Archivo de la etiqueta: América Latina

Nicaragua: el fin de Ortega-Murillo

por  Oscar-René Vargas //

 

1. Policías uniformados, francotiradores, fuerzas parapoliciales afines al gobierno Ortega-Murillo disparan a mansalva a la población desarmada. Las fuerzas parapoliciales están aplicando mecanismos de terrorismo de Estado contra la ciudadanía desarmada y pacífica. En esas condiciones no se puede sostener un diálogo con el gobierno, dicen obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) Seguir leyendo Nicaragua: el fin de Ortega-Murillo

Iglesias evangélicas, un poder que crece en América Latina

por Pablo Stefanoni //

 

A mediados de 2014, en San Pablo, la iglesia Universal del Reino de Dios inauguró un colosal complejo presentado como el Templo de Jerusalén redivivo. “Es un regalo de Dios tener también en Brasil el Templo de Salomón”, dijeron en la escenificación del poder evangélico a la que asistió una gran cantidad de líderes políticos, incluida la presidenta Dilma Rousseff. Se trató sin duda de una de las expresiones de la emergencia evangélica en América Latina, un fenómeno que, durante años, se fue procesando de manera silenciosa, mereció escasa atención de parte de los analistas políticos y quedó limitado a los antropólogos de la religión. Solo las denuncias mediáticas y judiciales contra magnates como el obispo Edir Macedo ponían el tema en el centro de las noticias Seguir leyendo Iglesias evangélicas, un poder que crece en América Latina

Guillermo Lora: Tesis de Pulacayo (1946)

TESIS CENTRAL DE LA FEDERACION SINDICAL DE TRABAJADORES MINEROS DE BOLIVIA

(Aprobada por el congreso de trabajadores mineros sobre la base del proyecto presentado por la delegación minera de Llallagua)

Bolivia – Noviembre de 1946

1. FUNDAMENTOS

1.- El proletariado, aún en Bolivia, constituye la clase social revolucionaria por excelencia. Los trabajadores de las minas, el sector más avanzado y combativo del proletariado nacional, define el sentido de lucha de la FSTMB.

2.- Bolivia es país capitalista atrasado. Dentro de la amalgama de los más diversos estadios de evolución económica, predomina cualitativamente la explotación capitalista, y las otras formaciones económico-sociales constituyen herencia de nuestro pasado histórico. De esta evidencia arranca el predominio del proletariado en la política nacional. Seguir leyendo Guillermo Lora: Tesis de Pulacayo (1946)

América Latina: el ciclo dependiente 40 años después

por Claudio Katz //

En los años 80 Marini estudió el ciclo dependiente de las economías latinoamericanas. Evaluó la crisis de la industrialización y los desequilibrios comerciales, financieros y productivos de la región (Marini, 2012: 21-23).

Cuarenta años después las mismas contradicciones reaparecen en un nuevo escenario de retroceso fabril, explotación regresiva de los recursos naturales y fragilidad financiera.

En este contexto, los contrapuntos con el Sudeste Asiático sustituyen las viejas comparaciones con el capitalismo metropolitano. Cobran también relevancia los estudios de países que manejan la renta de sus exportaciones primarias. El papel de China despierta más atención que la dominación estadounidense y el devenir de Brasil ya no suscita tanto interés. Seguir leyendo América Latina: el ciclo dependiente 40 años después

América Latina y el Caribe: el detonante cubano

por Roberto Montoya //

 

Hace cincuenta años no existían ni Internet ni las redes sociales pero esto no fue obstáculo para que la rebelión política, social, cultural y generacional del 68 se expandiera como un fenómeno global. América Latina y el Caribe no estuvieron al margen de esa gran convulsión mundial Seguir leyendo América Latina y el Caribe: el detonante cubano

Uruguay: el cerrojo progresista

por Ernesto Herrera //

Ocho de marzo de 2018. “Todas juntas”. Portadas de diarios y noticieros televisivos dan cuenta de la enorme demostración. Las redes sociales explotan de feminismo. Gobernantes y opositores se tiñen de morado. Más de 200 mil personas. Mujeres de todas las edades. La colorida multitud tapiza un largo tramo de la principal avenida de Montevideo. Cientos de videos difunden las imágenes del caleidoscopio. Impresionante Seguir leyendo Uruguay: el cerrojo progresista

Theotonio dos Santos: El surgimiento de las teorías del desarrollo

 

Con el final de la II Guerra Mundial comienza la decadencia definitiva de las potencias imperialistas que habían dominado el mundo desde finales del siglo  XIX hasta la I Guerra Mundial. El dominio colonial, cuestionado a partir de los años 20 por el surgimiento de la hegemonía norteamericana continuó, sin embargo, siendo practicado e incluso se exacerbaron las tentativas de volver a dividir el mundo. Fueron estas luchas por el dominio económico y territorial del planeta las que llevaron finalmente a la II Guerra Mundial. Seguir leyendo Theotonio dos Santos: El surgimiento de las teorías del desarrollo

Aporte hacia un reagrupamiento socialista revolucionario en América Latina

por Fernando Gustavo Armas //

I-SOMERA MIRADA HISTÓRICA SOBRE LA “GRAN PATRIA GRANDE” EN EL CONTEXTO DE LA SITUACIÓN MUNDIAL

A dos siglos largos del proceso emancipador de las metrópolis originarias (España, Portugal, Francia, Holanda), y de las que posteriormente aprovecharon y dirigieron la independencia (Inglaterra, Estados Unidos), el sueño de la gran patria grande latinoamericana (una suerte de “Estados Unidos de América Latina” que abarcara desde el Río Grande límite norte de México hasta Tierra del Fuego), aparece más lejano que nunca. Dicho “sueño”, colocado como posibilidad de un desarrollo capitalista unificado, como tarea democrático burguesa de “unidad nacional”, fue expresado de diferentes ángulos y con diferente intensidad por los próceres de aquellas revoluciones políticas (que no fueron sociales justamente porque mantuvieron intactas las relaciones de producción de la colonia). Seguir leyendo Aporte hacia un reagrupamiento socialista revolucionario en América Latina

La pugna por el litio: la claudicación del Estado chileno

por Julián Alcayaga //

Desde hace dos años el precio del litio aumentó casi al doble, pasando de menos de 6.000 dólares la tonelada de carbonato de litio, a más de 11.000 dólares, que es el precio al cual lo ha exportado la minera chilena SQM, una de las tres principales productoras de este metal en el mundo. Seguir leyendo La pugna por el litio: la claudicación del Estado chileno

Ruy Mauro Marini: similitudes y diferencias

por Claudio Katz

En los últimos trabajos de su intensa trayectoria el principal teórico de la dependencia indagó la dinámica de la mundialización. Observó el inicio de un nuevo periodo asentado en el funcionamiento internacionalizado del capitalismo (Marini, 1996: 231-252). Algunos intérpretes estiman que esa investigación coronó su obra previa e inauguró el estudio de la economía política de la globalización (Martins, 2013: 31-54).

Ese desplazamiento analítico confirmó la enorme capacidad de Marini para abordar los procesos más relevantes de cada coyuntura. Sus señalamientos anticiparon varias características de la etapa que sucedió a su fallecimiento. Evaluar esas observaciones a la luz de lo ocurrido es un buen camino para actualizar su teoría.

Seguir leyendo Ruy Mauro Marini: similitudes y diferencias

Cuento de Mauricio Wacquez: El Coreano

Han pasado diez años.
Levanto los ojos y la veo a usted tomada de la barra del troley. Sí, es usted: el mismo peinado, la misma lejanía en la mirada azul, sus olvidados ojos de astígmata. Eso posee vida en usted. Sus ojos brillan como la única zona intacta del rostro. Sin pestañas, sin cejas, aún conservan la dolorida tenacidad de antaño. Esa mirada me subleva por dentro, me crispa, aparto la cara y miro por la ventanilla. Seguir leyendo Cuento de Mauricio Wacquez: El Coreano

Argentina: a 32 años del asesinato del abogado rosarino Mario Armas

por Fernando Gustavo Armas //

A 32 AÑOS DE SU ASESINATO, EN MEMORIA DE MI PADRE

INTRODUCCIÓN

La idea de plasmar en un folleto público el material sustancial acerca de mi memoria sobre mi padre me fue rondando la cabeza desde hace un tiempo, mientras se fue procesando la reapertura de la investigación de su asesinato. Seguir leyendo Argentina: a 32 años del asesinato del abogado rosarino Mario Armas

Cuento de Juan Carlos Onetti: El infierno tan temido

La primera carta, la primera fotografía, le llegó al diario entre la medianoche y el cierre. Estaba golpeando la máquina, un poco hambriento, un poco enfermo por el café y el tabaco, entregado con familiar felicidad a la marcha de la frase y a la aparición dócil de las palabras. Estaba escribiendo “Cabe destacar que los señores comisarios nada vieron de sospechoso y ni siquiera de poco común en el triunfo consagratorio de Play Roy, que supo sacar partido de la cancha de invierno, dominar como saeta en la instancia decisiva”, cuando vio la mano roja y manchada de tinta de Partidarias entre su cara y la máquina, ofreciéndole el sobre. Seguir leyendo Cuento de Juan Carlos Onetti: El infierno tan temido

Mario Benedetti entrevista a Nicanor Parra (1969)

En la semana que pasé en Santiago, dos acontecimientos se juntaron para sacudir el territorio cultural chileno: pocos días después de que le fuera otorgado a Nicanor Parra el Premio Nacional de Literatura, Pablo Neruda era proclamado candidato del Partido Comunista a la Presidencia de la República. El poeta de Isla Negra concedió muchas entrevistas, pero la plataforma de su eventual “presidencia en la tierra” produjo algunas sorpresas. De más está decir que la prensa conservadora destacó con particular fruición la formal promesa del informal candidato: en caso de salir triunfante, respetará la industria privada. En vista de lo cual me fui a La Reina, donde Nicanor vive en su cuarta o quinta soledad, pero sin concederle ventajas a la melancolía. La verdad es que el prestigio literario de Parra en las nuevas promociones chilenas, es lo suficientemente firme y creciente, como para que su madurez se agite con un Premio Nacional más o menos; sin embargo, lo hallé más alegre que otras veces, y también más seguro, más tranquilo. Creo que algo de eso se refleja en las respuestas que, durante una hora, le pedí para Marcha. Seguir leyendo Mario Benedetti entrevista a Nicanor Parra (1969)

Gabriel García Márquez: La soledad de America Latina”

Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen. Seguir leyendo Gabriel García Márquez: La soledad de America Latina”

Menos globalización: ¿marginación u oportunidad para América Latina?

 

por  Pierre Salama //

¿Ha vuelto a perder América Latina una oportunidad de insertarse de otro modo en la globalización? ¿Se mantuvieron las estructuras productivas pese al «giro a la izquierda» de algunos de los grandes países de la región? ¿Cómo se abordan los problemas de la digitalización y los cambios en los escenarios globales? Una breve comparación con Asia puede servir para ver que América Latina dejó pasar una nueva oportunidad

Seguir leyendo Menos globalización: ¿marginación u oportunidad para América Latina?

Eduardo Galeano: 12 de octubre, el “descubrimiento” de América y la historia oficial

¿Cristóbal Colón descubrió América en 1492? ¿O antes que él la descubrieron los vikingos? ¿Y antes que los vikingos? Los que allí vivían, ¿no existían?

Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran ciegos?

¿Quiénes pusieron sus primeros nombres al maíz y a la papa y al tomate y al chocolate y a las montañas y a los ríos de América? ¿Hernán Cortés, Francisco Pizarro? Los que allí vivían, ¿eran mudos?

Nos han dicho, y nos siguen diciendo, que los peregrinos del Mayflower fueron a poblar América. ¿América estaba vacía?

Como Colón no entendía lo que decían, creyó que no sabían hablar.

Como andaban desnudos, eran mansos y daban todo a cambio de nada, creyó que no eran gentes de razón.

Y como estaba seguro de haber entrado al Oriente por la puerta de atrás, creyó que eran indios de la India.

Después, durante su segundo viaje, el almirante dictó un acta estableciendo que Cuba era parte del Asia.

El documento del 14 de junio de 1494 dejó constancia de que los tripulantes de sus tres naves lo reconocían así; y a quien dijera lo contrario se le darían cien azotes, se le cobraría una pena de diez mil maravedíes y se le cortaría la lengua.

El notario, Hernán Pérez de Luna, dio fe.

Y al pie firmaron los marinos que sabían firmar.

El descubrimiento de AméricaLos conquistadores exigían que América fuera lo que no era. No veían lo que veían, sino lo que querían ver: la fuente de la juventud, la ciudad del oro, el reino de las esmeraldas, el país de la canela. Y retrataron a los americanos tal como antes habían imaginado a los paganos de Oriente.

Cristóbal Colón vio en las costas de Cuba sirenas con caras de hombre y plumas de gallo, y supo que no lejos de allí los hombres y las mujeres tenían rabos.

En la Guayana, según sir Walter Raleigh, había gente con los ojos en los hombros y la boca en el pecho.

En Venezuela, según fray Pedro Simón, había indios de orejas tan grandes que las arrastraban por los suelos.

En el río Amazonas, según Cristóbal de Acuña, los nativos tenían los pies al revés, con los talones adelante y los dedos atrás, y según Pedro Martín de Anglería las mujeres se mutilaban un seno para el mejor disparo de sus flechas.

Anglería, que escribió la primera historia de América pero nunca estuvo allí, afirmó también que en el Nuevo Mundo había gente con rabos, como había contado Colón, y sus rabos eran tan largos que sólo podían sentarse en asientos con agujeros.

El Código Negro prohibía la tortura de los esclavos en las colonias francesas. Pero no era por torturar, sino por educar, que los amos azotaban a sus negros y cuando huían les cortaban los tendones.

Eran conmovedoras las leyes de Indias, que protegían a los indios en las colonias españolas. Pero más conmovedoras eran la picota y la horca clavadas en el centro de cada Plaza Mayor.

Muy convincente resultaba la lectura del Requerimiento, que en vísperas del asalto a cada aldea explicaba a los indios que Dios había venido al mundo y que había dejado en su lugar a San Pedro y que San Pedro tenía por sucesor al Santo Padre y que el Santo Padre había hecho merced a la reina de Castilla de toda esta tierra y que por eso debían irse de aquí o pagar tributo en oro y que en caso de negativa o demora se les haría la guerra y ellos serían convertidos en esclavos y también sus mujeres y sus hijos. Pero este Requerimiento de obediencia se leía en el monte, en plena noche, en lengua castellana y sin intérprete, en presencia del notario y de ningún indio, porque los indios dormían, a algunas leguas de distancia, y no tenían la menor idea de lo que se les venía encima.

Hasta no hace mucho, el 12 de octubre era el Día de la Raza.

Pero, ¿acaso existe semejante cosa? ¿Qué es la raza, además de una mentira útil para exprimir y exterminar al prójimo?

En el año 1942, cuando Estados Unidos entró en la guerra mundial, la Cruz Roja de ese país decidió que la sangre negra no sería admitida en sus bancos de plasma. Así se evitaba que la mezcla de razas, prohibida en la cama, se hiciera por inyección.

¿Alguien ha visto, alguna vez, sangre negra?

Después, el Día de la Raza pasó a ser el Día del Encuentro.

¿Son encuentros las invasiones coloniales? ¿Las de ayer, y las de hoy, encuentros? ¿No habría que llamarlas, más bien, violaciones?

Quizás el episodio más revelador de la historia de América ocurrió en el año 1563, en Chile. El fortín de Arauco estaba sitiado por los indios, sin agua ni comida, pero el capitán Lorenzo Bernal se negó a rendirse. Desde la empalizada, gritó:

—¡Nosotros seremos cada vez más!

—¿Con qué mujeres? –preguntó el jefe indio.

—Con las vuestras. Nosotros les haremos hijos que serán vuestros amos.

Los invasores llamaron caníbales a los antiguos americanos, pero más caníbal era el Cerro Rico de Potosí, cuyas bocas comían carne de indios para alimentar el desarrollo capitalista de Europa.

Y los llamaron idólatras, porque creían que la naturaleza es sagrada y que somos hermanos de todo lo que tiene piernas, patas, alas o raíces.

Y los llamaron salvajes. En eso, al menos, no se equivocaron. Tan brutos eran los indios que ignoraban que debían exigir visa, certificado de buena conducta y permiso de trabajo a Colón, Cabral, Cortés, Alvarado, Pizarro y los peregrinos del Mayflower.

Texto del libro Ser como ellos

América Latina: ¿Feudal o capitalista?

por Luis Vitale//

La controversia respecto de si América latina tiene características feudales o capitalistas podrá parecer académica, pero durante muchos años el movimiento reformista basó su estrategia política en las siguientes proposiciones:

  1. España era un país feudal.
  2. España trasplantó su sistema medieval al Nuevo Mundo, y la colonización se llevó a cabo bajo el régimen feudal.
  3. En América latina creció una aristocracia feudal, y más tarde se independizó de España.
  4. Una aristocracia feudal gobernó los países latinoamericanos durante los siglos XIX y XX, impidiendo el desarrollo del capitalismo Y el surgimiento de una burguesía nacional.
  5. Los partidos populares deben respaldar a la ”burguesía progresista” contra la oligarquía feudal, para cumplir con los objetivos democrático-burgueses por medio de un Frente de Liberación Nacional.

Que el problema de feudalismo o capitalismo no es simplemente académico puede verse en la trágica derrota de quienes basaron sus acciones en esa teoría: el Frente Popular y González Videla en Chile, Perón y Frondizi en la Argentina, Vargas y Goulart en Brasil, la Acción Democrática en Venezuela, el APRA y Belaúnde en Perú, y las revoluciones guatemalteca y boliviana, entre otros. La tesis principal del movimiento reformista consiste en definir a España como un país feudal, caracterización que ha ganado credibilidad gracias a su repetida formulación. Los historiadores liberales del siglo XIX fabricaron una falsa imagen de España, una valoración que servía a la política inmediata del Imperio británico, antes que a la historia. El concepto de la España feudal adquirió una significación especial en el siglo actual. Sus portavoces son los sociólogos y políticos seudoizquierdistas que confunden atraso económico

con feudalismo, o latifundio con feudalismo.

