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¿Que no habría más marchas?: enfrentar a Piñera unidos y movilizados

por Ibán de Rementería y Gustavo Burgos //

El piñerismo apostaba a consumar una derrota sobre el movimiento de masas. El esperpento que tiene por Ministro de Educación, vaticinó que había pasado el tiempo de las marchas y decenas de miles salieron contundentemente en todo el país a rechazar el lucro señalando un camino para enfrentar al gobierno del gran empresariado. Seguir leyendo ¿Que no habría más marchas?: enfrentar a Piñera unidos y movilizados

Editorial: por la victoria militar siria frente al ataque imperialista

 

Con la conocida mentira de “proteger a la población civil” y destruir “armas de destrucción masiva, Trump, a la cabeza de la jauría imperialista, ha desplegado un ataque criminal, de alto impacto sobre Siria. En un ataque militar conjunto de Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, esta noche comenzaron a caer bombas sobre Siria. Según Trump, se trata de “ataques de precisión” contra “objetivos sirios asociados con el programa de armas químicas”.

Trump miente.

El hecho forma parte, y de seguro lo será, de una escalada que persigue imponer la voluntad imperialista allí donde se presenta un ángulo de resistencia a la voracidad de las transnacionales. El imperialismo no tiene otro camino que la guerra y la barbarie para resolver sus contradicciones internas, siendo -por lo mismo- este ataque una expresión del camino que toma EEUU en su proclamada guerra comercial con China.

Este ataque, además de ofender la autodeterminación de las masas árabes y de los oprimidos del mundo entero, es una señal concreta del objetivo que ha trazado el imperialismo. Este ataque no sólo fue una determinación de Trump, sino que fue exigido por republicanos y demócratas, los que demandan la necesidad de afirmar la superioridad militar norteamericana en todo el orbe.

La obsecuencia del gobierno británico y francés, pone de manifiesto que estas potencias ha determinado ponerse detrás de los norteamericanos. Ninguna, pero ninguna preocupación democrática o humanitaria, alimenta el ataque de ayer sobre Damasco. Los “progresistas” que apoyaron ayer a Macron para “impedir el triunfo de la derecha”, pueden comprobar que Macron -aademás de ser un títere de la banca mundial- es ahora un criminal de guerra.

Desde las páginas de El Porteño (elporteno.cl) nos sumamos al repudio mundial que ha generado este ataque, nos ponemos incondicionalmente del lado de la nación oprimida y reivindicamos el derecho de los sirios a alzarse en armas frente al imperio. En Chile, esto significa solidarizar con esta lucha, redoblando nuestros esfuerzos en la lucha contra el representante de los yanquis en nuestro país, el gobierno pro imperialiista de Piñera. Sólo la clase clase obrera, acaudillando a explotados y nación oprimida, abre el camino de la derrota imperialista: el fin del capitalismo a manos de la revolución proletaria.

EP

Editorial: 2018 de los trabajadores

Terminamos este 2017 con una cierta percepción de desconcierto. La reconstrucción de los espacios de la izquierda y los trabajadores ha venido desarrollándose en medio de una ofensiva patronal y de una movilización de la derecha, que no hace sino expresar la polarización -la agudización de los antagonismos de clase- que caracteriza al régimen. Seguir leyendo Editorial: 2018 de los trabajadores

Editorial: El siglo de la Revolución Rusa

Para quienes militamos bajo las banderas de la revolución socialista, la celebración de un aniversario tan significativo, el centenario de la Revolución Rusa, resulta de una enorme trascendencia.

Quienes integramos el equipo editorial de esta revista, provenimos de distintas corrientes de origen marxista y revolucionario, y para todos nosotros –desde diversas perspectivas- la Revolución Rusa ha significado y significa el basamento material y teórico de nuestro accionar militante.

Se puede afirmar que la burguesía no ha logrado silenciar la fecha y, en nuestro país, hasta el mismísimo Centro de Estudios Públicos –órgano capitular de la oligarquía chilena- organizó un ciclo de charlas que bajo el nombre de la Revolución Rusa en América Latina y Chile, con la finalidad de poner de relieve la derrota, la imposibilidad e inclusive los supuestos crímenes de tal Revolución.

A su turno, a lo largo de todo el país y con distintos énfasis y magnitudes, las actividades conmemorativas de la gesta del octubre soviético se han venido desarrollando, demostrando con ello que no se trata de un acto de nostalgia o de rescate arqueológico, sino que expresiones concretas y vigentes de lucha política. Resulta, en consecuencia, autoevidente que la Revolución Rusa sigue siendo un hito nodal, estructural, en el desarrollo del discurso político de nuestros días.

