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Cómo el exoficial nazi Reinhard Gehlen erigió un Estado dentro de un Estado en la Alemania de la posguerra

por Wolfgang Weber  //

Más de 100 000 páginas de documentos relacionados con el antiguo director del Servicio Federal de Inteligencia de Alemania (BND; siglas en alemán), Reinhard Gehlen (1902-1979) han sido filtrados al diario Süddeutsche Zeitung(SZ). En su edición del primero de diciembre los reporteros del SZ, Uwe Ritzer y Willi Winkler, dedicaron cuatro páginas a una descripción general de los documentos. Seguir leyendo Cómo el exoficial nazi Reinhard Gehlen erigió un Estado dentro de un Estado en la Alemania de la posguerra

La monarquía universal

por Eduardo Galeano //

Ya se desmoronó la cortina de hierro, como si fuera de puré, y las dictaduras militares son una pesadilla que muchos países han dejado atrás. ¿Vivimos, pues, en un mundo democrático? ¿Inaugura este siglo XXI la era de la democracia sin fronteras? ¿Un luminoso panorama, con algunas pocas nubes negras que confirman la claridad del cielo? Seguir leyendo La monarquía universal

La descomunal huella de carbono de las poderosas corporaciones de la carne y los lácteos

por GRAIN

Tres compañías de producción de carne —JBS, Cargill y Tyson— emitieron más gases con efecto de invernadero el año pasado que toda Francia, y casi tanto como algunas de las mayores compañías petroleras, tales como Exxon, BP y Shell. Pocas compañías de carne y lácteos calculan o publican sus emisiones climáticas. Así que, por primera vez en la historia, hemos calculado las emisiones de las corporaciones relacionadas con la cria de animales utilizando la metodología más abarcadora creada hasta la fecha por la Organización de Naciones Unidas de la Agricultura y la Alimentación (FAO). Seguir leyendo La descomunal huella de carbono de las poderosas corporaciones de la carne y los lácteos

El partido de extrema derecha, Alternativa para Alemania, ingresa al parlamento

por Johannes Stern

La convocatoria del nuevo Bundestag (parlamento federal) marca un hito decisivo político en Alemania. Setenta y dos años después del final de la dictadura de Hitler, los nazis, extremistas, demagogos, racistas y xenófobos una vez más se sientan en el parlamento alemán. La primera sesión el 25 de octubre ya ha resaltado que la influencia política de la facción de la Alternativa para Alemania (AfD) se extiende más allá de su fuerza numérica. Bajo el marco de detener el influjo de refugiados y aumentar los poderes del Estado, ahora además establecen el tono del parlamento.

“La gente ha decidido. Ahora, comienza una nueva época”, amenazó Bernd Baumann, el líder parlamentario de la AfD, quien fue el primer portavoz del grupo de extrema derecha en dirigirse al Bundestag. “A partir de este momento, aquí se tratarán los problemas de manera diferente”, por ejemplo, “el euro, la toma de deudas gigantescas, las enormes cifras de inmigración, las fronteras abiertas y los crímenes cada vez más brutales en nuestras calles”.

Albrecht Glaser, un candidato de la AfD, no fue elegido como presidente del Bundestag en tres rondas electorales, pero esto no puede ocultar el hecho de que los antiguos partidos están dispuestos a trabajar estrechamente con la AfD. Significativamente, Glaser recibió 121 votos en la segunda ronda electoral, 31 votos más que miembros de la AfD en el Bundestag. El presidente honorario del Bundestag (el parlamentario más viejo por edad), Hermann Otto Solms (Partido Democrático Libre, FDP), le dio la bienvenida a Baumann como su “colega”.

En su discurso, Solms dijo que estaba abierto a llegar a un acuerdo con la AfD. “Como alguna vez dijo el presidente federal, Frank Walter Steinmeier, en su discurso sobre la unidad alemana: ‘La controversia, sí, pero ninguna irreconciliabilidad puede surgir en base a las diferencias’.” Solo podía “estar de acuerdo” con el ex ministro socialdemócrata (SDP) de Asuntos Exteriores. Alemania necesita “menos guerra ideológica de trincheras y más soluciones orientadas a los problemas”.

Este plan es apoyado por todos los partidos parlamentarios. Por ejemplo, el portavoz del Partido de Izquierda, Jan Korte, pidió “más discurso en este Bundestag” y “una señal para los que se han alejado”. ¡Por esto recibió aplausos de numerosos diputados del SPD y la AfD!

No hay duda de que el Partido de Izquierda también colaborará bien con el AfD en los comités parlamentarios. Sahra Wagenknecht, presidenta del grupo parlamentario del Partido de Izquierda, ya fue elogiada por Alexander Gauland, el nuevo presidente del parlamento de la AfD, por sus arrebatos contra los refugiados. En Grecia, Syriza, el partido hermano del Partido de Izquierda, está en una coalición con los conservadores derechistas Griegos Independientes (ANEL), los cuales están vinculados con la AfD a nivel europeo.

Para luchar contra estos eventos peligrosos y derechistas en Alemania y en Europa en su conjunto, se deben entender sus raíces políticas y sociales. Bajo condiciones de la crisis más profunda del capitalismo desde la década de 1930, la clase dominante ha promovido deliberadamente a las fuerzas neofascistas para impulsar su política de militarismo, aumentar los poderes del Estado y la devastación social contra la creciente oposición de la población.

En el caso de la AfD, queda claro de dónde desciende. No representa los intereses del “pueblo”, sino los de la clase dominante. La mayoría de sus más de 90 diputados parlamentarios han sido reclutados directamente del aparato estatal, especialmente del ejército, la judicatura y la policía, y / o anteriormente fueron miembros de un partido establecido. Por ejemplo, Baumann comenzó su carrera como asistente del editor multimillonario alemán Hubert Burda, según Wikipedia.

Los mismos partidos que son política e ideológicamente responsables por el surgimiento de la AfD ahora están usando su entrada al parlamento para formar un nuevo gobierno derechista. Significativamente, poco después del final de la primera sesión parlamentaria ocurrió una deportación masiva de alrededor de 50 refugiados a Afganistán. El hecho de que el ex ministro de Finanzas Wolfgang Schäuble (Unión Demócrata Cristiana, CDU) fuera elegido como el nuevo presidente del Bundestag por una gran mayoría dice mucho. Como ningún otro, Schäuble representa las políticas de austeridad dictadas por Bruselas y Berlín que han devastado a países enteros como Grecia y sumido a millones de personas en la pobreza.

La llamada coalición “Jamaica” (por los colores del partido) de los Demócratas Cristianos, los Verdes y el neoliberal FDP, la cual ha sido explorada oficialmente desde el martes, impulsaría los ataques contra la clase obrera y la militarización de Europa interna y externamente. En una entrevista programática en la edición actual del semanario de noticias Der Spiegel, el ex ministro de Relaciones Exteriores del Partido Verde, Joschka Fischer, declara, “Jamaica es una necesidad”. Frente a los “grandes problemas del siglo XXI” y los “cambios dramáticos que vemos a nivel mundial, incluyendo con Brexit y la elección de Donald Trump,” se requiere más liderazgo alemán.

“Los responsables entrarán en una situación en la cual deben liderar”, continúa Fischer. “Simplemente porque las condiciones actuales son lo que son”. La presión “de las realidades” se volverán “enormes”. Fischer no deja dudas de que quiere decir con esto: nuevas campañas militares alemanas y un aumento masivo de los poderes del Estado en el país. “Ya vivimos esto con rojiverde [el gobierno SPD-Partido Verde]. Ni siquiera estábamos en el poder cuando se tuvo que responder a la cuestión de la guerra en Kosovo”, dijo.

La entrevista de Fischer devela el giro a la derecha de un estrato social que había sido considerado como “izquierdista” desde el movimiento estudiantil de 1968. Basado en las teorías antimarxistas de la Escuela de Frankfurt y el postmodernismo, siempre rechazó una orientación hacia la clase obrera y se centró en cuestiones de identidad, el medio ambiente y, en la última instancia, el aumento de su propia riqueza personal. Bajo condiciones de extrema polarización social, sus representantes, como el antiguo luchador callejero Fischer, están listos para llegar a un acuerdo con la extrema derecha con la que lucharon en un período anterior. Aunque Fischer admite que la AfD se mantiene en la tradición de los nazis, él recomienda “una cierta ecuanimidad básica” al lidiar con ella.

Detrás de la “ecuanimidad básica” de Fischer hacia los nazis yace una política que no es menos reaccionaria que la de la AfD. “Yo prefiero a Macron y a Francia que a Kurz, Strache y Austria”, dijo cínicamente. Este elogio para el presidente francés significa el apoyo para el estado de emergencia permanente en Francia, con el cual Macron está reprimiendo la resistencia a sus reformas laborales, los ataques sociales masivos y las políticas de la Unión Europea.

Hace apenas unos días, en una contribución especial para Süddeutsche Zeitung, Fischer defendió la brutal represión de Cataluña por parte del gobierno derechista en Madrid. “Sería una locura histórica”, escribió Fischer, “si los Estados miembros de la Unión Europea ingresaran a una fase de secesión y desintegración en el siglo XXI, cuando con las nuevas potencias mundiales —China, India, EE. UU., etc.— el futuro común de los europeos requiere más cohesión e integración”.

La clase dominante no está preocupada por el aumento de la extrema derecha, sino por la creciente resistencia de la izquierda a sus grandes planes de poder militar y la desigualdad social. Esa es la razón por la cual el SPD tentativamente ha decidido entrar en la oposición y su líder, Martin Schulz, criticó hipócritamente al capitalismo en una entrevista con Die Zeit. El SPD, en estrecha cooperación con el Partido de Izquierda y los sindicatos, quiere obstaculizar el desarrollo de una genuina oposición izquierdista y marxista al nuevo gobierno derechista y a la AfD.

El brusco giro hacia la derecha de todos los partidos del establecimiento muestra que la lucha contra los espectros del pasado requiere una política revolucionaria. Junto con sus organizaciones hermanas en el Comité Internacional de la Cuarta Internacional, el Partido de Socialista por la Igualdad en Alemania lucha por un programa que combine la lucha contra la desigualdad social, el fascismo y la guerra con la lucha contra el capitalismo y por una sociedad socialista. Cien años después de la Revolución de Octubre en Rusia, una vez más la construcción de un partido socialista masivo que expropie la riqueza de la elite financiera y la utilice para terminar con la masiva desigualdad social es la única forma de prevenir una recaída al barbarismo.

Karl Liebknecht: ¿Qué quiere la Liga Espartaquista? – 1918

Lo que sobre todo es necesario en este momento es tener una idea clara de los objetivos de nuestra política. Tenemos necesidad de una comprensión muy exacta de la marcha de la revolución, darnos cuenta de lo que ha sucedido hasta aquí para ver en que consistirá nuestra tarea futura.

Hasta aquí, la revolución alemana no ha sido más que un intento de poner fin a la guerra y superar sus consecuencias. Por eso su primer acto fue concluir un armisticio con las potencias enemigas y apartar a los líderes del antiguo régimen. La tarea de todos los revolucionarios consiste ahora en reforzar y ampliar sus conquistas. Vemos que el armisticio que el gobierno actual negocia con las potencias adversarias es utilizado por estas para estrangular a Alemania. Esto es contrario a los objetivos del proletariado, puesto que tal trato no es compatible con el ideal de una paz digna y duradera.

El objetivo del proletariado alemán, como el del proletariado mundial, no es una paz provisional, basada en la violencia, sino una paz duradera, basada en el derecho. Esto no es lo que hace el gobierno actual, el cual, conforme a su naturaleza, se esfuerza únicamente en concluir con los gobiernos imperialistas de los países de la Entente una paz provisional. No quiere afectar a los fundamentos del capital.En tanto el capitalismo sobreviva -y esto lo saben todos los socialistas muy bien-, las guerras serán inevitables. ¿Cuáles son las causas de la guerra mundial? La dominación capitalista significa la explotación del proletariado y una ampliación creciente del capitalismo en el mercado mundial. Aquí se oponen violentamente las fuerzas capitalistas de los diferentes grupos nacionales, y el conflicto económico lleva inevitablemente al enfrentamiento de las fuerzas militares, a la guerra.

Ahora se nos quiere arrullar con la idea de la Sociedad de las Naciones, que debe conducir a una paz duradera entre los pueblos. Como socialistas, sabemos perfectamente que tal organismo no es sino una alianza que no puede disimular su carácter capitalista, que está dirigida contra el proletariado y es incapaz de garantizar una paz duradera.La concurrencia, que esta en la base de la sociedad capitalista, significa para nosotros, socialistas, un fratricidio; por el contrario, nosotros queremos una comunidad internacional de hombres. Unicamente el proletariado aspira a una paz durable; jamás el imperialismo de la Entente podrá dar esta paz al proletariado alemán. Este último la obtendrá de sus hermanos de Francia, de América, de Italia. Poner fin a la guerra mundial mediante una paz duradera y digna solo es posible gracias a la acción del proletariado internacional. Esto es lo que nos enseña nuestra doctrina socialista básica.

Ahora, después de la inmensa mortandad, se trata en verdad de crear una obra sólida. La humanidad entera ha sido lanzada al crisol ardiente de la guerra mundial. El proletariado tiene el martillo en su mano para forjar un mundo nuevo. No se trata solamente de la guerra y de los estragos que sufre el proletariado, sino del régimen capitalista mismo, que es la verdadera causa de la guerra. Suprimir el régimen capitalista es la única vía de salvación para el proletariado, la única que le permitirá escapar a su sombrío destino. ¿Cómo puede ser alcanzado este objetivo?. Para responder a esta pregunta, es necesario darse cuenta claramente de que únicamente el proletariado puede, por su propia acción, liberarse de la esclavitud. Se nos dice: la Asamblea Nacional es la vía que nos lleva a la libertad. Pero la Asamblea Nacional no es otra cosa que la democracia política formal, no la democracia que el socialismo siempre ha exigido. El carnet del voto no es la palanca que puede levantar y voltear al régimen capitalista. Sabemos que un gran número de países, por ejemplo, Francia, América, Suiza, poseen desde hace largo tiempo esta democracia formal. Pero en estas democracias reina igualmente el capital.Es evidente que en las elecciones a la Asamblea Nacional, la influencia del capital, su superioridad económica, se hará sentir en el más alto grado. Grandes masas de la población se situarán, bajo la presión de esta influencia, en contradicción con sus verdaderos intereses y darán sus votos a sus adversarios. Ya por esta razón la elección de una Asamblea Nacional no será jamás una victoria de la voluntad socialista. Es completamente falso creer que la democracia parlamentaria formal crea las condiciones propias para la realización del socialismo. Por el contrario, el socialismo realizado es la condición fundamental de la existencia de una verdadera democracia. El proletariado revolucionario alemán no puede esperar nada de la resurrección del antiguo Reichstag bajo la nueva forma de Asamblea Nacional, puesto que esta tendrá el mismo carácter que la vieja “boutique de bavardage” de la Koenigsplatz. Seguramente encontraremos allí a todos los señores ancianos que se esforzaban antes y durante la guerra en decidir de una forma tan fatal la suerte del pueblo alemán. Es igualmente probable que en esta Asamblea Nacional los partidos burgueses tengan la mayoría. Pero incluso aunque este no fuera el caso, incluso si la Asamblea Nacional tuviese una mayoría socialista que decidiese la socialización de la economía alemana, tal decisión parlamentaria quedaría como un simple pedazo de papel y se enfrentaría a una resistencia encarnizada de parte de los capitalistas.

No es con el Parlamento y con sus métodos como se puede realizar el socialismo; aquí el factor decisivo es la lucha revolucionaria del proletariado, ya que solo el podrá fundar una sociedad según sus deseos. La sociedad capitalista no es otra cosa que la dominación más o menos velada de la violencia. Esta sociedad tiende ahora a volver a la legalidad del “orden” precedente, a desacreditar y a anular la revolución que el proletariado ha hecho, a considerarla como una acción ilegal, una especie de malentendido histórico. Pero el proletariado no ha soportado en vano los mas pesados sacrificios durante la guerra; nosotros, los pioneros de la revolución, no nos dejaremos anular. Permaneceremos en nuestro puesto hasta que hayamos instaurado el reino del socialismo. El poder político del que el proletariado se apoderó el 9 de noviembre le ha sido ya arrebatado en parte, y se le ha arrancado, sobre todo, el poder de colocar en los puestos mas elevados de la administración a hombres de su confianza. Incluso el militarismo, contra la dominación del cual nos alzamos, vive todavía. Conocemos perfectamente las causas que han conducido a desalojar al proletariado de sus posiciones; sabemos que los consejos de soldados, al comienzo de la revolución, no comprendieron claramente su papel. Se han deslizado en sus filas numerosos calculadores astutos, revolucionarios de ocasión, cobardes que después del hundimiento del antiguo régimen, para salvar sus existencias amenazadas, se han unido nuevamente. En numerosos casos, los consejos de soldados han confiado a tales individuos puestos importantes, haciendo así de la zorra el guardián del gallinero.

Por otra parte, el gobierno actual ha restablecido el antiguo Gran Estado Mayor y ha entregado así el poder a los antiguos oficiales. Si ahora reina el caos por toda Alemania, la culpa no incumbe a la revolución, que se ha esforzado en suprimir el poder de las clases dirigentes, a las mismas clases dirigentes y el incendio de la guerra alumbrado por estas. “El orden y la tranquilidad deben reinar” nos grita la burguesía, y esta piensa que el proletariado debe capitular para que el orden y la tranquilidad se restablezcan; que debe entregarse el poder en manos de los que, bajo la mascara de la revolución, preparan ahora la contrarrevolución. Sin duda que un movimiento revolucionario no puede deslizarse sobre un parquet encerado; existen astillas y virutas en la lucha por una sociedad nueva, por una paz duradera. Al entregar a los generales el Alto Mando del ejército para proceder a la desmovilización, el gobierno ha hecho esta más difícil. Sin duda que la desmovilización seria mas ordenada si se hubiese confiado a la libre disciplina de los soldados. Por el contrario, los generales, armados con la autoridad del gobierno del pueblo, han intentado por todos los medios suscitar entre los soldados el odio hacia el gobierno. Por propia decisión, los generales han disuelto los consejos de soldados, prohibido desde los primeros días de la revolución la bandera roja y ha hecho quitar esta bandera de los edificios públicos. De esto es responsable el gobierno, que, para mantener el “orden” de la burguesía, ahoga a la revolución en sangre.