Aclaremos estos conceptos. ¿Cuáles fueron los rasgos generales de los sistemas feudales? El feudalismo era un sistema económico agrario basado en el trueque, sin salarios, pues los servicios se pagaban con tierra, alojamiento y alimentos. Su estructura social se basaba en relaciones de servidumbre, de vasallaje, con castigo para los que abandonan el feudo, etc. En el plano político se caracterizaba por una monarquía débil y una nobleza independiente. Este régimen echó sus primeras raíces a finales del Imperio romano, llegó a su culminación entre los siglos IX y XII y declinó en la baja Edad Media. Lo que minó la estructura feudal fue el choque entre la cultura musulmana y la europea, a lo largo de siete siglos. Los turcos, los árabes y los judíos invadieron el ”Mare Nostrum”, crearon fábricas y vendieron sus mercancías en los feudos. La clase media creció. Una nueva clase social, la burguesía comercial, surgió en los alrededores de los castillos, y los siervos comenzaron a trasladarse del campo a la ciudad. Los banqueros venecianos y bálticos modificaron poco a poco la vida económica y social de la Edad Media. Una economía natural se convirtió en una economía monetaria …

La Península Ibérica se encontraba a la vanguardia de este proceso. Portugal, en 1381, presenció la primera revolución burguesa, cuatro siglos antes que la de Francia. La burguesía comercial de Lisboa, vinculada con el comercio con Flandes, eliminó del poder a los señores feudales. El fracaso final de la revolución demostró que las condiciones no estaban maduras para el triunfo de la burguesía, pero el ascenso de ésta se reflejó en el comercio con el Atlántico norte, en los planes de Enrique el Navegante, y sobre todo en los descubrimientos del siglo XV.

Por distintos motivos, España tenía características menos típicamente feudales que otros países europeos:

  1. La prolongada invasión musulmana tuvo efectos específicos sobre España; interrumpió, o más bien, modificó el curso del desarrollo feudal que había surgido en la España visigoda. Los árabes se infiltraron en Europa central y meridional a un ritmo impresionante inclusive para historiadores acostumbrados a ver la historia desde el punto de vista europeo. La civilización musulmana fue absorbida por la sociedad española y dio un estímulo extraordinario al comercio, en particular bajo Abderramán III, en el siglo X. Mientras el resto de Europa vivía bajo un régimen de economía natural, España realizaba un comercio relativamente activo. Los árabes promovieron el progreso agrícola e industrial. Introdujeron el azúcar, el algodón y la cría del gusano de seda, base de la manufactura textil. ”El secreto del renacimiento industrial en España y Sicilia bajo los árabes fue la construcción de canales”.1 Los progresos de la agricultura española se vieron en el sistema de irrigación, en las obras hidráulicas de Valencia, Andalucía y Zaragoza (25.000 acres irrigados), y en la atención que le prestaron los hombres de ciencia árabes…
  2. La invasión árabe obligó a la monarquía y la nobleza españolas a revisar el sistema socioeconómico. En las regiones más afectadas por la guerra, tales como León y Castilla, surgió una población campesina relativamente libre que se negó a reconocer los antiguos vínculos feudales. ”Durante más de un siglo —dice Smith—, la frontera entre la España cristiana y la musulmana consistió en una amplia zona, deshabitada o escasamente poblada, que solo podía ser colonizada ofreciendo tierras dentro de ella a precios ventajosos. En ese territorio el colono típico fue, durante los siglos IX y X, el campesino libre que poseía un pequeño terreno…”2 La situación de estos campesinos cambió en siglos posteriores, cuando los terratenientes se organizaron, pero no cayó en el tipo de servidumbre que existía en otros países europeos. Además, las behetrías, en que los campesinos compraban la protección del

señor, establecieron vínculos de vasallaje menos rígidos que los del feudalismo francés o el

alemán. El feudalismo español fue de un tipo sui generis…

  1. La guerra contra los árabes impidió la consolidación de los señores feudales, fortaleció la tendencia centralizadora de los reyes. Éstos tomaron en sus manos el anárquico comando militar de los nobles. Sería una exageración afirmar que la España de la Reconquista era un Estado monárquico y centralizado en el sentido moderno … pero no puede negarse que los reyes ejercieron un control más o menos estricto sobre los señores feudales. Los intentos posteriores de consolidación feudal fueron frenados por medio de los reyes católicos, quienes convirtieron a la nobleza en cortesanos dependientes del trono.
  2. Desde el siglo XIV en adelante se desarrolló una economía pastoral conocida como Mesta, un tipo nómade de crianza de ovejas que proporcionaba lana a los centros textiles de los Países Bajos. A pesar de su apariencia, este sistema de crianza de ovejas no era feudal, pues la lana producida era enviada al mercado internacional. Dos características de la Mesta —el empleo de poca mano de obra y la utilización de enormes extensiones de tierra para criar ovejas para lana— provocaron la migración a las ciudades de los campesinos que habían sido expulsados del campo, y debilitó las actitudes de servidumbre. Las vastas extensiones de tierra no eran necesariamente feudales; el rasgo esencial del feudalismo no es la extensión de tierra… sino el sistema de producción agraria, con una economía natural de trueque, sin mercados y sin uso de dinero…
  3. La prueba más concluyente de que España avanzaba hacia el capitalismo consiste en el ascenso de una nueva clase social: la burguesía. El capital comercial, acumulado por los mercaderes que comerciaban con el Atlántico norte, Italia y Provenza, comenzó a financiar empresas manufactureras… Reyes y nobles, endeudados debido a los préstamos concedidos por la floreciente burguesía, se vieron obligados a permitirle participar, aunque en escasa medida, en los asuntos del Estado. Muchos años antes que las clases medias francesa e inglesa desempeñaran funciones política claves, la burguesía española fue reconocida por las Cortes. En el siglo XI aparecieron municipalidades … ”Ya en el siglo XIV las ciudades constituían la parte más poderosa de las Cortes españolas”.3 Y la literatura española del período… refleja con más vigor que los documentos oficiales la influencia cultural de la clase media en ascenso.

En una palabra, durante el período de la conquista americana, España era un país en transición del feudalismo al capitalismo, una nación de desarrollo desigual, que combinaba instituciones feudales con una burguesía relativamente fuerte que comerciaba con mercados extranjeros. El capitalismo español del siglo xv no era un capitalismo industria moderno, sino un capitalismo incipiente, primitivo, esencialmente comercial y con restos de feudalismo: instituciones feudales y títulos de nobleza. Los siglos XVI y XVII presenciaron un tardío resurgimiento del feudalismo, en especial después de la derrota de la burguesía en la guerra de los Comuneros de Castilla y de las Hermandades de Valencia en 1550. Bajo la presión de los señores feudales, de la Iglesia y de los capitalistas genoveses y alemanes, Carlos V expulsó a los judíos y a los árabes, baluartes del comercio y la artesanía del período. Pero a pesar de esas victorias feudales temporarias, España se desarrolló hacia el capitalismo en… una trayectoria errática que culminó durante el siglo XVIII, bajo los Borbones, con la adopción de medidas en favor de la burguesía y de la industria nacional. (Es necesario reconocer que estos reveses impidieron a España alcanzar el grado de desarrollo capitalista logrado por Francia e Inglaterra durante la Revolución Industrial.)

 

La segunda tesis del movimiento reformista es la de que la conquista de América fue de carácter feudal. Para nosotros el descubrimiento, conquista y colonización de América fue un acontecimiento natural para un país que había roto sus lazos con la economía rural de la Edad Media. La conquista tenía un objetivo capitalista: la explotación y comercialización de los metales preciosos. A pesar de la presencia de fincas feudales, la economía colonial no se basaba en una economía natural o en la producción en pequeña escala de la hacienda feudal, sino en la explotación de materias primas para el mercado internacional, en escala relativamente grande y mediante el empleo de grandes cantidades de trabajadores nativos … En tres siglos España extrajo veinte mil millones de francos en metales preciosos de fuentes americanas, y las principales ciudades coloniales se crearon con el fin de exportar materias primas a Europa. La explotación de la mano de obra durante la colonización no tuvo carácter feudal; la esclavitud negra no era una institución feudal, sino una empresa capitalista, organizada con grandes capitales… Y los trabajadores nativos de las encomiendas, aunque en modo alguno eran los obreros típicos de la industria moderna, recibían un ”salario bastardeado”.4

Durante los primeros años de la conquista los encomenderos trataron de afirmar su independencia. La Corona española, ansiosa de evitar el surgimiento en América de un grupo de señores que eventualmente pudieran repudiar su autoridad, establecieron una fuerte administración con vistas a contrarrestar todo estallido feudal. En 1542 las Nuevas Leyes de Indias refirmaron el poder real: supresión de la esclavitud y anulación de la ley de sucesión por dos generaciones, es decir, el final de la concesión perpetua de encomiendas. El encomendero no era el amo de los indios, ni podía imponer justicia, porque ”el indio no era el siervo del encomendero, sino el súbdito del rey”. Las medidas de la monarquía ”en favor” de los indios no nacieron de un sentimiento de respeto por la persona humana, sino de una motivación capitalista: proteger a la mano de obra explotada, evitar el exterminio físico de la fuerza de trabajo, los indios proporcionaban metales preciosos a la Corona. Algunas de estas leyes no fueron obedecidas; antes bien, resultaron resistidas por los encomenderos por medio de la rebelión, como las de Nueva Granada en 1563 y de México en 1564.

En 1549 el rey decretó la abolición de la servidumbre personal en la encomienda, y afirmó que el indio solo debía entregar tributos en especie. En 1569 el virrey Toledo, del Perú, declaró que ese tributo debía ser pagado en dinero, exigencia que obligó a los indios a trabajar por un salario. Por lo tanto, la encomienda de servicios fue remplazada por la del tributo en dinero, sistema llamado cuatequil en México y mita en Perú y Chile… El obrero asalariado representaba una relación capitalista embrionaria entre las clases, y constituía una nueva clase de trabajadores. En el siglo XVII, con el explosivo aumento del número de mestizos, los terratenientes y los dueños de minas se vieron obligados a pagar jornales para obtener mano de obra…

La tercera tesis del reformismo es la de que la aristocracia feudal que se inició en la colonia incitó la rebelión de independencia contra España … Nosotros afirmamos que España conquistó a América, no para reproducir en ella el ciclo feudal europeo, sino para incorporarla al nuevo sistema de producción capitalista. Esto engendraría repercusiones, no sólo en el desarrollo de las clases sociales, sino además, en parte, en la revolución americana … La colonización española hizo nacer una burguesía criolla, que al desarrollarse y entrar en conflicto con los intereses imperiales, dirigió la emancipación de América latina.

El desarrollo interno de América latina estuvo subordinado desde el comienzo a su estado colonial. Su economía fue creada para servir los intereses de la madre patria. El papel de América latina como productora de materias primas comenzó en el período colonial. El desarrollo de la industria local —condición que, junto con la reforma agraria, es esencial para la creación de un mercado interno— fue restringido por España. La colonia cumplió con la doble función de exportar materias primas e importar productos manufacturados.

España monopolizó las exportaciones e importaciones, e hizo imposible que los criollos obtuvieran mejores precios en otros mercados o compraran productos manufacturados más baratos. Para apaciguar a los que protestaban cotra este monopolio, los reyes de la casa de los Borbones permitieron en 1778 la apertura de 33 nuevos puertos de intercambio con América. El relativo aumento del intercambio acentuó las esperanzas de la burguesía criolla. Las concesiones borbónicas, en lugar de aliviar el descontento de las colonias, estimularon las aspiraciones de los terratenientes, dueños de minas y comerciantes criollos. Las reformas iniciadas por los ministros liberales de Carlos III muestran que España había perdido sus colonias mucho antes de 1810…

Como los criollos ricos adquirían títulos de nobleza, establecían fincas de familia y ejecutaban otros actos reminiscentes del feudalismo medieval, se los ha caracterizado a veces como una aristocracia feudal … pero esos títulos de nobleza eran adquiridos con dinero, y no por ”sangre azul”.

…Aunque se le puede encontrar muchas causas, en lo esencial la revolución contra España fue creada por esa nueva clase social que aspiraba al gobierno propio, la burguesía criolla. Dicha clase controlaba las principales fuentes de riqueza en toda la colonia, aunque el poder político seguía en manos de los representantes de la monarquía. El conflicto entre el poder económico, controlado en gran medida por la burguesía criolla, y el poder político monopolizado por los españoles, precipitó la revolución de 1810. En tanto que la burguesía criolla necesitaba nuevos mercados, la Corona española restringía la producción a las necesidades mínimas del comercio peninsular. Mientras la burguesía quería productos manufacturados a precios más bajos, el Imperio la obligaba a comprar mercancías vendidas a precios exorbitantes por los comerciantes españoles. Mientras los nativos exigían la reducción de los impuestos, España imponía nuevos tributos.5 Y por sobre todo, la burguesía quería el poder, porque significaba la posibilidad de controlar las aduanas, el monopolio del gobierno, los ingresos públicos, los altos cargos públicos, el ejército y el aparato estatal del cual dependían las leyes de importación y exportación.

…La revolución de 1810 fue dirigida por hombres que adaptaron a sus propios intereses las ideas liberales del siglo XVIII de la Ilustración francesa y del liberalismo español. El pensamiento de criollos como Belgrano y Salas maduró bajo las reformas borbónicas iniciadas por ministros masónicos tales como el conde de Aranda, amigo de Voltaire. Pero el pensamiento liberal llevó en Europa a la revolución democrático-burguesa; en América latina la única meta era la independencia política de España. Los argumentos de la burguesía europea contra el feudalismo fueron vueltos por la burguesía criolla contra el régimen opresivo de la Corona española. En Europa el pensamiento liberal fue la bandera de la burguesía industrial; en América latina fue la ideología temporaria de los terratenientes, dueños de minas y comerciantes. El liberalismo político sirvió para justificar el liberalismo económico, pero en tanto que en Europa el liberalismo era un arma de la burguesía industrial, en América latina se lo usó contra el monopolio español. Allá se lo empleó para la protección industrial; aquí. para el libre comercio.

La burguesía criolla era lo bastante poderosa para intentar la toma del poder. Sólo necesitaba un incidente para precipitar la revolución, y ese incidente fue la invasión napoleónica.

… Los hombres que dirigieron la revolución eran principalmente de ascendencia burguesa: terratenientes, comerciantes, dueños de minas, plantadores, ganaderos y exportadores, a menudo adinerados … El pueblo se mostró en gran medida indiferente a la revolución, que no representaba la emancipación social, sino la consolidación de sus explotadores inmediatos, los

terratenientes criollos. Esta situación se modificó en parte cuando los españoles iniciaron la Reconquista, no a consecuencia de un cambio en la burguesía criolla, sino debido a una reacción de las clases pobres contra los abusos de los españoles durante la guerra. El apoyo campesino a Manuel Rodríguez fue la clave del éxito de la guerra de guerrillas que contribuyó al triunfo del ejército de los Andes, dirigido por San Martín. Pero la participación del pueblo sólo adquirió características de masas en México y en el Alto Perú, donde los indios vincularon la lucha por la independencia con la revolución agraria. En las colonias españolas hubo pocos hombres como Hidalgo y Morelos, quienes lucharon contra los españoles y despojaron también a los terratenientes criollos.

En una palabra, la de 1810 no fue una revolución democrático-burguesa porque no realizó la reforma agraria ni desarrolló la industria y el mercado interno. Fue una revolución política, no social, en la cual la burguesía criolla cumplió un solo objetivo democrático —la independencia política—, que luego no pudo proteger contra el imperialismo. La historia de América latina es la historia de una revolución democrático-burguesa frustrada.

La cuarta tesis del reformismo dice que la aristocracia feudal gobernó los países latinoamericanos durante los siglos XIX y XX, demorando el desarrollo capitalista y el surgimiento de una burguesía nacional. La conclusión de esta tesis es la de que América latina no llegó a la fase de desarrollo capitalista, tarea que debe realizar la ”burguesía progresista”.

Pero hemos visto que los países latinoamericanos fueron gobernados, no por señores feudales, sino por una burguesía que no deseaba desarrollar el mercado interno y la industria nacional, debido a que su fuente fundamental de ingresos consistía en el comercio de exportación. Luego de frustrar los primeros planes de desarrollo industrial trazados por la avant parle de la primera generación de rebeldes en 1810. los terratenientes y comerciantes —que habían pactado con Inglaterra y Francia para permitir la introducción de mercancías extranjeras en América latina, a cambio de un buen mercado para sus materias primas— destruyeron las incipientes industrias artesanales en cada país.6 El comercio libre era ventajoso para la burguesía argentina que conservaba el poder, pero significaba la destrucción de las pequeñas factorías regionales que habían llegado a un pequeño apogeo durante la guerra de Independencia, al abastecer las necesidades de los ejércitos patriotas…

Unas pocas décadas después de la guerra de Independencia se aceleró el proceso de acumulación primitiva de tierras por medio de la conquista violenta, lo cual explica los grandes latifundios. Los cimientos del Estado moderno fueron establecidos durante la segunda mitad del siglo XIX, a consecuencia del desarrollo del capitalismo agrario, condicionado por una demanda cada vez mayor de materias primas por parte de las naciones altamente industrializadas.

Para algunos economistas, el desarrollo capitalista y el poder social burgalés solo pueden significar la maquinización productiva o la industria avanzada. O sea, que ni el capitalismo ni la burguesía podrían existir donde no hubiera industria. Esta creencia sirve para medir si un país está más adelantado que otro. pero resulta confusa si se la aplica a los países coloniales o semicoloniales, pues en estos países no existe una industria avanzada, sino un sistema de explotación capitalista de la agricultura, la ganadería, etc., y una clase social regida por las leves del precio, el crédito y la ganancia. A mediados del siglo pasado esta clase introdujo el ferrocarril en América latina e inauguró el sistema bancario, que comenzó a financiar las empresas agrícolas. las firmas frigoríficas. las refinerías de azúcar y las fundiciones. Los mineros chilenos llegaron a elevadas tasas de productividad en sus minas de cobre y salitre. Los terratenientes argentinos aumentaron la exportación de ganado gracias a la introducción de nuevas técnicas e iniciaron el capitalismo agrario. La burguesía terrateniente de Cuba se convirtió en la principal abastecedora de azúcar del mundo, así como los dueños de minas de estaño de Bolivia se convirtieron en los principales abastecedores de estaño.

