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Che Guevara: la Corte de los Milagros y otros motes de la OEA

La Corte de los Milagros, es un nombre de leyenda y es también el símbolo de algo donde todas las cosas se transforman, es decir, donde se confunden los conceptos. Y el extraordinario engendro llamado OEA, es precisamente una Corte de los Milagros. Esta Corte de los Milagros, hace valgan igual Chapitas o Tachito, que los gobernantes de los países democráticos; esa Corte de los Milagros hace que los traidores a sus pueblos valgan mucho más que los defensores de la libertad de los suyos. Seguir leyendo Che Guevara: la Corte de los Milagros y otros motes de la OEA

El socialismo en la obra y la vida del Che

por Juan Valdés Paz//

Las diversas biografías de que disponemos sobre Ernesto Che Guevara se han caracterizado por subestimar el estudio de su pensamiento1 a pesar de tratarse de una de las figuras históricas en quien la consecuencia entre sus ideas y su conducta se nos manifiesta con mayor fuerza. Se hace de notar la falta de una biografía intelectual que dé cuenta de la formación y evolución de sus ideas en los distintos contextos de su azarosa existencia y como parte inseparable de su extraordinaria personalidad.

Precisamente, un rasgo señalado por todos sus biógrafos ha sido su fuerte vocación intelectual, que finalmente se plasmaría en una brillante reflexión sobre la práctica y la teoría revolucionaria. Es importante señalar que en esa biografía intelectual será necesario distinguir periodos cuyos criterios de demarcación suelen coincidir aproximadamente con importantes hitos de su vida, a saber: periodo de formación, hasta su involucramiento en la expedición del Granma; marxista leninista, hasta 1961; de marxismo crítico, hasta 1964; y de un marxismo propositivo, entre 1964 y 1966. Por otra parte, esta biografía intelectual del Che podría ser reconstruida de manera genealógica o en una forma retrospectiva. Esta ultima ha sido la utilizada por Manuel Monereo en este muy valioso estudio, al encontrar en la descon truc ción de la ultima obra del revolucionario argentino, El hombre y el socialismo en Cuba, el punto de partida para una interpretación de su pensamiento. Si bien Monereo no ha pretendido realizar una biografía intelectual del Che, su incursión en algunos contextos, su lectura de los distintos, desiguales y dispersos escritos y discursos del Che —aportándoles una unidad de interpretación, situándolos en una perspectiva actual y a la vez en los escenarios y motivaciones de los que surgieron— ha resultado una inestimable contribución a élla.

Che Guevara Con su propia cabeza

Las tesis con que Monereo inicia su estudio a la vez que imponen el sesgo polémico de su trabajo, explicitan la conformación que dará al conjunto de los temas guevarianos, así como la convergencia que hallará en sus distintas líneas de pensamiento hacia sus textos de madurez. La lectura de Monereo contribuye, no obstante cierta sincronía y su evidente simpatía con los ideales del Che, a un cierto distanciamiento critico, tal como se expresa en sus conclusiones.

Algunas de las preguntas centrales a las que debiera responder la biografía intelectual que se demanda, se relacionan con el nivel de conocimiento acumulado por el Che como base de sus reflexiones, así como acerca de las influencias que podemos identificar a lo largo de su desarrollo. En el primer caso, se trata del conocimiento que sobre el mundo, la historia y las sociedades del so cialismo real había alcanzado en sus estudios y observaciones directas; en el segundo, de las corrientes de pensamiento que influyeron en los distintos periodos de su desarrollo.

En ese último caso, cabría identificar el carácter del leninismo incorporado por el Che —evidente en el papel que le asigna a la práctica revolucionaria en la creación de nuevas tendencias y realidades sociales— así como la influencia práctica e ideológica de Fidel Castro, su compañero y jefe en tantos años compartidos de enormes desafíos y continuadas luchas.

La interpretación del pensamiento del Che, su lectura, ha de partir de la dificultad de agotar, de una sola vez, sus sentidos; tam bién, de las tensiones que a sus concepciones impone el ámbito en que se apliquen, sea Cuba, América Latina, el orden internacional o las experiencias del socialismo real. Cada uno de estos espacios plantea realidades históricas específicas y admiten distintos niveles de generalización. Por otra parte, esa lectura del Che necesitaría del dominio de su biografía y de los referentes reales de su pensamiento como elementos indispensables a una hermenéutica de sus ideas.

Cabe observar que para algunos autores como Kiva Maidanik, en algunos temas guevarianos subyace la tesis leninista de una practica política orientada a acelerar el proceso histórico. Monereo encuentra en su lectura una dimensión mas precisa de la percepción del Che sobre la coyuntura histórica, sobre la correlación de fuerzas en el escenario mundial y regional de los sesenta. Se trataba de una situación transitoria que imponía al movimiento revolucionario “prisas” en su práctica y en su teoría. Con su lectura Monereo nos da una versión más rica de los condicionamientos de ese pensamiento cuyo desafío no era que pudiese empujar la historia, sino apenas aprovechar sus oportunidades.

