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2018: el mundo al revés

por Alan Woods //

Donald Trump dio la bienvenida al Año Nuevo a su manera inimitable: rodeado por su clan social y político en los alrededores opulentos de su exclusivo club Mar-a-Lago en Florida, acompañado por un grupo representativo de todos los segmentos de la sociedad estadounidense, desde estrellas de cine a multimillonarios.

“Será un 2018 fantástico”, aseguró Trump a sus invitados, cuando ingresó en el salón de baile dorado de Mar-a-Lago, escoltado por la sonrisa permanente de la primera dama, Melania Trump, y el muñeco de sastre que es su hijo Barron, y predijo que el mercado de acciones continuaría creciendo y los negocios llegarían a Estados Unidos en “un abrir y cerrar de ojos”.

Todo esto fue música para los oídos de sus adinerados invitados que están babeando ante la perspectiva de las jugosas ganancias y los recortes de impuestos que generosamente su héroe se comprometió a ofrecer. Fue una escena verdaderamente inolvidable digna de una secuencia de El Padrino.

El año 2017

Sin embargo, antes de dar la bienvenida al nacimiento del Año Nuevo, examinemos primero el anterior con rigurosa atención. “Creo que este año es probablemente el año con mayor riesgo político desde el final de la Segunda Guerra Mundial”, declaró Brian Klaas, experto en Política Comparada de la Escuela de Economía de Londres, en una entrevista en la CNBC en enero del año pasado.

No estuvo muy desacertado. Pensemos por un momento en los acontecimientos ocurridos en los últimos 12 meses. El año que acaba de pasar a la historia fue testigo de otro cúmulo de terremotos políticos. Y, a pesar de los alardes del último ocupante de la Casa Blanca, es poco probable que el año 2018 sea mejor para el capitalismo mundial.

Trotsky describió la teoría como la superioridad de la previsión sobre la sorpresa. Pero el año 2017 sembró gran cantidad de sorpresas, y no menos entre los llamados expertos de la burguesía. Hace 12 meses, ¿quién hubiera pensado que los conservadores británicos quedarían tan mal en unas elecciones generales, partiendo de una ventaja de 20 puntos sobre los laboristas; y que el “inelegible” Jeremy Corbyn terminaría el año como el político más popular de Gran Bretaña?

¿Quién hubiera pensado que, para finales de año, los líderes proindependentistas catalanes estarían disputando unas elecciones desde una cárcel española, y que el presidente del gobierno catalán sería un exiliado político en Bruselas.

¿Quién hubiera pensado que los dos principales partidos en Francia ni siquiera estarían presentes en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales? ¿Y quién hubiera pensado que los Republicanos de Estados Unidos perderían una elección en Alabama: un bastión seguro de la derecha religiosa conservadora?

¿Quién hubiera pensado que Mugabe sería arrojado al basurero después de décadas de gobierno dictatorial, y que Jacob Zuma perdería el control del Congreso Nacional Africano?

Estos son sólo algunos de los terremotos políticos que han sacudido al mundo en solo 12 meses. Son sucesos altamente significativos en sí mismos. Pero desde una perspectiva marxista son síntomas de la crisis general del capitalismo mundial, que encuentra su expresión en la inestabilidad política en todas partes, incluida la nación capitalista más poderosa: los Estados Unidos.

Pesimismo de la burguesía

Los estrategas serios del capital a menudo llegan a las mismas conclusiones que los marxistas, aunque naturalmente desde su punto de vista de clase. La imagen de color de rosa pintada por el señor Trump no es compartida por ningún analista burgués serio sino, de hecho, todo lo contrario.

Según el Grupo Eurasia, una respetada consultora que asesora a los capitalistas sobre posibles riesgos a escala mundial, en su evaluación anual recientemente publicada sobre los principales riesgos geopolíticos, advierte de que el mundo se está moviendo hacia una crisis y un estado de “depresión geopolítica” y que la presidencia de Donald Trump está contribuyendo a la inestabilidad: acelerando las divisiones a nivel nacional e internacional, y desentrañando el orden global que se ha construido dolorosamente durante décadas.

El Grupo Eurasia expresa el temor de que las democracias liberales (es decir, burguesas) sufren un “déficit de legitimidad no visto desde la Segunda Guerra Mundial”, que los líderes están fuera de contacto con la realidad y que este colapso político crea condiciones en que cualquier acontecimiento importante podría tener un efecto devastador en la economía y el mercado global.

El informe comienza con una frase que podría verse como una respuesta a la evaluación entusiasta del señor Trump sobre la economía (excepto que debió de haberse escrito antes de su fiesta de Año Nuevo): “Sí, los mercados están subiendo y la economía no está mal, pero los ciudadanos están divididos. Los gobiernos no están gobernando mucho. Y el orden global se está deshaciendo.”

Y su conclusión no podría ser más diferente de la del Hombre de la Casa Blanca: “En los 20 años desde que comenzamos el Grupo Eurasia, el entorno global ha tenido sus altibajos. Pero si tuviéramos que elegir un año para una gran crisis inesperada, el equivalente geopolítico de la crisis financiera de 2008, sería 2018”.

El factor Trump

El año 2017 comenzó con la asunción del cargo como presidente de Donald Trump, el 20 de enero. Eso en sí mismo fue un choque político de enormes dimensiones. Es, por supuesto, incorrecto atribuir todos los males del mundo a un hombre. Si eso fuera cierto, entonces la solución a la crisis actual sería sencilla: deshacerse de Trump y reemplazarlo por un presidente más “responsable” (es decir, Demócrata). Pero no hay ninguna razón para creer que la situación sería mucho mejor bajo Hillary Clinton o cualquiera de los otros héroes del “centro”.

El intento de explicar los grandes procesos históricos en términos individualistas es una trivialización de la historia que no resiste siquiera el escrutinio más superficial. El marxismo busca los fundamentos de la historia humana en los procesos más profundos que se desarrollan muy por debajo de la superficie y constituyen el marco fundamental sobre el cual los actores humanos desempeñan sus roles. Pero este análisis básico, aunque finalmente decisivo, de ninguna manera agota la cuestión.

Si el intento de explicar la historia en términos de protagonistas individuales es demasiado simple para ser tomado en serio, el intento de negar el papel de los individuos en la historia es igualmente simplista y falso. Si seguimos la teoría de Marx, los hombres y las mujeres hacen su propia historia, aunque no actúan con total libertad y están limitados por factores objetivos que están más allá de su control e, incluso, son invisibles para ellos. Con sus acciones, los actores individuales pueden tener un efecto serio sobre las circunstancias, influyendo en el resultado de los acontecimientos de una forma u otra.

Donald Trump es un ejemplo interesante de este fenómeno. La clase dominante estadounidense no estaba satisfecha con Trump. Sigue descontenta e intenta deshacerse de él. Hay un número de razones para esto. Durante más de 100 años, la vida política de EE. UU. se basó en dos pilares fundamentales: los Republicanos y los Demócratas. La estabilidad del sistema dependía de este equilibrio.

Trump es multimillonario, pero también es un ególatra y un hábil demagogo. Paradójicamente, Trump se dirigió específicamente a los sectores más pobres de la sociedad. Habló mucho sobre la clase trabajadora, algo prácticamente inaudito en las campañas electorales de EE. UU. Todo era mentira, por supuesto, pero cuando habló de las fábricas y minas cerradas, despertó la esperanza en las mentes de las personas desesperadas. Esto tocó la fibra sensible de millones de estadounidenses hartos del sistema que los condena a la pobreza y el desempleo.

En realidad, Trump es sólo otro representante de las grandes empresas. De hecho, él es el rostro crudo y feo del capitalismo, mientras que el llamado centro es el capitalismo que intenta disfrazar su esencia detrás de una máscara sonriente. Trump se ha deshecho de la máscara, y es por eso por lo que la clase dirigente lo detesta.

El establishment se preguntó si podrían controlar a este inconformista multimillonario cuya victoria no desearon pero que no pudieron evitar. No tuvieron que preguntarse por mucho tiempo. El 45º presidente de Estados Unidos tenía prisa por dejar su huella. Hizo campaña con la promesa de “hacer las cosas de manera diferente”. Y así ha sido.

Ha logrado exacerbar todas las contradicciones a escala mundial: entre los Estados Unidos y China, entre los Estados Unidos y Europa y entre los Estados Unidos, Canadá y México. Ha intensificado el conflicto entre Israel y los palestinos y ha creado una atmósfera bélica frenética con Corea del Norte, que ha convertido a Corea del Sur y Japón en objetivos para el arsenal nuclear del “Hombre Cohete” de Pyongyang.

Las aventuras de Trump en el campo de los asuntos exteriores, ciertamente, no tienen precedentes en la historia de la diplomacia mundial. Se lo podría comparar a un elefante en una tienda de porcelana. Su continua emisión de escandalosos tweets proporciona una ruidosa música de fondo a la cacofonía de extravagantes, contradictorios y frecuentemente incomprensibles errores en materia de política exterior, que han conmocionado y consternado a grandes sectores de la clase dirigente del país y en el extranjero.

La doctrina de “América primero” es sólo una nueva versión del antiguo aislacionismo, que siempre fue parte de la tradición política estadounidense. Pero los aliados más cercanos de Estados Unidos están preocupados de que la promesa de “hacer a Estados Unidos grande otra vez”, se haga a su costa. Y no están equivocados. Si, previamente, había pequeñas grietas en la llamada alianza occidental, ahora se han ensanchado en un abismo enorme.

Ian Bremmer, presidente del Grupo Eurasia, y su presidente, Cliff Kupchan, advierten de que el poder global de Estados Unidos está “llegando a un punto muerto” y de que la filosofía de Trump de atrincheramiento y vía unilateral siembran confusión tanto entre sus aliados como en sus rivales. “‘América Primero’ y las políticas que se derivan de ello – dice el Grupo Eurasia- han erosionado el orden liderado por Estados Unidos y sus protecciones, mientras que ningún otro país o grupo de países está listo o interesado en reconstruirlo… aumentando significativamente el riesgo global”. Éste es un buen resumen de la situación.

Radicalización en los Estados Unidos

Éstos son logros realmente notables en tan sólo 12 meses en la Casa Blanca. La erupción de Trump en el escenario mundial sería suficiente para causar serias preocupaciones en la clase dirigente de los Estados Unidos e internacional. Pero hay otra razón por la cual la clase dominante no se muestra entusiasta con respecto a Donald Trump. La mecánica elemental nos informa de que cada acción tiene una reacción igual y opuesta. Las líneas de falla en la sociedad y la política estadounidenses ya estaban ahí. No fueron inventadas por Trump. Pero con sus discursos y acciones ha intensificado las divisiones agudas en la sociedad estadounidense y ha provocado un aumento notable de la radicalización.

La llegada de Trump a la Casa Blanca fue la señal de una oleada sin precedentes de manifestaciones masivas en todo el país. Las marchas de las mujeres probablemente representaron la mayor protesta en la historia de los Estados Unidos. Entre 3,3 millones y 4,6 millones de personas se manifestaron en Los Ángeles, Washington D.C., Nueva York, Chicago, Seattle y otras ciudades y pueblos de EE. UU. Ésta fue la primera de muchas más.

El año terminó con una asombrosa derrota Republicana en Alabama: un escaño conservador y fuertemente republicano que Trump había ganado con un margen del 30 por ciento en las elecciones presidenciales. Ése fue otro terremoto político, el cual no fue previsto por los “expertos” o las encuestas de opinión.

Es demasiado pronto para decir cuánto tiempo puede sobrevivir Trump. Su apoyo más importante se encuentra en la bancarrota de los Demócratas y la demora en un movimiento significativo de la clase trabajadora. La actual Administración puede prolongarse, a pesar del espectáculo sin precedentes de una división abierta en la clase dominante. ¿Cuándo en el pasado vimos un conflicto abierto entre un presidente estadounidense y los medios, el FBI, la CIA y todo el cuerpo de los Servicios de Inteligencia de los EE. UU.?

A pesar de las predicciones confiadas del Sr. Trump, el año 2018 verá muchos más trastornos de este tipo, que en el fondo son un reflejo de la inestabilidad que es una característica fundamental del presente período de la crisis capitalista mundial.

Francia y Gran Bretaña

Para los marxistas, el significado de estos trastornos políticos no es difícil de entender. La crisis del capitalismo se manifiesta en una inestabilidad general: económica, social y política. Han transcurrido diez años desde el colapso financiero de 2008 y la burguesía está lejos de resolver la crisis económica. Todos los intentos de los gobiernos para restablecer el equilibrio económico sólo han servido para destruir el equilibrio social y político.

Vemos esto en un país tras otro. Donald Trump y Bernie Sanders, aunque son muy diferentes, son manifestaciones del mismo fenómeno. También lo son Jeremy Corbyn en Gran Bretaña, Jean-Luc Mélenchon en Francia, Syriza en Grecia y Podemos en España. Todas estas cosas son reflejos del descontento general, la ira y la frustración que se agitan debajo de la superficie de la sociedad. Esto está causando alarma en las filas de la burguesía y sus estrategas.

El surgimiento de un “sentimiento antisistema cada vez más tóxico” está erosionando la confianza en las instituciones políticas de los países democráticos, así como en los medios de comunicación y el sistema electoral en los Estados Unidos. La debilidad en estas instituciones puede conducir a la inestabilidad, el autoritarismo, las políticas impredecibles y el conflicto.

Lo que estamos viendo en los Estados Unidos y en todos lados es el colapso del llamado centro. El pequeño grupo de élites no representativas que detentan el poder no está, naturalmente, satisfecho con esto. Ven correctamente la creciente polarización hacia la izquierda y la derecha como una amenaza a sus intereses.

Quedaron, comprensiblemente, encantados el pasado mayo, cuando un candidato poco conocido del ‘centro’, Emmanuel Macron, derrotó a Marine Le Pen para convertirse en el presidente más joven de Francia. Ninguno de los partidos tradicionales llegó a la segunda votación. Los medios hicieron mucho ruido al respecto. Afirmaron que Macron había conseguido una mayoría absoluta. Eso no es verdad. La mayoría absoluta fue, de hecho, el 70 por ciento de las personas que no votaron por él. Tampoco mencionaron los medios el hecho de que el político más popular en Francia era el izquierdista Jean-Luc Mélenchon.

En realidad, el centro político es una ficción. La sociedad se divide cada vez más entre un pequeño grupo de personas que controlan el sistema y una abrumadora mayoría que se está empobreciendo y se encuentra en abierta rebelión contra el sistema. “Conquistar el centro” fue una idea de Tony Blair (fundador del ‘Nuevo Laborismo’ y primer ministro británico de 1997 a 2007).

La idea es puerilmente simple: tratar de encontrar un acuerdo entre los partidos de las diferentes clases. Pero hay un pequeño problema. Tal acuerdo es imposible, porque los intereses de estas clases son completamente antagónicos, de hecho, incompatibles. Este antagonismo se puede disfrazar temporalmente en períodos de auge económico, pero se vuelve notoriamente obvio en situaciones como la actual, cuando el capitalismo se encuentra en una profunda crisis.

El voto a favor del Brexit de junio de 2016 fue el salto de Gran Bretaña a la oscuridad. Ése fue otro terremoto político, cuyos resultados apenas comienzan a sentirse ahora. En un intento desesperado por apuntalar la débil posición de negociación de Gran Bretaña la primavera pasada, Theresa May convocó elecciones anticipadas. Esta decisión fue tomada bajo el supuesto (compartido por todos) de que los conservadores no podrían perder.

Las encuestas de opinión daban a los conservadores una ventaja de 20 puntos sobre los laboristas. La prensa entera fue unánime en que, bajo el liderazgo del izquierdista Jeremy Corbyn, los laboristas nunca podrían ganar unas elecciones. Recordemos que el ala de derecha laborista, que tiene una aplastante mayoría en el grupo parlamentario del Partido Laborista, ha estado tratando de deshacerse de Corbyn de todas las formas posibles en los últimos dos años con el respaldo de los medios, que organizaron una campaña de vilipendio sin precedentes contra este líder laborista.

Sus esfuerzos fracasaron. Pero una vez más se preparaban para expulsarlo tan pronto como se anunciara la derrota del laborismo, que tanto deseaban fervientemente y confiadamente esperaban. Pero para asombro de todos, los laboristas lucharon en las elecciones con un programa de izquierda y avanzaron. El Partido Conservador perdió su mayoría parlamentaria y el presuntamente inelegible Jeremy Corbyn se convirtió en el político más popular de Gran Bretaña.

No hace mucho, Gran Bretaña era uno de los países más estables de Europa. Ahora es uno de los más inestables. El resultado del Brexit y el fermento en Escocia eran síntomas de profundo descontento, que existían pero no encontraban ningún medio para expresarse. En la persona de Jeremy Corbyn, este descontento masivo ha encontrado una expresión política que representa un gran giro hacia la izquierda y presenta grandes oportunidades para organizaciones como la que aquí representamos, la Corriente Marxista británica, que entendió este fenómeno que todos los grupos pseudo-trotskistas se negaron a ver durante décadas.

Cataluña

La crisis en Cataluña es un reflejo del callejón sin salida del capitalismo español y la consecuencia de las traiciones del estalinismo y del reformismo que llevaron al aborto de la Constitución de 1978. Esa traición permitió a la putrefacta clase gobernante española preservar partes importantes del antiguo régimen franquista detrás de una fachada “democrática”.

Ahora, 40 años después, las gallinas vuelven al gallinero. El pueblo de Cataluña experimentó la realidad de la democracia española cuando los golpes de porras policiales cayeron sobre las cabezas de ciudadanos desarmados e indefensos, hombres y mujeres, jóvenes y personas mayores, cuyo único “crimen” fue el deseo de votar sobre el futuro de su país.

Los líderes de este movimiento hicieron todo lo posible por persuadir al gobierno de derecha de Rajoy en Madrid de que, por supuesto, no se tomaban en serio la independencia. “Proclamaron” una Cataluña independiente, pero también declararon que “no se haría efectiva”. Se comportaron como generales que movilizan al ejército, lo colocan en pie de guerra y provocan al enemigo para que pase a la acción, para luego ondear la bandera blanca. No se puede imaginar una manera más segura de desmoralizar a las tropas.

Pero si los líderes catalanes imaginaban que esta maniobra los salvaría de la ira de sus enemigos, estaban tristemente equivocados. La debilidad invita a la agresión. Las fuerzas de Madrid detuvieron a los principales líderes del movimiento independentista, que fueron encarcelados acusados ​​de planear una insurrección, abolieron los poderes del gobierno autónomo catalán e impusieron el gobierno directo para aplastar el movimiento independentista. El presidente catalán, Carles Puigdemont, huyó al exilio en Bélgica.

Los nacionalistas burgueses catalanes imaginaban con seguridad que obtendrían el respaldo de la Unión Europea, pero pronto se curaron de esta ilusión. Bruselas y Berlín les dieron a entender en los términos más inequívocos que un Estado catalán independiente no sería reconocido por Europa. ¡Hasta aquí las credenciales democráticas de los líderes de la UE!

Si el partido gobernante del PP pensó que podría resolver el problema mediante el uso de la fuerza bruta, también se equivocó. Marx explicó que la revolución necesita el látigo de la contrarrevolución. El sábado, 21 de octubre, 450.000 personas se concentraron en Barcelona ​​y decenas de miles se manifestaron en otras ciudades de toda Cataluña para exigir la libertad de los líderes encarcelados.

Las elecciones catalanas del 21 de diciembre representaron una bofetada para el gobierno español. Estas elecciones tuvieron lugar en condiciones excepcionales, comenzando por el hecho de que fueron convocadas por el gobierno español después de inhabilitar al gobierno catalán y disolver su parlamento. Ocho candidatos prominentes de los partidos independentistas están en la cárcel o en el exilio y, por lo tanto, se les impidió participar en la campaña. Incluso fueron castigados por las autoridades de la prisión por enviar mensajes, que se leyeron durante los mítines electorales. Todo esto se hizo utilizando los poderes que se derivan del artículo 155 de la Constitución de 1978.

A pesar de todo, la participación del 81,94 por ciento fue la más alta, no sólo de las elecciones al Parlamento de Cataluña, sino también de las elecciones parlamentarias españolas en Cataluña y en toda España. El partido gobernante español (el PP) quedó reducido a tres escaños en Cataluña y el bloque independentista volvió a conseguir la mayoría absoluta en el Parlamento catalán. Por lo tanto, estamos exactamente en la misma situación que antes.

Pase lo que pase en los próximos meses, nada volverá a ser lo mismo en Cataluña ni en España. Se han desatado fuerzas que desgarrarán el falso e hipócrita “consenso” que engañó al pueblo acerca de una alternativa genuinamente democrática a la odiada dictadura de Franco. Rajoy y el PP son los verdaderos herederos de ese régimen, que pisoteó brutalmente a la gente en el pasado y continúa pisoteándola hoy.

Los movimientos de masas en Cataluña son sólo el primer síntoma de una revuelta contra esa dictadura. El mismo espíritu de rebelión se manifestará tarde o temprano en todo el país.

Riqueza y pobreza

El descontento que crece en todas partes es una expresión de la extrema polarización: la concentración de capital, que Marx predijo hace mucho tiempo y la cual se han empeñado en negar economistas y sociólogos desde entonces.

¿Quién puede hoy negar la verdad de la predicción de Marx? La concentración de capital ha tenido lugar en condiciones de laboratorio. En la actualidad, menos de 200 grandes corporaciones controlan el comercio mundial. La inmensa riqueza se concentra en manos de unos pocos. Sólo en 2017, los multimillonarios del mundo aumentaron su riqueza global combinada en un quinto.

Según Josef Stadler, director global de la división Ultra High Net Worth en UBS, hoy “la desigualdad de la riqueza está en su punto más alto desde 1905”. El 1% más rico del mundo posee la mitad de la riqueza del mundo, según un nuevo informe que destaca la creciente brecha entre los súper ricos y todos los demás.

Un informe del Crédit Suisse mostró que las personas más ricas del mundo vieron aumentar su riqueza del 42 %, en el punto álgido de la crisis financiera de 2008, al 50.1 % en 2017, es decir, 140 billones de dólares. El informe dice:

“La parte del 1% más rico ha seguido una senda ascendente desde [la crisis], pasando el nivel 2000 en 2013 y alcanzando nuevos máximos cada año a partir de entonces”. El banco también dice que “la desigualdad de la riqueza global ha sido ciertamente alta y ha aumentado en el período posterior a la crisis.”

El aumento de la riqueza entre los ya muy ricos llevó a la creación de 2,3 millones de nuevos millonarios durante el año pasado, alcanzando un total de 36 millones. “El número de millonarios, que cayó en 2008, se recuperó rápidamente después de la crisis financiera, y ahora es casi tres veces la cifra de 2000”.

Estos millonarios, que representan el 0,7 por ciento de la población adulta del mundo, controlan el 46 por ciento de la riqueza global total que ahora se ubica en la asombrosa cifra de 280 billones de dólares.

Ése es un lado de la balanza. En el otro extremo del espectro, los 3.500 millones de adultos más pobres del mundo tienen activos de menos de 10.000 dólares. En conjunto, estas personas, que representan el 70 por ciento de la población mundial en edad de trabajar, representan solo el 2,7 por ciento de la riqueza mundial. Para millones de personas, es una cuestión de vida o muerte.

En 2017, en 45 países, se calcula que 83 millones de personas necesitaron asistencia alimenticia de emergencia, más del 70 por ciento más que en 2015. Y en 2018, la cifra podría alcanzar los 76 millones.

Yemen es un caso particularmente escandaloso. Como resultado de la bárbara guerra de agresión librada por Arabia Saudita y sus aliados, 17 millones de yemeníes no tienen lo básico para comer, y más de 3 millones de niños y mujeres embarazadas y lactantes sufren de desnutrición aguda. La hipocresía de los medios occidentales ha hecho que se ignoren en gran medida estas atrocidades perpetradas por los mafiosos sauditas, que deliberadamente usan el hambre como arma de guerra.

Importancia del factor subjetivo

En los últimos años, Oriente Medio ha presentado una imagen de reacción atroz: guerra, guerra civil, derramamiento de sangre, fanatismo religioso, masacres y caos. La clave de esta situación se encuentra en tres países: Egipto, Turquía e Irán. Estos son los países donde el proletariado es más fuerte y tiene tradiciones revolucionarias. Si se hace un análisis superficial, en los tres países existe una reacción férrea. Pero tal evaluación es fundamentalmente defectuosa.

Las masas egipcias hicieron todo lo que estaba en su poder para cambiar la sociedad. Fue la ausencia de dirección, y sólo eso, lo que llevó al magnífico movimiento de 2011 a un callejón sin salida. Y como la naturaleza aborrece el vacío, Sisi y los demás generales del ejército reaccionario ocuparon el espacio vacío. Como resultado, los trabajadores y campesinos egipcios se han visto obligados a pasar una vez más a través de la dura escuela de la reacción. Pero, tarde o temprano, resucitarán. La dictadura de Sisi es una choza desvencijada construida sobre cimientos de barro. Su debilidad fatal es la economía. El pueblo de Egipto necesita pan, trabajo y vivienda, que los generales son incapaces de proporcionar. Las futuras explosiones son inevitables.

En Turquía también, el potencial revolucionario de las masas se demostró con el levantamiento de 2013. Fue finalmente aplastado, y Erdogan logró desviar la atención de las masas al jugar la carta del nacionalismo turco y desencadenar una guerra brutal contra los kurdos. Pero el nacionalismo no puede poner el pan en la mesa de los millones de turcos desfavorecidos. Tarde o temprano comenzará una reacción contra el régimen. Y hay señales de que ya ha comenzado. Debemos observar a Turquía de cerca en el próximo período como una de las claves de Oriente Medio.

La mayoría de la población mundial es joven. Y al menos el 60 por ciento de los jóvenes entre 15 y 24 años de edad están desempleados en todo el mundo. El descontento latente de estos jóvenes fue lo que provocó la revolución árabe hace unos años.

Ahora vemos el mismo fenómeno repetido en las calles de pueblos y ciudades de todo Irán. Como de costumbre, este movimiento surgió de repente, sin previo aviso, como una piedra pesada arrojada a las aguas de un estanque en calma. Sorprendió y asombró a todos los autodenominados expertos, especialmente, a los viejos, cínicos y cansados ​​analistas de la llamada izquierda, cuya principal marca es el escepticismo y una creencia muy arraigada de que nunca pasará nada y de que las masas nunca se moverán. Todas estas personas “inteligentes” se quedaron con la boca abierta ante este movimiento que, según ellos, nunca iba a suceder.

“Pero estas manifestaciones son más pequeñas que las de 2009”, los escépticos se apresuran a tranquilizarnos. Sí, más pequeñas pero mucho más radicales, más impetuosas, más audaces y menos cautelosas. Con la velocidad de la luz, las demandas de los manifestantes pasaron de demandas económicas a políticas, desde el desempleo y el alto costo de la vida hasta exigir el derrocamiento de todo el régimen. Los manifestantes derribaron carteles del Líder Supremo Ayatolá Jamenei, algo extremadamente peligroso y prácticamente inaudito en Irán. Incluso hubo algunos informes de ataques a retratos del difunto ayatolá Jomeini.

¿Quiénes eran estos manifestantes? Eran principalmente jóvenes, pobres, desempleados, no los estudiantes universitarios que predominaron en todas las protestas anteriores. No estaban organizados, no pertenecían a ningún grupo político y no tenían una idea guía, salvo el deseo ardiente de cambio. Ése es el punto de partida de cada revolución.

El régimen fue sacudido hasta sus cimientos. Este movimiento, precisamente por su contenido de clase, representa una amenaza potencialmente mucho más peligrosa que los millones de personas que salieron a las calles de Teherán en 2009. Sus vacilaciones parecen a primera vista incomprensibles. Dado el tamaño relativamente pequeño de las manifestaciones, el poderoso aparato represivo en manos de los mulás seguramente sería más que suficiente para haber sofocado esta protesta, como un hombre apaga una vela con dos dedos.

Y sin embargo, mientras escribo estas líneas, el régimen aún no ha lanzado una campaña seria de represión. El perro ladra pero no muerde. ¿Por qué? Hay dos razones principales. En primer lugar, el régimen está dividido y es mucho más débil de lo que era en el pasado. En segundo lugar, entiende que detrás de los jóvenes que se están manifestando hay millones de iraníes que están cansados ​​de años de pobreza extrema, desempleo y aumento de los precios de los alimentos.

Hace tiempo que perdieron la fe en los mulás que simulaban moralidad y honestidad, pero que son tan corruptos como lo fueron en el pasado los funcionarios del Sha. Cualquier movimiento en contra de los manifestantes provocaría una reacción violenta que volvería a ver a millones en las calles, sólo que esta vez serían trabajadores, no sólo estudiantes y gente de clase media.

En este momento, es difícil predecir exactamente cuál será el futuro de esta rebelión. Su principal debilidad es la falta de organización. Sin un plan de acción claro y una firme comprensión de las tácticas y la estrategia, el movimiento puede disipar sus energías en una serie de acciones descoordinadas que fácilmente pueden degenerar en simples disturbios. Eso es lo que el régimen espera ansiosamente. Una vez más volvemos a la pregunta central: la de la dirección revolucionaria.

En 1938, León Trotsky escribió que se podía reducir la crisis de la humanidad a la crisis de la dirección del proletariado. Ha habido muchos movimientos revolucionarios en el pasado reciente: en Egipto, en Turquía, en Irán, en Grecia. Pero en todos los casos, las masas se vieron frustradas por la falta del factor subjetivo: un partido y una dirección revolucionarios. Si en Egipto, en el momento del derrocamiento de Mubarak, hubiera existido incluso un pequeño partido revolucionario, la situación hubiera sido diferente.

Recordemos que en febrero de 1917 los bolcheviques contaban con tan sólo 8.000 miembros en un país enorme, principalmente campesino, de 150 millones. Sin embargo, en tan sólo nueve meses se transformaron en un poderoso partido capaz de conducir a los obreros y campesinos a la toma del poder.

Al ingresar en el Año Nuevo, podemos estar seguros de que nuevas posibilidades revolucionarias se presentarán en un país tras otro. Irán muestra que los cambios bruscos y repentinos están implícitos en toda la situación. Debemos estar preparados para aprovechar cada oportunidad para difundir las ideas del marxismo, construir nuestras fuerzas, conectarnos con las masas, comenzando por las capas más avanzadas, y construir las fuerzas del marxismo en todas partes.

En cuanto a los cobardes, los apóstatas y los escépticos que niegan la perspectiva de la revolución, sólo podemos encogernos de hombros y repetir las desafiantes palabras pronunciadas por Galileo Galilei: Eppur si muove [“Y sin embargo se mueve”].

Mañana elecciones en Cataluña, el 21-D: por la autonomía y la república

por Marti Caussa //

El 21-D se decidirá si se legitima el artículo 155, la jibarización de la autonomía y un régimen autoritario bajo la triple alianza de PP, C’s y PSC/PSOE o si se derrota este programa reaccionario y se legitima el camino hacia la República catalana que el 1-O abrieron dos millones de personas con empuje y determinación.

