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Rechazo a las elecciones presidenciales y parlamentarias

por Maximiliano Cortés//  

Las actuales elecciones presidenciales y parlamentarias se dan en un contexto donde el imperialismo norteamericano busca reajustar su política hacia Latinoamérica, la que considera como su “patio trasero”. Los alineamientos de distintas fracciones patronales en la región dan cuenta de una orientación marcada por políticas que tienden hacia un mayor ataque sobre las condiciones de vida de los trabajadores y el pueblo. Este alineamiento de los grupos empresariales es el que marca la pauta de todos los candidatos que postulan a ser los próximos verdugos del pueblo. Seguir leyendo Rechazo a las elecciones presidenciales y parlamentarias

La farsa de las reformas educativas y el movimiento estudiantil

por Maxiimiliano Cortés//

El sistema de educación vigente, implementado en los 80 ́s por la dictadura se ha visto cues onado duramente tanto por estudiantes, que se han movilizado ac vamente, como por gran parte de la comunidad educa va, incluyendo profesores y funcionarios. Las masivas movilizaciones estudian les iniciadas el 2011 han instaurado un debate necesario sobre ejes puntuales que caracterizan la miseria que envuelve la educación hoy en Chile; la gratuidad o la desmunicipalización, han sido foco tanto de crí cas por parte de estudiantes y trabajadores de la educación, como también blanco de las reformas ar ciales del gobierno, que buscando bajar la agitación iniciada por las movilizaciones y conciliando los intereses capitalistas han cocinado bias reformas que no ofrecen ninguna respuesta ni a las demandas del movimiento ni a las necesidades de acceso a la educación Seguir leyendo La farsa de las reformas educativas y el movimiento estudiantil

La era de la Revolución Rusa

por Maximiliano Cortés//

A 100 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA

Lo que distingue a la Revolución Rusa [RR] de todas las que la precedieron fue su carácter de clase y sus objetivos socialistas. Es desde aquí que, lejos de perderse en sus particularidades, la RR abrió un marco histórico completamente nuevo en el desarrollo de la lucha de clases mundial. La certera orientación de la vanguardia proletaria con Lenin y Trotsky a la cabeza llevó a concretar la insurrección como arte dentro de un proceso revolucionario que comprimió las etapas de desarrollo de la Rusia rezagada, inaugurando “la gran época de la estrategia revolucionaria”.
La 1ra Guerra Mundial había acelerado las contradicciones de un capitalismo que superaba su etapa orgánica y pasaba a su fase crítica. Esto significa que el desarrollo capitalista, que nunca es evolutivo y siempre contradictorio, ya no podía ser un factor de progreso creciente de las fuerzas productivas y sociales. Este desarrollo de las fuerzas productivas se había visto limitado, encorsetado por la existencia de los Estado Nacionales que la burguesía venía recién consolidando como aparatos administra vos y coercitivos para la defensa de la propiedad privada. Es así que el capitalismo de la libre competencia es reemplazado por el capitalismo monopolista, por el imperialismo como política expansionista del capital financiero, que desencadenaría una lucha inter-imperialista por el reparto del mundo.

Con el advenimiento de la guerra y el posterior triunfo de la RR se remeció todo el andamiaje teórico y político de la socialdemocracia, que había forjado toda su actividad en una separación programática entre las actividades cotidianas de parlamentarismo y sindicalismo -ligada además al desarrollo del aparato estatal por intermedio de las capas superiores del proletariado- y una propaganda general sobre una futura y difusa sociedad socialista. La conquista del poder por el partido bolchevique acaudillando a las masas proletarias y arrastrando tras de sí a la masa de campesinos y soldados, liquidó para siempre esta separación y el carácter nacional de los programas revolucionarios, empujando al fango del oportunismo a aquellos que continuaron defendiendo la política de sus burguesías en la guerra y que defenestraron como “aventurerismo” la toma del poder en Rusia manteniéndose en el terreno de la democracia burguesa.