La clase exportadora de América latina ha cabalgado durante más de un siglo en un caballo que se resistía, no a las bridas feudales, sino a las burguesas. El atraso no fue causado por el feudalismo, sino por el limitado papel de América latina como productora de materias primas, y su dependencia respecto del mercado mundial. El atraso coexiste con los más modernos progresos técnicos. Al lado de la pequeña producción doméstica y de los miserables talleres artesanales hay grandes empresas capitalistas, signos distintivos del desarrollo desparejo que caracteriza a las naciones atrasadas, según la aguda apreciación de León Trotsky, quien con la categoría de “combinado” complementó la teoría del desarrollo desigual de Marx y Lenin.

El comienzo del imperialismo — nueva fase del capitalismo — a finales del siglo XIX determinó la fase siguiente del desarrollo de América latina. La inversión de rapitales financieros extranjeros trasformó a los países latinoamericanos, de dependientes en semi- coloniales. Las materias primas, en el pasado en manos de la burguesía nacional, comenzaron a abastecer en gran medida al imperialismo europeo, y luego al norteamericano, que se adueñó del control del cobre chileno, el estaño boliviano, las plantaciones centroamericanas, etc.

A diferencia de la burguesía industrial europea. que surgió en la lucha contra la nobleza terrateniente en un período caracterizado por el libre comercio y el capitalismo competitivo, la burguesía latinoamericana estuvo vinculada desde el comienzo con los terratenientes y los inversores extranjeros. Hacia finales del siglo pasado los países capitalistas industriales no solo inundaron los mercados con productos manufacturados, sino que además controlaban la mayoría de las acciones en las principales industrias que se habían establecido en América latina. La industria liviana (por ejemplo los textiles, el calzado) se desarrolló en alguna medida durante las dos guerras mundiales, debido a las dificultades para importar productos manufacturados, pero no hay, como quieren hacernos creer los reformistas, un conflicto entre el imperialismo este desarrollo de la industria liviana en los países atrasados. La industria liviana nativa es ventaiosa para el imperialismo extranjero, en particular para los monopolios norteamericanos, porque crea nuevos mercados para la industria pesada. Una de las esperanzas de la Alianza para el Progreso. cuando alaba la ”reforma agraria”, es la de que a consecuencia del aumento del poder adquisitivo del campesino se produzca una expansión de la industria liviana latinoamericana y un subsiguiente aumento en la demanda de maquinaria fabricada por firmas norteamericanas… Los reformistas tienden a pasar por alto el hecho de que la base de las ganancias de los grandes monopolios en la actualidad no es la exportación de artículos de consumo (ropas, calzado, alimentos, lavarropas, etcétera), sino la venta de maquinaria producida por la industria pesada y necesaria para la industria liviana. El viejo capitalismo, como decía Lenín, estaba interesado en la exportación de mercancías, el imperialismo moderno en la exportación de bienes de capital. Y la burguesía latinoamericana depende más que nunca de los bienes de capital producidos por los monopolios extranjeros …

En otras palabras, la burguesía, al concentrarse en la exportación de materias primas, ha contribuido al atraso de América latina. Dependiente desde el comienzo del imperialismo por su incapacidad para desarrollar la industria pesada, ha agotado todas las posibilidades para el desarrollo de una sociedad semicolonial en un período imperialista. Es un error afirmar, come lo hacen los reformistas, que la fase de desarrollo capitalista no ha llegado aún, y que se llegará a ella por intermedio de la ”burguesía progresista”.

Llegamos ahora a la estrategia política que constituye la tesis final del reformismo: ”Los partidos populares deben apoyar a la burguesía progresista contra la oligarquía feudal, para cumplir los objetivos democrático-burgueses por intermedio de un Frente de Liberación Nacional”.

… América latina no es una copia de la Europa del siglo XIX, en la cual la nueva clase media

en ascenso tuvo que derribar al feudalismo para iniciar el ciclo de las revoluciones democrático-burguesas. Como hemos demostrado, América latina no ha pasado por las etapas clásicas del Viejo Mundo, sino que pasó directamente de las comunidades indígenas primitivas al capitalismo incipiente introducido por la colonización española. La América latina que conquistó su independencia de España estaba gobernada, no por una oligarquía feudal, sino por una burguesía que, debido a su dependencia del mercado mundial, contribuyó al atraso del continente. Esta burguesía es incapaz de cumplir los objetivos de a democracia … No puede ni quiere lograr la reforma agraria, porque todas las clases dominantes están comprometidas en la posesión de la tierra … Es incapaz de romper con el imperialismo debido a su dependencia del capital financiero extranjero. Es posible que esta clase burguesa tenga ciertos desacuerdos con las empresas extranjeras que introducen productos en competencia con su propia industria liviana, pero sus soluciones no van más allá de la imposición de débiles restricciones aduaneras. Una clase cuya existencia misma depende del imperialismo no puede romper con él sin suicidarse. La reforma agraria y la expulsión del imperialismo es y será siempre contraria a la burguesía, antes que favorable a ella …

 

1 Carlos Marx, El Capital, I, tr. de W. Roces, Ed. FCE, México, 1949, pág. 565.

2 R. Smith, Historia económica de Europa, vol. I, Madrid, Universidad de Cambridge, 1948, pág. 416.

3 Marx y Engels, La revolución española, Moscú, Ediciones en Lenguas Extranjeras, pág. 3.

4 Los escritores que mejor han tratado este tema son Jan Bazant. Silvio Zabala de México, Nahuel Moreno y Milciades de la Argentina, Marcelo Segall de Chile, y en especial Sergio Bagú, todos los cuales contribuyeron a nuestro análisis de la economía y la sociedad coloniales.

5 L. Machado Ribas, Los movimientos revolucionarios en las colonias españolas, Buenos Aires, 1940.

6 Juan Alvarez, Las guerras civiles argentinas, Buenos Aires.

 

Película uruguaya: El baño del Papa

El baño del Papa, una historia inspirada en hechos reales, recibió más de diez reconocimientos luego de su estreno, y fue una de las películas más populares del cine uruguayo. Entre los reconocimientos, la película ganó el premio Mejor Guión en el Festival Internacional de Cine de Huelva (2007), Mejor Película, Mejor Actor, Mejor Actríz en el Festival de Gramado y el de Mejor Película en el Festival de Cine de Bogotá.

También fue, en buena parte, la plataforma desde la cual el actor César Troncoso despegó para convertirse en una figura reconocida internacionalmente, sobre todo en Brasil.

Sincronías de la historia, se recuerdan los diez años de esta formidable película, de la misma forma que este año recordamos 30 años de la venida de Juan Pablo II a Chile, quien como cabeza de la Iglesia actuó como puente de plata para viabilizar la transición pactada – entre la Dictadura y la Asamblea de la Civilidad- de forma perpetuar el régimen pinochetista sin Pinochet, como en definitiva ocurrió.

Con la difusión de esta película, como revista, damos inicio a nuestra campaña en rechazo a la venida a Chile del Papa Francisco. Como ya se ha dicho en algunos medios aún minoritarios, por los millones de dólares que gastará el Estado laico en financiar actividades religiosas; porque es el portavoz de la curia que se opuso a la despenalización del aborto en tres causales y, de fondo,  por ser el titular de una institución cuya nomenclatura ha hecho del oscurantismo, la defensa del orden establecido y la naturalización de la explotación, un dogma de fe.

 

EP

León Trotsky: la industria nacionalizada y la administración obrera

 

En los países industrialmente atrasados el capital extranjero juega un rol decisivo. De ahí la relativa debilidad de la burguesía nacional en relación al proletariado nacional. Esto crea condiciones especiales de poder estatal. El gobierno oscila entre el capital extranjero y el nacional, entre la relativamente débil burguesía nacional y el relativamente poderoso proletariado. Esto le da al gobierno un carácter bonapartista sui generis, de índole particular. Se eleva, por así decirlo, por encima de las clases. En realidad, puede gobernar o bien convirtiéndose en instrumento del capital extranjero y sometiendo al proletariado con las cadenas de una dictadura policial, o maniobrando con el proletariado, llegando incluso a hacerle concesiones, ganando de este modo la posibilidad de disponer de cierta libertad en relación a los capitalistas extranjeros. La actual política (del gobierno mexicano, N. del T.) se ubica en la segunda alternativa; sus mayores conquistas son la expropiación de los ferrocarriles y de las compañías petroleras.

Estas medidas se encuadran enteramente en los marcos del capitalismo de estado. Sin embargo, en un país semicolonial, el capitalismo de estado se halla bajo la gran presión del capital privado extranjero y de sus gobiernos, y no puede mantenerse sin el apoyo activo de los trabajadores. Eso es lo que explica por qué, sin dejar que el poder real escape de sus manos, (el gobierno mexicano) trata de darles a las organizaciones obreras una considerable parte de responsabilidad en la marcha de la producción de las ramas nacionalizadas de la industria.

¿Cuál debería ser la política del partido obrero en estas circunstancias? Sería un error desastroso, un completo engaño, afirmar que el camino al socialismo no pasa por la revolución proletaria, sino por la nacionalización que haga el estado burgués en algunas ramas de la industria y su transferencia a las organizaciones obreras. Pero esta no es la cuestión. El gobierno burgués llevo a cabo por sí mismo la nacionalización y se ha visto obligado a pedir la participación de los trabajadores en la administración de la industria nacionalizada. Por supuesto, se puede evadir la cuestión aduciendo que, a menos que el proletariado tome el poder, la participación de los sindicatos en el manejo de las empresas del capitalismo de estado no puede dar resultados socialistas. Sin embargo, una política tan negativa de parte del ala revolucionaria no sería comprendida por las masas y reforzaría las posiciones oportunistas. Para los marxistas no se trata de construir el socialismo con las manos de la burguesía, sino de utilizar las situaciones que se presentan dentro del capitalismo de estado y hacer avanzar el movimiento revolucionario de los trabajadores.

La participación en los parlamentos burgueses no puede ya ofrecer resultados positivos importantes; en determinadas situaciones, puede incluso conducir a la desmoralización de los diputados obreros. Pero esto no es argumento para que los revolucionarios apoyen el antiparlamentarismo.

Sería inexacto identificar la participación obrera en la administración de la industria nacionalizada con la participación de los socialistas en un gobierno burgués (lo que se llama ministerialismo). Todos los miembros de un gobierno están ligados por lazos de solidaridad. Un partido representado en el gobierno es responsable de la política del gobierno en su conjunto. La participación en el manejo en una cierta rama de la industria brinda, en cambio, una amplia oportunidad de oposición política. En caso de que los representantes obreros estén en minoría en la administración, tienen todas las oportunidades para proclamar y publicar sus propuestas rechazadas por la mayoría, ponerlas en conocimiento de los trabajadores, etc.

La participación de los sindicatos en la administración de la industria nacionalizada puede compararse con la de los socialistas en los gobiernos municipales, donde ganan a veces la mayoría y están obligados a dirigir una importante economía urbana, mientras la burguesía continúa dominando el estado y siguen vigentes las leyes burguesas de propiedad. En la municipalidad, los reformistas se adaptan pasivamente al régimen burgués. En el mismo terreno, los revolucionarios hacen todo lo que pueden en interés de los trabajadores y, al mismo tiempo, les enseñan a cada paso que, sin la conquista del poder del estado, la política municipal es impotente.

La diferencia es, sin duda, que en el gobierno municipal los trabajadores ganan ciertas posiciones por medio de elecciones democráticas, mientras que en la esfera de la industria nacionalizada el propio gobierno los invita a hacerse cargo de determinados puestos. Pero esta diferencia tiene un carácter puramente formal. En ambos casos, la burguesía se ve obligada a conceder a los trabajadores ciertas esferas de actividad. Los trabajadores las utilizan en favor de sus propios intereses.

Sería necio no tener en cuenta los peligros que surgen de una situación en que los sindicatos desempeñan un papel importante en la industria nacionalizada. El riesgo radica en la conexión de los dirigentes sindicales con el aparato del capitalismo de estado, en la transformación de los representantes del proletariado en rehenes del estado burgués. Pero por grande que pueda ser este peligro, sólo constituye una parte del peligro general, más exactamente, de una enfermedad general: la degeneración burguesa de los aparatos sindicales en la época del imperialismo, no sólo en los viejos centros metropolitanos sino también en los países coloniales. Los líderes sindicales son, en la abrumadora mayoría de los casos, agentes políticos de la burguesía y de su estado. En la industria nacionalizada pueden volverse, y ya se están volviendo, sus agentes administrativos directos. Contra esto no hay otra alternativa que luchar por la independencia del movimiento obrero en general; y en particular por la formación en los sindicatos de firmes núcleos revolucionarios que, a la vez que defienden la unidad del movimiento sindical, sean capaces de luchar por una política de clase y una composición revolucionaria de los organismos directivos.

Otro peligro reside en el hecho de que los bancos y otras empresas capitalistas, de las cuales depende económicamente una rama determinada de la industria nacionalizada, pueden utilizar, y sin duda lo harán, métodos especiales de sabotaje para poner obstáculos en el camino de la administración obrera, desacreditarla y empujarla al desastre. Los dirigentes reformistas tratarán de evitar el peligro adaptándose servilmente a las exigencias de sus proveedores capitalistas, en particular de los bancos. Los líderes revolucionarios, en cambio, del sabotaje bancario extraerán la conclusión de que es necesario expropiar los bancos y establecer un solo banco nacional, que llevaría la contabilidad de toda la economía. Por supuesto, esta cuestión debe estar indisolublemente ligada a la de la conquista del poder por la clase trabajadora.

Las distintas empresas capitalistas, nacionales y extranjeras, conspirarán inevitablemente, junto con las instituciones estatales, para obstaculizar la administración obrera de la industria nacionalizada. Por su parte, las organizaciones obreras que manejen las distintas ramas de la industria nacionalizada deben unirse para intercambiar experiencias, darse mutuo apoyo económico, y actuar unidas ante el gobierno, por las condiciones de crédito, etc. Por supuesto, esa dirección central de la administración obrera de las ramas nacionalizadas de la industria debe estar en estrecho contacto con los sindicatos.

Para resumir, puede afirmarse que este nuevo campo de trabajo implica las más grandes oportunidades y los mayores peligros. Estos consisten en que el capitalismo de estado, por medio de sindicatos controlados, puede contener a los obreros, explotarlos cruelmente y paralizar su resistencia. Las posibilidades revolucionarias consisten en que, basándose en sus posiciones en ramas industriales de excepcional importancia, los obreros lleven el ataque contra todas las fuerzas del capital y del estado burgués. ¿Cuál de estas posibilidades triunfará? ¿Y en cuanto tiempo? Naturalmente, es imposible predecirlo. Depende totalmente de la lucha de las diferentes tendencias en la clase obrera, de la experiencia de los propios trabajadores, de la situación mundial. De todos modos, para utilizar esta nueva forma de actividad en interés de los trabajadores y no de la burocracia y aristocracia obreras, sólo se necesita una condición: la existencia de un partido marxista revolucionario que estudie cuidadosamente todas las formas de actividad de la clase obrera, critique cada desviación, eduque y organice a los trabajadores, gane influencia en los sindicatos y asegure una representación obrera revolucionaria en la industria nacionalizada.

 

Coyoacán, 12 de mayo de 1939.

[1] Publicado en Fourth International, agosto de 1946. Sin firma. Cuando se publicó el artículo en Fourth International se calculó que había sido escrito en mayo o junio de 1938 (en el manuscrito no figuraba fecha). Pero en el original que está en los archivos de Trotsky en Harvard figura la fecha 12 de mayo de 1939. Trotsky escribió este artículo después de que el gobierno de Cárdenas expropió la industria petrolera y los ferrocarriles y dio a los sindicatos gran responsabilidad en su administración. Un funcionario de la CTM, Rodrigo García Treviño, en ese entonces adversario de los stalinistas, le preguntó a Trotsky su opinión sobre la actitud que deberían tomar los sindicatos respecto a participar en la administración. Trotsky aceptó escribir un memorándum y varios días después le entregó este artículo a Treviño. Tomado de la versión publicada en Escritos, Tomo X, pág. 482, Editorial Pluma.

Debate marxista sobre el lugar común de la Asamblea Constituyente

En varios países de América Latina, se han vuelto cada vez más frecuentes en los últimos años los llamados por la convocatoria de asambleas constituyentes. Recientemente en torno a la huelga de masas y cuasi levantamiento en Oaxaca, que duró de mayo a noviembre de 2006, tanto la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) como toda una serie de grupos de izquierda lanzaron llamados a favor de una asamblea constituyente, una “asamblea constituyente revolucionaria”, una “asamblea nacional democrática y popular”, etc. Aunque una asamblea constituyente elegida mediante sufragio universal no es más que una reivindicación democrático-burguesa, los comunistas revolucionarios han lanzado esa consigna en el curso de su lucha en contra de toda una serie de regímenes precapitalistas y coloniales, así como de dictaduras bonapartistas. Así, por ejemplo, representó uno de los puntales esenciales de los bolcheviques de V.I. Lenin en la Rusia zarista, por ejemplo en la Revolución de 1905, hasta que fue sustituida como consigna central por “todo el poder a los soviets” en el curso de 1917. Asimismo, Trotsky se pronunció a favor de una asamblea nacional en China bajo los señores de la guerra, enfatizando al mismo tiempo que dicho llamado formaba parte de un programa para la toma del poder por parte de consejos de obreros y campesinos (soviets). Sin embargo, la actual avalancha de llamados a favor de asambleas constituyentes en el marco de regímenes supuestamente democrático-burgueses, se contrapone por el vértice al bolchevismo. Lo que hace es remplazar el programa de la revolución proletaria con el de la “democracia” (capitalista), la marca distintiva de los socialdemócratas por doquier.

 

En sus diversas formulaciones, los orígenes de esta consigna se remontan a la Revolución Francesa del siglo XVIII, cuando el Tercer estado (que representaba a las fuerzas ascendentes de la burguesía y de la pequeña burguesía) estableció la Asamblea Nacional Constituyente en junio de 1789 para acabar con los remanentes del ancien régime, una monarquía absolutista encima de un orden feudal decadente. Su propósito inicial era establecer una monarquía constitucional para poner fin a las caóticas condiciones que impedían el crecimiento de un mercado interno; así se propuso una división del poder entre el rey y la asamblea. Sin embargo, los eventos revolucionarios pronto sobrepasaron los planes de los burgueses “moderados”. Para 1792, la Asamblea Nacional había sido remplazada por la Convención Nacional, dirigida por los jacobinos bajo Robespierre. Con el posterior desarrollo del capitalismo, cuando la clase obrera empezó a jugar un rol de protagonista central, ya para la época de la Revolución de 1848 en Francia, la Asamblea Nacional se convirtió en el punto focal de la reacción burguesa en oposición al levantamiento proletario de las Jornadas de Junio. También en Alemania y Austria en 1848, las asambleas constituyentes de Berlín, Viena y Frankfurt hicieron las paces con las fuerzas de la reacción por temor a una revolución obrera.