1. EL CHE COMO PENSADOR

El Che ha sido identificado como un pensador de la praxis, es decir, como uno que piensa la revolución que hace y hace la revolución que piensa. Pero la sola intención de transformar al mundo nos interroga más concretamente sobre el mundo que que remos instaurar y sobre los medios o maneras de cambiar aquel realmente existente. Al respecto, el Che nos revela en su lectura el paulatino abandono de su “sueño dogmático” y la creciente necesidad de repensarlo todo. Esta dimensión dramática de su pensamiento, aunque solo apuntada, no escapa a la lectura de Monereo, quien logra persuadirnos de un despertar del Che aun más re volucionario, si cabe.

Ernesto Che GuevaraEl Che es un racionalista, es decir, su pensamiento se desenvuelve “acorde a principios”, pues aunque en sus ideas pesaron mu cho su experiencia inmediata y convicciones, siempre manifestó la necesidad de un marco general en el cual ubicar al conjunto de su experiencia revolucionaria. Sin embargo, sus reflexiones sobre distintos temas parecieron rebasar con mucho a esas experiencias, caso de sus escritos sobre Cuba, América Latina, los socialismos históricos, etc., Sus ideas mostraron un salto injustificado desde la experiencia que le servía de justificación: a) si eran generalizaciones, porque descansaban sobre experiencias o informaciones insuficientes; b) si parte de totalidades o de formulaciones teóricas generales en las que incluía las experiencias consideradas, porque estas totalidades son construcciones más ricas, connotan mucho mas, y en ellas se incluyen no solo conjuntos de relaciones sociales observadas sino sistemas históricos a los que corresponden ciertas estructuras, instituciones y grupos sociales. Este es el caso de sus ideas sobre la transición socialista. De todas maneras, la justificación de ese salto racionalista se ha llaba en la función de explicar las practicas políticas que eran po sibles y las realidades sociales que eran deseables.

El Che es un pensador marxista, de inclinación subjetivista, es decir integrante de las corrientes de pensadores que como Lukács, Bloch o la Escuela de Francfurt, han enfatizado la importancia de los factores subjetivos en la constitución de una práctica revolucionaria. Pero más importante es identificar al Che como un marxista tercermundista que asume como otros —Ma riátegui, Fa non, Fidel Castro— la insalvable dicotomía que la realidad mundial polarizada en un centro de países desarrollados y dominantes por un lado, y una mayoría de países subdesarrollados y dependientes por el otro, impone al pensamiento social en general y al marxismo en particular. De ella se deriva la necesidad de una vanguardia teórica con una voz y un pensamiento propios.

Ese marxismo de la subjetividad y esa posición tercermundista determinaron el énfasis antropológico de su pensamiento. Monereo ha descubierto en las proposiciones de El Socialismo y el Hombre en Cuba premisas teóricas implícitas en las ideas gue va rianas más tempranas.

Otro aspecto a tener en cuenta en el Che como pensador de la pra xis, es su visión estratégica, su creciente perspectiva mundial en los problemas que estudia. En esta visión se destaca su comprensión geopolítica de los procesos en curso, particularmente en los países centrales. Si bien visto desde los acontecimientos posteriores nos puede parecer que el Che subestimó en sus análisis las capacidades evolutivas del capitalismo y de Estados Unidos, así como sobreestimó las del llamado campo socialista, su percepción de las contradicciones entre el centro —capitalista o socialista— y la periferia del mundo, sobre el imperialismo y acer ca de un diseño internacional de la defensa de Cuba, conserva total validez.

Como a cualquier pensador también cabe interrogar al Che por las condiciones y restricciones bajo las que se desarrolló su pensamiento. En su caso se muestran claramente sus limitaciones personales como alto dirigente político en Cuba y por sus responsabilidades administrativas. También por las políticas puestas en curso por la Revolución Cubana, en cuyo diseño e implementación participó en mayor o menor medida. No menos restrictivo al desarrollo de sus ideas fueron las posiciones de Fidel Castro en los temas de su reflexión. En todo caso, muchas lagunas, omisiones o coincidencias de sus exposiciones públicas tendrían que ver con estas restricciones.

2. ACTUALIDAD DE SU PENSAMIENTO

Cualquier lectura del Che nos plantea la interrogante de la actualidad de su pensamiento. De hecho, se ha debatido mucho sobre la mayor o menor contextualidad de sus ideas; desde aquellos que las caracterizan como expresiones de las circunstancias y acontecimientos de los sesenta, hasta los que pretenden su total vigencia. Algunos autores como Massari (1993) han optado por un balance de las fallas y aciertos presentes en sus diagnósticos y propuestas sobre los escenarios y tendencias de los años sesenta y para los actuales.

