Guillermo Lora: Naciones oprimidas y religión

I

JUSTIFICACIÓN DEL PRESENTE TRABAJO

 

Significado político de la venida del Papa

El anuncio de la visita del Papa Juan Pablo II -“Sembrador de justicia y esperanza”- actualizó el problema de la religión en un país, tan peculiar en este plano, como Bolivia.

El Partido Obrero Revolucionario y las organizaciones influenciadas por él, se apresuraron en expresar públicamente su repudio a esa visita y subrayaron que se trataba del representante de una religión de los opresores a lo largo de nuestra historia. Se recordó que los bolivianos -los indios bolivianos- tenían como a sus dioses, de manera franca o encubierta, al sol, a la Pachamama, a los Achachilas, etc. Así quedó planteada la oposición de gran parte de la nación oprimida -compuesta por nacionalidades mayoritarias y minoritarias nativas y sojuzgadas- a uno de los instrumentos usados por las naciones opresoras, por el impe-rialismo.

Simultáneamente y con motivo del vigésimo aniversario de la encíclica Populorum Progressio, el Papa lanzó su “Carta encíclica Sollicitudo rei socialis”, que exigió de manera imperiosa un pronunciamiento de nuestra parte, pues plantea la cuestión de saber a dónde conduce la de los principios, pretendidamente eternos, del cristianismo a los problemas cruciales de nuestra época. Juan Pablo II pretende señalar un camino propio al supuesto desmoronamiento tanto del liberalismo capitalista como del materialismo comunista.

De manera explicable, la iglesia, el gobierno y las organizaciones de la burguesía, han puesto en funcionamiento un descomunal aparato publicitario para preparar el apoteósico recorrido papal por un país que virtualmente se muere de hambre. La prensa informa que 30.000 efectivos resguardaran a Juan Pablo II, cifra impresionante por sí misma frente a las dimensiones diminutas de los propios organismos de represión. El gobierno adenomovimientista, acostumbrado a estirar la mano para poder hacer frente a sus problemas más apremiantes -como pago de su obsecuencia ante el capital financiero-, no tuvo más remedio que entregar la suma de un millón de bolivianos, miserable aporte según la jerarquía eclesiástica, esto cuando deja perecer de inanición a los sobrevivientes de la nefasta guerra del Chaco. De la visita del Papa sacarán mucho provecho los explotadores y el gobierno hambreador y vendepatria, por tanto deben financiar parte de la descomunal empresa tan cuidadosamente montada. Se puede admitir que los gastos en Bolivia serán inferiores en mucho a los realizados en otras latitudes, pero se trata de un país cuya pobreza casi no tiene paralelo en el mundo. El Papa llegará a la tierra que lleva el nombre Bolívar, el político de orientación burguesa, masón y que con tanta simpatía vio la difusión de la obra de los materialistas de la época, discípulo de Rodríguez, que buscó el basamento de la democracia en la formación integral del hombre, seguidor de Miranda, el conspicuo masón. Los librepensadores fueron convencidos para permitir la creación de Bolivia y de ese hecho político sacaron toda la ventaja imaginable el gamonalismo, la aristocracia terrateniente, interesados básicamente en seguir explotando despiadadamente a los indios, gracias al amparo de la religión y de la cruz.

Tanto oropel, aparato y publicidad, no pudo menos que sacudir profundamente las fibras de las multitudes silenciosas, sojuzgadas desde tiempos inmemoriales, que tan astutamente cuidan su cultura ancestral y, por tanto, su religión, ocultándolas tras el ropaje de las del conquistador.

La protesta airada estalló donde menos se esperaba: en el congreso campesino del departamento de La Paz y en el congreso nacional de los universitarios realizado en Potosí. Los sendos pronunciamientos adoptados hablan de la imperiosa necesidad de repudiar a la religión de los conquistadores y opresores.

Los de arriba y los propiciadores del tan esperado periplo de “Su Santidad”, estaban seguros que la violenta e inesperada protesta de los esclavizados y, al mismo tiempo prueba de afirmación de las nacionalidades autóctonas sojuzgadas, quedaría sepultada en el silencio, por algo controlan los medios de comunicación: parecían decir aquí nada ha pasado y adelante. Daban la impresión de no estar informados que fue el tan odiado POR el que inicio esta campaña y que su secretario general aprovechó los medios periodísticos que tuvo a su alcance para denunciar que la venida del Papa era una empresa de contornos políticos que aprovecharía en su favor el gobierno adenomovimientista y que constituía una grave afrenta a las masas explotadas.

El POR encabeza la lucha

El pronunciamiento de las organizaciones de masas constituye por sí mismo un importante acontecimiento político de gran significación, mucho más si trasunta el pensamiento trotskysta, que constituye el polo revolucionario en el país, llamado a aglutinar a las masas explotadas y oprimidas. De manera casi natural debería llegar al conocimiento de la mayoría nacional. Los intentos hechos para sepultarlo en el silencio ratifican su trascendencia política. La lucha entablada por lograr que gane el plano de la actualidad o bien para opacarlo, rápidamente se trocó en el primer episodio de la rebelión de las nacionalidades oprimidas con-tra la minoría blancoide que pretende seguir dominando con ayuda de la cruz y de los modernos Valverdes. El encontronazo multitudinario colocó en el centro al POR, que no en vano es fuerza política que enarbola francamente su bandera revolucionaria. Esto no esta mal, pues se trata del camino que tienen que recorrer obligadamente, en su empeño por libertarse, las multitudes oprimidas.

La burguesía tiene una gran capacidad para silenciar a los opositores y en este empeño sabe utilizar con eficacia todo su poderío económico y político, no en vano monopoliza la propiedad de los medios de producción. Como en tantas otras oportunidades, el trotskysmo se vio emplazado a romper el descomunal muro que levantó la reacción para aislarlo, para impedir que sea visto por los bolivianos. Emulando los tiempos más negros de la dictadura gorila, fue necesario recurrir a los panfletos, a las inscripciones murales, a las “palomitas” puestas en circulación subrepticiamente, todo para poder llegar hasta el grueso de la población.

A fines del mes de febrero, la organización universitaria URUS de La Paz colocó en el frontispicio del monoblock de la UMSA (avenida Villazón) un cartel de grandes dimensiones que decía:

“¡No a la religión de los opresores!!

“¡Abajo el Papa!!

“¡El congreso campesino de La Paz y el congreso nacional universitario dijeron: 

“¡No a la llegada del Papa!!

“¡Viva la Pachamama!!

Junto a la sigla URUS apareció el símbolo de la IV Internacional trotskysta, que en Bolivia como partido se concretiza en el POR.

Otros carteles similares aparecieron el El Alto de La Paz, en la zona fabril, etc. “Masas” abrió su edición con un titular similar al texto de dichos afiches. Circularon panfletos y los activistas del POR explicaron en calles y plazas -y siguen haciendolo- el verdadero alcance de ese campaña desde los muros y desde abajo. Esa artillería, aunque nada sofisticada, resultó eficaz. Obligó a los poderosos a perder la mesura, el cálculo y las buenas costumbres. Se desencadenó, desde arriba, un torrente de insultos soeces, sindicaciones y diatribas de toda especie contra el POR, el trotskysmo, el ateismo, etc, El dedo de los revolucionarios logró penetrar profundamente en la llaga putrefacta de los poderosos, de los esclavizadores. Nadie dudará que se trata de una remarcable victoria política .

Cuando la burguesía se enfurece por las posiciones políticas que adopta el trotskysmo, cuando motivan que la furia del enemigo de clase se desencadene, se puede estar seguro que la línea adoptada es correcta. Los explotadores no pueden elogiar las consignas revolucionarias y menos sumarse a ellas. Por esto decimos que la diatriba del clericalismo oscurantista y de la burguesía que pretende aparecer como la encarnación de la cultura, de la cultura de los esclavizadores, no puede menos que alegrarnos. El trotskysmo, la dirección ideológica de las mayorías explotadas, de las nacionalidades oprimidas, está llamado a convertirse en la dirección real de las organizaciones de masas, alcanzará ese objetivo rebelandose contra la ideología burguesa y contribuyendo a poner en pie de combate a los explotados. Lo que esta sucediendo ante nuestros ojos prueba que el proceso politico sigue ese camino. Podemos estar seguros que se está marchando hacia la victoria de las nacionalidades oprimidas, de la mayoría nacional, lo que importará la derrota de la burguesía y de sus aliados e instrumentos, entre los que se distinguen el clericalismo cavernario y ese opio de los pueblos que es la religión, toda religión.

Como no podia ser de otra manera, el POR y URUS se apresuraron a responder a los denuestos y a explicar el verdadero significado de su campaña. Fue invocada la Ley de Imprenta en vigencia para demandar que los órganos de publicidad que difundieron los ataques al trotskysmo diesen cabida a las aclaraciones. Unicamente una radio y un canal de televisión paceños tuvieron el coraje suficiente para difundir el pensamiento del POR.

Está de moda referirse a las bondades de la Ley de Imprenta y rechazar los velados o francos ataques que contra ella lanzan los adenistas, pero en la práctica la burguesía y el clero oscurantista -no decimos la “cleri-canalla”, como vociferaban los librepensadores de comienzos de siglo- demuestran ser lor peones enemigos de la libertad de prensa. Cuánta razón tenía Lenin cuando señaló que la más desarrollada democracia burguesa o formal, no es más que una dictadura de clase. Se nos impidió el acceso a los grandes órganos periodísticos, todo porque pusimos al descubierto una descomunal supercheria destinada a engatuzar, desorientar y adormecer a la mayoría nacional, a las nacionalidades nativas oprimidas, con ayuda de la visita del Papa y de los descomunales y aparatosos actos religiosos montados exprofesamente para que cayesen aplastadoramente sobre los hambrientos y ultrajados.

Uno de los planteamientos del Partido Obrero Revolucionario dice que en Bolivia, debido al poco desarrollo del capitalismo -capitalismo atrasado de economía combinada-, no se han dado las condiciones materiales para el florecimiento de la democracia formal o burguesa y que ya no hay tiempo para que esto suceda: la democracia que alcance a los sectores mayoritarios se dará en su plenitud bajo la dictadura del proletariado, que se asentara en las organizaciones de masas, en los órganos de poder, donde las masas ya ejercerán las funciones gubernamentales.

Lo que esta sucediendo ahora confirma lo que decimos, los beneficios de la democracia no alcanzan a quienes no poseen los medios de producción. El POR, el partido de los pobres, de los explotados, no tiene acceso libre a los medios de comunicación y difícilmente puede desarrollar sus actividades bajo un gobierno policiaco militar, esto pese a todas sus protestas en sentido contrario.

Los vientos de la popularidad comenzaron a soplar desde las trincheras de la clase dominante y de sus servidores políticos convertidos en piadosos creyentes. No pocos masones se alistaron entusiastas en las huestes que se abandonaron en brazos del Papa. El fanatismo pretende dominar en el ambiente. Más por oportunismo, buscando satisfacer menguados intereses -la iglesia es una potencia económica y política-, que impulsados por la fe, todos, incluyendo a los “izquierdistas” derechizados, se lanzan como perros con hidrofobia a destrozar a los poristas por el grave delito de haberle quitado sus adornos al Papa, por la osadía de llamar por su nombre a los conquistadores, esclavizadores y opresores de las nacionalidades indias. Los que estamos acostumbrados a cumplir nuestro deber revolucionario en las peores condiciones sabemos que todo esto es el plato de siempre y no nos alarma ni molesta. Nos encogemos de hombros porque sabemos que son gajes del oficio.

La canallesca malintencionada campaña de la clase dominante y del clero contra el trotskysmo no puede menos que alentar las actividades de los revolucionarios. Hay que subrayar que, de manera contraria, el resto de la mal llamada izquierda se aglutina alrededor de la iglesia y contra el POR y así subraya su repudio a las nacionalidades oprimidas e inclusive al indigenismo, del que en cierto momento pretendió vivir políticamente. La lucha entre las tendencias revolucionarias y mayoritarias y la minoría esclavizadora y conservadora está entablada y solo corresponde seguir adelante.

El Partido Obrero Revolucionario y la cuestión religiosa

Los actuales planteamientos poristas entroncan en sus posiciones que pueden ser consideradas tradicionales. El trotskysmo ha venido batallando incansablemente por la escuela laica y única, sabiendo que se trataba de un planteamiento hecho en su momento por el liberalismo, a fin de impulsar el desarrollo de la ciencia y de la cultura, que a esa finalidad, junto a la humanización del hombre, conduce la unidad entre la teoría y la práctica, llamada a convertirse en el basamento de la educación por la que luchamos. La lucha por estos objetivos conduce a la lucha contra la sociedad capitalista.

Mas adelante nos referiremos con algún detalle a la relación que tiene la cuestión religiosa con la lucha de las nacionalidades nativas por lograr la rotura de las cadenas que las oprimen actualmente y su autodeterminación.

A este problema le concedemos mucha importancia. La revolución, si es tal, tiene que resolver el problema de la opresión nacional, que es uno de los mayores de Bolivia. Esta cuestión esta relacionada con una serie de aspectos culturales. El proletariado victorioso asegurará la autodeterminación de las naciones actualmente oprimidas. Curiosamente, el nacionalismo burgués y la izquierda que le apuntala ignoran la existencia de las nacionalidades oprimidas. Para ellos solamente cuenta el cristianismo como religión oficial e ignoran las religiones nativas.

La batalla que actualmente se libra, la necesidad que se siente por orientar debidamente a las mayorías en el actual momento, lleva al convencimiento de que el Partido no debe mostrar indiferencia ante el problema religioso y menos declararse neutral ante él. Acaso no se ha prestado la suficiente atención a la tarea de asimilar debidamente los valiosos y abundantes materiales teóricos marxistas que existen en este terreno. La cuestión es mucho más importante si se tiene en cuenta que la izquierda proburguesa ha capitulado totalmente ante la capa del clero que enarbola la llamada teología de la liberación. Nos estamos refiriendo a los principios y no a las medidas tácticas que pueden llevarnos a cooperar con algún sector de la iglesia.

A esta altura se comprenderá fácilmente que se imponía volcar en letras de molde la posición que hemos adoptado con motivo de la anunciada visita del Papa.

Coincidimos con Lenín cuando nos negamos a reducir el problema religioso a una teorización abstracta y, mas bien, lo ligamos con los problemas más candentes de los explotados, en el caso boliviano de las nacionalidades oprimidas, por ejemplo.

Buscamos dar una gran amplitud a nuestras explicaciones sobre la religión y al hacerlo tenemos presente lo que se decía en el programa del Partido Comunista ruso de marzo de 1919:

“Es necesario evitar cuidadosamente inferir ofensas a los sentimientos religiosos de los creyentes, que no conducirían más que al fortalecimiento del fanatismo”.

Al final de este trabajo se encontrará nuestro análisis de la religión como fenómeno social históricamente condicionado, que en cierto momento apareció de manera necesaria. El POR explica el papel que cumple la religión en el proceso de sojuzgamiento de los trabajadores y sostiene que su influencia disminuye en la medida en que se conocen las leyes del desarrollo de la naturaleza y de la sociedad.

Constatamos que los marxistas bolivianos no hemos profundizado debidamente el problema de la religión, mucho menos en lo que se refiere a su relación con el problema de las nacionalidades oprimidas. Recién ahora comprobamos que el prejuicio religioso tiene poco peso entre los sectores mayoritarios de la población, es decir, entre los pobres. Sin embargo, como en todas partes, la religiosidad se ha visto acentuada toda vez que los problemas sociales y las catástrofes naturales han agravado la inseguridad familiar y la miseria. No pocos han respondido a los efectos destructores y antinacionales de los Decretos 21060 y 21660 concurriendo a las Iglesias. Pero, el bufón del canciller no ha logrado neutralizar a nadie y menos conquistar adeptos con el uso abusivo que hace de su rosario rodeado de toda una leyenda: sus apariciones públicas mueven a risa a los hambrientos.

¿Por que toda esta campaña? Para contribuir a que las masas indias se pongan en pie y luchen por su liberación, para que los trabajadores, particularmente, afirmen su independencia de clase frente a la burguesía y su Estado, en fin, para alentar la insurgencia de la ideología revolucionaria, que significa impulsar la evolución de la conciencia clasista. La independencia y conciencia de clase quiere decir

independencia frente a la ideología de la burguesía y a la política del Estado. En Bolivia el catolicismo es una religión oficial, convertida en tal por la conveniencia de los poderosos, pues les permite poner a salvo sus interesen materiales. Si los explotados tienen que libertarse están obligados a oponer sus propias ideas y creencias a las que son dominantes en el momento actual. Decir “¡Viva la Pachamama! “, puede, en determinadas circunstancias, adquirir un significado subversivo.

La discusión se ha desencadenado en los diversos sectores sociales, casi toda la gran prensa, la radio y la televisión se ha colocado junto a la clase dominante y a la iglesia. Como referencia revolucionaria, como faro que ilumina la lucha de los explotados, de las mayorías, aparece únicamente el POR. Nos corresponde profundizarla y no soslayarla, así fortaleceremos a la corriente revolucionaria.

No se trata de una discusión y de una postura pasajeras, sino de una verdadera profundización de los enunciados programáticos. La polémica sobre la cuestión religiosa nos lleva de manera directa a plantear la solución del problema de las naciones sojuzgadas como una necesidad histórica.

Colocados ante la necesidad de saber de qué manera podemos penetrar mejor en las inquietudes de las mayorías y cómo debemos calibrar nuestra propaganda y nuestra agitación para ser mejor comprendidos, para interpretar correctamente los sentimientos multitudinarios, nos vemos obligados a afinar las medidas tácticas que debemos aplicar.

No estamos buscando chocar con los sentimientos religiosos, sino ganar a la mayor parte de trabajadores, de campesinos, de gentes pobres de la clase media, para nuestras propuestas políticas.

 

II

¡ VIVA LA PACHAMAMA !

 

Avasallamiento de los nativos.

Maria José Casado escribe lo siguiente sobre la conquista de las tierras peruanas y el asesinato de Atahuallpa por los españoles:

“Es el verano de 1533. En la ciudad de Cajamarca, en el altiplano andino, el cuerpo sin vida del todopoderoso Atahuallpa pende de una cuerda, después de un juicio rápido y una condena por parricidio, idolatría, poligamia y conspiración contra los españoles …

“Es sábado en Cajamarca, 16 de noviembre de 1532. Francisco Pizarro y sus 168 hombres están concentrados ultimando los preparativos para el encuentro con Atahuallpa y concertando los detalles de la estrategia… Tiene una razón muy poderosa para la temeraria aventura que se propone: en su equipaje lleva el nombramiento de gobernador del Imperio de los Incas, expedido por Carlos V para el caso de que consiga conquistar aquellas tierras. Eso lleva consigo apropiarse sin molestias del oro que hay on el Birú o Pirú, donde los incas extraen 200.000 kilos cada año. También le apoya la bendición de los clérigos, que esperan evangelizar a los indígenas…

“A tres kilómetros de allí el enemigo acampa en tiendas de colores: 30.000 indígenas también están preparados para la lucha, algunos avanzan hacia Cajamarca. Con ellos va Atahuallpa, rodeado de gran fastuosidad y haciendo gala de una superioridad aplastante…

“Cinco de la tarde. Los indígenas han copado la plaza y Atahuallpa espera inmóvil el gesto de acogida por parte de aquellos españoles que le han invitado como ‘amigo y hermano’. Por fin el monje dominico Vicente Valverde sale de uno de los edificios y se dirige a él, acompañado de un traductor y empuñando una cruz en lo alto de su mano. Valverde se acerca al Inca y reitera la invitación de Pizarro, indicándole que entre sin escolta al edificio donde Pizarro le espera. La reacción de Atahuallpa es brusca: rechaza la invitación y exige que los españoles devuelvan los objetos que han robado. La respuesta de Valverde es otra exigencia: que se someta a las leyes de su Dios y de su Rey. Y al hacer esto le presenta unos escritos, no se sabe si una Biblia o un documento gubernamental. Lo cierto es que Atahuallpa toma el escrito, hojea algunas páginas y arroja los papeles al suelo encolerizado. ‘Con el rostro rojo de ira’, dice Miguel de Estete. Acto seguido ordena a sus hombres que se preparen para el ataque. Valverde retrocede asustado, dando gritos y exhortando a los españoles a la batalla: ‘Venid, cristianos; el perro se resiste a nuestro Dios. Matadlos a todos, yo os perdono’. Pizarro, que observa la escena, da la señal convenida. Se oye el estampido de un cañón, seguido del sonido de trompetas. Sesenta jinetes se lanzan contra la multitud al grito de guerra de ´¡Santiago!’ Mientras tanto Pizarro arremete contra el Inca, acompañados de otros veinte guerreros . . .

“Por fin, Pizarro llega hasta Atahuallpa, le arranca del trono y le hace prisionero. El pánico estalla entre los indígenas, que intentan escapar. Pero los españoles han bloqueado prudentemente las salidas. La presión de la multitud apiñada hace que ceda el muro y algunos afortunados logran escapar, mientras que la caballería española arremete contra la masa arrinconada y destruye sin piedad todo lo que alcanzan sus armas.”

Murieron miles de indios y los españoles constataron que solamente uno de ellos había sido herido levemente. El historiador norteamericano John Mason dice que se trata de “uno de los acontecimientos más extraordinarios de la historia universal”.

El siguiente es el relato de Luis S. Crespo sobre este importante episodio de nuestra historia y que no nos está permitido olvidar:

“Sólo un medio ofrecía (a los españoles) esperanza de éxito y paralizar toda resistencia. Pizarro lo propuso a todos sus oficiales reunidos en consejo y éstos lo aceptaron y prometieron ejecutarlo… Este recurso supremo era sorprender y hacer prisionero al Inca por medio de un golpe de mano.

“Queriendo Atahuallpa dar a los extranjeros una alta idea de su poder, se adelantó con todo su ejercito, siendo él llevado en una especie de andas, adornado de plumas y cubierto de placas de oro y plata, cuajada de piedras preciosas. Iba rodeado de histriones y bailarinas y acompañado de sus principales señores, que, coma él, eran llevados en hombros de sus vasallos. La marcha de este ejercito, compuesto de más de cuatro mil hombres, más bien parecía una procesión.

“En cuanto el Inca llegó a la plaza, preguntó por los españoles, y en aquel momento se le acercó el padre Vicen-te Valverde, capellán de Pizarro, llevando en una mano un crucifijo, y, en la otra, un breviario, según unos, una Biblia, según otros. Teniendo por interprete al indio Filipillo, Valverde dijo al Inca que venía por orden de su jefe a explicarle los misterios de la verdadera fe. Le habló de los misterios de la creación del mundo, de la Trinidad, de la encarnación, de la pasión y muerte de Jesucristo, de su resurreción y ascensión; la elección que Dios había hecho de San Pedro para que fuera su vicario en la tierra; el poder de este último trasmitido a los papas y la donación hecha al rey de Castilla por el Papa Alejandro de todas las regiones del Nuevo Mundo.

“Después de haber desarrollado toda esta doctrina, mal interpretada por Filipillo, exhortó a Atahuallpa a abrazar la religión cristiana, a reconocer la autoridad suprema del Papa, rendir vasallaje al rey de España y a reconocerlo como su único Señor legítimo. Si se sometía inmediatamente, Valverde le prometía que el rey tomaría el imperio bajo su protección y le consentiría que continuara reinando; pero si rehusaba obedecer y perseverar en su impiedad, él le declaraba la guerra y le amenazaba con una terrible venganza.

“No quiero ser tributario de ningún hombre -dijo Atahuanpa-; yo soy más poderoso que ningún príncipe de la tierra. El otro puede ser grande, no lo dudo, pues veo que ha enviado desde tan lejos a sus vasallos; y, por lo mismo, quiero ser su amigo. Si vuestro Dios murió por hombres que había creado, el mío vive (y señaló el sol que se hundía entre las cordilleras) y desde allí vela sobre sus hijos’. Preguntó luego a Valverde con qué autoridad le hablaba de esas cosas y dónde las había aprendido.

“En este libro`, respondió Valverde, presentándole su breviario.

“Atahuallpa le tomó con presteza, le miró, volvió curiosamente algunas hojas y lo acercó a su oído.

“Esto que me enseñas aquí no me habla ni me dice nada” -dijo luego arrojando el libro al suelo-. Y, después, continuo: “Dí a tus compañeros que me darán cuenta de sus acciones en mis dominios y que no me iré de aquí sin haber obtenido plena satisfacción de los agravios que me han hecho’.

“Recogió el padre Valverde su libro y corrió a informar del suceso a Pizarro, diciéndole entre otras cosas:

“No veis que mientras estamos aquí gastando el tiempo en hablar con este perro soberbio, se llenan los campos de indios? ¡Salid a ellos, que yo os absuelvo!”

Seguidamente el historiador boliviano se refiere a la tremenda matanza de indios y a la captura de Atahuallpa.

Felipe López Menéndez autor de una “Historia eclesiástica de Bolivia” -sostiene que todo lo anterior es una calumnia contra el R.P. Vicente de Valverde, capellán de Pizarro y transcribe algunos textos en apoyo de su tesis. Nos interesa detenernos en este punto de vista, porque la derrota de los incas y la muerte de Atahuallpa sellaron la suerte de las regiones peruanas. Los efectos de estas acciones están presentes ante nosotros. La llegada del Papa a tierra boliviana vuelve a actualizar el choque entre europeos y aborígenes americanos, los trotskystas formamos filas entre estos últimos, López Menéndez argumenta que Francisco de Jerez, secretario de Pizarro, quien en su ´Verdadera Relación de la Conquista del Perú y provincia del Cuzco´, nada dice acerca de la incitación del P. Valverde en la captura de Atahuallpa y matanza de los indios…Pedro Sancho, otro de los secretarios de Pizarro, en su ´Relación de la Conquista del Perú´, atribuye a solo el conquistador y capitán de los invasores españoles como el promotor, autor y ejecutor de los sangrientos acontecimientos de Cajamarca y la prisión del Inca’’, esta es la tesis de López Menéndez.

Prosigue el citado escrito: “Pedro Pizarro, testigo ocular y principal actor de los sucesos, en su “Relación del descubrimiento y conquista de los reinos del Perú, escribe:

“Envió (Pizarro) al Padre Fray Vicente de Valverde, primer Obispo del Cuzco, y Hernando Aldana, un buen soldado, y a Don Martinillo lengua, que fuese a hablar a Atahuallpa y a requerirle de parte de Dios y del Rey, se sujetase a la ley de nuestro Señor Jesucristo y al servicio de S.M., y que el Marqués (Pizarro) le tendría como hermano y no consentiría le hiciesen enojo ni daño en su tierra. Pues llegado que fue el Padre a las andas donde Atahuallpa venía, le habló y le dijo a lo que iba, y le predicó cosas de nuestra santa fe…Llevaba el Padre un breviario en las manos donde leía lo que predicaba; el Atahuallpa se lo pidió, y él cerrado se lo dio; y como tuvo en las manos y no supo abrirlo, arrojóle al suelo; llamóle el Aldana que se llegase a él y le diese la espada, y el la sacó y la mostró, pero no se la quiso dar; pues pasado lo dicho, el Atahuallpa les dijo que fuesen para bellacos y ladrones, y que les había de matar a todos. Pues oído esto el Padre se volvió y contó al Marqués lo que había pasado… Añade López: “En esta circunstanciada y larga relación de Pedro Pizarro, que presenció la captura del Inca, no aparece el P. Valverde, como incitador o estimulador de la hecatombe y prisión de Atahuallpa; y sí solo en la plática dirigida a éste y en el episodio del breviario”.

López cita al historiador J. Mesa y Leompart: “Tan luego como tuvo conocimiento -Pizarro- de la verdadera situación, se formó rápidamente su plan y convocó a sus oficiales para comunicarles el proyecto extraordinario cuya ejecución había decidido. Consistía éste en armar una celada al Inca y cogerle prisionero a la faz de todo su ejercito” (“Historia de América”). Mesa añade que Valverde opinó que el Inca merecía la muerte.

La conclusión de López: “Ni su condición de religioso, ni el cargo ministerial que tenía de defensor de los indios contra las depredaciones y atentados de los españoles, permiten aceptar que el P. Valverde hubiese alentado, ni siquiera aceptado la sentencia de muerte de Atahuallpa; por el contrario, no pudiendo impedir la ejecución de la sentencia, se dedicó a convertirlo a la fe cristiana, bautizarlo y conseguir que el suplicio de la hoguera fuera conmutado por el de garrote, como más benigno”. Violentando una cantidad abrumadora de documentos, el sacerdote López llega al absurdo de sostener como causa de las “calumnias contra el R.P. Valverde” el haber sido “uno de los primeros misioneros del Perú, y que luego, como primer Obispo del Cuzco, se constituyó como un denodado e incansable defensor de los indios contra las detentaciones de sus bienes y contra los atentados a sus personas, en su vida, libertad y dignidad, por parte de los conquistadores” (“La intervención del Padre V. de Valverde en la prisión y muerte del Inca Atahuallpa”).

Según Prescott -López recuerda que fue protestante- Valverde recomendó al Emperador español desde Tumbes, en 15 de noviembre de 1541: “en los términos más enérgicos la perpetua emancipación de los indios. Este es el tema principal de la carta del Padre Valverde al gobierno, cuyo tenor general hace, sin duda, más honor a su humanidad que algunos pasajes que de el nos cuentan”.

Hay, pues, una tendencia que buscó reivindicar a Valverde. Lo que no puede negarse, ni atenuarse, es la evidencia de que Valverde protagoniza en la historia la imposición a los aborígenes del catolicismo, la religión de los conquistadores, de los opresores.

Garcilazo de la Vega -“Historia general del Perú”-, apartándose de la montaña de documentos sobre la prisión y muerte de Atahuallpa, “lo elogia y sostiene con énfasis que lo han calumniado: ‘Al Padre Fray Vicente de Valverde levantan testimonios los que escriben que dio alarma, pidiendo a los españoles justicia y venganza’ Desafiando todas las demás narraciones llega al extremo de sostener que Valverde ‘fue a los suyos, dándoles voces que no hiciesen mal a los indios, porque se había aficionado de Atahuallpa’. Y cuando otros cronistas cuentan que Valverde -iba entre las mesnadas españolas aconsejando como herir y matar mejor, Garcilaso dirá también que se trata de una patraña más y que el Obispo ‘esta descargado de culpa’. Estaríamos pues -según él- frente a un angel de Dulzura”,(Juan José Vega, “Fray Vicente de Valverde, ‘La conquista del Perú”).

Los indios castigan al poderoso Obispo Valverde

Garcilazo se propuso lavar de toda culpa al poderoso Obispo Valverde, que después de los trágicos sucesos del Perú volvió a España, donde fue designado primer Obispo del Cuzco por Cédula Real de 30 de septiembre de 1535, “y preconizado por la Santa Sede el 7 de enero de 1537. Una vez consagrado, en España, retornó al Perú llevando veinte religiosos misioneros. Fue nombrado defensor de los indios por Cédula Real de 14 de Julio de 1536, por el Emperador Carlos V.” (López).

No podían faltar esfuerzos para reivindicar a un personaje tan importante como Valverde, “que llegó a reinar en América bastante en lo político y a plenitud en lo religioso desde la línea ecuatorial haste el polo sur” (Juan Jose Vega).

Entre los documentos acusatorios contra Valverde tenemos, fuera de la crónica del capitán Hernando Pizarro, las ya publicadas del capitan Cristóbal de Mena, de la citada más arriba de Miguel de Estete, la de Francisco de Jerez -Secretario de Pizarro-, de Diego de Trujillo, de Juan Ruiz de Arce, la “Relación Francesa” -escrita sobre testimonios directos de actores de la tragedia de Cajamarca-, la del Licenciado Espinoza. Asimismo, acota J.J. Vega, “son fundamentales ciertos documentos inéditos sobre la emboscada, que fueron dictados por sus actores y que estudió en España Raul Porras. Pedro Cataño refiere que el Capellán retornó a filas ‘animando a la gente para que saliese a pelear con ellos’. Lucas Martínez señala que fue ‘corriendo y llorando diciendo: ¡Oh señores! Ayudadme a vengar la fe de Cristo, porque aquel perro me echo la Biblia por el suelo’. Melchor Palomino cree que la frase fue así: ‘Cristianos. Doleos de la honra de Dios, que este perro infiel me ha echado por allí la Biblia, por decirles lo que Dios nos manda que hagamos por la Sagrada Escritura’. Alonso de Toro declaró que Valverde ‘dijo a Pizarro que estaba enojado’. Francisco de Fuentes indica que ‘fue el dicho Fray Vicente a decir al dicho Marqués -Pizarro- lo que pasaba y luego acudió el dicho Marqués y su gente”.

No es necesario añadir lo que escribieron con posterioridad otros españoles, entre ellos el príncipe de los cronistas Cieza de León -“Crónica del Perú”-: “Valverde con mucha prisa volvió a Pizarro, diciendo que el tirano Atahuallpa venía; condenado perro; que diesen con él”

El Sacerdote Marcos de Niza, que arribó al Perú un año después de la tragedia de Cajamarca, escribió que la frase dicha por Valverde fue: “Venganza Cristianos, que este perro desprecia la ley de Jesucristo y arroja los Evangelios”. Para el Padre Cabello Valboa, el capellán “clamó venganza y satisfacción de aquella ofensa a Dios y a sus Evangelios hecha”. Fray Martín de Morúa dice que la arenga fue: “Cristianos, los Evangelios por tierra”. Mas tarde el Padre Calancha- “Crónica Moralizada”- escribió que la frase dicha por Valverde fue: “Cristianos, los Evangelios hollados, justicia y venganza sobre estos idólatras”.

El Obispo del Cuzco se distinguió no sólo por aparecer como, un paladín en la incansable lucha contra la idolatría, es decir, contra la religión de los aborígenes, sino por aparecer mezclado en las pugnas internas entre los conquistadores. Los sublevados bajo la dirección del cholo Diego de Almagro, el Joven o el Mozo, -mediados de 1541- buscaron afanosamente al religioso para castigarlo. “El Obispo- afirma J.J. Vega-, que hasta días atrás ejercía una enorme influencia en el Palacio de Gobernación y que repartía entre parientes y amigos toda suerte de bienes y prebendas., vio derrumbarse en unas pocas horas todo el poder que había ejercido; aún más, vio en peligro su propia vida. No pocos curas habían caído en medio de las pasiones de las guerras civiles del Perú y nada raro podría ser que su propia cabeza de Obispo fuese exigida en las horas de venganza. Bien se sabía que el máximo dirigente de la sublevación almagrista tenía opiniones muy claras sobre el omnipotente prelado: ‘persona que jamás ha tenido fin ni celo al servicio de Dios’, ‘persona amiga de pasiones..dada a entender a sus intereses propios, dando mal ejemplo a todos”.

Valverde, temeroso por su vida, se escurrió del escenario, que comenzó a estar dominado por los almagristas.

“En un pequeño navío que había en el puerto, fingiendo que se iba de caza, se metió en él con su hermano el Dr. Juan Blásquez, y con algunas otras personas, con prepósito de ir a buscar al Presidente Vaca de Castro” (Gonzalo Fernández de Oviedo, “Historia General y Natural de las Indias’”).

En Tumbes logró algunas balsas y con treinta compañeros de infortunio se encaminó rumbo a la isla de Puna, con el proyecto de encaminarse a regiones no controladas por los almagristas, buscando sumarse a las huestes que en Quito organizaba Vaca de Castro.

Inesperadamente su arribo a la isla incentivó aún más rebelión que desde algún tiempo atrás tenía lugar en algunos curacazgos del lugar.

“Primero los punaeños mataron al capitán Cepeda que recogía tributos en la isla, y con él a cinco españoles más; de paso hicieron huir a la carabela de Pedro de los Ríos. Otras muertes en distintos lugares fueron seguidas del asalto a la balsa de Valverde, la de Juan Valdivieso…Los Castellanos fueron sacrificados y los esclavos negros (hombres y mujeres) repartidos entre los jefes indios alzados” (J.J. Vega).

Esta formidable revuelta formó parte de la lucha encabezada por Manco Inca contra los conquistadores, acertadamente tipificados como inhumanos esclavizadores y saqueadores de todo lo que poseían los indios. Gonzalo Pizarro , en carta enviada a Carlos V, informaba: “que con motivo de ese alzamiento de varias provincias del Litoral norte del Tahuantinsuyo hubo alteraciones entre los españoles como entre los indios naturales y ha sido causa que los indios de la Cultura se alzasen y el pueblo se despoblase y en la Isla de Naá se alzasen y matasen en lo uno y en lo otro más de cien españoles, entre los cuales mataron al Obispo del Cuzco, como ya vuestra majestad habra sabido”.

J.J.Vega resume lo sucedido con Valverde en 1541: “Se puede reconstruir algunos hechos. Siguiendo su costumbre de destructor de ídolos, Valverde empezaría a predicar. Sin duda algún indio reconocería en ese pomposo Obispo al harapiento y rudo capellán de diez años atrás. Todos los ultrajes sufridos en manos de los conquistadores se unieron entonces en el odio a su persona. Dicen que se disponía a celebrar misa cuando cayeron sobre él varios de los asistentes y dándole golpes lo condujeron hasta el sitio donde se realizara el sacrificio y luego el macabro festín, en medio de terrible algarabía”.

El Virrey Toledo en su informe a Felipe II dice: “Lo asaron vivo en una barbacoa, sacándole los ojos de la cara y vaciándole otros de oro derretido hasta que con este martirio murió y se lo comieron como era público y notorio”.

En el memorial de Francisco de Valverde Montalvo -1586- se lee:

“los indios se alzaron y fue muerto por ellos él y los dos sobrinos suyos, sacrificándole y asándole vivo y lo comieron y venían después con su cabeza en todas las fiestas y ataques que hacían”. El famoso obispo, además de trofeo de guerra, se convirtió en el símbolo de la venganza de los indios.

Vale la pena trascribir parte de la carta del Licenciado Martel de Santiago de 1542: “Los de la isla de Paná traman la muerte del obispo del Cuzco, Fray Vicente Valverde. Este se había refugiado en la isla cuando huyendo de los hombres de Almagro el Joven, se dirigía hacia el Norte, en busca de los ejércitos reales. Allí predica contra la idolatría. Un día de octubre de 1541, cuando se disponia a celebrar misa, los indios lo golpean y le dejan sin vida. Seguidamente organizan un banquete con el cuerpo del prelado”.

Estos trágicos acontecimientos se convirtieron en símbolo de lo que sucedió después. Los americanos oprimidos, en sus rebeliones contra sus opresores, no trepidaron en usar las.iglesias como sus trincheras y en acabar con los clérigos que usaban el secreto de la confesión para delatar a los que conspiraban contra la corona y contra la iglesia.

Los indios pasando a degüello a los sacerdotes católicos, constituyen la prueba de que la lucha de las nacionalidades sojuzgadas por lograr su liberación, por acabar con sus esclavizadores, asumen también formas religiosas. Para los americanos la iglesia y el catolicismo se encarnaban en los sacerdotes, solamente veían a éstos.

La lucha liberadora de las naciones oprimidas actualmente es inevitable, mas tarde o mas temprano; en esa lucha volverá a repetirse la escena del sacrificio del obispo Valverde. Se diría que en la isla Puná se ofreció en ofrenda de desagravio a la Pachamama los restos y la sangre del que tuvo participación directa y decisiva en el apresamiento y asesinato de Atahuallpa y de miles de quechuas.

El cristianismo, la religión de los conquistadores

Como se ve, el cristianismo vino de España con los conquistadores, que utilizaron la espada y la cruz -o la cruz y la espada- para someter a los imperios y a la masa humana autóctonos. El sometimiento de los americanos al monarca español y al Papa del catolicismo, que se logró con ayuda de la violencia, formó parte fundamental de la conquista, es decir, de la opresión del continente, de las numerosas nacionalidades autóctonas, de su sojuzgamiento por la metrópoli foránea. Desde entonces y hasta ahora, el cristianismo, el catolicismo, constituyen la religión de los opresores, de los invasores, de los conquistadores, que fueron y son utilizados como instrumentos que permitieron el aplastamiento de las masas indígenas, hecho inseparable del sojuzgamiento, del menosprecio, de la persecución, de las culturas nativas. Para que la civilización del hombre pueda efectivizarse es preciso vaciar de su cerebro las ideas y creencias tradicionales, que responden a su condición y dignidad humanas y reemplazarlas con las ideas y creencias del esclavizador.- La cruz cumplió un papel fundamental en este proceso de degradación de los indios. El catolicismo es la religión esclavisadora.

“En la política hispano-portuguesa -constata Richard Konetzke- respecto a los indios aparece ‘el maltrato permanente e incluso el lento exterminio del pueblo vencido, llevado a tabo por el vencedor con infernal arrogancia’ (J. Burckhardt)”.

El mencionado autor cita como antecedente el que “Los Reyes Católicos -en la campaña de Granada (1482-1492)- hicieron vender como esclavos a los habitantes de las ciudades tomadas por asalto y recompensan con el producto de este tráfico servicios militares y cubren los costos de guerra.

“Es comprensible que los descubridores y conquistadores españoles adoptaran una actitud similar ante los habitantes del Nuevo Mundo. Cristóbal Colón les ofreció a los Reyes Católicos enviar a España, como esclavos, tantos aborígenes de las islas antillanas por él descubiertas como sus Majestades desearan, y vio en tales embarques el equivalente en valor de los suministros de ganado, semillas y medios de subsistencia procedentes de la metrópoli. Los esclavos indios debían proveer a Europa de fuerza de trabajo barata y resarcir los sacrificios financieros que demandaban las expediciones a ultramar. Colón había iniciado de inmediato el transporte a España de algunos centenares de indios. Al principio esa actividad no escandalizó en absoluto a los Reyes Católicos, que, por el contrario, ordenaron, el 12 de abril de 1495, vender esos esclavos en Andalucía. Pero entonces ocurrió algo inesperado. Ya por orden del 16 de abril de 1495 los monarcas suspendieron momentáneamente ese tráfico humano y dieron como fundamento que ‘Nos queríamos informarnos de letrados, teólogos y canonistas si con buena conciencia se pueden vender éstos por esclavos o nó… En 1500 los Reyes Católicos ordenaron que los expedicionarios españoles no fuesen osados de prender ni cautivar a ninguna ni alguna persona de los indios de las dichas islas y tierra firme de dicho mar Océano para los traer a estos mis Reinos ni para los llevar a otras partes algunas, ni les hiciesen otro ningún mal ni daño en sus personas ni en sus bienes”.

Discrepamos con Konetzke cuando sostiene que fue interrumpida la esclavización de los indios obedeciendo a “los principios éticos contra la esclavización general de los aborígenes en las islas y tierra firme recién descubiertas. Teólogos y letrados sostuvieron la tesis de que sólo se podía esclavizar a los infieles hechos prisioneros en una guerra justa y que los habitantes pacíficos del Nuevo Mundo debían ser súbditos libres de los reyes españoles. Este cortapisa doctrinal a la esclavitud de los indios parecía también necesaria para el cumplimiento del cometido misional de las bulas pa-pales de 1493, ya que la esclavitud de los infieles debía constituir un obstáculo para su evangelización. Con ello, convicciones éticas nuevas ganaron influencia sobre las realidades económicas. La trata de esclavos, admitida tradicionalmente, se volvía cuestionable desde el punco de vista moral”.

Los Reyes Católicos redujeron a los indígenas a una condición próxima a la esclavitud, a un régimen inhumano de explotación, lo que explica la intermitente rebelión de los nativos. No solamente se trató de explotar las riquezas del suelo americano, sino a los propios indios que eran productores, Las reglas religiosas y éticas fueron acomodadas e interpretadas para legitimar esta opresión, aunque a veces sirvieron para combatir los excesos. En casos excepcionales la Corona admitió y autorizó la esclavitud de los aborígenes.

Un poco mas adelante de su libro -“América Latina. La época colonial”- dicho autor nos da la razón: “Paralelamente a la esclavitud, e incluso después de su abolición, existió otra forma de trabajo no libre. Como la disponibilidad de españoles y portugueses para el trabajo físico en las colonias era escasa y además estaba afectada por el clima tropical, la organización económica y social descansaba esencialmente sobre la fuerza de trabajo indígena. Sin trabajadores la tierra no tenía valor alguno, y el oro y la plata, codiciados, no se dejaban recoger sin fatigas. Conforme a la voluntad de la corona española, empero, los aborígenes de los reinos americanos debían ser súbditos libres, no sujetos a ninguna prestación forzada. Según este principio, los indios se debían incorporar como asalariados libres al proceso económico. La puesta en practica de tales intenciones tropezaba, sin embargo, con fuertes resistencias. Los europeos, que pretendían adquirir rápidamente las mayores riquezas posibles, se apoderaban de tantos indios como necesitaban para los trabajos en las casa, campos y minas… El acostumbramiento forzado de los indios a un orden de trabajo, se argumentaba, coadyuvaría a civilizarlos y cristianizarlos”.

La Reina Isabel dispuso, en 1503, que los aborígenes fuesen obligados a trabajar y a vivir junto a los españoles, a fin de que fuesen adoctrinados religiosamente. “Las adjudicaciones de indios -en calidad de fuerza de trabajo- a los españoles se denominaron repartimientos. Se utilizaron también para remunerar a funcionarios reales en las Indias o para aumentar sus estipendios, a cuyo efecto se le asignaban a cada funcionario, según el rango y posición social, hasta 200 indios”.

La sed de ganancia de los españoles se tradujo en innumerables abusos, que motivaron la dictación de leyes protectoras de los aborígenes, que ciertamente no eliminaron los trabajos forzados y las exacciones, inclusive de parte de las autoridades. La iglesia legitimó con su autoridad y sus campañas diarias este lamentable estado de cosas, aunque algunos de sus miembros tuvieron el coraje de levantarse airados contra la crueldad con que eran tratados los indios. El dominico Antonio de Montesinos, en 1511, dejó atónitos a sus oyentes con un sermón acusatorio y muy subido de tono: “Todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible, servidumbre aquestos indios.?… ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir, los matáis, por sacar y adquirir oro cada día?” Exigió a los españoles que pusieran en libertad a los indios que les fueron entregados y amenazó a los que resistiesen con negarles la absolución. Los españoles, heridos en sus derechos, elevaron sus protestas y reclamación a la corte real.”El rey Fernando dio a conocer su asombro ante esta ‘prédica escandalosa’. El y la reina, declaró, habían establecido la obligación de los indios de trabajar, luego que una junta de letrados y teólogos tuviera tal medida por compatible con el derecho natural y el divino. Los colonos españoles habían actuado conforme a las órdenes del rey, y si habían cargos de conciencia, recaían sobre él y sus consejeros. El rey consideraba conveniente proceder severamente con el monje dominico. Los miembros del Consejo Real, escribía Fernando V, compartían unánimemente la opinión de que el gobernador debía meter a todos los dominicos de la isla en un barco y enviarlos a España, donde sus superiores les pedirían cuentas y los sancionarían debidamente. Con motivo de la queja real, el provincial de la orden dominicana prohibió expresamente a los miembros de la congregación de La Española que reiteraran esas prédicas perturbadoras. En un escrito posterior, el provincial señaló su acuerdo con la decisión del Consejo Real de hacer que los miembros de la orden volvieran a España y los amonestó porque ‘toda la India por vuestra predicación está para rebelar’. Con sus opiniones, además habían incurrido en error, puesto que el rey había conquistado esa isla jure belli y Su Majestad la había donado a la corona, por la cual ha lugar y razón alguna de servidumbre”.

Hay que añadir que el propio Montesinos se trasladó a España y denunció ante el Rey la desdichada situación de los aborígenes, denuncia que fue el antecedente de la junta de letrados y teólogos que se reunió en Burgos en 1512 y que adoptó las determinaciones siguientes: “los indios son libres, aunque el rey puede ordenarles trabajar; este trabajo, no obstante, debería ser de tal índole que no les impidiera la instrucción en la fe cristiana y que fuese de provecho para los indios. Sobre la base de las deliberaciones de la junta se hicieron las Leyes de Burgos del 27 de diciembre de 1512, que constituyen el primer intento de una legislación Indiana general y fijan el sistema colonial español ”.

Las denuncias fueron tomadas en cuenta y las Leyes de Burgos pueden ser consideradas protectoral de los aborígenes dentro de la política colonizadora general de España, pero tiene que tomarse en cuenta que ratificaron los repartimientos, que también llaman encomiendas, fuente de todos los abusos imaginables y tan tercamente combatidos por los indios que no cesaron de rebelarse contra la opresión. “Como fundamento de la coerción laboral aparece nuevamente la tesis de que los indios se inclinan por naturaleza a la ociosidad y a los peores vicios, y pese a las experiencias en contrario habidas hasta entonces, se avala la concepción según la cual la comunidad de vida hispano-india resultante de los repartimientos habrá de fomentar la evangelización y civilización de los aborígenes. El legislador, con todo, previó una serie de medidas que debían suprimir los abusos registrados en los repartimientos y garantizar que a los indios se les diese un trato humano” (Konetzke).

La evangelización de los indios

La evangelización de los aborígenes fue paralela al trabajo forzado. Sirvió para convencer a los indios que aceptasen su obligación de pagar tributo a los conquistadores, a sus esclavizadores. Evangelizar significó domesticar a quienes no cejaban en su empeño de liberarse.

Los explotadores de todos los tiempos han presentado como una de las más altas virtudes humanas la dedicación abnegada al trabajo, el cristianismo ha servido con éxito a este propósito, lo que demuestra que la teología encubrió y legitimó el incesante acrecentamiento de la bolsa de aquellos.

Las leyes de Burgos prestaron mucha atención a la evangelización de los indios, que se la identificaba con su civilización. Esta tarea corría a cargo del encomendero y suponía la imposición de formas de vida propias de los españoles: los recién nacidos debían ser bautizados a los ocho días, los indios núbiles debían casarse y los muertos ser sepultados conforme a los usos cristianos.

Otra forma de trabajo forzado fue la mita, una forma de superexplotación que importó la destrucción física de los indígenes. Algunos sacerdotes denunciaron los excesos cometidos contra los indios, pero aún así constituyeron uno de los pilares fundamentales del régimen colonial. El ejemplo de Montesinos fue seguido por otros sacerdotes: “Bartolomé de las Casas, Luis de Valdivia, Juan de Sumárraga, Pedro de Gante, Antonio de San Miguel, Diego de Medellín, Jacobo Rike, Martín de Valencia, Agustín de Coruña, Gil Gonzáles de S. Nicolás, etc, fueron ejemplo vivo de celo, trabajo y entusiasmo en pro de la evangelización y de la cultura de los indios del Nuevo Mundo, honrando así a España y a su doctrina colonizadora” (Juan Comas, “La ‘cristianización’ y ‘education’ del Indio desde 1492 a nuestros días”).

Los indígenes se sublevaron contra los abusos cometidos por sus opresores. Los curas cuando denunciaron esos abusos se convirtieron en incitadores de la rebelión. Este hecho no elimina la evidencia de que la evangelización importaba el sometimiento de los nativos a los españoles. Algo más, los buenos curas no estaban en desacuerdo con la política colonizadora de los monarcas españoles, repudiaban únicamente los excesos cometidos al amparo de esa política.

Junto a los sacerdotes virtuosos estaba una mayoría corrupta que se dedicó a superexplotar a los indígenes y que cayó en un estado de depravación moral. Jorge y Juan Antonio de Ulloa –“Noticias secretas de América”- informan: “Para que se conozca el exceso a que Ilega esto y la crecida utilidad que sacan los curas de estas fiestas nos parece conveniente citar lo que un cura de la provincia de Quito nos dijo… que entra estas fiestas y la conmemoración de los difuntos recogía todos los años más de 200 carneros, 6.000 gallinas…, 4.000 bueyes…. Se debe advertir que este curato no era de los mas aventajados”. Más adelante agrega: “supuesto que todo sale de una gene que no tiene más facultades ni proporcional de ganancias que su trabajo personal y un salario muy reducido cuando trabajan por otro, cómo podrán pagar esos emolumentos a los curas? Solamente teniéndolos atareados contínuamente no solo a los varones más las mujeres y toda la familia para entregar al fin del año todo lo que hayan podido adquirir, bastara para soportar semejantes contribuciones”.

Los mismos autores se refieren a la degradación moral en la que cayó el clero: “No parece sino que es instinto peculiar en aquellos eclesiásticos el sobresalir a todos los demás en las pervertidas costumbres de su desarreglada vida, siendo aquellos que más deberían contenerse en los que la desenvoltura tiene mayor resolución, y los vicios encuentran más cabida….

“Los conventos están reducidos a públicos burdeles…Los religiosos viven en ellos con sus concubinas dentro de las celdas”.

Se alentó el traslado de los jesuitas para rectificar en algo ese calamitoso estado de cosas. Los sacerdotes de la Compañía de Jesús chocaron con los intereses de encomenderos y de los otros sacerdotes, lo que determinó que tuviesen que trasladarse a las misiones, que tan equivocadamente se han considerado como ensayos socialistas y hasta comunistas. Mas tarde, los jesuitas, en cuyo seno se formaron los teóricos del regicidio, serán expulsados de América, como consecuencia de sus fricciones con la monarquía española.

Algunos estudiosos del problema indígena, como Luís E. Valcárcel, el mismo Comas, etc, se lamentan porque la iglesia no logró evangelizar lo suficiente a las masas indígenes del continente.

Nos parece que el hecho fundamental de la política colonizadora de la monarquía española, que fue posible gracias a la acción de la iglesia, no radica en saber si se cometieron o no excesos, si los sacerdotes fueron virtuosos, fieles seguidores de Cristo o no -aspecto en el que se agotan las argumentaciones de no pocos historiadores-, sino en la evidencia de que España, como Estado y como cultura, se impuso violentamente sobre los Estados, las masas y la cultura autóctonos. La rebelión de algunos sacerdotes contra los métodos bestiales de opresión ejercitados por los españoles, a fin de convertir en oro el sudor y la sangre de los indios, no desmiente que esos paladines del cristianismo apuntalaron y justificaron el sometimiento de los autóctonos a los reyes españoles, que buscaban beneficiarse con el oro, la plata y las materias primas que podían producir aquellos, con los tributos que se les arrancaban violentamente.

Parte inseparable de la política colonizadora, opresora por su propia esencia, fue la imposición -no la aceptación por libre consentimiento del cristianismo, convertido en instrumento de la opresión española sobre las naciones autóctonas.

Para los indios la cruz y la espada se presentaron inseparablemente hermanados, como expresión de las fuerzas esclavizadoras y destructoras de su existencia física, de su libertad, de su verdadera esencia.

El cristianismo llegó como fuerza invasora, como religión propia de los conquistadores y esclavizadora, destructora de la cultura de los indios. No se trataba de la religión de los explotados y oprimidos, sino de los explotadores y opresores, destinada a justificar la esclavización de todo un continente.

Inmediatamente apareció, durante la colonia, como la religión propia de la minoría española y criolla, es decir, de los opresores, y, en sus basamentos originales, extraña a la gran masa autóctona.

Las nacionalidades indias, los descendientes de los incas -si nos limitamos a hablar de la región andina-, no pudieron menos que ver en el cristianismo a una religión extraña a ellos y contraria, opuesta, a la que habían heredado de sus antepasados.

En su persistente lucha contra sus esclavizadores, los indios encontraron en la iglesia y en los curas a sus peores enemigos. Contrariamente, mas tarde los miembros de la iglesia católica se dividieron en el bando monárquico y en el que conformaron criollos y rebeldes. La iglesia se había trocado en gran latifundista y durante la guerra de la independencia luchó por conservar sus privilegios.

Las naciones indias y la religión

La dominación española determinó la disgregación del imperio de los incas en las naciones que la componían, como comunidades humanas permanentes, históricamente formadas sobre un determinado territorio, teniendo el mismo idioma, cultura y religión. Se trata de nacionalidades incipientes, que no han conocido una nítida diferenciación social en su seno. Fueron aplastadas por los españoles -fácil o difícilmente-, pero nunca dejaron de luchar contra sus opresores. En determinados momentos vieron debilitados sus contornos culturales y en otros se afirmaron como, nacionalidades. Ahora nos corresponde ver la relación entre nación y religión, debiendo subrayarse que las nacionalidades de la zona andina muestran rasgos comunes al respecto, aunque no estan ausentes las diferencias y particularidades.

Algunos lamentan, junto con el peruano Luis E. Valcarcel -Supervivencias precolombinas en el Perú”-: que “A pesar de los cuatro siglos de cristianización no se puede asegurar que el indio peruano sea un consciente feligrés de la iglesia católica. Vive poderosamente sus creencias religiosas y sus procedimientos mágicos primitivos. Se ha operado una clarísima seudometamorfosis, valiéndose la religión antigua de las formas del culto católico. Este proceso ha sido atestiguado por los curas y frailes que escribieron crónicas, confesionarios y guías de párrocos desde mediados del siglo XVI. Ayudaron al camuflaje las tácticas de sobreponer lo católico a lo pagano, como cuando se construye el temple de Santo Domingo en el Cuzco sobre el Intihuasi o Casa del Sol o el Santuario a la Virgen de Copacabana a orillas del Titicaca sobre otro célebre santuario precolombino…El apostol Santiago es para los indios su viejo dios Illapa, o el rayo. La Virgen Madre es su Mamma. Packa, o sea la tierra.

“La práctica de la mágica no ha cesado de realizarse y mantiene todo su vigor en la vida de las comunidades in-dias, pasando también a los otros grupos sociales. No hay acto de alguna trascendencia que no este coloreado de magicismo. Brujos de ambos sexos son temidos y buscados. El curanderismo esta en pleno auge”.

Como parece, lamentan que el catolicismo hubiese concluido siendo desvirtuado en grado extremo y la culpa se atribuye al clero: “Acabamos de ver que el catolicismo, entendido y practicado como ritos al servicio de los intereses materiales de ciertos grupos, favorece una de las formas mas generalizadas de explotación del indio, fiestas y pagos de derechos y primacías.

“Los testimonios citados prueban, pues, que a mediados del siglo XX perduran las creencias y supersticiones precolombinas que, en considerable proporción, se manifiestan amalgamadas con los ritos del cristianismo y más particularmente del catolicismo: los dos símbolos (cristiano y pagano), las dos actitudes síquicas frente al más allá, se complementan y forman un todo en la gran mayoría de pueblos aborígenes de América. Los etnólogos conocen bien hasta qué punto desempeñan papel fundamental en la vida de las comunidades y pueblos indígenas, sus creencias supersticiones y ritos, peculiares respecto a las labores agrícolas, al régimen climático, a la parición y curación de las enfermedades, y a otros aspectos de su vida social. Pero, además, nadie ignora la existencia aún en nuestros días de grupos amerindios a los cuales no ha llegado todavía la influencia del cristianismo, ni siquiera en su aspecto formal o externo”, El aplastamiento de las supersticiones precolombinas se presenta como sinónimo de civilización.

La religión de los nativos fue calificada por los conquistadores y la iglesia de idolatría, de superstition, por eso tomaron para si la tarea de destruirla y extirparla de la rnente de los primeros. La cristianización -en el fonde esclavización- fue considerada como sacrificada labor en beneficio de los aborígenes y de la humanidad.

No puede ponerse en duda que la destrucción de la religión propia para imponer en su lugar otra es una forma de opresión cultural, esta vez inseparable de la opresión económica, social e inclusive de la discriminación racial. Durante la colonia la lucha de los indios contra sus opresores importó la defensa de su religión propia y también de sus expresiones culturales. Cuando se rebelan ahora se afirman culturalmente, también en el aspecto religioso: la cobertura formal de las creencias es arrojada por la borda y la religión nativa cobra pujanza. La rebelión social tiende a adquirir contornos religiosos.

Significado de la consigna, “¡¡Viva la Pachamama!!”

Aún bajo su tegumento cristiano, foráneo, esa religión de los pueblos andinos, americanos, muestra rasgos de animismo, más que de panteismo. Sobre todo, los incas se consideraban enviados de Dios. Las partes de la naturaleza fueron tomadas como animadas de un espíritu invisible y guiando los actos de los hombres. Seguimos a Engels en la concepción del animismo: “Las fuerzas de la naturaleza se aparecen al hombre primitivo como cosas extrañas, misteriosas, superiores. En una etapa determinada, por la cual pasan todos los pueblos civilizados, las asimila personificandolas. Este instinto de personificación ha creado dioses por doquier” (“Esquemas del Anti-Duhring”).

También puede decirse que la religión de los americanos de los Andes mostraba y muestra alguna semejanza con el panteísmo, en la medida en que Dios, principio universal, se confunde con la naturaleza. Sin embargo, decir llanamente que era panteista puede llevar a confusiones. Sería exagerado sostener que llegó a repudiar la causa primera sobrenatural y hacer desaparecer a Dios en la naturaleza. Nuestros reparos parten del hecho de que el primitivo, panteismo llegó a veces a traducir concepciones materialistas del mundo. Estamos pensando en Giordano Bruno (1548-1600), quemado vivo en Roma por la Inquisición. Este filósofo del Renacimiento fue un adversario encarnizado de la iglesia, de la escolástica y del oscurantismo religioso. Enriqueció el sistema de Copérnico y desarrolló la tesis de la unidad material del universo compuesto por un número infinito de mundos semejantes al del sistema solar. No pudo emanciparse totalmente de la influencia de la teología, lo que se constata cuando identifica Dios y naturaleza, pese a que sostiene que materia y movimiento son inseparables.

(Spinoza (1632-1677) afirmó que la misma naturaleza es Dios, porque negaba que hubiese un creador. Subrayó que la naturaleza es su propia causa, la causa y la esencia de todo lo que existe: “Es un gran honor para la filosofía de esa época el que se haya insistido, desde Spinoza hasta los grandes materialistas franceses, en explicar el mundo por sí mismo, dejando a la ciencia de la naturaleza del porvenir el cuidado de ofrecer las justificaciones de detalle” ( Engels “Dialéctica de la Naturaleza”). Sin embargo, Spinoza sostenía la idea equivocada de la animación univerasal de toda la materia. Equivocadamente se los considera panteista, se trata de un materialista.

Lo anterior no significa que consideremos las religiones de los nativos superiores o inferiores a la cristiana, todas ellas tienen en común el constituir un obstáculo en el conocimiento de las leyes del desarrollo de la naturaleza y de la sociedad, el desviar la lucha por lograr el bienestar y la liberación en la tierra, hacia la esperanza de encontrar la recompensa en el más allá.

Lo’s imperios nativos fueron destruidos a sangre y fuego, impuestas violentamente la lengua y la religión, que importa la opresión cultural. El trabajo forzado, el saqueo de las tierras. los tributos, etc, se implantaron usando la violencia.

Los indios fueron condenados a reventar trabajando en beneficio de los conquistadores y se vieron convertidos en vasallos del rey y de la iglesia.

Otro tanto se pretendió hacer en el campo de las costumbres, de las creencias, en fin, de la cultura. Sin embargo, esta vez los conquistadores fueron conquistados. Ya hemos visto que los vencidos se dieron modos para meter dentro de las formas cristianas sus creencias que fueron tan despectativamente rechazadas por los españoles.

Queremos decir que los nativos tuvieron su propia religión y que siguen conservándola. El desarrollo histórico ha determinado que el cristianismo concluya, de manera inconfundible, como la religión de los opresores y explotadores, que cumple el lamentable papel de coadyuvador a la explotación de los nativos, de los pobres. Contrariamente, la religión de la Pachamama, del Sol, de los Achachilas, etc, se presenta como la religión de las mayorías oprimidas. Esta religión menospreciada por los blancos u opresores y que sobrevive bajo cobertura extraña -seguramente por eso mantiene su pureza en alto grado- constituye parte importantísima de la cultura autóctona y se percibe que influencia en otras manifestaciones superestructurales y sobre las clases sociales mayoritarias de la sociedad.

La lucha de las masas aborígenes contra los conquistadores y criollos opresores, en el pasado, y actualmente contra las minorías blancoides de explotadores, adquieren por momentos la forma de contradicción y rebelión religiosas. Se trata de un fenómeno frecuente en la historia.

La llegada del Papa, cabeza del catolicismo, no puede menos que actualizar en la mente de los bolivianos, de los indios bolivianos, los cinco siglos de esclavitudd y opresión, de robo y ultraje impuestos por los españoles con ayuda de la cruz y la espada. Los esclavos que besan sus cadenas no merecen ser libres y ese no es el caso de los nativos de esta tierra.

Las consignas “¡Viva la Pachamama!”, “¡Muera la religión de los opresores!”, “¡Abajo el Papa!”, fueron lanzadas por el trotskysmo -ciertamente compuesto por aymaras, quechuas, etc.- y no propiamente por los indios que sufren la opresión cultural y religiosa. El verdadero significado de esta actitud se explicara mas adelante.

Los indios rezagados, la enorme masa humana de Bolivia, seguramente se encogen de hombros ante los aparatosos preparativos para recibir al Papa, porque ellos siguen practicando cotidianamente sus creencias ancestrales bajo ropaje católico. Siempre lo han hecho así y lo seguirán haciendo. Es su rutina, que las formalidades y acontecimientos del catolicismo no alcanzan a turbar. La fuerza pujante de la tradición cultural actúa irresistible y silenciosamente.

Tomemos un ejemplo, algunas investigaciones acerca del origen de la famosa danza de los diablos en la zona orureña demuestran cómo los mitos y creencias ancestrales se han entremezclado con rasgos del catolicismo: “Danza que tiene raíces milenarias en el folklore andino y que surge del mito del Huari, Supaya o Thiula y de la ñusta Anti Wara y el pueblo de los Urus. Pero la confusión maniqueísta impuesta por la colonia española religiosa transformó el mito en leyenda y así las divinidades benefactoras como el Huari, Supaya o el Thiula se confundieron con los diablos infernales, y es así que la noción del diablo como engendro del mal fue introducida, como también los ángeles justicieros de la Biblia y por supuesto la Virgen de la Candelaria como patrona de los mineros orureños, explotados desde entonces.

