Archivo de la etiqueta: China

Caos sistémico: de la crisis de hegemonía global al momento populista

por Juan Vázquez Rojo //

 

Para entender la sucesión de cisnes negros que se suceden en los últimos años: desde la victoria de Trump al Brexit, pasando por la guerra comercial entre China y EEUU o por los giros en la guerra de Siria, es necesario levantar la mirada y tomar perspectiva, más allá de las explicaciones particulares que se centran en el supuesto carácter convulso de dirigentes o poblaciones. De esta forma, partiendo de un enfoque holístico es posible afirmar que en el año 2008 el sistema-mundo ha iniciado una etapa de caos sistémico, esto es, el modelo hegemónico global liderado por EEUU después de la II Guerra Mundial ha entrado en una profunda crisis que afecta de forma directa a toda la estructura económica, política, social y cultural del planeta. Para entender esto, es necesario analizar la etapa de liderazgo estadounidense (1945-2007) y las crisis que se derivan desde ese momento Seguir leyendo Caos sistémico: de la crisis de hegemonía global al momento populista

Trump amenaza la frágil economía mundial: “las guerras comerciales son buenas”

por Rob Sewell  //

En la última semana, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump anunció su intención de aumentar los aranceles sobre las importaciones de acero y aluminio, amenazando con iniciar una guerra comercial peligrosa con el resto del mundo. Esta podría hundir a la economía mundial en otra profunda depresión. Los comentarios recientes de Trump en Twitter constituyen nada menos que una declaración de guerra comercial – del país capitalista más poderoso del mundo. Seguir leyendo Trump amenaza la frágil economía mundial: “las guerras comerciales son buenas”

Fin de la hegemonía de EE.UU., nuevo equilibrio militar con Rusia y China

por Alfredo Jalife-Rahme //
Antes del trascendental e histórico discurso del zar Vlady Putin sobre el Estado de la Unión ante el Parlamento ruso, Global Firepower Report había clasificado que EU/Rusia/China eran las más poderosas fuerzas militares del planeta, lo cual no era nada creíble ya que a nivel de fuerzas convencionales, Rusia supera de lejos a EU y en el rubro de armas nucleares Rusia posee incluso un mayor número de ojivas atómicas (https://goo.gl/xGe1Lf). Seguir leyendo Fin de la hegemonía de EE.UU., nuevo equilibrio militar con Rusia y China

Economía mundial: todo muy bien… Sra. Marquesa

por Eric Toussaint //

“Todo va muy bien, señora marquesa” (Tout va très bien, madame la marquise) 1/ es una canción de 1935 que conoció en Francia un gran éxito en plena crisis. Traducida a numerosas lenguas, esta frase se ha convertido en una expresión proverbial para designar una actitud de ceguera ante una situación desesperada Seguir leyendo Economía mundial: todo muy bien… Sra. Marquesa

China: El emperador geoeconómico Xi Jinping se adelanta 15 años

Alfredo Jalife-Rahme//
A unos días del inicio de su trascendental gira asiática, Donald Trump felicitó en términos ditirámbicos la asunción de Xi Jinping –entronizado supremo líder para un segundo quinquenio en el 19 congreso del Partido Comunista Chino (PCC)–, a quien aduló de rey.

La nesciencia de Trump es legendaria, ya que en la tradición milenaria china de más de 6 mil años no existe la figura de rey, ya que ha sido gobernada por mandarines y emperadores. Según The Washington Post, Trump alabó a Xi como probablemente el mandatario más poderoso que China ha tenido en un siglo. ¿Más que Mao Zedong y Deng Xiaoping? Not yet Seguir leyendo China: El emperador geoeconómico Xi Jinping se adelanta 15 años

El líder de China hace el llamado a una “nación fuerte” y un “ejército fuerte”

por Peter Symonds//

En su extenso discurso esta semana ante el congreso del Partido Comunista de China (PCCh), el presidente Xi Jinping declaró e insistió en que China se convertirá en una “gran potencia” y una “fuerte potencia” en el periodo adelante. Esta será una “era que verá a China acercarse al centro del escenario”, declaró.

Xi se refirió como de costumbre al “gran éxito del socialismo con características chinas”. En realidad, lo que hizo fue elaborar las aspiraciones de la nueva burguesía que ha acumulado una enorme cantidad de riquezas en las cuatro décadas desde la restauración capitalista, algo que requiere para continuar que Beijing encare más firmemente a sus rivales en la palestra global.

El “sueño chino” de Xi, de una nación rejuvenecida surge inevitablemente de la colisión con los intereses de las potencias imperialistas establecidas, principalmente los de Estados Unidos, el cual busca desesperadamente apuntalar su posición dominante en el mundo por medio de su poderío militar. La “nueva era” de la que habla Xi, no será de paz ni estabilidad, sino de guerra y revolución.

El mandatario no apuntó en su discurso el cercano peligro de una catastrófica guerra estadounidense con Corea del Norte que arrastraría a China, Rusia y a otras potencias nucleares. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha rechazado inequívocamente las propuestas de Beijing y Moscú de reentablar negociaciones y ha en cambio preparado al ejército para la “destrucción total” del único aliado militar formal de China.

La imprudente marcha a la guerra de EUA no es simplemente el producto de un individuo con una orientación fascista como Trump, sino del callejón sin salida en el que se encuentra el imperialismo estadounidense. El surgimiento económico de China durante las últimas cuatro décadas, con base en la inundación de inversiones extranjeras para aprovechar su mano de obra barata, ha venido acompañado de una mayor influencia económica y política china alrededor del mundo, conforme busca materias primas y mercados. A medida que EUA se ve incapaz de dar tanta asistencia económica como China —el llamado “poder blando”—, recurre cada vez más al poder duro o militar para desafiar a Beijing.

El “pivote hacia Asia” del Gobierno de Obama representó una estrategia comprensiva para socavar a Beijing diplomática y económicamente alrededor de la región del Indo-Pacífico y para cercar a China militarmente. Obama recrudeció deliberadamente los más peligrosos focos de conflicto, como la península coreana y creó nuevos, incluyendo el desafío de los reclamos territoriales chinos en el mar de China Meridional.

Trump procura los mismos objetivos, pero de manera más agresiva, aumentando dramáticamente el peligro de guerra. Tras haber desmantelado el plan de Obama de formar un bloque comercial y de inversiones contra China —el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica—, Trump amenazó a Beijing directamente con una guerra económica. La acumulación militar alrededor del conflicto con Corea del Norte también es un preparativo militar dirigido contra China. El cálculo de los círculos de estrategia estadounidense se reduce a que, ante el continuo declive de EUA, un enfrentamiento con China es preferible lo antes posible.

El miércoles, tan sólo horas después del discurso de Xi, el secretario de Estado, Rex Tillerson, cuestionó implícitamente las ambiciones chinas. “China, mientras que surge junto a India, lo ha hecho menos responsablemente, en tiempos socavando el orden internacional de derecho”, declaró, concentrándose en “las acciones provocativas de China en el mar de China Meridional”. Dicho “orden internacional de derecho es, por su puesto, el orden mundial establecido después de la Segunda Guerra Mundial, en el que Washington dominaba y ponía las reglas a su conveniencia.

El discurso de Xi es un signo de que los intereses económicos y estratégicos de China no se pueden acomodar más al orden global que prevalece. Les advirtió a otros países que no subestimen la voluntad de China a defenderse a sí misma. “Nadie debería esperar que China se trague cualquier cosa que mine sus intereses”, declaró Xi ante los delegados del congreso.

Lejos de abandonar sus reclamos territoriales en el mar de China Meridional, Xi declaró al principio de su intervención, considera que la consolidación del control chino de los islotes en disputa en realidad es un punto destacado de sus cinco años en el poder. Presumió, además, su iniciativa “Un cinturón, una ruta”, el masivo plan de infraestructura para integrar el continente euroasiático por medio de caminos, ferrocarriles y el mar, y así enlazar a China y Europa, esquivando el cerco estadounidense.