Pero la contienda electoral en la que se decidirá un dilema tan importante no se desarrolla en condiciones de igualdad, porque una de las partes tiene una mano atada a la espalda y una mordaza en la boca. Las elecciones no han sido convocadas por el gobierno legítimo, sino por Mariano Rajoy, el presidente Puigdemont está en el exilio, el vicepresidente Junqueras en la cárcel, al igual que los lideres de la ANC y Omnium, los consejeros que están el libertad provisional no pueden decir lo que piensan si no quieren volver a la cárcel, la radiotelevisión catalana nos recuerda diariamente que hay expresiones que no puede usar por decisión de la junta electoral, ocho profesores han sido imputados por delitos de odio, por el mismo motivo la asociación Hablamos Español ha denunciado al presidente del sindicato de enseñantes USTEC, las pancartas reclamando la libertada de los presos políticos son retiradas de los ayuntamientos y el lazo amarillo, símbolo, de la exigencia de la libertad de los presos, se considera propaganda electoral, igual que colorear de amarillo la fuente de Montjuïc o las concentraciones de las abuelas de Mataró con bufandas de este color, etc., etc.

Paralelamente una parte del programa de la triple alianza del 155 se está llevando a la práctica sin esperar el resultado del 21-D: suprimir el poder, legalmente vigente, de la Hacienda catalana para centralizar el cobro de los tributos de 180 organismos públicos catalanes; liquidar el Diplocat, la reda de oficinas exteriores de la Generalitat; paralizar de hecho la implementación de la Renta Garantizada de Ciudadanía, una de las medidas sociales más importantes del gobierno Puigdemont; bloquear las subvenciones al tercer sector; etc. Y no solo lo hacen abiertamente, sin recurrir al subterfugio del Tribunal Constitucional, sino que se jactan de ello, como Soraya Sáenz de Santamaría, presumiendo de haber descabezado ERC i JuntsxCatalunya o de haber liquidado el Diplocat.

El primer desafío del 21-D es conseguir la retirada incondicional del artículo 155, la libertad de los presos, la vuelta de los exiliados, el sobreseimiento de los juicios con peticiones de largas condenas y multas millonarias y la marcha atrás de todas las medidas de demolición del autogobierno realizadas al amparo del 155. Pero, al mismo tiempo, se trata de reivindicar el esfuerzo y los resultados del referéndum del 1-O y de comprometerse en la lucha por la República catalana, sin obviar la autocrítica ni las dificultades derivadas de la derrota sufrida el 27-O con la aplicación del 155, pero con determinación y con confianza en la capacidad de reacción de un movimiento que no ha sido derrotado. Como he explicado en otro artículo, la derrota que supone el 155 no se explica ni por la unilateralidad que significó el 1-O, ni por desfallecimiento de la gente que se movilizó entonces y ha seguido haciéndolo después, sino por los errores de los dirigentes del independentismo mayoritario. Cómo derrotar el 155 y cómo avanzar hacia la República son los dos elementos a tener en cuenta para decidir el voto del 21-D.

Ningún voto para los responsables del 155

La condición imprescindible para derrotar el 155 es explicar claramente cuáles son sus consecuencias, la amenaza que suponen no solo para el independentismo, sino para la democracia, y el terrible precedente que supondrá para Catalunya, España y Europa si no es derrotado. Consecuentemente con eso hay que llamar a no votar a ninguno de los partidos de la triple alianza responsable de su aplicación: PP, C’s y PSC. Debe haber un frente común explícito contra los responsables del 155 y no permitir fisuras como consecuencia de la campaña electoral; la rivalidad no debe llevar a confundirse de enemigo.

Aquí hay que hacer un paréntesis para referirse a Catalunya en Comú Podem. La mala campaña electoral que está haciendo, sobre todo cuando interviene Pablo Iglesias, no debe hacer olvidar que es una coalición que está nítidamente contra el 155, por la libertad de los presos, la vuelta de los exiliados y la defensa de las instituciones de autogobierno. Y si alguien se toma la molestia de leer su programa electoral comprobará que defiende una república catalana confederada con el Estado español y un proceso constituyente catalán basado en un debate previo en asambleas ciudadanas, elementos que permiten considerarlo también un aliado en la construcción de la república. Es verdad que sigue manteniendo la posición de defender un referéndum de autodeterminación previamente acordado con el Estado, que ha radicalizado su críticas contra la unilateralidad y, además, propone un gobierno con ERC y el PSC que resulta incongruente con una oposición radical al 155. Pero las críticas legítimas a un aliado no deben llevar a confundirle con el enemigo, especialmente si se reconoce que su colaboración puede resultar imprescindible para formar o apoyar un gobierno que derrote el 155 y si se recuerda que los partidos pueden rectificar, especialmente si en su interior hay un sector crítico, como es el caso.

Renovar la mayoría independentista

El símbolo más claro de la derrota del 155 será si vuelve a haber una mayoría absoluta de diputados independentistas en el Parlament. El artículo 155 se proclamó para luchar contra la proclamación de la República que hicieron los diputados independentistas, contra los resultados del referéndum del 1-O que convocaron los independentistas, para liquidar el independentismo (Soraya Sáenz de Santamaría) y desinfectar un país enfermo de independentismo tal como ha explicado Josep Borrell reprimiendo a Iceta: “Tú eres muy buena persona y les perdonarías en seguida, pero la han hecho muy gorda. Está bien eso de coser heridas, pero antes tienen que desinfectar. Porque si las coses sin curar, después se pudren. Se debe curar el cuerpo social, por eso hay que pasar bien el desinfectante y después, claro, se ha de coser. Porque una sociedad no puede vivir si el cuarenta y tanto por ciento de la gente está convencida de que le iría mejor fuera. Esto no puede ser. Si una proporción tan grande de la gente piensa que estaríamos mejor fuera, este es un país enfermo”. No es verdad que solo quieran restablecer la legalidad, quieren liquidar el independentismo, quieren reducir los partidarios de la república catalana independiente a una ínfima minoría utilizando los métodos autoritarios y antidemocráticos del 155, aplicándolo repetidamente si es necesario. Por eso hay que votar independentista: para derrotar en las urnas el 155, para defender la democracia, para crear las condiciones de seguir luchando por la República.

Pero a la hora de depositar el voto es necesario preguntarse cual es más útil para defender estos objetivos, hay que sacar las elecciones de los éxitos (1 y 3 de octubre) y de las frustraciones (el 27-O). He defendido que la decisión del gobierno Puigdemont el 27-O fue una derrota sin rendición pero que implicaba la necesidad de una reorientación estratégica del independentismo mayoritario. Lo menos que se puede decir ahora es que esta reorientación es confusa y tiene su núcleo en el debate sobre la unilateralidad.

No renunciar a la unilateralidad y ampliar el apoyo social a la República

PDeCAT y ERC han hecho declaraciones ambiguas en el sentido de abandonar la unilateralidad y substituirla por el diálogo y la relación bilateral con el Estado y la Unión Europea, que después se han matizado o reafirmado en función de la persona y las circunstancias. Por ejemplo, Marta Rovira defendió avanzar sin estar pendientes del permiso del Estado español para evitar, por ejemplo, que en el invierno hubiera cortes de los suministros básicos. Y Carles Puigdemont ha evitado descartar la vía unilateral si hay mayoría independentista después del 21-D. Pero posteriormente Carles Mundó (ERC) ha declarado que la vía unilateral es la menos deseable y que no la defiende ahora ni la ha defendido nunca. Frente a estas ambigüedades subscribo la posición de Vicent Partal en VilaWeb en el sentido que renunciar a la unilateralidad es renunciar a avanzar, porque incluso para negociar con el Estado español son necesarias acciones unilaterales que le obliguen a sentarse a la mesa.

Lo cual no significa que cualquier decisión unilateral sea buena, sino que éstas deben seleccionarse después de valorar la relación de fuerzas y sopesar sus consecuencias. Por ejemplo, ahora debería estar claro que no había relación de fuerzas para hacer efectiva la República inmediatamente después del 1-O, a pesar de que reivindiquemos la convocatoria de este referéndum, la decisión de la gente para hacerlo posible y sus resultados. Del mismo modo que es muy poco probable que exista la relación de fuerzas necesaria para hacer efectivas las leyes de transitoriedad después del 21-D.

La CUP es el partido que más y mejor ha insistido sobre la necesidad de la unilateralidad, pero no me parece realista la posición adoptada por la <href=”#12″>Asamblea Nacional de la CUP del 12 de noviembre en el sentido de que en caso de triunfo de las candidaturas independentistas el 21-D habría que proceder a “la proclamación automática de la voluntad de desplegamiento de la República catalana, el desarrollo de la ley de transitoriedad, la convocatoria de una asamblea constituyente y la aprobación y el impulso inmediato de medidas orientadas a consolidar la república y asegurar el apoyo de la mayoría trabajadora y popular”. Una posición que ha ratificado Carles Riera en una entrevista: “Esta vez no negociaremos sobre los objetivos, sino sobre el punto de partida. República desde el primer momento, ley de transitoriedad, proceso constituyente y desobediencia al 155”.</href=”#12″>

Lo decisivo me parece no renunciar a la unilateralidad, pero no excluir la negociación, comprometerse en el avance hacia la República y trabajar para aumentar los apoyos sociales a la misma, tanto en Catalunya como en el Estado. Para esto me parece imprescindible asumir la lucha por una democracia radical y, más en particular, por un proceso constituyente popular que diseñe el país que queremos, con la participación de independentistas y no independentistas. Y, al mismo tiempo, luchar por un plan de choque de medidas sociales para empezar a paliar los efectos de la larga crisis económica. Estas luchas son las que pueden permitir ir reforzado las organizaciones sociales y los organismos de poder popular que sustenten el avance hacia la República.

Un gobierno para derrotar el 155 y avanzar hacia la República

Lo importante es tener claro qué programa es necesario impulsar, votar a la candidatura que creamos que lo pueda defender mejor y después intentar que se forme el mejor gobierno para llevarlo adelante. En el momento actual, antes de unas elecciones con resultados tan inciertos, es imposible saber qué alianzas de gobierno pueden ser las más apropiadas. Y, con más razón, quién puede ser el presidente más adecuado; por eso hay que ser cuidadoso con las imposiciones y las exclusiones de presidenciables entre los partidos que se oponen al 155.

Por ejemplo, la propaganda electoral de JuntxCat dice: “¿Por qué vamos juntos? Porque solo ganamos si gana el presidente”. La segunda frase o es una tontería (si se refiere a la propia candidatura) o es sencillamente falsa, si se refiere al independentismo, al soberanismo o a los partidarios de la República catalana.

También me parece un error el comunicado de la ANC que en su primer punto dice: “Dado que el presidente y el gobierno legítimo de Catalunya no ha acabado su legislatura ni han dimitido voluntariamente, después del 21-D la ANC únicamente reconocerá al presidente legítimo surgido del 27-S de 2015 y al gobierno que éste designe”. Porque esto significa ignorar las preferencias que puedan expresar los electores en unas elecciones que, a pesar de su ilegitimidad, todos han decidido aceptar.

Xavier Domènech ha afirmado en una misma entrevista que no investirá ni a Arrimadas ni a Puigdemont y que quiere un gobierno con ERC y PSC. ¿Realmente se negará a investir o a ceder votos para investir a Puigdemont, aunque ésta sea la condición para evitar la investidura de Arrimadas o para evitar nuevas elecciones y mas tiempo de vigencia del 155? ¿Y no se sonroja defendiendo un gobierno con el PSC y afirmando: “Este país necesita un Gobierno progresista porque tiene una fractura social enorme. El PSC superaría así muchas contradicciones y es una alternativa que quiere una mayoría de sus votantes”? ¿Es necesario recordar que el PSC votó tanto el artículo 155, como el la reforma del artículo 135 de la Constitución que subordina el gasto social a la devolución de la deuda?

Que los árboles de presidenciables no nos oculten el bosque del programa que necesitamos: derrotar el 155, revertir sus efectos, iniciar el proceso constituyente popular, un plan de choque de medidas sociales contra la crisis y avanzar hacia la República catalana, ampliando los apoyos dentro de Catalunya y buscando la unidad de acción y la complicidad con los sectores antimonárquicos y de izquierda a escala estatal, destacando el interés común en echar abajo el régimen del 78 y en el horizonte republicano.

 

(Marti Caussa, de la redacción de Viento Sur; Original en catalán)

Conflicto catalán: Catalunya, ¿qué movimiento?

por Joan Font //

Para nadie es ya un secreto que en Catalunya están pasando cosas. En una de sus frases célebres Mariano Rajoy, afirmo que “los catalanes hacen cosas”. Y en esta ocasión no era un error: en Catalunya existe desde hace ya algunos años un movimiento popular muy amplio. Intentaremos abordar algunas de sus características. Quizá así sea un poco más fácil comprender la situación actual de este pequeño país de la esquina nordeste del Mediterráneo.

Sobre los inicios

El relato más extendido sitúa la génesis del movimiento popular soberanista en Catalunya con la sentencia del Tribunal Constitucional recortando aspectos básicos del Estatut. Pero quizá seria más preciso ir un poco más atrás. Quizá convendría recordar como el primer gobierno tripartito presidido por Maragall fue capaz de recoger tanto el agotamiento del modelo de gobierno de Pujol, como una reacción a la política recentralizadora emprendida de modo suave desde la LOAPA y mucho más evidente con los gobiernos de Aznar. Crecía ya una demanda de ir más allá de los estrechos límites de la aplicación del Estatut de 1979. No es pues casualidad que en el famoso “pacto del Tinell” se decidiera emprender el camino de elaborar un nuevo Estatut, a pesar de la posición negativa de CiU y del mismo Pujol.

El nuevo Estatut surgido finalmente de una amplia mayoría parlamentaria suscitó múltiples esperanzas entre un buen sector de la población de Catalunya, que veía con buenos ojos las ideas de federalismo asimétrico defendidas por el President Maragall y el blindaje de competencias y la definición como Nación, es decir, como sujeto político de Catalunya.

Es conocida la reacción del PP recogiendo firmas contra este Estatut -presentadas casi como firmas contra Catalunya-, pero también la reacción del PSOE, primero pactando con Artur Mas un recorte del Estatut a espaldas del Parlament de Catalunya y después con las cepilladas de Guerra en el Congreso de los Diputados. Este proceso redujo considerablemente las esperanzas en este Estatut, lo que explica la baja participación en el referéndum y la llamada a la abstención de ERC.

La defenestración de Maragall permitió un segundo tripartito presidido por Montilla, que actuó casi como un simple gobierno de gestión. En este marco, la sentencia del TC del 2010 representó algo así como la gota que colma el vaso. Hizo estallar todas las frustraciones acumuladas entre amplios sectores de la población. Es conocido como el presidente Mas, con un gobierno bussines friendly, apoyado por el PP intenta negociar un pacto fiscal, pero las personas salen a la calle gritando independencia, como ya hicieron como respuesta a la sentencia del TC.

El tigre despierta

Fuera de Catalunya, el discurso del PP, de Ciudadanos y también del PSOE durante estos años se ha centrado en que la independencia era un invento del señor Mas y de una reducida casta de la burguesía catalana. Pero la realidad no refleja en absoluto este relato. Artur Mas y la cúpula de CiU decidieron intentar cabalgar el tigre de un movimiento protagonizado por instituciones de la sociedad civil, para controlarlo y conducirlo a un redil que hiciera posible seguir con la política del “peix al cove

” (“pájaro en mano”), es decir intentar ir arrancando alguna concesión del gobierno central, aunque fuese más aparente que real, a cambio de controlar que la situación no sobrepasase un cierto límite. Pero no siempre resulta fácil conducir un tigre al redil, aunque lo cabalgues. A veces el tigre tiene más fuerza que el jinete y lo conduce por otros caminos.

Y es que este es un tigre con múltiples cabezas y decenas de miles de piernas. Recoge todo un sector de antiguos activistas vecinales o sindicales. Por ejemplo, en la ANC (Asamblea Nacional Catalana) y también en la extensa red de CDR (antes Comités de Defensa del Referéndum, ahora Comités de Defensa de la Republica) se encuentran personas que animaron las Asociaciones de Vecinos o las Comisiones Obreras Juveniles, o también las uniones campesinas o la extinta Assemblea de Catalunya, junto con jóvenes de ateneos, de clubs de barrios o de pueblos, de entidades de tiempo libre, etc. Una muestra de la amplitud del tigre se puede encontrar también en el Pacto Nacional por el Referéndum, que agrupaba organizaciones políticas, centrales sindicales, federaciones de asociaciones vecinales, colegios profesionales, etc., durante el periodo previo al 1 de octubre, la fecha del referéndum.

Algunos apuntes sociológicos

Siempre hay quien intenta identificar este movimiento popular con la burguesía. Pero esta sería, cuanto menos una identificación errónea o interesada. Quizá bastaría con referirse a las más de dos millones de personas que decidieron participar el pasado 1 de octubre en un referéndum en duras condiciones de represión, o a las millares de personas que durante más de 24 horas defendieron los puntos de votación, soportando en muchos casos brutales ataques policiales. Quizá se podría también hacer referencia a las centenares de miles de personas que, incansablemente, año tras año, han salido a manifestarse los 11 de setiembre o que han participado en el paro general del 3 de octubre. En ningún caso esto son espejismos.

También debería bastar pasear por las calles de pueblos y ciudades del país, con infinidad de balcones cubiertos con banderas esteladas y pancartas reivindicativas por la democracia y la independencia, y comparar con el numero de balcones que en las últimas semanas han puesto la bandera española. Ello también podría ser un censo, comparando el numero de unas y otras señales en unos y otros barrios. De hecho todo muestra que se trata esencialmente de un movimiento que tiene su arraigo en clases trabajadoras y capas medias de la población. Esto no significa que este movimiento tenga asegurada la mayoría popular.

Opuestos a este movimiento se encuentra la gran patronal catalana, agrupada en el Fomento o en instituciones como el Círculo Ecuestre, y los ejecutivos de las empresas que siguiendo los consejos del gobierno del PP han decidido cambiar su sede social fuera de Catalunya. Pero existe también en sectores de la clase obrera industrial, especialmente en lo que queda de los grandes centros de trabajo, como Seat o Nissan, un cierto desapego hacia este movimiento, cuando no una clara oposición a la posibilidad de independencia para Catalunya. Es esta franja la que políticamente disputan Cs y el PSC, reforzado ahora por algunos viejos sindicalistas educados en el respeto a la unidad del Estado español y en la estabilidad política.

Un intento de diagnóstico hacia el futuro

No resulta fácil prever el futuro a corto plazo. La disolución del gobierno de la Generalitat y el encarcelamiento o el exilio de sus miembros, la no implementación práctica de la declaración de independencia, la aceptación, al menos de hecho, de la aplicación del artículo 155 por las direcciones del PDCAT y de ERC, han supuesto una cierta perplejidad en el seno de este movimiento. De todos modos, la respuesta popular contra las detenciones, la movilización del 8 de noviembre paralizando el país, o la otra vez masiva manifestación del 11 de noviembre, parecen indicar un alto nivel de continuidad del movimiento.

De hecho, todo parece indicar que se está asistiendo a una auténtica revolución política en marcha, en un proceso abierto, con avances y retrocesos que, por el momento expresa una auténtica deslegitimación en Catalunya de la Monarquía y del régimen del 78. En este camino, aún lleno de piedras y de baches, las elecciones convocadas el próximo 21 de diciembre supondrán un nuevo test de la situación y de las capacidades a corto término del movimiento. De todos modos, el peso creciente de los CDR, su extensión territorial, su coordinación y su capacidad de sumar fuerzas y experiencia de diversas plataformas extendidas por el territorio es un factor positivo a considerar hacia adelante. Seguramente deberán ser capaces de seguir integrando a más sectores, de mantener su carácter políticamente transversal y su vocación intergeneracional para poder jugar un papel significativo en los nuevos pasos de este movimiento y en la posible apertura de un proceso constituyente capaz de culminar esta revolución política largamente larvada.

 

(el autor fue dirigente de la Liga Comunista Revolucionaria. Ha sido redactor de diversas publicaciones como Combate y Demà. Actualmente participa en proyectos europeos sobre educación en la asociación DEMÀ y colabora en la candidatura municipal de CUP-PA en l’Hospitalet de LLogrebat).

Cataluña como paradigma del “terrorismo jurídico” del Estado español

por Germán Gorraiz//

El término distopía fue acuñado a finales del siglo XIX por John Stuart Mill en contraposición al término eutopía o utopía, empleado por Tomas Moro para designar a un lugar o sociedad ideal. Así, distopía sería “una utopía negativa donde la realidad transcurre en términos antagónicos a los de una sociedad ideal”. Las distopías se ubican en ambientes cerrados o claustrofóbicos enmarcados en sistemas antidemocráticos, donde la élite gobernante se cree investida del derecho a invadir todos los ámbitos de la realidad en sus planos físico y virtual e incluso, en nombre de la sacro-santa seguridad del Estado, a eliminar el principio de inviolabilidad (habeas corpus) de las personas, síntomas evidentes de una peligrosa deriva totalitaria del sistema democrático.

La deriva autoritaria de la sui generis democracia española

Para entender la actual situación distópica, se antoja necesario repasar la silente deriva involucionista de la actual democracia española. Un hito fundamental en la espiral involucionista del régimen del 78 sería la implantación por el Gobierno socialista de Felipe González de la Ley Antiterrorista de 1.985, definida por José Manuel Bandrés en su artículo “La Ley antiterrorista: un estado de excepción encubierto”, publicado en el diario “El País”, como “la aplicación de facto del estado de excepción encubierto”. Dicha Ley Anti-terrorista (todavía vigente a pesar de la ausencia de actividad por parte de ETA), sería un anacronismo propio de la dictadura franquista, un limbo jurídico que habría convertido los sótanos de cuartelillos y comisarías en escenarios distópicos de naturaleza real (no ficticia) y en Guantánamos virtuales refractarios al control de jueces, fiscales y abogados y que facilitarían la labor de los Cuerpos de Seguridad del Estado para obtener evidencias delictivas mediante prácticas inadecuadas (léase tortura), prácticas confirmadas por las declaraciones de Luis Roldán, Director General de la Guardia Civil con Felipe González.

La deriva regresiva tendría su continuación con la Ley Orgánica 7/2000 del Gobierno Aznar que incluyó como novedad la aparición del llamado “delito de exaltación del terrorismo” y prosiguió su escalada con la firma por Aznar y Zapatero del llamado “Pacto por la Justicia y las Libertades” de 2003 que instauraba de facto “la cadena perpetua estratosférica” al elevar la pena máxima de cárcel hasta cuarenta años, superando la “crueldad del régimen de Franco “ que contemplaba los 30 años de cárcel como pena máxima) y en el paroxismo de la involución, hemos asistido a la reciente modificación del Código Penal para constreñir hasta su nimiedad los derechos de expresión (Ley Mordaza) y a la ultimísima firma entre Rajoy y Sánchez del llamado “pacto antiyihadista” que bajo la falacia de combatir el terrorismo yihadista “convierte en delitos terroristas infracciones menores o conductas lícitas y supone un ataque a la línea de flotación del sistema constitucional” en palabras de Manuel Cancio Meliá (artículo 573.1)

La juez Lamela y la doctrina Aznar

En el paroxismo de la deriva involucionista del Estado español, asistimos a la implementación de la Doctrina Aznar que tendría como ejes principales la culminación de la “derrota institucional de ETA para impedir que el terrorismo encuentre en sus socios políticos el oxígeno que le permita sobrevivir a su derrota operativa” y el mantenimiento de la “unidad indisoluble de España” y el objetivo último sería criminalizar a grupos y entidades díscolos y refractarios al mensaje del establishment dominante del Estado español, elementos constituyentes de la llamada “perfección negativa”. Dicho término fue empleado por el novelista Martín Amis para designar “la obscena justificación del uso de la crueldad extrema, masiva y premeditada por un supuesto Estado ideal” y que tendría a la juez de la Audiencia Nacional, Carmen Lamela como brazo ejecutor. Así, dicha juez sería la encargada del llamado “affaire Alsasua”, en el que siete jóvenes de la localidad navarra de Alsasua podrían ser condenados a penas estratosféricas de 52 años de prisión al ser acusados de “delitos de terrorismo” tras un altercado con dos miembros de la Guardia Civil y sus parejas que derivó en un parte médico de “lesiones menores” y que en su día fue calificado por el Coronel Jefe de la Guardia Civil de Navarra como “delitos de odio”. Asimismo, Lamela sería la responsable de ordenar el ingreso en prisión incondicional del Vicepresidente Oriol Junqueras y ocho Consellers de la Generalitat por presunto delito de rebelión que podría acarrearles penas estratosféricas de 30 años para cada uno de ellos, todo lo cual representaría un auténtico ejercicio de “terrorismo jurídico” que generará una inmediata reacción de repulsa popular e institucional y que será un proceso judicial de largo recorrido que terminará indefectiblemente en el Tribunal Europeo de Estrasburgo.

La espiral del silencio de la mass media del establishment español

La mencionada deriva totalitaria del Estado español estaría amparado por la “espiral del silencio” de los medios de comunicación de masas del establishment (PRISA, Vocento, Grupo Planeta, Grupo Godó, Grupo Zeta, Editorial Prensa Ibérica, Unidad Editorial, TVE y Mediaset España), teoría formulada por la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann en su libro “La espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social” (1977). Dicha teoría simbolizaría “la fórmula de solapamiento cognitivo que instaura la censura a través de una deliberada y sofocante acumulación de mensajes de un solo signo”, con lo que se produciría un proceso en espiral o bucle de retroalimentación positiva.

Sin embargo, la teórica política judío-alemana Hannah Arendt en su libro “Eichmann en Jerusalén”, subtitulado “Un informe sobre la banalidad del mal”, nos ayudó a comprender las razones de la renuncia del individuo a su capacidad crítica (libertad) al tiempo que nos alerta de la necesidad de estar siempre vigilante ante la previsible repetición de la “banalización de la maldad” por parte de los gobernantes de cualquier sistema político, incluida la sui-genéris democracia española, pues según Maximiliano Korstanje “el miedo y no la banalidad del mal, hace que el hombre renuncie a su voluntad crítica pero es importante no perder de vista que en ese acto el sujeto sigue siendo éticamente responsable de su renuncia”.

200.000 protestan por el encarcelamiento de líderes nacionalistas catalanes en Barcelona

por Paul Mitchell //

El encarcelamiento esta semana de líderes de las principales organizaciones separatistas en Cataluña —Jordi Sànchez de la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC) y Jordi Cuixart de Òmnium Cultural— se encontró con manifestaciones en toda Cataluña que culminaron en una protesta de 200.000 personas en Barcelona la noche del martes.

El encarcelamiento de los dos marca los primeros encarcelamientos de presos políticos desde el final de la dictadura fascista del general Francisco Franco.

Se ha programado una movilización masiva para el sábado por la tarde pidiendo su liberación. Hay conversaciones sobre otra “huelga nacional” por parte de la “Junta para la Democracia”, que comprende a 60 organizaciones, entre ellas los sindicatos ANC, Òmnium Cultural, UGT y CCOO y las organizaciones paraguas de empleadores, CECOT y PIMEC.

Sánchez y Cuixart se encuentran en espera de investigación de cargos falsos de sedición, que tienen una sentencia máxima de 15 años de prisión. Están acusados de organizar manifestaciones el 20 y 21 de septiembre, que intentaron evitar las redadas policiales contra organizaciones que promovían el referéndum sobre la independencia catalana del primero de octubre.

Los arrestos se produjeron luego de semanas de represión sostenida por el gobierno del Partido Popular (PP) del presidente del Gobierno Mariano Rajoy. Funcionarios del gobierno catalán han sido arrestados, decenas de sitios web cerrados, millones de carteles y folletos confiscados, impresos y periódicos buscados, reuniones prohibidas y cientos de alcaldes amenazados con enjuiciamiento por apoyar el referéndum.

El primero de octubre, el gobierno del PP envió decenas de miles de policías en un intento fallido por evitar el referéndum. Las redes sociales se vieron inundadas por imágenes de guardias civiles que se abrieron paso en los lugares de votación, agarraron urnas y golpearon a votantes pacíficos e indefensos, cientos de los cuales resultaron heridos. Se ha azuzado una histeria nacionalista, de orden público y se alientan las protestas de la extrema derecha.

Hoy, a las 10 de la mañana, el presidente regional catalán, Carles Puigdemont, debe “aclarar” si ha declarado o no la independencia, tras su declaración de la semana pasada en la que reafirmó el derecho de Cataluña a la independencia, pero que no se declararía durante varias semanas para permitir negociaciones con Madrid.

Si no niega la declaración de independencia, muchos informes sugieren que el Consejo de Ministros de Rajoy invocará medidas en virtud del artículo 155 de la Constitución española, rutinariamente descrita como la “opción nuclear”, que suspende la autonomía catalana. Tal paso sienta las bases para imponer el gobierno directo desde Madrid a través de la intervención militar.

Según los informes de los medios, el parlamento regional se disolverá y se creará una “autoridad gubernamental de transición”, integrada por tecnócratas nombrados que asumirán el funcionamiento de los diversos ministerios catalanes.

Puigdemont podría continuar como presidente del gobierno regional, pero se lo despojaría de sus poderes. El vicepresidente Oriol Junqueras, responsable de las finanzas de la Generalitat —y culpado por la pérdida de inversiones en Cataluña y de las empresas que reubicaban sus sedes— podría ser destituido. Es probable que Junqueras y otros funcionarios sean detenidos y encarcelados como lo han sido Jordi Sánchez y Jordi Cuixart.

El siguiente paso, según los informes, sería celebrar nuevas elecciones en Cataluña. Estas no serían convocadas por el gobierno regional como normalmente es el caso, sino bajo el control de Madrid. Que a los partidos que piden la independencia se les permita presentarse a las elecciones es cada vez más improbable, ya que aumentan las exigencias de que se los prohíba.

El gobierno no habla abiertamente actualmente de la intervención militar, pero se enviaron tropas logísticas para apoyar a las unidades de la Policía Nacional y de la Guardia Civil en Cataluña y se publicaron detalles del plan de despliegue de tropas de “Cota de Malla” junto con los comentarios de figuras militares.

Rajoy viajará el jueves por la tarde a Bruselas para participar en la cumbre del Consejo Europeo de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea (UE). La UE ha declarado consistentemente que la sucesión catalana es una crisis “interna” que España debe resolver dentro de los límites establecidos por su Constitución, una visión tomada por la administración Trump en Estados Unidos. La represión del PP goza del apoyo de la UE y los Estados Unidos porque estos temen que la UE y la alianza de la OTAN se fragmenten en un mosaico de miniestados competidores.