Una de las lecciones que les dejó a los revolucionarios la experiencia de Octubre fue la posibilidad concreta de que en los países atrasados o rezagados el proletariado puede llegar al poder antes que en los países avanzados del capitalismo. Esto rompió con el esquematismo reinante en amplios círculos marxistas que convertía en un absoluto la ley de desarrollo desigual, según la cual los países atrasados veían la imagen de su desarrollo futuro en los países avanzados y estaban destinados a repetir sus mismas fases de desarrollo. La maduración de las fuerzas de la economía capitalista mundial, su extensión a todos los rincones del planeta, el expansionismo del capital financiero, imprime en los países atrasados saltos en su desarrollo, que de una forma combinada e imbricada va a dar forma a otra ley complementaria que es la del desarrollo combinado. Es así que sin dejar de obstaculizar el desarrollo de las fuerzas productivas mediante la propiedad privada y los Estados nacionales, el capitalismo acerca sus distintas partes imprimiendo en los países coloniales y semicoloniales esa amalgama de formas arcaicas y modernas que son la base sobre la que se desarrolla y se forma el proletariado de estos países. El desarrollo del proletariado, económico pero también político, en la atrasada Rusia será la el expresión de esta ley.


Luego de la conquista del poder este mismo atraso y el deterioro económico momentáneo que produce todo proceso revolucionario (más aún en un país agotado por la guerra), dejaron como principal tarea a los revolucionarios la conquista del poder en los principales países desarrollados por el capitalismo (centralmente Alemania) donde un poderoso proletariado podría utilizar los recursos del capitalismo legados por la ciencia, la técnica aplicados a la producción como base del desarrollo de la planificación socialista mundial.

LAS TAREAS SOCIALISTAS Y LAS ETAPAS

La estructura semifeudal semicapitalista de Rusia fue la base combinada que permitió el salto de las etapas históricas que era tan resistido por amplios círculos marxistas. El pensamiento imperante era que Rusia debía pasar por un largo periodo de desarrollo capitalista y de democracia burguesa antes de llegar a plantearse tareas socialistas. “Es absurdo sostener que, en general, no se pueda saltar por alto una etapa. A través de las ‘etapas’ que se derivan de la división teórica del proceso de desarrollo enfocado en su conjunto, esto es, en su máxima plenitud, el proceso histórico vivo efectúa siempre saltos, y exige lo mismo de la política revolucionaria en los momento críticos” [1]. La misma conquista del poder por el proletariado dio inicio a una nueva era, la era de la revolución proletaria, dejando al descubierto descarnadamente el papel pérfido y contrarrevolucionario de la burguesía y de sus aliados.

Es efectivo que la RR consiguió superar el dilema teórico acerca del transcrecimiento de la revolución burguesa en la revolución proletaria. Es decir, llevar a cabo las tareas irresueltas o pendientes por la burguesía sin la intervención de esta sólo podían llevarse a cabo por el proletariado bajo la bandera de la revolución socialista. Es así que en la época imperialista de crisis, guerras y revoluciones, las tareas democráticas no resueltas, tales como la liberación nacional, liberar al campesinado del yugo feudal, realizar la democracia política, sólo pudieron llevarse a cabo bajo la dictadura del proletariado comprimiendo de forma acelerada la materialización de estas tareas históricas del desarrollo al tiempo que se ponía a la orden del día la expropiación de la burguesía y los métodos de la organización de la economía socialista.

Y este acontecimiento gigantesco que fue el acceso del proletariado al poder por primera vez en la historia, y las lecciones y métodos de la insurrección del Octubre, plantearon a los marxistas la actualización de la nueva era donde la política revolucionaria pasa a gravitar en el transcrecimiento entre la revolución proletaria y la mundial [2], y que así lo atestiguó la continuidad de la lucha en la construcción de la Internacional como el partido mundial de la revolución socialista.

La misma existencia del Estado Obrero significó, no la anulación de las leyes de la economía capitalista, pero sí la violación de la ley del valor, la interrupción momentánea de sus procesos automáticos, en definitiva, la injerencia socialista de este Estado en la sociedad capitalista.

