Argentina: el fin del macrismo y el triunfo de Fernández ante la necesidad de estructurar al FIT como frente lucha obrera

de Laburantes

Las elecciones del 2019 ya son historia. Ahora vendrán análisis de todo tipo. Que Mauricio, que Cristina, que Alberto, que las encuestas (otra vez erradas). Un canal de noticias que ayer a la tarde había transformado el posible resultado electoral en una contienda futbolera. “Argentinos Juniors (equipo de Alberto Fernandez) vencía a Boca (Macri) por mas de 20 puntos de diferencia” El sentido era el de burlar la prohibición de la eterna Servini, de no poder dar “bocas de urnas” hasta después de los anuncios oficiales de las 21 hs. 

Sea como fuere cada uno se las arregló de diferentes formas para evitar las legalidades y adelantar el resultado. Los mejores encuestadores del país anunciaban, con bombos y platillos, la contundente victoria, ahora sí en todos los canales, de la fórmula de Alberto y Cristina. Pasadas las horas y los datos oficiales, estas diferencias se achican y nuevamente los fracasados encuestadores no saben que decir.

Lo cierto es que la derrota de Macri, si bien por solo 8 puntos nos deja algunas conclusiones. 

¿Que heredamos de Macri?

El desquicio en el que se encuentra el País, deuda impagable al FMI, endeudamiento,con compromisos para esta misma semana, con prestamistas privados que vacían literalmente las arcas del Estado nacional, creciente parálisis de la actividad económica y alarmante desocupación, gran dificultad para frenar la corrida del dólar, una población empobrecida, de la que no va a ser fácil salir porque tiene condimentos estructurales y sostenidos en el tiempo y un sistema de ayuda social absolutamente desbordado.

¿Qué nos promete Alberto?

Poner plata en el bolsillo de la gente, llamando a un pacto social a la CGT y la UIA.

Pero veamos de que se trataría este “pacto”. 

Los viejos dirigentes de la CGT (a los que se quieren sumar la CTA para entrar en el“pacto social”) son los mismos que aprobaron, a través de sus diputados, las medidas anti obreras de Macri, son los mismos que se negaron sistemáticamente a llamar a la huelga general para combatir al gobierno más anti obrero que se recuerda en la argentina, aparte de la dictadura de Videla.

Estos sonlos dirigentes que nos van a representar en el pacto social del Alberto. Pacto social que históricamente los trabajadores los recordamos como un verdadero fracaso. 

Perón lo intentó dos veces. Primero lo armó durante la presidencia de Cámpora, con Rucci (sec gen de la CGT), Julio Broner (Dueño de Wobron, fábrica de autopartes) como representante patronal y Gelbard como ministro. Se estableció el congelamiento de salarios y de tarifas, perjudicando claramente a los trabajadores porque los precios seguían aumentando a favor de la voracidad de la patronal argentina. Perón premió a los sindicalistas que trataban de aplacar todos los reclamos obreros dándoles el manejo total de los fondos sindicales y de las obras sociales a través de la ley de Asociaciones Profesionales (noviembre del 73) dándoles el control de los sindicatos, nombrando a un burócrata del gremio metalúrgico, Ricardo Otero, al frente del Ministerio de Trabajo, poniendo restricciones a la elección de nuevos delegados que surgían a diario poniéndose al frente de la lucha obrera.  La dirigencia sindical a la que muchas veces caracterizamos como “burocracia” es, necesariamente  sostenida y fomentada por el Estado para sus fines anti obreros.

El segundo intento de “Pacto Social” fue implementado el 27 de marzo del 74, ya durante el gobierno de Perón, con una situación económica que se había agravado considerablemente y una resistencia obrera mayor, que le hizo perder la utilidad. Ya no alcanzaba con el compromiso de los burócratas sindicales de la CGT porque la insurgencia obrera seguía en aumento. Ahí empieza a tomar forma la represión de las tres A de José Rucci y Lopez Rega con el asesinato de dirigentes obreros de base y diputados no disciplinados como fue el caso de Rodolfo Ortega Peña.

El 31 julio de 1974, quién había declarado: “Insisto en la necesidad de coordinar a todos los sectores que se den una política antiburocrática,  anticapitalista y que tratan de enfrentar el pacto social…” (Avanzada socialista n 108 junio de 1974), cae bajo la metralla de los organizadores dela triple A.

