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Un cuento de Marilyn Manson: «Todo en familia»

Él esperaba que la grabadora aún funcionara. Era una de esas portátiles usadas a menudo en escuelas y  bibliotecas. Teddy ni siquiera se dio cuenta de la ironía de su acción –Angie era de hecho quien se la había comprado. Limpió el cabello y la sangre del borde y soltó un suspiro de frustración. “Mamá seguramente me dejará sin ver televisión,” pensó, mirando el desastre que había hecho. Seguir leyendo Un cuento de Marilyn Manson: «Todo en familia»

Este 8 de marzo: huelga internacional de mujeres

 

por Cinzia Arruzza

Organizaciones feministas, populares y socialistas alrededor de todo el mundo han llamado a la Huelga Internacional de Mujeres el 8 de marzo en defensa de los derechos reproductivos y contra la violencia hacia las mujeres, entendida como violencia económica, institucional e interpersonal.

La huelga tendrá lugar en al menos 40 países; será la primera coordinada internacionalmente a esa escala desde hace años: en términos de su tamaño y por la diversidad de organizaciones y países involucrados, será comparable a la manifestación internacional contra el ataque imperialista en Irak en 2003 y a las protestas internacionales coordinadas bajo la bandera del Foro Social Mundial y el movimiento por la justicia global a principios de los 2000.

Mientras que el movimiento Occupy, los Indignados, el Blacks Lives Matter logró tener un eco mundial y desencadenar manifestaciones, ocupaciones, y protestas en un número importante de países, hubo sin embargo, poca coordinación consciente internacional de coordinación entre varias organizaciones y grupos participantes. Por otro lado, las revoluciones árabes fueron también un extraordinario e histórico evento, pero las organizaciones sociales y políticas de otros países no construyeron una poderosa movilización coordinada internacionalmente en su apoyo.

Si esto sucede, la Huelga Internacional de Mujeres marcará un salto cualitativo y cuantitativo en un largo proceso de reconstrucción de una movilización social a nivel internacional contra el neoliberalismo y el imperialismo, a la cual varios movimientos de años recientes han dado forma, del Occupy a Gezi Park (en Turquía) de los Indignados al Standing Rock y el Blakc Lives Matter. Eso será señal también de una posibilidad concreta para un nuevo movimiento feminista, poderoso, anticapitalista e internacionalista.

¿Porqué lo llamamos “una huelga”?

Muchas discusiones sobre la huelga, particularmente en los Estados Unidos, se ha centrado en si es correcto llamar al 8 de marzo una “huelga”, en lugar de una manifestación. Esta crítica no tiene sentido. Las huelgas de mujeres siempre han sido más abarcadoras en sus objetivos y propósitos que las tradicionales huelgas sobre los salarios y las condiciones de trabajo.

En 1975, 90 % de las mujeres de Islandia estallaron una huelga en el lugar de trabajo y rechazaron hacer por un día el trabajo socialmente reproductivo no pagado para hacer visible el trabajo de la mujeres y su contribución a la sociedad en Islandia. Ellas exigían iguales salarios al de los hombres y el fin de la discriminación sexual en el trabajo.

En el otoño de 2016, las activistas polacas adoptaron la estrategia y el mensaje de la huelga de mujeres de Islandia y organizaron un huelga de mujeres masiva para detener un requerimiento en el parlamento que habría prohibido el aborto. Las activistas argentinas hicieron lo mismo en octubre para protestar contra la violencia machista hacia las mujeres.

Estos hechos – los cuales estimulan la idea para una amplia huelga en el Día de la Mujer – demuestran cómo una huelga de mujeres es diferente de una huelga general. Una huelga de mujeres surge de la reflexión política y teórica sobre las formas concretas del trabajo de las mujeres en las sociedades capitalistas. En el capitalismo el trabajo de las mujeres en el mercado de trabajo formal es sólo una parte del trabajo que ellas hacen; las mujeres son también las principales proveedores de mano de obra reproductiva: trabajo no pagado que es igual de importante para reproducir la sociedad y las relaciones sociales del capitalismo. Una huelga de mujeres es diseñada para hacer visible este trabajo no pagado y para enfatizar que la reproducción social es también un lugar de lucha.

Además, debido a la división sexual del trabajo en el mercado del trabajo formal, un basto número de mujeres mantienen trabajos precarios, donde no tienen derechos laborales, son desempleadas o trabajadoras indocumentadas.

Las mujeres trabajadoras en el mercado de trabajo formal e informal y en la esfera no pagada de la reproducción social, son todas ellas siempre trabajadoras. Esta consideración debe ser central para algunas discusiones acerca de la reconstrucción de un movimiento de la clase trabajadora no sólo en los Estados Unidos, sino también a nivel global.

Hacer énfasis en la unidad entre los lugares de trabajo y el hogar es clave, y un principio organizador central para la huelga del 8 de marzo. Una política que toma el trabajo de las mujeres seriamente debe incluir no sólo la huelga en los lugares de trabajo sino también una huelga del trabajo reproductivo no remunerado, huelga de tiempo parcial, llamado para reducir el tiempo de trabajo y otras formas de protesta que reconoce la naturaleza de género de las relaciones sociales.

La “huelga” se ha convertido en el término paraguas bajo el cual se incluyen estas diversas formas de acción porque es el término que mejor enfatiza la centralidad del trabajo de las mujeres y su autoidentificación como trabajadores, cualquiera que sea su forma de trabajo.

Reclamar el derecho a la huelga

Estados Unidos tiene quizá las peores leyes del trabajo entre las democracias liberales. Las huelgas generales y políticas están prohibidas, las huelgas están ligadas a exigencias económicas estrictamente dirigidas a los patrones, y los contratos a menudo tienen cláusulas explícitas contra la huelga, cuya violación puede hacer que el trabajador pierda su empleo y/o que el sindicato que organiza la huelga reciba fuertes multas. Además, varios estados, como Nueva York, tienen leyes que prohíben explícitamente a los empleados públicos hacer huelga.

La discusión acerca de cómo revertir esta situación y empoderar a las y los trabajadores ha sido el principal tema estratégico de la izquierda en EU en las últimas décadas. Aún ahora uno de los peligros en esta discusión es reducir la lucha de clases a la sola lucha económica, y confundir las relaciones sociales capitalistas con la economía formal, esto es una visión estrecha.

Una transformación de las relaciones de trabajo en los Estados Unidos requiere no simplemente una activación de la clase trabajadora sobre las bases de demandas económicas en el lugar de trabajo, sino su politización y radicalización – la capacidad de llevar a cabo una lucha política dirigida a la totalidad de las relaciones de poder, a las instituciones y a las formas de explotación.

Esto no puede ser alcanzado mejorando y expandiendo la organización de base en los lugares de trabajo solamente; uno de los problemas central que la organización laboral radicalizada enfrenta es su aislamiento político y social así como su invisibilización.

Establecer las bases para la revitalización del poder de la clase obrera requerirá operar a diferentes niveles – creando grandes coaliciones sociales actuando dentro y fuera de los lugares de trabajo y construyendo lazos de solidaridad y confianza entre trabajadores y activistas antirracistas, feministas, estudiantes, y anti-imperialistas. Esto también significa aprovechar la imaginación social a través de la creatividad, la intervención intelectual y teórica y la experimentación con nuevas prácticas y lenguajes.

En lugar de los estrechos enfoques sobre la lucha en el centro de trabajo, necesitamos conectar movimientos basados en el género, la raza, la etnicidad y la sexualidad junto con los sindicatos y el activismo ambiental. Sólo creando esta totalidad colectiva seremos capaces de dirigir la complejidad de temas y demandas planteadas por estas diversas formas de movilización.

Este es el camino que la huelga internacional de mujeres persigue, con su amplia plataforma y apertura.

Marzo 8 no será una huelga general. Pero será un importante paso hacia la relegitimación del derecho a la huelga contra la degradaciones del capitalismo sentidas en todas las esferas de la vida por toda la gente.

(Fotografía: Mujeres republicanas en el frente de Madrid, 1938)

Los herederos de Gramsci

por Perry Anderson

Ningún pensador italiano goza de mayor fama hoy que Gramsci. Tanto las citas académicas como las referencias en Internet lo sitúan por encima de Maquiavelo. La bibliografía de artículos y libros sobre él llega a unos 20.000 títulos.

En medio de esta avalancha, ¿es posible alguna brújula? Sus Quaderni del carcere [Cuadernos de la cárcel] se pusieron a disposición de los lectores italianos, políticamente expurgados, a finales de la década de 1940. La primera traducción extensa a una lengua no italiana llegó a principios de la de 1970, con la selección editada por Quintin Hoare y Geoffrey Nowell Smith (Londres, 1971), que les dio un público global, siendo pro- bablemente la versión más consultada en todo el mundo. Cuatro décadas después existe ya una extensa literatura secundaria sobre la historia de su recepción a escala mundial, que abarca una vasta gama de usos1. La magnitud de esta apropiación, en una época tan diferente de la que conoció y enjuició Gramsci, debe mucho a dos características de su legado que lo diferencian del de cualquier otro revolucionario de su tiempo.

La primera es su multidimensionalidad. La variedad de temas tratados en los Quaderni del carcere –la historia de los principales países europeos; la estructura de sus clases dominantes; el carácter de su dominio sobre los gobernados; la función y pluralidad de sus intelectuales; la experiencia de los trabajadores y la perspectiva de los campesinos; las relaciones entre el Estado y la sociedad civil; las últimas formas de producción y consumo; cuestiones de filosofía y educación; las interconexiones entre la cultura tradicional o vanguardista y la cultura popular o folclórica; la construcción de las naciones y la supervivencia de las religiones; y con no menos importancia, las formas y medios para superar el capitalismo y sostener el socialismo– no tenía ni tiene igual en la literatura teórica de la izquierda. Su ámbito era no sólo temático sino espacial, puesto que en Italia se combinaba una industria capitalista avanzada en el norte con una sociedad precapitalista arcaica en el sur, y los Quaderni provenían de una experiencia directa de ambas, siendo por eso capaces mucho des- pués de interesar a lectores del Primer y del Tercer Mundo por igual. Había mucho donde elegir.

La segunda atracción magnética de esos textos reside en su fragmenta- ción. Las notas de Gramsci en la cárcel eran lacónicas y exploratorias, como preparación para obras que nunca pudo componer en libertad. Eso las hizo, como señalaría David Forgacs2, sugerentes más que concluyen- tes, invitando después de su muerte a una reconstrucción imaginativa, en un tipo de totalización u otro. Menos vinculantes que una teoría ter- minada, eran más atractivas para los intérpretes de todo tipo, como una partitura que invita a la improvisación. En su propio país los efectos no fueron felices, ya que todo el proceso quedó bajo el control del partido que él había liderado junto a otros, pero que había cambiado mientras estaba preso al someterse sus dirigentes en el exilio al mandato de Stalin. El resultado fue la instrumentalización continua de su pensamiento para fines oficiales, como defensa e ilustración de la línea política del pci, sin importar cuántas posiciones contradictorias implicara esto, desde la época de la Kominform hasta la del Eurocomunismo y su autoliquidación final. Dentro de esa camisa de fuerza táctica, naturalmente, no era posible un escrutinio crítico de las tensiones y vacilaciones, así como de los fulgores, de los Quaderni del carcere 3. Al principio, para despejar cualquier sospecha de Moscú, Gramsci tuvo que ser identificado en bloque con Lenin. Después de los congresos vigésimo y vigésimo segundo del pcus, se le presentó como complementario a Lenin, y después de 1968 como reemplazo del mismo. Finalmente, cuando se acercaba el final, fue desechado al considerarlo demasiado contaminado por Lenin, en un partido que afirmaba que se había desarrollado más allá de ambos, poco antes de exhalar su último suspiro.

Dado que el pci jamás ocupó todo el espacio de la izquierda italiana, en la que existían otras corrientes significativas y no pocas de ellas en profundo desacuerdo con él, el legado de Gramsci nunca pudo ser completamente monopolizado por el partido. Durante las décadas de 1960 y 1970, junto con el rechazo generalizado de ese legado como ideología de una forma- ción política comprometida, surgió una lectura alternativa centrada en el papel clave de los consejos de fábrica presente en sus primeros textos para L’Ordine Nuovo, que contraponían la idea de la autonomía de los trabajado- res recogida en éstos a la exaltación del partido como «Príncipe moderno» presente en los Quaderni. Aunque a menudo su expresión fue bastante enérgica, se trataba de un mecanismo de defensa incapaz de desalojar la secuencia ondulante de las recensiones basadas en los escritos de prisión. El resultado neto, cuando tanto el pci como esas espinas clavadas en su costado se desvanecieron finalmente, fue una esterilización del legado de Gramsci en su tierra natal.

Su empleo creativo, libre de restricciones institucionales, emigró al extranjero. Hay inevitablemente algo arbitrario en la ilustración del resultado de este periplo, pero entre los posibles candidatos es innega- ble la relevancia de cuatro apropiaciones del pensamiento de Gramsci, probablemente las cuatro principales si se consideran comparativa- mente, efectuadas a partir de la década de 1980. ¿Forman un patrón? Sorprendentemente sí, en ciertos aspectos. Todas fueron obra de pen- sadores alejados de su patria. Todas surgieron en el mundo de habla inglesa –el Reino Unido, Estados Unidos, Australia– en menos de diez años, entre mediados de la década de 1980 y mediados de la siguiente. Todas eran construcciones realmente individuales, pero cada una de ellas era también fruto de un proyecto común. Todas estaban centradas en el concepto gramsciano de hegemonía. A continuación presentaré algunas instantáneas de las mismas 4.

1

Gran Bretaña fue el primer caso en el que la importación de Gramsci produjo lo que su domesticación en Italia no había permitido: un análisis original sustantivo de la topografía social y política del país, estable- ciendo nuevos marcadores para una comprensión de lo que podría llegar a ser. En Reino Unido, la recepción de Gramsci se remonta a principios de la década de 1960, cuando todavía era escasamente conocido fuera de Italia5. Una década después, el punto de partida para la mayor influencia de sus textos vino de la mano de un ensayo de Raymond Williams en el que respaldaba y desarrollaba la concepción gramsciana de hegemo- nía como un «sistema central de prácticas, significados y valores que saturan la conciencia de una sociedad a un nivel mucho más profundo que las nociones comunes de la ideología». Haciendo hincapié en que tal hegemonía siempre involucraba un complejo conjunto de estructuras que debían ser continuamente «renovadas, recreadas y defendidas», ajustándose activamente e incorporando donde fuera posible prácticas y significados alternativos, Williams distinguía dos tipos de culturas opo- sitoras, atribuibles cada una de ellas a una clase y capaces de escapar a tal incorporación: residual y emergente, es decir, arraigada en un pasado o en lo que podría ser un futuro. Había también otras prácticas y valores menos asignables, que acostumbraban a eludir la captura hegemónica, ya que, por definición, insistía Williams, la hegemonía era selectiva: «Ningún modo de producción y, por lo tanto, ninguna sociedad u orden dominante ni, en consecuencia, ninguna cultura dominante agota, en realidad, la práctica, la energía y la intención humanas»6.

Estos axiomas podrían tomarse como inspiración para los logros de Stuart Hall, que llegó de Jamaica para estudiar literatura inglesa en Oxford a principios de la década de 1950. Fundador de Universities and Left Review en 1957 y director de la misma en 1960, en 1964 se había incorporado al Centre for Contemporary Cultural Studies de Birmingham fundado y dirigido por Richard Hoggart, con quien cola- boró durante un decenio. A mediados de la década de 1970 comenzó a analizar los enormes cambios que se estaban produciendo en la política británica para predecir sus resultados con una precisión sor- prendente en lo que sigue siendo el ejemplo más clarividente de un diagnóstico gramsciano aplicado a una determinada sociedad7. Al cabo de un año de la formación en 1974 del gobierno laborista de Harold Wilson editó, junto a Tony Jefferson, una colección de artículos titu- lada Resistance through Rituals en los que se analizaban las subculturas de la juventud –principal, pero no exclusivamente– obrera, como un área de resiliencia latente dentro de una cultura dominante, cuya hege- monía nunca fue establemente homeostática o totalmente absorbente, dando lugar en el mejor de los casos a un equilibrio móvil, que debía ser continuamente reformulado para controlar las prácticas que dis- crepaban de él8. Tres años más tarde, otro trabajo colectivo, Policing the Crisis, se centró en los sucesivos pánicos morales –los espectros amenazantes de la revuelta juvenil, la inmigración negra y la militancia sindical– en un momento de aguda crisis económica y turbulencia social, que desencadenó una reacción de corte pequeñoburgués. La demanda creciente de disciplina social se reflejaba ya en el cambio de Heath a Thatcher en la oposición conservadora. El Partido Laborista, después de haber intentado en un principio limitarse meramente a «gestionar el disenso», ahora se reconocía en ese talante proclive a una mayor represión, de acuerdo con un movimiento pendular, que ahora oscilaba hacia una situación en la que «la coerción se convierte en la forma natural y rutinaria de asegurar el consentimiento». Esto no significaba que en Gran Bretaña se asistiera a una violenta repre- sión desencadenada desde arriba al estilo chileno, sino más bien que, aun permaneciendo intactas todas las formas de un Estado posliberal, una actitud gubernamental más dura podía confiar en «una poderosa corriente de legitimidad popular»9. Lo que se vislumbraba en realidad era una poderosa corriente de populismo autoritario.

Un mes antes de que Thatcher llegara al poder en 1979, Hall advirtió que la socialdemocracia se había mostrado incapaz de dominar lo que se había convertido en la crisis orgánica del acuerdo de posguerra, al cual el thatcherismo ofrecía ahora una potente respuesta. Entretejiendo las líneas contradictorias del neoliberalismo monetarista y del conservadu- rismo tory organicista, trataba de construir un nuevo sentido común, de acuerdo con el concepto del mismo utilizado por Gramsci. Identificando la libertad con el mercado y el orden con la tradición moral, vinculaba las oportunidades del uno con los valores de la otra en un solo paquete listo para el consumo popular. Se trataba de un proyecto hegemónico, cuyos atractivos efectos ya se pudieron constatar en el debate público sobre los fracasos del sistema educativo promovido por el primer ministro labo- rista Callaghan en 197610.

Una vez que Thatcher formó su primer gobierno, Hall desarrolló estas ideas durante la década siguiente, previendo correctamente su segunda y tercera victoria electoral. La izquierda había sufrido una profunda derrota en Gran Bretaña, como en Italia durante la década de 1920: el arsenal de conceptos gramscianos estaba directamente relacionado con la experiencia local. Si bien es cierto que Thatcher nunca contó con una mayoría numérica del electorado y que su poder siempre fue cuestionado por una parte importante de la población, no lo es menos que había conseguido agrupar a toda una serie de agentes sociales, desde banqueros y profesionales hasta trabajadores cualificados, pasando por pequeños empresarios, que representaba un bloque histórico en ese sentido. Intuitivamente, el thatcherismo había comprendido que los intereses sociales son a menudo contradictorios, que las ideologías no tienen por qué ser coherentes y que las identidades rara vez son esta- bles, y había trabajado en estos tres terrenos para formar nuevos sujetos populares que encarnaran su hegemonía. Esa hegemonía, tal como había expuesto Gramsci, tenía necesariamente un núcleo económico: la desregulación financiera y la privatización de los servicios públicos para la City, impuestos más bajos para la clase media, aumento de los salarios para los trabajadores cualificados y la venta de viviendas municipales para las masas en general. Englobaba todo esto, sin embargo, la versión thatcheriana de la «revolución pasiva» gramsciana: la promesa ideoló- gica de una modernidad retrasada, en un país que no había conocido la segunda ola de transformación capitalista, que, sin embargo, había revigorizado Alemania o Japón en la posguerra. La clave de su éxito radicaba en la paradoja de una «modernización regresiva»11.

Era un análisis convincente del régimen de Thatcher, se mire como se mire. Le faltaba, ciertamente, el marco internacional en un momento en el que Reagan consolidaba su mandato –de base más amplia– en Estados Unidos y las recetas neoliberales se extendían por todo el mundo capi- talista avanzado. Pero ninguna lectura política de una coyuntura es exhaustiva y la de Hall tenía al menos un propósito: proponer la mejor forma de resistir y vencer al régimen conservador en Gran Bretaña. Para ello había que combatirlo en su propio terreno, argumentaba Hall, con la visión de otro tipo de modernidad, ofreciendo una emancipación del pasado más generosa y radical, que habría que pelear en todos los terre- nos de la sociedad civil, así como en el del Estado, sin permitirse el lujo de caer en posturas de indiferencia o desdén hacia áreas y temas tradicionalmente considerados escasamente políticos: el género, la raza, la familia, la sexualidad, la educación, el consumo, el ocio, la naturaleza, así como el trabajo, los salarios, los impuestos, la salud o las comunicaciones. Había que respetar el pequeño rincón del mercado, donde un capitalismo artesanal ofrecía un ámbito de variedad y elección, y la izquierda no debía dejarse «apartar del paisaje de las inclinaciones popu- lares». Pero su objetivo debía estar a la altura de las ambiciones de su adversario: no reformar, sino transformar la sociedad.

En Italia el partido de masas que heredó las ideas de Gramsci las esteri- lizó, produciendo poco análisis original de la sociedad que lo rodeaba y ninguna estrategia coherente para cambiarla. En Gran Bretaña sucedió lo contrario: se produjo un análisis original y se propusieron elementos de una estrategia coherente con él, pero no había ningún vehículo para ponerlo en práctica. Las intervenciones de Hall fueron publicadas en la revista de un pequeño Partido Comunista de Gran Bretaña, que siguió al pci en el eurocomunismo y la autoextinción. Eso dejaba únicamente al Partido Laborista, donde la influencia de Hall era mucho menor. Criticando su estatismo estrecho de miras y su hostilidad instintiva a la participación democrática, por no hablar de las movilizaciones, aprobó, sin embargo, más o menos explícitamente, en nombre de una relativa modernización, la decisión de la dirección del partido de purgarlo de una izquierda considerada aún más atrasada; y aunque no sin recelos, otorgó inicialmente a Blair varios epítetos laudatorios12 antes de concluir que el Nuevo Laborismo –podría decirse también «moderno»– era una decepción, que extendía más que desplazaba los parámetros generales del thatcherismo. El conocimiento mucho más profundo de la naturaleza del partido, que se podía encontrar en la primera recepción de Gramsci en el Reino Unido, obra de Tom Nairn, le habría evitado aquella decepción13.

Fue también Nairn quien vio el otro lado de la coyuntura que desencadenó el proyecto de Hall, que permaneció totalmente ausente del mismo. Para Gramsci, que escribía desde Italia, un componente crucial de toda hegemonía madura era la creación de una voluntad y de una cultura «nacional-popular». En la propuesta de Hall, el momento popu- lar borra, casi completamente, el nacional. Las tensiones que Thatcher estaba introduciendo en la unidad de Ukania, que habían comenzado ya a crisparse cuando Nairn publicó The Break-Up of Britain (1977) en los mismos años en que Hall elaboraba sus consideraciones sobre la fractura del acuerdo político de posguerra, apenas eran apreciadas. Tal vez había una razón para ello. Gran Bretaña, como explicaba Nairn, no era y nunca había sido una nación: era un reino compuesto por distintas unidades nacido en los albores de la era moderna, que había sobrevivido más allá de su época como un gran imperio. Pero lo que el thatcherismo proclamaba como una identidad todavía imperial – encarnada en los portaaviones británicos en los mares del Atlántico Sur– estaba empezando a convertirse en una solución multicultural no óptima para los inmigrantes del imperio, menos impasibles que los ingleses, aunque inevitablemente subordinados a las valencias históricas de Gran Bretaña. No es de extrañar que un jamaicano consciente del destino no sólo de su propia isla, sino del Caribe en su conjunto, se apartara de ese nudo inextricable alrededor de la garganta de lo nacional, tal como lo concebía Gramsci14.

