Vivir peligrosamente en Valparaíso

por Ibán de Rementería

El mayor teórico del riesgo, Ulrich Beck, dice que: “El riesgo es la previsión y control de las consecuencias futuras de la acción humana”. Desde el retorno a la democracia en Chile se han decretado 50 emergencias nacionales, 14 de ellas en Valparaíso ocupando el primer lugar, con el 28%; además, esta región ocupa el segundo lugar nacionalen incendios forestales con 203 en los últimos diez años, por eso los indios –“pueblos originarios”- como advertencia a todos los tiempos llamaron a estas tierras Alimapu.  

Veamos que ha pasado en recientes incendios de interfaz entre lo urbano y lo rural, las “precuelas”, más importantes de la catástrofe actual: el incendio forestal del 14 de enero del 2008, que comenzó en el cerro La Cruz, destruyó 20 hectáreas de bosque, se propagó al sector poblacional de El Vergel arrasando decenas de viviendas y automóviles, hubo cuatro muertos entre ellos un bombero y más de 50 heridos – por el mismo El Vergel entró el fuego el pasado 12 abril. Luego, el 14 de febrero de 2013 casi 300 casas fueron arrasadas por las llamas en el sector de Rodelillo y el Cerro Placeres de Valparaíso, dejando a 1.200 personas damnificadas, el cual también se inició en el bosque colindante.

Finalmente el 12 de abril pasado, pese a la advertencia toponímica e histórica  de los indios y de las “precuelas”  de 2008 y 2013, probablemente una quema mal hecha en el fundo Los Perales, con mayor probabilidad que un jote, un niño, un loco o un bombero pirófilos,  generó un incendio catastrófico en la parte alta de la ciudad que incluyó a los cerros: Mariposa, La Cruz, Merced, Las Cañas, El Vergel, Ramaditas, Pajonal, Rocuant y el Litre, 9 de 42 cerros, ha producido 1.000hectáreas de bosques quemadas, tres mil viviendas incendiadas, 17.000 damnificados y 16 muertos, el impacto causado ahora en número de viviendas incendiadas es superior a la suma de todos los otros eventos anteriores en el último siglo.

Si más allá de la Cárcel por el Camino de la Pólvora en dirección noroeste en las partes altas de los cerros Florida, Yungay y Jiménez, Cárcel  y La Loma, Cordillera y San Francisco, Toro y Arrayan, así como en Playa Ancha por sus sectores altos, no se construye un corta fuegos a la largo del Camino de la Pólvora de 200 a 250 metros de ancho, que separe los bosques de eucaliptus de la vertiente sur  de los Altos de Valparaíso, de los bosques y  zonas urbanas de la vertiente norte; si además, no se  instalan estanques de agua cada cien metros, si no hay grifos ni red hídrica en esos lugares, si no se asientan puestos de bomberos que puedan intervenir cualquier amago de incendio antes de 20-30 minutos transcurridos, y si no se talan los bosques de eucaliptus, incluidos sus renovales, que rodean peligrosamente a la ciudad puerto por ser estos pirófilos, no hay manera de conjurar en toda esa zona el peligro inminente de otro mega incendio en cualquier momento o de seguro el próximo verano.

Pero, la medida más importante a implementar es proceder en lo inmediato a organizar a la población en estructuras locales de prevención y  gestión de riesgos, reducción de daños y mitigación de impactos. La población local debe ser organizada, habilitada y  tener competencia para identificar riesgos en su entorno, asimilar y controlar daños a su población; además, la presencia en y el conocimiento de su entorno le dan  a la población local organizada la mejor oportunidad y opción para tomar las primeras medidas, dar la primera asistencia a las víctimas, identificar los impactos y peligros eventuales, así como asistir en sus intervenciones a los equipo de bomberos, sanitarios, policiales y otros comprometidos en la protección civil cuando estos deban actuar en la localidad.La única manera de no seguir viviendo peligrosamente en Valparaíso es mediante la organización de sus  vecinos porque el riesgo y su gestión es un asunto esencialmente ciudadano y político no técnico.

Finalmente,  otra importante medida de gestión de riesgos, reducción de daños y mitigación de impactos es establecer las responsabilidades institucionales y funcionarias entre quienes  legalmente tienen la responsabilidad y la obligación de asegurarla protección civil de la población, estas deben ser las más importantes “lecciones aprendidas” para que esos hechos no se repitan. No se trata aquí de culpar a nadie, de eso se encargan los tribunales de justicia. Pero, no se debe aceptar el fácil recurso de culpabilizar a las víctimas, como en los casos de los derechos humanos o los abusos sexuales, afirmando que ellas son las responsables de lo que paso por haberse localizado en quebradas y pendientes, cuando casi toda la ciudadestá construida sobre quebradas y pendientes, o que ellos son responsables por arrojar sus basuras a las quebradas, si no se las recogen mal harían guardándolas bajo sus camas.

La responsabilidad de no haber actuado de acuerdo con las normas universales de gestión de riesgo y reducción de daños  no es solamente del Alcalde, máxima autoridad de la ciudad, también lo es de la ONEMI que es la institución del Estado encargada de la protección civil. El principal criterio de la protección civil  es el principio de «precaución» o también llamado «de cautela», que  exigela toma de medidas protectoras ante un evento que suponga un riesgo grave para la protección civil se conozca o no el daño previsible, ni se cuente con las evidencias científicas de su ocurrencia; el error del Sub SecretarioRosende el 27 F 2010 fue preguntarse: ¿Y si no viene el tsunami? La gestión del territorio en los bosques del país es de la CONAF ¿Por qué existiendo aún las condiciones climáticas para temperatura de 30°C, humedad de 30% y vientos de 30 nudos por hora se declaró el fin de la temporada de incendios el 30 de marzo?  ¿Cuál es el rol de ESVAL en la provisión de agua para las emergencias? En todos los eventos relatados, tanto el mega incendio, mega evento y mega marketing,  así como en sus “precuelas”, todos los testimonios dicen que no había agua en los grifos y los bomberos para apagar incendios nada pueden hacer sin agua, entonces, es cuando menos sorprendente que en la declaración pública del Cuerpo de Bomberos y en las entrevistas de su máximo jefe nunca se mencione la falta de agua.

Bien sabemos que el poder es ambiguo con la seguridad ciudadana y la protección civil de la población, ya que de igual manera que para proveer seguridad hay que instalar la inseguridad – proverbial aquí en Chile donde mientras más disminuye la delincuencia más temor tiene la gente-, también para instalar la legitimidad del poder es necesario dejar que el riesgo se convierta en peligro y este en catástrofes, para así auxiliar víctimas, socorrer damnificados, financiar reconstrucciones  y hacer inauguraciones, además , claro está, castigar a los culpables expiatorios.

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(El autor es Secretario Ejecutivo de la Red Chilena de Reducción de Daños; militante de la Izquierda Socialista del PS y miembro del Equipo Editorial de El Porteño)