EL SISTEMA SOVIÉTICO

Rusia pasó por dos revoluciones antes de alcanzar el triunfo en la tercera (1905, Febrero y Octubre 1917). Cada una legó a las masas obreras y campesinas y en particular a su vanguardia revolucionaria lecciones que serían aprendidas con la sangre. Así las masas en Febrero del 17 volvieron a poner en pie los soviets como organismos capaces de aglutinar a las masas obreras, a los campesinos y a los soldados, al tiempo que dejaban planteada una situación de doble poder que se trasladaba hacia otras formas orgánicas (como en su momento lo fueron las guardias rojas o el comité militar revolucionario). La dualidad de poder entonces excluye cualquier situación de equilibrio formal de poderes ya que no es un “hecho constitucional, sino revolucionario, que atestigua que la ruptura del equilibrio social ha roto ya la superestructura del Estado” [3]. Al decir de Lenin en la época actual la dualidad de poderes no expresa otra cosa que el enfrentamiento entre dos dictaduras, la del proletariado con la de la burguesía. En donde en cada etapa de lucha la revolución y la contrarrevolución intentarán imponerse una sobre la otra en el desarrollo de la misma guerra civil.

Antes de que se produzca la degeneración burocrática del Estado Obrero los Soviets serán la columna vertebral del nuevo estado, acercando a las masas a las tareas de la dictadura proletaria, y planteando una extensión de la revolución en lo que fue la URSS como una forma orgánica que permitiría, por su relación con las masas, avanzar en su extinción en la medida que fuera liquidado el capitalismo o que la dictadura del proletariado se conquistara a nivel mundial. “… Hemos creado un tipo soviético de estado y por esto hemos anunciado una nueva era en la historia del mundo, la era de la dominación política del proletariado, que superará la era de la dominación de la burguesía. Nadie puede privarnos de esto tampoco. Aunque el tipo soviético de Estado tendrá el toque final solamente con la ayuda de la experiencia práctica de la clase trabajadora de muchos países…” [4]

LA DEGENERACIÓN DE LA REVOLUCIÓN

Pese a haber liberado sus fuerzas productivas del parasitismo de la propiedad privada capitalista, lo que le permitió una base enorme para un desarrollo gigantesco de su aparato productivo, éstas estaban sometidas a las leyes de la economía mundial. Como planteara Lenin y Trotsky desde el albor mismo de la Revolución de Octubre, la conquista del poder por la clase obrera no podría subsistir por mucho más tiempo sino se extendía a la conquista de las fuerzas productivas de los principales centros capitalistas. “Vivimos no solamente en un Estado, sino en un sistema de Estados, y es inconcebible para la República Soviética existir al lado de los Estados imperialistas por un periodo prolongado de tiempo. Uno u otro deben triunfar” [5]. Sin embargo, este pronóstico no contemplaba la posibilidad de la de que se mantuvieran durante un buen tiempo las bases materiales conquistadas por la revolución aunque de forma contenida y aislada por la formación de una excrecencia parasitaria al mando del Estado Obrero.

La no extensión de la dictadura proletaria a nivel mundial, los procesos de purga y reacción internos llevados al interior de la URSS por la casta burocrática estalinista, la liquidación primero política y luego organizativa de la Internacional Comunista, en definitiva la liquidación del carácter revolucionario e internacionalista de los partidos comunistas en el mundo fueron la base sobre la que el proceso abierto con la RR se viera interrumpido. Contra esta burocracia dará una feroz lucha política, primero la Oposición de Izquierda y más tarde los militantes de la IV Internacional para regenerar las bases de la RR al tiempo que batallar por la victoria del proletariado mundial.

La continuidad de esta colosal tarea será dirigida hasta el fin de su vida por León Trotsky quien se dedicó a sintetizar todas las lecciones de este proceso revolucionario y de las conquistas programáticas de la labor internacional que tendrá su legado en la fundación de la IV Internacional como continuidad directa de la labor de los grandes revolucionarios.