Osadamente se afirma que somos nosotros los que queremos el terror, la guerra civil, la efusión de sangre; osadamente se nos sugiere que renunciemos a nuestro trabajo revolucionario, a fin de que el orden de nuestros adversarios sea restablecido. No somos nosotros los que queremos la efusión de sangre, pero si es cierto que la reacción, en cuanto tenga la menor posibilidad, no dudará ni un instante en ahogar la revolución en sangre. Recordemos la crueldad y la infamia de la que es culpable la reacción, y no hace tanto tiempo aun. En Ucrania se ha entregado a un trabajo de verdugo; en Finlandia ha asesinado a millares de obreros. Esta es la labor sangrienta del imperialismo alemán, cuyos portavoces nos acusan hoy en la prensa calumniosa, a los socialistas, de querer el terror y la guerra civil.¡No! Nosotros queremos que la transformación de la sociedad y de la economía se produzcan en el orden. Si ha de haber desorden y guerra civil, la responsabilidad será únicamente de los que siempre han reforzado y ampliado su dominación y su provecho por las armas y quieren hoy poner al proletariado bajo su yugo. No es a la violencia y a la efusión de sangre a lo que llamamos al proletariado, sino a la acción revolucionaria enérgica, para poner en marcha la reconstrucción del mundo. Llamamos a las masas de soldados y de proletarios a trabajar vigorosamente para la formación de los consejos de soldados y obreros. Los llamamos a desarmar a las clases dirigentes y a armarse ellos mismos, para defender la revolución y asegurar la victoria del socialismo. Solamente así podremos asegurar la vida y el desarrollo de la revolución en interés de las clases oprimidas. El proletariado revolucionario no debe dudar un solo instante en apartar a los elementos burgueses de todas las posiciones políticas y sociales; debe tomar el mismo el poder en sus manos. Sin duda, tendremos necesidad, para conducir con éxito la socialización de la vida económica, de la colaboración de los intelectuales burgueses, de los especialistas, de los ingenieros, pero estos deben trabajar bajo el control del proletariado. De todas nuestras acuciantes tareas, ninguna ha sido emprendida por el gobierno actual. Por el contrario, el gobierno ha hecho todo lo posible por frenar la revolución. Y ahora nos enteramos que con la colaboración del gobierno se han formado en el campo consejos de campesinos, en esta capa de la población que siempre ha sido el adversario mas retrogrado y encarnizado del proletariado, en particular del proletariado rural.A todas estas maquinaciones, los revolucionarios deben oponerse enérgicamente; deben hacer uso de su poder y orientarse resueltamente en la vía del socialismo. El primer paso en este sentido consistiría en poner todos los depósitos de armas y toda la industria de armamentos bajo el control del proletariado. A continuación, las grandes empresas industriales y agrícolas deben ser transferidas a la colectividad. No cabe la menor duda de que esta transformación socialista de la producción, dado el grado de centralización de esta rama de la economía, puede ser realizada bastante rápidamente. Por otra parte, poseemos un sistema de cooperativas muy desarrollado, en el cual esta interesada igualmente y sobre todo la clase media. Esto también constituye un factor favorable para la construcción eficaz del socialismo. Sabemos perfectamente que esta socialización será un proceso de larga duración; no disimulamos las dificultades a las que nos enfrentamos en esta tarea, sobre todo la situación peligrosa en que nuestro pueblo se encuentra actualmente. Pero ¿quien puede creer seriamente que los hombres pueden elegir a su gusto el momento propicio para una revolución y para la realización del socialismo?. ¡La marcha de la historia no es esa precisamente! No se trata de decir: ni hoy ni mañana nos conviene la revo lución; será pasado mañana, cuando nuevamente tengamos pan y materias primas y nuestro modo de producción capitalista este en plena marcha, será entonces cuando estaremos dispuestos a discutir la construcción del socialismo. No, esta es una concepción falsa y ridícula de la naturaleza de la evolución histórica. No se puede elegir el momento propicio para una revolución ni transferir esta revolución a una fecha que nos convenga. Pues las revoluciones no son en el fondo otra cosa que grandes crisis sociales elementales, cuyo estallido y desarrollo no dependen de individuos aislados y que, pasando por encima de sus cabezas, se descargan como formidables tormentas. Ya Marx nos enseñó que la revolución social debe producirse en el curso de una crisis del capitalismo. Y bien, esta guerra es precisamente una crisis, por ello ha sonado la hora del socialismo. En la víspera de la revolución, en el curso de la famosa noche del viernes al sábado, los dirigentes de los partidos socialdemócratas dudaban de que la revolución era inminente; no querían creer que el fermento revolucionario en las masas de soldados y obreros había progresado hasta tal punto. Pero cuando percibieron que había comenzado la gran batalla acudieron todos; si no, habrían corrido el riesgo de ser desbordado por el movimiento. Ha llegado el momento decisivo. Estúpidos y débiles serán los que lo consideren inoportuno y lamenten que haya llegado precisamente ahora. Todo depende de nuestra resolución, de nuestra voluntad revolucionaria. La gran tarea para la que nos hemos preparado desde hace tanto tiempo exige ser cumplida ahora. ¡La revolución está ahí, debe ser desencadenada! No se trata de preguntarse quien, sino como. La cuestión esta planteada, y dado que la situación en que nos encontramos es difícil, no podemos decir que este no es el momento de hacer la revolución. Repito que no desconocemos las dificultades del momento. Ante todo, somos conscientes de que el pueblo alemán no tiene ninguna experiencia, ninguna tradición revolucionaria. Pero, por otra parte, la tarea de la socialización esta esencialmente facilitada al pueblo alemán por toda una serie de circunstancias. Los adversarios de nuestro programa nos objetan que, en una situación tan amenazante como es la de hoy, tan preocupados por el paro, por la escasez de artículos alimenticios y materias primas, es imposible emprender la socialización de la economía. Pero ¿acaso el gobierno de la clase capitalista, como consecuencia de una situación por lo menos tan peligrosa, no ha tornado medidas extremadamente enérgicas que han transformado por completo la producción y el consumo? Y todas estas medidas han sido tomadas para servir los fines guerreros, en interés de los militaristas y de las clases dirigentes, para permitirles subsistir.

Las medidas de economía de guerra no han podido ser aplicadas más que gracias a la autodisciplina del pueblo alemán; en su tiempo, esta autodisciplina estaba al servicio del genocidio y era contraria a los intereses del pueblo. Ahora debe servir a losintereses del pueblo y ser utilizada para transformaciones mucho mas profundas que jamás hayan sido conocidas. Al servicio del socialismo, esta autodisciplina creara la socialización. Precisamente son los social-patriotas los que han calificado estas medidas económicas de socialismo de guerra, y Scheidemann, celoso defensor de la dictadura militar, las defendió con entusiasmo. Pues bien, nosotros debemos considerar este socialismo de guerra como una transformación de nuestra vida económica, que preparará la vía de la realización de la verdadera socialización bajo el signo del socialismo. El socialismo es inevitable, y debe venir precisamente porque es necesario superar el desorden del que se lamentan tanto actualmente. Pero este desorden es insuperable en tanto continúen en sus posiciones las fuerzas económicas y políticas del capitalismo; ellas son las que han provocado el caos. Hubiese sido deber del gobierno intervenir y actuar rápida y enérgicamente. Pero este no ha hecho avanzar ni un paso a la socialización. ¿Qué ha hecho para resolver el problema del aprovisionamiento de la población? El gobierno ha dicho al pueblo: “Es necesario que seas prudente y que te conduzcas convenientemente, entonces Wilson te enviara alimentos”. Esto es lo que nos dice día tras día la burguesía, y la que no hace aun unos meses no encontraba palabras suficientemente injuriosas para cubrir de cieno al Presidente de los Estados Unidos, se entusiasma ahora con él y cae a sus pies llena de admiración -a fin de recibir de el alimentos-. Si, efectivamente, Wilson y sus amigos puede ser que nos ayuden, pero solamente en la medida en que esta ayuda corresponda a los intereses del capitalismo de la Entente. Ahora, todos los enemigos declarados o disimulados de la revolución proletaria se apresuran a glorificar a Wilson como un amigo del pueblo alemán; mas este Wilson humanitarista ha aprobado las crueles condiciones del armisticio impuestas por Folch y contribuido a aumentar hasta el infinito la miseria del pueblo. No, nosotros no creemos ni un solo instante, nosotros, socialistas revolucionarios, en las mentiras del humanitarismo de Wilson, el cual no hace ni puede hacer otra cosa que representar de forma inteligente los intereses del capitalismo de la Entente. ¿A quien sirven, en realidad, las mentiras de la burguesía y de los social-patriotas?. Sirven para persuadir al proletariado a que abandone el poder que ha conquistado por la revolución. Nosotros no caeremos en la trampa. Colocamos nuestra política sobre el suelo de granito del proletariado alemán, sobre el suelo de granito del socialismo internacional. No conviene ni a la dignidad ni a la tarea revolucionaria del proletariado que nosotros, que hemos comenzado la revolución social, confiemos en la benevolencia del capital de la Entente; nosotros contamos con la solidaridad revolucionaria y la combatividad de los proletarios de Francia, de Inglaterra, de Italia y de América. Los pusilánimes y los incrédulos desprovistos de todo espíritu socialista nos dicen que somos locos al esperar que estalle una revolución en los países vencedores en la guerra. ¿Qué es lo cierto?. Claro está que sería estúpido pensar que en un instante, a una orden, la revolución va a estallar en los países de la Entente. La revolución mundial, nuestro objetivo y nuestra esperanza, es un proceso histórico bien complejo para que estalle golpe a golpe en unos días o en unas semanas. Los socialistas rusos han previsto la revolución alemana como consecuencia necesaria de la revolución rusa, pero un año después de que esta revolución estallara todo esta en calma en Alemania, hasta que al fin suene la hora. Es comprensible que en estos momentos reine en los pueblos de la Entente una cierta embriaguez de triunfo. La alegría producida por el aplastamiento del militarismo alemán, por la liberación de Francia y Bélgica es tan grande que no debemos esperar, por el momento, un eco revolucionario por parte de la clase obrera de nuestros antiguos enemigos. Por otra parte, la censura existente todavía en los países de la Entente impondrá brutalmente silencio a quien llamara a unirse al proletariado revolucionario.

Igualmente es necesario no olvidar que la política de traición criminal de los social-patriotas ha tenido por resultado romper durante la guerra los lazos internacionales del proletariado. De hecho, ¿qué revolución esperamos nosotros de los socialistas franceses, ingleses, italianos y americanos?. ¿Qué objetivo y qué carácter debe tener esta revolución?. La del 9 de noviembre se impuso como tarea, en su primer estadio, el establecimiento de una república democrática y tenía un programa burgués. Nosotros sabemos muy bien que esta revolución no ha ido más lejos: ha llegado al estadio actual de su desarrollo. Pero no es una revolución de este género la que esperamos del proletariado de los países de la Entente, por la siguiente razón: Francia, Inglaterra, América e Italia gozan, desde largo tiempo, desde decenios e incluso siglos, de estas libertades democráticas por las que nos hemos batido nosotros el 9 de noviembre. Estos países tienen una Constitución republicana, precisamente la que la Asamblea Nacional tan ensalzada debe, en primer termino, concedernos, pues la realeza en Inglaterra e Italia no es mas que un decorado sin importancia, una simple fachada. Así, nosotros no podemos pedir al proletariado de otros países que desencadenen la revolución social en tanto que nosotros no la hayamos desencadenado. Corresponde a noso­tros dar el primer paso. Cuanto más rápida y más enérgicamente dé el proletariado alemán el buen ejemplo, más rápida y más enérgicamente nos seguirá el proletariado de los países de la Entente. Pero para que este gran proyecto del socialismo se realice, es indispensable que el proletariado conserve el poder político. Ahora no puede haber duda: lo uno o lo otro. O el capitalismo burgués se mantiene y continúa haciendo la felicidad de la humanidad con su explotación y su esclavitud asalariada y el peligro permanente de guerra que representa, o el proletariado toma conciencia de su tarea histórica y de sus intereses de clase y se decide a abolir definitivamente toda dominación de clase. Los social-patriotas y la burguesía se esfuerzan en desviar al proletariado de su misión histórica, presentándole un cuadro horrible de los peligros de la revolución y describiéndole con los colores más sombríos la miseria, la ruina y las perturbaciones que acompañarían a la transformación de las condiciones sociales. ¡Pero esta negra pintura es trabajo perdido!. Las mismas condiciones, la incapacidad en que se encuentra el capitalismo de restablecer la vida económica que el mismo ha destruido, es lo que impulsa ineluctablemente al pueblo hacia la vía de la revolución social. Si consideramos los grandes movimientos huelguísticos de los últimos días, veremos claramente que, incluso en plena re­volución, el conflicto entre la patronal y los asalariados continúa vivo. La lucha de clase proletaria proseguirá tanto tiempo como la burguesía se mantenga sobre las ruinas de su antigua dominación, y esta lucha no se detendrá más que cuando la revolución social haya triunfado.

Esto es lo que quiere la Liga Espartaco. Ahora se ataca a los miembros de Espartaco por todos los medios imaginables. La prensa de la burguesía y de los social-patriotas, desde el Vorwarts hasta la Krezzeitung, rebosan de mentiras vergonzosas, de las mas escandalosas deformaciones y de las peores calumnias. ¿De qué se nos acusa? De proclamar el terror, de querer desencadenar una espantosa guerra civil, de prepararnos para la insurrección armada; en una palabra: de ser los perros sangrientos mas peligrosos y sin conciencia que haya en el mundo: mentiras fáciles de desenmascarar. Cuando al comienzo del conflicto mundial yo agrupaba en torno mío a un pequeño grupo de revolucionarios valientes y decididos a luchar contra la guerra y la embriaguez guerrera, se nos atacó por todas partes, se nos acorraló y se nos mandó a prisión. Y cuando yo manifestaba abiertamente y en voz alta lo que entonces nadie se atrevía a decir y que muy pocos querían admitir, a saber: que Alemania y sus jefes políticos y militares eran responsables de la guerra, se me acusó de ser un vulgar traidor, un agente pagado por la Entente, un sin-patria que quería la ruina de Alemania. Hubiera sido más cómodo para nosotros callar o hacer coro con el chauvinismo y el militarismo. Pero nosotros preferimos decir la verdad, sin preocupamos del peligro a que nos exponíamos. Ahora todos, e incluso los que entonces se desencadenaron contra nosotros, comprenden que teníamos razón. Ahora, después de la derrota y de los primeros días de la revolución, los ojos del pueblo se han abierto y el pueblo comprende que fue precipitado a la desgracia por sus príncipes, sus pangermanistas, sus imperialistas y sus social-patriotas. Y ahora que de nuevo elevamos la voz para mostrar al pueblo alemán la única vía que puede llevarlo a la verdadera libertad y a una paz duradera, los mismos hombres que entonces nos difamaron, a nosotros y a la verdad, reemprenden la misma campaña de mentiras y de calumnias.

Pero estos podrán babear y aullar tanto como quieran y correr tras de nosotros como perros rabiosos: seguiremos imperturbablemente nuestro recto camino, el de la revolución y el socialismo, y nos diremos: “!Muchos enemigos, mucho honor!” Pues sabemos muy bien que los mismos traidores y criminales que en 1914 engañaron al proletariado alemán, prometiéndole la victoria y la conquista, pidiéndole que se mantuviera “hasta el fin” y pactando la vergonzosa unión sagrada entre el capital y el trabajo; los mismos que intentaron ahogar la lucha revolucionaria del proletariado y reprimido cada huelga como huelga salvaje con la ayuda de su aparato sindical y de las autoridades: estos son los que ahora, en 1918, hablan de nuevo de la tregua nacional y proclaman la solidaridad de todos los partidos para la reconstrucción de nuestro Estado. A esta nueva unión del proletariado y la burguesía, a esta traidora continuación de las mentiras de 1914 servirá la Asamblea Nacional. Esta será su verdadera tarea: con su ayuda se proponen ahogar por segunda vez la lucha de clase revolucionaria del proletariado. Pero nosotros sabemos que, en realidad, detrás de la Asamblea Nacional esta el viejo imperialismo alemán, el que a pesar de la derrota de Alemania no ha muerto. No, no ha muerto y, si pervive, el proletariado no recogerá los frutos de su revolución. Esto no debe ser. El hierro esta todavía caliente, y nos falta forjarlo. ¡Ahora o nunca!. O bien caemos en el viejo pantano del pasado, del que intentamos salvarnos con un impulso revolucionario, o bien proseguiremos la lucha hasta la victoria, hasta la liberación de toda la humanidad de la maldición de la esclavitud.

Para que podamos acabar victoriosamente esta gran obra -la tarea mas importante y mas noble que jamás se haya planteado la civilización humana-, el proletariado alemán debe instaurar su dictadura.

 

PROGRAMA DE LA LIGA ESPARTACO

 

MEDIDAS INMEDIATAS PARA ASEGURAR LA REVOLUCIÓN

 

 

Primera

Desarme de toda la policía, de todos los oficiales, de todos los soldados no proletarios. Desarme de todos los individuos pertenecientes a las clases dominantes.

Segunda

Incautación por los Consejos de obreros y soldados (C.O.S.) de todas las armas y municiones, así como de todas las fábricas de armas.

Tercera

Armamento de toda la población adulta proletaria masculina para formar una milicia obrera. Creación de una Guardia Roja de proletarios, como parte activa de la milicia, para proteger a la Revolución contra los atentados y maquinaciones contrarrevolucionarios.

