¿Inconductas o políticas de clase?

por Rolando Astarita

En ocasión de un acto realizado el 21 de febrero en Campo de Mayo, el presidente Fernández, en referencia a la dictadura 1976-1983, manifestó: “Argentina debe dar vuelta una página, una página que nos distanció mucho tiempo por las inconductas de algunos”.

Casi inmediatamente Nora Cortiñas, de Madres de la Plaza de Mayo Línea fundadora, dijo que “los dichos de Fernández sobre la dictadura son un gesto negacionista”. Fernández se disculpó: “no quise causar el más mínimo dolor. Veo que no usé las palabras pertinentes. Disculpas por ello. … no quiero que nadie dude de mi compromiso con la verdad y la justicia”.

De todas formas, Hebe de Bonafini y Estela Carlotto salieron a defender a Fernández. Carlotto sugirió que Cortiñas no estaba lúcida (“los años la pueden hacer equivocar”). Y Bonafini, en nombre de Madres de Plaza de Mayo, dijo estar de acuerdo con el Presidente: “Sus expresiones fueron muy claras en cuanto a la reivindicación de las Fuerzas nuevas, renovadas, que crearon Néstor, Cristina y Nilda Garré con su modificación de los planes de estudio y formación militar, y que ya nada tienen que ver con la dictadura, ya que están integradas por personas que nacieron hace 20, 25, 35 años”. También: “Estamos de acuerdo con reconocer y reivindicar a esas nuevas Fuerzas Armadas, porque si no nunca las vamos a tener de nuestro lado, al lado del pueblo”. Pocos días antes Alberto Fernández había afirmado que “la totalidad de la oficialidad de nuestras FFAA ha surgido en democracia”.

A todo esto el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia rechazó lo dicho por Fernández. Sostuvo que no se puede dar vuelta la página con instituciones que ocultan el destino de 400 hijos de desaparecidos; que los archivos de la represión continúan cerrados; y que al hablar de la “inconducta de algunos” se está negando la participación “del conjunto de las FFAA en la represión del pueblo”.

Días después Fernández recibió a Cortiñas, y al premio Nobel de la Paz, Pérez Esquivel. Al salir de la reunión Cortiñas manifestó que el tema estaba superado, y que no volvería a usar el término “negacionista”.

 FFAA y naturaleza de clase

 Coincidiendo con el comunicado de Encuentro Memoria, Verdad y Justicia en lo referente al involucramiento de conjunto de las FFAA en la represión entre 1976 y 1983, quisiera precisar, sin embargo, que las FFAA hicieron lo que hicieron porque obedecieron a una lógica de clase, inherente a la naturaleza social del Estado del cual constituyen un pilar fundamental. Esto es, el terrorismo de Estado y la dictadura no fueron producto de alguna falencia institucional (del tipo “faltó educación democrática”), sino el producto de una política promovida, avalada o consentida por la clase dominante argentina.

Es que en una sociedad basada en la explotación del trabajo, el Estado y sus fuerzas represivas siempre van a reprimir en tanto la lucha de clases amenace más o menos seriamente esa explotación. Y lo harán sin importar a qué extremos lleguen. Responde a una determinación de clase. Digamos también que la dictadura contó con la colaboración activa de otros gobiernos capitalistas de América Latina; con el “dejar hacer”, por lo menos, de las principales potencias; y con la protección, en los organismos internacionales de derechos humanos, de la URSS y de Cuba.  

Es claro entonces que no se puede explicar semejante conjunción de fuerzas e intereses por las “inconductas de algunos”. ¿”Inconductas” de las cámaras empresarias que saludaron el golpe? ¿“Inconductas” de los cientos de políticos de partidos burgueses que colaboraron ocupando cargos oficiales desde 1976 en adelante? ¿”Inconducta” de Washington cuando recomendaba a Videla hacer rápidamente el “trabajo sucio”? ¿“Inconductas” de los gobiernos del Cono Sur al instrumentar el plan Cóndor? ¿Y qué decir del apoyo del castrismo, y de la burocracia soviética, a Videla? ¿También “inconductas”?   

 La historia enseña

 Contra lo que dice Fernández sobre dar vuelta a la página del período 1976-1983, toda la historia muestra, en lo que atañe a los cuerpos represivos, que sus rasgos de clase terminan imponiéndose por sobre cualquier otra consideración.  