LA DIRECCIÓN REVOLUCIONARIA

Para llevar adelante las tareas históricas que dejara planteada la RR es necesario forjar la dirección revolucionaria internacional. Sus cuadros revolucionarios deberán extraer los métodos y lecciones de Octubre, actualizando las lecciones de las luchas de nuestra clase del último siglo. La destrucción del aparato burocrático militar de la burguesía es un objetivo central de la clase obrera. Este objetivo, que incluye combatir a las tendencias a la adaptación a la democracia de los patrones, desarrollando en el seno del régimen burgués los elementos subversivos de la democracia proletaria, requiere una organización de militantes profesionales que se preparen para la toma del poder.


Como ya mencionamos Lenin dio una fuerte batalla en las vísperas de la revolución contra las tendencias que se adaptaban a las formas democráticas e incluso contra la confianza legalista en las instituciones soviéticas como garantía de triunfo de proletario.
“Para tratar la insurrección como marxistas, es decir, como un arte – escribía -, debemos al propio tiempo, sin perder un minuto, organizar un Estado Mayor de los destacamentos insurreccionales, repartir nuestras fuerzas, lanzar los regimientos fieles a los puntos más importantes, cercar el teatro Alejandra, ocupar la fortaleza de Pedro y Pablo, detener al Gran Estado Mayor y al gobierno, enviar contra los kadetes militares y la División Salvaje destacamentos prontos a sacrificarse hasta el último hombre antes que dejar penetrar al enemigo en los sitios céntricos de la ciudad; debemos movilizar a los obreros armados, convocarlos a la batalla suprema, ocupar simultáneamente el telégrafo y el teléfono, instalar nuestro Estado Mayor Insurrecto en la estación telefónica central, , ponerlo en comunicación por teléfono con todas las fábricas, con todos los regimientos, con todos los puntos donde se desarrolla la lucha armada, etc. Claro que todo ello no es más que aproximativo; pero insisto en probar cómo no se podría en el momento actual permanecer fiel al marxismo y a la revolución sin tratar la insurrección como arte” [6].

La RR hizo coincidir finalmente la convocatoria al II Congreso de los Soviets con la insurrección armada, y fue la labor determinante de la preparación consciente de la insurrección lo que posibilitó el triunfo. Y esta es una de las lecciones más importantes que nos deja la historia, y es que, a diferencia de la burguesía, el proletariado sólo puede adueñarse del poder por medio de un instrumento revolucionario que temple a la vanguardia obrera en una política de independencia de clase. “La fuerza motriz de la revolución burguesa era también la masa; pero mucho menos consciente y organizada que ahora. Su dirección estaba en manos de las diferentes fracciones de la burguesía, que disponía de la riqueza, de la instrucción y de la organización (municipios, universidades, prensa, etc) […]
“…en la revolución proletaria no sólo implica el proletariado la principal fuerza combativa, sino también la fuerza dirigente con la personalidad de la vanguardia. Su partido es el único que puede en la revolución proletaria desempeñar el papel que en la revolución burguesa desempeñaban la potencia de la burguesía, su instrucción, sus municipios y universidades…” [7]


Como mencionamos al principio “La gran época de la estrategia revolucionaria comienza en 1917, primero en Rusia y después en toda Europa” [8]. Los actuales cuadros revolucionarios no sólo deberán prepararse para la conquista del poder y la destrucción del Estado, sino que deberán forjarse en las tareas que implican la transición a la extinción de toda forma de Estado para superar “la era de la dominación política del proletariado”, de la dictadura mundial del proletariado la era de la emancipación de la Humanidad, hacia la era del verdadero Comunismo, de la verdadera historia de la Humanidad

NOTAS:
[1] Teoría de la Revolución Permanente, León Trotsky, 1928
[2] Sobre un debate de la Teoría de la Revolución Permanente y el transcrecimiento entre la revolución proletaria y la mundial, ver Perspectiva Marxista N°2, Revista Internacional de la COR Arg.
[3] Historia de la Revolución Rusa Tomo I, León Trotsky, 1932
[4] Vladimir Ilich Lenin, Obras Escogidas Tomo XXXIII
[5] Vladimir Ilich Lenin, Obras Escogidas Tomo XXIX
[6] Carta al CC del Par do Bolchevique, Septiembre 1917, Vladimir Ilich Lenin, Obras Completas, Tomo XXVI.
[7] Lecciones de Octubre, León Trotsky, 1924.
[8] Idem 7

