Debate de la ONU inicia bajo la sombra de la dictadura y la guerra

por Bill Van Auken

Hoy es la apertura del debate anual en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Los cabecillas estatales de aproximadamente 90 países se han reunido en Nueva York, en la sede de la ONY, una organización formada tras el auge del fascismo en Europa y la carnicería de más de 70 millones de humanos en la Segunda Guerra Mundial.

La Carta de la ONU, aprobada en octubre de 1945, prometió que la organización le ahorraría a “generaciones futuras el flagelo de la guerra”. Basándose en los principios de Nuremberg, según los cuales fueron enjuiciados los líderes supervivientes del Tercer Reich de Hitler por “crímenes contra la paz”, es decir, guerras agresivas, el documento les exigió a los Estados miembros que “se abstengan en sus relaciones internacionales de la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado”. El preámbulo del documento afirmó el compromiso a “los derechos humanos fundamentales, la dignidad y el valor del ser humano”.

Nada podría reflejar la farsa de estos supuestos principios casi tres cuartos de siglo después que la lista de los primeros tres oradores ante la Asamblea General.

Como es tradicional, Brasil encabeza la lista. Será representado por el presidente fascistizante del país, Jair Bolsonaro, con su debut. Como admirador abierto de la dictadura respaldada por EUA que gobernó Brasil por dos décadas, su única crítica a dicho régimen es que no terminó el trabajo pese a masacrar a 30.000 personas.

Le seguirá el propio presidente fascistizante de EUA, Donald Trump, cuya única intención en participar en el debate de la ONU es promover la guerra de agresión estadounidense contra Irán. En sus dos discursos previos a la Asamblea General, Trump se declaró “listo, dispuesto y capaz” de “destruir totalmente” a Corea del Norte y sus 25 millones de habitantes, al mismo tiempo en que alababa con diatribas el retrógrado nacionalismo, la “soberanía” y el “patriotismo”, con los que hizo eco de la retórica de Mussolini y Hitler.

Desde la última vez que se subió al podio de mármol verde, Trump ha ganado fama internacional por su guerra despiadada contra los inmigrantes y refugiados, manteniendo a niños en campos de concentración bajo condiciones de tortura, emprendiendo allanamientos y detenciones masivas y la deportación de trabajadores inmigrantes efectivamente negándoles su derecho al asilo. Esta campaña salvaje ha ido de la mano con los llamados abiertamente fascistas a su base de apoyo y la marcha hacia formas autoritarias de gobierno.

Después de Trump, se pronunciará el hombre a quien describió en la cumbre del G7 el mes pasado como su “dictador favorito”, el general egipcio Abdelfatah al-Sisi, el “carnicero de El Cairo”. Contando con la admiración de Trump y los otros líderes capitalistas mundiales por su sangrienta supresión del levantamiento revolucionario de masas que estalló en Egipto en 2011, el cual inspiró a los pueblos de todo Oriente Próximo y el mundo, Sisi ha masacrado a miles, y mantiene a decenas de miles encarcelados, torturándolos por oponerse a su régimen. Además, ha condenado a 2.500 personas a muerte en juicios fraudulentos.

Apenas Sisi hubo dejado El Cairo para atender el debate de la Asamblea General de la ONU que estallaron nuevamente protestas masivas en El Cairo, Suez y otras ciudades del país, exigiendo la caída del dictador. Éstas se han topado con gases lacrimógenos, municiones reales y arrestos masivos. Uno de los detenidos es el prominente abogado y defensor de derechos humanos, Mahienour El-Massry, quien fue arrestado cuando buscaba representar a los manifestantes que estaban siendo detenidos por el Estado.

Esta galería canallesca es un reflejo preciso del deslizamiento del dominio capitalista en todo el mundo hacia la total criminalidad. Este proceso no es el producto de los atributos personales nocivos de personas como Trump, Sisi y Bolsonaro, sino de la crisis del capitalismo mundial, el aumento acelerado de la desigualdad y, ante todo, el declive prolongado del capitalismo estadounidense. Esto se ha caracterizado por el aumento en el parasitismo financiero y el cuarto de siglo ininterrumpido de guerras con el fin de revertir la erosión de la hegemonía global estadounidense.

