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Theodor Adorno: televisión y cultura de masas

El efecto de la televisión no puede enunciarse debidamente en términos de éxito o fracaso, gusto o rechazo, aprobación o desaprobación. Más bien se debería hacer una tentativa, con ayuda de categorías de la psicología profunda y de un conocimiento previo de los medios para las masas, por concretar cierto número de conceptos teóricos mediante los cuales podría estudiarse el efecto potencial de la televisión, su influencia en diversas capas de la personalidad del espectador. Parece oportuno indagar sistemáticamente los estímulos socio-psicológicos que son típicos del material televisado tanto en un nivel descriptivo como en un nivel psicodinámico, analizar sus supuestos previos así como su pauta total y evaluar el efecto que es posible que produzcan. Cabe esperar que, en última instancia, este procedimiento traiga a luz una serie de recomendaciones sobre el modo de tratar estos estímulos a fin de producir el efecto más conveniente de la televisión. Al revelar las implicaciones socio-psicológicas y los mecanismos de la televisión, que a menudo actúan con el disfraz de un falso realismo, no sólo podrán mejorarse los programas sino que también -y esto es tal vez más importante- podrá sensibilizarse al público en cuanto el efecto inicuo de algunos de estos mecanismos. Seguir leyendo Theodor Adorno: televisión y cultura de masas

Medios de comunicación, psicología de las masas y democracia.

Freud (1921) estableció una lógica de constitución de la masa: en ella cierto número de individuos pone el mismo objeto −que puede ser una persona, una idea o una cosa− en el lugar del ideal del yo, operador simbólico que sostiene la identificación de los yoes de los miembros entre sí. Entendemos que constituye una equivocación teórica suponer que las masas se formaron naturalmente y que son ellas las que transformaron a los medios de comunicación en mass media. Sucedió exactamente al revés: los medios de comunicación constituyeron un pilar fundamental en la conformación de la cultura de masas, la cual luego devino en el modo social paradigmático del capitalismo. En la actualidad los medios masivos desempeñan un rol crucial: producen una cultura de masas, alimentan su permanencia, configuran la realidad y operan sobre las subjetividades, constituyendo lo que podemos denominar un nuevo dispositivo de sugestión. En 1787 Edmund Burke llamó a la prensa “el cuarto poder”, debido a la influencia que ejercía en la sociedad inglesa. Con el desarrollo tecnológico la nominación se hizo extensiva al conjunto de los medios comunicacionales, que fueron ocupando cada vez más el espacio público, al tiempo que se convertían en la principal fuente de noticias, información, propaganda y publicidad.

Intentaremos analizar el vínculo que liga a los medios de comunicación con el establecimiento y la consolidación de una cultura de masas, esto es, aquello que produce una subjetividad colonizada. Luego revisaremos la relación entre esa clase de cultura y la democracia.

La matriz propuesta por Freud puede servirnos de punto de partida para comprender la estructura y la conducta de la masa. Sus teorizaciones hicieron posible trascender la concepción imaginaria de la masa como un grupo de gente ocupando el espacio público, para pensarla como una matriz, un modo de organización institucional, e incluso la masa constituye un determinado modo de organizar de la cultura, lo que se conoce como cultura de masas. En “Psicología de las masas y análisis del yo” (1921) Freud establece que el fundamento de la masa es idéntico al de la hipnosis y el enamoramiento. Sitúa allí la función del ideal del yo, instancia que da cuenta de la fascinación amorosa, la sugestión, la dependencia frente al hipnotizador y la sumisión al líder. Basta con que muchas personas invistan libidinalmente a un mismo objeto, lo ubiquen en el lugar del ideal del yo y se identifiquen entre sí, para que se sometan, obedezcan a ese ideal y formen una estructura jerárquica estable y carente de libertad: una masa de autómatas que actúan cumpliendo órdenes. Mientras que el estado de hipnosis genera fascinación colectiva, la identificación produce la pasión del Uno que uniformiza. Estas organizaciones forman grupos humanos hipnotizados, sometidos por sugestión, que obedecen de forma incondicional a un mensaje transmitido por una fuente investida de autoridad.