Confiando en el pueblo: consolidar nuestras posiciones para afianzar nuestras conquistas

por José Moro

Las recientes jornadas de protesta y revuelta popular contra el gobierno de Piñera y su estado de emergencia, han establecido un punto de no retorno en el actual periodo histórico, dando origen a una crisis social y política de enorme complejidad. Es aún muy difícil distinguir qué fenómenos expresan el término del ciclo precedente y cuáles, en cambio, encarnan las nuevas tendencias de la lucha de clases. Mientras la dirección de los acontecimientos se mantenga y este conjunto de rasgos emergentes se prolongue, resultará sin duda útil para el pueblo explorar estas tendencias, reflexionar sobre los escenarios posibles y debatir las líneas de acción más adecuadas para consolidar su avance. No hay que ceder un milímetro a la confusión, sino confiar en la inmensa fuerza revolucionaria del pueblo: el mismo que hoy lucha, resiste y se organiza, que no acepta las migajas del gobierno ni se doblega ante el falso poder de la canalla militar.

1. Causas de la revuelta popular

Las jornadas de protesta y lucha popular han dado expresión definitiva, desde un punto de vista global, a una profunda brecha abierta entre la clase dominante y los trabajadores, que se ha ensanchado durante la última década. Los dueños del poder y la riqueza gobiernan sin el consenso activo del pueblo; las fuerzas políticas del régimen han perdido su base social y se ensimisman en el festín de sus privilegios, aislándose cada vez más del resto de la sociedad. En cambio, nuestro pueblo ha comprendido lentamente que nada tiene que esperar de quienes nos engañan, reprimen y explotan; que el único camino hacia la dignidad y bienestar se obtiene por medio de una lucha y organización independiente, sin intermediarios ni patrones. Por ello, en esta revuelta popular ha cristalizado el profundo deseo de ajustar cuentas con aquellos que, impunemente, todos los días, nos explotan y oprimen. El despertar de nuestro pueblo, su inquebrantable disposición de combate, sus renovadas esperanzas y anhelos, son consecuencia de toda la rabia, frustración y coraje reunidos, cotidianamente, ante la mentira, el descaro y la violencia de quienes nos gobiernan.

2. Para los cambios revolucionarios: un Pliego del Pueblo

Evidentemente, las fuerzas del régimen burgués atribuyen esta movilización a la labor

cancerígena de un puñado de agitadores, vándalos y delincuentes. Esta miopía es la enfermedad natural que aqueja a las clases dominantes la víspera de su definitiva agonía histórica: no pueden entender cómo y por qué millones rechazan una sociedad que está hecha a su imagen y semejanza, y que para ellos, representa la mejor y más lograda forma de vida social. El terror de la “primera dama” es muy similar al que experimentaron los reyes y nobles que veían, con horror, como los súbditos abolían sus privilegios y llevaban su cabeza a la guillotina. El pueblo, para ella, son seres de otro planeta, alienígenas. Por eso, la clase dominante chilena se deshace en lamentaciones y llantos pechoños, mientras observa que el pueblo conquista las calles, se reconoce y abraza, entre barricadas, cantos y balaceras. El reloj de la historia, que se ha acelerado notablemente durante estos días, trae a la consciencia de los poderosos la innegable verdad de su obsolescencia histórica.

La otra cara de esta miopía ha sido el gracioso “acuerdo social” para la “unidad nacional” que planteó ayer el gobierno. Su listado de cambios cosméticos es otra manera de negarse a comprender que las transformaciones necesarias son, precisamente, aquellas que implican su desaparición de la sociedad. El pueblo se ha lanzado a conquistar un porvenir que supone barrer con toda la institucionalidad política, económica y social que la burguesía chilena ha construido a partir del golpe militar. Por lo mismo, no puede haber claridad sobre su programa de acción. Sólo

a medida que caigan, ladrillo a ladrillo, los muros del Estado burgués y todas las instituciones creadas para explorar y oprimir a los trabajadores, el pueblo irá dibujando, con el lápiz de la rebeldía, la imagen de la nueva sociedad: una de bienestar y abundancia, justicia y solidaridad, la sociedad del poder popular. Para ello, no necesita tener escritas las tablas de la ley, sino recoger, una a una, las demandas que durante décadas salen de su boca cuando piensa en ese mundo diferente, sin explotadores. Los cambios revolucionarios (porque suponen la transformación

radical de la sociedad existente) surgirán de aproximaciones sucesivas, en que el pueblo reescribirá tantas veces como sea necesario, todas las demandas, reivindicaciones y medidas que conduzcan a su liberación. Un Pliego del Pueblo, que recoja todos los anhelos revolucionarios, de cada obrero, feminista, mapuche, estudiante, poblador y cesante, en cada territorio y ciudad, es lo que hoy se necesita para continuar y consolidar la lucha.