Che Guevara

Otra perspectiva, en la que se ubicaría la lectura que nos propone Manuel Monereo, se refiere a la continuidad de los temas guevarianos en la medida en que los cambios mundiales no han suplantado sino profundizado los problemas a los que se enfrentó con su acción y con su pensamiento. Esta continuidad de sus temas, esta cierta universalidad, da cuenta de la creatividad del Che y de la visión estratégica a la que antes nos referimos. Si bien en sus pronunciamientos y escritos podemos encontrar tesis y formulaciones vinculadas a los contextos de su tiempo, éstas u otras aparecen siempre formando parte de un proyecto emancipatorio de largo plazo (AA. VV, 1997).

Es importante destacar en el pensamiento teórico del Che, la centralidad de la economía política, rasgo que lo sitúa en la más estricta tradición marxista. La lectural de Monereo mostraría este carácter. En este sentido, diversos temas tratados por el Che parecerían mantener plena vigencia, a saber:

—El capitalismo como un orden económico basado fundamentalmente en la ley del valor, el mercado y la explotación. Nuestros tiempos de mercado total y explotación global confirmarían esta interpretación.

—Una economía socialista alternativa basada en la regulación democrática de los procesos económicos, la socialización de la producción y las prioridades sociales del desarrollo. Las experiencias del socialismo real y las contradicciones del capitalismo actual sostendrían esta alternativa. Vale observar en este punto que las propuestas del Che tendrían que ser matizadas de cualquier pretensión de un plan total y de cualquier simplificación de la problemática del desarrollo.

—La dependencia económica como un rasgo inseparable de la mayor parte de las sociedades del planeta. Las tendencias contemporáneas no solo estarían reforzando esta condición sino agravándolas con tendencias a la marginalización.

—La centralidad del desarrollo científico técnico en cualquier estrategia de desarrollo capitalista o socialista, central o periférica. La revolución científico-técnica en curso haría mas patente esta condición del desarrollo

—La eficiencia económica, vista como un componente de la eficiencia del sistema social y por ende como un componente de otras resultantes políticas, sociales y culturales. Hoy habría que incluir la resultante ecológica, de manera que la economía deba garantizar no tan solo la subsistencia sino la vida plena.

Otro tema del Che que ya no pareciera tan actual, es el del socialismo, el que si bien puede no ser una alternativa táctica al capitalismo dominante en este comienzo de siglo, sigue siendo la alternativa ética y teórica al mismo. Esta alternativa se presenta inseparable de la superación de las experiencias de los socialismos históricos, así como de la creación de nuevas concepciones de transición socialista. En este tema, la lectura que nos presenta Monereo revela la trascendente aunque inacabada crítica del Che al socialismo real, así como sus concepciones sobre las exigencias de una transición orientada al comunismo. Quizás lo más relevante en esta concepción del socialismo del Che sea la recuperación de la centralidad del hombre en el proyecto socialista y el rescate de la tradición humanista del marxismo.

También resalta en el pensamiento guevariano la centralidad de la política en su concepción de la transición socialista. En ella se hizo patente la influencia leninista con sus nociones de vanguardia organizada, partido, dictadura del proletariado, etc. En este tema, si bien se reveló la sensibilidad democrática del Che en su reclamo de un orden social igualitario y un sistema político que incluyese la participación, el debate, la desburocratización, etc., le faltó, como bien apunta Monereo, un tratamiento del tema de la democracia con la centralidad que le correspondería a una alternativa al capitalismo, como era obligado en cualquier superación de las experiencias socialistas y como se imponía en la evolución de la conciencia universal contemporánea. Queda sin embargo en pie la actualidad de su crítica a una democracia burguesa basada en la explotación, la desigualdad y la enajenación.

La cuestión democrática aparece implícita en otro tema central en el pensamiento maduro del Che, particularmente desarrollado en su ultimo texto de reflexión, El Socialismo y el Hombre en Cuba, pero presente a lo largo de un gran número de sus es critos; nos referimos al tema de la creación de un “Hombre nue vo” como condición y garantía de una sociedad comunista, tema que en parte entronca a su pensamiento con toda la tradición utópica. Solo una sociedad revolucionada puede crear un hombre nuevo, pero ésta es una condición necesaria pero no suficiente. Ese hombre nuevo ha de ser el resultado de un proceso consciente, dirigido y siempre inacabado. La actualidad de este tema se hace patente frente a las tendencias de las sociedades actuales a reforzar el individualismo, la despolitización, la pasividad y el consumismo.

Un último tema a mencionar es el de la conciencia o de la subjetividad en el Che, emparentado con los actuales temas de la re levancia de los factores subjetivos en el proceso social, así como en el papel de los sujetos sociales en la conservación y el cambio del orden existente.

Es conocida la importancia que el Che concedía a la conciencia socializada en la creación de una nueva sociedad alternativa a la del capitalismo y al dominio de la ideología burguesa2. Se trataba de nuevos contenidos de conciencia —capital simbólico diría Bourdieu— integrada por valores y normas fundantes de una ética y una cultura de la igualdad y la solidaridad. Esta nueva conciencia, de los dirigentes y de las masas, debía ser el fundamento de hombres nuevos y de una nueva sociedad. En palabras del Che, el socialismo debe ser “!un hecho de conciencia” y es también “una moral revolucionaria”.

