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La alerta de misil en Hawái: treinta y ocho minutos de caos

por Patrick Martin //

La falsa alarma sobre un inminente ataque de misil balístico el sábado hizo que más de un millón de personas buscaran refugio, con muchos creyendo que tenían tan solo minutos de vida antes de ser incinerados por un impacto nuclear. Las personas buscaron refugio en los túneles de las autopistas, en parqueos subterráneos, sótanos e incluso bajaron a sus niños por pozos de cloacas. Las conversaciones por teléfono eran desgarradoras, con los presentes pensando que podía ser su última llamada a sus seres queridos. Seguir leyendo La alerta de misil en Hawái: treinta y ocho minutos de caos

Las amenazas de Trump contra Corea del Norte significan un peligro real de guerra

por Joseph Kishore//

Durante el fin de semana, Donald Trump siguió con su campaña incendiaria de amenazas sobre iniciar una guerra contra Corea del Norte que podría conllevar a una catástrofe nuclear.

El sábado por la tarde, el presidente estadounidense tuiteó que previos ocupantes de la Casa Blanca “han hablado con Corea del Norte por 25 años”. Esto “no ha funcionado”, escribió, añadiendo: “Perdón, pero funcionará una sola cosa”. Cuando se le preguntó al respecto, Trump replicó: “Se darán cuenta bastante pronto”.

Estas amenazas vinieron tres semanas después de la diatriba de Trump en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas el 19 de setiembre, cuando declaró que EUA estaba “listo, dispuesto y capaz” de “destruir totalmente” al Corea del Norte, un país con 25 millones de personas. Cuatro días después, amenazó con asesinar al líder norcoreano. Si el discurso del canciller norcoreano ante la ONU “hace eco de los pensamientos del Pequeño Hombre Cohete”, escribió Trump, “¡no estarán por acá por mucho tiempo!”.

El jueves, Trump organizó una cena en la Casa Blanca con líderes militares estadounidenses, la cual daba todas las señales de ser una reunión de un gabinete de guerra. Durante la sesión de fotos antes de la cena, Trump, rodeado por generales uniformados, destacó ese momento, describiéndolo como “la calma antes de la tormenta”. Cuando se le preguntó a qué se refería, tan sólo contesto, “Ya verán pronto”.

En la medida en que las palabras de Trump se interpreten como la expresión auténtica de las políticas y los planes del Gobierno estadounidense, la conclusión inequívoca es que el mundo se encuentre frente al borde del conflicto militar más devastador desde el inicio de la Segunda Guerra Mundial. De estar alineados políticamente el lenguaje y la realidad, la situación actual sería descrita oficialmente como de “peligro inminente de guerra”.

El senador republicano de Tennessee, Bob Corker, quien se encuentra en medio de una riña política con el mandatario, advirtió que sus imprudentes amenazas estaban conduciendo a EUA “al camino de una Tercera Guerra Mundial”. Pero, pese al comentario de Corker del domingo, la burguesía y la prensa padecen una desconexión vertiginosa entre su conciencia y la realidad. Las declaraciones públicas que salen de la Casa Blanca están siendo reportadas por los medios de comunicación como si fuesen inconsecuentes. Su entendimiento parece ser que Trump no quiere decir lo que termina pronunciando. Las consecuencias de una guerra serían tan catastróficas que Trump debe estar sólo engañando.

¿Qué tal si no lo está haciendo? ¿Y si el Gobierno norcoreano está tomando las amenazas del presidente de Estados Unidos, como lo debería estar haciendo, de forma seria? Después de que Trump haya declarado en público que destruirá a Corea del Norte y que la hora se acerca, ¿cómo interpretará Pyongyang las acciones militares estadounidenses frente a sus fronteras? Teniendo tan sólo minutos para decidir, ¿verá el régimen el acercamiento de un bombardero estadounidense hacia el espacio aéreo norcoreano como el comienzo de un ataque de escala completa? ¿Tomará la conclusión de que no tiene otra opción más que asumir lo peor e iniciar un ataque militar contra Corea del Sur? ¿Lanzará misiles, como lo ha advertido, en dirección de Japón, Guam, Australia e incluso Estados Unidos?