Frente a los que, basados en el hecho cierto de que la clase obrera ha sufrido importantes retrocesos políticos en los últimos años, sostienen que “se ha demostrado” su incapacidad revolucionaria, sostenemos que nunca una clase explotada ha logrado tanto en tan poco tiempo.

En poco más de ciento cincuenta años de existencia el movimiento obrero ha generado una teoría social superior a la de la clase dominante. Ha creado organizaciones propias, como sindicatos, cooperativas y asociaciones culturales y deportivas.

Organizó partidos propios, sustentados en la teoría crítica y científica, que han desarrollado estrategias y tácticas de acción política altamente elaboradas.

Obligó a la clase dominante a conceder mejoras como nunca una clase explotada logró arrancar a los explotadores (Estado de bienestar en la posguerra).

Generó organizaciones radicalmente democráticas, como los concejos de obreros y campesinos. Creó ejércitos, desarrollando una estrategia militar propia.

Tomó el poder e inició la construcción de sociedades que por primera vez fueron concebidas como proyectos conscientes de un reordenamiento social sin clases.

Es necesario no perder esta perspectiva histórica, y fomentar la educación a las nuevas generaciones en las tradiciones revolucionarias, porque en ellas se alimentará la futura recomposición política de las fuerzas del trabajo y del socialismo. La perspectiva de la revolución proletaria es, en este contexto, no sólo necesaria, sino que su viabilidad constituye hoy en día la única posibilidad de salvar a la humanidad de las garras de la barbarie.

Habitualmente dedicamos la Editorial de nuestra revista al análisis de la coyuntura, que hoy día con la contienda electoral, el movimiento No +AFP y la absolución de los 11 comuneros mapuche en el llamado “caso Luchsinger”, entrega múltiples facetas, pero hoy queremos –intencionadamente- detenernos a homenajear a la primera revolución obrera triunfante de la historia.

Desde las páginas de El Porteño, cuando también cumplimos un año de funcionamiento, acompañando la lucha de los trabajadores en Chile y el mundo entero, rendimos sentido homenaje –repetimos- a esta primera revolución obrera triunfante de la historia y a su vanguardia bolchevique. El programa proletario, de la revolución socialista, que es el gobierno de los órganos de poder de los explotados, resplandece en su vigencia frente a la colosal descomposición del orden burgués. Levantamos el puño izquierdo, orgullosos de engrosar las filas proletarias de esta gloriosa marcha llamada Revolución.

 

EP

 

Editorial: 11 de septiembre, día de reivindicación de la lucha por la Revolución Socialista.

Una de las principales tareas políticas del régimen, en lo que concierne a su lucha por erradicar la identidad política socialista de los trabajadores en Chile, es la de trivializar el Golpe del 73 y transformarlo en una fecha de reconciliación ecuménica, en torno a la idea del “Nunca Más” y del respeto a los DDHH.

Como todos los años, el Gobierno realizará un rito religioso y abrirá La Moneda para las ofrendas en la puerta de Morandé 80, que usó Salvador Allende en su corto y convulsionado período presidencial.

La Derecha y la DC simplemente omitirán cualquier referencia a la fecha, conocedores como son, de su responsabilidad genocida y proimperialista en la conspiración y sedición de la CODE. Guardarán silencio porque, por una cuestión de clase, simplemente tienen las manos manchadas con sangre obrera. Sobre esto no hay dos lecturas.

Es la izquierda la que ha abandonado todo papel en torno a esta fecha y no se trata de un accidente. El PC y PS -aún las principales organizaciones de la izquierda chilena- no pueden abrir la boca para reivindicar a los miles de caídos, a los desaparecidos, torturados y exiliados, tras el golpe pinochetista, porque son los intereses de la clase social burguesa que dio este Golpe, los que de forma rastrera, hoy defienden desde el Gobierno de Bachelet.

Se nos presentan hoy día, una vez más después de casi treinta años, con la cantinela de que “hay que unirse en contra de la derecha”. Esto no sólo es una impostura, es una canallada, porque han sido los gobiernos de la Concertación y el último de la Nueva Mayoría (que suma al PC), precisamente quienes han gobernado desde 1990 –con el paréntesis piñerista- sirviendo vergonzosa y obsecuentemente los intereses de las transnacionales, los grupos económicos, de la banca y las AFP, de las concesionarias y de la gran minería privada.