“Pero volvamos a la danza donde se observa como en ninguna parte del mundo que diablos de cabellera larga y rubia danzan con ángeles representantes del Dios cristiano, ángeles celestiales y diablos satánicos infernales comparten el ritual con seres totémicos andinos tales como el kuntur Mallku y el jukumani (aunque este último hoy transformado en oso panda o polar), quienes representan la fuerza del pueblo andino.

“El ritual de la danza de los diablos expresa quizás una dualidad, en la cual el ángel representa al cristiano civili-zado, con su máscara blanca, al pueblo español, y los diablos (mineros hijos del Thiula), hijos del demonio, salvajes, a quienes se los debe castigar y quienes tienen como únicos defensores al Cóndor y al Jukumani y tal vez a la Ñusta Inti Wara, encarnada ahora en la Virgen del Socavón? (O. Saenz)

La anterior interpretación puede ser discutible, pero constituye un otro testimonio acerca del vigor de la cultura ancestral, que no muere y actúa como afirmación de las naciones indias.

Es tan vigorosa la presencia de la cultura autóctona que resulta muy difícil no descubrirla bajo su tenue disfraz católico. Los sacerdotes no han tenido más remedio que doblegarse ante esa presencia y se han visto obligados a seguir el camino nada digno de la simonía.

La convocatoria política porista -política lo es y no teosófica se ha apoyado en esa poderosa tendencia de la cultura tradicional, que, agazapada en las capas más profundas de las masas nativas, solo esperaba la ocasión para irrumpir al primer plano. Casi inmediatamente los sectores mayoritarios del país se apoderaron de la consigna porista.

La clase media es la que sufre en mayor medida la influencia religiosa desde que nace hasta que muere el catolicismo la amamanta, la forma o la reforma,-la escuela, la familia, el púlpito, la sociedad toda contribuyen a ello- y la lleva hasta la tumba. La religión es el ámbito de la fe sagrada, cerrado a las explicaciones y a la misma propaganda contraria. Pese a todo, vastos sectores de esa clase media apuntala enérgicamente la campaña porista de repulsa a lo más respetado y venerado por los creyentes, el Papa.

La situación política en general es favorable para que los planteamientos poristas encuentren eco en las ciuda-des, pero, además, ese eco demuestra que las religiones primitivas se han filtrado por todos los poros en la clase media y que se encuentran en forma latente en ellas.

Por todo lo que está sucediendo se puede concluir que las cumbres más elevadas del catolicismo y el Papa, son extraños a los bolivianos, expresiones foráneas, lo que contribuye a poner de relieve la cultura y religión nativas.

En otro lugar nos hemos referido a que los aymaras, quechuas, etc, constituyen, como consecuencia de su rezagamiento -poco o ningún desarrollo del capitalismo- y falta de diferenciación social, naciones-clase. Los problemas más agudos de éstas, que son problemas fundamentales del proceso revolucionario, han explosionado a través de la cuestión religiosa. La situación pre-revolucionaria tiende a trocarse en francamente revolucionaria, una de las palancas de este proceso puede ser la lucha religiosa.

Las naciones indígenas se afirman a través de la oposición de su cultura y también de su religión a la cultura y a la religión de la minoría blancoide que las oprime y explota. El choque cultural es evidente y la cultura de las naciones oprimidas se enfrenta con la oficial, como prueba de que estas últimas pugnan por emanciparse y estructurarse como Estados independientes. Los planteamientos poristas tienden a materializar este objetivo, aunque se los formule como reivindicación religiosa.

Lo anterior forma parte de la lucha de los explotados por su liberación. Está ausente la nitidez en las reivindicacio-nes de las nacionalidades oprimidas, que logran su necesaria concretización cuando son formuladas por el proletariado. No es casual que la vanguardia de la clase revolucionaria de nuestra época, que es la del capitalismo en declinación, aparezca formulando la necesidad de que aymaras, quechuas, etc, reivindiquen pública y abiertamente el significado de la religión nativa. Su objetivo no es quedarse ahí sino impulsar a las mesas a luchar contra el Estado burgués, que se asienta en la opresión nacional.

Normalmente las manifestaciones folklóricas exteriorizan la pugna religiosa, ahora es la lucha política la que aparece como su cobertura. Oponer la Pachamama al Papa significa, en realidad, oponer las naciones indias -sedientas de libertad- a la nación opresora. Lo nacional se enfrenta con el extranjero, en fin, con el gringo. Dentro del capitalismo atrasado de economía combinada -coexistencia de diversos modos de producción- la liberación y autodeterminación de las naciones oprimidas forma parte del programa de la revolución proletaria, esto porque la burguesía carece de capacidad para solucionar radicalmente este problema, lo más que puede hacer es introducir algunos remiendos y atenuantes al régimen de opresión nacional.

Si tenemos presentes los ritos de los mineros -sector políticamente tan avanzado- alrededor del Tío, que se lo supone dueño de los filones mineralizados, que los concede a los trabajadores a través de una especie de pasto, en el que va involucrada la vida misma, parece provenir del Supay de los aborígenes y no del diablo de los católicos.

Para los aborígenes el Diablo foráneo se encarna en el gringo, poseedor de grandes e ignorados poderes, que causa la ruina de pueblos y hombres. No en vano ios quechuas dicen: “Diuspis diuoschari, gringopuni”.

El paternalismo de la religión y la monarquía

El paternalismo de la religión y del clero son inherentes a su naturaleza. Si los hombres son criaturas de Dios y si los sacerdotes han recibido la misión de conducirlos, cuidarlos y lograr, en caso de que se descarríen, que retornen a su seno, es evidente que la relación que se establece es la del padre con relación al hijo. Los hombres no sólo deben obediencia a Dios, sino también a quienes son sus representantes en la tierra, en nuestro caso, además de los clérigos, los monarcas españoles y las autoridades designadas por éstos.

No se trata de una cuestión sin importancia, sino de algo que ha jugado su papel en el transcurso de la historia, suficiente recordar que una parte de la izquierda, aquella estrechamente vinculada por ciertas capas del clero, particularmente del que gusta llamarse progresista y hasta revolucionario, está profundamente marcada por el paternalismo de los que les proporcionan medios económicos e ideas: sigue siendo la hija de Dios y para conquistar el reino de los cielos tienen que dar pruebas de indiscutible obediencia y respeto.

A lo anterior hay que añadir el síndrome de la colonia. Los curas “revolucionaries” no abandonan la actitud de los conquistadores de los siglos pasados: llegan a estas tierras a evangelizar a los indios salvajes, a enseñarles política -más que a enseñar, a imponerles-, se limitan a transmitir lo que consideran verdades reveladas. Los americanos, los bolivianos, carecerían, según ellos, de capacidad para crear ideas y corrientes políticas, deberían limitarse a seguir las enseñanzas de sus maestros, de sus guías espirituales. Esta trasposición de la conducta observada en el plano religioso al político, conduce a conclusiones absurdas.

La experiencia histórica particularmente la boliviana demuestra lo contrario: el florecimiento teórico, la creación de las ideas políticas, parten de la obra realizada por las masas, inclusive por las culturalmente rezagadas. La extrema agudeza de la lucha de clases, las descomunales dimensiones de los problemas de la revolución, colocan a la minoritaria y joven clase obrera, ante la urgencia de agigantarse políticamente, de dar respuesta en el plano de la teoría a los objetivos nacionales, regionales de clase. Los bolivianos nada tenemos que aprender políticamente de los misioneros que llegan con aires de evangelizadores a la tierra de los salvajes; contrariamente, en política: somos maestros de ellos y de todos los que se agotan en el emperio de crear incesantemente nuevas teorías de vida extremadamente fugaz.

No debe interpretarse el paternalismo como el fruto de la prepotencia o de los despropósitos de las corrientes clericales y de algunos ideólogos, sino como el resultado del pasado histórico.

En la Bula Sublimis Deus -9 de junio de 1537- el Papa Paulo III, actuando como vicario de Cristo y con autoridad para poner orden entre los hombres, declaró que los indios americanos eran seres humanos capaces de comprender y recibir la fe cristiana:

“Declaramos…que tales indios y todos los que más tarde se descubran por los cristianos, no pueden ser privados de su libertad por medio alguno, ni de sus propiedades, aunque no esten en la fe de Jesucristo; y podrán libre y legítimamente gozar de su libertad y de sus propiedades y no serán esclavos, y todo cuanto se hiciere en contrario será nulo y de ningún efecto”.

Esta medida protectora fue tomada con extremado paternalismo, sin tomar en cuenta la voluntad e ideas de los interesados. Los monarcas también procedieron de igual manera.

La conducta de la iglesia y el Estado en este terreno no autoriza a confundirlos totalmente, pues, de manera franca o encubierta existió entre ambos muchas contradicciones en la búsqueda por lograr preeminencia de uno con referencia al otro.

La liberación de las nacionalidades oprimidas y de las clases explotadas y mayoritarias, necesariamente tiene que acabar con el paternalismo religioso y estatal, que son expresiones de la influencia ideológica opresora de la clase dominante y de su soporte religioso. En este plano es nefasta la acción de la iglesia, sobre todo. Independencia y conciencia de los que quieren ser libres supone ideología y objetivos propios, también en el plano de la cultura y de las creencias.

Relaciones entre Estado e Iglesia

En el descubrimiento y conquista de América no hubo iniciativa de la iglesia, fueron realizados bajo la dirección estatal, “pero el cometido misional señalado por el pontífice romano a los monarcas -cometido que a la vez era considerado como el título que legitimaba la toma de posesión del Nuevo Mundo- implicó una importante participación de la iglesia en la organización de la vida americana bajo el dominio europeo. En esa cooperación, el elemento más fuerte fue siempre el poder político. La iglesia cayó en una amplia dependencia respecto del Estado. Las tendencias a la formación de una iglesia nacional, que salieron a luz en la génesis del Estado moderno y muy particularmente también en la creación estatal efectuada por los Reyes Católicos, se pusieron de manifiesto en las crecientes pretensiones de la monarquía española, ansiosa de pesar decisivamente en las instituciones eclesíásticas del Nuevo Mundo …Los Reyes Católicos derivaron su derecho al patronato de la lucha contra los infieles y de la difusión de la fe cristiana. Aún durante la campana contra el reino moro de Granada, en 1486, recibieron de Inocencio VI la Bula del Patronato, que les confería el derecho de proponer personas para los obispados y el de conceder todos los beneficios eclesíasticos. El Papa, además, traspasó a los monarcas los diezmos que debieron pagar a la Iglesia los moros que en ese reino se fueron convirtiendo.

“Conforme a este modelo, la real pareja española aspiró también a ejercer el patronazgo sobre la nueva iglesia en las Indias.” (Konetzke).

Las bulas pontificias de 1493 confirieron a los Reyes católicos el derecho exclusivo de evangelización de los infieles en las tierras descubiertas e hicieron extensivas en su favor de los privilegios eclesiásticos que con anterioridad se concedieron a la monarquía portuguesa. Por bula de 1501 se transfirió a los Reyes católicos los diezmos eclesiásticos ”Todos los aborígenes y habitantes de aquellas islas y tierras firmes, a cambia de lo cual se comprometían velar por la adecuada construcción y dotación de las iglesias…La bula del 28 de Julio de 1508, de Julio II, estableció de hecho el patronazgo universal español en América. La corona obtuvo el derecho de presentar al Papa sujetos idóneos para todas las iglesias metropolitanas, catedrales y colegiales y para todas las demás dignidades eclesíásticas cuya provisión compete efectuar en consistorio al pontífice…Se fue mas a11á del derecho de patronato cuando el Papa León X, en 1518, concedió a Carlos V la facultad de fijar y modificar en ciertos casos los límites de las dioceses americanas. Ulteriores concesiones de los pontífices ampliaron aún mas los derechos del Estado a intervenir en asuntos eclesíásticos. Estas concesiones papales se fundaban en el hecho de que los reyes habían conquistado esos países a los paganos y emprendido su conversión”(Konetzke).

Traemos a colación un hecho que tiene relación con el Alto Perú y La Paz y que, al mismo tiempo, ilustra lo arriba anotado. El Departamento de Puno, y su templo, que han merecido un estudio histórico de Felipe A. Pierola “Anales de la iglesia de Puno”, 1865-, fueron objeto de una serie de disposiciones de las autoridades reales y republicanas, antes de haberse erigido en Dióceses. Mediante “la célula real expedida en 6 de diciembre de 1767, por la que se disponía, se exigiese previamente el consentimiento pleno del Sr. D. Agustin de Gorichategui, Dignidad del Tesorero de la Iglesia Metropolitana de Lima, presentado para el Obispado del Cuzco, a fin de que no se opusiese a su división”.

Los gobiernos republicanos siguieron esta tradición. Los liberales no lograron imponer la separación de la Iglesia y del Estado y, a veces, se limitaron en atropellar a aquella.

Nos dice Pierola: “El departamento de Puno, que constaba de las cinco provincias de Chucuito, Huancane, Carabaya, Azángaro y Lampa, presentaba una verdadera anomalía en cuanto a su demarcación eclesíástica, pues mientras que las provincias de Chucuito y Huancane perteneían al Obispado de La Paz (Alto Perú), las tres restantes formaban parte de la Dióceses del Cuzco, hasta que teniendo en cuenta el Libertador D. Simón Bolivar, ‘que esta división produca inconvenientes muy graves, por hallarse las autoridades civiles en un Departamento y las eclesiásticas en otro dispuso en 7 de agosto de 1825, que las provincias de Chucuito y Huancane quedasen incorporadas al Obispado del Cuzco, y por lo mismo separadas del de La Paz”.

El mencionado decreto, tan ilustrativo en lo referente a las relaciones entre el Estado y la iglesia, en su parte considerativa, entre otras cosas, dice: “Que las provincias de Chucuito y Huancane pertenecen al departamento de Puno; que estas provincias están incorporadas, en lo espiritual, al Obispado de La Paz” y en su atículo segundo dispone: “Los diezmos íntegros de estas provincias serán destinados al Colegio de Ciencias y Artes de Puno. La dirección espiritual de las referidas provincias quedaría al cargo del Obispo y Cabildo del Cuzco, sin que perciban el producto de los diezmos de dichas provincias, por hallarse destinados a la educación de Puno”.

Comentario de. Pierola: “Sino temiéramos desviarnos de nuestro objeto, haríamos notar que cuán lamentable abuso incurrió el Libertador al ordenar por el mismo decreto, que ‘no obstante de corresponder al Obispo V Cabildo del Cuzco la dirección espiritual de las referidas provincias, sus diezmos íntegros fuesen destinados al colegio de Ciencias y Artes de Puno’; lo que no solo importa la extralimitación de las facultades que le correspondían como Poder Político, sino que también era atentatorio a los derechos del Prelado del Cuzco, y de los párrocos de las provincias de Chucuito y Huancané”.

Los monarcas españoles estuvieron empeñados en dar nacimiento a una iglesia nacional en tierras Americanas. Fernando el Católico sentó las bases de éste plan y Carlos V intervino de manera mucho más directo en este propósito y estaba seguro que era responsable de la pureza de la fe religiosa en el Nuevo Mundo. El consejo de Indias actuó como la autoridad estatal que también tenía que ver con los asuntos eclesiásticos. “Este cuerpo prosiguió la división territorial de la iglesia en América y presentó propuestas para la delimitación de nuevas diócesis y para la piovisión de las minas. En ciertos casos recomendó que se designara al Obispo como gobernador de la provincia respectiva, con el fin de ligar aún más estrechamente las autoridades máximas, eclesiásticas y seculares, en el Nuevo Mundo. Pero el emperador rechazó tal acumulación de cargos diferentes en la misma persona. Tambien se debió al Consejo de Indias la iniciativa de fundar en América Iglesias metropolitanas…Carlos V introdujo en 1538 el pase régimen, según el cual los decretos pontificios referidos a la iglesia americana sólo serían dados a conocer luego de un examen de su contenido por organismos del Estado. Si ese contenido suscitaba reparos, habían de devolverse los edictos al Santo Padre con el ruego de que, fundándose en una mejor información, los anulara o modificara.

“Felipe II procuró subordinar aún mas la iglesia americana a la autoridad del Estado. Proyectó centralizar la organización eclesiástica mediante un cargo superpuesto a las diócesis, y dependiente de su persona, e hizo suyo el plan de crear un patriarcado americano.

En 1560 pidió al pontífice que invistiera a dos patriarcas con amplios poderes, uno para Nueva España y el otro para el Perú, o cuando menos que enviara dos legados apostólicos. La curia denegó la solicitud, por terror de que en América pudiera surgir una iglesia independiente…Los papas se esforzaron por intervenir de manera directa en los problemas eclesiásticos del Nuevo Mundo y pensaron en instituir una nunciatura para la América española. Pero ya los Reyes Católicos habían vetado el envío de un nuncio a La Española, y Carlos V procedió con energía cuando un legado papal arribó secretamente a esa isla.

También encontraron un decidido rechazo, por parte de la Corona, los intentos que de inmiscuirse en las cuestiones americanas efectuaban los nuncios apostólicos en Madrid…Así como el Papa no accedía a la creación de un patriarcado español para América, el rey español impedía la institución de una nunciatura americana del pontifice” (Kometzke).

Para comprender las relaciones y las pugnas entre iglesia y Estado es preciso recordar que se argumente que las bulas pontificias de 1493 habían convertido a los Reyes Católicos y sus sucesores en delegados o vicarios del Papa. “Así como Cristo había investido al apóstol Pedro y éste al jefe de la iglesia romana como vicarios, el Papa Alejandro VI había designado a los Reyes Católicos para que, en su nombre, se encargaran de evangelizar a los infieles, de proteger a las Iglesias y de velar por el bienestar espiritual de los hombres de América. El rey de España se llamaba Vicario de Cristo. El jesuita Juan de Solórzano sostuvo que esa doctrina constituía el fundamento de la política eclesiástica española en América.

En el siglo XVIII los Borbones encontraron otro fundamento teórico para su política en América: sostenían que el poder derivaba directamente de Dios y que éste era quien se lo confedía directamente al Rey de Dios y que éste era quién se los confería directamente al rey. Recibía éste “el venerado carácter de Vice Dios en la tierra: no sólo en cuanto al gobierno temporal, sino también para el espiritual por lo respectivo a las tierras conquistadas a infieles, como lo fueron las de las Indias”( Álvarez de Abreu).

¿Las tendencias de bolivianizar el clero y de fundar una iglesia nacional, tiene algo que ver con estos primeros intentos que hemos señalado? Es evidente que existen corrientes que quieren acabar con el único centro -el Vaticano- del catolicismo.

En Bolivia no ha estado ausente del todo la contradicción al rededor de privilegios y de emulumentos entre los cleros nacional y extranjero. Conocernos publicaciones al respecto.

Mucho mas importante que todo esto es la innegable presión desde abajo, casi siempre silenciosa y anónima, de las creencias de las mesas nativas, en fin, de su propia religión sobre el mismo clero y las corrientes vinculadas con el catolicismo. El repudio a lo extranjero, en este caso, es repudio a los opresores foráneos, a las fuerzas extrañas a las nacionalidades Indias. Estas presiones se traducen en el campo político como corrientes que buscarían implantar una iglesia nacional, aunque aún no se presentan nítidamente conformadas, sino como respuestas incoherentes y ocasionales, con la finalidad de neutralizar a las presiones del nativismo, del indigenismo, de la rebelión subterránea de las nacionalidades nativas.

En el MIR -Nueva Mayoría, cuyo origen se encuentra en la ruptura juvenil del Partido Demócrata Cristiano, es por demás evidente y se constata débiles corrientes o personalidades que hablan de poner en pie una iglesia nacional, partiendo de la teología de la liberación. Hay que decir que se trata de proposiciones encaminadas a introducir reformas formales al catolicismo y de ninguna manera de contraponer a la religión de la Pachamama al cristianismo, considerado como religión de los opresores. La osadía de los reformistas no va más allá de las proposiciones que buscan incorporar a la religión oficial algunas expresiones formales de las creencias nativas.

Los grupos religiosos que encarnan la teoría de la liberación han pretendido presentarse como una nueva corriente ideológica, capaz de abrir un novedoso camino político, diferente y más osado que el señalado por los partidos marxistas. En Bolivia, ISAL tuvo el atrevimiento de integrarse a la Asamblea Popular -1971-, es decir, a una organización soviétista que proyectaba a las masas hacia la conquista del poder por medios insurreccionales, para instaurar la dictadura del proletariado. Estos ensayos y posturas han concluido donde comenzaron, en las trincheras burguesas democratizantes.

Con el advenimiento de la república, la religión fue paulatinamente recobrando su independencia y afirmando su subordinación exclusiva al Vaticano, esto sin perder la protección Estatal. La lucha se entabló alrededor de evitar toda ingerencia de las autoridades estatales en el problema religioso.

Todo esto sucedió mientras el clero tuvo y tiene participación, a veces de mucho peso, en la política nacional. Inspiraron y hasta dirigieron corrientes políticas y no se abstuvieron de la militancia directa, del acceso al parlamento y a los puestos de dirección estatal.

En los últimos años, la iglesia se ha colocado por encima del Estado, sin dejar de participar en la política, y pretende actuar como árbitro en las pugnas partidistas y en la lucha de las masas -preocupadas de lograr mejores condiciones de vida y de trabajo- contra el Estado.

¿De dónde proviene este enorme poder? No exclusivamente de las ideas del catolicismo, sino de su gran peso económico. En su momento las instituciones religiosas y el clero se convirtieron en grandes gamonales, que se apropiaron de las tierras de los aborígenes y los explotaron despiadadamente. Así se explica que para los indios no pocos clérigos se hubiesen convertido en el objeto de su odio acumulado por siglos. Los predicadores del evangelio corrieron la misma suerte que el nefasto Valverde.

En la actualidad la iglesia y su ejercito internacional de sacerdotes se han entroncado económicamente en las transnacionales y en Bolivia constituyen una potencia económica, que, entre otras actividades, se han convertido en fuerza decisiva en el campo de la publicidad, de la educación, etc. De aquí arranca su fuerza política.

Sería equivocado hablar de una iglesia nacional o del clero nativo, nos referimos a una fuerza inconfundiblemente internacional y cuya influencia económica vuelca de manera decisiva en la política boliviana. Una parte con-siderable de la izquierda pro-burguesa vive de los dólares y de las ideas que les envían las organizaciones clericales del exterior. Como organizaciones y sus militantes como personas existen y actúan gracias a esa ayuda. Así se explica su conducta alejada del todo de los objetivos, estratégicos de la clase obrera y de las masas en general, de la ideología revolucionaria, así se explican sus posturas equivocadas frente al materialismo y al idealismo, punto crucial para las concepciones políticas. El Movimiento Bolivia Libre, y otras astillas del MIR y del original PS 1, constituyen los mejores ejemplos al respecto.

 

III

EL CATOLICISMO Y LA TEOLOGÍA DE LA

CLASE DOMINANTE

 

¿Cultura nacional?

Partimos de la evidencia de que las ideas imperantes en cierto momento son las de la clase dominante, es decir, de la que es dueña de la economía y del aparato gubernamental. El Estado actual es la expresión de la organización política de la burguesía y todo gobierno -democrático o fascista- cumple la función de administrador de los intereses generales de aquella.

La clase dominante utiliza todos sus instrumentos -escuela, medios de comunicación, púlpito, universidades, ordenamiento jurídico, organismos represivos, etc.- para imponer sus ideas, su ideología, a toda la sociedad. Sin este recurso le sería imposible mantener el orden social, sojuzgar, explotar a toda la sociedad y subordinar al poder central a las nacionalidades oprimidas.

No importa, como en el caso boliviano, que la burguesía por su extrema debilidad económica y política no pueda forjar una vigorosa cultura, pues tiene el fácil recurso de trasplantar deformadamente -a veces con retraso- las manifestaciones culturales propias de la nación opresora, del imperialismo en nuestra época. La burguesía se aliena y concluye adorando la ideología acuñada por su opresor y expropiador, como si se tratara de su propia criatura. Concretamente, la burguesía boliviana actúa como canal transmisor de la cultura foránea, extraña al país, y la impone utilizando todos los recursos, sin exceptuar la violencia en sus diferentes matices.

La dominación cultural es parte inseparable del sojuzgamiento social y nacional por la burguesía y su Estado. Hay una cultura, una religión, una moral, oficiales; su transgresión por los de abajo es sancionada de diversas maneras. Esos transgresores son representados como herejes, los de arriba buscan marginarlos de la sociedad. silenciarlos, en fin, perseguirlos, desterrarlos, tortularlos, etc. todo para defender la pureza de las ideas, de la religión, de la moral y de las costumbres oficiales. Por momentos se tiene la impresión de que hubiese sido actualizada la Inquisición española: los elementos peligrosos hay que eliminarlos o sepultarlos vivos.

La inquisición española fue fundada en 1478 por una autorización pontificia, cuyas bases fueron sentadas en el Concilio de Verona de 1183. Es famoso el nombre del dominico Tomás de Torquemada como encarnación de las medidas represivas y brutales de la Inquisición. Eliminada en España en 1808 por Napoleón, que no llevaba en vano llevaba en la punta de su espada los principios de la revolución, fue formalmente suprimida por las Cortes de Cadiz, el 22 de febrero de 1813. El Santo Oficio ingreso a la historia como sinónimo del oscurantismo de la Edad Media.

Con la iglesia llegó a la América, pero no tuvo competencia para juzgar a los indios, se consideraba que dada su condición de neófitos, de la insuficiencia de su adoctrinamiento en la fe cristiana y por su primitivismo, carecerían de suficiente entendimiento para poder ser inculpados. La inquisición tenía la misión de velar por la pureza de los principios religiosos. Impidió la propagación del protestantismo y de las ideas materialistas, que se las catalogó como peligrosas para la pureza del catolicismo.

Vivimos la época de la economía mundial, en lo que todos los fenómenos -y tambien los culturales- adquieren dimensiones internacionales y actúan y se proyectan por encima de las fronteras nacionales, que tienen un carácter reaccionario, salvo cuando las naciones oprimidas oponen la cultura nativa a la agresión imperialista. No puede hablarse de culturas burguesas nacionales, la imperialista es impuesta -de manera total o no- allí a donde va el capital financiero.

Sin embargo, las naciones oprimidas cuando luchan contra la opresión imperialista no pueden menos que rechazar las formas culturales del imperialismo y al hacerlo se ven obligadas a poner de relieve la cultura nativa, de afirmarla como nacional. La rebelión antiimperialista no pocas veces adopta la forma de rebelión cultural. Cuando hablamos de cultura y de opresión cultural, nos referimos también a la religión. La historia enseña que los opresores se apoyan en su propia religión y que se esmeran en imponerla a los pueblos sofuzgados.

No se trata de establecer las bondades y diferencias de las culturas y de las religiones, cuyo desarrollo está determinado por el nivel alcanzado por las fuerzas productivas, sino de establecer las relaciones y el choque entre ellas. Bajo el capitalismo atrasado de economía combinada que es propio de Bolivia, se percibe junto a la cultura y religión evolucionadas, la cultura y la religión primitivas, pero las primeras corresponden a la burguesía nativa y al imperialismo, forman parte de las fuerzas opresoras. Las masas que se rebelan contra la opresión se atrincheran en su cultura y religión propias. Es lo que está sucediendo ahora, las nacionalidades oprimidas y las masas explotadas repudian la religión de los opresores y explotadores, apoyándose en la religión nativa, parte de la cultura de las nacionalidades indias.

Consumada la liberación nacional e instaurada la dictadura del proletariado, la actual cultura que presenta acentuados rasgos nacionales, que es herencia del pasado histórico, no se consolidará ni petrificará como tal, sino que se proyectará a internacionalizarse y en este proceso se transformará, se superará.

Ahora es posible comprender en toda su dimensión la consigna de “!Abajo el Papa!” “!Abajo la religión de los explotadores!” “!Viva la Pachamama!” Se trata de una manera particular de decir “!Viva la cultura india!” “!Abajo la cultura que nos imponen los explotadores, el imperialismo!”, que bien puede interpretarse como la voluntad de liberar a las nacionalidades oprimidas y de derrotar a la minoría blancoide y a su Estado opresores.

Lugar de la religión

La religión, la de los opresores, ocupa un lugar particular y de importancia en el proceso de dominación cultural, de opresión de las nacionalidades nativas y de las masas explotadas.

Los conquistadores, los opresores, están obligados a domesticar a los conquistados, a los vencidos, convencerles que están obligados a ser explotados. Los derrotados no cesan de rebelarse contra los extranjeros, de luchar para no ser encadenados y para estos últimos constituye una urgencia necesidad acabar con este estado de cosas, con el caos y la Sangre que corre a torrentes. La estabilidad social permite el florecimiento económico y la religión es usada para lograr esa estabilidad.

El siniestro Vicente de Valverde, un verdadero lobo entre los conquistadores ibéricos, que fue nombrado “protector de los indios”, seguramente como recompensa del papel decisivo que jugó en la conquista o esclavización de América, describía así la situación de oprobio que pesaba sobre los aborígenes y que motivó una descomunal convulsión: “En lo de la protección de los indios, que Vuestra Majestad me mandó que entendiese lo que hay que decir es que es una cosa tan importante, para el servicio de Dios y de Vuestra Ma-jestad, es defender esta gente de la boca de tantos lobos, como hay contra ellos que creo que si no hubiese quien particularmente los defendiese, se despoblaría la tierra, y, ya que no fuese asi, no servirían ni tendrían sosiego los indios de ella”. Valverde consolaba a esas víctimas de la angurria de los españoles diciéndoles que el rey era muy bueno: “yo les he platicado muchas veces diciendo como V.M. los quiere como a hijos y los llama hijos…”

Los indios no quedaron adormecidos por la prédica hipócrita de Valverde, enemigo jurado de la religión de aquellos, sino que se sublevaron buscando acabar con sus esclavizadores: “El Inca que anda levantado anda ya muy alzado porque trae muy poca (gente), por estar ya los indios, de esta tierra trabajados con las guerras, que no le quieren seguir, sino estarse en sus pueblos…” (Carta de Valverde al emperador, Cuzco, 20 de marzo de 1539).

Una óptima explotación de América y de los indios por los conquistadores, exigía la imposición de un clima de tranquilidad social, de silencioso y esforzado trabajo de las masas humanas esclavizadas. En este plan la iglesia, los sacerdotes y el catolicismo constituyeron el engranaje decisivo. Evangelizar quiso decir domesticar.

La monarquía, consciente de que tenía en la iglesia a su mejor auxiliar -tan importante como sus propios destacamentos armados- para someter y explotar adecuadamente a los conquistador, la protegió y se esmeró por someterla a su control y autoridad.

La iglesia, el catolicismo, fueron piezas fundamentales de la ideología dominante durante la colonia, ideología que permitió la esclavización de los americanos. Parte esencial de la cultura de los invasores, no pudo menos que ser impuesta violentamente a los vencidos. Desde el primer momento hasta ahora fue la religión extraña y enemiga de los nativos, de las nacionalidades oprimidas, quechuas y aymaras, etc.

Nos parece de importancia volver a reiterar lo que hemos dicho más arriba: las creencias -idolatrías, dice el catolicismo- nativas, la religión de la Pachamama, inseparable de los ritos alrededor de la fecundidad, han vivido y siguen viviendo, han actuado y siguen actuando bajo la cobertura del catolicismo. Los indígenas se han metido atrevidamente dentro del pellejo del enemigo para defender lo que consideran lo más caro para ellos, sus creencias, su cultura, para luchar en mejores condiciones contra sus opresores. Bueno, esto es lo que no se quiere ver. Los indios que se aferran a sus ritos y creencias ancestrales permanecen fieles a sus antepasados, a esos que fueron destruidos físicamente por la cruz y la espada hermanados en las manos de los conquistadores, esto quiere decir que permanecen fieles a su nación, a su identidad.

¿El catolicismo es la religión de la mayoría de los bolivianos o simplemente de una pequeña minoría blancoide de opresores, explotadores y representantes del capitalismo internacional? No variaría el problema en su esencia si las religiones nativas fueran propias de minorías nacionales, que no por ser minoritarias deben dejar de luchar por su liberación contra una nación supuestamente grande y poderosa.

Nos referimos obligadamente a esta cuestión porque los adversarios a los planteamientos poristas se han refugiado -a falta de mejores argumentos- en la tesis de que no es legítimo levantarse contra la religión de la mayoría de los bolivianos, es decir, contra la católica. ¿ Y por qué las minorías no pueden criticar y oponerse a las religiones de las mayorías? No los católicos, sino los que negocian con esa religión, tienen un curioso criterio de la democracia. Hay que recordarles que olvidan los planteamientos del propio Juan Pablo II, que en su última encíclica por lo menos en tres pasajes demanda la libertad religiosa, el respeto a todas las creencias. ¿ Porque no se respeta la protesta de la religión india contra la religión opresora?

Puede argumentarse con algún fundamento que los revolucionarios materialistas, indiscutiblemente ateos, constituyen una minoría de la población con referencia a la gran masa que abraza diferentes religiones. Sin embargo, esa minoría no teista está obligada, no como consecuencia de especulaciones abstractas sino de necesidades que emergen de la lucha diaria que busca emancipar a los oprimidos en general, a someter a severa crítica a la religión en general y particularmente a la católica por ser la que de manera directa tiene ingerencia en la vida política del país y el estado de opresión que soporta la mayoría de la población.

El hecho de que a los que nacen -o a una mayoría de ellos- se los bautice conforme a los ritos del catolicismo y al margen de su voluntad, no quiere decir que estos abrazaran y practicaran esa religión por el resto de sus días. El bautizo es una imposición por parte de la sociedad vaciada en los moldes ideológicos propios de los explotadores. La mayoría de los bolivianos bautizados, tanto de la que corresponden a la mayoría campesina, obrera y de la clase media en sus estratas más numerosas, practican luego los ritos y costumbres que arrancan de las religiones nativas. No son católicos o lo son solo formalmente, por esto decimos con mucha razón que el cristianismo es la religión solo de una pequeña minoría y que la mayoría de los bolivianos, particularmente los aborígenes, profesan otras religiones, otras creencias. Lo correcto sería que los católicos pidiesen a la mayoría de la población tolerancia para sus creencias. Los Pérez Iribarne y compañía, que se creen los conquistadores de hoy, los amos del país y que tan mal uso hacen del poderío económico de la iglesia, no tienen ninguna razón cuando pretenden silenciarnos con el manido argumento de que la mayoría católica debe permanecer intocada, reverenciada por todos y que en esto reside la verdadera democracia. Cuando grupos universitarios pegaron carteles denunciando que el catolicismo era la religión de los opresores, el oscurantismo clerical llegó al extremo de pedir que el gobierno disminuyese el monto del presupuesto de la UMSA.

Para Fr. Pedro de Anasagasti -“La religión de los opresores”, “Presencia”, La Paz, 10 de marzo de 1988- la consigna de “¡No a la religión de los opresores!”, “¡No a la llegada del Papa! ¡Viva la Pachamama!” constituiría “un insulto a nuestra historia, -a nuestra cultura y a nuestra libertad”. Un comentario alrededor `de estas afirmaciones nos permitirá ampliar la explicación de lo que venimos sosteniendo.

Lo que ha hecho URUS es, precisamente, todo lo contrario: ha puesto de relieve la historia de la esclavización de América por la espada y la cruz enarbolada por los españoles, la opresión de las masas indias, la lucha contra sus creencias, es decir, contra la cultura autóctona y ha denunciado que el catolicismo -a través de la forzada evangelización- ha destruido la libertad de los nativos de seguir abrazando sus creencias.

Es evidente que algunos católicos y protestantes han escrito gramáticas de las lenguas nativas, con la finalidad de traducir en ellas los textos bíblicos, etc. Esta vez cruz y alfabeto han sido utilizados para domesticar a los indios, que a eso se le ha llamado civilización.

Más arriba hemos señalado que algunos sacerdotes denunciaron excesos cometidos contra los aborígenes por españoles y por algunos -o por la mayoría- de sus hermanos. Pero todos los católicos, la cruz y la Biblia, como tales, han cumplido la función de obligar a los conquistadores a trabajar, a fin de que los españoles vencedores -y entre estos tambien los curas- tuvieran algo que saquear, algo que sea objeto de la desesperada red de pillaje de éstos.

‘’Es una noción tradicional -dice Marx en los “Grundrisse”- la de que en ciertos periodos se ha vivido únicamente del pillaje. Pero para poder saquear es necesario que haya algo que saquear, es necesaria una producción. Y el tipo de pillaje esta determinado también por el modo de producción. Una nación de especuladores de bolsa, por ejemplo, no puede ser saqueada de la misma manera que una nación de vaqueros”. El saqueo del Perú -al que tan piadosamente contribuyeron los sacerdotes- se basó en la producción del trabajo servil.

Durante la guerra de la independencia, los curas patriotas y hasta guerrilleros -¡qué ironía para el catolicismo que repudia el uso de la violencia!- se colocaron contra las tendencias burguesas-liberales, expresadas por los librepensadores, materialistas y masones, y formaron filas al lado de las Corrientes reaccionarias que defendieron el modo de producción colonial, el trabajo servil. La religión oficial, el catolicismo y, por tanto, el clero, actuaron como sanguijuelas que succionaron la sangre de los indios, que la aristocracia terrateniente y el gamonalismo, del que la iglesia constituyó su piedra maestra, transformaron en ingentes fortunas. El catolicismo se convirtió en el muro que impidió el desarrollo de la ciencia, de la cultura avanzada, por carecer de capacidad para conocer las leyes del desarrollo de la naturaleza y de la sociedad, por la sencilla razón de que esas leyes entran en contradicción con los fundamentos de la religión, del idealismo llevado a su expresión más extrema.

¿Puede el catolicismo hablar de cultura boliviana? Si lo hace cae en un despropósito. La religión católica ha sido y es para la mayoría nacional foránea y opresora, porque se superpone, utilizando para ello el poder estatal, a la cultura nativa, de la que las creencias consideradas idolátricas son una de sus expresiones. Hemos señalado que el catolicismo, parte de la cultura foránea, es destructor -y no constructor- de la cultura nativa. Los bolivianos estamos obligados a luchar contra la opresión nacional, por eso nos atrincheramos en la defensa de nuestra cultura ancestral, incluyendo a las creencias religiosas del pasado.

Si D’Orbigny, el naturalista y materialista, cuya amistad, conocimientos y papeles permitieron el florecimiento de una corriente atea muy importante del siglo XIX y que ha dejado profunda huella en la historia del país, se ha referido a la tarea cumplida por el padre Lacuevo en las misiones del Oriente -también nosotros nos hemos referido a otros sacerdotes notables y excepcionales-, esto no quiere decir que la iglesia hubiese revolucionado la cultura o la historia del país.

¿La Inquisición puede considerarse como símbolo de “nuestra libertad”? ¿Cómo respondería a esta interrogante Fr. Pedro de Anasagast ?

La iglesia de la Edad media -oscurantista sin atenuantes- niega al cristianismo primitivo y es ésta la que conocemos a lo largo de nuestra historia. La de nuestra época se cobija en las operaciones propias del capital financiero y niega a su antecesora, mejor, concentra ambas formas. Siempre fue así contradictoria. Darimon, citado por Marx, escribe: “El hecho de que el Papa impusiera el pago de contribuciones eclesiásticas a casi todos los países cristianos católicos, contribuyó no poco, en primer termino, al desarrollo de todo el sistema monetario en la Europa económicamente active, y luego, como consecuencia, al surgimiento de variadas tentativas de eludir el precepto eclesiástico contra los intereses. El Papa se servía de los lombardos para la percepción de las anatas de los arzobispos y las demás contribuciones. Eran aquellos los principales usureros y prestamistas, bajo la protección papal. Conocidos ya desde mediados del siglo XII. Sobre todo de Siena. ‘Usureros públicos’, En Inglaterra se les denominaba ‘banqueros romanos-episcopales’. Algunos obispos de Basilea, entre otros, empeñaban a los judíos por una bagatela sus anillos episcopales, sus ropajes de seda, los vasos y demás utensilios sagrados y pagaban intereses. Pero los mismos obispos, abades y curas practicaban la usura con los vasos sagrados, puesto que los empeñaban a cambio de una participación en la ganancia, a banqueros toscanos en Florencia, Siena y otras ciudades”.

El catolicismo, con todos sus ritos, y prácticas tomadas de otras religiones, ha sabido adaptarse al capitalismo y, sin importarle sus principios originales contra la explotación, actúa a travez de sus tentáculos propios del capital financiero.

En Bolivia el catolicismo ha demostrado una total incapacidad para comprender la cultura nativa de los primeros tiempos, por tanto de la religión nativa, se ha limitado a relegarla al montón inservible de las idolatrías, esto porque carece de capacidad autocrítica: A su turno, la severa critítica del catolicismo, a la luz de la historia, nos permite comprender en su verdadera significación lo que son la cultura y la religión de los pueblos indios. Marx ya se dio cuenta de este procesor “La religión cristiana fue capaz de ayudar a comprender de una manera objetiva las mitologías anteriores solamente cuando llegó a estar dispuesta hasta cierto punto, por así decirlo a su propia autocrítica. De la misma manera, la economía burguesa únicamente llegó a comprender la sociedad feudal, antigua y oriental cuando comenzó a criticarse a si misma. Precisamente porque la economía burguesa no se identificó pura y simplemente con el pasado fabricándose mitos, su crítica de las sociedades precedentes, sobre todo del feudalismo contra el cual tuvo que luchar directamente, fue semejante a la crítica dirigida por el cristianismo contra el paganismo, o también a la del protestantismo contra el catolicismo”.

En la actualidad, el catolicismo es la religión del capitalismo, lucha por el mantenimiento del orden social existente y lo más que propone es la introducción de algunas reformas que podrían paliar la explotación de los trabajadores, pero de ninguna manera eliminarla.

El catolicismo, religión oficial

La religión católica es la oficial en Bolivia y goza de la protección del Estado, esto pese a que las diversas constitu-ciones políticas que así lo disponen han sido y son consideradas como liberales democráticas. Si se exceptúa el caso de Bolívar, los intentos de lograr la separación de la iglesia y del Estado han sido excepcionales y sumamente débiles. Este es un caso sumamente extraído y exige una explicación. Casi todos, por encima de sus diferencias doctrinales, estuvieron de acuerdo para reconocer la religión católica como la oficial y a veces como la única, esto porque para legitimar la explotación de los indios, basamento económico de !a república, se precisaba el auxilio de la cruz,

Simón Bolívar -El Congreso Deliberante le pidió una constitución para la república-, en su mensaje -26 de mayo de 1826- al Congreso Constituyente que envió junto al proyecto constitucional, señala:

Legisladores ¡Haré mención de un artículo que, según mi conciencia, he debido omitir. En una constitución política no debe prescribirse una profesión religiosa; porque según las mejores doctrinas sobre las leyes fundamentales, estas son las garantías de los derechos políticos y civiles: y como la religión no toca a ninguno de éstos derechos, ella es de naturaleza indefinible en el orden social, y pertenece a la moral intelectual. La religión gobierna al hombre en la casa, en el gabinete, dentro de sí mismo: sólo ella tiene derecho de examinar su conciencia intima. Las leyes, por el contrario, miran la superficie de las cosas: no gobiernan sino fuera de la casa del ciudadano. ¿Aplicando estas consideraciones podrá un estado regir la conciencia de los súbditos, velar sobre el cumplimiento de las leyes religiosas, y dar el premio o el castigo, cuando los tribunales están en el cielo, y cuando Dios es juez? La inquisición solamente seria capaz de reemplazarlos en este mundo. ¿Volverá la inquisición con sus teas incendiarias?.

“La religión es la ley de la conciencia. Toda ley sobre ella la anula, porque imponiendo la necesidad al deber, quita el mérito a la fe, que es la base de la religión. Los preceptos y los dogmas sagrados son útiles, luminosos y de evidencia metafísica; todos debemos profesarlos, mas este deber es moral, no político.

“Por otra parte, ¿cuáles son en este mundo los derechos del hombre hacia la religión? Ellos estan en el cielo; allá el tribunal recompensa el mérito, y hace justicia según el código que ha dictado el Legislador. Siendo todo esto de jurisdicción divina, me parece a primera vista sacrilegio y profano mezclar nuestras ordenanzas con los mandamientos del Señor. Prescribir, pues, la religión no toca al legislador; porque este debe señalar penas a las infracciones de las leyes, para que no sean meros consejos. No habiendo castigos temporales, ni jueces que los apliquen, la ley deja de ser ley.

“El desarrollo moral del hombre es la primera intención del legislador: luego que este desarrollo llega a lograrse, el hombre apoya su moral en las verdades reveladas, y profesa de hecho la religión que es tanto más eficaz, cuanto que la ha adquirido por investigaciones propias. Además, los padres de familia no pueden descuidar el deber religioso hacia sus hijos. Los pastores espirituales estén obligados a enseñar la ciencia del cielo: el ejemplo de los verdaderos discípulos de Jesús, es el maestro más elocuente de su divina moral: pero la moral no se manda, ni el que manda es maestro, ni la fuerza debe emplearse en dar consejos. Dios y sus ministros son las autoridades de la religión que obra por medios y órganos exclusivamente espirituales; pero de ningún modo el cuerpo nacional, que dirige el poder público a objetos puramente temporales”(V. Lecuna, ‘’Documentos referentes a la creacion de Bolivia”).

Los legisladores bolivianos introdujeron muy pocas enmiendas al proyecto de Bolívar, pero añadieron el importante artículo 6to. sobre la cuestión religiosa. “Si merece la pe-na enunciar que, entre estas reformas, quizás la mas importante fue aceptar la religión católica como religión oficial (Art. 6) a pesar de que el Libertador se opuso fuertemente en la exposición preliminar, a la adopción de toda norma sobre esta materia” (“proyecto de constitución para la república boliviana). El artículo añadido decía: “La religión católica, apostólica, romana, es la de la república, con exclusión de todo otro culto. El gobierno la protegerá y hará respetar, reconociendo el principio de que no hay poder humano sobre las conciencias”.La última parte fue contradictoriamente insertada con la finalidad de incluir el pensamiento de Bolívar, pero fue suprimida en la constitucion de 1839:

“La religión del estado es la católica, apostólica, romana; a la que se prestara siempre la mas decidida protección, y todos sus habitantes, el’ mayor respeto, sean cuales fueren sus opiniones religiosas. Es prohibido cualquier otro culto público” (artículo 3ro).

La de 1843 mantuvo la prohibición de todo acto público religioso que no fuese el católico. En el Art. 100 se añade: “Esta constitución garantiza a los habitantes de la república, el principio de que no hay poder humano sobre las conciencias”.

La constitución de 1851 llegó al extremo de prohibir todo ejercicio religioso que no fuese el católico: “La religión católica, apostólica, romana, es la de Bolivia. La ley protege y garantiza el culto exclusivo de ella, y prohíbe el ejercicio de otro cualquiera, reconociendo, sin embargo, el principio de que no hay poder humano sobre las conciencias” (Art. 3ro.)

La constitución de 1861 prohibió solamente “el ejercicio público de todo otro culto”, que no sea el católico (Art. 2do.).

Lo que escribió en 1870 Agustín Aspiazu revela por dónde iba la avanzada liberal de la inteligencia boliviana:

La creencia no se manda, no se impone, se infunde con la persuasión y los sanos razonamientos; ella nace de las propias convicciones; el santuario de la conciencia debe ser inviolable como el sagrado tabernáculo. Si hay error, ilustrad su inteligencia; si hay ceguedad, si hay obstinación estudiada, será culpable ante Dios, mas no ante los hombres. ¿Por qué usurpar al Creador su atributo justiciero?, ¿por qué apoderarse de su espada para convertirse en ángel exterminador de los disidentes?, ¿ Llamaís incrédulos a los que no siguen vuestras doctrinas?, también vosotros sois iguales incrédulos, porque no creeís en los dogmas que profesan vuestros opositores. ¿En quién estará la razón?, Con qué título constituirse en juez, legislador y verdugo de la conciencia humana? Si pretendeis agradar con esto a la divinidad, no haceís más que exitar su indignación y cólera, porque en vez de un Ser de paz y de misericordia, os imaginaís un ser hambriento de cadáveres como bocas de Ganges, un Dios sediento de Sangre como los ídolos de sacerdotes druidas. Autorizar al catolicismo para imponer sus creencias por la fuerza: con igual facultad se sentirá el luterano, el calvinista y el sociniano; y por último, de misioneros del Evangelio habreís descendido a ser los misioneros del Alcorán, santificando los estragos del alfanja mahometano” (“Código de Derecho Internacional “).

Aspiazu, postrado en su lecho, dijo a sus discípulos: “Voy a morir, no me abandonaís; no permitaís que hurguen mi conciencia los inquisidores de la agonía y sepulten mi razón, dando pábulo al fanatismo”.Cuando le pidieron, entre otros el sacerdote Barreto, que cumpliese con los preceptos de la iglesia, le dijo a aquel, señalando con su mano temblorosa la puerta: “Sale usted o salgo yo…”

La constitución de 1871 introdujo una novedad: la libertad de cultos en las colonias: “El estado reconoce y sostiene la religión católica, apostólica y romana. Se prohíbe el ejercicio público de otro culto, exceptuando en las colonias que se formaren en lo sucesivo- (Art. 2do.).

La novedad fue suprimida por la constitución de 1878 y restablecida en la de 1880.

Los liberales en el poder modificaron la constitución en el aspecto religioso, permitiendo el ejercicio de otros cultos. La reforma del Art. 2do. fue iniciada por Ley de 14 de septiembre de 1905 y sancionada por la igual de 27 de agosto de 1906, durante el gobierno de Montes: “El Estado reconoce y sostiene la religión católica, apostólica, romana, permitiendo el ejercicio público de todo otro culto” (Z.M. Bustillos, “Constitución Política”, 1924). Este texto se ha mantenido en las constituciones posteriores, incluida la de 1938, que fue aprobada por la máxima expresión del pensamiento socialista y cuando en la Convención de entonces estuvo presente una fuerte fracción izquierdista y obrera.

Seguimos a Hernando Siles -“Derecho parlamentario, de Bolivia”- en las discusiones que hubieron sobre este tema. Cuando en la Constituyente de 1868 se discutía la constitución, Isaac Tamayo “recomendó la utilidad de consignar el principio de que ningún poder puede quebrantar la conciencia; advirtiendo empero, que lo veía encerrado en la mente del artículo propuesto, cuya redacción debiera prepararse mejor” (“La religión del estado es católica, apostólica romana. Se prohíbe el ejercicio público de todo otro”. (Art. 4to.).

Lucas Palacios sostuvo que “siendo el hombre religioso por naturaleza, la proclamación del culto católico, que era el nacional, respondía a sostener la base de la moral colectiva.

José R. Gutiérrez argumentó en sentido de que la “garantía debida a la conciencia” estaba satisfecha en el proyecto: la prohibición del ejercicio público de creencias religiosas extrañas a la protegida, no comprendía al culto privado, como lo hizo la constitución de 1851. Tamayo concluyó retirando su proposición.

En 1901, el senador José Berrios propuso la siguiente reforma del Art. 2do. de la constitución: “La libertad de conciencia y de creencia es inviolable, y no se incurre en pena de ninguna clase por causa de opiniones religiosas. No obstante, la religión católica, apostólica, romana, continuará siendo la de la nación. Todas las otras religiones seran permitidas a los extranjeros, así como su culto doméstico particular”. Había que declarar -añadió- que no existía poder capaz de modificar las convicciones religiosas.

El poderoso minero Pastor Sainz consideraba que así se maltrataba al país, pues el “sentimiento católico deparaba cohesión y vitalidad a la democracia”. El Legislativo, de composición liberal, esperaba que los conservadores defendiesen su doctrina. Su argumentación: “Los elementos populares abrigaban decididamente el sentimiento católico: el ultraje que les infiriese los inclinaría a reñir con el régimen político de la época, reemplazándolo”.

Los partidarios de la inmigración al despoblado país porfiaron en lograr la libertad religiosa en favor de la corriente inmigratoria. En 1843, el convencional Guilarte fue partidario de conceder al apartado departamento del Beni la libertad religiosa. Villafán replica “que el Estado no hacía sino averiguar cuál religión profesaban sus miembros, y que hecha esa demostración, proclamaba el hecho evidente. No había allí concesión y sí reconocimiento de fe agrupadora de una colectividad; católica ella, era inútil abrir la puerta de una tolerancia por nadie pretendida; pero que si hubiese quienes la demandasen, no perjudicaría a sus convicciones, que ninguna ley condenaba, la constitucional de prohibición de ellos, los disidentes, para el ejercicio público de su culto”.

La convención de 1880 conoció la demanda colonizadora de la empresa Bravo, que demandó la tolerancia religiosa para las poblaciones que había de fundar. La solicitud fue sostenida por el diputado Aranibar que lamentó “que la constitución de 1878 hubiese suprimido la garantía que ofreció a las colonias la carta del 71, autorizando la tolerancia”.

El diputado Sanjinés argumentó que estando en vigencia la prohibición de todo culto distinto al católico en todo el territorio nacional; el proyecto era inconstitucional.

Fue interesente la intervención del diputado presbítero Jacinto Anaya, que comenzó “distinguiendo la libertad religiosa propiamente dicha, de la mera tolerancia. La empresa Bravo, lejos de pedir un régimen de libertad, tal como el, usado en Francia, donde se protegía a todas las comunidades o el de EEUU que no amparaba a ninguna, declaró (la empresa Bravo) que dirigiría sus esfuerzos al sostenimiento del principio católico, consignado en su presupuesto la partida adecuada a tal fin, y se proponía tan solo alcanzar la garantía de libertad de conciencia para los disidentes que llegasen a formar la colonia. Acentuada esta distinción y tran-quilizada por ella la conciencia del orador, no encontraba motivo que impidiera aceptar la ventaja solicitada.

Y tampoco era posible por fin, tomar a la religión católica coma perseguidora de ajenas convicciones; propaga su doctrina con el poder del ejemplo y de la persuación”.

Los partidarios de la libertad religiosa, cohibidos de plantear abiertamente su posición, se agazaparon tras la tesis de la tolerancia de las creencias. Durante el debate, el “diputado Urquidi, observó que la carta de un país estaba llamada a prescribir las condiciones que regularían su desenvolvimiento, sin que hiciesen falta la relativa al credo religioso de los asociados; esto no obstante que las constituciones anteriores formularon el principio del amparo prestable al catolicismo, y ya que se consideraba deber renovarlo, proponía una nueva reclamacción, reducida a decir que, siendo la religión católica la profesada por los bolivianos, vedábase ostentar otra distinta”.

El diputado Escóbar tuvo el atrevimiento de sostener que la constitución no debería contener la declaratoria de reconocimiento de la religión católica. Se parapetó en las palabras de Bolívar, “que para él no tuvieron hasta entonces ninguna refutación –‘¡Cómo mezclar entre los ordenamientos humanos la ley divina! -¡Cómo mandar la religión, quitándole el mérito de la fe, de la creencia, que consiste en la libertad de abrazarla!’ -Prosiguió con el examen del mandato dado por Jesucristo a sus apóstoles, para que difundieran la verdad de sus enseñanzas, inculcándolas, fuera de la imposición. El Estado no es además una entidad moral; los individuos que lo forman, habían realizado ya sus relaciones de amor y de acatamiento respecto del Creador, en las mismas que consiste la manifestación de su fe, la religión que profesan. Finalmente, impuesta la católica, aquellas personas que no estuviesen congregadas bajo de ella, le profesarían un respeto simulado e hipócrita, abatidas ante el despotismo legal”.

El convencional Reynolds respondió que ‘”la totalidad o la gran mayoría” de los bolivianos era católica y que era preciso ponerla “a cubierto de su choque con demostraciones religiosas contrarias”.

En 1893, Antonio Quijarro sostuvo el principio de la emancipación de la iglesia de la tuición del Estado: “El régimen actual de estar sometida al Estado la religión católica en Bolivia, es de origen histórico: lo hemos heredado del coloniaje. Una iglesia protegida por el estado, es una iglesia cohibida; así lo demuestra la experiencia y así lo considera la historia.

“Es por esto que la iglesia católica, en los primitivos siglos, se ha manifestado majestuosa; y aun en las épocas en que ha sido perseguida, ha causado asombro al espíritu humano y se ha propagado rápidamente. En los países donde lo iglesia dependía del Estado, se presenta en condiciones de una inferioridad que no pueden menos que impresionar a todo corazón sincero.

“El progreso católico en los países donde la iglesia dependía del Estado y el progreso católico donde ella es completamente libre, dan resultados que en nada se asemejan: en la iglesia libre, el culto es fervoroso, sincero, ardiente, fino, y limitado apenas a las mujeres en aquellos en que la iglesia camina como un niño con andadores y no puede hacer cosa alguna sin la protección del Estado”.

Bajo el régimen liberal la primera iniciativa de reforma constitucional en la materia correspondió, en 1901, al diputado León M. Loza, “con el doble propósito de arrebatar a la iglesia católica el apoyo oficial, y de poner en planta la libertad de cultos; manteniendo empero el reconocimiento de que acompaña a aquella el sentimiento boliviano”.

El dictamen de la comisión de constitución (A. Pizarro, Carlos V. Romero, Daniel Salamanca, A. Diez de Medina, L. Sainz, Francisco Anaya y J. M. Camacho) fue adverso:

“Esta reforma ha de venir y se ha de imponer no sólo como una necesidad social, sino también como una exigencia política, cuando el incremento de la población exótica y el desarrollo de las nuevas ideas, den ingreso al país a un orden de actividad intelectual, conforme con el movimiento de civilización que agita a otras naciones mas avanzadas y mejor imbuidas del espíritu liberal que la nuestra.

“A estimular este acrecentamiento saludable de elementos activos de progreso; a preparar el campo en que las fuerzas sociales hayan de desenvolverse, debe propender el legislador, estableciendo, antes que reformas radicales, aún no exigidas y manifiestamente resistidas por el sentimiento y las preocupaciones populares, aquellas que aseguren al país existencia autónoma, que consoliden su bienestar político y económico y que garanticen, sobre todo, las inmunidades del individuo, tales como están declaradas por la constitución y en la forma y dentro de los límites prescritos por ella misma. Entre esas inmunidades, la libertad de conciencia está amparada. El Estado no puede atentar el fuero interno de las personas; no puede prohibir el culto privado den-tro de cada casa, que es un asilo inviolable; no puede imponer una religión, ni establecer desigualdades en los cargos públicos, ni en el goce de los derechos civiles y políticos de ningún hombre, por causa de sus creencias religiosas. La acción del Estado solo se circunscribe a reconocer y sostener la religión católica y a prohibir el ejercicio público de todo otro culto que no sea el de aquella, porque así se lo imponen las condiciones de nuestro estado social, fuertemente subordinado todavia a las influentias de la iglesia”.

Sin embargo, la comisión de culto (C. Cornejo, N. Rivero, Antonio J. Espinoza, G. Otazo y J. Orias) se declaró favorable a la iniciativa, “considerando necesario atraer a la inmigración extranjera, le aseguraba los derechos que ella quisiera se le procurasen, entre los cuales está la constitución de su hogar, arreglada a su rito religioso”.

En 1904, se propusieron cuatro reformas: 1), A. Sanjines sostuvo que subsiste la protección concedida al credo católico, por pertenecer a la familia nacional, añadiendo la urgencia de la tolerancia de cultos; 2), J. M. Sainz, A. Aparicio, A. Diez de Medina y J.M. Suárez (hijo) aconsejaron la abrogación del precepto constitucional sobre la religión; 3), Moisés Ascarrunz pidió amparo para todas las comunidades religiosas; 4), J.S. Quinteros, Le6n M. Loza y C. Miranda, “imponían al Estado, no ya el amparo, como en el proyecto anterior, sino el respeto a las religiones, cualquiera que fuesen, siempre que sus manifestaciones no comprometan a la moral y al derecho”.

La mayoría de la comisión constitucional (B. Caballero, hijo, R. Villalobos y J. Pando) buscó conciliar el pasado histórico y las nuevas ideas: “En ciertas situaciones el poder coercitivo de la opinión pública es muy eficaz; a menudo hasta tiránico, y, por lo regular, superior al de las leyes, nos dice el expresivo concepto de un publicista. Por dichas consideraciones habría que ingresar en el campo de reformas meramente oportunistas, que, sin violentar las erróneas creencias de los más, abran perspectivas de mayor adelanto a los menos, a fin de que esa opinión pública, sobre cuyo nivel no es prudente levantarse de manera violenta, no suscite dificultades de ordenado y progresivo avance de nuestras instituciones”.

En 1905, todos acordaron “conservar a la iglesia católica con el rango de oficial, pero autorizando la manifestación de los demás cultos”. Román Paz y Luis F. Gemio señalaron “que ninguna ventaja es mas preciable para la armonía nacional y la marcha regular del gobierno, que la suministrada por la unidad religiosa. Era notoria su existencia en el país, al punto de no reclamar nadie, que en este hecho se mostrase disidente, el régimen de la libertad de cultos, contra el cual se levantaba unánime el grito de la opinión.”

Según López Menéndez, sostiene que durante el régimen liberal -1900-1920- “la iglesia en Bolivia fue víctima de todos los atropellos y agresiones en su autoridad e instituciones. El liberalismo, fundado solo con miras políticas, mostró, una vez en el poder, su verdadera faz antirreligiosa y anticatólica. Una larga serie de leyes, decretos y disposiciones adversos a los derechos fundamentales de la iglesia, a su libertad de acción y a sus sagradas instituciones se desencadenaron en este periodo, no pareciendo sino que el enemigo sobre el que triunfó el partido liberal fuera ella.

Ministros de Estados, legisladores y autoridades liberales de toda jerarquía, la hicieron blanco de su extraviada animosidad: libertad de cultos, instrucción laica, cementerios laicos, matrimonio laico, desafuero del clero y privación de su ciudadanía, ataques a los derechos monásticos y a la acción misionera, restricciones al ejercicio del culto católico, limitaciones en la atención económica del presupuesto constitucional del culto y hostilidades contra las autoridades eclesiásticas, caracterizaron este periodo de una sistemática campaña sectaria anticlerical….Grupos de furiosos liberales-radicales, encaramados en el parlamento, en los minis-terios y en la prensa, se encargaron de descargar su fobia sectaria contra la iglesia, con el siniestro propósito de mellar sus prestigios y autoridad y descristianizar la sociedad”.

Un proyecto de constitución de 1934 establecía: “Art. 2o.- (Bolivia) no tiene religión oficial. Reconoce la libertad de cultos”. El documento no llegó a discutirse.

Pese a todo, la religión católica siguió siendo la oficial y gozando de la protección estatal, amplísima o disminuida.

Las reivindicaciones democráticas de la separación entre el Estado y la iglesia, y de la libertad religiosa irrestricta, quedaron incumplidas; de una manera necesaria pasan a manos de la clase obrera y así se convierten en parte del programa de la revolución encabezada por ella.

 

IV

LA ENCICLICA SOLLICITUDO REI SOCIALIS

 

La iglesia y la cuestión social

La polarización de los medios de producción en manos de la burguesía y, en el otro extremo, de la fuerza de trabajo, única propiedad del proletariado, los agudos problemas sociales generados por este fenómeno, además de la enorme y creciente influencia del movimiento sindical dominado por los socialistas -en ese momento obligada y necesariamente ateos-, todo esto obliga a la alta jerarquía eclesiástica a adoptar una línea frente a la cuestión social. Las ovejas del Señor deambulaban descarriadas.

Según el sacerdote Alberto J. Sily, autor de “La organización sindical” y miembro del Centro de investigación y accional social de la Argentina, organizado por la Compañía de Jesús, la doctrine social de la iglesia se nutre de las siguientes fuentes:

“La primera es el Derecho Natural, cuya custodia y enseñanza pertenecen a su jurisdicción y magisterio. A ello se añade que siendo el Derecho Natural expresión de la esencia metafísica del hombre, en el ámbito de las normas éticas que regulan sus derechos y deberes, puede ser aceptado, en la sociedad pluralista de hoy, por todos aquellos que admiten y respetan los atributos fundamentales de la persona humana.

“En Segundo lugar, ofrece la iglesia la riqueza sobrenatural y humana de las verdades contenidas en la Revela-ción. Este no es otra cosa que la ‘historia viviente’ del amor de Dios revelado a los hombres. Como todo amor -y mas que ningún otro- tiene sus emergencias. No se amará verdaderamente a Dios, ni se podrá recibir su Amor, sino en una dimensión de fraternidad: es la primacía del ‘mandamiento nuevo.’

“El amor cristiano, vivido con la sinceridad y fidelidad enseñadas por Jesucristo, hace posible el ejercicio real de todas las virtudes. Y, entre éstas, da garantía a la más difícil de practicar individual y socialmente: la justicia.

“¿Qué otro grito, qué otra esperanza ha animado más intensamente a la clase trabajadora? Sus organizaciones, oscilando entre la revuelta y la legalidad, la han reclamado como derecho propio, como aspiración humana. Y la iglesia ha respondido con su doctrina y con sus obras sociales, en nombre de esa misma justicia, vivificándola con el Amor.

“El sindicalismo encontrará, pues, en su Doctrina, todos los elementos que garantizan su esencia institucional y hacen eficaz la dinámica de su acción”.

