vuelto con superior visibilidad en meros administradores de los intereses empresariales predominantes. Y en Chile, en particular, el denominado “duopolio” de matices invisibles entre la NM y la derecha tradicional, son el fiel reflejo del sistema político estadounidense. A saber, la NM sería el Partido Demócrata y la derecha tradicional el Partido Republicano. Cualquier parecido a otros sistemas políticos del Continente y del mundo no es pura coincidencia.

3. Puede que no pase nada, dicen quienes les conviene que no pase nada, o que pase mucho, dicen quienes les conviene que sí pase mucho ante el “incidente” respecto de la decisión soberana de la República de Cuba de no permitir el ingreso a la Isla de la dirigente del Partido Demócrata Cristiano (PDC), Mariana Aylwin, para que participara de un acto de provocación con fines sediciosos contra la Revolución. ¿Qué evento? Uno convocado por la Fundación “Libertad y Vida” ligada a Oswaldo Payá, fallecido en un accidente el 2012 y declarado contrarrevolucionario quien llegó a ser vicepresidente de la Internacional Demócrata de Centro, integrada por partidos pro-fascistas (‘centro derecha’, según la jerga oligarca liberal-conservadora) de distintas partes del mundo como el PP de España y la DC de varios países, incluyendo Chile. Al “acto” también se sumó la organización Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia, socia de partidos pro-fascistas en el Continente. Desde ahí se inventó el premio Oswaldo Payá que entregaría un reconocimiento póstumo a Patricio Aylwin (papá de Mariana) y a Luis Almagro, actual secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) y agente de la CIA (1). Sin embargo, finalmente “la actividad” no se llevaría a cabo, y eso lo sabía Mariana Aylwin por aviso previo del propio gobierno cubano (2). Igual la ex ministra de Educación de la Concertación (y sostenedora de colegios privados subvencionados (3)) insistió en asistir “como turista” a la casa de una de las hijas de Payá.

4. La finalidad nítida de Mariana Aylwin era y es crear un hecho político al interior de la Nueva Mayoría (NM) para quebrarla. Naturalmente, detrás de Mariana existen intereses objetivos, no es que sea una ocurrencia sin el aval y planificación de, por lo menos, la dirección del PDC chileno. Se inscribe en una estrategia internacional vinculada a los objetivos históricos del imperialismo norteamericano en contra de la Revolución cubana; de impedir cualquier reforma redistributiva; de golpear al Partido Comunista chileno (PCCh); y de castigar cualquier disenso respecto de los intereses pentagonistas en Chile, Nuestra América y el mundo. El PDC juega a ser el auténtico testamentario del Imperio estadounidense en el país andino.

5. Desde que el Partido Comunista chileno ingresó a la componenda en el gobierno (por eso de llamarse Concertación, ahora es Nueva Mayoría), las reyertas abiertas e implícitas entre esa tienda y el PDC han sido más o menos habituales. Si bien el sistema político dominante en Chile es nepotista, corrupto, castizo, profesionalizado, etc., que Mariana sea hija del que fuera presidente del PDC durante el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende, uno de los golpistas clave de 1973 y primer presidente de los gobiernos civiles pos régimen cívico militar, Patricio Aylwin, no se resuelve mediante una cuestión de genética política. Para no ir muy lejos, uno de los hermanos de Patricio Aylwin, Andrés Aylwin, es la antítesis política de Patricio sobre todo en materia de DDHH. La estatura ética de Andrés Aylwin a favor de las víctimas de la tiranía encabezada por la junta militar entre 1973 y 1990, superó con creces la conducta de muchos dirigentes de los propios partidos políticos “de izquierda” de donde provenían las víctimas. Y Andrés Aylwin no es ni fue un “agente” de la inteligencia cubana. Sólo es y fue un agente de la inteligencia humana.

El caso de Mariana es distinto. Aquí sí, en efecto, ella es una perfecta hija de su padre.