Los grandes revolucionarios rusos, Vladimir Lenin y León Trotsky, fueron severos en su evaluación de la predecesora de la ONU, la Liga de Naciones, la cual fue fundada en 1920 supuestamente para mantener la “paz mundial” tras la masacre masiva de la Primera Guerra Mundial.

Lenin describió esta organización como una “cocina de ladrones” y una “pieza de falsedad de principio a fin”. Luego afirmó, “[E]s una decepción de principio a fin; es una mentira de principio a fin”.

Trotsky la definió como el intento del imperialismo estadounidenses “para encadenar a su carroza de oro a los pueblos de Europa y de otras partes del mundo y someterlos al dominio de Washington. En esencia, la Liga de Naciones tenía el propósito de ser una corporación monopólica mundial, ‘Yanqui y Co.”.

La Organización de las Naciones Unidos es, si acaso, más desdeñable. Fue un participante directo en la guerra estadounidense en Corea que cobró más de dos millones de vidas. Fue incapaz de prevenir la guerra del imperialismo estadounidense en Vietnam que cobró tres millones de vidas. Y ha facilitado las masacres en Oriente Próximo durante el último cuarto de siglo que han matado a varios millones más, mientras convierten a decenas de millones en refugiados sin hogar.

También es notable que los dos primeros oradores en el debate, el cual fue precedido por la Cumbre Climática de la ONU dominada por advertencias de unan catástrofe global que se avecina, sean Trump y Bolsonaro. Ambos niegan el cambio climático y están activamente reprimiendo las investigaciones de las agencias científicas de sus respectivos Gobiernos. El canciller de Bolsonaro ha dicho que el cambio climático es un engaño de los “marxistas culturales” que buscan socavar el capitalismo occidental. También en este ámbito, la ONU es incapaz de enfrentar las amenazas existenciales para la humanidad.

Ahora, Trump se pasea por los pasillos de la sede de la ONU en Nueva York en busca de aliados para su guerra contra Irán, bajo el pretexto de defender el régimen mugriento de una realeza parásita y asesina en Arabia Saudita. Tal intervención militar amenaza con convertirse en el preludio de una Tercera Guerra Mundial, arrastrando a todos los países en la región y a todas las potencias — incluyendo a China y Rusia— que tienen armas nucleares. Esto se debe a que Irán tiene una posición geoestratégica vital y reservas energéticas vastas.

Mientras se prepara para esta nueva guerra, el Gobierno de Trump sigue las viejas de una manera implacablemente salvaje. El domingo por la noche, fuerzas especiales afganas entrenadas por EUA llevaron a cabo una masacre de al menos 40 personas en una boda, la mayoría de ellos mujeres y niños. La matanza se produjo días después de que drones estadounidenses masacraran el 19 de septiembre a más de 30 obreros agrícolas afganos, según el Pentágono intensifica sus ataques después de que Trump descartara el acuerdo de paz con los talibanes.

Estas atrocidades dejan en claro por qué Julian Assange y Chelsea Manning, quien expuso crímenes de guerra estadounidenses previos, siguen en prisión y bajo persecución del Gobierno estadounidense.

El giro hacia las dictaduras y el fascismo está esencialmente enraizado en el resurgimiento global de la lucha de clases —desde las manifestaciones de masas en Egipto a la huelga de trabajadores estadounidenses en Estados Unidos— lo que ha estremecido a las oligarquías capitalistas gobernantes del mundo hasta sus huesos.

Al mismo tiempo, las clases gobernantes en Estados Unidos y las otras potencias imperialistas están siendo empujadas a la guerra en gran parte por la necesidad de desviar hacia afuera las inmensas tensiones sociales que se están acumulando en cada país capitalista.

Una vez más —por tercera vez en un siglo— la humanidad se enfrenta a la alternativa del socialismo o la barbarie. El auge del fascismo y la marcha hacia una Tercera Guerra Mundial y aniquilación nuclear solo pueden detenerse por medio de la revolución socialista. La cuestión decisiva es la de construir una nueva dirección revolucionaria en la clase obrera por medio de la construcción del Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

(Tomado de WSWS)