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Bolivia: Tesis Política de la XLIV Conferencia de la Federación Departamental de Fabriles La Paz – 2017

Después de más tres décadas los trabajadores fabriles volvemos al escenario político nacional recuperando nuestras banderas de lucha revolucionaria socialista. Retornamos a ocupar nuestro lugar en la lucha de la nación oprimida contra la nación opresora. La clase obrera tiene la capacidad de aglutinar la lucha de toda la nación oprimida en un solo puño y darle al país una perspectiva revolucionaria para superar el atraso económico y la miseria. La lucha de clases sociales no se ha extinguido sino que se agudiza por la profundización de la crisis capitalista, por lo que la ideología revolucionaria del proletariado tiene plena actualidad, haciéndose impostergable la tarea de volver a ser asimilada y materializada por la clase obrera boliviana. NUESTRO OBJETIVO ESTRATÉGICO ES LA IMPLANTACIÓN DEL GOBIERNO OBRERO CAMPESINO Y DE TODOS LOS EXPLOTADOS Y OPRIMIDOS DEL PAÍS, LA INSTAURACIÓN DE LA NUEVA SOCIEDAD ASENTADA EN LA PROPIEDAD SOCIAL DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN, ES DECIR EL SOCIALISMO.

Enfrentar la crisis significa: garantizar la seguridad ocupacional que supone la defensa de nuestras fuentes de trabajo, desarrollar el aparato productivo e impulsar la industrialización alimentada por nuestros recursos naturales para crear más fuentes de empleo, ampliar y defender el mercado interno, es decir, acabar con la explotación capitalista que sólo saquea nuestras fuentes de riqueza. No podemos conformarnos con ser tan sólo fuerza de trabajo explotada y voto electoral para encumbrar a nuestros propios verdugos.

Los obreros, junto a campesinos y las clases medias empobrecidas, debemos hacer un frente común para acabar con un sistema de opresión que beneficia a un puñado de explotadores y parásitos que someten a la miseria a las grandes mayorías, orientándonos a conformar un gobierno obrero y campesino dirigido políticamente por el proletariado e inspirados en los lineamientos centrales de la Tesis de Pulacayo de 1946 y la Tesis Socialista de la COB de 1970. Por todo ello, el movimiento fabril retoma los principios del SINDICALISMO REVOLUCIONARIO y la INDEPENDENCIA POLÍTICA DE LA CLASE OBRERA, desconoce la vergonzosa “alianza estratégica” con el gobierno masista, llama al conjunto del pueblo explotado boliviano a recuperar los sindicatos y nuestras entes matrices del masismo proburgués y antiobrero. Por lo que proclamamos LA NECESIDAD DE RECUPERAR NUESTRA TOTAL INDEPENDENCIA SINDICAL Y POLÍTICA FRENTE A TODAS LAS EXPRESIONES POLÍTICAS DE LA BURGUESÍA.

  1. EL GOBIERNO DEL M.A.S. ES ESENCIALMENTE PROBURGUÉS Y ANTIOBRERO, CON POLÍTICA RENTISTA Y ANTIINDUSTRIAL

Una de las conquistas obtenidas en el último conflicto fabril, es el haber desnudado ante el país el carácter burgués y antiobrero del gobierno de Evo Morales al momento del cierre de ENATEX que dejó en la calle a cientos de trabajadores violentando la estabilidad laboral; además, también demostramos que el gobierno es el continuador y heredero de la vieja política rentista y vendepatria de los gobiernos anteriores, política basada en la venta de nuestros recursos naturales a las empresas trasnacionales antes que promover una política de fomento a la industria nacional que rompa todo sometimiento al imperialismo, que controle nuestra fronteras, que prohíba la importación de las mercancías para garantizar un mercado interno que consuma lo producido en nuestras pocas fábricas; al mismo tiempo se develó que el gobierno, en estos 10 años de gestión, ha utilizado las pocas empresas estatizadas como botines políticos para sus militantes, ha abierto las fronteras a la producción china que desincentiva el consumo de lo nacional, provocando el cierre de decenas de fábricas y cientos de microempresas. El gobierno del MAS, bajo un hipócrita discurso “industrialista”, esconde una gestión de presterío permanente despilfarrando los recursos del Estado en obras de servicio y en algunos casos innecesarios como el centro nuclear, satélites, palacios lujosos, coliseos, museos, canchitas de césped sintético, dejando de lado lo más importante para el país: inversiones productivas que fortalezcan el aparato productivo y nos encaminen a un proceso de industrialización y desarrollo.

Son muchos años que el sector fabril se encontraba mediatizado y amordazado por la política neoliberal impuesta por la “libre contratación”, que ha convertido al Ministerio de Trabajo en una oficina patronal, incapaz de hacer respetar los derechos de los trabajadores, dando luz verde a la mayor angurria de los empresarios, que como siempre, no encuentran otra forma de mantener sus niveles de ganancia sino es sobreexplotando la fuerza de trabajo y eliminando con miles de tretas los conquistas sociales; pero, además, son 10 años que nos han emborrachado con los cantos de sirena del “proceso de cambio” que sólo sirve para que los empresarios nos sigan explotando y se beneficien los traficantes de la politiquería que, valiéndose de las esperanzas y las ilusiones de los más pobres, llegaron a encaramarse en el poder como senadores diputados, gobernadores, alcaldes y concejales, con la promesa de cambiar las leyes para mejorar nuestras condiciones laborales; lamentablemente nada de ello ha ocurrido: el “proceso de cambio” ha sido sepultado por el D.S. 2765 que ha cerrado ENATEX y amenaza con cerrar más fábricas y despedir más obreros.

Los trabajadores fabriles hemos evidenciado un proceso de derechización del gobierno masista al convertirse en abiertos defensores de los intereses del capital nativo y extranjero. La política pro-burguesa que aplica el gobierno lo ha llevado a sellar una alianza de sangre con el empresariado, las oligarquías terratenientes y las transnacionales. El gobierno pretendidamente defensor de los intereses de las grandes mayorías oprimidas del país, finalmente ha mostrado su verdadero rostro derechista. Los trabajadores fabriles hemos dejado atrás las ilusiones en el “hermano” Evo porque su condición indígena-campesina sólo había servido para engañar las ilusiones de los más oprimidos. No nos engañemos, el M.A.S. es, con toda claridad, la “NUEVA DERECHA” que representa de manera directa los intereses de las transnacionales, de la oligarquía terrateniente cruceña, de la vieja y la nueva burguesía que ha nacido por los favores y la corrupción del aparato estatal. Como trabajadores debemos tener en claro que nuestra condición de pobreza como país subdesarrollado se debe a la incapacidad de la burguesía nativa que no ha podido encarar un proyecto histórico de desarrollo industrial integral, los gobiernos anteriores y actualmente el MAS, no son sino los empleados y cómplices de esta burguesía incapaz y parasitaria, por lo cual, nuestro país se encuentra subordinado a los intereses del imperialismo y a los vaivenes de la economía capitalista mundial.

La Tesis de Pulacayo caracterizó por vez primera a Bolivia como un país capitalista atrasado e integrante de la economía internacional. Capitalista porque es parte de la economía mundial como proveedor de materias primas, pero atrasado porque no ha logrado un desarrollo armónico en el resto las ramas de su economía. Es un país con escaso desarrollo industrial en el que coexisten los modos pre-capitalistas de producción (artesanal, comunitario, minifundio agrícola, etc.) junto al modo de producción capitalista moderno concentrado en la explotación de las materias primas para exportación (gas, petróleo, minería, soya) controlada por las transnacionales disfrazadas de “socias” del Estado en Y.P.F.B. San Cristóbal y actualmente las empresas chinas.

No existe ni puede existir un “Capitalismo Andino y Amazónico boliviano”, ni un “Socialismo del Siglo XXI” -como proclaman los teóricos reformistas-, como una realidad independiente y autónoma al sistema capitalista mundial. La economía mundial es una sola, en la que los países capitalistas desarrollados (imperialistas) palian sus severas crisis económicas descargándolas sobre las espaldas de los países capitalistas atrasados (semicolonias). En esta era imperialista, las inversiones extranjeras han tomado el control no solo del mercado mundial sino de los mismos aparatos productivos coloniales, asegurándose para ellas las principales y estratégicas fuentes de riquezas naturales del mundo entero, como también de la fuerza de trabajo barata de los países pobres. Negar el funcionamiento de las leyes del capitalismo monopolista sobre nuestras pequeñas economías atrasadas, es tapar el sol con un dedo. Para los masistas el capital monopolista se habría convertido en benévolo, y que ahora anhelaría el desarrollo integral de su semicolonia. Nada más absurdo que esto. Hoy más que antes, el imperialismo busca saquearnos hasta la última molécula de gas, hasta el último gramo de mineral, esa es la razón de su existencia. A estas alturas de la historia, ya no es posible el desarrollo de los países semicoloniales como Bolivia en el marco democrático burgués; el imperialismo se interpone como el principal obstáculo a este desarrollo, en esto estriba su carácter reaccionario y decadente.

La hegemonía de las transnacionales en la economía nacional, echa por tierra la supuesta convivencia “armónica” y “equitativa” entre las diferentes formas de propiedad: estatal, privada, comunitaria y cooperativa, lo que el M.A.S. denomina “economía plural”. Este planteamiento, que se basa en las supuestas “vías” independientes de desarrollo de cada una de estas formas, desconoce el rol dominante que ejerce la gran propiedad privada sobre las demás formas económicas. El gran capital empresarial, extranjero y nacional, definen y subordinan la suerte del conjunto de la economía nacional, es por este canal que el país está vinculado al mercado mundial y es la fuente de ingreso de divisas, por mucho que los teóricos del reformismo pretendan hacernos entender lo contrario.

No podemos competir en las mismas condiciones dentro y fuera del mercado con mercancías que llegan de países altamente industrializados. En la distribución capitalista mundial, nos ha tocado ser simples proveedores de materias primas, nuestro nivel de mecanización es artesanal y nuestras fábricas, aparte de ser obsoletas, pueden ser contadas con los dedos. Nuestra burguesía es tan miserable que apenas es intermediaria y comercial, prima en nuestra economía la pequeña, mediana y micro empresa que, por su pobreza, terciariza los servicios para evadir lo que para ellos es “gasto social” y para nosotros representan derechos laborales.

  1. PERÍODO DE “BONANZA ECONÓMICA” DESPERDICIADA

La favorable coyuntura económica de los altos precios de nuestras materias primas, ha sido derrochada por el gobierno del M.A.S.. La bonanza económica no llegó al sector productivo, se esfumó en emprendimientos no productivos y el resto fue absorbido por la corrupción. Miles de millones de bs., han sido malversados en el Fondo Indígena Campesino; 300 millones es el costo del satélite Túpac Katari; el nuevo palacio faraónico de Evo costará 252 millones de Bs.; el Centro Nuclear, 1800 millones de dólares. Estos millonarios proyectos improductivos demuestran que el hemos mandado al basurero una de las mejores oportunidades históricas que el país ha tenido para poner en pie un proceso de desarrollo industrial y productivo en el país. No hay nacionalización, no hay industrialización, no se cumplió con la tan anhelada “agenda de octubre”.

En una década del “proceso de cambio” los modos de producción capitalistas en Bolivia no han sufrido ningún cambio. Al igual que hace casi un siglo (1920) cuando Bolivia se incorpora al mundo como proveedor exclusivo de materias primas (minerales y ahora hidrocarburos), seguimos abasteciendo al mercado mundial de materias brutas sin valor agregado. No basta incrementar la inversión pública sino saberla dirigir al sector básico de la producción, planificar la economía para avanzar en un proceso de desarrollo nacional de mediano y largo alcance. Los únicos que se han favorecido de este periodo de “bonanza” son, en primer lugar las transnacionales, en segundo lugar la banca y la empresa privada, mientras que para el pueblo boliviano sólo migajas y prebendas en forma de bonos y propaganda de “Evo cumple”.

El gobierno del MAS no tiene un Plan de Desarrollo Económico para Bolivia, su modelo económico “socialista comunitario” o “capitalista andino-amazónico” de “economía mixta” no es más que verborrea barata: pretende perpetuarse en el poder para proseguir y profundizar la línea del modelo neoliberal entreguista con discursos y falsas promesas. Por el otro lado, impone una mayor restricción del gasto público: congelamiento salarial, presupuesto insuficiente al sector de salud y educación, condición indispensable para estabilizar la economía en el marco de las exigencias de FMI. Esta política vende- patria no resolverá nuestra crisis, la Agenda 20-25 con cero pobreza a costa de millonarios prestamos que nos endeudará hasta la quinta generación, es otro pretexto más para quedarse en el gobierno para evitar juicios por los escandalosos casos de corrupción. En el 2025 (bicentenario de la república) seguiremos siendo la fuente de provisión de materias primas y basurero de las transnacionales, este es el único futuro que nos espera con gobiernos sirvientes del capital extranjero.

  1. AUSENCIA DE UNA INDUSTRIA PODEROSA EN BOLIVIA

Uno de las características fundamentales del atraso del país es la ausencia de una poderosa industria nacional. Está totalmente ausente la industria pesada, las pocas fábricas que existen no tienen capacidad para competir con los productos extranjeros chinos, importados o de contrabando que ingresan al país. En los países semicoloniales como el nuestro, la subsistencia de las relaciones precapitalistas en el campo, condena al campesino a la miseria y el atraso; en las ciudades, por la falta de fuentes de trabajo y por el poco desarrollo industrial, la mayor parte de la población está condenada a sobrevivir en la economía informal: enormes masas de cuentapropistas, especialmente gremiales, fuerza de trabajo no productiva, sub y desocupada.

Actualmente, por la crisis estructural mundial del capitalismo, somos los países semicoloniales los condenados a soportar el peso de dicha crisis, y seremos los trabajadores obreros del país los que paguemos los platos rotos por nuestra incapacidad de competir en el mercado nacional e internacional. La falta de nuestra capacidad competitiva se debe a la inexistencia de verdaderos emprendimientos empresariales con capacidad de impulsar el desarrollo económico en su conjunto. La historia de nuestro país desconoce un proyecto de desarrollo capitalista; nuestras “grandes” y “geniales” políticas de Estado se reducen a regatear mejores precios para nuestras materias primas.

Las empresas más grandes están en manos de capitales extranjeros, fundamentalmente en extracción de materias primas, minerales e hidrocarburos. En las ciudades, las fábricas grandes como tal, son franquicias extranjeras fundamentalmente en bebidas, alimentos y medicamentos. Los pocos emprendimientos en el área de textiles y algunos otros, sufren las consecuencias de la estrechez del mercado interno, provocando que el sector vaya languideciendo paulatinamente. La burguesía criolla industrial es primitiva: se ha estancado en la primera fase del desarrollo capitalista, de ahí su pillería al tratar de robar hasta el último céntimo a los trabajadores al negar el pago de derechos sociales elementales como ser bonos de producción, categorización, recargos nocturnos, horas extras y un salario igual a la canasta familiar; nuestros empresarios criollos dedicados la producción para el mercado interno, son incapaces de dar un salario igual a la canasta familiar, realizan descuentos ilegales, multan a sus obreros por distintas razones, etc. Así busca acrecentar su diminuto capital.

  1. CARACTERÍSTICAS DEL PROLETARIADO FABRIL

1.- El proletariado adquiere ciertas características según el desarrollo de las fuerzas productivas de cada país y adopta determinadas formas según su particular modo de producción. No cabe duda que el proletariado fabril lleva las huellas del atraso del país, de la forma de modernización de nuestra economía en los marcos de un capitalismo atrasado. A diferencia de los mineros que se han conformado en clase social como consecuencia de la penetración del capital financiero internacional, los fabriles son producto de una lenta y contradictoria evolución del viejo artesanado pre–capitalista. Este proceso, sin embargo, se ha dado de manera tardía –en la primea mitad del siglo XX-, cuando el sistema capitalista en los países desarrollados se encuentra ya en plena decadencia, en su fase imperialista, y se convierte en freno para los países semicoloniales como el nuestro, impidiendo el desarrollo de sus fuerzas productivas de manera orgánica, gradual e integral como ocurrió en los países que arribaron primero a este modo de producción.

El movimiento obrero fabril es criatura de la insipiencia y pequeñez de las fábricas que no permiten grandes concentraciones de fuerza de trabajo. El trabajador siempre ha soportado condiciones inhumanas de explotación: miserables salarios, inseguridad en las fuentes de trabajo, permanentes burlas de los beneficios sociales por parte de una patronal miserable y rapaz. Frecuentemente el trabajador fabril, cuando termina su sacrificada jornada de trabajo, para cubrir sus necesidades vitales, debe desarrollar otras actividades para incrementar sus escasos ingresos familiares, hecho que limita grandemente el desarrollo de su conciencia de clase.

2.- Durante el llamado período neoliberal ha sido el sector que más ha sufrido las consecuencias de la flexibilización laboral que el imperialismo y la clase dominante nativa han impuesto para cargar todo el peso de la crisis capitalista sobre las espaldas de los trabajadores, hecho que, a su vez, a los industriales les ha permitido seguir sacando utilidades a costa de someter a condiciones de vida y de trabajo inhumanas a la fuerza de trabajo. La flexibilización laboral ha creado inmensas capas de trabajadores flotantes sin derecho a una fuente de trabajo segura, sin beneficios sociales, sometidos a jornadas de trabajo de 10,12 ó más horas y privados del derecho a sindicalizarse para impedir su organización y defensa de sus derechos. Durante este período el movimiento fabril ha sufrido el despido de 30 mil obreros; la federación de fabriles de La Paz que contaba con 209 sindicatos en 1979, hoy apenas llega a 80 sindicatos afiliados, sin que quiera decir que hay menos unidades de trabajo en el país: en términos numéricos, desde el año 1986 en las ciudades capitales ha subido de 117 mil obreros a 150 mil en 1991; a 231mil en 1995 en ciudades capitales, y a 393.623 en 1997 en todo el país. Comparando las cifras de la anterior década cuando el número de trabajadores llegó a 117 mil, diez años después tenemos a más de 231 mil trabajadores. La política neoliberal ha sido nefasta para los obreros fabriles, sin embargo, durante la década neoliberal de los años 90, la industria manufacturera ha atravesado un notable crecimiento económico con un promedio del 4,5% anual. En este periodo se han dado cambios importantes que han fragmentado las grandes unidades de trabajo con trabajo maquila, obreros a domicilio, subcontratación, empresas unipersonales, trabajadores eventuales, contratos por obra, a destajo, etc. La actividad sindical ha sido reducida a su mínima expresión por el cierre de las grandes empresas como la Said, Forno, Soligno; por otra parte, la “relocalización” ha significado el abandono de la ideología proletaria de la conciencia de las nuevas generaciones de obreros. Las nuevas camadas de obreros estamos obligados a retomarlo para constituirnos en la vanguardia del resto de los explotados. Lo que caracteriza al sector actualmente es la masiva aparición de microempresas, empresas medianas y familiares que, por su baja composición orgánica de capital, no tienen la capacidad de competir y soportar la presión de la economía de libre mercado que ha permitido la invasión masiva mercadería barata proveniente principalmente desde el Asia y del contrabando.