6. ¿En qué consiste la trama de Mariana? En términos locales e inmediatos aquí ya se aventuró la hipótesis de quebrar a la Nueva Mayoría, o, al menos, conseguir un mejor posicionamiento del PDC en su interior. ¿Qué significa un mejor posicionamiento al interior de la Nueva Mayoría? Obtener más cupos parlamentarios para el PDC y que la candidata presidencial para fines de 2017 sea Carolina Goic, actual senadora y presidenta del PDC, su ahijada política. O hacer trizas a la NM para integrarse a la derecha tradicional. O que los demás partidos de la NM expulsen al PCCh, haciéndole perder una de sus franjas más francamente reformistas. O modificar sustantivamente el incipiente programa reformista del precandidato en curso de la NM, Alejandro Guillier. O que, mínimo, el Partido Comunista chileno califique de “dictadura” al gobierno cubano. O todas las anteriores más otros objetivos probables que ya aparecerán en el camino.

7. Por otra parte, al interior del PDC existe el grupo de interés y de poder “los salvadoreños”, cuyos rostros más visibles son Gutemberg Martínez y Soledad Alvear, entre otro/as. ¿Por qué se les llama “los salvadoreños”? Debido a la colaboración estratégica que prestaron a la CIA norteamericana en la guerra de El Salvador en la década de los 80 del siglo XX. Entonces, la insurgencia revolucionaria y popular tuvo en las cuerdas a la tiranía del capital transnacional de EEUU. Por razones que no vienen a cuento explicar aquí, las fuerzas revolucionarias llegaron a una suerte de “empate estratégico” ante la ayuda material, política y militar protagónica del Pentágono al Estado salvadoreño. En medio de esa “colaboración” norteamericana, por su experiencia tanto en el golpe de Estado en Chile de 1973, como por su “auxilio generoso” a la Central Nacional de Informaciones (CNI) de la tiranía, acudió esa fracción del PDC a El Salvador a aportar con sus experticias contrainsurgentes. De allí el apodo “los salvadoreños”. Asimismo, estos mismos chicos/as jugaron un papel cardinal en imponer como primer candidato a la presidencia de Chile de los gobiernos civiles pos tiranía cívico militar, a Patricio Aylwin en vez de a otro dirigente del PDC, Gabriel Valdés, quien contaba con mayor popularidad y una posición más progresista que Aylwin. Forzudos “los salvadoreños”. Implacables.

Ni siquiera es preciso recordar que el PDC emergió como una fracción social-cristiana del Partido Conservador chileno (la “falange nacional”, inspirada en el fascista español José Antonio Primo de Rivera), que con el tiempo reemplazaría al Partido Radical (tienda preeminente en los tiempos de los “frentes populares”) en el denominado “centro político” (pendular y permeado por la lucha de clases). En las elecciones presidenciales de 1964, el candidato del PDC, Eduardo Frei Montalva (papá del ex presidente concertacionista del mismo partido, Eduardo Frei Ruiz-Tagle), recibió recursos de EEUU para su campaña y luego heredó la línea política de la época: la Alianza para el Progreso (4), estrategia imperialista anclada en la OEA con el fin de contrarrestar el ejemplo emanado de la joven Revolución cubana.

¿Qué quiere decir lo anterior? Que la dirección del PDC tiene un largo prontuario de internacionalismo fascista e imperialista en Chile y el mundo. Y en consecuencia, no es extraño el movimiento de Mariana Aylwin.

8. En tanto transcurre pesadamente el Festival de Viña del Mar, las reacciones del sistema político dominante no se han hecho esperar. Los dirigentes del PDC ya hablan de quiebre con el PCCh y la imposibilidad de cohabitar en la NM. Mientras que el PCCh comunicó que emitirá una respuesta oficial en los próximos días, el primer vicepresidente del PDC, Matías Walker, afirmó que “con estas actitudes se hace muy difícil formar una nueva coalición política con el PC”. Por su costado, el secretario nacional del PDC dijo que “Existiendo una contradicción absoluta en nuestros conceptos de democracia, es muy difícil mirar hacia adelante. Hay una diferencia insalvable respecto de qué es un sistema democrático”. Y el senador de la misma tienda, Ignacio Walker, indicó que “El incidente producido y las declaraciones públicas de la Embajada de Cuba y del PC, a mi juicio, marcan un virtual punto de quiebre en las relaciones entre la DC y el PC”.

El Partido Socialista, mediante una declaración pública trémula, aseguró que “en ningún caso, es apropiado mezclar situaciones de diferencias diplomáticas para fines de política interna chilena”.