3. Estado de emergencia y libertades democráticas

Resuelta la cuestión de las demandas de la revuelta popular en marcha, se plantea unos de los problemas centrales del actual momento político: ¿cómo resistir y vencer la represión? ¿cómo acabar con el Estado de Emergencia? Desde el inicio de las movilizaciones, nuestros hermanos y hermanas de clase han debido sortear la más cruda violencia. Decenas de asesinatos, millares de agresiones, abusos, torturas y atropellos, de las cuales el gobierno es responsable, ponen reiteradamente esta pregunta sobre la mesa.

En momentos de crisis social y popular que tienen al pueblo como protagonista, la vida se experimenta como un movimiento pendular entre la libertad y la represión, entre la democracia y la dictadura. En este régimen social, los dos extremos están hechos para someter al pueblo. La democracia burguesa no libera, pues está hecha de engaños; pero ofrece un margen de actividad que el pueblo debe defender, utilizándola a mano y sin permiso. La dictadura, que hoy se gesta con el estado de emergencia, sólo podrá sostenerse cuando el pueblo deponga los brazos. Y ese

tiempo, será cada vez más próximo, mientras los militares hagan uso de la superioridad de fuerzas y de todos los privilegios que poseen. Es innegable que el pueblo debe exigir el fin del estado de excepción y la retirada de las fuerzas militares y de orden de las calles. Pero también es innegable que el gobierno sólo los retirará cuando el pueblo las abandone o estén menguadas sus fuerzas y energías. En suma, se trata de un problema táctico que hoy tiene enorme significación estratégica: utilizar el tiempo democrático para golpear al gobierno y resguardarse durante el nocturno toque de queda, para mantener sus posiciones y conquistas, sin exponer nuestras fuerzas al fuego enemigo. El pueblo se prepara para vencer cuando aprende a resistir. Un llamado enérgico debe hacerse hoy a la vanguardia social del pueblo: no entregar flanco alguno, cuidar nuestros combatientes y resguardar nuestros territorios de la provocación e infamia militar.

4. Escenarios posibles

No confiamos en que la clase dominante abandone los medios de represión de su Estado, porque dada la debilidad del gobierno y las fuerzas políticas del régimen, es muy probable que, en poco tiempo, no tenga otro pilar en que sostenerse. La convocatoria a los militares es, en este sentido, una medida precipitada que puso en la cuerda floja a todo el sistema político y social: es la declaración abierta de que ya no pueden gobernar sin el uso abierto y generalizado de la violencia y la represión. Entonces, ¿qué debe hacer el pueblo para que Piñera retire a los militares? ¿Retroceder todo lo avanzado? ¿Confiar en su gobierno? ¿Aceptar sus propuestas? O si se pide su renuncia, como sugiere la izquierda parlamentaria: ¿confiar en las fuerzas de la oposición? ¿aceptar una dictadura cívico-militar? La irresponsabilidad de la oposición y la izquierda reformista, que ven al pueblo como una moneda de cambio de sus ambiciones gubernamentales, queda aquí desnuda cuando piden la renuncia de Piñera, sin advertir que el pueblo enfrenta con ello mayores peligros y dificultades, y al mismo tiempo, no se encuentra todavía preparado para asumir en sus propias manos el poder.