Cuarta

Abolición del derecho de mando de los oficiales y suboficiales. Abolición de la ciega obediencia militar, sustituyéndola por la espontánea disciplina de los soldados. Nombramiento de los superiores por los mismos soldados, con derecho a revocación. Abolición de los tribunales militares.

Quinta

Alejamiento de los oficiales y suboficiales de todos los Consejos de soldados.

Sexta

Sustitución por hombres de confianza de la C.O.S. de los funcionarios políticos y autoridades del antiguo régimen.

Séptima

Institución de un Tribunal revolucionario encargado de juzgar a los principales responsables de la guerra, a los dos Hohenzollerns, Ludendorff, Hindenburg, Tirpitz y a sus cómplices, y a todos los conspiradores de la contrarrevolución.

Octava

Confiscación inmediata de todos los géneros alimenticios para asegurar la alimentación del pueblo.

 

MEDIDAS POLÍTICAS Y SOCIALES

 

Primera

Abolición de todos los Estados y creación de una República socialista alemana unida.

Segunda

Abolición de todos los Parlamentos y Concejos comunales, y asunción de sus funciones por parte de los Consejos de obreros y soldados, de sus órganos y Comités.

Tercera

Elección de Consejos de obreros en toda Alemania por todos los obreros adultos, de ambos sexos, en las ciudades como en el campo. Elección de Consejos de soldados por los soldados, excluyéndose a los oficiales. Derecho de los obreros y soldados, a revocar en cualquier momento a sus representantes.

Cuarta

Elecciones de delegados de los C.O.S. en toda Alemania para el Consejo central de los mismos, el cual deberá elegir el Comité ejecutivo, que será el órgano supremo del poder ejecutivo y legislativo.

Quinta

Convocatoria del Consejo central, por lo menos cada tres meses -procediendo cada vez a nueva elección de delegados-, para ejercer la inspección sobre la actividad del Comité ejecutivo y para establecer una viva vigilancia entre la masa de los C.O.S. y su supremo órgano gubernativo. Derecho de los C.O.S. locales a revocar, en todo momento, a sus representantes en el Consejo central, siempre que éstos no actúen conforme a los deseos de sus mandatarios. Derecho del Comité ejecutivo a nombrar y deponer a los comisarios del pueblo, así como a las autoridades y a los empleados.

Sexta

Abolición de todas las diversas clases, títulos y órdenes caballerescas. Completa igualdad jurídica y social de ambos sexos.

Séptima

Legislación social radical: acortamiento de la jornada de trabajo para evitar la desocupación, teniendo en cuenta el debilitamiento físico de los obreros a causa de la guerra. Duración máxima del trabajo, seis horas.

Octava

Inmediata y radical transformación de la legislación sobre alimentación, habitaciones, higiene, instrucción, en el sentido y según el espíritu de la revolución proletaria.

 

 

POSTULADOS ECONÓMICOS INMEDIATOS

 

Primero

Confiscación de todos los patrimonios y rentas dinásticas en beneficio de la colectividad.

Segundo

Anulación de las deudas del Estado y demás deudas públicas, así como de todos los empréstitos de guerra, a partir de las suscripciones de una cuantía determinada, que deberá fijarse por el Consejo central de los C.O.S.

Tercero

Expropiación del terreno de todas las grandes y medianas haciendas agrícolas, bajo una dirección central, en toda Alemania. Las pequeñas propiedades agrícolas quedarán en posesión de sus dueños hasta su espontánea adhesión a las Cooperativas socialistas.

Cuarto

Expropiación por la República de todos los Bancos, minas, ferrocarriles y todas las grandes empresas industriales y comerciales.

Quinto

Confiscación de todos los patrimonios, a partir de una cuantía que será fijada por el Consejo central de los C.O.S.

Sexto

Asunción de todos los medios públicos de transporte por parte de la República de los Consejos.

Séptimo

Elección de Consejos en todas las fábricas, los cuales, de acuerdo con los Consejos de obreros, regularán los asuntos internos de dichos establecimientos, las condiciones de trabajo, vigilando la producción para asumir, finalmente, la dirección de ésta.

Octavo

Nombramiento de una Comisión central de huelgas, la cual, con una continua cooperación de los consejeros de las fábricas, asegurará a los movimientos huelguísticos que se inicien una única dirección en toda Alemania, una orientación socialista y el más eficaz auxilio por parte del poder políticos de los C.O.S.

 

FINES INTERNACIONALES

 

Inmediata reanudación de relaciones con los Partidos socialistas de los demás países para establecer la Revolución socialista sobre bases internacionales y constituir y asegurar la paz por medio de la fraternización internacional y del levantamiento revolucionario.”

 

 

La campaña electoral federal de Alemania y el peligro de una guerra nuclear mundial

por Johannes Stern//

Los medios de comunicación y los partidos políticos en Alemania han procurado por mucho tiempo evadir los temas de guerra y militarismo durante las campañas electorales federales. Pero la realidad acabó poniéndose al día con ellos. La agresividad del imperialismo estadounidense hacia Corea del Norte, Rusia y China, y la prueba nuclear del régimen de Pyongyang, han llevado al mundo al borde de una guerra nuclear que pondría en tela de juicio la supervivencia misma de la humanidad. El peligro que el Sozialistische Gleichheitspartei (SGP) y el Comité Internacional de la Cuarta Internacional han estado advirtiendo desde hace bastante tiempo ahora se está discutiendo abiertamente.

El miércoles, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, trazó un paralelo con la situación en 1914 y declaró: “Si se contempla la historia de la Primera Guerra Mundial, sobrevino un paso a la vez, con un lado haciendo una cosa y el otro haciendo algo más, y entonces ocurrió una escalada”.

En un artículo titulado “Los alborotadores”, el Süddeutsche Zeitung planteó la inquietante pregunta: “Quién sabe si, en tal situación, terminen sucediendo cosas que nadie quería al principio. No es una coincidencia que los sonámbulos, que llevaron a Europa a la Primera Guerra Mundial en el verano de 1914, sean objeto de discusión otra vez”.

La última sesión del Parlamento alemán (Bundestag) antes de la elección ser vio opacada por el peligro de una guerra nuclear. Incluso antes de que la canciller Angela Merkel (Demócrata Cristiana, CDU) abriera la sesión con un discurso, Rolf Mützenich, líder suplente del grupo parlamentario socialdemócrata (SPD) sobre política exterior y defensa, declaró: “Una sombra nuclear se asienta nuevamente sobre el mundo –por Corea del Norte, pero también debido a un presidente descuidado y fanfarrón de EUA, que está ampliando dicha sombra nuclear. Sra. canciller, creo que se merecería todos los honores si contradice fuertemente al presidente estadounidense en el período que le queda en el cargo”.

El ministro de Relaciones Exteriores, Sigmar Gabriel (SPD), advirtió en su discurso acerca de “una fase en la que hablamos no sólo de un rearme convencional, sino del regreso a las horas más oscuras de la Guerra Fría”. Globalmente, “India, América Latina, Estados Unidos, Rusia, Europa, África, en todas partes estamos hablando de rearmes, no se discute acerca de nada más en ninguna parte”.

“El símbolo político, la acción política que debe venir de Alemania no puede ser que nos vamos a unir a esta carrera armamentística”, proclamó el canciller. “La señal de Alemania, independientemente de quién haya gobernado este país, siempre ha sido que Alemania quiere ser una voz para la paz y una potencia para la paz en el mundo y no participará en el rearme”. Gabriel luego describió la decisión de la OTAN de gastar 2 por ciento del producto interno bruto en defensa como un “error” –“A pesar de que los socialdemócratas apoyaran este compromiso en su momento”—.

En noviembre de 1933, León Trotsky escribió el artículo “El pacifista Hitler”, donde describe cómo incluso Hitler se comprometió a la “paz” y “el entendimiento internacional” al comienzo del Gobierno nazi. Trotsky señaló que, a finales de 1933, el Tercer Reich todavía era demasiado débil “para poder hablar, en el siguiente período, otro lenguaje que no fuese el del pacifismo”. Sin embargo, en el transcurso de unos años, después de haberse rearmado, pasaría de “‘mi paz’ a ‘mi lucha’ e incluso a ‘mi guerra’”.

A Gabriel le tomó menos de cinco minutos en el Bundestag pasar de la paz y el desarme a exigir una acumulación militar alemana. “Por supuesto, debemos mejorar los armamentos de las fuerzas armadas, porque, por cierto, se han hecho recortes a las fuerzas armadas durante 12 años”, dijo el socialdemócrata. Gabriel identificó al político derechista Karl Theodor zu Guttenberg de la Unión Social Cristiana (CSU), quien fue ministro de Defensa del 2009 al 2011 y actualmente está intentando regresar a la política, como el principal responsable de esto.

La dirección que busca definir Gabriel a través de sus críticas sobre el gasto del 2 por ciento del PIB para la OTAN es clara. Alemania se está rearmando y preparando, junto con las otras grandes potencias, para la guerra, pero procura hacerlo bajo sus propios términos.

El “tema principal en juego no debe ser cuánto gastamos, sino más en qué lo gastamos”, declaró Gabriel ante los diputados. Lo que está en juego es “la estrategia correcta”. Y esto ha sido dicho por “cada soldado que regresa de un despliegue del extranjero”: “Sí, necesitamos al ejército. Pero, estimado Sr. Gabriel, no crea que simplemente a través de más gastos militares y en defensa va a poder asegurar la paz y la estabilidad, y combatir el movimiento de refugiados. Tiene que luchar contra el hambre, la pobreza, la desesperanza y la falta de un futuro. Tiene que hacer eso”.

Esta es una crítica si acaso disimulada de las guerras dirigidas por Estados Unidos en Oriente Medio, a las que Gabriel quiere contraponer una política intervencionista europea supuestamente más “humanitaria”, dominada por Berlín.

“Europa es responsable de la seguridad europea”, escribió Gabriel en su último libro con el revelador título Neuvermessungen (Nuevas mediciones). “En política exterior y de seguridad, tenemos que ser capaces de tener una conciencia estratégica y tomar acción, porque aún no somos lo suficientemente buenos. Esto incluye definir nuestros intereses europeos y articularlos independientemente de Estados Unidos. Esta obstinación en cierta medida requiere una emancipación de adoptar posiciones desarrolladas en Washington”.

El objetivo declarado de Gabriel es el establecimiento de un ejército europeo capaz de hacer valer sus intereses globales independientemente de la OTAN y Estados Unidos y, si es necesario, en oposición a este último. “No se trata simplemente de comprar nuevas armas. Se trata de integrar más fuertemente la industria armamentista europea y de reunir recursos. Se trata de la creación de una identidad de seguridad común europea, que a través de estructuras cada vez más integradas despeje el camino hacia un ejército europeo”.

Gabriel sabe muy bien que los planes de Estados Unidos para fortalecer su arsenal nuclear ponen en peligro esta política. Un “regreso a las horas más oscuras de la Guerra Fría” aumentaría la dependencia de Alemania y Europa de Estados Unidos, y socavaría los intereses económicos y geopolíticos de Berlín, que están en constante contradicción con los de Estados Unidos. Gabriel tiene la intención de utilizar el resto de la campaña electoral para transformar el miedo generalizado de una guerra nuclear incitada por Estados Unidos en apoyo para el militarismo alemán.

El partido La Izquierda (Die Linke) y los Verdes, los cuales se esfuerzan por formar un gobierno con Martin Schulz, el candidato a canciller del SPD, después de las elecciones estarán trabajando por el mismo objetivo. El martes, presentaron una moción en el Bundestag pidiéndole al gobierno alemán que “retire” su apoyo a la meta del 2 por ciento para la OTAN e “inicie inmediatamente negociaciones con EUA para que retire sus armas nucleares desplegadas en Büchel de la República Federal tan pronto como posible”.

Jan Korte, quien argumentó a favor de la moción de La Izquierda, la cual fue derrotada, no dejó ninguna duda de que los motivos no eran pacifistas, sino que buscaba fortalecer el imperialismo alemán contra Washington. La moción señalaba, “somos independientes y soberanos —incluyendo de Estados Unidos de América— y hacemos nuestras propias políticas aquí”.

El Sozialistische Gleichheitspartei es el único partido que se opone a los planes de guerra nuclear estadounidenses de igual manera que al rearme europeo y alemán, y lucha desde el punto de vista de la clase obrera internacional contra el creciente peligro de guerra. En nuestra declaración electoral: “¡Contra el militarismo y la guerra! ¡Por el socialismo!”, declaramos lo siguiente:

“El peligro de una tercera guerra mundial no puede ser evitado mediante llamamientos por la paz hacia la clase gobernante. La lucha contra la guerra está ligada inseparablemente de la lucha por el socialismo. El SGP pide la construcción de un movimiento internacional contra la guerra basado en los siguientes principios:

“La lucha contra la guerra debe basarse en la clase obrera, la gran fuerza revolucionaria de la sociedad, uniendo tras de sí a todos los elementos progresistas de la población.

“El nuevo movimiento contra la guerra debe ser anticapitalista y socialista, ya que no puede haber una lucha seria contra la guerra, excepto en la lucha por acabar con la dictadura del capital financiero y el sistema económico que constituye la causa fundamental del militarismo y la guerra.

“El nuevo movimiento contra la guerra debe, por necesidad, ser completa e inequívocamente independiente de todos los partidos políticos y organizaciones de la clase capitalista y hostil hacia ellos.

“El nuevo movimiento contra la guerra debe ser, ante todo, internacional, movilizando el vasto poder de la clase obrera en una lucha global unificada contra el imperialismo. La guerra permanente de la burguesía debe ser contestada con la perspectiva de la revolución permanente de la clase obrera, cuyo objetivo estratégico es la abolición del sistema del Estado-nación y el establecimiento de una federación socialista mundial. Esto hará posible el desarrollo racional y planificado de los recursos mundiales y, sobre esta base, la erradicación de la pobreza y la elevación de la cultura humana a nuevas alturas”.

 

(Fotografía: Ceremonia de las Antorchas de las FFAA alemanas año 2017)

Estado y capital: el debate alemán sobre la derivación del Estado

por Alberto Bonnet y Adrián Piva//

El debate alemán de la derivación del Estado es aún hoy, a algo más de cuarenta años de su desarrollo, poco conocido en América Latina, incluso entre los marxistas. Tuvo lugar en la ex República Federal de Alemania entre 1970 y 1974, principalmente en Berlín occidental y en Frankfurt. Las intervenciones se publicaron en su mayoría en las revistas Probleme des Klassenkampfs. Zeitschrift für politische Ökonomie und sozialistische Politik (PROKLA) de Berlín y Gessellschaft. Beiträgezur Marxschen Theorie (Gesellschaft) de Frankfurt. Si bien el debate se desarrolló en círculos marxistas de la academia alemana y a pesar de su alto nivel de abstracción, sus verdaderos desencadenantes deben buscarse en el contexto político de la Alemania occidental 1/. Como señala Hirsch en su prólogo a este volumen, el contexto del debate estuvo signado por el ascenso de la socialdemocracia al gobierno a fines de los ’60, en un clima de alza de la conflictividad protagonizada por las revueltas estudiantiles y la emergencia de nuevos movimientos sociales. De esta manera, Alemania Federal se sumaba a la agitación que por entonces conmovía a Francia e Italia; aunque, a diferencia de estos países, sin una presencia significativa de la clase obrera en los conflictos. La adhesión de los sindicatos y de la mayoría de los trabajadores al gobierno socialdemócrata y a su proyecto de orientación keynesiana y de expansión del Estado de bienestar puso entonces al Estado, y particularmente a la crítica de la “ilusión del estado social”, en el centro del debate político. Si la respuesta keynesiana a la recesión de 1966-67 –que anunciaba la crisis del capitalismo keynesiano de posguerra– obligaba a discutir los límites de la intervención del Estado, la “ilusión” de los trabajadores en el Estado social ponía en cuestión la relación del Estado con la lucha de clases, con la burguesía y con la clase obrera.

La crisis del capitalismo de posguerra y el nuevo ascenso de la lucha de clases acarrearon entonces una extraordinaria renovación de una crítica marxista del Estado que, tanto dentro como fuera de Alemania, había permanecido relativamente estancada desde el período de entreguerras. Este desafío implicaba, en el plano teórico, una revisión de las perspectivas teóricas que dominaban las concepciones de la izquierda sobre el Estado. Por un lado, el extremo instrumentalismo de la teoría del capitalismo monopolista de Estado –la doctrina oficial de los Partidos Comunistas de Europa Occidental– no permitía rendir cuenta de la compleja relación existente entre el Estado y la clase dominante y de las ilusiones que brotaban de su separación “de los reales intereses particulares y colectivos” 2/. Por otro lado, los enfoques “neo frankfurtianos” de Habermas y Offe extremaban la separación entre sistema económico y sistema político, asumiendo como un dato la capacidad de regulación del primero por el segundo y la autonomía de las lógicas de funcionamiento de ambos sistemas 3/. En este contexto, el desafío de rendir cuenta, simultáneamente, de la naturaleza capitalista del Estado y de su efectiva separación de todo interés real individual o colectivo fue encarado por los derivacionistas de un modo radicalmente distinto de los intentos realizados hasta entonces 4/.