Son estos grandes grupos a quienes sirven, los que -aún vulnerando la propia legislación patronal- los han financiado y corrompido metódicamente, ordenándoles qué es lo que deben hacer en el Congreso. Esta es la razón, la verdadera razón por lo que desde 1990 subsiste la Constitución y el Modelo Económico que dan cuerpo al Régimen pinochetista, sin Pinochet. Subsiste por los grandes acuerdos de “gobernabilidad” y por los pagos irregulares de PENTA, SQM y tantas otras empresas más que arriendan los servicios de parlamentarios y administran los intereses económicos del propio Partido Socialista, porque es en la bolsa donde se transan no sólo las acciones bursátiles de propiedad del PS, sino que su conducta desde el Gobierno.

Hoy día se nos plantea que si apoyamos a Guillier se continuará el camino de reformas impulsado por el Gobierno. No nos cabe duda.

Lo que omiten señalar es que durante el último Gobierno se pulverizaron las organizaciones de trabajadores, se destruyó la CUT y se aprobaron reformas legales que dificultan aún más la organización de sindicatos y se debilita –aún más- la fuerza de las huelgas; durante este Gobierno el movimiento estudiantil se empequeñeció hasta la irrelevancia y se le fracturó con una reforma educativa que -a pesar de una mínima cobertura de gratuidad- fortaleció la subvención a los grandes operadores privados de la educación consolidando –en los hechos- la educación como una mercancía. Durante este Gobierno, como corolario, se impulsó una reforma previsional que tiene como único objetivo preservar el fraude piramidal de las AFP que persigue únicamente proveer de dinero barato para los bancos y los grandes grupos económicos, a costo de la miseria de los trabajadores.

Durante este Gobierno, además, se reprimió y profundizó la militarización de la Araucanía, se invirtieron millones de dólares en equipamiento represivo, persecuciones judiciales y criminalización de la lucha emancipadora del pueblo Mapuche. El montaje del caso Luchsinger se destaca por ser un nuevo “Caso Bombas”, porque con él presenciamos un inequívoco acto de represión política y vulneración de derechos nacionales. La represión bacheletista es responsable de la muerte del obrero forestal Rodrigo Cisterna en mayo del 2007, también lo es de la muerte del subcontratado del cobre, Nelson Quichillao en julio de 2015. Ambos crímenes permanecen en la más absoluta impunidad.

¿A esto se refiere la izquierda guillierista con la promesa de continuar con la obra de Bachelet? Exactamente, a eso se refieren y es a esa impostura y a esa capitulación a la burguesía a la que la izquierda que se reclama revolucionaria y socialista, debe oponerse terminantemente.

Cuando hablamos de esto no estamos haciendo referencia a alguna campaña electoral, si alguna hay que ayude en este sentido, en buena hora. Pero en este momento resulta totalmente irrelevante. Con sus encuestas, el régimen ha creado la idea de que Piñera es invencible, reproduciéndose el paradigma “antipinochet” y “antipiñera”, que tantos dividendos han dado a la burguesía, porque le permite someter a los trabajadores y disciplinarlos a un horizonte político que se reduce al espacio electoral, institucional y legal que la propia burguesía ha impuesto.

El 11 de septiembre de 1973, un martes helado y nublado como este día que nos ha dejado el crudo invierno de 44 años después, Allende se inmola en La Moneda testimoniando trágicamente la absoluta inviabilidad del reformismo, esto es, la idea de que existe un tránsito pacífico y gradual –“la Vía Chilena”- al socialismo. Una generación completa y la de recambio fueron aplastadas durante los 17 años que duró la Dictadura pinochetista. Miles y miles cayeron bajo la represión patronal e imperialista, bajo la dictadura precisamente porque la Unidad Popular no fue capaz de señalar otro camino que el institucional.

Como socialistas, como revolucionarios, pero también como chilenos, hemos pagado con la sangre de nuestros mártires proletarios la inviabilidad de la vía chilena. Al socialismo sólo hemos de llegar por la vía revolucionaria, la de la acción directa de las masas, el auténtico camino proletario e insurreccional que expulse a la burguesía del poder, destruya su estado y socialice los medios de producción. Al socialismo sólo hemos de avanzar por este camino, el de un gobierno obrero asentado en los órganos de poder de las masas explotadas, como se expresó embrionariamente con los Cordones Industriales.

