¿Continuará Venezuela el 2020 con un presidente real y otro virtual?

por Roberto Montoya

Venezuela volverá a hacerse un lugar estos días en las portadas de muchos medios fuera de sus fronteras, a pesar de los muchos frentes abiertos en el mundo.

Y los partidos de la derechona española y su infantería mediática, tan desesperada con la formación del Gobierno PSOE-UP, no desaprovechará seguramente la oportunidad para alertar a su electorado sobre el terrorífico vínculo interatlántico entre chavistas -o maduristas- socialistas, podemitas, comunistas, separatistas, etarras, feministas y LGTBI.

Y es que este domingo 5 de enero se dilucidará si el autoproclamado ‘presidente encargado’ Juan Guaidó sigue ostentando ese estrambótico título o lo pierde. Las espadas están en alto una vez más y unos y otros usan la artillería pesada y todo tipo de artimaña para ganar la partida.

En caso de perder la elección Guaidó, algo muy incierto, Venezuela volvería a tener un solo presidente, Nicolás Maduro, el que fue elegido en las urnas.

Días atrás Guaidó, también muy desesperado como sus homólogos españoles, lanzó una ‘alerta internacional’. Denunció un supuesto plan orquestado por ‘la dictadura’ venezolana para impedir que la oposición siga controlando la Asamblea Nacional -considerada ilegal y en desacato por el Tribunal Constitucional desde 2016- y con ello que él deje de presidirla y pierda su ‘legitimidad’ para seguir siendo ‘presidente encargado’.

Según su denuncia, las detenciones en los últimos días de varios diputados de la oposición -acusados de conspiración y terrorismo y a los que el Tribunal Supremo quitó su inmunidad- solo buscan impedir que esta tenga la mayoría suficiente de votos para reelegirlo presidente de la AN.

El partido de Guaidó y otras formaciones de la oposición han perdido también peso en la Asamblea por la huida al exterior de una treintena de diputados temerosos de correr la misma suerte que algunos de sus colegas, acabando en la cárcel.

Según Guaidó, Maduro ha sobornado también a parlamentarios opositores para dividirlos.

Ante esta situación la oposición decidió cambiar las reglas internas de la Asamblea Nacional, legitimando la votación de los diputados huidos al exterior vía telemática.

Rápidamente, este jueves pasado, el secretario de Estado adjunto de EEUU para el Hemisferio Occidental, Michael G.Kozak, apoyaba la medida a través de un mensaje en su cuenta de Twittter: “Los diputados venezolanos elegidos legítima y democráticamente deben estar habilitados para votar por el presidente de la Asamblea el 5 de enero, ya sea en persona, a través de un apoderado o de forma remota”,

Guaidó, líder de Voluntad Popular -uno de los partidos más ultras de la variopinta amalgama de fuerzas de la oposición- alcanzó ese cargo al sustituir a Leopoldo López -quien se encontraba en arresto domiciliario acusado de fomentar los violentos disturbios de 2014- y eso le permitió asumir también el 5 de enero de 2019 la presidencia de la Asamblea Nacional (AN) que le correspondía a su partido por el acuerdo de alternancia alcanzado entre las fuerzas de la oposición..

La base del poder de Guaidó no ha estado en Venezuela sino en EE UU

Pocos días después de asumir la presidencia de la Asamblea Nacional, el 23 de enero del año pasado, Guaidó, hasta ese momento un gran desconocido para la mayoría de los venezolanos, se autoproclamó ‘presidente encargado’ en plena calle, en medio de una gran manifestación opositora. La oposición hizo una interpretación torticera de la ley declarando a Maduro ‘ausente’ y justificando así que su puesto fuera asumido por el presidente de la AN.

Fue una operación meticulosamente coordinada con la Administración Trump que en cuestión de minutos lo reconoció como tal, seguida rápidamente por una cincuentena de fieles países aliados, España incluida.

El golpe de efecto hollywoodense de la derecha venezolana apoyada por Washington parecía la jugada perfecta para declarar el jaque mate al Gobierno de Nicolás Maduro tras fracasar durante años -desde la llegada de Chávez al poder en 1999- la vía electoral, la de los golpes de Estado y la de la violencia callejera.