En respuesta a la acumulación militar estadounidense y las amenazas en Asia, Xi presagió una aceleración de la carrera armamentística, por lo que elaboró ciertas metas que culminarían con un ejército chino de “clase mundial” para el 2050. “Un ejército listo para la guerra. Todas las obras militares tienen que adherirse a los estándares de poder librar una guerra y poder ganar una guerra”, sentenció Xi.

De principio a fin, su discurso hedía a la pestilencia del nacionalismo. “La nación china es una gran nación, ha atravesado dificultades y adversidades, pero sigue siendo indomable. El pueblo chino es un gran pueblo, son industriosos y valientes y nunca pausan en su procura del progreso”, remarcó.

Al igual que Trump en Estados Unidos, Xi fomenta el patriotismo, tanto para avanzar agresivamente los intereses de la burguesía china como para subordinar a la populosa clase obrera a esos mismos intereses. Xi se encuentra agudamente consciente de las tensiones sociales que han sido generadas por la restauración del capitalismo en el país y por la profunda brecha entre la diminuta capa de ultrarriccos y la vasta mayoría de la población. Conforme se acelera la marcha hacia la guerra, esta división social tan sólo se ensanchará, alimentando el malestar social. Es por esto que Xi también hizo un llamado a reforzar el aparato represivo estatal.

Sin la intervención de la clase obrera, un conflicto es inevitable, sea en Corea del Norte, el mar de China Meridional o en el sinnúmero de otras zonas explosivas de conflicto en Asia e internacionalmente. El imperialismo estadounidense percibe a China como su principal obstáculo para la hegemonía global, mientras que el capitalismo chino pone en tensión las restricciones del orden mundial establecido y dominado por Washington.

Los trabajadores y la juventud en China, Estados Unidos, alrededor de Asia y en todo el mundo no tienen el interés de ser arrojados como carne de cañón a guerras para defender los intereses de los ultrarricos. Es sólo a través de un movimiento unificado, internacional y basado en un socialismo auténtico —lo que significa la reconstrucción de la sociedad para satisfacer las necesidades apremiantes de la mayoría, no el lucro masivo de unos pocos— que se le puede poner alto a este impulso bélico. Esta es la perspectiva por la que lucha el Comité Internacional de la Cuarta Internacional y sus secciones alrededor del mundo”.

 

G20 de Hamburgo: fin del orden neoliberal global por el G3 (EE.UU/Rusia/China)

por Alfredo Jalife-Rahme//

Si se toman como parámetros de medición los conceptos de estabilidad estratégica, en materia nuclear (https://goo.gl/ePVvCw), y del triángulo estratégico de EU/Rusia/China (https://goo.gl/fdqwMA), la primera semana de julio de 2017 parece haber significado un punto de inflexión metahistórico que se encamina a un nuevo orden tripolar entre las dos grandes superpotencias nucleares (EU y Rusia) y la máxima superpotencia geoeconómica (China).
Lo relevante del primer encuentro exitoso del zar Vlady Putin y el presidente empresario Trump fue: 1) que haya ocurrido y haya durado cinco veces más de lo programado; 2) que haya detenido el deterioro estrepitoso de la relación bilateral de Estados Unidos (EU) y Rusia que legó la dupla Obama/Hillary, y 3) más allá de los supuestos avances de la agenda abordada, lo primordial radicó en los acuerdos secretos que catalizaron la química entre ambos mandatarios y su postura constructiva, en particular, el contencioso nuclear de Norcorea, en el que irrumpió con fuerza Rusia para intermediar entre Trump y el mandarín Xi.

El gran triunfador de la cumbre bilateral, y hasta del G20, fue el zar Putin, quien rompe su supuesto aislamiento por el mundo occidental.

Suena paradójico que Trump haya sido aislado por los 19 integrantes del G20 por el tema del cambio climático y del libre (sic) comercio, mientras Putin se haya brincado las sanciones occidentales de EU y Europa.

Nunca he escuchado algo más absurdo que el término propagandístico y ahistórico de Occidente que incorpora a Japón (país oriental) y a Israel (artefacto medioriental), mientras exorciza a Rusia: cuando San Petersburgo, capital occidental por antonomasia, fue fundada 73 años antes que la independencia de EU.

Si seguimos la dinámica de los vectores y los conceptos de los atractores físicos y del centro de gravedad, la primera semana de julio exhibió un G2 de Rusia y China (https://goo.gl/YFpXDR), que la cumbre entre Trump y Putin lo está jalando, por lo menos con la ausencia de belicosidad mutua, a un G3.

En un abordaje multidimensional de hipercomplejidad no-lineal, en la misma primera semana de julio, Trump llegó aislado a Hamburgo: tanto por la cumbre geoestratégica de Rusia y China, como por el imponente acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea (UE) y Japón (https://goo.gl/CJY3jz). Putin rescata así a Trump, quien al final de cuentas consigue un empate.

A juicio de Ray McGovern –oficial del ejército de EU y ex analista de la CIA durante 30 años–, el gran giro de las superpotencias ya se dio: es la “alianza de Rusia y China (https://goo.gl/pQ4wGN)”.

Después de que la atribulada canciller alemana Angela Merkel advirtió que Europa debe tomar su destino con sus propias manos, toda la fauna globalista trasatlántica ha entrado en pánico con la política proteccionista trumpiana de Primero EU, lo cual, a juicio del fanático neoliberal global Wolfgang Schäeuble, de 74 años y ministro de Finanzas, significa la destrucción del orden (sic) neoliberal global que otorgaría gran influencia a China y a Rusia.

En su metahistórica conferencia en la Academia Estadunidense (sic) en Berlín, Schaeuble, totalmente encapsulado en su disfuncional gueto mental, sentenció que “duda si EU verdaderamente cree que el orden mundial será igualmente sano (sic) si China o Rusia llenasen el vacío dejado por EU, y si a China y Rusia les fueron sencillamente (sic) otorgados una mano libre para dominar las esferas de influencia que han definido para sí mismos (https://goo.gl/7EYBTS)”.

En mi entrevista con Sputnik y Radio Uruguay aduje que “un G3 puede terminar con el orden mundial neoliberal (https://goo.gl/eA1gJn)”, cuando Merkel ha sido la gran perdedora –la tercera derrota mundial en más de 100 años, esta vez geoestratégica, de Alemania, máxima potencia geoeconómica de la UE–, mientras Peña era humillado por enésima vez por Trump (https://goo.gl/7jhVds).

Sin contar su estéril santa alianza con Obama, Merkel cometió varios errores que no habrían cometido sus lúcidos antecesores –Adenauer, Willy Brandt, Helmut Schmidt, Helmut Kohl y Gerhard Schröder, tanto del partido conservador como del Partido Socialdemócrata–, al pretender posicionarse como lideresa del orden neoliberal global a los dos lados del noratlántico y al chocar con las dos máximas superpotencias nucleares del planeta: con Trump, en materia geoeconómica, y con Putin, en geopolítica, desde la Cumbre del G20 en Brisbane (https://goo.gl/vzzYth).

La geopolítica, que tanto desprecia Merkel, la aniquiló.

Peor: independientemente de que un servidor apoye el acuerdo climático de París, Merkel hizo de ello un casus belli contra Trump, lo cual augura mayores atentados terroristas en una UE fracturada.

Como si lo anterior fuera poco, y en vísperas del G20, la UE pactó un colosal acuerdo de libre comercio con Japón que deja fuera al proteccionismo de Trump. Resultado: Trump se aleja de Alemania, mientras se acerca a Rusia.

La orfandad geoestratégica de Alemania y Japón, perdedoras de guerras mundiales y reconstruidas por EU, es que carecen de dientes nucleares y confunden la suprema geoestrategia con el vulgar mercantilismo neoliberal, no se diga con el plausible cambio climático –curiosamente apoyado por Rusia y China– que no es suficiente para operar el nuevo orden multipolar del siglo XXI.