Lo que singularizó al debate alemán de la derivación es, en primer lugar, su punto de partida: no se trataba de asumir la separación entre economía y política como un dato, sino de explicarla. Se trataba de dar cuenta de la apariencia de separación del Estado respecto de la sociedad, es decir, de la particularización del Estado, como la forma específica que asume la dominación de clase en las sociedades capitalistas. El debate alemán de la derivación se diferencia, en segundo lugar, por su método: si el Estado es una forma específica de las relaciones capitalistas, dicha forma debe ser derivada, al igual que la mercancía, el dinero o el capital, de la crítica de la economía política. La derivación de la forma Estado debía encontrar su lugar en la exposición sistemática pero incompleta del concepto de capital encarada por Marx en El capital, es decir, del desarrollo de sus formas, desde las más abstractas y simples hasta las más concretas y complejas. Sólo una vez resuelto el problema de la forma Estado, es decir, de la separación entre economía y política, entre Estado y sociedad, era posible pasar al problema de las funciones del Estado y, en particular, de los límites de la intervención del Estado. Las intervenciones tienen en consecuencia, generalmente, dicha estructura. En primer lugar, una propuesta de derivación que involucra dos cuestiones. La primera, la definición del punto de partida de la derivación: ¿debe ser la mercancía, el capital en general, la forma de superficie de la competencia capitalista? La segunda, la derivación propiamente dicha: ¿cuál es la contradicción específica, situada en ese momento del desarrollo del concepto de capital, que determina la posibilidad e incluso la necesidad, desde el punto de vista de la reproducción de las relaciones sociales capitalistas, de la organización del dominio de clase en la forma separada del Estado? Y, en segundo lugar, una discusión, sobre la base de la derivación realizada, de los alcances y límites de la intervención del Estado.

Las limitaciones de estos intentos de derivación del Estado se pusieron de manifiesto a lo largo del debate. En efecto, sólo era posible derivar lógicamente la necesidad –desde el punto de vista de la relación de capital- y la posibilidad de la separación de economía y política, pero de ninguna manera podía derivarse la existencia misma del Estado capitalista ni muchas de sus características más relevantes aunque más concretas. Las últimas intervenciones en el debate –especialmente las de von Braumühl y Gerstenberger– contienen así un fuerte llamado a la investigación histórica como medio de superar tales limitaciones.

Sin embargo, como señalan Holloway y Piccioto en su introducción al debate, que incluimos en esta compilación, lejos está ello de significar que las conclusiones y los aportes del debate alemán carezcan de relevancia para el estudio y la comprensión del Estado capitalista. Dichos aportes y conclusiones siguen constituyendo el punto de partida más avanzado con el que contamos para emprender una crítica marxista rigurosa del Estado capitalista y brindan los fundamentos de un marco analítico que nos permite emprender esa investigación histórica de largo aliento 5/. En oposición a otros intentos de superar el instrumentalismo y el economicismo del marxismo vulgar –aquel de la segunda internacional y de su canonización stalinista en el DIAMAT de la tercera- el debate de la derivación permite superar las aporías que caracterizan a los enfoques que asumen como un simple dato la separación entre economía y política. Nos referimos a las oscilaciones entre economismo y politicismo, propias del estructuralismo marxista pero también del instrumentalismo más complejo de Miliband y del marxismo del PC italiano de posguerra, a la misteriosa “determinación en última instancia” como intento de resolver esas oscilaciones, a las tensiones entre historia y estructura, entre lucha de clases y condiciones objetivas, etc. Todos estos callejones sin salida tienen su origen en la concepción de la economía y la política como esferas o instancias totalmente exteriores vinculadas por relaciones de determinación mutua. La perspectiva de la derivación supera las dificultades de esta determinación mutua y exterior entre instancias separadas al concebir a las formas económicas y políticas como formas diferenciadas de una misma relación de subordinación del trabajo al capital. Se trata de formas por medio de las cuales la relación contradictoria entre capital y trabajo se reproduce del único modo en que puede hacerlo, desplazándose, hasta encontrar su límite en las crisis. Dichas crisis, crisis generales de las relaciones capitalistas, no son “crisis económicas” que puedan ser reguladas por un Estado que intervenga “políticamente” desde afuera. Se trata de crisis de las propias formas a través de las cuales existe la relación de capital, de crisis de la propia separación entre economía y política por medio de la cual el capital se reproduce. De esto se siguen dos conclusiones centrales. En primer lugar, el Estado no puede resolver las contradicciones que presuntamente se situarían en la “economía”, sino sólo reproducirlas en su modo específicamente “político” hasta su estallido en las crisis, crisis que se convierten, en consecuencia, en procesos de desestructuración del Estado. En segundo lugar, dado que las crisis son procesos de disolución conjunta de la forma mercado y de la forma Estado y que los procesos de recomposición de las relaciones capitalistas son procesos de reconstitución simultánea de esas formas mercado y Estado, no existe ningún juego de suma cero entre ambas instancias.

La importancia de estas nociones generales y abstractas se pone de manifiesto cuando investigamos las maneras concretas en que se articulan la acumulación y la dominación capitalistas. No se trata de deducir la realidad histórica de las categorías lógicas, naturalmente, sino de que, en tanto categorías de pensamiento, estas categorías resultan adecuadas para encarar la conceptualización de los fenómenos históricos. Es aquí donde se sitúa en general la relevancia del debate alemán de la derivación del Estado, de sus aportes y sus conclusiones, detrás de la aspereza de su lenguaje y de la abstracción de su nivel de análisis.

Esto es evidente, por ejemplo, a la hora de analizar las transformaciones que atravesaron las sociedades latinoamericanas en las últimas décadas. En efecto, los aportes y conclusiones del debate de la derivación resultan especialmente adecuados para intentar comprender los llamados procesos de “reforma del Estado” que se llevaron a cabo en los años ’90 a lo largo y a lo ancho de la región. La mayor parte del pensamiento heterodoxo y gran parte del pensamiento de izquierda representó dichas reformas como procesos de “achicamiento del Estado” y, presuponiendo un juego de suma cero entre Estado y mercado, de creciente peso del mercado en la articulación de las sociedades latinoamericanas. Esto dio lugar a caracterizaciones de los Estados emergentes de esos procesos de reforma como “Estados mínimos”, “Estados ausentes” y otras nociones similares. Sin embargo, la inadecuación de estas caracterizaciones se puso de manifiesto en la contradicción en la que incurrieron esos mismos análisis cuando no podían evitar otorgar un rol fundamental a esos Estados, supuestamente debilitados, en el proceso de reformas neoliberales y en el disciplinamiento de los trabajadores que permitió su imposición. El caso argentino, por la velocidad y la profundidad de los cambios, fue paradigmático. La hiperinflación de 1989-90 fue, al mismo tiempo, un profundo proceso de disolución de relaciones sociales -de crisis de la producción y de la circulación, del dinero y del Estado- y el terreno donde se registró una alteración radical de las relaciones de fuerza entre las clases, un disciplinamiento de la clase obrera y una construcción del consenso para la implementación del programa de políticas neoliberales. Sobre esta base se recompusieron la acumulación y la dominación capitalistas. Y un aspecto clave de ese proceso de recomposición fue la reconstitución del propio Estado o, para decirlo al modo de la ciencia política, la reconstitución de sus “capacidades institucionales”. Este fortalecimiento del Estado, no su debilitamiento, fue lo que permitió impulsar una profunda reestructuración capitalista que trasformó fundamental y duraderamente la dinámica de funcionamiento del capitalismo argentino. Y este fortalecimiento tuvo su principal expresión en la capacidad de subordinación de la clase obrera. Lo que se produjo fue una metamorfosis del Estado que implicó el abandono o el debilitamiento de algunas de sus funciones y el fortalecimiento y o la asunción de otras. Pero, de acuerdo a todos los criterios habituales para medir la importancia del Estado, al finalizar ese proceso de reforma el Estado argentino era más grande y más fuerte que al comienzo 6/.

Pero los aportes y conclusiones del debate de la derivación también resultan relevantes para analizar el momento actual de América Latina. Atravesamos en nuestros días una coyuntura de agotamiento y crisis de los llamados gobiernos progresistas o de izquierda que encabezaron varios Estados de la región durante la década pasada 7/. El caso de Venezuela es sin duda el más significativo, no sólo por la magnitud de la crisis, que alcanza dimensiones de catástrofe, sino porque se reivindicó explícitamente como un intento de transición democrática y pacífica al socialismo. Más allá de la heterogeneidad de esos gobiernos y de sus especificidades, todos ellos dieron sustento a una resurrección de concepciones fundadas en la primacía de lo político, de las relaciones de fuerzas como únicos determinantes de cualquier resultado social y del estado como instrumento de emancipación o, al menos, de reformas progresivas y duraderas. Huelga desarrollar aquí la importancia que recobra en circunstancias como estas aquella crítica derivacionista que, orientada entonces a combatir las ilusiones en el Estado social, vuelve a enfrentarse aquí a una renovada fe en el Estado. Una Estadolatría que no surgió simplemente de la pasión y del voluntarismo de una militancia de izquierda forjada en la resistencia contra las políticas neoliberales sino que, más profundamente, brota una y otra vez del fetichismo adherido a la forma Estado como una ilusión objetiva. En los setenta, las ilusiones de los obreros europeos en el Estado de Bienestar keynesiano terminaron con su derrota, atados como estaban a la defensa de un modelo capitalista en crisis e incapaces como eran de trascender la política de los partidos socialdemócratas y comunistas también en crisis. Hoy en América Latina, frente a la caída de las experiencias populistas y al retorno de gobiernos de derecha que intentan poner en marcha una nueva ofensiva contra los trabajadores, romper con las ilusiones en el Estado, desarrollar una crítica radical del mismo es, si no una condición suficiente, al menos sí una condición necesaria para la reconstrucción de una estrategia revolucionaria.

Sobre la recepción del debate

El debate alemán de la derivación del Estado, como señalamos al comienzo, sigue siendo poco conocido en América Latina. Ello se debe a diversas razones. Sin duda, el idioma fue un obstáculo para su difusión, y de hecho los primeros textos que tuvieron cierta circulación en nuestro medio y dieron lugar a las primeras traducciones al español fueron traducciones al francés y al inglés de algunas intervenciones. Tales son los casos, particularmente, de los artículos de Altvater, Hirsch y Wirth, traducidos del inglés y del francés por la revista mexicana Críticas de la economía política a fines de los ´70, a los que haremos referencia más adelante 8/. Sin embargo, es probable que la fuerte influencia del estructuralismo marxista en la región durante las décadas del ’60 y del ’70 también tuviera su cuota de responsabilidad en la escasa difusión inicial del debate alemán. El estructuralismo marxista fue la corriente dominante del marxismo en América Latina y eclipsó parcialmente a otras lecturas y debates. Parecida suerte corrió, por caso, ese hervidero en que se había convertido el marxismo italiano de los ’60 y los ’70.

A pesar de estos factores, pueden encontrarse elementos provenientes del debate en trabajos de los años ´70 de algunos importantes intelectuales latinoamericanos, como Guillermo O’Donnell (en Argentina) o Norbert Lechner (en Chile) 9/ e, indirectamente, en intelectuales europeos que abordaron por entonces la problemática del Estado en América Latina, como Tilman Evers o Pierre Salama 10/. El debate alemán volvería a estar presente en algunos trabajos de los ´80 de Víctor Moncayo y Fernando Rojas (en Colombia), Ruy Fausto (en Brasil) y otros intelectuales marxistas latinoamericanos, pero sólo muy ocasionalmente sería motivo de abordajes sistemáticos 11/.

Acabamos de referirnos a versiones en francés y en inglés de aportes del debate que sirvieron de base para las primeras traducciones al español. En efecto, la revista francesa de orientación trotskista Critiques de l´economie politique, vinculada a su homónima mexicana antes mencionada, había publicado ya en 1975 un volumen en formato de libro que contenía aquellos artículos de Altvater, Hirsch y Wirth 12/. Este volumen no era ni pretendía ser, propiamente hablando, una compilación de los trabajos del debate. Estaba orientado más bien, como dejaba en claro Jean Marie Vincent en su introducción, a la discusión de la orientación política reformista del Partido Comunista Francés, para la cual algunos tópicos del debate alemán, como su explícito rechazo de la concepción del capitalismo monopolista de Estado e incluso sus diferencias implícitas respecto de la concepción del Estado de los estructuralistas franceses, eran muy acordes. Pero, en cualquier caso, este volumen compilado por Vincent ayudó en gran medida a la difusión del debate por fuera del ámbito de habla alemana 13/.

State and capital, editado en 1978 por John Holloway y Sol Picciotto, fue, en cambio, una auténtica recopilación del debate y siguió siendo hasta nuestros días la principal referencia por fuera de ese ámbito de habla alemana 14/. Aunque también en este caso, naturalmente, el contexto de la recepción del debate en Inglaterra fue muy diferente del que le había dado origen en Alemania. Desde la crisis de la libra en 1967, el capitalismo británico se encontraba en una situación estanflacionaria, con recurrentes crisis e inestabilidad política. En la primera mitad de los años ’70 se produjo una fuerte agitación huelguística que le costó la salida anticipada al gobierno conservador de Heath en 1974. Y los intentos posteriores del laborismo de consensuar políticas de austeridad también sucumbirían frente a la conflictividad obrera, hasta que el ascenso de Margaret Thatcher en 1979 cerrara el período. De modo que las preocupaciones que dominaron el debate sobre el Estado en la Inglaterra de aquellos años estuvieron más orientadas a dar cuenta del fracaso del Estado para regular la crisis que a enfrentar una ilusión obrera en el Estado de bienestar keynesiano que ya parecía quebrada. Pero, a pesar de estas diferencias de contexto, los derivacionistas no dejaron de ejercer una fuerte influencia en ciertos círculos, como el integrado por los propios Holloway y Picciotto, junto con Simon Clarke, Hugo Radice y otros, nucleado en la Conference of Socialists Economists y la revista Capital and class.

En el plano teórico, los tempranos ’70 estuvieron marcados por el conocido debate entre el “instrumentalismo” de Miliband y el “estructuralismo” de Poulantzas, por un lado, y entre los “fundamentalistas” (Yaffe) y los “neoricardianos” (Gough), por el otro 15/. Mientras el primer debate giraba básicamente alrededor de la relación entre la clase dominante y el Estado, el segundo, más ligado a las preocupaciones de coyuntura, intentaba discutir las causas de la crisis y el lugar del Estado en ella. La posición de Yaffe recuperaba la tendencia decreciente de la tasa de ganancia para explicar la crisis y sostenía que el Estado apenas podía moderar los efectos de dicha crisis, pero de ningún modo evitarla como pretendían los keynesianos. El resultado final, sin embargo, era el de un economicismo crudo que reducía al Estado al papel de un apéndice de las leyes de la acumulación capitalista. Gough, en cambio, recuperaba la teoría neoricardiana del estrangulamiento de los beneficios como causa de la crisis, poniendo el eje en la lucha entre capitalistas y trabajadores en la esfera de la distribución. El resultado era, en este caso, un divorcio entre la producción y la distribución que conducía a un politicismo. Las mismas oscilaciones entre economismo y politicismo que se observaban en el debate entre estructuralistas e instrumentalistas reaparecían así en el debate entre fundamentalistas y neoricardianos. En este marco, Holloway y Picciotto, recuperaron el debate de la derivación para superar este economismo y politicismo de los enfoques dominantes. La incapacidad del Estado para regular la crisis, argumentaron, se fundaba simplemente en que el Estado y el capital no son más que dos formas diferenciadas de la misma relación social antagónica. Y la propia crisis no era sino una manifestación de que la lucha de clases ya no podía ser contenida dentro de dichas formas 16/.

Sobre la presente compilación

El volumen que presentamos a continuación es, ciertamente, la compilación más ambiciosa de los aportes del debate alemán de la derivación del Estado que se haya publicado hasta nuestros días. Esto explica que sea –y que no hubiera podido sino ser- resultado de un trabajo colectivo. Colaboraron en este trabajo colectivo, por una parte, varios integrantes de nuestro programa de investigación 17/. Se trata de Camilo Ayala, Luciana Ghiotto, Juan Grigera, Rodrigo Pascual y Javier Waiman, en la traducción de artículos desde el inglés, y Florencia Isola Zorruzúa, en el tipeado y corrección de artículos que ya se encontraban traducidos al español. Pero colaboraron también, por otra parte, amigos y colegas ajenos a nuestro programa. Nos referimos en primer lugar a Katrin Zinsmeister y Silvia Córdoba, quienes encararon la ardua tarea de traducir del alemán algunos textos que no habían sido publicados previamente sino en dicha lengua. Y tenemos que mencionar también, naturalmente, a los propios Joachim Hirsch y John Holloway, que nos facilitaron el acceso a materiales y nos asesoraron durante el curso de nuestro trabajo. Nosotros, por nuestra parte, nos ocupamos de revisar el conjunto de las traducciones comparándolas con las versiones originales, de añadir algunas expresiones alemanas en los casos de conceptos centrales -entre corchetes- y algunas notas aclaratorias –a pié de página- y de sustituir las citas y las referencias bibliográficas originales por las correspondientes a ediciones disponibles en español, cuando los textos referidos se encontraban traducidos.

La compilación comienza con cuatro textos que incluimos en calidad de balances críticos retrospectivos acerca del debate en su conjunto. Los dos primeros son “Retrospectiva sobre el debate” de Joachim Hirsch y “El debate sobre la derivación del estado. Una reflexión reminiscente” de John Holloway, dos artículos que sus autores tuvieron la amabilidad de escribir y enviar especialmente para este volumen. La traducción del alemán del artículo de Hirsch estuvo a cargo de Katrin Zinsmeister, con revisión de Silvia Córdoba, mientras que Holloway escribió el suyo directamente en español. El tercero es un artículo de Elmar Alvater y Jürgen Hoffman, “El debate sobre la derivación del Estado en Alemania Occidental: la relación entre economía y política como un problema de la teoría marxista del estado”, publicado originalmente en inglés (como “The west german state derivation debate: the relation between economy and politics as a problem of marxist state theory”, Social Text 24, Duke University Press, 1990) y traducido por Camilo Ayala. Y el cuarto, “Hacia una teoría materialista del Estado”, es la extensa introducción crítica de John Holloway y Sol Picciotto a su citada recopilación en inglés de muchas de las intervenciones en el debate (incluida como “Introduction: toward a materialist theory of the state” en dicha compilación). Este último texto excede en realidad los límites de una retrospectiva y, a pesar de que fue escrito unos años después de finalizado el debate y en un contexto diferente, fue reconocido por los propios participantes en el debate alemán como un aporte más al mismo 18/. Existía una traducción previa de esta introducción, empleada en la docencia en algunas asignaturas de la Universidad de Buenos Aires, pero era fragmentaria y muy deficiente, de manera que optamos por rehacerla. La traducción estuvo a cargo de Alberto Bonnet.

