Ministro de defensa uruguayo advierte de un «conflicto militar en Venezuela»

por Andrea Lobo

El ministro de Defensa uruguayo, José Bayardi, advirtió en una entrevista con el Sputnik el pasado fin de semana sobre la «posibilidad» de «un conflicto militar en Venezuela».

«Las tensiones en torno a un conflicto militar son permanentes», dijo. «Incluso algunos países latinoamericanos siguen molestando o agitando la eventualidad de una solución militar», agregó, describiendo esto como «irresponsable».

Después dijo que Washington estaba «imprudentemente» aumentando las tensiones a través de sanciones económicas «unilaterales» contra Venezuela y convirtiendo a los partidos de la oposición en una «punta de lanza militar».

El peligro fue demostrado por declaraciones hechas el lunes por Carrie Filipetti, subsecretaria adjunta de Estados Unidos para Cuba y Venezuela en la Oficina de Asuntos del hemisferio Occidental del Departamento de Estado. Filipetti le dijo al Miami Herald que «el presidente está muy concentrado, enfocado en asegurarse de que podamos llegar a una transición lo antes posible … el momento de la transición es realmente ahora, por lo que verás esa urgencia reflejada en nuestras próximas políticas».

Una serie de otros acontecimientos han señalado una escalada mayor en la operación de cambio de régimen liderado por Estados Unidos en Venezuela, principalmente la decisión de la Organización de los Estados Americanos (OEA) la semana pasada de invocar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) de 1947, un acuerdo mutuo de defensa «para prevenir y repeler amenazas y actos de agresión contra cualquiera de los países de América».

Washington, que instigó la medida en nombre de sus títeres políticos en Venezuela, afirma que el objetivo es discutir medidas «económicas y políticas» contra el presidente venezolano Nicolás Maduro. Sin embargo, en su anuncio el 10 de septiembre de la acción de la OEA, el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, citó los recientes ejercicios militares venezolanos cerca de la frontera con Colombia como la causa inmediata de la decisión.

«Nicolás Maduro no solo representa una amenaza para el pueblo venezolano, sus acciones amenazan la paz y la seguridad de los vecinos de Venezuela», declaró Pompeo.

El Consejo Permanente de la OEA votó a favor de convocar a los ministros de relaciones exteriores de los 19 estados miembros de TIAR a fines de este mes para discutir la crisis venezolana, describiéndola como «una clara amenaza para la paz y la seguridad en el hemisferio». La Asamblea Nacional liderada por la oposición de Venezuela votó en julio para volver a unirse a la TIAR.

El embajador de la OEA en México, que abandonó el TIAR en 2002, advirtió el miércoles pasado que «nos estamos acercando peligrosamente a un punto de no retorno».

Excepto Cuba, Bolivia, Nicaragua, Dominica, México y Uruguay, todos los demás gobiernos de la región han reconocido al autoproclamado «presidente interino» Juan Guaidó, quien anunció el mes pasado la formación de un «Centro de Gobierno».

A pesar de estar compuesto de partidos de extrema derecha que el pueblo venezolano enteramente rechaza, el gabinete paralelo de Guaidó fue inmediatamente respaldado por los regímenes pro-Guaidó en toda América Latina.

Esto sigue a la orden ejecutiva de Trump el 5 de agosto que congela todos los activos venezolanos en los EUA apoderándose efectivamente de más de $5.5 mil millones del gobierno venezolano que tiene problemas de liquidez. La Casa Blanca también prohibió a las entidades estadounidenses hacer negocios con el gobierno de Maduro y amenazó con hacer cumplir este embargo a nivel mundial con sanciones secundarias.

El domingo, Guaidó publicó una declaración que oficialmente «confirmó que el mecanismo de Barbados ha seguido su curso», en referencia a las negociaciones iniciadas en Barbados y continuadas en Noruega entre su facción de oposición y el gobierno de Maduro.

El lunes, la Concertación por el Cambio, un pequeño bloque opositor de legisladores que se separó de la facción liderada por Guaidó el año pasado, firmó un acuerdo con el gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). El acuerdo implica el regreso del PSUV a la Asamblea Nacional y el comienzo de conversaciones sobre elecciones y detenidos políticos.

El legislador opositor Timoteo Zambrano declaró en una conferencia de prensa conjunta: “A los gobiernos del mundo, les pedimos apoyo. El fin no justifica los medios. El final debe ser una Venezuela para todos nosotros”. Más allá de la oposición a las sanciones económicas existentes, el paso refleja los crecientes temores de una intervención extranjera aún más agresiva.