Con ese fin, Cataluña ni siquiera aparece como un artículo oficial en la agenda de la cumbre. “No tenemos la intención de incluirlo en la agenda, pero, por supuesto, si el presidente Rajoy quiere hablar sobre eso, lo reflejaremos en la agenda”, dijo un alto funcionario europeo.

El Secretario General del Partido Socialista (PSOE), Pedro Sánchez, también está visitando Bruselas. Su papel principal es cubrir al PP e intentar contrarrestar las representaciones de las medidas represivas que promulga el Estado español. El miércoles se reunió con el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, la Alta Representante de Política Exterior, Federica Mogherini, y con el presidente del Grupo Socialista en el Parlamento Europeo, Giani Pittella, antes de participar en una conferencia organizada por la facción Socialdemócrata Europea. Hoy se reunirá con el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude-Juncker.

La implacable fuerza de las medidas estatales policiales impuestas en Cataluña por el gobierno del PP, que rige sobre el quinto país capitalista supuestamente democrático de Europa, es una advertencia para los trabajadores y jóvenes en todo el continente e internacionalmente. La luz verde dada a la represión del PP, apoyada por el partido derechista Ciudadanos y el PSOE por parte de la UE y los EUA es una confirmación adicional de que la élite gobernante global no tolerará ninguna oposición a sus políticas contrarrevolucionarias sociales.

Lo que está sucediendo en Cataluña se convertirá en el punto de referencia para la regla en toda Europa.

El rápido resurgimiento de tales medidas represivas en un país, que el PSOE y el Partido Comunista insistieron en haber resuelto su amarga historia del siglo XX de la lucha de clases, la revolución y la dictadura a través de la “transición a la democracia”, tras la muerte de Franco en 1975, es una expresión gráfica del colapso del orden capitalista global posterior a la Segunda Guerra Mundial.

El acuerdo político inventado durante la Transición se ha desintegrado. El PSOE, el principal partido de gobierno de la élite gobernante española en el período posterior a Franco, ha quedado desacreditado por décadas de políticas de austeridad y guerra.

La cuestión crítica es la movilización política de toda la clase obrera española y europea en la lucha contra el retorno al gobierno estatal policial y cualquier intento de movilizar al ejército.

Los trabajadores y los jóvenes en Cataluña, en toda España y en todo el continente deben exigir el fin de la brutal represión que se está llevando a cabo en Cataluña. Todas las tropas y las fuerzas gubernamentales deben ser retiradas de Cataluña y los que permanecen cautivos como prisioneros políticos liberados inmediatamente.

La oposición a la represión estatal no se puede montar bajo los auspicios de los partidos gobernantes en Madrid o los nacionalistas catalanes, que son incansablemente hostiles a la clase trabajadora.

El Comité Internacional de la Cuarta Internacional insiste en que la única política viable contra el peligro de la guerra y la dictadura es luchar por unificar a la clase obrera en España y Europa en una lucha contra el capitalismo y por la reorganización socialista de la sociedad. Esto solo puede llevarse a cabo en la lucha revolucionaria contra todas las facciones burguesas españolas, ya sea en Madrid o Barcelona.

España: Sólo la clase obrera puede derrotar a Rajoy y la monarquía.

por Alejandro Valenzuela y Alex Lantier/

Hay numerosos informes no confirmados de tropas siendo enviadas a Cataluña y regiones cercanas ante una posible declaración unilateral de independencia esta semana.

Los grupos de poder españoles están discutiendo abiertamente invocar el Artículo 116 de la Constitución del país, preparando el marco para imponer ley marcial.

Según fuentes militares citadas por el periódico derechista OkDiario, se movilizaron fuerzas a Aragón y Valencia, regiones adyacentes a Cataluña. Explica que el Gobierno español estima necesarias alrededor de 30 000 fuerzas de seguridad para tomar control de la región y “establecer el orden constitucional ante los insurrectos”. El periódico indica que esta es, “una cifra que en este momento no podría alcanzarse con la actual dotación en Cataluña: algo más de 8000 agentes de Policía Nacional y Guardia Civil”.

Según el artículo, las divisiones siendo desplegadas incluyen la División Castillejos (antigua Fuerza de Acción Rápida), que consiste en tres brigadas (la aerotransportable, paracaidista y la Legión) con un total de tres mil tropas, junto con el Regimiento de Infantería Acorazada Alcázar de Toledo de 300 tropas y 44 tanques. Además, se reporta que Madrid está movilizando los grupos de Operaciones Especiales de la Armada, análogos a los Navy Seal estadounidenses.

El número de tropas que otras fuentes estiman se encuentra entre 12 000 y 16 000.

La Tribuna de Cartagena señaló que el buque Navarra, escoltado por dos buques antiminas estaba en marcha hacia Barcelona completamente equipado y con tropas y llegaría al puerto de Barcelona el 8 de octubre, un día antes de la previamente programada declaración de independencia por el Parlament de Cataluña. Según un comunicado del Ministerio de Defensa, los buques están participando en el Show Internacional de Botes de Barcelona.

Al mismo tiempo, la OTAN ha organizado un ensayo de entrenamiento denominado “Ángel Guardián” con seiscientos policías militares de España y otros nueve Estados miembros de la OTAN. Según el sitio web del ejército español, estos ejercicios buscan entrenar a policías militares en la gestión de los puestos de comando durante operaciones y allanamientos, escoltar y proteger a las autoridades, neutralizar personal armado hostil dentro de las instalaciones militares y control de masas.

El artículo 116 involucra el despliegue de militares y permite la suspensión de varios derechos democráticos, incluyendo los derechos a la libre expresión y a la huelga. Además, permite arrestos preventivos. La suspensión de estos derechos armaría al Estado con poderes policiales vastos que el ejército podría utilizar para aterrorizar a toda la clase obrera, como el régimen franquista lo hizo entre 1939 y 1977.

La Asociación de Militares Españoles (AME) publicó una declaración defendiendo el discurso del rey Felipe VI en la que el monarca denunció el referéndum independentista catalán y demandó que el Estado español tomara control de la región. Este documento describe el discurso como “impecable” porque Felipe VI pudo comunicar “de manera clara, concisa, rotunda cuál es la línea a seguir en estos momentos difíciles y complejos”.

La AME le exige al presidente español del Partido Popular (PP), Mariano Rajoy “la defensa sin fisuras de la unidad de España, su integridad territorial y su soberanía nacional”.

La Unión Europea ha declarado su apoyo a las severas medidas militares siendo preparadas. Durante el debate el miércoles pasado en el Parlamento Europeo, el vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, declaró que es “un deber de todo Gobierno hacer valer el derecho y a veces esto requiere un uso de fuerza proporcional”.

Lo respaldaron dirigentes de tanto partidos conservadores, como socialdemócratas y liberales.

Las implicaciones de tales comentarios fueron destacadas por el comisionado de la Unión Europea de Alemania, Günter Oettinger, quien advirtió el viernes: “Hay una guerra civil imaginable ahora en el medio de Europa”. Sólo después pidió el siguiente deseo, “Uno sólo puede esperar que pronto se pueda ver una línea de conversación entre Madrid y Barcelona”.

La prensa española está desempeñando su parte en allanarle el camino a una intervención militar. Esto lo ha hecho mediante una campaña para deshumanizar a los nacionalistas catalanes y, en algunos casos, a toda la población catalana. No pasa ni un día en el que la prensa no describe los acontecimientos en Cataluña como una “insurrección”, un “golpe de Estado”, una “rebelión” o una “traición” que tiene que ser aplastada.

Los nacionalistas catalanes son acusados de indoctrinar a niños y enviarlos al frente de las protestas para ser atacados por las fuerzas policiales. La Policía Nacional y la Guardia Civil, quienes hirieron a ochocientos manifestantes pacíficos el domingo, están siendo retratados como oficiales indefensos y hostigados por protestantes frente a sus hoteles y residencias temporales. Al mismo tiempo, describen a la policía regional, los Mossos d’Esquadra, como traicioneros y desleales. El partido secesionista Esquerra Republicana de Cataluña y el secesionista pseudoizquierdista Candidatura d’Unitat Popular (CUP) están siendo atacados constantemente, con artículos describiéndolos como el “cáncer para la sociedad catalana” (ABC) y pidiendo su “decapitación… y su arrinconamiento en el basurero de la historia” (El Español).

Un lenguaje de tendencia fascista como tal fue empleado en vísperas de una manifestación instigadora el domingo llamada por el PP y la antisecesionista Sociedad Civil Catalana, una organización con vínculos con la extrema derecha. Respaldados tanto por Ciudadanos como por el Partido Socialista, y promovidos ampliamente por la prensa con sede en Madrid, fueron transportados nacionalistas anticatalanes y ultraderechistas de toda España a Barcelona.

El carácter ultraderechista de la demonstración fue reconocido por sus organizadores.

En una entrevista con El Confidencial, Javier Megino, vicepresidente del movimiento D’Espanya i Catalans, aceptó que iban a haber neofascistas y ultraderechistas presentes, como sucedió en una demonstración contra la independencia de Barcelona hace dos semanas. Cuando se le preguntó si generarían violencia, Megino respondió: “cuando juntas a tantas personas, es imposible controlarlos a todos”.

Esta protesta evidentemente no procura representar a la “mayoría silenciosa” de la población catalana que se opone al independentismo, como lo representa la prensa. En cambio, buscan provocar una confrontación entre fuerzas independentistas catalanas y fascistas que el Gobierno buscará explotar para justificar una represión.

El peligro político grave es que la clase trabajadora en España y alrededor del mundo no está siendo movilizada en contra de las medidas represivas siendo alistadas por Madrid.

En este punto de quiebre, los obreros catalanes y españoles tienen que evaluar las fuerzas políticas que dicen defenderlos.

El primer ministro regional, Carles Puigdemont, continúa llamando al diálogo, una opción rechazada por Rajoy, quien lo ha declarado un criminal. El viceprimer ministro, Oriol Junqueras, está preocupado primordialmente con los anuncios de varios bancos y compañías importantes, como el Banco Sabadell, CaixaBank, el gigante energético Gas Natural, Abertis, la firma de biotecnología Oryzom y la corporación de telecomunicaciones Eurona, de que se están yendo de Cataluña por temor ante lo que depare el impulso independentista en el futuro.

La legisladora de la CUP, Eulàlia Reguant, le comentó al diario catalán Nació Digital que su partido está trabajando en un plan para tomar control del territorio catalán, incluyendo puertos y aeropuertos, mediante la aprobación de un proyecto de ley que haga que los 17 000 Mossos “dejen de ser policía de la justicia española”.

El pseudoizquierdista Podemos insiste en sus llamados de diálogo, mientras crean ilusiones en un Gobierno conjunto con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) como alternativa para el PP, incluso cuando el PSOE decidió participar en la protesta ultraderechista del domingo y está colaborando con Rajoy en la preparación de una intervención violenta.

Basándose en una denuncia del Partido Socialista de Cataluña, la sección regional del PSOE, el Tribunal Constitucional de España prohibió la sesión del lunes en el Parlament, en el que se esperaba que los partidos secesionistas declararan la independencia unilateralmente.

Después de un cuarto de siglo de guerra imperialista y austeridad de la UE desde que la burocracia estalinista disolviera la Unión Soviética, la democracia europea está en su punto de ruptura. Una década de profunda austeridad desde el crack de Wall Street de 2008, que llevó el desempleo español al 20 por ciento, ha destrozado la economía española y ha desprestigiado a su élite gobernante. En medio de una crisis profunda del régimen post-franquista en España, y mientras la clase gobernante ataca salvajemente los derechos democráticos en diferentes países de Europa, la burguesía española está usando la crisis catalana para volver a un régimen autoritario.

Hay que oponerse a los planes de Madrid para un derramamiento de sangre en Cataluña. La cuestión crítica es la movilización políticamente independiente, revolucionaria, de la clase trabajadora, no solo en Cataluña sino en toda España y en toda Europa, en una lucha contra la amenaza de guerra civil y de dictadura de Estado policial y por el socialismo.

Para ello es necesario romper conscientemente con Podemos y con los nacionalistas catalanes, que han trabajado durante el período precedente para confundir y desarmar a la oposición de la clase trabajadora, a pesar del descontento social explosivo. Mientras las masas de la juventud y de los trabajadores participaron en la huelga de protesta de un día del martes en Cataluña, CCOO y UGT, cercanas a Podemos y al PSOE respectivamente, tuvieron cuidado de no movilizar en absoluto a los trabajadores españoles de fuera de Cataluña.

La crisis catalana ha expuesto en particular la bancarrota de Podemos. Alentó sin parar ilusiones en el PSOE, que rápidamente está pasando a respaldar la represión en Cataluña desde el discurso del rey, exigiendo al PSOE que forme un gobierno conjunto para desbancar a Rajoy. Ante la capitulación del PSOE a Rajoy, Podemos está ahora estimulando ilusiones en el propio PP —aunque se avecine una sangrienta represión militar, y aunque Rajoy indique que no tiene intenciones de negociar con Barcelona.

En cuanto a los nacionalistas catalanes, que han dirigido una serie de gobiernos austeros en Cataluña que aplastó varias huelgas de trabajadores del transporte y del aeropuerto, sus planes reaccionarios de entablar vínculos con la UE y negociar con Madrid la formación de un Estado capitalista catalán están en ruinas.

Ante la posibilidad de represión militar, se informa que el pánico está cundiendo entre los simpatizantes de Puigdemont. Entre los nacionalistas catalanes de Barcelona, el diario de esa ciudad La Vanguardia escribía, “Una fuerte sensación de vértigo recorre toda la sociedad, perforando los entusiasmos militantes, las visiones revolucionarias, las indignaciones mayúsculas, los ardores patrióticos…”. Añadió que “la severidad y la contundencia” del discurso del Rey “han acentuado esa sensación de vértigo: el temor a que la escalada en curso acabe en catástrofe”.

Incapaces de movilizar una más amplia oposición a la represión de Madrid en la clase trabajadora española, y hostiles a ello, la política pro-capitalista de los nacionalistas catalanes solo sirve para dividir a los trabajadores mientras es inminente un ataque sangriento desde Madrid. Está en la hora del día, la clase obrera catalana, apoyándose en el conjunto de la clase obrera española debe desplegar las banderas de la república y el socialismo, únicas divisas bajo las cuales podrá ser derrotarse la conjura burguesa y fascista que encabezan hoy Rajoy y Felipe VI. Los reformistas proburgueses del PSOE y Podemos han dejado a las claras que su política de “diálogo” sólo persigue ganar tiempo para viabilidad la derrota de la causa independentista y salvar a la burguesía española y por su intermedio a la Unión Europea.

A defender la causa catalana, la república y el socialismo.

 

Por qué todos los españoles deberían apoyar la revolución catalana

 

por El Robot Pescador//

En este artículo intentaremos exponer las razones por las que creemos que todos los ciudadanos españoles deberían apoyar el referéndum de autodeterminación en Cataluña y la rebelión popular que le rodea.

Como ustedes verán, las razones que se esgrimen, no tienen nada que ver con nacionalismo, independentismo o cuestiones de índole identitaria.

Lo que estamos viviendo, es una aparente “lucha de banderas”, que la mayoría de gente implicada vive como tal, pero que en realidad oculta algo más profundo.

Por esa razón, les pedimos que por unos instantes y mientras lean este artículo, dejen su bandera a un lado.

Ya la recuperarán después.


LA LUCHA CONTRA “EL RÉGIMEN”

Los lectores habituales de El Robot Pescador, habrán notado que en los últimos artículos en los que hemos tratado sobre el polémico tema del proceso independentista catalán, hemos hablado de las fuerzas que gobiernan España, refiriéndonos a ellas como “el Régimen”.

Cuando hablamos del RÉGIMEN, hacemos referencia a un conglomerado de poder que domina el país a su antojo, a través de una intrincada red de intereses.

El origen de este Régimen se remonta a la dictadura franquista (e incluso a mucho antes) e incluye a viejos poderes de la nobleza y la aristrocracia, la familia real, alto funcionariado del Estado de “carácter casi hereditario” que lleva manejando los mecanismos profundos del Estado desde hace décadas, y evidentemente, los altos poderes empresariales y financieros del país, encarnados en las empresas y grandes bancos del ÍBEX-35.

Esta red de poder, está por encima de los avatares políticos de España.

Son la ÉLITE DEL RÉGIMEN.

Ya estaban ahí durante el franquismo y siguen manteniendo exactamente la misma posición y el mismo poder durante la “democracia”.

La falsa socialista Gusana Díaz rendiendo pleitesia a uno de los amos del país (la presidenta del Banco de Santander) como corresponde a un buen esbirro del Régimen

Y eso es así porque básicamente fueron ellos los que dirigieron la falsaria transición española.

Esa transición “democrática” se produjo básicamente por una necesidad geoestratégica: debía construírse la Unión Europea, uno de los grandes proyectos de las élites mundiales para configurar la globalización, una UE inicialmente impulsada desde EEUU para obtener una Europa centralizada, sumisa y controlada en forma de gran colonia-mercado.

Pero para construir esa futura UE (con el paso previo del Mercado Común), era necesario eliminar las viejas dictaduras que había en el sur de Europa, básicamente por una cuestión cosmética. Las democracias avanzadas del norte de Europa no podían justificar un “hermanamiento” con dictaduras de corte fascista, que pronto quedarían obsoletas con la caída inminente del bloque soviético.
Así, a lo largo de los años 70, se permitió o se impulsó que cayeran las dictaduras en Grecia, Portugal y España.

Para realizar una transición política de una dictadura a una democracia en un país, hay dos opciones:

-La primera opción es cambiar el país de arriba abajo, eliminando a las élites que dominan el régimen dictatorial y empezando a partir de cero, lo que implicaría una revolución violenta o incluso una guerra civil para desalojar a los viejos poderes que dominan el Estado.

-La segunda opción es pactar con las élites que dominan el país para que sean ellas las que dirijan la transición; eso implica permitir a dichas élites que configuren a su gusto el “nuevo régimen democrático” para seguir manteniendo sus posiciones de privilegio, pero bajo una nueva apariencia, que permita la incorporación del país al nuevo marco geoestratégico.

Esto es lo que sucedió en España.

El heredero de Franco, el Rey Juan Carlos I, fue el encargado de encabezar simbólicamente la transición a la democracia simulada y se crearon líderes de nuevo cuño al servicio de los intereses norteamericanos, como el presunto socialista Felipe González, cuya primera misión en su servicio a los poderes externos que lo habían puesto como presidente, fue meter a España en la OTAN y posteriormente en la Comunidad Económica Europea.

Incluso se impulsaron “desde el poder”, supuestas revoluciones culturales (siempre indispensables en estos casos) que sirvieran de iconografía popular para que las masas pudieran “visualizar” el presunto cambio de régimen, como fue la “Movida Madrileña”.

Externamente hubo la apariencia de una transición hacia la democracia, pero en realidad, todo seguía igual: las Élites del Régimen seguían siendo las mismas y seguían manteniendo su misma cuota de poder.

Lo único que hizo falta fue reconfigurar, reestructurar, los escalafones inferiores de poder al servicio de estas élites, aquellos a los que podríamos calificar como los “lugartenientes” y los “esbirros”, para que se adecuaran a la nueva apariencia democrática del Régimen.

Jordi Pujol, jefe de un clan mafioso del Opus Dei; anti-independentista desde siempre. Este fiel esbirro al servicio del Régimen durante décadas, ha sido sacrificado por las Élites del Régimen cuando a éstas les ha convenido: el destino que merece una basura colaboracionista y traidora como él…aún esperamos a que lo metan en la cárcel…

Para ello se creó toda una nueva clase política (socialistas del PSOE al servicio del capital, ex-comunistas domados, sindicalistas apesebrados, nacionalistas regionales colaboracionistas, etc…), que permitiera montar el teatro de la democracia para mantener entretenidas y engañadas a las masas.

Si la corrupción moral más absoluta tuviera cara, sería la de esta basura humana

Evidentemente, estos lugartenientes mafiosos, se han estado peleando entre ellos por sus diversas cuotas de poder, es decir, por tener un pedazo de pastel más grande.

Las luchas políticas entre unos y otros han sido reales…pero siempre sin morder a las Élites del Régimen que lo dominaban todo y que eran, son y serán siempre sus AMOS.

Obviamente, todo este gran montaje, vino aderezado con la generación de toda una constelación de colaboradores del Régimen que chupan de éste en propio beneficio y que hacen todo lo que sea posible por mantenerlo en pie para no perder sus privilegios: intelectuales, académicos, periodistas, artistas, etc…

Aquí tienen a un magnífico grupo de paniaguados del Régimen, próximos a la mafia corrupta del PSOE, defendiendo con uñas y dientes ese Régimen que les ha permitido chupar del bote durante décadas.
Su manifiesto ha sido publicado en El País, el periódico portavoz de Bilderberg en España. Con eso ya se explica todo.

Cada uno con su presunta afiliación política o ideológica, pero todos defendiendo el Régimen que los alimenta.

Esto es el Régimen Español en la actualidad.

UNA METÁFORA PARA ENTENDERLO TODO

Si en España hay un ejemplo claro y diáfano de lo que es el Régimen, lo tenemos en el Grupo Planeta, propiedad de la familia Lara y que controla el imperio mediático Atresmedia.

El iniciador de este imperio mediático fue José Manuel Lara (después convertido en marqués del Pedroso), un “señor muy amable” alistado en el bando fascista durante la guerra civil, y concretamente bajo el mando del General Yagüe (apodado “el carnicero de Badajoz” por sus crímenes de guerra).

Lara entró en Barcelona como capitán de la Legión, donde se afincó, “haciendo fortuna”.

¿Y cómo la hizo? Pues bien, tras la guerra civil y enmedio de una brutal represión contra la población catalana en la que él colaboró muy activamente, este “gran hombre” se dedicó a robar a punta de pistola en las diferentes editoriales catalanas, llevándose la escasa materia primera para editar e imprimir, que tras el conflicto podía encontrarse. Con ello y con el apoyo de la dictadura, se erigió en jefe del Sindicado Vertical de Artes Gráficas, eliminando a la competencia y construyendo su imperio editorial.

Así fue como se erigió en una pieza importante de las Élites del Régimen.

Con la falsa transición a la Democracia, el poder mediático de ese Grupo Planeta levantado a través de la extorsión, no solo no disminuyó, sino que aumentó considerablemente, hasta el punto de convertirse en accionistas mayoritarios del Grupo Atresmedia, que controla dos de los grandes canales de TV del país: la Sexta y Antena 3.

La Sexta, es un canal que se presenta como “de izquierdas”, “progresista” y fervorosamente contrario al Partido Popular.

Del otro lado, tenemos a Antena 3, un canal mucho más conservador y que en su línea editorial, se muestra más próximo al Partido Popular.

Matias Prats, la gran cara de Antena 3. Hijo de Matías Prats Cañete, la voz del Régimen Franquista, voz del NO-DO y de las corridas de toros durante la dictadura….y como no, el hijo bien enchufado gracias a la falsa transición democrática

Y he aquí donde encontramos la gran metáfora de lo que es el Régimen en realidad.

Su auténtica naturaleza.

Ante nuestros ojos tenemos la apariencia de unas izquierdas y unas derechas enfrentadas políticamente, reflejadas en dos canales de televisión de masas aparentemente opuestos ideológicamente, que en realidad son propiedad de las mismas Élites del Régimen.

La mejor manera de visualizarlo, es imaginar a un titiritero que nos entretiene con los enfrentamientos y luchas de dos marionetas, una en cada mano.

Y debajo, ante el teatrillo, un grupo de niños gritando; nosotros, la población, la masa sometida e idiotizada, tomando partido por una marioneta u otra, por la “azul” o por la “roja”.

Al titiritero no le importan los chillidos de los niños, ni a cuál de las dos marionetas le toque vencer en la “función de hoy”. Las marionetas y el teatrillo son de su propiedad y eso es lo único que importa.

De hecho, ante la evidencia de que los niños han empezado a aburrirse de las dos marionetas, la “roja” y la “azul”, el titiritero ha creado dos marionetas nuevas: la “naranja” y la “morada”.

En la realidad española, esas dos nuevas marionetas han sido los partidos políticos de nuevo cuño: Ciudadanos y Podemos, cuya única función es mantener en pie la función y seguir entreteniendo a la masa idiotizada.

¿Recuerdan ustedes que tanto Ciudadanos como Podemos fueron impulsados mediáticamente en esas televisiones y medios propiedad de las Élites del Régimen?

Que no les quede ninguna duda que ambos títeres fueron creados para interpretar un papel concreto en la función.

Básicamente, Ciudadanos se dedica a intentar acelerar los tempos represivos del Régimen a la vez que hace todo lo posible por reforzarlo y apuntalarlo; mientras que Podemos se centra en reunir a todos los descontentos y “revolucionarios” para hacerles perder el tiempo en un infinito bla,bla, bla y que no se echen a las calles a derribar el Régimen, bajo la promesa de que si les votan a ellos (en las próximas elecciones de aquí a x años), cuando lleguen al poder (es decir, nunca), lo cambiarán todo.

Por lo tanto, no importa en absoluto por quién tomen partido los niños, si por la marioneta roja, la azul, la naranja o la morada.

Todas hablan por boca del titiritero y cumplen con el rol encomendado…

LA INDEPENDENCIA CATALANA, ENEMIGA DEL RÉGIMEN

Y he aquí donde entra en contexto la Rebelión Popular que estamos viendo en Cataluña.

El proceso independentista lo cambia todo, porque no se circunscribe en el falso enfrentamiento democrático, sino que ataca directamente a la existencia del Régimen en sí.

Lo veremos más claramente si seguimos con la metáfora del titiritero y del teatrillo.

Resulta que de repente, enmedio de la obra de este gran teatro de marionetas, un niño revoltoso se ha levantado y ha dicho: “estoy harto de este teatrillo, me quiero ir a jugar a la pelota”.

¡Maldito niño!

No se pone a favor de una u otra marioneta…¡lo que quiere es irse!

Eso es lo que han hecho los catalanes cuando han dicho que quieren votar para decidir su futuro. Han advertido que están dispuestos a levantarse y marcharse de la función porque están hartos de la pantomima y de las puñeteras marionetas.

Están hartos del Régimen.

¿Y cuál ha sido la respuesta del titiritero?

Pues todos lo hemos visto: ante la protesta del niño, ambas marionetas, la roja y la azul, han dejado de pelearse entre sí interpretando su ridículo papelito y han empezado a insultar al niño, a ridiculizarle ante los otros niños y a tratar de conseguir que sus compañeros lo obliguen a sentarse para que siga mirando la obra.

Eso es lo que han hecho, EXACTAMENTE, todos los medios de comunicación al servicio del Régimen.

De repente, han dejado de ser de “izquierdas” o de “derechas”, y han empezado a trabajar al unísono y a decir lo mismo sobre lo que acontece en Cataluña, propagando los mismos insultos, manipulaciones y mentiras.

Lo hemos visto con la Sexta y Antena 3. Lo hemos visto, CON TODOS.

Ya no hay diferencia en las líneas editoriales de el Periódico, el País, el Mundo, el Español, OK diario, la Razón, el ABC, la Trece, la COPE, Onda Cero, TVE, Cuatro o Intereconomía…ya han olvidado si les toca interpretar a la marioneta roja o a la azul, porque ahora, el que habla directamente, es el titiritero, las Élites del Régimen.

Ahora lo único que importa, por encima de todo, es impedir que ese niño revoltoso e impertinente, se levante y se vaya a jugar a la pelota; otros podrían irse con él y se acabaría el teatrillo.

Se acabaría el control sobre los niños y por lo tanto, el negocio.

El Régimen se iría al traste y se llevaría por delante a todos los chupópteros que viven de él.

De hecho, ese titiritero que ve peligrar su negocio, ya ha convertido a sus marionetas en puños y enfurecido ha salido de detrás del escenario para propinarle una sarta de tortazos al niño impertinente y obligarlo por la fuerza a que se quede.

Y de hecho, está pidiendo a los otros niños a que colaboren con él, que le insulten por querer levantarse y que le peguen si trata de marcharse…

Con sus ridículas marionetas encasquetadas en las manos y vociferando con grotesca voz aflautada, ahora ronca por una rabia incontenible, ese titiritero intenta convencer a los otros niños de que ese chaval revoltoso es “malo”, que está “loco” y que es un delincuente que quiere decapitar a las pobres marionetas, porque un “genio maligno” le ha convencido para hacerlo.

Y al niño lo amenaza, diciéndole que si se levanta y se va, se perderá en el bosque para siempre y “se lo comerán los lobos”.

Esto es EXACTAMENTE lo que está sucediendo en España en estos momentos.

Tenemos a un Régimen que ha enloquecido al verse en peligro y que trata como terroristas a personas que solo quieren votar.

Y hemos visto como todas las caretas han caído y como todos los lugartenientes, matones, esbirros, chupópteros y aprovechados del Régimen de todo pelaje, han salido a defenderlo a capa y espada, desde Felipe González a Jose María Aznar, desde Pérez-Reverte a Serrat, desde Eduardo Inda a Jordi Évole.

Serrat, otro apesebrado del Régimen. Actuaba en los mítines de un traficante de armas y de un terrorista de estado…ahora se opone a la revolución catalana, como corresponde…

Por esta razón el Robot Pescador se ha posicionado en favor de esta Rebelión Catalana.

Nosotros no queremos formar parte de ese grupo de niños miserables y lameculos que reprimen al compañero por el simple hecho de que quiere abandonar la función.

No hemos nacido para servir al Amo.

A ningún Amo.

En el vídeo, despedida de las unidades de la Guardia Civil que salen de la Comandancia de Huelva para ir a reprimir a la población catalana que se levanta contra el Amo…y que solo pide VOTAR por su futuro.

Esta turba adoctrinada en el odio que vemos en el vídeo, son una vergüenza para todos aquellos andaluces que a lo largo de la historia y repletos de dignidad, SÍ lucharon contra amos, señoritos y terratenientes explotadores, en lugar de servirles con la cabeza gacha como hace esta gentuza…una gentuza que, por cierto, si ha llegado a tener derechos no es gracias a su vomitivo servilismo, sino gracias a todas esas personas con dignidad, que a lo largo de la historia del país, se han rebelado contra los Amos.

Por eso insistimos en que debemos comprender, desde todos los rincones de España, que en el fondo, esto no va de banderitas, sino de aprovechar que ese “niño revoltoso” se ha levantado, para irnos con él y acabar de una vez por todas con el Régimen, derrumbando así las estructuras de poder controladas por un conjunto de élites criminales y corruptas.

Es hora de crear un país nuevo.

No se dejen engañar ni manipular más por los medios de desinformación de esas élites que han convertido España en un cortijo privado para sus corruptelas y latrocinios.

Un Régimen que ha ROBADO 40.000 millones de euros del fondo de Reserva de la Seguridad Social, el que garantizaría el pago de pensiones para los jubilados, y los han regalado a los bancos, propiedad de las propias élites del Régimen.