Desde un punto de vista puramente legal, Corea del Norte podría aducir que, en cara a las amenazas de Trump, tal acción de su parte constituiría un acto de defensa propia, una respuesta legítima ante una amenaza militar inminente.

Aparte de los cálculos de Pyongyang, se tiene que asumir que los regímenes en Beijing y Moscú también están observando los acontecimientos en marcha de forma cada vez más alarmada. Mientras que la prensa estadounidense, como de costumbre, responde a las amenazas de Trump con complacencia e insensatez, el régimen chino no puede evitar tomarlas con una seriedad mortal. Después de todo, Trump es el comandante en jefe de las fuerzas armadas de Estados Unidos. Tiene el poder para ordenar acciones militares, algo que el Congreso no se ha mostrado interesado en disputar.

Un ataque estadounidense sobre Corea del Norte significaría una amenaza abrumadora para China. Como sucedió en 1950, una guerra contra su vecino norcoreano —incluso si no desencadena rápidamente un intercambio nuclear— resultaría inexorablemente en una incursión estadounidense cruzando el paralelo 38. La última vez de que el ejército estadounidense cruzó esta frontera entre las Coreas, China respondió con un contrataque militar masivo. No hay razón para pensar que el régimen actual en Beijing permanecería pasivo ante una invasión estadounidense de Corea del Norte. Percibiría tal evento como una violación inaceptable del orden geopolítico en la península coreana de los últimos 65 años.

La reacción de Beijing estaría influenciada por las ya tensas condiciones que existen en la región Asia Pacífico. Desde hace años, Estados Unidos ha estado acumulando sus fuerzas militares sistemáticamente en el mar de China meridional bajo su “Pivote hacia Asia” que inicio la Administración Obama. El propósito de estos pasos ha sido encercar a China, la cual es considerada por secciones dominantes de la burguesía estadounidense como un competidor importante para los intereses estadounidenses. Este fin de semana, Japón, el principal competidor regional de China, anunció que apoyaba completamente las amenazas de Trump contra Corea del Norte.

Por ende, el estallido de una guerra entre Corea del Norte y Estados Unidos involucraría inevitablemente a China, y a su vez engulliría a toda Asia y Australia al baño de sangre. Tampoco sería posible que Europa y América Latina, con sus intereses respectivos en Asia, se queden a un lado.

No obstante, ha aparecido poco en la prensa estadounidense sobre las consecuencias de una guerra con Corea del Norte. Un artículo en Newsweeken abril concluyó que tal guerra dejaría un millón de muertos, asumiendo que no se lleguen a utilizar armas nucleares y no entren otras potencias en el conflicto. En un comentario para el diario Los Angeles Times el mes pasado, el general de brigada de la Fuerza Aérea, Rob Givens, calculó que 20 000 surcoreanos podrían morir cada día en una guerra en la península, incluso sin el uso de armas nucleares.

De implicar un intercambio nuclear —algo con lo que el Gobierno de Trump ha amenazado— las consecuencias serían catastróficas. Además de los millones o las decenas de millones que morirían inmediatamente, los expertos climáticos advirtieron tan recientemente como agosto que incluso una guerra nuclear regional podría enfriar el planeta hasta diez grados Celsius, lo que potencialmente generaría un invierno nuclear global que devastaría la producción agrícola del planeta.

A pesar de toda la evidencia de que podría comenzar una guerra en cualquier momento, la prensa estadounidense se niega a tomar estos eventos en serio.

El New York Times ejemplifica los esfuerzos mediáticos para adormecer a la población. Su ejemplar del 6 de octubre contiene un artículo sobre los comentarios de Trump ante los generales, donde declara que Trump “tiende a hacer declaraciones provocadoras” y “es obvio que se place en dejar a la gente adivinando”. Escribiendo como si el tema fuese cualquier chisme o intriga de la Casa Blanca, el Times indica que el “timing” de su declaración sobre la “calma antes de la tormenta” fue “particularmente provocador”.

