Borges contra Neruda: el enfrentamiento que contó Harold Bloom

por Patricia Kolesnicov

No podían ser más opuestos. El chileno decía que el argentino no vivía en la realidad. Y este lo convirtió en un personaje despreciado de “El Aleph”. Los dos son grandes, los dos reconocidos, los dos autores símbolo de sus países (la Argentina y Chile), pero tenían poco que ver uno con otro y, contaba el crítico Harold Bloom en su obra El canon occidental, «se tuvieron inquina».

No sonará raro que no fueran amigos: Jorge Luis Borges cerebral, austero, autoirónico, matemático, antiperonista a ultranza; Pablo Neruda​ lleno de amores, mujeriego, vital, muy orgulloso de sí mismo, comunista. A Borges lo esquivó el Premio Nobel; Neruda lo ganó en 1971.

«El humano Borges no iba a abrazar el estalinismo y el comunista Neruda afirmaba con desprecio que Borges no vivía en el mundo real, que estaba formado por obreros, campesinos, Mao y Stalin», escribió Harold Bloom, que murió este lunes.

Pero Borges era bueno para la injuria y no se privó con Neruda: «Hay una hábil decapitación de Neruda por parte de Borges, que era un hombre con quien más valía no enzarzarse en disputas verbales», dice Bloom. Y cita a Borges, hablando del poeta chileno: «Lo considero un hombre muy mezquino… escribió un libro acerca de los tirano de Sudamérica, y a continuación varias estrofas contra los Estados Unidos. Ahora sabe que todo eso es basura. Y no dice ni una palabra contra Perón. Porque tenía un pleito en Buenos Aires, eso me explicaron luego, y no quería arriesgarse. Y así, cuando se suponía que escribía a voz en cuello, lleno de noble indignación, no tenía nada que decir contra Perón. Y estaba casado con una dama argentina, y sabía que muchos de sus amigos estaban en la cárcel. Conocía la situación de nuestro país, pero no dijo ni una palabra contra Perón».

La cita, dice Bloom, es de 1967, pero el libro del que habla es Canto general, una obra inmensa que Neruda publicó en 1950 -trescientos poemas dispuestos en quince secciones- y que recorre la historia de los americanos.

Dice Bloom que Borges se habría burlado de Neruda en su ficción, incluso y que en él se inspira para construir a Carlos Argentino Daneri «un poeta inconcebiblemente malo y un evidente imitador de (Walt) Whitman» que aparece en el cuento El Aleph.

El Aleph fue escrito en 1945 y publicado en 1949, explica Bloom. ¿Podía Borges burlarse de Canto general antes de que saliera? «Neruda y el Partido Comunista Chileno divulgaron ampliamente el libro antes de su aparición y es seguro que Borges sabía cómo iba a ser la obra», especula el crítico estadounidense.

Bloom se explaya: «La total demolición de la obra que estaba escribiendo Neruda tiene lugar de un modo delicioso; el Canto general pretende cantar a toda Latinoamérica: la topografía, los árboles y las flores, los pájaros y las bestias, villanos nativos y extranjeros, héroes entre los que se incluyen Pablo Neruda, el Partido Comunista y el Gran Castigador Stalin, cuyos asesinatos Neruda parece aprobar: ‘el castigo es necesario'».

Borges, cuenta Bloom, ajusta cuentas con Neruda en «El Aleph» a través de su personaje: «Una sola vez en mi vida he tenido ocasión de examinar los quince mil dodecasílabos del Polyolbion, esa epopeya topográfica en la que Michael Drayton registró la fauna, la flora, la hidrografía, la orografía, la historia militar y monástica de Inglaterra; estoy seguro de que ese producto considerable pero limitado es menos tedioso que la vasta empresa congénere de Carlos Argentino. Éste se proponía versificar toda la redondez del planeta; en 1941 ya había despachado unas hectáreas del estado de Queensland, más de un kilómetro del curso del Ob, un gasómetro al norte de Veracruz, las principales casas de comercio de la parroquia de la Concepción, la quinta de Mariana Cambaceres de Alvear en la calle Once de Setiembre, en Belgrano, y un establecimiento de baños turcos no lejos de un acreditado acuario de Brighton. Me leyó ciertos laboriosos pasajes de la zona australiana de su poema, y en cierto momento elogió una palabra de su propia cosecha, el color ‘blanquiceleste’, que él creía que ‘sugiere el cielo, que es un factor importantísimo del paisaje australiano'».

Es que entre otras cosas, dice Bloom, El Aleph es «una crítica de la incontinencia poética». Y Borges con la incontinencia, nada.

Se conocieron en Buenos Aires, cuando Neruda iba de paso a Rangún para hacerse cargo del consulado de Chile. Volodia Teitelboim, amigo de Neruda, contó que Borges refirió así el encuentro: «Lo he visto una vez -dijo. Y ambos éramos muy jóvenes entonces. Hablamos de la lengua española. Llegamos a la conclusión de que no se podía hacer nada con ella, porque era una lengua torpe, y yo dije que esa era la razón por la que nadie había logrado nada de ella y contestó: ‘Bueno, claro, no existe la literatura española, ¿verdad? Y yo dije: ‘Claro que no’ Y seguimos hablando así. En fin, una especie de broma».

Años después, en una entrevista, Borges diría: «Pablo Neruda en este momento es uno de los buenos continuadores de la tradición de Walt Whitman». Pero Carlos Argentino Daneri ya estaba escrito.

(Tomado de Clarin)