Estos son los antecedentes de los pactos sociales que el nuevo gobierno, siguiendo la tradición de los gobiernos de Perón, intentan seguir. Obviamente nada es igual. Las épocas cambian. Los dirigentes y la organización obrera también. El proceso de luchas iniciado durante el “Cordobazo” hoy no está. La represión de la dictadura dejó un hueco enorme en la conciencia obrera. Nuevas camadas se van formando. 

La crisis mundial del capitalismo provoca grandes dificultades en la economía argentina que los políticos de las dos caras de la “grieta” piensan solucionar sobre las espaldas de los trabajadores.

El levantamiento popular en Chile pone límites a los intentos ajustadores en toda la región. El resultado de dicho enfrentamiento alumbrará una nueva situación, esperamos, favorable para los trabajadores.

El sometimiento de las organizaciones sociales (Frente Patria Grande) al nuevo gobierno restará, sin lugar a dudas, fuerzas obreras para resistir este nuevo pacto social.

Hemos visto la alegría en los barrios de trabajadores, hemos sentido nuestra emoción contagiados por una multitud que alegremente ha visto un resultado favorable a sus intereses.

 Pero la nuestra es una responsabilidad diferente. Nuestro compromiso es por la clase obrera y sin claudicaciones. Sabemos, como nadie, que el problema es el capitalismo. No es Mauricio, ni Cristina, ni Axel, es el régimen de explotación de la burguesía sobre el proletariado que es la inmensa mayoría de la población.  Nuestra obligación es decirles a los compañeros que alegremente festejaban que es lo que viene y como nos debemos preparar, sean peronistas, radicales o socialistas.

La expectativa que produjo la vuelta de Perón, que movilizó mas de un millón de personas, un 20 de junio del 73, lejos de convertirse en una fiesta se convirtió en lo que se dio en llamar, la masacre de Ezeiza. Nunca se supo concerteza la cantidad de víctimas pero algunos hablan de 13 muertos y 300 heridos. Quiere decir que mas allá de las ilusiones del “pueblo” pobre la verdad debe ser una advertencia, aunque aparezca como antipopular.

A nosotros nos interesa saber: ¿qué pasó con el Fit? ¡Al que le dimos todo nuestro apoyo!

En ese sentido, la construcción de la izquierda legal y electoral, el FIT, no ha logrado crecer y ha perdido votos. Se nos podrá decir de la polarización, se podrá hablar de la falta de recursos, se nos recordará que es una construcción nueva, pero lo que no se nos podrá achacar es que,  a pesar de la incorporación del MST y Venceremos, se perdieron votos, se retrocedió.

¿Porque  sucede esto? Podemos ensayar algunas explicaciones. A nosotros lo que nos preocupa es que el FIT U no se convirtió en un referente de la lucha de masas contra los planes ajustadores.

El sectarismo, de pensar que para lo único que puede servir es para el propio crecimiento partidario, la competencia sin límites entre los miembros, y la falta de una convocatoria de masas a debatir y a organizar un frente de lucha,son nuestras mas duras críticas.

Y estas cosas las hemos visto en las calles, con una columna del Fit saliendo para un  lado y la otra saliendo para el lado contrario. Tratando de no mezclarse, peleando físicamente para estar uno delante del otro, compañeros: ¡esto no sirve!

¿Pensamos que si hubieran actuado diferente el resultado electoral hubiera sido mejor?

 Puede ser. Pero lo que es seguro es que estaríamos en mejores condiciones para armar un gran frente de lucha,socialista y anticapitalista. 

Debemos llamar a los compañeros del Frente Patria Grande a romper sus compromisos y sumarse a una necesaria resistencia que deberá enfrentar a la clase obrera con el gobierno de los Fernandez, el FMI y los capitalistas argentinos. Los necesitaremos más que nunca. 

Y necesitamos convertir al FIT U en un gran frente de lucha que, desde abajo, desde las asambleas en los barrios y en los lugares de trabajo, se dé una política unitaria.

Basta de sectarismos estériles.

Por un gran frente de lucha, antiburocrático, anti patriarcal y anticapitalista.