Los bolcheviques frente a la Universidad: la revolución obrera para transformar la educación superior

Un extracto histórico, por un lado, contra los reformistas descarados, y, por otro, debe llamar a la reflexión a quienes sostienen la consigna de «educación al servicio del pueblo», pero sin ligarla al problema del poder, presentándola como una reforma más…es decir, en los hechos, sugiriendo una «vía gradual, semi-pacífica y reformista al socialismo»:

“En una gran diversidad de campos [la Revolución Rusa] demostró que la relación entre ‘reforma’ y ‘revolución’ era opuesta por el vértice a la que propugnaba la Social Democracia. No era la lucha por reformas la que conducía y preparaba el camino para la revolución, sino que la revolución abría el camino a las reformas más profundas.


Anticipando las demandas que se masificaran durante el Mayo Francés de 1968, y, en algunos casos, reformas que aun resultan revolucionarias medio siglo después, los dirigentes de la educación soviética decidieron en octubre de 1918 abolir el sistema de exámenes; decretaron que cada escuela estuviera gobernada por un ‘colectivo’ que incluyese a todos los trabajadores empleados en el establecimiento, a los representantes de las organizaciones obreras locales, a los estudiantes que tuviesen doce años en adelante, además de contar con un representante del Comisariado del Pueblo para la Educación.

Las tareas ‘para la casa’ fueron eliminadas, y se llamó a los profesores a evitar lo más posible ejercicios que fueran meramente pruebas de memoria. Los estudiantes fueron liberados de la obligación de tratar a los profesores con aquellas señas de respeto que, en el regimentado sistema educacional de la Rusia zarista, eran particularmente numerosas y agobiantes.A los estudiantes de educación superior se les incitó de manera explícita a ‘mostrarse abierta y valientemente por la defensa de sus intereses’” “Un decreto de Diciembre de 1918 abolió el cobro para la educación universitaria y abrió ampliamente las universidades a nuevos estudiantes.

Este decreto tuvo como resultado el que la cantidad de estudiantes inscritos en la Universidad de Moscú, pasara –de un año académico a otro- de 2.632 a 5.892. Otro decreto atacó los privilegios de los académicos quitándoles el monopolio de las cátedras y permitiendo que cualquiera que probara ser competente pudiese ofrecerse como profesor universitario. Los títulos académicos fueron abolidos.

Marcel Liebman, El Leninismo bajo Lenin.