Así, pues, la propia reafirmación de la posición de la nación en el mundo, como el ejemplo británico para todos los pueblos al poner por encima de todo la libertad, que era la más orgullosa proclamación de Thatcher, acabaría siendo su ruina cuando la integración europea que había ayudado a acelerar se cerró a su alrededor como una trampa: un gobernante italiano más sutil la sometió de un modo que no tenía cabida en el relato de Hall sobre su dominio del poder. ¿Arrojaba ese resultado una luz retrospectiva sobre ciertas grietas en su construcción de la hegemonía bajo el thatcherismo? En cierta medida es innegable. La doble torsión a la que se veía sometida Ukania entre Bruselas y Edimburgo, tan evidente hoy, ya era visible entonces. Correlativamente, aunque había subrayado una tendencia a la coerción en la década de 1970, los textos de Hall de la siguiente minimizaban su papel en cuanto a asegurar el dominio de Thatcher sobre el país, cuando en realidad las dos victorias decisivas que le dieron su supremacía, después de un comienzo incierto, fueron ambas ejercicios de violencia: el aplastamiento de la huelga de los mineros y la guerra colonial por las Malvinas. Ni una ni otra reci- bieron la atención debida. Cuando el Nuevo Laborismo llegó al poder hubo un punto ciego similar. «The Great Moving Nowhere Show», con el que ironizaba sobre el régimen de Blair, andaba un tanto descami- nado: pronto se iba a poner en movimiento, con las armas en mano, hacia Pristina, Helmand y Basora. A la inversa, en cuanto al consenso alcanzado por Thatcher, el acento caía demasiado insistentemente en la captura ideológica a expensas de los incentivos materiales, mientras los propios motivos ideológicos aparecían –nunca explícitamente, pero con precaución insuficiente– demasiado fácilmente desconectables de cualquier anclaje social, como si pudieran flotar libremente en cualquier dirección política bajo la varita de un mago suficientemente hábil. Hall nunca habría dado este paso en realidad, pero dejó la puerta entreabierta para que se diera.

2

Una empresa paralela había dejado huellas en su enfoque. A finales de los años sesenta, dos décadas después de su llegada de Jamaica, desem- barcó en Gran Bretaña un inmigrante argentino de una edad parecida a la suya, Ernesto Laclau, que había estudiado historia en Buenos Aires y había sido militante del pequeño Partido Nacional de la Izquierda Independiente fundado por Jorge Abelardo Ramos, prácticamente el único pensador socialista de su generación en defender el apoyo a Perón desde el principio de su gobierno en 194615. Tras instalarse en Oxford, su primera publicación en inglés fue un análisis marxista clásico de la constelación social que había producido en Argentina la dictadura de Onganía y el gran levantamiento político del Cordobazo contra ella en mayo de 196916. Después de pasar de la historia a la teoría política para conseguir una cátedra en Essex, produjo una colección de cuatro ensa- yos, Politics and Ideology in Marxist Theory, realizando un uso original, aunque siempre crítico, de los conceptos althusserianos, que tuvo un gran impacto en el pensamiento de Hall sobre el thatcherismo17.

En ese momento Laclau ya había empezado a trabajar con otra inmi- grante, Chantal Mouffe, una belga formada en filosofía, que había estado enseñando en Colombia. Juntos publicaron en 1985 Hegemony and Socialist Strategy, llevando al posestructuralismo a lidiar osadamente con la tradición marxista, en sintonía política con lo que había sido el eurocomunismo, pero ahora con una perspectiva teórica declarada- mente posmarxista. Repasando la historia de la Segunda y la Tercera Internacional, concluyeron que ambas habían permanecido atrapadas en la ilusión de que las ideologías correspondían a las clases y el desa- rrollo histórico llevaba, por pura necesidad económica, al triunfo del socialismo. Lo que ninguna de las dos había podido resolver era la exis- tencia, no sólo de divisiones dentro de la clase obrera como portadora de esta supuesta necesidad en forma de sujeto revolucionario de la historia, sino también de clases no capitalistas que no formaban parte de la clase obrera. Los problemas que éstas planteaban sólo habían encontrado respuestas incoherentes por parte de Plejánov y Labriola, Bernstein y Kautsky, Luxemburg y Trotski. Un primer paso, aunque todavía muy corto, más allá de esos fracasos, vino con la noción leninista de la hegemonía del proletariado, que implicaba una determinada articulación de los objetivos proletarios con las demandas del campesinado; pero fue Gramsci quien dio el verdadero avance al profundizar la concepción de Lenin en dos sentidos, transformando, por un lado, la idea de hegemo- nía, que pasaba de ser una forma de liderazgo meramente político para serlo también moral e intelectual, y entendiendo que el sujeto de una hegemonía no podía ser una clase socioeconómicamente preconstituida, sino que tenía que ser una voluntad colectiva políticamente construida, una fuerza capaz de sintetizar demandas heteróclitas, que no tenían nin- guna conexión necesaria entre sí y que podían tomar direcciones muy diferentes, en una unidad nacional-popular.

Esto, señalaban Laclau y Mouffe, suponía un avance significativo, pero Gramsci había mantenido la idea de que el proletariado era estructuralmente la «clase fundamental» y al pensar que una «guerra de posiciones» consen- suada podía combinarse en Occidente con una «guerra de movimientos» coercitiva, no había llegado a romper claramente con el bolchevismo El camino que debía seguirse ahora era desechar todos los residuos del esen- cialismo de clase así como cualquier idea de una guerra de movimientos. En lugar de intereses que dan lugar a ideologías, hay que pensar en dis- cursos que crean posiciones de sujeto, siendo el objetivo a día de hoy no el socialismo, sino la «democracia radical», de la que el socialismo –dado que el capitalismo genera relaciones de subordinación antidemocráticas– seguiría siendo una dimensión particular, y no a la inversa18. En el posterior trabajo de Laclau On Populist Reason (La razón populista, 2005), la referencia al socialismo se desvanece en su totalidad y el populismo se hace cargo de la hegemonía como el significante más agudo y poderoso de la unificación intrínsecamente contingente de las demandas democráticas –que aisladas podrían igualmente entretejerse en un discurso antidemocrático– en una voluntad colectiva. Ligado a un líder por un conjunto común de símbolos y lazos afectivos, un pueblo insurgente puede entonces hacer frente a los poderes dominantes en su sociedad, atravesando la línea divisoria del anta- gonismo dicotómico entre los dos.

Este esquema formal, propuesto originalmente en tiempos de Thatcher y Reagan, anticipaba lo que iba a suceder en Europa treinta años después, cuando la desindustrialización había reducido y dividido a la clase obrera, dejando un paisaje social mucho más fragmentado y una multiplicación de movimientos, de derecha y de izquierda, que impugnaban el orden establecido en nombre del pueblo, convirtiéndose así el «populismo» en la pesadilla de las elites en toda la ue19. Si Hall había previsto el surgimiento del thatcherismo, no menos impresionante fue que Laclau y Mouffe supieran prever la reacción contra el neoliberalismo, consiguiendo además algo de lo que Hall no fue capaz, en concreto la adopción de su visión por parte de una fuerza política que cuenta con un apoyo de masas. En España, los líderes de Podemos –que también habían pasado algún tiempo en América Latina– basaron expresamente su estrategia en sus prescripcio- nes para construir un populismo hegemónico20. Se mire como se mire, no era un pequeño logro para un sistema teórico cuyos tecnicismos lo hacían a menudo difícil. Pero la eficacia política es una cosa y la contundencia intelectual otra. Las aporías en este caso eran evidentes.

El giro lingüístico de la teoría, en consonancia con la moda imperante a finales del siglo xx, propuso un idealismo discursivo, que separaba los significados de cualquier conexión estable con sus referentes. Aquí el resultado fue separar tan completamente las ideas y demandas de los amarres socioeconómicos que en principio podrían ser adoptados por cualquier agencia para cualquier construcción política. De forma inherente, la gama de articulaciones no conoce límites. Todo es contingencia: la expropiación de los expropiadores podría convertirse en consigna de los banqueros, la secularización de las tierras de la iglesia en un objetivo del Vaticano, la destrucción de los gremios en ideal de los artesanos, los despidos masivos en reivindicación de la clase obrera, los cercamientos en objetivo de los campesinos. La propuesta se derrotaba a sí misma. No sólo se podía articular cualquier cosa en cualquier dirección, sino que todo se convertía en articulación. Primero, la hegemonía y, luego, el populismo se presentaron como un tipo de política entre otros. Luego, en un movimiento inflacionario característico, se convirtieron en la defi- nición de toda la política como tal, haciéndose así superfluos21.

Si extravagancias de este tipo podían ser ignoradas como brindis a la moda, otras características de la construcción eran más significativas. La hegemonía, como en la tradición del pci, se presentaba como una estrategia sin topografía. Aunque lo nacional-popular se consideraba un objetivo clave, no iba acompañado por ninguna descripción de un paisaje nacional. El contraste con el análisis de Laclau del peronismo en Argentina antes de pasar al posmarxismo, ejemplar en su penetración y detalle, era sorprendente22. Sin duda la expatriación explicaba en parte el cambio, que a su vez permitió que una estrategia desarraigada se trasplantara tan bien; pero también había una lógica conceptual en funcionamiento. Una vez que la hegemonía se hacía automáticamente populista, no había ninguna necesidad de precisión en cuanto a caracterizar el tablero social. «El lenguaje de un discurso populista, ya sea de derechas o de izquierdas, siempre va a ser impreciso y fluctuante», remarcaba Laclau, pero esta «vaguedad e imprecisión» no era un fallo cognitivo, ya que la propia realidad social era heterogénea y volátil23. No era necesario, por tanto, ¿o ni siquiera posible?, el tipo de análisis de grano fino que Marx realizó de Francia, Lenin de Rusia, Mao de China o Gramsci de Italia. El interlocutor de Mouffe en España, alabando el eslogan de Occupy del «99 frente al 1 por 100», explica que un discurso hegemónico «no es estadístico, sino performativo»24. Para tal interpretación, los detalles pueden ser un impedimento y la imprecisión una virtud, a condición de que sea eficaz.

La delineación del adversario era necesariamente, para la estrategia popu- lista, lo más vaga posible, ya que especificarlo con demasiada precisión o realismo corría el riesgo de lanzar una red demasiado fina de inter- pelaciones hegemónicas, exponiendo los porcentajes retóricos como la ficción que realmente son. Errejón se niega prudentemente a especificar la casta contra la que Podemos llama a la gente a alzarse en su propio país25. Los motivos políticos de tal reticencia son inteligibles; su contra- partida teórica, en cambio, es vacua. Mientras que Gramsci inició sus reflexiones sobre la hegemonía con un análisis del bloque dominante en el Risorgimento, en la construcción de Laclau y Mouffe éste ha desa- parecido prácticamente en las más etéreas abstracciones, convirtiéndose simplemente en «las instituciones» o «el sistema institucional» que nunca se especifica más, como si dar cara a las fuerzas dispuestas contra los de abajo sólo pudiera debilitar su moral. Así, lógicamente, a pesar de las cláusulas formales en sentido contrario, la hegemonía se convirtió en la práctica en una cuestión que sólo concernía a los gobernados, como en la sentencia: «No hay hegemonía sin construir la identidad popu- lar a partir de una pluralidad de demandas democráticas»26. Gramsci se habría asombrado. Lo que se oponía a esa unificación hegemónica era la «diferenciación institucional», un divide y vencerás borroso y anónimo27. Las formas históricamente normales de hegemonía, que siempre han sido las de las clases dominantes, eran arrumbadas fuera de escena.

De ello se desprende la inexistencia de un balance de las experiencias políticas que La razón populista ofrecía como ilustración de su caso, lo que implicaría considerar no sólo la construcción de nuevas posiciones de sujeto desde abajo, sino también las condiciones objetivas para tal «ruptura populista», admitida como necesaria para su aparición, y los resultados objetivos de su trayectoria, ya sea en Estados Unidos a fina- les del siglo xix, en Argentina en el siglo xx o en cualquier otro lugar. Sintomáticamente, todo lo que se podía decir del destino del Populismo estadounidense en la década de 1890 eran cuatro palabras concisas: «prevalecían las diferenciaciones institucionales»28. Según esa versión, Togliatti, Tito y Mao eran admirables nacional-populistas, aunque obstaculizados por el internacionalismo retrógrado de la Komintern; Por qué uno de ellos debía fracasar y los otros dos no, quedaba fuera de lo explicable. Allí donde las interpelaciones lo son todo, las definiciones son ingrávidas. Podemos puede rechazar la socialdemocracia un día para declararse al día siguiente representante de la nueva socialdemocracia29. Quizá sean únicamente los problemas que conlleva el estirón de la infancia a la adolescencia, muy alejados en cualquier caso de los del prisionero de Turi di Bari.

3

La herencia de Gramsci fue muy diferente en Asia. En 1947 un joven militante bengalí del Partido Comunista de la India, Ranajit Guha, llegó a París para trabajar como cuadro en la Federación Mundial de Juventudes Democráticas, creada por la Unión Soviética cuando se ini- ció la Guerra Fría en Europa. Tenía entonces veinticinco años; después de pasar los seis años siguientes viajando como emisario de la antigua Komintern por Oriente Próximo, África del Norte, Europa Oriental y Europa Occidental, la urss y China, regresó a Bengala, trabajando allí primero en talleres y muelles y luego enseñando e investigando historia en las facultades locales. En 1956 abandonó el partido tras la invasión soviética de Hungría y tres años después se trasladó a Inglaterra, dando clases durante dos décadas en Manchester y Sussex. En 1970-1971, mientras disfrutaba de un año sabático en India fue testigo de la sal- vaje represión de la insurgencia campesina naxalita en Bengala, en la que trabajaron juntas las dos alas, la prorusa y prochina, en las que se había dividido el comunismo indio desde 196430. Tras decidir trabajar desde aquel momento sobre la resistencia campesina, convocó al final de la década en Sussex a un grupo de historiadores indios mucho más jóvenes que él para planear una nueva revista, Subaltern Studies, cuyo título anunciaba su inspiración. «En nuestro deseo de aprender de Gramsci –escribiría más tarde Guha– estábamos completamente solos y no debíamos nada a los partidos comunistas existentes», de los que el proyecto se mantuvo a distancia: «para nosotros, ambos representaban una extensión liberal de izquierdas de la elite del poder india»31.

En un famoso manifiesto inaugural, que atacaba la historiografía nacionalista convencional del movimiento independentista por limitarse a la política de la elite, Guha pidió que se estudiaran las luchas de las clases subalternas –obreros, campesinos, pobres urbanos no industriales y sec- tores inferiores de la pequeña burguesía– como un dominio autónomo, en el que vastas franjas de la vida y la conciencia popular escapaban a las narraciones oficiales de una burguesía india cuya incapacidad para integrarlas bajo su liderazgo significó el «fracaso histórico de la nación para materializar todo su potencial»32. Durante los treinta años siguien- tes Subaltern Studies dejó una marca indeleble en la historiografía del sur de Asia en la realización de ese programa, con estudios originales de las formas populares de resistencia en una «historia desde abajo» más parecida a la obra de Edward Thompson que a la de la Birmingham School. Con el tiempo, después de que Guha dejara de dirigirla a fina- les de la década de 1980, se produjo una mutación no muy diferente a la que se puede constatar en la obra de Hall o Laclau, virando bajo el impacto del posestructuralismo hacia las construcciones discursivas del poder y la cultura en lugar de los determinantes materiales de la conciencia o la acción, aunque –una diferencia significativa– la reacción contra las pretensiones oficiales de modernidad y progreso posteriores a la independencia, rechazadas como patrimonio ideológico del Raj, acabó convirtiéndose en una adhesión sentimental a las comunidades campe- sinas y una deriva hacia el neonativismo33.

El propio Guha, perteneciente a una generación anterior templada en un movimiento comunista internacional todavía indiviso, cambió poco. En 1980 se trasladó a la Australian National University en Canberra. Su estudio Elementary Aspects of Peasant Insurgency in Colonial India – fruto de una década anterior de trabajo–, publicado a principios de 1983, pocos meses después de la aparición del primer número de Subaltern Studies, exhibía dones cuya combinación es rara en cualquier historiador: poderosa capacidad teórica formalizadora, investigación empírica meticulosa y registro comparativo seguro, por no hablar de su memora- ble mordacidad literaria.

El objetivo de Elementary Aspects of Peasant Insurgency in Colonial India era demostrar la «soberanía, consistencia y lógica» de las concepciones y acciones de los campesinos rebeldes contra los terratenientes, pres- tamistas y funcionarios bajo el Raj, tratadas no como una sucesión de levantamientos sino como un repertorio de formas, comenzando por la «negación» y prosiguiendo con la ambigüedad, modalidad, solidari- dad, transmisión y territorialidad. Guha aplicó en ellas su formidable dominio de recursos intelectuales muy diversos, desde Propp, Vygotsky, Lotman o Barthes por un lado, pasando por Lévi-Strauss o Gluckman, Dumont o Bourdieu, a Hilton, Hill o Lefebvre por otro, por no hablar de Mao como excipiente genérico34. Su objetivo y logro era rehabilitar a los campesinos indios como sujetos de su propia historia y protagonistas de su propia rebelión; pero a diferencia de muchos que le siguieron, fue inflexible en la descripción de los límites a una y otra en la época colonial, negándose a atribuir un «falso secularismo» a las solidaridades rebeldes, poniendo de manifiesto las múltiples formas en que un sentido de clase podía ser manipulado para convertirlo en un sentimiento de raza, señalando el hecho de que el campesinado podía «producir no sólo rebeldes, sino colaboradores, chivatos, traidores», así como la frecuencia con que los insurgentes armados salían de «asentamientos de casta única», lo cual significaba inevitablemente una minoría de aldeas35. Las visiones de color rosa de otra generación le eran ajenas.

Por eso era lógico que a Elementary Aspects of Peasant Insurgency in Colonial India le siguiera una sucinta obra maestra titulada Dominance without Hegemony, tal vez el trabajo más llamativo jamás inspirado por Gramsci. Su tema eran las estructuras de poder tanto bajo el Raj como en la lucha por librarse de él. Para describirlas Guha desarrolló un modelo analítico de tal claridad y fuerza que podía decir, sin énfasis pero con razón, que esperaba poder resolver con él ambigüedades pre- sentes en los propios escritos de Gramsci. En la India colonial había, por supuesto, una desconcertante diversidad de relaciones desiguales; pero todas implicaban una relación entre Dominación [D] y Subordinación [S], estando constituidas a su vez cada una de ellas por otro par de ele- mentos que interactuaban entre sí: Dominación por Coerción [C] y Persuasión [P], y Subordinación por Colaboración [C*] y Resistencia [R], como en:

Figura 1: Configuración general del poder

Poder (D/S)

D

S

C

P C*

R

En cualquier sociedad y en cualquier momento dado, la relación D/S varía según lo que –por analogía con el capital– Guha denominaba la «composición orgánica» del poder, que depende de los pesos relativos de C y P en D, y de C* y R en S, que siempre son, sostenía, contingentes. La hegemonía es una condición de dominio en la que P excede a C, esto es, la persuasión sobrepasa la coerción. «Definida en estos términos – proseguía Guha–, la hegemonía opera como un concepto dinámico y mantiene siempre hasta la estructura más persuasiva de Dominación necesariamente abierta a la Resistencia». Pero al mismo tiempo, «puesto que la hegemonía, tal como la entendemos, es una condición particular de D y esta última está constituida por C y P, no puede haber un sis- tema hegemónico bajo el cual P supere a C hasta el punto de anularla totalmente. Si eso sucediera no habría dominación y, por lo tanto, no habría hegemonía». Esta concepción «evita la yuxtaposición gramsciana del dominio y la hegemonía como antinomias», lo cual «por desgracia había proporcionado con demasiada frecuencia un pretexto teórico para un absurdo liberal –el absurdo de un Estado no coercitivo– a pesar de la contundencia de la propia obra de Gramsci afirmando lo contrario»36.

Equipado con esta matriz, Guha procedió a establecer las cualidades dis- tintivas de los cuatro constituyentes de D y S bajo el dominio británico. Por definición, en un Estado colonial C prevalecía sobre P: el Raj se jactaba de «uno de los mayores ejércitos permanentes del mundo, un sistema penal complejo y una fuerza policial altamente desarrollada», regulado todo ello por una burocracia armada con poderes de emergencia. Una vez que el poder británico hubo establecido un «imperio regulado», el aspecto de la conquista dio paso al del «orden», que autorizaba no sólo la represión rutinaria, sino las intervenciones en salud pública, los tra- bajos forzados, el reclutamiento militar, etcétera. Sin embargo, el orden no operaba de manera aislada, sino que interactuaba con un aspecto indígena complementario: el danda o «castigo», que denotaba todas las formas tradicionales de poder basadas en la fuerza y el temor como manifestaciones de la voluntad divina en los asuntos del Estado. En el factor constituyente P de D, por otro lado, donde se buscaban relaciones no antagonistas con la población sometida, la gramática del Raj era el progreso, la mejora de la educación de corte occidental, el patrocinio de las producciones literarias o artísticas indias, los proyectos de patri- monio orientalista, la cooptación administrativa, el paternalismo rural, las infraestructuras modernas, etcétera. Esto tenía a su vez un comple- mento nativo en las doctrinas hindúes del dharma, entendido como el deber moral de realizar las funciones asignadas a cada ser humano en una jerarquía de castas, ideal perfectamente adaptado a las modernas doctrinas de conciliación de clase de Tagore o de Gandhi.

En cuanto a S, sus constituyentes también tenían sus versiones coloniales y colonizadas. La Colaboración era inducida tanto por las doctrinas bri- tánicas de la «obediencia» (relevantes en Gandhi antes de la matanza de Amritsar en 1919), heredadas de Hume y transmitidas a través del bentha- mismo temprano, como por las ideologías indias del bajti –«lealtad»– que se remontaban al Bhagavad-Gita. La Resistencia, por otra parte, podía ser codificada en términos británicos como «disenso correcto», apelando a las nociones liberales de derechos naturales procedentes de Locke y expresadas (sobre todo) en marchas efectuadas dentro de la ley, en manifestaciones, en peticiones, etcétera o, en términos locales, como «protesta dhármica», es decir, en forma de acciones de masas como levantamientos, deserciones, sentadas, hartales, en los que no entraba ninguna idea de derechos, sino que se basaban en la cólera por el fracaso de los gobernantes en el cumplimiento de sus deberes morales de protección y socorro a los gobernados.

El poder del Raj, basado en un predominio masivo de C sobre P, era Dominación sin Hegemonía. ¿Cómo iban las cosas en el movimiento nacionalista organizado contra él? Puesto que el Partido del Congreso no disponía de ningún poder estatal, al que aspiraba pero del que no gozaba aún, y la representación electoral quedaba limitada a un sufragio estrecho, su reivindicación del consenso popular descansaba sobre la movilización popular. Esto, no obstante, era falso en más de un aspecto. Cierto es que el movimiento nacional suscitaba un genuino entusiasmo de masas; pero como sus dirigentes burgueses eran incapaces de integrar en el movi- miento los intereses de clase de los trabajadores o de los campesinos, la coerción predominaba inevitablemente de un modo u otro de principio a fin. La destrucción de bienes, la intimidación violenta y la aplicación de sanciones de casta marcaron las primeras campañas del Swadesh. Luego, durante el período de la No-Cooperación, llegó la mojigata «fuerza del alma» del sistema disciplinario de Gandhi, diseñada para suprimir cualquier expresión indisciplinada o igualitaria del sentimiento popular, criticada como «dominio de las turbas». Las élites que dirigían el movi- miento independentista abogaban por la hegemonía, pero al reprimir en lo posible cualquier indicio de inmediatez elemental en la lucha, no podían sino recurrir a métodos coercitivos y en una revancha de lo repri- mido, al final eran incapaces de contener las fuerzas del comunalismo que negaban continuamente, pero eran incapaces de trascender37. Tampoco en R podía prevalecer P sobre C. Tanto entre los gobernantes del subcon- tinente como entre los aspirantes a serlo había un déficit hegemónico.

Sigue siendo válida la fuerza y la justicia de esta acusación contra el movimiento nacional que culminó en la Partición. Pero al proyectar el argumento sobre el gobierno del Partido del Congreso de una India encogida después de la independencia, Guha extendió excesivamente su aplicación38. Vio con total claridad y denunció con razón la apropiación indiscriminada del aparato británico de coerción por el Partido del Congreso una vez que ocupó el poder del Estado, así como el recurso despiadado al mismo estilo de violencia militar y policial para vencer la resistencia a su gobierno allí donde esta brotaba. Pero pasó por alto las nuevas formas de persuasión a disposición del partido suministradas por el Estado posimperial y la sociedad civil, ya que ahora el sufragio era universal, y las elecciones regulares, sostenidas en las reglas británicas útilmente heredadas del Raj, podían convertir la mitad o menos de los votos del país en una abrumadora mayoría de escaños en un parlamento que incorporaba una soberanía popular antes inexistente, lo que constituye el más importante mecanismo de consenso en la estructura de cualquier legitimidad capitalista. También la religión podía desempeñar un papel menos divisivo, una vez que la base sociológica del partido como formación hindú llegó a coincidir mucho más estrechamente con los contornos de la nación y las estructuras de castas sostenían el apoyo electoral por encima de fronteras lingüísticas o étnicas. En esas condiciones, el Partido del Congreso convirtió su herencia en una auténtica hegemonía. Tal vez esa conclusión, y su epílogo en el hinduismo actual, le resultaba demasiado desagradable.