¿Cómo aplicamos estos principios y esta estrategia el día de hoy, en que la izquierda aparece domesticada y el movimiento obrero es un fantasma de lo que fue?

La respuesta nos la dan los trabajadores una y otra vez. Tercamente, a pesar de las traiciones de las direcciones sindicales y de los aparatos burocráticos de la izquierda, los trabajadores siguen luchando, se siguen organizando protagonizando movilizaciones de enconada fuerza. La mayor parte son sectoriales como las ramas del sector público, Falabella; otras tienen mayor amplitud y alcanzan la esfera política como la lucha contra la Ley de Pesca y el amplio Movimiento No + AFP.

Esto nos demuestra que el movimiento obrero no ha sido aplastado, está vivo y sigue en la lucha. La izquierda no puede o derechamente no quiere interpretar la actividad de los trabajadores y de proyectarla programáticamente por el poder. Es así como el nuevo fenómeno del Frente Amplio, emergido hace un año, en las Municipales del 2016 producto de la combinación de las movilizaciones del 2011 y del desprendimiento por la izquierda de la propia Concertación (Revolución Democrática), al presentarse como una alternativa puramente electoral e institucional, resulta impotente para servir de intérprete de los trabajadores, precisamente porque no cuestiona el capitalismo ni la propiedad privada de los medios de producción. La reorganización obrera no pasará por el Frente Amplio.

En la actual situación de crisis generalizada de los aparatos políticos, y de confusión de las masas, resulta casi imposible predecir si habrá segunda vuelta ni el desenlace de las presidenciales de noviembre. Lo que sí es seguro, es que el próximo Presidente, con todas las diferencias que ostentan los actuales candidatos, actuará para preservar el régimen burgués, contener o aplastar las movilizaciones y seguir alimentando las ilusiones de que bajo este régimen –trabajando duro y sin mirar para el lado- se puede prosperar.

Es cierto, este 11 de septiembre de 2017, 44 años después en apariencia está muy lejos de lo que fue Chile en aquella época. Ni la izquierda, ni el movimiento obrero, son una sombra de lo que fueran en aquella época. Un par de vanguardias bajo tierra testimonian esta tragedia. Pero en lo esencial, las bases que permiten y hacen necesaria y obligatoria la lucha por la revolución socialista permanecen intactas y -hasta cierto punto- se hacen más urgente hoy que ayer.

El orden capitalista cruje por los cuatro costados. El imperialismo norteamericano amenaza con una guerra nuclear para afirmar su posición de preeminencia sobre las otras facciones imperialistas; la crisis económica del 2008 y sus parches financieros, no hace sino profundizarse amenazando a millones de trabajadores, campesinos y naciones oprimidas con la miseria y el fascismo; las direcciones emergentes del siglo XXI en América Latina, los Chávez, Lula, Evo, Cristina y hasta Bachelet, se derrumban incapaces de sortear los desafíos políticos de mediar entre la nación oprimida y el imperio. No hay salida burguesa a la crisis.

Compañeros: es el momento de redoblar nuestras fuerzas de lucha y de alzar las banderas de la clase obrera y la Revolución Socialista. Nuestro homenaje, un sentido homenaje de clase anticapitalista, será la victoria, la construcción del partido revolucionario, la liberación de los explotados. Viva la clase obrera y su revolución.

 

 

Editorial: De la gran marcha al paro nacional

Marchamos en la convicción de que si somos capaces de convocar al conjunto de los trabajadores, el sistema de robo organizado de las AFP está muerto. Si nos movilizamos hasta vencer, habremos garantizado no sólo el fin de la subvención de los trabajadores a la banca, sino que habremos asegurado la construcción de un verdadero sistema previsional de reparto, basado en la solidaridad y que garantice pensiones dignas, que cubran a todos los jubilados sus necesidades básicas.

Los medios de comunicación, el Gobierno y los partidos del régimen, se han cansado de difundir la especie de que el sistema de reparto está quebrado en todo el mundo y que lo único que se puede hacer es perfeccionar el Mercedes Benz de José Piñera.

Está claro que la burguesía no puede dar respuesta a los reclamos de los trabajadores y que será necesario luchar unidos para quebrar la mano a la patronal. El término de la huelga de los mineros de La Escondida, el pasado jueves 23 sin ningún resultado, habla a las claras de que no alcanza con movimientos parciales. Se hace necesario dar cuerpo a un movimiento de alcance nacional, con ocupación de lugares de trabajo y estudio -un verdadero Paro Nacional Indefinido- para quebrar el espinazo al capital monopólico financiero que se atrinchera en las AFP, para seguir lucrando con la miseria de los trabajadores.