( nota tomada de la revista El Nuevo Curso, de la Corriente Obrera Revolucionaria, COR)

 

 

 

 

 

A 44 años del Golpe, a 100 de la Revolución Rusa

Recuperar el programa internacionalista

Nuevamente el imperialismo yanqui en busca de una nueva orientación que lo fortalezca como imperialismo dominante en medio de la crisis capitalista, vuelve a agitar su puño guerrerista sobre la región con amenazas de salidas militares como lo hizo recientemente contra Venezuela. Y es que pese a que todos los disciplinados gobierno latinoamericanos al imperialismo, incluido el gobierno de Maduro, pretenden posar de democráticos, saben que el desarrollo de las crisis regionales y de la lucha de clases llevará a la confrontación violenta y para ello necesitarán echar mano de las salidas golpistas.

La crisis en la región está lejos, al menos coyunturalmente, de grandes conflagraciones entre el proletariado y la burguesía imperialista que haga necesaria al empresariado ir a golpear directamente la puerta de los cuarteles. Sin embargo, el desarrollo de la misma crisis alienta la disputa entre las distintas fracciones de las burguesías locales que se alinean según su relación con el imperialismo y este es el fondo de las oscilaciones de los distintos gobiernos que negocian con el capital financiero su tajada de explotación de los trabajadores y el pueblo. La fachada “democrática” de los países semicoloniales sólo es una linda cobertura para encubrir la dictadura abierta de la burguesía imperialista sobre los trabajadores y el control de los recursos naturales y productivos.

Hace 44 años que la burguesía nacional conspiró con el imperialismo norteamericano para imponer un golpe contrarrevolucionario que sería un ensayo para aplastar al proletariado del subcontinente. Las tendencias pegueñaburguesas ya sea socialistas o estalinistas en su momento influyeron al proletariado llevándolo a la ilusión de la “vía pacífica al socialismo”. Levantaron un impotente programa reformista de desarrollo nacional del socialismo. El gobierno frentepopulista de la UP, ejecutó un programa que estatizó la gran industria minera con indemnización a los monopolios extranjeros, en acuerdo con la derecha política, como sinónimo de socialismo, dándole tiempo a la burguesía a preparar junto a la CIA el

golpe contrarrevolucionario ante la efervescencia de la clase obrera. Es decir, no colocó en el orden del día la destrucción del “aparato burocrático militar ” de los patrones y por el contrario se dispuso a blindarlo con matices de legalidad socialista. A su vez las tendencias a la izquierda como el MIR, veía en esta orientación de cambios “legales” una expresión del “pueblo organizado” lo que lo dejó durante todo el periodo como pata izquierda del frente popular pese a pregonar junto a Fidel Castro “la vía armada” y el poder popular como estrategia. Sus acciones putchistas en fábricas, fundos, escuelas, etc, presentadas como una suerte de un “poder paralelo del pueblo”, abandonaron las pelea en la producción para diluir al activismo en difusas luchas poblacionales sin dar la pelea en el seno de la clase obrera para disputar el poder de la burguesía el cual reside en la producción.

La izquierda populista hoy

Diversos grupos que reivindican la tradición filomirista como asimismo grupos escindidos del PC reivindican a gobiernos como el de Maduro o Evo Morales. Reivindican el modelo del Chavismo como símbolo de lucha contra el imperialismo “yanqui”. Pese a toda esta verborrea, no sólo se manifiesta el carácter pro-imperialista del gobierno “bolivariano” en los sendos contratos de PDVSA, en la mantención de la pauperismo y miseria que atraviesa a la clase obrera Venezolana, sino también en el control y mantención del aparato del Estado de la “burguesía bolivariana” y los generales que regentean las fábricas bajo su control y al servicio del imperialismo, independiente de que hoy otra facción burguesa busque una salida golpista a la crisis del propio capitalismo.

