Para derrotar el coronavirus: cuarentena general y sacar a Piñera

por El Porteño

El Gobierno asesino de Piñera acaba de decretar Estado de Catástrofe. Este Estado de Excepción Constitucional permite militarizar el país -por razones sanitarias y orden público- por espacio de 90 días. Puede restringirse el derecho a reunión en lugares públicos y el de circulación (en la práctica podrían decretar Toque de Queda). Piñera al comunicar esta determinación no indicó ninguna medida sanitaria. Ni formalmente recubrió esta extrema medida con alguna acción concreta que apunte a la protección de la población. Presionado por los alcaldes, dispuso la suspensión de toda actividad educacional, sin embargo ello no fue acompañado de medidas que mitiguen el efecto que esto ocasiona en las familias obreras; dispuso el cierre de fronteras, pero exceptuó la circulación del transporte comercial; mientras se escribe esta nota decretó el cierre de los centros comerciales (Mall), pero el conjunto del aparato productivo (agrícola, industrial y transporte) sigue funcionando.

Las medidas adoptadas, en su conjunto, por Piñera, no persiguen enfrentar la catástrofe sanitaria que importa la pandemia del coronavirus. Todas estas medidas buscan preservar los intereses del gran capital, de la banca y de los grupos económicos en su conjunto. Muy particularmente del sistema privado de salud, laboratorios, las criminales cadenas de farmacias, con todos los cuales el propio Piñera y buena parte de su gabinete de delincuentes, tienen intereses que son conocidos públicamente. En un segundo orden, pero en un mismo lugar de importancia, la declaración de Estado de Catástrofe es un desesperado intento -y hasta este momento efectivo- de desplegar una acción represiva de amplio alcance que logre hacer retroceder al movimiento de masas para aplastarlo, que es el contenido que se esconde tras el eufemismo del «orden publico».

Ninguna de estas acciones habrían podido realizarse sin la obsecuente colaboración de la oposición burguesa, de la ex-Nueva Mayoría y el Frente Amplio. Así como desde el Congreso se conspiró desde el primer momento en contra de la movilización y lograron el Acuerdo por la Paz con la finalidad de desmovilizar y encauzar el proceso hacia la arena electoral, el lunes, la «progresista y de izquierda» Presidente del Colegio Médico, Izkia Siches, señaló: “Nosotros no estamos por la idea de desfondar al Gobierno en este momento, ni sacar al ministro de Salud, sino que traer otros actores que nos permitan tener un mejor abordaje», recalcó, esperando que «la gente comprenda que este no es un complot político por parte del Gobierno para desbaratar el plebiscito, sino que más bien es un desafío sanitario que requiere el compromiso de todos los ciudadanos del país«. La declaración podría haber pasado inadvertida si no hubiese sido flanqueada por los presidentes del PS (Elizalde) y del PPD Heraldo Muñoz y el RN Desbordes -también presente- quien concurrió en representación del propio Piñera.

A partir de este explícito apoyo a Piñera -han pasado horas desde esa declaración- las fuerzas políticas del régimen se ordenaron para sacar provecho del terror desplegado por los medios. Aquello que Piñera venía pidiendo desde el 18 de octubre se logró sorprendentemente en un solo golpe: apoyo unánime al Gobierno y autorización para desplegar las FFAA para el control del orden público. Debemos destacar que este apoyo se prestó antes que desde el Gobierno se planteara ninguna medida sustancial para enfrentar la epidemia del coronavirus. Este apoyo a ciegas se corresponde con un claro sentido de oportunidad, las fuerzas políticas del régimen capitalista utilizaron esta grave epidemia para servir a sus mezquinos intereses de clase.

Las medidas adoptadas por el Gobierno sólo tangencialmente abordan la cuestión sanitaria, como lo dice el propio Decreto que declara Estado de Catástrofe y lo repitió el incontinente narcisista que ocupa el sillón de O`Higgins: «son tiempos que requieren unidad y no división. Liderazgo y no dispersión. Colaboración y no enfrentamiento. Responsabilidad y no improvisaciones. Generosidad y no egoísmos. Tranquilidad y disciplina para enfrentar esta pandemia«. Piñera, el sanguinario asesino, mutilador y represor de multitudes, se presenta como demócrata gracias al amparo que le han prestado las fuerzas políticas parlamentarias. Colocado en esta situación Piñera va a hacer lo único que ha hecho desde que se abrió esta crisis: llenarse los bolsillos de dinero y azotar brutalmente con represión a nuestro pueblo. Este Golpe blanco, institucional, ha sido el necesario resultado del cretinismo pacifista de los suscriptores del Acuerdo por la Paz… de los cementerios.

Desde las páginas de El Porteño suscribimos la necesidad que esta epidemia sólo puede ser abordada por los trabajadores, por quienes la padecerán en el desamparo y la explotación. Como medidas básicas planteamos CUARENTENA GENERAL:

1.- PARALIZACIÓN DE TODO EL APARATO PRODUCTIVO, imprescindible para enfrentar útilmente esta grave contingencia. La completa paralización de la industria, el agro, el transporte, el comercio y los servicios públicos es una condición necesaria para que la cuarentena sirva a los fines sanitarios planteados. Sólo aquellas actividades y servicios orientados a enfrentar la epidemia pueden seguir funcionado (salud y alimentación). En contra de esto, las medidas parciales adoptadas por Piñera, una vez más, constituyen un nuevo crimen perpetrado en contra de los trabajadores y la mayoría nacional.