En la década de 1970, mientras preparaba Elementary Aspects of Peasant Insurgency in Colonial, Guha intervino en la escena política india con una serie de denuncias de torturas y represión realizadas bajo el gobierno del Partido del Congreso39. En la de 1980, cuando comenzaron a publicarse los Subaltern Studies, cayó políticamente en el silencio. ¿Había una cone- xión entre una cosa y la otra? Tal vez el aplastamiento del naxalismo en Bengala le arrebató cualquier esperanza de que, durante lo que le quedaba de vida, las masas indias pudieran sacudirse las estructuras de lo que aparentaba ser su emancipación. Sin mencionarla, pudo llegar a la convicciónde que ninguna estrategia, tal como la hubiera concebido Gramsci, era posible en semejante desierto. Aun así, nada en tal conclusión desvirtúa la elegancia intelectual y el rigor político de Dominance without Hegemony.

4

En la obra de Giovanni Arrighi, nacido en 1937 pocos meses después de la muerte de Gramsci, confluyeron por primera vez en una síntesis sostenida dos corrientes de pensamiento sobre la hegemonía, que hasta entonces habían permanecido disociadas, como relación de poder entre clases y entre Estados. La suya fue una trayectoria inusual, de un puesto de dirección en Unilever pasó a la labor solidaria en Rodesia, la organización de luchas obreras en Italia y la investigación sobre la migración campesina en Calabria, todo lo cual le dio una experiencia única: corporación multinacional, liberación antiimperialista, revuelta obrera, tierra y trabajo. De ella nació, casi al mismo tiempo que Hall trabajaba sobre el thatcherismo, Laclau sobre el populismo y Guha sobre la insurgencia campesina, The Geometry of Imperialism (1977), que pretendía integrar los paradigmas alternativos de Hobson y Lenin en un conjunto coherente de proposiciones que cubriera la transición del imperio británico al alemán y al estadounidense y las correspondientes transformaciones del capital. Respondiendo a sus críticos en 1982 en un posfacio posterior, Arrighi reflexionaba que habría sido mejor designar como ciclos de hegemonía las fases sucesivas del imperialismo de las que se había ocupado, una teo- ría de la que su texto podía ser leído como un bosquejo40. Aquel mismo año su contribución al volumen colectivo Dynamics of Global Crisis, que se basaba en ideas desarrolladas cuando era uno de los dirigentes del Gruppo Gramsci, una de las corrientes revolucionarias de las grandes moviliza- ciones obreras y estudiantiles surgidas a caballo de las décadas de 1960 y 1970 en Italia, dejaba claro que ya había empezado a conectar en un único marco los planos interestatales e intraestatales de la hegemonía41.

Para entonces Arrighi se había trasladado a Estados Unidos y trabajaba con Immanuel Wallerstein en un intercambio productivo de influencias respectivas: Braudel pasaba del segundo al primero, Gramsci del primero al segundo. En El largo siglo xx (1994), concebido en Cosenza muchos años antes, cuando soñaba con conciliar a Smith y Marx, a Weber y Schumpeter, fundía la teoría y la historia con una claridad peculiar de estilo y economía de forma. Para Arrighi, como para Gramsci, la hege- monía combinaba fuerza y consentimiento. Pero a diferencia de sus contemporáneos, él no situó su núcleo en la ideología, sino en la econo- mía. A escala internacional, la condición para la hegemonía era un modelo superior de organización, producción y consumo, capaz de inducir no sólo la conformidad con los ideales y valores de la potencia hegemónica, sino su imitación generalizada como modelo para otros Estados. Esa hegemo- nía generaba a su vez beneficios para los grupos dominantes de todos los países, estableciendo reglas predecibles para el sistema internacional y vigilando las amenazas comunes. En ese sentido, la hegemonía debía contrastarse con la mera «dominación explotadora», en la que un Estado poderoso obtiene la obediencia o el tributo de los demás mediante el ejer- cicio de la violencia, sin concederles beneficios compensatorios. Dentro de un país o entre varios, la hegemonía era «el poder adicional que un grupo dominante tiene en virtud de su capacidad para situar en un plano “universal” todas las cuestiones en torno a las que puede haber conflicto». A escala internacional, ello significaba el liderazgo de todo Estado que pudiera «proclamar creíblemente ser la fuerza motriz de una expansión general de los poderes colectivos de los grupos dominantes frente a sus súbditos» o «que la expansión de su poder en relación con algunos o incluso todos los demás Estados es de interés general para los súbditos de todos ellos»42. Típicamente, tales proclamaciones se realizaron no sólo mediante la gestión del sistema preexistente de Estados, sino mediante una transformación del mismo, lo cual generaba una nueva combinación de capitalismo y territorialismo, esto es, la dinámica independiente pero interrelacionada de la acumulación de capital en el ámbito de la empresa y la expansión territorial en lo que atañe al Estado.

Era, abril-junio de 1976, pp. 6-27; http://www.cuadernospoliticos.unam.mx/cuader- nos/ contenido/cp.8/cp8.3GiovanniArrighi.pdf. Sobre los recuerdos de Arrighi de aquella época, véase «The Winding Paths of Capital», nlr 56, marzo-abril de 2009, pp. 65-68; «Las sinuosas sendas del capital. Entrevista de David Harvey», nlr 56, mayo-junio de 2009, pp. 55-86, y más específicamente pp. 60-64.

Tal es el marco analítico para la sucesión de hegemonías histórico-mundiales rastreadas en El largo siglo xx. Después de las protohegemonías de las ciudades-Estado de Venecia y Génova en la Italia del Renacimiento, la narración de Arrighi se desplaza a las tres grandes hegemonías, tal como él las veía, de la era moderna: primero la de la República holandesa en el siglo xvii, luego la británica en el xix y, finalmente, la estadounidense en el siglo xx43. La fuerza motriz de esa serie son los ciclos sistémicos de acumulación de capital, concebidos bajo el signo de la fórmula de Marx D-M-D’. La expansión capitalista, cuyas empresas más avanzadas se con- centran en la potencia hegemónica, es inicialmente material: inversión en la producción de bienes y conquista de mercados. Pero con el tiempo la competencia reduce los beneficios, ya que ningún bloque de capital puede controlar el espacio en el que los bloques rivales desarrollan técni- cas o productos, que obligan a bajar los precios finales. En ese momento, la acumulación en la potencia hegemónica –y en general en el resto de unidades del sistema– pasa a convertirse en expansión financiera, ya que Estados rivales compiten por el capital en busca de inversión en su empeño de engrandecimiento territorial. Con la intensificación de la rivalidad y el estallido de conflictos militares la hegemonía se des- compone, dando lugar a un período de caos sistémico, del que surge en última instancia una nueva potencia hegemónica, reiniciando un ciclo de expansión material sobre una nueva base, capaz de servir a los intere- ses de todos los demás Estados y a algunos o todos los intereses de sus súbditos. En esta secuencia cada hegemonía ha sido más completa que la anterior, disfrutando de una base más amplia y más poderosa que la anterior: la República holandesa todavía estaba a medio camino entre una ciudad-Estado y un Estado-nación, Gran Bretaña era un Estado- nación, y Estados Unidos es un Estado continental.

¿Dónde nos hallamos ahora en ese decurso histórico? Desde muy pronto, Arrighi sostuvo que la expansión material del capitalismo bajo la hegemonía estadounidense de posguerra había perdido fuelle a fina- les de la década de 1960, y que desde la crisis de la década siguiente ello había dado paso a un ciclo de expansión financiera, explotado por Estados Unidos para conservar su poder mundial más allá de su tiempo. Arrighi predijo, también desde muy pronto, que esa expansión finan- ciera no podría mantenerse indefinidamente y que con su implosión final vendría una crisis terminal de la hegemonía estadounidense. ¿Qué cabía esperar? Escribiendo en 1994, Arrighi observó que un aspecto sin precedentes del crepúsculo previsible de la hegemonía estadounidense, muy distinto al de la hegemonía holandesa o británica, era que se había producido una bifurcación entre el poder militar y el poder financiero, ya que Estados Unidos aún conservaba un abrumador predominio global de la fuerza armada, mientras caía al estatus de nación deudora a medida que la caja de caudales mundial se trasladaba al este de Asia. Nada pare- cido había ocurrido antes. ¿Significaba esto que al desmoronarse la actual potencia hegemónica se iniciaría otro período de caos sistémico?

No necesariamente. En su obra posterior, Arrighi se aferró a la idea de que el mundo podría escapar finalmente de la lógica del capital y de los ciclos de hegemonía con sus secuelas destructivas. Braudel nos había enseñado que el capitalismo no debía equipararse a la producción para el mercado, sino que era una superestructura financiera erigida por encima de éste, que requería el poder estatal para sus operaciones. ¿Podría entonces una sociedad de mercado, como había previsto Smith –nada amigo de la codicia mercantil o de la agresión colonial–, ofrecer una alternativa igualitaria al capital tal como lo había descrito Marx? En los tiempos premodernos, ¿prefiguraban la viabilidad de tal camino los patrones peculiares del desarrollo de Asia Oriental antes de la llegada del imperialismo occidental? ¿Podría el crecimiento espectacular de la República Popular China en el nuevo siglo, con una economía que pronto sería mayor que la de Estados Unidos, tener sus raíces en una recuperación de la dinámica de esa época anterior?44. Al final sólo eran posibles respuestas tentativas, pero las esperanzas de Arrighi iban en esa dirección: «el surgimiento de una sociedad de mercado mundial centrada en el Este de Asia basada en el respeto mutuo de las culturas y civilizaciones del mundo» y «un modelo de desarrollo social ecológicamente sostenible»45.

Esas esperanzas tenían una lógica derivada de una ausencia en la ejecu- ción de su proyecto original. El movimiento obrero –central en la síntesis que había planeado a mediados de la década de 1970, antes de trasladarse a Estados Unidos– estaba notoriamente ausente en El largo siglo xx. Habría sido demasiado difícil, comentó Arrighi, acomodarlo en una estructura dominada por la dinámica de la financiarización, de la que conocía poco en aquella época46. Pero en su continuación, Adam Smith en Pekín. Orígenes y fundamentos del siglo xxi, seguía ausente. Tras esa laguna había una decepción. Había visto a la clase obrera de Occidente en el apogeo de su rebeldía de posguerra en la turbulenta Italia de la década de 1960 y principios de la de 1970, y mientras trabajaba en El largo siglo xx no había perdido su profundo compromiso con el destino mundial del movimiento obrero. Cuatro años antes de que apareciera el libro publicó una detenida reconstrucción de su historia desde el Manifiesto comunista. Para Marx el futuro de la clase obrera como sepul- turera del capitalismo estaba en su combinación del poder colectivo que le confería la industria moderna con la miseria social que le infligía la lógica pauperizante de la producción capitalista en búsqueda de ganancias: una positividad que la hacía capaz de derrocar el poder del capital y una negatividad que la impulsaba a hacerlo.

Pero lo que Marx había unido lo separó la historia. Allí donde la industria avanzada maximizaba el poder social objetivo del trabajo, en Escandinavia y en el mundo anglosajón y después de la guerra en Europa Occidental y Japón, los trabajadores eligieron el camino reformista de Bernstein. Donde los niveles de desarrollo económico eran bajos, en Rusia y en otros países del Este, la miseria material creó las condiciones subjeti- vas para la vía de Lenin hacia la revolución. Sin embargo, desde finales de la década de 1970 ambos destinos habían entrado en crisis, ya que la deslocalización hacia el Sur debilitó a la clase obrera occidental y la industrialización había fortalecido a la clase obrera del Este, empezando a reorganizar a los elementos constituyentes de la fuerza de trabajo, que habían permanecido polarizados durante tanto tiempo. Solidarnosc en Polonia y las oleadas de huelgas en Corea o Brasil fueron signos de una nivelación global de las condiciones, que propiciaban la posibilidad de que algo como la visión de Marx se hiciera realidad47.

Posteriormente, tras otra década de neoliberalismo –habiendo desapa- recido Solidarnosc y con la sindicalización en caída libre en Occidente–, ¿era todavía probable? Caos y orden en el sistema mundo moderno, escrito en colaboración con Beverly Silver, era más cauteloso, pero no desalentador. Cierto es que reinaba ahora un «régimen internacional hostil al trabajo», ¿pero no podría estar también en marcha un contramovimiento de resis- tencia a la mercantilización como los mencionados por Polanyi? Después de todo, los socialdemócratas gobernaban en trece de los quince Estados de la Unión Europea. «La pérdida de poder de los movimientos sociales –en particular del movimiento obrero– que ha acompañado la expansión financiera global de las décadas de 1980 y 1990 es en gran medida un fenómeno coyuntural», concluían Arrighi y Silver, pronosticando la posi- bilidad de una nueva oleada de conflictos sociales48. Hay un eco de esta expectativa en Adam Smith en Pekín, que habla de pasada de los disturbios rurales y urbanos en China, aunque de un modo relativamente velado y marginal con respecto al argumento del libro.

El origen de esta inflexión en el pensamiento de Arrighi estaba en parte en sus años de militancia en Italia. El grupo que había dirigido a prin- cipios de la década de 1970 formaba parte de la amplia corriente del operaismo –cuyo teórico más influyente fue Mario Tronti–, que contem- plaba con admiración los logros del movimiento obrero en la fortaleza del fordismo bajo la perspicaz presidencia de Roosevelt. Arrighi, que había heredado de esa tradición italiana una sobrevaloración del New Deal, atribuyó a la hegemonía estadounidense, en su apogeo entonces, la capacidad de proyectar al mundo un modelo de bienestar global en la línea del New Deal, como si Washington hubiese respondido efectivamente al «interés general de los súbditos de todos los Estados». Olvidando su propia advertencia de que «la pretensión del grupo dominante de representar un interés universal es siempre más o menos fraudulenta»49, un cálculo erróneo de lo que habían obtenido el Congress of Industrial Organizations (cio) y los United Mine Workers preparó el camino para el posterior giro de su mirada apartándola del movimiento obrero. Al mismo tiempo, en su repertorio de experiencias políticas siempre hubo otra fuerza de rebelión y fuente de cambio político, que había presen- ciado en África y hacia la que nunca perdió una gran sensibilidad. La desigualdad global entre los Estados era después de todo mucho mayor que entre las clases en los países avanzados de Occidente. El Tercer Mundo no se subordinaría tan fácilmente. Las predicciones de Marx no habían llegado a materializarse en Detroit, pero las intuiciones de Smith podían estar cobrando forma en Pekín.

Sus años de militancia en Italia tuvieron otro efecto en su obra posterior. A diferencia de la corriente general del operaismo, su grupo era expre- samente gramsciano; pero en su teorización de la «autonomía obrera» no se concentró en los cuadernos de la cárcel, sino en sus textos sobre los consejos de fábrica escritos para L’ordine nuovo antes de su encar- celamiento. Al reaccionar contra la instrumentalización por el pci de los escritos de la cárcel tuvo poco tiempo para el tratamiento contenido en ellos de los temas «nacional-populares», objeto de descarado des- dén por parte de otros sectores del operaismo, lo cual dejó su huella en Arrighi. Al trasladar las ideas de Gramsci desde el plano nacional de clases al sistema internacional de Estados, Arrighi transformó el legado de Gramsci de una manera más radical y creativa que nadie; pero si bien la arquitectura resultante incluía ambos niveles, no cabía duda sobre cuál predominaba. El sistema iba primero; los Estados que lo compo- nían, bastante por detrás. «Nuestro interés en los procesos a escala de unidad –observaban Arrighi y Silver en Caos y orden en el sistema mundo moderno– se limita al papel que desempeñan como fuente de cambio sistémico en las transiciones hegemónicas»50. Las naciones fueron siem- pre, por lo tanto, el eslabón débil de su construcción gramsciana; las estructuras de poder hegemónico dentro de ellas rara vez cobran mucha importancia, lo cual podía rozar la despreocupación, beneficiándose los dirigentes estadounidenses y chinos –paladines del New Deal o de la Era de la Reforma– de un pincel demasiado grueso para representar a los gobernados entre sus garras.

La acertada transposición de la concepción gramsciana de la hegemonía desde el plano intraestatal al interestatal, tuvo además un coste conexo. Arrighi conocía la obra de Guha, al que citaba regularmente como fuente de su descripción del declive del poder estadounidense en el mundo, que también se había convertido en «dominio sin hegemonía»51. Pero hay una diferencia entre los dos planos. Las relaciones entre las clases dentro de un país están contenidas en un marco legal y cultural común que no existe entre los Estados. La composición orgánica de la hegemonía, en términos de Guha, es pues siempre distinta en la política internacional, con una proporción mucho mayor de coerción y menor de persuasión que en la política interna. Las guerras siguen siendo un medio clásico de las relaciones entre los Estados –siete de ellas actualmente en curso bajo el liderazgo de un Premio Nobel de la Paz–, y hoy día las sanciones constituyen su complemento, apenas menos coercitivo. Históricamente, el recurso a la fuerza militar, que para Arrighi demostraba que la hege- monía estadounidense era cosa del pasado, era un ejercicio tradicional de ella; mientras que su correlato como bloqueo económico nunca ha tenido tanto éxito. Pero que su previsión pudiera ser apresurada no sig- nifica que su pronóstico fuera equivocado, aunque siempre han faltado, en una opinión tan generalmente sostenida, ciertas salvaguardias contra la posibilidad de que el deseo se convirtiera en padre del pensamiento.

5

Como concepto, la hegemonía ha tenido una historia larga y compleja, de la que esas secuelas del pensamiento gramsciano constituyen sólo una hebra, por más que en la actualidad se trate sin duda de la más significativa. Todas eran producto de compromisos políticos y teóri- cos entrelazados. Detrás de cada uno de los herederos mencionados, la experiencia formativa fue la participación activa en los levantamientos radicales de la izquierda tras la Segunda Guerra Mundial –la Nueva Izquierda en Gran Bretaña, el psin en la Argentina, el pci en la India, el operaismo en Italia– en un momento en que el capitalismo se veía amenazado en muchas regiones del mundo, durante los años que van desde la revolución yugoslava hasta la vietnamita, desde la cubana hasta la portuguesa. Las sostenidas iniciativas intelectuales que siguieron se produjeron durante la larga crisis política que, después de un breve intervalo, sucedió a la recesión económica de principios de la década de 1970, y que con un solo intermedio regional, ha durado desde entonces. Siendo productos de la dislocación geográfica y la derrota política, mos- traban cuánto se podía hacer todavía, pese a las condiciones adversas para la acción, en el terreno del pensamiento.

No estaban, por supuesto, solos en esto. Lo que definía a estos auto- res era la inspiración común del mayor pensador marxista del período de entreguerras. Su problemática imaginativa y ramificada de la hege- monía era central en todos ellos; lo que cada uno tomó de él difería: su comprensión de las complejidades ideológicas del dominio de clase, para el jamaicano; sus preocupaciones sobre el control estratégico, para el argentino; su sentido íntimo de la vida de lo grupos subalternos, para el bengalí; su preocupación por las formas más avanzadas de produc- ción, para el italiano. En ningún caso fueron apropiaciones in vitro. Como en las anteriores hornadas del marxismo occidental, siempre hubo importantes préstamos de pensadores ajenos a cualquier canon marxista: Bajtín en Hall, Lacan en Laclau, Lévi-Strauss en Guha, Braudel en Arrighi, entre muchos otros. No obtuvieron resultados impecables; retrospectivamente –e incluso en su momento–, se podían constatar limitaciones de diversos tipos, algunas más pronunciadas que otras, en las construcciones de cada uno de ellos. Pero eso es cierto para todos los que escriben sobre política: nadie está exento de errores, más o menos graves según el caso, en cualquier momento o lugar. En definitiva, lo más llamativo es la creatividad con que las ideas de Gramsci fueron puestas en práctica, de una manera que él mismo no podía prever o ser malinterpretado. En la era de la televisión y los tabloides, de la psefología y la propaganda sesgada, por no hablar del punk, la hegemonía se había metamorfoseado desde el Duce; el populismo ya no era un acercamiento a las aldeas rusas; los campesinos habían demostrado mayor capacidad de autonomía de lo que él pudo imaginar; una jerarquía de Estados no sólo podía supervisar, sino reconstruir una jerarquía de clases. Sus sucesores tomaron en sus manos esos y otros cambios no previstos. Cada uno hizo suya tan sólo una parte de la herencia de Gramsci y produjo a partir de ella una obra que no era ese «marxismo de visión panorámica» por el que abogaba David Forgacs veinticinco años antes, sino una obra parcial como perspectiva y como marxismo. Juntos, sin embargo, sus escritos ofrecen, objetivamente hablando, el ejemplo de algo así como un «intelectual colectivo» para los que puedan venir después.

1 Quintin Hoare y Geoffrey Nowell Smith (eds.), Selection from Prison Notebooks of Antonio Gramsci, Londres, 1971; http://courses.justice.eku.edu/ pls330louis/docs/gramsci-prison-notebooks-vol1.pdf. Véanse, entre otras, las colecciones de Antonio Santucci (ed.), Gramsci in Europa e in America, Bari, 1995, y Annamaria Baldussi y Patrizia Manduchi (eds.), Gramsci in Asia e in Africa, Cagliari, 2010.

2 David Forgacs, «Gramsci and Marxism in Britain», nlr i/176, julio y agosto de 1989, p. 71.
3 Para un repaso de esas tensiones y vacilaciones, véase «The Antinomies of Antonio Gramsci», nlr i/100, noviembre de 1976-enero de 1977 [ed. cast.: Las antinomias de Antonio Gramsci, Barcelona, 1978].

4 Extraídas de un álbum mayor de los avatares del concepto de hegemonía desde la Antigüedad, que aparecerá en breve.

5 Para más detalles, véase D. Forgacs, «Gramsci and Marxism in Britain», cit., pp. 74-77.
6 R. Williams, «Base and Superstructure in Marxist Cultural Theory», nlr i/82, noviembre-diciembre de 1973, pp. 8-13; argumentos ampliados en el subsiguiente estudio de Williams sobre la hegemonía en Marxism and Literature, Oxford 1977, pp. 108-127 [ed. cast.: Marxismo y literatura, Buenos Aires, 2009].

7 Para confirmar el dominio de Hall sobre el método gramsciano basta releer, de un período posterior, «Gramsci’s Relevance for the Study of Race and Ethnicity», Journal of Communication Inquiry, junio de 1986. Althusser y Poulantzas influyeron también en su pensamiento; en cuanto al último, véase S. Hall, «Nicos Poulantzas: State, Power, Socialism», nlr i/119, ene- ro-febrero de 1980.

8 Stuart Hall y Tony Jefferson (eds.), Resistance through Rituals: Youth Sub- Cultures in Post-War Britain, Londres, 1975, pp. 38-42 y ss. [ed. cast.: Rituales de resistencia, Madrid, 2014]
9 Stuart Hall, Chas Critcher, Tony Jefferson, John Clarke y Brian Roberts, Policing the Crisis, Londres, 1978, pp. 307-316.

10 S. Hall, «The Great Moving Right Show», en The Hard Road to Renewal: Thatcherism and the Crisis of the Left, Londres, 1988.

11 S. Hall, «Gramsci and Us», ibid., pp. 162, 164, 167.

12 Desde «una notable demostración de valor político», a una «genuina humani- dad»: véanse S. Hall, «Parties on the Verge of a Nervous Breakdown», Soundings, núm. 1, otoño de 1995, pp. 23, 26; y «The Great Moving Nowhere Show», Marxism Today, noviembre-diciembre de 1998, p. 14, donde afirma que pese a las muchas críticas merecidas, el Nuevo Laborismo aún tenía «un derecho sustancial a nuestro apoyo».