3.- En la última etapa, algunas fábricas han sido absorbidas por empresas transnacionales que han cambiado, en cierta forma, la fisonomía de la producción industrial. La tradicional que tiene fuertes rasgos artesanales y manufactureros, por su extremada pequeñez y la relación casi patriarcal entre el obrero y el patrón, es reemplazada por la forma de producción y administración moderna. Los capitales transnacionales permiten, en cierta forma, el ensanchamiento de las fábricas y las relaciones obrero–patronales adquieren también rasgos más capitalistas. El signo de la explotación se agudiza y las transnacionales –en complicidad con nuestras autoridades y bajo la sombra protectora de la ley-, siguen sacando ganancia por la superexplotación del trabajador. En realidad, éstas penetran a la actividad fabril porque les permite reducir sus costos de producción debido a que la mano de obra es más barata y sin mayores cargas sociales. De esta manera, la presencia de las transnacionales en la industria fabril significa perpetuar la explotación de un capitalismo decadente y en crisis terminal.

4.- Sin embargo, las últimas movilizaciones del sector, a partir de la defensa de las fuentes laborales, con las tomas de fábricas, movilizaciones y paros apoyándonos de manera conjunta, mucho más en la movilización por la defensa de ENATEX, han mostrado el renacer el movimiento fabril enfrentando el “relocalizador” D.S. 2765 -el hermano gemelo del 21060-, logrando articular una poderosa movilización nacional con la participación activa y unitaria de todos los trabajadores fabriles del país; lucha masiva y antigubernamental de la cual no hemos salido derrotados, al contrario, nos ha permitido salir fortalecidos, con un estado de ánimo de apronte y predisposición para enfrentar futuras luchas en defensa de nuestros intereses, con la misión clara de luchar por el sitial de vanguardia política y física del movimiento obrero y del pueblo oprimido y explotado en general. Definitivamente, hemos logrado reencontrarnos con nuestra verdadera historia, nuestra ideología proletaria y los lineamientos revolucionarios de nuestra clase.

  1. PROTECCIONISMO DE LA INDUSTRIA NACIONAL Y ESTABILIDAD LABORAL

El gobierno de Evo Morales lejos de aplicar una política proteccionista, prohibiendo la importación de productos que se elaboran en el país y combatiendo efectivamente el contrabando, ha mantenido en plena vigencia la política de libre mercado, ha abierto las puertas del país para la invasión de mercadería china y de los países vecinos; en los hechos se mantiene vigente el D.S. 21060 y la libre contratación.

El estatismo constituye el muro defensivo que levantan los países atrasados para poner atajo a la política colonizadora de las metrópolis imperialistas que actúan a través de las transnacionales. Su vigencia y preservación suponen la defensa de la soberanía nacional. La burguesía de los países industrializados ha utilizado tradicionalmente el estatismo para potenciarse e imponerse internacionalmente en la competencia económica con otros países. Abandonar las medidas proteccionistas y tornarse librecambista a ultranza, significa abrir de par en par las puertas del mercado interno, entregar en malbarato los recursos naturales, el control de las empresas estatizadas y la explotación de la fuerza de trabajo barata.

La destrucción del estatismo y la sustitución por una economía basada en la iniciativa privada (canal utilizado por el capital financiero) no puede menos que remachar las cadenas que nos sujetan al carro imperialista. La defensa del estatismo, que la asumimos con franqueza y energía, es parte de la lucha por la liberación nacional y antiimperialista. Corresponde a los bolivianos y particularmente a la clase obrera, defender de manera intransigente el estatismo. Esta reivindicación forma parte del programa revolucionario.

El imperialismo utiliza una política neoliberal y globalizadora para acentuar la opresión sobre los países atrasados, aunque en sus propios países mantienen medidas proteccionistas en favor de sus propios capitalistas.

Ante el argumento de que el Estado es un pésimo administrador y que las empresas estatales son convertidas en botín para los parciales del gobierno de turno, los trabajadores debemos responder con la exigencia del CONTROL OBRERO COLECTIVO en las empresas tanto estatales como privadas. El control obrero no puede de ningún modo ser un control individual, debe ser colectivo para combatir la burocratización de los delegados del control obrero.

  1. VIVA LA INDEPENDENCIA POLÍTICA DE LA CLASE OBRERA, ABAJO EL COLABORACIONISMO CON LOS GOBIERNOS DE TURNO

El movimiento fabril reivindica los principios inclaudicables de la INDEPENDENCIA POLÍTICA Y SINDICAL DE CLASE OBRERA CON REFERENCIA A LOS EMPRESARIOS, AL GOBIERNO Y AL ESTADO BURGUÉS, como también los principios del SINDICALISMO REVOLUCIONARIO. El sindicato se ha constituido históricamente para defender y resguardar los intereses de los trabajadores en su lucha cotidiana contra los capitalistas y el Estado, por lo que debe guardar distancia con cualquier gobierno de turno.

El Estado es un instrumento de opresión en manos de las clases dominantes para sojuzgar a las clases explotadas; no es casual que sus instituciones como el Ministerio de Trabajo, se parcialicen a favor de los intereses de los capitalistas. Nuestra lucha debe ser en el plano de la lucha de clases, con nuestros propios métodos de lucha como la acción directa y la movilización; para ello, es urgente recuperar nuestra memoria histórica, nuestra vieja tradición contestataria y revolucionaria.

Para el movimiento obrero la defensa de la independencia sindical es de vital importancia, pues, es la única garantía que tenemos de poder actuar libremente contra el patrón y contra el Estado burgués. Los trabajadores no hemos logrado nada con el famoso “pacto político” con el gobierno, por el contrario, hemos retrocedido en nuestros derechos laborales y recibido una nueva “masacre blanca” al igual que en 1985, por lo que rompemos este “acuerdo” realizado en años anteriores por dirigentes comprometidos con el oficialismo.

Los que hablan de reconducir el “proceso de cambio” desde el gobierno, pretenden seguir engañando a las bases; el MAS, por su naturaleza pequeñoburguesa fuertemente sometido al gran capital, tratará de mantener a los trabajadores como dóciles esclavos de los empresarios. El gobierno mantiene plenamente vigente en las fábricas el 21060 y su famosa “flexibilización laboral”, instrumentos que utilizan los dueños del capital para conculcar diariamente los derechos laborales. No puede haber pacto alguno con los enemigos de la clase obrera.

Somos testigos de uno de los fenómenos sociales y políticos más vergonzosos de la historia del sindicalismo boliviano: el servilismo de los dirigentes burocratizados al gobierno burgués del M.A.S. En estos últimos años una verdadera avalancha de dirigentes oportunistas de todas las organizaciones obreras y de trabajadores en general, se han sumado al gobierno de Evo Morales, convirtiéndose en firmes soldados defensores del “proceso de cambio”, ofertando y comprometiendo el apoyo electoral de sus bases para el MAS a cambio de curules en el parlamento, cargos en el futuro gobierno, camionetas, hoteles, dinero en efectivo, etc. En los hechos, se ha tirado al basurero uno de los principios fundamentales del sindicalismo obrero: la independencia sindical y política frente al todo gobierno burgués de turno, no importa si es de cuello blanco o de poncho que defiende los privilegios de los explotadores y de las transnacionales.

El proletariado y la burguesía no solamente son diferentes sino clases antagónicas, colocados en los polos opuestos de la sociedad. Sus intereses materiales son contrapuestos: la burguesía encarna la defensa de la gran propiedad privada y el proletariado su destrucción. El proletariado, como vanguardia de los explotados del país, debe levantar las banderas de la independencia política frente al Estado burgués y a sus expresiones políticas, condenando toda forma de colaboracionismo clasista y rechazando los métodos de la clase dominante como el parlamentarismo, el ministerialismo, el legalismo y el sometimiento a la democracia burguesa.

La independencia de clase obedece a un alto grado de desarrollo de la conciencia de los explotados, cuando han llegado al punto de expresar políticamente sus intereses de clase, diferentes y opuestos a los de la burguesía. La clase consciente es la que sabe cómo es explotada y qué camino debe seguir para emanciparse. El proletariado tiene la misión histórica de destruir a la sociedad capitalista basada en la explotación del hombre por el hombre y sentar las bases materiales de la futura sociedad colectiva sin explotados ni explotadores, utilizando sus propios métodos de lucha cuya base es la acción directa de masas en sus múltiples formas, hasta llegar al proceso insurreccional. Nuestros máximos dirigentes sindicales han sido cooptados y corrompidos por el gobierno masista, los trabajadores de Bolivia proclamamos la necesidad de expulsar y castigar a todos estos “buscapegas” que han comprometido nuestra independencia política y han convertido a nuestras organizaciones en agencias del Estado burgués.

  1. ANTE LA AMENAZA DE CIERRE DE FÁBRICAS Y EL DESPIDO MASIVO DE OBREROS: ¡TOMA DE FÁBRICAS!

Nuestra lucha parte de la defensa de la estabilidad laboral de todos los trabajadores a nivel nacional; la defensa intransigente de nuestras conquistas laborales que hoy en día son pisoteadas por parte de los patrones y el gobierno; la reivindicación de un salario que cubra el costo de la canasta familiar, el salario mínimo vital establecido por la COB en 8.300 bs. No podemos permitir ni un despido más. Frente al anuncio de cierre de cualquier fábrica, los trabajadores fabriles responderemos con la inmediata OCUPACIÓN Y TOMA DE FÁBRICAS, para que estas pasen a ser administradas por los mismos obreros y de esta manera se resguarde y se garantice nuestras fuentes de trabajo.

Es el propio proceso político, es decir, la evolución de la lucha de clases, la que actualiza la ocupación de fábricas y la convierten en una necesidad que debe materializarse como respuesta obligada frente a las amenazas de cierre de centros de trabajo o los despidos masivos de trabajadores.

La toma de las fábricas y de otros sectores de la producción, no es nueva en la tradición del sindicalismo boliviano. La ocupación fue la forma que adquirió –por imposición de los acontecimientos del momento- la nacionalización de las minas en la memorable Tesis de Pulacayo. En algunas oportunidades los mineros ocuparon los socavones y las instalaciones empresariales de manera instintiva. Se puede decir que constituye un método de lucha de los explotados y, como todo método de lucha, por otra parte, debe ser utilizado de acuerdo a las modificaciones que sufre la situación política del país.

Hoy, ante el cierre algunas fábricas que han sido tomadas por sus trabajadores y que esforzadamente las mantienen en producción como POLAR, PUNTO BLANCO, CERÁMICAS VICTORIA, el gobierno busca la forma de estrangularlas para que fracasen, por ser mala señal de seguridad jurídica ante los inversores extranjeros que trata de atraer. Sólo la unidad de los obreros junto a sus organizaciones naturales, la generalización de la ocupación de fábricas bajo sus propios métodos de lucha, ante cualquier amenaza de cierre, podrá imponer que el Estado asuma la responsabilidad de darles soporte económico para que puedan funcionar y desarrollarse bajo control obrero colectivo.

  1. CONTROL OBRERO COLECTIVO

Para evitar llegar a la quiebra de las empresas, como en el caso de ENATEX, los trabajadores debemos imponer el CONTROL OBRERO COLECTIVO, que se entiende por una severa fiscalización por parte de los trabajadores al área financiera, al proceso productivo y al mercadeo de una determinada fábrica. Seguimiento detenido que evitará anticipadamente el cierre de la empresa.

El control obrero colectivo consiste en que son las bases quienes a partir de la asamblea de trabajadores definen la política general del manejo y administración de la fábrica. Los delgados encargados del control obrero rinden cuentas de sus actos permanentemente a las bases, son nominados por la asamblea con mandato imperativo y pueden ser removidos en cualquier momento por la asamblea si no se rigen a las determinaciones tomadas colectivamente. Los encargados no recibirán ninguna remuneración adicional por el ejercicio del control obrero, para evitar su burocratización.

El control obrero colectivo no significa la administración directa de la misma, para ello están los profesionales que conducen el proceso administrativo; la diferencia estriba en que los administradores son considerados subordinados a las decisiones del conjunto de los trabajadores a través de las asambleas. Es entonces que los trabajadores responden exigiendo el control obrero colectivo, que debe funcionar bajo la vigilancia de las bases y cuya misión fundamental debe consistir en canalizar y potenciar la capacidad creadora de las masas radicalizadas. La experiencia de la revolución del 52 ha mostrado que el control obrero individual es fuente de corrupción y que los gobiernos de turno han utilizado a la propia burocracia sindical para aplicar políticas burguesas; por lo que dicha enseñanza aconseja que el control obrero debe ser colectivo y con participación de las bases.

  1. POSICIÓN DE LOS TRABAJADORES FABRILES FRENTE AL PROBLEMA SALARIAL

El Estado y los politiqueros burgueses creen que el trabajador debe someterse a salarios que guarden conformidad con las “posibilidades económicas del país y de los patrones”. Asimismo, algunos malos dirigentes sindicales creen que todos: empresarios y obreros, debemos sacrificarnos para superar la crisis económica de los empresarios y el país, olvidando que los empresarios siguen exprimiendo plusvalía al trabajador. Según estos dirigentes: los obreros debemos morir de hambre y trabajar hasta reventar porque así lo imponen las difíciles condiciones económicas del país. Los trabajadores nos oponemos de manera radical a esa concepción salarial de la burguesía. Sabemos que el salario es el precio de mercancía fuerza de trabajo, cuyo pago debe permitir desarrollarnos y vivir en condiciones normales, alimentarnos para recuperar nuestras energías físicas y mentales agotadas en la jornada de trabajo; criar, alimentar, educar, vestir, hacer estudiar a los hijos, etc. Si la mercancía fuerza de trabajo se vende por un salario miserable, se ocasiona la destrucción física de la clase obrera.

Los obreros tenemos nuestra propia política salarial, consideramos que el salario debe cubrir todas las necesidades del trabajador y de su familia (CANASTA FAMILIAR) de tal modo que restituya el desgaste cotidiano de la fuerza de trabajo del obrero; este salario se llama MINIMO VITAL. Para los trabajadores el Salario Mínimo Vital es el salario real, que tiene capacidad de compra de todos los productos necesarios para la subsistencia del trabajador y su familia. La cantidad de billetes que recibimos los días de pago es el SALARIO NOMINAL cuyo poder adquisitivo está sujeto a las circunstancias de las subidas o caídas de los precios en el mercado. Actualmente, en el sostenido proceso inflacionario que vivimos, se produce una caída permanente del salario real, aunque el salario nominal suba, no tiene ninguna incidencia en la mejora de las condiciones de vida del trabajador, por ello es más urgente que nunca, aplicar la ESCALA MOVIL DE SALARIOS, esto significa que los salarios suban en la misma proporción en que suben los precios de los artículos de la canasta familiar, de manera automática, sin que medien conflictos sociales. La única manera de proteger el salario real en nuestra época, es aplicando la Escala Móvil de salarios en todas las empresas del país.

  1. MÉTODOS DE LUCHA DEL PROLETARIADO

La clase obrera rechaza la prédica de la conciliación de clases y de la “paz social”, por ser contraria a su aspiración de conquistar el poder. La lucha de clases en un país atrasado como el nuestro, impone la necesidad de la alianza con todas las clases explotadas y oprimidas que constituyen la mayoría nacional pero bajo la dirección política de la clase obrera que es la única capaz de enfrentar el poder de los grandes propietarios porque no tiene nada que defender en la actual sociedad capitalista, porque no es clase propietaria de ningún medio de producción, sólo dispone de sus brazos y su inteligencia para trabajar socialmente en la fábrica, la mina, el campamento petrolero, etc.

Para lograr la materialización de la estrategia revolucionaria estamos obligados a recurrir a tácticas y métodos de lucha propios de la clase obrera. Nuestra regla maestra: nos está permitido utilizar únicamente aquellos caminos que nos aproximen, aunque sea en un milímetro, a la conquista del poder y rechazamos todo aquello que nos aleje de nuestro objetivo final. En la base de los métodos de lucha del proletariado está la acción directa de masas, en sus múltiples formas, desde las más elementales como la huelga de brazos caídos, las marchas callejeras, la toma de fábricas, etc., hasta las más elevadas como la huelga general y la insurrección armada.

No debemos olvidar que todas las conquistas sociales, plasmadas en las leyes laborales y sociales, no fueron conseguidas a través del dialogo y la conciliación, cada uno de los artículos que se encuentran hoy plasmados en la ley general del trabajo, significaron luchas y sacrificios; la burguesía y sus gobiernos no nos regalaron nada a los trabajadores, la clase obrera ha ofrendado su vida en masacres, con movilizaciones y acciones radicales para arrancar de los explotadores nuestros derechos.

  1. LAS TAREAS DEL MOVIMIENTO OBRERO A NIVEL INTERNACIONAL

La crisis estructural capitalista que aqueja al mundo entero es una crisis de sobreproducción de mercancías que invade y satura todos los rincones del planeta y avasalla nuestro mercado interno penetrando por todos los resquicios de manera legal e ilegal. La fragilidad y obsolescencia de nuestra infraestructura industrial hace que no podamos competir en igualdad de condiciones frente a esta invasión de productos manufacturados del exterior a bajos precios, esta situación es la que atenta contra nuestra seguridad ocupacional de manera permanente amenazando echarnos a la calle por el cierre de fábricas.

El “capitalismo globalizado” no es otra cosa que la “etapa senil” de este sistema. La crisis del sistema capitalista se profundiza en todo el mundo empujando a la destrucción masiva de las fuerzas productivas, principalmente de la fuerza de trabajo, a través de despidos masivos, de superexplotación laboral y del deterioro de las condiciones humanas de trabajo. Los trabajadores y oprimidos en general somos testigos y víctimas de esta inevitable caída de la economía mundial en todas sus esferas: olapso del sistema capitalista. Sus efectos repercuten en los países de menor desarrollo industrial con más virulencia. Las guerras en el medio oriente, la masacre de Siria, los odios raciales en los países imperialistas, la arremetida de la derecha fascista en los países europeos, la victoria de Trump, son muestras de que el capitalismo en decadencia arrastra a la humanidad a la barbarie.

La lucha contra el imperialismo en el planeta requiere con urgencia de la presencia política del proletariado señalando la perspectiva del socialismo como la única forma de salir de esta crisis. Los trabajadores fabriles constatamos que no hay posibilidad de desarrollo industrial- capitalista que permita superar el atraso económico y la miseria en los países atrasados. Las condiciones están maduras para la revolución social bajo las banderas del proletariado revolucionario:

EL SOCIALISMO que será la nueva sociedad asentada en la propiedad social de los medios de producción y la distribución social del excedente económico, es la única respuesta a la crisis estructural del capitalismo.

