Debate en el PS: COMENTARIOS AL MANIFIESTO SOCIALISTA

por Ibán de Rementería

Aportes para la Plataforma Socialista

Si bien se saluda y suscribe en su mayor parte el contenido político del documento en referencia[1], hay al menos dos objeciones que deben ser hechas: las condiciones de su producción y sus carencias programáticas.

Hasta donde se sabe, el documento fue  producido por un grupo de compañeros y compañeras de la Izquierda Socialista, vinculados a la Casa Común, ante la actual crisis de identidad socialista, que si bien incluyó a otros compañeros socialistas y no socialistas que se reclaman de posturas de izquierda, lo cual está bien, a la vez excluyó en su elaboración y aprobación a un sector importante de los militantes socialistas que se reconocen en la Izquierda Socialista, lo que está mal.

En lo programático, que es lo sustancial en un momento de crisis política que está exigiendo “cambiar el mundo”, si bien el documento se reclama de una postura anti neo liberal no caracteriza esta época de crisis del modelo de reproducción ampliada y acumulación capitalista, que se inicia en la década de los años 70 –una de cuyas expresiones políticas es el golpe militar en Chile- y llega a su máxima expresión en 2008, cuando la tensión entre el capitalismo y la democracia culmina el ciclo de la financiación por los estados de los servicios sociales mediante la inflación primero, luego con la deuda pública y, finalmente, con la expansión casi universal –democratización- de los mercados de crédito de consumo, de esta crisis financiera y presupuestal no hemos salido[2].

Lo que caracteriza el neoliberalismo en términos políticos es el aseguramiento de una mayoría democrática consistente o al empleo de la violencia política, el golpe de estado, con la finalidad de garantizar al menos dos propósitos fundamentales: la inviolabilidad de la propiedad privada, en cualquiera de las formas que se exprese[3], y, también la desregulación de las relaciones laborales. Lo que aquí se propone es la sustitución de las regulaciones colectivas de trabajo por las estrictamente personales, regidas por el código civil.

En lo económico, que es el eje de la dominación  neoliberal, se procede a las grandes mercantilizaciones de los bienes públicos, en primer lugar a la privatización de los recursos naturales, renovables y no renovables, también del agua, o al menos a la privatización de sus derechos de uso, con las concesiones. Este hecho crítico, conocido como extractivismo de la economía, asociado a la obsolescencia programada de los bienes de consumo y un modelo energético basado en el consumo de energías fósiles, ha generado la crisis medio ambiental que se manifiesta en el presente como la amenaza del calentamiento global. Se continúa con la privatización de las obras públicas[4]y de los servicios públicos[5], aquí se aseguran concesiones con ingresos garantizados y créditos largos, blandos y baratos. Finalmente, el tercer sector que ha sido mercantilizado lo es mediante la privatización de las prestaciones de los derechos sociales fundamentales que el pacto social democrático asegura a toda la población, como son la salud, la educación y la previsión social. Los sectores de altos ingresos tendrán servicios sociales de calidad de acuerdo sus aportaciones y capacidades de pagos, los de ingresos medios, pues tendrán servicios acordes con sus posibilidades económicas y los de menores ingresos, no se preocupen, serán subsidiados por el Estado.

En lo social el propósito neoliberal es sustituir el pleno empleo por la subcontratación y el emprendimiento, por el cuenta propismo y la microempresa. Asimismo, se va imponiendo nuevas formas de control social mediante el asociacionismo patrocinado, el control de la información y la dependencia tecnológica, el control del crédito productivo y al acceso a los mercados de consumo y producción. 

Es de extrañar que un documento que se reclame socialista soslaye el asunto de las relaciones y la legislación laboral, temas como la garantías al derecho de huelga, la titularidad sindical y las convenciones colectivas por ramas, son fundamentales para que las y los trabajadores recuperen su capacidad negociadora con el capital y el estado, este tema no puede estar ausente en un programa de un Partido Socialista que se reclama de representar a las y los trabajadores manuales e intelectuales, así como a los de la ciudad y el campo.  