En mero suelo polaco y en Hamburgo, Merkel sufrió dos afrentas de Trump: en Varsovia, antes de arribar a Alemania, el polémico presidente empresario arremetió contra la ocupación nazi en la icónica plaza Krasinski, mientras, con total desprecio al protocolo, en la cumbre del G20 cedió su lugar a su hija Ivanka, una frívola socialité sin conocimientos diplomáticos.

Una foto del portal Deutsche Welleexhibe con toda crudeza cómo Merkel se cubre el rostro con sus manos frente a la impetuosidad de Trump (https://goo.gl/8TyRpu).

En forma interesante –más que nada por haber sido reportado por el portal chino Global Times–, el viceministro de Finanzas ruso, Alexei V. Moiseev, reportó que Trump culpa a todos (sic) los otros 19 países por el déficit de EU. Mientras “los otros países peroran sobre el libre comercio, Trump exige trato justo para EU (https://goo.gl/DjNcLo).”

Me gustó el comentario al respecto del lector chino LHRTAT: “En un mundo de salarios injustos para diferentes categorías de trabajadores, injustas tasas de cambio de las divisas y el resultante precio desigual de los productos, ¿qué significa comercio ‘justo’?”

Según Bloomberg, Merkel practica un juego electorero muy arriesgado de cara a la elección del 24 de septiembre, al distraer a los alemanes de sus aflicciones domésticas al fustigar a EU (https://goo.gl/yygt7d)”.

A mi juicio, el formato economicista del G20, ahora trasmutado en ambientalista, quedó sepultado en Hamburgo y será gradualmente sustituido por el G3 de EU/Rusia/China.

En espera del resultado el segundo encuentro de Xi y el presidente empresario Trump, al margen de la Cumbre del G-20 en Hamburgo, no hay que subestimar el gran escollo de un sector del Deep State de EU para descarrilar el G3.

Fotografía:Protesta performática en Hamburgo de las “1000 figuras”.

La participación del trabajo en la renta nacional

por Michael Roberts//

Los principales blogueros keynesianos han estado analizando una vez más las causas de la desigualdad. En particular, han puesto de manifiesto la aparente disminución de la participación del trabajo en la renta nacional en la mayoría de las economías capitalistas avanzadas desde principios de la década de 1980.

De acuerdo con un informe de la OIT, en 16 países desarrollados, el trabajo tenía una participación del 75% del ingreso nacional a mediados de la década de 1970, pero se redujo al 65% en los años previos a la crisis económica. Subió en 2008 y 2009 – pero sólo porque el ingreso nacional se contrajo en esos años, antes de reanudar su curso descendente. Incluso en China, donde los salarios se han triplicado en la última década, el porcentaje de los trabajadores en la renta nacional ha disminuido.

El último Informe Económico Mundial del FMI considera que “después de haber sido bastante estable en muchos países desde hace décadas, la proporción del ingreso nacional pagado a los trabajadores ha disminuido progresivamente desde la década de 1980”.

El FMI continua: “la parte del trabajo en la disminución de los ingresos, cuando los salarios crecen más despacio que la productividad, o la cantidad de producción por hora de trabajo. El resultado es que una fracción cada vez mayor de las ganancias de la productividad ha estado yendo al capital. Y como el capital tiende a concentrarse en los extremos superiores de la distribución de los ingresos, la disminución de la parte de los ingresos del trabajo tiende a aumentar la desigualdad de ingresos“.

El blogger keynesiano Noah Smith escribió en un artículo: “durante décadas, los modelos macroeconómicos asumieron que el trabajo y el capital se repartirían proporciones más o menos constantes de la producción: el trabajo un poco menos de dos tercios de la tarta, el capital de poco más de un tercio . Hoy en día la proporción es 60%-40%”. ¿Qué ha ocurrido? Smith reconoce que hay cuatro posibles explicaciones: 1) China, 2) robots, 3) monopolios y 4) propietarios.

Por China quiere decir que la globalización y la deslocalización de la fabricación de productos por las multinacionales a las llamadas economías emergentes ha hecho que el trabajo en las economías avanzadas pierda puestos de trabajo y sus salarios se estanquen a pesar de que la productividad ha aumentado. Sin embargo, como señala Smith, la participación del trabajo ha caído también en China y (hasta hace poco) la desigualdad de ingresos aumentó considerablemente.

En cuanto a la sustitución acelerada de trabajadores por máquinas, gracias a los robots y la inteligencia artificial, lo que parece estar sucediendo es que las empresas más eficientes, de alta tecnología están creciendo rápidamente, dejando atrás a las empresas ineficientes que utilizan más mano de obra. Estas empresas menos eficientes pierden cuotas de mercado y comienzan a emplear menos trabajadores también.

Esa es más o menos la tendencia en la acumulación capitalista desde una perspectiva marxista, por lo que no debería sorprender. De hecho, el informe del FMI respalda este punto de vista: “En las economías avanzadas, aproximadamente la mitad de la disminución de la participación del trabajo se puede atribuir al impacto de la tecnología. La disminución fue impulsada por la combinación de un rápido progreso en la tecnología de la información y las telecomunicaciones, y una alta proporción de trabajos que podrían ser fácilmente automatizados”.

La teoría económica convencional solía defender que las desigualdades eran el resultado de cualificaciones diferentes de la fuerza de trabajo y que la proporción de la renta nacional del trabajo dependía de la carrera entre la mejora de la formación y la educación de los trabajadores y la introducción de máquinas para reemplazar cualificaciones anteriores.

De hecho, otro destacado keynesiano, Brad Delong todavía apoya esta respuesta. En una nota reciente, sugiere que Smith y Krugman están equivocados. “Permítanme sugerir que no hay ningún misterio que explicar”. Si nos fijamos en la participación del trabajo en el PIB neto, es decir, después de deducir la depreciación (la cantidad de producción necesaria para reemplazar las plantas y maquinaria desgastada), la tasa del trabajo en realidad no ha caído, excepto durante la Gran Recesión.

 

Delong concluye que la redistribución de ingresos habida ha tenido lugar dentro de la tasa del trabajo, de los trabajadores de bajos ingresos a los de altos (CEOs, ejecutivos, médicos y dentistas, etc.) y no entre el trabajo y el capital.

El argumento de Delong no es convincente. En primer lugar, no se puede definir la depreciación como beneficio, pero es claramente una deducción del beneficio bruto. En segundo lugar, aunque el gráfico anterior sí muestra una tendencia decreciente de la participación del trabajo en la renta después de su fuerte aumento a finales de 1960, lo que condujo a una intensificación de la caída de la rentabilidad en la mayoría de las economías capitalistas avanzadas desde mediados de la década de 1960 y en la lucha de clases que la acompaño. El descenso también fue significativo desde el año 2000, durante la burbuja crediticia en los EE UU (a diferencia de Europa, donde la participación del trabajo se mantuvo constante e incluso aumentó durante la Gran Recesión: lo contrario de lo que ocurrió en Estados Unidos).

Y en tercer lugar, los aumentos de los ingresos de los ejecutivos y los médicos, dentistas, abogados y otros “profesionales libres” son en realidad beneficios y no salarios. Ver el excelente trabajo de Simon Mohun en este sentido.

Paul Krugman ha vuelto al tema de la caída de la participación del trabajo en una reciente nota en su blog, en la que argumenta que es el poder de monopolio de empresas de capital intensivo como Google, Microsoft, etc., y las compañías de energía las que están detrás de la subida de los beneficios en la economía global. Es un viejo argumento en su caso. Como ya dijo en 2012: “¿Estamos volviendo a hablar de verdad del conflicto capital/ trabajo?¿No es una discusión vieja, casi marxista, obsoleta en nuestra moderna economía de la información?”