Un dinero que esas élites corruptas del Régimen han ROBADO y cuya consecuencia principal es que el Gobierno se vea obligado a pedir un crédito urgente de 10.000 millones para pagar a los pensionistas (créditos que PAGAMOS TODOS), puesto que el Fondo de Reserva que han saqueado para salvar SUS BANCOS, no dispone de dinero suficiente para afrontar las mensualidades del año que viene.

Pues bien, a tenor de su reacción represiva, esa gentuza, corrupta, criminal y ladrona, sabe que la rebelión catalana los pone en peligro real, como nunca antes las había puesto nadie.

Y si no, fíjense bien: esas Élites del Régimen nunca habían reaccionado de forma tan represiva; ni tan solo cuando la banda terrorista ETA mataba a políticos, policias o militares en el País Vasco.

Furgonetas de la Policia Nacional enviadas a Barcelona para traer la democracia…concepto que recuerda mucho a los “bombardeos democráticos” de EEUU por el mundo…

Porque en realidad, ese terrorismo etarra no ponía en peligro al Régimen, sino que en el fondo, ayudaba a legitimarlo, como todos los movimientos terroristas.

Sin embargo, lo que sucede en Cataluña, con esos cientos de miles de personas dispuestas a desobedecer pacíficamente en las calles, sí lo pone en GRAVE PELIGRO.

Y por eso envían barcos repletos con miles de policías antidisturbios a reprimirlo como sea.

Nobles catalanes aseguran ser “fieles a Felipe VI” y estar totalmente en contra del proceso. Los aristócratas tienen miedo de perder sus títulos o dinero si acaba llegando la independencia.

Y si no lo creen, simplemente, observen como las élites bancarias y financieras han reaccionado ante la rebelión catalana, a través de las declaraciones altisonantes de la patronal española CEOE y su filial catalana de Fomento del Trabajo; como han reaccionado los grandes bancos y entidades financieras, desde el Banco Santander, hasta las élites financieras de Cataluña como La Caixa o el Banc Sabadell, enconadamente opuestas a la independencia catalana.

Ya en el año 1919, en un discurso pronunciado en el Ateneo de Madrid, Salvador Seguí, “el noi del sucre”, un destacado anarcosindicalista catalán, aclaró sintéticamente: “Estad seguros, amigos madrileños que me escucháis, que si se hablara seriamente de independizar Cataluña del Estado Español, los primeros que se opondrían serían los capitalistas de la Liga Regionalista (conservadores catalanes) y del Fomento del Trabajo Nacional (la patronal catalana)

100 años después, esa advertencia se ha convertido en profecía y se ha materializado. Todas las élites empresariales y bancarias de Cataluña están en contra de la independencia catalana, muestra clara de que la raíz de la rebelión arranca de abajo y es un movimiento auténticamente popular.

El que fuera presidente del Banco de Santander, Emilio Botín, declaró que “Solo me preocupa Cataluña” y entidades como Andbank (donde tenía escondido el dinero la familia Pujol, colaboracionista del Régimen desde siempre), advirtió que “el riesgo más grande para el Íbex-35 era el 1 de octubre”.

Sin hablar de la furibunda reacción del Grupo Prisa, encabezado por una de las piezas fijas del Grupo Bilderberg, Juan Luis Cebrián, que pide la suspensión de la Autonomía Catalana vía Artículo 155 de la Constitución, para aplastar de una vez por todas a esos revoltosos catalanes.

Y si aún no están convencidos, observen las reacciones de los altos poderes de la Unión Europea.

Silencio cómplice ante la represión policial contra personas que solo piden poder votar pacíficamente para decidir su futuro. ¡Claro que se apuntan a la represión! ¿Qué sucedería si las poblaciones de sus países tomaran ejemplo y también empezaran a salir en masa a la calle desobedeciendo ante cualquier atropello?

Muchos, intoxicados por las mentiras de la ultraderecha española del Régimen y sus cómplices pagados de la “conspiranoia alternativa”, hablan de “élites oscuras que han manipulado a los catalanes”…pues bien, que nos digan ¿dónde está el apoyo de esos presuntos poderes oscuros elitistas que impulsan el secesionismo catalán?

De momento, esas élites solo se manifiestan en contra de la independencia y de forma agresiva, desde The Economist, propiedad de la familia Rothschild, hasta JP Morgan y las grandes agencias de Rating financiero.

Así pues, dejen de creer en la obra de teatro, olviden lo que les están diciendo las marionetas con sus ridículas voces distorsionadas y observen la realidad tal y como es.

Salgan de la ficción teatralizada, miren al titiritero a los ojos y observen su reacción de ira descontrolada contra ese “niño revoltoso”, esa población catalana desobediente que quiere levantarse e irse.

Fíjense en cómo todo el Régimen al completo, de forma monolítica, ha reaccionado contra el movimiento independentista catalán y pregúntense por qué.

Y observen con vergüenza como la España servil, la adoctrinada durante siglos en la humillación ante el amo, la que no abre la boca cuando se lo roban todo, apoya entre vítores a los que irán a reprimir a los que osan levantarse.

Ahora es hora de decidir si todos nos levantamos contra este Régimen Criminal que ha secuestrado España, o si decidimos apoyar ciegamente al Amo y aplaudimos la represión, esta vez contra los sublevados catalanes y el día de mañana contra cualquier otro colectivo “revoltoso” que no obedezca.

Esta es la auténtica esencia de lo que está sucediendo…

 

 

Entrevista a Josep Fontana: Sobre Cataluña y el 1 de octubre

Josep Fontana (Barcelona, 1931) es uno de los historiadores de referencia en España, autor, entre otros, del libro Por el bien del Imperio. Una historia del mundo desde 1945, y profesor emérito de la Universidad Pompeu Fabra. Su relación con los libros, y su lectura, comenzó en su infancia: su padre tenía una librería de viejo. Su último libro es El siglo de la revolución. Una historia del mundo desde 1914. La entrevista se realiza por teléfono, un aparato que detesta, y más para conversar sobre política, historia y Cataluña.

¿Qué pasará a partir del 2 de octubre si tenemos en cuenta la historia de España?

Lo peor que puede pasar es que algo que empezó mal acabe peor, pero si quieres decir en términos de la situación política, nada de nada. Si hay algo que me parece escandaloso en lo que está sucediendo es que el PP esté agitando la opinión pública española diciéndoles que la celebración de una consulta implica después la secesión de Cataluña cuando sabe que esta secesión es imposible. Es imposible porque implicaría que el gobierno de la Generalitat tendría que pedir al Gobierno de Madrid que tuviera la amabilidad de retirar de Cataluña al Ejército, la Guardia Civil y la Policía Nacional, y renunciar pacíficamente a un territorio que le proporciona el 20% del PIB. Es un escenario imposible. Pensar que esto puede suceder es una estupidez. Entonces, ¿a qué viene crear un clima próximo a la guerra civil con esta excusa?

¿Se puede decir que los países que han logrado la independencia lo consiguieron a través de una negociación checos y eslovacos–, la guerra o aprovechándose del hundimiento de un imperio como el soviético?

Chequia y Eslovaquia fueron un caso excepcional. A los checos les estorbaban los eslovacos. Se pusieron de acuerdo en liquidar una unión que era bastante ficticia. El hundimiento soviético se aplica en los casos de las tres repúblicas bálticas y de Ucrania. El asunto de la guerra es más complejo. El único caso real de independencias en lo que llamamos Europa central y occidental es el de Yugoslavia. Allí hubo un pretexto legal. Se dijo que aquello no era una nación sino una federación, por tanto, la cosa era distinta. A Alemania le interesaba la independencia de Eslovenia, que era su satélite económico. No esperó siquiera a ponerse de acuerdo con la UE para forzar las independencias de Eslovenia y Croacia. El asunto se resolvió con los bombardeos de la OTAN. Es decir, las independencias de Croacia, Bosnia-Herzegovina y Kosovo se alcanzaron con los bombardeos de la OTAN. No me parece que sea un precedente útil para aplicar en ningún otro caso.

Hay otro precedente, el de Montenegro. Su referéndum de independencia lo organizó la UE, en concreto, Javier Solana. Impuso dos condiciones: una participación por encima del 50% y un “sí” superior al 55%. Tuvieron ochenta y tantos por ciento y el 55,9%.

Era un caso que se presentaba en una situación como la de Serbia, prácticamente desintegrada y con muchos problemas externos e internos. Por lo que representa Montenegro respecto a Serbia no se puede comparar con los que representa Cataluña respecto al Estado español.

¿Sirven los casos de Escocia y Québec: referendos pactados con unas condiciones claras?

Sí, pero como en ninguno de los dos casos se ha llegado a tener que plantearse el problema de una separación, es difícil saber cómo se habría negociado. El nuestro es distinto: pensar que va a haber en Madrid un gobierno dispuesto a plantearse una negociación de separación respecto de Cataluña es una idea fantasmagórica.

Podemos estar así otros diez años, en conflicto permanente.

Pues sí. Es un conflicto que…, vamos a utilizar el tipo de conceptos que utiliza Rajoy, lleva 500 años y que ha empeorado seriamente. Es un conflicto que podía haber encontrado un camino mejor, pero hay que recordar que el ascenso del soberanismo empezó en 2010 con la salvaje destrucción de un Estatuto que había sido aprobado por el Parlamento catalán. Supongo que el PP se lo cargó para obtener votos, que debe ser el motivo por el que ahora impulsa este clima de confrontación. Aparte de para conseguir votos, que le son bastante necesarios, le sirve también para que se olviden de los problemas de la corrupción.

El soberanismo ha conseguido en estos años dos cosas importantes: que la posibilidad de una Cataluña independiente esté constantemente en los medios de comunicación, es algo que se ve como una opción al plazo que sea, corto, largo o muy largo, y que cada vez hay más gente que acepta que la única solución es un referéndum pactado.

Lo que se estaba planteando para el 1 de octubre, y que muchos defendemos teniendo en cuenta que una secesión en los términos actuales es imposible, era una consulta que como mínimo permitiera a la gente expresar su opinión. Expresar sus quejas sobre muchos años de mal gobierno. Buena parte de todo esto nació por la ofensa del Estatut y como rechazo de las políticas aplicadas para la salida de la crisis. Había un malestar profundo, un sentimiento de maltrato especial. Había motivos que justificaban que se dejase por lo menos expresar esta opinión.

Hay que recordar que cuando se hizo una votación el 9-N no pasó nada, que es lo mismo que podía haber sucedido si eso se hubiese encauzado de manera civilizada, si se hubiese considerado como un punto de partida para empezar a encontrar vías de negociación para solucionar el descontento. Pero no hay ninguna intención de esto. En el fondo, al PP le interesa la confrontación. Está presentando esto ante la opinión española como una agresión que les afecta a todos, que puede afectar a sus pensiones, a sus subsidios. Todo eso siempre le ha sido rentable. Tengo pocas esperanzas de arreglo a corto o a medio plazo.

Ortega y Gasset decía que el problema catalán es irresoluble, pero también parece que lo es el problema español: encontrar un encaje que satisfaga a todos.

No sé si se puede encontrar un encaje de Estado que satisfaga a todos, entre otras cosas porque eso implicaría también el encaje de una sociedad. Una de las cosas que me sorprendió es ver que entre los más entusiasmados con un proceso secesionista figurara gente que he conocido, jóvenes de 20 a 30 años con una muy buena carrera universitaria, con másteres, etc., que a todo lo que pueden aspirar es a un trabajo poco más que de becarios y con sueldos miserables. Esos jóvenes han llegado a creer que un cambio, cualquier cambio, no puede ser a peor. Por eso hay también un elemento de encaje social. No diría que el tipo de política que aplica el PP sea como para conseguir entusiasmos de una parte importante de la sociedad española. Creo que hay muchos problemas en los que tendría que pensar, porque le afectan. Pero crear un objetivo de lucha como este le resulta rentable para las próximas elecciones.

El Estado español, sobre todo en el siglo XX, ha confundido ser fuerte con ser autoritario, que no es lo mismo, ¿no?

Para ser fuerte necesitas consenso, necesitas una política que te de consenso. Cuando se ha intentado aplicar en España una política que implique consenso han venido las reacciones para evitarlo. Tenemos una dramática historia, que es la historia de la Segunda República, que anda todavía tirada por los suelos, denigrada para justificar lo que se hizo y para volver a marcar el reloj hacia atrás.

Me asombra que los partidos piensen poco en estos momentos con serios problemas globales. Hay un empobrecimiento y debilitamiento de una gran parte de España que debería empezar a alarmarnos. Amigos míos que viven en Galicia me explican que muchos pueblos se mantienen con viejos que viven de las pensiones y de lo que cultivan en el huerto. Hace poco otro amigo, que volvía de Salamanca, estaba asombrado de cómo esta cerrando el comercio en el centro alrededor de la plaza Mayor. Salamanca está perdiendo población. Hay un problema que afecta a Galicia, a buena parte de Castilla y León y a Extremadura, que es un problema de debilidad y de empobrecimiento que no parece preocupar a nadie.

El historiador Josep Fontana. / Enric Català
Josep Fontana ENRIC CATALÀ

¿Se puede decir que estamos ante un conflicto de legitimidades en el que las instituciones del Estado no tienen el prestigio necesario, como el Tribunal Constitucional?

El Tribunal Constitucional se crea de una manera para que su composición esté determinada por las cúpulas de los partidos dominantes, fuera de la capacidad de actuación de la opinión pública. Este país ha tenido, por lo menos desde el 23-F, un gobierno turnante de dos partidos que se han puesto de acuerdo siempre que ha convenido y para lo que ha convenido. Hemos visto de qué forma han ido evolucionando los viejos líderes, del Felipe González revolucionario a lo que acabó siendo. Aquí hay un problema que muchos no quieren reconocer, que la forma con la que se estableció el pacto en la Transición no daba muchas garantías. Todos creímos que aquello era un comienzo y que a partir de allí las cosas se irían adecuando a la realidad, pero no parece que haya sido así.

Cataluña también tiene problemas que han provocado el empobrecimiento democrático de sus instituciones. Y tiene un problema grave de corrupción, igual que el resto de España.

Y tanto.

Es decir que la ilusión de pensar que ‘si nos independizamos, todo será maravilloso’ no tiene una base de realidad, parte de una situación igual de contaminada.

Pero están los que piensan en la posibilidad de una independencia inmediata y los políticos que se apuntaron para ganar votos. Hay gente que ha acabado asumiendo que ese es su papel histórico, y que si tienen que sacrificarse se sacrificarán. Hay otros que no, otros que se lo plantean seriamente. Y está la gente de la CUP: un partido revolucionario que está haciendo un papel extraño que no les corresponde dentro de una política parlamentaria. Son gente joven que en su actuación en los municipios ha sido muy limpia. Su hora es para el momento en el que haya una situación revolucionaria que permita crear una sociedad diferente. Luego están una parte de esos desesperados que han llegado a creer que con la independencia se podían resolver las cosas.

Tengo experiencias espectaculares, como la de un viejo dirigente corrupto que se acercó un día en el que había dado una conferencia sobre los problemas de la sanidad pública y mostrado mi sorpresa de que los políticos no se preocupasen por estas cosas. Se acercó y me dijo sonriente: “Con la independencia se solucionará todo”. Pienso que creía que eso incluía también sus problemas personales.

No vamos a hacer una historia de buenos y malos. En todo caso, me es difícil no meter al PP en el rango de los malos. Pero, del otro lado, no pondría a todo el mundo entre los buenos. Hay gente que ha llegado a adquirir una fe. Un día conversaba con un periodista, le decía lo mismo que te he dicho, que no podías ser independiente si tenías dentro el Ejército, la Guardia Civil y la Policía Nacional, y pregunté, ¿qué pasará? Él respondió: “Intervendrá Europa”. Es la fe en un milagro que pueda resolverlo. No es una situación fácil. No digo que esta sea una batalla entre buenos y malos, pero es una batalla en la que posiblemente perdamos todos.

Además de los problemas de España, la falta de una estructura sólida del Estado, la pérdida de los restos del imperio en 1898, y lo mucho que afectó a Cataluña y a su industria, estamos viendo la pérdida del prestigio de las élites tradicionales políticas y económicas.

Ha sucedido a escala europea y, diría, mundial. Es lo que explica la elección de [Donald] Trump frente al viejo aparato del Partido Demócrata. Es algo que se está produciendo en muchos lugares. Eso que cuando empezó a producirse se llamó el populismo, que es donde se mete todo lo que estorba. Tony Blair, que sabe bien de qué habla, dijo que se estaba perdiendo un sistema que funcionaba gracias al prestigio de unas élites que se intercambiaban en el poder, derecha e izquierda, y que podían mantener esta sociedad unida, pero que estas élites estaban perdiendo su prestigio y a saber lo que saldría de aquí. No hay que ver más que la situación de Gran Bretaña o lo que ha pasado en Francia con el Partido Socialista. Aquí todavía no, aquí hay un inmovilismo difícil de interpretar. Permite mantener el sistema de bipartidismo turnante, que parece que va a aguantar un tiempo, hasta que la gente no pueda resistir más.

El historiador Josep Fontana. / Enric Català
Josep Fontana. ENRIC CATALÀ

Parece que hay más táctica cortoplacista que estrategia. Si hubiera estrategia no se atacaría tanto a Podemos y Ada Colau. Representan un puente, dividen al independentismo exprés.

Y eso es lo que les preocupa. En el caso de Colau y de la gente que va con ella están jugando lo más sensatamente que pueden. Cuando se presentó a las elecciones municipales, que parecía una insensatez, fui de los que les apoyó porque eran lo más limpio que había. Son gente que quiere, como quiere la mayoría, que se deje opinar a la gente, que creen que no es sano que te impidan expresar tu opinión poniéndote un policía delante, pero que por otro lado saben que no tiene sentido jugársela más allá en una opción que no puede producir más.

Lo que hay que hacer no es resignarse, lo que hay que hacer es plantearse objetivos de lucha racionales en los que puedas movilizar a la gente y con los que puedas aspirar a ganar cosas, que bastantes cosas hay que ganar todavía. Me parece que su actitud es sensata. Es evidente que en la medida que amenazan al sistema establecido, causan molestias y les quieran dejar al margen.

En el fondo es una lucha de élites, ¿no? La élite, digamos, española que nace del siglo XIX y del franquismo, que es la élite económica que maneja política y todo esto.

Pues sí.

Que no quiere repartir ese poder centralizado con las élites de la periferia.

No solamente se trata de las élites de la periferia, porque las de la periferia están metidas en el tinglado contra todos. Si hay alguien aquí al que no le interesa esto del secesionismo son las grandes instituciones financieras como La Caixa y el Banco Sabadell. Al fin y al cabo, se dice que Ciudadanos fue una invención, por lo menos que la idea la tuvo el presidente del Banco Sabadell. Y en todo caso, el señor [Albert] Rivera no deja de ser un funcionario en excedencia de La Caixa. Por lo que se refiere a las élites, ya les va bien lo que hay. Serían otros sectores, tal vez el empresariado, pero es una cuestión que habría que analizar con cuidado.

El único que se ha ganado dinero fuera de la élite dominante, cuya riqueza en muchos casos procede del franquismo, es Amancio Ortega.

Sí, el caso de Amancio Ortega es especial. Supongo que se debe a que gran parte del dinero lo ha hecho fuera. Pero también hay otros que se han ido al garete. Buena parte de lo que era la gran industria vasca se fue a pique, casos como el de Abengoa en Andalucía. Es este sistema nuestro el que sacrificó los recursos que debían haberse destinado a los servicios sociales. Los sacrificó para el rescate de la banca, que consideró más importante. Hay una cosa escandalosa, que se puede observar con facilidad: hasta qué punto se han ido reduciendo los impuestos de las grandes empresas y las grandes fortunas, de qué forma los grandes negocios escapan a las obligaciones que son las que permiten que el Estado pueda proporcionar servicios. Es una cuestión que implicaría examinar la responsabilidad del aparato político, la de los viejos dirigentes de la izquierda como Felipe González que están perfectamente integrados en este negocio.

Las últimas veces que las élites mundiales perdieron el control, en 1910 y en 1930, tuvimos una guerra mundial. Hace unos días el jefe de la OTAN dijo que vivíamos en el momento más peligroso de los últimos 20 años. ¿Estamos tan mal?

Es una situación difícil porque depende de muchos factores. Depende de quién manda en Washington. Hubo un momento en el que Trump y su equipo, incluyendo a ese loco peligroso llamado Steve Bannon, parecían fijar las reglas, pero muy pronto aparecieron los militares y empezaron a tomar el control. Entre las cosas importantes está saber quién va a tomar las decisiones básicas de la relación con Rusia, de la relación con China y, sobre todo, lo que se debe hacer o no hacer en el Oriente Próximo.

Hay un enigma del que no sabemos lo suficiente: cuál es el peso de lo que pudiéramos llamar el poder político de Trump y su gente, que parece más bien débil, y cuál es el poder efectivo de los militares, que parece que sigue siendo mucho. Espero que se lo piensen mucho antes de llegar a una situación catastrófica, porque esta vez sería terrible. Por otra parte, las élites no tienen nada de qué quejarse en EEUU. Tampoco las élites económicas en Europa.

Lo que le interesa a la Alemania de la señora [Angela] Merkel es que los bancos alemanes sigan cobrando los intereses de los préstamos concedidos al sur de Europa, aunque sea desangrando a Grecia. No veo un motivo para crear inestabilidad. Digamos que el negocio de momento no les va mal. Hay amenazas, existe el problema de que vivimos en una economía sobrecargada de deudas, pero eso, en todo caso, puede provocar otro 2008. Es otra cuestión que nos lleva lejos de donde empezamos.

¿Se puede comparar lo que se está viviendo en Cataluña con el Brexit, donde hubo muchas emociones en juego además de muchas mentiras por ambos lados?

Hay cosas que son verdad. Hay que recordar que el dirigente que convocó el Brexit esperaba que no saliera. La prueba es que [David] Cameron dimitió después. El Brexit fue un voto contra las élites gobernantes, un voto basado en la falta de confianza en el Gobierno de Londres. Votaron campesinos, gentes de todos los rincones rurales, del mismo modo que en EEUU votaron por Trump. Personas que se sentían abandonadas, que habían dejado de creer en sus gobernantes y por eso votaron contra ellos. El caso de aquí es más complicado. ¿Hay mentiras en todos los lados? Evidentemente que las hay, faltaría más.

El historiador Josep Fontana. / Enric Català
Josep Fontana. ENRIC CATALÀ

Entre los elementos que mencionó por los que no puede haber independencia a corto plazo, hay otro fundamental: falta apoyo internacional. ¿Sería más fácil si tuviera detrás a EEUU, Francia, el Reino Unido, Alemania?

Es lo que decía, en el caso de Yugoslavia primero fueron los intereses de Alemania, y después, los aviones de la OTAN los que, bombardeando Belgrado, acabaron forzando que aceptasen las reglas del juego que había fijado Bill Clinton. En el caso de aquí, no lo hay aquí, más bien al contrario. No hay más que ver una cuestión importante que abona el sentido que lo que digo. Las grandes empresas no se han sentido afectadas por lo que está sucediendo, no creen que vaya a haber un cambio radical. A [Luis] de Guindos se le escapó el otro día que la inversión se mantenía sin ningún problema. No existe esta presión, no existe esa esperanza que tenían o tienen unos cuantos de que si hubiera un voto favorable espectacular, Europa intervendría.

Miquel Buch, presidente de los municipios catalanes, reaccionó ante la afirmación de que en caso de independencia Cataluña saldría de la UE, con esta frase: “Ellos se lo pierden”.

Eso lo puede decir la CUP. Para ellos, es coherente porque su programa dice: independencia y socialismo. Les importa un cuerno la UE, pero eso es otra cuestión. Para que se vea hasta qué punto las cosas son…, uno de los últimos planteamientos de [Carles] Puigdemont es que después del referéndum habría que negociar con España, pero no con Rajoy. ¿Qué hay detrás de esto, la idea de que el referéndum va a producir un cataclismo y va a cambiar el Gobierno español? Bueno, es seguir esperando esta especie de milagro que va a resolver lo que no tiene resolución.

¿Cómo se lo tomará la gente que cree que el día 2 va a haber una independencia automática cuando se dé cuenta de que no es así?

Hace mucho tiempo que sostengo, en los medios en los que he podido sostenerlo, que si me preocupaba esto era porque podría producir una decepción cuando lo que había que haber hecho era seguir luchando pero luchando por objetivos que fueran alcanzables.

No sé lo que va a pasar. Lo peor puede ser que el daño más grande no lo haga la decepción de la gente, sino hay que saber qué es lo que va a acabar haciendo el señor Rajoy, que parece empeñado en hacer todo lo posible para seguir irritando al personal. Puede pasar cualquier cosa.

Lo peor que puede pasar es que haya un muerto. Eso deja una herida que no se cura. La incompetencia o no sé si la voluntad deliberada de llevar las cosas a una situación tensa es tan grande que lo que me temo no es lo que pueda hacer la gente del procés, vamos a ver, aquí la gente que parece más empeñada, como la gente de la CUP, no tienen armas escondidas ni van a tirar bombas; lo que tengo miedo es lo que puede hacer el señor Rajoy.

¿Cuáles serían los objetivos factibles a corto y medio plazo en los que habría que centrarse?

Creo que hay que luchar por recuperar elementos de autogobierno, más que de autogobierno le diría que de autoadministración. Muchas de las inversiones previstas que salen de los presupuestos no se han acabado de hacer, o son gestionadas por entes como Adif o Aena, que son nefastos en la forma en que actúan. Hay que empezar ganando espacios de autoadministración, en espacios de autogobierno, y en eso sí que hay una batalla en la que se puede ir paso a paso tratando de conseguir cosas.

¿Es optimista a partir del día 2?

Es difícil ser optimista; y sobre el día 2, nada optimista. Mi esperanza es que después de cada garrotazo la gente acaba recobrando el sentido común. Tengo una gran esperanza en eso que si quiere podemos llamar de manera retórica “el pueblo catalán”, pero que voy a llamar la gente. Los que han ido a una manifestación contra la guerra de Irak o contra el Tribunal Constitucional son la gente de mi barrio. Tengo una gran esperanza en la capacidad de la gente para recuperarse y volver a ponerse en pie.

Jornada de resistencia popular catalana: ¿Se acabó el Procés?

por Oscar Blanco//

14 detenciones. 20 registros en sedes de Consejerías y otros departamentos de la Generalitat y empresas. Unas 15 horas de movilizaciones masivas casi espontaneas. Ayer Barcelona y Catalunya vivieron un día que fue cualquier cosa menos normal. La ofensiva represiva contra el 1 de octubre se convirtió de facto en una intervención de la Generalitat con las cuentas de la administración catalana controladas por Montoro y la detención de cargos como Josep Maria Jove, secretario general de Economía. Desde antes de las 9 de la mañana comenzaba a llegar gente a la puerta de las 4 consejerías registradas por la Guardia Civil y corría la convocatoria. El centro de Barcelona estaba prácticamente colapsado ya a las 11 horas con más de media Vía Laietana cortada y un corte en Gran Vía a la altura de Rambla Catalunya. En este punto dónde se encuentra la Consejería de Economía es dónde había el grueso más importante de manifestantes, ya eran unas 5 000 personas. Se fue convirtiendo en el lugar de la concentración en defensa de la democracia y las instituciones catalanas con Omnium y la Assemblea Nacional Catalana llamando a la gente a acudir.Por la tarde se llegó a las 20 000 personas concentradas y el registro de la Consejería se alargó aproximadamente hasta las 20h.

La CUP daba la alarma a las 13horas: Policiales Nacionales de paisano y encapuchados se presentaban en su sede nacional del calle Casp, confiscaban material de dos coches preparado para repartirse y pretendían registrar la sede sin orden judicial. En poco tiempo varios centenares de personas llegaban hasta la sede para solidarizarse, rompían el cordón policial y hacían retroceder a los agentes. Varias personas de la CUP, entre las que se encontraba el ex-diputado David Fernández, mediaron con la policía para organizar un cordón que permitiera sacar dos coches de los policías de paisano que continuaron encapuchados en todo momento. La presencia policial de la Unidades de Intervención Policial de la Policia Nacional y algunas patrullas de Mossos en los cruces de la calle Casp con Sardenya y con Marina era numerosa y en actitud intimidatoria. También se pudieron ver diversos policías de paisano infiltrados en la concentración de apoyo.

El asedio a la sede de la CUP se alargó durante más de 6 horas. La organización independentista y anticapitalista pidió reiteradamente calma y una actitud pacífica e incluso distribuyó unas instrucciones para ejercer la resistencia pacífica en caso de intento de desalojo de la concentración para acceder a la sede. La Policia Nacional se negó a informar a una comisiónformada por el equipo legal de la CUP, cargos electos y organizaciones defensoras de los derechos humanos de los motivos por los que se rodeaba la sede. Finalmente tras más de seis horas de concentración con unas dos mil personas y la presencia solidaria de diputadas de otras formaciones (como las anticapitalistas Sònia Farré d’En Comú Podem i Joan Giner de Podem), la policía se marchó y la euforia se apoderó de las presentes en la protesta al grito de “Els carrers seran sempre nostres” [Las calles seran siempre nuestras]. Una de las consignas más repetidas a lo largo de la jornada. Desde allí se desplazaron en manifestación cortando la Gran Vía hasta la Consejería de Economía dónde se añadieron a los miles de manifestantes que en ese momento escuchaban intervenciones de líderes de formaciones políticas y entidades soberanistas y actuaciones musicales.

En paralelo, Tarragona, Girona, Reus, Sabadell y otras ciudades catalanas vivieron a las 20 horas movilizaciones masivas y a las 22 horas una sonora cacerolada se pudo escuchar en los barrios y pueblos catalanes. También Madrid, Valencia, Cádiz y otras ciudades de todo el Estado vivieron movilizaciones a favor de los derechos civiles y contra la represión. La primera iniciativa solidaria se lanzaba desde “Madrileñ@s por el derecho a decidir” que abarrotaba la Plaza del Sol pese a las identificaciones policiales a las manifestantes y las amenazas de multas a las organizadoras.

Después de las 23 horas Jordi Cuixart, presidente de Omnium, y Jordi Sánchez, presidente de la ANC, intervenían en Gran Via con Rambla Catalunya para convocar una nueva movilización hoy frente al Tribunal Superior de Justicia de Catalunya exigiendo la libertad de las personas detenidas y para desconvocar la movilización a las 00 hpras. Simultáneamente formaban un cordón de voluntarios que permitía acceder a los antidisturbios de los Mossos de Esquadra a la Consejería y se vivían momentos de tensión con gran parte de las manifestantes que temían que el cordón sirviera para que la Guardia Civil saliera de la Consejería.