 

Por su naturaleza genérica, las asambleas constituyentes no son simples cuerpos parlamentarios, sino que, como tales, tienen el propósito de establecer (constituir) una estructura estatal, por ejemplo, mediante la promulgación de una constitución. En Francia, la Segunda, Tercera y Cuarta repúblicas fueron establecidas por asambleas constituyentes. En América Latina hoy en día, es típico que los llamados a favor de tales asambleas estén acompañados por llamados a favor de la “refundación” del país. En un país en el que vastos sectores de la población han sido excluidos del ejercicio de derechos democráticos (por ejemplo, en Ecuador la enorme población indígena fue privada en los hechos del derecho al voto hasta 1978, en virtud del requisito que establecía que los votantes debían saber leer en español), puede ser una reivindicación clave. También es oportuno cuando una estructura social feudal o semifeudal impide que grandes sectores de la población rural tengan alguna participación política, con masas de campesinos sin tierra atadas a las haciendas en virtud del peonaje por deuda, como en México antes de la Revolución Mexicana de 1910-17. En tales circunstancias, la demanda de una “convención nacional” que resuelva la cuestión de la tierra mediante una revolución agraria, que elimine el dominio del clero en la educación y realice otras tareas democráticas, puede ser un poderoso mecanismo para levantar a las masas para que emprendan acciones revolucionarias. Lo mismo puede ser el caso en la lucha para derribar dictaduras militares, como las que predominaron en América Latina en los años 70.

 

Con todo, lanzar llamados por la convocatoria de una asamblea constituyente en México o Ecuador hoy en día –donde existen las estructuras formales de la democracia burguesa, así sea de manera raquítica, y los latifundios semifeudales han sido sustituidos desde hace mucho tiempo por la agricultura capitalista– equivaldría a llamar a “refundar” dichos países sobre una base burguesa, cuando lo que se necesita es una revolución socialista. En Bolivia, el Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales hizo campaña a favor de una asamblea constituyente, buscando sembrar la ilusión de que estaba dispuesto a realizar cambios fundamentales, pero sin tocar los fundamentos capitalistas del país. Esta consigna ha sido repetida por diversos grupos de izquierda que se han puesto a la cola del MAS, en un esfuerzo para empujar a Morales hacia la izquierda y reclutar adeptos entre sus seguidores plebeyos. En los levantamientos de obreros y campesinos de 2003 y 2005 que llevaron al país al borde de una insurrección, señalamos que urgía establecer no una asamblea constituyente democrático burguesa (ni una supuestamente más izquierdista “asamblea popular”) sino consejos (soviets) de obreros y campesinos que sirvieran como base de un gobierno obrero, campesino e indígena revolucionario. Señalamos también que si bien Bolivia es el campeón continental en lo que toca al número de golpes de estado que ha sufrido, también tiene la delantera con respecto a asambleas constituyentes o congresos (al menos 19 según nuestro conteo)1. Así, cuando Morales fue elegido presidente en diciembre de 2005, convocó la asamblea constituyente que había prometido desde hacía mucho tiempo. ¿Cuál ha sido el resultado? Derechistas racistas han secuestrado a la asamblea para implementar sus exigencias reaccionarias a favor de la autonomía regional para separarse del altiplano predominantemente indígena.

 

Así, aunque en ciertos contextos es apropiado que los comunistas llamen por la formación de una asamblea constituyente, esta demanda no es de ninguna manera inherentemente democrático-revolucionaria. En ciertas condiciones, puede incluso servir como cubierta de una contrarrevolución “democrática”. Nuestra corriente, ha tenido alguna experiencia con este tópico. En un artículo  titulado “Why a Revolutionary Constituent Assembly” [¿Por qué una asamblea constituyente revolucionaria?] (Workers Vanguard, n° 221, 15 de diciembre de 1978), señalamos que cuando la dictadura chilena de Pinochet organizó un plebiscito y la Democracia Cristiana (DC) estuvo diciendo que había que remplazar la dictadura con una junta militar reformada, denunciamos los comicios trucados y nos pronunciamos por una asamblea constituyente y por aplastar a la junta mediante una revolución obrera. Nuestro artículo, de la Organización Trotskista Revolucionaria de Chile, explicaba:

 

“En contra de las adaptaciones reformistas al programa de la burguesía, presentamos como trotskistas el llamado a favor de una asamblea constituyente con plenos poderes, elegida mediante voto universal, secreto y directo. Una genuina asamblea constituyente sólo puede, por definición, ser convocada si imperan plenas libertades democráticas, que permitan la participación de todos los partidos de la clase obrera. En consecuencia, uno de sus prerrequisitos es el derrocamiento revolucionario de la junta militar, algo que la DC y los reformistas, a pesar de su larga lista de reivindicaciones democráticas, olvidan mencionar.

 

“Para los leninistas, las tareas democráticas representan una parte subordinada del programa de clase del proletariado. Como escribió Trotsky al hablar del papel de las demandas democráticas en los países gobernados por los fascistas: ‘Pero las fórmulas de la democracia (libertad de prensa, derecho de asociación, etc.) sólo significan para nosotros consignas incidentales o episódicas en el movimiento independiente del proletariado, y no un dogal democrático echado al cuello del proletariado por los agentes de la burguesía (¡España!)’ (Programa de Transición). En países con una tradición de democracia burguesa y con una clase obrera avanzada, como Chile, la demanda de una asamblea constituyente no es una parte fundamental del programa proletario. Así, después de que la junta militar tomara el poder, la TEI no presentó dicha consigna. La lanzamos ahora de manera táctica en contra de los esfuerzos de la burguesía, apoyados por sus agentes en el movimiento obrero, para pactar con sectores militares. Nuestro propósito es desenmascarar el miedo de la burguesía a la democracia revolucionaria.

 

 

En otras ocasiones, en cambio, el llamado a favor de una asamblea constituyente se ha presentado para exorcizar el espectro de la revolución obrera. Esto fue lo que ocurrió en Portugal en el verano de 1975. Tras la caída de la dictadura de Marcelo Caetano en abril de 1974, cuando la reacción se consolidaba en torno al siniestro general Antônio Spínola, inicialmente nos pronunciamos a favor de elecciones inmediatas para una asamblea constituyente, así como por la formación de consejos obreros. Sin embargo, un año después, como señalamos en nuestro artículo de 1978 “¿Por qué una asamblea constituyente revolucionaria?”, “comisiones obreras, asambleas populares y diversas formas localizadas de doble poder, están apareciendo por doquier en el país.” En ese momento, mientras que el Partido Comunista Portugués (PCP) estaba aliado con oficiales izquierdistas del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), con Spínola hecho a un lado, las fuerzas contrarrevolucionarias se cohesionaron en torno al Partido Socialista (PS) de Mário Soares, que con el respaldo burgués ganó las elecciones de abril de 1975 para la asamblea constituyente.

 

¿Qué política debían adoptar los marxistas revolucionarios? La mayor de las organizaciones supuestamente trotskistas en ese momento, el Secretariado Unificado de la IV Internacional (SU), estaba dividido a la mitad. La mayoría, compuesta por los seguidores de Ernest Mandel, vitoreó a los “oficiales revolucionarios” del MFA, justo como hacen hoy en día muchos que se pretenden radicales con el coronel burgués populista Hugo Chávez en Venezuela. La minoría, dirigida por el Socialist Workers Party norteamericano de Jack Barnes y el seudotrotskista argentino Nahuel Moreno, se alineó con el Partido Socialista (fuertemente financiado por la CIA a través de la socialdemocracia alemana y su Fundación Friedrich Ebert) en nombre de la defensa de la “soberanía” de la asamblea constituyente. Así, mientras que las turbas dirigidas por los “socialistas” quemaban las oficinas del PCP, ¡el S.U. estuvo en ambos lados de las barricadas! En contraste, los auténticos trotskistas no dieron apoyo a ninguna de las coaliciones burguesas en contienda, y llamaron en cambio a formar soviets obreros en Portugal, contrapuestos a la asamblea constituyente dominada por los derechistas (ver nuestro artículo en dos partes, “Soviets and the Struggle for Workers Power in Portugal” [Los soviets y la lucha por el poder obrero en Portugal], Workers Vanguard nos. 83 y 87, 24 de octubre y 28 de noviembre de 1975).

 

Volvamos a la situación actual. Entre septiembre y noviembre del año pasado, los medios radicales en todo el mundo se vieron saturados con artículos que aclamaban una supuesta “Comuna de Oaxaca”, la mayor parte de los cuales por puro entusiasmo acrítico, en tanto que otros le añadían un toque “izquierdista” al sugerir a dicha comuna que tomara el poder, expropiara a la burguesía, etc. No se explicaba, sin embargo, cómo se realizaría esto en el estado más empobrecido y predominantemente campesino del país. El Grupo Internacionalista intervino activamente en Oaxaca a lo largo de varios meses, señalando todo el tiempo que aunque varios sindicatos formaban parte de la APPO, ésta no se basaba en la clase obrera y el campesinado y que en consecuencia no representaba una forma embrionaria de gobierno obrero y campesino –que es lo que eran la Comuna de Paris de 1871 y los soviets rusos de 1917 (ver “¿Una comuna de Oaxaca?” en El Internacionalista n° 6, mayo de 2007). De hecho, varios dirigentes principales de la APPO son militantes del Partido de la Revolución Democrática (PRD), un partido nacionalista burgués. El GI y la LIVI llamaron por una huelga nacional contra la represión, y a romper con el frente popular en torno al PRD y su principal dirigente, Andrés Manuel López Obrador, así como a formar un partido obrero revolucionario.

 

Tras la represión sangrienta del 25 de noviembre de 2006, se ha desvanecido la retórica de la “extrema izquierda” acerca de una Comuna de Oaxaca, de modo que hoy en día varios grupos radicales enfocan sus consignas en la demanda de una asamblea constituyente. Con mucho, el grupo de izquierda más grande en Oaxaca es el Partido Comunista de México (marxista-leninista), que sostiene que para lograr una “salida democrática revolucionaria”, la izquierda debe enfocarse a la “discusión de una nueva constitución”, “alcanzar una plataforma común”, “poniendo en la estrategia del movimiento de masas la realización de una Asamblea Nacional Constituyente Democrática y Popular” (Vanguardia Proletaria, 5 de marzo). No sorprende el hecho de que el PCM (m-l) haga ese llamado, pues es perfectamente consistente con su programa reformista de la “revolución por etapas” y del frente popular; de hecho, en el mismo número, un artículo alaba la política de Stalin como un “clásico del marxismo-leninismo”. Sin embargo, los estalinistas de los últimos días no son los únicos que defienden esta línea democrático-burguesa. Otra organización que se proclama como defensora de la asamblea constituyente en todos lados y en cualquier momento, es la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS), parte de la Fracción Trotskista (FT).

 

En su balance, “Crisis del régimen y las lecciones de la Comuna de Oaxaca” (31 de diciembre de 2006, la LTS dice que la APPO debía establecer “un gobierno provisional [que] debería convocar a una Asamblea Constituyente Revolucionaria”. Más específicamente, la APPO debería “transformase en un verdadero organismo de democracia directa de los explotados y oprimidos que enarbolase un programa obrero y popular”, para “reorganizar el estado en función de los intereses de las grandes mayorías oprimidas y explotadas”. La LTS dice también que “un gobierno de la APPO y las demás organizaciones obreras y populares”, en tanto que “expresión política de la Comuna, debería poner en pie una verdadera Asamblea Constituyente Revolucionaria”, en la que “los trabajadores, los campesinos y los indígenas, junto a todo el pueblo, discutiesen como reorganizar la sociedad.” Prácticamente cada uno de estos puntos se contrapone al marxismo. En primer lugar, es necesario, no “reorganizar el estado”, sino aplastar al estado capitalista y remplazarlo con un estado obrero. En segundo lugar, un genuino soviet no es simplemente un ejemplo de democracia directa de los pobres, sino un órgano de clase del poder obrero. La LTS y la FT sistemáticamente pasan por alto el carácter de clase proletario del programa por el que luchan los trotskistas, y lo remplazan con palabrería sentimentaloide acerca de la “democracia” y el “pueblo”, que se sentaría en torno a una mesa para discutir qué tipo de sociedad quiere.

 

La retórica “democraticista” de esta corriente no es accidental, pues proviene directamente del progenitor de la FT, Nahuel Moreno. La FT se ofende cuando se le denomina neomorenista, pues dice haber roto con Moreno algunos años después de su muerte en 1986 (ver su “Polémica con la LIT y el legado teórico de Nahuel Moreno”, Estrategia Internacional n° 3, diciembre de 1993-enero de 1994). Ahí, aunque presentan objeciones en contra de varias de las formulaciones más abiertamente oportunistas de Moreno, como su llamado a favor de una “revolución democrática”, la FT conserva el marco metodológico y muchas de las consignas de su maestro. Su sección más importante, el Partido de los Trabajadores por el Socialismo de Argentina, escribió tras los cacerolazos de diciembre de 2001 en contra de la sucesión de presidentes burgueses:

 

“La consigna ‘que se vayan todos’ expresa la falta de legitimidad y el odio popular hacia el régimen de representación política, hacia los políticos patronales…. Pero, aún no se ha avanzado en identificar a este régimen, con su contenido social, la dominación capitalista. Es en el sentido de tender un puente entre esta conciencia ‘democrática’ de las masas y la necesidad de la revolución y el poder obrero, que los marxistas levantamos la consigna de Asamblea Constituyente Revolucionaria.”

 

Por supuesto, Trotsky mismo presentó el Programa de Transición de 1938 para “ayudar a las masas, en el proceso de la lucha cotidiana, a encontrar el puente entre sus reivindicaciones actuales y el programa socialista de la revolución”. Sin embargo, lo que el PTS y la FT hacen aquí es bien distinto, pues el llamado a favor de una asamblea constituyente, ya sea que se la etiquete como revolucionaria o no, no va más allá de los límites del capitalismo. En los países capitalistas económicamente atrasados, semifeudales o coloniales, una asamblea constituyente podría ser el vehículo para las luchas de e masas a favor de la revolución agraria, la independencia nacional y la realización de derechos democráticos elementales. Pero tanto antes como después de diciembre de 2001, Argentina ha sido un país independiente, completamente capitalista, que ni siquiera tiene un verdadero campesinado, sino más bien obreros agrícolas. Fingir que hay una “revolución democrática” a completar en Argentina, no es otra cosa que una capitulación ante –y una adopción de– las ilusiones democráticas de las masas, nada que tenga que ver con dirigirlas hacia la revolución socialista. Y esto es exactamente lo que hizo Moreno al hacer del llamado por asambleas constituyentes el elemento central de su programa, desde Portugal (de donde lo tomó prestado del SWP norteamericano), hasta Argentina y el resto de América Latina.

 

La piedra de toque del trotskismo se expresa en la primera oración del Programa de Transición: “La situación política mundial en su conjunto se caracteriza principalmente por la crisis histórica de la dirección del proletariado”. El propósito y razón de ser de la IV Internacional, de la cual éste es el documento de fundación, consistía en proveer la vanguardia revolucionaria independiente indispensable para dirigir las luchas de los obreros y oprimidos hacia la revolución socialista internacional. Moreno, sin embargo, rechazó la perspectiva de Trotsky. En un documento de 1980 titulado Actualización del Programa de Transición, Moreno sostiene que “a pesar de las fallas del sujeto (es decir de que el proletariado en algunas revoluciones no haya sido el protagonista principal) y del factor subjetivo (la crisis de dirección revolucionaria, la debilidad del trotskismo), la revolución socialista mundial obtuvo triunfos importantes, llegó a la expropiación en muchos países de los explotadores nacionales y extranjeros, pese a que la dirección del movimiento de masas continuó en manos de los aparatos y direcciones oportunistas y contrarrevolucionarios.”

 

Según Moreno, una dirección trotskista independiente no es necesaria para realizar lo que denomina “revoluciones de febrero”, en oposición a las “revoluciones de octubre”. Así, “actualiza” el programa de Trotsky al postular toda una etapa de revoluciones de febrero. En su Tesis 26, Moreno afirma:

 

“Nuestros partidos tienen que reconocer la existencia de una situación revolucionaria pre-febrero para sacar consignas democráticas adecuadas a la existencia de direcciones pequeñoburguesas que controlan el movimiento de masas y a la necesidad de establecer una unidad de acción lo más pronto posible para hacer la revolución de febrero. Debemos comprender que es inevitable hacerla y no tratar de saltarnos esa etapa, sino sacar todas las conclusiones estratégicas y tácticas necesarias.”

 

Así, lo que Moreno propone es lanzar una serie de consignas democráticas adecuadas para las direcciones pequeñoburguesas, no un programa para los revolucionarios. ¿Cuáles serían tales consignas? En la Tesis 27, enfatiza “el carácter democrático general de las revoluciones de febrero contemporáneas”. Y prosigue: “De ahí la enorme importancia que ha adquirido la consigna de Asamblea Constituyente o variantes parecidas en casi todos los países del mundo”. Se refiere a la asamblea constituyente como “la máxima expresión de lucha democrática”, diciendo que “Planteamos Asamblea Constituyente, pero diciendo: somos los más grandes demócratas”, etc. Habla también del “desarrollo del poder obrero y popular”, lo que sea que signifique, diciendo que el objetivo último de la clase obrera y sus aliados es la toma del poder. Pero lo fundamental aquí es que Moreno está presentando un programa democrático para falsos dirigentes pequeñoburgueses o, incluso, burgueses.

 

La “actualización” de Moreno del Programa de Transición fue parte de toda una evolución de sus concepciones políticas. Antes de eso, Moreno se había distinguido principalmente por la facilidad con la que realizaba abruptos cambios políticos, siendo un artista del disfraz, tanto así que nos referíamos a Nahuel Moreno como el Cantinflas del movimiento marxista. Nahuel Moreno siempre intentó hacerse pasar como representante del ala izquierda de cualquier movimiento en boga en un momento dado. Después de posar como peronista de izquierda en Argentina, a principio de los años 60 se vistió con uniforme militar verde olivo del guerrillerismo castro-guevarista. Por un rato, estuvo entusiasmado con las Guardias Rojas maoístas en China. Cuando algunos de sus compañeros se tomaron en serio sus palabras y comenzaron a formar un frente guerrillero en Argentina a finales de los 60, con resultados catastróficos, Moreno no tardó en dar la vuelta para vestirse con traje y corbata como un socialdemócrata respetable, uniéndose a los vestigios del Partido Socialista Argentino. En 1975-1976 respaldó a la socialdemocracia portuguesa financiada por la CIA. Para finales de los años 70, había vuelto al guerrillerismo, esta vez como un sandinista socialista. Documentamos esta historia en el folleto La verdad sobre Moreno (1980), publicado originalmente por la Tendencia Espartaquista Internacional y ahora disponible como publicación de la Liga por la IV Internacional.