PLATAFORMA DE LUCHA UNITARIA POLITICO

  1. Lucha unitaria de los obreros y pueblos del mundo por la implantación del Socialismo como la única forma de evitar la degeneración y barbarie de la Humanidad.
  2. Rechazo y condena a la estrategia del capitalismo para superar su crisis en base al despido masivo, rebaja de salarios y sobrexplotación de los trabajadores.
  3. Expulsión del imperialismo. Nacionalización sin indemnización de todas las empresas hidrocarburíferas y mineras hoy en manos de las transnacionales.
  4. Frente al cierre de fábricas: TOMA DE LAS FUENTES DE TRABAJO, para que éstas pasen a manos de los trabajadores bajo CONTROL OBRERO COLECTIVO.
  5. SALARIO MINIMO VITAL CON ESCALA MOVIL. El salario debe cubrir el costo de la canasta familiar para sostener a la familia; frente a la escalada inflacionaria: se debe asegurar el valor adquisitivo del salario mediante su reajuste automático a la subida de los precios.
  6. Jubilación con el 100% del salario, con aporte del Estado y la parte patronal: Renta Mínima Vital. Es obligación de los patrones y de su Estado que se enriquecen con el trabajo de los obreros, garantizar una vejez digna a los trabajadores cuando han llegado a la tercera edad. Es un crimen que a los jubilados se les rebaje el sueldo ya miserable a menos del 70% en el mejor de los casos con 35 años de aportes. La Ley de Pensiones consensuada entre el gobierno anti-obrero y la burocracia cobista vendida, condena a los trabajadores a morir de hambre en su vejez; en su esencia sigue siendo capitalización individual que hace descansar todo el peso de las rentas sobre las espaldas de los trabajadores que, en definitiva, seremos descontados en nuestros miserables sueldos en más del 13 % cuando el patrón apenas aportará el 3 % y el Estado nada.
  7. Defensa de la caja Nacional de Salud. El proyecto de seguridad social única y universal debe ser sostenido y financiado por el Estado boliviano bajo el control colectivo de los asegurados, de ninguna manera por los recursos de los trabajadores.
  8. Por el derecho a la categorización y cumplimiento de las normas laborales que benefician a los trabajadores.

SINDICAL

  1. Unidad de los trabajadores bolivianos a la cabeza de su organización matriz la Central Obrera Boliviana, respetando sus principios, documentos y estatutos.
  2. Recuperar nuestras gloriosas Confederación de Trabajadores fabriles de Bolivia y Central Obrera Boliviana de manos de la burocracia vendida al M.A.S.
  3. Preservar la INDEPENDENCIA SINDICAL Y POLÍTICA DE CLASE de los trabajadores y sus organizaciones sindicales en relación a los gobiernos burgueses y reformistas proburgueses, no interpretando independencia como neutralidad política.
  4. Rechazo y condena al sindicalismo amarillo, propatronal y ratificación de los principios del SINDICALISMO REVOLUCIONARIO establecido en los Estatutos y Principios de las organizaciones matrices y de base.
  5. Defensa irrestricta al fuero sindical.
  6. Luchar por garantizar el del derecho a la Huelga como legítimo instrumento de lucha y defensa de los obreros y exigir al gobierno que deje de penalizarla.
  7. Anular los contratos temporales, ya que es la forma de vulnerar el derecho al trabajo y las conquistas sociales.

ECONÓMÍCO

  1. 1)  Defensa y protección de nuestra industria y producción nacional ¡fuera productos extranjeros, abajo el contrabando!
  2. 2)  Luchar por una verdadera industrialización que genere fuentes de trabajo estables.
  3. 3)  Luchar por un salario que cubra las necesidades de la canasta familiar, basta de salarios e incrementos salariales de hambre.

¡LA EMANCIPACIÓN DE LOS TRABAJADORES SERÁ OBRA DE ELLOS MISMOS!

 

(Fotografía: Fabriles de La Paz en 1952)

Guillermo Lora: ¿qué es el populismo? (1993)

ORIGENES DEL POPULISMO

Con no poca frecuencia se olvida que el populismo apareció en el escenario mundial como un fenómeno típicamente ruso y que el marxismo en esas latitudes se formó en franca lucha contra él.

Para evitar el confusionismo tenemos obligadamente que referirnos al populismo ruso y establecer sus características; únicamente así podremos tener idea exacta de lo que significa ese término, en oposición del supuesto “populismo” boliviano.En Rusia hizo su aparición en los años sesenta y setenta del siglo XIX y fue tipificado por los marxistas como una “ideología pequeño-burguesa, idealista”. Más concretamente, para Lenin “representaba los intereses de los productores desde el punto de vista del pequeño productor, del pequeño-burgués”.

De una manera general, fue la respuesta a las condiciones de la vida material de la sociedad, a la “preponderancia numérica de la clase de los pequeños propietarios en la Rusia capitalista posterior a la reforma”. Obligadamente hay que distinguir a los viejos populistas de los que les siguieron después y que fueron llamados “populistas liberales”.Los viejos populistas actuaron en las décadas del sesenta y del setenta del siglo pasado, cuando la diferenciación económico-social entre el campesinado era aún incipiente.

El origen del término “populista” -utilizado para designar un amplio y típico movimiento político- fue el siguiente: “Creyendo en la posibilidad de la revolución social campesina, los populistas de la década del setenta, la joven intelectualidad procedente de la nobleza, vistiendo ropa campesina, iban a la aldea, al “pueblo” para levantarlo a la lucha contra el zarismo (de aquí su nombre de populistas)”.

Hay que subrayar lo siguiente:

1,- “Populista” viene de pueblo. Hay que advertir que el pueblo en abstracto no existe. En las sociedades clasistas el pueblo aparece escindido en clases sociales diversas y hasta contrapuestas.

2.- “El populismo aparece como un movimiento político que plantea la liberación de la gran masa campesina de pequeños propietarios. El pueblo se identificaba con la aldea y aparecía como la fuerza protagónica de la revolución antizarista, considerada como un movimiento esencialmente campesino.

3.- “Partía del convencimiento de la excepcionalidad de la historia de Rusia y negaba la necesidad del desarrollo capitalista y del crecimiento numérico del proletariado, lo que le llevó a negar su papel decisivo en la lucha revolucionaria.

4.- “El atraso económico de Rusia fue la base social para la aparición de las teorías utópicas sobre el futuro socialismo. Se sostenía que la sociedad socialista sólo podía establecerse partiendo de las comunas del agro, sin necesidad del movimiento obrero ni de la dictadura del proletariado.

5.- “Los populistas sostenían que la historia la hacen los caudillos, las grandes personalidades, los héroes, a los que siguen las masas, las multitudes, el pueblo.La experiencia demostró que los campesinos -acerca de cuyos instintos comunistas se especuló tanto- no siguieron a los populistas. Esto se tradujo en divergencias acerca de la táctica a seguirse en la lucha contra el gobierno zarista. Las divergencias se patentizaron en el congreso de “Tierra y Libertad” (Zemlia y Volia), realizado en junio de 1879. Algunos meses más tarde se escindió parte de la militancia, que dio nacimiento al grupo “Reparto Negro” (Chorni perediel), bajo la dirección de Plejanov, Axelrod, Deutsch, etc.Los partidarios de la otra organización escindida, “Voluntad del Pueblo” (Narodnaia Volia), capitaneada por Gelabov, Figner, Mijailov, etc., aplicaba la táctica del terror individual.

El populismo liberal de las décadas del ochenta y el noventa, representado por Danielson, Vorontsov, Krivenko, Yujakov, Mijailovski, etc., expresaba los intereses de los kulaks.La descomunal lucha ideológica entre el populismo y el marxismo desbrozó el camino del movimiento revolucionario.Los marxistas demostraron que la comunidad campesina, que los populistas idealizaban viendo en ella el embrión del socialismo, no era en realidad más que una forma cómoda de cubrir la dominación de los kulaks y un medio de que disponía el zarismo para forzar a los campesinos a pagar los impuestos según el principio de la garantía solidaria.

En esa batalla aparecieron como los máximos exponentes Plejanov -además de Lenin- y Mijailovski Gueorgui Valentinovich Plejanov (1856-1918) recorrió tres etapas en su actividad: de 1875 a 1883 es populista; de 1883 a 1903 es marxista ortodoxo; a partir de 1903 se inclina a la derecha, se convierte en menchevique.En 1880 huyó a Europa, es aquí donde rompe con el populismo y organiza, en 1883, el primer grupo marxista ruso llamado “Emancipación del Trabajo”. Se puede decir que fue el gran introductor del marxismo en Rusia. “Su asimilación del socialismo científico había sido preparada por las ideas revolucionarias de Hersen, Belinski, Chernishevski y Dobroliubov”.Plejanov fue el primer marxista ruso que luchó contra el populismo. Partiendo del análisis de las relaciones económicas de Rusia después de la reforma, mostró cuán nocivas e inconsistentes eran las teorías populistas sobre el paso de Rusia al socialismo por medio de la comuna campesina, sobre la vía no capitalista del desarrollo de Rusia. Nikolai Konstantinovich Mijailovski (1842-1904). Este sociólogo y publicista ruso fue jefe del populismo liberal, enemigo del marxismo. Desde las revistas ”Anales de la Patria” y ”Riqueza Rusa”, de las cuales era redactor en jefe, combatía al marxismo.Fue partidario del método subjetivo en sociología y sostenía que la sociedad sólo es una ”multitud” con concepciones uniformes, grises y triviales.

El ”individuo heroico” organiza a la multitud, hace de ella masa coherente durante un cierto tiempo, la arrastra a la lucha… La teoría idealista de los “héroes” y de la “multitud” servía de fundamento a la táctica populista del terrorismo individual”.

LA LUCHA DE LOS MARXISTAS CONTRA EL POPULISMO

Mijailovski comentó varios escritos de Marx, entre ellos “El Capital” y la “Crítica de la Economía Política”, etc.Marx conoció algunos escritos de los populistas rusos sobre su teoría y por eso elaboró un esbozo de carta dirigida a una revista de Rusia, que posteriormente fue difundida como misiva dirigida a Mijailovski.Krivenko -este publicista fue uno de los primeros populistas en pronunciarse contra el marxismo en la prensa legal- en su réplica a Struve (1870-1944), exponente del “marxismo legal”, una corriente liberal burguesa que apareció en los años 90, aconseja a su adversario pensar más sólidamente sobre la cuestión de la “necesidad y buenas consecuencias del capitalismo”.

Lo fundamental de su argumento: “Si el régimen capitalista representa una etapa fatal e inevitable del desarrollo, a través de la cual debe pasar cualquier sociedad humana, si únicamente nos queda inclinar la cabeza ante esa necesidad histórica, debe apelarse a medidas que puedan detener la llegada del orden capitalista y, por el contrario, en caso de que nadie procure facilitar la transición a éste y usar todos los esfuerzos a nuestro alcance para promover su más rápido advenimiento, es decir, pugnar por el desarrollo capitalista industrial y la capitalización del artesano, el desarrollo de los campesinos ricos… la destrucción de la comunidad aldeana, la expropiación de la tierra de la gente y, hablando en general, echar fuera el excedente de las aldeas hacia las fábricas”.

Así quedaba planteada la discusión fundamental con los populistas. Es sugerente el comentario que hace Plejanov (“La concepción monista de la historia”):“El señor Krivenko realmente plantea dos cuestiones aquí; 1) ¿representa el capitalismo una etapa fatal e inevitable?; 2) y sí es así, ¿cuáles tareas prácticas se derivan de ello?“ El señor Krivenko formula la pregunta correctamente en este sentido que uno, y más todavía la aplastante mayoría de nuestros intelectuales, se preocuparon precisamente con la cuestión en esa forma: ¿Representa el capitalismo una etapa fatal e inevitable, a través de la cual debe pasar toda sociedad humana?

En un tiempo pensaron que Marx contestaría afirmativamente a esta cuestión, por lo que se sorprendieron mucho, al publicarse la bien conocida carta de Marx, que se alega dirigida al señor Mijailovski, vieron con sorpresa que Marx no reconoció la inevitabilidad de esta etapa, por lo que ellos decidieron entonces con maligno regocijo: ¡No ha puesto en vergüenza completamente a sus discípulos rusos!… “

¿Qué podía decir Marx sobre el artículo del señor Mijailovski?… Era evidente que Marx tenía que ser el primero en acudir al rescate del infortunio del joven y lleno de esperanzas escritor ruso. Además, el joven escritor se quejaba de que Marx sentenciaba a Rusia al capitalismo. Tenía que demostrar al escritor ruso que el materialismo dialéctico no sentencia a ningún país a nada en absoluto, que no indica una salida que es general e ‘inevitable’ para todas las naciones en todos los tiempos; que el desarrollo ulterior de toda sociedad dada depende siempre de las relaciones de las fuerzas sociales dentro de ella y que, por lo tanto, cualquier persona seria debe sin conjeturas ni sollozos acerca de alguna fantástica inevitabilidad, antes que todo estudiar aquellas relaciones.

Sólo un estudio semejante puede demostrar qué es lo ‘inevitable’ y que no es ‘inevitable’…“A fin de esclarecer mejor la circunstancia de que el señor Mijailovski había tomado como una teoría histórica lo que era y no podía ser tal teoría, Marx señala el ejemplo de la antigua Roma. ¡Un ejemplo muy convincente! Porque a la verdad, si es ‘inevitable’ que todos los pueblos pasen a través del capitalismo, ¿qué debe hacerse con Roma, con Esparta, con el Estado de los Incas; qué haremos con tantos otros pueblos que han desaparecido del escenario histórico sin llenar esta obligación imaginaria? La suerte de estos pueblos no era desconocida para Marx: consecuentemente, no podía haber hablado de la Inevitabilidad” universal del proceso capitalista.

“Mi crítico -dice Marx- considera que debe metamorfosear absolutamente mí bosquejo histórico sobre el génesis del capitalismo en Europa Occidental, en una teoría histórico-filosófica de la ruta general que todo pueblo está predestinado a andar, cualesquiera que sean las circunstancias en las cuales se encuentren…Marx había ridiculizado a las “gentes con una fórmula”, sobre todo en sus polémicas contra Proudhon.

Los utopistas transformaron la ley del movimiento histórico en una apariencia mística; “el sendero a lo largo del cual marcha la especie humana y que aparece como algo marcado de antemano, o como si lo fuera pero que ningunos acontecimientos históricos podían cambiar la dirección de esa senda”.

El subjetivismo llevó a Mijailovski a contraponer la cuestión obrera en Europa y en Rusia: “La cuestión obrera en Europa es una cuestión revolucionaria ya que ésta exige el traslado de las condiciones del trabajo a las manos de los obreros, la expropiación de los actuales propietarios, la cuestión obrera en Rusia es una cuestión conservadora, ya que aquí todo lo que necesita es conservar las condiciones del trabajo en las manos del trabajador, garantizando a los poseedores actuales las propiedades que ahora tienen… Muy cerca del mismo San Petersburgo… en un distrito poblado por fábricas, plantas, parques y casas de campo, existen pequeños poblados cuyos habitantes viven en su propia tierra, queman su propia leña, comen su propio pan, visten chaquetas y pieles hechas con su propio trabajo de lana producida por sus propias ovejas. Déseles una garantía sólida de que ésta su propiedad continuará siendo suya y estará resuelta la cuestión obrera rusa. Y en gracia a tal propósito puede sacrificarse todo lo demás, si entendemos con propiedad el significado de una garantía durable. Se dirá: pero no podemos continuar eternamente con los arados de palo y una economía atrasada, con los métodos antediluvianos de hacer chaquetas y preparar pieles de oveja. No podemos. Hay dos manera de salir de esta dificultad. Una, aprobada por el punto de vista práctico, es muy sencilla y conveniente. Elevar los aranceles, disolver la comunidad pueblerina, y eso sería suficiente probablemente; industrias igual que las de Inglaterra crecerían como hongos. Pero devorarían al jornalero y lo expropiarían. Hay otro camino, desde luego, mucho más difícil: aunque la solución fácil de un problema, no implica necesariamente su solución correcta. La otra forma consiste en desarrollar aquellas relaciones, ya que existen, entre el trabajo y la propiedad, aunque en forma extremadamente ruda y primitiva. Evidentemente este fin no puede lograrse sin la amplia intervención del Estado, cuyo primer acto debe ser la consolidación legislativa de la comunidad pueblerina”.

Se diría que asistimos a las argumentaciones que diariamente lanzan nuestros indigenistas.Los marxistas acertadamente calificaron a los populistas de idealistas, subjetivistas y utópicos. Olvidaron considerar las relaciones de producción vigentes en un momento y que son el resultado del desarrollo de las fuerzas productivas.

LA CRÍTICA DE LENIN

El libro “¿Quiénes son los amigos del pueblo y cómo luchan contra los socialdemócratas?”, escrito en 1894 está dedicado a desnudar las ideas de los populistas.Lenin comienza señalando que Mijailovski presta mucha atención a los fundamentos teóricos del marxismo, es decir, al análisis de la concepción materialista de la historia.Copia el siguiente pasaje de la crítica de Mijailovski:“Ante todo surge espontán Los marxistas demostraron que la comunidad campesina, que los populistas idealizaban viendo en ella el embrión del socialismo, no era en realidad más que una forma cómoda de cubrir la dominación de los kulaks y un medio de que disponía el zarismo para forzar a los campesinos a pagar los impuestos según el principio de la garantía solidaria.eamente una pregunta: ¿En qué obra ha expuesto Marx su concepción materialista de la historia? En “El Capital” nos ha dado un ejemplo de unión de la fuerza lógica con la erudición, con el estudio rninucioso, tanto de toda la literatura económica, como de los hechos correspondientes…La acotación de Lenin: “Todo este pasaje es sumamente característico para darse cuenta hasta qué punto son poco comprendidos por el público “El Capital” y Marx. Anonadados por la inmensa fuerza probatoria de lo expuesto, hacen reverencia ante Marx, lo alaban, pero al mismo tiempo pasan completamente por alto el contenido fundamental de la doctrina y continúan, como si tal cosa, las viejas cantinelas de la sociología subjetiva…”Leyendo a Mijailovski se puede concluir que toda la fuerza de Marx se concentra en las teorías económicas y en nada más. “Es como si Marx no hubiera aportado a los métodos de construcción de estas teorías nada substancialmente nuevo…. como si hubiera dejado las ciencias económicas dentro de los mismos límites en que las había encontrado en las obras de los economistas anteriores….

sin aportar una concepción completamente nueva de esta misma ciencia”.Hay que subrayar que Marx trata en “El Capital” de la sociedad moderna”, cuando todos los economistas anteriores se refieren a la sociedad en general. La observación de Lenin: “¿En qué sentido emplea Marx la palabra moderna y cuáles son las características por las que se distingue especialmente esta sociedad moderna?… ¿Qué significa la ley económica del movimiento de la sociedad? Estamos acostumbrados a oír decir a los economistas -es una de las ideas preferidas por los populistas- que sólo la producción de valores está supeditada únicamente a leyes económicas, mientras que la distribución, según ellos, depende de la política, de la forma en que las autoridades, los intelectuales, etc., ejerzan su influencia sobre la sociedad. ¿En qué sentido, pues, habla Marx de la ley económica del movimiento de la sociedad, llamándola por añadidura ley natural?” No pocos sociólogos rusos buscaron demostrar que el campo de los fenómenos sociales ocupa un lugar aparte del campo de los fenómenos histórico-naturales y que, por lo tanto, para estudiar los primeros correspondía emplear el “método subjetivo en la sociología”.Fue el propio Marx el que, sin proponerse, ya había refutado la argumentación de los populistas. Dice: “Mi punto dé vista consiste en que considero el desarrollo de la formación económico-social como un proceso histórico natural” (“El Capital”).