Krugman reconoce que las desigualdades de ingresos y riqueza en la sociedad estadounidense y la participación cada vez menor de los ingresos que perciben los trabajadores del sector capitalista no se deben al nivel de educación y cualificación de la fuerza de trabajo de Estados Unidos, sino a factores más profundos. En 2012, citó dos explicaciones posibles: “Una es que la tecnología ha dado un giro que coloca a la mano de obra en desventaja; la otra es que estamos ante los efectos de un fuerte aumento del poder de monopolio. Piense en estas dos historias haciendo hincapié en los robots, por un lado, y los ‘barones ladrones‘ (robber barons), por el otro”.

El primer argumento es que la tecnología moderna está ‘sesgada a favor del capital’, es decir, que tiene como objetivo reemplazar mano de obra por máquinas progresivamente. Krugman lo expresó así: “El efecto de los avances tecnológicos en los salarios depende del sesgo del progreso; si está sesgado a favor del capital, los trabajadores no compartirán plenamente los aumentos de la productividad, y si está lo suficientemente sesgado a favor del capital, su situación puede incluso empeorar”.

Esto no es nuevo en la teoría económica marxista. Marx lo explicó de manera diferente a la teoría económica de su tiempo. La inversión en el capitalismo se lleva a cabo con fines de lucro, no para aumentar la producción o la productividad como tal. Si no se puede aumentar el beneficio lo suficientemente mediante más horas de trabajo (es decir, más trabajadores y más horas) o intensificando los esfuerzos (velocidad y eficacia – tiempo y movimiento), la productividad del trabajo sólo puede aumentarse entonces con mejor tecnología. Por lo tanto, en términos marxistas, la composición orgánica del capital (la cantidad de maquinaria e instalaciones en relación con el número de trabajadores) se elevará secularmente. Los trabajadores pueden luchar para mantener la mayor cantidad del nuevo valor que han creado como parte de su ‘compensación’, pero el capitalismo sólo invertirá para crecer si esa participación no se eleva tanto que hace que la rentabilidad del capital caiga. Por lo tanto, la acumulación capitalista implica una caída tendencial de la participación del trabajo, o lo que Marx llamaría una tasa creciente de explotación (o plusvalía).

Y sí, todo dependerá de la lucha de clases entre el capital y el trabajo por la apropiación del valor creado por la productividad del trabajo. Y está claro que el trabajo ha ido perdiendo la batalla, sobre todo en las últimas décadas, bajo la presión de las leyes anti-sindicales, el fin de la protección del empleo y la contratación fija, la reducción de beneficios sociales, un creciente ejército de reserva de desempleados y sub-empleados gracias a la globalización de la fabricación industrial.

Aparte de la tecnología sesgada a favor del capital, Krugman considera que la caída de la participación del trabajo en la renta puede ser causada por el ‘poder de los monopolios’, o la dominación de ‘barones ladrones’. Krugman lo pone de esta manera. Tal vez la parte del trabajo en la renta está cayendo porque: “en realidad no tenemos una competencia perfecta” bajo el capitalismo; “el aumento de la concentración de las empresas podría ser un factor importante en el estancamiento de la demanda de mano de obra, ya que las empresas utilizan su creciente poder de monopolio para subir los precios sin pasar las ganancias a sus empleados”.

Lo que Krugman parece sugerir es que es un defecto en la economía de mercado lo que crea esta desigualdad y que si erradicamos esa imperfección (los monopolios) todo se corregirá. De esta manera, Krugman plantea el tema en los términos de la economía neoclásica.

Pero no se trata de la dominación de los monopolios como tal, sino del dominio del capital. Si, el capital se acumula a través de una mayor centralización y concentración de los medios de producción en manos de unos pocos. Esto asegura que el valor creado por el trabajo sea apropiado por el capital y que la proporción destinada al 99% se reduzca al mínimo. Pero no se trata de que los monopolios sean una imperfección de la competencia perfecta, como quiere Krugman: es el monopolio de la propiedad de los medios de producción por unos pocos. Ese es el funcionamiento real del capitalismo, con todos sus defectos.

La caída de la parte de la renta nacional que va al trabajo comenzó justo en el momento en que la rentabilidad empresarial de Estados Unidos estaba en su punto más bajo en la profunda recesión de la década de 1980. El capitalismo tuvo que restaurar la rentabilidad. Lo hizo en parte aumentando la tasa de plusvalía despidiendo trabajadores, congelando los aumentos salariales y recortando paulatinamente prestaciones sociales y pensiones. De hecho, es significativo que el colapso de la participación del trabajo se intensificó después de 1997, cuando la rentabilidad en Estados Unidos se recuperó y comenzó a reducirse de nuevo. El gráfico del FMI anterior muestra que se aplica a la mayoría de economías.

La participación del trabajo en el sector capitalista en los EE.UU. y otras economías capitalistas se ha reducido debido a la mayor tecnología y su ‘sesgo pro-capital’, la globalización y la mano de obra barata en el extranjero; la destrucción de los sindicatos; la creación de un ejército de reserva de mano de obra mayor (desempleados y sub-empleados); y el recorte de las prestaciones sociales y la reducción de los contratos fijos, etc. De hecho, esta parece ser la conclusión del FMI en su último informe en el capítulo 3 de la edición de abril de 2017 de Perspectivas Económicas, que cree que esta tendencia está impulsada por un rápido progreso en la tecnología y la integración global.

“La integración global -como se refleja en las tendencias del comercio final de bienes, la participación en las cadenas globales de valor, y la inversión extranjera directa-, también desempeñó un papel. Su contribución se estima en más o menos la mitad que la de la tecnología. Dado que la participación en las cadenas de valor globales normalmente implica la deslocalización de las tareas intensivas en mano de obra, el efecto de la integración es reducir la participación del trabajo en los sectores comerciables. hay que admitir que es difícil separar claramente el impacto de la tecnología del de la integración global, o de las políticas y reformas. Sin embargo, los resultados para las economías avanzadas son convincentes. En su conjunto, la tecnología y la integración global explican cerca del 75 por ciento de la disminución de la participación del trabajo en Alemania e Italia, y cerca de 50 por ciento en Estados Unidos”.

Tal vez el ‘sesgo pro-capital’ y la ‘globalización’ tengan menos efecto sobre la participación del trabajo en los EE.UU. debido al mayor crecimiento de los beneficios financieros y las rentas que en el resto de las economías avanzadas.

De hecho, como Noah Smith dice: “el poder de los monopolios, los robots y la globalización podrían ser parte de un mismo fenómeno unificado: nuevas tecnologías que de forma desproporcionada ayudan a las grandes compañías multinacionales de capital intensivo”. Yo le llamo “capital moderno”, que, citando a Smith de nuevo, “proporciona una posible forma de unificar al menos algunas de las diversas explicaciones de esta preocupante tendencia económica”.

Detrás de la campaña de guerra de EE.UU. contra Corea del Norte

Peter Symonds//

La prueba norcoreana de un misil de corto alcance el lunes, la última de una serie de ensayos similares, ha provocado otra ronda de reclamos y advertencias de parte de Washington y sus aliados, mientras que Estados Unidos continúa amontonando sus fuerzas militares alrededor de la península coreana. El Cuerpo de Marines de EE.UU. anunció la semana pasada que estará enviando el portaviones USS Nimitz y su grupo de batalla a la región, elevando a tres el número de portaaviones capaces de dirigir su enorme poderío contra Corea del norte. Seguir leyendo Detrás de la campaña de guerra de EE.UU. contra Corea del Norte

Entrevista a Pierre Rousset: ¿A dónde va China?

por Francis Sitel//

En un momento en que Trump, nuevo presidente de EE UU, anuncia una ruptura con el libre comercio y un repliegue al unilateralismo nacionalista, en Davos, donde se reúne la cumbre del capitalismo globalizado, Xi Jinping se presentó como adalid del libre comercio. ¡Parece el mundo al revés! ¿Cómo valoras esta declaración, que rompe con todo lo que podíamos pensar que era China?