 

 Pero para principios de los 80, la junta estaba agonizando, herida de muerte por su malhadada aventura militar en las Islas Malvinas/Falklands (aventura que los morenistas vitorearon con entusiasmo), y Moreno se alineó con la oposición burguesa de los radicales, dirigida por Raúl Alfonsín, quien ganó la presidencia en 1983. Moreno proclamó que esta victoria representaba una Revolución democrática triunfante, en un libro que llevaba ese título, inventando entonces su teoría de las “revoluciones democráticas”. La punta de lanza programática de este dogma antimarxista es su llamado, en todos lados y en cualquier ocasión, a favor del establecimiento de una asamblea constituyente.

Pero incluso antes de su repentino enamoramiento con las “revoluciones de febrero” (que ocurrió en tiempos en que Ronald Reagan abogaba por una “revolución democrática” en América Latina), Nahuel Moreno ya subrayaba el llamado a favor de asambleas constituyentes en el “Tercer Mundo” semicolonial. Así, su casa editorial (Pluma) publicó a mediados de los años 70 una colección de escritos de Trotsky titulada La segunda revolución china, que cubrían el período de 1919 a 1938 y que de manera prominente representaba el llamado del revolucionario bolchevique a favor de asambleas constituyentes en torno a 1930, tras la derrota de la segunda Revolución China en 1927. Sin embargo, este libro de 220 páginas dejó fuera los muchos artículos de Trotsky en los que éste llama por la formación de soviets en China, consigna que era el punto focal de sus llamados a la acción para el Partido Comunista Chino en el punto álgido del levantamiento revolucionario de 1925-1927. La sesgada selección de documentos presentada por Moreno es una distorsión deliberada de la política trotskista para los países semicoloniales. Hasta la fecha, los lectores de Trotsky en español jamás han visto sus repetidos llamados a favor de la revolución obrera en China basada en soviets de obreros, campesinos y soldados, y únicamente conocen la expurgada selección morenista.

 

Cabe señalar también que Moreno no sólo se pronunció por asambleas constituyentes únicamente en el “Tercer Mundo”, sino “en casi todos los países del mundo”. ¿Se incluye aquí a las “democracias” imperialistas? ¿Qué tal Estados Unidos? Pues de hecho, la efímera organización morenista en EE.UU. llamó a principio de los años 80 por el establecimiento de una asamblea constituyente. Al mismo tiempo, atacaron a nuestros camaradas con martillos. El “democraticismo” pro capitalista va de la mano con el gangsterismo anticomunista.

 

En Bolivia, donde la cuestión de una asamblea constituyente ha sido un asunto central debido a los llamados de Evo Morales para establecer una, un prominente portavoz de la sección boliviana de la FT, Eduardo Molina, publicó un artículo en los comienzos del levantamiento de 2003, llamando a favor de una “Asamblea Constituyente Revolucionaria” (Lucha Obrera, n° 11, 24 de febrero de 2003). En una sección titulada “La Asamblea Constituyente y el trotskismo”, Molina sostiene:

 

“León Trotsky levantó la consigna de Asamblea Nacional como una gran bandera unificadora de las masas luego de la Segunda Revolución China, propuso la consigna de Cortes constituyentes revolucionarias en los inicios de la Revolución Española, a principios de los años 30; y exigió una asamblea nacional, junto a un programa de consignas democrático-radicales dirigidas contra el régimen de la república francesa en su Programa de Acción para Francia de 1934.”

 

Éste ha sido el argumento morenista estándar durante años, mientras siguen traduciendo a Trotsky en el espíritu de la democracia burguesa. Más recientemente, este argumento ha sido retomado por la Ligue Communiste Révolutionnaire (LCR), la sección francesa del Secretariado Unificado, ahora que se incrusta cada vez más en el parlamentarismo burgués. (Los dirigentes de la desde hace mucho reformista LCR han intentado deshacerse ce la “C” y de la “R” en sus siglas, pero siguen enfrentando resistencia entre las bases.) El teórico de la LCR Francisco Sabado juega ahora con llamados a favor de una asamblea constituyente en Francia, citando el mismo programa de 1934 para justificarlo (“Quelques éléments clés sur la stratégie révolutionnaire dans les pays capitalistes avancés”, Cahiers Communistes n° 179, marzo de 2006).

 

Una vez más, esto es una distorsión de la política revolucionaria de Trotsky. En China, como hemos señalado, Trotsky lanzó el llamado por el establecimiento de una asamblea constituyente como parte de su agitación tras la derrota de la Segunda Revolución China, dirigiéndola así en contra de los señores de la guerra y de la dictadura del generalísimo Chiang Kai-shek; en el punto álgido de la batalla, su llamado fundamental era el de la formación de soviets. La Revolución Española de 1931 se estaba desarrollando en lucha contra la monarquía y la dictadura militar del general Primo de Rivera, que había gobernado al país con puño de hierro desde 1923. La consigna de Trotsky intersecaba sentidas exigencias a favor de elecciones democráticas y de la proclamación de una república, la revolución agraria, la separación de la iglesia y el estado, así como la confiscación de las propiedades del clero. Así, la demanda de una asamblea constituyente o de Cortes revolucionarias era la generalización de toda una serie de demandas democráticas que representaban el umbral de una revolución socialista. Por supuesto, Trotsky combinó este llamado con la propaganda a favor de la formación de soviets. Para la época de la Guerra Civil Española de 1936-1939, la exigencia de una asamblea constituyente dejó de ser apropiada bajo la república.

 

La situación en Francia a mediados de los años 30 era muy distinta, y Trotsky no se pronunció por una asamblea constituyente ahí, en contra de lo que sostiene la mitología morenista. ¿Entonces a favor de qué abogaba su “Programa para la acción en Francia”? En ese momento, reaccionarios derechistas y fascistas estaban lanzando al país hacia un régimen autoritario de “estado fuerte”, como reflejo de una corriente general en Europa simbolizada por el ascenso del Hitler al poder un año antes, y por la derrota en febrero de 1934 de un levantamiento de los obreros de Viena a manos del régimen clerical-fascista de Dolfuss en Austria. La consigna principal de Trotsky frente a esta amenaza bonapartista no fue la del establecimiento de una asamblea constituyente democrática, como sugieren los morenistas, sino más bien “¡Abajo con el ‘estado autoritario’ de la burguesía! ¡Por el poder obrero y campesino!” Como parte de la lucha por el establecimiento de una “comuna de obreros y campesinos”, Trotsky juró defender la democracia burguesa en contra de los ataques de los fascistas y los monarquistas. En dicho contexto, llamó por la abolición de diversos aspectos antidemocráticos de la Tercera República francesa, incluido el Senado, elegido mediante sufragio limitado, y la presidencia, punto focal de las fuerzas militaristas y reaccionarias, y propuso la formación de una “asamblea única” que “combinaría los poderes ejecutivo y legislativo”. Recientemente hicimos estos señalamientos en nuestro artículo “France Turns Hard to the Right” [Francia da un fuerte vuelco a la derecha] (The Internationalist No. 26, junio-julio de 2007). Sin embargo, este llamado es bien distinto de la consigna de asamblea constituyente en un país que hay ha tenido un régimen democrático burgués, no importa cuán avejentado y raído.Al presentar su programa para la revolución permanente en los países capitalistas atrasados, Trotsky enfatizó: “La tarea central de los países coloniales y semicoloniales es la revolución agraria, es decir, la liquidación de las herencias feudales, y la independencia nacional, es decir, el derribo del yugo imperialista.” Enfatizó también que los revolucionarios no pueden “rechazar sin más el programa democrático; es preciso que las masas lo sobrepasen en la lucha. La consigna de Asamblea Nacional (o Constituyente) conserva toda su fuerza para países como China o India. Esta consigna debe ligarse indisolublemente con el programa de la liberación nacional y el de la reforma agraria”. En síntesis, esta consigna no es apropiada para un país capitalista, o para los países atrasados que ya han ido más allá del nivel democrático burgués. En México, Bolivia o Ecuador, ninguna demanda democrática servirá para derribar el yugo del imperialismo o de la agroindustria capitalista. Esto sólo podrá conseguirse mediante la revolución obrera.

 

Fingir que una “revolución democrática” está hoy en el orden del día en América Latina o Europa, equivale a hacerle el juego a la reacción burguesa, tal como hizo Moreno al adoptar la retórica reaganista de los años 80, que se volvió después en contra de la Unión Soviética. No es sorprendente que muchos de los seudotrotskistas se hayan sumado al coro antisoviético en torno a Afganistán y Polonia a principios de los años 80, y que estuvieran del lado del contrarrevolucionario Boris Yeltsin en 1991, como lo estuvieron los morenistas y el Secretariado Unificado. También es lógico que al lanzar la consigna a favor de una asamblea constituyente en Francia hoy, el “teórico” de la LCR y el SU, Francisco Sabado, recurra a la crítica de Rosa Luxemburgo a los bolcheviques en torno a su disolución de la Asamblea Constituyente en Rusia en enero de 1918, por haberse convertido en punto focal de la oposición al gobierno de los soviets. En su manuscrito inconcluso Sobre la Revolución Rusa, Rosa Luxemburgo criticó la defensa por parte de Trotsky de esta media revolucionaria (publicada en su folleto De Octubre a Brest-Litovsk) y pidió que se eligiera una nueva Asamblea Constituyente al lado de los soviets, en nombre de la “democracia”. Esto es exactamente lo que se produjo unos cuantos meses después, tras la Revolución Alemana de noviembre de 1918, cuando la Asamblea Constituyente Nacional se convirtió en la base desde la cual el gobierno socialdemócrata aplastó el Congreso de Consejos de Obreros y Soldados a la vez que asesinaba a Luxemburgo y a su camarada, el también dirigente comunista Karl Liebknecht2. Nosotros nos ponemos, en cambio, del lado de Lenin, de cuyas “Tesis acerca de la Asamblea Constituyente” ofrecemos a continuación unos extractos.

Lo que hacía falta en Oaxaca entre junio y noviembre de 2006, en Bolivia en junio de 2005 y entre septiembre y octubre de 2005, en Argentina en diciembre de 2001, no era pronunciarse por una resolución democrático-burguesa de la crisis bajo la consigna de la asamblea constituyente, sino explicar a las masas (y a la izquierda) que ninguno de los objetivos de la lucha podría lograrse sin la formación de órganos de poder obrero, respaldados por los pobres del campo y la ciudad, y de la mano de la lucha por la construcción de auténticos partidos trotskistas y de una IV Internacional reforjada para dirigir la lucha por la revolución socialista internacional. ■

 

(Publicado por Liga por la IV Internacional (LIVI) y la Liga Comunista Internacional/tendencia espartaquista internacional (LCI/TEI) en octubre de 2007)

 

 

1 En 1825, 1826, 1831, 1834, 1839, 1843, 1851, 1861, 1868, 1871, 1878, 1880, 1899, 1920, 1938, 1945, 1947, 1961, 1967. Ver Luis Antezana E., Práctica y teoría de la Asamblea Constituyente (2003).

2 Es preciso señalar que Luxemburgo nunca publicó Sobre la Revolución Rusa. Tampoco es claro que fuera a hacerlo, pues siguió siendo un manuscrito incompleto. Fue publicado por primera vez como folleto en 1922 por Paul Levi (en una versión incompleta e falsificada) después de que éste rompió con el Partido Comunista y regresó a la socialdemocracia. Desde entonces, este texto ha sido utilizado como bandera por toda clase de anticomunista. Además, cuando se presentó la cuestión de asamblea nacional y/o consejos obreros en Alemania en noviembre-diciembre de 1918, Rosa la revolucionaria se pronunció tajantemente por un gobierno de consejos obreros en contra de la “democracia” burguesa encarnada en la Asamblea Nacional.

(Fotografía:Lenin hablando ante los representantes del I Congreso de los Soviets de Toda Rusia. Universidad Femenina, Moscú, 1918)

Edgardo Lander: la necesidad de la izquierda de abrir un debate sobre Venezuela y el chavismo

No es sólo un académico, profesor titular de la Universidad Central de Venezuela e investigador asociado del Transnational Institute. Es una persona vinculada desde hace años a los movimientos sociales y a la izquierda en su país. Desde ese lugar, afirma que el apoyo incondicional de las izquierdas de la región al chavismo reforzó las tendencias negativas del proceso. Sostiene que las izquierdas a nivel global no han tenido “capacidad de aprender”, que terminan respaldando un “gobierno de mafias” como el de Nicaragua, y que cuando “colapse el modelo venezolano” es posible que simplemente “miren para otro lado”.

–Hace tres años caracterizaste la situación en Venezuela como la “implosión del modelo petrolero rentista”. ¿Ese diagnóstico sigue vigente?

-Lamentablemente, los problemas que pueden caracterizarse como asociados al agotamiento del modelo petrolero rentista se han acentuado. El hecho de que Venezuela ha tenido 100 años de industria petrolera y de estadocentrismo girando en torno a cómo se reparte la renta ha conformado no sólo un modelo de Estado y de partido, sino también una cultura política e imaginarios colectivos de Venezuela como un país rico, de abundancia, y la noción de que la acción política consiste en organizarse para pedirle al Estado. Esa es la lógica permanente. En el proceso bolivariano, a pesar de muchos discursos que aparentaban ir en la dirección contraria, lo que se hizo fue acentuar esto. Desde el punto de vista económico se acentuó esta modalidad colonial de inserción en la organización internacional del trabajo. El colapso de los precios del petróleo simplemente desnudó una cosa que era evidente, cuando uno depende de un commodity cuyos precios necesariamente fluctúan.

–Las críticas a la situación de la democracia en Venezuela se han acentuado tras la asunción de Nicolás Maduro. ¿Por qué es así? ¿Cómo se compara con la situación bajo el gobierno de Hugo Chávez?

-Primero hay que tomar en cuenta qué fue lo que pasó en el tránsito de Chávez a Maduro. Yo soy de la opinión de que la mayoría de los problemas con los que nos encontramos hoy son problemas que venían acumulándose con Chávez. Los análisis de parte de la izquierda venezolana que reivindican la época de Chávez como la época de gloria, en la que todo funcionaba bien y de repente aparece Maduro como un incompetente o un traidor, son explicaciones demasiado maniqueas y que no permiten desentrañar cuáles son las lógicas más estructurales que llevan a la crisis actual. El proceso venezolano, por decirlo muy esquemáticamente, siempre estuvo sustentado sobre dos pilares fundamentales: por un lado, la capacidad extraordinaria de Chávez de comunicar y de liderazgo, que generó una fuerza social; por otro lado, precios del petróleo que llegaron en algunos años a más de 100 dólares el barril. En forma casi simultánea, en 2013, estos dos pilares colapsaron: murió Chávez y los precios del petróleo se vinieron abajo. Y el emperador quedó desnudo. Quedó claro que esto tenía un alto grado de fragilidad, por depender de cosas de las cuales no se podía seguir dependiendo. Además, hay diferencias muy importantes entre el liderazgo de Chávez y el de Maduro. Chávez era un líder con capacidad de dar orientación y sentido, pero también tenía un extraordinario liderazgo dentro del gobierno bolivariano como tal, de manera que cuando él decidía algo, esa era la decisión. Eso genera falta de debates y muchos errores, pero genera también una acción unitaria, direccionada. Maduro no tiene esa capacidad, nunca la ha tenido, y ahora en el gobierno cada quien jala por su lado. Por otra parte, durante el gobierno de Maduro ha habido un incremento de la militarización, quizá porque Maduro no viene del mundo militar, entonces para garantizar el apoyo de las Fuerzas Armadas tiene que incorporar a más integrantes de las Fuerzas Armadas y darles más privilegios. Se han creado empresas militares, actualmente la tercera parte de los ministros y la mitad de los gobernadores son militares, y están en lugares muy críticos de la gestión pública, donde ha habido mayores niveles de corrupción: la asignación de divisas, los puertos, la distribución de alimentos. El hecho de que estén en manos de militares hace más difícil que sean actividades transparentes, que la sociedad sepa qué es lo que está pasando.

–¿Qué sucedió con los procesos de participación social que promovieron los gobiernos bolivarianos?

-Hoy en Venezuela hay una desarticulación del tejido de la sociedad. Después de una experiencia extraordinariamente rica de organización social, de organización de base, de movimientos en relación a la salud, a las telecomunicaciones, a la tenencia de la tierra urbana, a la alfabetización, que involucró a millones de personas y generó una cultura de confianza, de solidaridad, de tener la capacidad de incidir sobre el propio futuro, uno suponía que en momentos de crisis habría capacidad colectiva de responder, y resulta que no. Por supuesto, hablo en términos muy gruesos, hay lugares donde hay mayor capacidad de autonomía y autogobierno. Pero en términos generales se puede decir que la reacción que se vive hoy es más en términos competitivos, individualistas. De todos modos, creo que quedó una reserva que en algún momento puede salir a flote.

–¿Por qué no pudo mantenerse esa corriente de participación y organización?

-El proceso estuvo atravesado desde el principio por una contradicción muy seria, que es la contradicción entre entender la organización de base como procesos de autogestión y de autonomía, de construcción de tejido social de abajo hacia arriba, y el hecho de que la mayor parte de estas organizaciones fueron producto de políticas públicas, de promoción desde arriba, desde el Estado. Y esa contradicción se jugó de manera diferente en cada experiencia. Donde había experiencia organizativa previa, donde había dirigentes comunales, había una capacidad de confrontar al Estado; no para rechazarlo, sino para negociar. Además, a partir de 2005 hay una transición del proceso bolivariano desde algo muy abierto, desde un proceso de búsqueda de un modelo de sociedad diferente al soviético y al capitalismo liberal, a tomar ya la decisión de que el modelo es socialista, y a una interpretación del socialismo como estatismo. Hubo mucha influencia político-ideológica cubana en esta conversión. Entonces estas organizaciones ya empiezan a ser pensadas en términos de instrumentos dirigidos desde arriba, y empieza a consolidarse una cultura estalinista en relación a la organización popular. Y eso le ha dado obviamente mucha precariedad.