Para Lenin en la anterior cita se expresaba la idea fundamental de “El Capital”, aplicada de manera consecuente: “Notemos al respecto, ante todo dos circunstancias: Marx se refiere a una sola formación económico-social, a la formación capitalista, es decir, que afirma haber investigado la ley del desarrollo solamente de ésta y de ninguna otra formación. Y en segundo lugar, notemos los métodos con que elabora Marx sus conclusiones: como hemos visto unas líneas más arriba, el señor Mijailovski dice que estos métodos consistían en el estudio minucioso de los correspondientes hechos…“¿En qué consiste propiamente el concepto de formación económico-social y en qué sentido puede y debe ser considerado el desarrollo de semejante formación como proceso histórico- natural?… Ya he indicado que desde el punto de vista de los viejos economistas y sociólogos, el concepto de formación económico-social es completamente superfluo: hablan de la sociedad en general, discuten con los Spencer sobre lo que es la sociedad en general, sobre los fines y la esencia de la sociedad en general, etc. En tales disquisiciones, estos sociólogos subjetivistas se apoyan en argumentos por el estilo de los que afirman que el fin de la sociedad consiste en procurar ventajas para todos sus miembros y que, por ello la justicia exige una organización determinada, y los sistemas que no corresponden a esta sociedad ideal son anormales y deben ser eliminados.”

Según Mijailovski, “La tarea esencial de la sociología consiste en el estudio de las condiciones sociales en que esta o la otra necesidad de la naturaleza humana es, satisfecha”. A este señor le interesa únicamente la sociedad que satisfaga a la naturaleza humana, pero no las que puedan estar basadas en fundamentos que choquen con la “naturaleza humana”, como la esclavización de la mayoría por la minoría, por ejemplo.

Este viejo argumento repiten entre nosotros los reformistas proburgueses y los indigenistas de todo color.Es claro que Mijailovski no considera el desarrollo de la sociedad como un proceso histórico-natural. Nos dice: “Al reconocer algo como deseable o indeseable, el sociólogo debe hallar las condiciones necesarias para realizar lo deseable o para eliminar lo indeseable”.

Lo que sostiene Lenin: “Es evidente que la idea fundamental de Marx sobre el proceso histórico-natural de desarrollo de las formaciones económico-sociales socava hasta las raíces esa moraleja infantil que pretende llamarse sociología. Pero ¿cómo llegó Marx a esta idea fundamental? Lo hizo separando de los diversos campos de la vida social el de la economía, separando de todas las relaciones sociales, las relaciones de producción, como relaciones fundamentales, primarias, que determinan todas las demás”.

Estamos pasando revista a la discusión de los marxistas rusos con los populistas con la finalidad concreta de poder comprender lo que es el populismo en nuestro país. Por eso nos interesan los comentarios de Lenin a la profesión de fe populista, que aparece en el “Contenido económico del populismo y su crítica en el libro del Sr. Struve”, publicado en 1894.Los populistas escribieron: “Cantar serenatas a la aldea y ‘hacerle caídas de ojos’ no significa en absoluto amarla y respetarla, del mismo modo que señalar sus defectos no significa tenerle inquina. Si se le pregunta al propio Uspenski… qué le es más afín, en qué ve más garantías del futuro, en la aldea o en las capas de la vieja nobleza y de la nueva burguesía, contestaré, indudablemente: ‘En la aldea”.

La importante observación de Lenin: “Este pasaje es muy sintomático. Evidencia con toda nitidez, en primer lugar, en qué consiste la esencia del populismo: en la protesta, desde el punto de vista campesino, del pequeño productor, contra el régimen de la servidumbre (la capa de la vieja nobleza) y contra el espíritu burgués (la capa de la nueva burguesía) en Rusia.

Al mismo tiempo, muestra, en segundo lugar, el carácter soñador de esa protesta, su divorcio de la realidad.¿Acaso la ‘aldea’ existe fuera del estado de cosas impuesto por la ‘vieja nobleza’ o por la ‘nueva burguesía’? ¿Acaso los representantes de la una y de la otra no modelaban y modelan a su manera la ‘aldea’ ? La aldea es precisamente una ‘capa’ en parte formada por la ‘vieja nobleza y en parte por la ‘nueva burguesía’ .

Por más vueltas que se le dé no encontrarán en ella ninguna otra ‘capa’ . Y si los populistas la encuentran es porque los árboles les impiden ver el bosque, porque la forma de posesión de la tierra por algunas comunidades campesinas les impide ver la organización económica de toda la economía social rusa. Esa organización, que transforma al campesino en un productor de mercancías, hace de él un pequeño burgués, un pequeño propietario individual que produce para el mercado; en virtud de ello, esa forma excluye la posibilidad de buscar ‘garantías del futuro’ detrás y obliga a buscarlas delante, a no buscarlas en la ‘aldea’, donde la combinación de las capas constituidas por la ‘vieja nobleza’ y la ‘nueva burguesía’ agrava terriblemente la situación del trabajo y lo imposibilita para luchar contra los señores del nuevo orden de cosas de la ‘nueva burguesía’, ya que la propia oposición de sus intereses a los intereses del trabajo no ha alcanzado suficiente desarrollo; obliga a buscarlas en la capa de la ‘nueva burguesía’ enteramente desarrollada y depurada por completo de los encantos de la ‘vieja nobleza’ , en esa capa que ha socializado el trabajo, y que ha acabado de perfilar y ha esclarecido ese antagonismo social que en la aldea se halla en estado embrionario y reprimido”.

Sobre las diferencias teóricas entre las doctrinas que llevan al populismo y al marxismo a la comprensión o no de la realidad pura, se dice lo siguiente:“¿Por qué cree Ud., señor populista, que la persona que desea representar los intereses del trabajo tiene que soportar una cosa tan dolorosa y molesta como el convertir en un ‘pasaporte liberal’ a aquello en lo que ve las ‘garantías del futuro’ ?

Ese futuro debe excluir a la burguesía, y eso a través de lo cual quiere usted ir hacia el futuro no sólo no tropieza con la hostilidad de los ‘burgueses listos y de espíritu práctico sino que éstos lo toman, y lo toman, como pasaporte’.

“¿Qué cree usted, sería concebible hecho tan escandaloso si no hubiera las ‘garantías del futuro’ allí donde las contradicciones sociales propias del régimen en el que mandan los ‘burgueses listos, y de espíritu práctico’ encuentran poco desarrolladas, en estado, embrionario, en vez de verlas allí donde estén desarrolladas al máximo, hasta el extremo y, por consiguiente no bastan los paliativos y las medias tintas, allí donde no se puede sacar provecho de los deseos de los trabajadores, allí donde la cuestión se plantea de manera tajante.¿No dice usted mismo más adelante, lo siguiente?“

Los pasivos amigos del pueblo no quieren comprender una cosa tan sencilla como que en la sociedad todas las fuerzas actuantes se dividen por lo común, formando dos de la misma potencia y opuestas la una a la otra, y que las fuerzas pasivas, que en apariencia no participan en la lucha, ayudan a la fuerza que en cada momento dado prevalece. “¿Acaso el campo no encaja en esta caracterización? ¿Acaso es un mundo aparte, en el que no existen esas ‘fuerzas opuestas la una a la otra’ y su lucha, para que se pueda hablar de ella sin pararse a meditar, sin temor a hacer el juego a la ‘fuerza que pierden’? ¿Acaso, ya que nos hemos puesto a hablar de la lucha, tiene sentido empezarla allí donde su contenido se confunde en un montón de circunstancias extrañas, que impiden dividir de un modo firme y definitivo a esas fuerzas opuestas y ver claramente al enemigo principal?”

Lo fundamental en la crítica de la sociología populista dice:“La esencia del populismo, su idea fundamental la ve Struve en. la ‘teoría del original desarrollo económico de Rusia’ . Según dice, esa teoría tiene dos fuentes esenciales: 1) Una determinada doctrina del papel del individuo en el proceso histórico y 2) el convencimiento directo de que el carácter nacional y el espíritu del pueblo ruso tienen sus rasgos específicos y de que su destino histórico encierra particularidades muy propias”.

Lenin observa a Struve que uno de sus artículos sobre el populismo lo llama “Socialismo nacional”, en vez de tipificarlo como “campesino”, en lo que se refiere al viejo populismo ruso, y “en lo que se refiere al contemporáneo, ‘pequeño burgués’. La fuente del populismo es el predominio de la clase de los pequeños productores en la Rusia capitalista posterior a la Reforma. “Hay que esclarecer esta caracterización. El vocablo ‘pequeño burgués no lo empleo aquí en su sentido habitual, sino en el que le da la economía política. El pequeño productor, que despliega su actividad económica en el sistema de la economía mercantil: esos son los dos elementos de la concepción ‘pequeño burguesa’ .

Esta definición vale para el campesino y para el artesano, a quienes los populistas han considerado siempre iguales, y con mucha razón, pues ambos productores trabajan para el mercado y se distinguen únicamente por el grado de desarrollo de la economía mercantil. Además yo hago distinción entre el viejo populismo (el que iba al pueblo) y el contemporáneo, pues el primero era una doctrina coherente en cierta medida, una doctrina que cristalizó en una época en que el capitalismo estaba débilmente desarrollado en Rusia, el carácter pequeño burgués de la economía campesina aún no había revelado lo más mínimo, el lado práctico de la doctrina era pura utopía y los populistas se apartaban decididamente de la sociedad liberal e iban al pueblo.

Ahora no ocurre eso: nadie niega ya que Rusia sigue el camino capitalista de desarrollo, y la disgregación del campo es un hecho indiscutible. De la armónica doctrina del populismo, con su pueril fe en la ‘comunidad” no quedan más que jirones. En cuanto al lado práctico, el lugar de la utopía lo ocupa hoy un programa, nada utópico de ‘progresos’ pequeñoburgueses y sólo altisonantes frases recuerdan la relación histórica entre los miserables compromisos y los sueños con mejores y originales caminos para la patria. En vez del divorcio con la sociedad liberal, vemos el más conmovedor acercamiento a ella”. Lo que obligaría a establecer la distinción entre la ideología de los campesinos y la de la pequeña burguesía.

En nuestro país el populismo es básicamente la ideología de los campesinos y a ella se subordina toda tipificación de los pequeños productores o comerciantes de las ciudades.

¿DONDE ESTA EL POPULISMO EN BOLIVIA?

Algunos politólogos a la violeta se apresuran en calificar de populista a toda organización política con alguna influencia en el electorado o con militancia multitudinaria, sin tomar en cuenta su actitud frente a la lucha de clases o sus objetivos. De esta manera en la crónica periodística y en el comentario anecdótico a vuela pluma acerca de la vida partidista, populista se viene utilizando como sinónimo de popular. Por estas razones se incluyen al MNR y a la UDP en la enumeración de los partidos populistas en nuestra historia.

Que sepamos, en el pasado únicamente el belcismo y en menor medida la doctrina política de Casimiro Corral, dentro del movimiento social encarnado en Morales, aparecen expresando los intereses de los pequeños propietarios campesinos y de los artesanos, que ya mostraban inconfundibles rasgos pequeño-burgueses.**Hemos visto que el populismo sustituye el concepto de clase social por el de pueblo y éste es presentado como sinónimo del campesinado. De aquí arrancarán las consideraciones políticas más importantes acerca de la solución de los problemas del país y de su desarrollo económico-social.

Comprobamos en nuestro país que todos los partidos burgueses y patronales niegan la existencia de las clases sociales y la lucha entre ellas porque creen que no es más que una invención de los agitadores extremistas. Dentro de estos partidos uno de los más avanzados en el análisis de la realidad económico-social del país ha sido y es el MNR, pero para este partido las clases sociales ven difuminados sus limites y sus objetivos ante la presencia del enemigo común, representado por el imperialismo o la antipatria.

Claro que el Patiño de nuestra época, Goni Sánchez de Lozada, ya no habla del imperialismo.La alianza de clases, que todo partido burgués supone el basamento organizativo de su entidad política, se reduce al amontonamiento de la ciudadanía bajo la dirección de la propia clase capitalista. Por esta razón fundamental ninguno de estos partidos puede ser catalogado como populista.De lo dicho hasta aquí se desprende que únicamente los partidos indios, el katarismo, el indigenismo, plantean la lucha de¡ pueblo -por sus objetivos inmediatos y por su liberación-como lucha de los campesinos, del pueblo.Lo dicho más arriba nos lleva al convencimiento de que los partidos que dicen expresar los intereses de las naciones nativas actualmente oprimidas de aymaras, quechuas, guaraníes, etc., son los únicos (que pueden ser tipificados como auténticamente populistas.

Sustituyen a la clase por el ayllu y por la nación nativa. Hay que recalcar que los indigenistas no alcanzan a expresar políticamente el problema fundamental de la autodeterminación nacional, que se concretiza en la consigna de la estructuración de las nacionalidades sojuzgadas en Estados soberanos.

Corresponde añadir que ninguno de estos movimientos de las masas autóctonas no comprenden que en nuestro país -como consecuencia de todo el proceso histórico y del hecho de que en el seno de la nación no ha habido una diferenciación social, por la ausencia del capitalismo- las naciones nativas muestran los rasgos inconfundibles de una clase social, porque todos los autóctonos concurren de la misma manera al proceso de la producción social y la miseria extrema los nivela. Con corrección se tiene que hablar en Bolivia de naciones-clase nativas.Hay que tomar en cuenta que para los partidos indios, kataristas, etc., la dirección de la lucha popular contra la opresión tiene que concentrarse en los explotados y oprimidos del agro, por la sencilla razón de que son una mayoría de la población trabajadora. Es ya vieja su lucha en el plano sindical para que las naciones nativas sustituyan a la clase obrera minoritaria como dirección política y sindical.

Los ideólogos indigenistas -más que cualquier otro de los partidos burgueses o reformistas adeptos del capitalismo- son los que con mayor nitidez plantean la excepcionalidad del desarrollo histórico del país andino.

Según ellos la herencia cultural heredada del pasado -y que debe ser preservada a toda costa- autoriza a sostener que el camino del desarrollo económico-social del futuro continuará el ya recorrido por las naciones nativas en su pasado milenario. El ayllu tiene que volver a convertirse en el núcleo fundamental y generatriz del futuro de aymaras, quechuas, etc.Untoja -un aymara disfrazado de doctorcito- llega al extremo de sostener que la ideología de su nación tiene raíces en un pasado más antiguo que el incaico y que el ayllu está llamado a instalarse en las ciudades que ya conocen el desarrollo capitalista. Sus planteamientos buscan convertir a los nativos en empresarios capitalistas para que puedan cooperar con los patrones blancos y estructurar una nación sin fricciones. En este curioso planteamiento -totalmente reaccionario- el ayllu acaba siendo considerado como una descomunal fábrica moderna.Ninguno de los otros partidos políticos, que desesperadamente buscan controlar el voto de la masa campesina (estamos hablando de UCS, CONDEPA, MBL, MNR, ADN, MIR, en fin de todas las agrupaciones de k’aras), consideran a los aymaras, quechuas, guaranís, etc., como sinónimo del pueblo -para ellos el pueblo son las masas timoneadas por la clase dominante- y tampoco creen que el país tendrá un desarrollo económico-social diferente al capitalista. Contrariamente, están seguros que el porvenir boliviano ya ha sido señalado por la metrópoli imperialista opresora. Por estas razones no pueden ser considerados como partidos populistas.UCS y ADN sostienen con toda claridad que el proletariado -los pobres- deben desaparecer para ser reemplazados por los propietarios. CONDEPA acaba de sustituir su programa endógeno por otro productor -para acomodarse mejor a los intereses de un capitalista que busca llegar a la vicepresidencia del futuro gobierno condepista-, lo que puede interpretarse como la búsqueda de que todos sean empresarios, ciertamente que la masa mayoritaria encasillada en la pequeña producción. Este planteamiento futurista no tiene nada que ver con el populismo y debe ser catalogado en los planes utópicos de democratización del capital, totalmente extraños a los, intereses campesinos.

De lo expuesto se desprende que únicamente los partidos indigenistas o nativistas son los que expresan los intereses de la gran masa campesina, enraízala en la pequeña parcela. No pocos partidos de la burguesía, famosos porque compran el voto campesino de manera masiva, esperan la posibilidad del futuro desarrollo capitalista del país convirtiendo la pequeña propiedad de los campesinos en una mercancía sometida a las leyes de la economía de mercado, a fin de que concluya concentrada en manos de poderosos capitalistas, como ya sucede en el Oriente boliviano.

Esta no es una protección a los aymaras y quechuas, sino un proyecto de su destrucción como naciones. Tal planteamiento es todo lo contrario del populismo.Algunos podrían pensar que el MBL, que dice controlar el voto campesino y las organizaciones de los nativos, tiene planteamientos típicamente populistas, pero no es así. Este partido está empeñado en añadir contenido social a la economía de mercado, al antiestatismo y en perfeccionar la actual democracia burguesa, que está cimentada en la opresión de las naciones nativas por el minoritario Estado blancoide.

Es un partido abiertamente proburgués y procapitalista, lo que nos debe obligar a concluir que su propuesta programática es opuesta a la del populismo. Su propuesta de una segunda reforma agraria sigue en sus líneas generales a la planteada por el MNR en 1953.Es cierto que el MBL aparece luchando porque los campesinos sean dirección en los sindicatos, partiendo de la elemental consideración de que son masa mayoritaria con referencia al proletariado. La formulación busca que el proburgués MBL controle también a los sindicatos.

La verdad es que el MBIL está interesado en controlar burocráticamente a las organizaciones sindicales campesinas, a fin de convertirlas en un bolsón de votos, que puede ayudarle a ser gobierno. Con tal finalidad se dedica de lleno a corromper y burocratizar a las direcciones sindicales del agro.

No expresa los intereses de los pequeños productores o de las naciones nativas -en ningún momento habla de su derecho a la autodeterminación y se limita a buscar su reconocimiento constitucional- ayuda de los ingentes recursos que le proporciona el manejo de poderosas ONGs.* Kataristas, partidos indios, etc., recurren al subjetivismo para analizar la realidad de las naciones nativas y su futuro desarrollo. Su idealismo les permite reemplazar el estudio de las relaciones sociales y de la estructura económica en el agro por la defensa de la tradición cultural y de la religión.

Todo esto queda patentizado cuando sostienen que la religión andina excepcionalmente es científica, esto porque es el resultado de la divinización de la naturaleza. No importa que una determinada religión enraice en el panteísmo, porque de igual manera que las otras religiones parte de una concepción idealista del mundo.

Al mismo tiempo los ideólogos indigenistas se encierran en el concepto de que corresponde retomar la historia del ayllu y continuarla ahora, en la época de decadencia mundial del sistema capitalista, en consideración de que la cultura nativa ya había llegado en los siglos pasados a un nivel mucho más elevado que el resto de las culturas del mundo entero. Por estas consideraciones no aceptan que el porvenir de las naciones nativas sea el entroncarse en el proceso de superación del sistema capitalista que ya ha agotado su ciclo de desarrollo.A diferencia de las organizaciones políticas burguesas o reformistas, el futuro desarrollo de aymaras, quechuas, guaraníes, etc., es presentado por los indigenistas como un desarrollo místico, fatal y de retorno al esplendor de las culturas nativas. A esto se reduce la excepcionalidad del desarrollo de las naciones andinas. La economía y la política son sustituidas por la religión y la fe.* La concepción idealista y subjetiva de los líderes de las naciones nativas es semejante al método que emplean los partidos burgueses y reformistas en sus planteamientos programáticos, pero sus finalidades son opuestas.Al populismo boliviano le sirve el idealismo para retornar al pasado milenario o para señalar caminos excepcionales en el desarrollo histórico-social.