Más de cuatro horas después de finalizar el registro los agentes de la Guardia Civil seguían sin poder salir entre gritos de “este noche la pasareis aquí” o “esta noche os vais sin coche”, en referencia a los vehículos policiales aparcados frente a la Consejería y que llevaban horas llenos de carteles, pegatinas e incluso con una tienda de campaña sobre el techo de uno de ellos. Pese a los intentos negociadores de Cuixart y en especial de Sánchez, que entró a la consejería hasta tres veces a hablar con la Guardia Civil, una parte destacada de la concentración se quedó al grito de “No pasaran” y “Ni un paso atrás”. Ya pasaban la 1:30 horas cuando se desplegaron los antidisturbios de los Mossos de Esquadra y, tras varios avisos, cargaron contra los manifestantes que bloqueaban la puerta para abrir espacio. Al menos un manifestante resultó herido de cierta gravedad con una brecha en la cabeza que le cubrió el rostro de sangre. A las 3:30 horas la Guardia Civil abandonó finalmente la Consejería.

Desde la mañana una idea iba cogiendo fuerza: la huelga general. Previo al 11 de Septiembre la IAC y la Intersindical CSC habían impulsado un manifiesto estatal de sindicatos en apoyo al referéndum del 1 de octubre. Estas mismas organizaciones habían propuesto la posibilidad de una huelga general en defensa de los derechos civiles, la autodeterminación y contra el autoritarismo si el Estado impedía realizar el referéndum y lanzaban desde la IAC la propuesta de una reunión abierta al conjunto del movimiento social, cultural y sindical para organizar un plan de movilizaciones que incluya una huelga general y social. La consigna ha sido coreada en las diferentes concentraciones y habrá que ver si consigue cuajar una apuesta de ese tipo pese a la posición un tanto ambigua hacía el 1-O de Comisiones Obreras.

La sensación de cambio de fase se podía palpar en el ambiente. “No sé si vamos a votar o no, pero el Procés se ha acabado seguro. Después de esto no se puede volver a la lógica de dilatar y esperar” comentaba un activista ya de madrugada frente a la Consejería. Por la mañana, los estibadores de Barcelona decidían en asamblea no operar el buque Raphsody ubicado en el Puerto de Barcelona para albergar efectivos de la Policia Nacional y la Guardia Civil ni otros de esas características. Las estudiantes también cortaban la Diagonal o se concentraban por cientos en diferentes Campus con un acto central convocado en la Universidad Autónoma de Barcelona. Miles de personas se concentran en los momentos de finalizar esta crónica frente al Tribunal Superior de Justicia de Catalunya. Parece que hoy tampoco va ser un día normal en Catalunya.

España amenaza con una potencial toma de poder militar de Cataluña mientras el referéndum se acerca

por Alejandro López// 

El gobierno de España del conservador Partido Popular (PP) prosigue con sus medidas drásticas contra el referéndum sobre la independencia de Cataluña previsto para el primero de octubre. El presidente del gobierno Mariano Rajoy está amenazando con implementar una cláusula de emergencia en la Constitución española para impedir el voto.

El viernes, Rajoy viajó a Barcelona y dijo que los catalanes “están cometiendo un error, y nos estáis obligando a ir adonde no queremos ir”. La semana pasada, el portavoz de la bancada del PP, Rafael Hernando, y el Ministro de Justicia, Rafael Catalá, exigieron su invocación independientemente el uno del otro.

El Artículo 155, conocido ampliamente como la “opción nuclear”, dice que si un gobierno regional “no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno” puede asumir el control del gobierno regional para forzarlo a cumplir con sus “obligaciones” o a defender el “interés general”.

El artículo nunca ha sido invocado. Hasta hace poco, hasta Rajoy y el ejército español dudaban si invocarlo por miedo a que ello desencadenara una explosión social entre los trabajadores tanto de dentro de Cataluña como de fuera de esta.

El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) teme en igual medida tanto la posibilidad de la ruptura de España, como la de que la oposición a las amenazas dictatoriales de Rajoy se desarrolle fuera del marco de la política burguesa española. El líder del PSOE, Pedro Sánchez, respondió a los comentarios de Rajoy en Barcelona apoyándolo: “usted [Rajoy] hará lo que tenga que hacer”. Un editorial nervioso en El País del sábado, históricamente vinculado al PSOE, comentaba: “Es imposible que coexistan el orden democrático y el caos. No es estable. No es sostenible. Y sobre todo, no es aceptable. El gobierno no puede permitir que esa legalidad paralela se siga implantando…”.

El lenguaje y las acciones incendiarios de Madrid recuerdan la brutalidad de la dictadura franquista que gobernó España de 1939 a 1978. Esto solo aumenta la probabilidad de que el referéndum pase.

Madrid ha dado el paso sin precedentes de anunciar que se hará cargo de las finanzas de Cataluña esta semana para “garantizar que no se gaste ni un euro en actividades ilegales”, según el Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro.

El vicepresidente del gobierno catalán y de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), el dirigente Oriol Junqueras, ha dicho que esta medida es “una manera encubierta de liquidar las instituciones del país [es decir, de Cataluña] y una manera encubierta de implementar el Artículo 155 de la Constitución”. Los partidos independentistas —el Partido Demócrata Europeo Catalán (PdeCAT), la ERC, y las Candidaturas de Unidad Popular (CUP)— hasta ahora han seguido preparándose para el referéndum, haciendo actos públicos pidiendo el voto por el “sí”.

La policía militarizada, la Guardia Civil, se incautó de por lo menos 1,3 millones de folletos y pósters pro-referéndum en imprentas, cerró 10 sitios web que promocionaban el referéndum, y amenazó a los editores de noticias catalanes con querellas criminales si publicaban anuncios sobre el referéndum en sus periódicos o en sus sitios web. La policía local también está confiscando materiales pro-referéndum en las calles e identificando a cualquiera que tenga material pro-referéndum.

Los 700 alcaldes que permiten que espacios públicos en sus pueblos y ciudades alberguen urnas están siendo llamados a comparecer en los tribunales por apoyar abiertamente la votación. Se los amenazó con ser arrestados si se negaban a acatar.

Por el momento, el Poder Judicial no se ha propuesto arrestar al presidente catalán Carles Puigdemont. Sin embargo, el Fiscal General del Estado de España, José Manuel Maza, ha amenazado con hacerlo en una entrevista para el diario de derechas El Mundo, añadiendo que “no descarto de ninguna manera pedir sentencias de prisión”.

El único precedente que existe es bajo la Segunda República en octubre de 1934, sobre el que ahora se está discutiendo mucho. Estas amenazas constituyen una advertencia a la clase trabajadora sobre las enormes tensiones políticas que subyacen al presente conflicto. En 1934, en el contexto de la toma del poder del fascismo en Alemania, Italia y Austria, el gobierno conservador de España incluyó a ministros fascistas, provocando luchas revolucionarias en la clase trabajadora, especialmente en Asturias, donde los trabajadores intentaron establecer una comuna.

En Cataluña, las autoridades regionales proclamaron entonces un Estado Catalán dentro de la República Federal Española. La iniciativa fracasó debido a la falta de apoyo popular y al hecho de que la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) anarcosindicalista, respaldada por la mayoría de los trabajadores, no apoyó al gobierno catalán.

La represión que siguió llevó a la detención de miles de trabajadores y dirigentes políticos de izquierdas. Se cerraron centros políticos, se suprimieron periódicos y en Cataluña, el presidente regional Lluis Companys fue arrestado y se anuló el Estatuto que le daba a la región cierto grado de autonomía.

Se han referido a los acontecimientos de 1934 ambos Albert Rivera, el dirigente del partido Ciudadanos que se opone a la independencia catalana, y el antiguo Ministro de Exteriores del PP José Manuel García Margallo.

Hoy, la prensa de derechas está denunciando el impulso secesionista catalán en artículos tales como “La República ya suspendió la autonomía de Cataluña” (OkDiario), “El primer ‘Estado catalán’ duró once horas y terminó tras las rejas” (El Confidencial), “6 de octubre de 1934: el golpe que terminó en las alcantarillas” (Libertad Digital), o “La Cataluña del 34: de Companys a Puigdemont” (ABC).

Una vez más, como en los años ’30, la crisis del capitalismo ha sido testigo de ofensivas constantes contra la clase trabajadora en la forma de profunda austeridad, ataques a los derechos democráticos y un aumento del militarismo.

El asunto crítico es la movilización independiente de la clase trabajadora en oposición tanto a la élite gobernante de Madrid como a los independentistas burgueses en Cataluña y por la unidad de la clase trabajadora española con sus hermanos y hermanas de clase del resto del mundo. Ni la balcanización de España, ni el crecimiento de un aparato represivo policial centrado en Madrid, ofrecen nada a los trabajadores.

Los independentistas catalanes están reaccionando haciéndose pasar por defensores de los derechos democráticos. Las mismas fuerzas que han reprimido numerosas protestas y huelgas por parte de trabajadores y jóvenes a lo largo de los años contra sus sucesivas políticas de austeridad en la región se están presentando ahora como defensores de la “democracia” contra la “represión”. Puigdemont ha comparado la lucha de su movimiento independentista con Madrid con la Guerra Civil Española de 1936-39 e incluso con la Guerra de Vietnam, diciendo en una entrevista para la televisión, “Cada día es un Vietnam”.

El partido Podemos está profundamente dividido y, por ahora, permanece al margen. Aunque se opone al grado de represión de Rajoy, el partido afirma que este referéndum no es legal pero lo apoya como una “movilización ciudadana”. Como acérrimos defensores del imperialismo español y sus intereses geopolíticos en el mundo, se oponen al independentismo pero, como gran parte de la prensa burguesa europea y estadounidense, proponen hacer concesiones a los nacionalistas catalanes para frenar el impulso secesionista.

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, ha dicho que las medidas del PP están poniendo en peligro los intereses de España: “No solo nos gobiernan corruptos, también son inútiles y pirómanos que están llevando nuestra democracia a un estado de excepción”.

Podemos espera que el gobierno minoritario del PP se desgaste contra los secesionistas, abriéndole las puertas a un gobierno de coalición “progresista” entre el PSOE y Podemos que esté mejor capacitado para contener tanto la indignación social como el impulso secesionista catalán.

La OCDE promueve la mercantilización de la educación.

por Xavier Diez//

Si preguntamos a cualquier actor que participa en esa representación teatral cotidiana que es la escuela; esto es, alumnos, padres, madres, maestros, inspectores, personal de administración y servicios, académicos, políticos… expresarán cierta preocupación por la evolución de la educación en muchos sentidos. También muchos detectarán que uno de los problemas tiene que ver con la ausencia de un marco normativo mínimamente estable. Es más, detectaríamos una corriente de reformas que, al igual que sucede con otros sectores esenciales de la sociedad, parecen haber sido hechas con el ánimo de deteriorarla. En cierta medida, si existe un mínimo consenso entre la pluralidad de intereses y orientaciones políticas, es que la escuela tiene problemas, y que la evolución de los últimos años sólo hace que empeorarlos.

Reformas educativas a escala planetaria

Ahora bien, uno de los problemas que tenemos en nuestro país en general, y nuestra educación en particular, es nuestra proverbial tendencia a mirarnos el ombligo. Preocupaciones y angustias similares están aconteciendo en varios países. Y reformas polémicas y estériles también marcan las agendas políticas de países como Francia, Portugal, Inglaterra y Gales, Suecia o Italia.

Precisamente en Italia, Silvio Berlusconi, hombre capaz de hacer groserías sublimes cuando de defender la última reforma educativa se trata, y en un ataque de sinceridad, sintetizó lo que debían ser las líneas políticas que tenían que transformar el sistema educativo italiano en la línea de eficacia empresarial que tanto entusiasmo causa entre sus afines. Decía que, la educación italiana debía fundamentarse en las tres “I”: “Inglese, Informatica e Impresa” o en otros términos, había que redefinir su orientación para adquirir competencias tecnológicas, usar el inglés como lengua vehicular, y utilizar el sistema educativo para esta tendencia cada vez más extendida, hacer “enaltecimiento del capitalismo”, que es la finalidad que persiguen en todas partes nuevas asignaturas y contenidos como “emprendimiento”. En cierta medida, las tres “I” italianas, sirven para resumir las prioridades de las políticas educativas de los próximos años.

Más allá de simplificaciones más o menos brillantes, lo cierto es que los sistemas educativos occidentales están pasando por una fase de homogeneización. Cada vez las reformas educativas se parecen más unas a otras.

Y estas pasan por elementos como la estandarización especialmente a partir de procesos de evaluación cada vez más homogéneos y cuantitativos, con la voluntad de reducir la complejidad del hecho educativo a estadísticas y la gestión de datos al más puro estilo big data, (y aquí los informes PISA tienen una importancia capital), a hacer auditorías propias del mundo empresarial para puntuar escuelas e institutos, a aplicar procesos industriales y empresariales en un trabajo, la docencia, de carácter esencialmente artesanal.

También encontramos la sustitución de contenidos convencionales, tradicionalmente asumidos como aquel conjunto de saberes que debe conocer la ciudadanía por competencias básicas. Estas son definidas por Nico Hirtt como una simplificación de conocimientos y el aprendizaje de habilidades para adaptarse al cambiante mundo laboral. Con cierta ironía, el filólogo Jaume Aulet, las ha traducido como “lo básico para competir”, es decir, que el cambio de contenidos por competencias busca sustituir la escuela, de espacio de aprendizaje, a espacio de adiestramiento.

Muy ligado a esto, y como ya denuncia la filósofa Martha Nussbaum, otro de los pilares de las reformas consiste en abolir las humanidades. Aquellos conocimientos que servían para comprender el mundo (y que Marx advertía que era condición necesaria para transformarlo) ahora pasan a ser reservados para la élite. Porque, efectivamente, en los grandes centros académicos reservados para los alumnos destinados a mover los hilos en la arena global (Oxford, Eton, Cambridge, las universidades de la Ivy League, la ENA francesa, el col • legi del Pilar de Madrid, Virtèlia en Barcelona) potencian en sus currículos la filosofía o la literatura. Incluso en las academias militares de West Point o Sandhurst recomiendan a sus futuros oficiales a graduarse en alguna rama de las humanidades. Con las humanidades es posible adquirir las habilidades para pensar y mandar. Con las competencias básicas, destinadas para los estratos inferiores, se adquieren las capacidades imprescindibles para trabajar y obedecer, sin tener recursos para cuestionar órdenes.

Otro de los hechos que acompañan las reformas son los procesos de privatización, que pueden ser endógenos (con servicios, comedores, formación permanente, personal educativo, …), que pasan a ser gestionados por empresas, a menudo muy vinculadas al poder político; o también exógenos, es decir, que directamente las escuelas pasan a ser gestionadas por empresas. Esto es lo que pasa en Chile, en Inglaterra, Estados Unidos o Suecia, por poner un ejemplo. De hecho, de ejemplos curiosos podemos encontrar a manos llenas. En Chile se privatizaron gracias al golpe de Estado de Pinochet en 1973; en Nueva Orleans se usó la destrucción ocasionada por el huracán Katrina para eliminar prácticamente la red pública y pasar las competencias educativas a varias “charter schools” e impulsar los “vouchers” o “cheques educativos” para que las familias buscaran escuelas privadas. En Inglaterra, las reformas en la época de Tony Blair permitieron cerrar aquellos centros con malos resultados y pasar su gestión a empresas como Ferrovial, aunque una parte importante fue adjudicada a varias empresas como SERCO, especializadas en defensa, gestión de centros penitenciarios o de internamiento de extranjeros.

Hay otros países, como es el caso de Catalunya, donde quizá resulte más difícil que pasen cosas como estas, porque ya disponen de sistemas duales, es decir, con una fuerte presencia de centros de gestión privada, mayoritariamente a cargo de órdenes religiosas, que reciben una generosa financiación pública. De hecho, allí donde hay presencia de una red concertada, coincide con una fuerte dualización educativa; escuelas de ricos y de pobres; sistemas basados ​​en competencia desleal, lo que acompaña procesos de dualización social y sociedades internamente rotas y descohesionadas.

Finalmente, y aquí entraríamos directamente en el “cui prodest”, asistimos a una abducción de los sistemas educativos por parte del mundo empresarial. Los diversos lobbies empresariales hace décadas que tratan de intervenir en la política educativa con la intención de poner escuelas e institutos al servicio de las empresas. Los laboratorios de ideas de la patronal, como puede ser la Fundación Catalunya Oberta o EduCaixa están obsesionados con arrebatar al Estado el control de la escuela para que ésta forme trabajadores solícitos, y eviten que en las aulas, los docentes formen ciudadanos críticos.

Todo ello se acompaña de una verdadera involución del mundo universitario. Las reformas han comenzado por la parte alta de la educación, en el sentido de que han adquirido e imitado las fórmulas de los sistemas universitarios globalizados de Estados Unidos. El Plan Bolonia (2009) ha sido el punto de inflexión en el que, de acuerdo con las directrices del empresariado global ha subvertido las formas y los objetivos de las universidades. De formar élites, a convertirse en negocio; de convertirse en pilar de la cultura, a vender humo a crédito, al más puro estilo de la economía financiera. Vamos a concretar. Todos los estados europeos adaptaron sus sistemas universitarios excepto tres: Reino Unido, Irlanda y Malta. ¿Por qué? Por que todos eran ya Bolonia; con su sistema de créditos, las posibilidades de comercialización de servicios, su conversión de autonomía universitaria en un formato empresarial, en su sometimiento a los intereses económicos, en su erosión, hasta el final, de sus antiguas prácticas democráticas y la imposición de una fórmula de gestión propia de una Sociedad Anónima.

También, y teniendo en cuenta que un título universitario sigue siendo una apuesta para competir en mejores condiciones en busca de mayor estatus económico y profesional, y por su condición de ascensor social, es lógico que la principal reforma universitaria haya consistido en un encarecimiento de las tasas. Esto responde a dos objetivos. El primero, serrar el cable del ascensor, evitar que personas de estratos modestos puedan subir y blindar la posición de los que ya ocupan los pisos superiores, en un momento en que las clases medias sufren un riesgo serio de derrumbe. El segundo, y de acuerdo con lo que ya está pasando en Estados Unidos, en Latinoamérica, el Reino Unido (y aquí empieza a suceder discretamente) para alimentar la nueva burbuja: la burbuja educativa. Millones de familias y estudiantes se están endeudando para ejercer el derecho a estudiar y formarse. Los bancos ven en esta necesidad básica una fórmula de negocio a la que no quieren renunciar. La mayoría de estadounidenses de clase media con grado universitario continúan pagando una deuda inflada de manera artificial. Una anécdota muy significativa es que el propio presidente Obama no terminó de pagar hasta que llevaba unos años en la Casa Blanca.

El papel de los organismos financieros y las estrategias educativas globales

Como decíamos, nosotros percibimos localmente lo que es un fenómeno global. Detrás de buena parte de las reformas educativas sincronizadas encontramos a la OCDE. Este organismo internacional de carácter mixto entre las Naciones Unidas y un club de países ricos, fue en sus orígenes una entidad surgida de los acuerdos de Bretton Woods en 1944 que, bajo la forma de Organización para la Cooperación Económica Europea, fue encargada de gestionar el Plan Marshall de reconstrucción del continente después de la Segunda Guerra Mundial. A partir de 1961 tomó su denominación actual, y se convirtió en uno de los organismos encargados de promover el desarrollo económico de varios países, de acuerdo con los parámetros de la economía capitalista. Esta alianza de países, trataba de perseguir el crecimiento económico a partir de promover la estabilidad financiera, el comercio, la tecnología o las buenas prácticas gubernamentales. Esto implicaba que uno de los principales pilares deviniera la inversión educativa. Y, de hecho, durante las décadas de los sesenta y buena parte de la de 1970 impulsó reformas educativas para mejorar la eficiencia de la industria.

Un buen ejemplo es que la OCDE, uno de los pocos organismos que admitía España como miembro en una época, la franquista, de aislamiento internacional, participó en la elaboración del libro blanco de educación que dio lugar a la Ley general de Educación de 1970. La OCDE quería que España tuviera un sistema educativo que permitiera extender la escolarización primaria y secundaria a millones de estudiantes marginados del sistema educativo con el fin de promover una mano de obra mejor formada. Esto, en cierta medida la hace responsable de la masificación de los sistemas educativos en los institutos y en las facultades universitarias que vivimos en los años ochenta y noventa del siglo pasado.

El problema fue que, a partir de inicios de la década de 1980, cuando el sistema industrial fordista parece que empieza a tener problemas de viabilidad, esta estrategia de expansión educativa empieza a ser corregida. A partir de 1973 los economistas clásicos, la tendencia ideológica del neoliberalismo, se apropia de las viejas organizaciones de Bretton Woods (el FMI, el BM, el GATT), y termina haciendo involucionar las intenciones primigenias para pasar a impulsar otro tipo de política económica. La OCDE que sobre todo hace estudios, confecciona estadísticas con gran competencia y elabora informes muy detallados y profesionales, pasa de considerar los sistemas educativos como medios para alcanzar el desarrollo económico, a objetivos en sí mismos. La escuela ya no será aquel espacio tradicional de ascensor social, sino que pasará a ser considerado como un espacio de adoctrinamiento capitalista y un objetivo de negocio. La transición de un sistema industrial, fordista, a uno de financiero hace que la escuela ya no tenga que formar trabajadores para las fábricas, sino un no-lugar, en términos de Marc Augé, un espacio indefinido que a menudo se convierte en un espacio de tráfico o confinamiento en un capitalismo en el que pasamos del humo de las fábricas a fabricar el humo de la especulación financiera.

A partir de este momento, cuando el paradigma económico se transforma radicalmente, la OCDE asume el neoliberalismo como religión. Como todo sistema de creencias, impulsa sin recelos los 10 mandamientos compilados por John Williamson en 1989 en lo que se conoce como el Consenso de Washington y que, como todo pensamiento religioso, construye una tríada que convertirá el mantra actual a acatar por todos los gobiernos: desregulación, recortes y privatización. A mí me gusta denominarlo el Triángulo de las Bermudas, porque allí donde pasa desaparecen los derechos sociales, concretamente, el derecho a la educación, que pasa a ser transformada en un negocio más.

El neoliberalismo transforma a fondo las sociedades. Sin el viejo sistema industrial, con la especulación como principal industria, desde un punto de vista sociológico, pasamos de ser una sociedad de clases (en lenguaje marxista) a una sociedad líquida (en términos de Zygmunt Bauman). Este es uno de los factores que ha causado una gran desorientación a la izquierda, que ahora parece incapaz de comprender el mundo, y, por tanto, de transformarlo.

Vayamos por partes. Si bien durante la época que los historiadores franceses llaman “los treinta gloriosos”, referido al periodo de crecimiento económico de 1945-1975, y los anglosajones denominan la era del Wellfare, entramos de lleno en lo que el economista y premio Nobel Joseph Stiglitz denomina como la gran divergencia. A partir de este momento, las diferencias sociales se ensanchan en una medida que recuerdan la era anterior a la Primera Guerra Mundial. Diferencias de renta, salariales, y también culturales y educativas hacen insostenible toda cohesión social. Ya no podemos hablar de clases integradas en una sola sociedad, sino de dos universos paralelos, de galaxias que se alejan de manera virulenta. Así, usurpando una expresión de Umberto Eco, la sociedad ya no se divide entre “los de arriba” y “los de abajo”, sino entre los integrados (que gozan de redes de protección y seguridad) y los apocalípticos (aquellos que no tienen nada más que a sí mismos, van perdiendo los derechos sociales, y son a menudo presentados como una especie de zombis): los pobres, los inmigrantes, los ni-ni, la gente refugiada, precaria, …

Esto se traduce en lo que el pensador recientemente fallecido, Zygmunt Bauman denomina la sociedad líquida. Bauman considera que el cambio de paradigma se fundamenta en que las personas, que antes se consideraban ligadas a sus comunidades pierden los referentes, las seguridades que antes otorgaban instituciones sólidas (Estado, nación, clase, pueblo, profesión, sindicato, familia,…). Nadie parece garantizar la seguridad personal, ni el hecho de tener una carrera profesional, ni un trabajo para toda la vida, ni una familia más o menos estable. Ante los azares de la existencia y la globalización negativa, el individuo queda solo, abandonado a su suerte, sin anclajes colectivos ni morales, dejado a su propia responsabilidad. Cualquier éxito del pasado no servirá de gran cosa en el futuro. Cualquier título académico, en una dinámica de cambio y transformación constante, será rápidamente caducable. Aquí, como recuerda Christian Laval, cada uno debe hacer de empresario de sí mismo. La suerte o la desgracia es atribuida a la acción individual: cada persona es culpable de sus fracasos mientras que cada éxito resulta efímero. Las consecuencias son demoledoras. El individuo ya no tiene ninguna referencia, se encuentra solo, abandonado, desprotegido, y eso no hace más que generar un malestar y un miedo, que como constatamos en la actualidad, será explotado por cualquier aventurero político o por algún aprovechado dispuesto a vender soluciones milagrosas (casi siempre utilizando formas de “coaching” y pensamiento positivo). la precariedad ya está convirtiéndose en el nuevo modo de vida, la epidémía del siglo XXI, como nos recuerda Guy Standing.

Y aquí entramos en lo que el pensador Ulrich Beck denomina “la sociedad del riesgo”. La ausencia de seguridades, de seguridad económica, de tener trabajo, carrera, familia, comunidad, sindicato, vecindario, hace que vivamos en una sociedad donde cada persona corre el riesgo de perder el tren, de ser relegado, de perder el estatus. Ya lo hemos visto: Los votantes de Marine Lepen o Donald Trump expresan este mundo en el que los perdedores son los mismos de siempre, porque los riesgos son siempre asimétricos: las élites blindan sus privilegios y disfrutan de sus tarjetas Black, mientras que el resto son desahuciados de sus hogares con la tarjeta roja de la globalización negativa. Aquí, el gueto es la imagen física, la metáfora del mundo globalizado. Cuando hablamos de gueto nos referimos, tanto el conformado por las élites o para aquellos sectores acomodados que se aíslan en urbanizaciones privadas o escuelas privadas, como el generado por los perdedores del sistema, que viven sin trabajo estable, en entornos degradados, precarios y empobrecidos, como las banlieux de Francia o como los barrios de favelas o escuelas con elevados porcentajes de pobreza.

El gueto, o con más precisión, el hipergueto (en términos de Loïc Wacquant) deviene la forma de vida actual y del futuro. De hecho, Ulrich Beck utiliza el término de “Brasilerización de occidente” para describir estos procesos de marginación social y cultural. Barrios privados, acomodados, ordenados y cerrados y protegidos por vigilantes privados, rodeados de masas amenazadoras de perdedores, peligrosos, desordenados, sin normas, deshumanizados que los rodean, como una nueva era medieval en que las ciudades parecen islas de prosperidad rodeados del desorden feudal. ¿Qué papel juega la educación en este proceso? De hecho, la erradicación de las humanidades, como comentábamos antes, y como se quejaba la pensadora Martha Nussbaum, impide tomar conciencia de la propia condición, quita el pensamiento y el lenguaje a la masa creciente de desposeídos y facilita la tarea de dominación a la minoría beneficiaria del sistema. Que víctimas de la globalización en Norteamérica apuesten por alguien como Donald Trump, que es uno de sus principales impulsores, dice mucho sobre el envenenamiento y degradación del sistema educativo (y comunicativo) estadounidense.

Sin pensamiento crítico, hay dominación y explotación asegurada. Y, de hecho, fenómenos como la “pos-verdad” no se explican a partir de la sociedad de la información, gobernada por élites hipe-ricas, se degenera sobre lo que el filósofo situacionista Guy Débord había denunciado hace medio siglo: la sociedad del espectáculo, en que todo debate sobre cuestiones sociales ha pasado a convertirse en un único y plural reality show en el que las clases populares, como denuncia Owen Jones, son demonizadas, a menudo por ellas mismas.

Para que haya sucedido esto, ha sido necesario subvertir el paradigma educativo. La escuela fordista no era nada del otro mundo. A pesar de que ofrecía la oportunidad de convertirse en un ascensor social, no dejaba de ser, esencialmente, un reproductor de las diferencias de clase. Ahora, con escuelas y sistemas educativos diferenciados según el gueto de referencia, no las reproduce, sino que las potencia y las hace insalvables. El mundo anglosajón, y especialmente Estados Unidos ven la coexistencia de experiencias e itinerarios educativos tan singulares que es dudoso que exista lo que podríamos denominar un único sistema educativo. Hay desde escuelas google, donde se trabaja por proyectos y seminarios, de una manera muy “innovadora”, home scooling que permite a los alumnos no mezclarse con nadie que no sea de sus círculos, hasta escuelas penitenciarias, con regímenes de semi internamiento y detectores de metales como los describe David Simon en su magnífica serie The Wire. El resultado, un archipiélago educativo insatisfactorio, y que genera grandes déficits en todos los niveles, incluso respecto a la obsesión mostrada por la OCDE de la “empleabilidad”.

Sin embargo, esto no es ningún problema: Estados Unidos puede reclutar toda la mano de obra de cualquier lugar del mundo: matemáticos indios, ingenieros alemanes, astrofísicos,…. Esta nueva regla del juego genera la reconversión de los debates educativos. Si, hasta hace unas décadas, la prioridad consistía en discutir sobre las finalidades de la educación, el “para qué” servía la educación, qué tipo de sociedad se quería construir a partir de las aulas, ahora nos encontramos con la neutralización de estas cuestiones. En cambio, ahora parecemos obsesionados por el “cómo”, debates metodológicos buscando las piedras filosofales que nos deberían permitir mejorar la educación cambiando la manera de trabajar. Sin embargo, como nos explica el sociólogo de la educación, y principal experto en fracaso educativo Saturnino Martínez, sólo un 6% de los resultados se explican en función de la organización o las metodologías. Los factores fundamentales tienen que ver con la cohesión social y el entorno de los centros (a parte de la propia motivación y capacidad de resiliencia de los estudiantes).

En Catalunya La Escola Nova 21, Ara és Demà pretenden hacer creer, con ciertas dosis de pensamiento mágico, que es posible mejorar la escuela adoptando el trabajo por proyectos o cambiando el nombre de diversas técnicas pedagógicas que hace décadas que se vienen practicando en las escuelas. Centrar el debate sobre estrategias en el aula sirve para camuflar que, hoy por hoy, la escuela está diseñada para potenciar las diferencias, para hacer de las aulas callejones sin salida, para justificar que no se ofrezcan los recursos necesarios que, efectivamente, como demuestra la literatura académica, es lo que puede mejorar las posibilidades de nuestros alumnos. Estudios como el Tenessee ya han constatado que reducir las ratios a la mitad, propician mejoras de un 28 % de rendimiento académico de media, y hasta un 40 % en los alumnos más desfavorecidos. Por qué, pues, estos debates que, como se está demostrando en la azarosa trayectoria del Ara és Demà no están yendo demasiado lejos: efectivamente, porque las propuestas en los términos de una administración educativa que actúa como correa transmisora de las políticas educativas globales, está destinada al fracaso. Y el fracaso es precisamente el objetivo, porque busca deslegitimar los sistemas educativos públicos a fin de preparar las opiniones públicas para aplicar reformas en el sentido de las que se hicieron en las décadas de 1980 y 1990 (y aún en la actualidad) en Inglaterra y Gales: desmantelar el sistema público, privatizar, alimentar burbujas y blindar los guetos acomodados de la competencia educativa de los sectores más modestos.