–¿Cómo es la situación de la democracia en términos liberales?

-Obviamente es mucho más grave [durante el gobierno de Maduro], y es más grave porque es un gobierno que ha perdido muchísima legitimidad y que tiene niveles crecientes de rechazo por parte de la población. Y la oposición ha avanzado significativamente. El gobierno tenía hegemonía de todos los poderes públicos hasta que perdió aparatosamente las elecciones (parlamentarias) en diciembre de 2015. Y a partir de allí empezó a responder en términos crecientemente autoritarios. En primer lugar, desconoció la Asamblea, primero desconociendo los resultados de un Estado que le quitaba la mayoría calificada a la oposición en la Asamblea, con razones absolutamente tiradas de los cabellos. Posteriormente, ha habido un franco desconocimiento de la Asamblea como tal, que desde el punto de vista del gobierno no existe, es ilegítima. Y es tan así que hace unos meses era necesario renovar los integrantes del Consejo Nacional Electoral [CNE], y entonces la Corte desconoció a la Asamblea y nombró a los integrantes del CNE, que por supuesto son todos chavistas. Maduro tenía que presentar a comienzos de año una memoria de gestión del año anterior, y como no reconocen a la Asamblea, la memoria se presentó ante la Corte. Lo mismo sucedió con el presupuesto. Teníamos un referéndum revocatorio para el cual se habían cumplido todos los pasos. Debía hacerse en noviembre del año pasado y el CNE resolvió posponerlo, y eso significó matarlo: simplemente ahora no hay referéndum revocatorio. Era constitucionalmente obligatoria la elección de gobernadores en diciembre del año pasado, y simplemente la pospusieron indefinidamente. Entonces estamos en una situación en la que hay una concentración total de poder en el Ejecutivo, no hay Asamblea legislativa, Maduro tiene ya más de un año gobernando por decreto de emergencia autorrenovado, cuando debe ser ratificado por la Asamblea. Estamos muy lejos de algo que pueda llamarse práctica democrática. En ese contexto, la respuestas que se dan son cada vez más violentas, de los medios y de la oposición, y la reacción del gobierno, ya incapacitado de hacer otra cosa, es la represión de las manifestaciones, los presos políticos. Se utilizan todos los instrumentos del poder en función de preservarse en el poder.

–¿Qué consecuencias tiene esta situación a largo plazo?

-Yo diría que hay tres cosas que son extraordinariamente preocupantes de las consecuencias de todo esto a mediano y largo plazo. En primer lugar, hay una destrucción del tejido productivo de la sociedad y va a tomar muchísimo tiempo recuperarlo. Recientemente hubo un decreto presidencial de apertura de 112.000 kilómetros cuadrados a la minería transnacional a gran escala en un territorio donde están los hábitats de diez pueblos indígenas, donde están las mayores fuentes de agua del país, en la selva amazónica. En segundo lugar está el tema de cómo la profundidad de esta crisis está desintegrando el tejido de la sociedad, y hoy como sociedad se está peor de lo que se estuvo antes del gobierno de Chávez; esto es algo muy duro de decir, pero efectivamente es lo que se vive en el país. En tercer lugar, cómo se han revertido las condiciones de vida en términos de salud y de alimentación. El gobierno dejó de publicar estadísticas oficiales y hay que confiar en estadísticas de las cámaras empresariales y de algunas universidades, pero estas indican que hay una pérdida sistemática de peso de la población venezolana, algunos cálculos dicen que es de seis kilos por persona. Y eso, por supuesto, tiene consecuencias en desnutrición infantil y tiene efectos a largo plazo. Por último, esto tiene extraordinarias consecuencias en relación a la posibilidad de cualquier imaginario de cambio. La noción de socialismo, de alternativas, está descartada en Venezuela. Se ha instalado la noción de que lo público es necesariamente ineficiente y corrupto. Es un fracaso.

–¿Cómo ves las reacciones de los partidos de izquierda a nivel global, y especialmente en América Latina, respecto de Venezuela?

-Creo que uno de los problemas que ha arrastrado históricamente la izquierda es la extraordinaria dificultad que hemos tenido como izquierda de aprender de la experiencia. Para aprender de la experiencia es absolutamente necesario reflexionar críticamente sobre qué pasa y por qué pasa. Por supuesto, sabemos toda la historia de lo que fue la complicidad de los partidos comunistas del mundo con los horrores del estalinismo, y no por falta de información. No fue que se enteraron después de los crímenes de  Stalin, sino que hubo una complicidad que tiene que ver con ese criterio de que como uno es antiimperialista y es un enfrentamiento contra el imperio, vamos a hacernos los locos con que se mató tanta gente, vamos a no hablar de eso. Creo que esa forma de entender la solidaridad como solidaridad incondicional, porque hay un discurso de izquierda o porque haya posturas antiimperialistas, o porque geopolíticamente se expresen contradicciones con los sectores dominantes en el sistema global, lleva a no indagar críticamente sobre cuáles son los procesos que están ocurriendo. Entonces se genera una solidaridad ciega, no crítica, que no solamente tiene la consecuencia de que yo no fui a criticar lo otro, sino que tiene la consecuencia de que activamente se está celebrando muchas de las cosas que terminan siendo extraordinariamente negativas. El llamado hiperliderazgo de Chávez era algo que estaba allí desde el principio. O el modelo productivo extractivista. Lo que hoy conoce la izquierda en su propia cultura sobre las consecuencias de eso estaba ahí. Entonces, ¿cómo no abrir un debate sobre esas cosas, de manera de pensar críticamente y aportar propuestas? No que la izquierda europea venga a decirles a los venezolanos cómo tienen que dirigir la revolución, pero tampoco esta celebración acrítica, justificativa de cualquier cosa. Entonces, los presos políticos no son presos políticos, el deterioro de la economía es producto de la guerra económica y de la acción de la derecha internacional. Eso es cierto, está ahí, pero obviamente no es suficiente para explicar la profundidad de la crisis que estamos viviendo. La izquierda latinoamericana tiene una responsabilidad histórica en relación, por ejemplo, a la situación de Cuba hoy, porque durante muchos años asumió que mientras estuviese el bloqueo de Cuba no se podía criticar a Cuba, pero no criticar a Cuba quería decir no tener la posibilidad de reflexionar críticamente sobre cuál es el proceso que está viviendo la sociedad cubana y cuáles son las posibilidades de diálogo con la sociedad cubana en términos de opciones de salida. Para una gran proporción de la población cubana, el hecho de que se estaba en una especie de callejón sin salida era bastante obvio a nivel individual, pero el gobierno cubano no permitía expresar eso y la izquierda latinoamericana se desentendió, no aportó nada, sino simplemente solidaridad incondicional. El caso más extremo es pretender que el gobierno de Nicaragua es un gobierno revolucionario y parte de los aliados, cuando es un gobierno de mafias, absolutamente corrupto, que desde el punto de vista de los derechos de las mujeres es de los regímenes más opresivos que existen en América Latina, en una alianza total con sectores corruptos de la burguesía, con el alto mando de la iglesia católica, que antes era uno de los grandes enemigos de la revolución nicaragüense. ¿Qué pasa con eso? Que se refuerzan tendencias negativas que hubiera sido posible visibilizar. Pero además, no aprendemos. Si entendemos la lucha por la transformación anticapitalista no como una lucha que pasa allá y vamos a ser solidarios con lo que ellos hacen, sino como una lucha de todos, entonces lo que tú haces mal allá nos está afectando a nosotros también, y también tengo responsabilidad de señalarlo y de aprender de esa experiencia para no repetir lo mismo. Pero no tenemos capacidad de aprender, porque de repente, cuando termine de colapsar el modelo venezolano, vamos a mirar para otra parte. Y eso, como solidaridad, como internacionalismo, como responsabilidad político-intelectual, es desastroso.

–¿Por qué la izquierda adopta estas actitudes?

-Tiene que ver, en parte, con que no hemos terminado de descargar al pensamiento de izquierda de unas concepciones demasiado unidimensionales de qué es lo que está en juego. Si lo que está en juego es el contenido de clase y el antiimperialismo, juzgamos de una manera. Pero si pensamos que la transformación hoy pasa por eso, pero también por una perspectiva crítica feminista, por otras formas de relación con la naturaleza, por pensar que el tema de la democracia no es descartar la democracia burguesa, sino profundizar la democracia; si pensamos que la transformación es multidimensional porque la dominación también es multidimensional, ¿por qué este apoyo acrítico a los gobiernos de izquierda coloca los derechos de los pueblos indígenas en un segundo plano, coloca la devastación ambiental en un segundo plano, coloca la reproducción del patriarcado en un segundo plano? Entonces termina juzgando desde una historia muy monolítica de lo que se supone que es la transformación anticapitalista, que no da cuenta del mundo actual. Y obviamente, ¿de qué nos sirve liberarnos del imperialismo yanqui si establecemos una relación idéntica con China? Hay un problema político, teórico e ideológico, y quizá generacional, de personas para las que esta era su última apuesta por lograr una sociedad alternativa, y se resisten a aceptar que fracasó.

Debate global

Edgardo Lander participó la semana pasada, junto a otros activistas, académicos y medios de izquierda a nivel global, en una conferencia en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, denominada “La crisis de la política y la política de la crisis”, organizada por el Transnational Institute de Holanda y el Centro para el Desarrollo y la Información Alternativa de Sudáfrica. Allí se conversó sobre diagnósticos y alternativas de la izquierda a nivel mundial en la nueva coyuntura global, y se abordó, entre otros temas, el del rol del Estado, el rol de “los comunes”, la base social de la izquierda, los feminismos, la participación, el extractivismo, el sistema financiero. En la conferencia, que duró tres días, estuvo presente el ex director nacional de Industria durante el gobierno de José Mujica, Sebastián Torres. Luego de un balance positivo de los gobiernos del Frente Amplio, Torres enumeró algunas lecciones a aprender del proceso. Una de ellas es que “pensamos que éramos superiores moralmente porque veníamos de la izquierda”, y sólo “somos seres humanos, no tenemos superioridad moral, y podemos ser corruptos”. Otra lección fue que se pensó que había que hacer “un cambio estructural”, que “no queríamos el extractivismo”, pero cuando se llegó al gobierno “alguien tenía que pagar las cuentas”. “¿Y quién paga por la salud, por la educación pública, por las laptops [del Plan Ceibal]?”, preguntó. Cuestionó también la desconexión entre la militancia política y el activismo social. Una tercera lección, según Torres, es que se pensaba que la integración regional era clave, y sin embargo, en la época de gobiernos progresistas en la región hubo un proceso de fragmentación. “No nos integramos, nos llenamos de discursos sobre la integración regional”, sostuvo.

Claudio Katz: un balance gramsciano del ciclo progresista en Sudamérica

[En el marco de las Jornadas Gramsci y América Latina, organizadas en la ciudad de Buenos Aires a fines de abril por el Seminario “Teoría y praxis política en el pensamiento de Gramsci” y el Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (IEALC/UBA), se entrevistó a Claudio Katz, uno de los conferencistas del encuentro, quien destacó que uno de los principales legados de Gramsci para la región es”la necesidad de forjar identidades políticas propias de la izquierda, con nítidos perfiles anticapitalistas”]

¿Cuál es el significado de estas jornadas en la actual coyuntura latinoamericana?

Nos permite evaluar la situación de la región a la luz de algunos conceptos de Gramsci. No cabe duda que el principal dato del momento es la restauración conservadora que presenta tres modalidades. Primero los gobiernos derechistas continuados, que en países como México, Perú o Colombia llevan muchos años aplicando políticas neoliberales de expansión del desempleo, la precarización y la desigualdad.

Segundo los nuevos mandatarios derechistas que lograron cortar el ciclo progresista con sus victorias electorales. Es el caso de Macri que implementa un proyecto reaccionario sin las mediaciones tradicionales. Encabeza la gestión estatal de una Ceocracia embarcada en la demolición de conquistas populares.

Finalmente, en otros países la derecha accedió al gobierno por medio de golpes institucionales. Una banda mixta de parlamentarios corruptos, jueces y dueños de de los medios de comunicación consumaron en Brasil, la misma asonada que en pasado perpetraban los militares. A toda velocidad recortan planes sociales, flexibilizan el empleo y desfinancian las jubilaciones.

Esta modalidad golpista se inició en Honduras en el 2009 y continuó en Paraguay en el 2014. Sigue un modelo de imponer el cambio por la fuerza para convalidarlo luego en los comicios. Introduce además todas las manipulaciones imperantes desde hace décadas, en el sistema político mexicano.

¿Pero qué implicancias tiene ese proceso desde una mirada gramsciana?

Supone un mayor peso de las formas coercitivas de dominación, en comparación a las modalidades persuasivas de hegemonía que utiliza la clase dominante.

En algunos regímenes derechistas simplemente persiste el autoritarismo y el terror. Más de un centenar de luchadores ambientalistas han sido ultimados junto a Berta en Honduras. También supera el centenar el número reciente de militantes sociales asesinados en Colombia y en nueve años se contabilizan 253 muertos en Perú por represión a las protestas.

En México persiste la impunidad. En lugar de esclarecer los crímenes de Ayotzinapa, el gobierno respondió con ocho nuevos muertos a las manifestaciones de los docentes. Con estos modelos en mente Macri tantea acciones represivas apaleando maestros, desalojando piqueteros y adiestrando gendarmes para actuar en las calles. Temer trabaja en la misma dirección.

¿Es factible ese curso represivo en un contexto económico tan adverso?

Lo intentan. La prosperidad de la década pasada quedó atrás y desde el 2012 impera un ciclo recesivo. Brasil padeció en los últimos dos años el peor retroceso económico desde la crisis del 30. Los precios de las materias primas oscilan entre nuevas caídas y leves recuperaciones, sin recuperar el elevado promedio de la década anterior. Las remesas y la inversión externa retroceden y el previsible repunte de la tasa de interés estadounidense disuade la llegada de capitales.

Además, al cabo de un intenso proceso de expansión del agro-negocio retrocede la industria local y crece el desempleo. Como los gobiernos derechistas retoman la ortodoxia neoliberal se agrava la pobreza, la desigualdad y la precarización. Ahora buscan acuerdos de libre-comercio con la Unión Europea y aceptan la agenda china de invasión importadora y saqueo de los recursos naturales. También reactivan las privatizaciones inconclusas o fracasadas de los años 90 e implementan un brutal recorte de los derechos populares, con mayor flexibilización laboral y contra-reformas en el sistema de jubilaciones.

Esa cirugía agrava el escenario social y ahonda la división por arriba. En la nueva reorganización neoliberal se afianza el capital financiero, despuntan problemas en las actividades primarias y la industria se desmorona.

En términos de Gramsci se podría afirmar que la reestructuración por arriba potencia las divisiones en las elites y obstruye la conformación de un bloque estabilizado de las clases dominantes.

¿Por eso pierden legitimidad los gobiernos derechistas?

Es otro rasgo compartido por regímenes signados por un alto grado de corrupción. En la república de delincuentes que impera en Brasil se acrecienta el número de ministros y congresistas involucrados en malversaciones de fondos. Macri es un presidente off shore, al frente de una cleptocracia de millonarios que se enriquece endeudando al Estado. El sistema de coimas organizadas que destapó el caso de Odebrecht ensucia a varios presidentes y ministros de Perú, Colombia y Panamá.

Como la restauración conservadora combina fragilidad económica con ilegitimidad política se afianza un escenario de gran turbulencia. Pero si recordamos las distinciones que establecía Gramsci entre distintos tipos de crisis (corto y largo plazo, dominación, dirección), convendría precisar que el contexto actual es de enorme inestabilidad pero no de crisis orgánicas. No se observa aún el tipo de colapso que conocimos a principio del milenio en Argentina, Bolivia o Ecuador.

Me parece que el dato de la ilegitimidad es clave. Ya no rige el marco de los años 80, cuando Gramsci era leído para explicar la novedad de los sistemas constitucionales pos-dictatoriales. Las discusiones sobre esa forma de dominación de la burguesía han quedado atrás. Las elecciones son habituales y las expectativas en los políticos, el parlamento o las instituciones han decaído al mismo nivel que el resto del mundo.

Sin embargo mencionaste en el panel que la movilización callejera de la derecha es un nuevo y preocupante dato

Si efectivamente las derechas han comenzado a reinventarse en las calles, con el padrinazgo de los medios de comunicación y un sofisticado manejo de las redes sociales. Construyen su propio imaginario político combinando ideas liberales y antiliberales. Por un lado enaltecen el individualismo y la consiguiente fantasía de actuar por decisión propia sin ningún condicionante. Por otra parte retoman el discurso de hostilidad a la política por la impotencia de esa actividad para resolver el flagelo de la inseguridad o la corrupción.

Los vimos en la marcha del 1 de abril en Argentina. Ponderan la “plaza republicana” y desprecian la “plaza populista”. Despliegan un gran revanchismo y un desenfrenado odio de clase. En un clima de 1955 retoman los mitos del gorilismo tradicional, descalificando a los morochos “arreados” a las marchas por un simple choripán.

Pero a diferencia de los cacerolazos de los últimos años, los derechistas ya no gritan sólo contra Venezuela y Cuba. Ahora insultan a los docentes y exigen represión de los piquetes o prohibición de las huelgas. Repiten un libreto acorde al giro conservador de los intelectuales mediáticos decepcionados con el progresismo que han copado la pantalla.

Un proceso semejante se observó en Brasil en los manifestantes que el año pasado determinaron la caída de Dilma. Ese beligerante grupo social desplegó la bandera de la anti-política y opera como sostén de la cirugía conservadora que motoriza el Juez Moro.

El mismo sentido reaccionario tiene el movimiento de Uribe, que logró el triunfo del No en el plebiscito de Colombia o las fuerzas callejeras, que desde el 2015 gestaron la candidatura de Lasso en Ecuador. La diabolización del chavismo es el guión común de esas campañas reaccionarias.

La presencia callejera de la derecha recién despunta y afronta muchas limitaciones. Se sostiene exclusivamente en las clases medias y altas. En pocos casos logran superar en número a las marchas rivales de la izquierda o el progresismo. Pero configura el dato más peligroso del momento. Si se afianza podría aportar un sostén más consistente a la restauración conservadora.