Los capitalistas y reformistas utilizan el idealismo para formular una supuesta superación de la lucha de clases y para respaldar su afirmación de que el futuro de Bolivia es el de propugnar su desarrollo dentro de los lineamientos económico sociales ya impuestos por el imperialismo.

En resumen, niegan la posibilidad de que Bolivia pueda superar el capitalismo.* Indigenistas, katarístas y partidos burgueses y reformistas, consideran por igual que su ideología, totalmente extraña a la realidad económico-social mundial dentro de la que se desarrolla Bolivia, se ve fortalecida por el hundimiento internacional del socialismo -consideran stalinismo como sinónimo de marxismo-, lo que les permitiría echara un lado el materialismo histórico, la lucha de clases y aferrarse a sus esquemas idealistas y subjetivos de un excepcional futuro para las naciones nativas y boliviana.

El camino que sigue la reacción burguesa es utilizada curiosamente por los indigenistas para combatir al socialismo, a la lucha de clases y al propio proletariado.

Guillermo Lora

La Paz, abril de 1993.

(Fotografía:Ferdinando Scianna BOLIVIA. La Paz. 1986)

Bolivia: Evo Morales defiende el trabajo infantil

por Alejandro Valenzuela//

La figura de Evo Morales, el primer indígena en acceder a la presidencia de la república de un país latinoamericano, resulta señera para la definición del llamado “Socialismo del Siglo XXI”. Junto con Mujica, conforman la máxima expresión de esta corriente y en general gozan de buena prensa, los medios de comunicación no dejan de propalar sus costumbres y especialmente sus declaraciones, en las que aparecen reivindicando la sobriedad, la modestia y la identidad latinoamericana.

Pero los marxistas debemos comprender y actuar con el criterio de realidad que emana de la lucha de clases, debemos ver lo que las cosas son, no lo que dicen que son. De esta forma resulta necesario puntualizar que el gobierno de Evo Morales, desde hace más de una década y más allá de sus rabietas contra la Coca Cola y el McDonald, ha centrado su política económica en garantizar la inversión extranjera, creando fondos multimillonarios que afiancen sus intereses en el país.

En politica internacional, por lo mismo, Morales ha seguido  hasta el extremo el tradicional antichilenismo de la oligarquía boliviana, desarrollando el discurso facilista de que el atraso y miserias altiplánicas se deberían a la impuesta mediterraneidad, poniendo a Chile y no a las potencias imperialistas -con las que tiene excelentes relaciones- como responsable de los problemas nacionales de Bolivia. A pesar de que usurpe el discurso latinoamericanista y bolivariano, Evo Morales sigue la vieja política imperialista de crear frentes internos en América Latina (en este caso Bolivia/Chile), el romano “dividir para reinar”.

De la misma forma, en la arena nacional, ha desarrollado un accionar sistemático de combate a los movimientos sociales (obreros, indígenas) como ha quedado de manifiesto el pasado 24 de octubre. Con el argumento de evitar que grupos de personas se atribuyan  la representación del pueblo, las  marchas de protesta serán penalizadas  entre dos y cuatro años de prisión, según el artículo 294 del Código Penal, aprobado en la Cámara de Diputados. La oposición advierte sobre el riesgo de persecución a quienes discrepen con el MAS.  El oficialismo dice que la sanción se aplicará a manifestantes que vayan contra un gobierno  democráticamente elegido y que generen inseguridad.

Pero una forma nítida de comprender la conducta política de Evo Morales y su partido, el MAS, en su relación con la actividad de las masas, lo constituye su vergonzosa defensa del trabajo infantil en Bolivia, amparándose en que el mismo expresaría inveteradas costumbres ancestrales.

Veamos la realidad: han pasado poco más de tres años desde la promulgación de la Ley 548 del Código Niño, Niña y Adolescente (17/07/2014), que ha puesto a Bolivia en el ojo de las críticas al convertirse en el primer Estado en el mundo en permitir que los niños trabajen a partir de los 10 años.

El nuevo Código en su artículo 129 “ Fija como edad mínima para trabajar los 14 años de edad”, sin embargo autoriza de manera excepcional “la actividad laboral por cuenta propia realizada por niñas, niños o adolescentes de diez (10) a catorce (14) años, y la actividad laboral por cuenta ajena de adolescentes de doce (12) a catorce (14) años […]”. Además, el artículo 136 que prohíbe las actividades laborales y trabajos considerados como peligrosos, insalubres o atentatorios a la dignidad, entre ellos la pesca en ríos y lagos, el trabajo en actividades agrícolas, la cría de ganado mayor y la albañilería, son permitidos cuando se desarrollan en el ámbito familiar o social comunitario ya que tendrían una naturaleza formativa y cumplirían la función de socialización y aprendizaje.

La controversia que ha desatado la nueva ley se debe a que Bolivia incumple los convenios internacionales, además que vulnera los derechos a la salud, a la educación, a la recreación y al desarrollo pleno e integral de los niños. La Constitución Política del Estado en su artículo 13, parágrafo IV señala que “los derechos y deberes consagrados en esta Constitución se interpretarán de conformidad con los Tratados Internacionales de derechos humanos ratificados por Bolivia”. Además, los artículos 60 y 61 establecen la necesidad de velar por el interés superior de la niña, niño y adolescente, así como la prohibición del trabajo forzado y la explotación infantil.

La promulgación de esta ley, claramente estaría violando normas internacionales ratificadas por el gobierno boliviano, entre ellas: el Convenio 138 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre la edad mínima de admisión al empleo, el Convenio 182 de la OIT sobre la prohibición de las peores formas de trabajo infantil y la acción inmediata para su eliminación, la Convención sobre los Derechos del Niño y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los Pueblos Indígenas. Es importante mencionar que al ratificar una ley o convenio internacional, los países asumen el compromiso de adecuar la legislación nacional y desarrollar las acciones oportunas de acuerdo a las disposiciones contenidas en dicho convenio, y debido a su carácter vinculante, es obligatorio para los países que lo  firman o ratifican y es de estricto cumplimiento en el territorio nacional.

Las acciones y el discurso del gobierno después de la promulgación de la ley son confusos y contradictorios. En octubre de 2014, junto a otros 24 países, Bolivia  firma la “Iniciativa Regional América Latina y el Caribe libre de trabajo infantil”, una alianza entre los países de la región con la  finalidad de acelerar el avance hacia el cumplimiento de las metas de eliminación de las peores formas de trabajo infantil hasta 2016 y la completa eliminación del trabajo infantil hasta 2020. Al  firmar la iniciativa regional, el gobierno se compromete a trabajar de manera urgente y coordinada ante la persistencia del trabajo infantil incluso en contextos de crecimiento económico en la región. Además, la iniciava pretende hacer sostenibles los avances y logros alcanzados en los últimos 20 años, evitando efectos regresivos que agudicen el problema, entonces ¿Cómo pretende el Gobierno agilizar la erradicación del trabajo infantil, cuando la nueva ley legaliza el trabajo de los niños menores de 14 años?

El doble discurso del gobierno emerge cuando decide rechazar las recomendaciones para abolir el trabajo infantil emitida por la Organización de Naciones Unidas (ONU) durante la sesión de aprobación del Examen Periódico Universal (EPU) llevada a cabo en diciembre de 2014, al que se presentó el país. Asimismo, en la sesión realizada en Ginebra (Suiza) en junio de 2015, el país tuvo la oportunidad de justificar y explicar las razones por las que decidió modificar la edad mínima permitida para trabajar. El argumento de la delegación boliviana hizo referencia a “que el trabajo desde edad temprana es una cuestión cultural en Bolivia”, una realidad ante la cual no se puede ir en contra. Esta declaración le ha costado al país la pérdida del apoyo irrestricto del Grupo de América Latina y el Caribe ante las Naciones Unidas (GRULAC) pues la postura boliviana fue considerada “casi una reivindicación del trabajo de los menores”, además de ir “a contramano de las iniciativas a nivel mundial, pero sobre todo a nivel regional sobre la erradicación del trabajo infantil”.

La implementación del Código

Como parte de la implementación del Código Niña, Niño y Adolescente, en el mes de septiembre de 2017 el Ministerio de Trabajo, Empleo y Previsión Social en coordinación con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) inició el proceso de socialización del “Protocolo para el llenado del formulario de registro y/o autorización de ac tividad laboral excepcional (léase trabajo infantil) o trabajo adolescente”4 desde los 10 y 12 años respectivamente, a través de capacitaciones al personal de las diferentes gobernaciones y su extensión a los gobiernos municipales, SEDEGES y Defensorías de la Niñez y Adolescencia5; estas últimas son responsables del control orientado a evitar la explotación infantil.

Hasta noviembre, más de 300 municipios tendrán la responsabilidad de implementar el registro, autorizar el trabajo a niños y niñas entre 10 y 14 años, y realizar el control respectivo.

A contramano, el Gobierno promueve el registro y autorización para el control del trabajo infantil, en lugar de mantener en 14 años la edad permitida para trabajar como era en el Código anterior y de asignar un rol al Estado en la protección social integral de los menores de esa edad. De esta manera, abre la compuerta para perpetuar el trabajo infantil, lo que constituye un retroceso frente a las políticas y acciones realizadas durante la primera década del milenio a favor de su erradicación.

Resulta imprescindible luchar en contra del trabajo infantil creando desde el Estado y la sociedad las condiciones para incidir en los factores estructurales que lo originan; es decir, transformando el contexto económico, social, laboral y político que favorece la distribución desigual de la riqueza y de los ingresos, profundizando la desigualdad social. Mientras no se cambien las condiciones generales del mercado de trabajo para los adultos y no se sancione la demanda de trabajo infantil, miles de niños y niñas seguirán trabajando, muchos bajo condiciones de explotación6.

El trabajo infantil en Bolivia: algunas cifras

En Bolivia, no existe información actualizada sobre la dimensión y las características del trabajo infantil y adolescente; el Censo Nacional de Población y Vivienda realizado por el INE en 2012, que es la única información oficial disponible sobre el tema, reportaba que un total de 391.747 niños, niñas y adolescentes entre 7 y 17 años participaban en algún tipo de actividad económica, de ellos poco más de la cuarta parte eran niños y niñas entre 7 y 12 años y el resto adolescentes mayores de 12 años.

Los niños y niñas se desempeñaban principalmente como trabajadores por cuenta propia, trabajadores familiares o aprendices no remunerados, u obreros o empleados; y se encontraban insertos en actividades agropecuarias, el comercio, la industria manufacturera y la construcción.

Ponemos estos datos a disposición de nuestros lectores para ayudar a comprender correctamente un fenómeno político tan poderoso en la izquierda como lo es la corriente política de Evo Morales, ayudando a develar su verdadera naturaleza de clase, más allá de la pirotecnia indigenista. Es tarea de los revolucionarios altiplánicos la construcción de un partido revolucionario que asuma las grandes tareas nacionales y sociales que plantea la revolución boliviana: un gobierno obrero-campesino que ponga fin a la explotación en todas sus formas y libere a las naciones oprimidas.

 

 

(Esta nota se ha hecho en base a información obtenida del Boletín informativo del Observatorio Boliviano de Empleo y Seguridad Social de octubre de 2017)

Guillermo Lora: Política militar del proletariado

Extractamos un capítulo “Revolución y Foquismo”, del dirigente del Partido Obrero Revolucionario (POR) de Bolivia, el trotskista Guillermo Lora. Se resumen las valiosas experiencias del proletariado altiplánico, protagonista de gestas revolucionarias como la revolución de 1952 y la Asamblea Popular de 1971. Su estudio resulta imprescindible en la formación de las nuevas generaciones de revolucionarios.// EP

Cuando hablamos de la política militar del proletariado nos referimos, ni duda cabe, a la del Partido Obrero Revolucionario, cuyos documentos programáticos lo definen como la vanguardia del proletariado boliviano. Si se toma en cuenta que la estrategia del POR (gobierno obrero-campesino) es comprensible que se dé por sobreentendida su concepción militar. Esto está bien cuando se plantea el problema en términos generales.
Nadie puede poner en tela de juicio que en el país existe una desviación militarista de la política de izquierda y que es sumamente peligrosa para el conjunto del movimiento revolucionario. Esta postura comienza separando, a veces imperceptiblemente, las acciones militares de la política y concluye convirtiendo a aquellas en un objetivo en sí mismas, vale decir, que de operaciones tácticas las transforman en la única estrategia. Es conocida nuestra larga polémica acerca de la imposibilidad de sustituir al partido del proletariado (que es tal en la medida en que expresa los intereses históricos de la clase) por grupos armados, éstos sólo pueden concebirse como el brazo armado de aquél. También en materia de política militar retornamos a las enseñanzas de Marx, Engels, Lenin y Trotsky.

PRINCIPIO GENERAL
La estrategia define ya el carácter de la política militar. Las operaciones y preparación militar y la forma de realizarlas están determinadas por la política. En el campo de la revolución proletaria es la política la que engloba todos los problemas, y entre ellos el militar.
El objetivo del proletariado no es únicamente tomar el poder sino instaurar el gobierno obrero-campesino, como resultado de una revolución hecha por las masas, siguiendo los métodos de lucha de la clase obrera. Los trabajadores asalariados, además de ser una de las clases más importantes, constituyen la dirección política del proceso revolucionario. La política militar está definida por la política del proletariado.
La revolución social (la sustitución de una clase por otra en el poder) se convierte en el requisito indispensable para poder lograr el cumplimiento de las tareas nacionales. Esta revolución la entendemos como obra de las propias masas y no de ninguna otra agrupación que pretenda sustituirlas. La revolución será hecha por vastas capas humanas explotadas y desorganizadas, la dirección política de esta mayoría nacional es el proletariado (se supone que para llegar a esta altura posee conciencia de clase); pero no debe olvidarse que se trata de una clase social sojuzgada y que no tiene en sus manos el poderío económico, ni el monopolio cultural y menos el manejo del aparato estatal. Son estos rasgos diferenciales los que determinan muchas de sus modalidades de lucha y la naturaleza de los instrumentos y métodos que precisa en su lucha liberadora (la naturaleza y estructura del partido obrero, por ejemplo).
Se puede decir que la revolución (entendida en el sentido de la marcha multitudinaria hacia la insurrección) es un proceso que se opera en el seno mismo de las masas y no es un fenómeno exterior a ellas; es oportuno recordar que el proletariado encarna y expresa la madurez a la que han llegado las fuerzas productivas. Tendencias y sectas que se reclaman del marxismo hablan de la importancia que tienen las masas en la revolución, pero entienden a ésta como algo que se impone a aquellas desde el exterior. Todos los esquemas que elaboran buscan orquestar desde un escritorio los movimientos de las masas; el que la realidad hubiese empujado a los “teóricos” de pacotilla a romperse las narices, una y otra vez, no impide que continúen tenazmente en su trabajo.
La política revolucionaria del proletariado determina el carácter de las actividades militares; pero, éstas, en cierto momento (ese momento es el golpe insurreccionál que se consuma para tomar el poder), adquieren inconfundible preeminencia sobre la política, lo que equivale a decir que la insurrección no es más que la prolongación de la política por medios militares. De todas maneras, la insurrección es el camino que permitirá materializar la estrategia y en esta medida está determinada por ésta.
El partido del proletariado encarna la conciencia de la clase y su programa, expresa los intereses históricos de aquél. No se trata ciertamente de un producto pasivo del grado alcanzado por la evolución de las masas, sino que, más bien, es el elemento activo que interviene de manera decisiva en la formación y avance de la conciencia clasista. Asimilar críticamente la experiencia diaria de las masas y generalizarla (darle validez política), para que se convierta en patrimonio de toda la clase, tales son las tareas básicas del partido, y en esta medida no puede ser reemplazado en dicha función por ninguna otra organización popular u obrera. Estamos hablando de un partido que trabaja y se fortalece en el seno del proletariado. La labor partidista es la que permite que las ideas se enseñoreen de las masas y se convierten en fuerza material. El Partido Revolucionario es aquel que trabaja en el seno de las masas por excelencia y en su propia organización, esto porque la técnica militar es colocada, sin atenuante alguna, al servicio de la política revolucionaria.
En la realidad ocurre que aparecen organizaciones y acciones militares propias de las masas pero al margen del partido, como consecuencia, de la pujanza que adquieren las tendencias espontáneas de los explotados y de su relativo retraso político. La elevación de la conciencia de clase se traduce en la mayor influencia del partido en el seno de las mayorías sojuzgadas, lo que importa que una mayor cantidad de acciones y destacamentos armados sean controlados por el partido revolucionario.