Si el péndulo de la situación política sigue la dirección del estado de excepción, los escenarios estratégicos planteados se configuran en dos variantes: a) Piñera, derrotado en su “salida política”, se refugia en los militares, integrando las fuerzas armadas al gobierno, ya sea por la vía de un autogolpe, gabinete cívico-militar, o bien por el camino de un estado de sitio hasta destruir el movimiento y aplastar la revuelta popular; en este sentido, se configuraría un incierto proceso de transición dictatorial, que desplazaría completamente a las fuerzas políticas del régimen y acabaría con las débiles garantías democráticas que aún subsisten; b) el gobierno de Piñera, derrotado en su “salida política”, pero sin apoyo de las fuerzas armadas, conjura una crisis

interburguesa tal que plantea con urgencia la necesidad de un gobierno provisional, de carácter cívico-militar, ya sea por medio de su renuncia o de un golpe de estado; en este escenario, incluso la oposición puede integrar ese gobierno, junto a las actuales fuerzas del oficialismo, deshaciéndose ambos del lastre del piñerismo; pero incluso más: pueden engrupir al pueblo con una Asamblea Constituyente, garantizada por este gobierno provisional, que en cualquier caso, estará siempre sostenido y avalado por los militares. En cambio, si el péndulo retrocede, Piñera afianza su posición al interior de la clase dominante y conserva su débil hegemonía, entonces podría darse un escenario de “estabilización democrática”, con o sin toque de queda, hasta las

elecciones de 2021.

5. Una huelga general defensiva

En cualquier escenario, las fuerzas armadas no saldrán de la palestra en el corto plazo, pues fueron convocadas por la propia burguesía para resolver su profunda crisis interna. Pero, de igual manera, estarán allí porque existe una fuerza amenazante, un “enemigo poderoso”, a quienes ellos ya han declarado la guerra: nuestro pueblo. Por este motivo, la Huelga General convocada para este 23 y 24 de Octubre es tan relevante. En primer lugar, pondrá en actividad a casi todos los

sectores del pueblo y, esta vez, a sus destacamentos de mayor peso estratégico, los del

movimiento obrero; son éstos, actualmente, los únicos que cuentan con un sistema de demandas y reivindicaciones propio e independiente de las fuerzas políticas del régimen, y además, quienes por su importancia y trayectoria de lucha, pueden aportar de forma más consistente a su organización y movilización política. En segundo lugar, la huelga de masas es un fenómeno vivo donde confluyen todos los sectores en lucha, con sus diversas formas de organización y combate, ya sea económico, social, cultural o político; en ella se combina la lucha de posiciones, en los centros de producción y circulación, con la lucha movimientos, en los territorios y espacios públicos. En tercer lugar, constituirá el ensayo general de los próximos enfrentamientos con el

gobierno y demostrará hasta qué punto el avance del pueblo, que ha sido poderoso durante estas jornadas, cristaliza en verdadera fuerza organizada y poder popular. En síntesis, la Huelga General pondrá en práctica toda la experiencia acumulada en estos días de lucha callejera, organización territorial y movilización general del pueblo.

Pero no se debe olvidar el carácter de esta huelga general, que está determinado por el contexto y situación política presente. Es imposible que ella, por ejemplo, conduzca a la conquista del poder político por el proletariado; o incluso si su éxito es arrollador, implique el retroceso en las medidas represivas del gobierno. Antes bien, hay que tener presente, con mucho realismo, la correlación global de las fuerzas de clase: la burguesía posee una fuerza, por el momento, irremontable, superior a las del pueblo; la relación de fuerzas les es todavía, ampliamente favorable. En este sentido, nuestro pueblo sigue y seguirá en resistencia, y sólo podrá realizar acciones ofensivas, después de consolidar sus posiciones actuales y fortalecer su proceso de acumulación de fuerzas. Por lo mismo, la Huelga General tendrá un carácter político defensivo y

debe orientarse a resguardar las conquistas alcanzadas, a consolidar la nueva posición de fuerza alcanzada por el pueblo durante estas jornadas de protesta y revuelta.

6. Por la senda del poder popular

La lucha del pueblo es dura y mucha. El porvenir de los trabajadores, los explotados y oprimidos en esta sociedad de privilegios, se construye en base a reiterados e irregulares choques con los dueños del poder y la riqueza. La situación política ofrece hoy grandiosas perspectivas a nuestro pueblo, a condición de que sepa aprovechar sus oportunidades de crecimiento y se oriente hacia el desarrollo de su propia fuerza y poder revolucionario. Ese poder, el poder popular, nada tiene que ver con los actuales funcionarios, políticos, militares y tecnócratas que detentan el poder burgués.

Las revueltas recientes, por todo Chile, han hecho renacer la esperanza en que otra sociedad es posible, cuando nos reunimos, reconocemos y apoyamos en el combate contra nuestros opresores.