La semana pasada, Trump expulsó a su asesor de seguridad nacional, John Bolton, citando el fracaso de la operación de cambio de régimen en Venezuela como una razón importante. Varios altos funcionarios hicieron todo lo posible para reclamar anónimamente a los medios de comunicación que Trump estaba «frustrado» por la insistencia de Bolton en una invasión militar, al tiempo que insistían en que «todas las opciones estaban sobre la mesa» dadas las «maniobras» militares de Maduro.

Que las filtraciones fueron diseñadas para retratar al gobierno de Maduro como el «agresor» fue confirmado el martes pasado por el enviado de Estados Unidos a Venezuela, Elliott Abrams. Declaró que Washington «no está más cerca» de una confrontación militar y que la invocación del TIAR no indica una «invasión» de Estados Unidos, pero agregó que Colombia «reaccionaría» a los ataques de Venezuela y que «apoyaríamos plenamente Colombia en esa situación». Continuó: «Todos deberíamos preocuparnos por si el régimen de Maduro tiene la intención de intentar deliberadamente aumentar las tensiones».

Los ejercicios militares de Maduro demuestran la hostilidad orgánica del gobierno hacia la movilización de la oposición masiva que existe entre los trabajadores en Venezuela y regionalmente contra la amenaza imperialista. En ausencia de eso, el régimen burgués nacionalista de Maduro busca contrarrestar la operación de cambio de régimen imperialista con una combinación de movimientos conciliadores y gestos militares.

Al mismo tiempo, Maduro está respondiendo a amenazas muy reales y descaradas del Pentágono, cuyo Comando Sur se ha declarado «en la punta de los pies» en previsión de un posible ataque militar, así como a las amenazas de Colombia, cuyo presidente, Ivan Duque, acusa a Maduro de albergar guerrilleros colombianos.

En todo caso, las declaraciones de los funcionarios estadounidenses muestran que la administración de Trump está preparando al público para una posible agresión militar.

Trump reconoció a fines de agosto que su gobierno estaba en conversaciones con la camarilla gobernante de Maduro. Sin embargo, los continuos intentos de Maduro de llegar a un acuerdo con el imperialismo estadounidense para asegurar los intereses de la capa de financieros, oficiales militares y burócratas que se enriquecieron bajo los gobiernos chavistas solo han envalentonado a la clase dominante estadounidense. Busca un control sin límite sobre los activos petroleros de Venezuela y el retroceso de la influencia china y rusa en Venezuela y a nivel regional.

Los aliados de Estados Unidos, incluyendo los que votaron por invocar el TIAR, han expresado su temor de que una guerra en Venezuela pueda desencadenar una crisis humanitaria y de refugiados aún peor. También temen indudablemente las protestas masivas antiimperialistas. No obstante, la reciente escalada contra Venezuela demuestra que a medida que la lucha de clases, la crisis económica y las tensiones geopolíticas se intensifican a nivel mundial, las élites gobernantes nacionales se alinean más estrechamente con el imperialismo, viendo esto como la mejor manera de defender su gobierno de clase y mantener el acceso a las finanzas globales.

La situación plantea enormes peligros para los venezolanos y para los trabajadores en toda la región y a nivel mundial.

Rebecca Chávez del Diálogo Interamericano dijo recientemente en una audiencia en el Congreso: «Una invasión de Venezuela requeriría entre 100,000 y 150,000 tropas estadounidenses, que enfrentarían hasta 356,000 tropas venezolanas en un país dos veces el tamaño de Irak».

Fulton T. Armstrong, exanalista de la CIA para América Latina, le dijo al Military Times en marzo que había tres opciones: «un corredor humanitario» dentro de Venezuela controlado por tropas estadounidenses, ataques quirúrgicos contra el palacio presidencial después de haber provocado a Maduro a “hacer algo que se podría decir que amenazaba los intereses de los Estados Unidos» o, muy probablemente, dado «la imaginación de personas como Elliot Abrams», una «acción encubierta».

Los costos humanos y económicos de una guerra serían insondables y, a medida que aumentan las tensiones, cualquier altercación deliberado o incluso no planificado podría desencadenar un conflicto que rápidamente involucre a Rusia y China con armas nucleares. Hace apenas dos meses, el 19 de julio, el Pentágono afirmó que un avión de combate venezolano «agresivamente asombro» un avión de la Marina de los EUA que volaba en un «espacio aéreo internacional aprobado».

(Tomado de WSWS)