LAS MASAS Y EL TRABAJO MILITAR
La tesis, tan publicitada ahora, en sentido de que una excelente preparación material de pequeños grupos (estos pequeños grupos se organizan y desarrollan alrededor del slogan de que ellos, en la medida de que estén bien preparados, resuelven los problemas de dirección y políticos en general es suficiente para consumar la in- surrección constituye una peligrosa desviación putchista y militarista, que puede hacer abortar el proceso revolucionario. Conviene recordar que este camino conduce al foquismo tradicional, una concepción en franca crisis. La deformación que puede aflorar en cualquier momento es la militarista y que concluye subordinando la po- lítica a las acciones militares, consideradas como una finalidad en sí crismas. Para éstos desaparece la estrategia revolucionaria del proletariado desde el momento que la lucha puramente militar es elevada la categoría de las organizaciones y actuaciones militares son consideradas como los ejes alrededor de los cuales debe estructurarse el trabajo político y a los que deben supeditarse las masas. Lo correcto es plantear la cuestión a la inversa: las organizaciones y actuaciones militares subordinadas al partido de la clase obrera.
La preparación militar debe corresponder a la movilización y evolución de la conciencia del proletariado, es decir, debe ser realizado con miras a servir de punto de apoyo a las masas y ser utilizada por éstas. La desviación militarista más peligrosa es la que se presenta encubierta. Los que sostienen que las organizaciones y acciones militares se desarrollan junto a las masas parecería que así subrayan su adhesión al proletariado, que desde luego no puede considerarse incondícional porque está condicionada a que la clase se someta a los grupos armados y a lo que hagan ellos; sin embargo, lo que están planteando es la existencia de dos movimientos y actividades paralelos: el movimiento de masas y los grupos armados; la actividad política-sindical y las acciones militares. Apenas si se ha encubierto el desprecio pequeño burgués a las masas, a su capacidad revolucionaria y creadora, que el providencialismo de los intelectuales está obligado a desconocerlas. Según éstos la clase no tiene aptitudes ni posibilidades de desarrollar acciones armadas y menos de sacar de su seno a las organizaciones militares (este extremo importa un desconocimento, de la rica historia social boliviana), campos de acción reservados a los especialistas, es decir, a los activistas extraños al proletariado y componentes de los grupos guerrilleristas. Si se parte de la evidencia de que la clase obrera hará la revolución se tiene que concluir si hay consecuencia en los planteamientos, que los destacamentos armados y las acciones militares deben ser creaciones dentro de masas y hechas por ellas. Para sintetizar: los grupos y acciones militases son instrumentos en manos de los explotados y no creaciones extrañas.
Las masas están integradas por clases sociales que tienen intereses diversos y hasta contrapuestos; pese a esto, encuentran objetivos comunes y que adquieren dimensiones nacionales, consecuencia de la opresión ejercida por el imperialismo sobre el país. Por otro lado se constata una falta de uniformidad en el ritmo de movimientos de las diversas clases como consecuencia de sus propias características. En la base de la estrategia revolucionaria para Bolivia se encuentra la alianza obrero-campesina. Lo que supone ignorar que la gran masa empobrecida del agro, que apenas si puede sobrevivir en marco de la economía natural, se mueve de manera diferente que el proletariado, inclusive siguiendo, en cierto momento una orientación diferente a la de éste último. La radicalización de la clase obrera influencia directa e inmediatamente a las capas de la burguesía de las ciudades y, sobre todo, a su capa intelectual y estudiantil. No se puede sostener que lo que ocurre en las ciudades no tenga nada que ver, en último término, con la suerte del campesinado, pero se trata de una influencia que tarda bastante en traducirse en hechos y a veces se ejercita de manera indirecta. Ignorando esta realidad y el hecho de que el desarrollo revolucionario de las masas es para los partidos un fenómeno objetivo, algunos pequeño burgueses elaboran planes para poder manejar a su antojo a las diferentes clases sociales y presuponen, que existe ya una coordinación perfecta de movimiento entre proletariado, campesinos y sectores universitarios; sus esquemas se limitan a señalar un determinado papel y suponen que este conjunto de movimientos debe indefectiblemente conducir a la victoria. Les resulta necesaria esta falsificación de la realidad para justificar la preponderancia de los grupos y acciones armados, pues resultan decidiendo la suerte de una masa homogénea y presuntamente socialista y que sólo espera la voz de mando para asaltar la ciudadela del poder.
La experiencia boliviana demuestra, de un modo indiscutible, que las cosas ocurren de otra manera. En vísperas de las jornadas de agosto de 1971 se constató que el movimiento campesino estaba viviendo los primeros momentos de su radicalización y desplazamiento a la izquierda y que se traducía en el hundimiento del aparato sindical burocratizado que servía obsecuentemente a los gobiernos de turno. El pacto militar-campesino, una maniobra ideada por el gorilismo en su afán de oponer una fuerza social poderosa al radicalismo del proletariado, particularmente de los mineros, no pudo ser ratificado ni siquiera por un “congreso” propiciado por el oficialismo; la Confederación Campesina, que venía encarnando el caciquismo corrupto desde la época de Barrientos, se desmoronaba a la luz pública. Con todo, se trataba de expresiones visibles de los primeros pasos que daba la avanzada campesina en su marcha hacia la izquierda, la primera consecuencia fue el fortalecimiento del Bloque Campesino (en ese momento adoptó la denominación de Confederación Campesina Independiente). En vísperas del 21 de agosto la Confederación oficialista se apersonó a los organismos de la Asamblea Popular para ofrecer su cooperación, etc. Todo lo anterior permite afirmar que rápidamente la masa campesina, a no mediar el golpe fascista, se habría alineado detrás del proletariado y se puede decir que en el momento culminante de la insurrección ambos sectores sociales habrían coincidido en sus movimientos, En abril de 1952 la masa campesina se incorporo al proceso revolucionario con bastante retraso, pero no bien lo hizo demostró su capacidad de ra dicalizarse muy velozmente y de llegar a extremos insospechados para el mismo proletariado. La tesis en sentido de que el proletariado vencerá sólo en caso de actuar como caudillo nacional y contar con el apoyo directo de campesinos y sectores mayoritarios de la pequeña-burguesía de las ciudades, se refiere a la gran estrategia de la revolución, lo que no debe interpretarse como la imposibilidad de que el proletariado, apoyado por la clase media ciudadana, pueda tomar el poder (o comenzar a tomarlo) antes de que la radicalización de los campesinos hubiese llegado a su punto culminante; lo que no debe olvidarse es que ese poder obrero no podrá consolidarse y realizar su obra futura sin contar con la inmediata incorporación de la masa campesina al proceso revolucionario. Los sindicatos campesinos se convertirán en órganos de poder y en la variante planteada el gobierno obrero estaría lejos de abarcar a todo el país.
Hemos puntualizado lo anterior para demostrar que la preparación militar y las acciones armadas deben ajustarse las consideraciones como expresiones de los explotados, a la evolución, generalmente desigual, de los diferentes sectores de las masas. No se puede concebir a los destacamentos de combate actuando en el aire, se trata de elementos activos de la lucha cle clases, y deben moverse teniendo como apoyo y cobertura a las masas movilizadas; su combatividad se entronca en la combatividad de los explotados y una buena dirección traduce la clarividencia del proletariado. Esto no supone que consideremos que los campesinos y la pequeña burguesía en general se oriente instintiva o conscientemente, como ocurre con el proletariado, hacia el socialismo. Las tendencias ultraizquierdistas parten del supuesto de que un sistemático trabajo sobrg los campesinos puede a éstos darles conciencia de clase y convertirlos en socialistas, tan sorpresiva tarea seria cumplida por los grupos armados. Esta postura no sólo que es antimarxista, sino que violenta la lógica más elemental. El instinto socialista del proletariado parte del desarrollo del capitalismo (lo que importa decir cierto grado de desarrollo de las fuerzas productivas) y del lugar que ocupa en el proceso de la producción. El marxismo no hace más que dar expresión consciente a lo que es un adecuado adoctrinamiento puede convertir en marxista a la masa campesina (no se debe confundir la asimilación individual de algunos campesinos al programa del partido obrero con la actitud que asume la masa campesina como tal), es producto del afán de subordinar el proceso histórico a un esquema elaborado a priori; sólo de esta manera se puede explicar la pretendida uniformidad de movimientos de las diversas clases y la supuesta lucha socialista de los campesinos y al mismo tiempo, justifica por qué los “teóricos” pequeño burgueses concluyen convirtiendo a aquellos en el eje principal de la lucha revolucionaria. Para el marxismo la clase fundamental y dirigente de la revolución es el proletariado y por esto mismo, debe ser también el sector más importante para la realización de los trabajos militares. El agro es el sostén de la lucha del proletariado y las actividades militares en el campo adquieren el mismo carácter, si se toma en cuenta la estrategia revolucionaria en su conjunto y no únicamente los movimientos tácticos aislados.
Es oportuno puntualizar que en un país atrasado el proletariado no sólo llega al poder cómo caudillo nacional, sino que lo hace bajo la presión e impulso de la masa campesina.
La conciencia de la clase está expresada por sus capas más avanzadas y la gran masa atrasada sigue a esta avanzada en condiciones excepcionales, aquella continúa moviéndose alrededor de motivaciones económicas y siguiendo impulsos instintivos. No sólo la lucha política, sino la actuación militar y la organización de los destacamentos de combate no pueden ignorar este hecho importante. El considerar al proletariado como una clase homogénea y toda ella en un ambiente y actuando exclusivamente en el marco de la política es una superchería y una actuaciónes absurdas. No sólo se trata de algo fatal, sino el primer paso hacia la adopción de posturas aventureras. Contrariamente, la lucha espontánea de las masas es un elemento valioso, ni duda cabe que la victoria de la revolución y la defensa del proletariado que esa espontaneidad sea organizada y a transforme en lucha consciente. No pocas veces los destacamentos armados son producto de la lucha espontánea, igualmente que las acciones militares en cierto momento del desarrollo de la lucha de las masas. Las organizaciones militares revolucionarias están obligadas a desarrollar al extremo su iniciativa y su capacidad creadora, que no son más que formas de la capacidad creadora de las masas en los momentos de mayor tensión de la lucha de clases. Según la concepción leninista es la lucha espontánea la que se transforma, en determinadas condiciones, en lucha consciente o política.
Los destacamentos armados deben estructurarse dentro de las masas y ser instrumentos de éstas, lo que supone que deben madurar para poder utilizarlas adecuadamente. La penetración militar de las masas no es una abstracción, sino que, contrariamente, se trata de una respuesta que dan los explotados a los interrogantes que surgen en determinado momento de su desarrollo.
Constituiría un grave error realizar el trabajo militar en el seno de las masas dando las espaldas a la rica experiencia que tienen éstas en la materia, porque esto supondría volver a insistir en algo ya superado. Un buen trabajo debe siempre partir de lo que ya saben las masas y elevar esta lección a un elevado plano político y organizativo. La tradición de las luchas armadas es patrimonio de campesinos y obreros y estos últimos han pugnado por poner en pie, una y otra vez, sus milicias armadas. Por lo menos desde 1946 la consigna de armar piquetes obreros ha estado en la orden del día y su funcionamiento ha permitido recoger ricos antecedentes. El arte militar tiene que partir de esta realidad.
De una manera general, los trabajos militares no pueden concebirse al margen de la lucha de clases, es decir de la vida y nace las luchas diarias de las masas. Esos acciones daben entroncar en la lucha que cotidianamente realizan los explotados. El uso del movimiento revolucionario, la politización y radicalización del proletariado recorre el camino sinuoso de las batallas parciales por modestas reivindicaciones.
Las masas al movilizarse y politizarse, partiendo de su experiencia diaria, van mando sus instrumentos de lucha (uno de estos instrumentos son los destacamentos de combate) que les permitirá enfrentarse exitosamente con las clases dominantes y sus organis- mos de represión. Es esto lo que permite comprender que las actividades militares no deben ser consideradas como extrañas a los explotados o impuestas desde el exterior. Es esta también una de las razones por la que la lucha militar es sólo un aspecto de la lucha política revolucionaria del proletariado.
Los problemas militares adquieren enorme importancia para las masas oprimidas y explotadas desde el momento que han fracasado todos los intentos de transformar pacíficamente al capitalismo en socialismo o de resolver los problemas fundamentales de la política revolucionaria dentro del marco del parlamentarismo.

II
Las condiciones para la insurrección están jalonados por el agotamiento de las posibilidades de la clase dominante para solucionar los problemas de trascendencia y el hundimiento del equipo gubernamental como fuerza compulsiva unitaria, expresado por el estallido de sus contradicciones y luchas intestinas entra grupos y caudillos; por la certeza que adquiere el proletariado de que vencerá en la batalla, estado de ánimo que se afirma en la medida en que se convierto en cadillo nacional y que se traduce en el fortalecimiento de sus propias organizaciones, incluidos los aparatos militares; por las pronunciadas oscilaciones hacia la izquierda de las capas pequeño-burguesas, particularmente de su inteligencia, lo que determina su alineación detrás de la clase obrera; por la presencia de una dirección de masas capaz y que despierte absoluta confianza y por la efectivización de la unidad da toda la nación revolucionaria, que en las actuales condiciones sólo puede darse a través del fortalecimiento del Frento Revolucionario Antimperíalista.
El gobierno fascista de la pandilla Banzer-Paz-Gutiérrez, se presenta como la encarnación del ejército, como la expresión indiscutida de la jerarquía castrense y, al mismo tiempo, ha contado, por lo menos en sus primeros momentos, con el apoyo, o por lo menos tolerancia de las capas más altas de la pequeña burguesía, además, del entusiasmo de los sectores burgueses (Confederación de Empresarios Privados, jerarquía castrense, etc.), El trabajo revolucionario tiene que encaminarse a socavar el apoyo social en el que se asienta el régimen y para esto resulta imprescindible ganar a la clase media. En la práctica esta lucha tiene que centrarse contra la cobertura civil de los gorilas: FSB y MNR, particularmente, que en alguna forma influencian sobre capas de la clase media. La rebelión de las bases movimientistas contra su dirección, que se viene traduciendo en periódicas escisiones y exclusiones, son un anticipo de este proceso (nacimiento del MNR rebelde, por ejemplo). La propia reacción burguesa, al comprobar la ineficacia de las medidas represivas y demasiado duras puestas en práctica tiende a atomizarse y algunos grupos no ocultan su inconformidad con la orientación seguida por el equipo gubernamental.
Dedicamos aparte especial al hecho de que una de las condiciones de la insurrección radica en el fortalecimiento de la alianza obrero-campesina, que supone que las masas del agro se emancipen del control del gobierno y de las tendencias nacionalistas de derecha y, al mismo tiempo, se movilicen. Las masas campesinas han creado sus propias organizaciones e instrumentos de lucha, cediendo en gran medida a la presión e influencia ejercida sobre ellas por el proletariado: sindicatos y milicias armadas. La vitalización de estas organizaciones será la consecuencia obligada de la movilización y radicalización de la mayoría campesina. Puede ser que la iniciación o avance en el camino de este proceso coincidan con el momento culminante de los trabajos preparatorios de la insurrección. Lo que queremos subrayar es que sería criminal prescindir del movimiento campesino o suponer que en todo momento está presto a secundar los movimientos del proletariado.
En varias oportunidades se ha constado que alguna gente de izquierda considera la insurrección como uno de los tantos métodos de lucha, diferente y hasta contrapuesto a los otros. Con cuanta frecuencia se opone el foco guerrillero a la insurección. Si cuenta que la insurrección es la toma misma del poder, se tiene que concluir que ésta condiciona los métodos a utilizarse. Contraponer la insurrección a determinada forma de lucha armada, supondría convertir a esta última en finalidad en sí misma y olvidarse de la toma del poder, que es el objetivo estratégico de la clase obrera.

DISGREGACIÓN DEL EJÉRCITO
La victoria de la revolución y el éxito de la de la etapa predominante militar no pueden concebirse al margen de la disgregación de las fuerzas armadas (ejército y policía) a los que se apoya el gorilismo. La experiencia boliviana e internacional enseña que hay que comenzar por ganar a los soldados, clases y jóvenes les hacia posiciones revolucionarias. Este trabajo paciente y sistemático, necesariamente clandestino, constituye una de las grandes finalidades del trabajó militar. Tiene que procederse secretos revolucionarios en el seno del ejército y la policía, cuyos movimientos deben estar controlados por el partido del proletariado.
No se trata de derrotar al ejército regular manejado por la jerarquía castrense fascista, oponiéndole otro ejército igualmente potente de los obreros o de los campesinos. Si los explotados contasen con medios para poner en marcha semejante munstruoso de fuego habría que convenir que han dejado de ser explotados.
Las masas insurrectas aplastan a su enemigo, que en cierto momento se encarna en las fuerzas armadas, no en guerra formal, síno en choques esporádicos y oponiéndole a todo el pueblo, Un ejército intacto, sin fisuras ni contradicciones internas, será indiscutiblemente un obstáculo infranqueable para la revolución. En el momento culminante de la insurrección, los explotados chocan con un ejército dividido y que ha comenzado a desmoronarse y, por esto mismo, no tiene posibilidades de desarrollar todo potencial de fuego. La victoria exige que una parte del ejército, particularmente su amplia estructura social que se encuentra en su seno sume a la revolución o que, por lo menos, no dispare. Es tarea de primer orden el comenzar una campaña sistemática y sin tregua destinada al ejército, campaña que debe buscar el desarrollo de la lucha de tales dentro de las fuerzas armadas del sevicio militar obligatorio determina que los jóvenes campesinos y obreros, principalmente, constituyan la tropa. Los clases y suboficiales no sólo son los que mas directamente se encuentrar ligados a los soldados, sino que portan la presión de las masas e inclusive de los estudiantes, como es el caso de esta categoría en la fuerza aérea. Sería una ligereza imperdonable ubicar a todos los oficiales en el mismo polo reaccionario, muchos de los elementos jóvenes han dado muestras inequívocas de su natural inclinación hacia la izquierda y ni duda cabe que pueden ser ganados por el movimiento revolucionario. Es la alta jerarquía castrense la que directamente depende del Pentágono (una dependencia mucho, más estrecha de la que se encuentran los altos mandos militares de los otros países latinoamericanos) y encarna los intereses de la reacción y capitalismo criollos, llegando, en cierto momento, a ser su única expresión política.
El objetivo es, pues, lograr que una parte del ejército, que actualmente es el soporte fundamental del gorilismo, se sume a la revolución o que deje de obedecer a la alta jerarquía castrense. Se trata de todo un proceso lleno de altibajos que comienza como brotes de rebelión contra la disciplina tradicional y humillante para la naturaleza humana (disciplina que es una imposición de la voluntad de las cumbres de la jerarquía a la tropa y a los mandos inferiores), pasa por la negativa a disparar sobre los manifestantes e insurrectos y concluye cuando los fusiles se vuelcan contra los generales y coroneles. Sólo considerando, así, puede comprenderse por qué decimos que el ejército es el arsenal natural del pueblo.
En Bolivia los jóvenes obreros comienzan a trabajar en los sindicatos y políticamente desde muy temprano y llegan a los cuarteles con alguna experiencia y bagaje ideológico. Los estudiantes ya no llegan a los cuarteles y son militarmente instruidos mientras estudian y al margen de les soldados. No sabemos si de una manera deliberada o no, la masa estudiantil y universitaria ha sido anulada, como fuerza de presión capaz de actuar directamente sobre la tropa uniformada. La estructura de las fuerzas armadas, la disciplina y el orden impuestos por la jerarquía castrense actúan como chaleco de fuerza puesto a la tropa y a clases y suboficiales y que no les permite exteriorizar sus ideas y experiencias políticas. En cierto momento de la desintegración del ejercito esos elementos volverán a aflorar. Con todo, soldados, clases y suboficiales constituyen los contingentes potencialmente aptos para sumarse a la revolución.
Por el trabajo en el seno del ejército no debe entenderse solamente la propaganda dirigida y que debe tender a ahondar las diferencias de clase y de intereses que naturalmente existen en su seno, sino la paciente formación de cuadros revolucionarios en su seno y que en el momento oportuno actuarán como verdaderos caudillos. La campaña política con vistas a minar al ejército debe permitir que los soldados tengan plena conciencia de sus actos y alcancen a comprender la gran importancia que tiene que reprimir a los obreros o dejen de hacerlo. Por este camino se logra romper la disciplina.
El trabajo dirigido a Las fuerzas armadas es poco probable que rinda resultados inmediatos y se cosechará lo sembrado cuando la presión del ascenso revolucionario de las masas logre dibujar las grietas de las contradicciones clasistas dentro del ejército. La propaganda ciertamente que puede acelerar el proceso de desintegración, pero no podrá por si sola reemplazarlo. La desintegración del soporte armado del régimen imperante es, en último análisis, un aspecto del ascenso de la ola revolucionaria. El ejército vive y se mueve en la sociedad y soporta la presión poderosa de las clases en pugna. Es la ola revolucionaria la que penetra, mina y desintegra a las fuerzas armadas. No se trata de aplastar al ejército en batallas formales, sino de anular su potencia de fuego. En 1952 las masas pésimamente armadas pudieron destrozar al ejército porque éste ya estaba desintegrándose y la dinamita de los revolucionarios no hizo más que darle el golpe de gracia,
Lo anterior bien puede aplicarse a los ejércitos de las grandes metrópolis como de los países atrasados. En estos últimos las fuerzas armadas ofrecen ciertas particularidades que es preciso tener en cuenta para evitar equívocos políticos considerables.
El ejército es obra de la clase dominante y refleja sus características; en los países semicoloniales no escapa a la naturaleza y límitaciones de la burguesía nacional o de su sucedáneo pequeño-burgués. De aquí se desprende que en el seno de las fuerzas armadas se generan constantemente tendencias nacionalistas, empeñadas en acaudillar a las masas antiimperialistas, ciertamente que pretendiendo encerrarlas dentro del limitado marco capitalista, y que se plantean el cumplimiento de las tareas democráticas pendientes, Por lo menos teóricamente, no puede descartarse de plano que algunos elementos iniciados en estas tendencias pueden evolucionar hasta el marxismo. Con todo, el movimiento revolucionario tiene que tomar en cuenta a los nacionalistas uniformados. Esta nueva contradicción puede facilitar el trabajo de desintegración del ejército.