Sin embargo, el cuerpo central de esta compilación está integrado, naturalmente, por los textos originales del debate. Decidimos ordenarlos de una manera cronológica y nuestra decisión responde a que este orden facilita la lectura debido a las referencias cruzadas que existen entre ellos. El primer texto es la extensa monografía de Wolfgang Müller y Christel Neusüß “La ilusión del Estado social y la contradicción entre trabajo asalariado y capital” (“Die Sozialstaatsillusion und der Widerspruch von Lohnarbeit und Kapital”, originalmente publicado en Sozialistiche Politik 6/7, Berlín, 1970, y poco después recogido en la edición de lanzamiento de PROKLA de mediados de 1971). La traducción que incluimos a continuación se basa en la versión en inglés del artículo (publicada como “The illusion of state socialism and the contradiction between wage labor and capital” en Telos 25, St. Louis, Washington University, 1975) y fue realizada por Alberto Bonnet aunque, como en los demás casos, fue cotejada con esta última versión de la edición original de alemán 19/.

El segundo texto es el artículo de Elmar Alvater “Algunos problemas del intervencionismo de Estado” (“Zu einigen Problemen des Staatsinterventionismus”, aparecido originalmente en PROKLA 3, Berlín, 1972). Poco después de su aparición en alemán se publicó una versión en inglés de este artículo (“Notes on some problems of state interventionism”, en Kapitalistate 1 y 2, California, 1973) y, a partir de esta versión en inglés, se tradujo al español en dos ocasiones (como “Estado y capitalismo. Notas sobre algunos problemas de intervención estatal”, en Cuadernos políticos 9, México, Era, 1976, en traducción de Josefina Rubio, y Notas sobre algunos problemas del intervencionismo de Estado”, en H. R. Sonntag y H. Valecillos (comps.): El Estado en el capitalismo contemporáneo, México, Siglo XXI, 1977, en traducción de Héctor Valecillos) 20/. Tuvimos en cuenta estas versiones en español –especialmente la segunda- para nuestra compilación. Pero la versión original en alemán era considerablemente más extensa que la versión en inglés a partir de la que se realizaron estas traducciones (esta no incluía buena parte de la introducción, los dos excursus, el quinto apartado y varios párrafos aislados). Repusimos pues estas partes faltantes en la versión que incluimos a continuación y su traducción del alemán estuvo a cargo de Katrin Zinsmeister.

El tercer texto es la extensa monografía de Sybille von Flatow y Freerk Huisken “El problema de la derivación del Estado burgués. La superficie de la sociedad burguesa, el Estado y las condiciones generales de producción” (“Zum Problem der Ableitung des bürgerlichen Staates. Die Oberfläche der bürgerlichen Gesellschaft, der Staat und die allgemeinen Rahmenbedingungen der Produktion”, publicado originalmente en PROKLA 7, Berlín, 1973). Hasta donde sabemos este trabajo de Flatow y Huisken, a pesar de su importancia decisiva para el desarrollo del debate en su conjunto, nunca fue traducido a ninguna lengua. La traducción al español que incorporamos a esta compilación estuvo a cargo de Silvia Córdoba, con revisión de Katrin Zinsmeister.

El cuarto texto es “Acerca de la crítica de la teoría del capitalismo monopolista de estado” de Margareth Wirth (“Zur Kritik der Theorie der staatsmonopolistischen Kapitalismus”, publicado originalmente en PROKLA 8-9, Berlín, 1973). Este artículo ya había sido publicado en inglés (“Towards a critique of the theory of state monopoly capitalism”, en Economy and society 6 (3), Londres, 1977) y en francés (“Contribution á la critique de la théorie du capitalisme monopolisted’ Etat”, en la citada compilación de J. M. Vincent) y, a partir de esta última versión, se tradujo al español (con el mismo título, en Críticas de la economía política 12-13, México, El Caballito, 1979, en versión de María Dolores de la Peña). Aquí decidimos incluir esta última traducción, que en líneas generales era adecuada, aunque con algunas modificaciones.

Los siguientes dos textos pertenecen ambos a Joachim Hirsch. En efecto, el quinto es el artículo “Elementos para una teoría materialista del estado” (“Elemente einer materialistischen Staatstheorie”, incluido originalmente en el volumen colectivo escrito por C. von Braunmühl, K. Funken, M. Cogoy y J. Hirsch Probleme einer materialistischen Staatstheorie, Frankfurt, Suhrkamp, 1973). Este texto también había sido publicado en español (con el mismo título, en la citada Críticas de la economía política 12-13, México, El Caballito, 1979 y traducido por María Dolores de la Peña a partir de la versión en francés, “Eléments pour une théorie matérialiste de l’Etat”, incluida en aquella compilación de J. M. Vincent) y aquí también recuperamos esta traducción porque creemos que era adecuada. El sexto, por su parte, es “El aparato de Estado y la reproducción social: elementos de una teoría del Estado burgués”. Este texto no es un artículo independiente, en realidad, sino el primero y quinto apartados del libro de Hirsch Staatsapparat un Reproduction des Kapitals (Frankfurt, Suhrkamp, 1974), apartados que Holloway y Picciotto consideraron pertinente incluir en su compilación (bajo el título de “The state apparatus and social reproduction: elements of a theory of the bourgeois state”) porque contienen importantes diferencias respecto del anterior y que nosotros también consideramos pertinente incluir en la nuestra. La traducción, a partir de esta última versión en inglés, fue de Javier Waiman.

El séptimo texto es el artículo “Acerca de la reciente discusión marxista sobre el análisis de la forma y la función del Estado burgués. Reflexiones sobre la relación entre economía y política” de Bernhard Blanke, Ulrich Jürgens y Hans Kastendiek (publicado originalmente como “Zur neueren marxistischen Diskussion über die Analyse von Form und Funktion des bürgerlichen Staates. Überlegungen zum Verhältnis von Politik und Ökonomie” en PROKLA 14-15, Berlín, 1974 y también en W.-D. Narr (comp.): Politik und Ökonomie – autonome Handlungsmöglichkeiten des politischen Systems, Westdeutscher Verlag, Opladen, 1975). Holloway y Picciotto incluyeron en su compilación una versión en inglés de la publicada en PROKLA (con el título de “On the current marxist discussion on the analysis of form and function of the bourgeois state”), a la que los autores añadieron una introducción, y esta es la base de la versión en español que presentamos en esta compilación. La traducción corresponde a Adrián Piva.

Entre los siete textos que acabamos de mencionar se encuentran acaso los centrales del debate acerca de la derivación del Estado. Pero decidimos incluir en este volumen algunos otros textos que, aunque aborden problemáticas algo más específicas, creemos que contienen aportes muy importantes. El octavo texto, entonces, es una crítica de Helmut Reichelt al trabajo de Flatow y Huisken antes citado: “Algunos comentarios acerca del ensayo `Sobre el problema de la derivación del estado burgués` de Sybille von Flatow and Freerk Huisken” (“Einige Anmerkungen zur Sybille von Flatows und Freerk Huiskens Ausatz ´Zum Problem der Ableitung des bürgerlichen Staates`, aparecido en Gesellschaft 1, Frankfurt, 1974). La traducción al español a partir de su versión en inglés (“Some comments on Flatow and Huisken’s essay ’On the problem of the derivation of the bourgeois state”, incluido en la compilación de Holloway y Picciotto) estuvo a cargo de Rodrigo Pascual. El noveno es el artículo “Antagonismo de clase, competencia y funciones del estado”, de la historiadora Heide Gerstenberger (“Klassenantagonismus, Konkurrenz und Staatsfunktionen”, aparecido en Gesellschaft 3, Frankfurt, 1975). La traducción al español, a partir de su versión en inglés (“Class conflict, competition and state functions”, también incluido en la compilación de Holloway y Picciotto), estuvo a cargo en este caso de Juan Grigera. Y el décimo y último texto es el artículo de Claudia von Braunmühl “El análisis del Estado nacional burgués en el contexto del mercado mundial. Un intento por desarrollar una aproximación metodológica y teórica” (“On the analysis of the bourgeois nation state within the world market context. An attempt to develop a methodological and theoretical approach”, escrito especialmente para la compilación de Holloway y Picciotto), que fue traducido por Luciana Ghiotto 21/.

Algunos otros trabajos de los autores mencionados –ciertos artículos de von Braunmühl o de Gerstenberger- así como trabajos de otros autores vinculados con el debate –de los integrantes del Projekt Klassenanalyse, por ejemplo- podrían haberse incluido en esta compilación. Aunque preferimos no hacerlo para no expandir aún más las dimensiones de este volumen. Dejamos en manos del lector, de todas maneras, los que seguramente fueron los principales aportes al debate alemán de la derivación del estado.

Leer Estado y Capital el debate alemán sobre la derivación del Estado

1/ Para una contextualización más extensa del debate puede consultarse, además de los trabajos introductorios de Hirsch, de Holloway, de Alvater y Hoffman y de Holloway y Picciotto incluidos en esta compilación, Bonnet, A.: “Estado y capital. Debates sobre la derivación y la reformulación del estado”, en M. Thwaites Rey (comp.): Estado y Marxismo. Un siglo y medio de debates, Bs. As., Prometeo, 2007.

2/ Marx, K., y Engels, F.: La ideología alemana, Bs. As., Santiago Rueda, 2005, p. 34.

3/ La comprensión de esta relación entre los derivacionistas alemanes y los “neo frankfurtianos” requiere dos aclaraciones: en primer lugar, las diferencias entre ambas perspectivas son notorias y explícitas en las distintas intervenciones en el debate (aunque pasadas por alto en algunas recepciones del debate –véanse las reseñas de Kapitalistate que mencionamos más adelante o el estudio de Carnoy, M.: El estado y la teoría política, México, Alianza, 1993, cap.5); pero, en segundo lugar, dichas diferencias afectan específicamente a los discípulos de segunda generación de la Escuela de Frankfurt más alejados del pensamiento frankfurtiano original y del marxismo en general (los frankfurtianos de la primera generación -particularmente Adorno- y otros de la segunda –como Backhaus o el propio Reichelt- ejercieron en cambio una importante influencia entre ellos).

4/ Esto vale igualmente a propósito de la perspectiva estructuralista del estado (cuyo máxima expresión era entonces Poulantzas, N.: Poder político y clases sociales, México, Siglo XXI, 1986) que quizás constituya, junto con esta perspectiva derivacionista, los principales hitos de esa renovación de la crítica marxista del estado de los ‘60s y ‘70s.

5/ Al respecto véase Gerstenberger, H.: Impersonal power. History and theory of the bourgeois state, Leiden, Brill, 2007. Para una presentación en español de la problemática abordada por Gerstenberger en este monumental estudio puede consultarse Gerstenberger, H.: “Una nueva mirada sobre la forma burguesa de estado”, en Periferias 1, Bs. As., FISyP, 1996 (se trata de “The bourgeois state form revisited”, un artículo incluido en Bonefeld, W., Gunn, R. y Psychopedis, K. (eds.): Open Marxism, London, Pluto Press, vol. I, 1992).

6/ Para un mayor desarrollo de estas hipótesis, véanse Bonnet, A.: La hegemonía menemista. El neoconservadurismo en Argentina, 1989-2001, Bs. As., Prometeo, 2008, y Piva, A.: Acumulación y hegemonía en la Argentina menemista, Bs. As., Biblos, 2012. Precisamente el ascenso del neoliberalismo en los noventa fue, en nuestro medio, la coyuntura en la que comenzaron a conocerse los aportes del debate alemán –aunque, básicamente, a través de su asimilación por parte de los críticos británicos del neoliberalismo (véanse, por ejemplo, las compilaciones de Hirsch, J. et alii: Los estudios sobre el estado y la reestructuración capitalista, Bs. As., Tierra del Fuego, 1992 y de Holloway, J.: Marxismo, estado y capital. La crisis como expresión del poder del trabajo, Bs. As., Tierra del Fuego, 1994, así como una serie de artículos publicados por entonces principalmente en las revistas Cuadernos del Sur, Doxa, Herramienta y Periferias.

7/ Para análisis más detallados de este período, en el caso argentino, pueden consultarse a su vez Bonnet, A.: La insurrección como restauración. El kirchnerismo, 2002-2015, Bs. As., Prometeo, 2015, y Piva, A.: Economía y política en la Argentina kirchnerista, Bs. As., Batalla de ideas, 2015.

8/ Esta interesante revista publicó también otros trabajos que contribuyeron a su difusión, como una presentación del debate de Holloway y Picciotto (“Debates marxistas sobre el estado en Alemania Occidental y la Gran Bretaña”, en el número 16/17 de 1980) y una revisión del debate de Salama (“El estado capitalista como abstracción real”, en el número 12/13 de 1979).

9/ Véanse, por ejemplo, las referencias al debate alemán en O’Donnell, G.: “Apuntes para una teoría del estado”, Bs. As., Documento CEDES 9, CEDES, 1977, reproducido luego en Revista mexicana de sociología 40 (4), México, UNAM, 1978, y en Lechner, N.: “La crisis del estado en América Latina”, Santiago de Chile, Documento de Trabajo FLACSO, 1977, reproducido con el mismo título en Caracas, El Cid, 1977.

10/ Véanse Evers, T.: BürgerlicheHerrschaft in der Dritten Welt. Elemente einer Theorie des Staates in ökonomisch unterentwickelten Gesellschaftsformationen, Köln – Frankfurt, Europäische Verlagsanstalt, 1977, publicado en español como El Estado en la periferia capitalista, México, Siglo XXI, 1979, y Salama, P. y Mathias, G.: L’ État surdéveloppé: des métropoles au Tiers-monde, Paris, Maspéro – La Découverte, 1983, publicado en español como El estado sobredesarrollado. De las metrópolis al tercer mundo, México, Era, 1986.

11/ Véanse, entre otros, Moncayo, V. y Rojas, F. (comps.): Crisis permanente del estado capitalista, Bogotá, S.E.I, 1980; Archila, M. (comp.): La critica marxista del estado capitalista: del estado instrumento a la forma estado, Bogotá, CIEP, 1980; Sánchez Susarrey, J.: La forma mercancía, la forma estado, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 1986; Fausto, R.: Lógica y política, Rio de Janeiro, Brasilense, 1987; Nakatami, P.: “Estado e acumulação do capital: discussão sobre a teoría da derivação”, en Análise Econômica 5 (8), Rio de Janeiro, 1987. El único trabajo sistemático sobre el debate en su conjunto que conocemos, sin embargo, es muy posterior: Caldas, C. O.: A teoría da derivaçao do estado e do direito, San Pablo, Dobra, 2015.

12/ Se trata de Vincent, J. M. (ed.): L’État contemporain et le marxisme, Paris, Maspero, 1975. El volumen incluía “Remarques sur quelques problèmes posés par l´interventionnisme etatique” de Alvater (una versión recortada y traducida del inglés del artículo que incluimos en esta compilación), y “Eléments pour une théorie matérialiste de l´État” de Hirsch y “Contribution a la critique de la théorie du capitalisme monopoliste de´État” de Wirth (traducidos del alemán e incluidos en esta compilación). También contenía el artículo del marxista británico David Yaffe que mencionamos más adelante, pero que no se relacionaba con el debate.

13/ El derivacionismo no dejaría de estar presente entre algunos intelectuales franceses –como el citado Pierre Salama-, pero desde entonces no se sumaron nuevas traducciones al francés de los artículos originales. Una muestra de ambas cosas son los recientes trabajos de Antoine Artous (Artous, A.: Marx, el estado y la política, Barcelona, Sylone, 2016, prologado precisamente por J. M. Vincent, y Artous, A. (comp.): Naturaleza y forma del estado capitalista, Bs. As., Herramienta, 2016).

14/ Holloway, J. y Picciotto, S.: State and capital. A marxist debate, London, Edward Arnold, 1978.

15/ El debate instrumentalismo – estructuralismo se publicó en español en Tarcus, H. (comp.): Debates sobre el estado capitalista1. Estado y clase dominante, Bs. As., Imago Mundi, 1991; algunos textos del debate entre fundamentalistas y neoricardianos en español son Yaffe, D.: “La teoría marxista de la crisis, del capital y del estado”, en Críticas de la economía política 16/17, México, El Caballito, 1980 y Gough, I.: “Gastos del estado en el capitalismo avanzado”, en H. R. Sonntag y H. Valecillos (comps.): El estado en el capitalismo contemporáneo, México, Siglo XXI, 1977. Para un análisis detallado del contexto de recepción del debate de la derivación en Gran Bretaña puede consultarse, además de la introducción de Holloway y Picciotto incluida en esta compilación, Clarke, S.: “The state debate”, introducción a S. Clarke (ed.): The state debate debate, Londres, Palgrave Macmillan, 1991.

16/ La recepción británica del debate fue particularmente productiva y dio lugar a la emergencia del “Marxismo Abierto” y al trabajo de inspiración poulantziana de Bob Jessop, para mencionar a los más relevantes. El proceso de reestructuración del capital y del estado que iniciaría el gobierno de Tatcher en el Reino Unido daría lugar al llamado “Debate de la reformulación del estado”, del que participó Hirsch pero que tuvo su centro particularmente en Gran Bretaña y cuyos protagonistas fueron Jessop, Holloway, Bonefeld y Clarke, entre otros. Dicho debate, a partir de los aportes y conclusiones del debate de la derivación, intentó abordar el problema de las transformaciones históricas en curso de la forma de estado (en español véase Bonefeld, W. y Holloway, J. (comps.): ¿Un nuevo estado? Debate sobre la reestructuración del estado y el capital, México, Cambio XXI, 1994, Hirsch, J. et alii: Los estudios sobre el estado y la reestructuración capitalista, Bs. As., Tierra del Fuego, 1992 y varios números de la revista Cuadernos del Sur). Algo similar ocurrió con la irrupción de las discusiones en torno a la “globalización” y el “dominio de las finanzas” (en español véase por ejemplo Holloway, J. “La reforma del estado: capital global y estado nacional”, en Perfiles latinoamericanos 1, México, 1993 y Holloway, J. et alii: Globalización y estados – nación. El monetarismo en la crisis actual, Bs. As., Tierra del Fuego, 1995) y en torno a la teoría de las relaciones internacionales y los procesos de integración regional (en español véase Kan, J. y Pascual, R. (comps.): Integrados. Debates sobre las relaciones internacionales y la integración regional latinoamericana y europea, Bs. As., Imago Mundi, 2013, especialmente la primera parte dedicada a los debates teóricos sobre el tema dentro el marxismo).