Las resistencias

Frente estas circunstancias, hay que articular las resistencias. Y las resistencias no funcionarán sin alternativas viables y protagonizadas por la propia comunidad educativa mancomunada (estudiantes, familias y docentes). Esto no será posible si no somos capaces de articular debates públicos abiertos y honestos, con una participación ordenada, rigurosa y disciplinada.

Para ello, será necesario rehacer el diagnóstico actual sobre la situación de la educación. La situación de la educación en nuestro país, y en buena parte de la Unión Europea, si bien es mejorable, es mejor de lo que describen los medios y los supuestos expertos. A base del esfuerzo de los docentes, los alumnos y de las familias, el sistema, a pesar de las amenazas, aguanta. Uno de los problemas es el de su vulnerabilidad debido a que las administraciones públicas ya no representan los intereses de la ciudadanía, sino que están sujetos a las políticas globales dictadas desde organismos como la OCDE o el FMI, y que además han de cumplir con los acuerdos comerciales de la OMC que obliga a liberalizar los servicios (también la educación) a fin de que el capital internacional (y también el local) pueda vampirizar dinero público a base de gestionar escuelas, institutos y universidades. Por lo tanto, es necesario un proceso de reapropiación, gestión directa, desprivatización y blindaje respecto a cualquier interés económico. Esto también nos obliga a repensar la escuela, no tanto respecto a metodologías, como a recursos y finalidades.

Por todo ello, además, hay que plantear alternativas. Si bien los proyectos de futuro guiados por los diferentes gobiernos y poderes extraterritoriales no son precisamente estimulantes, lo que teníamos en el pasado tampoco es demasiado atractivo. Hacen falta proyectos propios, mancomunados, discutidos, agradables e inspiradores. En este sentido, la experiencia reciente de la ILPEducació debería ser un buen punto de partida para definir cómo debería ser la escuela de todos.

Y esto sólo será posible si establecemos una unidad de la comunidad educativa fundamentada en el empoderamiento de la base. Soy consciente de que en este artículo he abusado demasiado de citas de varios autores y numerosas referencias. Permitidme una última, y ​​no precisamente laica. La prioridad número uno, hoy por hoy, es expulsar a los mercaderes de nuestros templos.

 

(Fotografía: Sala de clases lista para convivencia, I. Salesiano de Valdivia, 1957)

Barcelona, mayo de 1937

El historiador Ferran Gallego acaba de publicar un libro, Barcelona, mayo de 1937 (Debate), que cuestiona o matiza las versiones más difundidas de lo que ocurrió en Cataluña, singularmente en Barcelona, del 3 al 7 de mayo de 1937. Con la publicación de este libro se abre de nuevo un debate sobre un tema que, a pesar de los setenta años transcurridos, sigue despertando pasiones sin que acaben de cerrarse las heridas (políticas) que se produjeron en aquellos acontecimientos.

—Como es sabido, el detonante de los hechos de mayo fue la toma de la Telefónica por los guardias de asalto. ¿Por qué decidió el Gobierno de la Generalitat arrebatar a la CNT, que se había hecho propietaria de esa compañía, el control de las comunicaciones telefónicas?

—Como bien has dicho, se trató del “detonante”, en una situación de crisis de las relaciones entre las fuerzas que constituían el Consell de la Generalitat –es decir, la ERC, CNT, la FAI, la UdR, la UGT y el PSUC– al que se sumaría el POUM, expulsado del gobierno en diciembre de 1936. La toma de la Telefónica, sin embargo, tiene un valor real y simbólico al mismo tiempo, porque implica hacerse con el centro de comunicaciones más importante que existía y porque implicaba un eslabón en una cadena funcional del debate de fondo: las relaciones entre el poder institucional y el poder de base de las distintas fuerzas sindicales y políticas. La disputa por el control de la Telefónica es un ejemplo claro de esta disputa por el poder o los poderes que está en el origen de los conflictos desde el verano de 1936. Un debate sobre control social de cada organización más relevante que lo que ha ido llegando hasta nosotros simplificado en términos de revolución y contrarrevolución.

—Pero la CNT estaba en el Gobierno, y no sólo en el de Cataluña, sino también en el de España. ¿Hemos de entender que hubo por parte del resto de los partidos del Frente Popular o del Consell de la Generalitat un intento de desalojar del poder a los anarquistas?

—Es posible que algunos sectores pudieran considerarlo así (y no me refiero a partidos enteros, sino a tendencias dentro de los mismos). Creo, con todo, que lo que explica mejor las cosas es que la CNT, sin rival en el movimiento obrero catalán antes de la guerra –a diferencia de lo que ocurre en el resto del territorio republicano– desea mantener una ambigüedad calculada sobre la configuración del poder político. No puede imponer el proyecto libertario, pero sí desea mantener ámbitos de independencia de gestión que se refieren, fundamentalmente, al control del Orden Público y al de algunas actividades económicas. Cuando se produce la consolidación de las instituciones y se precisa una cierta disciplina, que por lo menos vincule a quienes están en el gobierno como la propia CNT, ésta se resiste a abandonar esta versión difusa del poder. No es casualidad que la crisis gubernamental en Cataluña se produzca, el mes anterior a la crisis de mayo, como resultado de la aprobación de los decretos de orden público, que unificaban el mando y lo ponían en manos de sectores próximos al Conseller Aiguader, de ERC. El PSUC, en este conflicto, se orientaba claramente al reforzamiento de las instituciones, algo que le llevará a confluir con ERC aunque sin desear romper con la CNT. El PSUC sólo se había planteado la exclusión del POUM de la política catalana.

—¿Por qué el PSUC quería excluir al POUM? ¿Por qué este último partido fue expulsado del gobierno?

—La respuesta canonizada por una historiografía vinculada a la izquierda socialista y al trotskismo ha dado por sentado que se trataba de una respuesta a las presiones de la Internacional Comunista en una campaña contra el trotskismo que se iniciaría con el primero de los grandes procesos contra esta corriente, a comienzos de 1937. Las cosas son algo más complejas. Es indudable que para los “socialistas unificados”, el POUM aparece como un adversario político a batir, no como una fuerza con la que negociar, pero no únicamente como resultado de las presiones externas, sino por una dinámica de competencia de espacios en el interior de Cataluña que ya ha dividido a los marxistas en periodos anteriores. Tras la unificación de seis organizaciones de esta tendencia en el PSUC y el POUM en 1935-36, esta competencia pudo bipolarizarse con más comodidad. Sin embargo, el POUM pudo ser expulsado del gobierno con el acuerdo de la CNT y de ERC –de otro modo habría resultado imposible–, como resultado de las críticas que este partido lanzaba no sólo contra el Frente Popular, sino incluso contra los pactos firmados por la FAI, el PSUC, la CNT y la UGT en octubre de 1936. La expulsión fue, por tanto, un asunto de todas las fuerzas significativas en Cataluña y, según creo, un error táctico importante. El POUM no habría llegado a plantear una oposición tan radical al régimen –y no sólo al gobierno– si se le hubiera aceptado como hasta entonces.

—¿Podrías resumir brevemente la postura de las distintas formaciones políticas y sindicatos, amén de la reacción del gobierno de España, al producirse la insurrección de mayo tras la toma de la Telefónica? ¿Creyó el POUM que podía derribar al gobierno de la Generalitat y conseguir que los insurrectos tomaran el poder?

—Lo que podría indicarse, en primer lugar, es lo distintas que eran las posiciones de quienes levantan barricadas en las calles barcelonesas el 3 de mayo de 1937. Sectores con las Juventudes Libertarias, el POUM o Los Amigos de Durruti podían plantearse una sublevación contra el gobierno y la lógica de sus alianzas sociopolíticas: es decir, contra el conjunto de los grupos obreros y republicanos. Quien definió de forma más clara las cosas fue el POUM, que consideraba que la lucha contra el fascismo no podía desvincularse de la revolución socialista y, por tanto, había de pasar por la ruptura con las organizaciones que representaban a la burguesía. El POUM siempre expresó muy claramente que el antifascismo era una excusa para no hacer la revolución, que era históricamente adecuada y políticamente posible. Por ello, proponía la alianza entre su partido leninista y las organizaciones libertarias en un Frente Obrero Revolucionario. Sin embargo, la misma CNT que combatió en las calles de Barcelona no lo hizo con estos objetivos, sino para tratar de mantener las condiciones de poder adquiridas por el sindicato y evitar el deslizamiento del régimen hacia una acentuación de la disciplina, la homogeneidad gubernamental y la unidad del poder. Creo que las cuestiones socio-económicas tuvieron mucha menos relevancia que este aspecto. Lógicamente, entre el POUM y la CNT-FAI podía haber una unidad táctica inmediata, pero graves discrepancias estratégicas que permitieron, por ejemplo, que los negociadores de la CNT prescindieran tanto de las presiones del POUM para tomar el poder como de la representación de este partido en las negociaciones con el Consell de la Generalitat. La respuesta de los dirigentes de la CNT a escala española fue la de acudir a calmar el conflicto para tratar de negociar el mantenimiento de las condiciones existentes antes del asalto a la Telefónica. Sin embargo, por parte de socialistas, comunistas y republicanos, la insurrección fue contemplada como la prueba de la imposibilidad de seguir confiando en la capacidad de control de la CNT sobre su militancia y, por tanto, permitió abrir paso a nuevos gobiernos en Valencia y en Barcelona, que liquidaran la dirección de Largo Caballero en el ejecutivo central y la presencia de la CNT en ambos gobiernos. De igual forma, la insurrección se contempló, en especial por la prensa del PCE, como un movimiento que no iba dirigido contra el gobierno, sino contra el Frente Popular y el régimen republicano en su conjunto, lo que permitió establecer el mito de la colaboración entre el “trotskismo”, los “incontrolados” y “la quinta columna”.

—Un mito que, además de atentar gravemente a la verdad, ponía en el mismo saco a gentes que no siempre se llevaban bien. ¿Qué unía y que separaba a trotskistas, poumistas y cenetistas?

—Obviamente, tratar a la izquierda que no fuera partidaria del Frente Popular de ser filofascista o quintacolumnista es, como ya he dicho hasta la saciedad, una ignominia. La verdad es que me gustaría escuchar apreciaciones similares del mundo libertario, poumista o trotskista, cuando se acusa a los socialistas o comunistas españoles de ser simples agentes de Moscú. Para ir al meollo de la cuestión, lo que cabe destacar es la diferencia entre la CNT y cualquier versión del marxismo, sea poumista, trotskista, socialista o del PSUC. La CNT se plantea el comunismo libertario como objetivo, pero no será capaz de pasar a esa opción cuando se derrota al fascismo en Barcelona en julio de 1936. Por ello, decidirá aceptar el mantenimiento de las instituciones y la aceptación por éstas del poder alcanzado por el movimiento libertario. Tras la disolución del Comité de Milicias Antifascistas, la CNT aceptará la constitución del Consell de la Generalitat, formar parte del mismo y, además, acabará entrando en el gobierno central republicano. La tesis de muchos libertarios que han escrito sobre el tema es la existencia de una crisis de identidad de la CNT en unas condiciones inéditas: disponer del poder en la calle y no poder hacer la revolución anarquista. Sin embargo, creo que puede matizarse. Lo que se produce es, más bien, el deseo de hacer ambas cosas. Lo que quiere la CNT es ajustarse a una correlación de fuerzas en la que no puede desdeñar la existencia de ERC, UGT y PSUC, pero deseando sostener las zonas de poder ya obtenidas, en el ámbito del Orden Público o en la administración de la producción y los servicios. Lo importante es lo que no hay en la CNT. Y lo que no hay es una oposición al régimen republicano, sino una participación en el mismo en estas condiciones de poder difuso.

—¿Y en cuanto al POUM?

—En esto, la posición de la CNT no tenía nada que ver con la del POUM. A veces se olvida que el POUM es un partido bolchevique, leninista. No concibe más revolución que la toma del poder por la clase obrera y la ruptura de la República burguesa y el Frente Popular. Pero va más allá, y no lo digo yo sino los editoriales de La Batalla, el órgano del POUM: la formación de un frente unido con la FAI y la CNT, considerando que los “reformistas” –el PSOE, el PSUC, la UGT–, son enemigos de clase. La CNT, en Solidaridad Obrera, solicitará la formación de un gobierno CNT-UGT tras los hechos de mayo, lo cual significa no contar con el POUM, sino con la otra organización de masas existente en Cataluña y en el resto de España. Los trotskistas de aquel momento, agrupados en un pequeño grupo bolchevique-leninista y el propio Trotsky acusarán al POUM de ser un partido centrista, porque no han aceptado la unificación de la Izquierda Comunista de Nin con el Bloque Obrero y Campesino de Maurín. Y en 1937, un dirigente como Munis habrá de denunciar la incompetencia del POUM, que le impide hacerse con la vanguardia del movimiento y tomar el poder superando la República y el Frente Popular.

—¿Significa eso que el PSUC no era un partido leninista, dado que el PSUC no deseaba la ruptura del Frente Popular? ¿No estaba por la toma del poder por parte de la clase obrera?

—Naturalmente, el PSUC era un partido leninista. Pero he querido subrayar el carácter de partido leninista del POUM por la tendencia a confundirlo con una organización de izquierda socialista y apartarlo del espacio comunista. Aclarado este punto, nada secundario, lo que hay entre estos dos partidos –como ha ocurrido con el Bloque Obrero y Campesino antes– es una discrepancia acerca de la URSS y la III Internacional, cuyos carácter y estrategia son juzgados críticamente por el POUM, al contrario de lo que sucede con el PSUC. El PSUC es un partido peculiar, porque nace de un proceso de unificación obrera y socialista que comenzó a raíz de la ofensiva fascista en España desde 1934-1935 y que se realizó tras el estallido de la guerra civil. Siendo un partido de unificación entre socialistas y comunistas –su propio secretario general procedía de la Unió Socialista de Catalunya, muy moderada–, fue adquiriendo una posición más radical y se convirtió en sección catalana de la Internacional Comunista. El PSUC –contra lo que dice la historiografía vinculada al POUM sin dar pruebas documentales, más bien los especialistas han descubierto lo contrario– es un partido obrero en su composición, de clase en sus objetivos. Lo que ocurre es que la aparición del fascismo provoca una revisión estratégica que implica la necesidad de fijar la hegemonía de los trabajadores en un frente más amplio. Convendría recomendar las lecturas de los discursos de José Díaz, secretario general del PCE, cuando plantea en 1935 la idea de un Bloque Popular Antifascista que se vertebre a través de las Alianzas Obreras, y al que se sumen los grupos antifascistas de sectores populares. Lo que se defiende tras el estallido de la guerra y la correlación de fuerzas que ésta crea es, como es obvio, la defensa de una República contra la que se ha levantado el fascismo, pero que modificará su naturaleza, por la potencia adquirida por las organizaciones obreras y las transformaciones realizadas en el curso de la guerra, que se considera revolucionaria. El PSUC, podríamos decir, es un partido comunista con una estrategia de Frente Popular. Otra cosa será, como planteo en mi libro, la desviación gubernamentalista que el proyecto de democracia popular revolucionaria podrá crear a partir de mediados de 1937, cuando la guerra empieza a perderse con claridad.

—¿A qué te refieres exactamente al hablar de desviación gubernamentalista?

—El Partido Comunista defendió la idea de Frente Popular Antifascista como una estrategia que, a diferencia de lo proclamado por el PSOE y por Izquierda Republicana, no fuera simplemente un pacto electoral, sino un bloque cuya hegemonía debía corresponder a la clase más numerosa y cuya función histórica estuviera vinculada a la continuidad con la insurrección de 1934. Cuando se produjo la derrota del fascismo en lugares cruciales, los comunistas –que eran aún una fuerza minoritaria– aceptaron que la dirección política del proceso estuviera en manos de los republicanos y, más tarde, en el ámbito español, de los socialistas. Sin embargo, no renunciaron a las conquistas revolucionarias que ya se habían dado, y que fueron institucionalizadas con decretos como el de sindicación obligatoria o el de colectivizaciones. Creo, con todo, que a medida que la guerra empezó a ser desfavorable, en especial tras la pérdida del Norte, cuando la ayuda soviética comenzó a decrecer en la segunda mitad de 1937, al no poder competir técnicamente con el material alemán, se planteó básicamente ganar la guerra. Es decir, que hubo un desequilibrio en la ecuación guerra y revolución o, para decirlo en unos términos que superen este viejo debate, el PSUC –como el resto de las fuerzas republicanas y socialistas– empezó a considerar que los cambios debían realizarse desde el gobierno, creyendo que la imposición del orden exigía prescindir de las iniciativas de base, algo que es falso. Creo, además, que esta tendencia a considerar la gubernamentalización de la acción del partido como el objetivo a buscar, en esa lucha por el poder, es lo que acabaría provocando, incluso en la derrota del fascismo internacional, una tendencia a considerar que el área de acción de la izquierda revolucionaria debía priorizar las tareas de gobierno, ya fuera dentro de él o aspirando a regresar al mismo, tras la expulsión de los Partidos Comunistas de los gobiernos de Italia, Francia, Bélgica y Luxemburgo en 1947. Pero no creo que se trate de frenar la revolución económica –que estaba, en buena medida, realizada en los límites de lo aceptable por el Frente Popular–, sino de cómo lo que podía haber sido un doble espacio de acción pasa a ser, progresivamente, sólo uno.

—Volvamos a mayo del 37. Algunos historiadores han calificado la actuación de los comunistas de contrarrevolucionaria, y han visto la larga mano de Stalin detrás de la represión durante y después de la insurrección.

—Naturalmente, volver a mayo de 1937 significa haber establecido previamente cuáles son los análisis de las correlaciones de fuerzas, las estrategias y el carácter de cada una de las fuerzas en presencia. Sin ellas, lo que ocurre entre el 3 y el 7 de mayo carece de inteligibilidad, de la misma forma que no se comprende la actuación de los partidos antes de mayo y después del inicio de la guerra y lo que sucederá tras el fracaso del levantamiento contra el gobierno. Creo que hemos podido establecer que, con esta perspectiva, las motivaciones que llevan a la CNT-FAI y al POUM a participar en un movimiento contra el Consell de la Generalitat son distintas. Hemos podido establecer que las causas del movimiento no residen en la intervención de la Telefónica por las fuerzas de Orden Público –una expresión más adecuada que la de un asalto a manos del PSUC, considerando que la orden procede del Conseller de ERC responsable y, probablemente, del propio Companys–, no se refieren a una defensa de la revolución proletaria contra la reacción burguesa o estalinista. Por parte de la CNT, protagonista inicial del movimiento, se trataba de defender un ámbito de poder concreto en el mismo momento en que estaba discutiéndose qué hacer con los decretos de Orden Público que perjudicaban el margen de control social ejercido por los libertarios. Sólo por parte del POUM y de las Juventudes Libertarias ese acto de resistencia pudo convertirse en una primera fase desde la que poder asaltar el poder y establecer un gobierno de alianza entre libertarios y poumistas, estrategia que la dirección de la CNTFAI se negó a aceptar. El análisis de los acontecimientos realizado por la dirección del POUM después de aquella semana distribuye las responsabilidades entre la dirección de la CNTFAI y la del “reformismo” del PSUC. Si uno lee los editoriales de Mundo Obrero o Treball de aquellos días pueden verse las acusaciones dirigidas contra los encontrados y el “trotskismo”. Sin embargo, cuando vemos lo que dice El Socialista o La Humanitat, las condenas a la sublevación son similares, calificando de facciosos a sus inductores. No quiero ni podría negar que los mecanismos de poder dependientes de Stalin utilizaran la ocasión para descargar la represión sobre el POUM. Pero no ha podido demostrarse que los sucesos de mayo del 37 se prepararan por el estalinismo para poder hacerlo. Por el contrario, los documentos hallados por Angel Viñas muestran la sorpresa de los dirigentes españoles ante el levantamiento. Creo que, por otro lado, debe considerarse un contexto sin el que no entendemos el problema. Y es lo que era la URSS y la figura de Stalin para los trabajadores y antifascistas españoles en 1937, algo que nos resulta difícil de comprender en el 2007, pero que nos llevaría a un anacronismo si lo obviáramos. El mito de la URSS tenía la potencia suficiente como para penetrar incluso en sectores del socialismo y del republicanismo español y, sin duda, su posición en la guerra civil y la presencia de las Brigadas Internacionales había ayudado a incrementarlo. Una fuerza política cuya identidad se encontrara precisamente en la crítica al régimen imperante en la URSS, a su política interna y a la de la III Internacional podía encontrarse fácilmente aislada en el campo de la izquierda antifascista. Una cosa es el asesinato de Nin, que –según la hipótesis de Hellen Graham, que comparto aunque no estemos de acuerdo en la interpretación de los hechos de mayo, se debió mucho más a la fase soviética de la biografía de Nin que a la actuación del POUM– y otra el proceso abierto contra una fuerza que se había sublevado contra el régimen republicano en plena guerra civil, afirmando que deseaba su destrucción. En la represión del POUM, en la que hubo un proceso público, participaron fuerzas muy alejadas ideológicamente de los comunistas.

—Ya que has citado el asesinato de Nin efectuado por orden de Stalin, hablemos de otros asesinatos, éstos sí directamente ligados a los hechos de mayo, como los de Camillo Berneri y Francesco Barbieri.

—Creo que, al analizar los hechos de mayo debemos considerar dos elementos sin los que los hechos son una mera crónica de muertes anunciadas, inevitables, sin contexto de estrategias políticas y correlación de fuerzas alguno. Por un lado, se encuentra la necesidad de contrastar las posiciones políticas de cada fuerza con una claridad que ha sido ofuscada por la violencia y los crímenes. Decir, por ejemplo, que el POUM y la CNT no están en las mismas posiciones, y que el POUM no sólo está contra el Frente Popular, sino contra el régimen republicano, de cuya gestión no forma parte. Establecer cuál es la estrategia opuesta de socialistas, comunistas y republicanos. El antagonismo político que fue incapaz de crear un espacio de convivencia antifascista es el drama. La tragedia fue la liquidación física del adversario como resultado de una consideración política, que era la eliminación de las estrategias distintas a la propia. En este sentido, la muerte de los dos dirigentes anarquistas de los que hablas –cuya atribución aún no está clara del todo, por cierto, porque debería considerarse la intervención de los servicios secretos de Mussolini– es el resultado de lo que podía haber sido la muerte de Federica Montseny a manos de sectores anarquistas radicales o lo que fue el asesinato de Antoni Sesé, secretario general de la UGT, a manos de francotiradores de la FAI, cuando iba a tomar posesión de su cargo de conseller. Sin olvidar los importantes sucesos de La Fatarella, con enfrentamientos entre pequeños propietarios rurales y sectores libertarios, con muertos en ambos lados. Es decir, que la oleada de crímenes políticos, que no son un mero accidente de desorden callejero, es la prueba del nivel de confrontación al que se había llegado, pero que procedía de asesinatos políticos anteriores, como la muerte de Roldán Cortada a manos de la FAI en abril, de cuadros anarquistas en Puigcerdá y Bellver también en abril, el asesinato de Antonio López Raimundo en un control de carreteras a manos de la FAI… De lo que hablamos es de una progresiva incapacidad de convivir políticamente que lleva, como una aterradora consecuencia, a construir el arquetipo del contrarrevolucionario “objetivo”, que puede ser eliminado físicamente.

—¿Cómo se cerró –si es que realmente se cerró– la crisis? ¿La pacificación fue, como se ha dicho, el triunfo de la contrarrevolución e incluso la pérdida de la autonomía de Cataluña?

—La crisis difícilmente podía “cerrarse”, si por ello se entiende un acuerdo político de fondo. Esa divergencia de estrategias correspondía a formas tan distintas de entender el antifascismo e incluso la democracia y el socialismo, que era complicado que así fuera. Lo que debía establecerse era un mínimo común denominador, lo que había permitido luchar contra el fascismo hasta entonces en el mismo bando e incluso en el mismo gobierno. Lamentablemente, la confrontación que culminó en mayo de 1937 había llegado tan lejos como para que la desconfianza fuera insalvable, empezando por la que podía tener el gobierno republicano central con respecto a la propia capacidad de la Generalitat para mantener, sin una guerra civil de retaguardia, la lucha contra Franco. La lucha acabó con una negociación entre los dirigentes de la CNT y la FAI y el resto de fuerzas políticas catalanas. Solidaridad Obrera llamó a un gobierno sindical y, en todo caso, al levantamiento de las barricadas, mientras el PSUC, ERC y UGT hacían llamamientos similares a su militancia. Hubo, por tanto, un acuerdo en el que no participó directamente el POUM, cuya presencia no fue exigida por los libertarios, que podían haberlo hecho. Desde luego, un número considerable de la base cenetista no debió comprenderlo, pero la dirección que se había decidido por la colaboración y había recibido la confianza de la mayoría, sí. Por otro lado, el gobierno central, tras la caída de Largo Caballero, envió tropas que entraron en Barcelona gritando “UHP” (Uníos, hermanos proletarios; o Uníos, Hijos del proletariado), algo que demostraba que los sucesos de Cataluña se habían producido en el marco de la guerra civil española, algo que los cuadros del POUM, prácticamente inexistentes fuera de Cataluña, no desearon tener en cuenta en sus cálculos estratégicos, porque perdían cualquier capacidad de negociación e incluso de unidad revolucionaria con la CNT. Cataluña no fue invadida. Formaba parte de la República española, y las atribuciones en materia de Defensa y Orden Público habían sido obtenidas como resultado de la disolución del ejército en julio de 1936 y por la dispersión del poder estatal. Por otro lado, quienes habían combatido contra el POUM y la CNT en las jornadas de mayo eran también catalanes, del PSUC y de la UGT. Y ERC tuvo que contemplar como un efecto de aquel desafío a la República el proceso de centralización de poderes que siguió a los hechos. Desde el punto de vista nacionalista o independentista, podía considerarse que Cataluña perdía poder, pero no creo que ese punto de vista fuera el que estaba en las barricadas, ni en la militancia del PSUC-UGT ni en la del POUM, la CNT o la FAI, muy poco proclives a estos planteamientos. Finalmente, creo que no se inició la contrarrevolución –si hilamos tan fino, deberíamos colocar ese final en la reconstrucción de las instituciones en el verano de 1936, algo en lo que participan el POUM y la CNT–, sino que se mantienen las conquistas realizadas en un marco distinto, en el que la primacía de la guerra viene determinada por la aproximación del frente a Cataluña y el empeoramiento de las condiciones bélicas en la segunda mitad del año.

 

Entrevista  realizada por Miguel Riera para El Viejo Topo y publicada en junio de 2007

 

(Fotografía: sede blindada del POUM)

Andreu Nin: el proletariado español ante la revolución (1931)

por Andreu Nin//

I. LAS CAUSAS FUNDAMENTALES DE LA CRISIS ESPAÑOLA

Existe una tendencia, muy difundida, a considerar el 14 de abril de 1931, fecha de la proclamación de la República, como el coronamiento de una revolución que ha llegado a su fase definitiva. En realidad, el 14 de abril no ha sido más que una etapa (ciertamente importantísima) del proceso revolucionario que ya desde el siglo pasado se está desarrollando en nuestro país y que, empleando una frase de Karl Liebknecht, puede ser considerado como “un largo malestar”. Las etapas más importantes de este proceso han sido las guerras civiles, los alzamientos revolucionarios del siglo XIX, la aparición del movimiento nacionalista en Cataluña, la “semana trágica” de 1909, la tentativa de huelga general revolucionaria de 1911, la constitución de las Juntas de defensa, la revolución frustrada de 1917.

Las causas de ese largo malestar, de esas agitaciones y esos movimientos crónicos tiene su origen en el hecho de que España no ha realizado todavía su revolución democrático burguesa. Esta ha sido la causa fundamental de la crisis aguda del país, que no ha podido ser resuelta en el marco del régimen económico y político dominante.

España es un país eminentemente agrícola. El setenta por ciento de la población trabajadora está dedicada a las labores del campo. El peso específico de la producción agrícola es superior al de la industria en la economía española. La técnica de la explotación es extraordinariamente primitiva. La introducción de la maquinaria agrícola se efectúa con extraordinaria lentitud. El arado romano sigue dominando en la inmensa mayoría de los campos españoles. Lo que da la nota en nuestra economía agraria es la gran propiedad semifeudal, dominante sobre todo en el sur, caracterizada por la existencia de haciendas inmensas, mal cultivadas o absolutamente incultas, y de una masa campesina miserable y cruelmente explotada. Todo esto imprime un carácter de evidente atraso a la agricultura de nuestro país, atraso que determina la pauperización del campo y la disminución de la capacidad adquisitiva de la gran masa de campesinos y de jornaleros agrícolas, lo cual disminuye a su vez las posibilidades de desarrollo industrial.

He aquí unas cifras que constituirán, con una irrebatible evidencia, la ilustración más elocuente de lo que decimos. De los 50 millones de hectáreas que forman nuestro territorio, más de 31 millones están sin cultivar, y de los 5 millones de labriegos que hay en el país, 4 y 1/2 millones no poseen tierras. En Estas condiciones, no tiene nada de sorprendente que España se vea obligada a recurrir a los demás países para suplir las deficiencias de su producción. Así el año pasado nuestro país tuvo que importar alubias, por 2.500.000 pesetas; huevos, por 91.600.000; carne de cerdo, por 4.400.000; habas, por 5.200.000; legumbres, por 7.800.000; garbanzos, por 23.300.000; patatas, por 13.000.000; quesos, por 15.700.000; maíz, por 77.100.090; trigo, por 107.500.000.

Este es el resultado directo de la persistencia del latifundio en nuestro país. Se argüirá que el problema no es general, que, en algunas regiones, la propiedad está más dividida, a lo cual contestaremos que en el régimen de propiedad agraria de las regiones mencionadas subsisten numerosas reminiscencias feudales (aparcerías, rabassa morta, foros, arriendos, etc.), lo cual da al mismo un carácter regresivo.

La industria, excepción hecha de algunos islotes esparcidos aquí y allá en el mar de nuestro atraso económico, apenas ha salido del período manufacturero. El proceso de concentración ha sido lentísimo e insuficiente. Sólo en la industria metalúrgica de Vizcaya ha alcanzado una relativa madurez. En cuanto a Cataluña, la región más importante de España desde el punto de vista de la producción global, la industria textil, que es la dominante, está dividida en gran número de pequeños establecimientos mal utillados. Las mejoras introducidas últimamente en la industria del género de punto en la costa catalana no modifican sensiblemente este estado de cosas. Así, si bien la cifra de los obreros textiles es considerable (más de cien mil) no hay ni una fábrica que pueda compararse, por el número de trabajadores ocupados en la misma, a los grandes establecimientos textiles de los países capitalistas avanzados. Durante estos últimos años han surgido algunas nuevas industrias de importancia, tales como, por ejemplo, la de la seda artificial, pero la aparición de estas industrias, en las cuales, dicho sea de paso, predomina el capital extranjero, no modifica esencialmente los defectos fundamentales de la estructura económica del país.

