Archivo de la etiqueta: Chris Marsden

España: la clase obrera catalana y española deben salir al combate

por Paul Mitchell y Chris Marsden//

Los partidos nacionalistas catalanes están trabajando abiertamente con el Gobierno del Partido Popular (PP) en Madrid a cambio de concesiones que anticipaban de la Unión Europea. El resultado de sus esfuerzos es permitir que el régimen español establezca un peligroso precedente de poder imponer su voluntad mediante órdenes policiales-militares, con el pleno respaldo de la oposición del Partido Socialista (PSOE).

El viernes pasado, el Parlament regional de Cataluña votó a favor de declarar la independencia de España e iniciar un “proceso constituyente” para redactar la nueva constitución de una República Catalana. De los 135 diputados en el Parlament, 70 votaron a favor, incluyendo miembros del Parti Demòcrata Europeu Català (PDeCat), la Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y la pseudoizquierdista Candidatura d’Unitat Popular (CUP).

Los políticos nacionalistas catalanes se comprometieron a montar una resistencia contra la amenaza de. Presidente Mariano Rajoy del PP de invocar el artículo 155 de la Constitución española, derrocar al presidente catalán Carles Puigdemont y a sus ministros regionales, disolver el Parlament catalán y organizar elecciones regionales anticipadas.

En cambio, los nacionalistas han aceptado participar en las elecciones anticipadas convocadas para el 21 de diciembre, una medida que colocará un sello de legitimidad sobre la suspensión de la autonomía catalana por decreto.

Puigdemont y los consellers del Govern catalán expulsados huyeron a Bélgica, ostensiblemente para escapar de un eventual enjuiciamiento. Estando allí, Puigdemont repitió sus llamamientos a la UE para que intervenga en la crisis secesionista mediando un acuerdo entre Madrid y su gabinete depuesto. Como un quid pro quo, accedió a la convocación de elecciones prontas por parte de Rajoy, describiéndolas como un “plebiscito democrático”.

Según un periodista de Radio Catalunya, Ernest Marcià, en declaraciones a la BBC, el respaldo de Puigdemont a las elecciones es una señal de que ya se están llevando a cabo conversaciones secretas entre Puigdemont y Rajoy, mediadas por la UE. “En mi opinión”, dijo Marcià, “está sucediendo algo que nadie sabe que está sucediendo, y probablemente Europa esté interviniendo … No públicamente, no reconocerán nada”. Pero España ha hecho algo que no dijeron hace unas semanas y Cataluña está aceptando la autoridad de España, lo que también es muy extraño desde el punto de vista secesionista”.

No hay nada extraño en las acciones de Puigdemont. El objetivo de los nacionalistas catalanes desde el primer día era impulsar el apoyo popular al separatismo, en parte explotando los agravios legítimos hacia Madrid y el descontento social generado por la austeridad. Pero esto se centró principalmente en un llamado a las capas de la clase media con base en las demandas de que la relativamente próspera Cataluña dejara de subsidiar a las regiones más pobres de España.

Cataluña es la región más rica de España, representando una quinta parte del producto interno bruto del país. El objetivo de los partidos separatistas es crear un nuevo mini-Estado, o al menos acumular el grado necesario de independencia para establecer relaciones directas con los bancos mundiales, las empresas transnacionales y la UE. El objetivo es consolidar a Cataluña como un área de bajos impuestos y comercio libre, basada en la explotación intensificada de la clase trabajadora.

Sus movilizaciones en la calle nunca fueron más que una forma de apalancamiento en sus negociaciones con Madrid a fin de obtener mayores facultades relacionadas a la recaudación de impuestos y otras concesiones. Los partidos nacionalistas catalanes han pasado años imponiendo medidas brutales de austeridad mientras envían a la policía regional catalana a aplastar huelgas y protestas.

Pero, una vez que la Unión Europea y sus Gobiernos se comprometieron a apoyar la represión de Rajoy, la retirada era sólo una cuestión de tiempo. El lunes, el PDeCAT y el ERC anunciaron que abandonarían su oposición a las elecciones del 21 de diciembre y que presentarían candidatos.