¿Como el fascismo en la época de Gramsci?

Sólo en cierta medida y primero tienen que ganar. Pero tu analogía nos advierte sobre los casos más extremos. Por ejemplo en Venezuela, el sanguinario elemento pinochetista está muy presente en todo el conglomerado antichavista.

En cualquier caso me parece que las teorías del revolucionario italiano nos permiten entender el enorme peso de la ideología conservadora, en la irrupción callejera de la derecha. Esas creencias reaccionarias retoman el modelo de temor al comunismo que se forjó durante la guerra fría, pero con una inédita incidencia de los medios de comunicación.

Cuando en los 80 las teorías de Gramsci recobraron influencia se debatía intensamente cuál era el canal de transmisión predominante de la ideología burguesa: las ilusiones en el sistema constitucional, la mercantilización de la sociedad o la radio y la televisión. Una respuesta actual sin duda enfatizaría la primacía de los medios.

En tu exposición también subrayaste la centralidad de la resistencia popular. ¿Cuál es la gravitación de esa lucha?

Enorme y decisiva. Hay una batalla social en curso en toda la región con movilizaciones gigantescas en Argentina. En marzo pasado hubo un millón de personas en las manifestaciones de los sindicatos y el paro general tuvo un nivel de efectividad que corroboró la gran capacidad de acción de la clase trabadora.

Lo mismo comienza a observarse en Brasil. Este año no sólo los movimientos sociales sustituyeron a la derecha en la ocupación de las calles. Se realizó la primera huelga general en décadas con un gran acatamiento. En México el gasolinazo marcó un punto de giro, luego de las intensas luchas de los maestros y las víctimas de Ayotzinapa. En Chile la batalla contra los Fondos de Pensión congrega multitudes y en Colombia se acrecientan las protestas de los movimientos sociales.

Es necesario subrayar la gravitación de estas acciones por abajo, si queremos retomar el énfasis asignado por Gramsci a la voluntad y a la subjetividad en la transformación de la sociedad. Ese es el sentido de su filosofía de la praxis, en contraposición al fatalismo o la resignación.

Y también un aliento a la militancia…

Por supuesto. Hay nueva generación luchadores que resiste la restauración conservadora. Participaron activamente en la experiencia política de la década pasada, sin padecer las frustraciones y derrotas que afectaron a sus antecesores de los años 70.

Actúan en un marco también distinto al escenario de entre-guerra que vivió Gramsci. Pero hay ciertas batallas políticas en el contexto latinoamericano que actualizan los planteos del revolucionario italiano. Gramsci trabajó para unir el campo popular en un bloque histórico, forjando alianzas de la clase obrera con los campesinos. Esa misma política supone en la actualidad hermanar a los asalariados con los informales y la clase media.

La derecha sólo puede prevalecer imponiendo una desgarradora guerra de pobres contra pobres. Por eso alienta la hostilidad contra las huelgas. Coloca en toda la región muchas fichas, en la erosión de la solidaridad con los combativos movimientos de la docencia. Frente a situaciones de ese tipo Gramsci sugeriría actuar con radicalidad y audacia.

Pero en el plano político situaste el eje de la resistencia en la batalla de Venezuela. ¿Por qué razón?

Porque ahí se define el resultado de toda la etapa latinoamericana. No cabe la menor duda que hay un golpe reaccionario en marcha, que combina el sabotaje de la economía con la violencia callejera y las provocaciones diplomáticas. En un plazo más prolongado es lo mismo ocurrió con Salvador Allende.

El trasfondo obvio de esa agresión es el petróleo. Venezuela es la principal reserva continental de crudo y provee el 12 % del combustible importado por Estados Unidos. Para confiscarlo el Departamento de Estado promueve una situación de caos, tendiente a repetir lo operativos de Irak, Libia o Panamá. Saben queuna vez derrocado el gobierno ya nadie se acordara dónde queda Venezuela.

En ese operativo la hipocresía de los medios no tiene límite. Transmiten en cadena escenarios terminales con denuncias macabras del país, luego de silenciar el golpe de Brasil, Paraguay u Honduras. No le asignan ni cinco minutos a los crímenes en Colombia y México o al fraude electoral de Haití. Legitiman a los golpistas, ocultando que Leopoldo López estaría condenado a perpetua en Estados Unidos por su responsabilidad en las muertes de las guarimbas. Acusan al gobierno de cualquier tropelía, omitiendo que el grueso de los asesinatos afecta a militantes del chavismo.

La derecha ha provocado el desastre actual intentando tumbar una y otra vez al gobierno desde la Asamblea. Cuenta con la descarada complicidad de las clases dominantes de la región. Esos gobiernos se amoldan a Trump conspirando desde la OEA contra Venezuela.

En términos de Gramsci esta batalla presenta un doble significado. En el plano moral definirá un resultado de confianza o resignación en el movimiento popular. Si gana la derecha se creará un escenario de derrota y una sensación de impotencia frente al imperio.

En otro terreno Venezuela sintetiza una lucha antiimperialista, directamente conectada a los anhelos nacionales que subrayaba Gramsci. Es controvertible su interpretación de esa dimensión pero no la centralidad que le asignaba. Hoy Venezuela es la principal trinchera contra Trump. Su programa de avasallar la región empezando por el muro en México, transita por la confiscación del petróleo venezolano.

Igualmente señalarse críticas al gobierno bolivariano

Ciertamente y en varios planos, aunque en el marco de la gran decisión de Maduro de resistir. A diferencia de Dilma o Lugo no se entrega. Esa firmeza explica el odio de los poderosos de la región.

Pero hasta ahora el gobierno ha priorizado el enfrentamiento con la derecha en términos burocráticos de un poder del Estado contra otro. El Ejecutivo o Judicial versus el Legislativo. Reacciona por arriba y responde a un golpe de la Asamblea con una acción del Tribunal de Justicia. Apuntala más el sostén del ejército que el respaldo por abajo. Por eso en la durísima confrontación del último año no apeló al poder comunal y en ausencia de ese basamento el pueblo tomará distancia.

Lo más grave es la tolerancia de la corrupción y sobre todo de la fuga de capitales. No expropian a los empresarios que provocan el colapso de la economía con manipulaciones de las divisas y los bienes importados.

Pero estamos en medio de la batalla y no está escrito el resultado final. Hubo una interesante reactivación de los mecanismos para paliar el desabastecimiento y se adoptó la excelente iniciativa de retirar al país de la OEA. La única forma de vencer a la derecha es transformar en hechos el discurso socialista. En las situaciones límites y frente al abismo el proyecto bolivariano puede renacer con un perfil más radical.

La aplicación de Gramsci a Venezuela implicaría hoy asumir decisiones revolucionarias. El líder comunista convocaba a adoptar esas decisiones sin ninguna vacilación. Por eso ponderó la acción de los bolcheviques como una “revolución contra El Capital”, en el sentido de procesos que vulneran todas las prescripciones previas. Subrayó la inexistencia de un curso predeterminado de la historia. Aplastar el sabotaje de los capitalistas con el poder comunal sería el equivalente a la acción de los soviets que reivindicaba Gramsci.

Hay otro tema que discutiste en las jornadas, al conectar el legado del pensador italiano con los debates sobre el ciclo progresista

Si efectivamente es un problema clave. Yo creo que el ciclo progresista en Sudamérica fue un resultado de rebeliones populares que tumbaron gobiernos neoliberales, modificaron las relaciones de fuerza, evitaron los brutales ajustes aplicados en otras regiones y permitieron mejoras sociales o conquistas democráticas.

Pero no fue un periodo pos-liberal. Las transformaciones no tuvieron la solidez requerida para dejar atrás el neoliberalismo. No se alteró la estructura primarizada de las economías y se mantuvieron los privilegios de los grupos dominantes. La restauración conservadora determina el declive de ese período, aunque la derrota de la derecha en Ecuador indica una indefinición. La disputa final se define en Venezuela.

Cualquiera sea el diagnóstico es indiscutible el retroceso del ciclo progresista. Especialmente en Brasil y Argentina ese declive obedece a las inconsistencias económicas de un modelo neo-desarrollista, que renunció a implementar las transformaciones básicas para superar la dependencia de las exportaciones primarias. En el terreno político mantuvieron el viejo sistema de alianzas y corrupción de los grupos dominantes y cuando aparecieron las protestas sociales se asustaron y facilitaron la demagogia de la derecha. Sufrieron el desgaste que sobreviene a la ausencia de radicalización.

En tu presentación contrapusiste este balance con el expuesto por los teóricos del progresismo.

Si. Es un debate importante porque muchos de ellos se auto-definen como marxistas y gramscianos. Pero exponen un balance idílico de Kirchner o Lula, estimando que fueron gobiernos exitosos. A lo sumo destacan la existencia de errores en la connivencia con los bancos, las disputas con los medios de comunicación o la batalla cultural para aproximar a una clase media atada al consumismo.

Yo creo que esa lectura es superficial y elude reconocer que los gobiernos progresistas declinaron por su adaptación a la agenda de las clases dominantes. Esa mirada repite los mismos desaciertos que cometieron los gramscianos socialdemócratas de los 80, cuando presentaban al constitucionalismo burgués como un nuevo camino hacia la emancipación.

Al igual que en ese momento el gramscismo liberal considera indispensable acotar cualquier cambio a lo marcos del capitalismo. Se guían por el principio de impedir el desborde de ese sistema y olvidan que una política antiliberal consecuente exige transitar por senderos anticapitalistas. Ese estrecho vínculo entre Gramsci y Lenin es desconocido por los socialdemócratas.

La consecuencia política de esta postura es la promoción de una estrategia exclusivamente centrada en el retorno electoral a la presidencia en el 2018 y 2019. Ese objetivo tiene total prioridad frente a la resistencia social. Dan por seguro el fracaso de la derecha y suponen que todo puede recomenzar como si nada hubiera ocurrido. Recrean a futuro la misma fantasía de un capitalismo humanitario y redistributivo que propagaron en la última década.

Pero ese no es el único balance del ciclo progresista.

Ciertamente. Hay una interpretación opuesta que niega la existencia de ese proceso o supone que concluyó hace mucho tiempo. Considera que los gobiernos centroizquierdistas o radicales coincidieron con sus pares derechistas en la primarización extractivista y estima que finalmente adoptaron un perfil autoritario y populista.

Esta mirada considera que Lasso y Moreno expresaron en Ecuador dos vertientes complementarias del neoliberalismo y que en Venezuela la burguesía derechista confronta con sus pares chavistas.

Es una errónea simplificación de la realidad latinoamericana. La continuada dependencia de las exportaciones agro-mineras no equipara a gobiernos tan contrapuestos. La centralidad del petróleo, el gas o el litio no asemeja a Maduro, Evo Morales o Raúl Castro con Lula o Correa y menos aún con Peña Nieto o Macri. Es equivocado, además, impugnar a los gobiernos progresistas con los mismos razonamientos de vago republicanismo que utilizan los liberales.

¿Pero no sería acertado observar esos procesos con la óptica de la “revolución pasiva” que estudio Gramsci?

Es una idea interesante pero de dudosa aplicación a lo ocurrido en la última década. El contraste entre jacobinismo y bismarkismo no tiene correspondencia con lo sucedido en Sudamérica y es muy discutible la propia concreción de una modernización conservadora. Esta noción choca con la primacía del agro-negocio y la ausencia de transformaciones económicas significativas. El período estuvo signado además por importantes conquistas populares. Igualmente es un tema abierto y todo depende de la interpretación asignada a la noción de revolución pasiva.

Pero el mayor problema no radica en la aplicación de ese concepto gramsciano, sino en la mirada general de los teóricos autonomistas. Renuevan la estrategia de soslayar la batalla por el manejo del Estado. Retoman la idealización de los movimientos sociales y la fascinación con el ámbito defensivo de la territorialidad.

Me parece que la promoción de metas anticapitalistas debe ser complementada con la definición de políticas socialistas para alcanzarlas. Gramsci postulaba esa conexión y por eso compartía la prioridad asignada por Lenin a la transformación de la sociedad mediante la conquista del poder.

Pero la lectura de Gramsci ha servido para subrayar la complejidad de ese camino que es ignorada por muchas corrientes…

Sin duda. Esa omisión salta a la vista entre quiénes simplemente proclaman que todos los gobiernos de América Latina son indistintamente burgueses. Las consecuencias extremas de esta ceguera se han observado recientemente en Ecuador, entre las vertientes de izquierda que llamaron a votar a Lasso con argumentos insólitos.

Afirmaron que el banquero facilitaría un mayor respeto de la democracia o que sería más fácil desenvolver la lucha por mejoras populares. Hay que remontarse varias décadas para encontrar algún precedente de semejante miopía.

Yo creo que el mayor peligro actual de las posturas sectarias se verifica en Venezuela. Algunos hacen causa común con la derecha en la crítica a Maduro. Repiten las mismas acusaciones de los medios de comunicación hegemónicos o recurren a despistadas comparaciones con Gadafi y Hussein. No exponen sus cuestionamientos desde un terreno de lucha común contra el golpe.

Aquí conviene recordar el rechazo total de Gramsci a la teoría del social-fascismo, que en su época equiparaba a Hitler y Mussolini con los adversarios socialdemócratas. Al igual que Trotsky promovía estrategias de frente único contra la derecha, que son vitales en el contexto actual de Venezuela.

A escala regional es el momento de la solidaridad. Tal como ocurrió con Cuba durante el periodo especial hay que poner el hombro en las circunstancias más difíciles de acoso, demostrando que la izquierda se ubica en el campo opuesto de la reacción.

¿El trasfondo de los problemas que señalas no es la atadura al modelo revolucionario de 1917 que Gramsci comenzó a renovar?

Puede ser. Pero yo evitaría cualquier sugerencia de contraposición entre Lenin y Gramsci. Me parece que existe una complementariedad, derivada de la incorporación de temporalidades más largas a la vertiginosa experiencia soviética de doble poder. Hay complementariedad y no antagonismo entre la “guerra de posición” y la “guerra de maniobra”. Son momentos sucesivos de una misma estrategia

Los procesos de China, Vietnam o Cuba ya demostraron en condiciones bélicas la preeminencia de períodos revolucionarios prolongados. También los escenarios institucionales vigentes en las últimas décadas obligar a reconsiderar las temporalidades. Exigen replantear la tradición que concibe al gobierno de los trabajadores, la captura del estado y la transformación de la sociedad como procesos simultáneos. Actualmente son válidas las hipótesis de gobiernos populares, estados en disputa y grandes fracturas en la sociedad a lo largo un periodo significativo.

¿Cuál sería entonces el principal legado de Gramsci para la coyuntura latinoamericana actual?

No hay una sola faceta, pero quizás conviene resaltar lo más obvio: la necesidad de forjar identidades políticas propias de la izquierda, con nítidos perfiles anticapitalistas. Como ese cimiento supone la reivindicación abierta de nuestras tradiciones socialistas, antiimperialistas y revolucionarias, una actitud gramsciana actual se contrapone con la fascinación que despierta el Papa Francisco.

Resalto este dato porque Bergoglio fue elogiado primero como eventual sustituto de Chávez y ahora como una alternativa mundial progresista a Trump. Es asombrosa la falta de realismo de esta actitud, que confunde necesidades de supervivencia de los procesos radicales con expectativas favorables hacia la institución más reaccionaria del planeta.

¿Pero cuál es la conexión con Gramsci?

Su crítica frontal al Vaticano. Gramsci fue un militante comunista empeñado en revolucionar la conciencia de los oprimidos para que actuaran al servicio de sus propios intereses. En cambio la Iglesia recluta fieles y no quiere protagonistas. Rechaza a los militantes y disuade la lucha. Busca apaciguar o disciplinar a los rebeldes. Con ese propósito elaboró una doctrina social contra el ideal comunista.

La filosofía de la praxis apunta hacia la dirección opuesta de expandir la conciencia socialista. Actualmente ya no interesa tanto el ámbito elegido por los intelectuales orgánicos para enlazar la teoría con la práctica. Retomar a Gamsci implica priorizar la vigencia y primacía del proyecto socialista.

 

Entrevista a Frank Gaudichaud: Entre el reflujo de los progresismos y experiencias alternativas

¿El regreso revanchista de los neoliberales a los gobiernos de algunos países de América Latina pone en entredicho las experiencias liberadoras de los últimos años ?

La realidad es más compleja, nos dice Franck Gaudichaud.

¿En qué se han convertido en realidad los « intentos de alternativas liberadoras locales o nacionales en marcha » que evocas en una entrevista en este mismo medio ? /1

Más que un « final de ciclo » en América Latina, tema de numerosos debates actuales, asistimos al regreso de una coyuntura sociopolítica. Y más exactamente al reflujo de fuerzas progresistas o nacionales-populares en varios países claves, especialmente en Venezuela donde la oposición ya domina el Parlamento y donde hay una enorme crisis económica y política. Y en Brasil, con el golpe parlamentario que permitió la destitución de Dilma Roussef, país donde existe un auténtico descontento de las clases populares y medias frente al balance del Partido de los Trabajadores (PT) y todavía más frente al corrupto Gobierno conservador actual. Otro símbolo de esos reflujos en curso es Argentina con la llegada del neoliberal Mauricio Macri, el hombre de la patronal y las multinacionales, tras el fracaso electoral de Cristina Kirchner en las elecciones presidenciales. Podríamos seguir así –pero en una medida mucho menor- con la derrota de Evo Morales en Bolivia en el último referéndum, aunque Morales todavía es popular, está muy arriba en los sondeos y aparentemente en condiciones de volver a presentarse a pesar de todo. Finalmente hay numerosas tensiones y conflictos abiertos entre los movimientos sociales-medioambientales, sindicalistas o indígenas y el Gobierno de Correa en Ecuador.

Esos reflujos políticos y electorales relativos, de lo que en dos palabras se podría denominar “progresismos gubernamentales”, y de las nuevas fuerzas políticas hegemónicas en una decena de países sudamericanos desde 2002-2005 vienen acompañados de un balance crítico de la cuestión del extractivismo y la utilización de los recursos naturales, de las formas de desarrollo y producción, de las nuevas dependencias y reprimatización de las economías, un debate impulsado por ciertos sectores de los movimientos sociales e indígenas, así como por las corriente de la izquierda anticapitalista (que permanece muy minoritaria). Balance que en el plano de los avances sociales y de reconstrucción de un Estado social en esos diferentes países es claramente positivo comparado con el período neoliberal anterior, como lo señalan regularmente el sociólogo brasileño Emir Sader y diferentes intelectuales próximos a los ejecutivos progresistas.