 Por ejemplo, se sugiere que las FFAA no serán golpistas ya que “la totalidad de la oficialidad ha surgido en democracia”. Pero, ¿acaso las oficialidades de las FFAA chilenas y uruguayas que dieron el golpe en sus respectivos países no habían surgido también “en democracia”? ¿O es que esta historia no le dice nada al presidente Fernández?  

Se afirma asimismo que los “nuevos” militares argentinos no van a reprimir al pueblo porque se han formado con nuevos planes de estudio de Garré y los Kirchner. Sin embargo, la alta oficialidad que encabezó la dictadura de 1976 a 1983 recibió su formación en los tiempos “de la revolución nacional y popular”. El mismo Videla hizo el curso de oficial de Estado mayor entre 1952 y 1954 (y entre 1942 y 1944 en el Colegio Militar). Algo similar se puede decir de Bignone, Viola, Galtieri. Por lo tanto, ¿qué diríamos de alguien que hubiera asegurado que la formación patriótica-popular de estos personajes garantizaba su alineamiento con los trabajadores?

 Pero hay contraejemplos de la tesis que estoy criticando mucho más cercanos. Por caso, recordemos la acusación –avalada, entre otras, por Nora Cortiñas- de que en 2012 Gendarmería montó un operativo para infiltrarse en manifestaciones obreras y populares e identificar a los cabecillas (véase Página 12, 17/02/12). ¿No eran esos gendarmes “productos genuinos de la democracia”? ¿O puede explicar el asunto la “experta” en formación democrática, Garré?    

 Tomemos ahora el “negacionismo” (negar que hubo terrorismo de Estado). ¿A quién se le ocurre que el mismo sea producto de fallas en la educación de los “negacionistas”? Por ejemplo, gran parte de la intelectualidad progresista, nacional y democrática mira para otro lado cuando recordamos a la Triple A y sus responsables políticos e ideológicos. Es una “negación” que abarca al ejecutivo nacional y a los ejecutivos provinciales; a los legisladores nacionales y provinciales; y a cantidad de dirigentes políticos, sindicales, sociales y estudiantiles. Ninguno de estos personajes, amantes de la memoria, verdad y justicia, pidió, ni pide, que se investigue el tema. Peor aún, cuando las denuncias adquieren alguna relevancia, las acallan con un prepotente “no jodan con Perón”. ¿Se debe a que les falta de “educación democrática”? Si ese es el caso, ¿se solucionará la falla con más tiempo en “democracia”? ¿Cuánta décadas les falta todavía para no ser “negacionistas” de la vinculación Perón – Triple A? ¿O van a decir, de nuevo, que se trata de “inconductas”?

 Para terminar con este listado de “casos”, recuerdo que una alta funcionaria del actual gobierno, también experta en democratización de FFAA, hace unos años abogaba para que los militares cursaran carreras en las universidades públicas. Su argumento era que así “afianzarían sus convicciones democráticas” (sospecho que sigue con la misma idea). En cualquier caso, pregunto, ¿oyó hablar esa funcionaria de Concentración Nacional Universitaria? Para aquellos que no vivieron los 1970 les cuento que CNU fue una organización terrorista de ultraderecha, vinculada a la Triple A. Como su nombre lo indica, tuvo origen universitario. Y varios de sus miembros parecen haberse integrado a los grupos de tareas de la dictadura. Pero además, algunos de los que integraban esos grupos de tarea cursaban en la UBA (nos consta a varios que estuvimos secuestrados en Coordinación Federal, en 1976). Y los represores que nos interrogaban -muchas veces picana mediante- no parecían en absoluto incultos. ¿No tiene nada que decir al respecto la “experta en democratización de FFAA”?

En definitiva, no hay manera de hacer entrar la tesis “FFAA no represivas gracias a la educación democrática” en la cruda realidad del Estado capitalista y de la sociedad dividida en clases. Pero a los apologistas del “nuevo Ejército” (y de los Milani, dicho sea de paso; véase aquí) esto los tiene sin cuidado. Y en este asunto no hay inocentes. Saben perfectamente qué están diciendo cuando afirman que la dictadura militar y el terrorismo de Estado se debieron a las “inconductas de algunos”, y aconsejan “dar vuelta la página”. Todo sirve para que la gente no saque las conclusiones que se derivan de un estudio objetivo de los hechos (posmodernos abstenerse). Para colmo, a ese repugnante e hipócrita discurso se lo quiere hacer pasar como de izquierda y progre.

(Tomado del Blog de Rolando Astarita)