La perturbación producida en la economía mundial por la guerra imperialista de 1914-1918 dio la posibilidad temporal a la industria española de aparecer en el mercado internacional, del cual momentáneamente habían desaparecido los países exportadores más importantes. Así, la balanza comercial, pasiva hasta 1914, es activa durante los años de la guerra. El capitalismo español hubiera podido aprovechar esta coyuntura única que se le ofrecía para renovar el utillaje de la industria y ponerse en condiciones de conservar, por lo menos una parte de los mercados conquistados. Pero el capital acumulado se empleó casi totalmente en operaciones de carácter especulativo. Se calcula que fueron destinados más de 4 mil millones de pesetas a la compra de marcos y de coronas. El resultado fue que después del armisticio, cuando los países beligerantes renovaron su actividad económica, la industria española se halló en un estado todavía peor al de antes de 1914. En los años sucesivos, a excepción de un brevísimo período de prosperidad relativa a fines de 1921, fue acentuándose la crisis, agravada además, por los progresos del movimiento obrero, que había crecido enormemente al amparo del período efímero y de florecimiento económico del país y de la ola de entusiasmo y de esperanzas que levantó la revolución rusa.

La estructura económica del país hallaba su expresión política en la monarquía, la cual se apoyaba en el caciquismo de los grandes terratenientes, en la Iglesia, que contaba (y cuenta aún) con una poderosa base económica, en un enorme aparato burocrático-policiaco-militar y en un centralismo despótico y regresivo, que ahogaba todos los focos vitales del país.

Ese régimen político-económico constituía un obstáculo insuperable al desarrollo de las fuerzas productivas del país.

La ausencia de una burguesía suficientemente fuerte para tomar la dirección del país y la descomposición general del régimen, explican el papel importante desempeñado en la vida política española por el ejército, única fuerza sólidamente organizada, centralizada y disciplinada que existía.

II. LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA

El golpe de Estado de Primo de Rivera fue una tentativa de la burguesía, aliada con las fuerzas más representantivas del feudalismo español, para hacer frente a las contradicciones insolubles en que se debatía, mediante un régimen de fuerza que anulara las misérrimas conquistas democráticas y las mejoras logradas por la clase obrera.

La dictadura militar no resolvió ninguna de las contradicciones del capitalismo español. La crisis industrial, en vez de atenuarse, se agravó. Durante los seis años y medio que duró la dictadura del marqués de Estella, el paro forzoso fue un fenómeno constante en las industrias más importantes del país: la metalúrgica y la textil. Primo de Rivera, practicó una política económica que, aunque inspirada en el firme propósito de favorecer a las clases privilegiadas, estaba llena de contradicciones. Así, hemos visto sucesivamente una política de relajamiento de las barreras arancelarias para favorecer la penetración de los productos industriales extranjeros y dar satisfacción a los agrarios; una política rigurosamente proteccionista para dar gusto a la burguesía industrial y asegurarse su adhesión, vacilante en ciertos momentos, o bien una política de sostén de ciertos grupos financieros indígenas muy estrechamente ligados al capital financiero internacional, lo cual determinaba el descontento en otros sectores de la burguesía española. Esta última orientación prevaleció durante los últimos tiempos de la dictadura y explica la actitud cada vez más hostil de la burguesía industrial hacia la misma. El descontento de una gran parte del ejército, suscitado por la política de concesión de privilegios a ciertas categorías de la oficialidad en perjuicio de otras, y las ambiciones crecientes e insaciables de una colectividad parasitaria que, después de haber tomado el poder, quiso obtener de esta circunstancia el provecho máximo, hizo tambalear la base más sólida del régimen. Añadamos a esto la crisis financiera, la carestía subsiguiente de la vida, y la política descarada de latrocinio efectuada por los dictadores y subdictadores de toda laya al amparo de la realización de obras públicas, que constituyeron otras tantos Panamás y que determinaron un aumento enorme de las cargas fiscales. Todo ello agravó extraordinariamente la situación económica de la clase trabajadora y de las masas pequeño burguesas del país.

Esto tuvo consecuencias fatales para la dictadura. El encarecimiento de las subsistencias, la supresión efectiva de la jornada de ocho horas, el régimen de arbitrariedad en las fábricas y talleres, suscitó un profundo descontento entre la clase trabajadora. Y el movimiento obrero, pasivo durante varios años, adquirió un nuevo impulso. La huelga del ramo textil en Barcelona, surgida espontáneamente en junio de 1926 y la declarada contra el impuesto sobre los salarios, fueron los síntomas más elocuentes de ese despertar del movimiento obrero.

El cambio efectuado por la pequeña burguesía tuvo consecuencias no menos trascendentales.

Esa clase, que constituye en España la inmensa mayoría de la población, está incapacitada, por el papel subordinado que desempeña en la producción, para desarrollar un papel político independiente. Las masas pequeño burguesas que durante los años 1917-1920 vieron con indudable simpatía el movimiento obrero revolucionario, se sintieron dominadas por el más profundo desengaño ante el fracaso del mismo. Decepcionadas de la burguesía, decepcionadas de la clase obrera, volvieron los ojos esperanzados hacia el dictador. La actitud de la pequeña burguesía ante la dictadura de Primo de Rivera fue el apoyo directo, o por lo menos la neutralidad benévola. Pero la decepción no tardó en producirse. Agobiada por los impuestos y las dificultades económicas crecientes, poco a poco fue volviendo la espalda al dictador y evolucionando en un sentido democrático. Esta fue una de las causas esenciales del gran impulso tomado por el movimiento republicano. Perdida la fe en la eficacia de la dictadura militar, en cuya instauración Alfonso de Borbón había tomado una participación personalísima, la pequeña burguesía consideró a la monarquía como la causante de todos los males que la agobiaban y vio en la República el remedio de los mismos.

La dictadura de Primo de Rivera quedó privada de toda base social e incluso de la fuerza pretoriana que la había llevado al poder, su situación se hizo insostenible, y, como consecuencia de ello, pereció, por decirlo así, por agotamiento, cayendo, como ha dicho L. Trotski, como un fruto podrido.

III. DE LA DICTADURA DE BERENGUER AL ÚLTIMO GOBIERNO DE LA MONARQUÍA

Primo de Rivera fue sustituido por el gobierno del general Berenguer. Algunos elementos del campo revolucionario, que, desgraciadamente, han abandonado el método marxista del análisis de las situaciones objetivas, afirmaron que en España “no había sucedido nada”, que la situación seguía siendo la misma que antes. Esta conclusión era errónea, consecuencia lógica de una concepción absolutamente falsa que había tomado carta de naturaleza en ciertos sectores del movimiento comunista y que consistía en sostener que la dictadura militar no podría ser derrocada más que por la acción violenta de las masas trabajadoras, las cuales derribarían a su vez el régimen burgués. Como los hechos se volvían contra este esquema, no quedaba otro recurso que decir que “no había pasado nada”.

La experiencia ha demostrado cuán profundamente errónea era esta concepción. Como decía Lenin, en realidad no hay situaciones desesperadas para la burguesía. El capitalismo es aún potente y puede echar mano todavía de infinidad de recursos. Es evidente que si el movimiento obrero no se hubiera hallado en el estado de desorganización y de desorientación ideológica en que se hallaba en el momento de la caída de Primo de Rivera, que si en aquel momento hubiera existido un gran partido comunista capaz de dirigir y encauzar la acción de las masas, la burguesía no habría tenido la posibilidad de maniobrar y la clase obrera hubiera tomado el poder. Pero faltaban esos factores, y por las circunstancias que hemos expuesto más arriba, se abrió la posibilidad de una nueva tentativa democrática.

Esta cuestión tiene una importancia excepcional porque se halla planteada en términos si no idénticos, análogos, en otros países, y principalmente en Italia. No faltan en dicho país comunistas que sostienen que esta excluida la posibilidad de un nuevo régimen de democracia burguesa en Italia. Si esto es verdad como perspectiva general en el sentido de que las formas democráticas de dominación burguesa no pueden resolver las contradicciones internas del régimen capitalista, no lo es de un modo absoluto con respecto a las perspectivas inmediatas. Que el régimen fascista de Mussolini sea reemplazado por un régimen democrático burgués o por la dictadura del proletariado, depende de la correlación de fuerzas sociales en el momento en que el fascismo se desmorone. Si en ese momento el Partido Comunista italiano no ha conquistado la hegemonía en el movimiento de las grandes masas populares del país, es evidente la posibilidad de una nueva etapa, más o menos prolongada, de régimen democrático burgués sostenido por las masas pequeño burguesas y las ilusiones democráticas del proletariado.

La experiencia española ha demostrado la posibilidad de esta variante. En el momento de la caída de Primo de Rivera las masas pequeño burguesas, llamadas a desempeñar un papel de una importancia tan extraordinaria, no podían seguir al partido revolucionario de la clase obrera, sencillamente porque este último en realidad no existía. Gracias a ello se abrieron grandes posibilidades de desarrollo a la demagogia democrática. La burguesía tuvo la posibilidad de poder maniobrar. La situación era, sin embargo, tan inconsistente que el paso directo al régimen democrático resultaba peligroso e imposible. El lector nos permitirá que citemos a este propósito un pasaje de un artículo publicado por nosotros en vísperas de la caída de la dictadura militar en una revista extranjera[1].

Decíamos así en dicho artículo:

“En el momento en que la dictadura se dispone a marcharse y a buscar un sucesor, no hay partidos ni hombres, y para gobernar (el señor Cambó lo hace observar con justicia en su libro sobre las dictaduras) “faltan partidos organizados y fuerzas disciplinadas, y, con la dictadura, los partidos o fuerzas políticas, o bien han desaparecido completamente o han quedado muy disminuidas”. La burguesía industrial, de la cual Cambó es el jefe visible, no constituye una excepción en este sentido. La Liga Regionalista, tan potente en otro tiempo, apenas existe como organización. Pero aún en el caso de que consiguiera, aprovechándose del régimen constitucional o semiconstitucional, reconstituir sus fuerzas, lo cual no está excluido, no estaría en condiciones para tomar la responsabilidad entera del poder. Geográficamente, la burguesía industrial se halla limitada al litoral (principalmente Cataluña y Vizcaya), económicamente choca con ese peso muerto formidable que es la España semifeudal de la gran propiedad agraria, de la Iglesia y de la monarquía. La confianza en esta última, entre las clases privilegiadas se ha visto seriamente quebrantada, la crisis es grave. Objetivamente, existen las premisas necesarias de una revolución. Pero en el momento actual no hay en España ninguna fuerza política organizada, ni entre la burguesía industrial ni entre la clase obrera, que sea capaz de tomar el poder en sus manos.

A nuestro juicio hay dos perspectivas políticas posibles, no diremos probables. La primera, infinitamente improbable, sería la convocatoria de unas Cortes constituyentes que elaborarían una nueva Constitución. Pero, ¿quién podría convocar estas Cortes? ¿Primo de Rivera? Sería paradójico ver a un dictador convocar un parlamento encargado de transformar las bases políticas del país. La historia no conoce ejemplos parecidos. La convocatoria de un parlamento semejante provocaría un período de fermentación popular, de agitación, de propaganda, de organización de las fuerzas substancialmente revolucionarias del país, que no podría conducir más que a una situación netamente revolucionaria cuyas consecuencias inmediatas serían el derrumbamiento de la monarquía. En España, la revolución burguesa no ha sido aún realizada y no es posible, como lo demuestra la experiencia de los demás países, más que sobre la base de la movilización y la participación de las grandes masas populares. La burguesía española no se opondría a la instauración de una república democrática que, al mismo tiempo, concediese una amplia autonomía política a Cataluña y Vizcaya, pero la burguesía tiene miedo (y hay que decirlo, fundado) a las masas. La experiencia de la revolución rusa es, en este sentido, demasiado elocuente. Una revolución se sabe cómo empieza; es más difícil decir cuál será su desenlace una vez desencadenada…

Todas estas razones nos inclinan a eliminar como muy improbable la primera perspectiva. La segunda perspectiva, la más probable a nuestro juicio, es el compromiso entre la dictadura, ciertos elementos del antiguo régimen y la burguesía industrial… compromiso que hallaría su expresión en un régimen seudoconstitucional que, actualmente, no podría ser más que transitorio, como lo es, en general, la situación. Será necesario, sin embargo, conceder cierta libertad a las organizaciones obreras, a la prensa, a la propaganda y la agitación. Esto unido a la crisis general del país, al descontento creciente de las masas, no hará más que agravar la situación. Surgirán agitaciones obreras, huelgas, la cuestión del poder se planteará de nuevo en toda su integridad”.

El lector nos perdonará la extensión del extracto que hemos reproducido. Los acontecimientos se han desarrollado en sus líneas generales en la forma prevista por nosotros. La situación creada en España a partir de la subida al poder del general Berenguer, ha correspondido fundamentalmente a nuestra previsión.

Desde la caída de Primo de Rivera al 14 de abril, España ha vivido bajo ese régimen semidictatorial, semiconstitucional, que anunciábamos en nuestro artículo como el único posible en aquella situación. Pero ese estado de cosas no podía durar. Se trataba de un aplazamiento, no de una solución. Las contradicciones que existían antes del 13 de septiembre de 1923 no sólo persistían, sino que se agravaban. Aumentó el déficit comercial, el volumen de la Deuda.

Si en el curso del año 1929 el cambio de la libra esterlina fue, por término medio, de 33,161, en 1930 fue de 41,927. En la primera mitad del año 1929 el número de quiebras fue de 40; en el mismo período del año 1930, de 48. El número de suspensiones de pagos pasó de 31 en 1929, a 55 en 1930. La renta de aduanas acusa una disminución: pesetas 2.455.100 de enero a noviembre de 1929, 2.230.300 en el mismo período del año pasado. El tonelaje de la marina mercante, era en 1929 de 1.231.912 toneladas y de

1.207.093 en 1930. La emisión de capitales fue en 1930 la mínima registrada en la última década: 969 millones, contra 2.497 millones en 1929. Finalmente, el índice de precios al por mayor pasa de 183 a 190 por lo que se refiere a las substancias alimenticias y de 179 a 181 por lo que respecta a las materias industriales.

Donde la crisis se ha dejado sentir con más intensidad ha sido en la agricultura. La cosecha de trigo fue de 36.000.000 de quintales métricos. El mercado interior necesita 37. La producción del vino, que en 1929 fue de 24.997.565, descendió el año pasado a 16.660.384. La cosecha de olivas fue el 36% de la cosecha media. Es en Andalucía donde la crisis ha alcanzado caracteres de mayor gravedad. Según los datos oficiales, había a principios de 1931 más de cien mil jornaleros agrícolas sin trabajo.

Todo esto tuvo una repercusión directa sobre la situación de las masas populares, cuyo descontento fue creciendo sin interrupción.

El problema del país no podía resolverlo ningún emplaste. Todas las tentativas, todas las maniobras realizadas por la monarquía, desde la llamada al poder de Sánchez Guerra y las negociaciones entabladas con los capitostes republicanos presos en Madrid, hasta la formación del gobierno del almirante Aznar, en el cual se concentraron las últimas reservas de la monarquía, resultaron completamente ineficaces.

IV. LA CAÍDA DE LA MONARQUÍA

La monarquía había agotado todos sus recursos y se hallaba en un callejón sin salida. Los hombres más perspicaces del antiguo régimen dejaban al rey en la mayor soledad, abandonando a la monarquía del mismo modo que las ratas, azoradas, abandonan el buque que se va a pique.

En estas circunstancias el régimen tenía que caer, y cayó. ¿Cómo se explica que esa monarquía secular, que tantas pruebas había resistido, se desplomara sin que fuera necesaria la acción violenta de las masas? Los demócratas burgueses de todos los matices se han esforzado en presentar este hecho como un argumento irrebatible contra los que sostienen que la revolución no puede realizarse más que mediante la acción violenta. España (dicen) ha dado un ejemplo magnífico al mundo y ha pasado de un salto de su semibarbarie de ayer a la vanguardia de los países más avanzados. Hay que confesar que este argumento ha producido una gran impresión no sólo entre las masas pequeño burguesas del país, inclinadas por esencia a la candidez, sino aun entre una parte de la clase trabajadora, y, lo que es peor, de los militantes del movimiento obrero. Así, por ejemplo, hemos podido leer en Solidaridad Obrera, órgano oficial de la Confederación Nacional del Trabajo, un artículo en el que se decía: “En un régimen de libertad la revolución incruenta es aún más posible, más fácil que bajo la monarquía” (número del 23 de abril), y Pestaña, pocos días después de la proclamación de la República declaraba en una asamblea sindical, y lo ratificaba recientemente en una conferencia dada a los estudiantes de la Universidad de Barcelona, que los últimos acontecimientos habían demostrado la posibilidad de una evolución pacífica hacia el comunismo libertario.

Al observador superficial puede producirle, en efecto, una profunda impresión el hecho de que la República española se proclamara sin violencia alguna. Sin embargo, quien haya seguido de cerca el desarrollo de los acontecimientos durante estos últimos meses, no se sentirá sorprendido en lo más mínimo por este desenlace insólito. Hay que decir que los primeros sorprendidos fueron los propios republicanos, hasta tal punto que puede decirse, parodiando la frase de un famoso empresario de teatros barcelonés, que los acontecimientos del 14 de abril fueron un éxito “que sorprendió a la misma empresa”.

Digamos ante todo, que el 14 de abril transcurrió sin lucha y el cambio de régimen se ha efectuado de un modo tan incruento por la razón fundamental de que en España no ha habido revolución. En efecto, ¿qué es una revolución? “Una revolución (decíamos en nuestra obra Las dictaduras de nuestro tiempo) es un movimiento popular que destruye las bases económicas del régimen existente para asentar las de un nuevo sistema. En este sentido (que es el único exacto) puede hablarse de revolución turca y de revolución rusa, puesto que la primera ha destruido un sistema semifeudal, ha abatido el imperialismo y abierto camino a la evolución capitalista del país, y la segunda ha derribado la burguesía para edificar una sociedad basada en la propiedad colectiva de los medios de producción”. Los acontecimientos del 14 de abril no han modificado para nada la base económica del régimen y, por consiguiente, no ha habido revolución. Como para desvanecer toda duda sobre el particular, el gobierno provisional, en su primera nota oficiosa, publicada dos días después de la caída de la monarquía, proclamaba solemnemente la intangibilidad del derecho de propiedad. No podía ser de otro modo: la burguesía, e incluso una buena parte de los elementos feudales del país, representados directamente en el gobierno por los señores Alcalá Zamora y Miguel Maura, se hicieron republicanos con el fin de salvar lo que ya no era posible salvar bajo la monarquía: sus intereses económicos. De no haber adoptado esta actitud inteligente, dictada por el interés de clase, el régimen habría caído inevitablemente más tarde, pero en ese caso, hubiera sido barrido por la revolución popular, cuyas consecuencias posibles aterrorizaban a las clases privilegiadas españolas. Es indudable que el deseo de evitar esa explosión popular fue uno de los motivos más importantes que impulsaron a una gran parte de dichas clases a abandonar a la monarquía. En estas circunstancias, al régimen monárquico le estaba reservada la misma suerte que a la dictadura de Primo de Rivera: caer como un fruto podrido, sin hallar el menor sostén en el país.

El hecho de que la jornada del 14 de abril no pueda ser considerada como una revolución, no significa, ni mucho menos, que en España no haya pasado nada. La caída de la monarquía representa una etapa importantísima en la historia de la revolución española, que se halla aún relativamente lejos de su etapa final. Para nosotros, los comunistas, la cuestión de la forma de gobierno no es indiferente. La caída de la monarquía representa la desaparición de uno de los vestigios feudales más importantes. Porque aunque no fuera más que por el hecho de que gracias al cambio de régimen desaparece la cuestión previa de la forma de gobierno, que hacía que una gran parte de la clase trabajadora se desviara del terreno de la lucha de clases, habríamos de saludar con entusiasmo la jornada del 14 de abril. Como decía Kautsky, en los tiempos en que era todavía revolucionario, “la república es la forma de gobierno bajo la cual los antagonismos sociales hallan la expresión más acentuada”.

Ha pasado, pues, alguna cosa. Habría ocurrido, indudablemente, algo más sustancial si el proletariado, en vez de convertirse, como se ha convertido, en un apéndice de la izquierda burguesa, hubiera tenido una política de clase propia. ¿Qué hemos visto en realidad? Los socialistas han actuado abiertamente en coalición declarada con los republicanos. La misma política han seguido, aunque en una forma más encubierta, los anarcosindicalistas. Desde la dictadura de Primo de Rivera hasta aquí, la Confederación Nacional del Trabajo no ha tenido política propia, sino que ha subordinado enteramente su actuación a la de los partidos republicanos. Así hemos visto el hecho paradójico de que esta misma Confederación que en 1929 desautorizaba a Peiró, uno de sus militantes más destacados, por haber firmado un manifiesto, junto con elementos republicanos, en el cual se incitaba a formar el frente único de todos los “elementos liberales” para derribar la monarquía, practicaba en realidad esta política y, a pesar de su apoliticismo, se adhería al “pacto de San Sebastián”, y apoyaba directamente, en las elecciones del 12 de abril, a la izquierda republicana de Macià. Villaverde, militante de la Confederación, lo declaraba abiertamente hace poco desde la tribuna del Ateneo de Madrid.

La clase obrera, que durante la dictadura, ha visto clausurar sus organizaciones, perseguir sus militantes, amordazar su prensa, disminuir sus salarios, violar la jornada de ocho horas, confiaba en que la República abriría un período de libertad de desarrollo para sus organizaciones. Deshacerse de la monarquía, causa principal, a sus ojos, de todos los males, constituía una obsesión para el proletariado. Y como en la arena política del país no aparecían como fuerza política considerable más que los partidos republicanos, y que, por otra parte, los dirigentes de la Confederación Nacional de Trabajo, la organización revolucionaria de más prestigio en el país, apoyaban directamente la actuación de dichos partidos y renunciaban a toda política independiente, no tiene nada de particular que las masas trabajadoras se desviaran del terreno de la lucha de clases y se dejaran hipnotizar por las ilusiones democráticas.

No somos de los que se dejan descorazonar por este estado de espíritu temporal de nuestro proletariado. Estas ilusiones, psicológicamente comprensibles, no tardarán en desaparecer. Los hombres de la república serán en este sentido nuestros auxiliares más preciosos.

Pero sería funesto confiar exclusivamente en una evolución paulatina de la conciencia de las masas sin que por nuestra parte hiciéramos nada para acelerar esta evolución. La historia no espera, y sería de consecuencias fatales para el porvenir de la revolución española que en los momentos graves y decisivos que se acercan, la clase trabajadora no estuviera preparada para desempañar el papel que históricamente le está reservado.

V. EL CARÁCTER DE LA REPÚBLICA ESPAÑOLA

Paciente y tenazmente hay que poner de manifiesto ante las masas trabajadoras de nuestro país el carácter de la república implantada el día 14 de abril. Antes era un parte de las clases dirigentes la que dominaba bajo la cubierta del rey, hoy será toda la burguesía la que después de haberse puesto el traje de baile de la república (según la expresión de Marx) reinará en nombre de todo el pueblo. Todo ataque a los privilegios escandalosos de la burguesía y de los terratenientes será considerado como un atentado al régimen republicano, representante, según la ficción democrática, de los intereses de todas las clases del país.

El frente único contra el comunismo, formado por todos los elementos republicanos, desde la extrema derecha a la extrema izquierda, es muy elocuente en este sentido. Y las persecuciones contra los comunistas, que no tienen nada que envidiar a las de los mejores tiempos de la monarquía, no son más que el preludio de la gran ofensiva que se prepara contra el proletariado revolucionario. Desde el punto de vista de los intereses de clase que representan y defienden, la actitud de los hombres de la República no puede ser más lógica. El comunismo es la única tendencia que se propone hacer la revolución, esa misma revolución que la burguesía ha querido evitar proclamando la República. Y por ello no contenta con las medidas represivas, procura desacreditar a los comunistas a los ojos de las masas populares acusándoles de convivencia con la extrema derecha reaccionaria, de la misma manera que los hombres del gobierno provisional ruso de 1917 acusaban a los bolcheviques de estar al servicio del Estado Mayor alemán.

En realidad, la proclamación de la República no ha sido más que una tentativa desesperada de la parte más clarividente de la burguesía y de los grandes terratenientes para salvar sus privilegios. En este sentido, la composición del gobierno provisional es extremadamente significativa. La presidencia y el Ministerio de la Gobernación se hallan en manos respectivamente de Alcalá Zamora y de Miguel Maura, católicos fervientes, representantes típicos del feudalismo y del unitarismo absolutista y reaccionario; la cartera de Hacienda la detenta el socialdemócrata Prieto, estrechamente ligado al capital financiero vasco; el ministro de Economía, Nicolau D’Olwer, es el representante de la banca catalana; finalmente, al frente del Ministerio del Trabajo se halla Largo Caballero, líder socialista, ex consejero de Estado bajo la dictadura, secretario de la central sindical reformista, Unión General de Trabajadores, y cuya misión en el gobierno es bien clara: ahogar el movimiento obrero, domesticarlo, para mayor provecho de la consolidación del régimen de explotación burguesa bajo la forma republicana.

El origen y la composición del gobierno provisional lanza una luz muy viva sobre el carácter de la segunda República española, a la cual se puede aplicar perfectamente el juicio que merecía a Marx la república proclamada en Francia en febrero de 1848. “La joven república [decía] consideraba que su mérito principal consistía en no asustar a nadie, al contrario, en asustarse a sí misma y defenderse con su propia debilidad, creyendo así desarmar a los enemigos”. La preocupación esencial de gobierno consiste en dejar intactas las bases en las cuales se apoyaba la monarquía y en evitar el desbordamiento de las masas populares, que tienden, naturalmente, a exigir la realización integral de la revolución democrática.

Es evidente que un gobierno parecido no puede resolver ninguno de los problemas fundamentales de la revolución democrática: el de la tierra, el de las nacionalidades, el de las relaciones entre la Iglesia y el Estado, el de la transformación del aparato administrativo burocrático del antiguo régimen y el de la lucha contra la reacción.

En su primera declaración, el gobierno provisional, se expresaba en términos que muestran claramente su decisión de dejar intactas las bases de la gran propiedad agraria. Sobre el particular no formula más que una afirmación bien precisa: “La propiedad privada está garantizada por la ley”, y “no podrá ser expropiada más que por razones de utilidad pública y con la indemnización correspondiente”. Como solución, la nota se limitaba a formular la promesa vaga de que “el derecho agrario debe responder a la función social de la tierra”. Es evidente (el decreto sobre la reforma agraria publicado posteriormente lo demuestra con creces) que la República no tiene la menor intención de atacar los derechos sagrados de los grandes propietarios y las supervivencias feudales, que bajo la forma de foros, aparcería, rabassa morta, arrendamientos, etc., subsisten en el país.

En la cuestión de las nacionalidades, una de las más graves de España, la actitud adoptada por el gobierno de Alcalá Zamora es no menos significativa. Es indiscutible que la proclamación de la República en Madrid, fue el acto más revolucionario realizado el 14 de abril. Un gobierno auténticamente democrático debería haber reconocido sin reservas un acto que contaba con la aquiescencia indiscutible de la mayoría aplastante del pueblo catalán. El nuevo poder central se ha levantado contra la joven República y ha dado la prueba de un espíritu chovinista, absorbente, asimilista, que no tiene nada que envidiar al del poder central monárquico desaparecido.

Por lo que se refiere a las relaciones con la Iglesia, el gobierno provisional ha proclamado su deseo de mantener un contacto amistoso con la Santa Sede, limitándose prácticamente a decretar la libertad de cultos y la secularización de los cementerios, sin decir una palabra del que constituye una de las reivindicaciones tradicionales de la democracia, la separación de la Iglesia y del Estado, ni de la confiscación de los bienes de las congregaciones religiosas, ni de la expulsión de estas últimas.

¿Y el aparato del Estado? Sigue siendo el mismo del antiguo régimen. Sus partidarios más ardientes continúan ocupando los cargos más importantes.

En fin ¿qué serias medidas ha tomado el gobierno provisional para hacer frente a los golpes probables de la reacción que conspira y puede contar, en un momento decisivo, con las fuerzas armadas del antiguo régimen, que la República no sólo ha dejado intactas, sino que las emplea para ametrallar a los obreros? No creemos sea necesario demostrar la lenidad del gobierno en este sentido; si, por espíritu de conservación y bajo el impulso de las masas, ha tomado recientemente algunas medidas represivas contra los elementos monárquicos más destacados, no es menos cierto que dejó escapar a Alfonso de Borbón, a los dirigentes de las organizaciones de asesinos fundadas por el ex-gobernador civil de Barcelona general Martínez Anido, que no toma medidas radicales contra los oficiales del ejército que realizan una propaganda monárquica abierta y conspiran contra el nuevo orden de cosas, que mantiene en pie a los somatenes a pesar del decreto de disolución y asimismo a la Guardia civil, esos verdugos de la clase obrera, profundamente odiados de las masas y que recientemente han tenido la insolencia de publicar un manifiesto amenazando con aplastar el movimiento revolucionario de la clase obrera. Nunca, ni aun en los tiempos de la monarquía, ese cuerpo armado había tenido la audacia de lanzar un reto tan descarado a la clase trabajadora.

Todo esto demuestra de una manera indiscutible lo que hemos sostenido constantemente durante esos últimos meses: que la revolución democrático burguesa no puede ser realizada por la burguesía, que dicha revolución no puede ser obra más que del proletariado en el poder, apoyándose en las masas campesinas, las cuales representan en nuestro país el setenta por ciento de la población trabajadora. Más concretamente: la revolución democrático burguesa no podrá ser realizada en España más que mediante la instauración de la dictadura del proletariado.

VI. LA TÁCTICA DE LOS COMUNISTAS

De aquí se deduce la táctica que debe seguir el proletariado revolucionario. La línea estratégica es clara: sólo la clase obrera puede resolver los problemas que tiene planteados la revolución española, sólo la instauración de la dictadura del proletariado puede significar el coronamiento del proceso revolucionario porque atraviesa nuestro país. Pero una cosa es la estrategia y otra la táctica. Esta debe adaptarse a las circunstancias objetivas de cada momento concreto, sin perder nunca de vista, naturalmente, el fin estratégico perseguido.