El portavoz del ERC, Sergi Sabrià, al declarar las elecciones como “ilegítimas” y “una trampa”, agregó que, “no obstante, las urnas no nos dan miedo”.

La Assemblea Nacional Catalana, cuyo líder permanece encarcelado por cargos de sedición, insistió en que todavía “solo reconoce la República Catalana” y rechazó el Artículo 155, pero sólo para declarar inmediatamente que convocaría una reunión “antes del 3 de noviembre” para decidir sobre una “estrategia conjunta” para las elecciones del 21 de diciembre.

La pequeñoburguesa Candidatura d’Unitat Popular, CUP, la cual mantuvo en el poder a la coalición ERC-PDeCAT actuando como los promotores más intransigentes de la causa nacionalista burguesa y elogiando sus supuestos credenciales izquierdistas, fue aún más explícita, arrogante y criminal. “El Estado español nos ha neutralizado con la intimidación y el miedo”, se quejó.

“Lo que ha sucedido”, concluyó el diputado de la CUP, Benet Salellas, es “que ha habido un exceso de improvisación en algunas de las acciones durante los últimos meses”. Luego reiteró su apoyo a Puigdemont y lo elogió por enfocarse en apelar a Bruselas, lo que supuestamente “internacionaliza la violación masiva de los derechos humanos”, finalizando sus declaraciones con un patético llamado a Puigdemont a que “apruebe los primeros decretos republicanos”.

El Consejo Político de la CUP organizará una reunión el 4 de noviembre para decidir si apoya las elecciones de Rajoy para tener tiempo para registrarse antes de la fecha límite del 7 de noviembre.

Aquellos sectores de la clase obrera de habla catalana que prestaron apoyo a los nacionalistas han sacado sus conclusiones iniciales sobre la derrota en curso. Los informes indican que la mayoría de los trabajadores del sector público, incluidos los maestros y los bomberos, así como la policía regional, han continuado trabajando después de indicar un respaldo para una campaña de desobediencia civil. La burocracia sindical está más que feliz de aplacar la crisis, con la Intersindical-CSC declarando el lunes que canceló una amenaza de huelga general.

Esta situación está cargada de peligros.

Los independistas primero defendieron un programa divisivo que ayudó a crear una confusión máxima, dividiendo a los trabajadores de Cataluña de los de España, y dividiendo a los hispanohablantes en la región de los trabajadores de habla catalana, en un momento de oposición universal a la agenda de austeridad impuesta tanto por Madrid como Barcelona.

Ahora, después de que el PP aprovechase la oportunidad para movilizar al ejército y a la Guardia Civil e imponer un nuevo Gobierno por decreto, le ofrecen sus servicios como gendarmes políticos con la esperanza de entablar un nuevo acuerdo con Madrid y Bruselas.

La clase obrera de toda Cataluña y España tiene que combatir el intento de Madrid y la UE de imponer un régimen dictatorial, sea o no sancionado por elecciones impuestas. El poder del Gobierno del PP sólo se vio fortalecido con la implementación de medidas represivas y antidemocráticas que inevitablemente se emplearán contra los trabajadores en toda España.

Pero una lucha implacable contra Madrid y sus partidarios de la UE sólo puede librarse si es totalmente independiente de los partidos burgueses catalanes y su agenda reaccionaria de separatismo nacional.

Una respuesta progresista a la crisis que enfrenta la clase trabajadora de España, sea cual fuere el idioma que hable, exige el fin de todas las divisiones nacionales mediante la adopción de la perspectiva del internacionalismo socialista. Contra una España capitalista y el plan de crear una Cataluña capitalista, la clase obrera tiene que librar una lucha unificada para la formación de Gobiernos obreros en España y en toda Europa como parte de la unificación socialista de todo el continente.

Las elecciones británicas de crisis y las tareas de la clase obrera

por Chris Marsden//

Reino Unido fue a las urnas tras una campaña electoral sin igual. En el espacio de unas pocas semanas, una prevista victoria arrolladora por el Partido Conservador ha dado paso a especulaciones sobre una mayoría reducida, un Parlamento sin mayoría absoluta o incluso una victoria laborista.