Si bien el documento en referencia, en su punto 6, afirma que: “Queremos construir un proyecto político socialista que implique recuperar nuestros recursos básicos y nuestra soberanía económica. En proyecto que se platee un rol activo del Estado en un nuevo enfoque de desarrollo que supere la actual estructura rentista, sin valor agregado ni innovación tecnológica de nuestro desarrollo productivo y que sea sustentable en términos medioambientales. Un proyecto que reconozca y garantice de manera universal los derechos sociales a través de fuertes y eficaces sistemas públicos de salud y educación, y que tenga una política clara a favor de un sistema de seguridad social solidario poniendo fin al sistema de AFP”[6]. Solo a estas diez líneas se reduce la propuesta programática referida a las demandas sociales básicas y la economía que pueda sostenerla.

Como unaporte para la “Plataforma Socialista”, consideramos que si queremos convocar a las y los chilenos a un gran proyecto socialista lo primero que tenemos que proponer es cómo vamos a resolver la oferta universal, gratuita y de calidad en salud, educación y por una previsión social solidaria[7]. No tan solo debemos proponer las características y peculiaridades de estos servicios, además debemos aclara como vamos a financiar las prestaciones sociales por el estado, de lo contrario nuestras propuestas sería demagógicas y populistas, es decir, no tendríamos la voluntad real de realizarlas, o de hacerlo no sabemos, ni nos preocupa, como esos servicios sociales se van a financiar. Cierto es que para financiar los servicios sociales debemos, además, cambiar la actual estructura impositiva que hace de los impuestos indirectos constituyan el mayor recaudo que los directos, así como las personas de mayores ingresos paguen proporcionalmente menos impuestos que las de menores ingresos, más aún, que el 1% de la población que se lleva más del 33% ingreso nacional realicen las mayores evasiones y elusiones tributarias. Pero indudablemente el estado puede contar con otros ingresos para cumplir su función pública.  

La recuperación por la nación y el estado de las rentas y utilidades provenientes de la explotación de los recursos naturales, las obras públicas y los servicios públicos no es una majadería democrática, es, en lo concreto la manera de financiar de manera asegurada las prestaciones en salud, educación y previsión social. Por eso Salvador Allende llamó a los ingresos públicos provenientes de la gran minería del cobre el “sueldo de Chile”, hoy reducido al 20% después de 30 años de gobiernos de la Concertación y la Nueva Mayoría, el restante 80% son hoy las ganancias y sobre ganancias de las empresas privadas del cobre, nacionales y extranjeras.

 Cierto es que para hacer todo lo anterior necesitaremos de una nueva Constitución Política generada en una Asamblea Constituyente de elección popular. También es cierto que debemos reconocer derechos plenos e iguales a las mujeres, que les asegure ingresos iguales al de los hombres, derecho al aborto por su sola voluntad, reconocimiento económico de su trabajo reproductivo y de cuidado, así como plenas seguridades a su integridad personal y vida; asimismo, debemos instaurar una verdadera regionalización que realmente descentralice política y económicamente al país; debemos reconocer la diversidad étnica nacional, las diversidades de género con todos sus derechos, también a los derechos de los inmigrantes, al igual que el pleno respeto a los derechos humanos y a la memoria de sus graves trasgresiones.

Pero, para realizar todo aquello y muchas cosas más, la convocatoria nacional del socialismo solo se verá asegurada comprometiéndonos con una  salud, educación y previsión social de universal, gratuita y de calidad, que son las primeras demandas de las y los chilenos, además, plenamente financiadas por las rentas y utilidades provenientes de los recursos naturales, las obras y los servicios públicos, así como, por nuevos y mayores impuestos a los más ricos. 


[1]Manifiesto Socialista. 28 septiembre 2019

[2]Ver: Streeck,W. (2016) Comprando tiempo. La crisis pospuesta del capitalismo democrático. Katz Editores. BBAA.

[3]Este es el sentido último de los tratados económicos internacionales, entre ellos TPP11.

[4]Carreteras y autopistas, puertos y aeropuertos, embalses, etc.

[5]Agua potable y saneamiento, energía eléctrica y gas, telecomunicaciones, transporte público, etc.

[6]Manifiesto Socialista. 28 septiembre 2019, págs. 8 y 9.

[7]Que al menos asegure a cualquier aportante pensiones por el salario mínimo.