Esa conciencia debía ser un parte de aguas entre dos lógicas: la lógica asentada sobre intereses individuales y la lógica fundada en los intereses colectivos.

Para el Che los procesos de transición al socialismo debían ser conducidos y sustentados por una conciencia revolucionaria de los fines y los medios. El internacionalismo sería un componente inseparable de esta conciencia. La lectura de Monereo contribuye a esclarecer la unidad conceptual que alcanza en Che su concepción del hombre, del sujeto revolucionario y de la conciencia socialista.

3. LEER AL CHE EN ESTOS TIEMPOS

El texto precedente es a la vez una aguda lectura y una invitación a leer al Che. Monereo ha leído al Che desde estos años y para estos tiempos. Alguien ha levantado la incógnita de cual sería su pensamiento frente a los problemas actuales. Se trata de una pregunta superflua pero no sin sentido, si como creo, nos hallamos en un escenario peor que el de los años sesenta en la perspectiva del Che, a saber:

—Los procesos sociales se han “globalizado” y estos se hallan bajo el dominio de políticas neoliberales.

—El sistema internacional ha perdido su correlación de fuerzas y se encuentra hegemonizado por los Estados Unidos como única superpotencia económica y militar.

—La desigualdad entre el centro y la periferia del sistema mundial se ha agravado en todas sus consecuencias.

—Las experiencias anticapitalistas han quedado reducidas a unos pocos países atrasados.

—El movimiento popular y revolucionario se halla en pleno reflujo. El capital se halla en una nueva fase de dominación hegemónica.

—América Latina ha visto deteriorarse aun más su situación social y acrecentarse su dependencia en condiciones de alta desmovilización social y política y del dominio hegemónico de las fracciones transnacionalizadas.

—Se ha impuesto un pensamiento único basado en la uniformidad cultural, valores neoliberales y la falta de alternativas.

—La expansión del capitalismo y sus secuelas ha dado lugar a una crisis ecológica de magnitud planetaria.

Este escenario va dejando como única salida una alternativa revolucionaria cuya conciencia se impondría más temprano que tarde. A ello contribuirán las potencialidades de cambio presentes en las nuevas condiciones, tales como el surgimiento de un sujeto revolucionario complejo; la formación de una cultura emancipatoria en la que se unifiquen el conjunto de las reivindicaciones sociales; el impacto y la potencialidad del desarrollo científico-técnico; los procesos de interconexión e interdepen den cia que conlleva la globalización; el surgimiento de un nuevo internacionalismo, etc. En ese momento revolucionario y frente a los nue vos escenarios de transición la voz del Che alcanzará toda su re sonancia.

Mientras llegue la gran transformación, leer al Che será útil y necesario para las nuevas generaciones de esa “inmensa humanidad”, para los revolucionarios de todas las latitudes y para a los soñadores de un mundo mejor. Con él aprenderemos que donde aún no tiene lugar la utopía siempre es posible un quehacer utópico.

Pero desde ahora y hasta ese momento, hay algo mas que aprender en la lectura del Che y en el ejemplo de su vida, algo que encuentra en el cristianismo revolucionario mejor expresión que en el marxismo, y es la idea de compromiso. Como dice Löwy (1997) para el Che “la acción revolucionaria es inseparable de cier tos valores”, lo que sugiere que ciertos valores implican su rea lización, la necesidad de hacerlos reales. De cierta manera, el compromiso es tener que realizar los valores en los que creemos. Como él.

  • Notas:
  • 1. Quizás la excepción la tenemos en la obra de Roberto Massari: Che Guevara: Grandeza y Riesgo de la Utopía. 1993
  • 2. En la Cuarta Parte de su “Índice de un proyecto de Estudio…” la mayor parte de los problemas del socialismo se refieren a temas de la conciencia individual y colectiva. Cf. GUEVARA, 1998.

Epílogo al libro de M. Monereo. Con su propia cabeza. El socialismo en la obra y la vida del Che

Ante el cadáver del “Che” Guevara, el reportaje de la AFP en 1967

El 10 de octubre de 1967, un día después de su muerte, el cuerpo del guerrillero argentino Ernesto “Che” Guevara se expuso en una morgue improvisada en Vallegrande, en el sur de Bolivia, donde intentó lanzar una nueva revolución.

Marc Hutten, fotógrafo de la AFP, fue uno de los pocos periodistas extranjeros testigos de esta escena. Sus fotografías en color del cadáver del mítico compañero de armas de Fidel Castro dieron la vuelta al mundo.

El ejército boliviano afirmó en aquel entonces que el “Che” murió a causa de sus heridas. Más tarde se sabría que fue ejecutado tras haber sido hecho prisionero.

Marc Hutten falleció en 2012. Sólo un puñado de sus fotografías de ese reportaje figuran aún en los archivos de la AFP.