“Pero es igual de plausible”, concluye el artículo, “que el Sr. Trump estuviese meramente siendo teátrico, utilizando el trasfondo de oficiales militares para crear algo de drama”.

Los esfuerzos de los medios de comunicación para minimizar el peligro contrastan con las señales de divisiones serias dentro de la Administración Trump. Hay rumores de que el secretario de Estado, Rex Tillerson, será expulsado o decidirá renunciar después de que Trump minara directamente sus pasos este último mes para retomar negociaciones con el Gobierno norcoreano. La reunión del jueves de los principales asesores en la Casa Blanca, ataviados con sus uniformes, pudo haber sido un intento de Trump para asegurar que el ejército está de su lado en antelación a una guerra.

Sin embargo, estas divisiones son de carácter meramente táctico. En última instancia, Trump no habla en su propio nombre, sino en el de la burguesía estadounidense. Todas las facciones dominantes de la oligarquía del país apoyan la estrategia básica de recurrir al uso de su poderío militar para preservar su posición hegemónica en el extranjero.

Trump emplea un lenguaje excepcionalmente crudo y brutal para justificar la política exterior de Estados Unidos, pero él no es de ningún modo el autor de la estrategia hegemónica de Washington. Estados Unidos ha estado en guerra continuamente por más de veinticinco años. Este fin de semana marca el decimosexto aniversario de la invasión de Afganistán.

El Pentágono está dirigiendo acciones militares por todo el mundo, usualmente sin que el pueblo estadounidense esté informado sobre los despliegues de personal militar. La muerte en combate esta última semana de cuatro soldados estadounidenses en el país africano de Níger fue una gran sorpresa para la población norteamericana.

Una guerra con Corea podría ser detonada en cualquier momento. Esta es la realidad de la situación. En vez de especular pasivamente sobre si Trump está haciendo engaños o no, la tarea crítica es la construcción de un poderoso movimiento basado en la clase obrera contra la marcha a la guerra. El simple hecho de que el presidente estadounidense sonría y se ría mientras amenaza a millones con su aniquilación es prueba suficiente de que el sistema político estadounidense se encuentra en su fase terminal y es capaz de perpetrar cualquier crimen.

 

(imagen, simulacro de guerra en Corea del Norte, septiembre 2017)

 

Detrás de la campaña de guerra de EE.UU. contra Corea del Norte

Peter Symonds//

La prueba norcoreana de un misil de corto alcance el lunes, la última de una serie de ensayos similares, ha provocado otra ronda de reclamos y advertencias de parte de Washington y sus aliados, mientras que Estados Unidos continúa amontonando sus fuerzas militares alrededor de la península coreana. El Cuerpo de Marines de EE.UU. anunció la semana pasada que estará enviando el portaviones USS Nimitz y su grupo de batalla a la región, elevando a tres el número de portaaviones capaces de dirigir su enorme poderío contra Corea del norte. Seguir leyendo Detrás de la campaña de guerra de EE.UU. contra Corea del Norte

Alarma de guerra: Trump convoca a todo el Senado a la Casa Blanca

por Andre Damon//

En una decisión sin precedentes en la historia de Estados Unidos, el presidente Donald Trump convocó a todos los miembros del Senado a la Casa Blanca para una reunión a puerta cerrada sobre una posible acción militar contra Corea del Norte. El evento es un evidente abandono de las normas constitucionales tradicionales que entraña consecuencias ominosas.

No es inusual que los miembros del ejecutivo, incluyendo los militares y agentes de inteligencia, les den informes a los miembros del Congreso tras bastidores. Pero, la doctrina constitucional de la separación de poderes entre las tres ramas coiguales del gobierno, la ejecutiva, la legislativa y la judicial, dicta que el poder ejecutivo debe presentarse ante los representantes electos del pueblo y no al revés.