La separación del “capital y del trabajo” es una forma que asume en nuestra época la lucha de clases; las guerras internacionales entroncan en esta realidad, tan tercamente negada o encubierta por la iglesia católica tras “la esencia metafísica del hombre, en el ámbito de las normas éticas que regulan sus derechos y deberes”. Pretenden reducir al derecho natural la consecuencia fundamental de la propiedad privada, importa esforzarse por legitimar a esta última, es decir, a la explotación de los trabajadores por la burguesía. La iglesia aparece como guardián del modo de producción capitalista y no por casualidad Sily otorga a la organización Internacional del Trabajo una “significación verdaderamente revolucionaria…, por una parte, y su procedi-miento legislativo, por otra, dentro de la modalidad de las instituciones internacionales y de los instrumentos jurídicos hasta entonces empleados” Hay que aclarar que la OIT reune a representantes gubernamentales, patronales y sindicales y aparece como la expresión acabada del colaboracionismo clasista.

Para desentrañar la doctrina social del catolicismo comencemos por delimitar su punto de partida. Tomemos la definición de Gemmel sobre el derecho natural: “Es el derecho esencial del hombre, el que se le presenta surgiendo de su esencia y que, por lo mismo, pertenece en forma igualmente esencial e inadmisible -no puede perderse- a todo ser humano sin distinción, por ejemplo: el derecho al trabajo, a la vida, a la existencia de la familia, a la libertad de conciencia, etc… El derecho natural auténtico es el patrimonio común de la razón humana de todos los pueblos y épocas”. También se considera como “los primeros principios de lo justo y de lo injusto, inspirados por la naturaleza”. El derecho positivo trata de realizar los principios del derecho natural. El derecho natural, parte de la superestructura, está determinado por el grado de desarrollo de las fuerzas productivas, esto aunque violente a los designios del Vaticano. Los derechos naturales se concretizan de manera particular en las diferentes sociedades.

El derecho es la voluntad de la clase dominante convertida en ley y es esta clase la que impone a la sociedad su interpretación de los llamados derechos naturales y su forma de aplicación. Pretender que la política, si se quiere la doctrina social, sean el reflejo del derecho natural concebido como expresión de la esencia metafísica del hombre, como el mandato divino, es plantear la existencia de un derecho, de una ley, colocados por encima no solamente de las clases, sino de los hombres mismos y cuya desobediencia conduce al pecado.

Estos planteamientos de naturaleza ética interesan vivamente a los explotadores, a la burguesía, están destinados a justificar la explotación y a convencer que todos los hombres -burgueses rechonchos y proletarios escuálidos son hermanos, hijos de Dios. En el evangelio según San Juan se lee: “Si alguno dijere: ‘Amo a Dios’, pero aborrece a su hermano, miente”. No es normal el caso de explotados y vilipendiados que sientan amor por su explotador, si se da quiere decir que aquellos besan sus cadenas: a esto busca conducir la colaboración de clases.

La finalidad del sindicalismo dentro de la concepción de la iglesia: “Ella (la iglesia), que define y defiende la esencia del hombre como persona -imagen de Dios- incluye en esta afirmación su condición de ‘ser social por naturaleza’. Apoyada en el Derecho Natural y en la Revelación ha elaborado los principios que deben regir la plena y perfecta realización de esa ‘sociabilidad’ que define al hombre y sus relaciones con los órganos de la sociedad que el mismo ha creado, esenciales y constitutivos unos, naturales, otros”.

Pio XII definió esos principios el 23 de marzo de 1952: “la doctrina social de la iglesia, nacida para responder a necesidades nuevas, no es en el fondo mas que la aplicación de la perenne moral cristiana a las presentes circunstancias económicas y sociales”.

La iglesia cree que su misión es la de revelar el plan de Dios sobre la realización del hombre a traves de las relaciones interhumanas: hogar, trabajo y relaciones políticas. “Este plan de Dios es el que obliga y, consiguientemente, da derecho a la Iglesia para intervenir con su Magisterio, para que esas relaciones cumplan su finalidad ontológica y concurren, en armoniosa síntesis, a establecer el Reino de Dios entre los hombres. Reino de justicia y caridad, que la Iglesia tiene por misión instaurar y restaurar en su perspectiva escatológica, hasta ser consumado en la unidad y comunión de todas las cosas en Dios. Esta es la razón de ser de la Doctrina Social de la Iglesia”.

Plantear los problemas emergentes de las relaciones de la familia, del trabajo y políticas, en la perspectiva de la vida de ultratumba importa simplemente soslayarlos y negarse a extirpar la miseria y la explotación de la sociedad por el camino de su transformación revolucionaria.

León XIII señaló, en 1885, que no deben confundirse los derechos y atribuciones entre iglesia y Estado: “dos potestades…la eclesiástica y la civil, ésta que cuida directamente de los intereses humanos, aquella de los divinos”.

Más tarde, la iglesia, buscando legitimar su competencia y su derecho a intervenir en las cuestiones sociales, proyectó. la dicotomía citada a aspectos diversos: “considerará en ellas, el aspecto ‘técnico’ y el aspecto ‘moral’. Sobre el primero dirá claramente que está fuera de su autoridad y magisterio. En cuanto al segundo, entra de lleno bajo su competencia, al cual no podrá renunciar, sin faltar a su misión” (Silv).

La opinión de Pio XI en la encíclica ‘Quadragesimo Anno’ (1931): “La Iglesia no quiere ni debe sin justa causa intervenir en la dirección de las cosas puramente humanas. De ningún modo puede, sin embargo, renunciar al oficio que Dios le ha asignado, de intervenir con su autoridad, no en las cosas técnicas, para las cuales no tiene ni los medios adecuados ni la misión de tratarlos, pero si en todo aquello que tiene relación con la moral. En efecto, en esta materia, el depósito de la verdad a Nos confiado por Dios y el deber gravísimo que se nos ha impuesto de divulgar e interpretar toda la ley moral y también de exigir oportuna e importunamente su observancia, someten y sujetan a Nuestro supremo juicio tanto el orden social como económico”.

En otro lugar: “Así, aun en el campo económico-social, la Iglesia, aunque nunca ha presentado como suyo un determinado sistema técnico, por no ser éste su oficio, ha fijado, sin embargo, claramente, principios y directivas” (“Devini Redemptoris”, 1937).

Pio XII, luego de recalcar que no es pretensión de la iglesia establecer normas de carácter puramente técnicas sostiene: “Es en cambio a no dudarlo, competencia de la ‘Iglesia allí donde el orden social se aproxima y llega a tocar el orden moral, juzgar si las bases de un orden social existente están de acuerdo con el orden inmutable que Dios creador y Redentor ha promulgado por medio del derecho natural y de la revelación: doble manifestación a que se refiere León XIII en su encíclica” (“Rerum Novarum”).

Hay que advertir que la doctrina social de la iglesia dice basarse en principios y juicios de valor inmutables y permanentes, “en su relación con la dignidad de la persona humana, el fin y la dignidad del trabajo y la esencia constitutiva y finalística de la sociedad, no debe confundirse con la ‘práctica social’ de la Iglesia”. Esta concepción violenta el desarrollo real de la sociedad y los teóricos del catolicismo parecen reconocer que esto es así al recomendar una práctica que se acomode a las mutaciones sociales. El siguiente párrafo es de Jean Villain: “Si los principios del cristianismo son inmutables, la sociedad en la que deben encarnarse varía con el tiempo, con los países, con las civilizaciones. Es decir, que estos principios inmutables no se traducirán en la práctica de la misma manera siempre y en todas partes; los juicios y las directivas participarán a la vez de la inmutabilidad de los principios y de la evolución constante de las doctrinas y de las estructuras”. El Papa Pio XII ya se refirió, en 1945, a esta fusión entre perennidad y ductilidad: “Esta doctrina definitivamente fija en cuanto a sus puntos fundamentales, es suficientemente amplia para poder ser adaptada y aplicada a las vicisitudes variables de los tiempos, con tal que esto no sea en detrimento de sus principios inmutables y permanentes”.

Antecedentes

La ú1tima encíclica papal se encuentra dentro de los lineamientos que acabamos de señalar. Debemos referirnos brevemente a sus antecedentes mas importantes.

La encíclica “Rerum Novarum” de León XIII (1890-1891) ya plantea la política social de la iglesia, aunque en su texto no aparece el término “sindicalismo”. Algunos comentaristas consideran que esta omisión se debió a que los sindicatos eran entonces específicamente socialistas. Hay alusiones al movimiento sindical: “Vemos con agrado que en muchas partes se forman asociaciones de esta clase -asociaciones obreras-, unas de solo obreros, otras mixtas, de obreros y patrones es de desear que crezcan en número y en la eficacia de su acción. Cierto es que hay ahora un número mayor que jamás hubo de asociaciones diversímas, especialmente de obreros”.

Se alentó a los obreros cristianos para que formen sus propios sindicatos: “Siendo esto así, preciso es que los obreros cristianos elijan una de dos cosas: o dar su nombre a sociedades en que se ponga a riesgo su Religión, o formar ellos entre sí sus propias asociaciones y unir sus fuerzas de modo que puedan animosamente libertarse de aquella injusta e intolerable opresión”.

El Papa León XIII estableció los principios generales del sindicalismo cristiano. Sily resume así esos principios:

“1. Es una sociedad privada, libre, fundada en el derecho natural.

“2.El hecho de estar fundada en el derecho natural legítima su existencia en el interior de la sociedad civil y pública.

“3.Si bien este derecho natural -anterior y superior a las contingencias de tiempo y lugar -emana de la natu-raleza social de la persona humana, esta, sin embargo, condicionado a situaciones históricas concretas, que pueden volver necesaria la existencia de dichas asociaciones o asociaciones privadas.

“4.El Estado o autoridad pública no tiene poder para impedir que existan, sino en la medida que aquellas atentan contra el bien común. Por el contrario tiene el deber de protegerlas.

“5.Esta libre facultad de asociarse supone, la unión de voluntades y la identidad de medios, para la conse-cución de los fines que se desean obtener.

“6.Los miembros de tales asociaciones, así como son libres para crearlas, lo son también en la elección de leyes y reglamentos por los que se han de regir, mientras sean aptos para el fin que se proponen. La aptitud de estos medios estará dada por su adaptación a la idiosincrasia del pueblo en cuyo seno se crean tales asocia-ciones, a las experiencias y costumbres anteriores, a la estructura económica y su actual desarrollo, como a toda otra circunstancia que la prudencia exija tener en cuenta”.

León XIII señaló las finalidades de los sindicatos cristianos. Parte de la evidencia de que gran parte de la clase obrera se encuentra en una situación de miseria e infortunio; que los sindicatos socialistas, en general hostiles a la religión, monopolizan al movimiento obrero, les señala a los cristianos el deber de organizarse en sindicatos propios.

Los sindicatos cristianos tienen como fin propio el “procurar a sus asociados, en cuanto es posible, un aumento de los bienes del cuerpo, del espíritu y del patrimonio familiar”; pero, su finalidad principal es religiosa-moral. Este último y principal fin se refiere al perfeccionamiento moral y religioso. León XIII afirma; “las asociaciones de obreros degenerarán en otra cosa, si no se tiene en cuenta la religión”. Los sindicatos cristianos deben dedicarse preferentemente a la formación religiosa y moral de sus miembros”, “y asegurada ésta, no en un orden cronológico sino valorativo, empeñarse firmemente en su mejoramiento económico” (Silv).

En la anterior enunciación de la iglesia tuvo importancia decisiva la doctrina elaborada por el grupo de católicos franceses llamado “L’Oeuvre des Cercles”, que puso como base de toda organización y acción social la “subordinación del orden económico al moral y la Revelación iluminando todo el Derecho Natural”. Aconsejó crear en los sindicatos “un Consejo Mixto -patronos y obreros- con la triple facultad de poderes, para resolver pacíficamente y con equidad los conflictos del trabajo”. Al colaboracionismo clasista se añade el rechazo a la violencia por principio.

La “Rerum Novarum” tuvo en cuenta la experiencia del movimiento obrero y particularmente la de los Caballeros del Trabajo de los EEUU, que corrieron el peligro de ser condenados por el Vaticano y los obreros católicos de ser prohibidos pertenecer a sus filas. El cardenal Gibbons demostró lo que buscaba esta organización y “dio forma al pensamiento y a la actitud de la iglesia norteamericana con respecto a las organizaciones de los trabajadores”.

Los grandes principios de la “Rerum Novarum” se expresaron en otras encíclicas, entre las que puede citarse la de Pio X llamada “Singulars Quadam” -1912-, siendo la siguiente su línea fundamental: todo cristiano, aún en su actividad meramente temporal, no debe descuidar los bienes sobrenaturales, ni olvidar su destino eterno. Sus acciones, por ser humanas, entran en el ámbito de la moral y están sometidas al juicio y jurisdicción de la iglesia; niega la lucha de clases y proclama la paz y el amor como imperativos del hombre cristiano en su actuación individual y colectiva. La cuestión social sería un problema moral y religioso, razón por la que no debe prescindirse de la autoridad y enseñanzas de la iglesia. Propugna sindicatos de católicos y no católicos para la defensa de los intereses obreros, y sobre, todo, el entendimiento de organizaciones confesionales y no.

Otro documento de importancia es la “Carta de la Sagrada Congregación del Concilio a Monseñor Lienart” de 5 de junio de 1929, con motivo del conflicto en Francia entre el consorcio de la industria textil y la Confederación Francesa de Trabajadores Cristianos y en la que se sintetizan los principios de la doctrina social cristiana: la iglesia quiere la organización de sindicatos de patronos, de obreros o mixtos; que se rijan por los principios de la fe y moral cristianas; para que sean medio de paz y concordia sugiera la constitución de comisiones mixtas obrero-patronales; puede constituirse sindicatos puramente católicos o mixtos con los no creyentes; si bien pueden formarse sindicatos obreros y patronales independientes, lo ideal es que realicen un trabajo común, unidos por los lazos de la caridad cristiana.

A los cuarenta años de la “Rerum Novarum”, Pio XI publicó, el 15 de mayo de 1931, la encíclica “Quadragesimo Anno”, que proyecta la política social de la iglesia a un ambiente dominado por los avances del estatismo y del monopolismo industrial. La encíclica fue lanzada en plena crisis estructural del capitalismo, que importó una masiva desocupación y la caída de los salarios. La iglesia consideró que había fracasado el liberalismo de la libre concurrencia y que el colectivismo ateo constituía un grave peligro. El objetivo papal era el de estructurar un nuevo orden social, más justo y mas cristiano. Para Pío XI sus dos grandes pensamientos se referían a la reforma institucional y a la reforma moral.

Una de las novedades de esta encíclica radica en que propugna el sindicato como un frente único opuesto “a la lucha revolucionaria de las organizaciones extremistas”, frente en el que deben participar católicos y no católicos, exigiendo solo que se respete la conciencia religiosa. Al mismo tiempo debía prestarse atención a la educación religiosa y moral de los obreros católicos, “para que estos puedan influir con su espíritu cristiano en las organizaciones sindicales, con tal finalidad fue organizada Acción Católica, “con sus ramas especializadas y extendidas a casi todos los países”.

El Papa habla de “división de trabajo” para referirse a la organización de distintas asociaciones para el cumplimiento de diversas finalidades: los sindicatos propiamente dichos que tienen a su cargo la defensa de los derechos profesionales; las instituciones dedicadas a la seguridad social y las que tienen por objeto la perfección moral y religiosa de sus miembros. Las bases de la vida económico-social deben estar en las corporaciones o profesiones.

El lugar de los sindicatos en la sociedad corporativa: “para las cuestiones o intereses en que exijan especial cuidado y protección las ventajas y desventajas de patronos y obreros, cada una de las partes podrá deliberar separadamente, cuando fuere necesario y tomar las decisiones que exige la materia”.

Pio XI se inclinó en favor del sindicalismo de tipo fascista, el que las organizaciones obreras carecen de libertad al Estado: “Basta un poco de reflexión para ver las ventajas de esta organización….:la colaboración pacífica de las clases, la represión de las organizaciones y de los intentos socialistas, la acción moderadora de una magistratura especial… .Vemos que hay quien teme que esta organización del Estado se substituya a la libre actividad, en lugar de limitarse a la necesaria y suficiente asistencia y ayuda; que la nueva organización sindical y corporativa tenga un carácter excesivamente burocrático y político, y que no obstante las ventajas generales señaladas, pueda servir a intentos políticos particulares, mas bien que a la dilación y comienzo de un estado social mejor”.

El sindicalismo norteamericano, tan estrechamente vinculado a travéz de sus direcciones con los intereses de burguesía imperialista, mantiene una especie de neutralismo religioso, pero ve con simpatía al catolicismo, como se demuestra por haber promovido la celebración del 25o. aniversario de la Quadragesimo Anno”.

Tomamos del folleto del Secretariado Quebec-América titulado “La CLAT contre L’unitd des travailleurs d`Amérique Latine”, la caracterización que hace de la corriente sindical demócrata-cristiana: “La democracia-cristiana se convierte en fuerza política en Europa al día siguiente de la segunda guerra mundial. Al finalizar la guerra, Europa estaba dividida en dos campos: el uno capitalista y el otro comunista. Los (norte) americanos, con el plan Marshall, contribuyeron a la reconstrucción de las economías nacionales.

“La democracia-cristiana quedó como la sola alternativa política viable para la burguesía porque la derecha estaba completamente desacreditada por su actuación de la preguerra conducida por Hitler y Mussolini”.

Indica que, como corriente ideológica, la democracia-cristiana es la heredera de la doctrina social de la iglesia enunciada en la encíclica “Rerum Novarum” por León XIII en 1891. Esta doctrina valoriza la paz social mediante la colaboración entre las clases sociales. Define al Estado como un instrumento al servicio del bien común y no como el instrumento de una clase.

Esta doctrina fue un auxilio del gran capital europeo que tenía necesidad de un largo periodo de paz social para reconstruir los países partiendo del acuerdo de todas las clases sociales. Sirvió como instrumento precioso para impulsar la propaganda anticomunista, vale decir, antiobrera, “en realidad, contra lo más combativo del movimiento obrero de los países europeos”.

Sobre el panorama en América Latina: “La clase obrera -en oposición a las burguesías nativas entregadas al imperialismo- se organiza como una fuerza social autónoma detrás de sus sindicatos y partidos, buscando una sociedad acorde con sus intereses. El imperialismo americano y sus aliados europeos, de la misma manera que las burguesías latinoamericanas, lanzaron, a travéz de la democracia cristiana, su ataque contra el comunismo internacional, defendiendo el ‘mundo libre’, se apropiaron de un lenguaje progresista, pero organizaron la división de la clase obrera”.

La rama sindical latinoamericana de la democracia cristiana es la CLAT -Confederación Latinoamericana de los Trabajadores-, fundada en Santiago de Chile en 1954.

La encíclica del Papa Juan Pablo II

Comienza pasando revista a la encíclica “Populorum Progressio” de Pablo VI, publicada el 26 de marzo de 1967, y declara que su objetivo es: “mateniéndose en la línea trazada por mis venerados predecesores en la Cátedra de Pedro, afirmar una vez más la continuidad de la doctrina social junto con su constante renovación. En efecto, continuidad y renovación son una prueba de su perenne validez de la enseñanza de la igIesia”. Esta encíclica sería “un documento de aplicación de las enseñanzas -del Concilio Ecuménico Vaticano II-8 de diciembre de 1965-: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez los gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón”. Se añade que el documento constata la situación de miseria y de subdesarrollo de millones de hombres y que “el Concilio quiere indicar horizontes de ‘gozo y esperanza”. El documento eclesial señala que, “aún cuando se preocupa de la suerte de las personas en concreto”, su misión de “servicio” es distinta a la función del Estado, lo que significaría que se coloca al margen de la política, que ciertamente no es evidente, como se desprende cuando se afirma que se ratifica la “secular tradición de la iglesia respecto al destino universal de los bienes’…y finalmente, sobre el tema del desarrollo…, sobre el ‘deber gravisimo’ que atañe a las naciones mas desarrolladas”. No se pueden tratar los problemas sociales al margen .de la actividad y del destino estatales.

La limitación de los planteamientos de Juan Pablo II arranca de lo fundamental de la doctrina social de la iglesia, dar una respuesta metafísica a los problemas de la realidad terrenal, que paradójicamente los creyentes consideran que aquí radica su superioridad con relación a otros planteamientos ideológicos: hay que reconocer el mérito de haber señalado el carácter ético y cultural de la problemática relativa al desarrollo y, asimismo a la legitimidad, y necesidad de la intervención de la Iglesia en este campo.. Con esto, la doctrina social cristiana ha reivindicado… su carácter de aplicación de la Palabra de Dios a la vida de los hombres y de la sociedad asi como a la realidades terrenas, que con ellas se enlazan, ofreciendo ‘principios de reflexión’, ‘criterios de juicio’ y directrices de acción”.

La gran novedad de la “Populorum Progressio” radicaría en que, siguiendo la línea señalada en la encíclica “Mater et Magistra” de Juan XXIII, señala que “la cuestión social ha adquirido una dimensión mundial…Que significa que la problemática en los lugares de trabajo o en el movimiento obrero y sindical de un determinado país no debe considerarse como algo aislado, sin conexión, sino que depende de modo creciente del influjo de factores existentes por encima de los confines regionales o de las fronteras nacionales”.Denuncia que entre los paises desarrollados y en “vías de desarrollo” existe el “grave problema de distribución desigual e los medios de subsistencia, destinados originariamente -por Dios, GL- a todos los hombres, y también de los beneficios de ellos derivantes. Y esto sucede no por responsabilidad de las poblaciones indigentes, ni mucho menos por una especie de fatalidad dependiente de las conclusiones naturales o del conjunto de las circunstancias”. Este fenómeno de dimensiones mundiales es presentado como “un hecho moral…cada uno debe tomar conciencia de este hecho, precisamente porque interpela directamente a la conciencia, que es fuente de las decisiones morales”.

La iglesia propone mejorar la desastrosa realidad mundial por la vía reformista: convencer a los poderosos -Estados e individuos- que atiendan las premiosas necesidades de los pobres. “Los reponsables de la gestión pública, los ciudadanos de los países ricos, individualmente considerados, especialmente si son cristianos, tienen la obligación moral -según el correspondiente grado de responsabilidad- de tomar consideración, en las decisiones personales y de gobierno, esta relación de universalidad, esta interdependencia que subsiste entre su forma de comportarse y la miseria y el subdesarrollo de tantos miles de hombres…La Encíclica de Pablo VI traduce la obligación moral como ‘deber de solidaridad”. Se deduce que “el verdadero desarrollo no puede consistir en una mera acumulación de riquezas o en la mayor disponibilidad de los bienes y de los servicios, si esto se obtiene a costa del desarrollo de muchos, y sin la debida consideración por la dimensión social, cultural y espiritual del ser humano”.

Es claro que en este marco no puede plantearse la destrucción revolucionaria del capitalismo, basado en la explotación del hombre por el hombre, para forjar el comunismo que supere las divisiones clasistas. Los remedios propuestos por la iglesia pueden resumirse en la siguiente fórmula: “el desarrollo es el nombre nuevo de la paz”. Para evitar la violencia -la revolución- recalca que hoy “la exigencia de justicia puede ser satisfecha únicamente” en el plano mundial. La receta también permitirá en el futuro evitar las guerras internacionles. “Las poblaciones excluidas de la distribución equitativa de los bienes, destinados en origen a todos, podrían preguntarse: ¿por qué no responder con la violencia a los que, en primer lugar, nos tratan con violencia?” El panorama se ensombrece con “la división del mundo en bloques ideológicos” contrapuestos-

Las leyes que rigen el desarrollo del capitalismo -en la superación de sus contradicciones internas radica la superación de la cuestión social- dan respuestas a la torturante inquietud de la iglesia: “¿cómo justificar el hecho de que grandes cantidades de dinero, que podrían y deberían destinarse a incrementar el desarrollo de los pueblos, son, por el contrario utilizados para el enriquecimiento de indivíduos o grupos, o bien asignadas al aumento de arsenales, tanto en los países desarrollados como en aquellos en vías de desarrollo, trastrocando de este modo las verdaderas prioridades? Esto es aún más grave vistas las dificultades que a menudo obstaculizan el paso directo de los capitales destinados a ayudar a los países necesitados. Si ‘el desarrollo es el nuevo nombre de la Paz’, la guerra y los preparativos militares son el mayor enemigo del desarrollo integral de los pueblos”. Estos propósitos idealistas de “justicia más perfecta entre los hombres” y de destierro de la codicia, etc., palidecen ante los deseos de Gorbachov de eliminar de raíz las guerras y el armamentismo de los países capitalistas por el aterrador miedo que siente ante la posibilidad de una guerra nuclear.

Juan Pablo II nos dice que en la actualidad la esperanza de desarrollo parece haberse disipado. En los años de la “Populorum Progressio’, prevalecía “un cierto optimismo sobre la posibilidad de colmar, sin esfuerzos excesivos el retraso de los pueblos pobres de proveerlos de infraestructura y de asistirlos en el proceso de industrialización”. Se añade que en este sentido tanto la ONU como la iglesia hicieron mucho en beneficio de los países atrasados. El panorama de hoy: ‘Son muchos millones los que carecen de esperanza debido al hecho de que, en muchos lugares de la tierra, su situación se ha agravado sensiblemente. Ante estos dramas de total indigencia y necesidad, en que viven muchos de nuestros hermanos y hermanas, es el mismo Señor Jesús quien viene a interpelarnos”. El abismo entre el Norte desarrollado y el Sur en vías de desarrollo se ha profundizado. No “se puede ignorar que las fronteras de la riqueza y de la pobreza atraviesan en su interior las mismas sociedades tanto desarrolladas como en vías de desarrollo”. El proceso de desintegración y decadencia del imperialismo conduce a tan aterrador panorama. La iglesia no ve así las cosas y prefiere culpar de todo a la carencia de conciencia de los poderosos y también de los gobiernos de los países poco desarrollados; parece concluir: “¡Qué Dios los ilumine!” Se sorprende que hubiesen aparecido un “Primer mundo, Segundo Mundo, Tercer Mundo y, alguna vez, Cuarto Mundo. Estas expresio-nes… son muy significativas. Son el signo de una percepción difundida de que la unidad del mundo, en otras palabras, la unidad del género humano está seriamente comprometido. Esta terminología, por encima de su valor más o menos objetivo, esconde sin lugar a duda un contenido moral, frente a la cual la Iglesia, que es sacramento o signo e instrumento… de la unidad de todo el género humano’ no puede permanecer indiferente”.Entre otras calamidades, la encíclica cita al estatismo: “En lugar de la iniciativa creativa nace la pasividad, la dependencia y la sumisión al aparato burocrático que, como único órgano que ‘dispone’ y ‘decide’ -aunque no sea ‘poseedor- la totalidad de los bienes y medios de producción, pone todos en una posición de dependencia casi absoluta, similar a la tradicional dependencia del obrero-proletario en el sistema capitalista. Esto provoca un sentido de frustración o desesperación y predispose a la despreocupación de la vida nacional, empujando a muchos a la emigración y favoreciendo, a la vez, una forma de emigración “sicológica”. En los países atrasados el estatismo constituye la mejor defensa frente a la invasión y opresión del capital financiero, que de generador de la explotación económica se trueca en opresor político de toda la nación sometida.

El subdesarrollo “de nuestros días no es sólo económico, sino también cultural, político y simplemente humano”, que, en realidad se presenta como opresión -incluyendo el aspecto religioso, como ejemplifica tan bien el case boliviano- imperialista y que forma parte de la esencia del sistema capitalista. Para concluir con este lamentable estado de cosas hay que acabar con el imperialismo, extremo que rechaza la iglesia.

La concepción maniqueísta -lo cristiano y lo no cristiano- impide comprender que el mundo capitalista esta conformado de naciones opresoras -muy pocas- y naciones oprimidas y llega al contrasentido de responsabilizar de su desgracia a estas últimas: “Hay que indicar las indudables graves omisiones por parte de las mismas naciones en vías de desarrollo, y especialmente por parte de los que detentan su poder económico y político”.

Al enumerar las grandes calamidades de nuestra época, se refiere a la deuda externa, tema favorito de las especulaciones más diversas: “Otro fenómeno típico del ultimo periodo… ,es igualmente indicador de la interdependencia existente entre los países desarrollados y menos desarrollados…No se puede silenciar el profundo vínculo que existe entre este problema…y la cuestión del desarrollo de los pueblos.

“La razón que movío a los paises en vías de desarrollo a acoger el ofrecimiento de abundantes capitales disponibles fue la esperanza de poderlos invertir en actividades de desarrollo. En consecuencia, la disponibilidad de los capitales y el hecho de aceptarlos a título de prestarlo puede considerarse una contribución al desarrollo mismo, Cosa deseable y legítima a si misma, aunque quizá imprudente y en alguna ocasión apresurada”. Los países, los pueblos aparecen confundidos con los gobiernos, con las clases dominantes, algo común entre las muchas supercherías de la democracia formal. En ninguna parte fueron los países como tales, como el grueso de la población, los que contrayeron deudas con otros gobiernos, organismos internacionales o la banca mun-dial. Correspondió a los poderosos de ambos extremos dedicarse al negocio especulativo de los empréstitos; los gobiernos nativos se dieron la libertad de distribuir a su antojo y generalmente malversar, los dineros logrados como préstamo. Lo monstruoso radica en que el peso de esa deuda sea descargada impunemente sobre las espaldas de la población empobrecida. La descomunal deuda externa de los países atrasados los estrangula económicamente. La respuesta que damos a este punzante problema es tajante y se diferencia radicalmente de la propuesta de la iglesia: el pueblo explotado y oprimido debe desconocer la deuda externa, lo que significa adoptar una posición revolucionaria. Juan Pablo II propone ”reflexionar sobre el carácter ético de la interdependencia de los pueblos; y…sobre las exigencias y las condiciones, inspiradas igualmente en los principios éticos, de la cooperación al desarrollo”.

La encíclica no ha podido marginarse de la contradicción que se da entre Este y Oeste -terminología tan grata al periodismo-, esencialmente política, que incluye el choque ideológico. “cada uno de ambos bloques -dice- tiende a asimilar y a agregar alrededor de sí, con diversos grados de adhesión y participación, a otros países o grupos de países”. La política engloba todos los aspectos de la vida social y no esta permitido soslayar una respuesta categórica a las interrogantes que plantea. En el caso que nos ocupa se trata de la contradicción entre el capitalismo monopolista -basamento de gobiernos demócratas liberales o dictatoriales- y la corriente comunista. Para la encíclica “Es inevitable que la contraposición ideol6gica, al desarrollar sistemas y centros antagónicos de poder, con sus formas de propaganda y de doctrina, se conviertan en una creciente contraposición militar, dando origen a dos bloques de potencias armadas, cada uno desconfiado y temeroso del prevalecer ajeno”.

Esta contradicción, que emerge de la propia naturaleza del capitalismo, conduce a las guerras internacionales con la finalidad de repartir las zonas de influencia del mundo, conforme a la potencialidad, al poderío económico, de los contendientes. Corresponde luchar contra el peligro de la guerra, que puede empujarnos al estadio de la barbarie. Para acabar con las guerras hay que acabar con el capitalismo. La iglesia no puede menos que discrepar con este planteamiento.

Juan Pablo II sigue dentro de la línea de repulse al marxismo materialista. Se limita a criticar a las ideologías en pugna: “Esta es una de las rezones por las que la doctrina social de la iglesia asume una actitud crítica tanto ante el capitalismo liberal como ante el colectivismo marxista… Desde el punto de vista del desarrollo surge espontánea la pregunta: ¿de qué manera o en qué medida estos dos sistemas son susceptibles’ de transformaciones y capaces de ponerse al día, de modo que favorezcan o promuevan un desarrollo verdadero e integral del hombre y de los pueblos en la sociedad actual?” Exige a estas metrópolis la ayuda desinteresada a los países rezagados. Un poco mas adelante expresa la tesis ‘acerca de la existencia de imperialismos capitalistas y comunistas y el punto de vista de que “la actual división del mundo es un obstáculo directo para la verdadera transformación de las condiciones de subdesarrollo en los países en vías de desarrollo y en aquellos menos avanzados”.

La iglesia repudia la violencia por principio y, en la misma medida, se pronuncia contra toda forma de terrorismo, inclusive contra el empleado en la lucha de liberación de las naciones sojuzgadas o de los oprimidos: “Aun cuando se aduce como motivación de esta actuación inhumana cualquier ideología o la creación de una sociedad mejor, los actos del terrorismo nunca son justificables. Pero mucho menos lo son cuando, como sucede hoy, tales decisiones y actos, que a veces llegan a verdaderas mortandades, ciertos secuestros de personas inocentes y ajenas a los conflictos, se proponen un fin propagandístico en favor de la propia causa; o, peor aún, cuando son un fin en sí mismos, de forma que se mata solo por matar…El cristianismo prohíbe…el recurso a las vías del odio, al asesinato de personas indefensas y a los métodos del terrorismo”.

Cuando se niega la lucha de clases, como lo hace la iglesia, la violencia es una, venga de donde venga, contraria a la sociedad y no puede ser considerada el camino para su transformación. La historia enseña que hay una violencia reaccionaria, que es utilizada todos los días para imponer, por parte de la clase dominante, determinados privilegios a la mayoría de la sociedad y otra violencia revolucionaria que tiende a destruirlos. El rechazo de la violencia en general favorece a los poderosos y desarma ideológicamente a los oprimidos.

Uno de los capítulos más discutibles de la encíclica es la que se refiere al “auténtico desarrollo humano”. Es el desarrollo de las fuerzas productivas materiales -avance del hombre en el dominio de la naturaleza- el que permite la transformación de la sociedad y de toda su superestructura, es decir, motoriza el desarrollo de los países; la palanca de la revolución puede permitir que los países atrasados logren un acelerado ritmo de desarrollo, que puede permitirles alcanzar a las metrópolis capitalistas más evolucionadas y superarlas.

Juan Pablo II considera que el “objetivo moral” puede permitir que la acumulación de bienes y servicios se transforme en “el auténtico desarrollo” Se lee en la encíclica: “Debería ser altamente instructiva una constatación desconcertante de este periodo mas reciente: junto a las miserias del subdesarrollo, que son intolerables, nos encontramos con una especie de superdesarrollo, igualmente inaceptable porque, como el primero, es contrario al bien y a la felicidad auténtica. En efecto, este superdesarrollo, consistente en la excesiva disponibilidad de toda clase de bienes materiales para a1gunas categorías sociales, fácilmenle hace a los hombres esclavos de la ‘posesión’ y del goce inmediato, sin otro horizonte que la multiplicación o la continúa sustitución de los objetos que se poseen por otros todavía mas perfectos …. Todos somos testigos de los tristes efectos de esta ciega sumisión al mero consumo: en primer término, una forma de materialismo craso, y al mismo tiempo una radical insatisfacción…’Tener’ objetos y bienes no perfecciona de por si al sujeto, si no contribuye a la maduración y enriquecimiento de su ‘ser’, es decir, a la realización de la vocación humana como tal… Una de las mayores injusticias del mundo contemporáneo consiste precisamente en esto: en que son relativamente pocos los que poseen mucho, y muchos los que no poseen casi nada. Es la injusticia de la mala distribución de los bienes y servicios destinados originariamente a todos… Las características de un desarrollo plevo, ‘mas humano’, el cual -sin negar las necesidades económicas- procure estar a la altura de la auténtica vocación del hombre y de la mujer, han sido descritas por Pablo VI”.

Para lograr el verdadero desarrollo es preciso referirlo al propio parámetro interior, que esta en la naturaleza específica del hombre, creado por Dios a su imagen y semejanza… El desarrollo no puede consistir solo en el uso, dominio y posesión indiscriminada de las cosas creadas y de los productos de la industria humana, sino más bien en subordinar la posesión, el dominio y el uso a la semejanza divina del hombre y a su vocación a la inmortalidad. Esta es la realidad trascendente del ser humano, la cual desde el principio aparece participada por una pareja, hombre y mujer, y es por consiguiente fundamentalmente social” En resumen: “Según la Sagrada Escritura, pues, la nación de desarrollo no es solamente ‘laica’ o ‘profana’, sino que aparece también, aunque con una fuerte acentuación socio-económica, como la expresión moderna de una dimension esencial de la vocación del hombre”.

Dios permite el progreso indefinido: “El sueño de un ‘progreso indefinido’ se verifica, transformado radical-mente por la nueva óptica que abre la fe cristiana, asegurándonos que este progreso es posible solamente porque Dios Padre ha decidido desde el principio hacer al hombre participe de su gloria en Jesucristo resucitado…”

La obligación de empeñarse en el desarrollo de los pueblos es un imperativo “para todos y cada uno de los hombres y mujeres, para las sociedades y las naciones, en particular para la Iglesia católica y para las otras Iglesias y Comunidades eclesiales, con las que estamos plenamente dispuestos a colaborar en este campo”.

La naturaleza real del mal que enfrentamos en escala mundial en lo referente al desarrollo de los pueblos, es -según la iglesia- “un mal moral, fruto de muchos pecados que llevan a ‘estructuras de pecado”, lo que señalaría el camino a seguir. No se trataría de la transformación de la base económica de la sociedad, sino llegar al convencimiento de que la palabra ‘pecado’ tiene un significado teológico preciso este cambio de actitud o de mentalidad, o de modo de ser, se llama, en el lenguaje bíblico: ‘conversión’. Esta conversión indica especialmente relación a Dios, al pecado cometido, a sus consecuencias, y, por tanto, al prójimo, indivíduo o comunidad. Es Dios, en ‘cuyas manos están los corazones de los poderosos’, y los de todos, quien puede, según su promesa, transformar por obra de su Espíritu los ‘corazones de piedra’, en ‘corazones de carne’.

A esta altura resulta imposible la discusión, el problema más agudo de nuestra sociedad es transferido de la tierra al mas allá. Y sparece la religión como fuerza enceguecedora de las masas que sufren tantas calamidades y les impide encontrar el camino real de su liberación.

Juan Pablo II se detiene para subrayar que la solidaridad dentro de cada sociedad consiste no en el trabajo uni-tario de las naciones oprimidas y de las masas explotadas en la lucha por su liberación, sino en que “los que cuentan más, al disponer de una porción mayor de bienes y servicios comunes, han de sentirse responsables de los más débiles, dispuestos a compartir con ellos lo que poseen. Estos, por su parte, en la misma línea de solidaridad, no deben adoptar una actitud meramente pasiva o destructiva del tejido social y, aunque reivindicando sus legítimos derechos, han de realizar lo que les corresponde, para el bien de todos. Por su parte, los grupos intermedios no han de insistir egoístamente en sus intereses particulares, sino que deben respetar los intereses de los demás. Y en el plano internacional: “Superando los imperialismos de todo tipo y los propósitos por mantener la propia hegemonía, las Naciones mas fuertes y mas dotadas deben sentirse moralmente responsables de las otras, con el fin de instaurar un verdadero sistema internacional que se base en la igualdad de todos los pueblos y en el respeto de sus legítimas diferencias. Los países económicamente más débiles, o que están en el límite de la supervivencia, asistidos por los demás pueblos y por la comunidad internacional, deben ser capaces de aportar a su vez al bien común sus tesoros de humanidad y de cultura, que de otro modo se perderían para siempre. La solidaridad nos ayuda a ver al ‘otro’ -persona, pueblo o Nación-, no como un instrumento cualquiera para explotar a poco costo su capacidad de trabajo y resistencia física, abandonándolo cuando ya no sirve, sino como un ‘semejante’ nuestro, una ‘ayuda’, para hacerlo partícipe, como nosotros, del banquete de la vida al que todos los hombres son igualmente invitados por Dios. De aquí la importancia de despertar la conciencia religiosa de los hombres y de los pueblos”.

La iglesia, que no tiene soluciones técnicas y que es ‘experta en humanidad’, dice que su doctrina social no es una ‘tercera vía’ entre el capitalismo liberal y el colectivismo marxista, y ni siquiera una posible alternativa a otras soluciones menos contrapuestas radicalmente, sino que tiene una categoría propia. No es tampoco una ideología, sino la cuidadosa formulación del resultado de una atenta reflexión sobre las complejas realidades de la vida del hombre en la sociedad y en el contexto internacional, a la luz de la fe y de la tradición eclesial”.

Lo que explica la conducta diaria de la iglesia y que debe ser tomada en cuenta ahora que el Papa se apresta a trasladarse a la empobrecida Bolivia, a una nación oprimida por la poderosa metrópoli que es Norteamérica, es su defensa de la propiedad privada de los medios de producción -que es lo que nos interesa ahora-, por tanto, del poderío económico del imperialismo, bajo algunos condicionamientos:

“Es necesario recordar una vez más aquel principio peculiar de la doctrina cristiana: los bienes de este mundo están originariamente destinados a todos (“Populorum Progressio”)”. Lo que sigue vale por todo un programa: ”El derecho a la propiedad privada es válido y necesario”. Mas arriba de su encíclica dice Juan Pablo II: “se nos presenta aquí una ‘jerarquía de valores’ -en el marco del derecho de propiedad- entre el ‘tener’ y el ‘ser’, sobre todo cuando el ‘tener’ de algunos puede ser a expensas del ‘ser’ de tantos otros”. La limitación de este principio que emanaría del derecho natural y de la voluntad de Dios: “En efecto, sobre ella -la propiedad privada, GL.- grava ‘una hipoteca social’, es decir, posee, como cualidad intrínseca, una función social fundada y justificada precisamente sobre el principio del destino universal de los bienes”.

La constitución política boliviana de 1938 ya incluye en su texto la necesidad de que la propiedad privada cumpla una función social para merecer la protección de la ley y del Estado.

El capítulo VII de la encíclica, dedicado a las conclusiones, habla de la aspiración de los “pueblos individuos” hacia su liberación: “la búsqueda del pleno desarrollo es el signo de su deseo de superar los múltiples obstáculos que les impiden gozar de una “vida mas humana”.

Se refiere críticamente a la llamada teología de la liberación: “Recientemente…,en algunas áreas de la Iglesia católica, particularmente en América Latina, se ha difundido un nuevo modo de afrontar los problemas de la miseria y del subdesarrollo, que hace de la liberación su categoría fundamental y su primer principio de acción. Los valores positivos, pero también las desviaciones y los peligros de desviación, unidos a esta forma y de elaboración teológica, han sido convenientemente señalados por el Magisterio de la Iglesia” (Ver “Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación”, 1984).

Los partidarios de la teología de la liberación conforman una corriente de izquierda dentro de la iglesia católica y son los que más abiertamente se han aproximado a los partidos marxistas e inclusive a las agrupaciones foquistas. Sin embargo, no conocemos críticas de su parte a la encíclica que acabamos de comentar. El fracaso de la táctica foquista cubana en el continente y la autocrítica que le ha seguido, han afectado profundamente a esa corriente católica.

Hay también una corriente clerical derechista -mejor, conservadora- que denunció al Concilio Vaticano II y a Pablo VI por haber abandonado las grandes tradiciones de la iglesia. Estamos hablando de la “Fraternidad Sacerdotal San Pio X”, fundada por el arzobispo francés Lefevbre, que actualmente cuenta con 82 años de edad. No se limita únicamente a cuestiones rituales, como el uso de la sotana o la misa en latín, sino que plantea -repetimos- la oposición sustancial entre la Iglesia del mencionado Concilio y la iglesia de siempre. Esta tendencia puede concluir en el cisma. Pablo VI lo suspendió en el ejercicio de su ministerio, pero Lefebvre ordena sacerdotes y algunas autoridades menores, aunque no a obispos, cuenta con adeptos en muchos países, incluyendo a la Argentina, y con una institución en la que sus adeptos se forman como sacerdotes. Actualmente Juan Pablo II trata con mucha cautela este delicado caso, que constituye una amenaza para el catolicismo.

 

V

SOBRE LA RELIGIÓN

 

Fenómeno social histórico

Como materialistas dialécticos somos básicamente ateos, esto sin ninguna atenuante y que debe plantearse públicamente,, porque los militantes poristas no pueden ser teistas y no debe sembrarse ninguna confusión al respecto. Cualquier planteamiento en sentido de que tal o cual religión es idéntica o similar al marxismo o que puede evolucionar hasta confundirse con las proposiciones programáticas del POR, debe ser rechazado de plano. Las discusiones internas, las formaciones de tendencias y fracciones no pueden darse alrededor de la existencia divina.

La claridad en este punto de partida permite adoptar correctamente la política frentista con las tendencias de creyentes, llegado que sea el momento. Comprobamos en el campo social la existencia de corrientes confesionales que luchan por el mejoramiento de las concluciones de vida o de trabajo de los explotados o contra determinadas facetas de la política estatal, lo que nos obliga a marchar junto a ellas.

Todo lo anterior nos obliga a delimitar con precisión nuestra actitud frente al problema de la religión, que existe que tiene importancia y que no debemos. minimizarla. Las circunstancias actuales, que motivan esta publicación, prueban cómo la lucha por la liberación nacional y social puede pasar por la obligada polémica alrededor de la religión.

Nuestra posición se diferencia de las formulaciones anarquistas porque no se limita simple y cómodamente a negar a la religión o a echar maldiciones contra ella, sino que se detiene a explicarla con ayuda del método marxista. Cierta variante ácrata plantea su identidad con la doctrina y la acción de un Cristo al que ha afeitado en extremo. Nuestro lema de combate no dice “¡sin dioses en el cielo ni amos en la tierra!” y nuestra actividad cotidiana no tiende a eliminar la religión mediante decreto y desde arriba. Creemos que el hombre se liberará de la religión cuando, mediante el dominio de las leyes de la naturaleza se convierta en amo de ella y de la máquina. La lucha revolucionaria que libramos tiende a este objetivo.

La religión -no nos detenemos solamente ante tal o cual expresión de ella- es un fenómeno social e histórico.

El descubrimiento de sus causas -de sus causas económicas, como dijo Lenin- permite comprender que no se trata de algo innato al hombre o de su respuesta eterna a los problemas que se le presentan.

La crítica a la religión, como creación de los hombres y de la ignorancia, fue realizada antes de los clásicos del marxismo, particularmente por los materialistas burgueses revolucionarios. Holbach –“El sistema de naturaleza”- escribió: “Hubo personas que se presentaban como sacerdotes al servicio de Dios, que le hicieron hablar, descubrieron sus intenciones ocultas y declararon la infracción de sus leyes como el crimen más horrendo; los pueblos ignorantes aceptaron sin someter a crítica estas órdenes divinas”.

El materialismo premarxista demostró que la religión era el reflejo deformado de las relaciones terrenales, ese fue el merito de L. Feuerbach, que concluyó afirmando que el hombre había creado a Dios y no a la inversa: “Nuestra tarea principal ha sido cumplida. Hemos reducido la esencia extraterrenal, sobrenatural y sobrehumana de Dios a las partes integrantes de la esencia del hombre como a sus elementos esenciales”.

La crítica de la religión apareció como necesaria para deslindar posiciones frente al idealismo, al problema central de la relación entre ser y pensar. “la crítica de la religión es el principio de toda crítica” (Marx, 1844).

Marx y Engels en “La Sagrada Familia” -1843- rinden homenaje a Feuerbach, al que tanto le debieron y lo superaron en su trabajo por transformar la dialéctica hegeliana: “¿Pero quién ha develado el misterio del sistema? Feuerbach. ¿Quién ha aniquilado, pues, a la dialéctica de las ideas, a la guerra de los dioses únicamente conocida por los filósofos? ¿Quién ha puesto, pues, la ‘importancia del hombre’ -¡como si el hombre tuviera otra importancia que la de ser hombre!-, o al menos al hombre en el lugar del viejo fárrago, hasta a la ‘conciencia infinita del yo’? Feuerbach y solo Feuerbach”.

El desdoblamiento del mundo y el nacimiento de un mundo religioso, misterioso, con apariencias de encanta-miento y de magia, como diría Marx, tiene lugar cuando el hombre era una criatura miserable y abandonada en medio de las fuerzas de la naturaleza, cuyas leyes ignoraba del todo. “La religión es el sollozo de la criatura oprimida, es el significado real de un mundo sin corazón, así como es el espíritu de una época privada de espíritu”.

Igual idea desarrolla Engels en el “Anti-Duhring’”: “Toda religión no es más que el reflejo fantástico en la cabeza de los hombres, de las fuerzas externas que dominan su vida cotidiana; y, al reflejarse, las fuerzas terrestres adquieren el aspecto de fuerzas supraterrestres. En los comienzos históricos son, ante todo, las fuerzas de la naturaleza las que se reflejan… Pero pronto entran en actividad, al lado de las fuerzas de la naturaleza, fuerzas sociales que primero se presentan a los hombres con el idéntico carácter de extrañeza inexplicable y los dominan con la misma aparente necesidad que las propias fuerzas de la naturaleza”. El miedo es una de las fuentes inagotables de la religión.

En la medida en que el hombre descubre las leyes de la naturaleza y de la sociedad, en la medida en que avanza la ciencia y el conocimiento de la verdad, se va estrechando el ámbito de la religión, proceso que no debe presentarse de manera mecánica y rectilínea, es, más bien, contradictorio, de avances y retrocesos. En las épocas de grandes calamidades, de guerras, de crisis económicas, de hambre, de desocupación, crece la religiosidad, inclusive después de que han aparecido las máquinas y del advenimiento de los gobiernos obreros.

La sociedad capitalista, que ha conocido un enorme avance científico, también genera manifestaciones religiosas. Sigamos a Lenin:

La sociedad moderna está enteramente basada en la explotación de las grandes masas laboriosas por una ínfima minoría de la población: las clases de los terratenientes y los capitalistas. Esta sociedad es una sociedad de esclavitud, porque los obreros ‘libres’, que trabajan toda su vida en provecho del capital, tan solo tienen ‘derecho’ a consumir los medios de existencia sociales para subsistir como esclavos, mientras producen para los capitalistas, o, en una palabra, los medios de vida suficientes para asegurar y perpetuar la esclavitud capitalista.

“Esta opresión económica de los trabajadores, engendra inevitablemente todas las formas de opresión política y de degradación social haciendo cada vez mas miserable y sórdida la vida espiritual y moral de las masas. Los trabajadores pueden adquirir un grado mayor o menor de, libertad política para luchar por su emancipación económica, pero en la medida en que persista la dominación del capital, ningún grado de libertad podrá liberarlos del desamparo, de la desocupación y de la opresión.

“La religión es una de las formas de opresión espiritual que gravita por doquiera sobre las masas abrumadas por el trabajo incesante en bien de otros, por la pobreza y la privación. La impotencia de todos los explotados en su lucha contra los explotadores, origina inevitablemente la creencia de una vida mejor, después de la muerte, del mismo modo que la impotencia del salvaje en su lucha con la naturaleza, da origen a la creencia en los dioses, los diablos, los milagros, etc.

“La religión enseña a aquellos que se debaten toda su vida en la pobreza a que sean resignados y pacientes en este mundo, y los consuela con la esperanza de la recompensa en el cielo. En cuanto a los que viven del trabajo ajeno, la religión les enseña a ser ‘caritativos’, suministrándoles así un justificativo a su explotación y, por decirlo así, un billete barato para el cielo. ‘La religión es el opio del pueblo’. La religión es una especie de tóxico espiritual en que los esclavos del capital ahogan su conciencia y adormecen su anhelo de una existencia humana decente.”(Lenin).

La religión constituye la expresión más pura de la alienación. La conciencia de este fenómeno nos libera de la religión. “Si yo sé que la religión es la autoconciencia enajenada del hombre, sé confirmada en ella no mi autoconciencia, sino mi autoconciencia enajenada. Sé, por consiguiente, que mi yo mismo, la autoconciencia correspondiente a mi esencia, no se confirma en la religión, sino más bien en la religión superada, aniquilada” (Marx).

El desarrollo de la ciencia, que se concretiza en el proceso de la producción -en definitiva, en la transformación de la naturaleza por la acción del hombre- en los avances de la tecnología, ha creado las condiciones para superar la religión, que se produce a través de la evolución de la conciencia de los trabajadores.

Pero un esclavo que ha adquirido la conciencia de su esclavitud y que se ha elevado a la altura de la lucha por su emancipación, no es ya un esclavo del todo. El obrero consciente de hoy, educado en el ambiente de una fábrica inmensa y esclarecido por la vida urbana rechaza con desprecio los prejuicios religiosos. Este obrero deja el cielo para los curas y los hipócritas burgueses. Lucha por una vida mejor en la tierra.” (Marx).

La gran concentración de la propiedad, las transnacionales y la introducción de maquinaria sofisticada en el proceso de la producción, aparecen ante el obrero aislado como una potencia monstruosa que lo aplasta y lo explota sin que sepa cómo. Únicamente partiendo de la experiencia adquirida en la lucha sindical y política cotidianas, puede Ilegar a comprender, con ayuda del marxismo, cuáles son las leyes que rigen su explotación. Esta evolución de su conciencia le ayuda a encontrar los mejores caminos para libertarse.

Las religiones cristiana y autóctona

El cristianismo apareció como la religión de los marginados, de los pobres, de los explotados, en un momento en que la sociedad esclavista había ingresado a un acelerado proceso de desintegración. La lucha de los esclavos contra la clase dominante no encontró el camino de su superación revolucionaria, factor que contribuyó al afianzamiento de la religión cristiana: la rebelión social se expresó a través de ella. Esto no quiere decir que fue un movimiento comunista, socialista o anarquista, como; insinúan algunos. Desde el primer momento constituyó un canal para la fuga de la lucha de la liberación: de los pobres en la tierra hacia la vida feliz, ultraterrestre. Aparece profundamente marcada por la contradicción que se da entre la oposición y resistencia a la autoridad terrenal -encarna la explotación y sojuzgamiento- y la postura de despreocuparse de ella, de dejarle actuar, porque la religión encuentra su verdadero ámbito en la vida eterna.

La propiedad en común -la ausencia de propiedad privada-, en el cristianismo primitivo, ha llevado a muchas confusiones, origen de la tesis de que fue comunista. Esa propiedad común se impuso por la pobreza de los primeros cristianos y por las necesidades de la lucha, pues, diariamente tenían que hacer frente a la persecución y a la represión de las autoridades. Con todo, constituye una valiosa referencia para comprender la evolución histórica de esta religión y cómo ha adoptado posteriormente formas e ideas contrarias.

Engels escribe sobre la aparición del cristianismo: “Dadas las condiciones históricas, la transformación social era imposible en ese mundo; se la transfería a un más allá, en el cielo, o en la vida eterna, en el reino milenario inminente… Todos los elementos que el proceso de disolución de la sociedad antigua había liberado, eran atraídos los unos después de los otros por el centro de atracción del cristianismo, el único elemento que resistía a esta disolución, precisamente porque era un producto completamente especial y que por consiguiente, subsistía y se desarrollaba cuando los otros elementos no eran más que mariposas efímeras.

La religión es un fenómeno superestructural y como tal su evolución está determinada por el desarrollo de las fuerzas productivas y por las presiones que sufre de otras manifestaciones ideológicas, entre ellas de otras religiones. El cristianismo a medida que se fue estructurando y convirtiéndose en una religión universal, fue incorporando a su cuerpo doctrinal y a sus ritos lo que fue absorbiendo de otras religiones, particularmente del judaísmo, así mostró su rostro sincretista, fenómeno común en la evoluciún de las religiones.

“En realidad, se necesitaba la esperanza de una recompensa en un más allá, para llegar a elevar el renunciamiento del mundo y el ascetismo estoico-filoniano, a un principio ético fundamental de una nueva religión universal capaz de arrastrar a las masas oprimidas. La noción de que los dioses ofendidos por las acciones de los hombres, podían ser aplacados por sacrificios, era común a todas las religiones de los semitas y de los europeos, la primer concepción fundamental revolucionaria del cristianismo (plagiado a Filón), era que por un gran sacrificio voluntario de un mediador, los pecados de todos los tiempos y de todos los hombres, serían expiados una vez por codas -para los fieles-. De este modo, desaparece la necesidad de todo sacrificio ulterior y, por consecuencia, la base de numerosas ceremonias religiones. Ahora bien, desembarazarse de ceremonias que trababan o impedían el comercio con hombres de creencias diferentes, era la condición indispensable de una religión universal. Y, sin embargo, tan anclada en las costumbres populares estaba la práctica del sacrificio, que el cristianismo, al adoptar tantas costumbres paganas, juzga útil acomodarse a ese hecho introduciendo por lo menos el simbólico sacrificio de la misa” (Engels).

Rápidamente el cristianismo justificó a los poderes y se convirtió en menos de estos en un precioso instrumento para obligar a los explotados y a los humildes a conformarse en la tierra con su condición de tales, prometiéndoles la recompensa debida en el más allá.

Lafargue escribió al respecto: ‘”El cristianismo no ha contribuido con nada de nuevo…:supo conjugar el odio de los pobres contra los ricos y tranquilizar a los ricos remitiendo a otro mundo la reparación de las injusticias de la suerte, la remuneración de las virtudes y la igualdad de la condición y del bienestar. Fue, a pesar de sus actitudes demagógicas del comienzo, una válvula de seguridad para las clases poseedoras”. Esta ú1tima función la cumple de manera eficiente en la sociedad actual.

Si en el cristianismo primitivo ya se perciben rasgos reaccionarios, estos se fueron acentuando aceleradamente con su crecimiento, con la organización de las comunidades, la influencia en su seno de las clases dominantes, su reconocimiento como religión oficial.

Ya en el año 324, un canon del concilio de Gandra declaró: “Si alguno, bajo el pretexto de piedad religiosa, enseña al esclavo a despreciar a su amo, a sustraerse a la servidumbre, o a no servir con buena voluntad y amor anatematizado sea”. Este mismo dice Juan Pablo II, que repite que todos los hombres -explotados y explotadores- son hermanos, llamados a amarse mutuamente, y cuando defiende abiertamente la propiedad privada, es decir, a los poderosos de las transnacionales.

En cierto momento de la decadencia de la esclavitud, la iglesia declaró esclavos a las mujeres que vivían en concubinato con los sacerdotes y a los hijos nacidos de esas uniones. Se trocó en potencia temporal -ahora lo es en proporción desmesurada y como cualquier transnacional adquiriendo las ciudades y los burgos, lo que obligó a santificar el colonato y la servidumbre. Esta no es ninguna novedad para nosotros, porque en la historia altoperuana y boliviana, encontramos a la iglesia integrando el gamonalismo y convertida en gran latifundista. San Ambrosio declaró que “La servidumbre es un don divino” y una declaración no era ningún contrasentido.

San Agustín, que en la aurora del feudalismo incorporó formulaciones neo-platónicas al cristianismo, sostuvo: “Cuánto son deudores los ricos a Cristo, que pone orden en sus casas”. Los poderosos de nuestra época saben que esto es así.

Los primeros cristianos tenían sus bienes en común, pero en momento alguno repudiaron el derecho de poseer y de gozar de una posesión: “Jesús no hace -que nosotros sepamos- ninguna objeción de principio, al derecho de poseer y de gozar de lo que se tiene…Más aún, él sabe que de la riqueza pueden salir muchas obras buenas y muy provechosas.

“Es preciso en todos los textos obligatorios distinguir entre la letra y el espíritu, y es esto más claro todavía entre los primeros padres de la Iglesia. Tertuliano, en su “Apologética’ escribió: ´Entre nosotros todos los bienes son comunes`, pero en la realidad apeló al derecho romano -regla maestra en la defensa de propiedad privada hasta ahora- contra los expoliadores” (Guignebert).

Se pueden plantear algunas coincidencias o similitudes, a veces formales, entre el cristianismo primitivo y el movimiento revolucionario contemporáneo, como lo hace Engels, por otra parte, pero éste también puntualiza sus profundas diferencias, siendo la más importante el hecho de que el cristianismo transfiere a un mundo celeste toda esperanza de liberación, el socialismo lucha por transformar la sociedad terrestre e imponer la liberación de los explotados.

Vamos a copiar una larga cita de Marx acerca de lo que es el cristianismo en la historia y que tiene actualidad:

“Los principios sociales del cristianismo han tenido 1.800 años para desenvolverse y no han tenido necesidad de ninguna propaganda ulterior de parte de los consejos del consistorio prusiano.

“Los principios sociales del cristianismo han aprobado la esclavitud antigua, han glorificado la servidumbre medieval y saben también, cuando es necesario, aunque con cara triste, justifican la opresión actual del proletariado.

“Los principios sociales del cristianismo declaran necesaria la existencia de clases -de la clase explotadora y de la clase explotada- y solo expresan el piadoso voto de que la primera sea caritativa con la última.

“Los principios sociales del, cristianismo transfieren al cielo la recompensa prometida por los consejos del consistorio para todas las miserias que se sufren aquí abajo, y por eso mismo, justifican la persistencia de esas miserias en la tierra.

“Los principios sociales del cristianismo explican todas las villanías cometidas por los explotadores a los explotados, o como un justo castigo del pecado original y de otros pecados, o como una prueba que el Señor, en su sabiduría, envía a los hombres que ha rescatado.

“Los principios sociales del cristianismo glorifican la cobardía, la mortificación de si mismo, la sumisión, la humildad, en una palabra, todas las mismas cualidades de un canalla; pero, para el proletariado que no quiere ser tratado como la hez del género humano, el coraje, la conciencia, el sentimiento de orgullo y de la independencia, son mas importantes que el pan cotidiano.

“Los principios sociales del cristianismo llevan el sello del servilismo y de la hipocresía, en tanto que el proletariado es revolucionaria” (1847).

La religión de los incas que encontraron los conquistadores españoles católicos correspondía a la organización del imperio, partiendo del sometimiento de naciones y etnias nativas. Esa religión, que partió del animismo, fue también sincrética, fusionó las creencias de los pueblos sometidos. Siguiendo a Garcilaso de la Vega, Soustelle hace las siguientes observaciones al respecto:

“Los jefes de los pueblos vencidos eran enviados al Cuzco, donde se les instruía en la religión incaica; por su lado, el gran sacerdote del Cuzco organizaba la propaganda en las provincias; vencidos en la brecha los cultos locales desaparecían. A decir verdad, la elaboración de esta religión oficial fue muy compleja. Por ejemplo, habia en los países conquistados, entre los Incas de la costa, dioses eminentemente respetados. Combatirlos habría sido poco político; se prefirió asimilarlos. La religión oficial era, por lo tanto, un mosaico donde los elementos de origen distinto se disponían gracias a una ingeniosa teología. Lo esencial era el culto del Sol (Inti), representado por el Inca, y los de la Luna (Tuida), personificada por su esposa. Así el poder soberano, del cielo correpondía al poder soberano de este mundo. Es probable que el Sol no fuera en los orígenes más que el totem especial del clan conquistador, del clan incaico, del cual era jefe el Emperador; siguió la suerte política de los que lo adoraban, convirtiéndose de una divinidad local, al comienzo, en el Dios supremo de un vasto imperio. Se tiene aquí, en el hecho, el paso del totemismo a la religión de ‘un gran Dios’. Los teóricos como Andrés Langa, que han pretendido que ese paso era inexplicable y que era necesario, admitir una primitiva revelación de Dios a la humanidad, no han considerado suficientemen-te las causas materiales de este fenómeno, y no han soñado que la suerte del Dios dependía de la suerte de sus adoradores. Así mismo se ve nacer la teología y sus teorías sutiles; estando obligados a admitir ciertos grandes dioses de los pueblos conquistados (por ejemplo, Pachacamac) y queriendo, por otra parte, salvaguardar la preeminencia del Sol y del Inca, los sacerdotes oficiales imaginaron una genealogía divina. El Sol, ser supremo, tenía como hijo a Pachacamac mismo, aún a otros dioses extranjeros y hasta Manco Kapac, el primer emperador, igualado así a los antiguos dioses de sus súbditos”.

Una famosa sentencia resumía la religión y también la política incaica: “Ama llulla, ama sua, ama kella”, desti-nada a mantener sometidos a los pueblos conquistados y trabajando sacrificada y disciplinadamente. Ser flojo, mentir y robar, se equiparaba a pecar. El Inca imponía su autoridad a los conquistados y como casta religiosa desposee a los vencidos.

Hemos señalado mas arriba que los nativos peruanos conquistados por los españoles y sometidos a la servidum-bre, supieron conservar su religión disfrazándola de católica. En nuestro análisis esto es lo que cuenta.

Como religión el culto al Sol, a la Pachamama, etc, tiene similitudes con el cristianismo. Sin embargo, la primera es la religión de las naciones nativas oprimidas desde entonces hasta ahora. El cristianismo es religión extranjera, de los opresores y es resistida de manera peculiar.

Bolivia es el escenario de una particular y cotidiana lucha de las religiones nativas contra la religión opresora. Los revolucionarios están obligados a dar una respuesta a este problema que interesa a la mayoría de la población, a las nacionalidades oprimidas.

Nuestra actitud frente a la religión

Nosotros, trotskystas no creyentes, estamos obligados a actuar en medio de nacionalidades nativas y de masas explotadas y sojuzgadas que están constituidas por una mayoría religiosa. Este hecho indiscutible nos obliga a observar una conducta marx-leninista y que puede resumirse en la obligación de esforzarse por liberar de la religión a la mayor parte de los explotados. El POR es una escuela que enseña -teórica y prácticamente- la ciencia social llamada materialismo dialéctico, la propaganda partidista se encamina también a esta finalidad.

No podemos hacer concesiones principistas a la religión, aunque reconozcamos que las creencias y ritos nativos tienen mucho que ver con la tierra y la fecundidad, de la que depende la existencia de los indígenes, siguen siendo alienantes.

Mircea Eliade –“Lo sagrado y lo profano”- hace interesante apuntamientos al respecto: “En ciertas religiones, a la Tierra-Madre se la concibe capaz de concebir por sí sola, sin ayuda de un paredro…Según Hesíodo, Gaia (la Tierra) parió a Urano, ‘un ser semejante a ella misma, capaz de cubrirla por entero’ Otras dioses griegas procrearon también sin la ayuda de los dioses. Es ello una expresión mítica de la autosuficiencia y de la fecundidad de la Tierra-Madre. A tales concepciones míticas corresponden las creencias relativas a la fecundidad espontánea de la mujer y a sus ocultos poderes mágico-religiosos, que ejercen una influencia decisiva sobre la vida de las plantas.

