Wilkie Collins: "La piedra lunar"

El 8 de enero de 1824 nacía en Londres uno de los autores más influyentes en el género de la novela policíaca: Wilkie Collins. Amigo de Charles Dickens, lo recordamos hoy con la introducción de Jorge Luis Borges y su prólogo a una de sus mejores obras.

INTRODUCCIÓN

En  1841,  un pobre hombre  de genio, cuya obra escrita es tal vez inferior  a la vasta influencia ejercida por ella en las diversas literaturas  del mundo,  Edgar Allan Poe, publicó en Philadelphia Los crímenes de la Rue Morgue, el primer cuento policial que     registra la  historia.  Este  relato  fija las leyes esenciales del género: el crimen enigmático y, a primera vista, insoluble, el investigador sedentario  que  lo descifra por medio de la imaginación  y de la lógica, el caso referido por un amigo impersonal y, un tanto  borroso, del investigador. El investigador se llamaba Auguste Dupin; con el tiempo se llamaría Sherlock Holmes… Veintitantos años después aparecen El caso Lerouge, del francés Ernile Gaboriau, y La dama de blanco y La piedra lunardel inglés Wilkie Collins. Es­tas dos  últimas novelas merecen mucho más que una respetuosa mención histórica; Chesterton  las ha juzgado superiores a los más afortunados ejemplos de la escuela contemporánea. Swinbume, que apasionadamente renovaría la música del idioma inglés, afirmó que  La piedra lunar es una obra maestra; Fitzgerald, insigne traductor (y casi inventor)  de Ornar Khayyam, prefrrió La dama de blanco a las obras de Fielding y de Jane Austen.

Wilkie Collins, maestro de la vicisitud de la trama, de la patética­ zozobra y de los desenlaces imprevisibles, pone en boca de los diversos protagonistas la sucesiva narración de la fábula. Este     procedimiento,  que permite el contraste  dramático  y no pocas veces satírico  de los puntos de vista, deriva, quizá, de las novelas epis­tolares del siglo dieciocho y proyecta su influjo en el famoso poema de Browning El anillo y el libro, donde diez personajes narran uno tras otro la misma historia, cuyos hechos no cambian, pero sí la interpretación. Cabe recordar asimismo ciertos experimentos de Faulkner y del lejano Akutagawa, que tradujo, dicho sea de paso, a Browning..

La piedra lunar  no sólo es inolvidable por su argumento, también­ lo es por sus vívidos y humanos protagonistas: Betteredge, el respetuoso y repetidor lector de Robinson Crusoe; Ablewhite, el filántropo; Rosanna Spearman, deforme y enamorada; Miss Clack, «la bruja metodista»; Cuff, el primer detective de la literature británica.

El poeta T. S. Eliot ha declarado: «No hay novelista de nuestro tiempo que no pueda aprender algo de Collins sobre el arte de interesar al lector; mientras perdure la novela, deberán explorarse de tiempo en tiempo las posibilidades del melodrama. La novela de aventuras contemporánea se repite peligrosamente: en el pri­mer capítulo  el consabido mayordomo descubre el consabido cri­men; en el último, el criminal es descubierto por el consabido de­tectivedespués  de haberlo  ya  descubierto  el consabido lector. Los recursos de Wilkie Collins son, por contraste, inagotables». La verdad es que el género policial se presta menos a la novela que al cuento breve; Chesterton y Poe, su inventor,  prefirieron siempre el segundo. Collins, para que sus personajes no fueran piezas de un mero juego o mecanismo, los mostró humanos y creíbles.

Hijo mayor  del paisajista William Collins, el escritor  nació en Londres, en 1824;  murió en 1889. Su obra es múltiple;sus     argumentos son a la vez complicados y claros, nunca morosos y  con­fusos. Fue abogado, opiómano, actor y amigo íntimo de Dickens, con el cual colaboró alguna vez.

El curioso lector  puede consultar la biografía de Bilis (Wilkie Collins, 1931), los epistolarios de Dickens y los estudios de Eliot y de Swinbume.

Jorge Luis Borges

PREFACIO 

En algunas de mis novelas anteriores me propuse establecer la influencia ejercida por las circunstancias sobre el carácter. En la presente historia he invertido el proceso. Mi meta ha sido señalar aquí la influencia ejercida por el carácter sobre las circunstancias. La conducta seguida por una muchacha ante una emergencia insospechada constituye el cimiento sobre el que he levantado esta obra.

Idéntico propósito es el que me ha guiado en el manejo de los otros personajes que aparecen en estas páginas. El curso seguido por su pensamiento y su acción en medio de las circunstancias que los rodean resulta, tal como habría ocurrido muy probablemente en la vida real, unas veces correcto, otras equivocado.

Acertada o falsa su conducta, no deja en ningún instante de regir la acción de aquellas partes del relato que les incumben a cada uno, frente a cualquier evento.

En lo que atañe al experimento psicológico que ocupa un lugar destacado en las últimas escenas de La piedra lunar he puesto allí, una vez más, en juego tales principios. Previa documentación efectuada no sólo en los libros, sino también recogida de labios de vivientes autoridades en la materia respecto al probable desenlace que dicho experimento hubiera tenido en la realidad, he declinado echar mano del pri­vilegio que todo novelista posee de imaginar lo que podría ocurrir, estructurando mi relato de manera de hacerlo surgir como una conse­cuencia  de lo que en verdad hubiese ocurrido…, cosa que, me permito declarar ante el lector,sucede realmente en estas páginas.

En lo que concierne a la historia del Diamante, narrada aquí, debo reconocer que se halla basada, en sus detalles p·rimordiales, en la historia de dos diamantes reales europeos. ·La magnífica piedra que adorna en su extremo el cetro imperial ruso fue anteriormente el ojo de un ídolo hindú. Del famoso Ko-i-Nür se sospecha que ha sido también una de las gemas sagradas de la India y, aún más, el origen de una predicción que amenazaba con segura desgracia a las personas que la desviaran de su uso ancestral.

GloucesterPlace,Portman Square.  Junio 30, 1868.

Introducción de Jorge Luis Borges y Prefacio de Wilkie Collins a la novela de este La Piedra lunar