A continuación, la histórica escena ocurrida hace 50 años, tal y como la describió en una de sus notas, difundida el 11 de octubre de 1967:

Ante el cuerpo de “Ramón”

VALLEGRANDE (Bolivia), 11 octubre 1967 (AFP) – (Del enviado especial de la AFP: Marc Hutten)

Ayer por la tarde vi el cuerpo, acribillado de balas y sin vida, de un guerrillero apodado “Ramón”, el supuesto nombre de guerra de Ernesto “Che” Guevara.

Fuimos una treintena de periodistas, entre los cuales solo había tres corresponsales de prensa extranjeros, los que acudimos a Vallegrande, un pueblo somnoliento bajo la canícula del sureste boliviano, para constatar allí la muerte del más prestigioso de los guerrilleros.

Foto de archivo tomada por el periodista de la AFP Marc Hutten, con el guerrillero Ernesto “Che” Guevara, el 10 de octubre de 1967 en el pueblo de Vallegrande en Bolivia© AFP/Archivos MARC HUTTEN

Tras descender de las alturas brumosas del aeródromo militar de La Paz (4.100 metros), nuestro “Dakota” se posó en Vallegrande a la hora de la siesta. En el otro extremo del pueblo de calles desiertas, una verja ante la que estaban parados medio centenar de curiosos daba acceso a un terreno al final del cual se levantaba, en una ladera, una morgue improvisada en un antiguo establo. Unos gallardos oficiales y algunos soldados armados nos recibieron.

El cadáver de un hombre barbudo, de pelo largo y vestido únicamente con un pantalón verde oliva, yacía en una camilla puesta sobre un fregadero de cemento. Un olor a formol flotaba por encima del cuerpo acribillado a balazos y desangrado, cerca del cual habían tirado otros dos cadáveres en el suelo. Los oficiales encargados de disipar cada una de nuestras eventuales objeciones sobre la identidad de “Ramón” se empeñaban en señalar el parecido, rasgo por rasgo, del cadáver con el guerrillero. No hay duda posible, nos decían: las huellas digitales del cadáver corresponden con las de Guevara.

“Ramón” fue herido mortalmente en la batalla del domingo pasado, a unos kilómetros de La Higuera, cerca de Vallegrande. Falleció a causa de sus heridas a primera hora del lunes. “No fue rematado”, precisó el coronel Arnaldo Saucedo, comandante del segundo batallón de ‘rangers’ que opera en este sector.

“Soy el Che Guevara, he fracasado”, habría murmurado, dirigiéndose a los soldados que lo habían hecho prisionero. Eso es al menos lo que afirma el general Alfredo Ovando, comandante en jefe de las fuerzas armadas bolivianas. Al ser preguntado al respecto poco antes, en una rueda de prensa, el coronel Saucedo declaró sin embargo que “Ramón” no había recobrado el conocimiento en ningún momento.

Un periodista coloca el 30 de septiembre de 2017 en el lugar donde había sido expuesto, en Vallegrande, Bolivia, el cuerpo de Ernesto “Che” Guevara una foto tomada de ese instante, 30 años antes© AFP AIZAR RALDES

Los periodistas que se arremolinan alrededor de la morgue, incluyendo fotógrafos y camarógrafos, daban muestras de una mezcla de estupefacción e incredulidad. El error en la identificación parecería ser, sin embargo, imposible.

Un colega boliviano me dice: “Vallegrande acaba de entrar en la historia revolucionaria de América del Sur”.

A los pies del cadáver de “Ramón”, otros dos guerrilleros yacen en el suelo. Se trataría de los cuerpos de “El Chino”, un peruano, y de “El Moro”, un médico cubano. Otros dos cadáveres, al parecer de bolivianos, todavía no fueron identificados definitivamente.

El coronel Saucedo, que ofrece una rueda de prensa tras la presentación de los cadáveres, afirma que solo quedan nueve guerrilleros en todo el sureste boliviano y que ya no quedan focos de insurrección. Atlético y con bigote negro, habla de pie bajo la imagen pía que decora una de las paredes de la sala del hotel en la que nos hemos reunido.

Un militar estadounidense asiste a esta conferencia. No lleva ninguna insignia pero su estatura, su tez rubicunda y su uniforme de campaña traicionan su nacionalidad. Lo abordo para interrogarlo en inglés. Se vuelve hacia un soldado boliviano para preguntarle, en español, qué queremos. Dirigiéndose a mí, añade: “no comprendo…” y se va de allí. Al ser preguntado, el coronel Saucedo me dice: “Sí, es un militar estadounidense, un instructor del centro de Santa Cruz. Vino aquí como observador. Ningún ‘boina verde’ estadounidense participa en las operaciones militares en Bolivia”.

‘Dejó un diario’

Una lista de 33 guerrilleros, incluyendo más de una decena de cubanos, abatidos desde que comenzaran las hostilidades el pasado 23 de marzo, se ha publicada en Vallegrande.