Pierre Rousset: Ruptura completa con la era maoísta, no cabe duda. Pero se inscribe dentro de la continuidad, claro que evolutiva, de las reformas de Deng Xiaoping desde que estas demostraron ser de naturaleza capitalista. En el plano simbólico, esta declaración de Davos es, en efecto, muy importante. Trump amenaza con un repliegue al unilateralismo, colocando en el alero instituciones de cooperación internacional que sirven de marco de negociación entre burguesías, así como de estructuras como la OTAN. Frente a él, Xi Jinping puede decir: “Si es así, estamos dispuestos a tomar el relevo…”. Un posicionamiento revelador de cómo China se proyecta a escala internacional, poniendo en entredicho la jerarquía y las relaciones de fuerza dentro del capitalismo existente.

También resulta interesante con respecto a Rusia. En el periodo reciente, este país ha sabido afirmarse con fuerza gracias a su capacidad militar (Crimea, Ucrania, Siria…). Sin embargo, Putin no puede permitirse hablar como Jinping. China ha desplegado, en el plano económico y financiero, una red internacional que le permite proponer, frente a unos EE UU que se retirarían o agravarían el conflicto con México, relevarlos y asumir sus inversiones. Se dedica asimismo a construir una red militar (refuerzo de su flota, acuerdos de defensa con diversos países, establecimiento de bases en el extranjero, sistema de vigilancia…), lo que todavía llevará mucho tiempo. De todos modos, esto confirma la talla internacional adquirida ya por China y su ambición de ser reconocida como potencia mundial de primera.

Es decir, ¿como la primera potencia mundial?

Es su ambición, pero del dicho al hecho hay un gran trecho. EE UU siguen siendo la única superpotencia. Sin embargo, en cierto modo esta posición privilegiada también es un hándicap. Su “zona de influencia” es el mundo entero, pero no tienen la capacidad de imponer por sí solos una pax americana mundial, y ningún otro imperialismo les ayuda de modo significativo a desempeñar este papel. Los ataques de Trump contra los europeos reflejan este problema: EE UU necesitan un imperialismo europeo, claro que subordinado, pero capaz de contribuir a la gestión del mundo. Y esto la Unión Europea es totalmente incapaz de hacerlo. No se ha constituido en una gran potencia, ni siquiera ha logrado construirse como un gran mercado regulado y se ve sumida en sus contradicciones. EE UU tienen motivos para considerar que no se les puede exigir que sigan pagando cuando a cambio no reciben nada.

Una superpotencia que ya no puede asumir plenamente su función de gendarme del mundo porque se enfrenta a conflictos demasiado numerosos, demasiado profundos, a una inestabilidad excesiva, se ve abocada a la parálisis. Lo que sucede en Asia Oriental refleja muy bien esta situación. Hace ya tiempo que Obama declaró que su política mundial pivotaba sobre la región Asia/Pacífico y que EE UU iban a operar su gran retorno al Pacífico. Pero nada de esto se ha concretado. EE UU siguen empantanados en Oriente Medio y no han contado con medios para actuar con rapidez en el mar de China. Es China quien ha tomado la iniciativa en el terreno económico y militar.

¿Cómo analizar lo que pone en entredicho, en Asia Oriental, la política actual de Pekín?

Podríamos comparar los procesos evolutivos de esta región con lo que representa Europa Oriental para los europeos. Los conflictos en esta zona bajo la influencia directa de China afectan a todos los países del sudeste asiático, Japón y EE UU. Este conjunto se subdivide en dos subzonas: la del mar de China Meridional y la del mar de China Oriental.

En el mar de China Meridional, la capacidad de iniciativa china ha cruzado un umbral cualitativo. Desde el punto de vista económico y diplomático se ha producido un aumento de la influencia china en un número importante de países: Birmania, Malasia, Filipinas tras la ruptura parcial de esta ex colonia estadounidense con la obediencia a EE UU… El capitalismo autoritario chino representa un modelo seductor a los ojos de muchas burguesías y aparatos militares de la región, incluida Tailandia.

En cambio, en el terreno militar las iniciativas chinas van en detrimento de estos mismos países. China ha construido un total de siete islas artificiales apoyadas en arrecifes e islotes, sobre las que ha instalado pistas de aterrizaje, bases de misiles tierra-aire y radares. Aunque no todas estas instalaciones estén funcionando todavía, la flota china navega en un entorno que se halla bajo control chino.

Pekín reivindica la soberanía sobre casi la totalidad del mar de China Meridional, invadiendo incluso zonas económicas exclusivas de los demás países ribereños, lo que provoca tensiones recurrentes, entre otros con el gobierno filipino. La hegemonía china choca con resistencias. Malasia y Singapur son centros económico-financieros muy importantes. Indonesia es un gigante demográfico. Pekín tendrá que transigir, pero no se retirará de la zona marítima en que se ha instalado. Es cierto que la 7ª flota estadounidense puede navegar en la zona y el tráfico marítimo internacional no está bloqueado (aunque China reclama del derecho a hacerlo). Sin embargo, si EE UU decide expulsar las tropas chinas del sistema insular creado, se generará un conflicto militar de gran envergadura.

Vietnam es actualmente el único país de la región que se enfrenta físicamente a China. Regularmente se producen choques entre navíos chinos y buques vietnamitas, en detrimento de estos últimos, vista la superioridad china. EE UU acaba de anular la última parte del embargo impuesto sobre Vietnam tras su derrota en la guerra indochina en 1975. Se trata del comercio de armamento, por lo que ahora los traficantes de armas pueden responder sin problemas a las demandas vietnamitas en la materia. Además, Washington está negociando el establecimiento de una base militar en Vietnam, sin duda en Danang, donde estuvo la gran base militar estadounidense durante la guerra de Indochina. ¡Gesto simbólico de completa inversión de la situación con respecto a este pasado! El problema es que Vietnam no controla los estrechos y se halla muy aislado de los demás países de la región. Para EE UU no es una gran baza, como lo era Filipinas (donde, dicho esto, los acuerdos de cooperación militar no han sido denunciados, pese al deterioro de las relaciones políticas).

En el noreste de Asia, la situación es más fluida y gira en torno a la crisis coreana. Allí, EE UU se esfuerzan por recuperar la iniciativa, para lo que no solo pueden apoyarse en sus propias bases militares, sino también en el ejército surcoreano y el japonés. Con el nombre de “fuerzas de autodefensa”, Tokio dispone de hecho de un ejército poderoso, reputado por su capacidad para librar en su entorno tanto una guerra submarina como aérea y de defensa antimisiles, gracias sobre todo a sus destructores y fragatas.

Por motivos políticos (como la propensión de la población al pacifismo), Tokio se contenta con participar, a escala internacional, en misiones de la ONU sin enviar unidades de combate (apoyo médico, ayuda a los refugiados, etc.) o en operaciones conjuntas contra la piratería. El país sigue estando estratégicamente subordinado a EE UU. Posee un portahelicópteros, pero no dispone de portaaviones ni de la bomba atómica y no puede desplegar submarinos estratégicos en los océanos. Sin embargo, Tokio está en condiciones de cambiar esta situación a corto plazo, con tal de amordazar la oposiciòn de la población a este rearme. Si comparamos Japón con Alemania, vemos que esta última está sometida a una presión creciente desde que el Reino Unido ha decidido salir de la Unión Europea, para que refuerce sus recursos militares, aunque también en este caso la opinión alemana se opone. En todo caso, se puede calcular que el camino hacia un ejército fuerte sería para Alemania, si decidiera emprenderlo, más largo que para Japón.

EE UU han retomado ahora la iniciativa en el noreste de Asia con miras a consolidar su posición, aprovechando con este fin la complejísima cuestión norcoreana. Por un lado, nadie controla al régimen de Corea del Norte. Pekín no puede propiciar su hundimiento por miedo a un caos considerable, pero tampoco desea que disponga de una capacidad nuclear independiente. Por otro lado, Corea del Sur apenas sale de una profunda crisis política tras la destitución de la presidenta Park Geun-hye, representante de la derecha dura en la línea del dictador que fue su padre. La política de Corea del Sur con respecto a Corea del Norte oscila entre la búsqueda de un entendimiento con vistas a la reunificación del país y la tentación del enfrentamiento. Mientras que el norte lanza sus misiles al mar de Japón, Corea del Sur prepara elecciones para el mes de mayo, en las que podría salir una nueva mayoria favorable a la moderación en las relaciones entre el sur y el norte.