2.- DESCANSO PREVENTIVO PARA TODOS LOS TRABAJADORES. Los que están en relaciones laborales formales se les debe presumir incapacidad laboral y otorgárseles licencias médicas generales por el período de cuarentena, tal medida ha de fundarse en lo previsto en el art. 184 del Código del Trabajo que establece el deber general de cuidado en la salud del trabajador que pesa sobre el empleador. Por su parte, el 38% de la fuerza laboral chilena, que padece la informalidad y que no tiene acceso a licencias médicas y seguros, debe garantizárseles un ingreso mínimo humanitario que sirva de base a la contención material, no discursiva, de la epidemia. Conjuntamente a lo indicado, debe decretarse la suspensión en el pago de los servicios básicos de agua, electricidad e internet, dividendos hipotecarios y pago de arriendo. El financiamiento de esta medida ha de hacerse con cargo a un impuesto extraordinario a las multinacionales y grandes fortunas.

3.- Llevar adelante esta cuarentena supone la inmediata INTERVENCIÓN, por parte de las organizaciones de trabajadores de los servicios de salud, DE TODO EL SISTEMA HOSPITALARIO, laboratorios y cadenas de distribución farmacéutica. Las cadenas de farmacias deben poner a disposición de toda la población los insumos necesarios y medicamentos que permitan al sistema hospitalario hacerse cargo de los miles de contagiados que llegarán a pedir asistencia médica. Todos los cálculos indican que nuestro sistema hospitalario carece de la capacidad necesaria para hacerse cargo de quienes padecerán con mayor gravedad esta epidemia. Sólo a vía ejemplar, en el Gran Valparaíso, con una población cercana al millón de habitantes, una proyección de 500.000 infectados permite proyectar a lo menos la necesidad de 5000 camas UCI. Nuestro sistema hospitalario -público y privado- no supera las 70 camas UCI. Esta es la magnitud de la catástrofe. Esta contingencia importa, además de la intervención en la gestión del sistema público y privado a manos de los trabajadores, la requisa de equipos, insumos y fuentes de información. Esta intervención debe descansar sobre los equipos técnicos especializados, tales son los trabajadores de la salud: médicos, personal de enfermería, paramédicos, etc.

4.- FUERA PIÑERA. Es necesario sacar al asesino del poder. Un Gobierno asesino y masivo violador de los DDHH no está en condiciones abordar las enormes tareas que supone la epidemia. La cuarentena general sólo podrá llevarse a cabo si se va Piñera. En efecto, por razones sanitarias -además- Piñera debe irse del poder. La inminente suspensión del Plebiscito del 26 de abril plantea que resulta necesaria la organización, valiéndonos de todas las herramientas digitales de disposición masiva y poner en pie una Asamblea Constituyente desde las bases, que en un régimen de democracia directa ponga en manos de los trabajadores las urgentes tareas sociales que la crisis y depresión económica inminente del capitalismo, plantea a los trabajadores. Un movimiento que haga efectiva la amnistía para todos los presos políticos y el castigo a Piñera, Rozas y todos los asesinos del piñerismo.

Compañeros, compañeras, no sólo enfrentamos un problema sanitario. Los capitalistas preparan despidos masivos, rebajas salariales y militarización. Los explotadores plantearán estas medidas en cautela y defensa de la «democracia» patronal. No es sólo un virus. La pandemia pone de manifiesto -a escala mundial- que el capitalismo está agotado como modelo social y productivo y que es incapaz de resolver la monstruosa crisis que nos amenaza. Estas medidas, básicas y elementales, sin las cuales cualquier plan preventivo de salud es una farsa, deben ser respaldadas por la movilización en defensa de las libertades democráticas y derechos sociales que la declaración de Estado de Catástrofe amenaza.

La debilidad de las direcciones del movimiento resulta manifiesta, ello se hizo evidente del momento que se retiró el FUERA PIÑERA, se olvidaron de la HUELGA GENERAL y se volcaron a la cuestión electoral del Plebiscito. Mientras alegremente se preparaban las franjas televisivas y se discutía sobre rayar AC o no en el voto, Piñera aprovechó la contingencia y pasó a la ofensiva. Ahora lo tenemos con facultades de volver a tener a las FFAA en las calles. Ese fue el resultado del democratismo.

Sin embargo, el día de ayer desde Unidad Social planteó un conjunto de medidas para abordar la crisis poniendo al centro la cuestión de la cuarentena. Respaldamos tales medidas en los términos expuestos. Sin embargo, es necesario -junto a la cuarentena general- un plan de lucha que organice la resistencia. No alcanza con «proponer» es necesario organizar un plan de lucha que se haga cargo de este nuevo escenario, ya inminentemente dictatorial. Hoy día la unidad de los trabajadores, la defensa de nuestros espacios, la lucha contra de la militarización y la reivindicación de un plan contra el coronavirus y la crisis económica, han de estar en el centro. Esta lucha dará cuerpo a la dirección política que el movimiento demanda: cuarentena para derrotar al coronavirus y a Piñera.