El general Ovando lleva a la guerrilla boliviana a proporciones tan reducidas como inesperadas, afirmando que sus efectivos nunca pasaron de los alrededor de 60 hombres.

Ernesto “Che” Guevara© AFP Anella RETA

“La aventura de la guerrilla ha terminado”, afirma. “Como toda aventura descabellada debe terminar. Su fracaso se debe a la ausencia de cualquier apoyo popular y a la aridez del terreno elegido”. Y agrega: “enterraremos a Guevara aquí mismo, en Vallegrande”.

El guerrillero “Ramón” habrá encontrado la muerte en el fondo de un valle estrecho, al término de una batalla encarnizada, de cuerpo a cuerpo o casi: las nueve balas que lo alcanzaron fueron disparadas a 50 metros de distancia.

Dejó un diario, cuya escritura, que llena una agenda alemana del 7 de noviembre del 1966 al 7 de octubre del 1967 -11 meses exactamente- no deja lugar a dudas, dicen, sobre la identidad del autor. Allí se encuentre una frase “irrefutable” para Régis Debray*: “Se le encargó una misión a cuenta de la guerrilla…”.

AFP

* El escritor francés Régis Debray, que se enroló junto al Che Guevara, fue encarcelado y juzgado en Bolivia en 1967, acusado de haber participado en enfrentamientos que dejaron 18 muertos en las filas del ejército boliviano.

Che Guevara: prólogo a “Con su propia cabeza”

por Francisco Fernández Buey//

La gran mayoría de los libros publicados en estos últimos años sobre Ernesto Guevara han puesto el acento en diferentes aspectos de su biografía. Han sacado a la luz algunos de los rasgos del carácter del Che que hasta hace poco eran insuficientemente conocidos o valorados.

Estos libros, de intención biográfica en su mayoría, han revelado también algunos de los motivos últimos que llevaron a Guevara a prolongar la actividad guerrillera en África y en América Latina después del triunfo de la revolución cubana.

Aun sin entrar a discutir la intención o la calidad de estas biografías, se puede decir que tales publicaciones han contribuido a mantener la leyenda del Che aventurero romántico, tal como ésta se difundió inmediatamente después de su trágica muerte en Bolivia. Y ya esto se puede considerar un resultado muy notable, sobre todo si se tiene en cuenta lo que han cambiado el mundo y las ideologías dominantes sobre el mundo en los cuarenta y tantos años transcurridos desde entonces.

Es, en efecto, fascinante comprobar cómo, a pesar del hundimiento de casi todo lo que navegó en siglo XX bajo la bandera del comunismo, la figura del guerrillero comunista por antonomasia de los años cincuenta y sesenta sale así reforzada e incluso enaltecida en un mundo que se ha ido por un lado muy distinto del que Guevara hubiera querido. Para explicar lo que puede parecer una paradoja de nuestro tiempo conviene tener en cuenta que algunas de las más difundidas aproximaciones a la figura del Che suelen ahora dejar en segundo plano, o poner en sordina, precisamente su pensamiento marxista y su concepto de comunismo para, desde ahí, acentuar la singularidad única del activista que se propone un imposible (o lo que se considera un imposible desde una visión distanciada de aquella historia).

No sé si quienes así se aproximan a la biografía del revolucionaro argentino-cubano tienen o no conciencia plena de lo que es tán haciendo con el Che. Pero es seguro que al privilegiar el estudio de los rasgos más llamativos de su carácter sobre lo que fue en realidad su pensamiento marxista y su reflexión teórica comunista lo que se consigue es demediar a Ernesto Guevara: convertirlo en un personaje de ficción romántica que todavía (¡Ay, todavía!) podría ser presentado por los más jóvenes a los señores bienestantes de nuestra sociedad sin que se sobresalte el padre gruñón y semicínico que dice una y otra vez de él mismo que se ha hecho mayor para seguir creyendo en ideologías, pero que en realidad tra ta de ocultar a los hijos que, con los años, se ha hecho de derechas. Algo parecido ha estado ocurriendo, por cierto, sobre todo en Italia, con otro héroe de la tradición marxista y comunista: Antonio Gramsci.

Ese parece ser el destino de los revolucionarios que un día, no tan lejano, se atrevieron a pensar con su propia cabeza, discutiendo a veces con los ideológicamente más próximos sobre la mejor forma de hacer posible el socialismo en esta Tierra de aquí abajo, no en la Babia de las “almas bellas” o en el País de Nunca Jamás de brechtiana memoria. Lo que era secundario desde el punto de vista ético-político —su disidencia en el marco de la tradición comunista— pasa a ser presentado como el aspecto principal, casi único, de sus vidas. Y lo que fue esencial para ellos —combatir en concreto al capitalismo y al imperialismo e implicarse personalmente en ello con los que diferían en la táctica pero compartían el objetivo de una sociedad alternativa— queda reducido a una especie de residuo utópico que, en las circunstancias actuales, permite a los bienestantes concluir: “También yo pensé así, utópicamente, alguna vez”. Se da la circunstancia de que quienes nunca fueron en realidad utópicos en el buen sentido de la palabra, ni pasaron nunca del vago pensar el socialismo al hacer que compromete, se sienten así, gracias a esta operación intelectual, doblemente reconfortados al escuchar que lo que el Che defendía con tanta convicción era en el fondo otra utopía y que su vida misma no dejó de tener contradicciones. Ahora todo el mundo va en busca de contradicciones en los grandes. Tal vez porque eso sirve para justificar las pequeñas contradicciones del normópata cotidiano que somos.