¿Asistimos por tanto a un fuerte aumento de las tensiones militares en toda esta región asiática?

La cuestión nuclear se ha convertido en un problema central para la región. De creer a los principales medios de comunicación, la responsabilidad incumbe en exclusiva a la irracionalidad del dictador norcoreano. No cabe duda de que se trata de una dictadura burocrática y nepotista, pero la política de Kim Jong-un no es irracional. Su régimen se halla bajo amenaza permanente. Recordemos que las grandes maniobras aeronavales conjuntas entre EE UU, Japón y Corea del Sur simulan un desembarco en el norte. También nos dicen que se ha intentado “todo” con Pyongyang y que “todo” ha sido en vano. Esto es falso. Durante el mandato de Bill Clinton se firmaron acuerdos con Pyongyang que permitieron congelar el programa nuclear norcoreano. El gobierno de George Bush denunció estos acuerdos e incluyó al país en el “eje del mal”, política que mantuvo el gobierno de Obama. El poder norcoreano concluyó que únicamente el desarrollo de una capacidad nuclear podría garantizar su supervivencia en el plano internacional.

Ahora, EE UU han tomado la iniciativa de instalar una base de misiles antimisiles THAAD en Corea del Sur. Este sistema se presenta como un escudo frente a los misiles procedentes de Corea del Norte y disparados contra Japón, pero su radio de acción abarca lo esencial del territorio chino. Washington ha decidido acelerar el proceso de instalación de estas baterías antimisiles para que el sistema THAAD sea operativo antes de las elecciones surcoreanas. De este modo, la nueva mayoría no tendrá que pronunciarse sobre el establecimiento de dicha base, sino sobre su eventual desmantelamiento. ¡No es lo mismo! Esta política de hechos consumados revela la voluntad estadounidense de consolidar su hegemonía militar en la región. Esto afecta directamente a la relación de fuerzas militares entre EE UU y China.

Cabía considerar hasta ahora que para Pekín su condición oficial de potencia nuclear era suficiente, al margen del número de misiles disponibles. Su supremacía militar podía basarse entonces en su ejército regular. Por ejemplo, desde este punto de vista (ejército “clásico”), el ejército chino parece más poderoso que el ruso, por mucho que haya que tener en cuenta que las tropas chinas carecen del entrenamiento y de la experiencia del ejército ruso. No obstante, con el despliegue de un escudo antimisiles pasamos a otra dimensión: desbaratado el efecto de la disuasión militar, siendo ahora determinante el número de misiles disponibles. Si Rusia puede lanzar miles de misiles, de los que algunos atravesarán el escudo antimisiles estadounidense, este no es el caso de China. Este cambio relanza, por tanto, la carrera de armamentos, en este caso ¡de armas nucleares!

Asistimos aquí a un replanteamiento de las estrategias militares. En la época de Mao, China no se planteaba una despliegue exterior, sino que razonaba en función de una estrategia defensiva basada en el ejército de tierra. La China de hoy tiene necesidad de proyectarse hacia el exterior con el fin de asegurar sus rutas de transporte para los abastecimientos y las inversiones. El acceso a los océanos es para ella una cuestion vital. Por eso ha favorecido el desarrollo de su marina de guerra. Entre China y los oceános Índico y Pacífico existe un arco formado por penínsulas, islas y archipiélagos; además, en la península coreana, en Japón y Okinawa existen bases estadounidenses muy importantes, y la 7ª flota controla los estrechos.

Pekín desea garantizar a toda costa su acceso sin restricciones. La cuestión nuclear otorga a este conflicto una nueva dimensión. Pekín adoptó el año pasado la decisión de principio de redesplegar sus submarinos estrtatégicos en los océanos, para que no permanezcan atrapados en sus ubicaciones en el mar de China Meridional. Para ello necesita mejorar su tecnología, equiparlos con misiles nucleares de cabezas múltiples, resolver los difíciles problemas relativos a la cadena de mando… Esto, por tanto, no es cosa hecha, pero lo están encarrilando.

Desde el punto de vista militar, el mundo ha estado dominado durante mucho tiempo por la confrontación entre EE UU y Rusia. Ahora entra en liza China. Junto con Oriente Medio, Asia Oriental es una zona en vías de militarización creciente y acelerada. De modo más directo que en Oriente Medio, esta situación refleja la dinámica infernal de los conflictos entre potencias. Los movimientos progresistas de la región se movilizan para oponer a la concepción de la seguridad prevista por las potencias otra distinta, formulada desde el punto de vista de los pueblos; lo que incluye, en particular, la desmilitarización del mar de China.

Una China capitalista cuyo Estado está dirigido por un Partido Comunista. Un Partido Comunista de 88 millones de miembros, dirigido a su vez por un clan alrededor de Xi Jinping. ¿Cómo se sostiene este poder?

Cabe destacar varios factores. En China, la transición capitalista estuvo pilotada y no fue caótica como en Rusia. El Partido Comunista Chino (PCCh) había sido destruido en gran parte durante la Revolución Cultural, y bajo Deng Xiaoping fue reconstruido y modificado. En cuanto al ejército, es la única estructura que supo resistir a la Revolución Cultural. Este partido ha mantenido la unidad nacional, impidiendo que las fuerzas centrífugas se tornen destructivas. Es un hecho que reconoce la burguesía china expatriada, que vive en Taiwán y en EE UU, en Australia y otros lugares: dado que el PCC ha sabido evitar el caos, sería irresponsable querer desestabilizarlo.

Desde este punto de vista es espectacular cómo ha evolucionado la relación entre el Guomindang y el PCC. El primero representa a los restos del ejército contrarrevolucionario, que se instaló en Taiwán después de 1949 y estableció allí su dictadura, en perjuicio de la población local. Ambos son por tanto enemigos jurados. Sin embargo, con los años estos dos poderes, que integran –cada uno a su manera– burocracia y capitalismo, se han reconocido mutuamente y han colaborado. La población de Taiwán ha comprendido que este entendimiento condenaba su autonomía y que pondría en tela de juicio el proceso de democratización en curso. De ahí el movimiento de los Girasoles y la elección de una presidenta que, con toda la prudencia requerida, preconiza una vía independentista.

Esta situaciòn ilustra hasta qué punto la burguesía expatriada, que podríamos calificar de internacionalizada, no se sitúa en una lógica de revancha, sino, por el contrario, de entendemiento con el PCC. Con elementos de rivalidad, claro está, pero dentro de un marco controlado de común acuerdo.

Otro factor que cabe subrayar: entre la burguesía privada y la burguesía burocrática apenas hay diferencias parciales, no en vano gran parte de la primera está relacionada con la segunda por vínculos familiares. La ósmosis entre el capital privado y el capital burocrático se produce en el seno de la familia. Hay conflictos, como sucede en todas las familias, pero estos no desembocan en enfrentamientos.

Mientras tanto, Xi Jinping construye su poder con mucha brutalidad. Podemos decir que nunca –desde el proceso contra la “banda de los cuatro” en 1976– las luchas intestinas en el PCC habían alcanzado tal grado de violencia. Responsables de primera línea, de diferentes instituciones, del ejército, de grandes ciudades, son detenidos, encarcelados, algunos condenados a muerte. Xi Jinping está decidido a imponer a sus hombres y su control sobre el conjunto del partido. Claro que no siempre lo consigue y eso explica por qué en ocasiones se ve forzado a mantener a dirigentes que no son de su onda a la cabeza de regiones muy importantes. Si logra consolidar su dominio, será a costa de la acumulación de rencores y oposiciones. De ahí el endurecimiento del régimen, que ha metido en prisión a figuras del feminismo chino, que realmente no suponian una amenaza para el poder. Pero se trataba de enviar un mensaje a los potenciales contestatarios. Lo mismo ocurre con la detención y las torturas aplicadas a directivos de editoriales de Hong Kong. En este caso, el mensaje está destinado a calmar eventuales ardores irredentistas.