EL “MOMENTO” CULMINANTE DE LA INSURRECCIÓN
El proceso revolucionario es un período necesariamente largo y también lo es la preparación de la insurrección y sería absurdo darle plazos de tiempo apriorísticos para que se ajuste a ellos, lo que equivaldría a ponerle un chaleco de fuerza a la historia. Es explicable que los que incurren en la desviación militarista comiencen estableciendo etapas en el tiempo para el desarrollo del trabajo preparatorio de la insurrección y que se les antoje que ineludiblemente debe pasar por ellas. Ni la revolución ni su período insurreccional pueden precipitarse a voluntad de los actores de la historia, son esencialmente hechos objetivos. Sin embargo, el punto culminante de la insurrección, hacia la cual están dirigidos todos los trabajos preparatorios, no es otro que el asalto al poder. Es este “momento” el que tiene que ser fijado con precisión en el tiempo y en el espacio. Las circunstancias han madurado suficientemente para hacer posible ese asalto, pero esta situación es por demás efímera y exige de la dirección política clarividencia y audacia. Hasta este instante los revolucionarios se han distinguido de toda la gama de aventureros por su extremada paciencia,que les ha permitido preparar y hacer madurar una situación revolucionaria, para no perderla tienen que pasar a la acción decisiva con una extrema audacia. Es el partido el que detecta ese momento culminante y prepara cuidadosamente su desenlace militar.

III LAS OPERACIONES MILITARES
El vanguardismo incurre en una gravísima desviación cuando considera a las operaciones militares al margen o contrapuestas a los métodos de la revolución proletaria (la huelga general política constituye la expresión más elevada de la acción directa de las masas). La huelga general lleva en sí la perspectiva de transformarse en insurrección y en guerra civil. Lo correcto es partir del principio de que las operaciones militares no sólo deben, subordinarse a los métodos de la revolución proletaria, sinó que deben integrarse en éstos. Es el contenido político el que da determinado sentido a las operaciones y técnicas militares.
Antes de que la insurrección llegue a su punto culminante (asalto del poder), será preciso realizar una serie de operaciones militares, grandes o pequeñas. Éstas opéraciones pueden ser simplemente acciones de hostigamiento o distracción en manos de las masas; pero también puede ser necesario que todas las energías se vuelquen hacia importantes operaciones militares. Sin embargo, en ambos casos, esas operaciones deben someterse estrictamente a la política revolucionaria del proletariado, es por éste mecanismo que se asimilan a los métodos de la revolución dirigida por la clase obrera.

LA GUERRA IRREGULAR
El proletariado es una clase explotada y tiene que luchar contra un ejército más poderoso que sus milicias y organizaciones de combate, en armas, efectivos y hasta organización. Para neutralizar la capacidad de fuego de las fuerzas castrenses no tiene mas remedio que recurrir a las técnicas de la guerra irregular, sacando toda la ventaja posible de su conocimiento minucioso de la topografía de una región y de su entroncamiento en las masas populares.
Las modalidades de la lucha militar se modifican con las transformaciones que se operan en el campo de la tecnología bélica y los revolucionarios deben estudiar en qué medida el ejército, regular se apropia de esta técnica. La lucha en las calles tiene que adaptarse al tipo de armas que poseen el enemigo y también las milicias populares. La experiencia ha demostrado que la guerra irregular adquiere diversas formas conforme a las etapas de su desarrollo. A comienzos de siglo se desahució la guerra de posiciones y las barricadas, reemplazándolas por la extrema movilidad de las pequeñas unidades. Pero cuando una parte del territorio nacional es liberado y controlado por los revolucionarios, que bien puede considerarse como una etapa superior de la lucha, será preciso volver a la guerra de posiciones. La dirección revolucionaria tiene que dar oportuna y claramente instrucciones al respecto, imitando, por ejemplo, la actitud asumida por el Soviet de Petrogrado de 1905, que resumió así la experiencia de la lucha hasta ese momento:
“l.- No actuar en masa. Hay que realizar las operaciones en pequeños grupos de tres o cuatro hombres como máximo, multiplicar estos grupos lo más posible y que cada uno de ellos debe atacar resueltamente y desaparecer con prontitud. La policía tratade fusilar a miles de personas con sólo cien cosacos. A esos cien cosacos no debe enfrentarse más de tres o cuatro tiradores, porque es más fácil alcanzar a un grupo que a un solo hombre, sobre todo si éste último sabe disparar inopinadamente y desaparecer en un instantenstante.
“2.- Por otra parte, no debe intentarse nunca ocupar posiciones fortificadas, porque la tropa sabrá siempre tomarlas o, simplemente, destruirlas con su artillería. Las mejores fortalezas son los lugares de paso y todos los sitios desde donde es fácil tirar y esca- par. Si la tropa llegase a tomar un lugar de este tipo no encontraría a nadie, habiendo perdido, sin embargo, muchos hombres en el empeño
Si las tropas regulares se basan en los reglamentos y en una disciplina vertical impuesta despóticarnente y la oficialidad tiene constantemente que cuidar que los soldados disparen bien, las milicias y destacamentos de combate populares se asientan en la gran iniciativa y capacidad creadora de los revolucionarios, cuya disciplina parte de una clara concepción política.

EL FACTOR INTERNACIONAL
La revolución boliviana es sólo parte de la revolución internacional y, particularmente, de la latinoamericana. Su estrategia política toma en cuenta el estado en que se encuentra la evolución de la conciencia de clase del proletariado en las otras latitudes. Es claro que Bolivia no podrá construir, contando únicamente con sus propias fuerzas, el socialismo dentro de sus fronteras, necesariamente la revolución victoriosa en el país tendrá que entroncarse en el movimiento socialista internacional. La lucha contra el imperialismo y sus lacayos indígenas es, por su misma esencia, una lucha continental.
Las tareas militares a cumplirse por la clase obrera dentro del país tendrán en cuenta el estado en que se encuentra el movimiento revolucionario internacional y particularmente latinoamericano, en consideración de que constituyen su punto de apoyo natural. Los trabajos militares deben buscar contar con el apoyo solidario de los explotados latinoamericanos.
Otro aspecto importante: la política militar del proletariado se estructura y fortalece asimilando críticamente la experiencia ofrecida sobre el tema por los oprimidos de todo el mundo, particularmente la que emerge de la lucha de los pueblos de los países oprimidos contra el coloso imperialista (caso de Vietnam, por ejemplo).

Guillermo Lora: la revolución permanente (1984)

 

Extracto de Conferencia pronunciada en la Escuela de Altos Estudios Nacionales de las FFAA de Bolivia y que su autor realizó sobre el tema “Sindicalismo Político” que se le planteara en julio de 1984, La Paz, Bolivia. EP

Si la revolución social es considerada como el producto arbitrario de la propaganda extremista, de la agitación social arbitrariamente provocada, etc., será imposible comprender la actividad contradictoria de la clase obrera e inclusive la conducta de los sindicatos. La historia de la humanidad es la historia de la sucesión de los diferentes modos de producción (cómo se produce lo que el hombre precisa para satisfacer sus necesidades), que tiene lugar a través de saltos bruscos, de la misma manera, por ejemplo, que las transformaciones geológicas. La sociedad y el hombre hace tiempo que acertadamente vienen siendo considerados como parte del proceso de desarrollo de la naturaleza, lo que ha permitido desprenderse de perjudiciales prejuicios subjetivistas. El oscurantismo al juzgar a la sociedad no hace otra cosa que alejarla de su debida comprensión. El desplazamiento de una clase por otra en el poder, que eso es la revolución social, siempre se ha dado en la sociedad y seria absurdo que nos aterroricemos toda vez que se produce, lo que corresponde es estudiarlo con la debida atención, seguros de que nuestra sociedad también se encamina hacia esa finalidad. No es motivo de nuestra atención la revolución política o sea la lucha entre sectores de la misma clase social por controlar el poder.

La revolución es un fenómeno social sometido a las leyes generales de la sociedad (del capitalismo) y a las suyas propias. Está muy lejos de ser la arbitrariedad y el caos, como generalmente se supone. La revolución destruirá los aspectos caducos de la actual sociedad y permitirá un amplio desarrollo de los gérmenes de una nueva, que ya se dieron en el pasado inmediato; en esta medida destruye el orden social envejecido y establece uno nuevo; el caos no es más que aparente. Son los hombres los que hacen la revolución, pero no a su capricho, sino dentro de las condiciones creadas por el desarrollo social. Unos, los que pertenecen a la clase obrera o se identifican con sus finalidades estratégicas, con sus objetivos generales, encarnan a las fuerzas productivas, es decir, a las fuerzas progresistas de la historia y cuando adquieren conciencia de esto actúan como sus instrumentos conscientes. En estas filas se reclutan los teóricos, factores decisivos para la lucha revolucionaria, los caudillos y activistas de la transformación de la sociedad. Con todo, las masas y los hombres no pueden hacer otra cosa que contribuir a que las leyes de la historia se cumplan con ahorro de esfuerzos y de tiempo; en ningún caso podrán sustituir esas leyes con los esquemas sacados de sus cabezas o con sus creaciones perversas o angelicales. Los otros, los que pugnan por perpetuar la actual sociedad, porque en ésta se encuentran sus intereses materiales, batallan, conscientemente o no contra las leyes de la historia, son conservadores, reaccionarios. Pueden la clase dominante y su Estado idear y levantar los mayores obstáculos frente a la marcha revolucionaria de la mayoría nacional, pueden corromper a las direcciones de las masas y contribuir a la formación de burocracias potentes, pero todo esto acabará siendo arrasado por las leyes de la historia. Así se ha desarrollado y se desarrolla la sociedad.

Toda nueva sociedad se justifica cuando impulsa el desenvolvimiento de las fuerzas productivas, que son el conjunto de los instrumentos que permiten la producción, de los hombres que los manejan en determinadas condiciones de experiencia y

hábitos de trabajo (tecnología, división del trabajo, etc). El desarrollo de las fuerzas productivas, que se sintetizan en cierto nivel de productividad, importa un cierto grado de dominio del hombre sobre la naturaleza, objetivo de toda sociedad. Las fuerzas productivas imponen determinadas formas de propiedad sobre los medios de producción (tierra, máquinas, materias primas, etc.), que condicionan las relaciones de producción dentro de las cuales los hombres producen su vida social, su sustento diario, para decirlo de manera simple. Estas relaciones de producción constituyen el basamento material, económico, de la sociedad, su estructura sobre la que se levanta el amplio y rico mundo de la superestructura ideológica, que no es consecuencia mecánica e inmediata de aquella, sino que se mueve conforme a sus propias leyes y en determinado momento reacciona poderosamente sobre la estructura (la política en la actualidad, por ejemplo), buscando modificarla y contribuyendo a que esto sea así dentro del marco señalado por el desarrollo de las fuerzas productivas.

La estructura económica es una unidad dialéctica en la que los extremos polares están ocupados por las fuerzas productivas y por las relaciones de producción (forma de propiedad). Durante la etapa de equilibrio precario entre ambos, la forma de propiedad impulsa el vigoroso y rápido desarrollo de las fuerzas productivas, el aumento cuantitativo de éstas (evolución pacífica, progreso gradual), motivando transformaciones dentro del orden establecido, pero esto sólo hasta cierto nivel de su crecimiento, que es cuando chocan con esa fuerza conservadora que es la forma de propiedad vigente (relaciones de producción), ésta para sobrevivir se empeña en estrangular a las fuerzas productivas, que en su intento de crecer se despedazan chocando contra su mordaza y cuyos indicios inconfundibles son las crisis económicas cíclicas (la actual que soportamos), las guerras internacionales por el reparto del mundo y las mismas revoluciones sociales. Una sociedad es sustituida por otra únicamente si la estructura económica ha madurado para esto, si la clase dominante ha agotado todas sus posibilidades progresistas. El desarrollo de las fuerzas productivas tiene que considerarse como un desarrollo global y de ninguna manera parcial (un descomunal saltó en la producción e industrialización del hierro, mientras la agricultura permanece estancada o retrocede, por ejemplo). Las transformaciones tecnológicas, muchas de ellas relegadas a las cuatro paredes de un laboratorio, por sí mismas no son sinónimo de crecimiento de las fuerzas productivas; muchas de esas innovaciones e inventos quedan archivados, porque su generalización podría ocasionar serios perjuicios económicos a las grandes empresas al obligarles a cambiar su utilaje, y a veces son relegados al uso para fines belicistas, que importa una descomunal destrucción de las fuerzas productivas. Unicamente cuando las fuerzas productivas han dejado de crecer, cuando la forma de propiedad privada burguesa (relaciones de produccióni se ha tornado reaccionaria, fenómeno que ha tenido lugar en escala mundial desde el último tercio del siglo XIX hasta 1914 fecha del estallido de la primera guerra mundial (guerra imperialista), cuando se ha hecho evidente la posibilidad de la revolución social.

¿Esta ley puede aplicarse a la atrasada Bolivia? La respuesta, que es una de las claves de la política boliviana, obliga a una breve explicación. Bolivia no ha tenido tiempo ni posibilidades para impulsar el desarrollo interno del capitalismo, éste llegó desde afuera como fuerza invasora, obedeciendo los intereses económicos de las metrópolis y de ninguna manera las necesidades de desarrollo del país que pasó a la condición de semicolonia. Penetró al altiplano el imperialismo, el capitalismo en su etapa de decadencia, trayendo progreso y modernización a ciertos sectores de nuestra economia, a veces mediatizados en extremo, y al mismo tiempo ocasionando

estancamiento y hasta retroceso allí donde no le interesaba asentarse y explotar. Vimos al imperialismo conviviendo junto al latifundio improductivo y reducto del trabajo servil, no pocas veces prestándole apoyo directo. Esta política contradictoria se explica porque la fuerza invasora tuvo necesariamente que apoyarse en la feudal burguesía, que tenía metido un pie en el pongueaje y que simultáneamente servía al capital financiero.

De esta manera fuimos incorporados, virtualmente a la fuerza, a la economía mundial, que es algo más que una simple suma de economías nacionales, es una unidad superior y una de las grandes creaciones del capitalismo. Esta concepción (la interpretación unilateral de ella es el punto de arranque de una serie de desviaciones), permite comprender que estamos obligados a soportar las leyes generales del capitalismo, lo que no debe interpretarse como una imposición mecánica de esas leyes en toda su pureza, más bien, se reflejan en una particular realidad económico-social, actúan transformando y transformándose a través del país atrasado. En esto consisten las particularidades nacionales que tienen importancia decisiva en la fijación de la política revolucionaria. Nuestra tardía incorporación a la economía mundial, alrededor de los albores del siglo XX, y la invasión del capital financiero han determinado la economía capitalista de tipo combinado, que imprime una particular fisonomía a la ley del desarrollo desigual, la más general en la historia de la humanidad.

Nuestro país ya conoce el capitalismo, bajo la única forma en que puede darse, como economía combinada, que importa la coexistencia de diferentes modos de producción, de las primeras letras del desarrollo de la sociedad con las últimas adquisiciones de nuestra época: las tribus selváticas, el transporte en llamas junto al jet, etc. No hay tiempo, debido a la desintegración del imperialismo y a la presencia en el escenario del proletariado como clase, para que Bolivia recorra las vicisitudes de un desarrollo integral e independiente del capitalismo.

La ley de la economía combinada, que sería inconcebible al margen de la pertenencia a la economía mundial, no como ocasional vendedor de minerales sino como parte integrante de ella, tiene implicaciones que es preciso puntualizar para comprender la revolución en nuestro país.

Estamos obligados a considerar todos los fenómenos, particularmente los económicos, como dimensiones internacionales. Las fuerzas productivas, de manera particular, solamente pueden concebirse así, si no se quiere distorsionar la realidad.

Si Bolivia fuese un país aislado, si no se estremeciese ante las modificaciones del mercado mundial, si no dependiese del tipo de intereses que fijan los bancos norteamericanos o ingleses, si no dependiese su vida diaria de la cotización de minerales que a medio día se difunde desde Londres, se podría decir con toda propiedad que está muy lejos de una transformación revolucionaria dirigida por la clase obrera, que lo más que puede esperarme es una transformación democrático-burguesa, los militantes stalinistas añadirían del tipo de revolución encarnado en el gobierno burgués del doctor Hernán Siles Zuazo, claro que la afirmación puede prestarse a burlas o calificativos despectivos. Esta manera de plantear el problema es incorrecta y anti-científica, porque en nuestra época resulta inconcebible la existencia de país alguno totalmente aislado de los otros y de la economía mundial, convertida en el escenario insoslayable donde se mide la productividad de los diferentes países.

Entre las consecuencias de nuestra integración a la economía mundial se tienen la autoritaria imposición del capitalismo y la maduración desde afuera para la revolución proletaria, lo que no tiene que interpretarse como si esta transformación radical también tuviese que venir de la metrópoli, contrariamente, será hecha por los bolivianos y en la medida en que maduren para cumplir esa tarea. En la actualidad las fuerzas productivas en escala mundial están sobremaduras para la revolución proletaria, concebida como una revolución de alcance mundial y encaminada hacia el comunismo; su tardanza, que tiene que concebirse como consecuencia del lento desarrollo de la conciencia de clase de los explotados o de la traición de sus direcciones tradicionales, que supone el cambio de contenido de clase, se traduce en la aparición de formas de barbarie, con tegumento burgués como es el caso del fascismo, que importa la aniquilación de gran parte de las conquistas logradas por la civilización, o en la destrucción de la sociedad. Vivimos en la época de la revolución proletaria y no nos está permitido eludirla o idear caminos excepcionales para nuestro país. La historia boliviana es parte de la historia de la humanidad.

El carácter internacional de la revolución proletaria quiere decir que ningún país, por muchos que sean los privilegios con los que hubiese sido beneficiado por la naturaleza, puede con sus propias fuerzas, en el marco de una inconcebible y reaccionaria autarquía, construir una sociedad comunista, tal meta solamente podrá lograrse internacionalmente. Ha sido el propio capitalismo el que ha permitido que maduren para ello las condiciones materiales; en la época de la economía mundial, en la época de las transnacionales, las fronteras nacionales se han tornado reaccionarias. En este punto debemos puntualizar que la defensa, por tanto, la perrnanencia de las fronteras de los países sometidos a la opresión imperialista, constituyen pasos progresistas y obligados en la lucha por la liberación nacional. El comunismo no destruirá la economía mundial, por el contrario, se basará en ella y le dará un mayor impulso.