Pero no fue así. Maduro no es Chávez pero resistió el pulso. Subestimaron los apoyos con los que contaba y subestimaron igualmente su habilidad para sortear -muchas veces con métodos indefendibles, hay que decirlo- las múltiples trampas que se le fueron tendiendo en el camino.

Casi un año después Juan Guaidó se enfrenta a un momento clave en su vida política y personal.

A pesar de que según el acuerdo original de la oposición era que tras un año al frente de la Asamblea Nacional su presidencia sería asumido por alguno de los grupos minoritarios, un posterior pacto entre los partidos con más peso lo modificó permitiendo así la candidatura de Guaidó a su reelección.

Si es reelegido presidente de la Asamblea Nacional Guaidó -a pesar de su debilitamiento las matemáticas le siguen siendo favorables- podrá seguir autollamándose presidente encargado, aunque con menos apoyo interno, en la calle y a nivel internacional.

Si no lo consiguiera podría, a corto o mediano plazo, convertirse en un personaje irrelevante.

“¿Dónde está la base del poder de Guaidó?, vamos a reconocerlo, en Washington”, decía el pasado 27 de diciembre el veterano analista cubano afincado en Miami Jorge Davila, de El Nuevo Herald, en una tertulia de la nada sospechosa de chavista CNN en español. https://cnnespanol.cnn.com/video/juan-guaido-venezuela-washington-fuentes-confiables-cnne-sot/

“Y la popularidad de Guaidó está al mismo nivel que Maduro, por los suelos. Y Guaidó lo único que ha hecho durante un año fue prometer, prometer y no cumplir, porque la base del poder de Guaidó no residía en Venezuela. Aunque haya millones de personas que quieren que Maduro salga del poder, la base del poder (de Guaidó) estaba en el Departamento de Estado, con Pompeo, con John Bolton (ex asesor de Seguridad Nacional de Trump), y con las personas que querían hacer de Venezuela el mismo caso de Cuba y tratarla de la misma manera”.

Guaidó creyó tocar el cielo cuando la Administración Trump y decenas de país lo reconocieron como presidente encargado. Washington amenazó de una forma nada velada a Maduro con una intervención militar en Venezuela si no reconocía al otropresidente, dejaba libre el Palacio de Miraflores para el nuevo inquilino y negociaba su retirada de la vida política.

Pero el plan fracasó. Ante tal amenaza Maduro evitó lanzar una arriesgada operación militar para detener a Guaidó y aguantó que este diera mítines y ruedas de prensa en distintas ciudades de Venezuela y en países vecinos, lo que creó un clima sumamente confuso y tenso.

Pero el poder real lo mantuvo siempre Maduro.

A pesar de los llamamientos de Guaidó y de Trump las fuerzas armadas no se quebraron, se mantuvieron mayoritariamente fieles a Maduro. Se buscaron nuevas estrategias. A fines de febrero de 2019 la frontera de Colombia con Venezuela se convirtió en un verdadero set de Hollywood, con artistas, música y escenario incluido, y con la presencia de varios de los presidentes latinoamericanos de la nueva horneada neoliberal.

El rotundo fracaso de la caravana de ayuda humanitaria opositora

El intento de penetrar por la fuerza a territorio venezolano con una caravana de ayuda humanitaria -de los mismos que venían provocando el desabastecimiento- fracasó. Y con ello Guaidó y compañía se quedaron en blanco, no sabían cómo seguir con su golpe blando.

Un mes más tarde, mientras EE UU endurecía sus sanciones económicas contra Venezuela y se agudizaba el desabastecimiento aumentando con ello el malestar social y la emigración, el presidente encargado endurecía su reto y lanzaba el 30 de abril la llamada Operación Libertad.

Con la complicidad de una docena de oficiales de las fuerzas armadas Guaidó ayudó a Leopoldo López a burlar su arresto domiciliario y se trasladó con él hasta las puertas de una guarnición militar haciendo un llamamiento a la rebelión.

Tampoco lo consiguieron esa vez. Todos los cálculos de deserciones masivas de militares se desvanecieron y pocas horas después decidieron deponer su actitud. El alto mando de las fuerzas armadas renovaba públicamente su fidelidad a Maduro.

Sin la fractura de las fuerzas armadas, Estados Unidos parecía descartar la vía militar. El Pentágono sabía que sin el apoyo de al menos una parte sustancial de los mandos y las tropas, y en un país con armamento y asesores rusos y una milicia popular bolivariana de más de dos millones de hombres y mujeres, la operación se presentaba sumamente arriesgada.