Nosotros y nadie más que nosotros, los que día a día construyen este mundo, trabajando de sol a sol, sudando la gota gorda de la explotación, resistiendo la violencia patronal, patriarcal o colonial, tenemos el deber y el derecho de tomar el destino de la sociedad. El camino hacia el cual se dirigen los combates de hoy y de mañana, es la construcción del poder popular. La senda de la revolución es el camino del poder independiente de los trabajadores. Y aunque sea a través del vidrio borroso de esta crisis, con todos los sacrificios que hoy exige a nuestro pueblo, es el objetivo que siempre, en cada combate, hay que tener presente. El gobierno ha manchado sus

manos con nuestra sangre y quiere arrebatarnos la rebeldía a punta de engaños, balas y culatazos; no dejemos flanco desprotegido, no demos oportunidad al enemigo de reiterar sus históricas infamias. Hoy tenemos pueblo y consciencia. Mañana tendremos fusil. Consolidemos posiciones, conservemos nuestras conquistas y sigamos adelante, confiando en el pueblo, con todas las fuerzas de la historia.

POST SCRIPTUM 25/10

Los anteriores planteamientos corresponden a la víspera del 23 de Octubre. En momentos políticos como el actual, los acontecimientos y el movimiento de las fuerzas sociales son tan volátiles e impredecibles, que es necesario precisar estas proyecciones:

1. La respuesta política del gobierno, con su “nueva agenda social”, no sólo es engañosa en el sentido que todas sus medidas suponen un subsidio directo a los empresarios, sino que además presenta como novedosas medidas que ya estaban inscritas en su programa y en el de la oposición. Esta táctica ya fue utilizada frente al movimiento feminista: el gobierno responde, a un movimiento emergente que presenta problemáticas radicalmente nuevas, con su viejo lastre programático. En este sentido, la crisis política sigue abierta. Pese al intento de las fuerzas del

régimen por resituar al parlamento como centro de gravedad de la situación política nacional, todas las resoluciones de los últimos días representan la concreción de viejos proyectos legislativos. Evidentemente, representan un intento del conjunto de la institucionalidad por alcanzar el ritmo de actividad planteado en las calles por las masas, pero no resuelven ninguno de los problemas de fondo planteados durante las jornadas de protesta popular.

2. La visibilización de los crímenes del gobierno y las fuerzas armadas, han provocado un viraje en la estrategia de control y normalización ideológica. Se han difundido muestras de “confraternización” entre las tropas y las masas, así como se relevan los saqueos por muestras de pietismo popular (limpieza de calles, protestas festivas, etc.). En realidad, vemos aquí una tentativa de hegemonía sobre las masas propietarias y pequeño-burguesas que están siendo ganadas a los llamados al orden y la normalidad, y que indudablemente, serán puesta contra los sectores conscientes que enfrentan, con coraje y rebeldía, la represión y violencia instaurada por este gobierno. A esto se suma, la utilización del lumpen y narcotraficantes contra las masas, con

la finalidad de desmoralizar las filas del pueblo y golpear desde dentro al movimiento. Este conjunto de hechos, representan el intento por conquistar una hegemonía sobre el movimiento popular, por parte del gobierno y los militares, para cimentar una salida política de estabilización, volcando a los grupos medios contra los sectores obreros y populares. Lo importante, es que esta división en el movimiento, promovida por las fuerzas del régimen, es el caldo de cultivo para el fascismo, es decir, para una perpetuación del estado de excepción y la limitación de las libertades democráticas, con el apoyo activo de algunos sectores sociales. El temor al desabastecimiento, los

llamados a retomar las actividades laborales y las convocatorias a la paz sin justicia contra los criminales del pueblo, son todas muestras de la configuración de una situación política en que, pese a los combates de las masas, el gobierno quiere asentar su posición de fuerza y, dividiendo las filas del pueblo, golpear a sus sectores más activos y estabilizar así la situación política.