Esa unidad mundial que es la revolución socialista (el desarrollo de la sociedad no permite su parcelación en estancos independientes entre sí) está integrada por las revoluciones puramente socialistas que tendrán lugar en las metrópolis del capital financiero, que se distinguen por la proporción mayoritaria de la clase obrera y porque no tienen ante sí la solución de tareas democráticas o burguesas pendientes; por las revoluciones políticas (el desplazamiento del poder de la burocracia termidoriana por la clase obrera) en los países sometidos a la dictadura stalinista y por las revoluciones de liberación nacional en las regiones sometidas a la opresión imperialista. El hecho fundamental y distintivo de nuestra época radica en que todas esas revoluciones son políticamente dirigidas por el proletariado. Hay, pues, revoluciones proletarias y revoluciones proletarias, no todas están vaciadas en el mismo molde o cortadas en la misma medida, obedecen a leyes particulares según el grado de desarrollo de la región en que tienen lugar.

La revolución boliviana no puede menos que reflejar el capitalismo atrasado de economía combinada. El sector atrasado está encarnado en el modo de producción precapitalista, que si se toma como referencia los índices demográficos se puede decir que comprende a la mayoría nacional. No se trata de que el atraso está simplemente yuxtapuesto al progreso (modo de producción capitalista y que define la existencia material del país), sino de que entre ambos existe una permanente inter-relación; conforman un país con esa característica nacional y no dos sociedades independientes entre sí. Atraso y progreso se penetran mutuamente, se condicionan y se encuentran

en permanente transformación. El atraso se traduce en atraso cultural, por decir, que deja su impronta en todas las actividades, lo que determina la lentitud de nuestro desarrollo, que pesa negativamente en contra de la productividad y, de una manera general, que mediatiza las conquistas foráneas que alcanzan a trasmontar los Andes. Urge puntualizar en qué consiste este rezagamiento.

Sobre todas las cosas, está muy lejos de ser general, pues soporta la presión del modo de producción capitalista (minas, petróleo, industria, transportes, agroindustria) y, a su turno, actúa poderosa, aunque negativamente, sobre él. El cordón umbilical, por esto mismo de trascendencia vital, que une a Bolivia con el mercado mundial, es decir, el elemento que le permite llevar una vida moderna, es la producción capitalista, la exportación de materias primas, de minerales, de petróleo, etc. Esta producción no solamente define el presupuesto nacional, sino las balanzas comercial y de pagos, permite importar todo lo que exige la vida moderna. El modo de producción precapitalista pesa de manera considerable en la composición del producto interno bruto. En alguna forma esa preeminencia económica del capitalismo condiciona la preeminencia política del proletariado, aunque su gran politización es resultado de su propia historia, de una serie de factores que han contribuido a la formación de su conciencia.

Un país atrasado como Bolivia puede mostrar importantes adelantos tecnológicos y de concentración del capital en su área modernizada, como sucedió en el campo de la minería en cierto momento.

El atraso tampoco es definitivo, dado de una vez por todas, sino que, en determinadas condiciones, puede convertirse en palanca de progreso, permitir dar un salto en el desarrollo, trocarse en su contrario. Los teóricos de la clase dominante, que se complacen en subrayar que el capitalismo -únicamente el capitalismo, pues vituperan contra el feudalismo, el esclavismo, etc. corresponde a la naturaleza humana y que por eso debe considerarse eterno; pretenden justificar las limitaciones e incapacidad de la burguesía nativa con la especie de que nuestro país nunca podrá salir de una manera total de su rezagamiento, que siempre será tributario de la metrópoli imperialista, etc. Hay muchos ejemplos históricos que violentan la teoría del definitivo atraso boliviano y que viene siendo manejada desde el siglo XIX.

Allí donde el capitalismo se ha desarrollado internamente, recorriendo todos los recodos del camino, venciendo todas las dificultades y las etapas, ha ido acumulando utilaje obsoleto, herencia inevitable del pasado; esta carga concluye obstaculizando los movimientos de la economía en su integridad. Recuérdese el caso de países en los que se sigue utilizando maquinaria con muchos decenios de antigüedad. Un país atrasado, virgen en la actividad capitalista en ciertos renglones, puede, en condiciones favorables apoderarse de un salto de todo el avance logrado por la sociedad, sin necesidad de descubrir ni perfeccionar nada. Importará la última palabra de la tecnología en la fabricación de automóviles, sin necesidad de volver a vivir las primeras experiencias. En un solo acto se colocará en el nivel de los países más desarrollados. Esto es algo más que un dato anecdótico, quiere decir que tal paso puede permitir movernos a mayor velocidad que las metrópolis del capital financiero. Las condiciones que permitieron ese desarrollo a saltos y que las colonias o semicolonias alcanzasen o sobrepasasen a las metrópolis opresoras, fueron en el pasado las ventajas que proporcionaba el capitalismo en ascenso (Estados Unidos de Norte América, Alemania, Japón); en la actualidad, caracterizada por la desintegración

del imperialismo, las condiciones para ese salto no son otras que las creadas por la revolución social.

Un otro aspecto de este tema: la masa campesina, que aunque asuma actitudes revolucionarias y de subversión contra el estado de cosas imperante, representa el pasado histórico y el atraso, pero en los momentos de mayor tensión de la lucha revolucionaria se convierte en el factor decisivo que impulsa al proletariado (expresión social del progreso hacia el poder, es decir, permite crear las condiciones para la estructuración de una sociedad superior a la capitalista.

Bolivia se diferencia de las metrópolis por ser una nación oprimida que soporta la explotación y el dominio político por parte del imperialismo no solamente sobre uno de sus sectores sociales, la clase obrera, sino sobre toda la nación. El capital financiero exporta en gran medida la plusvalía que extrae de los trabajadores, actúa como el muro que impide que el país en su integridad ingrese de pleno a la civilización, esto porque mantiene intacto al precapitalismo, expropia política y económicamente a la burguesía criolla, le impide su desarrollo, lo que aparece con mayor evidencia cuando ésta le sirve obsecuentemente. Los problemas que plantea la revolución y la mecánica de clases son particulares y diferentes a los que se dan en los grandes centros del capitalismo imperialista.

Toda revolución es mayoritaria y la proletaria lo es al servicio, por primera vez, de la mayoría del país. En la Bolivia atrasada esa revolución no puede menos que ser protagonizada por la nación oprimida (en esta medida es mayoritaria) y no únicamente por la minoría obrera (consecuencia del atraso, de la persistencia de los modos de producción precapitalistas). Una revolución puramente proletaria es inconcebible, pues sería una actitud asumida contra el país, condenada a su inmediato aplastamiento. De esta realidad emergen las vigas maestras de la lucha revolucionaria.

La alianza obrero-campesina (las masas explotadas arrastradas políticamente por la clase obrera) juega el papel de pieza clave de esta estrategia. El choque de los campesinos con los obreros antes de la conquista del poder convertiría en imposible tal finalidad estratégica.

La táctica que cobra vigencia permanente hasta tanto se produzca la victoria de los explotados, aunque su realización precisa de condiciones políticas muy concretas, es la constitución del frente anti-imperialista, que importa la unidad de la nación oprimida (varias clases sociales) bajo la dirección proletaria, es decir, dentro de las finalidades estratégicas de la clase obrera. La burguesía también habla de unidad nacional y la consuma bajo su propia dirección y para servirse de ella como factor de respaldo político o de estabilidad gubernamental llegado el caso. La Unidad Democrática Popular es una variante de este frente político de varias clases sociales timoneado políticamente por la burguesía democratizante. El frente anti-imperialista permite que el proletariado efectivice su liderazgo nación oprimida por el imperialismo, se apoye en ella y dirija las luchas que libran las masas explotadas. Únicamente la movilización y radicalización de los sectores mayoritarios puede obligar a las direcciones de los partidos de izquierda a someterse a la dirección proletaria, abandonando su actual posición servil frente a la clase dominante.

La revolución proletaria boliviana estará muy lejos de ser puramente socialista por sus tareas. Antes de construir el socialismo y la sociedad sin clases sociales (sin

explotados ni explotadores) tiene que superar el secular atraso del país, lo que equivale al cumplimiento de las tareas democráticas o burguesas pendientes, labor imprescindible que será realizada junto al logro de objetivos socialistas, en los sectores donde sea posible. La revolución será pues combinada en sus tareas y también por sus componentes sociales reflejando así en la superestructura el carácter combinado de la economía.

Debe tomarse en cuenta que el proceso de transformación profunda estará acaudillado por la clase obrera y que ésta para libertarse realmente tendrá que llegar al comunismo y en su marcha libertar a toda la sociedad. El proletariado no tiene interés alguno en perpetuar las realizaciones democrático-burguesas, basamento material de la existencia y desarrollo del capitalismo que supone su inevitable explotación y opresión, sino acabar con este estado de cosas, razón por la cual las transformará en socialistas desde el poder. Como se ve, el secreto del proceso consiste en que los explotados se conviertan en clase gobernante, en fin, en la existencia de la dictadura del proletariado.

Nos encontramos frente a una sola etapa en la cual son realizadas a plenitud las tareas democráticas y su transformación en socialistas. El Partido Comunista de Bolivia, que dice no renegar del socialismo e inclusive de la dictadura proletaria, hace un planteamiento cualitativamente diferente: en la primera etapa, cuya duración no puede menos que prolongarse por algunos decenios, una centuria o más, debe cumplirse únicamente la revolución democrático-burguesa, porque –dice- las fuerzas productivas en escala nacional han madurado únicamente para ese tipo de revolución; luego de que el desarrollo pleno e independiente. del capitalismo transforme toda la economía y cree una clase obrera poderosa por su número y su educación en la escuela de la democracia formal, recién podrá plantearme con legitimidad la revolución puramente socialista. Entre ambas etapas históricas media un abismo de tiempo y no puede hablarse de una inter-acción entre ambas. La corriente maoísta planteó, en su apogeo, la misma tesis con una pequeña variante: para ella, cumplida la etapa de la revolución democrática debía darse, de manera ininterrumpida -de aquí su nombre-, la revolución socialista. El stalinismo en general sostiene que la etapa democrático-burguesa solo puede estar timoneada por un gobierno de corte burgués. La permanencia del Partido Comunista de Bolivia en el gobierno burgués de la Unidad Democrática Popular, lejos de constituir un error táctico o un desliz cualquiera, obedece a su concepción programática fundamental.

El desarrollo interno de la revolución bajo la dictadura del proletariado lleva la tendencia de no detenerse hasta tanto no se destruya toda forma de opresión de clase (explotación del hombre por el hombre). Cada etapa niega a la anterior y el proceso tiene lugar en medio de contradicciones y de conflictos sociales. El ritmo de su realización, así como el del cumplimiento de las tareas democráticas, no puede señalarse con anticipación, depende de la marcha de las economías mundial y nacional, de los progresos que haga la revolución proletaria internacional.

La revolución proletaria comenzará necesariamente dentro de las fronteras nacionales y no como un fenómeno simultáneo. El ritmo extremadamente desigual con el cual se desarrolla la conciencia de clase del proletariado de los diversos países obliga a que la revolución social tenga lugar también de manera desigual. No será un proceso despersonalizado; contrariamente, mostrará las huellas inconfundibles de las particularidades nacionales, profundamente entroncado en la historia, en la economía, en fin, en la cultura del país.

Pero, la revolución no puede encerrarse indefinidamente en el marco nacional; para resolver los problemas que genera y para llegar a la sociedad sin clases, necesariamente tendrá que proyectarse al plano internacional, de nacional se trocará en internacional. En el caso boliviano su proyección continental busca estructurar los Estados Unidos Socialistas de América Latina, la única forma en la que ahora puede efectivizarse el sueño y ambición de Simón Bolívar. Muchos de los problemas más punzantes del país, entre ellos el largo pleito diplomático de la mediterraneidad, podrán encontraran así su solución natural.

La clase obrera en el poder estatizará los medios de producción, concentrándolos en manos de la dictadura del proletariado (gobierno obrero-campesino), lo que le permitirá planificar la economía y dirigirla hacia la construcción del socialismo, en fin, del comunismo, la sociedad sin clases sociales, sin explotados ni explotadores.

Hemos expuesto someramente la teoría de la revolución permanente, que tanta importancia ha tenido en la formación de la clase obrera boliviana (nos referimos a su conciencia). Se trata de las leyes de la revolución social de los paises ses atrasados (coloniales y semicoloniales) de nuestra época imperialista, en la que la presencia de la clase obrera (vale decir de su partido político que es, sobre todo, programa), constituye el hecho de mayor relieve. Algunos de sus críticos sostienen que dicho planteamiento buscaría saltar por encima de la etapa democrática, para ingresar de lleno y de un salto en la revolución puramente socialista. Otros se empeñan en querer demostrar el absurdo de que buscaría aislar al proletariado de las otras clases sociales. Estos reparos carecen de fundamento. La revolución permanente fue enunciada ya por Carlos Marx a mediados de¡ siglo XIX y teniendo presente la revolución en la rezagada Alemania de entonces, buscando resolver, precisamente, el cumplimiento de las tareas democráticas. Los revolucionarios rusos hablaron de la transformación de la revolución burguesa en socialista, teniendo en cuenta su contenido social, sus tareas fundamentales. No se plantea el ignorar o saltar por encima de las tareas democráticas, sino la manera de cómo el proletariado tendrá que consumarlas en la época que vivimos, que es la época de decadencia del capitalismo, que plantea la necesidad histórica de la revolución y dictadura proletarias.

 

(Fotografía: trabajadores armados, abril de 1952, La Paz, Bolivia)

 

Ha muerto Fidel: viva la Revolución Cubana

por Gustavo Burgos

Para quienes militamos en las filas de la revolución socialista, despertar esta mañana con la noticia de la muerte de Fidel Castro, es un golpe, una llamada de atención y una advertencia. La prensa burguesa –hacemos abstracción de la prensa gusana que celebra- se ha solazado haciendo panegíricos al otrora líder de la guerrilla y figura señera de aquél proceso revolucionario que pariera la primera revolución latinoamericana, el primer territorio libre de nuestro continente americano.

Un resumen de esta apropiación de la figura de Castro por parte de la burguesía lo sintetiza el twitter de Guillermo Teillier: “Sincero pesar por fallecimiento de compañero Fidel. Tras su muerte su figura se engrandece. Nadie puede desconocer su aporte histórico”. Textual, he citado completamente, al pie de la letra, lo expresado por la máxima autoridad del PC chileno: lo lamenta, la figura se engrandece, “nadie” puede desconocer su “aporte”. Esta necrológica, coherente con la banalidad y vulgaridad de su autor, sería perfectamente aplicable a Patricio Aylwin o al Sapo Livingstone y es una expresión sintética de lo que propala El País de España, la BBC, La Tercera y el conjunto de los medios que durante décadas han hecho profesión del combate a la revolución cubana. Se significa la muerte de Fidel como si se tratase de la muerte de la revolución y el último estertor del siglo XX.

En la figura de Castro, como la de todos los individuos a los que les ha tocado encabezar procesos revolucionarios, concurren la revolución y la contrarrevolución. Hace poco más de un año pudimos ver por televisión la espeluznante conferencia de prensa que dieran conjuntamente Barack Obama y Raúl Castro. Fue un acto televisivo de la restauración del capitalismo. Lo que no lograron los esbirros de Kennedy en Bahía Cochinos, lo materializó el propio Partido Comunista de Cuba sirviendo de puente para la llegada del capital imperialista a la isla, siguiendo el modelo chino de restauración. Con este hecho se zanjó el debate que durante los 60 y bien avanzados los 70 atravesó a la izquierda mundial sobre la posibilidad de la construcción del socialismo en las acotadas fronteras de cuba, debate que estuvo marcado por la idea de hacer “un, dos, tres Vietnam” del Che Guevara y que terminara inclinándose a favor de la concepción stalinista del “socialismo en un solo país” que se expresara en el Pacto de Esquípulas que terminó estrangulando a la revolución sandinista.

El castroguevarismo -aún vivo en muchos lugares del mundo- es una corriente política que emerge del triunfo de la revolución cubana y que se sella con la muerte del Che en Bolivia a manos del fascismo, con la connivencia del PC boliviano. Ella tuvo entre sus filas a buena parte lo mejor de la vanguardia revolucionaria chilena del siglo pasado. A pesar de su condición minoritaria y de la incapacidad de esta corriente (encarnada principalmente por el MIR) de romper con su edípica visión de Salvador Allende, no puede negarse que estuvieron en primera fila y que contribuyeron al desarrollo del proceso revolucionario, afirmando la voluntad de combate de los explotados y que se esforzaron por desarrollar una política que ponía a la revolución socialista como estrategia para la resolución de la crisis en Chile. Miles, no sólo en Chile sino que en toda Latinoamérica, pagaron con su vida la lealtad a esta concepción, también llamada “foquista” por quienes somos sus detractores.

Pero la figura de Fidel Castro, en el día de hoy, es más que las limitaciones PC cubano y el castroguevarismo. Hablar de Fidel es, escencialmente, hablar de la revolución latinoamericana, del derrocamiento del orden capitalista y la expulsión del imperialismo. Cuando se enarbola su figura, como lo hacemos en estos momentos rindiéndole homenaje, lo hacemos con la explícita voluntad de afirmar la urgencia y la necesidad de luchar por la victoria de los explotados y que esto es posible y que Cuba lo demostró. Se demostró en Bahía Cochinos, en Playa Girón, que si hay voluntad política de vencer esto necesariamente se expresa como capacidad militar y que ese el terreno en el que en definitiva se dilucidarán los destinos de nuestros pueblos. No en el plano electoral e institucional –en el que está demostrado siempre seremos vencidos- sino que en la capacidad insurreccional de los trabajadores, el de la acción directa.

Estos conceptos parecen –en apariencia- extraños al debate político actual y –por supuesto- al tenor necrológico, hagiográfico y conciliatorio con el que se pretende revestir la figura del líder revolucionario. Desde las guerras de la independencia, a principios del siglo XIX, que un movimiento político había sido capaz de expresarse militarmente y vencer. No se trata de reeditar el frustrado y derrotado camino del foquismo, sino que de superarlo. Superarlo formando parte del levantamiento que protagonizan las masas en Chile desde el 2011, construyendo en su interior una dirección política capaz de romper con el cretinismo electoral, capaz de romper con la idea de que el único camino para resolver los conflictos sociales es el institucional. Romper con ello, por cuanto no importa si se nos llama a ponernos detrás de una candidatura o de una asamblea constituyente, el llamado siempre es el mismo: votar.

Resuena en la distancia la letanía de Fidel, la del último romántico, el de la verdad y la razón. El maniqueo, blanco sobre negro. Cuba sí, yankee no. Resuenan las palabras del joven abogado y su célebre alegato “La Historia me Absolverá”. Las palabras del que se declara culpable y se sabe un instrumento del proceso histórico. Honor y gloria al Fidel de la Revolución.