¿Quedó claro?

9. Sincrónica y contradictoriamente (en la superficie, claro), la presente administración ejecutiva del Estado chileno, desbaratando con hechos su crítica a la decisión soberana adoptada por el gobierno cubano, y sólo para hacer referencia a los tiempos recientes, impidió el ingreso a Chile de la lideresa por los DDHH y ex senadora liberal de Colombia, Piedad Córdoba, a comienzos de octubre de 2016 (5), arguyendo la “vulneración a la Seguridad Nacional”.

De igual modo, a fines de enero de 2017, dos jóvenes peruanos de suscripción libertaria fueron expulsados del país andino a través de la aplicación del Decreto 2601, emitido en 1975 por la dictadura de Pinochet, que impone la prohibición de ingreso para quienes “propaguen o fomenten de palabra o por escrito o por otro cualquier otro medio, doctrinas que tiendan a alterar el orden social”. Como pruebas, acusaron la posesión de literatura anarquista (6).

Y la primera semana de febrero del año en curso, esta vez fue expulsado de Chile el periodista italiano Lorenzo Spairini, acusado de haber “sido detectado en diversas actividades anti sistema, alterando el orden social del país y constituyendo de esta manera un peligro para el Estado”. Spairini estaba becado por la Unión Europea para realizar asesorías comunicacionales a organizaciones sociales y sindicatos (7).

Un capítulo aparte comportaría el listado sin prensa de grupos musicales, intelectuales, dirigentes sociales y personas extranjeras que han viajado a Chile para visitar a las comunidades mapuche en resistencia por su autonomía y autodeterminación, y que ni siquiera han tenido el “honor” de ser expulsados. Simplemente no los han dejado ingresar al país en la frontera misma. Por supuesto, la lógica del poder teme que se informe sobre las luchas mapuche y además no logra entender que las comunidades mapuche pueden auto-organizarse sin asesoría de nadie. Los lectores más antiguos recordarán que las primeras versiones oficiales del ajusticiamiento fallido del Frente Patriótico Manuel Rodríguez en contra del dictador Augusto Pinochet en 1986, hablaron de “agentes extranjeros” provenientes del “comunismo internacional”, cuando en realidad los fusileros fueron chilenas y chilenos comunes y corrientes, puestos en una situación extraordinaria. El miedo de la oligarquía y el imperialismo a la organización propia de los oprimidos/as es tan profunda que produce relatos extraterrestres para explicar las realidades que no pueden tolerar.

En fin. El pueblo y el gobierno cubanos conocen muy bien sus fortalezas y desafíos, sus conquistas y debilidades. No será el autor de este artículo quien salga a defender lo que tan bien ha sabido hacer un pueblo entero, sus dirigentes, su historia.

Notas

1. http://kaosenlared.net/confirmado-almagro-es-cia/

2. http://kaosenlared.net/chile-las-razones-de-la-habana-para-prohibir-la-entrada-a-cuba-a-mariana-aylwin/

3. http://www.corporacionaprender.cl/q_somos.html

4. http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-94594.html

5. http://www.radioguatapuri.com/index.php?option=com_k2&view=item&id=41032:gobierno-de-chile-niega-ingreso-a-piedad-cordoba-por-considerarla-una-amenaza-a-su-seguridad-nacional&Itemid=218

6. http://kaosenlared.net/chile-estado-detiene-y-expulsa-a-anarquistas-de-peru/

Chile / Mapuche. Periodista italiano expulsado: “El Estado tiene miedo de los extranjeros que pueden hablar fuera de Chile”

(Fotografía: archivo de EP, Viña Santa Cruz, Chile, 2017)

Incendio y crisis agraria

En un sociedad capitalista, los antagonismos de clase determinan la naturaleza y extensión de sus crisis. Aún hechos que se nos presentan como catástrofes naturales, como las tormentas de nieve y oleadas de hielo en Europa, los terremotos, inundaciones y –por supuesto- los incendios, son todos hechos que actúan sobre el tejido social mediando sus contradicciones de clase. Al decir del escritor Jaume Perich: “cuando el bosque se quema, algo suyo se quema, señor Conde”. Seguir leyendo Incendio y crisis agraria

