Ceferino Santis, Luis Norambuena y Gustavo Farías fueron lanzados vivos al mar por Krassnoff

por Alejandro Valenzuela

El suboficial (r) del Ejército, Juan Guillermo Orellana Bustamante, es el autor del único testimonio que confirmó los llamados «vuelos de la muerte» en 1973, práctica donde se lanzaban prisioneros políticos vivos al mar durante la dictadura militar.

El suboficial indicó que estos hechos ocurrieron en octubre de 1973, cuando trabajaba como mecánico del helicóptero militar y formó parte de la tripulación que despegó de madrugada desde el aeródromo de Tobalaba hasta las Rocas de Santo Domingo.

Desde ese lugar partieron rumbo al océano Pacífico los tres prisioneros, quienes eran militantes de izquierda. Los prisioneros en ese momento se encontraban vivos, atados de pies y manos y con la vista vendada. Además tenían un pedazo de fierro amarrado a los pies. Sus nombres eran, Ceferino del Carmen Santis Quijada, Luis Fernando Norambuena Fernandois y Gustavo Manuel Farías Vargas. Todos ellos fueron detenidos por militares del Regimiento de Ingenieros de Tejas Verdes de San Antonio.

«El capitán de Ejército procedió, solo, a tomar a las personas. En primer lugar tomó a la persona más adulta de los pies; lo giró hacia la puerta y lo empujó con las manos hacia abajo, hacia el mar”, dice Orellana a El Dínamo, refiriéndose a la descripción de Ceferino del Carmen Santis Quijada, obrero y militante del MIR industria Rayonhil. Tenía 31 años y era el mayor de las tres personas secuestradas. Era casado y tenía dos hijos.

“Al segundo sujeto lo tomó de las axilas, lo llevó hacia la puerta y lo tomó de los pies. Lo empujó de la misma manera que al primero”, refiriéndose a Luis Fernando Norambuena Fernandois. Con 30 años, era integrante del Comité Central del Partido Socialista, regidor por San Antonio y secretario regional de la CUT.

“El tercero, que era el sujeto más joven, lo tomó de la misma forma que al segundo…” Su nombre era Gustavo Manuel Farías Vargas, un recaudador de obras sanitarias en San Antonio, militaba en el MIR y era soltero. Él y sus tres hermanos fueron detenidos y llevados a los cuarteles de Tejas Verdes.

Quienes participaron en el hecho fue el propio Orellana, el misterioso capitán del Ejército vestido de civil, el mayor Emilio Robert de la Mahotiere y el capitán Richter Nuche Sepúlveda, que oficiaba como copiloto.

«Quiero hacer presente que el oficial de Ejército que lanzó a las personas que se encontraban amarradas, vendadas y vivas, dentro del helicóptero, me parece que correspondería a Miguel Krassnoff», explica el suboficial en su testimonio.

Krassnoff en ese tiempo efectivamente era capitán. Años después integró el primer contingente de la DINA y comandó la Brigada Halcón, encargada del exterminio de todos los militantes del MIR del país.

Farias y otros tres detenidos, Jorge Ojeda Lara, Florindo Vidal Hinojosa y Víctor Mesina Araya fueron internados en el Campamento de Prisioneros Nº 2, situado al interior del Regimiento de Ingenieros Militares de Tejas Verdes. Por su parte Norambuena y Santis Quijada, luego de pasar por otros recintos de detención, fueron recluídos en la cárcel pública de San Antonio.

La noche del 5 de octubre de 1973, los seis prisioneros fueron sacados de sus lugares de cautiverio, subidos a un camión frigorífico y llevados con rumbo desconocido. Los cuerpos de Ojeda, Vidal y Mesina aparecieron a la mañana siguiente en las riberas del río Rapel, con sus cráneos destrozados a golpes.