Leopoldo López -partícipe y firmante del manifiesto de los autores del golpe de Estado de 2002- había roto su arresto domiciliario seguro de ser recibido en la calle por las masas y de encabezar junto a Guaidó la rebelión definitiva.

Ante el fracaso de la patética operación optó por refugiarse en la embajada de España en Caracas, donde todavía se encuentra como incómodo huésped.

La confiscación por parte de la Administración Trump de importantes activos de Venezuela en EEUU y otros países y el bloqueo y amenaza de sanciones a los países que comerciaran con el Gobierno de Caracas estranguló aún más la ya de por sí mal gestionada economía venezolana, agravando la situación de la población.

Pero aún así la oposición fue perdiendo cada vez más su capacidad de convocar grandes movilizaciones callejeras.

La corrupción salpica y divide aún más a la oposición

El Gobierno de Maduro, por su parte, ha logrado con gran habilidad dividir aún más a la ya históricamente dividida oposición, manteniendo un diálogo con la parte más moderada de esta y prometiendo la celebración de elecciones legislativas para 2020. A Guaidó solo le interesa unas elecciones presidenciales.

Esto ha hecho que arreciaran las luchas en el seno de las fuerzas opositoras y que se destaparan al menos dos graves casos de corrupción, uno de ellos que salpica también al oficialismo.

Uno de los casos que puso en situación embarazosa a Guaidó lo denunció su propio ex ‘embajador’ en Colombia, Humberto Calderón Berti, en noviembre pasado.

En rueda de prensa en Bogotá, Calderón acusó a “personas del entorno de Juan Guaidó”, de graves irregularidades en la gestión de los fondos que se destinaron a la fallida entrada de camiones con alimentos y medicinas en la operación de ‘ayuda humanitaria del pasado 23 de febrero.

Según Calderón funcionarios de su embajada descubrieron una doble facturación en las compras de productos hechas en Colombia, “y me mostraron documentos donde se hablaba de prostitutas y licor”. Guaidó prometió ayudar a la Fiscalía colombiana en la aclaración de los hechos, pero la honestidad y transparencia de su gestión, que siempre reivindicó, se vió claramente afectada tratándose además de dinero destinado supuestamente a ayuda humanitaria.

El otro caso, llamado Operación Maletín Verde, salpica tanto a varios parlamentarios de la oposición como a empresarios colombianos e intermediarios y funcionarios del Gobierno. Ambos habrían hecho pingües negocios con las gigantescas ventas a Venezuela de las CLAP, las millones de cajas con alimentos básicos que se reparten periódicamente entre los sectores más desfavorecidos de la población para paliar el desabastecimiento.

Guaidó siempre había utilizado este caso para denunciar la corrupción del Gobierno de Maduro, pero se le convirtió en un bumerán. Terminó golpeándolo de lleno cuando investigaciones periodísticas revelaron cómo operadores financieros que actuaban para el Estado habrían sobornado con fuertes sumas de dinero a diputados de la oposición. Pretendían que intercedieran por los empresarios colombianos implicados, que estaban siendo investigados por la Fiscalía General de Colombia y habían sido sancionados también por el Departamento del Tesoro de EEUU.

Varios diputados, del partido de Guaidó, Voluntad Popular, y también de Primero Justicia, habrían dedicado mucho tiempo en mantener reuniones y elaborar escritos ante distintas instancias de Colombia y EE UU para interceder por los empresarios colombianos acusados de corrupción en gran escala.

Ante la gravedad de las acusaciones Guaidó decidió expulsar a varios de esos diputados y ordenó una investigación, pero con ello se redoblaron las acusaciones entre distintos partidos opositores.

Uno de los diputados de Primero Justicia acusados de corrupción, José Brito, dijo: “Juan Guaidó y Nicolás Maduro son compinches”. Según Brito, Guaidó ha lanzado una “guerra sucia para frenar la rebelión interna contra él que se libra en la Asamblea Nacional”.

Maduro ha logrado convertir este caso de corrupción que en principio la oposición quería utilizar contra él en una verdadera bomba puesta en el seno de esta y con ello podría obtener un balón de oxígeno fundamental para su gobierno.