“En otras religiones, la creación cósmica o, al menos, su culminación es el resultado de una hierogamia entre el Dios-Cielo y la Tierra-Madre. Este mito cósmico está bastante difundido. Se encuentra especialmente en Oceanía, de Indonesia a Micronesia, pero también en Asia, África y las dos Américas. Ahora bien: como hemos visto, el mito cosmogónico es el mito ejemplar por excelencia; sirve de modelo al comportamiento humano. Por ello el matrimonio humano está considerado como una imitación de la hierogamia cósmica; ‘Soy el Cielo -proclama el marido en la Brhadaranyaka Upanishad-, tú eres la Tierra’. Ya en el Atharva Veda el marido y la esposa se asimilan al Cielo y a la Tierra. Dido celebra su boda con Eneas en medio de una violenta tempestad”.

En la “Eneida”, el Cielo abraza a su esposa, dispensando la lluvia fertilizante.

Los ritos de la religión nativa peruana son ricos en ejemplos al respecto.

No vivamos al ateismo, esto beneficiaría a la reacción, concluiría fortaleciéndola. Participamos en la lucha de las masas para lograr eliminar las raíces sociales de la religión, para contribuir a la evolución de su conciencia, a su educación política no en un aula sino en la calle. En Bolivia corresponde luchar sin tregua contra la opresión nacional y contra la opresión capitalista en todas sus formas, incluyendo la opresión religiosa, que significa opresión cultural. Tampoco estamos empeñados en dividir a los explotados en creyentes y no creyentes, sino en unirlos alrededor de los objetivos nacionales y de clase, por este camino acabaremos creando las condiciones materiales y culturales para superar la religión.

Llamamos a todos, también a los obreros creyentes, a unirse a la lucha y si un sacerdote “viene a cooperar con nosotros -como dijo Lenin-, si cumple a conciencia el trabajo del Partido y no se opone al programa de éste, podemos admitirlo en las files nuestras”. Otra cosa es la Iglesia y el clero en su conjunto, que cumplen la tares de distribuidores de droga a los explotados para que se adormezcan y para que sueñen con las delicias del otro mundo, todo para que dejen de luchar.

Denunciamos al PCB por su afán de someterse a los designios de la jerarquía eclesiástica, capitulación -similar a la de Gorbachov frente al imperialismo- que se encubre tras las consignas de cambio de posición ante la iglesia y al catolicismo. Aquí los trotskystas no cambiamos de posición, porque nuestra misión prioritaria es la de armar ideo1ógicamente a los explotados.

En este momento, cuando tenemos ante nuestros ojos los ruidosos preparativos para la llegada del Papa, adoptamos una posición concreta justificada a lo largo de este escrito:

Nos esforzamos por oponer a las nacionalidades oprimidas, relievando su cultura, en este caso en primer término su religión, contra la nación opresora, contra el imperialismo, contra el extranjero y contra la religión sojuzgadora. Lo hacemos sin ceder un ápice en nuestras convicciones marxistas, materialistas y ateas. Nuestro objetivo es avivar la lucha nacional y la lucha de clases, caminos que nos permitirán eliminar las causas sociales de la religión.

Estamos seguros que al colocarnos a la cabeza de la movilización de los explotados, al impulsar a las nacionalidades indias a luchar por sus derechos y por su autodeterminación, fortalecemos al POR, clave de la victoria de la revolución e impulsamos la politización de las masas.

La burocracia sindical y el stalinismo asumen en este plano una clara conducta traidora y contrarrevolucio-naria. Los usurpadores de la dirección cobista han solicitado audiencia al Papa, al representante de la religión de los opresores, de la religión enemiga de los bolivianos y de los campesinos, que forman parte de la gran organización de masas, que es la Central Obrera Boliviana. Dicen que se quejaron ante él, por los reveses que sufren.

Por su parte, el gobierno de la burguesía derechista y entreguista se agota en sus preparativos para recibir a Juan Pablo II, porque está seguro que será bendecido por él, apuntalado en su política hambreadora y antinacional. La burocracia sindical quiere disputarle la confianza del Papa, para que éste le ayude a adormecer a los desocupados y hambrientos con sus oraciones y sus aparatosos shows. Los que son incapaces de movilizar a los bolivianos contra el gobierno, los que carecen de posibilidades para desarrollar una lucha revolucionaria, se abandonan en brazos del Papa, del enemigo de los bolivianos, de los indios. Esos burócratas cumplen la función de Filipillos del Valverde de nuestros días.

Nosotros armamos ideológicamente a los explotados, manera concreta de luchar contra la religión. Los burócratas se agotan en el esfuerzo por desarmarlos. Estamos seguros que saldremos vencedores de esta pugna.

Desenmascaramos a los traidores y llamamos a los trabajadores, a los indios, a los bolivianos a luchar contra la burocracia, a expulsarla de las filas sindicales.

Y volvemos a gritar, como lo hacemos todos los días en las calles; “¡Viva la Pachamama! ¡Muera la religión de los explotadores!” Ahora añadimos la consigna “¡Abajo los burócratas sirvientes del Papa!”.

Marzo de 1988

Eduardo Galeano: 12 de octubre, el “descubrimiento” de América y la historia oficial

¿Cristóbal Colón descubrió América en 1492? ¿O antes que él la descubrieron los vikingos? ¿Y antes que los vikingos? Los que allí vivían, ¿no existían?

Cuenta la historia oficial que Vasco Núñez de Balboa fue el primer hombre que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían, ¿eran ciegos?

¿Quiénes pusieron sus primeros nombres al maíz y a la papa y al tomate y al chocolate y a las montañas y a los ríos de América? ¿Hernán Cortés, Francisco Pizarro? Los que allí vivían, ¿eran mudos?

Nos han dicho, y nos siguen diciendo, que los peregrinos del Mayflower fueron a poblar América. ¿América estaba vacía?

Como Colón no entendía lo que decían, creyó que no sabían hablar.

Como andaban desnudos, eran mansos y daban todo a cambio de nada, creyó que no eran gentes de razón.

Y como estaba seguro de haber entrado al Oriente por la puerta de atrás, creyó que eran indios de la India.

Después, durante su segundo viaje, el almirante dictó un acta estableciendo que Cuba era parte del Asia.

El documento del 14 de junio de 1494 dejó constancia de que los tripulantes de sus tres naves lo reconocían así; y a quien dijera lo contrario se le darían cien azotes, se le cobraría una pena de diez mil maravedíes y se le cortaría la lengua.

El notario, Hernán Pérez de Luna, dio fe.

Y al pie firmaron los marinos que sabían firmar.

El descubrimiento de AméricaLos conquistadores exigían que América fuera lo que no era. No veían lo que veían, sino lo que querían ver: la fuente de la juventud, la ciudad del oro, el reino de las esmeraldas, el país de la canela. Y retrataron a los americanos tal como antes habían imaginado a los paganos de Oriente.

Cristóbal Colón vio en las costas de Cuba sirenas con caras de hombre y plumas de gallo, y supo que no lejos de allí los hombres y las mujeres tenían rabos.

En la Guayana, según sir Walter Raleigh, había gente con los ojos en los hombros y la boca en el pecho.

En Venezuela, según fray Pedro Simón, había indios de orejas tan grandes que las arrastraban por los suelos.

En el río Amazonas, según Cristóbal de Acuña, los nativos tenían los pies al revés, con los talones adelante y los dedos atrás, y según Pedro Martín de Anglería las mujeres se mutilaban un seno para el mejor disparo de sus flechas.

Anglería, que escribió la primera historia de América pero nunca estuvo allí, afirmó también que en el Nuevo Mundo había gente con rabos, como había contado Colón, y sus rabos eran tan largos que sólo podían sentarse en asientos con agujeros.

El Código Negro prohibía la tortura de los esclavos en las colonias francesas. Pero no era por torturar, sino por educar, que los amos azotaban a sus negros y cuando huían les cortaban los tendones.

Eran conmovedoras las leyes de Indias, que protegían a los indios en las colonias españolas. Pero más conmovedoras eran la picota y la horca clavadas en el centro de cada Plaza Mayor.

Muy convincente resultaba la lectura del Requerimiento, que en vísperas del asalto a cada aldea explicaba a los indios que Dios había venido al mundo y que había dejado en su lugar a San Pedro y que San Pedro tenía por sucesor al Santo Padre y que el Santo Padre había hecho merced a la reina de Castilla de toda esta tierra y que por eso debían irse de aquí o pagar tributo en oro y que en caso de negativa o demora se les haría la guerra y ellos serían convertidos en esclavos y también sus mujeres y sus hijos. Pero este Requerimiento de obediencia se leía en el monte, en plena noche, en lengua castellana y sin intérprete, en presencia del notario y de ningún indio, porque los indios dormían, a algunas leguas de distancia, y no tenían la menor idea de lo que se les venía encima.

Hasta no hace mucho, el 12 de octubre era el Día de la Raza.

Pero, ¿acaso existe semejante cosa? ¿Qué es la raza, además de una mentira útil para exprimir y exterminar al prójimo?

En el año 1942, cuando Estados Unidos entró en la guerra mundial, la Cruz Roja de ese país decidió que la sangre negra no sería admitida en sus bancos de plasma. Así se evitaba que la mezcla de razas, prohibida en la cama, se hiciera por inyección.

¿Alguien ha visto, alguna vez, sangre negra?

Después, el Día de la Raza pasó a ser el Día del Encuentro.

¿Son encuentros las invasiones coloniales? ¿Las de ayer, y las de hoy, encuentros? ¿No habría que llamarlas, más bien, violaciones?

Quizás el episodio más revelador de la historia de América ocurrió en el año 1563, en Chile. El fortín de Arauco estaba sitiado por los indios, sin agua ni comida, pero el capitán Lorenzo Bernal se negó a rendirse. Desde la empalizada, gritó:

—¡Nosotros seremos cada vez más!

—¿Con qué mujeres? –preguntó el jefe indio.

—Con las vuestras. Nosotros les haremos hijos que serán vuestros amos.

Los invasores llamaron caníbales a los antiguos americanos, pero más caníbal era el Cerro Rico de Potosí, cuyas bocas comían carne de indios para alimentar el desarrollo capitalista de Europa.

Y los llamaron idólatras, porque creían que la naturaleza es sagrada y que somos hermanos de todo lo que tiene piernas, patas, alas o raíces.

Y los llamaron salvajes. En eso, al menos, no se equivocaron. Tan brutos eran los indios que ignoraban que debían exigir visa, certificado de buena conducta y permiso de trabajo a Colón, Cabral, Cortés, Alvarado, Pizarro y los peregrinos del Mayflower.

Texto del libro Ser como ellos

Racismo en la cultura mainstream

por Valentin Kahl//

El racismo es un hecho cultural y que se evidencia en grados diferentes en el cine o en las series que se emiten en diferentes plataformas de Internet. El cine y la televisión está dominada por hombres blancos, es el canon de lo correcto, de lo que se tiene que ser. Todo lo que salga de ahí, es una deformidad, una rareza. Así, la cultura mainstream1 ha reforzado un esquema de valores que se perpetúan en la sociedad, manteniendo, a través de su programación, prejuicios y privilegios que alimentan el racismo. La invisibilización de las personas no blancas y de las mujeres ha sido una constante en las series televisivas de mayor audiencia; en otras ocasiones, las personas no blancas han servido de aliciente para la broma fácil a través de estereotipos que se escudan en el humor. Seguir leyendo Racismo en la cultura mainstream

Ricardo Napurí: «Allende tenía miedo a la revolución de las masas»

Entrevista con Ricardo Napurí, ex diputado constituyente y senador peruano de izquierda

Viernes, 27 de septiembre de 2013
El triunfo revolucionario en Cuba fue la mecha que encendió América Latina a finales de los sesenta. El peruano Ricardo Napurí fue uno de los tantos militantes del continente que decidió pasar de la observación a la acción para protagonizar un intento guerrillero en su país. Seguir leyendo Ricardo Napurí: «Allende tenía miedo a la revolución de las masas»

Las amenazas de Trump contra Corea del Norte significan un peligro real de guerra

por Joseph Kishore//

Durante el fin de semana, Donald Trump siguió con su campaña incendiaria de amenazas sobre iniciar una guerra contra Corea del Norte que podría conllevar a una catástrofe nuclear.

El sábado por la tarde, el presidente estadounidense tuiteó que previos ocupantes de la Casa Blanca “han hablado con Corea del Norte por 25 años”. Esto “no ha funcionado”, escribió, añadiendo: “Perdón, pero funcionará una sola cosa”. Cuando se le preguntó al respecto, Trump replicó: “Se darán cuenta bastante pronto”.

Estas amenazas vinieron tres semanas después de la diatriba de Trump en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas el 19 de setiembre, cuando declaró que EUA estaba “listo, dispuesto y capaz” de “destruir totalmente” al Corea del Norte, un país con 25 millones de personas. Cuatro días después, amenazó con asesinar al líder norcoreano. Si el discurso del canciller norcoreano ante la ONU “hace eco de los pensamientos del Pequeño Hombre Cohete”, escribió Trump, “¡no estarán por acá por mucho tiempo!”.

El jueves, Trump organizó una cena en la Casa Blanca con líderes militares estadounidenses, la cual daba todas las señales de ser una reunión de un gabinete de guerra. Durante la sesión de fotos antes de la cena, Trump, rodeado por generales uniformados, destacó ese momento, describiéndolo como “la calma antes de la tormenta”. Cuando se le preguntó a qué se refería, tan sólo contesto, “Ya verán pronto”.

En la medida en que las palabras de Trump se interpreten como la expresión auténtica de las políticas y los planes del Gobierno estadounidense, la conclusión inequívoca es que el mundo se encuentre frente al borde del conflicto militar más devastador desde el inicio de la Segunda Guerra Mundial. De estar alineados políticamente el lenguaje y la realidad, la situación actual sería descrita oficialmente como de “peligro inminente de guerra”.

El senador republicano de Tennessee, Bob Corker, quien se encuentra en medio de una riña política con el mandatario, advirtió que sus imprudentes amenazas estaban conduciendo a EUA “al camino de una Tercera Guerra Mundial”. Pero, pese al comentario de Corker del domingo, la burguesía y la prensa padecen una desconexión vertiginosa entre su conciencia y la realidad. Las declaraciones públicas que salen de la Casa Blanca están siendo reportadas por los medios de comunicación como si fuesen inconsecuentes. Su entendimiento parece ser que Trump no quiere decir lo que termina pronunciando. Las consecuencias de una guerra serían tan catastróficas que Trump debe estar sólo engañando.

¿Qué tal si no lo está haciendo? ¿Y si el Gobierno norcoreano está tomando las amenazas del presidente de Estados Unidos, como lo debería estar haciendo, de forma seria? Después de que Trump haya declarado en público que destruirá a Corea del Norte y que la hora se acerca, ¿cómo interpretará Pyongyang las acciones militares estadounidenses frente a sus fronteras? Teniendo tan sólo minutos para decidir, ¿verá el régimen el acercamiento de un bombardero estadounidense hacia el espacio aéreo norcoreano como el comienzo de un ataque de escala completa? ¿Tomará la conclusión de que no tiene otra opción más que asumir lo peor e iniciar un ataque militar contra Corea del Sur? ¿Lanzará misiles, como lo ha advertido, en dirección de Japón, Guam, Australia e incluso Estados Unidos?

Desde un punto de vista puramente legal, Corea del Norte podría aducir que, en cara a las amenazas de Trump, tal acción de su parte constituiría un acto de defensa propia, una respuesta legítima ante una amenaza militar inminente.

Aparte de los cálculos de Pyongyang, se tiene que asumir que los regímenes en Beijing y Moscú también están observando los acontecimientos en marcha de forma cada vez más alarmada. Mientras que la prensa estadounidense, como de costumbre, responde a las amenazas de Trump con complacencia e insensatez, el régimen chino no puede evitar tomarlas con una seriedad mortal. Después de todo, Trump es el comandante en jefe de las fuerzas armadas de Estados Unidos. Tiene el poder para ordenar acciones militares, algo que el Congreso no se ha mostrado interesado en disputar.

Un ataque estadounidense sobre Corea del Norte significaría una amenaza abrumadora para China. Como sucedió en 1950, una guerra contra su vecino norcoreano —incluso si no desencadena rápidamente un intercambio nuclear— resultaría inexorablemente en una incursión estadounidense cruzando el paralelo 38. La última vez de que el ejército estadounidense cruzó esta frontera entre las Coreas, China respondió con un contrataque militar masivo. No hay razón para pensar que el régimen actual en Beijing permanecería pasivo ante una invasión estadounidense de Corea del Norte. Percibiría tal evento como una violación inaceptable del orden geopolítico en la península coreana de los últimos 65 años.

La reacción de Beijing estaría influenciada por las ya tensas condiciones que existen en la región Asia Pacífico. Desde hace años, Estados Unidos ha estado acumulando sus fuerzas militares sistemáticamente en el mar de China meridional bajo su “Pivote hacia Asia” que inicio la Administración Obama. El propósito de estos pasos ha sido encercar a China, la cual es considerada por secciones dominantes de la burguesía estadounidense como un competidor importante para los intereses estadounidenses. Este fin de semana, Japón, el principal competidor regional de China, anunció que apoyaba completamente las amenazas de Trump contra Corea del Norte.

Por ende, el estallido de una guerra entre Corea del Norte y Estados Unidos involucraría inevitablemente a China, y a su vez engulliría a toda Asia y Australia al baño de sangre. Tampoco sería posible que Europa y América Latina, con sus intereses respectivos en Asia, se queden a un lado.

No obstante, ha aparecido poco en la prensa estadounidense sobre las consecuencias de una guerra con Corea del Norte. Un artículo en Newsweeken abril concluyó que tal guerra dejaría un millón de muertos, asumiendo que no se lleguen a utilizar armas nucleares y no entren otras potencias en el conflicto. En un comentario para el diario Los Angeles Times el mes pasado, el general de brigada de la Fuerza Aérea, Rob Givens, calculó que 20 000 surcoreanos podrían morir cada día en una guerra en la península, incluso sin el uso de armas nucleares.

De implicar un intercambio nuclear —algo con lo que el Gobierno de Trump ha amenazado— las consecuencias serían catastróficas. Además de los millones o las decenas de millones que morirían inmediatamente, los expertos climáticos advirtieron tan recientemente como agosto que incluso una guerra nuclear regional podría enfriar el planeta hasta diez grados Celsius, lo que potencialmente generaría un invierno nuclear global que devastaría la producción agrícola del planeta.

A pesar de toda la evidencia de que podría comenzar una guerra en cualquier momento, la prensa estadounidense se niega a tomar estos eventos en serio.

El New York Times ejemplifica los esfuerzos mediáticos para adormecer a la población. Su ejemplar del 6 de octubre contiene un artículo sobre los comentarios de Trump ante los generales, donde declara que Trump “tiende a hacer declaraciones provocadoras” y “es obvio que se place en dejar a la gente adivinando”. Escribiendo como si el tema fuese cualquier chisme o intriga de la Casa Blanca, el Times indica que el “timing” de su declaración sobre la “calma antes de la tormenta” fue “particularmente provocador”.

“Pero es igual de plausible”, concluye el artículo, “que el Sr. Trump estuviese meramente siendo teátrico, utilizando el trasfondo de oficiales militares para crear algo de drama”.

Los esfuerzos de los medios de comunicación para minimizar el peligro contrastan con las señales de divisiones serias dentro de la Administración Trump. Hay rumores de que el secretario de Estado, Rex Tillerson, será expulsado o decidirá renunciar después de que Trump minara directamente sus pasos este último mes para retomar negociaciones con el Gobierno norcoreano. La reunión del jueves de los principales asesores en la Casa Blanca, ataviados con sus uniformes, pudo haber sido un intento de Trump para asegurar que el ejército está de su lado en antelación a una guerra.

Sin embargo, estas divisiones son de carácter meramente táctico. En última instancia, Trump no habla en su propio nombre, sino en el de la burguesía estadounidense. Todas las facciones dominantes de la oligarquía del país apoyan la estrategia básica de recurrir al uso de su poderío militar para preservar su posición hegemónica en el extranjero.

Trump emplea un lenguaje excepcionalmente crudo y brutal para justificar la política exterior de Estados Unidos, pero él no es de ningún modo el autor de la estrategia hegemónica de Washington. Estados Unidos ha estado en guerra continuamente por más de veinticinco años. Este fin de semana marca el decimosexto aniversario de la invasión de Afganistán.

El Pentágono está dirigiendo acciones militares por todo el mundo, usualmente sin que el pueblo estadounidense esté informado sobre los despliegues de personal militar. La muerte en combate esta última semana de cuatro soldados estadounidenses en el país africano de Níger fue una gran sorpresa para la población norteamericana.

Una guerra con Corea podría ser detonada en cualquier momento. Esta es la realidad de la situación. En vez de especular pasivamente sobre si Trump está haciendo engaños o no, la tarea crítica es la construcción de un poderoso movimiento basado en la clase obrera contra la marcha a la guerra. El simple hecho de que el presidente estadounidense sonría y se ría mientras amenaza a millones con su aniquilación es prueba suficiente de que el sistema político estadounidense se encuentra en su fase terminal y es capaz de perpetrar cualquier crimen.

 

(imagen, simulacro de guerra en Corea del Norte, septiembre 2017)

 

La era de la Revolución Rusa

por Maximiliano Cortés//

A 100 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA

Lo que distingue a la Revolución Rusa [RR] de todas las que la precedieron fue su carácter de clase y sus objetivos socialistas. Es desde aquí que, lejos de perderse en sus particularidades, la RR abrió un marco histórico completamente nuevo en el desarrollo de la lucha de clases mundial. La certera orientación de la vanguardia proletaria con Lenin y Trotsky a la cabeza llevó a concretar la insurrección como arte dentro de un proceso revolucionario que comprimió las etapas de desarrollo de la Rusia rezagada, inaugurando “la gran época de la estrategia revolucionaria”.
La 1ra Guerra Mundial había acelerado las contradicciones de un capitalismo que superaba su etapa orgánica y pasaba a su fase crítica. Esto significa que el desarrollo capitalista, que nunca es evolutivo y siempre contradictorio, ya no podía ser un factor de progreso creciente de las fuerzas productivas y sociales. Este desarrollo de las fuerzas productivas se había visto limitado, encorsetado por la existencia de los Estado Nacionales que la burguesía venía recién consolidando como aparatos administra vos y coercitivos para la defensa de la propiedad privada. Es así que el capitalismo de la libre competencia es reemplazado por el capitalismo monopolista, por el imperialismo como política expansionista del capital financiero, que desencadenaría una lucha inter-imperialista por el reparto del mundo.

Con el advenimiento de la guerra y el posterior triunfo de la RR se remeció todo el andamiaje teórico y político de la socialdemocracia, que había forjado toda su actividad en una separación programática entre las actividades cotidianas de parlamentarismo y sindicalismo -ligada además al desarrollo del aparato estatal por intermedio de las capas superiores del proletariado- y una propaganda general sobre una futura y difusa sociedad socialista. La conquista del poder por el partido bolchevique acaudillando a las masas proletarias y arrastrando tras de sí a la masa de campesinos y soldados, liquidó para siempre esta separación y el carácter nacional de los programas revolucionarios, empujando al fango del oportunismo a aquellos que continuaron defendiendo la política de sus burguesías en la guerra y que defenestraron como “aventurerismo” la toma del poder en Rusia manteniéndose en el terreno de la democracia burguesa.

Una de las lecciones que les dejó a los revolucionarios la experiencia de Octubre fue la posibilidad concreta de que en los países atrasados o rezagados el proletariado puede llegar al poder antes que en los países avanzados del capitalismo. Esto rompió con el esquematismo reinante en amplios círculos marxistas que convertía en un absoluto la ley de desarrollo desigual, según la cual los países atrasados veían la imagen de su desarrollo futuro en los países avanzados y estaban destinados a repetir sus mismas fases de desarrollo. La maduración de las fuerzas de la economía capitalista mundial, su extensión a todos los rincones del planeta, el expansionismo del capital financiero, imprime en los países atrasados saltos en su desarrollo, que de una forma combinada e imbricada va a dar forma a otra ley complementaria que es la del desarrollo combinado. Es así que sin dejar de obstaculizar el desarrollo de las fuerzas productivas mediante la propiedad privada y los Estados nacionales, el capitalismo acerca sus distintas partes imprimiendo en los países coloniales y semicoloniales esa amalgama de formas arcaicas y modernas que son la base sobre la que se desarrolla y se forma el proletariado de estos países. El desarrollo del proletariado, económico pero también político, en la atrasada Rusia será la el expresión de esta ley.


Luego de la conquista del poder este mismo atraso y el deterioro económico momentáneo que produce todo proceso revolucionario (más aún en un país agotado por la guerra), dejaron como principal tarea a los revolucionarios la conquista del poder en los principales países desarrollados por el capitalismo (centralmente Alemania) donde un poderoso proletariado podría utilizar los recursos del capitalismo legados por la ciencia, la técnica aplicados a la producción como base del desarrollo de la planificación socialista mundial.

LAS TAREAS SOCIALISTAS Y LAS ETAPAS

La estructura semifeudal semicapitalista de Rusia fue la base combinada que permitió el salto de las etapas históricas que era tan resistido por amplios círculos marxistas. El pensamiento imperante era que Rusia debía pasar por un largo periodo de desarrollo capitalista y de democracia burguesa antes de llegar a plantearse tareas socialistas. “Es absurdo sostener que, en general, no se pueda saltar por alto una etapa. A través de las ‘etapas’ que se derivan de la división teórica del proceso de desarrollo enfocado en su conjunto, esto es, en su máxima plenitud, el proceso histórico vivo efectúa siempre saltos, y exige lo mismo de la política revolucionaria en los momento críticos” [1]. La misma conquista del poder por el proletariado dio inicio a una nueva era, la era de la revolución proletaria, dejando al descubierto descarnadamente el papel pérfido y contrarrevolucionario de la burguesía y de sus aliados.

Es efectivo que la RR consiguió superar el dilema teórico acerca del transcrecimiento de la revolución burguesa en la revolución proletaria. Es decir, llevar a cabo las tareas irresueltas o pendientes por la burguesía sin la intervención de esta sólo podían llevarse a cabo por el proletariado bajo la bandera de la revolución socialista. Es así que en la época imperialista de crisis, guerras y revoluciones, las tareas democráticas no resueltas, tales como la liberación nacional, liberar al campesinado del yugo feudal, realizar la democracia política, sólo pudieron llevarse a cabo bajo la dictadura del proletariado comprimiendo de forma acelerada la materialización de estas tareas históricas del desarrollo al tiempo que se ponía a la orden del día la expropiación de la burguesía y los métodos de la organización de la economía socialista.

Y este acontecimiento gigantesco que fue el acceso del proletariado al poder por primera vez en la historia, y las lecciones y métodos de la insurrección del Octubre, plantearon a los marxistas la actualización de la nueva era donde la política revolucionaria pasa a gravitar en el transcrecimiento entre la revolución proletaria y la mundial [2], y que así lo atestiguó la continuidad de la lucha en la construcción de la Internacional como el partido mundial de la revolución socialista.

La misma existencia del Estado Obrero significó, no la anulación de las leyes de la economía capitalista, pero sí la violación de la ley del valor, la interrupción momentánea de sus procesos automáticos, en definitiva, la injerencia socialista de este Estado en la sociedad capitalista.

EL SISTEMA SOVIÉTICO

Rusia pasó por dos revoluciones antes de alcanzar el triunfo en la tercera (1905, Febrero y Octubre 1917). Cada una legó a las masas obreras y campesinas y en particular a su vanguardia revolucionaria lecciones que serían aprendidas con la sangre. Así las masas en Febrero del 17 volvieron a poner en pie los soviets como organismos capaces de aglutinar a las masas obreras, a los campesinos y a los soldados, al tiempo que dejaban planteada una situación de doble poder que se trasladaba hacia otras formas orgánicas (como en su momento lo fueron las guardias rojas o el comité militar revolucionario). La dualidad de poder entonces excluye cualquier situación de equilibrio formal de poderes ya que no es un “hecho constitucional, sino revolucionario, que atestigua que la ruptura del equilibrio social ha roto ya la superestructura del Estado” [3]. Al decir de Lenin en la época actual la dualidad de poderes no expresa otra cosa que el enfrentamiento entre dos dictaduras, la del proletariado con la de la burguesía. En donde en cada etapa de lucha la revolución y la contrarrevolución intentarán imponerse una sobre la otra en el desarrollo de la misma guerra civil.

Antes de que se produzca la degeneración burocrática del Estado Obrero los Soviets serán la columna vertebral del nuevo estado, acercando a las masas a las tareas de la dictadura proletaria, y planteando una extensión de la revolución en lo que fue la URSS como una forma orgánica que permitiría, por su relación con las masas, avanzar en su extinción en la medida que fuera liquidado el capitalismo o que la dictadura del proletariado se conquistara a nivel mundial. “… Hemos creado un tipo soviético de estado y por esto hemos anunciado una nueva era en la historia del mundo, la era de la dominación política del proletariado, que superará la era de la dominación de la burguesía. Nadie puede privarnos de esto tampoco. Aunque el tipo soviético de Estado tendrá el toque final solamente con la ayuda de la experiencia práctica de la clase trabajadora de muchos países…” [4]

LA DEGENERACIÓN DE LA REVOLUCIÓN

Pese a haber liberado sus fuerzas productivas del parasitismo de la propiedad privada capitalista, lo que le permitió una base enorme para un desarrollo gigantesco de su aparato productivo, éstas estaban sometidas a las leyes de la economía mundial. Como planteara Lenin y Trotsky desde el albor mismo de la Revolución de Octubre, la conquista del poder por la clase obrera no podría subsistir por mucho más tiempo sino se extendía a la conquista de las fuerzas productivas de los principales centros capitalistas. “Vivimos no solamente en un Estado, sino en un sistema de Estados, y es inconcebible para la República Soviética existir al lado de los Estados imperialistas por un periodo prolongado de tiempo. Uno u otro deben triunfar” [5]. Sin embargo, este pronóstico no contemplaba la posibilidad de la de que se mantuvieran durante un buen tiempo las bases materiales conquistadas por la revolución aunque de forma contenida y aislada por la formación de una excrecencia parasitaria al mando del Estado Obrero.

La no extensión de la dictadura proletaria a nivel mundial, los procesos de purga y reacción internos llevados al interior de la URSS por la casta burocrática estalinista, la liquidación primero política y luego organizativa de la Internacional Comunista, en definitiva la liquidación del carácter revolucionario e internacionalista de los partidos comunistas en el mundo fueron la base sobre la que el proceso abierto con la RR se viera interrumpido. Contra esta burocracia dará una feroz lucha política, primero la Oposición de Izquierda y más tarde los militantes de la IV Internacional para regenerar las bases de la RR al tiempo que batallar por la victoria del proletariado mundial.

La continuidad de esta colosal tarea será dirigida hasta el fin de su vida por León Trotsky quien se dedicó a sintetizar todas las lecciones de este proceso revolucionario y de las conquistas programáticas de la labor internacional que tendrá su legado en la fundación de la IV Internacional como continuidad directa de la labor de los grandes revolucionarios.

LA DIRECCIÓN REVOLUCIONARIA

Para llevar adelante las tareas históricas que dejara planteada la RR es necesario forjar la dirección revolucionaria internacional. Sus cuadros revolucionarios deberán extraer los métodos y lecciones de Octubre, actualizando las lecciones de las luchas de nuestra clase del último siglo. La destrucción del aparato burocrático militar de la burguesía es un objetivo central de la clase obrera. Este objetivo, que incluye combatir a las tendencias a la adaptación a la democracia de los patrones, desarrollando en el seno del régimen burgués los elementos subversivos de la democracia proletaria, requiere una organización de militantes profesionales que se preparen para la toma del poder.


Como ya mencionamos Lenin dio una fuerte batalla en las vísperas de la revolución contra las tendencias que se adaptaban a las formas democráticas e incluso contra la confianza legalista en las instituciones soviéticas como garantía de triunfo de proletario.
“Para tratar la insurrección como marxistas, es decir, como un arte – escribía -, debemos al propio tiempo, sin perder un minuto, organizar un Estado Mayor de los destacamentos insurreccionales, repartir nuestras fuerzas, lanzar los regimientos fieles a los puntos más importantes, cercar el teatro Alejandra, ocupar la fortaleza de Pedro y Pablo, detener al Gran Estado Mayor y al gobierno, enviar contra los kadetes militares y la División Salvaje destacamentos prontos a sacrificarse hasta el último hombre antes que dejar penetrar al enemigo en los sitios céntricos de la ciudad; debemos movilizar a los obreros armados, convocarlos a la batalla suprema, ocupar simultáneamente el telégrafo y el teléfono, instalar nuestro Estado Mayor Insurrecto en la estación telefónica central, , ponerlo en comunicación por teléfono con todas las fábricas, con todos los regimientos, con todos los puntos donde se desarrolla la lucha armada, etc. Claro que todo ello no es más que aproximativo; pero insisto en probar cómo no se podría en el momento actual permanecer fiel al marxismo y a la revolución sin tratar la insurrección como arte” [6].

La RR hizo coincidir finalmente la convocatoria al II Congreso de los Soviets con la insurrección armada, y fue la labor determinante de la preparación consciente de la insurrección lo que posibilitó el triunfo. Y esta es una de las lecciones más importantes que nos deja la historia, y es que, a diferencia de la burguesía, el proletariado sólo puede adueñarse del poder por medio de un instrumento revolucionario que temple a la vanguardia obrera en una política de independencia de clase. “La fuerza motriz de la revolución burguesa era también la masa; pero mucho menos consciente y organizada que ahora. Su dirección estaba en manos de las diferentes fracciones de la burguesía, que disponía de la riqueza, de la instrucción y de la organización (municipios, universidades, prensa, etc) […]
“…en la revolución proletaria no sólo implica el proletariado la principal fuerza combativa, sino también la fuerza dirigente con la personalidad de la vanguardia. Su partido es el único que puede en la revolución proletaria desempeñar el papel que en la revolución burguesa desempeñaban la potencia de la burguesía, su instrucción, sus municipios y universidades…” [7]


Como mencionamos al principio “La gran época de la estrategia revolucionaria comienza en 1917, primero en Rusia y después en toda Europa” [8]. Los actuales cuadros revolucionarios no sólo deberán prepararse para la conquista del poder y la destrucción del Estado, sino que deberán forjarse en las tareas que implican la transición a la extinción de toda forma de Estado para superar “la era de la dominación política del proletariado”, de la dictadura mundial del proletariado la era de la emancipación de la Humanidad, hacia la era del verdadero Comunismo, de la verdadera historia de la Humanidad

NOTAS:
[1] Teoría de la Revolución Permanente, León Trotsky, 1928
[2] Sobre un debate de la Teoría de la Revolución Permanente y el transcrecimiento entre la revolución proletaria y la mundial, ver Perspectiva Marxista N°2, Revista Internacional de la COR Arg.
[3] Historia de la Revolución Rusa Tomo I, León Trotsky, 1932
[4] Vladimir Ilich Lenin, Obras Escogidas Tomo XXXIII
[5] Vladimir Ilich Lenin, Obras Escogidas Tomo XXIX
[6] Carta al CC del Par do Bolchevique, Septiembre 1917, Vladimir Ilich Lenin, Obras Completas, Tomo XXVI.
[7] Lecciones de Octubre, León Trotsky, 1924.
[8] Idem 7

( nota tomada de la revista El Nuevo Curso, de la Corriente Obrera Revolucionaria, COR)

 

 

 

 

 

España: Sólo la clase obrera puede derrotar a Rajoy y la monarquía.

por Alejandro Valenzuela y Alex Lantier/

Hay numerosos informes no confirmados de tropas siendo enviadas a Cataluña y regiones cercanas ante una posible declaración unilateral de independencia esta semana.

Los grupos de poder españoles están discutiendo abiertamente invocar el Artículo 116 de la Constitución del país, preparando el marco para imponer ley marcial.

Según fuentes militares citadas por el periódico derechista OkDiario, se movilizaron fuerzas a Aragón y Valencia, regiones adyacentes a Cataluña. Explica que el Gobierno español estima necesarias alrededor de 30 000 fuerzas de seguridad para tomar control de la región y “establecer el orden constitucional ante los insurrectos”. El periódico indica que esta es, “una cifra que en este momento no podría alcanzarse con la actual dotación en Cataluña: algo más de 8000 agentes de Policía Nacional y Guardia Civil”.

Según el artículo, las divisiones siendo desplegadas incluyen la División Castillejos (antigua Fuerza de Acción Rápida), que consiste en tres brigadas (la aerotransportable, paracaidista y la Legión) con un total de tres mil tropas, junto con el Regimiento de Infantería Acorazada Alcázar de Toledo de 300 tropas y 44 tanques. Además, se reporta que Madrid está movilizando los grupos de Operaciones Especiales de la Armada, análogos a los Navy Seal estadounidenses.

El número de tropas que otras fuentes estiman se encuentra entre 12 000 y 16 000.

La Tribuna de Cartagena señaló que el buque Navarra, escoltado por dos buques antiminas estaba en marcha hacia Barcelona completamente equipado y con tropas y llegaría al puerto de Barcelona el 8 de octubre, un día antes de la previamente programada declaración de independencia por el Parlament de Cataluña. Según un comunicado del Ministerio de Defensa, los buques están participando en el Show Internacional de Botes de Barcelona.

Al mismo tiempo, la OTAN ha organizado un ensayo de entrenamiento denominado “Ángel Guardián” con seiscientos policías militares de España y otros nueve Estados miembros de la OTAN. Según el sitio web del ejército español, estos ejercicios buscan entrenar a policías militares en la gestión de los puestos de comando durante operaciones y allanamientos, escoltar y proteger a las autoridades, neutralizar personal armado hostil dentro de las instalaciones militares y control de masas.

El artículo 116 involucra el despliegue de militares y permite la suspensión de varios derechos democráticos, incluyendo los derechos a la libre expresión y a la huelga. Además, permite arrestos preventivos. La suspensión de estos derechos armaría al Estado con poderes policiales vastos que el ejército podría utilizar para aterrorizar a toda la clase obrera, como el régimen franquista lo hizo entre 1939 y 1977.

La Asociación de Militares Españoles (AME) publicó una declaración defendiendo el discurso del rey Felipe VI en la que el monarca denunció el referéndum independentista catalán y demandó que el Estado español tomara control de la región. Este documento describe el discurso como “impecable” porque Felipe VI pudo comunicar “de manera clara, concisa, rotunda cuál es la línea a seguir en estos momentos difíciles y complejos”.

La AME le exige al presidente español del Partido Popular (PP), Mariano Rajoy “la defensa sin fisuras de la unidad de España, su integridad territorial y su soberanía nacional”.

La Unión Europea ha declarado su apoyo a las severas medidas militares siendo preparadas. Durante el debate el miércoles pasado en el Parlamento Europeo, el vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, declaró que es “un deber de todo Gobierno hacer valer el derecho y a veces esto requiere un uso de fuerza proporcional”.

Lo respaldaron dirigentes de tanto partidos conservadores, como socialdemócratas y liberales.

Las implicaciones de tales comentarios fueron destacadas por el comisionado de la Unión Europea de Alemania, Günter Oettinger, quien advirtió el viernes: “Hay una guerra civil imaginable ahora en el medio de Europa”. Sólo después pidió el siguiente deseo, “Uno sólo puede esperar que pronto se pueda ver una línea de conversación entre Madrid y Barcelona”.

La prensa española está desempeñando su parte en allanarle el camino a una intervención militar. Esto lo ha hecho mediante una campaña para deshumanizar a los nacionalistas catalanes y, en algunos casos, a toda la población catalana. No pasa ni un día en el que la prensa no describe los acontecimientos en Cataluña como una “insurrección”, un “golpe de Estado”, una “rebelión” o una “traición” que tiene que ser aplastada.

Los nacionalistas catalanes son acusados de indoctrinar a niños y enviarlos al frente de las protestas para ser atacados por las fuerzas policiales. La Policía Nacional y la Guardia Civil, quienes hirieron a ochocientos manifestantes pacíficos el domingo, están siendo retratados como oficiales indefensos y hostigados por protestantes frente a sus hoteles y residencias temporales. Al mismo tiempo, describen a la policía regional, los Mossos d’Esquadra, como traicioneros y desleales. El partido secesionista Esquerra Republicana de Cataluña y el secesionista pseudoizquierdista Candidatura d’Unitat Popular (CUP) están siendo atacados constantemente, con artículos describiéndolos como el “cáncer para la sociedad catalana” (ABC) y pidiendo su “decapitación… y su arrinconamiento en el basurero de la historia” (El Español).

Un lenguaje de tendencia fascista como tal fue empleado en vísperas de una manifestación instigadora el domingo llamada por el PP y la antisecesionista Sociedad Civil Catalana, una organización con vínculos con la extrema derecha. Respaldados tanto por Ciudadanos como por el Partido Socialista, y promovidos ampliamente por la prensa con sede en Madrid, fueron transportados nacionalistas anticatalanes y ultraderechistas de toda España a Barcelona.

El carácter ultraderechista de la demonstración fue reconocido por sus organizadores.

En una entrevista con El Confidencial, Javier Megino, vicepresidente del movimiento D’Espanya i Catalans, aceptó que iban a haber neofascistas y ultraderechistas presentes, como sucedió en una demonstración contra la independencia de Barcelona hace dos semanas. Cuando se le preguntó si generarían violencia, Megino respondió: “cuando juntas a tantas personas, es imposible controlarlos a todos”.

Esta protesta evidentemente no procura representar a la “mayoría silenciosa” de la población catalana que se opone al independentismo, como lo representa la prensa. En cambio, buscan provocar una confrontación entre fuerzas independentistas catalanas y fascistas que el Gobierno buscará explotar para justificar una represión.

El peligro político grave es que la clase trabajadora en España y alrededor del mundo no está siendo movilizada en contra de las medidas represivas siendo alistadas por Madrid.

En este punto de quiebre, los obreros catalanes y españoles tienen que evaluar las fuerzas políticas que dicen defenderlos.

El primer ministro regional, Carles Puigdemont, continúa llamando al diálogo, una opción rechazada por Rajoy, quien lo ha declarado un criminal. El viceprimer ministro, Oriol Junqueras, está preocupado primordialmente con los anuncios de varios bancos y compañías importantes, como el Banco Sabadell, CaixaBank, el gigante energético Gas Natural, Abertis, la firma de biotecnología Oryzom y la corporación de telecomunicaciones Eurona, de que se están yendo de Cataluña por temor ante lo que depare el impulso independentista en el futuro.

La legisladora de la CUP, Eulàlia Reguant, le comentó al diario catalán Nació Digital que su partido está trabajando en un plan para tomar control del territorio catalán, incluyendo puertos y aeropuertos, mediante la aprobación de un proyecto de ley que haga que los 17 000 Mossos “dejen de ser policía de la justicia española”.

El pseudoizquierdista Podemos insiste en sus llamados de diálogo, mientras crean ilusiones en un Gobierno conjunto con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) como alternativa para el PP, incluso cuando el PSOE decidió participar en la protesta ultraderechista del domingo y está colaborando con Rajoy en la preparación de una intervención violenta.

Basándose en una denuncia del Partido Socialista de Cataluña, la sección regional del PSOE, el Tribunal Constitucional de España prohibió la sesión del lunes en el Parlament, en el que se esperaba que los partidos secesionistas declararan la independencia unilateralmente.

Después de un cuarto de siglo de guerra imperialista y austeridad de la UE desde que la burocracia estalinista disolviera la Unión Soviética, la democracia europea está en su punto de ruptura. Una década de profunda austeridad desde el crack de Wall Street de 2008, que llevó el desempleo español al 20 por ciento, ha destrozado la economía española y ha desprestigiado a su élite gobernante. En medio de una crisis profunda del régimen post-franquista en España, y mientras la clase gobernante ataca salvajemente los derechos democráticos en diferentes países de Europa, la burguesía española está usando la crisis catalana para volver a un régimen autoritario.

Hay que oponerse a los planes de Madrid para un derramamiento de sangre en Cataluña. La cuestión crítica es la movilización políticamente independiente, revolucionaria, de la clase trabajadora, no solo en Cataluña sino en toda España y en toda Europa, en una lucha contra la amenaza de guerra civil y de dictadura de Estado policial y por el socialismo.

Para ello es necesario romper conscientemente con Podemos y con los nacionalistas catalanes, que han trabajado durante el período precedente para confundir y desarmar a la oposición de la clase trabajadora, a pesar del descontento social explosivo. Mientras las masas de la juventud y de los trabajadores participaron en la huelga de protesta de un día del martes en Cataluña, CCOO y UGT, cercanas a Podemos y al PSOE respectivamente, tuvieron cuidado de no movilizar en absoluto a los trabajadores españoles de fuera de Cataluña.

La crisis catalana ha expuesto en particular la bancarrota de Podemos. Alentó sin parar ilusiones en el PSOE, que rápidamente está pasando a respaldar la represión en Cataluña desde el discurso del rey, exigiendo al PSOE que forme un gobierno conjunto para desbancar a Rajoy. Ante la capitulación del PSOE a Rajoy, Podemos está ahora estimulando ilusiones en el propio PP —aunque se avecine una sangrienta represión militar, y aunque Rajoy indique que no tiene intenciones de negociar con Barcelona.

En cuanto a los nacionalistas catalanes, que han dirigido una serie de gobiernos austeros en Cataluña que aplastó varias huelgas de trabajadores del transporte y del aeropuerto, sus planes reaccionarios de entablar vínculos con la UE y negociar con Madrid la formación de un Estado capitalista catalán están en ruinas.

Ante la posibilidad de represión militar, se informa que el pánico está cundiendo entre los simpatizantes de Puigdemont. Entre los nacionalistas catalanes de Barcelona, el diario de esa ciudad La Vanguardia escribía, “Una fuerte sensación de vértigo recorre toda la sociedad, perforando los entusiasmos militantes, las visiones revolucionarias, las indignaciones mayúsculas, los ardores patrióticos…”. Añadió que “la severidad y la contundencia” del discurso del Rey “han acentuado esa sensación de vértigo: el temor a que la escalada en curso acabe en catástrofe”.

Incapaces de movilizar una más amplia oposición a la represión de Madrid en la clase trabajadora española, y hostiles a ello, la política pro-capitalista de los nacionalistas catalanes solo sirve para dividir a los trabajadores mientras es inminente un ataque sangriento desde Madrid. Está en la hora del día, la clase obrera catalana, apoyándose en el conjunto de la clase obrera española debe desplegar las banderas de la república y el socialismo, únicas divisas bajo las cuales podrá ser derrotarse la conjura burguesa y fascista que encabezan hoy Rajoy y Felipe VI. Los reformistas proburgueses del PSOE y Podemos han dejado a las claras que su política de «diálogo» sólo persigue ganar tiempo para viabilidad la derrota de la causa independentista y salvar a la burguesía española y por su intermedio a la Unión Europea.

A defender la causa catalana, la república y el socialismo.

 

El socialismo en la obra y la vida del Che

por Juan Valdés Paz//

Las diversas biografías de que disponemos sobre Ernesto Che Guevara se han caracterizado por subestimar el estudio de su pensamiento1 a pesar de tratarse de una de las figuras históricas en quien la consecuencia entre sus ideas y su conducta se nos manifiesta con mayor fuerza. Se hace de notar la falta de una biografía intelectual que dé cuenta de la formación y evolución de sus ideas en los distintos contextos de su azarosa existencia y como parte inseparable de su extraordinaria personalidad.

Precisamente, un rasgo señalado por todos sus biógrafos ha sido su fuerte vocación intelectual, que finalmente se plasmaría en una brillante reflexión sobre la práctica y la teoría revolucionaria. Es importante señalar que en esa biografía intelectual será necesario distinguir periodos cuyos criterios de demarcación suelen coincidir aproximadamente con importantes hitos de su vida, a saber: periodo de formación, hasta su involucramiento en la expedición del Granma; marxista leninista, hasta 1961; de marxismo crítico, hasta 1964; y de un marxismo propositivo, entre 1964 y 1966. Por otra parte, esta biografía intelectual del Che podría ser reconstruida de manera genealógica o en una forma retrospectiva. Esta ultima ha sido la utilizada por Manuel Monereo en este muy valioso estudio, al encontrar en la descon truc ción de la ultima obra del revolucionario argentino, El hombre y el socialismo en Cuba, el punto de partida para una interpretación de su pensamiento. Si bien Monereo no ha pretendido realizar una biografía intelectual del Che, su incursión en algunos contextos, su lectura de los distintos, desiguales y dispersos escritos y discursos del Che —aportándoles una unidad de interpretación, situándolos en una perspectiva actual y a la vez en los escenarios y motivaciones de los que surgieron— ha resultado una inestimable contribución a élla.

Che Guevara Con su propia cabeza

Las tesis con que Monereo inicia su estudio a la vez que imponen el sesgo polémico de su trabajo, explicitan la conformación que dará al conjunto de los temas guevarianos, así como la convergencia que hallará en sus distintas líneas de pensamiento hacia sus textos de madurez. La lectura de Monereo contribuye, no obstante cierta sincronía y su evidente simpatía con los ideales del Che, a un cierto distanciamiento critico, tal como se expresa en sus conclusiones.

Algunas de las preguntas centrales a las que debiera responder la biografía intelectual que se demanda, se relacionan con el nivel de conocimiento acumulado por el Che como base de sus reflexiones, así como acerca de las influencias que podemos identificar a lo largo de su desarrollo. En el primer caso, se trata del conocimiento que sobre el mundo, la historia y las sociedades del so cialismo real había alcanzado en sus estudios y observaciones directas; en el segundo, de las corrientes de pensamiento que influyeron en los distintos periodos de su desarrollo.

En ese último caso, cabría identificar el carácter del leninismo incorporado por el Che —evidente en el papel que le asigna a la práctica revolucionaria en la creación de nuevas tendencias y realidades sociales— así como la influencia práctica e ideológica de Fidel Castro, su compañero y jefe en tantos años compartidos de enormes desafíos y continuadas luchas.

La interpretación del pensamiento del Che, su lectura, ha de partir de la dificultad de agotar, de una sola vez, sus sentidos; tam bién, de las tensiones que a sus concepciones impone el ámbito en que se apliquen, sea Cuba, América Latina, el orden internacional o las experiencias del socialismo real. Cada uno de estos espacios plantea realidades históricas específicas y admiten distintos niveles de generalización. Por otra parte, esa lectura del Che necesitaría del dominio de su biografía y de los referentes reales de su pensamiento como elementos indispensables a una hermenéutica de sus ideas.

Cabe observar que para algunos autores como Kiva Maidanik, en algunos temas guevarianos subyace la tesis leninista de una practica política orientada a acelerar el proceso histórico. Monereo encuentra en su lectura una dimensión mas precisa de la percepción del Che sobre la coyuntura histórica, sobre la correlación de fuerzas en el escenario mundial y regional de los sesenta. Se trataba de una situación transitoria que imponía al movimiento revolucionario “prisas” en su práctica y en su teoría. Con su lectura Monereo nos da una versión más rica de los condicionamientos de ese pensamiento cuyo desafío no era que pudiese empujar la historia, sino apenas aprovechar sus oportunidades.

1. EL CHE COMO PENSADOR

El Che ha sido identificado como un pensador de la praxis, es decir, como uno que piensa la revolución que hace y hace la revolución que piensa. Pero la sola intención de transformar al mundo nos interroga más concretamente sobre el mundo que que remos instaurar y sobre los medios o maneras de cambiar aquel realmente existente. Al respecto, el Che nos revela en su lectura el paulatino abandono de su “sueño dogmático” y la creciente necesidad de repensarlo todo. Esta dimensión dramática de su pensamiento, aunque solo apuntada, no escapa a la lectura de Monereo, quien logra persuadirnos de un despertar del Che aun más re volucionario, si cabe.

Ernesto Che GuevaraEl Che es un racionalista, es decir, su pensamiento se desenvuelve “acorde a principios”, pues aunque en sus ideas pesaron mu cho su experiencia inmediata y convicciones, siempre manifestó la necesidad de un marco general en el cual ubicar al conjunto de su experiencia revolucionaria. Sin embargo, sus reflexiones sobre distintos temas parecieron rebasar con mucho a esas experiencias, caso de sus escritos sobre Cuba, América Latina, los socialismos históricos, etc., Sus ideas mostraron un salto injustificado desde la experiencia que le servía de justificación: a) si eran generalizaciones, porque descansaban sobre experiencias o informaciones insuficientes; b) si parte de totalidades o de formulaciones teóricas generales en las que incluía las experiencias consideradas, porque estas totalidades son construcciones más ricas, connotan mucho mas, y en ellas se incluyen no solo conjuntos de relaciones sociales observadas sino sistemas históricos a los que corresponden ciertas estructuras, instituciones y grupos sociales. Este es el caso de sus ideas sobre la transición socialista. De todas maneras, la justificación de ese salto racionalista se ha llaba en la función de explicar las practicas políticas que eran po sibles y las realidades sociales que eran deseables.

El Che es un pensador marxista, de inclinación subjetivista, es decir integrante de las corrientes de pensadores que como Lukács, Bloch o la Escuela de Francfurt, han enfatizado la importancia de los factores subjetivos en la constitución de una práctica revolucionaria. Pero más importante es identificar al Che como un marxista tercermundista que asume como otros —Ma riátegui, Fa non, Fidel Castro— la insalvable dicotomía que la realidad mundial polarizada en un centro de países desarrollados y dominantes por un lado, y una mayoría de países subdesarrollados y dependientes por el otro, impone al pensamiento social en general y al marxismo en particular. De ella se deriva la necesidad de una vanguardia teórica con una voz y un pensamiento propios.

Ese marxismo de la subjetividad y esa posición tercermundista determinaron el énfasis antropológico de su pensamiento. Monereo ha descubierto en las proposiciones de El Socialismo y el Hombre en Cuba premisas teóricas implícitas en las ideas gue va rianas más tempranas.

Otro aspecto a tener en cuenta en el Che como pensador de la pra xis, es su visión estratégica, su creciente perspectiva mundial en los problemas que estudia. En esta visión se destaca su comprensión geopolítica de los procesos en curso, particularmente en los países centrales. Si bien visto desde los acontecimientos posteriores nos puede parecer que el Che subestimó en sus análisis las capacidades evolutivas del capitalismo y de Estados Unidos, así como sobreestimó las del llamado campo socialista, su percepción de las contradicciones entre el centro —capitalista o socialista— y la periferia del mundo, sobre el imperialismo y acer ca de un diseño internacional de la defensa de Cuba, conserva total validez.

Como a cualquier pensador también cabe interrogar al Che por las condiciones y restricciones bajo las que se desarrolló su pensamiento. En su caso se muestran claramente sus limitaciones personales como alto dirigente político en Cuba y por sus responsabilidades administrativas. También por las políticas puestas en curso por la Revolución Cubana, en cuyo diseño e implementación participó en mayor o menor medida. No menos restrictivo al desarrollo de sus ideas fueron las posiciones de Fidel Castro en los temas de su reflexión. En todo caso, muchas lagunas, omisiones o coincidencias de sus exposiciones públicas tendrían que ver con estas restricciones.

2. ACTUALIDAD DE SU PENSAMIENTO

Cualquier lectura del Che nos plantea la interrogante de la actualidad de su pensamiento. De hecho, se ha debatido mucho sobre la mayor o menor contextualidad de sus ideas; desde aquellos que las caracterizan como expresiones de las circunstancias y acontecimientos de los sesenta, hasta los que pretenden su total vigencia. Algunos autores como Massari (1993) han optado por un balance de las fallas y aciertos presentes en sus diagnósticos y propuestas sobre los escenarios y tendencias de los años sesenta y para los actuales.

Che Guevara

Otra perspectiva, en la que se ubicaría la lectura que nos propone Manuel Monereo, se refiere a la continuidad de los temas guevarianos en la medida en que los cambios mundiales no han suplantado sino profundizado los problemas a los que se enfrentó con su acción y con su pensamiento. Esta continuidad de sus temas, esta cierta universalidad, da cuenta de la creatividad del Che y de la visión estratégica a la que antes nos referimos. Si bien en sus pronunciamientos y escritos podemos encontrar tesis y formulaciones vinculadas a los contextos de su tiempo, éstas u otras aparecen siempre formando parte de un proyecto emancipatorio de largo plazo (AA. VV, 1997).

Es importante destacar en el pensamiento teórico del Che, la centralidad de la economía política, rasgo que lo sitúa en la más estricta tradición marxista. La lectural de Monereo mostraría este carácter. En este sentido, diversos temas tratados por el Che parecerían mantener plena vigencia, a saber:

—El capitalismo como un orden económico basado fundamentalmente en la ley del valor, el mercado y la explotación. Nuestros tiempos de mercado total y explotación global confirmarían esta interpretación.

—Una economía socialista alternativa basada en la regulación democrática de los procesos económicos, la socialización de la producción y las prioridades sociales del desarrollo. Las experiencias del socialismo real y las contradicciones del capitalismo actual sostendrían esta alternativa. Vale observar en este punto que las propuestas del Che tendrían que ser matizadas de cualquier pretensión de un plan total y de cualquier simplificación de la problemática del desarrollo.

—La dependencia económica como un rasgo inseparable de la mayor parte de las sociedades del planeta. Las tendencias contemporáneas no solo estarían reforzando esta condición sino agravándolas con tendencias a la marginalización.

—La centralidad del desarrollo científico técnico en cualquier estrategia de desarrollo capitalista o socialista, central o periférica. La revolución científico-técnica en curso haría mas patente esta condición del desarrollo

—La eficiencia económica, vista como un componente de la eficiencia del sistema social y por ende como un componente de otras resultantes políticas, sociales y culturales. Hoy habría que incluir la resultante ecológica, de manera que la economía deba garantizar no tan solo la subsistencia sino la vida plena.

Otro tema del Che que ya no pareciera tan actual, es el del socialismo, el que si bien puede no ser una alternativa táctica al capitalismo dominante en este comienzo de siglo, sigue siendo la alternativa ética y teórica al mismo. Esta alternativa se presenta inseparable de la superación de las experiencias de los socialismos históricos, así como de la creación de nuevas concepciones de transición socialista. En este tema, la lectura que nos presenta Monereo revela la trascendente aunque inacabada crítica del Che al socialismo real, así como sus concepciones sobre las exigencias de una transición orientada al comunismo. Quizás lo más relevante en esta concepción del socialismo del Che sea la recuperación de la centralidad del hombre en el proyecto socialista y el rescate de la tradición humanista del marxismo.

También resalta en el pensamiento guevariano la centralidad de la política en su concepción de la transición socialista. En ella se hizo patente la influencia leninista con sus nociones de vanguardia organizada, partido, dictadura del proletariado, etc. En este tema, si bien se reveló la sensibilidad democrática del Che en su reclamo de un orden social igualitario y un sistema político que incluyese la participación, el debate, la desburocratización, etc., le faltó, como bien apunta Monereo, un tratamiento del tema de la democracia con la centralidad que le correspondería a una alternativa al capitalismo, como era obligado en cualquier superación de las experiencias socialistas y como se imponía en la evolución de la conciencia universal contemporánea. Queda sin embargo en pie la actualidad de su crítica a una democracia burguesa basada en la explotación, la desigualdad y la enajenación.

La cuestión democrática aparece implícita en otro tema central en el pensamiento maduro del Che, particularmente desarrollado en su ultimo texto de reflexión, El Socialismo y el Hombre en Cuba, pero presente a lo largo de un gran número de sus es critos; nos referimos al tema de la creación de un “Hombre nue vo” como condición y garantía de una sociedad comunista, tema que en parte entronca a su pensamiento con toda la tradición utópica. Solo una sociedad revolucionada puede crear un hombre nuevo, pero ésta es una condición necesaria pero no suficiente. Ese hombre nuevo ha de ser el resultado de un proceso consciente, dirigido y siempre inacabado. La actualidad de este tema se hace patente frente a las tendencias de las sociedades actuales a reforzar el individualismo, la despolitización, la pasividad y el consumismo.

Un último tema a mencionar es el de la conciencia o de la subjetividad en el Che, emparentado con los actuales temas de la re levancia de los factores subjetivos en el proceso social, así como en el papel de los sujetos sociales en la conservación y el cambio del orden existente.

Es conocida la importancia que el Che concedía a la conciencia socializada en la creación de una nueva sociedad alternativa a la del capitalismo y al dominio de la ideología burguesa2. Se trataba de nuevos contenidos de conciencia —capital simbólico diría Bourdieu— integrada por valores y normas fundantes de una ética y una cultura de la igualdad y la solidaridad. Esta nueva conciencia, de los dirigentes y de las masas, debía ser el fundamento de hombres nuevos y de una nueva sociedad. En palabras del Che, el socialismo debe ser “!un hecho de conciencia” y es también “una moral revolucionaria”.

Esa conciencia debía ser un parte de aguas entre dos lógicas: la lógica asentada sobre intereses individuales y la lógica fundada en los intereses colectivos.

Para el Che los procesos de transición al socialismo debían ser conducidos y sustentados por una conciencia revolucionaria de los fines y los medios. El internacionalismo sería un componente inseparable de esta conciencia. La lectura de Monereo contribuye a esclarecer la unidad conceptual que alcanza en Che su concepción del hombre, del sujeto revolucionario y de la conciencia socialista.

3. LEER AL CHE EN ESTOS TIEMPOS

El texto precedente es a la vez una aguda lectura y una invitación a leer al Che. Monereo ha leído al Che desde estos años y para estos tiempos. Alguien ha levantado la incógnita de cual sería su pensamiento frente a los problemas actuales. Se trata de una pregunta superflua pero no sin sentido, si como creo, nos hallamos en un escenario peor que el de los años sesenta en la perspectiva del Che, a saber:

—Los procesos sociales se han “globalizado” y estos se hallan bajo el dominio de políticas neoliberales.

—El sistema internacional ha perdido su correlación de fuerzas y se encuentra hegemonizado por los Estados Unidos como única superpotencia económica y militar.

—La desigualdad entre el centro y la periferia del sistema mundial se ha agravado en todas sus consecuencias.

—Las experiencias anticapitalistas han quedado reducidas a unos pocos países atrasados.

—El movimiento popular y revolucionario se halla en pleno reflujo. El capital se halla en una nueva fase de dominación hegemónica.

—América Latina ha visto deteriorarse aun más su situación social y acrecentarse su dependencia en condiciones de alta desmovilización social y política y del dominio hegemónico de las fracciones transnacionalizadas.

—Se ha impuesto un pensamiento único basado en la uniformidad cultural, valores neoliberales y la falta de alternativas.

—La expansión del capitalismo y sus secuelas ha dado lugar a una crisis ecológica de magnitud planetaria.

Este escenario va dejando como única salida una alternativa revolucionaria cuya conciencia se impondría más temprano que tarde. A ello contribuirán las potencialidades de cambio presentes en las nuevas condiciones, tales como el surgimiento de un sujeto revolucionario complejo; la formación de una cultura emancipatoria en la que se unifiquen el conjunto de las reivindicaciones sociales; el impacto y la potencialidad del desarrollo científico-técnico; los procesos de interconexión e interdepen den cia que conlleva la globalización; el surgimiento de un nuevo internacionalismo, etc. En ese momento revolucionario y frente a los nue vos escenarios de transición la voz del Che alcanzará toda su re sonancia.

Mientras llegue la gran transformación, leer al Che será útil y necesario para las nuevas generaciones de esa “inmensa humanidad”, para los revolucionarios de todas las latitudes y para a los soñadores de un mundo mejor. Con él aprenderemos que donde aún no tiene lugar la utopía siempre es posible un quehacer utópico.

Pero desde ahora y hasta ese momento, hay algo mas que aprender en la lectura del Che y en el ejemplo de su vida, algo que encuentra en el cristianismo revolucionario mejor expresión que en el marxismo, y es la idea de compromiso. Como dice Löwy (1997) para el Che “la acción revolucionaria es inseparable de cier tos valores”, lo que sugiere que ciertos valores implican su rea lización, la necesidad de hacerlos reales. De cierta manera, el compromiso es tener que realizar los valores en los que creemos. Como él.

  • Notas:
  • 1. Quizás la excepción la tenemos en la obra de Roberto Massari: Che Guevara: Grandeza y Riesgo de la Utopía. 1993
  • 2. En la Cuarta Parte de su “Índice de un proyecto de Estudio…” la mayor parte de los problemas del socialismo se refieren a temas de la conciencia individual y colectiva. Cf. GUEVARA, 1998.

Epílogo al libro de M. Monereo. Con su propia cabeza. El socialismo en la obra y la vida del Che

El narcoclientelismo en el PS

por Ibán de Rementería//

La narcopolítica es una astuta elaboración informativa que sirve para dar explicaciones simples a procesos de poder complejos. Esa idea parte de un principio falso según el cual es la oferta de drogas la que dinamiza el mercado y es la causante de la demanda por ellas, por lo tanto es la oferta de esas sustancias gestionada por los narcotraficantes la responsable de los graves problemas sanitarios, sociales, criminales y políticos que el mercado ilícito de drogas causa en el mundo actual. Para controlar lo anterior los estados con la finalidad encomiable de proteger la salud mental y espiritual de la humanidad (Convenciones de la NNUU) le han declarado  la guerra al narcotráfico, lo cual es conocido como “la guerra de las drogas”, guerra que ha causado varias veces más muertes que el consumo de drogas, mayoritariamente entre personas que no eran ni narcotraficantes, ni agentes de la ley, ni consumidores. Seguir leyendo El narcoclientelismo en el PS

Ante el cadáver del “Che” Guevara, el reportaje de la AFP en 1967

El 10 de octubre de 1967, un día después de su muerte, el cuerpo del guerrillero argentino Ernesto “Che” Guevara se expuso en una morgue improvisada en Vallegrande, en el sur de Bolivia, donde intentó lanzar una nueva revolución.