13 Tom Nairn, «The Nature of the Labour Party», nlr i/27, septiem- bre-octubre de 1964 y nlr i/28, noviembre-diciembre de 1964; «Labour Imperialism», nlr i/32, julio-agosto de 1965; véanse también «The English Working Class», nlr i/24, marzo-abril de 1964, y «Hugh Gaitskell», nlr i/25, mayo-junio de 1964.

14 «No soy y nunca seré “inglés”», diría en su relato más personal sobre su origen familiar en Jamaica, de donde procedía, y la experiencia de la sociedad imperial a la que llegó: David Morley y Kuan-Hsing Chen (eds.), Stuart Hall: Critical Dialogues in Cultural Studies, Londres, 1996, p. 490; véase también «Negotiating Caribbean Identities», nlr i/209, enero-febrero de 1995. Su contribución al volumen del History Workshop editado por Raphael Samuel en 1981, Patriotism: People’s History and Socialist Theory –«Notes on Deconstructing the “Popular”»– citaba a Gramsci sobre lo nacional-popular, pero se limitaba a la segunda mitad del binomio. Samuel, en cambio, editó tres volúmenes dedicados al primero: Patriotism: The Making and Unmaking of British National Identity (1989), en los que explicó autocríticamente que el History Workshop había «desempeñado una pequeña parte en el recrudecimiento del nacionalismo cultural», intentando «expulsar palabras extranjeras de nuestras páginas». Pero ahora apostaba por lo «británico» frente a lo «inglés» como algo más hospitalario para los recién llegados y forasteros, aunque mantenía firmemente a raya como elitistas –anticipando las objeciones posteriores de James Scott– «las nociones gramscianas de la hegemonía». La relación entre Hall y Samuel, las dos figuras centrales de la primera Nueva Izquierda, daría lugar a un estudio fascinante. El mejor texto que Hall escribió jamás fue el panegírico de su difunto amigo en nlr i/221, enero-febrero de 1997.

15 Véanse las propias observaciones de Laclau en su texto New Reflections on the Revolution of Our Time, Londres y Nueva York, 1990, pp. 197-201 [ed. cast.: Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo, Buenos Aires, 2000].

16 E. Laclau, «Argentina–Imperialist Strategy and the May Crisis», nlr i/62, julio-agosto de 1970.
17 E. Laclau, Politics and Ideology in Marxist Theory: Capitalism-Fascism- Populism, Londres y Nueva York, 1977 [ed. cast.: Política e ideología en la teoría marxista. Capitalismo, fascismo, populismo, Madrid, 2015]. Hall era más reservado sobre la obra posterior de Laclau; véase «On Postmodernism and Articulation: An Interview with Stuart Hall», en D. Morley y K. Chen (eds.), Stuart Hall: Critical Dialogues in Cultural Studies, cit., pp. 146-147.

18 E. Laclau y Ch. Mouffe, Hegemony and Socialist Strategy, Londres y Nueva York, 1985, p. 178 [ed. cast.: Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radi- calización de la democracia, Madrid, 2015, p. 222].
19 Sobre ello, véase la mordaz reconstrucción histórica de Marco D’Eramo que alienta tras las diatribas actuales: «El populismo y la nueva oligarquía», nlr 82, septiem- bre-octubre de 2013, pp. 7-40; y para una animada y reciente reivindicación del término por Chantal Mouffe, «El momento populista», El País, 10 de junio de 2016. En lo que sigue no se hace justicia a Mouffe, cuyos textos –en particular su compro- miso con Schmitt, con la voluntad de convertir en antagónicas las contradicciones agónicas en un sistema político democrático– constituyen un cuerpo de trabajo dis- tinto al realizado en colaboración con Laclau.

20 Véase el diálogo entre Íñigo Errejón y Chantal Mouffe, Construir pueblo. Hegemonía y radicalización de la democracia, Madrid, 2015, passim; ambos autores explican que su auténtico despertar político se produjo en América Latina: en Colombia en el caso de Mouffe, en Bolivia en el de Errejón, pp. 72-73. En Argentina, Laclau acabó teniendo cierto reconocimiento como profeta en su tierra gracias a Cristina Fernández de Kirchner, a la que apoyó vigorosamente. Véase el indignado retrato conservador

21 «Ernesto Laclau, el ideólogo de la Argentina dividida» en Noticias de la Semana, 13 de abril de 2014, y el vívido y afectuoso homenaje de Robin Blackburn «Ernesto Laclau 1935-2014», 14 de abril de 2014, VersoBooks.com.
21 Así, (i) al principio, «la hegemonía es un tipo de relación política, una forma, si así se prefiere, de política»; luego, se convierte en «el campo de lo político» como tal, un juego que tiene «un nombre: hegemonía»: Hegemony and Socialist Strategy, cit., pp. 139, 193 [en cast.: pp. 183, 239]. (ii) Al principio, «el populismo es, sencillamente, una forma de construir lo político»; luego, «la razón populista equivale a la razón política tout court»; de hecho, ¿no es el populismo «la condición misma de la acción política?», On Populist Reason, Londres y Nueva York, 2004, pp. 19, 225.

22 E. Laclau, Politics and Ideology in Marxist Theory, cit., pp. 176-191 [ed. cast.: pp. 206-224], donde «la presencia masiva de la clase obrera en el peronismo le daba una excepcional capacidad para pervivir como movimiento», y el discurso político tenía una «doble articulación», con las ideas del pueblo y con posiciones estructurales en las relaciones de producción: pp. 190, 194 [en cast., pp. 223, 227-228].

 

23 E. Laclau, On Populist Reason, cit., p. 118 [ed. cast.: p. 51].
24 I. Errjeón y Ch. Mouffe, Construir pueblo, cit., p. 105; para el uso del mismo contraste y concepción de «performativo», pp. 118, 121.
25 Mouffe expresa cierto escepticismo frente al uso desenfadado de este tér- mino, cuyo equivalente anglófono sería del gusto de Obama por hablar de folks, incluso al referirse alegremente la ejecutoria de los servicios de segu- ridad de su país: «folks have been tortured». Defendiendo su uso de la casta, Errejón señala que «su poder movilizador radica en su indefinición»: I. Errejón y Ch. Mouffe, Construir pueblo, cit., pp. 121-122.

26 E. Laclau, On Populist Reason, cit., p. 95 [ed. cast.: p. 124].
27 O más raramente, la «totalización institucional», negando cualquier ámbito exterior a la comunidad, ibid., pp. 80-81 [ed. cast.: p. 107].
28 E. Laclau, On Populist Reason, cit., p. 208 [ed. cast.: pp. 249, 258].
29 Pablo Iglesias, rueda de prensa en el Hotel Ritz de Madrid, 5 de junio de 2016. Tres semanas después, los votantes mostraron su incredulidad al respecto. Paradójicamente, Errejón había rechazado la caracterización de Podemos por Mouffe como populista, alegando que el término era tóxico en los medios de comunicación; quizás por esa razón el partido prefirió en el último minuto cubrirse con el tranquilizador tricornio de González y su progenie, aunque con escaso provecho.

30 Sobre esa trayectoria, véase la introducción de Partha Chatterjee al volu- men editado por él mismo Ranajit Guha: The Small Voice of History. Collected Essays, Ranikhet, 2009.
31 R. Guha, «Gramsci in India: Homage to a Teacher», Journal of Modern Italian Studies, vol. 16, núm. 2, 2011, p. 289.

32 R. Guha, «On Some Aspects of the Historiography of Colonial India», Subaltern Studies I, Delhi, 1982, pp. 1-8.
33 Para una crítica de esa involución por parte de uno de los primeros edi- tores de la revista, véase Sumit Sarkar, «The Decline of the Subaltern in Subaltern Studies», en Vinayak Chaturvedi, Mapping Subaltern Studies and the Postcolonial, Londres y Nueva York, 2000.

34 No se trata de una mera exhibición de nombres, como tantas veces hemos visto en posteriores textos, sino que son realmente pertinentes para el pro- pósito de Guha. En un prólogo de elegante generosidad –su propia obra es esencialmente antitética–, James Scott podría escribir en la reedición de Elementary Aspects of Peasant Insurgency in Colonial India veinte años des- pués: «Un libro de gran originalidad y ambición podría ser considerado como un astillero. Una marca segura de su influencia sería cuántos barcos fueron lanzados desde su muelle. Atendiendo únicamente a ese criterio, Elementary Aspects of Peasant Insurgency in Colonial India de Ranajit Guha ha tenido un enorme impacto. De su atarazana han partido miles de barcos enarbolando su gallardete. Dado que en este caso el constructor tenía más una filosofía sobre la construcción de embarcaciones que un diseño rígido, no es sorpren- dente que el astillero pudiera lanzar embarcaciones de diseños muy variados, navegando hacia puertos desconocidos y transportando cargas nuevas y exóti- cas. Imagino que el constructor naval ni siquiera reconocería algunos de esos buques como inspirados por él y de hecho probablemente desearía rechazar cualquier asociación con bastantes de ellos. Ése, sin embargo, es el destino innegable de un maestro-constructor: sus ideas se incorporan simplemente a las rutinas de la construcción naval, a menudo sin su conocimiento. Aunque a menudo pueda sentirse tergiversado y pirateado, seguramente es un destino mejor que ser ignorado», Elementary Aspects of Peasant Insurgency in Colonial India, Durham (nc), 1999, p. xi.

35 Ibid., pp. 173, 177, 198, 314.

36 «En resumen, la hegemonía, deducida así del dominio, nos ofrece la doble ventaja de evitar un deslizamiento hacia una conceptualización liberal-utó- pica del Estado y de representar el poder como una relación histórica concreta formada necesaria e irreduciblemente por la fuerza y el consentimiento», R. Guha, Dominance without Hegemony: History and Power in Colonial India, Cambridge (ma), 1997, pp. 20-23.

37 R. Guha, Dominance without Hegemony, cit., pp. 131-132.

38 Hay una nota de indecisión atípica en las formulaciones de Guha al res- pecto, que traiciona quizá un rastro insólito de nostalgia del movimiento nacional. En Dominance without Hegemony había dicho que «la coerción se propuso competir con la persuasión en el proyecto nacional», sin especifi- car más que negativamente el resultado de esa competición, p. 151. Treinta años después hablaría de un «liderazgo fortalecido por el consentimiento del pueblo en el movimiento por la independencia», que, sin embargo, «no con- siguió convertir ese consentimiento en una hegemonía liderando el nuevo Estado soberano»: «Gramsci in India», p. 294.

39 Véanse los cinco textos publicados entre 1971 y 1979, comenzando con «On Torture and Culture», en la Parte V de P. Chatterjee (ed.), Ranajit Guha: The Small Voice of History, cit.

40 Giovanni Arrighi, The Geometry of Imperialism [1978], Londres, Verso, 1983, pp. 172-173 [ed. cast.: La geometría del imperialismo, México df, 1978].
41 Véase «A Crisis of Hegemony», en Samir Amin, Giovanni Arrighi, Andre Gunder Frank e Immanuel Wallerstein, Dynamics of Global Crisis, Nueva York, 1982, pp. 108 y ss. En 1972 había predicho la incipiente crisis económica en un artículo publicado en Italia con el título «Una nuova crisi generale», en Rassegna Comunista, 2, 3, 4 y 7, Milán, traducido años después al inglés en esta revista: «Towards a Theory of Capitalist Crisis», nlr i/111, septiembre-octubre de 1978; y al castellano como «Una nueva crisis general capitalista», en Cuadernos políticos, núm. 8, México df, Editorial

42 G. Arrighi, The Long Twentieth Century: Money, Power and the Origins of Our Times, Londres y Nueva York, 1994, pp. 28, 30 [ed. cast.: El largo siglo xx. Dinero y poder en los orígenes de nuestra época, Madrid, 1999, pp. 44, 45].

43 La adición a la serie de la hegemonía holandesa, ausente en La geometría del imperialismo, testimonia la fructífera interacción entre Arrighi y Wallerstein. La palabra «hegemonía» no aparece en el primer volumen de The Modern World-System (1974). En el segundo (1980) se define como la superioridad simultánea de un poder central sobre todos los demás en la producción, el comercio y las finanzas, a lo que se añadía en el caso holnadés el poder marí- timo, el avance científico y tecnológico, la posibilidad de movilidad social y la existencia de salarios más altos que en otros lugares, lo que permitía un equilibrio de intereses entre los propietarios y los productores que respalda- ban al Estado; véase, The Modern World System, ii, Nueva York, 1976, pp. 38-39, 61-71, 113. En el cuarto volumen (2011), dedicado a la memoria de Arrighi, la hegemonía ya no requiere exposición; se da por sentada, observa Wallerstein en la p. xii.

44 G. Arrighi, Adam Smith in Beijing, Londres y Nueva York, 2007, pp. 24-39, 57-63, 314-336; ed cast.: Adam Smith en Pekín. Orígenes y fundamentos del siglo xxi, Madrid, 2007, pp. 32-47, 65-70, 328-350.

45 G. Arrighi, Postfacio para la edición de 2010 de The Long Twentieth Century, cit., p. 385.
46 G. Arrighi, «The Winding Paths of Capital», cit., pp. 73-74; ed. cast.: pp. 55-86, y más específicamente pp. 66-67. Le tocó a su compañera Beverly Silver abordar el otro lado de la historia en su Forces of Labor, Nueva York, 2003 [ed. cast.: Fuerzas de trabajo. Los movimientos obreros y la globalización desde 1870, Madrid, 2005].

47 G. Arrighi, «Marxist Century, American Century: The Making and Remaking of the World Labour Movement», nlr i/179, enero-febrero de 1990; ed. cast.: «Siglo xx: siglo marxista, siglo americano: la formación y la transformación del movimiento obrero mundial», nlr 0, diciembre de 1999, pp. 7-46; http://newleftreview.es/article/download_pdf?language=es&id=1. 48 G. Arrighi, B. Silver et al., Chaos and Governance in the Modern World System, Minneapolis 1999, pp. 12-13, 282 [ed. cast.: Caos y orden en el sistema mundo moderno, Madrid, 2001, pp. 20, 285].

49 G. Arrighi, «The Three Hegemonies of Historical Capitalism», Review (Fernand Braudel Center), verano de 1990, p. 367.
50 G. Arrighi, B. Silver et al., Chaos and Governance in the Modern World System, cit., pp. 35-36 [ed. cast.: p. 42].

51 bid., pp. 27, 243-245 [ed. cast.: pp. 34, 248-250]; G. Arrighi, Adam Smith in Beijing, cit., pp. 150-151, 178 [ed. cast.: pp. 160, 187 y ss., en particular p. 190].

(Fotografía: De izquierda a derecha los cuerpos de Bombacci, Mussolini, Clara Petacci, Pavolini y Starace exhibidos en la Plaza de Loreto en 1945. La muerte de Benito Mussolini, jefe del Partido Fascista de Italia, Primer Ministro italiano y presidente de la República Social Italiana se produjo el 28 de abril de 1945)

 

 

 

 

 

 

 

Cynthia Burgos y el PS de Valparaíso

Entrevistamos a Cynthia Burgos Sánchez, candidata a la Dirección Comunal del PS en Valparaíso, Bióloga Marina de profesión, con 25 años de servicio público, se ha desempeñado en el Servicio Nacional de Pesca en diferentes regiones del país. Dirigente nacional y regional de su gremio por más de una década, y secretaria general de la ANEF provincial entre el 2014 y el 2016.


Actualmente es coordinadora del emblemático núcleo Valparaíso Socialista, que congrega a antiguos militantes socialistas con el objetivo de hacer y discutir política.

EP:  Qué relación tiene la IS con el Frente Amplio?

 CB: Yo diría que en términos muy generales, tenemos muchas similitudes, vamos en una dirección comparable, que a ratos podríamos no tener mayores diferencias. Sin embargo no somos lo mismo. El Frente Amplio es un conjunto de partidos políticos recién creados por personajes jóvenes, tanto en edad, como en trayectoria, más otros varios movimientos sociales que abarcan desde grupos ecológicos, estudiantiles, políticos, por nombrar los más evidentes. Mientras el Frente Amplio aun discute internamente su accionar, nosotros, la Izquierda Socialista, somos socialistas. Tenemos claro nuestro pasado que nos enorgullece, tenemos claro el actual escenario país, su origen y desarrollo, y hacia donde puede ir si no retomamos con energía y convicción los valores que nos rigen.

Quiero decir con esto que no nos confundimos, tenemos una base histórica, un legado político e ideológico que respetamos y queremos conservar, por lo que no es posible compararnos con el Frente Amplio; el tema es, que la última dictadura implantó un sistema de desarrollo económico y social que absorbió a varios personajes nuestros, muchos de nuestros compañeros, con el discurso de los “acuerdos” y en “la medida de lo posible”, que se comprendería para los primero 3- 4 años post dictadura; pero llevamos 26 años en donde el PS se fue distanciando de su lugar característico, que es la izquierda. Han sido 26 años de “transición” donde en realidad solo se ha fortalecido el sistema neoliberal heredado del dictador. Entonces ahora, con la indignación como base, que se origina al observar y sufrir la injusticia, desigualdad y segregación social que provoca este sistema económico, el comprobar cómo se ha deteriorado la sociedad en sus valores, en sus principios, nosotros, la Izquierda Socialista constituimos una corriente de opinión al interior del PS, que busca recuperar la esencia del Socialismo, retomar su rol de gestor de políticas que aseguren un bienestar social a toda la población y no solo al 1% de esta; no somos un lote más que persigue beneficiarse, llámese adquirir poder o dinero mediante cargos, no, nosotros tenemos como objetivo muy definido que es derrocar el sistema capitalista, por el daño que causa a las sociedades. En eso confluimos con el Frente Amplio, queremos otra constitución, otro sistema de previsión social, que la educación y salud sea un derecho garantizado para todos y todas, un código del trabajo que valore al trabajador y trabajadora y le reconozca su trascendencia en el desarrollo de un país. El fin es el mismo, más el origen, la forma, y los actores son otros. A mi juicio, El Frente Amplio es una opción que está en proceso de maduración, no es una alternativa consolidada, con todo lo que eso significa: incerteza en muchos aspectos.

EP:  Crees que es sustentable la Nueva Mayoría con un candidato distinto de Atria? Por qué?

 CB: Para responder a este tema, primero debemos por conversar sobre quién es Atria, que representa para la Izquierda Socialista, y desde ahí hablar de la NM.

Nuestro candidato Fernando Atria, es un abogado constitucionalista, ha trabajado y ha publicado numerosos artículos y libros respecto de la importancia y mecanismos para instaurar una constitución representativa de la ciudadanía. En su programa político tiene ejes muy claros, muy definidos que apuntan, obviamente a cambiar la constitución, no solo porque se hizo en dictadura, sino porque la actual carta magna fue concebida para mantener y fortalecer el sistema económico que tanto nos afecta; en ese escenario, con todos los cerrojos que ideó el dictador y su discípulo Jaime Guzmán, ha sido imposible avanzar en igualdad de derechos, avanzar en el reconocimiento y valoración del medio ambiente, el reconocimiento de los pueblos originarios, el código de aguas, etc., etc., etc., Plantea el programa de Atria un fortalecimiento y desarrollo de las Reformas impulsadas por el actual Gobierno de la presidenta Michelle Bachelet, es decir continuar perfeccionando la Reforma educacional que hoy permite a casi 200.000 personas estudiar gratis, lo mismo con respecto a la Reforma Tributaria, y la Reforma laboral. Por lo tanto, nuestro candidato es el fiel reflejo de lo que persigue la Izquierda Socialista.

Ahora, si la NM es sustentable con un candidato distinto, creo que el conglomerado va a perder estabilidad con cualquier candidato o candidata que quiera cambiar el sistema económico, político y social; porque en la NM lamentablemente confluyen varios partidos que proyectan persistir en el neoliberalismo, por eso no es casualidad que la ciudadanía diga que todos los partidos son lo mismo, cosa que no creo, pero explica el por qué la desafección de la población con política y los partidos políticos representados en sus parlamentarios, porque nadie se la juega por ofrecer un real cambio que disminuya la desigualdad.

Sin embargo, por otra parte, no veo nada malo en que la NM se perfeccione, y si es necesario cambiar de nombre, da lo mismo, pero que reúna solo aquellos partidos que realmente tengan como objetivo común terminar con el sistema económico y social que cada día perjudica a más personas.

EP:  Cómo caracterizan el actual momento del movimiento obrero, la CUT y especialmente la convocatoria de NO+AFP?

 CB: Este es un tema altamente sensible en lo personal, porque he sido dirigente gremial durante varios años, lo que me ha permitido observar desde adentro como se ha ido deteriorando el movimiento obrero, la CUT como tus señalas. Es muy lamentable, que hoy se haya perdido fuerza, en circunstancias que los trabajadores deberíamos ejercer un real protagonismos en la dirección de un país, pero eso no ocurre, y es por lo mismo que ya conversamos en los temas anteriores; el sistema ha absorbido a las personas, de verdad es lamentable y doloroso reconocerlo, pero hoy en día los dirigentes no son como nuestros emblemas de hace algunas décadas, que dejaban la vida luchando por los derechos de los trabajadores y una sociedad más justa, gracias a esos hombres y mujeres hoy podemos tener algún derecho. La realidad actual es muy distinta, y es por eso, porque hoy los valores son otros: el consumismo, el buen sueldo, el buen cargo, el acceso al poder, han minado el real objetivo de lo que significan los movimientos de trabajadores y sus líderes. Esta es una de las causas por las cuales tenemos un sistema de previsión abusivo e incompetente, porque lo hemos permitido, porque con un par privilegios sobre la mesa, a muchos se les olvidan los compromisos con los trabajadores. El movimiento NO+AFP no ha prendido como se esperaba, la pregunta es por qué…? Como dice el humorista… es sospechoso. Cabe hacerse la pregunta, donde estuvo la CUT estos 26 años de trabajo precario, malas pensiones, una débil Reforma laboral, con el empresario poniendo la pauta… entonces, tú me preguntas como caracterizo el movimiento obrero, la CUT y el NO+AFP, lo caracterizo como decadente, producto de un sistema que degrada al ser humano a un mero consumista, un número, un voto si tú quieres, y los dirigentes sociales no hemos logrado, ni intentado siquiera revertirlo. No quiero con esto decir que todos los líderes sindicales son unos vendidos al sistema, no, he conocido grandes dirigentes, pero si digo que en ese camino de decadencia estamos. No hay credibilidad, no hay fuerza, el individualismo ha poblado todos los nichos.

EP:  Cuál es el mensaje que deja tu candidatura a las bases del PS porteño?

 CB: El mensaje de mi candidatura es muy simple y muy claro:

Compañero, compañera urge cambiar este modelo, necesitamos tu indignación, tu compromiso con el cambio. Es posible otro Chile, es posible otro PS, para eso, debes obligatoriamente salir del letargo, ir a votar el 26 de marzo. Segundo, votar en consecuencia, en conciencia, reflexionar sobre qué tipo de conducción necesitamos, y vota por quien ofrezca trabajar por un cambio real y radical. Ese es mi compromiso.

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Cine: Manchester junto al mar

 

por Carlos Bonfil

El arte de llorar en coro. El conserje Lee Chandler (Casey Affleck) es un hombre de 40 años, taciturno y enigmático, que cumple sus faenas diarias de modo disciplinado y metódico, pintando paredes y destapando caños, aun cuando a la menor provocación manifiesta un temperamento irascible, de consecuencias impredecibles, acompañado de fuertes dosis de intolerancia y violencia. Vive recluido en un modesto sótano en un barrio de Boston, gana apenas el sueldo mínimo, y se mantiene alejado de lo que aún le queda de familia.

La noticia de la muerte de su hermano Joe (Kyle Chandler), le obliga a regresar al pueblo portuario de Manchester, mismo que tuvo que abandonar años atrás por otro acontecimiento trágico que no ha terminado de amargarle la existencia.

Manchester junto al mar (Manchester by the Sea, 2016), tercer largometraje del dramaturgo, realizador y guionista neoyorkino Kenneth Lonergan (You Can Count on Me, 2000; Margaret, 2011), es un soberbio melodrama familiar construido en dos tiempos y centrado en la compleja figura de Lee Chandler. La narración en presente refiere el inesperado dilema moral a que se enfrenta el protagonista cuando por disposición testamentaria debe ocuparse de Patrick (Lucas Hedges), un adolescente temperamental, hijo de su hermano fallecido, en una responsabilidad tan inesperada como inoportuna para la cual no tiene, en su actual estado anímico, la menor paciencia.