La movilización de los Trabajadores Fiscales

Por Osvaldo Costa

Partido Socialista de los trabajadores

El miércoles 26 la Mesa del Sector Publico MSP llamo a un paro de 72 horas a todos sus gremios, a raíz del quiebre de la mesa de diálogo con el Gobierno. La decisión se tomó luego de que el Gobierno sólo agrego un 0,2% al 3% del presupuesto inicial, un monto muy lejano al 6%, bono de 73 mil pesos y bono de fin de conflicto de hasta $107 mil, que esperaban los trabajadores. Un dato relevante es que el IPC proyectado por el banco central para el año 2016 será de 3,1 lo que significa que el aumento propuesto por el gobierno de la Nueva Mayoría es de 0,1 real.

En este proceso de negociación, que se da dentro de la estrategia del gobierno de Bachelet de hacer caer todo el peso de la crisis económica sobre los trabajadores, la táctica es clásica, primero realizar una serie de negociaciones dilatando el desenlace todo lo posible, con dos objetivos; la primera, debilitar la posición de los trabajadores, a través de la prensa y la labor de los operadores políticos al interior de los gremios, evitando que estos se movilicen, y la segunda, que se desarrolla en paralelo, es lograr la mayoría en las bancadas de parlamentarios para su propuesta. Cuando se percibe que los trabajadores no cederán, se pasa a la segunda fase, donde se trata de aprobar su proyecto en el congreso a través de una tramitación rápida. Por ahora los dos objetivos han fracasado.

Los gremios movilizados son el Colegio de Profesores, la ANEF, la ASEMUCH, la CONFENATS, LA FENTESS, LA CONFUSAM, AJUNJI, FENPRUSS, FENFUSSAP, CONFEMUCH, FENAFUCH, FENAFUECH, ANTUE, FENATS Unitaria y FENATS Nacional. Levantaron una plataforma que tiene por centro un reajuste salarial “digno”, estabilidad y buenas prácticas laborales y el fin del sistema de AFP.

La táctica del gobierno se vio alterada luego de que en una reunión llevada a cabo el lunes 24, la ANEF no llegara a un acuerdo con el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés. El encuentro se frustró luego de que frente a la demanda de los gremios del sector público de un incremento salarial del 7,5%, el Ejecutivo mantuviera su 2,9% ofrecido. A partir de esto se llamó a un paro de 72 horas desde el miércoles 26.

El balance de los tres días de movilizaciones es muy positivo, por dos motivos, por una parte la participación masiva de los trabajadores en el paro y en las movilizaciones, y en segundo lugar en la fragmentación que se ha conseguido en las filas del conglomerado de gobierno. Así la cámara de Diputados aprobó por 59 votos a favor, 3 en contra y 37 abstenciones, pero sin ponerse de acuerdo en la cifra del incremento. Mientras el senado aprobó en general y particular el proyecto con 12 votos a favor, 3 en contra y 6 abstenciones. Además del guarismo, se aprobó un bono de término de conflicto de 100 pesos para los salarios inferiores a 550 mil, y de 77 mil para los que superan esa cifra. Además, se congeló el alza para los sueldos que sobrepasan los 4.8 millones. Así, el proyecto pasará a tercer trámite constitucional y todo presagia una comisión mixta.

Lo particular de este proceso es que la cámara de diputados está constituida por 120 miembros, de los cuales 67 son de la Nueva Mayoría. Mientras es senado está compuesto por 38 miembros, de los cuales 20 son de la NM, por lo que los resultados muestran claramente la fractura del conglomerado golpeado no solo por la movilización sino también por los resultados de las elecciones municipales.

El mensaje entregado al Gobierno es que las organizaciones sindicales del Sector Público no cederán ante un intento de imponer una Reajuste General insuficiente e indigno. En consecuencia, las 15 organizaciones integrantes de la MSP han ratificado la continuidad del Paro Nacional, el próximo el miércoles 02 de noviembre. Focalizado una acción central en Valparaíso a partir de las 10.00 horas.

Desde estas páginas llamamos a todos los trabajadores a acudir a las movilizaciones, solo la unidad y la lucha permitirán conseguir nuestros objetivos.