Vendrán tiempos en que el Che dejará de ser un rostro con halo postromántico grabado en una camiseta o utilizado convenientemente por las agencias de publicidad para vender. Cuándo llegarán esos tiempos no lo sé. Lo que sí sé es que para que esos tiempos lleguen antes tenemos que reconstruir su figura, entenderlo por entero, en su pensamiento y en su acción. Y para eso se necesita aclarar no sólo qué tipo de marxista y qué tipo de comunista era Ernesto Guevara, sino también qué pensaba de la mundialización del capital, qué concepción tenía del imperialismo realmente existente, por qué llegó a la conclusión de que la construcción del socialismo en la URSS se había metido en una vía muerta y por qué dio tanta importancia a la subjetividad y a los estímulos no materiales en la construcción de una sociedad de iguales alternativa.

No hace mucho, en un artículo publicado en Le Monde Diplomatique sobre el Che y los movimientos revolucionarios contemporáneos, escribía James Petras que la importancia de Guevara para el potencial impulso revolucionario contemporáneo no hay que buscarla tanto en sus consideraciones tácticas sobre la guerrilla, aplicadas a circunstancias coyunturales específicas, cuanto en su análisis general de la política, en sus reflexiones sobre la acción política y sobre las estructuras económicas. Petras añadía, en ese contexto, que reducir los pensamientos de Guevara, como se ha hecho tantas veces, a discusiones tácticas sobre la lucha guerrillera o sobre la lucha armada es entenderlo muy mal y que la aproximación más fructífera a su figura consiste hoy en dilucidar sus ideas sobre el imperialismo y en recuperar sus reflexiones, para dialogar con él, acerca de la relación entre subjetividad y condiciones o circunstancias objetivas.

Comparto en esto el enfoque metodológico de Petras. Y creo que eso es precisamente lo que empieza a hacer aquí, en este ensayo sobre el socialismo en la obra del Che, Manolo Monereo.

Monereo se detiene poco en las biografías más recientes porque su punto de partida y su enfoque son muy distintos de los de Castañeda, Lee Anderson o Kalfon. Conoce las obras de éstos, y las tiene en cuenta, pero no se para a discutir con sus autores. Rebate a Castañeda en algún punto concreto y, cuando tiene que con textualizar el pensamiento de Guevara en algún asunto oscuro, prefiere los escritos de Serguera y de Paco Ignacio Taibo. En sus viajes a Cuba, Monereo ha podido consultar algunos de los trabajos aún inéditos de Guevara custodiados por María del Carmen Ariet, pero puede declarar, brevemente y en nota, que no cree que estos trabajos cambien sustancialmente la perspectiva de su investigación.

Todo lo cual seguramente parecerá al lector de este libro muy razonable, puesto que lo que aquí importa no son las revelaciones biográficas o autobiogáficas sino las ideas de Guevara sobre el marxismo, sobre lo que fue la revolución cubana, sobre lo que po dría ser la transición al socialismo, sobre los problemas que plantea la planificación en relación con el mercado, sobre las debilidades del modelo soviético de entonces y sobre la dirección que estaba tomando el imperialismo norteamericano de la época.

Manolo Monereo ha privilegiado en este ensayo el estudio de las ideas del Che durante años 1962 a 1966. Y ha puesto el acento precisamente en un punto que por lo general se minusvalora o que suele tratarse como de pasada: sus ideas sobre la economía en un sentido amplio, es decir, sobre la estructura de las formaciones socioeconómicas y sobre la forma concreta que la producción y el consumo pueden tomar en una sociedad nueva, alternativa, como lo era la cubana de entonces. Y, al reconstruir el pensamiento del Che sobre estos puntos, ha utilizado ampliamente las actas que han quedado (o que están disponibles) de las intervenciones de Guevara en las reuniones bimestrales que mantuvo con su equipo del Ministerio de Industria.