Marc Hutten, fotógrafo de la AFP, fue uno de los pocos periodistas extranjeros testigos de esta escena. Sus fotografías en color del cadáver del mítico compañero de armas de Fidel Castro dieron la vuelta al mundo.

El ejército boliviano afirmó en aquel entonces que el “Che” murió a causa de sus heridas. Más tarde se sabría que fue ejecutado tras haber sido hecho prisionero.

Marc Hutten falleció en 2012. Sólo un puñado de sus fotografías de ese reportaje figuran aún en los archivos de la AFP.

A continuación, la histórica escena ocurrida hace 50 años, tal y como la describió en una de sus notas, difundida el 11 de octubre de 1967:

Ante el cuerpo de “Ramón”

VALLEGRANDE (Bolivia), 11 octubre 1967 (AFP) – (Del enviado especial de la AFP: Marc Hutten)

Ayer por la tarde vi el cuerpo, acribillado de balas y sin vida, de un guerrillero apodado “Ramón”, el supuesto nombre de guerra de Ernesto “Che” Guevara.

Fuimos una treintena de periodistas, entre los cuales solo había tres corresponsales de prensa extranjeros, los que acudimos a Vallegrande, un pueblo somnoliento bajo la canícula del sureste boliviano, para constatar allí la muerte del más prestigioso de los guerrilleros.

Foto de archivo tomada por el periodista de la AFP Marc Hutten, con el guerrillero Ernesto “Che” Guevara, el 10 de octubre de 1967 en el pueblo de Vallegrande en Bolivia© AFP/Archivos MARC HUTTEN

Tras descender de las alturas brumosas del aeródromo militar de La Paz (4.100 metros), nuestro “Dakota” se posó en Vallegrande a la hora de la siesta. En el otro extremo del pueblo de calles desiertas, una verja ante la que estaban parados medio centenar de curiosos daba acceso a un terreno al final del cual se levantaba, en una ladera, una morgue improvisada en un antiguo establo. Unos gallardos oficiales y algunos soldados armados nos recibieron.

El cadáver de un hombre barbudo, de pelo largo y vestido únicamente con un pantalón verde oliva, yacía en una camilla puesta sobre un fregadero de cemento. Un olor a formol flotaba por encima del cuerpo acribillado a balazos y desangrado, cerca del cual habían tirado otros dos cadáveres en el suelo. Los oficiales encargados de disipar cada una de nuestras eventuales objeciones sobre la identidad de “Ramón” se empeñaban en señalar el parecido, rasgo por rasgo, del cadáver con el guerrillero. No hay duda posible, nos decían: las huellas digitales del cadáver corresponden con las de Guevara.

“Ramón” fue herido mortalmente en la batalla del domingo pasado, a unos kilómetros de La Higuera, cerca de Vallegrande. Falleció a causa de sus heridas a primera hora del lunes. “No fue rematado”, precisó el coronel Arnaldo Saucedo, comandante del segundo batallón de ‘rangers’ que opera en este sector.

“Soy el Che Guevara, he fracasado”, habría murmurado, dirigiéndose a los soldados que lo habían hecho prisionero. Eso es al menos lo que afirma el general Alfredo Ovando, comandante en jefe de las fuerzas armadas bolivianas. Al ser preguntado al respecto poco antes, en una rueda de prensa, el coronel Saucedo declaró sin embargo que “Ramón” no había recobrado el conocimiento en ningún momento.

Un periodista coloca el 30 de septiembre de 2017 en el lugar donde había sido expuesto, en Vallegrande, Bolivia, el cuerpo de Ernesto “Che” Guevara una foto tomada de ese instante, 30 años antes© AFP AIZAR RALDES

Los periodistas que se arremolinan alrededor de la morgue, incluyendo fotógrafos y camarógrafos, daban muestras de una mezcla de estupefacción e incredulidad. El error en la identificación parecería ser, sin embargo, imposible.

Un colega boliviano me dice: “Vallegrande acaba de entrar en la historia revolucionaria de América del Sur”.

A los pies del cadáver de “Ramón”, otros dos guerrilleros yacen en el suelo. Se trataría de los cuerpos de “El Chino”, un peruano, y de “El Moro”, un médico cubano. Otros dos cadáveres, al parecer de bolivianos, todavía no fueron identificados definitivamente.

El coronel Saucedo, que ofrece una rueda de prensa tras la presentación de los cadáveres, afirma que solo quedan nueve guerrilleros en todo el sureste boliviano y que ya no quedan focos de insurrección. Atlético y con bigote negro, habla de pie bajo la imagen pía que decora una de las paredes de la sala del hotel en la que nos hemos reunido.

Un militar estadounidense asiste a esta conferencia. No lleva ninguna insignia pero su estatura, su tez rubicunda y su uniforme de campaña traicionan su nacionalidad. Lo abordo para interrogarlo en inglés. Se vuelve hacia un soldado boliviano para preguntarle, en español, qué queremos. Dirigiéndose a mí, añade: “no comprendo…” y se va de allí. Al ser preguntado, el coronel Saucedo me dice: “Sí, es un militar estadounidense, un instructor del centro de Santa Cruz. Vino aquí como observador. Ningún ‘boina verde’ estadounidense participa en las operaciones militares en Bolivia”.

‘Dejó un diario’

Una lista de 33 guerrilleros, incluyendo más de una decena de cubanos, abatidos desde que comenzaran las hostilidades el pasado 23 de marzo, se ha publicada en Vallegrande.

El general Ovando lleva a la guerrilla boliviana a proporciones tan reducidas como inesperadas, afirmando que sus efectivos nunca pasaron de los alrededor de 60 hombres.

Ernesto “Che” Guevara© AFP Anella RETA

“La aventura de la guerrilla ha terminado”, afirma. “Como toda aventura descabellada debe terminar. Su fracaso se debe a la ausencia de cualquier apoyo popular y a la aridez del terreno elegido”. Y agrega: “enterraremos a Guevara aquí mismo, en Vallegrande”.

El guerrillero “Ramón” habrá encontrado la muerte en el fondo de un valle estrecho, al término de una batalla encarnizada, de cuerpo a cuerpo o casi: las nueve balas que lo alcanzaron fueron disparadas a 50 metros de distancia.

Dejó un diario, cuya escritura, que llena una agenda alemana del 7 de noviembre del 1966 al 7 de octubre del 1967 -11 meses exactamente- no deja lugar a dudas, dicen, sobre la identidad del autor. Allí se encuentre una frase “irrefutable” para Régis Debray*: “Se le encargó una misión a cuenta de la guerrilla…”.

AFP

* El escritor francés Régis Debray, que se enroló junto al Che Guevara, fue encarcelado y juzgado en Bolivia en 1967, acusado de haber participado en enfrentamientos que dejaron 18 muertos en las filas del ejército boliviano.

Nobel de Literatura 2017: Kazuo Ishiguro, un autor clásico, pero no tradicional

por Cristina Papaleo//

Silencio en un salón lleno de periodistas. Es la antesala al anuncio del Premio Nobel de Literatura 2017. Este Nobel ya venía dando mucho que hablar desde que en 2016 los dioses del Olimpo sueco posaron su dedo sobre el cantautor estadounidense Bob Dylan. «Asombro” no es una palabra que describa del todo lo que causó esa premiación en el mundo de las letras y también fuera de él. Seguir leyendo Nobel de Literatura 2017: Kazuo Ishiguro, un autor clásico, pero no tradicional

El proyecto de reforma previsional de Bachelet busca proteger los intereses del sistema bancario

por Gustavo Burgos y Manuel Briones//

La reforma de pensiones del actual gobierno, propone un Consejo de Ahorro Colectivo, como órgano encargado de administrar los fondos provenientes del 5% de cotizaciones[i] destinadas al aporte intergeneracional[ii], bono compensatorio mujeres[iii], y al aporte intra generacional[iv]. Seguir leyendo El proyecto de reforma previsional de Bachelet busca proteger los intereses del sistema bancario

Istvan Mészáros: Alternativa al parlamentarismo

La irrealidad de postular la solución sostenible de los graves problemas de nuestro orden social en el marco formal/legal, y sus correspondientes límites, de la política parlamentaria se deriva de una concepción fundamentalmente errónea sobre las determinaciones estructurales del dominio del capital, tal como son presentadas en todas las variantes teóricas que afirman el dualismo sociedad civil-estado político.

La dificultad, insalvable en los marcos parlamentarios, radica en que como el capital controla realmente todos los aspectos vitales del metabolismo social, puede permitirse definir la esfera separadamente constituida de la legitimación política como un asunto estrictamente formal/legal, excluyendo así necesariamente la posibilidad de ser legítimamente impugnado por la política parlamentaria en la esfera sustantiva del funcionamiento de la reproducción socioeconómica. Directa o indirectamente, el capital lo controla todo, incluido el proceso legislative parlamentario, aun cuando muchas teorías que hipostasian ficticiamente la “igualdad democrática” de todas las fuerzas políticas que participan en el proceso legislativo plantean que este último es totalmente independiente del capital. Para imaginar una relación muy diferente con los poderes encargados de la toma de decisiones en nuestras sociedades, ahora completamente dominados por las fuerzas del capital en todos los terrenos, es necesario enfrentar radicalmente al capital mismo en tanto controlador general de la reproducción del metabolismo social.

Lo que les dificulta aún más el problema a quienes aspiran a un cambio significativo en los márgenes del sistema político establecido es que este puede reclamar para sí una genuina legitimidad constitucional de su actual modo de funcionamiento, sobre la base de la inversión históricamente constituida del estado real de cosas en la esfera de la reproducción material. Porque en tanto el capitalista no es sólo la “personificación del capital”, sino que funciona simultáneamente “como la personificación del carácter social del trabajo, del taller total en cuanto tal ”, el sistema puede afirmar que representa el vitalmente necesario poder productivo de la sociedad con respecto a los individuos, como la base de la continuada existencia de estos, al incorporar el interés general.

De esa forma, el capital se afirma no sólo como el poder de facto de la sociedad, sino también como su poder de jure, en su capacidad de condición necesaria objetivamente dada de la reproducción de la sociedad y, por tanto, de basamento constitucional de su propio orden político.

La incómoda verdad de que la legitimidad constitucional del capital se funda históricamente en la despiadada expropiación a los productores de las condiciones de reproducción del metabolismo social —los medios y materiales de trabajo—y de que, por tanto, la declarada “constitucionalidad” del capital (al igual que el origen de la mayoría de las constituciones) es inconstitucional, se desvanece entre las brumas de un pasado remoto. Las “poderes productivos sociales del trabajo o poderes productivos del trabajo social comenzaron a desarrollarse históricamente con el modo de producción específicamente capitalista, de ahí que parezcan algo inmanente a la relación del capital e inseparable de ella.”

Es así como el modo de reproducción del metabolismo social del capital se eterniza y legitima como sistema lícitamente inimpugnable. La contienda sólo se admite como legítima en relación con algunos aspectos menores de una estructura general inalterable. El verdadero estado de cosas en el plano de la reproducción socioeconomic —esto es, el poder productivo realmente ejercido del trabajo y la absoluta necesidad de él para garantizar la reproducción del capital— se oculta a todas las miradas. Ello ocurre en parte debido a la ignorancia del difícilmente legitimable origen histórico de la “acumulación originaria” del capital y de la expropiación concomitante de la propiedad, a menudo violenta, como precondición del actual modo de funcionamiento del sistema; y en parte debido a la naturaleza mistificadora de las relaciones de producción y distribución establecidas. Porque “las condiciones de trabajo objetivas no parecen subsumidas bajo el trabajador, sino que es este el que parece subsumido bajo ellas.

Protesta en Berlín oeste en 1969. Movimiento Oposición extraparlamentaria.

El capital emplea al trabajo. Incluso esta relación en su simplicidad es una personificación de cosas y una cosificación de personas”. Nada en esta relación puede ser enfrentado y remediado en el marco de la reforma política parlamentaria. Sería absurdo esperar la abolición de la “personificación de cosas y la cosificación de personas” mediante un decreto político, e igualmente absurdo pensar que podría producirse la proclamación de semejante reforma en el marco de las instituciones políticas del capital. El sistema del capital no puede funcionar sin esa perversa inversión de la relación entre personas y cosas: los poderes alienados y cosificados del capital, que dominan a las masas.

De modo similar, sería un milagro que los trabajadores que enfrentan al capital en el proceso de trabajo como “trabajadores aislados” pudieran reapropiarse del mando sobre los poderes productivos sociales de su trabajo mediante un decreto político, o incluso mediante toda una serie de reformas parlamentarias aprobadas en el seno del orden de control del metabolismo social del capital. Porque en estos asuntos no hay forma de evadir el conflicto inconciliable en torno a los intereses materiales.

 El capital no puede cederle sus poderes productivos sociales -usurpados- al trabajo, ni puede compartirlos con el trabajo mediante un “compromiso político” anhelado, pero completamente ficticio. Esos poderes, que adoptan la forma del “dominio de la riqueza sobre la sociedad ” constituyen el poder que controla de manera general la reproducción social. De ahí que sea imposible escapar, en el terreno del metabolismo social fundamental, a la rigurosa lógica de ese conflicto inconciliable. Porque o bien la riqueza, en forma de capital, sigue reinando sobre la sociedad humana y la lleva al borde de la autodestrucción, o la sociedad de productores asociados aprende a reinar sobre la riqueza alienada y cosificada con los poderes productivos surgidos del trabajo social autodeterminado de sus miembros individuales, pero ya no aislados.

El capital es la fuerza extraparlamentaria por excelencia y su control del metabolismo social no puede ser políticamente restringido por el  parlamento. Esa es la razón de que el único modo de representación política compatible con el modo de funcionamiento del capital sea el que niegue efectivamente la posibilidad de disputarle su poder material. Y precisamente porque el capital es la fuerza extraparlamentaria por excelencia, no tiene nada que temer de las reformas que puedan ser aprobadas en el seno de su marco político parlamentario. Dado que el asunto vital en torno al cual todo gira es que “las condiciones de trabajo objetivas no parecen subsumidas bajo el trabajador”, sino que, por el contrario, “este parece subsumido bajo ellas”, ningún cambio significativo es factible sin abordar esta cuestión, tanto con una forma de política capaz de enfrentarse a los poderes extraparlamentarios del capital y sus modos de acción, como en el terreno de la reproducción material.

Por tanto, el único enfrentamiento que podría afectar de manera sostenible al poder del capital sería el que tuviera como objetivos, simultáneamente, asumir las funciones productivas claves del sistema y hacerse con el control de los procesos correspondientes de toma de decisiones políticas en todas las esferas, en vez de verse fatalmente constreñido por el cerco que limita la acción política institucionalmente legitimada a la legislación parlamentaria.

Se critica mucho -y con razón- en las discusiones políticas de las últimas décadas a personajes políticos que otrora fueran de izquierda y a sus partidos, ahora plenamente adaptados. Sin embargo, lo que resulta problemático de esos debates es que al subrayar exageradamente el papel desempeñado por la ambición y el fracaso personales, a menudo siguen partiendo de que se puede remediar la situación en el mismo marco político institucional que, en realidad, favorece sobremanera las criticadas “traiciones personales” y las dolorosas “desviaciones partidarias”. Lamentablemente, los recambios de personal y de gobierno por los que se aboga y que se ansían tienden a reproducir los mismos resultados deplorables.

Todo ello no debería resultar demasiado sorprendente. La razón por la cual las instituciones políticas establecidas resisten con éxito intentos significativos de mejora es que ellas mismas forman parte del problema y no de la solución. En su naturaleza inmanente son la encarnación de las determinaciones y contradicciones estructurales subyacentes mediante las cuales el estado capitalista moderno -con su ubicua red de elementos burocráticos- se ha articulado y estabilizado en el curso de los últimos cuatrocientos años.

Naturalmente, el estado no fue un resultado mecánico y unilateral, sino que se formó en interrelación recíproca y necesaria con el sustrato material del despliegue histórico del capitalismo: no sólo se vio moldeado por este último, sino que también lo moldeó activamente tanto como fue históricamente factible en las circunstancias prevalecientes (que también eran cambiantes, precisamente gracias a esa interrelación). Dada la determinación insalvablemente centrífuga del microcosmos productivo del capital, incluso en el nivel de las gigantescas empresas transnacionales casi monopolistas, sólo el estado moderno pudo asumir y cumplir la función requerida de ser la estructura de mando general del sistema del capital.

Ello implicó, inevitablemente, enajenar por completo de los productores el poder general de toma de decisiones. Hasta las “personificaciones particulares del capital” tenían (y tienen) un estricto mandato de actuar de acuerdo con los imperativos estructurales de su sistema. De hecho, el estado moderno, tal como se constituyó sobre el sustrato material del sistema del capital, es el paradigma de la alienación en lo que se refiere a la toma de decisiones globales/totalizadoras. Por tanto, resultaría sumamente ingenuo imaginar que el estado capitalista podría cederle voluntariamente los poderes alienados de toma de decisiones sistémicas a un actor rival que opera en los marcos legislativos del parlamento.

De ahí que para imaginar un cambio significativo e históricamente sostenible de la sociedad sea necesario someter a una crítica radical las interdeterminaciones de la reproducción material y la política de todo el sistema, y no sencillamente algunas de sus prácticas políticas contingentes y limitadas. La totalidad combinada de las determinaciones de la reproducción material y la estructura política de mando omniabarcadora del estado constituyen, juntas, la realidad avasalladora del sistema del capital. En este sentido, y en vista de la inevitable cuestión que se deriva del enfrentamiento a determinaciones sistémicas en lo referido tanto a la reproducción socioeconómica como al estado, la necesidad de una transformación política integral —en estrecha conjunción con el ejercicio significativo de las funciones productivas vitales de la sociedad, sin el cual resulta inconcebible un cambio político de gran alcance y duradero— se torna inseparable del problema caracterizado como la extinción del estado. En consecuencia, en la tarea histórica de lograr “la extinción del estado”, la autogestión mediante la plena participación y la sustitución permanentemente sostenible del parlamentarismo por una forma positiva de toma de decisiones sustantivas son inseparables.

Este es un asunto vital y no “una lealtad romántica al sueño irrealizable de Marx”, frase con la cual algunos tratan de desacreditarlo y descartarlo. En realidad, la “extinción del estado” no se refiere a algo misterioso y remoto, sino a un proceso perfectamente tangible que debe comenzar en nuestro tiempo histórico. Significa, en lenguaje llano, la progresiva reasunción de los poderes alienados de toma de decisiones políticas por parte de los individuos en su empresa de avanzar hacia una sociedad genuinamente socialista. Sin la reasunción de esos poderes —a la que se opone no sólo el estado capitalista, sino también la inercia paralizante de las prácticas de la reproducción material estructuralmente enraizadas— no son concebibles ni el nuevo modo de control político de la sociedad como un todo por sus miembros individuales, ni el funcionamiento cotidiano no confrontativo y por ello cohesivo/planificable de las unidades de producción y distribución por los productores libre y autogestionariamente asociados.

Superar radicalmente la confrontatividad, y garantizar así el sustrato material y político para la planificación globalmente viable  –un requisito imprescindible para la sobrevivencia misma de la humanidad, para no mencionar la potencialmente enriquecida autorrealización de sus miembros individuals- son sinónimos de la extinción del estado como empresa histórica actual.

Alternativa al parlamentarismo

Con Hugo Chávez en la entrega del Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2008

Obviamente, una transformación de esa magnitud no puede lograrse sin la dedicación consciente de un movimiento revolucionario a la tarea histórica más desafiante de todas, que debe ser sostenida contra toda adversidad, dado que sin duda despertará la feroz hostilidad de todas las fuerzas fundamentales del sistema del capital. Es por esa razón que el movimiento en cuestión no puede ser simplemente un partido político orientado hacia el logro de concesiones parlamentarias que, por lo general, resultan anuladas tarde o temprano por los intereses creados extraparlamentarios del orden establecido, que prevalecen también en el parlamento. El movimiento socialista no tiene posibilidad alguna de vencer frente a la hostilidad de esas fuerzas a menos que se rearticule como movimiento revolucionario de masas, conscientemente activo en todas las formas de lucha política y social: local, nacional y global/internacional. Un movimiento revolucionario de masas capaz de utilizar a plenitud las oportunidades parlamentarias cuando se presentan, por más limitadas que sean en las actuales circunstancias, y, sobre todo, que no se amedrente ante el planteamiento de las necesarias demandas de acción extraparlamentaria retadora.

El desarrollo de este movimiento en la presente coyuntura histórica es muy importante para el futuro de la humanidad. Sin una disputa extraparlamentaria sostenida y estratégicamente orientada, los partidos que se alternan ahora en el gobierno pueden seguir funcionando como convenientes coartadas recíprocas ante el fracaso estructuralmente inevitable del sistema en lo que toca al trabajo, restringiendo así efectivamente el papel de la oposición de clase a su situación actual de inconveniente pero marginable añadido tardío al sistema parlamentario del capital. Por ende, tanto en lo que toca al terreno de la reproducción material como al político, la constitución de un movimiento socialista de masas extraparlamentario viable —en conjunción con las formas tradicionales de organización política del trabajo, en la actualidad terriblemente desencaminadas y perentoriamente necesitadas de la presión y el apoyo radicalizadores de tales fuerzas extraparlamentarias— es una precondición vital para enfrentar con éxito el enorme poder extraparlamentario del capital.

El movimiento revolucionario extraparlamentario debe cumplir un objetivo doble. Por un lado, tiene que formular y defender organizativamente los intereses estratégicos del trabajo como alternativa de metabolismo social históricamente viable. El logro de ese objetivo sólo es factible si las fuerzas organizadas del trabajo enfrentan conscientemente y niegan con fuerza en términos prácticos las determinaciones estructurales del orden de reproducción material establecido, tal como se manifiestan en la relación del capital y en la concomitante subordinación del trabajo en el proceso socioeconómico, en vez de contribuir con más o menos complicidad a reestabilizar el capital en crisis, como ha ocurrido invariablemente en importantes coyunturas del pasado reformista. Por otro lado, el poder político abierto u oculto del capital que ahora impera en el parlamento debe y puede ser enfrentado —incluso si en la actualidad es sólo en un grado limitado— mediante la presión que las formas de acción extraparlamentaria pueden ejercer sobre el legislativo y el ejecutivo.

La acción extraparlamentaria sólo puede ser efectiva si aborda conscientemente los aspectos centrales y las determinaciones sistémicas del capital, abriéndose paso entre la espesa maraña de apariencias fetichistas mediante las cuales este domina la sociedad. Porque el orden establecido hace valer materialmente su poder sobre todo en y mediante la relación del capital, perpetuada sobre la base de la inversión mistificadora de la relación productiva real entre las clases hegemónicas alternativas en la sociedad capitalista.

Como ya se mencionó, esta inversión le permite al capital usurpar el papel de “productor”, que, para decirlo con palabras de Marx, “emplea al trabajo”, gracias a la desconcertante “personificación de cosas y consificación de personas” y, por tanto, legitimarse como precondición inalterable para lograr el “interés general”. Como el concepto de “interés general” es realmente importante, aun si ahora se utiliza de manera fraudulenta para camuflar la total negación de su sustancia a la abrumadora mayoría de las personas mediante la farsa formal/legal de “la justicia y la igualdad”, no puede existir alternativa significativa e históricamente sostenible al orden social establecido sin una superación radical de la omniabarcadora relación del capital misma.

Esta es una demanda sistémica imposible de posponer. Los socialistas pueden y deben abogar por demandas parciales si estas tienen un impacto directo o indirecto en la demanda absolutamente fundamental de superar la relación del capital, que está en el centro mismo de la cuestión. Esta demanda es muy distinta a lo que los fieles ideólogos y figuras del capital políticamente destacadas les permiten hoy a las fuerzas de oposición. Su criterio fundamental para impedir toda posibilidad de aprobación incluso de importantes demandas parciales del trabajo es, precisamente, que pueden afectar negativamente a la estabilidad del sistema.

De ahí, por ejemplo, que hasta la “acción industrial políticamente motivada” local se excluya categóricamente (y hasta se ilegalice) en “una sociedad democrática”, porque su realización podría tener consecuencias negativas para el normal funcionamiento del sistema. Por el contrario, el papel de los partidos reformistas resulta bienvenido, porque sus demandas contribuyen a reestabilizar el sistema en tiempos difíciles, mediante la intervención industrial dirigida a la reducción de los salarios (con el eslogan de la “necesidad de apretarse el cinturón”) y los acuerdos políticos/legislativos encaminados a frenar a los sindicatos. Por tanto, sus demandas contribuyen a la dinámica de una renovada expansión del capital, o son al menos “neutrales” en el sentido de que en algún momento futuro, aun si no es a la hora en que se formulen originalmente, pueden integrarse en el marco estipulado de la normalidad.

La negación revolucionaria del sistema del capital sólo es concebible mediante una intervención organizativa estratégicamente sostenida y consciente. Si bien el rechazo sectario y tendenciosamente unilateral al “espontaneísmo” debe ser criticado como merece, no es menos dañino subestimar la importancia de la conciencia revolucionaria y los requerimientos organizativos necesarios para su triunfo. El fracaso histórico de algunos partidos importantes de la Tercera Internacional que otrora profesaran objetivos leninistas y revolucionarios, como los partidos comunistas francés e italiano antes mencionados, no debe desviar nuestra atención de la importancia de recrear sobre un suelo mucho más seguro las organizaciones políticas gracias a las cuales se podrá lograr en el futuro la vital transformación socialista de nuestras sociedades. Evidentemente, una vigorosa reevaluación crítica de los fracasos forma parte importante de este proceso de renovación. Lo que ya resulta sumamente claro es que el deslizamiento desintegrador de esos partidos por la resbalosa pendiente del entrampamiento parlamentario constituye una importante lección para el futuro.

Hoy en día sólo son factibles dos modos de control integral del metabolismo social: el orden reproductivo explotador de la clase del capital —impuesto a cualquier costo por “las personificaciones del capital”— que defraudó miserablemente a la humanidad y la ha llevado en nuestros tiempos al borde de la autodestrucción. Y el otro, diametralmente opuesto al establecido: la alternativa hegemónica del metabolismo social del trabajo. Una sociedad dirigida por los individuos sociales sobre la base de una igualdad sustantiva que les permita desarrollar plenamente sus potencialidades productivas humanas e intelectuales, en armonía con los requerimientos metabólicos de la naturaleza, en vez de empeñarse en la destrucción de la naturaleza y, por ende, de sí mismos, como el incontrolable control metabólico social del capital está enfrascado en hacer en estos momentos.

Es por eso que en las actuales condiciones de crisis estructural del capital nada que no sea la alternativa hegemónica integral al dominio del capital —entendida como la complementariedad dialéctica de demandas inmediatas particulares, pero no marginables, y objetivos globales de transformación sistémica— puede constituir el programa válido del movimiento revolucionario organizado y consciente en todo el mundo.

La crisis de este orden social nunca ha sido mayor que en nuestros tiempos. Su solución es inconcebible sin la intervención sostenida de la política revolucionaria en una escala adecuada. El orden dominante no es capaz de manejar sus asuntos, en las condiciones de una crisis estructural que se profundiza, sin adoptar medidas autoritarias cada vez más represivas contra las fuerzas que se oponen a las tendencias destructivas del desarrollo, y sin que las potencias imperialistas dominantes se involucren en lo que ya son aventuras militares genocidas. Sería la mayor de las quimeras imaginar que un orden socioeconómico y político de este tipo puede ser reformado para favorecer al trabajo, cuando se opuso firmemente a todos los cambios significativos por los que abogó el movimiento reformista durante su larga historia. En la actualidad, el margen de ajustes adaptativos se ha estrechado, dada la incontrolable interrelación global de las contradicciones y los antagonismos del capital. (…)

Sin la adopción de una perspectiva socialista internacional viable, el movimiento obrero no podrá acumular las fuerzas que tanto necesita. A este respecto, la reevaluación crítica de la historia de las Internacionales del pasado no es menos importante que la crítica radical a la “vía parlamentaria al socialismo”. De hecho, las promesas incumplidas de esos dos enfoques estratégicos están estrechamente vinculadas. En el pasado, la incapacidad para poner en práctica las necesarias condiciones de éxito de una de ellas afectó profundamente las perspectivas de la otra y viceversa. Por un lado, sin un movimiento socialista internacional fuerte y resuelto no había

ninguna posibilidad de lograr que la perspectiva socialista prevaleciera en los parlamentos nacionales. Por el otro, el abrumador dominio del capital en el entorno nacional, y la subsiguiente adaptación de un trabajo sumamente mal organizado en el nivel internacional a las restricciones parlamentarias y las tentaciones nacionalistas (clamorosamente puestas de relieve por la capitulación de los partidos socialdemócratas ante sus burguesías nacionales al estallar la Primera Guerra Mundial), impidieron que las Internacionales radicales se convirtieran en una fuerza cohesionadora y estratégicamente efectiva.

Por tanto, la triste historia de las Internacionales radicales no fue de ningún modo accidental. Estuvo asociada a su irrealista creencia en la necesidad de una unidad doctrinal, al tiempo que funcionaban en un marco político que le imponía a la abrumadora mayoría del movimiento obrero la necesidad de adaptaciones parlamentarias. De hecho, no resulta una falacia decir que la adopción de los dos enfoques estratégicos, uno al lado del otro, fue en el pasado mutuamente excluyente. En consecuencia, el necesario cambio futuro no es factible sin abordar críticamente los problemas de ambos. Sólo un movimiento revolucionario del trabajo consciente y consistentemente sostenido —que se afirme como la alternativa hegemónica al orden social del capital— podrá sortear estas dificultades.

Huelga decir que el movimiento revolucionario, organizado y consciente del trabajo no podrá mantenerse dentro del marco político restrictivo de un parlamento dominado por el poder extraparlamentario del capital. Ni logrará vencer si es una organización sectaria vuelta sobre sí misma. Podrá definirse exitosamente en virtud de dos principios orientadores vitales. El primero es la elaboración de su propio programa extraparlamentario orientado hacia los objetivos integrales de una alternativa hegemónica que garanticen una transformación sistémica fundamental. Y el segundo, igualmente importante en términos estratégicos organizativos, es su activa participación en la constitución del necesario movimiento de masas extraparlamentario, portador de la alternativa revolucionaria capaz de cambiar también  el proceso legislativo de modo cualitativo.

Ello representaría un paso importante en dirección a la extinción del estado. Solo mediante esos procesos organizativos en los que participen directamente también las grandes masas es posible imaginar la realización de la tarea histórica de instituir la alternativa hegemónica del trabajo, al servicio de la emancipación socialista omniabarcadora.

Fragmentos de dos apartados de Alternativa al parlamentarismo, del libro de István Mészáros.

Comunicado público desde la Cárcel de Angol:montaje solo tiene por objeto deslegitimar las reivindicaciones territoriales

Los prisioneros Políticos Mapuche recluidos en la cárcel de Angol, RODRIGO HUENCHULLAN CAYUL Y JAIME HUENCHULLAN CAYUL, detenidos en el contexto de la “operación huracán”, declaramos a la opinión pública nacional e internacional lo siguiente: Seguir leyendo Comunicado público desde la Cárcel de Angol:montaje solo tiene por objeto deslegitimar las reivindicaciones territoriales

Por qué todos los españoles deberían apoyar la revolución catalana

 

por El Robot Pescador//

En este artículo intentaremos exponer las razones por las que creemos que todos los ciudadanos españoles deberían apoyar el referéndum de autodeterminación en Cataluña y la rebelión popular que le rodea.

Como ustedes verán, las razones que se esgrimen, no tienen nada que ver con nacionalismo, independentismo o cuestiones de índole identitaria.

Lo que estamos viviendo, es una aparente “lucha de banderas”, que la mayoría de gente implicada vive como tal, pero que en realidad oculta algo más profundo.

Por esa razón, les pedimos que por unos instantes y mientras lean este artículo, dejen su bandera a un lado.

Ya la recuperarán después.


LA LUCHA CONTRA “EL RÉGIMEN”

Los lectores habituales de El Robot Pescador, habrán notado que en los últimos artículos en los que hemos tratado sobre el polémico tema del proceso independentista catalán, hemos hablado de las fuerzas que gobiernan España, refiriéndonos a ellas como “el Régimen”.

Cuando hablamos del RÉGIMEN, hacemos referencia a un conglomerado de poder que domina el país a su antojo, a través de una intrincada red de intereses.

El origen de este Régimen se remonta a la dictadura franquista (e incluso a mucho antes) e incluye a viejos poderes de la nobleza y la aristrocracia, la familia real, alto funcionariado del Estado de “carácter casi hereditario” que lleva manejando los mecanismos profundos del Estado desde hace décadas, y evidentemente, los altos poderes empresariales y financieros del país, encarnados en las empresas y grandes bancos del ÍBEX-35.

Esta red de poder, está por encima de los avatares políticos de España.

Son la ÉLITE DEL RÉGIMEN.

Ya estaban ahí durante el franquismo y siguen manteniendo exactamente la misma posición y el mismo poder durante la “democracia”.

La falsa socialista Gusana Díaz rendiendo pleitesia a uno de los amos del país (la presidenta del Banco de Santander) como corresponde a un buen esbirro del Régimen

Y eso es así porque básicamente fueron ellos los que dirigieron la falsaria transición española.

Esa transición “democrática” se produjo básicamente por una necesidad geoestratégica: debía construírse la Unión Europea, uno de los grandes proyectos de las élites mundiales para configurar la globalización, una UE inicialmente impulsada desde EEUU para obtener una Europa centralizada, sumisa y controlada en forma de gran colonia-mercado.

Pero para construir esa futura UE (con el paso previo del Mercado Común), era necesario eliminar las viejas dictaduras que había en el sur de Europa, básicamente por una cuestión cosmética. Las democracias avanzadas del norte de Europa no podían justificar un “hermanamiento” con dictaduras de corte fascista, que pronto quedarían obsoletas con la caída inminente del bloque soviético.
Así, a lo largo de los años 70, se permitió o se impulsó que cayeran las dictaduras en Grecia, Portugal y España.

Para realizar una transición política de una dictadura a una democracia en un país, hay dos opciones:

-La primera opción es cambiar el país de arriba abajo, eliminando a las élites que dominan el régimen dictatorial y empezando a partir de cero, lo que implicaría una revolución violenta o incluso una guerra civil para desalojar a los viejos poderes que dominan el Estado.

-La segunda opción es pactar con las élites que dominan el país para que sean ellas las que dirijan la transición; eso implica permitir a dichas élites que configuren a su gusto el “nuevo régimen democrático” para seguir manteniendo sus posiciones de privilegio, pero bajo una nueva apariencia, que permita la incorporación del país al nuevo marco geoestratégico.

Esto es lo que sucedió en España.

El heredero de Franco, el Rey Juan Carlos I, fue el encargado de encabezar simbólicamente la transición a la democracia simulada y se crearon líderes de nuevo cuño al servicio de los intereses norteamericanos, como el presunto socialista Felipe González, cuya primera misión en su servicio a los poderes externos que lo habían puesto como presidente, fue meter a España en la OTAN y posteriormente en la Comunidad Económica Europea.

Incluso se impulsaron “desde el poder”, supuestas revoluciones culturales (siempre indispensables en estos casos) que sirvieran de iconografía popular para que las masas pudieran “visualizar” el presunto cambio de régimen, como fue la “Movida Madrileña”.

Externamente hubo la apariencia de una transición hacia la democracia, pero en realidad, todo seguía igual: las Élites del Régimen seguían siendo las mismas y seguían manteniendo su misma cuota de poder.

Lo único que hizo falta fue reconfigurar, reestructurar, los escalafones inferiores de poder al servicio de estas élites, aquellos a los que podríamos calificar como los “lugartenientes” y los “esbirros”, para que se adecuaran a la nueva apariencia democrática del Régimen.

Jordi Pujol, jefe de un clan mafioso del Opus Dei; anti-independentista desde siempre. Este fiel esbirro al servicio del Régimen durante décadas, ha sido sacrificado por las Élites del Régimen cuando a éstas les ha convenido: el destino que merece una basura colaboracionista y traidora como él…aún esperamos a que lo metan en la cárcel…

Para ello se creó toda una nueva clase política (socialistas del PSOE al servicio del capital, ex-comunistas domados, sindicalistas apesebrados, nacionalistas regionales colaboracionistas, etc…), que permitiera montar el teatro de la democracia para mantener entretenidas y engañadas a las masas.

Si la corrupción moral más absoluta tuviera cara, sería la de esta basura humana

Evidentemente, estos lugartenientes mafiosos, se han estado peleando entre ellos por sus diversas cuotas de poder, es decir, por tener un pedazo de pastel más grande.

Las luchas políticas entre unos y otros han sido reales…pero siempre sin morder a las Élites del Régimen que lo dominaban todo y que eran, son y serán siempre sus AMOS.

Obviamente, todo este gran montaje, vino aderezado con la generación de toda una constelación de colaboradores del Régimen que chupan de éste en propio beneficio y que hacen todo lo que sea posible por mantenerlo en pie para no perder sus privilegios: intelectuales, académicos, periodistas, artistas, etc…

Aquí tienen a un magnífico grupo de paniaguados del Régimen, próximos a la mafia corrupta del PSOE, defendiendo con uñas y dientes ese Régimen que les ha permitido chupar del bote durante décadas.
Su manifiesto ha sido publicado en El País, el periódico portavoz de Bilderberg en España. Con eso ya se explica todo.

Cada uno con su presunta afiliación política o ideológica, pero todos defendiendo el Régimen que los alimenta.

Esto es el Régimen Español en la actualidad.

UNA METÁFORA PARA ENTENDERLO TODO

Si en España hay un ejemplo claro y diáfano de lo que es el Régimen, lo tenemos en el Grupo Planeta, propiedad de la familia Lara y que controla el imperio mediático Atresmedia.

El iniciador de este imperio mediático fue José Manuel Lara (después convertido en marqués del Pedroso), un “señor muy amable” alistado en el bando fascista durante la guerra civil, y concretamente bajo el mando del General Yagüe (apodado “el carnicero de Badajoz” por sus crímenes de guerra).

Lara entró en Barcelona como capitán de la Legión, donde se afincó, “haciendo fortuna”.

¿Y cómo la hizo? Pues bien, tras la guerra civil y enmedio de una brutal represión contra la población catalana en la que él colaboró muy activamente, este “gran hombre” se dedicó a robar a punta de pistola en las diferentes editoriales catalanas, llevándose la escasa materia primera para editar e imprimir, que tras el conflicto podía encontrarse. Con ello y con el apoyo de la dictadura, se erigió en jefe del Sindicado Vertical de Artes Gráficas, eliminando a la competencia y construyendo su imperio editorial.

Así fue como se erigió en una pieza importante de las Élites del Régimen.

Con la falsa transición a la Democracia, el poder mediático de ese Grupo Planeta levantado a través de la extorsión, no solo no disminuyó, sino que aumentó considerablemente, hasta el punto de convertirse en accionistas mayoritarios del Grupo Atresmedia, que controla dos de los grandes canales de TV del país: la Sexta y Antena 3.

La Sexta, es un canal que se presenta como “de izquierdas”, “progresista” y fervorosamente contrario al Partido Popular.

Del otro lado, tenemos a Antena 3, un canal mucho más conservador y que en su línea editorial, se muestra más próximo al Partido Popular.

Matias Prats, la gran cara de Antena 3. Hijo de Matías Prats Cañete, la voz del Régimen Franquista, voz del NO-DO y de las corridas de toros durante la dictadura….y como no, el hijo bien enchufado gracias a la falsa transición democrática

Y he aquí donde encontramos la gran metáfora de lo que es el Régimen en realidad.

Su auténtica naturaleza.

Ante nuestros ojos tenemos la apariencia de unas izquierdas y unas derechas enfrentadas políticamente, reflejadas en dos canales de televisión de masas aparentemente opuestos ideológicamente, que en realidad son propiedad de las mismas Élites del Régimen.

La mejor manera de visualizarlo, es imaginar a un titiritero que nos entretiene con los enfrentamientos y luchas de dos marionetas, una en cada mano.

Y debajo, ante el teatrillo, un grupo de niños gritando; nosotros, la población, la masa sometida e idiotizada, tomando partido por una marioneta u otra, por la “azul” o por la “roja”.

Al titiritero no le importan los chillidos de los niños, ni a cuál de las dos marionetas le toque vencer en la “función de hoy”. Las marionetas y el teatrillo son de su propiedad y eso es lo único que importa.

De hecho, ante la evidencia de que los niños han empezado a aburrirse de las dos marionetas, la “roja” y la “azul”, el titiritero ha creado dos marionetas nuevas: la “naranja” y la “morada”.

En la realidad española, esas dos nuevas marionetas han sido los partidos políticos de nuevo cuño: Ciudadanos y Podemos, cuya única función es mantener en pie la función y seguir entreteniendo a la masa idiotizada.

¿Recuerdan ustedes que tanto Ciudadanos como Podemos fueron impulsados mediáticamente en esas televisiones y medios propiedad de las Élites del Régimen?

Que no les quede ninguna duda que ambos títeres fueron creados para interpretar un papel concreto en la función.

Básicamente, Ciudadanos se dedica a intentar acelerar los tempos represivos del Régimen a la vez que hace todo lo posible por reforzarlo y apuntalarlo; mientras que Podemos se centra en reunir a todos los descontentos y “revolucionarios” para hacerles perder el tiempo en un infinito bla,bla, bla y que no se echen a las calles a derribar el Régimen, bajo la promesa de que si les votan a ellos (en las próximas elecciones de aquí a x años), cuando lleguen al poder (es decir, nunca), lo cambiarán todo.

Por lo tanto, no importa en absoluto por quién tomen partido los niños, si por la marioneta roja, la azul, la naranja o la morada.

Todas hablan por boca del titiritero y cumplen con el rol encomendado…

LA INDEPENDENCIA CATALANA, ENEMIGA DEL RÉGIMEN

Y he aquí donde entra en contexto la Rebelión Popular que estamos viendo en Cataluña.

El proceso independentista lo cambia todo, porque no se circunscribe en el falso enfrentamiento democrático, sino que ataca directamente a la existencia del Régimen en sí.

Lo veremos más claramente si seguimos con la metáfora del titiritero y del teatrillo.

Resulta que de repente, enmedio de la obra de este gran teatro de marionetas, un niño revoltoso se ha levantado y ha dicho: “estoy harto de este teatrillo, me quiero ir a jugar a la pelota”.

¡Maldito niño!

No se pone a favor de una u otra marioneta…¡lo que quiere es irse!

Eso es lo que han hecho los catalanes cuando han dicho que quieren votar para decidir su futuro. Han advertido que están dispuestos a levantarse y marcharse de la función porque están hartos de la pantomima y de las puñeteras marionetas.

Están hartos del Régimen.

¿Y cuál ha sido la respuesta del titiritero?

Pues todos lo hemos visto: ante la protesta del niño, ambas marionetas, la roja y la azul, han dejado de pelearse entre sí interpretando su ridículo papelito y han empezado a insultar al niño, a ridiculizarle ante los otros niños y a tratar de conseguir que sus compañeros lo obliguen a sentarse para que siga mirando la obra.

Eso es lo que han hecho, EXACTAMENTE, todos los medios de comunicación al servicio del Régimen.

De repente, han dejado de ser de “izquierdas” o de “derechas”, y han empezado a trabajar al unísono y a decir lo mismo sobre lo que acontece en Cataluña, propagando los mismos insultos, manipulaciones y mentiras.

Lo hemos visto con la Sexta y Antena 3. Lo hemos visto, CON TODOS.

Ya no hay diferencia en las líneas editoriales de el Periódico, el País, el Mundo, el Español, OK diario, la Razón, el ABC, la Trece, la COPE, Onda Cero, TVE, Cuatro o Intereconomía…ya han olvidado si les toca interpretar a la marioneta roja o a la azul, porque ahora, el que habla directamente, es el titiritero, las Élites del Régimen.

Ahora lo único que importa, por encima de todo, es impedir que ese niño revoltoso e impertinente, se levante y se vaya a jugar a la pelota; otros podrían irse con él y se acabaría el teatrillo.

Se acabaría el control sobre los niños y por lo tanto, el negocio.

El Régimen se iría al traste y se llevaría por delante a todos los chupópteros que viven de él.

De hecho, ese titiritero que ve peligrar su negocio, ya ha convertido a sus marionetas en puños y enfurecido ha salido de detrás del escenario para propinarle una sarta de tortazos al niño impertinente y obligarlo por la fuerza a que se quede.

Y de hecho, está pidiendo a los otros niños a que colaboren con él, que le insulten por querer levantarse y que le peguen si trata de marcharse…

Con sus ridículas marionetas encasquetadas en las manos y vociferando con grotesca voz aflautada, ahora ronca por una rabia incontenible, ese titiritero intenta convencer a los otros niños de que ese chaval revoltoso es “malo”, que está “loco” y que es un delincuente que quiere decapitar a las pobres marionetas, porque un “genio maligno” le ha convencido para hacerlo.

Y al niño lo amenaza, diciéndole que si se levanta y se va, se perderá en el bosque para siempre y “se lo comerán los lobos”.

Esto es EXACTAMENTE lo que está sucediendo en España en estos momentos.

Tenemos a un Régimen que ha enloquecido al verse en peligro y que trata como terroristas a personas que solo quieren votar.

Y hemos visto como todas las caretas han caído y como todos los lugartenientes, matones, esbirros, chupópteros y aprovechados del Régimen de todo pelaje, han salido a defenderlo a capa y espada, desde Felipe González a Jose María Aznar, desde Pérez-Reverte a Serrat, desde Eduardo Inda a Jordi Évole.

Serrat, otro apesebrado del Régimen. Actuaba en los mítines de un traficante de armas y de un terrorista de estado…ahora se opone a la revolución catalana, como corresponde…

Por esta razón el Robot Pescador se ha posicionado en favor de esta Rebelión Catalana.

Nosotros no queremos formar parte de ese grupo de niños miserables y lameculos que reprimen al compañero por el simple hecho de que quiere abandonar la función.

No hemos nacido para servir al Amo.

A ningún Amo.

En el vídeo, despedida de las unidades de la Guardia Civil que salen de la Comandancia de Huelva para ir a reprimir a la población catalana que se levanta contra el Amo…y que solo pide VOTAR por su futuro.

Esta turba adoctrinada en el odio que vemos en el vídeo, son una vergüenza para todos aquellos andaluces que a lo largo de la historia y repletos de dignidad, SÍ lucharon contra amos, señoritos y terratenientes explotadores, en lugar de servirles con la cabeza gacha como hace esta gentuza…una gentuza que, por cierto, si ha llegado a tener derechos no es gracias a su vomitivo servilismo, sino gracias a todas esas personas con dignidad, que a lo largo de la historia del país, se han rebelado contra los Amos.

Por eso insistimos en que debemos comprender, desde todos los rincones de España, que en el fondo, esto no va de banderitas, sino de aprovechar que ese “niño revoltoso” se ha levantado, para irnos con él y acabar de una vez por todas con el Régimen, derrumbando así las estructuras de poder controladas por un conjunto de élites criminales y corruptas.

Es hora de crear un país nuevo.

No se dejen engañar ni manipular más por los medios de desinformación de esas élites que han convertido España en un cortijo privado para sus corruptelas y latrocinios.

Un Régimen que ha ROBADO 40.000 millones de euros del fondo de Reserva de la Seguridad Social, el que garantizaría el pago de pensiones para los jubilados, y los han regalado a los bancos, propiedad de las propias élites del Régimen.

Un dinero que esas élites corruptas del Régimen han ROBADO y cuya consecuencia principal es que el Gobierno se vea obligado a pedir un crédito urgente de 10.000 millones para pagar a los pensionistas (créditos que PAGAMOS TODOS), puesto que el Fondo de Reserva que han saqueado para salvar SUS BANCOS, no dispone de dinero suficiente para afrontar las mensualidades del año que viene.

Pues bien, a tenor de su reacción represiva, esa gentuza, corrupta, criminal y ladrona, sabe que la rebelión catalana los pone en peligro real, como nunca antes las había puesto nadie.

Y si no, fíjense bien: esas Élites del Régimen nunca habían reaccionado de forma tan represiva; ni tan solo cuando la banda terrorista ETA mataba a políticos, policias o militares en el País Vasco.

Furgonetas de la Policia Nacional enviadas a Barcelona para traer la democracia…concepto que recuerda mucho a los “bombardeos democráticos” de EEUU por el mundo…

Porque en realidad, ese terrorismo etarra no ponía en peligro al Régimen, sino que en el fondo, ayudaba a legitimarlo, como todos los movimientos terroristas.

Sin embargo, lo que sucede en Cataluña, con esos cientos de miles de personas dispuestas a desobedecer pacíficamente en las calles, sí lo pone en GRAVE PELIGRO.

Y por eso envían barcos repletos con miles de policías antidisturbios a reprimirlo como sea.

Nobles catalanes aseguran ser “fieles a Felipe VI” y estar totalmente en contra del proceso. Los aristócratas tienen miedo de perder sus títulos o dinero si acaba llegando la independencia.

Y si no lo creen, simplemente, observen como las élites bancarias y financieras han reaccionado ante la rebelión catalana, a través de las declaraciones altisonantes de la patronal española CEOE y su filial catalana de Fomento del Trabajo; como han reaccionado los grandes bancos y entidades financieras, desde el Banco Santander, hasta las élites financieras de Cataluña como La Caixa o el Banc Sabadell, enconadamente opuestas a la independencia catalana.

Ya en el año 1919, en un discurso pronunciado en el Ateneo de Madrid, Salvador Seguí, “el noi del sucre”, un destacado anarcosindicalista catalán, aclaró sintéticamente: “Estad seguros, amigos madrileños que me escucháis, que si se hablara seriamente de independizar Cataluña del Estado Español, los primeros que se opondrían serían los capitalistas de la Liga Regionalista (conservadores catalanes) y del Fomento del Trabajo Nacional (la patronal catalana)

100 años después, esa advertencia se ha convertido en profecía y se ha materializado. Todas las élites empresariales y bancarias de Cataluña están en contra de la independencia catalana, muestra clara de que la raíz de la rebelión arranca de abajo y es un movimiento auténticamente popular.

El que fuera presidente del Banco de Santander, Emilio Botín, declaró que “Solo me preocupa Cataluña” y entidades como Andbank (donde tenía escondido el dinero la familia Pujol, colaboracionista del Régimen desde siempre), advirtió que “el riesgo más grande para el Íbex-35 era el 1 de octubre”.

Sin hablar de la furibunda reacción del Grupo Prisa, encabezado por una de las piezas fijas del Grupo Bilderberg, Juan Luis Cebrián, que pide la suspensión de la Autonomía Catalana vía Artículo 155 de la Constitución, para aplastar de una vez por todas a esos revoltosos catalanes.

Y si aún no están convencidos, observen las reacciones de los altos poderes de la Unión Europea.

Silencio cómplice ante la represión policial contra personas que solo piden poder votar pacíficamente para decidir su futuro. ¡Claro que se apuntan a la represión! ¿Qué sucedería si las poblaciones de sus países tomaran ejemplo y también empezaran a salir en masa a la calle desobedeciendo ante cualquier atropello?

Muchos, intoxicados por las mentiras de la ultraderecha española del Régimen y sus cómplices pagados de la “conspiranoia alternativa”, hablan de “élites oscuras que han manipulado a los catalanes”…pues bien, que nos digan ¿dónde está el apoyo de esos presuntos poderes oscuros elitistas que impulsan el secesionismo catalán?

De momento, esas élites solo se manifiestan en contra de la independencia y de forma agresiva, desde The Economist, propiedad de la familia Rothschild, hasta JP Morgan y las grandes agencias de Rating financiero.

Así pues, dejen de creer en la obra de teatro, olviden lo que les están diciendo las marionetas con sus ridículas voces distorsionadas y observen la realidad tal y como es.

Salgan de la ficción teatralizada, miren al titiritero a los ojos y observen su reacción de ira descontrolada contra ese “niño revoltoso”, esa población catalana desobediente que quiere levantarse e irse.

Fíjense en cómo todo el Régimen al completo, de forma monolítica, ha reaccionado contra el movimiento independentista catalán y pregúntense por qué.

Y observen con vergüenza como la España servil, la adoctrinada durante siglos en la humillación ante el amo, la que no abre la boca cuando se lo roban todo, apoya entre vítores a los que irán a reprimir a los que osan levantarse.

Ahora es hora de decidir si todos nos levantamos contra este Régimen Criminal que ha secuestrado España, o si decidimos apoyar ciegamente al Amo y aplaudimos la represión, esta vez contra los sublevados catalanes y el día de mañana contra cualquier otro colectivo “revoltoso” que no obedezca.

Esta es la auténtica esencia de lo que está sucediendo…

 

 

El monopolio contra la productividad

por Michael Roberts//

Circulan entre los economistas convencionales en los EEUU nuevas explicaciones de la desaceleración del crecimiento de la productividad y la innovación, especialmente desde el comienzo del siglo XXI, y también sobre por qué la participación del trabajo en la renta nacional ha disminuido a largo plazo desde comienzos de la década de 1980.

En un nuevo documento, The Rise of Market Power and the Macroeconomic Implications, Jan De Loecker y Jan Eeckhout (DE) argumentan que la fijación de precios por encima del costo marginal por parte de las empresas cotizadas de los Estados Unidos ha ido en aumento desde 1960, y en particular después de 1980. El documento sugiere que la disminución tanto de la parte del trabajo como del capital, así como la disminución de los salarios de baja cualificación y otras tendencias económicas, han sido ayudadas por un aumento significativo de la fijación de precios y el poder de mercado – es decir, el ascenso del capital monopolista en forma de empresas ‘super-star’ como Apple, Amazon, Google, etc. que actualmente dominan ventas, beneficios y producción y cuya utilización de mano de obra es baja en comparación con otras empresas e industrias. Como no tienen que competir, estos monopolios no invierten y, por lo tanto, el aumento de la productividad disminuye.

Esta es una contra-explicación a las explicaciones dominantes actuales de la disminución percibida de la participación del trabajo, a saber, la globalización (los trabajadores estadounidenses están perdiendo terreno frente a sus contrapartes en lugares como China e India) y la automatización (los trabajadores estadounidenses están perdiendo terreno frente a los robots) y el aumento inverso de la proporción destinada a los beneficios. Ahora varios economistas ortodoxos sostienen que este aumento no se debe a la globalización o la automatización, sino debido a la fijación de precios más altos de las compañías que controlan sus mercados de forma monopolista. En otras palabras, están haciendo beneficios adicionales más allá de los “costes normales de competencia”. De Loecker y Eeckhout señalan que entre 1950 y 1980, la fijación de precios se situaba más o menos de forma estable en torno al 20 por ciento por encima del ‘coste marginal’, e incluso disminuyó ligeramente después de 1960. Desde 1980, sin embargo, la fijación de precios han aumentado significativamente: en promedio, las empresas cargaban un 67 por ciento sobre el coste marginal en 2014, comparado con el 18 por ciento en 1980.

La evolución media de la fijación de precios (1960 – 2014). La fijación de precios promedio es ponderado por la cuota de mercado de las ventas en la muestra. Fuente: De Loecker y Eeckhout (2017)

El enorme aumento de los beneficios en los últimos 35 años, argumentan, es consistente con un aumento del poder de mercado. “En la competencia perfecta, costes y ventas totales son idénticos, porque no hay diferencia entre el precio y el coste marginal. El grado en el que estos dos números – la relación entre ventas y salarios y entre costes totales y salarios- comienzan a distanciarse es un indicativo inmediato del poder de mercado”, dice De Loecker.  “La mayor parte de lo que sucede pasa dentro de las industrias, donde vemos como los grandes son cada vez más grandes y como aumenta su margen en la fijación de los precios”, explica De Loecker.

En otro documento, un grupo de economistas ortodoxos considera una explicación a partir de las ‘firmas súper estrellas’ de la caída de la participación del trabajo en el PIB. La hipótesis es que la tecnología o las condiciones del mercado -o su interacción-, han evolucionado hasta concentrar cada vez más las ventas en empresas con productos de calidad superior o una mayor productividad, lo que permite a las empresas de mayor éxito controlar una mayor cuota de mercado. Debido a que estas empresas  super estrella son más rentables, tendrán una menor participación relativa de salarios del trabajo en las ventas totales o el valor añadido. En consecuencia, la participación agregada del trabajo disminuye a medida que crece el peso de las empresas super estrella en la economía. Según sus datos, la concentración de las ventas (y del empleo) han aumentado de hecho desde 1982 hasta 2012 en cada uno de los seis principales sectores incluidos en el censo económico de Estados Unidos. Y las industrias con la concentración más elevada es donde se han producido las caídas más pronunciadas en la participación del trabajo, por lo que la caída de la participación del trabajo se debe principalmente a una reasignación de la mano de obra hacia empresas con menores (y en declive) cuotas de mano de obra, en vez de debido a la disminución de la parte del trabajo dentro de la mayoría de las empresas.

Es cierto que la acumulación de capital tendrá lugar como un aumento de la concentración y la centralización del capital en el tiempo. Las tendencias monopolistas son inherentes, como Marx argumentó en primer volumen de El Capital hace 150 años. Y la predicción de Marx del aumento de la concentración y la centralización del capital como una ley a largo plazo del desarrollo capitalista lo confirma también un nuevo estudio de las sociedades anónimas cotizadas de Estados Unidos. Según Kathleen Kahle y Rene Stulz poco más de 100 empresas ganaron alrededor de la mitad de los beneficios totales obtenidos por las empresas cotizadas en los Estados Unidos en 1975. En 2015, lo hacían sólo 30. Actualmente las 100 mayores empresas concentran el 84% de todas los beneficios de este tipo de empresas, el 78% de todas las reservas de efectivo y el 66% de todos los activos. Las 200 mayores empresas por ganancias obtuvieron mayores beneficios que todas las otras empresas registradas juntas. De hecho, los ingresos totales de las otras 3.500, más o menos, sociedades cotizadas es negativo, a pesar de toda la habladuría sobre la avalancha de beneficios y de dinero en efectivo de la mayoría de las empresas estadounidenses.

¿Por qué está pasando esto? Según este estudio, por el impulso de las nuevas tecnologías de reducir costes, como Marx argumentó. La investigación y el desarrollo se han vuelto cada vez más importantes para la competitividad. Cuanto más grandes y más ricos son los Goliat del mercado, más difícil es para los David de la economía de los EEUU economía, y la necesidad de I + D para competir. Las empresas que rebosan dinero en efectivo puede permitirse fácilmente patentes e inversiones para desarrollarlas. O, como parece estar sucediendo, comprar la compañía que posee la patente.

Sin embargo, hay dos cosas en contra del argumento del ‘poder del mercado’, al menos como la única o principal explicación del aumento de la proporción de los beneficios y de los beneficios por unidad de producción. En primer lugar, como De Loecker y Eeckhout señalan, en toda la economía, son sobre todo las empresas pequeñas las que tienen los márgenes de ganancia en la fijación de precios más altos- lo que difícilmente puede servir como un indicador del poder de los monopolios. Y en segundo lugar, la participación del trabajo en realidad no cayó mucho hasta después del 2000 y alcanzó su nivel más bajo en 2014. De hecho, en 2001 fue del 64%, el mismo porcentaje que en 1951 – si bien es cierto que había caído hasta el 60 % en los años 1980 y 1990. Pero en 2014, la participación del trabajo en el PIB más baja fue del 60%.

Y lo mismo ocurre en los beneficios por unidad de la producción nacional de EEUU o el valor añadido empresarial. Los beneficios por unidad de valor añadido bruto (un indicador de la nueva producción) de las empresas no financieras de EEUU aumentaron sólo del 2% en la década de 1970 al 4-6% en la década de 1990. Pero el verdadero despegue fue de nuevo a partir del 2000, el beneficio por unidad subió hasta un pico de cerca del 14% en 2014.

¿Fue la base de este reciente salto en la participación de los beneficios y fuerte caída de la participación del trabajo producto de la globalización, o de la automatización o del poder de los monopolios?, o ¿hay otra explicación? Pues bien, un economista ortodoxo, Mordecai Kurz, de la Universidad de Stanford, en otro papel, On the Formation of Capital and Wealth, ha medido lo que él llama ‘la riqueza excedente’ que acumulan las grandes empresas. Esta se define como la diferencia entre la riqueza creada (capital y deuda) en forma de activos financieros y los activos fijos reales de las empresas. Es equivalente al indice Q de Tobin del precio de mercado de las acciones bursátiles en relación con el valor real del capital de la empresa. En un sentido marxista, es realmente un indice del capital o las ganancia ficticias de una empresa.

Kurz señala que la ‘riqueza excedente’ total creció de $ 0,59 billones en 1974 a $ 24 billones de dólares, lo que supone el 79% del valor total del mercado en 2015. La riqueza añadida fue creada sobre todo por los sectores industriales transformados por las tecnologías de la información (TI). Las empresas con un crecimiento lento o negativo con la propiedad ampliamente distribuida han sido sustituidas por empresas basadas en las TI con una propiedad altamente concentrada. Una parte importante de su capital ha sido financiado mediante deuda, hasta alcanzar el 78% en 2015. Kurz cree que esto ha sido posible gracias a las innovaciones de las TI que permiten y aceleran la erección de barreras a la entrada y que una vez erigidas, facilitan el mantenimiento de las restricciones a la competencia. Estas innovaciones también explican el aumento del tamaño de las empresas. Al medir el poder de monopolio de esta ‘riqueza excedente’, Kurz reconoce que pasó de cero a principios de 1980 al 23% en 2015.

Quizás Kurz y los otros papeles ortodoxos puedan estar en lo cierto que, en la era neoliberal, el poder de monopolio de las super empresas de nuevas tecnologías subieron sus márgenes de beneficios o fijaron por lo alto sus precios. La era neoliberal fue testigo de una presión hacia abajo de la participación del trabajo mediante la erosión del poder sindical, la desregulación y la privatización. Además, la participación del trabajo se mantuvo baja mediante una mayor automatización (el empleo industrial se desplomó) y a través de la globalización, en la medida en que las industrias manufactureras y el empleo se desplazaron a las llamadas economías emergentes con mano de obra barata. Y el surgimiento de nuevas empresas de tecnología que pueden dominar sus mercados y expulsar a los competidores, aumentando la concentración del capital, es sin duda otro factor.

Pero otra explicación convincente es que el aumento de los beneficios empresariales era cada vez más ficticio, basado en el aumento de los precios del mercado de las acciones y los bonos y las bajas tasas de interés.  El aumento de capital y las ganancias ficticias  parecen ser el factor clave después del final del auge de las dot.com y su crisis en el año 2000. A partir de entonces, las ganancias se produjeron cada vez más en las finanzas y la propiedad, no en los sectores tecnológicos. Si esto es correcto, entonces ayuda a explicar por qué la mayor desaceleración del crecimiento de la productividad en los EEUU comenzó después del 2000, a medida que la inversión en los sectores productivos y la actividad cayó.

Y si esto es correcto, entonces la reciente nueva caída de la parte de los beneficios y el modesto aumento de la participación del trabajo desde 2014, sugiere que se trata de una caída de la rentabilidad global del capital de Estados Unidos lo que está impulsando las cosas y no un cambio del ‘poder de mercado’ monopolista.

Pero eso es algo que la teoría económica ortodoxa no quiere tener en cuenta. Si los beneficios son altos, la causa es el ‘poder de monopolio’, no el aumento de la explotación de la mano de obra en el modo de producción capitalista. Y es el poder de los monopolios lo que mantiene bajo el crecimiento de la inversión, no la baja rentabilidad general.

 

(Fotografía, Sebastiao Salgado)

Isaak Rubin: Historia del pensamiento económico

Isaak Ilyich Rubin (12 junio 1886 – 27 noviembre 1937) nació en Dinaburg, en la actual Latvia, hijo de una familia judía. Rubin fue un abogado y economista ruso y, en su época, considerado el mayor teórico sobra el concepto de valor en el pensamiento de Marx. Desde 1905 participó activamente en el proceso revolucionario de su natal Rusia, adhiendose primero al Bund Judío y luego a la fracción menchevique del POSDR. Se retiró de la política en 1924, dedicándose íntegramente a sus estudios de la economía marxista. Trabajó de profesor de economía marxista y en 1926 fue nombrado investigador adjunto al Instituto Marx-Engels, dirigido entonces por David Riazánov.  En ese período publicó sus principales obras en economía e historia económica, y fue editor de una colección de clásicos de economía política. En diciembre de 1930 Rubin fue arrestado y acusado de pertecer a un inexistente complot menchevique. Gracias a su entrenamiento como abogado, Rubin logró evadir condena, hasta que, a finales de enero, Rubin fue confrontado con otro prisionero, quien fue ejecutado a tiros delante de Rubin cuando este se negó a autoinculparse. La escena se repitió en la noche siguiente, luego de lo cual Rubin aceptó “confesar” sus supuestos crímenes. En su juicio, Rubin implicó a Riazánov, pero trató de minimizar los cargos, negandose a confirmar la existencia de organización menchevique alguna. Por su negativa a cooperación total, fue sentenciado a cinco años de prisión. Cuando, en el transcurso de su condena Rubin enfermó y se le diagnosticó un probable cáncer, se le movió a un hospital, donde se buscó infructuosamente sacarle más “confesiones” a cambio de tratamiento más favorable.  En 1934, fue puesto en libertad y se le permitió trabajar en planificación económica en Kazajistán. En 1937, se produjo una nueva ola de purgas stalinistas, y Rubin fue nuevamente detenido. Nunca más se le vió con vida. Dejamos con ustedes este opúsculo, una breve introducción a la economía política, de este héroe y genio bolchevique. EP Seguir leyendo Isaak Rubin: Historia del pensamiento económico

La intelectualidad y la clase obrera en 1917 (IV)

por David Mandel//

Los trabajadores no traspasaron alegremente la última etapa de la toma del poder en octubre de 1917. En realidad, la mayor parte de ellos, aunque deseaban desesperadamente el poder de los soviets, dudaron y temporizaron ante la acción(vystuplenie). La insurrección fue el acto de una minoría decisiva de trabajadores, los que eran miembros o próximos del partido bolchevique (solo en la capital, el partido contaba en sus filas con 30 000 trabajadores). Cuando forzaron la decisión, la aplastante mayoría de los otros trabajadores dieron su apoyo. Pero en ese momento, los trabajadores estaban preocupados por su aislamiento político. En los días que siguieron a la insurrección se expresó un apoyo amplio de los trabajadores, también en las filas del partido bolchevique, a favor de la formación de un “gobierno socialista homogéneo”, es decir una coaliciónde todos los partidos socialistas, tanto de izquierda como de derecha.