Al tiempo que procura resolver esta situación enfadosa, surgen, a través de flashbacks reiterados, los recuerdos lacerantes de su pasado como un hombre armoniosamente casado con Randi (Michelle Williams), padre de tres niños, que por un lamentable descuido vuelto fatalidad irreparable pierde toda estabilidad emocional, se ve orillado al suicidio, y termina aceptando una suerte de muerte virtual y exilio autoimpuesto, alejándose por completo del universo familiar que hasta entonces había conocido.

Lee Chandler es, por decisión propia y por acuerdo tácito de toda una comunidad, el paria absoluto al que pareciera estarle negada, en su muy larga penitencia, toda posibilidad de una redención moral verdadera.

El dramaturgo Kenneth Lonergan maneja con delicadeza y sobriedad el intenso guión de una película casi novelada. La decisión de tomar distancias con un relato lineal y presentar los flash-backs de un modo tan imperceptible, sin fracturas muy definidas, confundiendo casi la experiencia pasada con el presente, puede desconcertar a un espectador acostumbrado a transiciones temporales más convencionales. Conviene por ello desenredar este relato fílmico como se suele descifrar un imbricado texto literario.

No es sino muy avanzada la trama cuando los espectadores descubren al fin los motivos del naufragio anímico de Lee Chandler, los pormenores agravantes de una pesadísima culpa, y las razones por las que a ese hombre misterioso, encerrado en un mutismo hermético, le cuesta tanto trabajo reconciliarse con su entorno social, y aceptar y compartir toda empatía y entendimiento afectivo con el sobrino Patrick que, a su modo muy peculiar, comparte con él la perturbadora experiencia de un duelo familiar.

Aunque en este relato tan marcadamente masculino las mujeres tienen una presencia episódica, con existencias difuminadas en largas elipsis narrativas, su importancia es capital. Son ellas las que con mayor dramatismo y contundencia expresan el dolor que sus pares masculinos reprimen ya sea en el silencio, como Lee Chandler, o, como Patrick, a través del expediente de un despreocupado sexo rápido.

Las mujeres viven aquí la pérdida afectiva sumiéndose en el desvarío mental o en el alcoholismo, cuando no en la larga frustración de una segunda vida sentimental al lado de compañeros apagados o mediocres. El director de la cinta observa con lucidez esta triste comedia de paradojas existenciales y desencuentros afectivos, combinando momentos de franco humorismo y desenfado con otros de un dramatismo vigoroso y cruel, como si deseara así mostrar hasta qué punto una fatalidad o una suerte irónica pueden sacudir las mayores certidumbres morales.

Manchester junto al mar cuenta con un guión formidable y actuaciones que le hacen enteramente justicia. Tiene toda la apariencia de un filme independiente y se cuela con facilidad entre las favoritas a los próximos premios hollywoodenses. Se arriesga, en su arrebato lírico, con los clichés musicales de Albinioni y su explotadísimo Adagio, para luego saltar a un Mesías o a una melodía de Ella Fitzgerald.

Es una cinta divertida y profundamente melancólica, con tintes también de tragedia griega. Como si la sombría parábola moral de El dulce porvenir (The Sweet Hereafter, Atom Egoyan, 1997) se hubiera cruzado de pronto con los destellos de ironía del mejor Woody Allen. Imperdible.

País: EEUU

Director: Kenneth Lonergan

Duración: 135 min

Año: 2016

Un cuento de Yukio Mishima: «Patriotismo»

 

I

El veintiocho de febrero de 1936, al tercer día del incidente del 26 de febrero, el teniente Shinji Takeyama, del batallón de transportes, profundamente perturbado al saber que sus colegas más cercanos estaban en connivencia con los amotinados, e indignado ante la inminente perspectiva del ataque de las tropas imperiales contra tropas imperiales, tomó su espada de oficial y ceremoniosamente se vació las entrañas en la habitación de ocho tatami de su residencia privada en la sexta manzana de Aoba-cho, en el distrito Yotsuya. Su esposa, Reiko, lo siguió clavándose un puñal hasta morir.

La nota de despedida del teniente consistía en una sola frase: “¡Vivan las Fuerzas Imperiales!” La de su esposa, luego de implorar el perdón de sus padres por precederlos en el camino a la tumba, concluía: “Ha llegado el día para la mujer de un soldado”. Los últimos momentos de esta heroica y abnegada pareja hubieran hecho llorar a los dioses. Es menester destacar que la edad del teniente era de treinta y un años; la de su esposa, veintitrés.

Hacía sólo dieciocho meses que se habían casado.

II

Los que contemplaron el retrato conmemorativo del novio y de la novia no dejaron de admirar, quizás tanto como quienes habían asistido a la boda, el elegante porte de la pareja.

El teniente, de pie junto a su esposa, estaba majestuoso en su uniforme militar. Su mano derecha descansaba sobre el puño de la espada y con la izquierda sostenía la gorra de oficial. Su expresión severa traducía claramente la integridad de su juventud.

En cuanto a la belleza de la novia, envuelta en sus blancas vestiduras, sería difícil encontrar las palabras adecuadas para describirla.Había sensualidad y refinamiento en sus ojos, en las finas cejas y en los labios llenos. Una mano, tímidamente asomada a la manga del vestido, sostenía un abanico, y las puntas de los dedos, agrupados delicadamente, eran como el capullo de una flor de luna.

Luego de consumado el suicidio, muchos tomaron la fotografía y se entregaron a tristes reflexiones acerca de las maldiciones que suelen recaer sobre las uniones sin tacha. Quizás fuera sólo efecto de la imaginación, pero, al observar el retrato, parecía casi que los dos jóvenes, ante el biombo dorado, contemplaran, con absoluta claridad, la muerte que los aguardaba.

Gracias a los buenos oficios de su mediador, el teniente general Ozeki, habían podido instalarse en su nuevo hogar de Aoba-cho, en Yotsuya.En realidad aquel nuevo hogar no era sino una vieja casona alquilada, de tres dormitorios y con un pequeño jardín detrás.Utilizaban la habitación del piso superior, de ocho tatami, como dormitorio y habitación de huésped, pues el resto de la casa no recibía la luz del sol.

No tenían sirvientes y Reiko cuidaba del hogar en ausencia de su marido.

El viaje de boda quedó postergado por coincidir con una época de emergencia nacional. El teniente y su esposa pasaron la primera noche de casados en la vieja casa. Muy tieso, sentado sobre el piso y con su espada frente a él, Shinji había hecho escuchar a su esposa un discurso de corte militar antes de llevarla al lecho nupcial. Una mujer que contraía matrimonio con un soldado debía saber y aceptar sin vacilaciones el hecho de que la muerte de su marido podría llegar en cualquier momento. Quizás al día siguiente. No importaba cuándo.¿Estaba ella conforme con aceptarlo? Reiko se puso de pie y, abriendo la vitrina, tomó de ella su más preciado bien, un puñal regalado por su madre.Se comprendieron perfectamente sin necesidad de palabras y el teniente no puso nunca más a prueba la resolución de su mujer.

Durante los primeros meses que siguieron a la boda, la belleza de Reiko se hizo cada día más radiante.Brillaba, serena, como la luna después de la lluvia.

Como ambos estaban dotados de cuerpos sanos y vigorosos,su relación era apasionada y no se limitaba a las horas de la noche.En más de una ocasión, al volver a su hogar directamente del campo de maniobras, y aún con el uniforme salpicado de barro, el teniente había poseído a su mujer en el suelo, apenas abierta la puerta de la casa. Reiko le correspondía con el mismo ardor. En aproximadamente un mes, contando con la noche de bodas,Reiko conoció la absoluta felicidad, y el teniente, al comprobarlo, se sintió también muy feliz.

El cuerpo de Reiko era blanco y puro, y de sus pechos turgentes emanaba un rechazo firme y casto que, cuando gozaba, se mudaba en la mas íntima y acogedora tibieza. Aun en los momentos de mayor intimidad se mantenían extraordinariamente serios. Conservaban sus corazones sobrios y austeros en medio de las más embriagadoras demostraciones de pasión.

El teniente recordaba a su mujer durante el día en los cortos periodos de descanso entre su entrenamiento y su retorno al hogar, y Reiko no olvidaba a su marido en ningún momento. Cuando estaban separados, les bastaba con mirar solamente la fotografía de su casamiento para ratificar una vez más su felicidad.A Reiko no le sorprendía en lo mas mínimo que un hombre que había sido un extraño hasta algunos meses atrás se hubiese convertido en el sol alrededor del cual giraban su vida y su mundo.

Esta relación tenía una base moral y seguía fielmente el mandato de los Principios de la Educación en los que se estipula que “la armonía reinará entre el marido y la mujer”.Reiko no encontró jamás la ocasión de contradecir a su marido, y el teniente no tuvo motivo alguno para reñir a su mujer.

En el nicho, debajo de la escalera, junto a la tablilla del Gran Santuario Ise, habían colocado fotografías de sus Majestades Imperiales, y cada mañana, antes de partir hacia sus obligaciones, el teniente y su mujer se detenían frente a ese lugar santificado y juntos se inclinaban en una profunda reverencia.

La ofrenda de agua se renovaba cada mañana y la rama sagrada de sakasi estaba siempre verde y fresca. Sus vidas se deslizaban bajo la solemne protección de los dioses y estaban colmadas de una felicidad intensa que hacía vibrar cada fibra de sus cuerpos.

III

Aun cuando la casa de Saito, Señor del Sello Privado, se hallaba en la vecindad, nadie escuchó allí el tiroteo de la mañana del 26 de febrero. Aquel fue un ruidoso toque de atención en el amanecer nevado e interrumpió bruscamente el sueño del teniente.Saltó inmediatamente de la cama y, sin pronunciar palabra, vistió el uniforme, se ajustó la espada que le tendía su mujer y se precipitó hacia la calle cubierta de nieve en el oscuro amanecer. No regresó a su hogar hasta la noche del día veintiocho.

Algo más tarde, Reiko escuchó por la radio las noticias sobre aquella súbita erupción de violencia.Vivió los dos días siguientes en completa y tranquila soledad tras las puertas cerradas.

Reiko había leído la presencia de la muerte en el rostro de su marido al marcharse a toda prisa bajo la nieve. Si Shinji no regresaba, su propia decisión era también muy firme. Moriría con él.

Se dedicó, entonces, a ordenar sus pertenencias personales. Eligió su mejor conjunto de kimonos como recuerdo para sus amigas de colegio y escribió un nombre y una dirección sobre el rígido papel en el que los había doblado uno por uno.

Como su marido le recordaba constantemente que no hay que pensar en el mañana, Reiko ni siquiera había escrito un diario, y se encontraba, ahora, en la imposibilidad de releer los pasajes en los que hubiera dado testimonio de su felicidad.Sobre la radio se destacaban un perrito de porcelana,un conejo, una ardilla, un oso y un zorro. Tampoco faltaban allí un jarrón y un recipiente para el agua. Estos objetos constituían la única colección de Reiko.Sin embargo, de nada serviría regalarlos como recuerdos.Tampoco sería apropiado pedir específicamente que fueran incluidos en su ataúd. Mientras estos objetos desfilaban por su mente, Reiko tuvo la sensación de que los animalitos parecían cada vez más tristes y desamparados.

Tomó la ardilla en su mano y la observó.Fue entonces cuando, con sus pensamientos puestos en un reino mucho más alejado que estos afectos infantiles, vio en la lontananza los principios,vitales como el sol, que personificaba su marido. Estaba pronta y feliz de terminar sus días en compañía de aquel hombre deslumbrante, pero en ese momento de soledad se permitió refugiarse con el inocente afecto por aquellas bagatelas. Ya había pasado el tiempo en que realmente las había amado.

Ahora solamente acariciaba su recuerdo y el lugar que ocuparan en su corazón se había colmado definitivamente con pasiones más intensas.

Reiko jamás había supuesto que las turbadoras emociones de la carne fueran sólo un placer. La baja temperatura de febrero y el contacto con la gélida porcelana de la ardilla habían entumecido sus dedos.Sin embargo, bajo los dibujos simétricos de su acicalado kimono meisen podía sentir, cuando recordaba los poderosos brazos del teniente, una cálida humedad que, desde su piel, desafiaba al frío.

No experimentaba absolutamente ningún temor por la muerte que rondaba en la cercanía. Mientras esperaba sola en su casa, Reiko no dudaba que la angustia y la congoja que estaría experimentando su marido en aquellos momentos la llevarían, con tanta certeza como su intensa pasión, a una muerte agradable. Sentía en lo más hondo que su cuerpo podría disolverse con facilidad y convertirse en una sola cosa con el pensamiento de su marido.

A través de las informaciones de la radio, escuchó los nombres de varios colegas de su marido mencionados entre los insurgentes.Éstas eran noticias de muerte. Se preguntaba ansiosamente, a medida que la situación se hacía más difícil, por qué no se emitía una Ordenanza Imperial. El movimiento, que en un principio había parecido ser un intento de restaurar el honor nacional,se había convertido gradualmente en algo llamado motín.El regimiento no había dado ningún comunicado y se suponía que,en cualquier momento, podría comenzar la lucha en las calles aún cubiertas de nieve.

El veintiocho, a la caída del sol, furiosos golpes estremecieron a Reiko.Bajó precipitadamente las escaleras, y mientras, con dedos inexpertos, tiraba del pasador,la silueta apenas delineada tras los vidrios cubiertos de escarcha,no emitía sonido alguno. Sin embargo,no dudó de la presencia de su marido.Nunca antes había tenido tanta dificultad en abrir la puerta .Cuando finalmente pudo lograrlo, se encontró frente al teniente enfundado en un capote color kaki y con las botas de campaña salpicadas de barro.

Reiko no comprendió por qué Shinji cerró la puerta y corrió nuevamente el pasador.

-Bienvenido a casa -la joven ejecuta una profunda reverencia a la cual su marido no responde.Se había quitado la espada y comenzaba a desembarazarse del capote.Ella quiso ayudarlo. La chaqueta, que estaba fría y húmeda y había perdido el olor a estiércol que tenía normalmente cuando se la exponía al sol, le pesaba en el brazo.La colgó de una percha y sosteniendo la espada y el cinturón de cuero entre sus mangas, esperó a que su marido se quitase las botas. Luego, lo siguió hasta el cuarto de estar: la habitación de seis tatami.

Bajo la clara luz de la lámpara, el rostro barbudo y agotado de su marido era casi irreconocible. Las mejillas hundidas habían perdido su brillo y elasticidad.

En circunstancias normales hubiera cambiado su ropa por otra de casa, y la hubiera urgido a servir la comida de inmediato. En cambio, aquella noche se sentó frente a la mesa vistiendo el uniforme y con la cabeza hundida sobre el pecho.

Reiko se abstuvo de preguntar si debía preparar la comida.

-Yo no sabía nada -dijo el hombre al cabo de un silencio-. No me pidieron que me uniera a ellos .Quizás no lo hicieron al saberme recién casado.Kano, Homma y, también,Yamaguchi.

Reiko evocó los rostros de los alegres oficiales jóvenes, amigos de su marido, que habían ido a aquella casa en calidad de invitados.

-Quizás mañana se publique una Ordenanza Imperial. Supongo que serán juzgados como rebeldes. Estaré a cargo de la unidad conórdenes de atacarlos… No puedo hacerlo.Sería simplemente imposible -guardó un corto silencio-. Me han dispensado de las guardias y estoy autorizado para volver a casa por una noche.Mañana, a primera hora, deberé unirme al ataque sin proferir una réplica.No puedo hacerlo, Reiko…

Reiko estaba sentada, muy tiesa, con los ojos bajos.

Comprendía muy claramente que su marido hablaba en términos de muerte.El teniente estaba resuelto y, aun cuando todavía planteaba el dilema, en su mente ya no cabían vacilaciones.

Sin embargo, en el silencio que se estableció entre ambos, todo quedó claro con la misma transparencia de un cauce alimentado por el deshielo.

Ya en su casa después de la larga prueba de dos días y contemplando el rostro de su hermosa mujer, el teniente experimentó, por primera vez, una verdadera paz interior. Había intuido de inmediato que su mujer conocía la resolución que ocultaban sus palabras.

-Bien, entonces… -el teniente abrió, grandes, los ojos. Pese al cansancio, su mirada era fuerte y transparente y no la apartó de su esposa-. Esta noche me abriré el estómago.

Reiko no vaciló.

-Estoy preparada -dijo-, permíteme acompañarte.

El teniente se sintió casi hipnotizado por la mirada implorante de su esposa.Sus palabras comenzaron a fluir rápida y fácilmente,como expresadas en delirio.

Otorgó su aprobación a aquella empresa vital en una forma descuidada y negligente que parecía escapar a su entendimiento.

-Bien. Nos iremos juntos. Pero, antes, quiero que seas testigo de mi muerte.

Ya de acuerdo, sus corazones se vieron inundados por una repentina felicidad.

Reiko estaba profundamente conmovida por la confianza que depositaba en ella su marido. Era vital para el teniente que no se cometieran irregularidades en su muerte. Por esta razón era necesario un testigo. Y el haber elegido para tal fin a su mujer,demostraba una profunda y absoluta confianza. En segundo lugar, y esto era aun más importante,aunque había rogado a Reiko que muriera con él, ni siquiera intentaba matar a su esposa primero, sino que dejaba aquel momento librado al criterio de ella, para cuando él ya no estuviera allí, verificándolo todo. Si el teniente hubiera abrigado la menor sospecha, cumpliendo el pacto de los suicidas, hubiera preferido matarla primero.

Cuando Reiko dijo: “Permíteme acompañarte”,el teniente apreció en estas palabras el fruto final de las enseñanzas impartidas a su mujer desde la noche del casamiento. La había educado en forma tal que, llegado el momento, respondía en los exactos términos que correspondían. Era éste un halago a la confianza en sí mismo que alimentaba Shinji… No era ni tan romántico ni tan presuntuoso como para creer que esas palabras eran dichas espontáneamente,sólo por amor.

Sus corazones estaban tan inundados de felicidad, que no podían dejar de sonreír. Reiko se sentía nuevamente en la noche de bodas.Ante sus ojos no existían ni el dolor ni la muerte. Sólo creía ver un ilimitado espacio abierto hacia vastos horizontes.

-El agua está caliente. ¿Te darás un baño ahora?

-Sí, por supuesto.

-¿Y la comida…?

Las palabras fueron pronunciadas en un tono tan tranquilo y doméstico,que, por una fracción de segundo, el teniente creyó haber sido juguete de una alucinación.

-No creo que sea necesario. ¿Podrás calentar un poco de sake?

-Como quieras.

Reiko se levantó y al tomar del ropero un vestido tanzan para después del baño, atrajo deliberadamente la atención de su marido sobre los cajones vacíos. El teniente observó el interior del mueble. Leyó las direcciones sobre los regalos recordatorios. No hubo pena en él frente a la heroica determinación de Reiko. Como un marido a quien su joven esposa enseña con orgullo sus compras pueriles, el teniente, inundado de afecto, abrazó a su mujer cariñosamente por la espalda y le besó el cuello.

Reiko sintió la aspereza de aquel rostro sin afeitar. Esta sensación encerraba para ella toda la alegría del mundo, y ahora -sintiendo que iba a perderla para siempre- contenía una frescura mas allá de toda experiencia. Cada momento parecía contener una infinita fuerza vital. Los sentidos se despertaron en todo su cuerpo.

Aceptando las caricias de Shinji, Reiko se alzó sobre la punta de los pies y dejó que aquella vitalidad atravesara su cuerpo.

-Primero, el baño, y luego, después de tomar sake… Prepara las camas arriba, ¿quieres?

El teniente susurró algo en el oído de su mujer,y ella asintió silenciosamente.

El teniente se quitó apresuradamente el uniforme y se dirigió al baño.

Al escuchar el suave rugido del agua, Reiko llevó carbón hasta el cuarto de estar y empezó a calentar el sake.

Tomó el tanzen, un fajín y su ropa interior. Se dirigió al baño para controlar el calor del agua. En medio de una nube de vapor, el teniente se afeitaba con las piernas cruzadas en el suelo. Ella pudo distinguir los músculos de su fuerte espalda húmeda que respondían a los movimientos de sus brazos.

Nada sugería algún acontecimiento anormal. Reiko se ocupaba diligentemente de sus tareas y preparaba platos improvisados.

Sus manos no temblaban y se mostraba más eficiente y desenvuelta que de costumbre. De tanto en tanto sentía extrañas palpitaciones en el centro del pecho, pero eran como luces distantes. Tenían un momento de gran intensidad y luego se desvanecían sin dejar huellas. Omitiendo esto, no parecía ocurrir nada fuera de lo habitual.

Mientras se afeitaba en el baño, el teniente sintió que su cuerpo tibio se libraba milagrosamente de la desesperada fatiga de aquellos días de incertidumbre y se llenaba de una agradable expectativa pese a la muerte que lo aguardaba. Podía oír vagamente los ruidos habituales con que su mujer cumplía sus quehaceres, y un saludable deseo físico, postergado durante dos días, se presentó nuevamente.

El teniente confiaba en que no había habido impureza en el goce experimentado mientras resolvían morir.

Ambos habían sentido en aquel momento, aun cuando no de una manera clara y consciente, que esos placeres permisibles estaban nuevamente bajo la protección del Bien y del Poder Divino. Los protegía una moralidad total e intachable. Al mirarse a los ojos descubrieron en su interior una muerte honorable, estaban de nuevo a salvo tras las paredes de acero que nadie podría destruir,enfundados en la impenetrable coraza de la Belleza y la Verdad.

El teniente podía entonces considerar su patriotismo y las urgencias de su carne como un todo.

Acercó más aun la cara al oscuro y agrietado espejo de pared y se afeitó cuidadosamente. Aquel era el rostro que presentaría a la muerte y era importante que no tuviera imperfecciones. Sus mejillas, recién afeitadas, irradiaban nuevamente el brillo de la juventud y parecían iluminar la opacidad del espejo. Sintió que había cierta elegancia en la asociación de la muerte con aquella cara sana y radiante.

Sería su rostro de difunto.En realidad ya había dejado a medias de pertenecerle para convertirse en el busto de un soldado muerto. A título de experimento, cerró fuertemente los ojos y todo quedó envuelto en la oscuridad.Ya no era una criatura viviente.

Al salir del baño, con un tenue reflejo azulado bajo la tersa piel de las mejillas, se sentó junto al brasero de carbón. Advirtió que, pese a hallarse ocupada, Reiko había encontrado el tiempo necesario para retocar su cara. Su rostro estaba fresco y sus labios húmedos. Era imposible encontrar en ella el menor rastro de tristeza, y al observar aquella demostración de la personalidad apasionada de su mujer, el teniente pensó que había elegido la esposa que le correspondía.

Tan pronto como hubo vaciado su taza de sake, se la ofreció a Reiko, quien nunca lo había probado. La joven bebió un sorbo, tímidamente.

-Ven aquí-dijo el teniente.

Reiko se acercó a su marido, y mientras él la abrazaba ella se sintió profundamente conmovida, como si la tristeza, la alegría y el poderoso sake se mezclaran dentro de ella.

El teniente contemplo las facciones de su esposa. Era el último rostro que vería en este mundo. Lo estudió minuciosamente con los ojos de un viajero despidiéndose de espléndidos paisajes.

Reiko tenía una cara de rasgos regulares, sin ser fríos, y de labios suaves. El teniente, que no se cansaba de contemplarla, la besó en la boca. Y repentinamente, sin que se alterara su belleza por el llanto, las lágrimas comenzaron a brotar lentamente bajo las largas pestañas y corrieron como hilos brillantes por sus mejillas.

Luego Shinji quiso subir al dormitorio, pero ella le suplicó que le diera tiempo a tomar su baño. El teniente subió, pues, solo, y se acostó con los brazos y las piernas abiertas en la habitación entibiada por la estufa de gas. El tiempo que transcurrió esperando a su mujer no fue más largo de lo habitual.

Colocó las manos bajo la cabeza y observó las vigas del techo. ¿Esperaba la muerte? ¿Un salvaje éxtasis de los sentidos? Ambas cosas parecían sobreponerse, como si el objeto del deseo físico fuera la muerte propia.

El teniente nunca había gozado de una libertad tan absoluta.