3. El resultado de la Huelga General convocada nos muestra hasta qué punto las debilidades históricas del movimiento obrero impiden dar profundidad y extensión a la ofensiva de las fuerzas obreras y populares. Los centros de producción, en su mayoría, están afectados objetivamente, y en este sentido, la huelga efectiva fue débil y minoritaria. El carácter defensivo de la movilización de masas se hace cada vez más necesario, así como una orientación hacia los territorios. Hasta que los centros de producción y cambio retomen sus actividades es muy difícil que el movimiento

obrero pueda jugar un rol en la situación política, toda vez que sus niveles de organización y coordinación, por fuera de esos centros, es insuficiente para enfrentar los desafíos de la situación política. En consecuencia, adquiere mucha relevancia la necesidad de un repliegue ordenado de las fuerzas populares, sin abandonar la movilización y el enfrentamiento defensivo, para permitir la rearticulación del movimiento obrero, y sobre todo, conquistar los avances en la disposición de

lucha y afianzar los saltos de consciencia dados por el pueblo. La acumulación de fuerza en los territorios, la construcción de espacios de discusión, organización y coordinación entre las masas, es indispensable para profundizar la movilización popular. Se vuelve cada vez más necesario, consolidar las posiciones, organizar los barrios y poblaciones, para que el movimiento no se pierda, no siga agotándose y no se extienda la desmoralización. Se requiere paciencia y coraje defensivo para difundir en el pueblo las implicancias de esta crisis, el comportamiento criminal de las fuerzas políticas y militares de este régimen, y sobre todo, el oportunismo de los partidos

tradicionales para montarse en esta crisis, que esperan utilizar los sacrificios y combates de los trabajadores y la juventud, para afianzar sus privilegios y posiciones de poder.

4. El escenario dictatorial, con o sin gobierno provisional, seguirá planteado mientras el pueblo continúe con su lucha y movilización. Sin embargo, el advenimiento de las cumbres imperialistas obliga a la burguesía a mantener el apoyo de las fuerzas armadas, pues como quedó demostrado durante estas jornadas de protesta, la policía no cuenta con la fuerza suficiente para contener y reprimir la movilización popular. En este sentido, la necesidad de reforzar la represión sigue presente, y por lo tanto, el estado de emergencia, no retrocederá. El toque de queda será utilizado flexiblemente, cuando la situación lo amerite, para desplegar el refuerzo militar y contener la revuelta popular. Por lo mismo, la defensa proletaria de las libertades democráticas –es decir, el uso rebelde y consciente de los espacios de libertad de expresión y reunión— es esencial para asegurar la sobrevida de las masas y posibilitar la consolidación de las fuerzas y organización popular. El pueblo y sus fuerzas de avanzada, debemos comprender que la represión no cesará, que la violencia patronal se hará más fuerte y permanente, y que en este sentido, el pueblo debe

defenderse pero no inmolarse. Es fundamental retomar y generalizar los métodos y formas de organización y lucha semilegales y clandestinas, recuperando la experiencia de la lucha antidictatorial. Y sobre todo la juventud, que ha experimentado en carne propia toda la infamia de las fuerzas armadas, merece saber y conocer esta experiencia. Los combatientes de ayer tienen el deber de transmitir sus conocimientos y experiencia de lucha, para proteger y educar a las nuevas generaciones. Sólo de esta manera, paso a paso, de podrán generar las condiciones para vencer a este gobierno.

5. La senda del poder popular y la huelga de masas es el camino que hoy recorre nuestro pueblo. Es necesario consolidar este camino, coordinar y rearmar los territorios, impulsar la organización de los centros productivos, afianzar los sindicatos y organizaciones existentes, educar y transmitir la experiencia de combate a la juventud rebelde que ha sacado la cara por todo nuestro pueblo, agitar y promover las demandas de todos los sectores, ir con la verdad revolucionaria informando

y concientizando a todos los sectores del movimiento popular. Un paso atrás, para luego dar dos hacia adelante. Estamos en un escenario defensivo, que requiere la mayor concentración de esfuerzos en consolidar este movimiento, la paciencia infinita para no imponer ritmos artificiales a la lucha de clases y la claridad insuperable de los intereses del pueblo frente a toda la mentira y desidia de las fuerzas políticas tradicionales. Infundir confianza en el pueblo, certeza de la validez de sus intereses y protección a cada combatiente, para avanzar hacia el poder popular, acumulando y construyendo fuerza revolucionaria independiente, constituye la orientación básica

que hoy puede asegurar la unidad de la izquierda revolucionaria. De esta unidad depende el avance del pueblo. Del pueblo depende la revolución.