Hoy día, en las calles demostraremos nuestra voluntad de lucha fortaleciendo nuestra propia organización. La Coordinadora Nacional de Trabajadores No + AFP demuestra en los hechos que es la organización de los trabajadores de Chile y que ha pasado a ocupar el lugar que la corrupta burocracia de la CUT ha abandonado, como cabeza de los trabajadores. Es este el camino que debemos seguir, el de la movilización y organización unitaria.

Nada puede dividir a los trabajadores, porque son nuestros reclamos los que nos unen y es nuestra lucha la que exige en estos momentos la más amplia convocatoria para vencer. Es necesario estar alertas e impedir que la campaña electoral nos divida. No hacemos culto del apoliticismo, porque los trabajadores estamos obligados a dar una lucha política por el poder. De lo que se trata es que toda intervención electoral, que realmente pretenda servir los intereses de la mayoría explotada, debe ponerse al servicio de la movilización y no al revés, que las movilizaciones actúen como trampolín para los candidatos. La intervención electoral debe ayudar a los trabajadores a superar sus ilusiones en la democracia burguesa y afirmar su confianza en su propia fuerza como clase. La derrota de 1973, esa sangrienta lección, nos enseña día a día que toda política electoral debe ayudar al proceso revolucionario desnudando el carácter de clase –patronal- del régimen.

Debemos seguir adelante. La marcha del 26 de marzo, convocada como la más grande marcha de la historia, será el primer paso en el despliegue callejero de una lucha que va subiendo escalones y se yergue como una movilización en contra del capital. La crisis económica mundial empuja al Gobierno, a la banca y al gran empresariado a declarar la guerra a los trabajadores. La reforma laboral de Bachelet, más allá de algunos ajustes cosméticos, lo que se propuso fue debilitar más a los sindicatos e impedir el avance a formas superiores de negociación por rama de producción.

Nada podemos esperar de la justicia, parlamento e institucionalidad patronal. Sólo la movilización amplia, unitaria y de inflexible compromiso con los intereses de la mayoría explotada, abrirá el camino a la consecución de nuestros reclamos. En esa lucha estamos comprometidos como El Porteño. No alcanza con definirse “antineoliberales”, de lo que se trata es de acabar con el capitalismo, de lo que se trata es poner al centro del debate en la izquierda el problema del poder y el socialismo.

Si luchamos contra las AFP es porque estamos convencidos que los trabajadores podemos resolver el problema previsional, instaurando un sistema de reparto solidario, bajo control de los trabajadores. Este objetivo inmediato viabilizará otra tarea democrática elemental, la nacionalización de la banca, como una cuestión básica de soberanía económica y liberación nacional.

Derribar el muro neoliberal, que es la forma concreta y única del capitalismo semicolonial chileno, es una tarea que comienza hoy y que se abre espacio junto a los centenares de miles, los millones que saldremos a las calles este 26 de marzo. Desde aquí caminaremos al Paro Nacional.

EP

Editorial: Apagar el Incendio y Alzar las Banderas de la reforma Agraria

Imposible hacer esta editorial sin mencionar el incendio que arrasa el valle central de nuestro país. En realidad, es imposible hacer referencia a cualquier problema de alcance nacional sin que este se encuentre atravesado por la catástrofe.

La Derecha, vergonzosamente, ha tomado el desafío y se ha empeñado en postular a Piñera como el enérgico ejecutor con que pretende volver a La Moneda. Sin pudor, han propuesto cancelar el proyecto del Museo de la Memoria en Concepción, para concentrar los recursos en la “reconstrucción”. Demagogia pura.

Por otro lado, el Gobierno y la Nueva Mayoría tratan de proyectar la idea de que este asunto debe ser resuelto institucionalmente, por ser un desafío que impone la unidad nacional. En esa línea se ha inclinado Guillier, Boric y Jackson -desde distintas perspectivas- tratando de difuminar la naturaleza de clase del incendio, centrándose en la idea de la solidaridad y el humanitarismo. Finalmente la derecha deberá inclinarse en el mismo sentido y contribuir a alinearse tras el Gobierno, simplemente porque no lograron explotar el desconcierto generado. La “unidad nacional” terminará imponiéndose: demagogia pura también.