Un coche frenó y pudo escuchar el chirrido de las ruedas patinando sobre la nieve apilada en los bordes de la calle. La bocina repercutió en las paredes cercanas. Al percibir esos ruidos, Shinji pensó que aquella casa se levantaba como una isla solitaria en el océano de una sociedad ocupada incansablemente en los mismos asuntos de siempre. A su alrededor se extendía desordenadamente el país por el cual estaba sufriendo y a punto de dar la vida. No sabía ni le importaba si aquella gran nación reconocería su sacrificio. En su campo de batalla no existía la gloria. Era la trinchera del espíritu.

Los pasos de Reiko resonaron en la escalera. Crujían los empinados escalones de la antigua morada y estos sonidos inundaron al teniente de gratos recuerdos. En cuantas ocasiones los había escuchado desde la cama. Al reflexionar en que ya no volvería a percibirlos, se concentró en ellos tratando de que cada rincón de aquel tiempo precioso se colmara con el ruido de las suaves pisadas de la vieja escalera. Tales instantes parecieron transformarse en joyas rutilantes de luz interior.

Reiko tenia un fajín sobre el yukata y su rojo estaba atenuado por la media luz. El teniente quiso asirla y la mano de Reiko corrió en su ayuda. El fajín cayó al suelo.

Ella estaba de pie frente a él, vistiendo su yukata.

El hombre hundió las manos en las aberturas laterales bajo las mangas y la abrazó intensamente. El roce de sus dedos sobre la piel desnuda, sentir que las axilas se cerraban suavemente sobre sus manos, encendió aun más su pasión y, pocos instantes más tarde, ambos yacían desnudos frente al brillante fuego de la estufa.

No pronunciaron palabra alguna, pero sus cuerpos y sus corazones se inflamaron al saber que aquel sería el último encuentro. Era como si las palabras “ÚLTIMA VEZ” hubieran sido estampadas con pinceladas invisibles sobre cada centímetro de sus cuerpos.

El teniente atrajo a su mujer y la besó con vehemencia. Sus lenguas exploraron las bocas, adentrándose en su interior suave y húmedo, y fue como si las aún desconocidas agonías de la muerte templaran sus sentidos como el acero al rojo vivo. Los lejanos dolores finales habían refinado su percepción amorosa.

-Es la ultima vez que voy a verte -murmuró el teniente-. Déjame mirar… -y tomando la lámpara en su mano, dirigió un haz de luz sobre el cuerpo extendido de Reiko.

Ella había cerrado los ojos. La luz de la lámpara destacaba la majestuosidad de su carne blanca. El teniente con un dejo de egocentrismo, se alegró pensando en que jamás vería esa belleza derrumbándose frente a la muerte.

El teniente contempló sin apuro aquel inolvidable espectáculo. Acariciaba la sedosa cabellera, palmeaba suavemente el bello rostro y besaba todos los puntos donde se detenía su mirada. La frente alta tenía una serena frescura, los ojos cerrados se orlaban de largas pestañas bajo las cejas finamente dibujadas y el brillo de los dientes se entreveía por los labios llenos y regulares… Todo ello configuraba en la mente del teniente la visión de una máscara mortuoria verdaderamente radiante y una y otra vez apretó sus labios contra la blanca garganta donde la mano de Reiko no tardaría en descargar su certero golpe. El cuello enrojeció bajo los besos y volviendo suavemente a los labios de su amada, apoyó su boca sobre ellos con el fluctuante movimiento de un pequeño bote. Cerrando los ojos, el mundo se convertirá, así, en una mecedora.

La boca del teniente seguía fielmente el recorrido de sus ojos. Los pechos altos y turgentes, terminados como capullos de cerezo silvestre, se endurecían al contacto de sus labios. Los brazos emergían malsanamente a ambos lados, afinándose hacia las muñecas, pero sin perder su redondez ni simetría.

Los dedos delicados eran aquellos que habían sostenido el abanico durante la ceremonia nupcial. A medida que el teniente los besaba, se retraían como avergonzados. El hueco natural de esa curva entre el pecho y el estómago tenía en sus líneas no sólo la sugestión de la tersura, sino la fuerza de la elasticidad y anunciaba las ricas curvas que se extendían hasta las caderas. La riqueza y la blancura del vientre y las caderas eran como la leche contenida en un recipiente amplio. El hoyo sombreado del ombligo podía haber sido la huella de una gota de agua recién caída allí. Donde las sombras se hacían más intensas, el vello crecía apretado, dulce y sensible, y a medida que la excitación aumentaba en aquel cuerpo que había dejado de mostrarse pasivo, un aroma de flores ardientes se hacia cada vez más penetrante.

Reiko habló, por fin, con voz trémula:

-Muéstrame… Déjame mirar por última vez…

Shinji no había escuchado nunca de labios de su mujer un ruego tan firme y definido. Era como si su modestia ya no podía ocultar algo que, ahora, se libraba de las trabas que la oprimían. El teniente se recostó sumisamente para someterse a los requerimientos de su mujer. Ella alzó ágilmente su cuerpo blanco y tembloroso y ardiendo en un inocente deseo de devolverle todo cuanto había hecho por ella, puso los dedos sobre los ojos de Shinji y los cerró suavemente.

Repentinamente inundada de ternura, con las mejillas encendidas por el vértigo de la emoción, Reiko abrazó la cabeza rapada del teniente y el pelo afeitado lastimó su pecho. Aflojando el abrazo, contempló luego el rostro varonil de su marido. Las cejas severas, los ojos cerrados, el espléndido puente de la nariz, los labios bien dibujados y firmes. Reiko comenzó a besarlos, se detuvo en la ancha base del cuello, en los hombros fuertes y erguidos, en el pecho poderoso con sus círculos gemelos semejantes a escudos de ásperos pezones. Un olor dulce y melancólico se desprendía de las axilas profundamente sombreadas por la carne abundante del pecho y de los hombros. En cierto modo, la esencia de la muerte joven estaba contenida en aquella dulzura. La piel desnuda del teniente relucía como un campo de cebada y podía observar los músculos en relieve convergiendo sobre el abdomen alrededor del ombligo pequeño y modesto.

Al mirar el estómago firme y joven, púdicamente cubierto por un vello vigoroso, Reiko pensó que pronto iba a ser cruelmente lacerado por la espada y, reclinando la cabeza, rompió en sollozos y lo cubrió con sus besos.

Al sentir las lágrimas de su mujer, el teniente se sintió capaz de afrontar valerosamente las más crueles agonías del suicidio. Resulta fácil imaginar a qué éxtasis llegaron después de aquellos tiernos intercambios. El teniente se incorporó y rodeó con un potente abrazo a su mujer, cuyo cuerpo estaba exhausto luego de tantas lágrimas y aflicciones. Juntaron sus caras apasionadamente, restregando las mejillas. El cuerpo de Reiko temblaba. Sus pechos húmedos estaban fuertemente apretados y cada milímetro de aquellos cuerpos jóvenes y hermosos se habían compenetrado tanto con el otro que parecía imposible que se separaran jamás.

Reiko gritó.

Desde las altura se sumergieron en el abismo, y, de allí, una vez más hasta embriagantes alturas. El teniente jadeaba como el portador de un estandarte…

Al terminarse su ciclo, surgía inmediatamente una nueva ola de placer y, juntos, sin muestras de fatiga, se elevaron nuevamente hasta la cima misma de un nuevo movimiento jadeante.

IV

Cuando Shinji se volvió finalmente no fue por cansancio. No quería agotar la considerable fuerza física que necesitaría para llevar a cabo el suicidio. Ademas, hubiera lamentado enturbiar la dulzura de aquellos últimos momentos abusando de esos goces.

Reiko, con su habitual complacencia, siguió el ejemplo de su marido. Los dos yacían desnudos, con los dedos entrelazados, mirando fijamente el oscuro cielo raso. La habitación estaba caldeada por la estufa y en la noche silenciosa no se escuchaba el trafico callejero. Ni siquiera llegaba hasta ellos el fragor de los trenes y autobuses de la estación Yotsuya, que se perdía en el parque densamente arbolado frente a la ancha carretera que bordea el Palacio Akasaka. Resultaba difícil pensar en la tensión existente en el barrio donde las dos facciones del Ejercito Imperial se preparaban para la lucha.

Deleitándose en su propio calor, los jóvenes rememoraron en silencio los éxtasis recientes. Revivieron cada momento de la pasada experiencia, recordaron el gusto de los besos nunca agotados, el contacto de la piel desnuda, tanta embriagante felicidad .Pero ya entonces, el rostro de la muerte acechaba desde las vigas del techo. Aquellos habían sido los últimos placeres de los que sus cuerpos no disfrutarían nunca más. Ambos pensaron que, aun cuando vivieran hasta una edad avanzada, no volverían a disfrutar de un goce tan intenso.

También se desprenderían sus dedos entrelazados. Hasta los dibujos de las oscuras vetas de la madera, desaparecerían pronto. Era posible detectar el avance de la muerte. En aquel momento ya no cabían dudas. Era menester tener el coraje necesario, salirle al encuentro y atraparla.

-Podemos prepararnos -dijo el teniente.

La determinación que encerraban sus palabras era inconfundible, pero tampoco había habido nunca tan cálidas y tiernas inflexiones en su voz.

Varias tareas los aguardaban. El teniente, que no había ayudado nunca a guardar las camas, empujó la puerta corrediza del armario, alzó el colchón y lo depositó dentro de él.

Reiko apagó la estufa y la luz. En ausencia del teniente lo había aseado todo cuidadosamente, y ahora aquella habitación de ocho tatami presentaba la apariencia de una sala lista para recibir a importantes invitados.

-Aquí bebieron Kano y Homma y Noguchi…

-Sí, eran todos grandes bebedores.

-Nos reuniremos pronto con ellos en el otro mundo. Se burlarán de nosotros cuando adviertan que te llevo conmigo.

Al bajar la escalera, el teniente se volvió para contemplar la limpia y tranquila habitación iluminada por la lámpara. En su mente flotaba el recuerdo de los jóvenes oficiales que allí habían bebido y bromeado inocentemente. Nunca había imaginado, entonces, que en aquella habitación se abriría el estómago.

El matrimonio se ocupó despacio y serenamente de sus respectivos preparativos en las dos habitaciones de la planta baja. El teniente fue primero al retrete, y luego, al baño a lavarse. Mientras tanto, Reiko doblaba y guardaba la bata acolchada de su marido; ordenaba la túnica del uniforme, los pantalones y un taparrabos blanco recién cortado; disponía unas hojas de papel sobre la mesa del comedor para las notas de despedida. Luego, tomó la caja que contenía los instrumentos para escribir, y comenzó a raspar la tableta para hacer tinta. Ya había decidido el contenido de su última misiva.

Los dedos de Reiko apretaron fuertemente las frías letras doradas de la tableta y el agua del tintero se tiñó inmediatamente como si una oscura nube hubiera pasado sobre él. Todo aquello no era sino una solemne preparación para la muerte. La rutina doméstica o una forma de pasar el tiempo hasta que llegara el momento del enfrentamiento definitivo. Una inexplicable oscuridad brotaba del olor de la tinta al espesarse.

El teniente salió del baño. Vestía el uniforme sobre la piel. Sin pronunciar una palabra, tomó asiento frente a la mesa y, empuñando el pincel, permaneció indeciso frente al papel que tenía delante.

Reiko tomó un kimono de seda blanca y, a su vez, entró en el baño. Cuando reapareció en la habitación, ligeramente maquillada, la misiva ya estaba terminada. El teniente la había colocado bajo la lámpara .Las gruesas pinceladas solo decían:

“¡Vivan las fuerzas imperiales! – Teniente del ejército, Takeyama Shinji.”

El teniente observó en silencio los controlados movimientos con que los dedos de su mujer manejaban el pincel.

Con sus respectivas esquelas en la mano -la espada del teniente ajustada sobre su costado y la pequeña daga de Reiko dentro de la faja de su kimono blanco-, ambos permanecieron frente al santuario, rezando en silencio. Luego, apagaron todas las luces de la planta baja. Mientras subían, el teniente volvió la cabeza y observó la llamativa silueta de su mujer que, toda vestida de blanco y los ojos bajos, iba tras él.

Acomodaron las notas de despedida una junto a la otra en la alcoba de la planta baja.

Por un momento pensaron en descolgar el pergamino, pero como había sido escrito por su mediador el teniente general Ozzeki y consistía en dos caracteres chinos que significaban “Sinceridad”, lo dejaron donde estaba. Pensaron que, aunque se manchara con sangre, el teniente general no se ofendería.

Shinji tomó asiento de espaldas a la habitación y, muy erguido, colocó su espada frente a él. Reiko se sentó frente a él, a un tatami de distancia. El toque de pintura en sus labios parecía aun más seductor sobre el severo fondo blanco.

Se miraron intensamente a los ojos a través de la distancia de un tatami que los separaba. La espada del teniente casi tocaba sus rodillas. Al verla, Reiko recordó la primera noche de casada, y se sintió abrumada de tristeza.

Finalmente, el teniente habló con voz ronca:

-Como no voy a tener quién me ayude, me haré un corte profundo. Puede que sea desagradable. Por favor, no te asustes. La muerte es algo horrible de presenciar, en cualquier circunstancia. No debes dejarte atemorizar, ¿comprendes?

Reiko asintió con una profunda inclinación de cabeza.

Al mirar la figura esbelta de su mujer, el teniente experimentó una extraña excitación. Estaba por llevar a cabo un acto que requería toda su capacidad de soldado, algo que exigía una resolución similar al coraje que se necesita para entrar en combate. Sería una muerte no menos importante ni de menor calidad que si hubiera muerto en el frente de batalla.

Por unos instantes el pensamiento llevó al teniente a elaborar una rara fantasía. Una muerte solitaria en el campo de lucha, una muerte frente a los ojos de su hermosa esposa… Una dulzura sin límites lo invadió al experimentar la sensación de que iba a morir en aquellas dos dimensiones, conjugando la imposible unión de ambas.

“Este debe ser el pináculo de la buena fortuna”, pensó. El hecho de que aquellos hermosos ojos observaran cada minuto de su muerte, equivaldría a ser llevado al más allá en alas de una brisa fragante y sutil.

Presentía en aquella circunstancia una suerte de merced especial, vedada a los demás, a él solo dispensada. El teniente creyó ver en su radiante esposa, ataviada como una novia, el compendio de todo lo amado por lo cual iba, ahora, a entregar la vida. La Casa Imperial, la Nación, la bandera del Ejército. Todas ellas eran presencias que, como su esposa, lo observaban atentamente con ojos transparentes y firmes. Reiko también contemplaba a su marido que tan pronto habría de morir, pensando que jamás había visto algo tan maravilloso en el mundo.

El uniforme siempre le sentaba bien, pero ahora, mientras se enfrentaba a la muerte con cejas severas y labios firmemente apretados, irradiaba lo que podría llamarse una esplendorosa belleza varonil.

-Es hora de partir -dijo, por fin.

Reiko dobló su cuerpo hasta el suelo en una profunda reverencia. No podía alzar el rostro. No quería arruinar su maquillaje con las lágrimas que le resultaban imposibles de contener.

Cuando finalmente alzó la mirada, vio borrosamente, a través de las lágrimas, que su marido había enroscado una venda blanca alrededor de su espada ahora desenvainada; sólo dejaba en la punta doce o quince centímetros de acero al desnudo.

Apoyando la espada en el tatami que tenía frente a él, el teniente se alzó sobre las rodillas, se sentó nuevamente con las piernas cruzadas y desabrochó el cuello del uniforme. Sus ojos no verían ya a su mujer. Lentamente, se desprendió uno por uno los botones chatos de metal. Observó primero su pecho oscuro y, luego, su estómago. Desató el cinturón y se desabrochó los pantalones. Tomó el taparrabos con ambas manos y lo tiró hacia abajo para dejar más libre al estómago. Luego empuñó la espada con la venda blanca en su filo, mientras que, con la mano izquierda, masajeaba su abdomen. Conservaba la mirada baja.

Para verificar el filo, el teniente abrió la parte izquierda del pantalón, dejando parte del muslo a la vista, y deslizó el filo sobre la piel. La sangre brotó inmediatamente de la herida y varias gotas brillaron a la luz.

Era la primera vez que Reiko veía la sangre de su marido y experimentó violentas palpitaciones en el pecho. Observó el rostro del teniente y vio que estudiaba con calma su propia sangre. Pese a que aquel era un consuelo superficial, Reiko sintió cierto alivio.

Los ojos del hombre se fijaron en ella con una mirada penetrante como la de un halcón. Colocando la espada frente a él, se alzó ligeramente sobre sus músculos e inclinó la parte superior del cuerpo sobre la punta de la espada. La excesiva tensión que presentaba la tela del uniforme, indicaba a las claras que estaba reuniendo todas sus fuerzas. Se proponía asestar un profundo golpe en la parte izquierda del estómago y su grito agudo traspasó el silencio de la habitación.

Pese al esfuerzo, el teniente tuvo la sensación de que era otro quien había golpeado su estómago como con una gruesa barra de hierro. Durante algunos segundos su cabeza giró vertiginosamente y no recordó cuánto había sucedido. Los doce o quince centímetros de punta desnuda habían desaparecido completamente en su carne, y el vendaje blanco, fuertemente sujeto por su puño cerrado, le presionaba directamente el estómago.

Recuperó la conciencia. Pensó que el filo debía haber atravesado las paredes del abdomen. Su respiración era dificultosa, el pecho le palpitaba violentamente y en alguna zona remota, aparentemente desligada de su persona, un dolor terrible e insoportable se alzaba en forma avasalladora como si la tierra se abriera para vomitar un cauce de rocas hirvientes. El dolor se acercó, de pronto, a una velocidad vertiginosa. El teniente se mordió el labio inferior y sofocó un lamento instintivo.

“¿Es esto el seppuku?”, pensó.

Experimentaba una sensación de caos total, como si el cielo se hubiera desplomado sobre él y todo el universo girara como bajo el efecto de una enorme borrachera. Su fuerza de voluntad y coraje, que tan fuertes se manifestaran antes de la incisión, se habían reducido, ahora, a una fibra de acero del grosor de un cabello. Lo asaltó la incómoda sensación de que tendría que avanzar asido a esa fibra con toda su desesperación.

Algo humedecía su puño y, bajando la mirada, vio que, tanto su mano como el paño que envolvía la hoja, estaban empapados en sangre. También su taparrabos estaba teñido de un rojo intenso. Le pareció increíble que en medio de aquella agonía, las cosas visibles pudieran ser todavía vistas y las cosas existentes, existir.

Reiko luchó por no correr al lado de su esposo al observar la mortal palidez que invadía sus rasgos después de clavarse la espada. Sucediera lo que sucediera, su misión era la de observar. Ser testigo. Tal era la obligación contraída con el hombre amado. Frente a ella, a un tatami de distancia, podía ver cómo su marido se mordía los labios para ahogar el dolor.

Reiko no contaba con ningún medio para rescatarlo a él.

La transpiración brillaba en su frente. Shinji cerró los ojos para abrirlos luego, nuevamente, como quien hace un experimento. Su mirada había perdido todo brillo y los suyos parecían los ojos inocentes y vacíos de un animalito.

La agonía que se desarrollaba frente a Reiko la quemaba como un implacable sol de verano, pero era algo totalmente alejado de la pena que parecía estar partiéndola en dos.

El dolor crecía con regularidad. Reiko sentía que su marido se había convertido en un ser de un mundo aparte, en un hombre íntegramente disuelto en el dolor, en un prisionero en una jaula de sufrimiento, y mientras pensaba, comenzó a sentir como si alguien hubiera levantado una cruel muralla de cristal entre ellos.

Desde su matrimonio, la existencia de su marido se había convertido en la suya propia, y cada respiración de Shinji parecía pertenecer a Reiko. En cambio, ahora, mientras que la existencia de su marido en el dolor era una realidad viviente, Reiko no podía encontrar en su pena ninguna prueba concluyente de su propia existencia.

Usando solamente la mano derecha, el teniente comenzó a cortarse el vientre de un lado a otro. Pero a medida que la hoja se enredaba en las entrañas, era rechazada hacia fuera por la blanda resistencia que encontraba allí. El teniente comprendió que sería menester usar ambas manos para mantener la punta profundamente hundida en su cuerpo. Tiró hacia un costado, pero el corte no se produjo con la facilidad que había esperado. Concentró toda la energía de su cuerpo en la mano derecha y tiró nuevamente. El corte se agrandó ocho o diez centímetros.

El dolor se extendió como una campana que sonara en forma salvaje. O como mil campanas tocando al unísono con cada respiración y con cada latido, estremeciendo todo su ser. El teniente no podía contener los gemidos. Pero la hoja ya se había abierto camino hasta debajo del ombligo. Al advertirlo, Shinji sintió un renovado coraje.

El volumen de la sangre no había dejado de aumentar y ahora manaba por la herida como originado por el latir del pulso. La estera estaba empapada de sangre que seguía renovándose con aquella que chorreaba de los pliegues del pantalón kaki del teniente. Una salpicadura, semejante a un pájaro, voló hacia Reiko y manchó la falda de su kimono de seda blanca. Cuando el teniente pudo, por fin, desplazar la espada hacia el costado derecho, ésta ya cortaba superficialmente y era posible contemplar su punta desnuda resbalándose de sangre y grasa. Atacado súbitamente por terribles vómitos, el teniente gritó roncamente. Los vómitos volvieron aun más horrendo el dolor, y el estómago, que hasta aquel momento se había mantenido firme y compacto, explotó de repente, dejando que las entrañas reventaran por la herida abierta. Ignorantes del sufrimiento de su dueño, las entrañas de Shinji causaban una impresión de salud y desagradable vitalidad que las hacía escurrirse blandamente y desparramándose sobre la estera. La cabeza del hombre se abatió, sus hombros se estremecieron y un fino hilo de saliva goteó de su boca. Las insignias doradas brillaban a la luz.

Todo estaba lleno de sangre. El teniente estaba empapado de ella hasta las rodillas, y ahora se sentaba en una posición encogida y desamparada con una mano en el piso. Un olor acre inundaba la habitación. La cabeza del hombre colgaba en el vacío y su cuerpo se sacudía en interminables arcadas. La hoja de la espada, expulsada de sus entrañas, estaba totalmente expuesta y aun sostenida por la mano derecha del teniente.

Sería difícil imaginar una visión más heroica que la del teniente reuniendo sus fuerzas y echando la cabeza hacia atrás. La violencia del movimiento hizo que la cabeza del teniente chocara contra uno de los pilares de la alcoba.

Hasta aquel momento, Reiko había permanecido sentada con la mirada baja, como encandilada por el flujo de la sangre que avanzaba hacia sus rodillas, pero el golpe la sorprendió y tuvo que alzar la vista.

El rostro del teniente no era el del hombre con vida. Los ojos estaban vacíos, la piel lívida, las mejillas y los labios tenían el color de la tierra seca. Sólo la mano derecha se movía aun sosteniendo laboriosamente la espada. Se agitó convulsamente en el aire, como la mano de un títere, y luchó por dirigir la punta de la espada hasta la base del cuello.

Reiko contempló cómo su marido intentaba este último, conmovedor y fútil esfuerzo. Brillando de sangre y grasa, la punta se descargaba una y otra vez sobre la garganta. Siempre fallaba. No le quedaban fuerzas para guiarla y sólo chocaba contra las insignias del cuello del uniforme que se había cerrado nuevamente y protegía la garganta.

Reiko no soportó aquella visión por más tiempo. Intentó ir en ayuda de Shinji, pero le resultaba imposible ponerse en pie. Se arrastró de rodillas y su falda se tiñó de un rojo intenso. Se colocó detrás de su marido y lo ayudó abriendo solamente el cuello del uniforme. La hoja vacilante tomó finalmente contacto con la piel desnuda de la garganta. Reiko tuvo la sensación de haber empujado a su marido hacia adelante.

No fue así. El teniente había dado una última demostración de fortaleza. Echó su cuerpo violentamente contra la hoja y el filo perforó su cuello, apareciendo luego por la nuca. El teniente permaneció inmóvil mientras un tremendo chorro de sangre lo inundaba todo.

V

Reiko descendió lentamente la escalera. Sus medias estaban resbalosas de sangre. En la habitación superior reinaba ahora la más absoluta calma.

