La destrucción de Valparaíso durante estado de emergencia

por Yuri Carvajal

De todas las ciudades de Chile en estos días de agitación populárica, Valparaíso ha concentrado la indiferencia de las autoridades mientras sus construcciones del siglo XIX o de prinicipios del XX, eran quemadas.

Valparaíso una ciudad pobre y envejecida, un ex puerto principal, ha sido una vez más presa de los corsarios oficiales.
Había que darle un tiro de gracia a su soberbia regionalista.
No bastó con destruirle su Ventanas ni su Campiche. No bastó con desindustrializarla. No bastó con reventarle su calle Uruguay plagándola de vendedores ambulantes y transformando todo el espacio público de sus avenidas y plazas, en lugares de venta. Con cerrar el paso a la costanera, donde ya ningún pescador de jaibas podrá ponernos tristes. Con aplastar su comercio minorista con grandes tiendas. Con reemplazar sus cines con mercachiflería. Con llevar a sus hospitales a un estado de postración. Con prostituirles sus caletas, quitándoles las piedras a El Membrillo y pavimentando Portales.

Con debilitar a sus Universidades como centros de pensamientos, fragmentando a una pequeña masa de intelectuales, en diversas instituciones sin diálogo.

En cerrar librería tras librería: Orellana, Universitaria, Parera, El Pensamiento. En acabar con sus cines de barrio: Teatro Odeón, Mauri, Cine Iris.

Una especulación inmobiliaria de cuarta se hará cargo de ganar con estas ruinas.

Valparaíso como otros chilenos ha sido desnudado y puesto de rodillas por las autoridades. Se le ha puesto fuego a sus vetustos edificios.

Nada les ha bastado.