Cuando el presidente Franklin D. Roosevelt solicitó una declaración de guerra contra Japón el 8 de diciembre de 1941, se pronunció ante el Congreso, el cual declaró guerra el mismo día. Este miércoles, 76 años después, es el Senado el que llegó a la Casa Blanca para recibir un informe de parte de los mandos militares sobre planes de guerra que procederán con o sin su autorización.

La sesión tuvo lugar en el auditorio del Edificio Eisenhower, adyacente a la Casa Blanca, que temporalmente se convirtió en “un centro de información confidencial compartimentada”. Los senadores no pudieron llevar sus teléfonos ni personal.

Se presentaron militares de alto rango y funcionarios de inteligencia, entre ellos el secretario de Defensa, el exgeneral de cuatro estrellas James Mattis; el general Joseph Dunford, el titular del Comité de Jefes del Estado; y el director de Inteligencia Nacional, Dan Coats. También estuvo presente el secretario de Estado, Rex Tillerson, ex-CEO de ExxonMobil.

En cuanto a la presencia de Donald Trump, el Washington Post escribió el lunes: “Los funcionarios del Congreso sugieren que la proximidad de la reunión a Trump le facilita ‘pasar’ por ahí y tal vez hacerse cargo de la sesión informativa”.

Al haber citado al Senado a la Casa Blanca, Trump ha vestido su gobierno con incluso otra práctica asociada con el autoritarismo y la dictadura. Durante su ceremonia de investidura, varios funcionarios de la Casa Blanca solicitaron tanques y otros vehículos armados para el desfile en Washington. Después, mientras daba su discurso inaugural, un grupo de soldados se alineó detrás del recién juramentado presidente, a plena vista de la cámara principal, antes de que aparentemente se les ordenara dispersarse. Hasta el momento, no se ha dado ninguna explicación oficial sobre dicha intromisión tan extraordinaria y sin precedentes de militares en la toma de posesión de un presidente.

Sobre todo, la reunión simboliza el poder que han alcanzado los militares sobre todo el Estado en su conjunto. Este es el resultado de más de un cuarto de siglo de guerras interminables, un proceso emparejado con el aumento en el poder e influencia política del ejército. Hoy día, una camarilla de conspiradores de la clase gobernante y los mandos militares está a cargo de decisiones cuyas consecuencias son del máximo alcance, incluyendo acciones militares que podrían desencadenar una guerra mundial.

Ni siquiera se pretende que haya una discusión pública ni que se reivindique el control y supervisión del Congreso. El llamado “Estado profundo” opera detrás de las espaldas de la población y con un desprecio total hacia los sentimientos antibélicos de la clase obrera y la juventud.

La reunión con el Senado se dio en medio de un recrudecimiento de las tensiones militares en el Pacífico, particularmente en Corea del Norte. La Casa Blanca ha amenazado por varias semanas llevar a cabo un ataque preventivo contra el empobrecido país, presuntamente para impedir la construcción de misiles nucleares capaces de llegar a EE.UU. La facultad de tomar decisiones de suma importancia —como el lanzamiento sobre Afganistán de la bomba llamada Munición de Explosión Aérea Masiva (MOAB; Massive Ordnance Air Blast ) a principios de este mes— ha sido transferida a los oficiales del ejército.

No hay ninguna “facción propaz” dentro de la élite gobernante. La política exterior agresiva y beligerante del gobierno de Trump ha sido plenamente acogida tanto por los demócratas como los republicanos. Más allá, durante los primeros dos meses del actual gobierno, los demócratas encabezaron una campaña histérica para retratar a Trump como un “títere” de Moscú. Pero cuando Trump decidió atacar con misiles de crucero a Siria, un aliado de Rusia, lo aclamaron universalmente, y los demócratas exigieron operaciones de cambio de régimen aun más agresivas.