Encendió las luces de la planta baja, verificó los quemadores y la llave principal del gas. Echó agua sobre el carbón humeante y semiapagado del brasero. Se detuvo frente al espejo de la habitación de cuatro tatami, y medio alzó su falda. Las manchas de sangre parecían un alegre dibujo estampado en la parte inferior de su kimono blanco. Al instalarse frente al espejo, sintió la fría humedad de la sangre de su marido en los muslos y tuvo un estremecimiento. Se entretuvo largamente en el baño. Aplicó una generosa capa de rouge sobre sus mejillas y también abundante pintura en los labios. Este maquillaje ya no estaba destinado a agradar a su marido. Se maquillaba para el mundo que estaba a punto de abandonar. Había algo espectacular y magnífico en los toques de su pincel. Al levantarse, advirtió que la sangre había mojado la estera dispuesta frente al espejo. Reiko no lo tuvo ya en cuenta.

La joven se detuvo al pisar el corredor de cemento que llevaba a la galería. Su marido había cerrado el pestillo de la puerta la noche anterior en un acto de preparación a la muerte, y durante un instante se sumió en la consideración de un simple problema, ¿dejaría el cerrojo echado? De hacerlo así, podrían transcurrir varios días antes de que los vecinos advirtieran el suicidio. A Reiko no le agradó la idea de dos cadáveres descomponiéndose antes de ser descubiertos. Después de todo, sería mejor dejar la puerta abierta…

Abrió el cerrojo y dejó la puerta de vidrios escarchados ligeramente entreabierta. El viento helado se coló de inmediato en la habitación. Nadie pasaba por la calle, era medianoche y las estrellas resplandecían tan frías como el hielo.

Reiko dejó la puerta entornada y subió las escaleras. Durante varios minutos caminó de un lado a otro. La sangre ya se había secado en sus medias .De pronto, un olor peculiar llegó hasta ella.

El teniente yacía, boca abajo, en un mar de sangre. La punta de la espada, que sobresalía de su nuca, parecía haberse hecho más prominente aun. Reiko anduvo negligentemente entre la sangre y se sentó al lado del cadáver de su marido. Lo observó atentamente. Tenía la mejilla apoyada en la alfombra, los ojos estaban muy abiertos, como si algo hubiera despertado su atención. Ella alzó la cabeza, la apoyó sobre su manga y, limpiándose la sangre de los labios, lo besó por ultima vez.

Luego tomó del armario una bata blanca y un cordón. Para evitar que su falda se desordenara, envolvió la manta alrededor de su cintura y la sujetó firmemente con el cordón.

Reiko se sentó muy cerca de Shinji. Extrajo la daga de su faja, examinó el brillo opaco de la hoja y la acercó a su lengua. El gusto del acero bruñido era ligeramente dulce.

Reiko no perdió tiempo. Pensó que el dolor que la había separado de su marido moribundo iba a formar ahora parte de su propia experiencia. Sólo vislumbró ante sí el gozo de penetrar en un reino que el amado Shinji ya había hecho suyo.

Había percibido algo inexplicable en la fisonomía agonizante de su marido. Algo nuevo. Le sería dado, pues, resolver el enigma.

Reiko sintió que, por fin, también podría participar de la verdadera y amarga dulzura del gran principio moral en que había creído el teniente.

Empujó entonces la punta de la daga contra la base de su garganta. La empujó fuertemente. La herida resultó poco profunda. Le ardía la cabeza y sus manos temblaban de forma incontrolable. Forzó la hoja hacia un costado y una sustancia caliente le anudó la boca. Todo se tiñó de rojo frente a sus ojos como el fluir de un río de sangre. Reunió todas sus fuerzas y hundió aun más profundamente la daga en su garganta.

FIN

Cine griego: “Chevalier”

Inmersa en la nueva ola de cine griego, esta película parte con la premisa de un simple juego para construir una intrigante realidad propia sobre las relaciones de poder y la visón que los demás tienen de otro individuo. Divertida y ambigua, esta nueva cinta de la cineasta Tsangari se mueve entre la parábola y la metáfora para construir un laboratorio que disecciona el comportamiento humano. Seguir leyendo Cine griego: “Chevalier”

La trama de Mariana Aylwin, Cuba y la crisis de la Nueva Mayoría

por Andrés Figueroa Cornejo

1. La política siempre es relaciones de fuerza, de clase, de poder. Tanto entre opresores y oprimidos, como entre las distintas facciones entre los propios opresores y los propios oprimidos. Seguir leyendo La trama de Mariana Aylwin, Cuba y la crisis de la Nueva Mayoría

Un cuento de Mario Bellatin:»Bola negra»

El entomólogo Endo Hiroshi decidió cierta mañana dejar de comer todo aquello que pudiera parecerle saludable al resto de las personas. Tomó la decisión luego de la noche de insomnio -provocado quizá por el recuerdo de la vieja cocinera de la casa en su tránsito por la Caravana de los Seres Desdentados (1)- que siguió al banquete de bodas de sus padres. Durante aquella noche sintió, entre dormido y despierto, la desaparición de sus brazos y piernas por la voracidad incontrolada de su propio estómago. Fue tal la agresividad que mostró en sueños aquel órgano, que Endo Hiroshi, con las primeras luces del alba, ya se sentía miembro del bando de los que comen sólo para estropear sus estómagos, de tal modo que se transformen con el tiempo en órganos casi inservibles. Seguir leyendo Un cuento de Mario Bellatin:»Bola negra»

¿Qué consiguió la Revolución Rusa y por qué degeneró?

por Alan Woods //

«Independientemente de lo que se piense del bolchevismo, es innegable que la Revolución Rusa es uno de los mayores acontecimientos de la historia humana, y el gobierno de los bolcheviques un fenómeno de importancia mundial«. John Reed, 1 de enero de 1919. (J. Reed, Diez días que estremecieron al mundo).

El colapso de la URSS fue presentado por los defensores del capitalismo como el equivalente a la victoria final de la «economía de libre mercado» sobre el «comunismo”. Hace 25 años esto produjo una ola de euforia entre la burguesía y sus apologistas. Se habló del fin del socialismo, del fin del comunismo e, incluso, del fin de la historia y, desde entonces, hemos presenciado una ofensiva ideológica sin precedentes contra las ideas del marxismo a escala mundial. Esta exuberancia irracional no tuvo límites. Seguir leyendo ¿Qué consiguió la Revolución Rusa y por qué degeneró?

Una marcha, Saramago y dos intendentes

 por Carlos Güida //

Hace poco más de 10 años, los hombres marcharon por primera vez contra la violencia de género en la ciudad de Montevideo, convocados por el intendente de la capital uruguaya.

La particularidad de esta marcha, tuvo las características propias de lo glocal, es decir de un pensar global y de un actuar local. Merece unos párrafos, el origen de esta idea que se concretó en más de quinientos hombres marchando en contra de sus privilegios de género y a favor de la equidad. Seguir leyendo Una marcha, Saramago y dos intendentes

Lo que los medios no dicen sobre las causas del Brexit

Vicenç Navarro


 

No hay pleno conocimiento y conciencia en las estructuras de poder político y mediático (que en terminología anglosajona se llama el establishment político-mediático) que gobiernan las instituciones de la Unión Europea, así como las que gobiernan en la mayoría de países que constituyen tal Unión, de lo que ha estado ocurriendo en la UE y las consecuencias que las políticas propuestas e impuestas por tales establishments han estado teniendo en las clases populares de los países miembros. Durante estos años, después del establecimiento de la Unión, se ha ido germinando un descontento entre estas clases populares (es decir, entre las clases trabajadoras y las clases medias de renta media y baja) que aparece constantemente y que amenaza la viabilidad de la UE. Seguir leyendo Lo que los medios no dicen sobre las causas del Brexit

La lucha de clases en Valparaíso

por Ibán de Rementería //

La riqueza es la diferencia entre el valor todos los bienes y servicios producidos por una sociedad en un determinado período –en un país en un año- y los consumidos en su producción incluido allí los recursos naturales. La riqueza de Valparaíso proviene principalmente de la producción de servicios de transporte marítimo portuario, transporte terrestre y otros servicios asociados, todo lo cual solo es posible por la localización geoestratégica de la ciudad puerto en el sistema de transporte de carga nacional e internacional. Valparaíso es un don de su localización. Si bien la retribución a la producción de los servicios de transporte se hace mediante las utilidades, la localización geoestratégica le agrega a esas utilidades la renta geoestratégica. De la misma manera que la agricultura solo es posible si se cuenta con la tierra, el agua y el clima que la hacen posible, la actividad marítimo portuaria solo es posible si se cuenta con una localización geoestratégica, la primera se retribuye con la renta de la tierra y la segunda con la renta portuaria o geoestratégica, de la igual manera que un metro cuadrado comercial en la Plaza Aníbal Pinto renta mucho más que otro en la Avenida Alemania, o que en Puertas Negras. Seguir leyendo La lucha de clases en Valparaíso

Trabajadores Minera Escondida en pie de guerra: ¡vencer o morir!

por Gustavo Burgos //

La huelga de los trabajadores el sindicato de Minera Escondida ha sacudido el mercado del cobre a nivel mundial, subiendo el precio de cotización del metal rojo a precios del 2015.

La Escondida produce más de un millón de toneladas métricas del metal al año, 679.000 toneladas de concentrado y 312.000 toneladas de cátodos de cobre, y responde por el 5% de la producción mundial. Así que la huelga de una diez días de duración de 2.500 trabajadores ya ha costado unas 30.000 toneladas, suficiente para cablear un millón y medio de automóviles. Esta caída en la producción colisiona con las necesidades chinas y el programa de obras públicas de Trump. Seguir leyendo Trabajadores Minera Escondida en pie de guerra: ¡vencer o morir!

Hugo Pratt: la aventura de la revolución, la revolución de la aventura

Una de las obras más personales de los comics contemporáneos, y provista de un sustancial sustrato ideológico, es la de Hugo Pratt, autor italiano nacido en 1927 , cuya labor en Argentina durante los años 50 contribuyó a desligar los comics sudamericanos de los dominantes modelos yanquis, y cuya creatividad básica se desarrolló, de nuevo en Italia, a partir de 1967 con la fabulación de Corto Maltese, personaje y serie aún en evolución que constituyen la parte decisiva de la producción global de Pratt. Corto Maltese, a imagen de su autor en considerables aspectos, es un desarraigado trotamundos, apátrida por excelencia, cuyas aventuras, desde los prolegómenos de la primera guerra mundial hasta la contienda civil española (donde desaparecerá) se afincan en transcendentales acontecimientos de la Historia del siglo, integrando especialmente diversos despertares de la conciencia revolucionaria en el Tercer Mundo. Precisamente, la reciente estancia de Hugo Pratt en Barcelona y Madrid, que posibilitó la siguiente entrevista, ha tenido por motivo la edición en castellano, después de La balada del mar salado, de la otra gran narración larga protagonizada por el citado aventurero, Corto Maltese en Siberia, donde se asiste a los últimos estertores de la Rusia blanca y a los primeros balbuceos de la revolución china. Seguir leyendo Hugo Pratt: la aventura de la revolución, la revolución de la aventura

Ocho millonarios concentran tanta riqueza como la mitad de la población mundial

por Nick Beams

Ocho millonarios, seis de ellos en Estados Unidos, tienen tanta riqueza en conjunto como la mitad más pobre de la población mundial, alrededor de 3.600 millones de personas, según el último informe sobre la desigualdad global de la organización británica Oxfam. Seguir leyendo Ocho millonarios concentran tanta riqueza como la mitad de la población mundial

¿Qué hay detrás de la “conferencia antifascista” de Podemos en España?

por Alejandro López

 
En medio de las protestas internacionales contra las políticas migratorias del “América primero” de la nueva administración de Trump, y las llamadas de defender Estados Unidos contra “los estragos de otros países», el partido seudoizquierdista español Podemos está pidiendo una conferencia internacional antifascista .
Detrás de ésta apelación está el intento de bloquear la aparición de un movimiento independiente de la clase obrera y la juventud, y canalizar el sentimiento anti-Trump detrás de las facciones defensoras de la Unión Europea (UE) de la burguesía española. Seguir leyendo ¿Qué hay detrás de la “conferencia antifascista” de Podemos en España?

La crisis de la salud, los médicos extranjeros y el examen EUNACOM

Entrevistamos a Carlos Güida, Doctor de Medicina, natural de Uruguay, experto en Salud Pública, asesor parlamentario y de organizaciones vinculadas a la Salud en Chile, América Latina y organismos internacionales, a quien interrogamos sobre la crisis que se cierne sobre la salud pública en nuestro país, como consecuencia de la masiva inhabilitación de médicos extranjeros en el sector público chileno, consecuencia del llamado examen Examen Único Nacional de Conocimientos de Medicina (EUNACOM) que aplica la Asociación de facultades de Medicina de Chile (ASOFAMECH) Seguir leyendo La crisis de la salud, los médicos extranjeros y el examen EUNACOM

República de partidos o democracia de ciudadanos: el problema de la mesa del PS y de Camilo Escalona

por Ibán de Rementería

El problema de la actual conducción del Partido  Socialista, la Mesa,  Camilo Escalona y otros miembros de su elite, es que ellos creen en la república pero no cree en la democracia. La república siempre es una república de partidos, en cambio la democracia siempre es  una democracia de ciudadanos y ciudadanas. En la historia política universal solo la monarquía no permite partidos, es más en la tradición romana la República fue suprimida para instaurar el  Imperio y así terminar con los partidos para que la nación unida fuese a la conquista del mundo.  No se habla aquí de las modernas monarquías parlamentarias, que es de ciudadanos  y partidos. El problema de la Mesa del Partido Socialista y en particular de su vicepresidente Camilo Escalona es que creen, como todos los partidos políticos en la República, pero no creen y desprecian, más aún le temen a la democracia, porque todas las élites le temen a la democracias. Veamos. Seguir leyendo República de partidos o democracia de ciudadanos: el problema de la mesa del PS y de Camilo Escalona

El ojo izquierdo (II)

Por Patricio Quiroga

Izquierda Socialista

I

Evidentemente, el tema coyuntural sigue siendo el de las recientes elecciones municipales y la reacción en cadena que ha suscitado.

El inédito 66% de abstención marcó la pauta, constituyéndose en el hecho central del análisis. En ese contexto el comportamiento electoral ha desatado una diversidad de opiniones que, tanto desde el análisis cualitativo como desde el cuantitativo, muestran decepción y alarma. Por eso, es necesaria la ponderación. Según el analista P. Altamirano, no obstante la pérdida de votación hay luces en el camino. Aunque, no puede perderse de vista que los votos válidos en la presidencial del año 2012 (5.542.069) bajaron en 2016 (4.753.747). Esto quiere decir que en cuatro años se perdió un 27% (788.322 votos). Ahora bien, pese a la fuga de votación se produjo un crecimiento de las posturas de izquierda, un decrecimiento de la derecha y de la centro-izquierda, y un decrecimiento extraordinario del centro. Seguir leyendo El ojo izquierdo (II)

Un paso al frente: un llamado a la Lucha Revolucionaria

por Gustavo Burgos

 

Recientemente editado, “Un paso al frente” de Mauricio Hernández Norambuena, es un texto político imprescindible y de gran valor para el debate de la izquierda revolucionaria. Es, además, un manifiesto contundente de ética revolucionaria, en palabras de su autor: “Para mí ser rodriguista y haber participado en el Frente, ha significado lo que ahora soy. Yo me considero un sobreviviente que no puede olvidar a todos los hermanos y las hermanas que lucharon, que cayeron, toda esa fraternidad que me une con los que murieron, y con los que están vivos, los que sobrevivieron y que son personas íntegras, que siempre se la jugaron. Nunca me voy a dar vuelta la camiseta. No voy a traicionar eso, ni toda la memoria del Frente”. Seguir leyendo Un paso al frente: un llamado a la Lucha Revolucionaria

Propuesta para un nuevo Sistema de Pensiones

 Por NO+AFP

Un Nuevo sistema de pensiones para Chile

Lo primero es señalar una constatación: la actual capitalización individual es contraria La Seguridad Social y, bajo su concepción individualista sustentada solo en el aho­rro personal no será posible mejorar las pensiones de nuestros actuales compatriotas.

Por ello, restituir la Seguridad y Previsión Social como derecho de los trabajadores con prestaciones previsionales definidas y suficientes es un imperativo ético. Seguir leyendo Propuesta para un nuevo Sistema de Pensiones

La diatriba fascista de Trump: en camino a la 3a Guerra Mundial

por Patrick Martin

El discurso pronunciado por Donald Trump el día de su inauguración presidencial no tiene parangón en la historia de los Estados Unidos. Fue una diatriba violenta y nacionalista, de matices inequívocamente fascistas. Trump proclamó que su programa es “América Primero,” amenazando con graves consecuencias a los que no se sometan a sus exigencias económicas y políticas.
El discurso fue todo menos “inaugural”, en el sentido de resumir las ideas generales en que se enfocará el nuevo gobierno y tratar de darles cierta importancia universal, sin importar cuán falso, torpe o hipócrita sea el intento. Seguir leyendo La diatriba fascista de Trump: en camino a la 3a Guerra Mundial

Incendio y crisis agraria

En un sociedad capitalista, los antagonismos de clase determinan la naturaleza y extensión de sus crisis. Aún hechos que se nos presentan como catástrofes naturales, como las tormentas de nieve y oleadas de hielo en Europa, los terremotos, inundaciones y –por supuesto- los incendios, son todos hechos que actúan sobre el tejido social mediando sus contradicciones de clase. Al decir del escritor Jaume Perich: “cuando el bosque se quema, algo suyo se quema, señor Conde”. Seguir leyendo Incendio y crisis agraria

La consulta ciudadana y la derrota del neoliberalismo en el Partido Socialista

por Ibán de Rementería

La resolución del Comité Central del Partido Socialista el pasado sábado 21, que resuelve convocar a una consulta ciudadana para que los militantes, simpatizantes, amigos y simples ciudadanos puedan escoger el próximo 23 de abril el precandidato presidencial del Partido Socialista a competir en las primarias presidencial de la Nueva Mayoría el 2 de junio próximo, ha recibido variadas interpretaciones. Esta resolución fue aprobada por una contundente mayoría de 59 votos a favor, 24 abstenciones y ninguno en contra –para esconder la mano. Si bien esta resolución se muestra como un intento de la Dirección encabezada por Isabel Allende de impedir el quiebre del Partido, también se interpreta como una derrota de los partidarios de Ricardo Lagos dentro de él, o como un triunfo de la legalidad partidaria ya que así se daba cumplimiento a los acuerdos del XXX Congreso del Partido mes de abril pasado, al dictamen en días recientes del Tribunal Supremo y a la recomendación de la Mesa en igual sentido. Pero en términos políticos este ha sido un triunfo de las bases del Partido, de la Izquierda Socialista dentro de él, también de la izquierda y el movimiento social del país, pero sobre todo es una derrota del neo liberalismo y de quienes lo representan dentro y fuera del Partido Socialista. Seguir leyendo La consulta ciudadana y la derrota del neoliberalismo en el Partido Socialista

La marcha más grande de la historia

por Gustavo Burgos //

Este 26 de marzo el Coordinador Nacional de Trabajadores NO+AFP, integrado a nivel nacional por la CONFUSAM, FENPRUSS, Unión Portuaria, Federación Walmart, Confederación Bancaria y el Colegio de Profesores, ha convocado para la que se espera sea la más grande movilización contra el sistema previsional. En palabras de su vocero, Luis Mesina, se trata de una convocatoria decisiva, en un año en el que este movimiento se ha impuesto acabar con las AFP, llevando a las calles a tres millones de trabajadores. Seguir leyendo La marcha más grande de la historia

Carta abierta de Atria a Isabel Allende

CARTA ABIERTA A LA SENADORA ISABEL ALLENDE PRESIDENTA DEL PARTIDOS SOCIALISTA DE CHILE

Estimada compañera:

Me permito escribirle esta carta a pocos días de la reunión del Pleno del Comité Central a realizarse el próximo 21 de enero. Esta reunión tiene el cometido de completar la decisión que comenzó a tomarse en su reunión previa, celebrada el 26 de noviembre Seguir leyendo Carta abierta de Atria a Isabel Allende

Matanza en la Mina de El Salvador, la primera de las tres masacres con que Frei Montalva comenzó a escribir la historia de la Democracia Cristiana

La Democracia Cristiana es una organización de la burguesía, en cuya formación y financiamiento participó directamente la CIA norteamericana. Este partido, desde sus orígenes, ha tenido una clara estrategia contrarrevolucionaria sustentada en la concepción socialcristiana que busca penetrar en las organizaciones de masas, disputando el espacio político al comunismo. Seguir leyendo Matanza en la Mina de El Salvador, la primera de las tres masacres con que Frei Montalva comenzó a escribir la historia de la Democracia Cristiana

2016: La Muerte del Centro Político y el Colapso del Reformismo

 

por Alan Woods

El año 2016 terminó con dos nuevos sucesos dramáticos y sangrientos: el asesinato del embajador ruso en Estambul y el brutal asesinato de personas en Berlín que estaban disfrutando tranquilamente de los preparativos para la Navidad. Estos acontecimientos estaban vinculados a la ciénaga sangrienta de Oriente Medio y más específicamente a Siria. Seguir leyendo 2016: La Muerte del Centro Político y el Colapso del Reformismo

En defensa del plagio

por Juan García Brun

 

La autoría es uno de los fetiches que con mayor intensidad caracteriza al arte bajo el capitalismo. La idea de la obra como propiedad “intelectual”, en el sentido burgués, mercantil, es algo que sólo aparece en el Renacimiento y es expresivo del aburguesamiento de la sociedad europea, acompañando el lento acceso al poder de los propietarios de los medios de producción. Jurídicamente la propiedad comienza a ejercerse sobre derechos, en este caso los de autoría. Seguir leyendo En defensa del plagio

Desarrollo cientifico tecnológico y explotación del trabajo

por Ibán de Rementería

Al realizase en estos días el Congreso Futuro, auspiciado por el Parlamento, el Gobierno, las más importantes universidades, destacadas empresas privadas y los medios de comunicación más prestigiados, evento que se vienen ocupando de los impactos positivos y negativos de la ciencia y la tecnología en la sociedad actual desde el año 2011; sin embargo, se destaca que sus análisis han sido esquivos para tratar el tema del empleo de la ciencia y la tecnología en la producción, así como de sus impactos en la jornada laboral de los trabajadores y sus remuneraciones, es decir, el tema de la productividad del trabajo y su participación en la riqueza nacional. Seguir leyendo Desarrollo cientifico tecnológico y explotación del trabajo

Enrique Espinoza y la Revista Babel. Del sincretismo ideológico al trotskismo intelectual. Recepción de la ideología trotskista en Chile (1936-1945)

por Sebastián Hernández //

Aquí se confunde el tropel -de los que a lo infinito tienden- y se edifica Babel -en donde todos se comprenden.

Revista Babel, mayo 1939.

La presente investigación se centra en la figura de Enrique Espinoza, su entorno intelectual como lo es la revista Babel y –en menor medida- su precedente, la revista SECH. Aquí observaremos cómo este escritor a través de sus diferentes trabajos logró encasillarse como un intelectual de renombre en el país y en el continente, generando una atmósfera intelectual como pocas, las cuales trajeron consigo respuestas ideológicas e intelectuales, como muy escasas veces se ha dado en nuestro territorio. Seguir leyendo Enrique Espinoza y la Revista Babel. Del sincretismo ideológico al trotskismo intelectual. Recepción de la ideología trotskista en Chile (1936-1945)

Libertad para Jorge Díaz y Álvaro León, luchadores de Puertas Negras

 

A las 10:30 de hoy un grupo de pobladores de la quebrada adyacente a Puertas Negras, Playa Ancha, Valparaíso, cortaron la ruta de acceso al puerto. Llevan 10 días desde el incendio y las autoridades les han comunicado que ellos no recibirán apoyo del Gobierno, porque la suya es zona de emergencia y no de catástrofe. Han perdido sus viviendas, están viviendo en carpas en lo que fueron sus sitios y las autoridades les tratan con indolencia. El Gobierno central niega el problema y el Alcalde Sharp señala tener las manos atadas frente al problema.

Lo concreto es que en la refriega con la policía los compañeros Jorge Díaz y Álvaro León fueron apresados por Carabineros y actualmente se encentran detenidos, esperando pasar a control de detención en el Juzgado de Garantía de Valparaíso. Jorge es imputado por maltrato de obra a Carabineros y Álvaro por homicidio frustrado, el Ministerio Público de seguro va a instar por la prisión preventiva como una forma de criminalizar la protesta.