Por tanto, hay que tener en cuenta, por un lado, el éxito de la política económica e internacional, y por otro la dura represión en el partido, en su entorno y en la sociedad. Ello no quita que el tiempo en que los dirigentes proponían un gran proyecto para el país ha pasado a la historia. Muchos “hijos de” invierten sus capitales en el extranjero, o compran mansiones reservadas a los chinos ricos en la costa pacífica de Canadá, incluso adquieren una nacionalidad extranjera… Puesto que la corrupción campa a sus anchas en toda la sociedad, cunde el “sálvese quien pueda” e impera el cinismo, el de la globalización capitalista y la especulación financiera. Hay que decir que por el momento el edificio se mantiene en pie. No cabe duda de que el futuro traerá grandes cambios, aunque hoy por hoy el poder chino, y no solo los capitales, es capaz de actuar en el mundo entero, con un proyecto y con notables recursos.

¿No conoce la sociedad china múltiples tensiones sociales?

No pretendo tener una visión completa de todo lo que ocurre en China, pero al menos digamos que China es un país capitalista, que por consiguiente conoce y conocerá crisis, como todo país capitalista, esto está más claro que el agua. Otro elemento indudable es la sobreproducción. El Estado mantiene la actividad en empresas públicas por razones políticas y sociales, a fin de evitar una crisis social, de no perjudicar a un clan… Esto provoca que haya enormes capacidades de sobreproducción. Y burbujas de endeudamiento de estas empresas y en el sector inmobiliario, que pueden estallar en cualquier momento, sin que sea posible formular un pronóstico preciso.

Hasta ahora, las importantes reservas de divisas han permitido aplicar internamente medidas anticrisis. China necesita disponer de tierras cultivables, de minerales y petróleo, de puertos, con las consecuencias que esto conlleva en el terreno de los medios militares, lo que de acuerdo con la lógica de todo imperialismo en su fase de expansión conduce a exportar capitales para llevar a cabo estas inversiones indispensables.

Otro factor que se observa a gran escala, en África, es que para los contratos de obras de gran envergadura se exporta cemento, acero, trabajadores, de manera que estos mercados exteriores dan salida a la sobreproducción interior. Todo esto no está exento de riesgos. Los contratos en África están garantizados por bancos chinos, pero si un gobierno se niega a pagar sus deudas, no le resultará difícil suscitar revueltas antichinas. Estos riesgos políticos existen.

¿Y en lo que respecta más en particular a las movilizaciones obreras?

Durante un primer periodo, el poder utilizó el éxodo rural para crear un subproletariado, particularmente en las zonas francas. Hay que recordar la cuestión del permiso de residencia, cuya existencia se remonta a muchos años atrás. Bajo Mao, fue un instrumento para evitar el éxodo rural hacia las ciudades del litoral. Bajo Deng Xiaoping, unos 250 millones de campesinos y campesinas pasaron a ser migrantes indocumentados en su propio país: sin permiso de residencia, no tienen derecho a estar allí, no tienen derecho a la vivienda, ni a los servicios sociales, los niños no tienen derecho a la escolarización (son únicamente asociaciones de voluntarios las que aseguran la escolarización de estos niños). Una situación muy característica de la acumulación primitiva de capital.

Estos migrantes rurales se consideraban temporales y su idea era regresar un día a la aldea. La segunda generación comenzó a organizarse y a luchar, mientras que al mismo tiempo menguaba el ejército de reserva, lo que explica las victorias obtenidas y los aumentos salariales. Una situación sin duda muy diversa según las empresas, pero es indiscutible que ha habido un aumento real del nivel medio de los salarios. Esto lo corrobora el hecho de que ciertos capitales han abandonado el país para reinvertirse en otros países de nivel salarial más bajo.

En una tercera fase se han sistematizado las luchas. Por lo general son luchas duras, temporales, que a menudo finalizan con victorias. En su mayoría son de carácter local, contra la construcción de presas, por ejemplo. El número de locales públicos incendiados cada año es impresionante. El esquema clásico es que la autoridad local comprende que el descontento requiere alguna concesión: se sanciona a los cabecillas y se satisface una parte de las reivindicaciones. Por tanto, hay luchas, pero lo que está estrictamente prohibido es la organización duradera y la que abarque varias localidades.

Así, el movimiento choca con una doble imposibilidad. La primera es que los sindicatos oficiales (existe una única confederación sindical legal) se conviertan en instrumentos en manos de los trabajadores. Son la correa de transmisión del poder hacia los trabajadores, actualmente del poder y de la patronal. La segunda es la de crear sindicatos autónomos. Todo intento en este sentido desencadena una represión inmediata.

Hay una lucha destacada que ha roto con esta regla. ¿Es una fenómeno excepcional o anuncia un cambio? Habrá que verlo… Se trata de la lucha de Walmart. Walmart es una multinacional estadounidense especializada en la gran distribución. En 2013 pasó a ser la empresa más grande del mundo en términos de volumen de negocio. Un gigante, por tanto, que cuenta en China con 419 almacenes y 20 centros de distribución y emplea a más de 100 000 trabajadores (cifras de 2015). Esta empresa es internacionalmente conocida por los bajísimos salarios que paga y por su antisindicalismo. La lucha del personal de Walmart se organizó a partir de una página web, lo que permitió poner en marcha una movilización simultánea en cuatro almacenes, con recaudacion de fondos para pagar a abogados y ayudar a los huelguistas. Esta lucha sigue su curso.

Esto ha sido posible gracias a una circunstancia muy especial. Pekín quiso presionar a la empresa, y por eso autorizó la elección de estructuras sindicales de base. Salieron elegidos sindicalistas combativos. Después se llegó a un acuerdo entre el régimen y la direccion de Walmart, abriéndose el acceso a las “secciones sindicales” incluso a los mandos intermedios. De este modo, nada menos que el director de recursos humanos se puso a la cabeza del sindicato de empresa. Sin embargo, se había formado una generación combativa, que decidió proseguir con la lucha.

Otro factor es que esta multinacional es a su vez bastante peculiar: los sindicatos están prohibidos en todos sus centros y se organiza un culto en torno a la personalidad de su fundador. Se trata de crear una “conciencia Walmart”. “¡Soy Walmart!” Esto se ha vuelto en contra de la dirección cuando esta quiso imponer a todo el personal la flexibilidad total. Esta está autorizada en China, aunque solo en determinados casos. Las autoridades decidieron que Walmart no entraba dentro de esos supuestos. Este fue el elemento que desencadenó la movilización de los trabajadores.

Es esta una cuestión que se repite, a saber, que el posible estallido de luchas está relacionado con conflictos entre un aparato y otro poder, o entre fracciones de un mismo aparato. Esta no ha sido la primera gran lucha, pero las demás han sido siempre de caracter local, pese a que en ocasiones tenían lugar en nombre de los intereses del proletariado chino: en China existe cierta forma de identidad de clase, heredada de la revolución y de la época maoísta. Es interesante observar que muchos movimientos de solidaridad democrática en el plano internacional defienden expresamente los derechos de los trabajadores.

A menudo se escuchan reacciones a los problemas ecológicos y a los temores derivados del envejecimiento demográfico…

Muchas luchas giran en torno a cuestiones ecológicas, contra la construcción de presas que engullen aldeas, contra la polución, que se ha convertido en un problema importante debido a su gravedad… Esta dimensión está muy presente en numerosos conflictos locales, pero parece que no necesariamente se la percibe como un asunto de naturaleza ecológica. No tengo la impresión de que exista en China un movimiento ecologista que se conciba como tal, aunque puedo equivocarme.