Ni un solo senador ha expresado oposición a dicha reunión a puerta cerrada en la Casa Blanca, ni mucho menos anunció que no asistiría

Las guerras interminables y los niveles extremos de desigualdad social han socavado a un punto fatal todas las formas de democracia burguesa en Estados Unidos. El gobierno de Trump, con su explícito odio hacia los derechos democráticos y sus métodos autoritarios, materializa las décadas de descomposición de la democracia estadounidense. El mismo Congreso está compuesto por títeres pudientes y corruptos de los intereses corporativos y del aparato militar y de inteligencia, y eso va para ambos partidos.

La prensa, por su parte, sirve como instrumento de propaganda del Estado. Cualquier desconformidad es denunciada como “noticias falsas” y “una guerra de información” proveniente de enemigos en el extranjero.

La idea de que el Congreso tiene la responsabilidad de ejercer control sobre los poderes militares y la guerra ha desaparecido. Desde la Guerra de Corea de 1950, los presidentes estadounidenses han llevado a cabo decenas de intervenciones militares sin declaraciones de guerra del Congreso, estipuladas por la Constitución.

La Ley de Poderes de Guerra de 1973, la cual declara como obligatoria la autorización del Congreso para cualquier acción militar que dure más de sesenta días, ha sido violada una y otra vez en la práctica. El gobierno de Obama lo hizo en su guerra aérea del 2011 contra Libia.

La reunión en la Casa Blanca no es ningún ejercicio de supervisión por parte del Congreso, sino una sesión de representantes políticos de la clase gobernante para recibir órdenes de parte de los mandos militares. Es un síntoma del colapso de todas las formas democráticas de gobierno y de la marcha cada vez más agresiva hacia la dictadura.

 

(Fotografía: tropas norteamericanas desplegadas en Corea del Sur)

 

Portaaviones estadounidense desplegado en amenaza directa a Corea del Norte

por Peter Symonds//

Apenas días después de lanzar su crucero contra Siria, el gobierno de Trump ha autorizado provocativamente al portaaviones estadounidense Carl Vinson, junto con su grupo completo de destructores de misiles guiados y un crucero, a las aguas de la Península Coreana. La medida es una amenaza militar directa contra Corea del Norte, que estaba en la parte superior de la agenda en conversaciones el pasado fin de semana entre los presidentes de Estados Unidos y China.

Un funcionario estadounidense no identificado dijo al Financial Times que el despliegue estaba diseñado para ser un “espectáculo de fuerza”. El grupo de ataque de transportistas había participado en juegos de guerra conjunta entre EE.UU. y Corea del Sur, pero se dirigía hacia el sur para las llamadas portuarias en Australia antes de ser ordenado al norte de Singapur. El Navy Times señaló que “anunciar los movimientos de los transportistas por adelantado es raro, y generalmente se hace para enviar un mensaje claro”.

El portavoz del Comando del Pacífico de los Estados Unidos, Dave Benham, declaró que la decisión era “una medida prudente para mantener la preparación y presencia en el Pacífico Occidental”, y luego criticó duramente a Corea del Norte. “La principal amenaza en la región continúa siendo Corea del Norte”, dijo, “debido a su imprudente, irresponsable y desestabilizador programa de pruebas de misiles y la búsqueda de una capacidad de armas nucleares”.

The Navy Times se jactaba de que “el grupo de ataque trae consigo una tonelada de poder de fuego, incluyendo las capacidades de combate aéreo y el ataque de los Hornets, los radares de alerta temprana, las capacidades de guerra electrónica y más de 300 acompañantes del transportista”.

El envío del Carl Vinson es una escalada deliberada de las tensiones en la península coreana después de la conclusión de la administración de Trump de una revisión larga de la estrategia de los EEUU hacia Corea del Norte. NBC reveló el Viernes pasado que tres opciones militares estaban bajo consideración activa: el regreso de las armas nucleares estadounidenses a la Península Coreana, ataques de “decapitación” para matar el liderazgo norcoreano y operaciones encubiertas dentro de Corea del Norte para sabotear objetivos nucleares, militares e industriales.