Hoy podemos ver como los distintos gobiernos bonapartistas sui generis como en Brasil, Argentina, Chile o Perú intentan apoyarse cada vez más sobre el imperialismo para descargar la crisis sobre las espaldas de los trabajadores y el pueblo. Planes de ajuste, desocupación, suspensiones, reducciones salariales,

reformas laborales etc, etc. También en el gobierno de Maduro que vemos como se refuerza la tendencia a regimentar la vida de los sindicatos, donde la intervención del Estado burgués busca sujecionarlos a este, evitando cualquier intento de estos de llevar a cabo una lucha independiente de la burocracia y del oficialismo, ante la carestía que provoca la inflación y el desabastecimiento. El laberíntico proceso de la lucha de clases, ya sea se manifieste en una lucha más abierta como en los 70 ́s o en un proceso lleno de experiencias con direcciones y gobiernos capitalista, ha demostrado que los programas nacionales, el apoyo a las facciones burguesas locales y la defensa del aparato estatal, no ha hecho más que preparar la derrota del proletariado, el que deberá asimilar la experiencia histórica e internacional de su clase para unificar sus filas y barrer con sus enemigos de clase.

A 100 años de la Revolución Rusa
Pelear por un programa internacionalista
En breve se cumplirá el centenario de la Revolución Rusa, aquella que llevó por primera vez al proletariado al poder e inauguró la era de la revolución proletaria, y en su desarrollo, hacia la revolución mundial. No queremos reivindicar este acontecimiento como un modelo digno de estudio o como hace un sector importante de la izquierda que lo reivindica como una revolución de tipo nacional a la que puede compararse con tal o cual proceso fronteras adentro. Muy por el contrario, el acervo teórico político de esta gesta revolucionaria encuentra su continuidad en la arena internacional, con la extensión de la dictadura proletaria y la construcción de la Internacional Comunista. La riqueza contenida en los cuatro primeros congresos de la Internacional así como en la síntesis y elaboraciones de la Cuarta Internacional constituyen una piedra fundamental para recuperar el método marxista, trazar las tareas históricas del proletariado y dirigir el rumbo a desarrollar en nuestra clase las distintas etapas de la revolución socialista.
Las tendencias que históricamente dirigieron al movimiento obrero, como fueron la socialdemocracia y el estalinismo se encuentran en descomposición y se transformaron, no ya en solapados sino, en abiertos representantes de la burguesía sosteniendo el cadáver insepulto del capitalismo imperialista, al que socorrieron durante todo el siglo XX. Estos verdaderos escollos para el movimiento obrero deben ser superados con un

programa de independencia de clases, que lamentablemente la izquierda revolucionaria no desarrollo porque se adaptó o a los Estados de bienestar europeos, a los movimientos pequeñoburgueses como las guerrillas o a las direcciones de los Estados obreros degenerados o burocratizados.

Hoy la crisis capitalista está haciendo entrar en contradicción los programas y esquemas adoptados por las corrientes del centrismo de post-guerra. No puede volver a poner sobre sus cimientos el máximo desarrollo histórico del proletariado, su Partido Internacional, lo que vale decir reanudar la tarea de la fundación de la Cuarta Internacional sino es con una ruptura abierta con estas tradiciones.

Apostamos a forjar una nueva generación de revolucionarios que rompa con las tradiciones del reformismo y del centrismo para poder colocar sobre sus pies los cimientos del futuro partido mundial de la revolución socialista.

El próximo periodo trae como desafío para los revolucionarios la necesidad de intervenir activamente en las organizaciones obreras, en particular en los sindicatos. Es allí donde debe levantarse un programa de independencia de clase de todas las variantes patronales y de la pequeñoburguesía.

Contra una clase parasitaria que descarga la crisis capitalista sobre las espaldas de los trabajadores, debemos derrotar la ofensiva de la burguesía mediante el desarrollo de la lucha de clases y armarnos con un programa internacionalista. Y este programa deberá ser una guía para la acción, una senda para que los trabajadores se dirijan hacia la toma del poder. Que coloque como bandera entre otros puntos la lucha por conquistar los Estados Unidos Socialistas de América.

(documento de la Corriente Obrera Revolucionaria (COR/TRCI) de Santiago)

(Fotografía, Marcelo Montecino)