Dos atentados terroristas brutales han dejado decenas de muertos y muchos más mutilados. Las calles son patrulladas por grandes contingentes de policías armados. El ejército fue desplegado a lugares estratégicos conforme a medidas secretas de emergencia.
La primera ministra Theresa May convocó anticipadamente los comicios porque la oligarquía financiera y el aparato militar y de inteligencia a quienes sirve decidieron que no podían esperar dos años más hasta las próximas elecciones programadas, en medio de grandes convulsiones políticas y sociales. Al parecer, apenas pudieron esperar dos meses.
May tenía la esperanza de poder utilizar la guerra interna en el Partido Laborista y la agresiva campaña mediática contra Jeremy Corbyn para garantizarse una dictadura parlamentaria de facto y poder intensificar su agenda de austeridad e intervenciones militares en Siria y otros lugares. En cambio, la campaña electoral ha visto una avalancha de muestras de odio hacia los tories y todo lo que representan por parte de los trabajadores y jóvenes, quienes han manifestado su apoyo a Corbyn y a sus promesas de poner fin a la austeridad.
El repulsivo intento de May de buscar capitalizar los atentados terroristas terminó perjudicándola. La abrumadora evidencia de que el servicio de inteligencia militar MI5 y la policía sabían sobre sobre el atacante de Manchester, Salman Abedi, y al menos dos de los tres asesinos de Londres comprueba que numerosos islamistas son activos protegidos para ser utilizados como fuerzas indirectas en las guerras libradas por Reino Unido y EE.UU. en Libia, Irak y Siria.
May apostó su propio futuro al prometer una salida “dura” de la UE pero, al hacerlo, alienó a amplios sectores corporativos y de la City de Londres. Las estimaciones de que, tras el brexit, caiga el comercio con la Unión Europea un 40 por ciento y la inversión extranjera un 20 por ciento, han provocado advertencias de un desastre financiero.
Su plan de depender en el gobierno de Trump para extraer concesiones de Alemania, Francia y otros en la UE ha tenido el efecto contrario. La respuesta de la canciller alemana, Angela Merkel, a las amenazas de Trump de poner a “EE.UU. ante todo” ha sido declarar que tanto EE.UU. como el Reino Unido pos- brexit no son de fiar como aliados. Ante el aumento en tensiones globales entre EE.UU. y Europa, la estrategia de toda la política exterior británica de atenerse al poder militar y económico de EE.UU. para avanzar su propia influencia ha colapsado.
Sin embargo, la brutal verdad es que un gobierno laborista encabezado por Corbyn tampoco representa una alternativa a las políticas de austeridad y de guerra de May.
Hay millones de trabajadores que quieren que los tories se vayan y están dispuestos a tolerar los constantes repliegues de Corbyn ante los partidarios del ex primer ministro Blair en su partido, con la esperanza de que al menos honre sus compromisos de defender el Servicio Nacional de Salud, aumentar el salario mínimo y construir nuevas viviendas. Pero los esfuerzos de su manifiesto para juntar reformas sociales mínimas con la agenda militarista del imperialismo británico es una combinación incompatible.
Reino Unido se está desestabilizando en el ámbito económico, político y social, mientras el capitalismo mundial entra en su peor crisis desde el final de la Segunda Guerra Mundial —una crisis que está reproduciendo todos los horrores del fascismo y la guerra asociados con la primera mitad del siglo XX. Cualquier intento para conservar la “competitividad global” del país bajo condiciones de guerra comercial y conflictos militares requiere profundizar la destrucción de puestos de trabajo, salarios y servicios esenciales.
Este proceso está cavando más el profundo abismo entre la clase obrera y los multimillonarios, llegando al punto de explosiones sociales. El choque de intereses entre la oligarquía y la clase obrera es tan agudo que no puede ser reconciliado a través de los llamados de Corbyn a “ser justos… para los muchos no los pocos”. Las políticas nacionalistas de los laboristas, de crear una forma de “patriotismo industrial” mediante la colaboración del gobierno “con las empresas y los sindicatos”, tienen como objetivo subordinar a los trabajadores al plan de guerra comercial de May, todo a costa de los empleos y niveles de vida de la clase obrera.