Hablando en “Fox News” el Domingo, el general H. R. McMaster, asesor de seguridad nacional del presidente Donald Trump, justificó el despliegue de Carl Vinson como “prudente”, y añadió: “Este es un régimen deshonroso que ahora es un régimen nuclear capaz. El presidente nos ha pedido que estén preparados para darle una gama completa de opciones para eliminar esa amenaza al pueblo estadounidense y a nuestros aliados y socios en la región “.

Citando a funcionarios estadounidenses, el Navy Times informó que “el Pentágono y el Comando del Pacífico de Estados Unidos han estado agudizando los planes para ataques militares en el Norte como una opción si el gobierno quiere llevar a cabo esa acción”.

Todas estas “opciones” altamente provocativas amenazan con desencadenar una guerra devastadora en la Península Coreana que podría matar a millones de personas. The NavyTimes sugirió que “un conflicto regional total” traería “a los EE.UU. y a sus aliados cara a cara con no sólo Corea del Norte, sino quizás con China”, es decir, un conflicto entre las dos economías más grandes del mundo, ambas con armas nucleares.

Trump sin duda explotó la amenaza de una acción militar contra Corea del Norte para presionar al presidente chino Xi Jinping para que tome medidas más duras contra el régimen de Pyongyang. Hablando después de las conversaciones entre Trump y Xi el pasado fin de semana, el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, dijo ayer a la cadena CBS “Face the Nation” que Xi “entiende claramente que la situación se ha intensificado y ha alcanzado cierto nivel de amenaza que la acción debe ser tomada.”

Tillerson descartó cualquier conversación con Corea del Norte en la actualidad, diciendo solamente que “podemos trabajar juntos con los chinos para cambiar las condiciones en las mentes del liderazgo de Corea del Norte”. Pero si Pekín no intimida a Pyongyang para que acepte las demandas de Washington, Tillerson no dejó ninguna duda de que Estados Unidos tomaría medidas agresivas contra Corea del Norte. Trump dijo sin rodeos al Financial Times la semana pasada: “Si China no va a resolver Corea del Norte, lo haremos nosotros”.

En una entrevista ayer con ABC “This Week”, Tillerson se preguntó si el desarrollo de un misil balístico intercontinental en Corea del Norte constituiría “una línea roja”. Respondió ominosamente: “Si juzgamos que han perfeccionado ese tipo de sistema de armas, entonces se convierte en una etapa muy seria de su desarrollo ulterior”. Dibujando un vínculo con el ataque de la semana pasada contra Siria, Tillerson dijo: “El mensaje que cualquier nación puede tomar si viola las normas internacionales, si viola los acuerdos internacionales, si no cumple con los compromisos, si te conviertes en una amenaza para los demás, en algún momento, es probable que se realice una respuesta”.

El régimen norcoreano denunció los ataques de misiles estadounidenses contra Siria como “un acto de agresión no perdonable”, y añadió que “Estados Unidos ha estado escogiendo sólo a países sin armas nucleares”. Un portavoz declaró: “La realidad de hoy demuestra que debemos ponernos de pie Contra el poder con poder y demuestra un millón de veces que nuestra decisión de fortalecer nuestra disuasión nuclear ha sido la correcta”.

En realidad, el limitado arsenal nuclear de Pyongyang sólo ha provisto al imperialismo estadounidense de un pretexto para una acumulación masiva de sus fuerzas militares en Asia, que no se dirigen principalmente contra Corea del Norte sino China. Trump está continuando y expandiendo el “pivote de la administración Obama a Asia” en un intento por asegurar el dominio continuo de Estados Unidos de la región de Asia Pacífico.