Es importante estar mañana en el Juzgado de Garantía e ir a la audiencia a hacer efectivo el apoyo a la lucha de los pobladores exigiendo inmeadiata libertad y solución a sus demandas. Esperamos que el Alcalde Sharp, en ejercicio de su mandato ciudadano tome partido por los pobladores e inste por su defensa. Esto no es un problema criminal, es la miseria de los cerros que reclama solución.

EP

Hannah Arendt y el castigo penal como expresión de poder político de clase

por Gustavo Burgos  //

Roberto Arlt cuenta en sus memorias que su padre le anunciaba que el día de mañana a primera hora, lo iba a castigar. Recuerda este hecho porque sentía que el castigo anunciado es la peor tortura, que dormirse esperando la mañana del castigo es, en sí mismo, una pena superlativa. Seguir leyendo Hannah Arendt y el castigo penal como expresión de poder político de clase

¿Quiénes son los Luchsinger?

Un trabajo del historiador Martín Correa señala que Adán Luchsinger Martí y sus hijos no sólo compraron terrenos que habían sido arrebatados a los mapuches en Vilcún. También acusa que corrieron deslindes y cobraron en suelos las deudas que los comuneros adquirían en la pulpería de los patrones. Los fundos de la familia Luchsinger en Vilcún, cinco en total, se remontan a 1906, cuando el colono suizo Adán Luchsinger Martí compró 60 humildes hectáreas a un inmigrante alemán. Más de cien años después, las tierras del clan en esa zona suman 1.200 hectáreas, las que son reclamadas por las comunidades mapuches vecinas. Seguir leyendo ¿Quiénes son los Luchsinger?

Editorial: Las Lecciones del 2016

El año que termina resultó siendo decisivo. La crisis de los partidos patronales, especialmente aquellos agrupados en la Nueva Mayoría, terminaron por quebrar su capacidad electoral y se abrió una grieta en el régimen por donde comienza a expresarse el descontento de las masas. Son las masas y no los actos electorales, los verdaderos protagonistas de este año. Seguir leyendo Editorial: Las Lecciones del 2016

La Clase Media y la Revolución Socialista

por Gustavo Burgos

 

El jueves pasado, en su temperado estilo oficialista, The Clinic, el portavoz de la pequeña burguesía educada, visualiza la perspectiva del fascismo. “Furia y fascismo”, anticipa la editorial, son los elementos que erosionan el diálogo político republicano y preparan el terreno para liderazgos antidemocráticos. Con su impotencia proverbial nos propone la necesidad de que “todos juntos” podamos superar este momento. Seguir leyendo La Clase Media y la Revolución Socialista

Los cuatro tercios de la Izquierda en Chile

por Ibán de Rementería

El primer tercio de la izquierda es el conjunto de partidos y movimientos que intentan formar el Frente Amplio, conformado por Revolución Democrática, Partido Humanista, Izquierda Autónoma, Movimiento Autonomista, Izquierda Libertaria, Nueva Democracia, Convergencia de Izquierdas, PoderIgualdadEcologista VerdePaís y el Partido Liberal, cuya principal caracterización es definirse como autónoma de la Nueva Mayoría, tercio al  que por ahora prefiero llamar la otra izquierda; el segundo tercio de la izquierda es el Partido Comunista que hace maromas para estar en el Gobierno y la calle al mismo tiempo, el tercer tercio es la Izquierda Socialista tendencia del Partido Socialista que con la candidatura presidencial de Fernando Atria y su programa anti neoliberal trata que el Partido Socialista vuelva a ser socialista; finalmente, el cuarto tercio, la centro izquierda,  son los sectores liberal demócratas, que se visten de social demócratas  para defender el progresismo neoliberal y constituyen la mayoría de las direcciones de los partidos de la Nueva Mayoría y detentan los principales cargos de la administración del Estado: ministros, subsecretarios, jefes de servicios, intendentes, diputados y senadores, consejeros regionales, alcaldes y concejales. Normalmente después de cumplir con sus servicios públicos esos funcionarios  se van a los consejos de administración de las empresas privadas, es más muchos van y vienen. Seguir leyendo Los cuatro tercios de la Izquierda en Chile

21 de diciembre de 1907. La Masacre de Santa María

por Humberto Valenzuela

«En 1907, los obreros pampinos de la Provincia de Tarapacá solicitaron de los salitreros que sus salarios fueran pagados en oro, ya que éste se hacía en papel moneda y fichas, en circunstancias que el salitre se cotizaba en oro esterlino y el pago de los artículos de primera necesidad se hacía al cambio de nuestra moneda. Pidieron también que se estableciera el libre comercio en las oficinas, ya que existía el monopolio por parte de los salitreros, quienes eran a la vez dueños de las Pulperías, únicos centros de abastecimiento existentes. Solicitaron además, que se establecieran balanzas en las pulperías, pues las ventas eran «al reverendo lote», y la abolición de las fichas, con las cuales se pagaba el trabajo de los obreros. Además, este sistema tenía el inconveniente de que las fichas de una determinada firma salitrera no tenían ningún valor en las oficinas de otras firmas y cuando los obreros debían ir a un pueblo cualquiera, o bajar al puerto, estas fichas no poseían ningún valor; entonces, los obreros tenían que verse en la necesidad de cambiar éstas fichas por dinero, en los mismas oficinas, con un cincuenta por ciento de descuento sobre su monto total, robándoles así la mitad de sus dineros. Los pampinos pedían también que cuando no se pagare una carretada de caliche por estimarla de baja Ley, ésta no fuera utilizada en la elaboración de salitre, como se estaba haciendo por parte de los administradores. Pedían además, que no se despidiera a los obreros que participaran en la huelga, o que se les indemnizara como corresponde, y que todos los acuerdos a los que se llegara fueran reducidos a Escritura Pública, firmada por los delegados obreros y los patrones. ¡¡ Y pensar que por pedir y defender todo esto, los mataron!! Seguir leyendo 21 de diciembre de 1907. La Masacre de Santa María

El obsceno regalo de ASEXMA

por Zenón Pereyra //

La palabra obsceno proviene del latín Obscenus, cuyo significado más antiguo era siniestro, funesto, de mal augurio, algo terrible y que, por tanto, no es grato de ver, se relaciona con la visión de sucias impurezas en los sacrificios y ritos augurales. Con el tiempo este adjetivo llegó a significar algo vergonzoso, inmoral o sucio, que no debe ser contemplado. Seguir leyendo El obsceno regalo de ASEXMA

Significado de la muerte del rock


por Gustavo Burgos //

“Soy una imagen de piedra. Sícilo me puso aquí,
donde soy por siempre, el símbolo de la evocación eterna”.

Epitafio de Sícilo para Euterpe, año 100 de nuestra era.

La reciente muerte, durante este año, de David Bowie, Prince, hoy de Greg Lake, y pronto no se sabe de quién, ha puesto en los medios de comunicación la cuestión de la muerte del rock, particularmente de la generación dorada de los 60/70, período en que esta forma de música popular adquirió sus más elevadas expresiones. Por una cuestión puramente biológica esta década y la próxima, será aquella en la que morirán Paul Maccartney, Mick Jagger, Pete Townshend, David Gilmour, Bob Dylan y Jimmy Page, por mencionar algunos. Es un hecho que esta generación morirá y que no hay recambio. No se trata solamente de la transformación de la industria discográfica, del desplazamiento de esta industria a la de los recitales en vivo, se trata en realidad de que el rock y su estética de rebelión popular se ha agotado como fenómeno de masas. La imagen de los Beatles aullando Don`t let me down en la azotea, deviene en evanescente. Seguir leyendo Significado de la muerte del rock

La propuesta programática presidencial de Fernando Atria

El pasado 26 de noviembre ante el Comité Central del  Partido Socialista el abogado y profesor universitario Fernando Atria, precandidato presidencial por dicho partido en representación de la Izquierda Socialista, hizo presentación de su propuesta programática. Las ideas centrales planteadas fuero: destacar que nos encontramos en una encrucijada nacional entre profundizar o revocar las reformas propuestas por el actual gobierno de la Nueva Mayoría,  marcando el carácter anti neoliberal que estas deben tener, para lo cual se propone  la redistribución del poder político mediante una Asamblea Constituyente, también es necesario  pasar de la igualdad política a la equidad económica y social de todas y todos los chilenos, además, para esto se debe  terminar con el modelo  de desarrollo nacional extractivista y rentista e instaurar la industrialización del país.  A continuación se entrega una edición de textos seleccionados de esa exposición a la cual solo se le han antepuesto  algunos sub títulos de referencia. Seguir leyendo La propuesta programática presidencial de Fernando Atria

Inmigrantes, las otras víctimas del negocio de las ISAPRES y AFPs

Por Marco González Pizarro

En las últimas semanas se ha politizado el debate sobre la inmigración en Chile, y sus efectos en la “seguridad social” del país. Señalan las voces políticas ultramontanas de la derecha y la Nueva Mayoría, en línea con el muro de Trump y del apartheid en Palestina, que este fenómeno requiere “regulación”, desde que importa “abusos” de los trabajadores inmigrantes, especialmente de los beneficios de prestaciones de salud. Nada más alejado de la realidad, y propio de una demagogia huera, que busca el enemigo interno, para generar distinciones de clase en el país, atacando ahora a los trabajadores inmigrantes. Seguir leyendo Inmigrantes, las otras víctimas del negocio de las ISAPRES y AFPs

Huelga de Homecenter derrotada: a formar nueva dirección

por Osvaldo Costa //

En la madrugada del lunes 5 de diciembre se llevó a cabo la última negociación entre los representantes de los trabajadores del Sindicato Nacional de Homecenter Sodimac y los representantes del grupo Solari, los dueños de la empresa, uno de los grupos más ricos de Chile, que ostentó ganancias de más de 89 mil millones el 2015. Seguir leyendo Huelga de Homecenter derrotada: a formar nueva dirección

El misterio de la Asamblea Constituyente

por Gustavo Burgos//

El misterio como tal, es un instrumento de civilización. Etimológicamente, aunque no está del todo despejado, proviene del griego y está ligado al acto de cerrar de ojos y murmurar. El reconocimiento de lo misterioso parece entonces, desde la antigua Grecia, al “decir” sobre algo que no puede conocerse o –lo que es lo mismo- se encuentra reservado para los iniciados, otro de los conceptos ligados a la etimología del misterio. Seguir leyendo El misterio de la Asamblea Constituyente

Las tareas pendientes de los Trabajadores Públicos

por Dionisio Escobar //

Los trabajadores fiscales son el sector más organizado de la clase trabajadora chilena, más del 80% se encuentra afiliado a sus gremios, en comparación al exiguo 10% que lo está en el sector privado. Además los trabajadores públicos negocian todos juntos a lo largo del país, constituyéndose en la única negociación ramal en Chile, la cual, paradojalmente es ilegal. Mientras en el sector privado cada sindicato negocia en forma individual –por empresa- aunque formen parte de un mismo holding, incluso en una sola empresa pueden coexistir varios sindicatos, los que negocian por separado, para beneficio, por supuesto, de los empresarios. Pese a lo anterior el gobierno de Bachelet, el más débil e impopular de los últimos 26 años, cruzado por múltiples escándalos de corrupción, logro derrotar a los trabajadores públicos. La pregunta que surge es ¿Cómo pudo suceder esto en un contexto de ascenso de las luchas sociales y con el conglomerado Nueva Mayoría dividido en fracciones? Seguir leyendo Las tareas pendientes de los Trabajadores Públicos

No por mucho madrugar se amanece más temprano

por Ibán de Rementería //

La crisis política generalizada intentó ser resuelta  por las elites políticas adelantando la elección presidencial.  La crisis actual se ha debido tanto a la explicitación de la colusión corrupta entre la política y los negocios, como a la suma cero (empate) entre el  Gobierno y las oposiciones, tanto la de Chile Vamos como de la Nueva Mayoría, en contra del intento de la Presidenta Bachelet por avanzar en las reformas  tributaria, educativa, laboral y constitucional. Seguir leyendo No por mucho madrugar se amanece más temprano

Naturaleza de la Revolución Cubana

 

por Guillermo Lora (tomado de “La Lección Cubana”, La Paz, Bolivia, 1962)

 

“Nos piden ideas, una doctrina, pronósticos -me ha dicho el Che Guevara-. Pero se olvidan que somos una revolución de contragolpe”. (“Huracán sobre el azúcar”. Sartre). Esta pretendida definición de la revolución cubana lo único que hace es definir las tremendas limitaciones de los dirigentes del Movimiento 26 de Julio, que el 1o. de enero de 1959 tomó el poder, después de haber avanzado victorioso en los hombros del pueblo cubano, y que es consecuencia obligada de su filiación pequeño burguesa. Seguir leyendo Naturaleza de la Revolución Cubana

Marx, Engels y el Romanticismo

 Por Michael Löwy

El tema sobre el cual me gustaría discutir con ustedes es el tema de la relación del pensamiento de Marx y Engels y del marxismo, de manera más amplia, con el romanticismo. Tengo que empezar explicando qué entiendo yo por romanticismo, porque si no, no queda claro por qué veo una relación muy importante, significativa, del pensamiento de Marx con el romanticismo.

Si uno abre un manual de historia de la literatura o del arte, se define como romanticismo a una escuela literaria de principios del siglo XIX en Francia, Alemania e Inglaterra. Esa me parece una visión muy estrecha. En realidad, el romanticismo es algo mucho más amplio, mucho más profundo, es una de las principales formas de la cultura moderna desde fines del siglo XVIII hasta hoy. Seguir leyendo Marx, Engels y el Romanticismo

Editorial: Forjar la izquierda en la lucha obrera

Vivimos, desde hace un par de meses, una explosión de candidatos presidenciales. A este ritmo, de verificarse efectivamente estas candidaturas, las próximas elecciones presidenciales podrían llegar a realizarse a diez bandas. Inédito y expresivo de la decadencia y crisis del régimen en nuestro país. Seguir leyendo Editorial: Forjar la izquierda en la lucha obrera

Aliada a la Derecha Bachelet derrotó a los trabajadores públicos

por Osvaldo Costa //

Finalmente Bachelet logro su objetivo, en una tensa jornada, tras múltiples carreras por los pasillos del congreso, donde se presionó al máximo a los parlamentarios oficialistas, mientras más de 1.500 trabajadores apostados en los alrededores del congreso coreaban sus demandas, logro imponer el 3,2% de reajuste. Sin embargo el triunfo no fue total, un porcentaje importante de los diputados de la nueva mayoría rechazaron nuevamente el proyecto, por lo que el gobierno debió recurrir en ambas cámaras al apoyo de la derecha. Seguir leyendo Aliada a la Derecha Bachelet derrotó a los trabajadores públicos

Ha muerto Fidel: viva la Revolución Cubana

por Gustavo Burgos

Para quienes militamos en las filas de la revolución socialista, despertar esta mañana con la noticia de la muerte de Fidel Castro, es un golpe, una llamada de atención y una advertencia. La prensa burguesa –hacemos abstracción de la prensa gusana que celebra- se ha solazado haciendo panegíricos al otrora líder de la guerrilla y figura señera de aquél proceso revolucionario que pariera la primera revolución latinoamericana, el primer territorio libre de nuestro continente americano. Seguir leyendo Ha muerto Fidel: viva la Revolución Cubana

Fidel Castro: La historia me absolverá

Pronunciado por Fidel Castro en el juicio del Moncada, el 16 de octubre de 1953

 

Señores magistrados:

Nunca un abogado ha tenido que ejercer su oficio en tan difíciles condiciones: nunca contra un acusado se había cometido tal cúmulo de abrumadoras irregularidades. Uno y otro, son en este caso la misma persona. Como abogado, no ha podido ni tan siquiera ver el sumario y, como acusado, hace hoy setenta y seis días que está encerrado en una celda solitaria, total y absolutamente incomunicado, por encima de todas las prescripciones humanas y legales. Seguir leyendo Fidel Castro: La historia me absolverá

Crisis política y resistencia al cambio

  1. por Ibán de Rementería //

En una crisis política necesariamente se busca encontrar y atribuir responsabilidades, la crisis política nacional debe ser responsabilizada en el Gobierno y los partidos de la Nueva Mayoría (NM), precisamente porque tienen la conducción política del estado y la nación. La actual crisis política de confianza es explicada por un conjunto de hechos como la colusión de los partidos políticos y las empresas privadas, los paniaguados de los herederos de la dictadura entre los políticos de la NM, las indelicadezas de la familia presidencial, las colusiones de las empresas comerciales, industriales y financieras en contra de sus clientes, etc. Lo cierto es que la NM llegó al poder tanto gracias al liderazgo de la Presidenta Bachelet como por haber asumido el programa esbozado por el movimiento social liderado por los estudiantes desde la crisis del 2011, que afloró como respuesta a los intentos retrógrados del Gobierno de Piñera, sus componente fueron y son: reforma educativa, reforma tributaria, reforma laboral y reforma constitucional. Seguir leyendo Crisis política y resistencia al cambio

Masino: la batalla por Valparaíso

La batalla por Valparaíso. Una batalla por la imagen. Valparaíso es una imagen potente, densa, histórica. Por lo mismo, corre sobre la ciudad un caudal de imágenes desechables, hechas para el consumo. Abunda la postal, el suvenir visual. Lo que intentan estas fotos de John Uberuaga es, por el contrario, rescatar imágenes desde la realidad del Puerto. Lo que sucede en la calle. Lo que hay tras el decorado del turismo y la patrimonialización. Poner el ojo en esa vida. Hacer foco ahí. Sostener la mirada. Esa es la batalla. Masino en esperanto significa máquina. Una máquina de mirar, en este caso. De mirar lo que vive y lo que muere, la vida real en Valparaíso, más allá del encuadre estrecho de la tarjeta postal.

Pueden conocer el trabajo fotográfico de John Uberuaga ACÁ:   

 

 

 

(nota y enlaces tomados de concretoazul.cl)

Movilización de los trabajadores públicos, el gobierno se saca la careta

por Dionisio Escobar //

Pese a haber recibido una serie de derrotas en la arena electoral (el peor desempeño de la concertación en una elección municipal), en el Congreso (votación histórica contra una propuesta gubernamental 97 en contra 0 a favor) y una derrota en las calles con las movilizaciones más masivas que se han visto en los últimos años. El gobierno de la “socialista” Michelle Bachelet, continúa empeñado en una lucha a muerte con los trabajadores públicos. Siguiendo con su política de que sean los trabajadores quienes carguen con todo el peso del ajuste económico producto de la gestión del modelo neoliberal. Finalmente es el presidente de la Cámara, el también socialista Osvaldo Andrade quien determinó reprimir a los dirigentes de los trabajadores que protestaban por la contumacia del gobierno. Seguir leyendo Movilización de los trabajadores públicos, el gobierno se saca la careta

Un Punto de Inicio en el Estudio de la Obra Teórica de Salvador Allende

El pasado 28 de octubre, estuvimos en el lanzamiento del libro del historiador Patricio Quiroga, “La dignidad de América. El retorno histórico a Salvador Allende”, un texto que por su profundidad teórica recomendamos en tanto tiene el mérito de abrir un debate político, socialista, que creemos indispensable en estas horas. Tuvimos la oportunidad de entrevistarlo:

 

EP: ¿Cuál es el significado que tiene la imagen de Allende para los revolucionarios en Chile, en el día de hoy?

PATRICIO QUIROGA: Bueno, yo creo que Allende es más que una imagen para los chilenos, es una imagen latinoamericana, es una imagen mundial por el intento de transformación en que se enfrascó en la década de los 70 tratando de cambiar la sociedad sin el recurso de la violencia en un momento en que todas las revoluciones en el mundo habías sido a través de la insurrección, la guerra popular y prolongada, la guerra de guerrillas e incluso en la Segunda Guerra Mundial. Entonces, lo que representa Allende en ese contexto es un proyecto de sociedad, un programa de gobierno y una estrategia y una línea que tú las desprendes de una gran cantidad de textos que el escribió. Allende es un referente político y en cierta medida, teórico. Seguir leyendo Un Punto de Inicio en el Estudio de la Obra Teórica de Salvador Allende

Parar a Trump luchando contra el imperialismo

por Gustavo Burgos

La prensa burguesa ha enmudecido frente al triunfo electoral de Trump. Desde Valparaíso, hay un cierto deja vú, al analizar un nuevo resultado electoral inesperado, de aquellos que revuelven el naipe.

No nos puede sorprende que un gorila como Donald Trump haya llegado a la Casa Blanca. En la historia reciente, Nixon, Reagan y Bush Jr., se han distinguido por su incultura, su torpeza y brutalidad, por referirnos a sus atributos personales. En lo que no se distinguen ninguno de los Presidentes de EE.UU. -de forma unánime- es en haber encabezado el ataque la clase obrera y a las naciones oprimidas y haber perpetrado masivos crímenes de guerra que sólo la revolución podrá castigar. Seguir leyendo Parar a Trump luchando contra el imperialismo

Los mandones están contra Jorge Sharp

por Patricio Herman //

 

La prensa decía que la pelea electoral por la alcaldía de Valparaíso era entre Jorge Castro (UDI), apoyado en pleno por los seguidores de Piñera, y Leopoldo (DJ) Méndez, apuntalado por la desperfilada Nueva Mayoría, hoy conocida como Nueva Minoría. Al candidato de la ciudadanía organizada bajo el alero de la iglesia La Matriz, nadie le daba posibilidades hasta que se produjo el debate televisivo en CNN Chile en donde Jorge Sharp demostró en cámara sus conocimientos y potencialidades para ejercer el cargo. Seguir leyendo Los mandones están contra Jorge Sharp

León Trotsky: si EE.UU. se hiciera comunista

Si Norteamérica se hiciera comunista como consecuencia de las dificultades y problemas que el orden social capitalista es incapaz de resolver, descubriría que el comunismo, lejos de ser una intolerable tiranía burocrática y regimentación de la vida individual, es el modo de alcanzar la mayor libertad personal y la abundancia compartida. Seguir leyendo León Trotsky: si EE.UU. se hiciera comunista

Los resultados políticos de las Elecciones Municipales 2016

por Ibán de Rementería //

Los principales resultados electorales y las consecuencias políticas de las recientes elecciones municipales son: una gran abstención –el 65%- que expresa el profundo rechazo de la ciudadanía a los partidos políticos, la grave derrota política de la Nueva Mayoría y el Gobierno –no al revés-, la constatación de la consistente mayoría electoral de la Nueva Mayoría, la exitosa sobrevivencia de la UDI y, esto es lo importante, los primeros “brotes verdes” de la tercera fuerza política, los atisbos de los tres tercios. Seguir leyendo Los resultados políticos de las Elecciones Municipales 2016

Del triunfo de Sharp a la encrucijada

por Gustavo Burgos //

La sorpresiva noche del 23 de octubre, en TVN, en medio de la derrota electoral de la Nueva Mayoría, Francisco Vidal, el ex Ministro, analista y operador político de la Concertación, comparaba el triunfo electoral de Jorge Sharp con el “naranjazo” protagonizado por el socialista Oscar Naranjo en la elección complementaria de marzo de 1964, en la circunscripción de Curicó. El hecho es recordado por cuanto el éxito socialista en esa elección contribuyó a anticipar la idea de que la izquierda había crecido por sobre el tercio, lo que obligaba a la Derecha a declinar su propia opción electoral a favor de Eduardo Frei Montalva en las elecciones generales de septiembre de ese año, con la única finalidad impedir el triunfo de las “fuerzas marxistas”. El “naranjazo” fue un anticipo del triunfo de la Unidad Popular en 1970. Seguir leyendo Del triunfo de Sharp a la encrucijada

La movilización de los Trabajadores Fiscales

Por Osvaldo Costa

Partido Socialista de los trabajadores

El miércoles 26 la Mesa del Sector Publico MSP llamo a un paro de 72 horas a todos sus gremios, a raíz del quiebre de la mesa de diálogo con el Gobierno. La decisión se tomó luego de que el Gobierno sólo agrego un 0,2% al 3% del presupuesto inicial, un monto muy lejano al 6%, bono de 73 mil pesos y bono de fin de conflicto de hasta $107 mil, que esperaban los trabajadores. Un dato relevante es que el IPC proyectado por el banco central para el año 2016 será de 3,1 lo que significa que el aumento propuesto por el gobierno de la Nueva Mayoría es de 0,1 real. Seguir leyendo La movilización de los Trabajadores Fiscales