Por nuestros derechos: ¡a luchar!

de Bloque de Organizaciones Populares

Ya van más de 10 días desde que como pobladores y pobladoras, parte de la clase trabajadora, nos sumamos a la gran convocatoria que las y los estudiantes secundarios nos hicieron a través de las evasiones masivas, producto del alza del pasaje. Espectadores al principio pero rápidamente nos volcamos como en los 80 a las marchas, cacerolazos y barricadas, ollas comunes y asambleas territoriales, las cuales hoy nos permiten vislumbrar posibilidades de avanzar hacia la reconstrucción del movimiento popular.

Han sido jornadas extenuantes, agotadoras, pero llenas de enseñanzas en la lucha por nuestros derechos. El pueblo, las y los trabajadores nos han dado lecciones de movilización y protesta, las cuales son un motor para impulsar la lucha clasista contra el capitalismo, el imperialismo y al patriarcado, ejemplo de esto han sido la multiplicación de ollas comunes en diferentes comunas y regiones del país, las asambleas realizadas en plazas y sedes de nuestros territorios, ocupando el espacio público en favor de la organización popular, en las cuales se ha ido debatiendo sobre nuestros pliegos de demandas y la forma de cómo ir conquistando derechos. Lo hemos visto también en las marchas donde la alegría de ser millones se transforma en rebeldía e impronta combativa contra las y los defensores del sistema capitalista, en los cacerolazos donde las barricadas fueron validadas como la forma de protesta popular contra las injusticias de este modelo de explotación, opresión y dominación.

No olvidamos las opiniones nefastas de los diferentes políticos del bloque en el poder burlándose de nosotros y nosotras. No olvidamos cómo el ex subsecretario de redes asistenciales, Luis Castillo, mencionó sin tapujo que el pueblo va a hacer vida social en los CESFAM a las 5 de la mañana; no olvidamos el llamado del ex ministro de Hacienda Felipe Larraín a comprar flores porque están más baratas, o los dichos del ministro de vivienda haciendo alusión a que todos tienen propiedad de una casita, dos departamentos, una casa en la playa o un terreno, a sabiendas de los niveles de hacinamiento, de los miles de deudores habitacionales y las paupérrimas viviendas sociales que impulsa el gobierno a través de sus políticas sociales. Tampoco olvidamos que nos tratan como si fuésemos alienígenas, sabemos muy bien a qué clase pertenecemos, por qué intereses luchamos, y también tenemos muy claro contra quiénes peleamos, contra la burguesía.

Nuestras demandas son sueldo mínimo $500.000, 40 horas de trabajo semanal sin flexibilidad, pasaje gratis estudiante y tercera edad, pago de locomoción y colación en todos los lugares de trabajo, congelamiento de tarifas de servicios básicos, fin a las AFP, derogación del DL 3.500 por un sistema de reparto y pensión básica igual ingreso mínimo, por estatizar el transporte público, farmacias estatales fuera de la colusión, compra de terrenos para viviendas sociales, fin al lucro en la salud y la educación, nuevo sistema de protección de la infancia y a la tercera edad, nacionalización de agua y los recursos naturales, protección a la maternidad y socialización del trabajo doméstico, entre otras demandas que buscan mejorar las condiciones de vida de nuestro pueblo.

Sin embargo, sabemos que estas demandas no bastan para lograr una vida mejor, la lucha y la construcción del poder popular es lo único que nos permitirá terminar con el sistema capitalista que nos condena a la miseria y sólo nos entrega migajas.

En medio de la protesta popular, estado de excepción y militares y fuerzas policiales reprimiendo, torturando y asesinando, en la cámara del Senado se aprobó el proyecto de ley sobre la jornada de 40 horas, y Piñera anunció una serie de miserables medidas como el congelamiento de la tarifa de electricidad o el aumento del ingreso mínimo a $350.000, no de cargo de la patronal sino por medio de subsidio estatal, es decir, de los bolsillos del pueblo chileno. Pero ninguna de estas medidas ha sido capaz de aplacar el descontento, quedando en evidencia en la convocatoria a la marcha más grande de la historia. Asimismo, el gobierno intentó adueñarse del aparente pacifismo de esta convocatoria instalando, a través de los medios de comunicación, la falsa idea de orden y paz, situación que nuevamente despertó el descontento, desatando nuevas jornadas de protestas, superando y dejando en segundo plano el cambio de gabinete, que pretendía ser un recurso disuasivo respecto del foco de atención.

En medio de la crisis que vive el gobierno, el oportunismo de la oposición (ex Nueva Mayoría y Frente Amplio), busca adjudicarse la representación del movimiento, generando propuestas que buscan como salida la institucionalización del conflicto, intentando trasladar esta lucha desde la protesta popular hacia la manifestación ciudadana.

Sin embargo, surge una iniciativa clasista y popular. El llamado de la Central Clasista a construir un polo social anticapitalista y por fuera de las maniobras del entreguismo de conciliación de clases, puede ser el espacio donde las diversas expresiones político sociales, del campo popular podamos articularnos para, de forma mancomunada, impulsar un camino de lucha contra el sistema capitalista y por la conquista de los derechos de la clase trabajadora.

Por otro lado, hacemos el llamado a mantener la convicción sobre la justeza de la lucha por nuestros derechos y a tener mucho cuidado con las medidas que ha impulsado la clase en el poder por instalar la desconfianza y división de nuestro pueblo. Los chalecos amarillos trabajando en conjunto con fuerzas policiales, no son más que el reflejo de las medidas adoptadas por trasladar el enemigo del pueblo hacia el mismo pueblo, potenciando la represión desde la lógica del enemigo interno, táctica ya utilizada en otros conflictos por parte de las Fuerzas Armadas y de Orden. Decimos fuerte y alto que el pueblo que lucha no es delincuente y que nuestro enemigo no es el vecino o vecina, sino que la clase que nos ha mantenido viviendo en miseria, discriminación y precariedad por décadas.

Como Bloque de Organizaciones Populares, saludamos la enorme energía de nuestro pueblo y su claridad a la hora de enfrentar a los poderosos, invitamos a seguir fortaleciendo la protesta popular, a volcarse a la construcción de asambleas territoriales y a multiplicar las organizaciones populares en lucha por los derechos que hace décadas los ricos nos han usurpado.

¡¡¡Para que todo cambie
Hay que salir a luchar!!!