Esto es algo que tiene muchísimo interés para todas aquellas personas que han pensado en el socialismo no como una palabra taumatúrgica, ni siquiera como un movimiento llamado a cambiar el mundo de base, sino como una forma de sociedad igualitaria en la que hay probar en la práctica que se produce, se consume, se vive y se está mejor que en cualquier otro tipo de sociedad anterior. Ante esto el revolucionario tiene que convertirse en estadista y la ideología y la teoría aprendidas tienen que dejar paso al sentido común cultivado. El grito, el eslogan y la palabra, incluso la voluntad revolucionaria encuentran en ese caso su réplica inmediata: cómo hacer realmente para que los de abajo, los históricamente desposeídos produzcan mejor, consuman mejor y vivan mejor. Ese ha sido el gran problema que sigue al acto revolucionario por antonomasia. Y ahí, en la cotidianeidad del servir a los otros desde la responsabilidad del dirigente, se necesita un tipo de valentía muy distinto del que se pide al revolucionario en la sierra.

Monereo muestra aquí hasta qué punto fue Guevara valiente e innovador también en esto, a la hora de pensar en cómo combinar estímulos materiales y estímulos morales para mejorar la producción y mejorar al mismo tiempo la forma de vida de las gentes. Él no era un economista. No era un experto en teoría económica ni en política económica. Como marxista, se sabía su Marx y su Lenin. Y como leninista, conocía las viejas polémicas que habían tenido lugar sobre esto en la Unión Soviética. Pero sabía también que en Marx sólo hay ideas generales sobre la prefiguración de la sociedad socialista y que el mundo había cambiado mucho desde la muerte de Lenin. Había que trabajar, por tanto, con un ojo puesto en una teoría insuficiente y el otro en la resolución apremiante de los problemas socioeconómicos de la población cubana. Es en esas circunstancias, más que en las declaraciones genéricas, donde se prueba la ductilidad con que se acepta que el marxismo es “una guía para la acción”.

El ensayo de Monereo resulta particularmente agudo en el análisis del pensamiento de Guevara en aquellas circunstancias, y en su comparación con lo que decían o escribían simultáneamente el Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la URSS, Bettheleim y Mandel. No es este el único punto en que Monereo establece un particular y fructífero diálogo con las ideas del Che. También lo hace respecto de otras cuestiones discutidas, por ejemplo, al analizar su estimación de la situación internacional en la primera mitad de la década de los sesenta o al referirse a las opiniones de Guevara sobre la nueva política económica (nep) en la URSS, que considera “un misterio”.

El lector de hoy puede tal vez encontrar alguna dificultad para identificarse con el lenguaje en que eran discutidas en los años sesenta estas cuestiones del producir mejor, consumir mejor y vivir mejor que en el capitalismo. Guevara, como todos, era hijo de su tiempo. Y Monereo reproduce lo que era su tiempo respetando aquel lenguaje que la teoría económica hoy dominante ignora porque ignora casi todo de lo que un día se llamó “economía política”. Así que voy a hacer uso de la vieja amistad y de la amabilidad con que él me ha pedido que le acompañe aquí, después de tantos años de compartir los mismos fines y las mismas ilusiones, para acabar con una sugerencia dirigida a los lectores más jóvenes. Es drástica y me tendrán que creer bajo palabra: por debajo de aquel lenguaje de Guevara sobre los estímulos no-materiales a la producción, sobre “la ley del valor a escala mundial” o sobre la negación de la “categoría mercancía en la relación entre empresas estatales” lo que de verdad está latente es la última discusión seria sobre economía (política) del siglo XX; lo demás, lo que ha venido después, han sido discusiones sobre diferentes formas de la crematística y de los valores de cambio.

Hasta es posible que Guevara se fuera al Congo, y luego a Bolivia, porque vio venir eso: el dominio de la crematística sobre el economizar en sentido amplio. En cuyo caso se entendería mejor incluso el misterio de sus reservas respecto de lo que fue la nueva política económica leninista de la URSS en los años veinte.

Prólogo escrito por Francisco Fernández Buey para el libro de Manolo Monereo.

Naturaleza de la Revolución Cubana

 

por Guillermo Lora (tomado de “La Lección Cubana”, La Paz, Bolivia, 1962)

 

“Nos piden ideas, una doctrina, pronósticos -me ha dicho el Che Guevara-. Pero se olvidan que somos una revolución de contragolpe”. (“Huracán sobre el azúcar”. Sartre). Esta pretendida definición de la revolución cubana lo único que hace es definir las tremendas limitaciones de los dirigentes del Movimiento 26 de Julio, que el 1o. de enero de 1959 tomó el poder, después de haber avanzado victorioso en los hombros del pueblo cubano, y que es consecuencia obligada de su filiación pequeño burguesa. Seguir leyendo Naturaleza de la Revolución Cubana

Ha muerto Fidel: viva la Revolución Cubana

por Gustavo Burgos

Para quienes militamos en las filas de la revolución socialista, despertar esta mañana con la noticia de la muerte de Fidel Castro, es un golpe, una llamada de atención y una advertencia. La prensa burguesa –hacemos abstracción de la prensa gusana que celebra- se ha solazado haciendo panegíricos al otrora líder de la guerrilla y figura señera de aquél proceso revolucionario que pariera la primera revolución latinoamericana, el primer territorio libre de nuestro continente americano. Seguir leyendo Ha muerto Fidel: viva la Revolución Cubana