17/ “Acumulación, dominación y lucha de clases en la Argentina contemporánea, 1989-2011”, radicado en el Centro de Investigaciones sobre la Economía y la Sociedad de la Argentina Contemporánea de la Universidad Nacional de Quilmes. Los principales trabajos de este programa, centrado en el análisis interdisciplinario de la historia argentina reciente, están disponibles en www.laargentinareciente.com.ar.

18/ Heide Gerstenberger señaló en este sentido, por ejemplo, que “en su introducción a la compilación no sólo evaluaron los ensayos alemanes, sino que ellos mismos ofrecieron una contribución muy rigurosamente argumentada al desarrollo de una teoría marxista del estado” (“Gerstenberger, H.: “The historical constitution of political forms of capitalism”, en Antipode 43 (1), 2011, p.81).

19/ Este artículo de Müller y Neusüß incluye duras críticas al pensamiento político de Habermas y Offe y su publicación en inglés originó un debate en las páginas de Telos (pueden consultarse en este sentido Habermas, J.: “A reply to Müller and Neusüß” y Offe, C.: “Further comments on Müller and Neusüß”, ambos en Telos 25, 1975).

20/ Working papers on the kapitalistate (Kapitalistate) fue una revista impulsada por un colectivo de intelectuales marxistas de diversos países, alemanes incluidos, encabezado por James O´Connor desde California. Además de este artículo de Alvater, publicó una extensa reseña de la compilación de Holloway y Picciotto (por M. A. Fay, en Kapitalistate 7, 1978) y del artículo de von Braunmühl incluido en dicha compilación (por M. A. Fay y B. Stuckey, en Kapitalistate 8, 1980), así como textos posteriores de autores emparentados con el debate (Picciotto, Hirsch, Jessop, Clarke). Esta revista fue así el principal medio de la escasa difusión del debate alemán en los Estados Unidos.

21/ La lectura de este artículo de von Braunmuhl puede complementarse con la de “Mercado mundial y estado nación”, disponible en Cuadernos políticos 38, México, El Caballito, 1983 (traducción de “Kapitalakkumulation in Weltmarketzusammenhang. Zum methodischen Ansatz einer Analyse des burgerlichen Nationalstaats”, publicado originalmente en Gesellschaft 1, 1974), que decidimos no incluir en esta compilación por razones de espacio.

Conversaciones con la secretaria de Joseph Goebbels

por Bernd Reinhardt y Verena Nees//

Una vida alemana: La élite de poder Nazi en la mirada.

La película austríaca Una Vida Alemana (Ein deutsches Leben), dirigida por Florian Weigensamer, Olaf S. Müller, Christian Krönes y Roland Schrotthofer, que tuvo su premier en cines alemanes en abril es una cinta preocupante y chocante. Por esas razones merece una gran audiencia. El documental trata de Brunhilde Pomsel (1911 al 2017). Pomsel fue secretaria de 1942 a 1945 en la oficina del ministro nazi de propaganda, Joseph Goebbels.

Pomsel, mujer de 103 años de edad (cuando se produce el documental), habla calmadamente, deliberadamente, con mucho esmero. Las fotos de ella, en blanco y negro, muestran una cara surcada de arrugas. Una mente clara y una memoria nítida alumbran su viva mirada. Describe su labor con Goebbels como si hubiese ocurrido ayer.

No sólo está cerca la cámara; todo está cerca. De pronto cae en cuenta el público: aquí estamos ante alguien quien estuvo en el centro de poder nazi; quien hasta el fin trabajó en el bunker del ministerio de propaganda nazi y transcribía con su máquina de escribir, los documentos de uno de los más infames criminales nazis; quien luego se suicidó con toda su familia. No fue hace tanto tiempo.

Al finalizar su relato de ciento quince minutos, grabado en 2013 y 2014 (reproducido en un libro que acompaña el film —publicado en 2017 por la editora Europa-Verlag), Pomsel hace un resumen de sus opiniones: “Aun lo bello tiene imperfecciones, lo terrible sus rayos de sol. No todo es blanco y negro”. Rechaza cargar con ninguna culpa. No cometió ningún delito “fuera de transcribir para el señor Goebbels”.

“No, yo no me considero culpable; a menos que se ponga en el banquillo a todo el pueblo alemán, a toda la gente que ayudo a este régimen conquistar el poder”.

Pomsel se cria en un medio pequeñoburgués. Sin ser ricos, sus padres pudieron vivir en un barrio acomodado en la zona sur de Berlín, donde la educación hacía hincapié en la obediencia. No se fomentan intereses políticos, particularmente entre las niñas.

Luego, de muchacha Pomsel representaría el ideal femenino: bonita, prolija y un poco ingenua. Le agrada charlar con sus amigas en los cafetines. Heinz, su primer novio estudia derecho en Heidelberg. La invita al palacio deportivo de Berlín. Se decepciona cuando, en vez de un evento deportivo, llegan a un evento de propaganda del Partido Nazi (NSDAP), donde habla Goering; cosa que la deja aburrida en extremo.

El presidente Hindenburg nombra a Hitler canciller del Reich (Reichkanzler) el 30 de enero 1933. Pomsel lo saluda durante la marcha de antorchas en la Puerta de Brandenburg: “¿Porqué no?, un hombre nuevo”. Pomsel apenas tiene veinte años de edad.

“Nadie pensaba en los judíos antes de 1933”, cuenta Pomsel, “puro cuento de los nazis más tardíos”. Eva Löwenthal, su amiga judía, siempre era invitada a sus fiestas. Eva nunca tiene dinero y los otros la invitan. Pomsel nunca le cuenta, por tacto, que había ovacionado a Hitler.

Por un tiempo trabaja Pomsel de secretaria de un agente de seguro judío, un tal Hugo Goldberg. Tampoco a él le dice que había aplaudido a Hitler.

Luego de 1933, cuando le llegan menos clientes, Goldberg sólo puede contratarla a medio tiempo. Pomsel se las rebusca transcribiendo las experiencias en la Primera Guerra Mundial de Wulf Bley, ex teniente de vuelo y en ese entonces Sturmbannführer —comandante de unidad de asalto— de la SA (Sturmabteilung, tropas de asalto paramilitares nazis, las infames camisas pardas). Siguiendo los consejos de Bley, Pomsel, para avanzar su carrera, se une al partido Nazi; Bley le consigue un buen empleo en una estación de radio.

Cuenta Pomsel que su amiga Eva la visita con frecuencia en la estación de radio. Le agradan los periodistas de allí por ser tan “chistosos y despiertos”. Su lenguaje deja entrever los prejuicios de la pequeña burguesía del sur de Berlín. Eva era muy bonita: “de cabello rojo, pequeña y delicada, aunque con pico judío” [nariz].

En 1942 Pomsel es enviada al ministerio de propagando. Allí asciende hasta convertirse en la secretaria mecanógrafa de la oficina de afuera de Goebbels. Tanto gana que sus amigas la envidian. Varias veces explica que bien se sentía allí. La gente era amistosa, los muebles agradables. Su patrón, Goebbels, parece elegante; usa magníficos trajes y siempre se mantiene bien; “no hay ninguna razón para quejarse”.

Joseph Goebbels en 1932

De vez en cuando visitaban la oficina las lindas hijas de Goebbels, curiosas y con deseos de escribir a máquina.

Cuando Pomsel visita a Eva Löwenthal por última vez, ella se ha mudado; las cosas le van muy mal. Le avergüenza a Pomsel no haber traído alimento; sólo trajo cigarrillos; su amiga es una fumadora empedernida. Su familia carece casi por completo de muebles y vive hacinada, cuatro por cada cuarto. “De repente Eva desaparece. No pudimos impedirlo”. La habían deportado a Auschwitz en 1943, donde la asesinan en 1945.

“Para nada sabíamos lo que pasaba con Hitler en el poder”, dice Pomsel, a manera de justificarse a sí misma. En verdad “Saber demasiado no convenía; era un obstáculo innecesario”.

Esta película bien demuestra su fuerza alternando la narración de Pomsel para con muestras de la realidad en que vivía. Se presenta material archivado y recien descubierto del Museo Estadounidense Conmemorativo del Holocausto (USHMM), que muestra la enorme destrucción de cadáveres en el Ghetto de Varsovia y los prisioneros famélicos de campos de concentración recién liberados por tropas estadounidenses, verdaderos esqueletos andantes. Finalmente hay largase escenas del campo de Buchenwald, donde, al acabar la guerra, se obligó a los habitantes de la vecina ciudad de Weimar tomar conciencia de las montañas de cadáveres y a enterrar a los prisioneros masacrados. También se presentan escenas de cintas propagandísticas de las principales naciones que participaron en la guerra.

De la matanza de judíos, otras minorías, o de comunistas, socialdemócratas y luchadores de la resistencia, Pomsel dice muy poco. Admite haber sabido “por mucho tiempo” de la existencia de los campos de concentración. Para ella era suficiente la verdad oficial de que esos campos eran de “reeducación” de enemigos y criminales.

No tenía sentido resistir; de todas maneras ya era demasiado tarde con Hitler en el poder. “Vivíamos todos en un gigantesco campo de concentración”.

Sophie Scholl

Llega a ocurrir que los archivos judiciales de Sophie Scholl y el grupo la “Rosa Blanca” (Weißen Rose) caen en sus manos. Recuerda lo orgullosa que se sintió a no ceder a su curiosidad y no leer en secreto ese archivo. Le remuerde la muerte de esos jóvenes. Admira la valentía de Sophie Scholl y sus compañeros. A la vez piensa que fue una “estupidez” arriesgar sus vidas “por un papel de mierda, un volante”.

Causa inquietud Una vida Alemana por ser tan normal, por las enormes banalidades con que Pomsel describe sus años con Goebbels. Le presenta al vidente una imagen totalmente rutinaria de algún buró de algún oficial de gobierno actual. A través de todo esto, Pomsel obedientemente transcribe a maquina todas las decisiones, instrucciones y protocolos justificando las matanzas y la guerra de exterminio.

Al fin de sus días, Pomsel sigue admirando su jefe por ser un “talentoso actor”; aunque si la llena de horror cuando Goebbels una vez en un infame discurso del Palacio de Deportes pregunta con furia: “¿Desean ustedes guerra total?” con el aplauso de todos sus oyentes —un hombre que había embrujado a las masas, un “fenómeno natural” inexplicable.

La ignorancia de Brunhilde Pomsel, setenta años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, que ella admita abiertamente que había apoyado a los Nazis por interés personal y su atrevida declaración de no haber visto nada, de no saber nada, asombra pero no sorprende —aparece en otro documental, sobre Traudl Junge, secretario de Hitler.

El Partido Nazi fue un movimiento pequeñoburgués, que contó con el apoyo de muchísimos oportunistas. Las justificación posteriores de éstos, de que nunca supieron nada, los ayuda en sus carreras en Alemania Occidental luego de la guerra. También logra Pomsel regresar a su antiguo puesto; pasados cinco años de prisión en Rusia, se transforma en la secretaria ejecutiva de la red alemana de radio difusoras (ARD), recomendada por el doctor Naumman, periodista nazi, quien también contaba con un nuevo empleo.

¡Cuán contemporánea es Una vida alemana! Por eso se nos enraíza en la médula de nuestros huesos. Los actuales aires de guerra, la miseria que encaran millones de refugiados, combinados con el auge del nacionalismo y del fascismo, despiertan los fantasmas del pasado. Es una horripilante advertencia para los tiempos actuales”, declaran los directores del film. “Hoy en día ya no se trata de un solo país, sino de todo un continente que se mueve a la derecha. Asusta ver que poco hemos aprendido de esa historia, que todavía existe en la memoria viviente”.

No se trata para los directores alumbrar la culpa de la señora Pomsel; cosa que es demasiado fácil. Se trata de que los videntes encaren “cuan rápido uno puede asociarse con tal empresa”; vuelve el agarre del conformismo, trayendo consigo “la indiferencia hacia los demás, la falta de empatía con el prójimo”.

El documentario termina con una dura advertencia ¡No nos olvidemos de los muertos del campo de Buchenwald! Esas imágenes de pilas de cadáveres nos traen a la memoria el reciente documental Fuocoammare —Fuego en el Mar— de Gianfranco Rosi, ganador del Oso de Oro, principal premio del Berlinale 2016 (el 66avo Festival de Cine de Berlín), una de cuyas escena muestra docenas de cadáveres de refugiados africanos entrelazados en un barco de refugiados.

Merkel y Trump sostienen conversaciones de crisis en Washington

                                                                                                                                                      por Johanes Stern//

Con las tensiones entre Alemania y Estados Unidos en su punto más alto desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el primer encuentro entre el presidente Donald Trump y la canciller alemana Angela Merkel tuvo lugar el Viernes en Washington.

El ambiente era tenso y frío. En una sesión fotográfica conjunta en la Oficina Oval, Trump apenas reconoció a Merkel y rechazó el apretón de manos acostumbrado solicitado por los fotógrafos.
En una conferencia de prensa conjunta después de una reunión de la Casa Blanca entre Trump y Merkel, otros funcionarios y líderes empresariales de ambos países, los dos jefes de Estado expresaron su acuerdo sólo en las cuestiones de aumentár el gasto militar y la guerra. Merkel prometió a Trump que Alemania aumentaría el gasto en defensa un dos por ciento más que el mínimo de la OTAN. A cambio, Trump prometió su compromiso con la OTAN. Acordaron “trabajar juntos de la mano en Afganistán y colaborar en soluciones de Siria e Irak”.

El conflicto entre los dos países, que se situarón en lados opuestos en dos guerras mundiales en la primera mitad del siglo XX, surgió con mayor intensidad en el tema de la política comercial. Trump se quejó de que el comportamiento pasado de los aliados estadounidenses a menudo habían sido “injustos” e insistió en una “política de comercio justo”.

Lo que Trump quiere decir con esto esta claro. Amenazó a Alemania con la guerra comercial en una entrevista que dio poco antes de asumir el cargo, advirtiendo específicamente de obligaciónes a la importación de hasta un 35 por ciento contra la industria automovilística alemana. Afirmar que el comportamiento de Alemania hacia Estados Unidos era “muy injusta”, dijo que se aseguraría de que esto terminará.

En la semana pasada, el asesor económico de Trump, Peter Navarro, se refirió una vez más al superávit comercial alemán como un “asunto serio” y lo calificó de “uno de los problemas más difíciles” para la política comercial estadounidense. Estados Unidos está preparando actualmente un llamado “impuesto al ajuste fronterizo” que reduciría sustancialmente los impuestos sobre las exportaciones estadounidenses y colocaría una pesada carga sobre las importaciones alemanas y otras importaciones europeas.

Los crecientes conflictos transatlánticos también se reflejaron en la cumbre de los ministros de Finanzas del G20 en Baden Baden, Alemania. La noche anterior, el ministro alemán de Hacienda, Wolfgang Schäuble, se reunió por primera vez con su nuevo homólogo estadounidense, Steven Mnuchin. El ex banquero de Wall Street insistió en que Estados Unidos no quería una guerra comercial, pero se negó a apoyar la inclusión en el comunicado de cierre del G20 de la aclarada declaración a favor del libre comercio y en contra del proteccionismo.

El proteccionismo de Trump es una catástrofe en particular para la economía alemana orientada a la exportación. En 2015, Alemania alcanzó un superávit récord de 260.000 millones de euros, lo que correspondía a más del ocho por ciento de toda su producción económica. El comercio con los Estados Unidos representó 54.000 millones de euros del superávit. En el año anterior, los EE.UU. proporcionaron el mayor mercado de exportación de productos alemanes, con un valor total de 107.000 millones de euros.

La delegación de Merkel incluyó a destacados representantes económicos alemanes, quienes fueron encargados de convencer a Trump de la importancia del libre comercio. Pero mientras el gobierno alemán lucha por desacelerar las tensiones con Estados Unidos, está preparando medidas de represalia no menos agresivas.

El vicepresidente de la facción parlamentaria del Partido Socialdemócrata (SPD), Carsten Schneider, amenazó con controlar los capitales. “En última instancia, Alemania está financiando una gran parte del déficit comercial de Estados Unidos con sus exportaciones de capital”, dijo Schneider. “Si Trump no cede, debemos estar listos para actuar”.

En una entrevista del Viernes por la mañana con la emisora alemana Deutschlandfunk, la ministra de Economía Alemana, Brigitte Zypries (SPD), dijo: “La otra posibilidad es simple. Vamos a presentar una demanda contra él ante la Organización Mundial del Comercio. Estó establece procedimientos. En la OMC, está claramente especificado en los acuerdos que se le permite no tomar más del 2,5 por ciento en impuestos sobre las importaciónes de automóviles”.
“Esta no sería la primera vez que el señor Trump fracasa en los tribunales”, añadió el político del SPD provocativamente.
El presidente de la Federación de Industria alemana (BDI), Dieter Kempf, preguntó a Merkel antes de su viaje para presentar a Trump “el punto de vista de una economía alemana, europea … con una autoconfianza apropiada”. Los puntos de vista de Trump sobre una politica economica simplemente “No valdrían”, insistió.
Con el fin de contrarrestar a Trump de la manera más eficaz, Berlín está llevando a cabo una estrategia de preparación para la guerra comercial entre los EE.UU. y toda la Unión Europea. El periódico Handelsblatt citó al ex economista jefe del Ministerio de Economía, Jeromin Zettelmeyer, diciendo que Alemania necesita “el respaldo del resto de Europa”. Él continuó diciendo: “Tendrán que hacer una guerra comercial si es posible”.