Lo decíamos hace unos días en estas mismas páginas: este incendio es expresión viva de la catástrofe social que subyace a la estructura productiva del agro chileno.

Sometidos, como estamos, a la gran propiedad privada de los medios de producción y a la opresión imperialista, nuestro campo es arrasado por el monocultivo de pino y eucaliptus y por la hiperconcentración de las tierras. En ese sentido, la monstruosa industria forestal, lenta e inexorablemente, ha arrasado con la aptitud productiva de uno de los valles templados más productivos del mundo. Esto pone en evidencia que es el capitalismo el obstáculo para el desarrollo de nuestras fuerzas productivas. Tras el eufemismo de la “agroindustria” se esconde la incapacidad genética de la burguesía criolla de conducir a Chile al desarrollo.

En este sentido, estamos de acuerdo con la necesidad de derogar el andamiaje de subvención a la industria forestal, que consagrara en los primeros días de Dictadura el DL 701, y que ha sido prorrogado intacto hasta nuestros días. Es el Estado chileno, con fondos del erario nacional, el que ha contribuido a cimentar las bases del pernicioso monocultivo agrícola.

Lo que este incendio pone en evidencia es que el modelo productivo agrario chileno, instaurado por los Chicago Boys de Pinochet, ha fracasdo. Es éste modelo el que ha fracasado y es él –no un grupo de pirómanos ni de especuladores inmobiliarios- el responsable de esta catástrofe. Son Celulosa Arauco del grupo Angelini y la legendaria Papelera (CMPC) del grupo Matte, quienes deben responder por este desastre infernal. Es su modelo, parasitario, subsidiado y antinacional el que ha fracasado: hasta este minuto son 500 mil hectáreas quemadas, 11 víctimas fatales y 3.782 damnificados son la nítida expresión del fracaso del modelo de industria forestal

Es así como apagar el incendio debe conducirnos a terminar con la vulnerabilidad del agro chileno y a acabar con la contrarreforma agraria pinochetista. Luchar contra este modelo es no sólo una tarea democrática, sino que de liberación nacional y social.

Para que este objetivo se materialice, resulta imprescindible, como primera tarea, la expropiación bajo control obrero de todas las tierras de las grandes compañías forestales, sus aserraderos, chipeadoras y plantas de celulosa. En manos de los obreros forestales, cuyas fuentes laborales hoy no pueden sostener los grandes capitalistas, está la solución a esta crisis. La patronal, el Gobierno y sus partidos se preparan para campañas lacrimosas de caridad en búsqueda de reflotar sus alicaídas campañas electorales. Será tarea nuestra orientar la reconstrucción que viene después de este incendio hacia una verdadera Reforma Agraria, hacia el poder obrero, hacia la unidad obrero-campesina y la autorganización de las bases. No hay otro camino.

 

(Fotografía: Parral, 1971)

Editorial: Las Lecciones del 2016

El año que termina resultó siendo decisivo. La crisis de los partidos patronales, especialmente aquellos agrupados en la Nueva Mayoría, terminaron por quebrar su capacidad electoral y se abrió una grieta en el régimen por donde comienza a expresarse el descontento de las masas. Son las masas y no los actos electorales, los verdaderos protagonistas de este año.

Lo dijimos en nuestra primera editorial, un día antes del triunfo de Sharp en Valparaíso: no vamos a hacer análisis electoral ni mucho menos a hacer pronósticos. Para eso están los grandes consorcios periodísticos y las multinacionales de las encuestas. Resulta penoso observar cómo la prensa del régimen obsesivamente esconde la cabeza en la arena electoral, cuando lo que se derrumba son las ilusiones en la democracia, la legitimidad institucional y la capacidad de los partidos burgueses para controlar la crisis permanente en que se hunde el capitalismo.

Los medios oficiales nos presentan la realidad política –no pueden hacer otra cosa- como todo aquello que circunda las elecciones y están empeñados, a muerte, en hacernos creer que los grandes problemas nacionales pasan por Piñera, Lagos, Guillier u Ossandón. En la izquierda aparecen los nombres de Atria (IS), Claude (TALM) y otros de aún menor visibilidad, pensamos en Artés (UP), cuyas candidaturas responden a la necesidad de agrupar militancia, de diferenciarse y de hacer este proceso en referencia, también, a las elecciones. Los grandes candidatos de la burguesía están condenados al mismo fracaso del régimen al que expresan; los pequeños candidatos de la izquierda, han tomado el camino de la intrascendencia.