En el momento actual predominan en el proletariado y en las masas populares del país las ilusiones democráticas. Nuestra misión debe consistir en desvanecer esas ilusiones demostrando, por la crítica constante de los hechos, la imposibilidad para la burguesía de dar satisfacción a ninguna de las aspiraciones de las masas, y en impulsar esas últimas a la acción enérgica y constante para conseguir que la revolución democrática sea llevada hasta las últimas consecuencias. Nadie es tan enemigo como los comunistas de los golpes de mano, de los putchs. La revolución proletaria no se puede realizar más que apoyándola en las grandes masas del país. Y por ello nuestra misión esencial debe consistir en conquistarnos a esas masas. Cuando éstas están hipnotizadas aún por la ilusión republicana, cuando no cuentan con grandes organizaciones susceptibles de canalizar el movimiento, tales como los soviets o las Juntas Revolucionarias, cuando los sindicatos son aún relativamente débiles, cuando no existen consejos de fábrica y, sobre todo, cuando falta en España un gran partido comunista, cerebro y brazo de la revolución, hablar de la toma del poder por la clase trabajadora es pura demagogia que no puede conducir más que a las aventuras estériles y, en fin de cuentas, a la derrota sangrienta del proletariado.

Por arraigadas que estén las ilusiones democráticas, no es imposible, ni mucho menos, destruirlas. Es más, este proceso se puede realizar con relativa rapidez. En los períodos revolucionarios como el actual, la conciencia de las masas trabajadoras se desarrolla con rapidez incomprensiblemente mayor que en los períodos normales. Los acontecimientos de mayo constituyen ya en este sentido un síntoma alentador. Dichos acontecimientos, que constituyen una seria advertencia para los gobernantes, demostraron que las masas empiezan a darse cuenta de la falta de decisión revolucionaria, de la lenidad extraordinaria de los hombres de la República. Indignadas ante la benevolencia con que el gobierno permitía las procacidades de la reacción monárquica, las masas trabajadoras expresaron su descontento por un medio que, aunque primitivo, no dejó de ser eficaz: pegando fuego a los conventos. No creemos nosotros que éste sea el procedimiento más indicado, todo lo contrario. Si las masas trabajadoras hubieran contado con organizaciones políticas propias, el movimiento hubiera sido dirigido y canalizado por estas últimas. A falta de ellas, las masas expresaron su voluntad como pudieron. Y en este caso la violencia con que la indignación popular se expresa, no puede asustar más que a los elementos conservadores. Cuando esta indignación se desborda, es inútil querer canalizarla por cauces legales. Es como si se intentara reglamentar la tempestad. Y la naturaleza no puede convocar las Constituyentes antes de desencadenar la tormenta.

Exigir que se realice verdaderamente la revolución democrática debe ser hoy nuestro grito de batalla. Hay que demostrar que el problema de la tierra, problema fundamental de la revolución democrática, no puede ser resuelto con decretos y declaraciones vacuas, con la creación de comisiones cuyo fin esencial consiste en esquivar la solución revolucionaria, que la única manera de resolver dicho problema consiste en abolir el derecho de propiedad privada sobre la tierra, expropiando a los terratenientes y estableciendo el principio de que la tierra debe ser para el que la trabaja.

Con respecto a la cuestión de las nacionalidades, es preciso hacer ver a las masas que no hay más que un medio de resolverlo: reconocer el derecho indiscutible de los pueblos a disponer libremente de sus destinos, sin excluir el derecho a la separación, si ésta es la voluntad evidente de la mayoría.

Hay que saludar las medidas tomadas por el gobierno provisional, bajo la presión de las masas populares, contra los elementos reaccionarios. Pero hay que decir al mismo tiempo que esta lucha será completamente ineficaz si no se destruye la base en que se apoyaba la reacción: la Iglesia y la propiedad feudal, y si, como complemento indispensable, no se disuelve la Guardia Civil, encarnación viva de la monarquía despótica desaparecida, y se arma el pueblo.

Las masas populares se contentarán cada día menos con las frases pomposas sobre la democracia y la libertad y exigirán que éstas tengan un contenido real. La primera medida democrática debe consistir en destruir el aparato burocrático-administrativo en que se apoyaba la monarquía, instituir el verdadero sufragio universal y no la parodia del mismo que nos ha brindado recientemente el gobierno de la República con su reforma electoral. En efecto, no se puede hablar de sufragio universal cuando no se reconoce el derecho del voto a las mujeres, ni a esa juventud que un papel tan brillante ha desempañado durante esos últimos años en la lucha contra la monarquía. El verdadero sufragio universal debe consistir en conceder el derecho de voto a toda la población adulta, sin distinción de sexo, sin hacer una excepción para los soldados, a partir de los diez y ocho años.

Finalmente, la clase obrera ha de reclamar, por su parte, que sea garantizada completamente su libertad de organización y de propaganda, que se liquide esa triste herencia de la dictadura que son los Comités paritarios, que se acabe con las persecuciones de los elementos revolucionarios del proletariado.

Es en este el terreno exclusivamente, lo repetimos, en el que se podrá conquistar a las masas y llevarlas, por su propia experiencia, al terreno de la lucha directa contra la dominación burguesa.

VII. LAS LECCIONES DE LA EXPERIENCIA HISTÓRICA

En estas circunstancias se comprenderá cuán importante es la labor de propaganda. En esta labor, el ejemplo de las revoluciones anteriores debe ser presentado constantemente a las masas a fin que aprendan a evitar los errores cometidos por sus hermanos de clase en otros países, y cuya repetición conduciría inevitablemente al proletariado a la derrota.

La historia nos ofrece tres ejemplos característicos cuya lecciones debe aprovechar la clase obrera: la Revolución francesa de 1848, la Revolución rusa y la Revolución china.

a) La experiencia de la revolución francesa de 1848

La revolución francesa de 1848, es una de las más aleccionadoras por los puntos de contacto que, en sus rasgos fundamentales, tiene con la española. El levantamiento de 1848 tuvo su origen inicial en una cuestión aparentemente secundaria: la reforma electoral. Pero el proletariado, que llevó la lucha a las barricadas, le dio un carácter profundamente revolucionario, obligando a la burguesía a proclamar la República y a dar a ésta un matiz, ya que no un contenido, social. En Francia, como aquí, la caída de la monarquía y la proclamación de la República suscitó inmensas ilusiones democráticas entre las masas. Lamartine decía que la revolución del 48 había puesto término al equívoco del antagonismo entre las clases, y que en lo sucesivo todos los franceses se fundirían en una gran democracia, cuyo común dominador sería la fraternidad (Fraternité). En realidad, la revolución de febrero de 1848 señaló el coronamiento de la dominación burguesa.

El gobierno provisional de 1848 tiene, por su origen y composición, muchos puntos de contacto con el gobierno provisional de la II República española. La analogía en este sentido no puede ser más sorprendente. Claro está, que nos referimos a sus características fundamentales, sin que con ello queramos decir que la coincidencia sea absoluta. Han pasado desde entonces muchos años y las circunstancias históricas no son absolutamente las mismas. En aquel entonces, por ejemplo, en Francia no había aún un gran proletariado industrial y el problema nacional, que desempeña aquí un papel tan importante, no estaba planteado en el país vecino. Esta última circunstancia ha hecho, por ejemplo, que surgieran en España dos gobiernos, el del poder central representante típico de la gran burguesía, y

el gobierno de la Generalidad de Cataluña, representante típico de la pequeña burguesía radical. Aquí, como en Francia, tienen una participación considerable en el gobierno los representantes de esa pequeña burguesía y así, si en el gobierno provisional de 1848 había socialistas a la violeta tales como Louis Blanc y Albert, hay entre los gobernantes de nuestra república, socialistas del mismo carácter, tales como Serra y Moret y Fernando de los Ríos. Para que la analogía histórica sea aún más evidente, hagamos notar que si el gobierno provisional de 1848 tenía a un poeta, Lamartine, la República actual tiene a un Ventura Gassol, del cual se puede decir, como decía Marx refiriéndose a aquél, que es la revolución misma, con sus ilusiones y sus frases. Bien es verdad que hay también en el gobierno socialistas de otro tipo, para los cuales los acontecimientos de los últimos años (la guerra, las revoluciones rusa y alemana, la experiencia de la colaboración de clases) no han pasado en vano. Esos socialistas (hemos nombrado a Prieto y Largo Caballero) no están llamados a desempeñar el papel que correspondió en el pasado a los socialistas sentimentales a lo Louis Blanc, sino el que han desempeñado los perros de presa de la burguesía, tales como Noske en Alemania.

En 1848 el proletariado, que luchó heroicamente en las barricadas, en vez de atacar de frente al régimen burgués, se convirtió en un simple apéndice de la pequeña burguesía radical. El resultado de esta política fue la sangrienta derrota del mes de junio, que cimentó la dominación burguesa, aplastó al proletariado por largos años y preparó el golpe de Estado de Napoleón III. El instrumento de esa reacción fue un general republicano, Cavaignac. Estos acontecimientos señalaron el desastre de la ideología pequeño burguesa. Es ésta una lección que la clase trabajadora de nuestro país debe tener muy en cuenta. Desgraciadamente, en estos últimos años, la clase obrera española, dirigida por los anarcosindicalistas y los socialistas, no ha tenido una política de clase independiente, y se ha limitado a hacer servilmente el juego a la izquierda radical burguesa. Si nuestro proletariado no se apresura a librarse de la influencia de esta última, y a adoptar una política propia, será aplastada irremisiblemente por la burguesía, y las jornadas apoteósicas del mes de abril serán seguidas inexorablemente, en un porvenir más o menos próximo, de unas jornadas de junio, para las cuales no faltará un Cavaignac, más o menos republicano.

Como esta cuestión tiene una importancia fundamental para el porvenir de la revolución española, pediremos perdón al lector por nuestra insistencia.

La política pequeño burguesa, por radical que aparezca exteriormente, no pude conducir más que a la derrota del proletariado. Es ésta una consecuencia directa de la situación que dicha clase ocupa en el sistema

económico capitalista. Karl Marx, que ha publicado magníficos estudios sobre la Revolución francesa de 1848 y la restauración napoleónica (La lucha de clases en Francia y El XVIII Brumario de Luis Bonaparte) dice a propósito de la pequeña burguesía radical francesa: “Reclama instituciones republicanas democráticas, no para suprimir los dos extremos, el capital y el asalariado, sino para atenuar el antagonismo de los mismos y transformarlo en armonía. Sea cual sea la diversidad de los medios propuestos para conseguir este fin, y a pesar del carácter más o menos revolucionario de las ideas que se unen al mismo, el fondo sigue siendo idéntico: se trata de transformar la sociedad apoyándose en la democracia, pero sin ir más allá de los límites de la pequeña burguesía. No hay que imaginarse, dejándose llevar por una idea estrecha, que la pequeña burguesía quisiera, en principio, hacer prevalecer un interés egoísta de clase. Ella se imaginaba, por el contrario, que las condiciones particulares de su emancipación son las únicas condiciones generales susceptibles de salvar a la sociedad moderna y de evitar la lucha de clases. No hay que imaginarse tampoco que los representantes demócratas sean todos unos tenderos. Su cultura y su situación individual pueden alejarlos de éstos considerablemente. Lo que hace de ellos los representantes de los pequeños burgueses es que no pueden sobrepasarlos en la práctica y que, teóricamente, se ven empujados a los mismos problemas y a las mismas soluciones que el interés material y la situación social imponen prácticamente a los segundos. Tal es, por otra parte, la relación que existe ordinariamente entre una clase y sus representantes políticos y literarios”.

Hemos insistido particularmente sobre el papel de la pequeña burguesía radical en los grandes acontecimientos políticos, precisamente porque esta clase social desempeña un gran papel en la vida política de nuestro país. En Cataluña, muy principalmente, el gobierno de la Generalidad tiene un carácter netamente pequeño burgués. Y ya en sus primeros pasos ha puesto de manifiesto la indecisión, las vacilaciones características de esa clase social. Los hombres dirigentes de la República en Cataluña han prodigado las frases revolucionarias y demagógicas. En vísperas de las elecciones municipales de abril, los oradores de la Izquierda Republicana, capitaneada por el señor Macià, llevaban a cabo una agitación casi comunista, con lo cual, dicho sea de paso, consiguieron incluso atraerse a una gran parte de la clase trabajadora. Pero como sucede siempre con la pequeña burguesía, todo esto no ha pasado de fraseología pura, y la acción, desde el gobierno de la Generalidad, no ha correspondido ni mucho menos al tono amenazador y violento de las declaraciones públicas. Y es que, citando nuevamente unas frases lapidarias de Marx, que parecen escritas para nuestra situación: “las amenazas revolucionarias de los pequeños burgueses y de sus representantes demócratas no persiguen otro fin que intimidar a los

adversarios. Y cuando han emprendido un camino sin salida y se han comprometido suficientemente para verse obligados a la ejecución de sus amenazas, recurren al equívoco, esquivan, ante todo, los medios de la realización y buscan pretexto para la derrota. La obertura brillante que anunciaba el combate se transforma en un débil murmullo, así que el combate ha de empezar, los actores acaban por no tomarse en serio ellos mismos y la intriga se acaba como un globo que una picada de aguja ha deshinchado”.

b) La experiencia de la Revolución rusa

Otra de las experiencias que el proletariado no debe olvidar es la Revolución rusa.

Entre la situación de Rusia en vísperas de la revolución y la de España hay una analogía de una evidencia sorprendente. En Rusia, como en España, la creación del Estado unificado y centralizado precedió al desarrollo del capitalismo, y la unidad obtenida fue una unidad absolutista y despótica, caracterizada por la más irritante desigualdad nacional. En Rusia, como en España, el poder había sido monopolizado por la clase de los terratenientes, y allí como aquí no se había realizado la revolución burguesa característica de los grandes países capitalistas. Finalmente, en Rusia, como aquí, la burguesía era débil, substancialmente regresiva e incapaz de resolver radicalmente los problemas fundamentales de la revolución democrática burguesa: el de la tierra, el de las relaciones entre la Iglesia y el Estado, el de las nacionalidades, el de la renovación del aparato burocrático administrativo. Y, sin embargo, cuando en febrero de 1917 se derrumbó la monarquía secular de los Romanov por la acción de las masas obreras y campesinas, fue esa misma burguesía regresiva, que temía la revolución, la que tomó el poder precisamente para decapitar a esta última. En este sentido hay también una analogía fundamental con la situación española. En cambio, la diferencia esencial consiste en el hecho de que la hegemonía del movimiento la había ejercido el proletariado, el cual contaba, por otra parte, con los soviets, organismos revolucionarios insustituibles. Esto hizo que desde el primer momento se estableciera una especie de poder dual: el del gobierno provisional y el de los soviets. Como resultado de ello, nació un gobierno de coalición, del cual entraron a formar parte representantes de los partidos que en aquel entonces predominaban en los soviets: los socialistas revolucionarios y los mencheviques. Es, sobre todo, la experiencia de la política de estos partidos eminentemente pequeño burgueses, muy particularmente de la del primero, la que la clase trabajadora de nuestro país debe utilizar.

Los mencheviques y los socialistas revolucionarios creían en la posibilidad de un régimen político democrático, representante de los intereses de toda la población, que resolvería por la vía parlamentaria los problemas fundamentales que la revolución rusa tenía planteados. La experiencia demostró lo utópico de esta concepción. Un gobierno en el cual estaban representadas la gran burguesía industrial y la gran propiedad agraria, ligadas con el imperialismo de la Entente, no podía dar satisfacción a las dos aspiraciones fundamentales de las masas: la paz y la tierra. Desde el poder no se podía practicar más que una política en defensa de los intereses de las clases privilegiadas o una política netamente proletaria, la única que, por otra parte, podía llevar a cabo la revolución democrático burguesa. El gobierno de coalición servía la primera de estas políticas; sólo el derrumbamiento de dicho gobierno y la instauración de la dictadura del proletariado podía llevar a cabo la segunda. Esto es lo que se esforzaron en demostrar los bolcheviques a las masas obreras y campesinas del país, las cuales acabaron por persuadirse, en la práctica, de que la única solución viable y eficaz era la bolchevista.

Durante los ocho meses en que estuvo en el poder el gobierno provisional, no se resolvió ninguno de los problemas esenciales de la revolución democrático burguesa. La fuerza armada del nuevo régimen fue mandada contra los campesinos que habían intentado expropiar a los terratenientes. En la cuestión nacional, el gobierno provisional siguió la misma política absorbente y asimilista del zarismo. Al frente del ejército continuaron los mismos hombres de ayer, y el aparato burocrático administrativo quedó en manos de los elementos del antiguo régimen.

Los grandes partidos pequeño burgueses fueron el juguete de los grandes propietarios e industriales, y las masas, hipnotizadas antes por la propaganda demagógica de esos partidos, acabaron por volverles la espalda cuando vieron que ninguna de sus aspiraciones eran satisfechas. El resultado de la política de los socialistas revolucionarios y los mencheviques fue en Rusia la tentavia contrarrevolucionaria del general Kornilov. Esta tentativa fracasó porque esos partidos pequeño burgueses habían perdido mucho terreno entre las masas, y el partido bolchevique había conseguido ya ejercer una influencia considerable sobre las mismas. De no ser así, y de no existir por añadidura organizaciones tales como los soviets, es muy probable que Kornilov habría barrido el gobierno provisional y restablecido la autocracia. La lección es tanto más útil para España cuanto, desgraciadamente, la clase trabajadora no cuenta en la actualidad ni con organizaciones de masas tales como los soviets, ni con un potente partido comunista. Esto aumenta el peligro de un golpe de Estado reaccionario.

Es evidente, que la aparición de Kornilov y su tentativa contrarrevolucionaria no hubieran sido posibles sin la existencia de esa política de la pequeña burguesía radical, que demostró una vez más su impotencia. Los representantes de esos partidos, cuando los bolcheviques anunciaban la posibilidad del peligro contestaban: “Si viene un Cavaignac lucharemos todos juntos”. En contestación a esto, Lenin publicó un artículo magnífico, que puede ser calificado de clásico. Se titula dicho artículo “¿Cuál es el origen social de los Cavaignac?”, y sus enseñanzas son tan preciosas para la clase trabajadora en general y para el proletariado español en particular, que no vacilamos en reproducir una gran parte del mismo, seguros de que el lector nos perdonará la extensión del extracto.

“Recordemos el papel de clase de Cavaignac (decía Lenin). En febrero de 1848 es derrocada la monarquía en Francia. Los republicanos burgueses están en el poder. Como nuestros k.d., “quieren el orden”, considerando como tal la restauración y la consolidación de los instrumentos monárquicos de opresión de las masas: la policía, el ejército permanente, la burocracia privilegiada. Como nuestros k.d., quieren poner término a la revolución, odiando al proletariado revolucionario que en aquel entonces tenía aspiraciones “sociales” (esto es socialistas) muy indefinidas. Como nuestros k.d., se mostraban implacablemente hostiles a la política de transportar la revolución a toda Europa, a la política de convertir a aquella en revolución proletaria internacional. Como nuestros k.d. utilizaban hábilmente el “socialismo” pequeño burgués de Louis Blanc, a quien tomaban como ministro, convirtiéndolo de jefe de los obreros socialistas, que quería ser él, en un apéndice de la burguesía.”

“Tales fueron los intereses de clase, la posición y la política de la casta dominante.”

“Otra fuerza social fundamental era la pequeña burguesía, vacilante, asustada por el espectro rojo y que se dejaba influenciar por los gritos contra los “anarquistas”. En sus aspiraciones a un socialismo soñador y verbal, la pequeña burguesía temía confiar la dirección de la revolución al proletariado revolucionario, no comprendiendo que este temor les condenaba a depositar la confianza en la burguesía. Pues en una sociedad de lucha de clases encarnizada entre la burguesía y el proletariado, sobre todo con la exacerbación inevitable de esta lucha por la revolución, no puede haber una línea “media”. La posición de clase y las aspiraciones de la pequeña burguesía consisten en substancia en querer lo imposible, en aspirar a lo imposible esto es, precisamente a esa “línea media”.”

“La tercera fuerza de clase decisiva era el proletariado, el cual aspiraba no a la “conciliación” con la burguesía, sino a la victoria sobre la misma, al desarrollo audaz de la revolución y, por añadidura, en el terreno internacional.”

“He aquí la base histórica objetiva que engendró a Cavaignac. Las vacilaciones de la pequeña burguesía la “eliminaron” del papel de participante activo, y aprovechando su temor a prestar confianza a los proletarios, el k.d. francés general Cavaignac desarmó a los obreros de París y los ametralló.”

“La revolución se terminó con esta matanza histórica; la pequeña burguesía, numéricamente predominante. era y seguía siendo un apéndice político importante de la burguesía, y tres años más tarde se restauraba nuevamente en Francia la monarquía cesarista en una forma particularmente ignominiosa (…) No es que Tseretelli o Chernov personalmente, e incluso Kerenski, estén llamados a desempeñar el papel de Cavaignac; para esto se encontrarán otros hombres que en el momento oportuno dirán a los Louis Blanc rusos: “Marchaos”, pero los Tseretelli y los Chernov son los jefes de una política pequeño burguesa que hace posible y necesaria la aparición de los Cavaignac.”

“¡Cuándo venga el verdadero Cavaignac, estaremos con vosotros! — (¡Magnífica promesa, espléndido propósito!) Lástima únicamente que ponga de manifiesto la incomprensión de la lucha de clases, típica para la pequeña burguesía sentimental y temerosa. Pues Cavaignac no es una casualidad, su “advenimiento” no es un hecho aislado. Cavaignac es el representante de una clase (la burguesía contrarrevolucionaria), es el realizador, de su política. Y es, precisamente, esa clase, esa política la que sostenéis ya ahora, señores s.r. y mencheviques. A esa clase y a su política dais, a pesar de tener en este momento la mayoría evidente el país, el predominio en el gobierno, esto es, una base magnífica para su actuación”.

Y Lenin termina esta página insustituible con la siguiente conclusión:

“Verbalmente, Louis Blanc se hallaba lejos de Cavaignac como el cielo de la tierra. Louis Blanc había hecho asimismo infinitas veces la promesa de luchar junto con los obreros revolucionarios contra los contrarrevolucionarios burgueses. Y, al mismo tiempo, no habrá ningún historiador marxista, ningún socialista, que dude que fueron precisamente la debilidad, las vacilaciones, la confianza en la burguesía por parte de Louis Blanc las que engendraron a Cavaignac y le aseguraron el éxito”.

Nada se puede añadir a estas palabras definitivas. El lector no tiene más que aplicarlas a nuestra realidad concreta, y sacar de ello las consecuencias prácticas necesarias.

c) La experiencia de la Revolución china

La última experiencia histórica sobre la cual queremos fijar la atención del lector, aunque no sea más que someramente, es la de la Revolución china.

En dicho país, bajo el pretexto de la necesidad de la lucha contra el enemigo común, el imperialismo, el proletariado infeudó sus destinos al Kuomintang, partido eminentemente burgués. La burguesía pudo reforzar así sus posiciones y debilitar las de su enemigo de clase, lo cual le permitió aplastar la revolución popular en el momento oportuno. Durante los años de gran impulso del movimiento revolucionario (1925-1927) la burguesía nacionalista, con el fin de atraerse a las masas trabajadoras y garantizar mejor el éxito del golpe que preparaba contra las mismas, empleaba un lenguaje extremadamente demagógico, no vacilando en declarar su solidaridad completa con la revolución rusa y aun con la III Internacional. A pesar de las advertencias de algunos elementos clarividentes de la Internacional Comunista, muy principalmente de la Oposición de Izquierda acaudillada por el compañero Trotski, los comunistas chinos practicaron una política de colaboración con el Kuomintang, cuya característica esencial fue la pérdida de toda independencia política por parte del proletariado revolucionario y la subordinación del mismo a los intereses de la burguesía nacional. Los resultados de esta política no pudieron ser más funestos: el general Chang-Kai Chek, ensalzado por los propios comunistas como el caudillo de la revolución, aprovechó el momento de la entrada de las tropas del sur en Changai, para dar un golpe de Estado y emprender una represión feroz contra el proletariado. Sin embargo, esta experiencia no fue aprovechada. El partido comunista, de acuerdo con las orientaciones de la Internacional, en vez de reaccionar inmediatamente, aprovechándose del impulso que tenía el movimiento revolucionario, para crear soviets y emprender la lucha contra la burguesía, prestó su apoyo decidido a los elementos de la pequeña burguesía radical que formaban la izquierda del Kuomintang y que constituyeron un gobierno en Wuhan. Las advertencias de la Oposición Comunista de izquierda, esta vez tampoco fueron escuchadas. El resultado no se hizo esperar. Los demócratas de izquierda, acaudillados por VanTsin-Vei (grupo político cuya ideología es de una analogía sorprendente con la de nuestra extrema izquierda burguesa) no fueron más que un juguete en manos de la gran burguesía: bien pronto el ejemplo de Changai fue seguido por Wuhan, y se inició esa terrible represión contra el movimiento revolucionario chino que ha costado torrentes de sangre a los obreros y campesinos de aquel país.

De estos tres ejemplos que hemos citado, el proletariado de todos los países debe sacar las lecciones debidas. Estas experiencias demuestran que la burguesía no persigue más que un fin: consolidar, por todos los medios, su dominación de clase, que la pequeña burguesía de izquierda, a pesar de su fraseología radical, se convierte en el instrumento de los intereses de aquélla y, finalmente que el proletariado, al dejarse influenciar por la izquierda democrática, o lo que es peor, al infeudar sus destinos a la misma, se condena a la propia derrota. Las consecuencias prácticas que de ello debe sacar el proletariado son: no dejarse hipnotizar por la ficción democrática; luchar por la verdadera revolución democrática, lo cual implica la lucha contra la burguesía; sostener una política netamente proletaria, sin concomitancia alguna con la pequeña burguesía radical.

VIII. PERSPECTIVAS

¿Dónde va la República española? ¿En qué sentido se desarrollarán los acontecimientos? Lo dicho más arriba nos permite contestar a esta pregunta con una afirmación escueta: si la clase obrera no se organiza sólidamente, reforzando sus sindicatos, creando consejos de fábrica, constituyendo Juntas revolucionarias, y, sobre todo, forjando un potente partido comunista, la república se desarrollará en el sentido de la consolidación de la burguesía y de la inauguración de un período de reacción feroz. Esta reacción puede ser el resultado de un golpe de Estado militar o de la evolución de las propias formas republicanas. Si en Rusia hubo un Kornilov, y un Iriburu en la Argentina, un Ibáñez en Chile y un Carmona en Portugal, esto no significa que haya de ser precisamente un general el instrumento de la reacción burguesa en nuestro país. No olvidemos que si fue un general republicano, Cavaignac, el que en junio de 1848 ametralló a los obreros de París, en mayo de 1871 fue un hombre civil, Thiers, el que ahogó en sangre la “Commune”. Este último ejemplo es particularmente aleccionador para nosotros, por cuanto durante la campaña que precedió a la caída de la monarquía, los hombres del campo republicano, desde los de la extrema derecha a los de la extrema izquierda, nos presentaban precisamente como modelo a Thiers.

El proletariado, aliado con las grandes masas campesinas, es el único capaz de evitar la reacción, impulsando la revolución democrática hasta sus últimas consecuencias y preparando, así, el terreno para la instauración de la dictadura del proletariado.

Entre sectores considerables del movimiento obrero revolucionario (y muy particularmente entre los militantes de la Confederación Nacional del Trabajo) está muy difundida la idea de la posibilidad de un período de tres

o cuatro años de desarrollo pacífico, sin sacudidas, de la organización obrera. Esta idea es un resultado de las ilusiones democráticas a que hemos aludido repetidamente. La posibilidad de un período tal está absolutamente descartada. Los hechos de estas últimas semanas lo confirman de un modo incontestable. La crisis porque atraviesa la burguesía española no podía ser resuelta, porque sus contradicciones son irresolubles en el marco del régimen capitalista. La situación de las masas obreras y campesinas irá agravándose de día en día, y la lucha de clases tomará proporciones cada vez más vastas y caracteres más agudos. En estas condiciones es absolutamente ilusorio imaginarse que la burguesía puede permitir el desarrollo pacífico de las organizaciones obreras. El período que se abre no es, pues, un período de paz, sino de lucha encendida. Y en esta lucha estarán en juego los intereses fundamentales de la clase trabajadora y todo su porvenir. La clase obrera será derrotada si en el momento crítico no dispone de los elementos de combate necesarios: triunfará, si cuenta con estos elementos, si se desprende de todo contacto con la democracia burguesa, practica una política netamente de clase y sabe aprovechar el momento oportuno para dar el asalto al poder.

Los peligros que amenazan al proletariado español son enormes: el proceso iniciado, en vez de terminar en una revolución, puede tener como coronamiento un aborto. Todo dependerá del acierto con que la vanguardia revolucionaria actúe en los acontecimientos que se avecinan.

La burguesía republicana tiene interés en presentar la reunión de las Cortes constituyentes como la etapa final de la revolución. Es éste un error fundamental, que la burguesía tiene un interés comprensible en mantener con el fin de evitar lo que más teme y para lo cual sacrificó, en esencia, a la monarquía: la revolución. La reunión de las Cortes constituyentes no es más que una de las etapas del proceso revolucionario de nuestro país. Las Cortes darán un nuevo impulso al movimiento, y el período deberá ser aprovechado por la clase trabajadora para prepararse. Pero no hay que olvidar, que, sea como sea, disponemos de poco tiempo. En cambio, las tareas que nos incumbe realizar son inmensas. La más urgente es la de la creación del partido. Sin un partido, la clase trabajadora no podría emanciparse, y el proceso revolucionario será contenido por la reacción burguesa. Por esto el deber de todos los revolucionarios españoles sinceros debe consistir en consagrar todos sus esfuerzos a forjar ese instrumento de deliberación de que tiene necesidad indispensable el proletariado. En realidad, el partido hoy no existe. Hay una serie de grupos dispersos, sin ninguna conexión entre sí. No queremos examinar aquí las causas de este triste estado de cosas. Basta consignar que la unificación de todas las fuerzas comunistas españolas sin distinción, se impone como una necesidad urgente e indispensable.

Si conseguimos constituir este gran partido comunista que ha de ser el instrumento de liberación de la clase trabajadora, si logramos hacer comprender al proletariado sus verdaderos fines en la revolución, si sabemos organizarlo en los sindicatos, en los Comités de fábrica, en las Juntas revolucionarias, finalmente, si logramos establecer la unión entre el proletariado y los campesinos, evitaremos que la revolución sea estrangulada y que, según la frase de Marx, “los brillantes castillos de fuegos artificiales de Lamartine, se conviertan en las bombas incendiarias de Cavaignac”.

1931

El proletariado español ante la revolución. Biblioteca Proletaria, Barcelona, 1931.

https://www.marxists.org/espanol/nin/1932/002.htm

Notas

1/ “La crise de la dictature militaire en Espagne”, en La Lutte de classes, París, nº 18.

(Fotografía, Nin retratado por Agustí Centelles)