Sin embargo, las negociaciones tendentes a formar un tal gobierno, emprendidas bajo los auspicios del Comité Ejecutivo Panruso del sindicato de los ferroviarios [Vikzhel], entonces dirigido por los mencheviques internacionalistas (mencheviques de izquierda), fracasaron por la negativa de los mencheviques moderados y los SR, así como de los que se encontraban a su derecha, a formar parte de un gobierno, a participar en un gobierno responsable única, o principalmente, ante los soviets. Un tal gobierno estaría compuesto en mayoría por bolcheviques, en la medida en que eran mayoritarios en el reciente Congreso de los Soviets. Tras esta negativa estaba la convicción de los socialistas moderados de que, sin el apoyo de la burguesía, la revolución estaría abocada al fracaso. Ligado a este aspecto estaba el temor de que el gobierno, dirigido por los bolcheviques, cuya base era obrera, emprendiese “experimentaciones socialistas”.

Cuando fracasaron las negociaciones, precisamente sobre la cuestión de la responsabilidad ante los soviets, los SR de izquierda decidieron participar en el gobierno de los soviets en coalición con los bolcheviques. Su periódico subrayaba que “incluso si hubiéramos llegado a la formación de un ‘gobierno homogéneo’, ello habría sido, en realidad, una coalición con la parte más radical de la burguesía” 1/. Pero los mencheviques-internacionalistas, el ala izquierda del partido menchevique que tomó pronto la dirección del partido, rechazó seguir a los SR de izquierda. En un artículo de título “2×2=5”, el economista menchevique-internacionalista V.L. Bazarov expresó su irritación ante lo que él consideraba una confusión de los trabajadores: llamaban a la formación de una coalición de todos los socialistas, pero querían una coalición que fuese responsable ante los soviets.

“[…]Se adoptan resoluciones que exigen inmediatamente la constitución de un gobierno democrático sobre la base de un acuerdo de todos los partidos socialistas y [al mismo tiempo] un reconocimiento del actual TsIK [CEC de los soviets de los diputados de trabajadores y soldados, elegido en el reciente Congreso de los soviets, ampliamente bolchevique] como si fuera el órgano ante el que debe ser responsable el gobierno […]. Pero, actualmente, un gobierno puramente soviético no puede ser más que bolchevique. Cada día que pasa se hace más claro el hecho de que los bolcheviques no pueden gobernar: los decretos se suceden en cadena y no pueden ser puestos en práctica […] Así, incluso aunque sea cierto lo que declaran los bolcheviques, es decir que las masas no están tras los partidos socialistas, compuestos exclusivamente de intelectuales, […] entonces incluso, serán necesarias amplias concesiones. El proletariado no puede dirigir sin la intelectualidad […] El TsIK debe ser únicamente una de las instituciones ante las que el gobierno es responsable 2/”.

Los mencheviques-internacionalistas compartían la opinión de los bolcheviques según la cual la burguesía era fundamentalmente contrarrevolucionaria. Sin embargo, compartían también la convicción del ala derecha de su propio partido de que una Rusia económicamente atrasada, muy ampliamente campesina, no disponía de las condiciones sociales y políticas favorables al socialismo. En consecuencia, mientras que los mencheviques más a la derecha, en paralelo con los SR, continuaban a llamar a una coalición con los representantes de la burguesía, los mencheviques-internacionalistas subrayaban la necesidad de, al menos, conservar el apoyo de las capas medias de la sociedad, la pequeña burguesía y especialmente la intelectualidad. El problema, sin embargo, residía en el hecho de que esta última había optado, de forma aplastante, por el partido de la burguesía. Resultó que los mencheviques de izquierda quedaron condenados a permanecer como espectadores pasivos de la revolución en curso.

En lo que concierne a los propios trabajadores y trabajadoras, cuando les pareció claro que la verdadera cuestión era la de un poder de los soviets o una coalición renovada, bajo una u otra forma, con la burguesía, dieron su apoyo al gobierno de los soviets antes incluso de que los SR de izquierda decidieron unirse al mismo. En la reunión del 29 de octubre, simultáneamente a las negociaciones para formar un gobierno de coalición de todos los partidos socialistas, una asamblea general de trabajadores de los astilleros navales Admiral’teiski lanzó un llamamiento a todos los trabajadores, pidiendo:

“Independientemente de vuestro color partidario, ejerced una presión sobre vuestros centros políticos a fin de alcanzar un acuerdo inmediato de todos los partidos, desde los bolcheviques hasta los socialistas-populares así como a la formación de un gobierno socialista responsable ante el soviet de los diputados trabajadores, soldados y campesinos sobre la base de la siguiente plataforma: proposición inmediata de paz. Transferencia inmediata de la tierra a los comités campesinos. Control obrero de la producción. Convocatoria de la Asamblea Constituyente en la fecha fijada 3/.”

Este era un ejemplo de lo que Bazarov consideraba como revelador de la confusión política de los trabajadores: querían un gobierno de coalición de todos los partidos socialistas, pero querían igualmente que ese gobierno fuese responsable ante los soviets. Una semana más tarde, sin embargo, después de la ruptura de las negociaciones y mientras los bolcheviques permanecían solos en el gobierno, esos mismos trabajadores decidieron “manifestarse a favor de un poder los soviets pleno e íntegro, indivisible, y contra la coalición con los conciliadores defensistas. Hemos sacrificado mucho por la revolución y estamos dispuestos, si ello fuera necesario, a nuevos sacrificios, pero no abandonaremos el poder a aquellos a los que se les ha arrebatado en una sangrante batalla 4/.”.

Cuando los SR de izquierda decidieron entrar al gobierno, habiendo llegado a la conclusión que “incluso si hubiéramos alcanzado la formación de un ‘gobierno homogéneo’, ello habría sido, en realidad, una coalición con la burguesía” 5/, los trabajadores suspiraron colectivamente: se había alcanzado la unidad, al menos “la de abajo”, entre los nyzy [la plebe], siendo principalmente los SR de izquierda un partido campesino. Una asamblea de trabajadores de la fábrica Putilov declaró en esta ocasión:

“Nosotros, trabajadores, saludamos como un solo hombre la unificación deseada desde hace mucho tiempo y dirigimos nuestros calurosos saludos a nuestros camaradas que trabajan en la plataforma del segundo Congreso Panruso de las masas trabajadoras del campesinado pobre, de los trabajadores y de los soldados 6/”.

La Revolución de Octubre, que había consagrado la polarización profunda que existía ya en la sociedad rusa, vio al núcleo de la intelectualidad al lado de las clases poseedoras 7/, mientras que lo que quedaba de la intelectualidad de izquierda permanecía suspendida en alguna parte entre las dos. Los trabajadores respondieron con amargura a esta perceptible traición. Como escribía Levin, SR de izquierda:

“En el momento en que se rompen por el pueblo las cadenas burguesas del Estado, la intelectualidad se aleja del pueblo. Los que han tenido la suerte de recibir una educación científica abandonan al pueblo, que les ha llevado sobre sus espaldas agotadas y laceradas. Y, como si ello no bastase, al irse, se burla de su impotencia, de su analfabetismo, de su incapacidad de llevar a cabo grandes transformaciones sin dolor, de conseguir grandes realizaciones. Esta burla es particularmente amarga para el pueblo. En su interior, crece instintivamente el odio hacia las personas instruidas, hacia la intelectualidad < 8/”.

El periódico menchevique-internacionalista Novaïa zhizn’ publicó el siguiente informe, sobre Moscú, en diciembre de 1917:

“Si las trazas externas de la insurrección son poco numerosas, la división en el seno de la población es, de hecho, profunda. Cuando se enterró a los soldados bolcheviques y a la guardia roja [a continuación de la victoria de la insurrección, tras varios días de ásperos combates], según me han dicho, no se pudo encontrar un solo intelligent o estudiante de universidad o de instituto en el seno de esa grandiosa procesión. Y cuando se realizaron los funerales de los junkers [cadetes de la escuela de oficiales que combatieron para defender al gobierno provisional], entre la multitud no se encontró ningún trabajador, soldado o plebeyo. La composición de la manifestación en honor de la Asamblea Constituyente fue similar: los cinco soldados tras la bandera de la organización militar de los SR no hacían más que subrayar la ausencia de la guarnición.

El abismo que separaba a los dos campos toma amplitud mediante la huelga general de los empleados municipales: los enseñantes de las escuelas municipales, el personal superior de los hospitales, los empleados superiores de los tranvías, etc. Esa huelga hace extremadamente ardua la tarea del gobierno municipal bolcheviques; peor todavía, exacerba el odio de la población nizy hacia toda la intelectualidad y la burguesía. He asistido a la siguiente escena: un tranviario empujando a un estudiante de instituto fuera de su tranvía: ¡‘os enseñan bien, pero parece que no quieren enseñar a nuestros hijos!”.

La huelga de las escuelas y los hospitales fue vista por los nizy de la ciudad como una lucha de la burguesía y de la intelectualidad contra las masas populares 9/.

A la hora de comprender la posición de la intelectualidad, lo primero que debemos preguntarnos es si la percepción de traición por parte de los trabajadores tenía alguna justificación. Después de todo, visto desde otro ángulo, eran los trabajadores quienes se separaron de la intelectualidad, optando por una ruptura con las clases pudientes y abandonando la alianza nacional de todas las clases que había sido forjada en febrero.

Las razones que justificaban la radicalización posterior de los trabajadores se pueden resumir de la siguiente manera: sobre la base de su experiencia, llegaron a la conclusión de que las clases pudientes se oponían a los objetivos de las clases populares de la revolución de Febrero: la conclusión rápida de una paz democrática, la reforma agraria, la jornada de trabajo de ocho horas, la convocatoria de una asamblea con el fin de establecer una república democrática. Las clases pudientes, no sólo bloquearon la realización de estos objetivos (que en esencia eran democráticos, y de ninguna manera socialistas), sino que además intentaron aplastar militarmente a las clases populares. Esto queda ampliamente demostrado por el apoyo, apenas velado, que el partido Kadete (partido constitucional-demócrata) dio al levantamiento del general Kornilov, a finales de agosto, así como por la oposición implacable de los industriales a toda medida del Estado, para así impedir el derrumbamiento económico que se aproximaba a pasos gigantes.

Para los trabajadores, la insurrección de octubre y el establecimiento del poder de los soviets significaba la exclusión de las clases pudientes de toda influencia sobre la política de Estado. Octubre fue ante todo un acto de defensa de la revolución de Febrero, de sus conquistas reales y de sus promesas, frente a la hostilidad activa de las clases pudientes. Mientras en octubre ciertos trabajadores veían efectivamente el potencial de una transformación socialista, de ninguna forma, durante ese período, eso constituía su objetivo principal.

De esta forma, el sentimiento de traición que experimentaron los trabajadores respecto de la intelectualidad se hace comprensible; tal como lo redactaba el diario menchevique-internacionalista (que era hostil a la revolución de Octubre): “de ahora en adelante, los trabajadores pueden demandar a los médicos y enseñantes en huelga: “nunca hicisteis huelga contra el régimen bajo el zar o bajo Goutchkov 10/. ¿Porqué hacéis huelga, ahora que el poder está en las manos de personas que todos reconocemos como nuestros dirigentes?11/.Incluso dirigentes de izquierda, como Iouli O. Martov, cuya entrega a la causa obrera no puede ser puesta en duda, tenía más el sentimiento de lavarse las manos que el de hacer “lo que parecía ser nuestro deber – mantenerse al lado de la clase obrera, incluso cuando sea falso… Esto es trágico. Porque después de todo, el conjunto del proletariado va detrás de Lenin y espera que el derrocamiento producirá la emancipación social; y ello siendo consciente de que el proletariado ha desafiado a todas las fuerzas antiproletarias” 12/. ¿Porqué la intelectualidad huyó, tal y como lo perciben los trabajadores?. Refiriéndose a los populistas, el historiador Oliver Radkey ofrece la siguiente explicación: “En los momentos más bajos de la revolución, una gran cantidad se convirtieron en funcionarios o participaron en la acción social de las zemstvosy de los municipios como funcionarios de las sociedades cooperativas, en donde la rutina cotidiana y las perspectivas resultantes de estas actividades eran mortales para el espíritu revolucionario. Otras personas entraron en diferentes profesiones. Todos se hicieron más viejos 13/.”

No obstante, parece improbable que una transformación social tan profunda como la integración económica de la intelectualidad en el orden existente hubiera podido realizarse en el espacio de un decenio. Además, cabe preguntarse, sobre la forma en que los intelectuales socialistas se ganaban la vida antes del fracaso de la revolución de 1905, en la medida en que no todos podían haber sido activistas profesionales o los mejores estudiantes. Si la generación de 1905 envejecía, ¿qué es lo que sucedía a los estudiantes de 1917, cuya mayoría también era hostil a la revolución de Octubre? El menchevique A. N. Potresov, situado en la extrema derecha de su partido, observaba en mayo de 1918 que “en febrero [1917],asistimos a la alegría común de los estudiantes y de los pequeños-burgueses. En octubre, estudiantes y burgueses habían llegado a ser sinónimos” 14/.

Una explicación más razonable de la huida de la intelectualidad puede encontrarse en la polarización de clase de la sociedad rusa, que emergió en todo su amplitud durante la revolución de 1905, cuando la burguesía, asustada por el activismo de los trabajadores en defensa de sus reivindicaciones sociales, en particular la jornada de ocho horas, y atraída por las concesiones políticas muy limitadas que ofrecía una autocracia debilitada, se volvió contra el movimiento de trabajadores y campesinos. Destaca en ello, el lockout masivo organizado en Petrogrado por los industriales y el Estado en el otoño de 1905, cuando los trabajadores reivindicaban las ocho horas 15/. Cuando el movimiento obrero se restableció de la derrota de esta revolución, en 1912-1914, colocó inmediatamente en sus huelgas tantas reivindicaciones políticas dirigidas contra la autocracia como reivindicaciones económicas dirigidas a los industriales. Por su parte, estos colaboraron estrechamente con la policía zarista para dificultar las acciones políticas y económicas de los trabajadores así como para reprimir a los activistas 16/.

Es en el curso del período anterior a la guerra cuando los bolcheviques se convirtieron en la fuerza política hegemónica en el seno del proletariado. Lo que distinguía la fracción bolchevique de la social-democracia de los mencheviques era su apreciación de que la burguesía, incluida su ala de izquierda, liberal, era fundamentalmente opuesta a la revolución democrática. Los mencheviques, por su parte, consideraban que resultaba crucial que la burguesía dirigiera esta revolución. Sobre los campesinos, que Lenin sugería que se aliasen a los trabajadores, los mencheviques opinaban que no estaban capacitados para asegurar una dirección política nacional. Si este papel no lo asumía la burguesía, necesariamente caería en manos de los trabajadores. Pero los trabajadores, a la cabeza de un gobierno revolucionario adoptarían, inevitablemente, medidas que socavarían los derechos de propiedad burgueses. Se lanzarían a realizar experiencias socialistas que, en las condiciones de atraso que caracterizaba a Rusia, se revelarían desastrosas, conduciendo inevitablemente a la derrota de la revolución. Por consiguiente, antes de la guerra, los mencheviques hacían vanos llamamientos para que moderasen su presión huelguista: no querían asustar a los liberales que se distanciaban cada vez más del podrido régimen autocrático, pero que por otro lado podrían coger miedo a la revolución.

De forma que lo que hemos observado es que la intelectualidad de izquierdas abrazó la posición de los mencheviques y de los SR y no la de los bolcheviques y de los trabajadores. Afirmaban que en un país rural atrasado una revolución encabezada por los trabajadores fracasaría de forma inevitable. El episodio siguiente, relatado en las memorias de un metalúrgico de Petrogrado, ilustra la división que existía entre los trabajadores y los intelectuales de izquierdas.

I. M. Gordienko, metalúrgico y militante bolchevique, en compañía de dos camaradas, que como él eran originarios de Nijni Novgorod, ciudad de origen de Máximo Gorki, decidieron visitar a este último, su zemlyak (compatriota):se preguntaban, ¿puede que A.M. Gorki se haya alejado completamente de nosotros?”. En 1918, Gorki era el editor del diario menchevique-internacionalista Novaïazhizn’, violentamente crítico respecto del nuevo régimen soviético, al que atacaba en particular por su incompetencia. Resultado, según el diario, de la marginación de la intelectualidad. En particular, lo que enfurecía a los trabajadores era el hecho de que los editores del diario criticasen al gobierno, mientras se mantenían a distancia a la vez que rehuían implicarse más en la mejora de las cosas. Por ejemplo, con ocasión de la conferencia de los comités de fábrica de Petrogrado, en febrero de 1918, uno de los delegados se expresó con amargura sobre “la intelectualidad saboteadora de Novaïazhizn’ de Gorky, que se ocupaba de criticar al gobierno bolchevique mientras que no hacía nada para aligerar el fardo de ese gobierno” 17/.

En el domicilio de Gorki, la conversación giró rápidamente hacia cuestiones políticas:

“Alekseï Maksimovitch, [Pechov, señaló Gorki] ensimismado en sus pensamientos, dijo: “resulta difícil para vosotros, muy difícil”.

– Pero tú, Alekseï Maksimovitch, no haces las cosas más simples, le señalé.

– No sólo no nos ayuda, sino que mina nuestros esfuerzos, añadió IvanTchougourine.

– Eh, amigos, sois formidables. Lo siento por vosotros. Debéis comprender que sois un grano de arena en este mar; no, en este océano de fuerzas elementales campesinas pequeño-burguesas. ¿Cuántos bolcheviques hay tan convencidos como vosotros? Un puñado. En realidad, sois como una gota de aceite en este océano, una mota de polvo que la más ligera brisa puede destruir.

– Te equivocas, Alekseï Maksimovitch. Ven a visitar nuestro barrio de Vyborg y lo comprobarás. Allí donde había 600 bolcheviques, ahora hay miles.

– Miles, pero maleducados, viviendo en la miseria, y en otras ciudades ni siquiera eso.

– Lo mismo, Alekseï Maksimovitch, se produjo en otras ciudades y pueblos. Por todos los lugares la lucha de clases se intensifica.

– Es por esto que os amo, por vuestra sólida fe. Pero es también por eso mismo que os temo. Usted desaparecerá y después todo retrocederá cientos de años. La perspectiva es estremecedora”.

Algunas semanas más tarde, los tres volvieron y se encontraron con N. Soukhanov y D. A. Desnitski en el apartamento de Gorki. Ambos eran intelectuales mencheviques de izquierda y editores de Novaïazhizn’.

“Una vez más, Alekseï Maksimovitch evocó el océano pequeño-burgués. Estaba afligido a causa de que, nosotros, viejos militantes bolcheviques, además de haber vivido en la clandestinidad, fuéramos tan pocos y que el partido fuera tan joven e inexperimentado […] Soukhanovy Lopata [otro nombre de Desnitski] afirmaron que únicamente un loco podía hablar de revolución proletaria en un país tan atrasado como Rusia. Nosotros protestamos con energía y respondimos que tras de la apariencia de una democracia pan-rusa 18/, lo que realmente defendían era la dictadura de la burguesía […].

“Durante este intercambio, Alekseï Maksimovitch, se dirigió hacia la ventana que daba a la calle. Inmediatamente, volvió hacia mí, me cogió de la manga y me llevó a la ventana. “Mira”, me dijo con cólera y resentimiento en la voz. Lo que vi era efectivamente escandaloso. Cerca de un pequeño jardín, sobre un césped bien cortado, estaba un grupo de soldados sentados que comían arenques y arrojaban los restos en el jardín con flores”.

“Y en la Casa del Pueblo sucede lo mismo 19/, se enceran los suelos y se colocan escupideras en las esquinas y al lado de las columnas, pero observad lo que hacen”, se lamentaba Maria Fiodorovna [esposa de Gorki], que era la encargada de la Casa del Pueblo.

“Y es con gentes como esta que los bolcheviques piensan realizar una revolución socialista”, añadió Lopata, con un cierto sarcasmo en la voz. “Previamente debéis enseñar, educar al pueblo, y a continuación hacer una revolución”.

“¿Y quién va a formarles y educarles? ¿la burguesía?”, preguntó uno de entre nosotros.

“¿Y cómo lo vais a hacer?”, preguntó Alekseï Maksimovitch, sonriendo.

“Nosotros queremos hacerlo de otra manera”, respondí. “Ante todo, derrocar a la burguesía, y después educar al pueblo. Construiremos escuelas, clubs, Casas del Pueblo […].”

“Pero eso es irrealizable”, señaló Lopata.

“No será realizable para vosotros; pero sí para nosotros”, le respondí.

“Y bien, ¿es posible que sean estos diablos quienes lo realicen?” dijo Alekseï Maksimovitch.

“Nosotros lo conseguiremos en su totalidad”, replicó uno de los nuestros, “y ello será peor para vosotros.”

“¡Eeh! ¡Así que con amenazas! ¿Qué es eso de que será peor para nosotros?” preguntó entre risas Alexeï Maksimovitch.

“De la siguiente manera: haremos lo que tengamos que hacer, con o sin vosotros, bajo la dirección de Ilitch [Lenin], y entonces ellos os preguntarán: ¿Dónde estabais y qué hacíais cuando atravesábamos un momento tan difícil? 20/”.

Lenin había realizado una descripción enormemente similar de “una conversación con un rico ingeniero poco antes de las jornadas de julio[1917]«.

“Ese ingeniero, en un determinado momento, había sido revolucionario. Fue miembro del partido social-demócrata e incluso del partido bolchevique. Hoy, no es sino el terror y el odio hacia los obreros libres e indomables. Él, que es una persona cultivada, y que ha estado en el extranjero, dice que si por lo menos fueran obreros como los obreros alemanes…; yo entiendo que en general la revolución social es inevitable; pero aquí, con el descenso en el nivel de los obreros, que ha causado la guerra 21/… no se trata de una revolución, es un abismo”.

“Estaría dispuesto a reconocer la revolución social, en el caso de que la historia se condujera con tanta calma y con tanta tranquilidad, regularidad y exactitud como las que caracterizan a un tren alemán entrando en una estación. Con gran dignidad, el interventor del tren abre las puerta de los vagones y anuncia: “¡Término: Revolución social.! ¡ Alleaussteigen(todas las personas descienden del tren)!” ¿Entonces porqué no se pasaría de la situación del ingeniero bajo el reino de las TitTitytch 22/ a la situación del ingeniero bajo el reino de las organizaciones obreras?.

“Este hombre ha visto huelgas. Sabe qué tempestades de pasiones desencadena siempre una huelga, hasta la más común, incluso en los períodos de mayor calma. Por supuesto que comprende bien que esta tempestad debe ser millones de veces más fuerte en el momento en que la lucha de clases haya sublevado a todos los trabajadores de un inmenso país, cuando la guerra y la explotación hayan conducido al umbral de la desesperación a millones de personas, a los que los propietarios hacían sufrir desde hace siglos, y a quienes los capitalistas y los funcionarios del zar explotaban y maltrataban desde hacía decenas de años. Todo esto lo comprende “en teoría”, y no lo reconoce mas que en la punta de los labios; simplemente está asustado por la “situación excepcionalmente compleja” 23/.

N. Soukhanovo ofrecía una explicación similar a la posición de los mencheviques de izquierdas: “Estábamos opuestos a la coalición y a la burguesía, al lado de los bolcheviques. No nos habíamos fusionado con ellos debido a ciertos aspectos de la creatividad positiva de los bolcheviques [comentario irónico de Soukhanov], o porque sus métodos de propaganda nos revelaban la cara odiosa que pudiera venir del bolchevismo. Se trataba de una fuerza elemental [stikhiya] pequeño-burguesa, desatada y anarquista que no pudo ser eliminada del bolchevismo hasta que dejaron de seguirle las masas 24/.

El temor de la stikhiya, especialmente del campesinado, constituía un aspecto importante de los mencheviques. Contribuye a explicar el rechazo de la Revolución de Octubre por este partido así como su insistencia para establecer una coalición con los liberales y, en caso de fracaso, con el “resto de la democracia”, y en particular de la intelectualidad.

Ahora bien, si la preocupación de la intelectualidad de izquierdas sobre el carácter insuficiente del desarrollo de la cultura política y de la consciencia de las masas populares tenía una base, sin duda, cabe preguntarse cómo podía justificarse su decisión de mantenerse a distancia de la lucha, en tanto en cuanto la revolución continuaba avanzando. En las condiciones de una profunda polarización entre clases, la alternativa al gobierno de los soviets que defendía la intelectualidad, -incluida la intelectualidad de izquierdas- nunca fue clara, y menos para los trabajadores. En realidad, no existía alternativa, si se excluye la derrota de la revolución. De esta manera se expresaba un trabajador bolchevique en una conferencia de delegados de los trabajadores de la Armada roja, en mayo de 1918: “Se nos acusa de haber sembrado la guerra civil. Se trata de un grave error, cuando no una mentira […] Nosotros no inventamos los intereses de clase. Se trata de una cuestión que existe en la vida, un hecho, que todos debemos reconocer” 25/. Esta es la razón por la cual, los trabajadores y campesinos, a pesar de las enormes privaciones y de los excesos de la guerra civil, continuaron sosteniendo el régimen de los soviets: por supuesto, unos de forma más activa que otros.

La preocupación de Gorki, a propósito de las masas incultas, políticamente no instruidas, era eminentemente sincera. Pero la revolución iba avanzando con o sin la intelectualidad. Frente a esto, sería más razonable tomar parte activa en ello para así facilitar el camino e intentar reducir los excesos. Ciertamente, algunos intelectuales optaron por ello. Un cierto Brik, -figura cultural en Petrogrado- escribía lo siguiente, a principios de diciembre de 1917, en Novaïazhizn’:

“Para mi gran sorpresa, me encontré en la lista electoral bolchevique para las elecciones de la Duma municipal. Yo no soy bolchevique y me opongo a su política cultural. Pero no puedo permitir que las cosas continúen así. Esto sería un desastre si se dejase a los trabajadores que definieran la política. Por consiguiente voy a actuar, pero sin disciplina [exterior]. Aquellos que rehúyan actuar y esperen que la contra-revolución restaure la cultura están ciegos 26/.”

En diciembre de 1917, se formó un nuevo Sindicato internacionalista de enseñantes, después de que algunos de estos decidieran romper con el Sindicato pan-ruso de enseñantes por cuestionar la huelga [contra el gobierno bolchevique]. La nueva organización declaró que resultaba “inadmisible que las escuelas fueran utilizadas como arma política” y efectuaron un llamamiento a los enseñantes para cooperar con el régimen con el fin de crear una nueva escuela socialista 27/.

V. B. Stankevitch, miembro del Partido socialista-popular (populista de derechas) y comisario militar en la época del gobierno provisional, tomó una posición similar en una carta dirigida a sus “amigos políticos”, redactada en febrero de 1918:

“De ahora en adelante, debemos comprender que las fuerzas elementales del pueblo se sitúan al lado del nuevo gobierno. Se nos abren dos vías: continuar la lucha implacable por el poder o adoptar una acción pacífica, constructiva, de oposición leal […]”.

“¿Pueden pretender los antiguos partidos [del gobierno provisional] que poseen la suficiente experiencia, asumir la gestión del país, tarea que es cada vez más difícil? En substancia, no existe ningún programa que pudiéramos oponer al de los bolcheviques. Y una lucha sin programa no resulta más valiosa que las aventuras de los generales mexicanos. E incluso, en el caso de que fuera posible elaborar un programa, debemos ante todo comprender que nos faltan las fuerzas para llevarlo a cabo. Porque, para derrocar al bolchevismo, no en la forma sino en los hechos, sería necesaria la unión de todas las fuerzas: desde los socialistas revolucionarios a la extrema derecha. E incluso, en ese caso, los bolcheviques serán los más fuertes […]”.

“Queda otra vía: la de un frente popular unificado, un trabajo nacional unificado, una creación común […].¿Qué sucederá mañana? ¿Continuar la tentativa aventurera, en substancia sin objetivo y sin significado, de arrancar el poder? ¡O trabajar con el pueblo para acometer una obra realizable tendente a contribuir a la resolución de las dificultades a las cuales debe hacer frente Rusia, unido en una lucha pacífica por principios políticos fundamentales, para establecer los fundamentos verdaderamente democráticos al gobierno del país! 28/”.

La cuestión central es que la posición adoptada por la mayoría de la intelectualidad no parece estar de acuerdo con las razones que ella avanzaba al respecto. Lo cual nos lleva a preguntarnos si no existen otras razones. Parece que, en el fondo, la mayoría de la intelectualidad socialista reveló no ser sino “la fracción más radical de la burguesía”, como lo señalaba el diario SR de izquierda. Dado que la tarea de la revolución consistía en derrocar la autocracia semi-feudal y establecer una democracia liberal, ellos podían apoyar e incluso potenciar el movimiento popular. Pero, desde el momento en que se evidenció –y fue lo mismo en el caso de la revolución de 1905- que en las condiciones rusas la revolución se transformaría en una lucha contra la misma burguesía así como contra el orden social burgués la intelectualidad de izquierdas sintió que el suelo temblaba bajo sus pies.

Tuvieron la impresión que su posición en la sociedad estaba amenazada. A pesar de todo, gozaban de ciertos privilegios, al menos en términos de estatuto y de prestigio, e incluso a veces, de más ingresos y mayor autonomía profesional. Estos privilegios, junto al miedo y a una auténtica desconfianza hacia las masas “desmandadas” e “incultas”, les llevaban a defender, si no el orden político, sí el orden social imperante (capitalista).

Con el tiempo, cabe caer en la tentación de afirmar que la intelectualidad de izquierdas tenía razón. Después de todo, durante los últimos años de su vida, uno de los principales temas de Lenin fue la urgente necesidad de incrementar el nivel cultural de la gente. Este aspecto, y en particular el de la cultura política del campesinado, que constituía la mayoría de la población, fue un factor clave en el ascenso al poder de la burocracia, bajo la dirección de Stalin. Resulta fundamental preguntarse si la posición hostil que la intelectualidad adoptó contra la revolución de Octubre, no contribuyó al mismo.

David Mandel es Catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Quebec en Montreal.

[Esta contribución de David Mandel es una versión revisada y aumentada en 2017 para una publicación brasileña de la publicada en 1981 en el número 14 de la revista Critique, pp. 68-87, animada por Hillel Ticktin. El artículo inicial ha sido revisado y aumentado para su publicación en una revista brasileña, en 2017 (RUS. Revista de Literatura e Cultura. En este tercer capítulo agrupamos los capítulos III y IV editados por Al’encontre Rusa). Esta versión es la que ha servido para la traducción realizada por Sébastien Abbet].

https://alencontre.org/societe/histoire/revolution-russe-la-classe-ouvriere-et-lintelligentsia-iii.html

http://alencontre.org/societe/histoire/revolution-russe-la-classe-ouvriere-et-lintelligentsia-iv.html

Notas:

1/ Znamia truda, 8 de noviembre de 1917.

2/ Novaïa zhizn’, 4 de noviembre de 1917.

3/ Tsentral’nyi gosudarstvennyi arkhiv Sankt-Peterburga, opis’ 9, fond 2, delo 11, list 45.

4/ Ibid.

5/ Znamia truda, 8 de noviembre de 1917.

6/ Ibid.

7/ La definición que dio Pitirim Sorokin, en noviembre de 1917, de las “fuerzas creativas” de la sociedad – que opone a la “seudo-democracia“– es llamativa: “ahora, deben llegar a la escena, de un lado, la intelectualidad, la portadora de la inteligencia y de la conciencia y, del otro, la auténtica [¡!] democracia, el movimiento de las cooperativas, las dumas y zemstvos [gobiernos locales instaurados por el zar Alejandro II, nvs] de Rusia y la aldea consciente [¡!]. Su tiempo ha llegado”(Volia naroda, 6 de noviembre de 1917). La ausencia de los soldados y de los trabajadores es manifiesta. Lo mismo que, por supuesto, de las aldeas “inconscientes”, los campesinos que apoyaban a los SR de izquierda y los bolcheviques. Todas las organizaciones citadas estaban todavía dominadas por los socialistas moderados y los cadetes y no disponían de apoyo político masivo.

8/ Znamia truda, 17 de diciembre de 1917.

9/ Novaïa zhizn’, 12 de diciembre de 1917.

10/ N. I. Goutchkov, importante industrial ruso y presidente de la cuarta Duma de Estado.

11/ Novaïazhizn’, 6 de diciembre 1917. Esto no era del todo exacto. En 1905, la intelectualidad, organizada en el seno de la Unión de uniones, participó en el movimiento huelguístico del otoño. Por primera y última vez. No dió un apoyo activo a los inmensos movimientos huelguistas del período 1912-1914 ni a los de 1915-16.

12/ L.H. Haimson, The Mensheviks, (Chicago: 1975), pp. 102-103. Los mencheviques, en tanto que partido, reorientaron su posición después de la revolución alemana de noviembre de 1918 y adoptaron una posición de oposición leal al gobierno de los soviets.

13/ Radkey. op. cit., p. 469-470.

14/ Znamiabor’by, 21 de mayo de1918.

15/ Ia. A. Shuster, Peterburgski rabochie v 1905-1907 pp., (Leningrado: 1976), p. 166-168.

16/ “The Workers’ Movement after Lena,” en L. H. Haimson, Russia’s Revolutionary Experience, N.Y., Columbia University Press, 2005, pp. 109-229.

17/ Novaïazhizn’, 27 enero 1918.

18/ La posición menchevique-internacionalista consistía en que la base política del gobierno debía ser ampliada para incluir a toda la “democracia”. Este término siempre fue vago y hacía referencia a las capas medias de la sociedad, en particular a los intelectuales.

19/ Edificio en el interior del cual tenían lugar reuniones populares y eventos culturales.

20/ I. Gordienko, Izboevovoproshlovo, (Moscú: 1957), p. 98-101.

21/ Hace referencia a la llegada de campesinos a las fábricas de armamento, en expansión.

22/ Tit Titytch era el personaje de un rico comerciante despótico en una obra de Alexandre Ostrovski (1823-1886).

23/ V.I. Lenin, Polnoe sobranie sochinenii, 5th ed., (Moscú, 1962), vol. 34, 321-322. [¿Se mantendrán los bolcheviques en el poder ?]

24/ Sukhanov, op. cit., vol. 6, p. 192.

25/ Pervaya konferentsiya rabochikh I krasngvardveiskikh deputatov 1-go gorodksovo raiona, Petrogrado, 1918, p. 248.

26/ Novaïazhizn’, 5 diciembre de 1917.

27/ Ibid., 6, 9 y 13 diciembre de 1917. La novela de Veresaev a que hace referencia la nota 37 muestra ejemplos de esta posición así como de la segunda, adoptada por la mayoría de la intelectualidad de izquierdas.

28/ I.V. Orlov, “Dvaputiperednimi,” Istoricheskiiarkhiv, 1997, n° 4, pp. 77-80.

La intelectualidad y la clase obrera en 1917 (III)

por David Mandel//

Los trabajadores no traspasaron alegremente la última etapa de la toma del poder en octubre de 1917. En realidad, la mayor parte de entre .ellos, aunque deseaban desesperadamente el poder de los soviets, dudaron y temporizaron ante “la acción” (vystuplenie). La insurrección fue el acto de una minoría decisiva de trabajadores, los que eran miembros o próximos del partido bolchevique (solo en la capital, el partido contaba en sus filas con 30 000 trabajadores). Cuando forzaron la decisión, la aplastante mayoría de los otros trabajadores dieron su apoyo. Pero en ese momento, los trabajadores estaban preocupados por su aislamiento político. En los días que siguieron a la insurrección se expresó un apoyo amplio de los trabajadores, también en las filas del partido bolchevique, a favor de la formación de un “gobierno socialista homogéneo”, es decir una coalición de todos los partidos socialistas, tanto de izquierda como de derecha.

Sin embargo, las negociaciones tendentes a formar un tal gobierno, emprendidas bajo los auspicios del Comité Ejecutivo Panruso del sindicato de los ferroviarios [Vikzhel], entonces dirigido por los mencheviques internacionalistas (mencheviques de izquierda), fracasaron por la negativa de los mencheviques moderados y los SR, así como de los que se encontraban a su derecha a formar parte de un gobierno, a participar en un gobierno responsable única, o principalmente, ante los soviets. Un tal gobierno estaría compuesto en mayoría por bolcheviques, en la medida en que eran mayoritarios en el reciente Congreso de los Soviets. Tras esta negativa estaba la convicción de los socialistas moderados de que, sin el apoyo de la burguesía, la revolución estaría abocada al fracaso. Ligado a este aspecto estaba el temor de que el gobierno, dirigido por los bolcheviques, cuya base era obrera, emprendiese “experimentaciones socialistas”.

Cuando fracasaron las negociaciones, precisamente sobre la cuestión de la responsabilidad ante los soviets, los SR de izquierda decidieron participar en el gobierno de los soviets en coalición con los bolcheviques. Su periódico subrayaba que “incluso si hubiéramos llegado a la formación de un ‘gobierno homogéneo’, ello habría sido, en realidad, una coalición con la parte más radical de la burguesía” 38/. Pero los mencheviques-internacionalistas, el ala izquierda del partido menchevique que tomó pronto la dirección del partido, rechazó seguir a los SR de izquierda. En un artículo de título “2×2=5”, el economista menchevique-internacionalista V.L. Bazarov expresó su irritación ante lo que él consideraba una confusión de los trabajadores: llamaban a la formación de una coalición de todos los socialistas, pero querían una coalición que fuese responsable ante los soviets.

“[…]Se adoptan resoluciones que exigen inmediatamente la constitución de un gobierno democrático sobre la base de un acuerdo de todos los partidos socialistas y [al mismo tiempo] un reconocimiento del actual TsIK [CEC de los soviets de los diputados de trabajadores y soldados, elegido en el reciente Congreso de los soviets, ampliamente bolchevique] como si fuera el órgano ante el que debe ser responsable el gobierno […]. Pero, actualmente, un gobierno puramente soviético no puede ser más que bolchevique. Cada día que pasa se hace más claro el hecho de que los bolcheviques no pueden gobernar: los decretos se suceden en cadena y no pueden ser puestos en práctica […] Así, incluso aunque sea cierto lo que declaran los bolcheviques, es decir que las masas no están tras los partidos socialistas, que están compuestos exclusivamente de intelectuales […] entonces incluso, serán necesarias amplias concesiones. El proletariado no puede dirigir sin la intelectualidad […] El TsIK debe ser únicamente una de las instituciones ante las que el gobierno es responsable 39/”.

Los mencheviques-internacionalistas compartían la opinión de los bolcheviques según la cual la burguesía era fundamentalmente contrarrevolucionaria. Sin embargo, compartían también la convicción del ala derecha de su propio partido de que una Rusia económicamente atrasada, muy ampliamente campesina, no disponía de las condiciones sociales y políticas favorables al socialismo. En consecuencia, mientras que los mencheviques más a la derecha, en paralelo con los SR, continuaban a llamar a una coalición con los representantes de la burguesía, los mencheviques-internacionalistas subrayaban la necesidad de, al menos, conservar el apoyo de las “capas medias” de la sociedad, la pequeña burguesía y especialmente la intelectualidad. El problema, sin embargo, residía en el hecho de que esta última había adoptado, de forma aplastante, el partido de la burguesía. Resultó que los mencheviques de izquierda quedaron condenados a permanecer espectadores pasivos de la revolución en curso.

En lo que concierne a los mismos trabajadores, cuando les pareció claro que la verdadera cuestión era la de un poder de los soviets o una coalición renovada con la burguesía, bajo una u otra forma, dieron su apoyo al gobierno de los soviets antes incluso de que los SR de izquierda decidieron unirse al mismo. En una reunión, el 29 de octubre, simultáneamente a las negociaciones para formar un gobierno de coalición de todos los partidos socialistas, una asamblea general de los trabajadores de los astilleros navales Admiral’teiski lanzó un llamamiento a todos los trabajadores, pidiendo:

“independientemente de vuestro color partidario, ejerced una presión sobre vuestros centros políticos a fin de alcanzar un acuerdo inmediato de todos los partidos, desde los bolcheviques hasta los socialistas-populares así como a la formación de un gobierno socialista responsable ante el soviet de los diputados trabajadores, soldados y campesinos sobre la base de la siguiente plataforma: proposición inmediata de paz. Transferencia inmediata de la tierra a los comités campesinos. Control obrero de la producción. Convocatoria de la Asamblea Constituyente en la fecha fijada 40/.”

Este era un ejemplo de lo que Bazarov consideraba como revelador de la confusión política de los trabajadores: querían un gobierno de coalición de todos los partidos socialistas, pero querían igualmente que ese gobierno fuese responsable ante los soviets. Una semana más tarde, sin embargo, después de la ruptura de las negociaciones y mientras los bolcheviques permanecían solos en el gobierno, esos mismos trabajadores decidieron

“manifestarse a favor de un poder los soviets pleno e íntegro, indivisible, y contra la coalición con los conciliadores defensistas. Hemos sacrificado mucho por la revolución y estamos dispuestos, si ello fuera necesario, a nuevos sacrificios, pero no abandonaremos el poder a aquellos a los que se les ha arrebatado en una sangrante batalla 41/.”

Cuando los SR de izquierda decidieron entrar al gobierno, habiendo llegado a la conclusión que “incluso si hubiéramos alcanzado la formación de un ‘gobierno homogéneo’, ello habría sido, en realidad, una coalición con la burguesía” 42/, los trabajadores suspiraron colectivamente de relajamiento: se había alcanzado la unidad, al menos “la de abajo”, entre los nyzy [la plebe], siendo principalmente los SR de izquierda un partido campesino. Una asamblea de trabajadores de la fábrica Putilov declaró en esta ocasión:

“Nosotros, trabajadores, saludamos como un solo hombre la unificación deseada desde hace mucho tiempo y dirigimos nuestros calurosos saludos a nuestros camaradas que trabajan en la plataforma del segundo Congreso Panruso de las masas trabajadoras del campesinado pobre, de los trabajadores y de los soldados 43/”.

La Revolución de Octubre, que había consagrado la polarización profunda que existía ya en la sociedad rusa, vio al núcleo de la intelectualidad al lado de las clases poseedoras 44/, mientras que lo que quedaba de la intelectualidad de izquierda permanecía suspendida en alguna parte entre las dos. Los trabajadores respondieron con amargura a esta perceptible traición. Como escribía el SR de izquierda Levin:

“En el momento en que se rompen por el pueblo las cadenas burguesas del Estado, la intelectualidad desierta del pueblo. Los que han tenido la suerte de recibir una educación científica abandonan al pueblo, que les ha llevado sobre sus espaldas agotadas y laceradas. Y, como si ello no bastase, al irse, se burla de su impotencia, de su analfabetismo, de su incapacidad de llevar a cabo grandes transformaciones sin dolor, de conseguir grandes realizaciones. Esta burla es particularmente amarga para el pueblo. En su interior, crece instintivamente el odio hacia las personas instruidas, hacia la intelectualidad 45/”.

El periódico menchevique-internacionalista Novaïa zhizn’ publicó el siguiente informe, de Moscú, en diciembre de 1917:

“Si las trazas externas de la insurrección son poco numerosas, la división en el seno de la población es, de hecho, profunda. Cuando han enterrado a los soldados bolcheviques y la guardia roja [a continuación de la victoria de la insurrección, tras varios días de ásperos combates] no se podía encontrar, según se me ha dicho, un solo intelligent o estudiante de universidad o de instituto, en el seno de esa grandiosa procesión. Y cuando los funerales de los junkers [cadetes de la escuela de oficiales que combatieron para defender al gobierno provisional], no se encontraba entre la multitud ningún trabajador, soldado o plebeyo. La composición de la manifestación en honor de la Asamblea Constituyente era similar –los cinco soldados tras la bandera de la organización militar de los SR no hacían más que subrayar la ausencia de la guarnición.

El abismo que separaba a los dos campos toma amplitud mediante la huelga general de los empleados municipales: los enseñantes de las escuelas municipales, el personal superior de los hospitales, los empleados superiores de los tranvías, etc. Esa huelga hace extremadamente ardua la tarea del gobierno municipal bolcheviques; peor todavía, exacerba el odio de la población nizy hacia toda la intelectualidad y la burguesía. He asistido a la siguiente escena: un tranviario empujando a un estudiante de instituto fuera de su tranvía: ¡‘os enseñan bien, pero parece que no quieren enseñar a nuestros hijos!”.

La huelga de las escuelas y los hospitales fue vista por los nizy de la ciudad como una lucha de la burguesía y de la intelectualidad contra las masas populares 46/.

Esta contribución de David Mandel es una versión revisada y aumentada en 2017para una publicación brasileña. La traducción al francés ha sido realizada por Sébastien Albet.

Notas

38/ Znamia truda, 8 de noviembre de 1917.

39/ Novaïa zhizn’, 4 de noviembre de 1917.

40/ Tsentral’nyi gosudarstvennyi arkhiv Sankt-Peterburga, opis’ 9, fond 2, delo 11, list 45.

41/ Ibid.

42/ Znamia truda, 8 de noviembre de 1917.

43/ Ibid.

44/ La definición que dio Pitirim Sorokin, en noviembre de 1917, de las “fuerzas creativas” de la sociedad – que opone a la “seudo-democracia“– es llamativa: “ahora, deben llegar a la escena, de un lado, la intelectualidad, la portadora de la inteligencia y de la conciencia y, del otro, la auténtica [¡!] democracia, el movimiento de las cooperativas, las dumas y zemstvos [gobiernos locales instaurados por el zar Alejandro II, nvs] de Rusia y la aldea consciente [¡!]. Su tiempo ha llegado”(Volia naroda, 6 de noviembre de 1917). La ausencia de los soldados y de los trabajadores es manifiesta. Lo mismo que, por supuesto, de las aldeas “inconscientes”, los campesinos que apoyaban a los SR de izquierda y los bolcheviques. Todas las organizaciones citadas estaban todavía dominadas por los socialistas moderados y los cadetes y no disponían de apoyo político masivo.

45/ Znamia truda, 17 de diciembre de 1917. 

46/ Novaïa zhizn’, 12 de diciembre de 1917.

Un cuento de George Steiner: A las cinco de la tarde

M. tiene la fama de ser la ciudad más peligrosa de la tierra. El promedio semanal de homicidios se sitúa entre veinte y treinta. Apenas si se presta atención a la explosión de un coche bomba o al crepitar de las armas automáticas. Algunos cadáveres son secuestrados y abandonados a la intemperie. La mayor parte se recoge a la caída del día sin mayor trámite. Sólo subsiste el olor a sangre. De tiempo en tiempo, mujeres y niños son atrapados por el fuego cruzado o alcanzados por las esquirlas de metal lanzadas como catapultas desde un automóvil destripado. Cuando eso sucede, se da un estremecimiento de malestar. Proviene de un pasado de usos civilizados y civiles, de un sentido de la seguridad desaparecido desde hace mucho tiempo. Seguir leyendo Un cuento de George Steiner: A las cinco de la tarde

Entrevista a Josep Fontana: Sobre Cataluña y el 1 de octubre

Josep Fontana (Barcelona, 1931) es uno de los historiadores de referencia en España, autor, entre otros, del libro Por el bien del Imperio. Una historia del mundo desde 1945, y profesor emérito de la Universidad Pompeu Fabra. Su relación con los libros, y su lectura, comenzó en su infancia: su padre tenía una librería de viejo. Su último libro es El siglo de la revolución. Una historia del mundo desde 1914. La entrevista se realiza por teléfono, un aparato que detesta, y más para conversar sobre política, historia y Cataluña. Seguir leyendo Entrevista a Josep Fontana: Sobre Cataluña y el 1 de octubre

La intelectualidad y la clase obrera en 1917 (II)

por David Mandel//

Es en la estela de las Jornadas de Julio cuando los trabajadores se vieron obligados a confrontar directamente con las implicaciones de su aislamiento creciente respecto a la intelectualidad. Los 3 y 4 de julio, los trabajadores industriales de Petrogrado, al lado de algunas unidades de la guarnición local, marcharon en dirección del Palacio de Tauride en manifestación pacífica con el objetivo de hacer presión sobre el Comité Ejecutivo Central (CEC ) de los soviets, que estaba entonces compuesto mayoritariamente de mencheviques y SR (Socialistas Revolucionarios), para que pusiera un final al gobierno de coalición con los representantes de las clases poseedoras y asumiera la iniciativa de tomar el poder . En otros términos, que formase un gobierno de los soviets, en el interior del cual solo estuvieren representados los trabajadores, los soldados y los campesinos. Pero se produjo una cosa impensable: no solamente la dirección menchevique y SR rechazó tener en cuenta la voluntad de los trabajadores sino que se mantuvo a distancia cuando el gobierno, en el seno del cual estaban representados esos dos partidos, lanzó una ola represiva contra los trabajadores, los bolcheviques y otros socialistas de izquierda opuestos al gobierno de coalición. El ministro del interior, directamente responsable de esa política, no era otro que el dirigente menchevique I.G. Tsereteli Seguir leyendo La intelectualidad y la clase obrera en 1917 (II)

¿Por qué se está beneficiando la ultraderecha de la crisis del capitalismo?

por Alejandro Valenzuela y Barry Grey//

Las elecciones alemanas del domingo vieron el surgimiento de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD, siglas en alemán) y el colapso de la fuerza oficialmente de izquierda, el Partido Socialdemócrata (SPD). La votación de más de noventa diputados del AfD marca la primera vez desde el final del Tercer Reich que políticos explícitamente fascistas y racistas integrarán la legislatura nacional. Seguir leyendo ¿Por qué se está beneficiando la ultraderecha de la crisis del capitalismo?

Ofensiva norteamericana para la censura política en Facebook

por Andre Damon//

Facebook, el gigante de la tecnología que controla la red social más grande del mundo, ha anunciado que entregará voluntariamente información sobre anuncios políticos supuestamente vinculados a cuentas falsas operadas desde Rusia al comité del Congreso que está investigando la “intromisión” rusa en las elecciones de 2016. Seguir leyendo Ofensiva norteamericana para la censura política en Facebook

Genocidio en la Patagonia: La verdadera historia de los Zoológicos Humanos

por Silvana García Tironi//

Durante el siglo XVIII- XIX la sociedad intelectual europea sentía una gran fascinación por lo desconocido y exótico. Parte de esta fascinación fue dirigida a grupos nativos de diversas latitudes alrededor del mundo. Así se comienzan a traer grupos de indígenas para observarlos, estudiarlos, y compararlos con la raza civilizada: la blanca europea. Con esto se crea el concepto de “Zoológicos Humanos”.

El zoólogo alemán Carl Hagenbeck, que en un principio se dedicaba a la muestra animal y al circo, se especializó en llevar grupos de indígenas “puros” desde África y Asia, recreando su hábitat y costumbres. Con esta corriente se comienza un boom por traer de todas partes grupos de autóctonos y sus costumbres, en donde Chile no queda excluido. Seguir leyendo Genocidio en la Patagonia: La verdadera historia de los Zoológicos Humanos

Coordinadora Nacional de Trabajadores NO + AFP: Carta Abierta

La Coordinadora Nacional de Trabajadores y Trabajadoras NO+AFP, ha elaborado una propuesta que pone término al sistema de AFP. Hemos dado a conocer al país y en especial a los trabajadores, este nuevo sistema de seguridad social sustentado en el reparto solidario, con financiamiento tripartito y un Fondo de Reserva Técnica. La respuesta de los trabajadores ha sido de un claro apoyo a nuestros planteamientos. Pero desde el gobierno y las autoridades no ha habido sino silencio. Las multitudinarias manifestaciones que han enarbolado nuestra consigna No Más AFP han carecido de eco en las autoridades, aún cuando han tenido la virtud en poner en la palestra pública un hecho indubitable: el sistema de AFP no hace sino condenar a los trabajadores a una vida de miseria luego de su ciclo laboral. Seguir leyendo Coordinadora Nacional de Trabajadores NO + AFP: Carta Abierta

Walter Benjamin: El capitalismo como religión

Hay que ver en el capitalismo una religión, es decir, el capitalismo sirve esencialmente a la satisfacción de las mismas preocupaciones, suplicios e inquietudes a las que daban respuesta antiguamente las llamadas religiones. Probar esta estructura religiosa del capitalismo, es decir, probar que no es sólo una formación condicionada por la religión como lo piensa Weber, sino un fenómeno esencialmente religioso, nos conduciría hoy al extravío de una polémica universal exagerada. No podemos estrechar la red en la cual nos sostenemos; sin embargo,  este punto será apreciado posteriormente. Seguir leyendo Walter Benjamin: El capitalismo como religión

Jornada de resistencia popular catalana: ¿Se acabó el Procés?

por Oscar Blanco//

14 detenciones. 20 registros en sedes de Consejerías y otros departamentos de la Generalitat y empresas. Unas 15 horas de movilizaciones masivas casi espontaneas. Ayer Barcelona y Catalunya vivieron un día que fue cualquier cosa menos normal. La ofensiva represiva contra el 1 de octubre se convirtió de facto en una intervención de la Generalitat con las cuentas de la administración catalana controladas por Montoro y la detención de cargos como Josep Maria Jove, secretario general de Economía. Desde antes de las 9 de la mañana comenzaba a llegar gente a la puerta de las 4 consejerías registradas por la Guardia Civil y corría la convocatoria. El centro de Barcelona estaba prácticamente colapsado ya a las 11 horas con más de media Vía Laietana cortada y un corte en Gran Vía a la altura de Rambla Catalunya. En este punto dónde se encuentra la Consejería de Economía es dónde había el grueso más importante de manifestantes, ya eran unas 5 000 personas. Se fue convirtiendo en el lugar de la concentración en defensa de la democracia y las instituciones catalanas con Omnium y la Assemblea Nacional Catalana llamando a la gente a acudir.Por la tarde se llegó a las 20 000 personas concentradas y el registro de la Consejería se alargó aproximadamente hasta las 20h Seguir leyendo Jornada de resistencia popular catalana: ¿Se acabó el Procés?

Aumenta la cifra de muertos por el terremoto en la Ciudad de México

por Alex González//

Ha ascendido la cantidad de fallecidos a 225 del terremoto de magnitud 7,1 que estremeció a la Ciudad de México y nueve otros estados el martes por la tarde. Los reportes iniciales indican que colapsaron 44 edificios en la capital del país, dejando a 699 personas heridas y 201 desaparecidas. La catástrofe social ocurrió en el aniversario del devastador terremoto de 1985 en la ciudad y tan sólo dos semanas después de que otro sismo de 8,1 grados golpeara el sur del empobrecido país. Seguir leyendo Aumenta la cifra de muertos por el terremoto en la Ciudad de México

¿Recuperación económica mundial?

Los últimos datos económicos muestran que el crecimiento económico en los principales países capitalistas ha ido en aumento durante la primera mitad de 2017.
 
 
La economía de Japón ha crecido al ritmo más rápido de los últimos dos años en el segundo trimestre de este año, y el gasto interno se ha acelerado mientras el país se prepara para los Juegos Olímpicos de Tokio de 2020.

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España amenaza con una potencial toma de poder militar de Cataluña mientras el referéndum se acerca

por Alejandro López// 

El gobierno de España del conservador Partido Popular (PP) prosigue con sus medidas drásticas contra el referéndum sobre la independencia de Cataluña previsto para el primero de octubre. El presidente del gobierno Mariano Rajoy está amenazando con implementar una cláusula de emergencia en la Constitución española para impedir el voto. Seguir leyendo España amenaza con una potencial toma de poder militar de Cataluña mientras el referéndum se acerca

¿Dónde está Santiago Maldonado?

por Eduardo Giordano//

Argentina vive una involución en cuestiones de derechos humanos desde que asumió el gobierno del presidente Mauricio Macri, en diciembre de 2015.[1]Es el caso de la dirigente social indígena Milagro Sala, diputada electa del Parlamento del Mercosur, presa desde hace 20 meses de manera “preventiva” en la provincia de Jujuy, sin condena alguna en este sentido y sin siquiera estar procesada, pero en cambio proscrita para ejercer la política. Este no es un caso aislado, ya que otras comunidades indígenas están siendo hostigadas por el gobierno neoliberal de Cambiemos en defensa de los terratenientes, reprimiendo brutalmente sus protestas y deteniendo a sus dirigentes, como es el caso de los mapuches en la Patagonia, enfrentados por su derecho a la tierra con la multinacional Benetton, entre otros latifundios que ocupan sus tierras ancestrales. En lugar de atender sus reclamos, el gobierno reprime y criminaliza a los dirigentes de los pueblos indígenas que luchan por derechos legítimos, tales como la tierra o los cursos y espejos de agua, que a menudo ocupan esos latifundios impidiendo el acceso público, o que son puestos en peligro por las políticas extractivistas de las multinacionales mineras y petroleras. Seguir leyendo ¿Dónde está Santiago Maldonado?

A 44 años del Golpe, a 100 de la Revolución Rusa

Recuperar el programa internacionalista

Nuevamente el imperialismo yanqui en busca de una nueva orientación que lo fortalezca como imperialismo dominante en medio de la crisis capitalista, vuelve a agitar su puño guerrerista sobre la región con amenazas de salidas militares como lo hizo recientemente contra Venezuela. Y es que pese a que todos los disciplinados gobierno latinoamericanos al imperialismo, incluido el gobierno de Maduro, pretenden posar de democráticos, saben que el desarrollo de las crisis regionales y de la lucha de clases llevará a la confrontación violenta y para ello necesitarán echar mano de las salidas golpistas Seguir leyendo A 44 años del Golpe, a 100 de la Revolución Rusa

La crisis política en La Cocina del poder

por Ibán de Rementería//

 

La actual crisis política tiene su expresión más dramática y generalizada en la probabilidad previsible que la participación en las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias sea aún menor que las pasadas elecciones municipales, que sólo llegaron al 35%, esta es una crisis de convocatoria política y por lo tanto de legitimidad de la democracia. Seguir leyendo La crisis política en La Cocina del poder

Revolución Rusa: Paz, Pan y Tierra

por Fernando Armas//

Es en general conocido que estas tres consignas configuraron el “programa de acción” que motorizó la revolución rusa. Una primera consideración al respecto es que las tres consignas no podían ser concebidas por separado, sino como una unidad. Esto porque las causas que determinaban su razón de ser, es decir, la guerra, el hambre y la propiedad feudal de la tierra, tenían su origen en una crisis del sistema capitalista en su fase imperialista. Seguir leyendo Revolución Rusa: Paz, Pan y Tierra

Lenin, sobre dependencia y liberación nacional

por Rolando Astarita//

En la izquierda está muy generalizada la idea de que la mayoría de los países de América Latina, a excepción de Cuba, y tal vez Venezuela, mantiene una relación de tipo semicolonial, o neocolonial, con las grandes potencias, EEUU en primer lugar. Y que por este motivo, es necesario luchar por realizar la tarea histórica de la liberación nacional, o “la segunda independencia”. En contraposición a esta postura, desde hace años sostengo que países como Argentina, México o Chile, no son semicolonias, y que no está planteada, como demanda pendiente, la liberación nacional. Esta postura conecta con la distinción de Lenin entre países dependientes, por un lado, y países coloniales y semicoloniales; y su noción del contenido de la liberación nacional. En términos generales, podemos decir que se trata de un enfoque muy minoritario en la izquierda, aunque ya ha sido avanzado por diferentes marxistas. Entre ellos, por Dabat y Lorenzano (1984); por mi parte, he desarrollado estas ideas en Economía política de la dependencia y el subdesarrollo (UNQ, 2010), y en los años 1990, en la revista Debate Marxista. Seguir leyendo Lenin, sobre dependencia y liberación nacional

Sobre la tradición revolucionaria popular

Un intercambio con Ramón Franquesa

Discutir sobre los rasgos esenciales del jacobinismo –entendido en su acepción original, no en la forma desnaturalizada en que suele ser aludido hoy– no es asunto baladí, aunque a primera vista pueda parecer algo remoto, de interés exclusivamente académico. Porque lo que se discute son las raíces y el futuro de la democracia. Nada menos. Seguir leyendo Sobre la tradición revolucionaria popular

Revolución Rusa: La intelectualidad y la clase obrera en 1917 (I)

por David Mandel//

Mikhail Terechtchenko (1886-1956), industrial del azúcar y Ministro de Asuntos Exteriores del último gobierno provisional no parloteaba cuando preguntó al marinero que le escoltaba a la prisión después de la toma del Palacio de Invierno: ¿Cómo os vais a arreglar sin la intelectualidad? 1/De hecho, esta cuestión se refiere a un proceso clave de la revolución de 1917: el creciente distanciamiento de la intelectualidad, en particular de la fracción de esta última que se calificaba de democrática o de socialista, hacia la clase trabajadora 2/. Los historiadores se han dedicado relativamente poco a este importante aspecto de la revolución. Sin duda, ello se explica por la visibilidad de la intelectualidad en las cumbres del partido bolchevique, en el interior de su comité central. Sin embargo, eran raros los miembros de la intelectualidad en todos los niveles del partido –ciudades, distritos, lugares de trabajo-: en 1917, de forma aplastante, la composición social y la orientación política del partido bolchevique eran proletarias. Seguir leyendo Revolución Rusa: La intelectualidad y la clase obrera en 1917 (I)

La crisis de España como marco de acumulación del capital. El derecho de España contra los derechos de los pueblos

por Iñaki Gil de San Vicente//

 

  1. Introducción
  2. Nacimiento, esplendor y decadencia histórica
  3. Escuela de Salamanca y controversia de Valladolid
  4. Felipe II y el nacionalismo español «prudente»
  5. Los Austrias menores y la ruptura en la clase dominante
  6. La casa de Borbón y la guerra contra los pueblos
  7. La casa de Borbón y la represión de los pueblos
  8. La dinámica de las contradicciones y sus formas
  9. Bibliografía básica consultada

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América Latina: ¿Feudal o capitalista?

por Luis Vitale//

La controversia respecto de si América latina tiene características feudales o capitalistas podrá parecer académica, pero durante muchos años el movimiento reformista basó su estrategia política en las siguientes proposiciones:

  1. España era un país feudal.
  2. España trasplantó su sistema medieval al Nuevo Mundo, y la colonización se llevó a cabo bajo el régimen feudal.
  3. En América latina creció una aristocracia feudal, y más tarde se independizó de España.
  4. Una aristocracia feudal gobernó los países latinoamericanos durante los siglos XIX y XX, impidiendo el desarrollo del capitalismo Y el surgimiento de una burguesía nacional.
  5. Los partidos populares deben respaldar a la ”burguesía progresista” contra la oligarquía feudal, para cumplir con los objetivos democrático-burgueses por medio de un Frente de Liberación Nacional.

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EEUU: Los demócratas buscan apuntalar al Gobierno en crisis de Trump

por Joseph Kishore//

Los líderes demócratas del Congreso estaodunidense declararon el miércoles por la noche que alcanzaron un acuerdo con el Gobierno de Trump sobre inmigración. El líder de la minoría demócrata en el Senado, Charles Schumer y la líder de la minoría demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, celebraron el acuerdo después de una cena con Donald Trump, quien ha presidido una escalada brutal de los ataques contra los trabajadores y jóvenes inmigrantes. Seguir leyendo EEUU: Los demócratas buscan apuntalar al Gobierno en crisis de Trump

Valparaíso: Puerto o Borde Costero

por Ibán de Rementería//

El destino de Valparaíso se define entre ser puerto o borde costero. No hace muchos años la consigna de la sociedad civil, de la ciudadanía, era “No al mall si al puerto”, en medio de la confusión y escepticismo vecinal – la ciudadanía concreta de una ciudad – que generó la designación por la UNESCO de la ciudad puerto  como sitio patrimonial de la humanidad. Aquella consigna apareció como un llamado de alerta y convocatoria a defender el destino portuario de la ciudad cuando el gran capital comercial y financiero puso su ojo certero para concesionar el Terminal 3 no con fines portuarios sino que comerciales e inmobiliarios. Pero, hay anécdotas que son decidoras, por ejemplo, hasta no hace mucho en un conocido café del centro del Puerto quedaba un ejemplar de un afiche con aquella consigna, donde solo se leía “no al mall” y “si al puerto” había sido borrado. Seguir leyendo Valparaíso: Puerto o Borde Costero

Julio Cortázar: No se culpe a nadie.