Según un informe de Der Spiegel, el objetivo del gobierno alemán es “aislar a los estadounidenses”. Para ello, la Comisaria del Comercio de la UE, Cecilia Malmstörm, ha sido encargada de negociar acuerdos comerciales “con otros países y regiones del mundo”. En la cumbre de la UE la semana anterior, los estados de la UE se hablarón contra “tendencias proteccionistas” en el comercio mundial y situaron a la economía europea en contrá de Estados Unidos, informó Der Spiegel .

La UE “seguirá colaborando activamente con los socios comerciales internacionales”, decía la resolución final de la cumbre UE. Para ello, “se lograrán progresos decisivos en todas las negociaciones seguidas con respecto a acuerdos de libre comercio ambicioso y bien equilibrados, incluso con el Mercosur [un bloque subregional que incluye a Bolivia, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela] y México.” Las negociaciones con Japón están “cerca de una conclusión pronto” y “las relaciones comerciales con China deben fortalecerse sobre la base de un entendimiento común de beneficios mutuos y recíprocos”.
Berlín y Bruselas están ampliando sus relaciones económicas con precisamente aquellos países que están en la mira del gobierno de Estados Unidos. Trump está amenazando a México con la terminación del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN), y Washington está siguiendo un camino hacia la guerra contra China con mayor apertura. Los conflictos entre Alemania y Estados Unidos seguirán afilándose como consecuencia.

En una movida significante, Merkel habló por teléfono con el presidente chino Xi Jinping inmediatamente antes de viajar a Washington. Aprovechó esta oportunidad para expresar su oposición al proteccionismo. De acuerdo con el portavoz del gobierno de Merkel, Steffen Seibert, Merkel y Xi afirmaron que “promoverían el libre comercio y abrirían los mercados juntos”. Además, los dos líderes acordaron “continuar su confianza en la colaboración, especialmente en el marco de la presidencia alemana del G20”.

Mientras tanto, los medios de comunicación alemanes están exigiendo “una declaración aún más clara contra el nuevo proteccionismo estadounidense” e instando a que “la mayoría de otros países se movilicen contra Trump”. Esto será “necesario” en el futuro, dijo un comentario en el Reinische Post. Alemania y la UE deben “oponerse con confianza a Trump” con “sus propios fines opuestos, en lugar de dejarse intimidar por Washington”. Las condiciones para esto son favorables, dijo el diario.
Siguió diciendo se había puesto claro en Baden Baden que Alemania tenia”no sólo a los demás Estados de la UE, sino también a casi todo el resto del mundo, sobre todo China, Brasil y Japón, a su lado en materias de política comercial”.

Las razones fundamentales del comportamiento agresivo de Trump hacia Berlín, así como los esfuerzos de Alemania para construir una coalición contra los Estados Unidos, se encuentran en las insolubles contradicciones del propio sistema capitalista. El capitalismo es incapaz de superar la contradicción entre el carácter internacional de la producción y el Estado nacional. Como en la víspera de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, los conflictos entre las potencias imperialistas sobre las materias primas, los mercados de exportación, las zonas de influencia y la mano de obra barata vuelven a conducir a la guerra comercial y al conflicto militar.

Marx, Engels y el Romanticismo

 Por Michael Löwy

El tema sobre el cual me gustaría discutir con ustedes es el tema de la relación del pensamiento de Marx y Engels y del marxismo, de manera más amplia, con el romanticismo. Tengo que empezar explicando qué entiendo yo por romanticismo, porque si no, no queda claro por qué veo una relación muy importante, significativa, del pensamiento de Marx con el romanticismo.

Si uno abre un manual de historia de la literatura o del arte, se define como romanticismo a una escuela literaria de principios del siglo XIX en Francia, Alemania e Inglaterra. Esa me parece una visión muy estrecha. En realidad, el romanticismo es algo mucho más amplio, mucho más profundo, es una de las principales formas de la cultura moderna desde fines del siglo XVIII hasta hoy.

Para dar un ejemplo, si ustedes conocen las Obras completas de Lenin, saben que Lenin escribió un folleto que se llamó En contra del romanticismo económico. Entonces, aparentemente, existe no solamente un romanticismo literario, artístico, poético, sino también un romanticismo económico.

El romanticismo es, en realidad, un movimiento cultural que atraviesa todos los campos de la cultura humana –el arte, la literatura, la filosofía, la teología, la política, las ciencias sociales, la antropología, la economía–; está presente en todos esos terrenos. Y ese movimiento cultural empieza más o menos en la segunda mitad del siglo XVIII, y tiene su primer portavoz importante en el filósofo francés Jean Jacques Rousseau. Pero se va a desarrollar en el curso del siglo XIX. Y mi opinión, la tesis que yo tengo es que continúa desarrollándose también en el siglo XX, hasta hoy. Hasta hoy hay manifestaciones del romanticismo, aunque no se autodenominen necesariamente románticas.

Para esta afirmación yo me atengo a esa frase de Marx no muy conocida, aunque me parece muy significativa, en los Fundamentos de la crítica de economía política [Grundrisse], en donde dice: “La crítica romántica del capitalismo va a seguir acompañando al capitalismo como su sombra, hasta que llegue el día bendito en que se acabe con el capitalismo”. Así que hasta que no se acabe con el capitalismo, seguirá existiendo la crítica romántica al capitalismo; eso dice Marx.

¿En qué consiste entonces esa crítica? Esa es una manera de definir al romanticismo que tiene Marx. Para Marx el romanticismo no es solamente una escuela literaria, sino que es una protesta cultural en contra del capitalismo; o de una manera más amplia, en contra de la civilización industrial capitalista moderna. Ese es el corazón, digamos, el centro, la esencia del concepto, en el sentido hegeliano y marxista, del romanticismo: es una protesta cultural contra la civilización capitalista moderna, refiriéndose a valores sociales, culturales, políticos, religiosos, precapitalistas, o premodernos, o preindustriales. Entonces, en el romanticismo hay esos dos elementos: una crítica, una protesta, un rechazo muchas veces profundo, rotundo, radical, visceral, de la civilización capitalista moderna. Pero en nombre de valores de un pasado real o imaginario, un pasado precapitalista. Eso es la quintaesencia o el concepto de romanticismo. Para esa definición me apoyo sobre lo que dice Marx.

Y también en otros trabajos de sociología marxista, como los de György Lukács, y toda una serie de trabajos que toman esa definición, pero trato de resumir lo que me parece la esencia del romanticismo.

¿Cuál es la relación que tienen Marx y Engels con el romanticismo? La tendencia general del estudio sobre Marx y Engels es verlos a ambos como herederos de la filosofía de las Luces, del racionalismo, de la ideología del progreso. Eso es, un poco, lo contrario del romanticismo. Entonces, entre el romanticismo y la filosofía de las Luces hay una diferencia bastante nítida. Así se ve tradicionalmente al marxismo. Y muchas veces hasta el mismo Marx se refirió de manera muy positiva a la filosofía de las Luces, al materialismo, a la teoría científica y materialista de la filosofía de las Luces y al racionalismo moderno. Esa sería la vertiente esencial del marxismo. Y, sin dudas, lo es. Pero creo que esa manera de percibir las raíces filosóficas y teóricas del marxismo deja a un lado otro componente, otra dimensión, otro aspecto del pensamiento de Marx y de Engels, y después del marxismo, que me parece fundamental, que es el aspecto o la dimensión romántica. Que sí existe.

Y también muchas veces se dejan de lado las fuentes románticas del pensamiento de Marx y de Engels. Es decir, Marx y Engels se han inspirado no sólo en la filosofía del progreso, la filosofía de las Luces, el materialismo, la dialéctica hegeliana, etc., sino también en varios pensadores y escritores románticos. Ese es un primer aspecto que me gustaría subrayar: las fuentes románticas del pensamiento de Marx y de Engels. Luego voy a dar algunos ejemplos.

En el campo de la crítica de la economía política, tradicionalmente se ve la relación de Marx con los economistas clásicos: Adam Smith, David Ricardo, etc. Efectivamente, Marx se refiere a ellos en sus escritos, los critica, los discute, los utiliza, en parte adhiere a esa teoría clásica, y en parte es su principal crítico. Pero uno no percibe, inicialmente, que había otro tipo de economía política. Precisamente, la economía política romántica, que tenía su principal representante en un economista suizo que se llamaba Sismondi.

Marx empieza diciendo que Sismondi, que es el representante de ese socialismo pequeño burgués, fue el primer economista que hizo una verdadera crítica del capitalismo. Y Marx empieza a hacer una lista de las críticas que se hicieron del capitalismo, y vemos que son en buena parte las mismas que le hace Marx. Es decir, el capitalismo como pauperización de las clases populares, la enajenación del trabajador, el desempleo, las crisis económicas. Toda una serie de cosas que los economistas clásicos burgueses no hablan. No hablan de la crisis económica, de la enajenación del trabajador. Entonces, en esa sección de El Manifiesto Comunista hay un homenaje de Marx a Sismondi, un reconocimiento de una gran deuda intelectual y política a este economista. Toma la crítica pero no acepta las soluciones que propone. Sismondi propone volver atrás. Pero Marx no quiere volver atrás, quiere ir hacia el futuro. Pero sí utiliza la crítica que hace del capitalismo.

Y aquí vemos otro aspecto importante del romanticismo. Los románticos sólo son parte del rechazo del capitalismo por la nostalgia de un pasado real o imaginario. A partir de ahí se van a marcar dos corrientes dentro del romanticismo. Una que quiere volver al pasado, que es regresiva, pasadista, y en algunos casos reaccionaria. Y hay otra corriente del romanticismo, que considera que la vuelta al pasado es imposible, es una ilusión. No se trata, por lo tanto, de volver al pasado, sino de dar una vuelta por el pasado en dirección al futuro. Es decir, utilizar elementos que han quedado en el pasado pero para construir un futuro nuevo, utópico, revolucionario.

Entonces hay dos vertientes bastante distintas dentro del romanticismo. Una conservadora o tradicionalista. Otra utópica y revolucionaria. El aspecto romántico en Marx es parte de esa corriente del romanticismo utópico revolucionario. Pero en su reflexión Marx va a tomar aspectos y elementos de varios críticos románticos del capitalismo.

Tomaré sólo dos ejemplos que parecen dar interés a Marx y Engels. Uno es el escritor francés Honoré de Balzac, autor de La comedia humana. La comedia humana es un análisis de la civilización burguesa, un análisis crítico, y una crítica que es romántica –porque Balzac era un hombre que se identificaba con el pasado precapitalista–. Desde el punto de vista político era un conservador, quería volver a la monarquía. Pero eso le daba una distancia crítica hacia la civilización burguesa, y la veía por lo tanto en toda su desnudez.

Entonces, hay una frase de Engels sobre Balzac, que es muy interesante. Dice “yo aprendí más sobre lo que es la sociedad burguesa, el capitalismo, etc., leyendo las novelas de Balzac que con el conjunto de los historiadores, economistas e investigadores de estadísticas profesionales de su época”. Engels, el gran científico social, el gran crítico de la economía política, dice eso. Es muy interesante y bastante sorprendente esa afirmación. Generalmente la gente no se fija en eso, pero creo que es interesante. Es la obra de un escritor, un crítico romántico. Aunque fuera conservador y reaccionario, Balzac le dio instrumentos a Engels para entender, para criticar, para analizar la sociedad capitalista.

Y el otro ejemplo es una cita de Marx, que es muy semejante a la de Engels, cuando dice lo siguiente. Se refiere a un grupo de escritores ingleses del siglo XIX, sus contemporáneos, que son Charles Dickens y dos mujeres: Charlotte Brontë y Mrs. Gaskell. Marx se refiere a los tres, los define como “una espléndida cofradía de escritores de ficción ingleses, cuyas páginas elocuentes y vivas trajeron al mundo más alegatos sociales y políticos que todos los políticos, publicistas y moralistas profesionales juntos”. Es casi la misma cita. Es decir, Marx encontró en las novelas de esos autores un análisis y una crítica que son románticos, porque esos escritores son románticos, que han nutrido su conocimiento de cuáles son las contradicciones, las alienaciones y la parte deshumana de la civilización burguesa. De eso se trata en último análisis.

¿Cuáles son esos aspectos del romanticismo que encontramos en la teoría y el pensamiento histórico y social de Marx y de Engels? Yo voy a apuntar apenas algunos de los aspectos.

El primero es el interés muy grande de Marx y de Engels por ciertas formas de sociedad precapitalistas. No tanto la sociedad feudal sino las sociedades o comunidades primitivas. O como dicen ellos, el comunismo primitivo. Entonces, Marx y Engels van a utilizar los trabajos de una serie de antropólogos, muchos de ellos de inspiración romántica, que han estudiado las comunidades primitivas, o las formas comunitarias primitivas, y Marx y Engels se van a referir de manera muy frecuente a esos trabajos.

Para dar un ejemplo, una carta de Marx a Engels, de 1868, a propósito de un antropólogo e historiador alemán que se llama Georg L. von Maurer. Entonces, Marx dice que la primera crítica que se hizo de la sociedad moderna tenía una perspectiva romántica medieval. Pero ahora aparece un nuevo tipo de crítica de la sociedad burguesa, que corresponde a una orientación socialista. Y consiste en ir mucho más allá de la Edad Media, hacia la época primitiva de cada pueblo. Y uno queda muy sorprendido de encontrar que lo que es el más antiguo elemento. Sin embargo, es el más moderno, que es el principio de la igualdad social. Es decir, lo que encontramos en esas comunidades primitivas, rurales, precapitalistas, arcaicas son las ideas de la igualdad social, que para nosotros son muy modernas, porque precisamente son lo que queremos para la sociedad futura. Entonces, aquí vemos esa dialéctica entre el pasado y el futuro. La igualdad social que existía en el comunismo primitivo fue destruida por el aumento de la propiedad privada, del Estado, de la familia patriarcal, etc. Entonces, lo que fue por un lado el progreso, el desarrollo de los modos productivos, de la civilización y de la propiedad privada fue, también, desde el punto de vista social, una regresión. Se destruyó la igualdad, el espíritu comunitario, que existía en esas sociedades primitivas. Ese es el contenido de esta carta de Marx a Engels, de 1868.

Y más tarde Engels, en una carta a Marx, vuelve a esta problemática, también discutiendo los trabajos de Maurer. Y ahí dice lo siguiente: “Tenemos que superar el preconcepto de la filosofía de las Luces, del siglo XVIII, según el cual a partir de la Antigüedad, de la Edad Media, hubo un constante progreso para lo mejor. Esta visión nos impide ver el carácter contradictorio y antagonista del progreso real, y también los elementos de regresión social”. Yo creo que este pasaje de Engels es también muy interesante, porque tiene que ver con esta cuestión.

Primero, Engels rechaza la idea ingenua de un progreso lineal, que viene del comunismo primitivo, la esclavitud, el sistema feudal, el capitalismo, la sociedad industrial, el socialismo, todo como si fuera una línea de progreso constante. Entonces la rechaza como si fuera ingenua. Y en cambio habla del carácter contradictorio del progreso. El progreso en la historia siempre fue contradictorio. Es decir, del comunismo primitivo a la esclavitud hubo progreso, las fuerzas productivas se desarrollaron, la civilización griega y romana eran más avanzadas que el comunismo primitivo, pero es un progreso contradictorio, porque produjo una forma social inhumana, como era la esclavitud. Entonces, tenemos que ver el carácter contradictorio del progreso, y los elementos de regresión que están en el seno del llamado “progreso”. Es decir, necesitamos una visión dialéctica del progreso. El proceso histórico, los avances, por un lado son o pueden ser, al mismo tiempo, dialécticamente, regresiones.

Un libro en el que se desarrolla esa problemática romántica, filosofía romántica revolucionaria de la historia, es quizás el libro de Engels que se llama El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado. En ese libro, Engels se va a apoyar en el trabajo de dos grupos de antropólogos, de historiadores, como el mismo Maurer, pero también en otros como Lewis Henry Morgan –norteamericano– que ha estudiado las comunidades indígenas, las tribus indígenas norteamericanas, los cherokees en particular, en el curso del siglo XIX, antes de que fueran exterminadas por la civilización blanca norteamericana.

Entonces Engels se refiere mucho a esos trabajos, los utiliza, los interpreta a su manera. Y subraya las cualidades humanas, sociales, culturales que venían de esas comunidades indígenas, “atrasadas”, arcaicas, etc. Dice lo siguiente: “Qué constitución admirable tenía esa organización tribal. Sin soldados, sin guardias, sin policía, sin nobleza, sin reyes ni gobernantes, sin alcaldes, sin prisiones, sin procesos. Todo funciona de manera natural. Todos, en esa comunidad, son iguales y libres, incluyendo a las mujeres. Si comparamos la situación de esa comunidad, de ese comunismo primitivo, con la inmensa mayoría de lo civilizado de nuestros días –década de 1880, cuando escribe esto–, es enorme la distancia entre el proletario y el campesino de hoy y el antiguo miembro libre de esa comunidad”.

Todos los criterios que permiten a Engels hablar de una regresión social son entonces, la libertad, la igualdad, pero también una cierta degradación moral. Había una cierta ética comunitaria en esas comunidades que hacen a Engels hablar de una caída, una quiebra de las alturas de la inocencia y de la moralidad de esa vieja comunidad para la sociedad moderna, y una verdadera degradación ética.