De los prisioneros Santis, Norambuena y Farias no se volvió a saber. Hasta ahora, en que se conoce el testimonio del suboficial en retiro del Ejército, Juan Guillermo Orellana Bustamante, que formó parte de la tripulación del helicóptero en calidad de mecánico. Los tres cautivos habrían sido embarcados en la nave atados de pies y manos junto con un oficial vestido de civil quien procedió a lanzarlos al vacío, una vez que el helicóptero se internó mar adentro, frente a las Rocas de Santo Domingo.

Según el suboficial Orellana, el sujeto de civil que cometió el brutal asesinato fue Miguel Krassnoff Marchenko, cuyo nombre se repite como autor o cómplice de innumerables crímenes de lesa humanidad.

La práctica de lanzar cuerpos al mar desde aeronaves, con objetos pesados amarrados a sus pies, fue ejecutada por militares franceses en la etapa más álgida de la guerra de Argelia. Se le denominó burlescamente ‘gambas Bigeard’ por quien inventó el brutal procedimiento, el comandante de paracaidistas Marcel Bigeard. Se atribuye a militares galos la transmisión de esta y otras tácticas de guerra contrainsurgente a los ejércitos latinoamericanos vía la Escuela de las Américas, gestionada por el ejército estadounidense. Miguel Krassnoff fue alumno de esta fatídica ‘Escuela’.

El relato del suboficial Orellana se viene a sumar a otros hechos y pruebas sobre la utilización de esta brutal práctica por parte de los militares. En septiembre de 1976 apareció en una playa de ‘La ballena’ de Los Molles el cuerpo de la profesora Marta Ugarte, tras zafarse del objeto metálico, presumiblemente un trozo de riel, con el cual fue lanzada al mar desde un helicóptero. A lo anterior se agrega en 2004 el hallazgo en el fondo de la bahía de Quinteros de restos de rieles, por parte de la Policía de Investigaciones en el marco de las investigaciones sobre desapariciones de opositores a la dictadura efectuadas por el juez Juan Guzmán. Uno de los trozos de metal, que actualmente se exhibe en Villa Grimaldi, presenta un botón de camisa adherido, señal inequívoca que estuvo amarrado al cuerpo de una persona.

La justicia burguesa es garantía de la impunidad de sus propios crímenes

En estos días circula la especie de que Miguel Krassnoff podría ser beneficiario de libertad condicional. Desconocemos si tal perspectiva puede ser real en las múltiples causas que buscan establecer la responsabilidad de uno de los mayores criminales de la Dictadura, emblema de la misma por su brutalidad y actual reivindicación de sus crímenes. El Goering chileno.

Es un hecho histórico que estos crímenes no fueron excesos, ni errores de procedimiento. Muy por el contrario, como lo revela lo ocurrido en otros países del Cono Sur, Argentina, Uruguay y Brasil, obedece a un siniestro plan imperialista destinado a desarticular el levantamiento de la clase obrera y los explotados en contra del orden capitalista. Fue en defensa de el orden burgués y de la gran propiedad privada (que ellos llaman libertad y democracia) que se perpetraron estos crímenes.

La lucha por el castigo a los genocidas, sustancial a la lucha democrática en nuestro país, forma parte del combate por la revolución obrera y el socialismo. Incidentalmente algunos represores podrán morir en prisión, como ocurrió con Mamo Contreras, pero en un sentido general la burguesía buscará la liberación de los que ayer fueron sus esbirros. De hecho sólo una pequeña proporción de los criminales han sido enjuiciados y una aún menor ha llegado a prisión.

Serán tribunales populares, de la mano de una triunfante revolución obrera, los encargados de hacer justicia contra el conjunto de la burguesía genocida. Los militares y los civiles, los criminales que apretaron el gatillo y los que dieron la orden de masacrar en Washington.

En las postrimerías de un nuevo aniversario del Golpe del 73, en la memoria de Ceferino Santis, Luis Norambuena y Gustavo Farías y la del conjunto de los miles que cayeron luchando por el Socialismo, nuestro mejor homenaje será la victoria. ¡¡Hasta el Socialismo, por siempre compañeros!!!