Si bien Corea del Norte no es lo mismo que Siria, los EE.UU. no dudarán en utilizar la fuerza militar contra Pyongyang para promover sus ambiciones estratégicas. El secretario de Defensa de Estados Unidos, James Mattis, ya ha advertido a Corea del Norte que cualquier intento de utilizar sus armas nucleares recibirá una “respuesta eficaz y abrumadora”. El grupo de ataque de Carl Vinson solo tiene la capacidad de transportar y suministrar suficientes armas nucleares para borrar las armas nucleares de Corea del Norte Industriales y militares.

Por otra parte, nadie debe concluir que los ataques en Siria evitarán un ataque estadounidense a Corea del Norte. Damasco y Pyongyang son sólo los objetivos indirectos de una estrategia mucho más amplia de subordinar a Rusia y China -y por lo tanto a la masa eurasiática- a la hegemonía del imperialismo estadounidense. Las amargas luchas dentro de los estrategas políticos, militares y de inteligencia estadounidense sobre las tácticas -ya sea para enfrentarse primero a Moscú o a Pekín- no descartan ataques tanto a Siria como a Corea del Norte, con consecuencias devastadoras para la humanidad.

Trump contra Siria: El mundo se tambalea al borde de la guerra

por Andre Damon//

El martes, varios funcionarios estadounidenses hicieron declaraciones extraordinarias y provocativas contra Corea del Norte, poniendo en manifiesto que el peligro de una gran guerra en el Pacífico es cada vez mayor.
“El tiempo se ha agotado y todas las opciones están sobre la mesa”, le comentó un oficial de Washington a la prensa, refiriéndose al conflicto con el país asiático. Después de que el gobierno norcoreano probara otro misil balístico disparándolo al mar de Japón la noche del martes, el secretario de Estado de EE.UU., Rex Tillerson, comunicó ominosa y superficialmente que, “EE.UU. ha dicho lo suficiente sobre Corea del Norte. No tenemos más comentarios”.
Las implicaciones de estas enigmáticas amenazas fueron dilucidadas por el exgeneral John “Jack” Keane, un importante asesor de la campaña de Hillary Clinton que rechazó en noviembre la oferta de Trump de convertirse en secretario de Defensa.
“Un ataque preventivo contra instalaciones de lanzamiento, instalaciones nucleares subterráneas, artillería y cohetes de respuesta y sitios de liderazgo del régimen podría ser la única opción que queda sobre la mesa”, le dijo Keane al diario London Times el martes. “Nos estamos acercando rápido y peligrosamente a una opción militar”.
El sábado pasado, el presidente estadounidense, Donald Trump, declaró estar dispuesto a ir “unilateralmente” a la guerra contra Corea del Norte.
El mismo fin de semana, el exsecretario de Defensa estadounidense, Ashton Carter, quien apoya la escalada militar estadounidense contra China y Corea del Norte, describió lo que implicaría una operación militar contra Corea del Norte, “cuya intensidad de violencia no hemos visto desde la última Guerra de Corea”. En esa guerra murieron casi tres millones de personas.
A pesar de que la Casa Blanca está amenazando con iniciar un conflicto militar de gran escala en el Pacífico, la prensa estadounidense ha reclamado una nueva escalada en Siria en respuesta a un presunto ataque con armas químicas por parte del gobierno de Bashar al Asad.
EE.UU., Reino Unido y Francia introdujeron una resolución en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas condenando el ataque prevista para una votación el miércoles. Trump condenó las “acciones atroces del régimen de Bashar al Asad” en un comunicado donde responsabiliza la “debilidad” de su predecesor, Barack Obama.
Actualmente, están siendo desplegados cientos de soldados adicionales a Irak y Siria, a pesar de que no ha habido ninguna discusión pública o debate al respecto. Un portavoz del Pentágono le indicó al periódico Los Angeles Times que, “La coalición no anuncia ni confirma rutinariamente la información sobre la capacidad, los números, la ubicación ni el movimiento de las fuerzas dentro o fuera de Irak y Siria”.
