Archivo de la etiqueta: Antonio García Vila

Stefan Zweig: el rapto de Europa

por Antonio García Vila //

La editorial Acantilado continúa, infatigable, su tarea de recuperación de uno de los europeos modélicos que contribuyó, en buena medida, a forjar la idea, un tanto romántica, bastante ingenua, de un mundo pasado si no ideal, al menos brillante, cultivado, sensible y lujosamente decadente: el mundo de ayer.

Era, no lo olvidemos, un mundo despótico e imperialista, un mundo marcado por unas jerarquías inapelables y una miseria sin cuento. Era el mundo que relucía en los dorados vieneses, en su pintura novedosa, en su música rupturista, en su literatura  crítica y su filosofía de vanguardia, y que se ocultaba en los suburbios, en la doble moral, en la prostitución y el desempleo. Un mundo mítico, es cierto, pero que ha ejercido sobre las generaciones siguientes un efecto deslumbrante que inducía a sortear la realidad y confiar en un sueño. Seguir leyendo Stefan Zweig: el rapto de Europa

Alma Mahler, el fin de una época

por Antonio García Vila //

Viena: La ciudad de los prodigios

Alma Mahler el fin de una épocaA finales del siglo XIX Austria era un país extraño, un Imperio fuera del tiempo unido por la dinastía de los Habsburgo. Era la “Kakania” de El hombre sin atributos de Musil: “Era kaiserlich-königlich (imperial-real) y era kaiserlich und königlich (imperial y real) para toda cosa y persona; se requería empero un sa­ber esotérico para estar seguro al distinguir cuáles eran las instituciones y personas a las que se refería el k.k. y cuáles a las que se refería el k. und k. En los papeles se llamaba la Monarquía Austro-Húngara; en las conversaciones se llamaba ‘Austria’ –es decir, se la conocía por un nombre al que, en cuanto Estado, había renunciado bajo juramento en tanto que lo conservaba en todos los asuntos del sentimiento, como signo de que los sentimientos son al menos tan importantes como las leyes constitucionales, y que las ordenanzas no son las cosas realmente serias de la vida. Por su constitución era liberal, pero su sistema de gobierno era clerical. El sistema de gobierno era clerical, pero liberal era la actitud general de cara a la vida. Ante la ley todos los ciudadanos eran iguales: no todo el mundo, por supuesto, era ciudadano. Había un Parlamento que hizo un uso tan fuerte de su libertad que habitualmente se le tenía cerrado; pero había también un Acta de Poderes de Emergencia, por medio de la cual se podía disponer sin Parlamento. Y cuando todo el mundo comenzaba a alegrarse del absolutismo, la Corona decretaba que debía retornar de nuevo al gobierno parlamentario”. Mas dentro de ese Imperio que parecía sobrevivirse a sí mismo ya sin convicción, estaba Viena, una ciudad llena de contradicciones y de desequilibrios, pero una ciudad fascinante que dio cobijo, durante algunos años, a algunas de las figuras más relevantes de su época. Fue, de algún modo, la nueva Atenas. “¡Ah Viena, ciudad de ensueños! ¡No hay lugar como Viena!” se burlaba a medias el propio Musil, pero Kraus, el más agudo de sus críticos sociales, el más tenaz e influyente, lo tenía muy claro: Viena era “el campo de pruebas de la destrucción del mundo”. Seguir leyendo Alma Mahler, el fin de una época

Kafka enamorado

por Antonio García Vila //

No es que sea el más innovador, el más experimental, el más leído; es que Kafka es, casi, el siglo, la modernidad: la técnica, el desarraigo, los conflictos edípicos, la tortura, el cuestionamiento de la Ley, el nihilismo… La bibliografía sobre su obra es, sencillamente, inabarcable; las interpretaciones, incontables; los análisis, minuciosos, y, sin embargo, cada vez que nos enfrentamos a sus textos se abre el mismo enigma al que se enfrentó Tucholsky cuando lo leyó en su época: ¿qué es esto? Psicoanalistas, estructuralistas, marxistas, sionistas, filólogos, biógrafos han aplicado sus bisturís a la vida y la obra de ese checo de lengua alemana, a ese judío asimilado de la periferia del Imperio, a ese funcionario que dedicaba sus noches insomnes a una maniaca escritura, y la autopsia nos ha revelado que, si bien no todo vale, muchas cosas pueden ser ciertas, aunque ninguna sea definitiva. Que no hay nada resuelto, que el tema sigue, afortunadamente, abierto, y que lo mejor sigue siendo, después de todo, tomar un libro suyo, abrirlo y recorrer sus páginas entre atónitos y aterrados, dejando escapar, sin embargo, de vez en cuando una sonrisa. De cualquier forma sí que conviene, antes de ello, que el lector despeje algún prejuicio adherido a su figura, limpiarlo de la imagen que más de un siglo de aluvión bibliográfico ha formado de él y plantearse su lectura no como algo enteramente nuevo, ya que sería imposible, pero sí desde una perspectiva lo más desprejuiciada posible. Seguir leyendo Kafka enamorado

Simone Weil: lucidez y delirio

por Antonio García Vila //

Como a menudo se ha afirmado Simone Weil es una mística del siglo XX. Algo aparentemente contradictorio, pues el pasado siglo ya no parecía una época propicia para tales devaneos con el más allá –o el más acá, según se mire–, pero lo cierto es que Simone Weil tampoco es un personaje “normal”. Seguir leyendo Simone Weil: lucidez y delirio