Sin embargo, no basta con ver el nivel estatal e institucional, también hay que mirar la efervescencia popular que continúa “por abajo”, y abajo a la izquierda, en términos de autoorganización, de creación de espacios autogestionados, de empresas recuperadas, de comunidades indígenas que recuperan su territorio y se oponen a las multinacionales (como los shuars en Ecuador), de medios comunitarios en los barrios populares urbanos o rurales como Radio Villa Francia o Canal Señal 3 en Santiago de Chile) /2. En esta ebullición está también la construcción zapatista que remonta en México, ya que el avance de la idea de la candidatura de una mujer indígena a las próximas elecciones presidenciales, apoyada por un consejo indígena, es una excelente noticia (después de años de retiro en sus tierras de Chiapas). También están los consejos comunales y las organizaciones cooperativas rurales existentes en el marco del proceso bolivariano, algunos todavía activos. La idea de la construcción comunal permanece a pesar de la profunda descomposición actual. Y a pesar de los ataques constantes a las empresas recuperadas en Argentina se puede hablar de conquista a largo plazo en decenas de ellas. En el Cauca, en Colombia o en Cuba se llevan a cabo experiencias innovadoras de agroecología, etc.

Así pues, a pesar de un reflujo real “por arriba” y la vuelta revanchista de las derechas, a pesar de la violencia neoliberal e imperialista, y también militar, paramilitar y el narcotráfico (en México, en Colombia, en Centroamérica), hay un conjunto de experiencias que restablece el debate estratégico sobre cómo transformar el mundo y distribuir el poder, sobre la necesidad de combinar la construcción por abajo sin abandonar la transformación radical del Estado. Pero los límites del movimiento progresista de la década muestran la dificultad que eso significa.

¿Hay una traducción política de los movimientos populares en los poderes instituidos, en las estructuras estatales de los diferentes países ?

Vuelve el debate (intenso desde finales de los años 90) sobre “cambiar el mundo sin tomar el poder” (de Estado) o, al contrario, tener como objetivo la conquista del Gobierno y del Estado a través de las urnas para forjar una contrahegemonía frente al neoliberalismo en conjunto con los movimientos sociales. Globalmente se trata de una falsa dicotomía. En todo caso los términos del debate –de momento- ya no son como en los años 70, “vía armada” contra “transición institucional”. Vemos que la mayoría de los nuevos movimientos políticos de izquierda, y antiguos como el PT, tomaron nota, a veces antes incluso de la caída del Muro, del peso de las instituciones y de los momentos electorales para intentar construir un espacio político propio. Pero eso no impide que el dilema siga ahí: ¿Si se consigue el Gobierno se consigue realmente el poder? El poder económico, militar, mediático, de clase, finalmente, está en gran parte en otro lado. El Estado “profundo” es mucho más amplio que solamente el Gobierno, e incluso que el Parlamento, las instituciones representativas. El poder real a menudo es difícil de conquistar y mucho más difícil de transformar. De ahí la importancia de insistir en la autoorganización, la capacidad de construir a nivel local, regional, nacional, de las formas de poder popular constituyente, que puede transformarse finalmente en poder popular constituido. Sin embargo el control de los Estados por parte de la izquierda ha permitido los avances sociales más importantes de la década en países como Ecuador, Bolivia o Venezuela. Y aunque la cuestión de la relación entre la institución y lo instituido, entre movimientos y partidos, permanece esencial, aprender las lecciones de los grandes procesos revolucionarios latinoamericanos del siglo XX en México, El Salvador, Cuba, Chile, Nicaragua, etc., es igual de importante. ¿La ruptura en un momento dado con las viejas formas estatales de organización en las fuerzas armadas ? Esa es toda la dificultad de la transformación social que está en curso, por ejemplo en Bolivia. Esto también ha sido objeto de las discusiones de izquierda durante la reciente campaña presidencial en Ecuador entre Alianza País y otros sectores que señalan un balance muy crítico de la gestión de tecnocrática de Correa con respecto a la frontera minera, la deforestación, la extracción masiva de los recursos en beneficio de las multinacionales. Ahí tenemos una verdadera cuestión directamente vinculada a los modos de producción, de acumulación y de explotación de la naturaleza que continúan.

¿Cómo han evolucionado las relaciones entre los países latinoamericanos y los esfuerzos de consolidación de asociación regional ?

Las integraciones regionales, en efecto, también son esenciales. No se puede hacer un balance de los diferentes gobiernos progresistas sin tener en cuenta sus márgenes de maniobra reales a nivel continental y frente a las potencias imperiales (empezando por Estados Unidos). Un “pequeño país”, un país empobrecido por el saqueo neocolonial, como Bolivia, difícilmente puede salir solo del intercambio injusto, de la dominación oligárquica interna y de las desigualdades. Para crear alternativas hacen falta socios, las asociaciones interestatales y también un internacionalismo activo entre movimientos populares. La experiencia cubana recuerda que el aislamiento (y el bloqueo) aceleran las involuciones internas.

El sueño de Bolívar que Hugo Chávez puso en medio del escenario, es decir, una perspectiva de integración bolivariana antiimperialista, es una apuesta de acuciante actualidad. Y el reflujo de los progresismos está también vinculado a su ausencia. Sin embargo la evolución regional ha conocido avances muy considerables. Por ejemplo el proyecto de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA) era totalmente original cuando fue impulsado por Chávez, es decir, la posibilidad del “trueque” entre países, de complementariedad asimétrica : por ejemplo, recibir el petróleo de Venezuela en contra de algunos productos agrícolas cuando se es una pequeña isla como La Dominica o incluso Cuba (que aportó una gran riqueza a Venezuela: sus médicos). El proyecto es interesante, pero enseguida entró en crisis al mismo tiempo que la crisis del proceso bolivariano y además se enfrenta a otros obstáculos (entre ellos los intereses contradictorios de la potencia brasileña).

También hay que señalar avances políticos y diplomáticos muy notables, como la construcción a partir de 2009 de UNASUR, Unión de las Naciones del Sur. Por primera vez los 22 países sudamericanos se agrupan en una entidad diplomática, y también de gestión y de arreglo de los conflictos, sin la OEA (Organización de Estados Americanos) y por lo tanto sin Estados Unidos. Después, en 2010, llega la CELAC, la Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Caribeños, que plantea una América Latina sin los gigantes del Norte, un progreso que ha permitido la reintegración de Cuba en el concierto latinoamericano. Antes incluso del restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

¿Cuál es la naturaleza de las fuerzas de oposición en los gobiernos progresistas todavía vigentes o de las que derrocaron a Dilma en Brasil ?

El panorama es muy sombrío en ese terreno con el regreso de las derechas neoliberales y conservadoras y la emergencia de nuevas derechas que presentan un aspecto un poco diferente al de las viejas oligarquías. Es el caso, por ejemplo, de Macri en Argentina y su movimiento “Compromiso para el Cambio”, que ha usado y abusado del marketing político para darse un aspecto “moderno”. Pero esas derechas, nuevas o viejas, siguen siendo socialmente violentas, marcadas por el punto de vista de la clase social y defienden el proyecto de la burguesía globalizada, con una visión ultraconservadora y represiva de los movimientos sociales en el plano social.

En Brasil el impeachment contra Dilma Roussef es una victoria de los sectores más reaccionarios, el de las “4 B” (balas, biblias, bueyes y bancos), es decir, el sector del armamento y la seguridad, los evangelistas, los terratenientes y el sector financiero… También son los más corruptos, empezando por Temer, el presidente ilegítimo actual, ya que aunque incluso la dirección del PT también está muy impregnada de la cultura de la corrupción clientelista no llega al nivel de los que están actualmente a la cabeza del Estado brasileño. Recordemos que la situación actual es también el producto de alianzas contra natura entre el PT y esos sectores y que en la actualidad son los antiguos aliados del PT los que han cambiado de chaqueta y se han aliado con la derecha más reaccionaria.

En Venezuela, la mayoría de la Asamblea Nacional está en manos de la oposición, la MUD (Mesa de la Unidad Democrática), coalición heterogénea, más que un núcleo duro abiertamente neoliberal, con dos tendencias : un sector “insurreccional” (los que apoyaron el golpe de Estado de abril de 2002 y las guarimbas /3 de 2014, es decir, la violencia en la calle, con Leopoldo López como líder, actualmente encarcelado y calificado de “preso político” por la oposición), y otro grupo de partidos que busca más la vía institucional, estimando que después de ganar el Parlamento, la exigencia de referéndum revocatorio en curso desde hace más de un año podría desembocar en la destitución de Maduro por las urnas. Lo que por otra parte es muy probable, visto el estado ruinoso del país, la amplitud de la crisis económica y la actitud de los reaccionarios autoritarios del Gobierno que han hecho de todo para impedir, hasta ahora, que se celebre el referéndum.

En general, nos encontramos frente a esas derechas duras, apoyadas por Washington, cuya remontada permite una realineación de los astros en el sentido de Estados Unidos y los dos grandes países aliados, a saber, México y Colombia. Y ahora también Argentina y Brasil, que presionan sobre los gobiernos “no alineados” como Venezuela, Ecuador y Bolivia.

¿Se puede hablar de un regreso hacia el neoliberalismo ? ¿Y quedan todavía potenciales poderes populares para contrarrestarla ?

A finales de los años 90 hubo un período de grandes luchas populares contra la “larga noche neoliberal” y esos movimientos sociales excepcionales, en conjunto con la crisis de legitimidad de los partidos tradicionales, desembocaron en que una decena de países sudamericanos pasaran a la izquierda con una cierta diversidad –centro izquierda, izquierda nacional popular, social-liberal o antiimperialista- Se podrían añadir a esa lista Nicaragua, especialmente, y Honduras antes del golpe de Estado. En muchos casos los partidos tradicionales de los burgueses fueron marginados (ya fueran socialdemócratas, demócratas cristianos o conservadores) y se abrió una ventana de oportunidades a los movimientos sociales para reforzar a las fuerzas políticas que parecían más abiertas a los cambios, por ejemplo el PT en Brasil, e incluso para crear nuevas fuerzas, como Alianza País (Ecuador), el MAS boliviano (Movimiento al Socialismo) o el Movimiento V República en Venezuela alrededor de Hugo Chávez, etc.

Las victorias electorales en cadena de esas izquierdas gubernamentales permitieron en particular la creación de varios programas sociales condicionados (no universales) en Brasil, Venezuela, Ecuador, Bolivia e incluso Uruguay. La pobreza retrocedió como nunca en el decenio 2000-2010 al mismo tiempo que avanzaban las conquistas de derechos sociales, los salarios, la educación, etc. Durante una década el elevadísimo precio de las materias primas permitió una redistribución de las rentas de los recursos naturales satisfaciendo a unos y otros, al capital y al trabajo, combinada en algunos casos con una perceptiva claramente neo-desarrollista (como en Bolivia o Ecuador). Con el barril a más de 100 dólares se podía, por ejemplo, redistribuir una parte de las rentas petroleras o del gas hacia programas sociales destinados a los más pobres sin desestabilizar, ni atacar los intereses de las clases dominantes. Así, el Estado rentista “mágico” venezolano funcionó a toda máquina, pero esta vez con redistribución real hacia abajo. De esta forma las desigualdades retrocedieron efectivamente, pero la estructura social de clases se mantuvo. Sin embargo las viejas oligarquías blancas (y racistas), las clases dominantes, vivieron muy mal el surgimiento y la victoria de actores hasta entonces marginales : indígenas, sindicalistas, mujeres o predicadores de la teología de la liberación que llegaban al centro de la política y, al mismo tiempo, incluían con ellos –aunque siempre de manera subordinada- a una parte de las clases subalternas cada vez más politizadas.

¿Estamos ahora frente a un regreso a la “larga noche neoliberal” ?

Un regreso tal cual a los años 90, no… Se hicieron cambios profundos que permanecen. Por ejemplo el espacio progresista nacional-popular está todavía en numerosos países, bien en el Gobierno o como principal fuerza de oposición. Permanece en el Gobierno en Venezuela; en Ecuador con una muy probable victoria de Lenín Moreno, el sucesor de Correa /4; en Bolivia, donde Evo Morales a pesar del fracaso del referéndum tiene un apoyo electoral suficiente para pensar en la reelección. En otros países ese espacio progresista es la principal fuerza de oposición : el peronismo y el kichnerismo en Argentina; el PT hoy está muy debilitado, marcado por los casos de corrupción (Petrobras, Odebrecht), criticado por una parte de la izquierda y de la juventud, de la clase obrera, de los movimientos sociales por su balance. Pero permanece como fuerza institucional de oposición frente a la derecha.

Lo que hay que ver en primer lugar es la capacidad de los movimientos populares, de la izquierda anticapitalista (como el FIT en Argentina) o ecosocialista, de sacar balances críticos del momento progresista nacional-popular, así como de construir frentes unitarios para oponerse a las derechas duras, violentas y neoliberales y a la agenda actualizada de Washington, en los próximos años. Algunos intelectuales críticos, como Massimo Modenesi (México), Raul Zibechi (Uruguay) o Maristella Svampa (Argentina), muestran que el progresismo ha desarmado en parte la autonomía y la capacidad de reacción de los movimientos sociales, que se hallan apresados en redes clientelistas, a veces incluso en las esferas de integración en el aparato de Estado (en Argentina, por ejemplo). Otro problema es el papel del caudillismo o del “hiperpresidencialismo” en estos distintos procesos, cuando si bien el “liderazgo carismático” o el “populismo de izquierda” pueden significar una repolitización de sectores subalternos también obstruye y dificulta la auto-organización y formas de poder popular. Estas gramáticas de “revolución pasiva” (en clave gramsciana) han limitado las capacidades de resistencia “desde abajo”, e incluso significado diferentes escenarios de criminalización de la protesta popular, feminista e indígena (como en Ecuador o Brasil). Alberto Acosta en Ecuador hablar incluso de “restauración conservadora” a propósito del Correismo y Pablo Dávalos de “democracias disciplinarias” en el momento de calificar las experiencias postneoliberales progresistas latinoamericanas…

No obstante, en la nueva coyuntura actual, se anuncian grandes luchas. Así, en Argentina, el movimiento sindical de clase se está organizando frente a la máquina de guerra que es el Gobierno de Macri, que ha despedido a más de 100 000 personas y ataca a los derechos laborales. En Venezuela un fracaso de Maduro marcará el regreso de una derecha clasista y revanchista que quiere desbaratar los logros y las conquistas del chavismo popular en términos de organización, así como de derechos sociales. En Perú reina una derecha neoliberal abierta con grandes niveles de represión en especial de las luchas indígenas en torno al proyecto minero Conga. Si miramos lo que pasa en México desde hace años, con un embrutecimiento permanente de la sociedad y de las luchas populares, el futuro puede aparecer efectivamente sombrío. Pero siempre con destellos de esperanza, como lo demuestran las actuales movilizaciones masivas desde hace algunas semanas contra las medidas del Gobierno Federal de peña Nieto.

Tenemos por lo tanto grandes retos en un escenario muy complejo. Si hay arranque y capacidad de resistencia entonces ahora la cuestión es la de las alternativas. ¿Se va a intentar recomponer con el PT o el kichnerismo ? ¿O quizá analizar los resultados y reconstruir una izquierda anticapitalista ecosocial, con todos los sectores sociales y políticos independientes que estén dispuestos ?

¿Qué mundo y qué geopolítica ahora, en la era Trump, para América Latina ?

Creo que este es el problema del momento. Ya hemos visto la relación violenta, racista y xenófoba de Trump con los chicanos y el conjunto de los latinoamericanos, con los trabajadores sin papeles en Estados Unidos y la amenaza y el inicio de deportaciones masivas. Hay que recordar que Obama también deportó a cientos de miles de personas sin papeles y tampoco intentó acabar con la política imperial y belicista de Estados Unidos, ¡muy al contrario ! Pero con Trump el peligro es todavía mayor. El anuncio de ampliar el muro con México es un símbolo fuerte de su política de odio. Trump anuncia su voluntad, incluido cuestionar el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba, y podría amenazar el proceso de paz en Colombia.

Vemos en esto efectos contradictorios. Recordemos que si el movimiento zapatista surgió públicamente a principios de 1994 en México fue también para luchar contra el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (ALENA). Actualmente es Trump quien denuncia ese Acuerdo… Es una paradoja de la historia. El populismo reaccionario y proteccionista de Trump se opone también a determinados acuerdos multilaterales, incluso bilaterales, neoliberales. Así, el multimillonario republicano acaba de volver a cuestionar el gran Tratado Transpacífico (TPP) en el que países como Chile, Perú y México también están implicados. Michèle Bachelet anunció finalmente que Chile también se retira del Tratado puesto que Estados Unidos ya no participa. Por lo tanto no han sido los movimientos sociales los que han hecho fracasar ese Tratado, sino una fuerza reaccionaria hegemónica del Norte, Estados Unidos. Algunos analistas se alegran de esas consecuencias inesperadas de la elección de Trump. ¡Me parece que no hay que confundirse de aliados!, porque si Trump vuelve a cuestionar esos tratados es para defender todavía más los intereses egoístas de Estados Unidos, imponer otros acuerdos aún más duros y en ningún caso para abandonar la hegemonía de Washington en América Latina (sobre los recursos naturales, el agua dulce, las tierras raras, las tierras de cultivo, el petróleo venezolano, el cobre chileno, etc.), aunque de momento nada hace presagiar que la región forme parte de sus prioridades inmediatas. Pero si el balance geopolítico de Obama es bastante terrible, el que se anuncia puede serlo todavía más en términos de caos mundial.

Hay pues grandes luchas que llevar a cabo y también la necesidad de reorganizar la solidaridad internacionalista con América Latina y sus movimientos populares. Es lo que nosotros intentamos hacer aquí –modestamente- a través de la asociación Francia América Latina (http://www.franceameriquelatine.org/) y aprovecho la oportunidad para invitar a los y las lectore/as a apoyarnos y a unirse a nosotros/as.

http://www.cetri.be/America-Latina-entre-el-reflujo-de?lang=fr

Transcripción M. Kiintz y Nadia Prison.

– See more at: http://vientosur.info/spip.php?article12435#sthash.qsi1npfM.dpuf

 

(Fotografía: Alex Webb, Mexicanos arrestados al tratar de pasar a EEUU, San Isidro, California, 1979)

La revista digital de la Izquierda en Valparaíso