Trump recalcó este punto en una entrevista con el diario londinense Financial Times este fin de semana: “Yo no soy el EE.UU. del pasado cuando te decíamos dónde íbamos a atacar en Oriente Medio… ¿Por qué hablan? No hay por qué hacerlo”.
El violento conflicto en Siria y el posible “ataque preventivo” contra Corea del Norte son, de hecho, combates indirectos entre EE.UU. y sus principales adversarios geopolíticos, China y Rusia. Sin embargo, Washington ya está adoptando una postura militar más directa y agresiva contra ellos.
El fin de semana, llegaron 1.350 tropas más de la OTAN a Orzysz, en el noreste de Polonia. Según Tillerson, estas tropas, junto con las miles de otras que la OTAN ha estacionado a lo largo de Polonia, Estonia, Letonia y Lituania, han sido enviadas para contrarrestar “la agitación violenta de Rusia y la agresión rusa”.
En los próximos días, se espera que Trump intensifique aun más las tensiones con Rusia cuando anuncie su respuesta a presuntas violaciones rusas del Tratado de Fuerzas Nucleares de Distancia Intermedia, mientras los medios de comunicación como el New York Times piden a gritos que ésta sea la ocasión para recrudecer la escalada militar contra este país.
El viernes pasado, Trump también firmó dos órdenes ejecutivas que avanzan la agenda de guerra comercial de su administración contra China y manifestó que su reunión esta semana con el mandatario chino, Xi Jinping, será “difícil”.
Asimismo, la Casa Blanca ha agravado las tensiones con su aliado de la OTAN, Alemania. El viernes pasado, les exigió a todos los miembros de la OTAN aumentar sus gastos militares, a lo que respondió el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Sigmar Gabriel, acusando a EE.UU. de querer comenzar una “guerra comercial” y pidiéndole a la Unión Europea quejarse formalmente ante la Organización Mundial del Comercio.
Mientras que EE.UU. se encuentra en el centro de los preparativos para otra gran guerra, la crisis del orden mundial dominado por el país norteamericano está atizando las disputas militares en todo el mundo.
Pocos días después de que Reino Unido iniciara oficialmente su salida de la UE en virtud del Artículo 50 del Tratado de Lisboa, dicho país y España entraron en un conflicto sobre el territorio estratégico de Gibraltar. El exdirigente conservador, Michael Howard, sugirió fuertemente el domingo que Reino Unido estaría dispuesto a luchar una guerra por ese territorio. A su vez, el contraalmirante británico, Chris Parry, añadió: “España tiene que aprender de la historia que nunca ha valido la pena enfrentarse a nosotros y que todavía podemos chamuscarle la barba al rey de España”.
Mientras tanto, Japón se está rearmando rápidamente, poniendo en uso este mes su segundo portahelicópeteros. La semana pasada, el Partido Liberal Democrático (PLD) que gobierna Japón solicitó la adquisición de armas para “contraataques”, tales como portaaviones y misiles de largo alcance, a pesar de estar prohibidas por su Constitución.
India, según varios informes, ha estado modificando sigilosamente su programa nuclear. El New York Times reportó la semana pasada que el país “está considerando permitir ataques nucleares preventivos contra Pakistán en caso de una guerra”.
Como sucedió al inicio de la Primera Guerra Mundial hace un siglo, el mundo entero se ha transformado en un gran barril de pólvora. Cualquiera de estos e innumerables otros conflictos podría desencadenar una serie de acontecimientos que detone una guerra entre potencias nucleares, resultando en la muerte de cientos de miles, si no millones de personas en cuestión de horas.
El inmenso peligro de una nueva guerra mundial refleja el estado crítico en el que se encuentra el sistema del Estado-nación, desmoronándose bajo el peso de la profunda crisis del orden capitalista en su totalidad.
Las clases gobernantes capitalistas tienen una sola solución para esta irresoluble crisis: otra guerra mundial, con todos los horrores que implacaría. La clase obrera internacional debe oponerse a la guerra con su propio programa: la abolición del sistema del Estado-nación y del control privado de la producción, junto con la reorganización global de la economía en una federación socialista mundial.