Uno puede imaginar que ese planteamiento de Marx y de Engels es solamente histórico. Que cuando se refiere al comunismo primitivo constata que tenía una serie de cualidades humanas que se perdieron con el llamado progreso y la llamada civilización, simplemente por una cuestión histórica. Pero no es así. Para Marx y Engels es también una cuestión política, en la medida en que para ellos el comunismo moderno, la utopía socialista de una sociedad sin clases, debería reformular, retomar, vivir como una cierta forma de renacimiento –obviamente, bajo una forma nueva, moderna– de estas cualidades sociales, humanas, éticas, que existían en la sociedad primitiva. Entonces, para Marx y Engels aquí hay una relación entre el proyecto futuro, revolucionario, de la utopía comunista, y lo que se ha perdido en el desarrollo de la civilización y destruido en la comunidad.

Ahora lo más interesante de esa significación política concreta de la comunidad primitiva, y de esa concepción romántica de la historia en Marx y Engels, son los manuscritos de ellos sobre Rusia de fines del siglo XIX. En esa época, en Rusia se había desarrollado un movimiento muy importante, apoyado en los campesinos, el movimiento populista revolucionario, que planteaba la posibilidad o la esperanza de construir el socialismo en Rusia a partir de las tradiciones comunitarias, rurales, de los campesinos rusos. Era una revolución contra el zarismo que permitía la transición de Rusia al socialismo, sin pasar por todas las etapas del capitalismo que conoció Europa occidental.

Ese movimiento interesó mucho a Marx y a Engels. Los dos consideraron este punto de vista de los primeros revolucionarios rusos con bastante simpatía. Y una primera manifestación de eso es cuando Marx escribe una carta, en 1877, a un periódico revolucionario ruso donde dice lo siguiente: “El desarrollo futuro de Rusia no tiene necesariamente que pasar por todas las etapas que conoció Europa occidental. No hay un camino único en el proceso histórico. No hay ninguna razón para que Rusia tenga que pasar por todos los horrores de la revolución industrial, del desarrollo del capitalismo, de la explotación, de la destrucción del campesinado libre. El análisis que yo hice en El Capital del desarrollo del capitalismo, se refiere a Europa occidental, a Inglaterra, Francia, Alemania, no necesariamente se refiere a Rusia. Rusia puede, eventualmente, conocer otro camino y otro tipo de salida”. Esa es la primera afirmación de Marx, que es desde el punto de vista metodológico muy importante.

Pero más tarde escribe otros dos textos sobre Rusia que son muy interesantes. Uno es una respuesta a una simpatizante de Marx que vive en Rusia, llamada Vera Zasulich, después dirigente del partido socialdemócrata ruso, quien le preguntaba qué opinión tenía respecto de esa cuestión del desarrollo que puede tener Rusia, y el papel de la comunidad rural en ese contexto. Entonces Marx le contesta, y tenemos la carta, y los textos preparatorios, porque esa carta le dio mucho trabajo, hizo varios textos preparatorios, y tenemos todo ese material. Y la idea fundamental de Marx es la siguiente. Existe la posibilidad, tal vez, no es una seguridad, de que Rusia no deba atravesar todos los horrores del capitalismo que conocieron todos los pueblos de Europa occidental. Existe también la posibilidad de que Rusia pase casi directamente del sistema autoritario feudal, bárbaro, del zarismo, a una sociedad de tipo socialista; en la medida en que este proceso de transición al socialismo se pueda apoyar en las tradiciones comunitarias, rurales, que persisten a pesar de todo, del feudalismo, del capitalismo, entre los campesinos rusos. Tradiciones comunitarias antiguas, primitivas, atávicas, que vienen del pasado y que no han desaparecido. Y que pueden servir de punto de partida para un desarrollo en dirección al socialismo. Esa es un poco la idea, bastante heterodoxa, que desarrolla Marx en esas cartas.

Y poco después Marx vuelve a eso, que es en uno de sus escritos del año 1881, en un prefacio a la edición rusa de El Manifiesto Comunista. Y Marx y Engels, en ese prefacio dicen que existe la posibilidad de que la revolución en Europa no empiece en Alemania o Francia o Inglaterra como habían dicho muchas veces, sino en Rusia, porque es ahí donde la situación estaba más explosiva. Y en ese caso, la revolución de ellos se va a apoyar en esa tradición comunitaria, colectivista, de los campesinos rusos, para iniciar el proceso de transición al socialismo. Siempre y cuando esa revolución rusa sea acompañada por una revolución en el resto de Europa. Es decir, esa revolución sólo podría realmente triunfar si tuviera el apoyo de una revolución europea, de los otros países. Pero puede empezar en Rusia.

Esta discusión tiene consecuencias políticas para el marxismo. Y voy a dar un ejemplo que tiene que ver con la agresión del colonialismo. El siglo XIX es el siglo de la gran expansión comercial, y en particular es la época en que Inglaterra va a conquistar la India. Y al conquistar la India, va a implantar en India formas modernas de distribución capitalista, y de producción, va a desarrollar los ferrocarriles. Es decir, va a haber progreso capitalista para India. Pero a hierro y fuego.

La guerra imperialista

Entonces Marx, en los primeros tiempos, en los primeros textos sobre el colonialismo inglés en India, de 1853, tiene una visión del colonialismo que nos parece muy rara. Dice que “el colonialismo es mortal, es monstruoso, es infame, es asesino; pero trae progreso económico, trae formas modernas de producción, trae los ferrocarriles y eso es positivo”. Entonces en el último análisis el colonialismo juega un papel objetivamente progresista, y que conviene, porque trae la producción moderna para la India. Ese es el primer enfoque.

El segundo enfoque, años más tarde, corresponde a los ‘80. Marx va a tener un enfoque muy distinto, en el cual él ve las consecuencias del colonialismo fundamentalmente por su lado negativo. Entonces escribe lo siguiente en una carta del año 1881 [los borradores –inéditos– de la carta a Vera Zasulich. N.K.]:“Hablando de la India oriental, nadie puede ignorar, excepto siendo Henry Maine” –que era un aristócrata inglés reaccionario colonialista–, “y otras personas de la misma clase, que en la India la supresión por el colonialismo inglés de la unidad colectiva común de las tierras” –que era el sistema de producción tradicional de la India–, “no sólo fue un acto de vandalismo inglés, sino que empujó al pueblo de India no para adelante sino hacia atrás”. 

Entonces ahí no hay progreso objetivo de las fuerzas productivas. En lo esencial, lo que resultó del colonialismo fue una regresión social de la gente, del pueblo campesino, que vivía en sus comunidades, y que aun siendo pobres tenían una mínima garantía de subsistencia en sus comunidades. Son expulsados de sus comunidades, sus comunidades son destruidas, la propiedad comunal rural es sólo estatuida, y a partir de ahí se producen los fenómenos de grandes hambres colectivas que mueven a millones y millones de campesinos. Eso es lo que quiere decir Marx cuando dice que la colonización y la política económica de la colonización no empujó al pueblo de India para adelante sino para atrás.

Ahora ese enfoque yo diría hoy que es “romántico”, en el sentido de que rechaza la idea de un progreso lineal, y percibe todo lo que el comercio capitalista y el desarrollo productivo de la civilización produjo de regresión social. Y compara este hito de pauperización de la población campesina indígena con el estatuto que tenía en el pasado precapitalista que, por lo menos, les garantizaba su subsistencia. Obviamente, la perspectiva histórica de Marx no es volver a las formas tradicionales, rurales, precapitalistas. Obviamente no se trata de eso, no se trata de una restauración del pasado, sino de una perspectiva socialista para el futuro; pero partiendo de esa experiencia del pasado, de existencia comunitaria rural.

Ese es un aspecto del romanticismo del marxismo.

El otro aspecto que a mí me parece también muy importante, es el tipo de crítica que hacen Marx y Engels al capitalismo. Obviamente, esa crítica es la madre de toda una crítica de la explotación. En El Capital el tema principal es el de la explotación del trabajador por el capitalista. Pero la crítica de Marx es más amplia, no es únicamente el tema de la explotación. La crítica de Marx al capitalismo, a la infamia del capitalismo, no tiene únicamente la explotación como objeto sino también otros aspectos. Y es en esos otros aspectos en los que entran temas típicamente románticos.

Uno de esos temas, que aparece en toda la historia del romanticismo, es la crítica a la rentabilización, a la monetarización y a la cuantificación de todas las relaciones humanas y de todas las cualidades sociales por el capitalismo.

Es decir, el capitalismo destruye, diluye, disuelve todos los valores cualitativos –el amor, la amistad, la solidaridad, el honor, la fe–; todo eso es disuelto como en un ácido por el capitalismo, que lo sustituye por un único criterio, que es el cuantitativo. Ya no hay bueno ni malo, ni bello ni feo, sino que hay el que es 10.000, 1.000.000, 10.000.000 de libras, pesos, dólares, o lo que sea. Ese es un tema fundamental de crítica romántica al capitalismo, que Marx y Engels retoman en sus escritos, y que aparece de manera central en un escrito de Marx que todos ustedes conocen, que se llama Manuscritos económico-filosóficos de 1844.

Ahí Marx y Engels dicen que en la sociedad del pasado existía la posibilidad de un intercambio de honor por honor, amistad por amistad, amor por amor. En el capitalismo la tendencia cada vez más dominante es la de cambiar honor por dinero, amistad por dinero, amor por dinero. Entonces él dice eso del proceso de prostitución general de la sociedad. No sólo en la relación del amor, sino en todos los actos de los individuos que tienen por único objetivo la ficción del tener, del acumular capitales de dinero, de mercancía; y los valores cualitativos, las cualidades humanas, sociales, culturales, afectivas, eróticas, todo eso tiende a ser disuelto en el proceso de cantidad de mercancía, o del dinero. Hay muchos aspectos, no voy a citar todos, son bien conocidos por ustedes.

El otro tema parecido que aparece es la oposición que hace Marx, y ya en El Capital, entre el valor de cambio y el valor de uso. Y es un poco lo mismo, reformular el tema de la economía. ¿Qué es el valor de uso? Es el valor cualitativo que tiene una cosa, los objetos: un libro para leer, un caballo para transportarse, una silla para sentarse. Entonces los productos tienen un valor de uso. Y dicen Marx y Engels, sobre todo en El Capital, que en las sociedades precapitalistas, en la antigüedad y en el medioevo, o en las comunidades indígenas, o primitivas, etc., lo importante eran los valores de uso. Es decir, la gente producía objetos en función de su valor de uso, sobre todo.

En la sociedad capitalista, lo que importa es el valor de cambio, que es cuantitativo, es la cifra. Es el cambio que se hace de la mercancía por el dinero. Entonces hay una sustitución del valor de uso por el valor de cambio. El valor de uso ya no importa, sólo interesa en la medida en que pueden vender a la mercancía. Entonces tenemos productos y mercancías que tienen cada vez menos valor de uso y existen únicamente en función de su valor de cambio, en su transformación posible en dinero y en capital.

Entonces así se plantea esa oposición a la sociedad capitalista moderna fundada en la dominación casi exclusiva, total, abrumadora, del valor de cambio, en la que todo se vende por su valor de cambio; dicen Marx y Engels que cada cosa es llevada al mercado y cambiada en función a su valor de cambio, mientras que los valores de uso son excluidos o marginados, o sometidos a la ley del valor de cambio.

En tanto que en una sociedad socialista o poscapitalista –dicen Marx y Engels– otra vez la producción tendrá por objetivo la producción de valores de uso. Es decir, ya no se podrán considerar a las sillas o a los libros en función de su precio de venta, sino que se considerarán en función de su valor social, cultural, etc. Entonces, la sociedad comunista será una sociedad de producción de valores de uso. Ese es un tema central de la crítica marxista de la economía política que retoma en cierta manera una crítica romántica al capitalismo.

Puedo seguir dando otros ejemplos, pero me parece clara la idea fundamental que en la obra de Marx encontramos una vertiente, una dimensión, un aspecto, una sensibilidad romántica. Claro que no es el único aspecto, sino que es un aspecto importante. Y si lo dejamos de lado, si lo ignoramos, perdemos la riqueza de lo que es el pensamiento de Marx. Un pensamiento que es resultado de una síntesis dialéctica entre el pensamiento racionalista, materialista, científico, de la filosofía de las Luces y del gran idealismo alemán, con esta crítica de ese contexto romántico en tanto civilización burguesa. Es la síntesis de los dos y sintetiza la singularidad del pensamiento de Marx y de Engels. Pero generalmente se ve sólo un aspecto, sólo una vertiente, y se pierde una parte muy importante.

Quiero decir, en el poco tiempo que me queda, algo sobre la continuación de esta historia. Es decir, el desarrollo del componente romántico en la historia del marxismo en el siglo XX.

Voy a dar, simplemente, algunos ejemplos. Empezaré con una pensadora del marxismo clásico, que es Rosa Luxemburgo. Es autora de un libro que se llama Introducción a la economía política. Ahora bien, los libros de economía política marxista empiezan con la mercancía, con el capitalismo, etc. El libro de Rosa Luxemburgo empieza con el comunismo primitivo, y casi la mitad del libro es sólo el comunismo primitivo, es muy sorprendente. Y hace un análisis del comunismo primitivo, que es una forma de subsistir, no sólo de las tribus de América, de Alaska, sino también del pasado de Europa y en el mundo entero, que hubo una etapa de desarrollo social, que continúa existiendo, que es la del comunismo primitivo. Ella la analiza, siguiendo la tradición de Engels, subrayando todas sus cualidades humanas de igualdad, de democracia, de antiautoritarismo, etcétera.

Habla también de América Latina, eso es interesante. Habla del comunismo primitivo en el Imperio Inca, donde había toda una estructura burocrática y dictatorial, pero en la base funcionaban las comunidades. Y ella subraya ese elemento latinoamericano. Y Rosa Luxemburgo explica que el comunismo del futuro, obviamente, no es la vuelta al comunismo del pasado, pero que hay una cierta relación entre los dos. Y hay una fase en la que desde el punto de vista del futuro de la humanidad, cuando exista el nuevo comunismo moderno, del futuro, donde se va a decir que la historia de la propiedad privada fue un pequeño paréntesis entre miles de años de la historia del comunismo primitivo y miles de años del comunismo moderno. Entre los dos hubo un pequeño paréntesis que fue la historia de la propiedad privada, del capitalismo, etc. Eso es curioso.

Otra teoría muy interesante es la de que en los países del Tercer Mundo –Asia, Africa y América Latina–, están muy vivas las tradiciones comunitarias. El comunismo primitivo aún está presente, mucho más presente que en Europa o que en EE.UU. Entonces dice que tratemos de pensar una alianza del proletariado moderno de los países industriales, con los campesinos de las comunidades de los países del Tercer Mundo que representan aún la continuidad del comunismo primitivo. Entonces habría una alianza entre el comunismo moderno proletario, el comunismo tradicional campesino, como forma de la unidad antiimperialista entre trabajadores del centro y de la periferia.

Ahora esa temática la vamos a encontrar en un pensador latinoamericano pocos años después de ese libro de Rosa Luxemburgo. Un pensador latinoamericano que seguramente no conocía ese libro que fue publicado sólo en Alemania, que era muy poco conocido fuera. Pero lo vamos a encontrar bajo una forma un poco distinta, pero con una idea muy semejante. Quiero hablar de José Carlos Mariátegui. Es no sólo el más grande pensador marxista en América latina, sino que además también representa lo más típico del marxismo moderno. Y eso se manifiesta en muchos aspectos del pensamiento de Mariátegui, en la importancia que le da a la emoción, a la fe, al mito, a la mística. Todos esos elementos son característicos del romanticismo. Pero también en su concepción de la revolución peruana y latinoamericana, en la cual él subraya de manera muy semejante a Rosa Luxemburgo la persistencia de tradiciones comunitarias entre los campesinos peruanos, andinos y latinoamericanos.

Socialismo y comunismo moderno que, obviamente, no son una vuelta al comunismo inca. No queremos Incas, no queremos reyes dictadores. El comunismo moderno incluye el principio moderno de la libertad. Pero sí un retorno a la tradición comunitaria.

Entonces Mariátegui dice que nuestro socialismo, en América latina, no puede ser calco y copia de otras experiencias, sino que tiene que ser una creación heroica. Y él hablaba también en tanto futuro en América Latina, que también era la única respuesta posible a la dominación imperialista, un socialismo indoamericano, un socialismo enraizado en las tradiciones culturales de los pueblos de América latina.

Entonces Rosa Luxemburgo y Carlos Mariátegui. Y hay muchos otros, aunque no hay tiempo de analizar a todos, pero voy a nombrarlos. Está también el judío alemán Ernst Bloch, que se autodefinía como romántico profesional porque era también marxista. Los primeros escritos filosóficos de György Lukács, el filósofo marxista húngaro. Algunos de los representantes más importantes de lo que se llamaba la escuela de Frankfurt: Walter Benjamin, Adorno, Horkheimer, Marcuse, que son también parte de esa vertiente del marxismo romántico. Algunos pensadores franceses como André Breton –el fundador del surrealismo-, que es también un representante muy interesante de lo que es el marxismo romántico. El filósofo marxista francés Henri Lefevre, uno de los inspiradores del movimiento de Mayo del ‘68 en Francia, junto con Guy Debord, fundador del situacionismo, también un romántico marxista.

Y en Inglaterra tenemos toda una corriente de la historiografía inglesa, cuyo representante más conocido es el historiador E. P. Thompson, que también representa muy bien esa corriente romántica del marxismo.

Estos ejemplos muestran que siguió existiendo en el siglo XX una corriente del marxismo en el sentido amplio, no el marxismo ortodoxo únicamente, en el cual esa dimensión romántica, ese elemento romántico, esa protesta romántica en contra de la civilización industrial capitalista sigue muy presente. Y creo que este momento, entonces, es parte de la riqueza del pensamiento marxista desde Marx y Engels hasta hoy, es uno de los componentes importantes de la crítica actual y del rechazo social, ético, moral y político al capitalismo y del proyecto de una nueva sociedad: de la sociedad de la utopía comunista.

MICHAEL LÖWY