Cuarentena por coronavirus: algunos cuestionamientos

por Guillermo Correa Camiroaga

A medida que pasan los días y aumenta el número de personas infectadas en nuestro país por el virus COVID-19,  el bombardeo de  informaciones difundidas a través de los medios de comunicación tradicional y también por las redes sociales, en vez de entregar claridad en relación con la situación, más bien tienden a oscurecerla. En términos generales la población ha delegado en autoridades, médicos , expertos  y científicos la búsqueda de soluciones, exigiendo la aplicación de medidas y “mano dura”, dejando de lado la sabiduría ancestral, no académica y el sentido común, que forman parte de nuestras propias vivencias como seres humanos y que nos permiten orientar la mirada hacia nosotros y nosotras, a nuestras comunidades y territorios, para que – además de las autoridades , expertos y científicos – entre todas y todos enfrentemos esta compleja y nueva situación sanitaria provocada por el coronavirus. 

Más que respuestas, surgen muchas interrogantes, no solo respecto al origen y probables objetivos desconocidos de la aparición de este virus, sino asimismo respecto a lo efectivo y correcto o no de las medidas que se están tomando, las que son cada vez más restrictivas –con cierres de comunas y toques de queda incluidos- lo que se traducirá en el corto o mediano  en que solo las Fuerzas Armadas y de Orden podrán circular libremente por las calles, como si su personal tuvieran una inmunidad “divina” y no pudieran ser también vectores o portadores del virus COVID-19, capaces de difundirlo entre sus familiares y/o por los lugares en donde estén circulando, patrullando o controlando y teniendo contacto con la población en general.

Avanzamos hacia una “dictadura sanitaria” y considero  lícito al menos cuestionárselo.  

 En el campo popular me llama también poderosamente la atención los llamados a una “huelga general” indefinida por parte de algunos sectores que no fueron capaces de hacer un llamado de esta naturaleza en los momentos más álgidos de la rebelión popular iniciada el 18 de octubre, aún cuando el  argumento que esta vez se esgrime sea por razones humanitarias y para salvaguardar la salud del pueblo. De igual manera surgen inquietudes al exigir el cumplimiento de un derecho esencial como es la salud, precisamente a las autoridades que se han dedicado a privatizar, desmantelar y destruir la salud pública en nuestro país, no solo en el gobierno actual, sino desde hace decenas de años de “modernización” y aplicación del modelo neoliberal imperante.

 Asimismo me surgen cuestionamientos respecto a la realización de acciones directas de cortes de calles, cierres de comunas, localidades y territorios, ya que me parecen medidas propias de una “fase ‘coronavírica’ del sálvese quien pueda: mientras no me pase nada a mí y a los míos, los otros y otras que se pudran”. 

¿Es este el “otro mundo posible” que queremos construir? 

Es necesario también hacer presente que en muchas localidades y territorios las y los habitantes se organizan y crean nuevas formas para enfrentar esta emergencia de manera colectiva y solidaria. Asambleas Territoriales y otras organizaciones de base así lo están planteando y concretando, como una manera de seguir la lucha en estos tiempos de emergencia sanitaria, exigiendo a las autoridades que cumplan bien su tarea, pero al mismo tiempo desarrollando las capacidades propias para salir adelante unidos y solidariamente.

Cuesta nadar contra la corriente, pero estos también son tiempos para pensar, reflexionar y no solo obedecer  ciegamente, cayendo en un pánico descontrolado a la muerte, sin desconocer la delicada situación que se vive. 

Como podrán ver – y naturalmente  discrepar rotundamente de estas reflexiones en cuarentena – solo son cuestionamientos e interrogantes que surgen tratando de  no cerrar los ojos ante las medidas que se están tomando y delegar, así como así, nuestras propias capacidades en las autoridades, en los expertos, en los científicos y en los uniformados, porque de alguna manera estamos así delegando nuestro propio poder de participación y decisión. 

¿Haremos lo mismo cuando queramos elaborar una nueva Constitución mediante una Asamblea Constituyente libre y soberana?

Una pregunta en tiempos de cuarentena…