Si hay un rasgo distintivo en lo que nos deja el 2016, es el protagonismo que recuperan las masas y que desde el 2011, caracterizan la emergencia de un soterrado, sostenido e incontenible ascenso. Si el 2011 fueron los estudiantes, en un ascenso con muchas similitudes al de los últimos 5 años de la Dictadura, el 2016 fueron ya los trabajadores. Movilizados en la calle contra las AFP, en centenares de huelgas dispersas (ayer Sodimac, hoy Banco del Estado) y dando cuerpo y continuidad a levantamientos populares como los de Aysén, Punta Arenas, Freirina y este año, la Marea Roja de Chiloé.

Pero aún más, lo verdaderamente significativo de este ascenso lo conforman el proceso de cambio de las direcciones obreras. La CUT se encuentra paralizada por la descomposición de la burocracia oficialista y amarilla que usurpa su dirección desde 1990; la ANEF puso término al reinado oficialista de De la Puente; el Colegio de Profesores renueva su directiva, más que por contenido, en rechazo a la conducción oficialista de Gajardo.

En todos estos casos, hay más pero son lo más representativo, la dirección tradicional colapsa y se abre espacio a una nueva dirección que no se presenta acabada, pero que expresa el descontento de las bases. Con los mismos fraudes electorales con que se mantuvieron todos estos años, ahora ya no es suficiente porque las bases reclaman intervención directa y el proceso de asambleas resolutivas viene estrangulando a una burocracia acostumbrada a liquidar los movimientos “por arriba”.

Esta es la conclusión más nítida que nos deja el 2016. Nos deja la alcaldía de Sharp en Valparaíso que nos parece defendible porque expresa un movimiento de las bases como el Pacto Urbano la Matriz; nos deja la nueva dirección del Colegio de Profesores; nos deja el campo abierto para pelear por una nueva dirección en la ANEF y en la CUT.

No nos equivoquemos. Estas nuevas direcciones son importantes porque expresan un fenómeno popular de bases movilizadas (es lo que aterra a los fascistas de la UDI), pero son direcciones en formación. Lo saben los autonomistas que realizan su Congreso en este mes, lo saben en general los que aparecen disponibles para un frente amplio, lo saben los militantes revolucionarios que hay en la Izquierda Socialista del PS, lo sabe la directiva de No+AFP: lo sabemos todos, es necesaria la formación de una nueva dirección política que exprese el poderoso movimiento de masas que tiene en jaque al orden establecido.

Por lo mismo, la formación de esta nueva dirección política de lo menos que necesita es de candidatos presidenciales. Lo que necesitamos es un programa, una teoría y una estrategia. La proa en dirección a la revolución socialista y los remos sobre las aguas en las que hoy navegamos, dando respuesta a los problemas desde dentro de este movimiento sin estridencias ni autoproclamaciones, pero sin oportunismo. La respuesta es confiar en el ímpetu de combate de las bases de trabajadores, la respuesta es la unidad en la movilización y la lucha implacable en contra de los patrones y su régimen.

En el Comité Editorial de este periódico -sin ir más lejos- tenemos profundas diferencias programáticas, teóricas, sobre la caracterización del período, el tipo de revolución que propugnamos, la valorización de la democracia, la dictadura del proletariado, pero tenemos un acuerdo mínimo que nos permite existir: se caen la direcciones tradicionales, implosionan, y se presenta un extenso espacio político que es necesario expresar en concreto en términos de lucha y darle una perspectiva de clase, revolucionaria. Somos una expresión más de esta transitoria bolsa de gatos que está siendo la izquierda chilena en el día de hoy.

Nos acercamos al centenario de la primera revolución obrera triunfante de la historia –la primera, no la última como desean nuestros enemigos-, la gloriosa Revolución Rusa. Qué mejor que citar a Trotsky, junto a Lenin, uno de los máximos exponentes de este proceso revolucionario, que en 1932 hacía referencia a las tareas de los revolucionarios en un proceso convulsivo en los EE.UU. que tenía muchas similitudes con lo que vivimos hoy: “Considerar al partido laborista como una serie integrada de frentes únicos significa no comprender el concepto del frente único ni el del partido. El frente único está determinado por circunstancias y objetivos concretos. El partido es permanente. En un frente único mantenemos las manos libres para romper con nuestros aliados circunstanciales. Estar en un mismo partido con estos aliados implica atarse a la disciplina e incluso al hecho mismo del partido. Hay que comprender bien la experiencia del Kuomintang y la del Comité Anglo-Ruso. La línea estratégica determinada por la falta de independencia del Partido Comunista y el deseo de entrar al partido “grande” (Kuomintang, Partido Laborista) produjeron inevitablemente todas las consecuencias propias de la adaptación oportunista a la voluntad de los aliados y, por intermedio de éstos, a la del enemigo. Tenemos que educar a nuestros cuadros en la certeza de que la idea comunista es invencible y en la fe en el futuro del partido revolucionario. La lucha paralela por otro partido provoca inevitablemente una dualidad en sus mentes y los vuelca hacia el oportunismo”.