El frío complica siempre las cosas, en verano se está tan cerca del mundo, tan piel contra piel, pero ahora a las seis y media su mujer lo espera en una tienda para elegir un regalo de casamiento, ya es tarde y se da cuenta de que hace fresco, hay que ponerse el pulóver azul, cualquier cosa que vaya bien con el traje gris, el otoño es un ponerse y sacarse pulóveres, irse encerrando, alejando. Sin ganas silba un tango mientras se aparta de la ventana abierta, busca el pulóver en el armario y empieza a ponérselo delante del espejo. No es fácil, a lo mejor por culpa de la camisa que se adhiere a la lana del pulóver, pero le cuesta hacer pasar el brazo, poco a poco va avanzando la mano hasta que al fin asoma un dedo fuera del puño de lana azul, pero a la luz del atardecer el dedo tiene un aire como de arrugado y metido para adentro, con una uña negra terminada en punta. De un tirón se arranca la manga del pulóver y se mira la mano como si no fuese suya, pero ahora que está fuera del pulóver se ve que es su mano de siempre y él la deja caer al extremo del brazo flojo y se le ocurre que lo mejor será meter el otro brazo en la otra manga a ver si así resulta más sencillo. Parecería que no lo es porque apenas la lana del pulóver se ha pegado otra vez a la tela de la camisa, la falta de costumbre de empezar por la otra manga dificulta todavía más la operación, y aunque se ha puesto a silbar de nuevo para distraerse siente que la mano avanza apenas y que sin alguna maniobra complementaria no conseguirá hacerla llegar nunca a la salida. Mejor todo al mismo tiempo, agachar la cabeza para calzarla a la altura del cuello del pulóver a la vez que mete el brazo libre en la otra manga enderezándola y tirando simultáneamente con los dos brazos y el cuello. En la repentina penumbra azul que lo envuelve parece absurdo seguir silbando, empieza a sentir como un calor en la cara aunque parte de la cabeza ya debería estar afuera, pero la frente y toda la cara siguen cubiertas y las manos andan apenas por la mitad de las mangas, por más que tira nada sale afuera y ahora se le ocurre pensar que a lo mejor se ha equivocado en esa especie de cólera irónica con que reanudó la tarea, y que ha hecho la tontería de meter la cabeza en una de las mangas y una mano en el cuello del pulóver. Si fuese así su mano tendría que salir fácilmente, pero aunque tira con todas sus fuerzas no logra hacer avanzar ninguna de las dos manos aunque en cambio parecería que la cabeza está a punto de abrirse paso porque la lana azul le aprieta ahora con una fuerza casi irritante la nariz y la boca, lo sofoca más de lo que hubiera podido imaginarse, obligándolo a respirar profundamente mientras la lana se va humedeciendo contra la boca, probablemente desteñirá y le manchará la cara de azul. Por suerte en ese mismo momento su mano derecha asoma al aire, al frío de afuera, por lo menos ya hay una afuera aunque la otra siga apresada en la manga, quizá era cierto que su mano derecha estaba metida en el cuello del pulóver, por eso lo que él creía el cuello le está apretando de esa manera la cara, sofocándolo cada vez más, y en cambio la mano ha podido salir fácilmente. De todos modos y para estar seguro lo único que puede hacer es seguir abriéndose paso, respirando a fondo y dejando escapar el aire poco a poco, aunque sea absurdo porque nada le impide respirar perfectamente salvo que el aire que traga está mezclado con pelusas de lana del cuello o de la manga del pulóver, y además hay el gusto del pulóver, ese gusto azul de la lana que le debe estar manchando la cara ahora que la humedad del aliento se mezcla cada vez más con la lana, y aunque no puede verlo porque si abre los ojos las pestañas tropiezan dolorosamente con la lana, está seguro de que el azul le va envolviendo la boca mojada, los agujeros de la nariz, le gana las mejillas, y todo eso lo va llenando de ansiedad y quisiera terminar de ponerse de una vez el pulóver sin contar que debe ser tarde y su mujer estará impacientándose en la puerta de la tienda. Se dice que lo más sensato es concentrar la atención en su mano derecha, porque esa mano por fuera del pulóver está en contacto con el aire frío de la habitación, es como un anuncio de que ya falta poco y además puede ayudarlo, ir subiendo por la espalda hasta aferrar el borde inferior del pulóver con ese movimiento clásico que ayuda a ponerse cualquier pulóver tirando enérgicamente hacia abajo. Lo malo es que aunque la mano palpa la espalda buscando el borde de lana, parecería que el pulóver ha quedado completamente arrollado cerca del cuello y lo único que encuentra la mano es la camisa cada vez más arrugada y hasta salida en parte del pantalón, y de poco sirve traer la mano y querer tirar de la delantera del pulóver porque sobre el pecho no se siente más que la camisa, el pulóver debe haber pasado apenas por los hombros y estará ahí arrollado y tenso como si él tuviera los hombros demasiado anchos para ese pulóver, lo que en definitiva prueba que realmente se ha equivocado y ha metido una mano en el cuello y la otra en una manga, con lo cual la distancia que va del cuello a una de las mangas es exactamente la mitad de la que va de una manga a otra, y eso explica que él tenga la cabeza un poco ladeada a la izquierda, del lado donde la mano sigue prisionera en la manga, si es la manga, y que en cambio su mano derecha que ya está afuera se mueva con toda libertad en el aire aunque no consiga hacer bajar el pulóver que sigue como arrollado en lo alto de su cuerpo. Irónicamente se le ocurre que si hubiera una silla cerca podría descansar y respirar mejor hasta ponerse del todo el pulóver, pero ha perdido la orientación después de haber girado tantas veces con esa especie de gimnasia eufórica que inicia siempre la colocación de una prenda de ropa y que tiene algo de paso de baile disimulado, que nadie puede reprochar porque responde a una finalidad utilitaria y no a culpables tendencias coreográficas. En el fondo la verdadera solución sería sacarse el pulóver puesto que no ha podido ponérselo, y comprobar la entrada correcta de cada mano en las mangas y de la cabeza en el cuello, pero la mano derecha desordenadamente sigue yendo y viniendo como si ya fuera ridículo renunciar a esa altura de las cosas, y en algún momento hasta obedece y sube a la altura de la cabeza y tira hacia arriba sin que él comprenda a tiempo que el pulóver se le ha pegado en la cara con esa gomosidad húmeda del aliento mezclado con el azul de la lana, y cuando la mano tira hacia arriba es un dolor como si le desgarraran las orejas y quisieran arrancarle las pestañas. Entonces más despacio, entonces hay que utilizar la mano metida en la manga izquierda, si es la manga y no el cuello, y para eso con la mano derecha ayudar a la mano izquierda para que pueda avanzar por la manga o retroceder y zafarse, aunque es casi imposible coordinar los movimientos de las dos manos, como si la mano izquierda fuese una rata metida en una jaula y desde afuera otra rata quisiera ayudarla a escaparse, a menos que en vez de ayudarla la esté mordiendo porque de golpe le duele la mano prisionera y a la vez la otra mano se hinca con todas sus fuerzas en eso que debe ser su mano y que le duele, le duele a tal punto que renuncia a quitarse el pulóver, prefiere intentar un último esfuerzo para sacar la cabeza fuera del cuello y la rata izquierda fuera de la jaula y lo intenta luchando con todo el cuerpo, echándose hacia adelante y hacia atrás, girando en medio de la habitación, si es que está en el medio porque ahora alcanza a pensar que la ventana ha quedado abierta y que es peligroso seguir girando a ciegas, prefiere detenerse aunque su mano derecha siga yendo y viniendo sin ocuparse del pulóver, aunque su mano izquierda le duela cada vez más como si tuviera los dedos mordidos o quemados, y sin embargo esa mano le obedece, contrayendo poco a poco los dedos lacerados alcanza a aferrar a través de la manga el borde del pulóver arrollado en el hombro, tira hacia abajo casi sin fuerza, le duele demasiado y haría falta que la mano derecha ayudara en vez de trepar o bajar inútilmente por las piernas, en vez de pellizcarle el muslo como lo está haciendo, arañándolo y pellizcándolo a través de la ropa sin que pueda impedírselo porque toda su voluntad acaba en la mano izquierda, quizá ha caído de rodillas y se siente como colgado de la mano izquierda que tira una vez más del pulóver y de golpe es el frío en las cejas y en la frente, en los ojos, absurdamente no quiere abrir los ojos pero sabe que ha salido fuera, esa materia fría, esa delicia es el aire libre, y no quiere abrir los ojos y espera un segundo, dos segundos, se deja vivir en un tiempo frío y diferente, el tiempo de fuera del pulóver, está de rodillas y es hermoso estar así hasta que poco a poco agradecidamente entreabre los ojos libres de la baba azul de la lana de adentro, entreabre los ojos y ve las cinco uñas negras suspendidas apuntando a sus ojos, vibrando en el aire antes de saltar contra sus ojos, y tiene el tiempo de bajar los párpados y echarse atrás cubriéndose con la mano izquierda que es su mano, que es todo lo que le queda para que lo defienda desde dentro de la manga, para que tire hacia arriba el cuello del pulóver y la baba azul le envuelva otra vez la cara mientras se endereza para huir a otra parte, para llegar por fin a alguna parte sin mano y sin pulóver, donde solamente haya un aire fragoroso que lo envuelva y lo acompañe y lo acaricie y doce pisos.

El otro 11: dieciséis años de mentiras, hipocresía y militarismo

por Bill Van Auken//

El decimosexto aniversario de los atentados del 11 de setiembre del 2001, los cuales cobraron más de 2900 vidas en Estados Unidosm fue conmemorado nuevamente con ceremonias en donde estaban situadas las Torres Gemelas en el World Trade Center, el Pentágono y el punto en Pennsylvania donde cayó uno de los cuatro aviones secuestrados cuando sus pasajeros luchaban por retomar el control de la aeronave.

Miles se reunieron en la Ciudad de Nueva York para presenciar el acto solemne donde se leen los nombres de las víctimas de lo que constituyó un ataque terrorista criminal y reaccionario que tan sólo sirvió a los intereses del imperialismo estadounidense y mundial. El acontecimiento ha sido utilizado para justificar guerras de agresión y ataques contra los derechos democráticos alrededor del mundo.

Las genuinas emociones de aflicción y añoranza compartidas por aquellos que perdieron a seres queridos ese día volvieron a contrastar marcadamente con la banalidad e hipocresía de las conmemoraciones oficiales escenificadas por los políticos estadounidenses.

Esta vieja dicotomía llegó a una nueva profundidad el lunes, con el discurso principal de la ceremonia en el Pentágono que dio el multimillonario estafador y presidente de tendencia fascista, Donald Trump. Su primera reacción el día de los atentados fue presumir—falsamente además—que la caída de las Torres Gemelas convertía su propiedad en 40 de la calle Wall Street en el edificio más alto de Bajo Manhattan. Sus comentarios esta semana fueron un revoltijo, si acaso recalentado, de discursos viejos, tributos a la bandera estadounidense y un llamado a “defender nuestro país contra las fuerzas barbáricas del mal y la destrucción”.

Trump repitió el desgastado cliché de que, “nuestro mundo cambió” ese 11 de setiembre, una frase que busca convencer que las guerras interminables, las medidas de Estado policial y los drásticos cambios en la vida política del país durante los últimos dieciséis años fueron el resultado de los supuestamente imprevistos e imprevisibles atentados del 11 de setiembre. En otras palabras, no tuvieron nada que ver con lo que les precedió.

El hecho de que esta es una mentira cínica y que el Estado emplea en su propio beneficio es algo que se esclarece más cada año.

En vísperas del aniversario, salieron a la luz nuevas revelaciones que asocian a Arabia Saudita, el país árabe más cercano a Washington, con la preparación de los atentados del 11 de setiembre, en el que 15 de los 19 secuestradores eran ciudadanos saudíes. La prensa corporativa, que no publicó nada significativo para el aniversario, por su mayor parte hizo caso omiso de la nueva evidencia. El diario New York Times marcó el aniversario con un editorial detallando los esfuerzos del examinador médico de la Ciudad de Nueva York para identificar los restos humanos.

Una denuncia federal en nombre de las familias de 1400 víctimas de los atentados presentó evidencia que la embajada saudí en Washington financió lo que parece haber sido un ensayo en 1999 para los atentados del 11 de setiembre. Dos agentes saudíes se hicieron pasar como estudiantes y abordaron un vuelo de America West de Phoenix a Washington D.C., con boletos pagados por la embajada saudí. La denuncia establece que ambos hombres habían sido entrenados en campamentos de Al Qaeda en Afganistán con algunos de los secuestradores del 11 de setiembre. Durante el vuelo, los dos hicieron preguntas técnicas a los asistentes de vuelo que crearon sospechas e intentaron entrar a la cabina de vuelo dos veces, obligando al piloto a realizar un aterrizaje de emergencia en Ohio. Ambos fueron detenidos y cuestionados por el FBI, que decidió no levantar cargos.

Esta es tan sólo la última de una serie de revelaciones que han dejado abundantemente claro que los eventos del 11 de setiembre nunca pudieron haber sucedido sin un apoyo logístico substancial de fuerzas influyentes. A pesar de la reiterada aseveración que “cambiaron todo”, nunca se ha llevado a cabo una pesquisa independiente y objetiva de cómo fue que se realizaron los atentados. Y, a pesar de ser ostensiblemente el más catastrófico fracaso de inteligencia en la historia de EUA, nadie fue llamado a rendir cuentas; no hubo ni despidos ni demociones.

La evidencia que se ha hecho pública demuestra que los secuestradores del 11 de setiembre pudieron entrar al país libremente, atender escuelas de aviación pese a que algunos de los involucrados habían estado bajo la vigilancia de la CIA y el FBI por al menos dos años antes de los atentados. Dos de ellos vivieron en la casa de un informante del FBI.

En el 2016, se publicaron 28 páginas de documentos fuertemente editados, tras permanecer ocultos del público por trece años. Estos indicaban que varios oficiales de la Inteligencia saudí les transfirieron grandes sumas de dinero a los secuestradores poco antes de los atentados, y les prestaron ayuda para encontrar dónde alojarse y recibir clases de aviación.

A pesar de que el gobierno saudí fue el más activo en la realización de los ataques, el involucramiento de la Inteligencia saudí implica a secciones del aparato estatal estadounidense. Esta no es una cuestión de teorías conspirativas, sino un hecho establecido. Es una cuestión relacionada con conspiraciones reales involucrando a la CIA, Afganistán y Al Qaeda, remontándose a la creación del grupo islamista como un brazo de la guerra sucia de Washington contra el Gobierno afgano que era apoyado por la Unión Soviética en los años ochenta.

Lejos de que cambiar todo, los atentados fueron pretextos para actos de agresión militar que habían sido preparados mucho antes. Con la disolución de la Unión Soviética una década más tarde, la burguesía inició una política de emplear el poderío militar estadounidense para contrarrestar el declive del capitalismo estadounidense globalmente. Afganistán e Irak fueron blancos de los esfuerzos para asegurar un dominio militar en dos de las principales regiones productoras de petróleo y gas del mundo, la cuenca del Caspio y Oriente Medio.

Este emprendimiento puramente criminal, justificado en nombre de las víctimas del 11 de setiembre ha cobrado más de un millón de vidas iraquíes y cientos de miles afganas y desatado la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial.

Intentar justificar estos crímenes invocando la “guerra contra el terrorismo”, heredada de Bush a Obama, y ahora a Trump, no sólo está ya desgastado sino que es completamente absurdo. Uno de los productos de los dieciséis años ininterrumpidos de guerras de agresión estadounidenses ha sido la expansión sin precedentes de Al Qaeda y las milicias islamistas asociadas, en gran parte como resultado del uso de estos elementos por parte del imperialismo estadounidense como fuerzas terrestres indirectas para sus guerras de cambio de régimen en Libia y Siria.

Más allá, las múltiples guerras e intervenciones dirigidas por el Pentágono y la CIA, del Norte de África hasta Asia Central, podrían evolucionar en una conflagración mundial. Simultáneamente, Washington está amenazando a Corea del Norte con una guerra nuclear y confrontándose de forma cada vez más peligrosa a sus rivales geoestratégicos principales, Rusia y China.

El 11 de setiembre no “cambió todo”, sino que marcó el inicio de una escalada de lo que George W. Bush llamó “las guerras del siglo XXI”, lo que equivale a una escalada en las agresiones imperialistas que están conduciendo a la humanidad a una tercera guerra mundial.

Macron visita Grecia: la “Izquierda Radical” de Tsipras le da la bienvenida al exbanquero devenido en presidente de Francia

por Alex Lantier//

Emmanuel Macron viajó la semana pasada a Grecia para aplaudir las medidas de austeridad impuestas por el Gobierno de la “Coalición de la Izquierda Radical” o Syriza y para discutir el futuro de la Unión Europea.

La visita a Grecia muestra claramente lo que Macron tiene en mente para la clase obrera francesa. Después de las elecciones generales alemanas del 24 de septiembre, Berlín y París pretenden utilizar la Unión Europea (UE) para liquidar los derechos sociales adquiridos por la clase trabajadora en Francia y en Europa a lo largo del siglo XX. En su asalto contra la clase obrera, la aristocracia financiera procura utilizar a la «izquierda radical» pequeñoburguesa como una herramienta política clave.

Tsipras en Twitter: “Apoyamos iniciativas para una nueva arquitectura económica y monetaria de la UE hacia una Europa más democrática y social”.

El cordial encuentro entre el exbanquero Macron y el primer ministro griego, Alexis Tsipras, también desenmascara la oposición nominal de la pseudoizquierda francesa contra Macron. Jean-Luc Mélenchon y el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), quienes pretenden oponerse a Macron, elogiaron la llegada al poder de Tsipras. Si tomaran puestos de poder bajo Macron, como Mélenchon ha propuesto hacer, la línea de clase que adoptarían no sería significativamente diferente de la de Tsipras.

En su primera reunión con el presidente griego, Prokopis Pavlopoulos, Macron aplaudió los dictados de austeridad de la UE en Grecia: «Deseo rendir homenaje aquí a las reformas que sus gobiernos han llevado a cabo y tendré la oportunidad en breve de tener un intercambio con el primer ministro Tsipras sobre este tema. Pero estas reformas deben ir de la mano con un compromiso colectivo para continuar permitiendo la reestructuración de la deuda de su país».

Macron elogió el «coraje» que Syriza y la clase gobernante griega demostraron al imponer las políticas de austeridad contra el pueblo griego: «La resistencia que ustedes demostraron, el valor que tuvieron para llevar a cabo varias reformas, la voluntad para no olvidar sus principios, su gobierno y su primer ministro siempre se mostraron para mantener a Grecia en Europa, mientras que a su alrededor muchos extremistas los presionaban para que la abandonaran. Nos obliga a tener aún más ambiciones para esta Europa que seguimos queriendo».

De hecho, el único «coraje» que poseían Tsipras y Syriza fue el que tuvieron para rechazar las promesas de oponerse a las medidas de austeridad y de cumplir servilmente las demandas de los bancos, esperando que el ejército y la policía antidisturbios los protegieran de la ira de las masas.

El impacto acumulado de los recortes a las pensiones y al salario mínimo de una serie de gobiernos griegos desde el 2008 ha sido una caída promedio del 40 por ciento en las pensiones y los salarios. Las quiebras y despidos de pequeñas empresas y una ola de despidos masivos en la fuerza laboral del sector público han llevado a una tasa de desempleo del 25 por ciento (60 por ciento entre los jóvenes).

Atenas y la UE utilizaron la catástrofe social que estaban creando –el PIB griego cayó en un cuarto, como en los países más afectados de la depresión de los años treinta— para desgarrar los derechos sociales básicos de los trabajadores. Estos ataques incluyeron una reducción de la pensión mínima a 384 euros por mes y la eliminación de los servicios públicos de salud para los desempleados.

Syriza quedó electo en enero del 2015, basando su campaña en falsas promesas que repudiaron rápidamente de poner fin a las medidas de austeridad de la UE. Incluso organizaron un referéndum para votar sobre la austeridad el 25 de julio, con la esperanza de obtener un voto del «sí» que les permitiera renunciar, culpando a la población de apoyar a la UE. Frente a un aplastante 62 por ciento por el «no», en su mayoría de trabajadores, Syriza pisoteó la opinión pública e impuso el mayor paquete de medidas de austeridad desde el comienzo de la crisis.

Al igual que Mélenchon y el NPA en Francia hoy, Tsipras se negó a llamar a los trabajadores europeos a defender a los trabajadores en su país para oponerse a la austeridad. Como había advertido el WSWS, el rechazo de Syriza a la única estrategia viable de oposición a la UE se debía a su aprobación esencial, compartida por sus aliados en toda la UE, del programa social reaccionario de la UE.

Macron no viajó a Grecia sólo para legitimar los ataques contra la clase obrera, sino también para promover los intereses estratégicos y comerciales del imperialismo francés y europeo. Su visita estaba estrechamente ligada al creciente peligro de una guerra mundial. A medida que se ensanchan las divisiones entre Washington y Berlín tras la elección de Trump y aumenta el riesgo de una guerra entre Estados Unidos, China y Rusia por la península coreana, Grecia se está convirtiendo en un campo de batalla en una lucha por influencia entre las principales potencias.

«Para no ser gobernados por potencias más grandes como los chinos y los estadounidenses, creo en una soberanía europea que nos permita defendernos y existir», dijo Macron en un discurso posterior en la colina del Pnyx, cerca del Partenón, en Atenas.

Al igual que con su política interna, la política exterior de Macron es una reaccionaria en toda la línea. Prometió presionar a la UE para que le ayude a Tsipras evitando que los refugiados huyan de las guerras de la OTAN en Oriente Medio hasta Grecia: «Necesitamos, por esta razón, avanzar una cooperación permanente y planificada que nos permita protegernos de grandes migraciones como a las que su país se enfrentó en años recientes».

La principal política de refugiados de la UE ha sido negarles su derecho de asilo y limitar las operaciones de rescate en el Mediterráneo, lo que ha provocado miles de muertes por ahogamiento, mientras intensifican los patrullajes navales en la región.

Por otra parte, Macron aludió brevemente a los conflictos en el interior de la UE provocados por la crisis griega, diciendo: «Nuestra zona del euro tiene que renunciar a una especie de guerra civil interna por diferencias menores». No sólo propuso reestructurar las deudas de Grecia, sino también impedir que el Fondo Monetario Internacional (FMI) desempeñe un papel en la formulación de las políticas de austeridad impuestas sobre Grecia.

Lo que está en juego no son diferencias en cuanto al grado austeridad, ya que las políticas de la UE son tan brutales como las del FMI, sino las explosivas rivalidades interimperialistas. A medida que Washington y la UE entran cada vez más abiertamente en conflicto, Macron buscará limitar más la influencia del FMI, que tiene su sede en Washington, mientras le exige concesiones financieras a Berlín para Grecia a cambio del apoyo francés contra Estados Unidos.

En su viaje, Macron trajo a su séquito una gran delegación de CEOs y altos directivos de las más grandes compañías francesas. Entre las empresas representadas estaba la operadora portuaria Terminal-Link, que participa en las negociaciones sobre la privatización del puerto de Tesalónica. Hay una creciente rivalidad con China, cuya compañía naviera COSCO ha adquirido una participación mayoritaria en el puerto del Pireo en Atenas y quiere convertirlo en un nodo importante en la red de infraestructura «Una cinturón, una ruta» del régimen chino que conecta China con Europa.

El New York Times citó al comentarista griego Coastas Iordanidis diciendo que Atenas espera que Macron reafirme su apoyo a la posición de Grecia en la UE y presione a los inversores franceses para «contrarrestar» las inversiones de Alemania y China en Grecia.

Karl Marx: Prólogo a la primera edición alemana de El Capital

El trabajo, cuyo primer tomo propongo al público, es la continuación de la Contribución a la crítica de la Economía política, publicada por mí en 1859. El largo intervalo transcurrido entre el comienzo y la continuación me ha sido impuesto por una enfermedad de muchos años que ha interrumpido la labor repetidas veces.

El contenido de la obra primitiva está resumido en el primer capítulo de este tomo. Y al hacerlo así, no se ha atendido solo a conseguir que sean más coherentes y completas las ideas, sino que se ha mejorado la exposición. En la medida en que la materia lo ha permitido, se han desarrollado aquí puntos que antes apenas se esbozaron, mientras que otros, ampliamente desarrollados allí, aquí simplemente se enuncian. Los capítulos sobre la historia de la teoría del valor y de la teoría del dinero, por supuesto, han sido omitidos del todo. En cambio, el lector del trabajo anterior encontrará en las notas del primer capítulo referencias a nuevas fuentes para el estudio de la historia de estas teorías.

El principio siempre es duro; esto vale para todas las ciencias. Por eso, la máxima dificultad la constituirá la comprensión del primer capítulo, en particular, los párrafos referentes al análisis de la mercancía. En cuanto a lo que toca especialmente al análisis de la sustancia del valor y de la magnitud del valor he procurado, en la medida de lo posible, exponerlo en forma popular. La forma valor, que llega a su pleno desarrollo en la forma dinero, es muy simple y de poco contenido. No obstante, la inteligencia humana se ha dedicado a investigarla durante más de 2.000 años, sin resultado, mientras que otras formas más complejas y de contenido mucho más rico han sido analizadas, por lo menos aproximadamente, con resultado positivo. Y esto, ¿por qué? Porque es más fácil de estudiar el cuerpo organizado que las células del cuerpo. Además, para analizar las formas económicas, no se puede utilizar ni el microscopio ni los reactivos químicos. La capacidad de abstracción ha de suplir a ambos. Ahora bien: para la sociedad burguesa, la forma mercancía del producto del trabajo o la forma valor de la mercancía son formas económicas celulares. A los espíritus poco cultivados les parece que analizar estas formas significa perderse en minucias. Se trata efectivamente de minucias, pero de minucias como las que son objeto de la anatomía microscópica.

Por eso, a excepción del capítulo sobre la forma valor, nadie podrá acusar a este libro de difícil o incomprensible. Me refiero, por supuesto, a lectores que traten de aprender algo nuevo y quieran, por tanto, pensar por sí mismos.

El físico, para observar los procesos naturales, o bien lo hace donde se presentan en forma más acusada y menos deformada por influencias perturbadoras, o bien, si puede, hace experimentos en condiciones que aseguren el desarrollo del proceso en su forma pura. Lo que me propongo investigar en esta obra es el modo de producción capitalista y las relaciones de producción y de cambio que le corresponden. El país clásico para ello es hasta ahora Inglaterra. De aquí el que haya tomado de él los principales hechos que sirven de ilustración a mis conclusiones teóricas. Si el lector alemán alza los hombros con gesto de fariseo ante la situación de los trabajadores industriales y agrícolas ingleses o si se tranquiliza con optimismo pensando que en Alemania las cosas no están, ni con mucho, tan mal, tendré que decirle: De te fabula narratur!

No se trata aquí del grado de desarrollo, más alto o más bajo, que alcanzan los antagonismos sociales engendrados por las leyes naturales de la producción capitalista. Se trata de las leyes mismas, de las tendencias mismas que actúan y se imponen con una necesidad férrea. El país industrialmente más desarrollado no hace más que mostrar al que es menos desarrollado el cuadro de su propio porvenir.

Pero aparte de esto: en los sitios donde la producción capitalista ha tomado por completo carta de naturaleza en nuestro país, por ejemplo, en las fábricas propiamente dichas, la situación es mucho peor que en Inglaterra, por faltar el contrapeso de la legislación fabril. En todas las esferas restantes, pesa sobre nosotros, como sobre los demás países continentales de la Europa Occidental, no sólo el desarrollo de la producción capitalista, sino su insuficiente desarrollo. Además de las miserias modernas, nos oprime toda una serie de miserias heredadas, procedentes del hecho de seguir vegetando entre nosotros formas de producción antiguas y ya caducas que acarrean un conjunto de relaciones sociales y políticas anacrónicas. No sufrimos sólo a causa de los vivos, sino a causa de los muertos. Le mort saisit le vif!

En comparación con la inglesa, la estadística social alemana y del resto de la Europa Occidental continental, es muy pobre. Sin embargo, levanta el velo lo bastante para dejar entrever la cabeza de Medusa. Nos horrorizaríamos de ver nuestra propia situación si nuestros gobiernos y parlamentos designasen periódicamente, como en Inglaterra, comisiones de investigación de las condiciones económicas; si estas comisiones estuviesen investidas de los mismos poderes que en Inglaterra para descubrir la verdad; si se pudiera encontrar, para cumplir esta misión, hombres tan expertos, imparciales y severos como los inspectores del trabajo de Inglaterra, como los médicos ingleses que informan sobre la Public Health, como los comisarios ingleses que investigan sobre la explotación de la mujer y del niño, sobre las condiciones de la vivienda y de la alimentación, etc. Perseo se cubría con un casco mágico para perseguir a los monstruos; nosotros nos colocamos este casco mágico sobre nuestros ojos y nuestros oídos para poder negar la existencia de los monstruos.

No hay que hacerse ilusiones. Del mismo modo que la guerra de la Independencia norteamericana del siglo XVIII fue el toque a rebato para la clase media europea, la guerra civil norteamericana del XIX lo ha sido para la clase obrera de Europa. En Inglaterra, el proceso revolucionario se ha hecho palpable. Cuando alcance un determinado nivel debe repercutir en el continente. Y allí revistirá formas más brutales o más humanas, a tono con el grado de desarrollo de la clase obrera misma. Abstracción hecha de móviles más elevados, sus más vitales intereses mandan a las clases hoy dominantes eliminar todos los obstáculos para el desarrollo de la clase obrera que pueden ser eliminados por la legislación. Esta es la razón por la cual yo me he extendido tanto en este tomo sobre la historia, el contenido y los resultados de la legislación fabril inglesa. Una nación debe y puede aprender de otra. Incluso en el caso en que una sociedad haya llegado a descubrir la pista de la ley natural que preside su movimiento —y la finalidad de esta obra es descubrir la ley económica que mueve la sociedad moderna— no puede saltar ni suprimir por decreto sus fases naturales del desarrollo. Pero puede acortar y hacer menos doloroso el parto.

Unas palabras para evitar posibles interpretaciones falsas. A los capitalistas y propietarios de tierra no los he pintado de color de rosa. Pero aquí se habla de las personas sólo como personificación de categorías económicas, como portadores de determinadas relaciones e intereses de clase. Mi punto de vista, que enfoca el desarrollo de la formación económica de la sociedad como un proceso histórico-natural, puede menos que ningún otro hacer responsable al individuo de unas relaciones de las cuales socialmente es producto, aunque subjetivamente pueda estar muy por encima de ellas.

En el terreno de la Economía política, la investigación científica libre se encuentra con más enemigos que en todos los demás campos. La particular naturaleza del material de que se ocupa levanta contra ella y lleva al campo de batalla las pasiones más violentas, más mezquinas y más odiosas que anidan en el pecho humano: las furias del interés privado. La alta Iglesia de Inglaterra, por ejemplo, perdona antes un ataque contra 38 de sus 39 artículos de fe que contra 1/39 de sus ingresos monetarios. Hoy en día, el mismo ateísmo es una culpa levis, comparado con la crítica de las tradicionales relaciones de propiedad. Sin embargo, aquí hay que reconocer la existencia de un paso adelante. Observemos, por ejemplo, el Libro Azul publicado en las últimas semanas con el título Correspondence with Her Majesty’s Missions Abroad, regarding Industrial Questions and Trades Unions. Los representantes de la corona de Inglaterra en el extranjero exponen aquí sin ambages que en Alemania, en Francia, en una palabra, en todos los países cultos del continente europeo es tan palpable y tan inevitable como en Inglaterra una transformación radical de las relaciones entre el capital y el trabajo. Al mismo tiempo, al otro lado del Atlántico, el señor Wade, vicepresidente de los Estados Unidos de Norteamérica, declaraba en mítines públicos que, abolida la esclavitud, se ha puesto sobre el tapete la transformación de las relaciones de propiedad sobre el capital y la tierra. Son éstos signos de la época, que no se dejan encubrir con mantos de púrpura ni con sotanas negras. No significan que mañana se vayan a producir milagros. Indican que en las mismas clases dominantes apunta ya el presentimiento de que la sociedad actual no es ningún cristal duro, sino un organismo susceptible de transformación y en transformación constante.

El segundo tomo de esta obra tratará del proceso de circulación del capital (libro II) y de los aspectos del proceso en su conjunto (libro III); y el tercero y último (libro IV), de la historia de la teoría.

Bienvenido sea todo juicio crítico científico. Contra los prejuicios de la llamada opinión pública, a la que nunca he hecho concesiones, tengo por divisa el lema del gran florentino:

Segui il tuo corso, e lascia dir le genti!

Karl Marx

Londres, 25 de julio de 1867

Documental: La Spirale

De retorno a Francia, en 1973, tras su expulsión de Chile, Mattelart se propone realizar un documental sobre la experiencia del gobierno de la Unidad Popular. Con Jacqueline Meppiel y Valérie Mayoux, seleccionan documentos de unas 20 fuentes: cinematecas; filmes del chileno Patricio Guzmán, del norteamericano Saul Landau, del sueco Jan Linqvist, y del cubano Santiago Álvarez; noticiarios de Chile Film y reportajes televisivos chilenos, incluyendo los opuestos a Allende. Consultan también los archivos de televisiones estadounidenses, europeas del norte y latinoamericanas, particularmente los de la cubana. Finalmente, François Périer aporta su voz, Jean-Claude Eloy su música, y el célebre diseñador belga Jean-Michel Folon se ofrece para crear figurines originales. Seguir leyendo Documental: La Spirale

La campaña electoral federal de Alemania y el peligro de una guerra nuclear mundial

por Johannes Stern//

Los medios de comunicación y los partidos políticos en Alemania han procurado por mucho tiempo evadir los temas de guerra y militarismo durante las campañas electorales federales. Pero la realidad acabó poniéndose al día con ellos. La agresividad del imperialismo estadounidense hacia Corea del Norte, Rusia y China, y la prueba nuclear del régimen de Pyongyang, han llevado al mundo al borde de una guerra nuclear que pondría en tela de juicio la supervivencia misma de la humanidad. El peligro que el Sozialistische Gleichheitspartei (SGP) y el Comité Internacional de la Cuarta Internacional han estado advirtiendo desde hace bastante tiempo ahora se está discutiendo abiertamente.

El miércoles, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, trazó un paralelo con la situación en 1914 y declaró: “Si se contempla la historia de la Primera Guerra Mundial, sobrevino un paso a la vez, con un lado haciendo una cosa y el otro haciendo algo más, y entonces ocurrió una escalada”.

En un artículo titulado “Los alborotadores”, el Süddeutsche Zeitung planteó la inquietante pregunta: “Quién sabe si, en tal situación, terminen sucediendo cosas que nadie quería al principio. No es una coincidencia que los sonámbulos, que llevaron a Europa a la Primera Guerra Mundial en el verano de 1914, sean objeto de discusión otra vez”.

La última sesión del Parlamento alemán (Bundestag) antes de la elección ser vio opacada por el peligro de una guerra nuclear. Incluso antes de que la canciller Angela Merkel (Demócrata Cristiana, CDU) abriera la sesión con un discurso, Rolf Mützenich, líder suplente del grupo parlamentario socialdemócrata (SPD) sobre política exterior y defensa, declaró: “Una sombra nuclear se asienta nuevamente sobre el mundo –por Corea del Norte, pero también debido a un presidente descuidado y fanfarrón de EUA, que está ampliando dicha sombra nuclear. Sra. canciller, creo que se merecería todos los honores si contradice fuertemente al presidente estadounidense en el período que le queda en el cargo”.

El ministro de Relaciones Exteriores, Sigmar Gabriel (SPD), advirtió en su discurso acerca de “una fase en la que hablamos no sólo de un rearme convencional, sino del regreso a las horas más oscuras de la Guerra Fría”. Globalmente, “India, América Latina, Estados Unidos, Rusia, Europa, África, en todas partes estamos hablando de rearmes, no se discute acerca de nada más en ninguna parte”.

“El símbolo político, la acción política que debe venir de Alemania no puede ser que nos vamos a unir a esta carrera armamentística”, proclamó el canciller. “La señal de Alemania, independientemente de quién haya gobernado este país, siempre ha sido que Alemania quiere ser una voz para la paz y una potencia para la paz en el mundo y no participará en el rearme”. Gabriel luego describió la decisión de la OTAN de gastar 2 por ciento del producto interno bruto en defensa como un “error” –“A pesar de que los socialdemócratas apoyaran este compromiso en su momento”—.

En noviembre de 1933, León Trotsky escribió el artículo “El pacifista Hitler”, donde describe cómo incluso Hitler se comprometió a la “paz” y “el entendimiento internacional” al comienzo del Gobierno nazi. Trotsky señaló que, a finales de 1933, el Tercer Reich todavía era demasiado débil “para poder hablar, en el siguiente período, otro lenguaje que no fuese el del pacifismo”. Sin embargo, en el transcurso de unos años, después de haberse rearmado, pasaría de “‘mi paz’ a ‘mi lucha’ e incluso a ‘mi guerra’”.

A Gabriel le tomó menos de cinco minutos en el Bundestag pasar de la paz y el desarme a exigir una acumulación militar alemana. “Por supuesto, debemos mejorar los armamentos de las fuerzas armadas, porque, por cierto, se han hecho recortes a las fuerzas armadas durante 12 años”, dijo el socialdemócrata. Gabriel identificó al político derechista Karl Theodor zu Guttenberg de la Unión Social Cristiana (CSU), quien fue ministro de Defensa del 2009 al 2011 y actualmente está intentando regresar a la política, como el principal responsable de esto.

La dirección que busca definir Gabriel a través de sus críticas sobre el gasto del 2 por ciento del PIB para la OTAN es clara. Alemania se está rearmando y preparando, junto con las otras grandes potencias, para la guerra, pero procura hacerlo bajo sus propios términos.

El “tema principal en juego no debe ser cuánto gastamos, sino más en qué lo gastamos”, declaró Gabriel ante los diputados. Lo que está en juego es “la estrategia correcta”. Y esto ha sido dicho por “cada soldado que regresa de un despliegue del extranjero”: “Sí, necesitamos al ejército. Pero, estimado Sr. Gabriel, no crea que simplemente a través de más gastos militares y en defensa va a poder asegurar la paz y la estabilidad, y combatir el movimiento de refugiados. Tiene que luchar contra el hambre, la pobreza, la desesperanza y la falta de un futuro. Tiene que hacer eso”.

Esta es una crítica si acaso disimulada de las guerras dirigidas por Estados Unidos en Oriente Medio, a las que Gabriel quiere contraponer una política intervencionista europea supuestamente más “humanitaria”, dominada por Berlín.

“Europa es responsable de la seguridad europea”, escribió Gabriel en su último libro con el revelador título Neuvermessungen (Nuevas mediciones). “En política exterior y de seguridad, tenemos que ser capaces de tener una conciencia estratégica y tomar acción, porque aún no somos lo suficientemente buenos. Esto incluye definir nuestros intereses europeos y articularlos independientemente de Estados Unidos. Esta obstinación en cierta medida requiere una emancipación de adoptar posiciones desarrolladas en Washington”.

El objetivo declarado de Gabriel es el establecimiento de un ejército europeo capaz de hacer valer sus intereses globales independientemente de la OTAN y Estados Unidos y, si es necesario, en oposición a este último. “No se trata simplemente de comprar nuevas armas. Se trata de integrar más fuertemente la industria armamentista europea y de reunir recursos. Se trata de la creación de una identidad de seguridad común europea, que a través de estructuras cada vez más integradas despeje el camino hacia un ejército europeo”.

Gabriel sabe muy bien que los planes de Estados Unidos para fortalecer su arsenal nuclear ponen en peligro esta política. Un “regreso a las horas más oscuras de la Guerra Fría” aumentaría la dependencia de Alemania y Europa de Estados Unidos, y socavaría los intereses económicos y geopolíticos de Berlín, que están en constante contradicción con los de Estados Unidos. Gabriel tiene la intención de utilizar el resto de la campaña electoral para transformar el miedo generalizado de una guerra nuclear incitada por Estados Unidos en apoyo para el militarismo alemán.

El partido La Izquierda (Die Linke) y los Verdes, los cuales se esfuerzan por formar un gobierno con Martin Schulz, el candidato a canciller del SPD, después de las elecciones estarán trabajando por el mismo objetivo. El martes, presentaron una moción en el Bundestag pidiéndole al gobierno alemán que “retire” su apoyo a la meta del 2 por ciento para la OTAN e “inicie inmediatamente negociaciones con EUA para que retire sus armas nucleares desplegadas en Büchel de la República Federal tan pronto como posible”.

Jan Korte, quien argumentó a favor de la moción de La Izquierda, la cual fue derrotada, no dejó ninguna duda de que los motivos no eran pacifistas, sino que buscaba fortalecer el imperialismo alemán contra Washington. La moción señalaba, “somos independientes y soberanos —incluyendo de Estados Unidos de América— y hacemos nuestras propias políticas aquí”.

El Sozialistische Gleichheitspartei es el único partido que se opone a los planes de guerra nuclear estadounidenses de igual manera que al rearme europeo y alemán, y lucha desde el punto de vista de la clase obrera internacional contra el creciente peligro de guerra. En nuestra declaración electoral: “¡Contra el militarismo y la guerra! ¡Por el socialismo!”, declaramos lo siguiente:

“El peligro de una tercera guerra mundial no puede ser evitado mediante llamamientos por la paz hacia la clase gobernante. La lucha contra la guerra está ligada inseparablemente de la lucha por el socialismo. El SGP pide la construcción de un movimiento internacional contra la guerra basado en los siguientes principios:

“La lucha contra la guerra debe basarse en la clase obrera, la gran fuerza revolucionaria de la sociedad, uniendo tras de sí a todos los elementos progresistas de la población.

“El nuevo movimiento contra la guerra debe ser anticapitalista y socialista, ya que no puede haber una lucha seria contra la guerra, excepto en la lucha por acabar con la dictadura del capital financiero y el sistema económico que constituye la causa fundamental del militarismo y la guerra.

“El nuevo movimiento contra la guerra debe, por necesidad, ser completa e inequívocamente independiente de todos los partidos políticos y organizaciones de la clase capitalista y hostil hacia ellos.

“El nuevo movimiento contra la guerra debe ser, ante todo, internacional, movilizando el vasto poder de la clase obrera en una lucha global unificada contra el imperialismo. La guerra permanente de la burguesía debe ser contestada con la perspectiva de la revolución permanente de la clase obrera, cuyo objetivo estratégico es la abolición del sistema del Estado-nación y el establecimiento de una federación socialista mundial. Esto hará posible el desarrollo racional y planificado de los recursos mundiales y, sobre esta base, la erradicación de la pobreza y la elevación de la cultura humana a nuevas alturas”.

 

(Fotografía: Ceremonia de las Antorchas de las FFAA alemanas año 2017)

¿Una laguna en la obra de Marx o ignorancia del lector?

por Elmar Altvater//

El intercambio metabólico entre naturaleza y sociedad en un modo de producción basado en el valor.

En los 150 años transcurridos desde que se publicó por primera vez el Capital se han formulado tantos reproches contra Karl Marx y, en mayor medida todavía, contra su amigo y coautor Friedrich Engels, que casi es imposible enumerarlas. A diferencia de los economistas políticos que le precedieron, Marx fue supuestamente incapaz de explicar la formación de los precios. Es más, según sus críticos, la depauperación que predijo de la clase obrera no se ha producido y el capitalismo no se halla en proceso de colapso, sino que ha surgido triunfante de la competencia entre sistemas. También se acusa a Marx y Engels de haber allanado el camino, con sus escritos teóricos y políticos, a las atrocidades de Stalin, siendo por tanto autores intelectuales de los crímenes cometidos en la “edad de los extremos”.

Estas son duras acusaciones que todavía hoy sostienen no pocos periodistas. Claro que algunas de las lagunas que Marx sin duda dejó abiertas en su obra, parecen más bien responder a un prejuicio: Marx, y especialmente Engels, supuestamente no tenían respuesta alguna a las cuestiones ecológicas que constituyen nuestra principal preocupación en nuestros días. Se dice que no tuvieron en cuenta el hecho de que el valor no solo lo crea el trabajo, sino también la naturaleza; que, en su edificio teórico, la naturaleza ocupa menos espacio que el que se otorga a la sociedad y que la noción monoteísta de la dominación de la naturaleza por los humanos no se cuestiona críticamente. Sin embargo, un examen de los escritos conjuntos de Marx y Engels, especialmente del primer volumen del Capital, demuestra que los lectores han dejado manchas y huellas dactilares, es decir, rastros de su existencia ecológica. Es imposible leer a Marx sin tener en cuenta la ecología. Uno lee a Marx con la cabeza y, por consiguiente, con la razón, pero la experiencia también es táctil y uno gira las páginas con la yema de los dedos.

Supuestamente, Marx y Engels no tenían respuesta alguna a las cuestiones ecológicas que constituyen la principal preocupación en nuestros días. Sin embargo, un examen serio de sus escritos muestra los atisbos ecológicos contenidos en su obra.Un autor sin puntos ciegos en su obra es como un héroe sin tacha, un verdadero modelo de un santo o, en otras esferas, un pelmazo monumental. Por descontado, los lectores que viven 150 años después de la muerte del autor son, ante todo, más inteligentes, o al menos deberían serlo, por mucho que el autor se llame Karl Marx. Sin embargo, esta inteligencia normalmente solo alcanza para detectar predicciones incumplidas del autor y para señalar una u otra laguna en su razonamiento; y para anunciar tales descubrimientos a los cuatro vientos. Algunos lectores solo son capaces de combatir las teorías de Marx armados con viejos argumentos.

Al igual que otros muchos autores y autoras, no cabe duda de que Marx dejó muchos flancos abiertos. Estos puntos débiles deben contemplarse como un reto para el lector de consolidarlos con sus propios pensamientos y los argumentos resultantes. Esto requiere cierto esfuerzo, por mucho que las lagunas que dejó Marx encierren tanto potencial que podrían dar pie a muchos centenares de ideas. Pero nadie cultiva estas creaciones en una época en que el presidente de un falso país ordena incursiones aéreas muy reales y mortíferas a golpe de Twitter por debajo del umbral de reflexión, y cuando, de modo menos escandaloso, la crítica de ideas, incluso de teorías elaboradas para las que Marx aportó una base científica y muchos ejemplos, pasa a formar parte de un oportunismo promocional adaptado afirmativamente, o cuando algún periodista insensato de un periódico respetado se propone la misión imposible de descubrir errores.

Nos referimos a Marx del mismo modo en que nos referimos a otras mentes preclaras que han impartido conocimientos indispensables para responder a los enigmas irresueltos en nuestra labor actual. Ni siquiera podemos nombrar a todas ellas porque algunas se han convertido en una segunda naturaleza y parte del discurso cotidiano, hasta el punto de que nos extrañamos cuando alguien menciona la autoría de algún pensamiento o dicho familiar; por ejemplo, que los economistas son gente que sabe el precio de todo, pero el valor de nada. Esto lo dijo Oscar Wilde, quien a todas luces, como poeta, lo sabía mejor que el club de premios Nobel de economía que se reúnen regularmente en Lindau para reflexionar sobre sí mismos en plan narcisista.

Marx dijo que las monedas y el dinero en efectivo del “sistema monetario” era un invento “esencialmente católico”, mientras que “el sistema crediticio [era] esencialmente protestante”. Como prueba, añadió que esto ya lo ilustraba el hecho de que “los escoceses odian el oro” (El Capital, vol. III). Hoy sabemos que fueron sobre todo protestantes quienes crearon el sistema monetario del euro y protestantes los que están tratando de abolir el dinero en efectivo en Europa. Una lucha entre confesiones lidiada con medios monetarios. Y Marx lo anticipó porque conocía el vínculo indestructible que existe entre un modo de producción basado en el valor y sus construcciones culturales e ideológicas.

Con cada nueva lectura de El Capital, uno descubre algo nuevo. Pero esto solo sucede si uno aborda el texto con curiosidad y desde una perspectiva actual y no lo lee como una serie de mandamientos grabados en tablillas de piedra. Incluso 200 años después de que naciera Marx persiste el vano empeño de no querer ver el mundo bajo la misma luz, sino sumergirse en la penumbra de la propia falta de visión. Hay marxistas fundamentalistas que demonizan una relectura crítica de El Capital (como la de Mathias Greffrath, de 2017), aunque ahora son menos en número.

Supuestamente, Marx y Engels no tenían respuesta alguna a las cuestiones ecológicas que constituyen la principal preocupación en nuestros días. Sin embargo, un examen serio de sus escritos muestra los atisbos ecológicos contenidos en su obra.Es una tarea intelectual fundamental de la Ilustración –podríamos añadir que con el fin de mejorar a la humanidad– arrojar luz sobre todo el ámbito de la lucha de clases, la diversidad de conflictos sociales y sus agentes, sus orígenes, sus dinámicas y formas de desarrollo y sus consecuencias deseadas y efectos secundarios no deseados. Esta diversidad es actualmente diferente de lo que fue durante la Revolución Rusa en 1917, o un siglo antes, cuando nació Marx en Tréveris en 1818, o en 1867, cuando Marx entregó en mano el manuscrito de El Capital a su editor de Hamburgo, Otto Meissner.

Se suponía que no era un mero manuscrito de un libro, sino “el más terrible misil que se ha lanzado hasta ahora a la cabeza de la burguesía”, como escribió Marx a Johann Philipp Becker el 7 de abril de 1867, poco después de volver de Hamburgo. Un escrito teórico, sumamente complejo y no fácilmente accesible a todos y todas que se convirtió en un proyectil en la lucha de clases. La prueba de la praxis indaga en su calidad para el trabajo teórico, para formular una estrategia y también para desarrollar tácticas en el ejercicio político de generar movimiento(s) social(es) y político(s). Todo el complejo de la sociedad burguesa, su economía y su ecología, pasa a estar en el punto de mira. Marx destaca entre los economistas como el único que, en las categorías que examina, considera y descodifica analíticamente “el contexto dialéctico general” de la materia y el valor, el material y la forma, el valor de uso y el valor de cambio, el trabajo concreto y abstracto, la naturaleza y la sociedad, la estructura social y la acción individual y colectiva, y por tanto de la teoría y la práctica.

El contexto general del “modo de producción basado en el valor” determina el enfoque analítico, la forma y el alcance de la crítica. Es holístico, más completo que los enfoques analíticos de otras ciencias sociales y “escuelas” de economía teóricas, que de este modo presentan más lagunas que los enfoques teóricos de la obra de Marx y Engels. Por esta razón, Marx es el único economista (sí, el único) en cuyo sistema de categorías pueden analizarse y debatirse adecuadamente los problemas ecológicos de la sociedad capitalista. ¿Es esta una afirmación arrogante y por tanto descarada y boba? Es posible, pero hay buenos argumentos que avalan esta línea de razonamiento.

Antes del comienzo de la era industrial impulsada por los combustibles fósiles también había teorías económicas, por lo que la historia del dogma se remonta hasta tiempos bíblicos. Sin embargo, únicamente desde que el hombre comenzó a utilizar los combustibles fósiles de modo sistemático los trabajadores han sido capaces de emplear instrumentos para alterar la naturaleza que, por un lado, permiten aumentar la productividad del trabajo y la “riqueza de las naciones” hasta niveles antes inasequibles, pero que, por otro, también conducen a la destrucción de la naturaleza. El metabolismo de la reproducción capitalista abarca tanto el consumo como la excreción, es decir, la creación de material natural, aunque su composición no siempre puede ser tolerada por el hombre o la naturaleza. La crisis medioambiental comienza y los efectos que tiene este cambio en las condiciones de vida de la gente los describe Engels en su obra de 1844 titulada La situación de la clase obrera en Inglaterra.

La posibilidad del crecimiento proporciona el ímpetu para los esfuerzos tanto científicos como empíricos para investigar sistemáticamente los orígenes de esta nueva riqueza. ¿Proviene del comercio practicado en el mercado o del trabajo realizado en el proceso de producción? Son preguntas que se puede plantear cualquier hada buena, pero a las que no puede dar una respuesta satisfactoria. Cuando el hada no llega, ha de intervenir la ciencia. Toma forma una nueva disciplina, al comienzo, por supuesto, dentro del canon científico tradicional. Por eso no es extraño que los enciclopedistas prerrevolucionarios de la Francia del siglo XVIII creyeran que las respuestas a las cuestiones económicas se hallaban en la doctrina moral. En este punto, los neoliberales modernos solo pueden negar con la cabeza. En todo caso, nació la economía política. Empecemos por tanto con un breve repaso de las escuelas de pensamiento económico más influyentes que ha conocido el mundo desde el siglo XVIII.

1) Los economistas clásicos entendían que el valor económico lo crea el trabajo y que el factor clave es el excedente, es decir, la plusvalía. También identificaban la diferencia entre material y valor, pero no llegaron a reconocer su forma social específica. Para ellos, el capitalismo y la economía de mercado eran la ultima ratiodel orden económico y natural. La diferencia entre el excedente en las sociedades precapitalistas y la plusvalía en la sociedad capitalista dejó de ser un tema, tanto como la posibilidad de una sociedad poscapitalista o la cuestión candente en que se ha convertido hoy el medio ambiente.

No obstante, los “economistas clásicos” habían reconocido que la economía era política y que tenía algo que ver con “sentimientos morales” y la ética, al tiempo que también tenía que ser analíticamente fuerte e influir normativamente en el orden de la comunidad. Por consiguiente, la economía política era –al menos al comienzo de la época burguesa– un programa autoconsciente para diseñar lo que Leibniz consideraba el mejor de los mundos posibles. Para los intereses de la burguesía (la clase capitalista ascendente), la economía política clásica era una ciencia partidista. Todavía no estaba afectada por los conflictos en torno a los juicios de valor desatados en el siglo XX.

2) La idea presuntuosa y realmente loca de la mejor sociedad posible ya fue ridiculizada a comienzos del siglo XVIII por Bernard Mandeville (1703) en su poema satírico La fábula de las abejas y por Voltaire en su novela Cándido, dirigida contra Leibniz. Claro que el escarnio y la burla no eran una “crítica de la economía política”, sobre la que Marx estaba trabajando desde la década de 1840. La economía política que surgió primero como ciencia de la mano de la burguesía no se desarrolló hasta convertirse en una crítica de la economía política, sino que siguió el principio más cómodo de separar todo lo que era económico de los contextos sociales y políticos, así como de los conflictos, presiones de legitimización, tradiciones y costumbres. Esto encaja en el paisaje de lo que hoy es la economía de mercado capitalista prevaleciente.

La economía se convirtió en la ciencia de una economía de mercado descontextualizada, que pasó a ser objeto de la investigación de Karl Polanyi (1978). La economía dejó de considerarse economía política, tal como la habían concebido los economistas clásicos; contemplaba las normas moralmente justificadas a la defensiva y con escepticismo y estaba muy lejos de una crítica de la economía política materialista y dialéctica. La palabra “economía”, que remitía a su sustancia materialista, y por tanto social y natural, también quedó suprimida y fue sustituida por economics (ciencia económica). A lo largo de esta historia de descontextualización, en cuyo transcurso desapareció toda noción de sociedad, política, cultura y naturaleza del concepto de ciencia económica, también cayó en desgracia la crítica de los discursos económicos, quedando después fuera de los planes de estudio universitarios: desterrados, cómo no, del contexto social que todavía encerraba el término “economía”. El triste estado de las facultades de ciencias económicas actuales tiene por tanto una historia igual de deprimente.

Supuestamente, Marx y Engels no tenían respuesta alguna a las cuestiones ecológicas que constituyen la principal preocupación en nuestros días. Sin embargo, un examen serio de sus escritos muestra los atisbos ecológicos contenidos en su obra.Los economistas neoclásicos del siglo XIX, y especialmente sus seguidores neoliberales del siglo XX, no se interesaban por tanto más que por el aspecto monetario de los procesos económicos y no perdían el tiempo estudiando el origen, la forma y el contenido del dinero, que ellos son los únicos capaces de emplear para debatir sobre cuestiones económicas. Por tanto, cuando despotrican sobre el capital natural, no son capaces de reconocer problemas ecológicos y comentarlos racionalmente. Las notificaciones de los bancos centrales que han establecido ellos mismos sobre la masa monetaria (que, de acuerdo con una gracia del sumo sacerdote neoliberal, Milton Friedman, ha sido lanzada desde un helicóptero, ganándose por tanto el nombre de dinero helicóptero M1, M2, M3, etc.) son suficientes para ellos.

Desde su punto de vista, el valor creado por el trabajo, así como la economía material de la materia y la energía, carecen de importancia. Tampoco les interesa el proceso de producción previo al funcionamiento del mercado ni el proceso de vertido de residuos, aguas residuales y gases de escape en el medio natural del planeta Tierra, una vez fabricados y consumidos los productos. Lo único que importa es que todo tenga su precio, que los economistas pueden entonces calcular. La naturaleza solo interesa como capital natural; y los seres humanos, como capital humano.

Este es el nadir de la inteligencia económica que el Comité Nobel ha celebrado con incontables premios. El mismo economista admite que esto es inhumano, en su mayor parte, sin entender qué está diciendo: cuando él (solo en unos pocos casos habría que decir “ella”) hilvana supuestos muy artificiales en modelos matemáticos o asume la racionalidad del homo oeconomicus. Esto siempre es instrumental y por tanto ha de excluir del cálculo todo lo que no aparece en el radar del “hombre económico” o del “inversor”. Por tanto, queda exento de toda responsabilidad por el daño medioambiental causado por el afán de lucro que nutre las decisiones de inversión. “Los costes sociales y el quebranto medioambiental… pueden considerarse la principal contradicción dentro del sistema de empresa lucrativa”, escribe K. William Kapp, uno de los pocos economistas que han abordado la cuestión de las consecuencias medioambientales de la acumulación de capital privado.

En la teoría económica neoclásica, con su capital privado desbocado, el afán de acumulación y el recorte de los bienes comunes y de la regulación estatal, la externalización es un principio estructural, indispensable en la economía capitalista moderna. Los intentos de internalizar los “costes sociales”, por consiguiente, solo pueden materializarse si se pone en tela de juicio la racionalidad de la sociedad capitalista, es decir, si se cambia de sociedad. La externalización es por tanto una expresión (que los economistas no captan) de la descontextualización de la economía de mercado con respecto a la sociedad y la naturaleza, cosa que Marx criticaba, calificándola de fetichismo. Esto inhibe la comprensión que la ocupación del planeta con fines de valorización capitalista (habitualmente comercial), llamada “externalización”, es nada menos que la digestión de la naturaleza en el tracto metabólico insaciable y glotón de la economía y la sociedad.

3) Fue en la política económica keynesiana que siguió a la gran crisis económica global de la década de 1930 cuando se redescubrió el espacio y el tiempo, y por tanto categorías de la naturaleza, como elementos significativos para los economistas. Sin embargo, la comprensión fue extremadamente limitada, puesto que la principal preocupación consistía en detectar inestabilidades económicas que surgían a resultas de la incertidumbre de decisiones de inversión que tendrían efecto en el futuro. Una decisión se adopta en el presente sobre la base de certezas dadas que provienen de periodos que ya pertenecen al pasado. Las expectativas, en cambio, se basan en ingresos futuros. Por tanto, las inversiones siempre conllevan necesariamente un riesgo y pueden fracasar, pues el futuro es desconocido y las cosas pueden evolucionar de un modo muy diferente de lo previsto por la entidad económica que ha tomado la decisión. Esta entidad compara tipos de interés externos e internos, interés de mercado que puede regularse dentro de ciertos límites por parte del banco central, con la tasa de beneficio, que depende de la productividad y los costes laborales. Sin embargo, las decisiones se basan en cálculos privados, centrados en el beneficio.

4) A diferencia de la economía clásica, de la economía neoclásica o del keynesianismo y sus variantes, en la economía termodinámica la materia, la energía y sus transformaciones, es decir, las condiciones ecológicas de la producción, el consumo y la circulación, son categorías centrales. La economía termodinámica fue la respuesta que dan los economistas que están descontentos con las escuelas de pensamiento neoliberales y neoclásicas que olvidan la naturaleza. También respondía a la teoría de Marx, aunque sobre la base de una interpretación terriblemente truncada del análisis marxiano del modo de producción basado en el valor (y no, desde luego, en la materia).

Actualmente, la economía termodinámica o bioeconomía suele mencionarse en relación con el matemático y economista rumano Nicholas Goergescu-Roegen y su obra principal del año 1971. Las transformaciones materiales y energéticas tienen una importancia fundamental para el análisis económico y no deben excluirse del mismo, puesto que todas las transacciones económicas tienen lugar en el espacio y en el tiempo y una ciencia económica que no tenga en cuenta el tiempo físico y el espacio físico sería por tanto absurda, pues excluiría la posibilidad de comprender el carácter entrópico de todas las transformaciones económicas de la materia y la energía.

Con el tiempo aumenta la entropía, es decir, una vez utilizada, la energía no puede reutilizarse (algo parecido ocurre con el material). Disminuye la calidad del rendimiento del trabajo. Esto lo señala la economía termodinámica, que, en contraste con la economía neoclásica, permite discutir debidamente la externalización de los costes sociales generados en la economía privada, como se ha mencionado más arriba. Sin embargo, en la economía termodinámica se deja de lado el análisis de las formas sociales de la actividad económica. Ni siquiera entran dentro de su campo visual. Tampoco se reconoce suficientemente el significado de los agentes capitalistas que están detrás de las actuales transformaciones –desastrosas para el medio ambiente– de la materia y la energía ni cómo influyen en la ecología y la política medioambiental. Una vez más, el papel central de la categoría de la naturaleza dual del trabajo y su producto, la mercancía, se presenta como “pivote” de la economía política.

5) La economía política ha sido unilateral desde el comienzo. O bien todo lo que importa es el dinero, o bien todo se centra en la materia y la energía. La forma social específica del uso de la materia y la energía en el modo de producción capitalista y las cuestiones de por qué el dinero se transforma en capital y por qué el modo de producción revoluciona entonces todos los modos de vida, no aparecen en el radar de los teóricos de la economía de ninguna de las dos vertientes. Esta unilateralidad no se suprime de ninguna manera cuando se diversifica declarándola “economía plural” y se acentúa cuando se utilizan múltiples nombres, como economía plural, economía de los comunes, economía comunitaria y economía del poscrecimiento.

Así no se crea la ciencia que, desde Marx, se denomina “crítica de la economía política” y que nosotros, junto con Engels, podemos llamar “la ciencia del conjunto dialécticamente relacionado” o bien, como diríamos hoy, un enfoque holístico acorde con la teoría del caos. El pluralismo es bueno, pero no basta para captar las contradicciones y crisis de la dinámica social de las economías capitalistas y la “web of life” (Jason Moore) que regulan en el planeta Tierra. Hasta ahora, esta “red de vida” no se ha reconocido en toda su complejidad, y puede que no se pueda captar científicamente, y además comprende a muchos actores que todos desempeñan una función en el conflicto social y en las luchas de clases de la era ecológica. Hemos de reconocerlos lo antes posible para poder seguir siendo capaces de actuar. El espacio medioambiental de que disponemos no solo es limitado, como se ha constatado desde la década de 1990 con las conclusiones de los estudios sobre los límites del crecimiento. Quienes nos hallamos en la “esfera planetaria limitada” (por utilizar un término citado por Immanuel Kant) nos acercamos a los “límites planetarios” marcados por un grupo internacional de científicos encabezados por Johan Rockström en 2009. Ya hemos sobrepasado algunos de ellos. Estamos viviendo a salto de mata. La oferta es cada vez más escasa, pero la demanda sigue exigiendo a voz en grito, sobre todo por parte de los “great Americans”.

Las pruebas aportadas por los científicos, que no solo demuestran el carácter finito de los recursos, sino también el declive del planeta Tierra, a medida que este se convierte en un único gran vertedero o en un cementerio de residuos peligrosos, son tan obvias como aterradoras, máxime cuando se tienen en cuenta los agentes capitalistas analizados por Marx, y por tanto específicos de esta formación social: la producción de valor, que trata el trabajo, es decir, a los seres humanos, así como el mundo natural, sin ninguna consideración, y que debe imponerse cada vez en contra del interés capitalista de proteger a la naturaleza y a la humanidad. “¡Acumulad, acumulad! ¡Esto es Moisés y los profetas!” (Karl Marx, El Capital, Volumen 1): así se refiere Marx a la regla de oro del capitalismo. Hasta las normas de pureza más evidentes han de arrancarse al capital si esto restringe siquiera un poquito la creación de plusvalía a través del trabajo. El antagonismo existente entre materia y valor, trabajo asalariado y capital, naturaleza y sociedad, acumulación y crisis debe entenderse por tanto, sobre todo, como una contradicción económica y un conflicto social dentro del modo de producción capitalista antes de poder hablar razonablemente de economía del bien común, del poscrecimiento, etc. o de economía plural, que no quieren saber nada de las imposiciones del sistema.

En la economía neoliberal dominante, la situación es desesperada. Pero incluso la economía pluralista de la sostenibilidad cree en la reconciliación de los intereses del capital con el interés de la preservación de la naturaleza y los intereses de los trabajadores. Desde luego, los conflictos sociales no siempre se libren sobre el filo de un cuchillo; se producen negociaciones, los acuerdos son posibles e incluso perduran algún tiempo. Los Objetivos de Desarrollo Sosternible (ODS) ofrecen un rayo de esperanza y son una señal del surgimiento de un nuevo futuro de poscrecimiento sostenible.

Podemos ver algunas similitudes con los acontecimientos que tuvieron lugar durante los periodos de reformismo, cuando el movimiento obrero creía en la posibilidad de conciliar intereses de clase enfrentados. En los conflictos ecológicos también se están sentando las bases, de modo que las partes pueden avanzar algún día codo a codo hacia el acuerdo. Sin embargo, la manera en que puede lograrse la sostenibilidad socioecológica deseada y la forma que debería adoptar si no se pone coto al impulso acumulador del capital, es decir, si no se priva de poder a Moisés y los profetas, es un tema que todavía debe abordar la economía plural.

Marx y Engels escribieron en el Manifiesto Comunista que hasta ahora la historia ha sido una historia de lucha de clases. Este sigue siendo el caso. Sin embargo, en el futuro las luchas no solo se producirán en relación con los salarios, el rendimiento y la cantidad y calidad del empleo dentro de la sociedad capitalista existente, y/o con la conveniencia de cambiar este marco social, sino también en relación con las condiciones de vida y de trabajo en una sociedad en los límites de la capacidad del planeta. La organización de un imperialismo de saqueo, como el descrito por David Harvey (2005), o la externalización de cargas y la sobrecarga de la naturaleza a raíz de los cálculos racionales efectuados por “inversores”, descrita por Lessenich (2016), no son más que un vano intento desesperado de erigir una valla protectora que ya ha sido tumbada.

