Manifestantes en Hong Kong: la respuesta está junto a la clase obrera china, no con imperialismo estadounidense

por Peter Symonds

La marcha de ayer de miles de manifestantes en Hong Kong hacia el consulado estadounidense para pedir la intervención del presidente Trump y el Congreso estadounidense es un giro hacia una dirección política peligrosa que amenaza con aislar y descarrilar las protestas prolongadas por derechos democráticos básicos.

Ante la ausencia de una perspectiva política orientada a la clase obrera en China, Asia e internacionalmente, individuos, grupos y partidos derechistas y procapitalistas están buscando desviar el movimiento de protestas hacia las garras de los enemigos de los derechos democráticos.

El imperialismo estadounidense tiene un largo registro de explotar y fomentar movimientos de protesta, no para defender los derechos democráticos, sino para avanzar sus propios intereses predatorios y estratégicos. Ha utilizado repetidamente la bandera de los “derechos humanos” para instalar regímenes títeres proestadounidenses y como pretexto para invasiones ilegales y neocoloniales en Oriente Próximo, los Balcanes, Afganistán y África del Norte.

La marcha hacia el consulado estadounidense, incluso cargando bandereas estadounidenses, se produce mientras el Gobierno de Trump intensifica su guerra comercial y acumulación militar en Asia contra China. Los llamamientos al Congreso para que apruebe sanciones contra China por el abuso de derechos humanos en Hong Kong coinciden con los esfuerzos para tachar a los estadounidenses chinos, así como a los estudiantes y académicos chinos en EUA, como títeres de Beijing y quitarles sus derechos democráticos.

La protesta se reúne en el parque Victoria de Hong Kong [crédito: Apple Daily via AP]

Cualquier giro hacia Washington beneficia directamente a Beijing, que está empleando su prensa estatal para difamar las protestas en Hong Kong como acciones de agitadores radicales y la “mano negra” de EUA. Varios comentaristas, tomando nota de Beijing, han tachado totalmente el movimiento como una revolución de color hecho en los UYA, pero no tienen ninguna propuesta para los millones de hongkoneses que protestan el control pesado y antidemocrático de Beijing y sus lacayos en el territorio.

Las protestas fueron desencadenadas por inquietudes legítimas sobre derechos democráticos, primeramente la legislación que hubiera permitido que los críticos y oponentes de Beijing sean extraditados a China continental bajo cargos fraudulentos. A pesar de que el proyecto de ley fuera suspendido, el movimiento continuó expandiéndose, alimentado por el enojo por la brutalidad policial, pero también por temores generalizados de que el régimen del Partido Comunista Chino (PCCh) esté persiguiendo imponer su propio régimen policial-estatal en Hong Kong.

Detrás de este sostenido movimiento de protesta hay preocupaciones más profundas sobre el recrudecimiento de la crisis económica y social en una de las ciudades más caras del mundo, dominada por puñados de milmillonarios mientras la mayoría de la población lidia con la falta de viviendas asequibles, los altos precios, bajos salarios y la caída en oportunidades de empleo. Las protestas se han expandido e incluido millones de personas, involucrando claramente a secciones sustanciales de la clase obrera, quienes también se expresaron por medio de huelgas generales el 5 de agosto y el lunes y martes de la semana pasada.

No es un accidente que, tras la huelga de dos días de la semana pasada, se intente conscientemente descarrilar las protestas en una dirección derechista hacia el imperialismo estadounidense. La oposición oficial conocida como los pandemócratas y los sindicatos y agrupaciones que los siguen representan a capas de la clase capitalista hongkonesa opuestos al control estrujador de Beijing, pero que temen profundamente cualquier estallido de la clase obrera.

Los trabajadores y jóvenes que quieran luchar por los derechos democráticos deben oponerse al giro hacia el imperialismo estadounidense, pero es necesaria una perspectiva política independiente. Marchar al consulado estadounidense solo puede enajenar al verdadero aliado político del movimiento de protestas en Hong Kong —la clase obrera china—. Los trabajadores chinos se enfrentan a los mismos ataques contra sus derechos democráticos y sociales a manos del régimen del PCCh en Beijing, pero son abrumadoramente hostiles a EUA, el cual está librando una guerra comercial y amenazando con una guerra plena contra China.

Las protestas en Hong Kong son parte del resurgimiento de la clase obrera internacionalmente, lo cual se ha puesto de manifiesto en el movimiento de “chalecos amarillos” en Francia, las protestas de oposición en Puerto Rico, los crecientes movimientos de huelga en EUA y Europa y los levantamientos sociales en África. En oposición al giro hacia EUA y Trump, los trabajadores y estudiantes en Hong Kong deben orientarse hacia este movimiento internacional en curso de la clase obrera, especialmente en Estados Unidos.

La única base para unir a la clase obrera es una lucha conjunta contra el capitalismo y por el internacionalismo socialista. Para hacerlo, es esencial oponerse a toda forma de nacionalismo y chauvinismo, tanto el patriotismo reaccionario chino promovido en Beijing como el “provincialismo” igual de reaccionario hongkonés que culpa a los chinos continentales por el deterioro de las condiciones sociales creadas por el capitalismo. Los grupos y partidos que abogan por un Hong Kong capitalista “independiente” buscan subordinarlo de una u otra forma al imperialismo.

La lucha por el socialismo requiere el esclarecimiento político de las experiencias estratégicas clave del siglo veinte, particularmente del papel traicionero del estalinismo y de su variante china, el maoísmo. La revolución china de 1949 fue un evento trascendental que acabó el antiguo dominio del imperialismo sobre China, unió al fragmentado país y aumento los niveles de vida. Sin embargo, el régimen del PCCh la atrofió y distorsionó desde un principio, afirmando representar a la clase obrera y las masas cuando los trabajadores y campesinos no tenían voz.

Con base en la perspectiva estalinista nacionalista del “socialismo en un solo país”, Mao y el PCCh condujeron a China hacia un callejón sin salida económico y estratégico. Tan solo 23 años después de la revolución, Mao hizo sus paces con el imperialismo estadounidense, estableciendo el marco para la restauración capitalista de 1978, la cual se aceleró rápidamente tras la brutal supresión de los trabajadores y estudiantes en la masacre de la plaza de Tiananmen en 1989. China ha experimentado niveles impactantes de crecimiento económico durante los últimos 30 años a cambio de niveles igual de impactantes de desigualdad, dificultades y angustia sociales.

El Comité Internacional de la Cuarta Internacional, el movimiento trotskista mundial, es el único partido que ha librado una lucha consistente contra el estalinismo, sus apologistas y todas las formas de oportunismo en la clase obrera. Las lecciones de estas décadas de lucha política constituyen el capital político esencial que necesitan las luchas emergentes de clases en Hong Kong, China y todo el mundo. Urgimos a los estudiantes y trabajadores a contactarnos para iniciar un diálogo sobre estas cuestiones políticas cruciales como el paso hacia el establecimiento necesario de una sección del CICI en China.

(Tomado de WSWS)