 

(Fotografía, Peña de la CUT, Valdivia, 1965)

Editorial: Forjar la izquierda en la lucha obrera

Vivimos, desde hace un par de meses, una explosión de candidatos presidenciales. A este ritmo, de verificarse efectivamente estas candidaturas, las próximas elecciones presidenciales podrían llegar a realizarse a diez bandas. Inédito y expresivo de la decadencia y crisis del régimen en nuestro país.

Sin embargo, estas candidaturas son –además- un intento de la burguesía de conducir todo el proceso de movilizaciones a la arena electoral, que es donde ellos pueden ejercer su control, institucionalizando los conflictos, sometiéndolos a la legalidad y jurisdicción de los patrones.

La izquierda no puede equivocarse. Es imprescindible poner en el centro del debate la actividad de las masas. Vivimos una situación de ascenso desde más de cinco años y aunque los trabajadores hemos sufrido derrotas (como la reciente de la ANEF), el movimiento no ha sido aplastado y en su desarrollo se está gestando un amplio campo de organizaciones y referentes de las cuales estamos seguros, habrá de surgir una nueva dirección política de izquierda que sepulte a las tradicionales entregadas, como están, al régimen burgués.

En esta línea, la derrota del PC en el Colegio de Profesores nada tiene que ver con el anticomunismo, porque no significa un avance de la derecha en el gremio. Por el contrario, lo que esta derrota histórica revela es que al PC le está ocurriendo lo mismo que la DC y al PS en los 90: pagan el precio de integrar un gobierno patronal, así de simple. Y lo que ocurre en profesores se replica en amplios sectores y de seguro en las próximas de la ANEF, 23 años encabezada por el socialista de la Puente, tendremos resultados similares.

Se atribuye a Brecht la frase de que “la crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer”. Esto es lo que ocurre hoy día en el seno de la izquierda. Un sector importante de militantes siguen atrapados en las redes del PC y el PS, de seguro muchos de ellos –críticos de sus direcciones amarillas- tienen la expectativa de que la crisis por sí sola resuelva el problema, lleguen los trabajadores en masa a tocar su puerta, se revitalicen sus organizaciones y se abra la oportunidad para recuperar a sus organizaciones para lucha revolucionaria. Pero esto no va a ocurrir, por el contrario, la dinámica social indica que la marea pasará por sobre lo viejo, lo barrerá –como lo está haciendo- y en un campo renovado se dirimirá la reconfiguración de la izquierda.

Hoy cumplen 19 días de huelga los compañeros de Homecenter-Sodimac, una huelga heroica, de alcance nacional que enfrenta al grupo económico Falabella. La fuerza de este movimiento a llegado a convocar el apoyo de Boric, Jackson, la Vallejo e inclusive al senador Navarro. Los piratas de la SOFOFA y la CPC han puesto el grito en el cielo advirtiendo la inconstitucionalidad de tal apoyo. Los antagonismos de clase se agudizan, la patronal endurece su posición y los trabajadores hacen lo propio ocupando las calles y garantizando el cierre de los locales incluso cuando éstos integran centros comerciales mayores.

Esta es la arena en que se debe forjar la nueva izquierda que el momento político nos reclama: la de la lucha de clases, la de la movilización y la acción directa.

Los trabajadores en distintos sectores están saliendo a la lucha y están –generalizadamente- superando a sus viejas direcciones burocráticas, de este proceso resultará la recuperación de la CUT o la formación de una nueva central clasista y de lucha. El movimiento No+AFP se desarrolla y afirma su programa. En Valparaíso el Pacto La Matriz comienza a desarrollarse como un vasto movimiento asambleario. Debemos dar respuesta a estos problemas, los verdaderos problemas de los trabajadores, desde este terreno debe desarrollarse la izquierda. No nos vengan con candidatos, no van a embolinarnos la perdiz.