No hay otra opción que crear una sociedad económicamente eficiente y socialmente equilibrada, organizada democrática y ecológicamente de acuerdo con los principios de sostenibilidad. Muchos recibirán este mensaje con aprobación. Pero no proviene de la conciencia de las ventajas de una economía de poscrecimiento, porque esta no puede existir sin ir más allá del capitalismo. Como siempre ha ocurrido en la historia, es el resultado de las luchas de clases por un futuro digno de ser vivido, en el siglo XXI y más allá: esfuerzos políticos pragmáticos en pro de la configuración del conjunto dialéctico global con criterios de humanidad y ecología.

44 años y no olvidamos: Los estremecedores audios del Golpe

Aquí podemos percibir los ruidos, las voces, los distintos matices de cómo se llevo a cabo el golpe militar y de cómo los golpistas planifican desde el primer minuto el genocidio. Les preocupa negar el suicidio de Allende y por sobre todo que el Golpe era «en defensa del pueblo». Seguir leyendo 44 años y no olvidamos: Los estremecedores audios del Golpe

Editorial: 11 de septiembre, día de reivindicación de la lucha por la Revolución Socialista.

Una de las principales tareas políticas del régimen, en lo que concierne a su lucha por erradicar la identidad política socialista de los trabajadores en Chile, es la de trivializar el Golpe del 73 y transformarlo en una fecha de reconciliación ecuménica, en torno a la idea del “Nunca Más” y del respeto a los DDHH.

Como todos los años, el Gobierno realizará un rito religioso y abrirá La Moneda para las ofrendas en la puerta de Morandé 80, que usó Salvador Allende en su corto y convulsionado período presidencial.

La Derecha y la DC simplemente omitirán cualquier referencia a la fecha, conocedores como son, de su responsabilidad genocida y proimperialista en la conspiración y sedición de la CODE. Guardarán silencio porque, por una cuestión de clase, simplemente tienen las manos manchadas con sangre obrera. Sobre esto no hay dos lecturas.

Es la izquierda la que ha abandonado todo papel en torno a esta fecha y no se trata de un accidente. El PC y PS -aún las principales organizaciones de la izquierda chilena- no pueden abrir la boca para reivindicar a los miles de caídos, a los desaparecidos, torturados y exiliados, tras el golpe pinochetista, porque son los intereses de la clase social burguesa que dio este Golpe, los que de forma rastrera, hoy defienden desde el Gobierno de Bachelet.

Se nos presentan hoy día, una vez más después de casi treinta años, con la cantinela de que “hay que unirse en contra de la derecha”. Esto no sólo es una impostura, es una canallada, porque han sido los gobiernos de la Concertación y el último de la Nueva Mayoría (que suma al PC), precisamente quienes han gobernado desde 1990 –con el paréntesis piñerista- sirviendo vergonzosa y obsecuentemente los intereses de las transnacionales, los grupos económicos, de la banca y las AFP, de las concesionarias y de la gran minería privada.

Son estos grandes grupos a quienes sirven, los que -aún vulnerando la propia legislación patronal- los han financiado y corrompido metódicamente, ordenándoles qué es lo que deben hacer en el Congreso. Esta es la razón, la verdadera razón por lo que desde 1990 subsiste la Constitución y el Modelo Económico que dan cuerpo al Régimen pinochetista, sin Pinochet. Subsiste por los grandes acuerdos de “gobernabilidad” y por los pagos irregulares de PENTA, SQM y tantas otras empresas más que arriendan los servicios de parlamentarios y administran los intereses económicos del propio Partido Socialista, porque es en la bolsa donde se transan no sólo las acciones bursátiles de propiedad del PS, sino que su conducta desde el Gobierno.

Hoy día se nos plantea que si apoyamos a Guillier se continuará el camino de reformas impulsado por el Gobierno. No nos cabe duda.

Lo que omiten señalar es que durante el último Gobierno se pulverizaron las organizaciones de trabajadores, se destruyó la CUT y se aprobaron reformas legales que dificultan aún más la organización de sindicatos y se debilita –aún más- la fuerza de las huelgas; durante este Gobierno el movimiento estudiantil se empequeñeció hasta la irrelevancia y se le fracturó con una reforma educativa que -a pesar de una mínima cobertura de gratuidad- fortaleció la subvención a los grandes operadores privados de la educación consolidando –en los hechos- la educación como una mercancía. Durante este Gobierno, como corolario, se impulsó una reforma previsional que tiene como único objetivo preservar el fraude piramidal de las AFP que persigue únicamente proveer de dinero barato para los bancos y los grandes grupos económicos, a costo de la miseria de los trabajadores.

Durante este Gobierno, además, se reprimió y profundizó la militarización de la Araucanía, se invirtieron millones de dólares en equipamiento represivo, persecuciones judiciales y criminalización de la lucha emancipadora del pueblo Mapuche. El montaje del caso Luchsinger se destaca por ser un nuevo “Caso Bombas”, porque con él presenciamos un inequívoco acto de represión política y vulneración de derechos nacionales. La represión bacheletista es responsable de la muerte del obrero forestal Rodrigo Cisterna en mayo del 2007, también lo es de la muerte del subcontratado del cobre, Nelson Quichillao en julio de 2015. Ambos crímenes permanecen en la más absoluta impunidad.

¿A esto se refiere la izquierda guillierista con la promesa de continuar con la obra de Bachelet? Exactamente, a eso se refieren y es a esa impostura y a esa capitulación a la burguesía a la que la izquierda que se reclama revolucionaria y socialista, debe oponerse terminantemente.

Cuando hablamos de esto no estamos haciendo referencia a alguna campaña electoral, si alguna hay que ayude en este sentido, en buena hora. Pero en este momento resulta totalmente irrelevante. Con sus encuestas, el régimen ha creado la idea de que Piñera es invencible, reproduciéndose el paradigma “antipinochet” y “antipiñera”, que tantos dividendos han dado a la burguesía, porque le permite someter a los trabajadores y disciplinarlos a un horizonte político que se reduce al espacio electoral, institucional y legal que la propia burguesía ha impuesto.

El 11 de septiembre de 1973, un martes helado y nublado como este día que nos ha dejado el crudo invierno de 44 años después, Allende se inmola en La Moneda testimoniando trágicamente la absoluta inviabilidad del reformismo, esto es, la idea de que existe un tránsito pacífico y gradual –“la Vía Chilena”- al socialismo. Una generación completa y la de recambio fueron aplastadas durante los 17 años que duró la Dictadura pinochetista. Miles y miles cayeron bajo la represión patronal e imperialista, bajo la dictadura precisamente porque la Unidad Popular no fue capaz de señalar otro camino que el institucional.

Como socialistas, como revolucionarios, pero también como chilenos, hemos pagado con la sangre de nuestros mártires proletarios la inviabilidad de la vía chilena. Al socialismo sólo hemos de llegar por la vía revolucionaria, la de la acción directa de las masas, el auténtico camino proletario e insurreccional que expulse a la burguesía del poder, destruya su estado y socialice los medios de producción. Al socialismo sólo hemos de avanzar por este camino, el de un gobierno obrero asentado en los órganos de poder de las masas explotadas, como se expresó embrionariamente con los Cordones Industriales.

¿Cómo aplicamos estos principios y esta estrategia el día de hoy, en que la izquierda aparece domesticada y el movimiento obrero es un fantasma de lo que fue?

La respuesta nos la dan los trabajadores una y otra vez. Tercamente, a pesar de las traiciones de las direcciones sindicales y de los aparatos burocráticos de la izquierda, los trabajadores siguen luchando, se siguen organizando protagonizando movilizaciones de enconada fuerza. La mayor parte son sectoriales como las ramas del sector público, Falabella; otras tienen mayor amplitud y alcanzan la esfera política como la lucha contra la Ley de Pesca y el amplio Movimiento No + AFP.

Esto nos demuestra que el movimiento obrero no ha sido aplastado, está vivo y sigue en la lucha. La izquierda no puede o derechamente no quiere interpretar la actividad de los trabajadores y de proyectarla programáticamente por el poder. Es así como el nuevo fenómeno del Frente Amplio, emergido hace un año, en las Municipales del 2016 producto de la combinación de las movilizaciones del 2011 y del desprendimiento por la izquierda de la propia Concertación (Revolución Democrática), al presentarse como una alternativa puramente electoral e institucional, resulta impotente para servir de intérprete de los trabajadores, precisamente porque no cuestiona el capitalismo ni la propiedad privada de los medios de producción. La reorganización obrera no pasará por el Frente Amplio.

En la actual situación de crisis generalizada de los aparatos políticos, y de confusión de las masas, resulta casi imposible predecir si habrá segunda vuelta ni el desenlace de las presidenciales de noviembre. Lo que sí es seguro, es que el próximo Presidente, con todas las diferencias que ostentan los actuales candidatos, actuará para preservar el régimen burgués, contener o aplastar las movilizaciones y seguir alimentando las ilusiones de que bajo este régimen –trabajando duro y sin mirar para el lado- se puede prosperar.

Es cierto, este 11 de septiembre de 2017, 44 años después en apariencia está muy lejos de lo que fue Chile en aquella época. Ni la izquierda, ni el movimiento obrero, son una sombra de lo que fueran en aquella época. Un par de vanguardias bajo tierra testimonian esta tragedia. Pero en lo esencial, las bases que permiten y hacen necesaria y obligatoria la lucha por la revolución socialista permanecen intactas y -hasta cierto punto- se hacen más urgente hoy que ayer.

El orden capitalista cruje por los cuatro costados. El imperialismo norteamericano amenaza con una guerra nuclear para afirmar su posición de preeminencia sobre las otras facciones imperialistas; la crisis económica del 2008 y sus parches financieros, no hace sino profundizarse amenazando a millones de trabajadores, campesinos y naciones oprimidas con la miseria y el fascismo; las direcciones emergentes del siglo XXI en América Latina, los Chávez, Lula, Evo, Cristina y hasta Bachelet, se derrumban incapaces de sortear los desafíos políticos de mediar entre la nación oprimida y el imperio. No hay salida burguesa a la crisis.

Compañeros: es el momento de redoblar nuestras fuerzas de lucha y de alzar las banderas de la clase obrera y la Revolución Socialista. Nuestro homenaje, un sentido homenaje de clase anticapitalista, será la victoria, la construcción del partido revolucionario, la liberación de los explotados. Viva la clase obrera y su revolución.

 

 

¡La Línea de Colaboración de Clases Fue un Desastre!

por Nahuel Moreno//

En diciembre de 1973 se realizó el Primer Congreso Nacional del PST (Partido Socialista de los Trabajadores). En su intervención final, reproducida en Avanzada Socialista, decía Nahuel Moreno*:

“La tremenda derrota del proletariado chileno estuvo presente; de hecho, presidió el Congreso. Estuvo presente en tres sentidos: Seguir leyendo ¡La Línea de Colaboración de Clases Fue un Desastre!

La Derrota de la Unidad Popular y Golpe de Estado en Chile

por Aquiles Izaguirre//

El 11 de septiembre se cumple un aniversario más del funesto golpe de Estado que derrocó al gobierno de Salvador Allende e instauró la dictadura de Augusto Pinochet. Muchas historias se cuentan sobre este acontecimiento, en la memoria de una generación quedó impregnado el destierro, las torturas y el asesinato de miles de chilenos que pagaron las consecuencias de la derrota de la Unidad Popular asestada por el golpe fascista. Pero la experiencia que nos legó la trágica historia de estos camaradas, es infinitamente valiosa para las futuras generaciones de revolucionarios, más aún, cuando en nuestro istmo se pregonan las virtudes de los Frentes Populares policlasistas confiando en sectores de la burguesía y las instituciones que defienden los intereses de las clases dominantes. Seguir leyendo La Derrota de la Unidad Popular y Golpe de Estado en Chile

La Batalla de Chile: El Golpe de Estado (2ª parte)

por Patricio Guzmán//

Nota del autor: “Creo que La Batalla de Chile narra por primera vez –día a día, paso a paso– una revolución en América Latina filmada por un equipo independiente Comenzamos a trabajar en Santiago de Chile el día 15 de octubre de 1972 y terminamos el día 11 de septiembre de 1973 (el día del golpe de estado). Es una película documental realizada al mismo tiempo que se producían los hechos. No es una película de archivo. Seguir leyendo La Batalla de Chile: El Golpe de Estado (2ª parte)

La violencia revolucionaria

por Guillermo Lora//

raíz de la violencia

El marxismo excluye, por su propia esencia, la posibilidad de una pacífica y gradual transformación de la sociedad capitalista en socialista. La teoría del colapso revolucionario es parte fundamental del socialismo científico y los que han pretendido hacerla a un lado han sido catalogados como revisionistas. Con todo, nos parece que en la última época se ha tergiversado el sentido marxista de la revolución social, correspondiendo a la ultraizquierda esa tergiversación. No se trata de un aspecto secundario que puede pasarse por alto, sino de algo que tiene muchísima importancia en el problema de la fijación de la estrategia y táctica del movimiento proletario. Seguir leyendo La violencia revolucionaria

Diez años después del comienzo de la Gran Recesión

por Michael Roberts//

Han transcurrido diez años desde que comenzó la crisis financiera global con la noticia de que el banco francés BNP había suspendido la cotización de sus fondos hipotecarios de alto riesgo debido a “una evaporación de la liquidez”.

Al cabo de seis meses, el grifo del crédito se cerró y las tasas de interés interbancarias se dispararon (véase el gráfico). Los bancos de todo el mundo comenzaron a experimentar enormes pérdidas en los fondos derivados que habían creado para beneficiarse del boom de la vivienda que había estallado en los EEUU, y empezaron a tambalearse. Y los EEUU y el mundo entraron en lo que más tarde se llamó La Gran Recesión, la peor caída de la producción y el comercio mundial desde la década de 1930.

Diez años más tarde, es oportuno recordar algunas de las lecciones e implicaciones de ese terremoto económico.

En primer lugar, las instituciones oficiales y los economistas ortodoxos nunca la vieron venir. En 2002, el jefe del Banco de la Reserva Federal, Alan Greenspan, a quién se llamaba “el gran maestro” por haber aparentemente ingeniado un boom económico importante, anunció que los derivados, es decir, las innovaciones financieras en los fondos hipotecarios, etc,, habían ‘diversificado el riesgo’, de modo que los “choques que afectan al conjunto de la económica se absorben mejor y son menos propensos a provocar quiebras en cascada que pudiesen amenazar la estabilidad financiera”. Ben Bernanke, que finalmente ha presidido la Fed durante la crisis financiera global, comentó en 2004 que “las últimas dos décadas han visto una marcada reducción de la volatilidad económica” que él denominó la Gran Moderación. Y todavía en octubre de 2007, el FMI concluyó que “en las economías avanzadas, las recesiones económicas habían desaparecido prácticamente en el período de posguerra”.

Una vez que se había hecho patente la profundidad de la crisis en 2008, Greenspan afirmó ante el Congreso de Estados Unidos: “estoy en tal estado de choque, que no me lo puedo creer”. Le preguntaron: “en otras palabras, ¿llegó a la conclusión que su visión del mundo, su ideología, estaban equivocadas, que no funcionaban?” (Presidente del Comité de Supervisión del Congreso, Henry Waxman). “Efectivamente, precisamente esa es la razón por la que me sorprendió, porque durante 40 años o más una considerable cantidad de datos demostraban que funcionaban excepcionalmente bien”.

Libro recomendado

A los grandes economistas ortodoxos no les fue mejor. Cuando se le preguntó cuál era la causa de la Gran Recesión si no era un estallido de la burbuja de crédito, el ganador del premio Nobel y uno de los principales economistas neoclásicos de la Escuela de Chicago, Eugene Fama, respondió: “No sabemos lo que causa las recesiones. No soy un especialista en macroeconomía, por lo que no me preocupa demasiado. Nunca lo hemos sabido. Hasta hoy siguen los debates sobre la causa de la Gran Depresión. La teoría económica no es muy buena a la hora de explicar las oscilaciones en la actividad económica … Si pudiera haber predicho la crisis, lo habría hecho. No la vi venir. Me gustaría saber más sobre la causa de los ciclos económicos“.

El que pronto sería economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, comentó en retrospectiva que “La crisis financiera plantea una crisis potencialmente existencial de la macroeconomía.  …  algunos fundamentos [neoclásicos] básicos están en cuestión, por ejemplo, la separación limpia entre los ciclos y las tendencias”  o  “las herramientas econométricas, en base a una visión de un mundo estacionario alrededor de una tendencia, están siendo cuestionados”.

Pero tampoco la mayoría de los llamados economistas heterodoxos, incluidos los marxistas, vieron venir la crisis y la consiguiente Gran Recesión. Hubo unas pocas excepciones: Steve Keen, el economista australiano predijo una crisis de crédito basado en su teoría de que “el elemento esencial que da lugar a las depresiones es la acumulación de deuda privada” y que nunca había sido mayor que en 2007 en las principales economías. En 2003, Anwar Shaikh calculó que la caída de la rentabilidad del capital y el descenso de la inversión darían lugar a una nueva depresión. Y un servidor en 2005, escribió:  “No ha habido tal coincidencia de los ciclos desde 1991. Y esta vez (a diferencia de 1991), estarán acompañados por una caída de la rentabilidad en el marco de un ciclo de Kondratiev de caída de los precios. ¡Todo está por los suelos en 2009-2010! Esto sugiere que podemos esperar una crisis económica muy severa, de una intensidad no vista desde 1980-2 o antes”. (La Gran Recesión).

En cuanto a las causas de la crisis financiera mundial y la consiguiente Gran Recesión, han sido analizadas hasta la saciedad desde entonces. La economía convencional no predijo la crisis y no fue capaz de explicarla después. La crisis adoptó claramente una forma financiera: el colapso de los bancos y otras instituciones financieras y las armas de destrucción masiva financieras, para usar la frase ya famosa de Warren Buffett, el inversor con más éxito de los mercados de valores del mundo. Pero muchos cayeron de nuevo en la teoría de la probabilidad, un evento entre mil millones; un ‘cisne negro’ como Nassim Taleb afirmó.

Alternativamente, el capitalismo era inherentemente inestable y las depresiones ocasionales eran inevitables. Greenspan adoptó este punto de vista: “No conozco ninguna forma de organización económica basada en la división del trabajo (se refiere al punto de vista de Adam Smith de una economía capitalista), desde un laissez-faire sin restricciones a una planificación central opresiva que haya tenido éxito a la hora de lograr a la vez el máximo crecimiento económico sostenible y una estabilidad permanente. La planificación central desde luego no y dudo mucho que la estabilidad se pueda lograr en las economías capitalistas, dado que los mercados competitivos siempre son turbulentos, se acercan pero nunca alcanzan el equilibrio” . Y añadió: “a menos que haya una decisión de la sociedad de abandonar los mercados dinámicos y establecer alguna forma de planificación central, temo que prevenir las burbujas a la postre resulte ser inviable. Mitigar sus consecuencias es todo lo que podemos esperar”.

La mayoría de los dirigentes económicos oficiales como Blanchard y Bernanke sólo veían los fenómenos superficiales de la crisis financiera y llegaron a la conclusión de que la Gran Recesión fue el resultado de la imprudencia financiera de unos bancos no regulados o del ‘pánico financiero’. Esto coincidió con algunos puntos de vista heterodoxos inspirados por las teorías de Hyman Minsky, el economista keynesiano radical de la década de 1980, de que el sector financiero es inherentemente inestable debido a que “el sistema financiero necesario para la vitalidad y el vigor capitalista, que traduce los espíritus animales empresariales en demanda real de inversión, alberga un potencial de expansión fuera de control, impulsado por el auge de la inversión”.  Steve Keen, un discípulo de Minsky, lo explica así: “el capitalismo es inherentemente defectuoso, siendo propenso a auges, crisis y depresiones. Esta inestabilidad, en mi opinión, se debe a las características que el sistema financiero debe poseer si ha de ser coherente con un capitalismo real”.  La mayoría de los marxistas adoptaron un punto de vista similar al de Minsky, al interpretar la Gran Recesión como resultado de la ‘financiarización’ y la creación de una nueva forma de fragilidad en el capitalismo.

Uno de los principales keynesianos, Paul Krugman, arremetió contra los errores de la escuela neoclásica, pero no ofreció ninguna explicación propia, más allá de que se trataba de un ‘fallo técnico’ que necesitaba y podría ser corregido mediante la restauración de la ‘demanda efectiva’.  

Muy pocos economistas marxistas recuperaron la explicación original de Marx sobre las causas de las crisis comerciales y financieras y las depresiones productivas resultantes. Uno de ellos fue G. Carchedi, que resumió este punto de vista en su excelente, pero a menudo ignorado Behind the Crisis, así: “El punto básico es que las crisis financieras son causadas por la reducción de la base productiva de la economía. De este modo se llega a un punto en el que tiene que haber una deflación repentina y masiva en los sectores financieros y especulativos. A pesar de que parezca que la crisis se ha generado en estos sectores, la causa última reside en la esfera productiva y la caída de la tasa de ganancia consiguiente en este ámbito”.  De acuerdo con esa explicación, el mejor libro sobre la crisis sigue siendo el de Paul Mattick Jr., Business as usual.

Y de hecho, la rentabilidad en los sectores productivos de las grandes economías capitalistas era históricamente baja en 2007, como varios estudios han demostrado. En los EEUU, la rentabilidad alcanzó su punto máximo en 1997 y el aumento de la rentabilidad en el boom del crédito de 2002-6 fue abrumadoramente en los sectores financiero e inmobiliario. Esto alentó un enorme aumento del capital ficticio (acciones y deuda) que no podía justificarse por una mejora suficiente de los beneficios de la inversión productiva.

El conjunto de los beneficios comenzó a caer en los EEUU en 2006, más de un año antes de que la crisis de crédito estallase en agosto de 2007. La caída de beneficios significó un exceso de acumulación de capital y por lo tanto una fuerte reducción de la inversión. Una caída en la producción, el empleo y los ingresos siguió. Es decir, la Gran Recesión.

Desde el fin de esa recesión a mediados de 2009, la mayoría de las economías capitalistas han experimentado una recuperación muy débil, mucho más débil que tras las recesiones de posguerra anteriores y en algunos aspectos incluso más débil que en la década de 1930. Un informe reciente del Instituto Roosevelt de JW Mason concluye que “no hay precedentes de la debilidad de la inversión en el ciclo actual. Casi diez años después, el gasto en inversión real se mantiene a menos del 10 por ciento por encima de su máximo de 2007. Esto es lento incluso en relación con el ritmo anémico de crecimiento del PIB, y muy bajo en términos históricos”.

Así que la Gran Recesión se convirtió en la Larga Depresión, como he descrito, un término también adoptado por muchos otros, incluyendo economistas keynesianos como Paul Krugman y Simon Wren-Lewis.  ¿Por qué la Gran Recesión no fue seguida de una recuperación económica ‘normal’ de las tasas de inversión y de producción anteriores? Los economistas de la corriente monetarista argumentan que los gobiernos y los bancos centrales fueron lentos a la hora de reducir las tasas de interés y de adoptar herramientas monetarias ‘no convencionales’ como la flexibilización cuantitativa. Pero cuando lo hicieron, estas políticas no parecen haber podido reactivar la economía y meramente alimentaron un nuevo boom bursatil y crediticio.

La escuela neoclásica reconoce que se debe reducir la deuda, ya que limita la capacidad de las empresas para invertir, mientras que los gobiernos recortan acceso al crédito debido a sus altos niveles de endeudamiento. Esto ignora la razón de la elevada deuda pública, a saber, el enorme coste de rescatar a los bancos a nivel mundial y la caída de los ingresos fiscales por la recesión. Por el contrario, los keynesianos dicen que la Larga Depresión se debe a la ‘austeridad’, es decir, a que los gobiernos tratan de reducir el gasto público y equilibrar los presupuestos.  Sin embargo, las pruebas que apoyan esta conclusión no son convincentes.

Lo que los puntos de vista neoclásicos, keynesianos y heterodoxos tienen en común es negar la función de los beneficios y la rentabilidad en las fases de auge y crisis en el capitalismo. Como resultado, no buscan una explicación a la baja inversión como consecuencia de la baja rentabilidad. Y sin embargo, la correlación entre beneficios e inversión es alta y continuamente confirmada y la rentabilidad en la mayoría de las economías capitalistas sigue siendo inferior a la de 2007.

Después de diez años y una fase de recuperación económica larga pero decididamente muy débil del ‘ciclo económico’, ¿tendremos otra crisis pronto? Así parece sugerirlo la historia. No la provocará otra crisis inmobiliaria, en mi opinión. En la mayoría de los países los precios inmobiliarios todavía no han recuperado los niveles de 2007, a pesar de las bajas tasas de interés, y los volúmenes de las transacciones de viviendas son modestas.

La nueva chispa es probable que sea el propio sector industrial. La deuda corporativa ha seguido aumentando en todo el mundo, especialmente en las llamadas economías emergentes. A pesar de las bajas tasas de interés, una parte importante de las empresas más débiles apenas son capaces de pagar sus deudas. La consultora S & P Capital IQ señaló que la masa récord de 1.84 billones de dólares en efectivo en poder de las empresas no financieras de EEUU enmascara una carga de la deuda de 6.6 billones de dólares. La concentración de dinero en efectivo de las 25 mayores empresas, que representan el 1% de las empresas, supone actualmente más de la mitad del dinero acumulado en efectivo. Frente al 38% de hace cinco años.  El gran chismorreo sobre los gigantes como Apple, Microsoft, Amazon y sus reservas en efectivo oculta la situación real de la mayoría de las empresas. 

Los márgenes de beneficio global se están reduciendo y las ganancias de las empresas no financieras de Estados Unidos estan cayendo.

Y ahora los bancos centrales, empezando por la Reserva Federal de Estados Unidos, han empezado a revertir la ‘flexibilización cuantitativa’ y a aumentar las tasas de interés. El coste de los préstamos y del servicio de la deuda existente se elevará, justo en el momento en que la rentabilidad está cayendo.

Esta es una receta para una nueva crisis, diez años después de la última de 2008.

Cervantes, la España de su época y El Quijote

por Alan Woods//

«Dondequiera que ha conquistado el poder, la burguesía ha destruido las relaciones feudales, patriarcales, idílicas; ha desgarrado sin piedad las abigarradas ligaduras feudales que ataban al hombre a sus ‘seres superiores’, para no dejar subsistir otro vínculo entre los hombres que el frío interés, el cruel ‘pago al contado’”. (Marx y Engels. El Manifiesto Comunista. Madrid. Fundación Federico Engels. 1996. p. 41).

“España conoció períodos muy florecientes, períodos de superioridad sobre el resto de Europa y de dominio sobre América del Sur. El poderoso desarrollo del comercio interior y mundial iba venciendo el aislamiento feudal de las provincias y el particularismo de las regiones. La fuerza e importancia crecientes de la monarquía española estaban entonces ligadas estrechamente al papel centralizador del capital comercial y a la gradual formación de una ‘nación española’”. (Trotsky. La revolución española y las tareas de los comunistas. 24 de enero de 1931).

Este año se celebra el 400 aniversario de la primera publicación de Don Quijote, la mayor obra maestra de la literatura española. La clase obrera, la clase que tiene el mayor interés en la defensa de la cultura, debería celebrar entusiastamente este aniversario. Fue la primera gran novela moderna, escrita en un lenguaje que los hombres y mujeres corrientes podían entender. Era uno de los libros favoritos de Marx y que frecuentemente leía en voz alta a sus hijos. Seguir leyendo Cervantes, la España de su época y El Quijote

Carta que los Cordones Industriales dirigieron a Salvador Allende, seis días antes del Golpe Militar

En la actualidad, varios de los principales responsables políticos de la derrota de la Unidad Popular, entregan sesudos análisis de por qué fracaso el proceso de “socialismo a la chilena”. En la mayoría de estos análisis se responsabiliza a los trabajadores del desastre, o bien en el mejor de los casos,  concluyen que la”situación objetiva” impedía realizar los avances necesarios.

Esta carta, entregada poco antes del golpe, viene a poner las cosas en su sitio: la capitulación reformista a la institucionalidad burguesa condujo fatalmente al triunfo de la contrarrevolución y si la clase obrera no pudo hacer su propia revolución, sobre las cenizas del orden burgués, ello se debió prioritariamente a la ausencia de un partido revolucionario. 

 Santiago, 5 de septiembre de 1973.

A SU EXCELENCIA EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, COMPAÑERO SALVADOR ALLENDE: Seguir leyendo Carta que los Cordones Industriales dirigieron a Salvador Allende, seis días antes del Golpe Militar

Septiembre, la Unidad Popular y Allende

por Ibán de Rementería//

Septiembre es el mes de la patria, pero también es el mes de la otra memoria, de la memoria popular de su triunfo y de su derrota, es el 4 de septiembre y es el  11 de septiembre, inseparables  en nuestra memoria. El 4 de septiembre de 1970 triunfó la Unidad Popular, tres años después, el 4 de septiembre de 1973, según las agencias internacionales de noticias, desfiló conmemorando el tercer aniversario del Gobierno de la Unidad Popular un millón de chilenas y chilenos, dándole así a Salvador Allende el mayor espaldarazo de masas jamás conocido hasta ahora en la historia de Chile. Una semana después el Palacio de la Moneda es tomado por asalto luego de un intenso bombardeo aéreo por las Fuerzas Armadas traidoras a la República de Chile. Allende prefiere la muerte a entregarse a los traidores y los defensores de la Moneda, debidamente rendidos, son asesinados de manera salvaje indicando así cual sería la impronta terrorista de la política nacional de la Dictadura Militar. Seguir leyendo Septiembre, la Unidad Popular y Allende

80º aniversario del Guernica: arte y revolución.

«¿Qué cree usted que es un artista? ¿Un imbécil que sólo tiene ojos si es pintor, oídos si es músico, una lira que ocupa todo su corazón si es poeta, o incluso sólo músculos si es boxeador? Por el contrario, es un ser político, constantemente consciente de los acontecimientos estremecedores, airados o afortunados a los que responde de todas maneras. ¿Cómo sería posible disociarse de otros hombres; en virtud de qué indiferencia de marfil debes alejarte de la vida que tan abundantemente te proporcionan? No, la pintura no se hace para decorar apartamentos. Es un instrumento para la guerra ofensiva y defensiva contra el enemigo».

Pablo Picasso, Les Lettres Françaises. Marzo de 1945

 

En junio de este año se cumplió el 80º aniversario de una de las obras de arte más importantes del siglo XX: el Guernica, de Pablo Picasso.

Sin duda, se trata de una obra icónica contra la barbarie de la guerra pero no de “cualquier guerra”, como les gusta afirmar a los especialistas amancebados del establishment, sino contra las guerras de los poderosos que persiguen la opresión, la esclavización y el asesinato en masa de la gente común y corriente.

En enero de 1937, en plena guerra civil, el gobierno de la República española encargó a Pablo Picasso una obra de gran formato para ser exhibida en el Pabellón de España de la Exposición Mundial de París, que debía celebrarse en el mes de junio.  El cometido del gobierno español era utilizar esta exposición como un alegato en defensa de la España republicana.

Durante meses, Picasso, que atravesaba en aquel momento una fase depresiva en su labor creativa, trató de buscar en vano una imagen que le inspirara y que estuviera a la altura de lo que él consideraba que debía expresar el cuadro.

El bombardeo de Guernica

El 26 de abril de 1937, el ejército franquista del norte peninsular, bajo la dirección de los generales Mola y Kindelán,  encargó al Alto Comando Alemán el bombardeo aéreo de la ciudad vasca de Guernica, de unos 10.000 habitantes. El bombardeo fue llevado a cabo por la Legión Cóndor alemana, con apoyo de la aviación italiana.

Es ya conocido que la aviación alemana diseñó este bombardeo como un ensayo para posteriores bombardeos en la guerra mundial que se avecinaba, utilizando para ello los bombarderos Junker y Heinkel, que lanzaron cerca de 40 toneladas de bombas destructivas e incendiarias, algunas de hasta 250 kilos. Esto fue completado con el ametrallamiento desde el aire de la población que corría despavorida para ocultarse en los refugios y en los campos colindantes.

El bombardeo duró 3 horas, en oleadas regulares. El 85% de la ciudad quedó devastada. La cifra exacta de muertos oscila, según las fuentes, desde varios cientos hasta más de 1.000. Como en los bombardeos anteriores de las ciudades vascas de Eibar y Durango, el cometido era llevar el terror a la población civil, pero también había un elemento político en la elección de Guernica como objetivo militar, al hospedar los símbolos más importantes del pueblo vasco, como la Casa de Juntas y el roble centenario, símbolo de las libertades vascas.

Las noticias del bombardeo de Guernica y las fotografías de la matanza y devastación fueron reproducidas por la prensa europea en los días siguientes. Picasso quedó conmocionado por la magnitud de la masacre y las imágenes. La inspiración para su obra, que había permanecido comprimida en los pliegues ocultos de su cerebro durante meses, se desató explosivamente con una fuerza telúrica. El 1 de mayo realizó el primer esbozo de la obra, y tras 35 días de una labor frenética pudo presentarla a tiempo al mundo para que fuera exhibida en la Exposición.

Picasso era consciente de que estaba creando una obra imperecedera. El impacto de la misma fue enorme, y recibió una aclamación unánime. Después de la Exposición, el cuadro realizó una gira itinerante por media Europa, como instrumento de propaganda a favor de la República española. En mayo de 1939, la pintura fue embarcada hacia Nueva York, en un traslado auspiciado por el Museo de Arte Moderno (MOMA), para recaudar fondos para los refugiados republicanos españoles. En EEUU, el cuadro fue exhibido en nuevas giras por todo el país, hasta que a mediados de los años 40 quedó definitivamente expuesto en el MOMA. 

El Guernica es una de las expresiones más elevadas del arte comprometido políticamente, que nada tiene que ver con el arte de propaganda. El Guernica es Arte con mayúsculas porque, como dice Alan Woods, tiene algo que decirnos, no es meramente una obra para admirar de un instante congelado, sino que suscita emociones en el espectador que le obligan a tomar conciencia y partido sobre un hecho, sobre una idea.

Contra el “revisionismo” del Guernica

Ocurre frecuentemente con las obras de arte que simbolizan el compromiso político, lo mismo que con los hechos históricos o los personajes revolucionarios, y es que pasado el tiempo se los trata como iconos inofensivos, castrando su contenido revolucionario. De la misma manera, se oculta frecuentemente la militancia comunista de Picasso.

Así, Paloma Esteban Leal, conservadora del Museo Reina Sofía de Madrid –donde está instalado el Guernica– comentaba hace unos años en una entrevista para el diario español El Mundo:

«En ‘Guernica’ no hay bombas, ni aviones, ni nada por el estilo porque no es una guerra u otra guerra, ni ésta ni aquélla; es la manera en que Picasso muestra su rechazo a cualquier tipo de violencia de la guerra» (http://www.elmundo.es/ especiales/2011/10/cultura/guernica/grito.html).

No es casual que los críticos convencionales de arte traten de castrar el contenido concreto de esta obra, la masacre de la población de Guernica por el fascismo. Al presentarla como un mero lloriqueo “pacifista”, matan su verdadero mensaje que es la denuncia militante del militarismo opresor.

Despojar a una obra de arte, particularmente de arte comprometido, de su contenido concreto es una falsificación artística e histórica ¿Cómo separar el gran antecedente del Guernica, el gran cuadro de Goya “Los fusilamiento del 3 de mayo”, de los hechos que le dieron la vida: la brutal ocupación napoleónica, y el levantamiento popular de Madrid? Lo que estas grandes obras de arte tienen de general, de simbolismo para otras experiencias humanas, parte precisamente de los hechos concretos en que están inspiradas. Algo que nunca podrá alcanzar una obra que exponga el motivo de la guerra “en general”.

22g«Los fusilamientos del 3 de mayo», de Goya

En la misma línea, el Museo Reina Sofía ha diseñado una exposición para conmemorar este 80º aniversario que se llama: “Piedad y terror en Picasso: el camino a Guernica”, donde se exhiben obras de Picasso desde 1924 con motivos de guerra y violencia que, supuestamente, le habrían ayudado a inspirarle el Guernica. Lo escandaloso de esta exposición es que ¡no contiene ni una sola referencia a la guerra civil española ni al bombardeo de Guernica!

El objetivo es similar al que señalamos antes, no mostrar la inspiración del Guernica en la barbarie fascista, sino en obras anteriores del artista, como si estuviéramos ante una expresión del “arte por el arte”, en lugar del arte por la vida. Ideas similares han venido a plantear numerosos “especialistas”, señalando que algunas de las figuras del Guernica se inspiran en cuadros de Girolamo Mirola, de Rubens, o en imágenes de la película “Adiós a las armas” de Frank Borzage ¡Algunos han llegado al punto de ver en el Guernica un trasfondo psicológico de la turbulenta vida afectiva del pintor!

Afortunadamente, el propio Pablo Picasso respondió por adelantado a estos “críticos”, cuando declaró en una entrevista mientras trabajaba en su obra:

«La guerra española es la lucha de la reacción contra el pueblo, contra la libertad. Toda mi vida como artista no ha sido más que una lucha continua contra la reacción y la muerte del arte. ¿Cómo podría alguien pensar por un momento que podría estar de acuerdo con la reacción y la muerte?… En el panel sobre el que estoy trabajando, que llamaré «Guernica», y en todas mis recientes obras de arte, expreso claramente mi aborrecimiento por la casta militar que ha hundido a España en un océano de dolor y muerte”.

Por si hiciera falta una palabra final sobre el carácter “político” del Guernica, baste decir que Picasso dejó por escrito su mandato –ya que nunca cedió la propiedad del cuadro– de que el Guernica sólo residiera en España cuando fueran restablecidas las libertades políticas, y no fue hasta 1981 que el cuadro quedó instalado en el país.

El simbolismo del Guernica

Aunque Picasso rechazaba con desdén estar en la obligación de «descifrar» el contenido concreto de sus obras, algo que consideraba indigno como artista, no podemos dejar de resaltar aquí el simbolismo de esta obra que tanto impacto ha provocado durante varias generaciones. A este respecto, mucho se ha escrito y dicho, y sólo reflejaremos unos cuantos apuntes.

Lo primero que capta nuestra atención es la ausencia de colores vivos, sólo el blanco y el negro matizados por los grises, el reflejo de la guerra, la desolación y la barbarie. La escena fundamental del cuadro recurre a un motivo profundamente español, como es la corrida de toros. El toro, impasible e inexpresivo, ubicado a la izquierda, representa la Bestia, que se yergue vencedora sobre el pueblo, representado por el torero que yace agonizante con su cuerpo destrozado y su espada rota, aunque su mano se aferra a una flor, que simboliza la vida. El caballo del “picador”, que ocupa el centro, aparece ensartado por una lanza, relincha de dolor y de injusticia con su cabeza y expresión desencajada vuelta hacia el toro. Debajo de este, una madre grita desgarradoramente al toro con su hijo muerto en sus brazos. A la derecha, devorada por el fuego, una figura humana –claramente inspirada en el “fusilado” del famoso cuadro de Goya que antes mencionamos– levanta sus brazos en señal de injusticia.

Dos mujeres se apresuran hacia el caballo y hacia el centro del cuadro, una extiende el brazo por encima de la cabeza sosteniendo una vela iluminando el alboroto, mientras la otra, semierguida y con sus piernas quebradas, parece suplicar.

Arriba en el centro, la bombilla eléctrica en forma de ojo y sol, es el testigo de la barbarie, que se encarga de ver para el resto del mundo, para que el crimen quede registrado.

El Guernica: Un llamamiento para la acción

El capitalismo es horror sin fin. Multitud de Guernicas han tenido lugar décadas después: en la 2ª Guerra Mundial, en Vietnam, Irak, Siria, Palestina, y otros sitios. Como dice Alan Woods: “El objetivo del gran arte no es entretener, no es sólo mostrar de una manera superficial y neutral, sino penetrar debajo de la superficie y exponer la realidad que reside debajo”. El Guernica nos sigue conmoviendo porque refleja la realidad actual del capitalismo. También es un manifiesto, un llamamiento de atención sobre lo que nos destina el capitalismo si no es derribado.

Pero otro mundo está pugnando por nacer, un mundo socialista sin guerras, explotación ni opresión. El Guernica debe inspirarnos para hacerlo realidad

Miguel Enríquez entrevistado por Marta Harnecker días antes del golpe militar de 1973

Revista Chile Hoy Nº 59, 27 de julio-2 de agosto 1973

En esta entrevista a días del golpe militar, Miguel lanza un llamado a la unidad de la izquierda, advierte sobre los militares golpistas. La revista ‘Chile Hoy’ pertenecía al PS, corrían malos vientos para el gobierno de la Unidad Popular, su capitulación estaba sellada, los sectores reformistas habían impulsado la desmovilización de los trabajadores. Esa aspiración del PC de establecer alianza con la democracia cristiana (DC) se había hecho una vergonzosa realidad. Meses después, en octubre de 1973, Miguel en la clandestinidad se refería que la derrota no era del socialismo, sino de quienes impulsaron el modelo reformista y que arrastraron al compañero Allende a claudicar Seguir leyendo Miguel Enríquez entrevistado por Marta Harnecker días antes del golpe militar de 1973

¿Brotes verdes en la economía?: algunas interrogantes

por Albert Recio//

I

Oficialmente, la crisis ha terminado. Al menos, es lo que argumenta la versión oficial sobre la base de considerar que el nivel alcanzado por el PIB del segundo semestre de 2017 supera al del segundo semestre de 2008, cuando se considera que empezó el desastre.

Pero ya se sabe que el PIB es una medida poco fiable de la realidad económica. Convertir toda la enorme variedad de actividades económicas en una sola cifra exige adoptar un número tan grande de convenciones técnicas (y decisiones políticas) que pueden hacer variar el volumen del PIB con relativa facilidad. Sin perder de vista las actividades sociales útiles que el PIB no contempla, así como su ignorancia de los efectos negativos de la actividad económica convencional sobre el fondo natural del planeta y sobre las condiciones de vida. Hay consciencia creciente de lo inadecuado de esta medida, pero el discurso oficial sigue aferrado a viejas ideas y por eso se sigue tomando está cifra mágica como eje de la evaluación económica. Y, como la cifra da ahora un nivel parecido al de hace nueve años, pues ya podemos decretar el final de la crisis.

Ante tamaño anuncio propongo un ejercicio simple, de corte convencional. Comparar una serie de estadísticas económicas del momento de inicio de la crisis (la culminación de un período de auge) con la situación actual. Y ver en qué medida podemos pensar que simplemente se ha salido de una crisis profunda, de la misma forma que una persona se considera restablecida de una enfermedad cuando una serie de análisis indican que ha recuperado los parámetros anteriores a la misma.

II

Podemos empezar por la crítica más conocida. La recuperación económica no ha recuperado los niveles de empleo y, además, el nuevo empleo creado es peor que el destruido en términos de condiciones laborales, salarios etc.

Basta tomar unas pocas variables para constatar que esta evaluación es cierta.

La Encuesta de Población Activa ofrece unos datos contundentes: entre el segundo semestre de 2008 y el segundo de 2017 la población activa (la que esta empleada o busca empleo) se ha reducido en 305 000 personas, se han destruido 1,83 millones de empleo y el número de personas desempleadas ha aumentado en más de un millón y medio. Es decir, más paro, menos empleo y más personas desanimadas que han dejado de buscar.

La destrucción de empleo se ha producido tanto en el empleo asalariado como en el no asalariado en proporciones parecidas. Al final del período, la tasa de asalarización ha crecido ligeramente, menos de un 1 por ciento (pasando de 82,5 a 83,4 %). O sea que en conjunto hay una ligera mayor proporción de asalariados que de no asalariados, algo que no se corresponde con la percepción extendida que estamos asistiendo a la explosión del empleo autónomo.

Si de la cantidad pasamos a la calidad, las dos medidas que podemos utilizar son el peso del empleo a tiempo parcial y el del empleo temporal. Aunque puede haber muchas razones por las que una persona decida trabajar pocas horas, en general el empleo a tiempo parcial va asociado a niveles de ingresos bajos y a empleos situados en la parte inferior de la pirámide ocupacional (en términos de salarios, reconocimiento, posibilidades de carrera etc.). El empleo a tiempo parcial ha crecido, pasando del 11,7 % de todos los empleos al 15,2 %. Pero aquí las diferencias se agudizan si se considera tanto el estatus profesional como el género. Mientras que, en conjunto, el empleo a tiempo parcial de los asalariados ha pasado del 12,1 % al 16,5 % del total, el de los no asalariados se ha reducido del 10% al 8,5 %. El empleo a tiempo parcial representa el 26 % del empleo asalariado femenino frente a solo el 7,8 % para los hombres, aunque en ambos casos se experimentan aumentos porcentuales parecidos.

Solo los datos del empleo temporal podrían indicar una mejoría en la calidad del empleo. El porcentaje de empleo temporal se ha reducido en 2,5 puntos entre los dos períodos estudiados (del 29,3 % al 26,8 %), pero hay que ser cautos con esta evaluación. Al principio de la crisis había mucho empleo en la construcción, el sector donde el empleo temporal es siempre más elevado. Más bien lo que muestran estos datos que el empleo temporal está enquistado en el mercado laboral español, y esto a pesar de las diversas reformas laborales que ha debilitado de forma sustancial la protección al empleo, que para los economistas y políticos neoliberales es la razón que explica el crecimiento del empleo temporal.

Analizar el impacto de estos cambios en los salarios es más complicado por las propias limitaciones de las estadísticas salariales. Ya me ocupé de ello en una nota anterior («Empleo y condiciones de trabajo en la recuperación», mientrastanto, febrero de 2017). Hay evidencias que indican no sólo que los salarios se han moderado sino que esta moderación se ha centrado fundamentalmente en los niveles salariales más bajos. Las huelgas de las subcontratas de los aeropuertos, el movimiento de las kellys o de los autónomos de Deliveroo es una respuesta combativa a esta degradación laboral que las estadísticas recogen sólo parcialmente.

Con todo, algunos datos son contundentes. El peso de las rentas salariales en el PIB ha decrecido en casi 3 puntos (pasando del 49,8 % al 46,9 % entre 2008 y 2017). Es notorio poner en relación este dato con la tasa de asalarización a la que me he referido anteriormente, y que indica un aumento del peso de los asalariados de 1 %. Es decir, que una proporción mayor de personas activas se reparten una proporción sustancialmente inferior de la renta total.

La Encuesta de Condiciones de Vida, por su parte, es un buen indicador de esta degradación de los ingresos y las condiciones de vida de una parte de la población, con el aumento a lo largo del período del porcentaje de población en riesgo de pobreza (del 19,8 % al 22,5 %) y del que está en riesgo de pobreza y exclusión (que pasa del 23,8 % al 27,9 %). Este último indicador suma a la pobreza monetaria la exclusión del mercado laboral. Quizás tan significativo como estos datos resulta el análisis de la distribución de la renta que incluye la encuesta. La población se clasifica por deciles, el primer decil lo forman el 10 % de personas con menores ingresos, mientras que el 10º decil lo forman el 10 % de los que ganan más. Una cuestión interesante es analizar en qué cantidad de ingresos se producen los cortes. Cuando se consulta este dato se observa que para los 8 primeros deciles (80 % de la población) el punto de corte se produce a un nivel de ingresos sustancialmente inferior al de hace 8 años. Por ejemplo en 2008 el 10 % más pobre eran personas cuyos ingresos no alcanzaban los 6255 € al año; en la última entrega (2016) el corte se sitúa en 5297 €, o sea casi mil euros menos que hace ocho años. El porcentaje de reducción es mayor en los deciles inferiores, pero sólo en el 9 y el 10 el punto de corte es superior. Más pobreza y más desigualdad. La recuperación sólo funciona para unos pocos.

III

El impacto social negativo de las políticas aplicadas en la crisis es evidente. Y justifica las críticas a las políticas de austeridad. Pero sus autores mantienen una posición que los hace inmunes a las mismas: gracias a estas políticas se ha producido la recuperación y se han sentado unas bases sólidas para seguir creciendo y recuperar también empleo de calidad. Por eso conviene ver si realmente esta recuperación es realmente tan sólida, si se han aplicado reformas que han reforzado las estructuras productivas del país. Cuando empezó la crisis, la economía española mostraba enormes problemas que en el plano macroeconómico se concretaban en un tremendo déficit exterior y en un consiguiente endeudamiento externo.

El déficit exterior es un reflejo en parte de la estructura productiva de un país y de su estructura de consumo. Un país autárquico equilibrado permitiría satisfacer todas sus necesidades sin intercambio con el exterior. No hay evidencias de que tales países existan, pues la mayoría de países tienen relaciones con el exterior y el equilibrio refleja que el país produce una serie de bienes y servicios que vende en parte fuera para comprar en cambio aquello que no produce. En la práctica, muchos países no logran este equilibrio, y aquí nacen problemas para ellos mismos y para el conjunto de la economía mundial. Cuando empezó la crisis, España tenía un enorme déficit exterior, del orden del 6 % del PIB (básicamente debido al enorme desequilibrio en la balanza de bienes). En cambio, en los últimos trimestres existe un superávit superior al 2 %. Esto parece justificar a los que han defendido que el ajuste salarial era imprescindible para ganar competitividad y que el sacrificio salarial es la base de la recuperación.

Analizadas al detalle, las cosas son bastante más complejas. De una parte, el superávit se ha producido fundamentalmente por dos cuestiones: la enorme caída del precio del petróleo —el elemento más importante en la creación del déficit comercial—, y el fuerte aumento de los ingresos por turismo. Es cierto que se han producido mejoras en todos los sectores de especialización, y que ha aumentado el volumen de exportaciones. Pero esto puede deberse a múltiples causas: desde una reducción de importaciones de productos extranjeros más caros por la crisis al simple relanzamiento del mercado automovilístico, que constituye el principal producto de exportación, y cuya dinámica depende de las lógicas productivas de las grandes multinacionales del sector (y donde los costes salariales españoles ya eran sustancialmente inferiores antes de la crisis). Cuando se analiza la evolución de la estructura del PIB y del empleo no se advierte que se haya producido un cambio estructural profundo en el área productiva. El sector manufacturero ha seguido perdiendo empleo y peso. El turismo se ha reforzado en cambio como la gran “industria” nacional que nos convierte en un exportador de “materias primas” particular. Que la situación no ha cambiado mucho lo expresan los datos de la estructura del PIB: en los últimos trimestres, a medida que la recuperación se acelera, se está debilitando el superávit exterior y crece el déficit comercial. Cualquier aumento serio de los precios de los combustibles puede volver a generar enormes dificultades.

El otro gran problema era el elevado grado de endeudamiento de la economía española. Al inicio de la crisis, éste era fundamentalmente privado, de las familias y sobre todo de las empresas. Parte del ajuste, especialmente el plan de salvamento del sector financiero, consistió en transformar deuda privada en pública. Las cifras de deuda exterior (pública y privada) y de deuda pública ofrecen un panorama peligroso. Las cifras del segundo semestre de 2017 indican que la deuda exterior de España ha alcanzado un record en términos absolutos (1,91 billones de euros) y se sitúa ligeramente por debajo de su máximo histórico en términos relativos (un 170 % del PIB frente a un 174,6 % de máximo en 2010). Aún en términos netos (descontando los activos financieros españoles en el exterior) se sitúa en el 86,5 %, lo que supone un nivel de endeudamiento elevado. Si esta situación no se traduce en una grave tensión es fundamentalmente por la política monetaria del Banco Central Europeo, que ha generado una enorme liquidez y ha comprado ingentes cantidades de deuda. Pero un cambio en las políticas del BCE por cualquier tipo de razón puede poner a España en una situación de alta presión y en nuevas exigencias de ajustes insoportables. Por su parte, la deuda pública, tras los generosos planes de ayuda al sector privado, se sitúa en el torno del 100 % del PIB, sólo soportable en el contexto de bajos tipos de interés. Las políticas de austeridad no se han traducido en una reducción sustancial de la deuda, como se ha propugnado, sino todo lo contrario. El endeudamiento es endémico en el capitalismo actual por los desajustes que genera el modelo y por la enorme proliferación de mecanismos financieros que promueven su expansión.

No hay por tanto ninguna evidencia sólida que indique que realmente se ha producido un cambio en profundidad en el modelo productivo que justifique la promesa de una recuperación sólida que acabe con la pobreza y la precariedad. Son sólo circunstancias favorables —como el bajo precio de los combustibles, la política monetaria expansiva o el hiperdesarrollo turístico— las que han permitido generar una sensación de mejoría que, cuando menos, se presenta potencialmente inestable.

IV

La crisis económica de 2007 ha tenido graves costes sociales en nuestro país. Toda crisis los tiene, y las políticas aplicadas (en parte impuestas por los organismos internacionales, en parte promovidas gustosamente por las clases dirigentes locales) no han hecho más que agravar sus costes. Y han provocado cambios estructurales (como la reforma laboral, la liquidación de un sistema financiero para-público, los ajustes en servicios públicos básicos, la reforma inconclusa del sistema de pensiones…) que conducen a un modelo social de elevadas desigualdades y problemas recurrentes para enormes masas de población. No sorprende que, para algunos, la crisis sea vista como una cortina de humo para justificar estas políticas. Aunque sea un razonamiento inadecuado: la crisis es un producto normal del funcionamiento de una economía capitalista con tendencias al caos. Lo que ocurre es que una vez planteado el problema y el desastre, ha sido fácil para las élites aplicar las políticas más adecuadas a sus intereses (y más próximas al “sentido común” de sus intelectuales orgánicos).

La crisis, en gran parte resultado por el modelo de globalización neoliberal, curiosamente ha provocado un reforzamiento (con variantes) de la misma. En parte porque las élites no se han tenido que confrontar con una oposición que tuviera tanto fuerza social como ideas y proyectos mínimamente sólidos y estructurados. Veníamos de un largo período de derrotas y debilitamiento de los movimientos sociales, de las clases subalternas, y hemos sido incapaces de reconstruir a corto plazo una alternativa.

Lo más dramático es que, además de imponer medidas de un coste social brutal, no parece que las mismas hayan permitido superar los problemas macro y microeconómicos que están en la base de los problemas económicos convencionales de la economía española (desempleo, precariedad, déficit exterior, etc.). Y, por eso, las demandas de ajuste volverán a reaparecer en cuanto cambien los factores coyunturales que ahora dan un cierto respiro.

Cambiar el modelo productivo es más fácil de decir que de hacer en economías capitalistas, donde existen poderes económicos muy consolidados, donde las grandes empresas tienen dificultades para transformarse, donde las instituciones y poderes internacionales ejercen una presión desmesurada sobre las políticas locales… Y también en sociedades que han tratado de salir de la lógica capitalista y que tienen enormes dificultades para salir de sus viejas líneas de especialización, no sólo por la presión de los bloqueos externos. Y esta dificultad de cambio choca con la persistencia de problemas económicos de todo tipo: desequilibrios macroeconómicos, endeudamiento insoportable, paro, pobreza, desigualdad, degradación ambiental… Problemas que exigen transformaciones radicales. Transformaciones que demandan políticas bien pensadas, ideas y fuerzas sociales capaces de salir del marasmo en el que, digan lo que digan los voceros del poder, seguimos atrapados.

 

 

Unidad Popular: La Revolución Frustrada

por Antonio Calderón//

 
Hacia fines de los años sesenta en el cono sur de América comenzó un ascenso revolucionario de las luchas obreras y populares, que coincidió con el ascenso mundial de esos años. Este fue el telón de fondo de los procesos nacionalistas burgueses de Velasco Alvarado en el Perú, de Torres en Bolivia, de Allende y la Unidad Popular en Chile.
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¿A qué “género literario” pertenece El Capital de Marx?

por Manuel Sacristán//

«Leer El Capital», el título que Louis Althusser escogió hace unos tres años para presentar una colección de estudios, era una frase pensada provocativamente: como protesta contra la moda  del «joven Marx», contra la creciente tendencia a leer a Marx como puro filósofo. Pero «Leer El Capital»  es también problema dese otro punto de vista, fuera de apasionamientos por o contra una moda. Para evitar esos apasionamientos, y también por brevedad, el problema de la lectura de Marx se va a plantear aquí de forma no polémica.

Una de las características más peculiares de la literatura acerca de El Capital es la extremosidad de los juicios que suscita su lectura. Eso es muy sabido y no vale la pena insistir aquí sobre ello. Recordarlo era, empero, oportuno, porque ese clima característico de la lectura de Marx sugiere ya algo acerca de la naturaleza de la obra de éste.

Más interesante es, probablemente, considerar un momento el tipo de estimación de El Capital –mucho más deseoso de decencia objetiva académica- característico de los grandes autores que no pueden permitirse, por su personalidad científica, una apología directa del capitalismo a través de una refutación grosera del libro de Marx, ni, por otra parte, pueden prescindir tampoco, dada su posición de clase, de una apología indirecta de ese orden por medio de una sesuda justificación de la tesis de la caducidad de El  Capital. Schumpeter es, probablemente, la más alta autoridad de esta distinguida categoría. Pero no es bueno invadir el campo de otros especialistas, y, por otra parte, la mencionada y distinguida categoría de autores comprende también a prestigiosos filósofos con los cuales el firmante de esta nota puede entendérselas sin tanto riesgo de mala comprensión por insuficiencia técnica.

El filósofo Benedetto Croce, contemporáneo de Schumpeter y titular, por algún tiempo, del alto trono ideológico luego detentado en Europa por autores como Bergson Heidegger, ofrece un buen punto de partida. Su comunidad histórico-cultural con Schumpeter es, por otra parte, considerable: también Croce ha pasado por la experiencia de una dilatada lectura de Marx, también él decide pasar cuentas con Marx, también explica -a veces- el marxismo sobre la base de una (para él errada) sobrestimación de Ricardo, etc. Pero, sobre todo, Croce ha expresado de una manera típica el problema tomado en esta nota. Lo expresa, por supuesto, como antimarxista. En varios de sus libros, y principalmente en la Historia de la historiografía italiana del siglo XIX, Croce, en el marco de una crítica general del marxismo, señala como principal objeción a los escritos económicos de Marx, especialmente El Capital, el hecho de que esos textos no componen un tratado homogéneo de teoría económica -o de «economía política», como tradicionalmente se decía-, sino un conjunto de «cánones» o métodos para la interpretación del pasado, más unos cuantos análisis y proposiciones de forma propiamente teórica, más un impulso «profetice» o «elíptico» hacia otro tipo de sociedad, al que lleva la acción política.

Este tipo de crítica no puede reducirse directamente a la corriente propaganda según la cual El Capital ha caducado hace mucho tiempo como análisis de la realidad capitalista. Indirectamente sí que se mueve en el mismo sentido, pues esa crítica viene a decir: la ciencia económica ha conseguido ya formas de teoría pura -como la física o la biología- neutrales respecto de toda empresa o todo programa político-social; la obra de Marx, como la de Ricardo, es anterior a ese nivel teórico; luego es una obra caducada.

Algo hay que aprender de esa liquidación sutil de El Capital y, en general, de los escritos de la madurez de Marx. Hay que aprender algo de ella porque recoge un hecho, aunque sólo sea para convertirlo en eje de una apología indirecta del capitalismo. El hecho en cuestión está al alcance de cualquier lector sin prejuicios demasiado inconscientes: parece claro que la lectura de la mayoría de las páginas del Marx maduro -incluidas muchas de El Capital– da inmediatamente la impresión de que uno está leyendo otro tipo de literatura que el que tiene delante cuando lee un tratado de teoría económica o una monografía sobre algún problema económico. Y la diferencia no se puede explicar solo por factores ideológicos, esto es, por el hecho de que la mayoría de textos económicos, didácticos o de investigación, que uno lee aquí y ahora arraigan inequívocamente en la base y en la cultura burguesas. Esa explicación no basta, porque también se aprecia una gran diferencia de género de lectura entre gran parte de El Capital y las exposiciones de Lange, Strumilin o Dobb, por ejemplo, acerca del funcionamiento de economías socialistas. (Por esto también resulta tan incorrecto y confusionario el uso por Althusser de la palabra «teoría» para referirse a todos los escritos de la madurez de Marx.)

Las palabras no son tan inocentes como pueden parecerlo. Las palabras por lo pronto, no van nunca -o no cuentan nunca- solas, sueltas: cuentan sólo en unas estructuras, los lenguajes (cotidianos o técnicos), que se presentan y funcionan como reproducción elemental e implícita de la realidad, porque son ellos mismos la articulación de conceptos más general con que los hombres perciben y piensan la realidad. Una de esas estructuras -la que aquí interesa- es la formada con los términos técnicos que son nombres de las  actividades intelectuales, los nombres de las ciencias, las teorías parciales las técnicas, las artes, etc. Su conjunto estructurado puede llamarse -usando una palabra clásica en metodología- sistemática del trabajo intelectual- sistemática del trabajo intelectual responde, en última instancia, a la división de ese trabajo, y en este sentido tiene una racionalidad: esa racionalidad justifica, por ejemplo, la creciente formación de neologismos para nuevas especialidades, etc. Pero como toda racionalidad lo es respecto de un sistema (o, a lo sumo respecto de un conjunto o una sucesión de sistemas), no puede sorprender el que esa racionalidad básica sirva ideológicamente como instrumento para cerrar la sensibilidad de los hombres que viven dentro de un sistema social respecto de producciones intelectuales que rompan de algún modo la sistemática del orden dado. Es frecuente entonces oír o leer críticas a esas producciones por confusas, acientífícas, no-artísticas, etc. Un ejemplo típico en otro terreno es la vieja negación del carácter artístico-teatral de la obra de Bertolt Brecht, o de una parte de ella (las piezas didácticas).

Se sugiere aquí que ése es también el caso de la crítica que podría llamarse «formal» o «metodológica» de los escritos de la madurez de Marx: efectivamente no entran en la sistemática intelectual de la cultura académica contemporánea, y efectivamente se equivoca Althusser al llamarlos simplemente «teoría». El «género literario» del Marx maduro no es la teoría en el sentido fuerte o formal  que hoy tiene esta palabra. Pero tampoco es –como querría Croce– el género literario de Ricardo. Y ello porque Ricardo no se ha propuesto lo que esencialmente se propone Marxfundamentar y formular racionalmente un proyecto de transformación de la sociedad. Esta especial ocupación -que acaso pudiera llamarse «praxeología», de fundamentación científica de una práctica- es el «género literario» bajo el cual caen todas las obras de madurez de Marx, y hasta una gran parte de su epistolario. Por ello es inútil leer las obras de Marx como teoría pura en el sentido formal de la sistemática universitaria, y es inútil leerlas como si fueran puros programas de acción política. Ni tampoco son las dos cosas « a la vez», sumadas, por así decirlo: sino que son un discurso continuo, no cortado, que va constantemente del programa a la fundamentación científica, y viceversa.

Es obvio -y desconocerlo sería confundir la «praxeología» marxiana con un pragmatismo- que esa ocupación intelectual obliga a Marx a dominar y esclarecer científicamente la mayor cantidad de material posible y, por lo tanto, que siempre será una operación admisible y con sentido la crítica meramente científica de los elementos meramente teóricos de la obra de Marx. Como también lo es la operación que consiste en continuar, completar y desarrollar los aspectos puramente teóricos de esa obra (como hizo Hilferding), o el conjunto de su praxeología (como hizo Lenin). Lo único realmente estéril es hacer de la obra de Marx algo que tenga por fuerza que encasillarse en la sistemática intelectual académica: forzar su discurso en el de la pura teoría, como hizo la interpretación socialdemócrata y hacen hoy los althusserianos, o forzarlo en la pura filosofía, en la mera postulación de ideales, como hacen hoy numerosos intelectuales católicos tan bien intencionados como unilaterales en su lectura de Marx.

Sugerida esa lectura de la obra madura de Marx, hay que añadir una advertencia para impedir, en la medida de lo posible, que la concisión, siempre involuntariamente tajante y categórica, sugiera también un despreció de la teoría pura, formal: la actitud de Marx, la actitud que aquí se propone llamar «praxeológica», ante la teoría pura no es ni puede ser de desprecio o ignorancia. La relación entre el «género literario» praxeológico y el de la teoría pura (en sentido fuerte o formal) no es de antagonismo, sino de supraordinación: para la clarificación y la fundamentación de una práctica racional la teoría es el instrumento más valioso, aparte de su valor no instrumental, de conocimiento. Marx lo ha sabido muy bien –todavía hoy admira su erudición- y eso hace de él, precisamente, una figura única en la galería de los grandes revolucionarios de la historia.

Muy probablemente el planteamiento más académico de esta cuestión consistiría en tomarse en serio el subtítulo de El Capital: «Crítica de la Economía Política». Una interesante tesis doctoral en Economía (en Historia de las doctrinas económicas) podría proponerse tomar en serio esa «interpretación autentica», como dicen los filólogos y los juristas, o sea, esa autointerpretación de Marx: podría estudiar en qué medida parafrasea la Crítica de la razón pura de Kant -y se podría apostar, como hipótesis inicial, que la parafrasea intencionalmente, aunque a través del «hegelianismo de izquierda»-; podría luego estudiar en qué medida eso supone que Marx no piensa estar haciendo Economía Política, sino otra cosa (su crítica) al modo como Kant no estaba haciendo «razón pura» tradicional (metafísica) sino otra cosa, sin abandonar por ello la temática cuya concepción tradicional critica, etc. Quede esta sugestión para algún estudioso de economía aficionado a la historia ideológica de su disciplina.

 (fechado en torno a 1968, publicado en el nº 66 de la revista Mientras Tanto en 1996, e incluido en el libro Escritos sobre El Capital (y textos afines))

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