Pedro Lemebel: «Mis mejores fiestas patrias»

«Aaaah, sí, me acuerdo de un «18», cuando conocí a Violeta Parra. Yo vivía en San Miguel, cerca del estadio», rememora el cronista que acaba de lanzar su último libro Adiós, mariquita linda. «Había un vecino que tenía un triciclo y repartía vino y bebidas. Nos subimos todos los niños al triciclo, yo tenía como 7 años».

– Eras feliz… 
-Claro, entonces la palabra felicidad tenía sentido, todavía no nos había marcado la cicatriz de la vida. Partimos con este vecino al estadio San Miguel. ¡Tan lindo!, parece que lo estuviera viviendo… el sol, los volantines, los yuyos amarillos en las canchas de fútbol… Y había fondas. Una de esas era de la Violeta Parra, me asomé por entre las tablas y creo haberla visto. Sentada en una silla, haciendo algo con las manos.

-¿Qué te hace dudar?
– Todo el pasado me hace dudar pues niño, no sé si lo soñé o lo viví. Ese puede haber sido el último año que ella estuvo viva. De ese «18» me recuerdo. Y mi peor «18» fue el del `73. Trágico, nadie tenía ganas de nada. Cerca de mi casa habían aparecido unos cadáveres. Por eso es que yo no olvido, me cuesta olvidar y también recordar.

-¿Nada que celebrar?
– La gente merece celebrar, porque este país no tiene carnaval. La gente se merece comer su pedazo de carne, a mí eso me encanta, las poblaciones, esas humaredas en los patios, ese olor a asado. Si bien es cierto yo no tengo mucho que ver con los nacionalismos. La bandera dejó de de emocionarme en la dictadura, lo mismo la canción nacional. No tengo nada que ver con eso, pero sí me gusta ver a la gente pobre y sencilla feliz. Porque este país ha sufrido mucho. En ese sentido esta fiesta me causa ese placer. nada más. El resto hay que tomárselo y comérselo.