En lo que respecta a la demografía, en la época de Mao se desarrolló una política natalista. La política del hijo único no se impuso hasta más tarde. Las estadísticas están en parte falseadas, en la medida en que numerosos niños no están declarados. Sin embargo, el desequilibrio entre niñas y niños se ha agravado (con el aborto selectivo de niñas para que el hijo único sea un niño), lo que ha dado lugar en ciertas regiones a secuestros y ventas de mujeres. Ahora, esta política de hijo único se ha ido abandonando paso a paso, sin que esto haya provocado un fuerte aumento del número de nacimientos. La natalidad se ha estabilizado en un nivel bajo. Por tanto, no asistiremos a un rejuvenecimiento de la población, sino, por el contrario, a un aumento relativo del número de personas mayores. Y eso sin que se hayan mantenido las estructuras colectivas que existían en tiempos de Mao. La vejez se ve por tanto condenada a la soledad o a depender de la familia.

 

Portaaviones estadounidense desplegado en amenaza directa a Corea del Norte

por Peter Symonds//

Apenas días después de lanzar su crucero contra Siria, el gobierno de Trump ha autorizado provocativamente al portaaviones estadounidense Carl Vinson, junto con su grupo completo de destructores de misiles guiados y un crucero, a las aguas de la Península Coreana. La medida es una amenaza militar directa contra Corea del Norte, que estaba en la parte superior de la agenda en conversaciones el pasado fin de semana entre los presidentes de Estados Unidos y China.

Un funcionario estadounidense no identificado dijo al Financial Times que el despliegue estaba diseñado para ser un “espectáculo de fuerza”. El grupo de ataque de transportistas había participado en juegos de guerra conjunta entre EE.UU. y Corea del Sur, pero se dirigía hacia el sur para las llamadas portuarias en Australia antes de ser ordenado al norte de Singapur. El Navy Times señaló que “anunciar los movimientos de los transportistas por adelantado es raro, y generalmente se hace para enviar un mensaje claro”.

El portavoz del Comando del Pacífico de los Estados Unidos, Dave Benham, declaró que la decisión era “una medida prudente para mantener la preparación y presencia en el Pacífico Occidental”, y luego criticó duramente a Corea del Norte. “La principal amenaza en la región continúa siendo Corea del Norte”, dijo, “debido a su imprudente, irresponsable y desestabilizador programa de pruebas de misiles y la búsqueda de una capacidad de armas nucleares”.

The Navy Times se jactaba de que “el grupo de ataque trae consigo una tonelada de poder de fuego, incluyendo las capacidades de combate aéreo y el ataque de los Hornets, los radares de alerta temprana, las capacidades de guerra electrónica y más de 300 acompañantes del transportista”.

El envío del Carl Vinson es una escalada deliberada de las tensiones en la península coreana después de la conclusión de la administración de Trump de una revisión larga de la estrategia de los EEUU hacia Corea del Norte. NBC reveló el Viernes pasado que tres opciones militares estaban bajo consideración activa: el regreso de las armas nucleares estadounidenses a la Península Coreana, ataques de “decapitación” para matar el liderazgo norcoreano y operaciones encubiertas dentro de Corea del Norte para sabotear objetivos nucleares, militares e industriales.

Hablando en “Fox News” el Domingo, el general H. R. McMaster, asesor de seguridad nacional del presidente Donald Trump, justificó el despliegue de Carl Vinson como “prudente”, y añadió: “Este es un régimen deshonroso que ahora es un régimen nuclear capaz. El presidente nos ha pedido que estén preparados para darle una gama completa de opciones para eliminar esa amenaza al pueblo estadounidense y a nuestros aliados y socios en la región “.

Citando a funcionarios estadounidenses, el Navy Times informó que “el Pentágono y el Comando del Pacífico de Estados Unidos han estado agudizando los planes para ataques militares en el Norte como una opción si el gobierno quiere llevar a cabo esa acción”.

Todas estas “opciones” altamente provocativas amenazan con desencadenar una guerra devastadora en la Península Coreana que podría matar a millones de personas. The NavyTimes sugirió que “un conflicto regional total” traería “a los EE.UU. y a sus aliados cara a cara con no sólo Corea del Norte, sino quizás con China”, es decir, un conflicto entre las dos economías más grandes del mundo, ambas con armas nucleares.

Trump sin duda explotó la amenaza de una acción militar contra Corea del Norte para presionar al presidente chino Xi Jinping para que tome medidas más duras contra el régimen de Pyongyang. Hablando después de las conversaciones entre Trump y Xi el pasado fin de semana, el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, dijo ayer a la cadena CBS “Face the Nation” que Xi “entiende claramente que la situación se ha intensificado y ha alcanzado cierto nivel de amenaza que la acción debe ser tomada.”

Tillerson descartó cualquier conversación con Corea del Norte en la actualidad, diciendo solamente que “podemos trabajar juntos con los chinos para cambiar las condiciones en las mentes del liderazgo de Corea del Norte”. Pero si Pekín no intimida a Pyongyang para que acepte las demandas de Washington, Tillerson no dejó ninguna duda de que Estados Unidos tomaría medidas agresivas contra Corea del Norte. Trump dijo sin rodeos al Financial Times la semana pasada: “Si China no va a resolver Corea del Norte, lo haremos nosotros”.

En una entrevista ayer con ABC “This Week”, Tillerson se preguntó si el desarrollo de un misil balístico intercontinental en Corea del Norte constituiría “una línea roja”. Respondió ominosamente: “Si juzgamos que han perfeccionado ese tipo de sistema de armas, entonces se convierte en una etapa muy seria de su desarrollo ulterior”. Dibujando un vínculo con el ataque de la semana pasada contra Siria, Tillerson dijo: “El mensaje que cualquier nación puede tomar si viola las normas internacionales, si viola los acuerdos internacionales, si no cumple con los compromisos, si te conviertes en una amenaza para los demás, en algún momento, es probable que se realice una respuesta”.

El régimen norcoreano denunció los ataques de misiles estadounidenses contra Siria como “un acto de agresión no perdonable”, y añadió que “Estados Unidos ha estado escogiendo sólo a países sin armas nucleares”. Un portavoz declaró: “La realidad de hoy demuestra que debemos ponernos de pie Contra el poder con poder y demuestra un millón de veces que nuestra decisión de fortalecer nuestra disuasión nuclear ha sido la correcta”.

En realidad, el limitado arsenal nuclear de Pyongyang sólo ha provisto al imperialismo estadounidense de un pretexto para una acumulación masiva de sus fuerzas militares en Asia, que no se dirigen principalmente contra Corea del Norte sino China. Trump está continuando y expandiendo el “pivote de la administración Obama a Asia” en un intento por asegurar el dominio continuo de Estados Unidos de la región de Asia Pacífico.

Si bien Corea del Norte no es lo mismo que Siria, los EE.UU. no dudarán en utilizar la fuerza militar contra Pyongyang para promover sus ambiciones estratégicas. El secretario de Defensa de Estados Unidos, James Mattis, ya ha advertido a Corea del Norte que cualquier intento de utilizar sus armas nucleares recibirá una “respuesta eficaz y abrumadora”. El grupo de ataque de Carl Vinson solo tiene la capacidad de transportar y suministrar suficientes armas nucleares para borrar las armas nucleares de Corea del Norte Industriales y militares.

Por otra parte, nadie debe concluir que los ataques en Siria evitarán un ataque estadounidense a Corea del Norte. Damasco y Pyongyang son sólo los objetivos indirectos de una estrategia mucho más amplia de subordinar a Rusia y China -y por lo tanto a la masa eurasiática- a la hegemonía del imperialismo estadounidense. Las amargas luchas dentro de los estrategas políticos, militares y de inteligencia estadounidense sobre las tácticas -ya sea para enfrentarse primero a Moscú o a Pekín- no descartan ataques tanto a Siria como a Corea del Norte, con consecuencias devastadoras para la humanidad.