Han pasado casi dos años desde que Corbyn quedó electo como titular del Partido Laborista gracias a cientos de miles que ingresaron al partido con el fin de empujarlo hacia la izquierda. En cambio, Corbyn se ha trasladado cada vez más a la derecha.
Su oposición a expulsar a los parlamentarios laboristas de derecha que buscaron destituirlo, el permiso que dio a votar a favor de acciones militares en Siria y la renovación del sistema Trident de armas nucleares y luego la incorporación de estas concesiones en su manifiesto muestran cuál sería la función real de un gobierno laborista bajo su liderazgo.
La reacción de Corbyn a los atentados terroristas en Manchester y Londres se debe tomar como una clara advertencia.
Los conservadores buscaron utilizar los ataques para ganar las elecciones, intensificando su ofensiva para retratar a Corbyn como alguien indulgente hacia el terrorismo y una amenaza en sí para la seguridad nacional, basándose en sus declaraciones previas donde critica a la OTAN y se niega a asegurar categóricamente que autorizaría el uso de armas nucleares. Están preparándose para un giro brusco hacia la represión estatal después del 8 de junio.
La estrategia de cuatro puntos de May para “luchar contra el terrorismo” —incluyendo censura y vigilancia en Internet para eliminar “espacios seguros” para el “extremismo” en público— será utilizada para sofocar el descontento político, junto a la aplicación de medidas existentes para limitar aun más el derecho a la huelga. El núcleo autoritario de su programa fue caracterizado por la declaración: “Y si las leyes de los derechos humanos nos impiden hacerlo, vamos a cambiar las leyes para poderlo hacer”.
May también utilizó su discurso sobre los atentados de Londres para reafirmar su promesa de que intensificará la intervención militar en Irak y Siria.
Corbyn no dijo nada al respecto. En lugar de explicar que los atentados son consecuencias de las intervenciones criminales del imperialismo británico en Oriente Medio, optó por denunciar a May por recortar el número de policías, indicando que él está dispuesto a hacer “lo que sea necesario” en la lucha contra el terrorismo.
De esta manera, se posicionó como el candidato de la ley y el orden, no del cambio social. Su promesa a la élite gobernante de que no tienen nada que temer de un gobierno dirigido por él se refleja por el hecho de que su retórica de “izquierda” apenas sobrevivió una campaña electoral, ni hablar de cuando asuma su cargo.
Todos los grupos de pseudoizquierda británicos han intentado superar la profunda desconfianza de los trabajadores hacia el Partido Laborista explotando las ilusiones populares en Corbyn como individuo. El Partido Socialista de los Trabajadores (SWP; Socialist Workers Party) escribió, “No apoyamos a los que han intentado varias veces empujar al Partido Laborista hacia la derecha. Pero la única manera de mostrarle apoyo a Corbyn es votar por todos los candidatos laboristas”. El Partido Socialista, por su parte, evita toda mención de los laboristas y llama simplemente a formar “un gobierno liderado por Corbyn”.
Los acontecimientos han confirmado lo que el Partido Socialista por la Igualdad ha insistido: el Partido Laborista no puede ser cambiado mediante la instalación de un nuevo líder. Hoy día, el partido es el mismo que cuando lo encabezaban Tony Blair y Gordon Brown.
Sea cual fuere el resultado de las elecciones, la clase obrera británica, al igual que sus hermanos y hermanas en todo el mundo, se enfrenta a una lucha de vida o muerte en contra del descenso a la reacción social y política y el cada vez mayor peligro de guerra. La única manera de avanzar es mediante la adopción de una perspectiva nueva, socialista revolucionaria e internacionalista. La tarea de los trabajadores y jóvenes con una conciencia política más avanzada es unirse al Partido Socialista por la Igualdad y construirlo como la nueva dirección de la clase obrera.

(El autor milita en el PSI, sección británica del Comité Internacional de la Cuarta Internacional)